Contenido El corazón de la verdadera predicación Lo que es un predicador según la Biblia 3 5 Dos hábitos que los buenos predicadores practican 7 Quien no se renueva deja de comunicar 9 ACERCA DEL AUTOR Flavio Florentín Flavio es de Asunción, Paraguay. Está casado con Martha y tienen 3 hijos. Estudió locución de radio y televisión, y posee un bachillerato en Educación Religiosa, una maestría en Teología y un doctorado en Historia. Actualmente es director académico del Instituto Bíblico Asunción. ✉ [email protected] 2 | www.revistalafuente.com PREDICACIÓN El corazón de la verdadera predicación El texto bíblico como punto de partida del sermón Presumo que uno de los temas sobre los que urge pensar en la actualidad, es acerca de la escasa relevancia que viene teniendo la predicación evangélica en las iglesias y en el país. Años atrás escuché un comentario que decía que la predicación del domingo, para el martes uno ya la olvida. Si este comentario es verdadero, para quienes predicamos la Palabra de Dios debe ser un punto de alarma y atención. Otra razón que me lleva a pensar sobre este tema es la cantidad de veces que recibí comentarios de hermanos que, con sinceridad, me expresaban su frustración en torno a que la predicación evangélica en sus iglesias no los alimentaba. Una razón más, que nos obliga a pensar sobre la predicación, es la cantidad de ofertas evangélicas que buscan alimentar y guiar al pueblo de Dios más allá de la predicación en el culto o en la vida de la iglesia. Junto a todas estas razones no se puede sustraer el papel que ocupa el predicador como medio y comunicador del mensaje de Dios. Sin predicador no existe predicación posible, y en él está su gloria o su ruina. La predicación, indispensable en el cristianismo Es bueno afirmar que la predicación es una necesidad dentro del cristianismo. La Primera Epístola a los Corintios dice que “a Dios le pareció sabio salvar a los que creen por medio de la predicación” (1.21). Si la predicación desaparece, la esencia de nuestra religión desaparecerá, decía John Stott. Esta afirmación del longevo predicador inglés se sostiene en el hecho histórico de que la predicación ha acompañado toda la larga historia de la Iglesia. Respaldando esto, se puede decir con E. C. Dargan, en su clásica obra 3 | www.revistalafuente.com History of Preaching, que “la predicación es claramente una institución cristiana”. A las afirmaciones históricas se puede unir una opinión teológica acerca del lugar de la predicación en la vida del cristianismo. Ella tiene un prominente sitio, debido a que su propósito fundamental es tener respuestas de fe y dedicación a Jesucristo. En palabra de Orlando Costas, la predicación existe “para anunciar el evangelio y sus implicancias para toda la vida”. Con todo el respaldo histórico y las afirmaciones teológicas acerca de la predicación, cabría preguntarnos: ¿A qué se debe su escasa valoración actual? ¿Qué ocurre en la actualidad? O, ¿qué impide a la predicación retener su gloria pasada? Permítame arrimar algunas ideas para la reflexión. Quiero señalar que mis pensamientos y observaciones “Sin duda, lo más valioso que tenemos los predicadores es el texto bíblico. Conviene que lo tratemos como valioso y lo usemos para los propósitos de transformar, alimentar y consolar a la iglesia.” se basan en la realidad de la predicación dentro de la experiencia paraguaya, y su propósito es con el único fin de que este instrumento que Dios nos dio, lo utilicemos como es debido, para Su gloria y la extensión de Su Reino. El texto como pretexto Foto: Veronica Vilugron, juan116.org Cualquier manual de predicación señala con claridad que el texto bíblico constituye la fuente de autoridad para toda predicación. Del texto bíblico se espera que derive el tema de la predicación y que también a él se recurra para obtener las partes y contenido del mensaje. Curiosamente, se puede observar en cualquier culto o servicio cristiano que el texto bíblico, o la buena lectura del mismo, despierta atención y reverencia. Para la iglesia, el texto bíblico sigue representando la Palabra de Dios, despierta interés y crea apertura en la mente y el corazón para escuchar a Dios. El texto del salmista cabe muy bien aquí: “La exposición de tu palabra nos da luz, y da entendimiento al sencillo” (Salmo 119.130). Lo que ocurre después, por cuestiones aún no claras, es que la mayoría de los predicadores usan el texto solo como un pretexto. Luego de su