6. La pequeña propiedad campesina en la actualidad

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6. La pequeña propiedad campesina en la
actualidad
Resulta prácticamente imposible proceder al estudio evolutivo de la pequeña propiedad regional con un método similar al empleado para las grandes propiedades; por una pazte
porque la movilidad de este tipo de patrimonios suele ser mayor que la de los latifundios, como ha puesto ya de manifiesto
el análisis de la dinámica reciente del minifunido derivado del
desmoronamiento de la propiedad ducal de Medinaceli en Montilla; por otro lado porque con frecuenciá la inscripción registral de estas fincas se ha retrasado ostensiblemente, dándose
casos numerosos aún de tierras no inscritas; en último extremo porque, como se comprenderá fácilmente, la rentabilidad
del trabajo de investigación registral centrado en un reducido
grupo de minifundios no puede compazarse, ni por asomo, a
la derivada de un colectivo de igual número de grandes fincas,
tanto en los casos en que éstas se han mantenido indemnes hasta
la fecha (situación, por ejemplo, de los 35 cortijos cordobeses
y algunos donádíos marcheneros analizados), como en los de
procesos de parcelación generalizados (fincas de Montilla y de
Marchena).
Dado, pues, que el «método registral» supera en este caso
las posibilidades de nuestra investigación y puesto que en epígrafes anteriores de este capítulo ya se contemplaron diversos
procesos de divisiones y segregaciones por herencias y compraventas de un nutrido grupo de grandes fincas, así como la
evolución últerior hasta hoy del minifundio nacido de alguno
de estos procesos, el objetivo de este postrero estudio de la pequeña propiedad regional quiere sólo dejar constancia de su
existencia, de su reforzamiento incluso con respecto a etapas
anteriores -contraviniendo nuevamente, como algunos aspectos ya comentados sobre la gran propiedad, el «modelo ortodoxo» sobre evolución de la agricultura en los países capitalistas dominados por el latifundio-, de su organización espacial
y orientación productiva así como de algunos aspectos del fun308
cionamiento de la explotación dentro de estas propiedades; todo ello encaminado, como en capítulos anteriores, a comprender y explicar el sostenimiento, y hasta la expansión de este
tipo de modestas unidades de producción como complemento
dependiente de las grandes explotaciones dominantes, en el marco de un nuevo tipo de relaciones definido por el descenso drástico del empleo en las actividades agrarias y la aceleración del
éxodo rural.
6.1. El minifundio altocampiñés
A) Reforzamiento de la pequeña propiedad
En el marco regional que nos ocupa, buena parte de los
municipios altocampiñeses presentan rasgos de relativo minifundismo, como ya señalara en el capítulo segundo, tanto si
se toma en consideración la información catastral referente á
propiedades, como la censal sobre explotaciones. Se trata aqtií
de cuantificar y analizar con más detalle determinados aspectos territoriales y productivos de ese nutrido grupo de modestos propietarios en algunos términos seleccionados, y, en la medida de lo posible, reflexionar sobre su evolución numérica y
superficial como consecuencia de las transformaciones de propiedad operadas durante los últimos 100 años, ésto último referido obviamente a aquellos casos para los que se dispone de
información sistemática de mediados del siglo XIX o, mejor
aún, como ^en el caso de Arjonilla, desde mediados del siglo XVIII.
,
Sin negar, desde luego, la desigualitaria distribución de la
propiedad de la tierra que define la estructura agraria de los
pueblos altocampiñeses considerados (véanse graficos referidos
309
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311
a Arjonilla, Montilla y Torre del Campo), podrá estarse de
acuerdo, sin embargo, que los niveles de concentración que
presentan se alejan sensiblemente de los de algunos grandes
municipios del centro y de la baja Campi`na estudiados; los índices de Gini arrojan para los pueblos señalados, valores comprendidos entre 0,7 de Arjonilla y 0,65 de Torre de Campo,
cifras muy distantes por supuesto de una situación de equilibrio, pero sustancialmente distintas de la de municipios como
Córdoba (I.G. = 0,84) o Carmona (0,80); y no se olvide que
en comunidades agrarias desigualitarias como las que integran
de forma general, no sólo ya la región bética, sino el conjunto
de la agricultura nacional, diferencias en el índice de Gini de
una décima o más .resultan significativas.
Pero más allá de la constatación del importante peso relativo de la pequeña propiedad en la comarca y, consecuentemente, de los más bajos índices de concentración, el tema clave, desde nuestro punto de vista, es la evolución seguida por
el minifundio desde mediados del siglo XIX hasta hoy. La comparación de los Amillaramientos de 1860-63 con la documentación catastral actual, con todas las limitaciones que quieran
señalarse, no dejan lugar a dudas sobre la estabilidad y, más
aún, sobre el reforzamiento de los intervalos de propiedades
más modestas; el grupo de aquéllas con menos de 25 fanegas
(alrededor de 15 hectáreas) en Arjonilla y Montilla no sólo ha
incrementado su participación relativá en el conjunto de la masa
municipal de propietarios, sino que ha crecido además y sobre
todo en la superficie detentada: el proceso habido en los últimos 100 años ha consistido, pues, en el aumento del colectivo
de modestos propietarios y en el reforzamiento paralelo de su
implantación territorial; aunque, ciertamente, en términos absolutos el incrento de propietarios ha sido superior al de la superficie ocupada y, consiguientemente, los minifundistas se han
hecho «más minifundistas», no puede afirmarse, por el contrario, que la pequeña propiedad haya crecido sólo sobre las
tierras que el grupo venía detentando desde antaño, sino que
dicho proceso se ha visto acompañado y compensado en algu-
312
na medida por el trasvase de tierras habido de otros colectivos
de propietarios.
Lo interesante sería, desde luego, poder cuantificar y datar esos procesos de trasvase, que se nos antojan generalizables a buena parte de los municipios de la Alta Campiña. Los
ejemplos con los que contamos, aunque referidos a sólo dos
de ellos, tienen el valor de recoger fenómenos de parcelación
distintos, en buena medida derivados del carácter realengo y
señorial de cada uno de los términos; ambos condujeron, como vamos a comentar a continuación, a una meta similar, aunque distante en el tiempo. Vayamos a la explicación. Compruébese como Arjonilla, concejo «realengo» a nuestros efectos durante la Edad Moderna, con moderada implantación,nobiliaria como vimos y peso considerable de bienes de propios y del
clero, asiste a un notable reforzamiento de la pequeña propiedad en el siglo que media.entre 1752 y 1860, lapso, preci ^amente, en que además de la desvinculación de la propiedad
laica tiene efecto el grueso de la desamortización eclesiástica
-con los rasgos de parcelación ya comentados- y, más destacable aún, la enajenación de sus tierras concejiles por la vía
de censos reservativos, que permitió el acceso a la tierra de un
amplio grupo de vecinos. En los últimos 118 años la participación de la pequeña propiedad se ha movido en sentido alcista,
si bien es cierto que en números absolutos el colectivo de modestos patrimonios ha crecido con más rapidez; quiere ello decir que se han producido necesariamente procesos de parcelación y división dentro del propio colectivo, junto con la incorporación de tierras de los grupos de medianos y grandes propietarios, sin que en el estado actual de nuestra investigación
pueda precisarse con más detalle la procedencia exacta de las
mismas; cabe plantear, como hipótesis al menos, fundada en
el conocimiento de los mecanismos concretos que^ actúan en
la evolución de la estructura de la propiedad de la tierra en
la Campiña de Jaén, que es preferentemente el grupo de propiedades medias el que se ve sometido con más frecuencia a
procesos de segregaciones y divisiones, sin que ello suponga
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negar iniciativas contrarias que han llevado a la constitución
de grandes patrimonios a partir de una propiedad pequeña o
mediana (53).
Eñ Montilla, por su parte, el salto hacia el reforzamiento
de la pequeña propiedad parece tener efecto a lo largo de los
últimos cien años, aunque, ciertamente, sin conocer datos globales de la situación a mediados del siglo XVIII poco puede afirmarse de la trayectoria seguida en la centuria anterior. Es evidente, sin embargo, que en torno a 1860, cuando Arjonilla presentaba ya más del 30 por 100 de la S.A.U. en manos de propietarios de menos de 15 hectáreas, Montilla apenas alcanza
el 20 por 100; para ese momento habían tenido ya efecto en
el municipio cordobés gran número de ventas de tierras eclesiásticas y, probablemente; la enajenación de parte del patrimonio concejil (54).
Ahora bien, sin ocultar la trascendencia que ambos procesos desamortizadores pudieron desempeñar en el reforzamíento
del minifundio municipal, existía todavía indemne en 1860 una
gran propiedad de tan considerables dimensiones como la de
la Casa de Medinaceli, que por fuerza desequilibraba la estructura distributiva de la tierra e impedía que los intervalos
«menos favorecidos» alcanzasen mayores niveles de participación en la S.A.U. Frente a la situación de Arjonilla, carente
en absoluto de una propiedad nobiliaria equiparable en términos relativos a lo que suponía la de los Fernández de Córdoba
en Montilla, y tan profundamente afectada en su estructura
(53) En ese sentido es paradigmático el trabajo de Agustín y Antonio
López Ontiveros, «De una pequeña propiedad a un latifundio disperso: el
proceso de acumulación (1940-1979)», Agricultu^ay Sociedad, 17, 1980, págs.
133-180.
(54) Téngase en cuenta lo dicho al respecto en el capítulo anterior; de
interés también el trabajo de Carmen Naranjo Espejo «El proceso de compraventa de tierras en Montilla durante el periodo 1750-1850», Andalucía Moderna (Siglo xvlll), tomo II, Attas del P^imes Congruo de H. ° de Andalucía, Publicaciones del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, 1978, págs.
51-62.
0
315
C UADRO 96
EVOLUCION DE LAS EXPLOTACIONES AGRARIAS
DE MENOS DE 20 HAS. EN EL PERIODO ^
INTERCENSAL 1962-1972 (%)
% Ex lotacion^s
1972
1962
% S A. U.
1972
1962
Montilla ....................
92,8
94,4
42,2
47,4
Arjonilla ....................
91,9
91,3
44,6
44
La Carlota ..................
92,7
92,6
49,8
53,9
Torre del Campo ............
91,8
94,6
48,1
49,6
Furn1e: Censos Agrarios de 1962 y 1972. Los datos superficiales del Censo de 1972,
como se sabe no editados por el I.N.E. en los cuadernillos Serie-A, Primeros resultados (en contra de lo ocurrido con el Censo de 1962), proceden de un programa especial adquirido personalmente del mencionado Instituto. Son de lamentar
las diferencias de información editada entre un censo y otro, especialmente en lo
que respecta a una de tanto interés como la aquí utilizada.
de propiedad por las desamortizaciones eclesiástica y civil, Montilla es buen ejemplo de ese grupo numeroso de municipios de
la Alta Campiña de Córdoba, de notable y añeja propiedad
nobiliaria de origen señorial que, precisamente por ello, verán reforzada la participación de los modestos propietarios cuando esa gran propiedad aristocrática sea desmantelada y enejanada en pequeños lotes, reproduciendo en alguna medida el
minifundio dominante en la explotación; tal fenómeno, clave,
desde luego, para comprender y explicar la distribución del suelo
en la comarca mencionada, no tendrá lugar, como ya dijimos,
hasta después de la Guerra Civil, y es por ello por lo que el
salto hacia adelante del minifundio se produce en la centuria
considerada; las divisiones y segregaciones habidas con posterioridad a la primera etapa de ventas (recuérdese lo visto en
el epígrafe 3) han terminado por reforzar numérica y superficialmente el peso de la pequeña propiedad comarcal.
0
316
Los datos censales, referidos como se sabe a explotaciones
y no a propiedades, arrojan valores relativos muy similares a
los catastrales, con lo que refuerzan a nivel de unidades de producción la tesis de expansión del minifundio, y permiten además constatar que en periodo tan significativo como el decenio 1962-72 las pequeñas explotaciones campiñesas han mantenido su participación en la superficie censal o, incluso, la han
mejorado ligeramente.
