1 CUATRO ASPECTOS PROBLEMÁTICOS DE LA NUEVA

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CUATRO ASPECTOS PROBLEMÁTICOS DE LA NUEVA RETÓRICA DE
PERELMAN Y OLBRECHT-TYTECA.
Por Mario Schilling1
RESUMEN.- En este ensayo analizaremos la novedad del planteamiento de la
nueva retórica de Chaim Perelman y Lucie Olbrecht-Tyteca, que se basa en el
estudio de la estructura argumentativa del pensamiento filosófico. A diferencia de
la retórica clásica cuyo centro de interés radicaba principalmente en la persuasión
de los auditorios, en este esquema se propone la idea de que los argumentos,
cualesquiera que éstos sean – filosóficos, científicos, políticos, estéticos u otros –
buscan igualmente persuadir o convencer a un lector o público específico, de tal
manera que son susceptibles de ser interpretados retóricamente, entendiendo esta
expresión desprovista de su actual connotación negativa.
Punto de partida:
En el presente estudio analizaremos cuatro problemáticas fundamentales
de esta Nueva Retórica para comprenderla en su contraste con la retórica clásica
y las soluciones que plantea como proyecto de análisis argumentativo.
Nuestro punto de partida es que cada tipo de filosofía y cada metodología
valoran un tipo de argumentos y cuestionan el valor de los demás. Así, el
utilitarismo recurrirá preferentemente al argumento pragmático, es decir, al
argumento por las consecuencias. Perelman cita a Bentham: “¿Qué es dar una
buena razón respecto de una ley? Alegar los bienes o males que la ley tienda a
producir...¡Qué es dar una falsa razón? Alegar, a favor, en contra de una ley
cualquiera otra cosa que no sean los efectos, ya sea para bien ya para mal”2. Si
los utilitaristas sólo conceden valor al argumento pragmático, los formalistas, como
Kant, que exigen una adhesión absoluta a las reglas hacen depender la
1
Actualmente cursando el Doctorado en Filosofía, mención Filosofía Política.
BENTHAM, Principes de législation, Cap. XIII, p. 39, en PERELMAN, CH. La Lógica Jurídica y la Nueva
Retórica, página 167.
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1
obediencia a criterios intrínsecos. Por otra parte, Leibniz considera a la persona
como un sujeto cuyos actos no son más que manifestaciones predeterminadas,
que contrastado con el existencialismo, según el cual la persona se realiza a
través de sus actos, la conexión persona - actos – que constituye en el tratado de
Perelman en relaciones de coexistencia dentro de los argumentos fundados en la
estructura de lo real— es esencial tanto para la moral como para el derecho, pues
sin ellas las ideas de imputabilidad y de irresponsabilidad serían incompatibles.
De esta manera, podemos advertir que el aporte de la nueva retórica de
Perelman y Olbrecht-Tyteca constituye una suerte de hermenéutica de la
argumentación filosófica.
1. El problema del estudio de los argumentos.
Perelman considera que si bien la retórica constituía en la antigüedad la
coronación de la educación greco-romana, ésta degeneró en el siglo XVI al quedar
reducida a un mero estudio de figuras de estilo para desaparecer, finalmente, de
los programas de enseñanza secundaria.3 Si bien la retórica definida por
Aristóteles es el arte de buscar en cualquier situación los medios de persuasión
disponibles4, para Perelman, tiene por objeto el estudio de técnicas discursivas
que tratan de provocar y de acrecentar la adhesión de los espíritus a tesis que se
presentan para su asentimiento5. En La Nueva Retórica y Los Valores6, Perelman
precisa que esta definición se concreta mediante cuatro observaciones, o
elementos de la misma, como la denominaremos. Así, pues, un primer elemento
de esta definición es que la retórica trata de persuadir mediante el discurso, pues
cuando se discute sobre el sentido de las palabras, para obtener un acuerdo a
este respecto, es indispensable recurrir a la retórica, pues ésta engloba los tópicos
y la dialéctica las técnicas propias del debate y la controversia. Hay además un
segundo elemento que concierne a la demostración y a las relaciones de la lógica
3
PERELMAN, CH. La Lógica Jurídica y la Nueva Retórica, página 139.
ARISTÓTELES, Retórica, I, 1355, pp 26-27.
5
PERELMAN y L. OLBRECHTS-TYTECA, Traité de l’argumentation, página 5.
6
PERELMAN, CH. La Lógica Jurídica y la Nueva Retórica, página 139.
