Subido por Yandhira Pari

Sencillas2

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CUANTO EXISTE TIENE SU ORIGEN EN LA RAÍZ DIVINA. EL TAO SURGE DIRECTAMENTE DE LA
FUENTE MISMA DE LA MORALIDAD.
La escritura dice:
«En el principio sólo existía el Caos. El Cielo y la Tierra formaban una masa confusa, en la que
el todo y la nada se entremezclaban como la suciedad en el agua. Por doquier reinaba una
espesa niebla que jamás logró ver ojo humano y a la que Pan-Ku consiguió dispersar con su
portentosa fuerza. Lo puro quedó entonces separado de lo impuro y apareció la suprema
bondad, que esparce sus bendiciones sobre toda criatura. Su mundo es el de la luz. Quien a él
se acerca descubre el camino que conduce al reino del bien. Mas el que quiera penetrar en el
secreto del principio de cuanto existe debe leer La crónica de los orígenes.»
1] En el principio creó Dios los cielos y la tierra. [2] La tierra era caos y confusión y oscuridad
por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. [3] Dijo Dios:
«Haya luz», y hubo luz. [4] Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad;
[5] y llamó Dios a la luz día, y a la oscuridad la llamó noche. Y atardeció y amaneció: día
primero.
[6] Dijo Dios: «Haya un firmamento por en medio de las aguas que las aparte unas de otras.»
[7] E hizo Dios el firmamento; y apartó las aguas de por debajo del firmamento, de las aguas de
por encima del firmamento. Y así fue. [8] Y llamó Dios al firmamento cielos. Y atardeció y
amaneció: día segundo. [9] Dijo Dios: «Acumúlense las aguas de por debajo del firmamento en
un solo conjunto, déjese ver lo seco»; y así fue. [10] Y llamó Dios a lo seco tierra, y al conjunto
de las aguas lo llamó mares; y vio Dios que estaba bien.
[11] Dijo Dios: «Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semillas, árboles frutales que
den fruto de su especie con su semilla dentro sobre la tierra.» Y así fue. [12] La tierra produjo
vegetación: hierbas que dan semilla, por sus especies, y árboles que dan fruto con la semilla
dentro, por sus especies; y vio Dios que estaban bien. [13] Y atardeció y amaneció: día tercero.
[14] Dijo Dios: «Haya luceros en el firmamento celeste para apartar el día de la noche, valgan
de señales para solemnidades días, años; [15] y valgan de luceros en el firmamento celeste
para alumbrar sobre la tierra.» Y así fue.
París, 14 de abril de 1846
Revisado el 28 de julio de 1846
Sicut nubes… quasi naves… velut umbra.
JOB
Como me es imposible prever el momento de mi fin, y a mis años los días concedidos a un
hombre no son sino días de gracia, o más bien de rigor, voy a explicarme.
El próximo 4 de septiembre, cumpliré setenta y ocho años: es hora ya de que abandone un
mundo que me abandona a mí y que no echo de menos.
Las Memorias, al frente de las cuales se leerá este prefacio, siguen, en sus divisiones, las
divisiones naturales de mis carreras.
La triste necesidad, que me ha tenido siempre con un pie sobre el cuello, me obliga a vender
mis Memorias. Nadie puede hacerse una idea de cuánto he sufrido por tener que hipotecar mi
tumba; pero me obligan a este postrer sacrificio mis juramentos y la coherencia de mi
conducta. Por un apego acaso pusilánime, consideraba estas Memorias como confidentes de
los que nunca hubiera querido separarme; mi intención era legárselas a madame de
Chateaubriand; ella las daría a conocer según su voluntad, o las destruiría, lo que hoy desearía
más que nunca.
I.— Acostumbran los historiadores ¡oh Sosio Seneción!, cuando en la descripción de los países
hay puntos de que no tienen conocimiento, suprimir éstos en la carta, poniendo en los últimos
extremos de ella esta advertencia: de aquí adelante no hay sino arenales faltos de agua y
silvestres, o pantanos impenetrables, o hielos como los de la Escitia, o un mar cuajado. Pues a
este modo, habiendo yo de escribir estas vidas comparadas, en las que se tocan tiempos a que
la atinada crítica y la historia no alcanzan, acerca de ellos me estará muy bien prevenir
igualmente: de aquí arriba no hay más que sucesos prodigiosos y trágicos, materia propia de
poetas y mitólogos, en la que no se encuentra certeza ni seguridad. Y habiendo escrito del
legislador Licurgo y del rey Numa, me parece que no será fuera de propósito subir hasta
Rómulo, pues que tanto nos acercamos a su tiempo; pero examinando, para decirlo con
Esquilo,
¿Quién tendrá compañía a esta lumbrera?
¿Con quién se le compara? ¿Quién le iguala?
he creído que el que ilustró a la brillante y celebrada Atenas podría muy bien compararse y
correr parejas con el fundador de la invicta y esclarecida Roma. Haré por que, purificado en mi
narración lo fabuloso, tome forma de historia; mas si hubiere alguna parte que
obstinadamente se resistiese a la probabilidad y no se prestase a hacer unión con lo verosímil,
necesitaremos en cuanto a ella de lectores benignos y que no desdeñen el estudio de las
antigüedades.
II.— Paréceme, pues, que Teseo hace juego con Rómulo por muchas notas de semejanza: por
ser uno y otro, de origen ilegítimo y oscuro, hubo fama de que eran hijos de dioses;
Invictos ambos: lo sabemos todos;
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