Condición más humana

Anuncio
PP
Así se podrá realizar, en toda su plenitud, el verdadero desarrollo, que
es el paso, para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos
humanas, a condiciones más humanas.
Menos humanas: las carencias materiales de los que están privados del
minimun vital y las carencias morales de los que están mutilados por el
egoísmo. Menos humanas: las estructuras opresoras, que previenen del
abuso del tener o del abuso del poder, de las explotaciones de los
trabajadores o de la injusticia de las transacciones. Más humanas: el
remontarse de la miseria a la posesión de lo necesario, la victoria sobre
las calamidades sociales, la ampliación a los conocimientos, la
adquisición de la cultura. Más humanas también el aumento en la
consideración a la dignidad de los demás, la orientación hacia el espíritu
de pobreza (18), la cooperación en el bien común, la voluntad de paz.
Más humanas todavía: el reconocimiento por parte del hombre los
valares supremos, y Dios, que de ellos es la fuente y el fin: Más
humanas, por fin y especialmente: la fe, don de Dios acogido por la
buena voluntad de los hombres y la unidad de la caridad de Cristo, que
nos llama a todos a participar, como hijos, en la vida de Dios vivo, Padre
de todos los hombres.
MM
Mientras las economías de las diversas naciones evolucionan
rápidamente y con ritmo aún más intenso después de la última guerra,
creemos oportuno llamar la atención sobre un principio fundamental, a
saber, que el desarrollo económico debe ir acompañado
y
proporcionado con el progreso social, de suerte que de los aumentos
productivos tengan que participar todas las categorías de ciudadanos.
Es necesario vigilar atentamente y emplear medios de eficaces para que
las desigualdades económico-sociales no aumenten, sino que se
atenúen lo más posible.
RN
Pues, destruidos en el pasado siglo los antiguos gremios de obreros, y
no habiéndoseles dado en su lugar defensa alguna, por haberse
apartado las instituciones y las leyes públicas de la región de nuestros
padres, poco a poco ha sucedido hallarse los obreros entregados. Solos
e indefensos, por la condición de los tiempos, a la inhumanidad de sus
amos y a la desenfrenada codicia de sus competidores.
PP
Pero, por desgracia, sobre estas nuevas condiciones de la sociedad, ha
sido construido un sistema que considera el provecho como motor
esencial del progreso económico, la concurrencia como ley suprema de
la economía, la propiedad privada de los medios de producción como un
derecho absoluto, sin límites ni obligaciones sociales correspondientes.
Este liberalismo sin freno, que conduce a la dictadura., justamente fue
denunciado por Pío XI como generador
de “el imperialismo
internacional del dinero”. No hay mejor manera de reprobar, tal abuso
que recordando solemnemente una vez más que la economía está al
servicio del hombre. Pero si es verdadero que un cierto capitalismo ha
sido la causa de muchos sufrimientos, de injusticias y luchas fraticidas,
cuyos efectos duran todavía, sería injusto que se atribuyan a la
industrialización misma los males que son debidos al nefasto sistema
que la acompaña. Por el contrario es justo reconocer la aportación
irremplazable de la organización del trabajo y el progreso industrial a la
obra del desarrollo.
QA
Nos resta atender a otra cosa muy unida con lo anterior. Como la unidad
del cuerpo social no puede basarse en la lucha de clases, tampoco la
recta organización del mundo económico puede entregarse al libre
juego de la concurrencia. De este punto, como de fuente emponzoñada,
nacieron todos los errores de la ciencia económica individualista; la cual,
suprimiendo, por olvido o ignorancia, el carácter asocial del mundo
económico, sostuvo que este debía ser juzgado y tratado como
totalmente independiente de la autoridad pública, por la razón de que
su principio directivo se hallaba en el mercado o libre concurrencia, y
con este principio habría de regirse.
OA
La doble aspiración hacia la igualdad y la participación trata de
promover un tipo de sociedad democrática. Diversos modelos han sido
propuestos; algunos han sido ya experimentados; ninguno satisface
completamente y la búsqueda queda abierta entre las tendencias
ideológicas y pragmáticas. El cristiano tiene la obligación de participar
en esta búsqueda tanto para la organización como para la vida de la
sociedad política. El hombre ser social, construye su destino a través
de una serie de agrupaciones particulares que requieren, para su
perfeccionamiento y como condición necesaria para su desarrollo, una
sociedad más vasta, de carácter universal, la sociedad política. Toda
actividad particular debe colocarse en esta sociedad ampliada y
adquiere, por tanto, la dimensión del bien común.