CUADRO 97
DISTRIBUCION DE LA PROPIEDAD Y DE LOS
APROVECHAMIENTOS EN ARJONILLA
1.
Dt:ttribtuión d^ la propiedad
Props.
Ho,s.
%
Sup. has.
%
1 ..........................
1-4,9 .......................
427
441
41,5
42,8
148,3
769,5
4,3
19,2
5-9,9 .......................
68
6,6
420 .
10,5
10-24,9 .....................
25-49,9 .....................
50
27
4,9
2,6
709,4
853,7
17,7
21,2
50-99,9 .....................
13
1,3
789,6
19,7
Más 100 ....................
2
0,2
291,1
7,3
Total ...................
1.028
2.
-
3.981,6
-
Distribución de !os apmutchamitntos (%)
Labor sec.
R^gadío
Ohos
83
70
15,9
28, 7
1,1
1
0, 3
82,4
77,1
72,8
17,6
22,9
27,2
-
-
65,5
64,5
34,7
35,5
-
-
Olioar s^c.
Frunee: Libro de Cédulas de Propiedad del Catastro de Rústica del municipio de Arjonilla (1978).
317
CUADRO 98
DISTRIBUCION DE LA PROPIEDAD Y DE LOS
APROVECHAMIENTOS EN EL MUNICIPIO
DE TORRE DEL CAMPO (1978)
1.
Distribución de la propiedad (1)
Hos.
Props.
%
Sup. has.
%
..........................
1.402
45
921,8
5,6
1-4,9 ............ ...........
1.162
37,3
3.448,8
21,7
5-9,9 . ......................
10-24,9 ...... ...............
280
171
9
5,5
1.969
3.194,5
12,4
20,1
25-49,9 .................... .
50-99,9 ..... ................
M ás 100 ....................
59
31
9
1,9
1
0,3
1.995
2.161,4
2.232
12,6
13,6
14
Total ... ................
3.114
-
15.893
-
1
2.
Distribueión de los aprovechamitntos (%)
Olivar sec.
Labor sec.
Erial-pastos
70,9
29,1
-
60,8
38,5
0,7
77,1
21,9
1
71,4
28,6
-
67,9
71
25,3
25
6,8
4,1
62,7
27,7
9,6
Fuenk: Libro de Cédulas de Propiedad del Catastro de Rústica del municipio de Torre del Campo (1978).
(1) La superficie computada afecta a algo más del 90 por 100 de la superfcie del
término. Se ha prescindido de aquella ubicada en el sector serrano del municipio.
318
CUADRO 99
DISTRIBUCION DE LA PROPIEDAD Y DE LOS
APROVECHAMIENTOS EN EL MUNICIPIO
DE MONTILLP^ (1978)
1.
Distribución d^ la prop•dad
%
^
Xas.
Props.
%
1 ..........................
1-4,9 .......................
5-9,9 .......................
1.168
1.566
284
35,4
47,5
8,6
586
3.219
1.997
3,7
20,2
12,5
10-24,9 .....................
25-49,9 .....................
125
92
3,8
2,8
1.848
2.857
11,6
18
50-99,9 .....................
M ás 100' ................:..
51
13
1,5
0,4
3.116
2.284
19,6
14,3
Total ...................
3.298
-
15.907
-
2.
Sup. has.
Distribución dt !os apmatchamitntos (%)
Olioar sa.
Labor stc.
Rtgadío
Otros
18,3
63,9
17,8
-
32,2
48
19,8
-
26,4
43,6
31,9
31
50,5
38,3
34,4
29,5
23,1
18,1
30,8
34,7
2,9
4,8
2 3,5
23,1
51,4
2
Fnenk: Libro de Cédulas de Propiedad del Catastro de Rústica de Montilla ( 1978).
(') En eate intervalo se incluye a nombre del I.N.C.-IRYDA parte de la propiedad que adquiriera en 1943 de la Casa de Medinaceli y que hasta el momento, y a
pesar de estar ya escriturada a nombre de los nuevos titulares, no ha sido «alterada.
en el Catastro. Cuando ello ocurra, el Indice de concentracibn descenderá obviamente.
319
B)
Organización parcelaria y opciones productiaas
V isto hasta aquí el significado actual de la pequeña propiedad en algunas comunidades rurales altocampiñesas como
desarrollo de lo planteado a nivel regional en el capítulo II,
y el afianzamiento contemporáneo de la misma, corresponde
ahora abordar el estudio de algunos aspectos directamente implicadós en la explotación minifundista, cuales son la organización parcelaria y la orientación productiva de estos patrimonios. Para el estudio parcelario prescindimos parcialmente de
la información de la ^édulas de propiedad por cuanto infla inadecuadamente el número «real» de parcelas integrantes de la
propiedad, y trabajamos con la información censal procedente de los cuestionarios originales del Censo Agrario de 1972, que
se refieren a fincas o parcelas censales, es decir, a piezas de
tierra no colindantes e integrantés de una misma únidad de
explotación. La documentación catastral, sin embargo, ha sido utilizada para cartografíar y localizar el parcelario «real»
de un grupo de propiedades escogidas al azar por municipios
(véanse figuras 60, 61 y 62).
La combinación de la documentación censal y de la cartografía catastral permite concluir dos extremos que inciden en
la peculiridad del minifundio campiñés y en las «ventajas» que
desde el punto de vista parcelario presentan estas explotaciones.
El número real de fincas que por término medio integran
estas modestas unidades de producción es reducido en términos absolutos, y mucho más si se relativiza la realidad regional con la el minifundio de tierras castellanas o manchegas.
Lo más frecuente es que tanto propiedades como explotaciones por debajo de las 20-30 hectáreas estén constituidas por
un número de fincas raramente superior a cinco, abundando
mucho en los intervalos superficiales inferiores las formadas
por una sola parcela.
Por otrá parte, además, aquellas explotaciones y propiedades que presentan mayor número de parcelas no suelen poseerlas en puntos extremos del municipio en cuestión, sino, con
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B.L 152.783 pta^.
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Figura 61
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Parcelario .rcd. de In pequeiu pcopicdad de La Carlou
Figura 62
323
C UADRO 100
CEDULAS DE PROPIEDAD DE LOS PROPIETARIOS
CARTOGRAFICOS EN LOS MAPAS DE ARJONILLA,
TORRE DEL CAMPO Y LA CARLOTA
A^jonilla (sólo pequeños propietarios)
Parcelas catastrales
Parcelas reales
Sup. catastral
6
4
8,0832 has.
B. C. Bernal Cortina, C. .... Parcelas catastrales
Pazcelas reales
Sup. catastral
4
3
8,3992 has.
D. D. Delgado Dfaz, J. ..... Parcelas catastrales
Parcelas reales
Sup. catastral
7
3
5,8431 has.
G. H. Garcta Hernández, M. Parcelas catastrales
Pazcelas reales
Sup. catastral
8
3
5,9713 has.
C. G. Carmona González, T.
Tone del Campo (sblo pequeños propietarios)
A. M. Armenteros Melgar, B. Parcelas catastrales
Pazcelas realea
Sup. catastral
B. M. Blanca Méndez, J. A. . Pazcelas catastrales
Pazcelas reales
Sup. catastral
C. J. Colmenero Jiménez, P.
Q. F. Quesada Fernández, M.
324
Parcelas catastrales
Pazcelas reales
7
6
12,9182
8
5
6,3273 has.
7
7
Sup. catastral
22,7844 has.
Parcelas catastrales
Parcela^ reales
11
8
Sup. catastral
14,4681 has.
CUADRO 100 (Continuación)
C EDULAS DE PROPIEDAD DE LOS PROPIETARIOS
CARTOGRAFICOS EN LOS MAPAS DE ARJONILLA,
TORRE DEL CAMPO Y LA CARLOTA
La Carlota
B. R. Baena Rodrlguez, A. ..
Pazcelas catastrales
Pazcelas reales
Sup. catastral
5
4
9,0357 has.
E. O. Echevazría Ots, F. ....
Pazcelas catastrales
Pazcelas reales
Sup. catastral
6
3
9,1671 has.
J. R. Jiménez Rovi, A. .... .
Parcelas catastrales
Pazcelas reales
14
6
Sup. catastral
22,8712 has.
bastante frecuencia, en un mismo polígono catastral o paraje,
de forma que aunque realmente no existe contigúidad de lindes, la proximidad actúa positivamente a la hora de considerar la gerencia de la explotación. Los ejemplos que aparecen
cartografiados en los mapas de Arjonilla, Torre del Campo y
Montilla, incluso constituyendo casos de acentuada parcelación catastral y«real», evidencian no sólo ya que el número
de parcelas catastrales es sustancialmente inferior al de fincas,
sino que éstas se localizan en áreas próximas o casi contiguas.
Entrando en áspectos de la organización productiva, sobre
la que la ordenación parcelaria no actúa negativamente en exceso, las pequeñas explotaciones altocampiñesas tienden a afirmarse en una serie de rasgos que ya las caracterizaban en etapas anteriores, lo que demuestra una vez más la «pretérita modernidad» de estas unidades de produccióri y la falta consiguiente de una ruptura nítida entre lo que pudiera denominarse minifundio tradicional y moderno.
325
Por lo que a aprovechamientos respecta, el afianzamiento
definitivo y casi absoluto de cultivos mercantiles no cerealistas
(olivar y viñedo) es un hecho consumado a comienzos de la
década de los seterifa; y en este sentido vale la pena tratar separadamente la dinámica de las tierras jiennenses y cordobesas, aunque los móviles y resultados del proceso son semejantes.
Para la Campiña de Jaén ya se ofrecieron datos globales en
un trabajo anterior (55). Corresponde aquí establecer las necesarias relaciones entre el tamaño de propiedades y explotaciones con la opción productiva, haciendo especial hincapié en
las de menor extensión. Nuevamente las diferencias entre la
documentación catastral, censal y de las Hojas de Cultivos se
pone de manifiesto, no estando de más algunos comentarios
al respecto: las cédulas de propiedad de Torre del Campo y
Arjonilla -municipios sobre los que versan ahora nuestros
comentarios- arrojan los más bajos niveles relativos de ocupación olivarera, tanto municipales como los referidos a propiedades de menos de 25 hectáreas, comparados con los extraídos de los cuestionarios originales del Censo Agrario de 1972
para explotaciones de menos de 25 hectáreas, y con los datos
globales de las hojas de cultivo.
Ofrecen más garantía los datos censales y los de las hojas
de las Cámaras Locales, tal y como se deriva del exhaustivo
trabajo que para los municipios indicados se ha realizado con
la fotografía catastral de la Delegación de Hacienda de Jaén
y un vuelo reciente de 1978 (56). Son muy numerosas las fincas y parcelas puestas de olivar en las décadas de los sesenta
y setenta, algunas ya en plena producción o próximas a alcanzarla, que en el Catastro aparecen aún calificadas de labor o
(55) R. Mata Olmo, «Propiedad agraria y evolución de cultivos en la
Campiña de Jaén», en Daenasio de la Unioersidad Autónoma de Madrid, 1983,
págs. 203-227.
(56) Vuelo reciente del Ministerio de Hacienda (1978) a escala aproximada 1/5.000. El welo utilizado por la Sec. del Catastro de Rústica de Jaén
como soporte del parcelario catastral a escala aprox. 1/2.000 data de mediados de la década de los sesenta.
326
de otros usos; el argumento fiscal de que el cambio de clasificación no tiene efecto hasta pasados varios lustros de realizada
la plantación es aceptable, si bien, no puede negarse que existen olivares que han superado este umbral cronológico sin producirse el cambio, y que, en todo caso y a nuestros efectos,
interesa conocer toda la superficie olivarera independientemente
de su edad, estado vegetativo y productivo.
Las limitaciones catastrales, sin embargo, junto con la información procedente del vuelo de 1978 nos ha hecho posible
aproximarnos espacialmente a la dinámica reciente del olivar
y a constatar, sin lugar posible a dudas, que la expansión de los
años sesenta y setenta se ha dirigido en dos direcciones -cortijos
de Campiña y fincas de ruedo- de distinta repercusión en lo
espacial, pero muy reveladoras de las estrategias recientes de
grandes y pequeñas explotaciones.
