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LA-PREDICACIÓN-EXPOSITIVA-Pr.-Javier-Martínez

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LA PREDICACIÓN EXPOSITIVA
UN CURSO BÁSICO PARA PASTORES
Pr. Javier Martínez, Ecuador - 2018
CONTENIDO
PRESENTACIÓN .................................................................................................................................................... 5
INTRODUCCIÓN ................................................................................................................................................... 7
LA PREEMINENCIA DE LA PREDICACIÓN ............................................................................................... 10
LA NECESIDAD DE LA PREDICACIÓN BÍBLICA........................................................................................ 11
LA EXCELENCIA DE LA PREDICACIÓN EXPOSITIVA ............................................................................... 13
I.
LA PROFUNDIZACIÓN PARA EL SERMÓN ............................................................................................ 21
a.
b.
II.
1.
El principio gramatical ........................................................................................................ 23
2.
El principio contextual ........................................................................................................ 24
3.
El principio teológico........................................................................................................... 26
Exégesis esencial en vistas del sermón ....................................................................................... 28
A.
PASOS INICIALES PARA TODOS LOS GÉNEROS ............................................................... 31
B.
CONSIDERACIONES ESPECIALES PARA DIFERENTES GÉNEROS .................................... 41
C.
OTROS PASOS COMUNES A TODOS LOS GÉNEROS ....................................................... 63
LA PREPARACIÓN DEL SERMÓN ........................................................................................................... 69
a.
La hoja de preparación ................................................................................................................. 69
b.
El bosquejo del sermón ................................................................................................................ 72
c.
III.
Bases hermenéuticas fundamentales ......................................................................................... 21
1.
El Título ................................................................................................................................. 72
2.
El Texto ................................................................................................................................. 72
3.
La Introducción .................................................................................................................... 72
4.
La Proposición ...................................................................................................................... 73
5.
La Oración de Transición .................................................................................................... 73
6.
Los Puntos Principales ........................................................................................................ 73
7.
La Conclusión ....................................................................................................................... 74
El manuscrito para la predicación ............................................................................................... 75
LA PROCLAMACIÓN DEL SERMÓN........................................................................................................ 77
a.
El hombre que proclama la Palabra ............................................................................................ 78
1.
Cualidades Espirituales ....................................................................................................... 79
2.
Cualidades Personales ........................................................................................................ 81
3.
Cualidades Ministeriales..................................................................................................... 83
b.
El Espíritu que acompaña la predicación de la Palabra ............................................................ 85
c.
El público al que se predica la Palabra ...................................................................................... 102
PRESENTACIÓN
Todos estamos de acuerdo en que el llamado primordial del ministro del evangelio es predicar la
Palabra. Todos nuestros esfuerzos están enfocados a ese gran propósito, así lo describieron los mismos
apóstoles en los albores de la iglesia neotestamentaria:
“No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas… Y nosotros persistiremos
en la oración y en el ministerio de la palabra” (Hch 6.2, 4)
El hombre de Dios vive para predicar a los hombres desde el púlpito y en las casas, ocupa todo su tiempo
en esta noble tarea:
“Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo” (Hch 5.42;
cf. Hch 20.20)
En palabras de Pablo a Timoteo:
“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con
toda paciencia y doctrina” (2 Tim 4.2)
Así que hablar de la Predicación Expositiva implica abordar todo el ser y el quehacer del pastor. Es
inevitable, entonces, tocar asuntos como la vida del predicador, aunque este no es un curso de Teología
Pastoral; pero también es inevitable hablar de la esencia, la suficiencia y la necesidad de las Sagradas
Escrituras, aunque este no es un curso de Canónica o Bibliología; de la importancia de un conocimiento
acertado y profundo de la Biblia y su contenido, aunque este no es un curso de Teología Sistemática y
Teología Bíblica; de la necesidad de un estudio serio del Texto Sagrado, aunque este no es un curso de
exégesis y hermenéutica; de la urgencia de una presentación ordenada y pertinente, aunque este no
sea formalmente un curso de Homilética.
Es inevitable, repito acercarnos a todos estos asuntos, pero el norte que nos guiará es la presentación
de la Predicación Expositiva; es decir: Este curso es una introducción a la predicación bíblica. La
importancia de la predicación en el ministerio pastoral, su base bíblica y un análisis de los principios
envueltos en la preparación y presentación de un sermón.
Para cumplir nuestro propósito, en primer lugar, daremos una definición de Predicación Expositiva
mostrando inmediatamente su importancia para nuestro contexto actual. A continuación,
abordaremos la Predicación Expositiva como tal siguiendo su proceso natural desde el Texto hasta su
proclamación, que se da en tres momentos sucesivos y progresivos: La profundización del Texto, la
Preparación del Sermón y Su Proclamación.
Digamos, para cerrar esta breve presentación, que la Predicación Expositiva es sobre todo un Acto, de
manera que, nada logramos hablando muchas horas al respecto, si no practicamos. Esperamos, pues,
que quien asiste a este curso ponga en práctica estos conocimientos en la medida que los vaya
aprendiendo.
INTRODUCCIÓN
El profeta del siglo VIII a.C. proclamó con resuelta convicción:
“Si el león ruge, ¿quién no temerá? Si habla Jehová el Señor, ¿quién no profetizará?” (Am 3.8)
El apóstol del siglo I d.C., por su parte, dijo con el mismo convencimiento:
“Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (1 Cor 2.2)
Y,
“Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de
mí si no anunciare el evangelio!” (1 Cor 9.16)
Los dos están de acuerdo en su ineludible compromiso de proclamar la Palabra de Jehová. El Dios de la
Biblia habla, se comunica con los hombres, y lo hace primordialmente a través de hombres. Como dijera
Agustín de Hipona: “Por medio de hombres y al modo humano Dios nos habla, porque hablando así nos
busca”. En los tiempos bíblicos estos hombres hablaron “siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 P
1.21), dejándonos la Palabra de Dios por escrito: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para
enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Tim 3.16). de manera que tenemos
la “Palabra Profética más segura a la cual hacemos bien en estar atentos” (2 P 1.19).
En aquellas épocas, el profeta o el apóstol recibían directamente la Palabra de Dios para comunicarla
inmediatamente al pueblo, y la Revelación que Dios quiso legar a su pueblo de todos los tiempos fue
puesta por Escrito, porque nuestro Dios siempre se comunica con los hombres, aunque cambie sus
métodos:
“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los
profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por
quien asimismo hizo el universo” (Heb 1.1-2)
La Palabra definitiva de Dios fue su propio Hijo, el cual, a su vez, comisión a sus apóstoles para que
confirmaran su mensaje:
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“¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido
anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron” (Heb 2.3).
El gran apóstol Pablo consciente que la tarea apostólica llegaría a su fin y se completaría, preparó
hombres para que continuaran con la tarea de llevar la revelación de Dios al pueblo de Dios, pues
nuestro Dios habla, se comunica y nunca deja de hacerlo, aunque cambie sus métodos: “Así que, somos
embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre
de Cristo: Reconciliaos con Dios” (2 Cor 5.20); así que, comisiona a sus “discípulos” con la tarea de
predicar la Palabra:
“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su
manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye,
reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Tim 4.1-2)
De ahora en adelante, es decir, terminada la tarea apostólica, la Palabra de Dios va a ser comunicada
por medio de la predicación, hombres enseñando al pueblo de Dios la Palabra Escrita:
“Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. Lo que has oído de mí ante muchos
testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Tim 2.1-2)
Esto significa que es deber de la iglesia de cada siglo preparar hombres que sean fieles expositores de
la Palabra de Dios escrita; este es un encargo que ha venido siendo cumplido desde la época apostólica.
A diferencia de los profetas y los apóstoles que recibían una revelación directa de Dios, el predicador
expone la revelación escrita y definitiva; pero a semejanza de aquellos, este debe comunicar fielmente
el mensaje sin ningún tipo de alteración.
Podemos entender entonces, que la diferencia radica en que el profeta recibía el mensaje directamente
de la “boca de Dios”, mientras que el predicador lo recibe mediado por la Escritura. El profeta era
literalmente la “boca de Dios”; el predicador, por su parte, dispone su boca para proclamar la Palabra
de Dios. En últimas, la autoridad del profeta era directa, descansaba en su propia persona y dignidad
como portavoz de Dios; en cambio, el predicador tiene una autoridad indirecta, que descansa en la
fidelidad con que transmita el mensaje. Por eso el apóstol advierte:
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“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que
introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo
sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el
camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras
fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (2
P 2.1-3)
Y,
“Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues
hasta su mente y su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo
niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra. Pero tú habla lo que
está de acuerdo con la sana doctrina” (Tit 1.15-2.1)
Por lo tanto, la mayor responsabilidad del predicador es ser fiel al mensaje de la Escritura, su gran virtud
consiste en sacar a luz lo que está allí en el texto, y en ninguna medida “innovar” o imponerle sus
pensamientos. No le puede añadir, pero tampoco quitar. Claro, esto supone una ardua labor por lo
menos por dos razones. Primero, por la distancia que hay entre el Texto Bíblico y nosotros; segundo,
porque el predicador debe anunciar el mensaje de Dios al pueblo de Dios hoy. Así las cosas, el
predicador es un mediador, un puente, entre el mensaje Bíblico y el mundo de hoy. Debe tomar el Texto
y traerlo a nuestros días, de una manera que penetre en el corazón de los oyentes, pues: “la fe viene
por el oír, y el oír por la Palabra de Dios” (Rom 10.17) y “que si confesares con tu boca que Jesús es el
Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (v. 9).
Podemos, entonces, definir la Predicación Expositiva, como la labor del predicador por llevar el corazón
del texto al corazón de los oyentes. Comenzamos en el Texto y terminamos en el corazón del oyente.
El medio es la persona del predicador.
Esto nos lleva a meditar sobre tres asuntos con respecto a la Predicación como el medio que Dios eligió
para salvar a los pecadores.
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LA PREEMINENCIA DE LA PREDICACIÓN
Preeminencia significa preferencia, con lo cual tenemos en mente a Dios mismo; es decir, fue Él quien
le dio un lugar de preferencia a la predicación como medio para la salvación y la santificación de su
pueblo. Esta es la firme convicción del apóstol Pablo:
“Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios
salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Cor 1.21)
La palabra “predicación”, en griego κήρυγμα, es usada en el Nuevo Testamento exclusivamente para
referirse a la proclamación de la Palabra de Dios en el poder del Espíritu Santo (cf. 1 Cor 1.23; 2.1-5).
Fuera del Nuevo Testamento se usaba para señalar proclamaciones de una corte o un decreto oficial;
es decir, un anuncio autoritativo no por quien lo proclamaba, sino por quien lo enviaba.
Pablo deja en claro que el medio exclusivo que Dios escogió para salvar a los creyentes es la predicación.
No que la predicación sea un medio; más bien, que la predicación es el medio que Dios ordenó. Esto,
por supuesto, va en contra de la practica promedio en los púlpitos de nuestros días, los cuales están
llenos de presentaciones musicales o teatrales, grandes despliegues multimedia, famosos oradores o
motivadores, etc., todo bajo el pretexto de ser relevantes al mundo moderno. La falacia de este
argumento se cae por su propio peso, pero sobre todo ante el contexto en el que Pablo pronunció estas
palabras.
El contexto histórico de estas palabras lo encontramos en Hechos 18.1:
“Después de estas cosas, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto”
Después de su frustrante (por decir algo) experiencia ante los retóricos griegos en Atenas (cf. Hch 17.1634), el apóstol concluyó que la predicación no debe ser “con excelencia de palabras o de sabiduría… con
palabras persuasivas de humana sabiduría” para que la fe de los creyentes no esté “fundada en la
sabiduría de los hombres” (1 Cor 2.1-5). Una obvia referencia a la oratoria de los filósofos que llenaban
las calles y las plazas de Atenas. La tentación para el apóstol debió ser fuerte; es decir, la tentación de
usar aquellos métodos de comunicación probados y certificados por los eruditos de su tiempo; más
ante el hecho que solamente “algunos creyeron” en Atenas (Hch 17.31) y la mayoría “se burlaban” (v.
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32). El orgullo del apóstol debió ser fuertemente golpeado, pues, además, fue considerado por aquellos
“sabios” como un simple “palabrero” (v. 18). ¿Cuál fue la firme resolución de Pablo ante tal “fracaso”?
Él lo dice: “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado”
(1 Cor 2.2).
Para el mundo el acto de la predicación es locura, y es que si lo pensamos bien es muy extraño que un
hombre se pare delante de otros hombres, tal vez más entendidos y preparados que él, y demande
atención y obediencia a lo que proclama, prometiendo y amenazando, exhortando y consolando,
rogando y demando, todo en nombre de Dios. Quizá, podríamos pensar, sería más eficaz si un ángel del
cielo se presentara y proclamara el mensaje de Dios. ¡Pero no es así! Dios quiso, o mejor le agradó,
salvar a los creyentes por la locura de la predicación; pues, precisamente, por eso mismo son creyentes.
Así la fe de los que escuchan es probada, ya que aprenden a respetar la Palabra de Dios por lo que es,
Palabra de Dios, y no por quien la proclame, un simple vaso de barro (cf. 2 Cor 4.7).
LA NECESIDAD DE LA PREDICACIÓN BÍBLICA
Tal necesidad está ligada a lo dicho anteriormente, pero también al hecho que la Predicación, al
proclamar la Palabra de Dios, es el único medio por el cual el pueblo puede conocer la voluntad de Dios.
Nuestro texto dice que Dios salva a los creyentes por la locura de la predicación. Pero notemos bien
que Pablo contrasta la Predicación con la sabiduría humana (cf. 1 Cor 2.6), lo cual nos hace pensar que
la Predicación que salva es aquella que se sujeta al mensaje de Dios en contraposición de la sabiduría
mundana. ¿Cómo piensan los hombres que pueden ser salvos? En ese contexto, Pablo dice que “los
judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría” (1 Cor 1.22) y más adelante afirma que “el hombre
natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede
entender, porque se han de discernir espiritualmente” (2.14). La sabiduría de Dios es insensatés para los
que no son salvos, porque predica a Cristo crucificado; pero para los que creen allí se revela el poder
de Dios (1.18).
El profeta proclamó que los pensamientos de Dios están muy por encima de los pensamientos de los
hombres (Is 55.9), pues los pensamientos de los hombres son totalmente contrarios a la mente de Dios.
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El hombre natural piensa en las cosas de la carne (Rom 8.5), y no puede entender la ley de Dios, ni
puede sujetarse a ella (v. 7), todo esto lo lleva directo a la muerte (v. 6).
La predicación cristiana proclama lo que el hombre necesita escuchar y no lo que desea, aunque esto
le parezca una locura. El predicador lo hace de esta forma, porque sabe que sólo así puede llegar la
salvación a los oyentes. El hombre caído necesita oír la Palabra de Dios, la Palabra de la cruz porque “el
evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Rom 1.16).
Unido a esto, tenemos el hecho que la Palabra de Dios es el único medio de crecimiento espiritual; es
decir, la proclamación de la Palabra no sólo es necesaria para la salvación, sino también para el
crecimiento en la fe. Esto, precisamente, es lo que afirma la CFB1689 en su capítulo 1, párrafo 6:
“Todo el consejo de Dios tocante a todas las cosas necesarias para su propia gloria, la salvación del
hombre, la fe y la vida, está expresamente expuesto o necesariamente contenido en las Sagradas
Escrituras”
Siendo así, entonces la Predicación de la Palabra Escrita (Bíblica) no es un lujo del cual podamos o
debamos prescindir; más bien, es el centro mismo del ministerio cristiano. El mismo Isaías nos dice
resueltamente:
“así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será
prosperada en aquello para que la envié” (Is 55.11)
Con lo cual el apóstol está de acuerdo:
“Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación,
santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor” (1 Cor 1.30-1)
Y,
“Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre,
Son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu;
porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Cor 2.9-10)
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Notemos, además, la conexión que hay entre la Palabra y el Espíritu. El Espíritu le da vida a la Palabra
Escrita que es predicada, por eso, precisamente, Pablo le llama a la Palabra de Dios la espada del Espíritu
(Ef 6.17; cf. Heb 4.12). Esto quiere decir que una predicación eficaz es aquella que es acompañada por
el Espíritu Santo de Dios (cf. Hch 2.5-13; 4.8; 7.55; 11.24; 13.9); pero también que el Espíritu sólo va a
actuar cuando la Palabra sea proclamada fielmente.
Por supuesto, lo que finalmente está en el trasfondo de esta necesidad de la Proclamación de la Palabra
es la propia suficiencia de las Escrituras. El profeta Jeremías lo explicó de una forma gráfica insuperable
y poderosa cuando dijo:
“¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?” (Jer 23.29)
La Palabra de Dios es suficiente, poderosa, eficaz, para cumplir el propósito divino con su pueblo.
Abandonar la Predicación de la Palabra o restarle importancia dejándola en un segundo lugar, es simple
incredulidad. La iglesia y el predicador que están firmemente convencidos de la suficiencia de la
Escritura, predicarán la Palabra y no querrán saber de otra cosa además del Cristo crucificado. Por esta
razón, Pablo le dijo a su sucesor Timoteo:
“Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde
la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe
que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para
corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado
para toda buena obra” (2 Tim 3.14-17)
LA EXCELENCIA DE LA PREDICACIÓN EXPOSITIVA
Esto último nos lleva a afirmar que la eficacia de la Predicación está proporcionalmente ligada a la
pureza con la que sea entregada la Palabra de Dios. Pablo dijo a los corintios que se propuso “no saber
entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (1 Cor 2.2); con lo cual quiere decir
que su predicación fue entregada sin ninguna alteración. No es simplemente que renunció a la sabiduría
mundana, prefiriendo la proclamación de la Palabra; es, sobre todo, que resolvió no hacer una mezcla
entre las dos, porque una mezcla sería tan fatal o aún peor que no predicar. Al respecto, el apóstol
Pedro afirma lo siguiente:
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“Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead,
como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,
si es que habéis gustado la benignidad del Señor”
Siempre vamos a tener la tendencia de imponer nuestros pensamientos al Texto Bíblico, por lo cual
debemos luchar firmemente para que nuestra Predicación sea lo más pura posible y no una mezcla
entre nuestros pensamientos y los pensamientos de Dios. Probablemente, esta era una de las razones
por las que Pablo se sintió tan amedrentado cuando estuvo entre los corintios (recordemos, además,
que corinto era un centro de erudición griega):
“Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue
con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que
vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Cor 2.3-5)
Es decir, presiones de dentro y presiones de fuera van a querer empujar al predicador para que no
presente puro el mensaje de la cruz. El orgullo, la autosuficiencia, la incredulidad serán factores internos
con los que debe luchar el predicador; los aplausos o la desaprobación, los métodos mundanos, el deseo
de crecimiento y de relevancia en nuestro contexto, serán los factores externos con los que el
predicador tendrá que luchar.
Siendo así, tanto el proceso como la proclamación del sermón deben seguir procedimientos rigurosos
para que la predicación sea una entrega fiel del mensaje que Dios quiere comunicar. El proceso tiene
en vista el contenido del sermón, y la predicación implica la forma como se entrega el mensaje. El
predicador debe ser fiel a Dios tanto en el contenido como en la forma de la predicación. Dios ha
establecido tanto lo uno como lo otro.
El único medio que garantiza un contenido fiel es el estudio serio de las Sagradas Escrituras a través del
método de interpretación que ha sido llamado histórico-gramatical-teológico. Y los factores esenciales
para ser fieles en la forma como entregamos el mensaje es, además de la estructura lógica del sermón,
la santidad personal del predicador, el poder del Espíritu en la proclamación y el conocimiento acertado
de las circunstancias de sus oyentes. Todos esos factores hacen parte de lo que llamamos Predicación
Expositiva, y son la razón de la excelencia de esta.
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Cada uno de los factores mencionados anteriormente serán analizados durante este curso bajo los tres
tópicos ya indicados: La profundización para el sermón (contenido); la preparación del sermón
(contenido-forma); y, la proclamación del sermón (forma). Por ahora, lo que queremos dejar bien
establecido es que, aunque hay diferentes métodos de predicación, la Predicación Expositiva sobresale
por su rigurosidad y fidelidad.
Ya definimos la Predicación Expositiva como la labor del predicador por llevar el corazón del texto al
corazón de los oyentes, lo cual implica un gran esfuerzo por encontrar el sentido correcto de la
Escritura, pero también por comunicarlo de una manera fiel y contundente. En esencia, entonces, lo
que se busca en la Predicación Expositiva es comunicar el sentido original del Texto, qué dijo el autor y
cómo fue entendido por sus receptores iniciales, para que nuestros oyentes pueden discernir el
mensaje de Dios para ellos.
Es muy común hoy en día aquellas predicaciones que, en el afán de ser relevantes para la audiencia
moderna, sacan el Texto Bíblico de su contexto, haciéndole decir a los autores bíblicos lo que nunca
pretendieron. Son predicaciones sumamente moralizantes, pragmáticas o emocionales. Lo que interesa
a estos predicadores es el hoy, y no el ayer; es decir, contar una historia que suene relevante al hombre
moderno, y no enseñarle al hombre moderno lo que la Palabra de Dios significa.
Claro, también aquí la pereza y el inmediatismo moderno proveen su cuota descontextualizante. Hay
un afán en el predicador moderno por encontrar fácilmente un mensaje “poderoso” para su
congregación; pero, la verdad del caso, como alguien dijo, es que Dios no revela los secretos de su
Palabra a los perezosos.
Insisto, el proceso (notemos la palabra “proceso”) por el cual llegamos a entender el sentido original
del Texto es arduo y extenuante, es el camino largo y no hay atajos para ello. También, las capacidades
y cualidades necesarias para una comunicación eficaz y pertinente del mensaje de Dios son más bien
dones raros, que no pueden ser producidos por artimañas humanas; son dones que Dios da, cuándo,
dónde y a quién quiere.
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¡Abrumador! ¿Cierto? Pero esas son las demandas divinas para el predicador. No por nada, Pablo llegó
a Corinto “con debilidad, y mucho temor y temblor” (1 Cor 2.3). La misma consciencia de estar delante
de Dios cuando proclamaba la Palabra, le producía ese santo temor:
“Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad,
como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo” (2 Cor 2.17)
Pablo estaba convencido que su labor era simplemente ser fiel en la entrega del mensaje, y que los
resultados eran un asunto de la soberanía divina:
“Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros
manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los
que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor
de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?” (2 Cor 2.14-16)
Esto mismo fue lo que indicó a su amado hijo Timoteo:
“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su
manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye,
reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Tim 4.1-2)
Entonces, la Predicación Expositiva implica un proceso riguroso con el único fin de comunicar fielmente
el significado del Texto Bíblico y sus implicaciones para nuestra audiencia. Es, finalmente, “predicar el
Texto en su contexto a nuestro contexto”. Esto va muy en contra de la costumbre moderna de buscar
un texto para el domingo de acuerdo con la necesidad del momento. En ese afán, auspiciado por la
pereza, leemos un texto de la Escritura, sacamos una aplicación (casi siempre una conclusión a priori),
lo predicamos y esperamos que Dios bendiga nuestra mediocridad. Notemos que aquí lo que
simplemente sucedió fue que sacamos un texto de su contexto.
En este punto es importante aclarar algunos malentendidos que surgen cuando hablamos de
Predicación Expositiva:
-
Pensar que Predicación Expositiva es necesariamente predicar sermones consecutivos de un
libro de la Biblia o predicar un libro versículo por versículo.
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Por supuesto, la gran ventaja de predicar libros completos de la Biblia es que nos mantiene en
el hilo de pensamiento del autor, garantizando así que leamos cada texto en su propio contexto.
Pero, la realidad del caso es que hay quienes predican consecutivamente un libro de la Biblia,
pero sin atender al hilo de pensamiento del autor. El sermón, aunque sea el siguiente versículo
del que se predicó el domingo anterior, se desconecta. Es común escuchar “series de libros de
la Biblia” donde cada sermón habla de un “tema” que no tiene conexión con lo anterior.
Esto nos alerta a que puedo predicar un libro de la Biblia domingo tras domingo
descontextualizando cada texto. La esencial de la Predicación Expositiva es garantizar que
predicamos cada Texto en su propio contexto.
-
Pensar que Predicación Expositiva es lo contrario a la predicación Temática o que la Predicación
Temática (o alguna semejante, por ejemplo, biográfica) debería ser erradicada de los púlpitos.
El asunto, como acabamos de afirmar, es predicar cada Texto atendiendo a su contexto, que es
literario, histórico, social, cultural, personal, etc. Por supuesto, esto no erradica la predicación
temática, de otra manera, ¿por qué en nuestras iglesias “exponemos” continuamente la
Confesión de Fe? ¿Acaso, no es eso predicación temática o doctrinal?
El cuidado que debemos tener aquí, como también cuando estoy predicando consecutivamente
de un libro, es que cada Texto que use sea entendido en su propio contexto.
Claro, hay mayor peligro de descontextualizar cuando sólo predicamos temáticamente, pues
aquí la tentación de “echar el agua para mi finca” va a ser mayor. Voy a querer sumar mucha
evidencia bíblica para convencer a mi audiencia de mi tema, y, en ese afán, corro un riesgo
grande de hacer decir a algún texto lo que me conviene que diga. Además, como tenemos la
idea arraigada de la democracia que llevamos incluso al área de la predicación, pensamos que
un asunto teológico se resuelve “por la mayoría de los textos”; entonces, usamos muchos versos
como evidencia de mi asunto, y no tengo tiempo para examinar cada uno de ellos a la luz de su
propio contexto.
-
Pensar que La buena Predicación Expositiva es aquella que se demora mucho en un libro de la
Biblia.
¡Definitivamente, no! La buena Predicación Expositiva es la que es fiel al Texto y punto. En ese
sentido, el predicador puede predicar un verso, incluso demorarse varios domingos en un verso;
pero también debe tener la capacidad de predicar una idea completa (2 versos, tal vez 4), incluso
un párrafo completo, y un libro completo en un solo sermón; aún, un buen predicador debe
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poder predicar toda la Biblia en un solo sermón, es decir, el mensaje esencial de la Biblia (¿acaso
eso no fue lo que hizo Esteban en Hechos 7?). El punto, insisto, es predicar fielmente el texto,
no importa el tamaño de este.
