1 ESTÉTICA DE LA MÚSICA Los problemas históricos y estéticos

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ESTÉTICA DE LA MÚSICA
Los problemas históricos y estéticos de la música.
Parece difícil definir y limitar la estética musical. La estética1 nace como disciplina
autónoma a finales del S. XVIII y la estética musical a mediados del XIX con E.
Hanslick. Así que la estética, en cuanto reflexión autónoma sobre el arte es una
disciplina reciente. Además, esta reflexión quizá debiera hacerse con unos límites más
amplios que la referida a otras artes. Si empezamos a comparar, existe una controversia
antigua acerca de la posición de la música frente a otras artes. Schumann dijo: “la
estética de un arte es igual a la de otro, únicamente difiere el material”. Sin embargo, la
tradición cultural ha postulado lo contrario, incluso considerando la música como un
arte inferior.
De hecho, la historia de la música, hasta el S. XIX ha sido una historia separada de las
otras artes. Se trata de un arte con problemas específicos. De la división dieciochesca
entre artes del espacio y artes del tiempo, la música sería de estas últimas, pero muy
diferente, p. Ej., a la literatura, que también lo es. La música requiere de un alto grado
de competencia en su interpretación. Además, produce un mayor impacto emotivo, aún
siendo abstracta como es. Ese alto grado de especialización que requiere la ha
mantenido alejada de las demás artes. Por eso, la anterior cita de Schumann fue
totalmente revolucionaria frente a opiniones enraizadas de siglo, e influyó notablemente
sobre el pensamiento romántico.
Por otra parte, la especificidad de la expresión musical fue la causa de que se degradara
la música al nivel de oficio, como si la dimensión práctica prevaleciese sobre la
conceptual o artística.
Cada época histórica ha hecho corresponder a la palabra “música” con realidades muy
distintas. Así las cosas, la estética musical no puede ser definida en términos muy
rigurosos, es más bien un entramado de reflexiones interdisciplinares de las que el
filosófico es uno más de sus componentes, incluyendo también la historia, matemáticas,
psicología, etc. La música es como un prisma de múltiples caras, en opinión de Fubini.
Según la época, se han fijado en las relaciones con una u otra disciplina.
La estética musical en sentido estricto (el estudio fundamentalmente estético de la
música) es simplificadora y sólo ha llegado a cultivarse en los dos últimos siglos, en los
que el valor estético se ha convertido –con el desarrollo del idealismo- en un valor
autónomo. Esa interpretación estricta parece restringir el ámbito de las reflexiones al
valor estético, olvidando otros aspectos importantes. Por eso Fubini prefiere hablar de la
“historia del pensamiento musical”.
¿Y cuáles serían las fuentes para estudiar una historia de la estética musical? Pues cada
época tiene sus textos. En la época griega (República de Platón, Política de Aristóteles),
por la preocupación ética la música interesa por su relevancia educativa para el hombre
1
La estética es la ciencia que estudia e investiga el origen sistemático del sentimiento puro y su
manifestación, que es el arte, según asienta Kant en su "Crítica del juicio". Se puede decir que es la
ciencia cuyo objeto primordial es la reflexión sobre los problemas del arte.
1
© José A. Martínez-Pereda, 2010.
y la sociedad. En la época alejandrina2, donde existe una mayor preocupación sobre el
individuo y su psicología, la música interesa por su capacidad consoladora del alma
humana. En el medioevo interesa como vehículo de transmisión de la religión, etc.
La obra musical misma, en cuanto conjunto de pensamiento, emoción, historia, etc.
puede ser fuente de reflexión sobre el sentido mismo del arte (aunque no existe acuerdo
entre los autores). No sólo las reflexiones del artista sobre su propia obra sino también
las obras mismas pueden convertirse en documentos de una historia del pensamiento
musical.
La dimensión estética de la música.
Lo que hablamos aquí no vale para extremo oriente, África, mundo musulmán o cultura
hebrea. Tienen esas otras culturas un concepto distinto de la música y funcionalidades y
lenguajes muy divergentes. Así pues e una reflexión pero no sobre un arte universal,
sino sobre la música occidental cristiana. En ese marco cultural, la música se ha
desarrollado durante siglos en estrecha simbiosis con la poesía, lo cual es curioso
teniendo en cuenta sus grandes diferencias (en cuanto a instrumentos, sintaxis,
gramática, objeto, etc.). Así que entre poesía y música hay una relación
afinidad/diversidad, una relación de tensión. Quizá por ello la música vocal fascina,
pues nos arrastra a uno y otro lenguaje. Pero la música desea autoafirmarse, toda la
historia de la música puede ser interpretada como una búsqueda de la autonomía propia.
Ya desde tiempos de Pitágoras, la música ha atraído a los matemáticos, considerando el
sonido como fenómeno físico mensurable con exactitud. La escala diatónica se ordena
en siete sonidos con relaciones numéricas entre sí. Los que han investigado la naturaleza
matemática de la música han destacado más los aspectos intelectuales y metafísicos que
encierra, dejando a un lado los emocionales. Consideran la música como una estructura
racional que se corresponde con otra estructura racional de todo el universo, tendiendo a
reivindicar la independencia de la música como arte. Por ello, estas teorías se oponen
frontalmente con las que sostienen un origen común de música y poesía.