La documentación de cultivos de las cédulas de propiedad
muestra cómo los patrimonios de menos de 25 hectáreas, tanto en Arjonilla como en Torre del Campo, tienen un alto grado de especialización olivarera, con más del 75 por 100 de la
S.A.U., ocupada por ese cultivo y, consiguientemente, algo
por encima de las medias municipales. La situáción real, sin
embargo, va más allá de los datos catastrales y se aproxima
mucho a la que recogen los cuestionarios originales del Censo
Agrario de 1972: según éstos, la ocupación olivarera -próxima
a190 por 100 de la superficie censal- alcanza valores de auténtico monocultivo.
El desfase entre los datos catastrales, por una parte, y los
censales y de las Hojas de Cultivo de las Cámaras Agrarias
por otra, obedece a la muy reciente difusión del olivar en aquellos espacios minifundistas tradicionalmente de labor y aún no
«conservados» por el Catastro: los ruedos y algunos vallejos intracampiñeses de gran pesadez edá^ca y menos favorables para plantaciones.
Los planos parcelarios de algunos polígonos de ruedos inmediatos a Arjonilla y Torre del Campo recogen cumplidamente como desde mediados de la década de los sesenta hasta 1978
327
DISTRIBUGION DE GULTIVOS SEGUN TAMANOS DE PROPIEDAD EN LA
ALTA GAMPIÑA ( CEDUlAS PROPIEDAD. C.RUSTICA)
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Vlñ^do
(57) las aureolas minifundistas y cerealistas inmediatas a los
pueblos han perdido su tradicional orientación productiva, tanto
por la práctica desaparición del ganado de labor y por la plena
integración en el mercado de estas economías agrarias, como
por la difusión de técnicas de defensa contra el ataque de la
«palomilla», que afectaba a los olivares próximos a los núcleos
de población.
En el municipio de Torre del Campo el crecimiento reciente
de la superficie olivarera ha sido también auspiciado por`^la parcelación y venta, a antiguos colonos; de la finca cerealista de
Torre Olvidá (58) a cargo del I.N.C.; poco después de que la
iniciativa parceladora se consumase, la mayor parte de los nuevos y modestos propietarios procedió a plantar de olivos los lotes recibidos.
De este modo el quasi-monocultivo olivarero actual del minifundio jiennense -del que sólo cabe exceptuar algunos pagos de ruedo y limitados parajes no favorables edáficamenteno hace más que culminar un largo proceso de camino hacia
la especialización iniciado ya, cuando menos, a mediados del
siglo XVIII, proceso paralelo y directamente conectado con la
tradicional proletarización de un numeroso grupo de minifundi^tas, más preocupados por la obtención de productos brutos
elevados, que de reproducir autárquicamente la fuerza de trabajo familiar.
En amplios sectores de la Alta Campiña cordobesa, y en concreto en el término de la Montilla, la pequeña própiedad ha avanzado también en los últimos decenios por el camino de la especialización. Las peculiaridades edáficas de algunos sectores, especialmente favorables para viñedo de calidad -alberos sobre margoareniscas calcáreas del Andaluciense-, impulsaron
ya en el pasado una cierta duálidad en la opción productiva
del minifundio, compartido por el viñedo y el olivar, aunque
(57) La expansibn olivarera en los ruedos ha sido detectada mediante
la comparacibn de los dos vuelos señalados en la nota anterior.
(58) «Proyecto de Parcelación de la finca Torre Olvidá o Cortijo Nuevop, Archivo de la Delegación Provincial del I.R.Y.D.A., de Jaén, 1967.
329
ocupado este último, al menos durante el último tercio del siglo XIX, lugar preferente (59).
En la actualidad el subsector vitícola tiende a ganar protagonismo en la comarca, y en un municipio como Montilla, con
gran difusión de alberos y suelos rojos con niveles calcáreos,
el resultado es hoy que el viñedo constituye cultivo dominante
sobre la S.A.U., aunque con desigual implantación según el
tamaño de las explotaciones (véanse figuara 63 y cuadro 99).
Y nuévamente en este punto las coincidencias de comportamiento con el minifundio jiennense resultan palpables: son
los intervalos superficiales inferiores los que arrojan mayor presencia de binomio olivar-viñedo, cultivos de más elevadas exigencias relativas de trabajo que la tierra de labor, que significativamente sigue ocupando el primer puesto entre los aprovechamientos de las propiedades de más de 100 hectáreas. Pero en el caso de Montilla la presencia de viñedo y olivar permite matizar más aún el comportamiento productivo de las pequeñas propiedades-explotaciones comarcales.
El viñedo, mayor consumidor de trabajo humano y exigente
incluso de labores mecanizadas más minuciosas que el olivar
y la tierra calma, tiende casi a convertirse en monocultivo en
las propiedades de menos de 5 hectáreas, perdiendo paulatinamente implantación en los intervalos superiores, hasta llegar a ser el cultivo menos difundido en las propiedades de 100
hectáreas. EI olivar, en beneficio del viñedo, ha perdido extensión considerable en los patrimonios más modestos, alcanzando máxima,difusión en las propiedades de 5 a 25 hectáreas.
De cualquier manera, el paisaje cultural montillano no puede ni debe considerarse totalmente estabilizado. La tierra de
labor, ciertamente, aparece acantonada, por lo general, en
aquellos enclaves edáficos donde la pesadez y frialdad de los
suelos hace imposible la implantación de viñedos y olivares;
y como tantas veces en la Alta Campiña, estos parajes sueleri
(59) A. López Ontiveros, «Evolución de los cultivos en la Campiña de
Córdoba del siglo xIIi al xIx», Papeles delDepa^tamento de Geografía, 2,1970,
Págs. 9-77.
330
ser los inmediatos a arroyos y ríos relativamente alejados de
Montilla y tradicionalmente acáparados por la gran propiedad
(arroyos de la Zarza, Salado de Valdelasheras, del Tinte, Alperchín, etc.); no cabe, pues, explicar la orientación cerealista
de las grandes fincas sólo con «argumentos extensivistas», sino
atendiendo también a la variable edáf'ica; prueba de ello es que
en aquellos pagos favorables al viñedo de calidad (Riofrío, Benavente, Buenavista, etc.) la gran propiedad existenté (Flores
de Quiñones, Alvear, Pérez Barquero, Ortiz, etc.) optaron hace
decenios -en ocasiones hace más de un siglo- por el cultivo
vitícola, aprovechando el mercado tradicional cordobés -hoy
abierto a ótras zonas del país y tímidamente al de Europa
Occidental- y sobre todo, la abundante y barata mano de obra
comarcal y serrana.
El otro enclave tradicionalmente cerealista de Montilla, como de tantos pueblos altocampiñeses -el primero y segundo
ruedos-, ha sido objeto, también, de reciente «colonización»
vitícola, por motivos similares a los indicados para los municipios olivareros de la Campiña de Jaén.
Cabe pensar, pues, que no se producirá una reducción significativa de la superficie cerealista, dado que tanto el olivar
como el viñedo han alcanzado la máxima difusión posible teniendo presentes las limitaciones edáficas y considerando, incluso, que existen ya plantaciones ubicadas en parajes poco favorables.
Las tierras de viñedo y olivar, a pesar del volumen de capital que llevan acumulado durante decenios en cada pie y cada viña, parecen responder a la trayectoria del mercado; los
buenos años de fines de la década de los sesenta y comienzos
de los setenta, que impulsaron la difusión del viñedo en el minifundio montillano a costa, en muchos casos, del olivar, han
dado paso er, la actualidad a una coyuntura considerada por
los pequeños propietarios como más favorables para el olivo
que para la vid: aquél, sobre un medio físico idóneo y aunque
con rendimientos medios inferiores a los del viñedo, cuenta en
los últimos años con precios en moderado incremento y mer331
cado seguro; menos exigente, por otra parte, en trabajo, permite la asalarización del agricultor en otras explotaciones durante^parte del año; el viñedo, sometido a la irregularidad de
las cosechas y sobre todo de los precios, está cediendo su puesto al olivar e incluso a la tierra de labor en aquellos parajes
de bujeos, donde llegaron las vides sin tener que haberlo hecho nunca. No queremos decir con ésto que viñas y olivares
minifundistas estén sometidos a un continuo proceso de alternancias coyunturales como los cultivos de la tierra calma -es
obvio que no-, pero sí que ante la reciente situación de los
mercados aceitero y vinícola se detecta una tendencia a la recuperación del olivar y el cereal en detrimento del viñedo, especialmente cuando se plantea la reposición de las cepas viejas.
C)
Otros aspectos de la explotación agraria en el marco de la
^iequeña propiedad altocampiñesa
El reforzamiento numérico y superficial de la pequeña propiedad altocampiñesa, así como la generalizada tendencia a la
especialización olivarero-vitícóla -rasgos básicos en su evolución contemporánea-, se ven enmarcados y en cierto modo
apoyados por una serie de aspectos de la explotación sobre los
que dan cuenta los cuestionarios originales del Censo Agrario
de 1972 y la información oral y directa obtenida en los municipios de Arjonilla y Montilla. Conviene destacar en este sentido la similitud de comportamientos de las comunidades seleccionadas -lo que desde nuestro punto de vista constituye
una forma de validación de la información censal utilizada-,
y del paralelismo, también, de la encuesta oral con los cuestionarios censales (véanse figuras 64 y 65 al final de este epígrafe).
Por lo que a regímenes de tenencia respecta, las explotaciones de menos de 25 hectáreas presentan un predominio aplastante de la tenencia directa, con valores próximos al 90 por
100 de la S.A.U., llegándose al 95 por 100 en el caso de Montilla, cota que probablemente haya que relacionarla con la elevada difusión del viñedo en las propiedades de menor tamaño.
332
Sin negar, desde luego, tal situación, que por otra parte
constituye una constante en el funcionamiento de estas modestas
unidades de producción, hay que señalar que los valores reales de arrendamiento-aparcería son algo más elevados de lo que
muestran los cuestionarios, al menos es lo que se deprende de
nuestras pesquisas en el municipio olivarero de Arjonilla: junto a propiedades de emigrados, labradas a jornal y, consiguientemete, bajo la tenencia directa de sus propietarios, las hay también cuyos márgenes anuales se distribuyen a partes entre propietarios y labradores, en muchos casos amigos o parientes del
emigrante, que raras veces percibe su condición de arrendatario o aparcero. Aún prescindiendo de estas formas reales de
tenencia indirecta, difícilmente medibles por otra parte, los valores de la superficie arrendada de las pequeñas explotaciones,
algo superiores a los medios municipales, habría que ponerlos
en relación con la incidencia que el fenómeno migratorio ha
ejercido sobre los más modestos propietarios.
Donde muy probablemente se refleja el influjo de la emigración es en las respuestas que merece el epígrafe del cuestionario sobre la residencia del «empresario», información no recogida en ninguna de las publicaciones censales de I.N.E. Nos
parece significativo que en torno al 20 por 100 de la superficie
censal esté en manos de modestos cultivadores residentes fuera de la comarca, en lugares como Madrid, Barcelona, Málaga, etc., a los que no cabe calificar de «absentistas» en el sentido tradicional, sino de emigrantes en la mayor parte de los casos o de agricultores a tiempo parcial para los residente ^ en
Córdoba.
Resulta muy ilustrativa, también, la información censal sobre la dedicación del empresario como vía de aproximación siquiera al conocimiento de la condición sociolaboral de este campesinado minifundista: tanto en Torre del Campo como en Arjonilla más del 60 por 100 de la S.A.U., de las explotaciones
de menos de 25 hectáreas son gerenciadas por campesinos que
declaran que su dedicación a la explotación no es la principal,
entendiéndose como tal, según el Censo Agrario, aquélla que
333
supone más del 50 por 100 del trabajo desarrollado por el individuo.