Entonces, ¿cuáles son los beneficios de la Predicación Expositiva?
1. Fidelidad al Texto Bíblico
2. Formación continua del predicador
3. Fortalecimiento de la congregación
Finalicemos diciendo que la Predicación Expositiva también debe ser Teológica y Experimental. Son dos
aspectos que no podemos dejar de lado y, aunque van a ser mencionados más adelante, es importante
entender que son parte de la esencia de la Predicación Expositiva.
Con respecto a la importancia de la Teología en la predicación, John Stott dijo:
“En un mundo que parece estar dispuesto a escuchar o que es incapaz de hacerlo, ¿cómo podríamos
persuadirnos de seguir predicando, y aprender a hacerlo con efectividad? El secreto esencial no es
dominar ciertas técnicas sino ser dominado por ciertas convicciones. En otras palabras, la teología es
más importante que la metodología. Con esta declaración tan contundente, no estoy despreciando la
homilética como tema de estudio en los seminarios, sino que sostengo que la homilética pertenece
propiamente al departamento de teología práctica y que no puede ser enseñada sin una sólida base
teológica. Indudablemente, hay principios de predicación que deben aprenderse y una práctica que
debe desarrollarse, pero lo más fácil es que pusiéramos demasiada confianza en estos. La técnica sólo
nos puede hacer oradores; si queremos ser predicadores, necesitamos teología. Si nuestra teología es
correcta, tenemos todos los conocimientos básicos que necesitamos para hacer lo que debemos, y los
incentivos necesarios para inducirnos a hacerlo fielmente”1.
1
Stott, John, Predicación, Puente entre dos mundos. Libros desafío, Gand Rapids, MI, 2000. Pgs. 87-88.
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El predicador viene de parte de Dios a los hombres haciendo una sola demanda, la obediencia a la fe
(Rom 1.6; 16.26; cf. Hch 6.7). Su único propósito es “restaurar el trono y el dominio de Dios en las almas
de los hombres”2. Para esto debe predicar “todo el consejo de Dios” (cf. Hch 20.27), todo el tiempo (cf.
2 Tim 4.2) a todo hombre (cf. Col 1.28). Es una predicación teológica, además, porque fluye de la propia
Trinidad. Fue predestinada y ordenada por el Padre (1 Cor 2.6-8), su contenido es la obra del Hijo (1 Cor
2.1) y entregada en el poder del Espíritu Santo (1 Cor 2.3-5)3. En últimas, es teológica porque “ante
todo, se preocupa del sumo solus de las Reforma: Soli Deo gloria: ‘solo a Dios la gloria’”4.
La predicación experimental, por su parte, se refiere a una predicación que, bajo el poder del Espíritu
Santo, transforma la vida del predicador y de sus oyentes. Joel Beeke (citado por Brian Borgman), define
la predicación experimental como:
“Aquella que se refiere a los aspectos vitales de la experiencia cristiana. Es una predicación que recalca
la necesidad de conocer la verdad de Dios por experiencia propia. Es una predicación discriminadora,
que define las diferencias entre cristianos y no cristianos, recalcando las promesas del perdón y la vida
eterna para aquellos que creen, y las promesas de la ira y juicio para los inconversos. Presenta a Cristo
como Aquel que salva a los pecadores y que debe experimentarse de forma personal. Es una
predicación para aplicar, que procura referir la verdad de la Palabra de Dios a todos los aspectos de la
vida. El objetivo de la predicación experimental es promover una religión que sea poder y no un mero
formalismo (cf. 2 Tim 3.5). La predicación experimental trata la salvación y la condenación con ahínco.
Exalta la gloria de Dios y pinta los horrores de la separación. Enseña las marcas y los frutos de la gracia,
y expone a los falsos maestros”5.
Entonces, la Predicación Expositiva no es una presentación árida y desanimada de verdades eternas;
más bien, es, como bien la definió Lloyd-Jones “verdad en llamas”.
2
Mather, Cotton, Student and Preacher, or Directions for a Candidate of the Ministry. Citado por Piper, John, en La
Supremacía de Dios en la Predicación. Publicaciones Faro de Gracia, Graham, NC, 2004. Pg. 26.
3
Lawson, Steve dedica todo su libro La Predicación que Dios Bendice a este asunto (Poiema Publicaciones, Colombia,
2017).
4
Borgman, Brian, Mi corazón por tu casusa, la teología de la predicación de Albert N. Martin. Publicaciones Aquila, North
Bergen, NJ, 2008. Pg. 170.
5
Beeke, Joel, Reformed Experiential Preaching – Apuntes de clase, Seminario Teológico de Westminster en California.
Citado por Borgman, Brian, Mi corazón por tu casusa, la teología de la predicación de Albert N. Martin. Publicaciones
Aquila, North Bergen, NJ, 2008. Pgs. 171-172.
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La Predicación Expositiva
I.
LA PROFUNDIZACIÓN PARA EL SERMÓN
La predicación, como ya dijimos, consta de contenido y forma. En cuanto al contenido, implica
principios y práctica, a lo primero llamamos hermenéutica y a lo segundo exégesis. En cuanto a la forma,
implica buena comunicación, que llamamos homilética. El orden natural, entonces, es ir de la
hermenéutica a la exégesis y de la exégesis a la homilética:
“No entender esta relación hermenéutica-exégesis-homilética puede llevarnos por caminos
equivocados que producen grandes males. Por ejemplo, cuando llevamos la exégesis tal cual al púlpito
o cuando aplicamos la hermeútica sin hacer exégesis del texto, o cuando se da mayor prioridad a la
homilética que a la exégesis. Podemos pensar en la relación entre estas tres como la relación que existe
entre el esqueleto, la carne y la piel en el cuerpo humano. El esqueleto de la interpretación bíblica es
la hermenéutica, que le da consistencia al ejercicio de estudiar la Palabra de Dios. La carne es la
exégesis, que provee un contenido firme y el alimento grueso del sermón. La piel es la homilética que
nos enseña a presentar estar verdades maravillosas de una manera que sea clara, directa y pertinente
para nuestros oyentes”6.
Vamos, entonces, a enumerar las normas básicas para la interpretación bíblica, y luego, presentaremos
una exégesis abreviada para el Sermón en este numeral, y en los numerales II y III desarrollaremos los
asuntos homiléticos7.
a. Bases hermenéuticas fundamentales
El punto de partida de la hermenéutica, que tiene en vista la Predicación Expositiva, está bien descrito
en la CFB1689, Capítulo 1, párrafo 9:
“La regla infalible de interpretación de las Escrituras la constituyen las propias Escrituras; y, por
consiguiente, cuando surge una duda respecto al verdadero y pleno sentido de cualquier pasaje bíblico
(que no es múltiple, sino único), este se debe buscar en otros pasajes que se expresen con más claridad”
6
Martínez, Javier, Curso práctico de Hermenéutica, dictado en el Seminario Reformado Latinoamericano, Medellín, 2016.
No es este el espacio para enumerar todos los principios de interpretación bíblica con sus correspondientes
implicaciones y pormenores, lo cual hace parte de un curso completo de hermenéutica; por lo tanto, aquí daremos los
esencial en vista de nuestro propósito. Lo mismo podemos decir con relación a la exégesis.
7
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Pr. Javier Martínez
Luis Berkhof, hablando de la analogía de la fe, dice:
“Cuando los Padres de la Iglesia Primitiva hablaban de la analogía de la fe (analogia o regula fidei), se
referían a los principios generales de la fe, de los cuales nos ofrecieron varios resúmenes. Con el
transcurso del tiempo, el nombre fue aplicado a los credos aceptados por la Iglesia, como, por ejemplo,
el Credo de Nicea. La Iglesia Católica Romana hasta llegó a honrar a la tradición como regla de fe. Pero
esto constituye un uso erróneo del término. Es totalmente ridículo otorgarles a las confesiones de la
Iglesia la dignidad de regulae veritatis, pues esto equivale a colocar como criterio o comprobación de
la verdad de la Escritura a algo derivado de ella. La analogía de la fe, correctamente entendida, se halla
en la misma Biblia”8
Por supuesto, esto presupone la autoridad que tiene la Palabra de Dios al ser Inspirada por Dios (2 Tim
3.16). La Biblia es el único libro de Dios, el único libro que Dios acompañó con la inspiración del Espíritu
Santo (2 P 1.21). Esta inspiración divina reviste a la Escritura con varias excelencias que nos empujan a
estudiarla con reverencia y seriedad, tales como su suficiencia, pertinencia, perspicuidad, autoridad:
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta
partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones
del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas
están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Heb 4.12-13)
Sin embargo, también debemos ser conscientes que la Inspiración Bíblica no anuló la personalidad de
los escritores. Los “santos hombres de Dios” escribieron siendo inspirados, pero todavía siendo
hombres. Ellos escribieron en su propio idioma, inmersos es su propio contexto, y para responder a
situaciones particulares de los creyentes de sus días.
Resumiendo, cada libro de la Biblia tuvo un origen particular, tanto divino como humano. Su origen
humano connota un idioma y unas circunstancias particulares que lo trajeron a luz. Su origen divino,
significa que todo Texto de la Escritura hace parte de una unidad mayor, toda la Escritura, pues, aunque
la Biblia tiene varios escritores, no obstante, hubo un solo autor, el Espíritu Santo.
8
BERKHOF, LOUIS, Principios de interpretación bíblica. Libros Desafío, Grand Rapids, Michigan, 2005. Pg. 151.
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La Predicación Expositiva
Esta percepción particular de la Escritura, derivada de lo que la Biblia misma nos dice de ella, da origen
a las tres reglas básicas hermenéuticas, que son: La Gramática, El Contexto, La Teología. Describamos
brevemente cada una de ellas, y luego veremos cómo funcionan en el estudio de un pasaje bíblico en
la exégesis.
1. El principio gramatical
Es lamentable el abandono actual del estudio del idioma, tanto el nuestro como las lenguas bíblicas.
Hoy en día se piensa que el dominio de la gramática es opcional para los pastores (¿cuántas
instituciones teológicas ofrecen un curso de gramática?), y ni se habla ya acerca del hebreo y el griego.
Para algunos parece suficiente con leer un buen comentario exegético, no percibiendo que al hacer
esto, es decir, leer un comentario sin haber hecho el análisis personal del texto, somos simplemente
esclavos de lo que otro dijo o dice acerca de la Escritura. El gran mal que cosechamos es que sabemos
mucho acerca de lo que otros dicen de las Escrituras, pero no sabemos lo que ellas dicen en realidad.
El resultado para el púlpito es que le damos a nuestros oyentes una información de tercera mano, que
ellos disciernen (aunque a veces pensemos que son tontos y los podemos engañar) como ajena y
despersonalizada.
Aquí no hay atajo, el pastor debe aprender las normas elementales de la gramática, recordar qué es un
sustantivo y en qué se diferencia de un adjetivo, volver a repasar la estructura básica de la oración, qué
es un sujeto y qué tipos de complementos tienen los verbos, etc. Sin embargo, con los avances
modernos, hoy más que nunca están al alcance del pastor buenas herramientas electrónicas que
facilitan el estudio, aunque no reemplacen el conocimiento y análisis de la gramática.
Nadie pudo expresar esta verdad con mayor autoridad y claridad que el mismo Lutero:
“Sin idiomas no pudiéramos haber recibido el evangelio. Los idiomas son la funda que contiene la
espada del Espíritu; son el joyero que contiene las inestimables joyas del pensamiento antiguo; son el
recipiente que contiene el vino; y como dice el evangelio: Son las cestas en que se guardan los panes y
el pescado para alimentar a las multitudes. Si descuidamos la literatura, terminaremos por perder el
evangelio… Tan pronto el hombre dejó de cultivar los idiomas, decayó el cristianismo hasta caer bajo el
absoluto dominio del papa. Pero tan pronto esta antorcha se volvió a encender, esta “ave papal”
levantó vuelo con un grito para caer en el olvido… En tiempos antiguos, los padres se equivocaban
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Pr. Javier Martínez
frecuentemente porque no conocían los idiomas y en nuestros días hay algunas personas que, al igual
que los waldenses, no creen que los idiomas tengan utilidad alguna. Sin embargo, aunque su doctrina
es buena, a menudo han errado con respecto al verdadero significado de los textos sagrados. No tienen
armas para combatir el error y sienten gran temor de que su fe no permanezca pura”.
En otra ocasión escribió:
“Es un pecado y una vergüenza no conocer nuestro propio libro, o no comprender el discurso y las
palabras de nuestro Dios; es un pecado y una pérdida mayor aún que no estudiemos los idiomas
originales, en especial en estos días, en los cuales Dios nos está ofreciendo y dando hombres y libros, y
todas las facilidades y los atractivos para realizar este estudio, y su anhelo es que la Biblia sea un libro
abierto. ¡Cuán felices habrían estado nuestros amados padres, si hubieran tenido la oportunidad que
tenemos nosotros para estudiar los idiomas, y acercarse así preparados a las Santas Escrituras! ¡Qué
gran trabajo y esfuerzo el que les costó a ellos reunir unas cuantas migajas, mientras nosotros, con la
mitad del trabajo, sí, casi sin trabajo alguno, podemos conseguir la hogaza entera! ¡Cuánto deberían
avergonzar sus esfuerzos a nuestra indolencia!”
¿Cuáles son los aspectos fundamentales en el análisis gramatical de un texto? Cuatro:
a. La investigación del significado de las palabras
b. La aplicación del significado de las palabras en contextos específicos
c. El análisis de las oraciones gramaticales
d. El análisis de la estructura del párrafo
2. El principio contextual
Aquí más que en otro asunto es verdadera aquella máxima popular: “Un texto fuera de contexto es un
pretexto”; y, aunque está verdad es por todos conocida, es increíble cuánto se viola en la interpretación
bíblica.
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La Predicación Expositiva
Cuando hablamos de contexto, nos referimos a todo lo que está alrededor del texto, principalmente,
todo lo que rodeó la producción de este. La advertencia fundamental aquí es que tal información
contextual debe ser encontrada primero en el propio texto de la Escritura, el que estudiamos y los otros
pasajes que aporten alguna información de valor. La recomendación es básica, pero requiere diligencia:
hay que leer, leer y leer.
Leer varias veces el texto en estudio, y leer varias veces el contexto literario que lo rodea, es decir, los
versos o capítulos anteriores y posteriores. Leer lo textos paralelos, tanto históricos como literarios. Y
hacer de la lectura bíblica un hábito y disciplina indispensable. Un pastor debe leer su Biblia por lo
menos dos veces al año.
Cuando tenemos toda la información contextual que la misma Biblia nos brinda, ahora sí es el momento
de acudir a herramientas especializadas tales como Atlas bíblicos, Diccionarios bíblicos, Manuales
bíblicos e Introducciones bíblicas (generales y especiales). Allí encontraremos alguna información
adicional, pero también confirmaremos lo que ya hallamos por nosotros mismos.
¿Cuáles son las diversas informaciones de contexto que debemos tener en cuenta cuando estudiamos
un pasaje?
a. Quién es el autor y cuáles sus circunstancias de vida
b. Quiénes son los destinatarios y cuáles sus circunstancias de vida
c. Cuáles son las circunstancias particulares que dieron origen a nuestro texto
d. Qué motivos contextuales son mencionados en nuestro pasaje que deben ser
investigados:
-
Asuntos sociales
-
Asuntos culturales
-
Asuntos históricos
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Pr. Javier Martínez
-
Asuntos geográficos
-
Asuntos Políticos
-
Asuntos religiosos
-
Asuntos lingüísticos
e. Qué propósito tenía el autor al escribir el libro en el que se encuentra nuestro
texto y qué papel juega en ese propósito
f. Cuál es el género literario de nuestro pasaje y qué figuras del lenguaje usa
3. El principio teológico
Si bien el contexto inmediato de un texto es su propio contexto, debemos ser conscientes que todo
texto tiene un contexto literario más amplio. En primer lugar, tenemos el contexto del propio libro del
que hace parte, por eso en el numeral e. del punto anterior preguntamos acerca del propósito del libro
y cómo nuestro pasaje aporta a ese propósito. Lo que tenemos en cuenta aquí es que todo escritor
escribe con propósitos definidos y cada parte de su escrito tiene un papel importante para ese fin. Así
que, podemos decir que el contexto más amplio de un texto es el versículo 1 del capítulo 1 de su libro.
Pero, en segundo lugar, cada libro de la Biblia hace parte de una unidad mayor, que es la Biblia como
una sola historia. “Ya que Dios es el autor de la Biblia, entonces podemos discernir en ella una unidad
increíble, que es, quizá, la mayor demostración de la procedencia celestial del Libro Sagrado. En medio
de tanta diversidad de autores, contextos, literatura, es sorprendente la unidad que revela la Biblia. Esa
unidad está presente porque una sola mente estuvo detrás de ella, el Espíritu Santo”9.
9
Martínez, J. Op. Cit.
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La Predicación Expositiva
Aquí, juegan un papel importantísimo tanto la Teología Sistemática como la Teología Bíblica, pues las
dos abordan la unidad bíblica desde perspectivas diferentes. La Teología Sistemática ve la unidad bíblica
desde arriba, es decir, mirando toda la revelación bíblica en búsqueda de conceptos semejantes que se
encuentran regados por aquí y por allí. El resultado de la Teología Sistemática, como su nombre lo dice,
es sistematizar el contenido bíblico en las diferentes doctrinas. La Teología Bíblica ve la unidad bíblica
desde dentro, es transversal, es decir, atraviesa toda la revelación en orden histórico para percibir su
desarrollo. Tiene en mente todos aquellos grandes temas bíblicos que atraviesan toda la Revelación,
comenzando en Génesis y terminando en Apocalipsis, alcanzando su cumplimiento y plenitud en la
persona de Cristo.
Entonces, el asunto fundamental aquí es notar que la Biblia tiene una unidad provista por su único
autor, el Espíritu Santo. Tal unidad es tanto doctrinal (conceptos) como histórica (desarrollo), y su eje
crucial y dramático es la consumación de la redención en Jesucristo.
En este proceso, por decirlo de alguna forma, salimos de nuestro pasaje, alzamos nuestros ojos (que
hasta ahora han estado fijos allí), y nos levantamos sobre las dos alas Teológicas para ver desde arriba
toda la perspectiva de la revelación, percibiendo su unidad y la función que nuestro texto cumple en la
misma.
Dos preguntas son fundamentales aquí:
a. Cuál es la doctrina claramente presentada en nuestro texto y cuál es su aporte
particular a esta. ¿Algún otro texto bíblico da más luz al nuestro con relación a
esta doctrina?
b. Cuál es el lugar que ocupa nuestro texto en la Revelación Bíblica y cómo se
conecta con el cumplimiento en Cristo. ¿Es anterior o posterior a la cruz?
Por supuesto, en este punto nos movemos bajo la firme convicción de la unidad de las Sagradas
Escrituras, y que, por tanto, la Biblia no se contradice a sí misma. Algunas reglas hermenéuticas son de
gran ayuda cuando nos encontramos con alguna aparente contradicción en la Biblia:
a. Dé prioridad a lo literal sobre lo simbólico
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Pr. Javier Martínez
b. Dé prioridad a lo argumentativo sobre lo histórico
c. Dé prioridad a lo claro sobre lo oscuro
d. Dé prioridad al cumplimiento sobre lo profético
e. Entienda claramente la diferencia entre tipo y antitipo
f. Atienda al progreso en la revelación
b. Exégesis esencial en vistas del sermón
Decimos “Exégesis esencial” porque la guía que se da a continuación no pretende ser una exégesis
completa de los textos, para tal propósito sería necesario el conocimiento de los idiomas originales y el
manejo de herramientas especializadas como la crítica textual o el análisis sintáctico; además, tales
estudios exegéticos especializados hacen parte, generalmente, de cursos de griego y hebreo avanzados.
Nuestro propósito es proveer una guía útil para aquellos que no conozcan o que manejen de manera
elemental los idiomas bíblicos. Tenemos en mente personas que inician sus estudios teológicos y
pastores que tienen que lidiar todas las semanas con la preparación del sermón. No es, por tanto, un
curso para especialistas, ni tiene como propósito que el alumno haga exégesis para el campo
académico.
Daremos, entonces, unas pautas generales que esperamos sean útiles para el predicador que desee
abordar el análisis del texto bíblico con seriedad, pero con propósitos espirituales y no netamente
académicos. Para tal propósito, hemos adaptado algunas secciones del libro “Exegesis del Nuevo
Testamento” de Gordon D. Fee10, ampliando el análisis particular de los géneros para poder incluir los
que son típicos del Antiguo Testamento.
10
Fee, Gordon, Exégesis del Nuevo Testamento, Manual para estudiantes y pastores. Editorial Vida, Miami, Florida, 1983.
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NARRATIVA
HISTÓRICA
PASO 10 (H):
Investigue los asuntos
históricos.
PASO 11 (H):
Determine el contexto
literario.
LITERATURA
POÉTICA
PASO 10 (P):
Reconozca las
características propias de la
poesía hebrea
PASO 11 (P):
Determine, de ser posible, el
contexto histórico del texto
LITERATURA
PROFÉTICA
PASO 9 (Pr):
Determine el contexto
histórico
PASO 10 (Pr):
Encuentre el significado
histórico del mensaje
PASO 11 (Pr):
Verifique y analice su uso en
el Nuevo Testamento y su
relación con el plan completo
de redención
PROSA
ARGUMENTATIVA
PASO 9 (PA):
Determine el carácter
formal del segmento.
PASO 10 (PA):
Examine el contexto
histórico en particular.
PASO 11 (PA):
Determine el contexto
literario.
EVANGELIOS
PASO 9 (Ev):
Determine el carácter formal
del fragmento o dicho.
PASO 10 (Ev):
Analice el fragmento en una
sinopsis de los evangelios.
(Véase II.5)
PASO 11 (Ev):
Considere el medio ambiente
posible en el ministerio de
Jesús.
APOCALÍPTICA
PASO 9 (A):
Entienda el carácter formal
de Apocalipsis.
PASO 10 (A):
Determine el contexto
histórico.
PASO 11 (A):
Determine el contexto
literario.
LENGUAJE
FIGURADO
PASO 9 (F):
Determine el carácter del
texto: Alegoría, Parábola,
Fábula
PASO 10 (F):
Determine el propósito
didáctico del texto
PASO 11 (F):
Aísle lo esencial de lo
periférico
3. PASOS FINALES COMUNES A TODOS LOS GÉNEROS
PASO 1:
Investigue usted el
contexto histórico
en general.
PASO 2:
Confirme los límites
del pasaje.
PASO 3:
Establezca el texto.
PASO 4:
Haga una traducción
provisional.
PASO 5:
Analice las
estructuras de la
oración gramatical y
las relaciones
sintácticas.
PASO 6:
Analice la
gramática.
PASO 7:
Analice las palabras
importantes.
PASO 8:
Investigue el
trasfondo históricocultural.
2. PASOS ESPECÍFICOS DE ACUERDO AL GÉNERO LITERARIO
1. PASOS INCIALES COMUNES A TODOS LOS GÉNEROS
REDACCIÓN DE UN ESTUDIO EXEGÉTICO – Diagrama
PASO 12:
Considere los
contextos
bíblicos y
teológicos más
amplios.
PASO 13:
Consulte la
literatura
secundaria.
PASO 14
(opcional):
Proporcione
una traducción
final.
PASO 15:
Realice el
escrito final.
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La Predicación Expositiva
La clave para la buena exégesis es la capacidad de hacer las preguntas correctas acerca del texto para
obtener el significado que el autor se propuso comunicar. Las buenas preguntas exegéticas caen en dos
categorías básicas: Preguntas de contenido (lo que se dice) y de contexto (por qué se dice).
Las preguntas de contenido son de cuatro clases: (1.) Crítica textual (la determinación de la fraseología
misma del autor), (2.) Información semántica (el significado de las palabras), (3.) Información gramatical
(la relación de las palabras entre sí), y (4.) El trasfondo histórico-cultural (la relación de las palabras y
las ideas con el trasfondo y la cultura del autor y sus lectores).
Las preguntas contextúales son de dos clases: (1.) El contexto histórico se relaciona con la ubicación
histórica general de un documento (por ejemplo, la ciudad de Corinto, su geografía, habitantes,
religiones, economía, etc.) y con el motivo específico del documento (es decir, por qué fue escrito). (2.)
El contexto literario tiene que ver con la razón por la cual se dijo cierta cosa en un punto dado del
argumento o la narración.
La buena exégesis, por lo tanto, es la feliz combinación, o la cuidadosa integración, de todos estos datos
en una presentación interesante. La meta de tal presentación no es la originalidad ni la singularidad,
sino una clara comprensión de la intención original del autor. El esquema de las páginas siguientes da
una vista general del proceso. El resto del capítulo guía al lector a través de cada uno de los pasos.
A. PASOS INICIALES PARA TODOS LOS GÉNEROS
Al comienzo del proceso exegético, después de haberse determinado el género literario en el cual existe
el texto, es necesario tener una idea provisional de lo que se trata, tanto en el documento en general
como en el párrafo (o el fragmento) en consideración. Para hacer eso bien, son necesarios varios pasos
iniciales.
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Pr. Javier Martínez
Paso 1. Examine el contexto histórico en general.
Antes de la investigación de cualquier oración, párrafo, o cualquier otra subdivisión de un documento,
es necesario tener siempre una buena visión general de todo el documento. ¿Quién es el autor?
¿Quiénes son los destinatarios? ¿Cuál es la relación entre ellos? ¿Dónde viven los destinatarios? ¿Cuáles
son sus presentes circunstancias? ¿Qué situación histórica ocasionó este escrito? ¿Cuál es el propósito
del autor? ¿Cuál es el tema o interés principal? ¿Tiene el argumento o la narración un bosquejo fácil de
hallar?
Clave: Imprima el texto sin ningún tipo de divisiones, capítulos, párrafos ni versículos. Para ello utilice
programas electrónicos de estudio bíblico, que generalmente traen alguna herramienta para facilitar
este trabajo. Lea y haga anotaciones al margen.
