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Historia Prerrománica en la Península Ibérica

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PREHISTORIA
DE ESPAÑA
TEMA 1.- INVASORES Y COLONIZADORES (1):
Indoeuropeos y fenicios.
1. Definición y origen de los pueblos indoeuropeos
Entre 1.250 y 238 a.C., y coincidiendo cronológicamente con la presencia de
pueblos colonizadores en las costas mediterráneas, se van a producir una serie de invasiones de gentes centroeuropeas que van a modificar substancialmente la composición peninsular y darán nuevo rumbo al comportamiento histórico de los pueblos ibéricos.
Se conocen como indoeuropeos a una serie de pueblos cuyos antepasados comunes hablaron una misma lengua y pertenecieron a una misma raza. De esta comunidad formaron parte algunos creadores de grandes imperios o culturas: germanos,
hititas, indos, medos, persas, griegos, eslavos, latinos, celtas, etc.
Los orígenes históricos de los pueblos indoeuropeos debemos buscarlos en las
estepas del norte del Cáucaso, donde la abundancia de minas de cobre permitió a esta
raza, fuerte y con espíritu de superación, alcanzar gran riqueza, progreso y poderío.
Hacia el 2.500, debido al aumento demográfico, se habían extendido por las tierras meridionales rusas del Don, Volga y Ural y comerciaban con el cobre y el ámbar, desarrollando al mismo tiempo una economía mixta. Agrícola y ganadera. En estos grupos de
gentes ricas surgen sociedades fuertes, patriarcales y jerarquizadas.
A partir del 2.300 - 2.000 estos pueblos bien conocidos se disgregan del grupo
originario indoeuropeo: indos, medos, persas, hititas, griegos, ilirios, y con el tiempo, la
dispersión de estos pueblos y sus contactos con otras civilizaciones, y la adaptación a
diversos medios geográficos y económicos fueron introduciendo nuevos modos de vida
y de civilización.
Su religión es de orientación naturalista, que comporta tres niveles: sacerdotes,
gobernantes y pueblo o guerreros. Tienen un culto al cielo y a los fenómenos atmosféricos que de él se derivan: trueno, lluvia, luna y sol.
Tales esenciales y más características concepciones del mundo y de la vida
serán traídas por los celtas a la Península, constituyendo grupos de población bien diferenciados de los aborígenes grupos mediterráneos.
2. Definición de los pueblos celtas
Hacia el 2.200 ocupan los celtas el centro de Europa, enmarcados aproximadamente por el Rin, el Danubio y los mares del Norte. Durante el Bronce Antiguo, a partir
de 1.800 hasta 1.450, prevalece allí la cultura de Unetice. Siguen siendo preferentemente ganaderos, pero los príncipes atesoran grandes riquezas por el comercio y reposan en lujosísimas tumbas. Estos pueblos que se mantienen en centro Europa durante esta época del Bronce Medio, desarrollarán la cultura típica de los Túmulos, pero
ahora ya desarrollan en Europa Central el auténtico bronce, sin duda por la posesión
abundante de minas de cobre y estaño que les permite la metalurgia y una amplia difusión de las armas y útiles de este metal.
Las gentes de la Cultura de los Túmulos levantan grandes necrópolis, con centenares de enterramientos individuales por inhumación en fosas, que luego son recu-
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biertas por montículos de tierra o piedra (túmulos). Pero hay una novedad, proliferan
cada vez más en esta época las incineraciones, que en determinados cementerios de
Bohemia y Eslovaquia igualan las inhumaciones. También en los Países Bajos, desde
finales del Bronce Antiguo, se desarrolla la Cultura de las Urnas, de incineración “bajo
túmulo” y este rito se extenderá a las Islas Británicas durante el Bronce Medio, donde
había llegado a través de relaciones comerciales marítimas. Es interesante conocer
esta faceta cultural atlántica de fines del II milenio a.C., porque parte de esta población
y cultura tumular penetrará en la Península Ibérica por el Pirineo occidental navarro.
Hacia 1.250, la economía de estas gentes centroeuropeas radica en la metalurgia y el
comercio de metales. Al final de esta etapa de los Túmulos en Europa occidental, hacia
el 1.200, comienza una fuerte emigración desde el centro de Europa hacia el mediodía
europeo, sobre los países mediterráneos: dorios, celtas, itálicos, venetos e ilirios.
También a partir de 1.250 a.C. se van a definir los protoceltas en la llamada cultura de los “Campos de Urnas”, que constituye una evidente continuidad de la Cultura
de los Túmulos. El crecimiento de la población celta les obligará a emigrar sobre Italia,
la Galia, Islas Británicas y España, en unos lentos pero ininterrumpidos movimientos de
gentes que duran varios siglos.
Esta Cultura de los Campos de Urnas se caracteriza porque practican la incineración o cremación del cadáver, cuyas cenizas depositan en el interior de una urna;
esta se coloca en una fosa que se recubre de tierra, pero sin formar túmulo. Las urnas
pueden ser globulares o bicónicas, con cuello cilíndrico. Al lado de la urna se depositan
sobre la fosa recipientes para ofrendas, generalmente pequeños. Sus poblados denuncian un mayor sedentarismo y mejor nivel de vida. Las casas son rectangulares y alargadas, del tipo megarón griego. Habitan poblados fortificados, y desarrollan una economía ya preferentemente agrícola.
Los movimientos de los protoceltas de los Campos de Urnas desde la región del
Rin sobre la Galia, Islas Británicas e Hispania han sido relacionadas justamente con la
irrupción doria sobre Grecia y con los consiguientes movimientos de los Pueblos del
Mar, así como la marcha de amplios grupos itálicos sobre Italia y la de los ilirios sobre
el Adriático.
2.1. Los celtas en la Península Ibérica
Hacia 1.200 las gentes indoeuropeas de la Campos de Urnas ocupan Cataluña
por el paso de Perthus en el Pirineo oriental. Las urnas cinerarias que delatan la presencia de estas gentes son bitroncocónicas con el cuello de embudo; el enterramiento
se hace a escasa profundidad, acompañado de armas o adornos según el sexo. Can
Missert en Tarrasa ofrece uno de los más antiguos cementerios; y por su perduración
hasta el 700 a.C. proporciona la más clara periodización y etapas de cambios sucesivos.
La pervivencia de estos ritos funerarios antiguos nos explican el hecho de que
fue Cataluña la más antigua región hispana indoeuropeizada.
La economía de estas gentes es preferentemente ganadera y pastoril en la montaña y decididamente agrícola en la tierras bajas del Segre, Cinca y Ebro. Las casas
son de idéntica calidad y tamaño, lo que indica ausencia de castas o clases sociales.
Novedad importante ofrecen los nuevos pobladores de Cataluña porque con ellos se
desarrollan en el Norte ibérico las agrupaciones urbanas que en el Sur y Levante habían iniciado los metalurgistas de los Millares y el Argar.
El pacifismo de estas gentes indoeuropeas se deduce del hecho de que apenas
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si poseen armas y murallas defensivas. Tienen sus poblados capacidad para albergar
pequeños grupos; seguramente en cada poblado se establece una unidad familiar, la
característica gentilidad.
Durante los siglos IX - VIII a.C. aprecia en Cataluña M. Almagro Gorbea una
evolución importante de los Campos de Urnas Antiguos; se conforma la llamada cultura
de los Campos de Urnas Recientes. Surge esta nueva fase cultural como resultado de
la evolución interna y de las influencias que a través del Pirineo llegan a Cataluña desde el Languedoc. El crecimiento y la superioridad cultural indoeuropea terminan imponiéndose a la población aborigen y extendiéndose por todo el territorio catalán. Incluso
penetra en el bajo Aragón y alcanza por el sur las tierras de Sagunto. Se registran progresivas migraciones de nuevos grupos celtas procedentes de la Galia que se asientan
en los valles de los afluentes del Ebro. Su penetración es lenta, constante pacífica y en
pequeños grupos gentilicios. Ocupan tierras llanas cultivables del curso de los ríos y
eluden asentarse en los bordes montañosos donde se albergan las viejas poblaciones
autóctonas pastoriles. Hacía el 850 a.C. les vemos en Azaila (Teruel), en Cortes de
Navarra, y en el Roquizal de Ralla (Logroño). Estos poblados tienen larga duración y
empalman con los comienzos de la Edad del Hierro hacia el 750 a.C.
Prevalecen las cerámicas excisas y el enterramiento tumular. Los poblados son
de unas 20 casas rectangulares asentadas en pequeñas elevaciones junto a los ríos y
buenos pastizales. La economía es agrícola y ganadera, y la metalurgia se acredita por
los frecuentes hornos y moldes de fundición.
Otro rasgo característico de los pueblos indoeuropeos es la inexistencia de clases sociales. La igualdad de las viviendas y la sobriedad de los ajuares en las sepulturas acreditan este extremo.
Entre el 750 y 500 a.C., en la Primera Edad del Hierro, se producen nuevas
afluencias de gentes indoeuropeas, ya claramente definidas como celtas, que entran
por todos los pasos del Pirineo. Estos grupos según Almagro Gorbea no llegan del Rin
sino de Aquitania y el Languedoc. La superpoblación que producen en el Valle del Ebro
les obliga a moverse sobre los pasos del Sistema Ibérico; terminando por ocupar toda
la Mancha, mientras que otros grupos, después de atravesar la Meseta, alcanzan la
franja Atlántica y cantábrica; con ellos se produce una auténtica celtización y cambio
étnico en todo el occidente peninsular al norte del Tajo.
Miguel Beltrán trata de recomponer la historia de algunos de estos pueblos que
entre el 800 y el 500 han llegado al Ebro procedentes de Westfalia y el occidente galo.
Habrían penetrado diversos grupos por el Pirineo occidental y desde el Ebro habrían
descendido hasta tierras de Aragón. Los detecta en el Redal de Ausejo (Logroño) y en
Cortes de Navarra, para luego infiltrarse entre las gentes de los Campos de Urnas de
Chiprana y Fábara. Van asentándose en los bordes meridionales del Ebro: los berones
en La Rioja; los sedetanos en el bajo Aragón. También los conocidos celtíberos propios: beles, titos, lusones. Hacia la Meseta Norte se han orientado los arévacos, vacceos y pelendnes. También a juicio de Beltrán, sobre las tierras del Segre parecen configurarse los futuros ilergetes.
2.2. La ocupación celta de la Meseta y los bordes atlánticos
El asentamiento de pueblos celtas en la Meseta Norte y sobre los bordes atlántico y cantábrico es un hecho evidente históricamente. En la Meseta del Duero, hacia el
700, se produce el final de la cultura denominada “Cogotas”, que ofrece como sus principales testimonios en yacimientos próximos a los bordes montañosos de la cuenca del
río Duero. A partir de esta fecha nace una nueva cultura agrícola, a la que da nombre el
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yacimiento de “El Soto de Medinilla” (Valladolid). Difundiéndose esta cultura por todo el
Valle del Duero, con una economía preferentemente pastoril.
Parece clara la raigambre indoeuropea de los creadores de la cultura del Soto de
Medinilla a los que Palol califica de celtas. Son los agricultores conocidos en tiempos
históricos como vacceos, arevacos, túrmogos, etc. A su llegada siguen con una agricultura cerealista de trigo y cebada y utilizan el bronce, hasta que hacia el 500 a.C. acceden al uso del hierro.
La Submeseta Sur parece recibir inmigrantes indoeuropeos procedentes del Valle del Ebro, que han ascendido por la cuenca del río Jalón, ocupando las tierras de
Cuenca, Albacete y Madrid primero, y luego el resto de Castilla la Nueva.
Otras estirpes indoeuropeas habían cruzado el Sistema Ibérico hacia las tierras
castellanas del Sur, camino de Extremadura y la frontera de Portugal.
La penetración celta en Andalucía ha sido reiteradamente señalada por diversos
autores. Las fuentes clásicas indican esta presencia de pueblos celtas que no debieron
llegar antes del siglo VI a.C.
Existen pocos datos para fijar el camino y momento de los elementos indoeuropeos que se detectan en Galicia, Asturias y Cantabria. Sobre los galaicos, cuyo territorio encierra el cuadrante Noroeste desde el norte del río Duero hasta el río Navia en
Asturias, con unos 1.000 a 5.000 castros o poblados pequeños en elevaciones fortificadas, se sabe que llegaron a constituir al menos 40 unidades gentilicias de nombre conocido por la epigrafía y las fuentes clásicas.
3. La presencia en España de algunos “Pueblos del Mar”
Algunos testimonios arqueológicos, de la toponimia o de la tradición legendaria
nos permiten suponer la llegada a la Península Ibérica, concretamente al Mediodía y
costas mediterráneas, de grupos de población de raigambre indoeuropea. Pero no llegados del continente, a través de los Pirineos, sino originarios de las tierras del Mar
Egeo y de las costas de Asia Menor; del grupo de gentes a quienes los egipcios denominaron “Pueblos del Mar” o “Pueblos del Norte”.
Con la invasión doria sobre Grecia, se arruinó el reino de Micenas y, con la superpoblación de Grecia y sus islas, muchos helenos hubieron de emigrar, y así desde
comienzos del siglo XIII a.C. embarcan en sus naves en busca de nuevas tierras en
que asentarse. Sabemos que varios de estos Pueblos del Mar se desplazaron después
de 1.188 a.C. al mediodía de Iberia; hacia tierras bien conocidas por su riqueza agrícola y minera. Así la eclosión cultural que registra Andalucía en el siglo X a.C. contrasta
con la continuidad étnica y de nivel de vida que prevalece en los yacimientos de los
siglos XIV y XIII correspondientes al Bronce Medio, y esta evolución cultural no se explica por el continuismo, sino por la llegada de nuevas gentes, que explica de igual modo la pronta aparición del hierro, la difusión precoz del carro de guerra y el uso del alfabeto; ya desde el siglo XI a.C., cuando aún no existen ciudades fenicias estables en
Iberia.
En resumen, con la llegada de indoeuropeos del Oriente se explicaría la amplia
difusión de elementos minorasiáticos o griegos.
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4. Los comienzos de la colonización fenicia y la fundación de “Gadir”
No se poseen textos que documenten las causas que impulsaron a los fenicios a
emprender sus exploraciones ultramarinas hasta el extremo occidental del Mediterráneo. Sólo hay referencias vagas, sobre todo en las fuentes bíblicas, que aluden a empresas comerciales en época de Hiram de Tiro. En general parece que fue la búsqueda
de metales una causa principal en su salida a ultramar.
Desde comienzos del siglo VIII a.C. se advierte una época crucial en la colonización fenicia del Mediterráneo y los testimonios arqueológicos así lo aseguran. La expansión fenicia por el Mediterráneo supondría la contrapartida por la pérdida de los
mercados del Mar Rojo. Los más antiguos restos fenicios por el Mediterráneo Central
se documentan desde la primera mitad del siglo IX a.C., y desde fines de este siglo o
comienzos del VIII se datan los de la Península Ibérica. Los metales fueron, pues, los
productos codiciados por los fenicios en sus expediciones a Occidente.
Se argumenta también que la colonización se vio impulsada por los acontecimientos del Próximo Oriente, es decir, a causa de la presión militar asiria sobre las ciudades-estado fenicias, y que afectaron fundamentalmente a las tierras cultivables del
interior, lo que dio lugar a un aumento demográfico de las ciudades costeras y a la
búsqueda de nuevas fuentes de abastecimiento. Se produjo, pues, en la Península Ibérica, una colonización agrícola impulsada por la necesidad de hallar nuevas tierras
habitables y aptas para el cultivo. Ello explicaría que en el sur peninsular se advierten
numerosos yacimientos fenicios en las vegas de los ríos de la costa de Málaga a Almería, y desde luego en Cádiz y bajo Guadalquivir, como es el caso de Carmona.
4.1. La fundación de Gadir
La fundación de Gadir tuvo lugar en el año 1.100 a.C., según ha trasmitido Veleyo Petérculo, un historiador latino del siglo I d.C. Gadir según una antigua tradición fue
fundada después de dos intentos previos en Sexi (Almuñécar) y Onuba (Huelva). En el
texto se narra que la incitativa partió de los fenicios de Tiro y que la fundación debía
tener lugar junto a las columnas de Hércules. Lo que parece cierto es que la fundación
de Gadir acaeció después de dos intentos fallidos.
Estos datos han constituido un punto de partida para el estudio de la colonización fenicia en la Península Ibérica, y el problema se debate entre quienes defienden
esta cronología antigua y los que indagan en los testimonios arqueológicos, más objetivos, y que no se datan más allá del 800 - 775 a.C.
Cádiz adolece de investigación arqueológica en sus estratos más antiguos, y los
restos arqueológicos conocidos, que proceden en su mayoría de necrópolis, no son
más antiguos del siglo VI a.C. De modo que la falta de datos es todavía para algunos la
esperanza de hallar en los estratos más arcaicos las pruebas de una cronología en torno a 1.100 a.C.
En cuanto a la elección de la isla, las investigaciones arqueológicos permiten
señalar algunas razones. Parece evidente que el primer viaje hasta Sexi fue de simple
prospección, de tanteo de las posibilidades comerciales y de establecimiento, desconociéndose la geografía de la costa y la ubicación de los poblados indígenas, mientras
que la llegada a Onuba (Huelva) respondía a un conocimiento certero de las riquezas
del lugar. Huelva debe identificarse con Tartesos, el emporio que controlaba la metalurgia de la plata y en donde no habría sido fácil un comercio ventajoso en los momentos iniciales. La navegación hasta Huelva les dio a conocer la zona costera del Guada-
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lete al Guadalquivir, bastante poblada y poseedora de una extraordinaria riqueza agrícola y ganadera, además de un paso fácil hacia las minas de Aznalcóllar, eludiendo la
ruta de Huelva (Tartesos) a Riotinto mediante el río Tinto, bajo el dominio de Tartesos.
Gadir se fundó en una isla, según el patrón de asentamiento usual en su patria, cercana a una costa habitada a la que podía confluir un comercio activo del interior y con ríos
navegables un buen trecho que conectaban la costa con el Aljarfe, Alcores y sierra gaditana. Gadir constituyó, pues, una situación ventajosa además, como puerto bien situado, para el control costero y las navegaciones de ultramar hasta Marruecos, Mediterráneo central y la metrópolis oriental.
4.2. Las colonias fenicias mediterráneas
Las costas peninsulares del llamado “círculo del Estrecho”, desde Huelva hasta
Almería, y casi con total seguridad hasta Alicante, fueron al parecer, las que soportaron
la presencia de los colonos fenicios desde finales del siglo VIII a.C.
Durante la segunda mitad de nuestro siglo, la arqueología ha descubierto una
larga serie de pequeños establecimientos fenicios en esta área des sur peninsular. Esto
no debe sorprendernos, ya que una de las colonias fenicias más importantes era Cartago, situada en el norte de África, cerca de la actual ciudad de Túnez. Por otra parte,
sabemos a través de las excavaciones arqueológicas que existían colonias en el islote
de Mogador, cerca de la costa meridional marroquí. En el litoral atlántico de África, los
fenicios fundaron una próspera ciudad, Lixus, exhumada hoy en gran parte por los arqueólogos.
Así pues, la presencia fenicia en las tierras del otro lado del Estrecho (Huelva,
Cádiz, Málaga y Almería) resulta algo natural. Quizás lo que llama particularmente la
atención es el tipo de colonias que fundaron en Andalucía. En ningún caso parece que
se tratara de auténticas ciudades, con la excepción de Cádiz. Con frecuencia formaban
sólo pequeños núcleos situados en los cerros cercanos a la costa, siempre en altozanos dominantes, pero en contacto con el mar. Tanto por su tamaño reducido, como por
la monotonía de sus productos cerámicos, no es fácil establecer con precisión como
fue su evolución. La mayoría parece que tuvieron momentos de gran auge entre los
siglos VII y VI a.C.
Si se observa con detalle uno de estos pequeños establecimientos, nos damos
cuenta que el almacén es quizá la estancia más importante. En él se guardaban los
recipientes de vino y aceite, base de las exportaciones fenicias. Sin embargo, sus
necrópolis revelan que comerciaban con otros muchos productos, como joyas orientales, amuletos egipcios, huevos de avestruz pintados procedentes del norte de África y
objetos de marfil.
Una de estas pequeñas factorías fue localizada en un cerro llamado “san Cristóbal”, cerca de la actual población de Almuñécar, en el litoral granadino. A principios de
los años sesenta se excavó este yacimiento, del que se exhumó una necrópolis fenicia
con unas veinte tumbas. Era por tanto, un núcleo relativamente pequeño, ya que otros
yacimientos fenicios, como el de Villaricos, tenían más de dos mil sepulcros, y en Galera había más de trescientos. Las tumbas del cerro de San Cristóbal estaban alineadas
y separadas unas de otras unos seis metros. Consistían en unos pozos de 1,50 metros
de diámetro, con una profundidad que oscilaba entre los dos y los cinco metros. Al fondo de cada uno de ellos hay unos nichos que harían las veces de cámaras funerarias.
En el interior se encontraron urnas cinerarias con los huesos calcinados del difunto,
protegidas por medio de piedras. Junto con los restos óseos se depositaron los objetos
de uso personal del difunto (brazaletes, anillos, amuletos, escarabeos, etc.). También
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había diversos vasos con ofrendas (aves, huevos de avestruz pintados y ocre). Quizá
entre los objetos más importantes de esta necrópolis figuran unos vasos de alabastro
hechos en Egipto, que llevan inscripciones jeroglíficas con el nombre de los faraones
reinantes y escarabeos, es decir, amuletos que representan el escarabajo solar egipcio.
Todos estos elementos exóticos ponen de manifiesto las complejas relaciones
comerciales de las ciudades fenicias y, también ayudan a precisar la cronología de los
contactos coloniales.
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TEMA 2.- LA CIVILIZACIÓN TARTÉSICA
5. TARTESOS EN LAS FUENTES ESCRITAS
Tartesos es uno de los grandes tópicos de la Historia de España antigua. Ya en
1.580 el Jesuita Pineda defendió la teoría de que la Tarsis bíblica era Tartesos y que se
localizaba en el sur de la Península Ibérica. En el siglo XX, el hispanista alemán A.
Schulten publicó en 1.922 “Tartesos”, llamando la atención sobre este misterioso reino
que había cautivado poderosamente el interés de los autores antiguos.
En estos últimos decenios se ha trabajado en Andalucía y en la costa ibérica,
avanzando considerablemente en el conocimiento material de las poblaciones de finales de la Edad de Bronce, a partir de los siglos X-IX a.C. Queda en pie el problema de
casar los datos, que se obtienen de la arqueología, con los de la fuentes literarias, escasas y fragmentadas. Por vez primera, el historiador empieza a tener una base científica cierta apoyada en la arqueología, que le permite reconstruir lo que debía ser Tartesos.
Las fuentes sobre Tartesos se agrupan en tres categorías: fuentes bíblicas, griegas y latinas.
Recientemente M. Koch, siguiendo a Schulten, ha vuelto a defender que la Tarsis bíblica es Tartesos, pues piensa este autor que la gran abundancia de plata, de la
que hablan los textos bíblicos, sólo pueden proceder de España.
Se suele considerar como fuente importante, para todo lo referente a Tartesos,
el poema redactado por Rufo Avieno, autor que vivió en el siglo IV y que hacia el año
400 visitó Cádiz, cuando ya la ciudad había perdido gran parte de la pasada grandeza y
quedaba en pie el Heracleion, uno de los más famosos templos semitas de la antigüedad. El problema de la “Ora Marítima” es precisar que fuentes utilizó. Varios autores
(Schulten y García Bellido entre otros) defienden que la fuente principal es de origen
fenicio, muy arcaica, seguramente redactada en el siglo VI a.C., lo que explicaría que
los pueblos que se mencionan en ella ocupando las orillas del Guadalquivir o Betis no
se recogen en fuentes posteriores, y que no se cite a Emporion (Ampurias), ya que el
original fenicio remonta a una fecha anterior a su fundación por los griegos focenses,
que acaeció poco después del 600. Otros autores antiguos defienden la misma teoría
de ser Tartesos Gadir, fundación fenicia del año 1.100 a.C., magníficamente situada, ya
que controlaba la desembocadura del Betis y toda la navegación por el Atlántico y por
lo tanto toda la salida de los metales procedentes de Sierra Morena. Cádiz no ha dado
hasta el momento presente material contemporáneo e su fundación, que según los
últimos descubrimientos existía por lo menos desde el siglo IX a.C.
6. EL MARCO ARQUEOLÓGICO TARTÉSICO DE FINALES DE LA EDAD DEL
BRONCE
Martín Almagro distingue varios periodos:
El comienzo del final de la Edad de Bronce hispánico se fecha en torno al 1.000
a.C. y se caracteriza por una cerámica fabricada a mano con carena y bruñidas. Entre
los años 900 y 750 a.C. corre la etapa protoorientalizante, y que se caracteriza por la
cerámica bruñida. En Cástulo, Carmona y el Carambolo se detecta ya el influjo orientalizante, debido a los fenicios, asentados en la costa. Se explotan a gran escala, con
procedimientos nuevos traídos de oriente, las minas de Huelva, de Sierra Morena y de
Cástulo.
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En este periodo, seguramente antes, llegan al Sur gentes célticas, procedentes
de la Meseta, documentado por las cerámicas grafitadas e incisas. Se asientan en las
zonas mineras. Según A. Blanco y Sangmeister, estas gentes podían ser mercenarios
contratados por los más pudientes del Sur. A ellos pertenecerían las llamadas estelas
extremeñas, que se localizan también fuera del área de Extremadura portuguesa y española.
En las estelas aparecen escudos, muy similares a los utilizados por los asirios,
bien conocidos por los fenicios y que estos repartieron por el Mediterráneo. Los fenicios, o mejor los tartesios, los entregaron seguramente a los jefecillos de las tropas
mercenarias que defendían los cotos mineros.
El tercer periodo, que abarca entre los años 750 - 600 a.C., es orientalizante.
Los fenicios comerciaban intensamente con los pueblos del interior y originan una cultura orientalizante que comprende todo el sur de España y Portugal, desde el Tajo al
Mediterráneo.
Entre los años 630 a.C., fecha aproximada del viaje de Colaios de Samos, y el
520 a.C., los focenses comercian directamente con Tartesos, en busca de metales,
como lo indican las numerosas cerámicas griegas de Huelva, Málaga y el Cerro Macareno (Sevilla). Esta época conoce el torno, la escritura, la cerámica pintada, que en
Cástulo copian claramente a las telas, todo traído por los fenicios. Las telas son uno de
la principales productos del comercio de Tiro.
Los tartesios adquieren productos elaborados por los fenicios, principalmente de
Cádiz, lo que prueba que se elevó el nivel adquisitivo de los indígenas. Posiblemente
artesanos de origen oriental trabajaron entre las poblaciones indígenas para los reyezuelos. Este periodo es el Tartésico, por excelencia, según F. Presedo, quien defiende
que la siguiente etapa, que comprende desde el 600 al 450 a.C. es también tartésica.
Esta etapa conoce ya el uso del hierro, traído por los fenicios, documentado poco después del 700 en Sexi (Almuñécar) y en Villena. Su uso no se generalizó hasta el periodo siguiente: ibérico o turdetano.
7. CONSTITUCIÓN POLÍTICA. CLASES SOCIALES
La monarquía fue la forma política de gobierno en Tartesos. El monarca más famoso fue Argantonio, nombre que alude a la riqueza en plata de su pueblo. Se conocen
los nombres y los hechos de otros personajes tartésicos, como Gargoris, el cual descubrió el aprovechamiento de la miel. Su hijo Habis, modelo de monarca legislador, enseñó a su gente a cultivar la tierra con bueyes uncidos al arado, prohibió a los nobles el
trabajo y dividió a su pueblo en siete ciudades. La monarquía tartésica era de carácter
hereditario y arrancaba seguramente de comienzos de la Edad del Bronce.
Del monarca tartésico Argantonio se conocen algunos rasgos. Su figura es legendaria, pero ya con fundamento histórico. Debió nacer hacia el 670 a.C. y gobernó,
según la leyenda, desde el 630 a mediados del siglo VI. Herodoto, al referirse a su reinado, escribe que tiranizó “durante 80 años a su reino”. La tiranía para Herodoto posee
un sentido muy preciso y se aplica a los tiranos de la época arcaica griega: Pisístrato
en Atenas, Políctrates en Samos. Para Tucídides la Tiranía es un producto de la creciente riqueza originada por el comercio, lo que encajaba bien en la personalidad de
Argantonio, que disponía de fabulosas riquezas, pues Tartesos era Eldorado del Mundo
Antiguo. El Mediterráneo era pobre en minas, y ésta quedaban lejos de los pueblos
asentados en las orillas orientales.
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Otro rasgo del carácter de Argantonio es el que intentase asentar a los focenses
en su reino. La presencia de estelas en Tartesos, en las que se representan armas,
indican claramente el carácter militar de su reino, apoyado en tropas mercenarias. Su
nombre, Argantonio, parece indicar que es un monarca de origen céltico, de las poblaciones indoeuropeas llegadas a Tartesos, o quizás un jefecillo militar, que como tantos
tiranos alcanzó el poder.
Hoy en día, y a la luz de las investigaciones, no se piensa que Argantonio controlase todo el reino de Tartesos; probablemente gobernarían al mismo tiempo varios
reyes, que controlarían un territorio más o menos extenso. Seguramente Tartesos se
asemejaría a la Etruria arcaica, donde gobernaban 12 reyes. Argantonio sería el monarca más rico, por controlar importantes explotaciones mineras o el más famoso por
sus relaciones con los focenses.
Es probable que el carácter de la monarquía de Tiro influyera en la tartésica,
pues el influjo fenicio en la religión fue extenso y profundo. Estos monarcas, estarían
rodeados de una corte de noble, de clientes y de esclavos, de cuya existencia quedan
huellas claras en las diferentes sepulturas de los túmulos de Carmona. El papel desempeñado por esta nobleza tartésica se escapa totalmente, aunque quizá seria parecida a la oligarquía mercantil de Tiro, si bien el poder de estos reyezuelos seria absoluto.
El lujo que rodeaba a estos monarcas era grande, así lo indica la riqueza de los
túmulos Carmona. Vivían, al igual que los aristócratas, rodeados de productos orientales, que les proporcionaban los fenicios desde la costa. Los tesoros de El Carambolo o
del Cortijo de Évora, o de la Aliseda, a los que nos referimos más adelante, son pruebas de una gran riqueza y de su preferencia por los modelos importados. La suntuosidad es otra de la características de estos reyezuelos. Probablemente estuvieron divinizados, como se desprende de las grandes tumbas, pues parecen indicar que fueron las
sepulturas de importante personajes heroizados.
8. LA CUESTIÓN DEL MERCENARIADO. ARMAMENTO
El poder de los monarcas tartésicos se apoyaba en la existencia de mercenarios
celtas, de cuya presencia son buena prueba las estelas grabadas con armas: espadas,
arcos, escudos, cascos y lanzas. En algunas estelas se representa al enemigo muerto,
en tamaño diminuto, según costumbre del arte griego y fenicio. La panoplia de estos
guerreros, junto a armas, es de clara procedencia atlántica, como las espadas; las restantes armas representadas, probablemente fueron traídas por los fenicios de Oriente.
Con ellas se armaron los mercenarios, que defendían a los monarcas tartésicos y que
proporcionaban a los fenicios de la costa las mercancías que ellos buscaban.
J.M. Blázquez ha defendido el origen oriental de los escudos representados en
las estelas y de los carros. Los escudos, por la forma de sujetarlos, sólo por el centro,
son los mismos que los utilizados por los asirios en el asalto de las ciudades, bien documentados en los relieves asirios. Los carros siguen los modelos del representado en
un pyxis del palacio de Nimrud, obra fenicia, y de los relieves neohititas de Karkemis.
Los arcos de las estelas son doble, y cuyo tipo está bien atestiguado repetidas
veces en los citados relieves asirios.
Cascos con cuernos, que se encuentran en las estelas hispanas y que aparecen
en el mundo oriental, así como también los cascos corintios aparecidos en Tartesos. El
hallado en Jerez de la Frontera se fecha en la primera mitad del siglo VII a.C. El encontrado en la Ría de Huelva pertenece al siglo VI a.C. Las espadas eran de origen atlántico, como lo indica el hallazgo de la Ría de Huelva, del siglo IX a.C., que también con-
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tiene cascos.
Los tartesios utilizaron ya ingenios de asalto a las ciudades, introducidos en Occidente por los fenicios. Macrobio refiere el uso de arietes contra Cádiz por el monarca
tartesio Terón. Estos ingenios fueron después utilizados por los cartagineses, según
Diodoro, en las guerras greco-púnicas de Sicilia del sigo V a.C., donde participaron
gran número de tropas celtíberas, llamadas simplemente celtas por Diodoro, e íberas.
9. ECONOMÍA, COMERCIO Y PRODUCCIÓN ARTESANAL
La “Odisea”, en época de la gran colonización griega, descubre a los fenicios
como hábiles navegantes, expertos comerciantes y piratas. También indica esta obra
que los comerciantes fenicios empleaban un año entero en vender su cargamento. El
comercio de los mercaderes fenicios con Tartesos debía ser mas constante y encontrarse en manos particulares. Probablemente el Heracleion gaditano desempeñó un
papel importante en el comercio con Tartesos. Comercio que por otra parte debió ser
de intercambio, no monetal, pues Tartesos no conocía las monedas.
Probablemente muchos de los objetos que los arqueólogos encuentran depositados en las tumbas tartésicas eran dones regalados por los fenicios a la aristocracia
de Tartesos. Seguramente eran utilizados como medios de intercambio. Los reyezuelos
y la nobleza tartésica recibían estos regalos y los intercambiaban por minerales, esclavos y salazones. Los fenicios estaban interesados en obtener esclavos, probablemente
de Tartesos.
Los bienes cedidos a los tartesios serían muy variados: bronces, trípodes, calderos, vasos de alabastro o de cristal de roca, joyas, amuletos, marfiles, telas y posiblemente también el vino y el aceite, introducidos en Tartesos por los fenicios.
Otro tipo de producto de intercambio eran las joyas, ya que los fenicios tenían
fama de ser hábiles orfebres. Los comerciantes fenicios de Siria intercambian joyas,
collares, objetos de adorno, etc., para las mujeres. Los alasbastrones de Huelva, de
Carmona, etc., nos dan a conocer que los perfumes eran otro de los productos que introdujeron los fenicios, y con los cuales comerciaban.
El incienso también fue un producto del comercio fenicio, como se desprende de
la presencia de quema perfumes en Huelva, Cástulo, etc.
Es probable que estos bienes circulasen en Tartesos como dinero. Estos regalos
en principio, eran símbolos de riqueza, de prestigio y de tesaurización. A estos regalos
y al comercio se debe la aparición de un periodo orientalizante en Tartesos. Este reino
comerció mucho más intensamente con los fenicios que con los griegos. Los objetos
griegos en Tartesos, salvo en Huelva y en Málaga, donde la cerámica griega es abundante, son muy escasos en número.
En lo que respecta a la comercialización del estaño atlántico (uno de los principales productos buscados por los fenicios en Occidente), J. Alvar sostiene que se trata
de una actividad compleja, que se realizaría por una doble vía. Los tartesios seguirían
una ruta terrestre (la posterior vía de la Plata), a través de la cual drenarían la producción procedente del Noroeste, mediante un comercio extremadamente segmentado,
responsable de la distribución de los materiales orientalizantes en el interior.
En cuanto a la producción artesanal en Tartesos, en muy evidente el sello fenicio
en estas obras, así vemos como el artesanado de Tartesos produjo un gran cantidad
de bronces, siendo difícil conocer las piezas que salieron de talleres fenicios, probablemente asentados en Cádiz, de artesanos indígenas, o de importaciones.
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Uno de los bronces de mejor arte y técnica es la cierva del Museo Británico, trabajada en hueco y formada de varias piezas ensambladas, según la técnica de trabajar
el bronce en la Grecia arcaica.
En Tartesos se utilizaron grandes calderos de bronce de lejano origen asirio,
muy de moda en el periodo arcaico. Cuencos semejantes a la páteras fenicias han aparecido en Cástulo con el Caldero decorado por las Astartés. Los artesanos tartesios
produjeron una gran cantidad de jarros en plata y bronce, utilizados en los rituales funerarios, al igual que los llamados “braserillos”, donde probablemente se quemaban perfumes. De esta misma época, se conocen varios broches de cinturón decorados con
motivos orientales, esta decoración de broches, aparecidos en diferentes lugares indica
cómo el influjo fenicio fue extenso y profundo y afectó a la decoración de los mas variados objetos.
La orfebrería tartésica se desarrolló profundamente, siguiendo técnicas fenicias,
produjeron gran cantidad de piezas, y que debieron de ser objeto de regalo a jefecillos
locales y su fabricación se piensa que fue en talleres peninsulares.
Dos grandes conjuntos de joyas se conservan. El más antiguo procede de la Aliseda, y se fecha en torno al 600 a.C., y el segundo, de fecha posterior (600-550 a.C.)
apareció en El Carambolo.
Las joyas de la Aliseda son muy variadas: un cinturón, una diadema, pendientes,
brazaletes, colgantes, sellos y sortija. El uso de la diadema fue introducido por los fenicios y gozó después de gran aceptación entre los íberos.
El segundo grupo, el de El Carambolo se compone de un pectoral, un collar y
ocho placas. Se diferencia del grupo anterior por la decoración. El collar formado por
una cadena doble, del que cuelgan siete anillos giratorios, frecuentes en la escultura
chipriota y en joyas de Etruria, de Grecia y de Siria.
Los dos grupos componen un conjunto homogéneo. Proceden del mismo taller,
situados a orillas del Betis, y los dos pectorales son probablemente obra del mismo artesano.
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TEMA 3.- INVASORES Y COLONIZADORES (2).
Griegos y Cartagineses.
10. LA COLONIZACIÓN GRIEGA
10.1. INTRODUCCIÓN
La llegada de gentes colonizadoras y de productos griegos a la Península es un
hecho arqueológicamente comprobado. La presencia griega en España tiene unos fundamentos (como los de toda colonización) claramente económicos. La expansión comercial a través del Mediterráneo de un pueblo con un alto grado de desarrollo técnico,
social y artístico que exporta fundamentalmente productos manufacturados a cambio
de valiosas y rentables materias primas. El mar va a ser el camino de una corriente cultural y humana que, a lo largo de varios siglos, servirá de puente entre los mundos
griegos e ibérico. También es de destacar la importante función que la presencia griega
vino a desempeñar en la formación y en el desarrollo de la cultura y el arte ibérico.
La presencia griega en España está documentada por dos tipos fundamentales
de datos: por un lado las fuentes literarias, esto es, aquellos testimonios antiguos que
hacen referencia, de forma más o menos explícita, a los viajes de los navegantes griegos por el Occidente; por otro lado, las fuentes arqueológicas, es decir materiales que,
descubiertos en las excavaciones, aportan paulatinamente nueva luz sobre la naturaleza y el valor del comercio griego en el extremo occidental del Mediterráneo.
11. LAS FUENTES LITERARIAS
El estudio global más extenso que se ha realizado hasta hoy sobre las fuentes literarias es obra del profesor Antonio García Bellido. Su libro Hispania Graeca puede
considerarse una síntesis sobre la colonización griega en España en la década de
1.940.
Las fuentes literarias son fundamentalmente de dos tipos: por un lado, la narración mítica o poética en la que la realidad queda desfigurada, y por otro las noticias de
geógrafos e historiadores de la antigüedad que transmiten por lo general noticias muy
anteriores a su época. Tal es el caso de la Ora marítima del tardío poeta latino Avieno,
quien puso en verso un antiguo periplo de navegantes griegos. Su primitivo autor, un
marino posiblemente de Marsella, hizo una descripción detallada de la costa desde Tartesos hasta aquella ciudad, señalando los lugares que iban apareciendo ante la nave
griega en su recorrido. Basándose en este periplo se ha conjeturado la localización de
primitivas colonias (Mainake, Homeroskopeion, Akra Leuke, etc.) cuya existencia no ha
sido constatada aún en muchos casos por la arqueología.
A estos datos poco concretos, hay que añadir los relatos de algunos historiadores antiguos en los que la realidad se mezcla con elementos imaginativos por lo que
resulta necesario realizar previamente una cautelosa interpretación de los textos a la
hora de extraer de ellos unos resultados históricos válidos. Uno de los relatos más significativos de este tipo fue escrito por Herodoto (primera mitad del siglo V a.C.), quien
nos cuenta en sus historias el viaje improvisado de Kolaios, marino de la isla de Samos, quien deseando viajar hacia Egipto, fue sorprendido por los vientos del Este y
condujeron a la nave de los samios más allá de las columnas de Hércules, donde finalmente arribó Kolaios como naufrago ante las mismas costas de Tartesos. Allí comerció Kolaios y sus compañeros con los indígenas, tras lo cual emprendieron viaje de
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vuelta a Samos con pingües ganancias. La narración de Herodoto, adornada con numerosos elementos imaginativos, refleja el atractivo poderoso (idealizado con la riqueza que comporta el comercio) que impulsa a diversas ciudades de Asia Menor de la
Grecia arcaica a buscar en un occidente paradisíaco una salida vital para sus excedentes de población y para su pobreza.
12. LA COLONIZACIÓN FOCEA EN LA PENÍNSULA IBÉRICA
Inician su etapa colonial cuando otros elementos griegos, principalmente eubeos
de Calcis y rodios, ya estaban prácticamente concluyendo su proceso colonizador.
Herodoto insiste en que los foceos fueron los primeros griegos que llevaron a
cabo navegaciones lejanas, descubriendo el Golfo Adriático, Tirrenia, Iberia, Tartesos.
Afirmaciones que no concuerdan con otras fuentes escritas y/o arqueológicas. Sin embargo, es posible que sea relativamente válido para el extremo occidental del Mediterráneo, ya que los foceos, al iniciar su fase colonial más tardíamente, se ven obligados a navegar a regiones más alejadas que en periodos precedentes.
12.1. La colonización focea en el Sur peninsular (siglos VII - VI)
Desde el último cuarto del siglo VII a.C. parece claro que los foceos visitan y
comercian con el reino de Tartesos regularmente, con tanto éxito que, Herodoto describe la amistad que los colonos - comerciantes focenses habían entablado con el rey de
Tartesos Argantonio. Amistad que llevó al rey tartésico a ofrecerles tierras para que se
instalaran en su reino ante la amenaza persa.
De estos testimonios podemos atisbar que el comercio focense con el reino de
Tartesos tuvo que ser muy intenso durante la primera mitad del siglo VI a.C., en competencia con el llevado a cabo por los fenicios. En el área de Huelva los hallazgos son
mucho más importantes en estos momentos que los que se producen en las factorías
fenicias del sur peninsular.
Así, desde el 580 a.C. se reciben piezas de verdadero lujo, fabricadas en el Ática, como el ánfora decorada con klitias, copas y shyphoi; junto a estas ricas cerámicas
se reciben también mercancías más corrientes de la Grecia del este: copas jonias,
ánforas samias, jonias, quiotas, etc.
Es en estos momentos cuando García y Bellido sitúa la fundación de Mainake,
junto a Málaga, colonia más occidental del Oikumene como apoyo para el comercio
griego. Estrabón no sólo menciona la existencia de Mainake, en cuyas ruinas puede
reconocerse fácilmente la planta griega, sino que también considera fundación focea a
Abdera.
12.2. La colonización focense en el Sureste y Levante peninsular (siglos VII-
VI)
Casi simultáneamente a los viajes realizados al sur de la Península por samios y
foceos, estos últimos inician sus viajes hacia el extremo noroccidental del Mediterráneo. Las excavaciones de Gravisca, cerca de Tarquina, han puesto de manifiesto la
presencia griega oriental desde comienzos del siglo VI a.C., lo que implica que las primeras navegaciones de toma de contacto e produjeron en el siglo VII a.C. Quizá el fruto de esos viajes fue la fundación de la colonia de Massalia (Marsella), cerca de la desembocadura del río Ródano, en el transito de los siglos VII-VI.
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Massalia crece rápidamente, con una gran prosperidad económica basada en la
explotación de los mercados “bárbaros”. Fruto de ese crecimiento, y pocos años después, fundan más al occidente Emporion (Ampurias), en el golfo de Rosas, primero en
un pequeño islote (Palaiópolis). Unos años más tarde se instalan en tierra firme (Neápolis).
Los restos arqueológicos más antiguos documentados nos llevan a establecer la
fundación en torno al 575 a.C. La ubicación de la ciudad dentro de una zona pantanosa
y rocosa, excluye totalmente su signo poblacional, debiéndonos decantar por un carácter meramente comercial y de mercado abierto, como indica su propio nombre.
Emporion dependió durante los primeros años de Massalia, como demuestra la
frecuente aparición de ánforas de tipo massaliota que se han documentado en la Neápolis ampuritana.
Los primeros años de existencia de Emporion debieron de ser los una pequeña
ciudad o factoría de tipo mercantil que sirviera de apoyo a las navegaciones griegas
para facilitar la creación de nuevos mercados comerciales, y serian simples y esporádicos tanteos, pasando con el tiempo a contactos sistemáticos, gracias al establecimiento
de unas buenas relaciones con los indígenas peninsulares. A esto habría que añadir el
mejor conocimiento de la costa peninsular en sentido Norte-Sur hasta llegar a enlazar
en el área del Sureste con la ruta hacia Tartesos.
De la otra colonia importante del noreste peninsular, Rhode (Rosas) no tenemos
noticias literarias ni arqueológicas para estas fechas de los siglos VII-VI a.C. Los restos
de la colonia no se remontan, hasta el momento, más allá del siglo VI a.C.
12.3. El fin de las relaciones griegas con Tartesos
Tras casi siglo y medio de competencia económica y mercantil entre griegos y
fenicios por el control del mercado tartésico, las transacciones comerciales griegas comienzan a decrecer considerablemente a partir del último tercio del siglo VI a.C., debido a las dificultades, cada día mayores, puestas por los comerciantes feniciooccidentales.
Habiendo heredado la hegemonía fenicia en Occidente a mediados del siglo VI
a.C., tras la ruina de las metrópolis fenicias, Cartago, la nueva metrópoli, recuperará el
monopolio comercial con Tartesos, sobre todo para salvaguardar los intereses de los
artesanos y comerciantes fenicio-occidentales de los mercaderes griegos. Fruto de esta
situación será la firma del primer tratado romano cartaginés del año 509 a.C., en donde
Roma, que en estas fecha será una pequeña ciudad con estructuras etruscas, y Cartago se reparten las áreas de influencia e intercambios comerciales, cerrándose para los
griegos las rutas hacia Tartesos. Aunque suponemos que estos tratados en el mundo
antiguo no se cumplirían al cien por cien, lo cierto es que a finales del siglo Vi a.C. dejan de recibirse importaciones griegas en Tartesos, pudiéndose afirmar que el comercio
directo griego con Tartesos ha desaparecido. Esta sería una de las causas que provocará el subsiguiente colapso del reino de Tartesos, al convertirse nuevamente en un
monopolio semita.
Los griegos a partir de este momento centrarán sus esfuerzos e intereses comerciales en el sureste peninsular, ya que desde sus bases en esta área (Homeroskopeion) emprenderán un comercio terrestre de larga distancia hacia el interior peninsular, y que no es extraño a los focenses. Este comercio llevaría desde el sureste peninsular, desembocadura de los ríos segura (Guardamar) y Vinalopó (Santa Pola), hasta
Cástulo con importantes riquezas mineras. Continuaría a través del curso de Guadiana
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hasta Extremadura, pues los foceos conocerían desde sus contactos con Tartesos la
riqueza de estas tierras de cinabrio.
12.4. Evolución de las colonias y factorías griegas (siglos V-IV a.C.)
Es poco lo que se conoce sobre la vida y la expansión de las colonias griegas
peninsulares durante los siglos V-IV a.C. Ampurias cobra un gran auge en la primera
mitad del siglo V, adquiriendo en cierto modo la preponderancia que hasta este instante
había ostentado Massalia, que vio cortado su comercio a través del interior de la Galia
por los movimientos de los pueblos celtas.
La ciudad debió de tener un importante aumento demográfico como evidencian
el comienzo de las acuñaciones ampuritanas, especialmente de sus dracmas.
También a partir del 480 a.C. comienzan a llegar grandes cantidades de cerámicas áticas. Se trata de cerámicas baratas destinadas a mercados con poca posibilidades económicas o a gentes de gusto poco refinado.
Esta prosperidad de las factorías griegas se acrecienta a finales de siglo con el
fin de la Guerra del Peloponeso. Atenas inicia, a partir de este momento, la recuperación y ampliación de sus mercados comerciales. Para tal fin inunda los mercados
bárbaros con productos cerámicos del Ática. En la Península es Ampurias la que redistribuye estas vajillas de lujo entre las poblaciones indígenas. En estas fechas se fundan
nuevas factorías en el Sureste: Alonis y Akra Leuke, facilitando así la penetración de
las importaciones griegas en el interior peninsular.
A mediados del siglo IV a.C. se produce un cambio en el panorama comercial,
quizás debido a la presión cartaginesa. Roma y Cartago firman un segundo tratado
(348 a.C.), y como consecuencia de él, se establecen límites al comercio, fundación de
colonias, etc. La actividad comercial griega volverá a circunscribirse a la fachada del
levante peninsular, continuándose no obstante, las relaciones terrestres con el interior.
12.5. El siglo III y el final de la colonización griega en la Península
Durante este periodo Ampurias engrandeció su Stoa y otros edificios anejos,
aunque nunca llegó a ser una ciudad de carácter monumental, conservando siempre su
naturaleza comercial y de mercado.
Rosas, por el contrario, experimenta una notable pujanza económica a lo largo
del siglo III a.C. Se inicia este proceso a finales del siglo IV a.C., con el comienzo de las
acuñaciones monetarias (dracmas) de plata como las de Ampurias, que tendrán una
excelente acogida entre las poblaciones indígenas del Noreste y Provenza por su buen
arte, siendo muy imitadas.
A este hecho hay que unirle la fabricación de cerámicas de barniz negro, que
exportará sus productos a las poblaciones indígenas desde Cataluña y Languedoc hasta la región de Murcia, a lo que hay que añadir un avanzado urbanismo.
Este periodo finaliza bruscamente sobre el año 240 a.C., momento en que también cesan las acuñaciones de dracmas. Se han barajado dos teorías sobre la recesión
económica de Rosas. Por un lado se piensa que una acción militar combinada de Ampurias y Marsella la habrían anulado, suprimiendo de este modo a un importante rival y
competidor.
Sin embargo, este fenómeno también pudo estar de algún modo relacionado con
la llegada de los Bárquidas a la Península a partir del año 237 a.C., pues su presencia
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en el Sureste ocurre en la misma época en que parecen extinguirse los productos de
Rosas.
Después de esta fecha, Rosas quedaría como un punto fortificado de Ampurias.
La nueva frontera impuesta por el tratado romano - cartaginés del año 226 a.C., el río
Ebro, supondrá la desaparición de los intereses griegos al sur de este río.
La segunda Guerra Púnica posibilitó la llegada física de los romanos a la Península con el desembarco de los hermanos Escipiones en Ampurias el año 218 a.C. Tras
esta guerra la Península comienza a incorporarse al mundo romano, pudiéndose considerar como concluida la etapa colonizadora griega.
12.6. La presencia cultural griega en la Península Ibérica
Arqueológicamente se han constatado dos colonias griegas, ambas situadas en
el golfo de Rosas: Emporion (Ampurias) y Rhode (Rosas).
El primer asentamiento se produjo en una islita cercana al continente. Esta isla
en la actualidad está unida a tierra firme por los aportes del río Fluviá, allí se emplaza el
pueblo de San Martí de Ampurias.