lectura, toda la reflexión o la predicación gira en torno a cualquier otra cosa, menos en torno al texto. En lugar de tratar de clarificar el texto ante la congregación, se lleva la atención del auditorio sobre experiencias personales, ilustraciones llamativas, sueños o visiones del predicador, o de algún iluminado escritor. El texto quedó relegado al prisionero plano de servir a otros propósitos, y no necesariamente a ser el medio a través del cual Dios habla a los hombres. Cuando los predicadores reemplazamos el texto por las experiencias, ocurre que damos mayor valor y autoridad a las experiencias que al texto. Según la Biblia, el único poder transformador lo tiene la Palabra de Dios, el texto. Esto afirma la Primera Epístola de Pedro: “…habéis renacido,… por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1.23). Sin duda, lo más valioso que tenemos los predicadores es el tex4 | www.revistalafuente.com to bíblico. Conviene que lo tratemos como valioso y lo usemos para los propósitos de transformar, alimentar y consolar a la iglesia. Vamos concluyendo con una frase impresa en la portada del libro Predicando con frescura: “Una predicación inspirada es la necesidad en esta hora de la Iglesia, y por la gracia de Dios tú puedes ayudar a satisfacer esa necesidad”. La inspiración la tiene el texto, y si de él extraemos nuestros mensajes, predicaremos con inspiración. Fuentes: • John Stott. La predicación: puente entre dos mundos. Libros Desafío. • Orlando Costas. Comunicación por medio de la predicación. Editorial Caribe. • Bruce Mawhinney. Predicando con frescura. Editorial Portavoz. PREDICACIÓN Lo que es un predicador según la Biblia El rol del predicador como es descrito en el Nuevo Testamento En el número anterior comenzamos una serie de reflexiones sobre la predicación cristiana hoy, señalando las urgencias por las que se impone pensar este tema. Apuntábamos a dos aspectos: El primero se refería al papel vital que la predicación ejerce en el cristianismo histórico y contemporáneo. El segundo se refería a la autoridad que debe tener el texto bíblico para la predicación, y subrayábamos que cuando los predicadores reemplazamos el texto por otras experiencias, ocurre que damos mayor valor y autoridad a las experiencias y no al texto. Propongo para este artículo pensar sobre el contexto en el cual se proclama la Palabra de Dios y las imágenes del predicador que aparecen en el Nuevo Testamento. Predicación cristiana y contexto Se espera que todo mensaje bíblico llegue a ser la Palabra de Dios para las personas, en sus necesidades cotidianas. Esto necesariamente nos invita, cuando trabajamos el texto bíblico, a considerar de manera ineludible las circunstancias y necesidades que envuelven la mente y las emociones de nuestro auditorio. esperanza y seguridad. Pero si el pueblo vive una euforia pasajera por una realidad simulada, es el deber del predicador y del texto bíblico hablar para que el auditorio despierte a la realidad y no sea cautiva de una quimera. Cuando Jesús usó una cita del profeta Isaías diciendo, “Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí” (Mr 7.6), nos muestra con claridad que Él captó muy bien el pensamiento y el sentir de su entorno. Para el predicador cristiano, saber y entender dónde está la mente, la aflicción o la duda de su auditorio, es el mejor escenario sobre el cual buscar la voz de Dios para las personas. Fomentar la reflexión crítica Uno puede argumentar que fácilmente podemos conocer los pensamientos de desánimo, desesperanza y miedo con los que la sociedad vive sus días. Si esta es la realidad, los mensajes deben proveer ánimo, 5 | www.revistalafuente.com No olvidemos que la oralidad de nuestra cultura fomenta con facilidad ilusiones y pasiones. La baja escolaridad de la inmensa mayoría de la población trae como fruto una sociedad con escaso cultivo de la mente. Espero que no imaginemos que nuestras iglesias son la excepción. La norma ha sido que los evangélicos se han nutrido, por lo general, de las capas menos favorecidas de la sociedad. Hay pequeñas muestras de que esto está empezando a cambiar. Pero un pueblo poco preparado, por lógica, aporta liderazgos poco instruidos para comprender la realidad. “Si nuestro pueblo no puede entender lo que lee, y si sus predicadores no alientan el pensar y la reflexión, corremos a perder.” Al predicador cristiano comprometido con la verdad le es mejor anhelar un auditorio crítico antes que un auditorio