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2
formal con la retórica. La prueba demostrativa es más que persuasiva, pero a
condición de que se admita la veracidad de las premisas de que parte. En esto
Perelman es palmario: la validez de la demostración sólo garantiza la veracidad de
la conclusión si estamos dispuestos a reconocer la de las premisas.
Perelman es discípulo de Frege, conoce bien el mundo de la lógica, pero
precisamente su tesis, contenida en El Tratado de la Argumentación, sostiene que
cuando una palabra se puede tomar en varios sentidos, es decir, cuando es
equívoca y no presenta la univocidad propia e indispensable de la lógica, y cuando
se trata de clarificar una noción vaga o confusa, surge un problema de elección y
de decisión que la lógica formal es incapaz de resolver, y hay que dar las razones
de la elección para obtener la adhesión a la solución propuesta. Por eso es que el
estudio de los argumentos viene de la retórica.
Tercero, la adhesión a una tesis puede ser de una intensidad variable, lo
que es esencial cuando no se trata de verdades sino de valores7. Finalmente, se
distingue la retórica de la lógica formal en cuanto no se refiere tanto a la verdad
como a la adhesión. Las verdades son imparciales y el hecho de que se las
reconozca o no, sostiene Perelman, no cambia en nada su condición. En cambio,
la adhesión es siempre la adhesión de una o varias inteligencias a las que nos
dirigimos, es decir, de un auditorio.
La retórica encuentra su justificación en la equivocidad del lenguaje. La
lógica puede ofrecer demostraciones a partir de nociones unívocas, que suponen
la previa aceptación de sus premisas, pero es en el lenguaje natural donde reinan
los argumentos y no las demostraciones. Convencer y persuadir, es la tónica de la
retórica; no demostrar, la lógica demuestra. Este es el fundamento retórico de
Perelman. Esta equivocidad del lenguaje permite la interpretación, la búsqueda del
sentido, de la razón suficiente, tal vez incluso aquel poético anuncio de Heidegger
en Carta sobre el Humanismo:
7
Aquí debemos hacer notar que Perelman desarrolla su planteamiento teórico utilizando conceptos
como “verdades” y “valores” como instrumentos de persuasión, más que el sentido natural de tales
expresiones.
3
“El lenguaje es la casa del ser. En su morada habita el hombre. Los pensadores y
poetas son los guardianes de esa morada. Su guarda consiste en llevar a cabo la
manifestación del ser, en la medida en que, mediante su decir, ellos la llevan al lenguaje y
allí la custodian. El pensar no se convierte en acción porque salga de él un efecto o porque
pueda ser utilizado. El pensar sólo actúa en la medida en que piensa. Este actuar es,
seguramente, el más simple, pero también el más elevado, porque atañe a la relación del
ser con el hombre. Pero todo obrar reside en el ser y se orienta a lo ente”8
2. El problema de los múltiples auditorios.
¿A quién se intenta persuadir mediante los escritos filosóficos? ¿El filósofo
se plantea un lector ideal antes de esbozar sus argumentaciones por escrito? No
es posible persuadir sin destinatario: supone la presencia de un orador y de un
auditorio. Por eso la noción de auditorio es central en la retórica de Perelman.
Aristóteles analizó los diferentes auditorios por edad y por fortuna. Aristóteles
pensaba en la muchedumbre reunida en la plaza pública, subrayando que la
retórica consistía en obtener la adhesión de un auditorio no especializado y no
capaz de seguir un razonamiento complicado.9 Sin embargo, el filósofo no se
dirige a estas muchedumbres, pero igualmente desea convencer con la fuerza de
sus argumentos, pero ¿a quién? ¿a quiénes? De ahí que surja la idea
perelmaniana de una argumentación persuasiva o convincente que pueda dirigirse
a cualquier auditorio, sabios o ignorantes, mediante el uso de argumentos que
hayan de ser admitidos por todos, es decir, por un auditorio universal. Así, pues, la
nueva retórica no se limita, como la retórica clásica, al estudio de las técnicas del
discurso público dirigido a una muchedumbre no especializada. La nueva retórica
dirige la mirada a la razón, utilizando argumentos convincentes que deberán ser
aceptados por todo ser razonable.
8
Martin Heidegger, Traducción de Helena Cortés y Arturo Leyte, publicada por Alianza Editorial, Madrid,
2000.
9
ARISTÓTELES, Retórica, Lib. I, 1.357, 1-4.
