La ciudad que Rita se encontró en 1991

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La ciudad que Rita se encontró en 1991
Rafael Rubio Martínez,
Secretario general del PSPV-PSOE de Valencia.
Diez años en el gobierno de una ciudad son indudablemente muchos años.
Tantos, que pueden dar testimonio de entusiasmos iniciales, cansancios,
frustraciones, éxitos y miles de problemas. Vaya pues por delante mi reconocimiento
por tan largo recorrido, y la felicitación por su habilidad ante las zancadillas e intrigas
que sus propios socios y compañeros le han tendido.
Sin embargo, metidos como estamos en fastos y conmemoraciones, no está
de más recordar la ciudad que Rita se encontró cuando, sumando sus votos a los de
González Lizondo, consiguió arrebatar la alcaldía a la candidata que más votos
había conseguido, Clementina Ródenas.
En 1988, el consistorio aprobó el Plan General de Ordenación Urbana
(PGOU), que trataba de corregir los excesos de planes anteriores y diseñar un
modelo de ciudad, aún vigente, que apostase por un futuro integrador de intereses y
necesidades, en función del bienestar de todos los ciudadanos.
Una de las primeras actuaciones del gobierno socialista de la ciudad fue la
construcción de la planta potabilizadora de agua de Picassent, 75 km de
alcantarillado, 30 km de grandes colectores y estaciones de bombeo hasta la
estación depuradora de Pinedo. Se trataba de asegurar la salubridad del agua para
el 100% de la población, y el tratamiento integral del ciclo, para reducir
drásticamente los vertidos al mar y que el viejo cauce del Turia dejase de ser el
vertedero de las aguas residuales de la mitad norte de la ciudad.
Tras la entrada en pleno funcionamiento del nuevo cauce del río Turia, la
ciudad accedió a la propiedad del cauce viejo, y el Ayuntamiento socialista,
atendiendo una vieja reivindicación popular de los últimos años de la dictadura,
impidió su transformación en autopista urbana y lo convirtió en el Jardín del Turia, un
gran parque de 250 m de ancho y 6 km de largo. Casi al mismo tiempo, se construyó
el parque de Benicalap, se amplió el jardín de Viveros, se repuso el ajardinamiento
de Fernando el Católico, se inició la recuperación de las parcelas privatizadas del
Saler y se puso en marcha la protección del ecosistema de la Albufera. La superficie
ajardinada de Valencia se triplicó, pasando de 811.972 m 2 en 1979 a 2.500.000 m2
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en 1991, con 70.000 nuevos árboles plantados.
Los ciudadanos, por fin, empezaron a recuperar espacio urbano para pasear,
en detrimento de la circulación y el aparcamiento de coches. Así, se establecieron
zonas peatonales en distintos núcleos de calles de marcado carácter comercial.
Salvada la resistencia inicial de algunos comercios, estas zonas han demostrado su
eficacia para potenciar la convivencia lúdica y la actividad del sector de servicios. Al
mismo tiempo, y en la misma línea de pensamiento, la corporación municipal
implantó el carril bici en la ciudad.
Con el soterramiento de la línea de ferrocarril de Barcelona, la Valencia ganó
una nueva avenida, la de la Serrería, de gran capacidad y paralela a la costa, y la
avenida del Puerto alcanzó la fluidez que el antiguo paso a nivel le impedía.
Las avenidas del Cardenal Benlloch, Eduardo Boscà y Peris y Valero
recuperaron su condición de vía urbana tras la inauguración del by-pass, que
permitió la supresión del semáforo de Europa para todos aquellos vehículos cuyo
destino no era nuestra ciudad.
Nuestras playas abandonaron por fin el aspecto decimonónico, se sanearon y
adquirieron un mayor atractivo urbano con la construcción del Paseo Marítimo, que
los ciudadanos han sabido apreciar justamente. La gran afluencia de público durante
todos los días festivos del año es la mejor muestra de aprobación.
