La confluencia de un contexto de aguda crisis económica, como... deslegitimación de su clase política, identificada por la ciudadanía...

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Una revolución política está en marcha (La Opinión, 12-03-11)
La confluencia de un contexto de aguda crisis económica, como vive nuestro país, y de fuerte
deslegitimación de su clase política, identificada por la ciudadanía como uno de sus principales
problemas colectivos, junto a las posibilidades para el acceso a la información y para la
interacción que abren los nuevos desarrollos tecnológicos, dibujan el escenario propicio para
un cambio profundo —diría inevitable— de las estructuras políticas, una reforma sustancial de
los dispositivos institucionales y una nueva forma de relación de los ciudadanos con la vida
pública, como ya está empezando a ocurrir en otros países.
Nada va ser ya igual en el futuro. Es un cambio cultural el que está en marcha y la esfera
política deberá adaptarse a sus exigencias. No será una súbita convulsión, pero sus efectos
serán muy profundos. Todo un sistema político fundado sobre la delegación y la
representación va a resultar radicalmente alterado. En el nuevo paradigma emergente el
ciudadano va a ser el centro de la vida pública. La democracia ritualizada de la cita electoral
(¿qué hacen los ciudadanos los restantes 1.400 días hasta las siguientes elecciones?) dejará
paso a la participación efectiva en la toma de decisiones y en la colaboración de la gente en la
solución de los problemas públicos, directamente y por medios electrónicos.
El caduco modelo de los partidos profesionalizados que ejercen monopolísticamente el poder
político y están especializados en ocupar todas las esferas de la representación, la política
reducida a la lucha entre élites para asegurarse el acceso al poder, la proclamación de
principios falseados continuamente por prácticas que se pretenden ocultar, las estructuras
inhibidoras de la presencia participativa de la sociedad civil, tienen sus días contados.
Como ha dicho Manuel Castell, «aquellos Gobiernos, o partidos, que no entiendan la nueva
forma de hacer política y que se aferren a reflejos estatistas trasnochados serán simplemente
superados por el poder de los flujos y borrados del mapa político por los ciudadanos tan pronto
su ineficacia política y su parasitismo social sea puesto de manifiesto por la experiencia
cotidiana».
No se trata de un modelo adscrito privativamente a ninguna de las líneas de pensamiento
político tradicionales. Puede ser suscrito por liberales consecuentes, republicanos cívicos o
socialistas democráticos, como también por las corrientes que alimentan los nuevos
movimientos sociales: por todos aquellos que crean en las promesas emancipatorias de los
ideales democráticos, en la necesidad de contar con la disposición colaborativa de los
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Una revolución política está en marcha (La Opinión, 12-03-11)
ciudadanos para mejorar tanto la legitimidad de las decisiones como la eficiencia y la eficacia
de las actuaciones públicas.
Ni tampoco ha de suponer una recaída en la ingenuidad de fiar todo al altruismo de los
ciudadanos, como si no existieran los diferentes intereses en conflicto ni las profundas
desigualdades sociales. Pero sí implica la confianza en que los cambios institucionales y
legales pueden favorecer la disposición cívica de los ciudadanos y los avances tecnológicos
posibilitarla y aún hacerla imparable.
Los signos de los cambios aparecen por todos lados. La liberación de datos en poder de las
Administraciones —el llamado Open Data— puestos a disposición de los ciudadanos alcanza
ya a cuarenta países, dieciocho ciudades y cuatro espacios supranacionales que han puesto
en marcha catálogos de datasets públicos. La idea es simple: estos datos son de los
ciudadanos. Leyes de Transparencia y Acceso a la Información en poder de las
Administraciones públicas se generalizan, aunque en casos como el español se pretenda
retrasar con excusas de mal pagador.
La doctrina política que se conoce como Gobierno Abierto (Open Government) —incorporada
por Obama como uno de los principales objetivos de su mandato— que busca el salto desde la
democracia representativa a la participativa siguiendo los principios de la transparencia, la
participación y la colaboración, se está abriendo paso y no va a poder ser detenida.
Los códigos de Buen Gobierno, los presupuestos participativos, los registros públicos de
intereses, las auditorías ciudadanas, la extensión de la e-administración, mecanismos eficaces
de rendición de cuentas (accountability), las plataformas digitales de Gobierno Abierto, la
apuesta por incorporar el software libre a la Administración, la transparencia legislativa, etc.,
constituyen otros tantos elementos de este amplio proyecto de revitalización de la democracia.
Estas modificaciones acabarán por tener efectos multiplicadores, provocando nuevos cambios
relevantes en un ´efecto cascada´ que transformara los contextos de la participación y el
compromiso de los ciudadanos con el Gobierno de lo público. Crisis es una palabra que no se
refiere ya sólo al ámbito de la economía: es toda una cultura política la que se ve cuestionada
e impugnada —hasta su superación— por este nuevo horizonte de corresponsabilidad
compartida que emerge para nuestras democracias.
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Una revolución política está en marcha (La Opinión, 12-03-11)
Patricio Hernández Pérez es presidente del Foro Ciudadano de la Región de Murcia.
http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2011/03/12/revolucion-politica-marcha/308436.html
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