Es mejor realizar este trabajo por sí mismo. No hay nada mejor que hacer el trabajo por sí mismo
(recuerde, la Biblia es su mejor intérprete). Muchas de las respuestas a estos aspectos introductorios,
que generalmente aportan los comentarios o las introducciones bíblicas, están en el mismo texto, sólo
hace falta observar con detenimiento. En este caso debe hacer lo siguiente:
1.1. Lea el documento completo en castellano de una sentada.
No hay sustituto alguno para este paso. La exégesis de un libro comienza en el capítulo 1, versículo 1.
El primer paso es siempre leer todo el documento. Es necesario tener un concepto provisional del todo
antes de analizar alguna de sus partes, y se obtiene ese concepto mediante su lectura completa.
Después de la primera lectura, repáselo una segunda vez de modo superficial y tome notas de lo
siguiente (con referencias):
1.1.1. Descubra todo lo que pueda sobre los destinatarios. ¿Son judíos o no judíos, o una combinación
de los dos? ¿Qué relación tienen ellos con el autor? ¿Hay alguna indicación de su situación
socioeconómica?
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La Predicación Expositiva
1.1.2. Descubra todo lo que pueda acerca del propósito. ¿Dice el autor explícitamente algo acerca de
su propósito? ¿Qué está implícito?
1.1.3. Anote los énfasis o intereses especiales que se presenten. ¿Cuáles palabras o ideas se repiten con
frecuencia? ¿Qué vocabulario poco frecuente se repite? ¿Qué puede decir esto acerca del motivo o
propósito?
1.1.4. Elabore un bosquejo anotado de todo el libro (para que se revise en estudio posterior).
Aquí la clave es simple: Observación. Después de familiarizarse con todo el documento, proceda a los
siguientes pasos.
1.2. Compare sus observaciones con la literatura secundaria.
Ahora consulte otras fuentes y vea si hay alguna información que usted pasó por alto. Si hay diferencias
significativas entre sus observaciones y las del estudio general o introducción del NT o del AT, repase
otra vez el documento con el libro correspondiente y vea cuáles son las razones de las diferencias. ¡Aún
no consulte los comentarios de su texto! Eso corresponde a las etapas finales de la exégesis. Las
consultas en esta etapa inicial se relegan a Introducciones generales o a Introducciones particulares
que se encuentra al inicio de los comentarios a cualquier libro de la Biblia.
Clave: Consulte Introducciones generales (Antiguo o Nuevo Testamento), Introducciones especiales
que vienen al inicio de los comentarios y algunos buenos Diccionarios Bíblicos en los artículos
correspondientes a cada libro de la Biblia.
Paso 2. Confirme los límites del pasaje.
Esté seguro de que el pasaje escogido para la exégesis sea una unidad genuina y completa en sí misma.
Aunque haga la exégesis de una oración, esa oración debe ubicarse en su propio párrafo o fragmento.
Para hacer esto, debe comparar las divisiones en párrafos en las diferentes ediciones del Nuevo
Testamento Griego como el TR, NA28 y la UBS5 (notará que a veces difieren) con dos o más traducciones
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Pr. Javier Martínez
modernas (p.ej., RVR60, RV95, NVI, BJL y BLA, entre otras). Donde haya diferencias, debe decidir
tentativamente por sí mismo cuál es la unidad básica. La decisión final sobre este asunto llega a ser
parte del proceso exegético completo.
Una clave simple pero fundamental, es atender a la presencia de los signos de puntuación. Una oración
completa termina con un punto; es decir, nunca debe seleccionar el límite de un texto donde está una
coma o un punto y coma, por ejemplo.
Clave: Vuelva a leer el texto completo que imprimió sin divisiones, y señale las divisiones naturales que
usted mismo vaya encontrando, luego realice su propio bosquejo del libro.
Paso 3. Establezca el texto
Por supuesto, un asunto fundamental aquí es estar seguros de que estamos frente a un texto fiel a los
originales. Sabemos que aquellos manuscritos – los autógrafos – que salieron de las manos de los
escritores bíblicos ya no están a nuestra disposición; por lo tanto, lo que tenemos hoy son copias de
tiempos posteriores, que en algunos casos presentan diferencias de lectura. Esto ha creado la pregunta
acerca del cuál sería la lectura original en cada texto de la Biblia. La crítica textual es la disciplina que
lidia con este problema, tratando de “reconstruir” el texto original. Lastimosamente, no siempre este
trabajo ha resultado en reproducciones fieles y el texto resultante obedece más a ciertos criterios
subjetivos o prejuiciados de quienes realizan estas ediciones. Razón por la cual, si el exégeta no está
familiarizado con toda la teoría y la práctica de la crítica textual, lo mejor que puede hacer es tener
mucho cuidado a la hora de escoger sus fuentes para la exégesis del pasaje.
Con respecto al Antiguo Testamento, el asunto no es tan complicado gracias a la fidelidad con la que
los masoretas judíos transmitieron el texto. Para este caso el texto normativo es el denominado Texto
Masorético, que es el texto tradicional del Antiguo Testamento Hebreo.
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La Predicación Expositiva
Pero el cuanto al Nuevo Testamento el asunto es muy complicado, porque los escribas cristianos no
fueron tan cuidadosos al transmitir los textos, unido al hecho que herejes también pervirtieron los
manuscritos desde épocas muy tempranas. No es este el espacio para hablar de la transmisión textual
del Nuevo Testamento, para lo cual remitimos al estudiante a las obras especializadas. Por nuestra
parte, estamos convencidos que el mejor texto del Nuevo Testamento es el llamado Texto Recibido.
Entonces, si el intérprete tiene algún conocimiento de los idiomas originales de la Biblia, hebreo y
griego, debe acudir a estas fuentes fieles para la traducción del texto. De no ser este el caso, entonces
debe acudir a traducciones que tengan como fuente textual el Texto Masorético y el Texto Recibido,
preferiblemente aquellas que sean traducciones literales.
Paso 4. Haga una traducción provisional.
Lea el párrafo en el idioma original y haga una traducción provisional. Lea el texto completo varias
veces, hasta estar bastante familiarizado con el contenido del pasaje para poder traducirlo sin la ayuda
de léxicos o gramáticas. Entonces escriba su traducción, usando los textos auxiliares si es necesario.
Recuerde que esta no es una traducción definitiva. El propósito de este paso es familiarizarse con el
contenido del párrafo. Al mismo tiempo debe empezar a reconocer las palabras que puedan necesitar
un estudio especial. Por ejemplo, ¿hay palabras con contenido teológico? ¿Algunas palabras se repiten
en este pasaje? ¿Hay palabras en este pasaje que no ocurren con frecuencia en los escritos de este
autor?
Para quien no está familiarizado con los idiomas originales, debe tomar en cuentan las siguientes
sugerencias para hallar, por sí mismo, la mejor traducción del texto:
Clave: Durante todo el proceso exegético haga anotaciones en su computadora o en una libreta. Cada
idea que venga a su mente escríbala inmediatamente.
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Pr. Javier Martínez
A. Copie en columnas paralelas su texto en las diferentes versiones bíblicas a su disposición (por lo
menos cuatro tomando como base alguna traducción literal) como se ve en el ejemplo siguiente
tomando como base I Juan 5.13:
RV60
Estas
cosas
BLA
os
BJ
NVI
he Les he escrito, pues, a Os he escrito estas Les escribo estas cosas
escrito a vosotros que ustedes que creen en el cosas a los que creéis a ustedes que creen en
creéis en el nombre del Nombre del Hijo de en el nombre del Hijo el nombre del Hijo de
Hijo de Dios, para que Dios, para que sepan de Dios, para que os Dios, para que sepan
sepáis que tenéis vida que tienen vida eterna. deis cuenta de que que tienen vida eterna.
eterna, y para que
tenéis vida eterna.
creáis en el nombre del
Hijo de Dios.
B. Señale las diferencias más importantes (tiempos verbales, palabras, conjunciones, etc.).
C. Empiece a reconocer palabras que pueden necesitar un estudio especial:
i. ¿Hay palabras con contenido teológico?
ii. ¿Algunas palabras se repiten en este pasaje?
iii. ¿Hay palabras en este pasaje que no ocurren con frecuencia en los escritos de este autor? (Use
una concordancia física o electrónica para este análisis)
D. Lea el pasaje en un Antiguo o Nuevo Testamento Interlineal.
E. Haga su propia traducción del pasaje, tomando lo mejor de cada una de las versiones leídas (tome
el cuidado de aplicar criterios objetivos al inclinarse por alguna versión) y tomando atenta nota
del orden presentado en el Texto Original (Interlineal).
NOTA: Como paso final de su exégesis (Paso 14), antes de escribir el documento, quizá se requiera que
vuelva a este paso y haga una traducción definitiva que refleje las conclusiones de su exégesis. Aun si
no fuera requerida, es buena práctica hacerla.
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La Predicación Expositiva
Paso 5. Analice la estructura de las oraciones gramaticales y las relaciones sintácticas.
Es importante que al iniciar la exégesis del pasaje se tenga una buena idea del flujo del argumento (o
narración) y que se reconozcan las estructuras básicas y la sintaxis de cada oración. Para hacer eso
debidamente no hay nada mejor que escribir el pasaje en su totalidad en forma estructurada. Hay tres
ventajas: primera, obliga a tomar decisiones gramaticales tentativas, en especial acerca de las relaciones
sintácticas. Segunda, capacita para tener una idea de la estructura del pasaje y reconocer configuraciones
(continuaciones, contrastes, paralelos). Tercera, proporciona un bosquejo tentativo del argumento.
5.1 Haga un diagrama de flujo de oración
El mejor modo de escribir el texto es en la forma de un diagrama de flujo de oración, con anotaciones
marginales que tracen el flujo del argumento.
Ejemplo (Romanos 1.1-5):
Pablo,
siervo de Jesucristo,
llamado a ser apóstol,
apartado para el evangelio de Dios,
que él había prometido
antes por sus profetas
en las santas Escrituras,
acerca de su Hijo,
nuestro Señor Jesucristo,
que era del linaje de David
según la carne,
que fue declarado Hijo de Dios
con poder,
según el Espíritu de santidad,
por la resurrección de entre los muertos,
Y
por quien recibimos
la gracia
Y
el apostolado,
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Pr. Javier Martínez
5.2 Haga un diagrama gramatical de cada oración
A veces la gramática de una oración es tan compleja que es útil hacer un diagrama de las partes que la
constituyen. Muchos preferirán hacer el diagrama gramatical de todas las oraciones del pasaje, antes
que aprender un nuevo sistema, tal como escribir un diagrama de flujo de oración. La ventaja del
diagrama gramatical es que obliga al intérprete a identificar la función gramatical de cada palabra del
pasaje.
Clave: Familiarícese con la diagramación gramatical o con alguna herramienta que le permita analizar
las diferentes partes de la oración y sus relaciones.
Ejemplo (Salmo 1.1):
Cuando se completen estos primeros cinco pasos, dos cosas deben haber sucedido:
a. Usted debe tener ahora una buena idea tanto del contenido como del contexto más amplio del
párrafo.
b. Usted debe haber aislado algunos problemas que necesitan un examen más detenido.
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La Predicación Expositiva
Ahora usted está listo para hacer un análisis más detenido del pasaje. Los tres pasos siguientes aíslan
tres preguntas de contenido (las preguntas textuales ya se han tratado en el paso 3). Si ya ha aprendido
los procedimientos bosquejados en ese capítulo, entonces sólo necesita aplicarlos a su documento. Si
no, será necesario dedicar tiempo al aprendizaje de cada uno de esos procedimientos y ver cómo se
aplican al pasaje.
Paso 6. Analice la gramática.
Para sus propios propósitos usted debe decidir la gramática de todo lo que está en el pasaje. Pero debe
presentar en el documento sólo las cosas en las que es importante una decisión exegética o en las que
esta tiene trascendencia en el significado de un pasaje. ¿Están en duda algunos puntos gramaticales?
¿Podrían leerse de modo diferente algunas oraciones, cláusulas o frases si la gramática se interpretara
de otra manera? ¿Hay verdaderas ambigüedades que imposibilitan la interpretación definida de alguna
parte del pasaje? Si es así, ¿cuáles son al menos las opciones posibles? ¿Hay alguna anomalía gramatical
(no lo que se esperaría) en algún punto? Si es así, ¿podría usted dar alguna explicación de la anomalía?
Clave: Elabore una tabla de análisis morfológico para su pasaje. Para este paso puede ayudarse de
textos electrónicos morfológicos.
Ejemplo (Efesios 1.1a):
Forma textual
Παῦλος
ἀπόστολος
Χριστοῦ
Ἰησοῦ
διὰ
θελήματος
θεοῦ
τοῖς
ἁγίοις
Forma léxica
Παῦλος
ἀπόστολος
Χριστός
Ἰησοῦς
διὰ
θέλημα
θεός
ὁ
ἅγιος
Información
morfológica
N-MNS
N-MNS
N-MGS
N-MGS
PREP
N-NGS
N-MGS
A-MDP
J-MDP
Significado de la
raíz
Pablo
Apóstol
Cristo
Jesús
Por medio de
Voluntad
Dios
El
Santo
Traducción literal
Pablo
Apóstol
De Cristo
Jesús
Por medio de
Voluntad
De Dios
A los
santos
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Pr. Javier Martínez
Paso 7. Analice las palabras importantes.
Debe tener cuidado aquí. Evite que el documento se convierta en una colección de pequeños estudios
de palabras. En el documento, el estudio de las palabras se hará con base en dos criterios: (1) explique
lo que no es obvio; (2) concéntrese en las palabras y redacciones claves.
Clave: Realice el estudio inductivo de las palabras importantes teniendo en cuenta el círculo
interpretativo:
Paso 8. Investigue el trasfondo histórico-cultural.
En este paso está una variedad de asuntos que incluyen: (1) la trascendencia de personas, lugares,
acontecimientos, etc., mencionados en el pasaje; (2) el medio ambiente cultural y social del autor y sus
lectores; (3) las costumbres y hábitos del autor o locutor y sus lectores u oyentes; y (4) el modo de
pensar del autor y sus lectores.
En el documento, como antes, es necesario decidir cuáles de estos asuntos necesitan desarrollarse, con
base en: (1) lo que no es obvio para los lectores, y (2) lo que tiene verdadera trascendencia en el
significado del pasaje.
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La Predicación Expositiva
Clave: En este punto debe consultar obras de referencia: Diccionarios bíblicos, manuales bíblicos,
comentarios históricos, etc.
Realice un cuadro de motivos contextuales:
Ejemplo (Lucas 1.5-7)
Motivo
Herodes, rey
Tipo
Político
Judea
Geográfico
Sacerdote
Religioso
Información
Rey de Judea en los tiempos del
nacimiento de Jesús, del 40 al 4 a.C.
Territorio asociado con la tribu de
Judá. Después de la conquista
romana (63 a.C.) aparece tanto en
un sentido más amplio, y se refiere
a toda la Palestina, incluidas Galilea
y Samaria, como en el sentido más
restringido, que excluye estas dos
regiones.
Persona autorizada para realizar
ritos religiosos.
Interpretación
Estas dos informaciones en
conjunto nos señalan la época
en la que Jesús nació con
bastante precisión. Además,
son testimonio del rigor
investigativo de Lucas, el escrito
del tercer evangelio.
La referencia aquí es a un
sacerdote judío porque se dice
que era de la clase de Abías (cf.
1 Cr 24.10) y que era
irreprensible en todos los
mandamientos y ordenanzas
del Señor (e.d. Jehová).
B. CONSIDERACIONES ESPECIALES PARA DIFERENTES GÉNEROS
En este punto usted está listo para lidiar con las cuestiones del contexto histórico en particular y el
contexto literario. Sin embargo, el procedimiento para la exégesis de los varios géneros aquí difiere
considerablemente. Por lo tanto, se presentan los siguientes pasos de acuerdo con el género. En el paso
12 todos los géneros retornan al mismo curso. Puede ser útil en este punto referirse con frecuencia al
diagrama esquemático de este capítulo.
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Pr. Javier Martínez
Exégesis de Textos Narrativos (H)
La exégesis de este género puede ser difícil para estudiantes y pastores debido a las clases de asuntos
que se tratan. Tales asuntos son básicamente de dos clases: históricos (¿qué sucedía realmente?) y
teológicos o hermenéuticos (¿qué significaba todo eso y qué significa para nosotros hoy?). La buena
exégesis debe ser una combinación de lo histórico y lo teológico, sin estar predeterminada por la
cuestión hermenéutica.
Es especialmente crucial en la exégesis de la narrativa volver al paso 1 y tener una buena comprensión
del propósito de autor. Ese cuidadoso repaso es necesario antes de proceder más adelante y
corresponderá en cierto modo al paso 9 (PA) y 9 (Ev). Los siguientes dos pasos entonces cubren los
asuntos históricos y teológicos que se acaban de mencionar.
Paso 10 (H). Investigue las cuestiones históricas.
Se trata aquí de lo que se dice, y por tanto también incluye algunas preguntas de contenido de los pasos
6-8. Así que de manera breve deberá tratar de escribir precisamente lo que el autor ha dicho en una
narración dada. ¿Quiénes son los principales personajes en la narración? ¿Qué hacen? ¿Hay personas,
lugares u otros nombres o ideas que debe consultar en el Diccionario Bíblico?
Clave: Repase el cuadro de motivos contextuales y complételo si es necesario.
Paso 11 (H). Determine el contexto literario.
Llegamos ahora al asunto crucial para la exégesis de los textos narrativos. ¿Cuál es el propósito de esta
narración o enseñanza? ¿Cómo se relaciona con lo que acaba de narrarse? ¿Cómo funciona en la
narrativa total del libro? ¿Por qué ha sido incluida aquí (la cuestión de la selectividad)? ¿Hay algunas
peculiaridades en la narración o discurso, en comparación con otras, que pudiera dar pistas acerca de
los intereses especiales del autor aquí? Tenga en consideración pasajes y textos paralelos, por ejemplo,
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La Predicación Expositiva
en el caso de Samuel, Reyes y Crónicas o Hechos con algunos datos mencionados en las epístolas,
algunas referencias históricas de Números se repiten en Deuteronomio, etc.
Clave: Use herramientas que presenten pasajes paralelos y tenga en cuenta las referencias cruzadas
que algunas Biblias traen, generalmente son señaladas por la sigla – pp -.
Exégesis de los Textos Proféticos (Pr).
Paso 9 (Pr). Determine el contexto histórico.
Este género comprende las grandes secciones proféticas en los libros de los profetas del Antiguo
Testamento, pero también algunas secciones en otros libros donde aparecen oráculos proféticos y, por
supuesto, las muchas profecías dadas en el Nuevo Testamento sobre todo por nuestro Señor Jesucristo.
Los profetas del Antiguo Testamento fueron hombres de su época que hablaron a sus contemporáneos.
Básicamente, lo que ellos hicieron fue enseñar al pueblo de sus tiempos la ley y las implicaciones de
esta para su propia situación histórica. Por lo tanto, no es posible entender correctamente su mensaje
si no conocemos el contexto en el que se dio.
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Pr. Javier Martínez
Inicialmente, va a ser muy útil ubicar cada profeta históricamente y luego ver cómo encuadra con los
eventos narrados en los libros históricos como Reyes y Crónicas. Posteriormente, una investigación más
profunda del contexto histórico con algunas ayudas especializadas puede dar una nueva luz a la
compresión del pasaje.
Clave: Use referencias cruzadas y paralelas, y lea algún libro sobre la historia de Israel.
Paso 10 (Pr). Encuentre el significado histórico del mensaje.
Hay que evitar la tentación de leer el texto “cristianamente” sin antes haber comprendido el mensaje
en su sentido original. Eso pasa frecuentemente en las profecías mesiánicas o que explícitamente son
citadas en el Nuevo Testamento. Casi siempre, el intérprete salta directamente al significado
cristológico o escatológico sin haber observado el texto en su propio contexto. Hacer esto hace que se
pierdan de vista elementos esenciales en el mensaje de los profetas.
La única forma de encontrar el significado histórico de tales mensajes es leyéndolos en su propio
contexto y respondiendo la pregunta exegética fundamental: ¿Cómo lo entendieron los destinatarios
originales? Generalmente no es difícil llegar a la respuesta correcta porque se encuentra en el contexto.
Una buena observación del pasaje y de su propio contexto literario, casi siempre será suficiente para
hallar el significado original del oráculo.
Clave: ¡Aún no es hora de leer las referencias al cumplimiento de esta profecía en el Nuevo Testamento!
Paso 11 (Pr). Verifique y analice su uso en el resto de la Biblia y su relación con el plan completo de
redención.
Pero, como aprendimos anteriormente, la interpretación no sólo es gramatical e histórica sino también
teológica. Aquí la pregunta es: ¿Qué significado tiene este texto en el plan completo de redención? De
esto ya hablamos cuando describimos la interpretación teológica, la principal clave aquí es la
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La Predicación Expositiva
interpretación que el resto de la Biblia da al pasaje en cuestión. ¿Hay alguna referencia al mismo en
otro lugar de las Escrituras? ¿Cómo se da esa referencia?, son preguntas que nos llevarán por buen
camino.
No olvidemos que los profetas “profetizaron” los días del Mesías (1 P 1.10-12), por lo tanto, su mensaje
únicamente alcanza la plenitud deseada por el Espíritu Santo cuando se cumplen en la vida del Mesías
y su pueblo.
Clave: La mayoría de las Biblias señalan estas referencias del cumplimiento en el Nuevo Testamento
con notas al margen señaladas como pasaje paralelo (pp).
Exégesis de los Evangelios (E).
Antes de tratar las preguntas contextúales para la exégesis de los evangelios, es necesario hacer algunas
notas preliminares acerca de la naturaleza de este género, el cual a su vez requiere la exposición de
algunas hipótesis de trabajo acerca de los materiales de los evangelios y sus interrelaciones.
La naturaleza de los evangelios
Las epístolas tienen un contexto histórico y literario unidimensional. Es decir, el autor presenta su
propio argumento (o exhortación), incluso cuando recurre a material tradicional, que se dirige
directamente a la situación de sus destinatarios, así:
Pablo (54 d.C.) → Corinto (54 d.C.)
Los escritores de los evangelios, al contrario, tienen un contexto histórico de dos o tres dimensiones,
que a su vez afecta su contexto literario. Es decir, transmiten, en la forma permanente de la Escritura,
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Pr. Javier Martínez
las palabras de Jesucristo y los relatos acerca de Él (nivel 1) que tenían a su disposición en la forma en
que se han conservado en la tradición de la iglesia (nivel 2). La propia contribución del escritor del
evangelio (nivel 3) es la selección, disposición y adaptación (aunque tal actividad ya estaba en acción
en el período de la trasmisión oral). Así:
Jesús (30 d.C.)
Trasmisión oral (30-100 d.C.)
y fuentes escritas (50?-80 d.C.)
Evangelios (50?-90? d.C.)
(Comunidades Cristianas)
(50?-90? d.C.)
El proceso exegético se complica más (o quizá se ayuda) con el hecho de que hay cuatro evangelios, los
primeros tres de los cuales, al menos, tienen cierta interrelación literaria.
Estos dos factores, que los evangelios son de dos o tres dimensiones y que hay cuatro, requieren
algunas hipótesis previas de trabajo acerca del material de los evangelios y de los evangelios mismos.
Las siguientes hipótesis son las convicciones del autor sobre las cuales los varios pasos de la exégesis
son basados. Debe notarse que son las convicciones compartidas por la vasta mayoría de los eruditos
del NT. Debe notarse también que no es posible carecer de hipótesis de trabajo en estos asuntos,
aunque uno nunca las haya expresado. Si no está de acuerdo con estas hipótesis, tendrá que poner las
suyas y adaptar los pasos en conformidad.
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La Predicación Expositiva
Algunas hipótesis de trabajo
1. Es razonable suponer que durante el período de trasmisión oral las unidades de materiales
(fragmentos), compuestas de relatos y dichos, se trasmitieron de modo independiente una de otra.
Asimismo, se puede suponer que muchos dichos se conservaron como enseñanzas y, por eso, se
trasmitían con frecuencia sin su contexto histórico original (cf. el uso paulino del material de los dichos
en 1 Co 7:10 y 9:14). Así que es una hipótesis de trabajo razonable que la presente organización de los
fragmentos es en su mayor parte el trabajo de los evangelistas. Esto parece confirmarse, para usar sólo
un ejemplo, por el hecho de que los dichos presentados por Mateo en Mt 10:5-42, como instrucciones
para los ministros del reino, aparecen en Lucas en ambientes muy diferentes, en la siguiente secuencia:
Lc 9:2-5; 10:3; 12:11, 12; 6:40; 12:2-9; 12:51-53; 14:25-27; 17:33; 10:16.
2. Aunque ninguno de los evangelios fue escrito para leerse junto con los otros (con la posible
excepción de Juan, según Clemente de Alejandría), es casi seguro que por lo menos los evangelios
sinópticos no se escribieron independientes unos de otros y que Juan conocía el trabajo de los otros
tres. Aunque tres o cuatro soluciones al problema sinóptico compiten actualmente por aceptación, el
punto de vista de la gran mayoría de eruditos, y el que se da por sentado en este libro es que (a) Marcos
fue escrito primero (b) Mateo y Lucas independientemente usaron el evangelio de Marcos al escribir
cada uno su evangelio, y (c) Mateo y Lucas también tenían acceso a una gran cantidad de otros
materiales tradicionales, algunos de los cuales tenían en común (conocidos como Q, aunque
probablemente no era una sola fuente unificada).
3. Los evangelistas seleccionaron, organizaron y adaptaron los materiales no sólo para registrar o
conservar la vida y las enseñanzas de Jesucristo, sino también para presentar a Jesús a sus lectores con
sus propios intereses distintivos y desde su peculiar punto de vista.
La tarea de la exégesis
Dada la naturaleza de los evangelios y estas tres hipótesis de trabajo, se supone además que la tarea
de la exégesis es:
1. Entender el texto en el contexto histórico de la vida de Jesús.
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Pr. Javier Martínez
2. Entender el propósito por el cual el evangelista narró este evento en este punto en particular
de su evangelio, considerando principalmente que escribe a un público cristiano (judío, gentil o
una combinación de los dos).
Teniendo en cuenta estos asuntos preliminares, ahora se puede pasar a los pasos del proceso exegético.
