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Drathen.
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LA VIRESCENCIA
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T+EO D 5 A T IlEN
En varios t rah;1jos de los años pasados (en esta l?evista y en
la Revista U ni~'er..·, itn ria) con1un iq u{· un a serie de ntunerosas
observacion es sobre 1\Iacrocarpía, Proliferación y Virescen cia
de algunas especies que se hallan en los terreno~ alrededor de
Santiago . .\fe referí allí a 'l'a razac utn, C: ichoriutn, Sonchus,
Cephalophora y ()enothcra. (~ reo j us ti fi cado tratar, en sí n t csis, estos casos análogos ha jo el con cepto de Viresccncia. I . o
hago aquí para sitnplificar, si fuera posihl.e, el prohlcn1a de la
explicación del fenón1eno.
Se entiende por Virescencia la transforn1ación del gineceo
o de otro ciclo floral en notnófilos (hojas con1unes). L.os casos referidos aquí se parecen todos en estos do~ aspectos: no
se produce sernilla y no precede a la an tesis el estado de ]a
vema cerrada .
Se trata aquí, con excepción de un caso, de plantas silvestres. En r.:uropa se estudian tales n1onstruosidades desde
1832. I\1 uy particulartnente exi ste bibliografía sobre casos
análogos de un vegetal que aquí no he podido encontrar con
semejante anon1alía, y es el Trt·bol blanco (Trifolium repens) . E sta papilionácea, si no cuida su flor y si en vez de
desarrollar un buen ovario, produce hojitas H V W a U L O H V o tnechones filon1áti.cos (proliferación) que se levantan sobre la
flor, no arriesga su propagación, porque tiene estolones, que
garantizan 1a nueva generación .
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Pero ni.nguno de los vegetales de mi observación dispone
de otro tnedio de multi plicaci6n, sino de la sernilla. ~~s cierto
que todas estas especies producen tanta y tan buena sen1iBa.
que po~ el móinen to no peligra su domi,n !O en los terrenos que
han ocupado y tan1bién es un hecho que en ciertas partes no
se observa todavía ni un caso de anoinalía entre n1iles de
ejemplares revisados. ( B ui.n, L. a Serena) . Esta ú1 ti m a ci rcu n stancia persuade en cierto' sen ti do, dar bastan te importancia
a las condicione~ del lugar, no tanto, quizás, topológicas, sino
talvez parasitológicas. No creo que se trata de organisn1os
macrocóspicos que adulteraran la forinación de la flor: pero
no me puedo olvidar de un cuadro n1icrosc6pico en que la hifa obscura de un hongo envolviÓ todas l.as partes de una plan•
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REVISTA CHILENA DE HISTORIA NATURAL
tita enana que había logrado cultivar cotno brote de un ovario-monstruo de 'faraxacutn.
Se entiende que el n1isn1o hecho de obtener una nueva
planta con hojitas y con sin1ulacros de flores, con1o producto
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Fig. 24.- Cichoriu·m .
de una yema endocárpica, es persuasivo tarnbién en otro sentido. ¿Podría el Taraxacu m, que tanto prospera con la bondad del cHma chileno, buscarse talvez un tnodo tnás sencillo
y más rápido de n1ultiplicación que la forinación de una
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semilla con su aparato de protección y de transporte?
;,0 serán las condiciones geológicas del suelo las que influyen en la deformación del ovario y en la frustracjón de la semilla en plantas sinantéreas por lo den1ás tnuy resistentes?
Como no tne es posible encontrar la causa de la deforrnación
aunque pude observar el fenón1eno ya en 10 especieR de una
localidad bastante litnitada. tne pern1ito aquí ofrecer una
sinopsis breve de los casos para que el conjunto pudiera sugerir una hipótesis a otro naturalista de un espí_rj tu tnás sintético.
La especie con f!Ue empecé tnis estudios es Ja lechuguilla
(Taraxacunl officinale). Alrededor de Santiago hay can1pos
en que la cuarta parte de los individuos es afectada de la tnacrocarpía. I.~n tnuchos casos no se presenta como una abierta
v~rescencia; pero un gran nítn1ero de extremos indica claramente que el ovario abultado y alargado no es sino el pedestal de unas hojitas que del pistilo no guardan ni la forma, ni
la función.
El últin1o record de los ovarios-monstruo~ es uno que mide
4 cm. siendo el ovario normal de sóJo 1,5 tnm. (Chacra Virginia, 1935). Debo repetir, en esta ocasión, lo que dije antes
que aJgunos ovarios especiahnen te robustos y largos albergaban un brote que alcanzó a representar una I.echuguil}a enana.
