Subido por josecruz

Greenwash

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Regulacion
ada vez surgen más productos verdes o ambientalmente
responsables en el mercado como respuesta al loable interés de unos
consumidores más informados y conscientes. Si bien esta tendencia
es positiva y necesaria para impulsar un consumo más responsable y
saludable, viene acompañada de un incremento del lavado verde.
También conocido como greenwashing, el lavado verde es el acto de
engañar o incluso confundir al público sobre las prácticas sostenibles
de una empresa o los beneficios ambientales de un producto o
servicio.
No solamente ocurre de forma flagrante y directa, algunas veces
existe de forma no intencionada. En cualquier caso, el lavado verde
sigue siendo grave y las empresas deberían evitarlo y prevenirlo.
¿Qué tipos de greenwashing identificamos en nuestro día a día y
cómo podemos trabajar como empresas para evitarlo y como
consumidores para desincentivarlo?
1. Información falsa
Sin duda, el peor tipo de lavado verde son las afirmaciones
ambientales falsas. Entre los ejemplos más comunes encontramos
productos que aseguran estar certificados o registrados por
organismos reconocidos que validan sus beneficios ambientales o
sociales. Esto es simplemente inaceptable.
Este caso sucede no solamente por falta de información, sino
también por falta de regulación, lo cual hace muy difícil combatir
este tipo de greenwashing. Con todo, también es relevante recalcar
que estas acciones claramente fraudulentas pueden ser perseguidas
penalmente en algunos casos graves.
2. Falta de pruebas o imprecisiones
Una afirmación ambiental sin fundamento puede desinformar al
consumidor, tanto de forma deliberada como por error. Por ejemplo,
hay productos que anuncian componentes o contenidos de una cierta
calidad o características sin ofrecer datos de cómo se estima esto.
También se da el uso de etiquetas que buscan confundir al
consumidor al afirmar que algo es verde o natural, cuando esto
puede significar muchas cosas.
3. Irrelevancia
Algunas afirmaciones ambientales pueden ser ciertas pero
irrelevantes o incluso inútiles para los consumidores que buscan
productos ambientalmente responsables o que tienen otras
preferencias de consumo saludable. Un ejemplo que puede rayar lo
ridículo: las tortillas de maíz “sin gluten”.
4. “Lo menos peor” y las compensaciones
Algunas afirmaciones ambientales pueden referir a características
que son ciertas en general, pero que buscan distraer al consumidor
de impactos ambientales mayores en el conjunto de su categoría.
Este tipo de greenwashing no se diferencia mucho de la irrelevancia,
pero puede ser incluso más complejo y pernicioso porque trata de
limpiar la imagen de un producto al compararlo o ponerlo en el
contexto con otra cosa.
Por ejemplo, un producto que ofrezca plantar un árbol por cada
cierto volumen vendido, siendo el producto altamente dañino para el
medioambiente. También es el caso de productos orgánicos o
naturales que en esencia pueden ser perjudiciales para la salud.
Algunos vehículos utilitarios o SUVs de siete u ocho pasajeros con
motores de combustión, pero con asientos de fibra de bambú
orgánico, también pudieran caer en esta categoría.
Como vemos, el lavado verde se puede encontrar en muchos
productos actuales, algunos intencionales y otros no tan mal
intencionados, pero siempre confusos y graves. Algunos de los tipos
de greenwashing expuestos aquí pueden incluso ser información
falsa o fraudulenta y deberían regularse, pero, en otros casos, la línea
es muy delgada y difícil de probar.
En todo caso, la mejor solución está del lado del consumidor, ya que
con nuestras decisiones de consumo podemos desalentar estas
prácticas. Aun así, el lavado verde sigue siendo una tentación
demasiado fácil para algunas empresas enfocadas en un creciente
segmento de mercado interesado en productos más verdes o
responsables.
Este panorama demanda un aprendizaje constante para los
reguladores y los consumidores. Evaluar las afirmaciones de
sostenibilidad de cada producto y las distintas formas de
comunicarlo se vuelve una tarea compleja, pero al final del día vale la
pena hacer todo lo posible por mejorar la calidad y reducir el
impacto ambiental de los productos que se ofertan.
El autor es profesor de planta de EGADE Business School.
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