aprendizaje (y docencia), ¿qué debemos saber para enseñar?

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Formació Inicial del Professorat Universitari
Carmen Vizcarro (Coord.)
APRENDIZAJE (Y DOCENCIA),
¿QUÉ DEBEMOS SABER PARA ENSEÑAR?
Carmen Vizcarro, Cristina López San Segundo, Ana I. Morales y Olga Rojo
Centro de Aprendizaje e Instrucción
Universidad Autónoma de Madrid
Las transformaciones que han llevado a la sociedad de la información han producido también
importantes cambios en la formación que las personas necesitan tanto en su fase de
estudiantes como a lo largo de la vida. El reto es ajustar la formación de los estudiantes a lo
que necesitarán para adaptarse con éxito al mundo cambiante en el que van a vivir, muy
distinto del de hace algunas décadas y posiblemente aún del actual, ya que estas
transformaciones son muy rápidas y de profundas consecuencias. De forma muy sucinta,
podríamos afirmar que esta formación, más que en los contenidos, sujetos a modificaciones
constantes, debe centrarse en la capacidad de aprender a lo largo de la vida, es decir, en
adquirir la capacidad para aprender de forma autónoma. De manera similar, actualmente
resulta muy importante en la formación de los estudiantes universitarios una utilización fluida
de las nuevas herramientas (nuevas tecnologías) que invaden todas las esferas de la vida,
incluida la profesional.
Unido a todo lo anterior, los avances en las materias relacionadas con el aprendizaje y la
instrucción nos permiten conocer mejor cómo se aprende y, por lo tanto, ofrecen sugerencias
interesantes sobre cómo debe un profesor plantearse la docencia. Podríamos concluir, pues,
que cuando los resultados que se persiguen son diferentes, también lo son los métodos que se
van a utilizar para alcanzarlos. Por ello, resulta ineludible cuestionar seriamente los métodos
más tradicionales para discernir qué pueden seguir aportando en este nuevo escenario y en
qué aspectos pueden resultar excesivamente limitados y deben, por lo tanto, complementarse
con otros.
En este capítulo nos plantearemos, pues, algunas características del aprendizaje que reciben
en la actualidad una mayor valoración social y, desprendiéndose de este objetivo,
comentaremos algunas cuestiones a tener en cuenta al organizar la enseñanza y, finalmente,
las implicaciones que todo ello tiene para la evaluación de los aprendizajes. Todos ellos,
aspectos generales relevantes para planificar las actividades de enseñanza y evaluación
dejando al margen, claro está, las importantes cuestiones relacionadas con el contenido que se
ha de enseñar.
1. Demandas actuales para la formación
A diferencia de momentos pasados, la demanda social actual valora ciertas características del
aprendizaje, tales como la capacidad para aprender de forma independiente y a lo largo de la
vida, dando respuesta a las necesidades de formación que el individuo vaya detectando.
Aprender, por otra parte, no consiste simplemente en ser capaz de repetir o recitar ciertos
contenidos, sino más bien, en aplicar los conocimientos de forma apropiada cuando el
contexto lo demande para resolver eficazmente problemas de distinta naturaleza que se
plantean (no sólo aplicados, sino también científicos) o realizar juicios críticos y decisiones
bien fundamentados. Igualmente, y dada la complejidad de los problemas que es necesario
resolver y de los avances que se producen en todas las disciplinas, es con frecuencia
ineludible trabajar en equipo, desde una perspectiva multidisciplinar. Por otra parte, la gran
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cantidad de información actualmente disponible exige, para su utilización eficiente, saber no
sólo buscarla, sino seleccionarla, comprenderla y enjuiciarla adecuadamente. En definitiva,
pues, han cambiado los criterios de lo que consideramos un buen aprendizaje, así como los
métodos de trabajo a los que recurre un profesional bien informado.
Conviene también considerar la dificultad de conocer cuales serán las necesidades de los
estudiantes cuando se incorporen al mundo profesional, ya que no es fácil anticipar con
exactitud los cambios futuros salvo el hecho de que, muy probablemente, se producirán. En
estas condiciones, por lo tanto, la mejor apuesta es enseñarles a que aprendan de forma
autónoma y facilitarles el desarrollo de competencias básicas y generales, sin perder de vista
que, muy posiblemente, éstas pueden también ir cambiando según se transforme la demanda
profesional en el futuro.
Aunque probablemente lo anterior podría ser aceptado de manera casi general, conviene tener
presente, sin embargo, que muchos de los conocimientos y competencias arriba señalados se
refieren a un cierto dominio (derecho, biología o literatura, por poner algunos ejemplos) y
que, por lo tanto, el desarrollo de éstos tiene que plantearse conjuntamente con la adquisición
de conocimientos básicos en materias específicas (Glaser, 1990). Naturalmente, el papel del
profesor universitario en este desarrollo resulta crucial.
Podríamos concluir este apartado considerando algunos de los retos que se plantean desde la
perspectiva arriba esbozada: si no conocemos con exactitud cuáles son las demandas a las que
se enfrentarán nuestros estudiantes en el futuro ¿cómo podemos ayudarles a prepararse para
esto? Una respuesta aceptable podría ser que si son capaces de identificar sus lagunas de
conocimiento y aprender de forma autónoma, ellos mismos serán capaces de adaptarse al
entorno. Pero esta respuesta nos lleva a otra pregunta: ¿Cómo se enseña a aprender? Aunque
probablemente no disponemos de una respuesta a esta pregunta, una posible aproximación
podría ser: ofreciéndoles oportunidades para identificar objetivos de aprendizaje y para
aprender de forma independiente. Es decir, acercando las condiciones de su aprendizaje actual
a aquellas en las que tendrán que aprender en el futuro.
Podríamos concluir esta reflexión con otra pregunta: en la situación actual ¿podemos decir
que nuestro trabajo con los estudiantes les capacita para esta formación abierta y continua? Y
si no es así ¿cómo podemos intentarlo?
La capacidad para adquirir conocimientos complejos que resulten aplicables tiene que ver con
el contraste entre el aprendizaje formal y natural. Esta formación de la que venimos hablando
es muy similar, en definitiva, a un aprendizaje natural. Pero el aprendizaje académico, por
definición, es un aprendizaje formal. Sobre las implicaciones de estas cuestiones y sus
posibles contradicciones y vías de solución trataremos en el próximo apartado.
2. Aprendizaje Natural vs Académico
El aprendizaje se refiere a diferentes contenidos (matemáticas, física o historia) dentro del
ámbito académico, pero también fuera de él (cómo aprender a esquiar, a cocinar o a restaurar
un mueble...), cada uno de estos contenidos implica conocimientos de diverso tipo. No
podemos considerar que el aprendizaje de una teoría se produzca de igual modo al que se
produce cuando alguien aprende a jugar al tenis. La manera de aprender en estas dos
situaciones es totalmente diferente, a la primera se la puede clasificar como aprendizaje
académico, y a la segunda como aprendizaje natural.
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El aprendizaje académico se refiere a la educación conscientemente aprendida,
cuidadosamente planificada por instituciones establecidas. Es un proceso educativo
planificado y formalizado, y por lo tanto, cuenta con objetivos explícitos y fijados con
anterioridad y de manera ajena al aprendiz. El natural, por el contrario, está más relacionado
con la educación social, aprendida en grupos, por tradición u organizaciones con base en la
comunidad a la que pertenece el individuo (Figueroa, 2000).
