6. La cuerda es un símbolo divino en la América central. Unas cuerdas colgando del cielo
simbolizan en las artes maya y mejicana la semilla divina cayendo del cielo para fecundar la
tierra. Este simbolismo se vuelve a encontrar en el nombre del mes que marca la entrada en
la estación de las lluvias y que, en el antiguo calendario mejicano, se llama Toxcatl, que
significa cuerda o lazo.
Maya- la lluvia está simbolizada por cuerdas… francés- llueve mucho= caen cuerdas
Vientos contenidos en los tres nudos de una cuerda – Olaüs Magnus. Historia de Gentibus
Septentrionabilus Roma 1555
8. Los brujos nórdicos ataban los vientos sobre los que tenían poder
9. En el Corán símbolo ascensional
“El simbolismo del hilo es esecialmente en del agente que “liga entre ellos y a su Principio
todos los estados de existencia”… Este simbolismo se expresa sobre todo en los
Upanishad, donde el hilo (sûtra) se dice que efectivamente religa “este mundo y el otro
mundo y a todos lo seres”. El hilo es a la vez atmȃ (el Sí) y prȃna (el aliento). La
vinculación al centro principal, a veces representado por el sol, precisa que el hilo sea
rastreado en todo. Esto evoca el simbolismo del hilo de Ariadna, que es el agente de la
vinculación al centro del laberinto y que conduce del mundo de las tinieblas al de la luz.
Haría falta citar aún los hilos que atan las marionetas a la voluntad central del hombre que
las anima, como en el teatro japonés.
En el pñano cósmico hay que distinguir el hilo de urdimbre y el hilo de trama: la urdimbre
liga entre ellos los mundos y los estados; la trama representa el desarrollo condicionado y
temporal de cada uno de ellos. El conjunto de este tejido se designa como “los cabellos
de Shiva”. El desarrollo exclusivo del hilo de trama está simbolizado por las Parcas, que
hilan el tiempo o el destino.
En el mito japonés de la Diosa solar, el tejido de Amaterasu es destruido por Susano wo-noMikoto. Diversas iniciaciones femeninas, especialmente en la China comportaban una
tejeduría ritual asociada a la reclusión, a la noche, al invierno. Participar en la tejeduría
cósmica es en verdad peligroso y por ello el rito necesitaba el secreto. Por otra parte, los
trabajos diurnos y veraniegos son los agrícolas, trabajos de carácter masculino. El encuentro
celeste de la Tejedora y el Boyero es el equinoccio, el equilibrio y la unión del ying y el yang.
3. Hemos señalado al principio que el sentido de hilo se aplica a la palabra sûtra, que designa
los textos búdicos. Hay que añadir que la palabra tantra deriva igualmente de la noción de
hilo y de tejeduría. En chino el carácter King, compuesto por mi (hilo grueso) y de King
(curso de agua subterráneo), designa a la vez la urdimbre del tejido y los libros esenciales;
wei es a la vez la trama y los comentarios de tales libros. Urdimbre y trama son
respectivamente lo que la india denomina shruti y smriti, los frutos de la facultad intuitiva y
de la facultad discursiva. En el caso de los tantra, el tejido puede ser el de la interdependencia
de las cosas, de las causa y los efectos. Pero el hilo tántrico es también el de la continuidad
tradicional, hilo de Ariadna en el laberinto de la búsqueda espiritual, vinculación al Principio
de todas las cosas.
“El simbolismo del hilo es esecialmente en del agente que “liga entre ellos y a su Principio
todos los estados de existencia”… Este simbolismo se expresa sobre todo en los
Upanishad, donde el hilo (sûtra) se dice que efectivamente religa “este mundo y el otro
mundo y a todos lo seres”. El hilo es a la vez atmȃ (el Sí) y prȃna (el aliento). La
vinculación al centro principal, a veces representado por el sol, precisa que el hilo sea
rastreado en todo. Esto evoca el simbolismo del hilo de Ariadna, que es el agente de la
vinculación al centro del laberinto y que conduce del mundo de las tinieblas al de la luz.
Haría falta citar aún los hilos que atan las marionetas a la voluntad central del hombre que
las anima, como en el teatro japonés.
En el pñano cósmico hay que distinguir el hilo de urdimbre y el hilo de trama: la urdimbre
liga entre ellos los mundos y los estados; la trama representa el desarrollo condicionado y
temporal de cada uno de ellos. El conjunto de este tejido se designa como “los cabellos
de Shiva”. El desarrollo exclusivo del hilo de trama está simbolizado por las Parcas, que
hilan el tiempo o el destino.
