EXTENSIONISTA Y PROMOTOR RURAL – FUNCIONES Y CARACTERÍSTICAS INTRODUCCIÓN El desarrollo rural constituye un eje central en la búsqueda de sociedades más equitativas, sostenibles y con mejores condiciones de vida para la población. El sector agrícola y pecuario, especialmente en países en vías de desarrollo, es la base de la economía de millones de familias que dependen de la tierra para su subsistencia. Sin embargo, estas comunidades enfrentan múltiples desafíos, como el acceso limitado a recursos productivos, la falta de capacitación técnica, el cambio climático, la pobreza y las restricciones en el acceso a mercados. Ante este panorama, surgen figuras fundamentales que permiten reducir estas brechas y generar procesos de transformación positiva: el extensionista rural y el promotor rural. Ambos actores cumplen un papel clave en el fortalecimiento de las comunidades campesinas, pero lo hacen desde enfoques complementarios. El extensionista rural es un profesional formado en ciencias agrarias u otras áreas vinculadas, cuya misión principal es transferir conocimientos técnicos y científicos a los agricultores. Su función es acercar a las comunidades rurales los avances de la investigación, la tecnología y las innovaciones que, de otro modo, no llegarían a los pequeños productores. No obstante, su trabajo va más allá de la enseñanza, ya que debe adaptar dichos conocimientos a las realidades locales, considerando factores culturales, económicos y ambientales. Asimismo, el extensionista cumple un rol de asesor y orientador, apoyando la planificación productiva, fomentando la innovación y vinculando a los agricultores con instituciones, programas y proyectos de desarrollo. Por otro lado, el promotor rural surge como una figura comunitaria, generalmente sin una formación académica formal, pero con gran liderazgo, compromiso social y conocimiento práctico. Su cercanía con los agricultores le otorga legitimidad y confianza, lo cual resulta esencial para motivar a las familias a participar en proyectos colectivos. El promotor se convierte en un agente movilizador, capaz de organizar a la comunidad, identificar problemas locales, proponer soluciones y transmitir prácticas sostenibles de una manera clara y accesible. A diferencia del extensionista, su fortaleza no radica en lo técnico, sino en lo social y organizativo, aunque ambos actores requieren trabajar en conjunto para alcanzar los objetivos del desarrollo rural. La relación entre extensionista y promotor rural puede entenderse como una alianza estratégica: el primero aporta el conocimiento especializado, mientras que el segundo asegura la aceptación, la participación activa y la continuidad de los proyectos en la comunidad. Esta combinación resulta esencial en un contexto donde el éxito del desarrollo no depende únicamente de la tecnología, sino también de la capacidad de las comunidades de apropiarse de los procesos y gestionarlos de manera autónoma. El análisis de sus funciones y características permite comprender que estas figuras no son solo agentes técnicos o sociales, sino también facilitadores de cambios profundos en la vida de las comunidades campesinas. Gracias a su intervención, se impulsa la producción agrícola sostenible, se mejora la calidad de vida de las familias, se promueve la equidad social y se fortalecen las capacidades locales para enfrentar los retos del futuro. Esta monografía tiene como propósito desarrollar en profundidad el papel del extensionista y del promotor rural, destacando sus funciones, atributos y la importancia de su complementariedad. Además, busca generar una reflexión sobre los retos que ambos enfrentan en un mundo rural en constante transformación, donde los efectos del cambio climático, la migración, la modernización tecnológica y las políticas agrarias exigen cada vez más agentes de cambio capacitados, comprometidos y adaptables a nuevas realidades. En ese sentido, analizar el trabajo de estas figuras no solo es un ejercicio académico, sino también una invitación a reconocer la relevancia de su labor y la necesidad de fortalecer sus capacidades y condiciones para que puedan seguir contribuyendo al desarrollo integral de las comunidades rurales. OBJETIVO GENERAL Comprender la importancia del extensionista y del promotor rural en el fortalecimiento de las comunidades campesinas y el desarrollo rural sostenible. OBJETIVOS ESPECÍFICOS Analizar el papel del extensionista en la transferencia de conocimientos técnicos