No se conocen restos del hábitat de la Palaiópolis, aunque la prolongación del
establecimiento griego en la costa se produce pronto, ya que la necrópolis del Portixol,
con enterramientos del siglo VI a.C., se encuentra ya en tierra firme. Al asentamiento
del continente se le ha venido llamando Neápolis, en contraposición al primer núcleo
fundacional. Esta Neápolis debía estar amurallada, situándose la cerca más potente al
Sur y Oeste, ya que por el Este y Norte el mar serviría de protección. Contaba con un
excelente puerto, protegido por en el Norte por la isla donde se ubicaba la Palaiópolis y
al Sureste por un muelle. En la actualidad se conserva el de época helenística.
La configuración de la ciudad es rectangular, en sentido Norte-Sur y Oeste-Este,
y el trazado del caserío tiene una fuerte tendencia hipodámica, con ciertas irregularidades.
La única puerta de acceso conservada la encontramos al Sur, englobada dentro
de la muralla, construida con grandes piedra de tipo ciclópeo y protegida por dos torreones defensivos. La cronología de esta muralla pertenece ya a un periodo helenístico, siglos III-II a.C.
Detrás de la muralla se encuentra el área sacra de la ciudad, compuesta por pequeños templos: el templo in antis de Asklepios, en donde apareció la estatura del dios
de la medicina, y que corresponden al siglo III a.C. Junto al templo de Asklepios existe
otro, dedicado posiblemente a la diosa Higea. El tercer templo, de dimensiones algo
mayores es el de Zeus - Serapis.
Hacia el Norte encontramos la plaza central o Ágora, pequeña y de forma cuadrangular. Fue edificada en el siglo II a.C., de aquí parte una arteria importante de la
ciudad, y en ella se abría la Stoa, en la que puede distinguirse la planta compuesta por
dos hileras de doce columnas y a fondo de las mismas nueve departamentos rectangulares que formaban las tiendas o almacenes. La vida en la ciudad debió de ser eminentemente comercial a lo largo de toda su existencia.
La ciudad de Rhode (Rosas) ha sido hallada hace relativamente pocos años. Los
restos exhumados son muy reducidos. Sin embargo los trabajos han puesto al descubierto parte del caserío. Se trata de un barrio con trazado hipodámico. La cronología de
estas estructuras corresponde a los siglos IV y III a.C.
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No se conocen hasta el momento otras edificaciones más significativas como
templos o construcciones públicas. Futuros trabajos arqueológicos podrán descubrir la
importancia de la colonia de Rosas.
13. EL PERÍODO CARTAGINÉS DE LA COLONIZACIÓN PÚNICA
Según Mª Eugenia Aubert, el espacio de tiempo comprendido entre los siglos VI
y III a.C. corresponde al del imperio cartaginés pre-bárcida y coincide con aquel periodo
en el que Cartago asume, gradual y militarmente, el control de los viejos territorios de
población fenicia occidental. Se trata de un periodo de profundos cambios en el seno
de la sociedad fenicia de Occidente.
En efecto, durante la segunda mitad del siglo VI a.C., la arqueología percibe en
el Mediterráneo central, occidental y norteafricano una serie de cambios en las costumbres funerarias, y la introducción de un conjunto de piezas, como terracotas, máscaras,
navajas de afeitar y cascarones de huevos de avestruz, de indudable carácter cartaginés, que constituyen los fósiles directores por los que podemos descubrir los influjos
procedentes de Cartago.
Si se contrastan las características culturales de las viejas colonias fenicias de
los siglos VIII-VII se advertirán cambios significativos, que se explican sólo por la intervención de los influjos cartagineses. Así por ejemplo, los tipos cerámicos y sus sobrias
decoraciones hallan más similitudes con los que son propios de Cartago; la inhumación
sustituye paulatinamente a la incineración. Lo mismo cabe decir de los cultos, con santuarios dedicados a divinidades del panteón cartaginés. Todo ello, proporciona unos
esquemas culturales bien diferenciados de los más antiguos de las colonias fenicias,
que serán más o menos intensos en los diferentes puntos peninsulares, según los grados de aceptación o influencias más directas de Cartago. En general, desde el río
Guadiana hasta el Segura se hallan las huellas de Cartago.
Durante el siglo VI se advierten en los poblados fenicios peninsulares huellas de
rupturas con la etapa precedente, relacionados con diversos acontecimientos acaecidos en otros yacimientos del mediodía peninsular. Por ejemplo, a finales del siglo VII
a.C. o en la primera mitad del VI, se ha determinado el final de la factoría de Toscanos.
La situación en la costa levantina peninsular muestra signos evidentes de los
cambios de esta época. Los Saladares, Peña Negra y Vinarragell, que habían mantenido importantes y continuas relaciones comerciales con los centros fenicios, cesando en
la primera mitad del siglo VI a.C. La causa probable de estos cambios estriba con seguridad en los desequilibrios políticos y económicos que supuso la caída de Tiro en el 573
a.C., a donde en gran parte se dirigía el mercado fenicio occidental durante los siglos
VIII y VII a.C. Cartago, aprovechando esta coyuntura favorable, se erigió en la heredera
política y económica de Tiro y surgió por entonces como una potencia marítima a tener
en cuenta.
A todo ello se añade que, desde los comienzo del siglo VI a.C., se inició un comercio activo griego oriental (focense), mayoritariamente dirigido hacia Tartesos, que
finalizó hacia el 530-520 a.C., como sugieren la excavaciones realizadas en la ciudad
de Huelva. Y poco más tarde, en la segunda mitad del siglo VI a.C., son evidentes las
importaciones griegas en la bahía gaditana y sudeste peninsular. La presencia griega,
al menos en el ámbito fenicio podría explicarse como un cierto debilitamiento en el control de estas costas peninsulares y de sus recursos económicos, tras la caída de Tiro y
el afianzamiento político de Cartago.
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14. Marco histórico de Cartago hasta la época de los Barca
El marco geopolítico y económico de Cartago fue distinto al de Gadir y al de las
colonias fenicias de la costa peninsular. Por Tucídides sabemos que, tras los primeros
establecimientos fenicios en Sicilia, surgieron problemas con los griegos también allí
asentados, al punto que tuvieron que retirarse a la extremidad noroccidental de la isla.
Esto fue el comienzo, pues la historia de Cartago está marcada, y se jalona, por las
continuas rivalidades con los colonos griegos, que alcanzaron el Mediterráneo central
en el siglo VIII a.C.
La necesidad de apoyo de una gran ciudad tal vez fue el origen de los vínculos
entre Cartago y las colonias fenicias del Mediterráneo, y desde luego del papel primordial que jugó esta ciudad. Tras la caída de Tiro, Cartago asume en el Mediterráneo el
papel que le correspondería a la metrópolis, así pues la propia dinámica histórica, desde los primeros establecimientos semitas, agudizada por la caída de Tiro, hizo posible
el surgimiento de Cartago como una potencia militar a tener en cuenta. También se
debe a su ubicación geográfica en el corazón del Mediterráneo, siendo un baluarte para
la defensa de los intereses comerciales en su extremo occidental.
Su primera actividad exterior fue la fundación de una colonia (Ibiza), que Diodoro
de Siracusa sitúa en 654-53 a.C., unos 160 años después de la fundación de Cartago,
pues esta isla le aseguraba un punto necesario para el acceso a las costas peninsulares. Los datos arqueológicos muestran, no obstante, que Ibiza, a mediados del siglo VII
a.C., y durante su segunda mitad, se hallaba conectada con los intereses económicos
de Gadir y no de Cartago, cuya huella no tendrá lugar hasta los comienzos del siglo VI
a.C.
Un primer síntoma de la política cartaginesa en el Mediterráneo, contra los griegos, fue, según Tucídides, la derrota que los cartagineses sufrieron en su intento de
obstaculizar a los foceos la fundación de Marsella, en torno al 600 a.C.
Otro hito importante acaeció en el 535 a.C. en la batalla de Alalia, frente a las
costas de Córcega. La alianza etrusco-cartaginesa dio como resultado la derrota de los
foceos, aunque las consecuencias económicas no debieron ser muy perjudiciales para
los griegos. Sin embargo, supuso la delimitación de las esferas de influencias, correspondiendo Italia a los Etruscos, desde los Alpes a la Campania, y para los cartagineses
quedaba una amplia zona del Mediterráneo occidental que incluía el sudeste peninsular.
Hacia el 510 a.C. se debilitó esta alianza, a causa de los problemas internos de
los etruscos, época en que Roma surgió como una república independiente. Esta vez
es Roma la que, en el 509 a.C., concluyó un nuevo tratado con Cartago sobre la delimitación de las esferas de influencia.
En el 348 a.C., se concluyó un nuevo tratado entre Roma y Cartago, el cual beneficiaba a Cartago ya que impedía a Roma el tránsito por el norte de África y sobra
todo a la costa española comprendida desde Cartagena hasta Huelva, la zona que podía ofrecer más incentivos comerciales. Cartagena, por la producción de sus minas,
abastecía de plata a Cartago para el pago de sus tropas mercenarias, en la que los
íberos constituían un porcentaje elevado.
Por esta época, Cartago dominaba prácticamente todo el norte de África, aunque
siquiera fuese a niveles meramente comerciales, así como la costa meridional española, sobre todo desde Almería al estrecho de Gibraltar, en donde Cartago mantenía una
política comercial provechosa.
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Nuevos tratados, que en la práctica repetían las cláusulas de los anteriores, se
firmaron entre Roma y Cartago en el 306 y 279 a.C. Y en lo que respecta a la Península Ibérica, Cartago confirmaba su zona de influencia por el Sur, que constituía una fuente de ingresos necesaria para su economía y la paga de sus mercenarios. Pero en el
264 comenzó la Primera Guerra Púnica, entre Roma y Cartago, las dos grandes potencias por entonces del Mediterráneo, que acabó en el 241 con la pérdida para Cartago
de Sicilia. Así la situación, su única posibilidad fue la afirmación política y económica en
España, para equilibrar de este modo los territorios perdidos en otros puntos del Mediterráneo. Esta fu en suma, la política de los Barca en España.
14.1. La Ibiza púnica
La descripción más antigua y extensa que se posee de Ibiza se debe a Diodoro
de Sicilia. En el texto escrito por este autor afirma que Ibiza es una colonia de Cartago
y que su fundación acaeció hacia el 654-653 a.C., unos 160 años después de la fundación de Cartago. Afirma que su posición es optima por su cercanía a las columnas de
Hércules, o Estrecho de Gibraltar, y de la costa norteafricana. Está provista de murallas
que circundan un caserío numeroso, con una población de cuatro o cinco mil personas
y que posee buenos puertos, necesarios para el desarrollo de sus actividades comerciales.
Sin embargo, y a pesar del texto de Diodoro, no está claro que la fundación de
Ibiza se deba a iniciativas cartaginesas. El registro arqueológico denota que la fundación de Ibiza se debió a comerciantes del sur de la Península, probablemente de Gadir,
como una avanzadilla en su expansión comercial por las costas levantinas hasta Cataluña y sur de Francia, por la situación estratégica de la isla, que aseguraba un unto de
apoyo para las embarcaciones. Su fundación también se justifica por la existencia de
sus salinas y la cercanía a las poblaciones talayóticas de Baleares, con las que habría
posibilidades comerciales. Si se añade a ella su situación, como puerto obligado para
las embarcaciones que se dirigían a las costas peninsulares desde Oriente.
Las relaciones con Gadir se mantienen hasta comienzos del siglo VI a.C., cuando se advierten profundos cambios en las factorías fenicias andaluzas, como consecuencia de la caída de Tiro. Esta situación produjo transformaciones en Ibiza y cambios
de orientación económica, advirtiéndose relaciones con Cerdeña, Etruria y Ampurias. A
mediados de este siglo, y a causa de la expansión de Cartago por el Mediterráneo central, Ibiza formó parte de la estrategia de esta ciudad, lo que se tradujo en un crecimiento poblacional y urbano considerable y, desde luego, en la aceptación de fórmulas culturales, de las que se poseen numerosos datos arqueológicos.
La arqueología ofrece los mejores testimonios para apreciar los cambios acaecidos a mediados del siglo VI a.C., como consecuencia de la presencia de Cartago en
Ibiza. Síntomas de ello se advierten en los aspectos religiosos, como demuestran los
santuarios de Isla Plana, Puig d’en Valls y Es Cuieram, donde se han hallado huevos
de avestruz, cerámicas y terracotas muy simples, que representan a personajes de
ambos sexos en actitud de oración. Las figurillas ofrecen formas acampanadas, de cabezas cilíndricas, y cónica la forma superior del cráneo, u ovoides con cabezas grotescas. La mayoría de estas estatuillas, que proceden del Mediterráneo, se han hallado en
depósitos votivos de algún modo relacionados con un templo o santuario en las proximidades, y que testimonian claramente los vínculos religiosos de Ibiza con el mundo
cartaginés en esa época.
Otro cambio tiene lugar a finales del siglo VI a.C., cuando, en los enterramientos,
la inhumación sustituye prácticamente a la incineración, coincidiendo con la aparición
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de las necrópolis de hipogeos, como en Puig des Molins.
El proceso de ocupación, iniciado probablemente a finales del siglo VI a.C., culminó en el siglo IV a.C., y a partir de entonces se advierte un crecimiento económico
constante, que supuso la participación de Ibiza en las corrientes comerciales del Mediterráneo occidental. Estos núcleos de producción, que ocupaban escasas hectáreas,
dedicaban sus actividades al cultivo de la vid y al olivo principalmente, así como a la
ganadería con la cría de ovejas, que proporcionaban una lana de excelente calidad,
que dio lugar a una florecientes industria textil. Todo ello se debió completar con industrias de sal. Los restos arqueológicos, y sobre todo de ánforas, insinúan una economía
agrícola de cierta importancia, cuyos productos se exportaban a los centros púnicos
peninsulares, como Villaricos, y a los mercados del Nordeste, como Ampurias y Ullastret, alcanzando hasta el sur de Francia.
14.2. Los cartagineses en la Península Ibérica
Si los testimonios arqueológicos denotan con claridad la existencia de una colonia cartaginesa en Ibiza, los yacimientos peninsulares son más parcos en noticias y los
influjos norteafricanos resultan más complejos de vislumbrar, al punto que se ha insinuado que jamás dependieron de la órbita política de Cartago.
Los datos arqueológicos sugieren la presencia de cartagineses en las costas peninsulares desde finales del siglo VI a.C., sobre todo por los testimonios funerarios.
Las excavaciones de Luis Siret, sobre todo centradas en las necrópolis de Villaricos, han puesto al descubierto mas de dos mil enterramientos, que hoy por hoy constituyen la manifestación púnica más importante del sur peninsular. Apenas se conocen
restos urbanos, pero los trabajos arqueológicos ponen de manifiesto la existencia de
una acrópolis, de unos 30 metros de altura, ceñida por un foso, posiblemente defensivo, en cuyo interior se hallaron varios niveles de habitaciones y restos de los siglos IVIII a.C. los enterramientos y sus rituales son por el momento los aspectos mejor conocidos del yacimiento.
El grupo más numeroso lo componen unas 400 tumbas de inhumación, situadas
en torno a la cima central y la zona superior de las pendientes. Son fosas rectangulares, pero que en ocasiones adquieren una disposición antropomorfa.
La costa malagueña se hallaba también habitada por una numerosa población
fenicia desde el siglo VIII a.C. Estrabón recalca la importancia de Malaka por su carácter de ciudad y puerto, su paso hacia el Estrecho, sus industrias de salazones y las relaciones comerciales con el norte de África.
Las excavaciones realizadas en la década de los 80 han proporcionado una potente estratigrafía de relleno de los siglos VI a I a.C., y que han permitido discriminas la
historia de esta ciudad en tres fases principales: fenicio púnica (siglo VI), púnica (comienzo del siglo V y finales del III) y púnico - romana (finales del III a mediados del siglo I).
Málaga seria un enclave importante en el programa político del naciente imperio
cartaginés, coincidiendo con el fin de la hegemonía fenicia en Oriente (caída de Tiro) y
como reacción a la expansión focense, que se advierte desde los inicios del siglo VI
a.C. En este nuevo planteamiento político occidental se atribuye a Málaga la vigilancia
del cierre del Estrecho al comercio griego, la desaparición del comercio libre en Mainake y tal vez una relación en el tratado romano - cartaginés del 509 a.C.
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Además de ello, su importancia radicaba también en su propia situación, como
un puerto próspero, sus relaciones comerciales con los yacimientos metalíferos del interior y su ubicación en la vía propuesta de Cástulo-Antequera-Málaga y la que accedía
hasta Gadir y Tartesos. Fue su situación geoestratégica el factor principal para que
Málaga llegara a ocupar una posición importante en el territorio libio-fenicio, como sugieren los datos arqueológicos.
Las investigaciones en la ciudad de Cádiz han deparado escasa información sobre su fase arcaica y restos de necrópolis de época púnica. Como sucede con los demás yacimientos mencionados de la costa mediterránea, la información sobre la delimitación del factor cartaginés se conoce sólo a través de sus enterramientos.
La necrópolis de época púnica (siglos V-III a.C.) se sitúa, esparcida ampliamente, a extramuros de la ciudad de Cádiz. El rito predominante fue el de la inhumación,
aunque al parecer, existen indicios de incineraciones en urnas y en pequeños sarcófagos monolíticos. Merece destacar el hallazgo de dos sarcófagos antropomorfos, que
denotan la importancia y carácter santuario de la Gadir de época púnica.
El poblado portuario cercano, conocido como Castillo de Doña Blanca, ha ofrecido una secuencia estratigráfica del primer milenio a.C. En la primera mitad del siglo VIII
a.C. tiene lugar el inicio de la ocupación de la zona, primero como punto de comercio y
poco más tarde como ciudad. El siglo VII a.C. supuso un momento de gran actividad y
dinamismo comercial, con aperturas de comercio hacia el Sureste, alta Andalucía, Extremadura y costa occidental de Marruecos.
A mediados del siglo IV a.C., y durante toda la segunda mitad, las relaciones con
el norte de África parecen más intensas y se manifiestan en hallazgos de ánforas y de
cerámicas rojas que imitan formas y decoraciones estampilladas griegas. Es probable
que ello se deba al segundo tratado entre Roma y Cartago, del 348 a.C., que favorecía
a la política cartaginesa en España.
A mediados del siglo VI a.C. cabe significar decadencia constructiva, y aquí también se advierte la crisis ya mencionada en las colonias fenicias del sur de la Península, y es desde mediados del siglo V a.C. cuando en la bahía gaditana una floreciente
industria de salazones que comerciaron con ciudades griegas del continente.
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TEMA 4.- Pueblos Prerromanos (1).
El Sur y las regiones orientales.
15. LOS TURDETANOS
A partir de finales del siglo VI se puede ya hablar de cultura turdetana, que hunde sus raíces en el periodo orientalizante o tartésico. Las fuentes griegas y romanas
referentes a este periodo son prácticamente inexistentes hasta la Segunda Guerra
Púnica, que en gran parte tuvo como escenario a Turdetania.
15.1. ASPECTOS POLÍTICOS
La monarquía continuó siendo la forma política de gobierno en el sur de la
Península Ibérica. Los datos que se conocen son ya de comienzos de la conquista romana. Los monarcas tartésicos gobernaban, a veces sobre muchas ciudades, como
Culchas, que dominaba más de 28 ciudades y que disponía de un ejercito de 3.000
infantes y 500 jinetes. En el año 197 a.C. se sublevó, al igual que las ciudades fenicias
de la costa que habían firmado un foedus con Roma, pero que esta no respetaba, contra la feroz explotación de los romanos, con 17 ciudades, en compañía de otro rey turdetano. Los reyes turdetanos apoyaron la causa de Roma y con la ayuda de ésta acrecentaron el poder, pues sin duda ya habían perdido el carácter de los grandes monarcas tartésicos, como Argantonio. Estos reyes turdetanos vivían a la manera de los
grandes déspotas orientales. Polibio recoge la noticia de que estos reyes vivían rodeados de lujosas cráteras de oro y plata. La institución monárquica en Turdetania duró
hasta finales de la República, pues Roma no cambiaba las instituciones indígenas,
pues se servia de ellas y las mantuvo. Venia sólo a explotar el país. Como resultado de
esta explotación se implantó la cultura romana. Se desprende de los textos que los
monarcas tartésicos fueron divinizados en vida y que recibieron culto en los altares,
inciensos, sacrificios y súplicas.
La sociedad turdetana estaba dividida en clases. Es de suponer que hubiera una
aristocracia a la que pertenecerían los magistrados de Obulco. Los esclavos ocupaban
el nivel más bajo de la sociedad. La explotación de las minas se hizo con esclavos suministrados por las guerras. Los reyezuelos y los dueños de las fincas contarían con un
gran número de esclavos. Posiblemente hubo en la sociedad turdetana una clientela
importante. Es probable que los guerreros gozasen de status social elevado, pues en
Cástulo hay tumbas de guerreros en cuyos ajuares hay numerosos vasos griegos,
símbolo de riqueza.
Grande debió ser la importancia económica de los campesinos y mineros. No
hay datos para conocer la posición dentro de la sociedad turdetana de los metalúrgicos,
alfareros y artesanos en general, pero debieron ocupar todos ellos un escalón bajo.
También existió una fuerte clase de comerciantes, que serian de origen fenicio, siendo
Cádiz la gran metrópoli mercantil y marítima. Sus habitantes eran los que tripulaban
más y mayores naves, tanto por el Mediterráneo como por el Atlántico. Esta prosperidad data de antiguo, como se desprende de que importaba sarcófagos antropoides de
Fenicia.
La población de Turdetania, además de ser en gran parte de origen celta, que
debía ocupar las capas altas de la sociedad, contaba con un fuerte componente semita.
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15.2. ECONOMÍA Y COMERCIO
1.- Agricultura:
Las fabulosas riquezas de la Turdetania, descritas por Estrabón, databan de muy
antiguo, de antes de la conquista bárquida, aunque éstos debieron mejorarla considerablemente, generalizando el regadía mediante los célebres canales tartésicos, e implantaron seguramente en Turdetania una agricultura semejante a la suya en África.
Desde finales de la Edad del Bronce se cultivó principalmente el trigo vulgar. El
trigo bético era de tipo medio, tanto en peso, como en cualidad panificadora, muy semejante al siciliano y menos apreciado que el procedente de la Galia. Los cartagineses
introdujeron algunas novedades en el cultivo agrícola como el uso de la máquina de
trillar, que ha llegado en uso hasta hoy. El cultivo del olivo, la vid y otras plantas semejantes, crecían por toda la costa.
2.- Ganadería:
El ganado bovino era muy abundante, como se desprende de la localización en
Tartesos del mito del robo de los toros de Gerión por Heracles.
Esculturas de bóvidos de época turdetana se conocen bastantes en los museos
arqueológicos de Jaén, Córdoba y Sevilla. A la abundancia del ganado bovino aluden
las monedas de época republicana de Cástulo, Vesci, Bailo y Obulco. El ganado caballar era también importante, si bien el caballo no se comía, se utilizaba mucho en la
guerra y para la caza.
3.- Minería:
Las minas de la Turdetania fueron explotadas por los reyezuelos turdetanos, que
intercambiaban los metales por otros productos a los cartagineses o mejor a los gaditanos. Con la conquista bárquida las minas pasaron a ser propiedad estatal, al igual que
las pesquerías, imitando en sus explotaciones la política seguida por los Tolomeos en
sus dominios.
La riqueza en metales preciosos en Turdetania y su explotación fueron grandes.
La gran cantidad de vasijas de plata de época helenística halladas en el Sur confirman
esta riqueza. En el periodo turdetano se trabajaron con gran intensidad las minas de
Oretania. Diodoro ha descrito el laboreo de las minas turdetanas antes de la llegada de
los romanos.
Todos los metales producidos por estas minas, salvo lo que se necesitaba para
la fabricación local de metales, se vendían a los cartagineses, que eran los únicos
compradores.
4.- Salazones:
Estrabón alaba la riqueza fabulosa en pesca de la costa de Turdetania y señala
la existencia de las principales fábricas de salazones, que remontan a un siglo antes.
Un texto de Timeo, que concede una importancia capital a la explotación del garum y su comercialización, es aquel en el que afirma que el garum se exportaba a Cartago y que lo que no se consumía en la ciudad se vendía a otros países.
5.- Comercio:
En la época turdetana, el comercio siguió siendo de intercambio. Es probable
que la cerámica griega funcionara como moneda. La cerámica griega ática fue abundante en Oretania, Cástulo, Castellones de Ceal y en Bastetania, traída muy seguramente por los cartagineses. Sería intercambiada, como objeto de lujo, que después se
depositaba en las tumbas, habiéndose utilizado probablemente antes en los banquetes
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funerales.
Como ejemplo del comercio de importación en Turdetania, se pueden examinar
los datos que ha proporcionado el Cerro Macareno. No abundan las cerámicas griegas.
Se han hallado dos kylikes áticos de barniz negro de buena calidad, de comienzos del
siglo V a.C., y fragmentos de otros vasos, de crátera, etc. La cerámica griega está presente hasta mediados del siglo III a.C. Las ánforas comunes hacen su aparición a finales del siglo VI a.C. Las ánforas griegas, que se creen de origen massaliota, aparecen
en pequeñas cantidades desde finales del siglo VI a.C., y duran hasta mediados del
siglo V. Transportaban vinos y se han puesto en relación con el comercio focense de
vinos en tierras del Guadalquivir. Las ánforas grecoitálicas, que contenían vino itálico,
comienzan a mediados del siglo III a.C. y señalan unas relaciones comerciales con Italia.
15.3. RELIGIÓN TURDETANA
1.- Santuarios:
Los santuarios de Despeñaperros fueron muy visitados por los devotos en época
turdetana hasta la conquista romana, pero la calidad de los exvotos disminuyó. Los rituales, igual que los sistemas de fabricación de los bronces, son los mismos de la época tartésica. Las estatuillas recuerdan a las korai griegas o etruscas. Se imita torpemente el sinuoso contorno de las piernas, espalda y cintura.
Plinio menciona la isla consagrada de Juno (Tanit), que se identifica con la Isla
de león, en Cádiz. El ara y el templo de Juno junto a Ébora, en la desembocadura del
Guadalquivir, quizás sea el de lux Dioina o Phosphoros, recordado por Estrabón y el
promontorio de Juno es citado por Mela entre el Estrecho y Baesippo. Como escribe
Apuleyo en su Metamorfosis: “es la divinidad única a quien venera el mundo entero bajo sus múltiples formas, variados ritos, y los más diversos nombres”.
A juzgar por los datos suministrados por las monedas béticas de época republicana, los cultos a Tanit, a Hércules gaditano, y a un Baal metalúrgico estaban muy extendidos en Turdetania, como no podía ser menos, dada la importante población semita
asentada en el Sur. Es muy probable que se celebrasen desde época tartésica las
Adonias en Hispalis.
2.- Rituales funerarios:
Continuó el rito de la cremación, depositándose las armas en las sepulturas de
los guerreros y también joyas. Ya se ha indicado que seguramente los vasos griegos,
áticos, se debían usar para las libaciones del banquete funerarios, y al igual que los
latos de la Joya, se enterraban en las tumbas. En Cástulo se construyeron tumbas escalonadas, con cámara rectangular en el centro. Probablemente estaban rematadas
por un pilar estela coronado por un león, toro u oso. Sobre los escalones se colocó una
cierva.
Ciervas y leones de carácter apotropaico, como en Etruria, Grecia y Fenicia, defenderían las tumbas en Turdetania. Otros seres de carácter apotropaico, que coronaban las tumbas de influjo griego, fueron las esfinges y las sirenas. El lobo también tuvo
un significado funerario, como lo indica la piel de lobo sobre el sarcófago de Villargordo.
La cámara sepulcral de Toya consta de tres cámaras con nichos y bancos para
depositar las ofrendas y rampa de acceso, con dos carros depositados a la entrada. Se
fecha en la primera mitad del siglo IV a.C. En un principio se creyó que era de influjo
etrusco, pero hay se cree que es de influjo semita.
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En Cástulo hay también tumbas vacías de cista cruzada, una en el interior de
otra con pirámide escalonada de adobes y marco de pebble mosaic. Probablemente
este tipo de sepultura escalonada estaba coronada por una estela y es de influjo griego.
Los reyezuelos, una vez muertos, estaban divinizados, al igual que en la religión
semita, y como lo fueron los Bárquidas, a juzgar por sus efigies de las monedas. En la
tumba escalonada de Cástulo, una placa con jinete, arrojada a la tumba, demuestra la
creencia en la heroización ecuestre entre los turdetanos, al igual que el jinete de la
Rambla (Jaén).
16. CONCLUSIÓN
Turdetania estaba muy poblada. Las 200 ciudades que cita Estrabón, o las 175
de Plinio, datan de muy antiguo. El siglo III es de decadencia en la cultura turdetana, a
la que corresponde su máximo florecimiento desde finales del siglo VII al III a.C. A.
Blanco señala que en este último siglo el influjo griego deja de actuar “con las desastrosas consecuencias naturales: ruptura con la tradición, destrucciones sin cuento, que
se suman a otras de dos siglos antes, y descenso de calidad”.
La asimilación de la cultura romana en Turdetania es reciente, y es precisamente
allí, en Turdetania donde los clásicos situaron el robo de los rebaños de Gerión por
Hércules, el jardín de la Hespérides, el reino de Hades, y las Islas Afortunadas. Y la
erudición helenística hizo venir a Occidente a Ulises y a otros héroes troyanos, Eneas,
Antenor, Diomenedes, Menelao, y otros muchos más. Lo que prueba que Turdetania
fue para los escritores de época helenística un auténtico Edén, lleno de todo lujo y riqueza.
17. LOS ÍBEROS
Tras los términos “iberia” e “iberos”, se encierran tres conceptos, geográfico, etnográfico y cultural, cuya identidad nominativa ha provocado desde la Antigüedad una
elevada dosis de confusiones.
La yuxtaposición de las ideas de tribu y cultura, que afecta a la historiografía
contemporánea, parece que tampoco fue ajena a los escritores de la Antigüedad. Parece que el término de pueblos iberos se aplica en las fuentes, en oposición a los tartésico y ligur.
Avieno recoge en un periplo del siglo VI a.C. una dispersión de los iberos que
abarca desde el Cabo de la Nao hasta el Ródano. Esto permitirá identificar los pueblos
iberos con la expansión en la segunda mitad del siglo VI a.C. en el área costera, desde
Alicante al Languedoc, del horizonte cultural ibérico antiguo y la consiguiente uniformización cultural que éste conlleva.
El fenómeno, implique o no una expansión de grupos humanos, afecta a territorios con substratos diferenciados, abiertos desde fechas anteriores a influjos fenicios y
griegos y en los que se había producido previamente una llegada de elementos culturales indoeuropeos. La lengua que subyace bajo los textos escritos en alfabeto ibérico levantino parece ajena a lo indoeuropeo, pero los resultados de los estudios de Pérez
Rojas abren una vía hacia esta posibilidad.
No obstante, el iberismo pleno, fruto entre otros aspectos de una fuerte heleni-
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zación de las poblaciones costeras, nos sitúa ante un mosaico de grupos regionales
diferenciados tribal y culturalmente. Muchos de los elementos de cultura material y espiritual que caracterizan a la “civilización ibérica” tendrán su foco de dispersión en zonas ajenas a las “tribus ibéricas”, siendo por ejemplo especialmente relevante en el Sureste el papel desempeñado por los pueblos mastieno-bastetanos y oretanos. Estos
últimos serán los principales responsables de la iberización de la Submeseta Sur, en
tanto que la difusión de los elementos culturales ibéricos por el Valle del Ebro tendrán
su origen en los grupos edetano-ilergetes, en un proceso al que no es ajeno el expansionismo de estas poblaciones.
17.1. EVOLUCIÓN DE LA CULTURA IBÉRICA
1.- Época de formación:
Puede estructurarse en dos fases: un primer periodo orientalizante y otro segundo de helenización progresiva, cuyo florecer determinará la aparición de lo que podemos considerar como ibérico pleno.
El periodo orientalizante será producto fundamentalmente del comercio fenicio,
con elementos mediterráneos de origen diverso, dentro de los cuales juega un importante papel el mundo Egeo, sobre todo a finales del siglo VII. No podemos aún hablar
de cultura ibérica, sino en general de una facies orientalizante de las culturas regionales del Bronce Final.
La fase de helenización arranca de una sustitución gradual el Este y Sureste de
la presencia activa fenicia a partir de mediados del siglo VI, firmemente asentada ya a
comienzos del siglo V. El fenómeno es anterior en la costa noreste de Cataluña, donde
desde el 575 se distribuyen la cerámica jonia y gris griega de occidente. Será ahora
cuando realmente pueda ya hablarse de un horizonte ibérico antiguo y de una dispersión amplia de las cerámicas pintadas típicamente ibéricas.
La cristalización definitiva de la facies cultural indígena, que prácticamente se
mantendrá con ligeros matices hasta la llegada de Roma a la Península, es un hecho
producido en la segunda mitad del siglo V y fundamentalmente hacia su final. El hecho
cultural, que se liga a un incremento demográfico y a una nueva expansión geográfica
de las formas materiales ibéricas, surge básicamente de un nuevo impulso helenizador,
cuyo exponente cuantificable más palpable es la masiva llegada de las cerámicas áticas en el último cuarto del siglo V y el tránsito al IV.
El hecho es especialmente tangible en el Sureste, donde se produce una proliferación de nuevos asentimientos, adquiriendo un papel excepcional de la vía del Segura.
En el Noreste, según Mª. A. Martín, la creciente influencia ampuritana crea un proceso
durante los últimos años del siglo V que desemboca en el primer cuarto del siglo IV, en
la existencia de una cultura material con rasgos originales, en especial en las cerámicas a torno pintadas.
Para el área entre el Júcar y el Ebro no ha sido señalada esta renovación de
elementos materiales y núcleos de población, trazándose el inicio de la plena iberización con el siglo V. Así, a finales del siglo V a.C. hay que situar la eclosión del mundo
ilergete, cuyo poblado característico supone un cambio de hábitat y el paso a la sistemática ocupación de lugares elevados.
La iberización de la cultura material de la parte oriental de la Meseta Sur será
también un fenómeno publicable a fines del siglo V a.C., a partir del área más sudoriental que se encontraba inmersa en la corriente cultural general del sureste peninsular
desde el periodo orientalizante.
Por lo que respecta a Turdetania, mantiene su personalidad propia, por el fuerte
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peso específico de lo tartésico, pero no fue ajena a esta inundación de producciones
áticas.
Tras la convulsión cultural que se produce a finales del siglo V quedarán fijadas
unas formas materiales y posiblemente sociales y económicas internas y que perdurarán, con muy escasas innovaciones, hasta la llegada de los Bárquidas a la Península.
La potenciación del comercio interno de las distintas áreas y el mantenimiento de las
técnicas y organización alcanzadas en las actividades agropecuarias permitió, que las
cotas demográficas permanecieran inalterables.
2.- Facies tardía de la Cultura Ibérica:
La llegada de los Bárquidas y los acontecimientos que se desarrollan en la
Península a partir de esta fecha provocaron la paulatina transformación de la estructura
socioeconómica de los pueblos ibéricos y la progresiva sustitución de sus manifestaciones de cultura material por las romanas.
La situación llevará aparejado un incremente del comercio y los contactos tanto
con el exterior como de las distintas regiones peninsulares entre sí, provocará un dinamismo creativo dentro de la cultura ibérica, del que nacerán una serie de expresiones
formales totalmente nuevas y a su vez plenamente propias. Las acuñaciones monetales indígenas, un último momento de esplendor de la plástica ibérica, o las nuevas producciones cerámicas con inclusión de esquemas decorativos de representaciones
zoomorfas, antropomorfas y escenas de la vida cotidiana o de la tradición épica y mitológica, son ejemplos de lo que decimos.
Paralelamente a este renovación cultural, se produce un incremento de la presión e influencia de sus formas culturales en las áreas limítrofes. Será a partir de esta
fecha cuando más palpable sea el peso de lo ibérico en la cultura celtibérica, tanto por
la aparición de las cerámicas pintadas, como por la expresión del alfabeto ibéricolevantino, hecho que no debe ser anterior al siglo II a.C.
3.- Perduración del iberismo en la sociedad Hispano - Romana:
Las áreas culturalmente ibéricas de la Península son las que sufren una mas
pronta y profunda romanización.
Son diversas las evidencias e influencias de los prerromano en la sociedad y la
cultura hispano - romana del área ibérica. Por ejemplo la perduración de ciertas instituciones como la clientela o la devotio ibéricas. En el terreno religioso, ha sido estudiado
el proceso de sincretización de las divinidades, la permanencia de los lugares de culto
e incluso el papel que la heroización de los caudillos militares indígenas tendrá para
explicar la posterior extensión del culto al emperador en España. En el plano de la cultura material baste citar la adopción, por parte romana, de determinadas armas indígenas o la perduración de las cerámicas pintadas que llegan a conectar con las primeras
producciones medievales.
Es innegable la vinculación del fenómeno urbano con la romanización del territorio y la población. Los núcleos urbanos del área presentan una distribución litoral, no
constituyendo en el resto agrupaciones mayores que sus precedentes prerromanas.
En resumen, se piensa, que junto al peso e influencia que determinados elementos de la cultura prerromana ibérica tuvieron en la cultura oficial hispanorromana, la
pervivencia fundamental del iberismo se dio en las zonas rurales, donde se mantuvo la
esencia ideológica de la población, con una cultura propia y marginada más que marginal, con respecto a la oficial.
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17.2. ECONOMÍA Y COMERCIO EN LAS ÁREA DE CULTURA IBÉRICA
La base fundamental de la economía ibérica será la agricultura y en menor medida la ganadería. El otro gran sector, e importante para explicar el proceso histórico,
social y económico de los pueblos ibéricos, será la minería. Los avances técnicos que
se introducen en la agricultura y minería hicieron posible la existencia de unos excedentes de producción comercializables. Por otra parte, también las mejores técnicas en
determinadas actividades artesanales, que permiten su industrialización y la existencia
de una demanda de productos artísticos y suntuarios, determinará una profesionalización de ciertos sectores, abriendo el consiguiente proceso hacia la división del trabajo.
1.- La propiedad:
Hay que considerar al conjunto de los pueblos ibéricos como sociedades ya en
tránsito hacia un sistema de clases y de propiedad privada de los medios de producción. Por otra parte, la escasa mecanización hace de la fuerza de trabajo el principal
bien a poseer, dado su carácter de elementos fundamental de la producción. Su apropiación por la clase dominante se producirá a través de las distintas formas de servidumbre que se revelan en la sociedad ibérica o mediante la inserción del individuo libre
en actividades productivas comunicarais, cuyos excedentes son controlados, comercializados y rentabilizados básicamente por la “aristocracia”.
Respecto a la propiedad de la tierra se ha defendido la existencia de grandes terratenientes entre los íberos o de una posesión individualizada por familias. Sanahuja
plantea la existencia de una división de la tierra en parcelas trabajadas por familias,
que tendrían su usufructo y pagarían tributos al Estado, que detentaría su propiedad.
La base de la explotación económica seria la tributación, siendo el único propietario el
Estado, que es el que se apropia del excedente.
En lo que respecta a la ganadería, puede pensarse en un sistema comunal, y a
esto apuntarían determinadas estructuras constructivas que se han relacionado con
sistemas o recintos colectivos para guardar el ganado, otros aspectos nos señalan un
carácter privado. Así por ejemplo, el carácter del caballo como exponente del prestigio
social de su poseedor.
2.- Agricultura:
El carácter avanzado de la agricultura ibérica nos viene señalado por la presencia de animales de trabajo, el uso del arado y la existencia del regadío, que permitió
una agricultura de huerta en las márgenes de los ríos y junto a los nacimientos de
agua. De mayor importancia económica resultaría la agricultura de secano: cereales,
vid, lino o esparto. Al mismo tiempo las labores de recolección seguirán manteniendo
un cierto papel en la dieta alimenticia.
3.- Ganadería:
No creemos que pueda pensarse en la existencia de grandes rebaños, excepto
en las zonas montañosas y en las dehesas andaluzas para el caso de los bóvidos. Caro Baroja ya señaló la imposibilidad de la gran trashumancia en un sistema político tan
fragmentado. Por ello se piensa que el modelo mas generalizado sería la vinculación
del ganado con la pequeña economía familiar, bien como auxilio para el trabajo, bien
como complemento para la alimentación o la obtención de cueros o lana.
El caballo tuvo gran importancia social por su uso para la caza y la guerra. Las
pieles de bueyes figuran en listas de tributos y regalos en grandes cantidades; también
se usaron como auxiliares en las tareas agrícolas y para el transporte.
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Ovejas y cabras fueron abundantes, y los estudios sobre restos óseos muestran
por lo general un predominio de animales adultos, lo que hace probable su aprovechamiento como productores de lana.
No existen claras referencias sobre la cría del cerdo, aunque los restos óseos
presentes en los poblados permiten suponer su importancia como productor de carne.
4.- Caza y pesca:
La importancia de la caza en la sociedad ibérica encuentra su principal demostración en las decoraciones cerámicas. En ellas vemos escenas de caza a caballo, con
redes y lazos o cepos. En otra escena de Liria se reproduce una posible red para cazar
pájaros. La paloma es reiteradamente reproducida en la plástica. El conejo era cazado
con hurón.
Los textos clásicos ensalzan la riqueza piscícola de las costas peninsulares. F.
Gracia supone “la existencia de una fuerte industria pesquera radicada en torno a las
colonias griegas y poblados indígenas helenizados del norte de Cataluña y Sur de
Francia. En el Sur la floreciente industria de salazones y “garum” estuvo siempre ligada
al ámbito colonial fenicio - púnico.
5.- Industria textil:
La actividad textil tuvo un carácter familiar. Parece ser una labor vinculada a la
mujer. Junto a la lana, las materias textiles más importantes fueron el lino y el esparto.
En época romana se citan como productores de lino en el área ibérica la costa ampuritana, Tarraco y sobre todo Saitibi (Játiva).
El esparto se utilizó para redes y aparejos de barcos, cestas, gorros, zapatos y
Plinio dice que de él hacían sus vestidos los pastores. D. Rivera y C. Obón consideran
probable la existencia ya en este periodo de un amplio cultivo del esparto en laderas
poco productivas para otro tipo de cultivo.
El empleo del huso y la utilización en el mismo de las fusayolas ha sido constatado y es segura la utilización del telar vertical de pesas y del “telar de placas”. Parte de
las telas ibéricas eran teñidas antes de ser utilizadas. La combinación de colores en
algunas piezas indica la utilización de fibras previamente teñidas.
6.- Otras industrias:
Una industria casera fue la molienda de la harina, facilitada por la introducción
del molino circular de dos piezas. La península fue célebre en la Antigüedad por su
producción de cera y miel.
7.- Minería:
La riqueza minera de la Península es factor fundamental para explicar la ubicación y desplazamiento de los principales focos culturales y económicos.
En cuanto a metales preciosos, el fundamental fue la plata, que se producía en
Huelva, Cartagena, Sierra Morena y en el Alto Llobregat, en las cercanías de Berga. El
oro se obtenía en las arenas auríferas de los ríos, Estrabón cita las minas de Sierra
Nevada. Mayor importancia en el mercado indígena debió tener la minería del hierro y
del cobre.
De gran importancia económica fue la sal, fundamental para la instalación de las
factorías de salazones fenicio - púnicas, y para la conservación de la carne entre los
indígenas. Al margen de los yacimientos costeros se citan otros del interior, como Egelasta. El plomo es frecuente en los yacimientos ibéricos y se extraería junto con la plata
de Cástulo y Cartagena.
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8.- El comercio:
Junto a un intercambio activo de cada comunidad con las vecinas o próximas, es
evidente la existencia de contactos y rutas comerciales entre distintas áreas distantes
entre sí. Este comercio interior debió estar en manos de mercaderes o buhoneros indígenas. Es clara la importancia que para el enriquecimiento de ciertos poblados y de su
aristocracia incluso para la formación de ésta, tuvo el control de los pasos y rutas comerciales.
Este comercio interior usaría para el transporte animales de carga y carretas.
Por lo que respecta al transporte fluvial, García y Bellido ya recopiló los datos de los
textos clásicos sobre la navegabilidad de los ríos peninsulares y conocemos por los
textos la existencia de barcos fabricados con un solo tronco.
Respecto al comercio exterior, no parece aventurado afirmar que el comercio
marítimo se halló por entero en manos de colonos fenicio-púnicos y griegos y mercaderes ajenos a la población ibérica. Si para el periodo orientalizante son abundantes los
materiales que pueden atribuirse al comercio fenicio, más difícil es determinar para
época plenamente ibérica que elementos de cultura material han sido aportados por
comerciantes cartagineses o ligados al área fenicia occidental. Hay que suponer al comercio cartaginés como responsable de una parte de las importaciones de vajilla ática.
En cuanto al comercio griego, su exponente más palpable lo constituye la difusión de
sus productos cerámicos, que llegarían a inundar a finales del siglo V a.C. los poblados
indígenas. Muy escasos son los materiales de factura etrusca.
Por lo que respecta a las exportaciones de la Península, no creemos que fuera
relevantes en cuanto a los productos agrícolas o ganaderos en época prerromana, limitándose en todo caso a aquellos producidos en el hinterland de las factorías coloniales. Es posible pensar en la exportación de lino e incluso de prendas ya manufacturadas por parte de un centro como Saitibi. Pero sin lugar a dudas, lo que fundamentalmente condicionó la presencia colonial en la Península fue el comercio de metales. Es
sobradamente conocido el papel de intermediario en el comercio del estaño atlántico
que efectuó el sur peninsular. Hierro, plomo y oro debieron también se objeto de exportación y el minio ibérico se cita ya en el siglo IV, pero fueron la plata y el cobre los más
importantes.
17.3. INSTITUCIONES SOCIALES Y POLÍTICAS DE LOS IBEROS
1.- Sistemas de organización política:
En el momento de la llegada de Roma a la Península, los pueblos ibéricos parecen presentar una diversidad de sistemas de organización política que nos sitúa ante
una realidad compleja. Por lo general se nos presentan sistemas monárquicos que evolucionan hacia la monarquía.
La realidad de los sistemas monárquicos allí donde los hubo debió ser diversa
según la tradición de los mismos. Asambleas comunicarais, Senados aristocráticos y
consejos de pueblos aliados aparecen en diversas fuentes como responsables de la
toma de decisiones, en ocasiones como reflejo de sistemas políticos ajenos al monárquico y en otros casos como instituciones compatibles con la monarquía.
Dentro del área ibérica, Oretania y Turdetania parecen las regiones donde el sistema monárquico se encontraba mas desarrollado. Los textos griegos nos hablan de la
existencia de un “basileus”, que parece controlar territorios relativamente amplios, donde se engloban varias ciudades con sus respectivos campos y establecimientos menores. Estos “basileus” aparecen actuando plenamente en nombre de la comunidad, es-
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tableciendo pactos y firmando alianzas que obligan a esta última.
Para el Sureste y la Contestania, la fuerte helenización permite pensar en un
asentamiento de la ciudad como unidad política y las sepulturas, con monumentos del
tipo pilar-estela, reflejan la existencia de una aristocracia, que posiblemente llegará a
cristalizar en la aparición de reyezuelos.
Para Cataluña y el Valle del Ebro, podríamos pensar en un mayor peso de las
estructuras tribales. Dejando al margen el caso de los ilergetes, no parece posible
hablar de la existencia de reyezuelos en el sentido correcto de la palabra.
2.- Instituciones de carácter comunitario:
Dentro de este tipo de instituciones cabe citar primeramente el “hospitum”, mediante el cual un individuo extranjero pasa a ser miembro de una comunidad. Existieron
pactos entre ciudades, como el de Sagunto con Roma, o entre tribus. En estos últimos
casos parece claro que se trata de alianzas coyunturales y de carácter bélico, no tenido
noticias sobre como se articularían y con qué objetivo en tiempos de paz.
3.- Clases sociales:
La cúspide de la sociedad ibérica aparece ocupada por la aristocracia de origen
económico, tribal o militar. Este grupo se fue articulando en una graduación en la que,
al menos en las sociedades meridionales, el vértice será ocupado por los “basileus” con
un escalón inferior en el que situarían los dinastías de los distintos poblados. Íntimamente ligada a la clase dirigente se halla la clase militar. Esto traería consigo la existencia de auténticos soldados profesionales, desligados de cualquier otra actividad productiva.
Las clases medias estarían representadas por los mercaderes y transportistas y
posiblemente por los artesanos especializados, que estarían vinculados a productos de
interés económico o prestigio social, pero no tendrían en sus manos el control de la
comercialización y no rentabilizarían en su beneficio de forma directa sus productos. Su
aprovechamiento estaría en manos de la comunidad y más concretamente en manos
de los dirigentes de la misma.
En la base de la pirámide social se encontraría una gran mayoría de la población, cuyo status dependería del de la propia comunidad en que se insertaban, dominante o dependiente. Finalmente habría que citar a los siervos de tipo personal.
No parece existir entre los iberos una clase sacerdotal. Se han interpretado como sacerdotisas una serie de representaciones en exvotos o esculturas y es innegable
que la existencia de santuarios debe llevar aparejado un número de servidores del
templo.
17.4. EL ÁMBITO RELIGIOSO DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA
La religión ibérica podría resumirse como un animismo mágico de la naturaleza,
girando en torno a la idea de salud como conservación e incremento de la vida en todos los niveles. Esta religión se integra en un tipo de religión predominante en el mundo antiguo, en el que los orígenes de la nación y de la religión se confunden. Son religiones que no han tenido fundador, no han predicado una salvación individual, pero
tienden a la conservación e incremento de la vida del cosmos y de la comunidad.
1.- Los dioses:
Dioses semitas recibieron culto entre las poblaciones indígenas del área ibérica:
Melkart, Astarté-Tanit, Baal-Hammon y Adonis. Por lo que respecta a la influencia grie-
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ga, tuvo especial incidencia el culto a la Artemis efesia, cuyos ritos fueron adoptados
por los iberos, citando Estrabón santuarios en Homerocopeion y en Sagunto.
Parece haber predominio de las divinidades femeninas sobre las masculinas.
Posiblemente pueden reducirse en su mayoría a la gran madre mediterránea, cuya
evolución la fue individualizando en diferentes advocaciones. Con la tierra madre A.
Blanco ha relacionado una serie de damas sedentes del Sureste que coronaron monumentos funerarios, por lo que su carácter de protectoras del difunto parece evidente. La
dama de baza y la de Elche tuvieron la función de urna cineraria. Damas entronizadas
se encuentran pintadas en una urna de Galera, una fragmento cerámico de la Serreta
de Alcoy o en otro monte de Santa Catalina (Murcia). Blázquez se inclina a considerarlas representaciones de Tanit-Astarté. Diosas metroacas se hallan representadas en la
plástica. Identificadas con Tanit o Ártemis muestran un carácter de diosas de la fecundidad y de los muertos.
3.- Los lugares de culto:
Los santuarios ibéricos clásicos se hallan en el exterior del núcleo principal de
oblación. No son templos sino construcciones cuyo fin seria almacenar durante algún
tiempo los exvotos. Estarían consagrados a númenes locales, cuyo culto tendría un
carácter pragmático buscando la obtención de favores tangibles.
Los tres grandes santuarios ibéricos con exvotos de bronce son el Castellar de
Santiesteban y el Collado de los Jardines, en Jaén, y el de Nuestra Señora de la Luz en
Murcia. Exvotos de piedra que representan équidos caracterizan los santuarios del Cigarralejo en Murcia y el de Pinos Puentes en Granada. Deben estar dedicados a una
divinidad protectora de los caballos. El santuario de la Serreta de Alcoy presenta exvotos de terracota de variada tipología; debió estar dedicado a una diosa de la fecundidad
que se representa en una de las piezas.
En el Cerro de los Santos (Albacete) se han hallado multitud de piezas escultóricas que fueron ofrecidas por los devotos. En la parte del Cerro se alza un templo de
planta rectangular con dos escalinatas a los lados de la puerta y dos bancos corridos
en el interior en los que se depositarían las esculturas.
En la Illeta del Campello se descubrió un posible templo con tres naves, de planta rectangular, con un pórtico en uno de los lados y con dos columnas de fuste poligonal de piedra arenisca amarilla y cubierta con techumbre a doble vertiente de barro y
ramas.