Un aspecto que diferencia a estos dos tipos de aprendizaje es su intencionalidad: el
aprendizaje académico se caracteriza por su organización y sistematización, se realiza de una
forma metódica, mientras que el aprendizaje informal es asistemático. El aprendizaje
académico es intencionado, mientras que en el natural no siempre lo es. A pesar de eso en
muchos casos no es correcto negarle intencionalidad educativa, por ejemplo, a la literatura, a
ciertas relaciones de amistad, etc. (Trilla 1998).
Por otra parte, el aprendizaje académico es más abstracto y formal que el natural, y no
responde sólo a las invitaciones o exigencias del entorno, sino que engloba toda la tradición
histórica de una disciplina. Algunas características tradicionales del aprendizaje académico
son las siguientes (Trilla 1998):
♦
♦
♦
♦
♦
La enseñanza y el aprendizaje son presenciales
Se lleva a cabo en un espacio concreto (en nuestro caso, la universidad)
Existe un tiempo prefijado de actuación y es más acelerado en el tiempo
Existen dos roles muy diferenciados (profesor/estudiante)
La selección y ordenación de contenidos están prefijadas (planes de estudio, programa de
la asignatura, etc.)
♦ El aprendizaje está descontextualizado (los contenidos se enseñan fuera del ámbito donde
se aplicarán)
♦ Pertenece al Sistema Educativo Reglado
Finalmente, este conocimiento busca la generalidad y la validez universal, por lo que trata de
ser lo más independiente posible del contexto (Delval, 2000).
En contraste, el aprendizaje natural es, según Coombs (1975) "el proceso a lo largo de la vida
por el que cada persona adquiere y acumula conocimientos, habilidades, actitudes y criterios a
través de las experiencias cotidianas y de su relación con el medio". Además (Trilla, 1998)
acontece de manera indiferenciada y subordinada a otros procesos sociales, carece de
contorno nítido, tiene lugar de manera difusa y se lleva a cabo sin fracaso.
Después de todo lo comentado sobre estos aprendizajes podríamos resumir diciendo que es
importante respetar en la medida de lo posible los procesos naturales de aprendizaje con
objeto de conservar aquellas características que lo hacen valioso. Sin embargo, cuando la
enseñanza se produce en un entorno académico, debemos también respetar algunas
características del aprendizaje formal, como el hecho de que es más abstracto y general. El
reto sería, pues, acercar el aprendizaje académico al natural, respetando los procesos naturales
del aprendizaje sin renunciar al aprendizaje formal, creando las condiciones que lo faciliten.
Entender las características comunes y diferenciales de ambos nos ayuda a plantear un
aprendizaje académico que sea exitoso. En efecto el aprendizaje natural, a diferencia del
académico, suele ser una experiencia de éxito: la gente no fracasa en sus intentos de aprender
a montar en bicicleta o un oficio en las sociedades tradicionales. Por el contrario, el fracaso es
demasiado frecuente y una carga excesivamente costosa tanto en términos personales como
sociales en el contexto académico. Por otra parte, el aprendizaje natural está fuertemente
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contextualizado, por lo que se aplica sin ninguna dificultad, mientras que el aprendizaje
académico puede ser excesivamente verbal y adolece con frecuencia de dificultades para su
aplicación. Por estas razones, se han realizado esfuerzos en los últimos años para acercar estas
dos formas de aprendizaje o, al menos, para minimizar la distancia que tradicionalmente les
ha separado. Veremos, pues, a continuación, cómo se caracterizan estas dos formas de
aprendizaje y cómo pueden aproximarse.
Al igual que ocurre en el aprendizaje natural, es interesante (y necesario) ubicar el aprendizaje
académico en el contexto en el que se utiliza habitualmente y aplicarlo en problemas y
situaciones de la vida cotidiana o profesional, tanto porque con ello se facilita su aplicación
como por la validez que ello le confiere a los ojos de los estudiantes.
Una buena alternativa para buscar este equilibrio entre aprendizaje académico y natural son
los entornos flexibles y abiertos, donde el estudiante tiene un papel activo en la identificación
de sus objetivos de aprendizaje, así como, siempre que sea posible, partir de problemas
significativos para los estudiantes, con objeto de mostrar la utilidad y aplicabilidad del
conocimiento científico. Naturalmente, la solución final que se dé a esta búsqueda de
equilibrio dependerá también de otros factores como la materia que se enseñe, o las
características de los estudiantes.
Algunas condiciones básicas para facilitar un aprendizaje formal profundo son, en primer
lugar, que el aprendiz debe poder aplicar su conocimiento interactuando con un entorno
significativo, así como contrastar su forma de entender la realidad con otros (el profesor, sus
compañeros) para llegar a un conocimiento consensuado.
Una manera de lograr que el estudiante se implique es trabajando de forma cooperativa, ya
que por un lado es fundamental la relación e interacción del profesor con sus estudiantes
(papel del profesor como un guía del proceso de aprendizaje), y por el otro del propio alumno
con sus compañeros. De este modo elaborarán sus razonamientos y argumentos, escucharán
otros puntos de vista, enriquecerán o modificarán, en suma, sus conocimientos. Otros aspectos
interesantes del trabajo cooperativo son, por una parte, el apoyo social que se deriva de estas
condiciones, lo que estimula la motivación y la persistencia en el trabajo. Finalmente, al
trabajar en grupo el estudiante adquiere también una valiosa habilidad general: la capacidad
para trabajar con otros, un aspecto probablemente necesario para el desempeño de la futura
actividad profesional. Igualmente, es muy importante que los estudiantes participen en las
metas y objetivos del aprendizaje. Volveremos sobre esta cuestión al tratar del aprendizaje
autónomo (ver epígrafe de Aprendizaje auto-dirigido).
Para organizar de una forma adecuada la enseñanza, basándola en las características del
aprendizaje de los alumnos y que éste sea lo más eficaz posible, es también muy importante
considerar que, al hablar de conocimiento (o aprendizaje) deberíamos en realidad estar
hablando de aprendizajes, ya que estamos aludiendo a formas de conocimiento diferentes y
que se adquieren también de formas distintas. Esta consideración, por cierto, resulta
igualmente interesante a la hora de planificar la evaluación de los conocimientos, ya que estas
diversas facetas deben estar bien representadas.
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3.
Tipos de Conocimiento y su Adquisición
Considerar que el conocimiento tiene facetas diferentes facilita la organización y planificación
de la enseñanza, así como la selección de la metodología adecuada que nos ayude a alcanzar
los objetivos de aprendizaje propuestos.
Se pueden encontrar diferentes perspectivas o clasificaciones respecto a qué tipos de
conocimiento existen y a cómo se adquieren. Por ejemplo, Farnham-Diggory (1992) distingue
los siguientes: declarativo, procedimental, conceptual, analógico y lógico.
Esta autora distingue estas categorías argumentando que surgen de la revisión de la
psicología experimental del aprendizaje, que su desarrollo se produce de diferentes maneras
y que requieren diferentes tipos de diseño instruccional.
El conocimiento declarativo es el que describe la realidad, y se puede decir o declarar. Su
valor social es importante pero no es el conocimiento fundamental porque la información
puede ser declarada por alguien que no entienda realmente lo que significan las palabras. El
término declarativo no se refiere al significado, sino al hecho de que la información puede ser
transmitida simbólicamente, normalmente en forma oral o escrita, pero también como
anotaciones matemáticas, gestos o cualquier otro símbolo.
