Alejandro Moreno Lax

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VIDEOPODER (La Opinión. 28-12-09)
Alejandro Moreno Lax
George Orwell, que no era murciano, pasó a la historia por su maestría literaria como denuncia
del stalinismo totalitario. En su obra 1984, famosa por la idea del Gran Hermano, puso en boca
del protagonista Winston tres frases inolvidables: “La guerra es la paz, la libertad es la
esclavitud, la ignorancia es la fuerza”. Estas frases hicieron fortuna como denuncia de una
utopía negativa que Orwell imaginó para el año 1984, donde el control totalitario del Gran
Hermano sobre la sociedad se ejercería a través de pantallas de televisión instaladas en todas
partes.
Por desgracia, la literatura y la realidad no han estado muy alejadas. Efectivamente vivimos
hoy la efervescencia de una nueva forma de poder sobre unas poblaciones cada vez más
dinámicas y globalizadas: las videocámaras de circuito cerrado. Frente a los obsoletos modelos
de la vigilancia individual directa y el castigo físico, la proliferación de videocámaras permite el
control impersonal de poblaciones y la disuasión de cualquier tentación al delito. Vivimos bajo
un poder basado en el control, en
un mundo vigilado, tal y como
ha titulado Armand Mattelart su último estudio sociológico, vigilado no sólo por videocámaras,
sino también a través de nuestros propios ordenadores portátiles, teléfonos móviles, GPS,
tarjetas de crédito, etc.
El más viejo antecesor del nuevo videopoder fue el modelo arquitectónico del panóptico, un
invento de Jeremmy Bentham a finales del siglo XVIII diseñado para crear estructuras
(cárceles, fábricas, psiquiátricos, etc) donde una posición privilegiada permitiera observar a
todos los individuos sin que ellos pudieran observar al observador. Esa era la idea, observar sin
ser observado, de tal manera que incluso la ausencia del vigilante pasara desapercibida y se
mantuviera constante la sensación de control. Así definía Bentham su idea del poder “vigilar es
un medio de obtener el poder, un poder de la mente sobre la mente”. De hecho, esta estructura
panóptica fue introducida en el modelo carcelario español a inicios del siglo XX, incluida la
ruinosa Cárcel Vieja de Murcia.
La videocámara es el instrumento del nuevo panóptico electrónico o videopoder; nuevo porque
ha salido del reducido ámbito de la estructura carcelaria para crear una cárcel abierta al aire
libre donde todo es observado, registrado y, en su caso, juzgado: en el banco, en el parque, en
el metro, en las carreteras…El espacio público es ahora un
reality show
. Por poner un ejemplo, en el Reino Unido se calcula que hay unos 4.200.000 cámaras, a razón
de una por cada 14 habitantes.
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Pero la novedad más radical del videopoder es su capacidad para hacer partícipe a la sociedad
misma de este ejercicio de control; me refiero, por ejemplo, al Patriot Act de los EEUU después
del 11-S (todo ciudadano que observe alguna conducta extraña estará obligado a informar a las
autoridades), a las “excursiones virtuales” del programa
Street View
de Google (que emite imágenes reales de distintas ciudades del mundo) o la
Texas Border
Sheriff ‘s Coalition
, que a través de Internet pone al alcance de TODO EL MUNDO la posibilidad de observar y
vigilar la frontera entre EEUU y México a través de 15 videocámaras (
www.blueservo.net
).
Ya no hay un vigilante que observa a todos, sino que todos pueden observar a todos; es la
democracia del control.
Esta pasión anglosajona por el control y la seguridad ya ha llegado a Murcia, donde se han
instalado 25 cámaras de videovigilancia, conectadas permanentemente, las 24 horas, con el
Cuartel de la Policía Local, y que están distribuidas entre los parques de Las Tres Copas, Fofó,
Salitre, del Malecón, de Ronda Sur, Jardín de la Constitución y de la Seda. Por cierto, esta me
dida
fue aprobada por el Ayuntamiento el pasado agosto de 2008, un mes tradicionalmente marcado
por la actualidad política y la participación ciudadana.
Aunque por aquél entonces los murcianos estábamos en la playa, de poco hubiera servido
proponer un (inimaginable) referéndum consultivo para conocer la opinión de los ciudadanos:
hubieran votado a favor… De hecho, según el último barómetro del CIS en septiembre de
2009, el 70 % de los encuestados se mostraba a favor de la existencia de cámaras de
videovigilancia en las ciudades como una medida preventiva de seguridad en detrimento de
ciertas libertades. El pensamiento cínico, el pensamiento que justifica el poder, lo argumenta
más o menos así: “Si la calle es pública y la casa es privada, si el mundo es peligroso y mi
casa segura, entonces lo público puede ser vigilado a cambio de conservar mi intimidad
privada”. A este argumento se le puede responder con otro: “Si los políticos representan a lo
público y están al servicio del ciudadano, entonces también se pueden instalar videocámaras
en sus despachos para que todos sepamos lo que hacen”. Tal vez así no habría en nuestra
Región un tercio de los alcaldes y ex-alcaldes investigados por la justicia, así como
funcionarios, concejales y consejeros.
Pero lo alucinante de esta respuesta social es que no sólo Murcia es una ciudad tranquila y
segura, sino que lo es España en general. Al menos así lo revela el informe del Ministerio del
Interior La criminalidad en España en 2006, donde concluye que, mientras el índice de
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infracciones por cada mil habitantes es, por término medio en Europa, de 69 infracciones, la
media española está en 50,7, siendo la media murciana todavía más baja con 43,8. ¿Cómo se
explica este infundado temor social? Son muchas las hipótesis: invención mediática del
terrorismo global, criminalización del inmigrante como “ladrón laboral”, marketing televisivo del
confort, el tribalismo político, etc.
Parece que nuestras sociedades occidentales democráticas y libres son más bien sociedades
del miedo y la seguridad: la “seguridad” construida a partir del control, el control a partir de la
vigilancia y la vigilancia a partir del miedo social, del miedo a tocarse, del miedo a expresarse,
del miedo a ser…
Merece la pena recordar las tres frases de Orwell: “La guerra es la paz, la libertad es la
esclavitud, la ignorancia es la fuerza”. Por desgracia Orwell no se equivocó mucho en su
diagnóstico literario, aunque lo cierto es que ya falleció Stalin y sí triunfó el capitalismo
neoliberal. Entonces, ¿quién es hoy Stalin?
Alejandro Moreno Lax, miembro del Foro Ciudadano de la Región de Murcia
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