y tecnológicos. Examinar la función del promotor rural en la organización comunitaria y la difusión de prácticas locales. Evaluar la complementariedad entre ambos roles para mejorar la productividad y la sostenibilidad. Identificar estrategias para fortalecer la cooperación entre extensionistas y promotores en programas de desarrollo rural. FUNCIONES DEL EXTENSIONISTA RURAL 1. Capacitación técnica Una de las funciones primordiales del extensionista rural es la formación y capacitación de los agricultores y ganaderos en los distintos aspectos relacionados con la producción agropecuaria y el desarrollo rural. Esta capacitación abarca temáticas muy diversas: desde técnicas de siembra y cosecha, control de plagas y enfermedades, hasta el manejo sostenible de los recursos naturales, la fertilidad de los suelos, el uso eficiente del agua y la introducción de sistemas de riego modernos. La capacitación no se realiza de manera teórica únicamente, sino que se lleva a cabo a través de métodos prácticos como demostraciones en parcelas experimentales, talleres participativos, escuelas de campo para agricultores (ECA) y visitas de intercambio entre comunidades. El objetivo no es que los campesinos memoricen conceptos, sino que adquieran habilidades y destrezas que puedan aplicar directamente en su entorno productivo. Además, esta función incluye la adaptación del conocimiento al nivel educativo y cultural de la población rural. El extensionista debe transformar la información técnica en un lenguaje sencillo, accesible y cercano, que motive al agricultor a ponerlo en práctica. De esta forma, la capacitación contribuye no solo a elevar la productividad, sino también a empoderar a los productores para que sean más autónomos y capaces de enfrentar nuevos desafíos. 2. Transferencia tecnológica El extensionista rural es el principal mediador entre el conocimiento científico y el saber campesino. Muchas veces, las innovaciones desarrolladas en universidades, institutos de investigación o centros tecnológicos quedan restringidas a espacios académicos y no llegan a las comunidades rurales. Aquí es donde el extensionista cumple un rol estratégico: trasladar esas tecnologías al campo, pero siempre adaptándolas a la realidad social, cultural, económica y ambiental de la comunidad. La transferencia tecnológica puede incluir la introducción de nuevas variedades de semillas resistentes a plagas o sequías, la promoción de fertilizantes orgánicos o bioinsumos, la difusión de técnicas de conservación de suelos como terrazas o zanjas de infiltración, y la implementación de sistemas de riego tecnificado que optimicen el uso del agua. También se consideran innovaciones en la cría de animales, como el uso de razas mejoradas o la incorporación de prácticas de sanidad animal. Lo importante es que la tecnología no se impone, sino que se valida y ajusta junto a los agricultores mediante procesos participativos. El extensionista debe demostrar su utilidad, mostrar sus beneficios en la práctica y acompañar a los productores en el proceso de adopción. Este enfoque incrementa la probabilidad de que la comunidad incorpore estas innovaciones en su vida diaria, generando mejoras en la productividad y en la calidad de vida. 3. Asesoramiento integral El extensionista no se limita a ser un simple instructor técnico, sino que actúa como un asesor integral de los productores rurales. Su acompañamiento abarca áreas diversas: técnicas de producción, gestión económica, acceso a mercados, toma de decisiones y hasta fortalecimiento organizativo. En lo productivo, el extensionista ayuda a planificar los calendarios de siembra, elegir los cultivos más adecuados para la zona y diseñar estrategias de rotación que eviten el desgaste de los suelos. En lo económico, asesora en la estimación de costos de producción, cálculo de ganancias y análisis de riesgos, de modo que los agricultores tomen decisiones informadas y no improvisadas. En lo social, promueve la organización de grupos de productores para acceder a créditos, proyectos o mercados de forma colectiva. El asesoramiento integral también implica acompañar a las familias en la toma de decisiones a largo plazo, ayudándoles a ver más allá de la cosecha inmediata y pensar en sostenibilidad, diversificación productiva y resiliencia frente al cambio climático. Así, el extensionista contribuye a que los campesinos se conviertan en gestores de su propio desarrollo. 