Subido por Idalis Deymonnaz

Resumen 1er parcial construcción de los conceptos psicoanalíticos Delgado UBA

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Resumen primer parcial
Semana 1
Teórico:
Módulo 1 Tema 1
Delgado, O. (comp.)(2017). Construcción de los conceptos psicoanalíticos. Buenos Aires: JCE
Ediciones. Parte I, pp. 25-44.
Freud parte de la búsqueda de la causa, ya que se basa en una ciencia de la naturaleza: en el
psicoanálisis la causa es doble. Entre la causa y el efecto encontramos la defensaUbica un ‘’hecho’’ como traumático, luego da un dicho que le da un sentido, finalmente el síntoma que
es un sentido.
Lacan: lo propio del sujeto psicoanalítico es división entre la verdad y el saber.
La conceptualización de Pulsión de Muerte fue un cambio radical y de redefiniciones. Se puede pensar
como un cambio de paradigma.
Según lo planteado por Paul Laurent Assoun en Freud y Wittgestein, ambos tomaron lo que constituye
al síntoma en relación con el saber; Freud por la vía del inconsciente y Wittgestein se ocupó del
lenguaje.
Para Freud, la cuestión de síntesis atenta contra la clínica que es de detalle no generalizableLa precisión en la investigación y en la práctica clínica de Freud es solidaria con su referencia a los
detalles. Práctica clínica no es una experiencia en bruto sino efecto de un acto que produce un sitio
apto para que se precipite el acontecimiento de la experiencia del inconsciente.
Freud observa y ordena con precisión los problemas clínicos, formula los problemas con tal
rigurosidad, los va reformulando a partir de la mencionada praxis del detalle.
En los inicios de su práctica y de la construcción doctrinaria lo hallamos queriendo explicar la
naturaleza de los síntomas con una orientación causalista. Parte de un hecho clínico, no empirista.
No se trata de un proceso lineal, sino que ‘’arriesga hipótesis y edifica construcciones auxiliares que
retira sino se confirman’’
Incursiona tanto en diversos problemas clínicos como en otros campos del saber. Establece nexos y
análisis comparativos, sitúa las coincidencias y es exhaustivo con las diferencias‘’ Ni por un momento deben creer que esto que les presento (…) sea un sistema especulativo. Es más
bien experiencia: expresión directa de la observación o resultado de su pensamiento’’
Abducción es lo que utiliza Freud, es una de las 4 modalidades de producir conocimiento científico.
Con Miller, podemos decir que, en psicoanálisis hay una relación discontinua entre causa y efecto:
entre una y el otro está la represión. La fijación no alcanza como antecedente causal, y la represión
nombra la elección de neurosis, que en el curso citado este puesto en relación con ‘’la elección
forzada’’ y ‘’la insondable decisión del ser’’ de Lacan.
Freud, S. (1990). Mis tesis sobre el papel de la sexualidad en la etiología de las neurosis. En Obras
Completas, Tomo VII. Buenos Aires: Amorrortu.
Tesis: “La histeria es la expresión de un comportamiento particular de la función sexual del individuo,
y ese comportamiento ya estuvo marcado de manera decisiva por las influencias y vivencias q se
recibieron en la infancia”. Dada una vida sexual normal, la neurosis es imposible.
Reformula la tesis a partir de la diferenciación entre los espejismos mnémicos de los histéricos acerca
de su infancia y las huellas de los hechos reales.
1
Al obtener este esclarecimiento, cayó por tierra la insistencia en el elemento “traumático”; la práctica
sexual infantil (sea espontánea o provocada) marca la dirección q seguirá la vida sexual tras la madurez.
Los síntomas histéricos ya no aparecían como retoños directos de los recuerdos reprimidos de
vivencias sexuales infantiles, sino q entre los síntomas y las impresiones infantiles se intercalaban las
fantasías (invenciones de recuerdos) casi siempre producidas en los años de la pubertad. La fantasía
cumple el papel de la defensa contra las propias prácticas sexuales del niño.
Los “traumas sexuales infantiles” fueron sustituidos en cierto sentido por el “infantilismo de la
sexualidad”.
La disposición sexual constitucional del niño merece ser llamada “perversa polimorfa” ya q posee
diferentes formas de ganancia de placer.
Para entender en la teoría la importancia etiológica del factor sexual para la neurosis, lo que hay que
hacer es seguir su desarrollo. Este se modificó en su curso: en su origen la teoría estuvo referida
solamente a los cuadros patológicos (neurastenia y neurosis de angustia). Desde siempre se supo que
factores sexuales podían desempeñar un papel en la causación de estas formas, pero no se los hallaba
activos en todos los casos. Era necesario aceptar que las perturbaciones en la vida sexual de los
neuróticos ocurrían con frecuencia y también resultaba dudoso el grado de desviación respecto de la
función sexual normal. Se vio que la forma de contracción de la enfermedad evidenciaba un vínculo
constante con el tipo de deterioro sexual. Sólo por esto, Freud puso en una posición privilegiada a las
influencias sexuales dentro de la etiología de las neurosis.
- Breuer y Freud: ambos estudiaron el mecanismo de la génesis de síntomas histéricos por medio de la
suscitación de recuerdos en estados hipnóticos. Así llegaron a la conclusión de que los síntomas
histéricos eran efectos de traumas psíquicos; algunas condiciones impidieron la elaboración consiente
de las masas de afecto que les correspondían, y por eso ellas se facilitaron una vía anormal en la
inervación corporal. A partir del método catártico se rastreaban cada vez más lejos los traumas
psíquicos y al final se llegaba a vivencias que pertenecían a la infancia del enfermo y se vinculaban a
su vida sexual. Sin tomar en cuenta estos traumas sexuales de la infancia no se podía esclarecer los
síntomas. Así quedó establecida la importancia de las vivencias sexuales para la etiología de las
psiconeurosis.
La histeria es la expresión de un comportamiento particular de la función sexual del individuo, y ese
comportamiento ya estuvo marcado de manera decisiva por las vivencias que se recibieron en la
infancia.
•Relación entre las psiconeurosis y las fantasías que los síntomas revelan
Freud, fundamentando algunas correcciones de su teoría debido al material limitado que tenía
anteriormente, explica que ese material limitado le había aportado un número muy grande de casos
en que la seducción por adultos u otros niños mayores, desempeñaba el papel principal en la historia
infantil. Sobrestimó la frecuencia de estos sucesos; además no podía distinguir entre los espejismos
mnémicos de los histéricos acerca de su infancia (una especie de relato desfigurado) y las huellas de
los hechos reales. Desde entonces el autor aprendió, en cambio, a resolver muchas fantasías de
seducción considerándolas como unos intentos por defenderse del recuerdo de la propia práctica
sexual (masturbación infantil). Al obtenerse este esclarecimiento, se dio una insistencia en el elemento
TRAUMÁTICO: la práctica sexual infantil marca la dirección que seguirá la vida sexual tras la madurez.
Este esclarecimiento alteró también la concepción del mecanismo de los síntomas histéricos. Ya no
aparecían más como retoños directos de los recuerdos reprimidos de vivencias sexuales infantiles, sino
que entre los síntomas y las impresiones infantiles se intercalan las fantasías (invenciones de
recuerdos) de los enfermos, casi siempre producidos en los años de la pubertad. Estas se construían,
por un lado, a partir de los recuerdos infantiles, excediéndolos, y por el otro se trasponían
directamente en los síntomas. Los “traumas sexuales infantiles” fueron sustituidos por el “infantilismo
de la sexualidad”. Situación traumática vs práctica sexual infantil
• “Los síntomas son la práctica sexual de los enfermos”
2
La NEUROSIS es propuesta como una represión excesiva de las aspiraciones libidinosas. Como casi
todas las pulsiones perversas de la disposición infantil eran fuerzas formadoras de síntomas en el caso
de las neurosis, pero en esta se encontraban en el estado de la represión, el autor pudo caracterizar la
neurosis como el “negativo de la perversión”. Entonces los SÍNTOMAS FIGURAN LA PRÁCTICA SEXUAL
DE LOS ENFERMOS (los enfermos viven su sexualidad a través de los síntomas), sea en su integridad,
sea una práctica parcial, que procede de las fuentes de unas pulsiones parciales, normales o perversas
de la sexualidad. No sólo una buena parte de la sintomatología histérica brota directamente de las
exteriorizaciones de un estado de excitación sexual; no sólo una serie de zonas erógenas se elevan en
la neurosis: aún los síntomas más complejos se revelan como las figuraciones convertidas de fantasías
que tienen por contenido una situación sexual.
• “Accidental versus constitucional”
Freud opone ACCIDENTAL VS CONSTITUCIONAL. Plantea los influjos accidentales que afectan la
sexualidad, habiendo mencionado la supuesta frecuencia de la seducción en la niñez. Pero más tarde,
debe renunciar a su afirmación de colocar a estos factores como principales en la causación de la
enfermedad. Al ceder terreno los influjos accidentales del vivenciar, los factores de la constitución y
de la herencia reafirmaron su primacía. Pero con una diferencia respecto de la concepción dominante:
en la doctrina del autor, la constitución sexual reemplazará a la disposición neuropática general.
Hasta 1896, Freud creía que la eficacia patógena de una vivencia estaba sujeta a una condición: tenía
que ser intolerable para el yo, y provocar en él un esfuerzo defensivo. Si la defensa prevalecía, la
vivencia intolerable era arrojada de la conciencia y del recuerdo del yo junto con sus secuelas afectivas;
pero en ciertas circunstancias, lo arrojado resultaba ser algo inconsciente y regresaba a la conciencia
por medio de los síntomas y de los afectos adheridos a ellos. Entonces la contracción de la enfermedad
correspondía a un fracaso de la defensa. Posteriormente averiguó que en personas normales ocurría
algo inesperado: sus historias sexuales infantiles no se debían distinguir de la vida infantil de los
neuróticos y además, el papel de la seducción era el mismo en ellas. Por tanto, no importaban las
excitaciones sexuales que un individuo hubiera experimentado en su infancia, sino su REACCIÓN frente
a estas vivencias: si había respondido o no con la REPRESIÓN a esas impresiones. En cuanto a la práctica
sexual espontánea de la niñez, se demostraba que a menudo era interrumpida en el curso del
desarrollo por un acto de represión.
-Disposición sexual constitucional del niño: es mucho más variada de lo que se cree. Se la llama
perversa polimorfa, y el comportamiento de la función sexual normal surge de esa disposición, por
represión de ciertos componentes. La NORMA resultó ser el fruto de la represión de ciertas pulsiones
parciales y ciertos componentes de las disposiciones constitucionales infantiles, y de la subordinación
de los restantes bajo el primado de las zonas genitales y al servicio de la reproducción; las
PERVERSIONES correspondían a perturbaciones de esta síntesis por el desarrollo de alguna de estas
pulsiones parciales; en cuanto a la neurosis, Freud la recondujo a una represión excesiva de las
aspiraciones libidinosas. Entonces el autor postuló factores constitucionales en lugar de influjos
accidentales, y la defensa fue reemplazada por la “represión sexual” orgánica.
Por último, sigue considerando que la sexualidad y el infantilismo son muy importantes en la etiología
de las psiconeurosis.
• Resolución del conflicto psíquico por parte del neurótico
Quien aprende a interpretar el lenguaje de la histeria, puede percibir que la neurosis trata de la
sexualidad reprimida de los enfermos. Basta para ello con que la función sexual se comprenda en su
alcance justo, el delimitado por la disposición infantil. El análisis demuestra que los componentes
sexuales de la vivencia traumática ejercieron el efecto patógeno. Entonces, el enfermo resuelve el
conflicto psíquico por medio del psicoanálisis, puede hacer consciente aquello que estaba reprimido y
que constituía el síntoma neurótico.
Freud, S. (1990). Fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad. En Obras Completas, Tomo IX.
Buenos Aires: Amorrortu.
3
Ubica en este texto el valor de la fantasía como soldadura entre pulsión y deseo, es decir la fantasía
viene a soldar el autoerotismo infantil con una trama de deseo inconsciente. El empuje de la pulsión
parcial va a quedar soldado a un deseo sexual infantil inconsciente. Pulsión y deseo son dos campos
heterogéneos que al unirse con la fantasía no se pueden separar y así se encuentran en la clínica. A
esto Freud o explica en el texto de la siguiente manera: “El acto masturbatorio (en el sentido más lato:
onanista) se componía en esa época de dos fragmentos: la convocación de la fantasía y la operación
activa de autosatisfacción en la cima de ella. Como es sabido, esta composición consiste en una
soldadura. (ver nota)(86) Originariamente la acción era una empresa autoerótica pura destinada a
ganar placer de un determinado lugar del cuerpo, que llamamos erógeno. Más tarde esa acción se
fusionó con una representación-deseo tomada del círculo del amor de objeto y sirvió para realizar de
una manera parcial la situación en que aquella fantasía culminaba. Cuando luego la persona renuncia
a esta clase de satisfacción masturbatoria y fantaseada, la fantasía misma, de conciente que era,
deviene inconciente. Y si no se introduce otra modalidad de la satisfacción sexual, si la persona
permanece en la abstinencia y no consigue sublimar su libido, vale decir, desviar la excitación sexual
hacia una meta superior, está dada la condición para que la fantasía inconciente se refresque, prolifere
y se abra paso como síntoma patológico, al menos en una parte de su contenido, con todo el poder
del ansia amorosa”.
La fantasía como soldadura va a ser el soporte de los síntomas neuróticos.
“El nexo de las fantasías con los síntomas no es simple, sino múltiple y complejo, probablemente a
consecuencia de las dificultades con que tropieza el afán de las fantasías inconcientes por procurarse
una expresión. Por regla general, o sea, dado un desarrollo completo y un prolongado lapso de
permanencia en la neurosis, un síntoma no corresponde a una única fantasía inconciente, sino a una
multitud de estas; por cierto que ello no de una manera arbitraria, sino dentro de una composición
sujeta aleyes. Es muy posible que al comienzo del caso clínico no se encuentren desarrolladas todas
esas complicaciones.”
“Serie de fórmulas que se empeñan en agotar progresivamente la naturaleza de los síntomas
histéricos. Ellas no se contradicen entre sí, sino que corresponden en parte a versiones más completas
y deslindadas, en parte a la aplicación de puntos de vista diferentes.”
Desarrolla 9 fórmulas que dan cuenta de la relación de la fantasía con el síntoma. Las primeras 4 dan
cuenta de la relación síntoma fantasía con el deseo inconciente. Dan cuenta de la fantasía sosteniendo
al síntoma en su valor de deseo. El síntoma como trama psíquica del deseo inconsiente. Las fórmulas:
1. El síntoma histérico es el símbolo mnémico(88) de ciertas impresiones y vivencias (traumáticas)
eficaces.
2. El síntoma histérico es el sustituto, producido mediante «conversión», del retorno asociativo de esas
vivencias traumáticas.
3. El síntoma histérico es -como lo son también otras formaciones psíquicas- expresión de un
cumplimiento de deseo.
4. El síntoma histérico es la realización de una fantasía inconciente al servicio del cumplimiento de
deseo.
Las siguientes 4 dan cuenta de la relación síntoma fantasía en relación a la satisfacción (pulsión). El
síntoma como satisfacción sustitutiva. El síntoma como satisfacción sexual hace que tenga una
permanencia tan rotunda en la vida de las personas. Las fórmulas:
5. El síntoma histérico sirve a la satisfacción sexual y figura una parte de la vida sexual de la persona
(en correspondencia con uno de los componentes de la pulsión sexual).
6. El síntoma histérico corresponde al retorno de una modalidad de la satisfacción sexual que fue real
en la vida infantil y desde entonces fue reprimida.
4
7. El síntoma histérico nace como un compromiso entre dos mociones pulsionales o afectivas opuestas,
una de las cuales se empeña en expresar una pulsión parcial o uno de los componentes de la
constitución sexual, mientras que la otra se empeña en sofocarlos.
8. El síntoma histérico puede asumir la subrogación de diversas mociones inconcientes no sexuales,
pero no puede carecer de un significado sexual.
“Entre estas diferentes definiciones, es la séptima la que expresa de manera más exhaustiva la
naturaleza del síntoma histérico como realización de una fantasía inconciente; y, junto con la octava,
es la que aprecia de manera correcta el significado del factor sexual. Muchas de las fórmulas
precedentes están contenidas en esta como estadios previos.”
“A consecuencia de este nexo entre síntomas y fantasías, no resulta difícil alcanzar, desde el
psicoanálisis de los síntomas, la noticia sobre los componentes de la pulsión sexual que gobiernan al
individuo, tal como lo expuse en mis Tres ensayos de teoría sexual [1905d]. Ahora bien, esta indagación
arroja, para muchos casos, un resultado inesperado. Muestra que la resolución mediante una fantasía
sexual inconciente, o mediante una serie de fantasías de las cuales una, la más sustantiva y originaria,
es de naturaleza sexual, no basta respecto de numerosos casos de síntomas; para la solución de estos
hacen falta dos fantasías sexuales, de las que una posee carácter masculino y femenino la otra, de
suerte que una de esas fantasías corresponde a una moción homosexual. La tesis expresada en la
fórmula 7 no es afectada por esta novedad; por tanto, un síntoma histérico corresponde
necesariamente a un compromiso entre una moción libidinosa y una moción represora, pero además
de ello puede responder a una reunión de dos fantasías libidinosas de carácter sexual contrapuesto.
9. Un síntoma histérico es la expresión de una fantasía sexual inconciente masculina, por una parte, y
femenina, por la otra.
Pino, S. y Córdoba, M. (2012). En Delgado, O. (comp.), Construcción de los conceptos psicoanalíticos.
Cap. 3. Buenos Aires: JCE Ediciones.
Hay 4 paradigmas en relación al síntoma: síntoma-fantasía, síntoma-castración, síntomadisfuncionamiento
y
síntoma-funcionamiento.
Primer
paradigma:
SINTOMA-FANTASIA
FREUD
En un inicio el síntoma es el fundamento de la defensa que recae sobre el recuerdo de una vivencia
traumática sexual y prematura. Hay una defensa que en la práctica se presenta como resistencia, para
Freud la cura era enlazar el síntoma a la representación reprimida, la defensa separa representación
de
afecto.
Entre trauma y síntoma lo que media es la palabra, la referencia simbólica. Lo que está en juego es un
conflicto de inconciabilidad entre un pensamiento otro y el resto de los pensamientos.
Entre causa y efecto ya no hay relación directa, en el medio se ubica la defensa, el no querer saber
nada de ese pensamiento heterogéneo respecto del resto de los pensamientos.
Freud avanza: “ya no creo más en mi neurótica” en Mis Tesis. Cae la seducción paterna como vivencia
traumática para encontrar su lugar en la teoría, liga al padre con el desprendimiento sexual como
acontecimiento
del
cuerpo.
Formula su nueva teoría de la fantasía. El movimiento conceptual va del trauma sexual infantil en lugar
de la causa, a las fantasías como intento de defenderse de la propia práctica sexual, la masturbación
infantil,
para
culminar
la
fantasía
como
soldadura.
Entonces,
la
fantasía
tiene
dos
funciones:
defensa
y
satisfacción.
La fantasía es una ensambladura entre el síntoma y sexualidad infantil. Funciona como soldadura entre
pulsión y deseo, es decir, la fantasía va a soldar el autoerotismo infantil con una trama de deseo ICC.
La fantasía como soldadura va a ser el soporte de los síntomas neuróticos.
Entonces hay un pasaje de la vivencia sexual infantil a la sexualidad infantil. Se define por infantil en la
causa del síntoma y le da un valor universal, la práctica sexual infantil, la actividad autoerotica
mecánica, se liga a la fantasía con un deseo edipico determinando la vida sexual adulta.
Freud va a decir que el síntoma es la práctica sexual del neurótico, los síntomas están soportados en
una
fantasía
ICC.
5
La defensa opera sobre la sexualidad infantil en la que la fantasía tiene un doble valor: por un lado,
encubre la práctica sexual masturbatoria, y por el otro revela un deseo.
LACAN
Este autor da un valor esencial a la funcion simbólica de la palabra en el campo del lenguaje. Se sirve
de
la
lingüística,
el
inconsciente
estructurado
como
lenguaje.
Sostiene
una
separación
radical
entre
lo
imaginario
y
lo
simbólico.
El síntoma es consecuencia de un defecto en la simbolización, algo que no pudo ser verbalizado, que
ha quedado sin pasar por la palabra. La cura se basa en la posibilidad de simbolizar eso que ha quedado
interrumpido
de
la
historia
del
sujeto.
La cura por simbolización es lo que permite dar significación retroactiva a lo que quedo censurado para
el
sujeto
y
por
eso
tiene
valor
traumático.
Al igual que Freud, Lacan resalta el valor de la palabra como medio de tramitar la impresión psíquica.
Es necesario distinguir la palabra vacía en el campo imaginario, de la palabra plena del campo
simbólico. La palabra plena apunta a la verdad del sujeto, la palabra vacía circula en el eje del
narcisismo, sobre esta hay que provocar en el analisis un vaciamiento. El analisis permite reescribir la
historia.
En relación a la historia y el lenguaje, nos situamos en otra vertiente del campo simbolico, que
corresponde a la diacronía de la estructura lingüística. Los elementos de una sintaxis adquieren valor
unos respecto a otros. Es lo que Freud introdujo como perdida del referente, cada elemento separado,
cada significante por si solo llama al sin-sentido. En la conjugación, articulación y combinación se
decide
el
sentido
que
se
produce.
Lacan invierte la relación entre significado y significante, el significante es el que crea el significado, no
hay relación predeterminada entre ambos. También introduce el concepto de cadena significante
como
condición
necesaria
para
toda
formación
del
inconsciente.
Lacan hace funcionar lo simbólico como un único termino que se opone y distingue de lo imaginario.
En
este
punto
introduce
el
Otro
con
mayúscula
(A).
Se distinguen dos otros: uno con A mayúscula y otro con una minúscula que es el yo. En la funcion de
la
palabra
de
quien
se
trata
es
del
Otro.
Para Lacan, el «otro» es lo absolutamente ajeno que se encuentra más allá del yo; es el ambiente en
que hemos nacido, y que debemos «traducir» o al que debemos dar sentido para sobrevivir y
prosperar.
El
Otro
es
lo
que
nos
permite
convertirnos
en
yo.
Es el Otro como batería de significante, lugar de código y de lenguaje que antecede al sujeto, el Otro
del
discurso,
es
el
lugar
de
la
verdad.
El lenguaje sirve tanto para fundarnos en el Otro como para impedirnos radicalmente comprenderlo,
y de eso se trata la experiencia analítica. En el analisis se trata de la prevalencia del eje simbólico, que
el sujeto pueda reconocer al Otro con mayúscula a quein se dirige mas allá del otro imaginario. Cuando
en la cura aparece el plano imaginario estamos frente a la resistencia, el obstáculo.
Módulo 1 Tema 2
Lacan, J. (1978). Intervención sobre la transferencia. En Escritos l. Buenos Aires: Siglo XIX.
En este texto de Lacan pertenece a una primera etapa de su teoría donde prevalecen los registros de
lo imaginario y lo simbólico dentro de sus esquemas. Podemos encontrar a demás una diferencia con
otros
colegas
en
cómo
se
piensa
el
sujeto
en
el
psicoanálisis.
Síntoma: participe de una fantasía icc y la función del analista para producir la cura es acompañar ese
proceso de hacer cc lo icc. Pero para eso hay un elemento llamado transferencia, Freud lo descubre y
va de la mano con la fundación del psicoanálisis. Implica q el síntoma necesariamente debe entrar en
el dispositivo analítico, transferencial, debe convertirse de un síntoma ordinario a un síntoma de
transferencia. La transferencia es algo con lo q Freud se va a encontrar en la clínica, por ejemplo, en el
caso Dora, ya que no notó ese fenómeno en el caso Dora (1905). La idea del dispositivo analítico es
que se apunte al surgimiento del eje simbólico, como por ejemplo a través de la interpretación
analítica.
Lacan propone pensar a la acción analítica como un proceso dialéctico.
¿Qué pensamos por dialéctica hegeliana? Consiste en establecer una “tesis”, su contrario una
6
“antítesis” y su resolución una “síntesis”. A cada afirmación de algo le corresponde su respectiva
negación, y que choque entre ambos, una opción novedosa o superadora. A la vez esa antítesis se
convierte
en
una
tesis
a
ser
contrapuesta
a
futuras
antítesis.
Lacan va a decir que todo análisis es un desarrollo dialectico hacia una verdad. Supone que hay una
verdad del sujeto a ser descubierta.
Este texto va a analizar el caso Dora como un movimiento dialéctico:
Desarrollo
de
la
verdad
Inversión
Dialéctica
->
Nuevo
desarrollo
de
verdad
(nuevo
punto
de
El analista responde en lugar de un otro, no de un Otro.
->
partida)
->
Tesis
Antítesis
Síntesis
Para Lacan, en psicoanálisis, el sujeto se constituye por un discurso donde la mera presencia del
psicoanalista aporta, antes de toda intervención, la dimensión del diálogo.
El psicoanálisis es una experiencia dialéctica, este es el nombre de ese movimiento ideal que el discurso
introduce en la realidad .
Primer desarrollo de verdad: Dora llega como una queja de que es una moneda de cambio para que su
padre esté con la señora K. Y a su vez queda entregada a los galanteos del señor K y su padre no dice
nada.
Primera inversión dialéctica: Freud la pregunta ¿Cuál es tu propia parte en el desarrollo del que te
quejas?
Esto lleva a un segundo desarrollo de verdad: Dora es cómplice de esas jugadas que dan entre estos
cuatro personajes, porque nunca dijo nada. Además, se identifica con el padre, la experiencia sexual
de éste ha favorecido, experimentada por Dora como idéntica a la prevalencia de su posición de
fortuna, la palabra fortuna en alemán se transparenta en todos los síntomas. La pregunta se convierte
en ¿Qué significan los celos de Dora hacia su padre? Y aquí se sitúa la segunda inversión dialéctica que
Freud opera con la observación de que no es aquí el objeto pretendido de los celos el que da su
verdadero motivo, sino que enmascara un interés hacia la persona del sujeto-rival, interés cuya
naturaleza mucho menos asimilable al discurso común no puede expresarse en él sino bajo esa forma
invertida.
Tercer desarrollo de la verdad: la atracción fascinada de Dora hacia la Señora K, las confidencias que
recibe hasta un punto que quedará sin sondear sobre el estado de sus relaciones con su marido, el
hecho patente de sus intercambios de buenos oficios como mutuas embajadoras de sus deseos
respectivos hacia el padre de Dora. Freud piensa entonces ¿Cómo Dora no le tiene rencor a la Señora
K?, esto nos lleva a la tercera inversión dialéctica que nos daría el valor real del objeto que es la señora
K para dora, es un misterio, el misterio de su propia femineidad corporal.
Lacan afirma que es por haberse puesto un poco excesivamente en el lugar del señor K por lo que
Freud no logró conmover al Aqueronte.
La función de la palabra y el campo del lenguaje está presente en el eje imaginario y el eje simbólico.
La asociación libre debe ser interrumpida por la herramienta analítica, la interpretación; por ejemplo,
esta primera inversión dialéctica que Freud le hace a Dora, apunta a una introspección.
Lacan, J. (1983) El seminario, Libro 2: El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica. Cap.
19 .Buenos Aires: Paidós.
Introducción del gran Otro
Hay que distinguir dos otros: uno con A mayúscula y otro con a minúscula que es el yo. En la funcion
de
la
palabra
en
quien
se
trata
es
del
Otro.
Lacan propone que es un peligro reducir el sujeto a un yo. El sujeto esta en relación con el eje simbólico
y
el
eje
imaginario.
El
yo
no
es
la
totalidad
del
sujeto.
Se propone como meta del analisis redondear al yo, darle forma esférica en que habrá integrado
definitivamente todos sus estados disgregados, fragmentarios, sus miembros esparcidos, sus etapas
7
pregenitales,
sus
pulsiones
parciales.
ESQUEMA LAMBA. En este esquema se presenta un muro del lenguaje (relación imaginaria)
El otro (a) se relaciona a través del lenguaje con un yo y el Otro (A) se relaciona con un sujeto
incompleto en una relación simbólica. Si fuésemos totales, cada uno seria total por su lado y no
estaríamos
aquí
juntos
tratarnos
de
organizarnos.
La dimensión imaginaria que tiene el lenguaje por el hecho que pensamos por imágenes, porque somos
seres encarnados por el hecho de tener un cuerpo que se constituye en relación a la imagen del
semejante. Esa comunicación yo a yo opera como muro, como barrera, como freno impidiendo la
realización psicoanalítica del sujeto, es decir que opere la palabra, presencia hecha de ausencia.
El gran Otro implica una distinción respecto al movimiento que el sujeto desde su yo dispone cuando
habla con semejantes, un movimiento que apunta al entendimiento con los pares (a). En el analisis la
idea es que surja el eje simbólico, hay que apuntar que aparezca la relación con el otro, debe aparecer
la
palabra
plena.
El Gran Otro está del otro lado del muro del lenguaje. El lenguaje sirve para fundarnos en el Otro como
para impedirnos radicalmente comprenderlo, y de esto trata la experiencia analítica.
