La ineptitud del VIH - ccoo

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La ineptitud del VIH
La ineptitud del VIH
Los jueces justifican el despido de un seropositivo en que el desgaste físico le dificultaba el desempeño de su
tarea. El empleado reclama la revisión del caso
El mismo año (1993) en el que se estrenaba la película Philadelphia, en la que Tom Hanks interpreta a un abogado
despedido por tener el sida, un trabajador de Barcelona que quiere mantener el anonimato se enteró de que era portador
del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). No podía imaginar que sufriría en sus carnes algo parecido a la ficción
cinematográfica. Fue despedido, en el 2004, por "ineptitud sobrevenida" debido al desgaste físico sufrido y la justicia ha
dado la razón a la empresa.
"Cualquier trabajador de almacén --el puesto que ocupaba el afectado-- debe tener capacidad física para tareas no
sedentarias, por lo que la extinción contractual está justificada", afirma en la sentencia el magistrado titular del Juzgado
de lo Social número 17 de Barcelona, Salvador Salas Almirall. Y añade: "No cabe imaginar que sea exigible a la
empresa seguir teniendo contratado como mozo de almacén a un trabajador que, sobrevenidamente, sólo puede realizar
tareas sedentarias".
Para llegar a esa conclusión, el fallo se basa en un artículo del Estatuto de los Trabajadores, que establece que el
contrato podrá extinguirse por ineptitud del trabajador conocida o sobrevenida después de su colocación.
La traba del esfuerzo físico
Una sentencia posterior del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya lo ratifica. Dice que el trabajador demandante,
"no se encuentra, por sus limitaciones físicas, en condiciones de poder realizar los requerimientos fundamentales de su
trabajo de almacenero" porque, de forma habitual, "exige la realización de esfuerzos físicos".
Los jueces hicieron caso omiso a un informe de la Inspección de Trabajo que requería a la empresa a adaptar el puesto
de trabajo a la situación del demandante. Éste abandonó la empresa con una indemnización de 25.000 euros por la
indemnización de 20 días de sueldo por 30 años, desde que tenía 14, de trajinar carga en el almacén. "Es todo una
injusticia y una muestra de falta de humanidad", afirma el despedido.
Durante toda su lucha, mantuvo en secreto su enfermedad. "No lo comenté a la empresa porque es algo que forma parte
de mi vida privada, ni siquiera a mi familia". Pero tras el varapalo judicial, ha revelado a la inspección de tribunales de
la Audiencia de Barcelona que es seropositivo. "La empresa sabía que estaba enfermo pero lo que no sabía, o quiero
imaginar que no lo sabía, el tipo de enfermedad que padecía", asegura. Pero está convencido de que su enfermedad era
conocida y que influyó en el despido. Por ello ha pedido que se revise su caso.
El primer fallo advertía de que "no tiene trascendencia que no se conozca la patología del demandante, pues lo
fundamental no es dicha patología sino sus consecuencias funcionales".
Como resultado de las continuas bajas laborales derivadas de su enfermedad, el trabajador alega que sufrió acoso moral
y persecución sistemática. "Vamos a por ti", le dijo su encargado tras conocer que el trabajador había presentado una
demanda. Pero el mobbing ha sido desestimado por la justicia.
Ahora, intenta pasar página en su vida. En lo económico, cuenta con los ingresos procedentes de una pensión de 1.000
euros por una incapacidad permanente. Su aspecto no delata síntomas de enfermedad. "Gracias a que me cuido mucho
tengo la enfermedad controlada", dice satisfecho.
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