4. Promoción de la innovación Otra función clave del extensionista rural es fomentar la adopción de prácticas innovadoras que permitan mejorar la productividad, enfrentar el cambio climático y garantizar la sostenibilidad de la producción agrícola y pecuaria. La innovación no siempre significa algo totalmente nuevo, sino también mejorar lo que ya existe en la comunidad. El extensionista debe estimular la curiosidad y la apertura al cambio en los agricultores, quienes muchas veces son reacios a modificar sus métodos tradicionales por temor al fracaso o por falta de confianza en las nuevas tecnologías. Aquí, el extensionista actúa como motivador, demostrando en parcelas experimentales los beneficios de una innovación, acompañando a los agricultores en las pruebas iniciales y brindando seguridad en el proceso de adopción. Algunos ejemplos de innovación promovida por los extensionistas son: el uso de energías renovables en actividades rurales, la introducción de sistemas agroforestales que integran cultivos y árboles, la producción de abonos orgánicos a partir de residuos locales, la implementación de técnicas de riego por goteo y la diversificación de cultivos para garantizar seguridad alimentaria. Estas innovaciones permiten no solo aumentar los rendimientos, sino también reducir costos y mitigar impactos ambientales. 5. Enlace institucional y comunitario El extensionista cumple también la función de ser un vínculo entre la comunidad rural y el mundo institucional. Muchas veces, los agricultores carecen de información sobre programas de apoyo, financiamiento, capacitación o comercialización a los que podrían acceder. El extensionista actúa como mediador, conectando a los productores con ministerios, gobiernos locales, ONGs, agencias de cooperación y universidades. Gracias a esta labor, la comunidad puede recibir proyectos productivos, acceder a microcréditos, participar en ferias locales, integrarse a cadenas de valor o ser parte de programas de apoyo estatal. Además, el extensionista facilita el diálogo entre los líderes comunitarios y las instituciones, lo que fortalece la organización social y genera mayores oportunidades de desarrollo colectivo. Esta función de enlace no solo es externa, sino también interna. Dentro de la misma comunidad, el extensionista promueve el trabajo asociativo, fomenta la creación de cooperativas o comités de productores y fortalece las capacidades de liderazgo local. De esta manera, se construyen comunidades más organizadas, resilientes y capaces de autogestionar su desarrollo. CARACTERÍSTICAS DEL EXTENSIONISTA RURAL 1. Conocimientos técnicos y científicos El extensionista rural debe contar con formación en agronomía, zootecnia, ingeniería forestal, economía rural o gestión ambiental, lo que le permite brindar soluciones a problemas productivos y sociales. No basta con la teoría, también debe demostrar aplicación práctica en campo. Además, debe actualizarse continuamente frente a los cambios tecnológicos y ambientales. Como afirman Rivera y Qamar (2003), la extensión moderna exige profesionales capaces de articular ciencia y práctica, vinculando la investigación con la realidad de los pequeños agricultores. 2. Comunicación efectiva y lenguaje accesible La comunicación clara y sencilla es fundamental. El extensionista debe adaptar los conceptos técnicos a un lenguaje entendible para los agricultores, utilizando ejemplos, demostraciones y materiales visuales. De acuerdo con Van den Ban y Hawkins (1996), la comunicación en extensión debe ser bidireccional, es decir, no solo transmitir información, sino también escuchar y recoger los saberes locales. 3. Sensibilidad social y cultural El extensionista debe respetar las costumbres, valores y formas de vida de las comunidades rurales. Reconocer el conocimiento ancestral campesino es esencial para el éxito de la extensión. Freire (1970) sostiene que la verdadera educación y extensión se construyen desde el diálogo horizontal, en donde el técnico y el agricultor aprenden mutuamente. 4. Liderazgo y capacidad de motivación El extensionista cumple un rol de líder facilitador, promoviendo la organización comunitaria y motivando a los agricultores a innovar y trabajar en conjunto. Según FAO (2010), el extensionista debe ser un líder social y técnico, que fomente la cooperación, impulse el cambio y fortalezca la resiliencia de las comunidades frente a los desafíos del desarrollo rural. 