El sujeto no sabe lo que dice, porque no sabe lo que es. En el analisis se opera en el plano de lo
imaginario, el analista puede mediante cierta interpretación de las resistencias llegar a proyectar sobre
el
paciente
diferentes
características
de
su
yo
de
analista
Si se forman analistas es para que haya sujetos tales que en ellos el yo esté ausente. Nunca hay un
sujeto sin yo, un sujeto plenamente realizado, pero es esto lo que hay que intentar obtener siempre
del
sujeto
en
analisis.
El analisis sebe apuntar al paso de una verdadera palabra, que reúna al sujeto con otro sujeto, del otro
lado del muro del lenguaje. Es la relación ultima del sujeto con otro verdadero, con el Otro que da la
respuesta que no se espera, que define el punto terminal del analisis.
El analisis consiste en hacerle tomar consciencia de sus relaciones, no con el yo del analista, sino con
los Otros que son sus verdaderos garantes, y que no ha reconocido. Se trata de que el sujeto descubra
de una manera progresiva a que Otro se dirige verdaderamente aun sin saberlo.
RESUMEN
DE
UN
COMPAÑERO:
Las características de cada uno de los registros las podemos ver al seguir el desarrollo del infante...
Registro
Imaginario:
La primera etapa o estadío significativo en el desarrollo del humano es el estadío del espejo.
El humano es durante mucho tiempo dependiente de sus padres. La sensación de impotencia e
indefensión, especialmente entre los 6 y 18 meses de vida, según Lacan, hace que el niño experimente
su cuerpo como fragmentado, carente de coordinación efectiva, y por lo tanto experimenta cierto nivel
de frustración y de ansiedad porque físicamente no puede, por cuenta propia, relaizar corporalmente
lo
necesario
para
satisfacer
sus
necesidades.
En este tiempo, tiene su primera experiencia de ver su reflejo en un espejo. Al hacerlo, el niño queda
fascinado por esta imagen, o imago, porque ahí ve su cuerpo como algo integrado y unificado. Ve en
ella la posibilidad de superar su condición fragmentada e indefensa para ser un yo entero y unificado.
El imago, en otras palabras, es una proyección imaginaria de cómo el niño puede ser.
Es esta dinámica de la que emerge el Ego, llamado Ego Especular por Lacan.
El punto importante es que la auto-identidad del ego es algo logrado, no innato. El niño proyecta un
ego unificado como un algo distinto u otro de lo que es. El papel del otro aquí es muy importante
porque socava la idea de un yo autónomo original que va desarrollándose y relacionándose con otros.
La relación con el otro es primordial, aún cuando el otro sea solo una imagen en el espejo. Lo que se
deriva de esa relación como producto es el ego. Obviamente, el ego consciente niega eso e insiste en
su
propia
prioridad,
pero
eso
es
ilusorio.
Desde luego, este estadio del espejo no se supera a los 18 meses. El ego inicial que se produce es solo
un núcleo o punto de partida que da paso a una larga serie de proyecciones y objetivizaciones del yo
que
hacemos
a
lo
largo
de
la
vida.
Esta discusión del estadio del espejo caracteriza bien el registro de lo imaginario, lo cual tiene que ver
con el yo consciente y su experiencia de la realidad cotidiana. El punto es que la realidad que conoce,
incluyendo a sí mismo, es ficticia y simulada en la medida en que sea una proyección imaginaria.
8
Lo que imaginamos que sean otras personas, o lo que quieren decir cuando nos dicen algo, es algo
ficticio porque el ego lo construye o lo infiere. El carácter ilusorio de la dimensión imaginaria se debe
a
que
se
toma
el
ego
como
autónomo
y
autosuficiente,
Registro
simbólico:
Para Lacan, el inconsciente es estructurado como un lenguaje, es decir el deseo obedece a una lógica,
una lógica que toma del estructuralismo lingüístico de Saussure. La distinción que Saussure hizo entre
la Lengua y el Habla refleja para Lacan la distinción entre Icc y el ego. Así, el habla es individual, es lo
que cualquier persona de forma consciente enuncia en un momento dado, como las palabras que digo
ahora. La lengua, en cambio, es el sistema total de diferencias fonéticas que permite cualquier
enunciado
determinado.
El punto es que este sistema de diferencias no está regido por ningún término o elemento positivo.
Quiere decir que lo que permite que un significante tenga un significado determinado no es nada
inherente al significante, sino simplemente su diferencia con respecto de otros significantes.
Volviendo a Lacan, el ego (como el significante de Saussure) es producto de esta relación diferencial
con el otro. La identidad del yo, del imago que proyectamos, presupone una condición inicial de
diferenciación, de alteridad, por lo que Lacan declara que “el yo es el otro”, o sea, el yo es lo que es
debido
a
su
relación
con
el
otro.
Dado esto, la finalidad del psicoanálisis estriba en desmantelar o descentrar el ego especular, aflojando
su fijación narcisista consigo mismo para reconocer la relación más fundamental con el otro.
Esta dimensión es lo simbólico: el orden del lenguaje. Recordemos que por “lenguaje”, Lacan se refiere
a la lengua saussuriana, la estructura del icc cuya dinámica es la relación diferencial de significantes
entre
sí.
A veces, el ego censor se tropieza y baja su guardia, como en los sueños, los deslices, los fallidos, e
incluso en los silencios. En esos momentos, uno está hablando el lenguaje del deseo en términos, dice
Lacan, de los “símbolos del síntoma”. Como en Freud, los sueños y deslices disfrazan lo que el icc
realmente desea. El aporte de Lacan es ver el icc estructurado como un lenguaje, es decir, que trata
los sueños como significantes que no pueden reducirse a algún significado fijo. El punto del
psicoanálisis, para él, es liberar el deseo de su fijación imaginaria y, viéndolo como un significante,
buscar
su
verdadero
significado
en
su
relación
con
otros
significantes.
Dice Lacan que el icc es el discurso del Otro. Con esto no quiere decir que su estructura para un
individuo dado sea aleatoria o idiosincrática. La lógica de relaciones entre los significantes que lo
componen no se basan ni en la biología ni en la biografía de uno, sino en el ámbito socio-cultural.
Con el registro de lo simbólico, Lacan hace referencia a las leyes, costumbres, normas, instituciones,
ritos y tradiciones que estructuran el entorno sociocultural que uno habita. Lo llama simbólico porque
la manera en que un significante puede hacer referencia a otro no es natural, sino arbitraria o artificial,
o
sea
cultural.
Para interpretar el deseo del icc hay que hacer referencia a un mundo más allá del imaginario donde
reina la naturaleza, al mundo simbólico de la cultura con todas sus normas e instituciones.
En el estadio del espejo rige lo imaginario; el ego que se forma es narcisista y se relaciona
principalmente con la madre en un entorno en el que imperan mas que nada los instintos naturales.
Sin embargo, en algún momento el niño deberá independizarse de la madre, y se encontrará en un
mundo social.
Práctico
Módulo Tema 1
Caso clínico:
Diario. Osvaldo Delgado.pdfDiario. Osvaldo Delgado.pdf
Caso Diario: Fue un caso de Osvaldo Delgado. El afirma que la práctica que realizaba era una especie
de psicoterapia salvacionista. “Dime con que fantasma analizas” dice Lacan.
Delgado tenía una posición neurótica la cual lo llevaba a confundir figura con función. Él tenía una
dimensión del ideal que articulaba el amor al padre y el circuito de satisfacción de la demanda e
identificación al analista. Se trataba de un “para todos”: todos los padres debían ser salvados.
9
En una supervisión le dicen a Osvaldo “¿Por qué defendes al padre?” esa pregunta conmovió sus
sentidos. Esa pregunta tuvo un triple efecto: comenzar un nuevo análisis, escuchar la insistencia del
paciente, los significantes de diario encerrados en la palabra diario. Estos significantes nombran un
acto oscuro del padre del paciente que éste cargaba sintomáticamente; y como tercer efecto utiliza
un párrafo de Lacan que dice “Freud salva siempre al padre, imita a Jesucristo”, la pregunta hizo caer
el valor fantasmático que tenía el control: el lugar donde, de modo obsesivo, se inscribía su hazaña, el
registro y es testimonio de su proeza terapéutica.
El paciente era judío, Osvaldo tenía una infancia marcada por la lucha antifascista, esto hacía que tenga
“buena onda” con los judíos. La figura del perseguido y segregado nombraban a su padre.
La pregunta que le hizo el supervisor a Osvaldo produjo un sueño: una página de un diario donde
aparecía escrito el sobrenombre del paciente, que era el mismo que el de su padre. Ese sueño produjo
un recuerdo traumático que constituyó el fundamento mismo del lazo con su padre. En ese diario se
informaba la muerte violenta de su padre.
El paciente acumulaba diarios, pero Osvaldo no le daba importancia a la palabra en sí “Diario”, en su
sueño pudo escucharla. Y así recordó el relato del paciente: el padre aprovechó la guerra para obtener
beneficios económicos y de ascenso social. Cambiaron de identidad, hasta el punto de ser obligado
por su padre a pertenecer a la juventud hitlerista. Esto continuó en la inserción social en Argentina,
debían decir que eran de raza aria.
Osvaldo pudo interpretar Diario como “Di-Ario”, esto produjo una gran angustia en el paciente, luego
la desaparición de una inhibición casi absoluta, la salida del proceso de melancolización en el que se
hallaba, y la caída de una práctica sintomática. El paciente se sentía “hijo de un traidor”.
Los significantes di-ario en transferencia hacen caer las defensas de aislamiento y anulación.
FREUD. EL HOMBRE DE LAS RATAS (SELECCIÓN).
Texto:
LA TAREA DEL ANALISTA Y LA FIJACIÓN.
Hay tres momentos de "la técnica psicoanalítica":
1. El arte de la interpretación.
2. El levantamiento de las resistencias.
3. Las resistencias estructurales.
Cada uno de los tres momentos define:
a) Un ordenamiento del aparato psíquico.
b) Una conceptualización del padecimiento.
c) Un criterio sobre la finalidad de la cura.
d) Una formulación específica del lugar del psicoanalista.
El primer momento tiene un clivaje fundamental, porque abarca la consideración del inconsciente
descriptivo y del dinámico. Es posible ordenarlo a partir de la formulación de la regla de la asociación
libre. El segundo alcanza el obstáculo del amor de transferencia y la regla de abstinencia. El tercero
reordena esa problemática incluyendo la pulsión de muerte en relación con la cuestión del fin de
análisis.
La actividad psíquica del ser humano se ordena a partir de la noción de conflicto.
En cada uno de los momentos mencionados el conflicto se ubica de un modo singular, y a cada uno de
ellos le corresponde una modalidad de respuesta. Cada momento sitúa de un modo diferencial la
construcción del aparato psíquico en términos de instancias articuladas y separadas.
El primer momento marca la ruptura principio de constancia-principio de placer, produciendo la
tensión irreductible del deseo y la subversión temporal cronológica, en un inicial ordenamiento
10
metapsicológico. Defensa y trauma, producción del inconsciente, proceso primario y trabajo psíquico
son conceptos que Freud elabora y despliega en ese primer momento. Nace el inconsciente, sus leyes
y dinamismo, y el trabajo de interpretación por parte del analista, y la vez nombra el factor cuantitativo
en la compulsión del síntoma. El concepto l de "pulsión" redefine la causalidad de las neurosis,
posibilitando el pasaje del trauma a la fantasía y ordenando las coordenadas de la transferencia
analítica. La concepción dinámica del inconsciente permite situar el fundamento de las neurosis de
transferencia al conectar inconsciente y represión. A su vez, la conexión entre pulsión y represión
posibilita un nuevo ordenamiento metapsicológico. Acá podemos situar estatuto inaugural de la regla
fundamental.
Por su parte, las articulaciones entre inconsciente y narcisismo, permiten ubicar las peculiaridades del
amor de transferencia y su valor resistencial en la cura. El amor de transferencia en su conexión con la
resistencia es la propiedad del segundo momento en lo que hace al quehacer del analista. El segundo
modelo pulsional permite formular la erogeneización del yo y la distinción de las dos series del objeto,
anticipándose el núcleo inconsciente del yo (ello) con la libido no reversible. Acá situamos la
importancia de la respuesta ética llamada regla de abstinencia.
La segunda ruptura (principio de placer-más allá del principio de placer) redefine la dirección de la cura
en el tercer momento, permite resolver conceptualmente el obstáculo del amor de transferencia y
plantea una nueva consideración del estatuto de la angustia. La tarea del analista que Freud define en
último término: la operación en relación con la resistencia al levantamiento de las resistencias, se
sostiene en el tercer modelo pulsional y en el último ordenamiento metapsicológico. Coordenadas de
los obstáculos a la curación en las resistencias del ello y el superyó: Complejo de Edipo, masoquismo y
complejo de castración. Por último ubicamos la declinación de la interpretación y la producción del
concepto de construcción, en relación con lo que no retorna jamás como recuerdo, ya que nunca fue
olvidado.
EL LUGAR DEL ANALISTA
Cada obstáculo exige una nueva conceptualización del inconsciente, de la pulsión, del síntoma y de la
transferencia. Es decir, exige que se avance desde el principio que gobierna el aparato psíquico, al
ordenamiento de las instancias.
El lugar del psicoanalista se vincula en la obra freudiana con el instrumento, la interpretación, el
soporte libidinal, la neurosis artificial.
Si inconsciente y pulsión son los conceptos que definen el campo propio del psicoanálisis, y la
articulación y la disyunción entre ambos es el núcleo de la elaboración, las dos reglas que Freud
formula como condición de un psicoanálisis: asociación libre y abstinencia, remiten absolutamente a
ese entrecruzamiento. Ambas reglas nombran el lugar propio del psicoanalista.
En el análisis la sorpresa (como acontecimiento imprevisto) se anuda con el "no fijarse" por parte del
analista. Este "no fijarse" refiere al soporte pulsional. Ambos son condición para el tratamiento. El lugar
del analista y la fijación se excluyen mutuamente.
La fijación del analista lleva no solo a conducir los tratamientos desde los mecanismos de defensa
propios, sino que ésta también es hostil. El “no fijarse” es posible únicamente a partir del análisis del
analista y que éste haya tomado noticia de sus propios complejos que pudieran perturbarlo para
aprehender lo que el analizado le ofrece. A su vez la fijación por parte del analista excluye la posibilidad
de
hacerle
lugar
a
lo
sorpresivo.
La indicación de Freud de que la fijación debería estar excluida del lugar del analista es porque de este
modo el analista tendría la máxima "docilidad" como intérprete de la producción de la asociación libre.
Regla de abstinencia: La regla de abstinencia supone que el analista se debe abstener a dar sentido, a
explicar, a forzar que el paciente encaje en la teoría, a intentar dirigir la vida del paciente desde sus
ideales (lo que dirige es la cura). Abstinencia de satisfacerse subjetivamente. El analista no responde a
su demanda pulsional.
Atención flotante: Implica que el analista mantiene frente a lo que el paciente dice, la misma atención.
No se fija en algo particular, sino que se deja sorprender por lo imprevisto.
11
La única forma posible de que en el marco analítico quede por fuera la subjetividad y singularidad del
analista, es a través de que éste analice sus propios complejos para que no perturben su atención
flotante ni dirija la cura desde sus propios puntos de fijación icc.
Freud, al plantear que la transferencia no implica sólo repetición, la vertiente positiva de la
transferencia en tanto motor del análisis, sino que también tiene su vertiente negativa, su cara de
obstáculo, la transferencia articulada a la resistencia, ahí se empieza a preguntar por el manejo de la
transferencia. ¿Cuál es el lugar del analista frente al obstáculo que depara la transferencia? Ya no
alcanza con pensar al lugar del analista solo como el intérprete sino que Freud necesita introducir la
cuestión del manejo de la transferencia. Y ahí sitúa la regla de abstinencia como modo de responder
del analista frente a la transferencia. El lugar del analista es sostenerse desde la regla de abstinencia,
desde allí interviene en un análisis. Es abstenerse a dar sentido, a sugestionar, a responder desde sus
propios ideales, complejos del analista. La regla de abstinencia es lo que va a permitir introducir la
dimensión pulsional en el trabajo analítico, separando el objeto de todo ideal, como el ejemplo del
enamoramiento en transferencia, donde Freud sitúa que ese enamoramiento no hay que tomarlo
como real, que el analista no se crea atributos de su persona, y que no se trata ni de aceptar ese amor
ni de rechazarlo sino de tratarlo como parte del análisis y ponerlo al servicio del trabajo analítico,
reconducirlo a su fuente pulsional. Es decir, que lo está en juego no es tanto lo que el analista dice sino
desde qué lugar interviene, desde qué lugar responde a la demanda del paciente. Ese lugar es la regla
de abstinencia en Freud, y en Lacan, el deseo del analista.
El caso Diario nos enseña sobre este punto, de cómo direccionar el análisis bajo un ideal implica una
caída de la regla de abstinencia y por ende ese tratamiento cae más bien del lado de las psicoterapias,
de la sugestión. Mientras que el psicoanálisis implica la dirección de la cura orientada por el deseo del
analista, y eso es posible a partir de la afectación de los propios complejos del analista en su análisis.
A partir del efecto de conmoción subjetiva que implicó la pregunta que le realiza el analista supervisor
a Osvaldo cuando lleva a supervisar el caso clínico, eso tuvo el efecto de una apertura en la escucha
de los significantes di Ario encerrados en la palabra diario. Ahí podemos pensar en la emergencia del
deseo del analista, esa escucha estuvo orientada por el deseo del analista que apunta a la máxima
diferencia entre el objeto y el ideal. Ya no escucha los significantes desde una posición salvacionista,
hay una caída de ese ideal, que le permite al analista escuchar los significantes Dí Ario.
Módulo 1 Tema 2
Texto:
REGLA DE ABSTINENCIA Y DESEO DEL ANALISTA
El texto “recordar, repetir, reelaborar” da fundamento metapsicológico del conjunto de los llamados
“escritos técnicos”, escritos que le damos el valor de éticos, porque Freud no habla de la técnica, nos
habla de una orientación que marca el posicionamiento del analista.
Es el momento del levantamiento de las resistencias. Freud aquí se encuentra con la transferencia
como obstáculo, una transferencia articulada a la resistencia, momento que lleva a Freud a repensar
el lugar del analista y la dirección de la cura. El analista no queda asociado a la interpretación, sino
ahora está asociado al manejo de la transferencia, donde el analista queda en calidad de objeto.
Se introduce el agieren, posibilitando el ordenamiento de lo que causa la repetición, revelando
además, de este modo, las dos caras de la transferencia: como motor y como obstáculo.
Freud da cuenta que no alcanza con solo la interpretación en el analisis, porque este puede generar
nuevos síntomas. El síntoma tiene dos caras: el sentido, lo que se interpreta y la satisfacción pulsional.
Ahora el obstáculo es pensar como trabajar con esa satisfacción. En el campo de la transferencia se
debería pasar de una neurosis ordinaria a una neurosis de transferencia, donde se tome al analista
como objeto.
La pulsión necesita un objeto para satisfacerse.
12
En un comienzo esta la transferencia, que se constituye como una demanda de restitución de la
realidad. Se debe lograr un pasaje de la neurosis vulgar a la neurosis de transferencia, en donde el
analista quede en calidad de objeto, desde allí es posible intervenir.
El analista queda en calidad de objeto, y podríamos pensarlo en relación al objeto total (narcisismo) y
objeto parcial (pulsión: oral, anal, escopica o invocante). El analista ocupa el lugar de objeto total y
objeto parcial.
La pulsión necesita del objeto para satisfacerse, se fija en la trama infantil y una vez que se fija está en
el campo de repetición.
En el analisis se trabaja con lo que se puede interpretar y con lo que excede a la interpretación, es
decir, aquello que se presenta en acto, lo que Freud llama “fragmentos penosos de la vida real”.
Freud plantea “Velamos por la autonomía ultima del enfermo aprovechando la sugestión para hacerle
cumplir un trabajo psíquico”. Vemos cómo, aprovechando la demanda sugestiva, haciendo cumplir al
sujeto un trabajo psíquico por medio de la asociación libre, se abre la posibilidad de la experiencia del
inconsciente.
Si el analisis se corresponde a la sugestión, cae la regla de abstinencia y nos ubicamos del lado de la
psicoterapia. La sugestión es la relación del sujeto con el significante, es el efecto de poder, es dar un
sentido. En cambio, en el psicoanálisis se hace uso de la sugestión para hacer cumplir un trabajo
psíquico al paciente, pero la cura no se hace por sugestión, se trata de saber qué hacer con el síntoma
sin taponarlo con algún ideal.
Delgado afirma que el sujeto está a merced de la sugestión, o más bien, la sugestión da cuenta de algo
constitutivo. Podríamos llamar sugestión a la relación del sujeto al significante, en medida que el
inconsciente es la suma de los efectos de la palabra sobre el sujeto, en el nivel en que el sujeto se
constituye por los efectos del significante. La práctica analítica no sitúa al sujeto respecto a la realidad,
sino con respecto al significante. El acto analítico implica objetar el sueño neurótico de la puesta en
acto de la realidad sexual, esto es evitar que el analisis devenga una satisfacción sustitutiva,
justamente, lo inverso a la sugestión. Si el analista responde a la demanda, se instala la sugestión, el
sueño se mantiene.
No responder a la demanda, o sea abstinencia a la sugestión, permite reconducir la demanda a la
pulsión. El psicoanálisis es una experiencia ética sostenida desde la regla de abstinencia y el deseo del
analista.
Freud en "Puntualizaciones sobre el amor de transferencia" se interroga sobre el quehacer del analista
frente al enamoramiento en la transferencia. Este enamoramiento, plantea Freud, hay que tomarlo
como producto del dispositivo de analisis y no como efecto de los atributos del analista, el analista en
este momento solo tiene una posición de objeto. Hay que atravesar eta situación a través de la regla
de abstinencia, que implica subsistir en el enfermo necesidad y añoranza como fuerza pulsionantes de
trabajo, esta regla permite el empuje pulsional. Si el analista no incluye el factor pulsional en la cura,
esta práctica lleva a una satisfacción sustitutiva en la cura misma sostenida en una caída de la regla de
abstinencia.
4) ¿Qué nos enseñan los textos “Puntualizaciones sobre el amor de transferencia” (1914) y “Sobre la
dinámica de la transferencia” (1912), respecto a la presencia del analista articulada al cierre del
inconsciente?
La transrenerncia puede ser de dos maneras positiva o negativa. En la cara positiva Freud nos habla de
una transferencia que es fertiente del amor, de las mociones tiernas, que funciona como motor, en
tanto implica una apertura del inconsciente y un despliegue de la asociación libre. El analista aquí
queda articulado a la nocion de falso enlace en relación a los representantes psíquicos reprimidos. En
este punto pensamos al analista como objeto total.
La otra cara de la transferencia es la negativa que proviene de la vertiente hostil y demanda de amor
erotico. Es la conjunción de dos elementos la transferencia mas na resistencia, es obstáculo, pero es
13
un obstáculo fecundo ya que se transforma en el motor que encausa el trabajo analítico. Se hace
presente lo que tiene que ver con el orden de la pulsión. Mediante el análisis se busca atravesar esta
transferencia porque es ahí donde se debela el objeto de la pulsión, que es lo que hace a la neurosis.
Es aquí donde Freud ubica la presencia del analista articulada al cierre del inconsciente (cece de
asociaciones). La presencia del analista provoca lo que exede a los representantes, tiene que ver con
hacer presente aquello que no puede ser dicho, lo que se remite al circuito pulsional. El analista en
lugar de objeto parcial. Para sortear los obstáculos que implica la transferecia la posición del analista
debe sostenerse desde la regla de abstinencia y el deseo del analista.
Delgado menciona al respecto:

la conexión transferencia-resistencia se presenta como resto indócil. Se revela a un mismo
tiempo que el reverso del Ideal es la pulsión, en tanto que la presencia del analista equivale a
la consistencia lógica del objeto a.

La presencia es un compromiso, efecto de la resistencia en el acto analítico.

la presencia del analista revela su solidaridad lógica con lo que no puede ser dicho en tanto
circuito pulsional. La acción del analista persigue esta fijación en su camino regresivo.
5) En la época de los escritos técnicos, surge la transferencia como resistencia, ¿cómo se manifiesta en
la clínica lo que excede a la repetición significante?
Delgado menciona al respecto: “en la época de los llamados escritos técnicos, Freud articula el
concepto de presencia con el cierre del inconsciente. Surge así la transferencia como resistencia: el
cese de asociaciones, la aparición del amor indócil –que dejará el resto reacio a la interpretación– el
analista en calidad de objeto situado en el centro mismo de la transferencia, indican que la
transferencia excede a la repetición significante.”
En síntesis, entiendo por repetición significante a la repetición en la transferencia positiva, del lado de
lo que puede ser dicho, hay asociación libre, hay interpretación. Ahora, lo que excede a la repetición
significante es la presencia del analista, porque esta se da en el marco de la transferencia negativa, y
provoca lo que excede a los significantes porque está en relación al cierre del inconsciente, y es lo
ininterpretable en un análisis, es decir que no va por las vías del sentido, está en relación a lo que no
puede ser dicho en tanto circuito pulsional, no entra en el circuito de la represión-retorno de lo
reprimido. El analista es tomado en lugar de objeto parcial y es tomado por la pulsión del paciente,
esta posición del analista requiere que el mismo se sostenga en de la regla de abstinencia y del deseo
del analista.
El significante pensado en relación a lo simbólico (en Lacan), un término cercano en Freud, es la noción
de representante psíquico.
Regla de abstinencia, ligada a la posición del analista. Esta surge del analista como respuesta a la
articulación transferencia- resistencia. Permite mantener un empuje pulsional y salir del circuito de
repetición. Es abstenerse a dar sentido, abstenerse a la sugestion y a los subrogados. Es una operación
contra sentido, en tanto traumatiza aquello que se presenta como el sentido del discurso común. Tiene
estatuto ético y no moral. Permite marcar una distancia entre el objeto, de la pulsión, y el ideal, aquello
a lo que ha sido llamado a encarnar el analista por parte del sujeto. Se habla de una caída de la regla
de abstinencia cuando se interviene desde los propios complejos, es por ello que fijación y lugar del
analista en este punto son mutuamente excluyentes.
6) ¿Qué implica operar con el deseo del analista en la experiencia analítica?
El deseo del analista es un operador en la cura que permite abordar la dimensión pulsional, aborda la
secuencia transferencia- pulsión, en tanto despeja, separa el ideal del objeto y lleva la demanda a la
pulsión. Es una incógnita, funciona como un enigma en la transferencia. Operar con el deseo del
analista implica que el analista se ofrezca como un lugar vacío. Es necesario para que el sujeto hable.
Su posición implica hacerse causa del deseo, deseo en tanto causa apunta a la posición del sujeto.
Permite el encuentro con la falta de significante, encuentro del sujeto con lo que ignora. Las
14
intervenciones van contra sentido, rompe con el eje imaginario, se dirige a la división del sujeto. Hay
una sola subjetividad, la del paciente. Decir que el analista toma la posición de objeto quiere decir que
hace semblante de objeto, se deja tomar por ese lugar pero no se identifica con él. Hacer semblante
es lo que le va a permitir intervenir.
Delgado menciona:
Por lo tanto, el deseo del analista es un operador que permite abordar en la experiencia la secuencia
transferencia-pulsión. Al intentar el sujeto inducir al Otro, al analista, a una relación especular, en ese
plano el amor de transferencia quedaría atrapado en el narcisismo en tanto imagen especular. En este
sentido, el deseo del analista permite despejar el amor de transferencia del plano de la identificación
narcisista para situarlo en relación con la pulsión.
El deseo del analista al llevar la demanda al campo pulsional, quiebra la reciprocidad del amor y coloca
al analista en calidad de objeto en el centro mismo de la transferencia. En esta línea, la presencia se
liga al deseo del analista, deseo de ser tomado como objeto por su analizante, deseo de encarnar el
objeto a. Ligar el deseo al objeto implica lo que el analista quiere que su paciente haga de él.
Semana 2
Teóricos
Módulo 1 tema 3
Delgado, O. (comp.) (2017). Partenaire fantasma- partenaire síntoma. En Construcción de los
conceptos psicoanalíticos II Fantasma. Buenos Aires: JCE Ediciones. pp. 45-51
En el teatro el partenaire es el compañero de escena. Se utiliza también en danza, el partenaire es el
bailarin que sostiene la bailarina para los giros, brinda soporte para el fin que es destacar los dotes de
la bailarina. Es un punto fijo que brinfa soporte a a lo que acontece. La diferencia en el teatro es que
partenaire es el compañero de escena.
El psicoanálisis nace a partir del lazo necesario con un partenaire. Se llamo Wilhem Fliess. El valor de
tal partenaire fue un lazo libidinal necesario.
-En la clase de El Ser y el Uno (2011), Miller se orienta por el concepto de fijación freudiana. Pero
debemos tener en cuenta que, para este concepto, tenemos dos palabras distintas. Una es Fixierung,
como detención de la pulsión y es a la que se refiere Miller en esa clase, y otra es Niederschrift, que
tiene que ver con la primera transcripción de la Carta 52. Esa transcripción tiene estatuto de letra. El
inconsciente que hoy llamamos transferencial es la segunda transcripción.
