Un nuevo paradigma mundial1
Gabriela De la Paz
La difusión del video donde supuestamente Osama Bin Laden demuestra ser el autor
intelectual del ataque del 11 de septiembre en Nueva York, Washington y Pennsylvania
coincidió con el anuncio, desapercibido para la mayoría, del retiro unilateral de Estados
Unidos del tratado de misiles antibalísticos (T-MAB, en lo sucesivo), firmado con la
Unión Soviética en 1972. A la larga, este último tiene más repercusiones porque termina
con un paradigma de seguridad internacional.
Para entender la magnitud de este hecho es necesario recordar que desde el fin de la
Segunda Guerra Mundial, el escenario internacional se configuró basándose en la
confrontación entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Uno de los legados más firmes
de esa época tiene que ver la forma en que nuestros vecinos (como parte de su estrategia
contra los rusos) lograron que “el mundo libre” aceptara como suyos muchos de los
valores e ideales americanos como el rechazo a los pactos secretos, la democracia y los
derechos humanos.
Otro punto importante tiene que ver con la forma en que la tensión Este-Oeste se
transformó en un delicado equilibrio que era una mezcla de acopio de armamento de
diversos tipos y tratados que pretendían hacer imposible la posesión de armas nucleares
fuera del círculo de los Cinco Grandes del Consejo de Seguridad (China, Gran Bretaña y
Francia), sobre todo después de la Crisis de los Misiles en Cuba (1962).
Con respecto a los misiles balísticos, el tratado de 1972 obligaba a la Unión Soviética y a
los Estados Unidos a un “balance meticulosamente monitoreado entre sus respectivos
arsenales de bombas y misiles y la renuncia a un escudo anti-misiles efectivo”, ya que la
protección extra que representaría dicho escudo “podría animar a uno de los lados a
atacar con la confianza de estar a salvo del contraatque” (The Economist, 5-11 de mayo,
2001, p. 13).
Como resultado, se forjaron reglas que el mundo siguió a lo largo de casi cincuenta años
en las que todos sabían cuál era su lugar en un tablero de ajedrez jugado por las dos
superpotencias. La certidumbre estaba basada en las decisiones de los dirigentes
estadounidenses y soviéticos y, en general, las instrucciones del juego estaban muy claras
para todos porque el enemigo era uno, identificable y no había lugar para muchas
opciones.
La Guerra Fría podrá haber terminado en 1991, pero la proliferación de armas nucleares
de varios tipos es una realidad que sobrepasa los límites que ponen los historiadores.
Desde hace varios años, la Casa Blanca se dio cuenta de cómo los nuevos desarrollos en
tecnología de misiles y el nuevo orden mundial requerían una respuesta diferente a la de
un esquema bipolar. Sin embargo, decidió acompañar los esfuerzos de un nuevo sistema
de defensa con una campaña diplomática multilateral.
1
Artículo publicado en el periódico “El Norte”, el 19 de diciembre de 2001, pág. 7-A.
Bush, por el contrario, parece apelar en primera instancia al unilateralismo para luego
pactar de forma selectiva con Rusia. Recordaremos que durante su campaña y sus
primeros meses en el gobierno, Bush mostró abiertamente esta vena unilateralista, que
significa que nada ni nadie le impedirá la consecución de los intereses de su país, que hoy
por hoy están fuertemente vinculados con la seguridad de sus ciudadanos, misma que
piensa garantizar con un escudo de misiles antibalísticos que no cubre todas sus
necesidades. No detiene a células de terroristas dentro de sus fronteras, por ejemplo,
porque se basa en ataques con misiles de otros Estados.
Entre tanto, el Congreso se negó a ratificar un tratado de prohibición de pruebas
nucleares, al tiempo que muestra ese unilateralismo que puso obstáculos a las intenciones
de Clinton como un presidente que se daba cuenta que los aliados siempre se
necesitarían. El rápido pago de la deuda con la ONU a los pocos días del ataque del 11Sept. prueba cómo aún los más poderosos necesitan amigos, pero ni aun ellos pueden
pedir nada a cambio de apoyo.
Al respecto, en el editorial del Washington Post Beyond the AMB Treaty, publicado el
viernes, se menciona la alarma de los aliados de Estados Unidos que ven cómo este
retiro no provee un sustituto para la red de tratados nucleares que existen y cómo se
puede provocar una nueva carrera armamentista en Rusia, China, el Sureste de Asia y
Medio Oriente. Aunque se asegura ahí mismo que ya se están gestando nuevos acuerdos
para reducir armas nucleares ofensivas y medidas de verificación como las de tratados
anteriores, la opinión pública está bastante dividida al respecto.
Cabe señalar que el pacto es con Rusia, pero deja fuera a China, que sigue siendo
comunista –lo que implica más la escasa transparencia e información confiable, que su
sistema económico y político. Lo grave es que las previsiones de las acciones de Bush
están encaminadas a Europa y Rusia, dándole a China un margen de maniobra mucho
más amplio para sus esquemas de seguridad nacional. A propósito, recordemos sus
deseos de anexarse Taiwán, el apoyo a Corea del Norte y el antagonismo con Estados
Unidos que ha quedado pendiente.
Incluso hoy el escudo antimisiles que pretende ser el núcleo de la seguridad de la
Administración Bush ha tenido más fracasos que éxitos en las pruebas de ensayo y es una
locura respaldar toda la defensa de un país en un sistema que hoy es ineficaz. Lo que sí
cambia inmediatamente es la respuesta de aquellos que se van a sentir amenazados:
Rusia, China, Corea del Norte y Europa. México está tan atrás de todo ello, que ni cuenta,
lo que no obsta para preocuparnos. Después de todo, es nuestro vecino el que está
alborotando el barrio.
Para muchos periodistas parece más importante el video con la prueba de la culpabilidad
de Osama Bin Laden. Sin embargo, en el futuro recordaremos el día en que cambió el
paradigma de la seguridad internacional, a principios del siglo 21. Que pase una feliz
Navidad en compañía de sus seres queridos.
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