propio curador – directivas anticipadas sobre la persona, bienes y

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Senado de la Nación
Secretaria Parlamentaria
Dirección General de Publicaciones
(S-0261/12)
PROYECTO DE LEY
El Senado y Cámara de Diputados,...
PROPIO CURADOR – DIRECTIVAS ANTICIPADAS SOBRE LA
PERSONA, BIENES Y SALUD
Artículo 1.- Incorporar como artículo 475 bis del Código Civil de la
República Argentina, el siguiente texto:
“Artículo 475 bis.- Toda persona capaz mayor de edad, en previsión de
una eventual futura incapacidad, puede designar mediante escritura
pública a una o más personas mayores de edad como sus propios
curadores para tomar decisiones sobre actos que le conciernan, en
caso de hallarse privada del discernimiento necesario. También puede
disponer directivas anticipadas sobre su persona, bienes y salud, así
como designar curadores sustitutos para el caso que el primero no
quiera o pueda aceptar, pudiendo incluso excluir a determinadas
personas. En el mismo acto, se deben prever las normas sobre
aceptación, actuación y sustitución de los curadores propuestos.
Sólo serán llamados a desempeñar el cargo de curador las personas
previstas en los artículos siguientes, cuando no quisieren o pudieren
aceptar las designadas de conformidad con las previsiones del
presente artículo.”
Artículo 2.- Sustituir el artículo 471 del Código Civil de la República
Argentina, por el siguiente texto:
“Artículo 471.- El juez, durante el juicio, puede, si lo juzgare oportuno,
nombrar un curador interino a los bienes o un interventor en la
administración del demandado por incapaz.
La designación del propio curador realizada conforme lo previsto en el
artículo 475 bis es imperativa para el juez, tanto para el supuesto de
curador interino como definitivo, salvo que concurra alguna de las
causales previstas para su remoción en este Código. La misma
persona se desempeñará en cualquiera de los cargos a que se
refieren los arts. 147 y 148, salvo disposición en contrario.”
Artículo 3.- Sustituir el artículo 12 del Código Penal de la República
Argentina, por el siguiente texto:
“Artículo 12.- La reclusión y la prisión por más de tres años llevan
como inherente la inhabilitación absoluta, por el tiempo de la condena,
la que podrá durar hasta tres años más, si así lo resuelve el tribunal,
de acuerdo con la índole del delito. Importan además la privación,
mientras dure la pena, de la patria potestad, de la administración de
los bienes y del derecho de disponer de ellos por actos entre vivos. El
penado quedará sujeto a la curatela establecida por el Código Civil
para los incapaces, pudiendo designar su propio curador de
conformidad con el artículo 475 bis del citado Código.”
Artículo 4.- Comuníquese al Poder Ejecutivo.
Marcelo A. H. Guinle.
FUNDAMENTOS
Señor Presidente:
En atención a que el proyecto de ley que tramitara por el expediente
S-2/10 ha perdido estado parlamentario, ello por imperio de lo
establecido en el art. 106 del Reglamento de este Honorable Cuerpo y
la Ley 13.640, y luego de analizar que resulta necesario seguir
promoviendo una iniciativa de similar tenor, es que con modificaciones
en sus fundamentos que ponen en evidencia la vigencia de la
temática de esta iniciativa, es que presento un nuevo proyecto de ley
promoviendo la creación de la figura del propio curador, en miras a
que las personas puedan estipular directivas anticipadas no solo de su
salud, sino también de su personas y bienes.
El espectacular aumento de la esperanza de vida, junto con los
avances en la investigación médica y el descenso de la natalidad, han
contribuido a que la conformación de la sociedad cambie. En la
actualidad, existe un número elevado de personas mayores que se
prevé aumentará inexorablemente en el futuro. Estas personas
alcanzan edades muy avanzadas y ello va aparejado frecuentemente,
con la aparición de signos de senilidad que en ocasiones, perturban su
capacidad. Por otro lado, la medicina ha logrado mantener con vida a
personas que víctimas de traumatismos, no pueden manifestar su
voluntad. Todo ello lleva al planteamiento de múltiples problemas con
una dimensión nueva, a los que debe añadirse los derivados de la
existencia de enfermedades o deficiencias de carácter físico o
psíquico que pueden impedir a la persona gobernarse por sí misma, y
que inclusive –en muchos casos- puede predecirse con mucha
anticipación.