-La fijación a la que se refiere Miller, él la traduce como Fixierung. Cuando Freud habla de represión
primaria en ese texto, va a indicar que esto es un movimiento doble o complejo: la represión de un
significante caído en el fondo e irrecuperable, y una detención de la pulsión que constituye una fijación
(Fixierung).
Por su parte, en Analisis terminable e interminable, al hablar de los restos sintomáticos de todo análisis
como un nombre del imposible, los va a referir a una fijación (Niederschift). Para Miller, este punto de
fijación (detención de la pulsión) "quiere decir que hay un Uno de goce que vuelve siempre al mismo
lụgar y por ellos, lo calificamos de real". Esta fijación, a su vez, en Freud es lo que posibilita en un
segundo tiempo lógico la institución del fantasma. Y es por este motivo que, en su momento, Lacan lo
haya llamado real, por su valor de axioma.
-Miller recupera el concepto de autoerotismo. Este autoerotismo no implica un cuerpo que goza, sino
el cuerpo en tanto que se goza.
Con la caída del partenaire fantasma, vía el encuentro con el fuera de sentido, se abre la dimensión
del partenaire sinthome,
Gracias a la elucidación de Miller podemos claramente situar que, aunque hablamos del partenaire
para referirnos tanto al fantasma como al sinthome, la diferencia entre el ser y la ex-sistencia marca
un corte importante entre uno y otro.
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-Precisamente, lo que hoy abordamos en términos de partenaire va a referir a dos campos
absolutamente tan diversos, que hace difícil nombrar a ambos con el significante partenaire.
Uno refiere a la suposición ontológica y el otro al campo de la henologia, a la existencia. Radicalmente,
uno sostiene el campo del sentido y el otro a la caida del mismo.
El fantasma como partenaire ordena el sentido de una vida (como neurosis de destino)
El sinthome como partenaire insiste, sin que esa insistencia sea compulsión de repetición (porque ésta
abreva en el fantasma), sino como iteración fuera de sentido. En esa relación del goce y el Uno abreva
una soledad que no se padece, sino que dignifica la vida, porque permite arreglárselas como el
ultrahombre nietzscheano con el acontecimiento imprevisto.
El fantasma como partenaire tiene como destino en un análisis, el ser atravesado, despejando la
significación fundamental y la extracción del objeto. El sinthome como destino de la operación
analítica, da cuenta de una identificación (que no es ninguna de las elaboradas por Freud) sino a un
rasgo que incluya lo hétero. Llamo a esa identificación consentimiento al traumatisme, y
consentimiento ya no del sujeto porque éste aspira al ser sino del parlêtre.
Lo que podemos afirmar, por lo tanto, es que el atravesamiento del fantasma implica esa caída como
partenaire, y la referencia de otro partenaire radicalmente ateo, que llamamos sinthome. Ateo, porque
dispone de la ironía, pero no deja de ser incauto.
Jacques-Alain Miller ubica con total precisión en Leer un síntoma (2012) que el síntoma implica una
metáfora del goce del cuerpo, que Freud llamó fijación (fuera de sentido). Y en un segundo momento
lógico, una metonimia del goce que implica la producción de sentido.
Freud, S. (1990). Pegan a un niño. En Obras Completas, Tomo XVII. Buenos Aires: Amorrortu.
A la representación-fantasía “pegan a un niño” se anudan sentimientos placenteros en virtud de los
cuales se la ha reproducido innumerables veces o se la sigue reproduciendo. Ante ella regularmente
se abre paso una satisfacción onanista, al comienzo por la propia voluntad de la persona, pero luego
también con carácter compulsivo y a pesar de su empeño contrario.No se recuerda su primera
aparición, en el tratamiento se abre paso una inequívoca resistencia y la vergüenza y el sentimiento
de culpa se movilizan con mayor vigor. Las primeras fantasías se cultivaron muy temprano, antes de la
edad escolar. Cuando el niño en la escuela presencia una situación de azote a un niño, ello vuelve a
convocar aquellas fantasías adormecidas, si aún persistían las refuerza y modifica su contenido. En los
cursos superiores el azotar fue sustituido por novelas. El niño comienza a fantasear con situaciones e
instituciones en las cuales se azotaba y se castigaba niños. IIFreud considera como un rasgo primario
de perversión a esta fantasía emergida en la temprana infancia (quizás a raíz de ocasiones casuales)
que es retenida para la satisfacción autoerótica. La perversión infantil más tarde puede ser reprimida,
sustituida por una formación reactiva o ser trasmudada por una sublimación. Pero si estos procesos
faltan, se conserva la perversión en la madurez. III Las fantasías de paliza aparecen al final o después
del periodo de la infancia que abarca de los dos a los cuatro o cinco años en el que por primera vez son
despertados los factores libidinosos congénitos por las vivencias y están ligados a ciertos complejos.
Estas fantasías tienen una historia evolutiva nada simple, en su transcurso su mayor parte cambia más
de una vez: su vínculo con la persona fantaseadora, su objeto, contenido y significado. La primera fase
en las niñas corresponde a una época muy temprana de la infancia. En ellas hay algo que permanece
indeterminable, como indiferente. El niño azotado nunca es el fantaseador; es otro niño, casi siempre
un hermanito (si lo hay). Esta fase es sádica, aunque el niño fantaseador no es el que pega. La persona
que pega es un adulto, el cual más tarde se averigua, es el padre (de la niña). La primera fase sería: “El
padre pega al niño”Entre esta fase y la siguiente ocurren grandes trasmudaciones. La persona que
golpea es la misma pero el niño azotado es ahora el niño fantaseador mismo. La fantasía se ha teñido
altamente de placer y se llenó con un contenido sustantivo. Su texto sería “Yo soy azotado por el
padre”. Tiene un carácter masoquista. Esta 2da fase es la más importante. Nunca pasó realmente, por
tanto nunca es recordada. Se construye en análisis. En la tercera fase ya no es el padre la persona que
pega. Esta queda indeterminada o es investida por un subrogante del padre (maestro). Tampoco el
niño golpeado es el fantaseador, sino que ahora son muchos niños los golpeados (en el caso de las
16
niñas). El carácter esencial de esta fase es que la fantasía es ahora la portadora de una excitación
intensa, inequívocamente sexual, y procura una satisfacción onanista. IV
Ser azotado significa una destitución del amor y una humillación. Por eso es una representación
agradable que el padre azote a ese niño odiado. Ello quiere decir “El padre no ama a ese otro niño, me
ama sólo a mí”. Los enamoramientos incestuosos del CDE sucumben a la represión a raíz de ocasiones
externas que provocan desengaños, o bien desde adentro, quizás a consecuencia de la falta de un
cumplimiento demasiado tiempo anhelado. Más allá de estos ocasionamientos, dichos vínculos están
destinados a sepultarse. Simultáneamente a ese proceso represivo aparece una conciencia de culpa
anudada a aquellos deseos incestuosos y justificada por su perduración en lo icc. -La fantasía de la
época de amor incestuoso era: “El padre me ama solo a mi, no al otro niño, pues a este le pega”. Ahora
la ccia de culpa invierteeste triunfo: “No, no te ama a ti, pues también te pega”. La 2da fase, es la
expresión de la ccia de culpa y deviene masoquista. Es la ccia de culpa el factor que trasmuda sadismo
en masoquismo. Hay un retroceso a la organización sádico-anal. La organización genital experimenta
un rebajamiento regresivo. “El padre me ama” se entendía en el sentido genital; por medio de la
REGRESIÓN se muda en “El padre me pega (soy azotado por el padre)”. Este ser azotado es una
conjunción de ccia de culpa y erotismo; no es sólo el castigo por la referencia genital prohibida, sino
también su sustituto regresivo. A partir de esta última fuente recibe la excitación libidinosa que se le
adherirá y hallará descarga en el onanismo. -La fantasía de la 2da fase es inconsciente y masoquista. A
raíz de la mudanza de la fantasía incestuosa del varón en su correspondiente masoquista se produce
una inversión más que en el caso de la niña: la sustitución de la actividad por pasividad.-En la 3ra fase
la fantasía, semejante a la de la 1ra, parece haberse vuelto de nuevo hacia el sadismo. Solo la forma
de la fantasía es sádica, la satisfacción es masoquista. Su intencionalidad reside en que ha tomado
sobre sí la investidura libidinosa de la parte reprimida y, con esta, la ccia de culpa que adhiere al
contenido. Los muchos niños indeterminados a quienes el maestro azota son solo sustituciones de la
persona propia. Los niños azotados son casi siempre varones, tanto en niños como en niñas. Este rasgo
apunta a un complicado proceso que sobreviene en las niñas. Cuando se extrañan del amor incestuoso
hacia el padre, entendido genitalmente, es fácil que rompan por completo con su papel femenino,
reanimen su “complejo de masculinidad”.V La perversión es referida al amor incestuoso de objeto, al
CDE del niño; surge 1ro sobre el terreno de este complejo, y luego de ser quebrantado permanece
como secuela de él, como heredera de su carga libidinosa y grabada con la ccia de culpa que lleva
adherida. La perversión infantil puede convertirse en el fundamento para el despliegue de una
perversión de igual sentido. Que subsista toda la vida y consuma toda la sexualidad de la persona, o
puede ser interrumpida y conservarse en el trasfondo de un desarrollo sexual normal al que en lo
sucesivo sustraerá siempre cierto monto de energía. El CDE es el núcleo de las neurosis y la sexualidad
infantil, que culmina en él, es la condición efectiva de la disposición del adulto a contraer una neurosis.
Entonces, la fantasía de paliza y otras fijaciones perversas análogas sólo serían unos precipitados del
CDE, por así decir las cicatrices que el proceso deja tras su expiración. La trasmudación del sadismo en
masoquismo acontece por el influjo de la ccia de culpa que participa en el acto de represión. La
represión se exterioriza aquí en tres clases de efectos: vuelve inconsciente el resultado de la
organización genital, constriñe a esta última a la
regresión hasta el estadio sádico-anal y muda su sadismo en el masoquismo pasivo, en cierto sentido
de nuevo narcisista. VILa fantasía de paliza en la niña recorre tres fases; la 1ra y la última son
conscientes, la 2da permanece inconsciente. Las dos conscientes parecen sádicas; la 2da (icc) es de
naturaleza masoquista; ser azotado y a ella adhieren la carga libidinosa y la ccia de culpa. En la 1ra y la
3ra el niño azotado es siempre un otro; en la 2da, la persona propia. En el caso de la 3ra son varios
niños varones los azotados. La persona que pega es desde el comienzo el padre; luego, alguien que
hace sus veces, tomado de la serie paterna. La fantasía inconsciente de la 2da fase tuvo
originariamente un significado genital; surgió, por REPRESIÓN y REGRESIÓN, del deseo inscestuoso de
ser amado por el padre. En el caso del niño, la fantasía tenía por contenido ser azotado por la madre
(luego por una persona sustitutiva). Sin embargo, esa fantasía en la que él mismo era el azotado (en la
2da fase), al contrario que en la niña, puede devenir consciente. En la 3ra fase, surge otra diferencia
con la niña, la propia persona del niño no era sustituida por muchas niñas. El material masculino
17
presentado por Freud incluía un gran número de personas que debían calificarse de masoquistas
genuinos en el sentido de la perversión sexual. Algunos se satisfacían exclusivamente en el onanismo
tras fantasías masoquistas; otros acoplaban masoquismo y quehacer genital por medio de
escenificaciones masoquistas y bajo condiciones de esa misma índole conseguían la erección y
eyaculación o se habituaban para ejecutar un coito normal. Otro caso es el del masoquista perturbado
en su obrar perverso por unas representaciones obsesivas que emergen con intensidad insoportable.
En estos hombres masoquistas se observa que, tanto en las fantasías masoquistas como en las
escenificaciones que las realizan, ellos se sitúan por lo común en el papel de mujeres, coincidiendo así
su masoquismo con una actitud femenina. Las personas que aplican el correctivo son siempre mujeres,
tanto en las fantasías y escenificaciones. En las fantasías de paliza infantiles la fantasía consciente o
susceptible de ccia, cuyo contenido es ser azotado por la madre, no es primaria. Tiene un estadio previo
icc de este contenido: “Yo soy azotado por el padre”. Este corresponde a la 2da fase en el caso de la
niña. La fantasía cciente “Yo soy azotado por la madre” se sitúa en la 3ra fase de la niña. El “ser
azotado” de la fantasía masculina, es también un “ser-amado” en sentido genital, pero al cual se
degrada por vía de regresión. Por ende, la fantasía masculina inconsciente no rezaba su origen “Yo soy
azotado por el padre”, sino más bien “Yo soy amado por el padre”. Ha sido trasmudada en la fantasía
consciente “Yo soy azotado por la madre”. La fantasía de paliza del varón es desde el comienzo mismo
pasiva, nacida efectivamente de la actitud femenina hacia el padre. Como en el caso de la niña,
corresponde también al CDE. En ambos casos la fantasía de paliza deriva de la ligazón ibcestuisa con el
padre. En la niña la fantasía masoquista inconsciente parte de la postura edipica normal; en el varón
de la trastornada, que toma al padre como objeto de amor. En la niña, la fantasía tiene un grado previo
(1ra fase) en que la acción de pegar aparece en su significado indiferente y recae sobre una persona a
quien se odia por celos. En el paso a la fantasía consciente que sustituye a la anterior (la 3ra), la niña
retiene la persona del padre y, con ella, el sexo de la persona que pega; pero cambia a la persona
azotada y su sexo. Por lo contrario, el varón cambia persona y sexo del que pega, sustituyendo al padre
por la madre, y conserva su propia persona, al final el que pega y el que es azotado son de distinto
sexo. En la niña, la situación originariamente masoquista (pasiva) se trasmuda (porla represión) en una
sádica; en el varón sigue siendo masoquista. El varón se sustrae de su homosexualidad reprimiendo y
refundiendo la fantasía inconsciente, su posterior fantasía consciente tiene por contenido una actitud
femenina sin elección homosexual de objeto. En cambio, mediante ese mismo proceso la niña se
escapa al reclamo de la vida amorosa, se fantasea varón sin volverse varonilmente activa y ahora solo
presencia como espectadora el acto que sustituye a un acto sexual. Tanto en el varón como en la niña,
la fantasía de paliza corresponde a una actitud femenina.
Miller, J. A. (2009). El axioma del fantasma. En Conferencias Porteñas,Tomo I (pp.103-114).Buenos
Aires: Paidós.
Janet Malcolm publica un libro con anécdotas sobre la Internacional de Nueva York. No es lacaniana ni
mucho menos pero a través de su libro uno se puede hacer una idea de esas pequeñas cosas de Nueva
York, como la de esta historia que ilustra a la perfección el estilo "podés morirte que no me importa”.
Una paciente, en Nueva York, concurre a lo de su analista “ortodoxo", como se dice. Llega con la cabeza
completamente vendada a causa de un grave accidente que ha tenido. La anécdota es sólo esto: que
el analista no dice nada ni hace mención alguna al respecto. Sería salirse de su función. Ahora, claro,
ella no vuelve más. Para mí esta anécdota tiene la marca de la verdad, y estoy seguro de que ha
ocurrido, porque obedece a una lógica: en esos casos el analista debe hacer lo que hay que hacer según
las reglas, estrictamente, sin una palabra de más.
-En la práctica analítica, la vertiente de Lacan es todo lo contrario. Por ejemplo, cuando pacientes suyos
estaban hospitalizados por enfermedades graves iba a verlos. Asumía por sus pacientes una
responsabilidad mayor.
Cuando uno habla de la manera en que los pacientes se presentan en sesión, o cuando uno los retrata,
se produce un sesgo satírico cuya prueba son las risas que a veces suscita una ponencia como ésta.
Siempre está ese elemento cuando uno describe el comportamiento humano. Por eso es dificil hacerla
y por eso debemos poder dar un estatuto estructural a esa descripción
18
He encontrado en Lacan algo para dar una base a esa descripción. Todos esos comportamientos
humanos son respuestas que se concretizan, cada vez de una manera peculiar a la cuestión del deseo
del Otro. Responden así cuando se les presenta Ⱥ, el Otro tachado. Por tanto, cada estructura clinica
tiene lo que se puede llamar, y así lo llama una vez Lacan, su propia "pantomima", o sea, su propia
estrategia ante la cuestión del deseo del Otro. Diferente para el histérico y para el obsesivo, esa
respuesta concreta es su fantasma en el sentido más amplio de la palabra. No en el sentido del
fantasma fundamental como resto de la operación analítica, sino su fantasma como "su manera de
ser".
Sobre esto Lacan nos ha dejado indicaciones clínicas muy precisas. Son pocas, en los Escritos, pero son
claves para la conducción de la cura. Una de ellas: lo esencial en el fantasma histérico, en cada ocasión,
es la función de la otra mujer. Hay que ser prudente en las generalizaciones clínicas, pero se puede
decir que cada vez que nos encontramos con un sujeto histérico, vale el cherchez la femme. Hay que
buscar... la otra mujer. Porque la forma que asume la cuestión del deseo del Otro en la histeria es
siempre una cuestión sobre el sexo, sobre el sexo que el sujeto tiene. No es lo mismo para el obsesivo,
para quien la cuestión del deseo del Otro es la de su propia existencia en el mundo.
En el sujeto histérico la otra mujer tiene esa función prevalente por que la cuestión sobre el sexo es
siempre una cuestión sobre el Otro sexo.
-Lacan habla de nulisexualidad para describir que el objeto a no tiene sexulidad.
-He encontrado un fantasma femenino mucho más complejo que el masculino aparente mente
correlativo. Un fantasma masculino considerado clásico es el de fantasear con otra mujer cuando se
está cogiendo. Pues bien, este fantasma femenino que he encontrado, más complejo, más difícil de
entender, no es el de fantasear que es otro hombre el que se la está cogiendo, sino fantasear que ese
hombre se está cogiendo a otra mujer que no es ella. Es decir que ofrece al hombre su propio cuerpo
como el cuerpo de otra. A la paciente en cuestión, ese fantasma le era necesario para obtener el
orgasmo. Y ocurre que al contarlo -lo mantuvo escondido durante años en su análisis anterior- y al
decidir no manejarlo más de esa manera, el resultado actual del análisis es que tiene dificultad con el
orgasmo. Tenemos en el lugar del fantasma un síntoma bien articulado. Vemos, en este ejemplo, esa
posición de la otra mujer, que es lo más escondido del fantasma histérico y que en cada ocasión se
presenta según una modalidad peculiar. Es cosa muy escondida por que el hombre, su hombre, su
marido, de eso no sabe nada. No sabe que cada noche coge con otra mujer... Tal es la pantomima
histérica a la que hace referencia Lacan. Su fantasma, que es al mismo tiempo lo más secreto, como lo
que puede observarse en las actitudes y comportamientos más cotidianos del sujeto, no es fácil de
ubicar.
Ahora quisiera ubicar la cuestión de la resistencia, según Lacan la única resistencia es la resistencia del
analista. Fue ésta su manera de borrar el "análisis de las resistencias", donde siempre es el paciente el
culpable por no hacer bien su trabajo. Un primer planteo polémico de Lacan fue señalar que el
inconsciente no resiste, que solamente repite y que la única resistencia que hay es una resistencia
imaginaria, en la que el analista tiene su responsabilidad. Forma parte de la misma, porque la
resistencia en tanto imaginaria necesita la colaboración del analista. Pero, lo dije ayer, hay una
resistencia más fundamental que ésa. Una resistencia fundamental de la que podemos decir que es la
consistencia misma de la estructura neurótica. En esta consistencia estructural hay una inercia, una
fijación, cuyo análisis es la travesía del fantasma; es el análisis de esa úl tima y fundamental inercia del
sujeto.
-En "Fantasmas histéricos y su relación con la bisexualidad", texto de 1908, o sea, un año posterior a
"El poeta y la fantasía", es un texto donde Freud relaciona del modo más evidente síntoma histérico y
fantasmas. Es más, supone y que el fantasma determina el síntoma. Dice que según su experiencia
analítica, dado un síntoma, uno puede encontrar el fantasma que lo determina. De esta manera
considera este último, podríamos decir, como el nombre propio de lo reprimido.
Si se toma al fantasma como causa del síntoma y se lo concibe como una derivación de los sueños
diurnos, el resultado es que sus imágenes parecen el contenido mismo del inconsciente.
19
Topología del fantasma
Inicialmente, entonces, para Lacan se trata de sostener la primacia de lo simbólico por sobre lo
imaginario. Al ser éste el punto de partida teórico, surge un problema al tratar de ubicar algo que se
encuentra en la experiencia, a saber, la prevalencia que una imagen puede tomar para el sujeto. Si lo
estructural corresponde a lo simbólico, ¿cómo dar cuenta de esa prevalencia? Hay varias indicaciones
de Lacan sobre esto, previas a una teoría que luego mantiene.
1° . En primer lugar, como ya vimos, su primera fórmula del fantasma nos indica que éste queda situado
en una dimensión estrictamente imaginaria: α←α’2°. En segundo lugar, Lacan señala que la eventual prevalencia de una imagen en el sujeto corresponde
a una falta en el sistema simbólico. Aunque no tengo ahora tiempo para desarrollarlo, ya se puede
encontrar en Lacan la idea de que es en un momento de falta en la cadena significante, escribible como
Ⱥ, que puede llegar a volverse prevalente una imagen, un elemento de nivel imaginario. En tercer
lugar, y como ejemplo de lo anterior, observemos la primera manera que tuvo Lacan de dar cuenta de
la figura del superyó. Dice en esa época, exactamente, que cuando hay una falta en la cadena simbólica
que viene del nivel imaginario, aparece la figura obscena del superyó.
Lo escandaloso de esa segunda fórmula ya conocida por todos, lo que tiene verdaderamente de
paradójica, es implicar en el fantasma al sujeto como sujeto del significante: o sea que en el fantasma
queda implicado un elemento que viene del nivel simbólico, que es efecto de la dimensión simbólica.
Se articulan, así, dos elementos heterogéneos.
Hay una alusión velada de esto en el texto de Freud cuando dice que se requieren dos cosas para hacer
un fantasma: primero, un goce, un placer proveniente de una zona erógena; y segundo, lo que llama
representación del deseo. En cierto modo, ambas cosas pueden encontrarse en la fórmula Ș◊α . En α ,
ese goce, vinculado con Ⱥ, el sujeto del deseo.
(Acá va la parte del gráfico)
Axioma del fantasma
¿Qué es un axioma en lógica? Es algo puesto al principio. En cualquier tratado de lógica hay
definiciones de términos y luego axiomas. Son frases, primera, segunda, tercera, puestas ahí, de una
ver, postula das. No se pueden discutir desde ningún lugar porque es a partir de ellas como se van a
poder producir verdades y falsedades, verificaciones. Pero antes de ellas mismas no hay nada Son el
punto de partida y un punto límite. Entonces, ¿qué implica el axioma fantasmático? Implica ser una
creación significante pura. Porque hay un creacionismo, del significante, cuestión ya planteada por
Lacan en su seminario Las psicosis. Antes de po der decir "noche y día", explica Lacan, la noche y el día
no existen. No hay más que variaciones de la luz. Una novedad absoluta, total, surge cuando en el
mundo se introducen los significantes "noche y día".
El fantasma fundamental para Lacan, está ligado a una significación absoluta, a una significación
despegada, separada de todo. La significación de "Se pega a un niño’’ no tiene motivación anterior y
es en sí misma un comienzo absoluto: "Hágase la luz, y la luz se hizo’’ es lo que uno repite cada vez que
postula un axioma.
Lacan dice que el fantasma tiene una significación de verdad. Esto es algo difícil de entender cuando
uno sabe que lo mismo podría afirmarse del síntoma, ya que éste es como una irrupción de la verdad
en vida del sujeto. Incluso puede decirse que el síntoma es verdad. Entonces, ¿cómo puede decirse al
mismo tiempo que el fantasma tiene una significación de verdad? Y Lacan lo dice. Lo dice en su última
conferencia de ese seminario que no trata tanto de la definición del fantasma como de su travesía: "El
fantasma tiene una significación de verdad". ¿Cómo entenderlo? En mi opinión, “verdad" no puede
entenderse ahí como la verdad del sufrimiento sintomático. Hay que entenderla como una
significación de verdad lógica.
Entonces, el problema de la travesía del fantasma y del fin del análisis es el de cómo puede
transformarse, si es posible, la relación del su jeto con esa significación axiomática absoluta.
20
Módulo 2 tema 1
Freud, S. (1990). Conferencia 17: El sentido de los síntomas. En Obras Completas, Tomo XVI. Buenos
Aires: Amorrortu.
Conferencia
17
–
Freud
En las conferencia 17 Freud muestra porqué la teoría psicoanalítica afirma que los síntomas obsesivos,
en contraposición a la psiquiatría clásica, tienen un sentido que es preciso encontrar a través de su
interpretación.
El sentido de los síntomas neuróticos fue descubierto por Josef Breuer; lo hizo mediante el estudio y
la curación de un caso de histeria en 1880, aunque fue Pierre Janet que aportó de manera
independiente la misma demostración y le corresponde la prioridad de publicación, pues Breuer dio a
conocer su observación junto a Freud en 1895, unos años después de haberla realizado.
Los síntomas neuróticos tienen al igual que las como las operaciones fallidas y los sueños, un sentido
su nexo con la vida de las personas que los exhiben. A diferencia de la histeria, la neurosis obsesiva
tiene
síntomas
netamente
psíquicos,
y
no
orgánicos
o
somáticos.
El
neurótico
obsesivo
presenta
estos
síntomas
básicos:
· se ocupa de pensamiento que no le interesa, tiene una idea o representación fija, generalmente
absurda
y
experimenta
impulsos
extraños
a
él.
· realiza ciertos actos contra su voluntad y desprovistos de placer, actos que son huidas de
tentaciones que incluso pueden llegar a ser hasta de matar, que el enfermo no sólo los desmiente
como ajenos, sino que huye de ellos, horrorizado y se protege de ejecutarlos mediante prohibiciones
y restricciones de su libertad, ejecutando en realidad cosas inofensivas, mediante repeticiones
ceremoniosas
de
actividades
cotidiana.
·
El enfermo no puede suprimir la obsesión, pero sí puede desplazarla.
La explicación que da la psiquiatría sobre los obsesivos es simplemente que se trata de individuos
"degenerados".
Freud cita entonces dos ejemplos clínicos de síntomas obsesivos, para ilustrar cómo es posible llegar
a
encontrar
sus
sentidos.
CASO 1: Una paciente de 30 años tenía un acto obsesivo que repetía una y otra vez: corría hacia una
habitación, se ponía frente a una mesa, donde había una gran mancha roja, llamaba a la mucama
delante de esa mancha y le daba una orden cualquiera o a veces ninguna y luego la despedía.
Consultada de qué sentido tiene eso, ella dijo no saberlo, aunque después contó un hecho ocurrido
hacía más de 10 años atrás donde en su noche de bodas su marido, impotente, hizo varias tentativas
yendo desde otra pieza a la habitación de casados y después echó tinta roja en la cama, para tener que
avergonzarse
ante
la
mucama
cuando
esta
haga
la
cama.
Entonces se había identificado con la conducta de su marido, pues cama y mesa, juntas significan
matrimonio. Ella fue repitiendo y 'perfeccionando' la escena para rectificar la penosa experiencia real
y el sentido del acto obsesivo resultó que expresaba un deseo: el marido no tiene que avergonzarse
ante
nadie,
pues
no
es
impotente.
La señora vivía separada de su marido, en duda de un divorcio vía judicial. Al rehabilitar a su marido,
además, se obligaba a serle fiel y resistir otras tentaciones. De paso, también nadie sospechaba la
causa real de la separación. En este caso, la interpretación del síntoma fue hallado por ella misma, sin
intromisión ni guía del analista, y no apareció por un recuerdo de una vivencia infantil, sino de una de
una
de
la
madurez
El síntoma viene a rectificar eso vía el sentido, rectificar lo que no estuvo en su lugar, la paciente
mediante su síntoma cubre el síntoma del marido, cubre la castración del otro. No solo eso, sino que
también se procura una vida solitaria, donde encuentra un goce autoerotico.
CASO 2: Se trata de una bella e inteligente joven de 19 años, hija única, tenía una ceremonia antes de
acostarse que llegaba a durar entre una y dos horas. Paraba de funcionar al reloj grande, sacaba de la
pieza su pequeño reloj de pulsera, así como floreros y jarrones que pudieran caerse, o sea todo aquello
que
hiciera
ruido
y
no
la
dejase
dormir.
A su vez, paradójicamente, se aseguraba de tener la puerta entreabierta. Además colocaba las
almohadas de determinado modo, ajustándolas al milímetro, de modo que la almohada más grande
21
no tocara el respaldo de la cama y que la chica se apoyara sobre la otra solo formando un rombo, en
la
que
ella
apoyaría
su
cabeza
en
diagonal
al
rombo.
El trabajo analítico en este caso fue más dificultoso, pues negaba mucha de las propuestas de
interpretación y de los señalamientos, por lo que hubo que replantear el trabajo varias veces.
Ella entonces alejaba los relojes pues su pulsación estaba vinculada con la pulsación de su clítoris, es
decir con su excitación. El reloj en este caso juega el papel de referencia a la regularidad de la
menstruación.
La posible caída de jarrones la relacionaba con la hemorragia de la primera relación sexual, ya que una
vez se había sangrado cuando se le cayó uno de esos objetos cuando era niña, sangrándole un dedo,
entonces temía por sangrar como por no sangrar en la primera relación sexual.