Otro tema recurrente de estudio ha sido la reflexión sobre el significado de la música,
sobre la semanticidad3 de la misma, sobre su capacidad para significar o denotar4
sucesos o emociones. Existen al respecto dos corrientes de opinión, que han ido
manifestándose de un modo u otro a lo largo de la historia:
Una concepción ética: la música incide en nuestro comportamiento, expresa
nuestros sentimientos. Aquí se engloban teorías que consideran la capacidad
educativa de la música, que es éticamente significativa y relevante para el hombre.
Concepción hedonista: la música trata de producir un placer que se agota en sí
mismo, no trata de expresar nada. Aquí se incluyen las teorías que relacionan
música con sistema nervioso, con percepción sensorial.
Nuestra cultura occidental se caracteriza también por una precisa conciencia histórica, la
elección de momentos particulares de nuestra historia y la conservación de todos sus
2
Aproximadamente desde el 330 a. C. (fundación de Alejandría por Alejandro Magno) hasta el siglo III
d.C.
3
Empleo de símbolos para referirse a objetos y acciones.
4
Funciones del lenguaje son la Denotativa o referencial, que se produce cuando el emisor utiliza el
lenguaje para transmitir una información al receptor.; la emotiva o expresiva, que se da cuando
expresamos sentimientos o deseos, entre otras.
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© José A. Martínez-Pereda, 2010.
documentos. Sin embargo, no ha ocurrido eso con la música que no ha tenido hasta hace
poco conciencia de una historia propia. Algunas causas de esto pueden ser la propia
naturaleza de la música, arte del tiempo que desaparece en el momento, propio de la
ejecución, las notaciones se quedan antiguas y los instrumentos envejecen. La gente
puede gozar viendo una catedral antigua pero un fragmento de gregoriano suena
demasiado lejano psicológicamente. Existe, pues, una asimetría histórica respecto de
otras artes hasta hace poco la música no vivía mucho más allá de su primera ejecución.
Por eso quizá las notaciones no tenían por qué ser muy precisas.
Las referencias históricas en la música lo han sido a tiempos recientes y las disputas
entre estilos, muy próximos en el tiempo. Nunca se ha tomado como modelo un estilo
del pasado. Esa falta de conciencia de la propia historicidad (debido a la vida efímera de
la música) ha influido en la situación solitaria de la música frente a las otras artes.
En el pasado no se vio necesario transmitir la música a la posteridad.
Pero otra causa más de la anómala historicidad de la música ha sido la función artística
marginal de la misma, considerada en función de otros fines: acompañar a la poesía, en
la liturgia, en el teatro, etc. Esto, además, ha provocado que a lo largo de la historia de
la filosofía se haya producido una fractura entre:
- La música real, considerada menor, servil.
- La música ideal, reflejo de las armonías cósmicas, que ha generado una historia
teórica de la música, de tipo metafísico.
Sin embargo, ha existido desde antaño una marginalidad social del músico, siempre
inferior a pintores, literatos… y así hasta el S. XVIII. En consonancia con la escasa
consideración social de la figura del músico está la secular fractura entre música y
cultura. Fruto de esta marginación es la bipartición desde la Grecia clásica en:
- Música humana, propia de instrumentos, inferior, práctica.
- Música mundana, de los mundos o de las esferas celestes, teórica.
Así, la reflexión teórica y filosófica sobre la música ha sido independiente a la música
misma. Solo a partir del siglo XVIII llegarían a juntarse los dos planos.
La música ha evolucionado con una autonomía interna mucho mayor que las otras artes.
En el mundo musical hay una gran transmisión de una generación a otra (movilidad
vertical) y de un país a otro (movilidad horizontal), mucho más que en otras artes. De
este modo, la música pone en escena un modo diferente de historicidad, un modelo
diferente de memoria histórica, derivada de su modo distinto de vivir la propia historia.
Esto influye sobre cualquier reflexión filosófica que se haga.
Hay que tener en cuenta otro factor, y es que en la música se unen, de un cierto modo
contradictorio lo racional, matemático y también los aspectos instintivos, prerracionales
y prelingüísticos de la naturaleza humana. Por ello podemos absorber música de
culturas lejanísimas, cosa que no sucedería, p. Ej., en el lenguaje literario.
Es sabido que todas las artes temporales necesitan de la interpretación para poder vivir
más allá del instante de su creación. Pero esta necesidad, en la música se convierte en
una forma adicional de arte, ahí se encierra la improvisación: el intérprete también está
creando, al igual que el compositor.
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© José A. Martínez-Pereda, 2010.