En Nos y Buin y en la Serena, donde revis(' centenares de
ejemplares, no encontré ni uno sólo que tnostrase indicios de
la deformación carpe)ar.
La especie más parecida a la lechuguilla es sin duda la que
la acompaña en los can1pos, en l.a orilla de los canales y hasta
en las murallas y en las veredas de las calles, el ñi1h u e (Sonchus oleraceus). Le acompaña también en la frustración del
fruto por medio del alargamiento del ovario. Parece que, hasta el. momento, no sucumbe tan frecuentemente a la fuerza
defortnadora (desconocida) como el Taraxacum. Los únicos
casos conocidos y descritos son de la misn1a localidad n1uy limitada que me proporcionó la mayor abundancia de anotnalías de la lechuguilla.
También son de allí la tercera, cuarta, quinta, sexta y séptima especies que son afectadas de J.a anomaUa en referencia
y en otras partes no se me han presentado casos análogos.
De la 3. 8 especie, Senecio vulgaris, cosn1opolita, con1o las
dos anteriores, puedo decir que en un ejemplar vigoroso observé algunas flores que mostraban una ovario detnasiado
largo.
La 4. 8 especie y tambi(:.n la .5. a no se separan todavía de la
familia que tratamos hasta ahora, son especies deJa gran familia de las Compue~tas (Sinant(.. reas). Pasemos a los extra-
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vías de la achicoria ( & L F K R U L X P intybus) otra tna!eza tan
abundante en algunos can1po~, que quita Ia luz y el ~uelo a
todos los vegetales que cn1piezan a cotnpetir con ella.
l)e ella enco11trt~ ejcn1plos clúsicos de la virescencia, en que
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Fig. 25.
Picris
todas las inflorecencias, sin excepción; habían degenerado y
habían dejado de las flores algo con1o un sitnulacro verde. ~=n
uno y otro caso se pudo observar tatnbién aquí el fenótneno de
la n1acrocarpelia, n1ostrando, en general, e1 ovario una defortnación tan tn~rcada, que no recuerda ya ~u fi sonotnía.
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En particular esta especie n1e ofreció un ejetnplar tan degenerado (vea la figura Cichoriun1) que, aunque alto y vigoroso, no alcanzó extender sus ran1as en el ángulo debido y
que las levanta casi verticahnente, sen1bradas de pequeños
mechones, que no son sino cabezuelas de flores frustradas.
Estudiando en seguida la 5: a especie, debo advertir qtie en
ella más que en las otras pude notar el factor «estación».
(Standort en alentán). Se trata de la sinan térea Picris echioides, agradezco la dctertninación de la especie al señor Víctor Baeza, profe~or jefe de la sección Botánica del J->edagógico, planta que no goza todavía de notnbrc vulgar, aunque
ha invadido, desde los últin1os años, todos los canales y acequias de las chacras alrededor de la ca pi tal. r:s un vegetal robusto y amenaza con sus cerdas, que cubren los tallos, las hojas y hasta el respetable involucro, al que desea conocerlo
más de cerca.
En la Chacra Virgini_a no se conoció la llicris, hasta que en
Febrero de 1935 encontré dos ejen1plares al lado del canal y,
como si las condiciones del sitio fueran etnbrujadas, uno de
los únicos dos representantes debía estar con la epiclen1ia de
lugar, con la 11I<1.crocarpelia (vea la figura I)icris) el único caso que conocí. ,.roda la p!an ta tne llan1ó la atención por ~u
color más obscuro,. por el fi Jon1a n1ús corto, por las cerdas débiles y por lo pequeño de los capítulos que no ostentaban los
pétalos an1ariiios, los cuales en la planta nortnal se ason1an
bastan te.
P~sando ahora a las dos e~pecies del tnisnto lugar, pero no
de la tnistna fan1ilia botánica, non1bro pritnero a l{aphanus
raphanistrutn, que es tan conocido bajo el non1hre de rúbano campestre y es de la fan1ilia de las & U X F t I H U D V a Q n1edio
de otros «parientes~', el yuyo y el «prinlO>." de t)ste n1isn1o, el
Rapi_strun1 rugosun1, encontré un ejetnplar de un color ba~­
tante obscuro, de hojas que reYelan el parentc~co y por lo denlá<:i de una configuración tan insegura, que habría sido difícil distinguirlo del l{apistrunl. No hubo ninguna flor normal; pero tnuchas seudoilores cubrían las ran1as. Se nota han
elen1entos con 4 sépalos o con tnenos, con 6 estatnb• es (níunero normal de la fatnilia) o con 3, sietnpre estériles, y el centro
ocupaban h_ojitas o un pedúnculo coronado de varias seudoflores enanas. Ni yetnas ni frutos existían en este ejetnplar,
que presenta un caso títpico de la vircscencia. L.o que distingue esta forn1a de las otras especies non1bradas es la conlplcta ausencia del ovario.
