Mons. Eduardo Chávez

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Mons. Eduardo Chávez
1999
ECCLESIA IN AMERICA
REUTERS
El Hemisferio Cristiano
Carl A. Anderson
Caballero Supremo
Santa María de Guadalupe ha sido patrona de las iglesias y familias de todo
el hemisferio por 475 años, y sin embargo, hoy nos ofrece un nuevo punto de
partida. Aunque durante estos siglos ha llegado a simbolizar muchas cosas, hoy, a
la luz de Ecclesia in America, nos da un mensaje de unidad: ella es la madre
espiritual que todos compartimos.
En Ecclesia in America, el Papa Juan Pablo II escribe que “La aparición de
María al indio Juan Diego en la colina del Tepeyac, el año 1531, tuvo una
repercusión decisiva para la evangelización. Este influjo va más allá de los
confines de la nación mexicana, alcanzando todo el Continente. Y América, que
históricamente ha sido y es crisol de pueblos, ha reconocido « en el rostro mestizo
de la Virgen del Tepeyac, [...] en Santa María de Guadalupe, [...] un gran ejemplo
de evangelización perfectamente inculturada ». Por eso, no sólo en el Centro y
en el Sur, sino también en el Norte del Continente, la Virgen de Guadalupe es
venerada como Reina de toda América.
También escribió “La renovación de la Iglesia en América no será posible
sin la presencia activa de los laicos. Por eso, en gran parte, recae en ellos la
responsabilidad del futuro de la Iglesia.”
La cuestión es qué pueden hacer todos los católicos, todos los bautizados
–laicos y sacerdotes – para que se llegue a cumplir la promesa de Ecclesia in
America, promesa que se basa en la realidad de nuestra unidad en la vida
sacramental que trasciende todas las fronteras.
Todos nosotros en América podemos proclamar a Santa María de Guadalupe
como nuestra Madre. Y, como en ninguna otra parte del mundo, la mayoría de
nosotros en este hemisferio podemos proclamar un lazo común de fe.
Caballeros de Colón ha buscado extender este lazo de unidad espiritual bajo el
manto de Nuestra Señora de Guadalupe, en los Estados Unidos desde 1882, en
1
Canadá desde 1897, en México desde 1905, en Cuba y Panamá desde 1909, en
Puerto Rico desde 1911, en Guatemala desde 1967 y en la República Dominicana
desde 1979. Los Caballeros constituyen un ejemplo de cooperación entre los
católicos de ambos lados de la frontera que ha perdurado durante más de un siglo.
Esta cooperación ha tomado varias formas y es cada vez más prioritaria para los
Caballeros de Colón, como debería serlo para otras organizaciones católicas de los
Estados Unidos.
Los invitamos a unirse a la organización laica católica más grande del mundo,
que ofrece a las familias la oportunidad de vivir en comunidad su vocación a la
santidad y que está comprometida a dar a conocer el mensaje de Santa María de
Guadalupe, que nos guía siempre a su Hijo Jesucristo.
2
La Mujer Que Cambió
El Rostro Del Hemisferio
Canónigo Dr. Eduardo Chávez
El recordado, Siervo de Dios, Juan Pablo II, declaró: “La aparición de María al
indio Juan Diego en la colina del Tepeyac, el año de 1531, tuvo una repercusión
decisiva para la evangelización. Este influjo va más allá de los confines de la
nación mexicana, alcanzando todo el Continente.” 1 Y además, y de manera
explícita, el Santo Padre proclamó: “América, que históricamente ha sido y es
crisol de pueblos, ha
reconocido «en el rostro
mestizo de la Virgen del
Tepeyac, [...] en Santa
María de Guadalupe, [...]
un gran ejemplo de
evangelización
perfectamente
inculturada». Por eso, no
sólo en el Centro y en el
Sur, sino también en el
Benedicto XVI frente a una estatua de San Juan Diego con
Norte del Continente, la
la imagen de la Virgen en su tilma, presentándosela al obispo
Virgen de Guadalupe es
Fray Juan de Zumárraga.
venerada como Reina de
toda América.” 2
¿Qué fue lo que vislumbró Juan Pablo II, para que la proclamara Fiesta
Litúrgica de Nuestra Señora de Guadalupe para todo el Continente Americano?