Las situaciones descritas, no afectan exclusivamente a personas
ancianas. Es obvio, que la capacidad de las personas no se ve
afectada solamente por el mero hecho de cumplir años, aunque sea
un factor importante en el desarrollo de determinadas enfermedades,
que inciden en la disminución de facultades mentales.
Este contexto lleva aparejado un aumento de enfermedades, que
conllevan una alteración de la memoria o de la conciencia, como
ocurre en el caso de la demencia senil o mal de Alzheimer. Junto a
ello, debe apuntarse otro fenómeno, el aumento del número de adultos
afectados por alguna toxicomanía, que lesiona o disminuye la
capacidad de estas personas.
Los fenómenos demográficos descritos y el constante envejecimiento
de la población, hace que si en 1998 había 66 millones de personas
que superan los 80 años, en el 2050 tal cifra puede llegar a ser 370
millones, de los cuales más de dos millones serían centenarios, según
datos de la ONU. En el marco de la Unión Europea un estudio
elaborado por el Instituto de Estudios de Prospectiva Tecnológica
(IPTS) revela que en el 2010 la población mayor de 65 años se
incrementará un 20% respecto a 1995. En el 2025 el colectivo de
personas mayores alcanzará los 85 millones, el 22% de la población
total europea.
En la Argentina, aproximadamente el 10% de la población supera los
65 años y más de un millón y medio de personas (13,7%) tienen más
de 60 años. En total suman casi cinco millones de personas adultas
mayores, y el crecimiento de este porcentaje en el futuro inmediato,
resulta incuestionable.
Todas estas situaciones presentan una nota común: la necesidad de
protección, que se concreta en dos ámbitos diferentes, la protección
de las personas y la de sus bienes. Así pues, tanto las personas de
edad avanzada, como aquellas que por diversos motivos sufren una
disminución de su capacidad, deben ser objeto de especial protección,
pues la situación en la que se encuentran así lo requiere.
Es inconcebible que una persona, aun contando con recursos, llegada
a una eventual incapacidad por enfermedad, accidente o simplemente
la vejez, sea sometida a un “régimen de protección” que la obliga a
vivir asistida por un curador designado por el juez o, en el mejor de los
casos, entre los familiares que predetermina el Código Civil, sin
atender en la designación a sus preferencias, intereses y afectos;
baste sólo citar como ejemplos los artículos 476, 477 y 478 del referido
ordenamiento.
Los escribanos Taiana de Brandi y Llorens en su libro “Disposiciones y
estipulaciones para la propia incapacidad”— señalan que en realidad
sorprende como desde el derecho romano hasta nuestros días no se
haya buscado el molde adecuado para atender esta necesidad
humana en el plano jurídico. Es enorme el vacío legal, jurisprudencial
y aun doctrinario que se abre entre la caducidad obligatoria del
mandato por incapacidad del mandante (tal como se legisla en casi
todos los Estados) y la imposibilidad de que el testamento produzca
efectos durante la vida del testador.
Independientemente de las razones por las que no se haya avanzado
en este tema, entiendo que se debe retomar una figura que existe en
ciertas legislaciones extranjeras, para adecuarla a nuestra legislación.
Es la llamada propia curatela o voluntaria, en el marco de lo que se
conoce como la “autotutela de derechos”, cuyo objetivo es subsanar
este vacío legislativo. De esta manera, la persona capaz podrá prever
a la persona o personas que se harán cargo de su persona y de su
patrimonio para el momento en que ocurra el supuesto de su
incapacidad.
La figura que se introduce a través de este proyecto de ley, es
conocida de diversas formas en la doctrina y legislación comparada.
La mayoría hace referencia a una “tutela cautelar” o “autotutela”. Por
su parte, en España prefieren denominarla como “autodelación de la
tutela”. También se conoce como “tutela voluntaria”, término que se
desprende del texto del proyecto de Código Civil para el Distrito
Federal, de México.
