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Revista electrónica ddeser no. 32
La educación sexual
A pesar de que hay quienes afirman que siempre ha existido algún tipo de educación
sexual en nuestro medios, podríamos pensar que se confunden los términos y, en
realidad, de lo que se está hablando es de la socialización sexual, entendida como una
manera de transmitir a los niños, jóvenes y adultos un determinado modelo de
sexualidad: valores, juicios, prejuicios, mitos, sin ningún tipo de intencionalidad de
cambio.
Cuando de sexo no se hablaba, ni estaba permitido o, más claramente, se lo prohibía o
reprimía, eso también era una manera de socializar pero no con el concepto actual de
educar. Tal vez el silencio y el silenciar son una manera de comunicar algo: el concepto
de “eso no se mira, eso no se dice, eso no se toca” era ciertamente, y lo sigue siendo,
una ideología pero sin finalidad educativa, ya que ésta implicaría una estrategia y un
desarrollo particular.
“Eso no se mira, eso no se dice, eso no se toca”
Los padres son los primeros educadores pero no lo son exclusivamente por explicar
detalladas cuestiones anatómicas y fisiológicas sino por ser modelo de actitudes (si,
p.ej., los padres de un niño no se muestran como una pareja afectuosa con
manifestaciones de cariño, es en vano que le expliquen al pequeño que debe ser
afectuoso cuando grande). Sería algo limitado centrar todo el tema de la educación
sexual exclusivamente en los padres sino que los docentes, los religiosos que están en
contacto con la sociedad, los medios de comunicación masiva, los profesionales,
participan de una u otra manera en el proceso de formación sexual y no sexual en los
niños y adolescentes.
La educación sexual no es sólo una explicación de cómo son los genitales o el
funcionamiento mecánico de los mismos, ni de las prevenciones ante las enfermedades
de transmisión sexual o las maneras de evitar un embarazo ni de indicar a la gente
ciertas y determinadas prescripciones, sino también en que, y quizás esto parecerá
obvio, el sexo va ligado al goce y al placer. Si observamos detenidamente veremos que
lo que siempre se ha prohibido o castigado -de eso sabe el puritanismo- es la
sexualidad placentera. El ser humano era un homo faber, un ser destinado a trabajar,
reverenciar a los mayores y a sus dioses, procrear y criar a sus hijos. Pero no era
alguien que debía disfrutar la vida plenamente, gozar del sexo, perder el tiempo,
dedicarse a jugar o a los placeres corporales. La vida tenía así una connotación severa
y austera, con un concepto del pecado y el castigo por la transgresión de las normas
imperantes (los interdictos de que hablaba Bataille).
“Lo que es pornografía para un hombre puede ser la risa del genio para otro”
D. H. Lawrence
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Es bueno aclarar que estos criterios no se mantuvieron en todas las etapas de la
Historia ya que no es lo mismo el concepto hedonista grecorromano al posterior del
auge del Cristianismo y el Medioevo, ni el Renacimiento igual a la época de la Reforma
y la Contrarreforma. Esto se relaciona inevitablemente con una cuestión axiológica,
valorativa: intervienen la ética y la moral, pero estos valores también difieren según las
creencias personales, religiosas, socioculturales, históricas y geográficas. Lo que para
algunos está bien para otros no lo está, si en un país algo es normal puede que no lo
sea en otro.
“- Pero... este cuadro es obsceno”, dijo la señora.
“- La obscena es usted”, contestó Pablo Picasso.
Entonces no deberíamos manejarnos con normas rígidas e inmutables, como si el
mundo no hubiera soportado cambios radicales en la concepción de los valores. No hay
una sola moral como no hay una sola ética: vemos lamentablemente que a lo largo de
la Historia, en nombre de ciertas creencias, se ha matado, torturado y perseguido a
millones de personas porque no pensaban lo mismo que los detentadores del “poder, la
moral y la verdad”. Por ello hay un punto polémico: qué decir sin caer en una
concepción maniqueísmo del universo, ya que entran en juego ideologías
contrapuestas. Un ejemplo lo vemos en cómo deben ser las mujeres y cómo los
varones: cuál debería ser el rol y la identidad de cada uno de los sexos, lo que supone
que una mujer debería ser y hacer en la vida, cómo comportarse y a qué dedicarse. En
esto
la
socialización
sexual
ha
sido
sistemática:
la
mujer
esposamadrehermanasantapura dedicada a las tareas hogareñas, a la sombra del
marido, del padre, del hermano, del jefe.
“Padre patrón padre eterno”
Los varones no se han escapado de una conformación deliberada de lo que debían ser:
fuertes, varoniles, agresivos, enjundiosos, triunfadores, siempre listos, ganadores,
activos, dominantes... Esto también ha sido una manera deliberada de transmitir
información sexual.
Nadie debería erigirse en el poseedor de verdades absolutas ni en el dueño del
conocimiento, sino aprovechar el contacto con diversas personas de la comunidad
(docentes, asistentes sociales, organizaciones no gubernamentales y gremiales,
medios de comunicación), ya que son los receptores de las inquietudes y dudas de
vastas capas de la población. Por supuesto deberíamos escuchar atentamente qué nos
dice la gente, qué nos enseña cuando nos está hablando de sus peculiares condiciones
de vida, de sus creencias y valoración de actitudes.
No comparto la polaridad antitética del educador que sabe y del alumno ignorante que
no sabe. Esta es una concepción autoritaria de la enseñanza que no ayuda a liberar a
nadie de la represión y el puritanismo. Aún nos falta aprender mucho de las
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necesidades de los niños y de la población en general para adecuar de qué manera
vamos a transmitir información y experiencias y qué es lo que vamos a enseñar.
Una de las asociaciones peligrosas y falaces es ligar la educación sexual con lo
antirreligioso, lo ateo y materialista, la pornografía, la droga, la disolución familiar y
social. Creemos que el amor, el cariño, la no discriminación y el respeto son algo básico
en la relación entre las personas, incluyendo lo sexual. Los valores de la gente no
deberían ser demolidos contraponiendo sexo por un lado, religión y valores por otro.
Otros comentarios tendenciosos tienden a relacionar el momento de aparición de esta
necesidad de planes de educación sexual con una cierta apertura en revistas, films o
programas donde se habla de manera procaz y meramente mercantilista sobre el sexo,
viéndolo como una relación causa-efecto. Es un reduccionismo simplista ligar la
necesidad de la educación sexual con el auge de la pornografía o por un mayor
consumo de drogas, negando sinceros deseos de la gente de saber más sobre
sexualidad humana y de disfrutar mejor del amor y el erotismo.
“El hombre descubrió una rara dicotomía: amor físico y amor espiritual.
Antes sólo conocía el amor...” José Narovsky
Por el contrario, pensamos que una educación sexual sana y coherente podría
neutralizar una concepción denigrada de la vida amorosa y erótica, previniendo
disfunciones sexuales y sufrimientos innecesarios; ayudando, entre otras cosas, para el
logro de una existencia más digna y sin temores, miedos, tabúes ni culpas por el hecho,
tan simple y primario, de que siendo sexuados hemos nacido con la posibilidad y
necesidad de amar y disfrutar de nuestro cuerpo ( “...que son las cosas del alma”, diría
el poeta Walt Whitman) tanto como de nuestra sexualidad.
http://www.sexovida.com/educacion/educacion.htm
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