GS
Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene, al uso de todos los
hombres y de todos los pueblos, de modo que los bienes creados, en
una forma equitativa, deben alcanzar a todos bajo la guía de la justicia y
el acompañamiento de la caridad. Cualesquiera que sean, pues, las
formas determinadas de propiedad legítimamente adoptadas en las
instituciones de los pueblos, según circunstancias diversas y variables,
jamás se debe perder de vista este destino común de los bienes. Por lo
tanto, el hombre al usarlos no debe tener las cosas exteriores, que
legítimamente posee, como exclusivas suyas, sino también
Considerarlas como cosas comunes en el sentido de que deben no sólo
aprovecharle a él sino también a los demás.
CA
Partiendo de la situación mundial apenas descrita, y ya expuesta con
amplitud en la Encíclica Sollicitudo rei socialis, se comprende el alcance
inesperado y prometedor de los acontecimientos ocurridos en los
últimos años. Su culminación es ciertamente lo ocurrido el año 1989 en
los países de Europa central y oriental; pero abarcan un arco de tiempo
y un horizonte geográfico más amplios. A lo largo de los años ochenta
van cayendo poco a poco en algunos países de América Latina, e
incluso de Africa y Asia, ciertos regimenes dictatoriales y opresores; en
otros casos da comienzo un camino de transición, difícil pero fecundo,
hacia formas políticas más justas y de mayor participación. Una ayuda
importante e incluso decisiva la ha dado la Iglesia, con su compromiso a
favor de la defensa y promoción de los derechos del hombre.
OA
No hay que prestar menos atención a la acción que las “ciencias
humanas” pueden suscitar, al dar origen a la elaboración de modelos
sociales que se quería imponer enseguida como tipos de de conducta
científicamente probados. El hombre puede convertirse en objeto de
manipulaciones, orientado sus deseos y necesidades, modificando sus
comportamientos y hasta su sistema de valores. Nadie duda que ello
encierra un grave peligro para las sociedades de mañana y para el
hombre mismo. Pues si todos se ponen de acuerdo para construir una
sociedad nueva para el servicio de los hombres, es necesario saber
todavía de que hombre se trata.
OA
La sospecha de las ciencias humanas atañe al cristiano más que a
otros, pero no lo encuentra impreparado. Porque, Nòs mismo lo hemos
escrito en la Populorum Progressio, es en este punto donde se sitúa la
aportación especifica de la Iglesia a las civilizaciones: “tomando parte de
las mejores aspiraciones de los hombres y sufriendo al no verlas
satisfechas, la Iglesia desea ayudarles a conseguir su pleno desarrollo y
èsto precisamente porque ella les propone lo que posee como propio:
una visión global del hombre y de la humanidad.
LE
Así ese “dominio” del que habla el texto bíblico que estamos analizando,
se refiere no solo a la dimensión objetiva del trabajo, sino que nos
introduce contemporáneamente en la comprensión de su dimensión
subjetiva. El trabajo entendido como proceso mediante el cual el hombre
y el género humano someten la tierra, corresponde a este concepto
fundamental de la Biblia sólo cuando al mismo tiempo, en todo este
proceso, el hombre se manifiesta y confirma como el que “domina”. Ese
dominio se refiere en cierto sentido a la dimensión subjetiva más que a
la objetiva: esta dimensión condiciona la misma esencia ética del
trabajo. En efecto no hay duda de que el trabajo humano tiene un valor
ético, el cual esta vinculado completa y directamente al hecho de quien
lo lleva a cabo es una persona, un sujeto consciente y libre, es decir, un
sujeto que decide de sí mismo.
Para animar cristianamente el orden temporal – en el sentido señalado
de servir a la persona y a la sociedad –los fieles laicos de ningún modo
pueden abdicar de la participación en la “política”; es decir, de la
multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa
y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente en bien
común. Como repetidamente han afirmado los Padres Sinodales, todos
y cada uno tienen el derecho y el deber de participar en la política, si
bien con diversidad y complementariedad de formas, niveles, tareas y
responsabilidades. Las acusaciones de arribismo, de idolatría del poder,
de egoísmo y corrupción que con frecuencia son dirigidas a los hombres
del gobierno, del parlamento, de la clase dominante, del partido político,
como también la difundida opinión de que la política sea un lugar de
necesario peligro moral, no justifican lo más mínimo ni la ausencia ni el
escepticismo de los cristianos en relación con la cosa pública.
Descargar