BREVE HISTORIA DEL PENSAMIENTO MUSICAL
El mundo antiguo
Resulta difícil reconstruir el pensamiento musical de la antigüedad griega, por sus pocos
y fragmentarios testimonios y la ausencia de producción musical que ha sobrevivido. A
partir de Platón empieza a haber un cuerpo de pensamiento sobre este tema. En todo
caso, en el pensamiento griego se encuentran las raíces de nuestra cultura musical. La
reflexión sobre la música está, en esa época, dominada por la cuestión de la relevancia
ética, positiva o negativa de la música en la sociedad. Es una concepción utilitarista o
instrumental en cuanto la música podía servir a la sociedad para la educación del
hombre. No obstante, téngase en cuenta que el concepto de Musiké abarcaba desde la
danza hasta la poesía, incluyendo la música y el canto en sentido estricto.
La escuela filosófica en la que la música asumió más relevancia fue la pitagórica. En
ella es central el concepto de armonía, más metafísico que musical, concebida como
unificación de contrarios. Este concepto se complementa con el de número, fundamento
de las cosas, pero de significado oscuro y variable según cada filósofo. Lo que hay que
saber es la importancia de esta teoría en el pensamiento musical, ya que para los
pitagóricos será la música quien revele la naturaleza más profunda de la armonía y del
número. Para los pitagóricos las relaciones entre los sonidos pueden ser expresadas a
través de los números y si tales relaciones expresan la naturaleza de la armonía
universal, las relaciones entre los sonidos, por tanto, pueden ser modelo de la armonía
universal misma. Comienza aquí una separación en el pensamiento musical entre la
música puramente pensable (teórica, cosmológica, numérica) y la audible (de inferior
categoría).
Por otra parte, para esta escuela la música tiene también el poder de restablecer la
armonía de nuestro ánimo. Surge así el concepto de catarsis, clave en la estética
musical, que significaba purificación, medicina para el alma. La idea del poder mágicomédico de la música sobrevive hasta nuestros días. La función catártica puede realizarse
de dos modos: corrigiendo las malas inclinaciones o vicios (catarsis alopática) o
imitando el mismo vicio del que nos pretendemos liberar (catarsis homeopática). En
todo caso, interesa recalcar el concepto de ethos musical5 que subyace en ambas
acepciones. Los filósofos pitagóricos fueron desarrollando los diversos aspectos:
matemático, metafísico, pedagógico que hemos descrito.
Para Platón, la música representa uno de los núcleos temáticos de su filosofía, aunque
la música aparece en sus textos adoptando aspectos distintos. En la República se separa
de la tradición pitagórica y la asimila a las artes y le atribuye el único efecto de producir
placer y éste es un medio, no un fin. Desde una perspectiva práctica podría ser
justificada siempre que el placer por ella producido no actúe en sentido contrario a las
leyes y principios de la educación. Distingue a este respecto músicas buenas que vienen
consagradas por la tradición y malas músicas que se dirigen sólo a alimentar el placer
del oído. En otros textos la música puede ser igualmente objeto de la razón y acercarse a
la filosofía e identificarse con ella, pero no se trata de la misma música sino de una
5
Doctrina fundada esencialmente en el postulado de que la música no solo puede modificar nuestro
estado de ánimo, sino que además puede actuar sobre la voluntad.
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© José A. Martínez-Pereda, 2010.
puramente pensada que es la única digna. Esa música si puede devolver la armonía al
alma, pues su armonía es la del alma y la del universo.
Por lo demás, la música de su tiempo es rechazada ya que las innovaciones son
contradictorias con la idea de música como una ciencia divina, con el valor de ley. No
obstante, un acercamiento entre ambas concepciones de música podría producirse.
Vemos pues, como se afianza la fractura entre una música pensada, emparentada con las
matemáticas y la filosofía y una música realmente oída y ejecutada, emparentada con
oficios y profesiones más técnicas, fractura que llega hasta nuestros días.
Existen otras escuelas griegas que divergen, critican el sentido ético y pedagógico y
valoran el puro papel placentero de la música, por ejemplo, los epicúreos. En este
contexto, Aristóteles retoma las tesis del pensamiento musical pitagórico y platónico
pero también tiene en cuenta el pensamiento hedonista y epicúreo. En su Política,
sostiene que la música tiene como fin el placer y es útil en la educación como
pasatiempo. Hay una separación entre la audición, ligada al placer, digna de un hombre
libre, y la ejecución que es un oficio manual. Escribe este filósofo abundantemente
sobre música y se enfrenta a dos teorías, la pitagórica según la música se encuentra en
relación con el alma y puede hacer retornar la armonía y la de Damón de Oa, según la
cual la relación entre música y alma se contempla desde el punto de vista de la
imitación. Ciertos ritmos y armonías imitan tanto virtudes como vicios y la música tiene
valor educativo si se usa con prudencia. Aristóteles, sin rechazar la primera teoría,
desarrolla la segunda. La música en cuanto arte es imitación y suscita sentimientos tanto
positivos como negativos, por ello es educativa. Cualquier beneficio pasa por la catarsis,
que sería más bien homeopática. No hay músicas totalmente perjudiciales. La música es
una medicina para el alma, pero sólo cuando imita las pasiones que nos atormentan y de
las que deseamos liberarnos. La música, pues, tiene fines catárticos, educativos y
también lúdicos. La ausencia de presupuestos moralistas abre paso a una perspectiva
estético-hedonista que permanecerá en toda la historia del pensamiento musical.