Este tipo de conocimiento se adquiere leyendo, escuchando y conversando, es decir,
mediante cualquier forma de intercambio verbal. Puede ser transmitido y adquirido además
de mediante el lenguaje natural, a través del lenguaje matemático, de signos o Braille. Como
es obvio, éste es también el método más tradicional de enseñanza, la clase magistral y a la
hora de esta discusión, conviene considerar las limitaciones que puede presentar,
especialmente, si una disciplina particular contiene un peso importante de otras modalidades
de conocimiento.
El conocimiento procedimental se refiere a una secuencia de acciones que podemos
mostrar. Es un conocimiento automático e inconsciente (resultado de mucha práctica) que
puede manifestarse en la acción y que también se podría declarar si éste se hace consciente,
como cuando se describe una acción (por ejemplo, puedo describirle a alguien cómo utilizar
un programa informático).
Un modelo que explica la adquisición de este conocimiento es la Teoría ACT de Anderson
(1983). Según este autor, el “saber hacer” o conocimiento procedimental sigue ciertas fases
hasta llegar a la automatización:
1. Fase declarativa: Deben darse unas instrucciones al aprendiz aunque esta descripción
de la acción no garantiza la realización del procedimiento (p. ej., el instructor describe
cómo se pone un coche en marcha)
2. Fase de compilación: distintas partes de una acción se reúnen formando un todo (p. ej.
se combinan los procedimientos de cambio de marcha, frenado, etc.)
3. Fase de ajuste: El aprendiz no es consciente del conocimiento y actúa de manera
automática.
El conocimiento conceptual tiene que ver con los conceptos, que pueden considerarse
herramientas que nos permiten reducir la complejidad del entorno, así como, identificar los
"objetos" que hay en el mundo, reducir la necesidad de un aprendizaje constante,
proporcionar una dirección a la actividad instrumental y facilitar, ordenar y relacionar clases
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de hechos. Algunos ejemplos de conceptos podrían ser el feudalismo, la aceleración o el PIB.
El conocimiento conceptual puede ser de dos tipos: categórico y esquemático.
1. El conocimiento categórico se refiere al conocimiento de una categoría. Por ejemplo,
el conocimiento de los coches en general: se podría listar las características de los
coches y diferenciarlas de las de bicicletas y motos.
2. El conocimiento esquemático se refiere a la adquisición de un guión general sobre una
acción (p. ej. el conocimiento sobre la conducción de un coche).
Categorías, esquemas espaciales y guiones son formas del conocimiento conceptual, que se
adquiere inductivamente (a través de la experiencia). Se proponen distintos modelos
explicativos de adquisición de los conceptos como el de los prototipos de Stephen Reed
(1972) y el de las categorías naturales de Eleanor Rosch (1977). Según este modelo el mundo
que percibimos los seres humanos está estructurado, es decir, tiene atributos y rasgos
dependientes entre sí. El conocimiento está organizado jerárquicamente en una doble
estructura: “En primer lugar, tienen una estructura vertical, según la cual todo concepto está
incluido en una jerarquía de niveles de abstracción que comprende tres niveles:
supraordinado (por ejemplo, mueble), básico (por ejemplo, silla) y subordinado (por ejemplo,
silla plegable). Pero como además, los conceptos tienen una estructura horizontal, por lo que,
dentro de un mismo nivel jerárquico habría ejemplos más o menos prototípicos”. (ver Pozo,
1994)
El aprendizaje de esquemas ha sido descrito por Rumelhart (1981, 1984). “La teoría de los
esquemas se ocupa de un modo general de cómo se representa el conocimiento y de cómo se
usa el conocimiento almacenado. La unidad básica del procesamiento serían los esquemas
consistentes en paquetes de información sobre conceptos genéricos. A diferencia de otros
tipos de representación los esquemas son unidades molares relativamente complejas. En este
sentido, un esquema es un concepto de un objeto, persona o situación cuyos rasgos
constituyentes se corresponden con los atributos del concepto” (ver Pozo, 1994).
El conocimiento analógico establece una correspondencia entre las características que tengo
sobre algo en mi mente y lo que hay en el mundo. Es la imagen que cada uno tiene de un
objeto o persona, por lo que es única y responde a las características físicas de ese objeto o
persona. Por ejemplo, la imagen de mi madre es personal y única, y responde a las
características físicas de la misma. Este conocimiento, estrictamente hablando, no se aprende,
se adquiere instantánea y automáticamente a través de los sentidos.
El conocimiento lógico se refiere a las teorías que nos sirven para explicar determinados
procesos. Por ejemplo, mi conocimiento del proceso de la combustión interna en un coche es
un conocimiento lógico (la gasolina se inflama, produce calor que comprime el cilindro, éste
sube y baja, etc. y finalmente, el coche se mueve). No todo el mundo explicaría de la misma
manera este proceso, sobre todo ingenieros o las personas que trabajan diariamente en un
taller. Este tipo de conocimiento tiene una estructura lógica y se caracteriza por un
sentimiento de necesidad y nos lleva a explicar el mundo que nos rodea.
El conocimiento lógico es diferente del declarativo porque este último se refiere a la
descripción de un hecho, y el conocimiento lógico persigue el razonamiento personal de ese
hecho. El conocimiento lógico difiere del procedimental porque se le puede definir como un
ejercicio de razonamiento y no como una habilidad automática. También difiere del
conceptual porque a este último subyace un razonamiento automático.
Además de la clasificación propuesta por Farnham-Diggory, algunos autores añaden a esta
clasificación el conocimiento condicional o estratégico (por ejemplo, Paris, Lipson, y
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Wixson, 1983). Este conocimiento se refiere a cuándo, por qué, y para qué se van a realizar
por ejemplo, ciertas actividades de aprendizaje o desarrollo del conocimiento. Una parte muy
importante de este conocimiento corresponde al metaconocimiento o conocimientos que un
individuo posee sobre sus propios procesos cognitivos y sus efectos. Generalmente se acepta
que incluye dos tipos de conocimiento: conocimientos sobre los procesos cognitivos (los
propios y los ajenos), y regulación de los procesos cognitivos como:
a. planificar actividades (¿cuál es la forma más eficaz de hacer esta tarea?)
b. monitorizar las actividades durante el aprendizaje (¿estoy haciendo bien lo que me he
propuesto? o ¿estoy realizando correctamente lo que he planificado?)
c. evaluar los resultados obtenidos partiendo de los objetivos y, en su caso, volver al
planteamiento inicial.
Estos diferentes tipos de conocimiento exigen situaciones diferentes de aprendizaje, o dicho
en sentido inverso, el estudiante tiene oportunidad de aprenderlos o no dependiendo de la
situación en la que se encuentre. Por consiguiente, los entornos de aprendizaje a los que se
puede enfrentar un estudiante determinan, en gran medida, cómo y qué va a aprender, para lo
que resulta interesante aproximar el aprendizaje formal al natural.
4. Algunas Características de los Entornos de Aprendizaje
Como hemos mencionado anteriormente, existe actualmente una fuerte tendencia a enfatizar,
a la hora de establecer los objetivos de aprendizaje, el aprendizaje autónomo. Una de las
maneras para alcanzar este objetivo es enfrentar a los estudiantes con situaciones nuevas y
variadas que deberán resolver de manera autónoma. Esto no significa que los estudiantes se
encuentren solos ante esta tarea, sino que, por el contrario, deben contar con el sólido apoyo y
guía del profesor. A este último, corresponderá, en definitiva, la creación del entorno que
facilite un aprendizaje eficaz, a través de la creación de las oportunas situaciones que
estimulen y demanden el aprendizaje. Algunas consideraciones pueden ayudar en la creación
de estos entornos de aprendizaje.
