CONCIERTOS EXTRAORDINARIOS DE SEMANA SANTA DE LA CORAL DE LA UCA.

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Coral de la Universidad de Cádiz
Las Siete Palabras de Nuestro Salvador en la Cruz
Franz Joseph Haydn
"En aquella época era habitual celebrar un oratorio en la iglesia principal de Cádiz durante la
Cuaresma, y su efecto se realzaba con las siguientes preparaciones:
Los muros, ventanas y columnas de la iglesia se cubrían de tela negra, y sólo una única lámpara
iluminaba la sagrada oscuridad. A mediodía se cerraban las puertas y la música comenzaba. Tras una
introducción adecuada, el obispo subía al púlpito, pronunciaba las Siete Palabras y desarrollaba una
homilía sobre ellas. Una vez finalizada, descendía del púlpito y se arrodillaba delante del altar. En este
intervalo de tiempo sonaba música. El obispo subía y bajaba del púlpito después de cada palabra, y
cada vez que sucedía esto, la orquesta intervenía al final de su alocución.
Mi composición tenía que adaptarse a esos preparativos. La tarea de escribir siete adagios, uno
tras otro, con una duración de unos diez minutos cada uno y que no cansaran a los oyentes, no era
fácil. Y me di cuenta pronto que no podía restringirme a la temporalización requerida..."
Franz Joseph Haydn.
En 1771 el Marqués de Valde-Íñigo, Don José Sáenz, nacido en Veracruz en 1738 se convirtió en
el Director Espiritual de la Hermandad de la Santa Cueva, en Cádiz. En 1781 el sacerdote comenzó una
profunda reforma del edificio, remodelando la antigua Iglesia del Rosario e inaugurando la Santa Cueva
en 1783. De igual forma quiso enriquecer el templo y su comunidad con una pieza musical que
acompañara, en la mañana del Viernes Santo, la predicación de las siete últimas palabras de Cristo.
Para tal fin contó con el servicio y la ayuda de los Marqueses de Méritos y de Ureña, que eran
músicos. Tomando a dichos Marqueses como mediadores, el Padre José encargó a Joseph Haydn la
obra que recibió el título de Las siete últimas palabras de Nuestro Salvador en la Cruz.
En 1785, Joseph Haydn hizo suyo este encargo desde Cádiz de componer una obra orquestal
relativa a las palabras que pronunció Jesucristo en la cruz. Estas palabras, tal y como lo han
testimoniado los cuatro evangelistas, son en realidad siete frases recogidas en los distintos Evangelios;
tres figuran en el escrito por Lucas, tres recogidas por Juan y una misma por Marcos y Mateo. Haydn
aceptó y escribió “Siete sonatas con una introducción y un terremoto final” para gran orquesta.
Probablemente, la primera interpretación que se llevara a cabo de esta nueva composición se
produjera el Viernes Santo de 1786 en la capilla inferior de la Santa Cueva.
Un año después, Haydn compuso una versión para cuarteto de cuerda, esta vez con cada una de
las palabras que precedían a cada número escritas en latín. Esta versión se interpretó por primera vez
el Día de Santa Cecilia de 1787 en la Schlokirche de Viena.
Después de su segundo viaje a Inglaterra, el compositor austriaco tuvo la oportunidad de oír una
adaptación de su obra en la que Joseph Friebert, Canónigo y Director Musical de la Catedral de Passau,
introducía una disertación en alemán alegórica a cada palabra de Karl Ramler adaptada a cada uno de
los números. Esta adaptación resultó muy del agrado del compositor. Tras esta circunstancia, Haydn
llevó a cabo una versión coral y orquestal en 1796. Esta versión solo sufrió ligeros retoques,
destacando sobre todos ellos la Introduzione, anterior al quinto número. Para tal fin contó también con
la participación en su adaptación vocal del Baron Gottfried van Swieten, amigo de Haydn y gran
aficionado y coleccionista de ediciones musicales, que modificó en parte el texto de Ramler.