Se inició la recuperación y rehabilitación de los barrios más degradados de la
ciudad, algunos de ellos, como el barrio del Carmen, de espacial relevancia histórica
y patrimonial; otros estaban especialmente degradados por las condiciones en que
se habían formado durante los años sesenta; otros, en fin, se veían sometidos a una
gran presión inmobiliaria especuladora. En todos los barrios --La Amistad, Sant
Marcel·lí, Benimaclet, Orriols, Torrefiel, Malilla, Cabanyal, Malvarrosa, Campanar,
etc.—se empezó a tejer la red de servicios de bienestar básicos y la urbanización
integral.
El patrimonio municipal de suelo se incrementó notablemente gracias a la
aportación del 15% como carga urbanística. Se regulaba así la presión alcista de los
precios de la vivienda, al tiempo que se impulsaba la promoción de Viviendas de
Protección Oficial (VPO), que llegaron a ser un tercio de las construidas.
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Todo ello, unido a la ampliación del acceso de Ademuz, el puente de
Calatrava y la puesta en servicio del by-pass, definió lo que era una clara política de
actuaciones propias y concertadas en materia urbanística y de vivienda dirigida a
recuperar la ciudad para los ciudadanos que viven y quieren vivir aquí.
Durante los años de mandato municipal socialista se rompió el tabú del
subsuelo. Hasta entonces, siempre se consideraba temerario cualquier proyecto que
entrañase obras subterráneas, debido al nivel freático. Sin embargo, la construcción
de las tres primeras líneas del Metro, a partir de la red de Ferrocarriles de la
Generalitat Valenciana, demostró que era posible contar con infraestructuras
imprescindibles en cualquier gran ciudad. Así se inició la serie de pasos
subterráneos destinados a hacer más fluido el tráfico de vehículos, se hizo operativo
el sistema informático de control del tráfico, y se inició el programa de aparcamientos
públicos para residentes y de rotación, como los de Salvador Allende, San Agustín,
Paz-Glorieta, Porta de la Mar, Hospital General, Avda. Regne de Valencia, plaza de
la Reina, Dr. Waksman, Abastos, Alfonso Gavino, Dr. Gómez Ferrer, AlbaceteMarvá, Palau, Oeste-Parcent, Santa María Micaela y Esteban Dolz, con un total de
más de 5.000 nuevas plazas de aparcamiento, además de las 3.000 que se crearon
mediante la ORA. También se impulsó la renovación del parque de autobuses de la
EMT, empresa que pasó de prestar sus servicios a 76 millones de pasajeros en
1979 a los 97 millones de 1990. Se consiguió, pues, una importante reducción de la
congestión del tráfico, la mejora de la circulación peatonal y una importante
disminución de la emisión de gases contaminantes. Mención especial merece, sin
embargo, la reintroducción del tranvía como medio de transporte colectivo en
nuestra ciudad, incorporando las últimas tecnologías del momento.
En el campo cultural, merece destacarse la construcción del Palau de la
Música y sus grandes ciclos de conciertos, la construcción del IVAM y la constitución
de su colección permanente con el legado de Julio González, la inauguración del
Museo de la Ciudad en el Palacio de Berbedel, la modernización de infraestructuras
del Teatro Principal, la reconversión del Centro de la Beneficiencia y la ampliación
del Museo de San Pío V. Valencia ocupó una cierta centralidad en el espacio cultural
mediterráneo, gracias a la Mostra de Cinema del Mediterrani, la Trobada de Música
y el Encontre d’Escriptors.
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Mientras la Universitat de València construía los nuevos campus de Burjassot
y Tarongers, y la Universidad Politécnica ampliaba sus instalaciones en el campus
de Vera, se produjo un gran impulso en la creación de 8 nuevas bibliotecas públicas
y se consiguió la escolarización de toda la población en edad escolar. Se creó la red
de escuelas infantiles (escoletes) y se amplió la de colegios de primaria e institutos
de educación secundaria obligatoria como los de Abastos, Benlliure, Benimaclet, la
Fuente de San Luis, Benicalap, etc., lo que representó un gran esfuerzo e impulso a
la enseñanza pública básica y de calidad. Fueron en total 23 nuevos colegios
públicos, con 10.000 plazas escolares de EGB y 2.000 en preescolar, que
supusieron la renovación de 25% de la red pública de la ciudad. En este mismo
periodo se crearon el Instituto Municipal de Educación y el Patronato de Escuelas
Infantiles.