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Pero, sin duda, que dirigirse a este auditorio universal no significa
desconocerlo. Para persuadir a un auditorio es menester conocer las tesis que
éste admite y además el grado de intensidad que les dan a su adhesión, pues
éstas son las tesis que han de suministrar el punto de partida de la argumentación.
Perelman utiliza una analogía—figura retórica que analiza en profundidad en su
obra10— para ilustrar esta idea. Dice: ligar una argumentación con unas premisas
a las que sólo se concede una adhesión de pasada es tan desastroso como colgar
un pesado cuadro en un clavo mal clavado en la pared. Existe el riesgo de que se
derrumbe todo. Así, en lugar de ver que se adoptan unas conclusiones como
consecuencia de la solidaridad que existe entre ellas y las tesis de partida, son
estas últimas las que pueden resultar abandonadas por el auditorio, si las
conclusiones a las que se llega le parecen al auditorio menos aceptables que las
tesis con las cuales se ligan11. Hay que distinguir, asimismo, entre los discursos
sobre hechos reales y los discursos sobre valores. Perelman es bastante más
claro en su Lógica Jurídica que en su tratado. Mientras que en el primero nos pone
de manifiesto que la diferencia entre hechos y valores se refiere a los discursos,
en el tratado se refiere a los acuerdos relativo a lo real y los acuerdos relativo a lo
preferible12. Terminología bastante más hermética.
En efecto, mientras los
razonamientos demostrativos y las inferencias formales son correctos o
incorrectos, los argumentos y las razones que se dan a favor o en contra de una
tesis son más o menos fuertes y hacen variar la intensidad de la adhesión del
auditorio. La fórmula que propone Perelman es que partiendo de lo que está
admitido, todas las técnicas de argumentación tratan de reformar o de debilitar la
adhesión a otras tesis o de suscitar la adhesión a tesis nuevas, que pueden, por
otra parte, resultar de la reinterpretación o adaptación de las tesis primitivas.
En definitiva, en la teoría de la argumentación el auditorio no se define
como el conjunto de aquellos que escuchan un discurso, sino más bien como el
conjunto de aquellos a quienes se dirige el esfuerzo de persuasión. Por lo mismo,
sugiere Perelman puede ocurrir que cada uno de los oradores se dirija sólo a una
ζ 82. ¿QUÉ ES LA ANALOGÍA? Tratado de la argumentación.
PERELMAN, CH. La Lógica Jurídica y la Nueva Retórica, página 144.
12
ζ 15. Las premisas de la argumentación. Capítulo 1. Tratado de la Argumentación.
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parte del auditorio, a sus partidarios, que admitirán sin dificultad las premisas y la
argumentación.
3. El problema del valor de los fines.
Un problema filosófico fundamental que plantea Perelman a propósito de la
formulación técnica de los razonamientos consiste en que se busca, mediante la
deliberación, un fin y hay que establecer cuáles son los mejores medios para
llegar a él, los obstáculos que hay que superar, de manera que únicamente los
valores instrumentales o derivados son objeto de deliberación o de una reflexión
de la que se desprende la lógica. Hasta aquí no hay problema si el fin perseguido
es único, pero si hubiera incompatibilidad con otros fines u otros valores o normas
sí se plantearán dificultades.
Para la filosofía tradicional y racionalista, dice Perelman, se ha tratado siempre
de eliminar este pluralismo de valores y normas mediante una sistematización y
jerarquización de todos los aspectos de lo real, pretendiendo que es objetiva. De
tal modo que lo opuesto a esta ontología elaborada se presenta como error o
apariencia y los valores así descalificados se subordinan a “lo verdaderamente
real”. Este procedimiento conduce, más que a distinguir los valores de las
verdades, a buscar un fundamento objetivo para los valores y las normas, merced
a dicha ontología prefabricada bajo el signo de la verdad como si se tratara de una
ciencia más con la cual se ofrece evidencia de hechos reales. Por otra parte, con
el pensamiento de Bentham y su aritmética de los placeres, se pone fin a las
controversias relativas a los valores. Justamente ya sea mediante la ontología o
una ciencia de la conducta, los problemas relativos a los valores se transforman
en problemas relativos a la verdad y los problemas prácticos en teóricos. Como
bien expresa Perelman, en una postura contraria a los dogmatismos “bajo diversas
variantes, se continúa la moral del sabio, que espera encontrar, por medio de un
mejor conocimiento del orden universal, de la naturaleza humana o de los
mandamientos divinos, la solución buena y única del problema que planeta la
6
acción, poniendo de este modo fin a los desacuerdos y a las controversias”13, de
tal modo que reconoce la existencia de un cierto pluralismo del que el sentido
común ha tenido conciencia siempre.
