La empresa privada boliviana y el proceso de

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Fundación . milenio
Serie: Temas de la modernización
H. C. F.Mansilla
LA EMPRESA PRIVADA
BOLIVIANA Y EL
PROCESO DE
DEMOCRATIZACION
Fundación Milenio
Serie: Temas de la modernización
H. C. F. Mansilla
LA EMPRESA PRIVADA
BOLIVIANA Y EL
PROCESO DE
DEMOCRATIZACION
LA PAZ - BOLIVIA
1994
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3
© 1994 by H.C.F. Mansilla
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O de esta edición: Fundación Milenio
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LA PAZ -BOLIVIA .C5:10T> TELEFONO 362049
JUAN DE LA RIVA IsP 1435
La publicación de este libro ha sido posible gracias
al apoyo de la Fundación Konrad Adenauer.
Indice
9
Reconocimiento
Prólogo (por Jacobo Libermann Z.)
11
Introducción
31
La creación de la Confederación de Empresarios
Privados de Bolivia (CEPB) y su etapa formativa
en el contexto de la mentalidad estatista
37
El periodo 1962-1971
37
El periodo 1971-1978
52
• . •
II
III
La lucha por la modernización de la sociedad y
la legitimidad socio-política de la empresa
privada
89
La CEPB como agregación y articulación
altamente organizada de intereses sectoriales 89
La élite empresarial y su relación con la clase
política en Bolivia
98
El periodo heroico 1978-1985: la lucha contra el
estatismo y el populismo
113
a) La etapa 1978-1982: la recuperación de la
democracia y las relaciones de la CEPB con los
partidos políticos
113
IV
V
La etapa 1982-1985: las relaciones de la CEPB
con los actores socio-políticos
y su lucha
contra el sindicalismo anómico
144
La participación de la CEPB en los compromisos político-institucionales de 1984/1985
y
sus relaciones con el movimiento sindical
158
La lucha por la modernización de la sociedad y
el Estado bolivianos
167
La revolución liberal
de 1985 y el rol del
empresariado privado
167
El periodo 1985-1989 y las respuestas a la
revolución liberal
175
c) Los designios modernizadores a partir de 1989 185
Las transformaciones internas, la labor
modernizadora y las perspectivas de la CEPB
199
Composición y diferenciación internas de la
CEPB y sus peculiaridades regionales
199
Aspectos elitarios de la CEPB y su ideología 204
La lucha contra la corrupción, en favor de las
privatizaciones y por el cambio de las
instituciones estatales
210
La percepción social de la CEPB y la persistencia
de los valores normativos convencionales 222
e) Conclusiones y perspectivas de la CEPB
230
BIBLIOGRAFIA ESCOGIDA 237
Fuentes primarias
237
Literatura secundaria
238
Reconocimiento
Para el autor es muy grato hacer público su agradecimiento
al Dr. René Antonio Mayorga, vicedirector e investigador del
Centro Boliviano de Estudios Multidisciplinarios (CEBEM), por
haber permitido el uso de materiales bibliográficos y brindado
importantes consejos en torno a los aspectos centrales del texto
presente, el cual debe ser considerado como complementario
del libro sobre el empresariado boliviano que el Dr. Mayorga
publicará en 1995. Ambos trabajos, además de estudiar
distintos periodos históricos, parten de metodologías y
enfoques teóricos diferentes, lo que se refleja en una
cosmovisión y, ante todo, en conclusiones que no son
similares. Empero tendrán lugar probablemente algunas
superposiciones, duplicidades y juicios de valor afines, lo que
es ineludible por la cercanía de la temática.
Se reconoce igualmente el generoso impulso de la
Fundación Milenio y de su Director Ejecutivo, el Dr. Horst Grebe
López, para la publicación de este texto.
Las opiniones vertidas en esta obra son estrictamente
personales y no comprometen a ninguna institución.
9
PROLOGO
Jacobo Libermann Z. 1
Los empresarios privados y su organizacióm matriz (CEPB)
no entendieron en profundidad la filosofía democrática;
inclusive ignoraron los elementos dinámicos de un mercado
competitivo y abierto hasta una fecha recientemente próxima,
cuando advirtieron por fin —al concluir la década de 1970— que
el sistema de dictadura fáctica militar estaba en el umbral de su
irrevocable desenlace. Entonces un núcleo de ideólogos del
empresariado, de mente clara e instinto de conservación, se afilió,
con pragmático entusiasmo, a un neoliberalismo democrático
con toda su energía y decisión.
Este cambio de rumbo no fue por un altruismo romántico:
detectó con sus sensibles antenas que la sociedad boliviana
estaba enterrando aceleradamente un tiempo de golpes de Estado,
que había agotado su vigencia hegemónica. Esta transformación,
es útil apuntarlo, no nació por generación espontánea y no sólo
fue producto de un impulso de conciencia colectiva, sino que
sus,uevos enfoques eran parte de una directriz política foránea
de enterrar la Doctrina de Seguridad Nacional, en lucha contra
los socialismos locales, por una apertura de la legalidad, los
derechos humanos y las libertades fundamentales. En otras
palabras, la "democracia representativa" de raíces occidentales.
Ese paso del autoritarismo cesarista, la rémora de las
estructuras económicas y financieras estatales, la libre empresa
sin cuñas oficiales y los nuevos conceptos que estaban
1
Escritor y periodista. Miembro de la Academia Boliviana de la Historia, así
como de la Asociación Nacional de la Minería Mediana.
I1
reclamando su lugar en la organización económica y social
modificaron radicalmente la vieja praxis de la clase empresarial
boliviana que, si quería sobrevivir, y esto lo advirtió con toda
claridad, debía ineludiblemente marchar a tono y paso con las
transformaciones que se estaban operando en todas las latitudes
de la tierra.
Aquel tránsito de una antigua estructura y mentalidad hacia
una fresca visión no es explicitada suficientemente por el Dr.
Mansilla en este interesante estudio que titula "La empresa privada
boliviana y el proceso de democratización". El autor prefiere
eludir el tema y abocarse a un análisis histórico-lineal de aquellos
hitos — memorias, informes, discursos, comunicados, etc.de pensamientos y tomas de posición que configuran una
historia orgánica del empresariado desde la fundación del
ente gremial nucleado en la CEPB a partir del año 1962.
Treinta y dos años transcurren con diversas vicisitudes
políticas, sociales y económicas en las que el empresariado jugó
diferentes papeles en su compromiso y adecuación a las
cambiantes circunstancias. En aquellas alternativas convivió, casi
en absoluto silencio durante más de una década, con diversos
regímenes político-militares hasta descubrir un punto clave
para la existencia de Bolivia: la democracia como sistema y
estabilidad de su propio destino.
De ninguna manera la referencia a ese omitido examen
político posee el propósito de devaluar el importante y
esclarecedor trabajo del Dr. Mansilla, que contribuye, con
notoria solvencia, a un estudio de la CEPB en diversas fases de
su desarrollo y actual participación en el tejido de la sociedad
boliviana en afanes de modernización en el quehacer de la
economía en los aparatos administrativos del país. El presente
ensayo indaga, expone y ocasionalmente emite sus juicios
críticos en torno a una organización empresarial que supo
12
adaptarse a difíciles situaciones en las que arriesgó su estabilidad,
aunque simpre se las arregló para que tamaña catástrofe no
ocurriera.
Soslayar con calculados disimulos, colaboraciones con el
eufemismo de "a título personal" o ejercer la tarea de una
crítica y oposición frontal, cuando todo conducía a una etapa de
inminente cambio por descomposición interna — presión de
fuerzas sociales organizadas, crítica de la Iglesia y la prensa,
partidos políticos y movimientos universitarios, etc. — caracteriza
a la CEPB en sus distintas etapas como se desprende, sin
manifestarlo directamente, de esta investigación—generosamente
apoyada por 330 citas y consultas a pie de página — que sondea
la relación del empresariado con las peripecias del proceso
democrático y sus contradicciones con los factores políticos y
sindicales discordantes.
Va paralela la instauración de regímenes legítimos y
constitucionales con las aspiraciones de la CEPB por encaminar
a Bolivia por una ruta de legalidad con un simultáneo
acompañamiento, como objetivo final, de un conjunto de
normas transparentes que permitan una economía neoliberal
desestatizadora, libre en su accionar y desreguladora de todo
aquello que sea obstáculo para una iniciativa empresarial que
anhela democracia pero que aún ignora cómo su limitada
capacidad industrial y financiera puede desenvolverse en un
mercado altamente exigente y competitivo. Este dilema,
fundamental para su desarrollo, tendrán que resolverlo
porque si no están en capacidad de evitar sus propias carencias
y debilidades la democracia en sí no podrá solucionar la falta
de recursos y el atraso gerencial y tecnológico.
Un meritorio acopio de fuentes documentales ofrece el autor
del presente estudio con el propósito de mostrar un panorama
histórico de la CEPB, guiada por una política en algunos casos
13
curvilínea, sujeta a diversas circunstancias, pero que obedece a
una directriz que repite sus constantes planteamientos de
reafirmación de un protagonismo empresarial en la economía del
país como instrumento para su progreso.
Lo que no está suficientemente claro son las incógnitas si la
empresa privada con sus actuales equipos industriales
obsoletos y su escasa capacidad gerencial puede desempeñar el
rol que en teoría está exponiendo en sus declaraciones públicas.
Siempre tendrá el argumento, como lo hemos advertido en
recurrentes condicionamientos, de que el crecimiento de la
actividad privada depende, más allá de su propia iniciativa
modernizadora, de factores que escapan a su voluntad y decisión.
Este criterio, en no pocos empresarios, pone en evidencia que en
la mayoría de ellos existe un escaso espíritu pionero, de riesgo,
de aventura y conquista como lo fueron aquellos hombres de
"frontera" que comenzaron a levantar un tinglado industrial y
comercial sin más apoyo que su esfuerzo, imaginación, talento
y desafío en sus primeros pasos.
El riesgo espanta al empresario boliviano, con pocas
excepciones, y el viejo conservadorismo de pulpería minera aún
impera en su mayoría, que prefiere la osadía, por si acaso, con
recursos que no le son propios para de esta manera compartir
los resultados finales de su empresa. El Estado, con todos sus
favorecedores apoyos y facilidades y los circuitos bancarios,
como fuentes para la movilización de capitales en su cartera de
créditos, representan para el estamento empresarial la tierra
firme para emprender una expansión con riesgo compartido.
Aún se encuentran, en cierto modo, encadenados a la antigua
praxis que su iniciativa privada sea avalada con un invisible
socio con quien compartir su éxito o fracaso.
Las fuentes de ayuda documental en el estudio de Mansilla
van revelando una preocupación política de la CEPB en sus tres
14
décadas de este organismo gremial coludido con los principales
episodios del acontecer nacional. Su meta, como en todas las
instituciones del país, ha sido variable en esperanzas y logros.
Sin embargo, en líneas esenciales fue perseverante en sus
principios de defensa de la libre empresa, el respeto a la
propiedad privada y, cuando coincidía con sus intereses y se
dieron condiciones favorables, colocó como objetivo la
democratización de Bolivia en coyunturas de inevitable cambio.
Este pragmatismo estratégico le permitió participar de la ola de
un nuevo rumbo que se venía luego de espacios dictatoriales
virtualmente en crisis terminal.
El registro favorablemente crítico que realiza Mansilla oscila
entre el protagonismo de las ideas modernizantes de la CEPB,
desde su creación en 1962, hasta la resistencia que suscita su
labor en defensa de la estructura empresarial entre las
organizaciones laborales, partidos políticos de izquierda y
algunos círculos gubernamentales empeñados en disociarse de
todo vínculo estrecho con un empresariado sospechoso de sus
planteamientos y finalidades. Esta suspicacia se genera por la
errónea o cierta presunción de que la CEBP busca afanosamente
establecer en Bolivia una situación económica, política y social
que sea la imagen y semejanza de su pensamiento en beneficio
de sus agremiados. Juzguemos que esa política que se le atribuye
no puede ser calificada como un corte neto en ninguna de esas
direcciones. Estimamos que el empresariado boliviano no va tan
lejos, aunque es perfectamente legítimo que defienda sus
principios y se oponga a los obstáculos que impiden su
desarrollo, porque si lo pretendiera encontraría una resistencia
social de inédita magnitud. En todo caso, y así ha sido su constante
tónica, prefiere influir lateralmente — consejos, documentos,
comisiones, etc. — en las decisiones gubernamentales para
beneficio propio y por rebalse lo que ellos creen, de buena fe y
convencidos de los intereses del país, es útil para la evolución
económica y la equidad social.
15
El autor del libro conceptualiza que "el mayor mérito histórico
de los empresarios privados" consiste en haber desencadendo,
"más o menos con éxito, un viento de renovación modernizante,
que se extiende desde la racionalización del aparato estatal hasta
la renovación de las estructuras productivas, pasando por la
alteración de nuestra cosmovisión cultural". Esta última
afirmación, "cosmovisión cultural", nos parece un exceso de
idealismo si partimos de la premisa definitoria: "conjunto de
valores materiales y espirituales creados y que se crean por la
humanidad en el proceso de la práctica socio-histórica y
caracterizan la etapa históricamente alcanzada en el desarrollo
de la sociedad". En ese análisis del Dr. Mansilla, colocando en
la mezcla una de cal y otra de arena, más allá de la mente
empresarial que favorece "la modernización económica con
una expansión de la democracia representativa, liberal y
pluralista", la clase empresarial se encuentra "inspirada
obviamente por la consecución de sus intereses grupales
específicos" (pp. 32-33).
Podrá asumirse un criterio divergente sobre el papel de la
CEPB en el desarrollo económico y social del país pero lo que
no podrá negarse, de ningún modo, es su contribución al proceso
democrático a partir del año 1981 y siguientes cuando se
consolida y prosigue su profundización. Las motivaciones que
la inducen son otro cantar. El empresario privado, de
transparente tendencia a favor de regímenes militares de facto
en el pasado, advierte con toda lucidez que el sistema de reglas
constitucionales les ampara mejor en sus derechos y
proyecciones sin estar de sostén de una ilegalidad de aleatoria
vigencia. Ellos han detectado que la corriente predominante en
Latinoamérica, de la que no podemos excluirnos, va en esa dirección, y marginarse del método democrático y la sensibilidad
en los temas de la justicia social es un grave riesgo que pone en
peligro toda su organización morosamente construida. Es un
mérito que las recientes direcciones de la CEPB (1981-1994)
16
hubieran encontrado la fórmula de integrarse en la sociedad
boliviana mediante una opinión y praxis en armonía con la
demanda de los tiempos actuales.
La capacidad de adaptación que ha tenido la CEPB le ha
permitido ensamblar sus intereses en etapas contradictorias
políticamente sin notable menoscabo para su imagen pública.
Naturalmente los grupos de opinión de izquierda piensan
distinto. Ese talento —¿oportunismo...? — por otra parte legítimo
desde su óptica como institución no sujeta a la variabilidad de
los gobiernos de paso, le sirvió para evitar innecesariamente
descalabros en su estabilidad empresarial. Es notable que bajo
la dirección de un régimen de mano dura (1971-1978), cuando el
poder era virtualmente compartido con notables empresarios
privados, al borde de su finalización se comenzara a introducir
en su discurso público algunos conceptos, aún tímidos, sobre la
organización política y social que fueron antes cuidadosamente
eliminados del lenguaje.
A finales de 1977 se inició una nueva etapa para la CEPB
cuando se intenta despejar la imagen del empresario en función
"coyuntural-especulativa" que tan hondamente había calado en
gruesos sectores de la sociedad boliviana. Se trató en principio
de una vacilante aceptación de realidades que aún no estaban
maduras para un planteamiento frontal de cambio en la política
económica nacional. Se aceptaba — hoy la oposición es radical
- la "concertación de propósitos y objetivos" entre los dos sectores
fundamentales de la economía divididos en público y privado.
Las "desnacionalizaciones", ahora con el rótulo de "privatización"
y luego — por vía indirecta — "capitalización de las empresas
públicas", aún no habían ingresado en el léxico empresarial. En
aquel tiempo era prematuramente arriesgado proponer esas
metas e ir tan lejos. No hacemos un examen de valor para
calificar si todo ello está bien o mal. El tiempo dará su veredicto,
aunque reconocemos que la empresas públicas han fracasado en
la mayoría estruendosamente.
17
Ese cambio de mentalidad como imperativo de la hora —
¿estrategia de una ineludible conveniencia? — robustecía la
pragmática posición empresarial cuando afirmaba "que no
puede diseccionarse dos estructuras inmersas en una sola
realidad"; en otras palabras, fue necesario admitir y convivir,
lado a lado, con la empresa pública y dejar para más adelante
la pretensión de eliminarla en beneficio de la empresa privada
como eje de la globalidad de una economía sin participación
del Estado. A esto se sumó, en el campo estrictamente político,
la admisión abierta y declarativa de que "el proceso de desarrollo
se fortalecerá, en gran medida, dentro de un esquema
democrático que sea viable y que legitime por su estabilidad y
su proyección en beneficio de todos los bolivianos". Poco antes
la palabra "democracia" estaba desterrada del vocabulario
que los bolivianos podían hacer uso.
Se admitía, en febrero de 1977, que "prevalecen líneas de
pensamiento y actitudes adversas a la empresa privada" iniciándose
la temática de que la economía boliviana debería extender su
preocupación hasta los límites de lo "equitativamente compartido por todos los sectores de la colectividad". Se empezaba
a tomar en consideración, por lo menos en el papel, la suerte de
la clase trabajadora que estaba despertando luego de un largo
letargo dictatorial. Por otra parte el mismo Gobierno se
encontraba inquieto e intuía un final de su mandato de facto,
siete años, y los interrogantes que traería el futuro. El país se
encontraba en la antesala de un cambio y así sucedió poco
después.
La CEPB inspirada por el inevitable cambio que se
avecinaba, a finales de 1978 y comienzos de 1979, se decide
explícitamente a expresar su pensamiento en sendos
documentos públicos con relación a la política nacional y la
incertidumbre que se advierte entre los miembros del
empresariado.
18
La CEPB, frente a la perspectiva próxima de un proceso de
democratización que luego resulta frustrado, proclama su ideario:
1) "sostiene que un Estado de Derecho permitirá plasmar en
realidad las justas aspiraciones del pueblo boliviano, y por tanto,
reitera su firme y decidido apoyo al proceso de democratización
del país". Como no puede ser de otra manera, 2) "reafirma la
imperiosa necesidad de contar con un gobierno que garantice la
libre iniciativa y la propiedad privada en función del interés
colectivo". Como no puede ponerse en duda recuerda 3) "el papel
protagónico e insustituible del sector privado en el desarrollo
económico y social del país generando riqueza con justicia
social". Para ello 4) "requiere vitalmente de un clima de
estabilidad política, económica y social que garantice la
inversión privada, factor incuestionable para generar un
desarrollo económico autosostenido que conlleve necesaria y
paralelamente, bienestar general". Por si hubiera alguna duda
5) "declara que la Empresa Privada no se encuentra
comprometida con ningún gobierno, por no ser transitoria ni
producto de circunstancias coyunturales, siendo su vigencia
permanente en el tiempo y en el espacio y parte indisoluble de
la esencia misma del país". Un texto como para quitar el aliento
sobre todo en la última parte.
Luego de exponer aquellos principios cardinales y casi sin
intermisión la CEPB, porque el tiempo corre y es urgente no
quedar rezagante, otra vez reitera "su indeclinable, total y
decidido apoyo al proceso de democratización que devolverá al
país su estructura constitucional, pues considera que
fundamentalmente en un Estado Democrático de Derecho se
podrán consolidar en realidades las justas aspiraciones del
pueblo boliviano y el país logrará su plena realización, tanto
interna como internacionalmente". Profundizando su nueva
profesión de fe "sostiene, que un auténtico Estado de Derecho
debe institucionalizar una sociedad donde se respete el imperio
de la ley, se acepte el pluralismo ideológico y la posibilidad del
19
disenso y se garantice la vigencia de los derechos y libertades
constitucionales a fin de que su irrestricto ejercicio, permita a los
ciudadanos y a las instituciones participar, activamente, en la
toma de decisiones inherentes a su propio futuro". Finalmente
propone la concertación de "Un Gran Acuerdo Nacional" como
paso hacia la democracia luego de siete años de un gobierno en
el que el citado texto hubiera constituido una inadmisible
herejía.
El impulso cualitativo que ha dado la CEPB en su proyección,
participando en proposiciones políticas cruciales hace más de
una década, le permitieron ubicarse en un destacado primer
plano en la estructura de la sociedad boliviana y esa intervención
tuvo un peso de opinión muy importante en el proceso político
más allá de la defensa de sus intrínsecos intereses gremiales.
Este protagonismo, en fases clave de la vida nacional, lanzó a la
CEPB a un sitial como factor de poder con quien los partidos
políticos, de tendencia social-democrática, cuidaron de
establecer una relación armónica y de consenso en puntos
significativos. Sus criterios, no todos aceptados a fardo cerrado,
fueron tomados en cuenta como un planteamiento serio en un
diagrama programático de nueva política para resolver los
problemas de Bolivia.
A mediados del año 1979 la situación política y social de Bolivia
se caracteriza por una notoria confusión y malestar entre la
clase obrera, estudiantes, la prensa y otros grupos contestatarios
aprovechando una especie de primavera luego de un largo
espacio dictatorial. Siete años de férreo dominio, con persecuciones,
destierros y confinamientos donde la libertad de expresión fue
estrechamente vigilada, las fuerzas sociales de la nación
salieron a la luz con todo ímpetu en sus demandas. En esa
oportunidad la CEPB, reunida en un Congreso Nacional
Extraordinario, el 31 de julio de 1979, expresó sus temores en 14
puntos que consideró pertinentes para su desarrollo y
20
tranquilidad empresarial. En la totalidad de sus reflexiones
colocó el acento "en los principios y valores de la libre iniciativa";
"la libertad económica es el fundamento central de nuestra
existencia"; "total y decidido apoyo al sistema democrático";
"desproporcionado, ineficiente y deficitario crecimiento del
Sector Público"; "respaldo a la vigencia de la libertad gremial y
sindical"; "creación de riqueza con justicia social"; "rechaza
cualquier esquema de gobierno que pretenda desconocer la
vigencia de la libre iniciativa y cuestione el derecho a la
propiedad privada" y finalmente "exhorta a un encuentro de
todos los bolivianos". Es notorio, como ya lo hemos señalado
en otro acápite, que la mayoría de estos puntos no fueron
necesarios de ser expuestos en una etapa dictatorial que acababa
de concluir su ciclo de poder. Los empresarios en aquella
"primavera política" tenían una cuestionada imagen y la
opinión pública, especialmente entre los grupos llamados
"progresistas", señalaba a la CEPB como un lupino acomodaticio.
Es indiscutible que la CEPB se ha visto poderosamente
tonificada como respuesta, en contrapartida, a una actividad
anarquizante de las organizaciones sindicales de masas y la
toma de una posición empresarial frontalmente contraria a esa
agitación que llegó a extremos inadmisibles. La Central Obrera
Boliviana (COB), tradicionalmente en lucha contra la empresa
privada, no hizo otra cosa que ampliar la base de sustentación,
credibilidad y adhesión de la opinión pública a la CEPB en una
situación de crisis social, económica y política por la que
estaba atravesando el país.
De ese modo la CEPB logró atenuar y desdibujar su antigua
fisonomía de extrema derecha como estaba en boga calificarla.
De ahí en adelante la CEPB se convirtió en un sólido factor de
respetado análisis crítico con gravitación en la vida nacional. Los
gobiernos en aquellas circunstancias (1980-1985) no tuvieron
otra alternativa — salvo en el período "garciamesista" que rompió
21
todas las marcas de los niveles dictatoriales — que admitir
cabizbajos las acerbas críticas a un sistema económico, por
supuesto con repercusiones sociales, condenado al más rotundo
fracaso que se recuerde en el presente siglo. Creció como una
ola, encrespada por una alta marea, el prestigio y la solidez de
la CEPB, una organización gremial que aparecía liderizando un
profundo malestar colectivo, acelerado por un sindicalismo
obrero que especulaba con la idea del poder popular por la vía
de un socialismo a la boliviana. Así fue fácil para la CEPB
revalorizar sus decaídas acciones.
Debe anotarse como singular fenómeno de cambio el atinado
examen que hizo la CEPB señalando con toda entereza los
elementos desencadenantes de una crisis que estaba
carcomiendo al país. La extendida reticencia que despertaba el
gremio empresarial, fue cediendo paso a la labor de la CEPB como
un interlocutor válido de los problemas de la sociedad frente a
un gobierno anquilosado en la ineficiencia y los errores de
conducción.
Esa situación derivo curiosamente en un hecho notable. En
la misma proporción que el desbocado sindicalismo
instrumentaba la anarquía y los políticos, en función de gobierno,
no atinaban a resolver los dramáticos problemas, la CEPB fue
ganando credibilidad y ascendiente por sus atinados
documentos, que planteaban soluciones coherentes. Mientras
la COB y el oficialismo fueron perdiendo prestigio, la CEPB
ampliaba su radio de influencia política y social. No fue nadie
más que la izquierda con su desorientación y el caos que
estaba orquestando quien abonó el terreno para su derrota.
Muy claros fueron a corto plazo los resultados electorales
favorables a la filosofía democrática, la libre empresa, etc., etc.,
en detrimento de los partidos políticos que representaban a la
clase obrera más combatiente. A mayor fervor en acciones de
masas, bloqueos en ciudades y caminos, constantes huelgas
22
salvajes y manifestaciones callejeras, creció en mayor proporción
el respaldo al ideario de la CEPB. Fallaron los ideólogos del
"socialismo ya" por la vía equivocada que habían elegido.
Extraña paradoja que el renacimiento de la CEPB tenga por
origen el accionar del movimiento sindical y los grupos de
izquierda en algunos cargos de gobierno.
El Dr. Mansilla afirma que "a partir de 1985 es cuando recién
el empresariado, en cuanto fuerza socio-política organizada y
consciente de sí misma, empieza a influir directamente sobre las
políticas públicas y a impulsar un modelo societal alejado, sea
de modo incipiente, de las tradiciones patrimoniales y estatistas
de la clase política convencional." Podemos afirmar, sin temor
a equivocarnos, que ese ascendiente tuvo un punto de partida
unos años antes (1980) cuando la CEPB, movilizando una
opinión ciudadana fatigada por la anarquía y la inoperancia de
brevísimos gobiernos militares reacios al establecimiento de un
sistema democrático, suscribió una serie de documentos que
sirvieron de orientación, casi de emplazamiento perentorio,
para la normalización institucional de Bolivia. Sin embargo de
ese crucial papel la CEPB no tuvo más adelante con la
instauración de la legalidad democrática la audacia de
convertirse en agente de un desarrollo económico y social como
se esperaba. Asevera Mansilla: "a las élites bolivianas les faltó,
por ejemplo, la visión dinámica, el espíritu moderno de riesgo
y las conexiones cosmopolitas..." y continuaron con exigencias
que sólo el Estado, según ellos, podía articular los requisitos
para superar una atonía empresarial, temor a sus inversiones en
nivel cuantificable y en líneas generales su incapacidad para
luchar en un mercado competitivo y exigente.
El investigador Mansilla no tiene inconveniente en señalar
que "hasta bien entrada la década de 1980 la empresa privada
boliviana ha vivido sin una base autónoma y sin un proyecto
societal propio, usufructuando lo que le llovía de las actividades
estatales por medio de los conocidos recursos del prebendalismo
23
y del patrimonialismo, para no hablar de las prácticas cotidianas
de corrupción y desfalco de fondos públicos". Tan negativo
concepto probablemente cuenta con sólidas bases que el autor
debería profundizar para evitar polémicas respuestas y
desmentidos. Es posible que ello hubiera ocurrido pero no
creemos en la institucionalización en la CEPB de aquella viciosa
práctica generalizada. En todo caso no ponemos las manos al
fuego por todos los empresarios.
Constituye una clara evidencia, — sin ingresar a los meandros
del comportamiento de algunos empresarios comprometidos
con negociados, favores oficiales y apoyos a gobiernos
dictatoriales — que la CEPB en los últimos doce años prestó un
probado soporte al proceso democrático representativo y al
ordenamiento institucional del país. Si lo hizo por advertir que
los regímenes ilegales se encontraban al final de su carrera y
que todo ellos obedecía a un completo cambio de mentalidad en
escala universal, de la que Bolivia no podría sustraerse, es tema
para dilucidar en una investigación más completa.
La nueva metodología política recomendaba, como un "bien
supremo", el respeto de las libertades ciudadanas; el
dsenvolvimiento sin trabas de la información de prensa; la
consulta electoral en la organización de un Estado de Derecho
y la participación popular en todo el abanico de los partidos
políticos. Naturalmente se propiciaba una administración
honesta, la desestatización de la economía de producción en
todos los rubros y una lucha abierta contra los mecanismos
burocráticos que hacían difícil el desarrollo normal de la libre
empresa. En este capítulo, Mansilla escribe unos conceptos
tangencialmente críticos y condenatorios cuando señala "los
empresarios pueden ciertamente despreciar a los funcionarios
ineptos, corruptos y cortos de vista, pero los necesitan en alto
grado y realizan con ellos a menudo suculentos negocios de
mutuo beneficio". (p. 106) La CEPB contesta, invariablemente,
24
que la conducta de "ciertos empresarios" no compromete a su
organización matriz que posee una filosofía de comportamiento
que no avala la corrupción de algunos de sus asociados.
El imperativo político de la democracia, la virtual toma de su
conciencia, se generaliza en la filas del empresariado nacional
con su instrumento de la CEPB inmediatamente después de un
balance de las fuerzas sociales en movimiento en resuelta
dirección al ordenamiento republicano. Es a partir de allí que
nace la necesidad ineludible de adoptar una doctrina que
independientemente del principio de la "libre empresa" propugne
el sistema democrático, con todas sus imperfecciones de
libertades mal comprendidas y afloramientos de diversos
conflictos, como una forma de desactivación social de mayores
e irreversibles males. La democracia posee esta virtud aunque
también existe el peligro que se desboque.
Esa doctrina fue producto de crecientes presiones locales y
externas. Habría que preguntarse hasta dónde y cómo esa
"doctrina" se impuso en la CEPB como efecto de las
transformaciones dadas por agotamiento de regímenes
ilegítimos y no se sintieron obligados con los principios de la
democracia (1971-1978) cuando ese Gobierno "rechazó
sorpresiva y enfáticamente la democracia representativa, las
elecciones, el parlamento, el pluralismo de opiniones, los
partidos políticos y la fiscalización de los actos gubernamentales
por la opinión pública", anota Mansilla (p. 85), llegando a la
conclusión de calificar de "silencio cómplice de la CEPB" (p. 86)
del que tampoco están excluidos algunos partidos políticos en
alianza, por lo menos al comienzo, con las Fuerzas Armadas de
la Nación como poder decisorio.
Menos visible fue la participación de la CEPB (1980-1981) en
el funesto "Gobierno de la Reconstrucción Nacional" aunque no
faltó una adhesión cupular, sin eco en la mayoría de los
25
empresarios, a los "postulados preconizados por el gobierno en
materia económica" declarando, en líneas más adelante "el apoyo
y el respaldo y el permanente concurso". La democracia
entonces para la CEPB no estaba suficientemente madura
como para abogar peligrosamente por su instauración.
El Dr. Mansilla, en muchos párrafos de su texto, no se va
por las ramas y afirma — sin que pueda desmentirse —"es
sintomático, en todo caso, que en los primeros tiempos de la
dictadura, la CEPB dejó de lado su programa democratizador
y sus apelaciones al pluralismo ideológico y al Estado de
Derecho y se concentró en su programa consagrado a la
desestatización de la economía nacional" (p. 134).
No trascurriría mucho tiempo y la CEPB adoptaría una
radical orientación en pro de la democracia y esta disposición se
mantiene invariable hasta nuestros días porque la democracia en
Bolivia, y sin duda en el mundo entero, es una realidad al parecer
irreversible sin horizonte para un retorno a la clásica dictadura
militar o los devaneos de una izquierda hoy refugiada en
corrientes sindicales y un ecologismo a ultranza.
La firme decisión de la CEPB de exigir la restauración de los
preceptos democráticos en el país, en el ocaso de un militarismo
en función de gobierno, entre otras expresiones coincidentes de
la sociedad civil, sirve como pieza maestra para concretar ese
objetivo, sin exageraciones, en condición de liderato de una
inconforme colectividad que demandaba un cambio de rumbo.
La CEPB supo utilizar a su favor ese estado de ánimo general
que clamaba por un retorno a la normalidad.
Tenemos la convicción que la CEPB, en aquella etapa de su
accionar, jugó una carta trascendental en el desarrollo
democrático y simultáneamente adoptó una meridiana línea
antianárquica que se estaba dando en algunos sectores del
26
movimiento sindical, que interpretaron erróneamente, con las
movilizaciones obreras, que había llegado la hora de establecer
una versión nativa de la dictadura del proletariado, cuando
precisamente esta tendencia política estaba en total retirada en
el contexto mundial.
A mediados de julio de 1979, cuando el empresariado
boliviano se queda sin base de sustentación oficial significativa,
la CEPB convoca a un Congreso Nacional Extraordinario cuyo
documento central reclama un Gran Acuerdo, se refiere a las
"libertades y derechos humanos" y menciona la palabra
"democracia" en más de veinte repeticiones, sin dejar de advertir
que no debemos "encerrarnos en el pasado, olvidándonos del
futuro". El pasado era una quemante brasa y su etapa mejor
sería sepultarla. El futuro se abría como una primavera para la
elección, por fin, de la democracia. A la conclusión del
Congreso se emite, el 31 de julio de 1979, un comunicado de 14
puntos donde se "reafirma su fe en los principios y valores de
la libre iniciativa; sostiene la libertad económica; demanda un
régimen de normatividad jurídica; afirma el principio del
pluralismo ideológico; reitera su indeclinable, total y decidido
apoyo al sistema democrático; respalda la vigencia de la
libertad gremial y sindical en el marco de la ley". La CEPB, con
lanza en ristre, habla a favor de la regularización institucional del
país "sin mirar atrás" porque es peligroso convertirse en una
estatua de sal.
Es entre octubre de 1981 y noviembre de 1982 que la CEPB
suscribe cuatro mensajes señeros y se abre a la opinión pública
con el argumento que "Bolivia nos incumbe a todos" fijando una
posición de lucha, quemando sus naves, frente a diversas
situaciones políticas, económicas y sociales que estaban
conduciendo al país a un irreversible desastre. En verdad en
aquella grave coyuntura la CEPB encabezó una ansiedad de los
bolivianos, dándoles los argumentos y las esperanzas para llegar
27
a una meta de ordenamiento y emplazando a los distintos gobiernos
de aquella época para que mediten en el destino de Bolivia.
Aquellos importantes mensajes fueron el basamento para
una orgánica reflexión sobre la suerte del país, que marchaba a
la deriva. Comienza entonces la fase más brillante y fructífera
de la CEPB con una comunicación "A las Fuerzas Armadas de
la Nación" (26 de octubre de 1981), invitándolas a un
renunciamiento patriótico y a una recapacitación sobre la
conveniencia del sistema democrático como medio de
preservación de las instituciones fundamentales de la República.
Se hablaba sin temor ni vericuetos dialécticos de "una hora
preñada de incógnitas". Anotaba que "todavía estamos a
tiempo para evitar el caos y la ruptura de todas las compuertas
que sostienen precariamente el sistema". Aconsejaban
"desmilitarizar la administración del gobierno" y sin eufemismos
recomendaba a las FF.AA. que "admitan que el monopolio en
la conducción del Estado era negativo a sus propios intereses
y compromete seriamente su incierto futuro". Los militares
— ciertamente con el beneplácito de la nueva política
norteamericana — estaban frente a un apurado dilema.
En el siguiente documento "A los Bolivianos", del 27 de mayo
de 1982, se repetían anteriores premisas con el agregado que
"los destinatarios del anterior mensaje que debieron meditar en
él no lo hicieron". A continuación venía la frase de queja de la
CEPB: "Nuestras palabras se las llevó el viento..."
El 23 de julio de 1982 la exigencia fue más perentoria aunque
con un tono conciliador en una comunicación pública
denominada "Democracia ya!"donde la CEPB aseguraba "la más
alta estima a las Fuerzas Armadas y reconocen su misión
constitucional insustituible y trascendente, en resguardo de la
soberanía y de la nacionalidad misma", y el párrafo proseguía
"velando por su propio prestigio y su verdadero potenciamiento,
28
debieran admitir que la continuidad del esquema militar de
gobierno, transfiriendo la Presidencia de un jefe a otro, no tiene
esperanza ni posibilidad alguna de lograr soluciones que
imperativamente reclama la situación actual". La CEPB se
estaba jugando entera y las FF.AA., felizmente, así lo
entendieron comenzando un repliegue en vista de los muchos
factores internos y externos que les eran adversos luego de casi
dos décadas de absoluto dominio con brevísimos paréntesis
civiles: Luis Adolfo Siles Salinas, Wálter Guevara Arce y Lidia
Gueiler Tejada, gobiernos interrumpidos violentamente por
descabelladas operaciones militares.
La restauración del sistema democrático, con el flamante
gobierno civil de Hernán Siles Zuazo (UDP) en 1982, si bien
entrañó una vigencia irrestricta de las libertades consagradas por
la Constitución Política, en el área de la dirección económica
resultó un desastre y dió margen a una compleja intranquilidad
social explotada por movimientos sindicales y cívicos que
coadyuvaron a profundizar el malestar. Después de un largo
predominio militar el desenfreno social sentó sus reales. La
conducción obrera y los partidos políticos de oposición no
daban tregua al gobierno democrático. Tenían sus razones pero
estaban jugando con fuego como siempre ocurre en una fase de
transición.
El 24 de noviembre de 1982 la CEPB rubricó un documento
con el título "Sin Libertad Económica no hay Democracia Política".
La situación económica y social se fue deteriorando en una
magnitud difícil de describir. Se anotaban los siguientes datos
económicos: "el peso boliviano devaluado en más de mil por
ciento en menos de un año". Estaban a la vista "los peligros que
entrañaba un populismo económico y social" mientras avanzaba
una crisis de incalculabres proporciones en medio de la
anarquía sin freno. A finales de 1984 "la inflación se acerca al
6.000%; el tipo de cambio subió de 200 por dólar a $b. 22.000 en
29
el mercado paralelo" y "el poder de compra de los salarios se ha
reducido en 75%". A fines del año 1985 el dólar en el mercado
callejero superaba la cotización de $b. 1.064.000. Toda la
estructura económica boliviana estaba desintegrándose. El
Gobierno anunciaba la circulación de nuevos billetes, "cheques
de gerencia", con un valor de $b. 500.000 y de $b. 1.000.000. La
locura.
En un documento titulado "Suplantación del Programa
Democrático" la CEPB comenta dramáticamente: "Discursos,
arengas, diatribas, promesas, amenazas, concentraciones,
bandas de música, banderas, puños, hoces y martillos — todo ello
para inflamar un estado de ánimo golpeado por la miseria, pero
sin fórmulas para encarar soluciones prontas — no conducen a
ninguna parte y agravan la desesperanza del pueblo boliviano".
El presente trabajo del Dr. Mansilla constituye una
meritoria contribución al esclarecimiento de la actitud
empresarial desde sus iniciales pasos hasta el presente en el
cuadro histórico del país en los últimos treinta y dos años.
Obviamente no es completo, aunque sí finamente analítico, y
será menester ahondar su investigación para tener un
panorama más completo de las fuerzas sociales en acción y sus
consecuencias en un período, un tercio de siglo, que configuraron
la peripecia y fisonomía de Bolivia en su tránsito de la
dictadura a la democracia.
La Paz, noviembre de 1994
Jacobo Libermann Z.
30
Introducción
A pesar de apreciables avances y de un indudable aumento
de su nivel explicativo, las ciencias sociales bolivianas exhiben
todavía notables lagunas en lo referente a los problemas que
ameritan esfuerzos de largo aliento de parte de los investigadores.
Durante muchos años se privilegiaron algunos temas, que hasta
hoy ocupan la mayor parte de los aportes publicados, y se
descuidaron importantes segmentos del quehacer colectivo de la
nación. Dos grandes áreas han recibido una atención preferencial:
el movimiento sindical y la cuestión agrario-campesina y étnica.
El mismo sesgo ideológico que ha favorecido el análisis estos
fenómenos ha sido el responsable por la desidia demostrada,
por ejemplo, con respecto al estudio de las élites, de la cultura
política, de la burocratización del aparato estatal y de la corrupción
imperante en la administración pública. La inclinación a percibir
estas esferas de la praxis social como meros epifenómenos de
una realidad presuntamente más importante y profunda ha
causado una sintomática distorsión en las ciencias sociales
bolivianas, distorsión que se manifiesta en una curiosa, pero
característica reticencia a tratar problemas que puedan significar
un cuestionamiento de las certidumbres y de los principios
teóricos fundamentales del investigador. Precisamente desde la
óptica marxista, imperante por varias décadas, se evitó
sistemáticamente el examen crítico de todo tema, cuyo
tratamiento pudiese implicar resultados desagradables, cuando
no adversos a las creencias y convicciones de los pensadores.
El análisis de las élites, particularmente de la empresarial,
podría, por ejemplo, hacer tambalear la opinión preformada —
hasta ahora muy arraigada y extraordinariamente popular — de
que el rol histórico de las clases altas habría sido necesariamente
negativo, cuando no funesto para el desarrollo de Bolivia. Pero
un estudio desapasionado de esta temática habría mostrado ya
31
tempranamente la complejidad de la realidad socio-política
boliviana (y, por ende, la precariedad de juicios someros y
categóricos), por una parte, y los variados aportes positivos de
las élites a la evolución social, económica y cultural del país, por
otra. Puesto que la doctrina prevaleciente prohibía de facto todo
aquéllo que no se avenía con sus convicciones y enunciados
centrales, parecía superfluo, cuando no peligroso, el dedicarse
científicamente (es decir: sin imágenes preconcebidas) a
fenómenos como las élites sociales. Asi quedó este campo casi
totalmente exento de análisis sociológicos y politológicos.
El presente trabajo se entiende como una primera
aproximación al análisis de las élites empresariales. Carecemos
totalmente de un estudio histórico de gran envergadura que
persiga la tortuosa evolución de los llamados estratos superiores
desde la época de la colonia española hasta la actualidad,
rastreando sus continuidades y rupturas, así como sus variadas
fracciones y estrategias divergentes, y que a partir de una
perspectiva valorativa nos haga conocer también las virtudes y
los logros de aquellas clases, junto con sus inevitables errores y
vicios. La élite empresarial contemporánea — como cualquier
capa social — ha sido influida seguramente por las pautas
colectivas de comportamiento y los valores de orientación preexistentes en la comunidad boliviana (fenómenos todos ellos de
un marcado cuño convencional, autoritario, conservador y
provinciano), pero ha sabido superar esa mentalidad, aunque sea
incipientemente, y se ha transformado en un estrato social abierto
al mundo exterior, a un espíritu cosmopolita y a reglas de juego
previsibles. Este es, indudablemente, el mayor mérito histórico
de los empresarios privados: en un medio signado fuertemente
por valores tradicionales y normativas irracionales (el movimiento
sindical representa, por ejemplo, uno de los fenómenos más
conservadores del área latinoamericana, a pesar de su radical
barniz izquierdista), la élite empresarial ha desatado, de manera
más o menos exitosa, un viento de renovación modernizante,
32
que se extiende desde la racionalización del aparato estatal hasta
la renovación de las estructuras productivas, pasando por la
alteración de nuestra cosmovisión cultural.
La empresa privada se halla inmersa en un ensayo global de
reestructuración de la sociedad boliviana, que en cuanto tal posee
unos resultados fácticos decididamente más modestos en
comparación con las pretensiones teóricas de los representantes
empresariales más connotados. Pero no hay dudas de que este
intento, llevado a cabo desde 1985, ha modificado ya sensiblemente muchos espacios de nuestro pequeño mundo. Ha hecho
manifiesto, por ejemplo, que existe un considerable potencial de
aprendizaje y adaptabilidad a un entorno internacional
cambiante e imprevisto, potencial que es imprescindible para
sobrevivir en la era moderna. Aparte de los empresarios privados,
muy pocos segmentos sociales en Bolivia han podido exhibir esa
facultad de amoldarse adecuadamente a los requerimientos
contemporáneos de conducta colectiva. Así sean limitadas, las
alteraciones ocasionadas en el campo estatal-administrativo, en
la esfera socio-cultural y en el terreno técnico-económico tienden
a desarrollar una dinámica propia, que sin duda traerá consigo
una transformación cualitativa de la sociedad boliviana en las
próximas décadas.
Finalmente hay que señalar el hecho de que las reformas
iniciadas por los empresarios privados son favorables a una
conjunción de la modernización económica con una expansión de la
democracia representativa, liberal y pluralista, combinación que
como tal es altamente positiva para el conjunto de la sociedad
boliviana. La empresa privada ha inducido este decurso
evolutivo inspirada obviamente por la consecución de sus
intereses grupales específicos. Aquí también se hizo patente la
veracidad de un viejo principio liberal, combatido enérgicamente
por todas las fracciones populistas e izquierdistas y, en general,
por la mentalidad estatista y colectivista del país: la
33
persecución de intereses privados y gremiales es algo totalmente
legítimo en una sociedad moderna, y de la lucha de cientos de
intereses individuales es que nace una especie de consenso
colectivo parcial, un compromiso aceptable de lo que es positivo
para la comunidad en un futuro previsible.
Esto no significa, siguiendo una efímera moda del día, propalar
la idea de que toda concepción del bien común se ha evaporado,
desapareciendo junto con ella toda normativa de largo plazo, todo
fundamento transcendente de la política y toda base metafísica
de la ética. Se trata más modestamente de señalar las ventajas de
una situación global semejante a la que existe permanentemente
en el ámbito moderno de los negocios: la previsibilidad de las
reglas de juego no impide la incertidumbre de los resultados
concretos de una gestión empresarial. Las experiencias de las
últimas décadas han mostrado que el vivir con esta continua
tensión es preferible a la falsa seguridad de los magnos sistemas
dogmáticos, cuya fortaleza resultó ser similar a la de los grandes
imperios bíblicos con pies de arcilla.
Este breve estudio se centra en la temática socio-política de
los últimos decenios y deja de lado deliberadamente los aspectos
específicamente técnico-económicos, los antecedentes históricos
de la actual élite empresarial boliviana, el desempeño (exitoso o
mediocre) de los grupos específicos que la componen y el análisis
de su probable desarrollo en el futuro. Tampoco entra a la
problemática de las facultades innovativas de la empresa
privada ni analiza la capacidad de la misma para inducir a largo
plazo una evolución económica que sea acorde con las esperanzas
de los ciudadanos y los designios de los partidos políticos. La
meta de este trabajo reside más bien en reconstruir y evaluar el
aporte de la empresa privada boliviana al proceso de
modernización y democratización que vive Bolivia a partir de
1982 y más precisamente desde 1985, mostrando cómo los propios
empresarios alteraron primeramente su visión convencional del
34
mundo político y del universo social, y recién entonces se dedicaron
— de modo relativamente exitoso — a la tarea de transformar
la esfera de la política, de la administración pública y del
funcionamiento del Estado. Se puede aseverar que se trata de
una labor doble, que engloba una modificación de la cultura
imperante y, al mismo, un genuino cambio en las estructuras
económicas del país. Es superfluo añadir que este "cambio de
estructuras", que salió totalmente distinto al preconizado
durante largas décadas por los intelectuales progresistas y los
grupos políticos del centro y de la izquierda, exhibe un desempeño
no demasiado brillante y un equilibrio precario en medio de una
situación signada aun por un amplio descontento social, pero
conlleva sin duda alguna tranformaciones de gran alcance y
significación para la totalidad de la sociedad boliviana.
Este estudio está fundamentado en la utilización y el análisis
de (1) las fuentes primarias (noticias referentes a la evolución y,
sobre todo, a la actuación política de la empresa privada y de la
Confederación de Empresarios Privados de Bolivia [CEPB], y a
las reacciones de los otros actores socio-políticos, por un lado
[acopiadas en la prensa escrita boliviana a partir de 1962] y
comunicados públicos y declaraciones programáticas de la
propia CEPB, por otro [usando las memorias y otros documentos
intqrnos de esta institución y de sus afiliadas]), en (2) la bibliografía
secundaria en torno a la historia, la sociología y la politología
contemporáneas del país y (3) en las teorías actuales sobre el rol
de las élites modernizantes en sociedades mayoritariamente
tradicionales, que muestran la contraposición entre ellas y las
aristocracias convencionales. Este enfoque ha sido mitigado por
(4) una visión crítica de la modernidad en cuanto valor normativo
presuntamente obligatorio para las sociedades en vías de transición
como la boliviana.
El presente texto comienza (cap. I) con una reconstrucción de
la etapa formativa de la CEPB, cuando aun prevalecía en esta
35
institución una mentalidad claramente estatista y proteccionista,
indiferente y hasta opuesta a la moderna democracia
pluralista. Luego se describe y analiza (cap. II) la conversión del
empresariado boliviano (organizado corporativamente) hacia
posiciones modernizantes y democráticas, su lucha por la
recuperación de la democracia representativa (cap. III) y contra
fenómenos como el sindicalismo y el populismo, así como el rol
de la CEPB en los llamados compromisos de 1984/1985, que
dieron fin prematuramente al gobierno de la Unidad
Democrática y Popular. Luego (cap. IV) se reconstruye el intento
de la CEPB de modernizar el Estado y la administración pública
y de inducir un modelo de privatización de la economía
estatal. Finalmente se muestra la transformación interna de la
CEPB y se ensaya una crítica a sus aspectos de índole retrógrada
que aun permanecen en la mentalidad y las actuaciones de la
misma (cap. V).
36
I
La creación de la Confederación de Empresarios
Privados de Bolivia (CEPB) y su etapa formativa
en el contexto de la mentalidad estatista
a) El periodo 1962-1971
Es muy problemático el intento de establecer de manera
fehaciente la mentalidad imperante dentro del pequeño grupo
de empresarios privados que decidió la fundación de la
Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB) en La Paz
el 4 de septiembre de 1962. No hay duda de que la intención
central era la de crear una institución permanente para la agregación
y articulación de sus intereses grupales, para influir, dentro del
marco legal, sobre la formulación de políticas públicas y para
defender de manera mancomunada el gremio empresarial de las
eventuales críticas y hasta ataques de otros sectores sociales.
Según un documento propio de la CEPB, las funciones de esta
institución desde sus comienzos pueden ser enunciadas de esta
manera:
"Representar, precautelar y promover los intereses de la
actividad privada en función del bienestar colectivo [...1";
"difundir [...] los principios de la libertad de empresa y la
economía de mercado";
"promover relaciones y mantener diálogo con todos los
sectores del país [...] para buscar el equilibrio social";
"fomentar el perfeccionamiento de las técnicas de dirección,
administración y productividad [...]"; y
"elaborar recomendaciones en materia socio-económica,
especialmente las referidas a los asuntos que confronte la
actividad privada a la política económica general [...]"1.
1 Citado en: La máxima institución representativa de los empresarios privados
cumple 31 años, en: LA RAZON (La Paz) del 4 de septiembre de 1993
37
Hasta ese momento habían existido ciertamente algunas
organizaciones para la representación de los llamados intereses
económicos privados en Bolivia, como la Sociedad Rural Boliviana,
la Asociación de Industriales Mineros de Bolivia (mineros grandes),
la Asociación Nacional de Mineros Medianos de Bolivia (establecida
en 1939), las Cámaras de Industria y Comercio y algunas agrupaciones
menores. Entre estas se destacó la Sociedad de Propietarios de Yungas,
cuyo presidente por largos años, Don José María Gamarra, trató
de inculcar algunas ideas básicas en torno a la articulación gremial
de intereses entre los propietarios de medios de producción agrícola. Se puede afirmar, empero, que históricamente se trataba
de corporaciones de reciente data, es decir de esta centuria. Sólo
la Cámara de Comercio de La Paz, precursora de todas las otras
Cámaras de Comercio bolivianas, existió ya desde la última década
del siglo XIX, y se destacó por algunos intentos, no demasiado
sistemáticos, de influir sobre las políticas públicas, propugnando,
por ejemplo, la adopción del patrón oro en 1897 para paliar los
efectos de la ya muy visible decadencia de la economía minera
basada en la plata2.
Se trataba, empero, de instituciones que no gozaban de la
mejor reputación — ni en el interior de los sectores privados
mismos — y no mostraban ni cohesión organizativa ni habilidad
para negociar con el Estado o para influir sobre la opinión pública.
El poco empeño en fundar y hacer andar instituciones de este
tipo se debió probablemente a que hasta 1952 los estratos
privilegiados bolivianos no requerían de órganos diferenciados
(y de índole pública) para representar sus intereses, pues disponían
de un acceso directo a las instancias gubernamentales y de un
peso político considerable. Una representación específica de sus
intereses parecía simplemente superflua. Dos motivos parecen
ser constitutivos para ello.
2 Cf. EL IMPARCIAL (La Paz) del 20 de octubre de 1897.- Agradezco
al Lic. Mario Napoleón Pacheco Torrico ésta y otras indicaciones bibliográficas.
38
La cultura política prevaleciente entonces, que no
privilegiaba una discusión racional, pública y abierta de
intereses sectoriales, favorecía los acuerdos y arreglos detrás de
bambalinas, precisamente en lo referente a la formulación de la
legislación necesaria.
