inexperiencia de los menores de veinticinco años para hacerlos

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DERECHO DE FAMILIA
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inexperiencia de los menores de veinticinco años para hacerlos consentir en actos
perjudiciales. Daba contra los culpables una acción pública, accesible para todos
que infamaba al condenado y lo incapacitaba para figurar en la orden de los
decuriones. Al menor engañado le daba un medio civil para pedir la nulidad de
su obligación, acción de recurso y más tarde, la exceptio legis pretoriae que sin
duda se creó bajo el sistema formulario a menos que aún bajo el sistema de
procedimiento de las acciones de la ley, se admitiera la existencia de excepciones,
además esta Ley permitía también que se le nombrara al menor un curador especial
para un negocio determinado; para los terceros era una seguridad de hecho que
se había admitido, quizá por una jurisprudencia posterior a causa de la Ley
pretoriana más bien que por el texto de esta ley.
La Ley pretoriana era insuficiente, imponía una pena, permitía anular el acto
arrebatado con fraude al menor, pero éste debía probar que había sido engañado,
en la mayor parte de los actos en que había consentido, pero tratando con un
hombre de buena fe, se conservaban. Entonces el pretor pensó en establecer un
medio más enérgico y eficaz que la judicium de la Ley pretoriana; fue la in
integrum restitutio, la rescisión de todo acto que lesionara al menor con
prescindencia absoluta de toda idea de dolo o de fraude.
Por la ley pretoria se castigaba el fraudem por el pretor y se reparaba la lesión;
pero el crédito del menor se afectaba profundamente.
El menor era capaz y tenía protección suficiente; la curatela no tenía más objeto
que favorecer su crédito y él vería si usaba ese medio para acrecentarlo. Sin
embargo, había tres casos en los cuales el tercero que estaba en relación con el
menor podía exigir el nombramiento de un curador y era cuando se trataba de:
•
•
•
la rendición de cuentas de la tutela;
un pago hecho por un deudor del menor;
comparecer en juicio.
Estos tres actos tenían un carácter común: eran obligatorios para el tercero que los
celebraba y que por tal razón tenía derecho para exigir la garantía de la curatela.
c) Curatela de los pupilos.
Excepcionalmente se podía dar curador a un pupilo en los casos siguientes:
•
Cuando el tutor tenía pendiente la excusa o había hecho valer una puramente
temporal.
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