¿Qué tiene esta Devoción, para que explícitamente el Santo Padre Benedicto XVI,
a pocos días de iniciar su pontificado, confirmara ante la Virgen de Guadalupe del
Tepeyac: “En tus manos encomendamos nuestras vidas”? ¿Qué contiene esta
devoción para que, de manera evidente, sea tan amada por los Papas, que desde
1573 hasta nuestros días conceden indulgencias, bendiciones, privilegios al
humilde Santuario de Tepeyac; y que tantos millones de personas, no sólo de
1
JUAN PABLO II, Ecclesia in America, México 22 de enero de 1999, Ed. Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano
1999, p. 20. El Santo Padre cita literalmente la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Santo
Domingo a 12 de octubre de 1992, 24. Véase también en AAS, 85 (1993) p. 826.
2
JUAN PABLO II, Ecclesia in America, p. 20.
3
México sino de todo el mundo, vean en ella un mensaje explícitamente personal,
que toca su corazón, que los convierte reavivando su fe, llenándolos de esperanza
y enamorándolos en el inmenso Amor de Dios?
Como todo Acontecimiento Salvífico, el Guadalupano, si bien se verifica en
un momento histórico: hace ya más de 475 años, y en un lugar determinado: en el
cerro del Tepeyac; trasciende fronteras, culturas, pueblos, costumbres, etc.; llega
hasta lo más profundo del ser humano; además, toma en cuenta la participación
precisamente de este ser humano, concreto e histórico, con sus defectos y
virtudes, para que con su intervención fuera más allá de lo que la humana
naturaleza permitiría. Una de las más claras manifestaciones de que en realidad se
trata de un Acontecimiento Salvífico es la conversión del corazón, es el mover, el
de dirigir la vida al único que es la Verdad, el Camino y la Vida, Jesucristo,
nuestro Señor. Es precisamente Dios quien ha tomado la iniciativa para
encontrarse con el ser humano en un momento histórico determinado, importante
para hacer realidad un cambio de vida pleno y total, creando desde la raíz una
cultura de vida, una civilización del amor.
Dios interviene por medio de su propia Madre, Santa María de Guadalupe es
enviada por el Padre, por medio del Espíritu Santo para manifestar y hacer
partícipe a todo ser humano de su Hijo Jesucristo. Ella es la primera discípula y
misionera que nos manifiesta y nos entrega el
mensaje de salvación y, asimismo, Ella forma
discípulos y misioneros para testimoniar con la
propia vida la inmensa alegría de este encuentro
en el amor con Jesucristo, por medio de su Madre
y Madre nuestra.
San Juan Diego ante
la Virgen de Guadalupe.
Es una historia real y verdadera, como real y
verdadero es el amor de Dios, una historia de
salvación que influye decididamente en la
evangelización de todo un Hemisferio, como el
mismo Santo Padre lo afirmó. Santa María de
Guadalupe es la Estrella de la Evangelización
perfectamente inculturada, modelo para el
mundo entero.
4
El Acontecimiento Guadalupano, centrado en Jesucristo, nuestro Señor;
consiste en las Apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe a un indígena
llamado Juan Diego Cuauhtlatoatzin (que significa: Águila que habla), y tuvieron
lugar del 9 al 12 de diciembre de 1531, en el cerro del Tepeyac, al norte de la
Ciudad de México.
Diez años antes, después de consumada la Conquista en
1521, se terminó con los ritos religiosos de los indígenas,
especialmente se acabaron los sacrificios humanos que ellos
realizaban con el afán de alimentar a los dioses y así el ciclo
de la vida pudiera continuar. Los indígenas estaban
temerosos que ahora que no se alimentaban más a sus
dioses era inminente un cataclismo cósmico. Sin embargo,
ante los incrédulos ojos de los indígenas, el cosmos seguía
sin mayor problema, el sol salía, las estrellas y la luna
Sacrificio Humano: estaban ahí en su lugar, el día y la noche, las estaciones del
Ofrecimiento del
año continuaban sus ciclos; ¿Entonces qué es lo que había
corazón y la sangre al pasado? ¿Los dioses les habían mentido? ¿Todo había sido
dios sol.
una burla en contra de los que se consideraban hijos del sol?
