EL DERROCHE QUE PROVOCA EL HAMBRE Y LA DESIGUALDAD

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EL DERROCHE QUE PROVOCA EL HAMBRE Y LA DESIGUALDAD
Pidiendo Explicación obra de Claudio Acuña
Puerto Montt, 23 de Mayo de 2011. (ONG VÃ-nculos). Un reciente informe de la Organización para la Agricultura y la
Alimentación de las Naciones Unidas (FAO; Food and Agriculture Organization) devela que se pierden o desperdician al
año al rededor de 1.300 toneladas de alimentos destinados al consumo humano. Esto supone que un tercio de la
comida que se produce en el mundo acaba en la basura. Las alarmas comienzan a sonar cuando el Banco Mundial
advierte que al acabar este año (2011) podrÃ-a haber cerca de mil millones de personas hambrientas (pobreza extrema:
menos de un dólar al dÃ-a) en el mundo.
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El informe, realizado por el Instituto Sueco de Alimentos y BiotecnologÃ-a (SIK), y que lleva el nombre de “Global Food
Losses and Food Waste― (Pérdidas y desperdicios de alimentos en el mundo) expone que si se repartiera todo el
alimento desperdiciado en el mundo a cada una de las personas que hoy sufren de pobreza extrema, les
corresponderÃ-an 1.300 Kg. de alimentos anuales. los consumidores de los paÃ-ses ricos desperdician cada año la
misma cantidad de alimentos (222 millones de toneladas) que la totalidad de la producción alimentaria neta del Õfrica
Negra (unos 230 millones de toneladas). En contraposición, el menos del 20% de la población mundial que vive en los
paÃ-ses desarrollados pierde y sobre todo desperdicia más alimentos que aquellos en vÃ-as de desarrollo (670 millones
de toneladas de los primeros frente a los 630 millones de todos los demás). La cantidad de alimentos que se pierde o
desperdicia cada año equivale a más de la mitad de la cosecha mundial de cereales (2.300 millones de toneladas la
pasada campaña).
 Claro que a este respecto, el estudio también hace la diferencia entre desperdicio y pérdidas. Mientras los paÃ-ses más
industrializados (Europa y Estados Unidos) desperdician el alimento porque “en la mayorÃ-a de los casos tanto los
minoristas como los propios consumidores arrojan alimentos perfectamente comestibles a la basura―, los paÃ-ses en
vÃ-as de desarrollo (América Latina y sudeste asiático) sufren sus pérdidas en las fases de producción, recolección,
post-cosecha o procesado a causa, según la FAO, “de la precariedad de las infraestructuras, el bajo nivel tecnológico y
la falta de inversiones en los sistemas de producción alimentaria―. AsÃ-, mientras que el desperdicio en Europa y
Estados Unidos es de 95-115 Kg. por persona y año, este margen desciende a los 6-11 Kg. en el Õfrica meridional y el
sudeste asiático.
 Éstas serÃ-an las únicas diferencias que engloban entre sÃ- estos dos conceptos (desperdicio y pérdida), ya que ambos
suponen el desaprovechamiento de importantes recursos como lo son el agua, la energÃ-a, la tierra, la mano de obra y el
capital, además de la producción innecesaria de gases de efecto invernadero que contribuyen al aceleramiento del
calentamiento global y del cambio climático.
De estos resultados, se propone la perspectiva del efecto “dominó―, ya que las pérdidas de alimentos durante la
recolección y el almacenaje se traducen en la pérdida de ingresos para los pequeños campesinos y en precios más
elevados para los consumidores pobres. Luego, el hecho de reducir simplemente estas pérdidas, significarÃ-a, afirma la
FAO, “un impacto inmediato y significativo en los medios de subsistencia y la seguridad alimentaria― además de un
importante paso hacia la equidad. Como todo informe que se precie, en éste también se incluyen sugerencias, a modo
de solución, que pretenden acabar con este tipo de desperdicio perjudicial y pernicioso para la ya bien extendida
pobreza extrema que se instala en el mundo. El informe aconseja fortalecer la cadena de suministro alimentario,
apoyando al pequeño campesinado y fomentando los canales cortos de distribución que acercan a los productores a
los propios consumidores. Los sectores público y privado deberÃ-an también invertir más en infraestructura, transporte,
procesado y empaquetado. Ya que reconoce que el problema, en los paÃ-ses en vÃ-as de desarrollo, es básicamente el
uso de técnicas de recolección inadecuadas, una gestión y logÃ-stica post-cosecha precarias y la ausencia de
infraestructuras, procesado y empaquetado adecuados.