Como principio general, las condiciones en las que se produce el aprendizaje deben acercarse
a aquellas en las que se aprende de manera natural, así como, a partir de la experiencia de los
estudiantes y de su conocimiento previo. De esta manera, los estudiantes tienen la
oportunidad de aprender de las situaciones nuevas que se les plantean y, también, de aplicar
sus conocimientos. Más específicamente, es interesante recoger los aspectos a los que nos
referiremos a continuación.
4.1 Aprendizaje auto-dirigido
El aprendizaje auto-dirigido es fundamental a la hora de capacitar a los estudiantes para hacer
frente a la incertidumbre del futuro, así como garantizar un aprendizaje de calidad. Si bien,
muchos de los desarrollos en el ámbito del aprendizaje auto-dirigido proceden del análisis de
las características del aprendizaje adulto, actualmente se tiende a considerar estos principios
con aprendices de prácticamente cualquier edad, y mucho más, por lo tanto, con estudiantes
universitarios cuya edad cronológica coincide con la edad adulta.
Knowles (1980) propone las siguientes condiciones del aprendizaje:
§
El aprendiz necesita conocer y participar en el proceso de planificación de su propio
aprendizaje. Aún en aquellos casos en que los contenidos están previamente definidos,
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el estudiante debe compartir el control de las estrategias de aprendizaje para hacerlo
más efectivo.
§
El aprendizaje auto-dirigido facilita un aprendizaje más eficaz. Es aconsejable, por
ello, que el alumno tenga cierto control sobre los procesos y las estrategias de
enseñanza en los que está involucrado y a la vez cierta autonomía personal para
controlar sus metas y sus objetivos de aprendizaje.
§
La experiencia previa del aprendiz influye en el aprendizaje de diversas formas, por
ejemplo: introduciendo las diferencias individuales, dotando de recursos para el
aprendizaje o de bases para la auto-identidad y, por último, creando las condiciones
que pueden inhibir o facilitar el aprendizaje posterior. Recientemente se destaca la
importancia de la experiencia previa como factor que posibilita o limita el aprendizaje.
§
La disponibilidad para aprender aparece cuando el aprendiz en ciertas situaciones
siente la necesidad por conocer. De aquí se desprende que en la medida que pueda
comprender y anticipar sus condiciones y tenga disposición para aprender, el
aprendizaje será más efectivo. Es importante distinguir dos aspectos en las situaciones
de aprendizaje: la primera es la dirección, que hace referencia a la necesidad del apoyo
externo, y la segunda de ellas es el apoyo, relacionado con aspectos afectivos tales
como la confianza y el compromiso.
§
La orientación para el aprendizaje implica que el alumno aprende más cuando la
información nueva se presenta en un contexto real. Esto es así porque el aprendiz está
más orientado hacia la solución de problemas en el proceso de aprendizaje que hacia
los contenidos específicos (o, podríamos matizar hacia estos dos factores de forma
conjunta).
§
La motivación por aprender es mayor cuando les ayuda a solucionar problemas o
cuando obtienen resultados, especialmente si se trata de beneficios internos (como por
ejemplo, sentirse competente en una tarea).
Las aportaciones de estos autores permiten distinguir el aprendizaje adulto del aprendizaje del
niño, diferenciando tres factores principales: el contexto, el aprendiz y los procesos de
aprendizaje.
Respecto al contexto, el adulto asume la responsabilidad sobre su propia vida y asume roles
sociales, como trabajador, pareja o ciudadano. El adulto añade a su papel de aprendiz otras
ocupaciones a tiempo completo. Por todo ello, el aprendizaje se caracteriza por su utilidad
para las aplicaciones inmediatas debido a las ocupaciones y las responsabilidades inherentes
al adulto. A éstas se añaden las relacionadas con los aspectos sociales y éticos. El aprendizaje
adulto es una actividad voluntaria y varía en función de las circunstancias de cada persona.
Dentro de las características del aprendiz, se dan diferencias en la naturaleza de la
experiencia de cada persona, en los aspectos del desarrollo y en la motivación a participar en
las actividades de aprendizaje. La experiencia es relevante para el aprendizaje en diferentes
sentidos: constituye un importante recurso para el aprendizaje y la necesidad de darle sentido
a las propias experiencias es un motivo para implicarse en el aprendizaje, si bien las
experiencias pasadas pueden ser también un obstáculo para el aprendizaje.
En cuanto a los procesos de aprendizaje, existen diferencias entre el niño y el adulto pero
éstas son menores desde el punto de vista de los procesos, y en ambos casos muestran
numerosas similitudes. Los procesos cognitivos relacionados con la edad, la inteligencia, la
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memoria, los estilos de aprendizaje o el desarrollo cognitivo constituyen factores que nos
ayudan a explicar tanto el aprendizaje infantil como el aprendizaje adulto.
Las contribuciones teóricas que se han planteado sobre el aprendizaje auto-dirigido son muy
variadas, aunque podemos considerar que los distintos planteamientos se han centrado en una
de estas tres áreas: la auto-dirección, la participación y el aprendizaje adulto. No hay, sin
embargo, una única teoría sobre el aprendizaje auto-dirigido (Merrian y Caffarella,
1991,1999) y los distintos enfoques podrían agruparse en teorías basadas en las características
del aprendiz, teorías basadas en situaciones de la vida del aprendiz o en los cambios en la
conciencia del aprendiz.
Por ejemplo, las teorías basadas en situaciones de la vida del aprendiz, se centran
en el papel de la experiencia, los roles y las responsabilidades del aprendiz. McClusky
(1970) plantea que la edad adulta es un período de cambios y de desarrollo, donde se
busca el balance entre la energía que se necesita y la que está disponible. Explica la
dinámica del aprendiz en términos de costes y recursos, difícilmente cambiables,
donde la situación de aprendizaje requiere acomodarse a los recursos disponibles.
La teoría de la competencia de Knox (1980) se centra en la situación de vida del aprendiz. La
competencia es la capacidad para actuar satisfactoriamente si se da la oportunidad, tanto en
relación con actitudes, como de conocimientos y habilidades. Una idea central en esta visión,
es la discrepancia que se produce entre la competencia actual y el nivel deseable, lo que ayuda
a explicar la motivación adulta, los roles de la vida y en las actividades de aprendizaje.
El modelo de Jarvis (1987) sobre los procesos de aprendizaje del aprendiz se ha centrado en la
discrepancia que se produce entre lo que una persona es en un momento determinado, y la
experiencia (un incidente para el que la persona no está preparada). Ante esta situación el
estudiante puede tomar varias rutas de aprendizaje (suposición, desconsideración, rechazo,
preconsciencia, práctica, memorización, contemplación, reflexión práctica y aprendizaje
experiencial) y establece una jerarquía entre las que sólo el proceso reflexivo, que se produce
en los tres últimos niveles, consigue resultados positivos para el aprendizaje.
Las teorías basadas en los cambios en la conciencia reflexionan sobre las
características del ambiente y de la propia experiencia. La teoría más desarrollada es la
perspectiva de la transformación de Mezirow (1981, 1990), quien define tres áreas de
interés cognitivo, la técnica o instrumental que está relacionado con la tarea; la
práctica o de diálogo, que implica la interacción social; y finalmente la emancipadora,
caracterizada por el interés en el auto-conocimiento y la auto-reflexión. De este modo,
el aprendizaje no es simplemente añadir información a lo que ya se sabe, sino que transforma
el conocimiento existente en una nueva perspectiva que emancipa al aprendiz. Otra
interesante propuesta de este autor señala que el estudiante y el profesor cooperan en un
diálogo que busca humanizar y liberar. El aprendizaje es un cambio en las relaciones entre el
profesor y el alumno, que investigan sobre la realidad común y la situación socio-cultural en
la que viven a través del diálogo.