supersticioso. La Biblia nos invita a renovar nuestra manera de pensar, a no conformarnos con las maneras y los hábitos de este mundo. La predicación cristiana debe desafiar al progreso, a la preparación y a la excelencia. El cristianismo no solo es renovación, es también revolución para pensar, para leer, para cuestionar. Si nuestro pueblo no puede entender lo que lee, y si sus predicadores no alientan el pensar y la reflexión, corremos a perder. Un administrador de Dios Predicar es cosa seria y por lo tanto conviene que quienes realizamos este servicio a Dios, lo tomemos de esta manera. Es conveniente que como predicadores nos ubiquemos en nuestro papel de administradores de los misterios de Dios, y para la Biblia, la mayor y única exigencia para todo buen administrador es que sea hallado fiel. Pablo expresa esto con claridad en 1 Corintios 2.12. La imagen que se nos presenta en el Nuevo Testamento es la del administrador, que es un depositario y dispensador de los bienes de otro. Es muy significativa la imagen de que el predicador es un administrador de los misterios de Dios. Esto nos sitúa en un lugar de dependientes de Dios como Señor y del texto como Su revelación. Pero también nos pone en un sitial de autoridad. La figura representa el cuadro donde el predicador recibe del Señor o Dueño las llaves del almacén donde se guardan todos los bienes y riquezas del reino. Los creyentes y el mundo recurren a la predicación para su provisión y alimento. Una tarea crucial Lo expuesto nos muestra que predicar es trabajo duro. Por ello, todo predicador, como dice John Stott, “necesita de incentivos poderosos que fortalezcan su alma cuando está debilitada”. El apóstol Pablo encontró incentivos en varias verdades. Él vio que como predicador era depositario de los secretos de Dios, que la comisión le había sido encomendada. En otro momento se6 | www.revistalafuente.com ñala: “Me es impuesta necesidad” de comunicar las verdades de Dios. También expresó: “Ay de mí si no anunciare el evangelio” (1 Co 9.16); comprendió que de todo administrador se espera fidelidad y dignidad. La figura del predicador como administrador es muy fuerte. “Del administrador depende el padre de familia y la familia espera de él sus provisiones. No puede fallar”, decía Stott. Estos pensamientos hacen del contexto y del predicador dos elementos importantes de pensar a la hora de elaborar el mensaje de Dios para las personas. Referencias: • John Stott. Imáges del predicador en el Nuevo Testamento. Nueva Creación. PREDICACIÓN Dos hábitos que los buenos predicadores practican La oración y el estudio en la vida del predicador En artículos anteriores sobre la predicación cristiana hoy, aportábamos algunas ideas para pensar sobre el tema. Primeramente, pusimos base señalando el papel vital que la predicación ejerce en el cristianismo histórico y contemporáneo. Lo segundo se refería a la autoridad que debe tener el texto bíblico para la predicación. En el artículo anterior también señalábamos el arduo trabajo que involucraba la tarea de preparar y comunicar el mensaje. Con esto, subrayábamos que el predicador tiene el papel de administrar la gracia de Dios a un pueblo que espera recibir esperanzas y palabra de Dios para lo cotidiano y lo eterno. En este artículo, propongo que nos planteemos dos temas vitales en la predicación: la oración y el estudio. Predicación y oración La oración es fuente de inspiración y señal de dependencia. La necesidad y el valor de la oración en la vida de todo predicador es un reconocimiento casi global en el espectro evangélico. A través de ella, Dios nos habla sobre las necesidades y cómo remediarlas. Cuando oramos, demostramos una actitud de dependencia y sumisión a la fuente de todo mensaje, que es Dios. Un buen ejemplo de la oración y la predicación es el profeta Habacuc. Cuando vio tanta necesidad, tanta multiplicación de violencias y a un pueblo minado por la injusticia; recurrió a la oración. La oración de Habacuc fue una búsqueda de respuesta, primeramente a su propia aflicción espiritual. Cuando los predicadores somos los primeros impresionados por la realidad que nos 7 | www.revistalafuente.com rodea, también debemos ser los primeros en recurrir a Dios, para tener respuestas a nuestras angustias. En el primer versículo del capítulo segundo de su libro, Habacuc nos habla de su actitud en la experiencia de orar. Ora y está atento, ora y está vigilante, ora y espera las respuestas a sus