Prescindiendo de los empresarios emigrados, no cabe duda de que muchas unidades de producción no logran siquiera
empleaz el 50 por 100 de la fuerza de trabajo disponible del
agricultor titular; aunque no puede concluirse mecánicamente que todo el trabajo excedente pase a ofertarse en el mercado
laboral agrario, tampoco es descaminado afirmar que una parte
importante del mismo, junto con el de otros miembros de la
familia campesina, encuentra oferta en determinadas etapas
del años agrícola. La calificación de minifundistas jornaleros
para muchos de estos «empresazios», especialmente paza los que
ocupan los intervalos superficiales inferiores no resulta desatinada.
En Montilla la situación, aunque similar, resulta algo más
equilibrada entre las tierras labradas por campesinos de «dedicación principal» (41 por 100) y por aquéllos de «dedicación
secundaria» (59 por 100). La importancia del viñedo, más exigente en trabajo, es, nuevamente, un factor a tener en cuenta
en la explicación de tal situación; pero ni siquiera la notable
implantación de la vid, especialmente en las más modestas explotaciones, logra remediar el excedente de trabajo real que
durante buena parte del año agrícola pesa sobre las mismas.
Tiene, por último, interés y un nivel aceptable de fiabilidad la información censal sobre la tracción empleada por las
pequeñas explotaciones, situación que desde 1972 hasta comienzos de la década de los 80 no se ha modificado sustancialmente, al menos en áreas olivareras de la Campiña de Jaén, para
la que contamos con información oral reciente (Arjonilla). Dos
rasgos merecen especial atención como fieles indicadores del
funcionamiento y del nivel de capitalización de estas modestas
explotaciones: el predominante empleo de tracción mecá.nica
en las tierras olivareras de Jaén, y, en menor medida, en la
comarca de Montilla y, paradógicamente, la escasa difusión
de maquinazia (tractores, sobre todo) en propiedad.
334
El uso de tracción mecánica de elevada o mediana potencia para las labores de alza y bina en el olivar es afrontada por
los pequeños propietarios mediante el alquiler de tractores, propiedad de un grupo de modestos y medianos agricultores que
consiguen con esta actividad la mayor parte de sus ingresos.
Con alguna frecuencia estas labores mecanizadas resultan completadas con «pases» de tracción animal -mulos casi siemprepropiedad de los mismos labradores; de ahí que en el parco
capital de explotación de numerosos minifundios el ganado de
labor continúe siendo partida importante cuando no la única
computeble.
A pesar del predominante empleo de tracción mecánica alquilada o en propiedad, las pequeñas explotaciones siguen presentando, por lo general, nivele ^ de intensidad de trabajo ostensiblemente superiores al de las grandes fincas, siempre que
sus tenedores residan en la comarca y no se trate de emigrantes que labran sus fincas a través de amigos o familiares. Y
esta mayor intensidad, que a todas luces no parece redundar
en igual proporción en el incremento de los rendimientos, obedece al mantenimiento de una serie de labores tradicionales no
mecanizadas, altas consumidoras de trabajo, cuales son la cava de pies, así como diversos pases de verano que los modestos olivareros dan a veces con tracción animal propia; es sobre
todo la cava manual, casi olvidada ya en las grandes fincas,
la que incorpora en estas explotaciones en torno a 40 jornales
por hectárea, casi la mitad de los empleados por término medio en aquellas empresas que la siguen practicando.
Además, como ya señalamos en un trabajo anterior (60),
recientes estudios realizados en el marco de la F.A.O., ponen
de relieve los modestos beneficios que las cavas pueden aportar en la lucha por el incremento de los rendimientos. Ante
esta situación y el notable incremento de los salarios, los me^ dianos y grandes propietarios han prescindido de esta labor;
(60) R. Mata Olmo, La gran psopiedad en los Llanos dc Ankquna, Madrid,
Inst. Elcano-C.S.I.C., 1979, pág, 81, J. Martínez Alier, op, cit., págs.
228-230.
335
los pequeños, por el contrario, buscando la maximización de
rendimientos y el empleo de la fuerza de trabajo disponible mantienen la cava manual, sin tomar, desde luego, eñ consideración que la productividad marginal del trabajo incorporada corre muy por debajo del incremento derivado en los rendimientos
de aceituna.
Puede decirse, pues, que en lo que a capitalización y organización del trabajo respecta, el minifundio olivarero jiennense presenta rasgos evidentes de racionalidad capitalista por una
parte, y de «ortodoxia campesina» por otra. Las labores tienden a realizarse con tracción mecánica, logrando con ello calidad y rapidez, así como, por paradógico que pueda parecer,
disponibilidad laboral por parte del empresario ante la posible
demanda de trabajo que puediera surgir dentro o fuera del sector agrario; pero ese predominio de las operaciones mecanizadas no implica, como en otras regiones españolas, propiedad
de tracción, no sólo ya entre aquellas explotaciones más exiguas, sino incluso entre las de superficie superior a 10 hectáreas: el comportamiento es en este sentido de una racionalidad incuestionable de la que se deriva la práctica inexistencia
de subempleo de tracción mecánica que identifica con tanta
agudeza a otras áreas campesinas españolas (61).
En contrapartida, es frecuente aún el mantenimiento de labores no mecanizadas como la cava, de dudosa justificación
económico-agronómica, pero que encaja claramente en comportamientos campesinos movidos por la lógica de la maximización de los rendimientos y del empleo, por encima de los be,
neficios y de la productividad del trabajo.
En tierras olivarero-vitícolas de Montilla, estudiadas con
menor detalle ciertamente, la información censal sobre tracción empleada y capitalización de las pequeñas explotaciones
sigue insistiendo en los aspectos ya comentados para la comarca
jiennense, aunque con ciertas peculiaridades, derivadas en nuestra opinión de la notable difusión del viñedo en los intervalos
(61) A. Camilleri, La explotación agraria familias. Madrid, M.° de Agricultura; 1977.
336
superficiales inferiores. Efectivamente, por ejemplo, la tierra
objeto de labores totalmente mecanizadas alcanzaba en 1972
un monto ostensiblemente inferior a los de Arjonilla o Torre
del Campo, en beneficio de las tierras en que se combinaban
operaciones con tracción mixta -animal y mecánica-, propias de un cultivo como el viñedo.
Por las noticias orales de que disponemos, y a través de las
estimaciones del parque de maquinaria agrícola de la Cámara
Agraria de Montilla, cabe afirmar que la situación ha evolucionado en este sentido y durante los últimos años con mayor
dinamismo que en la Campiña de Jaén: las bueriás campañas
vitícolas de comienzos de la década de los 70, y los deseos de
mejora de labores de suelo, así como la expansión de la superficie de viñedo hasta la mitad del decenio han impulsado el crecimiento del parque de maquinaria, especialrriente de motocultores -las «mulas mecánicas» del lugar-, y de pequeños
tractores de viña: la consecuencia inmediata ha debido ser la
reducción, hasta la práctica desaparición, de la tierra labrada
sólo con tracción animal, manteniéndose, sin embargo, una
extensión considerable afectada por labores mixtas, con frecuente empleo aún del mulo para pases de fines de primavera y verano.
La aparente contradicción existente en los datos censales
entre la tracción empleada y su propiedad -menor difusión
relativa de la mecánica y mayor peso de los empresarios propietarios de dicha tracción que en tierras de Jaén- tiene fácil
explicación si se piensa que buen número de dichos propietarios y de las tierras afectadas lo son de motocultore ^ , mucho
más asequibles y de más «racional» empleo en el minifundio
vitícola, que los tractores de mediana o elevada potencia en
las tierras de olivar.
Puede concluirse, pues, que en términos relativos las pequeñas explotaciones vitícolas montillanas presentan niveles de
capitalización algo superiores que las olivareras, así como niveles de intensidad de empleo por hectárea también mayores,
derivados del propio próceso productivo del viñedo y de sus
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exigencias de trabajo. No cabe duda tampoco de que, como
resultado de lo dicho y teniendo presente tantos beneficios netos como rendimientos brutos, el umbral del minifundio montillano, y del vitícola en general, debe reducirse en comparación con el de otras áreas de secano olivareras o cerealistas.
6.2. Algunas notas sobre la distribución de la propiedad en
áreas de colonización carolina: La Carlota, 1979
No cabe duda de que la evolución de la propiedad de la
tierra en las zonas colonizadas en la segunda mitad del siglo XVIII constituye un punto de referencia de gran interés para contribuir a explicar la dinámica contemporánea y las estrategias inmobiliarias de los propietarios campiñeses.
Partíamos, no se olvide, de una sociedad agraria casi igualitaria en lo que a propiedad de la tierra respecta. A mediados
del siglo XIX la situación en La Carlota seguía presentando rasgos sensiblemente distintos en su estructura fundiaria, no sólo
frente a los grandes municipios latifundistas de la Baja Campiña, sino incluso frente a los ejemplos altocampiñeses o ribereños analizados para esa etapa (Montilla, Arjonilla o Tocina): la importancia del proceso colonizador estaba presente,
por más que el índice de concentración de Gini situado en 0,58
evidenciase ya la tendencia, generalizable, por otra parte, a
todas las colectividades agrarias españolas, al reforzamiento numérico y superficial -éste último más moderado- de los pequeños propietarios, así como a un modesto encumbramiento
de la gran propiedad.
La pregunta de obligado planteamiento ahora es si en los
cien años transcurridos desde el último corte estructural (1863)
se ha mantenido y reforzado esa tendencia hacia la oposición
dual entre pequeños y grandes propietarios, y si dicho proceso
ha concluido, siguiendo la vía ortodoxa de la economía política decimonónica, en la drástica reducción de la pequeña propiedad, tanto en términos numéricos como superficiales, y en
el definitivo y paralelo encumbramiento de la gran propiedad.
340
Antes de pasar a comentar la xespuesta a la cuestión plantead, parece oportuno detenerse brevemente en lós problemas
derivados de la fuente empleada, y en las referencias que sobre este mismo tema se han vertido ya en trabajos de reciente
publicación.
Por lo que a fuentes respecta, señalar sólo dos extremos:
por una parte, la prudencia con la que hay que proceder en
las comparaciones de una fuente decimonónica como el Amillaramiento de 1863 y el Catastro actual (puesto al día con apéndices de 1979); de sobra son conocidos los distintos métodos
de confección y los problemas de fiabilidad de los que cada uno
adolece. Ello no impide, en nuestra opinión, que Amillaramiento y Catastro ofrezcan una estimación aproximada de la distribución real de la tierra en las etapas consultadas y que la
comparación -sin entrar desde luego en demasiadas
matizaciones- permita concluir los rasgos básicos de las transformaciones o la estabilidad, en su caso, de la estructura de
la propiedad carloteña en el último siglo.
Por otra parte, lamentar las limitaciones que presenta en
concreto la documentación censal de este municipio, en el que
por motivos que desconocemos un buen número de cuestionarios fueron rellenados por la Comisión Municipal y no a través de la información directa de los empresarios o de representantes adecuados. Se ha prescindido en este caso del análisis de los cuestionarios originales del Censo de 1972, si bien
los cuadernos de tabulación manual ponen de manifiesto cómo la distribución de la tierra por intervalos de superficie arroja
resultados relativos muy similares a los procedentes de las cédulas de propiedad del Catastro, con las que se ha trabajado.
En otro orden de cosas, el interesante y sugestivo análisis
planteado recientemente por M. Drain para el vecino municipio de La Luisiana -de idéntico origen que La Carlota-, y
en concreto para las tierras de su pedanía El Campillo, deben
ser ponderados en nuestra opinión con los resultados que se
derivan del estudio del municipio carloteño, tanto en lo tocante a la estructura de propiedad general existente dos siglos des-
341
pués de la colonización, como en lo referente a la pretendida
remodelacióñ del espacio operada en ese mismo periodo, como consecuencia del proceso de concentración de propiedad
ocurrido.