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4.2 Procesos de comunicación y aprendizaje cooperativo
Existen dos clases de interacciones sociales relevantes, en primer lugar la interacción
aprendiz-profesor.
Dado que el aprendizaje académico implica el acceso a una construcción social del
conocimiento (que está representando una disciplina), resulta fundamental en este proceso de
adquisición por un lado, la forma que tienen los estudiantes de entender los conceptos y
procedimientos de una determinada disciplina, y por el otro el conocimiento consensuado y
aceptado dentro de dicha disciplina. En la situación de aprendizaje, el profesor es el que
representa dicho "conocimiento aceptado", por lo que una interacción fluida y dinámica, entre
maestro y aprendiz, resulta de fundamental importancia para que el segundo tenga la
oportunidad de elaborar, refinar o modificar su forma de entender una disciplina. Es
fundamental crear un entorno que haga posible que los estudiantes aprendan las descripciones
del mundo a las que ha llegado una disciplina determinada. Para ello, el aprendizaje debe
situarse en el dominio correspondiente, y referirse tanto a la experiencia directa del mundo
como a la reflexión sobre esta experiencia. Para una descripción y un análisis en profundidad
de esta cuestión ver Laurillard,1993. Igualmente la observación del desempeño en una tarea
nos permitirá evaluar el conocimiento previo de los estudiantes, diagnosticar el estado de su
conocimiento y proporcionales retroalimentación adecuada.
En segundo lugar, la interacción de los estudiantes con sus compañeros (el trabajo en equipo)
en tareas cooperativas o colaborativas, estimulan el aprendizaje y el cambio conceptual, les
ayudará a elaborar y perfeccionar su conocimiento a la vez que fortalecen la motivación y el
apoyo emocional (Koschmann, 1996).
4.3 Métodos de Enseñanza
Los métodos de enseñanza son procedimientos que tienen como finalidad facilitar el
aprendizaje. Estos métodos pretenden incorporar de un modo sistemático y organizado lo que
sabemos sobre los procesos de aprendizaje y de lo que ocurre en situaciones de enseñanza
(Aparicio, 1992). Van dirigidas a crear las condiciones más adecuadas para el aprendizaje de
los estudiantes y, reflejan, por lo tanto, distintas concepciones del mismo. Un principio a tener
en cuenta en la adopción de un determinado método de enseñanza es que cada uno de ellos se
ajustan mejor a unas disciplinas que a otras e incluso a diferentes facetas de una misma
disciplina, así como a las preferencias de los estudiantes.
Se pueden distinguir dos grandes grupos de métodos de aprendizaje: los procedimientos o
métodos que fomentan un aprendizaje activo y los más tradicionales, basados en la
transmisión oral que desarrollan un aprendizaje reproductivo.
Los métodos más activos e innovadores tienen como punto de partida una consideración de
los procesos de aprendizaje en base a los cuales se planifica la enseñanza. En contraposición,
los métodos más tradicionales, especialmente cuando se utilizan de forma exclusiva,
consideran la enseñanza como mera transmisión por vía oral o escrita de información o
conocimiento. La Tabla 1 intenta reflejar estas concepciones contrapuestas del aprendizaje,
en las que se basan estos dos grandes grupos de métodos. En ella, la información está
simplificada y este contraste se ofrece únicamente para facilitar la comprensión, ya que
generalmente resulta difícil encontrar una metodología docente tan radicalmente
“tradicional”.
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Tabla 1: Concepciones tradicional y constructiva del aprendizaje (Basado en Vizcarro,
1998).
Concepción tradicional
Concepción constructiva, innovadora
Asociativa
Cognitiva: construcción de significados
Aprendizaje abstracto, verbal
Capacidad de resolución de problemas realistas
Pasiva “rellenar un depósito”
Activa: Interacción con el entorno, con materiales, con
otros, ...
Tiene lugar
“En la cabeza”
Cambio conceptual posible gracias a la interacción con
el contexto mediante:
• Aplicación de conceptos
• Confrontación social
Naturaleza del
aprendizaje
General (se espera que la
generalización se producirá
espontáneamente)
Situado (estimulado por demandas del contexto)
Papel del profesor
Transmitir conocimiento
Facilitar la construcción del conocimiento por parte del
alumno:
• Proponiendo experiencias de aprendizaje
• Actuando como modelo
• Guiando la reflexión sobre experiencias de
aprendizaje
Actividades de
aprendizaje
Comunicación unidireccional, oral o
escrita: lecciones magistrales,
lecturas.
Actividades diversas que cubren las diferentes
actividades típicas de un dominio.
Concepción del
aprendizaje
Deben trabajarse los contextos de generalización
(variedad de contextos y actividades)
(Métodos)
Diálogo y trabajo conjunto con compañeros
Práctica y repetición
Diálogo individualizado sobre experiencias de
aprendizaje con profesor
Los métodos innovadores tienden a aplicar los principios de que el estudiante sea capaz de
aprender de una manera autónoma, de decidir sus objetivos de aprendizaje o de aplicar los
conocimientos y competencias adquiridas, así como, de contrastarlos con sus compañeros y
profesor. Se espera, con ello, mejorar los procesos de aprendizaje y la calidad del aprendizaje
resultante.
A modo de ejemplo incluimos una breve descripción de dos métodos innovadores, como son
el Aprendizaje Basado en Problemas y el Aprendizaje Basado en Proyectos.
El Aprendizaje Basado en Problemas (ABP) es un método de aprendizaje en el que pequeños
grupos de estudiantes discuten y tratan de comprender la teoría o explicación que subyace a
un problema práctico planteado por el profesor. El ABP estimula ciertas habilidades
cognitivas como el aprendizaje auto-dirigido, la búsqueda y la comprensión de información
nueva, la autonomía en la identificación de objetivos de aprendizaje, o la elaboración de
nuevos conocimientos mediante la discusión en el grupo. Este método se complementa, en las
aplicaciones más habituales, con clases magistrales, tutorías y entrenamiento en habilidades y
actitudes específicas (Albanese y Mitchell, 1993). Este método se utiliza más frecuentemente
en Medicina y Ciencias de la Salud, aunque no exclusivamente, ya que el trabajo profesional
en estas disciplinas responde a la misma estructura que plantea.
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Carmen Vizcarro (Coord.)
El Aprendizaje Basado en Proyectos se basa en la realización por parte de los alumnos de
un proyecto complejo, realista y con significado social. El proyecto se ubica en situaciones
realistas, p.e.: realizar experimentos, tomar datos, simular o diseñar elementos reales (en
arquitectura o en ingeniería, por ejemplo) o aportar soluciones a un problema. Los proyectos
resultan motivadores ya que responden a las necesidades e intereses de los estudiantes, y
estimulan su autonomía, iniciativa, creatividad y aplicación del conocimiento (Goodrich et
al.,1994). Se utiliza en ingenierías y otras disciplinas en las que los proyectos resultan una
forma natural de proceder.