A través de los exvotos de los santuarios se han estudiado las actitudes de culto
coincidentes con las que se encuentran paralelamente entre griegos, fenicios y cartagineses. Con ritos de fecundidad se relacionan algunos bronces con el sexo masculino o
femenino bien marcado, varones con gigantescos falos o que se masturban.
En los santuarios no hay huellas de sacrificios, pero las oferentes de palomas
muestran que al menos existieron estos sacrificios de aves.
Son dudosos los escasos testimonios que apuntan hacia la existencia de sacrificios humanos. Ciertas inhumaciones de individuos con la cabeza cortada pueden interpretarse como ejecuciones en las que intervienen ideas mágico religiosas sobre el
cráneo.
4.- El mundo funerario:
El rito generalizado es el de la incineración. La excepción la constituyen algunas
sepulturas infantiles en necrópolis y las inhumaciones de niños en los poblados. Las
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cenizas de la cremación se depositaron generalmente en urnas, que a su vez se colocaron en fosas ovales o bien en los casos de los nobles bastetanos en tumbas de
cámara. El ajuar se disponía, frecuentemente fragmentado, en el interior del nicho o
dentro de la urna. El nicho se cerraba de diversas maneras, recubriéndose en ocasiones con un túmulo que en las sepulturas más ricas del Sureste se presenta escalonado, llegando a alcanzar hasta los siete metros de lado. En Pozo Moro y Cástulo, pavimentos de guijarros rodeaban algunos túmulos.
En un área que por el momento puede constreñirse a Oretania y Contestania, las
grandes sepulturas correspondientes a la clase dominante se coronarían con monumentos turriformes como el de Pozo Moro o de tipo pilar-estela rematado habitualmente
por una gola como soporte de una escultura de animal, que cumple misiones apotropaicos y de tránsito.
Lo normal es que bajo un túmulo se halle un solo nicho. En algunos casos la sepultura no contiene nada en su interior, por lo que hay que suponer que se construyó
una tumba para el difunto aunque no se hubiese podido recuperar su cadáver. El análisis de los restos humanos de la necrópolis de Pozo Moro ha demostrado la asociación
en cuatro casos en el mismo nicho, de una mujer y un niño de uno a dos años; parece,
pues, que se les quema juntos cuando han fallecido ambos en el mismo momento, ya
sea por una posible enfermedad infecciosa que afectase a ambos o tal vez podamos
encontrarnos ante una forma de sacrificio del hijo ante la muerte de la madre.
Respecto al ritual funerario nada se sabe sobre estos, pero sí que la cremación
se realizó sobre la tierra o en hoyos excavados en ésta. En ocasiones se aguardaba a
la total combustión y enfriamiento (más de 24 horas) y en otras se apagaba el fuego
para proceder a un enfriamiento rápido. Los restos se recogerían con una pala, bien
indiscriminadamente junto a los carbones o efectuando una cuidadosa separación de
los huesos.
18. LOS PUEBLOS MASTIENOS Y LA BASTETANIA
1.- Mastienos:
El periplo de Avieno ubica a los mastienos junto a los libiofenicios al este del río
“Criso”. Habría que ubicar Massia entre el cabo de Gata y el de Palos, junto a un puerto
situado en un profundo golfo. Esto ha llevado a identificarla tradicionalmente son la ubicación actual de Cartagena, lo que hasta el momento carece de confirmación arqueológica.
Hecateo cita a los mastienos como una tribu cerca de las columnas de Hércules
y entre sus ciudades cita Mastia, Mainobora (Mainake) y Sixo (Almuñécar). De todo
esto parece deducirse una extensión por la costa que abarcaría desde el río Guadiaro
hasta el Segura o el Cabo de Palos, extendiéndose por el interior hasta Sierra Nevada
y el Sistema Bético, alcanzando posiblemente la cuenca sur del alto Guadalquivir, en
las actuales provincias de Jaén y Granada.
Habría, pues, que poner en relación con los mastienos la cultura del Bronce Final y el periodo orientalizante del Sureste y costa de Andalucía oriental. En esta amplia
área se evidencia matizaciones culturales regionales, consecuencia del diverso impacto
de la presencia fenicia en la zona, mayor o menor contacto con los grupos e influencias
del interior.
Una vez rota la unidad tartésica, los factores tendentes a la disgregación debieron hacerse más acusados, a la par que incidirán nuevos factores derivados de la in-
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fluencia comercial y cultural griega y la expansión de la iberización tanto desde una
perspectiva cultural como posiblemente a través de la llegada de nuevos grupos humanos.
El esplendor cultural que afines del siglo V a.C. reflejará el área mastiena del interior de Granada, permite hablar ya desde estas fechas de bastetanos.
2.- Bastetanos:
Tolomeo sitúa a los bastetanos en la costa, al norte de Baria, sin llegar a Cartago Nova, prolongándose por el interior hasta la fuentes del Guadiana, ocupando un territorio entre la Oretania al Oeste, la Contestania al Este y los celtíberos y lobetanos al
Norte
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TEMA 5. PUEBLOS PRERROMANOS (2):
El interior de la Península.
19. ORETANOS Y CARPETANOS
19.1. ORETANOS
Localización geográfica e identidad.
Los datos extraídos de las fuentes textuales sobre la localización geográfica de
los oretanos son poco precisos e incluso contradictorios. A grandes rasgos hay dos
líneas de pensamiento en los autores clásicos: los que los sitúan en el interior y los que
los hacen llegar hasta la costa.
Plinio, los ubica en el interior, en torno al Tajo. Tolomeo entre el Guadalquivir y el
Guadiana. En líneas generales el territorio que ocuparon los oretanos estaría delimitado por el Oeste con la actual divisoria entre Ciudad Real y Badajoz; por el Norte, con la
Carpetania, es decir aproximadamente en la divisoria entre Cuenca y Albacete; por el
Sur el norte de Jaén y de Murcia; y por el Este con el área alicantina y murciana.
El límite del territorio oretano por el Este no esta aclarado del todo. Según los
autores antiguos, como Artemido de Éfeso, Estrabón, contemplan la llegada hasta la
costa de los oretanos. Lo más probable es que en una fecha en torno al 380-375 a.C.
se produzca en la ruta del Segura un retraimiento del grupo bastetano y una expansión
de nuevos grupos que originarían una zona que podría denominarse oretanocontestana. Esta zona estaría ocupado por los oretanos orientales, los cuales son citados en las fuentes.
El problema de los oretanos germanos, que Plinio y Tolomeo citan, se ha vinculado tradicionalmente con el de elementos que pudieron llegar a la Península con las
denominadas invasiones indoeuropeas.
La importancia de los elementos indoeuropeos en el conjunto de la Oretania,
como nombres, datos arqueológicos, etc. es clara.
En definitiva se puede hablar a nivel de cultura material, pese a la existencia de
elementos comunes, de dos zonas con claras diferencias, la Oretania occidental y la
oriental, incluso en su nivel de "iberización cultural".
Sociedad y Economía.
López Domecha ha defendido la ganadería como la base de la economía. Sin
negar el papel de la ganadería, el desarrollo de la agricultura fue también un hecho.
Respecto a la minería, creemos que los dos centros mineros fundamentales de la Oretania fueron Cástulo y Sísapo. Tanto por sí mismos como por las rutas comerciales que
pasan en torno a las cuales se articulan los principales núcleos de población.
En nuestra opinión buena parte de la política comercial griega y feniciacartaginesa en el Sureste se basa en el acceso a las riquezas mineras oretanas. Por
tanto la producción no se enfoca sólo a la demanda interna, sino también, y fundamentalmente al comercio exterior. En el siglo VI a.C., podemos hablar de fenicios asentados en Cástulo, y la explosión demográfica de la ciudad a finales del siglo V a.C. es
acompañada del fuerte impulso comercial griego.
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La creación de riqueza y la necesidad de asegurar las rutas comerciales, darían
lugar a un dinámica interna que unido a los intereses de las potencias coloniales, cristalizaría en una jerarquización piramidal de las distintas comunidades entre sí y de los
individuos dentro de cada comunidad, hasta la aparición del poder centralizado. Turdetania y Oretania son los únicos territorios donde las fuentes no explican claramente la
existencias de auténticos "basileus" a la llegada de Amílcar Barca.
La existencia de una aristocracia queda patente en las necrópolis. Por otra parte
las diferencias de sepulturas lleva a Almagro Gorbea a plantear la diferencia entre "basileus" y "dinastas" locales. El carácter de heroización de estos monumentos hablan de
un cierto nivel "sacro" de la realeza. Tal vez, asumieran funciones de la realeza.
De los bronces se puede deducir la existencia de una clase militar. Pero no esta
claro del todo, pues casi toda la población masculina es enterrada con armas. Su inclusión en el ajuar funerario respondería a algún significado ideológico más que de función
social.
La existencia de esclavos públicos o privados es polémica.
19.2. CARPETANOS
Localización geográfica.
Los límites geográficos extraídos de las fuentes son confusos. Polibio y Livio los
sitúan al sur de los vacceos. Estrabón los sitúa al norte de los oretanos y más lejos los
vettones y vacceos. Tolomeo los ubica al sur de vacceos y arévacos, etc. Además se
añaden los problemas que plantea la expansión celtibérica, que fue frenada por Roma.
En líneas generales, la Carpetania estaría delimitada al norte por Guadarrama, al sur
por la divisoria entre las actuales Albacete y Cuenca, al Oeste por la región de Talavera
de la Reina, y al este por el río Júcar.
Aspectos sociales, económicos y religiosos.
La información arqueológica sobre la Carpetania en la Edad del Hierro II es exigua. Junto a poblados asentados más o menos fortificados con viviendas cuadrangulares con zócalos de piedra y alzado de adobes, perduran los llamados "fondos de cabaña" en zonas llanas, y el hábitat en las cuevas.
En el terreno artístico destaca la presencia de una plástica que refleja influjos
meridionales. En una vivienda de El Cerrón (Illescas) se ha encontrado un relieve en
pasta de adobe, con representación de un desfile ritual de dos carros guiados con aurigas, de influencia celta, y de un grifo de origen oriental cerrando la escena.
Un aspecto que identifica al grupo carpetano es la cerámica jaspeada o con decoración imitando madera.
Los estudios arqueológicos del mundo cultural de Cogotas I, demuestran la continuidad de las formas de vida frente a la síntesis paleoetnológicas tradicionales en las
que irrumpirían gentes indoeuropeas.
Desde el siglo VII a.C. comenzaron a penetrar una serie de influjos meridionales,
a lo mejor en relación con el creciente foco tartésico. Posteriormente harán su aparición
elementos de Campos de Urnas: nuevos tipos de poblado, rito funerario de incineración, introducción de la siderurgia y cerámicas relacionables con el área cultural surgida
en torno al Bronce Final en las altas tierras limítrofes del Sistema Ibérico.
Almagro Gorbea se inclina a ver en estos cambios, más que la llegada de nuevas gentes, el resultado de sucesivas adaptaciones e innovaciones. En esta evolución
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la estructura socio-económica cambiaría. Tendencia a la jerarquización social, introducción del arado y la trashumancia ganadera, aumento demográfico y de la inestabilidad. Lo que con lleva una nueva organización defensiva y económica del territorio.
Uno de los aspectos que más llama la atención de las fuentes textuales es la
mención en la Carpetania de reyes. Es difícil saber que tipo de institución sería, y hasta
que punto se aproxima más a las monarquías meridionales e ibéricas o a los "princeps"
celtibéricos.
Por otra parte la reciente expansión de los celtibéricos sobre el substrato carpetano podría marcar una clara diferencia entre estas élites militares y la masa autóctona
de población. La cual estaría encuadrada en el sistema de gentilidades como base de
la estructura tribal.
20. LOS CELTAS DE EBRO MEDIO. (CELTIBERIA ORIENTAL)
20.1. LOS BERONES
En algún momento de la I Edad del Hierro, entre el 700 y el 500 a.C., se asentaron en su solar histórico ¿área riojana? El significado de "berones" equivale a armados,
lanceros.
Al igual que sus vecinos y aliados los autrigones, no son situados por los autores
en la Celtiberia clásica, pero se trata, sin duda, de gentes célticas y han de negarse las
opiniones que los incluyen entre los pueblos autóctonos superficialmente celtizados o
indeoeuropeizados.
Su territorio era fronterizo con los de várdulos, autrigones, pelendones y túrmogos, siendo importante límite con estos tres últimos la Sierra de la Demanda. Su ciudad
principal se llamaba Varia o Vareia, sobre el Ebro.
20.2. TITOS, BELOS, LUSONES
Las fuentes son muy parcas en detalles acerca de los celtíberos citeriores (titos,
belos y lusones), pobladores de las tierras en torno a los ríos Jalón, Jiloca y Huerva.
Los textos de estos celtíberos, aun siendo tan pocos, forman hoy el corpus más importante del celta antiguo continental de que se dispone.
20.3. LA TERCERA CELTIBERIA
Los autores antiguos fueron muy escuetos en sus referencias a todas estas gentes. Los berones, al igual que los vascones sólo son nombrados, y muy parcamente, en
las guerras sertorianas. Si al comienzo las fuentes se muestran dubitativas en la delimitación por lo que se entendió por Celtiberia, más tarde, a medida que la conquista progresaba territorialmente, ésta apareció ceñirse a dos grandes ámbitos principales. Por
una lado, los arévacos controlando la Celtiberia Ulterior, y por otro, la tierra de los titos,
belos y lusones o Celtiberia Citerior.
Pero hay un aspecto a resaltar y no tenido en cuenta. El interés de Roma por el
control de las márgenes del Ebro. La cual se realizó muy tempranamente; por lo que
las fuentes posteriores no trataban dicho territorio (márgenes del Ebro) como hostil ni
por conquistar. Se trata de territorio pacificado y sometido, verdadero "limes" romano
en los que se instalan campamentos legionarios.
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De ahí que los autores modernos se pregunten a menudo a que pueblos celtibéricos han de atribuirse zonas de tan notoria importancia estratégica y económica como
el área de Caligurris y la zona moncaína. De todas formas las primeras acciones romanas pacificaron dichas tierras sin que peligrase su control.
20.4. LAS CIUDADES CELTIBÉRICAS
Los estudios de la arqueología han demostrado un proceso de importante alteración en el hábitat del área. Entre el siglo II-I a.C., se conocen un centenar de yacimientos celtibéricos que se reducen a una cuarta parte; y llegan a sobrevivir al asentamiento
romano, entrando en la Era, en torno a una docena. Hay, pues, el engrandecimiento de
unas ciudades en detrimento de otras que van perdiendo su función urbana. Y ha de
observarse que este proceso empieza antes que la llegada de los romanos. Por otra
parte, cuando las ciudades celtibéricas comienzan las acuñaciones monetarias, algunas ciudades (las que acuñaban plata y bronce) hegemonizaban a otras (las que sólo
acuñaban bronce).
Además hay una gran regularidad en el hecho de que, en cada comarca, tan
sólo era una ceca la que emitía metal precioso (así, en el Jalón, la bela Segeda, pero
no Bílbilis ni Tierga). Como no se trata de una conducta aleatoria, se deduce que éstas
dominaban políticamente un territorio amplio, en el que existían otras civitates de menor entidad.
Otros datos corroboran que la existencia de ciudades propiamente dichas entre
los celtíberos es más antigua que la llegada de Roma. La ciudad de ComplegaKemelon, en 181, el caso de Segeda en 154, la cual crece a raíz de la decisión política
de unos gobernantes de controlar un ámbito territorial en función de la ciudad misma, al
exigir a los habitantes de poblaciones circundantes a ocupar Segeda; produciendo reformas urbanas como la remodelación de las murallas. Dicho acto preocupó a Roma
pues veía el crecimiento de una fuerte estructura centralizada y de articular unitariamente un territorio hasta ahora deshilvanado y de fácil conquista.
Por otra parte, las mismas fuentes clásicas continuamente se refieren a oppida o
poleis, llamándolas por su nombre y, a veces, adjetivándolas de modo que no cabe duda de que se trata de una ciudad ("nobilisima", "segura", etc.). La guerra se hace frecuentemente contra ciudades.
En algunas ocasiones las fuentes mencionan a un embajador, portavoz o jefe y
se señala no la pertenecía étnica de éste, sino su ciudad de procedencia. Además siguen existiendo otros marcos de desarrollo de la vida social como la etnia o tribu, la
familia amplia, etc.
Es muy importante mencionar que los celtíberos, inicialmente, debían de haber
organizado coaliciones muy amplias, aprovechando, esa especie de "continum" cultural
céltico en el que podemos incluir a titos, belos, lusones, arévacos, sussetanos.
También hay que mencionar que los indígenas de la "Celtiberia romana" formaron como tropas auxiliares legionarias. En el año 146, belos y titos lucharon como tropas auxiliares romanas contra Viriato.
Creencias celtibéricas.
Diferentes estudios sobre la religiosidad y la ética celtibérica atestiguan que el
mundo de creencias y valores de los celtíberos coinciden con el resto de los celtas europeos. El guerreo celtíbero busca la inmortalidad personal a través del combate y de la
herida. Hace del arma un elemento fundamental de su vida, así como de la tradición
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épica de su pueblo. La autopercepción del combatiente le lleva a la mutilación del enemigo caído, cortándole la mano diestra al haber perdido el arma. También la decapitación del caído, para conservación indefinida de su cráneo, era costumbre. Ocasionalmente se dieron sacrificios humanos.
El guerreo celtíbero, una vez muerto, es expuesto para que, devorado por las
aves, participe, a través de éstas, del tránsito cósmico al más allá.
21. DEFINICIÓN Y ORGANIZACIÓN ECONÓMICA DE PELENDONES Y ARE-
VACOS.
Localización geográfica.
De las fuentes antiguas, el territorio arevaco abarcaría la provincia de Soria y la
mayor parte de la de Guadalajara, hasta el nacimiento del Tajo, la mitad oriental de la
de Segovia y el sureste de la de Burgos. Entre sus ciudades destacan Secontia (Sigüenza), Numantia (Numancia), Uxama, Termes.
Al norte de ellos se extendían los pelendones. Plinio les atribuye Numantia y Tolomeo les asigna ciudades de Visontium, Savia. De la confrontación de la lista de Plinio
y Tolomeo resulta que el territorio norte de los arévacos, se superponía al de los pelendones.
La teoría más aceptada es que los pelendones, de economía predominantemente ganadera, les correspondería la cultura de los castros del norte de Soria. La substitución de ésta por otras gentes agricultoras en los poblados del Duero, hacia el siglo IV
a.C., formarían la cultura numantina, cuyos responsables directos son los arévacos.
21.1. Organización económica.
Las economías de los arévacos y, en mayor medida, de los pelendones, eran de
carácter fundamentalmente pastoril. Las especies ganaderas comprendían ovejas y
cabras, ganado vacuno y caballar.
Se ha discutido mucho acerca del carácter trashumante de la ganadería celtibérica. Este régimen trashumante debió estar unido al nomadismo o seminomadismo de
la primera Edad de Hierro, pero con el desarrollo de la ciudad-estado a finales del siglo
III y durante el siglo II a.C., dicha trashumancia se debió ir limitando a las serranías,
territorio de los pelendones, algunos de cuyos castros muestran signos de población
intermitente.
En algunas zonas, dentro del territorio arévaco, como las de Uxama, Numancia y
Termes, la agricultura era importante. Los cultivos principales eran de cereal de secano, trigo y cebada, que se cultivaban en las explanadas y vegas en los valles de los
ríos.
Incluso en las proximidades de los ríos como en Langa de Duero, se practicaba
una agricultura mixta de cereal y huerta.
Un aspecto importante en la economía celtibérica, y en especial entre los pelendones y arévacos, era la explotación minera, de hierro principalmente. El centro principal era la explotación de los yacimientos del Moncayo, en época celtibérica y romana,
como lo atestigua la arqueología. Se desconoce el volumen de producción minera, pero, en cualquier caso, no parece que fuese muy grandes.
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Sobre la base de esta producción minera se desarrollo en Celtiberia una manufactura importante de armas de hierro, en especial espadas. Las cuales fueron destacadas por los autores antiguos; según Polibio podían herir por el filo y por la punta,
además de ser resistentes. Durante la segunda guerra púnica fueron utilizadas por lo
romanos con el nombre de gladius hispaniensis.
Otra manufactura que alcanzó importancia dentro de la economía celtibérica fue
la confección de capas de lanas, en base a los abundantes rebaños de ovejas. La confección de estas prendas era una actividad doméstica encomendada, probablemente, a
las mujeres.
El comercio de estos pueblos, antes la conquista romana, se basaban en el
trueque Posiblemente durante el dominio cartaginés y comienzos de la conquista romana ya se usasen lingotes o trozos de plata en algunos intercambios importantes o
para atesorar riquezas. En la primera mitad del siglo II a.C. circulaba moneda extranjera (ampuritana, púnica, romana e indígena) de las zonas peninsulares más desarrolladas.
El período de apogeo de las acuñaciones celtíberas se dio durante las guerras
sertorianas. Después del siglo I a. C.; se sustituye los letreos en lengua indígenas por
los latinos en las monedas de los talleres que continúan sus emisiones, cuya actividad
se prolonga hasta el reinado de Calígula.
22. ORGANIZACIÓN SOCIOPOLÍTICA Y VIDA URBANA DE LOS PUEBLOS
DE LA CELTIBERIA OCCIDENTAL. HOSPITIUM, CLIENTELA Y DEVOTIO
22.1. Organización social y política
Las organizaciones sociales básicas son: gentes y gentilates; organizaciones de
parentesco que aún subsistían en la época imperial.
La organización social de estos pueblos estaba fundada sobre los lazos de parentesco; éstos constituían grupos de consanguíneos descendientes de un antepasado
común que recibían en latín el nombre de gentes, los grupos mayores, y gentilates, los
menores.
La vida gentilicia se manifestaba en las comidas en común y por el hecho de que
todos los parientes dormían en común, como arqueológicamente lo atestiguan las casas en Numancia, Tiermes, donde se comía en comunidad, sentados en bancos corridos adosados a las paredes, en torno a un hogar central, alrededor del cual también
dormía el grupo de los parientes.
De los estudios epigráficos sobre los celtíberos, además de otros pueblos de la
Meseta y del norte de la Península Ibérica, se deduce que la pertenencia de los individuos a la gens o gentilitas, eran más fuerte que a la familia restringida. Los individuos
con el gentilicio y no con la filiación. Es decir, que a la hora de expresar su nombre era
más importante pertenecer a un grupo amplio de parentesco, que podía comprender
otros subgrupos, dentro de los cuales la familia era el menor. A mediados del siglo I
a.C. otros factores empiezan a tener importancia, se hallan menciones a la ciudad a la
que pertenece el individuo, y aparece la filiación paterna, debido a la influencia romana.
Esta influencia no es aún muy fuerte, por lo que estos factores podían haber empezado
antes de la conquista romana.
Por el momento en que tenemos noticias históricas de los pelendones y arévacos, la organización social descrita se presenta dominada por el marco urbano en de-
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trimento de los regímenes gentilicios.
Vida Urbana
Los celtíberos vivían en distintos tipos de asentamiento humanos que las fuentes
literarias denominan poleis o urbes, civitates, vici y castella.
Las poleis o urbes eran del tipo de la ciudad-estado antigua; con un núcleo urbano más o menos desarrollado y un entorno agarro dependiente de él.
Las civitates eran organizaciones políticas indígenas autónomas que podían tener o no una configuración urbana.
Los vici y castella eran los asentamientos menores y corresponden a los poblados y castros característicos de estos pueblos que documentan la arqueología.
Los hallazgos arqueológicos confirman que los asentamientos de carácter urbano se ubican preferentemente en Carpetania, los valles del Jalón y del Ebro, es decir,
en aquellas comarcas más ricas, más civilizadas y donde la vida urbana de tipo romano
tuvo mayor difusión, En el territorio de los arévacos y pelendones habían algunas poleis, como Numantia, Uxama o Termes, pero la población vivía fundamentalmente dispersa en aldeas o poblados o en torno a torres defensa que aparecen mencionadas
como vici y castella. El proceso de construcción de ciudades había empezado cuando
llegado los romanos, en la primera mitad del siglo II a. C. Estas ciudades se formaban
por el sinecismo de distintas comunidades tribales en torno a un mismo centro urbano.
La organización política de estas ciudades contaba con una asamblea popular,
un consejo de ancianos o senado aristocrático y unos magistrados, presumiblemente
electivos.
La organización política de las ciudades arévacas se basaba directamente en su
organización social, en la que la aristocracia gentilicia constituía el grupo dominante.
Aristocracia formada por los propietarios de grandes rebaños de ganado e importantes
clientelas que constituían la base de su prestigio social; la riqueza económica se plasmaba en la adquisición de una espléndida armadura, distintivo de la aristocracia indígena y que les daba el papel militar principal. Él órgano político de esta clase era el
consejo de ancianos, que en esta época ya no correspondía a un organismo de edad.
Al parecer, era el consejo el que tenía un papel político principal en las ciudades, y la
Asamblea únicamente decidía sobre las propuestas que éste les presentaba. Aunque la
Asamblea era la que elegía al jefe militar, cuya duración de mandato era limitada, entre
los arévacos, a un año.
En ocasiones las disputas eran grandes entre el consejo y la asamblea, generalmente en la lucha contra Roma. La aristocracia (consejo) era menos bélica que la del
pueblo (asamblea), porque un entendimiento con los romanos les aseguraban su posición dominante sobre el pueblo.
Además se elegían a otras magistraturas de carácter civil que reciben en latín el
nombre de magistratus, praetor, y en lengua indígena, el de viros, veramos. Estos magistrados ejercían la administración de justicia en las ciudades o actuaban como representantes de las mismas (ciudades).
La confederación tribal
A comienzos del siglo II a. C. las distintas tribus constituían una liga o confederación militar cuya finalidad era la defensa de las ciudades acogidas a la misma. Esta
confederación o liga la componían los arévacos, belos, titos, lusones y, probablemente
los pelendones.
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A comienzos del siglo II a. C. la estructura de la confederación no era estable,
sino que funcionaba según las circunstancias, como eran los ataques de los romanos.
Tampoco parece que la liga como tal tuviese ningún poder coactivo sobre las tribus o
ciudades que la componían, sino que podían adoptar distintas actitudes en la lucha
contra los romanos según evolucionaban las circunstancias. De todas formas, según se
desprenden de los autores clásicos se puede suponer la existencia de ciertos mecanismos de control. Sabemos que los numantinos tenían guarniciones propias en Malia y
Lagni. Dichas guarniciones servían para reforzar la defensa de la ciudad y, para preservar la fidelidad de las mismas a los arévacos.
Seguramente la iniciativa de la formación de la liga partiría de los arévacos. En
todo momento es la tribu dominante por su preponderancia militar. Es evidente que dentro de la confederación había desigualdades que fueron explotadas políticamente por
los romanos para conseguir el triunfo en las guerras.
22.2. HOSPITIUM, CLIENTELA Y DEVOTIO
El hospitium (hospicio) o pacto de hospitalidad permitía adquirir los derechos de
un grupo gentilicio a otros grupos gentilicios o a individuos aislados. Como el grupo
gentilicio estaba formado por los descendientes de un mismo antepasado común, las
relaciones con otros grupos gentilicios o individuos tenían que darse sobre la base de
la personalidad propia. Por lo tanto, no se trataba de una acto de adopción; las partes
actuantes contraían derechos mutuos sin que la mencionada personalidad propia se
perdiera. Los contrayentes del hospitium se convertían en huéspedes (hospites) mutuos y el pacto de hospitalidad se solía acordar en un documento denominado tésera
de hospitalidad. Estas téseras son láminas de metal recortado, en muchas de ellas figurando dos manos entrelazadas o la silueta de animales que quizás tenían un significado religioso. Se ha supuesto que el hospitium, inicialmente, se acordó en plano de
igualdad, pero progresivamente al surgir diferencias económicas se iría pasando a un
estado de dependencia que lo habría llevado a asimilarse, en su contenido, con la
clientela. La mayor parte de los pactos de hospitalidad conocidos en Celtiberia contiene
ya este elemento de desigualdad.
De entre los pactos de hospitalidad descubiertos, el más famoso es el denominado "Bronce de Luzaga", que registra un hospitium entre las ciudades de Arecoratas y
Lutia, al que probablemente se sumaban las gentilitates Belaiocum y Caricon.
Las clientelas consisten en comitivas constituidas en torno a los individuos más
importantes de una comunidad tribal. La relación entre estos individuos, generalmente
aristócratas, y sus seguidores era una relación contractual basada en la desigualdad de
riqueza y posición social de ambas partes; el jefe normalmente debía alimentación y
vestido a sus seguidores, mientras que éstos le debían apoyo incondicional. Estas
clientelas frecuentemente tenían un carácter militar.
La devotio, era una clase especial de clientela. Al elemento contractual de la
clientela se añadía un vínculo religioso, por el cual los clientes de un jefe tenían obligación de seguirle a la batalla y de no sobrevivirle en caso de que éste muriera en combate. Tales clientes reciben el nombre de devoto o soldurios.
Con la clientela y la devotio los lazos de consanguinidad no juegan ya ningún
papel. Las desigualdades sociales empujaban a los individuos más pobre a ponerse en
la clientela de un aristócrata que les aseguraba los modelos de vida; estos aristócratas
unían a sí mismo a individuos procedentes de sus propias organizaciones de parentes-
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co, de otras organizaciones, y a individuos ajenos a cualquier tipo de organización. Al
ser más fuerte el vínculo que unía con el jefe, y a veces mediante vínculos religiosos,
que el vínculo consanguíneo; estas instituciones contribuyeron a disgregar los lazos de
organización gentilicia.
El mayor desarrollo de las clientelas militares en Celtiberia parece haberse dado
durante el período de las guerras civiles de la República tardía, cuando los distintos
políticos implicados como Sertorio, Pompeyo, César, etc. labraron importantes clientelas indígenas.
La proliferación de estas prácticas institucionales, junto con el desarrollo de la
clase aristocrática y de las estructuras urbanas, fueron los elementos principales que
contribuyeron a la evolución del sistema gentilicio, a su transformación y, ya bajo el
dominio romano, a su progresiva desaparición.
23. LOS VACCEOS
Localización geográfica.
Uno de los pueblos más importantes de la Meseta Central es el de los vacceos.
Es, además, el único cuyos límites quedan todos incluidos dentro de esta unidad geográfica.
El territorio vacceo comprendía en términos generales las llanuras centrales de
la cuenca del Duero que forman la actual Tierra de Campos: la totalidad de la provincia
de Valladolid, la de Zamora al este del Esla, que los separaba de los astures, el sureste
de la de León, la mitad meridional de la de Palencia, el suroeste de la de Burgos, la
mitad occidental de la provincia de Burgos, y una zona al norte de la de Salamanca,
entre el curso del Tormes, que haría límite entre vacceos y vetones.
En estas tierras se desarrolla durante la segunda Edad del Hierro una cultura
material muy semejante a la que se desarrolla en el territorio arévaco, que conjuntamente se les definen como la "Cultura del Duero".
23.1. Vacceos, arévacos y celtíberos.
De la semejanza de la cultura material del área vaccea y arévaca y de alguna cita aislada de los autores clásicos, se ha derivado en fecha reciente una cierta confusión
sobre los que históricamente fueron lo vacceos, los arévacos y los celtíberos y las relaciones entre estos pueblos.
La confusión parte de A. Sculten que al comentar un texto de Estrabón, el cual
dividía la Celtiberia en cuatro partes mientras que otros lo hacen en cinco, lanzó la opinión de que quizá esa "quinta parte" fuesen los vacceos. Sí, además, se le añade la
semejanza de cultura material entre el área vaccea y arévaca; se ha ido elaborando
una teoría que hace de los vacceos no sólo una de las partes de Celtiberia sino, la parte más importante de la misma y, dada la difusión de dicha cultura a partir del siglo IV
a. C., se ha extendido el concepto de celtibérico prácticamente a la mayoría de la Meseta. La confusión procede del hecho de que el material arqueológico y los fenómenos
y realidades históricas difícilmente pueden equipararse, ya que se refieren a facetas
distintas de la actividad humana.
Los historiadores actuales están de acuerdo en que los vacceos no formaron
parte de la estructura federativa celtibérica y que son un pueblo distinto de los celtíberos.
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Colectivismo agrario.
Uno de los rasgos más destacados de la organización socioeconómica de los
vacceos es la existencia de una importante actividad agrícola cerealista desarrollada
sobre las bases de un régimen de propiedad colectiva, y por las condiciones naturales:
las llanuras centrales del Duero. La importante actividad agrícola se recoge en distintos
textos clásicos referentes a las guerras del 154-133 a. C., que muestran que los numantinos y arévacos dependían de aquellos para aprovisionarse de cereal. Por esta
razón los romanos cuando luchan contra Numancia, atacan el territorio vacceo, no para
someterlos sino para destruir o apropiarse de sus cosechas.
Con todo, las bases económicas de los vacceos eran fundamentalmente ganaderas, aunque entre ellos el complemento agrícola fuese especialmente más importante que en los pueblos restantes.
La existencia de formas de propiedad comunal de la tierra, característica del
régimen gentilicio que constituía los fundamentos de la organización social de estos
pueblos, no era exclusiva de los vacceos, sino que la hallamos también en otros pueblos de la Meseta Septentrional.
Un documento epigráfico del mayor interés, el denominado Bronce de Contrebia,
hallado en la localidad de Botorrita (Zaragoza), muestra que a comienzos del siglo I a.
C. coexistían en Celtiberia formas de propiedad pública o colectiva sobre la tierra y
formas de propiedad privada. La situación entre los vacceos, seguramente, no debía de
ser muy diferente a la que encontramos en el Bronce de Contebria, donde, además, es
la ciudad, y no los grupos gentilicios, la que aparece como propietaria de dichos terrenos. Esta situación se daría probablemente en las ciudades vacceas como Pallantia,
Cauca o Intercatia.
Organización social.
Parece que no hubo una estratificación social muy acusada, que estaría en relación con las formas de propiedad colectiva, y con las necrópolis vacceas, donde las
diferencias de riqueza de ajuares son mínimas. Aunque puede ser que tuvieran una
actitud diferente ante el fenómeno y los usos funerarios y no prueba la inexistencia de
un grupo aristocrático rico y poderoso, como en el caso de los vetones.
La base de su sistema social la constituía el régimen gentilicio. Hacia finales del
siglo III y comienzos del II a. C. algunos de sus poblados habían crecido en gran medida y surge el fenómeno de las ciudades. Este es el caso de Cauca, de Pallantia o de
Intercatia.
En un texto de Plutarco que menciona ciudades vacceas, habla sobre la existencia de la esclavitud, lo que ha llevado a creer en la existencia de la esclavitud. Pero la
practica de cortar las cabezas como trofeo de los enemigos vencidos hace lo más probable, que el desarrollo de la esclavitud entre celtíberos, vacceos, vetones, etc. fuese
muy escaso en época prerromana, y sólo se desarrollo con posterioridad a la conquista.
Los textos referentes a las guerras de conquista muestran que al frente de las
ciudades había consejos de ancianos o senados, como entre los celtíberos, que dirigían al parecer el gobierno de las mismas. Es posible que además existiese una asamblea popular que decidiese por aclamación sobre las propuestas del consejo, como pasaba entre los arévacos, y que se reuniesen en situaciones excepcionales como la declaración de la guerra y de la paz. Al frente de los grupos gentilicios había jefes que
recibían el título de princeps o magistratus, pero de los que ignoramos cuál era la naturaleza de su poder, duración y funciones. Por otra parte, al frente de las ciudades había
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magistrados, que en época romana representaban a las ciudades en los pactos de
hospitalidad.
24. LOS VETONES.
Localización geográfica.
Los vetones ocupan las tierras suroccidentales de la Meseta Central; de manera
aproximada, las provincias actuales de Ávila, Salamanca y la mitad oriental de la de
Cáceres.
En líneas generales, los vetones limitaban con los vacceos al Norte, al Este con
los carpetanos, al Sur con los oretanos, túdulos y célticos, y al Oeste con los lusitanos.
24.1. Evolución cultural.
Arqueológicamente este territorio corresponde al que ocupa la cultura denominada Cogotas II o, "de los verracos". Dicha cultura se desarrolla a partir del siglo V a.
C. como una evolución de la cultura preexistente en la zona a finales de Edad del
Bronce (Cogotas I), sobre la que influyen la progresiva llegada de pobladores indoeuropeos. Según los arqueólogos, a los indígenas se debería la economía pastoril trashumante, y una cultura que presenta contactos con los pelendones del norte de Soria.
A los indoeuropeos llegados a estas tierras, se los atribuye la utilización cada vez más
abundante del hierro, la aparición de nuevos tipos de cerámicas, y la introducción o
potenciación del cultivo de gramíneas.
El amurallamiento de los castros salmantinos y abulenses en la segunda mitad
del siglo V a. C. denota un incremento de la riqueza y de los recursos de la comunidad
necesarios para hacer frente al coste económico y humano (horas de trabajo invertidas
en la construcción en detrimento de tareas productivas primarias: agricultura y ganadería) de la edificación de dichas defensas. En este incremento de la riqueza debieron de
jugar un gran papel los contactos con sociedades más avanzadas del Sur de la Península y con los pueblos colonizadores, con quienes había intercambios a través de una
ruta prehistórica, que dará origen en la época romana a la "Vía de la Plata".
Por otra parte la construcción de estas murallas implica unas nuevas relaciones
de poder dentro de las sociedades indígenas, al orientar el excedente de riqueza y trabajo a obras públicas. Su desarrollo esta relacionado con los intercambios comerciales
y con el nacimiento de una aristocracia guerrera atestiguada en las necrópolis.
Además, el fenómeno del amurallamiento de los castros supone un paso más en la sedentarización de los grupos tribales en torno a un núcleo fortificado.
Un aspecto importante es que estas murallas eran complejas, reforzando las
mismas con paramentos internos e incluso rodeándolas, en zonas concretas, de barreras de "piedras hincadas" para evitar el ataque de la caballería.
25. Los verracos.
Un rasgo llamativo de los vetones, son las esculturas de cerdos, jabalíes y toros
denominadas comúnmente como "verracos". El origen de estas esculturas es probablemente la estatuaria meridional, donde son frecuentes las representaciones de diversos animales con significación funeraria. Se empezaron a construir en el 500 o 400 a.
C. hasta la época romana. Su finalidad se ha venido discutiendo. La interpretación más
acertada hasta al momento fue la propuesta por Juan Cabré. El hallazgo durante la ex-
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cavación de tres ejemplares in situ en Las Cogotas, a poca distancia de la puerta de
entrada y alejadas de las necrópolis, le permitió señalar que tal vez estas esculturas
fuesen representaciones mágicas protectoras de los rebaños, que responderían a formas de religión primitiva. Un reciente hallazgo en Portugal parece demostrar que estas
esculturas eran objeto de un culto.
25.1. Economía.
De todos los pueblos de la Meseta Central, los vetones son sin duda los que tienen una economía con un carácter ganadera más marcado. Los principales recursos
económicos los constituían la ganadería y, de forma complementaria, la agricultura; en
su territorio había metales, oro y estaño principalmente, que abunda en el margen occidental de la Meseta.
La ganadería se basaba en cerdos, vacas y caballos. La especialización ganadera era producto tanto de su menor desarrollo económico como del medio geográfico,
poco apto para el desarrollo de una agricultura importante. La cría de caballo era muy
importante. La importancia de la caballería entre los vetones se hallaba atestiguada
arqueológicamente por la abundancia de bocados hallados en diversos enterramientos
y por los campos de piedras hincadas delante de las murallas de los castros que servían de defensa ante los ataques por sorpresa de la caballería.
La economía ganadera se complementaba con la agricultura, de las que hay testimonio en los molinos circulares y los útiles de labor hallados en los castros. Otra actividad importante sería la recolección de bellotas y castañas, probablemente por parte
de las mujeres, que debió jugar un papel importante en la alimentación de los pueblos
de la Meseta occidental.
Respecto a la explotación de minería y el desarrollo de la metalurgia, la cantidad
y la calidad de los objetos de bronce y hierro, principalmente armas, hallados en las
necrópolis de la zona, atestiguan el perfeccionamiento y el desarrollo de la metalurgia
entre los vetones. Los ejemplares más significativos son las espadas halladas en La
Osera y las Cogotas, con nielados y damasquinados en plata y oro, así como los broches de cinturón en bronce con damasquinados de plata, que debían pertenecer a la
aristocracia.; son muy abundantes también armas comunes de hierro: puñales, espadas, falcatas, puntas de lanza. No obstante la producción metalúrgica no parece que
pasara de la estructura, en pequeños talleres, de fundiciones locales o incluso de artesanos ambulantes que abastecían al poblado y a la comarca circundante.
Durante mucho tiempo los intercambios económicos debieron darse en forma de
trueque y, después de la conquista romana, la economía monetaria probablemente no
se introdujo más que en las ciudades (Capara, Turgalium.) y en los núcleos más o menos urbanizados (Salmantica).
Durante el siglo II a. C. parece que entre los vetones se daban las mismas desigualdades económicas que entre otros pueblos de la Meseta (celtíberos y lusitanos) y
que eran la causa del fenómeno que conocemos como bandolerismo de estos pueblos.
Dichas desigualdades, se debían a la aparición de una aristocracia gentilicia poseedora
de grandes rebaños que acaparaban el uso de la tierra y de los pastos. Los individuos
empobrecidos en este proceso buscaban una salida económica en el pillaje de los territorios más ricos de la mitad meridional de la Península. Otra salida a esta situación era
el mercenariado, del que tenemos datos acerca del reclutamiento de vetones por el
ejército pompeyano durante la guerra civil. De todas forma el problema de la desigualdad entre los vetones no era tan acusado como entre los celtíberos y los lusitanos.
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Sociedad.
La organización social de los vetones estaba fundamentada sobre el régimen
gentilicio. Es frecuente hallar un modelo según el cual el individuo hace constar sólo su
nombre propio y de la gentilitates a que pertenece; algunas de estas inscripciones son
de los siglos II y III d. C. Ello quiere decir que en una fecha tan tardía la expresión de su
pertenencia a este grupo social seguía siendo importante para estos individuos, incluso
más que la expresión de la propia filiación, más que la familia restringida. Lo cual implica que la romanización no fue profunda.
El grupo dominante lo constituía una aristocracia militar formada por los jefes de
los clanes y los individuos más ricos, a quienes pertenecen los ajuares funerarios con
espléndidas armaduras de las necrópolis de La Osera, Las Cogotas, etc. Siempre se
ha señalado el carácter que tendría esta aristocracia poseedora de grandes rebaños y
acaparadora de tierras; pero también hay que destacar el papel de intermediarios que
debieron jugar en el comercio de los metales que, procedentes del noroeste de la
Península, se dirigía hacia la zona tartésica a cambio de manufacturas y productos
suntuarios. Los jefes de los clanes o de los poblados, como representantes de la comunidad, debieron de actuar de intermediarios en este comercio. Con la conquista romana, esta aristocracia perdió el poder político, pero se convirtió en el poder económico y social principal en una región en la que la llegada de inmigrantes itálicos fue escasa.
Los vetones en comparación con los vacceos o los arévacos, tuvieron una sociedad menos evolucionada. Ello se advierte en dos aspectos fundamentales: no constituyeron una estructura política tan compleja como la confederación tribal celtibérica, y
tampoco existía una vida urbana importante durante este período.
25.2. LA RELIGIÓN DE LOS PUEBLOS DEL DUERO
Conocemos muy imperfectamente la religión de estos pueblos, celtíberos, arévacos, vacceos y vetones
Podemos dividir el panteón indígena de estos pueblos en tres categorías de divinidades que no son excluyentes:
Divinidades de carácter astral, que forman el sustrato de la religión indoeuropea.
Grandes dioses celtas, iguales que en otras zonas de la Península y fuera de ella
como en las Galias, Britania.
* Divinidades menores, con un culto probablemente local, cuyo carácter parece indicar un substrato u origen de tipo animista o totémico, y que aparecen vinculadas,
bien a accidentes topográficos (montes, bosques, etc.) o a organizaciones suprafamiliares de carácter consanguíneo (gentilitates) o de tipo territorial (castros, aldeas,
ciudades, etc.).
*
*
De entre los cultos astrales, los del sol y la luna debieron ser los más importantes entre estos pueblos.
Entre los grandes dioses celtas, el más importante parece haber sido Lug, que
con la romanización fue asimilado a Mercurio. Otras divinidades importantes eran las
Matres, diosas de la fecundidad, la tierra nutricia y las aguas, cuyo culto estaba extendido entre los celtas y germanos.
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Los dioses con culto exclusivamente local fueron numerosísimos. Culto a un
monte, un pozo o una fuente, un río, o a los árboles. Todos estos cultos locales que
pudieron estar vinculados a una determinada comunidad gentilicia o a una localidad,
son las más abundantemente representados.
Desconocemos la existencia en época prerromana de templos dentro de las ciudades o poblados indígenas. La norma general parece ser que los santuarios estuviesen fuera de las poblaciones, como los recintos naturales con graderías excavadas en
la roca, localizados bajo la acrópolis de Tiermes, con un conjunto de piedras de sacrificios con pocillos y canales. La excepción a esta norma parecen constituirlas las piedras
sacrificiales halladas en los castros de Ulaca y las Cogotas
De la existencia, organización y formas que asumía el sacerdocio sólo conocemos la referencia de Estrabón. Es posible que algunos caudillos militares realizasen
también ceremonias religiosas en presencia del ejército. Por otra parte, es probable
que los jefes locales o las cabezas del linaje en el ámbito familiar realizasen determinados cultos. Al lado de estas formas de religiosidad habría posiblemente manifestaciones de profetismo por algunos personajes, según se desprenden de los escritores
clásicos.
26. LOS LUSITANOS
26.1. Orígenes y situación según las fuentes antiguas
De los pueblos de la fachada atlántica, los lusitanos eran los más numerosos y
los más aguerridos. Seguramente se establecieron hacia el siglo VI a. C. entre el Duero
y el Tajo, provenientes de las montañas helvéticas. Sin embargo su origen étnico ha
sido muy discutido actualmente.
Para Arbois de Jubainville, eran autóctonos, es decir, una tribu indígena, que
sería sometida, al principio, por los celtas y que después ayudados por los cartagineses
se sublevarían hasta conseguir su independencia.
Posteriormente, Lambrino señaló que los lusitanos eran una tribu de origen celta
relacionada con los lusones de Contrebia, asentada en el este peninsular. Ambas etnias serían originarias de las montañas suizas y habrían penetrado en la Península con
motivo de las llamadas invasiones célticas.
Los recientes trabajos lingüísticos de Tovar, indican que los lusitanos serían una
etnia, o un grupo confederado de pueblos, de carácter indoeuropeo, pero no celtas. El
problema sobre el origen y fijación está aún sin resolver.
El territorio lusitano por excelencia abarcaba desde el Duero hasta el Tajo. Su
núcleo central lo constituía la Sierra de la Estrella y la estribaciones de la Sierra de Gata. Limitaba por el Sur con los célticos, por el Norte con los galaicos y por el Nordeste
con los vetones.
26.2. Límites, pueblos y ciudades según las fuentes antiguas (examen)
La situación de los límites fronterizos es muy discutida. No obstante, el límite
norte de los lusitanos y de los turduli veteres era el río Duero. Por Occidente tenían
como frontera a los turduli veteres. Por el sur limitaban con los célticos. La frontera entre ambos estaría al sur del Tajo. Al este estaban los vettones.
De la descripción pliniana se desprende que bajo el nombre genérico de lusita-
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nos había diferentes pueblos, como los turduli veteri y los paesusi, cuyo origen era distinto, pero muy afines en cuanto a características culturales y materiales.
Los lusitanos era un nombre genérico, que incluía a varios pueblos dependientes, de ellos (los lusitanos), como los paesusi, celtici, tapori y los turduli veteres.
En resumen, el territorio del extremo occidental peninsular estaba ocupado por
varios grupos étnicos, de los que el más significativo era el de los lusitanos, ubicados
entre el Duero y el Tajo, en la región portuguesa de las Beiras.
26.3. Organización social y política
La presencia de grupos en régimen gentilicio entre los lusitanos es muy parca.
No obstante, los hallazgos que proceden de zonas cercanas limítrofes con el territorio
vetón nos hace suponer la existencia de un régimen tribal para toda la región lusitana.
Suposición que puede apoyarse en la relación entre clanes o tribus y divinidades indígenas, cuyos epítetos están relacionados con los nombres de las gentilitates.
Las inscripciones lusitanas muestran que la organización tribal indígena continuaba vigente aún en los siglos II y III d. C. en forma de gentilitates o clanes cuya cohesión venía dada por la identidad de los lazos de sangre de sus miembros. Estos lazos era más importante que los que establecía la familia restringida.
El régimen de gobierno de los lusitanos era la jefatura militar, que se daba en
momentos especiales, en caso de guerra. Los caudillos, o jefes militares, se elegían en
asambleas populares. La existencia de esta jefatura militar, temporal y electiva, esta
demostrada. No parece que existía una regla sucesoria, sino que su nombramiento se
debe a una elección en la que los factores de valor, habilidad en la guerra, etc., eran
los que se tenía en cuenta.
Otra característica de los lusitanos era su facultad de adoptar a extraños a su
propio pueblo. Esto se conoce como hospitium
Los guerreros lusitanos formaban un grupo social muy importante.
26.4. Organización económica
Desde un punto de vista geográfico, la región habitada por los grupos célticolusitanos tenía importantes contrastes entre el interior y el litoral. Igualmente se da una
diversidad climática entre el interior y el litoral.
Las fuentes principales de subsistencia de los lusitanos eran la ganadería y, de
manera complementaria, la agricultura, de base cerealística principalmente, aunque
también existían olivos y vides, así como el cultivo del lino. Los aperos de labranza encontrados en algunos de los castros prerromanos hablan de la existencia de los cereales.
El ganado era la base económica. El ganado menor, fundamentalmente, el porcino y el ovino, era el más numeroso, aunque también criaban el bovino y el caballar.
Las representaciones escultóricas nos hablan del predominio de la ganadería.
El caballo constituía un elemento de especial importancia en la economía lusitana, como demuestra la fama de buenos jinetes de que gozaron los lusitanos en la Antigüedad.
Ganadería y agricultura eran actividades realizadas por los hombres, mientras
que la recolección de frutos silvestres, las realizarían las mujeres.
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La caza, muy abundante en el territorio lusitano, servía de complemento a la ganadería y agricultura. Los principales animales cazados serían la cabra salvaje y el
ciervo.
La pesca, que servía de complemento en la alimentación, debía ser muy abundante en sus costas y ríos.
Respecto a las relaciones de propiedad de la tierra, ésta debía ser comunal, pero los ganados no; pertenecerían a las diferentes familias y constituirían la expresión de
su riqueza.
El problema agrario de la falta de tierras se agravaba por la densidad de población. Este excedente de población, sin tierras y sin ganado, constituiría la base de las
raíces y del bandolerismo lusitano.
La riqueza mineral no era inferior a la agrícola y ganadera. Las fuentes literarias
hablan del río Tajo, como portador de oro y, de otros ríos como el Vouga, Mondego,
Alba y Sabor. No obstante, no existen yacimientos excavados que sirvan para ilustrar el
sistema de explotación y la tipología del hábitat minero durante la época prerromana,
durante la II Edad de Hierro.
Existen algunos poblados mineros documentados, como el Castelo Velho de Safara. Sin embargo, no se puede pensar en explotaciones a gran escala, sino en pequeños talleres para abastecer las necesidades, o de áreas restringidas; pero también pudieron existir algunos centros de producción más especializada relacionables con la
fabricación de armas. Así lo atestigua cascos, lanzas, corazas, espadas., que no sólo
se empleaban en las guerras, sino también en el ritual funerario.
A esta industria metalúrgica, de carácter guerrero, habría que sumar también la
fabricación de instrumentos agrícolas o artesanos destinados a diferentes usos, así
como otras industrias de tejidos de lujo, según se desprende de Diodoro.
