“Precisamos varios tipos distintos de respuestas. En primer lugar

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En la primera línea
Prof. Jeffrey Sachs
Director, Earth Institute,
Universidad de Columbia
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PNUMA
NUESTRO PLANETA El planeta que compartimos
Las tierras secas ocupan la primera línea
en materia de cambio climático y en ellas
habitan las personas más pobres y vulnerables
del mundo. Ya estamos viendo en ellas los
efectos terribles del cambio climático sobre
la pobreza, la supervivencia, la salud, el
hambre, el bienestar humano… y en la propia
paz, porque las tierras secas que se han visto
muy afectadas se encuentran entre las zonas
más inestables del mundo. El tramo entre
el Senegal y el Afganistán es una región de
gran vulnerabilidad, pobreza y necesidades
básicas insatisfechas: faltan alimentos y
nutrición, acceso a la atención sanitaria
y veterinaria, seguridad de los cultivos y el
ganado y, ante todo, el agua. La inestabilidad
se está incrementando en toda la región: los
conflictos calificados como de extremismo o
de conflicto político suelen tener sus raíces
en los problemas de desertificación, aumento
de las sequías, precipitaciones más inestables,
muchas más malas cosechas que en el pasado
y –en algunas regiones– la incapacidad de
seguir contando con cultivos confiables. El
hambre que azota actualmente el Cuerno
de África y ha dejado más de diez millones
de personas luchando por la supervivencia
es una demostración vívida y terrible de los
peligros de la desertificación y la inestabilidad
de las tierras secas.
“Precisamos varios tipos
distintos de respuestas.
En primer lugar, una
respuesta científica.
En segundo lugar,
existen enormes lagunas
de conocimiento respecto
de la adaptación
–o no adaptación–
de los sistemas humanos.
Sin duda, el tercer elemento
consiste en las medidas
de intervención
que se necesitan con
urgencia para la adaptación
al cambio climático”
© UN Photo/Albert Gonzalez Farran
© UN Photo/Albert Gonzalez Farran
Asimismo, la población también se
ha multiplicado por cuatro o más
en esas regiones desde mediados
del siglo XX. El cambio climático
está ejerciendo grandes presiones
demográficas y todo esto se convierte
en
un
fenómeno
sumamente
amenazador. Y, sin embargo, estos
temas no reciben la respuesta y
la atención de la política mundial
que necesitan. Incluso en nuestros
enfoques sobre seguridad no se
contempla el hecho de que tras la
manifestación superficial de violencia
y conflicto se oculta un peligro
mucho más profundo e incluso más
amenazante: el riesgo ecológico que
resulta del cambio climático, las
presiones demográficas y muchas
otras presiones. El empeñamiento
militar no funciona, ya que los
problemas tales como el hambre,
la supervivencia del ganado y las
tensiones
crecientes
entre
las
poblaciones sedentarias y los pastores
nómadas o seminómadas no pueden
resolverse por estos medios. No
hemos visto un enfoque coherente,
consistente y persistente para estos
problemas que esté realizado a
escala y basado en la ciencia, porque
no se les han dedicado recursos ni
atención política.
Precisamos varios tipos distintos
de respuestas. En primer lugar, una
respuesta científica. No tenemos
una comprensión cabal del modo
en que los cambios mundiales y
regionales realmente afectan el clima
de la región del Sahel, el Cuerno de
África y el Asia occidental y central.
Una de las prioridades es contar
con una explicación exhaustiva,
actualizada y detallada de la manera
en que las regiones de tierras secas
sienten la señal climática mundial.
Necesitamos modelos reducidos a
escala y mejores pruebas de lo que
indican los modelos de mayor escala
respecto de las amenazas futuras a
esas regiones. Y hace falta disponer
de un conjunto fidedigno de datos
de las estaciones meteorológicas a
fin de elaborar un informe detallado
y completo del clima de los últimos
treinta años, con objeto de crear no
solo una referencia para el futuro,
sino también una base mucho más
rica que nos permita atribuir causas a
los cambios observados.
En segundo lugar, existen enormes
lagunas de conocimiento respecto
de la adaptación –o no adaptación–
de los sistemas humanos. ¿Qué ha
pasado realmente en las poblaciones
del Sahel desde la desecación
extrema del decenio de 1970? Ha
habido una cierta recuperación, pero
¿qué tan sólida? ¿Cómo les va a las
comunidades nómadas y seminómadas? ¿Podemos obtener muchos
más datos sistemáticos? Por supuesto,
la Secretaría de la Convención de
lucha contra la desertificación de
las Naciones Unidas recaba gran
cantidad de información de ese tipo
y, sobre todo, ayuda a difundirla a la
comunidad científica y a los que se
ocupan de cuestiones de desarrollo
en general. Pero queda mucho más
trabajo por hacer para verificar
esos cambios sobre el terreno en
tiempo real; utilizar sistemas de
teleobservación de forma más sistemática para medir las fluctuaciones
de pastores, ganado y bienes y
comprender su vulnerabilidad; y
ver el modo en que las presiones
demográficas
afectan
a
esas
comunidades. En muchos lugares,
las tasas de fecundidad siguen siendo
de seis, siete u ocho hijos por mujer.