C iertamente La Luisiana -junto con La Carlota, los dos
términos de mayor extensión derivados de la actividad colonizadora carolina- ha experimentado en las últimas centurias
una dinámica de polarización social más ostensible que La Carlota; según los datos del Censo Agrario de 1972, mientras que
en el término cordobés las explotaciones de más de 100 hectáreas controlan sólo el 10,5 por 100 de la superficie censal -uno
de los porcentajes más bajos de todos los municipios campiñeses y ribereños estudiados-, con un 65,06 por 100 en manos
de los empresarios de menos de 30 hectáreas, en La Luisiana
aquéllos ocupan el 25,65, valor que, aunque muy superior al
de La Carlota, puede considerarse bajo en el marco de las tierras sevillanas, sólo por encima del de Viso del Alcor.
Lo que en cualquier caso parece evidente a la vista de la
situación actual de la distribución de la tierra en el municipio
cordobés, es que la estructura social y de propiedad difiere de
municipios vecinos. Un índice de concentración de 0,61, aunque, obviamente, no es reflejo de una sociedad igualitaria, sigue estando muy por debajo de los que son frecuentes en las
tierras de la media y baja Campiña, e incluso, en otros municipios menos latifundistas (véase figura 58).
En el caso de La Carlota está claro, además, que el proceso que ha llevado al desequilibrio distributivo ha estado impulsado más por continuos troceamientos y divisiones de los
originales lotes de tipo medio, es decir, por el reforzamiento
del minifundio en el marco de la propiedad campesina, que
por iniciativas acumuladoras fuertes y numerosasa; compruébese en el gráfico 59 como de 1870 a 1979 el municipio cordo-.
bés es el. que ha experimentado un crecimiento más acentuado, tanto en el significado numérico relativo como en el superficial, de los propietarios de menos de 15 hectáreas (aproximadamente 25 fanegas). En contrapartida la implantación de los
342
propietarios de más de 100 hectáreas apenas si se ha alterado,
y tanto la estadística censal mencionada como la catastral arrojan superficies controladas por aquellas propiedades y empresas de en torno al 10 por 100 municipal.
Es de destacar, además, porque constituye un nuevo ejemplo
de la tesis defendida en el tercer capítulo, que las modestas iniciativas acumuladoras han tendido a polarizarse en tierras de
mejor calidad relativa, en un medio de bajo potencial general.
Una de estas áreas aparece recogida en el polígono catastral
17 (véase figura 66), inmediato a la villa carolina: al elevado
grado de parcelación catastral de los pagos «Suerte de los Ariza» -interesante topónimo que muy probablemente hace alusión a las primitivas suertes de la colonizacion-, y parte de
«Monte del Orgullo» y de «Cuco» se oponen las grandes parcelas del tercio norte del polígono, entre el camino de La Carlota a Fuencubierta y la carretera de Posadas; estas últimas parcelas, significativamente, están ubicadas sobre suelos vérticos
profundos y arcillosos, desarrollados en las inmediaciones del
arroyo Guadalnazán sobre cuaternario aluvial y margas azules neógenas, que quedan al descubierto una vez exhumada
por el arroyo la cobertera de canturral pliocuaternario sobre
la que se localiza el resto del parcelario minifundista.
Y como el proceso aumulador no se ha producido, al menós hasta la fecha, ni con la intensidad, ni con la rapidez que
los planteamientos más ortodoxos podrían haber profetizado,
tampoco ha tenido efecto con suficiente claridad la paralela remodelación del espacio, tendente a la configuración del modelo aureolar propio de tantos municipios campiñeses, y caracterizado por alta parcelación y minifundio de propiedad y/o
explotación en las inmediaciones de villas y lugares, y latifundio en las áreas más alejadas. El detallado estudio llevado a
cabo sobre el parcelario carolino con propiedades de distintos
tamaños ha puesto de manifiesto, en correspondencia con todo lo visto hasta aquí, que las pequeñas propiedades y parcelas aparecen por doquier a lo largo y ancho del término, sin ^
que el factor distancia al núcleo pueda considerarse relevante;
343
344
ello es lógica consecuencia de que.las divisiones y segregaciones de lotes de tipo medio se han producido de forma general
en todos los confines del municipio.
Como ya se indicó para m ^nicipios antes estudiados, la información catastral acerca de la organización parcelaria real de las
propiedades tiene escaso interés por cuanto exagera el número de fincas integrante de aquéllas. Aún contando con esa limitación y teniendo presente también el extraordinario peso
de la pequeña propiedad en el municipio, los datos catastrales
ponen de relieve el no muy acentuado nivel de dispersión parcelaria que domina los patrimonios rústicos carolinos, especialmente los de menor extensión. Son frecuentes, entre los que
no superan las 10 hectáreas, aquéllos constituidos por una sola parcela catastral o por varias contiguas, como lo demuestran sus números correlativos dentro de un mismo polígono;
no faltan, desde luego, algunos pocos favorecidos desde este
punto de vista, siendo con frecuencia los de mayor tamaño los
que presentan también más alto grado de dispersión, aunque
siempre dentro de un mismo paraje o en varios aledaños. Los
ejemplos que sinópticamente se cartografían en la figura 62,
están seleccionados a conciencia, prescindiendo de ese gran número de propiedades formadas por una sola parcela: el patrimonio de A. Jiménez Rovi, de 22,8712 hectáreas, integrado
según su cédula catastral por 14 parcelas en los polígonos 4,
7, ^11 y 13, está constituido en la práctica por 7 fincas, todas
ellas próximas y bien comunicadas por la profusa y geométrica red de «calles» heredadas del proceso colonizador.
Finalmente, por lo que respecta a distribución de cultivos
según intervalos de superficie, La Carlota sigue presentando
en la actualidad un panorama similar al de la segunda mitad
del siglo XIX; el olivar, como cultivo más productivo del secano, apenas si se ha expandido sustancialmente en los últimos
tiempos dadas las limitaciones edáficas que presentan las tierras que no fueron colonizadas ya en la segunda mitad del siglo pasado: gran pesadez en las inmediaciones de los arroyos
345
y problemas de pseudogleyzación en amplios sectores de la cobertera pliocuaternaria.
El conjunto de las propiedades y cada uno de los grupos
en particular mantiene un cuadro mixto de aprovechamientos
en el que se combinan la labor y el olivar, y del que no está
exenta, como en el pasado, la tierra inculta en aquellos sectores de más problemática labranza. Nos parece, sin embargo,
que la documentación catastral minusvalora el si ^nificado real
de la superficie regada, que ha posibilitado en los últimos años
la intensificación de determinadas explotaciones mediante la
orientación forrajera en el uso del suelo, como soporte de modestas cabañas vacunas de producción lechera.
En resumen, pues, la situación actual de este enclave colonizado de La Carlota sigue manteniendo, como a mediados
del siglo XIX, rasgos peculiares en su estructura de propiedad
y en su paisaje, rasgos que van más allá de una atípica morfología parcelaria o distribución del hábitat, y que radican esencialmente en el peso destacable del minifundio y en una modesta presencia del latifundio. La liquidación o profunda reducción de la pequeña propiedad local a.lo largo de más de
siglo y medio, que hubiera sido lo predecible en el marco de
un espacio esencialmente latifundista, no sólo no se ha producido, sino que aquélla se ha reforzado numérica y superficialmente a lo largo de esta prolongada etapa, como consecuencia
de su fraccionamiento y de su mantenimiento en manos de modestos campesinos, que con menos facilidad de lo que tópicamente suele pensarse, se desprenden de sus modestos patrimonios.
El ejemplo de La Carlota, en alguna medida opuesto al devenir del vecino municipio de La Luisiana, constituye cuando
menos una llamada de atención frente a^lanteamientos simplistas y mecanicistas en exceso, que quieren ver en la Campiña y Ribera andaluzas un espacio en continuo proceso de acumulación y reforzamiento latifundista.
Probablemente a la «evolución sorprendente» de La Carlota hayan contribuído dos elementos de gran interés geográ346
fico -el elevado grado de parcelación del terrazgo y la baja
calidad del medio-, que han podido disuadir potenciales iniciativas acumuladoras; pero sin negar, desde luego, esta posibilidad, la trayectoria general de éste como de otros municipios «relativamente minifundistas» nos sitúan más en la vía de
la estabilidad y/o reforzamiento de la pequeña propiedad, que
en la de su liquidación en beneficio de.los intereses acumuladores de la gran propiedad.
6.3. Dos iniciatiaas de concentración parcelaria en el
min^ndio campiñés: Mengíbar y Tocina
Sobre el municipio ribereño de Tocina en la provincia de
Sevilla ya nos ocupamos en el anterior capítulo como ejemplo
de enclave «relativamente minifundista» en tierras sevillanas.
Volvemos ahora sobre esta comunidad rural para conocer su
actual estructura y evaluar su trayectoria en los últimos decenios; se incorpora, sin embargo, en este epígrafe junto a Tocina un municipio de la Campiña y Ribera jiennense, Mengíbar, similar en bastantes aspectos al sevillano: modesta extensión, carácter igualmente ribereño en un amplio sector de su
término -aunque con un área campiñesa también
importante-, y predominio de la tierra de labor sobre el olivar.
Pero por encima de estas similitudes hay un factor que mueve al estudio conjunto de ambos municipios: el hecho de constituir hasta la fecha los dos únicos exponentes, junto con Los
Palacios, de procesos de concentración parcelaria en tierras de
la Campiña y Ribera béticas. Tanto la excepcionalidad de esta situación, como los resultados obtenidos por la concentración, menos espectaculares como se verá que en otras regiones
españolas, son buenos indicadores de la especificidad parcelaria del que venimos denominando minifundio campiñés, dentro de un espacio básicamente dominado por la gran propiedad.
Antes de entrar en el comentario de la situación parcelaria
de partida y de los resultados de la concentración vale la pena
347
destacar algunos aspectos del fun ^ionamiento de las pequeñas
explotaciones, en la misma línea que para comunidades antes
estudiadas, pero haciendo especial hincapié en determinados
rasgos peculiares derivados de las especificidades culturales de
ambos municipios y, concretamente, de la importante difusion
del regadío, que en Tocina afecta casi al conjunto de la S.A.U.
A)
La distribución actual de la propiedad y su dinámica
contemporánea
Ambos términos siguen presentando de entrada una estructura de propiedad englobable en el grupo de las calificadas como minifundistas, con un índice de concentración de 0,66 en
Mengíbar y de 0,57 en Tocina, este último uno de los más bajos del área que nos ocupa. La génesis de los respectivos procesos de troceamiento se nos escapa por el momento; para Tocina ya se señaló la posibilidad de un primigenio proceso de
parcelación a cargo de la Orden de San Juan, tenedora del señorío del lugar desde la baja Edad Media. Mengíbar, por su
parte, lugar del extenso término de Jaén hasta que adquiera
de la Corona su propia jurisdicción en el siglo XVI (62) y se
escindiera del gran concejo jiennense, presenta aún hoy una
organización parcelaria, de la que nos ocuparemos con más
detalle posteriormente, que a falta de documentación sobre la
génesis de su estructura de propiedad permite plantear algunas hipótesis sobre la misma.
Efectivamente, dentro de los límites de su corto término,
Mengíbar presenta una amplia aureola muy parcelada que rebasaba los límites estrictos del ruedo, localizada sobre las tierras más sueltas, ya sobre el mioceno margoarenoso o sobre
los niveles de media y alta terraza del Guadalquivir al noroeste del pueblo; hacia el sur, en dirección a Jaén y, como casi
siempre, en las tierras aluviales del Guadalbullón y del Gua(62) Archivo General de Simancas, Mercedes y Privilegios, leg.° 305.
348
dalquivir, las pequeñas parcelas ceden su puesto a las grandes
fincas, de entre las que destacan los córtijos Matacas, Atalaya
Alta y Baja, La Canaria, Grañón y las espléndidas explotaciones de Máquiz y Carcheña, antaño encomienda de la Orden
de Santiago, desamortizadas en el siglo XIX (63) y hoy propiedad de la familia Chica Casinello.
El esquema aproximadamente aureolar, aunque muy sujeto, también, a los cambios de potencial del medio físico, con
notable peso de la pequeña propiedad, debe arrancar del mismo momento de la escisión del concejo de Jaén; el deslinde del
término englobó en un espacio de algo más de 6.000 hectáreas
el sector más parcelado y minifundista «controlado» por lugareños de la nueva villa, así como una pequeña porción del sector latifundista de la Campiña de Jaén en un radio aproximado de cuatro kilómetros; la encomienda santiagueña de Máquiz quedaba incluida en el nuevo término.
