Décima sexta. Los actos administrativos reglados, no son ajenos a

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Ciro Nolberto Güechá Medina
Décima sexta. Los actos administrativos reglados, no son ajenos a
otros ordenamientos, como en el caso del sistema jurídico español, donde
tienen consagración constitucional, cuando se subordina la actuación de la
Administración a determinados procedimientos,2 que constituyen el reglamento
de producción de los actos administrativos, como principio general y determina
que su control de legalidad se enmarque en la verificación del cumplimiento
de las formalidades previstas en la ley.
Décimo séptima. Igual ocurre en el sistema francés, donde existe la
tendencia a ritualizar las actuaciones de la Administración, tanto desde el
punto de vista constitucional como legal; estableciendo trámites previos para
que la Administración se someta a los mismos, en la expedición de los actos
administrativos,3 donde el control de legalidad es surtido a través de la acción
propia de legalidad como es el recurso por exceso de poder.
Décimo octava. Los actos discrecionales en cambio, muestran una facultad o
prerrogativa de la Administración para alejarse de los rigorismos preestablecidos
en cuanto al trámite de expedición de los actos; lo que no implica que sea una
facultad ilimitada, sino que existen restricciones a la misma en cuanto a los
fines que se persiguen y a los hechos que le sirven de causa. Esta facultad
discrecional no es extraña al Derecho Español ni al Derecho Francés, donde
de vieja data ha sido reconocida, constituyendo el fundamento del control de
legalidad de estos actos administrativos.
Décimo novena. Tanto los actos discrecionales como los actos reglados, están
sujetos a control judicial si son violatorios del ordenamiento jurídico.
Esto es así, en la medida que la Administración está sometida al principio
de legalidad, es decir, que sus actuaciones deben subordinarse al ordenamiento
jurídico, sin importar que se trate de actos discrecionales o reglados.
En efecto, las causales de nulidad de los actos previstas en el artículo 84
del Código Contencioso Administrativo, son aplicables a todos los actos
administrativos, dependiendo la naturaleza de los mismos; es así, que la
desviación de poder se constituye en una primera causa de ataque de los actos
discrecionales, por ejemplo.
Artículo 105, Constitución Española de 1978.
Mediante ley del 17 de julio de 1979, se estableció la obligación de motivar los actos
administrativos, en ciertos eventos, como las decisiones desfavorables o las que contienen una
derogación de regla general.
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