Aristoxeno, en el comienzo de la edad helenística6, con un criterio práctico y
psicologista, como todos los peripatéticos7, intenta por vez primera separar la
experiencia musical de la filosofía. Tiende a mantener independientes oído e intelecto.
Por primera vez el centro de interés se desplaza desde aspectos puramente intelectuales
hacia otros de orden más sensible. No niega la relación entre un determinado modo
musical y el comportamiento, pero le interesa la reacción psicológica del individuo, lo
auditivo y perceptivo. No niega el valor ético pero antepone el estético. Es el
descubridor del valor estético de la música.
Entre el mundo antiguo y el medioevo
Los primeros padres de la iglesia se enfrentaron a una mezcla de influencias que
conllevo no pocas contradicciones: heredaron del pensamiento griego la influencia de
las corrientes pitagórica-platónica y peripatética. En el campo musical heredaron dos
tradiciones: la música pagana greco-romana y el canto de sinagoga hebreo. Para
Clemente de Alejandría, existe una música de los paganos propia del pecado y una
6
El periodo helenístico abarca desde la muerte de Alejandro Magno (323 a. C.) y el suicidio de Cleopatra
VII (32 a. C.) coetáneo con la conquista de Grecia por Roma.
7
Escuela peripatética, fundada por Aristóteles.
5
© José A. Martínez-Pereda, 2010.
música cristiana, a la que atribuye pitagóricamente el poder de armonizar elementos
discordantes, un canto que se identifica con la armonía universal y la divinidad. Existe
pues un temor a una caída en lo hedonista y, a la vez, la esperanza de que el canto sacro
sea instrumento auxiliar de la oración, adquiriendo una función pedagógica8.
San Agustín, en su tratado De musica y otros textos reflexiona sobre la música de un
modo personal y dramático, retomando el tema de la dualidad de la música, que acerca a
lo sensible y condenable, por un lado, y a lo espiritual, por otro. Música como ciencia
teórica, instrumento místico (que lleva a una estética pitagórica de los números) o
música como atracción de los sentidos, física, corpórea, posible instrumento de
perdición (estética empirista de trasfondo aristotélico), dicotomía que marca el
pensamiento musical hasta el Renacimiento.
Contemporáneo de S. Agustín es Boecio, de influencia platónica, que subdivide la
música en mundana (de las esferas, de la armonía, y la única verdadera, teórica y
superior), humana (que refleja la unión armoniosa de alma y cuerpo) e instrumentalis (la
música tal y como la conocemos, que sería la inferior en categoría, ya que el trabajo
manual no es digno del hombre libre).
El resto del medioevo es, en gran medida, repetición de lo escrito por Boecio. No
obstante se van produciendo cambios: se va produciendo un acercamiento a cuestiones
prácticas, crece el interés por los problemas de ejecución, composición y pedagogía de
los cantores en las iglesias. Con la polifonía nacen las primeras polémicas musicales
lejos de las ideas abstractas y filosóficas. Sólo a partir del año mil se pasa de lo
abstracto a lo concreto. Aparece entonces Guido de Arezzo, que presta atención a los
problemas técnicos de la música y de la pedagogía musical, aunque sigue considerando
inferior al cantor con respecto al músico (teórico) “en nuestros tiempos, es entre los
cantores donde se encuentran los hombres más estúpidos”. Pero con la aparición de la
polifonía y el contrapunto cobran importancia los problemas del ritmo y la grafía
musical. También el interés pedagógico y la preocupación por los problemas reales,
alejándose de disquisiciones filosóficas.
A partir del siglo XIV comienza a considerarse la belleza de la música como hecho
autónomo. Es una belleza ligada a la armonía, como en Grecia, pero ésta comienza a ser
menos metafísico-matemática y religiosa y más laica y terrena.
El debate entre partidarios del ars antiqua y seguidores del ars nuova9 constituye el
primer debate musical en el que se usan categorías estéticas como argumento. Es una
contraposición entre los valores de la sencillez y la claridad frente a lo complicado pero
también la de una concepción de la música al servicio de la devoción religiosa y otra
que considera a la música como fin en sí misma, autosuficiente y autónoma en su valor
puramente auditivo.
8
Según unos versos de Horacio, alcanza la perfección quien logra unir lo útil con lo divertido.
En la Europa de los siglos XIV y XV surgieron dos estilos musicales que se denominaron ars antiqua y
ars nova. La diferencia entre ambos fue el refinamiento métrico del segundo, que alcanzó más precisión
rítmica en la escritura, pudiendo trazar de esa manera un entramado polifónico más complejo.
9
6
© José A. Martínez-Pereda, 2010.