El principio que preside la selección de estos métodos es, que la naturaleza de las tareas que
exige cada uno de ellos facilita ciertos tipos de aprendizaje y, por lo tanto, deberán utilizarse
flexiblemente para conseguir resultados específicos. En conclusión, podríamos decir que
todos ellos pueden hacer aportaciones de interés al aprendizaje académico aunque
probablemente, no cuando se utilizan de forma exclusiva. Por ejemplo, la lección magistral
puede ser un magnífico vehículo de reflexión y de diálogo, aunque si se utiliza aisladamente,
puede anticiparse que no estimulará un aprendizaje de calidad, sino, probablemente, sólo
verbal.
4.4 Entornos Abiertos vs. Cerrados
En un entorno abierto, el estudiante toma decisiones sobre su propio aprendizaje, mientras
que en un entorno cerrado los diferentes aspectos que definen el aprendizaje vienen ya dados
por el profesor, el Departamento, etc. Ahora bien, estas decisiones afectan a aspectos del
aprendizaje tales como: si se realizará o no el aprendizaje, qué aprender (selección de
contenidos), cómo aprender (métodos), dónde aprender, cuándo aprender (comienzo, fin,
ritmo), a quién recurrir para solicitar ayuda (tutor, amigos, compañeros, profesores, etc.),
cómo será la valoración del aprendizaje y aprendizajes posteriores (Lewis y Spencer, 1986).
Lo que entendemos como aprendizaje abierto constituye la forma natural en la que gran parte
del aprendizaje ha ocurrido a lo largo de los tiempos (Race 1994). Es como decir que el
aprendizaje es algo que hacemos por nosotros mismos, incluso cuando aprendemos de los
otros. Planificar el aprendizaje abierto es diseñarlo para hacer el mejor uso de nuestra forma
natural de aprender las cosas (Salinas, 1995).
Proporcionar experiencias de aprendizaje abierto permite al estudiante (Race, 1994):
•
Acomodarse directamente a las formas en que se aprende de manera natural.
•
Proporcionar opciones y control al estudiante.
•
Basarse en materiales de aprendizaje centrados en el que aprende.
•
Ayudar a que los estudiantes se atribuyan el mérito de su aprendizaje y desarrollen un
sentimiento positivo sobre su consecución.
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5. Diferencias individuales en Aprendizaje
Existen también diferencias interpersonales a la hora de aprender, por lo que es importante
tener en cuenta esta diversidad a la hora de organizar la docencia. Se pueden tener en cuenta
diversos factores en relación con las diferencias individuales en el aprendizaje, como la
inteligencia, las aptitudes, los intereses o la motivación. Aquí nos centraremos, sin embargo,
en algunas que tienen una relación directa con la forma como se enfoca las actividades de
aprendizaje. Una de éstas es la orientación del estudiante hacia el aprendizaje, o lo que es lo
mismo, si éste hace hincapié en el significado o en la estructura de la tarea, o por el contrario,
se limita a los aspectos más superficiales de la misma. Otro de los factores que generan estas
diferencias son los estilos de aprendizaje, es decir, sus preferencias a la hora de iniciar este
proceso, y por último, están las diversas estrategias que puede utilizar el estudiante para
aprender.
5.1 Orientaciones hacia el aprendizaje
Las orientaciones o enfoques de aprendizaje se refieren a cómo una persona experimenta y
organiza una tarea de aprendizaje. Están relacionadas con "qué" y "cómo" aprenden los
estudiantes. Se han diferenciado dos orientaciones hacia el aprendizaje, una en la que el
aprendizaje se produce de forma superficial, y otra más profunda.
Los alumnos con un enfoque superficial, no se detienen en comprender lo que realmente
tienen que hacer, o por qué tienen que hacerlo, sino que se enfrentan a la tarea de manera
concreta, centrándose en aspectos superficiales de la misma, sin llegar a realizar conexiones
que sirvan para poder comprender lo que están haciendo. Esto les lleva a un aprendizaje
somero, o como sugieren Marton y Säljö (1984) "se deslizan por la superficie del texto". Estos
estudiantes se centran más en las exigencias del profesor que en el aprendizaje mismo o en la
comprensión de la tarea. No adoptan una posición activa en la tarea de aprendizaje que se les
propone, sino que parecen verla como una imposición externa que tienen que llevar a cabo
sin vinculación a metas de aprendizaje propias.
La orientación profunda tiene que ver con los estudiantes que buscan el significado de la tarea
que tienen que realizar y experimentar la situación de aprendizaje como algo que requiere una
implicación por su parte. No se sienten dominados por la necesidad de cumplir un objetivo
concreto, inmediato y externo, impuesto por el profesor, sino que perciben las tareas como
una oportunidad para aprender. Estos estudiantes intentan buscar relaciones entre lo que hacen
y lo que ya saben, así como la coherencia de la tarea y su relación con el mundo real o los
conocimientos de una materia o una teoría para dar sentido a lo que hacen.
Las diferencias fundamentales entre estas dos orientaciones podrían resumirse en dos
aspectos, la búsqueda de significado en la tarea de aprendizaje, y como consecuencia de ello,
la forma de organizar la tarea. Estas orientaciones se relacionan con el tipo de procesamiento
que se produce, superficial o profundo, dependiendo de si el estudiante busca de forma activa
comprender la tarea, o simplemente se limita a "pasar por encima". El Gráfico nº 1 y la Tabla
nº 2 pretenden resumir estos enfoques, así como sus resultados.
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Gráfico nº 1. Diferencias entre enfoques de aprendizaje (tomado de Ramsden, 1992)
Orientación hacia el Aprendizaje
Cómo
Qué
(Estructura)
(Significado)
Holístico
Atomístico
Profundo
Superficial
(Mantiene la estructura, se
centra en el todo en relación
con las partes)
(Distorsiona la estructura,
focaliza en las partes, y
segmenta el todo)
(Centrado en la tarea)
(Centrado en indicios
aislados)
Este mismo autor (Ramsden, 1992) resume (Tabla 2) las orientaciones hacia el aprendizaje de
la siguiente manera:
Tabla 2: Orientaciones hacia el aprendizaje
•
•
•
•
•
•
•
•
Aprendizaje Profundo
Intención de comprender. Mantiene la
estructura de la tarea.
Se centra en ¿Qué significa?
Relaciona el conocimiento previo con
el nuevo
Relaciona conocimiento de diferentes
fuentes
Relaciona la teoría con la experiencia
diaria
Relaciona y distingue evidencia y
razonamiento
Organiza y estructura el contenido en
un todo coherente
Énfasis interno
•
•
•
•
•
•
•
•
•
Aprendizaje Superficial
Intención únicamente de completar la
tarea. Distorsiona la estructura de la tarea
Se centra en “señales” o indicios aislados
Memoriza información para la
evaluación.
Asocia hechos y conceptos de manera
irreflexiva
No conecta el conocimiento con la
realidad cotidiana.
No distingue principios de ejemplos.
Se centra en partes no relacionadas de la
tarea.
Trata la tarea como una imposición
externa.
Énfasis externo: demandas de la
evaluación.
En resumen, pues, el enfoque profundo se centra en el significado, utiliza la experiencia
previa y establece relaciones entre los hechos y las conclusiones. Por el contrario el enfoque
superficial se basa en la búsqueda de hechos aislados y en la memorización mecánica.
Estas distintas orientaciones se relacionan con los métodos de enseñanza utilizados por el
profesor (Ramsden, 1992). La implicación más clara que puede extraerse para la docencia se
relaciona con la relevancia del dialogo entre profesor y estudiantes para que se comprenda el
14
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sentido de las tareas que se proponen así como la creación de un clima en el aula centrado en
el aprendizaje.
