TEMA 1. PLATÃ N
• Ambiente sociocultural
Tras la Guerras Médicas, Atenas obtuvo la hegemonÃ−a sobre las polis. Esta hegemonÃ−a se plasmó en
la Liga de Delos, una confederación de las ciudades griegas bajo el mandato de Atenas. Su objetivo era
construir una fuerza defensiva con el fin de rechazar cualquier amenaza externa. Cada polis contribuyó con
un aporte humano y económico. Esto supuso el control comercial y polÃ−tico de Atenas sobre las demás
ciudades que formaban la liga, que comenzaron a temer por su independencia al ver el creciente imperialismo
ateniense.
El desarrollo de Atenas provoca la enemistad de otra importante ciudad, Esparta. Se desencadena entre ambas
la Guerra del Peloponeso, en la que se ven implicadas las ciudades a ellas vinculadas. Son tres décadas de
contienda fratricida que reflejan el enfrentamiento entre dos modelos de organización polÃ−tica y
económica y donde Atenas pierde todo su equilibrado sentido de la justicia. En esta guerra nace y crece
Platón.
La guerra terminó con la derrota de Atenas, y en la ciudad se implanta un gobierno oligárquico impuesto
por los espartanos. La represión del régimen de los Treinta Tiranos fue muy dura, todas las libertades
obtenidas tras muchos años de esfuerzo fueron revocadas y se mandó a muchos demócratas al exilio.
La reacción ante este régimen no se hizo esperar. Un año más tarde, los Treinta Tiranos son derrotados
en una revuelta militar y se reimplanta la democracia. Este nuevo gobierno cometió muchas tropelÃ−as,
entre las que estuvo enviar a Sócrates a la muerte.
Este episodio marcarÃ−a definitivamente las ideas polÃ−ticas de Platón, confirmándole la necesidad de
una reforma de la organización polÃ−tica. Decepcionado, piensa que el motivo de la corrupción existente
se encuentra en el escepticismo sofista, pues si no existe la verdad y sólo vale la opinión, valiendo todas lo
mismo, la única polÃ−tica posible es la violencia fÃ−sica o económica. Por eso, reivindica como Sócrates
la posibilidad de alcanzar la verdad por medio de la razón, pudiéndose hacer ciencia tanto en el campo del
“deber ser” como en el campo del “ser”. Piensa que la ciencia consiste en una serie de afirmaciones
universales, necesarias e inmutables, y si la ciencia tiene un valor es porque existen realidades universales,
necesarias e inmutables que sólo se dan en el mundo de las ideas.
El ser humano posee el lastre de lo material, y lo mismo ocurre con el Estado. La sociedad está
fundamentada en la naturaleza humana, para funcionar adecuadamente debe organizarse de manera que cada
una de sus partes cumpla con sus funciones propias. La posibilidad de que esto ocurra de forma perfecta le
parece imposible, pero sólo en el Estado puede el individuo alcanzar la virtud. Sólo la organización social
justa es capaz de proporcionar al hombre el acercamiento a la justicia.
• Exposición de la filosofÃ−a platónica
Platón es un filósofo griego de la Antigüedad Clásica (427-347 a.C) que nace y crece durante la Guerra
del Peloponeso, tres décadas de contienda fratricida entre Atenas y Esparta, y las ciudades a ellas
vinculadas, que reflejan el enfrentamiento entre dos modelos de organización polÃ−tica y económica. La
guerra terminó con la derrota de Atenas, y en la ciudad se implanta un sistema oligárquico, cuya represión
fue muy dura. Un año después, los Treinta Tiranos son derrocados y se reimplanta la democracia; pero
este nuevo gobierno cometió muchas tropelÃ−as, como enviar a Sócrates a la muerte.
Platón es influido por los pitagóricos y Parménides. Los pitagóricos insistieron en las relaciones y
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estructuras matemáticas como principio de la inteligibilidad del universo, y los entes matemáticos son
ideas en la doctrina de Platón. La distinción de Parménides entre lo que verdaderamente existe, la
realidad inmutable, inengendrada e imperecedera, y el universo cambiante que nos muestran los sentidos, se
recoge también en Platón; lo que de verdad existe son las ideas. Estas poseen las mismas caracterÃ−sticas
de la realidad de Parménides.
Platón recibe también una gran influencia de Sócrates, su maestro. La investigación de Sócrates sobre
la definición supone el intento de encontrar lo esencial de lo definido.
Todo el pensamiento platónico gira en torno a la afirmación del mundo de las ideas, que es causa última
de todo lo que existe y, por tanto, es más real.
Platón sabÃ−a que el mundo fÃ−sico está en perpetuo devenir, y que este fluir universal deberÃ−a hacer
imposible el conocimiento cientÃ−fico de la realidad. Entonces, si conseguimos elaborar definiciones
verdaderas es porque, por debajo de todas las cosas, existe un arquetipo, un molde inmaterial o idea.