súplicas. Cuando uno ora atendiendo, no solo está practicando una liturgia de oración; más bien, con todo el entendimiento y la concentración, espera comprender las razones de un problema y con la misma intensidad espera encontrar de Dios la respuesta a ese problema que lo intranquiliza. Cuando oramos y mostramos una actitud vigilante, ponemos en movimiento todos los sentidos que Dios nos dio. El vigilante observa, oye, siente, gusta y hasta huele todo lo que pasa a su alrededor. Con esta “La exigencia de nuestro mundo y las demandas del Reino nos imponen a los predicadores una alforja cultural amplia y generosa.” actitud, es imposible no encontrar las respuestas que esperamos. Por otro lado, el vigilante nos muestra que orar es esperar. Nuestro profeta en otras palabras, lo que dijo en su oración y actitud es que no se moverá, hasta tener una respuesta. La historia de nuestra experiencia y la de miles de creyentes nos permite conocer que las oraciones raras veces tienen respuestas instantáneas. Puede que la tecnología aventaje a Dios en producir respuestas instantáneas. Pero, cuando oramos a Dios, su preocupación es más pedagógica que simplemente respondernos a las necesidades. La oración es una experiencia relacional, y como tal, siempre busca producir aprendizaje, profundizar la relación o generar transformaciones; la oración no solo busca satisfacer necesidades. El predicador y el estudio El predicador tiene un poderoso llamado al estudio, que por su bien y la gloria de la predicación, será bueno que no lo evite. Primeramente, debe ser un arduo estudioso de la Biblia, pero también del mundo que le rodea. Si queremos que la predicación se constituya en un puente que une los dos mundos; es preciso conocer ambos: El mundo bíblico y el mundo que nos rodea. Esto implica estudio serio. El reformador Juan Calvino en su comentario sobre Deuteronomio 5.23 decía: “Nadie será jamás un buen ministro de la Palabra de Dios a menos que sea, en primer lugar, un estudioso”. El maestro de la predicación cristiana, Spurgeon, se expresaba en el mismo sentido: “Quien ha dejado de aprender, ha dejado de enseñar. Quien ya no siembra en el estudio, no seguirá cosechando en el púlpito”. De manera magistral, el predicador y maestro contemporáneo John R. W. Stott dice en su libro La predicación: puente de dos mundos: “Sin el estudio nuestra vida se nubla, nuestro aliento se vicia y nuestro tacto se entorpece”. La Biblia en su lenguaje franco y directo dice que la falta de conoci8 | www.revistalafuente.com miento es causa de muerte. El predicador tiene la ardua tarea de la acumulación de conocimientos. La exigencia de nuestro mundo y las demandas del Reino nos imponen a los predicadores una alforja cultural amplia y generosa. Billy Graham, en ocasión de dirigirse a clérigos de Londres en 1979, dijo que, si pudiera repetir su ministerio, haría dos cambios. Primero, estudiaría tres veces más y aceptaría menos compromisos. Segundo, asignaría más tiempo a la oración (Stott, 2000). En la expresión de Graham hay verdad bíblica. Hechos 6 da vital importancia a la oración y a la predicación. Predicar es orar y estudiar. Referencias: • John Stott. La predicación: Puente entre dos mundos. Libros Desafío. PREDICACIÓN Quien no se renueva deja de comunicar La necesidad del predicador de una constante renovación En artículos anteriores hemos señalado el papel vital que la predicación ejerce en el cristianismo histórico y contemporáneo, y nos referimos a la autoridad que debe tener el texto bíblico en la predicación y a la necesidad de que el predicador comprenda la realidad de su contexto. También señalamos lo vital que son la oración y el estudio en la tarea de preparar y comunicar el mensaje. Para este último artículo propongo que pensemos sobre la comunicación del mensaje y la renovación del predicador. Predicación y comunicación Se puede apuntar varias definiciones de comunicación, tal vez no todas vinculantes unas con otras. Pero para los propósitos de estas líneas se ajusta sobradamente lo que G. Maletzke cita en su texto Sicología de la Comunicación Social: “Comunicación es un proceso por medio del cual un individuo (el comunicador) transmite estímulos (generalmente verbales) para modificar el comportamiento de otros individuos (receptores)”. Los predicadores somos personas que en nuestro papel de comunicador, transmitimos estímulos verbales, en la mayoría de los casos con el propósito de transformar realidades