La interpretación que hoy ofrecemos se trata de una adaptación para cuatro solistas, piano y coro
mixto, basada en esta última versión del oratorio compuesta por Haydn.
Las Siete Palabras de Nuestro Salvador en la Cruz
Franz Joseph Haydn
Versión audiovisual sobre la Pasión en Cádiz adaptada para solistas, coro mixto y piano
CORAL DE LA UNIVERSIDAD DE CÁDIZ
Almudena Calle, soprano
Ana Belén Cabeza, alto
Jesús Rodríguez, bajo
Daniel Borrego, piano
Antonio González, imágen
Juan Manuel Pérez Madueño, tenor y dirección
I. Introduzione
1. Vater, vergib ihnen, denn sie wissen nicht, was sie tun;
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. (Lc 23,33)
¡Padre celestial, mira aquí abajo desde tu Trono eterno!. ¡Padre del amor, mira cómo tu Hijo Unigénito ruega por los pecadores, por tus
hijos!. ¡Escucha la súplica de tu Hijo!. ¡Ay, en qué abismo hemos caído, cuál es la dureza de nuestros pecados!. No obstante, para la salvación
de todos nosotros se derrama la Sangre de tu Hijo!. ¡Sangre del Cordero que no pide venganza, sino que lava nuestros pecados!. Padre del
amor, haznos encontrar la gracia, ¡Escucha la súplica de tu Hijo!
2. Fürwarh, ich sag´es dir: Heute wirst du bei mir im Paradise sein;
En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso. (Lc 23,43)
[Uno de los malhechores le dijo a Jesús:] “acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Respondió Jesús: (Lc 23,42) ¡Estás lleno de piedad,
amor y misericordia, Tú, Cordero de Dios, Mediador entre Dios y los hombres! Apenas te grita un hombre en su arrepentimiento, y Tú ya le
abres las puertas de tu Reino. ¡Acuérdate también de mí, así como le prometiste a él, lleno de ternura: Hoy estarás conmigo en el paraíso!
¡Señor y Dios mío! ¡Inclina tu mirada hacia nosotros!. Míranos a los pies de tu Cruz verdaderamente contrictos y arrepentidos. ¡Oh Padre,
contempla nuestros pecados!. Que en nuestra última hora se desprenda de tu boca este consuelo: Hoy estarás conmigo en el Paraíso.
3. Frau. hier siehe deinen Sohn, und du, siehe deine Mutter!;
Mujer, he aquí a tu hijo, y tú, he aquí a tu madre. (Jn 19, 26-27)
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre con otra María, hermana suya y esposa de Cleofás, y María de Magdala. Jesús, al ver a su madre y
junto a ella a su discípulo más querido, dijo:
(Jn 19, 25-26)
Madre de Jesús, tú, que llorando amargamente permaneces firme al pie de la Cruz, suspirando de tristeza. Tú, a quien de siete formas
atraviesan los tormentos del sufrimiento de tu Hijo, ahora precisamente, en la hora de la amarga separación. Como mar de constancia serena,
firme, impasible, acoges como hijo al fiel muchacho, y asimismo también a nosotros. Madre de Jesús, tú, refugio de todos los pecadores,
permanece a nuestro lado en nuestra agonía final.
¡Madre de la ternura, no nos dejes!. Cuando nos enfrentemos a la muerte y brote de nuestro corazón
aterrado un suspiro a ti dirigido, Madre, tú, no nos dejes sucumbir, sino ampáranos para que podamos vencer las últimas acechanzas del
Maligno. Pero sobre todo, ¡permanece a nuestro lado en el instante de nuestra muerte, cuando, encaminándonos a nuestro fin temblemos,
muéstrate como Madre nuestra y ruega por nosotros a tu Hijo! ¡Oh, Madre!