La nueva racionalidad
Conforme se acercaba el renacimiento se fue acelerando la progresiva disolución de las
doctrinas musicales medievales. En Tinctoris, la armonía es definida en términos
completamente subjetivos como “una cierta placidez producida por los sonidos
apropiados”. Se omite cualquier alusión a las tradicionales correspondencias entre
armonía de la música y del alma y se elude la tripartición boeciana de la música. Esta
actitud más empírica, coincide con un renacer del aristotelismo y abre el camino al
reconocimiento del placer como el objetivo de la música. Desde la abstracción
racionalista y moralista del Medioevo se abren ahora las puertas a una concepción de la
música en clave psicológica y en clave racionalista-naturalista.
El Renacimiento deja su huella también en la música, aunque con un cierto retraso.
Glareanus, uno de los primeros teóricos humanistas, opone los symphonetae, que
escriben con un número mayor de voces a los phonasci, que inventan melodías,
decantándose a favor de esto últimos a los que considera los auténticos músicos.
Gioseffo Zarlino afronta el problema de refundar la teoría musical sobre la base de un
nuevo racionalismo que encuentra sus fundamentos en la misma naturaleza de los
sonidos. Cuando habla de música mundana se refiere a que en el origen de los intervalos
no hay relación arbitraria o convencional sino basada en la naturaleza de las cosas,
racional. Se insiste en la nueva armonía, fundada sobre los dos modos, el mayor y el
menor. Este cierto racionalismo podría hacer renacer el mito de una nueva música
mundana pero ahora no producida por las esferas celestes e inaudible, sino producto de
una matematización y racionalización del mundo musical. Para los teóricos de la música
el modelo de inspiración era la nueva y matematizante visión galileana del mundo. Se
inicia, también, en el Renacimiento, el lento proceso para que cambie la condición
social del músico. Glareanus y Zarlino son a la vez compositores y teóricos y encarnan
esa aspiración.
Por otra parte, la iglesia contrarreformista pretendía lograr una mayor comprensión de
los textos sagrados, una revalorización de la palabra en relación con la música,
enmarcada en la concepción de la música como instrumento para mover los afectos.
Así, el lenguaje verbal se convierte en el modelo al que el lenguaje musical debe
adaptarse y someterse. Este será el ideal de la Camerana de los Bardi10 y de los primeros
creadores del nuevo género melodramático.
La crisis de la polifonía se plasma en la aspiración humanista de retornar a la Grecia
antigua y a su sencillez. Ya en el mundo luterano se exigía una mayor comprensión de
las palabras, una música más cercana a la sensibilidad del pueblo. Frente a los
complicados entresijos polifónicos de la tradición gregoriana se prefiere los motivos
populares para que el pueblo pudiera entonarlos. La nueva iglesia católica, tras el
Concilio de Trento, se hace en parte eco de estas exigencias. Laicos y religiosos
coinciden en pedir a los músicos una sumisión del elemento musical al verbal.
Vicenzo Galilei, con una nueva concepción racionalista de la música, con
consideraciones ya no teológicas o metafísicas, sino técnicas, impone la monodia como
10
La Camerata Florentina (Camerata Bardi, en italiano: Camerata Fiorentina o Camerata de' Bardi) fue un
grupo de humanistas, músicos, poetas e intelectuales de Florencia a fines del Renacimiento que estaban
unidos bajo el patrocinio del conde Giovanni de' Bardi para discutir y guiar las tendencias en las artes,
especialmente en la música y el drama.
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© José A. Martínez-Pereda, 2010.
más auténtica, más natural, que la polifonía. Según este autor, en la polifonía
prevalecían los criterios de la música sobre los de la palabra y el discurso musical no
podía orientarse al fin de representar algo ni de imitar los afectos. También la Iglesia se
manifestó contra la música polifónica, por defender el respeto al texto litúrgico y su
adecuada comprensión.
Sólo Giovanni Maria Artusi, famoso por su polémica contra Monteverde, defiende la
polifonía, por un interés netamente estético. Para él, la polifonía, el contrapunto, las
fugas… son susceptibles de ser definidas y organizadas mediante reglas codificadas y
objetivas.
Otros autores tienden a recuperar el sentido de la autonomía de la música, sobre todo en
el mundo protestante, otorgándole un valor autosuficiente capaz por sí solo de elevar el
ánimo hasta Dios. Lucero carece del temor a que el sonido pueda desviar al espíritu de
la oración y abole la contraposición entre sensibilidad y razón, entre placer y virtud,
propia de la tradición teórica medieval. Desde el mundo filosófico, Leibniz estima que
la música posee una irrefutable estructura matemática, aun siendo básicamente una
percepción placentera de los sonidos. La idea de que la estructura matemática de la
música se manifiesta ya en su percepción sensible, gracias a un sentido del placer ante la
consonancia y de disgusto ante la disonancia.