En un primer momento, se denominó este instituto con el término
“testamento vital”, pero fue descartado por entender que el problema
que nos ocupa es una cuestión de vida y no de muerte. Los autores
Taiana de Brandi y Llorens propusieron en un primer momento
“Disposiciones y estipulaciones para la propia incapacidad”.
Posteriormente, en la VIII Jornada Notarial Iberoamericana Celebrada
en Veracruz, México, en febrero de 1998, nació la denominación
“Derecho de autoprotección”.
En virtud de las tradiciones de nuestro Código velezano y de
conformidad con la introducción de la figura en el capítulo de
“Curatela” -por cuanto se trata de la regulación de un tutor para los
mayores de edad-, en este proyecto se denomina a la misma como
“propio curador”, siguiendo los lineamientos del derecho alemán.
Fundamentos del instituto.
En primer lugar, se puede mencionar como fundamento natural a dos
de los derechos inherentes al ser humano: la libertad y la seguridad. A
través de la historia del hombre, diversos documentos han recogido
estos derechos connaturales al hombre. Entre los más importantes
podemos destacar:
A. Carta Magna de Juan Sin Tierra (1215)
B. Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789)
C. Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1793)
D. Declaración Universal de Derechos Humanos (1948)
En síntesis, el derecho de toda persona capaz a dictar disposiciones y
a estipular para su incapacidad tiene raigambre constitucional,
reconocida por el Art. 75 inc. 22 donde se incorporan estos y otros
tratados similares a nuestra Carta Magna.
En segundo lugar, el fundamento legal para adicionar a nuestro
Código la figura de la propia curatela, es la autonomía de la voluntad
entendida ésta, como el poder de autodeterminación de toda persona,
mediante la modificación de supuestos jurídicos, establecidos
previamente en el ordenamiento jurídico, que traen como
consecuencia la producción de determinados efectos jurídicos
contemplados en los supuestos que se modifican. Implica el
reconocimiento de la libertad del hombre de actuar dentro de lo
permitido por el ordenamiento jurídico.
El disponer una autorregulación que modifique supuestos jurídicos
previos tiene límites, por lo que sin la reforma que se propone,
quedaría fuera del alcance de los particulares la designación de un
futuro curador en previsión de la incapacidad, toda vez que se estaría
disponiendo de los efectos que actualmente señala la ley, acerca de la
interdicción de determinada persona, que serían (sin la reforma
propuesta) necesariamente el llamamiento que la ley hace del curador
según sea el caso.
Antecedentes en la legislación extranjera.
Muy pocas son las legislaciones extranjeras que han consagrado en
sus textos la designación del propio tutor/curador. Cabe recordar que
para algunas legislaciones, el tutor es la persona que asiste al incapaz
y el curador es quien administra sus bienes. En Argentina, tanto como
por ejemplo en Alemania, se llama tutor a quien se encarga de los
menores de edad y curador a quien tiene a su cargo a las personas
mayores de edad incapacitadas.
Si bien Canadá, Estados Unidos, Japón, Inglaterra, Francia, Italia,
Holanda y Bélgica son los únicos países que contemplan
disposiciones y estipulaciones para la propia incapacidad, en ninguna
de dichas legislaciones se consagra la autodesignación de un tutor o
curador voluntario. Lo que sí prevén sus leyes son instituciones como
el testamento vital, mandato de autoprotección, poder perdurable y el
fideicomiso.
Solamente en Alemania, Suiza y España se adopta una figura análoga
a la que es objeto de regulación en el presente proyecto.
1. Alemania
A través de la Ley de Asistencia del 12 de septiembre de 1990, este
país reconoció la designación del propio curador o también llamada
“disposición de asistencia”. Esta ley se llamó también “Reforma del
derecho de tutela y curatela para mayores de edad”, y se encuentra
vigente desde el 1 de enero de 1992.
Dicha figura tiene por finalidad proponer la persona del asistente o
curador, el tipo de asistencia que desea y los deberes a su cargo.