¿Qué había pasado con sus profecías y sus esperanzas? ¿Dónde estaban ahora sus
dioses? ¿Todo esto era una estrategia de esos seres exigentes? La derrota en la
Conquista no había sido sólo militar, sino la depresión y el derrumbe moral,
espiritual, cultural y religioso; era el patente abandono de aquellos dioses, en los
cuales todos los indios creían y habían entregado los corazones y la sangre de sus
hijos, ¿Para qué? ¡Para nada, absolutamente nada! Un imperio agonizaba.
El trauma de la Conquista perduró, inevitablemente, entre los naturales. El
especialista en la cultura náhuatl, Miguel León-Portilla, nos dice: “Quienes se
tenían por invencibles, el pueblo del sol, el más poderoso de la América Media,
tuvo que aceptar su derrota. Muertos los dioses, perdido el gobierno y el mando,
la fama y la gloria, la experiencia de la Conquista significó algo más que tragedia,
quedó clavada en el alma y su recuerdo pasó a ser un trauma.” 3 Los ecos del triste
y sombrío Canto Mexicano resonaban en el desolado Anáhuac:
3
MIGUEL LEÓN-PORTILLA, El reverso de la conquista, Ed. Joaquín Mortiz, México 21970, pp. 21-22.
5
“El llanto se extiende, las lágrimas gotean allí en Tlatelolco.
Por agua se fueron ya los mexicanos;
Semejan mujeres; la huida es general.
¿Adónde vamos?, ¡oh amigos! Luego ¿fue verdad?
Ya abandonan la ciudad de México;
El humo se está levantando; la niebla se está
extendiendo...
[...] Llorad amigos míos,
tened entendido que con estos hechos
La conquista de Tenochtitlan.
hemos perdido la nación mexicana.
¡El agua se ha acedado, se acedó la comida!
Esto es lo que ha hecho el Dador de la vida en Tlatelolco...”
Es evidente el enorme reto que debía enfrentar un pequeño puñado de
misioneros franciscanos ante los millones de naturales que comprendía el
destrozado imperio azteca; estos santos hombres tenían que hacer algo para que
los indios sobrevivieran y, al mismo tiempo, evangelizarlos. No cabe duda que,
en el primer esfuerzo evangelizador en México, la labor de los misioneros fue
extraordinaria; 4 sin embargo, la tarea los rebasaba del todo.
Fray Gerónimo de Mendieta nos habla de la preocupación de los frailes
misioneros, desde el inicio de la evangelización, por desarraigar a los indígenas de
sus dioses. Los misioneros trataban, de mil formas, darse a entender pero: “ni los
indios entendían lo que se decía en latín, ni cesaban sus idolatrías, ni podían los
frailes reprendérselas, ni poner los medios que convenía para quitárselas, por no
saber su lengua. Y esto los tenía muy desconsolados y afligidos”. 5 Ciertamente
estaban preocupados, pues ¿cómo evangelizar a una multitud de millones de
indígenas con unos cuantos misioneros, que en ese momento no llegaban a ser
más que unos treinta, además sojuzgados en una dramática conquista, diezmados
en una terrible enfermedad, la viruela, que mató a la mitad de la población
indígena que azotó poco después de la llegada de los europeos, y con un trauma
profundo pues sus dioses habían muerto.
Cfr. FRAY GERÓNIMO DE MENDIETA, Historia Eclesiástica Indiana, Ed. Porrúa (= Col. Biblioteca Porrúa N° 46), México 1980.
También: FRAY TORIBIO MOTOLINIA, Historia de los Indios de la Nueva España, Ed. Porrúa (= Col. “Sepan cuantos...” N° 129),
México 1973. También: FRAY BERNARDINO DE SAHAGÚN, Historia General de las Cosas de la Nueva España, Ed. Porrúa
(= Col. “Sepan cuantos...” N° 300) México 51982.
5
Ed. Porrúa (= Col. “Sepan cuantos...” N° 300) México 51982. FRAY GERÓNIMO DE MENDIETA, Historia Eclesiástica, p. 219.