La creación de una institución permanente para la
articulación de intereses privados parecía ser poco oportuna, ya
que desde la Guerra del Chaco aumentaban las voces que
criticaban de la manera más acerba a los grandes propietarios
territoriales y a los empresarios mineros más importantes por
ser aparentemente los causantes de la derrota militar, del
subdesarrollo económico, de las injusticias sociales y del régimen
político de inicuos privilegios.
No hay dudas de que los llamados sectores privilegiados3
han tenido una notable influencia durante el curso de toda la
historia boliviana. Pero no es tan obvio que hayan sido los
empresarios privados en la acepción estricta del término los
depositarios de ese poder fáctico. A pesar de los dilatados mitos
en torno al presunto poder ilimitado del que habrían gozado los
magnates mineros 4 hasta 1952, se puede afirmar que la dirección
de la política boliviana estuvo hasta 1952 — y en realidad hasta
• 3 Cf. E. Bradford Burns / Thomas E. Skidmore, Elites, Masses and
Modernization in Latin America 1850-1930, Austin: Texas U.P. 1979; Diana Balmori
et al., Notable Family Networks in Latin America, Chicago: Chicago U.P. 1984;
Harold D. Lasswell / Daniel Lerner / C. Easton Rothwell, The Elite Concept, en:
Peter Bachrach (comp.), Political Elites in a Democracy, New York: Atherton 1971,
pp. 13-26
4 Cf. sobre todo el brillante ensayo de Herbert S. Klein, The Creation of the
Patiño Tin Empire, en: INTER-AMERICAN ECONOMIC AFFAIRS, vol. XIX
(1964), N° 2; cf. también: Manuel Carrasco, Simón I. Patiño. Un prócer iundustrial,
París: Grasset 1960; Charles Geddes, Patiño. The Tin King, Londres 1971; Alfonso
Crespo, Los Aramayo de Chichas, Barcelona: Blume 1984.- A la conformación de
este mito contribuyó eficazmente la gran novela de Augusto Céspedes, Metal del
diablo, La Paz: Juventud 1978.- Sobre el poder aparentemente ilimitado del cual
habrían gozado los magnates mineros cf. por ejemplo: Sergio Almaraz, El poder
39
1985 — en manos de una clase o élite política s, que se ha nutrido
evidentemente de personajes provenientes del comercio y la
industria, pero en un grado mucho más restringido del
aceptado comúnmente; hasta 1952 fue importante el aporte de
los estratos terratenientes y de las élites rurales y provinciales6.
Pero el rasgo más característico de la clase política boliviana
estribaba probablemente en su constitución bastante autónoma,
en su elevado auto-recrutamiento, en sus vínculos estrechos y
decisivos con la alta burocracia estatal, en su relación claramente
patrimonialista con el conjunto de la administración pública e,
indudablemente, en su pertenencia al grupo étnico-cultural de
los criollos y mestizos con pretensiones de blancos. Se trataba,
entonces, de una "clase" o "burguesía estatal" 7 , que no estaba
adherida naturalmente a ningún programa socialista, pero que
tampoco representaba fiel y ciegamente los "intereses
y la caída, La Paz: Amigos del Libro 1969; cf. también algunos pasajes críticos en
dos obras excelentes: James M. Malloy, Bolivia: The Uncompleted Revolution,
Pittsburgh: Pittsburgh 1970, p. 130,152; Herbert S. Klein, Orígenes de la revolución
Nacional boliviana. La crisis de la generación del Chaco, La Paz: Juventud 1968, p. 60
sq.
5 Cf. Kenneth Prewitt / Alan Stone, The Ruling Elites, New York: Harper
Row 1973; Hans-Dieter Evers / Tilman Schiel, Strategische Gruppen. Vergleichend e
Studien zu Staat, Bürokratie und Klassenbildung in der Dritten Welt (= Grupos
estratégicos. Estudios comparativos sobre el Estado, la burocracia y la formación
de clases en el Tercer mundo), Berlin: Reimer 1988; German José Bidart Campos,
Las élites políticas, Buenos Aires: EDIAR 1977; Michael Young, The Rise ofMeritocracy.
An Essay on Education and Equality, Londres: Thames Hudson 1961; cf. las dos
obras pioneras sobre la concepción actual de "clase política": Harold D.
Lasswell et al., The Comparative Study of Elites. An Introduction, Stanford:
Stanford U.P. 1952; Thomas B. Bottomore, Elite und Gesellschaft (= Elite y
sociedad), Munich: Beck 1966
6 Cf. José L. Havet, The Diffusion of Power. Rural Elites in a Bolivian Province,
Ottawa: Tesis de grado de la Universidad de Ottawa 1985
7 El concepto proviene de Hartmut Elsenhans, Abhiingiger Kapitalismus
oder bürokratische Entwicklungsgesellschaft. Versuch über den Staat in der Dritten
Welt (= Capitalismo dependiente o sociedad de desarrollo burocrático. Ensayo
sobre el Estado en el Tercer Mundo), Frankfurt/ New York: Campus 1981, p. 15
40
empresariales". Precisamente a partir de 1985 es cuando recién
el empresariado en cuanto fuerza socio-política organizada y
consciente de sí misma empieza a influir directamente sobre
las políticas públicas y a impulsar un modelo societal alejado,
así sea de modo incipiente, de las tradiciones patrimonialistas
y estatistas de la clase política convencional.
No hay duda de que el ordenamiento estatal prevaleciente
hasta 1985 exhibía los notables y conocidos rasgos de un sistema
patrimonialista-estatista (o mercantilista, según una definición
no muy feliz de Hernando de Soto 8 ), cuyo excedente era
usufructuado colectivamente por la clase política, sin que ésta
hubiera sido propietaria de los principales medios de
producción. Esta élite estaba interesada en la expansión de las
funciones estatales, incluyendo, desde luego, la actividad
económica gubernamental. La administración de las grandes
empresas estatales y el quasi-monopolio sobre los puestos más
importantes del aparato burocrático conformaban los dos
pilares sobre los cuales estaba (o está aun?) asentado el poder
de la élite política. La administración de aquellas empresas
tendía necesariamente a ser técnicamente mediocre y
éticamente corrupta; el control de parte de la sociedad civil era
insuficiente; la inversión pública en costosos y monumentales
proyectos de desarrollo debía ser generosa, máxime si tales
proyectos parecían encarnar los más profundos anhelos
colectivos de progreso y adelantamiento. La élite política, por
más que provenía de un sector étnico-cultural con una buena
educación formal y con variados contactos internacionales, se
destacada (y aun se destaca) indefectiblemente por una clara
reticencia hacia innovaciones técnicas, político-institucionales
8 Hernando de Soto,
Negra 1987, p. 15, 239 sqq.
El otro sendero. La revolución informal,
41
Bogotá: Oveja
y de comportamiento cotidiano, de un lado, y por un virtuoso
oportunismo parasitario, de otro. En esta economía de rentas 9 el
aparato estatal era (y es todavía) el campo de una batalla
redistributiva entre los sectores mejor organizados 10, sectores
cuyos ingresos y privilegios fácticos no correspondían a su
desempeño técnico-profesional y a sus labores efectivas.
Durante largo tiempo ellos han intentado mantener este estado
de cosas, basado en una burocracia enrevesada y corrupta,
desvirtuando toda posibilidad de crítica y control de parte de
órganos independientes y evitando la competencia abierta y
espontánea en los mercados de bienes y servicios y en los foros
de ideas. Es superfluo el añadir que no pocos partidos de
izquierda y asociaciones sindicales han apoyado decididamente
este modelo, a causa, por ejemplo, del extenso rol atribuido al
Estado, a sus agencias y a la clase político-burocrática en los
proyectos de desarrollo y debido al estilo convencional estatista
de la cultura política.
Es imprescindible señalar que este modelo socio- económico
y la correspondiente élite político-administrativa han tenido a
lo largo y a lo ancho de todo el Tercer mundo una considerable
importancia 11, no exenta de alguna originalidad, hasta bien
9 Sobre la temática de las sociedades "rentistas" cf. el informativo artículo
de Georg Simonis, Rent-Seeking — eine neue Theorie der Unterentwicklung (= RentSeeking — una nueva teoría del subdesarrollo), en: POLITISCHE
VIERTELJAHRESSCHRIFT (Heidelberg), vol. 27, marzo de 1986, Nr. 1, pp. 100109; Hernando de Soto, op. cit. (nota 1/7), p. 239-252; algunos detalles referentes
al Perú, que no son ajenos a la realidad boliviana: Instituto Libertad y Democracia,
Estado mercantilista, economía informal y reformas institucionales, Lima: s.e. 1989,
passim
10 Hernando de Soto, op. cit. (nota 1/8), p. 242
11 Cf. entre otros: Günter Endruweit, Elite und Entwicklung. Theorie und
Empirie zum Einflufl von Eliten auf Entwicklungsprozesse (= Elite y desarrollo.
Teoría y datos empíricos sobre la influencia de las élites sobre los procesos
de desarrollo), Frankfurt/ Berna: Lang 1986; Peter Bachrach, The Theory of
42
entrada la década de 1980-1990. Su comportamiento políticol2
ha sido, empero, conservador en el sentido negativo del
término: han tratado de impedir un proceso genuinamente
democratizador 13 , han dificultado la constitución de una élite
empresarial moderna", y han perpetuado las tendencias
expansivas y patrimonialistas del Estado que pervivían desde
la era colonia1 15 . Contra esta corriente ha luchado la
Confederación de Empresarios Privados de Bolivia, aunque
no desde sus comienzos.
En 1962, cuando se creó la CEPB, la atmósfera general era
aun claramente favorable a la expansión de las funciones
estatales en los más variados campos, incluyendo el económico.
Mediante dos instrumentos — la Corporación Boliviana de Fomento
y el recién creado Ministerio de Planeamiento y Coordinación —,
el Estado boliviano trató de inducir una modernización
acelerada, especialmente del sector productivo y de la
infraestructura general de la nación, modernización que, de
Democratic Elitism. A Critique, Washington: University Press of America 1980;
John Walton, Elites and Economic Development. Comparative Studies on the
Political Econotny of Latin American Cities, Austin: Texas U.P. 1977
12 Cf. por ejemplo: William Allen Welsh, Leaders and Elites, New York: Holt
1979, especialmente el capítulo 5, pp. 97-121: "Extra-legal Political Behaviour
among Latin American Political Elites"; algunas observaciones en: Suzanne
Keller, Beyond the Ruling Class. Strategic Elites in Modem Society, New York:
Random 1963, passim; Frank Bonilla / José A. Silva Michelena, The Failure of
Elites, en: Bonilla / Silva Michelena (comps.), A Strategy of Research on Social
Policy, Cambridge (M): MIT Press 1970, pp. 175-237
13 Cf. Wilfried Róhrich (comp.), "Demokratische" Elitenherrschaft.
Traditionsbestinide e ines sozialwissenschaftlichen Problems (= Dominio "democrático"
de las élites. Aspectos de la tradición de un problema de las ciencias sociales),
Darmstadt: WBG 1975, passim
14 Mario Cerutti / Menno Vellinga (comps.), Burguesías e industria en
América Latina y Europa Meridional, Madrid: Alianza 1991
15 Cf. la obra básica: Marcello Carmagnani, Estado y sociedad en América
Latina, Barcelona: Crítica 1984
43
acuerdo a los parámetros entonces reinantes, debía tener lugar
bajo la tuición del Estado y de modo altamente centralizado.
En aquellos años prevalecía el dogma, no relativizado tampoco
por la empresa privada, de que el impulso y los fondos para
el modelo industrializante deberían provenir de la minería,
principalmente de la nacionalizada; los hornos de fundición, la
industrialización a partir de la metalurgia y la siderurgia y
substitución de importaciones en terrenos afines y contiguos a
la producción de minerales deberían constituir los rasgos
esenciales de este tipo de modernización, modelo compartido
por amplios sectores de la sociedad boliviana y que no fue
puesto en cuestión por la CEPB hasta finalizar la década de
1970. El mismo empresariado privado concebía su función
premeditadamente como secundaria; sólo podría y debería
actuar en aquellos sectores no estratégicos que no estaban
reservados a la actividad estatal. Y el papel de locomotora
quedaba naturalmente en manos del Estado, tanto en lo
referente a la dirección del proceso modernizante cuanto en la
definición de los contenidos del mismo.
El rol primordialmente modesto que el empresariado
boliviano se atribuyó a sí mismo por largos años tiene que ver
con su propia historia formativa. Todos los componentes de las
élites bolivianas han estado expuestos a una atmósfera
marcadamente provinciana y, lo que fue decisivo, a las
normativas de la cultura tradicional ibero-católica (de cuño
estatista y patrimonialista) durante mucho más tiempo que
las élites comparables de países vecinos. A las élites bolivianas
les faltó, por ejemplo, la visión dinámica, el espíritu moderno
de riesgo y las conexiones cosmopolitas de las clases altas
argentinas 16; no llegaron ni siquiera a poseer el empuje socio16 Cf. entre otros: Jorge Federico Sábato, La clase dominante en la Argentina
moderna. Formación y características, Buenos Aires: CISEA 1988; Tulio Halperin
Donghi, Revolución y guerra. Formación de una élite dirigente en la Argentina criolla,
44
cultural o el poder financiero de las élites peruanas, las más
similares en todo sentido 17 . Hasta bien entrada la década de
1980 la empresa privada boliviana ha vivido sin una base
autónoma y sin un proyecto societal propio, usufructuando
lo que le llovía de las actividades estatales por medio de los
conocidos recursos del prebendalismo y del patrimonialismo, sin
contar las prácticas cotidianas de la corrupción y el desfalco de
fondos públicos.
Puede aseverarse que en sus primeros años la CEPB no
puso en duda, ni de forma meramente teórica, esta
preeminencia fáctica e ideológica del Estado como empresario
y en cuanto guía indiscutido del proceso modernizador. Lo que
sí vale la pena subrayar es que la CEPB intentó
evitar un crecimiento aun mayor de las funciones
empresariales del Estado, partiendo de la presuposición de que
el Estado ya había alcanzado su tamaño óptimo;
consolidar la posición jurídica y política de la propiedad
privada, que se hallaba desde 1952/1953 en una situación algo
precaria; y
(3) preparar paulatinamente el terreno para que la opinión
Buenos Aires: Siglo XXI 1972; Manuel Acevedo / Eduardo M. Basualdo / Miguel
Khavisse, ¿Quén es quién? Los dueños del poder económico. Argentina 1973-1987,
Buenos Aires 1990; Dardo Cúneo, Comportamiento y crisis de la clase empresarial,
(2 vols.), Buenos Aires 1984; Mirta L. de Palomino, Tradición y poder. La Sociedad
Rural Argentina, Buenos Aires 1988; Jorge Schvarzer, La Unión Industrial
Argentina, Buenos Aires: CISEA 1989; Ricardo Sidicaro, Poder y crisis de la
gran burguesía agraria argentina, en: Alain Rouquié (comp.), Argentina hoy,
Buenos Aires 1982, pp. 51-104; y la gran obra de José Luis de Imaz, Los que
mandan, Buenos Aires: EUDEBA 1964
17 Cf. Dennis L. Gilbert, La oligarquía peruana, Lima: Horizonte 1982; José
Matos Mar, La oligarquía en el Perú, Buenos Aires: Amorrortu 1982; Philippe
Spaey, L'elite politique péruvienne, París: Edit. Univ. 1972; y las dos obras
fundamentales: Carlos A. Astiz, Pressure Groups and Power Elites in Peruvian
Politics, Ithaca: Cornell U.P. 1969; FranÇois Bourricaud, Pouvoir et société dans le
Pérou contemporain, París 1967
45
pública y, sobre todo, la llamada clase política comiencen a ver
con menos suspicacia la actuación abierta, legal y progresiva de
la representación de los intereses grupales empresariales.
Fue entonces relevante la actuación de Don René Ballivián
Calderón, quien había trabajado anteriormente en la empresa
minera Aramayo y quien trajo nuevas ideas en torno al rol social
y hasta cultural de los empresarios privados en el proceso de
modernización acelerada. Estas ideas cayeron en suelo
relativamente fructífero por varias razones. La estatización 18 de
las principales empresas mineras privadas en octubre de 1952
no conllevó ni (a) un impulso modernizador digno de mención
para el conjunto de la economía boliviana, ni (b) la posibilidad
de disponer sobre cuantiosos fondos para ser transferidos a
otros sectores productivos, ni (c) la creación de clases medias
modernas e imbuidas del principio de rentabilidad y desempeño
individual. El descrédito en que cayó la nacionalización de las
minas en pocos años se debió a que en 1952 y en años anteriores
los partidos nacionalistas y marxistas, así como importantes
sectores de la opinión pública compartían ingenua y
dogmáticamente la opinión — tenida entonces por verdad
absoluta — de que esta medida era imprescindible para inducir
un verdadero proceso de modernización económica, el cual, a
su vez, constituiría la base para consecución de soberanía nacional
y justicia social. El mejoramiento del nivel de vida de las llamadas
"grandes mayorías nacionales" estaba, por lo tanto, vinculado
18 La estatización de las grandes propiedades mineras fue justificada
mediante argumentos morales (los magnates mineros habrían usado su poder
financiero para corromper a la élite política y la administración pública), económicos (la riqueza inaudita de los "barones del estaño" sería la causa directa de la
miseria de gran parte de la población) y políticos (en un Estado soberano sería
inadmisible y antidemocrática la concentración de tanto poder decisorio en tan
pocas manos). Cf. los testimonios: Bolivia: 10 años de Revolución, La Paz: s.e. 1962,
p. 35; Augusto Céspedes, El presidente colgado, Buenos Aires: Alvarez 1966, p. 18
46
inextricablemente a un proyecto enérgico, planificado y
centralizado de progreso técnico-económico, tal como lo manifestó
repetidas veces el entonces Presidente de la República, Víctor Paz
Estenssoro 19. El mérito de Ballivián Calderón y de otros
propulsores de la economía de libre mercado como Roberto Arce20
fue haber llamado tempranamente la atención acerca de las
falacias contenidas en este razonamiento, criticando
especialmente la ilusión de que habrían "cuantiosos
dividendos" que antes iban a parar a manos privadas y que ahora
servirían para financiar los grandes proyectos de modernización
integral.
Se puede afirmar que para 1962 ya se había difundido una
visión más sobria de la realidad emergente de la nacionalización
de las minas y de la reforma agraria 21 , promulgada en agosto
de 1953. Como lo reconocieron hasta los intelectuales de
izquierda, la nacionalización de las minas fue globalmente una
19 V. Paz Estenssoro, El pensamiento político de Víctor Paz Estenssoro, La Paz:
s.e. 1954, p. 79 sq., 101 sq.
20 Roberto Arce, Historia de la minería, en: PRESENCIA (La Paz) del 6 de
agosto de 1975 (edición especial del sesquicentenario de la creación de la
República), p. 640 sq.
21 Todavía no existe una investigación sociológica o histórica acerca de lo
que significó la Reforma Agraria para la modificación de las élites dominantes,
para la constitución de nuevas fracciones y, en general, para el status de la
propiedad privada en Bolivia.- Cf. entre la enorme bibliografía sobre esta
temática la de los primeros tiempos, que toca marginalmente estas cuestiones:
William E. Carter, Revolution and the Agrarian Sector, en: James M. Malloy /
Richard S. Thorn (comps.), Beyond the Revolution. Bolivia since 1952, Pittsburgh:
Pittsburgh U.P. 1971, p. 246 sqq.; Salvador Romero Pittari, Les Mouvements
sociaux paysans en Bolivie, París: E.P.H.E. 1975 (disertación doctoral), passim;
Demetrio Canelas, Aspectos de la Revolución boliviana. La Reforma Agraria y
temas anexos, La Paz 1958; D. B. Heath / C. J. Erasmus / H. C. Buechler, Land
Reform and Social Revolution in Bolivia, New York: Praeger 1969; Fausto Beltrán /
José Fernández, ¿Adónde va la reforma agraria boliviana?, La Paz 1960
47
frustración22, lo que también fue percibido y reflexionado en el
partido gobernante, el Movimiento Nacionalista Revolucionario
(MNR). Ya por los años 1956/1957, con motivo del primer (y
bastante exitoso) intento de estabilización monetaria, asociado
al asesor internacional Jackson Eder, se dieron los primeros pasos
para combatir el déficit fiscal, reducir el rol empresarial del
Estado y acrecentar el de la empresa privada, aunque ésto
último no de manera explícita23.
Es sintomático que precisamente alrededor de 1962,
cuando se fundó la CEPB, el discurso interno del MNR diese
un importante viraje: la estatización de las grandes propiedades
mineras no habría sido una medida básicamente económica (por
ejemplo: para servir de motor a la modernización del país e
inducir, mediante el trasvase de fondos, la esperada
industrialización), sino una meramente política, dedicada a
quebrar el poder de los grandes magnates mineros y a establecer
un régimen social justo 24 . Es presumible que los empresarios
privados de entonces hayan aceptado y hecho suyo este
concepto: nunca le tuvieron demasiada simpatía a los "barones
del estaño", especialmente a Don Simón L Patiño, y en esta
adversidad se mezclaban motivos de índole étnico-cultura125
(Patiño no pertenecía a los estratos blancos criollos) con
22 Amado Canelas, Historia de una frustración: la nacionalización de minas
en Bolivia, La Paz: Amigos del Libro 1963; Sergio Almaraz, El poder..., op. cit. (nota
3), passim; C. H. Zondag, La economía boliviana 1952-1965. La Revolución y sus
consecuencias, La Paz: Amigos del Libro 1968, p. 114 sqq.; Richard S. Thorn, The
Economic Transfortnation, en: Malloy / Thorn (comps.). op. cit. (nota 21), p.172 sq.
23 Cf. James Dunkerley, Rebelion in the Veins. Political Struggle in Bolivia,
1952-1982, Londres: Verso 1984, p. 87, 127
24 Testimonios en: Manuel Frontaura Argandoña, Transcendencia de la
Revolución Nacional de 1952, La Paz 1973, p. 13, 29
25 Cf. la entrevista a Carlos F. Toranzo Roca: César Rojas Ríos, Una entrevista
"pluri-multi", en: LA RAZON (La Paz), suplemento VENTANA del 24 de julio de
1994, p. 16
48
resentimientos comprensibles, ya que la fortuna de Patiño era
de magnitud internacional e infinitamente mayor que la de
cualquier empresario boliviano.
En la segunda presidencia de Víctor Paz Estenssoro (19601964), época que corresponde a la fundación de la CEPB, se dio
una atmósfera general más favorable a la iniciativa privada, a
pesar de que el gobierno siguió adelante con los intentos de
planificación estatal centralizada — que no pasaron de buenos
deseos — y con la expansión de las funciones gubernamentales
en el campo económico. El status de la propiedad privada fue
claramente reforzado de facto, ya que el gobierno empezó a ver
con buenos ojos la acción de los empresarios privados,
concediéndoles créditos fiscales en condiciones favorables y
lucrativos negocios en las adquisiciones de las empresas
estatales, cuyas licitaciones públicas han estado desde
entonces envueltas en el velo de lo turbio y sospechoso. Pero
en ese entonces la propiedad privada poseía aun un status
precario, supedidata como estaba a la consecución de fines
sociales presuntamente más elevados (lo que quedó codificado
hasta en la Constitución Política del Estado del 2 de febero de
1967) y a la arbitrariedad de los gobernantes de turno. Un
ejemplo de esta legalidad ambigua fue el tratamiento de la
indemnización a los propietarios de tierras afectados por la
Reforma Agraria de 1953: aunque la ley preveía esa indemnización por toda afectación de latifundios y predios menores y el
modo de pago, los antiguos propietarios no recibieron jamás
ninguna compensación financiera por la pérdida de sus tierras26.
Entre ellos se hallaban no pocos empresarios (y familias
empresariales) activos y exitosos a partir de 1960.
A pesar de estos contratiempos, la Revolución Nacional de
1952 significó ciertamente un impulso modernizante de notable
26 Cf. William E. Carter, op. cit. (nota 1/21), p. 247
49
envergadura para el crecimiento del sector manufacturero. La
producción de la industria de bienes de consumo se duplicó
entre 1952 y 1963; para el mismo periodo, el incremento
industrial, medido en indicadores per capita de la población, fue
de un 63%27. A esta evolución subyacen algunos factores como
la paulatina integración del campesino en el mercado nacional
después de la Reforma Agraria, la apertura del Oriente boliviano
a causa de la construcción de la carretera Cochabamba—Santa
Cruz (inaugurada en 1953), el auge de la explotación petrolífera
y la generosa dotación de créditos (a fondo perdido) en favor
de la élite política asociada directamente al régimen del MNR.
En este último rubro se puede hablar de un inequívoco caso de
corrupción sistemática, iniciada y perfeccionada por el gobierno
de entonces con el fin explícito de crear una "burguesía
nacional", cuya tarea "histórica" habría sido llevar a cabo (a) la
industrialización del país y (b) alcanzar el periodo de la
"democracia democrático-burguesa". Hay que considerar que
por aquel entonces existía un fuerte elemento marxista detrás
de todas las concepciones del MNR, sobre todo en la
cosmovisión a largo plazo: se suponía que la — por suerte —
muy lejana meta normativa del socialismo iría precedida por
un largo periodo de "desarrollo burgués nacional-democrático",
que debía ser alentado y hasta dirigido por el Estado a causa
de la "debilidad intrínseca" de las "capas burguesas" en los países
latinoamericanos. Esta doctrina, inmensamente popular en todo
el Tercer Mundo, fomentaba la formación de un estrato
empresarial con la ayuda y los dineros del Estado. El elevado
grado de corrupción que surgió entonces (y que nunca más
desaparecería de la escena boliviana) fue justificado con el
argumento de que no había otro camino para la creación de una
élite empresarial, dada la debilidad económica, organizativa
y financiera de los incipientes empresarios bolivianos, y que
después de todo tal recurso serviría exclusivamente para la
27 Cf. los datos en: C. H. Zondag, op. cit. (nota 1/22), p. 134
50
constitución de una etapa necesaria, pero igualmente
transitoria en la historia boliviana. En retrospectiva puede
aseverarse que esta estrategia configuró un despilfarro de fondos
escasos, sin resultados positivos tangibles para el desarrollo del
empresariado boliviano. (Desde otra óptica se puede hablar
evidentemente de una democratización del acceso al crédito estatal,
de un robustecimiento de las llamadas clases medias y de un
debilitamiento concomitante de la clase alta tradicional.) De todas
maneras, el ambiente socio-político a partir de 1960 se transformó
en hostil hacia los designios revolucionarios y en favorable al
florecimiento de la iniciativa privada.
Por otra parte es indispensable señalar que la Revolución
Nacional trajo consigo la destrucción del estrato de los grandes
propietarios territoriales en el Occidente de Bolivia y
simultáneamente la eliminación de aquellos grupos de las clases
altas vinculadas con la gran minería nacionalizada en 1952. El
hundimiento de las capas altas tradicionales significó el fin de
la identificación entre ellas y la élite del poder. La consecuencia
fue la diferenciación entre una élite del poder — que prosiguió
las tradiciones más detestables de la clase alta premoderna —
y un estrato empresarial más o menos independiente, el cual sí
logró acomodarse paulatinamente a los requerimientos del mundo
moderno. De él nacería el impulso neoliberal que cambió el país
a partir de 1985. Pero es de justicia mencionar que la revolución
de 1952 sentó algunas bases para este proceso. Terminó con los
procesos estrictamente clasistas, particularistas y adscriptivos (es
decir: dependientes no del desempeño individual, sino de la
pertenencia a una casta social por el nacimiento) para el
reclutamiento de las élites política, administrativa, económica y
cultural; la estratificación social se hizo menos rígida, más porosa
y flexible y "potencialmente más igualitaria" 28 . La Revolución
28 Salvador Romero Pittari, Notas sobre la estratificación social en Bolivia, La
Paz: Universidad Católica Boliviana 1974, p. 6
51
de Abril fomentó claramente las movilidad geográfica, promovió
la diferenciación de roles y actividades, expandió la participación
política, impulsó la diversificación de la estructura productiva
y dilató el mercado interno boliviano29.
b) El periodo 1971-1978
Los primeros años de la CEPB fueron, como ya se insinuó,
de una gran discreción. Su rol público fue mínimo. Esto cambió
con el advenimiento de los gobiernos militares partidarios de
un reformismo nacionalista radical (1969-1971), que pusieron en
cuestionamiento la paz social favorable a los intereses
em--;resariales. Durante el régimen del General Alfredo Ovando
( _969-1970) se estatizó la Bolivian Gulf Oil Co., el primer gran ataque
ala propiedad privada en muchos años. Esta tendencia se intensificó
especialmente bajo del gobierno del General Juan José Torres (19701971), quien declaró personalmente que la "burguesía boliviana"
era "rudimentaria" y su desempeño "mediocre", e incapaz, por
lo tanto, de "cumplir las tareas demoburguesas clásicas" 30 . El
corolario era manifiesto: ya que no existía en la praxis una burguesía
nacional digna de ese nombre, había que reemplazarla por la
acción del Estado. Esta tendencia ideológica fue enfatizada y
radicalizada por el entonces Secretario Ejecutivo de la Central
Obrera Boliviana, quien declaró públicamente que el sector
empresarial privado en su totalidad sería "perjudicial" para el
país y toda forma de democracia resultaría "burguesa y
antipopular" 31 . Los ánimos no fueron precisamente calmados
29 Sobre los designios y los logros modernizadores del MNR cf. el ensayo
clásico: Charles H. Weston, An Ideology of Modernization. The Case of the Bolivian
MNR, en: JOURNAL OF INTER-AMERICAN STUDIES, vol. 10, N° 1 (enero de
1968), p. 86 sqq.
30 Presidente Torres: "Debe democratizarse el capital y bolivianizarse la
industria", en: PRESENCIA (La Paz) del 5 de febrero de 1971
31 Juan Lechín proclamó uso de armas para llegar al poder porque el gobierno de
turno gana elecciones, en: PRESENCIA del 18 de febrero de 1971
52
por un contradictorio discurso (ante doscientos empresarios
reunidos en la Cámara de Industria y Comercio) del Ministro
de Planeamiento, José Ortiz Mercado, quien afirmó que el gobierno
no se oponía a la empresa privada, pero al mismo tiempo
aseveró que el empresariado, nacional o extranjero, y la
"democracia burguesa" conformarían meras etapas en el camino
histórico que lleva indefectiblemente a la instauración del
socialismo 32 . Poco después, el Presidente Torres denunció que
un intento golpista habría sido financiado por la empresa
privada 33 . En aquella atmósfera de paros y huelgas, ocupaciones
ilegales de empresas y tierras, comunicados radicales y
manifestaciones diarias — situación atemperada por la
estabilidad monetaria y los altos precios para los minerales
bolivianos —/ se contrapusieron dos actitudes básicas: una que
propugnaba el tránsito inmediato al socialismo 34 (apoyada por
partidos de izquierda y por el movimiento sindical) y otra que
postulaba el respeto a las reglas de juego vigentes y a la propiedad
privada (que contaba con el beneplácito de la empresa privada35).
La actitud errática y premeditadamente ambigua del
gobierno 36 contribuyó a caldear un clima político ya de sí muy
32 Modelo nacional de desarrollo es una etapa hacia el socialismo, en:
PRESENCIA del 19 de febero de 1971
33 Denuncia el Presidente: golpe del 10 de enero fue financiado por los empresarios,
en: PRESENCIA del 3 de marzo de 1971
34 Cf. por ejemplo: Propugnan implantación de sistema socialista, en:
PRESENCIA del 11 de marzo de 1971
35 La CEPB declaró por ese entonces su "neutralidad política". Cf. Empresa
privada decidió ayer aplazar su congreso, en: PRESENCIA del 4 de marzo de 1971
(declaración del presidente de la CEPB, Ing. Roberto Azcui)
36 Por una parte, el gobierno del General Torres negaba todo propósito
socializante (cf. Niega propósito de instaurar Estado socialista en Bolivia, en:
PRESENCIA del 27 de abril de 1971), y por otra el Presidente pronunciaba
violentos discursos pro-esta tistas, prosocialistas y expresamente a ntiempresariales (cf. Torres en Santa Cruz: "Ricos no pueden esperar nada de esta
revolución, en: PRESENCIA del 17 de mayo de 1971). Poco antes Torres había
declarado que los que se opongan al "proyecto socialista" del gobierno serían
"erradicados sin ninguna compasión" [sic]. Presidente Torres: "Esta revolución
se va a profundizar cda vez más", en: PRESENCIA del 13 de marzo de 1971
53
inestable. El proyecto gubernamental más serio de política
económica, el establecimiento del llamado trisectorialismo, no
logró aplacar los ánimos radicalizados de los sectores de
izquierda 37 (quienes creían que la revolución socialista estaba
ya al alcance de la mano) y no convenció a la empresa privada,
que desconfiaba de la credibilidad del gobierno de Torres 38 y
empezaba a mirar con escepticismo todo intento estatal de
dirigir o, por lo menos, de controlar el desarrollo económico de
la sociedad. Hay que señalar que el trisectorialismo contaba
con una aprobación muy importante dentro del país, por
ejemplo en la prensa y en la Iglesia Católica 39 . En una declaración programática, el gobierno propuso dividir la actividad
económica en tres grandes bloques: (1) el sector estatal, de índole
estratégica, que abarcaría las industrias pesada, química,
petrolera, energética y la explotación de los principales recursos
naturales; (2) el sector mixto, que englobaría las principales
industrias agropecuarias y manufactureras y (3) el sector privado,
37 En aquellos meses surgieron literalmente miles de declaraciones del
mismo tenor. Como muestra cf. Propugnan implantación de sistema socialista, en:
PRESENCIA del 11 de marzo de 1971: se trata de una exposición de principios del
Sindicato de los Trabajadores de la Prensa, que afirma solemne y taxativamente
que la revolución socialista "está a la orden del día", que los periodistan son "los
líderes espirituales del proletariado" (con la función natural de guiarlo) y que el
gobierno del General J. J. Torres es únicamente "pequeño burgués", es decir
efímero, despreciable e indefendible.
38 Las declaraciones públicas del Presidente Torres eran sumamente
contradictorias. En abril (Torres ratificó propósito de promulgar nueva constitución,
en: PRESENCIA del 12 de abril de 1971) abogó por un estatismo a ultranza, sin
espacio para la empresa privada, mientras que en mayo afirmó que esta última
constituiría un aporte indispensable para el "desarrollo integral" del país, por lo
cual tendría la protección del Estado (Presidente Torres en Congreso Minero:
"La empresa privada es necesaria en lucha contra la dependencia", en: PRESENCIA
del 5 de mayo de 1971).
39 Cf. La empresa privada y el desarrollo, en: PRESENCIA del 8 de mayo de
1971. En lo que parece ser una declaración próxima a la jerarquía de la Iglesia
Católica se asevera que el rol socio-económico del sector privado es importante,
pero subordinado al estatal, que es el "esta tégico".
54
de carácter residual, al que le corresponderían los servicios, las
pequeñas manufacturas y las empresas agrícolas y ganaderas de
tamaño mediano y pequeño 40 . El rol subalterno atribuido a la
iniciativa privada no podía, obviamente, ser del gusto de la
CEPB, máxime si poco antes el Ministro de Minería, un general
de bastante peso dentro del gobierno, había especificado que
"el Estado asume la responsabilidad de industrializar Bolivia":
este designio industrializador-modernizante asignaba todas las
responsabilidades estratégicas al sector estatal y denigraba a
la empresa privada como el "socio menor del capital
imperialista", que "no pensó jamás en asumir el papel de la clase
burguesa progresista" y que no existía como "burguesía
boliviana con sentido nacional" 41 . Hasta su conclusión en agosto
de 1971, el gobierno de Torres prosiguió una política confusa,
ofreciendo garantías a la empresa privada y, simultáneamente,
tomando medidas que vulneraban sus intereses directa y
profundamente, como el anuncio de la estatización de la
industria azucarera pocas semanas antes de su colapso42.
Este curioso florecimiento de la Teoría latinoamericana de la
Dependencia y de ideologías marxistas radicales iba
acompañado por una creciente anomia en todas las esferas de
la sociedad boliviana. En este contexto de un desorden
generalizado es cuando aparecieron los primeros comunicados
públicos de la CEPB que tuvieron algún impacto en la historia
contemporánea del país. Son textos que apelan al sentido
40 Presidente Torres señala la línea maestra de programa industrial, en:
PRESENCIA del 24 de abril de 1971
41 Industria pesada es la única base seria de independencia, en: PRESENCIA
del 2 de abril de 1971 (declaraciones del Ministro de Minería, General
Eduardo Méndez Pereyra)
42 Ministro de Industrias: se decidió estatización de industria azucarera,
en: PRESENCIA del 25 de julio de 1971: la nacionalización de esta industria
— que no llegó a concretarse — fue justificada por "razones técnicas, climatológicas y sociales" [sic].
55
común: convocan al orden, al trabajo y a la terminación de
huelgas, paros, secuestros, asesinatos y extorsiones — que en
aquellos meses eran el pan de cada día —; exhortan a la unidad
nacional"; declaran que la CEPB es una institución "no política"
y "no partidista"; llaman al diálogo nacional y califican las
políticas públicas del gobierno del General J. J. Torres como
caóticas e incoherentes 43 . Los adversarios de la empresa
privada creyeron ver en estos comunicados un acto
francamente subversivo: se supuso que los empresarios
estaban embarcados en una amplia conspiración contra el
gobierno, el cual, como se sabe, tampoco gozaba de las
simpatías de la izquierda y del movimiento sindical. No
existen testimonios o pruebas empíricas fehacientes de que la
CEPB, en cuanto representación organizada de los intereses
empresariales, hubiese estado implicada en la rebelión cívicomilitar del 19-21 de agosto de 1971, que derrocó al gobierno de
Torres y llevó al General Hugo Banzer a la Presidencia de la
República. Es posible que algunos empresarios hayan aportado
fondos y ayuda logística a tal causa, pero aisladamente 44 . (Es
también digno de mencionarse el curioso hecho de que la
llamada Asamblea del Pueblo, que sesionó en lugar del Poder
Legislativo, no emitió ninguna declaración específica contra los
empresarios privados, que eran, en el fondo, sus principales
oponentes. Este órgano dilapidó su corta existencia en producir
un sinfín de manifiestos sobre la necesidad de construir
inmediatamente el socialismo, la lucha contra el imperialismo
y la solidaridad con Cuba, pero no analizó la situación de la
43 CEPB, Comunicado [16-VI-1971], en: PRESENCIA del 17 de junio de
1971 y CEPB, Comunicado [20-VI-1971], en: PRESENCIA del 21 de junio de 1971
44 James Dunkerley (op. cit. [nota 1/23], pp. 196-210) es uno de los autores
que más han enfatizado la contribución directa de los empresarios privados al
golpe del General Banzer, aunque sus fuentes son harto endebles. Según
Dunkerley, los intereses agro-industriales de Santa Cruz configurarían el grupo
más activo en este sentido... y el que resultó más favorecido por las políticas
públicas del banzerato.
56
empresa privada en el régimen de transición que tan
enfáticamente propugnaba.)
En aquella atmósfera que presagiaba una guerra civil, los
empresarios privados optaron por un discreto silencio que se
prolongó largamente después del triunfo del golpe militar de
agosto. El nuevo gobierno se consagró, como se sabe, a las tareas
de orden público y a combatir ideas, partidos y personas de
filiación izquierdista, pero no instauró un sistema socio-económico
de corte liberal y anti-estatista. Del contexto general se puede
inferir que los empresarios, que recién muchos años después
optarían por tal modelo, se contentaron básicamente con la
restauración del orden público y con la represión del
movimiento sindical.
Pero muy pronto se pudo percibir que a pesar de toda la
estrecha colaboración entre la empresa privada y el gobierno de
Banzer, surgían algunos puntos conflictivos que apuntan en la
dirección de la evolución posterior de la CEPB. En diciembre de
1971 el gobierno dictó una nueva Ley de Inversiones, que entre
muchas otras disposiciones incluía las siguientes:
garantía estatal para las inversiones extranjeras y nacionales
(cláusula de protección contra expropiaciones indebidas y
políticamente motivadas);
exención de impuestos y aranceles para la importación de
maquinarias, insumos y tecnología; y
— obligación de reinvertir en Bolivia y en los "sectores productivos"
las utilidades y ganancias emergentes de las inversiones 45 . Poco
después, en uno de sus discursos programáticos más
importantes, el Presidente Banzer aclaró el espíritu que animaba
las políticas públicas de su gobierno: confirmó la línea maestra
de los regímenes anteriores de realizar "una planificación global
45 El gobierno aprobó ayer nueva Ley de Inversiones, en: PRESENCIA del 11
de diciembre de 1971 (texto completo en la edición del 12-XII-1971)
57
de la economía", dirigida centralmente desde instancias
gubernamentales y sin participación del sector privado (o de la
sociedad civil); el rol económico-empresarial del Estado no sería
reducido; no mencionó ni remotamente la posibilidad de
privatizar empresas estatales. Los mismos lineamientos seguía
la declaración programática del Frente Popular Nacionalista (la
alianza de los partidos que apoyaba al régimen militar), que
enfatizaba "la necesidad de fortalecer el Estado nacional" en
cuanto agente privilegiado y motor del desarrollo, insistía en la
planificación centralizada, propugnaba — de modo convencional y siguiendo la misma tendencia del gobierno de
izquierda recién derrocado — la construcción de una "industria
pesada nacional" en manos del Estado y la instauración del
trisectorialismo 46 . En 1975, el Ministerio de Planeamiento
implementó una modificación — sin fuerza legal, sólo de
manera indicativa — del trisectorialismo, reduciéndolo a dos
grandes áreas: (1) el sector público (con todos los llamados
terrenos estratégicos, las industrias química, eléctrica,
siderúrgica, metalúrgica, los transportes aéreos, los
ferrocarrilles y la televisión [sic]); y (2) el sector privado (definido
ex negativo: todo lo demás). De acuerdo a esta directiva
ministerial, que nunca llegó a influir sobre la praxis económica
cotidiana del país, la empresa privada debía (a) reinvertir sus
utilidades en Bolivia y en proyectos de la esfera productiva, (b)
hacer participar a sus obreros y empleados en las utilidades, (c)
mostrarse innovativa, dinámica, audaz y eficiente, y (d) ser
"consciente de sus obligaciones para con el Estado" [sic] 47 . No
es superfluo mencionar que concepciones similares fueron
populares en toda el área latinoamericana durante la década de
1970-1980: el "justo equilibrio" entre los sectores privado,
46 Presidente Hugo Banzer: la Ley de Inversiones define la política económica
del gobierno, en: PRESENCIA del 16 de diciembre de 1971; Fundamentos programáticos del Frente Popular Nacionalista, en: PRESENCIA del 27 de enero de 1972
47 Fueron delimitadas funciones del sector público y privado por el PLAN DE
ACCION NACIONAL, en: PRESENCIA del 12 de septiembre de 1975
58
estatal y laboral, concertado mediante un pacto social de
índole legal-obligatoria, conformaba la base social del
gobierno neoperonista en la Argentina (1973-1976), y no faltaron
voces — en círculos gubernamentales, sobre todo castrenses,
eclesiásticos y empresariales — que exigieron su implantación
en Bolivia durante el banzerato48.
El 6 de octubre de 1972 un decreto supremo, promulgado
mediante una ceremonia pública de gran resonancia, estableció
"definitivamente" el "carácter estratégico" de la explotación y
comercialización de minerales de hierro, de la industria
siderúrgica y de la producción de acero "en exclusiva
competencia del Estado" y para "todas sus fases" 49 . A pesar de
todas las alteraciones en el terreno político, esta concepción
seguía siendo inmensamente popular en la opinión pública y
dentro de los más variados grupos sociales, entre ellos los
cercanos a la Iglesia Católica s) . (Es importante recordar que en
esos años las ideas básicas de Víctor Paz Estenssoro eran proclives
48 Empresarios, Estado y trabajadores, en: PRESENCIA del 26 de febrero de
1975; cf. también Empresarios sugieren urgentes acciones para fortalecer la actividad
nacional, en: ibid. del 23 de marzo de 1975; General Lechín: el Estado llena vacío que
deja la empresa privada, en: ibid. del 21 de agosto de 1975; El Estado y la iniciativa
privada [= editorial], en: ibid. del 22 de agosto de 1975
49 Industrias del hierro y el acero bajo exclusivo control del Estado, en:
PRESENCIA del 7 de octubre de 1972; cf. también: Se creó empresa siderúrgica
[SIDERSAI para aprovechamiento de El Mutún, en: PRESENCIA del 13 de enero de
1973
50 Cf. los editoriales: La hora de la siderurgia, en: PRESENCIA del 2 de
julio de 1972; El porvenir de la empresa privada, en: ibid. del 29 de marzo de
1972; Política nacional sobre el hierro y el acero, en: ibid. del 8 de octubre de 1972;
Defensa de nuestros recursos naturales, en: ibid. del 20 de marzo de 1973; Industrialización en: ibid. del 21 de septiembre de 1973; y: Dimensiones de nuestra
siderurgia, en: ibid. del 27 de noviembre de 1973.- Muchos otros editoriales y
artículos en las páginas de opinión reiteran el mismo concepto: Bolivia sería un
país riquísimo en recursos naturales y energéticos, y únicamente la acción
del Estado los haría aprovechables para las grandes "mayorías nacionales". La
construcción de la industria pesada y la siderurgia constituirían panaceas
59
a un cepalismo autoritario — marcado énfasis en la necesidad de
la "paz social" —, al ya mencionado trisectorialismo y a la
consecución del "desarrollo" según los cánones de la Teoría de
la Dependencia, no exhibiendo entonces ninguna afinidad
hacia un modelo de libre mercado inspirado por la empresa
privada51.)
La actitud general de la CEPB frente a la política económica
del banzerato refleja claramente la actitud ambigua de la misma
por aquellos años. El presidente de la institución, Adalberto
Violand, aseveró que habría que apoyar la nueva ley de
inversiones, pero criticó la medida legal que impedía la libre y
total disponibilidad de los inversionistas sobre sus utilidades.
El otro punto censurable fue la preservación de las reservas
fiscales y de los monopolios estatales en las llamadas áreas
estratégicas de la actividad económica 52 . Se puede afirmar que
los empresarios estaban relativamente satisfechos con la
atmósfera de "orden, paz y trabajo" y con la represión del
movimiento sindical, universitario y político que conllevó el
régimen banzerista (1971-1978), y que debido a su tradición aun
convencional no pusieron en cuestión de manera clara y
expresa el carácter pro-estatista, antiliberal, prebendalista y
patrimonialista del banzerato. (Es interesante recordar que en
1975, un subsecretario de Industria se quejó de que los
universales contra el subdesarrollo. Toda modernización e industrialización
que merezcan esta denominación deben estar fundamentadas en una gran
industria del hierro y del acero. Todos los sectores estratégicos tendrían que
permanecer en manos del Estado y la empresa privada no debería intervenir en
este terreno. Esta última era criticada porque carecería del potencial técnicoeconómico y de la voluntad política de edificar una gran industria.
51 Víctor Paz Estenssoro propone soluciones al atraso nacional, en:
PRESENCIA del 26 de julio de 1972
52 Empresa privada se propone integrarse a la actividad [sic], en:
PRESENCIA del 12 de diciembre de 1971; CEPB, Comunicado [del 8-1-1972], en:
PRESENCIA del 9 de enero de 1972
60
empresarios seguían acudiendo "en tropel" a las instancias
gubernamentales cuando les surgía el menor problema; por
ello, afirmó Reynaldo Pereyra Méndez, habría llegado la hora
de abandonar todo paternalismo y proteccionismo del Estado
hacia el empresariado privado53.)
Este fue el tenor predominante durante el II Congreso de
la CEPB — de carácter francamente anodino — que se llevó a
cabo a fines de noviembre de 1972 (con una mínima
cobertura de prensa); en el discurso de clausura, el Presidente
Banzer alabó la audacia innovativa y el espíritu de riesgo de los
empresarios y minimizó toda diferencia entre el gobierno y la
CEPB54.
Pero ya se percibieron algunas voces críiticas provenientes
del ámbito empresarial: Hugo López Videla (del sector de la
construcción) protestó vehementemente contra la enorme
expansión de funciones y actividades de la Corporación
Boliviana de Fomento (CBF), contra la dilatación de la
burocracia estatal y contra la índole estatista de las políticas
públicas 55 . José Arteaga Castro, en un artículo genuinamente
precursor, afirmó que no se debería atribuir a la empresa
privada funciones y metas imposibles de cumplir, típicas de las
burguesías europeas. Habría más bien que analizar los
estrechos límites dentro de los cuales las empresas bolivianas
tienen que desenvolverse trabajosamente, límites impuestos
53
Se propugnará el abandono de política estatal proteccionista, en:
PRESENCIA del 4 de marzo de 1975
54 Primera jornada de congreso empresarial: "Sector estatal debe contribuir en el
esfuerzo que demanda la estabilización", en: PRESENCIA del 25 de noviembre de
1972; Presidente Banzer: "Estado y empresa privada deben realizar una labor
conjunta, más estrecha, en busca del bien común", en: PRESENCIA del 26 de
noviembre de 1972
55
Hugo López Videla, La empresa estatal y la empresa privada, en:
PRESENCIA del 27 de diciembre de 1971
61
por la burocracia de la administración pública y la tradición
estatista y prebendalista 56 . Adalberto Violand subrayó el "hecho"
de que las políticas públicas "entraban y debilitan" el
funcionamiento del sector privado, transformando en incierto su
futuro. A pesar de la caída del precedente gobierno marxista,
seguirían en vigor numerosas normas de índole burocrática
contrarias a la iniciativa privada57.
Como se sabe, el banzerato no fue sólo una época de paz
y orden. Fue un periodo de paros y actos de violencia en el
interior del país, así como de frecuentes cambios en la cúpula
castrense y en el gabinete ministerial, donde las disensiones
entre los partidos de la coalición oficial eran cosa de cada día.
Es probable que los empresarios privados hayan tenido poco
que ver con estos acontecimientos. Fue simultáneamente una
era de grandes inversiones en el sector público y parcialmente
en el privado; una espectacular ampliación de la infraestructura
tuvo lugar en aquellos años. Estos factores, junto con buenos
precios para los minerales, éxitos en la explotación petrolera
y abundantes créditos externos, conllevaron un desarrollo
marcadamente favorable del sector privado, que, siguiendo
viejas traiciones, vivía en parte de las licitaciones, las
donaciones, los incentivos a las exportaciones, los aranceles
preferenciales y los créditos a fondo perdido que otorgaban o
avalaban instancias estatales. Es sintomático que el entonces
presidente de la CEPB exigiera la continuación y hasta la
intensificación de todas estas "medidas", mientras criticaba
simultáneamente el aumento del gasto fiscal, el carácter
56 José Arteaga Castro, El funcionamiento de la empresa privada en un país
trabado, en: PRESENCIA del 3 de mayo de 1972
57 Empresa privada pide al gobierno que defina su política económica, en:
PRESENCIA del 19 de agosto de 1972; La empresa privada no está representada en
el gabinete, en: PRESENCIA del 22 de agosto de 1972
62
deficiente de las empresas estatales y el excesivo endeudamiento
en favor de éstas últimas58.
Las primeras manifestaciones públicas claramente
concebidas contra el estatismo 59 surgieron dentro de la CEPB
en el seno del empresariado cruceño. En septiembre de 1973, el
nuevo presidente de la filial crucena de la Confederación, Juan
Franco, atacó duramente las políticas públicas del gobierno del
General Banzer, aseverando que éstas eran expresamente proestatistas. Afirmó que los miembros del gobierno, munidos de
un "constante afán", sólo pensaban en expandir "aceleradamente"
las funciones del Estado en cuanto empresario y propietario de
los medios de producción, no poseyendo, sin embargo, ni los
impulsos innovativos ni el espíritu de riesgo de los empresarios
privados60.
Estos primeros, pero sintomáticos intentos por limitar el rol
estatal y criticar la excesiva regulación normativa y burocrática
del gobierno fueron censurados por el propio Presidente
Banzer 61 , quien declaró a la prensa que los empresarios
deberían "cooperar" y "no obstaculizar" la senda del notable
58 Empresarios privados preocupados por efectos de la estabilización, en:
PRESENCIA del 12 de abril de 1973; Minería mediana pide revisión de política
minera del gobierno, en: ibid. del 14 de abril de 1973; El nacionalismo y la
concertación de sectores [comunicado de la CEPB], en: ibid. del 23 de abril de 1973
59 El término "estatismo" apareció probablemente por primera vez en
Bolivia en editoriales de PRESENCIA con la significación actual y ya con un
tenor levemente negativo: cf. Estatismo y empresa privada, en: ibid. del 24 de abril
de 1973; Concentración de poder en el Estado, en: ibid. del 29 de mayo de 1973
60 Empresa privada se plantea la labor social que debe cumplir [sic], en:
PRESENCIA del 10 de septiembre de 1973.- Hay que mencionar que hasta este
portavoz de nuevos vientos admitía convencionalmente que los sectores
estratégicos, la protección de los asalariados y una planificación indicativa
deberían permanecer en manos del Estado.
