Un futuro para el yacimiento de San Esteban
¿Cómo es posible que pueda negarse esta evidencia? En un momento en que la ciudad se
encuentra atrapada en una situación agónica, es difícil comprender la incapacidad, por parte
de las Administraciones públicas, de percibir la posibilidad de crear nuevas vías de
crecimiento y reconocimiento a través de la cultura y de un pasado esplendoroso, se hace
difícil comprender la condena de lo hallado al olvido.
Tal vez el mayor obstáculo esté en asumir las señas de identidad que suponen el arrabal de la
Arrixaca, una Murcia donde se gestaba la cultura, la economía, la música, la filosofía de un
periodo brillante del universo andalusí, un emirato capaz de enfrentarse y frenar los
radicalismos fundamentalistas almohades, con un entendimiento propio de los valores
humanos, producto de varios siglos de mestizaje mediterráneo, que hechizó al Rey Sabio.
Hace unos días, la asociación Huermur convocó una reunión, con una amplia representación
de actores implicados en la ciudad. Hicieron caso omiso de la invitación las Administraciones
local y regional, precisamente quienes tienen capacidad para tomar decisiones. Para qué
escuchar a los ciudadanos, si tienen muy claro prioridades e intereses. Participación, cohesión
social, consenso son palabras cada vez más alejadas del léxico del poder.
Pues bien, aquel foro dio como fruto una serie de propuestas que todos los participantes
asumieron porque, precisamente, habían nacido del consenso ciudadano, del diálogo, de la
puesta en común. Las propuestas tenían como base el conocimiento y comprensión del propio
yacimiento, el rigor científico de las investigaciones y trabajos realizados, el cumplimiento de
la legislación que le corresponde por ser Bien de Interés Cultural, la oportunidad de planificar
la ciudad brindándole un futuro de acuerdo a las posibilidades que ofrece su pasado andalusí,
enlazando y poniendo en valor todos los monumentos existentes y la propia huerta, el no
apresurarse en la intervención, el planificar el gasto de forma asumible, el simultanear los
trabajos de investigación con la exhibición de las riquezas descubiertas, el planificar la
excavación y su puesta en valor en sucesivas fases, el utilizar los medios necesarios para
difundir las grandezas de este hallazgo de manera que formen parte de nuestra cultura y
señas de identidad, etc.
En definitiva, en no negar con el entierro y el olvido uno de los mejores recursos de futuro que
se nos presenta, asumiendo la imprescindible comprensión y voluntad política que esto
requiere.
No valen excusas económicas, cuando las inversiones necesarias no superan las que la
Administración destina a mantener un zoológico apócrifo o el montar un festival de un par de
días. Muchos pensamos que lo que falta es esa voluntad que reclamamos y falta por la
ceguera ante la rentabilidad social y política que puede derivarse de esta iniciativa.
Recordar por último que habrá que ser muy prudente en la toma de decisiones sobre el
yacimiento. Ya no solo es valedor del mismo el clamor popular que impulsó la paralización de
las obras de desmontaje; ahora, siendo Bien de Interés Cultural, estando protegido por la ley,
los propietarios y responsables somos el conjunto de la ciudadanía.
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Un futuro para el yacimiento de San Esteban
(Artículo publicado en diario La Opinión de Murcia el 13/7/2013:
http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2013/07/13/futuro-yacimiento-san-esteban/483301.ht
ml)
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