COMENTARO DE EL GUARDIAN ENTRE EL CENTENO

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COMENTARO DE
EL GUARDIAN ENTRE EL CENTENO
EL libro comienza presentándonos a Holden Caulfield, un chico de 16 años que se encuentra en un colegio
interno pasando sus últimos días, ya que ha sido expulsado debido a sus malos resultados académicos.
Desquiciado de todo, decide salir antes de tiempo. Llega a Nueva York algunos días antes de su llegada
oficial, así que para que no se enteren sus padres no le queda mas remedio que deambular por la ciudad entre
hoteles, clubes nocturnos, borracheras etc. corre todo tipo de anécdotas más malas que buenas, llegando a
situaciones de auténtica locura. Holden acaba harto de todo, medio loco y termina en una especie de
manicomio desde donde escribe la historia.
Refiriéndose a estructura externa, el libro esta dividido en 26 capítulos, y en cuanto a la estructura interna, la
acción se desarrolla de forma circular, empieza y acaba en el manicomio.
La acción se nos presenta dada mediante un narrador subjetivo, ya que es el personaje principal, Holden
Caulfield el que nos cuenta su propia historia. Así pues, la subjetividad es total, según le caigan al narrador,
los personajes van a ser buenos o malos, los maneja a su total antojo. Curiosamente, la gran mayoría de los
personajes son malos. Ejemplos totales de degradaciones totales sobre personajes son las siguientes citas
textuales:
Había cortado el paso por ese pasillo, pero se le notaba que era de las que les gusta bloquear el tráfico.
Había un camarero esperando a que se apartara pero ella no se dio ni cuenta. Se notaba que al camarero le
caía gorda, que al oficial de marina le caía gorda, que a mí me caía gorda, a todos. En el fondo daba un poco
de lástima
Así pues, la realidad queda manipulada, no quedándole mas remedio al lector que creerla y odiar a la mayoría
de los personajes, al igual que el protagonista−narrador, resaltando sobre todo los valores negativos de cada
uno, tales como falsedad, prepotencia, chulería, etc, y haciendo ver al lector que en el fondo todos somos
malos, al igual que nuestra sociedad. Son muchos los personajes que con sus características nos recuerdan a
gente conocida. Así, Holden va acumulando odio hasta prácticamente enloquecer.
Empieza por sus compañeros de cuarto, Ackley y Stradlater. Ackley es un chico raro y marginado al cual está
continuamente degradando y haciéndole despreciable. Stradlater es el típico chulo que solamente mira por su
interés, y al que según Holden todo el mundo excepto él, que le conoce bien, le admira. Así lo expresa en la
siguiente cita textual:
Siempre estaba pidiendo favores a todo el mundo. Todos esos tíos que se creen muy guapos o muy
importantes son iguales. Como se consideran el no va mas, piensan que todos les admiramos muchísimo y
que nos morimos por hacer algo por ellos. En cierto modo tiene gracia
Una vez que sale del colegio, sigue criticando. A los taxistas, a la gente de la calle, a la gente famosa que
actúa en clubes a los que él va, y a todo el mundo en general.
De sus feroces críticas poca gente se salva, tan solo unas monjas y su familiares, sobre todo sus hermanos
menores (uno fallecido)
Lo que le pasa a Holden es que poco a poco ha ido perdiendo la ilusión de la vida, la ilusión de esperar que
todo tenga una finalidad conveniente, de lograr los objetivos que se marcan luchando por ellos.
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Esa ilusión que tiene todo el mundo cuando se encuentra en estado normal. Esa ilusión se pierde cuando
llegan los momentos malos, y eso es lo que le ha pasado a Holden, que ha llegado a un estado en el que todo
le da igual llegando a odiar a todas las personas, buenas o malas, que intentan vivir la vida. Si no viese todo
desde un punto de vista tan pesimista, no se habría parado a pensar en los demás y habría sido más egoísta,
pensando mas en él mismo, ya que la sociedad en la que vivimos nos incita a ser egoístas y competitivos los
unos contra los otros. A veces se comprueba que cuanto menos se preocupa una persona por los demás,
incluso despreciándoles, por contradictorio que parezca, mejor le va y más admirado es. La gente que admira
en exceso a otros, los comúnmente denominados perritos falderos no acaban bien.
En esta sociedad tan competitiva, los más débiles sucumben, y ese es el caso de Holden, que, harto de luchar
contra los demás acaba desilusionado, hundido y viendo ridículas muchas actuaciones y comportamientos de
gente normal.
En la vida hay ciertas normas que hay que cumplir, las cuales Holden no respeta. Eso es lo que le dice un
profesor suyo cuando se entera de su expulsión:
La vida es una partida, muchacho. La vida es una partida y hay que vivirla de acuerdo a las normas del juego
Ante esta afirmación, Holden contesta para sus adentros:
De partida un cuerno. Menuda partida.Si te toca del lado de los que cortan el bacalao, desde luego que es
una partida, eso lo reconozco. Pero si te toca del otro lado, no veo donde esta la partida.