61 Banzer hizo un llamado a los empresarios privados, en: PRESENCIA del
28 de septiembre de 1973
63
progreso que Bolivia experimentaba desde 1971. Es pertinente
señalar que aun sin presuponer un vínculo causal entre estas
actitudes de los empresarios y la crisis ministerial de noviembre
de 1973 (Víctor Paz Estenssoro abandonó el gobierno), existía
dentro de la coalición un sentimiento de incomodidad en torno
al papel ideológico rector que los representantes (informales)
del empresariado empezaban a jugar dentro del gobierno. Las
razones aducidas por Paz Estenssoro para su alejamiento son
características de una cosmovisión inmersa aun en los viejos
parámetros del estatismo y patrimonialismo y alejada, por
ende, del liberalismo económico y político que este caudillo
político adoptó como propio una década más tarde. Es un
testimonio, además, de la escasa popularidad del estamento
empresarial y de la doctrina liberal. La reorganización ministerial
(26 de enero de 1973) fue, según Paz Estenssoro, inconsulta;
el MNR abandonaría el gobierno porque la "gran empresa
privada" se habría apoderado de los "sectores económicos y
financieros del Estado", mientras que el MNR estaría al "servicio
de obreros, campesinos y clase media". "No podemos olvidar
que somos un partido nacionalista, revolucionario y de
izquierda", obligado hacia "la memoria de Busch, Villarroel y
los mártires de la Revolución Nacional" 62. Hay que señalar que
sólo una fracción del MNR abandonó el gobierno y que durante
ese tiempo numerosas fracciones de este partido desafiaron y
desconocieron la jefatura de Paz Estenssoro. Por lo demás, la
inclinación del MNR hacia los desposeídos tenía una función
ideológico-propagandística demasiado transparente como para
ser tomada en serio. A pesar de las disensiones internas del MNR,
su XII Convención Nacional (en septiembre/octubre de 1974) se
consagró unánimemente a fustigar al gobierno de Banzer,
acusándolo de haber "conculcado las libertades cívicas" a partir
62 Víctor Paz: afianzamiento de empresa privada en el gobierno motivó retiro del
MNR, en: PRESENCIA del 28 de noviembre de 1973; MNR iniciará nueva etapa de
servicio a las mayorías, en: ibid. del 29 de noviembre de 1973
64
de agosto de 1971 — es decir: cuando el MNR compartía
plenamente las responsabilidades gubernamentales —, de haber
restringido las actividades sindicales y de haber producido "un
barato maridaje" entre el gobierno y "la nueva burguesía
minera" 63 . A la empresa privada y particularmente a esta "nueva
rosca" pro-oligárquica habría que combatir como se luchó
heroicamente contra la antigua rosca en 1946 y 1952. Pocos años
más tarde el MNR se hallaría a considerable distancia de
estos planteamientos.
Pero de todos modos la presencia de empresarios en el
gobierno 64 y con la tarea de fijar derroteros al mismo era algo
que empezaba a causar urticaria en los segmentos de la clase
política tradicional, por más derechista que esta fuese.
Después de todo, habían suficientes pruebas de que los
empresarios bolivianos denotaban un espíritu poco innovativo,
dinámico y agresivo para encarar el gran proyecto nacional
de la industrialización acelerada, que por entonces conformaba
la meta normativa irrenunciable de la consciencia colectiva65.
63 El MNR denunció la existencia de una nueva burguesía minera, en:
PRESENCIA del 2 de octubre de 1974.- El empresario minero y diplomático
Guillermo Gutiérrez Vea Murguía sería el autor intelectual de la política prooligárquica de Banzer.
64 Los ejecutivos de la CEPB, Adalberto Violand y Jorge Lonsdale,
contestaron explícitamente a Paz Estenssoro, afirmando que los pocos empresarios
en puestos gubernamentales estarían allí a título estrictamente personal y no por
delegación de la CEPB. Cf. Empresarios privados rechazan afirmaciones de Víctor Paz
Estenssoro, en: PRESENCIA del 29 de noviembre de 1973. La CEPB reiteró este
enunciado en 1975, afirmando que los empresarios en función gubernamental lo
hacían compelidos por la Ley del Servicio Civil Obligatorio (y no por su voluntad).
Cf. Empresa privada aclara que no cogobierna con Banzer, en: ibid. del 23 de febrero
de 1975 (declaraciones de Jorge Lonsdale, presidente de la CEPB).
65 Cf. los editoriales: Dinamismo editorial, en: PRESENCIA del 17 de marzo
de 1974; Medidas en favor de la industria nacional, en: ibid. del 14 de agosto de
1974; El capital extranjero y su función en el país, en: ibid. del 16 de septiembre
de 1974 (El capital extranjero sería bienvenido únicamente si cumplía una
65
Amplios sectores de la opinión pública, que no pertenecían a las
corrientes de izquierda, suponían que los empresarios no eran
genuinos industriales, sino meros negociantes 66 . Si aquéllo
resultaba verdadero (y habían tantos empresarios parásitos,
que vivían de los favores estatales), entonces la tuición del
Estado en el desarrollo de las industrias básicas y en las áreas
estratégicas estaba totalmente justificada. Ministros del
régimen, como el de Minas y Metalurgia, declararon en
repetidas oportunidades que no sólo la siderurgia, sino toda la
metalurgia debía estar en manos estatales, sin intervención
alguna del capital extranjero, lo que entonces era también la
doctrina oficial del supremo gobierno 67 . El Ministro de Industria
y Comercio, en un Diagnóstico de la situación de la industria
boliviana, calificó al sector privado como "verdaderamente
"función social".) Cf. también un artículo que encontró una gran resonancia
pública: Augusto Céspedes, El neocapitalismo y la minería privada, en: ibid. del
30 de julio de 1974, donde el autor diferencia entre la empresa privada
estrictamente nacional (que merece ser protegida y fomentada por el Estado
"mediante leyes, aranceles y rebajas impositivas") y la empresa "imperialista" de
origen foráneo, sobre la cual "debe recaer el peso de la ley". En ambos casos
Céspedes deja traslucir una doctrina muy convencional, originada en las
pautas de la época colonial: la empresa nacional debe seguir viviendo del y
para el Estado; en cambio, para arruinar al adversario extranjero, basta con
aplicar el peso de la ley, dando a entender que la aplicación de la ley es,
después de todo, cosa rarísima y amenazadora.
66 Cf. por ejemplo: El Estado y la iniciativa privada [= editorial], en:
PRESENCIA del 22 de agosto de 1975; Juan Pereira Fiorilo, La CAF y la
Confederación de Empresarios Privados, en: ibid. del 29 de agosto de 1975; Las
empresas transnacionales [= editorial], en: ibid. del 28 de octubre de 1975.- El tenor
general de estos enunciados es muy semejante: los empresarios bolivianos
carecerían de la agresividad (en el campo organizativo y en el de ventas) y del
potencial innovativo (en el terreno tecnológico) que poseerían los japoneses,
tenidos implícitamente como el parámetro normativo del buen empresario
(aunque sea privado). Cualquier actuación de los asiáticos se transformaba
en comprensible y perdonable a causa del éxito material.
67 Bolivia no admite participación extranjera en industrias básicas, en:
PRESENCIA del 30 de mayo de 1974; Metalurgia y siderurgia deben estar bajo la
tuición del Estado, en: ibid. del 10 de julio de 1974
66
incipiente y atrasado". Entre sus rasgos esenciales se hallarían
inversiones insuficientes, el bajo porcentaje de su participación
en el Producto Interno Bruto, el uso de tecnología obsoleta, el
predominio de unidades pequeñas (sin futuro tecnológico en
una economía de escala), una concentración demasiado alta de
unidades en poquísimas áreas geográficas y una captación
insuficiente del ahorro interno. Este documento concluye que
un mayor grado de planificación estatal centralizada es
simplemente indispensable para un crecimiento acelerado de
los sectores industrial, comercial y turístico 68 . El mismo
ministro, basado en una asesoría norteamericana, calificó la
industria textil boliviana como obsoleta e ineficaz; criticó el
sobre-empleo, el mercado ínfimo, la baja calidad de los artículos,
la carencia de innovaciones tecnológicas y ante todo la escasa
voluntad de cambio predominante entre estos empresarios69.
Hay que remarcar que el gobierno de Banzer prosiguió en
otros campos la política de los regímenes anteriores: (a) en en
terreno laboral y (b) en el control de precios.
(a) Se negó rotunda y exitosamente a liberalizar las leyes
laborales. Se mantuvo la prohibición del libre despido, se
prohibió el empleo consecutivo de más de tres meses a título
sólo temporal (de prueba) y se legisló el pago de beneficios
cumulativos por cada año de trabajo, aun en el caso de
renuncia voluntaria del trabajador70.
68 Diagnóstico de la industria la señala de incipiente y atrasada, en: PRESENCIA
del 5 de diciembre de 1975
69 La industria textil boliviana es anticuada y no competitiva, en: PRESENCIA
del 11 de enero de 1976; inesperadamente un editorialista de PRESENCIA
defendió esta rama de la empresa privada en tonos calurosos: Industria textil, en:
ibid. del 12 de febrero de 1976
70 Gobierno reitera la inamovilidad de los trabajadores, en: PRESENCIA del 30
de agosto de 1974; Drásticas sanciones se aplicarán a empresarios que despidan
trabajadores, en: ibid. del 30 de octubre de 1975 (declaraciones del Ministro de
Trabajo, General Mario Vargas Salinas, subrayando que sigue vigente la "total
inamovilidad" de la fuerza laboral y prometiendo "severos castigos" a los
empresarios que incumplan las leyes.)
67
(b) Mediante decretos en enero y febrero de 1975 el
gobierno creó una Junta de Control de Precios para defensa de la
economía, encargada de "defender los intereses populares",
combatir "la ocultación, la especulación y el agio" e imponer
sanciones a los infractores. Las atribuciones de la Junta eran,
entre otras, asumir conocimiento y juzgar en primera y última
instancia los "delitos de especulación y acaparamiento"; y fijar
los precios topes para los "artículos de primera necesidad", los
farmacéuticos, los escolares y toda otra mercancía "indispensable
a la economía popular". La Junta poseía además el derecho de
definir (de modo variable) lo que eran los "artículos de
primera necesidad" y los de la "economía popular". Los
miembros de la junta eran representantes de instancias
gubernamentales, departamentales y municipales, de las
fiscalías y hasta de la Secretaría de Prensa de la Presidencia de
la República (sic), pero en ningún caso de la CEPB, de las
Cámaras de Industria y Comercio o de cualquier gremio
vinculado a la iniciativa privada 71 . Es por demás sintomático el
hecho, empero, de que no existan testimonios de queja o de
simple crítica de parte de la CEPB o de las Cámaras de Industria
y Comercio frente a esta medida de manifiesto carácter
estatista.
Al mismo tiempo se pueden constatar atisbos de un cambio
en las altas esferas: por primera vez en la historia boliviana el
Estado mencionó la posibilidad de racionalizar un conglomerado
estatal (la Corporación Boliviana de Fomento), para luego
71 Fue reestructurada la Junta de Control de Precios para defensa de la economía,
en: PRESENCIA del 15 de febrero de 1975; Lista oficial de precios para artículos de
primera necesidad, en: ibid. del 16 de agosto de 1975.- Sobre la actitud
extremadamente favorable de la opinión pública hacia el control estatal de
precios — por ser éste la forma más adecuada de "defender a los desposeídos" y
de luchar "contra la especulación y el agio" — cf. el editorial: Control de
precioss en: ibid. del 4 de septiembre de 1975
68
privatizarlo 72 . Aunque el banzerato no llevó a cabo ninguna
medida de este tipo y prosiguió su línea maestra de un estatismo
atenuado, los aires que empezaban a soplar parecían favorables
a la empresa privada, si ésta, como afirmó el presidente saliente
de la CEPB (Adalberto Violand) en junio de 1974, lograse la
creación de una nueva generación empresarial eficaz, moderna
y agresiva", la cual tendría que actuar "mancomunadamente
con los empleados y obreros" y convertirse en el "pivote del
desarrollo boliviano" 73 . Para ello sería "una estupidez", como
aseveró Roberto Arce, discriminar a las empresas de origen
extranjero; lo que contaría sería sólo el criterio de eficiencia y
modernidad 74 . Este último punto se transformó, como era de
esperarse, en uno de los fundamentos más sólidos y
promisorios de la lucha de la CEPB contra el estatismo y el
burocratismo. La Asociación de Mineros Medianos llamó la
atención, por ejemplo, hacia el hecho de que con menos
personal las minas privadas producían una cantidad mayor de
estaño metálico, que implementaban inversiones más
cuantiosas a pesar de tener activos fijos menores que las
estatales y que pagaban más impuestos y tributos al Estado que
la deficitaria Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL),
recordando además que la minería privada pagaba al Estado
los aranceles de exportación, una institución genuinamente
medieval que ha representado en largos periodos de la historia
altoperuana una de las principales fuentes de ingreso del erario
nacional 75 . La opinión pública, aunque mayoritariamente pro72 CBF busca primero su racionalización para después transferir sus empresas,
en: PRESENCIA del 16 de septiembre de 1974
73 Empresarios desean emprender un gran movimiento económico, en:
PRESENCIA del 23 de junio de 1974; Empresa privada se propone luchar contra el
subdesarrollo, en: ibid. del 27 de junio de 1974
74 Roberto Arce, El neocapitalismo y la empresa privada, en: PRESENCIA del
4 de agosto de 1974 (respuesta explícita al artículo citado de Augusto Céspedes)
75 Minería mediana ingresó en una sombría epoca que puede tener graves
consecuencias, en: PRESENCIA del 16 de febrero de 1975; Se recalca importancia del
sector empresarial privado, en: ibid. del 3 de marzo de 1975.- Es conveniente señalar
69
estatista, patrimonialista y paternalista, empezó a mencionar y
luego a criticar la ineficiencia de las empresas estatales, la
gigantesca expansión del aparato burocrático-administrativo
bajo el banzerato (infinitamente superior a lo habido bajo los
gobiernos revolucionarios y aparentemente ineficientes de los
generales Ovando y Torres) y la política de un generoso deficit
spending en favor casi todas las empresas estatales en el sector
productivo 76 . Es en este ambiente cuando la CEPB, desde su II
Reunión Nacional (marzo de 1975), inició un modesto operativo
para fortalecer la posición de la propiedad privada frente al
todavía predominante estatismo y burocratismo, aunque es
necesario remarcar que este proceso estuvo signado por
sintomáticas contradicciones: el empresariado mismo estaba
por entonces aun demasiado vinculado con las prácticas
prebendalistas y patrimonialistas que prevalecían en la
administración pública, poseía un peso específico todavía muy
reducido y dependía en grado considerable de los favores
gubernamentales. Teniendo este contexto en mente, es
interesante mencionar los puntos principales de la programática
empresarial (como están formulados en la llamada Declaración
de Santa Cruz):
abstención político-partidista de la CEPB en cuanto
organización gremial y representación común de los intereses
del sector privado;
adhesión a los fundamentos del "humanismo cristiano" (fondo
doctrinario que los empresarios dejan en una loable
obscuridad);
que la minería privada, por otra parte, acudía al padre Estado cuando tenía
problemas específicos de su campo de acción, como un descenso en las
cotizaciones internacionales de precios de minerales o el agotamiento de las
vetas. Cf. Minería privada espera acción del gobierno para salvar crisis, en: ibid. del 6
de septiembre de 1975
76 Cf. los editoriales: Informes sobre las empresas estatales, en: PRESENCIA
del 14 de marzo de 1975, y: El problema del exceso de funcionarios públicos, en:
ibid. del 16 de marzo de 1975
70
consagración a los derechos y libertades del individuo;
oposición a toda ingerencia del Estado en asuntos internos
de la empresa privada;
resistencia a todo intento gubernamental por fiscalizar,
controlar, normar y limitar el libre uso de las utilidades;
oposición a la [entonces] política estatal de controlar
"excesivamente" los precios;
reserva frente a los esfuerzos estatales por planificar el
desarrollo económico;
crítica a los esfuerzos empresariales estatales (porque éstos
duplicarían las actividades de los afiliados a la CEPB y dejarían
poco espacio real de maniobra al sector privado); y
censura a la política de la Corporación Andina de Fomento
(CAF), que inistiría en promocionar los grandes proyectos
público-estatales en detrimento de los privados77.
Puede afirmarse que las relaciones entre los empresarios y
el gobierno del General Banzer estuvieron signadas por la
ambivalencia. Como ya se mencionó, la empresa privada
disfrutó de la paz social y de la contención del movimiento
sindical y político (de izquierdas) durante aquel periodo, así
como de la generosidad de las arcas estatales en lo referente a
créditos no reembolsables, licitaciones sobrecalculadas y una
larga lista de favores que sólo el Estado patrimonialista puede
hacer en favor de sus privilegiados. Pero fue también una era
durante la cual la burocracia gubernamental experimentó una
77 Empresa privada delineó su política y fijó metas en II reunión nacional, en:
PRESENCIA del 18 de marzo de 1975; La empresa privada pondrá en práctica
programa de acción para el desarrollo, en: ibid. del 21 de marzo de 1975; Empresa
privada defenderá derecho a la libre iniciativa, en: ibid. del 22 de marzo de 1975;
Empresarios sugieren urgentes acciones para fortalecer la unidad empresarial, en: ibid.
del 23 de marzo de 1975; Empresarios privados acusan a la CAF de falta de
imaginación, en: ibid. del 11 de agosto de 1975; Sector privado critica plan
operativo 1975, en: ibid. del 20 de agosto de 1975
71
dilatación excepcional; el sector productivo y distributivo
estatal creció en proporciones desconocidas hasta entonces y
las instancias de la burocracia centralizada prosiguieron con su
habitual política de fijar precios, monopolizar los llamados
sectores estratégicos 78 y determinar las líneas maestras del
desarrollo nacional a largo plazo. Hay que considerar además
que aquellos años fueron los de un crecimiento económico
notable, con buenos precios para los productos bolivianos de
exportación, con casi pleno empleo y estabilidad monetaria79.
En aquella atmósfera de optismo económico y
autoritarismo político, el Presidente Banzer anunció la
edificación de una sociedad intermedia entre el "capitalismo y
el extremismo", una concepción que ha debido ser expandida
y popular en medios castrenses en particular y dentro de la
maquinaria estatal en general. Banzer enfatizó la "fuerte y
necesaria participación" de los militares en el "desarrollo
acelerado" del país, ensalzando el rol empresarial del estamento
militar en cuanto tal y de la corporación militar de proyectos
económicos (COFADENA) y reavivando la concepción de una
economía mixta y corporativa como la solución ideal. Este
modelo, según Banzer, se hallaría favorablemente situado
entre "el capitalismo explotador" (sic) y el "extremismo
totalitario" (sistema comunista) 80 . Un sector de la opinión
pública se mostró encantado con esta perspectiva, percibiendo
en la economía mixta el ordenamiento ideal para países como
78 Cf. el editorial: La metalurgia nacional, en: PRESENCIA del 12 de enero
de 1976; Yacimientos de hierro y manganeso fueron declarados reserva fiscal, en: ibid.
del 8 de mayo de 1976; cf. la crítica de la Asociación de Mineros Medianos:
Levantamiento de reservas fiscales debe hacerse sobre bases novedosas, en: ibid. del 14
de septiembre de 1976
79 Bolivia ha batido record en crecimiento económico, [titular] en: PRESENCIA
del 1 de febrero de 1976
80 Gobierno edificará sociedad intermedia entre el capitalismo y el extremismo,
en: PRESENCIA del 17 de marzo de 1976
72
Bolivia; el bien común — nunca explicitado claramente — estaría
mejor resguardado en un sistema dotado de un fuerte sector
estatal. Lo único que faltaría sería la restitución del orden
democrático constitucional. De acuerdo a esta línea, lo que el
país requeriría sería:
una legislación más severa y mejor implementada para
que los empresarios reinvirtiesen sus cuantiosas ganancias en el
país (para evitar el pernicioso "liberalismo irrestricto" que
postularían no pocos empresarios);
el "mantenimiento y la expansión" de los llamados sectores
estratégicos bajo absoluta responsabilidad del Estado, porque éstos
constituirían "la salvaguardia" del desarrollo "auténtico" y de
la "soberanía nacional"; y
el establecimiento de un principio que puede ser calificado
como lo contrario a la subsidiaridad: la empresa privada es
importante y puede desenvolverse "allí donde la actividad
económica del Estado no sea imprescindible" 81 . Esta doctrina
coincidía con una serie de mitos difundidos en los llamados
sectores populares y de izquierda, así como con una corriente
en la prensa católica que insistía en afirmar que los "opulentos"
empresarios "disipaban" sus fortunas en forma poco ética (en
gastos suntuarios que conformarían una ofensa en un país
pobre como Bolivia); por otra parte, los empresarios no serían
solidarios con sus obreros, no practicarían la justicia social y no
se regirían por los estatutos legales del país82.
Para comprender la importancia de la revolución antiestatista, antipatrimonialista y antiprebendalista que llevó
a cabo el empresariado boliviano a partir de 1985 — con
81 Cf. los editoriales: En busca de modelo propio, en: PRESENCIA del 18
de marzo de 1976; Reglas de juego para las reinversiones, en: ibid. del 26 de
marzo de 1976; La empresa privada y el desarrollo, en: ibid. del 3 de julio de 1976
82 Cf. entre otros: Walter Torres Valda, Un ejemplo para empresarios, en:
PRESENCIA del 3 de abril de 1976; Juan Pereira Fiorilo, Reflexiones del Papa al
empresariado, en: ibid. del 18 de abril de 1976
73
resultados muy parciales, como se sabe —, es imprescindible
recordar que estas pautas de comportamiento tradicionales y
convencionales gozaban de mucha simpatía también en el seno
del sector privado nacional. Son en este sentido características
las declaraciones de un ex-presidente de la CEPB, Adalberto
Violand, que una vez en funciones de asesor económico del
gobierno, se consagró a alabar el conjunto de todas las medidas
económicas del régimen, empezando por el abultado
deficit spending, pasando por la contratación excesiva de
empleados públicos y terminando en las leyes gubernamentales
que impedían el libre despido, aseverando que todas estas
medidas habían sido en su momento "necesarias e
indispensables" 83 . Este parecer era (y es aun) muy apreciado
dentro del sector empresarial pro-estatista que depende de los
favores estatales y de la corriente de opinión que era (y es aun)
partidaria de la economía mixta como del modelo que mejor
resguardaría la paz social, independientemente de los criterios
de eficacia y modernidad. Hasta en noviembre de 1977 el
presidente de la CEPB, Marcelo Pérez Monasterios, se adhirió
a la posición modernizante, autoritaria y tecnocrática del
banzerato, afirmando que "la paz, la estabilidad y el orden son
los requisitos básicos de cualquier proceso de desarrollo [...]"84.
En marzo de 1978 Pérez Monasterios matizó algo este punto de
vista: "La empresa privada cree en un proceso de desarrollo
autosostenido dentro de un contexto de paz, seguridad y
estabilidad. [...] Creemos en la estabilidad y el orden. No en el
caos y la anarquía. Creemos en la paz y la solidaridad. No en
el enfrentamiento y la violencia"85.
83 Adalberto Violand: la imagen económica del país es buena, en: PRESENCIA
del 24 de febrero de 1976
84 Marcelo Pérez Monasterios, [Discurso sobre el] Anteproyecto de
Código General del Trabajo, en: CEPB, Pensamiento de la empresa privada boliviana,
La Paz: s.e. 1981, p. 7
85 Marcelo Pérez Monasterios, [Discurso con motivo de] Dos condecoraciones a la Confederación de Empresarios, en CEPB, op. cit. (nota 1/84), p. 14 sq.
74
Precisamente en aquel contexto Don René Ballivián Calderón
lanzó un atinado ataque tanto a la doctrina del trisectorialismo
como a toda pretensión estatal de planificar la economía y
determinar los derroteros del desarrollo económico ulterior.
Ballivián alabó irónicamente la índole meramente indicativa del
último Plan Quincenal del gobierno, mencionando que era lo
más positivo del mismo; subrayó la necesidad de atraer
inversiones extranjeras mediante plenas garantías estatales;
mostró los nexos entre la doctrina trisectorialista y las teorías
de la Comisión de las Naciones Unidas para América Latina
(CEPAL), elaborando una de las primeras y más sensatas
críticas a la entonces sacrosanta teoría del cepalismo (en sus
postulados del desarrollismo a ultranza y del rol positivo del
Estado) y a la pretendida necesidad de fijar prioridades de
evolución mediante la intervención de instancias estatales.
Ballivián, quien puede ser calificado como uno de los mentores
intelectuales del grupo empresarial modernizante (uno de
cuyos exponentes más ilustres ha sido posteriormente Fernando
Manes de la Riva), percibió en forma clarividente que el futuro
no pertenecería al trisectorialismo, sino a la contienda entre el
"totalitarismo marxista" y la "economía de libre mercado", de
la cual ésta última saldría victoriosa86.
Algunos ejemplos pueden ilustrar esta situación signada
todavía por una ambivalencia liminar entre el postulado de
establecer una moderna economía de mercado y la necesidad de
86 René Ballivián Calderón, Vuelve el dilema de la economía mixta o la
economía estatizada, en: PRESENCIA del 2 de septiembre de 1976.- Cf. sobre
todo la gran obra sistemática, injustamente olvidada de este importante
pensador: Economía de mercado y economía dirigida. Aspectos de su teoría, historia y
realizaciones, La Paz: Amigos del libro 1979, p. 8: "El gran dilema del mundo
moderno es el de acertar con ciertas alquimias socio-económicas que tengan la
virtud de preservar las posibilidades de espontaneidad creativa sin perpetuar
las desigualdades internas e internacionales que agobian a la humanidad y
amenazan al sistema democrático-capitalista" (énfasis en el original).
75
preservar los rasgos pro-estatistas y paternalistas que
caracterizaron la relación de empleados y empleadores desde
los tiempos de la colonia española. En septiembre de de 1976
el Subsecretario de Política Financiera, David Blanco, anunció
enfáticamente una nueva y ciertamente moderna política
salarial: todo incremento de sueldos y salarios sería permitida
si reflejaba necesariamente una elevación tangible en la
productividad de quienes exigían ese acrecentamiento. Esta
línea, tan cara a los empresarios modernos, jamás fue
implementada. Lo sintomático reside, sin embargo, en el hecho
de que el subsecretario reiterarse en la misma declaración el
mantenimiento de los aspectos más convencionales de una política
paternalista, iliberal y contraria a la libre concurrencia:
el subsidio continuado de muchos productos de la canasta
familiar (pan y derivados del trigo), del precio de la gasolina
y de todos aquellos productos que "el gobierno considere
conveniente"; y
la conservación de todas las "pulperías baratas" en todas las
empresas estatales y mixtas87.
Se empezó a discutir por entonces una modificación del
régimen de la propiedad agraria, vigente desde la Reforma
Agraria de 1953. Una de las soluciones parecía ser la
introducción de la propiedad privada plena y sin restricciones
de ninguna especie en todo el país, terminando con los
regímenes especiales de tenencia de tierra en el Occidente del
país y con las propiedades comunarias colectivas. En ambos
casos no se permitía (y no se permite aun) la venta libre de las
posesiones, la hipoteca de las mismas y la libre disponibilidad
del propietario sobre ellas sin ataduras familiares y grupales.
Con mucha razón se afirmaba que la modernización y
87 Aumentos de salarios deben estar de acuerdo con la productividad,
PRESENCIA del 2 de septiembre de 1976
76
en:
tecnificación de la producción agraria no sería posible si se
mantenían el minifundismo y las formas arcaicas de propiedad
colectiva y si no se introducían el principio individual de
rendimiento (remuneración según desempeño) y una legislación
moderna, de corte liberal, sobre la tierra88 . Una muy leve
presión de los sindicatos campesinos, la fuerza normativa de
la inercia, el deseo de evitar "cualquier conflicto innecesario" y
la vieja ideología del MNR, aun ampliamente enquistada en
el aparato burocrático-administrativo, impidieron que el
gobierno derechista de Banzer tomara cualquier iniciativa en
este terreno.
Se admite generalmente que los grupos empresariales de
Santa Cruz configuran los elementos modernizantes y liberales
par excellence dentro del sector empresarial boliviano, contrarios,
en cuanto tales, a la tutela del Estado y a las prácticas del
prebendalismo, paternalismo y patrimonialismo, tan extendidas
— supuestamente — en el Occidente andino del país. Es
importante llamar la atención, empero, sobre el ejercicio
intenso de esas normas convencionales y retardatarias en el
interior de uno de los grupos más conspicuos del empresariado
cruceño, grupo que, por otra parte, no perdía ocasión en
exhibir su credo liberal anti-estatista. En septiembre de 1976 la
Asociación de Productores de Algodón elevó precisamente al
Estado central una larga serie de exigencias localizables todas
ellas dentro de la más pura tradición pro-estatista:
— Crear, a costa del gobierno, centros de investigación,
capacitación, consulta, mejora técnica y comercialización para
los productores de algodón y los empleados de las empresas
algodoneras;
88 Cf. el editorial: Propiedad de la tierra, en: PRESENCIA del 20 de septiembre de 1976
77
colaboración efectiva del Estado para la concesión de
créditos blandos, créditos a fondo pérdido, subsidios para
alimentos, adquisición de maquinarias y pago de salarios [sic];
establecimiento de un mercado interno totalmente protegido
por altos aranceles para los productos de estas empresas;
creación de primas de exportación y subsidios a la
productividad por parte del gobierno;
instauración de rebajas en los transportes públicos
(particularmente en ferrocarriles) para insumos y productos de
la industria algodonera; y
supresión de cualquier impuesto, tributo o gravamen estatal
a la industria algodonera por ser ésta "una actividad
incipiente" y como tal "insegura", sometida a "los vaivenes de
la naturaleza, el tiempo y el clima" [sic], una actividad, empero,
que merecería el "apoyo de toda la sociedad" por su "contribución
al progreso de la Nación" 89. Si se hubiese implementado esta
petición de los algodoneros, se habría conseguido la total
socialización de todos los costes y una correspondiente
privatización de todos los beneficios; el riesgo empresarial, el
espíritu de innovación y el principio de rendimiento y eficacia
se hubiesen evaporado, factores que constituyen, después de
todo, los pilares justificativos más valiosos y sólidos de toda
actividad empresarial privada. Habría sido, en realidad, un
retorno a la situación imperante en la era colonial, cuando no
pocos "empresarios" eran, en el fondo, empleados bien
pagados — y parasitarios — de la frondosa maquinaria
estatal. No tan radical, pero similar en el contenido fue la
petición de un (recién investido) presidente de la Cámara de
Industrias, quien en 1977 habló enfáticamente de la absoluta
necesidad de "una amplia asistencia del Estado" a todo el sector
privado, no sólo mediante altos aranceles aduaneros de
89 Empresarios cruceiros: es necesaria una política para producción del algodón,
en : PRESENCIA del 27 de septiembre de 1976 (crónica de Roy Bazán, basada en
informaciones de la Asociación de Productores de Algodón [ADEPA]).
78
protección a la "industria nacional", sino también por medio de
una generosa ayuda estatal a fondo perdido en los campos de
capacitación profesional, mejoramiento de los recursos
humanos y transferencia de tecnología90.
Se puede afirmar, por consiguiente, que bajo el banzerato
la empresa privada boliviana se movía entre dos polos: (a) un
sector modernizante que quería emanciparse de la tuición
estatal (y correr los riesgos que ello necesariamente
conllevaba) para modernizar la sociedad en su totalidad y la
mentalidad imperante en particular, y (b) otro grupo
convencional-conservador, de tendencias proteccionistas y
paternalistas, que lo esperaba todo del Estado. El propio
régimen banzerista también se debatía entre la continuación
del estado de cosas imperante, calificado ante todo por la
existencia de un sector económico estatal aun predominante y
una burocracia gubernamental cada día más frondosa, y el
intento de modernizar el conjunto del país desmontando
paulatinamente los elementos pro-estatistas. Hasta el fin del
gobierno de Banzer (1978) prevaleció la primera corriente.
Los grandes cambios histórico-sociales se anuncian muy
tímidamente y de manera harto contradictoria. La CEPB se
preocupó, como hemos visto, de la modificación de la
mentalidad pro-estatista imperante en el país y de la alteración
del modelo económico paternalista-proteccionista ya desde la
década de 1970-1980, pero de modo intermitente y sin criticar
ni dura ni abiertamente al régimen banzerista. En la esfera
circunscrita a la organización de la vida económica, la empresa
privada intentó primeramente "tener libertad de acceso a todos
los campos de la actividad económica, en igualdad de
90 Empresarios modernizarán industrias y exigirán protección del Estado,
PRESENCIA del 1 de febrero de 1977
79
en:
condiciones y oportunidades, dentro de un concepto de
concertación y complementación con el sector público, incluyendo
los rubros industriales calificados como 'estratégicos', bajo
control éstos últimos del capital nacional" 91 . Para comprender
estos gérmenes del proyecto de reconstitución estatal y societal
propuesto posteriormente por la CEPB, no es superfluo echar
un vistazo a la auto-imagen que la Confederación tenía de sí
misma. Según su presidente Pérez Monasterios, el empresario
boliviano contemporáneo se destacaría positivamente de otros
grupos sociales comparables porque
piensa a largo plazo,
asume riesgos al invertir y al tomar todo tipo de decisiones,
está "consubstancializado con el pueblo" [sic], y
se halla dispuesto a un gran acuerdo nacional, es decir a una
"gran concertación de propósitos y objetivos" con el Estado y
con los otros sectores de la sociedad92.
Por aquel entonces la modernización del aparato productivo
y del Estado no abrazaba todavía un proceso de democratización
del conjunto de la sociedad. En realidad la actitud general y
pública de la Confederación con respecto a la administración
pública, a la distribución de funciones entre el Estado y el sector
privado y — last but not least — a la apreciación global que
merecía el banzerato queda plasmada en toda su ambigüedad
en un discurso programático del entonces Gerente de la
Cámara de Industrias, Hugo Castellanos:
(1) Lo positivo del régimen banzerista residió en haber brindado
a la nación estabilidad financiera, económica, social y política;
91 Interacción del Estado y la empresa privada [documento oficial de la CEPB
de febrero de 1977], en: CEPB, Pensamiento..., op. cit. (nota 1/84), parte B, p. 9
(énfasis en el original); cf. también: La empresa privada y su papel en el desarrollo
nacional, en: ibid., pp. 93-97; Análisis de la situación económica y recomendaciones
hacia una Nueva Política Económica, en: ibid., documento # 14
92 Marcelo Pérez Monasterios, Anteproyecto..., op. cit. (nota 1/84), p. 6
80
la carencia de conflictos habría conformado una de las bases
imprescindibles para el desarrollo ulterior de la patria.
Admitió que el Estado tenía que hacerse cargo de la
infraestructura, la siderurgia y de todas aquellas actividades
industriales que sobrepasaran las posibilidades de la empresa
privada, aplicando, afirmó Castellanos, "el principio de
subsidiaridad".
Exigió del Estado "reglas de juego firmes, inequívocas y
duraderas" para asegurar la previsibilidad de toda actividad
social, la buena marcha de los negocios y la confiabilidad de
las normas públicas y los organismos estatales.
Demandó de la administración pública un claro "deslinde"
entre las actividades económicas fiscales y las privadas, para,
entre otras cosas, evitar la duplicación de esfuerzos.
Destacó finalmente la salud del sector privado industrial
bajo el banzerato, abundando en datos sobre su crecimiento
sano y sostenido y el alto nivel de las inversiones privadas, lo
que reflejaría la confianza de los empresarios en el régimen y
en la nación93.
Desde la óptica actual se diría que se trata de una actitud
de compromiso entre los valores de la tradición estatista y las
nuevas normativas modernizantes, una actitud que aun
permaneció mayormente dentro de la convención paternalistaproteccionista. La prensa escrita acompañó esta evolución,
aunque con un desfase de muchos años: recién a partir de 1985
93 Industriales desean deslinde de campos de acción con el Estado, en:
PRESENCIA del 1 de enero 1977.- Aunque no corresponde a la temática aquí
tratada, no es superfluo mencionar que los empresarios criticaron a lo largo de
todos estos años las políticas generales del Pacto Andino y de sus órganos
asociados. Cf. Empresa privada rechaza reunión con la Junta del Grupo Andino, en:
ibid. del 26 de enero de 1977; Siempre se ha prometido corregir errores en el Grupo
Andino, y de eso van cinco años, en: ibid. del 31 de enero de 1977; Discrepan los
intereses empresariales privados y estatales en Grupo Andino, en: ibid. del 3 de
marzo de 1977
8I
(y con enormes reticencias) se puede constatar una corriente
francamente modernizante en los principales órganos
periodísticos de Bolivia. Pero justamente por ello es de justica
mencionar aquellos tempranos testimonios que comprendieron
la contribución que la empresa privada podría hacer para
atenuar la conservadora mentalidad pro-estatista. Un
editorialista afirmó, por ejemplo, que una buena porción de la
responsabilidad y hasta de la culpa histórica por el
subdesarrollo en el Tercer Mundo no recaería en las relaciones
asimétricas entre éste y las naciones adelantadas ni tampoco en
los injustos terms of trade del comercio internacional, sino en los
gobiernos despóticos de Asia, Africa y América Latina, que
impedirían conscientemente (a) el despliegue de un genuinio
mercado interno, exento del paternalismo estatal y (b) el
florecimiento de la iniciativa privada y de la economía liberal
basada en ella". Poco después, el mismo periódico lanzó un
sorprendente ataque a la "ayuda" estatal brindada a la empresa
privada (créditos a fondo perdido, licitaciones amañadas,
formación técnica y profesional financiada generosamente por
las arcas gubernamentales), exigiendo en cambio que la
industria y, en suma, los mercados nacionales abandonen el
proteccionismo arancelario secular y se abran audazmente a los
"fuertes vientos de la competencia extranjera", lo que serviría
para modernizar el conjunto de la industria boliviana y
abaratar los precios al consumidor. Por primera vez la prensa
vinculada a la Iglesia Católica propugnaba una clara reducción
del rol económico-empresarial del Estado y una ampliación del
campo de acción de la iniciativa privada95.
94 Cf. el editorial: Los pueblos pobres también tienen culpa, en: PRESENCIA
del 14 de enero de 1977
95 Cf. los editoriales: Apoyo del Estado ala industria nacional, en: PRESENCIA
del 2 de febrero de 1977; La empresa privada en la economía nacional, en: ibid. del 10
de febrero de 1977
82
En febrero de 1977 la CEPB anunció un "nuevo Plan Nacional"
que postulaba el alejamiento de Bolivia con respecto al Pacto
Andino, la reducción de la actividad económica del Estado y la
demanda de mayor libertad para el desenvolvimiento de la
empresa privada; de igual relevancia es el orgulloso enunciado
de la CEPB — aunque ya conocido in nuce, lanzado empero
por vez primera de manera enfática y directa a las instancias
gubernamentales — de que el Estado en cuanto empresario
habría resultado un genuino fracaso: controlaría por medio de
las empresas estatales el 70 % de la actividad económica
nacional, pero contribuiría únicamente con el 25 % de la masa
impositiva global. El peso tributario recaería, después de todo,
sobre la empresa privada, que sería en el fondo la instancia
que financiaría la supervivencia del gobierno y de la nación96.
La IV Reunión Plenaria de Coordinadores de la CEPB, celebrada
entonces en Oruro, denotó un tenor más severo y un contenido
cualitativamente más atrevido que sus declaraciones
anteriores. Entre los puntos principales se hallaban los
siguientes postulados:
rigurosa demanda de acceso irrestricto a todos los campos
de la actividad económica boliviana;
dura crítica a los principios y a la praxis del Pacto Andino;
insistencia en el decrecimiento del rol empresarial del Estado
y en el incremento de la iniciativa privada en la misma
proporción; y
preservación del rol protagónico del Estado exclusivamente
en el área de la infraestructura (por ser demasiado onerosa para
la empresa privada)97.
96 Empresa privada presentará al gobierno novedoso planteamiento, en:
PRESENCIA del 7 de febrero de 1977; El 75 % de los impuestos proviene de la
empresa privada, en: PRESENCIA del 13 de febrero de 1977
97 CEPB, La empresa privada y su papel en el desarrollo nacional [= documento
oficial de la IV Reunión de Coordinadores Nacionales de la CEPB], en:
PRESENCIA del 13 de febrero de 1977; Empresa privada pide participar en
planificación del desarrollo, en: ibid.
83
Es indispensable señalar que en declaraciones posteriores
la CEPB suavizó considerablemente su lenguaje y sus
pretensiones fácticas. El presidente de la institución,
Marcelo Pérez Monasterios 98, ofreció al Presidente Banzer su
apoyo y expresó su conformidad con la programática
económica del régimen. De todas maneras es digno de
mención el hecho de que la declaración de la CEPB del 12 de
febrero de 1977 fue airadamente contestada y refutada por el
gobierno. El entonces Subsecretario de Planeamiento, Enrique
García, afirmó, dentro de la tradición estatista, que todas las
aseveraciones de la CEPB serían "altamente exageradas", que no
contendrían "ninguna sugerencia seria" para el desarrollo
nacional y que, en el fondo, constituirían típicos intentos de
grupos de presión por conseguir políticas públicas favorables a
su sector99. Poco después, la CEPB aprobó un vago proyecto
propugnado por el gobierno de desconcentración y
descentralización del aparato productivo estatal, que no incluía
ninguna privatización; Pérez Monasterios, en declaraciones de
índole convencional y en el mejor estilo pro-estatista, alabó la
política de orden y paz de Banzer, admitió que los grandes
impulsos para la edificación de la industria nacional deberían
provenir del Estado y que éste último tendría que proteger y
ayudar al sector privado industrial mediante aranceles
preferenciales, créditos no recuperables y estímulos fiscales de
todo tipoloo.
Lo característico de este periodo estriba — como ya se
mencionó — en la actitud profundamente ambivalente de la
98 Empresa privada ratificó su decisión de colaborar al desarrollo nacional, en:
PRESENCIA del 26 de abril de 1977
99 Empresa privada no hizo ninguna sugerencia para el desarrollo, en: PRESENCIA
del 15 de febrero de 1977
100 Sector privado apoya directiva sobre empresas del Estado, en: PRESENCIA
del 13 de septiembre de 1977; Empresa privada señala necesidad de política para
industrializadión, en: ibid. del 22 de octubre de 1977
84
CEPB con respecto al rol estatal en la economía y a las tradiciones
del proteccionismo, paternalismo y prebendalismo, que
fueron, como uno puede fácilmente colegir, favorables a ciertos
grupos empresariales y por lapsos temporales que no eran
precisamente breves. Por otra parte, y a pesar de ello, es
razonable calificar la incipiente campaña de la CEPB por alterar
ese estado de cosas como una actitud original y valiente, pues
fue la única organización social que la inició y la que la
persiguió con más ahinco y método durante un largo tiempo.
Es ineludible manifestar, sin embargo, que este designio
modernizador no abarcó durante varios años, ningún elemento
democratizador. De ahí se deduce que la CEPB, como organización
gremial encargada de agregar y articular intereses empresariales,
estaba tácitamente de acuerdo con el régimen dictatorial del
banzerato (y con el anterior del General René Barrientos) y con
el legado básicamente antidemocrático que se venía
arrastrando por lo menos desde la fundación de la república.
Esto puede ser ilustrado por los sucesos políticos de 1977.
Según las fuentes disponibles, este año fue probablemente
el más tranquilo del régimen banzerista, aunque la memoria
colectiva lo haya transformado posteriormente en un periodo de
heroica resistencia antidictatorial. Económicamente se registró
una balanza comercial favorable al país; los precios de los
productos de exportación se mantuvieron elevados. Pero lo más
notable debe ser visto en el número relativamente escaso de
conflictos sociales, laborales y políticos de índole violenta. En
medio de esta relativa paz social, el Presidente Banzer, durante
la solemne inauguración de la Empresa Nacional de Fundiciones
(ENAF) en Vinto (el 8 de junio de 1977), rechazó sorpresiva y
enfáticamente la democracia representativa, las elecciones, el
parlamento, el pluralismo de opiniones y partidos políticos y la
fiscalización de los actos gubernamentales por la opinión pública
y de parte de instancias independientes, como si todo ésto fuese
el corolario despreciable y decadente de una democracia meramente
85
"formal". (Es una ironía de la historia que las fuerzas de extrema
izquierda compartían plenamente este análisis.) En su lugar
prometió "un nuevo ordenamiento institucional", que jamás fue
explicitado (ni menos llevado a la praxis), y del cual sólo se
pudo barruntar algún rasgo corporativo 101 . Pero lo más notable
de estos sucesos debe ser visto en el silencio cómplice de la
CEPB y de las otras organizaciones empresariales; en la prensa
conocidas personas vinculadas al empresariado nacional
hicieron publicar una serie de deplorables avisos pagados que
aprobaban las ideas de Banzer y denostaban la ridícula
"democracia formal". Pocos días después, el presidente de la
CEPB, Marcelo Pérez Monasterios, a nombre de la institución,
ofreció a Banzer y al gobierno de las Fuerzas Armadas el
respaldo amplio y pleno de la empresa privada 102 . Pero
cuando todavía estaba fresca la tinta del manifiesto dictatorial
de Banzer y de las declaraciones antidemocráticas de la CEPB
y de varios empresarios aislados, el gobierno anunció
sorpresivamente el retorno a la democracia "formal",
representativa, pluralista y "participativa", la celebración de
elecciones libres, la reinstauración del parlamento y la
irrestricta vigencia de la prensa libre 103 . En noviembre de
1977, sin que mediaran presiones realmente graves y cuando
el debate político recién comenzaba, el Presidente Banzer, en
un acto de desprendimiento que la historia boliviana
probablemente le reconocerá, anunció que las elecciones
generales se adelantarían a 1978, que él mismo no sería
candidato presidencial y que se restablecían todas las
instituciones y garantías de la democracia representativa
101 Banzer: "No habrá retorno" a la "democracia formal",
en: PRESENCIA
del 9 de junio de 1977
102 Empresa privada reiteró su apoyo al gobierno, en: PRESENCIA del 14 de
junio de 1977
103 En 1980, "indefectiblemente" será institucionalizado el país, en:
PRESENCIA del 18 de junio de 1977
86
sin precondiciones de ninguna clase 104 . En torno a toda esta
problemática, la CEPB, las instituciones afiliadas y los
empresarios influyentes dieron un sorprendente vuelco:
prosiguieron con su apelación a "un marco de paz, garantías,
orden y estabilidad eonómica, política y social", pero
reconocieron que "la apertura democrática constituye un
desafío a la responsabilidad ciudadana [...1; de lo contrario se
corre el riesgo de una frustración, estancamiento y aun retroceso
de los logros obtenidos, comprometiendo inclusive el futuro
de la patria. [...] La empresa privada rechaza toda forma de
violencia, intransigencia, desorden y anarquía [...]. [La CEPB]
estimula y alienta el diálogo constructivo, la concertación de
esfuerzos y el trabajo creador" 105 . La senda del proceso
democratizador ya estaba desbrozada.
104
Elecciones generales en julio del próximo año, en: PRESENCIA del 10
de noviembre de 1977
105 Llamado a la unidad nacional [documento aprobado por el directorio
de la CEPB en Cochabamba el 22 de enero de 1978], en: CEPB, Pensamiento..., op.
cit. (nota 1/84), p. 11
87
II La lucha por la modernización de la sociedad y
la legitimidad socio-política de la empresa
privada
a) La CEPB como agregación y articulación altamente
organizada de intereses sectoriales
Para comprender adecuadamente el rol socio-político
jugado exitosamente por la CEPB, sobre todo a partir de 1982,
es imprescindible echar un vistazo a su organización interna y,
más precisamente, a su relación con los otros sectores de la élite
boliviana s , particularmente con la llamada clase política. En
primer término se puede constatar que la CEPB ha tenido
más suerte y pericia que las instituciones similares del periodo
anterior en la difícil tarea de articular, canalizar, agregar e
implementar los dispersos intereses de todos aquellos grupos
vinculados con la propiedad privada de medios de producción
en Bolivia. La estructura y los procedimientos internos de la
CEPB denotan, además, un carácter a la vez más complejo y
moderno que los habituales en las organizaciones previas de
los propietarios privados. La Sociedad Rural Boliviana, por
ejemplo, no logró jamás una agregación y articulación
convenientes y políticamente relevantes de los intereses de los
dueños de fundos, fincas, estancias y latifundios del país.
Constituía más bien una especie de club de notables, sin una
1 En Bolivia falta totalmente un estudio bien documentado sobre las
llamadas clases altas, que analice su historia y desempeño, por un lado, y que
defina, por otro, su carácter. Sobre la vinculación entre la definición de un
grupo social (por ejemplo en cuanto élite, clase dominante, burguesía,
estrato alto, etc.) y el sesgo ideológico de la investigación, cf. el brillante
estudio de Matilde Luna / Francisco Valdés, Perspectivas teóricas para el
estudio de los empresarios en México, en: REVISTA MEXICANA DE SOCIOLOGIA, vol. 1990, N° 2, pp. 3-17
89
estructura interna discernible y duradera. La Asociación de
Industriales Mineros de Bolivia tuvo obviamente una
influencia permanente e importante sobre las políticas
públicas — aunque en un grado mucho menor que el que le
atribuyen analistas e historiadores marxistas, que ven en ella el
verdadero centro de un poder omnímodo y secreto —, pero
configuraba también un grupo reducidísimo de notables (los
grandes mineros Patiño, Hochschild y Aramayo) y no poseyó
jamás una estructura interna sólida. La modernidad técnica
de sus instalaciones en el campo minero contrastaba con la
absoluta informalidad y la marcada tradicionalidad de su modo
de proceder en terrenos como el tráfico político de influencias
y la labor legislativa. Ambas instituciones fueron barridas
literalmente del mapa socio-político con motivo de la
Revolución Nacional de 1952. Igual suerte corrió la Sociedad
de Propietarios de Yungas, cuya influencia se debía
principalmente a la personalidad moderna, dinámica y eficaz de
su director, José María Gamarra. Desaparecido Gamarra, esta
institución se vino literalmente abajo.
Desde sus inicios la CEPB ha tenido una base más amplia
de miembros, una estructura más robusta y un carácter más
democrático. El superar precisamente los rasgos tradicionalaristocráticos de un club de notables y dotarse de una
organización más moderna y más abierta a la crítica interna y
al control de parte de los propios asociados, han sido
probablemente los factores que han contribuido al posterior
éxito de la CEPB. (Curiosamente James Dunkerley2 afirma que la
CEPB exhibió hasta 1982 el clásico talante de un pressure group
convencional, con un perfil público-político más bajo que el de
la Asociación Nacional de Mineros Medianos o el de la
2 James Dunkerley, Political Transition and Economic Stabilisation: Bolivia,
1982-1989, Londres: Institute of Latin American Studies 1990, p. 30
90
Asociación de Ganaderos del Beni.) En los primeros años el
peso de los mineros medianos en el seno de la CEPB fue
seguramente considerable: era dentro del empresariado el
grupo económicamente más fuerte, más cohesionado y con la
manifiesta intención de influir sobre las políticas públicas del
Estado 3 . Pero es presumible que se tratase de una agrupación
básicamente tradicionalista, poco afecta a la democracia
practicada y, en el fondo, con algunas tendencias estatistapaternalistas, ya que su historial previo y sus prácticas
procedimentales no eran favorables al neoliberalismo
contemporáneo. Dentro de esta atmósfera conservadora se
destacó el empresario Gonzalo Sánchez de Lozada, cuya familia
y entorno no provenían de la minería, quien tuvo una
actividad importantísima en la historia boliviana reciente al ligar
la moderna eficiencia gerencial y organizativa con un profundo
proceso de democratización y con la implementación del Estado
de Derecho. A la consecución del neoliberalismo en su versión
boliviana del presente también coadyuvaron algunas
personalidades aisladas que no han sido empresarios mineros
en sentido estricto, pero que han estado activos en la Asociación
Nacional de Mineros Medianos, como Raúl España-Smith.
La actual vigencia de la CEPB tiene que ver indudablemente
con la inclusión de grupos empresariales muy diversos (agroindustria 4 , ganaderos, banca privada e instituciones
financieras) y con la creciente significación de la industria y el
comercio dentro del conjunto de la iniciativa privada s . Los
3 James Dunkerley, Rebelion in the Veins, op. cit. (nota 1/23), p. 226 sq.Cf. también el notable estudio de Manuel E. Contreras / Mario Napoleón
Pacheco, Medio siglo de minería mediana en Bolivia 1939-1989, La Paz: Biblioteca
Minera de Bolivia 1989, passim
4 Cf. Mario Arrieta et al., Agricultura en Santa Cruz: de la encomienda colonial
a la empresa modenizada, La Paz: ILDIS 1990
5 Sobre las alteraciones de la estratificación social en América Latina
a causa de esta evolución, cf. Alejandro Portes, Latín American Class Structures:
Their Composition and Change during the Last Decades, en: LATIN AMERICAN
RESEARCH REVIEW, vol. 20 (1985), N° 3
91
genuinos "modernizadores" liberales, sobre todo aquéllos que
han contribuido a transformar la CEPB, han salido del sector del
comercio y sobre todo de la industria, que ha cobrado una
creciente relevancia socio-económica en el país a partir de la
década de 1970. Son ellos los que estuvieron confrontados
diariamente con los sindicatos y la burocracia estatal, por un
lado, y con la evolución de los respectivos rubros a nivel
mundial, por otro. Han sido, por lo general, hombres de notable
iniciativa personal, imbuidos de una moral laboral muy similar
a la protestante (y contrapuesta a la ética aristocrática del
consumo ostentoso y del otium cum dignitate), provenientes de
la clase media y media alta (pero con excelente educación escolar
y universitaria), que no heredaron un patrimonio familiar, sino
que lo edificaron a partir de los propios esfuerzos, mediante una
buena formación técnico-profesional y un buen olfato para
descubrir nuevas oportunidades en el mercado. Los aires
cosmopolitas propios de un contexto de libre mercado y
competitividad cotidiana, así como la necesidad de concurrir en
mercados cambiantes e inestables, fomentó una percepción más
dinámica y diferenciada del conjunto social, un mayor aprecio
por reglas de juego duraderas y previsibles y un interés más
agudo por organizar la CEPB como un órgano eficiente para
agregar y articular intereses gremiales dispares frente a un Estado
que a todas luces no era la mera "agencia de la burguesía
boliviana". Entre estas personalidades de espíritu modernizante
y talante liberal-democrático en el seno de la CEPB se cuentan
José Romero Loza, Fernando Illanes de la Riva, Marcelo Pérez
Monasterios, Jorge Lonsdale, Ramiro Cabezas, Fernando Romero
Moreno y otras, que sin ser empresarios en sentido estricto, han
estado vinculadas a este designio anti-estatista, como Juan Cariaga
y Armando Méndez Morales.