5.2 Estilos de Aprendizaje
Los estilos de aprendizaje describen preferencias individuales en relación con las situaciones
que lo estimulan. Por otra parte, distintas disciplinas pueden enfatizar e incluso desarrollar
diferentes estilos de trabajo; un filósofo pondrá mayor énfasis en los conceptos abstractos,
mientras que un biólogo otorgará mayor valor a las habilidades de observación. En este
apartado, nos centraremos en la aportación de Kolb (1984) por ser la más conocida y,
posiblemente, mejor explica el proceso de aprendizaje desde diferentes estilos.
El proceso de aprendizaje descrito por Kolb nos ayuda a comprender cómo se aprende de la
experiencia (aprendizaje experiencial) los conceptos, las normas y principios que guían
nuestro comportamiento, y cómo modificamos estos conceptos para actuar de manera más
eficaz en situaciones nuevas. Kolb enfatiza que el aprendizaje necesita aplicarse, es
autodirigido e individualizado, está basado en la reciprocidad y la experiencia, está orientado
a la resolución de problemas y se integra con la experiencia.
Según este autor, el proceso de aprendizaje se compone de cuatro fases, y el estilo individual
determinará cuál es el punto de inicio preferido por un aprendiz. Estas fases son las
siguientes:
•
Experiencia concreta (EC)
•
Experimentación de los conceptos en nuevas situaciones (EA)
•
Observación y reflexión (OR)
•
Formación de conceptos y generalizaciones abstractas (CA)
Kolb (1984) diseña el Inventario de Estilos de Aprendizaje (IEA) que describe cuál es la
preferencia de cada individuo a la hora de aprender y señala qué estilo de aprendizaje le
resulta más natural. Los aprendices más efectivos son aquellos capaces de completar el
proceso pasando por las diferentes fases, es decir:
•
Pueden implicarse en nuevas experiencias (EC)
•
Son capaces de observar esas experiencias desde varias perspectivas (OR)
•
Crean conceptos y los integran junto a sus observaciones y teorías (CA)
•
Utilizan estas nuevas teorías para tomar decisiones y resolver problemas (EA)
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Gráfico 2. Espacio del IEA
Experiencia Concreta (EC)
Observación Refle xiva
Experimentación Activa
(OR)
(EA)
Conceptualización Abstracta (CA)
El IEA permite situar a un alumno en el espacio que se representa en el Gráfico nº 2, según
su posición relativa respecto de los cuatro puntos que se describen. Esta información puede
ser útil tanto para la orientación del estudiante como a la hora de plantear la docencia,
adaptándose mejor a las preferencias de los alumnos.
Estos estilos de aprendizaje describen las preferencias a la hora de aprender y, por lo tanto,
plantean la necesidad de proporcionar al aprendiz una variedad de situaciones de aprendizaje
entre las que puedan elegir, sin olvidar la posibilidad de ofrecer a los estudiantes diferentes
métodos alternativos o complementarios a la enseñanza tradicional.
Naturalmente, esto puede plantear también alguna dificultad, ya que en una clase con alumnos
con distintas preferencias la solución no es evidente. Cuando se produce esta situación, la
creación de un entorno más flexible, donde los estudiantes pueden seleccionar distintas
alternativas en función de sus propias preferencias puede ser una vía de solución.
5.3 Estrategias de Aprendizaje
Los estudiantes difieren en la forma que tienen de aprender, y en los procesos cognitivos que
ponen en marcha cuando realizan tareas académicas. Weinstein y Mayer (1986) definen las
estrategias de aprendizaje como los pensamientos y conductas que el estudiante realiza
durante el aprendizaje y que tienen una influencia significativa sobre cómo codifican la
información. Estas diferencias son interesantes porque correlacionan con las diferencias en la
calidad de los resultados académicos. Por ello, es fundamental identificar las características de
los aprendizajes más exitosos, así como la mejor manera para desarrollarlas.
Printrich (1989) ofrece una clasificación de las estrategias que resulta interesante:
Las estrategias cognitivas se relacionan con las operaciones cognitivas o de codificación y
recuperación de la información. Estas estrategias son las de Repetición, Elaboración,
Organización y Metacognitivas. Las de repetición incluyen recitar o nombrar, por ejemplo,
elementos de una lista e inciden sobre los procesos de atención y codificación. Sin embargo,
no permiten construir conexiones internas entre la información o integrar ésta con los
conocimientos previos. Por ejemplo, Mayer y Cook (1980) comprobaron que estudiantes a los
que se pedía que repitiesen un texto recordaban más hechos y detalles que un grupo de
control, mientras que éstos recordaban más información conceptual y obtuvieron mejores
resultados en una tarea de resolución de problemas. Las estrategias de elaboración permiten
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almacenar la información en la memoria a largo plazo, estableciendo conexiones entre la
información nueva y los conocimientos previos (p.ej., hacer resúmenes, crear analogías, tomar
notas, explicar, hacer(se) preguntas. Las estrategias de organización permiten seleccionar la
información que debe aprenderse, así como establecer conexiones entre elementos de dicha
información (p.ej., identificar las ideas principales de un texto), lo que se supone les ayudará a
integrarla con los conocimientos previos. Finalmente, las estrategias metacognitivas están
fundamentalmente relacionadas con la planificación, la regulación, el control y la
modificación de los procesos cognitivos, tal y como antes hemos descrito.
Las Estrategias de Manejo de Recursos se relacionan con el control de los recursos que la
persona que aprende tiene a su disposición, tales como tiempo, esfuerzo o apoyo externo (de
profesores, compañeros, etc.) y que tienen una influencia significativa sobre la calidad de su
ejecución en una determinada tarea.
Para la evaluación de las estrategias de aprendizaje se pueden utilizar tanto métodos directos
como métodos indirectos. Los primeros pueden definirse como la combinación de métodos de
observación y diálogo en el transcurso de una tarea académica específica (ver Vizcarro et al.,
1998). Los segundos son informes retrospectivos del alumno sobre las estrategias que suele
utilizar en diversas tareas académicas, y son, por lo tanto de naturaleza general. Ambos tipos
de métodos tienen sus propias ventajas e inconvenientes, así como sus ámbitos de aplicación.
Cuando se trata de la planificación o evaluación de programas educativos y, en general,
cuando es necesario evaluar a un alto número de estudiantes, suele recurrirse a los métodos
indirectos que, en cambio, deben ser complementados con los directos para la planificación de
actividades dentro del diseño de tareas instruccionales en el aula como para un estudiante
concreto (Vizcarro et al, 1996).
Dentro de los métodos de autoinforme , Vizcarro, Aragonés, del Castillo, y Bermejo (1994)
han desarrollado un cuestionario, el I.D.E.A. (Inventario de Estrategias de Aprendizaje), que
cumple con diversas funciones: una de ellas es identificar las áreas que requieren mejoras a
través del entrenamiento. Por otra parte, constituye un punto de partida para discutir e
identificar objetivos personales asumidos por el estudiante, y por último, puede ayudar a
establecer elementos de reflexión sobre los propios procesos de aprendizaje. Este equipo
desarrolló también un procedimiento para entrenar las estrategias de aprendizaje más eficaces.
Los métodos de observación pueden utilizarse para registrar determinados aspectos
observables de la conducta estratégica o bien productos de la misma o huellas de conducta. En
el segundo caso, se trata de inferir el uso de una estrategia determinada a partir de
producciones que se realizan en una situación controlada (para más detalles ver Vizcarro et
al., 1998).