Al parecer se avecina un desastre
demográfico como consecuencia
de una inmensa sobrecarga en un
ecosistema de por sí ya debilitado
y frágil y que en el futuro sufrirá
aún más presiones. Es necesario
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© UN Photo/Albert Gonzalez Farran
© UN Photo/Tim McKulka
“¿Cómo pueden las comunidades
poner
en
marcha
servicios
generales de planificación familiar
y anticonceptivos modernos para
mitigar el choque entre el aumento
de la población y el clima del futuro.
Sin duda, el tercer elemento consiste
en las medidas de intervención que
se necesitan con urgencia para la
adaptación al cambio climático. Esas
medidas abarcan desde la preparación
para casos de emergencia hasta otro
tipo de estrategias de mitigación
del riesgo, como la creación de
seguros financieros, la diversificación
de las actividades económicas y
la elaboración de alternativas en
materia de ordenación del paisaje y
almacenamiento del agua.
Las comunidades pobres que
enfrentan
múltiples
golpes
y
problemas necesitan un enfoque
integral. El proyecto Aldeas del
Milenio ha contribuido a promover
este enfoque en las tierras secas, por
ejemplo, en Dertu (Kenya), cerca de
la frontera con Somalia. Su estrategia
integrada se centra en cinco esferas
clave. La primera es el conjunto
formado por ganado y cultivos. La
segunda es el sistema de salud, que
se ve afectado por terribles golpes
relacionados con el clima, como
también por desafíos tan inmensos
como las epidemias de malaria, la
fiebre del Rift Valley, la peste bovina
y otras enfermedades endémicas.
La tercera es la educación: ¿cómo
pueden las comunidades pobres de
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pobres de las tierras secas
asegurarse de que
la próxima generación adquiera
las aptitudes y conocimientos
necesarios
para estar altura de
los desafíos, cada vez mayores,
que enfrentan?”
las tierras secas asegurarse de que
la próxima generación adquiera las
aptitudes y conocimientos necesarios
para estar altura de los desafíos,
cada vez mayores, que enfrentan?
La cuarta, de importancia crítica, es
la infraestructura, que abarca desde
el agua –con inclusión del riego,
el almacenamiento y la seguridad
hídrica para casos de sequía– hasta
el transporte, el almacenamiento,
la
capacidad
de
vincular
comunidades locales con mercados
regionales e internacionales y las
telecomunicaciones y la conectividad
a través de Internet, herramienta
muy poderosa para estas poblaciones
de las tierras secas, que suelen estar
muy dispersas. La quinta esfera
consiste en el desarrollo empresarial,
especialmente en relación con la
ganadería y otros ámbitos en los que
el aumento del valor agregado podría
aportar un bienestar mucho mayor a
las comunidades.
En 2008, el Comité sobre cambio
climático y desarrollo del Gobierno
sueco difundió un informe sobre el
cambio climático y las tierras secas
en el que se recomendaban maneras
aumentar la capacidad de recuperación
y la adaptabilidad y de crear estrategias
de preparación para casos de emergencia
y de mitigación del riesgo. Se proponía
poner en marcha pilotos a mayor escala
de los proyectos de adaptación de base
comunitaria para las comunidades
pobres y vulnerables, en zonas urbanas
y rurales, en las tierras secas. Tres años
después, los proyectos empiezan a dar
resultados, ya que Etiopía, Somalia,
Kenya, Uganda, Djibouti y Sudán del
Sur se unieron en una iniciativa para las
tierras secas. Fomentarán el empleo de
las mejores prácticas y tecnologías de
vanguardia en apoyo de la iniciativa de
sus comunidades de pastores para huir
de los flagelos de la pobreza y el hambre
extremas, y contarán con el apoyo de
socios como Ericsson, Airtel, Novartis,
Sumitomo Chemical y el Banco Islámico
de Desarrollo. Hay una necesidad
apremiante de respuestas integrales,
basadas en la comunidad, que tengan
fundamento científico y atiendan las
necesidades sanitarias y veterinarias, de
almacenamiento de agua y otro tipo de
infraestructuras, de educación infantil,
de mejora y supervivencia del ganado,
y los vínculos con los mercados. Esto
reviste creciente importancia, no sólo
para el bienestar de esas comunidades,
sino para resolver lo que, de lo contrario,
se convertirá en una epidemia cada vez
mayor de conflictos violentos.
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