Subido por Abel Sanchez

7 NUESTRA MISION

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7. NUESTRA MISIÓN
En ocasiones los miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día se refieren a esta
como un «movimiento profético». Quizá aquellos que han asistido a un seminario
profético celebrado por la Iglesia Adventista consideran que esto se limita al hecho de
que nuestra iglesia es muy activa respecto a la enseñanza de profecías bíblicas. Pero el
concepto «movimiento profético» abarca mucho más. No es una referencia primaria a la
forma en que la iglesia enseña la profecía, sino que apunta a la realidad de que la iglesia
¡nació de la profecía! La Biblia predijo el surgimiento de la Iglesia Adventista del Séptimo
Día. Esa misma declaración traza nuestra historia y presenta nuestra identidad. La Biblia
misma establece la misión de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
El sello sobre el libro de Daniel
Debemos partir del capítulo final del libro de Daniel con el fin de entender el surgimiento
profético de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Se le dice a Daniel que «sell[e] el libro»
hasta «el tiempo del fin» (Dan. 12: 4). En otras palabras, los escritos proféticos del libro
de Daniel debían ser «sellados», es decir, que no serían plenamente comprendidos,
hasta un período denominado como «el tiempo del fin». Mientras Daniel escucha la
conversación de dos seres santos, él se entera de cuánto falta para «el tiempo del fin». La
respuesta está acompañada de imágenes vívidas: «Oí al varón vestido de lino, que estaba
sobre las aguas del río, el cual alzó su mano derecha y su mano izquierda al cielo y juró
por el que vive por los siglos, que será por tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo»
(Dan. 12: 7).
6 Uno de ellos le dijo al hombre vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río:
“¿Cuánto falta para que se cumplan estas cosas tan increíbles?” 7 »Yo pude ver y
oír cuando el hombre vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, levantó
las manos al cielo y juró por el que vive para siempre: “Faltan tres años y medio”
(tiempo, tiempos y medio tiempo). 8 »Aunque escuché lo que dijo ese hombre, no
pude entenderlo, así que le pregunté: “Señor, ¿en qué va a parar todo esto?” 9 Y él
me respondió: “Sigue adelante, Daniel, que estas cosas se mantendrán selladas y
en secreto hasta que llegue la hora final”.
Los estudiosos de las profecías bíblicas reconocen que este período representa el tiempo
de la persecución papal que comenzó en el año 538 de nuestra era. Se inicia con el
principio del reinado civil del papado y concluye en el año 1798, exactamente 1,260 años
después. El libro de Daniel estaría sellado hasta el año 1798, cuando habría de comenzar
«el tiempo del fin».
La apertura del libro de Daniel
La profecía que acompaña a Daniel 12 es Apocalipsis 10. En el capítulo 12 aprendemos
que las profecías de Daniel del tiempo del fin estarían «selladas» hasta 1798. Apocalipsis
10 nos muestra lo que sucede después de 1798, cuando el libro de Daniel sería mejor
comprendido. Un mensajero del cielo que «tenía en su mano un librito «abierto» aparece
en Apocalipsis 10: 1, 2. Este libro abierto es el mismo libro de Daniel que previamente
había sido sellado.
Existen asimismo otros vínculos entre los dos capítulos.
• El mensajero celestial de Daniel 12 es descrito como un «varón vestido de lino».
En Daniel 10: 6 se señala que su «rostro parecía un relámpago» y eran «sus pies
como de color de bronce bruñido». Del mensajero de Apocalipsis 10: 1 se dice que
su «rostro era como el sol y sus pies como columnas de fuego».
• El mensajero de Daniel 12 «alzó su mano derecha y su mano izquierda al cielo y
juró por el que vive por los siglos». Por otro lado, el mensajero de Apocalipsis 10
«alzó su mano derecha y su mano izquierda al cielo y juró por el que vive por los
siglos».
• El mensajero de Daniel 12 anunció que las profecías de Daniel estarían selladas
hasta «el tiempo del fin», o sea hasta 1798. Mientras que el mensajero de
Apocalipsis 10 se presenta al principio del «tiempo del fin» para anunciar que el
libro ahora estaba abierto.
El movimiento adventista del siglo XIX A principios del siglo XIX, luego de la apertura del
«librito» en 1798, el pueblo de Dios comenzó a entender las profecías de Daniel como
nunca antes. La profecía de Daniel 8:14 que predecía en qué momento «el santuario sería
purificado» constituía el meollo de dicha interpretación. Dicha limpieza debía realizarse al
final de los 2,300 días proféticos; o sea, 2,300 años literales (ver Eze. 4: 4-6).
