ENTREVISTA: Paul McCartney Músico

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ENTREVISTA: Paul McCartney - Músico
"Nos divertía oír que los Beatles pudieran corromper a un país"
PATRICIA TUBELLA - Londres
Conseguir una audiencia con ese icono de la música popular que encarna Paul
McCartney resulta casi tan inusual como ser invitado a tomar el té en compañía
de la reina. Pero la promoción de su nuevo álbum bajo el seudónimo de The
Fireman ha convencido a sir Paul para recorrer la escasa distancia que separa
su residencia en el barrio de Saint John's Wood de la mítica Abbey Road. A su
sello no se le escapa que el objeto del deseo del restringido grupo de
periodistas es el personaje en sí mismo, y no tanto su tercera aventura musical
en colaboración con el productor y amigo Youth (Martin Glover), antiguo
miembro de la banda Killing Joke.
La presentación de Electric Arguments tiene su escenario en los estudios
ubicados frente al paso de cebra más retratado de todo Londres -aquel que
inmortalizaran los Fab Four en la portada de su último disco-, aunque en
realidad fue grabado en la mansión que el ex Beatle posee en la campiña de
Sussex. El protagonista absoluto del evento -ni rastro de Youth en la
presentación- comparece con un aspecto más que juvenil a sus 66 años,
ataviado con americana informal, camisa floreada, zapatillas deportivas y el
peinado que delata la mano de un estilista.
McCartney es un dechado de jovialidad y amabilidad en el trato, no exento de
cierta impostura en las distancias cortas, mientras departe entre los corrillos
bien parapetado por un relaciones públicas que vigila los derroteros de la
conversación. Por ello resulta imposible confirmar si el primer tema del álbum,
el lamento roquero Nothing too much just out of sight, fue concebido como
venganza contra Heather Mills, su segunda esposa, de quien se divorciaba
esta primavera previo pago de un talón de 31,6 millones de euros. "Te dije que
te quería, lo último que hiciste fue traicionarme (...) tienes dinero y falta de
modales", reza la letra de la canción que el estudio permitió difundir en primicia
-el disco no sale a la venta hasta el 24 de noviembre- a la radio británica
semanas atrás.
Tras un paréntesis de 10 años, The Fireman regresa con una nueva propuesta
de música electrónica que el artista concibió a razón de un solo día dedicado a
cada uno de los 13 temas compuestos por él sobre la marcha. "Nunca he
hecho nada parecido, es la primera vez que entro en un estudio sin tener nada
preparado, ni siquiera una canción", explica McCartney sobre el concepto
experimental de una iniciativa libre de los habituales corsés. "Parecíamos
inventores enloquecidos. ¿Qué tal un poco de armónica? [saca una del bolsillo
y se lanza a tocar] ¿Probamos con la batería? ¿Con la guitarra? He compuesto
tanto a lo largo de los años que, incluso cuando improviso, sé lo que va a
funcionar".
El resultado es, cuanto menos, original. Un recorrido espontáneo por diversos
géneros (rock, blues, folk, dance...), arropado por la inconfundible voz del ex
Beatle, y en el que prima la espontaneidad frente a la factura final. "Fue
emocionante, porque no sabías lo que iba a pasar", relata intentado
convencernos de que también los ídolos planetarios pueden sufrir vértigo: "A
veces me decía a mí mismo 'éste podría ser el momento más vergonzoso de tu
vida. Un tremendo error ¡que puede arruinar toda tu carrera!". Al hombre cuya
colaboración con John Lennon ha quedado grabada con letras mayúsculas en
el universo de la música le produce aprensión encarar el estudio en solitario.
"Me gusta tener un compañero", dice en alusión a Youth, "de otro modo
parezco un profesor distraído y solo en su laboratorio todo el día".
McCartney acaba de regresar de Israel, donde a finales de septiembre
protagonizó un concierto cuatro décadas después de que los Beatles fueran
vetados por su influencia supuestamente perniciosa. "Nos parecía divertida la
noción de que podíamos corromper con nuestra música a todo un país. '¡Hey,
aquí venimos para corromperos!", rememora con socarronería. "Lo cierto es
que no nos afectó", añade, "teníamos una gira por muchos países y
simplemente nos dirigimos al siguiente".
De aquella época datan los documentos que acaban de salir a la luz (ver EL
PAÍS, 29 de septiembre) sobre el exhaustivo seguimiento que el Gobierno
británico dispensó al cuarteto de Liverpool. "Los Beatles deben ser protegidos
de sus fans" o "El despliegue operación Beatles de la policía japonesa es
similar al de los Juegos Olímpicos de 1964" son algunas conclusiones
recogidas entonces por las embajadas del Reino Unido en los países que
pisaban.
La percepción de que aquel fenómeno musical pudiera representar una
amenaza acaba de ser pulverizada por un estudio de la Universidad de
Cambridge. Su responsable, el profesor David Fowler, alega que los Beatles no
fueron unos héroes de la contracultura, sino capitalistas que explotaron a los
jóvenes con fines comerciales. "Hicieron tanto por representar los intereses de
los jóvenes de la nación como las Spice Girls en los años noventa", es su
polémica conclusión, que va a levantar muchas ampollas.
FUENTE EL PAIS
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