Consiste en la expresión de voluntad formalizada por cualquier medio,
la cual se presenta y sustancia judicialmente, no requiriéndose la
capacidad del interesado. Toda persona que conozca de su existencia
está obligada a denunciarla. Si tal designación causara perjuicio al
presunto incapaz, no vincula al juez, salvo en lo que se refiere a la
voluntad de excluir a persona de terminada para su desempeño como
asistente.
2. Suiza.
No hay legislación aplicable al caso, pero los escribanos suizos
resuelven el problema mediante el otorgamiento de un testamento en
el que se nombra albacea, a quien en instrumento aparte se le otorga
poder amplio de contenido personal y patrimonial para el caso de
incapacidad por vejez, enfermedad o accidente. Producido este estado
y comprobado por el médico de cabecera, el juez designa curador o
tutor, según el caso, a ese albacea apoderado.
Será curador si atiende los bienes del incapaz y tutor si cuida tanto de
la persona como de los bienes. Si bien la designación es judicial, tiene
como antecedente la voluntad del interesado expresada válidamente.
3. España.
La reforma del Art. 223 del Código Civil ha supuesto el reconocimiento
de un nuevo negocio jurídico unilateral del Derecho de Familia en
virtud del cual toda persona con capacidad de obrar suficiente y en
previsión de su futura incapacidad podrá, en documento público,
concretamente en escritura pública y, en su caso en testamento,
adoptar las disposiciones que estime pertinentes en relación tanto con
su persona como con su patrimonio (autotutela).
Esto es así por cuanto la mayoría de las normas que configuran el
régimen jurídico de las instituciones de guarda tienen carácter
imperativo, por lo que fuera del ámbito reconocido expresamente a la
autonomía de la voluntad en el Art. 223 del Código Civil –designación
del integrante del órgano tutelar y previsiones de orden personal y
patrimonial– seguirá siendo aplicable dicho régimen jurídico; de esta
forma, producida la incapacitación y designado judicialmente el
tutor/curador que corresponda según lo dispuesto por el sujeto, el
funcionamiento y desarrollo de la tutela/curatela deberá respetar las
normas imperativas del Código Civil.
Antecedentes en la legislación nacional.
El derecho vigente reconoce a toda persona capaz su derecho a
disponer o pactar libremente para el supuesto de su futura eventual
incapacidad, con fuerza vinculante para los terceros, incluido el juez.
Todas las siguientes normas justifican que el régimen previsto en el
artículo 626 y concordantes del Código Procesal Civil y Comercial de
la Nación -que impone la intervención de un abogado de la matrícula
como curador ad litem durante la sustanciación del proceso de
insania- se encuentre modificado implícitamente, y que el juez se
encuentra impedido de nombrarlo cuando el propio denunciado,
durante períodos insospechados de capacidad, ha exteriorizado su
voluntad de que ese cargo lo ejerza determinada persona de su
confianza.
1. Legislación Civil y Comercial.En primer lugar, corresponde considerar que el artículo 480 del Código
Civil establece que “El curador de un incapaz que tenga hijos menores
es también tutor de éstos”. Si una persona puede designar tutor para
sus hijos menores (Art. 383, Código Civil) para la eventualidad de su
fallecimiento, y, si aceptamos que esa designación debe ser tenida en
cuenta también para el caso de interdicción, disminución de facultades
del progenitor, debemos concluir, por aplicación de la norma
transcripta, que el otorgante tiene la facultad de designar también para
sí el propio curador, ya que éste debe coincidir con la persona
designada por él para la tutela de sus hijos.
Por otra parte, si quien tiene hijos menores está facultado por esta
interpretación para designar el propio curador, esa facultad debe serle
reconocida también a quien no tiene hijos incapaces.
En segundo lugar, si el artículo 383 de nuestro Código Civil permite a
los padres nombrar “tutor a sus hijos que estén bajo la patria
potestad”, y el 479 del mismo Código dispone: “En todos los casos en
que el padre o madre puede dar tutor a sus hijos menores de edad,
podrá también nombrar curadores por testamento a los mayores de
edad, dementes o sordomudos”, ¿cómo no admitir que una persona,
durante su salud, no pueda hacer lo propio consigo mismo?