Resumiendo se puede describir a este "nuevo tipo de
empresario" (que en Bolivia por lo general se encuentra aun en periodo
de gestación) como
92
enfrentado positivamente al desafío de la competitividad
internacional,
— poseedor de una identidad social diferente, es decir con una
trayectoria más profesional que patrimonial,
abierto al mundo exterior y sin inclinaciones nacionalistas,
portador de una racionaldad económica expansiva y
representante de una concepción más pragmática de la empresa
y la política y, por ende, menos ideológica y paternalista6.
El ideal normativo 7 de esta tendencia sería
la racionalización exhaustiva de los sectores productivos
según el principio de rendimiento, el cual está determinado
por el desempeño de los grandes consorcios supranacionales; y
la apertura comercial (fin del proteccionismo) e inserción
de la economía boliviana en el mercado mundial, lo que
conlleva el florecimiento únicamente de aquéllas ramas del
sector manufacturero que cuentan con ventajas
comparativas a nivel internacional.
Esto significa, en el fondo, el privilegiamiento de las
empresas dinámicas, que no temen el riesgo de nuevas
inversiones, que innovan tecnológicamente y que calculan con
6 Este desarrollo estuvo encarnado, por ejemplo, en la evolución chilena
del empresariado a partir de 1973. Cf. el excelente trabajo de Cecilia Montero,
La evolución del empresariado chileno: surge un nuevo actor?, en: ESTUDIOS
CIEPLAN (Santiago de Chile), N° 30, diciembre de 1990, pp. 91-122; J. Martínez
/ E. Tironi, Las clases sociales en Chile. Cambio y estratificación social 1970-1980,
Santiago: Sur 1985.- Para el caso boliviano cf. El rol de la empresa privada en el
desarrollo, La Paz: ILDIS [sin fecha]
7 En el campo de la historia de las ideas no existe aun en Bolivia una
investigación sobre la evolución de los valores de orientación y las concepciones
normativas de los grupos patronales y empresariales, como en el caso mexicano
las brillantes obras de Roderic A. Camp, Los empresarios y la política en México:
una visión contemporánea, México: FCE 1990, y Camp, Mexico's Leaders: Their
Education and Recruitment, Tucson: Arizona U.P. 1980
93
lapsos de tiempo relativamente largos. Este tipo de empresa y
empresario se diferencia evidentemente del antiguo modelo de
índole aristocrática, típico de terratenientes y mineros, que se
distinguieron por la inclinación al entorno familiar, la gestión
de corto plazo, la improvisación en las estructuras y
funcionamiento internos del consorcio y la afición por las tasas
rápidas de retorno.
Anque ambos tipos de empresariado hayan mantenido
estrechas relaciones con la esfera política, el primero lo hacía de
manera directa, sin mediaciones gremiales (a menudo se daba
una clara identidad de las élites económica y política), mientras
que el segundo prefiere una acción mancomunada de todo el
sector patronal, debatida previa y libremente en el seno de la
CEPB y presentada al gobierno y a la opinión pública como un
proyecto de políticas públicas bien concebido y de largo plazo.
Es posible, naturalmente, que esta homogeneidad de la
conducta externo-pública encubra una heterogeneidad de
opininiones y opciones en desmedro de los empresarios
medianos y pequeños, quienes, muchas veces, no tienen otro
remedio que el de aceptar — y sufrir — las líneas rectoras
impuestas por los grandes consorcios, que son los que disponen
de más peso, influencia y reputación dentro de los gremios
patronales 8 . Según una observación de Oscar Zegada9, los
sectores internos "contendientes" dentro de la CEPB conocen
"sus limitaciones" y su "carácter secundario" ante los peligros
que se ciernen sobre la política económica neoliberal o sobre
la CEPB en cuanto gremio patronal, y, por lo tanto, presentan
hacia afuera necesariamente una imagen de unidad.
8 Cf. Celso Garrido (comp.), Empresarios y Estado en América Latina: crisis
y transformaciones, México: CIDE/UNAM/UAM/Ebert 1989, passim
9 Oscar Zegada, Los empresarios y la nueva política económica, Cochabamba:
IESE/UMSS 1989, p. 129
94
Las nuevas modalidades del sistema de agregación y
articulación de intereses de la CEPB se manifiestan, entre otras
otras, por medio de los siguientes rasgos:
El empresariado privado va adquiriendo, a pesar de algunos
retrocesos y múltiples obstáculos, una identidad colectiva
claramente definida, opuesta, por un lado, a la mentalidad
convencional estatista del empresario clásico que vivía a la
sombra del proteccionismo arancelario y de las prebendas
estatales, y contrapuesta, por otro, a la actitud clásica del
empresario aristocrático de índole rentista y poco favorable
a cualquier riesgo. La iniciativa privada de Santa Cruz es
probablemente la que más ha avanzado en esta dirección.
El empresario se percibe a sí mismo como abierto hacia el
mundo exterior, imbuido de la necesidad de innovar
tecnológica y organizativamente, de encontrar nuevos
mercados y de diversificar sus negocios.
El empresariado se ha dotado de una visión menos
ideologizada del conjunto de las relaciones sociales, al que
lo concibe como una contienda legítima de los más diversos
intereses. Y en el seno de esta controversia de intereses
considera la relación de empleadores y empleados (nexo libre
de todo paternalismo, pero también exento de toda filantropía)
como un aspecto más de la pugna diaria de intereses que
es la vida social. El empresariado es partidario, por
consiguiente, de eliminar todo factor político, ideológico y
pseudo-religioso que interfiera en las relaciones obreropatronales, siendo, por ende, contrario a la politización de
los sindicatos y de la vida sindical.
Pese a que el sistema (neoliberal) de libre mercado fue
introducido en Bolivia desde arriba en 1985 (mediante un
decreto del Supremo Gobierno), los empresarios se
autodefinen hoy en día como (a) las figuras centrales del
proceso económico, como (b) los únicos y auténticos portadores
del progreso material y como (c) actoresautónomos con respecto
al Estado.
95
Finalmente los empresarios han abandonado su anterior y
clásica actitud defensiva: no se justifican públicamente por
configurar un sector privilegiado de la población y no se
disculpan por obtener ganancias, sino que valoran a estas
últimas como algo positivo y símbolo de su éxito en la vida
real.
En el caso boliviano es obvio que muchas de estas
connotaciones de una agregación y articulación modernas y
exitosas de intereses se hallan aun en estado embrionario, pero
es probable que el decurso evolutivo se dirija en esta direción.
Puesto que las fracciones en el interior de la CEPB son cambiantes
y no están afianzadas en intereses productivos expresamente
divergentes, o en diversos proyectos conceptuales para
reorganizar la sociedad y ni siquiera en disparidades sociopolíticas permanentes debidas al diferente origen regional, es
fácticamente imposible reconstruir un patrón de conflictos que
haya perdurado de modo visible desde la fundación de la CEPB
(1962), patrón que sea notoriamente discernible hasta hoy en sus
controversias internas cuando se trata de dilucidar las políticas
públicas. Pero aun así se puede aseverar que, en analogía a la
situación de casi todos los países latinoamericanos, se han
formado dos fracciones "informales" de empresarios:
Un sector estatista-desarrollista, relativamente favorable a
la intervención y actividad estatales en el terreno de la
economía, partidario, como socio menor y ciertamente
usufructuario de las agencias estatales, de grandes proyectos
de desarrollo e infraestructura y de un crecimiento económico
acelerado. Es plausible que la mayoría de los grandes
consorcios ya representados en la CEPB se hubiesen adscrito
por estas razones a los gobiernos autoritarios de los generales
Barrientos y Banzer, que garantizaron la seguridad del
patrimonio y el funcionamiento empresariales. El medrar a
la sombra del Estado, viviendo de sus contratos y prebendas
en una atmósfera generalizada de patrimonialismo y
96
mercantilismo (en el sentido de Hernando de Soto), era
ciertamente cómodo y redituable, pero se convirtió en algo
precario a partir de 1980, cuando empezaron a soplar los
fuertes vientos de la competencia internacional, de las
innovaciones técnicas, del liberalismo y la democracia.
Un sector basado en sus propias fuerzas y facultades, propicio
a la doctrina neoliberal, que producía con cierto éxito para
el consumo nacional y ocasionalmente para el mercado
externo, partidario de cercenar las funciones burocráticas y
el rol económico del Estado. Esta fracción se vio
manifiestamente favorecida por la evolución mundial y las
corrientes de pensamiento económico y político a partir de
1980. Presupone que su planteamiento ideológico es el
correcto para una época signada por la modernización
universal y la democracia representativa. Este sector (o
fracciones notables del mismo) han nacido al amparo de la
sombra protectora del Estado, pero afirman que se han
emancipado mayoritariamente de la tuición estatal (o están
en vías de hacerlo). El elemento básico de su nueva
identidad es precisamente su distancia con respecto al
Estado y a la ideología del estatismo. Pretenden asegurar
su fundamento autónomo contra las usuales exacciones
del Estado mediante el ejercicio del Estado del Derecho y
el respeto a las reglas de juego. Por ello exigen el fin del
favoritismo estatal, la transparencia de los actos
gubernamentales y el mejoramiento cualitativo del
aparato judicial.
Por ahora es imposible discernir cuál fracción del
empresariado boliviano terminará por imponerse. El actual
sistema de agregación y articulación de intereses, así como las
corrientes actuales de pensamiento y las pautas normativas de
las grandes instituciones internacionales se inclinan aparentemente por la segunda fracción, pero el peso secular de la tradición
estatista y las prácticas consuetudinarias de la administración
97
pública (y hasta de buena parte de la prensa y la opinión pública
en general) siguen favoreciendo al primer sector.
b) La élite empresarial y su relación con la clase política
en Bolivia
Esta cuestión está íntimamente ligada con el problema de
la legitimidad del actual y exitoso estrato empresarial boliviano
en el contexto del desarrollo histórico del país (por lo menos a
partir de 1978) y del despliegue de la economía de libre mercado
(desde 1985). Se puede afirmar que la legitimidad de la élite
empresarial está basada, así sea parcialmente, en el hecho de
constituir el sector más modernizado y más favorable a un ambiente
de racionalidad, democracia y pluralismo dentro del marco de las
capas altas bolivianas, diferenciándose, por lo tanto, positivamente
de la clase política, que configura hasta hoy uno de los reductos
más convencionales, provincianos, atrasados y tradicionalistas
de los estratos dirigentes del país.
En uno de los primeros testimonios programáticos de este
grupo (todavía en tiempos de la dictadura de García Meza),
Fernando Romero Moreno 10 aclaró unos conceptos identificatorios
básicos. Casi toda la opinión pública, incluidos los grupos políticos
y la alta administración pública, sostendrían una concepción
"falsa y adversa" con respecto a la empresa privada. Esta última
no sería únicamente un grupo exlusivo de hombres acaudalados
dedicados a acumular dinero y poder o sólo un sector económico
complementario del Estado (que debería conformarse con aquéllo
que no concita el interés del mismo), sino que representaría un
10 En el país existe una distorsión del significado de la empresa privada
[declaraciones de Fernando Romero], en: PRESENCIA del 30 de noviembre
de 1980
98
"sistema íntegro de vida donde prevalecen los valores de libertad,
igualdad y justicia". Aunque este enunciado debe ser tomado
naturalmente cum grano salis, Romero se adhiere al moderno
argumento de que la empresa privada sería "el mecanismo más
eficaz y humano para producir riqueza social".
Para apreciar la relevancia de este postulado, hay que echar
un vistazo al conjunto de los estratos privilegiados bolivianos
en el periodo que aquí nos ocupa: 1962-1994. La clase alta ha
sido, como en todo el mundo, un complejo entramado de grupos
con fronteras muy poco precisas, con nexos enteramente cambiantes con las otras capas sociales y con valores normativos
dispares, lo que vale asimismo para sus estrategias políticas y
sus proyectos culturales. Como se sabe, cuanto menos compleja
y diferenciada es una sociedad, tanto más simple y compacta
resulta ser su élite. Bolivia, que se embarcó en 1952 en un ambicioso
y difícil intento de modernización y cambio social acelerado, ha
denotado a partir de entonces un proceso relativamente complicado de formación de estratos privilegiados. La llamada
Revolución Nacional trajo consigo el desmoronamiento del
estrato de los grandes y medianos propietarios territoriales en
el Occidente del país y, al mismo tiempo, el aniquilamiento de
la Gran Minería en cuanto sector organizado e influyente. El
colapso de estos grupos sociales, que conformaron durante
siglos la clase alta por excelencia, destruyó en 1952 — pero no
definitivamente — la clásica identificación estrecha entre la
élite del poder y el estrato privilegiado económicamente.
Simultáneamente se abrió la posibilidad de que las capas
medias (y obviamente sus individuos más astutos y ambiciosos)
accedieran al poder político y al prestigio social. Como ya se
mencionó, el gobierno del MNR (1952-1964) trató de fundar
una "burguesía nacional", consagrada a crear empresas
industriales y comerciales mediante la generosa e ilegal distribución de fondos fiscales, intentó que fracasó estruendosamente
pese a la sistematicidad de la corrupción en medios estatales.
99
A partir de 1952 se puede, empero, observar una amplia
recomposición de los estratos superiores mediante el ascenso
de algunos segmentos de las capas medias citadinas.
De todas maneras este proceso conllevó también una
profunda transformación de los valores normativos de toda la
sociedad: como ya se mencionó, para el reclutamiento y la
autorregeneración de las élites, sobre todo de la política, los
criterios estrictamente clasistas y particularistas (es decir:
definidos por el origen social y étnico y no por el desempeño
individual ola formación profesional-técnica) no fueron anulados
del todo, pero entraron en una manifiesta decadencia. Esto es
válido de modo parcial también para el florecimiento del nuevo
empresariado, para el que las aptitudes individuales de
organización y gerencia, la visión de nuevas oportunidades de
negocio y la buena educación profesional y técnica pasaron a
ser criterios substanciales de aceptación dentro de la "clase" y
de éxito material — aunque es imprescindible mencionar el hecho
de que el origen social y étnico-cultural siguen siendo hasta hoy
filtros de selección de alguna relevancia. Por otra parte, aunque
es justo reconocer que el corolario del proceso modernizante de
1952 no haya sido globalmente nada brillante, se han dado, sin
embargo, algunos fenómenos típicos que han acompañado todos
los ejemplos de modernización a nivel mundial, como ser la
diferenciación de roles y actividades y la expansión de la
participación política, que, a su vez, han coadyuvado a separar
los papeles político y económico de la antigua clase alta compacta.
Para el marco específico de este estudio las consecuencias
principales del Nacionalismo Revolucionario y paradójicamente
también de su ocaso en un lapso de varias décadas pueden ser
descritas someramente como:
(a) la separación entre las élites económica, social, política e
intelectual-cultural (lo que incluye la alta jerarquía religiosa);
100
el grado muy desigual de modernización y fragmentación entre
todos los segmentos elitarios; y
la asunción de funciones políticas por la élite empresarial a
causa de la incapacidad técnico-administrativa, el claro atraso cultural
y la cosmovisión tradicional-convencional de la clase política clásica.
Desde la llamada Revolución Nacional se puede discernir
la existencia de los siguientes segmentos dentro de la clase alta:
Los restos de la antigua aristocracia de origen terrateniente
y rural que, como es usual en todas las latitudes, siguen
conservando una cierta preeminencia social y cultural y un
prestigio histórico que ciertamente ya no corresponden a
su menguada influencia económica y política, pero que en
Bolivia han sido preservados también por razones étnicas,
al concentrarse en este sector los grupos poblacionales de
raza quasi-blanca (y la que es considerada como tal).
Los que ocupan las posiciones superiores de la
administración pública, del Poder Judicial y de las de
empresas e instituciones estatales donde se puede
constatar un notorio flujo financiero.
La jerarquía superior de la Iglesia Católica.
Los puestos más elevados en las organizaciones encargadas
del orden público, como las Fuerzas Armadas.
Los propietarios de las empresas más importantes del país
en sus varios campos (industria manufacturera, comercio,
banca, servicios, medios de comunicación, agro-industria y
ganadería en el Oriente boliviano y, naturalmente, algunos
hombres de negocios de enorme relevancia pertenecientes
a la economía informal).
101
La clase política en sentido estricto (los miembros prominentes
de los Poderes Ejecutivo y Legislativo, los líderes de los
partidos políticos, los consejeros del más alto nivel y algunos
periodistas y comentaristas políticos de notable influencia.
Ahora bien: el notable rol político y socio-cultural asumido
por el empresariado en la década de 1980 tiene que ver con el
desempeño francamente mediocre — medible en términos de
modernización — que han exhibido hasta hoy la clase política,
el estrato superior de las Fuerzas Armadas, las capas más elevadas
de la administración pública (incluidos los gerentes y operadores
de las empresas estatales y de las instituciones descentralizadas),
la casi totalidad del Poder Judicial y la porción mayoritaria del
sistema universitario. De éste último puede aseverarse que ha
fracasado estrepitosamente en su función específica de formar
élites eficientes para todos los campos de actividades, incluido
el muy importante de la orientación cultural-intelectual y del
fortalecimiento de la identidad colectiva de la nación. Tenemos
así la paradoja de que la "moderna" diferenciación de roles ha
sido casi un fiasco en la esfera de la política y la cultura bolivianas,
por lo menos hasta 1985. (La situación, afortunadamente, tiende
a mejorar de manera patente.)
Pese a su talante y designio modernizantes, el MNR contribuyó
a partir de 1952 al encumbramiento de las clases medias de origen
provinciano, cuyos individuos estaban impacientes por un rápido
ascenso social, por adquirir prestigio y, sobre todo, una buena
fortuna — los ímpetus revolucionarios de esta gente
representaban sólo la ideología justificatoria y exculpatoria de
su actuación. Su socialización en un medio primordialmente
provinciano les impregnó definitivamente los valores
premodernos, convencionales y anticosmopolitas del ambiente
rural de aquellas épocas, ambiente poco favorable al pensamiento
crítico, a los impulsos innovadores y al espíritu contemporáneo
del pluralismo democrático. Esta atmósfera tampoco fue proclive
102
ni a la fundación de empresas privadas (sin el sostén del Padre
Estado) ni a la diferenciación de roles. Tenemos así la paradoja de
que en el área de la actividad política en sentido estricto, el intento
modernizador del MNR dio lugar a una élite del poder de orientación
notoriamente tradicionalista. Sus miembros se han destacado, por
ejemplo, por una intensificación de cualidades como el
oportunismo y el cinismo, lo que es también válido para las
cúpulas de los partidos opositores de izquierda, que conforman
en realidad contra-élites de una corruptibilidad mucho mayor que
la de los estratos privilegiados tradicionales. Es curioso el hecho
de que la dirección del proceso de modernización ha estado
largamente en manos de políticos relativamente jóvenes, pero
que se han destacado únicamente por su avidez de honores,
dinero y poder, sobre todo en el periodo 1989-1993.
Si nos imaginamos un continuum que arranca de la posición
tradicionalista (la que está marcada naturalmente por los valores
más convencionales de orientación, la cosmovisión más
provinciana, por las prácticas más dilatadas de prebendalismo
y paternalismo y por la compresión más limitada del mundo
contemporáneo) y atraviesa las diferentes élites hasta llegar a la
condición modernista (signada por criterios de desempeño
individual, por la alta valoración del profesionalismo y de la
formación técnica, así como por una actitud cosmopolita y favorable
a la democracia pluralista), nos encontramos que en Bolivia los
estratos superiores de las instituciones encargadas de mantener
el orden público (Fuerzas Armadas, Policía, Poder Judicial,
fiscalías) y de la administración estatal (alta burocracia del Poder
Ejecutivo en general y de sus empresas en particular) se hallan
entre los sectores elitarios más afines a la posición tradicionalista, mientras que los empresarios se encuentran en la situación
más afín con respecto a la condición modernizante. Las restantes
fracciones de las élites bolivianas deben ser localizadas en medio
de estos dos polos. La clase política está bastante próxima al
espacio de la tradicionalidad, mientras que paradójicamente los
103
restos de la antigua aristocracia se mueven de modo lento pero
seguro hacia el ámbito de la modernidadll.
Una clara definición y delimitación de la clase política es
problemática por la misma configuración esencialmente ambigua
del fenómeno 12 . En el marco de este estudio, baste señalar que
el uso consuetudinario de este concepto lo ha introducido
exitosamente en el idioma cotidiano. Se trata de aquel
grupo social relativamente autónomo y compacto, cuya
conformación y agregación no dependen en primera línea de
metas ideológicas comunes, sino de compartir prácticas
repetidas a lo largo de la historia del país (basadas en valores
normativos de una tradición propia, pero de índole
marcadamente anticuada), grupo que detenta los puestos y
cargos más elevados del Estado boliviano y determina
fundamentalmente el carácter de las políticas públicas, sin ser
necesariamente propietario de los medios de producción, sin
poseer una legitimación tradicional (como por ejemplo la clásica
dinástico-aristocrática) y sin métodos claros de recrutamiento y
autorregeneración.
Los decursos modernizadores han transformado
evidentemente esta clase política a partir de 1952: ya no es más
un grupo informal—numéricamente muy reducido — de notables
con un origen elitario común y sin roles diferenciados entre sí,
pero no constituye todavía una capa de expertos profesionales
11 No es superfluo aludir al hecho de que uno de los más tempranos
y escasísimos testimonios intelectuales de una preocupación crítica por los
problemas demográficos provenga de René Ballivián Calderón, Economía..., op.
cit. (nota 1/86), pp. 19-39
12 Cf. el excelente ensayo de Klaus von Beyme, Der Begriff der politischen
Klasse — eine nene Dimension der Elitenforschung? (= El concepto de clase política
— una nueva dimensión de la investigación sobre élites?), en: POLITISCHE
VIERTELJAHRESSCHRIFT (Heidelberg), vol. 33, N° 1, marzo de 1992, pp. 432
104
altamente y exclusivamente cualificados para la función
pública. Pese a ciertos progresos en esta esfera, la clase política
boliviana no proviene mayormente de una burocracia partidaria
que hubiese ganado sus laureles mediante labores altamente
especializadas, anónimas y perseverantes (es decir: a lo largo de
décadas) dentro de las estructuras partidarias. La élite política
boliviana de hoy ya no requiere de una legitimidad religiosa,
metafísica o histórica, pero aun no ha alcanzado la
profesionalidad, la cohesión grupal y las facultades
organizativas (y hasta innovativas) de las clases políticas de
naciones altamente desarrolladas. Comparte precisamente los
rasgos mediocres con las otras fracciones de la clase alta del
país: una profesionalización deficiente, pautas de consumo
importadas acríticamente de culturas externas, fuentes de
información culturalmente pobres (y poco fiables a cuanto
hechos) y una cosmovisión de aliento y espacio limitados. Hay
que recalcar que esta élite del poder no es un mero apéndice de
las otros estratos tradicionales y menos de los círculos
económicos privilegiados; a pesar de una cierta autonomía de
metas, normas e intereses, sigue siendo un grupo social proclive
a las convenciones del patrimonialismo, prebendalismo y
clientelismo y signado, por ende, por la tradicional cultura
política del autoritarismo. Es propensa, en sumo grado, a los
conocidos fenómenos de oportunismo, corrupción y
corruptibilidad. No posee un ethos de servicio a la comunidad,
ni tampoco una inclinación apreciable a la estética pública; ha
desplegado pocas ideas innovadoras en lo que respecta a la
configuración y reestructuración de las institucionnes estatales
y no está preocupada por cuestiones de largo plazo, como son
las cuestiones ecológicas y demográficas. A pesar de que en la
actual élite del poder el peso y la influencia de los grupos
profesionales clásicos — abogados y militares — ha disminuido
afortunadamente, se puede aun advertir en ella la antigua
negligencia frente a todo esfuerzo crítico intelectual, la
clásica incompresión frente a todo trabajo científico y,
105
concomitantemente, la misma admiración ingenua por los logros
técnico-instrumentales de la civilización metropolitana del Norte.
La élite boliviana del poder 13 denota una cosmovisión tecnicista,
que tiende a la imitación más o menos grosera de los aspectos
materiales y técnico-económicos de la civilización occidental,
descuidando, a veces deliberadamente, los ámbitos de la cultura,
el medio ambiente, la demografía, la gobernabilidad a largo plazo
y la racionalidad de la política cotidiana. Las consecuencias son
harto conocidas:
falta de previsibilidad en las reglas de juego,
esterilidad en la formulación de planes largo alcance,
irracionalidad en la política de nombramientos y recrutamiento
de la propia élite administrativa (carencia, por ejemplo, de un
servicio civil permanente y sólido y en su lugar colocación de
dilatadas parentelas y clientelas en los puestos disponibles de
la burocracia estatal), y
saqueo del erario público como único procedimiento para
mejorar los ingresos personales.
Los empresarios modernizantes, en su intento de mejorar
este estado de cosas y dotar a la república de una administración
eficiente, han tratado a partir de 1985 de modo más o menos
13 No es superfluo mencionar que una élite del poder no dispone de un
proyecto histórico propio, ni de una fuente autónoma de recursos económicofinancieros, ni de una representación institucionalizada de intereses propios a
largo plazo y ni siquiera de una ética peculiar en cuanto código distintivo de
comportamiento — en clara contraposición a una genuina aristocracia. También
en esta esfera el Alto Perú y Bolivia heredaron las corrientes más tradicionales
y retrógradas del legado colonial ibero-católico: en lugar de los estratos
privilegiados de Europa Occidental que gozaban de una relativa independencia
con respecto al Estado central (y no pocas veces coaudyuvaron a mitigar el
absolutismo), se constituyeron en el Nuevo mundo de modo imitativo meras
élites de poder totalmente dependientes de los favores, las prebendas y hasta
de los caprichos del gobernante de turno.- Cf. la obra clásica: José Antonio
Maravall, Poder, honor y élites en el siglo XVII, Madrid: Siglo XXI 1979, passim
106
sistemático de erradicar los males mayores de un Estado
altamente burocratizado y de una herencia socio-cultural
estatista. Este propósito, aunque incompleto y proyectado de
modo aleatorio e inconsistente, constituye en la perspectiva
histórica la legitimidad 14 de la acción de la CEPB. No se debe,
por otra parte, idealizar el carácter y la función de la empresa
privada en este designio. Tal como lo han practicado durante
siglos las otras fracciones de la clase alta, también el
empresariado que se cree moderno tiende a la privatización de
ventajas y ganancias y a la socialización de esfuerzos y
pérdidas; los nexos privilegiados y estrechos con el Padre Estado
son indispensables para este fin, puesto que las subvenciones
estatales, el acceso a créditos reembolsables tarde, mal y nunca
y otras delicias asociadas con los favores estatales sólo son
posibles si se cultiva una estrecha vinculación entre los
empresarios ambiciosos y el gobierno de turno. Todavía hoy en
día (1994) se puede afirmar la existencia de una simbiosis de este
carácter entre ambos actores sociales: los empresarios pueden
ciertamente despreciar a los funcionarios ineptos, corruptos y
cortos de vista, pero los necesitan en alto grado y realizan con
ellos a menudo suculentos negocios de mutuo beneficio.
De todas maneras, los regímenes militares exhibieron en 1982
el límite absoluto de sus posibilidades y la CEPB se decidió
implícitamente a adoptar el modelo de una transición pactada a
la democracia, que comprendía un compromiso pacífico entre
14 Han surgido no pocas críticas a la "pretendida" acción modernizante
de la empresa privada y a la legitimidad histórica que se puede derivar de este
intento. Cf. Fabian Yaksic Feraudy, Rosca político-empresarial y su legitimación en
democracia?, en: AUTODETERMINACION (La Paz), N° 11, diciembre de 1993,
pp. 133-142; Carlos F. Toranzo Roca, Elementos ideológicos y conductas de la nueva
derecha, y: Toranzo Roca, Aspectos generales y antecedentes sobre la nueva derecha
en Bolivia, ambos en: C. F. Toranzo Roca / Mario Arrieta Abdalla, Nueva derecha
y desproletarización en Bolivia, La Paz: UNITAS/ILDIS 1989, passim
107
las distintas fracciones de las clases pivilegiadas:
la renuncia del estamento militar a participar en la dirección
de la alta política y a conformar la cúspide del gobierno,
la reinstauración de la democracia representativa y del
Estado del Derecho,
el robustecimiento de los partidos políticos,
la conversión de la burocracia estatal en un aparato eficiente
y la reducción de las actividades empresariales del Estado, y
(5) la transformación de los sindicatos en órganos normales y
corrientes de agregación y articulación de intereses legítimos,
pero sectoriales (es decir: parciales).
Los dos últimos puntos, los más controvertidos, pudieron
ser acometidos recién a partir de 1985. Hay que reconocer que
pese a su índole autoritaria, las Fuerzas Armadas se adhirieron
a este compromiso en 1982, permitiendo el retorno de la
democracia en Bolivia. (Este modelo de una solución pactada
desde arriba ha sido inspirada probablemente en el caso
español de 1975, cuando una élite del poder con décadas de
"ejercicio" se retiró pacíficamente del gobierno bajo la condición
tácita de que no ocurriesen demasiadas alteraciones socioeconómicas.) Todos estos acontecimientos son indicios de una
cierta cooperación intra-élite y de la naturaleza flexible y
acomodaticia de una buena porción de la alta administración
del Estado. No hay duda de que en la confusa y cambiante
constelación de los años 1978-1982, la CEPB supo ocupar los
espacios abiertos que había dejado la incapacidad de las otras
fracciones de la clase privilegiada y evitar así una peligrosa crisis
de ingobernabilidad 15 . Es importante señalar que la obra
modernizante de la clase empresarial fue secundada efectivamente
15 Oscar Zegada afirma que por aquel tiempo la CEPB dio "un salto
cualitativo en su concepción y acción gremial" porque no podía "permitirse
abandonar [el poder] en manos del movimiento popular". Zegada califica la
108
por las fracciones esclarecidas de la clase política, sobre todo a partir
de 1985; en ambos sectores hay que presuponer sobriamente que
el esfuerzo modernizador y democratizador no ha sido un
designio adoptado ni voluntariamente ni por la totalidad del
estrato social en cuestión; fue un número restringido de personas
con mentalidad visionaria que supo imprimir a la CEPB y a
algunos partidos partidos — sobre todo al Movimiento
Nacionalista Revolucionario y a Acción Democrática Nacionalista
— un halo de modernidad, que, aunque débil e incierto, ha
redundado en beneficio de una renovación de la CEPB, por una
parte, y de la democratizacdión de los partidos políticos, por
otra. Y no es mera casualidad que haya sido un empresario
exitoso, Gonzalo Sánchez de Lozada, quien emprendiera esa
tentativa modernizadora en el seno del MNR, aunque los niveles
intermedios y las masas del partido no hayan mostrado hasta
ahora un entusiasmo demasiado intenso por las visiones
modernizadoras de ese liderazgo esclarecido.
Para redondear este acápite, es indispensable mencionar
una interesante crítica a la base de la legitimidad socio-política
de la empresa privada boliviana. Según Catherine M. Conaghan16,
el desempeño global de la empresa privada boliviana
(compuesta por clanes familiares y grupos de amigos) en su
campo específico ha sido mediocre y, por consiguiente, las
condiciones materiales mínimas para su hegemonía política
actitud de la CEPB corno una "salida burguesa", aunque reconoce simultáneamente que se trataba de "un proyecto de clase de proyección nacional ante
la crisis" y un camino de la "regeneración del capital".- Zegada, op. cit. (nota
11/9), p. 6, 12 sq., 17
16 Catherine M. Conaghan, The Private Sector and the Public Transcript:
The Political Mobilization of Business in Bolivia, Notre Dame: The Kellogg Institute
1992 (working paper # 176).- Esta obra, de dudoso valor científico, esta basada
en muy escasos datos y testimonios empíricos y más bien en anécdotas y lugares
comunes, que son virtuosamente combinados con análisis y prognósticos de
desmesuradas pretensiones pseudo-científicas.
109
serían tenues. Los empresarios practicarían una amplia
exportación de sus capitales al extranjero, tendrían poca inclinación
a inversiones en el sector productivo y denotarían preferencia
por mantener activos líquidos en depósitos de corto plazo.
Todo ésto constituiría una estrategia, común en toda América
Latina, destinada a proteger el capital contra riesgos políticos
imprevistos; las empresas trabajarían con enormes deudas,
equivalentes más o menos al capital invertido.
Esta constelación subyacería a una crisis general de
legitimidad, que habría llevado a los empresarios a superarla
mediante "medios políticos directos" 17; el ascendiente moral y
político de los empresarios continuaría siendo "extremadamente
problemático", porque su hegemonía seguiría "identificada con
un sistema capitalista incompetente", con "habilidades
manipulatorias" (la repetición y reescritura del discurso liberaldemocrático) y con la pertenencia casi exclusiva de la élite
empresarial a la raza blanca y a la vieja oligarquía — en un país
multirracial18.
Algunas observaciones de Conaghan son ciertamente
pertinentes, pero la perspectiva general es de una total
imprecisión. No hay duda de que ha existido una relación
simbiótica entre el Estado y el empresariado boliviano, pero el
sector privado, y particularmente la fracción modernizadora,
no es exclusivamente "un hijastro del Estado" que no podría
romper una relación asimétrica de dependencia con respecto a
éste. Aun en el caso de una relativa verdad de este enunciado,
no cabe duda de que estos nexos socio-históricos son altamente
dinámicos: el discípulo puede emanciparse del mentor. Es claro
que la empresa privada desea una relación pragmática con el
17 Ibid., p. 1
18 Ibid., p. 21 sq.
110
aparato estatal, pero ha demostrado desde 1985 que es ella
quién determina el contenido de las pautas relevantes de
desarrollo político y económico, ya que, después de todo, busca
el establecimiento de un orden social estable, previsible y
gobernable según la racionalidad occidental.
111
III
El periodo heroico 1978-1985: la lucha contra
el estatismo y el populismo
a) La etapa 1978-1982: la recuperación de la democracia
y las relaciones de la CEPB con los partidos políticos
Desde mediados de 1977 el anuncio de próximas elecciones
presidenciales y parlamentarias y la reinstauración de las
libertades democráticas trajeron consigo una intensa actividad
política y sindical. En 1978, año particularmente rico en
acontecimientos de la llamada alta política (tres presidentes de
la república en poco tiempo), la CEPB se manifestó públicamente
con una concepción diferente con respecto a las ideas
prevalecientes hasta entonces en el seno de la cultura política
boliviana. Para el inicio de este periodo es representativo un
discurso del presidente de la CEPB, Marcelo Pérez Monasterios,
que combina tempranamente (de ahí la relevancia de este
fragmento) las ideas de un orden aun autoritario — basado en
la "paz social y la estabilidad económica" y en el rechazo
tajante de "la violencia, el caos y la anarquía" — con una toma
de partido por la democracia, concebida ésta última como "la
vida más adecuada para la realización integral del hombre. La
democracia, pese a todas sus limitaciones, constituye la
categoría sociopolítica más flexible y vigorosa de organización
humana que pueda responder al reto que nos plantea el momento
actual. Sostenemos que la auténtica democracia tiene que admitir
el pluralismo ideológico como principio fundamental"1.
1 Memoria anual [Discurso de Marcelo Pérez Monasterios del 26 de mayo
de 1978 en Cochabamba ante la asamblea general ordinaria de la CEPB], en:
CEPB, Pensamiento..., op. cit. (nota 1/84), pp. 55-57
113
Se puede decir que esta doctrina es la que ha contribuido
a modificar considerablemente la sociedad boliviana
contemporánea. Paralelamente se fue abriendo campo,
primeramente en círculos de especialistas y seguidamente en los
principales órganos de prensa 2 , la idea matriz de que el clásico
Estado benefactor, altamente centralizado, encargado de los
sectores estratégicos de la economía, pero también de
empresas de dudosa importancia, estaba llegando al límite de
una eficacia tolerable y, por ende, de sus posibilidades al
servicio efectivo de la colectividad. La prensa empezó
tímidamente a publicar editoriales en los que aconsejaba
liberarse de falsas ilusiones, sobre todo de aquélla que veía en
el socialismo tercermundista la panacea universal para curar
el subdesarrollo, propugnando simultáneamente una
reconsideración positiva de la libre empresa y de la
democracia "formal" 3 . Se recomendó, por ejemplo, que la
COMIBOL, sin ser privatizada, sea manejada como una
empresa privada, sujeta al principio de eficacia y rendimiento,
pues constituiría "el foco" de dilatadas prácticas prebendalistas
y patrimonialistas4.
Hay que reconocer que Armando Méndez Morales, cuya
influencia en círculos empresariales ha sido considerable, tuvo
la valentía de exponer por primera vez en Bolivia la moderna
concepción neoliberal, que también en el resto del mundo era
una relativa novedad; la "valentía" se refiere al hecho de que
2 Como ejemplo de la actitud todavía ambivalente de la prensa se puede
mencionar el difundido ensayo de Gilberto Roca Soruco, El papel de la empresa
privada, en: PRESENCIA del 12 de agosto de 1978, donde el autor subraya el
rol "indispensable" del Estado en el plano económico-empresarial, pero reconoce
que ya es hora de fomentar más activamente los sectores privado y cooperativo.
3 Cf. el editorial: Crisis del marxismo, en: PRESENCIA del 5 de enero de
1979
4 Cf. el editorial: Situación de COMIBOL, en: PRESENCIA del 2 de
febrero de 1979
114
Méndez Morales era un destacado catedrático universitario —
es decir: trabajaba en una institución que todavía en 1994
constituye un curioso reducto de doctrinas marxistas,
indigenistas, social-radicales y profundamente provincianas e
iliberales — y que "liberalismo" tiene hasta hoy, en la
conservadora atmósfera boliviana, connotaciones negativas. (A
ello coadyuvó no poco la política pro-elitista, autoritaria,
antifederal y exenta de impulsos innovadores a largo plazo que
está asociada al periodo gubernamental liberal de 1899 a 1920.)
La teoría de Méndez Morales puede resumirse así:
La doctrina del MNR de crear desde arriba una burguesía
nacional con la generosa benevolencia del Estado ha
fracasado y fracasará en lo sucesivo porque se trata de un
ensayo artificial, sin bases históricas y culturales sólidas. A
esa "burguesía" le faltaron desde un comienzo (a) el viento
fresco de la competencia y del mercado libre, (b) la consciencia
de ser un estrato social autónomo (con derechos históricosociales propios y una ética diferenciada del resto de la
sociedad) y (c) un fundamento económico-financiero
genuinamente independiente (es decir: no idéntico con las
dádivas estatales).
La teoría original de Raúl Prebisch y las derivaciones del
cepalismo, sobre todo los insistentes esfuerzos en consagrarse
a la muy celebrada substitución de importaciones (como base
de una industrializacion acelerada, sostenible y de ancha
base) y el concomitante proteccionismo arancelario — para
preservar "necesariamente" a las incipientes "industrias
nacionales" — deben ser considerados igualmente como
fracasados, porque sirvieron mayormente para edificar
industrias monopólicas, caras, obsoletas y de dudosa calidad
para el consumidor.
115
Actualmente las tareas socio-económicas serían otras: el
establecimiento de reglas de juego legal-económicas claras
y duraderas: la construcción de un ambiente de
interacciones entre lo estatal y lo privado signado por la
confiabilidad; el destierro del paternalismo proteccionista
y de todas las manifestaciones de prebendalismo y
clientelismo; y la desregulación y desburocratización del
funcionamiento efectivo y cotidiano del sector económico
y de sus marcos de acción, para modernizar el mercado
boliviano, que se distinguiría en realidad por sus
deformaciones y distorsiones.
En Bolivia, como en el resto del mundo, la iniciativa y
empresa privadas constituirían el factor progresista,
modernizador y abierto a los más variados aspectos de la
evolución mundial5.
De similar importancia fue el discurso ante la CEPB de José
Romero Loza, destacado empresario, intelectual y hombre de
Estado, discurso que anticipó una buena porción de todo lo que
ha predicado y realizado la CEPB desde entonces, principalmente
a causa de la vinculación de la modernización económicoadministrativa con la temática de la democratización. Los puntos
centrales pueden ser resumidos así:
(a) A pesar de toda su ideología anti-izquierdista, los últimos
gobiernos militares (y, en realidad, casi todos los anteriores)
habrían dilatado de manera notable las funciones estatales,
especialmente en el campo económico-empresarial. Las
empresas públicas tendrían "el sagrado derecho a la
5 Armando Méndez Morales, El papel del Estado con relación al sector privado,
en: PRESENCIA del 21 de junio de 1978.- La reconstrucción del enfoque teórico
del catedrático Méndez Morales fue enriquecida por una serie de entrevistas
con el autor en 1993.
116
ineficiencia"; en el fondo, no estarían sujetas al control de
la sociedad civil ni de la opinión pública, y menos aun a
una tuición medianamente aceptable de parte de las
instancias gubernamentales.
El proteccionismo arancelario habría resultado caro a toda
la sociedad; desestimularía las innovaciones técnicas y
organizativas y fomentaría los altos precios de los productos
de empresas nacionales protegidas artificialmente.
Los intentos de planificar el desarrollo económico podrían
ser calificados simplemente de superfluos.
Sería una actitud de sentido común exhibir escepticismo
con respecto a los grandes designios industrializadores.
Bolivia debería consagrarse a la agricultura, la ganadería y
las industrias alimentarias.
Las empresas de magnitud mediana y pequeña parecerían
ser las más razonables y las más proclives al pluralismo
democrático.
El país necesitaría de un amplio proceso de democratización;
éste redundaría en beneficio de los partidos favorables a la
libre empresa y a la economía de libre mercado y debilitaría
a aquéllos que se adscriben al estatismo, proteccionismo y
autoritarismo. También contribuiría en general a reducir los
fenómenos de paternalismo y patrimonialismo.
Paradójicamente el proceso de democratización
coadyuvaría a hacer desaparecer aquellas empresas privadas
parasitarias que viven del favor y la prebenda estatales.
(h) Sindicatos de índole democrática y relativamente apolíticos
serían indispensables en un sistema genuinamente
117
democrático. El proceso de modernización podría ayudar
a alterar el modelo sindical vigente.
(i) Bolivia precisaría ineludiblemente de un sólido Estado de
Derecho con reglas de juego claras, previsibles y duraderas6.
Otro importante hito que refleja de alguna manera el cambio
de paradigmas económicos está represenado por un ensayo de
amplia divulgación firmado por alguien que rinde honores a los
"trabajos pioneros de la CEPAL" y que se dice partidario del
convencional trisectorialismo. Pero seguidamente Francisco
Bermúdez detalla su crítica al estatismo imperante:
el Banco Central poseería un "poder omnímodo" para fijar
arbitrariamente las tasas de interés de los bancos privados;
los ministerios del área económica tendrían potestades
ilimitadas para determinar los precios máximos y mínimos de
una multitud de bienes y servicios;
el Estado habría creado "una industrialización forzada" mediante
las grandes empresas estatales, todas ellas técnicamente oboletas
y sumergidas en prácticas prebendalistas;
'a Estado se habría arrogado unilateralmente la función de
fijar sueldos y salarios mínimos con carácter legal-obligatorio,
no sólo para el sector estatal, sino para toda el área privada;
el Estado subvencionaría miles de productos y servicios,
estropeando mediante este "premio a la mediocridad" el potencial
de innovación tecnológica y organizativa de muchas empresas
privadas que se mantendrían alejadas de ese juego;
6 José Romero Loza, El sector privado ante los problemas nacionales, en:
PRESENCIA del 2 de marzo de 1979
118
las empresas que entrarían al círculo de las subvenciones,
dádivas y protecciones fomentarían la perpetuación del
prebendalismo paternalista y del patrimonialismo tan oneroso
a las arcas fiscales y, por ende, impedirían el surgimiento de una
empresa privada autónoma y moderna; y
el único imperialismo realmente importante, por ser profundo
y de largo aliento, no sería el norteamericano o el de las metrópolis
del Norte, sino el "imperialismo de la estupidez"7. (Es superfluo
mencionar que estos conceptos aparecerían luego en la
programática neoliberal de la CEPB y del círculo en torno a
Fernando Illanes en particular.)
Para comprender el futuro papel del liberalismo económico
y político a partir de 1985 y el rol jugado por el MNR en este
campo, es de importancia capital seguir de cerca el cambio
fundamental que el jefe e inspirador del MNR, Víctor Paz
Estenssoro, realizó en 1978 con respecto a su doctrina económica
y política. En una larga reunión con empresarios privados en
Santa Cruz el líder político dio a entender que estaba por
abandonar el credo estatista-nacionalista del MNR. Afirmó que
sus creencias ya no podían ser vistas como "rígidas", ni "ortodoxas",
ni apegadas a un "nacionalismo anacrónico". Subrayó que abril
de 1952 significó una revolución social, pero jamás una
socialista; entonces el rol protagónico del Estado habría sido
comprensible, cosa que ahora sería prescindible. Bolivia atravesaría
ahora una etapa en la cual la empresa privada debería jugar el
rol clave. El Estado tendría que reservarse únicamente los
sectores estratégicos, cuya definición Paz Estenssoro la dejó en
una calculada obscuridad. Tampoco especificó los alcances y límites del área de acción de la empresa privada, aunque nombró
el desarrollo impetuoso de Santa Cruz — mayoritariamente en
7 Francisco Bermúdez, Empresa privada y pública, en: PRESENCIA del
28 de diciembre de 1978
119
manos privdas — como el ejemplo más claro de lo que
propugnaba el MNR y de lo que sería la obra de un posible
gobierno suyo. En un punto Paz Estenssoro permaneció fiel a
las nostalgias programáticas del pasado: se declaró un abierto
partidario de una "industrialización masiva", prerrequisito para
que la nación alcance un "auténtico" desarrollo8.
Al mismo tiempo Paz Estenssoro prosiguió en público con
una doctrina y programa políticos mucho más convencionales
y afines a sus viejas creencias; en su discurso ante la Convención
Extraordinaria del MNR en febrero de 1979 exigió la acostumbrada protección arancelaria para la "industria nacional", la
preservación de los sectores estratégicos en manos del Estado
y la continuación del trisectorialismo. La única novedad fue la
exigencia de una severa racionalización del gasto público9.
El General Juan Pereda Asbún, sucesor de Hugo Banzer
después de que la Corte Nacional Electoral anulara las elecciones
generales de julio de 1978 a causa de un fraude tan masivo como
manifiesto 10 , inició su breve paso por el Palacio de Gobierno
tendiendo una mano a la empresa privada, llegando a prometer
una severa racionalización de las empresas públicas, y, si resultaba
pertinente, empequeñecerlas; asimismo el nuevo presidente
anunció que el Estado abandonaría en favor de la empresa
privada toda área económica que no sea estrictamente
estratégica ll . La CEPB mostró una sabia reticencia frente al
8 Víctor Paz partidario de impulsar el desarrollo de empresa privada, en:
PRESENCIA del 9 de junio de 1978
9 Debemos observar como uno de los signos de la hora presente la acción política
responsable, en: PRESENCIA del 8 de febrero de 1979
10 Sobre estos asuntos la CEPB guardó un total silencio. El espíritu
democratizador de la CEPB, que complementó el impulso modernizante, advino
posteriormente.
11 Serán reestructuradas empresas del Estado, en: PRESENCIA del 8 de
noviembre de 1978 (Es probable que este anuncio tenga que ver con la influencia
de Ronald MacLean, quien fue por breves semanas Ministro de Planeamiento
del General Pereda, precisamente en noviembre de 1978.)
120
efímero régimen de Pereda, aunque algunas conspicuas
personalidades asociadas a ella ocuparon cargos públicos
importantes, como Ronald MacLean y Raúl Lema Patiño en carteras
ministeriales, Adalberto Violand como asesor privado del
presidente y Jorge Balcázar como presidente del Banco del
Estado. La CEPB se quejó curiosamente por la austeridad fiscal
decretada por el nuevo gobierno, el encarecimiento del crédito
público, por el congelamiento del endeudamiento externo y la
creación de nuevos impuestos 12, es decir a causa de medidas que
ella misma postularía como imprescindibles muy poco tiempo
después.
En aquel periodo, tan marcado por la apertura política, la
celebración de elecciones, la frenética actividad de partidos y
sindicatos y el nuevo golpe de Estado del General David Padilla
en noviembre de 1978, la CEPB declaró que no era "un partido
político", que no fiscalizaba las acciones particulares y las
opiniones personales de los empresarios y que tenía, sobre todo,
"una vocación de servicio al país" 13 . En noviembre la CEPB
lanzó su (primer) Manifiesto a la Nación, destinado
premeditadamente a una vasta audiencia y que por vez primera
vinculó la problemática de la modernización económica y administrativoestatal con las demandas de una profunda democratización. La
confederación no había tomado posición frente a los temas
candentes discutidos intensamente por la opinión pública desde
julio de 1978: la vigencia de los derechos humanos y políticos,
el rol de los militares en una sociedad democrática y su retiro
12 Sector privado pedirá al gobierno definición de política financiera, en:
PRESENCIA del 23 de agosto de 1978; Medidas restrictivas no deben afectar a
sectores productivos, en: ibid. del 1 de septiembre de 1978
13 La empresa privada no alienta conspiraciones, en: PRESENCIA del 12
de diciembre de 1978 (Declaraciones del presidente de la CEPB, Marcelo Pérez
Monasterios, rechazando la acusación del Ministro del Interior de que la CEPB
estaba "conspirando" contra el nuevo gobierno militar.)
121
a los cuarteles, el alcance de la amnistía y el papel socio-político
de sindicatos, de las asociaciones de la más diversa especie y
de los comités cívicos. Pero ahora la declaración de la CEPB
relaciona hábilmente la necesidad de achicar el Estado-empresario
con el inicio de un proceso de democratización. En ella la CEPB
propuso:
la restricción radical del gasto público,
la reducción de la deuda externa,
el fomento "agresivo" a las exportaciones no tradicionales,
la reforma del sistema de tributación, particularmente
la abolición de los aranceles mineros de exportación,
la más estricta disciplina y estabilidad fiscal, monetaria
y financiera,
la defensa irrestricta del Estado de Derecho,
"el indeclinable apoyo al proceso de democratización",
y la convocatoria aun no especificado a un "Gran Acuerdo
Nacional" (que se presume conformaría una especie de
pacto entre los partidos políticos, los sindicatos, las
Fuerzas Armadas y los empresarios)14.
Este documento contiene exigencias técnicas y específicas
del gremioempresarial (una larga porción del mismo se refiere
exclusivamente a las ventajas o desventajas de una posible
desdolarización y a otras medidas de índole cambiaria), pero es
esencial para comprender el posterior e íntimo nexo entre
modernización económica y democratización política y sociocultural que propugnó la CEPB. Ahora bien, esta posición no
era entonces apoyada por la totalidad del empresariado
14 CEPB, A la Nación, en: PRESENCIA del 22 de noviembre de 1978;
cf. también el resumen: Empresa privada analiza situación económica y política del
país, en: ibid.