4
6
Los frailes se esmeraban también por defender a los
indígenas de los maltratos de los españoles, así mismo
trataban de que la soberbia, el odio, la avaricia no
destruyera a la misma comunidad española; pues la
Primera Audiencia, órgano civil de gobierno de este
momento era una de las más corruptas, sus robos,
violaciones, injusticias habían denigrado a los
indígenas al máximo y también a algunos de los mismos españoles que trataban de corregir el camino. Los
misioneros sufrieron atrocidades de manos de los
mismos paisanos católicos quienes no se tentaban el
corazón con tremendas crueldades, hasta el punto de
Fray Juan de Zumárraga,
intentar asesinar al obispo de la Ciudad de México,
primer obispo de México.
Fray Juan de Zumárraga, quien se vio obligado a
excomulgar a los miembros de la Primera Audiencia y lanzar el entredicho a la
Ciudad de México. Realmente fue un momento tan intensamente complejo que el
obispo Zumárraga le escribía al rey y con ello clamaba a Dios: “Si Dios no provee
con remedio de su mano está la tierra en punto de perderse totalmente…”
Y Dios interviene con el ser más amado para Él,
su propia Madre, quien elige a un indígena sencillo y
humilde para ser su mensajero fiel, su intercesor,
pleno de su confianza: Juan Diego Cuauhtlatoatzin.
Juan Diego nació en el pueblo de Cuautitlán, en
torno al año 1474, era un macehual, es decir, un
hombre común de pueblo, que vivió en carne propia
la llamada Conquista por parte de los españoles y las
tribus indígenas que se aliaron con los europeos y
derrotar al imperio Mexica. En 1524, con la llegada a
San Juan Diego Cuauhtlatoatzin México de los primeros misioneros franciscanos, Juan
(“Águila que habla”).
Diego abrazó la fe cristiana, y fue bautizado
juntamente con su esposa, llamada María Lucía y su tío Juan Bernardino; y juntos
decidieron ir a vivir al pueblo de Tulpetlac. En el año 1529 murió María Lucía.
El sábado 9 diciembre de 1531, Juan Diego iba rumbo a Tlatelolco al catecismo
cuando se le apareció la Madre de Dios, pidiéndole que fuera su mensajero para
7
que se le construyera una casita sagrada, un templo,
en el llano del Tepeyac; para ofrecer ahí todo su
amor que es su propio Hijo, Jesucristo, y esto debía
ser aprobado por el obispo, Fray Juan de Zumárraga.
Juan Diego desplegó gran fortaleza y paciencia ante
las dificultades y contradicciones. En un momento
dado, el obispo pide una señal, y la Virgen María le
pide a Juan Diego regresar al Tepeyac para entregarle
la señal solicitada; sin embargo, Juan Diego no llega
a la cita pues tuvo que atender a su tío que está
gravemente enfermo, así que el martes 12 de
diciembre sale de prisa y muy temprano hacia
San Juan Diego ante Zumárraga.
Tlatelolco para ir por un sacerdote que atendiera a
su tío Juan Bernardino; el angustiado Juan Diego, queriendo evitar su encuentro
con la Virgen, pues llevaba prisa, dio la vuelta al cerro del Tepeyac,
pensando que de esa manera evitaría el retraso, y es cuando la Virgen de
Guadalupe lo ataja y le dice las palabras más bellas,
palabras que son también dirigidas para nosotros:
“«Escucha, ponlo en tu corazón, Hijo mío el menor, que
no es nada lo que te espantó, lo que te afligió; que no se
perturbe tu rostro,
tu corazón; no
temas esta
enfermedad ni
ninguna otra
enfermedad,
ni cosa
San Juan Diego atajado por
punzante aflictiva.
la Virgen de Guadalupe.
¿No estoy aquí yo,
que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra
y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu
alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto,
en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad
de alguna otra cosa?»” Y la Señora del Cielo
le aseguró que su tío Juan Bernardino ya
estaba sano; efectivamente, en aquel
La Virgen ante el tío de San Juan Diego, Juan
momento la Virgen se aparece ante el anciano Bernardino, a quien le da la salud y le revela su
nombre: “Santa María de Guadalupe”.