Tanto Aristóteles como los estoicos, en conceptos teóricos diferentes, plantean
la dificultad de aplicar los valores a un modelo único. Para Aristóteles14 es
innegable que todos los hombres buscan la felicidad, pero unos la identifican con
el placer y otros con el honor y otros a través de la vida contemplativa o la vida
política, para los estoicos15 la existencia de un acuerdo que califican de
prenociones no impide que haya desacuerdos sobre los casos de aplicación. “Las
prenociones son comunes a todos los hombres. Ninguna prenoción está en
contradicción con otras. ¿Quién de entre nosotros no admite que el bien es cosa
útil y deseable, que es algo que hay que buscar y perseguir en cualquier
circunstancia? ¿Quién no admite que lo justo es cosa bella y conveniente?
Entonces, ¿en qué momento hay contradicción? Cuando aplicamos las
prenociones a las realidades particulares, cuando uno nos dice “ha actuado
honestamente: es un hombre valiente” y el otro dice “no, es un insensato”.
El deber de los filósofos era suministrar una respuesta válida y
objetivamente fundada, señala Perelman, que se impusiera a todos los seres
dotados de razón, ante la multiplicidad de caracteres humanos u la pluralidad de
opiniones. Pero la experiencia ha demostrado que la multiplicidad de filosofías ha
conducido a un escepticismo creciente. La vía que propone Perelman para
superar este nihilismo si se considera que todo lo que concierne a los valores no
es arbitrario y que los juicios de realidad no son enteramente independientes de
los valores, será comenzar el análisis práctico, es decir, la argumentación que
trata de justificar y criticar las decisiones, mediante consideraciones de orden
general, sin perjuicio de elaborar a continuación metodologías particulares para
cada una de las disciplinas, indicando de qué modo los fines que persiguen
permiten especificar y precisar los valores y criterios que parecen más apropiados
a su realización.
13
PERELMAN, CH. La Lógica Jurídica y la Nueva Retórica, página 148.
ARISTÓTELES, Moral a Nicómaco, Lib. I, 5, 1095, b.13-35, 1096 a 1-4. En Perelman, Op. Cit., pág, 148.
15
EPICTETO, Les Entretiens, en Perelman, Op, Cit, 148.
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4. El problema de las tesis de partida.
Perelman contrapone la lógica formal a la teoría de la argumentación. En la
lógica formal se parte de axiomas y su objetivo es conducir a un razonamiento
demostrativo, se funda en su evidencia. Sin embargo, eso no ocurre en el ámbito
del lenguaje natural, de los conceptos equívocos. En eso nos advierte claramente
Perelman al decir que la argumentación no contempla exclusivamente la adhesión
a una tesis porque sea verdadera. Podemos preferir una tesis a otra porque nos
parece más equitativa, más oportuna, más actual, más razonable o mejor
adaptada a la situación. Por eso el problema de las tesis de partida es más difícil
para el orador cuando se dirige a un auditorio heterogéneo que puede tener
diversas opiniones respecto de su planteamiento. La solución que plantea
Perelman es que este orador se funde en tesis generalmente admitidas y
opiniones comunes, que son aquellas que se derivan del sentido común. Para ello
Perelman construyó la noción de lugares tales como lugar de la cantidad (“ es
superior lo que es más útil a un mayor número, lo que es más duradero”) a los
lugares de cualidad (“es superior lo que es único, incomparable, lo que es escaso
y difícil”) o los lugares del orden (“lo que es causa es superior a lo que es sólo un
efecto”), además la superioridad de lo que existe sobre lo que no es posible, etc.
El orador al escoger un punto de partida no hace sino seleccionar una
opción entre varias posibles, otorgándole lo que en teoría de la argumentación se
denomina una presencia. Este concepto que carece de importancia en la lógica
tradicional se refiere a una presencia efectiva, física, como esa historia china que
cita Perelman en su Tratado de la Argumentación: “Un rey ve pasar un buey que
iba a ser sacrificado. Le da pena de él y manda que se le sustituya por un cordero.
Confiesa que le ocurrió porque vio al buen buey y no vio al cordero”. El arte de la
presentación , en lugar de producir un simple efecto literario u ornamental, cumple
una función persuasiva innegable.
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