Clérigo DARÍO PREATO PELOSATO

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Clérigo DARÍO PREATO PELOSATO
Nació en Italia el 6 de Diciembre de 1937; llegó a Venezuela en Septiembre de 1955; profesó en Los Teques el
15 de Septiembre de 1956; murió en el Edo. Táchira el 28 de Agosto de 1958; a los 20 años de edad y 2 de
profesión.
Carta Mortuoria
Altamira, 15 de Septiembre de 1958
Queridos Hermanos:
La alegría salesiana de las vacaciones de final de año de nuestros Estudiantes de
Filosofía, pasadas en nuestro Colegio de Táriba, tuvo un triste epílogo, porque el ángel de la
muerte nos visitó, tronchando improvisamente una prometedora juventud en la persona del
Clérigo, Profeso Temporal, DARIO PREATO, de 20 años.
El día 28 de agosto, último de nuestra permanencia en aquel Colegio, hicimos un
paseo al río Frío, meta ordinaria de paseo de los alumnos, ya que el lugar no presenta ningún
peligro.
Mientras Darío estaba hablando con algunos compañeros suyos, de pie sobre una
piedra, cayó de repente hacia atrás, presentando todos los síntomas de un síncope cardíaco.
Al caer se golpeó fuertemente la cabeza. Murió al instante. La autopsia certificó muerte por
fractura del cráneo.
Así, en un momento y de una manera tan impresionante para todos nosotros, nos dejó
este queridísimo hermano nuestro.
La triste noticia se esparció rápidamente por toda la ciudad y aún antes de que el
cadáver fuera transportado al Colegio, ya estaban allí haciendo acto de presencia varios
exalumnos y amigos para presentar al suscrito y al Director del Colegio de Táriba el más
sentido pésame.
Los funerales se celebraron solemnemente al día siguiente. Asistieron el Excmo.
Señor Obispo Diocesano, Monseñor Alejandro Fernández Feo, Obispo de San Cristóbal,
representaciones del Clero secular y regular, las Hijas de María Auxiliadora de San Cristóbal
y muchísimas otras personas que quisieron dar testimonio de su estimación hacia nuestra
Congregación.
En el cementerio, el querido difunto recibió el último adiós de parte de un compañero
de curso y de nuestro Consejero Escolar.
También los diarios pusieron de relieve la figura moral de nuestro clérigo.
Darío había nacido en Montebello Vicentino, Italia, el 6 de Diciembre de 1937, hijo
de Silvio Preato y Doménica Pelosato de Preato. El sentido religioso de la educación familiar
dirigió su alma a la piedad y lo dispuso a las más hermosas virtudes.
Terminada la Primaria en su pueblo, inició el estudio del latín como aspirante en el
Aspirantado de Castello di Gódego, para luego terminar su aspirantado en Bagnolo.
En Septiembre de 1955 llegó a Venezuela. En Santa María, Los Teques, hizo su
Noviciado. En el año de Noviciado, la acción desarrollada por el Maestro de Novicios
encontró en él un alma dócil que supo asimilar el espíritu salesiano y enriquecerse con
aquellas virtudes que hacen al religioso consciente de sus deberes, maduro, reflexivo y
contento de su vocación. Grande fue su alegría cuando el 15 de Septiembre de 1956 hizo los
votos que lo consagraban a Dios.
De él así nos escribió su Maestro, Don Lorenzo Chiabotto: "Con profundo dolor he
recibido la noticia de la muerte repentina del querido Preato. Lo recuerdo bien y con dolor.
Llegado de Italia comenzó su Noviciado con una comprensión exacta de sus obligaciones
religiosas. Joven, inteligente, de carácter sereno y volitivo, continuó todo el año de Noviciado
su trabajo de formación. Era apreciado por sus superiores y compañeros. Era el tipo del
salesiano bueno, alegre, caritativo con todos. Coronó su año de noviciado con la profesión
trienal, animado por un profundo espíritu religioso y una total entrega al Señor, manifestando
un ardiente entusiasmo por Don Bosco y la Obra Salesiana. Por todo ello ofrecía a los
Superiores la oportunidad de formular sobre él los juicios más favorables y dar las mejores
esperanzas".
En el Estudiantado Filosófico su fisonomía espiritual presentó signos siempre más
claros de una vida religiosa con las correspondientes virtudes no sólo ya comenzadas sino en
gran parte vigorosa y decididamente elaboradas.
Estos signos aparecen en sus cuadernillos, donde él acostumbraba escribir
diligentemente los propósitos tomados en los Ejercicios Espirituales. Allí también se ven
señales evidentes de su unión con Dios: son invocaciones y jaculatorias escritas aquí y allá.
La disciplina del Estudiantado tuvo en él un fiel observante. Era querido por todos por
su carácter sencillo y bueno.
Sacrificado, de pocas palabras y de muchos hechos, no rehusaba nunca ningún
trabajo. Le gustaba trabajar en nuestro floreciente Oratorio Festivo. Se preparaba
diligentemente para la clase de Catecismo, usando el abundante material didáctico que
tenemos en nuestra Aula Catequística.
El Señor, en sus inescrutables designios, no quiso dejar por más tiempo esta planta en
su vivero, la encontró madura y la trasplantó al jardín salesiano del cielo.
La desaparición de un hermano del campo común de trabajo es dolorosa, pero reviste
un carácter de más profunda tristeza cuando quien cae es un joven en el pleno vigor de sus
fuerzas y rico de energías espirituales, que apenas se asoma a la vida con el más grande
entusiasmo para el apostolado que le espera.
No nos queda otra cosa que adorar los designios de la Divina Providencia. Al terminar
esta carta permítaseme agradecer muy vivamente al Reverendo Padre Director y a los otros
Superiores de la Casa de Táriba, que tan gentilmente nos hospedaron, por su participación
activa en nuestra desgracia y en nuestro dolor.
Queridos Hermanos: aportad el tributo de vuestras oraciones sobre. esta tumba abierta
antes de tiempo y rezad también por esta casa de formación y por quien se profesa vuestro
afectísimo en Don Bosco Santo,
Sac. Enzo Ceccarelli
Director
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