5. Vocación de servicio y compromiso social La extensión rural implica trabajar en contextos adversos, muchas veces en zonas alejadas con limitaciones de infraestructura. Por ello, el extensionista requiere paciencia, empatía y compromiso con el bienestar colectivo. De acuerdo con Nagel (1997), la extensión agrícola no debe ser vista solo como transferencia de conocimientos, sino como un acto de servicio social, orientado a mejorar la calidad de vida de las familias rurales. 6. Capacidad de adaptación y flexibilidad El extensionista debe adaptarse a diversos contextos y situaciones cambiantes como el clima, el mercado o los recursos disponibles en cada comunidad. Kahan (2013) señala que el extensionista exitoso es aquel que es capaz de ajustar sus métodos y herramientas según las condiciones locales, respetando la realidad cultural y socioeconómica de cada territorio. 7. Trabajo en equipo y enfoque participativo La extensión no es un proceso individual, sino colectivo. El extensionista debe trabajar en coordinación con productores, instituciones y organizaciones locales, fomentando la participación activa de todos los actores. Chambers (1994) subraya que el extensionista debe actuar bajo un enfoque participativo, en donde las comunidades son protagonistas de su propio desarrollo y no meros receptores de información. FUNCIONES DEL PROMOTOR RURAL El promotor rural es un actor clave en el desarrollo comunitario, pues actúa como un enlace directo entre las comunidades campesinas y las instituciones públicas o privadas. A diferencia del extensionista, que suele tener formación técnica profesional, el promotor rural puede ser una persona de la misma comunidad, con conocimientos básicos pero con gran capacidad de organización, liderazgo y motivación social. Sus funciones abarcan el fortalecimiento organizativo, la gestión comunitaria y la promoción de prácticas sostenibles. 1. Difusión de conocimientos y prácticas locales El promotor rural se encarga de compartir información y experiencias prácticas con los miembros de su comunidad, sirviendo como referente local. Su ventaja es que utiliza un lenguaje sencillo y culturalmente cercano, lo que facilita la comprensión y la adopción de nuevas prácticas. De acuerdo con Chambers (1994), los promotores rurales son fundamentales porque actúan como facilitadores comunitarios, traduciendo la información técnica a la realidad cotidiana de los agricultores. 2. Organización comunitaria El promotor cumple la función de articular y cohesionar a los productores rurales en torno a objetivos comunes. Ayuda en la formación de comités, asociaciones y cooperativas campesinas, fomentando la cooperación y la toma de decisiones colectivas. Según FAO (2010), el fortalecimiento de la organización comunitaria es esencial para mejorar la capacidad de negociación de los pequeños agricultores frente al mercado y las instituciones. 3. Gestión de proyectos y recursos Otra función central del promotor rural es la gestión comunitaria de proyectos productivos, ambientales o sociales. Esto implica coordinar con instituciones públicas, ONGs y gobiernos locales para obtener recursos, financiamiento, capacitaciones o asistencia técnica. Rivera y Qamar (2003) señalan que el promotor cumple un rol estratégico como puente entre la comunidad y las políticas de desarrollo rural, facilitando el acceso a programas y beneficios que de otro modo no llegarían a las zonas alejadas. 4. Acompañamiento social y educativo El promotor rural también actúa como educador comunitario, apoyando a las familias en temas de salud, nutrición, educación ambiental, género e inclusión social. Su cercanía a la comunidad le permite identificar problemáticas sociales y proponer soluciones colectivas. Freire (1970) plantea que la educación popular debe estar vinculada al contexto comunitario, y el promotor rural encarna este principio al acompañar procesos de aprendizaje desde la práctica y la vida cotidiana. 5. Promoción de prácticas sostenibles Una función clave del promotor rural es incentivar el uso de prácticas agroecológicas y sostenibles, como el manejo responsable del agua, el uso de abonos orgánicos, la reforestación y la conservación de suelos. De esta manera, contribuye no solo a la producción, sino también a la preservación del medio ambiente. De acuerdo con Kahan (2013), los promotores rurales ayudan a difundir modelos de producción sostenibles que fortalecen la resiliencia de las comunidades ante el cambio climático. 