Fármacos sin receta

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Datos y cifras
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Más del 50% de los medicamentos se prescriben, dispensan o venden de forma
inapropiada, y la mitad de los pacientes no los toman correctamente.
El uso excesivo, insuficiente o indebido de los medicamentos tiene efectos
nocivos para el paciente y constituye un desperdicio de recursos.
Más del 50% de los países no aplican políticas básicas para fomentar el uso
racional de los medicamentos.
En los países en desarrollo, la proporción de pacientes tratados de conformidad
con directrices clínicas es inferior al 40% en el sector público y del 30% en el
sector privado.
La combinación de la formación y supervisión de los dispensadores de atención de
salud, la educación de los consumidores y el suministro de medicamentos en cantidades
suficientes es eficaz para mejorar su uso racional, pero separadamente todas estas
intervenciones tienen un impacto reducido.
Muchos de los medicamentos que tomamos a menudo no requieren ser recetados por un
médico, pero esto no significa que sean inofensivos para la salud; si crees que
los fármacos que se venden sin receta no pueden causarte ningún problema estás
muy equivocado. Además debes tener en cuenta que a la hora de hacerte una análisis de
sangre algunos medicamentos muy comunes como los analgésicos pueden alterar los
resultados, debes avisar a tu medico de cualquier fármacos que hayas tomado durante
las ultimas semanas.
A continuación veremos los riesgos que pueden acarrear un mal uso de los fármacos
sin receta más comunes; antigripales, analgésicos, antiinflamatorios, laxantes o
antiácidos.
Analgésicos
– Usados para: se utilizan para aliviar dolores leves o moderados como dolores de
cabeza, dentales, menstruales, contracturas… así como dolores más agudos que surgen
como consecuencia de una traumatismo, intervención quirúrgica, un cólico o incluso
dolores oncológicos.
– Consecuencia de su mal uso: un ejemplo de analgésico es el paracetamol que se
utiliza como base de medicamentos tan comunes como termalgin ó gelocatil, debemos
tener en cuenta que en dosis superiores a la recomendadas puede originar daños en el
riñón o en el hígado. Además debe emplearse con máxima precaución en caso de
enfermedades renales o hepáticas, alcoholismo, anemia o diabetes (puede afectar a los
niveles de azúcar en sangre).
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