Paso 9 (Ev). Determine el carácter formal del fragmento o el dicho.
9.1
(Ev). Identifique el tipo literario general.
¿Es el fragmento u oración una narración o un dicho? O ¿es una combinación de los dos, una historia
con pronunciamiento? Cada uno de esos tipos funciona de manera diferente.
9.2
(Ev). Identifique la forma literaria particular.
Si el fragmento es una narración, ¿es la historia de algún milagro? ¿Tiene todas las características
formales de tales historias? ¿Es una historia acerca de Jesús, o de Juan el Bautista? De tal narración
podría preguntarse, ¿por qué se conservó en la tradición? ¿Qué dice de importancia acerca de Jesús
por el hecho mismo de su conservación? Más importante, ¿cómo sirve ahora el relato en la narración
del evangelista? ¿Para reforzar una enseñanza? ¿Como parte de una serie que ilustra algún aspecto de
la misión o el mensaje de Jesús?
Si el pasaje es un dicho, ¿qué clase de dicho es? ¿Es parábola, símil, dicho apocalíptico o de sabiduría,
declaración profética, un texto de materia legal? ¿Tiene elementos poéticos? ¿Emplea hipérbole, ironía,
metáfora, paradoja? ¿Cuánto ayuda el análisis de la forma a identificar el público? ¿Qué parte juega en
la comprensión? Por ejemplo, no se pretende que se alegorice un proverbio con metáforas como el de
Mt 24:28 (“Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas”, RV60). El
proverbio entero tiene un propósito único, y la metáfora del cadáver y los buitres trata de enfatizar una
realidad de la consumación del reino. La pregunta exegética es: ¿Qué dice acerca de la consumación?
¿Su premura, inevitabilidad o visibilidad?
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La Predicación Expositiva
Paso 10 (Ev). Analice el fragmento en una sinopsis de los evangelios.
Ya que cada escritor de los evangelios seleccionó, organizó y adaptó el material tradicional disponible,
es importante para la exégesis de cualquiera de los evangelios ver cómo está relacionado el fragmento
del evangelio en consideración con los otros evangelios. Para hacer esto uno debe aprender a usar una
sinopsis de los evangelios.
Este análisis consta de tres preguntas11:
10.1
(Ev). Selectividad
Este asunto tiene que ver con el hecho de que el fragmento se halla en el evangelio que se analiza. ¿Se
encuentra también en uno o más de los otros? ¿Está su inclusión relacionada con los intereses
especiales conocidos del evangelista?
10.2
(Ev). Organización
La pregunta aquí tiene que ver con el presente contexto literario del fragmento. Estos pasos son
importantes porque son la revelación del prisma a través del cual el evangelista ve a Jesús y su
enseñanza.
La cuestión de la organización es: ¿por qué se incluye el dicho (fragmento) en este lugar específico?
¿Está en el mismo contexto en los otros evangelios? Si es diferente, ¿está en una clase de contexto
similar o diferente (i.e., escatológica, enseñanza sobre el discipulado, etc.)? ¿El presente contexto, en
comparación con el otro o los otros, dice algo acerca de los intereses especiales del escritor del
evangelio?
Debe tenerse cuidado aquí. Es del todo posible que un evangelista incluyera un fragmento en un punto
determinado simplemente porque ya estaba en ese contexto en la tradición (véase, por ejemplo,
cuánto del material de Marcos los otros evangelistas no reorganizaron); y, por tanto, puede que él no
pretenda decir nada con su organización presente. En este respecto es necesario tener cuidado especial
acerca de Marcos y Juan. Es decir, ellos también pueden haber seguido secuencias ya disponibles en
sus fuentes y no siempre tener un significado especial para su organización. Por otra parte, ya que la
11
NOTA: “Tradición triple” significa que el fragmento se encuentra en Marcos, Mateo y Lucas; “tradición doble” significa
Mateo y Lucas; “tradición única” significa que aparece sólo en uno de los evangelios: Mateo o Lucas.
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vasta mayoría de los materiales (principalmente dichos) en la tradición doble no están en secuencia,
puede suponerse que lo mismo es cierto en cuanto a Marcos y Juan (i.e., que la secuencia es de ellos).
10.3 (Ev). Adaptación
Aquí la cuestión tiene que ver con la separación de la adaptación del autor del fragmento a su evangelio
del material de la tradición que tenía a su disposición. ¿El autor ha añadido u omitido algo? ¿Cuáles
cambios verbales ha hecho? ¿Son solamente de estilo o más sustanciales? ¿Revelan los cambios los
intereses del autor o su énfasis peculiar? ¿La adaptación de su fragmento se acomoda a una serie de
tales cambios, bien en el contexto amplio del fragmento o en todo el evangelio?
Clave: La mayoría de los programas bíblicos para computador traen alguna sinopsis de los evangelios,
pero también es posible consultar algunas en línea. Las dos más comunes son: La armonía de los
Evangelios de A. T. Robertson y Los Cánones de Eusebio. Por ejemplo, el pasaje de Mateo 4.1, en
Eusebio, se ve así12:
Mateo 4:1
1Entonces
Marcos 1:12–13
Jesús fue llevado
12Y
luego el Espíritu le impulsó
Lucas 4:1–2
1Jesús,
lleno del Espíritu Santo,
por el Espíritu al desierto,
al desierto. 13Y estuvo allí en el
volvió del Jordán, y fue llevado por
para ser tentado por el
desierto cuarenta días, y era
el Espíritu al desierto2por cuarenta
diablo.
tentado por Satanás, y estaba
días, y era tentado por el diablo. Y no
con las fieras; y los ángeles le
comió nada en aquellos días,
servían.
pasados los cuales, tuvo hambre.
Mientras usted completa esta parte de la exégesis, se percatará que ha estado tratando con el contexto
literario e histórico del evangelista. Es decir, ¿por qué incluyó ese fragmento en ese lugar con esos
énfasis especiales? Pero hay otro factor que necesita consideración y es el contexto histórico de
Jesucristo.
12
EUSEBIUS OF CAESAREA. Eusebian Canons (Mt 4.1–Lc 4.2). Logos Bible Software, Bellingham, WA, 2009.
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La Predicación Expositiva
Paso 11 (Ev). Considere el medio ambiente en el ministerio de Jesús.
Este análisis se puede hacer mejor en términos del público. ¿A quién dirige sus palabras: a los discípulos,
las multitudes o los fariseos? ¿La enseñanza se entiende mejor en el contexto de conflicto o de
discipulado? ¿Quién es el receptor de un milagro y cuál su reacción y de quienes lo rodean? Son las
preguntas fundamentales para entender el texto en el contexto histórico de Jesús.
Exégesis de la Poesía (P).
Paso 10 (P). Reconozca las características propias de la poesía hebrea13.
Hay numerosos textos bíblicos escritos en poesía. A veces se trata de un himno intercalado en una
narración, como los cánticos de Moisés (Ex 15.1-21), Débora (Jue 5.1-31), etc. Otras veces el lenguaje
poético comprende un libro entero (como en el Cantar de los Cantares) o la mayor parte (como en el
libro de Job). También los profetas fueron grandes poetas, y lo mismo hay que decir de los salmistas,
que no encontraron medio más adecuado para dialogar con Dios que el lenguaje de la poesía. Dada la
abundancia de textos poéticos que contiene la Biblia, es muy difícil comprender a fondo su mensaje sin
una cierta sensibilidad para apreciar el lenguaje de la poesía. De ahí la conveniencia (o, mejor dicho, la
necesidad) de que los lectores de la Biblia tengan algún conocimiento de la poética hebrea.
Un poema es un conjunto estructurado de frases que son, a su vez, portadoras de significados. El
significado transmitido por una oración queda notablemente reforzado cuando se emplea con acierto
el lenguaje poético. Los poetas se permiten construcciones gramaticales muchas veces audaces; alteran
el orden de las palabras, las unen de forma inesperada o sorprendente, y utilizan figuras literarias que
resultarían extrañas o chocantes en el habla de todos los días. Así, mediante la asociación armónica del
sonido, del ritmo y de la idea, la poesía logra expresar significados que no alcanzan a transmitir otras
formas de discurso. Hay que notar, sin embargo, que la poesía en la Biblia no es un fin sino un medio.
Los poetas de la Biblia no cultivaron el arte por el arte. Es verdad que los profetas se expresaron
13
Esta sección está basada en SÁNCHEZ, Edesio, DESCRUBRE LA BIBLIA I – La Biblia es Literatura. Sociedades Bíblicas
Unidas, Miami, Florida, 2005. Pgs. 198-215.
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Pr. Javier Martínez
poéticamente y que los salmistas oraban poéticamente. Pero el lenguaje poético cumple aquí una
función instrumental. Lo esencial es el mensaje que el profeta anuncia y la plegaria que el salmista
dirige al Señor. Con esto en mente preguntémonos ahora cuáles son los elementos característicos de
la poética hebrea. Podemos enumerar los siguientes tres:
1. La rima: No es un rasgo predominante de la poesía bíblica, sin embargo, a veces se
encuentran pasajes como el de Isaías 1.2114:
‫ֹזונה ִק ְר ָיָ֖ה נֶ ֱא ָמ ָנָ֑ה‬
ָָ֔ ‫יכ ֙ה ָהיְ ָ ָ֣תה ְל‬
ָ ‫ֵא‬
’eijá jayetá lezoná quiriá ne’emaná
¿Cómo te has convertido en ramera, oh ciudad fiel?
La terminación en –a acentuada de todas estas palabras se debe en parte a que la palabra
quiriá (ciudad) es femenina y por eso para la forma verbal jayetá (te has convertido) y para
el participio adjetival ne’emaná (fiel) rigen las reglas de la concordancia. Pero las otras dos
palabras (’eijá “cómo” y lezoná “ramera”) tienen la misma terminación, y esta coincidencia
no parece casual. Tal vez habría que pensar que el profeta ha acumulado intencionalmente
las rimas con una afinidad estilística. Sin embargo, tal acumulación no es un rasgo
característico de todos los poemas hebreos, sino de este poema en particular. De ahí la
necesidad de examinar en cada pasaje poético la existencia o no de rimas.
2. El ritmo: Aunque no conocemos en todos sus detalles la pronunciación del hebreo antiguo,
puede establecerse con suficiente certeza que la poética hebrea era acentual, es decir, este
lenguaje poético atribuye gran importancia al ritmo que resulta de la acentuación de las
sílabas. Como factor constitutivo se fija el acento tónico, que se distribuye entre las pausas y
cortes15. El texto hebreo del Salmo 2.1 da una idea de cómo se reparten los acentos para
producir un efecto rítmico:
14
Para poder percatar este aspecto tendremos que acudir al texto original hebreo, de otra manera no nos sería posible
percibir los sonidos semejantes. Teniendo en cuenta que muchos no saben leer el hebreo, ofreceremos en la primera línea
el Texto Hebreo, en la segunda su transliteración fonética (es decir, cómo suena en hebreo) y en una tercera línea la
traducción española (RVR60).
15
Los masoretas, además de fijar el sistema vocálico, también añadieron otros signos con el propósito de marcar el ritmo
o entonación de los textos, que a su vez prestan un gran servicio para la división sintáctica de los mismos.
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La Predicación Expositiva
‫ּגּו־ריק׃‬
ִֽ ִ ‫ָָ֭ל ָמה ָרגְ ָ֣שּו גויִ ָ֑ם ּוּ֝לְ ֻא ִִּ֗מים יֶ ְה‬
Lámma ragshú goyím ule’umín yegjú ríq
¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas?
Cada hemistiquio16 consta de tres acentos y esta misma acentuación se mantiene a lo largo
de casi todo el Salmo. En épocas recientes se han hecho importantes estudios acerca de la
función del ritmo en la poética hebrea. Como estas investigaciones requieren un profundo
conocimiento del hebreo bíblico, deben ser estudiadas en obras especializadas.
3. El paralelismo de los miembros (parallelismus membrorum): Según la mayor parte de los que
se han ocupado de la poética hebrea, este es su rasgo distintivo más notable. En virtud de
esta forma de paralelismo, la expresión poética más elemental está constituida por dos frases
paralelas (aunque a veces también pueden ser tres), que se corresponden mutuamente por
su forma y su contenido y se equilibran como los platillos de una balanza. De este modo, la
idea no se expresa toda de una vez, sino, por así decirlo, en dos tiempos sucesivos. Por
ejemplo:
El malvado cree que Dios se olvida,
que se tapa la cara y que nunca ve nada. (DHH)
Salmo 10.11
El buey reconoce a su dueño
y el asno el establo de su amo; (DHH)
Isaías 1.3
Tu palabra es una lámpara a mis pies
y una luz en mi camino. (DHH)
Salmo 119.105
A partir de estos ejemplos, resulta más fácil examinar con mayor detenimiento el paralelismo
de los miembros. Al conjunto formado por las dos mitades paralelas se suele llamar estico17
y, también, más precisamente, monostiquio. Cada mitad es un hemistiquio, de manera que
la unidad poética elemental puede ser representada con el gráfico siguiente:
16
17
Mitad de verso (véase punto 3 más abajo).
Del griego στίχος que significa “línea”.
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Pr. Javier Martínez
Monostiquio
Hemistiquio A
Hemistiquio B
En general, se suelen distinguir tres formas de paralelismo: el sinónimo, el antitético y el
sintético:
a) El paralelismo sinónimo consiste en expresar dos veces la misma idea con palabras
distintas, como en el Salmo 15.1:
Señor,
¿quién puede residir en tu santuario?,
¿quién puede habitar en tu santo monte? (DHH)
O bien:
¡Aleluya! ¡Alaben al Señor desde el cielo!
¡Alaben al Señor desde lo alto! (DHH)
Salmo 148.1
¡Alábenlo con toques de trompeta!
¡Alábenlo con arpa y salterio! (DHH)
Salmo 150.3
b) El paralelismo antitético se establece por la oposición o el contraste de dos ideas o de
dos imágenes poéticas; por ejemplo, el Salmo 37.22:
Los que el Señor bendice heredarán la tierra,
pero los que él maldice serán destruidos (DHH)
c) El llamado paralelismo sintético abarca una extensa gama de relaciones entre el primer
hemistiquio y el segundo. El segundo miembro no repite, aunque sea modulándolo, lo
expresado en el primero, ni tampoco dice lo contrario. Lo característico es que continúa
la idea enunciada, las más de las veces con una gradación que da lugar a una idea nueva.
Así, el segundo miembro completa, explica o termina de expresar el pensamiento
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La Predicación Expositiva
enunciado en el primero, avanzando en la misma dirección. Obviamente, esta
prolongación puede hacerse en varias direcciones posibles. Por ejemplo:
Oh Dios, tú eres santo en tus acciones;
¿qué dios hay tan grande como tú? (DHH)
Salmo 77.13
El Señor es mi pastor;
nada me falta. (DHH)
Salmo 23.1
tenían hambre y sed,
¡estaban a punto de morir! (DHH)
Salmo 107.5
Clave: Use una Biblia que reproduzca los textos poéticos en estructuras quiásmicas y preste mucha
atención a la jerarquía de los signos de puntuación para poder dividir los hemistiquios.
Paso 11 (P). Determine, de ser posible, el contexto histórico del texto.
La mayoría de los Salmos, por no decir todos, se escribieron como respuesta a una situación histórica
particular. Muchos de ellos tienen tales indicaciones en sus títulos originales, las palabras que
generalmente van antes del verso 1 en letra pequeña en nuestras Biblias en español. Otros, aunque no
dicen nada, es posible relacionarlos de manera general con la vida del autor que se señala en el título.
En el caso de los Proverbios, todos deben ser interpretados a la luz de las indicaciones del contexto
general en que se escribieron que están señaladas al inicio de las grandes secciones, por ejemplo, en
1.1: “Los proverbios de Salomón…” o en 31.1: “Palabras del rey Lemuel; la profecía con que le enseñó
su madre”.
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Pr. Javier Martínez
Cantares, evidentemente debe ser interpretado en el marco histórico que el mismo libro nos aporta y
lo mismo vale para Job y Eclesiastés.
Exégesis de Prosa Argumentativa (PA).
Paso 9 (PA). Determine el carácter formal del fragmento.
9.1
(PA). Diferencias de carácter
Aquí incluimos todas las epístolas del Nuevo Testamento, pero también aquellos pasajes didácticos de
los Evangelios y las grandes secciones instructivas del Antiguo Testamento. Sin embargo, las
instrucciones siguientes tienen en consideración principalmente las epístolas apostólicas por ser las de
mayor relevancia en este grupo.
Aunque todos los documentos del Nuevo Testamento desde Romanos hasta Judas (21 en total) son
epístolas, tienen ciertas diferencias considerables de carácter. Algunas son para un propósito
determinado y tienen sus propios motivos (p.ej., Filemón, 1 Corintios. Judas, Gálatas), mientras que
otras parecen ser más bien folletos generales. Es importante en este punto considerar que algunas son
más como “cartas” y otras son más públicas, y, por tanto, verdaderas “epístolas”. Eso influirá en su
modo de pensar en el paso 10.
9.2
(PA). Aspectos formales
También es importante notar los varios aspectos formales de las cartas de la antigüedad y determinar
a cuál parte de la carta pertenece el pasaje. Por ejemplo, ¿es parte de una acción de gracias o una
oración? ¿Forma parte del saludo formal o es la parte principal? Si pertenece a las partes más formales
de la carta, ¿cuánto ha determinado la forma misma el contenido?
Paso 10 (PA). Examine el contexto histórico en particular.
Ya que las epístolas del Nuevo Testamento son todas documentos ocasionales (i.e., fueron ocasionadas
por algunas circunstancias especiales o bien de parte del lector o bien de parte del autor), es importante
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La Predicación Expositiva
tratar de reconstruir la naturaleza de la situación a la cual responde la subdivisión principal de la carta
que se trata. Para hacer eso bien debe hacerse lo siguiente:
10.1
(PA). Lectura en busca de detalles
Lea de nuevo todo el documento y luego lea la subdivisión varias veces. Mientras lee, preste especial
atención a los detalles del texto. Trate de imaginar lo mejor que pueda lo que habría sido estar en una
comunidad cristiana del primer siglo oyendo la lectura de la carta por primera vez.
10.2
(PA). La audiencia
Haga una lista de todo lo que pueda proporcionar alguna información acerca de los destinatarios y su
situación. ¿Qué se dice explícitamente? ¿Qué está implícito? ¿Tienen una conducta que es necesario
corregir? ¿Es el problema algún malentendido teológico o falta de comprensión? ¿Necesitan ellos
consuelo, exhortación o corrección? Si hay algún problema específico, ¿vino de afuera o surgió de
dentro? ¿Hay alguna indicación de cómo se enteró el autor de la situación?
10.3
(PA). Palabras claves
Haga otra lista de las palabras claves y las frases repetidas que indiquen el asunto de la sección. ¿Cuáles
palabras aparecen con más frecuencia en toda la sección? Revise la concordancia para ver si en este
pasaje aparecen con una frecuencia insólita. ¿El vocabulario del autor sugiere algo acerca de la
naturaleza del problema?
10.4
(PA). Descripción breve
En este punto, de manera tentativa, intente escribir un párrafo que ponga todos estos datos en una
expresión coherente del problema o la situación de los lectores.
Por lo general, este paso será una consideración importante en la presentación final de la exégesis. No
debe dejar de volver a él después de trabajar en el paso 11, porque el análisis de la respuesta debe
corresponder bien al análisis de la situación histórica.
Clave: Recurra a todas las notas que ha venido haciendo desde que comenzó el proceso exegético en
el punto 1, le van a ser de gran utilidad.
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Pr. Javier Martínez
Paso 11 (PA). Determine el contexto literario.
Para hacer esto, se debe aprender a PENSAR EN PÁRRAFOS. Aun cuando el documento exegético se
base en uno solo de los párrafos o subpárrafos de una sección más grande, debe procurar seguir el
argumento de toda la sección, párrafo por párrafo.
Para el texto específico que se está analizando, ya ha llegado a la pregunta exegética absolutamente
esencial: ¿Cuál es el propósito de este párrafo o exhortación? ¿Cuál es el propósito de esta oración? Por
lo que el autor ha dicho hasta aquí, ¿por qué dice ahora esto? Aquí reside la importancia de seguir el
argumento con cuidado hasta el propósito de la oración o párrafo que usted estudia (aunque no es
necesario entrar en todos los pormenores del argumento entero en el documento). Para la exégesis no
es suficiente resolver todos los detalles en los pasos 6-8. Uno también debe poder presentar una
explicación convincente de la forma como encaja todo esto en el argumento en progreso del autor.
Para hacer eso bien se debe proceder con los dos siguientes ejercicios.
11.1
(E). Lógica y contenido
Escriba con brevedad la lógica y el contenido del párrafo que estudia.
Lo que interesa aquí es lo que se dice. ¿A quién se dirige el autor ahora? ¿De qué asunto se habla ahora?
¿Cuál es el interés fundamental? ¿La declaración que usted hizo incluye todo lo del párrafo? ¿Se ha
ponderado adecuadamente cada asunto?
11.2
(E). Contenido y argumento
En una o dos oraciones más explique cómo este contenido contribuye al argumento.
¿Por qué cree que eso se dijo en este punto? ¿Cuál es la relación de este párrafo con lo que se acaba
de decir? ¿Cómo prepara para lo que sigue?
No se puede enfatizar demasiado la necesidad de disciplinarse para hacer este ejercicio. No importa
que tan bien se traten los detalles en los pasos previos, nunca hará buena exégesis hasta que haga este
paso bien. La falla de la mayoría de los comentarios reside aquí. Con frecuencia manejan las preguntas
de contenido bien, pero muy a menudo dejan de ayudar al lector a entender el propósito de las palabras
del autor bíblico en un contexto determinado.
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La Predicación Expositiva
Antes de avanzar al paso 12, debe volver y pensar en lo realizado en los pasos 10 y 11. ¿Es su
comprensión de la respuesta una reacción adecuada a la situación histórica como usted la ha descrito?
¿Necesita ahora una revisión? ¿Puede elaborar ahora un argumento convincente para su exégesis como
una adecuada comprensión de la situación a la cual el autor se dirige? La excelencia de su exégesis se
sostiene o cae aquí.
Clave. Vuelva al bosquejo que realizó anteriormente, note las divisiones y cómo revelan el propósito
del libro.
Exégesis de la Apocalíptica (A).
Por supuesto aquí consideramos el libro de Apocalipsis, pero debemos reconocer también que grandes
secciones del Antiguo Testamento están escritas en este género literario. Es el caso de muchas
secciones de Ezequiel, Daniel y Zacarías; lo mismo podríamos decir de algunas porciones en los
Evangelios como, por ejemplo, el gran discurso de Mateo 24 y 25. Claro, por ser Apocalipsis el libro que
mayormente recoge este género, las pautas siguientes toman en consideración mayormente este libro.
Apocalipsis ha sido con frecuencia un libro cerrado, en parte por las dificultades inherentes del molde
apocalíptico en el cual está vaciado y en parte por las muchas aplicaciones especulativas hechas por
personas que no entienden lo apocalíptico. ¡Hay que hacer su exégesis con mucho cuidado y paciencia!
Paso 9 (A). Entienda el carácter formal de Apocalipsis.
Antes de realizar la exégesis de una visión (o carta) particular en Apocalipsis se necesita una buena
comprensión del carácter literario formal del libro, el cual es una combinación única y fina de tres tipos
literarios: apocalipsis, profecía y carta. Ya que las imágenes apocalípticas son a menudo los puntos más
difíciles de la exégesis, algunas palabras en especial necesitan agregarse aquí, las cuales sirven de
principios y precauciones apropiadas.
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9.1 (A). Determine la fuente o trasfondo de la imagen.
¿Está la imagen relacionada con el AT? ¿Se usa en otra parte en la literatura apocalíptica extrabíblica?
¿Es una imagen normal de la literatura apocalíptica, o es una imagen “variable” (como el león-cordero
en Apocalipsis 5, o las dos mujeres en Apocalipsis 12 y 17)?
Clave: Use las referencias cruzadas y los pasajes paralelos que están al margen de la Biblia.
9.2
(A). Determine el uso presente de la imagen.
¿Es el presente uso de Juan idéntico o diferente de su fuente? ¿Ha sido “rota” la imagen y así
transformada en una nueva? ¿Hay algunos indicios internos sobre la intención de Juan en el uso de la
imagen? ¿Interpreta Juan la imagen? Si es así, mantenga esto con firmeza como un punto de partida
para entender otras. ¿Se refiere la imagen a algo general o tiene el propósito de referirse a alguna cosa
o acontecimiento definido?
9.3
(A). Considere las visiones como unidades completas.
Uno debe tener mucho cuidado de ver las visiones como “un lienzo completo” y no alegorizar todos los
detalles. En este aspecto las visiones son como las parábolas. La visión completa expresa algo; los
detalles son (a) para efecto dramático (Ap 6:12-14) o (b) para agregar al cuadro del todo para que los
lectores no equivoquen los puntos de referencia (Ap 9:7-11). De ese modo los detalles del sol que se
pone negro como tela de cilicio y las estrellas que caen como higos tardíos probablemente no
“significan” nada, sino que hacen más impresionante la visión total del terremoto. Sin embargo, en 9:711 las langostas con coronas de oro, rostros humanos y cabello largo de mujer ayudan a llenar el cuadro
de tal modo que los lectores originales difícilmente podían equivocarse en cuanto al significado.
Paso 10 (A). Determine el contexto histórico.
Es importante reconocer también los elementos epistolar y profético en el Apocalipsis. De ese modo,
cuando uno enfoca una visión (o carta) particular, debe siempre tener conciencia de los dos focos: la
persecución de la iglesia, por un lado, y el juicio de Dios contra los perseguidores, por otro. Las cartas y
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La Predicación Expositiva
las visiones que describen el sufrimiento de la iglesia corresponden a la historia del autor y sus lectores.
Las visiones de la ira venidera de Dios, en un estilo profético característico, se deben mantener en
tensión entre la historia y la escatología (el juicio temporal contra el fondo del juicio escatológico).
Paso 11 (A). Determine el contexto literario.
