Subido por FRANCISCO SANTOS DOMINGUEZ

MIERCOLES

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MIERCOLES
Con la presentación de Jesús en el templo, a los cuarenta
días de su nacimiento, se cierra un ciclo de su presentación
al mundo. Se presenta a los pastores, a los magos ... y
ahora, a Yavé, en el templo de Jerusalén. En este escenario
hay dos testigos de excepción: dos ancianos simpáticos, a
los que el peso de los años no les ha hecho perder la
lozanía espiritual. Simeón y Ana son una pareja
veterotestamentaria a la que le hubiera encantado vivir en
pleno régimen de Nuevo Testamento. Y lo dicen de
manera descarada. Simeón no tiene miedo en irse al otro
barrio porque ya ha visto, se supone que con ojos bastante
cansados, al "Salvador". Ana, longeva donde las haya, al
ver al niño, se puso más contenta que unas castañuelas, y,
en plan carismático,, comenzó a alabar a Dios cantando
aquello de "Alabaré, alabaré, alabaré, alabaré, alabaré a mi
Señor". Pero, claro, no era cuestión de quedarse en el
jolgorio. Ambos, sobre todo el viejo Simeón, tienen su
pequeña aportación profética. Lucas coloca en sus labios
una cristología: Jesús es el Salvador, es la gloria de Israel
y también la luz de todas las naciones. Pero es también un
"signo de contradicción" que va a dividir y que va a ser
dividido.
LUNES
Esta historia del Evangelio nos parecería estar lejana a
nuestra realidad, sin embargo la verdad es que se repite
frecuentemente hoy en nuestra sociedad dominada por el
materialismo. Jesús sana y libera a un hombre que sufrían
a causa de unos demonios. Al hacerlo los demonios
destruyen toda una piara de cerdos. Los habitantes en
lugar de agradecer el haber liberado y sanado al pobre
hombre que sufría, se preocupan más por la pérdida
material de una piara de cerdos. Vale más la piara de
cerdos que la salud y bienestar de un ser humano. Como
consecuencia, la comunidad rechaza a Jesús. La historia se
repite una y otra vez. Preferimos lo material a lo espiritual.
Y cuando Jesús, a través de la Escritura o de la Iglesia nos
advierte de esto, o busca ayudarnos a liberarnos de estas
esclavitudes… la respuesta es: Que tiene la Iglesia (o el
mismo Jesús) que decirme sobre qué es más importante en
mi vida.
No dejemos que nos domine lo material. Dios nos ha
regalado todas las cosas materiales las cuales son buenas y
son para nuestro bienestar, pero jamás deberán estar por
encima de los valores como son: la vida humana, la vida
familiar, y la VIDA ESPIRITUAL. Nada vale una piara de
cerdos comparada con la alegría que produce el ver a un
hermano sano y feliz.
MARTES
Dos excelentes pasajes unidos en un solo relato en donde
podemos ver la importancia de la fe. El elemento que hace
posible la acción de Dios, incluso de manera
extraordinaria, es la fe. Pero tiene que ser una fe como la
que nos muestra el evangelio de hoy. Una fe que desafía
todo y se lanza a tocar a Jesús o en el caso de los padres de
la niña, en los cuales no obstante la evidencia de la muerte
de la niña, dejan que Jesús haga las cosas a su manera.
Creer significa confiar aun ante la evidencia contraria;
creer significa tomar los riesgos de ser criticados, creer es
actuar, diría el Apóstol Santiago.
Muchas veces nuestra fe queda solo a nivel de razón y no
de actuación. La verdadera fe es notoria pues expresa sin
lugar a dudas la confianza y el abandono total en Dios.
¿Cómo es tu fe? ¿Es una fe intelectual, o es una fe que
ante la evidencia contraria continúa diciendo: No entiendo
Señor, pero creo que tú me amas y que harás lo que sea
mejor para mí y para los míos?
JUEVES
Jesús nos enseña en este pasaje lo difícil que puede ser
nuestro trabajo de evangelización entre los nuestros, en
nuestra casa, en nuestro centro de trabajo, incluso en
nuestros barrios. Cuánta gente se admira de nuestro
cambio de vida, de nuestra alegría, de una manera
diferente de ser y de pensar, y sin embargo permanecen en
su falta de fe. Esto lejos de desanimarnos debe alentarnos,
pues es y será finalmente el Espíritu Santo quien hará la
obra.
A pesar de la incredulidad de la gente, Jesús continuaba
con su misión: Enseñar el camino del Reino. Si te sientes
desanimado porque tu trabajo apostólico en tu casa o con
los tuyos no ha tenido el resultado que esperabas… no te
desanimes, la obra no es tuya sino del Espíritu. Tarde o
temprano verán en tu estilo de vida un invitación a vivir en
el Reino. La palabra de Dios dice: “Cree tú y creerá tu
casa”.
VIERNES
Siempre la cobardía será causa de injusticia. De la misma
manera que Jesús fue condenado por cobardía, así fue la
suerte para san Juan. Y esta es la suerte que corren muchos
de nuestros hermanos a manos de personas “buenas” pero
cobardes. Hombres que saben que lo que harán es una
injusticia, pero ante el temor de perder su “buena fama”,
su posición, su trabajo, etc. son capaces de cometer las
peores atrocidades.
Nosotros no estamos exentos de experimentar esta
cobardía, pues nuestra naturaleza es débil y ante una
situación extrema podríamos correr el riesgo de traicionar
a Jesús y a su evangelio.
De ahí la importancia de la oración y de la vida de
intimidad con Jesús. Ya lo decía el Maestro: “Velad y orad
para que no caigáis en la tentación”. Cuando se presenta
ante nosotros una situación de injusticia no hay lugar para
la cobardía… El amor a Cristo nos apremia y habrá
llegado el momento de mostrarnos verdaderamente como
cristianos. ¿Estás preparado?
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