122
boliviano. La Asociación de Bancos e Instituciones Financieras
(ASOBAN), por ejemplo, emitió en enero de 1979 un comunicado
oficial, redactado en un leguaje cepalino y casi revolucionario, que
englobaba demandas muy semejantes a las de la izquierda
nacionalista moderada, como ser la exigencia de una
industrialización masiva en manos nacionales, destinada sólo al
mercado interno y bajo la planificación del Estado [sic]15_
Pero ya la CEPB se había embarcado por la senda de la
modernización democrática y pluralista, declarando que sólo
"un Estado de Derecho permitirá plasmar en realidades las
justas aspiraciones del pueblo boliviano y, por lo tanto, reitera
su firme y decidido apoyo al proceso de democratización del
país" 16 . Muy poco después, en enero de 1979, la CEPB ya se
había transformado en un dechado de virtudes democráticas y
pluralistas: afirmó "su indeclinable, total y decidido apoyo al
proceso de democratización que devolverá al país su estructura
constitucional". La CEPB sostuvo "que un auténtico Estado de
Derecho debe institucionalizar una sociedad donde se respete
el imperio de la ley, se acepte el pluralismo ideológico y la
posibilidad de disenso y se garantice la vigencia de los derechos
y libertades constitucionales". Finalmente la Confederación
reiteró que, "fiel a su tradición democrática, rechaza
enérgicamente todo intento [...] que afecte el actual proceso
electoral y pretenda interrumpir el logro de un Estado de
Derecho" 17 . No es superfluo volver a citar a Pérez Monasterios
en un discurso de mayo de 1979: "La democracia en sí misma
no constituye una fórmula mágica [...]"; es un "desafío a la
15 Es urgente impulsar política de substitución de importaciones, en:
PRESENCIA del 11 de enero de 1979
16 La empresa privada ante el acontecer político [Documento de la Asamblea
General Extraordinaria de la CEPB en La Paz, diciembre de 1978], en: CEPB,
Pensamiento..., op. cit. (nota 1/84), p. 16
17 Proceso de democratización, en: CEPB, ibid., p. 17
123
responsabilidad, capacidad y madurez de los ciudadanos". La
democracia "corre el riesgo de no ser viable si ella es utilizada
para crear caos, anarquía y violencia o para servir intereses ajenos
al país y al pueblo" 18 . Esta tendencia fue consolidada durante
el Congreso Nacional Extraordinario de la Empresa Privada en
julio de 1979, durante el cual Pérez Monasterios aseveró que la
"democracia, para ser una realidad, deberá crear las condiciones
para construir una sociedad más justa y más humana". "La
democracia permitirá establecer una sociedad más homogénea,
donde se superen los aspectos negativos de nuestra sociedad y
donde se aseguren posibilidades para todos". Pero
simultáneamente Pérez Monasterios señaló los límites o, mejor
dicho, el marco de referencia dentro del cual había que localizar
semejante alarde de espíritu casi jacobino: "Pero también la
democracia debe garantizar el orden. El orden dentro de un
contexto de legitimidad y consenso H. No el orden autoritario.
La democracia sin orden conduce a la anarquía"19.
1979 fue también, como se sabe, un año bastante movido
(con varios gobernantes de proveniencia divergente), que marca
definitivamente la conversión democrática de la CEPB y la
decisión de combatir abiertamente y efectivamente la cultura
política del estatismo. Hay que advertir que esta lucha fue
tanto más difícil cuanto las dispersas corrientes partidarias de
políticas públicas convencionales y obviamente estatistas eran
aun poderosas y lograron, con altibajos y en constelaciones
cambiantes, mantenerse en el poder hasta 1985. Como ejemplo
muy ilustrativo puede mencionarse el discurso programático
18 Memoria anual
[Discurso de Marcelo Pérez Monasterios en La Paz el
11 de mayo de 1979 en la asamblea general de la CEPB], en: CEPB, ibid., p. 66
19 Congreso Nacional Extraordinario de la Empresa Privada [Discurso del
presidente Marcelo Pérez Monasterios], en: CEPB, ibid., p. 21 sq.; cf. también
la confusa compilación: CEPB. Congreso Nacional Extraordinario. 27 y 28 de julio
de 1979. Documentos, La Paz: s.e. 1979, passim
124
del Presidente David Padilla, quien retomando la vieja ideología
del nacionalismo revolucionario, reiteró la "necesidad imperiosa"
de una ruptura total con la "dependencia colonial-imperialista"
y aseveró que el "mandato del pueblo y de la historia" era la
edificación de una industria pesada — único testimonio de
auténtico desarrollo —, que comenzaría con las fundiciones de
minerales20.
En aquella atmósfera de una febril actividad política,
motivada por una verdadera guerra ideológica y la preparación
de elecciones generales, la CEPB trató de alcanzar un Gran
Acuerdo Nacional y popularizar simultáneamente su nueva
doctrina modernizadora y democratizadora, pero todavía sin un
éxito contundente. Para comprender esta situación es
recomendable mencionar, así sea en passant, la última gran
ideología convencional pro-estatista (con los habituales ribetes
nacionalistas y revolucionarios), contra la cual tuvo que luchar
la CEPB, ideología, por otra parte, que aun gozaba de gran
prestigio y popularidad y que marcó la praxis política hasta 1985
y que todavía dispone de notable influencia en los medios
comunicacionales, políticos e intelectuales del país. Según la
Declaración Política del Frente de Unidad Democrática y Popular
(UDP), documento no destinado a fines demagógicos por esta
amplia coalición de partidos de centro e izquierdas, los puntos
centrales eran los siguientes:
El robustecimiento de los sectores económicos y de las
empresas en manos del Estado;
la conservación de los recursos naturales y energéticos en
propiedad estatal, incluida su comercialización;
20 La metalurgia se convertirá en el sostén de la economía, en: PRESENCIA
del 10 de enero de 1979; Son deficitarias el 65 % de las empresas descentralizadas,
en: ibid.
125
el establecimiento de una planificación estatal centralizada
y de carácter exhaustivo;
el fomento de una industrializacion masiva, cuya meta final
sería la construcción de una industria pesada totalmente
nacional y acorde con el nivel tecnológico mundial más
avanzado;
el establecimiento del control estatal sobre el comercio exterior;
la defensa incondicional de los intereses de las clases obrera
y campesina;
el resguardo ilimitado de los valores, las exigencias y los
objetivos del movimiento sindical;
la lucha contra el imperialismo en general y la política de
los Estados Unidos en particular y contra las relaciones de
dependencia que los centros metropolitanos imponen al
Tercer Mundo; y
la impugnación de la Minería Mediana, de la "nueva rosca
minera" y, en general, de los "nuevos círculos privilegiados", ya que la inmensa mayoría de los empresarios sería
un grupo de especuladores y negociantes sin tendencias
productivas y ligado a las directivas del "imperialismo"21.
El manifiesto electoral de la Central Obrera Boliviana (COB)
resultó ser de un tenor mucho más radical:
Exigencia de estatización inmediata de la minería mediana,
la banca privada y de todo el comercio exterior;
el establecimiento del llamado control obrero con derecho
a veto en todas las empresas públicas y en las privadas (que
hayan sobrevivido el proceso de estatización);
21 Declaración Política del Frente de la Unidad Democrática y Popular, en:
PRESENCIA del 22 de abril de 1979
126
la dictación de un "Plan General de Desarrollo" de índole
obligatoria (también para las pequeñas empresas privadas
supervivientes) que tenga como criterio normativo el
bienestar de las grandes mayorías nacionales (y no el de las
"clases acomodadas"); y
la promesa de combatir a la "nueva rosca minero-feudal",
a sus lacayos de las Fuerzas Armadas y a los partidos
sirvientes de la oligarquía22.
(Es interesante mencionar cursoriamente que el IV
Congreso Nacional del Partido Comunista de Bolivia [PCB],
reunido en abril de 1979, se pronunció por una "necesaria
polarización de las fuerzas políticas del país: fuerzas proimperialistas y fuerzas anti-imperialistas", quedando claro que
la CEPB pertenecería a las primeras y la coalición UDP a las
últimas. Seguidamente, el PCB calificó al "viejo" MNR bajo la
dirección de Paz Estenssoro como la más peligrosa opción del
imperialismo, por ser la más astuta, desechando las
posibilidades reales del candidato Hugo Banzer23.)
Los candidatos de entonces a la presidencia de la república
fueron bastante parcos al comentar la función que se le podía
atribuir a la empresa privada. El periódico PRESENCIA realizó
una interesante encuesta entre los candidatos, pero sólo una
pregunta sobre 51 se refería al papel de la iniciativa privada. Las
tres posiciones fundamentales fueron las siguientes (las demás
declaraciones de los candiatos configuraron meras variantes de
estas tres doctrinas centrales):
22
COB, El sindicalismo boliviano frente a las oligarquías y el imperialismo,
en: PRESENCIA del 25 de junio de 1979
23 PCB: "Víctor Paz Estenssoro es la opción del imperialismo y la burguesía",
en: PRESENCIA del 24 de abril de 1979
127
Nacionalista)
se manifestó por una coexistencia de los sectores privado y
estatal, evitando los extremos del liberalismo y del estatismo;
mantuvo la tesis de que las áreas estratégicas de la economía
(metalurgia, siderurgia, petróleo, transportes y comunicaciones,
energía eléctrica) deberían permanecer en manos del Estado.
El General Hugo Banzer (Acción Democrática
Marcelo Quiroga Santa Cruz (Partido Socialista 1) propugnó
la estatización de la minería mediana, la banca, el comercio
exterior y todo sector que el futuro gobierno considerase como
"estratégico"; aseveró que la actividad privada sería "permitida"
allí donde no entre en colisión con los terrenos reservados al
Estado y estaría de todas maneras sujeta al "Plan General de
Desarrollo".
Víctor Paz Estenssoro (Movimiento Nacionalista
Revolucionario) atribuyó un rol fundamental a la empresa
privada, según la cláusula: todo lo que no esté explícitamente
reservado al Estado dentro de ciertas áreas claramente
delimitadas en lo jurídico y restringidas en lo técnico, sería el
campo lícito y bienvenido de la iniciativa privada, la que
tendría así la responsabilidad por la mayor parte del quehacer
económico nacional24.
1979 fue un año de excepcional agitación sindical,
universitaria y política, con varios cambios de gobierno, golpes
de Estado y demás fenómenos consuetudinarios de la cultura
política tradicional, pero igualmente un año con un índice
aceptable de empleo, buenos precios para los productos de
exportación y control estatal sobre los precios al consumidor. La
CEPB, que ya había vinculado el proyecto modernizador con la
24 Encuesta de PRESENCIA a los candidatos a la presidencia, en: PRESENCIA
del 25 de junio de 1979
128
reinstauración de la democracia plena, lanzó una serie de
dramáticos llamados al entendimiento entre partidos, a la
concertación entre fuerzas antagónicas y al respeto del
pluralismo democrático, que si bien no fueron escuchados por
una considerable porción de las fuerzas políticas y sindicales de
aquel momento, tuvieron la virtud de penetrar paulatinamente
en la consciencia colectiva y configurar el basamento de
tolerancia ideológica que lentamente reemplazó la lógica de la
confrontación entre contendientes socio-políticos que había
sido la norma de la vida política en el país desde la era de la
colonia española. Los empresarios iniciaron una enérgica
campaña para alcanzar la consolidación del "Estado democrático y social de Derecho", la plena validez de los derechos
humanos y políticos, reglas de juego pactadas, previsibles y
duraderas, alternabilidad ordenada en el ejercicio del supremo
gobierno, la firma de un Gran Acuerdo Nacional (entre los
empresarios, los sindicatos, el Estado y las Fuerzas Armadas),
el "destierro de "odios, rencores y enfrentamientos entre
bolivianos, que son siempre estériles" y toda expansión ulterior
de las empresas estatales25.
Este último punto nos conduce a una de las preocupaciones
recurrentes de la CEPB hasta el día de hoy: el nexo de doble
causación percibido entre la consecución de la democracia
política y el desarrollo modernizador del país es complementado
con la obligación de todos los grupos sociales de resguardar la
25 Cf. entre otros documentos: Empresarios esperan criterios para concertar
Acuerdo Nacional, en: PRESENCIA deli de abril de 1979; Empresa privada propone
democracia pluralista y desarrollo socio-económico, en: ibid. del 27 de mayo de 1979;
La CEPB a la Nación, en: ibid. del 9 de junio de 1979; Empresa privada propugna
la consolidación de la democracia [discurso pronunciado por Marcelo Pérez
Monasterios en el Congreso Nacional Extraordinario de la CEPB en La Paz],
en: ibid. del 28 de julio de 1979; Empresarios rechazan todo gobierno que desconozca
la libre iniciativa, en: ibid. del 29 de julio de 1979
129
paz social: "Basta de enfrentamientos entre los bolivianos.
No más luchas intestinas. La disyuntiva es clara: destruir o
construir" 26 . Después de los trágicos sucesos de noviembre de
1979, la CEPB abogó en forma inequívoca contra los
alzamientos militares y, lo que es más importante a largo plazo,
criticó la cultura política de la inconfiabilidad, la infidencia, la
deslealtad y la ambigüedad que en aquellos momentos pareció
caracterizar a toda la clase política boliviana y al parlamento27.
Al mismo tiempo, la empresa privada empezó una
comprensible campaña contra la marea de huelgas y paros
ilegales, contra la parcialidad de las autoridades (por ejemplo
del Ministerio del Trabajo) en favor de obreros y empleados,
contra la irresponsabilidad en el puesto laboral y contra la
inveterada costumbre de seguir percibiendo salarios sin trabajar
con la excusa de paros ilegales, feriados no establecidos
legalmente, pero tolerados por las autoridades, declaratorias en
comisión para los miembros de los sindicatos y una larga serie
de auténticas prebendas al margen de la ley 28 . Por un lado, la
CEPB abogaba por la reinstauración de las libertades políticas
y sindicales y, obviamente, por la vigencia de los derechos
humanos y políticos en favor de los sindicalistas — que
pertenecieron a los grupos más afectados por la cruel represión
26 La democracia y el futuro del país [Declaración oficial de la CEPB], en:
CEPB, El pensamiento..., op. cit. (nota 1/84), p. 32
27 Basta de irresponsabilidad y demagogia [Mensaje a la nación de la CEPB
del 9 de diciembre de 1979], en: CEPB, Pensamiento..., ibid., p. 33: "A los pocos
días de tan notables acontecimientos históricos vemos con estupor cómo fuerzas
que habían contribuido con vehemencia al fortalecimiento de la democracia,
actúan ahora irresponsablemente por su destrucción. [...] Elegir mandatarios y
a las pocas semanas negarles apoyo, mostrando un triste ejemplo para las
generaciones futuras. Ud en nuestro país prevalece la rencilla personal, la
angurria del poder, la mezquindad y la envidia".- (A ésto hay poco que agregar.)
28 Carta reflexiva al Ministro de Trabajo, en: CEPB, Pensamiento.., op. cit.
(nota 1/84), p. 39
130
de los gobiernos militares —, pero de otro lado la
Confederación se oponía a la anomia y a los abusos de todo tipo
y de rasgos muchas veces extravagantes en que cayó el
movimiento sindical apenas se restablecieron las libertades
ciudadanas en 1978, abusos que contaminaron la atmósfera
política boliviana hasta por lo menos 1985 y contribuyeron
efectivamente al posterior descrédito y colapso de la Central
Obrera Boliviana e instituciones afiliadas 29 . Como ejemplo se
puede mencionar la declaración de Luis Eduardo Siles,
vicepresidente de ASOBAN: "Las promesas hechas por
dirigentes bancarios no tienen valor". Los éstos últimos violarían
los acuerdos firmados cuando la tinta está aun fresca. Los
dirigentes bancarios se comportarían con "insinceridad" al suscribir
convenios y "buscarían por cualquier medio [...1 paros y
huelgas" 30 . ASOBAN manifestó que las demandas salariales
servirían para ocultar una actitud política: "el intento de
subvertir el orden legalmente constituido" 31 . El entonces
contexto socio-político era de anomia generalizada: baste
mencionar que la lógica de los enfrentamientos irreconciliables
por deleznables cuestiones ideológicas, la absoluta anarquía
laboral, la visible conspiración de las Fuerzas Armadas y la
29 Cf. las obras fundamentales: René Antonio Mayorga, ¿De la anomia
política al orden democrático? Democracia, Estado y movimiento sindical, La Paz:
CEBEM 1991; Jorge Lazarte, Movimiento obrero y procesos políticos en Bolivia.
Historia de la COB 1952-1989, La Paz: ILDIS 1989; Carlos F. Toranzo Roca (comp.),
Crisis del sindicalismo en Bolivia, La Paz: FLACSO/CERES 1987; R.A. Mayorga,
Movimientos sociales y sistema político: la crisis del sistema democrático y la Central
Obrera Boliviana, en: Roberto Laserna (comp.), Crisis, democracia y conflicto social,
Cochabamba: C ERES 1985, pp. 25-62; Mayorga, La democracia entre la fragmentación
y la imposición, en: Mayorga (comp.), Democracia a la deriva. Dilemas de la participación
y concertación social en Bolivia, La Paz: CLACSO/CERES 1987, pp. 17-90
30 Banca privada acusa al sector laboral de desconocer acuerdos, en:
PRESENCIA del 13 de enero de 1980
31 ASOBAN, Prepotencia sindical pretende conculcar la ley, en: PRESENCIA
del 13 de marzo de 1980; cf. también: Empresa privada demanda garantías para el
trabajo, en: ibid. del 19 de enero de 1980
131
incoherencia de la clase y los partidos políticos 32 aceleraron el
cruento golpe militar del 17 de julio de 1980.
En contra de la muy expandida visión, compartida por casi
todos los partidos de izquierda, los movimientos populistas y
el sindicalismo organizado, la CEPB se negó, con mucha razón,
a ser percibida como el chivo expiatorio responsable de todos
los males políticos y los fracasos económicos de la reciente historia
del país; siguiendo atávicos — pero muy difundidos —
pensamientos profundamente anclados en una mentalidad cerrada
durante siglos sobre sí misma, anticosmopolita y primordialmente
provinciana, estas mismas corrientes consideraban (y consideran)
la empresa privada como el antipatriótico brazo alargado de
tenebrosas fuerzas foráneas, cuyo único objetivo sería succionar
a la nación boliviana su riquísimo potencial económico. La CEPB
trató de hacer pública la otra y a propósito olvidada cara del
"desarrollo" boliviano: la irresponsable dilatación del sector
público, la contratación de una inmensa deuda fiscal para pagar
ese "progreso", el crónico déficit generado por las empresas
estatales, los desmesurados e inútiles proyectos de desarrollo
industrializante (que gozaban de tanto prestigio en casi toda la
consciencia colectiva de la nación) y las pérdidas debidas a la
ineludible corrupción resultante de ese sector público
sobredimensionado e incontrolable33.
Después del golpe de Estado de julio de 1980, la CEPB se
encerró por algos meses en un cauteloso silencio. Es imposible
establecer en forma fehaciente la contribución, que obviamente
32 Cf. el editorial: Descomposición social, en: PRESENCIA del 6 de enero
de 1980; El gobierno aplicará la ley para evitar la anarquía, en: ibid. del 24 de enero
1980
33 CEPB, Mensaje dirigido a la Nación, en: CEPB, Pensamiento..., op. cit.
(nota 1/84), p. 36; Memoria anual 1978/1979 [Discurso de Marcelo Pérez
Monasterios del 11 de mayo de 1979], en: ibid. p. 60 sq.
132
la hubo, de hombres de negocios y grupos empresariales
aislados en favor de la dictadura militar. Son conocidos los
casos de figuras importantes de la empresa privada (o asociadas
a ella) y de miembros de partidos conservadores que
colaboraron con el régimen del General Luis García Meza a título
personal. Existe, evidentemente, una lamentable declaración
del presidente de la CEPB, Marcelo Pérez Monasterios, en
nombre oficial de la institución a favor de la dictadura militar,
por la cual la Confederación ofrecería su decidido respaldo
a las medidas económicas del llamado "Gobierno de la
Reconstrucción Nacional", enfatizando que los "postulados
preconizados por el gobierno en materia económica tienen
plena coincidencia con los que la empresa privada boliviana
ha venido persiguiendo constantemente" [sic] y asegurando al
dictador "el apoyo y el respaldo y el permanente concurso" [sic]
de la empresa privada a los proyectos de los "reconstructores"34,
pero con un poco de benevolencia se puede aducir que la
situación totalitaria reinante no permitía otra actitud que este
excusable oportunismo. (En agosto de 1982 la CEPB rechazó
airadamente la insinuación del entonces ex-presidente Luis García
Meza de que la empresa privada habría apoyado, instigado y
cooperado en el golpe de Estado de julio de 198035.)
Por otra parte, no faltaron intentos del gobierno de acercarse
a la empresa privada, anunciando, por ejemplo, la reforma y hasta
la reducción del sector estatal, aunque estos designios se
quedaron en la mera retórica 36 . El gobierno que sucedió al de
García Meza — presidido por el General Celso Torrelio — exhibió
34 Empresa privada respalda las medidas económicas, en: EL DIARIO del 5
de febrero de 1981
35 Empresa privada aclara una afirmación del Gral. García Meza, en:
PRESENCIA del 15 de agosto de 1982
36 Habrá completa reestructuración del sistema empresarial público, en: EL
DIARIO (La Paz) del 4 de diciembre de 1980; Empresas del Estado fueron manejadas
sin ningún criterio, en: ibid. del 27 de marzo de 1981; Empresas públicas deben
convertirse en entes de capital mixto y privado, en: PRESENCIA del 25 de diciembre
133
una actitud contradictoria acerca de esta temática: en un momento anunció "el gradual traspaso" de las empresas estatales
a manos privadas y la introducción de un "mercado laboral libre",
mientras que en otros denegó toda posibilidad de "desnacionalización" y proclamó que en este punto Bolivia no se doblegaría ante las presiones del Fondo Monetario Internacional37.
Desde la clandestinidad, el movimiento sindical combatió severamente toda idea de privatización de empresas públicas38.
Es sintomático, en todo caso, que en los primeros tiempos
de la dictadura, la CEPB dejó de lado su programa
democratizador y sus apelaciones al pluralismo ideológico y al
Estado de Derecho y se concentró en su programa consagrado
a la desestatización de la economía nacional. Un claro ejemplo
de esta línea es la declaración de la Cámara de Comercio e
Industria de Santa Cruz del 24 de septiembre de 1981, donde
no se pierde una sola palabra en torno al proceso de
democratización y restauración de derechos y garantías
constitucionales, pero donde se afirma que el Estado debe
de 1980; Presidente García Meza, En una economía mixta, el empresario tiene que
ser dinámico e innovador, en: ibid. del 28 de diciembre de 1980; cf. el editorial:
Informes sobre las empresas públicas, en: ibid. del 26 de marzo de 1981; CBF
transferirá otros entes estatales a la empresa privada, en: MERIDIANO del 23 de
julio de 1981
37 Se debe reducir el rol empresarial del Estado, en: PRESENCIA del 1 de
noviembre de 1981; Próximo año se iniciará gradual traspaso de empresas estatales,
en PRESENCIA del 5 de noviembre de 1981; Posible "desnacionalización" de
empresas públicas, en: EL MUNDO de la misma fecha; El gobierno niega una posible
desestatización de empresas, en: EL DIARIO del 6 de noviembre de 1981; Francisco
Roque Bacarreza, Desnacionalización, historia y futuro, en: PRESENCIA del 6 de
noviembre de 1981; Las "desnacionalizaciones", tema de polémica, en: EL MUNDO
del 8 de noviembre de 1981; El asunto de la desestatización, en: EL MUNDO del
19 de noviembre de 1981; Recursos naturales no pueden ser transferidos al sector
privado, en: ULTIMA HORA (La Paz), del 19 de diciembre de 1981;
38 A los trabajadores y al pueblo boliviano, en: PRESENCIA del 12 de
diciembre de 1981
134
concentrarse en los rubros de defensa, educación, salud e
infraestructura y que debe dejar toda actividad económica en
manos de la empresa privada; seguidamente se asevera que los
"males nacionales" no provienen únicamente de los últimos años
y, por consiguiente, de los gobiernos militares, sino del modelo
de capitalismo de Estado que fue establecido con la Revolución
Nacional 39 . En la misma línea se mueve un manifiesto oficial
de la CEPB del 24 de octubre de 1981, donde se postula
la libre contratación de la fuerza laboral,
la reducción, tendiente a la eliminación, del papel empresarial
del Estado,
la implantación de un libre cambio irrestricto de la moneda
boliviana con respecto a las divisas extranjeras,
una estricta disciplina fiscal,
el levantamiento de todas las llamadas reservas estratégicas
(en el campo de los recursos naturales y energéticos) y
la creación de nuevos instrumentos para atraer inversiones
extranjeras 40 . (Esta corriente fue compartida por una porción
considerable de la opinión pública41.)
En estos largos meses de receso político obligado maduró
definitivamente la línea democratizadora en el seno de la CEPB,
que pasó de una mera crítica del estatismo de las dictaduras
militares a la exigencia del restablecimiento pleno de las
libertades y derechos políticos. Es verdad que la CEPB no
protestó jamás por la conculcación de los derechos específicos
39 A la Nación [declaración de la Cámara de Industrias de Santa Cruz],
en: EL MUNDO (Santa Cruz) del 5 de octubre de 1981
40 CEPB, Antela actual crisis económica, en: PRESENCIA del 1 de noviembre
de 1981
41 Cf. por ejemplo: La quiebra del sistema estatista [editorial], en: EL
MUNDO del 7 de octubre de 1981 (La responsabilidad de los gobiernos
militares en la crisis nacional sería "relativa"; la evolución "negativa" provendría del sistema estatista establecido en 1952; se reconoce un mérito a la
dictadura de García Meza: durante su periodo "se destapó la olla".)
135
de los sindicatos y por la represión ejercida contra militantes
políticos de izquierdas, pero a partir de octubre de 1981 trabajó
sistemática y efectivamente por el alejamiento de los militares
del poder político. Debido a la correlación de fuerzas de aquellos
momentos y a la debilidad del movimiento sindical, una
transformación real del régimen imperante desde julio de 1980
era dable sólo si venía del interior mismo del campo de la
derecha; en este sentido, la CEPB — bajo la nueva dirección de
Fernando Illanes de la Riva — llevó a cabo la tarea esencial de
convencer a importantes sectores "conservadores" de la
necesidad de un retorno a la democracia y, de manera
concomitante, de tomar la iniciativa de este proceso y no dejarlo
en manos de los grupos de izquierda. Este es el mérito de índole
histórica que corresponde a la CEPB y que ha cambiado
notablemente la constelación de fuerzas y hasta la cultura
política del país.
Al terminar una asamblea extraordinaria de la CEPB el 24
de octubre de 1981, esta institución emitió una declaración
dirigida específicamente a las Fuerzas Armadas, cuyos puntos
centrales fueron:
— Los empresarios se muestran apesumbrados por el "creciente
deterioro" de la situación general del país, "el naufragio de las
esperanzas" y el "sentimiento de derrota que experimentamos
todos los bolivianos".
— La empresa privada sugiere a las Fuerzas Armadas el retorno
a los cuarteles, puesto que "el monopolio de conducción del
Estado es negativo a sus propios intereses y compromete
seriamente su incierto futuro. [...] No agotemos la capacidad de
resistencia del pueblo boliviano". Las Fuerzas Armadas tendrían
una sola misión concreta: "la defensa de la soberanía nacional
y el orden interno".
— Los empresarios proponen "desmilitarizar" la administración
pública (por ejemplo mediante la instauración de un primer
ministro civil con un "equipo honesto").
136
— Finalmente la CEPB vuelve a presentar su vieja idea de un
"pacto social" entre los empresarios, los trabajadores y el
Estado42.
Poco después, en marzo de 1982, los empresarios se
dirigieron nuevamente a los militares, insistiendo en que éstos
deben retornar a los cuarteles y dar a la "civilidad" una participación
creciente en los asuntos públicos; la CEPB reconoció por fin que
los militares también habían llevado a cabo una pésima gestión
en el terreno económico-financiero 43 . Finalmente los
empresarios se decidieron por un ataque frontal contra la
dictadura militar y por la convocatoria del congreso elegido en
1980, para que éste, basándose en preceptos constitucionales,
elegiese al presidente de la república. En un documento
entretanto famoso, la CEPB aseveró que los gobiernos militares
habrían llevado el país a "una crisis de magnitud
insospechable", que los grupos sociales (desde los campesinos
hasta los profesionales) no serían los responsables del
"desconcierto y la crisis" y que "los culpables [...] son aquéllos
que no supieron responder a las esperanzas de la nación" 44 . El
creciente desprestigio de las Fuerzas Armadas tuvo que ver con
el rápido desgaste que sufrieron durante sus gestiones
gubernamentales (por ejemplo mediante el uso generoso de una
42 CEPB, A las fuerzas armadas de la nación, en: PRESENCIA del 26 de
octubre de 1981. La reacción de la prensa fue bastante positiva: cf. Empresa privada
sugiere que FFAA asuman sus funciones específicas, en: ibid. de la misma fecha;
El documento de la empresa privada, en: ibid. del 27 de octubre de 1981
43 Empresa privada preocupada por la situación económica, en: EL DIARIO
del 5 de marzo de 1982; Empresa privada plantea que se convoque a un gran pacto
social, en: PRESENCIA del 20 de marzo de 1982; La opinión de la empresa privada,
en: EL MUNDO de la misma fecha; Empresa privada reitera necesidad que
gobernantes gocen de credibilidad, en: ibid. del 4 de abril de 1982
44 Empresarios privados piden que se llame a Congreso elegido en 1980, en:
PRESENCIA del 27 de mayo de 1982; el documento en cuestión: Los empresarios
definen posición, en: EL MUNDO del 25 de mayo de 1982
137
represión muy expandida en sentido horizontal y muy poco
efectiva en sentido vertical y técnico: dilatadas masas de gente
modesta sin ninguna vocación política se conviertieron en
víctimas — totalmente innecesarias — de la opresión y la violencia
practicadas desde arriba, mientras que los grupos elitarios de
dirigentes enemigos del régimen castrense salieron mayormente
incólumes de esta sangrienta etapa). A este descrédito
contribuyeron igualmente la inclinación de las cúpulas militares
y policiales a las formas más visibles y curiosas de una
corrupción casi tangible y también la desprofesionalización que
se puede constatar en la calidad de la formación y los
conocimientos técnico-organizativos que exhiben los oficiales
de las tres armas45 . Todo ésto condujo a que las Fuerzas
Armadas se desvaloricen ante los ojos de los sectores
conservadores y privilegiados, precisamente a causa de este
menoscabo del ejército en cuanto factor capaz de mantener el
orden público de modo discreto, efectivo y permanente o, si se
quiere, de la disminución de las facultades represores de las
Fuerzas Armadas en el seno de una sociedad cada día más
compleja y más difícil de manejar sólo mediante el recurso
de las bayonetas. La iniciativa privada optó sabiamente
por soluciones más perdurables y mesuradas, pero
simultáneamente menos onerosas y arriesgadas. La
implantación de la democracia representativa se convertiría
prontamente en la vía central de esa estrategia.
En julio de 1982 la CEPB alcanzó el pináculo de su nueva
profesión democrática de fe al tomar claramente la iniciativa
para derrocar al régimen militar (en la cúspide de éste había
45 Cf. el interesante ensayo de Raúl Barrios Morón, Militares, neoliberalismo
y democracia. Crisis de la institución armada en Bolivia, en: Mario Miranda Pacheco
(comp.), Bolivia en la hora de su modernización, México: UNAM 1993, pp. 351-379;
Raúl Barrios / René Antonio Mayorga, La cuestión militar en cuestión, La Paz:
CEBEM 1994, passim
138
ocurrido otro cambio que la historia recuerda sólo en notas al
pie de página). Ante el "insólito descalabro económico" y frente
al inaceptable estatismo que los empresarios atribuían ahora a
los gobiernos militares, la CEPB se decidió por el retorno
inmediato a un sistema democrático, corriendo a sabiendas los
riesgos que ello conllevaba, es decir la ascensión al poder de una
coalición de centro-izquierda. El famoso manifiesto de la CEPB
de julio de 1982: ¡Democracia ya!46 — y la actividad concomitante
de la CEPB detrás de bambalinas — tuvo muy probablemente
una influencia determinante sobre el proceso político de aquel
momento, al dejar a las Fuerzas Armadas sin apoyo en el seno
de la derecha y al arrastrar a otros sectores conservadores a
esta solución democratizadora. El manifiesto en cuestión se
resume en pocos puntos:
La crisis económica y la descomposición ética dentro de la
sociedad boliviana habrían alcanzado un nivel insoportable;
un nuevo gobierno militar de transición (como se vino ensayando
repetidamente desde agosto de 1981) no arreglaría nada;
la restauración de todas las libertades constitucionales y
legales, incluidas aquellas que beneficiarían a los grupos
sindicales y estudiantiles, estaría en la orden del día; y
la única salida sería la convocatoria al congreso elegido (pero
nunca reunido) en 1980, para que éste elija a un presidente
constitucional.
El mérito de esta decisión debe ser visto en la apuesta de
la CEPB por la democracia de largo aliento, pues a corto plazo
era segura la elección de un gobierno dominado por tendencias
izquierdistas y claramente desfavorables a la iniciativa
46 CEPB, ¡Democracia ya!, en: PRESENCIA del 23 de julio de 1982; cf.
también: Empresa privada emplaza a FFAA a convocar al Congreso de 1980, en: ibid.
de la misma fecha; Empresarios reiteraron su pedido de convocar al congreso de 1980,
en: ibid. del 18 de agosto de 1982; Empresa privada no garantiza la continuidad
normal de actividades, en: ibid. del 11 de septiembre de 1982
139
privada. Este es el signo más relevante de la profunda
transformación democrática del sector empresarial, que tomó
partido por un cierto sistema de organización social, basándose
en sus posibles aspectos positivos a largo plazo y
soportando sus muy probables efectos negativos en el término
inmediato. En la constelación de 1982 la CEPB aparece además
de forma indiscutible como la instancia que genera las ideas
centrales para salvar los obstáculos del momento y concibe el
nuevo proyecto socio-político para reestructurar la nación
boliviana:
la apelación a la legalidad constitucional, por un lado (la
convocatoria al último congreso elegido regularmente y la
elección de un presidente por éste último mediante un consenso
pactado en el que concurren las principales corrientes políticas
del país); y
la conjunción de la democracia representativa y pluralista
con una modernización de corte neoliberal, por otro (la
reinstauración de la democracia unida a la desestatización de
la economía, la desaparición de fenómenos como el
prebendalismo y el patrimonialismo, la desburocratización de
la administración pública y la introducción del libre mercado).
Frente a este esbozo de cambio societal, el movimiento sindical,
los partidos izquierdistas y los intelectuales progresistas no
pudieron proponer una alternativa viable para solucionar la
crisis general: protestaron verbal y radicalmente (pero sólo de
manera reactiva) contra las propuestas de la CEPB, pero no
llegaron a plasmar un designio alternativo genuinamente
original.
De este modo la CEPB salió definitivamente de la discreta
sombra donde había permanecido por dos décadas. Pero
inmediatamente comenzaron los problemas que se extenderían
aun por varios años. Apenas el régimen militar exhibió indicios
de debilidad y permitió el ejercicio de las libertades civiles y
políticas, se desató una gigantesca ola de protestas de todo tipo
140
que no pudo ser controlada por el gobierno 47 . La CEPB había
calculado ciertamente que la nueva coalición de centroizquierda (compuesta por el Movimiento Nacionalista
Revolucionario de Izquierda, el Partido Comunista de Bolivia,
el Movimiento de Izquierda Revolucionaria y grupos menores),
que asumió el gobierno de la nación en octubre de 1982,
produciría más de un dolor de cabeza, pero no contó
seguramente con la imparable marea de reivindicaciones
sociales y salariales que se extendió por todo el territorio
nacional y, sobre todo, con las inclinaciones pro-estatistas del
nuevo régimen y con el renovado vigor de un movimiento
sindical ideológicamente radicalizado y políticamente
impredecible, que con un alarde de energía e infantilismo,
desencadenó una colosal campaña contra la empresa privada y
su proyecto neoliberal. Apenas establecido el nuevo gobierno,
la CEPB emprendió una tenaz lucha contra "la total estatización
de la economía" y contra los excesos del movimiento sindical",
lucha que en 1985 se vería coronada por un relativo éxito.
Finalmente se puede constatar que las relaciones entre la
CEPB y los partidos políticos han tenido siempre un carácter
pragmático. A la larga la iniciativa privada ha ignorado
premeditadamente los partidos de izquierda o, en algunos
47 Gobierno enfrenta una ola de huelgas sin precedentes, en: PRESENCIA del
13 de septiembre de 1982; CEPB, La empresa privada ante la situación económica
actual, en: ibid. del 11 de septiembre de 1982; Las empresas privadas al igual que
el pueblo están severamente golpeadas por la crisis, en: EL MUNDO del 15 de octubre de 1982.- A momentos surgía la impresión que la CEPB — como el aprendiz
de hechicero — no sabía qué hacer con los espíritus que convocó ingenuamente.
48 Cf. CEPB, Declaración de Santa Cruz [del 15-X-1982], en: PRESENCIA
del 16 de octubre de 1982; CEPB, Sin libertad económica no hay libertad política,
en: ibid. del 22 de noviembre de 1982; "Medidas económicas del gobierno conducirán
a agudizar la crisis", en: ibid. del 24 de noviembre de 1982; Empresa privada urge
a dialogar para dar solución a problemas que plantea la crisis, en: EL MUNDO del
7 de diciembre de 1982
141
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asuntos puntuales y específicos, los ha combatido en cuanto
totalitarios utilizando argumentos generales derivados de la
doctrina neoliberal. Sin descender nunca al terreno de una
involucración partidista, la CEPB ha perseguido con buena
fortuna una estrategia que puede ser definida como la cooptación
ideológica de los partidos más importantes de centro-derecha. Sin
intervenir directamente en los procesos decisorios internos de
los partidos o en las contiendas por los puestos directivos de
los mismos, la CEPB ha sembrado tempranamente la triple
semilla de la economía de libre mercado, de la democracia
representativa y de la necesidad de una gobernabilidad de largo
alcance en los dos partidos principales, MNR y ADN. A través
de contactos informales, de una operación muy hábil de
propaganda pública y finalmente por medio de la acción de unos
pocos empresarios exitosos que se transformaron en líderes
políticos de primera magnitud, como Gonzalo Sánchez de
Lozada, la iniciativa privada ha alejado exitosamente al MNR
de su propia tradición populista, pro-estatista y patrimonialista
y a la ADN de su legado también pro-estatista y primordialmente
autoritario y antidemocrático. Sin necesidad de alterar los
nombres ni símbolos de estos partidos, sin remozar
extensamente sus aparatos internos, sin separarse
traumáticamente de extensos sectores "puristas" y sin que la masa
de los adherentes y simpatizantes viera en toda esta amplia
operación de cambios programáticos una traición seria a las
líneas del pasado, los empresarios alcanzaron lo que
implícitamente se propusieron (y que guarda similitud con lo
ocurrido con el Partido Justicialista [Peronista] en la Argentina,
con Acción Democrática en Venezuela y con el Partido
Revolucionario Institucional [PRI] en México): estos grandes
partidos de masas — y precisamente a causa de ello interesantes
para los designios empresariales — ganaron desde adentro la
convicción de que no podían continuar con las políticas públicas
del deficit spending, del creciente estatismo y de fenómenos
como el prebendalismo y el clientelismo o, por lo menos, no en
142
g
la magnitud consuetudinaria, y, aunque sea de manera parcial
y precaria, se plegaron a las consignas neoliberales y antiestatistas.
Esta estrategia tuvo además la función de reducir costes: la
edificación, desde los cimientos mismos, de un genuino partido
liberal abiertamente antipopulista y anti-estatista, cuya cercanía
al empresariado habría saltado a la vista, hubiera conllevado
muchísimos más esfuerzos organizativos, financieros y hasta
ideológicos (¿cómo hacer digerible una doctrina algo elitaria y
estrictamente racional a masas educadas dentro de las
convenciones populistas, de una cosmovisión irracional y
simultáneamente autoritaria?) que la discreta "adquisición" y
"reeducación" de los partidos políticos ya establecidos. No hay
duda de que esta estrategia ha resultado oportuna, adecuada y
poco costosa en el corto plazo, pero las perspectivas para la
consecución de un sistema democrático sólido y duradero en
Bolivia no parecen ser muy promisorias si el modelo políticoinstitucional prosigue basado en partidos de tradición
caudillesca, autoritaria, prebendalista, clientelista y proclive a las
peores formas de corrupción institucionalizadas — como son aun
porciones considerables de los grandes partidos políticos MNR
y ADN, para no hablar de otros casos aun más patéticos —, a
pesar de toda la esclarecida influencia y hasta tuición empresariales.
No es improbable, por ejemplo, que estos partidos en algún
momento y siguiendo corrientes vigorosas de opinión pública,
se liberen de sus "ataduras neoliberales" y retornen a las prácticas
antidemocráticas, anti-éticas y pro-estatistas que siempre los
caracterizaron. La decisión, por ende, de no coadyuvar a
construir un partido liberal (que acompañe a un modelo
económico liberal de innegable éxito) a causa de criterios
pragmáticos, puede con el transcurso de los años resultar un
craso error de cálculo político de corto aliento. Con respecto a
los partidos menores de centro-izquierda, como el Movimiento
de la Izquierda Revolucionaria (MIR) y el Movimiento Bolivia
143
Libre (MBL), el empresariado eligió una táctica correcta y
simple. Un argumento contundente desarmó en poco tiempo
las ínfulas revolucionarias de estos partidos: la posibilidad de
participar en el poder y gobierno supremos de la nación, con
todo lo que este proceso conlleva (desde los honores hasta el
dinero), por un lado, y la carencia casi absoluta de ideas
alternativas y viables a la economía de libre mercado, a la
disciplina fiscal-financiera y a la reducción del Estado
burocráticamente hipertrofiado hizo que estos partidos
adoptaran nolens volens la ideología neoliberal, se comportasen
en funciones gubernamentales como socios políticos
relativamente confiables de los gobiernos neoliberales y hasta
se identificaran voluntariamente con el ideario de la empresa
privada, creyendo, además, que así realizaban un notable aporte
a la gobernabilidad49 de la nación.
b) La etapa 1982-1985: las relaciones de la CEPB con los
actores socio-políticos y su lucha contra el sindicalismo
a nómico
Al apoyar la convocatoria al congreso elegido en 1980, la
CEPB sabía que la fórmula de centro-izquierda ganadora de la
primera mayoría relativa, la Unidad Democrática y Popular (UDP),
propugnaba un programa de gobierno proclive a la expansión
del estatismo y poco favorable a los intereses de la empresa
privada. Pero se trataba del frente que había recibido un fuerte
— aunque no contundente sustento popular —, avalado por el
congreso mediante un pacto implícito para ejercer el gobierno
de la nación para el periodo constitucional 1982-1986. Como ya
49 Cf. el importante estudio de René Antonio Mayorga, Gobernabilidad:
la nueva problemática de la democracia, en: Mayorga, ¿De la anomia..., op. cit. (nota
111/29), p. 245 sqq.
144
se mencionó, el hecho de amparar activamente este
procedimiento (dada la preponderancia de las fuerzas contrarias
a la iniciativa privada) enalteció a la CEPB y fortaleció la aun
frágil democracia boliviana de manera decisiva. En efecto: a pesar
de los inmensos problemas que ha confrontado la nación
boliviana desde 1982, no se ha repetido el ciclo de golpes de Estado
militares, luchas cruentas y conspiraciones anticonstitucionales,
preservándose más bien la todavía débil tradición de elecciones
generales y pactos políticos interpartidarios.
La CEPB sufrió evidentemente un grueso error de cálculo
al fomentar la elección y posterior asunción del gobierno por el
Presidente Hernán Siles Zuazo en octubre de 1982: supuso
implícitamente que el nuevo régimen sería relativamente
manejable, que sus actos administrativos y legislativos estarían
sujetos a un aceptable control de parte del congreso (donde los
partidos de centro-derecha disponían de una pequeña mayoría)
y que los sectores llamados "populares" (sindicatos, partidos
"progresistas", movimientos cívicos y regionalistas, segmentos
politizados de la Iglesia Católica y algunos otros) exhibirían
moderación, cordura y espírito de concertación. A este respecto
la evolución histórica de la etapa 1982-1985 denotó claros
signos de lo contrario, es decir, un inusitado renacimiento de
la cultura política del autoritarismo y una dilatada lógica de la
confrontación y del propósito de destruir las ideas y los grupos
contrarios a las propias "verdades". Pero esta corriente, cuya
fuerza en aquel trienio fue considerable, se topó con la decidida
resistencia de una CEPB fortalecida y dirigida por un empresario
de gran energía y visión política, Fernando Manes de la Riva50.
50 Sobre la relevancia de Manes para la transformación y conducción de
la CEPB, cf. los testimonios muy diferentes de James Dunkerley, Political
Transition..., op. cit. (nota II/1), p. 30; Catherine M. Conaghan, The prívate..., op.
cit. (nota 11/16), p. 11; Oscar Zegada, Los empresarios..., op. cit. (nota 11/9), p.
6
145
Es imprescindible, aunque de modo somero, echar un
vistazo a los rasgos generales del régimen de la UDP que
sucumbió en pocos años a la hábil estrategia de la CEPB y de
los sectores políticos afines a ella, debido fundamentalmente
a los propios errores:
La coalición gubernamental (Movimiento Nacionalista
Revolucionario de Izquierda [MNRI], Movimiento de la
Izquierda Revolucionaria [MIR], Partido Comunista de
Bolivia [PCB] y varios grupos menores) resultó ser una
alianza demasiado heterogénea, sin una buena
coordinación interna, sin un mecanismo más o menos
aceptable para resolver problemas suscitados en su seno,
sin una programática clara de largo alcance (que hubiese
sido apoyada por todos sus miembros) y sin una estrategia de corto plazo para enfrentar a los adversarios.
La calidad humana de los líderes de la UDP, empezando
por el Presidente de la República, las facultades
intelectuales de los altos dignatarios de Estado, el nivel
técnico de los principales funcionarios y administradores y
la moralidad reinante en el interior de este régimen fue
simplemente deplorable (descontando, como es natural,
algunas excepciones). A pesar (o a causa?) de su carácter
revolucionario, los niveles de corrupción y corruptibilidad
alcanzaron marcas rara vez superadas en la historia
boliviana.
(3) La UDP toleró y hasta fomentó una creciente anarquía
en los terrenos laboral, universitario y político; la carencia
de una programática clara y obligatoria para los propios
coaligados del régimen, la complacencia demostrada
frente a los sectores radicalizados y las contradicciones
flagrantes y cotidianas del gobierno minaron todo rasgo de
confiabilidad en él e hicieron surgir muy pronto la idea de
reemplazarlo por uno dotado de más autoridad, firmeza y
146
seriedad. Se trataba, como escribió René Antonio Mayorga,
de una "democracia a la deriva"51.
Desde un comienzo el "sistema" gubernamental despertó
las sospechas de los empresarios por la inclusión del Partido
Comunista y otros grupos situados a la izquierda de éste. En
aquel entonces la estatización del sector productivo, la
confiscación de las propiedades privadas, el control
gubernamental de precios y salarios y la planificación
obligatoria no eran concepciones de validez sólo retórica — muy
pronto devendrían meros recuerdos de un pasado oprobioso,
que los mismos izquierdistas querrían desterrar de su memoria
—, sino que constituían todavía posibilidades de acción real e
inmediata. Por ello la CEPB protestó enérgicamente contra la
eventual expansión de planes socialistas o comunistas en el seno
de la UDP, afirmando, además, que la presencia de estos
sectores ponía en peligro la mera existencia de la recién
reconquistada democracia representativa52.
Es de relevancia histórica la combinación de factores y
postulados que desde entonces ha defendido la CEPB:
(a) El respeto a la propiedad e iniciativa privadas ocupa
obviamente un lugar primordial, ya que se supone que la
libre empresa "es esencia y fundamento de una sociedad
libre y democrática" 53 ; el ámbito de la empresa privada
51 René Antoniio Mayorga (comp.), Democracia a la deriva, op. cit. (nota
111/29), prólogo
52 Empresa privada se defenderá del comunismo, en: EL DIARIO del 12 de
marzo de 1983; Empresarios advierten que no permitirán la expansión comunista en
el gobierno, en: EL MUNDO del 19 de marzo de 1983; El empresariado privado,
la crisis y la medidas económicas, en: ibid. del 8 de abril de 1983; Empresa privada
advierte que la democracia está en peligro, en: PRESENCIA del 7 de mayo de 1983;
Empresa privada se pronuncia contra planificación central en la economía, en: EL
DIARIO del 26 de junio de 1983; "Política destructiva" impide salir de "la agobiante
crisis", en: PRESENCIA del 30 de junio de 1983
53 CEPB, Encuentro nacional de la libre empresa. Discurso de clausura del Ing.
Fernando Manes [del 6-V-19831, en: PRESENCIA del 8 de mayo de 1983
147
debe ser ensanchado reduciendo el espacio empresarial
del Estado.
La prevalencia del Estado de derecho es una conditio sine
qua non de la vida social contemporánea. Hay que combatir
aquellas corrientes totalitarias — que estarían tomando el
"carácter de una ofensiva sistemática" —, las que bajo la
cobertura de oponerse al capitalismo y la libre empresa,
pretenden en realidad la eliminación de toda forma de
democracia.
El camino de todo progreso económico y social pasa hoy
por la consecución de la democracia pluralista; ese sería
el designio global de la empresa privada, que, por ende,
no estaría separado de los intereses populares.
La CEPB se declara contra la atmósfera de paros,
huelgas, extorsiones y demandas exageradas del movimiento
sindical; no acepta de ninguna manera el control sindical
en las empresas; anuncia expresa y severamente que se
defenderá si es atacada en sus fundamentos.
La CEPB afirma que el "pueblo" está harto del desorden
y la anarquía y deja entender que no se puede confiar en
un gobierno que no puede ni quiere hacer respetar las leyes.
Se opone tenazmente a la perversión y suplantación del
sistema democrático por el radicalismo y populismo de
izquierda, lo que causaría "una cosecha trágica en favor
de extremismos"54.
En esos días, durante un Encuentro Nacional de la Libre
Empresa (mayo de 1983) se advirtió la ruptura definitiva de la
CEPB con el gobierno de Siles Zuazo. La Confederación
54 CEPB, ibid.; "Economía boliviana debe experimentar un cambio en su modelo
de desarrollo" [declaraciones de Fernando Manes], en: PRESENCIA del 30 de abril
de 1983; Libre empresa reitera su fe en el progreso basado en la democracia, en: ibid.
del 6 de mayo de 1983; "Caos, demagogia, ilegalidad y anarquía provocan ruinor de
golpe", en: ibid. del 22 de julio de 1983
148
manifestó su total repudio a la ampliación de las funciones
estatales y a la nacionalización de vastas áreas de la iniciativa
privada que habían demandado el movimiento sindical y
algunos sectores del propio gobierno, particularmente el
Partido Comunista (contra el cual se va a estrellar por mucho
tiempo la animadversión de la CEPB); un tal propósito sólo
conduciría a que "minorías utópicas" socialicen la miseria y
aplasten "las libertades de todo un pueblo". La crítica se dirigió
esta vez al corazón del meollo: la continuación y hasta
profundización del modelo desarrollista-estatista vigente desde
1952, del sistema de planificación centralizada y del control de
precios y salarios 55 . Las actividades del Partido Comunista
fueron percibidas como excepcionalmente nocivas para los
intereses de la CEPB por ser disociadoras y antinacionales,
porque el PCB habría construido un aparato conspirativo
dentro del gobierno y del movimiento sindical, porque este
partido sería el más intransigente al exigir la estatización de una
amplia gama de empresas y porque esta corriente política
perseguiría la "demolición consciente de las estructuras
económicas de la nación"56.
No hay duda que la suspicacia desplegada frente al PCB
resultó ser infundada. Pero la CEPB tenía razón en cuanto a las
consecuencias de largo plazo que se podían atribuir a la acción
55 Conclusiones del Encuentro Nacional de la libre Empresa: Basta ya de
anarquía!, en: EL MUNDO del 14 de mayo de 1983
56 Cf. entre otros documentos: "Paquete económico refleja la posición del
Partido Comunista", en: EL MUNDO del 25 de noviembre de 1983; Denunciamos
al Partido Comunista [declaración oficial de la CEPB del 14-XI-1984], y: Contra
el chantaje de los comunistas [declaración del 21-XI-1984], ambas en: CEPB,
Pensamiento y acción de la empresa privada 1982-1985, La Paz: s.e. 1985, p. 109 sq.
(Se trata de la compilación histórica y politológicamente más interesante de
documentos de la CEPB concernientes al periodo heroico de su existencia, pese
a las tediosas repeticiones temáticas y a una carencia de discriminación entre
cosas importantes y otras francamente superfluas.)
149
violenta y anómica del movimiento sindical. Durante el periodo
1982-1985 éste último creyó que la conquista del poder y, por
consiguiente, la posibilidad de transformar a Bolivia en una
sociedad revolucionaria de cuño socialista, estaban al alcance
de la mano. Como se sabe, el sindicalismo boliviano estaba (y
está aun parcialmente) influido por ideologías utopistas
y milenaristas, de origen religioso insuficientemente
secularizadas, que postulan la edificación en esta Tierra del
orden perfecto, justo e igualitario a partir de la destrucción y
las cenizas humeantes del oprobioso sistema capitalista
signado por irreparables injusticias. Al mismo tiempo, los
sindicatos poseían (y en parte poseen todavía) una visión
maniqueísta-dicotómica del mundo — los pocos explotadores
indignos y corrompidos enfrentados contra los muchos
explotados sufridos y virtuosos —, que fomenta una "lógica
militar"57 de la confrontación y es desfavorable a pactos,
negociaciones y, necesariamente, a percibir la legitimidad de
los intereses de los otros. Para los sindicalistas los malos de la
fábula son los propietarios de los medios de producción y en
especial los empresarios modernos.
Precisamente a partir de 1982 de produjo una
radicalización tardía en la cosmovisión de la Central Obrera
Boliviana (COB). Desaparecido el régimen militar y debilitado
el gobierno "pequeño burgués" de Siles Zuazo, el empresariado
tomó el lugar del enemigo principal de la COB, máxime si la
CEPB propuso entonces como transformación social el
programa heterodoxo por excelencia: la reducción del Estado en
general y de su rol económico en particular, la reinstauración
de la "democracia formal" y del "pluralismo burgués" y la
57 La expresión es de René Antonio Mayorga, Movimientos sociales..., op.
cit. (nota 111/29), p. 59 sq.; Mayorga, Las paradojas y la crisis histórica de la política
sindical en la transformación democrática, en: Mayorga, ¿De la anomia..., op. cit.