Los rasgos básicos de la organización territorial se han mantenido hasta la fecha, con el reforzamiento interno del minifundio por divisiones sucesorias y por la parcelación de los parajes situados al noroeste de Mengíbar, antaño tierras de propios (64). El latifundio campiñés y ribereño, aunque parcialmente troceado, se mantiene en los mismos sectores y en similares propociones que antaño.
Por lo que respecta a la trayectoria contemporánea de la
pequeña propiedad, y refiriéndonos sólo a Tocina, sobre la que
cabe comparación con el siglo XIX, la situación es semejante
a la descrita para otros municipios de la A1ta.Campiña o para
La Carlota: el reforzamiento superficial desde el último tercio
del siglo XIX hasta aquí del grupo de propiedades de menos
de 25 fanegas; manteniéndose el significado relativo de ese colectivo de propietarios (en torno al 85 por 100 del total), su
implantación territorial se ha fortalecido, pasando de contro(63) Anuncio de subasta de la Dehesa de Máquiz, dividida en suertes,
para el día 22 de marzo de 1841. B.O.V.B.N., n.° 907.
(64) Información oral obtenida en el mismo pueblo, pero hasta ahora
no documentada.
349
lar el 30 por 100 de la S.A.U. a más del 40 por 100. Las conclusiones que de esta situación pueden extraerse son similares
a las ya comentadas para casos anteriores, por lo que no vale
la pena insistir en el tema; destacar sólo que un área de características físicas y culturales diferentes a las de la Alta Campiña el fenómeno se reproduce en la misma línea y con similar
intensidad.
CUADRO 101
DISTRIBUCION DE LA PROPIEDAD Y DE LOS
APROVECHAMIENTOS EN EL MUNICIPIO
DE MENGIBAR (1976)
1.
D^tribruión de la propiedad
Has.
Props.
1 ..........................
1-4,9 .......................
5-9,9 .......................
10-24,9 .....................
25-49,9 .....................
50-99,9 .....................
M ás 100 ....................
373
520
130
57
31
15
6
Total ...................
1.134
%
Sup. has.
%
32,9
45,8
11,5
5,1
2,7
1,4
0,6
164,5
1.081
799
849,3
1.094,3
955,2
931,7
2,8
18,4
13,6
14,4
18,6
16,4
15,8
- 5.875
-
D^tribución de los aproaechamientos (%)
2.
Labor su.
Labor reg.
Olioar sec.
Olioar r^g.
Huerta
Otros
41,7
49,8
71,5
48,8
88,6
79,7
60
9,7
9,3
20,7
23,2
38,5
42,3
17,1
3,4
21,3
11,4
12,1
-
6,3
17,1
2,2
1
-
4,7
0,5
-
2
5,4
4,4
6,7
1,5
Fuenk: Libro de Cédulas de Propiedad del Catastro de Rústica de Mengfbar ( 1976).
350
C UADRO 102
DISTRIBUCION DE LA PROPIEDAD Y DE LOS
APROVECHAMIENTOS EN EL MUNICIPIO
DE TOCINA (1979)
1.
D^tsibución dc la propicdad
Props.
fías.
Sup. has.
%
%
..........................
38
19,9
24,1
2,2
1-4,9 .......................
5-9,9 .......................
105
8
55
4,2
258,2
89,4
23,2
8
10-24,9 .....................
19
9,9
291,5
26,2
25-49,9 .....................
M ás de 50 ..................
19
2
9,9
1,1
312,6
134,9
28,1
12,1
1.110,7
-
1
Total
2.
191
^
-
D^tribución de los aproouhamientos (%)
Labor sec.
Labor reg.
Oliaar sec.
Naranjal
Otros
12,4
16,6
62,2
66,4
9,1
2,7
2,5
11,9
13,7
2,4
14
58,2
1,7
19,9
6,2
2 5,6
53,4
5,3
12,8
2,9
8,5
73,2
4,6
11,1
2,6
2 4,7
57,5
7,3
10,4
0,1
Frunte: Libro de Cédulas de Propiedad del Catastro de Rústica de Tocina (1979).
351
DISTRIBUCION DE LA PROPIEDAD SEGUN LAS
CEDULAS DEL CATASTRO DE RUSTICA
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MENGI BAR (1976)
^
I.G. ■ 0,65
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20 30 40 50 60 70 80 90 100
Propietarios
Figura 67
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B)
Los cultiaos y la or^anización de la explotación
Aunque los datos catastráles sobre cultivos carecen de la
desagregación y actualización adecuadas, y los obtenidos de
los cuestionarios originales del Censo Agrario cuenta ya con
diez años de antigiiedad, resultan suficientes para esclarecer
algunas correlaciones entre estrategias productivas y organización de las explotaciones, así como para ponerlos en conexión coñ trabajos exhaustivos recientemente realizados y con
la información directamente obtenida por mí mismo en las zonas regables Baja de Vega y del Canal del Rumblar en Jaén.
Y en este sentido conviene tratar por separado los municipios de Mengíbar y Tocina, pues el significado del regadío és
distinto en cada uno de ellos. En Mengíbar, donde buena parte de la superficie regada queda en manos de la gran propiedad, casi el 75 por 100 de la superficie cultivada de las pequeñas propiedades y explotaciones es de secano; y contraviniendo lo que es norma en muchos municipios jiennenses, la tierra
de labor constituye el aprovechamiento dominante, ocupando
las 3/4 partes del terrazgo no regado, frente al olivar que abarca
la cuarta parte restante; la especificidad .de los suelos mengibareños, sobre margas arcillosas explican tal fenómeno que no
ha impedido, sin embargo, la alta parcelación de un amplio
sector del municipio.
En el algo más del 20 por 100 restante de superficie regada, los aprovechamientos se diversifican, combinándose las
plantas forrajeras, el algodón, los cereales y algo de huerta. No
insistimos, sin embargo, en las estrategias productivas de las
tierras regadas y en su valoración, aspectos que serán abordados en el comentario de los datos de Tocina. La gran importancia de las tierras de labor de se^ ano, con sistema de año y
vez, y el modesto lugar del olivar son factores que redundan
en el funcionamiento y organización de las explotaciones. Dejando al margen el predominio absoluto de la tenencia directa
-desmedida según la información censal-, no cabe duda de
que las explotaciones de Mengíbar se diferencian relativamente
354
de las otras áreas minifundistas por unos niveles de dedicación
empresarial más bajos de los que son normales, y por la difusión general de la tracción mecánica en todo tipo de labores.
El cultivo triguero, tanto en secano como en regadío totalmente mecanizado, demanda muy corta dedicación, de forma
que muchos «empresarios»,' incluso entre los integrantes del intervalo 10-25 hectáreas, no dedican a su explotación ni siquiera la mitad de su trabajo anual; la disponibilidad de los modestos propietarios residentes es, pues, considerable, lo que queda reflejado, tal y como tendremos ocasión de ver, en su estructura sociolaboral: Mengíbar, como tantos otros núcleos,
es villa de propietarios-jornaleros, si bien la reciente localización en el términó de algunas industrias ha dirigido al sector
parte de la fuerza de trabajo que se proletarizaba en las grandes fincas de Jaén o de la vega del Guadalquivir.
La superficie cerealista ha impulsado también al abandono casi general de la tracción animal, que sólo se mantiene en
las explotaciones de regadío para determinadas labores en tierras huertanas y de algodón. Ello no ha supuesto la compra
del tractór, sino, fundamentalmente, el alquiler del mismo para
las operaciones necesarias.
Las pequeñas explotaciones de Tocina presentan rasgos peculiares derivados de la importancia del regadío, que contribuyen a configurar un colectivo de modestos propietarios campesinos en el sentido más ortodoxo del calificativo, si bien con
algunas connotaciones que los separan parcialmente del arquetipo de campesinado europeo occidental o de otras regiones españolas minifundistas.
Los datos catastrales no coinciden con los censales de la Hoja
de Cultivos de Lora del Río en lo que a la evaluación de la
superficie regada respecta. Son, sin duda, más fiables los segundos, que consideran regada práticamente toda la extensión
inunicipal. Se trata, además, de un regadío relativamente antiguo, que arranca de fines de la década de los años 20 a partir
de los caudales suministrados por el Canal del Valle Inferior
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del Guadalquivir. Pero centremos nuestra atención, como hasta
ahora, en las explotaciones de menos de 25 hectáreas.
La distribución de cultivos que proporcionan los cuestionarios originales del Censo Agrario de 1972 se aproximan bastante a los de la Hoja de Aprovechamientos y Cultivos de Lora del Río y a los obtenidos en el verano de 1980 en la cámara
local de la villa: en torno a un 55-60 por 100 de algodón, 20
por 100 de cítricos, 18 por 100 de cereales (maíz, sorgo y trigo) y el resto de aprovechamientos variados (otros frutales, forrajeras y algo de huerta).
La presencia del regadío y en concreto de la gama de cultivos señalada, algo más exigente en trabajo que los descritos
para el secano minifundista -aunque sin alcanzar, desde luego, las más elevadas cotas posibles de empleo y de producto
bruto- redundan en algunos de los aspectos de las explotaciones hasta aquí analizados: con un predominio casi absoluto
de la tenencia directa, lo más importante es constantar como
una parte mayoritaria de la tierra afecta a este colectivo de explotaciones logra la «dedicación principal» de sus cultivadores,
sin despreciar desde luego que más de135 por 100 de la superficie y más de160 por 10 de las «empresas» dependen de labradores que manifiestan no dedicar ni la mitad de su tiempo al
cultivo de su explotación, y sin olvidar, por otra parte, que la
«dedicación principal» según el Censo Agrario implica sólo más
de la mitad de la disponibilidad laboral del empresario.
Seria erróneo no reconocer que en colectividades como ésta, beneficiada por el regadío y por una relativa intensificación productiva, el nivel de proletarización del cultivador desciende y que se refuerzan los elementos básicos definidores del
campesinado en su acepción más ortodoxa. Pero también es
falsear la realidad incluir mecánicamente a estos modestos labradores del regadío bético, sobre todo a los de regadíos nuevos, en el colectivo campesino de otras regiones españolas o
de los países occidentales desarrollados: ni las alternativas de
empleo que ofrece el mercado de trabajo regional, ni la estructura de propiedad dominante que circunda a estas comunida357
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des son equiparables, con frecuencia, a las de otros espacios
rurales europeos.
La propia opción productiva que carazteriza a muchas explotaciones, en áreas de libre iniciativa y de colonización, es
más reveladora, como tendremos ocasión de comentar al referirnos a los resultados del proceso colonizador de la Vega de
Jaén, de un cierto compromiso de la explotación y la proletarización fuera de ella.
En todo caso, la intensificación relativa derivada del regadío explica también la mayoritaria residencia de estos labradores en el propio pueblo o en la comarca, y la menor incidencia de los emigrantes; el regadío, igualmente, y la presencia
de cultivos como los cítricos, el algodón, otros frutales y algo
de huerta explican el mantenimiento de un grupo no despreciable de explotaciones -casi siempre las más reducidas- con
tracción animal, que se compatibiliza con la mecánica, la más
extendida ya en 1972 y, sin duda, más aún en la actualidad;
no existe contradicción alguna entre la pervivencia relativa del
ganado de labor y el peso destacable de las «empresas» que poseen en propiedad la tracción mecánica que utilizan, en cuantía
superior como puede comprobarse a la señalada para otras comunidades minifundistas andaluzas. Una producción bruta y
unos márgenes empresariales más elevados a causa del riego
han favorecido la mecanización reciente de numerosas explotaciones, especialmente de aquéllas con más de 10 hectáreas,
de manera que según los datos de los cuestionarios de 1972 puede estimarse una relación de un tractor por cada 20 hectáreas,
y una potencia de en torno a 250 CV por cada 100 hectáreas;
estos valores, próximos a los estimados por encuesta para diversas zonas regables del Valle Medio y Bajo del Guadalquivir por Zoido y Romero (65) han debido incrementarse en los
últimos años tal y como se desprende de la información sobre
el censo de maquinaria facilitada por la Cámara Local de To(65) J. J. Romero y F. Zoido Naranjo, Colonización ag^aria en Andalucía.