Mascara obra de Claudio Acuña
 Por otro lado, se hace referencia a las “excesivas― normas de control de calidad en las que se basan las grandes
superficies a la hora de aceptar o descartar los alimentos. "A nivel de la venta al detalle también se desperdician
grandes cantidades de alimentos debido a las normas de calidad que dan excesiva importancia a la apariencia",
apuntan desde la FAO. No obstante, las encuestas de tendencias entre consumidores, revelan que existe entre éstos
una predisposición a consumir alimentos que no cumplan las exigencias de apariencia, siempre que dichos alimentos
sean inocuos y tengan buen sabor. "De esta forma, los consumidores tienen la facultad de influenciar en los estándares
de calidad y deberÃ-an hacerlo", indica el informe.
El mismo propone fomentar la venta directa por parte de las granjas y agricultores “sin tener que cumplir las normas de
calidad de los supermercados― entendiendo que cuando se habla de “calidad―, se hace referencia a la “aparienciaâ€
producto, ya que no parece ser intención de la FAO rebajar el nivel de seguridad alimentaria de los consumidores.
 En el estudio se dejan ver también ciertas falencias de Ã-ndole mercantil y publicitaria. Es decir que, si bien es cierto
que los ciudadanos de los paÃ-ses más industrializados se han convertido en una especie de “máquina consumista―, la
publicidad y el mercado hacen también su peculiar aporte generando la necesidad de consumir ante cualquier
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circunstancia o situación. A este respecto, el estudio sólo afirma que "a los consumidores en los paÃ-ses ricos se les
anima con frecuencia a comprar más alimentos de los que necesitan", cuando en realidad, y desde un punto de vista
meramente crÃ-tico, el mundo publicitario al servicio del mercado, siempre pretende influir en el consumidor con ese
mismo fin.
 No obstante, las conclusiones a las que llega el informe no están exentas de cierta polémica, ya que tratan a las
personas como consumidores natos indicando que "la educación en las escuelas y las iniciativas polÃ-ticas son posibles
puntos de partida para cambiar la actitud de los consumidores. También habrÃ-a que concienciarles de que a causa de
la disponibilidad limitada de recursos naturales, resulta más eficaz reducir las pérdidas de alimentos que incrementar la
producción para alimentar a la creciente población mundial―.
 Aunque la denuncia que queda plasmada en el informe es fruto de la realidad misma, aludiendo que "en lÃ-neas
generales, los consumidores no consiguen planificar de forma adecuada sus compras de alimentos. Esto significa que a
menudo se deshacen de alimentos cuando se pasa la fecha indicada para consumir preferentemente antes de", esto
responde a la funcionalidad misma del mercado en sÃ-, en la que lo único que hace funcionar el motor es el consumismo
exacerbado, comprar y comprar más, por lo que se podrÃ-a decir que el ente consumista no es más que un producto,
creado por medio de la publicidad, para que el mercado pueda subsistir y valerse por sÃ- sólo a partir de la persona que
cae en su yugo.
 Más información e informe completo:
http://www.fao.org/news/story/es/item/74327/icode/
Fuentes consultadas:
http://www.boletinagrario.com/dc-2164,casi-tercio-alimentos-producidos-mundo-acaba-basura.html
http://www.elmundo.es/elmundo/2011/05/11/solidaridad/1305109296.html
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