humanas. Para esto establecemos puentes o canales, a través de los cuales el mensaje de Dios llega a nuestro auditorio. Esta tarea tiene sus condicionantes en el comunicador (predicador) y también en el receptor o auditorio. Los condicionantes en la comunicación de todo predicador giran en torno al lenguaje, el contenido y las formas. El lenguaje es el medio por excelencia para la transmisión de las ideas. Puede que tengamos una buena idea y que sea a la vez bíblica, pero no la podemos comunicar por falta de lenguaje. El conte9 | www.revistalafuente.com nido se logra con estudio y reflexión bíblica y teológica. Las formas son recursos variados. Pueden ser: dialogal, narrativa, expositiva y, según la tendencia del momento, lo mejor sería una comunicación visualizada (proyectar imagen y adecuado lenguaje). Existen predicadores que logran con relativa facilidad entablar una comunicación con el auditorio, pero Foto: Veronica Vilugron, juan116.org “Todo se puede aprender, el lenguaje, el contenido y las formas; pero quisiera rescatar un principio bíblico: la predicación es un don, y como tal, no cualquiera lo puede hacer con la belleza que requiere este ministerio.” carecen de mensaje. En otros se observa una riqueza y profundidad de contenido, pero que no establecen comunicación alguna con su auditorio. En otros predicadores se observa un agotador esfuerzo en las formas de comunicación que quedan cortos con el lenguaje y el contenido. Todo se puede aprender, el lenguaje, el contenido y las formas; pero quisiera rescatar un principio bíblico: la predicación es un don, y como tal, no cualquiera lo puede hacer con la belleza que requiere este ministerio. Si una iglesia carece de buenos predicadores, lo que precisa no es matar con las críticas a su predicador; más bien necesita pedir al Señor de los dones que levante predicadores con capacidad de lenguaje, contenido y con variedad de formas para comunicar. Carecemos de buenas predicaciones porque permitimos que prediquen personas que no tienen el don de la predicación. Predicación y renovación La plegaria del salmista pidiendo: “Renueva la firmeza de mi espíritu” (Sal 51.10 NVI) y la exhortación de Pablo a los Efesios de “ser renovados en la actitud de su mente” (Ef 4.23 NVI) nos introduce en un tema pertinente para todo predicador contemporáneo. Vivimos la era de la capacitación constante y del apren- dizaje permanente. Esto se aplica a las más variadas disciplinas del saber humano; por ello, esta exigencia es bien válida para los que predicamos tan valioso mensaje. El desánimo, la apatía, la rutina y la sobrecarga de constantes predicaciones pueden producir un efecto devastador, si no se toman medidas correctivas oportunas. Cuando el salmista ruega por una firmeza de espíritu, está clamando que el desánimo o la apatía no minen su vida. Este clamor puede ser el de un predicador que busca recuperar el entusiasmo y la pasión por su ministerio. Recursos para la renovación ¿Qué recursos tiene un predicador para renovar su ánimo y su actitud? La lectura es una fuente permanente de renovación para la mente y la actitud. La lectura de la Biblia es una prioridad, pero no es la única lectura que el predicador debe cultivar. Un predicador de escasa lectura refleja superficialidad, y procurará cubrir esta falencia con modismos o muletillas, tan comunes últimamente en los púlpitos evangélicos. La inversión en la lectura es un recurso de capacitación para el ministerio. Semanas atrás un comentario pasajero me dio que pensar. Una persona estaba comentando la es10 | www.revistalafuente.com casa biblioteca de su predicador, y el comentario lo realizó a la par de evaluar el mensaje del mismo. El Apocalipsis nos recuerda: “Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan las palabras” (Ap 1.3 NVI). La lectura es un hálito divino para la renovación del predicador. Los congresos, conferencias o retiros pastorales son oportunidades de renovación. Esto tiene su costo y raras veces un predicador puede afrontarlos por sí solo. Bien haría una iglesia si destinara un presupuesto para la capacitación de sus predicadores. En último caso, si ambas opciones de renovación no son viables, hoy en día tenemos sobrados estudios en Internet que pueden alentar y alimentar la vida y el ministerio de un predicador consciente. Referencias: • Gerhard Maletzke. Sicología de la comunicación social. Editorial Quipus.
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