4. Mein Gott, mein Gott, warum hast du mich verlassen?;
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mc 15, 35; Mt 27, 46)
Llegado el mediodía, se oscureció todo el país hasta las tres de la tarde y a esa hora Jesús gritó con voz fuerte: (Mc 15, 33-34)
¿Por qué me has abandonado?. ¿Quién podrá ver en esto ni rastro de la Divinidad?. ¿Quién podrá comprender este misterio?
¡Oh Dios de la fuerza y el poder!, ¡Oh Dios del poder y la fuerza!, nosotros somos la obra de tus manos, somos los redimidos por medio de tu
Amor. Oh, Señor, te damos gracias desde nuestro corazón. Por nuestra causa has aguantado el dolor, la humillación, el abandono, el miedo,
el sufrimiento. Señor, ¿quién no te amará? ¿Quién podrá, después de esto, seguir atormentándote con pecados? ¿Quién podrá rechazar tu
clemencia? ¡No! Nada nos separará de ti, aquí y en la Eternidad.
II. Introduzione
Después de eso, Jesús [...] dijo:
5.Jesus rufet: Ach mich dürstet!;
Jesús dijo: Tengo sed (Jn 19,28)
¡Dominad vuestra venganza, calmad vuestro enfado!. Hombres, que el dolor os ablande. Pedid misericordia para vuestros corazones.
Jesús dijo: ¡Tengo sed!. Le dieron vino y agua mezclado con hiel, así es como lo refrescaron. ¿Puede existir crueldad más despiadada?
Él, que tenía tanta bondad, no podía soportar por más tiempo el dolor. Ah, Él quería calmar su sed antes de morir, ¡y ellos le ofrecieron hiel¡
Había allí un jarro lleno de vino agridulce. Pusieron en una caña una esponja llena de esta bebida y la acercaron a sus labios. Cuando hubo
probado el vino, Jesús dijo: (Jn 19, 29)
6. Es ist volbracht;
Todo está cumplido. (Jn 19,30)
¡Todo está cumplido! Clavado en el árbol del sacrificio, Jesús permanece colgado durante toda la noche; entonces grita con fuerza: Todo está
cumplido. El daño que este árbol nos ha hecho, él lo redime. ¡Pobre de vosotros, malvados, pobre de vosotros, que estáis ciegos Pobre de
vosotros, de todos vosotros!
¡Quienes cometéis pecados sin cesar! ¡Considerad todos! ¿Encontraréis misericordia, cuando vuelva en toda su majestuosidad y poder?
¡Sálvanos, mediador nuestro, de la condena! ¡Escucha nuestros gritos, Dios hecho hombre! No permitas que tu sufrimiento y muerte se
produzcan por nuestra causa. Déjanos heredar el cielo algún día y regocijarnos contigo eternamente.
Jesús gritó muy fuerte: (Lc 23, 46)
7. Vater, in deine Hände empfehle ich meinen Geist
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. (Lc 23,46)
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Ahora su sufrimiento no puede aumentar más, Ahora triunfa en alto y dice: Padre, toma mi
alma, a ti encomiendo mi espíritu.
Al punto, inclina su cabeza y muere. De la condena eterna su sangre nos ha redimido; Por su amor por todos nosotros, por su amor
sufrió la muerte de un pecador. Tú nos diste una nueva vida; ¿Qué podemos nosotros ofrecerte? A tus pies, oh Jesús, yacemos
profundamente conmovidos. ¡Acepta nuestros corazones como sacrificio! En tus manos, oh Señor, encomiendo mi espíritu.
y al decir estas palabras, expiró. (Lc 23,46)
III. Il terremoto. Er ist nicht mehr.
Él ya no está aquí. Las profundidades de la tierra resuenan: Él ya no está aquí. ¡Tiembla, Golgotha, tiembla! Murió en tu cima. ¡Oh, Sol,
escóndete y no ilumines más este día! Resquebrájate, tierra, donde permanecen los asesinos. ¡Tumbas, abríos, Padres, elevaros hasta la luz!
La tierra que os cubre está manchada de sangre.
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