6. Mediación y representación comunitaria El promotor representa a la comunidad en espacios de diálogo con autoridades locales y organizaciones externas, defendiendo los intereses de los agricultores. También puede actuar como mediador en conflictos internos o en la gestión de recursos comunes, como el agua o la tierra. Nagel (1997) subraya que la legitimidad del promotor se basa en la confianza de su comunidad, lo que lo convierte en un actor clave para la gobernanza local. EL CARACTERÍSTICAS DEL PROMOTOR RURAL El promotor rural se distingue por ser un líder comunitario que surge, en la mayoría de los casos, de la misma población donde trabaja. A diferencia del extensionista, que suele contar con formación profesional especializada, el promotor es una persona que combina conocimientos prácticos, compromiso social y cercanía cultural, lo que le permite ganarse la confianza de su comunidad. 1. Cercanía a la comunidad El promotor rural generalmente vive en la misma zona donde trabaja, lo que le brinda una ventaja en la comprensión de la cultura local, el idioma, las costumbres y la dinámica social. Esto genera confianza y legitimidad frente a los demás miembros de la comunidad. Según Chambers (1994), esta cercanía permite que los promotores actúen como “puentes naturales” entre los saberes locales y externos, facilitando la participación activa de los campesinos en procesos de cambio. 2. Liderazgo local El promotor es considerado un referente comunitario por su capacidad de motivar, organizar y guiar a otros hacia objetivos comunes. Su liderazgo no es impuesto, sino que se construye a partir del reconocimiento de sus vecinos por su experiencia, compromiso y responsabilidad. Nagel (1997) sostiene que el liderazgo del promotor rural es clave porque fortalece la autogestión comunitaria y contribuye a consolidar organizaciones campesinas sólidas y representativas. 3. Compromiso social y vocación de servicio Una característica esencial del promotor es su voluntad de servir a la comunidad, muchas veces sin recibir remuneración o con incentivos limitados. Este compromiso refleja su vocación social y su interés por mejorar la calidad de vida de las familias campesinas. Freire (1970) indica que el verdadero agente de cambio debe actuar movido por la conciencia social y la solidaridad, más que por intereses personales. 4. Capacidad de comunicación El promotor rural se comunica de manera clara y sencilla, utilizando un lenguaje adaptado al nivel educativo y cultural de la comunidad. Además, al compartir la misma cosmovisión y lengua que sus pares, logra transmitir confianza y comprensión mutua. Rivera y Qamar (2003) resaltan que los promotores comunitarios cumplen un papel estratégico en la traducción del conocimiento técnico a la práctica campesina, evitando barreras de comunicación que a veces existen con profesionales externos. 5. Conocimientos prácticos y experiencia local Aunque no siempre cuentan con estudios formales avanzados, los promotores poseen conocimientos prácticos adquiridos en la experiencia cotidiana del campo. Esto los hace referentes en técnicas agrícolas, manejo de recursos naturales y resolución de problemas productivos. FAO (2010) afirma que el promotor rural es un “experto local”, pues domina las condiciones agroecológicas de su entorno y aporta soluciones contextualizadas a las necesidades de la comunidad. 6. Capacidad organizativa El promotor tiene habilidades para convocar, coordinar y articular esfuerzos colectivos, ya sea en proyectos productivos, actividades comunitarias o procesos de capacitación. Su rol organizador es fundamental para generar cohesión social y fortalecer las redes de cooperación entre familias campesinas. Kahan (2013) subraya que la capacidad de organización es uno de los pilares que permiten a los promotores rurales contribuir al empoderamiento de las comunidades frente a los retos del mercado y el medio ambiente. 