(nota 111/29), p. 180
150
conversión de la COB en una representación "normal" de
intereses "meramente" sectoriales, basada en la concepción de
que todos los sujetos socio-políticos tienen intereses gremiales
legítimos, y que lo razonable es el reconocmiento recíproco de
estos particularismos. Esto tenía ineludiblemente que parecer la
herejía máxima, ya que la COB se veía (y aun se ve) a sí misma
como la depositaria y la intérprete siempre correcta de los
intereses generales de toda la nación. La COB prosiguió con la
ya mencionada lógica que supone que todo conflicto político
es una confrontación de antagonismos irreductibles y que el
espacio democrático conseguido en 1982 constituiría o un
mecanismo engañoso para neutralizar al movimiento sindical o
un mero instrumento de validez temporal para la conquista
definitiva del poder por parte del proletariado. Toda
concertación pragmática y todo compromiso negociado con el
"adversario" (por ejemplo en torno a objetivos y asuntos
claramente delimitados) fueron vistos como una verdadera
traición a la sacrosanta misión del sindicalismo revolucionario.
A este respecto es ilustrativa la teoría de un dirigente sindical
que nunca perteneció a los más radicales. Filemón Escóbar
concebía los sindicatos a priori no en cuanto organismos para la
agregación, defensa y articulación de intereses sectoriales, sino
directamente como "órganos de poder", cuya función sería el
diseño de las reglas de juego y la formulación de la "política
social, cultural, económica y gubernamental para toda la
nación". La COB es calificada de "única alternativa de poder
popular" y de "instrumento de conduzca los destinos de Bolivia". La
vigencia de un régimen democrático representaría una "tregua"
y una pausa para desplegar "las condiciones necesarias para al
acción revolucionaria" y "el lugar de la posibilidad de la
insurrección" 58 . Como se puede apreciar, esta doctrina
58 Filemón Escóbar, Testimonio de un militante obrero (compilado e introducido por Javier Medina), La Paz: HISBOL 1984, pp. 235, 239-244, 263-274, 283
(todos los énfasis en el original).- Cf. también: Escóbar, La experiencia
151
conformaba la antítesis total a la concepción que laboriosamente
había desarrollado la CEPB en los últimos años.
El periodo 1982-1985 registró un número excepcionalmente
alto de paros, huelgas, emergencias, disminución de la
productividad, manifestaciones y afines, que agravaron la ya
muy aguda crisis económica y la inflación. En medio de este
desorden generalizado, la COB elevó una serie de exigencias de
tipo socio-político, que afectaban directamente los intereses de
la empresa privada. La COB comenzó pidiendo la cogestión59
sindical en el sector minero estatal, pero pronto dilató sus
pretensiones a una cogestión "mayoritaria" en todas las
empresas estatales y poco después reclamó una "participación
preponderante"(cogobierno) en el nivel ministerial, la
instauración del control obrero en el sector privado y la
fiscalización estatal sobre todo el sistema bancariofinanciero 60 . El VI Congreso de la COB (septiembre de 1984)
hizo una confesión de fe revolucionaria y marxista y se inclinó
finalmente por la introducción de un régimen totalmente
socialista, atacando simultáneamente al débil gobierno de
centro-izquierda y proclamando a la COB como la alternativa
idónea de poder61.
histórica de la participación obrera a partir de la revolución de 1952, en: R. A. Mayorga
(comp.), Democracia..., op. cit. (nota 111/29), pp. 117 - 126; Escóbar, El destino de
la coyuntura democrática será también el destino de la clase obrera y de la nación, La
Paz: s.e. 1984 [manifiesto al VI Congreso de la COB].
59 Sobre la cogestión cf. dos obras fundamentales: Jorge Lazarte, Cogestión
y participación: ideología y práctica del movimiento obrero, en: René Antonio
Mayorga (comp.), Democracia a la deriva, op. cit. (nota 111/29), pp. 205 - 242; Yvon
Le Bot, L'expérience de cogestion á majorité ouvriére en Bolivie (1983-1984) entre
l'utopie ouvriére et le declin du secteur minier, en: PROBLEME D'AMERIQUE
LATINE (Paris), N° 73, julio/septiembre de 1984, p. 112 ssq.
60 La COB entregará hoy programa de cogobierno, en: PRESENCIA del 9 de
agosto de 1983; Declaración de dirigentes sindicales: "Nos asiste un derecho histórico
de participar en la conducción del país", en: ibid. del 26 de agosto de 1983; Informe
del CEN de la COB al VI Congreso, en: ibid. del 9 de septiembre de 1983
61 Jorge Lazarte, El VI Congreso de la COB, en: PRESENCIA del 5 de
septiembre de 1984
152
La actitud del gobierno de Siles Zuazo fue, hasta su
finalización en agosto de 1985, de una ambigüedad completa.
No disponía de ninguna estrategia para afrontar la crisis y
estaba desgarrado por curiosas rencillas internas, que no vale
la pena mencionar. Osciló entre una táctica de acercamiento a
las demandas sindicales, enfatizando las metas comunes, y una
posición poco creíble de severidad, subrayando las bases
constitucionales y legales de su mandato. Permitió, por otra
parte, el avance de la inflación (se llegó por entonces a una de
las marcas mundiales más elevadas de inflación de toda la
historia), prosiguió con una clara política pública de deficit
spending, fomentó la marcha ascendente del estatismo y
robusteció en un grado difícilmente imaginable la tradición del
prebendalismo y clientelismo, la corrupión y la ineficiencia
administrativas.
Bajo la enérgica dirección de Fernando Illanes, la CEPB
llevó a cabo un contraataque que a la postre se vio coronado
por el éxito. Con respecto al designio sindical de establecer una
dictadura socialista de cuño marxista, la CEPB se puso
decididamente de lado del orden constitucional y legal vigente,
censurando la suplantación y perversión del sistema
democrático y la "cosecha trágica en favor de extremismos" que
conllevaría el programa de la COB62. Hábilmente, la CEPB se
erigió en el baluarte más sólido y mejor publicitado de la
democracia representativa, el pluralismo ideológico y del
Estado de Derecho, aprovechando la situación caótica de la
coalición gubernamental, la declinación de los movimientos de
62 "La empresa privada no solamente está asustada, está despavorida", en:
PRESENCIA del 10 de agosto de 1983; "El país no eligió a un grupo político-sindical
que propone la destrucción de la democracia", en: EL MUNDO del 11 de agosto de
1983 [declaraciones de Femando Illanes]
153
centro-izquierda y la inactividad de los partidos de derechas. A
partir de agosto de 1983, en varios documentos programáticos
la CEPB se pronunció por los siguientes puntos:
Contra la concepción de la lucha global de clases propugnada
por el movimiento sindical, la CEPB proclamó "la unidad
de los bolivianos y la alianza de clases y sectores".
Contra la dictadura sindical y la instauración del
totalitarismo, la CEPB propuso "la preservación del régimen
democrático", con "pluralismo, libertad, derecho a disentir
y vigencia de la ley para todos"63.
La acción vacilante del gobierno es vista como "extraviada",
no sólo a causa del monstruoso déficit fiscal y de la política
pro-inflacionaria, sino porque contribuye objetivamente
a que el movimiento sindical intente una toma del
poder bajo el manto de reivindicaciones totalmente
impracticables, pero legitimizadas por la pusilanimidad y
ambigüedad del gobierno.
La debilidad gubernamental es percibida también como
una complicidad con las fuerzas de extrema izquierda: el
permitir constantemente el bloqueo de caminos, la
ocupación de empresas, el saqueo del Banco Central y de
Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) por
sus propios empleados sindicalizados, configuran para la
CEPB elementos de una pérdida de legalidad y legitimidad
de parte del gobierno de la UDP.
Ante una audiencia creciente y comprensiva, compuesta
por los más diversos estratos de la sociedad boliviana, la
CEPB afirmó que no se podía vivir en un estado
permanente de máxima movilización social y política;
postuló una solución democrática y constitucional que
63 Segunda Declaración de Santa Cruz [del 15-VIII-1983], en: CEPB,
Pensamiento..., op. cit. (nota 111/56), p. 87
154
antepusiera "los sagrados intereses de la patria" a los
meramente sectoriales".
El descalabro del movimiento sindical y, concomitantemente, el éxito de la CEPB se deben a varios factores
interconectados entre sí.
La organización empresarial logró que la opinión pública
la considerara la salvaguardia del sistema democrático, del pluralismo ideológico y del Estado de Derecho porque a comienzos
de la década de 1980 estos postulados eran aun novedosos en
Bolivia y no existía ninguna otra institución, y menos un partido
político, que los sostuviera con tanto ardor y metodicidad como
la CEPB — y con una publicidad tan hábil como extendida.
La CEPB se aprovechó del absoluto descrédito en que
cayeron los partidos de izquierda y de la carencia de nuevos
conceptos entre los partidos de derecha; supo, además, ganarse
el apoyo tácito de instituciones como las Fuerzas Armadas y la
Iglesia Católica. Utilizó, por otra parte, el miedo que infundía
el Partido Comunista en funciones gubernamentales, en tiempos
en que este partido todavía representaba una opción radicalrevolucionaria, miedo que iba aumentando dada la sospechosa
laxitud que exhibía el régimen frente a los desmanes diarios de
los sindicatos y organizaciones izquierdistas.
(3) Porciones crecientes de la opinión pública dejaron de
lado toda simpatía que originalmente habían sentido por el
movimiento sindical y lo empezaron a ver como un peligroso
e irresponsable actor social que habría abrazado una ideología y
una praxis anómicas. Fenómenos como la hiperinflación, el
descenso de la producción y la productividad y la incertidumbre
64 CEPB, En rescate de la democracia, en: PRESENCIA del 11 de noviembre
de 1983; CEPB, [Declaración sin título], en: ibid. del 30 de noviembre de 1983
155
generalizada fueron atribuidos a la acción sindical y a la
aparente connivencia de un gobierno exento de autoridad,
coherencia y de personeros idóneos. Los empresarios
emergieron entonces como un factor de seriedad y seguridad.
Importantes porciones de la opinión pública y de las
otras élites sociales fueron persuadidas por la CEPB de que el
fracaso de la UDP no se debía a elementos circunstanciales y
coyunturales, sino principalmente al modelo estatista de
sociedad y Estado que regía en Bolivia desde 1952. Lo que hacía
falta era, por lo tanto, no sólo el relevo del gobierno de Siles
Zuazo, sino la introducción de un nuevo sistema político y
social basado en la economía de libre mercado y en la democracia
pluralista.
Finalmente es imprescindible llamar la atención sobre
el hecho de que el paradójico colapso del movimiento sindical,
precisamente en el periodo histórico (1982-1985) de su mayor
auge ideológico y vigencia pública, tiene que ver con la
reticencia de la COB de comprender y asimilar el ámbito de la
incipiente modernidad, las nuevas evoluciones de la esfera
productiva a escala mundial y el anhelo de genuina democracia
de una gran parte del pueblo boliviano. La industria pesada
del hierro y el acero y de las manufacturas convencionales en
las naciones altamente desarrolladas ha pasado por una
profunda crisis transformativa, que se ha traducido por una
disminución notoria de su tamaño absoluto y de su peso relativo
dentro de la estructura económica del país respectivo. Esto
conlleva una demanda marcadamente decreciente por insumos
metálicos y minerales y, por consiguiente, una situación
claramente desfavorable a la clásica actividad minero-extractiva,
como es en el caso boliviano. El movimiento sindical, organizado
en Bolivia en torno de la llamada centralidad minera65 — y en
65 Cf. Jorge Lazarte, Crisis de identidad y centralidad minera, en: Repensando
el país, La Paz: Movimiento Bolivia Libre 1987, p. 159 sqq.
156
el resto del mundo alrededor de sectores productivos
convencionales y ahora obsoletos —, fue afectado de lleno por
aquella crisis, perdiendo adherentes, fuerza de negociación y
ascendiente político, moral y cultural en la población. Este fue
el caso de la COB, agravado por el apego de ésta, de la
Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia
(FSTMB) y de los sindicatos de las llamadas capas medias
(empleados de la banca, maestros de escuela, funcionarios de las
universidades, etc.) a una doctrina marxista tan radical como
anticuada. Este credo ha conformado hasta hace muy poco el
núcleo irrenunciable de la identidad colectiva del sindicalismo
boliviano, y precisamente este elemento identificatorio ha
impedido a los sindicatos percibir y digerir adecuadamente las
modificaciones de la esfera económica, por un lado, y el renovado
interés de grandes segmentos sociales por la democracia
representativa, por otro. Esta incapacidad cognoscitiva de la COB
ha favorecido paradójicamente la acción y el encumbramiento
de la CEPB, que dispone de una cosmovisión más moderna y
de una actitud hacia el mundo más abierta, flexible y
cosmopolita. Mientras que el movimiento sindical y los partidos
de izquierda han persistido en su adhesión anacrónica a una
teoría reduccionista, a una postura dicotómica ("Patria /
Antipatria", "los que no están manifiestamente con nosotros son
nuestros enemigos", etc.) y a una praxis milenarista (la
revolución socialista estaría en la orden del día), los empresarios
han sabido adoptar una visión más compleja y menos dogmática
de la realidad, lo que les ha permitido comprender mejor las ansias
y los intereses de la sociedad boliviana contemporánea y de los
nuevos grupos sociales que han surgido entretanto. El carácter
históricamente obsoleto de muchas de las exigencias y los
postulados de la COB ha coadyuvado a contrarrestar los
proyectos políticos del movimiento sindical y así ha facilitado
de modo evidente el triunfo de la CEPB y de los partidos
asociados a ella.
157
c) La participación de la CEPB en los compromisos políticoinstitucionales de 1984/1985 y sus relaciones con el
movimiento sindical
Sumido el gobierno de la UDP en la mediocridad y el
inmovilismo, fraccionados y profundamente debilitados los
partidos de la coalición gubernamental y desprestigiados los
líderes políticos adscritos a corrientes de izquierda, el
protagonismo de las tendencias "progresistas" pasó en 1984 y
1985 al movimiento sindical. El número de huelgas aumentó y
el contenido de los "pliegos petitorios" de la COB y de los grupos
de izquierda se radicalizó 66 . Pero la fuerza real del sindicalismo
se hallaba ya en pleno declive: las huelgas generales eran cada
vez más frecuentes, pero con un resultado cada vez más modesto.
Estos paros adoptaron rasgos manifiestamente políticos: eran
también el ensayo de asumir un poder paralelo 67 . Pero las
grandes huelgas nacionales de carácter político — como las de
diciembre de 1984, marzo y septiembre de 1985 —, no tuvieron
la menor repercusión; la COB tuvo que ceder y contentarse
con ínfimos aumentos salariales, que fueron inmediatamente
anulados por la inflación68.
66 Virulento ataque a la empresa privada, en: EL MUNDO del 18 de
julio de 1984; FUL: La verdad tiene una sola cara, en: PRESENCIA del 3 de
noviembre de 1984
67 A la conclusión de uan enorme manifestación convocada por la
COB en octubre de 1984, el secretario general de la misma conminó al
Presidente de la República a aceptar inmediatamente el plan económico-político
elaborado por la COB como base de toda política pública, y propuso "echar
a patadas" a la calle a los miembros del parlamento.- Cf. Marcha obrera exigió
definiciones a Siles, en: HOY (La Paz) del 13 de octubre de 1984
68 Sobre las huelgas generales cf. Godofredo Sandoval, Las mil caras
del movimiento social boliviano: de las jornadas de marzo a las jornadas de septiembre
1985, en: ESTADO Y SOCIEDAD (La Paz), vol. II, N° 2, febrero de 1986, pp.
15-118
158
En este contexto es sintomático el modo cómo un parte de
la opinión pública ya percibía en septiembre de 1984 el abierto
involucramiento político de la CEPB. Según un órgano de la
prensa católica, de tendencia tradicionalmente estatista y afín a
lineamientos de centro-izquierda, la empresa privada se habría
convertido en el "paladín del legitimismo democrático"; la CEPB
trataría, con bastante éxito, de aglutinar las corrientes políticas
de centro-derecha, mientras que la COB se habría extraviado
por las "ramas del extremismo" 69 . Durante el año 1984 la CEPB
y las instituciones similares persiguieron la estrategia de
desacreditar simultáneamente al gobierno de la UDP, al
movimiento sindical y al modelo estatista vigente desde
1952 70 . Inteligentemente se vinculó (A) la galopante inflación,
la anomia cotidiana (paros y manifestaciones por cualquier
bagatela), la virulencia y demagogia sindical y universitaria 71 (la
COB y las federaciones de estudiantes universitarios lanzaron
un gigantesco ataque a la empresa y propiedad privadas), la
corrupción en las altas esferas gubernamentales, el visible
desconcierto del régimen y su inoperancia frente a la crisis,
con (B) la hipertrofia de las funciones estatales y con los
planteamientos izquierdistas en general.
69 Síntesis semanal de NOTICIAS FIDES, en: PRESENCIA del 30 de septiembre de 1984.- Otro órgano de prensa manifestó que la CEPB representaría
la "única fuerza política" capaz de poner coto a los desmanes de la UDP y la
COB: Carta a los empresarios: el caballo de Troya [= editorial], en: EL MUNDO del
24 de octubre de 1984
70 Cf. los siguientes documentos contenidos en: CEPB, Pensamiento...,
op cit. (nota 111/56): Las "soluciones" de la COB (p. 110 sq.); No más sacrificios
estériles. Es imperativo un plan de estabilidad económica (p. 117 sq.); Encuentro
Nacional de la Libre Empresa. Conclusiones de las Comisiones de Trabajo (pp. 291294)
71 Virulento ataque a la empresa privada, en: EL MUNDO del 18 de julio
de 1984; FUL, La verdad tiene una sola cara, en: PRESENCIA del 3 de noviembre
de 1984
159
Desde enero de 1984 la CEPB llevó a cabo una
impugnación global del gobierno de Siles Zuazo, denunciando
el peligro inminente de un totalitarismo de izquierda y
anunciando que no toleraría por mucho tiempo más este estado
de cosas 72 . Propuso una racionalización del área fiscalfinanciera, una contención de la inflación, una mitigación de los
conflictos y enfrentamientos sociales, un fortalecimiento
sistemático del sistema democrático-representativo, un diálogo
nacional entre todos los contendientes bajo la supervisión de la
Iglesia Católica y un pacto social entre los principales actores
socio-políticos 73 . La idea del pacto social no prosperó, pero no
hay duda de que la CEPB logró convencer a diferentes fuerzas
socio-políticas de que su diagnóstico de la situación era el
acertado y que su terapia representaba la única viable. En
círculos asociados tradicionalmente con posiciones de centro y
derecha, incluyendo a diversos órganos de prensa y televisión,
las Fuerzas Armadas, fragmentos dispersos del propio gobierno
72 CEPB, Conclusiones de la Asamblea General Extraordinaria Ampliada, en:
PRESENCIA del 24 de enero de 1984; Congreso de la empresa privada dispuso paro
de 48 horas, en: ibid. del 2 de febrero de 1984; Discurso inaugural del Ing. Fernando
Illanes, en: ibid. del 3 de febrero de 1984; Cámara Agropecuaria del Oriente, La
irracionalidad del gobierno y de las cúpulas sindicales está destruyendo el país, en: ibid.
del 24 de febrero de 1984; CEPB pide frenar la inflación e incrementar la producción,
en: ibid. del 13 de abril de 1984; En la COB existe tendencia anarquista, sostiene
CEPB, en: EL MUNDO del 17 de agosto de 1984; Discurso del Ing. Fernando Manes
en la clausura de la Asamblea Extraordinaria, en: HOY del 20 de septiembre de
1984; CEPB, Documento de conclusiones de la Asamblea Extraordinaria, en:
PRESENCIA del 23 de septiembre de 1984; CEPB, Por una irrestricta libertad
de expresión, en: ibid. del 25 de octubre de 1984; Mañana puede ser tarde, en:
ibid. del 28 de noviembre de 1984; Desde hace dos años en Bolivia no se
gobierna ni trabaja, en: HOY del 1 de diciembre de 1984
73 Lo que propuso la empresa privada, en: EL MUNDO del 14 de abril de
1984; Empresa privada propone un "pacto social" en el que todos participen y se
beneficien, en: ibid. del 26 de octubre de 1984; CEPB, Estamos obligados a
dialogar, en: PRESENCIA del 26 de octubre de 1984 (con un amplio diagnóstico
de la realidad nacional); La empresa privada reitera apoyo y adhesión al proceso
democrático, en: ibid. del 3 de noviembre de 1984
160
y en los estratos medios se llegó a la convicción de que existía
el peligro de una insurgencia popular descontrolada, caótica y
devastadora, alimentada por la perniciosa influencia de un
sindicalismo radicalizado y un gobierno débil, tolerante y
complaciente74.
Lo novedoso en los acuerdos de noviembre de 1984, que
pusieron fin prematuramente al régimen de la UDP, reside en
tres aspectos: (1) una solución pactada entre las principales
corrientes políticas, (2) el acatamiento de las Fuerzas Armadas
al acuerdo elaborado por civiles, y (3) la decisión de retomar y
profundizar la moderna democracia representativa y
pluralista. El mérito histórico de la CEPB 75 debe verse en el hecho
de que esta institución (a) preparó propagandística e
ideológicamente el terreno para una recepción positiva de
esta estrategia, (b) organizó una buena parte de la logística
mediante reuniones informales con los representantes del
gobierno, la oposición, la Iglesia Católica y con personalidades
de reconocida influencia pública, y (c) convenció a importantes
actores socio-políticos de la necesidad de vincular el
restablecimiento de la democracia con la economía de libre
74 Una descripción de este clima en dos artículos posteriores a los acuerdos
de noviembre de 1984: Peligro de insurgencia popular por el anarco-sindicalismo,
en: EL MUNDO del 4 de diciembre de 1984; Documento de conclusiones de la
Asamblea Extraordinaria, en: CEPB, Pensamiento..., op. cit. (nota 111/56), p. 314
75 Fernando Illanes, presidente de la CEPB, afirmó "con legítimo
orgullo" que esta institución fue la promotora principal de la apertura democrática, y que no lo hizo por cálculo circunstancial y conveniencia, sino por la
"convicción en la democracia" en cuanto el régimen más apto para las actividades humanas en la actualidad. Cf. Discurso de clausura de Fernando Iliones
[del 6 de mayo de 1983 en el Encuentro Nacional de la Libre Empresa], en:
CEPB, Pensamiento..., op. cit. (nota 111/56), p. 295; Empresa privada tuvo actuación
decisiva en proceso democrático, en: HOY del 29 de agosto de 1985: a tiempo de
entregar la presidencia de la CEPB a Fernando Romero, Illanes, no sin orgullo,
recordó el papel decisivo para la salvaguardia de la democracia en 1982 y 1985.
161
mercado. Es fundamental el remarcar que este camino de la
concertación pacífica entre adversarios políticos representó en
1984 algo genuinamente nuevo en el seno de la cultura política
del autoritarismo, tan arraigada en la sociedad e historia
bolivianas; el tal vez único antecedente importante — en el que
la CEPB también jugó un rol decisivo — fue el ya mencionado
compromiso de 1982 que puso término a la dictadura militar.
Y asimismo hay que subrayar que el compromiso de noviembre
de 1984 contenía elementos tácitos, que en cuanto tales no fueron
mencionados expresamente en los acuerdos, pero que
subyacían a los mismos y que muy pronto jugaron un papel
decisivo en la remodelación de la sociedad boliviana: por
democracia se debía entender democracia liberal y
representativa de origen occidental y anclada en las tradiciones
no socialistas del mundo capitalista 76; la conclusión prematura
del régimen de la UDP conllevaba la certeza del fracaso de
experimentos populistas, socialistas y estatistas y, por
consiguiente, la casi segura instauración de un sistema basado
en la economía de libre mercado y en la reducción del rol
empresarial del Estado; y el desmoronamiento de la UDP
significaba al mismo tiempo la derrota del clásico sindicalismo
revolucionario y politizado encarnado en la Central Obrera
Boliviana y en sus prácticas cotidianas.
76 Sobre las diferencias y los nexos entre las distintas formas de democracia
(incluyente, excluyente, representativa-liberal, participativa, directa, indirecta,
de ayllu), cf. entre otros: Gonzalo Rojas Ortuste, Democracia en Bolivia hoy y
mañana. Enraizando la democracia con las experiencias de los pueblos indígenas, La
Paz: CIPCA 1994; y los ensayos: Silvia Rivera Cusicanqui, Democracia liberal y
democracia de ayllu, en: Mario Miranda Pacheco (comp.), Bolivia..., op. cit. (nota
111/45), pp. 217-255; Luis H. Antezana, Formación abigarrada y democracia como
audeterminación, en: ibid., pp. 257-283; Jorge Lazarte, Problemas de la democracia
e informalización de la política, en: ibid. pp. 381-408
162
La convergencia pragmática, temporal y negociada entre
partes 77 (contra la ley de la selva de los antagonismos absolutos)
tiene su correlato en un sistema que protege las minorías (contra
decisiones arbitrarias de mayorías a menudo aleatorias) y el
derecho al disenso (contra el consenso compulsivo de modelos
simples de democracia, como la plebiscitaria y la directa). Si
bien no hay duda de que la CEPB apostó a largo plazo por la
democracia, lo hizo precisamente por la variante liberalrepresentativa de la misma, que incluía la reducción del rol
estatal en la economía, el final de la subordinación de la
iniciativa privada a planes, estrategias y designios del Estado,
la disciplina fiscal-financiera y, sobre todo, la defensa inexorable
de la propiedad privada78.
A lo largo de la azarosa historia boliviana, los sectores
derechistas, representantes de los estratos privilegiados, acudieron en situaciones similares de crisis a las Fuerzas Armadas y
a soluciones que entrañaban una dilatada violencia social y
la ruptura del Estado de Derecho. En 1984/1985, al contrario,
la organización empresarial matriz impuso fácticamente una
salida política pactada y la profundización del sistema
democrático, con lo cual la CEPB se desprendió de la imagen
de un empresariado anticuado, explotador y enemigo de la
innovación y emergió como el agente modernizador por
excelencia de la sociedad boliviana. Fernando Illanes reconoció
que las responsabilidades socio-políticas que había asumido la
CEPB rebasaban normalmente las atribuciones de la
Confederación. Pero "las dimensiones del desastre" obligaron a
los empresarios a salir a la palestra público-política para "servir
77 Fernando Illanes, Universidad y democracia, en: CEPB, Pensamiento...,
op. cit. (nota 111/56), p. 249: Id los intereses del empresario y del trabajador
no son realidades opuestas e irreconciliables".
78 Cf. Documento de conclusiones de la Asamblea Extraordinaria [del 19 de
septiembre de 1984], en: CEPB, Pensamiento..., op. cit. (nota 111/56), p. 314
163
a la ciudadanía". E Illanes reiteró brillantemente lo nuevo de
su designio: la vinculación entre los postulados liberaldemocráticos, la obligación de combatir el estatismo exagerado
y la necesidad de implementar un common sense fiscal-financiero79.
La astuta vinculación entre la "anarquía sindical", la "debilidad gubernamental" y las carencias cada vez más visibles del
modelo estatista establecido en 1952 configuraron el núcleo del
ataque final de la CEPB 80 contra el régimen de Siles Zuazo, que
entró en agonía precisamente a causa del abandono de su
aliado hipotético más importante, el movimiento sindical y
popular, el cual veía ahora en el gobierno la expresión más
abominable de la "pequeña burguesía". Pero los partidos de la
oposición en el parlamento (que disponían de una exigua
mayoría), la Iglesia Católica, las Fuerzas Armadas y segmentos
moderados de la UDP llegaron en noviembre de 1984 a un
compromiso quasi-constitucional: se acortó el periodo
presidencial de Hernán Siles Zuazo en un algo más de un año
y se llamaron a elecciones presidenciales y parlamentarias
anticipadas. Ello significó, en el fondo, el colapso irrecuperable
de la coalición de centro-izquierda y, más importante aun
porque así lo percibió el grueso de la población, una derrota
severa de la COB y de sus instituciones afines. Se sabía, por
ejemplo, que dado el pésimo desempeño gubernamental de los
partidos de izquierda, el triunfo electoral de los partidos de
derecha en las elecciones de 1985 era cosa asegurada — como
efectivamente sucedió.
79 CEPB, Memoria anual febrero 1984 —enero de 1985 presentada por un
discurso del Ing. Fernando Illanes [del 30-1-1985], en: PRESENCIA del 31 de enero
de 1985
80 Fernando Illanes, Gobierno y COB hicieron todo lo posible para esterilizar
el sistema democrático, en: HOY del 24 de octubre de 1984
164
La oposición más dura a estos acuerdos partió del
movimiento sindical 81 y universitario, oposición que, pese a los
descalabros posteriores de estas corrientes, ha permanecido
incólume hasta hoy. Puede entonces aseverarse que la CEPB
no ha logrado una base estable de entendimiento con estos
actores sociales y que hasta hoy (1994) la relación entre ambas
fuerzas es de confrontación (a veces más velada, a veces más
abierta), incomprensión y animadversión. Esta situacion básica
no cambió ni con las elecciones generales de 1985 ni con la
implantación de la Nueva Política Económica a fines de agosto de
aquel año. La CEPB prosiguió con sus quejas contra el
extremismo 82 de los sindicalistas, mientras que la COB no cesó
en su lucha estéril — huelgas generales cada vez menos
efectivas y con menor participación de los propios asalariados
—, llegando a "desconocer" los resultados de las elecciones
generales de julio de 1985 porque éstos dieron una amplia
victoria a los partidos de centro-derecha 83 . La pugna, en realidad,
no ha cesado hasta hoy.
81 COB pide que se cambien objetivos de la política económica tradicional, en:
HOY del 13 de octubre de 1984; La COB descarta "concertación" por falta de
credibilidad en el gobierno, en: PRESENCIA del 24 de octubre de 1984; Frente a
la mentira y la maniobra empresarial, en: ibid. del 8 de febrero de 1985; La COB
frente a la acción de la empresa privada contra los intereses y los sindicatos bolivianos,
en: ibid. del 21 de abril de 1985; COB exige la nacionalización de minería y banca
privadas, en: ibid. del 4 de junio de 1985; Los grandes empresarios privados no tienen
patria, en: HOY del 30 de junio de 1985
82 "La COB es responsable por la desastrosa situación del país", en:
PRESENCIA del 9 de marzo de 1985; La empresa privada vive uno de sus momentos
más difíciles, en: EL MUNDO del 10 de abril de 1985; Empresa privada denuncia
plan para instaurar sistema totalitario, en: HOY del 26 de junio de 1985; Los peligros
no han terminado para los empresarios privados, en: EL MUNDO del 29 de agosto
de 1985
83 La COB impugnó la legitimidad de las elecciones nacionales, en: PRESENCIA
del 9 de julio de 1985; Los campesinos desconocen los comicios nacionales del domingo,
en: ibid. de la misma fecha
165
En los últimos diez años este conflicto ha perdurado como
uno de los más serios dentro de la sociedad boliviana, y es poco
probable que pueda ser resuelto a corto plazo. La nueva
realidad social del país a partir de 1985, el relativo éxito de la
economía de libre mercado, la eliminación de los experimentos
socialistas en Europa Oriental y otros sucesos afines van a
contribuir probablemente a que el movimiento sindical
boliviano se transforme en una corriente más pragmática y
menos ideológica, más cercana a la defensa de intereses
sectoriales específicos y menos proclive a la propagación de
ideales presuntamente válidos y obligatorios para todos los
decursos históricos. Es decir, si el sindicalismo boliviano
evoluciona como lo han hecho instituciones semejantes en el
resto del mundo, es posible que se pueda poner fin a esta
confrontación cada vez más estéril y se abra una era de
concertaciones pragmáticas, negociadas pacíficamente y
centradas en torno a asuntos y problemas específicos de cada
empresa o rama de actividad económica. Pero hasta allí hay
todavía un largo trecho.
166
IV La lucha por la modernización de la sociedad
y el Estado bolivianos
a) La revolución liberal de 1985 y el rol del empresariado
privado
La victoria de los partidos moderados del centro y la
derecha en las elecciones de julio de 1985 abrió las puertas para
una reestructuración legal-democrática del Estado y la sociedad
bolivianas, transformación que casi todos los actores sociopolíticos la percibieron positivamente como la introducción de
un modelo liberal o, por los menos, la vislumbraron
negativamente como la terminación del ciclo estatista-populista
inaugurado en 1952. Desde un comienzo el partido que asumió
la responsabilidad gubernamental, el Movimiento Nacionalista
Revolucionario (MNR), colaborado en este campo específico de
manera eficaz por Acción Democrática Nacionalista (ADN)
mediante el Pacto por la Democracia, puso un marcha un programa
gubernamental que no era coyuntural, sino de largo aliento,
destinado a modificar "el funcionamiento global del sistema
económico, redefinir sus orientaciones y agentes, revisar [...1 el
rol del Estado intervencionista y empresario asumido desde 1952
y recomponer las relaciones entre el Estado, la empresa privada
y el movimiento sindical" 1 . Pese a la violenta oposición de las
corrientes izquierdistas y sindicalistas, una buena parte de la
población y de la prensa quedó convencida de la legalidad de
las nuevas medidas (que se tomaron según la legislación vigente
1 René Antonio Mayorga, ¿ Consolidación o desestabilización de la democracia?
Problemas y perspectivas, en: Mayorga, ¿De la anomia..., op. cit. (nota 111/29), p.
223 sq.
167
y por medio de los canales institucionales apropiados) y de la
legitimidad del nuevo modelo (avalado por el triunfo electoral
de los partidos que lo propiciaron).
Ahora bien: los aparatos de los partidos coaligados, las
masas de seguidores de ADN y MNR y la mayoría de los altos
funcionarios públicos — inmersos todos ellos en la cultura
política del autoritarismo y usufructuarios del prebendalismo y
clientelismo tradicionales — no fueron ni los inspiradores ni los
partidarios más entusiastas de la llamada Nueva Política
Económica, implementada por el famoso Decreto Supremo 21060
del 29 de agosto de 1985. Yendo aun más allá, se puede afirmar
que este programa liberal tuvo muy poco que ver con el grueso
de los partidos gubernamentales coaligados: desde la
inspiración inicial hasta la redacción final fue la obra de
destacados dirigentes de la CEPB (como Fernando Illanes y
Fernando Romero), de expertos independientes asociados a la
empresa privada (como Juan Cariaga y Raúl España-Smith) y
de algunos políticos en posiciones claves de los respectivos
partidos (como Gonzalo Sánchez de Lozada en el MNR y Ronald
MacLean en ADN), políticos que sintomáticamente eran al
mismo tiempo empresarios privados y conducían las modestas
fracciones modernizantes de sus respectivos partidos. La puesta
en ejecución de la Nueva Política Económica fue posible
obviamente porque el Presidente de la República (1985-1989) y
líder histórico del MNR, Víctor Paz Estenssoro, había
abandonado sus anteriores posiciones pro-estatistas y abrazado
el credo neoliberal. El y un grupo reducido de los más altos
dirigentes de ambos partidos impusieron la gran reforma neoliberal contra una oposición considerable, pero velada en ambas
organizaciones y, sobre todo, contra la incomprensión de los
alcances de la misma entre la mayoría de los simples afiliados.
No hay dudas de que el gran gestor conceptual y político
de la Nueva Política Económica (NPE) fue la CEPB, lo que explica
168
su relevancia histórica a partir de entonces. Este camino
neoliberal fue aprobado prácticamente sin reservas por todo el
empresariado organizado 2 . En el momento de la dictación de
las nuevas medidas, Fernando Illanes declaró: "La CEPB se ha
convertido en un nuevo factor de poder, sin abandonar sus
postulados esenciales" 3 ; reconoció que la CEPB había ejercido
exitosamente un liderazgo de alcance nacional (por la falta de
otros actores sociales con ideas nuevas y valor moral), el que
sería, empero, conciliador, imparcial y democrático y estaría,
por consiguiente, al servicio de intereses generales.
Orgullosamente acotó Illanes que la CEPB conformaría no sólo
"un pilar del sistema económico, sino del político e
institucional". "[La CEPB] se ha convertido en un nuevo factor
de poder, legítimo y bien definido. [...] Ha ganado un espacio
político propio y ello ha sido posible [...] porque tenemos
ideales concretos que se integran con las aspiraciones de toda
la ciudadanía" 4 . No hay duda de que esta autopercepción de
los empresarios está sesgada por una comprensible
óptica subjetiva y momentánea y por una perspectiva
premeditadamente optimista, fundamentada notoriamente en
los fracasos ajenos y mucho menos en los éxitos propios. Los
dirigentes empresariales elaboraron, además, una ideología en
sentido clásico, como todos los otros sectores sociales: el
intento de hacer pasar intereses particulares como si fuesen
intereses generales de toda la nación. Pero de todos modos
2 Tácito apoyo del empresariado al "nuevo modelo económico", en: EL
MUNDO del 14 de septiembre de 1985: El apoyo de los empresarios al
"modelo" en una asamblea general de la CEPB no fue tácito, sino explícito
y total, ya que se habría tratado de "la única alternativa" que quedaba. Este
fue también el argumento recurrente del nuevo presidente de la CEPB,
Fernando Romero: "Estamos obligados a mirar el actual proceso con una visión de
futuro", en: ibid. de la misma fecha.
3 Empresarios afirman que respetaron leyes y defendieron la democracia, en:
PRESENCIA del 29 de agosto de 1985
4 CEPB, Mensaje al empresariado boliviano [declaraciones de Fernando
Illanes], en: PRESENCIA del 29 de agosto de 1985
169
Illanes tenía razón al afirmar que la CEPB se había transformado
en un factor decisivo de poder con un liderazgo de alcance
nacional, frente al cual en aquel momento no había efectivamente ninguna alternativa seria.
No es del todo superfluo mencionar en passant la
interpretación que marxistas bolivianos han realizado de la
necesidad y del punto de arranque de la Nueva Política Económica.
Según Oscar Zegada, en Bolivia siempre existió un Estado
capitalista, y particularmente entre 1952 y 1985. Este singular
organismo — ubicuo y perenne, aunque sus favorecidos no se
dieran cuenta de ello — estuvo "en condiciones de defender los
intereses globales del capital sin la participación consciente y
directa de la burguesía en las instancias estatales de decisión"5.
Puesto que siempre floreció el Estado capitalista — aparentemente
sin que los empresarios se percataran de esto, pero, de todas
maneras, para felicidad de ellos —, la NPE sólo habría
significado una mera "reconstitución capitalista de las
relaciones económicas" 6. Algunos elementos habrían provocado,
sin embargo, la instauración de la NPE, aunque Zegada no los
pone en un orden lógico causal, cosa que sería indispensable
para enterarse porqué surgió entonces la NPE si en suma todo
marchaba a pedir de boca de los "capitalistas". Es característico
de este tipo de argumentación que el lector no logra comprender
porqué ocurrió después de todo la crisis que hizo ineludible la
NPE si permanentemente habría existido ese presunto
predominio del "capitalismo" y no un régimen estatista
desfavorable a los intereses empresariales. De todas maneras
Zegada enumera algunos factores que precipitaron la dictación
de la NPE:
5 Oscar Zegada, op. cit. (nota 11/9), p. 1
6 Ibid., p. 3; cf. p. 22: "La NPE fue la única respuesta posible para la
regeneración capitalista en una economía, sociedad y Estado en profunda crisis".
170
"la crisis del patrón de acumulación nacionalista
revolucionario",
"la forma estatal nacionalista revolucionaria de su
administración",
"las tendencias de la economía mundial capitalista",
"el despliegue del capital privado", y
"el repliegue, pero no la eliminación de las prácticas estatales
en la economía como capitalista colectivo y como empresario"7.
De acuerdo a esta curiosa, pero muy difundida doctrina, el
designio de los "capitalistas" de tomar ellos mismos las riendas
del poder era, en el fondo, algo superfluo y gratuito, ya que el
Estado y las políticas públicas, aun en los peores tiempos de la
UDP, representaban meros apéndices de un pan-capitalismo
que nunca dejó de existir. Para Zegada, la "penetración de los
empresarios oligarcas en persona en el mismo aparato del
Estado" constituyó algo exorbitante y "hasta cierto punto
descarado" 8 . De acuerdo a Zegada, parece que algunos
epifenómenos de la esfera estrictamente política fueron los
factores que ocasionaron la NPE y la "toma del poder" de parte
de los empresarios: "el problema de la ingobernabilidad y la
pérdida de autoridad del gobierno", la necesidad de ocupar los
"vacíos de poder" y el propósito de que el aparato estatal no
cayese "en manos del movimiento popular" 9 . La realidad fue
obviamente otra, y por supuesto más compleja.
7 Ibid. p. 22
8 Ibid., p. 4
9 Ibid., pp. 6-13.- Es imprescindible remarcar que este análisis de
Zegada está lleno de flagrantes incongruencias. Poco más adelante el autor
reconoce que la CEPB no tuvo una función "hegemónica" a partir de 1985, que
la empresa privada no fue la "responsable por la dictación y ejecución de las
políticas" y que la CEPB no quiso substituir al Estado, es decir que nunca existió
una total identificación entre empresariado y Estado, ni siquiera en los periodos
"donde la permeabilidad estatal a las demandas empresariales" habría sido
muy elevada (ibid., p. 27).
171
En el marco de este estudio politológico son innecesarias
una reconstrucción y una exégesis detalladas del famoso
Decreto Supremo 21060 y de otras medidas que conforman la
NPE, pues son materias del análisis económico y porque sobre
esta temática existe ya una amplia literatura. Brevemente se
puede mencionar sólo aquellos puntos de interés sociopolítico:
La restauración de la autoridad del Estado y el
gobierno sobre su propio aparato administrativo y sobre
las empresas productivas estatales;
la reducción de la ingerencia estatal en la actividad
económica mediante la eliminación de obstáculos que
impiden la libre expansión de la empresa privada y que
dificultan que el mercado cumpla su papel de asignador
de recursos escasos;
una amplia liberalización de la economía y la
transformación del sector privado en el agente central del
desarrollo económico;
la estricta estabilidad monetaria con un valor real (fijado
por las oscilaciones del mercado) de la moneda boliviana
frente a las divisas extranjeras, aboliendo los controles
estatales de cambio;
la reducción y posterior eliminación del abultado déficit
fiscal;
una política salarial tendiente a la congelación (temporal)
de sueldos y salarios, particularmente en el sector
estatal;
el establecimiento de la libre contratación y el libre
despido en las relaciones entre empleadores y empleados;
la liberalización de los precios de casi todos los bienes
y servicios;
(9) la desregulación de leyes y medidas estatales que
controlan y coartan la libertad económica de los actores
particulares; y
172
(10) la disolución de la Corporación Boliviana de Fomento,
la conversión de sus filiales en empresas sometidas a las
leyes del mercado y — a más largo plazo — el designio de
privatizar las principales empresas de propiedad estatal°.
En noviembre de 1985 el gobierno complementó el D. S.
21060 con el 21137 que se refería a política social y salarial:
drástica reducción del gasto público,
reestructuración y congelación salariales,
racionalización de personal en entes públicos,
creación del Fondo Social de Emergencia,
despidos (llamados eufemísticamente relocalizaciones)
en toda la administración pública, y
una anunciada racionalización del sistema estatal de
seguro social, de enfermedad y jubilación".
Como corolario puede llegarse a la siguiente conclusión:
aunque la CEPB vinculó el nuevo modelo económico con un
renacimiento de la democracia, el pluralismo y el Estado de
Derecho en Bolivia 12 , las reformas en el campo estrictamente
político e institucional — y mucho más en la esfera de la
cultura política — fueron muy modestas; en realidad tuvieron
lugar recién a partir de 1993/1994. Las privatizaciones que se
10 Sobre esta temática cf. Juan Cariaga, La política de estabilización en Bolivia,
en: HOY del 13 de marzo de 1987; Gonzalo Sánchez de Lozada, La reactivación
económica, en: FORO ECONOMICO DE ILDIS (La Paz), N° 17, marzo de 1987
11 Gobierno aprobó nueva política social y salarial, en: EL MUNDO del 1 de
noviembre de 1985; para una interpretación de estas medidas cf. Catherine M.
Conaghan, Technocrats, Capitalists and Politicians: Economic Policy-Making in
Redemocratized States (Bolivia, Ecuador, Peru), Washingtom: The Kellogg Insti tu te
1987, p. 26 sqq.
12 CEPB, Aceptamos el desafio, en: PRESENCIA del 15 de septiembre de
1985.- Esta profesión de fe democrática fue vinculada a la necesidad de "no bajar
la guardia frente a los peligros del extremismo".
173
registraron hasta estos últimos años pueden ser calificadas
igualmente de muy limitadas y no tocaron a las empresas
estatales más grandes. Pero aun así (es decir: ex negativo) fue
un comienzo de vital importancia: aun sin producirse
privatizaciones mayores, se logró reducir enormemente el rol
empresarial del Estado achicando o anulando las instituciones
correspondientes, introduciendo una severa disciplina fiscalfinanciera, reafirmando y protegiendo los derechos de la
propiedad e iniciativa privadas, poniendo coto a los excesos
del movimiento sindical y atacando la sagrada tesis de que
existirían "áreas estratégicas" en la economía y, sobre todo, en
el aprovechamiento de recursos naturales y energéticos, que
por su importancia deberían "permanecer necesariamente" en
manos del Estado. Una de las mayores hazañas de la CEPB debe
ser vista, por ende, en haber persuadido a una buena porción de la
población y de la opinión pública bolivianas de que la solución a la
crisis económica consistiría en la abolición del estatismo y en la
introducción de una economía de libre mercado en el marco de la
moderna democracia representativa 13 . En la prensa y en la opinión
pública se nota desde entonces una marcada resignación ante
el triunfo de las ideas (neo)liberales, una manifiesta declinación
del poder de convocatoria de todas las ideologías socialistas y
una menguada atracción de la larga y arraigada tradición del
estatismo.
13 Este proceso exhibe paralelismos en casi todas las áreas de América
Latina: cf. Rainer Dombois / Ludger Pries (comps.), Modernización empresarial:
tendencias en América Latina y Europa, Caracas: Nueva Sociedad 1993; Bolívar
Lamounier, Empresarios, partidos y democratización en el Brasil, 1974-1990, en:
REVISTA MEXICANA DE SOCIOLOGIA, vol. LIV, N° 1, enero/marzo de 1992,
pp. 77-92; José Nun / Juan Carlos Portantiero (comps.), Ensayos sobre la
transición democrática en la Argentina, Buenos Aires: Puntosur 1987
174
b) El periodo 1985-1989 y las respuestas a la revolución
liberal
Pese a la originalidad del D.S. 21060 y la energía con que
fue implementado, se puede afirmar que el gobierno de la
coalición MNR / ADN no tuvo una concepción unitaria y clara
en torno a la profunda modernización del sector económico
que deseaba realizar... y menos aun con referencia a la esfera
político-institucional. De todos modos a este régimen le cupo el
mérito de haber inaugurado en la historia contemporánea de
Bolivia los pactos gubernamentales, que sin diluir en lo más
mínimo las identidades de los partidos políticos firmantes, los
obliga a compromisos pragmáticos de largo aliento, a
concertaciones en la substancia de leyes, decretos y planes y a
colaborar en la presentación pública de una concepción
colectiva. El llamado Pacto por la Democracia que se inició en
agosto de 1985 fue fomentado por las personalidades
empresariales y los sectores modernizantes de ADN y MNR,
pacto que contó con la aprobación irrestricta de los sectores
más recalcitrantes de ADN porque (a) persiguió una política
general claramente anti-estatista y antisindicalista y (b) porque
mediante su capacidad de movilización y maniobra logró
neutralizar eficazmente la oposición de izquierda. Como escribió
René Antonio Mayorga 14, "el pacto suscrito entre el MNR y ADN
debe verse no sólo como una obligación formal a las reglas de
juego institucionales de la democracia, sino también, y
fundamentalmente, como el resultado del reconocimiento de
intereses políticos y económicos comunes". El estilo político de
pactos de amplio alcance, que se practica en Bolivia desde 1985,
denota un aspecto caro a los intereses empresariales: el
percatarse de que existen metas, intereses y propósitos más o
menos similares y, sobre todo aceptables, en el seno de los
14 René Antonio Mayorga, ¿Consolidación..., op. cit. (nota IV/1), p. 230
175
principales partidos políticos, y que es conveniente realizar una
política de concertación — y no más la clásica de confrontación —, un procedimiento político que se asemeja a los arreglos
pactados habituales en las democracias parlamentarias. Todo
ésto conduce a vigorizar los partidos del centro, a debilitar las
opciones radicales y sobre todo las extremistas y a crear un clima
socio-cultural proclive al entendimiento pragmático entre
intereses que se reconocen a sí mismos como parciales, pero
igualmente como legítimos y dignos de ser tomados en cuenta.
Como era de esperar, la oposición más áspera y duradera
a la NPE se originó en medios sindicales. Inmediatamente
después de la promulgación del Decreto Supremo 21060, la
COB "desconoció" esta medida y llamó a una huelga genera1 15. La NPE fue calificada de "antipopular", "oligárquica",
"genocida" y "violatoria de los derechos humanos, sindicales y
políticos" 16. La huelga general de septiembre de 1985 tuvo,
empero, una repercusión mucho menor que en ocasiones anteriores; sectorial y regionalmente el paro fue muy restringido. El
movimiento sindical, ya muy endeble, no ofreció esta vez ni un
esbozo alternativo de solución que se diferenciara del
incriminado modelo neoliberal; por ello la huelga no pudo
exhibir una legitimidad adecuada ante la opinión pública y se
debilitó rápidamente. En el marco aun vigente de la cultura
política del autoritarismo, cuyos seguidores más fieles son
todavía sindicalistas e izquierdistas, bastó un solo acto de
fuerza del gobierno (la dictación del estado de sitio y la
detención de dirigentes sindicales y políticos por dos semanas)
para desbaratar el paro, desmoralizar al movimiento sindical y
15 COB convocó a la unidad para rechazar las medidas, y: Medidas económicas
son calificadas de pro-imperialistas, ambos en: HOY del 31 de agosto de 1985
16 Ampliado de la COB declaró "huelga general nacional", en: PRESENCIA
del 10 de septiembre de 1985
176
recortar notablemente su poder de convocatoria popular 17 . En
las negociaciones posteriores con el gobierno, la COB logró
únicamente la libertad de los detenidos; todas sus demandas
políticas (la anulación o mitigación de la NPE, por ejemplo) y
hasta las gremial-salariales (compensaciones por el aumento de
los costes de vida) fueron desoídas por el gobierno, sin que ésto
tuviese consecuencias negativas en el frente laboral. Había
comenzado el largo ocaso del movimiento sindical boliviano, del
cual no se ha podido recuperar hasta hoy (1994).
A partir de 1986 los empresarios aludieron a tres temas
recurrentes: la consolidación de la democracia y del Estado de
Derecho (con un énfasis bastante más moderado que en años
anteriores) 18, la transferencia de empresas estatales al sector
privado (mediante una crítica aguda al sobredimensionamiento
de la empresa pública) 19 y la falta de una reactivación adecuada
de la economía. Este último punto fue la cuestión más tratada
y la causa notoria una de gran polémica por una razón elemental
de lógica socio-política: la CEPB se quejó repetidas veces de que
17 Cf. opiniones divergentes provenientes del sector sindical: COB
resolvió suspensión de todas las huelgas en todo el país, en: PRESENCIA del 3 de
octubre de 1985; Partidos de la izquierda convocan a la resistencia, en: HOY del 21
de septiembre de 1985; Movimiento sindical pretende ser desarticulado por Empresa
Privada, en: MERIDIANO (La Paz) del 19 de septiembre de 1985
18 "No existe democracia allí donde no hay empresa privada" [declaraciones
de Jorge Marcos Salvador, presidente de la Federación de Empresarios Privados
de Santa Cruz], en: EL DIARIO del 18 de abril de 1986; Ya es hora... es tiempo
de unidad [declaraciones del nuevo presidente de la CEPB, Carlos Iturralde], en:
LOS TIEMPOS (Cochabamba) del 31 de agosto de 1986; Mensaje a los empresarios
[declaración de Iturralde], en: PRESENCIA del 2 de septiembre de 1986; Cada
espacio que el Estado ocupa, es un espacio que el ciudadano pierde, en: EL MUNDO
del 12 de septiembre de 1986
19 Jorge Salvador Marcos, La situación nacional, el papel de la iniciativa
privada y la responsabilidad de los empresarios, en: EL MUNDO del 3 de agosto
de 1986; Documento presentado por la Federación de Empresarios Privados en las
Jornadas SANTA CRUZ 2000, en: ibid. del 19 de septiembre de 1986
177
las empresas manufactureras trabajaban sólo con el 40 % de su
capacidad y que la industria de exportación se hallaban en una
situación precaria, pero simultáneamente se esperaba — y a
momentos — se exigía la solución de este problema de la
enérgica accción del vituperado Estado. En las demandas de los
empresarios al gobierno de la NPE habían ciertamente puntos
razonables: la falta de una estrategia eficiente para atraer
inversiones extranjeras y una introducción de una tasa universal
arancelaria que golpeaba duramente a la (parcialmente
obsoleta) industria "nacional". Pero al mismo tiempo la empresa
privada, prosiguiendo la vieja tradición de elevar solicitudes
perentorias y esperar soluciones inmediatas de las acciones
estatales, solicitó, "sin más demora", la implementación de una
plan de "reactivación productiva" con "prioridad absoluta" y de
"un programa de inversiones de esté orientado a reducir la tasa
de desempleo, a mejorar los niveles salariales y a garantizar la
evolución constante del programa económico en curso" 20 . Los
empresarios sostuvieron que la reactivación económica era "la
prioridad número uno", pero que representaría "una
20 CEPB, Es necesario poner en práctica un plan de reactivación productiva,
en: EL MUNDO del 6 de septiembre de 1986. En el mismo sentido: Presidente
de la Confederación de Empresarios: "Esperamos que el gobierno adopte medidas
para reactivar la industria" [declaraciones de Carlos Iturralde Ballivián], en:
PRESENCIA del 29 de abril de 1986; Jorge Marcos Salvador, La situación nacional,
el papel de la iniciativa privada y la responsabilidad de los empresarios, en: EL MUNDO
del 3 de agosto de 1986; CEPB, Mensaje a los empresarios, en: PRESENCIA del
2 de septiembre de 1986; CEPB, La reactivación económica es una responsabilidad
compartida, en: ibid. del 6 de agosto de 1987; Despegue de economía en el '88
condicionado a apoyo real del gobierno al sector privado, en: EL MUNDO del 24 de
noviembre de 1987 [declaraciones bastante duras de Carlos Iturralde, exigiendo
del Estado toda clase de incentivos a fondo perdido]; Empresarios privados plantean
serias objeciones a la ejecución del modelo económico, en: EL DIARIO del 31 de
diciembre de 1987 [declaraciones similares de Carlos Iturralde, afirmando que
las expectativas de reactivación no son realistas].