El mundo sensible no ha sido creado de la nada. Ha sido hecho por el Demiurgo, ser sumamente bueno e
inteligente, que actúa sobre la materia informe y caótica introduciendo el orden. Esta materia existÃ−a
desde siempre, y para hacerlo se ha servido de unas ideas (moldes) que también existÃ−an desde siempre.
Platón piensa que lo eterno son las ideas inmateriales a cuya imagen está copiado el mundo fÃ−sico. Cada
clase de objetos en el mundo sensible corresponde a una idea o esencia en el mundo inteligible, y esta idea es
la auténtica realidad. El mundo sensible es una realidad de segunda clase, de categorÃ−a inferior, que
únicamente existe en la medida que participa del mundo de las ideas.
Las ideas son objetivas, no son pensamientos o contenidos del pensamientos; no son están en la mente de
los sujetos. Son entidades sin cuya existencia serÃ−a imposible el conocimiento cientÃ−fico. Son realidades
auténticas y arquetipos de todas las cosas que hay en el mundo sensible.
Son universales, son siempre válidas, mientras que las cosas sensibles son particulares e individuales. Son
eternas, trascienden en el tiempo y no están en el espacio. Son inmutables e indivisibles, no cambian y no
se pueden dividir, al contrario que las cosas sensibles, que cambian continuamente y se pueden dividir.
Son únicas, aunque existan muchos hombres todos participan de la misma idea de hombre y modelos
perfectos de las que los seres materiales son copias imperfectas. Son inteligibles, sólo pueden ser conocidas
y entendidas por la razón.
Las ideas están sometidas a una jerarquÃ−a y ocupa la cúspide la idea de Bien.
Platón reconoce dos formas de conocimiento con caracterÃ−sticas distintas y contrapuestas. La doxa, la
opinión, puede ser errónea y es inestable, careciendo de argumento sólido. Se divide en eikasÃ−a o
imaginación, referida a las “sombras”, los “reflejos” de las cosas, y la pistis o creencia, referida a los objetos
del mundo sensible.
La episteme es el saber o ciencia. Excluye la posibilidad de error y es estable y firme, basándose en razones.
Se divide en dianoia o pensamientos, que es el conocimiento discursivo, propio de las matemáticas y las
ciencias exactas que emplean un método hipotético; y la noesis o conocimiento dialéctico, un saber
riguroso fruto de la contemplación de las Ideas, en particular de la idea de Bien. La noesis constituye la
Dialéctica, único grado de conocimiento merecedor de tal nombre.
En la teorÃ−a de la reminiscencia Platón afirma que, antes de encarnarse, el alma ha contemplado el
mundo de las ideas y la encarnación ha hecho que se le olvide el mundo Inteligible. Pero el olvido no es
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definitivo, mediante el conocimiento de las cosas, las sensaciones le recuerdan aspectos de lo que contempló
antes. Esta teorÃ−a también la usa como argumento a favor de la inmortalidad del alma.
La dialéctica es el método o el camino que hay que seguir para llegar a recordar lo olvidado. Va desde la
imaginación al conocimiento, de la visión de las sombras en el interior de la caverna a la contemplación
de la luz del sol (mito de la caverna). Una vez que se ha descubierto el principio de todas las ideas, ha de
informar a todos los que se encuentran encadenado sobre cómo es la auténtica realidad. Por tanto, la
dialéctica tiene una doble dirección: ascendente y descendente.
La dirección ascendente es la búsqueda de una realidad que sea la causa de la existencia de las demás
realidades. Termina con la visión del principio supremo, la idea de Bien.
La dirección descendente consiste en extraer las consecuencias de este principio para poder vivir de manera
justa. Sólo los que han contemplado la idea de Bien pueden organizar su vida y la de los demás.
En concordancia con su dualismo general, en su antropologÃ−a también se observa un dualismo: el alma
frente al cuerpo.
El alma pertenece al ámbito de las ideas, mientras que el cuerpo pertenece al mundo sensible. El alma es
inmaterial, simple e inmortal. La unión del alma con el cuerpo es un estado accidental y transitorio. Mientras
permanece unida al cuerpo, la tarea fundamental del alma es purificarse, prepararse para la contemplación de
las ideas. Platón tiene una concepción peyorativa del cuerpo, al que ve como una cárcel para el alma.
El alma está dividida en tres regiones. El alma racional, la razón, tiene sede en la cabeza. El alma
irascible, situada en el pecho, engloba las tendencias nobles del alma como la valentÃ−a, el esfuerzo,... El
alma concupiscible tiene su sede en el vientre.