agonizante y no sólo le da la salud sino que
8
Ella misma se entrega al entregar su propio nombre: “Santa María de Guadalupe”
(“Guadalupe” nombre de origen árabe que significa “el cause del río”, “aquella
que lleva el agua”; también se puede traducir como “río de luz”; ella nos conduce
al agua viva). Algunos historiadores desde 1675, han sugerido que Juan Bernardino
había escuchado no el nombre de Guadalupe sino un nombre indígena, sin
embargo, esto es totalmente falso, así como falso es que fueron los españoles los
que le habrían puesto el nombre Guadalupe. Fue la misma Virgen quien quiso
llamarse “Santa María de Guadalupe”. Juan Diego tiene la fe y la esperanza de
aceptar lo que la Virgen le aseguraba y se mostró al momento disponible para
llevar al obispo la señal solicitada. La Virgen le pidió que fuera a la punta del cerro
y que encontraría flores hermosas que cortaría y pondría en su tilma;
efectivamente, Juan Diego encontró en ese cerro seco, pedregoso, signo de muerte,
las más extraordinarias y exquisitas flores llenas de vida, todo lo dispuso y bajó
del cerro trayendo en su tilma la preciosa señal que sería para el obispo; la Virgen
acomodó cada una de estas
flores en la tilma del indígena y
lo envió derecho a la Ciudad de
México, para entregar la señal
prometida al obispo.
Después de mucha
paciencia, Juan Diego pudo
llegar delante del obispo y
entregó la señal, que para el
indígena era más que elocuente,
ya que para su mentalidad la
San Juan Diego muestra al obispo Zumárraga las flores
y en ese instante se estampa la imagen de la Virgen de
verdad es “flor y canto”, le
Guadalupe en su tilma.
estaba llevando las flores de ese
lugar, el Tepeyac, donde escuchó el maravilloso canto de las aves; el indígena le
estaba llevando la verdad en su tilma y ante la sorpresa de todos. Juan Diego al
extender su tilma con las flores, en ese momento se imprimió en su tilma la
hermosa imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, sorpresa del obispo y de todos
los que estaban en ese instante observando esta maravilla, sorpresa para un
indígena que al estar impresa la imagen de la Virgen de Guadalupe en su tilma
significaba que él mismo, el indígena humilde y sencillo, se convertía en señal, ya
que era su tilma y ahora él mismo, su persona total estaba en las manos del
obispo, cabeza de la Iglesia, su misma persona se convertía en la señal de la
9
Juan Diego: Servidor de la nueva evangelización An
Con el Obispo Juan Zumárraga a su lado, Juan Diego muestra su tilma que contiene la imagen milagrosa de Nuestra S
indígena de México debido a que entienden que son un mensaje del Amor de Dios para su cultura, a través de su
Nuestra Señora. La fundación de la iglesia que ella pidió a
ntonella Cappuccio, 2009 – Museo Caballeros de Colón
Señora de Guadalupe. La cara mestiza y los muchos símbolos que aparecen en la imagen impresionan a la población
u Madre, por ello, un gran número de indígenas fueron bautizados por los misionarios bajo la mirada maternal de
aparece en el trasfondo, justo al pie del cerro del Tepeyac.
La tilma de San Juan Diego en donde se plasma la imagen de Santa María de Guadalupe.
12
presencia divina en manos del obispo, maravillosa verdad, ya que sólo en la Iglesia
encontramos el Camino, la Verdad y la Vida que es Jesucristo, cabeza de la Iglesia.
Todo este encuentro habla del amor inmenso de Dios, y lo expresa tanto para
los españoles como para los indígenas de la manera que los dos puedan entender la
verdad correcta de Aquel por quien se vive, el Dador de esa vida, el Dueño del
cielo y de la tierra, que ha venido para salvar al ser humano del pecado y de la
muerte, de la desesperación y del odio, de la violencia y de la injusticia.
La imagen mestiza de esta Virgen Madre envuelta de sol con la luna bajo sus
pies con manto tachonado de estrellas y cuyo mensaje y voluntad es la entrega del
Amor de Dios, por ello pide un templo, para poder ofrecerlo ahí a todas las
personas que están en uno y a las más variadas estirpes que en Ella confíen.