Para determinar el contexto literario de cualquier visión, usted mismo debe desarrollar primero un
marco de referencia adecuado para el todo. Apocalipsis por lo general se puede bosquejar fácilmente
con base en sus secciones principales (caps. 1-3, 4-5, 6-7, 8-11, 12-14, 15-16, 17-18, 19-22). Una de las
principales preguntas exegéticas tiene que ver con la interrelación de estas secciones para formar el
todo. Después de eso, el asunto del contexto literario de cualquier carta o visión, o parte de ella, es
como con las epístolas (paso 11[E]).
Clave: Para encontrar las divisiones naturales del libro considere ciertas pistas literarias como la palabra
“vi” o los cambios de escenario.
Exégesis del Lenguaje Figurado (F).
Paso 9 (F). Determine el carácter del texto: Alegoría, Parábola, Fábula, etc.
En este grupo consideramos aquellos géneros, a parte de la poesía, que usa alguna forma de lenguaje
figurado. Realmente varios géneros pueden ser enumerados aquí, pero los tres principales, que en
alguna medida recogen a los demás, son la alegoría, la parábola y la fábula. Aunque son diferentes
géneros o recursos literarios, tienen algunos asuntos en común que nos posibilitan tratarlos en
conjunto.
Una alegoría es una comparación extendida, es una historia donde los diferentes elementos cobran un
valor simbólico en el todo, que generalmente tiene como base algún relato histórico anterior. Una
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Pr. Javier Martínez
parábola es un relato muy similar a la alegoría, pero no tiene base en algún relato histórico anterior.
Tiene como propósito enseñar alguna verdad fundamental del reino de Dios. Una fábula es un relato
donde las cosas inanimadas cobran vida.
Paso 10 (F). Determine el propósito didáctico del texto.
Siempre el propósito de un autor al utilizar el lenguaje figurado es enseñar alguna verdad fundamental
con impacto en la mente de sus oyentes. Por lo tanto, la principal regla hermenéutica aquí es aprender
a determinar cuál es el propósito por el que se cuenta o narra este relato. Ese es el norte que guiará la
interpretación y nos guardará de insertar elementos extraños en el texto.
Siempre hay una verdad fundamental que se quiere enseñar, y por lo tanto todos los elementos deben
converger hacia ella. Podemos ilustrarlo de la siguiente manera:
Paso 11 (F). Aísle lo esencial de lo periférico.
Si se hizo bien la tarea en el punto anterior, entonces el intérprete estará preparado para determinar
cuáles son los elementos fundamentales en la enseñanza del texto. Lastimosamente, muchos
comentaristas se pierden en medio de los detalles que no son esenciales en este tipo de literatura.
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La Predicación Expositiva
Gastan enorme cantidad de tiempo y esfuerzo en lo que no es lo esencial. ¿Qué es lo esencial en el
relato? Lo que contribuye a su propósito o enseñanza fundamental. Lo demás es simplemente
periférico y sólo aporta la “ambientación”. La clave aquí es tener una mirada periférica; es decir, no irse
por los detalles sino por lo general, el propósito por el cual el autor relata esta historia.
C. OTROS PASOS COMUNES A TODOS LOS GÉNEROS
Paso 12. Considere los contextos bíblicos y teológicos más amplios.
Cuando usted comience a juntar todos sus descubrimientos y en especial a enfocarse en el propósito,
o “mensaje”, del pasaje, deseará colocarlo en sus contextos bíblicos y teológicos más amplios.
¿Cómo funciona el pasaje dogmáticamente (es decir, como enseñanza o comunicación de un mensaje)
en la sección, libro, división, Testamento, Biblia, en ese orden? ¿Cómo se compara el pasaje, o sus
elementos, con otras Escrituras que tratan de la misma clase de asuntos? ¿A qué es semejante o de qué
se diferencia? ¿Qué depende de esto en otra parte? ¿Cuáles otros elementos de las Escrituras ayudan
a hacerlo comprensible? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Afecta el pasaje el significado o valor de otras Escrituras
de modo que cruza las fronteras literarias o históricas? ¿Qué se perdería o cómo podría el mensaje de
la Biblia ser menos completo si el pasaje no existiera?
De modo teológico semejante, ¿dónde encaja el pasaje dentro de toda la revelación de la teología
cristiana (dogmática)? ¿Con qué doctrina o doctrinas se relaciona el pasaje? ¿Cuáles son en realidad los
problemas, las bendiciones, los intereses, las confidencias, etc., acerca de los cuales el pasaje tiene algo
que decir? ¿Cómo los trata el pasaje y con qué claridad? ¿Presenta el pasaje aparentes dificultades para
algunas doctrinas mientras soluciona otras? Si es así, trate esa situación de manera provechosa para
los lectores (u oyentes).
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Pr. Javier Martínez
¿Qué contiene el pasaje que contribuya a la solución de asuntos doctrinales o apoye soluciones
presentadas en otras partes de las Escrituras? ¿Cuán grande o cuan pequeña es la contribución del
pasaje? ¿Cuán seguro puede estar usted de que el pasaje, bien comprendido, tiene la importancia
teológica que se propone atribuirle? ¿Armoniza su enfoque con el de otros teólogos y eruditos que
hayan analizado el pasaje?
Clave: Atienda a la Interpretación Teológica para preservar la unidad orgánica de la revelación bíblica.
Use concordancia temática, Teologías Sistemáticas, Confesiones de Fe históricas, y tenga una
percepción clara de los hilos teológicos que atraviesan toda la Escritura.
Paso 13. Acumule una bibliografía de fuentes secundarias y lea mucho.
13.1. Investigue lo que otros han dicho acerca del pasaje.
Aun cuando usted haya consultado comentarios, gramáticas y muchos otros libros y artículos en el
proceso de completar los pasos precedentes, es necesario que ahora emprenda una investigación más
sistemática de la literatura secundaria que pueda aplicarse a su exégesis. Para que la exégesis sea un
trabajo propio y no simplemente un compendio mecánico de las opiniones de otros es sabio pensar sus
propias ideas y llegar a sus propias conclusiones lo más posible antes de este paso. De otro modo, no
hará una exégesis del pasaje sino una evaluación de las exégesis de otros y, así garantizará que no irá
más allá de lo que ellos hayan realizado.
Ahora, sin embargo, es el momento apropiado de preguntar lo que varios eruditos opinan acerca del
pasaje. A medida que lee, esté alerta a las siguientes preguntas: ¿Cuáles puntos han destacado ellos
que usted pasó por alto? ¿Han dicho ellos algo mejor? ¿A qué le han dado más peso? ¿Puede señalar
cosas que ellos han dicho que sean objetables o erróneas? Si en su opinión otros comentaristas están
equivocados, puntualice esto usando notas al pie de página para diferencias menores y la parte
principal del documento para las más significativas.
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La Predicación Expositiva
13.2. Compare y adapte.
¿Las opiniones de otros estudiosos le han ayudado de alguna manera a cambiar su análisis? ¿Han
enfocado ellos el pasaje o algunos aspectos de una manera más aguda o que conduzca a conclusiones
más satisfactorias? ¿Organizan su exégesis de una mejor manera? ¿Dan consideración a implicaciones
que usted ni siquiera ha considerado? ¿Suplementan sus descubrimientos? Si es así, no dude en revisar
sus conclusiones propias o los procedimientos de los pasos precedentes dando el crédito debido en
cada caso, pero nunca piense que debe cubrir en su exégesis todo lo que otros hacen. Rechace lo que
no parezca pertinente, y limite lo que se vea fuera de proporción. Usted decide, no ellos.
NOTA: El estudiante no está obligado a reproducir textualmente las interpretaciones de los demás, pero
sí está obligado a valorar críticamente lo que lee. Antes de poder decir "no estoy de acuerdo", se debe
poder decir "entiendo". Es axiomático que antes que se apunte la crítica se debe poder citar la posición
del autor en términos que le sean aceptables. Después de eso, usted puede seguir en cualquiera de
estas seis direcciones:
a. Mostrar dónde el autor está mal informado.
b. Mostrar dónde el autor no está informado.
c. Mostrar dónde le falta armonía al autor.
d. Mostrar dónde el tratamiento del autor es incompleto.
e. Mostrar dónde el autor interpreta mal por suposiciones o procedimientos defectuosos.
f. Mostrar dónde el autor hace contribuciones valiosas al debate del caso.
13.3. Aplique sus descubrimientos a través de su documento.
No incluya una sección separada de descubrimientos de la literatura secundaria en ningún borrador del
documento. No considere este paso como la creación de un bloque único de información dentro del
documento. Los descubrimientos deben producir adiciones o correcciones, o ambas, en muchos puntos
a través de la exégesis. Vea que un cambio o adición en un punto no contradice declaraciones hechas
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Pr. Javier Martínez
en otra parte del documento. Considere las implicaciones de todos los cambios. Por ejemplo, si adapta
el análisis textual con base en la evaluación de algo de la literatura secundaria, ¿cómo afectará esto la
traducción, la información lexicográfica, y otras partes de la exégesis? Propóngase lograr la coherencia
y el equilibrio en todo el trabajo. Eso afectará considerablemente la capacidad del lector para apreciar
sus conclusiones.
13.4. Sepa cuándo citar.
Una de las dificultades comunes de los documentos de estudiantes es una fuerte tendencia a la
abundancia de citas. Por lo general el uso de citas debe limitarse a los siguientes cuatro casos:
13.4.1. Citar cuando es necesario o importante usar las palabras exactas del autor para no mal
interpretarlo.
13.4.2. Citar cuando es necesario para una presentación clara o convincente de una opción. Muchas
veces una cita de esta clase estará al comienzo de una sección o párrafo como punto de
partida.
13.4.3. Citar cuando es útil para el impacto psicológico sobre el lector. Por ejemplo, a menudo es útil
citar alguna autoridad bien conocida que sostiene la opinión que se está defendiendo. A veces
eso es especialmente útil si lo que se dice puede ser contrario a las expectativas ordinarias de
uno.
13.4.4. Citar cuando un autor dice algo claramente mejor de lo que usted podría, o cuando se dice de
una manera claramente notable.
13.5. Conozca los usos de la anotación.
Se debe aprender a dar el debido crédito a fuentes secundarias en notas de pie de página (o notas al
final del capítulo o libro) y bibliografía. Es axiomático, por supuesto, que se debe documentar siempre
una cita o referencia a una opinión o fuente. Las notas pueden usarse, a menudo, para que el
documento sea más fácil de leer o para mostrar que está mejor informado, en los casos siguientes:
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La Predicación Expositiva
13.5.1. Use notas para enumerar más materiales bibliográficos. Esto le dice al lector que usted está al
tanto de otros que comparten la misma opinión o una semejante. También dará al lector ayuda
adicional para su propio estudio independiente.
13.5.2. Use notas para comparar opiniones diferentes. Por supuesto, a veces es crucial para el
documento citar opiniones diferentes en la parte principal del texto, pero con frecuencia tales
diferencias pueden explicarse de manera más conveniente en las notas.
13.5.3. Use notas para reconocer dificultades técnicas que son importantes, pero que van más allá del
enfoque del documento o están fuera del propósito inmediato.
13.5.4. Use notas para desarrollar argumentos o implicaciones periféricas.
13.5.5. Use notas para mostrar listas más extensas de citas o referencias de fuentes primarias o para
diagramas.
13.5.6. Use notas para referirse a otra sección del documento.
Paso 14. Proporcione una traducción final (opcional).
Después de completar la investigación y estar listo para escribir el borrador final, coloque la traducción
final inmediatamente después del texto. Use anotaciones (notas al pie de página) para explicar
selecciones de redacción que pudieran ser sorprendentes o no resultar obvias para el lector. Uno no
está obligado, sin embargo, a explicar ninguna palabra que fue también escogida por varias versiones
modernas. Use las notas para decir al lector otras posibles traducciones de una palabra o frase que se
considere con mérito. Hágase eso especialmente donde se hallen dificultades para escoger entre dos o
más opciones.
Paso 15. Escriba el documento.
Es el momento de escribir el documento. Hágalo de forma clara y concisa, siempre pensado en que va
a ser la “carne” para su sermón. Si es un documento para publicar, una clase doctrinal o un debate
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Pr. Javier Martínez
teológico, incluya una bibliografía. Pero si es la base para su sermón, tenga en cuenta que aún hace
falta un paso fundamental que es darle forma apropiada para el púlpito, entonces tendrá que acudir a
la homilética para que este cuerpo que ha creado, que ahora tiene esqueleto y carne, sea revestido de
una “piel” de manera que llegue a ser relevante para su audiencia.
El proceso aquí descrito es una exégesis adaptada a los predicadores; es decir, no es una exégesis con
todo el rigor científico que se demanda de los académicos. Se espera que todo predicador que desea
enseñar la Palabra de Verdad con precisión (cf. 2 Tim 2.15), lo pueda realizar durante la semana, por
supuesto, dedicándole el tiempo suficiente. El pastor debe recordar que su mayor prioridad es la
predicación de la Palabra (cf. Hch 6.2, 4), y nada debe distraerlo de esta responsabilidad. El predicador
fiel no debe caer bajo la tiranía de los asuntos “urgentes” del ministerio cristiano. La excusa de muchos
pastores que abandonan, o ni siquiera consideran, la exégesis como una necesidad para el sermón, es
la falta de tiempo. No creo que realmente sea así. El asunto es más bien la falta de comprensión de las
verdaderas prioridades para el ministro de Dios.
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La Predicación Expositiva
II.
LA PREPARACIÓN DEL SERMÓN
Aquí comenzamos a darle forma al sermón. Todo el proceso anterior provee el contenido, pero no es
el sermón. No debemos cometer el error de algunos que llevan la exégesis al púlpito, pues de esta
manera secaremos el alma de nuestros oyentes. Algunos predicadores bienintencionados producen ese
efecto en sus congregaciones por sermones cargados de datos técnicos, citas célebres, y minucias que,
finalmente, no le interesan al oyente común. Hay que discernir muy bien entre un documento exegético
y un sermón, entre un material académico y un anuncio urgente. El predicador no es un académico,
sino un heraldo.
Claro, lo anterior no quiere decir que la exégesis no es importante para el púlpito, de ser así no
habríamos incluido una sección amplia como la anterior al respecto. Quizá la necesidad más urgente de
los púlpitos actuales es que hombres eruditos los ocupen. La gran mediocridad de los sermones
modernos se debe en gran parte a que los predicadores (y sus oyentes) se preocupan más por la forma
que por el contenido, entonces buscan personalidades carismáticas y no sabios eruditos, teólogos
profundos.
El equilibro se haya en un trabajo arduo en los dos aspectos, contenido y forma, y no en la elección de
uno de los dos a expensas del otro. La Predicación Expositiva considera tanto el Texto Bíblico como el
corazón de oyente. En cuanto a lo primero, lo aborda con una exégesis seria; y, en cuanto a lo segundo,
le da una forma pertinente, agradable que persuada a los oyentes. Entonces, antes de ir al púlpito, el
predicador debe darle forma de sermón a su exégesis. Primero, aprenderemos una herramienta muy
útil y sencilla que ayuda en esta transición; luego, daremos un breve repaso a los elementos
fundamentales del sermón18.
a. La hoja de preparación
Una síntesis precisa que nos ayuda a extractar de la exégesis lo que necesitamos para el sermón son las
siguientes seis preguntas provistas en la llamada “Hoja de Preparación” usada por el ministerio de
18
Sólo abordaremos lo general y lo describiremos brevemente, pues este no es un curso de homilética.
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Pr. Javier Martínez
Charles Simeon Trust en sus talleres de Predicación Expositiva. Estas seis preguntas no constituyen el
sermón, ni son un sustituto de la exégesis; más bien, hacen de puente entre la exégesis y el documento
de predicación. Son fáciles de completar, y a la vez con propósitos bien definidos, de manera que
respondiendo una a una, llevarán al predicador paso a paso de la exégesis al bosquejo elemental del
sermón. La Hoja de Preparación, de hecho, sigue de cerca los pasos del proceso exegético descrito
anteriormente19.
Las seis preguntas son las siguientes:
1. ¿Cuál es la estructura que el autor da a este pasaje? Por favor a) muestra las secciones con
versículos de referencia, b) declara el énfasis del autor, y 3) explica qué estrategias usaste para
ver esa estructura.
2. ¿Cómo el contexto ayuda a entender el significado de este pasaje? Responde esta pregunta
usando a) el contexto literario (los pasajes antes y después), b) el contexto histórico (las
circunstancias y cultura de la audiencia), y c) el contexto bíblico (conexiones con otros pasajes
en la Biblia).
3. A la luz del énfasis de este pasaje en su contexto, declara la idea central del autor para su
audiencia (en una oración corta).
4. ¿Qué partes de este pasaje conectan con el evangelio de Jesucristo? ¿Qué área particular del
evangelio se ve en este pasaje?
5. A la luz de tu conexión al evangelio, ¿qué argumento (una oración corta) darás a tu audiencia?
¿Qué aplicaciones harás de tu argumento para creyentes? ¿Qué aplicaciones para no creyentes?
6. ¿Cuál es tu bosquejo homilético?
19
La explicación completa de los presupuestos detrás de la Hoja de Preparación se encuentra en el libro de David Helm, La
Predicación Expositiva, cómo proclamar la Palabra de Dios hoy, 9Marks, Washington, D.C., 2014.
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La Predicación Expositiva
La primera pregunta tiene que ver con la gramática, las preguntas dos a la tres tienen que ver con el
contexto, la pregunta cuatro contempla lo teológico, y las dos últimas proveen la esencia del sermón.
Se comienza con el Texto y a través de las herramientas gramaticales y contextuales se pasa al
entendimiento de este en su propio contexto (qué significa); luego, se avanza hacia lo teológico usando
la reflexión teológica (por qué dice esto); finalmente, por medio de la elaboración del argumento
pasamos a considerar las diferentes aplicaciones del texto para nuestra audiencia (para qué dice esto
el texto).
Si el predicador ha realizado el proceso exegético de manera cuidadosa, no tendrá ninguna dificultad
en llenar la Hoja de Preparación, pues simplemente, como se puede ver, es una síntesis de este.
Completar la Hoja, entonces, no le tomará más que unas pocas horas, que pueden ser del viernes por
la noche o el sábado en la mañana.
Hay algo muy importante aquí, que tal vez no sea tan claro para todos: no llevamos al sermón todo el
material que hemos extractado en la exégesis. Siguiendo el proceso exegético que hemos descrito,
fácilmente el pastor podría completar hasta veinte hojas (o más) de material, si ha analizado un párrafo
promedio (5 a 10 versículos), lo cual es mucho material para el sermón; en realidad, lo más probable,
es que sea material para varios sermones. Muchos pastores se quejan por no tener un “tema” para el
sermón, o, si tienen el tema, se quejan por la escasez de material para completar su sermón. El pastor
que se compromete con el proceso exegético nunca tendrá este tipo de problemas, pues el tema será
provisto por el mismo texto (notemos, de paso, que esta es una de las ventajas de la Predicación
Expositiva secuencial), y el contenido del sermón resultará de la exégesis; su problema será más bien
qué hacer con tanto material.
En este sentido, el buen predicador será sabio al seleccionar lo que es relevante para su sermón. Incluso,
será sabio para decidir si debe dividir el material para usarlo en varios sermones, quizás surja una serie
inesperada después de hacer el análisis del texto. En este paso crucial de selección, la Hoja de
Preparación será de gran utilidad. Es una realidad que personas formadas en el proceso exegético
tienen gran dificultad en esta transición hacia el sermón, de nuevo aquí la Hoja presta un gran servicio.
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Pr. Javier Martínez
b. El bosquejo del sermón
La Hoja de Preparación nos dejó en el punto del bosquejo elemental para el sermón, que generalmente
contendrá, por lo menos, un título, una breve introducción, los puntos principales y quizá una
conclusión con aplicaciones. Este es un excelente punto de partida para elaborar un bosquejo
homilético completo.
Dicho bosquejo homilético debe contener los siguientes puntos:
1. El Título
Es una frase que resume de manera bien fiel el tema y el propósito del sermón. No debe ser muy
extensa, a lo sumo una oración gramatical, pero preferiblemente una frase. Generalmente es lo último
en ser escrito en la preparación del sermón y lo primero que se dice en la predicación. Debemos tener
mucho cuidado en no alardear con nuestro título, es decir, crear un gran título para un pobre sermón.
En este sentido es mejor tener un título modesto y un buen sermón. El título debe ser fiel al tema y fiel
al propósito y no ofrecer más de lo que en realidad contiene la predicación. No hay que buscar ser muy
novedosos y más bien procurar ser fieles al texto. Por otro lado, hay que evitar, como ya lo hemos dicho,
ser demasiado generales creando una vaga impresión en los oyentes.
Observar cuidadosamente los puntos uno y tres de la Hoja de Preparación, proveerá una buena guía
para el título del Sermón.
2. El Texto
Aquí se anuncia a la congregación el texto que vamos a estudiar, este anuncio puede ir acompañado de
su lectura.
3. La Introducción
Es un párrafo conciso donde el predicador presenta su tema y la importancia de este. Pretende captar
la atención del público. La introducción, pues, debe hacer que los oyentes sean dóciles, benévolos y
atentos. Si el predicador no cuenta con la buena voluntad de sus oyentes, si no ha captado su atención
y si no los ha preparado para entender lo que les quiere decir, entonces es relativamente inútil proceder
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La Predicación Expositiva
con el sermón. Una buena introducción es aquella que desempeña fielmente sus legítimas funciones;
por lo tanto, debe ser apropiada, interesante, breve, modesta y cuidadosamente preparada.
El tema del sermón debe ser el énfasis del autor o algún asunto legítimamente derivado de este, es
decir, qué dice el texto (punto 1.b de la Hoja de Preparación). Por otro lado, el propósito del sermón
(que no hace parte formal del bosquejo, pero que se supone en todo el desarrollo, pues es el por qué
el predicador expone este texto en particular y qué quiere lograr en su audiencia) se debe desprender
legítimamente de la idea central del autor (punto 3 de la Hoja de Preparación).
4. La Proposición
Es un párrafo que presenta el contenido del sermón y va entre la introducción y los puntos principales.
Recoge la idea principal y presenta el punto de cohesión entre las varias divisiones del tema. No debe
ser mayor a un párrafo ya que no se trata de otra introducción. Con la introducción despertamos la
mente de los oyentes y con la proposición los introducimos al cuerpo del mensaje.
Aquí es útil considerar el argumento que elaboramos en el punto 5 de la Hoja de Preparación.
5. La Oración de Transición
En ocasiones es útil colocar entre la proposición y las divisiones una oración breve que sugiere el
principio de división que vamos a utilizar en el sermón. Es una oración gramatical que crea un puente
entre el tema presentado en la proposición y las divisiones principales del sermón. Debe quedar bien
firme en la mente del predicador y de los oyentes pues va a ser el hilo conductor de toda la predicación.
Cuando el predicador vaya a hacer la transición de un punto al otro puede apoyarse en esta oración
para recordar el tema y la unidad del sermón.
6. Los Puntos Principales
También conocidos como “las divisiones”, son el cuerpo del mensaje. Con relación a las divisiones
podemos dar las siguientes sugerencias generales:
-
Por regla general, es mejor que las divisiones sean formuladas como oraciones gramaticalmente
completas.
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-
Las divisiones deben ser formuladas con la mayor uniformidad posible, por ejemplo, a través del
uso de una palabra clave o de la aliteración.
-
A veces las divisiones pueden ser formuladas de tal manera que producen un efecto cumulativo.
-
El número de las divisiones debe ser determinado por la naturaleza del tema o por el contenido
del texto. Por supuesto, no pueden ser menos de dos, y por regla general no deben ser más de
cinco.
-
Es muy útil tanto para el predicador como para la congregación, el anuncio previo de todas las
divisiones, aunque no es una regla absoluta.
-
Ninguna división debe ser co-extensiva con el tema del sermón.
-
El conjunto de las divisiones debe cubrir todo el terreno de la proposición.
-
Cada división debe ser distinta de las otras divisiones.
-
Todas las divisiones deben tener la misma clase de relación con el asunto.
Las divisiones del sermón deben tener una conexión lógica con la estructura del texto (punto 1.a de la
Hoja de Preparación). Lo mejor que puede hacer el predicador es seguir las divisiones naturales del
texto, aunque esto no se debe tomar como una norma absoluta. A veces, por cuestión de argumento o
énfasis, el predicador puede hacer alguna variación en la división con relación a la estructura del texto.
Una sugerencia muy útil con respecto a los puntos del sermón es hecha por Stuart Olyott en su libro
Ministrar como el Maestro, Tres mensajes para los predicadores de hoy20, dice que para cada uno el
predicador debe (siguiendo el modelo de la predicación de Jesucristo): Explicar, ilustrar y aplicar.
7. La Conclusión
Un buen predicador debe ser como un buen piloto: no sólo sabe cómo despegar y conducir el avión,
también sabe cómo aterrizarlo de manera exitosa. Los dos momentos más difíciles en el sermón, como
en el pilotaje, son despejar y aterrizar. No hay una forma fija en cómo terminar un sermón. Cada texto
y cada predicación sugieren su propia conclusión. De manera general, podemos decir que hay cuatro
formas de concluir un sermón: Recapitulando, aplicando, persuadiendo u orando.
20
El Estandarte de la Verdad, Edinburgh, Reino Unido, 2003.
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La Predicación Expositiva
El aspecto fundamental en la conclusión es dejar a la audiencia en un punto donde entienden
claramente que no hay punto de retorno en cuanto a lo que oyeron, que deben tomar un curso de
acción definido que traerá sus propias consecuencias para el presente y para la eternidad.
El punto 5 de la Hoja de Preparación proveerá buenas sugerencias para la conclusión del sermón,
considerando una audiencia mixta, donde no sólo tendremos creyentes, sino también incrédulos.
c. El manuscrito para la predicación
Llegó el momento final de todo el proceso previo a la predicación. Ahora el predicador está preparado
para elaborar el documento que llevará al púlpito, que simplemente consistirá en completar el
contenido del bosquejo elaborado en el punto anterior.
La norma para todo predicador joven o novato es escribir en su totalidad el manuscrito, pero que lo
domine de tal forma que no dependa de este cuando suba al púlpito. Con el paso del tiempo, es posible
que la dependencia del manuscrito sea menor, de manera que predicadores más experimentados
pueden llegar a elaborar únicamente el título y una breve descripción de los puntos principales con los
textos de apoyo.