En el mundo barroco, surge la teoría de los afectos, reanudación del espíritu del
humanismo y de la más antigua teoría del ethos musical, de que hay una relación directa
entre la música y el ánimo. Esta teoría ya está en Zarlino y Galilei pero será plenamente
formulada por el jesuita Athanasius kircher, que con la expresión musica patética
subraya el poder de la música en relación al carácter humano que puede ser influido de
distintas maneras por diferentes estilos musicales, dependiendo también del
temperamento innato de cada individuo. Este punto de vista estético nace bajo el
modelo de la expresión melodramática. Hay una nueva concepción de la música como
instrumento de intensificación de las pasiones y una afinidad con el lenguaje verbal.
Las investigaciones sobre la armonía, el temperamento y el significado de los
intervalos, llevadas a cabo por músicos y matemáticos como Descartes (1618)
contribuyen en su totalidad al proceso de mundanización y laicización de la música,
llevándola hasta la esfera de la psiqué humana, de los sentimientos y las emociones.
La ilustración y la música
En el siglo XVIII, la teoría de los afectos se reasume en la cultura alemana por Johann
Mattheson, compositor, crítico y fundador del primer periódico musical alemán. En
general, en este contexto, la correspondencia entre figura y afecto ya no se confía a la
intuición del músico sino que se fija siguiendo una rígida retórica conectada con la
práctica melodramática. En Inglaterra, Charles Avison considera la música como uno de
los medios más eficaces para suscitar las pasiones.
La invención de la monodia acompañada y del melodrama polarizó durante mucho
tiempo la atención de los teóricos en una profundización de la relación entre dos
lenguajes, el verbal y el musical. El debate sobre las relaciones entre música y poesía ya
había encendido vivas polémicas en los siglos XVII y XVIII. Lo que pone de acuerdo a
la mayor parte de los polemistas es la condena del género melodramático, condena con
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© José A. Martínez-Pereda, 2010.
un trasfondo moralista antes que estético. La música vendría a ser sólo un placer para
los sentidos pero el hombre posee sólo un lenguaje válido, el de la razón. Muchos
coinciden en condenar al melodrama como espectáculo híbrido, contrario a la razón.
Este debate se transformó con el tiempo en la polémica entre partidarios del melodrama
italiano e incondicionales del melodrama francés, que, de hecho, es la primera polémica
significativa con naturaleza ya claramente estética. Para Raguenet las óperas italianas
aunque resultan pobres literariamente, presentan una cualidad superior: la musicalidad.
Por primera vez en la historia del pensamiento musical la música aparece reconocida
como un elemento totalmente autónomo. Lecerf, en cambio, acusa a los italianos de
contrariar al corazón para abandonarse a los placeres producidos por un dulce sonido.
Estas disputas seguirán a lo largo de todo el siglo XVIII.
La reivindicación de la autonomía de la música se hizo también con una base pitagórica
por Rameau, que la consideraba como una ciencia, de lenguaje con un contenido
significativo, analizable mediante la razón. Es una ciencia que debe tener unas reglas
establecidas derivadas de un “principio”11 que no puede revelarse sin la ayuda de las
matemáticas. También habla de imitación de la naturaleza pero no como escenas
pastoriles sino como un sistema de leyes matemáticas, vinculado al mecanicismo de la
física de Newton. Rameau considera la música un lenguaje racional y por ello universal
(las diferencias entre las naciones tendrían que ver con la melodía, la cual está
relacionada con el gusto), por lo que se sitúa fuera de la polémica entre música italiana
o francesa. Si que adelanta el pensamiento romántico al considerar la música como
lenguaje privilegiado, expresión de emociones individuales y de la racionalidad del
mundo.
Los enciclopedistas se pusieron de parte de la música italiana, encontrando en ella el
triunfo del sentimiento, que encuentra su expresión musical en el libre fluir de la
melodía, fundamento de la diferencia en la música de un pueblo a otro. En la teoría de
Rousseau, melodía y armonía aparecen como elementos contrapuestos. La armonía, con
su complicado entrelazado de voces (Rousseau la confunde con la polifonía) e fruto de
una bárbara invención de la razón; la melodía, en su sencillez y unidad, es expresión
espontánea del sentimiento.
También en esta época surgen numerosos tratados referentes a cuestiones de
interpretación instrumental. D´Alembert y Diderot también afrontaron la cuestión
musical en muchas de sus obras. La imprecisión semántica propia de la música
instrumental es interpretada por éste último como un hecho positivo al dejar un margen
mucho mayor a la imaginación. Ideas muy similares a las de los enciclopedistas pueden
encontrarse en Kant. Este avanza la hipótesis de que la música, en cuanto a la razón,
ocupa el último escalón en la jerarquía de las artes, pero puede ser la primera desde el
punto de vista de la sensación.
En Alemania, el debate estético sobre la música se polarizó en la alternativa entre Bach
y lo que representaba su música y el nuevo estilo galante. La música de Bach era
condenada como mero y árido acompañamiento, que solo pretende honrar a Dios y
recrear el alma. Esto no es conciliable con la nueva estética del placer, que ve en la
música el lenguaje de los sentimientos, el más apropiado para llegar al corazón.