La otra ceremonia, la colocación de la posición de almohadas se debe a que ella buscaba separar al
padre
de
la
madre.
Esto lo había hecho en forma más evidente antes, cuando simulaba angustias en la noche hasta evitar
que los padres cerrasen la puerta, después cuando se agarró insomnio, directamente impuso dormir
en
la
cama
matrimonial
entre
ambos.
Cuando esto ya incomodaba, consiguió mediante simulación consciente, trocar el lugar con la madre.
Esto llevo a esta ceremonia, donde la almohada grande era la madre, que debía separarse del respaldo
de la cama (el padre) para evitar que tengan otro hijo, eventual competidor.
Las almohadas a su vez tenían que colocarse formando un rombo y la cabeza de ella coincidir
exactamente
con
su
diagonal
mayor.
Esto se debe que se le asimila al rombo con el dibujo de los genitales femeninos abiertos. Ella misma
hacía entonces el papel de hombre, el padre, y con su cabeza sustituía al miembro viril.
Freud concluye que esta muchacha ha caído en un vínculo erótico con el padre, cuyos comienzos se
remontan a su primera infancia, por lo cual se muestra tan inamistosa hacia su madre y que el análisis
de este síntoma nos ha remitido de nuevo a la vida sexual de la enferma.
Estos casos muestran según Freud que los síntomas, al igual que los actos fallidos y los sueños, poseen
un sentido y que guarda relación con la vida íntima del enfermo y con una situación del pasado.
Tal es una de las características de sus teorías, va de lo particular a lo general.
En las neurosis podemos entonces encontrar: a) síntomas típicos, que encuentran su sentido en casos
semejantes, con la diferencia individual de cada uno, con tendencia a repetir acciones fastidiosas como
ser la manía por la limpieza o tener por ejemplo miedo a estar solos, a veces contradictorios entre si;
b) síntomas individuales, propios de cada paciente, derivados de situaciones pretéritas y vivencias
únicas y personales
Freud, S. (1990). Conferencia 23: Los caminos de la formación del síntoma. En Obras Completas,
Tomo XVI. Buenos Aires: Amorrortu.
Los caminos de la formación de síntomas
Para que un síntoma advenga deben cumplirse ciertas condiciones: debe existir cierta predisposición
a las fijaciones libidinales y sumarse a esto un trauma externo que atente contra los modos de
satisfacción actuales del yo. A la suma de ambos factores Freud la denomina Series Complementarias
(a lo largo de su obra propone varias). A su vez, la predisposición a fijaciones libidinales se genera a
partir de una nueva serie complementaria: el factor prehistórico, constitucional, sumado al vivenciar
sexual infantil. Cuando ambos se conjugan de manera idónea se estructura la predisposición a las
fijaciones.
Las fijaciones son puntos hiperintensos en el recorrido evolutivo libidinal. A modo de ejemplo –burdopodría suponerse que si un niño en la etapa anal goza de sobremanera de retener sus heces (vivenciar
sexual infantil) y cuenta con un factor constitucional dado, terminará por generarse allí una fijación en
dicha etapa.
Queda allí anudado un monto libidinal que no avanza en el camino evolutivo, como el resto de la libido.
Esta fijación ha quedado oculta bajo la represión.
De esta manera ya tenemos el punto de fijación. Nos falta ahora –según la serie complementaria- un
factor externo de naturaleza traumática para el modo de satisfacción actual. Siguiendo con el ejemplo,
22
supongamos que el niño ya ha crecido, sus pulsiones se han unificado. Sin embargo, la modalidad de
satisfacción sexual que éste tiene choca con las normas culturales introyectadas. De modo que precisa
satisfacerse pero no puede masturbarse –por ejemplo- porque eso “está mal”.
Tenemos ya
Predisposición a fijación + trauma externo = imposibilidad de satisfacción
Ante esto, la libido emprende la retirada de la modalidad actual de satisfacción (porque obviamente
no puede cumplirla!). Es decir que se produce una regresión, en busca de viejos modods de satisfacción
que sí hayan resultado exitosos. En nuestro caso, la satisfacción hiperintensa en la etapa anal resulta
atractiva, dado que generaba mucho goce en el sujeto. La libido “añora” esas “buenas épocas” en que
podía satisfacerse tanto. Se produce entonces una regresión al punto de fijación, lo que implica una
modalidad de satisfacción perversa (porque no es de la sexualidad actual sino de la infancia- estructura
perversa polimorfa); sumado a una sobreinvestidura de las fantasías. Esto último se explica de la
siguiente manera: cuando una modalidad de satisfacción es superada por
una nueva organización sexual, la antigua queda reprimida, es decir, relegada a la fantasía. La regresión
a un punto de fijación, es el fenómeno económico, es decir, explica qué sucede con las cargas. Pero,
mientras tanto, qué sucede con las representaciones? La otra cara de la misma moneda es esto: la
sobreinvestidura de las fantasías respectivas al punto de fijación.
Dichas fantasías eran tolerables al yo antes de la sobreinvestidura (porque no estaban muy cargadas
de afecto, por lo que podían alejarse de la cc con facilidad. Ahora se vuelven intolerables al yo (porque
son perversas!) y este les opone una contrainvestidura. Este es el momento en que opera la defensa
(parte del yo) y le tira un jame jame jaaa a las fantasías sobreinvestidas, deformándoles la cara, de
modo que precisan una cirugía reconstructiva y terminan por cambiar su identidad. Ahora pueden
pasar al sistema prcc/cc sin molestar demasiado, porque están todas deformadas y desplazadas y un
poco de sal una pizca de canela y hete aquí un síntoma: contento el yo, contento el ello por la suma
de dos mociones opuestas generando una formación de compromiso.
Fijación + obstáculo para la satisfacción
Regresión al
punto de
fijación
contrainvestidura
defensa
Condensación;
desplazamiento
Modalidad de satisfacción perversa
+
Sobreinvestidura de fsías
Reprimidas eran
tolerables
Ahora intolerables al
yo
SÍNTOMA
23
Miller, J. A. (1996). Seminario de Barcelona: sobre Die Wege der Symptombildung. En Revista
Freudiana N° 19. Barcelona: Escuela lacaniana de Psicoanálisis.
Miller hace una lectura de las conferencias 17 a la 23, donde Freud construye su teoría libidinal.
Explicación de la profesora: Freud ubica el desarrollo de la libido del autoerotismo al narcisismo, que
permite dirigirse a los otros como objetos totales. En este desarrollo vamos a tener fijaciones
(momentos donde la libido se detuvo). Ese punto de fijación es invariable, inconmovible. Cuando algo
en el camino de la libido aparezca como frustración (interna o externa), y siempre va a aparecer una
frustración, la libido produce como mecanismo de defensa una regresión a los puntos de fijación.
En la neurosis esa regresión se va a producir a través de la fantasía y de los síntomas. El síntoma además
de tener un sentido, porta una satisfacción que por frustración no fue permitida en la relación con los
objetos externos, se va a satisfacer internamente en la fantasía con los objetos fantaseados de la libido.
Explicación de la profesora: Miller interviene en la conferencia 23 de Freud y la divide en 8.
1- “escapatoria de la libido”: Freud se pregunta a dónde va la libido insatisfecha por frustración.
Va a los puntos de fijación. O sea, siempre se va a satisfacer, la satisfacción siempre es la
misma. La libido puede resolver sus conflictos vía la regresión porque están los puntos de
fijación. Frente a la frustración el mecanismo de defensa es la regresión a los puntos de fijación
porque ahí hay un punto de atracción. La libido logra a través del síntoma una satisfacción
real (aunque no sea considerada como tal).
2- “constitución y vivencias”: donde halla la libido las fijaciones. Estas están en relación a las
vivencias sexuales infantiles y a la constitución de la pulsión parcial que la libido se fija. Hay un
doble encuentro la vivencia contingente de la infancia y la constitución de la pulsión. Ahí la
libido encuentra sus puntos de fijación en la infancia, es la predisposición por fijación libidinal.
Entonces hay un primer tiempo infantil, mudo, donde se produce la fijación y la vivencia infantil. Mudo
porque en la infancia solo hay un germen de moción sexual. Y un segundo tiempo para que se produzca
el síntoma, algo en el recorrido de la libido, en la adultez, produce un punto de frustración y llama a la
defensa, esta produce que se retire la libido de los objetos de la realidad y que vaya a la fantasía y al
síntoma vía los puntos de fijación. El síntoma requiere de la fijación infantil más el vivenciar del adulto.
3- “vivencias infantiles sexuales”: la libido está fijada allí. Esas vivencias no tuvieron importancia
en la niñez, ya que esta es muda, regresivamente en la adultez esas vivencias infantiles son
significadas.
4- “la satisfacción en el síntoma”: el síntoma es una satisfacción sustitutiva, repite una modalidad
de satisfacción, esta es externa para el yo. El síntoma es un autoerotismo ampliado.
5- “fantasma y realidad”: las escenas que dejaron marca no son ni verdaderas ni falsas, son
mezcla de verdad y falsedad. Esas vivencias tienen el mismo estatuto que los recuerdos
encubridores, son fantasmaticos. Es el modo en que eso quedo fijado en la realidad psíquica.
Esa realidad fantasmatica con la que trabaja el analista, según Freud tiene una función de velo,
realidad que va a velar algo de la castración y algo de la satisfacción.
El pasado siempre fantasmatico, pero la satisfacción siempre real. Más allá de que no se sienta como
satisfacción. Relación entre sentido y satisfacción que lacan llamo sentido gozado.
6- “los fantasmas originarios”: Freud ubica tres fantasmas originarios, primordiales y filogenética,
o sea tres fantasmas que se repiten en todas las neurosis:

Escena 1ria: coito entre los padres

Escena 2ria: fantasía de seducción por parte de un adulto.

Escena 3ria: amenaza de castración.
Lacan ordena estas escenas en torno a 3 preguntas:

1ria conlleva a la pregunta por el origen
24

2ria pregunta por el lugar que ocupa en el deseo del otro.

3ria pregunta por la diferencia.
7- “la Bedeutung del síntoma, la fijación”: Bedeutung es un término que en alemán quiere decir
referencia, Miller lo opone al término Sin que es sentido. La referencia del síntoma no es el
sentido, sino que es la satisfacción. Satisfacción que refiere a la fijación de un modo de
satisfacción.
La fijación también es ubicada por Freud como un reservorio libidinal. Lo ubica en paralelo a los
reservorios naturales, todo crece, no interviene la mano del hombre. La fantasía en su articulación con
la pulsión y el modo de satisfacción es un reservorio donde todo crece.
La libido no tiene más que volver a la fantasía para hallar desde allí el camino a cada fijación. La retirada
de la libido a la fantasía es un estadio intermedio en el camino hacia la formación del síntoma.
8- “de la creación y el arte, como una inversión del camino sintomático”: habla de la sublimación.
Hay un camino de la pulsión que va de la realidad a la fantasía y al punto de fijación y a los
síntomas como autoerotismo ampliado.
A partir del camino de la sublimación hay un camino inverso. El arte y la creación vía la sublimación
permiten un camino inverso. El arte permite ir de la fantasía a la realidad. Hay satisfacción autoerotica,
hay fantasía y desde allí se produce un lazo con el mundo exterior.
PRIMERA PARTE
Binario sentido goce
El valor del binario señalado por Lacan entre la Conferencias XVII y XXIII de la Introducción al
psicoanálisis. En el capítulo XVII, que lleva como título “El sentido de los síntomas”, se trata del sentido.
Parece simple verlo dado que Freud mismo lo dice -Der Sin n der Symptom- pero verlo cómo es no es
tan evidente: es un cierto efecto de “carta robada”. En el capítulo XXIII, “Los caminos de la formación
del síntoma”, se trata de la libido, de la Bifriedigung, de la satisfacción, del goce. Ese es el camino de
Freud en su segundo ciclo de conferencias: va del sentido al goce en el síntoma. Este camino -se lee en
Freud en sus conferencias populares dadas a un público de no analistas- es el camino mismo, si se
puede decir así, de la formación de la enseñanza de Lacan. El binario ordenado, orientado, vectorizado
va del sentido al goce.
Las 5 operaciones de lacan: separar…
Va a ubicar la problemática freudiana a partir de lacan. Aca hace un recorrido por la obra de lacan.
El punto de partida lacan enfatiza en el sentido. Esa primera elaboración de Lacan desemboca en un
esquema que muchas veces he puesto en la pizarra -esquema que Lacan llama L, primera letra de su
nombre, pero cuya base es una X, oponiendo lo simbólico y lo imaginario.
El sentido, de ubicarlo en su lugar de nacimiento, está en el eje simbólico. El sentido necesita el
símbolo, el significante y además necesita el Otro, ya sea como interlocutor o como lugar mismo de la
estructura del lenguaje. En esta perspectiva, la intención de significación, el querer decir encuentra
esta estructura A que modifica el mensaje que resulta.
A este eje se opone la pareja imaginaria a-a’, que viene del estadio del espejo. Toma como referencia
Introducción al Narcisismo, anterior a esta conferencia. Lacan considera que la libido freudiana circula
en el eje imaginario en tanto es fundamentalmente narcisista. La libido se ubica en el narcisismo. Entre
a y a’ hay libido, Befriedigung, lo que llamamos el goce, de tal manera que el eje imaginario es también
el eje pulsional en Lacan.
Lacan ha entrado en el psicoanálisis con un binarismo de oposición entre sentido y goce. Voy a
caracterizar así la primera operación lacaniana que nosotros mismos practicamos aún: es separar,
dividir, cortar. Aquí viene lo imaginario, acá viene lo simbólico. Siempre con la orientación de ir de lo
imaginario a lo simbólico, con un cierto menosprecio de lo imaginario, y por eso mismo, de la pulsión.
Hay en toda la orientación primera de Lacan una desvalorización de la pulsión que no reconocemos
25
cuando hablamos de lo imaginario, pero que allí está. Además, el principio de que es siempre peligroso
en la práctica confundir los dos, simbólico e imaginario.
¿Qué son los caminos de la formación de síntomas, en esta perspectiva? Lo voy a poner en singular: es
esencialmente el camino simbólico. El síntoma aparece como un enigma. Se manifiesta soportado por
un significante cuyo significado está reprimido, es decir que no ha sido comunicado a, o aceptado por,
el Otro. Se trata de un significante cuyo significado está reprimido que constituye lo sintomático.
… articular
Segunda operación de lacan. Para Lacan el síntoma se ubica en s (A) como un efecto de significado del
Otro. El síntoma es un efecto especial de significado del Otro.
La segunda acción es articular sentido y goce. Lacan lo hace en un grafico en el q ubica el fantasma
incide en la formación del síntoma.
En la Conferencia XXIII, eso aparece a libro abierto. Además, el fantasma, ($ O a) es resultado de todo
un largo circuito que es un circuito libidinal, en el cual aparecen la pulsión como cadena significante, y
el deseo como significado de esta cadena significante. En resumen, el circuito pulsional está articulado
al circuito semántico.
... deducir, producir y anudar
Deducir. Deducir el goce a partir del sentido. Muestra que el goce bajo la forma (a) complementa
necesariamente al efecto de sentido. Primero hay significante y sentido, es lo que Lacan llama
alienación; y en segundo tiempo, hay más de goce, es lo que Lacan llama separación. Producir. Se
demuestra en este sistema, a partir del aparato del sentido, la producción del más de goce. Anudar.
Da el fundamento de toda la perspectiva. En esa zona no tan articulada, no tan diferenciada como las
otras, no se trata de otra cosa que equiparar, identificar sentido y goce. Es lo que Lacan llama el sentido
gozado. Pero, a veces, oponer de manera radical sentido y goce. Vuelve a Freud.
El camino de Freud
En las conferencias que van de la XVII a la XXIII Freud introduce lo pulsional, la libido, lo sexual, además
lo perverso de lo sexual. En esta parte de su obra Freud trata de vincular las dos vertientes de su obra:
– la del descubrimiento del inconsciente, de los fenómenos interpretables, su descubrimiento de que
fenómenos que se descartaban como sin sentido se pueden interpretar, la del inconsciente definido
por la interpretación; – la del descubrimiento de la sexualidad infantil y del carácter perverso de la
sexualidad, en 1905.
Regresión y represión
Freud separa claramente la represión que refiere a mecanismo semántico - algo no se puede decir, no
se logra decir porque hay represión y el registro de la sexualidad. Distinguir dos tipos de regresión: la
regresión a los objetos primarios y la regresión a etapas anteriores del desarrollo.
Sinn y Bedeutung
Conferencia XVII, Lacan indica que Sinn no es Bedeutung. Sinn es el efecto de sentido, lo que se
determina a partir del significado, y Bedeutung concierne la relación a lo real. La traducción es a la vez
“significación” y “referencia”. Freud demuestra allí que la referencia del síntoma es el fantasma, que
lo real en juego en el síntoma pasa por el fantasma. No identifica real y fantasma: la XXIII dice que el
fantasma es más bien como un velo fundamental antes de lo que es verdaderamente lo real, es decir,
la fijación.
Lo interceptado en el síntoma
La palabra “interceptado” es fundamental. Parece inspirar el primer esquema de Lacan: la
interceptación de un querer decir por algo diverso.
En Freud,la definición de síntoma como medio de goce es patente.Tomando en cuenta por supuesto
el carácter de formación de compromiso, es decir, nexo entre goce y defensa.
26
La libido como significado
La observación de Freud es que en el síntoma se trata de obtener, la satisfacción y defenderse de la
misma. Este nexo entre goce y defensa es lo que Lacan deducirá: que hay algo excesivo en el goce que
obliga siempre al sujeto a defenderse contra el goce que busca. Lacan dará cuenta de ello separando
el lenguaje, el significante en tanto que negativiza el goce: el poder represivo está en el lenguaje
mismo. El Nombre del Padre es el lenguaje. Queda un plus de goce, la ganancia de placer, el Lustgewin.
SEGUNDA PARTE
Freud oscila entre el valor traumático y el valor fantasmático. A la vez, en esa oscilación queda,
finalmente, una constancia, en tanto que se pueden considerar lo traumático y lo fantasmático como
dos modalidades de lo mismo: algo no se puede descartar, algo ha sido efectivo en el pasado. Entre lo
traumático y lo fantasmático, hay una oposición, por supuesto, pero hay también algo común, es que
Freud no duda que hubo algo en el pasado en el momento mismo de las vivencias infantiles. Que esta
x sea traumática o fantasmática es algo a discutir. En las notas del Hombre de los Lobos termina con
un non liquet, no está decidido, no está claro. Pero hay un liquet, en tanto que algo real pasó en lo
real, entendido en el sentido, por lo menos, psíquico.
“Varitat” (Varité) del síntoma
Es precisamente para referirse a esa dimensión de verdad, aquí llamada supuesta, que Lacan, con el
neologismo de varité, condensa diversas significaciones.A partir de varité, el síntoma, si bien queda en
cierta relación con la verdad (verité), queda también en relación con la variedad (varieté), con la
variabilidad (variable) y con la verificación (verificable).
Se trata entonces de indagar ese estatuto del síntoma a partir de Freud. Lacan se refiere en esas
sesiones, -y es el contexto en el que aparece varité- al tema del sentido (sens), a la cuestión de su
relación con mentira y con la verdad, y de ésta con el transcurso de un análisis: con el decir del
analizante y con los efectos producidos.
En lacan “el síntoma es real. Es incluso la única cosa verdaderamente real, es decir, que conserva un
sentido en lo real”. Y añade: “es por esta razón que el psicoanalista puede, si tiene suerte, intervenir
simbólicamente para disolver (el síntoma) en lo real”. Lo “simbólicamente real como verdad” lo
diferencia claramente de su contrario, de lo “realmente simbólico, esto es, de lo simbólico incluido en
lo real”, que sería lo que llama “la mentira”.
Freud podemos leer también que “las vivencias infantiles construidas en el análisis, o recordadas, son
unas veces irrefutablemente falsas, otras veces son con certeza verdadera y en la mayoría de los casos
una mezcla de verdad y falsedad” (Ibid. p. 335), en Lacan la correlación es patente. Nos dice: “lo que
el analizante al analista cree decirle no tiene que ver -de eso Freud se dio cuenta- con la verdad. ( … )
El analizante dice lo que cree verdadero. Lo que el analista sabe es que él no habla sino del lado de lo
verdadero, porque lo verdadero lo ignora” (Ibid. p. 12).Y añade: “(a la verdad), lo que yo he definido
como aquello que no cesa de escribirse, esto es, el síntoma, le es obstáculo. Lo que el analizante dice
tratando de verificarse, no es la verdad, es la varité del síntoma”.
De los “Holzwege” a los “Umwege” de Freud
Wege de Freud. Lo que camina, no hay duda sobre eso, es la libido. La libido se caracteriza por su
capacidad de caminar, y es por eso mismo que tiene su sentido la fijación. Esta tiene su valor en
comparación con la vocación de caminar, la vocación errante de la libido, que da cuenta de la
plasticidad de las pulsiones parciales, como hemos visto ya su capacidad de mudar su objeto para
permutarlo por otro, como dice Freud, de su proclividad al desplazamiento, de su predisposición a
adoptar subrrogados. Un camino posible es la llegada al síntoma, otro camino posible es llegar a la
obra de arte. La investigación clínica de la formación del síntoma desemboca en una consideración
sobre el arte. De forma resumida: la libido se puede sublimar o sintomatizar. En esta conferencia, Freud
estudia la sintomatización de la libido, pero no es el único destino de la libido.
Los Wege y los Umwege
27
Los Wege de Freud son, por una parte, caminos de retorno de la libido. La libido, en la concepción de
Freud, se desarrolla en el tiempo y Freud capta la cosa en una dialéctica entre desarrollo y regresión,
y los caminos se inscriben en esa dialéctica.
Por otra parte, los Wege de Freud son Umwege, rodeos, como lo dice, ya lo he citado, en la conferencia
XXII, pago 318, “los rodeos son los caminos de la formación de síntomas”. La palabra Umwege es
frecuente en la obra de Freud y, también, presente en el título de uno de sus escritos.
Los rodeos pulsionales son correlativos de la constancia de la finalidad libidinal.
Rodeos, metáforas, metonimias, la plasticidad, ponen tanto más en relieve la constancia de la finalidad
libidinal. La libido permanece siempre la misma. Sus rodeos apuntan a la satisfacción.
En eso, hay que tener cuidado. Es un punto muy simple, pero a la vez esencial.
Toda la teoría freudiana de los síntomas tal como la desarrolla en las Conferencias, supone que una
satisfacción se puede substituir a la otra.
Las partes de la conferencia XXIII
Pasamos ahora a las partes del texto a las que daré títulos. Hay ocho: (están explicados por la profe al
comienzo).
1. La escapatoria de la libido: la libido da el primer paso, se encuentra bloqueada por la Versagung, el
veto. El camino sintomático comienza por un bloqueo. La libido está bloqueada en su búsqueda de
satisfacción. En un primer tiempo, se escapa de la actualidad, hacia el pasado. Hay una huida y un
pasaje de la actualidad al pasado, ya sea un pasado fantasmático o el pasado de un estado anterior de
la libido.
2. Constitución y vivencias: Lo hemos encontrado antes. Freud trata de evaluar lo que se debe a
factores constitucionales y lo que se debe a vivencias actuales en la formación del síntoma.
3. Las vivencias infantiles sexuales: El camino regresivo, lleva a las primeras vivencias. Lo comentaré
después.
4. La satisfacción en el síntoma: Freud hace una oposición entre la fenomenología del síntoma y la
verdad del síntoma, en tanto que la primera impone la presencia del sufrimiento, mientras que en la
segunda reside la satisfacción libidinal que da al sujeto. En este capítulo, justifica el concepto lacaniano
de goce, ya que Freud nos habla de una satisfacción que no se confunde con placer. El síntoma histérico
se presenta en la dimensión del displacer, aunque satisface, lo que justifica introducir una palabra
distinta para apuntar a la conjunción de satisfacción y de displacer: es lo que Lacan llama goce.
Los próximos tres capítulos tratan del fantasma: 5. Fantasma y realidad. 6. Los fantasmas originarios.
7. La Bedeutung del síntoma, la fijación. El último capítulo, el 8, trata de La creación, el arte, como una
inversión del camino sintomático.
Los capítulos 5,6 y 7 tratan el pasado. La libido vuelve al pasado en el camino constitutivo del síntoma.
El verdadero estatuto de este pasado es fantasmático. Lo cual lleva a Freud a proponer que hay una
realidad psíquica. Aquí, la parte 4 toma su sentido en tanto que Freud nos dice: “la satisfacción es real”.
Puede ser que el pasado sea fantasmático, pero la satisfacción es real. Veo dibujarse ahí la oposición
entre lo real de la satisfacción y lo fantasmático del pasado. No me parece un forzamiento.
En la parte 8, hay un retorno a la realidad, en tanto que el artista produce obras que toman su lugar
en dicha realidad. El último camino va de la realidad psíquica a la realidad externa. Casi es un
movimiento del síntoma al fantasma -también un más allá del fantasma- y el retorno a la realidad
externa.
Los modos de gozar y su costo
La Conferencia XXIII es un estudio de los modos de gozar. La definición de Freud del síntoma que, a
pesar de su fenomenología de sufrimiento, es una modalidad de satisfacción libidinal. Es la perspectiva
inhumana en el psicoanálisis; el sujeto se presenta con sufrimiento, el analista fundamentalmente
28
responde: “todo está bien”. Por supuesto, no es la única perspectiva. No se trata de bendecir el
sufrimiento: “tú eres feliz en tu sufrimiento”. El único sentido que puede tener la curación es el de
disminuir el precio de sufrimiento que se debe pagar para acceder a la satisfacción pulsional, que sea
menos costoso. Así se restablece una cierta humanidad en la posición analítica.
Lo esencial es que, en este nivel, no hay conflicto. Hay sufrimiento, pero no hay conflicto propiamente
dicho. El conflicto, concepto tan importante en Freud, es una elaboración teórica que lleva a decir que
la satisfacción libidinal entra en conflicto con otro elemento, con otra instancia que obliga a la libido a
cambiar de dirección. Freud trata de ubicar de varias maneras esa otra instancia. En un primer sentido,
es la realidad externa. En las Conferencias dice, sin embargo, es el yo, sus leyes y sus pulsiones propias
-pues necesita de un elemento pulsional para ir en contra de las pulsiones. Más adelante, Freud cambia
la teoría -aquí ya hay una suerte de varité, una verdad que varía-, dirá que no es el yo, sino el superyó
y la pulsión de muerte. Sin embargo, esa elaboración parece reducirse al semblante cuando uno la
refiere a lo real de la satisfacción. No se duda de lo real de la satisfacción, pero sí se puede dudar de la
construcción teórica del conflicto.
Una nueva manera de satisfacción pulsional
“nueva o substitutiva” porque el síntoma no es algo nuevo, no es un invento sino más bien un retorno.
Hay siempre algo viejo en el síntoma freudiano, pues es un hecho de repetición. En este texto, Freud
estudia las transferencias de libido. La libido tiene capacidad transferencial y que el analista se ofrece
como un objeto capaz de captarla para permitir nuevos arreglos. El análisis mismo puede aparecer
como una nueva modalidad de satisfacción libidinal.
El tiempo y el síntoma
Freud elabora el síntoma en la dimensión temporal, en términos de desarrollo y regresión. Para él, la
libido tiene un pasado, y casi tiene una memoria.
Es así que se plantea en la parte 3 la cuestión de si las vivencias infantiles tienen importancia, la han
tenido en el momento mismo de la vida del niño o si esa importancia, ha sido adquirida regresivamente
en una suerte de aprés-coup (Freud no utiliza la palabra). Su solución es clara: esas experiencias
infantiles han tenido importancia en el momento mismo. Para algunas neurosis la vivencia infantil es
más importante, para otras lo son los conflictos posteriores. Pero fundamentalmente dice que si la
libido regresa será porque hay algo que ejerce una atracción. Es lo que llama “fijación”.
En la parte 4 presenta el goce del síntoma, este goce escondido como algo extraño, que tiene
Befremdung, que no es algo familiar, tampoco reconocible. No hay reconocimiento de este goce. Aquí
habla del autoerotismo ampliado del síntoma que constituye una modificación del ser mismo del
sujeto, eventualmente de su mismo cuerpo.
Para Freud cuenta lo infantil. Las vivencias o los fantasmas han tenido importancia en el momento. Lo
que cambia finalmente es el sentido mismo de la realidad. La realidad tiene varias modalidades y Freud
introduce al lado de la realidad externa la realidad psíquica. Cambia el sentido mismo de la realidad,
de forma que la diferencia eventos-fantasma pierde su importancia.
La solución estructural
Se debe modificar claramente a partir de la parte 6: en el lugar de las “vivencias infantiles”, hay que
poner los “fantasmas originarios”. Freud hace una reducción del número de fantasmas para ubicar tres
esenciales: la observación del coito, la seducción por un adulto y la castración. Su solución filogenética
de la existencia de esos fantasmas es lo prehistórico.
La solución lacaniana en este mismo punto, lo prehistórico en Freud, es la solución estructural. Cuando
Freud apunta a la prehistoria, a una cristalización de vivencias que, dice, no podemos conocer
directamente, Lacan ofrece la solución maravillosa, la referencia estructural: son hechos de estructura.
