Quién está detrás de las guerras

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Quién está
detrás de las
guerras
M
A to d o s los e n tr a ñ a b le s a m ig o s q u e c a d a a ñ o p o r
a r ia
Pu r
a
G u t ié r
r ez
no solam ente los tres reinos sino en otros, m ucho más allá de los
Magdalenas se asoman a nuestra "O arso" al encuentro de unas
Pirineos.
palabras que pretenden com unicar vivencias varias, esta vez deseo
Lo que al principio me parecía incomprensible, por su apa-
hacerles partícipes de una preocupación que se ha adueñado de
riencia de kafkiano, pues no encontraba sentido para que esto
mi tie m po y de mi ánimo.
pudiera ser así, me llevó a sospechar que respondía a una razón: la
Todo empezó el día en que intenté conocer un poco más a
de ocultar los verdaderos centros de poder y perm itir una serie de
fo n d o la historia del País Vasco. Porque sentía carencias de ella
guerras entre los diferentes reinos y condados, azuzando a unos
desde mi infancia, cuando nadie me habló de sus lejanos oríge-
contra otros, apelando a nobles sentimientos com o los de patria o
nes. Y una gran sorpresa me esperaba al llegar al estudio de la
religión, mientras ese enigm ático ser se oculta bajo nombres diver-
Edad Media, pues la hallé envuelta en tal cantidad de contradic-
sos y se aprovecha de unos y de otros en beneficio propio.
ciones que no se me hizo creíble.
Es duro tener que arrem eter contra la aureola que rodea a
Las crónicas antiguas parecen escritas a honra y provecho de
nuestros héroes, pero no tengo más rem edio que denunciar que,
los soberanos que encargaron escribirlas y muchos de los docu-
tras un ím probo trabajo de varios años, la soberbia figura del gran
mentos que se conservan están bajo sospecha de falsificación. La
Sancho "El M ayor" aparece ahora ante mí com o la de un perso-
historia del com ienzo de muchas dinastías europeas y de innum e-
naje con diferentes rostros dom in a n do con nom bre d istin to en
rable núm ero de condados parece un mal calco profusam ente
una gran parte de Europa.
repetido. Y no solamente ocurre esto en los comienzos, sino a lo
He dado cuenta de mi hallazgo a varias personalidades del
largo de to d o el período medieval.
m undo de la historia y si bien me han escuchado con m ucho resAl ser tan amplia la perspectiva a revisar y hallarme por el
peto, te n g o la im presión de que no co nfían del to d o en una
m o m e n to yo sola ante este in g e nte tra b a jo , me vi o b ligada a
periodista m etida a investigadora. Yo les he dicho que conozco la
ceñirme a un período concreto y elegí desde el año 970 al 1035.
dificultad de encontrar, con mis pobres fuerzas, la verdad, pero
Y escribí un libro in tentando explicar lo que me había encontrado.
creo im portante dar a conocer mis tesis para poner en evidencia
la necesidad de la duda. Incluso les he o fre cido mi archivo de
A pesar de la acotación en el tiem po, la dificultad para lle-
varios miles de fichas. Por el m om ento, el silencio es su respuesta.
var al lector por los tortuosos derroteros por donde uno se ve
obligado a caminar; a poco que com pare los condados y reinados
Pese a to d o , yo e s to y c o n v e n c id a de q u e la H is to ria
de distintos lugares en el mismo tiem po; es casi insalvable. Es tan
Medieval no es la que nos han contado. Y voy a continuar con
intrincada la tram a tejida a través de las crónicas que, a pesar del
mis investigaciones, a pesar de esa total falta de apoyo y hasta de
gran esfuerzo que he realizado, mi trabajo no se puede leer de
estímulo.
corrido. Pero si uno tiene la paciencia de estudiarlo y cotejarlo,
acabará encontrando lo mismo que yo: la evidencia de que en la
Si to d o s los p ro b le m a s p la n te a d o s p o r Lacarra, M o re t,
Edad Media existía una concentración de poder cuyo reflejo eran
Ubieto, González Tejada, Labayru y otros, estuvieran hoy explica-
una serie de soberanos de paja. A parentem ente vemos un rey en
dos satisfactoriam ente, dejaría yo de lado este inmenso trabajo,
Castilla, o tro en Navarra y o tro en León, pero yo he llegado a la
del que no espero ningún beneficio material. Pero no es un secre-
convicción de que se trataba de la misma persona que dom inaba
to para nadie la debilidad de la base en que se asienta nuestra
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historia. Incluso nuestra historia reciente, en la que tantos hechos
ran investigando sería susceptible de colocar en parangón con la
se nos ocultan o se nos explican tan interesadamente.
tesis que propongo: la de las m últiples caras del poder. Pero a
quienes conozcan mejor el siglo XI les invito a revisar las figuras
No considero lo más im p o rta n te el desentrañar quién fue
de los soberanos que rigieron las diferentes regiones de España, y
realmente Sancho "El M a yo r", sino responder a preguntas históri-
estudiar el "cu á n d o " y el "p o r q u é " Sancho "El M ayo r" va titu -
cas tan vitales para el hom bre de ayer com o el de hoy: ¿Quién
lándose rey de unas y de otras.