Esa es su forma de pensar y de enfrentarse a la vida: ninguna. Lo que no se ha parado a pensar Holden es que
la gran mayoría de la gente (excepto los que nacen con la vida ya resuelta, que son una minoría ¿afortunada?)
tienen que esforzarse por alcanzar si no el lado, una parte cercana de los que parten el bacalao y que
rindiéndose y quedándose quieto, se quedará en la parte de los sometidos. Esas son las reglas del juego de la
vida: hay que luchar para conseguir las cosas, la vida no es un camino de rosas y nadie regala nada.
Si el personaje leyera todo esto, seguramente me odiaría a muerte, pero hay veces que la verdad duele y es
difícil de asimilar.
Casi al final del libro, le dan tentaciones de adoptar una solución fácil: huir de todo y pasar de enfrentarse a
los problemas. Es una solución cobarde aunque No es mala del todo, simplemente es utópica. Así le propone a
una ex−novia suya un día que decide volver a quedar con ella:
(...)Oye, ¿qué te parece si nos fuéramos de aquí? Te diré lo que se me ha ocurrido. Tengo un amigo en
Greenwich Village que nos prestaría un coche (...) Mañana por la mañana podríamos ir a Massachussets, y a
Vermont, y todos esos sitios de por ahí (...) viviremos en cabañas y sitios así hasta que se nos acabe el dinero.
Luego buscaré trabajo en alguna parte y viviremos cerca de un río. Nos casaremos y en el invierno yo cortaré
leña y todo eso (...)
Como se ve, es una solución fantasiosa e imposible que demuestra que el pobre Holden, debido a la
desesperación empieza a no estar ya en sus cabales.
Hay personajes a los que la situación de Holden les preocupa, como el señor Antolini, que le dice lo que le
pasará como siga así:
Esta caída que te anuncio es de un tipo muy especial(...) Es la clase de caída que acecha a los hombres que
en algún momento de su vida han buscado en su entorno algo que éste no podía proporcionarles, o al menos
así lo creyeron ellos. En todo caso dejaron de buscar. De hecho abandonaron la búsqueda antes de iniciarla
siquiera
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Es una afirmación soberbia, que da justo en el clavo con el problema de Holden, que cree no encontrar lo que
busca, porque no se ha adaptado a la vida.
Pero ésta charla no parece afectarle mucho a Holden, que abandona la casa del señor Antolini, en la que se
encontraba durmiendo hasta despertarse sobresaltado a media noche y descubrir que el señor Antolini le
estaba rascando la cabeza e interpretar el acto como homosexual.
Una vez que sale de la casa y vuelve a deambular por Nueva York, el protagonista sufre auténticos ataques de
locura:
De pronto empezó a pasarme una cosa horrible. Cada vez que iba a cruzar una calle y bajaba el bordillo de
la acera, me entraba la sensación de que no iba a llegar al otro lado. Me parecía que iba a hundirme,
hundirme, y que nadie volvería verme jamás(...) Empecé a sudar como un condenado hasta que se me empapo
toda la camisa y la ropa interior y todo)
En esta situación el personaje hace sentir compasión sobre el lector, es una escena realmente penosa y triste,
ver como un chico de 16 años ha enloquecido por ser débil ante la sociedad.
El libro termina en un parque en el que hay un tiovivo, donde viendo a su hermana menor Phoebe tan feliz,
parece que se le pasa un poco la locura y las ganas de irse en busca de aventuras. Finalmente, nos dice que
acabó en una especie de sanatorio mental, un conmovedor final.
Me parece un libro extremadamente realista, tanto que no puedo creer que sea una historia ficticia creada por
su autor, J.D. Sallinger, sino que creo que el autor es el personaje de Holden.
Personalmente, el personaje de Holden me cae muy bien, comparte conmigo muchos pensamientos, odia
gente y actitudes que yo también odio, y me ha recordado situaciones, que sin haber llegado a ser tan extremas
como las suyas, yo también he vivido. Además me encanta la forma que tiene para dejar a alguien por los
suelos así como numerosas afirmaciones, cabiendo destacar una que me llamó la atención y con la que estoy
totalmente de acuerdo:
Lo malo de las chicas es que si un tío les gusta, por muy cabrón que sea te dicen que tiene complejo de
inferioridad, y si no les gusta, ya puede ser buena persona y creerse lo peor del universo, que le considerarán
un creído. Hasta las más inteligentes, en eso son iguales.
Finalmente, como opinión personal, el libro me ha gustado mucho, es mi preferido de todos los que he leído
hasta el momento, y como conclusión he sacado que la vida es una lucha continua entre unos y otros, y que
además de lucha, hay otras ciertas reglas que, o se cumplen o se acabará tan mal como el pobre Holden.
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