Un agricultor bautista llamado William Miller realizó un llamativo descubrimiento a través
de un minucioso estudio de la Biblia, aproximadamente al mismo tiempo que otros
estudiosos de la Biblia en diferentes lugares del mundo. Miller entendió que la profecía
de los 2,300 días de Daniel 8 compartía el mismo inicio con la profecía de las 70 semanas
de Daniel 9. William Miller y miles de otros creyentes, utilizando ese punto de partida
para la profecía de Daniel 8, llegaron a la conclusión de que la purificación del santuario
ocurriría 2,300 años más tarde y que la fecha clave sería el 22 de octubre de 1844.
Aunque su cronograma profético estaba correcto, ellos cometieron un grave error.
Entendieron que el santuario representaba a la tierra, según la interpretación común de
la época. La purificación del santuario fue interpretada como que Jesús vendría por
segunda vez a purificar la tierra utilizando el fuego. Miles de personas convencidas del
pronto regreso de Jesús se unieron al Gran Movimiento Adventista.
Dulce, aunque luego amargo
Una nueva comprensión, aunque afectada por un grave error, se abrió ante el pueblo de
Dios mientras se estudiaba el libro de Daniel. Eso es exactamente lo que la Palabra de
Dios había profetizado. Daniel 12, junto con Apocalipsis 10, predijo que después de 1798
habría una apertura, una nueva comprensión del libro de Daniel. El Movimiento
Adventista de principios y mediados del siglo XIX fue un cumplimiento directo de esa
profecía.
El cumplimiento de Apocalipsis 10 se convierte en algo aún más concreto en la
descripción de ese movimiento. Se le pide al apóstol Juan que tome el libro abierto de la
mano del mensajero celestial y que lo coma. «Entonces tomé el librito de la mano del
ángel y lo comí. En mi boca era dulce como la miel, pero cuando lo hube comido amargó
mi vientre» (vers. 10). La ingesta del libro o comer el libro representa el profundo estudio
y la sincera creencia en las profecías de Daniel. Miles se entusiasmaron con la idea de que
¡pronto verían a Jesús regresar en las nubes del cielo! Ciertamente era algo «dulce como
la miel» en sus bocas; «pero cuando lo hube comido amargó mi vientre» (vers. 10).
La inspiración no pudo haber plasmado una descripción más exacta del amargo chasco
que afectó a los creyentes adventistas cuando Jesús no regresó según se esperaba. La
amargura de su chasco fue proporcional a la dulzura de sus expectativas. De la noche a la
mañana, miles abandonaron aquel movimiento.
Debes profetizar de nuevo
Apocalipsis 10 se enfoca en el futuro, después de emplear la ilustración del «libro dulce y
luego amargo» para describir lo que se ha conocido como el Gran Chasco. Un claro
mandato se les comunica a los que habían experimentado el chasco sin abandonar su fe.
«Es necesario que profetices otra vez» (vers. 11).
Había más verdades que compartir antes del regreso de Jesús. El ámbito de la misión de
ellos debía abarcar a todo el mundo: «pueblos, naciones, lenguas y reyes» (vers. 11).
Cuatro capítulos más adelante encontramos el mensaje que habría de convertirse en el
eje de aquella misión. En Apocalipsis 14, la iglesia simbolizada por tres ángeles proclama
el mensaje a «pueblos, naciones, lenguas y reyes» como un preparativo para el regreso
de Jesús. El mensaje mundial de Apocalipsis 14: 6-14 debía convertirse en el mensaje final
de Dios a un mundo que perece.
6 Luego vi a otro ángel que volaba en medio del cielo, y que llevaba el evangelio eterno
para anunciarlo a los que viven en la tierra, a toda nación, raza, lengua y pueblo. 7 Gritaba
a gran voz: «Teman a Dios y denle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio. Adoren al
que hizo el cielo, la tierra, el mar y los manantiales». 8 Lo seguía un segundo ángel que
gritaba: «¡Ya cayó! Ya cayó la gran Babilonia, la que hizo que todas las naciones bebieran
el excitante vino[b] de su adulterio». 9 Los seguía un tercer ángel que clamaba a grandes
voces: «Si alguien adora a la bestia y a su imagen, y se deja poner en la frente o en la
mano la marca de la bestia, 10 beberá también el vino del furor de Dios, que en la copa de
su ira está puro, no diluido. Será atormentado con fuego y azufre, en presencia de los
santos ángeles y del Cordero. 11 El humo de ese tormento sube por los siglos de los siglos.