Durante los distintos mandatos socialistas se construyó el nuevo edificio del
Ayuntamiento en la avenida de Aragón y el de los juzgados de la Porta del Mar, a fin
de que el Palacio de Justicia quedase como sede del Tribunal Superior de Justicia
de la Comunidad Valenciana. Casi al mismo tiempo, se iniciaba la construcción de la
Ciudad de las Ciencias, según proyecto de Santiago Calatrava, que incluía, además,
una singular torre de comunicaciones que el gobierno de Zaplana eliminó del
proyecto cuando la fase de cimentación estaba realizada. El conservador Partido
Popular daba así la bienvenida al siglo de las telecomunicaciones.
A finales de los ochenta se puso en marcha RTVV, y se ampliaron las
instalaciones de la Feria de Muestras, hasta llegar a ser una de las mayores de
Europa. La organización mundial reconoció la capacidad y el impulso de nuestra
feria con una vicepresidencia que se perdió después bajo mandato del PP.
El
Puerto de Valencia –que junto con la Feria es el principal agente de la proyección
internacional de ciudad— despegó tanto en actividad como en
expansión.
Simultáneamente se creó la red de institutos tecnológicos que debían servir de base
para potenciar la innovación y el desarrollo de nuestro tejido de pequeñas y
medianas empresas.
Junto a la educación, la salud fue una de las principales prioridades de los
gobiernos socialistas municipales. Por eso, bajo su mandato, fueron ampliados y
modernizados los hospitales Clínico, Dr. Peset y Arnau de Vilanova. Además se
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construyeron los centros de salud de Castellar, Fontsanta, Tomas Villarroya,
Ingeniero Joaquín Benlloch, Fonteta de Sant Lluís, Economista Gay, Trinitat,
Natzaret, Benimaclet, Marco Merenciano, Salvador Allende, la Malvarrosa, Salvador
Pau, Pare Jofré, Valencia, Pintor Stolz, Sant Marcel·lí, Trafalgar y Benimàmet.
Quedaron implantados y en marcha servicios de epidemiología, zoonosis y de
inspección higíenico-sanitaria y se impulsaron programas para manipuladores de
alimentos, de vacunación municipal infantil, de planificación familiar, de salud para la
tercera edad, para drogodependientes, para la atención a domicilio, para
disminuidos psíquicos, etc.
Se impulsó la práctica generalizada del deporte como componente básico de
la educación integral, con la construcción del polideportivo de la Fuente de San Luis,
el velódromo Lluís Puig y campos de distintos deportes en el cauce viejo del Turia,
El Saler, El Racó de Boix, Benicalap, Dr. Lluch o El Carmen, y doce instalaciones
deportivas elementales. Para los jóvenes, además, se creó la Oficina de Información
Juvenil y los Casal d’Esplai de El Saler y Rocafort.
En la atención de los servicios sociales de pasó de un presupuesto de 24
millones de pesetas en 1979, a 1.500 millones en 1990. Esto permitió un importante
despliegue de centros sociales y la creación de 15 clubes de jubilados con más de
14.000 socios.
Con el fin de no ser exhaustivos, terminaremos recordando el incremento del
48% de los efectivos de policía local, así como la formalización e institucionalización
de la participación ciudadana y la descentralización administrativa, con la aprobación
de la Carta de Participación Ciudadana y la creación de seis Juntas de Distrito.
Esta descripción tiene, como es obvio, un ánimo positivo. Es un recordatorio
de los resultados de un programa que respondía a un modelo de ciudad concebido
para promover el bienestar de los ciudadanos. Es un apunte apresurado que, no
obstante, puede servir de base a la reflexión sobre las diferencias con la actuación
de un gobierno de derechas como el actual.
(Las Provincias, 23 y 24 de agosto de 2001)
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