El documento debe ser ordenado, la redacción clara y concisa, el lenguaje sencillo y las ilustraciones
pertinentes. Será muy útil leerlo y quizás pedirle a alguien con conocimientos literarios que lo revise
para que así mejoremos nuestra forma de comunicarnos. También ayudará mucho a la hora de la
predicación tener todos los textos bíblicos dentro del documento.
Se sugiere leer el documento el sábado por la noche y el domingo por la mañana, de manera que
podamos llegar a estar bien familiarizados con el contenido y así estemos más libres en el púlpito, el
documento será un punto de apoyo y no una muleta que estorbará nuestra interacción con la audiencia.
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La Predicación Expositiva
III.
LA PROCLAMACIÓN DEL SERMÓN
El punto crucial es este, la Palabra de Dios debe ser proclamada, nuestro Dios habla, siempre lo ha
hecho, y el modo de comunicarse elegido por Él es la locura de la predicación. Todo sermón nace para
ser ofrecido en el altar de la proclamación, el púlpito; y todo predicador fue llamado para ser un heraldo
de Aquel que lo llamo. Sin la proclamación del Sermón no podemos hablar de Predicación Expositiva,
ni tal sermón sería sermón en absoluto.
El sermón, por propia definición21, es hablado y no escrito. Supone, entonces, alguien que habla y otros
que escuchan, pero, más que eso, señala hacia una interacción entre el predicador y los oyentes. Si bien
el que habla es el predicador, se espera algún tipo de reacción de quienes escuchan. El punto de
contacto es la Palabra Escrita que nació en Dios, pasa al corazón del predicador, que se convierte en
instrumento para que la Palabra llegue al corazón de los oyentes. En sentido estricto, entonces, sólo
hay predicación oral y esta se da únicamente en el contexto eclesial, en el acto de la predicación.
Pero este acto, es un acto divino y humano a la vez, de otra manera no pasaría de ser un conversatorio
más, una conferencia, una charla, un seminario, de los cuales estamos llenos hoy. No estamos hablando
de nada de eso; sí estamos hablando de lo que sucede cuando un hombre de Dios se para frente al
pueblo de Dios el día del Señor, para proclamar la Palabra de Dios. Allí, y sólo allí (y cuando Dios así lo
quiere), Dios derrama su bendición sobre su pueblo (cf. Sal 133); de tal manera que los huesos secos
cobran vida, los muertos espirituales vuelven a la vida y los vivos derraman sus vidas en el altar del
sacrificio (cf. Ez 37; Rom 12). Todo esto sucede cuando el Espíritu acompaña la predicación.
De manera que tres actores se juntan en la predicación: el predicador que proclama la Palabra, el
pueblo que escucha la Palabra, y el Espíritu Santo que vivifica la proclamación de la Palabra. Los tres
deben estar presentes para que la bendición de Dios sea derramada sobre la predicación, pero deben
estar presentes en las condiciones que Dios demanda; es decir, el hombre que predica debe ser alguien
llamado divinamente para tal oficio, el mensaje debe tener en consideración el pueblo que escucha, y
el Espíritu debe estar presente con su poder para que haya bendición.
21
Del latín sermo, -ōnis “conversación”, es un discurso que tiene como tema un asunto religioso. Los antiguos lo llamaban
“homilía”, del griego ὁμιλία, “plática, conversación”.
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a. El hombre que proclama la Palabra
“Esto manda y enseña. Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra,
conducta, amor, espíritu, fe y pureza. Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la
enseñanza. No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de
las manos del presbiterio. Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento
sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto,
te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Tim 4.11-16)
La predicación está ligada intrincablemente al predicador. Dios ha establecido esta unidad “vital” de tal
manera que no es posible que haya predicación sin un predicador. Él ha deseado que su Palabra Eterna
sea dada a su pueblo por medio de instrumentos mortales. El Evangelio, que es poder de Dios para
salvación, viene a través de personalidades débiles. La sabiduría divina es impartida a través de
instrumentos necios. La predicación es un milagro porque Dios habla a los hombres a través de hombres
en un acto, que, no obstante, resulta ser la Palabra de Dios predicada.
Esta unión entre predicación y predicador está en la misma esencia de la forma en que Dios ha decidido
comunicarse con su pueblo y, aunque en tiempos pasados uso otros medios que no eran personales,
desde el mismo comienzo de la creación hasta nuestros días el medio predilecto por el cual Dios
comunica su Palabra a su pueblo es la Palabra hablada. Cristo, la Palabra de Dios, es el mayor revelador
del Dios Trino y lo hace en persona y predicando, lo cual continúa haciendo a través de sus apóstoles,
también a través de quienes predican fielmente la Palabra apostólica por encargo divino.
La unión Predicación-Predicador es vital. “Exactamente como la limpieza del vaso influye en la pureza
de su contenido líquido, de la misma manera el carácter del predicador afecta la pureza y el poder de
su mensaje… Por esto, entre los requisitos del sermón eficaz hemos puesto en primer lugar la idoneidad
del predicador”22.
22
CRANE, James, EL SERMÓN EFICAZ. Casa Bautista de Publicaciones, 1968. Pg. 31.
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La Predicación Expositiva
El texto que damos arriba nos provee un marco excepcional en cuanto a las características que Dios
demanda del predicador. La predicación, como veíamos, es un llamado divino, por lo tanto, quien
pretenda ser predicador o quien anhele llegar a serlo debe estar al tanto de las características que se
requiere para tal oficio.
1. Cualidades Espirituales
Observamos inicialmente que nuestro texto habla de ciertas características que a primera vista parecen
obvias: “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta,
amor, espíritu, fe y pureza” (v. 12). Tengamos en cuenta que Pablo habla aquí a su hijo espiritual
Timoteo a quien había enviado a Éfeso para estar al frente de la Iglesia en ese lugar. Timoteo es el
delegado apostólico para mandar y enseñar, para redargüir, reprender, exhortar, también para
denunciar a los falsos maestros y para impartir la sana doctrina.
Si pensamos bien en lo que acabamos de decir y en las características que Pablo da de Timoteo en el
verso 12, las cuales afirma él tiene, tengamos en cuenta entonces que el predicador ante todo debe
poseer vida espiritual. Pablo dice que Timoteo tiene estas características, no es que aspira a tenerlas o
que es posible que las tenga, tampoco está diciendo que puede o no tenerlas. Claramente el apóstol
afirma que Timoteo debe esforzarse en seguir siendo ejemplo a los creyentes en estas características
espirituales23: Palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. El ministro de la Palabra es ejemplo vivo
de la Palabra que predica.
Es en este particular en especial que la labor de predicar se distancia de cualquier otra labor que ser
humano alguno realice. En cualquier otra tarea la relación entre la labor y quien la realiza es netamente
mecánica, es decir, el éxito de la labor es independiente de la calidad espiritual o moral de quien la
realiza. Pero en la predicación la relación, como ya dijimos, es vital, es decir, la vida del predicador está
intrincadamente ligada a su predicación. Nadie puede predicar lo que no es una realidad en su vida. O,
en otras palabras, el predicador no sólo predica con sus palabras, también lo hace con su vida.
23
γίνου es un imperativo presente.
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Pr. Javier Martínez
Preguntémonos por un instante ¿cómo alguien puede ser ejemplo a los creyentes en estas áreas si él
mismo no es un creyente? Sólo alguien con vida espiritual puede transmitir vida espiritual a los demás.
Uno de los grandes males de los púlpitos modernos es que los predicadores que los ocupan están
muertos espiritualmente, por lo tanto, lo único que dan a sus congregaciones es muerte24. Muchos
predicadores no propagan vida espiritual porque simplemente ellos mismos no han experimentado el
poder regenerador de la Palabra que predican, el Espíritu de Dios no les ha hecho nuevas criaturas.
Por lo tanto, la advertencia que encontramos aquí es que en primer lugar el predicador o quien
pretender serlo debe cerciorarse a sí mismo que posee esa vida espiritual que invita a los demás a
tenerla. Es una gran tragedia, decía Spurgeon a sus estudiantes, que quien predica de la salvación, de
las grandes verdades espirituales, del poder regenerador de la Palabra de Dios y del Espíritu de Dios, él
mismo no lo posea. De verdad que es una gran tragedia. Entonces, el llamado de Pablo no es obsoleto
sino urgente, ¡hermano, examínate a ti mismo si estás en la fe! (2 Cor 13.5).
No debemos menospreciar lo que estamos diciendo aquí ya que las consecuencias nefastas que se
producen porque los púlpitos están ocupados por personas no nacidas de nuevo son terribles.
Consecuencias para quien predica, pero ante todo para quienes lo escuchan, notemos la advertencia
de Pablo al final de nuestro texto: “pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (v.
16). Muchos irán a la condenación eterna porque nunca escucharon el verdadero evangelio de la boca
de un verdadero hijo de Dios.
El predicador no solamente debe ser alguien que ha experimentado la gracia regeneradora del Espíritu,
también debe ser alguien que posee esas maravillosas cualidades espirituales y morales que le
constituyen en ejemplo de la grey: “Sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor,
espíritu, fe y pureza”. Lo cual ya debe ser bastante evidente por lo que acabamos de exponer. Él va a
hablar al pueblo de Dios de los mandamientos de Dios y de cómo Dios espera que su pueblo viva. Sería
necio que al hablar de estas preciosas verdades él mismo no las modelara con su propia vida. Estaría
hablando de cosas vacías, ficticias, irreales, si en verdad no hacen parte de su vida. Como alguien dijo
con respecto al matrimonio: “Si su cristianismo no funciona en el hogar, no lo exporte; ¡No funciona!”.
24
Muerte que trata de disimularse con mucho ruido, se piensa que entre más ruido se haga más vida hay.
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La Predicación Expositiva
Muchos púlpitos fracasan por la falta de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. La mayor
demostración de la verdad de la Palabra de Dios que es predicada es la vida que muestra su eficacia por
su propio vivir. Timoteo no sólo debe predicar la Palabra, debe acompañar esa predicación con la
demostración en su propia vida de la verdad y eficacia de esas verdades.
Muchos cristianos son como el médico que le dice al paciente que fumar es dañino para su cuerpo
mientras él mismo está fumando. ¡Realmente es necio pensar en predicar cuando yo no vivo lo que
pretendo predicar! Es mejor callar y alejarse en silencio que manchar el evangelio con una vida que lo
deshonra mientras lo predica.
2. Cualidades Personales
Lo anterior nos lleva directo al segundo aspecto de la vida del predicador: Sus cualidades personales. El
verso 13 continúa la idea y la lleva un punto más adelante. Este hombre que es un predicador requiere
de preparación personal para cumplir adecuadamente su labor. La predicación es un ministerio
especializado, la materia que la ocupa es la más sublime, pero la más profunda que existe, su objeto de
estudio y proclamación es el misterio de la persona divina; por lo tanto, requiere toda la capacidad
personal del individuo para comprenderla y transmitirla.
Defrauda y entristece mucho ver como cristianos son tan dedicados en sus estudios seculares, hacen
todo por especializarse en ellos, grandes sacrificios físicos, económicos, personales, familiares, ¡hasta
eclesiales!, por ser los mejores en su área, pero cuando de la Palabra de Dios se trata son mediocres y
piensan que con preparar algo a las carreras el sábado por la noche pueden así alimentar al pueblo de
Dios. A los tales mejor les vendría ser honestos y decirse a sí mismos no soy digno de tan alto honor.
¡Que lo tales se queden con las riquezas de Egipto mientras nosotros buscamos la gloria de Dios en su
Palabra!
Debemos saber que los tesoros de la Palabra de Dios deben ser buscados diligentemente como el
minero que escarba en la tierra para encontrar en ella esas preciosas joyas. Dios no abre los tesoros de
Su Palabra a los que son perezosos en el estudio de esta. Hombres que pudieron ser grandes
predicadores por sus capacidades intelectuales, se contentaron con “rasguñar” la superficie de las
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Escrituras, mientras que hombres que no tenían esas capacidades fueron diligentes en escudriñar la
Palabra y Dios les abrió los cielos para contemplar las glorias que sólo algunos han podido ver 25.
El predicador, entonces, debe ser diligente en sus estudios. Debe echar mano de sus recursos, su
tiempo, su mente, aún de su cuerpo, para “ocuparse en la lectura” (v. 13), en el estudio de la Sagrada
Escritura. El verdadero predicador hace lo que Erasmo hacía: “Cuando tengo dinero, decía él, compro
libros, si queda algo lo uso para comprar comida”. Usted puede armar una buena biblioteca con poco
esfuerzo económico, por ejemplo, comprando un libro mensual. Pero eso sí, compre libros que tengan
carne y no leche, arme su biblioteca con libros que toda la vida va a estar consultando como
comentarios bíblicos de buenos expositores, diccionarios bíblicos, manuales bíblicos, Teologías
Sistemáticas, etc.
El predicador es alguien que, ante todo, lee su Biblia. ¿Cómo alguien puede pretender predicar la
Palabra si nunca la ha leído toda? ¿Cómo alguien puede predicar la Palabra si no tiene un plan regular
de lectura, por lo menos anual, de su Biblia? Diga alguien ¿qué va a predicar el tal hombre si su mente
no está llena de la Palabra de Dios? Usted debe leer su Biblia mínimo dos veces por año.
Pero también es alguien que lee a los grandes predicadores del pasado. No es uno que anda buscando
novedades en internet o escuchando cuánto predicador se aparece por la red o en las emisoras
cristianas. Usted debe ser selecto en los predicadores que escucha y lee. Lea a los grandes del pasado
que se caracterizaron por su fidelidad bíblica e histórica y por su exégesis seria de las Escrituras, como
Agustín, Lutero, Calvino, Owen, Edwards, Spurgeon, etc., pero también a los modernos que siguen esta
fiel línea de pensamiento: Berkhof, Sproul, Piper, Pink, Lloyd-Jones, etc., gracias a Dios muchos de ellos
ahora están disponibles en bibliotecas electrónicas o en el internet.
25
John Bunyan, por ejemplo, autor del libro más vendido y traducido a parte de la Biblia, el Progreso del Peregrino, nunca
tuvo estudios formales de teología y gran parte de su literatura la escribió mientras se encontraba preso por causa del
evangelio. John Owen, el mayor de los teólogos puritanos, contemporáneo de Bunyan, cuando el rey Carlos le preguntó
por qué él, todo un gran erudito, iba a escuchar la predicación de un hojalatero sin estudios, dijo: “De buen grado estaría
dispuesto a cambiar todo lo que he aprendido por el poder que tiene ese hojalatero para tocar los corazones de los
hombres”. La razón para ello fue su diligente estudio de la Biblia con la ayuda de su concordancia (era todo lo que tenía),
por lo cual Spurgeon dijo de él: “Pínchenlo dondequiera, y descubrirán que lleva la Biblia en la sangre; la esencia misma de
la Biblia fluye de él. No puede hablar sin citar un texto, porque su alma está repleta de la Palabra de Dios”.
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La Predicación Expositiva
Las ovejas de Cristo agonizan de hambre porque los mismos predicadores se alimentan con agua, el
afán moderno por “lo práctico” está matando la iglesia de Dios. ¡Deje de leer tanto “libro práctico” 26 y
dedíquese a comer carne, la carne de la Palabra de Dios! Al final usted se dará cuenta que el vasto
conocimiento que adquiera de Dios y del hombre a través de Su Palabra, le habrá capacitado para
exhortar, consolar, enseñar a los cristianos en las más variadas áreas de sus vidas.
3. Cualidades Ministeriales
Ya en el v. 14, Pablo presenta el último asunto con respecto al predicador y la predicación. Él habla de
un don que Timoteo recibió y que fue acompañado por la imposición de manos del presbiterio: “No
descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del
presbiterio”.
Si los aspectos anteriores son descuidados actualmente, este tercer aspecto lo es aún más. ¿Cuántos
hay que se llaman a sí mismos predicadores cuando en realidad no han sido llamados por Dios para tal
oficio? Aquí tenemos que hacer una distinción necesaria: Aunque todos los creyentes están llamados
de una manera general a “predicar”, es decir “proclamar”, la Palabra de Dios; sólo a algunos Dios llama
específicamente para el oficio de Predicar la Palabra. Es en este último sentido que hablamos en todo
este curso acerca de la predicación. En otras palabras, hablamos del oficio divinamente encomendado
y reconocido por la Iglesia local, dado a un hombre para que se dedique a la exposición y defensa de
las verdades Bíblicas.
Ahora bien, esto quiere decir que, aunque alguien sea salvo y tenga las cualidades personales descritas
anteriormente, si no tiene el llamado de Dios para el ministerio de la predicación, el tal no debería
ejercerla. Mucho mal se hace cuando alguien es considerado predicador por razones netamente
naturales como, por ejemplo: “se expresa bien en público”, “es docente”, “conoce mucha Biblia”, “a la
gente le gusta como predica”, etc. Si algo debe estar claro en este punto es que la labor de la predicación
es una labor divinamente encomendada y requiere tanto cualidades naturales como espirituales,
primando estas sobre aquellas; por lo tanto, no todo creyente está llamado para este ministerio.
26
No estamos en contra de lo práctico per se, más bien de aquellos libros que se dedica a la vida cristiana sin ligarla a la
teología. En este sentido, los puritanos eran grandes “médicos del alma” y escribieron muchos y grandes tomos con
respecto a casi todos los aspectos prácticos de la vida cristiana, pero siempre relacionados a las grandes verdades
teológicas.
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Pablo menciona dos aspectos de este llamado particular:
a. El sello divino o el llamamiento divino:
Dios es quien llama a sus obreros, Él dice quién sí y quién no. Nadie tiene el derecho de atribuirse este
honor si Dios no se la ha dado; pero tampoco ninguno tiene el derecho para rechazar este llamado
cuando Dios lo hace. El Señor da “este don” a quien él quiere y por lo tanto nadie debe enorgullecerse
por ser predicador, no debe considerarse más que los demás ya que es predicador por llamado, es Dios
quien lo ha capacitado para ello (cf. 1 Cor 4.7).
Pero lo anterior quiere decir que ese don debe ser evidente a los demás, Pablo habla de un
“aprovechamiento (que) sea manifiesto a todos”, es decir, es evidente tal don en Timoteo por el
aprovechamiento espiritual que los demás creyentes reciben de él. Por tanto, el asunto aquí no es si le
cae bien a las personas (aunque debe ser amable para con todos), o si ha pasado por todos los estudios
teológicos formales (aunque debe dedicarse a la lectura), o si tiene la mayoría de votos en la
congregación (aunque su aprovechamiento debe ser manifiesto a todos); más bien, el asunto es si es
evidente para él y a los demás, sobre todo esto, que ha recibido este llamamiento de parte de Dios.
Pablo menciona que este don fue dado (o reconocido) por profecía, lo cual era particular del tiempo
cuando el Nuevo Testamento estaba siendo aún escrito, pero ya en el capítulo 3 y en Tito 1, el mismo
apóstol da los requisitos que deben acompañar a aquel que la iglesia debe reconocer como predicador
y anciano. Es decir, la profecía reemplazaba entonces la Palabra Escrita, pero estando ya completa la
Palabra de Dios, la Profecía Escrita, “la Palabra Profética más segura” (2 Ped 1.19), debemos mirar a
esta para saber si Dios ha señalado a este hombre para el sagrado oficio.
b. El reconocimiento eclesial:
Lo anterior debe ser acompañado por el reconocimiento de parte de la Iglesia de este don y del
establecimiento en tal oficio, aquí expresado con “la imposición de las manos del presbiterio”. Esa
imposición no era una concesión de poder pues el don ya estaba presente en Timoteo, era más bien el
reconocimiento público de la Iglesia, por intermedio de los ancianos ya establecidos (el πρεσβυτέριον),
que este hombre está siendo llamado por Dios al ministerio sagrado.
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La Predicación Expositiva
Nadie que no haya sido reconocido públicamente por la Iglesia debe ostentar este ministerio, tampoco
debe erigirse como maestro sobre los demás. Sólo los predicadores reconocidos por la Iglesia, porque
están en ellos presentes tantos los dones naturales como los espirituales, acompañados por una vida
personal de ejemplo y por el don divino, pueden ser maestros de la doctrina cristiana y ellos a su vez
son llamados a defender la verdad del evangelio.
Pablo termina esta sección del libro de Timoteo dando las razones por las cuales debemos tener en
cuenta tales cualidades a la hora de llamar a alguien al ministerio de la Palabra o a la hora de considerar
para nosotros mismos tan alto honor:
-
Que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos,
-
Te salvarás a ti mismo27,
-
Salvarás… a los que te oyeren.
b. El Espíritu que acompaña la predicación de la Palabra
Lamentablemente no es mucho lo que se ha escrito sobre este particular, pero gracias a Dios tenemos
en español una maravillosa exposición de parte del que es considerado el más grande predicador del
siglo XX, acerca de la importancia de una Predicación en el Espíritu. Así que, lo mejor que podemos
hacer aquí es transcribir por completo el capítulo 16 del libro La Predicación y los predicadores de
Martyn Lloyd-Jones28, que tiene el título: Demostración del Espíritu y de poder.
He guardado y reservado para este último estudio lo que considero, al fin y al cabo, lo más esencial con
respecto a la predicación, y se trata del ungimiento y la unción del Espíritu Santo. Puede que a algunos
les parezca extraño que haya dejado lo más importante para el final en lugar de haber comenzado por
ello. Mi razón para hacerlo es que creo que si hacemos, o intentamos hacer, todo lo que he dicho
anteriormente, entonces la unción vendrá sobre ello. Ya he señalado que algunos hombres caen en el
error de confiar únicamente en la unción y dejar de lado todo lo que pueden hacer en cuanto a la
preparación. La forma adecuada de considerar la unción del Espíritu es pensar en ella como algo que
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“Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación” (Stg 3.1).
Lloyd-Jones, Martyn, La Predicación y los predicadores. Editorial Peregrino, Moral de Calatrava, España, 2010. Pgs. 336359.
28
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desciende sobre la preparación. Existe un incidente en el Antiguo Testamento que proporciona una
ilustración idónea para mostrar esta relación. Es la historia de Elías ante los falsos profetas de Israel en
el monte Carmelo. Se nos dice que Elías construyó el altar, luego cortó la madera y la puso en el altar y
después mató un buey, lo cortó en pedazos y los esparció por encima de la madera. Luego, tras haber
hecho eso, oró para que descendiera fuego; y el fuego cayó. Ese es el orden.
Existen muchos otros ejemplos de esto mismo. Uno de los más notables es en relación con el relato del
levantamiento del Tabernáculo en el desierto en Éxodo 40. Se nos dice cómo Moisés hizo
detalladamente todo lo que Dios le había dicho y que la gloria del Señor descendió sobre el Tabernáculo
solamente tras haber hecho eso. Esa es la razón que tengo para reservar para el final en relación con la
predicación lo que sin lugar a dudas es lo más importante de todo. Que “Dios ayuda a los que se ayudan
a sí mismos” es cierto en relación con esto igual que con muchas otras cosas. La preparación cuidadosa
y la unción del Espíritu jamás deben considerarse como alternativas sino como complementarias entre
sí.
Todos tendemos a irnos al extremo; algunos confían tan solo en su propia preparación y no buscan
nada más; otros, como digo, tienden a despreciar la preparación y confían solamente en la unción, el
ungimiento y la inspiración del Espíritu. Pero no se trata de “uno u otro”; siempre es “ambos”. Estas
dos cosas deben ir juntas.
¿Qué quiere decir esta “unción o ungimiento” del Espíritu? La mejor forma de enfocarlo es mostrar en
primer lugar a partir de las Escrituras lo que significa. Pero antes de hacerlo, permítaseme plantear una
pregunta a todos los predicadores. ¿Buscas siempre esta unción, este ungimiento, antes de predicar?
¿Ha sido esta tu mayor preocupación? No existe una prueba más profunda y reveladora que se pueda
aplicar a un predicador.
¿Qué es? El Espíritu Santo descendiendo sobre el predicador de forma especial. Es un acceso de poder.
Es Dios dando poder y capacitando al predicador, a través del Espíritu, a fin de que pueda hacer esta
obra de una manera que lo eleva por encima de los esfuerzos y tentativas del hombre hasta una
posición en que es utilizado por el Espíritu y se convierte en el canal a través del cual obra el Espíritu.
Esto se ve muy clara y manifiestamente en las Escrituras.
Propongo considerar en primer lugar, pues, la enseñanza escrituraria, luego ver la cuestión desde un
punto de vista histórico y finalmente hacer algunos comentarios. En las Escrituras queda bastante claro
que los profetas del Antiguo Testamento son ejemplos de esta unción, pero propongo limitar nuestra
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La Predicación Expositiva
atención al Nuevo Testamento. Comencemos por Juan el Bautista, porque es el precursor del Salvador.
En Lucas 1 se nos dice que Zacarías recibió un mensaje a este efecto:
Porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde
el vientre de su madre. Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. E
irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los
hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos (versículos 15-17).
Ese es un excelente resumen de la posición de los profetas del Antiguo Testamento. Esos hombres eran
conscientes de un soplo que descendía sobre ellos; el Espíritu los tomaba y recibían un mensaje y el
poder para comunicarlo. Es la gran característica de los profetas. Se nos dice, pues, acerca de él que
Dios le dotó de esta manera muy especial con el Espíritu Santo y con su poder para hacer su obra. Y
cuando leemos la historia de su ministerio, esto se hace patente. Habló de tal forma que las personas
experimentaron una profunda convicción. La predicación de Juan el Bautista convenció aun a los
fariseos: esa es la prueba más cierta del poder de un ministerio. Pero Juan era muy consciente de la
naturaleza meramente preliminar de su ministerio y siempre subrayó que estaba preparando el camino:
“Yo no soy el Cristo - dice-. Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de
quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Juan
1 :20; Lucas 3:16). Había algo más por venir, algo mucho más grande en su totalidad.