Sevilla, Servicio de ediciones del Instituto de Desarrollo regional, 1977.
359
cina. Aún sin computar el aumento habido después de 1972 ,
el nivel de mecanización puede considerarse elevado para la
fecha, superior con creces al de la provincia de Sevilla (en torno a 105/100 ha. para 1973) y revelador ya de un cierto nivel
de subempleo en relación con las necesidades reales de las explotaciones.
C)
Antecedentes y sesultados de la concentración parcelaria en
Mengíbar y Tocina
Como decíamos antes, uno de los factores que aconsejan
el estudio paralelo de Mengíbar y Tocina es el hecho de que
ambos constituyen los únicos exponentes de concentración parcelaria concluidos hasta la fecha en el ámbito que nos ocupa.
Y no es, desde luego, el capricho por lo anecdótico lo que nos
mueve a prestar atención a actuaciones que, repetimos, son
excepcionales hasta el momento, sino precisamente la reflexión
y las consideraciones que pueden derivarse de esa misma excepcionalidad y de los modestos resultados derivados de ambos procesos concetradores en comparación con otras provincias españolas.
La pequeña propiedad altocampiñesa y ribereña ha presentado históricamente y mantiene en la actualidad unos niveles de dispersión parcelaria ostensiblemente inferiores a los
de otras áreas peninsulares. Ello puede obedecer en parte a que
los modestos patrimonios campiñeses son más reducidos, valga la redundancia, que los dominantes en otras regiones; esta
hipótesis, en todo caso, es fácilmente rebatible con los datos
de estructura de propiedad de amplios sectores de la España
Atlántica e incluso de la Vieja Castilla y León.
Sin negar la validez relativa de la afirmación anterior, parece más aceptable la tesis de que ese menor grado de dispersión relativa obedece al hecho de que en comarcas dominadas
tradicionalmente por la gran propiedad -incluso las que hoy
consideramos como «relativamente minifundistas»- las prác360
ticas colectivas de división en hojas de las tierras de labor y
la consiguiente ubicación en cada una de ellas de parcéla o parcelas integrantes de una explotacion tuvieron nulo o escaso desarrollo. Los parajes minifundistas aparecían y aparecen, pues,
acantonados en determinados enclaves de cada municipio, casi siempre bajo los límites agobiantes de las grandes fincas.
Pero a ello se une, además, el hecho de que con frecuencia
y desde bastante tiempo atrás, un destacable sector del minifundio campiñés se orientó hacia cultivos mercantiles como el
olivar o el viñedo, rompiendo con el aprovechamiento cerealista tradicional y con la posible funcionalidad de una organización del terrazgo en hojas.
Sean cuales sean los factores confluyentes en el bajo nivel
de dispersión de la pequeña propiedad campiñesa, lo cierto es
que cuando en muchas regiones españolas se pone en marcha
el proceso de concentración parcelaria, nuestro espacio presenta
una serie de rasgos poco favorables para su generalizada difusión:
Por una parte la existencia en los más extensos municipios de un latifundismo absoluto, que acantona materialmente al minifundio en pagos concretos, con explotaciones constituidas en ocasiones por una sola parcelas o por varias próximas.
Por otra, el predominio en los sectores más parcelados
de la campiña de cultivos arbustivos y arborescentes
-viñedo y olivar- que implica no sólo ya los problemas de diferentes calidades de tierras propios de toda
iniciativa concentradora, sino suplementariamente diferencias de edad de las plantaciones, de las técnicas de
poda y, en definitiva, del capital aplicado a la tierra durante decenios, factores que terminan por impedir cualquier intento de concentración. No es anecdótico, por
ello, el que las dos actuaciones de concentración hayan
afectado a municipios predominantemente cerealistas
y que, en Mengíbar, haya quedado excluido el sector
olivarero minifundista situado al noroeste del pueblo.
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Pues bien, ni siquiera el par de municipios concentrados
(en su totalidad el de Tocina, con pequeños sectores vecinos
de Villanueva del Río y de Cantillana, y parcialmente el de
Mengíbar) presentaban antes de iniciarse la actuación una organización similar a la de otras regiones españolas, ni tampoco los resultados pueden considerarse tan brillantes como en
aquéllas, en parte a causa de la situación de partida. El cuadro 103 recoge los datos de los municipios campiñeses y de distintas provincias (66) para valorarlos convenientemente en términos relativos.
4,5 y 3,3 parcelas por propiedad en Tocina y Mengíbar son
cifras ostensiblemente distanciadas de los niveles medios en las
provincias seleccionadas, en obvia correspondencia con superficies medias por parcela asimismo más elevadas. Incluso el mayor nivel de dispersión de las propiedades de más de 25 hectáreas en los municipios andaluces se sitúa por debajo de los «standars» medios en dichas provincias. Debe quedar claro, además,
que la dispersión de las medianas y grandes propiedades en
estos términos muy parcelados no reviste la gravedad que presenta en municipios castellanos o aragoneses, por ejemplo, en
la medida en que las parcelas, aunque no contiguas, están frecuentemente muy próximas y en torno a una de gran tamaño.
No cabe duda de que con una situación de partida como
ésta los resultados obtenidos son obligadamente más modestos
que en Burgos o Guadalajara, por ejemplo, provincias en las
que se ha alcanzado un número de parcelas por propiedad similar al de Tocina o Mengíbar; parece evidente que entre 1,5
y 2 fincas por propiedad está el techo máximo de reducción
alcanzable por los procesos de concentración, y a él se ha Ilegado en las dos actuaciones andaluzas.
En cualquier caso, parece necesario concluir que, aún sin
ser de extrema gravedad la estructura parcelaria de los muni(66) Los datos medios globales de las provincias incluidas en el cuadro
proceden del Ruum^n dc la situación de los tsabajos de concentración en las d^tintas
zonas conespondientes al 31 de diciembre de 1977. Madrid, M.° AgriculturaI.R.Y.D.A., 1978.
363
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cipios relativamente minifundistas de la Campiña y Ribera béticas, sería interesante el apoyo y difusión de estas actuaciones, especialmente en las zonas regadas o potencialmente regables, donde la optimización del empleo de la infraestructura
y recursos hídricos quedaría así garantizada. No en balde la
concentración de Mengíbar ha venido apoyada, básicamente,
en el ambicioso proyecto de puesta en riego de un amplio sector de su término, en avanzado estado ya de realización.
No hay que silenciar, desde luego, que iniciativas de concentración parcelaria y ordenación rural planteadas globalmente
para un espacio determinado terminan beneficiando comparativamente más a los grandes que a los modestos propietarios, sobre todo en comunidades polarizadas como lo son incluso éstas que nos ocupan. Los grandes ven aglutinados sus
patrimonios, si no lo estaban ya, y ostensiblemente mejoradas
las vías de acceso, con frecuencia en mal estado por la pesadez
de los suelos y la lejanía de las grandes fincas de los núcleos
de población. No en vano han sido acomodados labradores,
más conscientes por lo general de las ventajas generales y particulares de la concentración, los que han apoyado e impulsa,
do los proyéctos.
6.4. Las ^ieculiaridades de la pequeña propiedad de los
Alcores: parcelación, intensificación agrícola y cambios
de uso
En el desarrollo del segundo capítulo se incluyó entre las
áreas relativamente parceladas y con peso dominante de la pequeña propiedad la franja del Alcor, que naciente en las inmediaciones de Carmona bordea su vega en dirección N. E. S.W., elevándose varias decenas de metros sobre su fondo. Ya
se indicó igualmente en ese mismo capítulo y en el posterior,
cómo ese islote no latifundista, perfectamente delimitado en
al fotografía aérea y en la cartografía catastral, coincidía con
forinaciones superficiales calcoareníticas o areniscosas y sue365
los rojos con costra caliza, de bajo potencial y muy distintos
a los dominantes vertisoles de la vega camornense inmediata.
No ha sido posible hasta el presente capítulo hacer referencia
más detallada a la estructura agraria de la comarca, ya que
el municipio seleccionado en principio como representativo del
sector por su extensión y ubicación parcial sobre el altozano
-el Viso del Alcor-, no cuenta que sepamos en los fondos
de su Archivo Municipal (67) con estadísticas sistemáticas de
propiedad del siglo XIX, y menos aún con documentación del
Catastro de Ensenada. A pesar de esta importante limitación,
la documentación aportada por Bernal sobre este municipio
acerca de arrendamientos de tierra de la Casa de Alcalá a mediados del siglo XIX (68), así como otra información aportada
por Drain (69), unidas ambas a la documentación catastral actual y a los datos del Banco de Labradores de 1866 permiten
pergeñar un modesto bosquejo de la situación actual y de la
génesis reciente de parte de la pequeña propiedad del municipio.
Ante todo, como ya quedó claro en el segundo capítulo,
el Alcor y en concreto,el municipio del Viso, situado en casi
un 50 por 100 sobre el promontorio, presenta hoy una estructura de la propiedad y de las explotaciones de corte moderadamente minifundista. Las propiedades de menos de 25 hectáreas totalizan el 73,6 por 100 de la superiicie catastral, y las
explotaciones de menos de 30 hectáreas casi el 60 por 100 de
(67) En nuestra detenida visita durante los veranos de 1980 y 1981 al
archivo municipal, no catalogado y en lamentable estado por las obras que
enton^es se realizaban, no pudimos dar ni con amillaramientos ni con fuente fiscal anterior. Sólo una relación bastante completa de Libros del Pósito
local permitió para algún año de mediados del siglo x^x conocer ciertos extremos sobre los modestos labradores, que posteriormente se han podido relacionar con aportaciones de otros autores. Por más que el Libro de 1866
computa a casi 200 labradores, en su mayor parte muy modestos, solicitantes de créditos, no se ha considerado oportuno plantear sobre esa base la
estructura de la propiedad y de las explotaciones, por cuanto la muestra podía estar parcialmente sesgada.
(68) A. M. Bernal, op. cit., págs. 282-290.
(69) M. Drain, op. cit., págs. 472-473.
366
la superficie censal (sólo el 5 por 100 las de más de 100 hectáreas, lo que supone un índice de concentración de Gini a partir de las cédulas de propiedad de 0,55, el más bajo de los estimados para los municipios «relativamente minifundistas» estudiados (véase figura 68).
C UADRO 105
DISTRIBUCION DE LA PROPIEDAD Y DE LOS
APROVECHAMIENTOS EN EL VISO
DEL ALCOR (1978)
1.
D^tribución dc la propiedad
Has.
Props.
%
1 ..........................
1-4,9 .......................
5-9,9 ................:......
10-24,9 ......................
25 y más ...................
52
200
60
48
16
13,8
53,2
15,9
12,8
4,2
Total ...................
376
2.
Sup. has.
32,4
444
414
671,2
562
^%
1,5
21
19,5
31,6
26,4
2.123,6
D^tnibución dt los apmuahamientos (%)
Labor sec.
O/iaar sa.
48,2
74,9
64,4
64,7
16
10,6
9,4
6,4
39,2
9,2
Frut. -Naranjal
Otros
Impsod.
2,5
5,5
8,3
5
2,5
5,5
17,1
19,9
0,4
-
30,8
3,6
0,4
4
21,3
18,9
10,4
1
Rcgadío
Fuenk: Libro de Cédulas de Propiedad del Catastro de Rústica de El Viso del Alcor
(1978).
367
En el marco, pues, de un predominio numérico y superficial de la pequeñas y medianas propiedades, es preciso hacer
ciertas matizaciones derivadas del carácter mixto de las tierras
del municipio, unas sobre el Alcor propiamente dicho, y otras
sobre la vega margoarcillosa de Carmona.