El últin1o ejetnplo de la n1isn1a Chacra es para notnbrarlo
sin entrar en detalles y es un fenón1cno bastante frecuente,
la deforn1ación del ovario en las pequeñas flores del llantén
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(P4tntago lanceolata) donde, en vez del pistilo, salen unas .
hojitas.
Tampoco me detendré en la descripción de un racin1o de
flores sumamente extrañas, que me trajo, el año pasado, un
amigo y que, de ningún modo, se habría podidof detern1inar,
si no fuera por otra ratna de la n1isma mata que mostraba dos
flores normales de un l)elphiniunl (Espuela de caballero) que
tnucho se vende en las jardinerías. En vez del color purpúreo de las flores encapuchadas y con e~puela larga (nectario)
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Fig. 26.·-Cephalophora
no hubo nada que se pareciera a una vara de flores, sino un
eje rodeado de ruedas verdes en número de 15. Cada rueda
descansaba en un pedúnculo de 4 cm.; en el centro ostentaba
3 hojitas largas rodeadas de muchos estatnbres sin polen y
del centro salían en cruz 4 peciolos de 2 cn1. que rerna taban
cada una en una copita verde y setniglobosa.
Ahora debemos extender la localidad y traemos n1ateria
de dos especies de la costa (Algarrobo, las costa más cerca
na) una sinantérea, la Cephalophora aromática, que llaman
Drathen.--·LA
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VIRESCENCJA
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la «manzanilla del catnpo» y la otra es el «Don Diego de la
noche» una especie de Oenothera.
I.~a pritnera la describí con s us anon1alías en la Re·cista Universitar~ia, N ·o S-6 del año 1933 y la segunda en esta J{evista,
1932. La manzanilla del campo se asen1eja mucho en sus anomalías (vea fig . Ccphalophora) a la especie que, como antes
dije, es la que en Europa se distingue tnás por la virescencia,
el trébol blanco. También tiene su inllorescencia en forn1a de
una bolita. De e sta bolita se levan tan sea pequeñas hojas, sea
mechones de inflorescencias falsas, todas (\stas como deformaciones del ovario.
Si el l)r. l\'1erkenschlager detern1ina es ta clase de tnonstruosidades como un estado in tern1ediari'o entre las tendencias sexuales y an tisexuales, (U mschan, 1934) n1e parece, no
adelantaría con esto la explicaci.ó n del fenómeno; pero si
opi,na que hay talvez hormonas sexuales y hormonas vegetativas en I.as plantas y que en una fase de la lucha entre éstos
dos principios ganara la sexual a formar flores y la otra a tneterles hojas donde debería es tar el pistilo, podría estudiarse
poco a poro el asunto de las horn1onas vegetales, ya que la
exi.s tencia de una tal hormona del rrecimien to parece asegurada. Pero siempre quedaría abierta la cuestión ;,Qué factores favorecen ].a deformación de los ciclos florales? o si quiere ¿Qué condición del clitna, suelo, humedad, etc., ayuda la
hormona vegetativa para eliminar el ovario, el óvulo, el color de los pétalos, el pólen, etc.,?
Terminemos con una brevísima revisión de las seudoflores
de Oenothera. Las recogí en gran número a principios de los
años 1931 y 32 y, buscándolas en el mismo 1ugar los años 33
v
35,
no
hallé
ni
una
sola
muestra.
Estos
s
imulacros
verdes.
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pequeños y muy variados de las hermosas flores an1arillas,
grandes y tan características, aparecen sólo después de la
fructificación de las verdaderas flores -v se encuentran en ramitas cortas, cuyo filoma desvía bastante de la forma de las
hojas caulinares. N un ca se ve un pistilo legítimo; pero casi
siempre existen los 8 estambres conocibles como tales y el estado de yema falta aquí como en todos los casos an t.eriores.
Pongo fin a la corta sinopsis del n1aterial observado y de
nuevo manifiesto n1is deseos, que un naturalis ta de n1ás horizonte científico idee una explicación aceptable de estos hechos.
LA
SERENA,
Julio de 1935 .
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~··········e:···········
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