La orfebrería presenta formas y estilos orientalizantes. Destacan los recipientes
de plata del tesoro de Pedráo, el brazalete de Estremoz, el tesoro de Segura de León.
en los cuales tanto la técnica como iconografía confirman el cruce de elementos célticos y orientalizantes típico de la orfebrería prerromana de la Meseta. Se suele atribuir
el uso de estas joyas a individuos de una clase social de rango elevado, probablemente
a los jefes o caudillos militares lusitanos, que serían los portadores de este tipo de joyas.
Entre las actividades artesanales, la producción de cerámica ocupó un papel importante tanto para uso doméstico como para los rituales.
Respecto al comercio, la costa atlántica lusitana mantuvo unas relaciones comerciales muy activas desde antiguo con Andalucía. Los hallazgos de ánforas y monedas griegas son bastantes frecuentes en todos los yacimientos costeros a partir del siglo V a. C., aunque tal hecho no es más que la continuidad de un comercio de carácter
mediterráneo y costero que venía desde antiguo.
Existía una ruta, frecuentada ya desde el Bronce Final, que enlazaba la desembocadura del Guadiana con Alcocer do Sal y las regiones en torno al río Sado. Este río
era navegable hasta Salacia, a unos 40 Km. de la costa.
Otra ruta, tal vez de época tartésica, que tenía por objeto buscar oro y estaño,
empalmaba las regiones del Suroeste con las regiones próximas al Duero a través de
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un camino, que, en el futuro, será la Vía de la Plata.
De la zona central de los lusitanos, entre el Duero y el Tajo, hacia el interior
montañoso, carecemos de toda información.
26.5. Cultura material: poblamiento y urbanismo.
El poblamiento en el área de los lusitanos.- Se ha distinguido tres áreas de poblamiento entre el Duero y el Tajo. Estas áreas corresponden a las comarcas portuguesas de las Beiras, Ribatejo y Extremadura y el oeste de la provincia de Cáceres.
La Beira Alta, en torno a las cuencas de los ríos Vouga y Mondego. Su sistema
de hábitat es de tipo castreño. Se trata de castros dotados de un fuerte sistema defensivo, de foso y muralla con aparejo poligonal. Sus viviendas son circulares y se ordenan
en torno a patios o zonas abiertas con una disposición semejante a la de los hábitat
castreños del norte del Duero. Ejemplo: S. Martín dos Mouros. Este territorio debería
estar habitado por la tribu de los pesuri.
La Beira Baja, en el litoral, en el curso bajo del Mondego. El urbanismo de estos
asentamientos era a base de casas de planta rectangular, con basamentos de piedra y
muros de adobe, sin compartimentos internos. Se trata de un urbanismo pseudoortogonal. Ejemplo: Egetania. El territorio que abarca la Beria Baja hasta la cuenca del Tajo
estaba habitado por los tapori y los igaeditani.
En la Extremadura portuguesa y en la comarca del Ribatejo se desarrolló lo que
se conoce como Cultura de Alpiarca, que define la Edad del Hierro en el centro de Portugal. Según las fuentes estaba ocupada por los turduli, y una de las ciudades importantes fue Olissipo (Lisboa).
Poblamiento del área de los célticos.- Los célticos ocuparon el extremo sur de la
Península Ibérica, es decir, las actuales comarcas portuguesas del bajo Alemtejo y el
Algarve. Se pueden diferenciar tres zonas:
La primera zona, entre el Tajo y el Guadiana. Aquí destaca el asentamiento de
Castelo Velho de Beiros, con fortificación.
La segunda zona está vinculada a las zonas mineras del Sur (bajo Alemtejo y
Huelva). Destacan ciudades como Caetobriga, Salacia. La influencia material de carácter orientalizante, púnicos o helénicos es muy patente.
La tercera zona hay que ubicarla al sur del Guadiana, entre el bajo Alemtejo y la
baja Extremadura. Plinio distingue entre la Beturia céltica al Occidente y una Beturia
túrdula al Oriente. Los poblados o castros célticos de la baja Extremadura se localizan
en zonas ricas en recursos naturales, o en lugares aptos para el control de las rutas
naturales. Ciudades como Segura de León, Fuente de Cantos. están siendo estudiadas. También hay que mencionar la presencia de Turres o pequeñas fortificaciones
aisladas, de estructura cuadrangular, con muros de tipo ciclópeo, y su ubicación esta
relacionada con las explotaciones mineras y con la protección de las rutas de distribución y transporte del mineral.
En síntesis, el poblamiento del área oeste del Atlántico peninsular se presenta
con algunos rasgos diferentes de otras regiones de la Península. Se aprecia la ausencia de grandes ciudades del tipo de Numancia o de enterramientos de carácter monumental. El territorio se organiza en torno a unas formas de hábitat comunes que adquieren rasgos peculiares en distintas zonas. El elemento fundamental de su organización
territorial es el castro o poblado fortificado, estratégicamente situado en elevaciones
fácilmente defendibles y a la orilla de un río o arroyo. Los castros céltico-lusitanos son
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de dimensiones muy variadas, y son diferentes según la zona: en la montaña se configuran como hábitat con potentes defensas y viviendas circulares, y en el litoral presentan un urbanismo pseudoortogonal de viviendas angulares organizadas en torno a calles, donde no siempre están presentes las fortificaciones, al estar situados en lugares
estratégicos.
26.6. Religión y culto.
Se han registrado un considerable número de divinidades. Lusitania y la Tarraconense son las zonas donde mayor número hay. Por lo que su distribución es por todo
el territorial
Destaca el hecho de que muchas divinidades no están grabadas en aras o en
otro tipo de monumento religioso, sino en rocas naturales, testimoniando así un culto
inanimado (accidente geográfico). Hay que resaltar el número de veces que aparecen
las divinidades grabadas, de las cuales las más repetidas son Bandue y Reve.
Bandue es una divinidad protectora y tutelar ligada, con seguridad, a comunidades humanas y no a ciudades.
Reve, también, es una divinidad protectora, aunque su nombre esta menos repetido.
Aparte de estas dos divinidades existen otras muchas como es el caso de Araco,
Aranioniceo, etc.
Entre las divinidades adoradas entre los célticos, al sur del Tajo, destaca Endovelicus, como el más venerado. Su santuario constaba de un templo principal y varios
templos erigidos por las gentes ricas de la zona.
Hay también muchas dedicaciones a la diosa Ataecina (célticos). Su carácter ha
sido muy controvertido, desde considerarla como diosa agrícola, o divinidad infernal.
Sobre la organización del culto nuestra información es escasa. No parece que
existiese una casta sacerdotal como estamento organizado, sino más bien una especialización de algún personaje de cierto prestigio que actuaría en ocasiones. Sobre los
ritos de carácter religioso se conoce el "suovetaurilla", rito indoeuropeo de purificación,
que tuvo amplia difusión e importancia en el mundo romano
En cuanto al ritual funerario, está documentado el uso generalizado de la incineración en urnas con los ajuares correspondientes. En el área lusitana no existe ninguna
necrópolis excavada.
En la sociedad lusitana se documentan algunos datos de sacrificio que nos permiten conocer ciertas costumbres rituales. Sacrificio fundamentado en cultos sangrientos y adivinación.
26.7. Escritura y Lengua.
La escritura está documentada en la región de los célticos desde los inicios de la
I Edad del Hierro. Escritura inscrita en las piedras. Se supone que su uso fue muy restringido, ligado a concepciones religiosas y funerarias, y utilizadas por grupos sociales
muy reducidos.
La II Edad del Hierro se presenta como una época sin escritura. No obstante,
hay una revitalización gráfica, en torno al siglo II a. C., debido, quizás, a estímulos provenientes de la cultura ibérica en expansión, y aparece de nuevo, con un carácter res-
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tringido.
Nada sabemos de la lengua de los célticos. En el territorio de los lusitanos al parecer se hablaba una lengua lusitana.
El lusitano sería un dialecto con personalidad propia y distinto a las lenguas de la
Meseta. Se hablaría entre el Duero y el Tajo y sería una lengua indoeuropea más arcaica aun que otras lenguas prerromanas peninsulares, como el celtibérico.
26.8. Pervivencia del indigenismo bajo Roma.
Las inscripciones demuestras que la organización tribal indígena continuaba vigente aún en los siglos II y III d. C., manifestada en forma de gentilitates o clanes, cuya
cohesión venía dada por la identidad de los lazos de sangre de sus miembros.
Por otra parte en elementos sociales y económicos subsistía el sustrato prerromano. En economía, los abundantes molinos, fusayolas, pesas de telar, aperos de labranza, etc. hallados en las excavaciones, evidencian que el nivel de su desarrollo
económico, en general, estaba orientada al autoabastecimiento.
En conclusión, los lusitanos no se romanizaron plenamente, y fue tan sólo en
época visigoda cuando se produjo la total "destribalización" de Lusitania., desaparecieron la religión indígena y las distintas lenguas prelatinas.
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TEMA 6.- Pueblos Prerromanos (3).
El Norte Peninsular
27. LOS GALAICOS
A pesar de que Estrabón habla del Noroeste como una zona ocupada, a la llegada de los romanos, por tres etnias: galaicos, astures y cántabros, y de que llevaban
una idéntica forma de vida. Todos los autores modernos como Pereira señalan que:
“Gallaecia debe ser separada de esta zona porque no hay centurias ni el menor indicio
de una organización gentilicia”.
Por esto se cree que conviene individualizar a los pueblos galaicos de los restantes pueblos del norte y Noroeste de la Península. Además por entender que el tipo de
hábitat, el castro, que ha dado lugar a la “cultura castreña”, le confiere una personalidad propia, y los presenta como una unidad cultural de gran relevancia dentro de la
Península. Y aunque este tipo de hábitat se extiende por las regiones cántabro-astures
e incluso en zonas del oeste de la Meseta. Si embargo, es en las regiones galaicas
donde adquiere su propia fisonomía y personalidad.
También la sociedad de los castella galaicos era distinta a las sociedades del resto de la zona céltica y con unas características propias que la diferencian de las demás sociedades prerromanas de la Península.
27.1. ORIGEN SITUACIÓN Y LÍMITES SEGÚN LAS FUENTES ANTIGUAS
Los pueblos galaicos seguramente llegaron al noroeste hispano en el siglo VI
a.C., en el mismo momento que los lusitanos. De aquí que se haya creído que tengan
ambos un origen céltico, oriundo de las montañas helvéticas.
El complejo étnico galaico estaba constituido, a la llegada de los romanos, por
gentes de tradición megalítica y del bronce indígena (Oestrimnios). A ellos hay que
añadir las aportaciones de los ilirio-ligures, de ascendencia griega, en la costa occidental, más las oleadas indoeuropeas (entre otras los Saefe), y, finalmente, los influjos de
la población y cultura de La Tène, difundida a partir del siglo III a.C. desde la Meseta. El
resultado de todo esto seria el pueblo galaico.
Fuentes:
Son bastante tardías, dado que la penetración romana se realizó hasta la expedición de Bruto en el año 138 a.C. y la romanización del territorio no empezó hasta el
final de las guerras cántabras. Los autores son: Estrabón, Mela, Plinio, Tolomeo y
Apiano.
Las fuentes epigráficas y arqueológicas están haciendo posible un mejor conocimiento sobre su organización socio-política y económica.
Límites:
Las fuentes romanas nos presentan el territorio galaico dividido en dos conventos jurídicos: El Lucense, con su centro administrativo en Lucus Augustus, y el Bracarense, con centro en Bracara Augusta.
Los galaicos ocupaban los núcleos montañosos de las provincias de Orense y
Lugo. Limitaban por el Este con los astures, por el Sur con los vacceos y lusitanos. En
suma, el área de los galaicos hay que concretarla entre el Duero y el Miño, de una parte, y por las montañas de Géves y Quixa y los celtíberos, de otra.
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Un buen criterio para determinar esta área lo ofrece la arqueología, con la aparición de los característicos castros y la organización en castella de la población.
27.2. TRIBUS Y PUEBLOS SEGÚN LAS FUENTES ANTIGUAS
Uno de los aspectos más significativos de los galaicos es su gran fraccionamiento en pequeñas tribus. En el conventus iuridicus Bracarensis, Plinio enumera 29 ciudades y 285.000 hombres tributarios. Y en el de Lugo el mismo autor enumera 16 populi o
civitates y un total de 166.000 hombres tributarios (libres).
En nuestra opinión se trata de gentes que habitaban en poblados o castros, de
distinto origen étnico y sin ninguna relación entre ellos.
28. LA CULTURA CASTREÑA
El territorio de los galaicos es el que mejor se acomoda a la conocida “Cultura
Castreña”. Pero sus límites son todo el noroeste hispánico, el territorio cántabro-astur,
más algunas estribaciones de la Meseta.
La “Cultura castreña” está todavía muy mal conocida, tanto en sus orígenes como en su desarrollo.
28.1. MODO DE HABITACIÓN
Es el rasgo más característico, en poblados o fuertes situados en lugares fácilmente defendibles. Los “castros” o “citanias”. Este hábitat castreño no es exclusivo del
norte, pero ha permitido individualizar la zona del noroeste como una unidad cultural de
gran relevancia y personalidad.
Su área geográfica hay que situarla en Galicia y en el occidente de Asturias.
Otro núcleo en el norte de Portugal (entre el Miño y el Duero). También se extendió por
las provincias limítrofes de León, Salamanca y Ávila, alcanzando por el norte las de
Cantabria y el País Vasco.
28.2. CRONOLOGÍA
El inicio de esta cultura se había fijado (según Avieno) en el siglo VI a.C., cuando
las tribus Saefes (celtas) llegan a las costas del Noroeste, donde se enfrentaron con los
oestrimnios, habitantes del área galaica. Los descubrimientos arqueológicos y los análisis del C-14, confirman esta datación para los castros de Borneiro (La Coruña) y Peñarrubia (Lugo).
El punto final no coincide con la llegada de los romanos, a pesar de la fuerte
ocupación de estos hábitat. La fecha más tardía dada por el C-14 es del 570 d.C. en el
castro de Mohías (Asturias).
La vida castreña se desarrolló pues arrancando desde finales del Bronce hasta
el final del Bajo Imperio, coincidiendo con otras formas de hábitat (las villae).
Maluquer elaboró una periodización dividida en cuatro fases:
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Castreño I: Los poblados estaban construidos por agrupaciones de viviendas
donde predominaban los materiales de origen vegetal: maderas, etc. Siglo VII
a.C.
* Castreño II: Aparecen casas circulares de piedra y se organizan murallas y
defensas (500 - 100 a.C.)
* Castreño III: Etapa de contacto con el mundo romano (100 - 29 a.C.)
* Castreño IV: Pervivencia castreña en la cultura romana provincial, especialmente en áreas rurales, con un intento de asimilar el nuevo tipo de urbanismo
(siglo I-IV d.C.)
*
28.3. HÁBITAT Y URBANISMO
Romero Masiá señala algunas de las características, ya que se puede hablar de
dos tipos de emplazamientos: costeros e interiores.
Los costeros se construían sobre cabos o promontorios, porque así se aseguraba su defensa por tres lados, y por el otro lado se construían obras defensivas. Los interiores se construían sobre penínsulas situadas al borde de los ríos, y otros sobre colinas exentas o montículos. L altura de los emplazamientos varía desde los 30 m. Hasta
los 1.500 m., aunque lo normal era de 150 a 500 m. Por otro lado, la distribución era
irregular, pues existían áreas donde se agrupa un elevado número de castros, medianos o pequeños, y otras donde sólo hay un castro, pero de mayores dimensiones.
En lo referente a la adecuación del lugar del hábitat, cuentan con las defensas
naturales y artificiales como fosos, parapetos, terraplenes, murallas, torreones y las
llamadas “piedras hincadas”. Se trata de piedras de sección prismática, clavadas en la
tierra y que sirven de defensa contra la caballería. La murallas suelen rodear los castros en su totalidad y en cada uno de ellos suelen ser diferentes en complejidad y dimensiones. Los materiales utilizados suelen ser pizarras (en Lugo y Asturias) y granito
en las demás áreas.
A las murallas se accede a través de rampas o mediante escaleras de lajas de
piedras. Las puertas pueden ser mediante torreones o de simple acceso. Los sistemas
defensivos no suelen ser unitarios sino que existe una combinación de todos ellos: fosos, murallas, etc.
La mayoría de los castros poseen un solo recinto, aunque hay con dos y hasta
con cuatro. Su forma suele ser variada (triangulares, circulares, ovalados, pero no rectangulares), y sus dimensiones son por término medio de 120 x 90 m.
28.4. LAS VIVIENDAS
Presentan tendencia hacia las formas curvas, bien redondeadas o bien rectangulares con ángulos redondeados. El origen de la planta circular hay que buscarlo en la
fase constructiva anterior al mundo castreño, en la que se levantaron casas de este tipo
con materiales ligeros (madera, ramas, etc.). Algunas presentan un pequeño vestíbulo
a la entrada, lo que permitiría ampliar el área de habitación.
La cimentación en las casas era escasa, solían llevar zócalos de una o varias
hiladas de piedra regulares, que sobresalían en la parte anterior de la vivienda. Los
muros eran de altura considerable pero no se solía perforar de vanos, por lo que el acceso se hacía a través de una sola puerta con adintelamiento y con jambas monolíticas. Los aparejos también eran variados, desde la mampostería hasta los sistemas
más complejos, poligonales o en hiladas horizontales de pizarra. Los techos de las ca-
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sas circulares debían de estar hechos a base de paja o vegetales recubiertos con barro
y apoyados sobre un poste central. Su forma solía ser cónica. En algunas ocasiones se
cubría con un tejado a una sola agua o con empleo de la falsa bóveda. El pavimento
podía ser de barro pisado, granito machacado, roca rebajada o con un enlosamiento
total o parcial. El hogar podía ser circular o rectangular y se encontraba en la parte central de la vivienda, en su interior y adosados a las paredes existían bancos corridos.
Los monumentos con horno son una de las construcciones más enigmáticas de
los castros, según García Bellido, estos están situados cerca de la muralla de los poblados, construidos en parte soterrados y en parte a cielo abierto; tienen canales de
agua y piedras “formosas” en medio de los recintos. Poseen un ábside semicircular con
cámara y atrio. Estas construcciones presentan restos de fuegos y carbones.
García Bellido los considera como monumentos funerarios en los que se realizaban cremaciones de cadáveres. Toros autores creen que se trata de santuarios de
aguas, otros de hornos con fines industriales (de pan o cerámicos) y otros lo consideran como baños con funciones termales o medicinales. Lo cierto es que aun no se ha
descubierto su utilidad exacta, aunque creemos que las más exactas son las que le
confieren un carácter funerario o termal.
También hay que señalar construcciones de carácter religioso o ritual. Existe un
único ejemplo dedicado a un ídolo fálico en el castro de Elviña.
El número de habitaciones por castro se ha considerado de una media de 250
habitantes por castro, y habitado por más de una familia nuclear. La población total de
los castros del noroeste fue calculada de unos 200.000 habitantes en la época de Vespasiano (según Plinio).
28.5. EL URBANISMO DE LOS RECINTOS CASTREÑOS
Antes de las guerras cántabras respondían a una ordenación espontánea del
espacio ocupado, adaptado a la topografía y que podíamos llamar “urbanismo morfológico” por la tendencia al aislamiento geográfico y a la dispersión.
Tras la guerras cántabro-astures se produjo una evolución por el impacto romano. Estos aprovecharon los hábitats preexistentes y los sometieron a nuevos patrones
urbanísticos, aunque el poblamiento castreño se mantuvo a pesar de la orden de Augusto de que las poblaciones se asentaran en el llano. En ello se reconoce el peso de
la tradición indígena, pero se produce el paso del urbanismo espontáneo, de viviendas
exentas, sin compartimentaciones internas, a un urbanismo en el que se organizan calles y se pavimentan aceras.
Igualmente se remodela el interior de las viviendas. Primero la casa tendría cocina con hogar central, dormitorio, silo y hórreo. Y después se compartimenta con hogares desplazados hacia la pared y con el empleo de tégulas.
Por último se introducen edificios con funciones públicas como el caso de los
“monumentos con hornos”.
Cuando finaliza la conquista romana se inicia el desplazamiento de los castros
más elevados a alturas medias en zonas aptas para el cultivo. Así se crearon los “castros agrícolas” para fomentar la agricultura cerealística, y los “castros mineros”.
La presencia romana, en definitiva, afectó de dos formas:
Adaptación del hábitat preexistente al nuevo modelo urbanístico, aun cuando se
mantuvieran las raíces indígenas en el sistema constructivo.
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Creación de castros de fundación romana. Reagrupando la población de varios,
o bien trasladándolos de lugar según la nueva política económica y estratégica de Roma.
Pero a finales del siglo I d.C. los castros perdieron sus funciones, tanto de carácter económico como sociopolítico, porque nuevas formas de organización y nuevos incentivos económicos aparecieron en el horizonte cultural de toda esta región.
28.6. ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y SOCIAL: LOS CASTELLA
los recientes estudios han modificado todos los conocimientos que hasta ahora
teníamos sobre la organización social y política de los pueblos del Norte y Noroeste
Peninsular. Hasta ahora todos ellos habían sido estudiados dentro de un sistema de
organización social de tipo gentilicio, pero en base a tales estudios, la organización
político-social de Gallaecia es distinta a la de los pueblos del Norte de la Hispania
Céltica (el signo “s” a partir de Albertos hay que interpretarlo como castrum o castellum).
Siguiendo a Pereña, un castellum, es una comunidad que tiene un territorio propio dentro del territorio de una civitas. Hay que suponer que el castellum tenia una cierta independencia administrativa y organizativa e incluso religiosa.
En general la organización social en los populi o civitas galaicos es así: En un
populus o civitas existen una serie de asentamientos, no muy grandes, que deben corresponder con los castros, que reciben el nombre latino de castellum. En cada uno de
estos asentamientos vive una comunidad autónoma respecto a las otras comunidades,
pero que, únicamente con ellas compone una civitas o populus.
Estas comunidades no tienen una entidad suficiente para definir el rango de las
personas, pero por el contrario tales comunidades son la entidad básica a la que pertenece cada persona.
La desaparición de los castella y la utilización de las civitas suponen un cambio
en la organización de las comunidades indígenas. La primera organización básica, la
comunidad que da rango a las personas ya no son los castella, sino las civitates.
Así, con la llegada de los romanos se va a terminar este sistema de organización
socio-política, que supone una forma de hábitat, de utilización de la tierras, etc. que no
era conocida en ninguna otra parte del mundo conquistado por Roma.
28.7. ORGANIZACIÓN ECONÓMICA
Agricultura y recolección:
De la combinación de las diversas fuentes (literarias, paleontológicas y arqueológicas), se puede inferir que en la cultura castreña existía una agricultura desarrollada, al lado de la cual se practica la recolección de algunos frutos. Es probable que fuera de tipo intensivo y que incluso se construyeran bancales en torno a los castros.
Se han encontrado restos de bellotas, pero también se dio agricultura cerealista
(trigo, mijo, etc.) y leguminosas (habas, guisantes, etc.)
El número de útiles de campo encontrados no es muy elevado: arados, hoces.
Además se han encontrado molinos en los castros, para moler bellotas, junto con una
serie de cazoletas que se han interpretado como almireces para triturar bellotas u otros
granos.
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Se desconocen las formas de propiedad de la tierra, aunque parece que no
existía la propiedad individual. Parece también que dominaba la pequeña y mediana
propiedad, que serian trabajadas por mujeres principalmente, puesto que los varones
se dedicaban a la guerra. Las técnicas agrícolas eran rudimentarias así como el utillaje
por lo que el rendimiento agrícola debía ser muy bajo.
La Ganadería:
Se presenta como la forma tradicional de los pueblos de Noroeste. La cabaña
ganadera según las fuentes estaba compuesta por vacas, ovejas, cabras, caballos (estos dos últimos, según Estrabón, eran utilizados además en ceremonias religiosas), a
pesar de que los caballos están ampliamente documentados en las fuentes literarias y
en las representaciones iconográficas de las estelas funerarias de época romana, no se
han encontrado restos de huesos de caballo. También el cerdo, con cuya grasa se
suplía el aceite, y la cría de aves de corral (gallinas).
El pastoreo se realizaba en tierras adscritas a cada castro. Existía un límite territorial en cada uno de ellos (Estrabón alude que los parricidas eran expulsados fuera de
él). Es posible que existieran tierras o prado comunales aprovechados por varios castros y un nomadismo estacional.
Minerales e Industria:
Las fuentes clásicas nos hablan de la riqueza minera del Noroeste en época prerromana: Estrabón nombra la plata, estaño y oro blanco que arrastrado por los ríos es
recogido por las mujeres, y Plinio señala que Galicia y Cantabria producían estaño,
plomo, magnetita, ámbar de hierro, etc.
La minería hunde sus raíces en la metalurgia del cobre y debió tener un amplio
desarrollo en época romana, y ya en época prerromana Plinio considera que se debían
emplear técnicas de extracción complejas, técnicas que fueron copiadas por los romanos.
Por los hallazgos de talleres metalúrgicos encontrados nos induce a pensar que
la metalurgia estaba destinada principalmente a satisfacer las necesidades de carácter
doméstico y bélico (puntas de lanza, escudos, hebillas, etc.) y fabricación de instrumentos mineros.
En la orfebrería se mezclan la tradición autóctona que arranca del Bronce Atlántico y la aportación de nuevas técnicas con la influencia centroeuropea del Hallstatt (repujado y estampado) reflejados en adornos masculinos (torques, amuletos, fíbulas y
diademas) y la influencia orientalizante (filigrana y granulado) del mundo púnico o del
arte griego que llegaron a través de los influjos del Sur de la Península, y que están
reflejados en adornos femeninos (collares, pendientes y aros para el pelo). Esta orfebrería se caracteriza por la gran cantidad de oro utilizada en las piezas.
Con la presencia romana la orfebrería castreña perdió su originalidad hasta llegar a desaparecer durante el siglo I d.C.
La industria estaba centrada en la satisfacción de las necesidades básicas (útiles
para las tareas domésticas y bélicas).
La industria textil se centraba en la fabricación de tejidos y la confección de vestidos femeninos con telas de colores vivos, obtenidas de materiales vegetales.
Las actividades artesanales se reducían a la fabricación de vasos de madera y
de cestos, mientras la cerámica (mal estudiada) era de mala calidad y los temas deco-
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rativos son la línea bruñida, formando retículas, estampillados y en menor medida la
incisión. La aparición de cerámicas a torno (las grandes dolías para contener provisiones), las asas de orejetas y las cerámicas comunes romanas se imitarán en los castros.
28.8. COMERCIO Y COMUNICACIONES
El comercio era de dos tipos:
El comercio interior (en el área castreña) realizado a base de trueque de mercancías en los forum o mercados. Estos servían tanto de mercados tribales como de
castros administrativos. Los productos a intercambiar serían objetos perecederos (alimento y vestidos), productos metálicos y cerámica exótica y cuentas de vidrio (del exterior).
El comercio exterior relacionaba este área con los pueblos atlánticos y con otras
áreas peninsulares, a través de rutas marítimas (Atlánticas) y terrestres. Por el Atlántico
llegaba el estaño de las islas Casitérides y se comerciaba con los fenicios, púnicos y
griegos, intercambiando estaño, plomo y cuero por vasijas de barro, sal y objetos de
cobre. Estrabón alude a la navegabilidad del Miño y a la importancia del puerto de
Ártabros (ría de La Coruña). Las técnicas empleadas en la orfebrería documentan estos contactos comerciales. Las rutas eran marítimas y terrestres. Con el tiempo cristalizó el camino interior del S. Al NO en época romana con la Vía de la Plata. Los medios
de transporte utilizados fueron el carro tirado por bueyes y caballos y el barco de cuero.
Con la llegada de los romanos se construyeron barcos hechos con un tronco de árbol.
28.9. RELIGIÓN Y ARTE
Los abundantes teónimos recogidos por Blázquez han hecho suponer la existencia de un amplio panteón religioso entre los pueblos galaicos. Pero se ha demostrado
que muchos de esos teónimos corresponden a diferentes nombres de un mismo dios.
Destacan los dioses de la guerra, típicos de una sociedad guerrera. La concreción de
todos puede verse en la divinidad de Cosus que aparece en gran número de epígrafes
(en nombres simples o compuestos).
En base a esto, hay que pensar que, dentro del panteón indígena existió una
única divinidad de la guerra y no a una masa de dioses guerreros independientes. Esta
divinidad tenia las mismas funciones que el Ares griego y el Mars romano. Era el dios
de los guerreros. En honor suyo se celebraban danzas y competiciones y según Estrabón, se hacían sacrificios de caballos, machos cabríos.
Los galaicos no eran ateos y según Bermejo, hay que considerar que no hacían
representaciones antropomórficas de sus divinidades. Posiblemente, este ateísmo hay
que interpretarlo como un animismo y que, incluso, mejor hay que referirlo a los cántabros y astures.
Existen otras divinidades como el Mercurio romano con carácter comercial.
También se veneraba a una divinidad que moraba en los montes (identificada con el
Júpiter romano). A los dioses de los caminos, Lares viales, y a los dioses de las aguas,
Navia. También se rindió culto al sol y a la luna. (danzas en las noches de plenilunio).
También se practicaban ritos populares de adivinación, valiéndose de las vísceras de los animales. Se supone así que la magia y la adivinación eran muy populares.
Se carecen de datos arqueológicos sobre templos, a excepción del castro de Elviña o de Mozinho.
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Se sabe también que utilizaban el rito de la incineración, utilizando cajas de piedra para las cenizas, pucheros con función de vasija funeraria y sepulcros.
Las esculturas:
Según Cuevillas son de tres modalidades:
Antropomorfas: como las de guerreros galaico-lusitanos, de tamaño natural, que
reproducen un tipo uniforme. Suelen llevar puñal y escudo redondo a la altura del vientre. (En Portugal y al sur de Orense). Algunos autores piensan que se trata de monumentos a un jefe guerrero, otros creen que son representaciones de dioses. Las cabezas sueltas son otras esculturas exentas y que según Cuevillas son cabezas de muertos. Blanco las interpreta como representaciones de deidades y Blázquez como piezas
decorativas.
Zoomorfas: Las representaciones de verracos (cabezas de animales de difícil
identificación: cerdos, jabalíes, toros, etc.) al parecer puede tratarse de piedras terminales, señales para guiar al ganado, figuraciones de dioses protectores del ganado. Los
más antiguos tuvieron un valor apotropaico, y los más recientes funerario por las inscripciones que los acompañan.
La ornamentación arquitectónica con motivos espirales, cruces, círculos concéntricos, etc. que se encuentran como adorno de puertas y de paredes (en el s. De Galicia y en el Miño portugués).
29. LOS CÁNTABROS Y ASTURES
29.1. INTRODUCCIÓN
La cornisa cantábrica estuvo habitada por una serie de pueblos con influjos célticos o indoeuropeos: cántabros, astures, autrigones, túrmagos, carístios y várdulos, que
presentan características sociales, políticas y económicas homogéneas, pero sin que
se pueda señalar una absoluta identidad.
Muchos de estos pueblos eran nómadas o seminómadas y sus asentamientos
no eran estables por ello se discute a veces sus emplazamientos y límites.
La repartición geográfica se ha basado en los autores clásicos (Estrabón, Plinio
y Tolomeo) a los que se añaden los datos epigráficos, hallazgos arqueológicos y a la
toponimia.
29.2. CÁNTABROS
Habitaban una de las regiones más inhóspitas del territorio peninsular. Loas autores clásicos nos dan noticias sobre el valor, rudeza y resistencia del pueblo cántabro
ante las tropas romanas.
En cuanto a su origen, la zona cantábrica fue considerada tradicionalmente
“céltica”, pero el elemento indígena constituyó un sustrato permanente en esta región.
Sánchez Albornoz señaló que astures y cántabros fueron celtizados, pero no por entero. Estrabón los distingue diciendo que usaban un “sagum” parecido. Así por ejemplo
se dispone de datos que no concuerdan con las estructuras indoeuropeas patriarcales.
Estrabón habla de la posición de la mujer, que gozaba de una situación de privilegio en
la familia, incluso de su heroísmo en las guerras cántabras. Todo habla en favor de un
matriarcado. Pero los cántabros acusaron una fuerte celtización, fundamentalmente
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lingüística, producto de una fuerte influencia de la Meseta, que canalizó su cultura a
través de los valles de los ríos que descendían de la cordillera y por las irrupciones de
los cántabros sobre la Meseta para invadir los pueblos vecinos.
Trazar los límites de los cántabros es difícil, por las contradicciones en las fuentes escritas y porque sus asentamientos no eran estables en época romana. Pero puede decirse que abarcaban parte de las actuales provincias de Asturias y Santander
desde el Sella al Nervión. En consecuencia los cántabros habitaron los rebordes montañosos de la Cordillera, y la naturaleza de la región les impulsó a buscar mejores tierras en la Meseta.
29.3. LOS ASTURES
Junto con los cántabros protagonizaron las guerras cántabras: la última guerra
de conquista de Roma en la Península.
Los romanos transformaron a los astures en el conventus de Asturum, con Asturica Augusta como capital, y los dividieron en astures augustanos (al sur de la Cordillera) y en astures tramontanos (al norte). Este es uno de los rasgos de los astures, el de
tener dos tierras con características diferentes y con rasgos culturales también diferentes.
En la Edad del Hierro se da una penetración celta desde la Meseta y desde la
región castreña, que es la responsable de la rica orfebrería de esta región.
A partir de la II Edad del Hierro (siglo II a.C.) los elementos celtas se multiplican
y contaminan el sustrato celta indígena y el sistema gentilicio se afianza dando nuevas
formas de convivencia y de relaciones sociales. Se da una celtización de todo el territorio documentada a nivel lingüístico y por la antroponimia y la toponimia.
La extensión era enorme en época romana, ocupaba parte de León, Oviedo, Valladolid, Zamora, y se internaba en Portugal y un poco de Orense. Por la costa comprendía entre el Navia y el Sella (límite fronterizo entre cántabros y astures). El Navia,
límite entre astures y galaicos, y el Esla los separaba de los vacceo y el Duero de los
Vetones por el Sur.
29.4. HÁBITAT Y URBANISMO
Todo el territorio del N y NO de la Península en época romana se caracteriza por
el hábitat de la cultura castreña (el castro).
En los cántabros se han distinguido dos tipos: el clásico en la parte Sur (ya en la
Meseta), y el castro pequeño en el Norte, generalmente sobre un monte escarpado, de
aspecto cónico muy regular.
Las diferencias eran debidas a la topografía, en el Norte debido a la estructura
accidentada del paisaje y a la enorme vegetación existía una defensa natural, no
haciendo necesario el poblado fortificado. Por el contrario en la Meseta tenían necesidad de edificar grandes fortificaciones.
En los castros grandes el eje puede pasar los 150 m. La muralla principal puede
ser doble con un grosor de un par de metros y con complejos defensivos: fosos, empalizadas, etc.
En los pequeños, este sistema defensivo se simplifica, las viviendas eran cabañas de planta circular, agrupadas de forma desordenada, de paredes elevadas de piedra normalmente, pero la cubierta era de pajas y ramajes sostenida por un pilar central
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de la vivienda.
La mayor parte de los castros cántabros fueron abandonados durante la época
romana. Los habitantes bajaron a vivir al llano siguiendo la política de Augusto.
En los astures el número de castros era mayor (más de 300), y se dividen en
tres áreas: lucense, paésica y la de los lugones.
Todos son centros fortificados, como función defensiva derivadas además por el
emplazamiento donde se sitúan. Los poblados se adaptan a las condiciones topográficas y falta un urbanismo geométrico y una alineación, debido en gran parte a las paredes curvas de las viviendas.
El aparejo de las murallas se realizaba con los materiales de cada zona (granito,
pizarras, etc.).
Las viviendas reúnen las mismas características que las de los galaicos, pero
con la altura de las paredes de hasta 4 metros, y con un acceso a la vivienda mediante
escalones.
No existe uniformidad cultural en el área castreña, unos están más vinculados
con los grandes castros de la Meseta (Canavia), y otros más vinculados al del NO
(Coaña).
En lo referente a la arquitectura funeraria, las cámaras funerarias son similares a
las de la región galaico-portuguesa, pudiendo tener distintas funciones. Destacamos las
mesas de granito o piedras cazoletas del interior de las cabañas. García Bellido las cataloga de funerarias. Jordá como aras o altares de carácter doméstico. Santos cree que
tienen una finalidad económica o artesanal, para machacar granos o bellotas.
La mayor parte de los castros astures pervivieron en época romana, y es en el
siglo II d.C. cuando se inicia su abandono con el asentamiento en zonas más llanas
(valles de los ríos y zonas costeras), con la aparición de una nueva forma de hábitat:
las villae astur-romanas que crean nuevos sistemas económicos tras abandonar las
explotaciones mineras de oro por otras agropecuarias.
29.5. ORGANIZACIÓN SOCIAL Y POLÍTICA
Los pueblos de las regiones septentrionales se incluyen en la zona indoeuropea,
caracterizada por la existencia de una formas organizativas indígenas, documentadas
en las fuentes epigráficas por medio de los términos gens y gentilitates. Se han caracterizado, pues, por tener una sociedad de tipo gentilicio. (Esto está siendo muy discutido pero preferimos seguir refiriéndonos a éste, aunque con las modificaciones de los
últimos años.
El régimen social de los pueblos del N. Ha sido calificado por Caro Baroja como
matriarcado a partir de los textos clásicos (Estrabón). Pero algunos autores lo ponen en
duda (Bermejo, Santos) porque no se ha documentado en las inscripciones. Pero la
mujer tenia poder económico al trabajar en el campo o recogiendo oro. La herencia se
transmitía por línea femenina (heredaban las hijas, no los hijos). Las hermanas buscaban mujer a sus hermanos.
Sin embargo, el hombre también tenia poder económico, éste aportaba la dote al
matrimonio, el poder militar residía en ellos al igual que la autoridad en la familia.
La práctica de la “covada” que consistía en que después de parir la mujer éste
se quedaba en cama y recibía los cuidados de la mujer, con esta costumbre ser inten-
65
taba recuperar el prestigio masculino.
Conviene no utilizar el término matriarcado, ya que la sociedad estaba regida por
varones, aunque existiera un cierto predominio femenino.
La sociedad se encontraba organizada en una serie de unidades, superiores a la
familia, que tenían cierta relación entre sí y que se articulaban en orden de importancia.
El esquema del régimen gentilicio establecido por Caro Baroja, en base a una
división tripartita de la estructura social es el siguiente:
*
*
*
Tribu.
Fracción.
Gentilitates.
Este esquema se basa en el pacto de hospitalidad de los zoelae en una lámina
de Astorga.
La unidad del tercer grupo (gentilitates) es la más importante en la organización
piramidal (superior a la familia e inferior a la tribu) apoyada por vínculos consanguíneos
apoyados sobre las agrupaciones familiares (la cognatio).
Las investigaciones han tratado de determinar el valor y significado social de las
gentes y gentilitates que aparecen en las inscripciones. Para algunos autores son una
misma realidad social pero hoy se cree que son dos realidades diferentes. La gens
debía de ser de primer grado como unidad administrativa al igual que populus o civitas
al comienzo del Imperio, por eso debió tener poca duración. El término gentilitas si que
perduró y fue adquiriendo un carácter territorial. Gentilitas equivaldría a los castellas del
territorio galaico.
La inclusión de estos pueblos en un esquema tripartito o piramidal y su definición
como organizaciones gentilicias deriva de hacer el parentesco el único criterio de articulación. Por esto está siendo muy discutido.
Organización política:
Sabemos por Estrabón que los pueblos del norte comían en bancos corridos
adosados a los muros de las casas y que ocupaban el sitio según dignidad y edad. Esto nos indica una jerarquía social y política con magistraturas personales y colectivas
que regulaban la vida del grupo, pero se desconoce su carácter, si los individuos eran
elegidos o hereditarios, temporales o vitalicios.
Existía una jefatura, el princeps, encargado de las gentilitates o los castella (jefaturas unipersonales).
Existían también un Consejo de Ancianos que tomaría las máximas decisiones
(órgano colectivo). Y una Asamblea Popular en la que participaba toda la población,
con el fin de ratificar las decisiones del Consejo de Ancianos. En esta Asamblea tendrían importancia los guerreros. Se puede hablar pues de una estratificación social.
La transformación social de estos pueblos hacia la estructura romana fue muy
lenta. Los romanos no se preocuparon de transformar las organizaciones gentilicias
indígenas. Sólo se preocuparon por explotar su riqueza minera. Así esta estructura se
mantuvo hasta fines del Imperio Romano, aunque se modificara por el contacto con la
civilización romana.
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29.6. ORGANIZACIÓN ECONÓMICA
El régimen económico de los pueblos del norte es similar en todos ellos (ya indicado en los galaicos).
Recolección y agricultura:
La recolección de productos naturales, principalmente la bellota, tuvo mucha importancia para la subsistencia. Estrabón cuenta que las 2/3 partes del año se alimentaban con ellas, secándolas al sol y fabricando harina para hacer pan, esta labor era realizada por las mujeres. Las piedras graníticas en forma de cazoletas de unos 20 cm. de
diámetro está relacionadas con esta labor.
El cultivo de los campos no debió ser intenso, debían de ser pequeños huertos
destinados a satisfacer las necesidades domésticas (labor también realizada por la mujeres). Cultivaban cereales: trigo, mijo, etc. pero eran deficitarios, ello justifica las incursiones de los cántabros y astures en la Meseta.
Fueron desconocedores del cultivo de la vid y el olivo hasta la llegada de los romanos. Fabricaban una especie de cerveza (cebada), y utilizaban la manteca del cerdo
como aceite. Cultivaban el lino para hacer vestidos y redes de caza.
Se carece de datos sobre el régimen de la tierra, pero se ha generalizado que no
existía la propiedad individual. Se admite la existencia de un territorio para cada gentilitas, del que toda la colectividad era propietaria. La familia o bien usufructuaria parte de
la tierra o bien el campo era indivisible y se explotaba comunitaria mente (trabajado por
mujeres). El hombre se dedicaba a la guerra y al saqueo de las propiedades de las tribus vecinas. Pero la agricultura no proporcionaría grandes rendimientos porque las
herramientas (arados, azadas, etc.) y las técnicas agrícolas eran rudimentarias. Pero
alcanzó una cierta relevancia con respecto a la ganadería.
Ganadería, caza y pesa:
La ganadería no era la fuente principal de la alimentación y de la riqueza. El ganado cabrío debió se abundante, según Estrabón estas gentes se alimentaban de carne de macho cabrío. También era utilizado como víctima en ceremonias sagradas.
El ganado porcino también fue abundante. Utilizaban su manteca como sustituto
del aceite, y la abundancia de encinares favorecía su alimento. Plinio habla de la excelencia de los jamones.
El ganado lanar también fue importante. La lana astur alcanzó gran prestigio. De
los bóvidos no se habla en los textos literarios, pero la arqueología si que ha descubierto huesos, y para ella, tendrían una finalidad religiosa vinculada con los sacrificios de
los machos cabríos y caballos. El ganado caballar si que se cita y sin embargo no se
han encontrado restos. Alcanzaron gran importancia, pues eran utilizados para el
transporte y la guerra, como víctimas en los sacrificios religiosos (bebían su sangre
después), y aparecen muy representados en la simbología religiosa (lápidas funerarias).
También debieron de criar conejos, gallinas, etc.
El régimen de explotación ganadera sería diferente según las especies, pero se
supone que pastarían libremente en la zona de la gentilitates. También es posible que
existieran corrales comunes en los poblados para cobijarlos en caso de peligro. También parece posible un nomadismo estacional.
La caza debió de servir como complemento alimenticio y no como deporte. Con
los romanos la caza adquirió importancia como ejercicio viril en época de paz.
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Los restos de espinas y conchas en muchos yacimientos indican que practicaban la pesca y el marisqueo. Se han encontrado arpones y anzuelos. Con la llegada de
los romanos también se incrementa esta actividad al proporcionarles barcos más grandes (primero eran de cuero, después de madera).
29.7. MINERALES E INDUSTRIA
La minería es el recurso más importante de los pueblos del norte. Las citas de
los clásicos hablan de su riqueza minera (oro, plata, malaquita, minio, hierro, estaño,
plomo, ámbar, etc.). Ello permitió una gran riqueza en orfebrería.
El oro, el mineral más importante del norte) se extraía de las arenas de los ríos
y/o en las minas, o con el derrumbamiento de los montes. El cobre, el hierro muy abundante y la sal completan los productos mineros de la zona.
La industria estaba centrada en la satisfacción de las necesidades fundamentales (útiles para la guerra y para las tareas domésticas, agrícolas y mineras).
En Coaña se han encontrado hornos de fundición para la fabricación de armas y
adornos. En cuanto a las armas, existían dos clases de escudos: la caetra, escudo pequeño circulas y otro grande también circular, puñales de antena de origen Hallstático,
espadas, lanza, puntas de flecha y cascos, bien de cuero o de metal.
La orfebrería se vincula con la riqueza minera, y hereda dos tradiciones culturales:
La indoeuropea, con sistemas decorativos elementales.
La mediterránea, con técnicas más depuradas (globulado y filigrana).
La orfebrería de estos pueblos reúne las mismas características que la de los
pueblos galaicos. Las Fíbulas y los amuletos pectorales son muestra de esta orfebrería.
La cerámica se conoce poco, y se conocen dos tipos:
La más antigua se trata de una cerámica con impresiones.
La más moderna, a torno, de color claro y con decoración geométrica y con influencia romana.
A estas se añade la cerámica de cocina o aprovisionamiento (la dolía) y otra de
lujo, con líneas bruñidas o con motivos impresos.
La causa de la escasez de cerámica, es por la costumbre norteña de usar vasos
de madera en los que calentaban el contenido introduciendo piedras candentes.
La industria textil de carácter doméstico utilizaba la lana para la fabricación del
vestido típico: el sagum. También confeccionaban vestidos de colores vivos para las
mujeres obtenidos de materiales vegetales (lino).
También realizaban otros trabajos artesanales como la labra de la madera para
vasos y barcos. La industria del hueso para agujas y alfileres. También tuvo gran tradición la cestería.
29.8. COMERCIO Y COMUNICACIONES
Estrabón escribe diciendo la falta de contacto con otras regiones debido a las
condiciones geográficas. Hablando de su salvajismo y falta de sociabilidad. Tales datos
hoy se creen un tanto equívocos y se empieza a tener otra idea. Según Avieno, los
habitantes de las islas Oestrymides cruzaban el océano en barcos de pieles hasta Irlanda, para comerciar con el estaño que se encontraba en las islas Casitérites (costas
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gallegas).
Los pueblos del norte tenían relaciones con los británicos. También se relacionaban con los del sur peninsular. Los gaditanos, según Posidonio, iban al norte en busca de estaño, plomo, pieles y lo intercambiaban por vasijas de barro, sal, objetos de
cobre, utilizaban por tanto una economía de trueque. También se relacionaban con los
de la Meseta, pero a veces no pacíficamente, por sus incursiones en busca de trigo a
las tierras de los vacceos y arevacos.
Medios de transporte:
El medio de transporte era el carro de tracción animal, tirado por bueyes o caballos. También se utilizaron estos animales como montura individual. Existen huellas de
carros en el castro de Coaña. Así mismo se han encontrado carros votivos en la zona
del Miño portuguesa.
El barco también fue uno de los transportes utilizados, en un principio fue de
cuero, pero con la llegada de los romanos se utilizó el de madera.
Existían vías de comunicación que posteriormente aprovecharon os romanos para configurar las vías y calzadas que atravesaron Hispania de O-E y de N-S.
Como hemos dicho anteriormente, el comercio interior entre las gentilitates (poblados) o entre los pueblos vecinos se hacia mediante el trueque en los fora.
29.9. RELIGIÓN Y CULTO
Según Estrabón, existía un dios parecido al Ares o Marte (bélico) que recibiría el
nombre de Cosus. Sacrificaban machos cabríos, caballos y seres humanos en su
honor. Existirían hecatombes de toda clase de víctimas. Realizaban juegos y danzas
religiosas. Todos estos ritos religiosos se realizaban para que los dioses protegiesen la
ganadería y para recibir favores en la guerra. Las danzas en las noches de plenilunio
nos manifiesta que ya entonces la Luna era considerada como diosa de la fertilidad,
incluso de ultratumba.
Se puede pensar que no hacían representaciones de sus dioses, y estos estaban representados por fenómenos naturales coma la Luna, objetos, seres vivos (caballos), etc.
El caballo estaba ligado a ideas de tipo solar y de ultratumba. Su sacrificio se
acompañaba de la bebida de su sangre.
Se conocen otras divinidades a través de los documentos epigráficos, aunque se
ignora lo que representaban: dioses cuyo nombre es un topónimo, de vegetación, de
caminos, protectores de ganado, funerarios, de caminos, etc. Este panteón indígena se
conservó durante la época romana por su política de respeto a las creencias de los
pueblos. De aquí de encontremos lápidas votivas con divinidades indígenas asimiladas
a las romanas.
Rendían culto también a las divinidades de los montes, a las que pronto se identificaron con el Júpiter romano (Júpiter cantabricus). Rendían también culto a los lagos
y a los bosques, donde se depositaban hachas (símbolos de buen augurio). Nos ha
quedado un topónimo: Lucus.
Practicas funerarias:
Se sabe bien poco de éstas. Practicaban la cremación del cadáver, excepto de
los guerreros que morían en combate, que quedaban para pasto de los buitres.
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En algunos castros se han descubierto túmulos con piedras y lajas en forma
irregular, con restos de cerámicas y armas. Son prácticas de incineración. En otros castros, como el de Comillas existen restos de enterramiento en urnas de incineración. No
existe constancia de templos funerarios.
30. LOS VASCONES Y SU TERRITORIO
Comprenden la situación del poblamiento de esta zona (200 a.C.) y exige tener
en cuenta que se trata de un área geográficamente amplia y sin grandes barreras naturales.
Es en estos territorios donde se produce el contacto entre la Hispania “ibérica” y
la de aspectos más indoeuropeos y célticos.
Hay que distinguir a los pueblos de lengua no indoeuropea, considerados como
de cultura más “ibérica” por los restos de su cultura material y de su lengua. Entre ellos
estaría un conjunto de poblaciones, algunas desconocidas, al que podría calificarse de
pirenaico-vascón (de ámbito más amplio al vasco). Entre estos pueblos se encontrarían
los vascones. También es útil recordar la existencia de muchas penetraciones culturales procedentes del Ebro, la Meseta y del otro lado del Pirineo en el territorio de los
vascones entre el siglo I a.C. y el I d.C. Fue, pues, una zona de permanente contacto
entre diversas culturas:
La indoeuropea y céltica, la pireinaico - vascona (el pueblo aquitano, lingüísticamente emparentado con el vasco de los Pirineos occidentales) y la ibérica, cuyas gentes se expresarían, predominantemente, en la misma lengua que los pueblos del litoral
mediterráneo.
30.1. EL PROBLEMA DEL VASCOIBERISMO
La lengua no es un simple rasgo más en la peculiaridad cultural de un pueblo,
sino que determina, en alto grado, un gran número de comportamientos culturales. Pero la pertenencia a una zona lingüística no excluye la permeabilidad para la cultura material (caso de este área).
La percepción de una Hispania dual desde el punto de vista lingüístico es antigua (Humboltd 1.821), hoy escasamente aceptada, de que, la lengua ibérica extinta y el
vascuence moderno eran antiguamente la misma cosa o ramas muy próximas de un
solo tronco. Los defensores del vascoiberismo vienen a decir que, en la antigüedad se
habló en la Península una lengua posiblemente autóctona (la ibérica), de la cual el único descendiente vivo seria el vasco actual.
La posibilidad de descifrar el signario ibérico permitió comprobar que existían coincidencias entre el euskera moderno y el extinto ibérico.