7. Flexibilidad y adaptabilidad El promotor se enfrenta a contextos cambiantes y limitaciones locales, como falta de recursos, fenómenos climáticos o conflictos internos. Por ello, debe ser flexible y creativo para proponer soluciones viables y adaptadas a cada situación. Chambers (1994) enfatiza que los promotores rurales, al estar insertos en la comunidad, desarrollan una gran capacidad de resiliencia y adaptación, lo que los convierte en actores clave para procesos de innovación rural. CONCLUSIONES El análisis de las funciones y características del extensionista rural y del promotor rural permite comprender que ambos actores son pilares fundamentales para el desarrollo rural sostenible, aunque cumplen roles complementarios. El extensionista, desde su formación profesional y técnica, aporta conocimientos científicos, tecnologías innovadoras y metodologías para mejorar la productividad y la gestión de los recursos naturales. Por su parte, el promotor rural, desde su cercanía cultural y social, fortalece la organización comunitaria, difunde prácticas accesibles y actúa como un puente directo entre las instituciones y las familias campesinas. Ambos coinciden en tener un profundo compromiso social con las comunidades donde trabajan. El extensionista lo demuestra a través de la transferencia de tecnologías adaptadas y procesos de capacitación estructurados; mientras que el promotor lo refleja en su liderazgo local, su vocación de servicio y su capacidad de motivar a los productores a unirse en torno a objetivos comunes. Esta dualidad técnica y comunitaria se convierte en un binomio indispensable para enfrentar los desafíos que actualmente atraviesan los sectores rurales, como el cambio climático, la inseguridad alimentaria, la migración del campo a la ciudad y la pobreza estructural. Asimismo, se destaca que tanto extensionistas como promotores requieren habilidades blandas (comunicación, empatía, liderazgo, flexibilidad) y no solo competencias técnicas. Esto se debe a que la extensión rural no se trata únicamente de transmitir información, sino de construir procesos participativos de aprendizaje, donde el conocimiento local y ancestral se combine con el saber científico. En este sentido, la educación popular planteada por Freire (1970) y el enfoque participativo descrito por Chambers (1994) resultan marcos indispensables para entender su accionar. Finalmente, se concluye que la sostenibilidad del desarrollo rural depende de la articulación armónica entre el extensionista y el promotor rural. El primero ofrece las herramientas técnicas y científicas necesarias para innovar, mientras que el segundo garantiza la aceptación social, la cohesión comunitaria y la adaptación cultural de los procesos. Por ello, las políticas públicas y programas de desarrollo deben fortalecer ambos perfiles, brindándoles capacitación constante, recursos adecuados y espacios de coordinación conjunta. Solo así se logrará un verdadero impacto en la mejora de la productividad, el bienestar social y la resiliencia de las comunidades rurales. Recomendaciones 1. Fortalecer los programas de capacitación para extensionistas y promotores rurales, asegurando su actualización constante. 2. Diseñar políticas públicas que reconozcan y apoyen el trabajo de ambos actores, brindando recursos y facilidades para su labor. 3. Promover la articulación entre extensionistas, promotores, comunidades e instituciones, para lograr proyectos más integrales y sostenibles. 4. Incentivar el intercambio de experiencias entre comunidades, con el fin de replicar buenas prácticas y aprendizajes exitosos. 5. Reforzar el respeto por la cultura local y los saberes tradicionales, combinándolos con la ciencia moderna para lograr un desarrollo adaptado y sostenible. REFERENCIA Chambers, R. (1994). Participatory Rural Appraisal (PRA): Analysis of Experience. World Development, 22(9), 1253–1268. FAO (2010). Agricultural Extension and Advisory Services: Policy Analysis. Food and Agriculture Organization of the United Nations. Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores. Kahan, D. (2013). Entrepreneurship in Farming. FAO, Rome. Nagel, U. (1997). Alternative Approaches to Organizing Agricultural Extension. In: Swanson, B. (Ed.), Improving Agricultural Extension: A Reference Manual. FAO. Rivera, W., & Qamar, M. (2003). Agricultural Extension, Rural Development and the Food Security Challenge. FAO. Van den Ban, A., & Hawkins, H. (1996). Agricultural Extension. Blackwell Science Ltd. Promotor Rural Chambers, R. (1994). Participatory Rural Appraisal (PRA): Analysis of Experience. World Development, 22(9), 1253–1268. FAO (2010). Agricultural Extension and Advisory Services: Policy Analysis. Food and Agriculture Organization of the United Nations. Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores. Kahan, D. (2013). Entrepreneurship in Farming. FAO, Rome.
Puede agregar este documento a su colección de estudio (s)
Iniciar sesión Disponible sólo para usuarios autorizadosPuede agregar este documento a su lista guardada
Iniciar sesión Disponible sólo para usuarios autorizados(Para quejas, use otra forma )