178
responsabilidad compartida con el Estado, las entidades
públicas y la fuerza laboral"21.
Es obvio que un esfuerzo concertado para reactivar una
economía en crisis secular (y debida también a factores
externos como la baja espectacular del precio de los minerales
bolivianos en el mercado mundial, descenso producido
inesperadamente en los últimos meses de 1985) requería del
concurso de las agencias estatales, que tenían su parte de
responsabilidad en los altos costes de los transportes y en el
pésimo estado de la infraestructura en general. Pero, en la mejor
tradición paternalista-patrimonialista criticada poco antes por
la CEPB, los empresarios comenzaron a exigir incentivos
estatales para la exportación, a criticar los nuevos aranceles
aduaneros que ellos ayudaron a implementar y a pedir
subvenciones en algunos campos como la minería. Muchos
empresarios de mentalidad anticuada no comprendieron (y
no comprenden hasta hoy) la función didáctica de los aranceles
aduaneros bajos, que es el de obligar a la industria nacional a
21
CEPB, "La reactivación económica nos plantea un enorme desafío", en:
PRESENCIA del 25 de octubre de 1986; La empresa privada y la reactivación
económica, en: ibid. del 8 de octubre de 1986; CEPB, Reactivar las economía: prioridad
nacional [manifiesto de la CEPB a la nación del 28 de octubre de 1986], en: ibid.
del 30 de octubre de 1986; Empresa privada y crecimiento económico, en: ibid. del
24 de diciembre de 1986; Empresarios sugieren programa de apoyo a la reactivación,
en: EL MUNDO del 13 de noviembre de 1986; El país no puede aguantar un año
más de recesión: Jorge Lonsdale, en: HOY del 17 de diciembre de 1986; en 1987
los empresarios admitieron más claramente que ellos tenían también una gran
responsabilidad por la reactivación o la carencia de ella: cf. . "Reactivación es
responsabilidad de los empresarios y del Estado" [declaraciones del nuevo presidente
de la CEPB, Carlos Iturralde], en: EL MUNDO del 5 de febrero de 1987; Los
sectores empresariales desconfían en la reactivación [sic], en: PRESENCIA del 1 de
julio de 1987; Samuel Mendoza, La empresa privada y la reactivación, en: LOS
TIEMPOS del 11 de agosto de 1987; Empresa privada planteará al gobierno ajustes
en el programa de reactivación, en: EL MUNDO del 27 de diciembre de 1987
179
alcanzar los standards de producción, eficacia y precios
competitivos válidos internacionalmente — o periclitar con
dignidad. Lo mismo ocurrió con aquellos sectores empresariales a quienes disgustó la libre oscilación de las tasas
bancarias de intereses y solicitaron la intervención estatal y la
reposición de las clásicas tasas preferenciales que habían sido
la causas de tantos abusos en las etapas del estatismo paternalista.
Hasta el General Hugo Banzer, que nunca tuvo simpatías por
la izquierda, se quejó de que los empresarios exigían otra vez
subsidios del Estado en el viejo estilo, a lo que contestó
airadamente el presidente de la CEPB, aclarando que los
empresarios, a su vez, no estarían "dispuestos a subsidiar la
ineficiencia estatal"22.
A pesar de algunas aclaraciones de los empresarios, fue
fundamentalmente ambiguo lo que se debería entender por "los
incentivos a la tarea productiva" o por los "incentivos integrales
a la exportación" que "exigimos en legítimo derecho", si al mismo tiempo afirmaban que "no buscamos subsidios, ni formas
artificiales de hacer industria"; las pocas demandas más o menos
concretas se limitaban a "tarifas competitivas" de energía y
transporte y tarifas arancelarias "adecuadas a la reactivación"23.
En todo caso, rol jugado por los empresarios en el asunto de
la reactivación no fue ni brillante ni innovativo y ni siquiera
22 Respuesta del presidente de la CEPB, Lic. Carlos Iturralde, al Jefe Nacional
de ADN, Gral. Hugo Banzer, en: PRESENCIA del 7 de octubre de 1986; La CEPB
y los responsables de la reactivación de la economía, en: CEPB, Fortalecimiento de la
Empresa Privada Boliviana. Testimonio de una gestión 1986-1989, La Paz: s.e. 1989,
p. 89 sq.
23 CEPB, "La industria nacional debe ser un factor decisivo para el crecimiento",
en: PRESENCIA del 1 de marzo de 1987; CEPB, Esquema mínimo de ajustes para
sustentar un programa de reactivación económica, en: ibid. del 31 de mayo de 1987;
La CEPB y los responsables de la reactivación de la economía [conferencia de Carlos
Iturralde del 18 de abril de 1988], en: CEPB, Fortalecimiento..., op. cit. (nota IV/
22), p. 87 sq.
180
conceptualmente claro. El propio Presidente de la República y
el Ministro de Finanzas — cuyas simpatías por el empresariado
privado estaban por encima de toda sospecha — amonestaron
severamente a la empresa privada, pidiendo que "tome conciencia de su responsabilida social" y que no se consagre al
"éxito fácil" 24 . A esta crítica de la posición convencional,
paternalista y no muy liberal de la posible mayoría de los
empresarios no hay nada que agregar.
Mucho más interesante y de enorme relevancia para el
proyecto de modernización global del país es el otro esfuerzo
que llevó a cabo la CEPB por aquellos años. Los puntos
básicos del mismo fueron:
La mera instauración de la NPE no es garantía de su éxito,
pues su ejecución estaría confiada a "mecanismos y
procedimientos de mentalidad claramente estatista"25.
La CEPB propone por primera vez públicamente la
reforma de los llamados regímenes económicos especiales
contenidos en la Constitución Política del Estado, junto con
la desburocratización de la administración pública y la
desregulación de trámites y procedimientos, proponiendo
además un consenso colectivo para estas reformas26.
— La Confederación lanzó una concepción muy diferenciada
sobre la privatización de las empresas públicas, además de
24 Presidente Paz: Empresa privada debe responder a estímulos que le da el
Estado, en: HOY del 7 de agosto de 1987; Ministro de Finanzas, Los empresarios
están totalmente equivocados, en: LOS TIEMPOS del 6 de agosto de 1987.- Los
empresarios trataron obviamente de suavizar estas críticas, pero sin argumentos
contundentes: Empresarios coinciden con V. Paz en necesidad de un pacto social, en:
HOY del 8 de agosto de 1987
25 Carta oficial de la CEPB al Presidente Paz Estenssoro [del 28 de febrero
de 1986], en: CEPB, Fortalecimiento..., op. cit. (nota IV/22), p. 13
26 Rol actual y perspectivas del sector privado y la libre empresa en Bolivia,
en: ibid., pp. 89-100
181
una exposición muy razonable de las causas del fracaso del
Estado en cuanto productor y gerente (interferencias
político-partidistas, falta de aceptación de responsabilidades,
activos subutilizados, subvenciones irracionales, exceso de
personal, administración altamente burocratizada),
proponiendo:
el tratamiento de las empresas públicas como si
fuesen empresas normales que tendrían que competir en
un mercado desregulado, libre de monopolios y
subvenciones;
arrendamiento de empresas públicas a entes
privados;
privatización parcial mediante el establecimiento
de empresas mixtas; y
transfrencia total de empresas fiscales a manos
privadas27.
— Modificación de las posibilidades ya dadas de
desregulación y desburocratización, evitando en el Poder
Legislativo las leyes de índole ampulosa, superpuesta y
contradictoria, y en el Poder Ejecutivo los inútiles afanes
regulatorios de los altos dignatarios de Estado28.
Todos estos conceptos brevemente esbozados
configuraron la base de las posteriores reformas e intentos de
modernización que practicaron, con suerte cambiante, los
gobiernos bolivianos a partir de 1989. Las respuestas no se
27 Privatización de empresas del sector público [documento del 19 de
diciembre de 19881, en: ibid., pp. 129-130
28 Regulaciones estatales y la actividad empresarial privada [documento del
10 de marzo de 1988], en: ibid., p. 140: la CEPB menciona, por ejemplo, que
el Poder Ejecutivo emitía en 1988 por día hábil 1,39 decretos supremos, 5,8
resoluciones supremas (que requieren de la firma del presidente de la república)
y 10 resoluciones ministeriales.
182
hicieron esperar, pero se las puede calificar de meras
reiteraciones de posiciones anteriores ya conocidas. Con
alguna certeza se puede aseverar que los partidos políticos del
centro y de la izquierda se encontraban en una situacion de total
perplejidad: por aquellos años no abundaron ni los análisis
críticos, ni las impugnaciones del neoliberalismo bien
fundamentadas en las propias bases doctrinales, ni siquiera una
oposición concertada entre estas corrientes políticas contra la
novedosa ideología neoliberal. Los poquísimos testimonios
existentes dan cuenta, en el fondo, de que los partidos de
izquierdas no habían digerido aun el triunfo liberal y que no
disponían todavía de las consignas posteriores ("pago de la
deuda social", "libertad sin equidad", etc.) que han usado contra
las políticas gubernamentales. La mayoría de estas tendencias
progresistas se encerraron durante largo tiempo en un sabio
silencio. El Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR),
con un olfato notorio para percatarse de cómo soplan los
vientos políticos y, sobre todo, las modas ideológicas, empezó
su veloz conversión hacia la democracia liberal representativa
y pluralista y la economía de libre mercado; habló obviamente
de "relocalizar" el famoso y ominoso Decreto Supremo 21060,
pero en 1989 ya se había desprendido de todo elemento
revolucionario e izquierdista y volcado totalmente hacia la
Nueva Política Económica, transformándose desde entonces en
un serio pilar del neoliberalismo. El Movimiento Bolivia Libre,
desgajado del MIR, tardó más tiempo, pero siguió el mismo
decurso evolutivo y en 1993 conformaba ya una base confiable
del nuevo sistema capitalista.
En los primeros años que siguieron al colapso sindical
de 1985, la COB pudo hacer muy poco para contrarrestar la
NPE; se opuso, por tradición, a cualquier innovación sólo
insinuada por el gobierno, como en el caso de la
descentralizacion administrativa del país, calificada de
183
"oligárquica" 29 . Sus acciones no tuvieron ningún efecto digno
de mención.
La prensa tuvo asimismo una respuesta muy tibia. Como
era de esperar, la opinión pública en estos primeros años de la
NPE vivió en una posición de moderado escepticismo,
expresando sólo críticas a problemas muy concretos y
observando el desenlace del experimento iniciado en agosto de
1985. Interesante es únicamente la comprensible crítica de la
prensa a la ya mencionada incongruencia del sector privado: la
severa impugnación del estatismo no le impedía a éste último
acudir al Padre Estado cuando surgía el menor problema. Un
ejemplo fue el de los ganaderos benianos, enemigos tradicionales
del centralismo y el estatismo, quienes se creyeron "en el legítimo
derecho" de reclamar ayudas, subvenciones y hasta
indemnizaciones del Estado por desastres naturales como
inundaciones y sequías 30 . Este fue también el tenor de la crítica
del conocido empresario de la banca Luis Eduardo Siles, quien
afirmó que el empresario normal estaba "acostumbrado a las
fáciles condiciones del proteccionismo estatal" y que no podía
"asumir de la noche a la mañana un papel protagónico
positivo en el proceso de transformación y reactivación del
país". Para ello sería indispensbale el concurso del Estado para
una "concientización gradual" y para la dictación de "reglas de
juego claras"31.
29 La COB convocó a jornada de "movilización y lucha", en: LOS TIEMPOS
del 1 de abril de 1988
30 La empresa privada y la acción del Estado, en: PRESENCIA del 27 de
mayo de 1988; Horno oeconomicus, ¿A qué juegan los empresarios?, en: LA
OPINION (Cochabamba) del 21 de septiembre de 1988
31 Un reto directo al empresariado privado del país es la Nueva Política
Económica, en: LOS TIEMPOS del 27 de noviembre de 1988
184
c) Los designios modernizadores a partir de 1989
Como era de esperarse, no existe ningún testimonio de la
CEPB de apoyo u oposición abiertas al Acuerdo Patriótico
mediante el cual partidos aparentemente tan dispares como el
MIR y ADN (junto con pequeños grupos que luego se
diluyeron en el seno de estos dos grandes) asumieron la
responsabilidad gubernamental en el periodo 1989-1993. Es
altamente probable que la conducción de la economía, y
particularmente la formulación de políticas públicas de largo
aliento hayan sido la obra del equipo económico de ADN y del
círculo empresarial próximo a este partido, que, en grandes
líneas, no difería notoriamente de las directrices (neo)liberales
del régimen inmediatamente anterior32.
Lo que puede aseverarse con alguna exactitud es que el
ritmo de las reformase fue perceptiblemente más lento. Varios
factores coadyuvaron a ello:
— La mentalidad prevaleciente en las altas esferas del
Acuerdo Patriótico poseía un tinte más conservador, o
mejor dicho, un talante más pro-estatista que en los
cuatro años anteriores. A ello contribuyó sin duda
alguna la pesada herencia del MIR, que obviamente ya
había abjurado de su doctrina socialista y de sus
32 Cf. entre otros testimonios: Programas coinciden con libre iniciativa, en:
ULTIMA HORA (La Paz) del 23 de marzo de 1989 (sobre la coincidencia entre
los programas del MIR, MNR y ADN acerca de preservar el modelo de economía
de mercado); La empresa privada del país aguarda un gobierno sólido con apoyo
parlamentario, en: EL MUNDO del 17 de mayo de 1989; Postula la formación de
un gobierno constitucional, sólido y de consenso [declaración oficial de la CEPB],
en: ibid. del 10 de junio de 1989; Empresa privada lanzó vehemente llamado de
concertación a los partidos políticos, en: ibid. del 23 de julio de 1989; Existen
similitudes entre MIR/MN, MNR y ADN, dijo presidente de empresarios, en:
PRESENCIA del 19 de mayo de 1989; Empresarios exhortan a un acuerdo
patriótico entre líderes políticos, en: EL DIARIO del 22 de julio de 1989
185
veleidades radicales de izquierda, pero que conocía
íntimamente las ventajas de permanecer en el mero
centro de una administración pública que no sea
demasiado restringida.
El Acuerdo Patriótico retornó o, mejor dicho, prosiguió
con las conocidas prácticas de corrupción y
corruptibilidad 33 en un grado muchísimo más elevado
que los partidos tradicionales de derechas. Al mismo
tiempo se ejercitaron los antiguos vicios del
prebendalismo y clientelismo en un grado también
sorprendente. Todo ésto no ayudó a hacer más eficiente
la administración pública.
El reclutamiento de los funcionarios de Estado (altos y
medios) tuvo lugar según los cánones más
convencionales y deplorables de la cultura política
tradicional del país. La élite del poder continuó, por lo
tanto, fomentando las pautas premodernas de
comportamiento, que, como se sabe, engloban
fenómenos como el inmediatismo, el enriquecimiento
ilícito y la falta de visión en lo que respecta a una
modernización integral de la sociedad boliviana a largo
plazo.
El gobierno del Acuerdo Patriótico ahondó la habitual
brecha entre la programática oficial y la praxis efectiva,
intensificándola hasta un genuino abismo 34 . Sobre todo
33 Omar Chávez Zamorano, Sociología de la corrupción, en: PRESENCIA
del 9 de abril de 1991; cf. también la sección especial "La corrupción" en: EL
DIARIO del 5 de mayo de 1991
34 Oscar Sandóval Morón, Bolivia: país de perdedores, en: PRESENCIA
del 18 de abril de 1991 (acerca de la tristemente célebre producción de consignas
altisonantes por el MIR, que no tenían correspondencia alguna con la realidad).
186
aquel grupo que fue siempre una contra-élite ávida de
poder, honores y riqueza, la capa dirigente del MIR,
exhibió, una vez en funciones gubernamentales, una
carencia total de proyectos de reforma para el ámbito
político-institucional y de liderazgo moderno en general.
Todo ésto condujo ineludiblemente a un retraso en los
planes de la CEPB para la continuación de sus intentos
modernizadores. Como era inevitable, la opinión pública
empezó a percibir en esta mixtura de lentitud administrativa y
descomposición social un agotamiento del proyecto neoliberal:
se constató una creciente distancia entre un "discurso
modernista" 35 y la prosaica realidad de una sociedad sin
brújula. Pero después de dejar a un lado el estéril tema de la
reactivación (ADN criticó acerbamente las falta de "agresividad
y riesgo" de los empresarios, a pesar de todas las ventajas que
le brindaba el gobierno 36 ), la CEPB preparaba, en el fondo, una
reconstitución de la sociedad boliviana que profundizaba los
logros y los derroteros fijados en la Nueva Política Económica
de 1985, que abrazaba aspectos como la privatización de las
empresas públicas 37 , la ampliación de la democracia
35 Ricardo Paz Ballivián, Discurso modernista, práctica ineficiente, en:
PRESENCIA del 23 de marzo de 1991
36 Hugo Banzer, La empresa privada debe invertir $ 300 millones en la
reactivación, en: ULTIMA HORA del 27 de junio de 1990; Senador Juan Lucio,
"La empresa privada nacional no tiene capacidad empresarial", en: PRESENCIA del
27 de junio de 1990 (Según Lucio, al empresariado boliviano le faltaría "fe en
el país"; el peso de la reactivación estaría recayendo exclusivamente "sobre
las espaldas del pueblo". El sector privado gozaría de todas las ventajas del
régimen neoliberal, pero no habría brindado su cuota parte del sacrificio
social necesario.)
37 Privatización de más de 100 empresas sugiere ejecutivo de sector particular,
en: LOS TIEMPOS del 19 de febrero de 1989; Empresariado privado plantea
participar en empresas públicas, en: ibid. del 28 de julio de 1989; Privatización de
las empresas del Estado, en: EL DIA (Santa Cruz) del 23 de marzo de 1989; Empresa
privada apoya toda iniciativa de privatización, en: HOY del 17 de diciembre de
1989; 1990: año de reactivación, descentralización y privatización, en: EL MUNDO
del 28 de diciembre de 1989
187
pluralista 38 , la consolidación del sistema de libre contratación
y despido 39 , la seriedad en el manejo de fondos públicos (que
sería la contraparte del sacrificio de los asalariados) 40 y la
expansión del ámbito de la propia CEPB (el campesino
dueño de su parcela, el empresario artesanal y el pequeño
comerciante no delictivo pertenecerían por propio derecho al
"empresariado nacional")41.
En una declaración programática de julio de 1989, la CEPB
complementó los lineamientos de la NPE y de concepciones
anteriores42:
Preeminencia del diálogo político y de la concertación
de actores socio-políticos en contraposición a la tradición
de las confrontaciones "hasta las últimas consecuencias",
con el objetivo de formar ciudadanos bien informados y
conscientes de sus posibilidades y deberes.
Apoyo irrrestricto a la democracia pluralista y
representativa y a los derechos y garantías individuales.
La libertad económica es considerada como inseparable
de la libertad política.
"La libre iniciativa implica un sistema de convivencia pluralista", en:
38
ULTIMA HORA del 22 de julio de 1989 (declaraciones de Carlos Calvo, haciendo
profesión de fe en favor del sistema democrático y pluralista, consagrado a la
defensa de los derechos individuales y atacando el obscurantismo estatista).
39 CEPB solicita respeto a la libre contratación, en: LA OPINION del 26
de agosto de 1989
40
La CEPB frente a la actual crisis social, en: PRESENCIA del 12 de
noviembre de 1989
41 CEPB, Declaración del Congreso Nacional de la libre empresa [del 22-VII1989], en: ULTIMA HORA del 25 de julio de 1989
42
Ibid.; cf. también los textos oficiales de la CEPB: Foro político, y: El
sector privado ante la situación política, económica y social [ambos discursos de
Carlos Calvo], en: CEPB, Una gestión para el fortalecimiento de la CEPB
1989-1990 (sin lugar ni fecha de aparición y sin editor), pp. 7-10 y 17-23
188
Reanimación de la idea de un pacto social entre
empresarios, trabajadores y el Estado.
Achicar el Estado, pero hacerlo mucho más eficiente y
consagrado a la preservación del orden público y a la
"atención de las necesidades vitales de los sectores
desprotegidos". La administración estatal debe continuar
al frente de funciones tales como la defensa, la educación,
la construcción de la vivienda social y la infraestructura
en general. Combate a fenómenos tales como el burocratismo, "la obsesión normativa del Estado" y el centralismo
exagerado.
Mejorar cualitativamente el deplorable estado de la
administracion de justicia, reformando el aparato
judicial, sus procedimientos y hasta los códigos legales.
"La justicia está anulada por la corrupción e intimidación".
Descentralizar la administración pública del país.
Reducción inexorable del rol empresarial del Estado (es
irrisorio que el Estado siga produciendo ácido sulfúrico
y yoghurt) en favor del ensanchamiento de las actividades
económicas de la libre empresa.
Implementar una severa reforma tributaria, mantener
una rigurosa disciplina fiscal de gastos y continuar con una
estricta estabilidad monetaria.
En la posición doctrinaria de la CEPB de aquellos años y
sobre todo en los discursos de Carlos Calvo se vislumbra una
vaga tendencia socialdemocrática, dedicada a subrayar lo
positivo y hasta imprescindible del quehacer estatal en muchos
terrenos — salud, educación, vivienda, infraestructura dando
a entender que la empresa privada no reemplazará jamás al
189
Estado en estos campos. Su concepto de subdesarrollo (es atrasada
aquella nación donde un solo niño pasa hambre y no acude a
la escuela) refuerza aquella tendencia que no es precisamente
neoliberal en el sentido estricto, ya que, además, introduce una
cláusula general que permitiría y, ante todo, justificaría el
intervencionismo estatal con los argumentos de enmendar los
errores que dimanarían de un mercado abandonado a su total
arbitrio y de corregir las injusticias en la distribución de
ingresos: "El Estado juega un papel decisivo para asegurar la
asignación eficiente de recursos, corrigiendo las distorsiones del
mercado en procura de una justa distribución del ingreso"43.
Pero muy pronto las corrientes (neo)liberales retomaron
su ascendiente en el seno de la CEPB, lo que trajo consigo un
claro enfriamiento con el gobierno del Acuerdo Patriótico.
Según la CEPB, la "insaciable burocracia estatal" exhibiría una
"conducta libertina" en el tratamiento del gasto público,
creando miles de nuevos empleos y elevando el ya abultado
déficit fiscal44. El vicepresidente de la CEPB reconoció "una
crisis de confianza" entre el Estado y el empresariado, causada
por el quehacer gubernamenta1 45 . El nuevo y enérgico
presidente de la CEPB, Fernando Illanes, hizo en septiembre de
1992 un severo diagnóstico de la situación del país, señalando
que seguían parcialmente vigentes el Estado intervencionista,
"la obsesión normativa del sector público" y la corrupción
administrativa; Bolivia no se habría desarrollado plenamente a
43 El sector privado..., ibid., p. 17 (Contra Calvo se puede argumentar
que las diferencias en el nivel de ingresos son sólo los necesarios premios y
castigos por un desempeño eficiente o mediocre en el áspero terreno del
mercado libre.)
44 "El verdadero problema es el descontrolado gasto fiscal", afirman
empresarios, en: LA RAZON del 21 de febrero de 1992
45 Empresarios observan desalentador panorama político, en: EL MUNDO
del 11 de mayo de 1992
190
causa de esa prevalencia del "capitalismo de Estado" y su
inseparable "obscurantismo". Las tareas urgentes consistirían
en proseguir la obra modernizadora y democratizadora
iniciada por la CEPB en 1982 y 1985 mediante la privatización
de las empresas públicas, la reforma educativa y judicial, la
reestructuración del Estado (pequeño, pero eficiente y
respetado) y una mejor generación de riqueza y empleo. Pero
al gobierno le faltaría precisamente la voluntad política para
la consolidación del sistema de libre mercado y para llevar
adelante un plan serio de privatizaciones46.
Por un lado miembros del gabinete rechazaron la
afirmación de Illanes de que el régimen estaría inmerso en un
modelo estatista 47, y por otro, una buena parte de la opinión
pública empezó a percibir serios defectos en el modelo de libre
mercado: el rol del Estado no debería ser ni reducido ni
confundido con una mera agencia de privatizaciones; el
"capitalismo salvaje" y el "neoliberalismo a ultranza" habrían
agotado sus posibilidades. Lo imprescindible sería "un giro
social", sin abandonar el modelo básicamente liberal, el
percatarse de que las políticas de ajuste arrastrarían una "carga
de inequidad" insoportable que podría desestabilizar
46 CEPB, Mensaje del Ing. Fernando Illanes con motivo del XXX aniversario
de la fundadción de la CEPB [del 4-IX-1992], en: LA RAZON del 8 de septiembre
de 1992; cf. también las próximas declaraciones de Illanes: "El descontento social
no se satisface con leer los indicadores económicos, mientras el estómago de muchos
adolece de una centenaria hambruna", en: ibid. del 7 de noviembre de 1992;
Contradicciones evitaron éxitos en la privatización, en: LOS TIEMPOS del 27 de
diciembre de 1992; Pobreza y falta de inversiones amenazan destruir el modelo,
en: PRESENCIA del 10 de enero de 1993; Empresarios ponen en duda vigencia de
modelo económico, en: ibid. del 16 de marzo de 1993; Fernando Manes critica las
vacilaciones gubernamentales, en: EL MUNDO del 14 de abrilde 1993; Presidente
de la CEPB califica de "barbaridad" paralizar el proceso de privatización, en: ULTIMA
HORA del 21 de mayo de 1993
47 Doria Medina y Landívar rechazan las críticas de empresario Fernando
Illanes, en: LA RAZON del 7 de octubre de 1992
191
fácilmente la precaria paz socia1 48 . En esta constelación Fernando
Illanes 49 reconoció la necesidad de incorporar a la mayoría de
la población" a "los beneficios de la estabilidad y el crecimiento".
De acuerdo a esta concepción, y a la vista de las
elecciones presidenciales y parlamentarias, la CEPB se esforzó
por popularizar una defensa del modelo liberal vinculada a un
cierto amortiguamiento social. El modelo habría creado un
marco previsible y razonable para el desenvolvimiento de los
agentes económicos, que al final redundaría en beneficio de
todos; ahora habría que dar más énfasis al crecimiento, erradicar
la corrupción, racionalizar la administración pública,
modernizar y limpiar el Poder Judicial, invertir más en
48 El modelo económico contra la pared: el giro social sí o sí [entrevista con
Carlos F. Toranzo Roca y Henry Oporto], en: LA OPINION del 16 de enero de
1993; Un nuevo rol para el Estado [= editorial], en: PRESENCIA del 13 de febrero
de 1993; Gabriel Tabera Solís, Política neoliberal deteriora calidad de vida de bolivianos, en: ibid. del 28 de febrero de 1993; Economía boliviana precisa emprender
nuevas reformas, en: ibid. del 9 de marzo de 1993; El crecimiento privado no
es desarrollo [= editorial], en: HOY del 30 de abril de 1993; Guillermo Bedregal
Gutiérrez, Ni estatismo ni neoliberalismo, "neo-intervencionismo", en: LA RAZON
del 14 de marzo de 1993; Silvia Rivera Cusicanqui, Los Qamiris y los ricos,
en: PRESENCIA del 3 de julio de 1993.- Cf. el artículo extraordinariamente
interesante de Rafael Archondo, Los "antineoliberales": de las estatizaciones a la
búsqueda del poder viable, en: LA RAZON del 16 de mayo de 1993, sobre los
motivos porqué el Partido Comunista de Bolivia (PCB), el Movimiento Bolivia
Libre (MBL) y la agrupación populista Conciencia de Patria (CONDEPA)
adoptaron para las elecciones de 1993 una posición meramente defensiva y
ambigua, sin ninguna originalidad programática, abandonando el estatismo y
el postulado de la nacionalización de los medios de producción, y aceptando
al mismo tiempo un programa de libre mercado y propiedad privada, pero
sin sus "excesos".
49 Pobreza es una bomba de tiempo que podría hacer fracasar el modelo, en:
PRESENCIA del 10 de enero de 1993; en la misma línea las declaraciones del
secretario ejecutivo de la CEPB, Johnny Nogales: Convulsiones sociales persistirán
si no se logra crecimiento acelerado, en: ibid. del 24 de marzo de 1993; Fernando
Illanes critica las vacilaciones gubernamentales, en: EL MUNDO del 14 de abril de
1993
192
educación ("el capital humano"), salud y vivienda y reestructurar la Constitución Política del Estado, modificando sobre
todo los llamados regímenes económicos especiales, ya que la
constitución de 1967 poseería un sesgo pro-estatista,
inadmisible en las actuales circunstancias50.
Como se sabe, en las elecciones generales de 1993 triunfaron
partidos que propugnaban la continuación y profundización
del modelo liberal, alcanzando la candidatura del MNR con el
empresario Gonzalo Sánchez de Lozada la primera mayoría
relativa. Fernando Illanes declaró que el "ganador absoluto" sería
el régimen de la libre empresa: "La ciudadanía ha votado por
un sistema de libertad política y libertad económica"51.
Aunque ninguna candidatura satisfizo plenamente las
expectativas de los empresarios (debido, entre otros motivos, a
que ningún candidato presidencial planteó claramente la
privatización completa de las empresas públicas) 52, la CEPB se
50 El pensamiento de la empresa privada respecto a la actual situación económica
del país, en: EL DIARIO del 4 de abril de 1993; El libre mercado es el instrumento
idóneo para que el Estado reoriente su rol económico y social, en: EL MUNDO del
11 de abril de 1993; CEPB, Palabras del Ing. Fernando Illanes en la inauguración
del Foro Político Elecciones 1993, en: LA RAZON del 16 de abril de 1993: Para
acelerar privatizaciones urgen reformas a CPE, en: ULTIMA HORA del 5 de abril
de 1993; cf. las opiniones muy matizadas del ex-ministro Juan Cariaga: Este
gobierno manejó bien el 21060, en: PRESENCIA del 11 de marzo de 1993
51 "El gran triunfador de elecciones es el modelo de libre mercado", en:
PRESENCIA del 8 de junio de 1993; El vencedor es el modelo de libre comercio,
en: EL MUNDO de la misma fecha; cf. también los editoriales: La estabilidad
monetaria y los planes del futuro gobierno, en: ibid. del 12 de junio de 1993; Vigencia
del neoliberalismo, en: HOY del 10 de junio de 1993 (Este último editorial
expresa el asombro ante el hecho de que los "desposeídos" hubiesen votado
por la economía de libre mercado.)
52 CEPB aplazó a las candidaturas, en: PRESENCIA del 31 de mayo de
1993; Ninguna candidatura colmó las expectativas del empresariado, en: LA
RAZON de la misma fecha; Ninguna propuesta electoral refleja el pensamiento
de la CEPB, en: ibid. del 6 de junio de 1993
193
pronunció porque el Congreso Nacional ratificase al binomio
ganador de la primera mayoría relativa; alabó la decisión del
General Hugo Banzer de resignarse patrióticamente; pidió el
"destierro" definitivo del prebendalismo y las "componendas";
exhortó al nuevo gobierno a la "inexcusable tarea" de "otorgar
eficacia y transparencia" al aparato estatal; y obviamente
demandó la preservación del modelo neolibera153.
El gobierno que se instaló en agosto de 1993 — que no será
analizado en el marco de este estudio — ha sido asociado con
un régimen en el cual el peso y la influencia de los empresarios
privados configuraría su aspecto determinante 54 . Aunque la
CEPB aseguró que era apolítica y que los empresarios en
funciones gubernamentales lo eran a título estrictamente
personal (a causa de sus eminentes cualidades individuales)55,
no hay duda de que con la presidencia de Gonzalo Sánchez de
Lozada el empresariado privado alcanzó la porción más
suculenta de poder político desde la creación de la CEPB, y, por
lo tanto, una excelente oportunidad para poner en práctica
53 CEPB, Declaración de la reunión de presidentes de organizaciones afiliadas
a la CEPB, en: PRESENCIA del 10 de junio de 1993; Empresarios cruceiros exhortan
a mantener modelo económico, en: EL DIARIO del 23 de junio de 1993; Empresarios
ponderan decisión de formar gobierno de consenso, en: LA OPINION de la misma
fecha; Planteamientos para la continuidad del proceso de reformas estructurales del
Estado boliviano, en: LA RAZON del 1 de agosto de 1993
54 Romero e Illanes serán "superministros" de Goni, en: LA RAZON del
25 de julio de 1993; Ruth Eliana Chuquimia, Entre ser y no ser el próximo
"superman" del gabinete, en: PRESENCIA del 3 de agosto de 1993; Gabinete
está compuesto por gente vinculada a la empresa privada, en: ibid. del 10 de agosto
de 1993; Henry Oporto Castro, Empresarios: ¿quinto partido de la coalición
gobernante?, en: MOMENTO POLITICO (suplemento de PRESENCIA), año II,
N° 25 del 27 de agosto de 1993
55 La CEPB es "apolítica" y no plataforma para saltar al gobierno [declaraciones
del nuevo presidente de la CEPB, Carlos de Chazal], en: PRESENCIA del 5 de
agosto de 1993; Empresa privada criticará al gobierno si éste actúa mal, en: ibid. del
11 de agosto de 1993; CEPB hace conejitos para que más empresarios sean autoridades,
en: ibid. del 17 de agosto de 1993
194
muchas de sus concepciones centrales 56 . Hay que reconocer que
la fracción "esclarecida" del empresariado en funciones
gubernamentales era proclive a un liberalismo social (la
expresión fue creada por el presidente mexicano Carlos Salinas
de Gortari), pese a que no pudo explicitar una estrategia
exitosa para vincular metas tan diversas como la total
liberalización de las actividades económicas, la reducción del
rol empresarial del Estado, el pago de la llamada deuda social,
la consecución de una equidad social liminar, la implementación de un desarrollo sostenible (en sentido ecológico) y
la continuada actividad primordial del Estado en las esferas de
la educación, la salud, la vivienda y la infraestructura57.
Una parte considerable de la opinión pública expresó sus
preocupaciones por la presencia preponderante de
empresarios en el gabinete ministerial (es decir: también por el
carácter genuinamente elitario del nuevo gobierno). ADN,
ahora en la oposición, criticó la composición del gabinete
afirmando que así se abriría una tremenda brecha entre los
empresarios y todo el resto del pueblo, lo que sería perjudicial
para el propio sector empresarial por su aislamiento del resto
de la sociedad 58 . El ex-presidente Banzer manifestó que Bolivia
56 La auto-imagen y la autopresentación de la CEPB pueden ser
estudiadas en el folleto de autor anónimo: El desafío social del empresariado en
el umbral del nuevo milenio, aparecido como separata de LA RAZON del 4 de
septiembre de 1993, folleto encargado expresamente por la CEPB para festejar
su trigésimo primer aniversario. Cf. sobre todo el editorial: El empresariado
privado ante el desafío de los cambios económico-sociales al año 2000, en: ibid., pp.
2 -5; La máxima institución representativa de los empresarios privados cumple 31
años, en: ibid [sin paginación]; La política de libre mercado constituye un todo
integral, en: ibid [sin paginación]
57 Muchos de estos conceptos están resumidos en: Banco Interamericano
de Desarrollo / Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Reforma
social y pobreza. Hacia una agenda integrada de desarrollo, Washington: BID /PNUD
1993
58 Composición ministerial abre brecha entre empresarios y no empresarios,
en: PRESENCIA del 15 de agosto de 1993
195
"camina rumbo a una dictadura empresarial", quebrando así el
necesario equilibrio entre todos los otros actores sociopolíticos, ahora postergados por la pre-eminencia de la
"cúpula empresarial" 59 . La prensa asociada a la Iglesia
Católica vislumbró el peligro de una "plutocracia", aunque
suavizó este juicio aseverando que no es lícito descalificar a
ministros-empresarios por su origen y fortuna, sino que hay de
brindarles la "oportunidad de un servicio a la nación". Ahora
la iniciativa privada podría demostrar que "ha madurado junto
con la democracia para construir una sociedad más justa y
solidaria"60.
La prensa de izquierda impugnó la idea de la apoliticidad
e independencia de la CEPB, sosteniendo que las futuras
políticas públicas fueron ya elaboradas en el seno de la
representación de los intereses elitarios: "Al pueblo le llegarán
migajas del festín neoliberal. Nada más" 61 . El movimiento
sindical ha compartido desde entonces esta percepción del
nuevo régimen del MNR, calificándolo de apéndice de los
empresarios, que en cuanto tal sólo generaría más pobreza para
las clases trabajadoras, facilitaría la penetración del capital
extranjero y debilitaría "inmerecidamente" al Estado62.
59 Hugo Banzer, Bolivia camina rumbo a una "dictadura empresarial"
[entrevista con Edwin Herrera], en: LA RAZON (suplemento VENTANA) del
17 de octubre de 1993, p. 11
60 Empresarios en función pública [= editorial], en: PRESENCIA del 17 de
agosto de 1993
61 "Goni no miente, nos mama de frente": empresarios en el poder
[= editorial], en: AQUI (La Paz) del 13 de agosto de 1993; cf. también:
Gregorio Lanza, ¿Podrán los empresarios solos?, en: LA RAZON (suplemento
VENTANA) del 29 de agosto de 1993, p. 22
62 "Capitalización" es igual y peor que la privatización, dice la COB, en:
LA RAZON del 1 de agosto de 1993; La COB en la terca resistencia... [entrevista
con el secretario ejecutivo de la COB, Oscar Salas], en: PRESENCIA del 29
de octubre de 1993
196
Intelectuales de izquierda lo han analizado como "una
recomposición de la casta señorial en el poder" y "una reedición
abierta del dominio oligárquico en el país"63.
Los empresarios en cuanto institución representativa de
intereses sectoriales trató de exhibir públicamente una cierta
independencia con respecto al gobierno de Sánchez de
Lozada, independencia que no debía excluir un marco general
de concertación entre el Estado, la iniciativa privada y los
trabajadores; la CEPB solicitó — como lo había hecho con los
gobiernos anteriores — la transferencia efectiva de las
empresas fiscales al sector privado, la modificación del régimen
tributario, la transformación del sistema de seguridad social,
la reforma de la Constitución Política del Estado según sus
propias reglas, la descentralización del país (sólo administrativa,
no políticamente), la reestructuración del Poder Judicial, leyes
de defensa del consumidor y la reorientación del gasto
público prioritariamente hacia grupos en situación de pobreza
crítica, mediante asignaciones directas y focalizadas 64 . Lo
relevante de todo ésto reside en que la substancia de las ambiciosas reformas emprendidas por el Presidente Sánchez de
Lozada a partir de 1993 — que, como ya se mencionó, no
constituyen el tema del presente texto — esté ya contenida en
las concepciones modernizadoras y democratizadoras de la
CEPB.
63 Entrevista a Silvia Rivera Cusicanqui, en: Franco Gamboa Rocabado,
Nada nuevo bajo el sol, en: LA RAZON (suplemento VENTANA) del 5 de
septiembre de 1993, p. 4 sq.
64 Empresarios solicitarán a Goni una decidida reforma del Estado, en:
LA RAZON del 3 de septiembre de 1993; Empresarios demandan "coraje,
voluntad para desarrollo del país", en: PRESENCIA del 17 de septiembre de
1993
197
V Las transformaciones internas, la labor
modernizadora y las perspectivas de la CEPB
a) Composición y diferenciación internas de la CEPB
y sus peculiaridades regionales
La Asamblea General es el órgano superior decisorio de la
CEPB. Su Consejo Directivo es el órgano colegiado de gobierno,
gestión, administración y dirección de la Confederación. Está
constituido por el Comité Ejecutivo, los antiguos presidentes
titulares de la CEPB y los directores acreditados por las
entidades afiliadas. Este Comité Ejecutivo es el organismo
colegiado permanente de dirección y gestión de la Confederación;
está constituido por un presidente, dos vicepresidentes (uno de
"Federaciones" y otro de "Sectores"), un tesorero y un secretario
general. Pertenece de jure a este gremio el último presidente
titular de la CEPB. Las entidades afiliadas a la CEPB sonl:
Federación de Empresarios Privados del Beni,
Federación de Empresarios Privados de Chuquisaca,
Federación de Empresarios Privados de Cochabamba,
Federación de Empresarios Privados de La Paz2,
1 CEPB, Organización y objetivos, en: CEPB 32 años: empresa privada para
un nuevo país, suplemento F de LA RAZON del 4 de septiembre de 1994, p. 5.
- Este artículo contiene también los objetivos, las funciones y las limitaciones de
la CEPB en su versión oficial. Aunque un análisis crítico del discurso aquí
empleado sería ciertamente interesante y fructífero, tal intento rebasa el marco
de este estudio.
2 En el mismo documento y lugar (nota V/1) se afirma que la "CEPB actúa
también como Federación de Empresarios Privados de La Paz, por mandato de
sus estatutos". En dos listas publicadas simultáneamente se puede constatar
una pequeña discrepancia: en una aparece La Federación de La Paz, en la otra
falta. No es superfluo señalar que aparte de esta incongruencia, la mala
199
Federación de Empresarios Privados de Oruro,
Federación de Empresarios Privados de Pando,
Federación de Empresarios Privados de Potosí,
Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz,
Federación de Empresarios Privados de Tarija,
Asociación Automotriz Boliviana3,
Asociación Boliviana de Agencias de Publicidad,
Asociación Boliviana de Agencias de Viaje y Turismo,
Asociación Boliviana de Aseguradores,
Asociación de Bancos e Instituciones Financieras,
Asociación Nacional de Empresas Consultoras,
Asociación Nacional de Mineros Medianos,
Federación de Ganaderos de Beni y Pando,
Federación Boliviana de la Pequeña Industria,
Federación Nacional de Servicios Privados de Salud,
Federación Boliviana de Mujeres Empresarias,
Cámara Agropecuaria del Oriente,
Cámara Boliviana de Hotelería,
Cámara Boliviana de la Construcción,
Cámara Boliviana del Transporte,
Cámara Nacional de Comercio,
Cámara Nacional de Industrias,
Cámara Nacional de Despachantes de Aduana,
Cámara Nacional de Exportadores,
Cámara Nacional de Hidrocarburos,
Cámara Nacional de Comercializadores de Minerales,
Cámara Nacional Forestal,
Cámara Nacional de Minería y
Cámara Nacional de Medios de Comunicación.
ortografía, la pésima estética tipográfica, la mediocre estructuración interna y
la carencia de un espíritu analítico caracterizan todas las publicaciones de la
CEPB, que adquieren así un marcado carácter provinciano.
3 Aparece en otras listas bajo otro nombre (o no aparece).
200
Las clásicas divergencias internas dentro de la elite
empresarial (por ejemplo: capital financiero versus capital
industrial, consorcios poderosos4 contra empresas medianas y
pequeñas, compañías nuevas e innovadoras contra el capital ya
establecido, grupos regionales versus consorcios capitalinos,
gerentes poderosos contra el capital accionario disperso) han
tenido en Bolivia una relevancia muy secundaria. Los conflictos
en el seno de la CEPB, que son relativamente escasos, tienen una
índole más personal, aleatoria, cambiante y, en todo caso, de
proveniencia regional. Es indudable que existe un abismo entre
las federaciones de La Paz y Santa Cruz, por un lado, y todas
las otras del país, por otro: las primeras encarnan poder
económico, influencia política y talante modernizador, mientras
que las últimas representan a compañías más tradicionales y
económicamente más débiles. Es muy posible que se
desenvuelva una cierta rivalidad entre el empresariado del
Oriente (especialmente Santa Cruz) y el de la región andina,
rivalidad basada en mentalidades diferentes, pero no
necesariamente en objetivos, intereses y políticas seriamente
dispares.
En un estudio fundamentado en datos empíricos y
restringido a Cochabamba, Alejandra Ramírez Soruco llega a la
conclusión de que la CEPB y sus afiliadas promueven sobre
todo los intereses de los consorcios grandes en detrimento de
los medianos y pequeños: el "manejo" de la representación del
sector habría favorecido a las empresas grandes, las que
determinarían el proceso de agregación y articulación de
intereses y el decisorio en materia estrictamente política. La
4 Aunque no pertenece al tema de este estudio, es interesante señalar un
esquema ilustrativo que contiene las 200 empresas privadas más grandes de
Bolivia, jerarquía establecida por el valor del patrimonio declarado de las
mismas. Cf. INVERSIONES & DESARROLLO (La Paz), N° 1, marzo de 1991,
anexos
201
minoría de los pocos consorcios grandes implementó "su
proyecto protagónico" y la federación se habría arrogado una
mayor representación de la que realmente le corresponde s . Oscar
Zegada asevera que la Nueva Política Económica fomentó los
intereses del sector bancario y comercial en desmedro de los
mineros e industriales 6 ; seguidamente afirma que los sectores
contendientes en el seno de la CEPB conocen "sus limitaciones"
y el "carácter secundario" de sus disputas, lo que hace que el
empresariado ofrezca hacia afuera una imagen de unidad. Este
último sería consciente de los peligros que se ciernen sobre la
propiedad privada y la NPE y, por consiguiente, trataría de
evitar los riesgos "de una ruptura en la continuidad" de la CEPB7.
Históricamente han habido controversias entre los sectores
manufactureros y los de servicios, entre la industria y el comercio
(por ejemplo en torno a la fijación de los aranceles aduaneros),
pero en Bolivia parece que tales confrontaciones no han tenido
ni continuidad ni tampoco intensidad. Hay aparentemente
cierto malestar generalizado contra el sector bancario: hasta el
Presidente Sánchez de Lozada se quejó en julio de 1994 de un
comportamiento ético reprobable en la banca privada y de
actitudes paternalistas y estatistas de ésta; los bancos arriesgarían
poco, se apoyarían demasiado en garantías y ayudas estatales
y no fomentarían crediticiamente las empresas medianas y
pequeriass.
Lo que se puede afirmar con alguna seguridad es que no
todas las federaciones asociadas a la CEPB tienen el mismo peso
a la hora de formular políticas públicas de largo alcance y
5 Alejandra Ramírez Soruco, Empresarialismo regional 1985-1989,
Cochabamba: Universidad Mayor de San Simón 1992, p. 85, 126 sq.
6 Oscar Zegada, op. cit. (nota 11/9), p. 32
7 Ibid., p. 129
8 Goni pide "revolución del comportamiento" al sector bancario, en: LA
RAZON del 31 de julio de 1994
202
proyectos societales que transciendan el marco de los intereses
gremiales de los empresarios (lo que conforma el tema de este
estudio). A las federaciones de La Paz y Santa Cruz (en ese orden)
se les puede atribuir una influencia muchísimo mayor que a
todas las otras filiales regionales; la relevancia de la de
Cochabamba es de carácter intermedio. Por rubro de
actividades se destacan la Asociación Nacional de Mineros
Medianos (que tuvo en los primeros tiempos de la CEPB una
importancia decisiva), la Asociación de Bancos e Instituciones
Financieras, la Cámara Agropecuaria del Oriente y las Cámaras
de Industria y Comercio. Además de la banca, la mayor
significación actual les corresponde a las Cámaras Nacionales
de Comercio y a las de Industria, especialmente a fuertes
individualidades que han construido importantes consorcios de
manufacturas o de distribución en las últimas décadas. De
acuerdo a lo usual en un medio todavía premoderno en muchos
aspectos, como es aun la Bolivia contemporánea, el factor
personal y las facultades carismáticas juegan un rol nada
despreciable dentro de la CEPB.
Finalmente hay que mencionar otro posible tipo de división
en el seno del empresariado, que tiene que ver con factores
étnico-culturales. En enero de 1992, por ejemplo, destacados
dirigentes de los más variados partidos (MNR, MBL, CONDEPA
y Acuerdo Patriótico) acusaron a la CEPB de ser una "casta
aristocrática" que "vive a expensas del Estado", preservando la
antigua tradición oligárquica. Un diputado del MBL (Miguel
Urioste) declaró que los miembros de la CEPB eran "poco
democráticos, nada emprendedores y permanentes
usufructuadores [sic] del favor estatal" 9. Un diputado del MIR
(Hugo Carvajal) aseguró que los afiliados a la CEPB
9 Confederación de Empresarios no representa al empresariado nacional, en:
PRESENCIA del 31 de enero de 1992
203
constituirían un conjunto de corruptos por haberse
beneficiado ilícitamente de la deuda externa, de las divisas
preferenciales en la época de la incriminada UDP (1982-1985) y
de los continuados favores estatales; Ernesto Machicao (del
MNR) sostuvo que la "verdadera revolución empresarial" no
fue la efectuada por la CEPB, sino la llevada a cabo por el sector
informal, por los mestizos genuinamente progresistas de la
"burguesía chola" (cuyo prototipo sería Max Fernández).
Machicao llegó a proponer la substitución de la CEPB por una
"institución más democrática y participativa" 10 . Aunque estos
enunciados poseen una índole más bien retórica, no hay duda
de que ciertos grupos étnico-culturales, como los mestizos y los
indígenas, se hallan totalmente subrepresentados en el interior
de la CEPB. (El trasfondo de esta problemática tiene que ver
con los rasgos presuntamente elitarios de la CEPB, que serán
tratados en el próximo acápite.)
b) Aspectos elitarios de la CEPB y su ideología
Una de las críticas más frecuentes a la CEPB consiste en
reprocharle su carácter elitario. Este enfoque es, en el fondo,
superfluo, pues la cúpula de la representación y articulación de
intereses de cualquier sector social es, per definitionem, una
élite. De manera implícita esta recriminación posee en realidad
otra finalidad, que es la de poner en cuestión la existencia de
estratos altos o privilegiados dentro del conjunto de la
sociedad boliviana — y, de paso, negarles el derecho de un
organismo que se encargue de velar por sus intereses. Este
tipo de análisis pasa por alto el hecho de que prácticamente no
ha existido ninguna cultura sin algún sistema de jerarquías
sociales; los experimentos socialistas más radicales, que
10 Ibid.
204
propugnaban explícitamente la abolición de las clases sociales
y del Estado, han demostrado ser los ordenamientos políticos
con las jerarquías más rígidas, las élites más privilegiadas y el
aparato estatal más frondoso en la ya larga historia universal.
Los propietarios privados de los medios de producción tienen
obviamente en Bolivia y en cualquier lugar del mundo el derecho
de organizarse corporativamente, de expresar sus opiniones y
de tratar de influir sobre las políticas públicas del gobierno
respectivo. La legitimidad de estos procedimientos y
organismos sólo puede ser puesta en duda desde una
perspectiva teórica revolucionaria, que al mismo tiempo
suponga ingenuamente (1) que es posible y probable la
construcción de una sociedad perfecta sin estratificación social
y (2) que, mientras tanto, las clases altas encarnan todo aquéllo
que es negativo política y moralmente.
En este sentido una de las críticas más extensas a la CEPB
es la realizada por Alejandra Ramírez Soruco, quien acuñó el
término de empresarialismo para denotar los rasgos más
importantes del fenómeno boliviano. Contrapuesto
expresamente al concepto de empresario innovativo y agresivo,
propuesto por Joseph Schumpeter, el "empresarialismo" sería
aquel conjunto de empresarios "vinculados al poder político, a
la necesidad de dominar, a partir de la acumulación del capital,
al resto de la sociedad" 11 . Según la autora, "el empresarialismo
es el que aprovecha esos vínculos o esa identificación con el
poder tanto para forjarse y fortalecerse como institución como
para proteger sus capitales en vez de arriesgarlos: en todos los
casos el empresarialismo es aquel tendiente hacia la
conservación de su dominación de la sociedad civil, es decir, hacia
su constitución como sujeto protagónico en la sociedad, sin
participar efectivamente, no obstante, en el desarrollo
11 Alejandra Ramírez Soruco, op. cit. (nota V/5), p. 2
205
económico del país" 12 . Esta concepción reproduce un lugar
común de la Teoría de la Dependencia en su versión marxista: el
empresario boliviano, y precisamente aquél que es "protagónico"
desde 1985, configuraría un actor social parasitario que se
aprovecha de una relación privilegiada con el poder político
para crear o consolidar su preeminencia social y económica:
"El empresarialismo es aquél que surge del poder y no el
empresario que — gracias a su empresa o al capital que ésta le
permite acumular y utilizar — llega al poder"13.