El mito del carro alado es una alegorÃ−a del alma, el auriga es la razón que controla y acompasa las dos
fuerzas antagónicas: el corcel blanco (el alma irascible) y el corcel negro (el alma concupiscible). La ética
platónica se basa en este análisis del alma humana. A cada una de las regiones le corresponde una virtud.
Al alma concupiscible le corresponde la moderación, la templanza, y es el auriga quien debe atemperar su
fugacidad. Al alma irascible le corresponde la capacidad de sacrificio, la fortaleza de ánimo. La parte
racional ha de poseer la inteligencia práctica, la prudencia.
A la razón le corresponde controlar y ordenar el apetito, en donde residen los deseos irracionales y la
búsqueda de los placeres, que se oponen a la razón. El ánimo es el coraje o la fuerza que puede
convertirse en una aliada de la razón.
La cuarta virtud cardinal, la más importante, es la justicia, deriva de la suma integrada de las demás y
expresa la armonÃ−a perfecta del alma. Es el ordenamiento adecuado de las partes del alma que tiene lugar
cuando cada parte ejerce la función que le corresponde y posee la virtud que le es propia.
Toda ética es una propuesta sobre virtudes, y todas las virtudes se pueden reducir a las cuatro platónicas,
las virtudes cardinales. Sobre ellas gira toda la moral: determinación práctica del bien (prudencia), su
realización en la sociedad (justicia), la firmeza para defenderlo o conquistarlo (fortaleza) y la moderación
para no confundirlo con el placer (templanza).
Platón atribuyó a los conceptos éticos el estatuto de ideas, cuya realidad y validez objetiva es
independiente de las opiniones que cada cual pueda tener a cerca de ellas.
Platón es un pensador polÃ−tico. Su obra más importante es la República, que está dedicada a diseñar
el sistema polÃ−tico ideal. El episodio de la muerte de Sócrates marcarÃ−a definitivamente sus ideas
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polÃ−ticas. Decepcionado con el sistema polÃ−tico de su época, piensa que el motivo de la corrupción
existente se encuentra en el escepticismo sofista, pues si no existe la verdad y sólo vale la opinión, valiendo
todas lo mismo, la única polÃ−tica posible es la violencia fÃ−sica o económica. Para Platón, el error de
los sofistas era un análisis incorrecto de la naturaleza humana, ya que se olvidaron de la razón.
El ser humano posee el lastre de lo material, y lo mismo ocurre con el Estado. La sociedad está
fundamentada en la naturaleza humana, para funcionar adecuadamente debe organizarse de manera que cada
una de sus partes cumpla con sus funciones propias. La posibilidad de que esto ocurra de forma perfecta le
parece imposible, pero sólo en el Estado puede el individuo alcanzar la virtud. Sólo la organización social
justa es capaz de proporcionar al hombre el acercamiento a la justicia.
La polÃ−tica de Platón gira en torno a dos principios fundamentales: la correlación estructural entre el alma
y el Estado y el principio de especialización funcional, según el cual cada clase o grupo social ha de de
dedicarse a la tarea o función que le es propia,
El Estado posee la misma estructura tripartita que el alma. Tres son las clases sociales, que se corresponden
con las partes del alma y sus virtudes: los productores, dedicados a la actividad económica, a la
producción de bienes y al comercio, identificados con el alma concupiscible, siendo su virtud la templanza;
los guardianes, dedicados a la defensa y al mantenimiento del orden, a las tareas militares y polÃ−ticas, su
virtud es la fortaleza (el alma irascible); y los gobernantes, identificados con la parte racional, siendo su
virtud la prudencia.
De la conjugación de estos dos principios resulta la concepción platónica de la justicia, la misma para el
Estado que para el alma individual. La justicia se realiza cuando cada uno de los grupos sociales desempeña
la tarea que le corresponde de un modo adecuado, por poseer la virtud que le es propia.
Se centra en la convicción de que el gobierno del Estado corresponde a los sabios. Este principio se basa en
la identificación del saber teórico y el saber práctico. El conocimiento de la idea de Bien es la
culminación de todo saber: del teórico, porque hace posible la captación del orden y de la estructura de
todo lo real; del práctico, porque proporciona las normas de toda ordenación moral y polÃ−tica.
Platón piensa que la finalidad fundamental de estado es de carácter moral. Debe promover la virtud y la
justicia individual y socialmente, de este modo se conseguirÃ−a una vida feliz. Por esto concede gran
importancia a la educación, que organiza en dos niveles. En el nivel primario, común a todos los
ciudadanos, se estudia gimnasia, música y arte. El nivel secundario (20-35 años) está reservado para los
futuros gobernantes. Es un estudio de las matemáticas y en su fase definitiva se aborda la Dialéctica, que
culminará en el conocimiento del Bien.
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Exposición de la filosofía Plantónica

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