Análisis de la sentencia de Dylan Alberto. A por causar un incendio
forestal en Guápulo en la ciudad de Quito.
El caso de Dylan Alberto A., condenado por provocar un incendio forestal en el sector
de Guápulo, en Quito, representa un hecho de notable gravedad ambiental y jurídica. El
incendio ocurrió el 24 de septiembre de 2024, alrededor de las cuatro de la tarde,
cuando el acusado encendió fuego a unos desechos vegetales en una ladera del cerro
Auqui. Lo que inició como una quema menor rápidamente se descontroló debido a las
condiciones del terreno y el viento, extendiéndose hacia áreas naturales protegidas y
afectando una superficie estimada entre 23 y más de 170 hectáreas. El fuego no solo
destruyó cobertura vegetal, sino que también dañó ecosistemas que albergaban
especies endémicas y protegidas por convenios internacionales como el CITES.
El acusado fue detenido al día siguiente por agentes de la Policía Nacional, dentro del
plazo legal para los delitos flagrantes. El proceso se tramitó mediante procedimiento
directo, conforme lo establece el Código Orgánico Integral Penal (COIP), al tratarse de
un delito cuya pena no excede los cinco años. Dylan fue juzgado por el delito tipificado
en el artículo 246 del COIP, que sanciona a quien provoque incendios forestales con
una pena privativa de libertad de uno a tres años. En este caso, la jueza resolvió
imponer una pena reducida de ocho meses de prisión, así como una multa de cuatro
salarios básicos unificados y una reparación integral, cuyo monto final debía ser
determinado por la Secretaría de Ambiente del Distrito Metropolitano de Quito.
Durante el juicio se presentaron pruebas testimoniales, entre ellas una testigo
presencial que observó el inicio del fuego y la participación directa del acusado.
También se incorporaron informes técnicos periciales que confirmaron la magnitud del
daño ecológico. A pesar de la contundencia de las pruebas, el tribunal consideró la
aplicación de atenuantes, especialmente la colaboración eficaz del procesado con las
autoridades, y el hecho de que intentó apagar las llamas una vez que se
descontrolaron. Esto permitió que la sentencia fuera menor a la mínima prevista en la
norma penal.
Posteriormente, la defensa presentó un recurso de apelación alegando irregularidades
en la detención. Sin embargo, la Sala Penal de la Corte Provincial de Pichincha, el 5 de
mayo de 2025, ratificó íntegramente la sentencia dictada en primera instancia,
validando tanto el procedimiento como la pena impuesta. Desde un punto de vista
crítico, es importante señalar que, si bien la sentencia se ajusta a la legalidad, la pena
podría considerarse insuficiente frente a la magnitud del daño ambiental causado. Es
decir, la justicia penal operó dentro del marco normativo, pero el resultado deja un
vacío respecto a la proporcionalidad entre la acción y sus consecuencias ecológicas.
Asimismo, el enfoque reparador quedó sujeto a la ejecución por parte de la autoridad
ambiental competente, sin un mecanismo claro de seguimiento, lo que plantea dudas
sobre la eficacia real de la reparación del daño. En este sentido, el caso de Dylan
Alberto A. se convierte en una oportunidad para reflexionar sobre los límites del sistema
penal frente a crímenes ambientales y la necesidad de fortalecer tanto las sanciones
como los mecanismos de prevención y restauración ecológica. La utilización de
procedimientos ágiles como el juicio directo puede ser útil para una respuesta rápida,
pero también requiere atención para garantizar una verdadera justicia ambiental. Como
estudiantes de Derecho, este análisis permite comprender cómo se aplica la norma
penal en casos concretos y nos invita a pensar en reformas que refuercen el equilibrio
entre la protección del ambiente y la responsabilidad penal efectiva.