Esta doctrina, muy popular en diversos segmentos de la
opinión pública, se basa en dos ideas claves: (a) Desde la
época colonial ha existido una íntima conexión entre el
aparato estatal-burocrático y los estratos privilegiados,
borrándose premeditadamente la diferencia entre lo público y
lo privado en favor de este último mediante diversos modos de
"acceder" a los fondos fiscales; (b) la Revolución Nacional de
1952 no constituyó un peligro para los propietarios de
medios de producción y más bien dio nacimiento al actual
empresariado boliviano. "El empresarialismo nacional es el
resultado de ese mismo Estado al que tanto critica" 14 . Como
corolario, Ramírez sostiene que la CEPB sería la heredera
directa de la antigua oligarquía, de "su mentalidad señorial y
especulativa", de su carácter prebendalista y clientelista, y no
conformaría un estrato nuevo con espíritu genuinamente
"gerencial, inversor, innovador". Continuaría el tipo de
empresa "de beneficio a corto plazo", que nada sabe de riesgos,
de crear nuevos procedimientos productivos y organizativos y
12 Ibid. (formulación original de la autora).- Este enfoque está basado en
la obra de Roberto Laserna, Productores de democracia. Actores sociales y procesos
políticos 1971-1992, Cochabamba: CERES/FACES 1992.
13 Ramírez, ibid., p. 2
14 Ibid., p. 5; cf. p. 7: "[1952] no hizo otra cosa que tender hacia la
acumulación de capital en manos de una nueva élite burocrático-empresarial".
206
de elevar constantemente la productividad 15 . Una parte de la
opinión pública comparte esta visión de un empresariado
parasitario, incapaz de utilizar debidamente los inmensos
depósitos de ahorro en los bancos y, por lo tanto, de propagar
verdaderos impulsos de larga duración para el desarrollo del
país; los dirigentes de la CEPB serían, además "genuflexos
sirvientes de las transnacionales"16.
Esta corriente de pensamiento percibe en el terreno sociocultural las consecuencias más deplorables del "empresarialismo": la preservación de una mentalidad elitista-señorial en
las capas altas, la expansión de un individualismo inescrupuloso, el avance de un espírito especulativo en detrimento
de uno laboral-innovativo, un marcado "proceso de
desproletarización" en desmedro de la solidaridad que irradiaba
el movimiento sindical y "la ruptura abierta del pacto de
reciprocidad Estado / sociedad civil" 17 . A pesar de su ropaje
marxista, esta posición es eminentemente conservadora.
Lamenta la dilución de virtudes y fenómenos (como la
solidaridad, el talante colectivista, el Estado paternalista y
protector) que son inherentes a toda sociedad tradicional,
provinciana y premoderna, fenómenos que — como lo vieron
Karl Marx y Max Weber — de todas maneras desaparecerían
inexorablemente con el advenimiento de los procesos
combinados de urbanización, industrialización y racionalización
de la vida cotidiana, que conforman también las precondiciones
de todo socialismo serio. Aparte de esto, es altamente incierto
que alguna vez hubiera existido un "pacto de reciprocidad entre
el Estado y la sociedad civil"; el nexo más importante entre
15 Ibid., p. 3, 53
16 Juan Pereira Fiorilo, Incapacidad del sector privado, en: HOY del 7 de
octubre de 1992
17 Ramírez, ibid., pp. 34-36
207
ambos es la Constitución Política del Estado y sus estatutos y
códigos legales, y la CEPB, al propugnar una razonable
modernización de todos ellos, contribuye más bien a que los
vínculos entre el Estado y la sociedad civil se transformen en
más previsibles, transparentes y adecuados a la realidad de
hoy. Finalmente hay que señalar un argumento de sentido común
para rebatir la tesis de una continuidad y identidad totales de
los estratos altos desde la época colonial hasta el presente: si les
iba tan bien a los empresarios, todos ellos parásitos del aparato
estatal, con la situación imperante hasta 1985 y particularmente
con el dilatado rol empresarial del Estado, ¿qué necesidad
tenían de embarcarse en el incierto experimento de la
revolución liberal, de reducir las funciones económicas del
Estado, de racionalizar la administración pública y el Poder
Judicial, y porqué no trataron más bien de preservar y consolidar
el estatismo imperante, si éste último parecía tan favorable a los
intereses empresariales privados?
Es evidente que la representación de intereses empresariales va a exhibir siempre fragmentos de una mentalidad o,
por lo menos, de posturas elitistas. Y si esta agrupación está
decidida a promover una revolución liberal y una
modernización seria del país, es ineludible y saludable que se
extirpen las pautas de orientación colectivistas (tan caras al
espíritu autoritario de izquierdas y derechas) y se fomenten
valores y actitudes individualistas, antigregarias, escépticas,
racionales, proclives al esfuerzo personal y a labrarse un camino
propio, y a no esperar de arriba (del Padre Estado, de la
administración pública, del partido omnisciente) la solución de
todos los problemas. Lo negativo reside, en realidad, en otro
plano, que no examinan los críticos de la CEPB: el peligro de
un consumismo desenfrenado, la propagación de los
fenómenos de alienación en un grado muy elevado, la
destrucción del medio ambiente a causa de un crecimiento
económico y demográfico demasiado acelerado y la decadencia
208
de la estética pública. Pero mientras la persecución de los
intereses particulares (y en cuanto tal legítimos) de los
empresarios coincida parcialmente con intereses generales de
la nación — si es que hay algo así — o, dicho de modo más
realista, si esos intereses sectoriales sirven para llevar adelante
de forma más efectiva que otros modelos de ordenamiento
social los procesos de modernizaciuón y democratización,
entonces no se puede denegar al empresariado el mérito de
haber contribuido (así sea temporalmente) al progreso histórico
de la nación.
Es sintomático que algunos intelectuales progresistas
tienen ahora una opinión diferente y matizada sobre el rol de
los empresarios. Omar Chávez Zamorano los percibe como los
"agentes centrales de desarrollo", es decir como los actores
sociales principales abocados a la modernización del Estado y
la sociedad y a la racionalización de la vida institucional. Esto
se debe a que los empresarios han tomado la iniciativa que
antes siempre permanecía en manos de instancias estatales.
Según Chávez Zamorano, los empresarios contemporáneos
habrían superado la "ética señorial" — propia de los antiguos
terratenientes y mineros — y habrían asimilado los patrones de
comportamiento, las motivaciones socio-políticas y los valores
culturales que están dirigidos hacia "una preocupación racional
y sistemática por el desarrollo corporativo y nacional" 18. De
acuerdo a este autor, la lógica del libre mercado, la inclinación
a pensar a largo plazo, el necesario espíritu de cooperación y
el hábito de correr el riesgo inherente a toda inversión
conducen a desplegar una mentalidad moderna y democrática
18 Omar Chávez Zamorano, Elites en el gabinete. Los empresarios: ¿dirigentes
de la modernización del país?, en: LA RAZON (suplemento VENTANA) del 15 de
agosto de 1993, p. 16 sq.- Cf. también: Ruth Eliana Chuquimia, Entre ser y no
ser el próximo "superman" del gabinete [entrevista con Fernando Manes], en:
PRESENCIA del 3 de agosto de 1993
209
y a conformar una nueva clase empresarial dinámica, que en
cuanto tal está decidida a colaborar con los demás sectores
sociales por un "desarrollo con equidad social" y en pro del
bien común19 . Los empresarios de hoy ya no serían los ogros
precapitalistas descritos por las doctrinas revolucionarias,
sino un grupo imbuido de un espíritu participativo y hasta
democrático, que trata de hacer concordar sus intereses
gremiales con los intereses generales de la sociedad.
Estos pensamientos no estan exentos de una buena dosis
de optimismo e ingenuidad, si observamos, por ejemplo, la
desilusión que ha sido la participación directa de los grandes
empresarios en las más altas funciones gubernamentales
(1993/1994). Chávez Zamorano ve en los actuales empresarios
bolivianos la clase capitalista dinámica e industrializadora
— al estilo de los exitosos casos del Asia Oriental — con que
siempre soñó la rama no marxista de la Teoría de la
Dependencia. Pero aun así no hay duda de que el estrato
empresarial se ha transformado notablemente en el curso de
las últimas décadas y que ha adoptado algunos de los mejores
elementos de las grandes concepciones del racionalismo
occidental y de la democracia liberal. Y ésto es en Bolivia un
progreso digno de mención.
c) La lucha contra la corrupción, en favor de las
privatizaciones y por el cambio de las instituciones
estatales
Una de las motivaciones primordiales de la CEPB para
emprender la formulación de grandes reformas fue la
preocupación de los empresarios por la falta de crecimiento e
19 Chávez Zamorano, loc. cit.
210
inversiones, a pesar de los logros de la estabilización
monetaria desde 1985. En un estudio interno de la
Confederación se llegó a la conclusión de que las siguientes
causas impedirían inversiones significativas:
La incertidumbre institucional, la imprevisibilidad e
inconfiabilidad generales, reflejadas en la inestabilidad de
las reglas de juego, la excesiva burocracia y la dilatada
corrupción en la esfera pública;
la continuación de prácticas e instituciones monopólicas,
empezando por los servicios públicos;
la existencia de regulaciones de facto, no amparadas por la
ley, para la fijación de sueldos y salarios, todo ello bajo la
mirada normativa o, corrientemente, la intervención
de instancias estatales sin una ley que lo autorice
expresamente;
la incertidumbre en el régimen de la propiedad
privada, como es el caso de la tierra y el inquilinato
prolongado;
.la absoluta inconfiabilidad del Poder Judicial (corrupción,
lentitud, ineficiencia, altos costes para la ejecución de
contratos); y
la excesiva burocratización y su contraparte, la
discrecionalidad, informalidad y arbitrariedad de
funcionarios y procedimientos20.
20 ¿Porqué no hay más inversión en Bolivia?, en: CEPB, Nuevos horizontes.
Gestión 1991-1992, La Paz (sin editor ni fecha de aparición), pp. 235-254 (El
documento original fue redactado posiblemente por Javier Cuevas.)
211
Para superar esta situación, la CEPB ha propuesto a lo
largo de los años las siguientes reformas:
La consolidación de la democracia, junto con la terminación
de la lógica de la confrontación;
la desregulación de normas, leyes y decretos superfluos, una
fiscalización efectiva de los entes estatales, una reforma
tributaria y la autonomía total del Banco Central;
la privatización de la mayoría de las empresas estatales
en el terreno económico, incluyendo los fondos de
pensiones y la seguridad social;
la reforma de la Constitución, especialmente de los
llamados regímenes económicos especiales, junto con la
descentralización administrativa;
reestructuración total del Poder Judicial;
reformas del sistema educacional básico y del universitario
(caracterizados ahora por su obsolescencia, inmovilismo
y politización); y
redistribución del gasto público en favor de mayores
inversiones en infraestructura, salud, educación y
desarrollo agropecuario21.
La CEPB perseveró en su loable intento por cambiar la
mentalidad estatista, ensayando — sin ningún éxito — una
21
Ibid., passim; cf. también: Las restricciones al desarrollo de Bolivia, en:
UASPA INFORMA, vol. II, N° 1, mayo de 1993, pp. 1-5 (El documento se llama
explícitamente una "síntesis del pensamiento de la empresa privada boliviana"
sobre los problemas y las causas del atraso socio-económico.)
212
concientización de los funcionarios públicos 22 . Una de las
principales trabas a la modernización del país era (y es)
percibida por la CEPB en uno de los cimientos más antiguos y
"sólidos" del estatismo prebendalista y patrimonialista que
se manifiesta en niveles muy elevados de corrupción y
corruptibilidad funcionarias, cuya magnitud, sofisticación y
frecuencia habrían llegado en Bolivia a un grado inaudito que
impediría la instauración de una administración previsible en su
comportamiento (cosa esencial para la marcha de cualquier
negocio), adecuada a los requerimientos de los ciudadanos (para
evitar, además, el surgimiento de una extendida anomia
social) y abierta hacia las innovaciones del mundo
contemporáneo.
Según la CEPB el nivel de corrupción burocráticoadministrativo poseería tres connotaciones negativas para el
conjunto de la nación:
socavaría los fundamentos éticos de la sociedad a
mediano y largo plazo;
pondría en peligro la credibilidad del sistema
democrático-representativo, particularmente la confianza
colectiva en las instituciones del Estado 23 ; y
(c) dificultaría toda gestión empresarial y el crecimiento
económico.
22 Se requiere cambiar la tradicional mentalidad estatista, en: EL MUNDO del
12 de octubre de 1990; Sectarismo político impide crecimiento de la economía, en: LOS
TIEMPOS del 22 de diciembre de 1990; Empresarios piden al gobierno superar
contradicciones internas, en: LA OPINION del 25 de diciembre de 1990
23 La corrupción atenta contra la democracia y el proceso de desarrollo socioeconómico de Bolivia, en: CEPB, Consolidando una gestión [sin lugar ni fecha de
aparición y sin editor], p. 123 sq.; Declaración sobre la corrupción en Bolivia, en:
CEPB, Nuevos horizontes..., op. cit. (nota V /20), p. 192 sq.
213
La CEPB propuso una "erradicación definitiva" de esta "lacra
social" y condenó a los propiciadores de actos de
corrupción y cohecho, "aun cuando estuvieran involucrados
en estos hechos delictivos algunos empresarios" 24 . Una de las
declaraciones más severas contra estos vicios fue la realizada
por Carlos Calvo en abril de 1991, quien constató, de gobierno
en gobierno, un imparable aumento en los índices de corrupción,
proceso que conllevaría una mayor "tensión social", deterioraría
la imagen del país en el exterior e impediría así inversiones
extranjeras 25 . Durante largos meses no escasearon acerbas
críticas a las opiniones de Calvo, quien fue acusado de
exagerar y distorsionar la realidad nacional con obscuros fines
políticos. Diputados del MIR y del MNR sostuvieron que la
empresa privada era la primera instancia en corromper a los
funcionarios estatales26.
En un comunicado muy interesante sobre esta temática, la
CEPB reafirmó las aseveraciones de Carlos Calvo, subrayando
que la corrupción abarcaría "a todos los estamentos de nuestra
sociedad". Admitió que habrían esfuerzos, también en el seno
del gobierno, para frenar este fenómeno y propuso finalmente
una serie de medidas pragmáticas y razonables para combatir
los excesos de la corrupción, algunas de las cuales han sido
llevadas posteriormente a la praxis:
24 Consolidando..., ibid., p. 123
25 Carlos Calvo, "Este gobierno es más corrupto que el anterior", en: LA
RAZON (La Paz) del 2 de abril de 1991: "Este gobierno es más corrupto que el
anterior. El anterior era más corrupto que el de antes, y el próximo con seguridad
va a ser más corrupto que el actual. ¿Adónde vamos a ir con ese ritmo de
despilfarro, de proyectos elefantes blancos?".
26 Marejada de críticas a Carlos Calvo por denuncia de corrupción oficial, en:
ULTIMA HORA del 28 de enero de 1992
214
elección de los presidentes o directores de las grandes
entidades fiscales autárquicas por el parlamento y con el voto
concertado de la oposición (mediante la necesidad de contar con
dos tercios de los legisladores para ser electo);
ampliar y hacer obligatorios los concursos de méritos para
aquellos funcionarios situados inmediatamente por debajo de
estos nombramientos parlamentarios;
incluir bajo esta modalidad a los miembros (ministros) de
la Corte Suprema de Justicia;
reorganización y tecnificación de las aduanas, con prohibición
expresa de funcionarios ad honorem en ellas;
financiamiento estatal de las actividades principales de los
partidos políticos (por ejemplo: para proselitismo políticoelectoral) por medio de fondos públicos; y
renuncia de parte del Estado a las actividades
empresariales, porque estas serían el suelo mejor abonado para
la corrupción de gran envergadura27.
•Uno de los argumentos más interesantes de los empresarios
en favor de la privatización estriba precisamente en que ésta
eliminaría o mitigaría las ocasiones para la corrupción en gran
escala de funcionarios públicos y coadyuvaría a la estabilidad
y el crecimiento económicos. (América Latina no sería un
continente pobre, sino uno empobrecido por las malas
administraciones pro-estatistas.) De acuerdo al entonces
secretario ejecutivo de la CEPB, Johnny Nogales, la privatización
27 CEPB, Declaración sobre la corrupción en Bolivia, en: HOY del 30 de enero
de 1992
215
reduce las posibilidades de corrupción al terminar con los
"mamíferos estatales" que viven del presupuesto
gubernamental, pero no asumen ninguna responsabilidad por
una mala gestión28.
Según este personero de la CEPB, la privatización tendría
otras ventajas:
asegura una mejor rentabilidad en el plano estrictamente
económico (impide la ineficiencia y duplicidad de esfuerzos
típicas de las empresas subsidiadas por el Estado),
consolida la mera existencia de las empresas privadas (y,
por ende, la estabilidad de los puestos de trabajo), y
crea un ambiente general proclive a las inversiones29.
Pese a variados esfuerzos por poner en marcha un
proceso acelerado de privatizaciones, éste se ha llevado a cabo
hasta hoy (1994) de manera bastante lenta. La causa principal
para ello debe ser vista en la atmósfera de estatismo que
predominaba (y aun prevalece) en el país: como afirmó el
propio Nogales, en Bolivia apenas existió un genuino
empresariado privado, puesto que los innumerables negocios
adscritos nominalmente al sector privado han sido instituciones
subsidiadas por el Estado y que funcionaban según normas
pro-estatistas 30 . Una buena parte de la oposición a todo
designio privatizador ha provenido del sector privado, de
28 Johnny Nogales [secretario ejecutivo de la CEPB], "Dejen que el
capitalismo produzca y el socialismo distribuya...", en: ULTIMA HORA del 11 de
noviembre de 1990; Para garantizar la estabilidad se debe recurrir a la privatización,
en: PRESENCIA del 2 de diciembre de 1990
29 Ibid.; cf. CEPB, Documento de Potosí, en: LOS TIEMPOS del 2 de
octubre de 1990.- Sobre una crítica al concepto privatizador de la CEPB cf.
Franz Xavier Barrios Suvelza, La privatización en Bolivia. Teoría de la privatización, Sucre: I.P.T.K. 1994
30 Nogales, loe. cit. (nota IV/28)
216
modo velado, pero efectivo y casi permanente. Por ello es de
excepcional relevancia que la CEPB haya implementado desde
adentro una doble campaña, uno de cuyos objetivos centrales
ha sido el de convencer a los propios afiliados de las bondades
de una posición verdaderamente independiente con respecto al
Padre Estado. Las dos metas de esa campaña pueden ser
descritas como (A) una concientización de la opinión pública
acerca de la necesidad de la privatización de los entes
fiscales junto con (B) la lucha contra la ubicua ideología del
estatismo, "aceptando el reto que significa la libre
competencia", la supresión de privilegios disfrazados de
subsidios y la apertura a la economía mundial. Esto significaría
el fin o, por lo menos, la reducción del proteccionismo
arancelario 31 . Para el sector esclarecido de la CEPB, el
"achicamiento" del Estado no significa su supresión, sino su
conversión desde un organismo "fofo e hipertrofiado" hasta una
institución pequeña, pero eficiente y confiable, que sirva
precisamente "para estimular la competitividad de los
empresarios privados"32.
Los principales argumentos, válidos hasta hoy
para justificar la privatización de las empresas públicas, así sea
bajo la modalidad parcial de la capitalización, han sido los
siguientes:
— La situación financiero-administrativa de los entes
fiscales es "sencillamente calamitosa" 33 ; sus abultados
31 Empresarios renuncian definitivamente a proteccionismo, subvenciones y
privilegios, en: LA RAZON del 21 de abril de 1991
32 Cf. los editoriales: El Estado y la empresa privada, en: LA RAZON del
21 de abril de 1991; La empresa privada, a tono con el signo de los tiempos, en: ibid.
del 24 de abril de 1991
33 Seminario sobre privatización, en: CEPB, Consolidando..., op. cit. (nota
IV/45), p. 149
217
déficits tienen que ser pagados, en el fondo, por todos los
bolivianos. La clase política, los sindicatos, el estamento
universitario y una buena parte de la prensa consideran
que es una cosa éticamente normal y técnicamente
admisible que el Tesoro General de la Nación cubra
cualquier pérdida de estas empresas. Según Fernando
Illanes, nadie controla las empresas públicas, que así se
han transformado en "botines políticos" y fuente de
corrupción, empleomanía y déficit fiscal, financiadas,
después de todo, por el conjunto de la colectividad. Los
sindicatos habrían jugado un turbio rol en connivencia con
los funcionarios públicos para inflar innecesariamente las
empresas estatales y dilapidar fondos fiscales34.
— La élite del poder y los estratos superiores del aparato
estatal no pueden ni quieren diferenciar entre gobernar y
administrar. Los resultados son, entre otros, una pésima
selección del personal jerárquico y de los empleados en
las empresas estatales, las manipulaciones políticoclientelistas, los precios artificiales e ideológicamente
determinados de los productos finales, el atraso
tecnológico, la descapitalización progresiva y la total
incomprensión de lo que significa invertir, investigar y
mejorar procedimientos técnicos y organizativos.
— La privatización tendrá a largo plazo una consecuencia
positiva sobre el empleo: si continúa la actual marcha
negativa y descendente de las empresas fiscales, de todas
maneras se dará un desempleo creciente hasta llegar al
colapso o la quiebra de la empresa, lo que conduciría
inexorablemente a la pérdida de todos los puestos de
trabajo. Se admite que con la privatización pueden ocurrir
34 Cf. el brillante artículo: Exposición del Ing. Fernando Illanes en el Foro sobre
Privatización organizado por la COB, en: PRESENCIA del 23 de agosto de 1992
218
despidos a corto plazo, pero la capitalización y tecnificación
de las empresas las hará rentables y, por lo tanto, viables
en el largo plazo.
— La privatización es razonable para el conjunto de la
sociedad porque se habría demostrado que las economías
de libre mercado, basadas sobre la propiedad privada de
los medios de producción, significan para las poblaciones
afectadas un buen nivel de calidad de los productos
manufacturados y precios razonables de los mismos en un
medio altamente competitivo, lo que, a su vez, obliga a las
empresas simultáneamente a buscar innovaciones
tecnológicas y a usar métodos gerenciales adecuados.
La problemática de la privatización tiene asimismo
connotaciones claramente políticas. La CEPB propuso, por
ejemplo, que los trabajadores de la propia empresa tengan un
derecho preferencial de compra de las acciones en el proceso
de privatización 35 . Esta última, en cuanto una de las mejores
estrategias contra el estatismo, haría más difícil el trato
preferencial de algunas empresas por la vía de monopolios,
subsidios y aranceles especiales y contribuiría, por
consiguiente, a la democratización de la esfera productiva. Al
desaparecer el paternalismo, el patrimonialismo y el
proteccionismo estatales, las empresas privadas estarían
expuestas a la concurrencia de los productos y las ideas
extranjeras, es decir a los riesgos cotidianos de un foro global
y democrático en el área económica36.
35 Ibid., p. 169 sq.- Para una crítica a esta posición cf. ¿ Qué espera la empresa
privada para invertir? [= editorial], en: ULTIMA HORA del 21 de mayo de 1991
36 Las condiciones necesarias para una contribución efectiva del sector privado al
desarrollo económico, en: CEPB, Consolidando..., op. cit. (nota V/23), pp. 178-186;
para una crítica al proceso privatizador cf. Edwin Rodríguez, Privatización =
corrupción? El interés nacional en juego, en: INVERSION & DESARROLLO (La
219
En el terreno socio-político la CEPB expandió su impulso
modernizador a tres campos que han permanecido hasta hoy
como objetivos fundamentales de este designio: (1) la
actualización, tecnificación y despolitización de la educación,
(2) la reestructuración, racionalización y moralización del Poder
Judicial y (3) la reforma de las instituciones estatales,
comenzando por la propia Constitución Política del Estado,
vista ahora como anticuada, contradictoria y pro-estatista37.
No hay duda del mérito que le corresponde a la CEPB por
haber insistido metódica y públicamente por las indispensables
reformas del sistema educacional (incluyendo el universitario)
y de la totalidad del Poder Judicial (incluyendo códigos y
trámites), pero hasta ahora (1994) no salió de esta institución
ninguna idea (y menos un esbozo original) de cómo proceder
en la praxis y en detalle con estos ambiciosos proyectos.
Con respecto a la Constitución (CPE), la actitud de los
empresarios ha sido ambigua. El presidente de la CEPB, Carlos
de Chazal, se opuso al paso fundamental que había que dar
para modernizar y agilizar la CPE, que era la reformulación
del artículo 230 (y siguientes) de la misma, que norma
precisamente los modos legales de modificarla. El argumento
de Chazal (no habría que facilitar a cualquier mayoría fortuita
en el parlamento la posibilidad de cambiar a gusto la CPE) es
el más convencional y conservador y el usado por los sectores
populistas, pro-estatistas, izquierdistas y afines para mantener
un texto constitucional obsoleto 38 . De todas maneras, según la
Paz), N° 7, 1992, p. 35; Roberto Jordán Pando, Neoliberalismo / privatización,
acosados por el "talón de Aquiles" social, en: INVERSIONES & DESARROLLO, N°
8, 1992, p. 18 sq.
37 Educación, justicia y una estrategia adecuada son básicas para el cambio
[documento oficial de la CEPB], en: LA RAZON del 5 de julio de 1991; CEPB,
Declaración de La Paz, en: ibid. del 27 de agosto de 1991
38 Por principio...empresarios en contra de la modificación del 230 de la CPE,
en: PRESENCIA del 28 de julio de 1994
220
concepción de la CEPB los principales puntos a ser
modificados son los siguientes:
Urge redefinir y rediseñar el rol del Estado, ya que la CPE
de 1967 tiene todavía un manifiesto carácter pro-estatista;
hay que suprimir la facultad del gobierno de establecer
planes económicos de índole obligatoria para el desarrollo
de la economía; hay que eliminar las discriminaciones
contra el derecho de propiedad de los extranjeros en
Bolivia; urge levantar todas las reservas fiscales y abolir el
concepto de áreas estratégicas reservadas al Estado.
La Carta Magna debe regular exclusivamente los
principios fundamentales de la convivencia de los
bolivianos y la organización de sus estructuras políticas.
Los puntos claves serían el respeto irrestricto al individuo,
a las libertades público-políticas y a la propiedad privada,
así como el rol subsidiario del Estado.
La descentralización debe ser sólo administrativa y no
política (la CEPB se opone rotundamente a un régimen
federal).
Se debe crear un sistema de funcionarios públicos (servicio
civil) que no estén obligados hacia ningún partido y que
en lo posible no sean nombrados por vinculaciones
partidarias, sino por méritos técnico-profesionales.
El derecho a voto debe regir a partir de los 18 años. El Poder
Legislativo debe ser fortalecido, dándole la potestad de
elegir, mediante mayorías cualificadas, a los jueces de los
tribunales supremos, al fiscal y al contralor generales de la
República y a los directores de los grandes entes autárquicos.
La mitad de los miembros de la Cámara de Diputados debe
ser elegida en base a circunscripciones uninominales.
221
El mandato del Presidente de la República, de los alcaldes
y de los Concejos Municipales debe ser extendido.
El Poder Judicial debe ser reformado según los "principios
de despolitización, autonomía, transparencia y
honestidad". Hay que establecer un Tribunal Constitucional
y un Concejo de la Magistratura39.
Como se sabe, en las reformas constitucionales de 1994 se
convirtieron en realidad muchos de los planteamientos de los
empresarios, que también fueron apoyados desde un comienzo
por los sectores esclarecidos de los partidos políticos y una
porción de la prensa boliviana. Aunque es imposible
ponderar cuál fue exactamente la participación directa (y la
inspiración) de la CEPB en estas reformas de la Carta Magna,
hay que reconocer que su acción coadyuvó a implementar
reformas altamente resistidas por muchos sectores poblacionales
de tendencias conservadoras (entre ellos, como de costumbre,
los partidos de izquierda y el movimiento sindical).
d) La percepción social de la CEPB y la persistencia
de los valores normativos convencionales
No existe ni una sola investigación empírico-documental
acerca de cómo los empresarios perciben su entorno social y
la estructuración de clases en Bolivia, ni tampoco un análisis
basado en entrevistas representativas que nos permitiese
tener una idea sobre los presuntos prejuicios y preconceptos
39 La CEPB y la reforma de la Constitución Política del Estado, en: CEPB,
Nuevos horizontes..., op. cit. (nota V/20), pp. 265-274; La Confederación de
Empresarios Privados de Bolivia y las reformas a la Constitución, en: LA RAZON
del 4 de septiembre de 1994, suplemento F, p. 7
222
que pudiera tener este grupo social con respecto al resto de la
sociedad. Dada la ya mencionada sobrerrepresentación del
sector étnico-cultural de los blancos criollos y de los
descendientes modernizados de las viejas familias oligárquicas
en el seno de la CEPB (con relación a la composición de la
población como totalidad), se podría suponer que el sector
poblacional más íntimamente vinculado a la empresa privada
preserva — ciertamente de manera decreciente — valores de
orientación, pautas de comportamiento y prejuicios
irracionales de índole convencional. La carencia de materiales
empíricos impide ponderar la magnitud de estos prejuicios y
su incidencia sobre el comportamiento colectivo de los
empresarios en el terreno de los conflictos sociales.
Indirectamente se pueden sacar algunas inferencias de las
actitudes que la empresa privada ha tenido frente a las temáticas
ecológica y étnica, y aquí se puede afirmar sin lugar a duda
que la CEPB ha exhibido una postura de incomprensión e
inmediatismo, es decir: una conducta que tiene en vista
únicamente los intereses sectoriales de muy corto plazo y que
está, al mismo tiempo, alimentada por prejuicios tradicionales
en lo que hace al tratamiento de las diferentes etnias y
nacionalidades en Bolivia, prejuicios que pueden llegar al
desprecio de culturas, modos de vida, valores y tradiciones de
las culturas aborígenes sólo por el hecho de que éstas no
pertenecen al envidiado ámbito de la civilización industrial
moderna del Occidente capitalista.
Los empresarios siempre vieron con marcada desconfianza
y suspicacia toda preocupación conservacionista-ecologista,
ya que tomar en serio medidas de protección a los ecosistemas
les habría significado indudablemente nuevas inversiones y
costos más altos de producción en el corto plazo. Desde un
comienzo los empresarios, en solidaridad con aquéllos del sector
maderero, se opusieron a toda regulación legal del uso de
223
bosques y, en general, de los ecosistemas vegetales 40 . La
protección legal del medio ambiente sería para la CEPB un
retorno a políticas estatistas, atentatorias de la propiedad
privada y contrarias al progreso material; esta protección
demandaría, además, la creación de una frondosa burocracia,
obstaculizaría las inversiones y establecería aun más trámites
burocráticos41 . En una curiosa movida táctica, los empresarios
descubrieron e hicieron suya la concepción socialdemocrática
del desarrollo sostenible (desarrollo y crecimiento sin destruir
demasiado la naturaleza, permitiendo su regeneración): se
rechazó toda política "preservacionista" (como las políticas
"ambientalistas" de los Estados Unidos y Europa Occidental),
porque no corresponderían a la "realidad nacional", enfatizando
más bien la posibilidad y necesidad de la "utilización
inteligente" de los ecosistemas tropicales. No se deberían tolerar,
por otra parte, políticas públicas ambientalistas que restringiesen
el libre mercado y el derecho de la propiedad privada. Como
tarea práctica quedaría el "evitar el despilfarro" y "racionalizar"
la explotación de los recursos naturales42.
40 Sobre el proyecto de ley del medio ambiente [declaración del presidente de
los empresarios cruceños, Jorge Marcos Salvador], en: PRESENCIA del 22 de
septiembre de 1987; Proyecto de ley de revrsión de áreas forstales crea graves problemas regionales y empresariales, en: EL MUNDO del 18 de octubre de 1989
41 CEPB, Aspectos de la Ley de Medio Ambiente violan constitución [declaraciones de Johnny Nogales, secretario ejecutivo de la CEPB], en: LA RAZON
del 26 de septiembre de 1991; Empresarios forestales aguardan negociación
compensatoria, en: ibid. del 30 de septiembre de 1990; Autoridades de gobierno
presionan para favorecer intereses madereros, en: PRESENCIA del 12 de diciembre
de 1993
42 Empresario en favor del desarrollo sostenible [declaraciones de Raúl Espa ñaSmith, presidente de la Asociación Nacional de Mineros Medianos y director de
la Comisión del Medio Ambiente de la CEPB], en: PRESENCIA del 21 de
noviembre de 1993; Fernando Romero Moreno, El desarrollo sostenible como
principio de reorganización de la sociedad, en: LA RAZON del 3 de marzo de 1993; cf.
también la crónica: Marthadina F. de Finot, La cumbre desde Bolivia: el empresariado
también se hace escuchar, en: PRESENCIA del 11 de junio de 1992
224
Instituciones cercanas a la CEPB se opusieron (y se oponen)
terminantemente a la concesión de áreas territoriales a las
etnias amazónicas y guaraníes del Oriente boliviano, que
reclaman zonas protegidas, argumentando que la "demanda
de las poblaciones indígenas [...] está manipulada
malintencionadamente por personas y organizaciones", que las
empresas forestales se consagran arduamente a la tarea de la
reforestación y que los verdaderos depredadores serían los
campesinos que se dedican a expander la frontera agrícola43.
En 1993, la Cámara Nacional Forestal lanzó una amplia
campaña propagandística para demostrar (1) que la extensión
boscosa no aprovechada aun del territorio boliviano es
gigantesca, (2) que los verdaderos destructores de "los recursos
forestales" son los campesinos y (3) que las empresas madereras
se dedican exclusivamente a una explotación racional del
bosque (el mínimo indispensable) y a una reforestación
constante".
Aunque todos los informes de organizaciones
internacionales y grupos ecologistas coinciden en que las
empresas madereras en Bolivia probablemente nunca han
reforestado un solo árbol ni han usado "métodos racionales de
explotación" (siempre aludidos, nunca explicitados), la Cámara
Nacional Forestal manifestó que una combinación de "boliviana
envidia" con "histeria ecologista" era la responsable de la no
muy buena reputación de los industriales madereros. La
43 Sociedad de Ingenieros Forestales de Bolivia, Marcha indígena:
manipulaciones ponen en riesgo el más avanzado plan de manejo forestal del país, en:
PRESENCIA del 11 de septiembre de 1990.- Cf. también: A propósito del debate
sobre la ley forestal, en: ibid. del 13 de enero de 1994, declaración de varias
instituciones no ligadas directamente a la CEPB, donde se refuerza este argumento: no a las políticas preservacionistas y sí a la "utilización racional" de
los recursos naturales.
44 Por una Bolivia forestal, en: PRESENCIA del 9, 10 y 13 de enero de
1993 (solicitadas de la Cámara Nacional Forestal)
225
solución estribaría en concertar el contenido de la proyectada
ley forestal con los principales afectados por la misma, es decir
los empresarios forestales, reducir las insoportables cargas
tributarias que pesan sobre estos empresarios y privatizar los
bosques 45 . Este último punto es ahora el más publicitado: el
propietario de un bien (por ejemplo: de un bosque) es el más
interesado y el más idóneo para preservar, cuidar y evitar
la destrucción del mismo 46 . Conociendo la mentalidad
inmediatista, la carencia de responsabilidad social a largo
alcance y el historial específico de los industriales madereros,
por una parte, y la falta de mecanismos convenientes de
control por el Estado y la sociedad civil — a la que la
problemática ecológica le deja bastante fría —, por otra, es dable
esperar que la privatización de los bosques no detenga la
catástrofe medio-ambiental que puede cernirse sobre Bolivia
en el siglo XXI. La conducta ambigua del nuevo Ministerio de
Desarrollo Sostenible, el peso de empresarios no muy
esclarecidos sobre la dictación de políticas públicas en las
reparticiones claves de este ministerio y la corrupción
predominante en los Centros de Desarrollo Forestal, a quienes
compete otorgar las concesiones de explotación forestal,
hacen aparecer en una luz poco esperanzadora la situación
general de los ecosistemas tropicales y del bosque en
particular 47 . La declaración oficial de la CEPB sobre el medio
ambiente de septiembre de 1994, llena de los lugares comunes
aquí señalados y criticados, no ayuda a alumbrar este
45 José Luis Roca, En defensa de la industria forestal legítima y
moderna, en: PRESENCIA del 14 de enero de 1994 (solicitada de la Cámara
Nacional Forestal)
46 El proyecto de ley forestal: privatización de los bosques: ¿sí o no?, en: LA
RAZON (suplemento VENTANA) del 19 de diciembre de 1993
47 Diputados postergan tratamiento de la Ley Forestal, en: PRESENCIA del
23 de noviembre de 1993; Ministro Guillermo Justiniano, Proyecto de Ley
Forestal debe buscar equilibrio en tributación, en: ibid. del 12 de enero de 1994;
Gobierno debe postergar aprobación de Ley Forestal, en: ibid. del 13 de enero de 1994
226
panorama bastante desolador 48 . Lo más probable es que los
empresarios en general, salvo algunas contadas y loables
excepciones, compartan la opinión de un distinguido industrial
maderero de Santa Cruz, quien, después de afirmar que la
actividad de las empresas forestales sería una verdadera
bendición para los ecosistemas tropicales y repetir los lugares
comunes de la reforestación masiva, expresó categóricamente
el credo de todo el gremio: "Un bosque sin industria carece
de valor financiero" 49 , es decir: una aberración, con la que hay
que terminar inmediatamente.
Una campaña de proporciones similares lanzó la empresa
privada con motivo de las reivindicaciones territoriales y
administrativas de las etnias amazónicas, reinvindicaciones
que tenían que ver directamente con la destrucción de los
bosques donde habitan estos pueblos desde épocas
inmemoriales 50 . Los empresarios benianos calificaron a la
llamada "Marcha por la dignidad y el territorio" como un
intento politizado de ejercer una prosaica influencia sobre el
gobierno, intento que podría conllevar una "parcelación" del
territorio nacional y "una peligrosa confrontación entre
benianos". Pero aun más negativo sería el hecho de que las
etnias no reconocerían los legítimos derechos propietarios de
los empresarios sobre los bosques en disputa, el enorme
progreso material que brindaría la explotación maderera
científica y los esfuerzos de los empresarios por reforestar y
48 La empresa privada y el medio ambiente, en: CEPB, 32 años: empresa
privada para un nuevo país, separata de LA RAZON del 4 de septiembre de 1994,
p. 5 F
49 Humberto Hoyos Casso, La madera boliviana dentro del actual sistema de
producción, en: EL MUNDO del 30 de abril de 1993
59 Cf. la interesante compilación: Kitula Libermann / Armando Godínez
(comes.), Territorio y dignidad. Pueblos indígenas y medio ambiente en Bolivia,
Caracas: ILDIS/NUEVA SOCIEDAD 1992
227
preservar el bosque 51 . La CEPB lanzó un documento oficial
sobre este asunto, cuyos puntos centrales son:
Las reivindicaciones territoriales de los grupos étnicos del
Oriente desincentivan las inversiones extranjeras;
estas demandan vulneran los legítimos derechos
(propiedades y concesiones) de los empresarios en las
zonas en cuestión;
las acciones de estos grupos dejan entrever una postura
anticuada, adversa al progreso y a la civilización y favorable
al atraso social, al aislamiento geográfico y cultural y a la
preservación de la actual miseria de los indígenas
amazónicos52.
La CEPB manifestó que la concesión de territorios con
administración autónoma en favor de las tribus amazónicas era
anticonstitucional: la Constitución Política del Estado no
reconocería ciudadanos bolivianos "originarios" con derechos
especiales y prevalecientes sobre los de otros ciudadanos. La
erección de tales territorios semisoberanos en el Beni traería
consigo la creación de otras "republiquetas" en todo el Oriente
boliviano, lo que, entre otras cosas, impediría la explotación
racional de los recursos naturales 53 . El entonces presidente
de la CEPB Carlos Calvo admitió que Bolivia es una sociedad
51 Empresarios Privados del Beni / Cámara Distrital Forestal del Beni, Lo
que deben saber el gobierno y el pueblo de Bolivia sobre las demandas de territorios de
las etnias, en: PRESENCIA del 15 de septiembre de 1990; Cámara Nacional
Forestal, La demanda indígena y su solución, en: ibid. del 12 de septiembre de 1990
52 CEPB, Los grupos étnicos y el desarrollo del país, en: PRESENCIA del 14
de septiembre de 1990
53 Ley indígena conformará "republiquetas" dentro del país y frenará el
desarrollo, en: PRESENCIA del 25 de septiembre de 1991
228
multi-étnica, pero sostuvo que el único camino al progreso es
el de la modernización capitalista, y no el "funesto precedente
de dividir el territorio nacional" entre las etnias. Calificó la pausa
ecológica como un error de proveniencia foránea, que jamás
debería ser aplicado en Bolivia. Acusó al gobierno de ceder
fácilmente ante presiones populistas de todo orden; el decreto
otorgando autonomía a los territorios de las etnias habría sido
un acto de mero sentimentalismo54.
En estos dos puntos la empresa privada exhibió una
actitud muy convencional y signada por la defensa a ultranza
de intereses privados de corto plazo; hasta ahora, su actitud
general es la de minimizar los daños medio-ambientales que
puede conllevar toda actividad agrícola o industrial. El
empresariado privado tampoco mostró comprensión por el
tema de las autonomías regionales y étnicas (y ni siquiera por
una posible federalización del país, que fue un viejo postulado
del Partido Liberal); se empezó a preocupar por estos temas
cuando ya eran objeto de un extenso y muy diferenciado
debate nacional, no aportando al mismo ninguna idea original.
Como solución a todos los dilemas del desarrollo boliviano, y
particularmente a los ecológicos y étnico-culturales, la CEPB
propone una modernización acelerada, que salvo el signo
capitalista, es compartida por la inmensa mayoría de las
corrientes ideológicas.
54 Gobierno sentó un funesto precedente al dividir el territorio para las etnias,
en: PRESENCIA del 27 de septiembre de 1990; Empresarios privados rechazan
el tratamiento del gobierno a las etnias, en: ULTIMA HORA del 27 de septiembre
de 1990.- La CEPB, en una reunión especial para tratar el problema de las
etnias, aprobó las declaraciones de Johnny Nogales y Carlos Calvo y expresó
su total solidaridad con los empresarios ganaderos y madereros del Beni:
CEPB, Documento de Potosí, op. cit. (nota IV/49), passim
229
e) Conclusiones y perspectivas de la CEPB
Estas reflexiones finales no se refieren a las perspectivas
internas de la CEPB como organización gremial de los
empresarios, sino exclusivamente a las complejas relaciones del
empresariado privado con la evolución socio-política y más
específicamente con el despliegue de la democracia en Bolivia.
(En lo referente a la evolución interna, es probable que la CEPB
prosiga en la senda actual, que lleva a un fortalecimiento
organizativo en cuanto corporación y un reconocimiento más
amplio de su capacidad de agregar y articular los intereses
empresariales, reconocimiento que tiene lugar en el dispar
mundo de los propietarios de medios de producción y también
en la opinión pública y en la esfera política.)
La mayor relevancia socio-política ha sido alcanzada por la
CEPB cuando logró combinar la defensa de sus legítimos
intereses sectoriales con la articulación de los intereses
generales de una sociedad que anhelaba la reinstauración de la
democracia y la consecución de un cierto progreso material. El
mayor mérito que se puede atribuir a la CEPB es el de haber
trabajado incansablemente desde 1978 por la introdución de un
sistema democrático, representativo y pluralista de gobierno,
complementado por el Estado de Derecho, precisamente
cuando los partidos políticos, el movimiento sindical, las Fuerzas
Armadas y otros actores sociales estaban aun inmersos en la
cultura política tradicional del autoritarismo y luchaban
exclusivamente por lograr la implementación de objetivos
parciales y particulares. En aquellos años, cuando el estatismo
era aun el credo oficial de la mayoría de las corrientes
ideológico-políticas del país — y, en cierta medida, de la
sociedad entera —, la CEPB tuvo el acierto de postular la
reimplantación del régimen democrático, pero en el marco de
un sistema liberal de libre mercado, que devolviese a la
iniciativa privada el rol determinante en la esfera de la economía
230
y que, al mismo tiempo, fuera favorable a una amplia
modernización del Estado, de sus leyes y estructuras, y,
concomitantemente, resultara propicio para la superación de
la mentalidad tradicionalista que aun es prevaleciente en el
grueso de la población boliviana.
La historia reconocerá seguramente estos merecimientos
del empresariado privado:
un trabajo metódico y sostenido, a la vez público y detrás
de bambalinas, para retornar a la democracia después
de largos años de gobiernos militares, por la vía de un
extenso consenso entre los actores políticos (y no por
caminos violentos, como lo prescribían las costumbres del
país);
ideas originales, por lo menos en Bolivia, para reformar la
anticuada estructura del Estado y los procedimientos
burocráticos de la administración pública;
un impulso considerable para acometer la remodelación
de dos instituciones particularmente ineficientes, corruptas
y anacrónicas: el Poder Judicial y la educación; y
-el esfuerzo decisivo para crear una economía de libre
mercado, restringir las funciones empresariales del Estado,
transpasar a manos privadas una buena cantidad de
grandes conglomerados productivos mal concebidos y pero
administrados y obtener así a largo plazo una mayor
riqueza social sobre fundamentos más sólidos.
No hay duda, empero, de que para llegar a estas metas la
CEPB contó con el imprescindible concurso de algunos
partidos políticos, de profesionales idóneos independientes y
de una parte de la opinión pública. Por otra parte, los intentos
modernizadores y reformadores no pertenecen exclusivamente
231
a los empresarios, en cuyo seno se encuentra una cantidad
notable de segmentos conservadores, estatistas y proclives a
cualquier forma de corrupción. Como afirmó acertadamente
Carlos F. Toranzo Roca 55, el empresariado boliviano exhibe a
menudo un comportamiento esquizofrénico: por un lado
propugna el mercado totalmente libre y transparente y por otro
busca la protección oficial (bajo la forma de subvenciones,
prebendas, créditos no reembolsables, licitaciones poco claras,
etc.) cuando surge la primera dificultad. De acuerdo a Toranzo,
el discurso de los empresarios sería liberal y librecambista,
pero los empresarios sentirían una profunda "añoranza del
Estado": después de todo, éste último los ayudó a nacer y
perdurar en un medio hostil. Las perspectivas de la CEPB tienen
también que ver con esta actitud fundamentalmente ambigua
del empresariado: Toranzo Roca señaló que el "bloque
empresarial" sería tan heterogéneo como el sindical, y que
ninguno de ambos podría ser atribuido claramente a un impulso
modernizante o retardatario. Sectores del empresariado
estarían igualmente inmersos en el legado del patrimonialismo, prebendalismo y clientelismo; la organización interna
de las empresas podría ser calificada de atrasada, influida aun
decisivamente por el "pernicioso entorno familiar". En el interior
de la CEPB perdurarían prejuicios étnico-culturales: los
"empresarios de tez moderna" tendrían muy poco peso en
ella56.
Las perspectivas para el empresariado boliviana serían
más claras si el proceso de democratización llegara también al
ámbito de la producción: para la solución de los retos ante
los que se halla la industria boliviana (que van desde la
55 El libre mercado cojea en Bolivia [entrevista entre Carlos F. Toranzo
Roca y Fernando Manes], en: LA RAZON del 20 de abril de 1993
56 Carlos F. Toranzo Roca, Liberalismo y añoranza del Estado, en:
PRESENCIA del 24 de enero de 1992
232
flexibilización laboral y la recalificación de la fuerza de trabajo
hasta la progresiva delegación de funciones a empleados bien
formados) se requiere del mutuo respeto entre empleadores y
empleados y de una atmósfera democrático-pluralista para
una discusión sensata de los problemas 57 . Es presumible, sin
embargo, que la mayoría de los empresarios no posea ni una
conciencia clara de los asuntos relacionados con una
reestructuración moderna de las fábricas ni el espíritu racional
y tolerante que se precisa para tratar con grupos sociales que
tienen intereses legítimos, pero diferentes a los propios.
Uno de los puntos que ensombrecen las perspectivas de
la CEPB es justamente la actitud fundamentalmente ambigua
de los empresarios frente a los dos fenómenos por cuya
consecución la CEPB ha luchado hasta ahora de manera
relativamente exitosa: el proceso de democratización y el
ensayo de modernización. Los resabios autoritarios y clasistas,
el apego, así sea disfrazado, al estatismo, los prejuicios étnicoculturales y la incomprensión de todas las innumerables
implicaciones de la modernidad pueden conducir a que los
mismos empresarios dejen su obra histórica inconclusa a medio
camino. Existe, por ejemplo, el peligro de que la población
perciba el actual modelo de economía de mercado y democracia
liberal como una democracia plutocrática y elitaria, que no
valdría la pena defender. Posiblemente surjan graves problemas
de gobernabilidad si dilatados sectores sociales persisten en
identificar la democracia presente con una pobreza creciente58.
57 Carlos F. Toranzo Roca, Bolivia: el rol de los empresarios y trabajadores en
la modernización industrial, en: DEBATE LABORAL N° 6, La Paz: ILDIS 1992, pp.
31-37
58 Cf. el interesante artículo de Carlos F. Toranzo Roca, Cuidado con la
democracia, en: LA RAZON (suplemento VENTANA) del 4 de septiembre de
1994, p. 14 sq.- Como una muestra de este tipo de pensamiento cf. la opinión
del movimiento sindical: "Plan de Todos" profundizará el modelo neoliberal y
pobreza, en: PRESENCIA del 4 de agosto de 1993
233
Aunque no hay duda de que los empresarios brindaron
el indispensable impulso inicial para el proceso combinado
de modernización y democratización, parece hoy asimismo
probable que se halla llegado a un punto de saturación en el
espíritu innovador que reinó una temporada en la CEPB. En lo
referente a la reforma educativa, la reestructuración del
poder judicial, las modificaciones a la Constitución y la
desburocratización de la administración pública — temas todos
ellos introducidos en forma pionera por la iniciativa
privada —/ se puede constatar una marcada declinación del
ímpetu renovador en el seno de la CEPB. Así como esta
organización ha exhibido una postura no muy racional,
demasiado particularista y manifiestamente convencional ante
los asuntos ecológicos, demográficos y socio-étnicos, el gobierno
del MNR a partir de agosto de 1993, durante cuyos primeros
meses la influencia de los empresarios fue enorme, se ha
distinguido por rasgos ajenos al acervo racional-liberal:
expansión de la burocracia estatal, extrema lentitud en el plano
operacional, reclutamiento consuetudinario de los altos
funcionarios públicos, dilación acostumbrada de la labor
legislativa, preservación de los fenómenos de ineficiencia y
corrupción59.
Como lo anticipó brillantemente Jorge Lazarte en agosto de
199360, la asunción del poder político por los empresarios no
conduce necesariamente al éxito. Las habilidades y facultades
que hicieron crecer a una persona en el ámbito de los
negocios no son exactamente las mismas que se requieren en la
arena política. Los empresarios no siempre comprenden la
59 Confederación de Empresarios Privados: el país marcha correcto pero muy
lento, en: LA RAZON del 28 de julio de 1994 [declaraciones de Carlos de
Chazal, presidente de la CEPB]
60 José A. Pomacusi Paz, Cuando los empresarios "invaden" la política
[entrevista con Jorge Lazarte], en: LA RAZON del 8 de agosto de 1993
234
compleja y cambiante dimensión política de sus decisiones. La
lógica de la eficacia no es la lógica del éxito socio-político,
que depende de muchas más variables. El desempeño político no
demasiado brillante de ilustres empresarios en los primeros
meses del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, cuyo
talento empresarial está fuera de toda duda, parece ser un
testimonio de esta tendencia. Por ello se puede hablar de la
incertidumbre que acompaña ahora a la CEPB en la esfera
política y en el terreno de la remodelación social a gran escala.
235
BIBLIOGRAFIA ESCOGIDA
A) Fuentes primarias
Para el periodo 1962-1994 se han consultado y utilizado
noticias, editoriales, declaraciones, comunicados, comentarios y
artículos firmados aparecidos en los periódicos
PRESENCIA (La Paz),
EL DIARIO (La Paz),
ULTIMA HORA (La Paz),
HOY (La Paz),
LA RAZON (La Paz),
LOS TIEMPOS (Cochabamba),
LA OPINION (Cochabamba),
EL MUNDO (Santa Cruz) y
EL DIA (Santa Cruz).
Para el periodo 1971-1994 se han consultado y utilizado
además
las MEMORIAS,
los FOLLETOS y
las SEPARATAS DE PRENSA
de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia
(CEPB) y documentos dispersos de sus instituciones afiliadas,
como el boletín UASPA INFORMA.
237
B) Literatura secundaria
Sólo se consignan en esta sección los libros, las
monografías y los ensayos de revistas científicas. Los artículos
firmados aparecidos en periódicos se hallan en las notas de pie
de página con todos los datos bibliográficos pertinentes.
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