Esto va de la mano con lo que Chevalier, en su Diccionario de Símbolos dice acerca
de las palabras hilo, lazo o cuerda, palabras con las que se traduce el vocablo “sûtra”, y con
las que también llamaron las culturas de Oriente a los textos destinados a la enseñanza y
búsqueda de la iluminación espiritual. Esta palabra se entiende “como la búsqueda de fuerza
física y emocional para vivir en la tierra”. ¿Será por ello que el tejido ha sido el repositorio
de la memoria personal y colectiva, que permite dar cuerpo al dolor, que incita a formas de
organización social, que genera vínculos y alianzas de acompañamiento y reordena el
mundo?
Aún más, con el fin de abundar en la idea de integración y cohesión social traigo a la
memoria el siguiente relato. Una historia rarámuri sobre el origen del mundo que cuenta
cómo llegó un momento en que los antiguos seres que habitaban la tierra ya no cabían en
ella. Por esa razón, decidieron reunirse en el centro de ésta, donde las aguas estaban cubiertas
por un tejido. Para agrandarlo, tomaron sus orillas como punto de partida para tejer el mundo.
Tejieron valles y montañas, hasta que pudieron caber todos, y así compartieron el espacio
para sus animales, la siembra, las fiestas y los juegos. Con esta historia podemos ver que los
rarámuris hicieron del mundo un lugar para poder estar juntos, para participar de los bienes
y para alegrarse. Un mundo común que formaron a través de un tejido de elementos naturales,
mágicos, simbólicos y actividades sociales que les dan identidad.
Las que tejen son mujeres, que entre lazada y lazada, entre-lazadas, expanden el
mundo, reúnen personas, idean situaciones, abren puertas y nos permiten comprendernos,
somos hacedoras e imaginadoras. Tejer, no es una simple actividad cotidiana y banal que
realizan las mujeres para entretenerse exclusivamente, ya que ésta es una afirmación cargada
de desvalorización. Tejer es el producto de miles de acciones pequeñas, de descubrimientos,
experimentos e invenciones de generaciones enteras que comparten un mismo espacio, el
mundo. En todo el planeta las diferentes culturas han estado involucradas en diversas formas
de tejido a lo largo de muchos siglos. En esta labor están involucrados muchos saberes que
es necesario nombrar con el propósito de mostrar que no es una actividad banal y mucho
menos sin valor. Por ejemplo, se halla la agricultura y la botánica que va desde la plantación,
recolección, preparación y clasificación de las fibras; las matemáticas, el sistema binario, los
patrones y las sumas; la química con la extracción y elaboración de tintes y pigmentos; la
mecánica y la ingeniería en la construcción de los telares, bastidores, sistemas de pesas y
mecanismos. Y por supuesto, el lenguaje y la escritura cifrada.
Si bien, en algunos sectores (académicos o no) se ha considerado la práctica del tejido
como una actividad sin valor, o como prácticas de sometimiento y educación propio de las
mujeres, -lo que sin duda tiene sustento en algún sentido, ya que las labores de hilatura en
diferentes momentos de la historia fueron consideradas ejemplo de virtudes y parte de los
programas pedagógicos para la enseñanza de lo que se consideraba como femenino-, hay
quien define tales prácticas como ejercicios de resistencia silenciosos y potentes. Es el caso
de Beatriz Elena Arias en su texto: Violencia, resistencia y salud mental, quien reflexiona
desde el recuerdo de sus haceres cotidianos donde tejer, coser y bordar son acciones dadas
en espacios naturales y específicos de las mujeres, ciertamente, pero destaca que dicho
ambiente guarda un gran valor terapéutico y de rehabilitación, ya que es EL LUGAR donde
se habla, se elabora un discurso íntimo, confidencial, confesional y a la vez liberador. De este
modo, considera las prácticas textiles como mediadoras narrativas, o dispositivos políticos
en tanto subversivos, silenciosos y aparentemente inofensivos; ejemplo de lo que Silvia
Federicci llamaría espacios autónomos, dedicación de tiempo a la cooperación, el debate, la
negociación y aprendizaje para solucionar conflictos y desacuerdos.
Por otro lado, en el mismo sentido, para la antropóloga Mariana Rivera, la práctica
textil es una experiencia estética que invita a la acción colectiva y a la organización social,
en tanto se da en medio del intercambio y consenso humano. Para ella, es un potente portador
de mensajes y un modo de representar las relaciones humanas. Las prácticas textiles, en tanto
instrumentos de narración, permiten a las mujeres aparecer en público, mostrando las
violencias sufridas y los daños, así como son mecanismos de denuncia respecto de la ausencia
de instrumentos judiciales de protección y restitución.