En este Acontecimiento salvífico se manifiesta, de manera patente, la unidad,
la armonía, la intervención de Dios en una evangelización conducida por medio
de su propia Madre, María, para una verdadera conversión, como se expresa en el
trozo del Evangelio de san Juan (Jn 2, 5): cuando, en las bodas de Caná, María, la
Madre de Dios, dirige con firmeza al ser humano: “hagan todo lo que Él les diga”;
y, hasta la fecha, constituyen un ejemplo insuperado de lo que el recordado Siervo
de Dios, Juan Pablo II, calificó como “el modelo de evangelización perfectamente
inculturada”.
Pero hay algo más, al imprimirse esta bendita Imagen en la humilde tilma de
Juan Diego, tiene varios significados, los más importantes son cuatro esenciales:
la tilma servía para cubrirse y así protegerse de
la intemperie; la tilma servía para cargar cosas,
por lo que ayudaba en el sustento; la tilma,
dentro de la sociedad indígena, era el indicativo
del nivel y condición social de una persona, el
ser de la persona misma, sólo los nobles podían
tener decoradas sus vestidos y, por último, la
tilma era tan importante que estaba presente en
el matrimonio indígena, durante el cual se hacía
Representación del matrimonio
un
nudo con la tilma del varón y el huipil o
indígena, en el que se observa el
vestido de la mujer simbolizando, con ello, que
nudo que forma el huipil de la
mujer y la tilma del varón.
sus vidas quedaban unidas. Por lo que la Virgen
13
de Guadalupe, al estamparse en la humilde tilma de San Juan Diego, Ella misma,
con su propia imagen “decora”, dignifica al ser humano con su propio ser; es Ella
quien realiza un matrimonio espiritual con el pueblo; es Ella nuestra protección,
recordemos lo que le dice a Juan Diego y, por medio de él, a todos nosotros: “No
tengas miedo, ¿no estoy yo aquí que soy tu madre?”; y es Ella quien nos trae el
sustento, su propio Hijo Jesucristo, que se entrega de una manera muy especial en
la Eucaristía, Jesucristo, nuestro Señor es el centro del Acontecimiento
Guadalupano, Él es quien nos alimenta con su cuerpo y con su sangre; es por ello
que la Inmaculada Virgen de Guadalupe quiere un templo donde ofrecer todo su
amor, que es su propio Hijo, Jesucristo. Por ello, el centro de su mensaje y de su
imagen no es Ella, sino que es
su Hijo. Ella se presenta como
el Tabernáculo Inmaculado de
Dios.
Imagen de la Virgen de Guadalupe. A la altura del vientre de la
Virgen se observa una flor de cuatro pétalos que representa a
Dios Todopoderoso. Sobre su vestido se observan también flores
que representan la civilización de la verdad del Amor de Dios. A un
lado la representación de un cerro en un códice.
14
En esta imagen se observa
que todo en Ella es un códice
que entendieron perfectamente
los indígenas. Una imagen de
esta doncella, que está en cinta,
por lo tanto Virgen-Madre; con
una túnica que representa la
tierra y un manto azul que
representa el cielo y de igual
forma en Ella hay la armonía
entre todos los astros ya que la
envuelve el sol, su manto
tachonado de estrellas y pisa la
luna. En el centro de su vientre
está la flor de cuatro pétalos
que significaba al Dios dueño
de la tierra y del cielo, al Dios
Omnipotente y Omnipresente.
Las flores de su entorno están
enraizadas en el manto azul
que significa el cielo, por lo
tanto, son flores arraigadas en
Dios, en lo divino; estas flores
extrañas están formadas de dos
elementos gráficos, el cerro y
el río, este binomio para los
indígenas significaba
“civilización”, en la parte de la
flor-cerro hay una serie de
flores pequeñas, por lo tanto,
un cerro flor, es decir: lleno de
la verdad de Dios, y
conjuntado con el agua, da
como significado, la verdad de
Dios que hace una nueva
civilización del amor, en la
unidad, en la armonía.
Poco después de la
Un franciscano bautizando a un indígena.
aparición de Nuestra Señora de
Guadalupe se produjo una conversión de una manera espectacular, los misioneros
no daban crédito a lo que estaban presenciando, los sobrepasó y sobresaltó; los
indígenas venían de todos lados, de tierras lejanas pidiendo los sacramentos. Fray
Gerónimo de Mendieta decía: “Y al tiempo que los bautizaban, muchos recibían
aquel sacramento con lágrimas ¿Quién podía atreverse a decir que estos venían sin
fe, pues de tan lejos tierras venían con tanto trabajo, no los compeliendo nadie, a
buscar el sacramento del bautismo?”.6 En 1539, a penas ocho años después de la
aparición, se habían convertido cerca de 9,000,000 de indígenas. En cuanto a los
españoles también la conversión era sorprendente; son tantos documentos donde
se manifiesta la gran devoción de los españoles que también acudían en masa ante
la bendita imagen.