En tercer lugar, corresponde tener en cuenta que los artículos 2613,
2715 y 3431 del Código Civil y el artículo 51 de la Ley 14.394 permiten
al testador imponer ciertas restricciones en la disposición de los bienes
aún a los herederos forzosos para después de la muerte del testador.
¿Cómo impedir que alguien lo haga para su propia incapacidad?
En cuarto lugar, corresponde enunciar el artículo 144 del Código de
Comercio. Su interpretación integrativa, funcional y teleológica admite
la subsistencia de la actuación del factor producida la incapacidad del
principal, con lo que éste tendrá asegurada la continuidad de la
explotación por la persona querida e idónea según su criterio.
2. Constitución Nacional.2.1. Convención sobre los Derechos del Niño (Ley 23.849) y
Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad (Ley
26.378)
Aplicable en la materia a tenor de la remisión que efectúa el
codificador civil en el régimen de la incapacidad del mayor a la
incapacidad del menor (Art. 475 del Código Civil). De ambas
convenciones surge el interés prioritario del menor y del inhábil.
¿Cómo no atender sus deseos y preferencias enunciados durante su
salud? ¿Cómo no admitir, igualmente, que el incapaz mayor tiene
derecho a ser cuidado por aquella persona en quien él tiene puestos
sus afectos o depositada su confianza y que él mismo designó durante
su salud?
2.2.Declaración Universal de los Derechos Humanos.
El artículo 3º de esta Declaración establece que “todo individuo tiene
derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”.
2.3.Derechos Implícitos.
No puedo dejar de tener en cuenta todo el fundamento dado por el
repertorio de aquellos derechos denominados implícitos, entre los que
enumera “los que proporciona el deber ser ideal del valor justicia ... los
que proporciona la ideología de la Constitución ... los que proporciona
el artículo 33 (base formal); ... los que proporcionan los tratados
internacionales sobre derechos humanos, y los que proporcionan las
valoraciones sociales progresivas” (“El amplio espectro de
interpretación de la Constitución Nacional”, Lemos, LL Actualidad
11/05/95).
2.4. Ley de Pacientes
La Ley 26.529, de mi autoría, señala en el art. 11 la posibilidad de
estipular directivas anticipadas con respecto a la salud de las
personas. En línea con el presente proyecto, el art. 11 establece:
“Toda persona capaz mayor de edad puede disponer directivas
anticipadas sobre su salud, pudiendo consentir o rechazar
determinados tratamientos médicos, preventivos o paliativos, y
decisiones relativas a su salud. Las directivas deberán ser aceptadas
por el médico a cargo, salvo las que impliquen desarrollar prácticas
eutanásicas, las que se tendrán como inexistentes.”
Ahora bien, esta norma solo esta acotada a directivas anticipadas en
el ámbito de la salud y sobre tratamientos médicos, preventivos o
paliativos. En cambio, entiendo que mediante la iniciativa que
propongo introducir en el Código Civil, en forma amplia permite que
toda persona que cumpla los requisitos de admisibilidad, podrá
designar su propio curador tanto para el cuidado de su persona y de
sus bienes.
Es por ello que, además de las disposiciones insertas en la Ley de los
Pacientes, debe regularse un instituto más amplio. Las personas
preocupadas por su futuro desean incluir en un acto de autoprotección
directivas de distinta naturaleza, no sólo referidas a su salud. Sus
preocupaciones se relacionan también con cuestiones que hacen a su
vida cotidiana y al mantenimiento de su calidad de vida, al destino y
administración de sus bienes, a la designación de su eventual curador
para el caso de un juicio de incapacitación, etc. Asuntos que no son de
menor importancia, porque se refieren al derecho de todo ser humano
a diseñar su plan de vida y a preservar su dignidad cualquiera sean las
circunstancias que le toque vivir.
Las escribanías a lo largo y a lo ancho de nuestro territorio, ponen en
evidencia la necesidad de regulación ante la existencia de Registros
de Actos de Autoprotección que funcionan actualmente en el país.