La referencia del síntoma
La parte 7, Die Bedeutung der Symptom. En resumen, apunta al goce en el síntoma, más allá de los
relatos de seducción, castración, coito. . A través de una referencia al principio de placer y al principio
29
de realidad, apunta al hecho de que queda siempre un resto de goce, que llama “fijación”, que no
obedece a las exigencias de la realidad, tampoco al principio de placer, cuyas exigencias son de
reducción de las tensiones. Así, Freud distingue finalmente un real dentro de lo psíquico mismo que se
esconde dentro del fantasma.
Extrovertir al fantasma
En la última, parte insiste sobre la capacidad del artista de regresar a los fantasmas. Es un introvertido
que logra extrovertir, dando forma a sus fantasmas. Freud dirá que da una copia fiel a la representación
de sus fantasmas.
Pino, S. (2012). Síntoma- Castración: autoerotismo ampliado y extraterritorialidad. En O.Delgado
(comp.). Construcción de los conceptos psicoanalíticos. Buenos Aires: JCE Ediciones. (pp 53-57).
En Freud encontramos dos momentos de su enseñanza para situar el paradigma "síntoma-castración".
El primero, cuando el síntoma neurótico está pensado desde los conceptos de deseo inconsciente y
satisfacción libidinal, en el marco de un aparato psíquico regulado por el principio placer-displacer. El
segundo, cuando el síntoma es considerado desde la perturbación económica producida por la
"exigencia pulsional, núcleo genuino del peligro", según lo plantea en "Inhibición, síntoma y angustia".
En Lacan encontramos también dos momentos que se presentan en discontinuidad pero se soportan
en este paradigma. El primero, cuando el síntoma neurótico es elucidado desde el predominio que
Lacan le otorga a lo simbólico. Una de las consecuencias de tal orientación es que, de la pulsión, sólo
queda acentuada su equivalencia a la cadena significante. El síntoma será, en este momento de la
enseñanza de Lacan, un efecto especial de significado del Otro, en conexión con la pulsión y el
fantasma. Y el segundo, cuando el acento está puesto en el goce, mientras que la castración es
reformulada. Lacan recupera "la exigencia pulsional” freudiana como el real irreductible que insiste en
la clínica -tal como será desarrollado en el paradigma "síntoma-funcionamiento".
Sintoma: autoerotismo ampliado
En la "17 Conferencia. El sentido de los síntomas", Freud parte de ubicar al síntoma como una más de
las formaciones del inconsciente en tanto porta un sentido al igual que las operaciones fallida y los
sueños. Sirven a la realización del deseo y ésa es la clave del sentido inconsciente.
Freud se apoya en dos situaciones clínicas. La primera, donde el síntoma aparece como la figuración
de la escena de la noche de bodas en la que el marido se había mostrado impotente. En este caso,
además, Freud nos deja una clave: justificada por su síntoma ella y su marido viven en lugares
separados.
Y en la segunda, el síntoma de emparejar objetos da forma a la no- relación sexual: su síntoma sirve
para ..mantener separados hombre y mujer, vale decir, separar a sus padres, no dejarlos que llegaran
al comercio conyugal"
Los dos casos presentan a la castración como un desarreglo, como un menos de satisfacción en la causa
del síntoma. La castración entonces, se presenta en su versión imaginaria a lo que el sujeto responde
con su síntoma. Donde la relación sexual falla surge la formación sustitutiva como un conjunto de
significantes que la representan y, al mismo tiempo, presentan una satisfacción compulsiva.
A la altura de estas conferencias 17 y 23 sus conceptualizaciones sobre la represión y la libido se
corresponden con sus dos doctrinas -la de la interpretación de los sueños y la de las pulsiones, que
parecerían ir en paralelo. El síntoma liga el circuito semántico con el circuito libidinal para dar cuenta
de ese plus que no está en las otras formaciones del inconsciente y que para Freud sirve siempre al
mismo propósito: la satisfacción sexual.
-La libido es afectada por la regresión en sus dos modos: la introversión a la fantasía y la regresión a
los puntos de fijación. La libido vuelve al pasado fantasmático porque algo ejerce atracción, Freud
nombra "vivencia infantil" al plus que da cuenta de la fijación como una marca de la satisfacción real
más allá de la trama. La recuperación del término "vivencia infantil" nos orienta para situar la
conjugación en el trauma de dos elementos: la fijación, como saldo de lo realmente acontecido, y las
30
fantasías primordiales. La relación entre castración y pulsión en Freud está dada por el complejo de
Edipo como argumento necesario en tanto inscribe en una trama simbólica las pulsiones parciales y el
placer de órgano.
-Lacan considerará al síntoma no sólo en su vertiente semántica, metafórica, expresión sólo de un
sentido inconsciente sino que será también un modo de satisfacción libidinal. Al recuperar el concepto
freudiano de ‘’investidura libidinal", con la complejidad que el mismo tiene en Freud, Lacan pondrá de
relieve que la libido viene a investir un efecto de la articulación significante, al efecto de significado.
Lacan inventará el objeto a para nombrar la parte del goce que se tramita en una semántica, articulada
al fantasma - aquello que Freud entendía como investidura regresiva.
Podemos afirmar, entonces, que la construcción del concepto de objeto a fue posible para Lacan sobre
la huella freudiana del "auto- erotismo ampliado".
El nombre que finalmente Lacan le da a esta dimensión del síntoma cuando lo considera al mismo
tiempo metáfora e investidura libidinal, es "sentido-gozado", entendiendo que "sentido" ubica la
articulación simbólica y "gozado" indica la investidura libidinal. El síntoma es "sentido-gozado" ya que
es la parte del goce atraída hacia el fantasma, aquella que está determinada no por la movilidad de la
libido sino por su inercia.
"Autoerotismo ampliado" y "sentido-gozado" son dos nombres de la conexión entre el inconsciente y
la libido, entre el significante y el goce. Son dos modos de decir que con el síntoma, se goza del
fantasma, con la satisfacción autoerótica que esto implica. Un goce que Lacan en El Seminario 20. Aun
terminará nombrando como "no sexual", ya que no refiere al Otro sexo sino que es en continuidad con
la sexualidad infantil.
Síntoma: extraterritorialidad
Ordenaremos la lectura de este segundo momento del paradigma síntoma-castración a partir de la
referencia que Freud hace a la "extra- territorialidad del síntoma", en "Inhibición, síntoma y angustia",
donde resitúa la problemática del síntoma desde de la pulsión y el yo. La extraterritorialidad es el
elemento que la homeostasis no reabsorbe y que se manifiesta en el síntoma como exigencia de
satisfacción, por fuera de la organización del yo e independiente de ella. Este elemento irreductible
nos permite ubicar dos dimensiones de la pulsión en el síntoma: la dimensión dinámica, en la que el
síntoma se ofrece a la pulsión como otra satisfacción y el carácter no influible de la moción singular
del ello, la exigencia de satisfacción.
Freud presenta en este texto al síntoma como un sustituto, una satisfacción en lugar de otra, por la
oposición del yo-defensa a la satisfacción pulsional. Para dar cuenta de esta sustitución parte de
describir el mecanismo de la formación de síntoma; éste tiene por condicion la represión primaria y.
en un segundo tiempo lógico, el conflicto psquico entre la pulsión y el yo como la parte organizada del
ello. La angustia de castración es señal de este conflicto y funciona como motor de la defensa y
referente del síntoma.
La idea que Freud tiene del mecanismo psíquico va en la dirección impresa por su teoría del conflicto
pero, en paralelo a la descripción de éste, ubica el fundamento del síntoma en la exigencia de
satisfacción, moción pulsional singular del ello. De allí que afirme que: ..los síntomas ligan la energía
psíquica que, de otro modo se habría descargado como angustia: así la angustia seria fenómeno
fundamental y principal problema de la neurosis.
Freud se apoya en las neurosis traumáticas y sitúa el valor perturbador de las condiciones económicas
de una situación para la cual no hay posibilidad de contenido psíquico. Presenta al desvalimiento
psíquico como un nombre de lo imposible de representarFreud debe construir en "Inhibición, síntoma y angustia" los argumentos que hacen de la exigencia
pulsional un peligro y que justifican la puesta en marcha de la defensa. El argumento para la angustia.
señal, es la separación de la madre en un primer momento y en la fase fálica la angustia de castración
con valor retroactivo.
31
La exigencia pulsional no es en sí misma un peligro. La idea de "peligro justifica el tratamiento que
produce la neurosis de la anulación de la satisfacción por presentarse como Unheimlich. La castración
es un contenido psíquico que sostiene la teoría del conflicto en Freud. La angustia automática es
aquello que se opone a la síntesis y podemos hacer, apoya dos el texto freudiano, la siguiente
secuencia: exigencia pulsional-angustia traumática-extraterritorialidad del síntoma-Unheimlich.
Lacan en su retorno a "Inhibición, síntoma y angustia" sostiene que la castración produce la anulación
del goce a la vez que la realización como otra satisfacción, el síntoma anudado al fantasma como
defensa primaria.
Prácticos
Módulo 1 tema 3
La aptitud del psicoanalista. Capítulo 3. Parte 2. Pulsión de muerte, angustia y síntoma.
ANTECEDENTES
En 1920, Freud va a formular que el aparato psíquico no esta gobernado por el principio de placer,
encuentra que hay una satisfacción en el dolor y se produce un giro conceptual, la clínica exige un
ordenamiento conceptual diferente.
Los 3 referentes que lo llevan a Freud a modificar su teoría pulsional son:
1- Sueños: había postulado que son una realización de deseo pensando al aparato gobernado por el
principio de placer. El trabajo del sueño como desfiguración, desplazamiento y condensación como
operadores de la censura onírica, se encuentra con sueños que quedan excluidos de este principio y
es necesario una revisión de la doctrina de los sueños, si la funcion del sueño es ser el guardian del
dormir, hay un fracaso, ya que se produce un despertar. Freud se encuentra con sujetos que sueñan
una y otra vez con lo que el llama instante traumatico: sueños traumáticos donde el soñante una y otra
vez, repetitivamente, vuelve a la escena del trauma.
2- Compulsión a la repetición: ya no son los representantes psíquicos que se repiten en la producción
de las formaciones del inconsciente como el lapsus, sino ese retorno de lo igual donde el sujeto en vez
de recordar, repite en acto. Postula la tranferencia negativa. Eso que se repite como actuación en
transferencia son fragmentos de la vida que siempre fueron penosos. Eterno retorno de lo igual.
3- Fort-da: el niño repite parte de la impresión desagradable. Freud descubre aquí que la repetición
iba conectada a una ganancia de placer de otra índole.
Cambios en su teoría
Freud ubico del mismo lado la libido del yo y la libido de objeto, lo que denomino pulsión de vida, y
por otro lado, el soporte de la satisfacción en el dolor, lo que se denomino pulsión de muerte. Tambien
se encontró con la emergencia de defensa respecto a la representación inconciliable, se abrían dos
vías: por un lado, el éxito de la defensa, un representante psíquico se producia como grupo psíquico
escindido que después retornaba como retorno de lo reprimido, por otro lado, el fracaso de la defensa,
ya no tenia con que frenar la dimensión compulsiva.
Tambien se encontró con que el aparato ya no era gobernado por el principio de placer, sino que hay
un mas alla, que tiene que ver con la pulsión de muerte, por eso es que finalmente el sintoma neurótico
puede llamarse satisfacción de la necesidad de castigo.
INHIBICION, SINTOMA Y ANGUSTIA
Freud expone sobre una primera ligadura entre un resto de pulsión de muerte que no fue expulsado y
la pulsión de vida. Asi como el organismo tiende a volver a lo antes posible al estado inorgánico en un
retorno de lo igual, la pulsión de vida lo que hace es detener ese proceso, prolongarlo.
En este texto Freud fundamenta de porque el síntoma no es solo la expresión desfigurada del un deseo
ICC, sino que porta una satisfacción. A su vez, el síntoma es una respuesta frente al no querer saber la
castración.
La angustia de castración del otro materno, es el motor de la defensa y el referente del síntoma. La
32
angustia de castración es, angustia ante el encuentro de la castración de la madre como confirmación
de la amenaza de castración, angustia frente a un peligro externo ante el cual el yo da la señal de
displacer y pone en accion los mecanismos de defensa. El síntoma, en esta perpectiva, es el efecto en
el campo de la neurosis de ese “no quiero saber de la castración en el otro materno”, como ya fue
visto, tiene que ver con una formación sustitutiva y desfigurada que expresa un deseo inconciente,
pero además, implica un modo de satisfacción pulsional, que viene a ocupar el lugar de aquello que a
causa de la angustia de castración se reprimio, a saber: el horror a ser castrado por el padre. En el caso
de las fobias se visualiza fácilmente esta logica, freud toma los casos de juanito y el hombre de los
lobos, donde el motor de la represión es la angustia de castracion y los síntomas (miedo a ser mordido
por el caballo y a ser devorado por los lobos) son en verdad sustitutos desfigurados del contenido “ser
castrado por el padre”, contenido este ultimo el que experimento la represión.
Tenemos entonces, tres teorías de la angustia:
1: La libido se trasmuda directamente en angustia.
2:
La
represión
de
una
moción
pulsional
produce
3: la angustia de castración produce la represión. Causa: angustia. Efecto: represión.
angustia
Concepcion del yo:
1: Yo como masa de representaciones
2: Yo como reservorio de la libido
3: Yo como almacigo de angustia
Hay entonces una nueva concepción de angustia. Si hasta ahora la considerábamos una señal-afecto
del peligro, nos parece que se trata tan a menudo del peligro de la castración como de la reacción
frente a una perdida, una separación.
La angustia como una señal frente a un peligro. Peligro ya que se rompen las barreras de protección,
hay una inundación económica, una ruptura del principio de placer. La cadena de representantes
psíquicos no logra tramitar algo del orden de lo cuantitativo. Lo peligroso es entonces la perturbación
económica producida por un aumento de las magnitudes del estímulo. El peligro tiene que ver con lo
pulsional.
La primera vivencia de angustia del ser humano es frente al nacimiento, la separación de la madre, que
podría compararse con una castración de la madre (hijo=pene)
Lo peligroso para el niño es el aumento de tensión de necesidad, no hay dominio de lo psíquico para
la descarga. La angustia demuestra ser producto del desvalimiento psíquico, el sujeto se encuentra sin
recursos para tramitar el exceso.
Freud trabaja la castración en la madre con la amenaza de castración sobre el instrumento fálico, acá
puede diferenciarse la castración como hecho de estructura, de la amenaza como complejo de
castración. “La alta estima narcisista por el pene puede basarse en que la posesión de ese órgano
contiene la garantía para una reunión con la madre (sustituto) en el acto del coito” El complejo de
castración propio de la trama edípica vela la castración estructural.
La castración estructural va en línea lógica con la angustia traumatica. Se trata de la separación con la
madre (niño=falo), de una falta. si la pérdida de amor en las mujeres es un equivalente de castración
–la amenaza sobre el instrumento fálico en el varón–, la amenaza de castración no está basada en la
naturaleza biológica y el órgano material, sino que está remitiendo a una cuestión estructural que va
más allá de las figuras
El complejo de castración es una respuesta, un modo de tratamiento, es una respuesta a la castración
estructural y va en línea con la angustia señal
EL DESAMPARO Y EL TRAUMA
En principio, tomamos como punto de partida la existencia de una cierta cantidad de tensión, esta
cantidad de tensión entra en un circuito que debe, mediante un trabajo, permitir a la salida de
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reducción a cero de esta cantidad de tensión. Freud descubre que la reducción a cero no se produce,
esto se articula con el trauma psíquico. La finalidad del trabajo de tramitación psíquica es la abreacción.
En “Mas alla del principio de placer” la angustia surge como reacción ante un peligro, determinado por
la estructura de la barrera protectora. El peligro, en el nivel de la angustia traumática, es la
perturbación producida por un incremento de las magnitudes de estímulo.
El incremento de las magnitudes de estímulo en espera de tramitación implica el peligro del
desvalimiento psíquico, en relación con el periodo de inmadurez del yo.
En la situación traumática, frente a la cual se está desvalido, coinciden el peligro externo e interno, lo
que Freud llama peligro realista y peligro pulsional. La situación económica es en ambos casos la misma
y el desvalimiento motor encuentra su expresión en el desvalimiento psíquico.
¿Cuál sería esa experiencia pulsional respecto de la cual la angustia sería una respuesta? La pulsión de
destrucción vuelta hacia la propia persona.
Lo esencial de la exigencia que es sentida como displacer y que el sujeto no puede dominar con su
descarga, es el instante traumático. El instante traumático paraliza la función del principio de placer y
da a la situación de peligro su significación.
Entonces, la angustia traumática es respuesta a la ruptura del principio de placer, a partir de una
exigencia pulsional que sostiene ese instante traumático, base de la represión primaria.
Hay un doble origen de la angustia: del instante traumático, y como señal de que amenaza la repetición
de tal instante.
La angustia frente a la separación se funda en el desplazamiento de la perturbación económica hacia
el otro que logra impedirla: si el objeto está ausente, se produce el desencadenamiento del
automatismo económico.
Lo fundamental de la angustia como señal es el desplazamiento que se opera de la reacción de angustia
en su origen, en la situación de desvalimiento, hasta su expectativa. La situación de peligro como señal
implica dos dimensiones:
a) Expectativa del trauma (anticipación) La situación de peligro es la situación de desvalimiento
discernida, recordada, esperada
b) Repetición amenguada de el. El yo ha vivenciado pasivamente el trauma “repite” ahora de manera
activa una reproducción morigerada de este.
Lacan en el seminario 10, dice que la angustia es una señal en el yo, pero señal del peligro para todo
sujeto: peligro de que el sujeto sea tomado como objeto por otro, no como objeto de deseo, sino como
el objeto que causo al Otro como deseante. Es para el sujeto el peligro de su desaparición misma como
tal, por lo tanto, aquí el Otro vale como goce. La posibilidad de la ausencia es eso, la seguridad de la
presencia. El niño se complace de este juego de presencia-ausencia, es necesario.
Volviendo a Freud, diremos que la angustia traumática vale como inundación económica en ruptura
con el principio de placer, que fija ese instante traumático.
La angustia señal se articula con la represión secundaria y con la formación de síntomas. Este vale
como interrupción de goce, es decir, paralizando la función del principio de placer en su capacidad de
ligar las magnitudes del estímulo, e implica un daño en la economía psíquica y un fracaso de las
formaciones del inconsciente.
En la señal angustia, si la pérdida del objeto se articula como condición, vale como como deseo de la
madre, como ausencia de relación con una presencia, como deseo de la madre más allá del sujeto.
Deseo que hace aparecer un enigma, ausencia que sostiene el Fort-Da.
Para Freud, la angustia no es sin objeto, sino ante una presencia.
La angustia surge como reacción ante un peligro determinado por la ruptura de la barrera protectora.
La angustia traumática está causada por la perturbación económica, producida por el incremento de
las magnitudes de estímulo
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En ambos aspectos, fenómeno automático y señal de socorro, la angustia demuestra ser producto del
desvalimiento psíquico del lactante. El límite que separa angustia automática y angustia señal, se juega
entre la inundación económica y la condición de estar ausente (objeto) determinaría el
desencadenamiento del automatismo económico.
ANGUSTIA TRAUMATICA.
-Peligro: Exigencia Pulsional
-Inundación económica -¨
-Lo NO ligado
-Desamparo/desvalimiento
-Fracaso del Principio del placer.
-Juanito: irrupción pulsional
Sueño: el despertar
-Trauma. Sueño de angustia
ANGUSTIA SEÑAL
-Expectativa. Erwarten Espera
-Repetición
-Reproducción morigerada.
El yo se somete a la angustia como si fuera una vacuna. Hay tratamiento de la angustia
-Ruptura barreras protección antiest.
¨..
-Ligadura
-Formación de síntomas.
Fobia como solución
Sueño como guardian del dormir.
El concepto de desamparo del "Proyecto de psicología para neurólogos" es retomado en su
articulación con la falta de significación: "no ha menester de interpretación psicológica alguna". La
cadena de representantes psíquicos, verdadero lugar de la barrera protectora, revela su punto de falla
indicando el goce irruptivo (no ligado, por lo tanto), que queda por fuera de la cadena. La ausencia de
significación, en el nivel de la perturbación económica es central. Dicha ausencia de significación funda
esa perturbación económica como fuera del lenguaje, fuera de la cadena asociativa, por lo tanto carece
aún de todo contenido psíquico. El desamparo es situado como un “sin recursos” ante la presencia del
deseo del Otro, a merced del Otro absoluto.
Con el marco del desamparo (falla en la cadena, ausencia de significación), la violenta irrupción del
trauma indica la imposibilidad de ligar los volúmenes de estímulos. A partir de esto, Freud dice que el
incremento de las magnitudes de estímulo, o acumulación de investiduras, es el peligro real en juego
en la angustia traumática.
La angustia demuestra ser producto del desvalimiento psíquico, el sujeto se encuentra sin recursos
para poder tramitar algo del exceso, de ese factor cuantitativo que desborda el aparato psíquico
(angustia traumática)
Caso Juanito
El niño comienza a encontrarse con su sexualidad, con sus primeras erecciones, este hecho es
estorbado por los fallidos de la intervención del padre. No aparece la prohibición castradora paterna.
Esto lo amedrenta, no sabe cómo tramitar eso que le sucede.
35
Surge la fobia, con la fobia se sustituye el peligro exterior por uno interior, la fobia como una respuesta
a aquello que irrumpe, como una solución que permite un reordenamiento
En un primer tiempo, donde ubicamos la angustia traumática, Juanito presentaba un estado de
angustia, pero todavía no se habría constituido el síntoma fóbico.
En un segundo tiempo, ubicamos la angustia señal, donde hay cierta asociación por los caballos, se liga
esa angustia a un objeto. Indica ya una señal a través del yo. La fobia es lo que le permite a Juanito
tramitar esa exigencia pulsional.
Módulo 2 tema 1
La aptitud del psicoanalista. Cap1. Parte 3. La alteración del yo.
Segunda tópica. Relación del yo entre las otras instancias, relación de vasallaje. El yo no es una unidad,
no es una síntesis.
El yo no es acto de inicio, no es biológico, se construye y se puede alterar, y la alteración del yo se
busca en un análisis.
Hay dos ramas de la psicología: está la psicología del yo que se apoya en textos de Freud, “el yo es un
jinete que tiene el privilegio de indicar el destino de su caballo”, va a sostener que la cura del análisis
consiste en aumentar la autonomía del yo. La posición de la catedra toma la otra rama, que es la
antítesis de la antes nombrada, se apoya más en Lacan. La psicología del yo postula una esfera libre de
conflictos del yo, como factor autónomo del desarrollo del yo. Este feliz desarrollo del yo va a implicar
la fuerza del yo, fuerza que a partir de sus defensas y de su jerarquía estructural puede resistir los
daños que lo amenazan. Jacques Lacan toma una perspectiva absolutamente contraria a la formulada
por la Psicología del yo.
Tres valores con los que la alteración del yo se presenta
1) como escisión del yo: parte estructural, como el yo se construye escindido.
2) como instancia psíquica (segunda tópica), avasallado por el ello y el superyó. Compulsión a la
síntesis, mecanismos de defensa.
3) como efecto del propio análisis.
Podemos ir viendo como el yo va apareciendo en las obras de Freud. Muy tempranamente se va a
presentar a un yo, no unificado, sino por el contrario desgarrado por la lucha defensiva, en “Nuevas
puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa”, la alteración del yo va a estar planteada tanto
en la histeria como en la neurosis obsesiva. En el “Manuscrito K” la alteración del yo va a estar
planteada como una expresión, una consecuencia del avasallamiento producto de la lucha entre la
representación obsesiva y el reparo la escrupulosidad de la conciencia moral. En “Sobre la psicoterapia
de la histeria” Freud postula que el grupo psíquico separado no se puede extirpar, y la frontera entre
lo patógeno y el yo normal es meramente convencional. La organización patógena no se presenta
como un cuerpo extraño sino como una infiltración, ya que “debe suponerse que la resistencia es lo
que infiltra”. La operación terapéutica se dirige a disolver tal resistencia y facilitar la libre circulación
del afecto estrangulado. En “La interpretación de los sueños” la alteración del yo va a estar planteada
en relación con el trabajo del sueño, al servicio de la censura onírica. Es en “Introducción del
narcisismo”, donde Freud va a postular la necesidad de un nuevo acto psíquico para la institución del
yo, ya que éste no es un dato primario. Este nuevo acto va a requerir de los conceptos de identificación
primaria e Ideal del yo; este yo, soporte de los investimientos libidinales de los objetos, es una unidad
no sin un resto, de aquello que no pasa a los objetos.
Relación entre la alteración del yo y el encuentro con la castración. Serie de conceptos que marcan
una lógica (en “Esquema del psicoanálisis”):
- Castración: (peligro).
- Primer estatuto de la escisión del yo: (precio que se paga por desconocer o desmentir la castración).
La referencia fundamental es el encuentro con la castración, bajo la modalidad de la amenaza por la
36
práctica onanista y el encuentro con los genitales femeninos. La escisión del yo es el precio que se paga
por la desmentida: se rechaza la verdad de la castración y no se sucumbe a la represión, se reconoce
el peligro con manifestación de angustia, y finalmente se defiende del peligro. En relación con el fetiche
se transfiere el significado del pene a otra parte del cuerpo por desplazamiento, y a través del
mecanismo de la regresión (ese desplazamiento sólo afectó al cuerpo de la mujer; respecto de su pene
propio nada se modificó).
- Desmentida: (operación ante la castración). No la hallamos sólo en los sujetos fetichistas, sino que
está presente en el campo de las neurosis, es una postura que desase al yo finalmente de la realidad.
{Relación de castración y fetiche: el fetiche viene al lugar del pene materno –aquel pene que la madre
no tiene– al incluir el fetiche el sujeto desconoce que está castrado. Al mismo tiempo la instalación del
fetiche se erige en monumento a la castración, porque debe estar siempre presente y el sujeto no
puede desprenderse de él: pasa a ser esclavo absoluto de ese fetiche.
Miller llama a la castración lo verdadero, el resto es el plus de goce, y lo falso el sujeto (la mentira
estructural). El curso de un análisis sería, en esta perspectiva, partir del goce de la verdad y arribar a la
verdad del goce.}
Freud introduce la segunda tópica como eje ordenador entre las neurosis y psicosis en los textos
“Neurosis y psicosis” y “La pérdida de la realidad en la neurosis y en la psicosis”. Allí postula que lo que
está en juego en la neurosis es un conflicto entre el yo y el ello, y en la psicosis entre el yo y el mundo
exterior; lo que tienen en común es que ambas son un efecto de lo que denomina “frustración
externa”. La neurosis no implicaría sólo no querer saber nada de la “realidad perturbante”, sino que
también busca sustituirla de un modo acorde al deseo: la posibilidad de ello la da la existencia de un
mundo de la fantasía. ¿De qué manera el yo puede evitar la ruptura hacia cualquiera de los lados? (los
vasallajes del yo). De este modo: segmentándose, partiéndose, deformándose, consintiendo
menoscabo a su unicidad.
Las inconsecuencias, extravagancias y locuras de los hombres aparecerían así bajo una luz semejante
a la de sus perversiones sexuales; en efecto: aceptándolas, ellos se ahorran represiones. Por lo tanto,
la lucha defensiva produce una alteración del yo. Pero al mismo tiempo, ahorrándose represiones se
consiente un menoscabo (prejuicio) de la unicidad. Este menoscabo implica no tomar las
“extravagancias” como un disfuncionamiento a corregir, sino como un funcionamiento en sí mismo.
Con la introducción del concepto de pulsión de muerte y la última teoría de la angustia, la alteración
del yo se enmarca en las problemáticas del final de la cura. Freud había anticipado en “Recordar,
repetir, reelaborar” respecto a los fragmentos de la vida real que siempre fueron penosos y no
retornan vía asociativa, ya que dan cuenta de un aparato psíquico que no se subsume en la articulación
represión-retorno de lo reprimido; luego en “Más allá del principio de placer” retoma lo anterior bajo
el modo de formular las enigmáticas tendencias masoquistas del yo (cuestión sólo posible a partir de
ubicar al masoquismo como primario) y que en el interior del yo es mucho lo inconsciente: justamente
lo que puede llamarse el núcleo del yo. El inconsciente igual a lo reprimido insiste, no resiste. Se trata
(en el núcleo del yo) de un inconsciente no reprimido.
En la conferencia 31 se formula una doble escisión del yo (el ello y el superyó). A su vez se diferencia
de un modo preciso superyó de Ideal del yo: el primero remite a la conciencia moral, el segundo da
cuenta de la “observación de sí”. El ello es introducido a partir del concepto de resistencia y de ubicar
a lo reprimido como sólo una parte del inconsciente.
Delgado destaca destacar dos cuestiones de gran relevancia:
1. “Toda vez que nos muestra una ruptura o desgarradura, es posible que normalmente preexistiera
una articulación”. Esta desgarradura (del yo) implica que “se fragmenta siguiendo líneas de escisión
cuyo deslinde, aunque invisible, estaba comandado ya por la estructura del cristal”.
2. “No deben concebir esta separación de la personalidad en un yo, un superyó y un ello deslindada
por fronteras tajantes, más bien, mediante campos coloreados que se pierden unos en otros, según
37
hacen los pintores modernos. Tras haber separado, tenemos que hacer converger de nuevo lo
separado”.