30.2. EL TERRITORIO INICIAL DE LOS VASCONES
Las fuentes antiguas (70 a.C.) designan que ocupaba parte del territorio navarro
y amplias comarcas fronterizas con Navarra en el actual Aragón, pero no el solar del
País Vasco. Se sustentan hoy dos hipótesis:
La que considera que amplios territorios de la cuenca media del Ebro estuvieron
poblados por vascones (1.500 al 400 a.C.), y que los asentamientos indoeuropeos reducirían estos dominios paleovascónicos. De forma que la situación vista por los romanos en el siglo I a.C. fuese la que nos explican las fuentes antiguas.
La que considera que no hay suficiente documentación y se basa en la informa-
70
ción de los romanos a partir de la ocupación de la zona (195 a.C.). En ella se enumeran
otros pueblos, pero no a los vascones, lo que hace suponer que el influjo celtibérico
había “desvasconizado” el territorio desde fechas muy antiguas.
Está claro para nosotros que a la llegada de los romanos el territorio que luego
se tendrá como característico de los vascones era plurilingüe y con una presencia predominantemente indoeuropea.
La investigación arqueológica señala que, entre el paso del II al I milenio, se
aprecia un profundo cambio en el ager Vasconum por las aportaciones indoeuropeas.
Que traen ritos de incineración y una nueva ordenación territorial que se va desarrollando entre el 900 y el 200 a.C. Estas gentes tienen dos procedencias: una de los Pirineos Orientales y remontando el Valle del Ebro ocupan Navarro; y la otra por los pasos
de los Pirineos occidentales que ocupan Álava.
Este solar vería la formación de una cultura “protoceltibérica” a base de la mezcla de los aportes indoeuropeos, más el de la población indígena (culturalmente neolítica y pastoril), más el de los grupos antiguos vinculados a la cultura de los túmulos. El
paso a lo propiamente celtibérico se detecta, arqueológicamente, a través de la adopción del torno.
30.3. EL TERRITORIO DE LOS “PUEBLOS VASCOS” EN EL SIGLO I a.C.
Plinio dejó una relación sobre el territorio ocupado por los pueblos antiguos que
ocupaban Navarra, Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. La administración romana encontró
entre unos y otros diferencias y los fragmentó en dos grupos: el de los vascones adscritos a la capitalidad administrativa de Caesaraugusta. Y el de los autrigones, caristios,
várdulos y cántabros en dependencia de Clunia.
Había, pues, afinidades por razones de vecindad. De ahí que todos los pueblos
del Pirineo central y occidental fuesen vistos como similares. Es decir, que no siempre
es posible discernir con seguridad que grupos habían procedido de vascones u otros
pueblos. Por el contrario, cuando Plinio habla sobre el distrito cluniense nombra a las
distintas etnias o grupos: várdulos, caristios, vennenses. Según esto, un mapa de la
zona en el siglo I a.C. podría establecerse así:
El conjunto autrigón indoeuropeo ocuparía los territorios de la izquierda del Nervión (Álava), en cuya zona no parece que haya habido lengua histórica ninguna de los
vascos. Es posible que el territorio original de los autrigones fuese el meridional y que
se desplazaron hacia el norte, hasta llegar a la costa. Fueron fuertemente celtizados.
Por otro lado, están las gentes del actual territorio vasco (caristios, vascones y
várdulos). Y el complejo pirenaico vascón.
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TEMA 7.- Hispania Romana hasta mediados del siglo II a.C.
1. LAS ASPIRACIONES IMPERIALISTAS DE CARTAGO.
A partir del siglo III a.C. en el Mediterráneo occidental dos potencias van a disputarse esta herencia universalista griega: Roma y Cartago, y en la que Hispania asumirá
un notorio protagonismo. Sin duda, Hispania fue la gran plataforma de Roma para eliminar la competencia de Cartago, dando con ello los más firmes pasos para el logro del
Estado Universal, heredero del de Alejandro.
Roma logra un poder eminentemente territorial; sus armas serán las legiones invencibles y un inigualable espíritu cívico. Asentada sobre las costas africanas, Cartago
ostenta un poderío comercial marítimo; escaso de tierras bajo su dominio, pero con una
excelente marina, abundante dinero y grandes contingentes de soldados mercenarios.
Hasta el siglo IV evolucionan ambas ciudades y amplían su poder sin que haya entre
ellas mayores intereses comunes ni enfrentamientos, si bien cada una tenia como aliados a enemigos de la otra; Roma a los colonizadores griegos; Cartago se apoyó en los
etruscos para combatir a sus rivales comerciales: los griegos. La incompatibilidad surgirá a comienzos del siglo III, cuando ambas potencias han ampliado sus dominios y
ambiciones hasta encontrarse en Sicilia. Entonces cada una ambiciona el poderío en
exclusiva o, al menos, hegemónico y se harán incompatibles sus intereses.
Cartago venía aspirando a convertirse en potencia territorial. En los tiempos de
la guerra contra Pirro era dueña de Córcega, Cerdeña, Ibiza, costa occidental de Sicilia,
la costa meridional de España y norte de África, desde Cartago hasta Lixus. Cartago
había ido sustituyendo aquellas relaciones comerciales de las metrópolis fenicias durante los siglos X al VI por un dominio real y por una imposición absorbente de los intercambios comerciales. A partir del siglo VI, varias colonias hispanas (Almuñécar,
Toscanos, etc.), desaparecen y son sustituidas por nuevos centros vinculados directamente a Cartago. Domina también Ibiza y Villaricos. Desde el siglo V el afianzamiento
de la autoridad de Cartago se hace evidente y generalizado en su ámbito colonial, donde recluta mercenarios (libios, íberos, celta) y donde impone tributos regulares. A partir
del 348, la fecha del tratado con Roma sobre límites de navegación, el sur de España
cae definitivamente en manos de Cartago, que prohíbe en todas las colonias púnicas
cualquier tipo de comercio con otra ciudad que no sea la propia Cartago.
A esta centralización comercial acompañó la imposición de un tributo, que suponía una parte importante de la cosecha. Cartago hubo de mantener un ejercito y una
escuadra para proteger las tierras del ámbito sur del Mediterráneo occidental e impedir
la navegación griega hasta sus colonias. La extensión de sus dominios africanos va
desde Cartago a Lixus y en Hispania desde Mastia hasta las tierras atlánticas. Esta
línea protectora incluye el occidente de Sicilia, pasa por Córcega y Cerdeña y sigue por
Ibiza hasta Mastia, donde el pacto del 348 entre Cartago y Roma fija los límites de navegación para roma y sus aliados griegos que no pueden llevar sus naves al ámbito
cartaginés. Paralelamente a este fortalecimiento de sus posiciones en Occidente, Cartago lucha sin descanso por el dominio de la Sicilia griega, lucha que terminará enfrentando a Cartago con Roma en la Primera Guerra Púnica (246-241 a.C.).
2. LAS ACTUACIONES DE AMÍLCAR BARCA Y ASDRÚBAL EN LA PENÍNSULA IBÉRICA.
Tres excelente generales, Amílcar, Asdrúbal y Aníbal, todos ellos pertenecientes
a la familia de los Bárquidas, se sucedieron con éxito creciente en la tarea de conquis-
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tar Hispania para Cartago.
Amílcar Barca y Asdrúbal propugnaban un nuevo desarrollo comercial con base
en los productos hispanos. A este plan de conquista territorial y de desarrollo comercial,
se vinculaba el premeditado proyecto de establecer en Hispania una plataforma estratégica con vistas al desquite sobre Roma.
Amílcar en el año 238 desembarcó en Cádiz con un pequeño ejercito, integrado
en su mayoría por tropas libias, un buen número de elefantes y una sólida escuadra al
mando de Asdrúbal. Se cuenta que a la vista de Cádiz y antes de desembarcar hizo
jurar a su hijo Aníbal, de nueve años, odio eterno a Roma.
Amílcar se dedicó inicialmente a conquistar la franja costera habitada por libiofenicios, lo consiguió y se dedicó a reactivar el comercio. Sólo en el año 231 a.C. se
dedicó a conquistar el interior de las tierras béticas, donde tuvo que luchar contra íberos y turdetanos.
No siempre los métodos empleados por Amílcar fueron violentos, pues con frecuencia se limitó a ampliar su campo de influencia en la Bética a base de hábiles negociaciones, en las que procuraba explorar las rivalidades ibéricas. De hecho, la Bética se
le debió someter con cierta facilidad, pues según la historiografía romana apenas hubo
de combatir y cuando encontró más resistencia fue con gentes celtas y no meridionales. Esto supone que el dominio cartaginés era ya un hecho con anterioridad a la reconquista por Amílcar Barca.
A partir de este momento Amílcar acrecienta su ejercito con voluntarios indígenas, y hacia el 230 a.C. se dirigió a las costas levantinas. Amílcar ocupó allí Akra Leuke. Esta ciudad, a la que los romanos llamarían después Castrum Album, seria en lo
sucesivo su base de operaciones.
La ocupación de Akra Leuke, que hasta entonces era centro del comercio griego,
aunque no debía de tener el carácter de colonia griega, originó la protesta de Roma
encabezada por el cónsul Papirio, que vino a Hispania, reclamando que los cartagineses había sobrepasado los límites de comercio otorgados a los griegos de Masalia. Es
decir, alegaban los romanos que habían violado los tratados del 509 y 348 a.C., en virtud de los cuales se fijaba como límite de la navegación griega la línea de Mastia Tartesia, situada junto al cabo de Palos.
La reclamación de Roma en 229 a.C. se hace por un doble motivo, Akra Leuke
suponía un establecimiento consolidado de comercio; además, ni Marsella ni Roma
veían con buenos ojos la eliminación de uno de sus aliados y su sustitución por gentes
enemigas. Roma se limita a informarse y en cierto modo se despreocupa de estos progresos de Amílcar, por ello aceptan sin mayor inconveniente la respuesta que Amílcar
dio a los embajadores de que “únicamente trataban de recaudar dinero con que pagar
la deuda contraída con Roma”.
Así pues, consolidada la fundación de Akra Leuke, Amílcar, en el año 228 a.C.,
tomó una parte de su ejercito, dejó que los elefantes y el grueso de tropas invernaran
en Akra Leuke y emprendió una incursión al interior para combatir a los oretanos situados en la ciudad de Hélice (Belchite, Elche o Elche de la Sierra). Amílcar, derrotado, se
vio obligado a levantar el asedio.
Según cuenta Diodoro, fue el rey Orisón quien, acudiendo en auxilio de los situados, provocó la muerte de Amílcar cuando en la huida éste trataba de atravesar un
río sobre su caballo. Beltrán supone que este río es el Ebro, aunque es difícil admitir
que los cartagineses arriesgaran su ejercito penetrando prematuramente en tierras del
interior de la Península. En todo caso, su yerno Asdrúbal sacaría una fructífera lección
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de prudencia en su actuación con las temibles tribus de la Meseta. Porque algo que
ignoraban aún los cartagineses era la implacable oposición que las gentes celtas del
interior estaban dispuestas a ofrecer a quien pretendiera arrebatarles su libertad por la
fuerza; estaban dispuestos a alianzas y a ofrecer cuantiosas tropas mercenarias, pero
no a someterse al dictado de nadie.
La muerte de Amílcar de modo desastroso no detuvo las conquistas cartaginesas. Su yerno, Asdrúbal tomó en el año 228 a.C. el mando del derrotado ejercito y se
retiró a Akra Leuke. Desde allí trató de atraerse a los indígenas y al mismo tiempo
acrecentó el número de soldados hasta alcanzar un contingente de 200 elefantes,
8.000 caballos y 60.000 infantes, muchos de ellos hispanos. Basó su política en el alarde de fuerza y en la atracción de los indígenas: procedió con “mesura e inteligencia” al
decir de Polibio. Sabemos que se casó con la hija de un reyezuelo, lo que le valió la
sumisión y alianza de los íberos de la costa. No obstante se dirigió a castigar a Orisón y
sometió a doce de sus ciudades. Después de estas campañas de sumisión de los oretanos y pactos con Lusitania funda Cartago Nova.
Cartago Nova está rodeada de ricas minas de plata, salinas y campos de esparto. Será en lo sucesivo el centro estratégico y económico cartaginés. Estaba encuadrada dentro de los límites acordados con Roma y los griegos en el año 348 a.C. Cartago
Nova, hoy Cartagena es uno de los mejores puertos naturales del Mediterráneo. Se
asentaba la antigua ciudad cartaginesa en el fondo de la bahía, sobre una península
entonces existente en su borde más interior. Era, pues, un lugar ya conocido por sus
excelencias como puerto de salida de abundantes metales de la zona inmediata y también de los extraídos en torno a Cástulo. Cartago Nova fue fortificada y mejorado su
puerto natural. Se llenó rápidamente de artesanos, marineros y comerciantes, llegando
a tener en 209 a.C., cuando fue tomada por Escipión, varios miles de ciudadanos libres. En sus cercanas y riquísimas minas de plata, aún hoy explotadas, trabajaban nada menos que 40.000 hombres. Cuando Asdrúbal funda Cartago Nova, quiere dejar
bien sentado que desea hacer de la nueva ciudad la capital y nuevo centro mercantil de
Occidente. Además goza de todas las condiciones necesarias para procurar a los
Bárquidas toda clase de regalías y ventajas estratégicas y económicas; su territorio
circundante es lugar adecuado para campos de esparto que permitirían la confección
de diversos aparejos marinos. Próximas existen numerosas salinas (Mata, Torrevieja,
Egelasta, etc.), que le permitirán abrir un amplísimo mercado de sal, pesca y salazones. Para el comercio en tierra también goza de buena situación, pues ocupa el centro
de la vía que por Cástulo va hacia el interior de la Península y a lo largo del litoral tiene
otra importante vía costera, la llamada vía Hercúlea. Todas estas nuevas riquezas de
Cartago Nova serán propiedad de los Barca y les procurarán el dinero suficiente para
sus empresas.
La febril actividad de Asdrúbal, hizo que Roma, temerosa de los progresos cartagineses, tratara de poner coto a sus conquistas. Mediante una embajada entró en
conversaciones con Asdrúbal. Entonces Roma y Cartago suscribieron el famoso “Tratado del Ebro” en el año 226 a.C. En él se estipulaba que el límite máximo de la expansión de Cartago no rebasara hacia el Norte la línea del río Ebro; este hecho demuestra
que por entonces los Barca no buscaban otra cosa que consolidar en Hispania un sólido y lo más amplio posible poderío económico. No extraña que en esta línea de actuación económica, el pacto se efectuara a instancias de las colonias griegas, cuyo comercio podía resultar amenazado tras el avance cartaginés y las nuevas fundaciones
de Akra Leuke y Cartago Nova. Apiano dice expresamente que cuando Asdrúbal funda
Cartago Nova, los saguntinos, con Emporión y las colonias griegas, envían legados a
Roma para que se interese por los movimientos cartagineses en el levante ibérico y
constate el peligro que entraña para el comercio griego. Marsella y las colonias griegas
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de Hispania y la Galia conseguían con este pacto tranquilizador con el que Roma limitaba las ambiciones cartaginesas y daba satisfacción a sus aliados griegos de Occidente.
Pese a su política de apaciguamiento con los indígenas Asdrúbal fue asesinado
por uno de ellos.
Aunque breve, el gobierno de Asdrúbal deja bien consolidado el poderío cartaginés en Hispania: paz con Roma; excelentes puertos en Gadir, Malaka, Sexi, Cartago
Nova y Akra Leuke; una amplísima franja meridional que comprendía a los oretanos y
llegaba hasta Sierra Morena, incluyendo riquísimas minas de plata; pactos de amistad
con las tribus del resto de la mitad meridional de Hispania, entre las cuales los púnicos
podían alistar muchos miles de mercenarios.
3. LA CONQUISTA DE SAGUNTO Y EL TRATADO DEL EBRO DEL 226 a.C.
Con 25 años Aníbal hereda el mando del ejercito en 221 a.C. Pronto abandona
la política de apaciguamiento y pactos con los indígenas, para emprender campañas de
sumisión. En el año 220 a.C. sube a la Meseta Norte, ataca a los vacceos y somete a
Helmántica (Salamanca) y Arbocala (Zamora o Toro). Esta victoria puso en sus manos
casi todas las tierras que se extienden sobre el Tajo y buena parte del Duero. Entonces
su ascendencia alcanza límites muy amplios, aunque existen ciertas tribus entre los
vacceos, olcades y carpetanos que no reconocen su autoridad. Pero en líneas generales domina todo el Mediodía y Levante y tiene como aliados a los mas importantes
núcleos de la Meseta, bien por conquista, bien por tratados de alianza o amistad, y el
resto, al menos por temor, queda inmovilizado. Este hecho es importante, por primera
vez en nuestra historia gran parte de la Península se integra bajo el mando o la iniciativa de un solo poder, aunque extranjero. Livio dice que “tras la sumisión de los carpetanos, toda Hispania allende el Ebro era de Cartago, excepto Sagunto”.
3.1. La toma de Sagunto por Aníbal:
En el invierno entre 220-219 a.C. Aníbal debió meditar el ataque a Sagunto, cuya
importancia y posibles consecuencias no ignoraba. Esperaría a la estación favorable, la
primavera del año 219 a.C., para iniciar el asedio. Sagunto era una ciudad bien defendida que contaba con un excelente puerto de muy activo comercio. La ciudad, situada
sobre un elevado cerro, estaba bien protegida por murallas en un circuito de 800 m. de
largo por 100 de ancho. Las acuñaciones de la antigua Sagunto llevaban el nombre de
Arse, lo que parece indicar que éste era el viejo nombre de la ciudad, frente a la cual
convivía el poblado griego de Zaeynthos que ocupaba la parte principal de la ciudad.
La aspiración de Aníbal a dominar Sagunto estaba justificada, ya que su importancia económica era notoria. A su puerto llegaba un rico comercio explotador de minerales, especialmente hierro del ámbito de Teruel; y probablemente también mineral de
hierro del Sistema Ibérico que iba a Sagunto o bien a Emporión y Marsella destinado a
las colonias griegas de Occidente. Marsella debía centralizar el comercio de minerales
de todas estas pequeñas ciudades costeras que le proporcionaban importantes materias primas para su comercio. Ello justifica a su vez la insistencia de Marsella cerca de
Roma para que defendiera su independencia frente a las pretensiones expansionistas
cartaginesas. Porque la alianza que Roma mantenía con Marsella implicaba la defensa
de sus colonias.
El pretexto para el avance de Aníbal hacia Sagunto se lo dieron las disputas entre Sagunto y sus vecinos, los turdetanos o tuboletas. La historiografía romana vacila y
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acusa a Aníbal de alentar las rencillas al objeto de encontrar motivos para atacarla.
Se dice que Aníbal acudió presto en ayuda de los turboletas atacando a Sagunto
y poniéndola un estrecho cerco. Se atenía al pie de la letra al Tratado del Ebro que,
fijando en el río Ebro el límite máximo de las conquistas cartaginesas hacia el norte,
incluía consiguientemente la posible conquista de Sagunto. Ahora bien, Aníbal buscó
pretexto en las disputas entre Sagunto y los turboletas para atacarla, lo que quiere decir que Aníbal tenia alguna evidencia de que había alguna vinculación o alianza entre
Sagunto y Roma y que deseaba salvar su responsabilidad por no haber respetado la
cláusula del Tratado del Ebro que garantizaba no sólo el límite del Ebro, sino también la
independencia de los aliados de Roma. No se sabe con certeza que existiera realmente
esta alianza, si Aníbal quiso ignorarla, o si entendía que había vinculaciones de Sagunto con Marsella, pero no con Roma directamente, de modo que sólo Marsella era aliada
de roma, pero no los aliados de su aliada. Por esta razón , en el curso del asedio a Sagunto, ante la reiterada petición de ayuda de Sagunto a Roma ésta no se decidió a
acudir en su socorro pero envió una embajada, Aníbal se negó a recibirla, argumentando que no podía garantizar la vida de los mensajeros en aquella lucha tan enconada y
difícil. Parece que Roma también vacilaba y carecía por entonces de razones absolutas
para cargar con la responsabilidad de una guerra contra Cartago y una intervención
directa en Sagunto.
Ocho meses duró el cerco a Sagunto, en el que Aníbal tuvo que emplear poderosas máquinas de guerra copiadas del mundo helenístico. La resistencia saguntina fue
ejemplar ante la superioridad numérica y táctica de los cartagineses. Sagunto redoblaba su heroísmo ante la esperanza de recibir ayuda de Roma. Los romanos, ante la negativa de Aníbal a oírlos, se dirigieron al Senado cartaginés, pero éste, bien aleccionado por los Bárquidas, les insistió en que la guerra había sido iniciada por Sagunto y no
por Aníbal. Cuando la embajada romana volvió a Roma, los saguntinos habían sido
aniquilados, después de rechazar toda oferta de paz. En una lucha tan cruenta como
inútil, quemaron sus casas y sus bienes. Aníbal ordenó el último asalto, y la horrible
matanza y el saque que toleró a sus soldados han sido recordados por la historiografía
romana con tintes trágicos; los escasos supervivientes fueron vendidos como esclavos
en toda España. El botín de guerra fue inmenso, sobre todo en metales preciosos;
aunque como observa Tito Livio, la mayor parte de las riquezas habían sido destruidas
y quemadas por sus dueños.
Con la toma de Sagunto Aníbal había dado un paso decisivo en el dominio cartaginés de Hispania. De su control sólo escapaba la franja costera catalana y el cuadrante noreste galaico. Roma había asistido impasible a la peligrosa recuperación del
poderío cartaginés en la Península. Pero ante la toma de Sagunto, y la peligrosa
aproximación púnica al Ebro, la propia Roma presta atención a las advertencias de sus
aliados griegos, Marsella y Emporión. Hay desde entonces una decidida acción contra
Aníbal y los cartagineses. Los hechos subsiguientes, la Segunda Guerra Púnica, iniciada el 218 a.C. serán del máximo interés para Hispania y para el rumbo que tomará la
Historia en Occidente. En efecto, la ocupación de España por Roma y la subsiguiente
romanización introducen un cambio definitivo en el rumbo de la Historia de España; de
ella surgen un largo periodo de unidad política y el cambio total de las estructuras sociales, económicas, religiosas y de la lengua y la cultura.
3.2. El Tratado del Ebro:
Polibio dice en sus escritos acerca del contenido de este Tratado: “Los cartagineses no cruzaron el río Ebro en son de guerra”. Pero al hablar del Tratado del Ebro
precisa que constituía expresamente el no pasar el Ebro; y para nada menciona a Sagunto. En cambio, Tito Livio y Apiano afirman que en el Tratado del Ebro se garantiza-
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ba expresamente a Sagunto. Tito Livio dice: “.y que se guarde la libertad de Sagunto y
el río Ebro sea el límite de uno y otro imperio”. Apiano expresa igualmente: “.que los
saguntinos y los otros helenos de Iberia permanecerían autónomos y libres”.
Polibio fue fuente escrita tanto para Apiano como para Tito Livio, en consecuencia, hubo falsificación en Livio y Apiano, o bien hubo otra fuente que efectivamente
afirmaba que Sagunto estaba incluida en el Tratado del Ebro como aliada de Roma,
aunque no ha llegado hasta nosotros ningún testimonio a este respecto. De ahí que
deberíamos inclinarnos a pensar en una falsificación de la realidad, así como que los
romanos, de los que se conservan los únicos testimonios, eludan la tremenda culpabilidad de la guerra que acabó con la aniquilación absoluta de Cartago.
Pero en la cuestión del Tratado del Ebro, y de la responsabilidad de inicio de la
Segunda Púnica, debemos considerar tres circunstancias:
Que sólo poseemos fuentes parciales, las de los historiadores romanos, pero no
las del bando cartaginés.
Que la guerra fue tan calamitosa y cuajada de consecuencias que nadie querría
asumir las responsabilidades de ser causante del conflicto bélico.
Que Cartago estaba interesada en vengarse de Roma, pero aún tenia que afirmar su dominio en la Península y no quería dar pretexto a Roma para que esta cortara
su recuperación económica y militar por culpa de una guerra precipitada.
Un hecho parece bastante claro, y es que Sagunto no estaba incluida en el Tratado del Ebro del año 226. Luego amenazada, habría pedido alianza con roma y ésta,
en vista del avance de los cartagineses, habría aceptado la petición de alianza. Sanctis
afirma que Aníbal no estaba obligado a respetar esta alianza de Roma con Sagunto
porque, si la alianza era anterior al Tratado del Ebro, había quedado invalidado por
éste; y, si era posterior, resulta contraría a dicho tratado.
En resumen, parece evidente que tanto Roma como Cartago practicaron un doble juego para eludir la responsabilidad de un enfrentamiento, aunque ambos deseaban
la ruina de su contrario: Cartago para acabar con su opresora; Roma para detener el
peligroso poderío adquirido por Cartago en la Península. Así Cartago aprovecha la provocación de Sagunto contra sus aliados los turboletas, con lo que podría asediarla y
asaltarla en el 219 y con ello eliminar un poderoso enemigo dentro de su línea de tierra
hispanas conquistadas. A su vez, Roma se asigna una alianza con Sagunto y entiende
que los cartagineses, al tomarla, han violado este Tratado del 226 y la alianza que han
pactado; pues es evidente que también Roma tiene interés en buscarse apoyo para sí
o para sus aliados, como las colonias griegas de Hispania mediatizadas por la poderosa Marsella.
4. EL DESEMBARCO ROMANO EN AMPURIAS. LAS CAMPAÑAS DE PU-
BLIO Y CNEO ESCIPIÓN
El periodo que discurre entre los años 218 y 205 a.C. es particularmente importante porque supone el definitivo cambio en la orientación política, social y económica
de la Península Ibérica.
En agosto del 218 a.C. desembarcó en Emporión Cneo Escipión al mando de un
modesto ejercito (25.000 hombres y 60 naves); suficiente para enfrentarse al ejercito de
los hermano de Aníbal (Asdrúbal y Annón). Además esperaban los romanos incrementar su ejército con ayuda de las tribus vecinas ya previamente comprometidas por la
diplomacia romano y de los griegos que con ellos comerciaban.
77
Emporión era un modesto puerto. Pero los cartagineses nada hicieron para impedir el desembarco y consolidación de la defensa de Ampurias. En consecuencia,
triunfó la pericia de Cneo Escipión, que incrementó sus legiones con tropas auxiliares
indígenas de la costa.
En una segunda fase Cneo Escipión se arriesga a progresar por la costa hacia el
Sur con vistas a dominar el resto de la costa catalana hasta el Ebro y adueñarse del
excelente puerto de Tarraco. Inició sus operaciones en 218 a.C. Antes que Asdrúbal
pudiera llegar desde Cartago Nova con tropas de socorro en ayuda de Annón, le atacó
y derrotó en la batalla de Cesse, ciudad indígena yuxtapuesta al núcleo urbano griego
de Tarraco. En esta batalla participó al lado cartaginés un fuerte ejercito de ilergetes.
Tras esta victoria, Cneo pudo invernar con su ejercito en Tarraco, mientras Asdrúbal y
Annón hubieron de repasar el Ebro y abandonar las tierras costeras catalanas, demostrando así los hermanos de Aníbal durante los años que ostentaron el mando de la
Península su incapacidad y la carencia de genio militar.
Tarraco sería desde entonces el más firme y fuerte bastión de los ejércitos de
Roma. Los romanos, por otra parte, ampliaron sus alianzas entre los pueblos de la costa, aunque de momento los poderosos ilergetes mantuvieron fidelidad a Cartago.
Pese a las ventajas iniciales de los ejércitos de Cneo, su situación era precaria:
los ejércitos púnicos eran superiores en número y el aprovisionamiento ce víveres era
deficiente. Además, ambos contendientes hubieron de reforzar sus ejércitos y marina.
Así Asdrúbal, durante el invierno del 218/217 a.C. equipó 40 naves en Cartagena.
Mientras Cneo debió solicitar ayuda a Marsella que le envió 35 naves bien armadas
con las que actuará de inmediato.
En la primavera del año 217 Asdrúbal sale de su cuartel general de Cartagena
con los 40 barcos bien armados mandados por Amílcar; el propio Asdrúbal conduce el
ejercito de tierra y, costeando se reúnen en la desembocadura del Ebro. En tierra
Cneo, es consciente de su inferioridad, pero el desordenado ataque cartaginés hizo
fracasar la maniobra, y fueron puestos en fuga cayendo en manos de Cneo 25 naves
cartaginesas. Ellos supuso dejar a los romanos la iniciativa por mar, y sus naves saquearon las costas del sur del Ebro hasta Alicante, Además la victoria romana del Ebro
produjo un movimiento de rebeldía entre las gentes de la Bética, principalmente en los
puertos; parece que muchas naves que servían en las filas de Asdrúbal desertaron.
La incorporación de Publio Cornelio Escipión y su presencia en Tarragona con
30 naves y 8.000 hombres expresa la importancia que los romanos daban a Hispania y
su peso definitivo en esta contienda. El hecho es mas destacable dado que a finales
del 217, la situación de los romanos en Italia era desesperada, pues tras la derrota del
lago Trasimeno en el mismo corazón de Italia y no lejos de roma, sus ejércitos habían
sido literalmente arrasados por Aníbal.
En Hispania la conjunción de los dos hermanos con los refuerzos aportados en
naves, hombres y dinero situaba a los romanos momentáneamente en plano de superioridad. Antes de esta ventajosa situación, deciden traspasar el Ebro, seguidos por la
flora que cubre las costas. Asdrúbal no se atrevió a hacerles frente, permaneciendo con
el grueso de su ejercito en Cartago Nova. Éste envió sólo un pequeño destacamento
para vigilar a los romanos que se acercaron a Sagunto sin atacarla, porque los cartagineses habían fortificado la ciudad. Según Polibio los romanos desarrollaron en Levante
una fuerte actividad de captación de los pueblos iberos encaminada a conseguir para
Roma el favor y el apoyo de los indígenas.
Durante el año 216 los romanos seguían sin poder arriesgar su ejercito; pues entre tanto, en Roma hacían la gran recluta y acopios para enfrentarse a Aníbal. En la
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batalla de Cannas todos sus efectivos fueron otra vez aniquilados. Así pues, se limitaron a una labor provechosa de acosar a los cartagineses por la costa, sin asaltar sus
ciudades y sobre todo sin arriesgar un ejército que, en caso de derrota, no podían rehacer. En consecuencia parece que Publio conducía el ejercito de tierra y Cneo llevaba
la escuadra costeando el Mediterráneo hacia el sur, con objeto de apoyarse mutuamente en caso necesario e impedirle la salida de Asdrúbal hacia Italia por tierra o por mar.
La incapacidad de Asdrúbal les permitió por otro lado la penetración en tierras levantinas, donde también buscaban el modo de restar aliados iberos a los cartagineses, y al
mismo tiempo amenazar Sagunto y Cartago Nova para cumplir su principal misión: impedir el envío de refuerzos a Italia.
En el verano del 216 Aníbal había aniquilado en Cannas un ejercito cercano a
los 100.000 hombres. Sin embargo tras esta derrota, Roma tomó la decisión de reforzar
el ejercito de los Escipiones en Hispania ya que la llegada de nuevos refuerzos cartagineses a Italia hubiera dado a Aníbal las fuerzas necesarias para el asalto final a Roma.
Los Escipiones recibieron nuevas tropas mientras invernaban en Tarraco a finales del
216 a.C. Podrían, pues, hacer frente al ejercito de Asdrúbal que se dirigía hacia el norte
hispano, camino de Italia; podrían así impedir la definitiva ruina de Roma.
Asdrúbal y los Escipiones se encontrarían en el Ebro, donde los cartagineses
mantenían una ciudadela con el nombre de Hiberia, que debe identificarse con la actual
Tortosa. Al llegar Asdrúbal ninguno de los contendientes rehusó la lucha y se produjo
entonces una batalla campal. Triunfó el espíritu cívico romano que era consciente de
que allí se decidía el destino de roma y se impuso la sagacidad estratégica de los Escipiones sobre la incapacidad de los hermanos de Aníbal. Era la primera batalla en la
que intervenían todas la fuerzas de cartaginesas y romanos. Éstos calificaron la victoria
como la revancha de la tremenda derrota que les infringiera Aníbal en Cannas.
La realidad del ejercito romano, a pesar de la victoria, era poco tranquilizadora,
como se deduce de las misivas enviadas por los Escipiones a Roma, “no tenían dinero
para el estipendio, ni vestidos ni trigo para los soldados y la tripulación de las naves
estaba falta de todo lo necesario”. Por otro lado Roma apenas podía enviar ayuda en
hombres ni dinero, pues pasaba sus peores momentos de la guerra en Italia. Ante esta
situación ninguno de los contendientes podía entregarse en Hispania grandes batallas,
pues ambos disponían de un exiguo ejército y dependían demasiado de los respectivos
y poco fiables aliados hispanos.
La situación de equilibrio dura poco y se va a inclinar por un tiempo del lado de
Roma; en el año 214 a.C. Cartago tuvo que hacer frente a una rebelión en tierras africanas y obligó a repatriar gran parte del ejército africano destacado en Iberia. El propio
Asdrúbal tuvo que conducir allí las tropas dejando desguarnecida Hispania y propiciando que los celtíberos empezaran a pasarse al lado de los Escipiones. La política monetaria que roma venia llevando a cabo en el ámbito de las colonias griegas les fue dotando de numerario con que pagar a los mercenarios celtíberos siempre dispuestos a
seguir al mejor postor.
En 214 y ante la ausencia de Asdrúbal y su ejército, unido a la “traición” de los
celtíberos, Publio y Cneo Escipión va a intentar alcanzar dos objetivos: reducir o dificultar el acceso a los puertos de Levante a las tropas cartaginesas; arrebatarles los mejores centros neurálgicos de Sierra Morena y si era posible de la propia ciudad de Cartago Nova. Esto les podría permitir autofinanciarse en Hispania y asegurar la fidelidad del
mercenariado.
Los romanos se aventuraron a penetrar en Levante y el Sur, llegando a ocupar o
controlar las ciudades de Castrum Album (Alicante), Cástulo en el corazón minero, Ili-
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turgis y Aurungis (Jaén). Sobre todo practicaron una labor de saqueo y abastecimiento
en las tierras dominadas por Asdrúbal. Era asequible obtener botín en tierras de Sagunto, lo mismo que los abundantes centros mineros de Cástulo o en las fecundas tierras béticas. El botín obtenido les proporcionó los abundantes fondos que precisaban; y
que no podían obtener de la empobrecida Italia, ni de sus aliados de la costa catalana.
La situación romana en el año 214 a.C. era ventajosa, pero no se tradujo en una
sólida ocupación territorial, sino en una recuperación de aliados y recursos mineros de
los Barcas. En todo caso recursos y ventajas fueron fugaces, pues la situación se propició por la ausencia de los cartagineses, desplazados con el grueso de sus tropas a
África.
En el año 212 a.C. vuelve Asdrúbal y reorganiza el ejercito cartaginés, consiguiendo la colaboración de las tropas ilergetes, cuyas tierras los romanos venían depredando desde el año 218.
Las luchas tuvieron como zona de operaciones las cuencas mineras del alto
Guadalquivir y Levante. Los romanos trataban de controlar las regiones productoras de
plata, de donde salía el dinero que utilizaban los cartagineses para costear la guerra.
Parece que en este año los romanos toma por fin Sagunto y se lo devolvieron a sus
antiguos habitantes; esta acción suponía una gran conquista en esta primera fase de la
lucha, a su vez, y en este momento la ofensiva cartaginesa redujo a los turdetanos en
la Bética y tomaron la ciudad de Iliturgi, aunque este hecho no empañó la victoria saguntina que provocó el paso de la ciudad de Cástulo al bando de Roma. Esta captación
romana constituía un duro golpe para Cartago, pues Cástulo era un importante centro
minero. La actitud de Cástulo confirma una evidencia: Hispania ya estaba cansada de
la explotación a que se veía sometida por parte de los cartagineses. Pero poco tiempo
después siguió la traición de los mercenarios celtíberos al servicio de roma, sobornados por los cartagineses. El trasvase de aliados hispanos era, como puede observarse,
tan frecuente como peligroso.
4.1. Desastre y muerte de los Escipiones:
En el 211 a.C. se va a producir la derrota y muerte de los dos hermanos Escipión, como resultado de su ambiciosa política en Hispania. La situación y la sucesión
de los acontecimientos se precipitaron contra Roma. Los cartagineses disponían de
tres ejércitos, y los generales romanos quisieron con sus propias fuerzas reunidas terminar la guerra en Hispania, atacando por separado a Asdrúbal, que era a quien tenían
más cerca, mientras los otros dos ejércitos dirigidos por Asdrúbal Giscón y Magón estaban a cinco jornadas de distancia. Pero hicieron lo contrario, dividieron en dos cuerpos las tropas romanas y alcanzar de una sola vez la conquista de Hispania. Pagarían
su error: Publio marchó con dos tercios de su ejercito contra Magón y Asdrúbal Giscón.
Cneo con el resto del ejercito fue contra Asdrúbal Barca.
Asdrúbal Giscón y Magón se percataron de la escasez de soldados romanos en
el ejercito de Publio Cornelio Escipión y pactaron la no intervención de los 20.000 celtíberos, que cobrarían sus soldadas de los cartagineses sin arriesgar sus vidas en la lucha. Publio entonces intentó retirarse, pero fue perseguido por las tropas cartaginesas,
mientras que un ejercito de 7.000 ilergetes le cortaba la retirada. En el esfuerzo por
abrirse paso perece Publio y todo su ejercito.
Los púnicos rápidamente tratan de aniquilar al otro Escipión, Cneo, que también
intentó retirarse, y fue desecho todo su ejercito y muerto. Sólo unos 10.000 hombres de
los 40.000 que formaban el ejercito romano salvaron sus vidas retirándose hacia el
Norte. Los romanos debieron refugiarse de nuevo tras la línea del Ebro y renunciar a
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los ricos ingresos y alianzas de las gentes del Sur. Pero los jefes púnicos no supieron
explotar su ventaja absoluta en esos momentos y no osaron atacar Sagunto, ni menos
Tarraco o Emporion en una ocasión única que se les presentó para expulsar a los romanos de Hispania y poder encaminar los refuerzos que Aníbal esperaba en Italia.
5. LA VENIDA DE PUBLIO CORNELIO ESCIPIÓN EL AFRICANO
El ejercito romano superviviente quedó al mando de Tito Fonteyo, que logró escapar a la persecución púnica. Le acompañaba en el mando Lucio Marcio, otro antiguo
general romano que actuaba en calidad de tribuno. Lucio Marco fue elegido jefe por los
soldados. Pero esta elección no coincidía con los planes romanos. Claudio Nerón fue
designado para el mando de Hispania durante el verano del 211 a.C.; era hombre experimentado en asunto bélicos, como pretor había mandado en 213 uno de los tres
ejércitos que sitiaban a Aníbal en Capua. Con el mismo ejercito se trasladó a Hispania.
Tría a 12.000 infantes y 1.100 jinetes, que uniría en Tarraco a las tropas supervivientes
del desastre. Nerón se limitará a contener las presiones cartaginesas protegido en sus
ciudades fortificadas de Tarraco y Emporión. Se ignora si Claudio Nerón fue relevado
rápidamente de su cargo a la vista de los fracasos o simplemente se impuso en roma la
influencia de los Escipiones, para asumir de nuevo el mando y la misión de vengar su
muerte.
Para sustituir a Claudio Nerón fue designado Publio Cornelio Escipión, hijo del
procónsul del mismo nombre que acababa de morir combatiendo en Hispania. Carecía
de experiencia como jefe del ejercito, aunque había participado en Italia luchando contra Aníbal en Cannas. A los 24 años recibía un mando ilegal de procónsul, ya que no
había ejercido anteriormente ninguna magistratura. Pero en Roma conocían su valor y
aptitudes para el mando que acreditaría suficientemente en Hispania , expulsando a los
cartagineses y venciendo a Aníbal en la batalla de Zama del 202, en la propia África a
donde Escipión llevó la guerra para acabar de una vez con el poder de Cartago.
Transportó su ejercito para desembarcar en Emporión. De allí bajó por tierra a
Tarraco donde se reunió con el resto del ejercito que le había dejado Claudio Nerón. En
total contaba con un ejercito de unos 35.000 hombres. Podría añadir refuerzos de mercenarios ibéricos con los 400 talentos que le había suministrado el Senado de Roma.
Disponía, pues, de un ejercito suficiente no sólo para impedir todo intento de ayuda
hispana a Aníbal, sino también para tomar la iniciativa contra los indecisos y divididos
púnicos que no habían sabido aprovechar el desastre romano del 210.
En el futuro, con ejércitos igualados decidirá la eficacia y solidez y sobre todo la
decisión y genio militar con que Escipión planteará la lucha. En tres golpes magistrales
decidirá la suerte y acabará con el poder cartaginés en Hispania: la toma de Cartago
Nova y las batallas de Baecula (Bailén) e Ilipa (Alcalá del Río, Sevilla).
5.1. La toma de Cartago Nova:
Con ejércitos distantes entre sí, Cartago mantenía tres cuerpos de ejército en
Hispania: uno mandado por Magón en el Algarve, otro dirigido por Asdrúbal en Lusitania, y el tercer ejercito ocupaba la Carpetania. Ya se ha apuntado que los Bárquidas se
apoyaban en los elementos celtas de la Meseta y la costa atlántica, mientras que los
romanos lo hacían entre los íberos. Esta división y alejamiento del enemigo va a ser
aprovechado por Escipión, decidiéndose a atacar por sorpresa a Cartago Nova. Mientas invernaba Escipión en Tarraco se decidió a recoger toda la información pertinentes
sobre las condiciones de defensa de la ciudad, para iniciar las hostilidades.
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Escipión con un ejercito de unos 30.000 hombres se dirige a Cartagena en la
primavera del año 209 a.C. Concibió un ingenioso plan de asedio y asalto a la ciudad.
Cercó la plaza por tierra y por mar con la escuadra. Frente a los romanos Cartago disponía de un ejercito más débil y menos preparado. El ataque de Escipión dio sus frutos,
y los cartagineses, sorprendidos por la avalancha romana que llegaba tanto por tierra
como por mar, provocaron el general desconcierto y acabaron pronto con toda la resistencia púnica. Hubo matanza y saque general.
Verdadero desastre supuso para Cartago la caída de Cartago Nova, y que trajo
consecuencias de índole estratégico militar y económico, pues su pérdida suponía dejar de poseer el bastión defensivo de una rica zona de minas de plata y sal, rodeada
además por fértiles campos de cultivo, sobre todo de esparto.
Otras muchas ventajas económicas se seguirían del dominio romano en el Levante ibérico hasta Cartago Nova. Pues, demostrando Escipión desde el primer momento lo que supondría Hispania para Roma, procedió a trasformar en posesión pública del Senado y del Pueblo Romano no sólo las tierras que los Bárquidas poseían en la
región, sino también las minas de plata y las salinas, las fábricas de salazón, bosques y
campos de esparto de interés para embarcaciones de guerra y de pesca. Tales apropiaciones abrieron nuevos horizontes de explotación a las sociedades romanas.
Luego de reforzar las murallas de Cartago Nova, Escipión retornó a su base de
Tarraco, sometiendo de paso una ciudad Batheia (Villaricos), viejo emporio de comercio ocupado por gentes púnicas. En Tarraco se presentaron los príncipes y caudillos
ibero y celtas con presentes para testimoniarle su agradecimiento. Como testimonio de
su victoria Escipión envió a Roma grandes tesoros para el erario público.
5.2. La batalla de “Baecula”:
Inmediatamente después de la toma de Cartago Nova, Escipión trató de adueñarse de los ricos centros mineros de Sierra Morena. Los ejércitos púnicos estaban
intactos pese a la caída de Cartagena, pues disponían de otros excelentes puertos y
riqueza en el Sur, especialmente en Cádiz. Los púnicos, además de tener un buen
ejército, dominaban las tierras de ambas mesetas, Lusitania y la Bética. Escipión tratará de desarticularles dándoles la batalla en el corazón de la Submeseta Sur, en torno
a Baecula (Bailén).
En el año 208 Escipión trata de extender su dominio sobre Sierra Morena y sus
ricos centros mineros. Los ejércitos de los tres jefes cartagineses se hallaban distantes
entre sí: Magón en Cádiz, Asdrúbal Giscón en la costa mediterránea y Asdrúbal Barca
en los montes que rodeaban Cástulo (Cazorla).
Escipión, igual que había hecho en Cartago Nova, decidió emplear la rapidez y
la sorpresa. Asdrúbal Barca, aunque disfrutando de una posición ventajosa, pues ocupaba las pendientes de Baecula (Bailén), intentó dilatar el enfrentamiento hasta el momento de poder contar con el refuerzo de las tropas de los otros dos jefes púnicos. Pero ante el peligro de que los aliados iberos abandonasen a los cartagineses, Asdrúbal
se lanzó a una batalla en inferioridad numérica. Por Polibio y Tito Livio sabemos que
tras el ímpetu de los legionarios romanos que arrolló con facilidad a los desordenados
combatientes iberos y africanos, Asdrúbal rehusó una resistencia a ultranza y prefirió
atrincherarse en espera de sus colegas. Para ganar tiempo y evitar una matanza de
sus tropas optó por dejar que los soldados romanos se entregaran al pillaje de su campamento, y decidió la retirada ordenada hacia el Norte, sobre la línea del Tajo hacia
lusitanas; allí pudo salvar sus tesoros y elefantes y posteriormente reunirse con los
otros dos ejércitos púnicos.
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Aunque en la batalla de Baecula no hubo matanza, la victoria de Escipión fue
importante sobre todo por las consecuencias que trajo consigo: Escipión vengaba en
batalla campal la derrota y la muerte de su padre; además la victoria se produjo en un
centro geográfico vital, pues Despeñaperros era la llave estratégica de la Bética y al
mismo tiempo ratificaba la fidelidad de los iberos a Roma. Por lo demás, el botín logrado en Baecula sobre el campamento cartaginés supuso el poder sostener largo tiempo
a su ejercito, con ligeras exigencias a Roma, entonces exhausta.
Tras la batalla de Baecula, Asdrúbal saldría con un fuerte ejercito hacia Italia en
ayuda de Aníbal. Los tres caudillos púnicos, que habían reunido su ejercito después de
la batalla, aceptaron la idea de Asdrúbal Barca: reunir dinero y salir de Hispania. El esfuerzo seria inútil porque su ejercito sería totalmente aniquilado en Italia.
La defensa púnica de Hispania se planificó de modo que Asdrúbal Giscón sumaria a su ejercito el de Magón y se retiraría a Lusitania. Magón se dirigiría a Baleares
para reclutar aguerridos mercenarios y Massinissa, con tres mil jinetes escogidos recorrería el interior de Hispania devastando los poblados y campos aliados de Roma.
Escipión se había retirado a invernar en Tarraco, sin intentar obstaculizar la marcha de Asdrúbal ni tampoco defender a sus aliados de los saqueos de Massinissa. No
tenia suficiente ejercito para dispersarlo en guarniciones de protección a la ciudades
iberas.
5.3. La batalla de “Ilipa”
Cartago no se desanimó por esta nueva derrota sufrida en tierras hispanas.
Nuevas tropas de mercenarios africanos son enviadas a Hispania al mando de Annón,
quien unido a Magón incrementó su ejercito con los celtíberos que ahora se sumaban
masivamente a los púnicos en contra de los iberos prorromanos. Se situó en el territorio
central de la Península, mientras que la Bética quedaba en manos de Asdrúbal Giscón.
El legado de Escipión, Marco Junio Siolano con un ejercito de 10.000 infantes y
500 jinetes, tras dispersar a los reclutas celtíberos, atacó por sorpresa a los ejércitos
cartagineses acantonados en la Meseta. La ayuda de los celtíberos de la Meseta quedaba frustrada y con ello el panorama para Roma aparecía despejado, solo restaba
conseguir la victoria final sobre los cartagineses en la Bética.
Escipión situó su ejercito entre Carmona e Ilipa, y actuó con su habitual rapidez,
ataco de madrugada, y el ejercito cartaginés situado en Ilipa combatió cansado y hambriento contra el cuerpo de tropas mas avezado y selecto de Escipión. La victoria romana fue clara, el empuje fue tal, que sólo una inoportuna tormenta impidió una matanza del ejercito cartaginés. Asdrúbal Giscón se retiró antes que las tropas romanas asediaran su campamento, dirigiendo sus tropas a Gades, con lo que aquel puerto se
hacia inexpugnables, pues estaba bien protegido por un fuerte ejercito y una sólida escuadra.
La derrota púnica de Ilipa decidió su definitiva suerte en Hispania. Aunque Gades fuera de momento un sólido apoyo. Escipión se ganaría la adhesión ibera por propia iniciativa o por imposición, y mientras los legados de Escipión fueron completando
la sumisión de la Bética. Algunas ciudades ofrecieron mayor oposición al ejercito romano por la simple razón de que albergaban en su recinto una guarnición púnica, pero la
sumisión de la Bética fue un hecho durante el año 206.
Con esta situación favorable Escipión se retiró a Tarraco y de allí pasó a Roma
donde, previos sus informes al Senado, se decidió mantener la posesión de Hispania.
Escipión volvería para proceder a la expulsión de los Cartagineses de Gades, reducir a
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los pueblos iberos sublevados en su ausencia y organizar la tierra conquistada.
6. CATÓN EN HISPANIA
A su marcha en 206 a.C. Escipión había dejado en Hispania las más ricas tierras
conquistadas: parte de la actual Cataluña, una estrecha franja costera desde el Ebro a
Cartago Nova y las tierras encerradas entre el curso del río Guadalquivir y la costa meridional desde Cartagena a Cádiz. Pero constituían un núcleo de dominios muy distanciados, además se enfrentaban a dos grupos de pueblos poderosos: los celtíberos en
la Meseta Norte y los lusitanos en la Sur.
Poco después, en Roma y bajo la influencia de Escipión se decidió dividir los territorios hispanos. En consecuencia surgirán en Hispania dos provincias: la Hispania
Citerior (la más próxima a Roma) y la Hispania Ulterior. Aunque la presencia casi constante en Hispania de un cónsul, o un procónsul con mando en ambas provincias, y las
necesidades de la guerra hicieron que la línea divisoria entre las provincias hispanas
fuera más teórica que real.
6.1. Porcio Catón y su obra:
En el año 196 a.C. el Senado envió a Hispania a uno de los cónsules del 195
a.C., Catón, la persona que mejor encarnó la resistencia al nuevo espíritu, pues se
mostró enemigo de las innovaciones políticas y de las aventuras e intrigó contra el propio Escipión. Este pequeño propietario de origen plebeyo fue elevado a las mas altas
magistraturas, y resolvería de momento los problemas hispanos utilizando a la vez la
fuerza y la diplomacia política.
Las fuentes presentan a Catón como el arquetipo del romano de abolengo, justo,
austero, patriota, respetuoso con la ley, fiel a las antiguas virtudes romanas y opuesto a
cualquier intento de renovación. Con motivo de su consulado había impedido que Escipión el Africano obtuviese la provincia de Hispania reclamándola para sí mismo, porque
temía que aquel encontraría en ella la ocasión propicia para exaltar su grandeza.
Según sus contemporáneos Catón quería llevar a la práctica las aspiraciones de las
capas más influyentes de la sociedad romana que controlaban los poderes político y
económico.
En su política Catón seguía la pauta dictada por el imperialismo romano según la
cual la paz y la autoridad, básicas para el enriquecimiento y engrandecimiento de Roma, deberían imponerse por la fuerza de las armas. Al amparo de estos principios
Catón aplicará una dura ley a los indígenas que se fueran sometiendo paulatinamente.
La obra pacificadora de Catón hay que contemplarla desde los puntos de vista
militar, económico, político y administrativo. Las directrices impuestas por el cónsul romano buscaban el control absoluto de los territorios sometidos, para lo cual procedió a
la sistemática destrucción de las ciudadelas. A la vez organizó la defensa contra celtíberos y lusitanos a través de una barrera formada por las tribus periféricas pacificadas
y la organización sistemática y despiadada de su explotación económica. En lo referente a esta labor estableció grandes tributos sobre las minas de hierro y plata, que hicieron cada día as rica a la provincia. Estas, asignadas al estado romano, eran explotadas
mediante adjudicación de una tasa fija para cada ciudad.