A continuación, observemos lo que sucedió en el caso de nuestro propio Señor. Este es un punto que a
menudo se pierde de vista. Me refiero a la forma en que descendió el Espíritu Santo sobre Él en forma
de paloma. Él mismo explicó posteriormente lo que esto significaba cuando habló en la sinagoga en su
ciudad natal de Nazaret, tal como se relata en Lucas 4:18 ss.: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por
cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres [...]”. Lo que me preocupa recalcar es que lo
que dice es que aquello que le sucedió en el Jordán fue que fue ungido por el Espíritu para predicar ese
Evangelio de salvación, para “predicar el año agradable del Señor”.
Esta es una declaración extraordinaria. Por supuesto, arroja luz sobre todo el significado y el propósito
de la encarnación; pero lo que es significativo es que aun nuestro propio Señor, el Hijo de Dios, no
podría haber ejercido su ministerio como hombre en la Tierra sin haber recibido esta “unción” especial
y particular del Espíritu Santo para hacer su obra. Es cierto aun de Él.
Luego - y no estoy sino eligiendo lo que considero como los pasajes más importantes que tratan esta
cuestión- llegamos al libro de Hechos de los Apóstoles, y en Hechos 1 :8 leemos: “Pero recibiréis poder,
cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea,
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en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. Eso, por supuesto, debe asociarse siempre al último capítulo
del Evangelio según Lucas, donde tenemos un relato de lo que dijo nuestro Señor a los discípulos
reunidos en el Aposento Alto. Dijo que les estaba enviando.
Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y
que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones,
comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. He aquí, yo enviaré la promesa de
mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de
poder desde lo alto.
Eso nos lleva a Hechos 1 :8 y a su cumplimiento, tal como se documenta en Hechos 2.
La importancia de esto, tal como lo veo, es que aquí tenemos hombres a los que imaginaríamos en la
posición perfecta y en condiciones de actuar ya como predicadores. Habían estado con nuestro Señor
durante tres años, habían oído todos sus discursos y sus instrucciones, habían visto todos sus milagros,
habían tenido el beneficio de estar con Él, de ver su rostro y tener una conversación personal y una
comunión con Él. Tres de ellos habían presenciado su transfiguración, todos ellos habían testimoniado
su crucifixión y su enterramiento y, por encima de todo, eran testigos del hecho de su resurrección
física. Habríamos pensado que estos hombres, pues, se encontraban ahora en perfecta situación de
salir a predicar; pero, según la enseñanza de nuestro Señor, no lo estaban. Parecen tener todos los
conocimientos adecuados, pero esos conocimientos no son suficientes, hace falta algo más, algo
esencial. Ciertamente, los conocimientos son vitales, porque no se puede ser testigo sin ellos, pero para
ser testigos eficaces necesitamos además el poder, la unción y la demostración del Espíritu. Ahora bien,
si esto era necesario para aquellos hombres, ¿cuánto más lo será para todos los demás que intentan
predicar estas cosas?
Leemos que el Espíritu vino sobre aquellos hombres reunidos el día de Pentecostés en Jerusalén; y de
inmediato vemos la diferencia que supuso para ellos. El Pedro que con ánimo cobarde había negado a
su Señor a fin de salvar su propia vida está lleno ahora de valor y de gran confianza. Es capaz de exponer
las Escrituras con autoridad y de hablar con tan poderoso efecto que 3000 personas se convierten bajo
su predicación. Esta fue la inauguración, por así decirlo, de la Iglesia cristiana tal como la conocemos en
esta dispensación del Espíritu, y esa es la gráfica imagen que se nos da de cómo empezó.
Aquí debo llamar la atención con respecto a otro punto que también creo que solemos perder de vista.
Esta “adquisición de poder” o, si lo prefieres, esta “efusión de poder” de los predicadores cristianos no
ocurre “de una vez por todas”; se puede repetir y se ha repetido en muchísimas ocasiones.
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La Predicación Expositiva
Permítaseme aducir algunos ejemplos de ello. Allí, en el día de Pentecostés, hemos visto a los Apóstoles
llenos de este poder y hemos visto asimismo que el verdadero propósito del “bautismo del Espíritu” es
capacitar a los hombres para dar testimonio de Cristo y de su salvación con poder. El bautismo del
Espíritu Santo no es la regeneración -los Apóstoles ya estaban regenerados-, y no se concede de manera
primordial para alentar la santificación; es un bautismo de poder, un bautismo de fuego, o un bautismo
que le capacita a uno para dar testimonio. Los antiguos predicadores solían darle gran importancia.
Preguntaban con respecto a un hombre: “¿Ha recibido el bautismo de fuego?”. Esa era la pregunta
importante. No se refiere a la regeneración o la santificación; es poder, poder para dar testimonio.
Los Apóstoles lo recibieron en el día de Pentecostés y Pedro dio testimonio de inmediato de manera
muy poderosa; y él y Juan dieron testimonio nuevamente tras sanar al inválido, y lo hicieron al predicar
en el Templo. Pero consideremos por otro lado Hechos 4:7. Allí tenemos a Pedro y Juan sometidos a
juicio ante el Sanedrín y se les formula la acusación: “¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho
vosotros esto?”. Pero advirtamos lo que dice el relato a continuación: “Entonces Pedro, lleno del Espíritu
Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo [...]”.
¿Cómo interpretamos eso? ¿Por qué dice: “Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo”? Se podría
argumentar: “¿Pero no fue lleno del Espíritu Santo en el día de Pentecostés como lo fueron los demás
hombres?”. Por supuesto que lo fue. ¿Qué sentido tiene la repetición aquí? Solo existe una explicación
adecuada. No es un simple recordatorio del hecho de que había sido bautizado con el Espíritu en el día
de Pentecostés. No tiene sentido utilizar esta expresión a menos que recibiera una nueva adquisición
de poder. Se encontraba en una situación crítica. Estaba siendo juzgado junto con Juan, ciertamente el
Evangelio y toda la Iglesia cristiana estaban siendo juzgados y necesitaba un nuevo poder para dar
testimonio con energía y refutar a sus perseguidores: un poder nuevo, y lo recibió. De modo que se
utiliza la expresión: “Pedro, lleno del Espíritu Santo”. Fue otra llenura para esa tarea especial.
Hay otro ejemplo más de esto en el mismo capítulo 4 de Hechos, en el versículo 31. Todos eran
miembros de la Iglesia que oraban con miedo ante la amenaza de las autoridades que intentaban
exterminar a la Iglesia. Entonces sucedió esto: “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban
congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo”: las mismas personas de nuevo. Habían
sido llenos del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, y también Pedro y Juan en ocasiones posteriores;
pero aquí se llena de nuevo a toda la congregación con el Espíritu Santo. Es obvio, pues, que esto se
puede repetir en muchas ocasiones.
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Luego, pasando a Hechos 6, tenemos el relato de cómo se nombró a los primeros diáconos. Adviértanse
los términos que se recalcan en los versículos 3 y 5: “Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete
varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría -esto no es cierto de todo el mundo,
sino que es cierto de algunos- , a quienes encarguemos de este trabajo. [...]Agradó la propuesta a toda
la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo”. “¿Pero - dirás- no estaban
todos llenos del Espíritu Santo?”. No en este sentido. Hay algo especial allí, hay algo peculiar, hay algo
adicional; y se les dijo que lo buscaran. En todos los casos se trata exactamente de la misma idea.
Posteriormente tenemos otro ejemplo en Hechos 7:55: la imagen de Esteban justo antes de ser
apedreado hasta la muerte. Esto no solo es memorable sino también de gran importancia. Dice el
versículo 54: “Oyendo estas cosas - sus acusadores, los miembros del Sanedrín-, se enfurecían en sus
corazones, y crujían los dientes contra él. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el
cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios”. Esta, obviamente, es una
investidura especial. Una vez más es un hombre en una gran crisis; y el Espíritu desciende sobre él de
forma excepcional y le capacita para afrontar la crisis y dar un tremendo testimonio.
Bastará con otro ejemplo más en relación con el apóstol Pablo, que entró posteriormente en la Iglesia.
Está en Hechos 13:9. El apóstol Pablo y Bernabé habían llegado a un país donde había un procónsul
llamado Sergio Paulo que deseaba escuchar la Palabra de Dios. “Pero les resistía Elimas, el mago (pues
así se traduce su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul”. Luego, en el versículo 9, dice:
“Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando en él los ojos[...]”. Cuando el
texto dice “lleno del Espíritu Santo” no se está refiriendo al hecho de que hubiera sido lleno del Espíritu
Santo en relación con su conversión y como resultado de su reunión con Ananías. Sería ridículo repetirlo
si hubiera sucedido de una vez por todas. Se trata nuevamente de una investidura especial de poder,
una crisis especial, una ocasión especial, y recibió este poder especial para esta ocasión especial.
Yo iría más lejos y señalaría que esto les sucedía siempre a los Apóstoles cuando quiera que obraban
un milagro o cuando quiera que tenían que afrontar alguna situación en especial. La importancia de
esto se manifiesta de la siguiente forma. Hay mucha diferencia entre los milagros obrados por los
Apóstoles y los “milagros” que ciertos hombres afirman llevar a cabo en la actualidad. Una gran
diferencia es esta: Jamás vemos a los Apóstoles anunciando de antemano que van a celebrar un culto
de sanidad en el plazo de unos días. ¿Por qué no? Porque nunca sabían cuándo iba a suceder. No lo
decidían y no lo controlaban; más bien lo que sucedía era esto invariablemente. Por ejemplo, Pablo
estaba tratando con este hombre - encontramos lo mismo en el caso del hombre en Listra que se relata
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La Predicación Expositiva
en el capítulo 14- y de pronto recibió el mandato de sanarle. Pablo no sabía nada de esto hasta que le
impulsó el Espíritu y recibió el poder; y así lo hizo. La primera diferencia, pues, entre los presuntos
obradores de milagros de la actualidad y los Apóstoles es que los Apóstoles jamás podían predecir o
anunciar la ejecución de milagros, y jamás lo hicieron.
Hay una segunda diferencia, asimismo. Los Apóstoles - lo advertimos en el libro de Hechos- jamás
fallaban. Nunca se trataba de un ensayo; no había un elemento experimental. Lo sabían. Recibían un
mandato, de modo que hablaban con autoridad. Emitían una orden y no había fracaso alguno; y no
puede haber fracaso cuando es así. Esa es claramente la imagen general que se da en el libro de Hechos
de los Apóstoles. Pero hay algo aún más directo y específico que todo esto: La gran declaración del
apóstol Pablo en 1 Corintios 2, la declaración crucial en que describe su propia predicación en Corinto.
“Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue
con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que
vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (versículos 3-5). Esa
es la afirmación vital y definitoria con respecto a toda esta cuestión. Estamos ante un hombre con
grandes dones, con unas excepcionales facultades naturales; pero eligió deliberadamente no utilizarlas
de manera carnal: “Me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este
crucificado”; y entonces se abstuvo deliberadamente del estilo de los retóricos griegos con el que tan
familiarizado estaba, tanto en la forma como en el contenido. Como dice más a adelante a estos mismos
corintios, se hizo “[insensato] por amor de Cristo”, a fin de que quedara claro que el poder no era suyo
sino de Dios y que toda su posición no debía basarse en “la sabiduría de los hombres, sino en el poder
de Dios”.
Viniendo esto de Pablo, de entre todos los hombres, resulta sumamente sorprendente. Recuerda esto
a los corintios una vez más en el capítulo 4, versículos 18-20. Algunos de los miembros de la iglesia en
Corinto estaban hablando mucho, criticando al apóstol Pablo y expresando sus opiniones libremente
con respecto a él y su enseñanza. Por tanto, les desafia y dice: “Mas algunos están envanecidos, como
si yo nunca hubiese de ir a vosotros. Pero iré pronto a vosotros, si el Señor quiere, y conoceré no las
palabras, sino el poder de los que andan envanecidos. Porque el reino de Dios no consiste en palabras,
sino en poder”. Hoy día quizá no haya texto que debamos recordar más que precisamente ese.
Ciertamente no faltan las palabras; ¿pero hay grandes pruebas de poder en nuestra predicación? “El
reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder”. Esa - dice Pablo- es la prueba, y sigue siéndolo,
de la predicación verdadera.
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Más adelante vemos que viene a repetir más o menos lo mismo en 2 Corintios 4. Hablando de su propio
ministerio, dice: “Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos
recibido, no desmayamos. Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni
adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda
conciencia humana delante de Dios”. Pasa luego a la conmovedora afirmación del versículo 6: “Dios,
que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para
iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”. E inmediatamente a
continuación: “Pero tenernos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de
Dios, y no de nosotros”. Es siempre lo mismo, siempre está deseoso de subrayar esta dependencia
absoluta del poder del Espíritu. Lo mismo vemos de nuevo en 2 Corintios 10:3-5: “Pues aunque andamos
en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino
poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se
levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”.
Es siempre la misma idea, “no son carnales”, “poderosas en Dios”. Es un poder espiritual. Ciertamente
hallamos el mismo hincapié en esa extraordinaria afirmación de 2 Corintios 12, donde nos dice que
había sido “arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar”
y cómo entonces le había llegado “el aguijón en la carne” y oró en tres ocasiones para que se le quitara;
pero no se le quitó. Al principio estaba perplejo, pero había llegado a comprender el significado cuando
Dios le dijo: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. Ahora puede decir,
pues: “Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el
poder de Cristo [...]; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.
Otra declaración de esto que jamás deja de conmoverme se encuentra al final del capítulo 1 de
Colosenses: “A quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda
sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo,
luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí”. Ese es el testimonio de Pablo
siempre. Estaba haciendo todo lo que podía, pero lo que verdaderamente cuenta es “la potencia de él,
la cual actúa poderosamente en mí”. Eso es lo que quiere decir “unción”. En 1 Tesalonicenses 1 :5
encontramos una definición aún más precisa: “Pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras
solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre”. El Apóstol está
recordando a los tesalonicenses cómo habían recibido el Evangelio. Tuvo que abandonarles a fin de
predicar en otros sitios, y les escribe esta carta, que muchos consideran la primera carta a una iglesia.
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La Predicación Expositiva
Es un capítulo de suma importancia, ciertamente como la definitiva y definitoria afirmación
concerniente a la predicación y la evangelización. Les recuerda que el Evangelio no les “llegó [...] en
palabras solamente”. Había llegado “en palabras”, y les recuerda el contenido de esas palabras en los
versículos 8 y 19, pero no fue “en palabras solamente, sino también [...]”. Es este “también”, esta
adición del poder del Espíritu Santo lo que hace en última instancia que la predicación sea eficaz. Esto
es lo que produce conversiones y crea y edifica iglesias: “poder”, “Espíritu Santo” y “plena certidumbre”.
Pedro enseña exactamente la misma verdad al recordar a los cristianos a quienes escribió en su Primer
Epístola cómo se habían convertido en cristianos y la naturaleza del mensaje del Evangelio. Dice en
referencia a los profetas del Antiguo Testamento: “A estos se les reveló que no para sí mismos, sino
para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el
evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles”. Así es
cómo se predica el Evangelio; dice: “Por el Espíritu Santo enviado del cielo”.
Mi última cita proviene del último libro de la Biblia, el Apocalipsis. Es la afirmación de Juan mismo en el
capítulo 1, versículo 10: “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz”.
¿Cómo interpretamos eso? ¿Significa que Juan, siendo cristiano, estaba siempre “en el Espíritu”? Si ese
era el caso, ¿por qué se molesta en decirlo? Claramente no era su estado o situación habitual; era algo
completamente excepcional. Dice: Allí estaba yo en esa isla de Patmos en el día del Señor y de pronto
me encontré “en el Espíritu”. Fue una visitación del Espíritu de Dios. Y fue como resultado de esto como
recibió esa gran visión, los mensajes a las iglesias y su conocimiento del futuro de la Historia.
Ese es el claro e inequívoco testimonio y la evidencia de las Escrituras con respecto a la predicación.
Pero quizá tu postura sea: “Sí, eso lo aceptamos y no nos ocasiona dificultad alguna. Pero todo eso se
acabó con la era apostólica, por lo que no tiene nada que ver con nosotros”. Mi respuesta es que las
Escrituras también están concebidas para aplicársenos hoy día y que, si limitas todo esto a la era
apostólica, estás dejando muy poco para nosotros en la actualidad. En cualquier caso, ¿cómo dirimes
lo que estaba destinado a ellos únicamente y lo que también lo está a nosotros? ¿Sobre qué base lo
haces? ¿Cuáles son tus cánones de juicio? Yo opino que no son otros que el prejuicio. Toda la Escritura
es para nosotros. En el Nuevo Testamento tenemos una imagen de la Iglesia y es pertinente para la
Iglesia en todos los tiempos y épocas.
Gracias a Dios, la historia de la Iglesia demuestra lo correcto de esta tesis. Las pruebas de ello son
abundantes. La larga historia de la Iglesia muestra repetidamente que lo que hallamos en el Nuevo
Testamento ha caracterizado siempre a la Iglesia en períodos de avivamiento y reforma. Por eso he
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sostenido siempre que, tras la lectura de la Biblia misma, leer la historia de los avivamientos es una de
las cosas que más ánimo pueden infundirle a uno. Tomemos la situación a la que nos enfrentamos en
la actualidad. Considera la tarea, considera el estado del mundo, considera la mentalidad moderna. Sin
creer en el poder del Espíritu y sin conocer algo de él, es una tarea desmoralizadora. Ciertamente, no
seguiría adelante un solo día de no ser por él. Si creyera que todo depende de nosotros, de nuestros
conocimientos, de nuestra erudición y de nuestras organizaciones, sería el más desgraciado y
desesperanzado de los hombres. Pero ese no es el caso. Lo que leemos en el Nuevo Testamento es
igualmente posible y está abierto para nosotros en la actualidad; y es nuestra única esperanza. Pero
debemos comprenderlo. Si no lo hacemos, nos pasaremos el tiempo estancados y deprimidos, y no
lograremos nada.
¿Cuáles son, pues, las evidencias que arroja la Historia? Podríamos comenzar por la Reforma
protestante. Hay grandes evidencias de la obra del Espíritu en esa época. Está la gran experiencia que
describe Lutero mismo cuando toda la habitación pareció llenarse de luz. Esa es sin duda la clave para
entender su extraordinaria predicación. Estamos tan interesados en Lutero el teólogo que tendemos a
olvidar al Lutero el predicador. Lutero era un extraordinario predicador. Lo mismo podemos decir
también de Calvino.
Pero hubo dos hombres en Inglaterra muy destacados en este aspecto. Uno fue Hugh Latimer, cuya
predicación en St. Paul’s Cross en Londres fue acompañada obviamente por gran unción y poder del
Espíritu Santo. Nuevamente tendemos a olvidar esto. Estamos justificadamente interesados en la gran
convulsión teológica de la época de la Reforma protestante; pero no olvidemos nunca que también fue
un movimiento popular. No estaba restringido a los eruditos y a los maestros; llegó al pueblo gracias a
estos predicadores ungidos con el Espíritu.
Hubo un hombre llamado John Bradford que obviamente era un gran predicador en este mismo
sentido. Fue uno de los primeros mártires protestantes. Lo mismo se puede decir también de otros
países en esa época. A finales del siglo XVI hubo en Escocia un extraordinario predicador llamado Robert
Bruce. Recientemente se ha reeditado un pequeño libro sobre él. En dicho libro se puede leer el relato
de lo que sucedió en una ocasión cuando se encontraba en una conferencia de ministros en Edimburgo.
En esa época las cosas estaban muy mal y ciertamente eran de lo más descorazonadoras. Los ministros
hablaban entre sí y conferenciaban al respecto, pero todos estaban muy deprimidos. Cuanto más
hablaban más se deprimían, como no es infrecuente en las asambleas generales y otras conferencias
religiosas. Robert Bruce intentó que oraran, y estaban intentando orar. Comoquiera que sea, Bruce
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La Predicación Expositiva
tenía claro que solo estaban “intentando orar”, y no lo consideraba oración. De modo que, como le
pasó a Pablo en Atenas, “su espíritu se enardeció” y dijo que iba a “golpearles” con el Espíritu Santo.
Comenzó, pues, a aporrear la mesa con los puños, y ciertamente logró algo. Entonces comenzaron a
orar realmente “en el Espíritu”, y fueron transportados de la depresión hasta las alturas y recibieron
gran certidumbre de Dios de que seguía con ellos y jamás los desampararía ni los dejaría. Volvieron a
su obra con renovado vigor y con una esperanza y confianza renovadas.
Pero pasemos al que, en muchos sentidos, es mi ejemplo favorito. Trata de John Livingstone, que vivió
a comienzos del siglo XVII en Escocia. John Livingstone era también un hombre muy capaz, como la
mayoría de estos hombres. Aquellos primeros ministros reformados en Escocia fueron una serie de
hombres imponentes con respecto a su capacidad, su cultura y sus conocimientos; pero lo que les
caracterizaba por encima de todo lo demás era su conocimiento y experiencia de esta unción y este
poder espiritual.
John Livingstone - como digo- era un excelente erudito y un gran predicador. Tuvo que escapar a Irlanda
del Norte a causa de la persecución, y estando allí tuvo algunas experiencias de avivamiento. Pero su
gran día llegó en 1630. Hubo unos días de comunión en un lugar llamado Kirk O’Shotts, a medio camino
entre Glasgow y Edimburgo. Estas reuniones de comunión podían durar muchos días y se
caracterizaban por las abundantes predicaciones de diversos predicadores visitantes. En aquella
ocasión en particular todos habían sentido desde el comienzo hasta el domingo por la noche que había
algo inusual. Los hermanos decidieron, pues, celebrar un culto adicional el lunes, y pidieron a John
Livingstone que predicara. Ahora bien, Livingstone era un hombre muy modesto, humilde y piadoso,
por lo que temía la responsabilidad de predicar en semejante ocasión. Pasó, pues, toda la noche
debatiéndose en oración. Salió al campo y allí prosiguió orando. Muchas de las personas también
estaban orando. Pero su alma sufría una gran angustia, y no halló paz hasta que, en las primeras horas
de la mañana del lunes, Dios le dio un mensaje y a la vez la certeza de que su predicación estaría
acompañada por un gran poder. John Livingstone predicó, pues, en aquella famosa mañana del lunes,
y como resultado de aquel único sermón se añadieron quinientas personas a las iglesias de esa
localidad. Fue un día tremendo, una experiencia abrumadora del derramamiento del Espíritu de Dios
sobre una congregación reunida. El resto de la historia de su vida es igualmente significativo e
importante. John Livingstone vivió muchos años después, pero jamás volvió a tener una experiencia
semejante. Siempre la recordó, siempre la anheló; pero jamás volvió a repetirse.
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Se describen experiencias espirituales similares en las vidas de predicadores de los Estados Unidos. Fue
de gran provecho para mí leer hace unos años los diarios de Cotton Mather, el autor de Magnalia Christi
Americana. Estos diarios, y su historia de la religión en América, contienen muchos ejemplos del poder
del Espíritu Santo. Como ya he dicho, no hay nada más importante para la predicación que la lectura de
la historia de la Iglesia y las biografías. En el propio diario de Cotton Mather encontramos
extraordinarias descripciones de estas “visitaciones”, como él las llamaba, del Espíritu de Dios y del
efecto que tuvieron en su predicación. Por otra parte, quiero recalcar el hecho de que Cotton Mather
era un hombre muy capaz y erudito, y no un mero predicador ignorante, crédulo e impresionable. Todos
los Mather eran hombres capaces; y él llevaba en la sangre además la influencia de los Cotton, aún más
capaces. Era nieto de John Cotton, quizá el más erudito de los primeros predicadores americanos, y
también de Richard Mather. Ningún hombre podía tener mejor pedigrí, un mejor árbol genealógico
desde el punto de vista del intelecto y la capacidad; sin embargo, no hay nada más sorprendente con
respecto a este hombre que su comprensión de que en realidad no podía hacer nada sin esa unción y
ese poder del Espíritu Santo, y su sentimiento de absoluta dependencia de ellos.
“El tiempo me faltaría” -como al autor de la Epístola a los Hebreos- para hablar acerca de Jonathan
Edwards y David Brainerd. Sus biografías, tanto las nuevas como las antiguas, están a nuestra
disposición y debieran ser lectura obligatoria para todos los predicadores. También están Gilbert
Tennant y otros miembros de su notable familia. Gilbert Tennant fue utilizado durante un tiempo como
una espada ardiente, y luego el poder pareció abandonarle y durante el resto de su ministerio en
Filadelfia fue un predicador relativamente “normal”.
También tenemos la historia de George Whitefield y de los Wesley. John Wesley es un hombre
importante en todo este argumento por diversas razones. Una de ellas, y la más importante en muchos
sentidos, es que si alguna vez hubo un hombre típicamente erudito ese fue John Wesley. También era
un inglés típico, lo que significa que no era emocional por naturaleza. Se nos dice que el inglés es
flemático y no se emociona, no se conmueve fácilmente y no es voluble como las razas célticas y latinas;
¡aunque esto no parece ser cierto en el terreno del fútbol! Ahora bien, John Wesley era el inglés más
típico que se pueda concebir: pedante, preciso y exacto. Su educación había sido muy estricta, rigurosa
y disciplinada, y tras una brillante carrera académica como estudiante se había convertido en miembro
de la junta de gobierno de una universidad de Oxford. Era exacto en su exégesis, preciso en sus
afirmaciones, utilizaba cada palabra en su lugar y además era un hombre muy devoto y religioso.
Dedicaba su tiempo libre a visitar a los prisioneros en las cárceles; hasta acompañaba a algunos a su
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La Predicación Expositiva
ejecución. Entregaba su dinero para alimentar a los pobres. Ni siquiera todo esto le satisfizo; renunció
a su puesto en Oxford y cruzó el Atlántico para predicar en Georgia a los pobres esclavos y a otros. Pero
fue completamente inútil, un fracaso absoluto, y llegó a la conclusión de que necesitaba el Evangelio
tanto como los pobres esclavos de Georgia. Y era cierto. No había poder alguno en su ministerio.
Adicionalmente, no tenía claro el camino de la salvación, y esto lo comprendió en una tormenta en
medio del Atlántico cuando observó la diferencia entre sí mismo y algunos hermanos moravos cara a
cara ante la muerte. Regresó, pues, a Inglaterra.