De esto se desprende que la desgarradura del yo efecto del conflicto neurótico, da cuenta de las líneas
de escisión de una estructura de cristal–duplicación de la escisión. A su vez, las instancias no son
unidimensionales, de fronteras tajantes, sino que se continúan unas en otras.
Definición de Freud del Yo: sector organizado del ello, es esencial para pensar el segundo estatuto de
la alteración. El ello auxilia al yo para incorporar al síntoma (egosintónico) como ganancia secundaria
de la enfermedad, y refuerza la fijación.
Compulsión a la síntesis: Tiene que ver con el intento compulsivo de cancelar la ajenidad del síntoma,
aquello que se presenta como extraño, ajeno, el yo alterado por el ello (en el núcleo del yo se
encuentra el ello, por eso el yo no es una instancia unificada), intenta transformar lo egodistonico (lo
que se presenta como ajeno al yo) en egosintónico, en sintonía con el yo, a tal punto de llegar al caso
extremo de transformarse en un rasgo de carácter al modo del "yo soy así " por ejemplo. Es decir, que
se trata de un modo defensivo frente al peligro que implica la exigencia pulsional (lo cual se continúa
en la extraterritorialidad que implica el síntoma). La pulsión es un peligro para el yo empujado a la
compulsión a la síntesis, la cual está al servicio de cancelar la ajenidad y el aislamiento del síntoma,
aprovechando toda oportunidad para ligarlo de algún modo a sí e incorporarlo a su organización
mediante tales lazos. Esta compulsión implica un modo de satisfacción cerrada en sí misma. Se busca
cancelar lo ajeno, el síntoma. Vasallaje del yo con respecto al ello. Este intento de incorporación del
síntoma se va a presentar la cura como una resistencia. La compulsión a la síntesis deviene un peligro
en sí misma, confusión entre la resistencia y la defensa.
El yo va a estar en función de con la función del desconocimiento otorgarle un sentido a esta
compulsión de la síntesis
¿De qué modo se manifiesta la alteración del yo? Mediante las formaciones reactivas (compasión,
escrupulosidad de la conciencia moral, limpieza, etc.). La Einbezichung (integración del síntoma al yo)
no es posible sin tales formaciones reactivas.
Debemos recordar aquí las cinco clases de resistencia que Freud formula: Las tres yoicas (de represión,
de transferencia, beneficio secundario), más la del ello y la del superyó.
La génesis del yo queda referida a tres cuestiones:
1- el yo es la parte del ello alterada por la influencia directa del mundo exterior, con mediación de
preconciente.
2- El cuerpo propio, y sobre todo la superficie. El yo es sobre todo una esencia-cuerpo; no es sólo una
esenciasuperficie, sino, él mismo, la proyección de una superficie. La representación del cuerpo se
hace posible por una experiencia dolorosa: se trata del más allá del principio de placer como operador
que permite esa representación. De este modo captamos que la proyección de una superficie en tanto
“yo”, no está enmarcada en el principio de placer.
3- Participan, además, en la conformación del yo, las investiduras de objeto relevadas por una
identificación.
En el texto “Moisés y la religión monoteísta” Freud formula dos puntos de vista respecto a cómo
concebir “la alteración del yo”. En la primera de ellas se destaca que la defensa deja como resto de su
operación una alteración del yo, comparable a cicatrices. Pero la segunda considera la contracción de
la neurosis como intento de curación, como empeño por volver a reconciliar con las demás las partes
del yo escindidas por el influjo del trauma y reunirlas en un todo poderoso dirigido contra el mundo
exterior; a menudo termina en una total devastación del yo y en su despedazamiento, o en su
avasallamiento por el sector tempranamente escindido, gobernado por el trauma. Se trata aquí
efectivamente del precio a pagar por esa compulsión a la síntesis. En el intento de suturar lo
tempranamente escindido y la causa de la alteración del yo, los mecanismos de defensa se vuelven
ellos mismos un peligro.
38
Así se nos abre el tercer estatuto de la alteración del yo, es propia al análisis, no puede estar en la
misma línea que la compulsión de la síntesis. En “Análisis terminable e interminable” Freud plantea
que el proceso analítico altera al yo de tal manera que esta alteración perdura más allá del análisis. Si
pensamos al yo como una función autónoma, ahí si podríamos pensar que la cura está relacionada con
la compulsión a la síntesis (psicología del yo). Freud piensa una alteración que es propia del análisis,
intenta una ventajosa alteración del yo que crea un estado neocreado, no es el restablecimiento de un
estado anterior, sino una neocreación producto del proceso analítico que no se parece a la compulsión
a la síntesis. Esa alteración del yo efecto del proceso analítico, esa neocreación es producir un estado
que nunca preexistió de manera espontánea en el interior del yo.
Freud diferencia una alteración del yo producto de la neurosis y otra como resultado del trabajo
analítico, Esta alteración del yo, efecto del análisis, es de una índole diversa a aquel producto del
conflicto entre instancias y del rechazo a la castración. Vencer las resistencias es la parte de nuestro
trabajo que demanda el mayor tiempo y la máxima pena. Pero también es recompensada, pues
produce una ventajosa alteración del yo, que se conserva independientemente del resultado de la
transferencia y se afirma en la vida.
Freud formula que hablar de un yo normal (unificado) es una ficción ideal. Señala que el yo “se ve
esforzado a rebuscar aquellas situaciones de la realidad que puedan servir como sustitutos
aproximados del peligro originario, a fin de justificar su aferramiento a los modos habituales de
reacción. La compulsión a la síntesis aquí se presenta bajo el modo de otorgar un sentido a los modos
estereotipados de reacción, al servicio de una unidad yoica que se define como imposible, y como
argumento ante la paradójica satisfacción que obtiene mediante las resistencias.
El cambio decisivo en un análisis consiste en la eliminación del circuito de la represión (que la libido no
se sustraiga al yo y no retorne al inconsciente) y lleva a una modificación del yo. no se trata de rellenar
las lagunas del recuerdo, sino de ubicar el orden de razones de las lagunas. Esta concepción implica el
abordaje de la resistencia al levantamiento de las resistencias. Al dar cuenta de las resistencias, y
recuperando la conexión transferencia-resistencia de los trabajos de técnica psicoanalítica.
Podemos ubicar en la obra de Freud tres grandes concepciones del yo (El yo no tiene el mismo valor
conceptual a lo largo de la obra de Freud):
1. Masa de representaciones.
2. Narcisismo.
3. El yo de la 2ª tópica, cuyo núcleo es el ello.
Semana 3
Teóricos
Módulo 2 tema 2
Delgado, O. (2011). El Edipo como operador estructural. En Conjeturas Psicoanalíticas. Buenos Aires:
JCE Ediciones.
El articulador de ambos complejos, el de Edipo y el de Castración es el falo.
Los elementos que componen el Complejo de Edipo son 4: padre, madre, hijo, falo.
Ambos complejos se articulan y es lo que Freud denomino fase fálica. La fase fálica es aquella fase en
el que algo de la separación se reafirma y queda sellado, es decir, se reafirma la posibilidad de perder,
pero también de obtener eso en otro lado.
La privación del miembro fálico es equivalente a una nueva separación de la madre. La castración en
la madre es la que origina la ecuación niño=pene (falo).
El operador
¿Qué es el Complejo de Edipo?
Es un operador de interdicción, sustitución y reforzamiento.
39
Es un corte respecto al lugar en que queda un niño respecto a la salida normal de la sexualidad
femenina. Corte de ese lugar de falo, ley paterna que funda con la prohibición el deseo y la sustitución
en la vida amorosa.
Reforzamiento ya que refuerza algo de esa perdida.
Es un argumento necesario, una atribución de significación, que vela, encubre, la no satisfacción plena
de la pulsión por obstáculo interno.
Es una dimensión clave de la neurosis, es aquella estructura que piensa que lo perdido
estructuralmente, es decir, no se puede sentir una satisfacción plena, y no es por una imposibilidad
propia de la pulsión, sino que es una prohibición, no podemos acceder a la plena satisfacción por una
prohibición edipica.
Es una ley de intercambio
Para que la ley de prohibición funcione, el padre agente de esa ley debe el también estar sometido a
la ley. Al mismo tiempo que prohíbe y dona las sustituciones debe prohibirse las ciertas satisfacciones.
Delgado, O. (2005). Consideraciones críticas de la concepción freudiana de los complejos de Edipo y
castración. En La subversión freudiana y sus consecuencias. Buenos Aires: JVE Ediciones.
I
Las consideraciones críticas de estos complejos, definen tanto corrientes del post-freudismo, como
cuestionamientos por fuera del psicoanálisis. Por ejemplo, las llamadas “teorías de género”.
Las consideraciones críticas son posibles por la pertenencia propia de la construcción doctrinaria
misma.
Freud, fija claramente su posición respecto a las consideraciones de la construcción del saber: “el
progreso del conocimiento tampoco tolera rigidez en las definiciones”.
II
Según Oscar Masotta, “complejo”, es un nudo de relaciones de diferentes jerarquías en sus elementos.
Estos dos complejos (Edipo y Castración) tienen un concepto que los articula: el falo.
El falo, como premisa universal marca el cuarto término, que hace posible el trío edípico: padre –
madre – niño. Lo hace posible como lugares, como funciones, des-sustancializando y
desimaginarizando los articuladores.
A su vez, es el operador que hace posible el conjunto de las equivalencias: pene-niño-excrementoregalos, etc. No se trata por lo tanto de primado genital sino primado del falo. Se introduce este
operador que nombra la presencia-ausencia, a partir del Edipo en la mujer. Como “fuente de saber
sexual traumática”, no tiene equivalente y remite a la castración.
En este sentido articula dos cuestiones: 1. No hay inscripción de genital femenino. 2. Falta de un
representante psíquico que está en el núcleo de la estructura como castración en la madre. Ésta
castración, es el soporte de la angustia y fundamento de la represión.
La privación del miembro fálico es equivalente en Freud a una nueva separación de la madre. La
castración en la madre, da lugar a la ecuación: niño = pene (falo).
Ahora, si bien es cierto que el complejo de castración implica la fase fálica, esto no será posible sin la
anterioridad lógica de la castración en la madre.
No se trata de desarrollo sino de estructura.
Ubica el valor lógico de la operación, de nudo, de premisa, desnaturalizando y desimaginarizando el
estatuto del falo como operador.
40
En este punto, situamos tres grandes consideraciones críticas a los dos complejos: 1. A partir del
deslizamiento y confusión pene-falo. 2. El límite freudiano del falo para dar cuenta de lo propio de la
sexualidad femenina. 3. En relación a una ideologización de la cuestión del falo.
III
Lacan, ha diferenciado castración como hecho de estructura, del complejo de castración en tanto
interpretación neurótica del mismo, abre una nueva dimensión.
La envidia del pene y la amenaza de castración velan la castración estructural que es efecto de la
operación simbólica. El complejo nombra como impotencia, lo que en verdad es imposible.
El falo es soporte de un universal donde se inscriben tanto machos como hembras; lo propiamente
femenino no hace conjunto y ubica la cuestión más allá del falo.
Edipo, en la elaboración lacaniana, va a venir al lugar del discurso como tratamiento de la castración y
el goce; y al lugar de la realidad psíquica más tarde, para finalmente, en su última enseñanza, del punto
de basta propio de la neurosis. Esto va a permitir tres lugares posibles del padre: a) El padre muerto,
el padre impotente. b) El padre terrible, gozador. c) El padre como modelo de la función, en tanto su
deseo lo lleva a tomar a una mujer como causa de deseo, a la cual hace madre.
La tercera consideración crítica, va a referir a las teorías de género. El blanco de la polémica aquí, es
precisamente a partir de la confusión falo-pene.
Al falo, se lo toma como una dominancia de lo masculino sobre lo femenino. Se critica el “Binarismo”
de la diferencia sexual y el orden sexual hetero. El límite de esta consideración crítica, es la oposición
naturaleza – cultura.
Ciertamente para Lacan, la sexuación implica una inscripción respecto al falo lógicamente, pero así
como no hay identidad sexual, tampoco las identificaciones lo dicen todo de las vicisitudes de los
sujetos respecto a la sexualidad. El falo no lo dice todo.
Por eso, Lacan va a indicar que no hay homofobia, sino heterofobia, como rechazo a lo radicalmente
Otro. Tal como lo formula Freud en la llamada “desestimación”, como en la atribución hostil a lo que
es ajeno. Hetero, para Lacan, es el amor a la mujer, independientemente del sexo biológico desde
donde o hacia donde se orienta.
Capítulo 2: ÖDIPUSKOMPLEX
El complejo de Edipo en la obra de Freud.
Relaciones con el mito y la tragedia de Sófocles.
Experiencia clínica y construcción teórica.
I
Edipo es el nudo de tres cuestiones:
1) Un operador de interdicción (prohibición), sustitución y “refuerzo”.
2) Una subjetivación (como interpretación neurótica, como explicación, como sentido) de la
imposibilidad de la satisfacción plena de la pulsión.
3) Una ley de intercambio.
III
Freud coloca el término de Complejo de Edipo en la cuarta conferencia de 1910.
Complejo es un término creado por el psiquiatra Theodor Ziehen para designar fragmentos de
personalidad desprendidos. Para Oscar Masotta, complejo es un nudo de relaciones de diferente
orden.
41
En la conferencia citada, lo llama “Complejo nuclear de toda neurosis” articulado con los deseos
incestuosos y parricidas.
Después de informarle a Fliess que ya no cree en sus histéricas dice: “Un solo pensamiento de validez
universal me ha sido dado. También en mi he hallado el enamoramiento a la madre y los celos hacia el
padre, y ahora la considero un suceso de validez universal de la niñez temprana”.
VI
Aquí estamos en el núcleo mismo de la cuestión. Destacamos:
Primer eje: Interdicción- sustitución- reforzamiento.
“Aún para las mujeres narcisista, las que permanecen frías hacia el hombre, hay un camino que lleva
al pleno amor de objeto. En el hijo que dan a luz se les enfrenta una parte de su cuerpo propio como
un objeto extraño al que ahora pueden brindar desde el narcisismo, el pleno amor de objeto”.
El complejo de Castración a partir del universal fálico, produce como efecto la entrada en el Edipo, con
la esperanza de recibir un hijo del padre.
Esta salida llamada normal, a diferencia de las otras dos: inhibición o neurosis y complejo de
masculinidad, está sostenida en la equivalencia simbólica: Niño-Falo. Marca el desasimiento (no
absoluto) del primer objeto (la madre) y el cambio de zona (clítoris- vagina).
Dice Freud: “El Complejo de Edipo en la mujer (es) el resultado final de un desarrollo más prolongado;
no es destruido por el influjo de la castración, sino creado por él”.
Por diferencia situamos que en el varón, la amenaza de castración es el operador de la salida; en verdad
sepultamiento del Complejo de Edipo. En tanto que la ley marca el deseo, esa interdicción abre las
situaciones en la vida amorosa. A partir de situar el lugar que un hijo viene a ocupar para una madre,
a partir de la equivalencia simbólica, es que se hace necesario ubicar la importancia del lugar del padre
como función de corte.
Es respecto a ese lazo, que viene a intervenir la interdicción del incesto, al mismo tiempo, esa
interdicción, en tanto que la ley funda el deseo, traza la ruta para las sustituciones.
Para la niña el camino es diverso, ya que el puerto seguro al que arribó, el Complejo de Edipo, va a
implicar que su desasimiento sea más prolongado y acontezca por la promesa paterna incumplida.
Freud va a dar cuenta de la articulación: organización fálica- Complejo de Edipo- amenaza de
castración- formación del Superyo- período de latencia (este último maraca la dimensión de la
sustitución).
La actitud (postura) edípica del varoncito pertenece a la fase fálica, y se va al fundamento por la
angustia de castración o sea por el interés narcisista hacia los genitales.
La privación del miembro fálico es equivalente en Freud, a una nueva separación de la madre. La
castración en la madre es la que origina la ecuación: Niño = Pene (Falo).
El sepultamiento del Complejo de Edipo en el varón, a partir de la interdicción y la apertura a la
sustitución implica a su vez una identificación. Padre que norma al superyo como interiorización de la
ley, heredero del Complejo de Edipo (aquí dejamos abierta la cuestión de la paradoja satisfacción del
Superyo).
Lo que quiero destacar aquí es que esta identificación es un “refuerzo” de la identificación primaria.
Esa identificación (primera) al padre no es el desenlace de una investidura de objeto sino “una
identificación directa e inmediata (no mediada) y más temprana que cualquier investidura de objeto”.
Para la niña, puede desembocar en un refuerzo de su identificación- madre (o en el establecimiento de
esa identificación) que afirme su carácter femenino. Destaco el entre paréntesis de Freud, porque así
42
como el primer objeto para ambos es la madre, la identificación primaria a la que me referí es también
para ambos el padre.
Segundo eje: El Complejo de Edipo, sostiene una identificación neurótica necesaria de la imposibilidad
de la satisfacción plena de la pulsión.
Freud se pregunta si la excitación sexual del niño está causada por el Complejo de Edipo. Se va a
responder que no, que surge como placer de órgano, causado por el espiar con las orejas el coito de
los progenitores.
Este placer de órgano sólo más tarde queda anudado al Complejo de Edipo.
Pero aún más Freud afirma: “Creo que por extraño que suene, habría que ocuparse de la posibilidad
de que haya algo en la naturaleza de la pulsión sexual misma desfavorable al logro de la satisfacción
plena”.
En este punto la prohibición del objeto incestuoso, vela, encubre esa imposibilidad estructural. Al no
haber objeto predeterminado de la pulsión, y de la diferencia entre el placer buscado y el hallado, el
objeto que colmaría al sujeto es imposible.
La prohibición lo nombra como posible, pero interdicto.
Tercer eje: Da cuenta del Complejo de Edipo como ley de intercambio. En este punto, tenemos que
destacar que para que la ley de la prohibición del incesto funcione, ponga orden, legalice; el agente de
esa ley, el padre debe renunciar él, a ciertas satisfacciones.
La prohibición es posible, eficaz, si él también está marcado por ella.
Capítulo 3: APTITUD
I
Freud se interroga por el advenimiento de nuevos analistas. La primer respuesta, es que la aptitud de
analista que se adquiere en el propio análisis, es condición necesaria pero no suficiente. Esa aptitud,
se alcanza sólo en un tiempo posterior al análisis. Puede haber habido análisis y sin embargo no va de
suyo que alguien adquiera esa aptitud.
Ese tiempo posterior, que es donde se decide en efecto, el advenimiento o no, de un nuevo analista,
implica la “re composición” espontánea de las alteraciones del Yo, que sólo es posible por una
afectación de los” mecanismos de defensa” en tanto crea un estado inédito en la economía libidinal.
Esta “creación original” efecto del análisis, no refiere a ninguna dimensión terapéutica como el mismo
Freud se encarga de aclararlo.
Los mecanismos de defensa son respuestas estereotipadas por fijación en el núcleo del Yo, el Ello.
Respuestas ante el peligro del encuentro con la castración, y que a su vez conllevan una modalidad de
satisfacción.
Su no afectación, tiene por consecuencia que alguien ocupando “profesionalmente” el lugar de
analista dirija las curas haciendo un ejercicio de poder desde sus mecanismos de defensa.
“eignung”, sustantivo, que se traduce como idoneidad, talento, dotes; la segunda, “tauglich”, adjetivo,
que se traduce como capaz o hábil, remite al que- hacer, a la pragmática. La “aptitud-eignung” se
adquiere en el propio análisis; la “aptitud-tauglich” en el período posterior.
III
Tenemos en Lacan dos modalidades del rechazo a la castración en la civilización.
Una, atinente a la formulación del discurso capitalista, como desmentida. La otra, posterior,
correspondiente a su ultima enseñanza, como forclusion del Nombre del Padre y su retorno en lo real
como ley de hierro.
Este Nombre del Padre, no refiere al Interdictor freudiano de su primera época. No es el atinente a la
formulación obsesiva de la religión del Padre.
43
Se trata del Padre-Sintoma, el que hace de una mujer causa del deseo. Este Padre, esta desencadenado
de la versión freudiana. Pere-versión que articula goce y deseo. Es el Padre como nombrante, como
existencia y sus consecuencias. Marca la diferencia “entre creer en” y ”creer ahí-creer allí”. Hombre
deseante, sin ambages, incauto del enigma.
El Padre modelo de la función, deseante, nombrando, hace posible un goce acotado(a-peritivo) y una
versión de cómo arreglárselas con el Otro sexo, “hace funcionar la Función abriendo al Otro”.Es
necesario que cualquiera pueda hacer excepción para que la Función de excepción se convierta en
modelo. Abrir al Otro, es lo opuesto a pretender nombrar el ser como ideología totalitaria.
Se revela precisamente en este punto el “impasse” de Freud, llamara al analista “nuevo superyo”. Del
padre a lo peor.
Miller propone en lo que llama la “era post-paternal”, como la vía de su escapada, el cada uno
particularizado por la vía propia. El Pase, según Miller, implica verificar ese estado original del sujeto,
lo que llamare la Aptitud-Tauglich. La función de los analistas implica sostener esa dimensión incauta
del querer decir del síntoma, de creer en él, como “función social de la escucha”, en un mundo
orientado por la religión de hierro de los objetos plus de goce y sus complementarias “religiones
blandas terapéuticas”.
Lacan, J. (1994). El seminario, Libro 5: Las formaciones del inconsciente .Cap. 9, 10 y 11. Buenos Aires:
Paidós.
Lacan seminario 5 clase 9. La metáfora paterna
La metáfora paterna concierne a la función del padre, como se diría en términos de relaciones
interhumanas.
La función del padre tiene su lugar, un lugar bastante amplio, en la historia del análisis. Se encuentra
en el corazón de la cuestión del Edipo, y ahí es donde la ven ustedes presentificada.
Distingo tres polos históricos, que voy a situarles brevemente.
Inscribo en el primero una cuestión que hizo época. Se trataba de saber si el complejo de Edipo,
promovido al principio como fundamental en la neurosis pero que en la obra de Freud se convertía en
algo universal, se encontraba no sólo en el neurótico sino también en el normal. Y ello, por una buena
razón, que el complejo de Edipo tiene una función esencial de normalización. Así, por una parte, se
podía considerar que lo que provoca las neurosis es un accidente del Edipo, pero también se podía
plantear la pregunta ¿Hay neurosis sin Edipo?
La noción de la neurosis sin Edipo es correlativa al conjunto de las cuestiones planteadas sobre lo que
se llamó el superyó materno. Cuando se planteó la cuestión de la neurosis sin Edipo, Freud ya había
formulado que el superyó era de origen paterno. Entonces surgió la pregunta ¿en verdad el superyó
es únicamente de origen paterno? ¿No hay en las neurosis, detrás del superyó paterno, un superyó
materno todavía más exigente, más opresivo, más devastador, más insistente?
He aquí, pues, el primer polo, donde se agrupan los casos de excepción y la relación entre el superyó
paterno y el superyó materno.
Ahora el segundo polo.
Señalo que en torno a la cuestión del campo preedípico se agrupan la cuestión de la perversión y la de
la psicosis.
Lo que aquí está en juego puede esclarecerse para nosotros de diversas formas. Ya sea perversión o
psicosis, se trata en ambos casos de la función imaginaria
Han hecho atribuir especialmente al campo peedípico las perturbaciones, en algunos casos profundas,
del campo de la realidad por la invasión de lo imaginario. El término imaginario, por otra parte, parece
prestar mejores servicios que el de fantasma, que sería inadecuado para hablar de las psicosis y las
perversiones. Toda una dirección del análisis se empeñó en la exploración del campo preedípico, hasta
44
tal punto que incluso puede decirse que todos los progresos esenciales después de Freud han ido en
esta dirección. (Edipico- neurosis // pre edipico- imaginario. Perversión y psicosis)
He aquí, ya definidos dos polos de la evolución del interés en torno al Edipo -en primer lugar, las
cuestiones del superyó y de las neurosis sin Edipo, en segundo lugar, las cuestiones relativas a las
perturbaciones que se producen en el campo de la realidad.
Tercer polo, que no merece menos puntualizaciones - la relación del complejo de Edipo con la
genitalización, como se suele decir. No es lo mismo. Por una parte - punto éste que tantas
exploraciones y discusiones en la historia han hecho pasar a un segundo plano, pero sigue estando
implícito en todas las clínicas, el complejo de Edipo tiene una función normativa, no simplemente en
la estructura moral del sujeto, ni en sus relaciones con la realidad, sino en la asunción de su sexo - lo
cual, como ustedes saben, permanece siempre en el análisis dentro de cierta ambigüedad. Por otra
parte, la función propiamente genital es objeto de una maduración después de un primer desarrollo
sexual de orden orgánico, al que se le ha buscado una base anatómica en el doble desarrollo de los
testículos y la formación de los eapermatozoides.
Así, la cuestión de la genitalización es doble. Hay, por un lado, un crecimiento que acarrea una
evolución, una maduración. Hay, por otro lado, en el Edipo, asunción por parte del sujeto de su propio
sexo, es decir, para llamar las cosas por su nombre, lo que hace que el hombre asuma el tipo viril y la
mujer asuma cierto tipo femenino, se reconozca como mujer, se identifique con sus funciones de
mujer. La virilidad y la feminización son los dos términos que traducen lo que es esencialmente la
función del Edipo. Aquí nos encontramos en el nivel donde el Edipo está directamente vinculado con
la función del Ideal del yo no tiene otro sentido.
Repito: En cuanto al tema histórico del complejo de Edipo, todo gira alrededor de tres polos -el Edipo
en relación con el superyó, en relación con la realidad, en relación con el Ideal del yo. El Ideal del yo,
porque la genitalización, cuando se asume, se convierte en elemento del Ideal del yo. La realidad,
porque se trata de las relaciones del Edipo con las afecciones que conllevan una alteración de la
relación con la realidad, perversión y psicosis.
Superyo R.i
Realidad S←S’.r
Ideal del yo I.s
II
Cuando buscamos la carencia paterna, ¿en qué nos interesamos con respecto al padre? Se amontonan
preguntas en el registro biográfico. El padre, ¿estaba o no estaba? ¿Viajaba, se ausentaba, volvía a
menudo? ¿Y también puede constituirse de forma normal un Edipo cuando no hay padre? Estas
preguntas son en sí mismas muy interesantes. Se vio que un Edipo podía muy bien constituirse también
cuando el padre no es taba presente.
Creo que el error de orientación es el siguiente - confunden dos cosas que están relacionadas pero no
se confunden, el padre en cuanto normativo y el padre en cuanto normal. Por supuesto, el padre puede
ser muy desnormativizante si él mismo no es normal, pero esto es trasladar la pregunta al nivel de la
estructura neurótica, psicótica del padre. Así, la normalidad del padre es una cuestión, la de su posición
normal en la familia es otra.
La cuestión de su posición en la familia no se confunde con una definición exacta de su papel
normativizante. Hablar de su carencia en la familia no es hablar de su carencia en el complejo. En
efecto, para hablar de su carencia en el complejo hay que introducir otra dimensión distinta de la
realista, definida por el modo caracterológico, biográfico u otro, de su presencia en la familia.
III
45
El complejo de Edipo no es tan sólo una catástrofe, porque es el fundamento de nuestra relación con
la cultura.,
El padre es el padre simbólico. Lo que les traigo hoy da precisamente un poco más de precisión a la
noción de padre simbólico. Es esto una metáfora.
Una metáfora, ya se lo he explicado, es un significante que viene en lugar de otro significante. Digo
que esto es el padre en el complejo de Edipo, aunque deje atónitos a algunos
Digo exactamente - el padre es un significante que sustituye a otro significante. Aquí está el
mecanismo, el mecanismo esencial, el único mecanismo de la intervención del padre en el complejo
de Edipo, Y si no es en este nivel donde buscan ustedes las carencias paternas, no las encontrarán en
ninguna otra parte.
La función del padre en el complejo de Edipo es la de ser un significante que sustituye al primer
significante introducido en la simbolización, el significante materno. De acuerdo con la fórmula que,
como les expliqué un día, es la de la metáfora, el padre ocupa el lugar de la madre, S en lugar de S',
siendo S' la madre en cuanto vinculada ya con algo que era *, es decir el significado en la relación con
la madre.
S= Padre . S’=Madre X= incognita
La cuestión es — -¿cuál es el significado? ¿Qué es lo que quiere, ésa?
Me encantaría ser yo lo que quiere, pero está claro que no sólo me quiere a mí. Le da vueltas a alguna
otra cosa. A lo que le da vueltas es a la x, el significado. Y el significado de las idas y venidas de la madre
es el falo.
El niño, con más o menos astucia o suerte, puede llegar a entrever muy pronto lo que es la x imaginaria,
y, una vez lo ha comprendido, hacerse falo. Pero la vía imaginaria no es la vía normal. Por esta razón,
por otra parte, supone lo que se llaman fijaciones. Y además no es normal, porque a fin de cuentas
nunca es pura, nunca es completamente accesible, siempre deja algo de aproximado e insondable,
incluso dual, que constituye todo el polimorfismo de la perversión. ¿Cuál es la vía simbólica? Es la vía
metafórica. El esquema que nos servirá de guía el resultado ordinario de la metáfora, el que se expresa
en la fórmula de la pizarra, se producirá en tanto que el padre sustituye a la madre como significante.