Para la inscripción de estos actos, han sido creados por los colegios
notariales de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe 2ª.Circunscripción-; Chaco y recientemente San Juan.
Los registros de actos de autoprotección creados por los Colegios de
Escribanos, cuentan con más de 400 actos inscriptos de todo el país y
semanalmente responden informes enviados por los juzgados, con lo
que judicialmente se reconoce la validez e importancia de los actos
inscriptos. Funcionan conjuntamente con los archivos de protocolos
notariales y los registros de actos de última voluntad. Esta actividad es
desarrollada por los colegios notariales en ejercicio de su función
pública y social para de contribuir a la defensa y protección de los
derechos inscriptos. La ley orgánica de los distintos colegios de
escribanos les otorga atribuciones suficientes para ello.
Por su parte el Consejo Federal del Notariado Argentino, haciéndose
eco de esta realidad, proyecta la creación de un registro nacional,
similar al que funciona con respecto a los actos de última voluntad,
que permita asentar todos los actos de autoprotección otorgados en
las diferentes jurisdicciones del país a través de los distintos registros
que se encuentran en funcionamiento en los colegios notariales
provinciales y de los que se vayan implementando.
Análisis del proyecto de ley.
En primer lugar, entiendo que debe introducirse esta figura en el Título
XIII, Capítulo I de nuestro Código Civil por cuanto se trata de la
curatela de incapaces mayores de edad. He descartado la figura del
contrato de mandato, porque cuanto el mismo evidentemente tiene su
ámbito de aplicación durante la capacidad del mandante. ¿A quién le
rendiría cuentas el mandatario si el mandante ya no tiene
discernimiento, intención ni voluntad? Ese es el motivo por el cual
Vélez certeramente dispuso en el Art. 1963 que el mandato se acaba
con la incapacidad del mandante.
En cuanto a la capacidad necesaria para su otorgamiento, se requiere
capacidad de obrar suficiente por lo que, en principio, la tienen los
mayores de edad no incapacitados; aunque también debería hacerse
extensible esta facultad al menor emancipado.
La designación deberá hacerse por escritura pública como forma ad
solemnitatem. Sin duda es la escritura pública el medio más idóneo
porque supone, además de la fe pública, un asesoramiento integral
respecto del alumbramiento de un acto válido, dotado de fecha cierta
que le permitirá ante cualquier duda al juez interviniente, juzgar sobre
la aptitud suficiente del otorgante y que, a su vez, presupone un juicio
de capacidad de parte del autorizante, quien debe condicionar su
intervención a aquella ya que no hay acto jurídico posible si éste no es
voluntario, o sea, si no es realizado con intención, libertad y
discernimiento. En virtud de la delicada materia de que se trata, las
solemnidades de la escritura pública garantizarán el andamiento de
este documento, el que muy probablemente, cobrará efectos en una
realidad muy distinta a la del momento de su otorgamiento.
Se prevé la posibilidad de nombrar uno o más curadores y designar
sustitutos de todos ellos, así como excluir a las personas que el capaz
devenido en incapaz, no quiera que en virtud del llamamiento de la ley,
sea designado su curador. En el mismo acto se deberán establecer las
reglas sobre la aceptación de la designación, como su actuación y su
posible sustitución. La designación es vinculante para el juez, quien
sólo podrá designar una persona diferente –es decir, siguiendo el
orden previsto por el Código Civil en los arts. 476 y subsiguientes- en
dos casos: 1) cuando ni los titulares ni los sustitutos puedan o quieran
aceptar, 2) cuando los propuestos estén alcanzados por alguna causal
de remoción prevista en el Código Civil para los curadores (a los que
se les aplica por remisión del régimen de los tutores). Sin embargo,
será imperante para el juez la imposibilidad de designar a la persona
que fue excluida por el incapaz.
El contenido de esta curatela no está regulado, con lo cual si bien será
de aplicación todo lo que el Código Civil dispone en esta materia, se
establece que en el instrumento de designación, deben estipularse
normas relacionadas con la aceptación, la actuación del curador y
hasta la sustitución de los curadores propuestos, cuya complejidad y
extensión dependerán en gran medida de la personalidad del eventual
futuro incapaz y sus conocimientos jurídicos o técnicos y del adecuado
asesoramiento de los escribanos intervinientes y, eventualmente, de
abogados a quienes recurra el otorgante.
