1 LA IGLESIA Y LAS IGLESIAS LOCALES (II) INTRODUCCIÓN.

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LA IGLESIA Y LAS IGLESIAS LOCALES (II)
INTRODUCCIÓN.En la primera predicación de esta serie, ‘La Iglesia y las iglesias’, nos centramos en lo que es la iglesia
universal y en la manera cómo llegamos a formar parte de ella.
Estuvimos hablando sobre la confesión que hace Pedro de quién es Jesucristo. Y recordaréis que para
formar parte de la iglesia, según el texto de Mat. 16:15-19, era necesario esa convicción profunda de
que Jesús es mi salvador (el mesías, el ungido, Cristo). Confesión que no es sólo una cuestión mental,
sino que tiene su base en una iluminación del Espíritu Santo que alumbra mi corazón (lo más hondo de
mí). Y de esa manera, me da esa profunda convicción de que Jesús es el único que me salva, el Hijo
ungido de Dios que ha venido a salvarme.
Ese reconocimiento de Cristo como mi salvador es la roca sobre la que se edifica la iglesia. Como diría
Pedro después, demostrando cómo él había comprendido la frase de Jesús de que ‘tú eres Pedro y sobre
esa roca edificaré mi iglesia’: “También vosotros sois como piedras vivas, con las cuales se está
edificando una casa espiritual” (1 Ped. 2:5a) Pedro reconoce aquí a cada verdadero cristiano como una
piedra (lo mismo que el Señor le dijo a él), que es colocada para construir la casa espiritual que es la
iglesia de Dios. Esto es sobre lo que estuvimos hablando ampliamente en días pasados.
Hoy nos centraremos en saber que es una iglesia local, por qué debo integrarme en una de ellas y lo que
implica mi integración. El próximo día trataremos sobre la unidad y las diferencias en una iglesia local y
entre unas y otras iglesias.
I.- QUÉ ES UNA IGLESIA LOCAL.Pues bien esta iglesia universal, formada por todos los creyentes verdaderos de todos los tiempos, se
expresa y se ha expresado a lo largos de los tiempos en ‘la reunión, en un lugar concreto, en un tiempo
concreto, de un grupo mayor o menor de esos verdaderos cristianos para tratar los asuntos que tienen
en común’. Y a ese conjunto de cristianos reunidos en un lugar determinado se le llama Iglesia Local.
Pablo, en el inicio de muchas de sus cartas menciona que éstas van dirigidas a la iglesia que se reúne en
tal o cual sitio. También en las salutaciones al final de algunas de sus epístolas, habla de la iglesia que se
reúne en tal sitio. Veamos algunos ejemplos de esto: “Las iglesias de la provincia de Asia os mandan
saludos. Aquila y Priscila os saludan cordialmente en el Señor, como también la iglesia que se reúne en la
casa de ellos”. (1 Cor. 16:19) Manda saludos a los Corintios de las iglesias locales de la provincia de Asia.
Estas serían bastantes iglesias en diferentes lugares de Asia. Por ejemplo en Apocalipsis se escribe a
siete de estas iglesias locales que se mencionan por sus lugares donde se reunían. También envía
saludos de la iglesia local que se reúne en casa de un matrimonio amigos y colaboradores de Pablo,
Aquila y Priscila.
Otro ejemplo lo vemos en 1 Cor. 1:2: “A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los que han sido
santificados en Cristo Jesús y llamados a ser su santo pueblo, junto con todos los que en todas partes
invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y de nosotros”. Realmente de estos
ejemplos podemos ver bastantes en las cartas de Pablo, ya que se dirige a una iglesia local en particular.
Aquí la iglesia se la define como los que han sido santificados en Cristo Jesús y que forman un pueblo
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santo. Como sabéis en el N.T. a todos los verdaderos creyentes se les llama santos. Santo no tenía
entonces la connotación que para muchos tiene en la actualidad de personas que se ponen en los
altares, sino de personas que han sido santificadas (separadas) para Dios por medio del evangelio de
Jesucristo. Y eso es lo que le ocurre al más insignificante de los creyentes verdaderos.