Seminario 5, Clase 10. Lacan
Los tres tiempos del Edipo
Apenas hay un sujeto hablante, la cuestión de sus relaciones en tanto que habla no podría reducirse
simplemente a otro, siempre hay un tercero, otro, constituyente de la posición del sujeto como
hablante, también analizante.
La metáfora paterna es en lo que se ha constituido de una simbolización primordial entre el niño y la
madre, poner al padre en cuanto símbolo o significante, en lugar de la madre.
La primera relación de realidad se perfila entre la madre y el niño, y ahí es donde el niño experimenta
las primeras realidades de su contacto con el medio viviente.
46
El padre para nosotros es real. Lo que Lacan denomina “Padre normal”, este padre de la realidad puede
ser de distintas maneras.
La posición del Nombre del padre, la calificación del padre como procreador, es un asunto que se sitúa
en el nivel simbólico. Puede realizarse de acuerdo con las diversas formas culturales, pero en si no
dependen de la forma cultural, es una necesidad de cadena del significante.
El padre es un significante que sustituye otro significante.
Para el niño pequeño la madre tiene un deseo, es decir una incógnita. El niño depende del deseo con
la madre, es la primera simbolización de la madre, y de ninguna otra cosa. Mediante esta simbolización,
el niño desprende su dependencia efectiva respecto del deseo de la madre de la pura y simple vivencia
de dicha dependencia y se instituye algo que se subjetiva en un nivel primordial o primitivo. Esta
subjetivación consiste simplemente en establecer la madre como aquel ser primordial que puede estar
o no estar.
El padre reemplaza a la madre en tanto deseo (Padre=X). Es decir, que algo de la ausencia y presencia
de la madre lo puede reemplazar el padre, el falo.
El falo es privilegiado en el orden simbólico. El padre pone la capacidad de metaforizar, es decir, la
capacidad de sustituir ese deseo que es una incógnita, por algo del orden de un tercero.
El deseo del Otro, es decir, el deseo de la madre quien tiene un mas allá, ya para alcanzar ese mas allá
se necesita una mediación, esta mediación la da la posición de la madre en el orden simbólico. Es decir,
que madre y niño ya no están separados, sino que opera una terceridad.
La relación del niño con el falo se establece porque el falo es el objeto de deseo de la madre. Pero la
experiencia nos demuestra que este elemento desempeña un papel activo esencial en las relaciones
del niño con la pareja parental.
El padre entra en juego como portador de la ley, interviene en el Complejo de Edipo de una forma
escalonada.
La madre es la primera prueba que se tiene de la relación con el Otro porque ya la ha simbolizado.
Entonces, el niño ha constituido a su madre como sujeto sobre la base de la primera simbolización, se
encuentra sometido a lo que podemos llamar ley.
La ley de la madre es el hecho de que la madre es un ser hablante, esta ley es incontrolada. Reside
simplemente en el hecho de que algo de su deseo es completamente dependiente de otra cosa que se
articula al orden de la ley.
Lacan postula que el niño comienza como súbdito. Un súbdito porque se experimenta y se siente de
entrada profundamente sometido al capricho de aquello de lo que depende, aunque este capricho sea
un capricho articulado. El súbdito es el que se ubica en el primer tiempo, para que se convierta en
sujeto tiene que haber algo de la ley que lo atraviese
Los tres tiempos:
Primer tiempo: El niño busca en cuento deseo, poder satisfacer el deseo de su madre. Hay una relación
diádica entre la madre y el niño.
47
Hay una preminencia de lo imaginario.
Aca el padre opera, pero no se encuentra en escena.
El sujeto se identifica en espejo con lo que es el objeto del deseo de la madre. Es la etapa fálica
primitiva, cuando la metáfora paterna actúa en si, al estar la primacia del falo ya instaurada en el
mundo por la existencia del símbolo del discurso y la ley.
Aquí
el
niño
se
debate
en
ser
o
no
ser
el
falo
de
la
madre
M
N
Segundo tiempo: aparece el padre como privador, mediatizado por la palabra de la madre, ya no está
velado como el primer tiempo.
En este nivel se produce lo que hace que al niño le vuelva, pura y simplemente, la ley del padre
concebida imaginariamente por el sujeto como privadora para la madre. Es el estadio, nodal y
negativo, por el cual lo que desprende al sujeto de su identificación liga, al mismo tiempo, con la
primera aparición de la ley en la forma de este hecho, la madre es dependiente de un objeto que ya
no es simplemente el objeto de su deseo, sino un objeto que el Otro tiene o no tiene.
Este tiempo es nodal para la instauración del Complejo de Edipo, aca se juega la aceptación o no de la
privación.
M
N
P
Tercer tiempo: es tan importante como la segunda, de esta depende la salida del Complejo de Edipo.
Aparece el padre como portador de la ley, interviene como el que tiene el falo y no como el que lo es,
y por eso puede producirse el giro que reinstaura la instancia del falo como objeto deseado por la
madre, y no ya solamente como objeto del que el padre pueda privar.
Aca el niño está en poder tener o no el falo, hay un pasaje del ser al tener, esto implica que el falo
funciona como operador.
Tanto el padre, la madre y el niño están atravesados por algo de la operatividad fálica.
Entonces..
En primer lugar, la instancia paterna se introduce bajo una forma velada, ello no impide que el padre
exista, este reina la ley del símbolo.
En segundo lugar, el padre se afirma en su presencia privadora, en tanto que es quien soporta la ley, y
esto ya no se produce de forma velada sino de una forma mediada por la madre, que es quien lo
establece como quien le dicta la ley.
En tercer lugar, el padre se revela en tanto que él tiene. Es la salida del Complejo de Edipo. Dicha salida
es favorable si la identificación con el padre se produce en este tercer tiempo. Esta identificación se
48
llama ideal del yo. Este tiempo viene tras la privación, o la castración, que afecta a la madre, a la madre
imaginada por el sujeto.
Los tres tiempos del Edipo II. Lacan (Seminario 5, clase 11)
Cuando Lacan habla de la metáfora paterna, está centrándose en el complejo de castración, no en el
complejo de Edipo.
Tenemos entonces en un primer tiempo la relación del niño, no con la madre, sino con el deseo de la
madre; es un deseo de deseo. En esta etapa, el niño está particularmente aislado, desprovisto de todo
lo que no sea el deseo de aquel Otro que él ya ha constituido como el Otro que puede estar presente
o ausente.
El objeto de deseo de la madre es el falo, el cual es el eje de toda la dialéctica subjetiva. Desde el punto
de vista de la estructura, hay diversos estados distintos de la relación de la madre con el falo. Sin
embargo, si los puntos de referencia son siempre estables y seguros, es porque son estructurales,
porque están vinculados a las vías de construcciones significantes. Esto es lo que nos sirve de guía y
por eso no tenemos que preocuparnos aquí por lo que es el falo para una madre efectiva en un caso
determinado.
Si nos fiamos simplemente de nuestro esquema habitual, el falo se sitúa aquí, es un objeto
metonímico.
¿Cómo concebir que el niño que desea ser el objeto del deseo de su madre consiga satisfacerse?
Evidentemente no tiene otra forma de hacerlo más que ocupar el lugar del objeto de su deseo. En un
principio, la constitución del sujeto como Yo del discurso no está forzosamente diferenciada todavía,
aunque esté implicada desde la primera modulación significante. No es obligatorio que el Yo se designe
en cuanto tal en el discurso para que pueda ser su soporte; hay un Yo latente. De la misma forma, el
objeto metonímico (enfrente de él en el esquema), todavía no está constituido para el niño.
En el deseo del niño surge el deseo esperado de la madre. Enfrente, se sitúa lo que será el resultado
del encuentro de la llamada del niño con la existencia de la madre como Otra, a saber, un mensaje.
¿Qué se necesita para que el niño llegue a coincidir con el objeto del deseo de la madre? Es preciso y
suficiente con que el Yo latente en el discurso del niño vaya a constituirse en el nivel de este Otro que
es la madre (que el Yo de la madre se convierta en el Otro del niño) y que lo que circula por la madre
en el deseo, en tanto que ella misma articula el objeto de su deseo, vaya a cumplir su función de
mensaje para el niño, lo cual supone que éste renuncie momentáneamente a su propia palabra, pero
no hay problema pues su propia palabra todavía está en formación. El niño recibe pues el mensaje en
bruto del deseo de la madre, mientras que en el nivel metonímico con respecto a lo que dice la madre,
se efectúa su identificación con el objeto de ésta.
Así, si el niño está abierto a inscribirse en el lugar de la metonimia de la madre, o sea, a convertirse en
su súbdito, es porque primero asume el deseo de la madre (y sólo lo asume de una forma en cierto
modo bruta, en la realidad de este discurso).
La identificación primitiva consiste en este intercambio que hace que el Yo del sujeto vaya al lugar de
la madre como Otro, mientras que el Yo de la madre se convierte en su Otro; esto se produce en el
segundo tiempo.
Este segundo tiempo tiene como eje el momento en que el padre se hace notar como interdictor. Se
manifiesta como mediado en el discurso de la madre. En la primera etapa del complejo de Edipo, el
discurso de la madre era captado en estado bruto. Decir ahora que el discurso del padre está mediado,
no significa que hagamos intervenir de nuevo lo que la madre hace de la palabra del padre, sino que
en la palabra el padre interviene efectivamente sobre el discurso de la madre. Aparece de forma menos
velada que en la primera etapa, pero no se revela del todo.
En esta etapa, el padre interviene en calidad de mensaje para la madre. Él tiene la palabra y lo que
enuncia es una prohibición, un NO que se transmite allí donde el niño recibe el mensaje esperado de
la madre. Este no es un mensaje sobre un mensaje; el mensaje de la interdicción. Este mensaje no es
49
simplemente el “no te acostarás con tu madre” dirigido en esta época al niño, es un “no reintegrarás
tu producto” dirigido a la madre. Son también las formas del instinto maternal las que tropiezan aquí
con un obstáculo, pues la forma primitiva del instinto maternal se manifiesta mediante la reintegración
oral del que salió por otro sitio.
Esta prohibición llega como tal hasta el lugar donde el padre se manifiesta en cuanto Otro. En
consecuencia, el niño resulta profundamente cuestionado, conmovido en su posición de súbdito. En
otros términos, si el círculo no se cierra completamente en torno al niño, y éste no se convierte pura y
simplemente en el objeto del deseo de la madre, es en la medida en que el objeto del deseo de la
madre está afectado por la interdicción paterna. Todo es cuestionado por la interdicción paterna, que
deja al niño colgado cuando está descubriendo el deseo del deseo de la madre.
Esta segunda etapa está un poco menos hecha de potencialidades que la primera. Es sensible,
perceptible, pero esencialmente instantánea o al menos transitoria. No por ello es menos capital, pues
a fin de cuentas es la que constituye el meollo de lo que podemos llamar el momento privativo del
complejo de Edipo. Si puede establecerse la tercera relación, la siguiente etapa, es porque el niño es
desalojado de aquella posición ideal con la que él y la madre podrían satisfacerse, en la cual él cumple
la función de ser su objeto metonímico. En efecto, entonces se convierte en otra cosa, pues esta etapa
supone aquella identificación con el padre y el título virtual para tener lo que el padre tiene.
En relación a la psicosis, es importante considerar la forma en que el padre interviene en este momento
en la dialéctica del Edipo. En la psicosis, el Nombre del Padre, el padre en cuanto función simbólica, el
padre en el nivel de lo que ocurre aquí entre mensaje y código está precisamente rechazado. Por esta
razón, aquí no está aquello con lo que el padre interviene en cuanto ley. Está la intervención en bruto
del mensaje no sobre el mensaje de la madre al niño. Este mensaje, como mensaje en bruto, es
también fuente de un código que está más allá de la madre.
He aquí a qué se reduce la intervención del discurso del padre cuando desde el origen está abolido,
cuando nunca se ha integrado a la vida del sujeto lo que constituye la coherencia del discurso, a saber,
la autosanción mediante la cual, al terminar su discurso, el padre vuelve a él y lo sanciona como ley.
En la siguiente etapa del complejo de Edipo, en las condiciones normales, el padre interviene en tanto
que él lo tiene. Interviene en este nivel para dar lo que está en juego en la privación fálica, término
central de la evolución del Edipo y de sus tres tiempos. Se manifiesta efectivamente en el acto del don.
Ya no es en idas y venidas de la madre donde está presente, por lo tanto todavía medio velado, sino
que se pone de manifiesto en su propio discurso. En cierto modo, el mensaje del padre se convierte
en el mensaje de la madre, en tanto que ahora permite y autoriza. Así, el sujeto puede recibir del
mensaje del padre lo que había tratado de recibir del mensaje de la madre. Por mediación del don o
del permiso concedido a la madre, obtiene a fin de cuentas esto, se le permite tener un pene para más
adelante. He aquí lo que realiza efectivamente la fase del declive del Edipo; tiene verdaderamente “el
título en el bolsillo”.
Se trata de una etapa en la que las dos vertientes siempre pueden revertir la una en la otra. Hay algo
abstracto y sin embargo dialéctico en la relación entre los dos tiempos mencionados; aquel en el que
el padre interviene como interdictivo y privador, y aquel en el que interviene como permisivo y
donador. Pueden pasar otras cosas, y para verlo hemos de situarnos en la madre y plantearnos de
nuevo la cuestión de la paradoja que representa el carácter central del objeto fálico en cuanto
imaginario.
La madre es una mujer a la que suponemos ya en la plenitud de sus capacidades de “voracidad”
femenina; si la madre es esto, el falo no es pura y simplemente aquel bello objeto imaginario, pues ella
se lo ha tragado hace ya algún tiempo. En otras palabras, el falo, en la madre, no es únicamente un
objeto imaginario, es también algo que cumple su función en el plano instintual, como instrumento
normal del instinto. Es el inyecto; una palabra que no quiere decir simplemente que ella se lo
introduce, sino que se lo introducen. Este indica igualmente su función instintiva.
Si tenemos ahí toda la dialéctica del Edipo, es porque el hombre ha de atravesar todo el bosque del
significante para alcanzar sus objetos instintivamente válidos y primitivos.
50
Esta es una de las posibilidades en cuanto a la madre. Hay otras; por ejemplo, podemos distinguir,
junto a la función de inyecto, la de adyecto. El término designa la pertenencia imaginaria de algo que,
en el nivel imaginario, se le da o no se le da, tiene permiso para desearlo, le falta. El falo interviene
entonces como falta, como el objeto del que está privada, como objeto del Penisneid, de aquella
privación siempre sentida. Pero también puede intervenir como objeto que de toda formas se le da,
pero desde donde está, tomado en consideración de forma muy simbólica. Ésta es otra función del
adyecto, aunque pueda confundirse con la del inyecto primitivo.
En suma, si bien tiene todas las dificultades que supone haber de introducirse en la dialéctica del
símbolo para llegar a integrarse en la familia humana, la mujer tiene por otra parte todos los accesos
a algo primitivo e instintual que la sitúa en una relación directa con el objeto, no ya de su deseo sino
de su necesidad.
Por otro lado, la homosexualidad masculina es una inversión con respecto al objeto que se estructura
en un Edipo pleno y acabado. Aunque realiza esta tercera etapa de la que hemos hablado, el
homosexual la modifica bastante sensiblemente. El homosexual, en efecto, se aferra muchísimo a su
posición de homosexual, y sus relaciones con el objeto femenino, en vez de abolidas, están por el
contrario muy profundamente estructuradas. Se puede advertir cierto número de rasgos en el
homosexual, y primer lugar una relación perpetua y profunda con la madre. A la madre nos la
presentan como alguien que tiene en la pareja parental una función directiva, eminente, y se ha
ocupado más del niño que del padre. Se dice también que se habría ocupado del niño de una forma
muy castradora, que se habría preocupado muchísimo, con mucha minuciosidad, demasiado tiempo,
de su educación. Lacan cree que si el homosexual concede un valor predominante al objeto pene hasta
el punto de convertirlo en una característica absolutamente exigible a la pareja sexual, es porque, de
alguna forma, la madre le dicta la ley al padre. Esto quiere decir que cuando la intervención interdictiva
del padre hubiera debido introducir al sujeto en la fase de su relación con el objeto de deseo de la
madre, y cortar de raíz para él toda posibilidad de identificarse con el falo, el sujeto encuentra por el
contrario en la estructura de la madre el sostén, el refuerzo, por cuya causa esta crisis no tiene lugar.
En el momento ideal, en el tiempo dialéctico en que la madre debiera ser captada como privada del
adyecto, lo que encuentra, por el contrario, es su seguridad. Aguanta perfectamente, porque siente
que la madre es la clave de la situación y no se deja ni privar ni desposeer. En otras palabras, el padre
puede decir lo que le parezca, pero a ella “no le da frío ni calor”.
Por lo tanto, esto no significa que el padre no haya entrado en juego. Freud dijo que no era infrecuente
que una inversión esté determinada por la caída de un padre demasiado interdictor. Ahí están los dos
tiempos, a saber, la interdicción, pero también que dicha interdicción ha fracasado, en otros términos,
que es la madre quien ha dictado la ley.
Esto explica también que, en casos muy diversos, si la marca del padre interdictor está quebrada, el
resultado es exactamente el mismo. En particular, en casos en que el padre ama demasiado a la madre,
en los que debido a su amor parece demasiado pendiente de la madre.
Hay también casos en los que el padre, como lo manifiesta el sujeto, siempre permaneció como un
personaje muy distante cuyos mensajes no llegaban sino a través de la madre. Pero el análisis
demuestra que en realidad está lejos de estar ausente. En particular, detrás de la relación tensional
con la madre, se descubre la presencia del padre como rival, de ningún modo en el sentido del Edipo
invertido, sino del Edipo normal. En este caso se suele decir que la agresividad contra el padre ha sido
transferida a la madre. Esto es así porque en la posición crítica en la que el padre era efectivamente
una amenaza para él, el niño encontró una solución: el sujeto consideró que la buena forma de
aguantar era identificarse con la madre, porque la madre, por su parte, no se dejaba conmover.
Por otra parte, cuando se encuentra frente a una pareja que es el sustituto del personaje paterno, lo
que ha de hacer es desarmarlo, someterlo, e incluso dejarlo incapaz, al personaje sustituto del padre
para lucirse delante de una mujer o mujeres.
51
Laurent, E. (2018). Los niños de hoy y la parentalidad contemporánea. Conferencia en la Facultad de
Psicología UBA
Desde el punto de vista descriptivo las coordenadas familiares han cambiado, nos encontramos con
una pluralidad de posibilidades de familia, por lo que es necesario repensar de qué forma se
desarrollan las cuestiones psicoanalíticas en estas nuevas conformaciones familiares.
Padre, o los padres o ser padres define un estatuto legal, un estatuto simbólico. La parentalidad
desborda el estatuto, está más bien del lado de lo real. Hablar de parentalidad pone el acento sobre la
interacción del niño con sus padres en su variedad.
Para definir la contemporaneidad se podría decir que el niño de hoy nace en un mundo que ya no está
estructurado por el a priori del amor del padre. Con su doble vertiente, tan particular a la construcción
del rol del padre en el mundo occidental, aquel que es al mismo tiempo amado y que es él quien priva
de goce. Esta particularidad fragiliza su construcción sobre todo por que el niño contemporáneo está
confrontado a formas de goce adictivas que testimonia la clínica. Aparecen nuevos síntomas, producto
de la época. Estos nuevos síntomas definen una clínica que subrayan una fragilidad del padre.
La elaboración lacaniana. Como lo mostró Jacques-Alain Miller: “No se trata por lo tanto de pasarse
del padre sino de poner el acento sobre el padre en tanto que existencia particular”. Distinguiendo la
definición de un término de su existencia. Así que, por un lado, Lacan enuncia o reformula la idea
freudiana según la cual el modelo de Dios es el padre, la relación de la primera identificación
fundamental del amor al padre. Lacan reformula esto diciendo que la definición “Todo padre es Dios”
debe estar acompañada de la condición de que en su existencia “Ningún padre sea Dios”. Las dos al
mismo tiempo. Se verifica que “Todo padre es Dios” a condición de verificar la inexistencia de tal padre.
Y, por otro lado, Lacan utilizó también otra vía. Verifica también la existencia del padre en tanto que
rechaza toda norma, todo estándar, todo “Para todo x”. Es este camino de la Auebung, del camino de
la particularidad hacia lo universal que Lacan rechaza. Y este desajuste se prosigue cuando comienza
a definir el Nombre del Padre a partir de una función. La gran ventaja de una función es, no la definir
un todo, sino solo un dominio de aplicación. La función, entonces, solo es definible a partir de las
realizaciones de las variables que constituyen su desarrollo. Entonces Lacan parte de los casos
particulares de los padres para hablar del Padre. Ser un padre es ser uno de los modelos de la
realización, uno de los valores de la función. Dice entonces: “El padre, en tanto que agente de la
castración, solo puede ser el modelo de la función”. Lacan, entonces, parte del uno por uno de aquellos
que se volvieron padres
Es a través de la performace particular, de la mostración particular que el Padre puede dar al sujeto el
acceso a lo real del goce en juego. Dice: “El papá no es de ningún modo forzosamente aquel que -es el
caso de decirlo- el padre real en el sentido de la animalidad. El padre es función que se refiere a lo real
de lo verdadero -lo que es distinto- y no es forzosamente lo verdadero de lo real. Esto no impide que
lo real del padre sea absolutamente fundamental en el análisis”. Es a través -no de una definición
universal sino de una performance particular, una mostración particular que el padre en acto da acceso
a lo real del goce en juego. Y no a partir de una definición verdadera, universal del padre. Lacan lo
había ubicado como el padre en el sentido de la animalidad, de la biología. Y hay que separarlo
entonces del padre que toca a lo real, es decir al goce. Y esto nos da una indicación valiosa sobre el
lugar del padre en las familias recompuestas. La oposición entre lo verdadero y lo real resuena aquí de
una manera particular.
¿Cómo alcanzar lo real del goce? Al reverso de la vía ideal o verdadera, Lacan da una idea de realizar
el tipo de la función de manera divertida. Dice: “Épater su familia”. La mejor manera de traducir esto
es la función del carisma. No es necesariamente una virtud tener carisma. Pero es otra cosa que lo
universal.
Y entonces, Lacan define la función del padre a partir de esto: “El padre es el que tiene o no tiene un
carisma para la familia”. Y Lacan es prudente, dice: “En cualquier plano, el padre es el que debe
impactar –épater– la familia”. Si el padre ya no impacta a la familia, naturalmente se encontrará algo
52
mejor. No es obligatorio que sea el padre carnal -dice Lacan-, siempre habrá uno impactará a la familia.
Habrá otros que la impacten”.
Entonces, tenemos aquí una desconexión suplementaria entre el padre carnal y el que podrá hacer el
tipo de padre. Esta indicación del acento sobre el carisma está en el reverso de hacer de legislador.
Tampoco es querer hacer el hombre, es algo diferente. Lacan lo indica con antelación un poco, que
del lado de las mujeres se sitúa la denuncia de las antiguas formas de machismo y el llamado a nuevas
formas de masculinidad deseantes de la buena manera. Ideal renovado de masculinidad.
Hay que distinguir entonces, entre el padre por un lado que responde al nombre, al Nombre del Padre,
que está del lado de lo simbólico y, por otra parte, el que señala la relación del padre con lo real. Esta
oposición recorta la distinción entre la familia como real y el Nombre del Padre como simbólico. Es
esto lo que Lacan ponía en juego en su “Nota sobre el niño”, la oposición de la familia como residuo
real y Nombre del Padre.
Se trata de buscar caso por caso en las parentalidades de hoy y con los problemas clínicos con los que
las familias se confrontan qué es lo que actúa suficientemente como excepción del lado mujer y del
lado hombre para definir un carisma necesario que sorprenda a la familia.
Módulo 2 tema 3
Freud, S. (1990). Inhibición, síntoma y angustia. Cap. 2, 3, 4, 7 y 8. En Obras Completas, Tomo XX.
Buenos Aires: Amorrortu.
Cap II
Síntoma: es indicio y sustituto de una satisfacción pulsional interceptada, es un resultado del proceso
represivo. La represión parte del yo, quien, eventualmente por encargo del superyó, no quiere acatar
una investidura pulsional incitada en el ello, Mediante la represión, el yo consigue coartar el devenir
consiente de la representación que era la portadora de la moción desagradable. Esta se ha conservado
como formación inconsciente. Freud se pregunta ¿Cómo una satisfacción pulsional tendría por
resultado un displacer? A consecuencia de la represión, el decurso excitatorio intentado en el ello no
se produce; el yo consigue inhibirlo o desviarlo. Con esto se disipa el enigma de la “mudanza de afecto”
a raíz de la represión. Surge la interrogación por la vía que le permite alcanzar este poder del yo sobre
el ello. El yo adquiere este influjo a consecuencia de sus íntimos vínculos con el sistema percepción. La
función de este sistema preconciente, se conecta con la conciencia; recibe excitaciones de afuera y de
adentro, y, por medio de sensaciones de placer y displacer, que le llegan desde ahí, intenta guiar todos
los decursos del acontecer anímico en el sentido del principio de placer. ¿De dónde proviene la energía
empleada para producir la señal de displacer? A raíz de un peligro externo, se inicia un intento de
huida. La represión equivale a un intento de huida. El yo quita la investidura (precc) de la agencia
representante de pulsión que es preciso reprimir (desalojar), y la emplea para el desprendimiento de
displacer (angustia). Freud sostiene que el yo es el verdadero almácigo de la angustia y rechaza la
concepción anterior, según la cual la energía de investidura de la moción reprimida se mudaba
automáticamente en angustia. La angustia es reproducida como estado afectivo siguiendo una imagen
mnémica preexistente Los estados afectivos están incorporados en la vida anímica como unas
sedimentaciones de antiquísimas vivencias traumáticas y, en situaciones parecidas, despiertan como
unos símbolos mnémicos. Las represiones que se trabajan en el análisis son los “esfuerzos de dar caza”,
los cuales presuponen represiones primordiales. Las ocasiones inmediatas que constituyen ésta son
factores cuantitativos como la intensidad hipertrófica de la excitación y la ruptura de la protección
antiestímulo. Ésta última sólo existe frente a estímulos externos, no frente a exigencias pulsionales
internas. El síntoma se engendra a partir de la moción pulsional reprimida. Sólo nos anoticiamos de
esto, en los casos de represiones fracasadas. A pesar de la represión, la moción pulsional encontró un
sustituto, uno desplazado, inhibido. Si ese sustituto se consuma, no produce placer, sino que cobra
carácter compulsivo. El proceso sustitutivo es mantenido lejos, en todo lo posible, de su descarga por
la motilidad; y si esto no se logra, se ve forzado a agotarse en la alteración del cuerpo propio y no se
le permite desbordar sobre el mundo exterior; le está prohibido trasponerse en acción. En la represión
el yo está bajo la influencia de la realidad externa, y por eso aparta de ella al resultado del proceso
53
sustitutivo. El yo gobierna el acceso a la consciencia y el paso a la acción; en la represión afirma su
poder en ambas direcciones.
Cap III:
En el caso de la represión se vuelve decisivo el hecho de que el yo es una organización, pero el ello no
lo es; el yo es justamente un sector organizado del ello. Sería injustificado representarse al yo y al ello
como dos ejércitos diferentes, en que el yo procurara sofocan una parte del ello mediante la represión,
y el resto del ello acudiera en socorro de la parte atacada y midiera sus fuerzas con el yo. El acto de la
represión nos muestra la fortaleza del yo, al mismo tiempo atestigua su importancia y el carácter no
influible de la moción pulsional singular del ello. El proceso que por obra de la represión ha devenido
síntoma afirma ahora su existencia fuera de la organización yoica y con dependencia de ella. El yo es
una organización que se basa en el libre comercio y en la posibilidad de un influjo recíproco entre todos
sus componentes; su energía desexualizada revela todavía su origen en su aspiración a la ligazón y la
unificación, y esta compulsión a la síntesis aumenta a medida que el yo se desarrolla más vigoroso. Así
se comprende que el yo intente cancelar la ajenidad y el aislamiento del síntoma, aprovechando toda
oportunidad para ligarlo de algún modo a sí e incorporarlo a su organización mediante tales lazos. El
síntoma es encargado poco a poco de subrogar importantes intereses, cobra un valor para la
afirmación de sí, se fusiona cada vez más con el yo, se vuelve cada vez más indispensable para este. Lo
que nos es familiar como ganancia secundaria de la enfermedad, viene en auxilio del afán del yo por
incorporarse el síntoma, y refuerza la fijación de este último. Cuando intentamos prestar asistencia
analítica al yo en su lucha contra el síntoma, nos encontramos con que estas ligazones de reconciliación
entre el yo y el síntoma actúan en el bando de las resistencias. No nos resulta fácil soltarlas.