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6. Evaluación y Aprendizaje
La evaluación se encuentra en el núcleo del proceso de enseñanza y aprendizaje, por lo que
tiene una importante misión orientadora en tal proceso. Por consiguiente, cualquier intento de
mejorar la calidad de la enseñanza necesariamente tiene que tener muy en cuenta cómo
evaluar el aprendizaje.
La evaluación sirve a dos finalidades, la primera de ellas para una evaluación de resultados, es
decir, para llegar a la conclusión sobre si ciertos aprendizajes han sido o no alcanzados por el
alumno, por ejemplo a efectos de admisión o certificación. Y una segunda, que nos facilitará
información sobre el proceso de aprendizaje (o evaluación diagnóstica), siendo la mejor forma
de avanzar en la adquisición del mismo.
El objetivo básico de la evaluación tradicional es determinar la posición relativa de los
alumnos con fines de selección o certificación. Los métodos más frecuentes utilizados en la
evaluación tradicional, además, reflejan una concepción asociacionista del aprendizaje, y su
contenido reproduce la lógica de la disciplina, a menudo sin referencia a los procesos
psicológicos involucrados.
Actualmente se considera que la evaluación del aprendizaje debe ajustarse a una serie de
requisitos (Vizcarro, 1998):
1. Reflejar los diferentes componentes del aprendizaje, incluyendo naturalmente los
de orden superior, sin limitarse a los componentes más repetitivos que, de hecho,
son los más superficiales. Por lo tanto, se aconseja recurrir en la evaluación a
tareas representativas de las tareas propias de una disciplina
2. Ser diagnóstica, es decir, que nos informe sobre la mejor forma de continuar con el
proceso de aprendizaje.
3. Contribuir significativamente al proceso de aprendizaje y muy especialmente al
desarrollo del pensamiento crítico y el funcionamiento metacognitivo de los
estudiantes.
Conviene hacer una consideración especial sobre los métodos de evaluación del aprendizaje,
ya que la evaluación define de forma operativa los objetivos del proceso de enseñanza y
aprendizaje. La interacción entre evaluación y aprendizaje es de doble sentido. Por una parte,
la evaluación concreta los objetivos que se persiguen en la enseñanza y el aprendizaje y, en
ese sentido, se constituye en el criterio de ambas actividades. Por otra parte, y como
consecuencia de lo que acabamos de decir, la evaluación se convierte en guía tanto de las
actividades de enseñanza como de las de aprendizaje. En efecto, es una experiencia muy
común entre los profesores que los alumnos desean saber con toda la exactitud posible cómo
va a ser el método de evaluación de una materia, ya que esto determina cómo van a trabajar y
a aprender. Esto resulta perfectamente lógico, por lo que resulta crucial asegurarnos que,
efectivamente, la evaluación refleje de modo fiel y exacto los objetivos de aprendizaje de una
materia.
Como hemos visto en apartados anteriores las nuevas concepciones del aprendizaje insisten
en su naturaleza compleja. Para que un aprendizaje se refleje en la capacidad de los alumnos
para resolver de un modo flexible los problemas prácticos con los que se enfrentará en su vida
cotidiana y profesional, no puede limitarse a la memorización y reproducción de información,
como ha sido el caso de la concepción tradicional del aprendizaje. Es necesario, por el
contrario, que las experiencias instruccionales le proporcionen el modelo de la actuación de
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Carmen Vizcarro (Coord.)
los expertos en un área determinada y que la formación acerque su ejecución a la de estos
expertos. Para ello, la instrucción debe incluir tareas ecológicamente válidas (es decir,
semejantes a las que en una materia determinada resultan típicas) y que exijan poner en juego
no sólo conocimiento declarativo o conceptual, sino también conocimiento procedimental
(cómo llevar a cabo determinadas tareas con los métodos propios de una disciplina) y
conocimiento estratégico y de resolución de problemas (estrategias de trabajo, de adquisición
de conocimiento), incluyendo el conocimiento metacognitivo o la capacidad para formar
juicios de valor sobre la calidad u oportunidad de la información, solución, etc. que se
propone (o, en caso de una evaluación negativa, la capacidad para rectificar con objeto de
alcanzar el resultado deseado).
Ahora bien, si éstos son los criterios que presiden el diseño de actividades docentes, deben ser
también los que inspiren el contenido de la evaluación. Y, adicionalmente, será necesario
recurrir en la evaluación a aquellos métodos que mejor se ajusten para reflejar estos
contenidos diversos.
Estas consideraciones han llevado a la utilización de nuevos métodos de evaluación que
incluyen los distintos componentes que un aprendizaje significativo. Aunque pueda parecer
obvio, resaltaremos que esta evaluación tiene que incorporar procedimientos más directos y
con mayor validez ecológica que los tradicionalmente utilizados en la evaluación del
aprendizaje, es decir, distintos de las pruebas de lápiz y papel o exámenes tradicionales. De
hecho, se ha comprobado repetidamente que un aprendizaje meramente conceptual o de
hechos (el aprendizaje típicamente recogido por las pruebas de evaluación o exámenes
tradicionales) no desemboca necesariamente en una mejora en la capacidad de resolución de
problemas o, en otras palabras, en una aplicación de dichos conceptos para la resolución de
problemas.
Un ejemplo prototípico de este tipo de evaluación alternativa es la Evaluación de
ejecuciones. Ruth Mitchel (1992) define la evaluación basada en la ejecución como “un
conjunto de métodos que aportan información sobre lo que los alumnos saben y son capaces
de hacer, así como sobre la calidad de los programas educativos. La evaluación colectiva
refleja en toda su complejidad lo que los alumnos deben aprender, de manera que la
naturaleza de estos aprendizajes no queda distorsionada por el proceso de recogida de
información” (p.20). De este modo, el propósito de la evaluación basada en la ejecución es
que los alumnos lleven a cabo actividades extensas y significativas que requieran la
utilización de diferentes aspectos de su conocimiento y habilidades (Frederiksen, 1994). En
nuestro país esta metodología se utiliza en niveles superiores, como puede ser el doctorado,
pero en otros países, como Reino Unido, se utiliza como examen para ingresar en escuelas de
Ingeniería.
Otro ejemplo de evaluación alternativa, que se sitúa de hecho dentro de la evaluación de
ejecuciones es la evaluación de portafolios.
Un portafolio está formado, básicamente, por muestras del trabajo del alumno a lo largo de un
lapso de tiempo considerable que puede ser todo el curso. Los trabajos son, generalmente, de
muy diversa naturaleza, siempre dentro de una misma materia. Por ejemplo, cuestiones sobre
literatura, escritura creativa, experiencias relacionadas con lecturas, apreciación literaria o
elaboración de autobiografía u otro tipo de escritos personales.
Adicionalmente, un portafolio puede ajustarse a diversos requisitos. Por ejemplo, puede
exigirse que parte del trabajo se produzca en condiciones estándar de examen o controladas. O
puede exigirse un determinado número de trabajos que el profesor y el alumno pueden
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Formació Inicial del Professorat Universitari
Carmen Vizcarro (Coord.)
seleccionar conjuntamente haciendo constar los criterios de bondad que se han utilizado en
esta selección (y esto es importante para el aprendizaje del alumno). El portafolios recibe una
valoración global, nunca valoraciones por trabajos independiente.
Para una discusión más extensa de cuestiones relacionadas con la evaluación de aprendizajes,
véase Vizcarro (1998).
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