Como hemos visto hay iglesias que se reúnen incluso en una casa (Aquila y Priscila). Una iglesia local es
la reunión de creyentes que se reúnen para tratar lo que les conciernen como hijos de Dios. Puede ser
de mayor o menor número; pueden reunirse en un edificio de uso exclusivo para la iglesia, en una casa o
en cualquier otro sitio; puede tener una organización sencilla o una más compleja, en función de sus
necesidades.
Pero ni el número, ni el edificio, ni el nivel de organización definen lo que es una iglesia. La definición
más básica de una iglesia local la vemos en Mat. 18:20 “Por que donde dos o tres se reúnen en mi
nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Lo característicos es el reunirse ‘en su nombre’, es decir en
sintonía con el Señor. Siendo así, aunque sean sólo dos o tres personas, se promete su presencia allí
para guiar y para decidir.
Por todo lo visto, debe quedarnos claro que los verdaderos cristianos, estén donde estén deben reunirse
en una iglesia local, siempre que haya un lugar con al menos dos o tres personas creyentes, que se unen
en el nombre (en sintonía) del Señor.
II.- ¿POR QUÉ DEBO PERTENCER A UNA IGLESIA LOCAL?
Si soy un hijo de Dios debo incorporarme a una iglesia local. En el plan de Dios para sus hijos, no hay tal
cosa como cristianos solitarios. Porque ser creyente implica dos cosas:
1. Que soy unido a Cristo para tener una estrecha comunión con Él.
2. Que soy unido, al mismo tiempo, a un cuerpo, a una comunidad de creyentes. Como nos lo dice
Pablo: “Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados (incorporados, unidos) en un solo
cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres… (1 Cor. 12 :13)
Si no tengo en cuenta estas dos implicaciones me acarrearé a mí mismo muchos dolores. He visto, en
algunos amigos míos ya mayores el daño producido en sus vidas por aislarse y perderse la comunión y la
relación con otros creyentes. Es en el roce de unos con otros como vamos cambiando, siendo
transformados.
Además aisladamente no podremos llevar a cabo la misión que se nos encomienda a los creyentes en
este mundo: Estamos aquí para mostrarnos como una comunidad alternativa en la sociedad que
vivimos. Lo cual implica que:
1. Estamos aquí para alcanzar y traer a toda clase de personas de la sociedad, dentro de nuestras
comunidades cristianas.
2. Y estamos aquí para mostrar otras maneras de hacer todas las cosas: empresa, trabajo,
enseñanza, arte, sexualidad, relaciones humanas, etc. El sexo, el dinero, y el poder están para
ser usados en la vida de una forma que da a los demás, no para hacerlo en maneras destructivas
o adictivas.
Tú no puedes hacer esto sólo. ¡No puedes ser una comunidad alternativa tú sólo.
El carácter mismo se va haciendo en cada uno de nosotros en esa relación de unos con otros. El
carácter es formado principalmente por la gente con quien nosotros vivimos: con quien comemos,
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jugamos, conversamos, aconsejamos, estudiamos, etc. Por lo tanto, la convivencia en nuestra
comunidad alternativa, la iglesia, nos hace lo que somos en el más profundo nivel. Todos los pasajes de
la Biblia que hablan de "uno al otro" se aplican a este aspecto de la comunidad Cristiana. Debemos dar
honor (Rom.12.10), aceptarnos (Rom. 15.7), llevar cargas (Col.3.12-13), perdonar (Efe.4.2, 32), orar y
confesar pecados uno al otro (Col. 3.16), no levantar chismes o difamar (Gál.5.15), no ser falsos (Rom.
12.9) unos con otros. Debemos compartir posesiones (Hechos 4.32) y satisfacer las necesidades los unos
de los otros (Efe.5.21).
Toda esa vivencia compartida, es la que transforma nuestro carácter a la imagen de Dios.