Hizo que los indígenas que habitaban los oppida en las alturas descendieran a
los valles y se entregaran a tareas agrícolas y ganaderas. Catón añadió a esta acción
desmanteladora de las ciudades hispanas una política de pactos y establecimiento de
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campamentos romanos en lugares estratégicamente situados.
Aspecto importante a considerar en la obra de Catón es el administrativo. Organizar las provincias para un romano significaba simplemente acentuar su explotación y
rendimiento, buscando más su pacificación que imponer su justicia. No cabe duda de
que las campañas del cónsul contribuyeron a precisar mas la línea de las fronteras de
Hispania.
7. TIBERIO SEMPRONIO GRACO y las primeras fundaciones romanas en
Hispania
Las profundas penetraciones en la Ulterior y las anexiones en la Celtiberia obligaron a los romanos a frenar de momento su expansión para consolidar de manera
definitiva estos dominios y llevar a cabo una explotación económica más intensa y ordenada.
Fueron elegidos gobernadores para el 180 a.C. Tiberio Sempronio Graco para la
Citerior y L. Postumio Albino para la Ulterior. La obra reordenadora y pacificadora de
Graco mereció elogios unánimes de la historiografía romana.
A la hora de evaluar la excelente obra romanizadora de Graco hay que insistir en
varios aspectos importantes. El primero es la consolidación de las fronteras con el establecimiento de castella y guarniciones, como garantía de pacificación, y las fundaciones coloniales. Graco intentó dar paz permanente a las fronteras, mediante la suscripción de pactos y alianzas con las tribus recién incorporadas. Las cláusulas de los tratados obligaron a los indígenas a pagar un tributo anual a Roma, a prestar servicio militar
en calidad de auxilia en los ejércitos romanos y a no fortificar sus ciudades. A su vez
Graco intentó dar solución satisfactoria al gravísimo problema demográfico y socioeconómico de las tribus celtibéricas distribuyendo entre los indígenas parcelas de tierra
cultivables. Su política, más o menos equitativa, será recordada treinta años después
por los celtíberos que exigirán al Senado romano que cumpla los tratados firmados por
Graco.
Graco, igual que años antes había hecho Catón, procedió a desmantelar las pequeñas ciudadelas fortificadas por los celtíberos. Algunas de ellas serian utilizadas por
Graco para situar guarniciones o establecer castella que permitirían dar seguridad a las
tierras conquistadas y a los aliados de Roma. En concreto no conocemos sus nombres,
pero sabemos que bases importantes desde entonces fueron Segontia, Complega,
Segóbriga. Salduie compitió en importancia estratégica y comercial con Ilerda sobre las
tierras del Ebro y canalizó las vías de salida de los productos de este valle, al igual que
siglos más tarde los Caesaraugusta, su sustituta.
Sempronio Graco fundó en 179 a.C. la colonia de Ilitugi en la Oretania, probablemente para controlar los centros mineros, se poblaría con celtíberos, auxiliares del
ejercito romano, a quienes se dio tierras cultivables y el estatuto jurídico de aliados.
Fundó también Gracurris (Alfaro) en tierras de vascones, donde había extendido el territorio romano hasta los confines de Pancorvo; la colonia sería una avanzadilla encargada de controlar las posibles presiones de los arévacos y berones. Aquí se daría
asiento y tierras a los vascones con celtíberos aliados.
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TEMA 8. LAS GUERRAS CONTRA CELTÍBEROS Y
LUSITANOS. LA GUERRA SERTORIANA.
8. CAUSAS Y COMIENZO DE LAS GUERRAS CONTRA CELTÍBEROS Y LU-
SITANOS.
Las fuentes clásicas polarizaron estas guerras en torno a dos ejes: Numancia y
Viriato, pero, en realidad, el conflicto desencadenado alcanzó prácticamente a toda la
Península.
La situación en Hispania y Roma era distinta. A los problemas socioeconómicos
de los pobladores celtas de la Meseta, en especial celtíberos y lusitanos, se añaden
sus hábitos guerreros, su pobreza, su amor a la libertad. Y con ellos el desinterés de
Roma por unas tierras pobres, sus luchas en Grecia, Próximo Oriente, y en el norte de
África contra Cartago, lo que se traduce en la precariedad de Roma en hombres y dinero. Todo ello configura unas guerras lentas, crueles, trágicas, pero que van a cambiar la
faz de Roma, con la consecución de sus afanes imperialistas y, la faz de la Hispania
celta aún no sometida al dominio romano.
8.1. CAUSAS
Se pueden enumerar cuatro causas principales:
Los problemas sociales y económicos de los celtas de la Meseta.
Las provocaciones de Roma con su exigencia de tributos y sus exacciones.
La pertinaz violación de los pactos y absoluto desprecio por la vida y libertad de
los pueblos hispanos.
La continuas guerras que sufría Roma y la convulsión política, social y económica de la sociedad romana, ante el abierto imperialismo, cúmulo de riquezas y poder
que se concentraba en la aristocracia dirigente.
8.2. ESTRUCTURA SOCIAL INDÍGENA
Se enfrentan dos estructuras políticas y sociales en aquella Hispania de mitad
del siglo II a.C. Roma, que se basaba políticamente en la ciudad-estado y en la familia
con desarrollo de la propiedad privada y el libre mercado como modo de producción. El
mundo celta, gentilicio, en el que prevalece la comunidad de bienes y donde la propiedad de la tierra está pasando a manos privadas o se ha acumulado en pocas familias.
Ello provoca la formación de bandas y guerrillas que buscan en el saqueo y la guerra
tierras en que asentarse y bienes con que atender a sus familias.
En la Meseta, la tierra escasa y más bien pobre no puede atender al crecimiento
de la población. Roma, con su política de anexiones y de quedarse para el ager publicus con los mejores lotes de tierras cultivables, agravaba ese mal y no accedió con la
frecuencia necesaria a los repartos de tierras reclamadas por las tribus.
Roma arrebataba tierras e impide el pillaje a unas gentes que tenían en las armas y en su libre actuación guerrera la posibilidad de resolver sus problemas. Ni celtíberos, ni lusitanos tenían otro modo de vida que la tierra para unos pocos y la guerra
para el excedente de juventud; y Roma ponía límites a ambas. La riqueza que los romanos habían desarrollado en la Hispania conquistada, era apetecida y buscada por la
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empobrecida población celta.
Además Roma debe defender a sus aliados del Ebro, Levante y la Bética que
sufren las razzias de los pueblos de la Meseta. Pues Roma de momento no ambiciona
unas tierras frías, pobres y pobladas por gentes rebeldes. Sobre todo porque los romanos se estaban enfrentando con Antíoco, Macedonia y últimamente con Cartago.
8.3. LAS PROVOCACIONES DE ROMA
Las provocaciones de Roma a los hispanos se generalizaron en una política tributaria de verdadero saqueo, y en una violación (por parte del Senado) de los pactos
que el Senado impone. Pues debido a las circunstancias, los generales romanos tuvieron que pactar para evitar la aniquilación de sus legiones. Pactos que después no eran
ratificados por el Senado.
Los jóvenes romanos eran sacrificados para las guerras, dejando descuidados
sus campos y ofreciendo sus vidas por unas conquistas que daban gloria y dinero a las
aristocracia, pero que a ellos les empobrecía cada vez más por el descuido del campo
y la caída de los precios de sus productos agrícolas. Estos problemas se traducían en
crisis como la que acaeció durante los Gracos. De ahí la dificultad de los generales para reclutar soldados, especialmente para Hispania, donde a la dureza del clima y fiereza de la lucha se unía la pobreza del botín.
Las consecuencias fueron ejércitos mal preparados y también de mandos, pues
los mejores eran enviados a Oriente, y es que a Hispania llegaron ejércitos bisoños y
generales más ambiciosos y avaros que preparados.
Por otra parte las consignas del Senado era la utilización de métodos expeditivos
y resultados en conquistas y botín, que excedían la capacidad de la Meseta. Y un trato
inhumano a las gentes de la Meseta.
En definitiva, hubo pasividad en Roma frente a unos problemas que no querían
resolver y frente a unos pueblos y tierras que no deseaban conquistar. Pues Roma en
modo alguno quería incorporar las tierras pobres los lusitanos; sólo intervenía para defender su economía y los intereses de sus aliados o sometidos en el Ebro, Levante y la
Bética.
8.4. CARACTERES
Estas guerra se definen por la ineptitud en inexperiencia de los mandos romanos, la crueldad mutua generalizada, y los métodos inhumanos por ambos contendientes. Tales métodos era resultado de las circunstancias que envolvían a uno y otro contendiente: falta de medios económicos, carencia de cuadros dirigentes en las poblaciones indígenas; también los romanos enviaron jefes inexpertos y gente sin moral, cuyo
objetivo era acabar la guerra como fuese: soborno a traidores, rendición sin condición.
No hubo por parte de Roma una conquista planificada, sino una guerra de asedio y exterminio. Polibio califica estas luchas de "guerra de fuego" (guerras ininterrumpidas). Solían acabar de noche, todo el día. Se continuaban en invierno. A diferencia de
Oriente que en una batalla o dos, se acababa la guerra.
Por parte hispana los ejércitos no los componían todas las capas sociales, eran
fundamentalmente los jóvenes ante sus mayores mejor situados en tierra y ganado.
Fueron muchas veces rústicos pastores y casi nunca tuvieron jefes preparados e influyentes, sino héroes ocasionales.
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El tipo de guerra utilizado por los celtíberos fue la emboscada y la lucha de guerrillas. Los romanos utilizaron como novedad el cerco de las ciudades. Es verdad que
los enfrentamientos causaron numerosas bajas humanas, pero también contribuyeron a
ello la dureza del clima de la Meseta y la alimentación, verdaderos azotes de los romanos.
8.5. COMIENZO DE LAS GUERRAS
La guerra comenzó como consecuencia de las razzias lusitanas. En el 156 a. C.
se produjo un alzamiento de los lusitanos encabezados por un tal Púnico. Durante dos
años devasto la Beturia y derrotó a los gobernadores de la Ulterior Manlio y Calpurnio.
En uno de los saqueos a las antiguas colonias fenicias del Mediterráneo, pereció Púnico.
Caisaros se puso al frente de las razzias lusitanas. El nuevo pretor de la Ulterior
en el 153 a.C. Mummio, después de algunos fracasos, pudo poner freno a las razzias
lusitanas. Caisaros atravesó el Océano por las columnas de Hércules saqueando las
costas africanas, donde al final fue vencido.
En el 152, el nuevo pretor Atilo condujo su ejército al interior de Lusitania y conquistó una de sus principales ciudades: Oxhraca. Atilo desenvolvió una política prudente y pacifista con los lusitanos. En el 151 a. C. le sucedió como pretor Galba, que rompió la política de paz y fue derrotado. El gobernador de la Citerior, Lúculo, ante las razzias de los lusitanos por sus territorios, se enfrentó a ellos y los derroto. Galba paso a
la ofensiva y fue devastando región por región. Los lusitanos acorralados, solicitaron la
paz. Galba la aceptó pero traiciono a los lusitanos ordenando una ejecución masiva,
pocos se salvaron pero entre ellos estaba Viriato.
Galba se vio envuelto a su llegada a Roma en un proceso, debido a su actuación
en Hispania, por parte de Catón y Cornelio en el Senado, del que salió absuelto.
9. LA INTERVENCIÓN ROMANA EN LA MESETA SEPTENTRIONAL (153-143
a. C.)
9.1. Las campañas de Nobilior y Marcelo en la Citerior.
La tribu de los bellos acaudillados por Caros, propusieron a otros pueblos vecinos la rebelión contra Roma. El baluarte de la resistencia fue la ciudad de Segada, en
donde se refugiaron los aliados. Por eso se proyectó ampliar sus murallas. Informado el
Senado romano prohibió los trabajos de ampliación, apoyándose en el acuerdo suscrito
con Graco. Los de Segeda se defendieron aduciendo que la ampliación de la muralla
no estaba contemplada en el acuerdo. Como no se llegó a ningún acuerdo con el Senado romano, éste declaró la guerra.
El ejército romano al mando de Nobilor se presentó rápidamente en Segeda,
donde aún no se habían concluido los trabajos de la muralla. Abandonaron la ciudad y
buscaron refugio en la serranía soriana, zona de asentamiento de los pelendones, que
tenían como centro más importante Numantia.
Nobilor fue derrotado por la coalición celtibérica, pero éstos cometieron el grave
error de perseguir a los fugitivos, lo que les situó ante la caballería romana, que les
causo grandes bajas, entre otras las del caudillo Caros. El cónsul persiguió a los arévacos hasta Numantia.
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Los aliados celtibéricos refugiados en Numantia proclamaron jefes a Ambón y
Leucón. El cónsul romano solicitó ayuda al númida Massina, aliado de Roma, que le
envió 300 jinetes y 10 elefantes. De todas formas Nobilor fue derrotado. No repuesto de
esta derrota, atacó a diversas ciudades aliadas, en donde los celtíberos tenían sus almacenes de provisiones. El crudo frío , la nieve y la escasez de víveres causaron gran
número de bajas en las filas legionarias. En resumen, los resultados de esta primera
campaña no fueron positivos para los romanos.
En el 152 a. C. Marcelo, que desempeñaba el cargo consular por tercera vez,
sustituyó a Nobilor en el frente celtibérico. Su proyecto era la pacificación de las regiones inmediatas a la frontera provincial, en el curso del alto Jalón. Su política hizo posible que los celtíberos enviasen legados a Roma, para discutir y actualizar los antiguos
compromisos acordados con T. Graco. El Senado escuchó por separado a sus aliados
celtibéricos, a los arevacos, y a los legados celtibéricos enviados por Marcelo. La decisión final fue la rendición incondicional de los indígenas.
9.2. Licinio Lúculo y su expedición contra los vacceos.
En Roma se eligió como sustituto de Marcelo a Licinio Lúculo que en 151 a. C.
detenta la magistratura consular. Lúculo, desde el territorio de los celtíberos franqueó el
Tajo y llegó a la ciudad de Cauca (Coca) en donde acampó. El senado de Cauca aconsejó a sus ciudadanos que firmasen la paz con el cónsul romano. Éste les exigió tres
cosas: que entregasen rehenes, que diesen 100 talentos y que sumasen su caballería
a la del ejército romano. Pero cuando la tropa ocupó la muralla, Lúculo dio orden de
matar a la población.
Continuó por el río Eresma hasta el Duero y se presentó en Intercatia. Lúculo pidió a los intercatienses a pactar una alianza; pero éstos, conocedores de los recientes
acontecimientos se negaron. Lúculo devastó la campiña y puso cerco a la ciudad. En
combate singular el tribuno Escipión venció a un intercatiense. Escipión garantizó a los
indígenas un pacto en el que se estipulaban las bases siguientes: tenían que entregar
10.000 sagi (prenda de vestir, para el frío), 50 rehenes y un número determinado de
cabezas de ganado.
Una vez que Lúculo firmó el pacto con los de Intercatia, se dirigió a Pallantia, en
donde se habían refugiado muchos vacceos. Debido a la escasez de víveres, tuvo que
levantar el cerco de Pallantia y, se retiró hasta el río Duero. Posteriormente invernó en
Corduba.
9.3. Un intervalo en la guerra hispana.
Entre el 150-145 a. C., las fuentes callan. Se debe a que Roma centró su atención en otras empresas, tales como la rebelión de Andrisco en Macedonia (148 a. C.),
la Tercera Guerra Púnica (149-146 a. C.) que terminó con la destrucción de Cartago y
la guerra contra la Liga Aquea (146 a. C.).
10. VIRIATO Y EL FIN DE LA GUERRA LUSITANA
10.1. Viriato.
Las fuentes clásicas lo califican como dux e imperator. Pero los autores modernos lo presentan como un típico bandolero que carecía de una política y de un ideolog-
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ía concretas; y que buscaba, fundamentalmente, primero la subsistencia y en segundo
lugar el éxito. Según H. Gundel, sus campañas contra Roma tuvieron como objetivo la
independencia de su pueblo de Roma y la búsqueda de la expansión para conseguir
nuevas tierras.
10.2. Viriato contra los romanos (147-139 a. C)
En el 147 a. C. se iniciaron de nuevo las razzias lusitanas sobre el sur peninsular; intentó frenarlas el pretor Vetilio. En una emboscada causó una fuerte derrota a los
romanos y la muerte del propio pretor.
En el 146 a. C. vino a Hispania el pretor Plautio. Viriato, que llevaba sus razzias
por la Carpetania, se enfrentó al romano y le derrotó. Posteriormente le infringió a Plautio nuevas derrotas. Estos éxitos aumentaron su prestigio entre las tribus de la Meseta
y le llevaron a firmar alianzas con algunas de ellas. El pretor de la Citerior, siguió la
misma suerte que su colega, Plautio, de la Ulterior, ya que Viriato le derrotó.
En el 145 a. C. se ponía fin a los problemas de Grecia y el Senado romano
prestó más atención a Hispania. Mandó a uno de los cónsules Maximo Emiliano, hermano de Escipión Emiliano, y al pretor Nigido. De nuevo Viriato salió victorioso ante
Nigido pero no frente al pretor de la Citerior Lelio Sapiens ni ante Máximo que hizo que
Viriato abandonase el valle del Betis.
En el 143 a. C., el cónsul encargado de la guerra contra Viriato fue Cecilio Metelo y como pretor Quincio. Ninguno destacaba por sus virtudes militares. Las campañas
fueron favorables a Viriato y a los lusitanos que ganaron posiciones en el Sur. Viriato
demostró que era dueño de la situación en la Bética.
En el 141 a. C., Roma se propuso poner fin a la pesadilla lusitana y envió a la
Península al cónsul Máximo Serviliano, de la familia de los Escipiones. Después de
éxitos alternativos, Viriato se vio obligado a retirarse a Lusitania. Serviliano castigó duramente a cinco ciudades de la Bética, aliadas de Viriato. Pero tuvo que hacer frente a
los bandoleros Curio y Apuleyo que obligaron a Serviliano a retirarse a lugares seguros.
Posteriormente Serviliano recuperó a algunas ciudades que se habían rendido a Viriato
como Tucci, Astigi y Obulco.
En el 140 a. C. Viriato reanudó las hostilidades. Serviliano, puesto sito a la ciudad de Erisane, Viriato acudió en su socorro y derroto a Serviliano, el cual tuvo que
negociar la paz. Las condiciones impuestas por Viriato eran que los romanos y lusitanos debían respetar los límites que en este momento separaban ambos dominios. El
pueblo romano dio el visto bueno al tratado y concedió a Viriato el título de amicus populi romani.
Pero el trato no podía ser duradero ya que Roma no toleraba pactos, en condiciones de igualdad, con ningún pueblo. En el 139 a. C., Servilio Cepión vino a Hispania
Ulteriror como cónsul. Con el permiso del Senado emprendió las hostilidades, al igual
que Lenas en la Citerior. Viriato sorprendido se retiró a la Carpetania y más tarde a la
Lusitania. Cepión atravesó el territorio de los vettones y llegó hasta el de los galaicos,
que por entonces ocupaban las tierras portuguesas que van del Duero al Miño.
Como apoyo a su penetración en el corazón de la Lusitania fue construyendo
una serie de campamentos y ciudades como Vicus Caecilius, Metellium y otras.
A esta política obedece la construcción de ciertos puertos en el Atlántico: Turis
Cepiones (Chipiona), Castra Caepionis (ría de Setúbal). Otros castra y castella se levantaron a lo largo de la vía de La Plata hasta tierras de Cáceres.
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Viriato atravesaba una situación difícil, que se tornó mucho pero por la traición
de los lusitanos más influyentes. De nada le valió la orden de ejecutar a algunos de
ellos, como a su suegro Astolpas, que no apoyaban sus razzias. Viriato, obligado por
su pueblo, tuvo que negociar, comisionó para ello a tres amigos: Audax, Ditalkon y Minuros, naturales de Urso (Osuna), ciudad súbdita de Roma. Cepión soborno a los amigos de Viriato y les prometió favores personales en el futuro a condición de que asesinasen a Viriato, cosa que hicieron. El Senado romano no reconoció el pacto convenido
entre Cepión y los asesinos, ya que consideró esta acción criminal como indigna y a
Cepión le negó los honores del triunfo.
Los lusitanos hicieron suntuosas exequias a Viriato, incineraron su cuerpo en
una pira funeraria, ofrendaron sacrificios en su honor y celebraron juegos fúnebres en
forma de luchas de gladiadores.
10.3. Hacia el final de la guerra lusitana (139-137 a. C.) (examen)
La muerte de Viriato no depuso el fin inmediato de la guerra, pero sí mermó considerablemente la resistencia lusitana, permitiendo a Roma centrar su atención en la
represión de la rebelión celtíbera.
El sucesor de Viriato fue Tántalos que llevó a cabo algunas incursiones por la Ulterior, aunque al poco tiempo, tuvo que rendirse a Cepión. En el año 138-137 a. C.
Décimo Junio Bruto asentó a los lusitanos en la colina de Valentia, muy probablemente
la actual ciudad del Levante español.
Junio Bruto consiguió triunfar sobre lusitanos y galaicos, haciéndose prácticamente dueño de casi toda la Lusitania. Tras varias campañas domino a los galaicos.
11. NUMANCIA
Las tribus celtibéricas, estimuladas por las acciones y la diplomacia de Viriato, se
habían sublevado de nuevo. La gravedad de la situación exigió la presencia de una
persona experimentada, el cónsul Cecilio Metelo, gobernador principal de Hispania en
el 143. Su estrategia se basaba en someter a las tribus celtíberas por partes.
Antes de dirigirse Metelo a Numantia se dedicó a arrasar el territorio de los vacceos para impedir que suministrasen grano a los numantinos. Quiso proseguir la guerra
hispana, pero en Roma se hacían cada vez más tensas las luchas de las facciones
políticas que ambicionaban el poder. La de Escipión se encargó de que no se prorrogara el mando a Metelo y designó como su sucesor a Q. Pompeyo. Las repetidas emboscadas de los numantinos les causaron importantes bajas, teniendo que renunciar de
momento al asalto de Numantia. Buscó un nuevo objetivo de revancha: Termantia. Y,
cuando la campaña tocaba a su fin, Pompeyo atacó inútilmente a Numantia e idéntico
fracaso sufrió al año siguiente.
Q. Pompeyo intentó paliar su derrota militar con un éxito diplomático; inició conversaciones con los numantinos. También los numantinos la deseaban. Según Diodoro,
también los termestinos. Ambas ciudades debían se comprometían a entregar a los
romanos 300 rehenes, 900 sagi, 3000 pieles de buey, 800 caballos de batalla y todas
las armas. Pero, estos acuerdos que guardó en secreto, no concordaban con las órdenes del Senado. Por ello se le incoó un proceso en Roma.
En el 139 a.C. un nuevo cónsul, Polipo Lenas, tampoco tuvo fortuna en el sitio
91
de Numantia. Su sucesor Mancino fue acorralado en Torre Tartajo y se vio obligado a
capitular. Los numantinos, exigieron la firma de un foedus aequum y, por consiguiente
el reconocimiento por parte de Roma de su independencia y amistad en plano de igualdad.
El Senado romano no lo aceptó, considerando el tratado humillante. Mancino fue
reclamado por el Senado. El Senado decretó a que Mancino se entregase personalmente a los numantinos. En el 136 a. C. fue enviado a Hispania y expuesto totalmente
desnudo y con las manos atadas a la espalda ante las puertas de Numantia. Pero los
numantinos no aceptaron la sumisión del cónsul pues eso significaba seguir la guerra.
El Senado, de momento, no permitió que se renovará la guerra. Hubo un armisticio entre los años 137 y 133 a. C.
Los cónsules de estos años centraron sus actividades contra los vacceos. Pero
fracasaron ante la ciudad de Pallantia.
Todos estos hechos obligó al Senado a nombrar a una persona competente, para que pusiera fin a estos actos bochornosos. Ninguno más idóneo que P. Cornelio Escipión "el africano", el reciente destructor de Cartago, que volvió a ser elegido cónsul
para el año 133. Pero su reelección iba en contra de los principios legales republicanos,
sólo un plebiscito podía otorgarle este privilegio, como así acaeció. Sin embargo, el
Senado le negó nuevas tropas, son pretexto de que las necesitaba para hacer frente a
la sublevación de los esclavos en la isla de Sicilia.
Escipión recurrió a su clientela de los reyes de África y Asia, a los veteranos de
la última guerra púnica y a 500 clientes romanos, que formaron el "escuadrón de los
amigos", a imitación de los reyes de Macedonia.
El ejército que iba a recibir Escipión de sus antecesores en Hispania se caracterizaba por su bajo estado de moral. La tarea de Escipión consistió en imponer una dura
disciplina antes de entrar en liza. Consiguió reunir unos 60.00 hombres, unas 300 catapultas y 12 elefantes que le envió Yugurta. Marchó hacia Numantia; pero, dando un
rodeo mayor que el normal y penetró en territorio de los vacceos. Buscaba el trigo necesario para su avituallamiento e impedir que se lo suministrasen a los numantinos. A
continuación avanzó hasta las cercanías de Numantia llegando a este lugar hacia el
mes de octubre.
Con una muralla de nueve kilómetros rodeó Numantia y construyó siete campamentos. La rapidez con que procedió a levantar este cerco dejó sorprendidos a los numantinos. Un sistema de señales ópticas estaba dispuesto de tal manera que en breves instantes se podían comunicar entre sí las novedades. La vigilancia era casi perfecta; casi porque un noble numantino, Rectúgenos, logró burlarla. Recorrió las ciudades
arevacas para sublevarlas pero sólo Lutia se prestó a ayudarle, pero ésta fue asediada
por los romanos y ocupada. La resistencia de Numantia llegó hasta límites heroicos y
pocos sobrevivieron a la lucha. Exhaustos de fuerzas y sin víveres, se rindieron.
A la caída de Numantia siguió un período de paz de veinte años, durante el cual
el proceso de anexión territorial se interrumpió o apenas creció. El río Pisuerga fue el
límite del dominio romano en la Meseta Septentrional.
11.1. CONSECUENCIAS DE LAS GUERRAS CONTRA CELTÍBEROS Y LUSI-
TANOS
En Roma, se acentuaron graves crisis, pues es menester advertir que estas victorias se habían logrado, no sin protestas generalizadas por el elevado coste humano y
económico que les había supuesto; al punto de que, en los últimos años de estas guerras, los reclutamientos se hacían cada vez con mayor oposición de romanos e itálicos
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a trasladarse a Hispania. Además algunos de los métodos expeditivos de algunos romanos habían levantado infinitas criticas.
Hubo también en Roma cambios institucionales provocados pro las especiales
circunstancias de la guerra hispana. A partir del año 151 la incorporación al mando de
las legiones en Hispania se anticipa del 15 de marzo al 1 de enero de cada año, a fin
de ganar unos meses para los operaciones. Acudieron también al inusitado plebiscito,
en el caso de Escipión, con objeto de anular los plazos para el desempeño de la más
alta magistratura del consulado; quedó en suspensos la Lex Villa Annalis del 151 a. C.,
y se le autoriza por el Senado a que haga alistamientos de tropas con clientes y amigos.
Acaece la práctica desaparición de la clase media italiana. Pues mientras perece
o se arruina con el largo servicio militar buena parte de los pequeños propietarios italianos, crece la plebe urbana desposeída que busca en Roma vida fácil y aventura; o
huye esta clase media a las provincias en busca de negocios o tierras fértiles del ager
publicus o adquiridas por sus propios medios.
También para los provincianos hispanos se abrió la concesión de tierras, apertura de minas e ingreso en la milicia: lusitanos en Valencia, hispanos en Mallorca, otros
lusitanos reciben tierras dentro de su ámbito tradicional por orden de Bruto y César.
La Lex provinciae del año 133 a. C. fijará los tributos y dará fin a las exacciones.
Nuevas perspectivas nacen para la población hispana.
12. LA FIGURA DE SERTORIO Y LA CONSOLIDACIÓN DE SU PODER EN
HISPANIA. (examen)
12.1. La situación de Roma y de Hispania entre el 133-82 a. C. (examen)
La caída de Numancia y la muerte de Viriato hizo que la población lusitana y
celtíbera, agotada económica, humana y moralmente tras una cruel lucha sostenida
contra Roma, se sumergiera en un proceso de paz que transformara definitivamente las
estructuras políticas, sociales y económicas de la Meseta céltica.
Por otra parte, importantes grupos itálicos se van a asentar en la sociedad hispana actuando como elementos transformadores: difusión de instituciones, de la moneda, activación del comercio, creación de colonias y municipios de corte romano, introducción de nuevos cultivos, etc. A estos contingentes de colonos civiles se sumó el
de veteranos licenciados de las guerras de Hispania. Este colonialismo produjo la progresiva desaparición de las tradicionales estructuras indígenas y la incorporación paulatina de las formas socioeconómicas romanas en aquellas regiones en donde la presencia de romanos e itálicos fue mayor. En consecuencia, las provincias hispanas fueron de las zonas más romanizadas de todo el Mediterráneo occidental. De ahí que la
Península Ibérica sirviera de refugio a emigrados políticos implicados en las luchas de
las diversas facciones.
Durante los años 133 y 82 a. C. se va a producir algunos hechos destacados:
La reorganización de las provincias hispanas
El Senado envió a la Península una comisión de diez miembros con la misiva de
que regularan los asuntos que Escipión había dejado pendientes en las dos Hispanias.
La comisión decidió sobre la reestructuración del territorio anexionado, la delimitación
93
de las fronteras de cada provincia; la distribución del ager publicus entre los pueblos
sometidos, de acuerdo con su postura respecto a Roma, la regulación de tributos. De
todas formas parece que la comisión entregó los mejores lotes a los dirigentes indígenas para ganarles a su causa y se sintiesen más filorromanos. Esta distribución de tierras del ager publicus no soluciono el problema de los celtíberos más jóvenes, siendo
seguramente este factor el desencadenante de algunas sublevaciones a fines del siglo
II.
La conquista de las islas Baleares por Cecilio Metelo
Parece que hubo varios motivos: la presión de los negociadores romanos deseos de extender la esfera de su campo económico, razones de carácter político y estratégico (pacificación de Cerdeña y la Galia Transalpina), y privar a los piratas de este
punto de apoyo. La conquista de las Baleares se redujo más bien a operaciones de
limpieza y policía para sacar a los piratas de sus escondrijos. Posteriormente, Cecilio
Metelo llevó a cabo la colonización de Mallorca, en donde fundó Palma, al este de Palma de Mallorca, y Pollentia, próxima a Pollensa.
Coincidiendo con las invasiones de los cimbros y teutones, la sublevación del
númida Yugurta y la revuelta de los esclavos en Sicilia en el 104 a. C. Los lusitanos se
sublevaron en el 114 a. C., aunque parece que no debieron de ser más que revueltas
locales y problemas de reparto de tierra. La insurrección fue reprimida en el 102 a. C.,
pues los asuntos de Hispanias fueron relegados a segundo término ante otros problemas más importantes (arriba reseñados). Los cimbrios y teutones tuvieron en jaque
durante varios años a las legiones romanas. Llegaron a dominar toda la Galia transalpina. En el 104 a. C. los cimbrios penetraron en la Península sin que el pretor Fluvio los
pudiera contener. Cuando invadieron la Meseta, los celtíberos les hicieron frente y obligaron a los cimbrios a cruzar el Pirineo. Poco después de este acontecimiento debió
tener lugar la rebelión de los celtíberos; quizá decepcionados por el hecho de que Roma no premiase su acción. La rebelión duró desde el 99 a. C. hasta el 93 a. C.
La "Turma Salluitana", escuadrón de caballería integradas por hispanos oriundos
del valle del Segre, recibió del general C. Pompeyo el derecho de ciudadanía romana,
por su valeroso comportamiento en la guerra de los aliados.
Hasta la época de Mario el ejército romano se reclutaba con levas de ciudadanos que integraban los cuerpos de caballería e infantería ligera. A ellos había que añadir los socii itálicos y los auxilia indígenas. Pero, desde comienzos del siglo I a. C., el
reclutamiento de itálicos no fue posible porque se había agotado su paciencia al no ver
satisfechas sus aspiraciones a la ciudadanía romana. Para paliar esta falta de reclutas,
a los romanos no les quedó otro remedio que sustituirlos por gentes provincianas, que
aunque no fuesen ciudadanos romanos, se identificaban con su modo de vida y en
concreto con lo militar. La larga estancia bajo los mandos romanos cambio la mentalidad de estos indígenas. Este fue el caso de la Turna Salluitana.
12.2. SERTORIO
Sertorio, natural de Nursia, localidad de Sabina, se hizo célebre por la guerra civil que enfrentaba a los populares y optimates. Cuando Sila, que dirige el partido aristocrático vuelve vencedor desde Oriente al frente de sus legiones, Sertorio y otros
hombres de su partido popular se habían adueñado del gobierno de Roma y tiene que
huir precipitadamente ante el decreto de proscripción y muerte dictado por Sila.
La escuela de aprendizaje militar de Sertorio fue el ejército modernizado por C.
94
Mario, cuyas innovaciones pudo poner en práctica en la guerra contra los cimbrios y
teutones. En estas campañas empezó a destacar la astucia de Sertorio. Las fuentes
recalcan las cualidades militares de Sertorio. Así, Apiano dice que fue el mejor general
de su época. Esta fama, esta cimentada en sus dotes como organizador y estratega;
pues venció a enemigos con ejércitos de número muy superior y a las legiones de Roma, mucho mejor dotadas Durante ocho años mantuvo en jaque a generales como
Pompeyo y Metelo. Su táctica preferida fue la guerra de guerrillas. Precisamente cuando la abandonó empezaron a declinar sus éxitos. Armó a los indígenas a la manera
romana, les impuso una férrea disciplina, aunque les permitió combatir de acuerdo a
sus maneras.
La política de Sertorio tenía como finalidad poner en tela de juicio y derribar lo
más rápidamente posible al gobierno de los optimates, en este momento personalizado
por Sila.
Algunos autores, creyeron que al crear en Osca (Huesca) un Senado y magistrado perseguía la idea de un imperio hispanorromano. Pero el pensamiento sertoriano
entendía que su gobierno en el exilio era el legítimo de Roma y que por consiguiente el
Senado y los magistrados nombrados por él eran los verdaderos representantes de los
romanos. Con estas innovaciones Sertorio actúa como auténticos defensor de las constitución romana.
12.3. LA GUERRA CIVIL DE SERTORIO EN HISPANIA (82-72 a. C.)
Cuando Sertorio regresó de las Galias, donde había servido a las órdenes de
Mario, no tenía definido su partidismo político. Actuó como tribuno militar en Hispania y
como cuestor en la Galia Cisalpina. Su adhesión al partido popular acaece cuando Sila
veta su candidatura al tribunado de la plebe. Sertorio reaccionó con despecho y, unido
a Mario y Cinna, participó en el asalto de Roma en el 87. Cuando Sila llega, a fines del
83, victorioso de Oriente, muchos optimates y demócratas se pasaron a sus filas, reuniendo un importante ejército. Sila nombra a Sertorio gobernador de Hispania Citerior,
con la finalidad de alejarlo de Roma.
Pero cuando Sila asume el poder revocó a Sertorio del cargo de gobernador y
nombró en su lugar a un optimate. Enterado de su cese, Sertorio se apresuró a llegar a
Hispania, pactó con las tribus ceretanas, que controlaban el paso del Pirineo catalán, y
dejó a su lugarteniente Livio Salinatro con 6000 hombres para atajar a cualquier ejército
enviado por Sila.
El ejército sertoriano que guarnecía el Pirineo fue derrotado y su jefe, Salinátor,
muerto. Serotiro y sus tropas se embarcaron en Cartago Nova. El nuevo objetivo era
Mauritania. Tras diversos avatares, ataque de indígenas en la ribera del Rif, unión a
piratas cilicios, lucha contra la armada de C. Annio, periplo por la Bética, etc. arribó a
Mauritania. A su llegada a Mauritania, apoyó a los indígenas de Tingis (Tánger) que se
habían rebelado contra su rey Ascalis. Acto seguido tomó la ciudad de Tingis. Esta
conquista le proporciono una buena y sólida garantía de refugio y base de futuras operaciones militares.
En el año 80 a. C., finalizada la guerra mauritana, Sertorio recibió la embajada
de lusitanos que le informó de sus proyectos y le brindó el mando de sus gentes.
Sertorio abandonó Mauritania acompañado de un pequeño ejército. Le salió al
paso el pretor Cotta, que fue derrotado. Sertorio se dirigió a Lusitania, a orillas del
Guadalquivir el pretor Fufidio le ofreció resistencia, aunque sin éxito, pues fue fácilmente derrotado.
95
Informado el dictador, Sila, de los acontecimientos en Hispania y del fracaso de
sus gobernadores, dio órdenes a Cecilio Metelo para que acudiera a la Ulterior con dos
legiones. Su objetivo inmediato, era someter lo antes posible toda Lusitania. No tuvo
dificultades hasta Olissipo (Lisboa) a la que tomó. Pero cuando intento reducir a los
lacobrigenses, Metelo no pudo impedir que Sertorio los abasteciera. Metelo se vio obligado a levantar el cerco, al ser aniquilada una de sus legiones, y se retiró a la línea del
Guadiana. Sertorio saqueó la parte occidental de la Bética.
Sertorio intuyó que Metelo pediría la colaboración de los ejércitos de la provincia
Citerior. Sertorio mandó a su lugarteniente L. Hirtuleyo de que detuviera al gobernador
de la Citerior, que fue derrotado en el río Tajo. A continuación Hirtuleyo se dirigió a Ilerda (Lérida), en donde derroto al procurador de la Narbonense.
Sertorio llamó a Hirtuleyo a Lusitania y se limitará a acciones defensivas contra
los posible ataques de Metelo. Sertorio se dirigió a la Citerior, en el 77 a.C. ,y acabó
con los focos hostiles como Caracca (Tarancón), Segóbriga (Saelices).
En ese mismo año, Sertorio recibirá importantes refuerzos. Los mandaba Perpenna, de la facción de los populares; procedente de Cerdeña, trajo consigo un ejército
superior al que tenía Sertorio en Hispania.
Sertorio entre el 77 y 76 a. C., llevó a cabo la fundación de la escuela de Osca
(Huesca) para la educación y formación de los hijos de la nobleza ibérica.
13. LAS VICTORIAS DE METELO Y POMPEYO, EL FIN DE LAS GUERRAS
SERTORIANAS
Ante la difícil situación en Hispania, el Senado romano se vio obligado a poner al
frente de los asuntos de la Península a un jefe excepcional. El problema era encontrarle. El presidente del Senado, recomendó a Cn. Pompeyo. A este joven que no había
cumplido los treinta años se le nombro procónsul con un imperium extraordinario.
Pompeyo reclutó un ejército y se dirigió a Hispania a donde llegó a finales del 77
a. C. A su paso pacificó la Narbonense, en rebeldía, ya que podía servir de puente a
Sertorio para ir a Italia. Sertorio tenía que impedir la unión del ejército de Pompeyo y
Metelo. Sertorio mandó a Perpenna a la Ilercaonia, para frenar el avance de Pompeyo
en el caso de que atravesara el Ebro. A su vez Hirtuleyo, en la Lusitania debería impedir que fuera Metelo el que se uniera con Pompeyo, Sertorio actuaría de comodín para
apoyar al frente más necesitado.
Tanto Pompeyo como Sertorio fueron firmando alianzas con las diferentes tribus
celtíberas.
Pompeyo, dio órdenes a su cuestor C. Memmio para que se dirigiera a Cartago
Nova, plaza fundamental en la costa oriental de Sertorio. Acto seguido Pompeyo cruzó
el Ebro y Perpenna no pudo impedirlo. Pompeyo se dirigió a Sagunto. Perppena se
hizo fuerte en Valencia. Sertorio enterado de la difícil situación, acudió en su auxilio.
Sertorio atacó la ciudad de Lauro, aliada del Senado, y una parte del ejército se dirigió
a Cartago Nova, neutralizando a Memmio. Como consecuencia de estos éxitos, muchas ciudades aliadas del Senado se pasaron al bando de Sertorio. Pompeyo tuvo que
retroceder a la parte norte del Ebro para atacar a los aliados de la Meseta.
En la Lusitania, Metelo había conseguido algunos éxitos sobre los sertorianos.
Hirtuleyo no hizo caso de los consejos de Sertorio de que no luchara a campo abierto y
fue derrotado en Itálica. Sertorio marchó con Perpenna a la Lusitania para reclutar nuevos soldados que compensaran las enormes pérdidas que había sufrido el ejército de
96
Hirtuleyo.
En el año 75 a. C. Sertorio y Perpenna partieron de la Lusitania para la costa
oriental. Hirtuleyo se quedó para enfrentarse con Metelo, de nuevo cometió el error de
presentarse en campo abierto y, fue derrotado y muerto. Metelo se dirigía a Valentia.
Por otra parte Perpenna fue derrotado por Pompeyo y obligado a abandonar Valentia,
uniéndose a Sertorio en algún sitio cerca del Júcar. Sertorio, enterado del desastre de
Hirtuleyo y que Metelo se acercaba, presentó batalla a Pompeyo. Allí venció al lugarteniente de Pompeyo , mientras que Pompeyo vencía a Perpenna. Pero luego cambió su
posición, de modo que Sertorio se enfrentó con Pompeyo y lo derrotó; pero a su vez,
Perpenna fue derrotado por el lugarteniente de Pompeyo. Ante la proximidad de Metelo, Sertorio se tuvo que replegar al Norte. De nuevo sertorianos y pompeyanos se enfrentaron en el Turia, cerca de Sagunto con resultado indeciso. Sertorio se refugió en
Sagunto en donde esperó la llegada de refuerzos indígenas. Como se avecinaba el
invierno, Metelo fue a la Galia para proveerse de trigo y dinero, Pompeyo se dirigió a la
Celtiberia para evitar que los pueblos aliados de Sertorio le enviasen refuerzos y vituallas.
Al objeto de no perder a sus aliados, Sertorio fue en su ayuda. Tras algunos encuentros con Pompeyo, éste ante el invierno se retiró a Pamplona.
13.1. EL FIN DE SERTORIO
Según las fuentes, entre el 76 o 75 a. C., Sertorio obtuvo al ayuda de Mitrídates,
rey del Ponto. Sertorio reconocía la hegemonía de Mitrídates sobre todo el Asia Menor,
y este le entregaba una suma de dinero y 40 navíos de guerra.
Ante la situación que podía crear semejante ayuda, Pompeyo escribió al Senado
y este respondió a sus peticiones, con dinero, provisiones y soldados.
Pompeyo sabía que el único medio de poner fin a la resistencia de Sertorio era
combatir en la Celtiberia. Por esta razón decidió atacar a los aliados celtíberos de Sertorio. Pompeyo y Metelo destruyeron las cosechas de los vacceos. Pompeyo puso sitio
a la ciudad de Pallantia, aunque no consiguió un resultado positivo. Acto seguido se
dirigió a Cauca (Coca) a la que tomo. Por su parte Metelo tomó las ciudades de Bilbilis,
Segobriga y otros núcleos de menor importancia. Muchas ciudades se pasaron al bando de Pompeyo.
En el 73 a. C. Pompeyo emprendió sólo la campaña de la Celtiberia. Perpenna
intentó sublevar en la Ulterior a los indígenas, pero fue neutralizado por Metelo. La presión de Pompeyo en la Meseta hizo que Sertorio se refugiase en el valle del Ebro. En
este año llegaron los refuerzos prometidos por Mitrídates, pero ya era tarde porque las
pocas plazas fieles que les quedaban habían sido neutralizadas. Sertorio se refugió en
Osca. En el transcurso de un banquete una conspiración de la que formaban parte sus
más íntimos colaboradores acabaron con su vida. La tradición acusa como máximo
responsable a Perpenna. Pero, en realidad se ignoran los motivos,
Perpenna se puso al frente de las fuerzas sertorianas, pero fue derrotado por
Pompeyo, y ejecutado.
13.2. CONSECUENCIAS
La guerra civil de Sertorio comportó importantes consecuencias: la Meseta del
Duero y Lusitania dieron un gigantesco paso en el camino de la romanización; aumentó
la población emigrante itálica, con numerosos partidarios políticos de Sertorio, que ter-
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minada la guerra no podían volver a Italia. Nació una poderosa clientela de Pompeyo y
Metelo debido a la concesión generosa de tierras y de la condición de cives romanus
otorgada a hispanos y veteranos de los ejércitos empleados contra Sertorio. En definitiva, la cultura romana se asentaba en la Meseta y la Lusitania.
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TEMA 9.- CÉSAR Y AUGUSTO EN HISPANIA.
14. INTRODUCCIÓN
Entre la muerte de Sila (78 a.C.) y la dictadura de César (49 a.C.) ocurre la descomposición del régimen aristocrático, sustituido por unos dictadores de corte militar,
que darán paso al Imperio.
Sila había dejado al frente del Estado a una nobleza senatorial oportunista y falta
de escrúpulos. No había hecho caso del estado crítico del campesinado itálico. Agravando más la situación al arrebatarles las tierras para entregárselas a sus seguidores.
Así agudizó más el problema agrario. Por otro lado, atendió más a los interese de Roma ciudad que a los del Imperio.
La historia de Hispania durante los 20 años anteriores a la guerra civil entre
César y Pompeyo acusa el incremento del poder personal de Pompeyo y los esfuerzos
de Julio César por arrebatarlo. Hispania, prácticamente pompeyana, no pudo evitar el
enfrentamiento de ambos líderes militares en su suelo.
Ambos pretendían el Imperio, y ambos pretendían también en esa lucha por el
poder el apoyo hispánico (humanos y económicos). Posibilidades que ya se habían
puesto de relieve con Sertorio.
15. POMPEYO Y EL ESTABLECIMIENTO DE SU PODER EN HISPANIA
Desaparecido Sila, el gobierno senatorial necesitaba los servicios de Pompeyo,
cuya valía se había confirmado en sus éxitos contra Lépido, Sertorio, los seguidores de
Mario en África y la pacificación de la Galia. A partir de ese momento el pueblo romano
lo reconoce como héroe y salvador, y el Senado se ve obligado a darle nuevas empresas: la lucha contra los piratas del Mediterráneo y la expedición contra Oriente. Los que
apoyaban a Pompeyo querían conseguir con él derrocar al inepto gobierno oligárquico.
En Hispania, algunos núcleos indígenas sertorianos seguían ofreciendo resistencia. Pompeyo en el 72 a.C., quiso sofocar estos núcleos rebeldes, entre los cuales
se citan: En el valle del Ebro, Osca (Huesca) y Calagurris (Calahorra); en el valle del
Duero, Uxama (Burgo de Osma), Termantia (Montejo de Liceras) y Clunia (Peñalba de
Castro); en Levante, Valentia (Valencia).
Pompeyo presumía de haber sometido 876 ciudades de Galia e Hispania Citerior.
Las ciudades vencidas de Celtiberia durante muchos años siguieron temiendo el
nombre de Pompeyo y no hubo por ello insurrecciones.
Con estos éxitos de Pompeyo el dominio romano sobre la Península se extendía
hasta el Duero y Pisuerga.
Pero Pompeyo no se limitó a eliminar en la Celtiberia posibles brotes de rebeldía. Consolidó el poder de Roma en el Duero, e inició una política de atracción de los
indígenas hispanos. Los aliados fieles de la Celtiberia recibieron como premio lotes de
tierra y la fijación de los lindes de sus dominios territoriales, suscribiendo pactos de
hospitalidad. Algunas comunidades tribales se iniciaron en la urbanización según los
patrones romanos, como Pompaello (Pamplona), para los aliados vascones.
Pompeyo aplicó la ley Gellia-Cornelia, y concedió la ciudadanía a muchos habitantes del valle del Ebro y Levante que habían prestado servicios militares en calidad
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de auxilia en su guerra peninsular, y a los notables indígenas.
Pompeyo seguía la línea iniciada por su padre con los componentes de la turna
salluitana. De esta política se beneficiaron algunos saguntinos.
A su vez, la abundancia de antropónimos Pompeius avala la importancia y poder
de éste y su popularidad.
Es lógico que los hispanos más beneficiados fueran los de la Citerior, por ser la
provincia encomendada a Pompeyo, pero también se beneficiaron de esta política la
Ulterior, donde se beneficiaron notables familias como los Balbos de Gades.
La facilidad con que Pompeyo y sus hijos, reclutaron legiones de cives romani
confirma esta política de crear clientes hispanos, otorgándoles tierras y ciudadanía.
Pompeyo partió para Roma en el 71 a.C., una vez que hubo consolidado su poder en Hispania. El Senado le premió con el triunfo.
Una vez que éste abandonó la Península algunos generales romanos debieron
combatir algunas insurrecciones en las regiones periféricas de las provincias. En la Ulterior el espacio habitado por lusitanos y vettones. En la Citerior en las tierras que servían de límite entre astures y vacceos.
Durante estos años Roma tuvo que hacer frente a la revuelta de Espartaco, cuya
derrota fue un éxito para Pompeyo.
En el 67 a.C. le concedían un ejército extraordinario para que acabara con la piratería del Mediterráneo. Pompeyo distribuyó naves y guarniciones a lo largo de las
costas del Levante en Hispania. Ordenando que se protegiera la zona de Baleares y
del estrecho de Gibraltar. Su estrategia acabó con ellos y facilitó el comercio, que estaba paralizado, de Hispania con Roma.
16. CÉSAR EN LA PROVINCIA ULTERIOR
Julio César era aristócrata y por lazos familiares estaba vinculado al partido popular de Mario; por eso el triunfo de Sila detuvo, momentáneamente, su carrera política.
Su primera intervención en la magistratura romana, fue en el 69 a.C. desempeñando la cuestura en la provincia ulterior. Se encargó de la administración de la justicia
en algunas ciudades como Gades. Entonces comenzó a estrechar vínculos con los notables indígenas y sus clientelas. En el 68 a.C. dejó su cargo.
En Roma desempeño la pretura y regresó a Hispania en el 60 a.C. como propretor de la Ulterior. Quería adquirir prestigio y riqueza en Hispania para saldar su deuda
de 25 millones de denarios, de la que se había hecho fiador Craso para que pudiese
salir de Roma.
Cuando llegó a Hispania no se preocupó de administrar justicia en las ciudades,
sino que con el ejército se dirigió contra el resto de los pueblos hispánicos, a los que
atacó uno a uno hasta conseguir que toda Hispania fuese tributaria de Roma. Mandó
cantidades ingentes de dinero a Roma para ingresar en el erario público.
Cumplirá su doble propósito de lograr dinero y triunfos militares en Hispania.
César añadió a las dos legiones, otra más (10 cohortes) integradas por legionarios y no
por auxilia porque la concesión del derecho de ciudadanía le permitía contar con un
ejército de ciudadanos.
Su campaña la inició obligando a los lusitanos a abandonar la Sierra de la Estrella y establecerse en el llano. Con el pretexto de que no se dedicaran al bandidaje y a
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sabiendas de que no le obedecerían, encontrando así un pretexto para iniciar la guerra.
Sometió a los que se opusieron incluso a tribus vecinas, los vettones. Realizando una
incursión por este territorio. Después franqueó el río Duero y llegó al territorio de los
gallaeci braconenses.
De nuevo se organizaron los vencidos lusitanos y cuando César regresaba de
Gallaecia le atacaron y derrotaron. Refugiándose en la isla Berlenga al Norte de Lisboa
donde pidió una flota enviada desde Gades para acabar con la resistencia lusitana,
como así ocurrió.
Finalizada esta operación se dirigió de nuevo a Gallaecia. Conocía ya de sus riquezas de estaño por referencias de Craso. Los Balbos estaban muy interesados en
esta expedición más por razones económicas que militares, pues su conquista abría
nuevas rutas de comercio al Atlántico Norte.