11
Ese misterioso principio es el fenómeno de los armónicos superiores, ya puesto de relevancia por
Zarlino.
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© José A. Martínez-Pereda, 2010.
Del idealismo romántico al formalismo de Hanslick
El romanticismo desarrolla la tarea de revalorización de la música como lenguaje
autónomo de los sentimientos iniciada en la ilustración. La asemanticidad de la música
se convierte ahora en una ventaja. A causa de su incapacidad para denotar hechos de
nuestra vida cotidiana la música puede adoptar la misión reveladora de verdades
inaccesibles al hombre. La música pinta sentimientos humanos de manera sobrehumana
porque habla un lenguaje que ignoramos en nuestra vida cotidiana. El esfuerzo de los
románticos será el de encontrar un ámbito expresivo propio de la música gracias al cual
encuentre un privilegio en relación con las demás artes. La música instrumental pura
será el símbolo de este nuevo lenguaje privilegiado que permitirá el acceso a regiones
inaccesibles del ser.
Los principales filósofos de la época: Hegel, Schelling, Schlegel, Schopenhauer,
Nietzsche, etc., consideran la música como elemento esencial de su pensamiento
especulativo. Del mismo modo muchos literatos y músicos (Beethoven, Schumann,
Berilos, Liszt, Wagner) se preocupan de la música como arte. Para Schelling12, el arte es
una representación de lo universal en lo particular y la música, en cuanto pura
temporalidad, es el arte que más se despoja de lo corpóreo, representando el
movimiento puro.
Para Hegel13, la idea se manifiesta en las artes como una forma sensible, pero en la
música, la forma sensible se ve superada en el puro sentimiento. No un sentimiento
particular sino el puro sentimiento de sí mismo, gracias a la afinidad de su estructura
con la del alma. Lo más interesante de su estética musical es el estudio sobre la
temporalidad de la música. Schopenhauer14 asigna a la música un puesto central en su
filosofía. Mientras que el arte en general supone la objetivación de la voluntad, la
música representa la imagen misma de la voluntad. Por ello, la música no debe ser
descriptiva, pues hablaría en un lenguaje que no es el suyo. La música no expresa tal o
cual sentimiento sino el sentimiento en abstracto.
Otros autores tratan de encontrar una justificación estética para las nuevas formas
musicales desarrolladas en el siglo XIX: poema sinfónico, música descriptiva, música
programática y nuevas formas de teatro musical. Berlioz y Liszt los consideran nuevos
y revolucionarios instrumentos para ir más allá de las constricciones formales. La
combinación de la música con las otras artes representa una superación para alcanzar
una expresión más completa
Wagner retoma la concepción de Rousseau sobre una unión originaria de poesía y
música para llegar a su concepto de obra de arte total. El trasfondo es la idea
romántica del arte como expresión, unido al ideal de la convergencia de todas las artes
para lograr una expresividad más completa. La obra de arte total es el drama, no
identificable con la ópera tradicional. En ella, el poeta y el músico son una sola y misma
cosa. Para Wagner, la novena sinfonía de Beethoven anticipa esta idea.
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Friedrich Schelling, filósofo idealista alemán al igual que Kant.
Filósofo idealista alemán, maestro de la dialéctica y uno de los más influyentes en los filósofos
posteriores.
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Para Schopenhauer, filósofo idealista, pesimista y antihegeliano, la voluntad no es la facultad de querer
sino un término metafísico de ser o esencia que se objetiviza en los fenómenos (lo que vemos).
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En Nietzsche, filósofo muy ligado a Wagner, la música se convierte en centro de
especulación estética, es el arte por excelencia, el origen de todas las demás artes. Es
una categoría del espíritu humano, por lo que habría que hablar de espíritu musical.
Mientras Wagner lleva hasta el final el concepto de unión entre poesía y música,
Nietzsche desarrolla el principio ya presente en Schopenhauer de absoluto privilegio ya
autonomía de la música instrumental. Para él, la música es el origen, fermento de todas
las creaciones estéticas (la inspiración dionisiaca, musical, precede a la apolínea,
plastica). A pesar de su rechazo del romanticismo, la concepción de Nietzsche es
plenamente romántica.