está detrás de las guerras? ¿Quién m ueve los hilos? ¿A quién
Y
benefician los e n frenta m ie n to s? ¿Existe la vo lu nta d de ocu lta r
les propongo que salgan de nuestras fronteras. Y volverán
a encontrarse con que "El M ayor" lo llena to d o con su presencia.
dónde están los centros del poder? ¿De qué m odo se realizó esto
en la Edad Media? ¿Tiene algún valor la experiencia histórica o es
Si en España le hemos visto con los nombres de Sancho, Alfonso
mejor vivir constantem ente con la cabeza bajo el ala?
o Ram ón, le e n c o n tra re m o s con el de Román en Ita lia o en
G recia, y en Francia será más c o n o c id o p o r el de R obe rto o
Con mi trabajo de investigación no pretendo haber desen-
Guillerm o, o por el de Ricardo o Eduardo en el norte de Europa, y
trañado la Verdad. Pero mis hallazgos han puesto en evidencia
ju n to al nom bre del Sacro Im perio Romano Germánico le conoce-
una gran duda y, con ella, la necesidad de una revisión a fon do
remos com o Enrique, Hugo u Otón.
de la h is to ria . Con to d a la h u m ild a d de una p e rio d ista poco
Si uno estudia las vidas de estos personajes - y de muchos
experta, pero muy concienzuda en el trabajo, me atrevo a p ro po-
o tro s - se encuentra que están cortadas por el m ism o p atrón.
ner que se vuelvan a revisar las antiguas crónicas, utilizando como
Incluso muchos de ellos vivieron exactam ente el mismo período. Y
clave la sospecha de que el Poder se presentaba en diferentes
de ahí surge la duda de su propia existencia.
lugares con distinto rostro. Con esta clave, muchas de las incógniLo que sí parece e vidente es la co nce n tra ció n de poder,
tas planteadas por los más graves investigadores com ienzan a
puesto que ha tenido capacidad para dejar en la historia de dife -
aparecer más claras.
rentes países europeos una misma repetida im pronta. Mas, ante
Deseo a través de este artículo hacer partícipes de mi preo-
la im posibilidad de que una sola persona poseyera la omnipresen-
cupación a los jóvenes investigadores que afrontan llenos de ener-
cia, las pregun tas se ago lpa n: ¿Era una misma fa m ilia la que
gía la e n o rm e ta re a de p o n e r un p o c o de lu z en el tú n e l
dom inaba en los diferentes lugares? ¿Se trataba de un clan? ¿De
tenebroso de la Historia Medieval. C ualquier período que estuvie-
una secta?
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¿Por qué existen en la historia tantas contradicciones si se
com paran diferentes crónicas sobre el mismo tem a y por qué -a l
mismo tie m p o - hay tantas coincidencias si se com paran las historias de los distintos reinos y condados en España y en Europa?
¿Por qué -c o n c re ta m e n te - en los años 970, 995 y 1035 hay
cam bios de poder en dife ren tes países europeos considerados
independientes entre sí?
Esta panorámica es la que me ha llevado a sospechar que en
la Edad M edia se tejió una gran m entira que se ha seguido ocultando durante siglos y que afecta a una gran parte de la hum anidad. Creo que quienes ejercieron el poder, utilizaron diferentes
nom bres y personalidades sim ulando ser varias personas donde
sólo existía una, o más bien un único g ru p o de poder. Y esta
ambivalencia de rostros y actitudes perm itía el m antenim iento de
agresivas relaciones entre los diferentes territorios, en beneficio
siempre de los mismos.
Ese m isterioso ser que se intuye com o muy religioso, muy
culto y m uy guerrero, gran conocedor del corazón hum ano y un
redom ado ladrón im pregnado de crueldad, en ocasiones parece
cristiano, otras veces judío y otras musulmán. Cuando en realidad
es una especie de camaleón que tom a el aspecto de aquéllos que
le rodean, para darles confianza y quitarles to d o lo que poseen.
Esa fig ura siniestra utiliza el m agnífico sentim iento hum ano del
am or a las raíces, a la patria, para em pujar a la pelea; ese caudillo
sin rostro se vale del sentim iento religioso, que a lo largo de los
siglos ha sido el mayor m o to r de bondad y generosidad humana,
para despertar su instinto de defensa de valores fundam entales,
con el único o bjeto de tener soldados para su guerra particular.
En ocasiones le vemos traicionando a los árabes, en otras a
los cristianos, luego son los judíos los castigados y después los
berberiscos, o cualquier extranjero que antes le ha ayudado. Es un
hom bre sin patria, sin religión y sin respeto para su prójim o. Un
hom bre con mil caras. Que prim ero saquea en el norte, mientras
el sur se va enriqueciendo y después saquea el sur, m ientras el
norte se recupera de su tragedia. Y vuelta siempre a em pezar con
la misma rueda.
Por eso no puedo callar ante lo que creo haber descubierto.
C onfío en que tal vez algún joven paisano, d e n tro de algunos
años, recuerde que un artículo en "O arso" le m ovió en dirección
a una pequeña luz, una luz que tal vez le abrió nuevos caminos
hacia la Verdad.
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