No habrá descanso ni de día ni de noche para el que adore a la bestia y su imagen, ni para
quien se deje poner la marca de su nombre». 12 ¡En esto consiste la perseverancia de los
santos, los cuales obedecen los mandamientos de Dios y se mantienen fieles a Jesús!
Debía convertirse en el mensaje de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
• «El evangelio eterno». La salvación se ha convertido en algo real mediante la vida,
la muerte y la resurrección de Jesucristo. Todo el que lo acepte podrá ser salvo por
gracia y a través de la fe.
• «Temed a Dios y dadle gloria». Este es un llamado a entregar nuestras vidas a
Dios y a prepararnos para el regreso de Jesús.
• «La hora de su juicio ha llegado». Precisamente después del chasco se descubrió
que 1844 señalaba el comienzo de un juicio en el cielo. La Iglesia Adventista
continúa creyendo y proclamando que «la hora de su juicio ha llegado».
• «Adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra». Esta es una referencia directa al
cuarto mandamiento. El mensaje final debe incluir un llamado a guardar los
mandamientos de Dios, incluyendo el referente al sábado.
• «Ha caído Babilonia». Babilonia y sus hijas representan los sistemas religiosos que
transmiten enseñanzas erradas. La iglesia de Dios del tiempo del fin habría de
restaurar la verdad que se «echó por tierra» (Dan. 8: 12). Esto incluye corregir las
•
interpretaciones relacionadas con la salvación, la muerte, el infierno, la segunda
venida y otras más. Babilonia caerá cuando la verdad sea restaurada.
«Si alguno adora a la bestia y a su imagen y recibe la marca en su frente o en su
mano, él también beberá del vino de la ira de Dios». El pueblo de Dios debe
advertir al mundo en contra de colocar las tradiciones por encima de la ley de
Dios. Esta es la oferta final de misericordia de parte de Dios. Los que deciden
seguir las tradiciones son colocados en contraste con los santos del versículo 12,
estos últimos son personas que «guardan los mandamientos de Dios y la fe de
Jesús».
Jesús dijo en Mateo 24: 14: «Y será predicado este evangelio del Reino en todo el
mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin». Esta profecía
se repite y se amplía en Apocalipsis 14. Apocalipsis 14: 14-16, describe la segunda
venida de Jesús en las nubes del cielo después de presentar la forma hermosa en que
el mensaje completo del evangelio es llevado por medio de la Iglesia Adventista del
Séptimo Día a todo el mundo.
Aplicaciones prácticas
Como un pastor amante, nuestro Salvador ha estado dirigiendo a su pueblo. Para
nuestra reafirmación, él ha dejado un registro de nuestra historia en las mismas
páginas de la profecía bíblica. Una comprensión más profunda de las profecías de
Daniel fue predicha en la Biblia. La gozosa expectativa por el regreso de Jesús y del
Gran Chasco que le siguió fueron predichos en la Biblia. El descubrimiento de que el
juicio había comenzado también fue predicho en la Biblia. También fue predicho en la
Biblia el redescubrimiento del mandamiento que declara al sábado como día de
reposo, además de muchas otras verdades. El restablecimiento del don de profecía a
su iglesia guardadora de los mandamientos se predijo en la Biblia, así como el alcance
mundial de nuestra labor. Ciertamente somos un movimiento profético. Dios ha
inscrito nuestra historia en las sagradas páginas de la Biblia, de manera que podamos
saber con certeza que él continúa dirigiéndonos en la actualidad. Sin embargo,
multitudes no poseen esa certeza y tampoco están preparadas para encontrarse con
Jesús cuando él regrese. Por tanto, tenemos un mandato divino para compartir
nuestro mensaje con el mundo. «Debes profetizar de nuevo» fue el mandato de
Apocalipsis 10. No cuando podamos, o que deberíamos, o podríamos. Tenemos que
hacerlo.
«El mundo debe ser advertido mediante la proclamación de este mensaje. Si lo
escondemos debajo de una manta, si escondemos nuestra luz debajo de un almud
[…] Dios nos hará responsables por esa negligencia al no advertir al mundo»
(Manuscript Releases, t. 19, p. 41).
La misión de la Iglesia Adventista del Séptimo Día es hacer un llamado a todas las
personas a ser discípulos de Jesucristo, proclamar el evangelio eterno en el contexto
del mensaje de los tres ángeles de Apocalipsis 14: 6-12, con el fin de preparar a la
humanidad para el pronto regreso de Jesús. Esa es la misión de la Iglesia Adventista
del Séptimo Día. Esa es nuestra misión.
De los Adventistas, Asociación General . Manual del discipulado (Spanish Edition) (p. 49).
IADPA. Edición de Kindle. CAPITULO 7.
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