En la segunda mitad del siglo XIX se desarrolla una reacción positivista contra la
filosofía y la estética románticas. Figura clave es Eduard Hanslick, crítico e historiador
de la música y autor de De lo bello en la música. Para Hanslick las leyes de la belleza de
cada arte son inseparables de las características de su material, por lo que materias
distintas dan estéticas del arte distintas. La técnica musical no es un medio para expresar
sentimientos, es la música misma. Cada arte es autónomo y no hay jerarquías entre
ellos. Aunque la música es pura forma, la música puede simbolizar la forma y la
dinámica de los sentimientos. La música es asemántica en el sentido de intraducible al
lenguaje ordinario pero no está vacía. Este autor es responsable de un esfuerzo de
cientifización de los estudios musicales, suscitando un nuevo género de estudios que se
han denominado Musikwissenschaff (ciencia de la música) de gran influencia sobre el
pensamiento musical contemporáneo. Uno se los problemas que apasionó a esta
generación de estudiosos fue el del origen de la música, teniendo en cuenta las teorías
evolucionistas de Darwin. También se retomaron los viejos estudios sobre la armonía
pero ahora sobre bases más científicas, así como estudios acústicos, sobre percepción y
sobre psicología auditiva o sobre el talento musical. En EEUU, Carl Seashore considera
la percepción de la música como un fenómeno analizable y medible científicamente,
estudiando la interpretación musical como desviación del modelo de la partitura. La
musicología francesa profundizó en la relevancia social del fenómeno musical. En
relación a esto también puede incluirse el pensamiento marxista o los estudios de la
polaca Zofia Lissa que analiza las estructuras de la música intentando identificar las
relaciones que la vinculan a las ideologías y a las estructuras sociales propias de cada
época histórica.
La crisis del lenguaje musical y la estética del siglo XX
La herencia del pensamiento formalista de Hanslick ha sido de gran importancia en la
cultura francesa. En ese contexto, Igor Stravinsky está interesado en el material musical,
considerando arte e inspiración como términos vagos. Acentúa el valor de la dimensión
temporal del fenómeno musical, concebido como una organización del tiempo. Es un
aspecto constructivista de la creación musical, base de su polémica antirromántica: para
Stravinsky la expresión de sentimientos no es una característica de la música.
En ese contexto, Gisèle Brelet centrará su pensamiento estético en el concepto de tempo
musical. La esencia del proceso creador es un perenne diálogo entre la materia y la
forma. Existe una autonomía en la creación y lo que la relaciona con el creador es la
correspondencia entre temporalidad de la música y temporalidad de la conciencia.
Posteriormente, Brevet sustituye la idea de forma como pura temporalidad por forma
como expresión de lo vivido. Otros estudiosos como Schloezer han afrontado la
cuestión de la peculiar estructura lingüística que presenta la música. La música es una
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especie de lenguaje con símbolos peculiares replegados sobre sí mismos, así que
comprender la música no significa descubrir un significado más allá de los sonidos.
Para Langer, la música, lenguaje artístico, emblemático por su carácter totalmente
abstracto y no representativo, es un modo simbólico de expresión de los sentimientos.
La música no es el sentimiento mismo o su copia, sino su presentación simbólica según
leyes propiamente musicales. Las investigaciones del musicólogo Leonard Meyer
dedican una atención mayor a la estructura psicológica del disfrute de la música. La
música no tiene ninguna función referencial: el significado de la música radica en la
música misma.
En Italia los estudios musicales han seguido la estética idealista de inspiración
croceana15. De sus estudios emergen dos problemas fundamentales: el de la unidad de
las artes y el del valor de la técnica. La música, en cuanto expresión lírica del
sentimiento, es idéntica a cualquier otro arte. Las artes se diferencian únicamente por la
técnica de la que se sirven, pero esa técnica queda fuera del arte. La capacidad lírica
surge independientemente de la ejecución material del arte. Máximo Mila ha
modificado el concepto croceano de expresión por el de expresión inconsciente, para
lograr comprender y justificar teóricamente la música contemporánea. Otros autores han
polemizado sobre la interpretación musical.
El musicólogo T. W. Adorno ha fundido en sus estudios diversas metodologías críticas
como el marxismo, el psicoanálisis, la sociología. Constituye su objeto de atención la
relación música-sociedad y la relación entre estructuras musicales y estructuras sociales.
El arte, guarda una relación dialéctica y problemática con la realidad social: la música
no debe reflejar el orden sino obligar a que surja a la superficie lo oculto bajo ésta. Por
otra parte, la música puede llegar a ser expresión o forma, según la función que asuma
en la sociedad. Así ve la música de Schonberg como una denuncia ante los rígidos
límites del lenguaje tradicional
Conclusiones
La estética musical en sentido estricto, como reflexión filosófica está dando hoy sus
últimos latidos. Pero según una acepción más amplia, se puede concluir que la estética
musical ha tomado nuevas direcciones, considerando la complejidad y multiplicidad de
aspectos de la experiencia musical. Los grandes temas del pensamiento musical parecen
eclipsados hoy ante el tecnicismo de investigaciones más concretas pero reaparecen con
otras formulaciones porque puede que haya muerto la estética musical, pero no la
reflexión sobre la música y sus problemas.
15 De Benedetto Croce, escritor y filósofo italiano. La estética se configura en primer lugar como actividad teórica basada en los
sentidos, en las representaciones e intuiciones que tenemos de la realidad. El objeto fundamental de la estética —que es también
la ciencia de la expresión— es el lenguaje.El arte no es por lo tanto una producción exclusivamente sensible, sino una reflexión
conceptual que si bien no es un mero hecho social (a la manera de los positivistas), posee un estatuto particular y específico: el
arte es la expresión de una intuición lírica que conmueve emotivamente al intelecto, pues vincula sentimiento y sentido.
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