Un grupo de enemigos de César le acusaron de su falta de escrúpulos para obtener riquezas, que había acumulado saqueando algunas ciudades de los lusitanos que
no eran enemigos de Roma y pidiendo dinero a los aliados para pagar a sus soldados.
Pero el propio Senado le reconoció el triunfo en Hispania.
A su regreso de la campaña contra los lusitanos y galaicos, César trabajó en la
provincia. Sus dotes de gobernador quedan manifiestas en su intento de solucionar, los
conflictos de las ciudades, ratificar las leyes, tomar medidas fiscales en favor de los
indígenas, desarrollar una política edilicia de construcción de edificios públicos y se
inyectar en los nativos las costumbres de vida romanas. Gades fue una de las ciudades
más beneficiadas por estas medidas.
Se atrajo a los indígenas aligerando los impuestos extraordinarios que pesaban
en la provincia desde la guerra sertoriana. Y promulgando alguna ley como la que limitaba a los acreedores a retener las 2/3 partes de los ingresos del deudor y el resto de
forma progresiva hasta saldar la deuda (eliminando el embargó de los patrimonios de
los deudores).
Como se iniciaba el período electoral para la designación de cónsules del 59
a.C., César abandonó la Península. Sí quería ser cónsul debía estar en Roma y si
quería recibir los honores del triunfo debía permanecer extra urbem hasta que se acordara el nuevo cónsul. César prefirió renunciar al triunfo para estar presente en la lucha
electoral. Pero el Senado y el partido aristocrático se oponían. César ganó para su
causa a Pompeyo y Craso. De este acuerdo saldría la decisión de gobernar conjuntamente el Imperio de Roma.
De momento, César, conseguía el consulado, al año siguiente la misión de someter la Galia, la asignación del proconsulado, y un importante ejército. Aumentaba así
su poder personal en Roma.
17. EL INICIO DE LAS HOSTILIDADES ENTRE CÉSAR Y POMPEYO Y LA
CAMPAÑA DE ILERDA.
Desde el 59, el consulado posibilitó a César acelerar su poder personal. Apoyado en la asamblea popular, desarrollaría una actividad legislativa en favor de las clases
humildes. Tarea que interrumpió para conquistar la Galia, durante 10 años.
El éxito de César en la Galia relegaba a Pompeyo a segundo plano. Este quiso
adscribirse a un cargo que le diera popularidad. Intrigó para que se le concediese el
aprovisionamiento de víveres de Roma.
101
César procuró que el pacto no se rompiese para no perder su mando en la Galia.
Se reunieron los tres y César se vio obligado a conceder a sus colegas las mismas
prebendas para que reinara la igualdad y la concordia. Pompeyo y Craso ejercerían el
consulado en el 55 a.C. y después un proconsulado de 5 años:
*
*
*
Pompeyo eligió las 2 provincias de Hispania y la de África.
Craso eligió Siria (llevaría la guerra en Oriente).
César la Galia.
Los nuevos éxitos en la Galia acrecentaron su poder y su popularidad. La figura
de jefe victorioso fue admirada por sus soldados y por los indígenas galos que le prestaban servicio militar en calidad de auxilia. Esta fidelidad militar será fundamental en su
éxito final.
Para contrapesar el poder militar de César en la Galia. Pompeyo tomó sus medidas. Si podía controlar Italia e Hispania, su rival quedaría atenazado por él. El grave
error de Pompeyo fue dejar a su ejército compuesto por siete legiones, la séptima reclutada por hispanos, al mando de generales poco capacitados. Mientras él prefería
quedarse en Roma intrigando con el grupo senatorial opuesto a Craso y César.
La muerte de Julia, hija de César y mujer de Pompeyo, debilitaron más la relación entre ambos. El fallecimiento de Craso en el 53 a.C. dejaba en el escenario de
lucha por el poder a César y Pompeyo. Este apoyado por la aristocracia y César por los
populares. Las intrigas del Senado llevaron a ambos a la guerra civil en la que César
contaba con las legiones de la Galia y Pompeyo disponía del apoyo del Senado, de
Italia y de las provincias hispánicas.
Los comienzos de la guerra civil tendrán pues, inicialmente dos escenarios Roma e Hispania. En el 49 a.C. César se proclama dictador en Roma, luego se adueña de
Italia y expulsa a Pompeyo. Después viene a Hispania para atacar a las legiones de
Pompeyo.
17.1. HISPANIA CAMPO DE GUERRA CIVIL
* En la campaña del 56 a.C. de César contra Aquitania, los galos contaron con el
apoyo de ciudades hispánicas de la provincia Citerior (cántabros) designados como
jefes porque conocían las estrategias de los ejércitos de Roma (por haber pertenecido
al ejército de Sertorio).
* Otro episodio, fue la sublevación de algunas tribus: vacceos, arévacos y vettones, que fue sofocada por el gobernador de la Citerior.
* Pero la desarticulación del ejército pompeyano en Hispania fue la primera decisión de César, una vez que se adueño de Roma e impuso su autoridad al Senado.
Apanio defendía la Hispania Citerior con 3 legiones.
Varrón defendía la Hispania Ulterior con 2 legiones.
Petreyo la Lusitania y la región de los vettones.
Petreyo exige a la Lusitania que le proporcione caballería y auxilia, y Apiano a
los celtíberos y cántabros. Petreyo a través de los vettones se reúne con Apanio y deciden elegir Ilerda (Lérida) como escenario de lucha. Se concentraron 70.000 h. (La
razón de esta elección era que en el valle del Segre, con centro en Lérida, Pompeyo
102
contaba con una clientela adicta, a la que su padre, en el 90 a.C. había concedido la
ciudadanía romana: la turna Salluitana. Además Pompeyo ya había recibido apoyo en
su lucha con Sertorio). Varrón debía permanecer vigilante en la Ulterior.
César se dirigía a Hispania encontrando en Massalia un pequeño obstáculo. Envió por ello delante a su ejército de Italia (legiones VIII, XII y XIII) para que se unieran a
Fabio, que se había asentado al N. de Ilerda.
Las fuerzas de las que disponía César en Hispania al mando de Fabio eran de 6
legiones, con más de 10.000 auxilia de infantería, 3.000 de caballería, y otro número
semejante de auxilia procedentes de la Galia.
Tuvieron lugar algunos enfrentamientos entre cesarianos y pompeyanos, de poca importancia. Dos días después llegó César con 900 jinetes. Reparó los puentes del
Segre para poder suministrar de provisiones y se trasladó hacia Ilerda.
Entre Ilerda y el campamento de Apanio y Petreyo (pompeyanos) había una distancia de unos 4 Km. y entre ellos había un altozano, lugar que tomó César par incomunicarlos con Ilerda.
Después de algunos enfrentamientos una tormenta arrastró los puentes y el
ejército cesariano sufrió dificultades al faltarle el trigo y el forraje. Además el convoy
que se dirigía a suministrarles tuvo que detenerse al margen del Segre por su gran
caudal siendo atacados por Apanio.
El precio del trigo se elevó mucho. (Este contratiempo de César se conoció en
Roma, produciéndose algunos abandonos en su partido). Para solucionar el problema,
César ordenó construir una flotilla a base de mimbres, madera y cuero para transportar
a los legionarios que levantaron un puente al norte de Lérida. Así se solucionó el problema de las provisiones.
Las gentes de Osca (Huesca) y otras ciudades se aliaron a César. (En esta zona
había tenido lugar la lucha entre pompeyanos y sertorianos, de los cuales habían sido
aliados). También se sumaron los tarraconenses y de otras ciudades.
Ante esta situación los pompeyanos querían trasladarse a la Celtibería, donde
suponían que encontrarían mayor apoyo. César los persiguió. Apanio falto de víveres
se rindió.
Al producirse la capitulación, César culpó a los jefes del ejército pompeyano, a
éste (Pompeyo) y al gobierno senatorial de luchar contra él. Pero se mostró clemente
con los vencidos. La única condición que les impuso fue el licenciamiento. Los domiciliados en Hispania (la 3ª parte) inmediatamente, y los otros cuando llegaron al río Varo
(Niza).
Varrón disponía de dos legiones (una reclutada en Hispania). Informado de las
dificultades de César en Ilerda, almacenó grandes cantidades de trigo para socorrer a
los de Massalia, a Apanio y Petreyo. Encargó a los habitantes de Gades e Hispalis la
construcción de diez naves de combate. Trasladó el tesoro del templo de Hércules a
Gades. Obligó a los ciudadanos romanos de la Ulterior a que le entregasen para la administración pública cantidades de sestercios, plata y trigo. A las ciudades partidarias
de César las cargó de tributos, confiscó algunos bienes y les impuso guarniciones. Y
después de la derrota de Ilerda, éste planeó retirarse a Gades con sus legiones y provisiones para defenderse y prolongar la resistencia.
César además de dos legiones envió un edicto en el que señalaba que los magistrados y notables de las ciudades se reunieran con él en Córdoba. César sabia que
en esta provincia sería más fácil la victoria que la Citerior, pues contaba con más parti-
103
darios desde su época de cuestor y pretor.
La respuesta no tardó, ciudades como Corduba, Carmo (Carmona), Gades, cerraron sus puertas a Varro. La legión hispánica desertó. Así que Varrón se rindió entregándole todo a César.
César agradece el apoyo de las ciudades, restituye los bienes y dineros confiscados, el tesoro del templo. Y con las naves marchó a Tarraco. Allí distribuye recompensas públicas y privadas a las ciudades de la Citerior.
Reunió un ejército y marchó a Italia. En Narbona se enteró que había sido nombrado dictador. Sus éxitos en Hispania consolidaron su poder en Roma.
Seguirá su victoria en Farsalia, en Grecia, sobre Pompeyo y la muerte posterior
de éste.
18. MUNDA Y EL FIN DE LA GUERRA CIVIL
Pero César no dominó totalmente Hispania por tres razones:
*
*
*
La fuerza del partido pompeyano.
La mala gestión de su legado Casio Longino.
La tenacidad de los hijos de Pompeyo que le presentaron nueva batalla en Munda.
18.1. EL PARTIDO POMPEYANO
Los pompeyanos eligieron la provincia Ulterior como baluarte de resistencia en
contra de los Cesarianos por:
El apoyo militar y civil desde tiempos de Sertorio. Las legiones de hispanos seguían siendo fieles a Pompeyo a pesar de su derrota.
Los auxilia lusitanos y vettones aborrecían a César por sus acciones depredatorias del 61 a.C.
El respaldo civil del valle del Betis, lugar de asentamiento de colonos (itálicos)
creadores de núcleos urbanos ricos (Itálica, Corteria, Corduba, Hispalis.) y la de indígenas hispanos con ciudadanía romana concedida por Pompeyo.
En fin, en Hispania había un gran grupo de gente rica; adicta al partido aristocrático de Roma y enfrentados a los grupos de los populares. Los ciudadanos romanos y
los notables indígenas se beneficiaban de los privilegios jurídicos y políticos. Estos se
pronunciaron por Pompeyo y por César los desheredados.
18.2. LA SUBLEVACIÓN CONTRA CASIO LONGINO
Gobernador, legado de César, en la Bética. Expoliaba con toda clase de abusos,
la Bética. Toda la provincia se alzó contra él. Éste procuró atraerse al ejército dándoles
dinero de lo que expoliaba. Llevó a cabo una expedición también contra los lusitanos.
César le ordenó que trasladase su ejército a África, para anular a los pompeyanos concentrados allí. Casio estableció su campamento cerca de Corduba, allí sufrió
una conspiración de la que resultó herido.
104
La victoria de Farsalia sobre Pompeyo y la muerte posterior de éste no acabó
con sus partidarios. Así en la Bética, Casio Longino tuvo que enfrentarse a una rebelión, las legiones mandadas por él se sublevaron y éste hubo de pedir ayuda al rey de
Mauritania y a Lépido (procónsul de la Citerior).
César mientras tanto se enfrentó al ejército pompeyano reunido en África. Figuraban allí Cneo y Sexto, hijos de Pompeyo. Estos fueron derrotados. Cneo se dirigió a
Baleares y las conquistó. Paso a la provincia Ulterior, ganó algunas ciudades, puso sitio
a Cartago Nova que se resistía a entregarse. Cneo pudo comprobar que esta provincia
estaba en contra de César.
18.3. MUNDA
En el 46 a.C. César envió a sus legados para hacer frente a la sublevación de la
Ulterior. Pero incapaces de frenarla pidieron ayuda a César, éste se presentó en Obulco (Porcina) con nueve legiones. Los pompeyanos contaban con once o trece legiones.
Después de enfrentamientos distintos, en el 45 se enfrentaron en Munda (Montilla), murieron unos 30.000 soldados. Cneo huyó a Carteia (Algeciras), allí murió. César
vencía en Corduba, Hispalis, Gades, etc. Desde allí habló en la asamblea a los hispalienses haciéndoles saber de su ingratitud, y de los muchos favores que él les había
concedido.
Tras acabar la guerra César llevó a término una transformación político-social de
la Ulterior. En esta provincia asentó numerosas colonias. Confiscó a los partidarios de
Pompeyo sus tierras y las repartió entre los veteranos de su ejército: Corduba, Hispalis,
Urso. A los indígenas fieles les concedió el derecho de ciudadanía. A las ciudades hostiles les gravó con cargas y a las otras las favoreció, Ulia (Montemayor), recibió el estatuto de municipio romano.
En la Lusitania se crearon colonias como la de Norba Caesarina (Cáceres), Metellinum (Medellín). En la Citerior se crearon colonias en Tarraco y Cartago Nova.
En conclusión, bajo César se conformará la estructura político-administrativa que
recibirá como herencia Augusto y el Imperio. Se sistematizara la vida de las colonias y
municipios romanos mediante una ley póstuma que define los mandos locales.
En el 44 a.C. César es asesinado.
18.4. EL FIN DE LA GUERRA CIVIL EN HISPANIA
El último de los Pompeyanos, Sexto Pompeyo, abandonó Corduba y se dirigió a
la Celtiberia para buscar refugio y ayuda (reunió a un ejército con el que se dirigió a la
Ulterior).
César mando fuerzas para poner fin a la guerra civil, y se sucederán distintos enfrentamientos. Mientras muere César.
Entretanto nace el segundo triunvirato (Marco Antonio, Octavio y Lépido en el 43
a.C.). Deseosos los triunviros de liquidar la guerra delegaron en Lépido. Hizo de intermediario para que Sexto entregara las armas. A cambio se le garantizaría la amnistía y
la reintegración de su patrimonio; hubo acuerdo y paz definitiva en las provincias hispanas.
Hispania gobernada inicialmente por Lépido pasó a manos de Octavio. Entre el
41 al 30 a.C. el mando de las provincias pasó por varios delegados. Y sólo después de
afianzarse Octavio Augusto en el 31 en su mando único, los destinos de Hispania to-
105
marían un rumbo de paz y romanización con la incorporación a Roma de la franja
cantábrica.
19. PODERES Y PROGRAMA POLÍTICO DE AUGUSTO
Desde hacía tiempo, el sistema constitucional republicano se vio desbordado ante su incapacidad de gobernar el vasto conjunto de tierras y pueblos englobados en el
Imperio.
Para poder mantenerlo se necesitaba:
Reestructurar los órganos de gobierno, que debían de ser diferentes a los de la
época inicial de explotación y depredación.
Modificar la plataforma ciudadana que ya no podía apoyarse en el reducido
número de ciudadanos de Roma.
Necesidad de un ejército numeroso y profesional que vigilara permanentemente
las fronteras del Imperio. ( La política de flexibilidad de las condiciones de reclutamiento
para integrarse en las unidades auxiliares permitió ampliar el número. Los provincianos
lo harían con la conciencia de que colaboraban en algo propio).
Fue Hispania, humana y económicamente, parte primordial en la reorganización
del Imperio y en la ampliación de ciudadanos romanos.
Octavio Augusto consumaría el desmantelamiento institucional iniciado por
César para configurar la nueva etapa Imperial. Estas reformas no iban a suponer una
imposición violenta sino una actuación acorde con el sentir popular. El ideal de Augusto
propugnaba la comunidad de los pueblos integrantes del Imperio con la condición de
que aceptaran la paz y el derecho romano y se integrasen en las normas y costumbres
de su civilización.
Augusto había puesto fin a un largo periodo de guerra civil Augusto inauguraría
una nueva época, la del principado. El término deriva del princeps "primer ciudadano".
Este título tenía carácter personal y vitalicio, no se podía heredar.
Esta forma de gobierno personal, no era una novedad, pues Sila, Pompeyo y
César lo habían intentado.
Octavio pretendió inculcar a los ciudadanos que él era el restaurador de la República, aunque éstos no ignoraban que era una monarquía. Su autoritas la sustentó en
poderes reales: potestas tribunicias, imperium, pontifex maximum, que se resumían en
la denominación Imperator Caesar Augustus.
Augusto se buscó el apoyo popular por su labor de restaurador de la paz, la seguridad y la prosperidad al concluir las guerras civiles.
Se presentó como benefactor de todos los habitantes del Imperio: cives o peregrini. Papel de patrono, protector y defensor del pueblo romano.
Su principal poder lo constituye el ejército de 60 legiones con unos 450.000
hombres; la fidelidad de sus mandos a los que él personalmente nombra garantiza su
poder.
Compartió con el Senado los poderes, para evitar que la ambición de algunos
generales hiciera peligrar la estabilidad del régimen. Le entregó las provincias pacificadas que no precisaba dotaciones regulares de ejército (provincias senatoriales). Logró
así el mando único del ejército.
Impulsó la política exterior que hizo aumentar las fronteras del Imperio. (Contribuyeron sus generales Agripa, Tiberio y Druso). Se propuso rematar la conquista de
106
Cantabria, Asturias, los bordes alpinos de Italia, Egipto, la Galia que por culpa de las
guerras civiles del siglo I a.C. no se habían concluido.
Augusto asume los poderes monárquicos a partir de la victoria de Actium 31
a.C., cuando eliminado Marco Antonio queda como dueño único del Imperio. Desde
entonces se acrecienta su autoritas y su papel de patrono, protector y defensor del
pueblo. El senado le concedió el cognomen de Augustus que le concedió un aura religioso, y un carácter divino. Nace el culto al Emperador, así lo demuestra las esculturas
divinizadas de Augusto y Livia o el templo erigido a Augusto en Tarraco.
20. LA GUERRA CONTRA CÁNTABROS Y ASTURES
Desde el 44 al 31 a.C. Augusto hubo de enfrentarse a luchas armadas hasta
hacerse con el mando único del Imperio.
El dominio de los romanos en el 29 a.C. estará señalado por una línea imaginaria entre Asturica (Astorga) y Segisamo de E. a W. Entre esta vía y el sur de las estribaciones montañosas habían tierras por la que los cántabros y astures hacían sus correrías. Es aquí donde se llevaron a cabo los primeros enfrentamientos. Era necesario
terminar con ellos porque lesionaban el prestigio de Roma.
Para ello era necesario antes conseguir la paz en las provincias de la Galia.
Después remataría la pacificación total de Hispania.
20.1. CAUSAS DE LA GUERRA
*
*
*
*
*
Necesidad de restablecer la paz en la Galia e Hispania.
Necesidad de aumentar su prestigio con victorias sobre enemigos.
Necesidad de olvidar la guerra civil entre los propios compatriotas.
Necesidad de metales preciosos (Cantabria rica en hierro, Asturias y Galicia en oro)
Necesidad de dominar a los cántabros y astures para que no saquearan las tierras
ricas en cereales de los vecinos aliados de Roma (vacceos, turmogos.)
20.2. ACONTECIMIENTOS ENTRE EL 29 Y 25 a.C.
En el 29, 28 y 27 a.C. se dan una serie de prospecciones de terreno y algunos
encuentros de guerrillas que tenían como finalidad preparar el terreno para la guerra.
A fines del 27 Augusto decide llevar la guerra personalmente y se establece en
Tarraco, capital de la tarraconense. Después trasladó su ejército a Segisamo. Dividió el
ejército en tres bloques para cada uno de los frentes de lucha.
En el frente cántabro habría que encajar los acontecimientos del 26 a.C. La penetración al corazón cántabro seguía la margen izquierda del Pisuerga.
El frente Astur, en el monte Benorio. Su penetración se hacía por el margen izquierdo del río Esla. Y en Retortillo, para tener abierta la línea del Besaya hacia el
Cantábrico, para suministrar tropas y provisiones desde Aquitania con la flota.
Cada campamento dominaba territorialmente 30 km.
Fueron 6 las legiones utilizadas por Augusto y sus generales, y varias cohortes.
Tres luchaban en el frente cántabro a las órdenes de Augusto. Las otras tres en el frente astur. Poco a poco fueron vencidos.
107
Augustos ordenó que los indígenas descendieran de las montañas para establecerse en el llano y dio a los astures el campamento para que fuera su capital. Hizo lo
mismo con los cántabros. Entregaba a ambos las tierras campamentales, a medida que
eran abandonadas por el ejército. Continúan los enfrentamientos y continúan sometiendo ciudades.
Augusto abandonó Tarraco en el 25 a.C. para celebrar su X consulado. En Roma mando cerrar las puertas del templo de Juno, como si la guerra hubiera terminado,
pero la resistencia cántabra resurgiría todavía.
En el 24 los montañeses asesinan a legionarios romanos que iban a recoger trigo. Como represión se incendian y destruyen algunos castros.
En el 22 se dan nuevos encuentros. Los rebeldes incendian sus castros y se suicidan, y los capturados fueron vendidos como esclavos y a otros se les corta las manos.
Entre el 22 y el 19 a.C. algunos esclavos asesinan a sus dueños y vuelven a luchar en Cantabria.
20.3. FIN DE LA RESISTENCIA CÁNTABRA. 19 a.C.
El resurgir de la lucha en Cantabria, suponía un desprestigio para Augusto.
Mandó a Agripa (general) a unirse con el gobernador de la Tarraconense Silio Nerva. El
ejército estaba desmoralizado por una lucha tan larga y que a veces acababa en derrotas romanas o en retiradas estratégicas del enemigo.
Agripa hará una labor semejante a la realizada por Escipión Emiliano en el cerco
de Numancia: castigar a los indisciplinados y restaurar el espíritu militar. Estas medidas
debieron surtir efecto; los norteños indómitos fueron derrotados y exterminados (los
jóvenes), los restantes obligados a bajar al llano.
Lo mismo ocurría en el frente astur. Asturica (Astorga) se habilitaría para civiles
y militares licenciados.
Finalizada la guerra se abandonan los campamentos y se crea otro de nueva
fundación en Herrera del Pisuerga.
Augusto licenció a los más veteranos de sus soldados y les concedió la fundación de una ciudad nueva en Lusitania, Emerita Augusta (Mérida).
Los campamentos abandonados se adjudicaron a los nativos.
21. LA OBRA ADMINISTRATIVA Y ECONÓMICA DE AUGUSTO EN HISPANIA.
La anexión de la franja cantábrica supuso la integración total de la Península
Ibérica a Roma. Ello es uno de los eslabones que posibilitó la paz romana. Asía Hispania se incorpora a los destinos de Roma. La política augustea afectó a lo militar, administrativo, económico y social.
21.1. REFORMAS ADMINISTRATIVAS
En el 27 a.C. Augusto divide la Península en tres provincias:
La senatorial de la Hispania Ulterior Baetica, con capital en Corduba, administrada por el senado que delegaba sus funciones en un gobernador (praetor), un cuestor y
un legado.
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La imperial de la Hispania Ulterior Lusitania, con capital en Emerita Augusta, el
Emperador delegaba sus funciones en un gobernador pretoriano asistido por un legato
legiones. A esta provincia se habían incorporado Gallaecia y Asturias.
En la Imperial Hispania Citerior Tarraconense, capital en Tarraco, el gobierno la
ejercía un consular que disponía de tres legati legionis. A esta provincia se había integrado Cantabria como campo a conquistar.
Entre los años 13 y 7 a.C. Augusto procede a un nuevo reparto: Galicia y Portugal hasta el Duero, Asturias y Cantabria, todas ellas de la Lusitania; y la franja entre
Cartagena y Almería, de la Bética, pasa a la Tarraconense.
Augusto incrementó el número de municipios y colonias creadas por César. Destacan las colonias de Guadix (Acci), Elche (Ilici), Traducta (Tarifa), Barcino (Barcelona),
Caesaragusta (Zaragoza). De los municipios, Bilbilis (Catalayud), Saguntum (Sagunto).
Todas las colonias recibieron deducciones de veteranos que debían de estar
siempre dispuestos a empuñar las armas en defensa de los intereses de Roma (unos
80.000 que recibieron tierras del ager publicus).
En la Bética había 200 ciudades, en la Tarraconense 314 y en Lusitania 46. Pero
el concepto de ciudad es relativo ya que en el N. hay que hablar de aldeas.
A partir de Augusto se desarrollan las ciudades. Para crear ciudades de nueva
estructura mandó habitar sus campamentos, trabajar sus tierras y explotar minas.
21.2. PARTICIPACIÓN HISPANA EN LOS EJÉRCITOS IMPERIALES
Durante el período de conquistas los hispanos prestan sus servicios en calidad
de auxilia. En el reinado de Augusto aumenta el alistamiento en el cuerpo de legionarios, cohortes y alas.
Para estos servicios se exigió la condición jurídica de ciudadano, al menos latino, lo que hace suponer que tenían que proceder de centros romanizados.
Se constituirían a veces cohortes y alas de carácter permanente integradas por
grupos étnicos o tribales homogéneos, los cuales saldrán la mayoría de las regiones
más tardíamente incorporadas. (Así se procura dar un medio de vida a un excedente
de población en zonas poco desarrolladas).
Estos hispanos servían en los limes del Imperio, renano, danubiano y oriental.
También algunos indígenas formaron parte de las guardias personales.
Todo el Noroeste dio muchos miles de voluntarios al ejército romano.
21.3. EL NACIMIENTO DEL CULTO AL EMPERADOR
Con Augusto apareció el culto al Emperador divinizado. De acuerdo con su política este culto debía ser el vínculo entre las provincias y el poder monárquico. Hispania
ostentara la primacía en el tiempo y en su intensidad. Son prueba los testimonios numismáticos, arquitectónicos, escultóricos y epigráficos.
En la Península Ibérica existía dos modalidades de vinculación al poder, una individual (devotio ibérica), y otra colectiva (hospitium y clientela), a las que hay que añadir el patronato
La devotio y la clientela facilitaron el culto imperial. Entre los hispanos existía
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una tradición de la consagración al jefe militar que se haría extensiva al Imperator Augustus. En Tarraco se consagró un templo al Emperador que sirvió de ejemplo a las
otras provincias. Otro ejemplo son las esculturas de Azaila (Teruel) y las acuñaciones
con la leyenda de Augusto.
21.4. EL DESPERTAR ECONÓMICO
Una de las obras de Augusto de mayor repercusión en el futuro económico y
administrativo fue la red viaria. Bajo su reinado se constituyó el esqueleto que sería
completado por Emperadores posteriores. En el Norte una vía conducía del valle del
Ebro al Duero uniendo Tarraco, Brigantium (Betazoas), Tuy, Bracara. Asturica sería
uno de los puntos de confluencia de las vías de la Meseta Septentrional.
Otra vía unía con Gades por la costa, que completó la vía Hercúlea que ahora se
llamaría la vía Augustea.
Otra vía unía Gades con Emerita Augusta y Asturica, la vía de la Plata. Otra diagonal unía Emerita y Caesaraugusta.
Se promocionaron también los puertos del Cantábrico como Portus Samanun
(Castro Urdiales).
A tenor de los acontecimientos políticos también hubo una política monetaria en
Hispania. (Al año 38 a.C. emisiones de un Augusto joven). Acuñaron 18 cecas bajo Augusto. Las emisiones del sur son efectuadas por orden del senado.
Las explotaciones mineras se encontraban en el momento álgido hasta el punto
de agotar centros mineros.
El comercio de las áreas más romanizadas conocerán un gran auge: Cataluña,
Valle del Ebro, Levante, Bética y Sur de Lusitania. Se exportaba vinos, aceite, cera,
miel, trigo, minio, lanas y salazones. Algunos tipos de ánforas (preaugusteos) se fabricaban en Cataluña y en ellos se envasaban los vinos que iban hacia Provenza y Roma,
y los salazones béticos hacia la Galia y Germania.
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TEMA 10. EL RÉGIMEN ADMINISTRATIVO ROMANO.
22. LA TRANSFORMACIÓN POLÍTICA DE HISPANIA
22.1. ETAPAS Y CARACTERES
En la decisión, adoptada por Roma entre los años 209 al 205, de proceder a la
ocupación de Hispania tiene su punto de partida la romanización. Son inmensas las
riquezas de Hispania meridional, su agricultura, sus industrias, sus yacimientos mineros
son lo que decide al Senado a proceder a la ocupación. Roma desconocía las posibilidades económicas hispanas, y sólo trajo inicialmente sus ejércitos con el ánimo de cortar las bases de suministros y expulsar a los Cartagineses para así impedir que desde
Hispania siguiesen ayudando a Aníbal.
Cuando Escipión el Africano toma Cartago Nova el año 209 a.C. encuentra
enormes riquezas atesoradas allí por los Barcas. Y descubre sucesivamente las minas
que la circundan, así como las explotaciones de Castulo y Sierra Morena y luego toda
la actividad minera, agrícola, ganadera, pesquera y demás excelencias económicas de
la Bética. Desde el año 206 Escipión desarrollará una abierta política de ocupación de
ciudades, exigencia de tributos, apropiación de tierras hispanas arrebatadas al enemigo
que pasan a constituir el ager publicus romano. Tal proceder provoca el escepticismo
de la voluntad de las ciudades y pueblos hispanos que se rebelaron ante esta nueva
política que quebrantaba el pacto inicial de Roma: ayudar a los pueblos ibéricos a expulsar a los cartagineses. En muchas ciudades de la Bética, Escipión había sustituido
el foedus o pacto de alianza por la pura exigencia de tributos, practicada por igual con
amigos o enemigos.
Desde el 205 Hispania será considerada como Provincia y como lugar de explotación y enriquecimiento; de tal modo que, por encima de toda disposición o norma legal, está el fin que roma quiere y que los generales romanos no dudan en practicar:
sacar de la Península Ibérica todo el tributo o botín posible.
La conversión de las tierras hispanas convertidas en Provincia conlleva la progresiva romanización, ese proceso histórico por el cual Hispania se incorpora a los modos de vida de Roma en las más diversas facetas de la administración: régimen de ciudades, urbanismo, estructura de la sociedad y de la familia, religiosidad, cultura, lengua, derecho, etc. Sin duda la máxima expresión romanizadora radica en la difusión del
urbanismo y en el otorgamiento del régimen municipal romano en sus diversos grados
y modalidades: colonia, municipio de derecho romano, municipio de derecho latino; o
en la simple urbanización indígena, sin estatuto de privilegio pero con un ordenamiento
interno de la ciudad que toma como modelo el romano.
El proceso de romanización fue lento y se difunde no sin cierta resistencia de la
población indígena, en parte reacia a cambiar de modos de vida. Aun cuando la acción
del Estado Romano suponía no pocas mejoras en la economía y el ordenamiento de la
sociedad. La lentitud de la romanización vino impuesta en primer lugar por el ritmo de
la conquista de nuestro suelo por Roma, que se prolongó por espacio de dos siglos. La
verdad es que Roma conquistó su imperio para explotarlo económicamente, aunque
luego la necesidad de afianzar este dominio y la propia evolución de sus ideas fueron
cambiando los métodos de ocupación e incorporación de las gentes a la romanidad. En
todo caso la resistencia a la acción colonizadora romana fue muy diversa en Hispania
según fueran las formas de vida de los indígenas hispanos. La romanización fue rápida
en las prósperas y civilizadas Bética, Levante y Cataluña; mas retardada en Celtiberia y
111
Lusitania; muy lenta en el Duero y sobre la franja cantábrica donde, además, Roma
mostró escaso interés por asentar colonos romanos o itálicos, salvo en los centros administrativos de Clunia, Astúrica, Bracara y las ricas minas de oro astur. Un resultado
importante de la romanización fue sin duda el paso de la polifacética sociedad prerromana a la uniforme sociedad romana y el avance desde una primitiva explotación del
suelo y subsuelo hacia un también indiscutible y generalizado progreso económico.
Este ordenamiento, encajado dentro de la municipalización de la vida pública,
acabará dando a Hispania unidad básica interna y, simultáneamente, a Hispania con el
resto del mundo romano. El trasvase amplio de hombres, productos e ideas iniciará ese
proceso unificador de la Península durante los tiempos de la República y se completará
aún con más fuerza en el periodo imperial.
Cuando Roma decide crear las dos provincias hispanas, en nada distingue jurídicamente las tierras de Cataluña o Levante de las de la Bética, o de las arrebatadas
en el interior al dominio cartaginés. Igualmente ocurre con las colonias griegas o aliadas, como Sagunto y las antiguas colonias fenicias. Las colonias amigas griegas y las
enemigas fenicias reciben por igual el rango de aliadas (Gades, Malaca, Sagunto). Reserva por igual a Emporiae, Tarraco o Cartago Nova como lugares estratégicos y de
embarque, desembarque y entrenamiento de sus ejércitos. Y recién vencidos los
cántabros, no duda Augusto en alistarlos en su ejercito para integrarlos en las alae y
cohortes. Razones económicas determinarán el destino que Roma da a cada tierra y
rincón de Hispania en el ámbito del inmenso Imperio: hubo mayor romanización donde
hubo mayor desarrollo económico, como fueron los centros mineros, fábricas de salazones, ricas tierras béticas y de Levante, puertos de amplio comercio. Porque también,
lógicamente, allí acudió mayor número de romanos e itálicos y allí fue donde Roma
fundó preferentemente sus colonias con licenciados italianos o fieles amigos hispanos.
En suma, el proceso romanizador de Roma en Hispania viene mediatizado por la lentitud de la conquista, por la variedad de pueblos, culturas y economías que se ven afectados por la evolución económica, política e ideológica de la propia Roma.
22.2. FACTORES DE LA ROMANIZACIÓN
Roma buscó obtener el máximo rendimiento económico con el menor costo posible. De ahí que su intervencionismo político con los hispanos atendió a lograr simplemente esa eficacia, de modo que en ciertas facetas de la vida la tolerancia de Roma
fue muy amplia. Así, no impuso su religión y la propia organización política de no pocas
ciudades y pueblos se mantuvo largo tiempo vigente.
Principales agentes romanizadores fueron sin duda los ejércitos y guarniciones.
Con ellos trataban los indígenas en pactos y sobre todo como mercenarios, auxiliares,
proveedores de víveres; hubo una abundante relación de los soldados romanos con las
hispanas, a principios del siglo II a.C. se habla de miles de hijos nacidos de las relaciones entre romanos e hispanas. Estos ejércitos y guarniciones fueron instalándose progresivamente por toda la geografía hispana hasta que desde el siglo I d.C. se concentrasen en León y sus inmediaciones las tropas subsistentes durante el resto del Imperio. Hispanos y romanos conviven también en no pocas ciudades donde residen guarniciones; muchos de estos soldados, sobre todo itálicos, fijarán su residencia en Hispania tras su licenciamiento.
En son de paz o de guerra hubo siempre miles de hispanos en relaciones directas con los integrantes del ejercito romano. Se copiaron mutuamente las estrategias y
las armas y aprendieron sus respectivas lenguas.
112
La exigencia de rehenes como garantía de fidelidad, o al menos neutralidad en
la lucha, también tuvo a la larga un efecto romanizador por la convivencia constante
durante los largos años en que persistió esta costumbre. En estos contactos, los hispanos fueron aprendiendo la lengua y costumbres romanas.
Gran importancia romanizadora tuvieron las actividades de la administración,
ejercicio de justicia, recaudación de tributos, compras y requisa de víveres, reclutamiento de auxiliares, etc. Lo mismo cabe señalar del infinito número de comerciantes y
agentes de explotación de las minas, industrias o tierras que el pueblo romano se reservó para propiedad y explotación directa en la Península.
Las guerras civiles romanas, que tuvieron decisivo campo de batalla en Hispania, como la de Sertorio y Pompeyo o la de Cesar y los hijos de Pompeyo, fueron esencialmente propicias para estas comunicaciones de los magistrados romanos con sus
fieles servidores hispanos. De esta manera, la larga lucha de dos siglos en Hispania se
convirtió según señala Mommsen en “el baluarte del romanismo y en la provincia mas
romanizada de Occidente”. Veremos a Hispania como fiel servidora de los intereses de
Roma, sobre todo a partir del 133 a.C., como claros ejemplos de esta integración hispana en la lucha y victoria de los celtíberos contra cimbrios y teutones; la participación
de la Turma Sallautiana en la guerra contra los itálicos el 91 a.C.; la ayuda masiva a
Sertorio, Pompeyo, Cesar y a los hijos de Pompeyo; la temprana presencia en roma de
ilustres hombres hispanos como los Balbos o Higynus.
En suma, al cambio de Era, bajo Augusto, esta intensa acción romanizadora ha
envuelto prácticamente a toda la tierra hispana en los más diversos campos: administración, sociedad y economía.
23. “PROVINCIA” Y MAGISTRADOS PROVINCIALES
23.1. EL RÉGIMEN DE PROVINCIA: El Senado, órgano del poder provincial
Hasta la reorganización del Imperio por Augusto, Roma careció de funcionariado
administrativo regular. La dirección de la administración recaería en los comicios, magistrados y Senado. Durante el tiempo de la República son los gobernadores provinciales (cónsules, procónsules, pretores y propretores) los que ejercen las administración
en base a su Imperium. Las grandes familias se trasmiten de generación en generación
los informes que la experiencia les ha puesto en sus manos. En la práctica el Senado
actúa de órgano rector de las provincias; pues él otorga y fija el número de tropas y el
dinero con que financiar las campañas; y él tiene finalmente la autoridad decisiva para
sancionar los actos de cada magistrado a la salida de su magistratura: tributos de los
vencidos, pactos, fundación de colonias, prestaciones de los aliados, reparto de botín.
No siempre el Senado refrendó las actuaciones de los magistrados, muy en particular cuando no fueron acompañados de éxito, o cuando no conseguían un pingüe
botín de guerra. Hay numerosos casos en el periodo de conquista de Celtiberia y Lusitania, cuando los ejércitos romanos sufrieron estrepitosas derrotas y al borde del exterminio hubieron de pactar con los hispanos y prometerles la paz y libertad o concesiones de tierras. El vergonzoso hecho de Mancino, cónsul, desposeído de sus derechos de ciudadano romano y entregado desnudo a los numantinos, es conocido: Roma
había denegado la paz so pretexto de que no había sido refrendada por el pueblo romano.
113
La situación jurídica de las ciudades, territorios y habitantes de las provincias
hispanas, fue compleja con arreglo a los pactos que cada pueblo o ciudad logró y que
era acorde a la resistencia opuesta a Roma.
23.2. DEFINICIÓN DE LAS PROVINCIAS HISPANAS
El propósito de Roma al actuar militarmente en Hispania en el año 218 a.C. no
era ocupar tierras, que apenas conocían, sino expulsar a los cartagineses e impedir
que desde aquí partieran nuevos refuerzos para Aníbal en Italia. Sin embargo, después
de que Escipión el Africano tomara Cartago Nova y se adueñara de grandes riquezas,
hace que el Senado en el 207 a.C. decida mantener las tierras ocupadas por el ejercito
romano y convertirlas en provincia romana. Un senadoconsulto hacia el 206 a.C. decide la creación de las dos provincias: Hispania Citerior e Hispania Ulterior. De acuerdo
con esta decisión de roma, Escipión cambió su actitud con los pueblos hispanos y va
exigiendo de las ciudades y pueblos sumisión y tributos regulares, que sustituyen a los
pactos de alianza y prestaciones voluntarias para la guerra. Entre los actos que patentizan el cambio de Roma están la ocupación militar de las ciudades béticas sin aceptar
la simple sumisión, la exigencia de tributos a los ilergetes y la fundación de una colonia
romana en Itálica.
Ya desde el 197 los pretores, y cuando la situación era muy difícil un cónsul (con
ejercito consular de dos legiones) y un pretor (con ejercito de una legión), regirán los
destinos de estas provincias. Ya los magistrados del año 197 a.C. traían la misión de
pacificar Hispania uy fijar los límites entre ambas provincias.
Característico de las provincias hispanas es que no tienen capital o centro administrativo y donde está el magistrado romano con su ejército está el centro de decisiones. Tampoco se define el territorio fijo de cada provincia; los límites son aproximados
e irán aumentando y fijándose al ritmo de la conquista y de la necesidad de contener a
lusitanos y celtíberos, ocupando las plazas y bastiones que la estrategia militar aconseja en cada momento.
23.3. LOS GOBERNADORES PROVINCIALES
Si en el año 197, con la venida de los dos pretores a Hispania (Sempronio Tuditano para la Hispania Citerior y Marco Helvio para la Ulterior) comenzó la realidad jurídica de Hispania como provincia de Roma.
En principio el gobierno de cada provincia hispana será desempeñado por un
pretor en cada una; pero en casos de excepcionales dificultades o guerra contra enemigo poderoso, vendrá un cónsul y dos pretores. Ambos magistrados, cónsul y pretor,
son magistraturas mayores cum imperium, es decir, con mando de tropas. El ejercito
consular tiene dos legiones de cives romani, más dos legiones auxiliares de itálicos,
mas otros tantos mercenarios hispánicos. Fueron estos magistrados elegidos por los
comicios centuriados y con mando de un año. El Senado es el que consigna la provincia en que actuará la persona elegida y con los medios estimados por los senadores.
Pero, aunque la duración de la magistratura es por un año, fue habitual la prórroga por
otro, habida cuenta de la distancia de Hispania.
Poderes concretos de los magistrados son prácticamente todos, como corresponde al imperator en el campo de guerra: vida y muerte, paz y guerra. Reparten botín
o tierras entre los soldados licenciados y entre indígenas fieles a Roma. Fundan colonias, imponen tributos, otorgan ciudadanía romana, reorganizan la explotación de minas. Todo ello con el refrendo del Senado.
114
Las dificultades especiales de Hispania hicieron que el Senado otorgara el mando de los ejércitos a través de los comicios con poder proconsular a algunos que no
podían ejercerlo según las leyes romanas; así fueron irregulares los mandos de Escipión el Africano, Blasio, Esternino y Escipión Emiliano, el destructor de Numancia. De
hecho los Escipiones o familiares suyos detentaron el mando en Hispania en el siglo II
a.C.
Desde la dictadura de Sila (82-79 a.C.) el Senado elegía dos provincias del Imperio que serían gobernadas por los cónsules al fin de su consulado en calidad de
procónsules. El resto de las provincias pasarían a cargo de los pretores de roma también al finalizar su anualidad y las gobernarían en calidad de propretores.
23.4. LOS MAGISTRADOS MENORES EN LA PROVINCIA
Junto a los cargos mayores cum imperium, cónsul y pretor, vemos en la Península una serie importante de magistrados menores que actúan a sus órdenes y por su
ausencia o muerte (caso de los hermanos Publio y Cneo Escipión) actúan en su lugar.
Se constata desde los primeros años de la presencia romana de esta intervención de
legati, tribuni militum, quaestores, praefecti. Constituyen el consilium del más alto magistrado y con otros de su confianza integran la cohorsa micorum, en la que no faltaban
hombres de la alta aristocracia y de la confianza del Senado. Con ellos venían gran
número de itálicos para servicios menores: scribae, praecones, apparitores, lictores. La
autoridad del cuestor es importante y sigue a la del gobernador de la provincia, pues
sus competencias son militares y sobre todo de orden administrativo y financiero; y,
aunque supeditado a los gobernadores, tienen cierta autonomía desde el momento en
que han sido nombrados por los comicios y asignados a una Provincia. Incluso los
cuestores podían recibir el imperium.
24. LA VIDA URBANA EN HISPANIA
La creación de nuevas ciudades con ciudadanos de Roma o Italia, junto con la
transformación de localidades y poblados hispanos con régimen indígena en ciudades
organizadas al modo romano, será objetivo prioritario de la política de Roma. La ciudad
fue la unidad administrativa propugnada para la colonización de Hispania, frente al sistema de gentilidades y ocupación de altozanos fortificados u oppida que prevalecía en
la mayor parte de la Península, en especial en la Hispania céltica. Así pues, la administración romana, desde el mismo momento en que decide su permanencia en Hispania,
procede a sustituir las ciudades y ciudadelas indígenas, organizadas para su defensa,
por centros urbanos de paz y trabajo. Catón y Graco procedieron a una sistemática
destrucción de las ciudadelas, haciendo descender a la población hacia lugares abiertos en el llano; al mismo tiempo desmantelan la mayoría de las ciudades amuralladas
de la Bética y Levante, y obligan a las gentes a entregarse al cultivo de las tierras y al
abandono de las armas. De este modo, en el curso del siglo II a.C. prácticamente cada
unidad política estaba integrada por la ciudad y su territorio; en el que a su vez, podían
existir pequeñas aldeas. Este era el régimen de la Ciudad-Estado que prevalecía desde
siglos atrás en el mundo civilizado mediterráneo.
Roma había afianzado sus dominios en Italia sobre esta base de CiudadesEstado del tipo griego; y sobre nuevas ciudades que con ciudadanos romanos o latinos
había ido fundando en toda Italia, como medio más eficaz de pacificar y civilizar a los
pueblos. En Hispania, desde que el Senado decidió su ocupación, Escipión el Africano
inició esta línea de acción fundando Itálica en 205.
115
Las fundaciones coloniales será su mejor semilla de romanidad y asiento de
gentes ciudadanas. Tarraco recibió en abundancia a viejos ciudadanos romanos. Negociantes procedentes de Roma o Italia buscaron asiento en las ciudades hispanorromanas, y sobre todo, su lugar más seguro contra los ataques de los hispanos fueron
las ciudades portuarias: Emporion, Tarraco, Saguntum, Carthago Nova, Malaca, Gades.
En esta línea política de urbanización Roma trató de privilegiar y asimilar a las
mas fieles ciudades indígenas, convirtiéndolas en municipios; serán de diversa condición: municipium civium romanorum o de simple ius latii.
La urbs o vicus indígena y su territorium, al someterse a Roma conservaba de
momento su organización indígena, pero fue perdiendo su gobierno colectivo. Con frecuencia el nombre de la gentilidad se mantuvo como nombre de la ciudad principal,
pero olvidando su vieja organización política, económica o judicial; cada familia cultivaba sus tierras y pagaba sus tributos, mientras Roma decide en política exterior o relaciones intertribales y aún integentilicias a efectos de paz, guerra, ejercicio de la justicia,
cada vez más controlada por la administración romana.
La situación jurídica de cada ciudad o grupo gentilicio se decidió por el grado de
resistencia a Roma. Los pactos fueron definiendo la condición de cada una: Pactos que
la rebelión o los buenos servicios a Roma pudieron hacer cambiar con el tiempo. Hubo
tres modos de pactar con Roma: deditio, foedera, amicitia. El resultado fue la división
de las ciudades en: estipendiarías, federadas y libres inmunes. Sólo unas pocas ciudades fuertes y poderosas, como Gades, fueron aceptadas por Roma como federadas.
Pero después de aquellos momentos iniciales de Escipión, todas las ciudades debían
aceptar la potestas, la soberanía o maiestas de Roma por simple deditio o sumisión, e
integrarse en la categoría de estipendiarías. De modo que durante los dos siglos que
duró la conquista de Hispania sólo en tres ocasiones se registraron pactos como fin de
una guerra: Graco con los celtíberos en 175, con Viriato en 141 y con los numantinos
en 137. Pero si Roma aceptó transitoriamente el pacto con Graco, pronto los hechos
rectificaron aquellas promesas y tratos; y el Senado nunca aceptó los pactos con Viriato, al que inmediatamente combatieron y asesinaron; ni con los numantinos, a los que
se les quiso entregar a Mancino para que de él se vengaran.
25. LA CONDICIÓN JURÍDICA DEL SUELO PROVINCIAL
La situación jurídica del suelo se ajustaba lógicamente al estatuto que recibiera
la ciudad o pueblo sometido a Roma. En principio la deditio conlleva la apropiación por
Roma de todos los bienes y personas. En la práctica, salvo castigos ejemplares como
el de Numancia, que vio arrasada la ciudad, la población reducida a la esclavitud y los
campos entregados a los arévacos, fue excepcional. Roma ejecutó a los responsables
y traidores, vendió a muchos como esclavos y se apropió del botín de guerra y de las
tierras de los jefes enemigos como lo hiciera con las propiedades de los bárquidas.
También se reservaba hasta ¼ de las propiedades comunales. Constituyen estas tierras el ager publicus. Pero de hecho normalmente las casas y el resto de las tierras y la
mayoría de las personas son restituidas libres, pero mediante compra en subasta pública o arriendo. En caso de compra quedará sujeto al pago del tributo, el stipendium, que
caracteriza a las ciudades y pueblos estipendiarios.
En los inicios de la conquista el tributo, muy irregular y arbitrario, y casi siempre
fue el trigo un especial objeto de especulación a cargo del tributo. A la colectividad sólo
le deja en común prados y montes. Las tierras del ager publicus tenían suerte diversa;
unas eran objeto de arriendo para pastos, viñedo o cultivo por cinco años, previo pago
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de un canon, vectigal. Pagaban un precio muy bajo. Podía ser explotado por ciudadanos romanos o indígenas. De estas tierras hicieron los gobernadores sus repartos entre
los licenciados del ejército, normalmente para fundar colonias.
La asignación de tierras del ager publicus a los veteranos se hacía por centurias,
o grupos de cien veteranos, a las que se daba cien heredades de dos yugadas, aunque
este legado se aumentaba luego. Esta centuriación parece que se aplicó también a
ciertos municipios indígenas, aunque no habían nacido como colonias, pero donde
Roma situó también a licenciados del ejercito al dar a estas ciudades el privilegio de
municipalidad. A parte de estas tierras cultivables, el suelo dedicado a pastos era muy
extenso. Otros dos grupos de tierras eran llamadas de iure peregrino, que correspondían a las ciudades federadas y libres e inmunes, que no pagaban tributo alguno. Cabe
señalar que hubo algunas tierras del ager publicus donadas a colonias, municipios, instituciones, colegios sacerdotales o aun terratenientes. También se sabe de la excepcional extensión alcanzada por el territorio de Emérita, hasta 200 Km. Las minas de
todo tipo, cuya propiedad también se reservó Roma, eran explotadas mediante arriendos o concesiones temporales. De ellas obtuvo el herario público enormes ingresos.
Por el valor estratégico y político de sus productos, oro, hierro, sal, cobre, plata y otros
minerales, nunca Roma renuncia a su control mediante delegados especiales destacados para ello. Algo similar hizo con importantes fábricas de salazones.
Desde los Gracos se procedió a esta fijación de los distritos mineros como ager
publicus; tal como ocurrió en Cartago Nova. También recaudó ingresos el estado romano de los montes y los prados comunales; amen de otros impuestos como los portoria o impuestos de exportación y la vicesima libertatis por manumisión de esclavos.
26. CIUDADES DE ORGANIZACIÓN ROMANA
26.1. COLONIAS
Colonia es una ciudad fundada con licenciados del ejercito u otros ciudadanos
por un magistrado romano en el desempeño de su cargo; a veces se trata de una ciudad que se asienta y absorbe a un antiguo pequeño poblado indígena que con el nombre de incolae pueblan una aldea vecina o próxima. Podían situarse como colonos
también a gentes indígenas. Pero en todo caso la colonia constituye una nueva ciudad
creada por plebiscito y previa aprobación del Senado. A los pobladores se les otorga, si
es que no lo poseen ya, el rango de cives romani. En el acto fundacional reciben suelo
para su vivienda en la ciudad y tierras de cultivo; estas tierras eran detraídas del ager
publicus y eran inalienables.