Aunque estamos a casi cinco siglos del Acontecimiento Guadalupano,
hoy se nos revela como algo maravillosamente nuevo, perfectamente adecuado a
las necesidades de nuestra época que desea la paz, que todos los hombres nos
podamos superar en armonía, compartiendo las riquezas de nuestras culturas
ancestrales.
6
FRAY GERÓNIMO DE MENDIETA, Historia Eclesiástica, p. 276.
15
Por ello, es necesario recalcar la importancia del Acontecimiento Guadalupano
en la evangelización de todo un Continente y más allá de sus confines; es la
entrega del Evangelio vivo en un mundo que tanto necesita de la unidad, de la
paz, de la solidaridad y del amor, una verdadera conversión. Porque del hombre
sencillo, humilde, de buena voluntad, lleno de ese amor de Dios que nos trae
María en su regazo, pueden surgir las cosas más maravillosas a favor de una nueva
humanidad, construyendo juntos la civilización del amor.
Franciscanos predicando el Evangelio y bautizando. 8 años después de la aparición de la
Virgen de Guadalupe 9 millones de indígenas se habían convertido al catolisismo.
16
Oración a la Virgen de Guadalupe
Virgen Santísima de Guadalupe, Madre del verdadero Dios por quien se vive y
portadora de Jesucristo que nos da su Espíritu, que vivifica a nuestra Iglesia.
Te damos gracias porque eres nuestra Madre amorosa y compasiva; porque
escuchas nuestro llanto, nuestra tristeza; porque remedias y curas nuestras penas,
nuestras miserias y dolores.
Gracias Madre nuestra por colocarnos en tu corazón, porque estamos bajo tu
sombra y resguardo, porque eres la fuente de nuestra alegría, porque estamos en el
hueco de tu manto, en el cruce de tus brazos.
Gracias Madre nuestra porque todo este mensaje lo sabemos por medio de tu
humilde hijo San Juan Diego, por su intercesión te pedimos nos fortifiques en la
Paz, en la Unidad y en el Amor.
AMÉN
Padre Eduardo Chávez
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Notas
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Notas
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Notas
20
SERVICIO DE INFORMACIÓN CATÓLICA
Información católica verdadera. No meras opiniones.
Ante todo, el seglar ha de aprender a cumplir la misión de Cristo y
de la Iglesia, viviendo de la fe en el misterio divino de la creación
y de la redención movido por el Espíritu Santo, que vivifica al Pueblo
de Dios, que impulsa a todos los hombres a amar a Dios Padre, al
mundo y a los hombres por Él. … Además de la formación espiritual,
se requiere una sólida instrucción doctrinal, incluso teológica,
ético-social, filosófica, según la diversidad de edad, de condición y
de ingenio.
–Concilio Vaticano II (AA 29)
Sobre los Caballeros de Colón
Caballeros de Colón, una sociedad benéfica fraternal fundada en 1882 en
New Haven, Connecticut, por el Venerable Siervo de Dios Padre Michael J.
McGivney, es la organización laica católica más grande del mundo, con más
de 1.7 millones de miembros en las Américas, Europa y Asia. Los Caballeros
se respaldan unos a otros y a sus comunidades, y aportan millones de horas
de servicio voluntario a causas caritativas todos los años. Los Caballeros
fueron los primeros en proveer respaldo económico a las familias del
personal de agencias de la ley y el orden y del departamento de bomberos
que murió en los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y trabajan
estrechamente con los obispos católicos para proteger la vida humana
inocente y el matrimonio tradicional. Para más información sobre los
Caballeros de Colón, accede nuestra página electrónica www.kofc.org.
Si tienes una pregunta específica o deseas adquirir un conocimiento
más amplio y más profundo sobre Dios, Jesucristo y la Iglesia
Católica, el SIC te puede ayudar. Comunícate con nosotros a:
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