El parcelario del polígono 1, sobre las areniscas alcoreñas,
dominado por las fincas pequeñas, aunque sin faltar las de tamaño medio y, excepcionalmente, grande, presenta contornos
irregulares, amplia difusión de norias y estanques, e incluso
un tipo de parcelas minúsculas y muy regulares que tienen fácil explicación. Este es el soporte de la pequeña y mediana propiedad tradicional del Alcor, al menos en términos superficiales: los aprovechamientos tradicionales, sobre suelos de bajo
potencial, han sido el olivar, un cereal de modestos rendimientos, algo de viñedo, naranjos amargos y las huertas, especialmente en las proximidades del casco, abastecidas por aguas del
freático de Carmona, que en buena parte del municipio se sitúa a menos de 15 metros de profundidad (70).
Las transformaciones de que ha sido y está siendo objeto
en los últimos lustros esta área pueden considerarse profundas, tanto por lo que respecta a cambios en la titularidad como en los usos del suelo; como una primera aproximación, que
precisa desde luego de contrastación más detallada, cabe hablar de dos fenómenos. Por una parte de una intensificación
productiva notable basada en la expansión del naranjal, exclusivamente de variedades de mesa como la Navel, en los momentos de euforia de fines de la década de los cincuenta y de
los sesenta (71), y de la Navel-late, más tardía y de comercialización menos problemática, en los últimos años; la capitalización de estas nuevas plantaciones, que poco tienen que ver
en sus variedades y organización productiva con las tradicionales de la comarca, ha sido cuantiosa y acrecentada en ocasiones, como ha señalado Drain para la provincia de Sevilla
(70) Mapa Geológico de España 1:50.000, hoja 985, 2.a ed. Madrid,
Instituto Geológico y Minero, 1969.
(71) M. Drain, op. cit., págs. 210-213.
368
y es fácilmente perceptible en tierras del Alcor, con inversiones casi suntuarias o cuando menos innecesarias en viviendas,
muros y cercados, que demuestran la presencia de capitales urbanos en ocasiones ajenos a la actividad agraria, que vieron
en las plantacioens además de un negocio seguro en los años
de favorable coyuntura, un signo de prestigio social y la posesión de vivienda de segunda residencia en una zona ligeramente
menos calurosa que la llanura sevillana, con agua abundante
procedente ahora de perforaciones más profundas, todo ello
enmarcado en la frescura del vergel naranjero.
Sin negar, por supuesto, la difusión del naranjal y de otros
frutales que se producen sobre pequeñas y medianas haciendas de lugareños, la presencia de capitales urbanos es también
evidente, siendo, precisamente, este flujo de inversiones hacia
la zona el que provoca cambios frecuentes de titularidad por
compraventa, coincidiendo con una etapa de galopante éxodo
rural.
Frente a estas iniciativas de intensificación, y en aparente
paradoja, una superficie no desdeñable del sector alcoreño del
Viso, como ocurre también en Mairena, está asistiendo más
recientemente al abandono de los usos agrícolas o, en el mejor
de los casos, a su mantenimiento con una finalidad distinta,
todo ello en el marco de parcelaciones para viviendas de segunda residencia, en ocasiones ilegales y que en todo caso están produciendo una profunda alteración en el paisaje agrario
tradicional y naranjero más reciente. En estas circunstancias,
los cambios de titularidad se superponen siempre a los cambios de uso, y las estrategias inmobiliarias res^ltan variadas:
unas veces son propietarios lugareños los que proceden directamente a la segregación o a la parcelación total de sus fincas
para el uso residencial.
El Plan Parcial de Ordenación de la Finca Vista Verde del
Alcor, inmediata a la carretera del Viso a Carmona y asomada a la Vega, con algo más de 11 hectáreas de superficie, y
propiedad de la sevillana Rosa María Calvo Elipe constituye
un buen ejemplo al respecto. El plan, presentado en 1973, pre-
369
veía, y así se ha hecho, la constitución de 82 parcelas dé superficies comprendidas entre 700 y 1.990 metros cuadrados,
estimándose el beneficio de la operación en torno a un 36 por
100 del valor de la tierra en ese momento (1.680.000 pesetas,
a razón de 150.000 pesetas/hectárea) y del importe de urbanización estimado en 2.846.700 pesetas (72).
Pero junto a actuaciones como la descrita, reiteradas en las
inmediaciones del término del Viso en las urbanizaciones de
La Cierva o Comunidad de San Bernardo, son casi más frecuentes parcelaciones y segregaciones, administrativamente consideradas todavía como rústicas a pesar de que en ocasiones
no alcanzan siquiera la extensión de las unidades mínimas de
cultivo, pero que en la práctica responden a un uso de segunda residencia. El no muy elevado nivel de ingresos que caracteriza a buen número de los nuevos tenedores y la precariedad
de medios para hacer frente a la construcción de la vivienda
una vez adquirida la parcela, está desembocando no sólo ya
en una mutación profunda del espacio agrícola tradicional, sino además, en el deterioro paisajístico complementario derivado de los bajos niveles estéticos y de calidad de esta nueva
forma de «hábitat rural».
Puede concluirse, pues, que en este sector alcoreño, la crisis reciente del sector naranjero, los problemas de escasez de
agua derivados de la difusión generalizada de las plantaciones,
y, sobre todo, las posibilidades especulativas derivadas de la
fuerte presión de la demanda de tierras por parte de sevillanos
para segunda residencia están en vías de acabar con la explotación directamente agrícola y de sustituir, consiguientemente, a los pequeños y medianos propietarios tradicionales de la
zona por nuevos minifuntistas «urbanos».
A1 paisaje del Alcor y. a sus mutaciones actuales se contrapone el sector del municipio alargado sobre la Yega de Carmona; formaciones superficiales y suelos son los propios de las grandes
(72) Mcmoria d^l Plan Parcial de la finca ..Vista Vade dcl Alcon^. Ingeniem
J. Rodriguez Román, Sevilla, 1973. Copia en el Ayuntamiento de El Viso
del Alcor.
370
«vegas interiores» andaluzas, y tanto Viso del Alcor, como parcialmente también su vecina Mairena, ofrece la peculiaridad
-casi la excepcionalidad- de un terrazgo altamente parcelado, que choca poderosamente con el latifundio dominante en
las inmediatas tierras de Carmona (véase el fotograma 4), y
en general, de todos los grandes municipios de la comarca.
La notable y regular parcelación, excepcional en estas áreas
de vega, lo es en la actualidad de propiedad y de explotación,
de forma que lo más frecúente es que muchos propietarios no
tengan más que una sola parcela de entre una y cuatro hectáreas, fenómeno que contribuye a reforzar el predominio de la
pequeña propiedad en el conjunto del municipio.
Este absoluto predominio de minifundio en un sector que
por sus características edáficas y topográficas debiera ser soporte de la gran propiedad -según lo visto en los capítulos II
y III-, entra aparentemente en contradicción con lo dicho hasta
aquí; un estudio más detallado de la situación destierra, sin
embargo, cualquier posibilidad de contradicción.
Efectivamente, ese parcelario regular y antitético con el de
las tierras circundantes, nos hizo pensar desde.un principio que
muy probablemente no estábamos ante un espacio minifundista tradicional, sino más bien frente a una actuación parceladora relativamente reciente. Aunque en esta ocasión no se
ha podido contar aún con la documentación registral argiiída
anteriormente para tierras de Montilla o Marchena, disponemos de suficiente información como para validar aquella conj etura.
Como ha estudiado Bernal, la Casa de Alcalá, integrada
desde 1625 en los estados de Medinaceli, contaba en el término del Viso del Alcor, no integrante de su señorío, con nada
menos que 1.700 fanegas, prácticamente toda la superficie de
«vega» del municipio, organizada en torno a una decena de
cortijos que en forma de grandes longeros se extendían desde
el escarpe alcoreño hasta los confines del término de Carmona
(73). M. Drain, interesado también por esta peculiar parcela(73) A. M. Bemal, op. cit., págs. 60-62 y 285-287.
371
ción, ha planteado la hipótesis de que estos grandes longeros
acortijados debieron ser cedidos tradicionalmente en forma de
grandes arrendamientos a corto plazo, como era norma en las
tierras latifundistas de la campiña (74).
Lo cierto es que a mediados del siglo XIX, tanto la información aportada por Bernal de los fondos del Archivo de Medinaceli como la que yo he obtenido del libro de Pósitos de 1866
(75) muestran cómo estos cortijos estaban altamente parcelados para su cesión en pequeños lotes°de aproximadamente cuatro fanegas. La fuerte expansión demográfca del momento y
la proximidad de pueblos tan crecidos en vecinos como el Viso
o Mairena, constreñidos en cortos términos, pudieron mover
a la administración ducal a un cambio en la estrategia arrendataria. Lo interesante a nuestros efectos es que ese minifundio de explotación, que se gesta cuando menos a la mediación
del siglo XIX, se perpetúa en el tiempo y llega a consolidarse
en minifundio de propiedad por venta de la Casa Ducal, probablemente a los propios cultivadores. Estamos, sin duda, ante un proceso similar al descrito para tierras de Montilla, aunque cronológicamente anterior. Para 1933 la Casa de Medinaceli no cuenta ya con tierra alguna en el Viso según el R.P.E.
A1 margen del momento concreto en que las ventas tuvieran
efecto, lo importante en nuestra línea de argumentación, reafirmando y reforzando teis planteadas anteriormente, es que
a lo largo de un periodo prolongado -no inferior a cincuenta
años ni superior a cien- la pequeña propiedad nacida «ex novo» se mantiene y hasta se fortalece por sucesivas divisiones.
El modesto cultivador jornalero, una vez que adquiere la
tierra no cede su propiedad ni con la rapidez ni con la generalidad defendida por planteamientos acumuladores demasiado
simplistas. No vamos a negar, desde luego, que en momentos
de agobio económico, de abandono del lugar por emigración,
o de arreglos de herencias, las compraventas tengan efecto; tam(74) M. Drain, op. cit., vol. II, pág. 473.
(75) Libro de Pósitos. Banco de Labradores. 1866. Archivo Municipal
de EI Viso del Alcor, sin catalogar.
372
poco va a ocultarse a nadie que en esas circunstancias algunos
laboradores relativamente más acomodados han aprovechado
la coyuntura incrementando sus patrimonios. Lo cierto, sin embargo, es que fueren cuales fueren las vías y modalidades de
transmisión de propiedad, los enclaves minifundistas mantienen su vigencia y raramente llegan a desaparecer o a reducirse sustancialmente a expensas de iniciativas concentradoras.
El cuadro 106 referido a una muestra de propietarios del polígono 7 de Viso del Alcor, base de las parcelaciones de varios
cortijos de Alcalá-Medinaceli, habla por sí solo.
C UADRO 106
PROPIETARIOS CARTOGRAFICOS EN EL POLIGONO 7 DE EL
VISO DEL ALCOR
N. ° propietario
1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.
11.
12.
S. López Morillo . .. . . . . .. . . . . .
J. A. García Vallejo . . . . .. . . . . .
A. Jiménez Jiménez .. ........ .
J. Huerta Burgos . . . . . . . . . . .. .
S. León Pineda ...............
A. Fdez. Bonilla . . . . . . . . . . . . . .
A.Jiménez Roldán ............
M. Morales Benítez . . . . . . . . .. .
A. Moreno Muñoz ............
J. Morillo Jiménez hnos. .......
J. Roldán Roldán .. ... .. .. ... .
J. Vargas Jiménez . . . . . . . . . .. .
Sup. total psop.
6,9587 has.
3,7875 "
1,5813 "
1,2500 "
2,1000 "
1,3416 "
2,1250 "
8,0401 "
26,2350 "
1,6750 "
11,2100 "
2,4950 "
Polígono
Todo en el 7
4y7
Todo en el 7
Todo en el 7
7 y 6
Todo en el 7
1 y 7
5y7
1, 4, 6, 7
Todo en el 7
5y7
Todo en el 7
Fumk: «Libro de Cédulas de Propiedad» de El Viso del Alcor (1978).
373
Ivlinifundio de propiedad en el polígono 7 de El Viso del Alcor (SeviIla). Parcelaciones en los cortijos de la Casa de Alcalá.
Figura 71
374
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