Cap IV:
consideramos como primer caso el de la fobia del pequeño Hans a los caballos. El pequeño Hans se
rehúsa a andar por la calle porque tiene angustia al caballo. La incomprensible angustia frente al
caballo es el síntoma; la incapacidad para andar por la calle, un fenómeno de inhibición, una limitación
que el yo se pone para no provocar el síntoma-angustia. Se trata, no de una angustia indeterminada
frente al caballo, sino de una determinada expectativa angustiada: el caballo lo morderá. Este
contenido procura sustraerse de la conciencia y sustituirse mediante la fobia indeterminada. Hans se
encuentra en un conflicto de ambivalencia de amor y odio, dirigidos hacia su padre. Su fobia tiene que
ser un intento de solucionar ese conflicto. La moción pulsional que sufre la represión es un impulso
hostil hacia su padre. Hans ha visto rodar a un caballo, y caer y lastimarse a un compañerito de juegos
con quien había jugado al “caballito”. Así nos dio derecho a construir en Hans una moción de deseo, la
de que ojalá el padre se cayese y se hiciera daño de la misma forma. Un deseo así tiene el mismo valor
que el propósito de eliminarlo él mismo: equivale a la moción asesina del CDE. Si el pequeño mostrará
angustia hacia su padre, no tendríamos derecho a atribuirle una neurosis, una fobia. Lo que la convierte
en neurosis es, única y exclusivamente, otro rasgo: la sustitución del padre por el caballo.
Es, pues, este desplazamiento lo que se hace acreedor al nombre de síntoma. Dicho mecanismo
permite tramitar el conflicto de ambivalencia sin la ayuda de la formación reactiva. Tal desplazamiento
es posibilitado porque a esa edad está pronto a la reanimación del pensamiento totemista. El conflicto
de ambivalencia no se tramita en la persona misma; se lo esquiva, por así decir, deslizando una de sus
mociones hacia otra persona como objeto sustitutivo.La representación de ser devorado por el padre
es un patrimonio infantil arcaico y típico. Dicha representación es la expresión, degradada en sentido
regresivo, de una moción tierna pasiva: es la que apetece ser amado por el padre, como objeto, en el
sentido del erotismo genital. La moción reprimida en estas fobias (Hans y el hombre de los lobos) es
una moción hostil hacia el padre. Esta es reprimida por el proceso de mudanza hacia la parte contraria;
en lugar de la agresión hacia el padre se presenta la agresión (la venganza) hacia la persona propia.
Las dos mociones pulsionales afectadas, la agresión sádica hacia el padre y la actitud pasiva tierna
frente a él, forman un par de opuestos; mediante la formación de su fobia se cancela también la
investidura de objeto-madre tierna. En Hans se trata de un proceso represivo que afecta a casi todos
los componentes del CDE, tanto a la moción hostil como a la tierna hacia el padre, y a la moción tierna
respecto de la madre. En lugar de una sola represión, nos encontramos con una acumulación de ellas,
54
y además nos topamos con la regresión. En ambos casos, el motor de la represión es la angustia frente
a la castración; los contenidos angustiantes (ser mordido por el caballo y ser devorado por el lobo),
son sustitutos desfigurados del contenido “ser castrado por el padre”. Este último contenido es el que
realmente experimentó la represión. El efecto-angustia de la fobia, que constituye la esencia de ésta,
no proviene del proceso represivo sino de lo represor mismo; la angustia de la zoofobia es la angustia
de castración inmutada, una angustia realista, angustia frente a un peligro que amenaza efectivamente
o es considerado real. Aquí la angustia CREA a la represión y no, como se creía antes, la represión a la
angustia
Cap VII:
El yo debe proceder contra una investidura de objeto libidinosa del ello (ya sea del CDE positivo o
negativo), porque ha comprendido que ceder a ella aparejaría el peligro de la castración. Casi nunca
nos las habemos con mociones pulsionales puras, sino, todo el tiempo, con ligas de ambas pulsiones
en diversas proporciones de mezcla. Por lo tanto, la investidura sádica de objeto se ha hecho también
acreedora a que la tratemos como libidinosa y la moción agresiva hacia el padre puede ser objeto de
la represión al igual que la moción tierna hacia la madre.
Tan pronto como discierne el peligro de castración, el yo da la señal de angustia e inhibe el proceso de
investidura amenazador en el ello, por medio de la instancia placer-displacer. Al mismo tiempo se
consuma la formación de la fobia. La angustia de castración recibe otro objeto y una expresión
desfigurada: ser mordido por el caballo, en vez de ser castrado por el padre. La formación sustitutiva
tiene dos manifiestas ventajas; la primera, que esquiva un conflicto de ambivalencia, pues el padre es
simultáneamente un objeto amado; y la segunda, que permite al yo suspender el desarrollo de
angustia. La angustia de la fobia es facultativa sólo emerge ante el objeto fóbico, no ante el verdadero
peligro (la castración). Si se sustituye el padre por el animal, no hace falta más que evitar la presencia
del caballo, para evitar la angustia. La exigencia pulsional no es un peligro en sí misma; lo es sólo
porque conlleva un auténtico peligro exterior, el de la castración. Por lo tanto, en la fobia sólo se ha
sustituído un peligro exterior (castración) por otro. El hecho de que el yo pueda ahorrarse la angustia
mediante la evitación significa que esa angustia es sólo una señal-afecto, y que nada ha cambiado en
la situación económica. La angustia de las zoofobias es una reacción afectiva del yo frente al peligro;
y el peligro frente al cual se emite la señal es el de la castración. La fobia se establece por regla general
después de que en ciertas circunstancias se vivenció un primer ataque de angustia. Así reaparece toda
vez que no se puede observar la condición protectora. Esto es también aplicable a la neurosis obsesiva.
El motor de toda la posterior formación de síntoma es aquí evidentemente la angustia del yo frente al
superyó. La hostilidad del superyó es la situación de peligro de la cual el yo he ve precisado a sustraerse.
Lo que el yo teme del superyó sería un eco del castigo de castración. Los síntomas son creados no para
evitar el desarrollo de angustia, sino más bien, para evitar la situación de peligro que es señalada
mediante el desarrollo de angustia. La angustia de muerte debe concebirse como un análogo a la
angustia de castración. Además, a raíz de las vivencias que llevan a la neurosis traumática es quebrada
la protección contra los estímulos exteriores y en el aparato anímico ingresan cantidades hipertróficas
de excitación (exigencias libidinosas provenientes del ello), de suerte que aquí estemos ante una
segunda posibilidad: la de que la angustia no se limite a ser una señal-afecto, sino que sea también
producida como algo nuevo a partir de las condiciones económicas de la situación. Nueva concepción
de la angustia: si hasta ahora se la consideraba una señal-afecto del peligro nos parece que se trata
tan a menudo del peligro de castración como de la reacción frente a una pérdida, una separación.
Cap VIII:
La angustia es algo sentido, un estado afectivo. Tiene un carácter displacentero, pero no a todo
displacer podemos llamarlo angustia. El carácter displacentero de la angustia parece tener una nota
particular. Además de ese carácter particular, percibimos en la angustia sensaciones corporales
referidas a ciertos órganos. Esto es prueba de que en la angustia como totalidad participan
inervaciones motrices, procesos de descarga. El análisis del estado de angustia nos permite distinguir
entonces:
1) un carácter displacentero específico,
55
2) acciones de descarga, y
3) percepciones de estas.
La angustia es un estado displacentero particular con acciones de descarga que siguen determinadas
vías. El estado de angustia es la reproducción de una vivencia que reunió las condiciones para un
incremento del estímulo como el señalado y para la descarga por determinadas vías, a raíz de lo cual,
también el displacer de la angustia recibió su carácter específico. El nacimiento nos ofrece una vivencia
arquetípica de tal índole, y por eso nos inclinamos a ver en el estado de la angustia una reproducción
del trauma del nacimiento. La angustia se generó como reacción frente a un estado de peligro; en lo
sucesivo se la reproducirá regularmente cuando un estado semejante vuelva a presentarse. -Hay dos
posibilidades de emergencia de la angustia: una, desacorde con el fin, en una situación nueva de
peligro; la otra, acorde con el fin, para señalarlo y prevenirlo. El peligro del nacimiento carece aún de
todo contenido psíquico. El feto no puede más que notar una enorme perturbación en la economía de
su libido narcisista. Con la experiencia de que un objeto exterior, aprehensible por vía de percepción,
puede poner término a la situación peligrosa que recuerda al nacimiento, el contenido del peligro se
desplaza de la situación económica a su condición, la pérdida del objeto. La ausencia de la madre
deviene el peligro. Esta mudanza significa un primer gran progreso en el logro de la autoconservación;
simultáneamente encierra el pasaje de la neoproducción involuntaria y automática de la angustia a su
reproducción deliberada como señal de peligro. La función de la angustia es ser una señal para la
evitación de la situación de peligro. La pérdida del objeto como condición de la angustia persiste por
todo un tramo. También la siguiente mudanza de la angustia, la angustia de castración que sobreviene
en la fase fálica, es una angustia de separación y está ligada a idéntica condición. El peligro es aquí la
separación de los genitales. La privación de estos equivale a una nueva separación de la madre; implica
quedar expuesto de nuevo a una tensión displacentera de la necesidad. Al despersonalizarse la
instancia parental, de la cual se temía la castración, el peligro se vuelve más indeterminado. La angustia
de castración se desarrolla como angustia de conciencia moral, como angustia social. Ahora a no es
tan fácil indicar qué teme la angustia. Es la ira, el castigo del superyó, la pérdida de amor de parte de
él, aquello que el yo valora como peligro y a lo cual responde con la señal de angustia. La última
mudanza de esta angustia frente al superyó es la angustia de muerte. Freud antes creía que la angustia
se generaba de manera automática en todos los casos mediante un proceso económico, mientras que
la concepción de angustia que ahora sustenta, como una señal deliberada del yo con el propósito de
influir sobre la instancia placer-displacer, nos dispensa de esta compulsión económica. El yo es el
genuino almácigo de la angustia. La angustia es un estado afectivo que sólo puede ser registrado por
el yo. El ello no puede tener angustia como el yo: no es una organización, no puede apreciar situaciones
de peligro. El peligro del desvalimiento psíquico se adecua al periodo de la inmadurez del yo, el peligro
de la pérdida de objeto a la falta de autonomía de la primera infancia, el peligro de castración a la fase
fálica, y la angustia frente al superyó al periodo de latencia. Pero todas estas situaciones de peligro y
condiciones de angustia pueden seguir generando angustia en épocas posteriores a aquellas en las que
habría sido adecuada. La angustia de castración es el único motor de los procesos defensivos que llevan
a la neurosis. En el caso de la mujer, más que la pérdida real del objeto, se trata de la pérdida de amor
de parte del objeto. La pérdida de amor como condición de angustia desempeña en la histeria un papel
semejante a la amenaza de castración en las fobias, y a la angustia frente al superyó en la neurosis
obsesiva.
Prácticos
Módulo 2 tema 2
Capítulo 3. Parte 2: El ello y los mecanismos de defensa.
Nudos de la clase:
Síntoma, defensa resistencia, compulsión.
Resistencias del ello. Inercia libidinal.
56
La resistencia del ello es una de las llamadas resistencias estructurales. La otra es la del superyó. Estas
son resistencias a la finalización de los análisis.
Por su parte los mecanismos de defensa nombran, a la altura de “Análisis terminable e interminable”
(1937), algo inédito. Hasta ese momento “defensa” y “resistencia” corrían por carriles separados.
Ya muy tempranamente la defensa servía para huir del displacer, y por su parte la resistencia era un
modo de perpetuar ese displacer.
En “Análisis terminable e interminable” se produce un “encuentro”: los mecanismos de defensa sirven
para huir del displacer, y al mismo tiempo esta huida constituye una paradójica satisfacción.
Son mecanismos que se presentan como una respuesta estereotipada del núcleo inconsciente del yo,
el ello.
Un defender compulsivo
S. Freud, introduce la cuestión de los mecanismos de defensa que funcionaban paradójicamente como
resistencia. El defender se torna una modalidad de satisfacción difícil de remover.
Dice Freud: “El yo se vale de diversos procedimientos para cumplir su tarea, que, dicho en términos
generales, consiste en evitar el peligro, la angustia, el displacer. Llamamos «mecanismos de defensa»
a estos procedimientos”.
Este defender tiene un carácter compulsivo, al punto que si la percepción de la realidad objetiva trae
displacer, ella, o sea, la percepción tiene que ser sacrificada.
Los mecanismos de defensa sirven al propósito de apartar peligros. Es incuestionable que lo consiguen;
es dudoso que el yo, durante su desarrollo, pueda renunciar por completo a ellos, pero es también
seguro que ellos mismos pueden convertirse en peligros.
Los mecanismos de defensa se fijan en el interior del yo devienen unos modos regulares de reacción
del carácter, que durante toda la vida se repiten tan pronto como retorna una situación parecida a la
originaria.
El punto central que nos ocupa respecto a los mecanismos de defensa, es su accionar dentro del
análisis mismo, por lo tanto, el valor que tienen como resistencias a la curación. Dejamos aquí señalada
una continuidad del trabajo en la perspectiva de los mecanismos de defensa – carácter – aptitud de
analista. “Lo esencial respecto de esto es que el analizado repite tales modos de reacción aun durante
el trabajo analítico, los muestra a nuestros ojos, por así decir; en verdad, sólo por esa vía tomamos
noticia de ellos [...] Y el hecho decisivo es que los mecanismos de defensa frente a antiguos peligros
retornan en la cura como resistencias al restablecimiento. Se desemboca en esto: que la curación
misma es tratada por el yo como un peligro nuevo”.
Los mecanismos de defensa se sostienen en una fijación en el núcleo del yo, en el ello.
Se presentó como resistencia y viscosidad de la libido en los “Escritos técnicos”; como sede de la
compulsión del inconsciente en el núcleo del yo. Aclaramos, como inconsciente no reprimido.
Se trata de la manifestación de la resistencia del ello: una cierta inercia psíquica, una suerte de entropía
psíquica, una cierta pesantez en el movimiento de la libido, que no quiere abandonar sus fijaciones.
Se trata de la manifestación de una resistencia a la puesta en descubrimiento de las resistencias.
El analista aquí como superyó, como manifestación de la “reacción terapéutica negativa”. Su vez, el
efecto en el yo que va a producir esta modalidad defensiva es la alteración del yo.
Los mecanismos de defensa sirven al propósito de apartar peligros. El peligro, es la castración en el
otro materno. La angustia de castración es el motor de la defensa y el referente del síntoma. Los
mecanismos de defensa que sirven al propósito de apartar los peligros, también pueden, ellos mismos,
convertirse en peligros. Hay una paradoja: el precio que el yo ha pagado es demasiado alto por los
servicios que estos mecanismos de defensa le prestan, puesto que estos mecanismos de defensa se
fijan en el interior del yo -el de la segunda tópica- y alteran la estructura del yo. Se escinde dicho yo, y
57
ese núcleo exterior-interior, lógicamente anterior al espacio del narcisismo, vale como fijación de la
pulsión a su objeto de borde, vale decir, como fantasma, que por ser un resto que no retorna”.
Los mecanismos de defensa, como respuesta estereotipada por fijación en el núcleo del yo (el ello),
dan cuenta de la relación de la gramática del ello, con el masoquismo femenino y lo monocorde del
axioma fantasmático.
Debemos recordar aquí, la solidaridad conceptual del masoquismo femenino, y la segunda fase del
fantasma “pegan a un niño”. Esta segunda fase, construida por el análisis, implica tanto la culpabilidad
como, por regresión a la fase sádico-anal, el ser amado por el padre, bajo la fórmula del hacerse
golpear.
Freud: “un agotamiento de la plasticidad, de la capacidad para variar y para seguir desarrollándose,
que de ordinario se espera. Sin duda que en el análisis estamos preparados para hallar cierto grado de
inercia psíquica; cuando el trabajo analítico ha abierto caminos nuevos a la moción pulsional, se
observa casi siempre que no se los emprende sin una nítida vacilación. A esta conducta la hemos
designado, de manera quizá no del todo correcta, «resistencia del ello»”.
Tal como lo venimos formulando, los mecanismos de defensa, que articulan defensa y resistencia,
implican una respuesta como un no querer saber respecto a la castración, y además expresan un modo
de satisfacción.
Si la resistencia del superyó se va a expresar en el proceso de la cura como reacción terapéutica
negativa, la resistencia del ello lo hará vía los mecanismos de defensa.
Ya en 1920, Freud va a postular una enigmática tendencia masoquista del yo y un inconsciente no
reprimido en el núcleo del yo, sede de la resistencia.
Freud hace entrar al cuerpo como cuerpo gozante a partir del giro de 1920. La compulsión de
repetición es la resistencia, que se expresa también en la respuesta estereotipada de los mecanismos
de defensa. Es “cuerpo gozante” dando cuenta del lugar de la resistencia del ello. Freud: “Podríamos
figurarlo como si el ello estuviera bajo el imperio de las mudas pero poderosas pulsiones de muerte,
que tienen reposo y querrían llamar a reposo a Eros, el perturbador de la paz, siguiendo las señas del
principio de placer; no obstante nos preocupa que así subestimemos al papel de Eros”.
Efectivamente, las resistencias del ello y del superyó, implican ligadura pulsional.
El cuerpo
Freud va a reordenar la metapsicología. Lo que desde los primeros textos se presentaba como
resistencia adquiere su nombre definitivo: “la compulsión de repetición”.
El masoquismo originario da cuenta de esa primer ligadura pulsional en la constitución del sujeto, y la
regresión es leída como desvínculo pulsional. La distinción entre neurosis y psicosis se juega en una
diferencia tópica. Para la primera, el conflicto se produce entre el yo y ello, para la segunda entre el yo
y la realidad.
La compulsión de repetición es ciega y se presenta en la transferencia como un querer actuar (agieren
wollen) más allá del principio de placer.
Si el inconsciente dinámico formulado por Freud se sostiene en la repetición como insistencia a hacerse
escuchar, la introducción de la pulsión de muerte se articula como resistencia bajo la modalidad de la
compulsión de repetición.
En Freud encontramos permanentemente, y mucho más claro aún a partir de 1920, el estatuto del
cuerpo: como pulsión, como borde, como zona erógena, como conversión, como masoquismo, como
objeto parcial, etc.
Conclusiones
58
Los mecanismos de defensa como articulación de defensa y resistencia, marcan un ordenamiento
absolutamente novedoso y esta articulación separa a estos mecanismos de las anteriores
formulaciones respecto al concepto de defensa.
Se trata de una defensa que se comporta como una resistencia, que implica una satisfacción, y que es
una respuesta estereotipada por fijación, ante el hecho sorprendente de que el análisis como tal
implica un peligro. La sede de esta defensa- resistencia es el ello.
Módulo 2 tema3
Parte 3 - Capítulo 3: El superyó y la reacción terapéutica negativa.
Noción del obstáculo en la clínica. Aquello que se opone a la cura.
El yo es una instancia desgarrada, todo el tiempo está siendo tiroteada por el ello, super yo, y la
realidad
externa
y
en
ese
tiroteo
pierde
su
coherencia
y
su
unidad.
Uno de los vasallajes del yo es el ello y está referido a la necesidad de castigo referida al masoquismo
femenino.
Otro vasallaje del yo es el super yo, es una necesidad de castigo relacionado al masoquismo moral.
Entra en relación la resistencia estructural del super yo y aparece en la clínica bajo una reacción
terapéutica
negativa.
Referencias
q
utiliza
Osvaldo:
“El yo y el ello”: aquí se plantea la reacción terapéutica negativa, en la clínica nos encontramos con
una paradoja, la paradoja del neurótico es que consulta para salir de su padecimiento, pero aparece
aferrado al mismo sin poder desprenderse. ¿Cómo entender este aferramiento al padecimiento?
Primera explicación: conserva su padecimiento porque es el precio que paga por los sentimientos
incestuosos
del
Edipo.
Segunda explicación: es el núcleo del síntoma. En el núcleo del síntoma se encuentra la necesidad de
castigo, la satisfacción se encuentra en el dolor. Habita allí el masoquismo. El neurótico quiere padecer
de sus síntomas inconscientemente. Esto en Lacan es el “núcleo de goce”. Esto puede llevar a eternizar
un análisis, se convierte en un análisis interminable.
La instancia del super yo: proviene de las pulsiones del ello. Es un modo de expresión de la pulsión de
muerte.
Y
de
lo
oído
en
la
tierna
infancia.
- heredero del complejo de Edipo. Internalización de la ley paterna, pero no hereda su ley sino su voz,
no
se
trata
de
una
ley
ordenadora.
Imperativo
cruel.
Instancia
mortificante
que
vive
castigando
al
sujeto
Se
satisface
en
el
castigo
y
en
la
prohibición.
- Una cara ligada al ideal y otra cara aniquilante y cruel. Sesgo cruel del imperioso debe ser. Eco
pulsional
inasimilable
que
se
hace
oír
imperativamente.
- El superyó no prohíbe la satisfacción: exige la satisfacción de la renuncia, exige imperativamente ese
bien moral de la renuncia. Va contra el principio de placer y es lo que se opone al deseo. Es el lugar de
una ley pero no pacificante, ordenadora, sino de una ley insensata sin justificación, sin razones.
Exige la satisfacción, pero en la renuncia, en el castigo, en la prohibición. Es el imperativo del goce y su
referencia es la pulsión de muerte y el masoquismo moral. Goce no articulado al campo del deseo. Al
nivel del super yo no hay un sujeto deseante. Se opone al deseo.
Cuantos más sacrificios se le hace, más exigente deviene el super yo. Exige la satisfacción de enuncia,
exige ese bien moral de la renuncia. Es una satisfacción paradójica, porque el sujeto se siente culpable
con la paradoja de que a mayor renuncia mayor culpa y la satisfacción se ubica como la necesidad de
castigo. El individuo no debe sanar, sino permanecer enfermo, pues no merece nada mejor.
Sentimiento de culpa es MUDO, el sujeto no se siente culpable a nivel consciente, sino que se siente
enfermo, la exigencia de renuncia indica un modo de satisfacción que va en contra del bienestar del
sujeto.
Respecto a la cuestión de la necesidad de castigo tenemos la otra referencia freudiana que es el
problema económico del masoquismo, la necesidad de castigo surge por los deseos incestuosos con el
padre. Freud va a ubicar dos modos de necesidad de castigo: el masoquismo femenino (“pegan a un
niño”), y la conciencia moral, el beneficio primario del síntoma y super yo.
59
Ambos modos de la necesidad de castigo implican dos modos de satisfacción pulsional.
En el masoquismo femenino se encuentra la satisfacción en el “hacerse hacer”. Posición de pasividad.
se reúnen el masoquismo femenino y el moral: me hago golpear por satisfacción masoquista en el
hacerse hacer (masoquismo femenino) y por sentimiento de culpa (masoquismo moral). El
masoquismo moral da lugar a la conciencia moral y al super yo. El masoquismo moral se hace notable
por haber aflojado todo vínculo con la sexualidad. La moral deviene consciente en este sacrificio de
deber
ser,
lo
que
permanece
inconsciente
y
oculto
es
el
masoquismo.
El núcleo del síntoma es la necesidad de castigo.
Recorte
clínico:
hombre
de
las
ratas.
Osvaldo en “consideraciones críticas sobre la concepción de los complejos de Edipo y castración”
plantea ejes para pensar el complejo de Edipo, uno de ellos es la ley del intercambio. En el hombre de
las ratas se puede ver la falla de esa operación. Los hijos cargan con las deudas morales y comerciales
del
padre.
Freud destaca dos lugares donde se puede ver como el padre no puso en juego la ley de intercambio,
donde retuvo un modo de satisfacción que carga culpable y sacrificialmente el hijo: uno es el punto de
fe, ocasionamiento de la enfermedad, en donde se despierta el conflicto de las consecuencias de la
elección del padre entre la amada pobre y linda y la madre del hombre de las ratas que era una mujer
rica. El conflicto surge a partir de que la madre le ofrece casarse con una mujer rica. El otro punto es
en relación al complejo paterno. Freud destaca el lugar del padre como perturbador del goce sexual, y
ubica una conexión directa entre la suma de dinero adeudada x su padre producto del juego con las
palabras del capitán que le dice al hombre de las ratas “tenes que devolver tantas coronas”, estas
palabras le resuenan como alusión a las deudas impagas del padre. Todo el drama del obsesivo gira en
torno
al
lugar
del
padre
como
perturbador
del
goce
sexual.
Palabras del padre que recaen en el síntoma primordial del sujeto: “serás un gran hombre o un gran
criminal”. Todo el tiempo se posiciona en alguien que quiere ser castigado.
Rección
terapéutica
negativa
Tres
referencias
freudianas:
- “Construcciones en psicoanálisis”: acá Freud ubica distintos efectos que pueden producirse en el
paciente luego de la comunicación de una construcción que le realiza el analista. Un efecto puede ser
que se relance la cadena asociativa, otro efecto pueden ser las alucinaciones (Cuando la construcción
es certera, toca un punto de verdad para el sujeto, puede producir produce como efecto al retorno,
por la pulsión emergente de restos visuales y auditivos del núcleo de verdad, cuando se toca algo de
la economía libidinal, se conmueven los puntos de fijación de la pulsión y eso despierta recuerdos
vivenciados de la temprana infancia en modo de alucinaciones, son restos perceptivos) y la reacción
terapéutica negativa (El paciente reacciona frente a la construcción con un inequívoco
empeoramiento de sus síntomas y de su estado general. Es un modo de defensa que controla el
análisis.
Es
una
de
las
resistencias
mayores
en
el
fin
de
la
cura).
- “Nuevos caminos de la terapia analítica”: allí ubica dos peligros a la labor analítica:
1) Cuando es conmovida la condición de enfermo, el paciente busca reemplazar la satisfacción
sintomática perdida a través de alguna situación penosa (necesidad de castigo). Antecede a la reacción
terapéutica
negativa.
No
implica
la
caída
de
la
regla
de
abstinencia.
2) Trata de la búsqueda de la satisfacción sustitutiva dentro de la cura misma. El análisis mismo se
convierte en una satisfacción sustitutiva. Implica la caída de la regla de abstinencia, se satisface la
demanda.
La reacción terapéutica negativa puede ser reforzada por el intento de sugestionar por parte del
analista.
- “Análisis terminable e interminable”: Freud ubica cuando la cura misma es tratada por el yo como un
peligro nuevo. El analista ahora es un hombre extraño que dirige palabras crueles al paciente y este se
comporta como un niño a quien no le gusta el extraño y no le cree nada. Es una resistencia en contra
del análisis y a la curación.
REACCIÓN
expresión
clínica
TERAPEUTICA
de
resistencia
del
super
NEGATIVA:
yo.
60
- eterniza el análisis para sostener la necesidad de castigo y resguardar el masoquismo.
- toda solución parcial cuya consecuencia debiera ser una mejoría o una suspensión temporal de los
síntomas como de hecho lo es en otras personas, les provoca un esfuerzo momentáneo de su padecer,
empeoran
en
el
curso
del
tratamiento
en
vez
de
mejorar.
- se trata de un factor moral, de un sentimiento de culpa que encuentra su satisfacción en la
enfermedad.
- la reacción terapéutica negativa es un intento de controlar el análisis, como un modo de defensa
maníaca. No se trata de que el paciente no desee curarse, sino que desea que las cosas sigan tal cual,
ya
que
todo
cambio
sería
para
peor.
- la cura es temida como un peligro. La reacción terapéutica negativa recae sobre la cura, en cambio la
trasferencia
negativa
es
contra
el
analista.
- los sujetos se defienden de la posición depresiva (posición en la cual todos los objetos que ha amado
están muertos o destruidos) mediante el control maníaco, si el propósito consciente es curarse, el
inconsciente es reparar y proporcionar felicidad a los objetos amados y odiados. La actitud
inconsciente de amor y ansiedad por los otros, sostiene la creencia de que no merece ayuda, hasta
que las personas amadas la hayan recibido. El amor por sus objetos internos es la causa del sentimiento
de culpa, como necesidad de sacrificar su vida por los otros. En tanto el analista representa también
un objeto internalizado, desenterrar este amor, y con ello la culpa, puede llevar a que la tarea
terapéutica se dé por concluida.
En Freud, la construcción equivale a lo que no se puede recordar, y es más, ocupa el lugar de esa falta:
se trata de llenar la laguna del recuerdo, como recubrimiento de la represión primaria. Es un
equivalente de lo que nunca podría retornar como recuerdo. Para Freud, la reacción terapéutica
negativa indica aferrarse al padecimiento, ligado al factor moral, que halla su satisfacción en el
sufrimiento.
La reacción terapéutica negativa indica la presencia de un goce no elaborable ni reducible por la
interpretación.
La
construcción
tuvo
un
doble
destino:
1. Según la referencia freudiana, estos delirios construccionistas quedaron referidos a hallar y
comunicar
la
fantasía
latente
de
cada
síntoma:
un
sentido
a
develar.
2. En Lacan corresponde a un que-hacer por parte del analizante en relación con el fantasma.
La
reacción
terapéutica
negativa
también
tuvo
un
doble
destino:
1. Desde Joan Rivière, la llamó objeto aletargado, a partir del fracaso yoico para proyectar los instintos
de muerte. Sin poder separar lo malo de lo bueno, el yo paralizó y proyectó intrapsíquicamente a ese
objeto bueno-malo, para defenderse de su carga destructiva, constituyendo así el objeto aletargado.
2. Miller, siguiendo la conceptualización de Lacan respecto del superyó, la articula con el masoquismo
moral, como presencia de la voz del Otro (un Otro completado por la voz) que indica la resistencia
misma de la operación analítica, como "engullimiento del sujeto en su goce".
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