Es verdad que a veces puede ser difícil integrarse en una iglesia local. Desde situaciones geográficas que
harían difícil por la distancia incorporarme a la vida de una iglesia local; causas de horario laboral que
coincide con las reuniones; hasta situaciones en las que las iglesias existentes se han alejado de la
verdad fundamental del evangelio y por conciencia decido no incorporarme a ellas. Estas y otras
situaciones pueden darse, y a veces, temporalmente, pudiera quedar aislado de la comunidad cristiana a
la que he sido unido en Cristo.
Pero en ningún caso esto debe ser una coartada para un espíritu cómodo y falto de fidelidad y amor al
Señor. El verdadero creyente que no siente el compromiso, el peso, de estar incorporado en la vida de
una iglesia local se debería preocupar seriamente. Y debería afrontar los cambios necesarios en la vida
(trabajo, lugar, etc.), para poder estar integrado en una iglesia local.
III.- QUÉ IMPLICA PERTENECER A UNA IGLESIA LOCAL.Pertenezco a la iglesia local a) donde me reúno (recordar el sentido de iglesia como asamblea reunida),
b) donde sirvo a los demás ejerciendo mis dones, c) donde adoro Dios. Esto es lo que establece mi
pertenencia a una iglesia local, no cualquier otro tipo de cuestión sentimental o administrativa. Porque
esté inscrito en un registro de miembros, o porque es la iglesia donde me he criado, etc. Como cualquier
otro me crié espiritualmente en una iglesia en Córdoba, llena de amigos queridos, pero a los 5 ó 6 años
nos fuimos a Madrid y naturalmente tuve que encontrar allí otro lugar donde reunirme, otra iglesia
local. Y reconozco que por diferentes causas no nos fue fácil al principio.
Mi pertenencia a una iglesia no es porque tengo allí a mis amigos, o familiares, o porque tengo mucha
afinidad con unos u otros. Donald Carson ha escrito algo provocativo sobre esto: “La iglesia está
integrada de enemigos naturales. Lo que nos une no es la común educación, ni una común clase social, ni
un común nivel de ingreso, ni una común política, ni una común familia, ni comunes trabajos, ni
cualquier otra clase de cosa. Los cristianos se reúnen juntos en una misma iglesia local porque ellos han
sido salvados por Jesucristo. Ellos son una banda de enemigos naturales quienes se aman unos a otros
por el amor de Jesús”. D. Carson
Y desde luego esta pertenencia me da también responsabilidades hacia los demás y hacia el conjunto.
Responsabilidades económicas, de tiempo, de dedicación, de servicio, de oración por los demás, etc.,
etc.
CONCLUSIÓN.Vivir en Cristo, vivir como cristiano es vivir integrado en una iglesia local. Pero hay deseos, valores
personales, o daños emocionales recibidos con anterioridad, que pueden oponerse a que nos
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integremos de corazón en una iglesia local. Así la integración en una iglesia local, que como hemos dicho
es esencial en la vida cristiana, puede a veces hacerse difícil. Por ejemplo, deseos exagerados de
privacidad, de libertad para hacer lo que quiero; temores de que otros puedan herir mis sentimientos;
apegarme demasiado a costumbres o estilos en cosas no fundamentales; temor a relacionarnos con tal
o cual persona, etc.
¿Cómo puedo cambiar estas cosas para integrarme de corazón con mis hermanos? ¿Cómo puedo
superar ese exagerado deseo de privacidad, de libertad, de apego a mis particulares costumbres, o de
indiferencia por otros, y llegar a ser alguien responsable, que de corazón se vuelca en ayudar a los
demás? ¿Cómo puedo vencer el que tenga fácilmente mis sentimientos heridos por otros? ¿Cómo
puedo vencer el temor a relacionarme con alguien, o hacer frente de manera respetuosa pero firme, a
personas cuya conducta es claramente defensiva o hiriente?
La respuesta a cada pregunta es el evangelio de la justificación por Cristo, no la nuestra, por la cruz, no
por poder humano. Si nuestra vida de comunidad no se caracteriza por ese deseo de servir y ayudar a
los demás, entonces tengo que regresar, tengo que reflexionar sobre ello, y orar para que el evangelio
penetre en mi corazón hasta que este tenga su efecto y todos esos impedimentos sean superados.
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