Tras volver a Inglaterra, lo primero en que se le corrigió fue con respecto a la doctrina de la justificación
por la sola fe. Logró verla con claridad en marzo de 1738, pero seguía siendo un fracaso como
predicador; de hecho, comenzó a sentir que no debía predicar. Al hermano moravo Peter Bohler, que
le había ayudado a entender la justificación por la fe, le dijo:
- La veo claramente con la cabeza, pero no la siento, y sería mejor que dejara de predicar hasta que
la sintiera.
- No - dijo Peter Bohler en esa respuesta imperecedera-, no dejes de predicar, sino predica hasta
que la sientas.
Recordemos lo que sucedió. El 24 de mayo de 1738 tuvo aquella experiencia culminante. En una
pequeña reunión en Aldersgate Street, en Londres, un grupo de personas se había congregado para
estudiar las Escrituras y edificarse mutuamente en la fe. Aquella noche en particular se había elegido a
alguien para que leyera el prefacio del comentario de Lutero a la Epístola a los Romanos; no el
comentario sino el prefacio. Allí estaba aquel hombre leyendo ese prefacio del comentario de Lutero
cuando, mientras lo leía, Wesley dice que su corazón experimentó un “extraño fervor” y sintió de
pronto que Dios había perdonado sus pecados: aun los suyos. Al sentir ese calor, algo empezó a
derretirse en su interior; y fue a partir de ese momento cuando este hombre comenzó a predicar con
un nuevo poder y fue grandemente utilizado por Dios. Todo esto no hace sino confirmar lo que
encontramos en las Escrituras. Puedes tener el conocimiento y puedes ser meticuloso en tu
preparación; pero sin la unción del Espíritu Santo carecerás de poder y tu predicación no será eficaz.
Whitefield nos cuenta que fue consciente, de hecho, en el culto de su ordenación, de un poder que
descendía sobre él. Lo sabía. Estaba emocionado por esa sensación de poder. El primer domingo
después de su ordenación predicó en su ciudad natal, Gloucester, y fue un culto asombroso. Fue tan
extraordinario que la gente escribió al obispo - el obispo Benson- quejándose de Whitefield y
aseverando que, como resultado de su sermón quince personas habían perdido la razón. El obispo no
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solo era un hombre sabio sino también un hombre bueno; de modo que respondió diciendo que
deseaba que todo su clero produjera el mismo efecto en la gente, puesto que la mayoría no causaba
efecto alguno. Le alegraba oír de un hombre que causara algún efecto. Por supuesto, aquellas personas
no habían perdido la razón; lo que les había sucedido es que habían experimentado una profunda y
tremenda convicción de pecado. En aquella época la gente, como muchos médicos y otros en la
actualidad, diagnosticaban muy fácilmente el “fanatismo religioso”; pero lo que sucede en realidad es
que el Espíritu Santo de Dios lleva a la persona, o personas, a una tremenda convicción de pecado. Los
diarios posteriores de Whitefield, y sus diversas biografías, contienen interminables relatos de su
conciencia del Espíritu de Dios descendiendo sobre él mientras predicaba y también en otras ocasiones.
En mi tierra natal de Gales hubo dos hombres extraordinarios durante el siglo XVIII: Howel Harris y
Daniel Rowland. Sus vidas son igualmente elocuentes en este sentido. Howel Harris era un joven
profesor de instituto. Fue convencido de pecado en la Pascua de 1735, y su alma estuvo angustiada
hasta el domingo de Pentecostés, cuando recibió la certeza de que sus pecados habían sido perdonados
y comenzó a regocijarse en este hecho. En cualquier caso, tres semanas después, mientras estaba
sentado en la torre de la iglesia leyendo las Escrituras, orando y meditando, dice: “Dios comenzó a
derramar su Espíritu sobre mí”. Describe cómo le llegó “ola tras ola” hasta que apenas fue capaz de
resistirlo físicamente, y nos dice cómo le llenó el amor de Dios derramado sobre su corazón. Ahora bien,
fue a partir de ese momento cuando Harris comenzó a sentir el impulso de evangelizar a sus vecinos
paganos. Al principio solía visitar a los enfermos y les leía buenos libros. No profería una sola palabra
propia, simplemente les leía libros. Pero había tal unción y poder en la lectura de esos libros que las
personas eran convencidas de pecado y se convertían. Esto prosiguió durante un tiempo. Sentía que
era tan indigno que no valía para ser predicador, de manera que, a pesar de que creía que en cierto
sentido no estaba siendo del todo honrado, siguió leyendo los libros, pero intercalando algunos
comentarios propios a medida que le llegaban los pensamientos a la cabeza, mientras mantenía los ojos
fijos en el libro. Siguió así durante un tiempo. Finalmente comenzó a exhortar de forma abierta a la
gente y las multitudes se congregaban para escucharle. En un sentido, este hombre fue el pionero de
un movimiento que sacudió a todo el país y dio a luz a la denominación metodista calvinista galesa, o
los actuales presbiterianos: la Iglesia en Gales. Así es como sucedió; fue el resultado directo de esa
unción, de ese ungimiento especial del Espíritu Santo. A veces lo perdía durante un tiempo y se afligía
por ello; pero luego volvía de nuevo. Siguió así hasta que murió en 1773. Lo mismo se puede decir de
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La Predicación Expositiva
muchos de sus contemporáneos, y especialmente del gran Daniel Rowland cuyos diarios personales,
por desgracia, se han perdido.
Hallamos lo mismo en la biografía escrita por Andrew Bonar sobre W.H. Nettleton, el predicador
grandemente utilizado a quien he hecho referencia anteriormente. En otras palabras, encontramos
exactamente el mismo tipo de experiencia en tipos muy distintos de hombres. La mayoría de los que
he mencionado hasta ahora eran hombres muy capaces. Pero además tenemos a un hombre como D.L.
Moody, que no era un hombre capaz, pero al que Dios utilizó grandemente de todas formas. Fue como
consecuencia directa de una experiencia que tuvo mientras caminaba por Wall Street en Nueva York
una tarde. Moody había sido pastor de una iglesia en Chicago antes de eso, y un pastor exitoso.
Ciertamente había estado haciendo una buena obra, pero eso palidece hasta la insignificancia cuando
lo comparamos con lo que se le capacitó para hacer posteriormente.
Pero permítaseme ofrecer un último ejemplo. En 1857 hubo un gran avivamiento en los Estados Unidos
que se extendió a Irlanda del Norte en 1858 y a Gales en 1859. En general, los avivamientos han tenido
lugar simultáneamente en una serie de países. Esto fue cierto en el siglo XVIII así como en el XIX, un
hecho sumamente interesante de por sí. Pero estoy pensando en un hombre en particular al que Dios
utilizó mucho en Gales en aquel avivamiento cuyo nombre era David Morgan, y especialmente en un
aspecto de su asombrosa historia. Por aquella época había un galés en los Estados Unidos llamado
Humphrey Jones que experimentó profundamente la influencia del avivamiento. Tras haber conocido
esta nueva vida y estando lleno del Espíritu de gozo y regocijo, se dijo a sí mismo: “Desearía que la gente
de mi país pudiera experimentar esto”. Esto se convirtió en una carga tal para él que volvió a su hogar
en Gales. Tras llegar comenzó a hablar a la gente de su condado natal acerca de lo que había visto y
experimentado. Fue hablando por las capillas, a los ministros y a la gente que estaba dispuesta a
escucharle. David Morgan había escuchado a Humphrey Jones varias veces y poco a poco empezó a
interesarse y a sentir el deseo de un avivamiento. Una noche Humphrey Jones estaba hablando con
excepcional poder y David Morgan resultó profundamente afectado. Más adelante diría: “Esa noche
me fui a la cama siendo el David Morgan de siempre. A la mañana siguiente me levanté sintiéndome
un león, sintiendo que estaba lleno del poder del Espíritu Santo”. Para entonces ya llevaba siendo
ministro uno cuantos años. Siempre había sido un buen hombre, sin destacar, un predicador
verdaderamente normal. No había ocurrido gran cosa como resultado de su predicación. Pero esa
mañana se levantó sintiéndose como un león y comenzó a predicar con tal poder que la gente
experimentó convicción de pecado y muchos se convirtieron sintiendo gran regocijo; y las iglesias
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fueron creciendo. Eso continuó durante dos años; dondequiera que iba aquel hombre se producían
tremendos resultados.
De entre las muchas historias de conversiones bajo el ministerio de Morgan, ninguna es tan
extraordinaria como la de T.C. Edwards, el autor de un famoso Comentario a la Primera Epístola a los
Corintios que aún se puede hallar en las estanterías de las librerías de segunda mano. Thomas Charles
Edwards era indudablemente un genio. Su padre, Lewis Edwards, fue director de la primera facultad de
Teología de la Iglesia calvinista metodista galesa, y su madre era nieta del famoso Thomas Charles, que
fue en gran medida responsable de la fundación de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera. T.C.
Edwards, estudiante por aquella época, estaba en su casa de vacaciones y oyó que David Morgan y otro
predicador iban a predicar en su ciudad natal. Decidió ir a escucharle y posteriormente describiría cómo
fue a la reunión con su mente llena de confusión y de dificultades filosóficas. Su fe había resultado
sacudida por sus lecturas filosóficas y estaba en apuros. No sabía muy bien dónde estaba y fue con ese
ánimo solo por curiosidad, para ver y oír lo que aquellos sencillos predicadores tenían que decir. Había
oído hablar mucho acerca del entusiasmo y la emoción en relación con el avivamiento y lo desaprobaba
enérgicamente.
Pero esto es lo que sucedió. Tenía un pañuelo rojo de seda en el bolsillo, como acostumbraban los
jóvenes de aquellos tiempos; y lo único que sabía era que al final del culto el pañuelo rojo de seda
estaba hecho jirones debajo del banco donde estaba sentado en la iglesia. Era completamente
inconsciente de haber hecho eso; pero la realidad es que toda su vida cambió, sus dudas filosóficas
desaparecieron, todas sus incertidumbres se desvanecieron como la bruma matinal y aquel gran
erudito fue lleno del poder del Espíritu Santo y se convirtió en un destacado predicador. Llegó a ser el
rector de la Universidad de Aberystwyth y finalmente siguió los pasos de su padre como presidente de
la Facultad Teológica. Sir William Robertson Nicol, el editor del famoso semanario religioso The British
Weekly y un agudo juez de hombres y predicadores, dijo que, de todos los grandes predicadores que
había conocido, T.C. Edwards era el único a quien podía imaginar como fundador de una nueva
denominación: tal era su poder dinámico.
Ese fue el tipo de ministerio que ejerció David Morgan durante cerca de dos años. ¿Cuál fue el final de
su historia? Unos años después dijo: “Me acosté una noche sintiéndome aún como un león, lleno de
ese extraño poder que había disfrutado durante dos años. Me levanté a la mañana siguiente y descubrí
que me había convertido en David Morgan de nuevo”. Vivió unos quince años más, durante los cuales
ejerció un ministerio sumamente normal.
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La Predicación Expositiva
El poder vino y el poder se retiró. ¡Así es el señorío del Espíritu! No se puede mandar su bendición, no
se la puede ordenar; es un don de Dios por entero. Los ejemplos que he dado procedentes de las
Escrituras lo muestran. “Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo”. El Espíritu le llenó. Hizo lo
mismo con David Morgan; y luego, en su inescrutable sabiduría y soberanía, se lo retiró. Los
avivamientos no tienen el propósito de ser permanentes. Pero al mismo tiempo sostengo que todos los
predicadores debieran buscar este poder cada vez que prediquen.
¿Cómo lo reconocemos cuando sucede? Permítaseme que intente responder. La primera indicación se
encuentra en la conciencia del propio predicador. “Nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras
solamente - dice Pablo-, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre”. ¿De quién
era esta certidumbre? De Pablo mismo. Sabía que algo estaba ocurriendo, era consciente de ello. No se
puede estar lleno del Espíritu sin saberlo. Tuvo “plena certidumbre”. Sabía que estaba investido de
poder y autoridad. ¿Cómo lo sabe uno? Da claridad de pensamiento, claridad de discurso, facilidad de
habla, un gran sentimiento de autoridad y confianza al predicar, una conciencia de un poder que no es
tuyo que llena de emoción a todo tu ser y una indescriptible sensación de gozo. Eres un hombre
“poseído”, asido, tomado. Me gusta expresarlo de esta forma, y sé que nada en la Tierra puede
compararse a esa sensación, que cuando esto sucede tienes la impresión de no estar predicando, eres
un observador. Te observas a ti mismo asombrado mientras sucede. No es por tu propio esfuerzo; eres
solo un instrumento, el canal, el vehículo; y el Espíritu te está utilizando y tú observas con gran gozo y
asombro. No hay nada que se pueda comparar de alguna forma con esto. Eso es lo que percibe el propio
predicador.
¿Qué sucede con las personas? Lo sienten de inmediato; pueden advertir la diferencia
instantáneamente. Están absortos, se vuelven serios, son convencidos, conmovidos, humillados.
Algunos son convencidos de pecado, otros son elevados hasta los cielos, cualquier cosa puede ocurrir
a cualquiera de ellos. Saben de inmediato que algo completamente inusual y excepcional está
ocurriendo. Como resultado de ello empiezan a deleitarse en las cosas de Dios y desean más y más
enseñanza. Son como las personas del libro de Hechos de los Apóstoles, quieren “[perseverar] en la
doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”.
¿Qué debemos hacer, pues, al respecto? Solo hay una conclusión obvia. ¡Búscale! ¡Búscale! ¿Qué
podemos hacer sin Él? ¡Búscale! ¡Búscale siempre! Pero no te quedes ahí; espérale. ¿Esperas que
suceda algo cuando subes a predicar al púlpito? ¿O simplemente te dices a ti mismo: “Bien, ya he
preparado mi estudio, ahora voy a transmitirlo; algunos de ellos lo valorarán y otros no?” ¿Esperas que
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sea el punto de inflexión en la vida de alguien? ¿Esperas que alguien tenga una experiencia culminante?
Eso es lo que la predicación debe hacer. Eso es lo que encontramos en la Biblia y en la historia posterior
de la Iglesia. Busca ese poder, espera ese poder, anhela ese poder; y cuando el poder venga, cede a Él.
No te resistas. Olvida todo lo referente a tu sermón si es preciso. Deja que te libere, deja que manifieste
su poder en ti y a través de ti. Estoy seguro, como ya he dicho en varias ocasiones anteriormente, de
que nada sino un regreso de este poder del Espíritu en nuestra predicación nos proporcionará cosa
alguna. Esto es lo que constituye la verdadera predicación, y es la mayor necesidad de todas en la
actualidad: jamás lo ha sido tanto. Nada puede sustituirlo. Pero, cuando lo tengas, tendrás una
congregación deseosa de ser enseñada e instruida y dispuesta a ello y a ser guiada más y más
profundamente a “la verdad que está en Jesús”. Esta “unción'”, este “ungimiento”, es lo más
importante. Búscalo hasta que lo tengas; no te conformes con menos. Sigue hasta que puedas decir:
“Ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con
demostración del Espíritu y de poder”. El sigue siendo capaz de hacer “mucho más abundantemente de
lo que pedimos o entendemos”.
c. El público al que se predica la Palabra
Para cerrar este curso sobre Predicación Expositiva, nos referiremos a los factores fundamentales que
hacen que un sermón realmente impacte a nuestros oyentes. En realidad, como debe ser claro en este
punto de nuestro desarrollo, no hay “claves” para una predicación exitosa, aunque sí existen ciertos
factores que crean un clima apropiado para la bendición de Dios.
En el acto mismo de la predicación es importante una proclamación que impacte todo el ser de quienes
nos escuchan, para lo cual son importantes algunas consideraciones que enumeramos brevemente.
Primero, es necesario un conocimiento de aquellos a quienes les predicamos. Tres conocimientos son
indispensables para el buen predicador: el conocimiento de la Palabra de Dios, el conocimiento de su
propio corazón, y el conocimiento de su congregación. El primero lo capacita para ser fiel al comunicar
el mensaje; el segundo le da un conocimiento acertado de las profundas realidades del corazón
humano; y el tercero le permite llegar a las necesidades particulares de la gente a la que predica.
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La Predicación Expositiva
Segundo, es fundamental predicar al hombre completo con pasión e interés personal. Es decir, la
Predicación Expositiva busca alcanzar todas las facultades del ser humano. No nos interesa
simplemente alimentar la mente; también es nuestro deseo encender el corazón, y tenemos como
meta mover la voluntad de nuestros oyentes. La Predicación Expositiva busca persuadir, pero de la
manera bíblica, primero renovando el pensamiento, luego afectando las emociones, para, finalmente,
conducir a una decisión. Esto sólo se logra cuando nuestros oyentes perciben que las propia Palabra
nos ha afectado directamente y, además, que tenemos un interés real y genuino por el bien eterno de
sus almas. El gran predicador Richard Baxter, definió la predicación en los siguientes términos: “Un
hombre moribundo, predicando a hombres moribundos”.
Tercero, es imperativo hacerlo en el ambiente correcto. Byron Forrest Yawn, definió esto de manera
precisa en su libro Clavos bien clavados, Predique con claridad, sencillez y pasión 29. En su introducción
dice al respecto:
¿Es necesario que la predicación expositiva sea predeciblemente mecánica, cerebral y aburrida? ¿Cómo
superamos ese obstáculo sin poner en peligro la autoridad bíblica, subirnos al tren de la última moda o
parecer asesores personales santificados? ¿Dónde está el equilibrio entre la exégesis y la transmisión?
Aquel era el nudo gordiano que la mayoría quería deshacer. Incluso los profesores admitían el reto que
supone enseñar eficazmente la relación entre la erudición y la dinámica. Personalmente, yo luchaba
por pasar de lo que llamaría enseñanza expositiva a la predicación expositiva. Se convirtió en una
búsqueda personal.
La idea de entrevistar a predicadores se me ocurrió cuando ya estaba bien avanzado el segundo año
del programa, durante una clase concreta. El orador del seminario de dos días sobre narrativas, que era
profesor adjunto, era un pastor y escritor conocido de la zona, que tenía casi veinticinco años de
experiencia como predicador. El primer día fue avanzando por su materia como si fuera una máquina.
La información era útil; incluso recuerdo parte de ella. El segundo día fui testigo de la mejor exposición
de todo el programa bianual. Dejó a un lado sus apuntes y habló con nosotros cara a cara. Contestó una
pregunta tras otra. Sus respuestas combinaban la autoridad bíblica con la sabiduría práctica. No fue una
clase teórica, sino práctica.
29
Portavoz, Grand Rapids, MI, 2012.
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Entonces es cuando se me ocurrió: ¿Qué pasaría si pudiera sentarme junto a los predicadores que más
admiro y hacer lo mismo? Esos predicadores que parecen haber hallado el equilibrio en su propia
predicación. ¿Y si pudiera localizar esas cualidades en las áreas en las que más necesito mejorar, reunir
a los expositores que mejor las ejemplifican y plantearles mis dudas?
Y eso es lo que hice.
Elegí tres áreas concretas que sabía que figuraban en el meollo del problema: claridad, sencillez y
pasión. Luego busqué a los hombres que mejor representasen estas cualidades particulares. Durante la
fase de investigación del proyecto, interactué con una amplia selección de predicadores procedentes
de todo tipo de contextos. De iglesias grandes y pequeñas. Con amplia experiencia y con poca. A la hora
de escribir este libro, me centré en tres predicadores concretos y muy conocidos, alrededor de los
cuales aglomeré los argumentos básicos: John MacArthur por la claridad, R. C. Sproul por la sencillez y
John Piper por la pasión.
Al comenzar, sabía que la solución para mi problema no era un simple ajuste de los aspectos prácticos.
No me interesaba abordar aquellas facetas de la predicación que estaban al alcance de todos en la
mayoría de libros de homilética. Lo que buscaba no figuraba en un manual ni en un curso sobre el tema.
El reto era mucho más profundo que un mero índice de contenido. Además, no tenía intención de que
mi predicación se rindiera a todas esas peroratas sobre la “importancia” y la aplicación inmediata,
porque discrepo totalmente de ese punto de vista. No necesitaba mejorar la presentación de
PowerPoint o los gráficos. No pretendía bajar el nivel de mi predicación: quería elevar a Dios en las
mentes de las personas por medio de ella.
Cuando queremos mejorar nuestra predicación, tendemos a centrarnos en la mecánica. Esto raras
veces resulta útil. Desde luego, no llega lo bastante lejos. Hay diversas técnicas que pueden mejorar
nuestras rarezas expresivas, pero no generarán la dinámica sincera que deseamos la mayoría. El
número de cosas que otros pueden decirnos que no hagamos es limitado. Los factores que mejoran
realmente la predicación tienen poco que ver con la mecánica. Están conectados con el corazón, el alma
y la mente del predicador.
Algunos de nuestros predicadores favoritos tienen una mecánica muy pobre, según los estándares de
los manuales. A menudo los predicadores más atrayentes son quienes más rarezas mecánicas
presentan. Sin embargo, esas rarezas tienen sentido. Su forma de predicar es más bien una
manifestación de quiénes son como individuos y seguidores de Cristo. Somos testigos del impacto que
tiene sobre sus vidas el descubrimiento sincero. Esta es la idea contenida en el meollo de este libro.
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Fundamentalmente, la forma de predicar no es tan importante, mientras diga lo que tiene que decir (y
sea bíblico).
Para las personas interesadas, la lógica que rodea las tres características (claridad, sencillez y pasión)
se parece un poco a Karate Kid: “¡Dar cera, pulir cera!”. He optado por centrarme en las cosas que
preceden a las técnicas y subyacen en ellas. Como en todo lo que hacemos, las cosas que realmente
agradan a Dios empiezan con la sinceridad en el hombre interior. La claridad, la sencillez y la pasión son
cualidades intrínsecas, no mecánicas. Si se concentra en las realidades internas, su forma de predicar
mejorará de forma natural. Y más concretamente, liberará su discurso.
La claridad (y no el ensayo y la estructura) es el punto de partida para una predicación dinámica. Un
entendimiento y una claridad del texto iluminadas por el Espíritu liberan su predicación, permitiendo
que dependa de la convicción, no de la estructura. La estructura, que es esencial, es consecuencia de
la claridad, a la que sirve. El mejor ejemplo de esto es el Dr. John F. MacArthur.
La claridad conduce a la sencillez. Entender un texto o un concepto bíblico en un grado íntimo nos
confiere la oportunidad de exponer conceptos difíciles a una amplia gama de intelectos, y de aplicarlos
a contextos ilimitados. Pero la profundidad del entendimiento sólo resulta útil si somos capaces de
explicar las cosas de una forma sencilla y comprensible universalmente. Esta es precisamente la faceta
en la que tiene problemas la mayoría de expositores. Nos cuesta hacernos entender. La precisión con
la que entiende usted algo se mide por su capacidad de transmitirla a otros. Todo radica en la
simplificación. Lo que necesitamos es “comprensibilidad”. El mejor ejemplo de este principio es el Dr.
R. C. Sproul.
Por último, llegamos a la pasión, una cualidad bastante esquiva para los expositores. A la mayoría nos
cuesta hacer la transición entre la erudición necesaria para comprender una verdad y la disposición que
actúa según esa verdad. Cuando describimos nuestro objetivo como predicadores, el verbo “sentir” no
nos hace sentir cómodos. Pero no debemos permitir que las diversas maneras en que se ha abusado de
este término nos disuadan de la importancia que tiene la pasión. Más bien, debemos recuperarla de
aquellos que la han convertido en algo risible. La pasión, que aquí definimos, es la manifestación de
una convicción sincera mediante la expresión transparente del predicador en el acto de la predicación.
El Dr. John Piper era la elección lógica en este campo.
Aquí lo tiene, resumido. La claridad, que intensifica el impacto de la verdad en nuestras mentes y en
nuestros corazones, lleva a la sencillez. La sencillez genera una consciencia global de la verdad, que da
como resultado una pasión genuina. La pasión nos permite comunicar la verdad con un impacto
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imbuido de la autoridad de la Biblia. De forma natural, un predicador pasa de un aspecto al siguiente,
de la claridad a la sencillez y a la pasión. Aquí tenemos una secuencia concreta; una no puede preceder
a la otra o existir sin ella. No puedo estar dotado de una pasión sincera a menos que exista una
profundidad de entendimiento. Esta profundidad es fruto de la claridad. La claridad es consecuencia
del trabajo duro y de la gracia de Dios.
En última instancia, todo esto apunta a una realidad sustancial. El gran secreto tras los expositores más
dinámicos y admirables que conocemos es evidente: No hay ningún gran secreto. Todo se reduce a lo
que siempre debe ser: una devoción simple e incontaminada a nuestro Dios glorioso, un amor sincero
por el Hijo eterno y una dependencia constante del Espíritu Santo para que haga lo que solo Él puede
hacer.
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BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA EN ESPAÑOL SOBRE EL PASTOR Y LA PREDICACIÓN
- Baxter, Richard, El pastor renovado. El Estandarte de la Verdad, Edinburgh, Reino
Unido, 2009.
- Borgman, Brian, Mi corazón por tu causa, la teología de la predicación del Albert
N. Martin. Publicaciones Aquila, North Bergen, NJ, 2008.
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buena comunicación aplicados a la enseñanza. LOGOI, Miami, Florida, 2003.
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- Martin, Albert N., Preparados para predicar. Publicaciones Aquila, North Bergen,
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- Olyott, Stuart, Ministrar como el Maestro, 3 mensajes para los predicadores de
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- Piper, John, Hermanos, no somos profesionales. Editorial CLIE, Viladecavalls,
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- Piper, John, La supremacía de Dios en la predicación. Publicaciones Faro de Gracia,
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- Sproul, R. C., Cómo estudiar e interpretar la Biblia. LOGOI, Miami, Florida, 2004.
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- Spurgeon, C. H., Un ministerio ideal, El pastor: su persona y mensaje. El Estandarte
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- Stott, John, La predicación, puente entre dos mundos. Libros Desafío, Grand
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- Tripp, Paul David, Llamamiento peligroso, haciendo frente a los desafíos singulares
del ministerio pastoral. Publicaciones Faro de Gracia, Graham, NC, 2013.
- Wright, Christopher, Cómo predicar desde el Antiguo Testamento. Ediciones
Puma, Lima, Perú, 2016.
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