También se permite en la escritura pública y en previsión de una futura
incapacidad, realizar estipulaciones sobre la propia salud, ello en tanto
lineamiento de la futura curatela. Sin ser taxativos, podemos en forma
amplia señalar que las prescripciones sobre la propia curatela pueden
abarcar: a) la designación del curador, su o sus sustitutos, el rechazo
o exclusión a la designación de persona determinada, mecanismos de
sustitución por el suplente, actuación conjunta, simultánea o indistinta
de varios curadores, etc; b) la enunciación de directivas en cuestiones
que hacen a la propia persona y a su patrimonio; y c) decisiones
relativas a la salud y los tratamientos médicos, preventivos y paliativos
que desea recibir y/o los que rechaza el otorgante, siempre que no
constituyan prácticas eutanásicas.
Debemos tener presente que en virtud del Art. 19 de nuestra
Constitución Nacional, no es necesario fundamentar la utilización de
esta figura ni su contenido. Así lo dispuso la Corte Suprema de
Justicia de la Nación en abril de 1993, en el caso “Bahamondes”,
señero en el tema, quien puntualmente dijo “... vida y libertad forman la
infraestructura sobre la que se fundamenta la prerrogativa
constitucional que consagra el artículo 19 de la Constitución Nacional
...” (del voto de los Dres. Rodolfo C. Barra y Carlos S. Fayt); “... El
artículo 19 de la Constitución Nacional otorga al individuo un ámbito de
libertad en el cual éste puede adoptar libremente las decisiones
fundamentales acerca de su persona sin interferencia del Estado o de
los particulares, en tanto dichas decisiones no violen derechos de
terceros ...” (del voto de los Dres. Augusto Cesar Belluscio y Enrique
Santiago Petracchi); “... El hombre es eje y centro de todo el sistema
jurídico y en tanto fin en sí mismo ... su persona es inviolable ... los
restantes valores tienen siempre carácter instrumental ...” (del voto de
los Dres. Rodolfo C. Barra y Carlos S. Fayt).Por último, entendí conveniente contemplar en el presente proyecto, la
curatela que surge del artículo 12 del Código Penal, ya que no se
advierten al menos prima facie, razones por las cuales una persona
que prevé pueda ser condenada por un delito, no pueda designar su
propio curador.
Conclusión.
La protección de personas mayores o incapacitadas es un tema que
no ha planteado hasta ahora demasiadas dificultades en la práctica
jurídica. Sin embargo, el imparable envejecimiento de la población,
con un correlativo aumento de las enfermedades degenerativas como
el mal de Alzheimer, así como el aumento de determinadas
toxicomanías y los mismos avances técnicos de la medicina que
permiten mantener por más tiempo la vida, hacen que sea fácil
vaticinar que en un plazo no muy largo de tiempo, se planteen
situaciones que reclamen una respuesta jurídica adecuada.
Los actos de autoprotección o directivas anticipadas tienen hoy plena
vigencia y validez, y encuentran sólido sustento en nuestra
Constitución Nacional, los tratados internacionales a ella incorporados
y en la Convención de los Derechos de las Personas con
Discapacidad (Ley 26.378) y la Ley de Pacientes N° 26.529. La
adecuada interpretación de nuestro Derecho Privado a la luz de estos
instrumentos y la más reciente jurisprudencia y doctrina también
avalan su eficacia.
Señor Presidente, en definitiva el presente proyecto apunta a trazar
soluciones que permitan atender en un aspecto trascendente la
protección operativa de los adultos ante la eventual futura incapacidad,
por lo que si los señores legisladores me acompañan en este proyecto
de reforma del Código Civil, podremos dar una respuesta válida, justa
y adecuada a la nueva realidad que enfrentamos, cumpliendo en lo
específico con la manda contenida en el artículo 75 inciso 23 de la
Constitución Nacional.
Marcelo A. H. Guinle.
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