Su organización interna copiaba las instituciones de Roma, de modo que eran
pequeñas Romas diseminadas por sus dominios y ejemplo de funcionamiento administrativo, con sus duunviros, senado, ediles, etc. Destacaban también por su urbanismo
desde el momento en que sus habitantes tenían un alto nivel económico y sus prestaciones coadyuvaban a la monumentalidad de los edificios públicos mientras que también procuraban competir en belleza en sus viviendas privadas. Algunas como Itálica
recibían donaciones de bellas esculturas griegas que le hiciera Mummio, recogidas en
el saqueo de ciudades griegas.
Originariamente su misión era ante todo la de defender los intereses de roma,
junto al límite de las tierras conquistadas, frente a pueblos peligrosos y aún no sometidos a Roma. Así nacieron Italica, Iliturgi y Corduba en la Bética frente a los lusitanos y
Gracurris en el Ebro frente a los celtíberos.
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En Hispania es especialmente frecuente el asentamiento de ciudadanos hispánicos junto a los veteranos itálicos. Y no fue raro el caso en que a una ciudad de hispanos se le diera los honores de colonia. Fundación particular fue Carteia; denominada
Colonia civium libertinorum.
Algunas ciudades indígenas accedieron al título de colonia sin que hubiera concesión de tierras. Tal Tarraco, que recibió el título en tiempos de César, pero que, sin
duda, habría tenido deducciones antes; allí se situaron muchos romanos o itálicos por
su propia cuenta junto a la población indígena; también heridos, convalecientes y negociantes romanos. Esto suponía la residencia en Tarraco, al igual que en Emporiae y
Cartago Nova, de numerosos cives romani; se explica esta afluencia romana por ser
los grandes puertos de entrada y salida de los ejércitos y de abundantísima mercancía
desde y hacia Italia.
Un aspecto a considerar en las colonias es la existencia de poblados anteriores
a la propia fundación. Otros poblados adheridos surgieron desde el mismo momento de
la fundación. Son incolae, que acuden al amparo de la nueva clase acomodada y que
sirven como agricultores, comerciantes o artesanos. Algunos incolae terminaron viviendo dentro de la colonia y en ocasiones las murallas abarcaban el recinto habitado por
los incolae, y la mayoría se van integrando en el estatuto jurídico de la colonia.
26.2. MUNICIPIOS
El municipium supone la existencia anterior de una ciudad a la que el Senado
otorga el régimen jurídico análogo a Roma; por tanto, da a sus habitantes derecho a la
ciudadanía. Es una agrupación de ciudadanos romanos o latinos con participación colectiva en las cargas públicas, que luego serán repartidas entre los ciudadanos con
arreglo a un censo de personas y propiedades; entre las principales obligaciones está
la de contribuir a la construcción de murallas, ya que tienen un carácter defensivo contra pueblos limítrofes hostiles; los habitantes poseen sus tierras y no hay propiedad colectiva sino individual. La organización de los municipios era copia de los de Italia y tenia quattuorviri, dos duunviros más dos ediles. En el municipium se integra la urbs, la
población ciudadana, y el territorium o distrito rural, en el que entran algunos núcleos
de población previamente existentes, incolae, mas dos hospites o gentes de residencia
transitoria o aceptados por pactos de hospitalidad (hospitium). El municipio albergó, sin
duda, ciudadanos romanos o latinos emigrantes, pero asentados allí espontáneamente
y no por deductio como las colonias.
Las obras municipales, como en las colonias, corres a cargo de los cuadros de
mando, pero no hay impuestos propios municipales, sino simples donaciones que las
inscripciones ponen de relieve. Los gastos de las obras públicas dentro de los municipios, con objeto de atender a la construcción de templos, acueductos, teatros, murallas
y demás necesidades urbanas, corrían normalmente a cargo de particulares: los ricos
que detentan los cargos municipales. También formaban parte de este grupo benefactor algún rico personaje que mediante una generosa obra en beneficio de la ciudad trataba de obtener bien la ciudadanía local, bien un cargo público en la ciudad. A este tipo
de personas deben ser dirigidas la mayor parte de las teseras de hospitium y clientela
que abundan en nuestras ciudades del cuadrante noroeste de la Península durante el
Imperio. Eran, pues, estas donaciones, que incluían a veces fiestas, banquetes, cultos,
espectáculos, un camino de al ingreso en la ciudadanía y también el ascenso en el cursus honorum.
Inicialmente, los municipios no estaban obligados a admitir guarnición romana en
su recinto urbano fortificado, ni pueden entrar allí los praefecti con objeto de recaudar
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tributos o prestaciones arbitrarias. Se limitan a hacer prestaciones voluntarias en caso
necesario o de situación extrema para Roma y su ejército. En suma, puesto que son
ciudadanos romanos, aunque algunos solo con el ius latinun, parece que no debían
soportar otras cargas que las de los ciudadanos de la propia Roma y el Lacio. Son ciudades sinesufragio, esto es, sin derecho a participar en los comicios de roma. También
parece en su origen, que los municipios conservaban en parte sus instituciones y costumbres locales y que sólo a partir de César y de la Lex Genetivae Iulia se inicia la unificación de las instituciones municipales con la tendencia a desaparecer la costumbres
locales. Esta transformación debió ser clara desde el momento en que recibían el título
de Munipium civium Romanorum o de ius Latii.
27. EL RÉGIMEN ADMINISTRATIVO DE LAS CIUDADES INDÍGENAS
Todas las ciudades hispanas como sus habitantes, que no son colonias o municipios romanos, entran en la categoría de peregrinae. Pero judicialmente en la administración romanas tienen diversa categoría. Ésta obedece casi siempre al modo de someterse y su resistencia a las armas romanas: stipendiariae, liberae et inmunes, foederatae.
27.1. ESTIPENDIARÍAS
Las ciudades sometidas por la fuerza quedan a merced de Roma y son por tanto
dedititiae. Deberán pagar stipendium por la devolución de sus casas y sus tierras y la
libertad de sus personas; e ahí que se las conozca también como Estipendiarías. Si al
principio de la conquista, hacia el año 197, Roma aceptó algunas ciudades en calidad
de federadas, después rechazó casi sistemáticamente todo pacto que no implicara un
sometimiento absoluto.
Las ciudades Estipendiarías tienen su propia organización, aunque progresivamente han aceptado la organización romana, pero sin que roma se obligue a corresponder con estatuto de privilegio. Pagan un tributo fijo que los gobernadores aumentan
arbitrariamente, pues a menudo se les sigue tratando como a hostes (hostiles). Entregan por pacto un tributo, tropas auxiliares, servicios y víveres a precios fijados por los
gobernadores y desde el 171 a.C. ya regulados por Roma y el Senado. Admiten guarniciones romanas en su recinto, aunque con la mayor frecuencia Roma destruye sus
oppida y establece estas guarniciones en Turris, Castra, Turris Lascutana, Castra Caecilia. La mayoría serían transformadas en ciudades y entregadas a los propios hispanos.
Fueron así surgiendo verdaderos núcleos urbanos que en el Norte fueron denominados Res publica, Forum, Castra, Civitas, Castellum según la peculiaridad original
del núcleo urbano y centro administrativo. En definitiva Roma tendió a crear civitates
con su territorium, a veces integradas por varios vicus o pagus que al reunirse como
civitas se llamaron Contributa.
27.2. LIBRES E INMUNES
Ciertas ciudades alcanzaron la condición de libres o inmunes, sin que hubiera
pacto mutuo de foedus o llegasen a ser asociadas o federadas. Eran declaradas liberae
por decisión unilateral de Roma a través de una ley o decreto del Senado de Roma. Al
igual que las federadas quedan libres de impuestos y de ocupación militar. Sánchez
Arcilla opina que las ciudades libres debían abundar al principio de la ocupación roma-
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na, pero que debieron perder esta condición durante los tiempos de la República y
quizá sobre todo en tiempos de las guerras civiles, porque como señala Tito Livio, Roma podía cambiar su condición de libres en cualquier momento y los avatares de los
bandos políticos de Sertorio, Pompeyo, y César obligaron a muchas ciudades a adhesiones, con lo que el triunfo ocasional del adversario sirvió a Roma para ir eliminando
estas variedades de condición jurídica.
27.3. FEDERADAS
Son ciudades en condiciones similares a las libres e inmunes con la sola diferencia de que no dependen de ninguna autoridad romana. Plinio dice que había tres
ciudades aliadas de Roma o foederate y menciona que hay otras federadas en la Tarraconense y ninguna de esta condición en la Lusitania. Las de la Bética eran con seguridad Gades, Malaca y Epora. En la Tarraconense, probablemente serian Ebusus, en
la isla de Ibiza, y Bocchoris en la de Mallorca. Es evidente que las ciudades con las que
roma pacta una federación fueron importantes puertos cartagineses. Al finalizar los
tiempos de la República el estatuto jurídico de estas ciudades, cuyas estipulaciones de
federación habían sido olvidadas por Roma cada vez que convenía a sus propios intereses, había sido sustituido por el de municipium o colonia de derecho latino o romano.
Ebusus fue municipio con los Flavios, Tarraco fue colonia con César, Gades municipio
con Augusto y Malaca fue municipio con los Flavios.
En principio las ciudades federadas basaban su condición en un tratado con
Roma. Eran ciudades autónomas en su gobierno, libres de todo impuesto y sólo prestaban a Roma ayuda militar estipulada a cambio de una recíproca ayuda de Roma en
caso necesario. Como las ciudades libres, no recibían guarnición romana y podían
acuñar su propia moneda sin permiso de Roma. En lo relativo a política exterior, como
era habitual, quedaba reservada a la exclusiva iniciativa de Roma el derecho de paz o
guerra con cualquier enemigo.
28. LA CONDICIÓN JURÍDICA DE LAS PERSONAS Y LA ADMINISTRACIÓN
DE JUSTICIA
La población hispana tenia su rango administrativo. Paralelamente a la condición
jurídica de las ciudades y pueblos de Hispania sometidos a Roma, hubo también dos
grandes grupos en cuanto al estatuto jurídico de las personas: de un lado esta los cives
romani en el que se integran los asentados en las colonias y los emigrantes romanos.
Estos emigrantes residen en Hispania con el estatuto jurídico que poseen en Roma sea
cual sea el estatuto de la ciudad en que residen dentro de los dominios romanos, pero
no por ello participan en la vida municipal, pues ara ello tienen que figurar en el censo
de la ciudad respectiva. Los hispanos en principio son peregrini si han aceptado la sumisión a Roma.
28.1. “CIVES ROMANI”
Pertenecen a este grupo los romanos asentados por deducciones de los magistrados, los que trabajan al servicio de la administración y los que por propia iniciativa
buscan fortuna o negocio lucrativo. pueden ostentar, según sea el estado jurídico de su
ciudad, el derecho pleno de cives romanus que poseen los habitantes de Roma o de
ius Latinum. Los cives romani ejercen cinco derechos fundamentales: derecho a votar
(ius suffragi), derecho a ejercer cargos públicos (ius honorum), posesión de bienes y
capacidad de testar (ius commercii) y derecho a matrimonio legal y a que sus esposas
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e hijos sean también ciudadanos romanos (ius conubii). Junto a ellos hay ciudadanos
que carecen de algunos de estos derechos y gozan del ius Latii.
28.2. “PEREGRINI” Y SU ACCESO A LA CIUDADANÍA
Los hispanos sometidos a Roma entraban en la categoría de peregrini, conservando sus diversos estamentos de situación social. Pero podían acceder por concesión
individual o colectiva a la situación privilegiada de cives romani o cives latini, lo que suponía gozar de los derechos que poseían los habitantes de Roma y que luego se fueron extendiendo al Lacio y al resto de Italia.
El servicio militar fue siempre, en particular desde Augusto, el más importante
modo de acceso a la ciudadanía romana. La ciudadanía romana otorgada a los indígenas fue, sin duda, el gran pilar de la romanización. Sin embargo Roma fue muy parca
en este tipo de concesiones durante el siglo II a.C.
El primer testimonio claro de otorgamiento de ciudadanía por méritos de guerra a
grupos de hispanos los vemos en la Turma Salluitana, en el año 90 a.C. Según el bronce de Ascoli 30 caballeros de Ilerda (Lérida) y de otras ciudades de su vecindad reciben la ciudadanía por orden de Pompeyo en pago de sus servicios militares en la Guerra de los Aliados.
El grupo especial de peregrini hispanos los constituyen los antiguos habitantes
de las colonias romanas Generalmente se mantenían allí los hispanos junto a los veteranos asentados y que habían recibido todas o la mayor parte de las tierras circundantes; habitaban en poblados vecinos y se les denomina incolae. Se han descubierto por
los arqueólogos estos poblados indígenas en Córdoba y en Itálica y debieron coexistir
con los cives romani en todas las colonias, dedicados a servicios o al cultivo de tierras
propias o de los romanos.
28.3. LA ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA
Apenas existen datos de la administración de justicia durante los tiempos de la
República. De los dos grandes grupos que integraban la población hispana en estos
años es obvio que los cives romani se sometían a la jurisdicción de los gobernadores;
bien residiesen en las colonias romanas o en poblados indígenas, o fueran comerciantes sin domicilio fijo en la Península. Es de suponer que los indígenas que habían recibido el privilegio de cives romani o cives latini también cayeran bajo la directa jurisdicción romana y fueran juzgados según el código y normas vigentes en Roma en ese
momento. Los indígenas estaban bajo sus propios sistemas judiciales o sus normas o
costumbres tradicionales. En las ciudades libres o federadas se guardaba especialmente esta justicia peculiar y propia, aunque se sabe que en ocasiones los magistrados
romanos intervinieron en este ejercicio de la justicia y cada vez con mas fuerza; se citan casos de intromisión romana en el derecho consuetudinario (acostumbrado). P.
Craso en el 96 prohibe los sacrificios humanos de Blestisama y es bien conocida la
prohibición de César sobre Gades, donde quemaban vivos a los criminales. En las colonias romanas y municipios intervenían por delegación del gobernador el praefectus
iure dicundo o a veces el quaestor, para casos graves, mientras los duoviri actuaban
para casos menos graves.
Al crecer las provincias se fue haciendo necesaria la división de su territorio a
efectos judiciales. Como nueva unidad administrativa surge en los tiempos finales de la
República el Convento Jurídico. Supone una fragmentación de la provincia, con frecuencia muy extensa, y con César aparecen ya definidos. Poco a poco se perfilarán los
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conventos Jurídicos para definirse en cuanto a funciones específicas en tiempos de
Augusto. También progresivamente se definieron las capitales de los respectivos Conventos Jurídicos. Tal como los conocemos en los tiempos del Imperio, son distritos en
los que actúa un legatus iuridicus como máximo responsable en materia de jurisprudencia, culto al Emperador, cuestiones económicas, defensa, reclamaciones, etc. Plinio
escribe, hacia el año 77 d.C., y refleja sin lugar a duda la situación jurídica de la Hispania augustea, nos detalla ya los Conventos Jurídicos: cuatro de la Bética (Corduba,
Hispalis, Gades y Astigi); tres de Lusitania (Emerita, Pax Iulia y Scalabis); y siete de la
Citerior (Carthago Nova, Tarraco, Caesaraugusata, Clunia, Lucus, Bracara y Asturica).
29. LOS EJÉRCITOS ROMANOS Y LAS TROPAS INDÍGENAS
La presencia de tan importantes y continuados contingentes militares como Roma tuvo destacados en Hispania durante dos siglos de conquista fueron forzosamente
un profundo agente romanizador. La acción romanizadora del ejercito durante su tiempo de campaña fue importante; sabemos que muchos se quedaron a vivir en Hispania,
que hubo muchos tránsfugas, que tuvieron numerosos hijos fruto de la convivencia con
hispanas y que todos tuvieron un amplio contacto con los hispanos auxiliares o en la
vida cotidiana.
Como mínimo hubo siempre en Hispania desde el 218 a.C. dos legiones, una
para cada pretor o gobernador de Provincia. Es decir siempre actuaron al menos dos
legiones, unos 12.000 romanos; más 12.000 socii itálicos; a los que se unían otros
24.000 auxiliares hispanos; es decir unos 48.000 soldados que luchaban y convivían a
la romana en su lengua y costumbres de vida y administración.
Durante el siglo II a.C. hubo ejercicio consular y por tanto entre 50.000 y 70.000
hombres en pie de guerra con la mayor frecuencia.
Estos ejércitos romanos destacados a Hispania crecieron en número durante las
guerras civiles, primero Sertorio contra Pompeyo y Metelo; y después en las batallas
entre César y los partidarios e hijos de Pompeyo.
A través de su organización en campamentos, guarniciones, servicios de armas
y avituallamiento, vigilancia e información y tantos aspectos más de la vida castrense
fueron creando una compleja trama de administración, ejercicio de justicia, etc.
29.1. EL MERCENARIADO Y LA CLIENTELA HISPANA
En virtud de los pactos de sumisión acordados entre Roma y los pueblos y ciudades indígenas sometidos (deditio in fidem) venían obligados a prestar servicio a Roma en hombres y dinero. A través de este mercenariado muchos hispanos quedaron
vinculados a la administración romana. Tanto más que recibían soldadas, beneficios
diversos en el reparto del botín o asignación de tierras y muchas veces fueron asentados oficialmente en colonias. Por razones lógicas estos servidores de Roma entraron
de una u otra manera en el campo de la administración romana a la vez que fueron difusores activos de su lengua y modos de vida. Su número fue muy importante, pues era
igual que el ejercito regular integrado como mínimo por dos legiones con sus aliados
itálicos en un total de 24.000 legionarios; siempre hubo al menos un número de otros
24.000 auxiliares mercenarios hispanos.
Pero al margen de este mercenariado, los gobernadores romanos tuvieron a su
disposición un grupo específico de adictos servidores o voluntarios de guerra, que se
vinculaban y servían al gobernador de turno a título privado o personal. Son hispanos
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que se vinculan al general a título de clientes, eligiéndole como patronus por sus condiciones como jefe.
30. LA “DEVOTIO” IBÉRICA Y LOS PACTOS DE HOSPITALIDAD.
Razones económicas explican esta masiva prestación militar hispana a los ejércitos de Roma; pero también se explica, en gran parte, en razón a la vinculación de
carácter personal que, muchos pueblos colectivamente por medio de sus jefes o individualmente a título privado, les unió s los gobernadores romanos. Confluyen la tradición
itálica de la clientela y patronato con la fides o devotio ibérica.
30.1. LA CLIENTELA ROMANA Y SU ARRAIGO EN HISPANIA
Desde los orígenes de Roma las grandes familias, patricios, consideraban a
otras familias como clientes; no tenían con ellas comunidad de origen sino un lazo de
ascendencia. El cliente recibía del protector defensa, ayuda, sostenimiento; esto es, un
obsequium. A cambio el protector exige del cliente prestaciones: pago de rescate de
guerra, ayuda para casar a las hijas, vengar las ofensas o ataques al señor. Los que se
vinculan con estas relaciones de cliente no pueden testimoniar ni votar contra la indicación o los intereses de su patrono. Nunca dejó el patrono de recordar las obligaciones
al cliente con motivo de sucesiones, procesos judiciales o votaciones.
Hispania fue campo especialmente propicio al desarrollo de estos vínculos de
clientela: entre los soldados itálicos integrantes del ejército romano aquí destacado, así
como entre los mercenarios hispanos abundaban los desposeídos de tierra cultivable;
Roma por las vicisitudes de la guerra se apropió de inmensas propiedades que pudo
donar a sus fieles servidores; los generales romanos que se sucedieron fueron casi
todos del círculo de los Escipión y pudieron heredar esta clientela forjada en Hispania.
30.2. LA “DEVOTIO” IBÉRICA
Una forma específica de la clientela militar hispana fue la devotio iberica. La
clientela de los magistrados romanos y ciertos jefes del ejército que aquí combatía se
institucionalizó a través de la devotio al modo ibérico. Los rasgos mas sobresaliente de
aquella vieja institución tan difundida entre los celtas de la Península. Mediante juramento se comprometen a servir al jefe, en la idea de que el dios acepta la muerte del
devotus en lugar de la del jefe. Y como dice Plutarco, sólo después de salvar la vida de
su caudillo pasarán a preocuparse de la suya propia. Fue notorio el arrojo de los hispanos en el cumplimiento de tales juramento de fidelidad. Parece claro que la práctica de
la fides iberica tiene sus raíces en la España prerromana y concretamente en el mundo
céltico. Ya los jefes púnicos bárquidas, luego los generales romanos, aceptaron complacidos y sacaron provecho de este tipo de vinculaciones personales cuya solidez y
firmeza de cumplimiento llamó poderosamente su atención, así como de la historiografía clásica que recogió amplia documentación al respecto.
Cabe preguntarse sobre la fidelidad a otros juramentos anteriores; porque sabemos que muchos pueblos iberos o celtas cambiaron de bando como consecuencia
de una batalla. Después de la inicial victoria en Tarraco en 217, después de la toma de
Sagunto y de las batallas de Baecula o de Ilipa hubo masivos trasvases de aliados al
bando romano; algo parecido ocurrió en las guerras de Viriato o en las guerras civiles.
Pero en general no hubo conculcación de los juramentos de fidelidad; lo que ocurre es
que son vinculaciones personales no colectivas y, muerto o desaparecido uno de los
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que pactan, se rompe el juramento. Además, la derrota que acarrea la muerte del jefe
es seguida por el voluntario sacrificio del soldado.
30.3. PACTOS DE “HOSPITUM” Y PATRONATO
En el ámbito de los pueblos indoeuropeos la defensa de los intereses de un individuo dependía de la gentilidad en que se integraba y que actuaba solidariamente
cuando alguno de sus miembros se veía afectado o amenazado. Pero por la debilidad
de algunos grupos gentilicios o individuos aislados de su gentilidad entienden ser necesario, o al menos útil, contar con la ayuda de agrupaciones gentilicias. Logran por tanto
esta protección o derechos ciudadanos de que carecen, integrándose en grupos familiares o comunidades locales vecinas; esta integración al principio es verbal y con la
garantía de la palabra o juramento; más tarde puede ser sancionada por un acto jurídico reflejado en las tabulae hospitium o patronatus. Diodoro Sículo nos dice que no se
trataba siempre de una pura concertación, sino que lo normal era que tal pacto tuviera
sus garantías de cumplimiento en las divinidades populares, a cuya justicia se metían
los pactantes, y en las costumbres de las propias gentes. Es decir, que el hospitium
tiene entre los celtas el doble refrendo religioso y civil. Una institución paralela, aunque
con sus matizaciones y finalidades particulares, es la del patronato. En el patronatus
las ciudades buscaban un poderoso ciudadano romano que actúe de benefactor de la
ciudad y defensor de sus intereses.
La antigüedad de los pactos de patronato viene a coincidir con los primeros testimonios escritos acerca de la presencia de Roma en Hispania. Ya vemos en 205 a.C.
que Gades eligió como patrono para que defendiese los intereses de la ciudad en Roma a Cornelio Léntulo, al igual que los iberos, años después, en el 171 nombraron patronos a Catón, Escipión, Paulo y Sulpino Galo.
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TEMA 11. LA SOCIEDAD HISPANA.
31. TRANSFORMACIONES SOCIALES Y DESPLAZAMIENTOS DE LA POBLACIÓN INDÍGENA
Durante los tiempos de la República romana la estructura social de Hispania es
compleja; por una lado, la población romana en diferentes estratos sociales (senadores, orden ecuestre y simples cives romani), y de los cuales los más dotados económicamente forman una oligarquía y nobleza municipal como grupos dominantes en la ciudad durante la República y el Alto Imperio, mientras que los menos dotados económicamente formaran las clases de agricultores y artesanos. Por otro lado; la población
indígena hispana, de la cual una parte importante, mercenarios y ricos hispanos, por
sus servicios a Roma, serán integrados en el grupo de cives romani, en todas sus variados grupos y estamentos. El resto de la población indígena se agrupa en la masa de
hombres libres, los peregrini dediticci; a ellos se ha de sumar un numeroso grupo social
de esclavos y libertos de procedencia hispana o forastera.
El ideal de vida romano obtendrá la casi total aceptación en la sociedad indígena. Ello no quiere decir que la estructura social indígena desapareciera totalmente, absorbida por el progreso de la romanización; pero hubo una natural aspiración en todo el
mundo dominado por Roma a equiparase al poderoso romano, cuyos niveles de vida
eran superiores.
Característico de todos estos grupos y estratos sociales (incluido el grupo de esclavos) es que no constituyeron grupos cerrados. La libre circulación de bienes y personas y la libertad de empresa abrió los caminos más insospechados a la iniciativa privada, al éxito económico y al cursus honorum (carrera pública), normalmente facilitados
por los inicios en cargos municipales, del culto al Emperador y a través del servicio militar. De todas formas fue la acumulación de capital el mejor y casi único modo de lograr
ascensos en la escala social. Ahora bien, la gran base numérica fue la plebe o simples
libres; para ir disminuyendo su número en los grados de cargos municipales, orden
equestre y orden senatorial.
En suma romanismo e indigenismo serán los dos grandes ingredientes de la sociedad hispana durante los tiempos de la República.
31.1. PRINCIPALES FACTORES Y ETAPAS DEL PROCESO DE TRANSFOR-
MACIÓN SOCIA
En los tiempos que preceden a la conquista de Hispania por Roma, nuestro suelo se estructura en varias áreas de población y cultura profundamente diferenciadas,
estas son:
La zona mediterránea y tierras andaluzas.- Alberga una sociedad urbanizada,
culta, con grupos sociales jerarquizados en clases por su riqueza; las colonizaciones
han impulsado su equiparación a las avanzadas culturas de Grecia, Oriente y Sur de
Italia; conocen la escritura, la moneda, viven en ciudades gobernadas comúnmente por
reyes o príncipes; practican una avanzada agricultura, minería y metalurgia.
La zona de la Meseta.- Predominan los pueblos celtas. Los grupos políticos y
sociales son gentilidades vinculadas por el parentesco mutuo y la descendencia de un
antepasado común; en el seno de esta comunidad gentilicia reside el ejercicio de la
defensa, la justicia y el gobierno que detenta un senado o agrupación de hombres de
más edad. Es una sociedad patriarcal cuyo parentesco se hereda por línea masculina;
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tiene propiedades comunales y los integrantes de la comunidad gentilicia son libres e
iguales y sólo sometidos a la autoridad de la asamblea de la gens; son agricultores y
ganaderos y escasamente artesanos o dedicados a la industria y comercio que no sea
la elaboración de armas, pues forman una sociedad esencialmente guerrera.
El litoral atlántico y la zona cantábrica.- Existen grupos de vida más atrasados,
diferenciados de la Meseta por su economía pastoril y aún escasamente agrícola. Poseen costumbres más rudas y belicosas, salvo los galaicos.
La romanización actuará con diferente fuerza en cada una de estas tres áreas.
Nada, anteriormente, será comparable al impacto colonizador romano que conformó la mentalidad hispana y definió las grandes líneas de la estructura administrativa,
económica y social que, a grandes rasgos, pervive hasta la actualidad. Este cambio iría
progresando desde el litoral mediterráneo y el Sur hacia el interior y la costa atlántica al
ritmo de la conquista y ocupación de las tierras por Roma. Pero el lentísimo proceso de
conquista, con más de doscientos años de duración, contribuyó a acentuar más las diferencias de vida y cultura entre estas diversas áreas.
Tal pervivencia de estructuras sociales y modos de vida indígena fue en gran
parte resultado de la tolerancia romana, cuyas exigencias se centraban en la recaudación de tributos y en la prohibición de las costumbres bélicas. No se quiso interferir en
la lengua, vida, religión, ni aún sobre la administración interna de las ciudades
En todo caso, la estructura social indígena se mantuvo con más fuerza en la mitad norte y especialmente en el cuadrante noroeste; sólo la romanización fue influyente
desde que se produjeron las conquistas de Augusto, pues con la paz surgieron centros
mineros y administrativos, o de ocupación militar. Varias razones se aducen al retraso
del proceso de romanización del Noroeste, como el agotamiento colonizador romano,
mejores tierras en el Imperio para colonizar, etc.
31.2. CUANTIFICACIÓN Y DISTRIBUCIÓN DE LA POBLACIÓN
De los diversos censos de población que Roma efectuó sobre Hispania, sólo ha
llegado hasta nosotros algunos datos parciales recogidos por Plinio.
Según Plinio en el cuadrante Noroeste había 685.000 hab. libres: 240.000 en el
convento de Astúrica (Asturias, León, Zamora); 160.000 para el convento de Lucus
(provincias actuales gallegas); y 285.000 para el de Bracara (región portuguesa del
Duero al Miño). La densidad de población parece crecida, pero allí no hubo devastadoras guerras de conquista por Roma, como las que soportó la Meseta o Lusitania. De
estas cifras se deduce una densidad de población de 8 hab. por Km. cuadrado.
Para Cantabria, la cuenca del Duero, Aragón y Cataluña se puede calcular una
media de 8 hab. por Km. cuadrado. Pues, si la densidad de población no sería muy alta
en Cantabria y la cuenca del Duero, duramente castigados por los conflictos bélicos, en
el valle del Ebro, la región catalana y Levante llevaban varios años de paz e importante
colonización romana. En consecuencia la Tarraconense podría contar muy bien con 3
millones de hab.
A Lusitania, según Feliciani, no tendría una media de población superior a 2 o 3
hab. por Km. cuadrado, para lo que hoy sería el Portugal del sur del Duero, más un arco de tierras que incluían a los vettones de Salamanca y toda Extremadura. En consecuencia, correspondería a la Lusitania un millón de hab.
En la Bética se explotaban sus varias fuentes de riqueza, agrícola, ganadera,
mineras, industrias de pesca, comercio de exportación. A las numerosas ciudades ibe-
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ras, se añadía ahora la fuerte emigración italiana y los asentamientos de veteranos del
ejército. Por lo que es lógico calcular una densidad de población de 20 hab. por Km.
cuadrado. En total unos dos o tres millones de hab.
La población hispana se puede calcular a fines de la República hacia el cambio
de Era, en unos 6 millones de habitantes libres.
Beloch calcula 5 millones para tiempos de César, 7 a finales de Augusto. Almagro y otros historiadores vienen a confirmar estas cifras. Este autor cree que Hispania
tendría estos 5/6 millones de habitantes durante el período de conquista, lo que puede
suponer una población de uno o dos millones más para los años del cambio de Era,
cuando Hispania había recibido las mayores oleadas de emigrantes italianos.
31.3. LA REUBICACIÓN DE LA POBLACIÓN INDÍGENA Y EL IMPACTO
DESPOBLADOR
Los doscientos años de duras luchas de conquistas o guerras civiles, ocasionaron el más grave desgaste, sobre todo en la población joven.
Hubo fuetes remociones de la población hispana y fue habitual que los generales
romanos trasladaran a la población de la montaña y de sus altozanos fortificados, los
oppida, al llano. Lo mencionan constantemente las fuentes literarias. La arqueología
confirma estos abandonos y destrucción de los viejos recintos amurallados celtas. Añádase los miles de celtíberos y lusitanos que fueron asentados lejos de su patria.
También queda constancia en las fuentes de algunos movimientos voluntarios
de pueblos celtas. Durante los tiempos de la República los movimientos de emigración
individual interna no son frecuentes. Las vinculaciones gentilicias no favorecían esta
emigración dentro de la España céltica.
El impacto despoblador de las guerras romanas de conquistas fue importante.
Las guerras de Hispania fueron particularmente duras y crueles. Illiturgi vio que toda su
población era pasada a cuchillo. A continuación les tocó el turno a los de Astapa. Durante las campañas de Catón del año 195 a. C. sabemos que en un solo combate perecieron 40.000 hispanos de las tierras del Pirineo. Fue muy corriente durante la conquista el exterminio de todos los enemigos sin distinción de sexo ni edad. Tales represiones fueron mucho más crueles en la Meseta y Lusitania.
Las guerras cántabras dejaron semidespobladaas la región. Aunque no eran ya
los tiempos de las sistemáticas crueldades y ejecuciones despiadadas, la ferocidad de
los combatientes cántabros y la prolongación de la lucha hizo desaparecer poblados
enteros y a casi toda la juventud. Pues los pocos que sobrevivieron fueron deportados
en esclavitud a la Galia. Y, tras la rebelión del año 19 a. C., fueron nuevamente aniquilados y se produjo una guerra de exterminio. Parece, incluso, que fue tal el despoblamiento de Cantabria y Asturias que Augusto hubo de repoblarlas con celtas de la Meseta.
Tan pronto como Roma expulsó de Hispania a los cartagineses y decidió adueñarse de la Península, los generales romanos empiezan a vender como esclavos a poblaciones enteras: varones, mujeres y niños de las ciudades que más se resistieron a
Roma y por supuesto a casi todos los prisioneros de guerra.
Algunos calculan en 200.000 el total de esclavos hispanos de los tiempos de la
República romana; pero, sin duda, fue mayor porque el promedio de vida de los esclavos no era largo y solamente para las explotaciones mineras de Cartagena, se precisaban, como indican las fuentes clásicas, 40.000 esclavos. Esta utilización de esclavos
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hispanos en nuestras propias minas explica la ausencia de esclavos hispanos en Italia.
Raro fue el cónsul o pretor de turno que no esclavizara a varios miles de hispanos para
obtener unos buenos ingresos y debilitar la resistencia. Tanto es así que, con la mayor
frecuencia los hispanos, previendo que serían reducidos a la esclavitud, preferían matarse en masa; como hicieron mujeres, hombres y niños cántabros en tiempo de Augusto, o como en Numancia, Bacara.
Si en un principio los esclavos se mandaban preferentemente al sector minero,
luego el comercio, industrias y empleo doméstico ampliaron las ocupaciones de la sociedad esclavista romana. Y cuando, faltan los esclavos hispanos para atender el crecimiento de la producción, se registró la afluencia de esclavos extranjeros.
32. INMIGRANTES Y REPOBLACIÓN.
La afluencia de gentes romanas e italianas a la Península cubrió en gran parte
las bajas de la población hispana de los tiempos de las conquistas. Pero fue extraordinariamente importante, no sólo por el elevado número de colonos y emigrantes, sino
también porque trajeron su cultura, su modo de vida, la lengua, etc. y porque dominaron todos los aspectos de la vida social y económica. Diseminados prácticamente por
toda Hispania, darían el más fuerte impulso al cambio de vida hispana; tanto más cuanto que los comerciantes no despertaba, entre los hispanos, recelos y temores, con el
ejército o los hombres de la administración.
El establecimiento de ciudadanos romanos en los terrenos conquistados fue el
medio por el que Roma garantizó normalmente sus conquistas y su autoridad suprema.
La ubicación en Hispania de colonos italianos asentados en ciudades de modo oficial
aportó grandes ventajas para la propia Roma: primero consolida la conquista, pues las
colonias servían para defender las tierras conquistadas, y segundo, resolvieron problemas de densidad demográfica, económicos y sociales de la población romana.
Los asentamientos oficiales de itálicos canalizaron la emigración masiva italiana
en los tiempos de las guerras civiles, desde el 80 a. C. hasta la paz hispana de Augusto, en los años anteriores a nuestra Era.
Entre la deductio (repartición de tierras del ager publicus entre los veteranos de
guerra), practicada por Escipión en el año 205 a. C. y las fundaciones augusteas de
Caesarugusta, Asturica. no menos de 50 ciudades hispanas recibieron colonos. Resulta difícil cuantificar el número de colonos asentados por deductio a lo largo y ancho de
toda Hispania. Deductio que los gobernadores romanos hicieron extensibles a fieles
itálicos destacados como auxiliares y aun a servidores hispanos del ejército y de la administración. Con esta política Roma amplio la base ciudadana fiel a Roma y de esas
ciudades puedo extraer contingentes para el ejército cuando, desde el final de la República, Roma y también Italia empezaron a cansarse de dar sus hijos al servicio de los
ejércitos romanos. Hispania sería una de las principales zonas de reclutamiento.
El resultado de esta política de asentamientos en Hispania arroja, según estimaciones, al cambio de Era en torno a unos 300.000 itálicos varones, lo que supondrá
alrededor de un millón como total de itálicos o descendientes de itálicos. Pues Roma ya
llevaba dos siglos de asentamientos ininterrumpidos, con varias generaciones que vivían en medios económicos privilegiados.
Cada colonización con varones licenciados en ciudades, con tierra de cultivo
más su propio botín y soldadas, oscilaba entre 1500 y 3000 en cada ciudad. Sobre estos números hay que añadir un número probablemente mucho mayor de comerciantes
y gentes del servicio de la administración, asignados a la recaudación de tributos; casi
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todos estos emigrantes eran itálicos, pocos romano; y entre ellos se debió practicar el
arrendamiento de las tierras del ager publicus, la explotación de minas, industrias de
salazones y otros bienes del Estado romano. Y, por supuesto, la gran mayoría de estos
negociantes fijaron en Hispania su residencia definitiva, pues aquí tenían sus propiedades.
Hay que tener en cuenta en los asentamientos itálicos y romanos en Hispania a
la gran multitud de heridos de guerra, que terminaron por fijar aquí su domicilio. También los tránsfugas, traidores a Roma, formarían un elevado porcentaje de emigrantes;
debido a las feroces luchas contra lusitanos y celtíberos, y en la que no pocos soldados
romanos se pasarían al enemigo o desertarían.
Dentro de esta fuerte corriente migratoria hay que tener en cuenta a los emigrantes producidos por las luchas políticas en Italia, subsiguientes a las proscripciones de
las guerras civiles del siglo I a. C. Gente de todas las clases sociales, incluso del orden
ecuestre e hijos de senadores. También, por ejemplo, los componentes del ejército de
Sertorio, de los cuales la gran mayoría se quedaría en Hispania confundidos con los
lusitanos y celtíberos ante el temor de la represalia política si volvían a su patria.
Desde el año 200 a. C., es decir, tan pronto como Roma decidió la anexión de
las tierras hispanas, comienzan a primar los intereses económicos, pues eran los que
habían decidido la anexión de Hispania. Entonces ya aparecen sociedades de negociantes.
El cúmulo de industrias y comercio púnico es asumido en gran parte por empresarios romanos. Cierto que el desarrollo de la industria y comercio fue lento, porque
Roma no tenía experiencia suficiente, ni técnicos especializados en este campo, como
los griegos y fenicio. Pero no se registran en las fuentes animadversión de los indígenas hacia los negotitatores. Los indígenas debieron de continuar al servicio del nuevo
dueño, Roma. Desde el siglo I a. C., ya pacificados los lusitanos y célticos, las explotaciones industriales y las consiguientes sociedades se multiplican en la Bética y Sierra
Morena.
Causas principales de tal afluencia es que cuando los países que bordean el
Mediterráneo oriental se habían arruinado por las largas guerras de finales del s. II y
comienzos del I, como las de Mitrídates; la Península pacificada y rica como ninguna
en minas, ofreció las mejores perspectivas al capital romano y al alto poder adquisitivo
de Italia, donde se había concentrado el oro mediterráneo y de Oriente. Los refugiados
políticos fueron buen estímulo a estas empresas, porque invertían su capital en la
Península y, aquí estaban libres de las más directas represalias.
Hispania era considerada entre los romanos como un buen lugar de refugio,
donde la abundante prosperidad permitía, rehacer la vida del desterrado.
El flujo migratorio itálico hacia los lucrativos negocios hispanos fue muy grande.
Esta abundancia de emigrantes hizo crecer muchísimo la población de cives romani en
Hispania.
Respecto a la procedencia de los colonos itálicos, Menéndez Pidal sostiene la
hipótesis de una emigración suritálica. El valle del Ebro fue ampliamente habitado por
gentes oscas, sabinas y samnitas. La explicación históricas se basaría en la pobreza
general del Mediodía de Italia, donde sus mejores tierras se hallaban en manos de viejas familias de la nobleza romana.
También muchos emigrantes procederían de Etruria. La venganza de Sila se
cebó en esta zona, y muchos etruscos se unieron a Lépido en Cerdeña el año 78 a. C.
y luego pasaron a Hispania con Sertorio y Perpenna.
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La pluralidad itálica tarjo a Hispania un latín arcaico y voces de los dialécticos
itálicos que perviven en las hablas de la Península. Ello se explica por el aire rústico y
provinciano de estas gentes que trajeron su lengua: la mayor parte de los que quedaron en Hispania eran licenciados del ejército. Habían sido reclutados muy jóvenes.
Conservaban el habla de su tierra escasamente latinizada y a lo sumo conocían un
latín muy elemental.
33. LOS GRUPOS SOCIALES HISPANORROMANOS
La familia es la unidad básica de la sociedad romana; solamente encuadrado en
la familia ejerce el ciudadano romano la plenitud de todos sus derechos y deberes. La
civitas es el conjuntos de los ciudadanos y sus unidades familiares cuyos derechos y
deberes son defendidos y exigidos por la totalidad ciudadana y por las instituciones o
magistrados que la representan y actúan por su delegación. Esta es la misma organización jurídica que la administración romana extendió a las provincias.
La familia romana no está sólo constituida por el padre, el pater familias, la esposa y los hijos legítimos, sino que también puede ser complementada por la adopción
legal de una o más personas; que pasan a gozar de todos los derechos y deberes de
los hijos.
La autoridad del padre respecto a los miembros de la familia y los bienes es total
y absoluta: venta, muerte, castigo, premios. Es un derecho tiránico, que sólo la convivencia en la ciudad de Roma y su desarrollo fue suavizando y transformando.
Fuerte impacto social supuso en el norte de Hispania la conversión de importantes grupos de población en los que imperaba la sociedad matriarcal. El matriarcado,
ajeno a la sociedad indoeuropea y por tanto a los grupos celtas de la Meseta del Duero,
hunde sus raíces en los grupos de población emparentados con el substrato mediterráneo. La mujer transmitía la herencia en línea femenina, regulaba y ordenaba el matrimonio de sus hermanos, trabajaba el campo y mantenía la costumbre de la covada.
Esta sociedad predominaba entre astures, cántabros y pueblos vascones. Sin romper
bruscamente las instituciones que daban predominio económico y social a la mujer en
la familia, fue instituyéndose progresivamente la autoridad del hombre. Al mismo tiempo se sustituye la propiedad colectiva gentilicia para transformarla en propiedad privada
y familiar. Entre los anteriores pueblos la transición se establece en la sucesión entre
varones, pero por línea materna; hasta llegar a la sucesión por línea paterna.
La adquisición de bienes y el ejercicio de los cargos públicos fue creando en
Roma, desde sus orígenes, la realidad de una diversidad de clases sociales, fundamentalmente distinguidas entre nobles y plebeyos. Y, los mismo que se heredan los
bienes del pater familias, se hereda el status social que pasa a todos los hijos independientemente de que hereden más o menos bienes; y que habilita el acceso a ciertos
cargos públicos.
También en las ciudades hispanas indígenas, el estatuto de cives local dará opción a los cargos municipales. Los hombres libres constituyen la clase de los cives locales, siempre que estén censados y tengan residencia en una ciudad peregrina.
Pronto en la Hispania indígena el logro de la ciudadanía romana fue una posición jurídica y social buscada por todos los sometidos a Roma.
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33.1. NOBLEZA
Durante la conquista, uno de los fenómenos sociales más claros fue la desaparición de los monarcas béticos y de los príncipes o caudillos. La desaparición de las monarquías ibéricas se fue produciendo en beneficio de las aristocracias locales que, integradas en la vida municipal, erosionaron su poder hasta reducir a la monarquía a un
carácter puramente representativo. Y nunca instauraron nuevas dinastías cuando se
fueron extinguiendo.
Esta nobleza tradicional hispana va a desempeñar un importantísimo papel en la
conquista romana; ella es la que pacta con Roma, imitará el lujo de Roma y comerciará
con los publicanos y sociedades mercantiles, y ellos serán los primeros en acceder a la
ciudadanía romana. Y en pedir la ayuda a Roma frente a las razzias de lusitanos, celtas
o cántabros.
Frente a esta nobleza tradicional, surgirá una aristocracia del dinero con emigrantes enriquecidos, son nuevos ricos, que pululan desde 133 a. C., particularmente,
en las ciudades costeras y comerciales, principalmente, donde empezó a revertir el
gran capital romano para invertir en minas, pesca, agricultura y el gran comercio mediterráneo. La nobleza indígena y la hispanorromana participan en esta gran empresa
económica y de ella veremos salir los primeros altos cargos consulares y senatoriales:
los Balbo de origen semita en Gades, los Séneca indígenas de Corduba.
El ascenso político de esta aristocracia cristalizó, sobre todo, a través de la administración local. Estas aristocracias tuvieron gran influencia en las ciudades al inclinarse por una facción u otra en las guerras civiles. Fueron constituyendo una especie
de clan para controlar la ocupación de cargos municipales. Pues el desempeño de estos cargos y la entrada en el ordo decuriorum se entendía como el logro de un status
social mayor que se transmitía a los herederos. Otros, si no los poseían, buscarían la
ciudadanía romana.
La aristocracia del dinero y de los terratenientes, que en escaso número durante
la República consiguió pasar del cursus honorum local a los cargos senatoriales, abandonaron definitivamente Hispania para domiciliarse en Roma y vincularse a la clase
senatorial.
El mayor acceso de la aristocracia a la clase senatorial romana se produjo cuando las dictaduras de Sila y César abrieron el camino del Senado a los nombramientos
directos de los dictadores. Ejemplos hispanos fueron Fabius Hispaniensis por Sila, los
dos Cornelius Balbus (mayor y menor) por César, etc.
33.2. ORDEN ECUESTRE
Para integrarse en el orden ecuestre, equites, se precisaba un capital mínimo de
400.000 sestercios. La pertenencia a este orden daba opción a ocupar diferentes puestos en el ejército, la administración, explotación de bienes del Estado, etc. Por otra parte, participaron en importantes tareas comerciales y financieras, como explotación de
minas y fábricas de salazón.
En Hispania, el rango de caballeros, como el de senadores, correspondió especialmente a colonos romanos. Se enriquecieron romanos o itálicos y con ellos pronto
colaboró y se mezcló la oligarquía indígena que buscó la riqueza y tras ello la ciudadanía romana y los honores superiores. También la aristocracia indígena buscó el ingreso en el orden ecuestre a través de los cargos locales. Pues, frente a las contadas
familias senatoriales que surgieron en Hispania, hubo miles de equites porque las posibilidades de enriquecimiento fueron múltiples. El comercio de vino, aceite, fábrica de
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salazones, explotación minera, explotación agrícola y ganadera, desempeño de cargos
de la administración, etc. permitieron alcanzar el orden ecuestre. Los núcleos principales que proporcionaron grandes capitales, fueron, ante todo, las antiguas colonias fenicias: Gades, Malaca, Carthago Nova y los nuevos grandes puertos de Emporiae, Barcion, Tarraco, Saguntum.
33.3. LA PLEBE
La gran mayoría de la población la constituía la plebe. La plebe es el conjunto de
hombres libres y sus familias; agricultores, artesanos, mano de obra en servicios, en
minas y en el comercio, obreros a sueldo, criados domésticos. Son, en definitiva, pequeños propietarios o gentes desheredadas, pero no esclavos.
La aspiración fundamental de los hispanos no ciudadanos romanos era la de ser
cives, lo que suponía según R. Nelia un rango o nacionalidad, una residencia estable y
casi siempre tener tierra en el término de la ciudad o territorium. Ellos podrán, si prosperan, optar a los cargos municipales en la ciudad con o sin estatuto municipal de privilegio y organización romana.
En suburbio o aldeas próximas a la ciudad se constata la existencia de los incolae, seguramente población oriunda y ocupada al servicio de los ricos en la agricultura
o en los oficios artesanos. Éstos no ocupan los cargos públicos. Sólo en época imperial, algunos accederán (pasando a la categoría de cives) porque han acrecentado su
fortuna, y porque la ciudad necesitará de impuestos para Roma, y para embellecer su
propia ciudad.
33.4. EL "CIVES LOCAL"
Los habitantes libres de las ciudades hispanas deseaban adquirir la condición de
cives local. Ésta se abrió a grandes sectores sociales hispanos por varios razones: el
deseo individual de los nuevos propietarios de tierras de tener una condición jurídica
romana, las propias ciudades para ampliar el número de contribuyentes, etc.
El modo de aumentar los cives fue la adlectio inter cives; por este medio el senado local otorgaba la ciudadanía local a ricos de aldeas o suburbios venidos y gentes
de otras nacionalidades mediante pactos de hospitalidad; a veces también admitieron
libertos. Se hicieron muy frecuentes dar donativos para ser aceptados en el censo de
ciudadanos. Con frecuencia aceptaron cargos municipales estas familias recién incorporadas. Por el contrario, se debió dar el caso de incolae ricos que no quisieran acceder a la ciudadanía local, para no tributar, o no encontraron atractivo en formar parte de
las aristocracias locales. De estos cives locales sacaron fundamentalmente sus clientelas Pompeyo, César y Augusto; y las aristocracias locales fueron las primeras en llegar
a la ciudadanía romana.
Así llegó a formarse una auténtica casta, porque el servicio en la administración
ciudadana se entendió no sólo como un servicio a la comunidad, sino como un honor y
manifestación de categoría social. Lo cual con lleva al privilegio y a la hereditariedad
del cargo municipal.
33.5. ARTESANOS
Mención especial merece el grupo del artesanado que aumentó al ritmo de la
pacificación y al aumentó del nivel de vida y de circulación monetaria. El final de la Re-
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pública y comienzos del Imperio conoció un incremento fuerte de este grupo social, con
el inicio de la producción industrial.
Creció su apreció como grupo humano fabricante de artículos de necesidad primaria: vestidos, útiles de trabajo, utensilios domésticos, muebles, cerámica. Con el incremento del nivel de vida y la multiplicación de la clase pudiente, se llegó a una producción de calidad, que incluso enriqueció a algunos artesanos. Seguramente los artesanos especializados dieron movilidad a la clase plebeya pues tuvieron gran capacidad
para lograr dinero con la comercialización de sus productos. Además, estos grupos sociales no constituyeron castas cerradas, aunque hubiera herencia familiar; pues el
aprendizaje se abrió a gentes diversas.
Por otra parte, el gran comercio permitió más fácilmente la acumulación de capital, que la concentración de propiedad agrícola, salvo que se adquiriese con capital industrial o mercantil.
NOTA.- A continuación incluyó una pregunta del libro que no se contempla en el
temario de la guía del curso.
33.6. LA DIFUSIÓN DEL URBANISMO POR LOS COLONIZADORES ROMA-
NOS
Roma consolidó su gobierno provincial impulsando las agrupaciones urbanas y
concentración de los órganos de gobierno local. Organizó en torno a un núcleo urbano
importante la población, cuando estaba dispersa por el territorio vecino.
La extensión y población de las ciudades hispanorromanas, durante la República, varió poco, pues vivían de la agricultura la mayor parte. Se exceptúan las ciudades
portuarias, donde el comercio permitió una gran aglomeración ciudadana, como en Tarraco o Carthago Nova. La ciudad de Gades hubo de levantar poblados satélites en
tierra firme y casas de varios pisos. Pero este tipo de vivienda fue más bien raro en la
Península.
Razones estratégicas, saqueos celtíberos, lusitanos, cántabros, habían hecho
que las ciudades se amurallasen. Con la paz, se respetó normalmente el recinto urbano
amurallado y el crecimiento de las ciudades se hizo normalmente en forma de suburbios y anejos. Esto ocurrió también en casi todas las fundaciones romanas de colonias
y municipios, en las cuales se concentraron mucha población indígena; así ocurrió en
Itálica.
El promedió de la población en cada ciudad hispanorromana, hasta los tiempos
de César a mediados del siglo I a. C., no debió sobrepasar los 3.000 hab.; dado que
eran ciudades dedicadas a la agricultura, y sólo unas pocas portuarias o mineras. La
ciudad de Gades fue una de esas poblaciones superdesarrolladas y extraordinariamente enriquecidas con el comercio y que llegó a alcanzar los 50.000 hab. o quizá hasta los
70.000 hab.
El número de ciudades es difícil de constatar. Se sabe que abundaban en el Sur
y el Levante y que eran más bien escasas y poco pobladas en la Meseta y cornisa
cantábrica. Aquí sólo algunas, como Clunia, Asturia, Bracara, fueron creciendo después de la paz de Augusto.
Se ve progresar el urbanismo y el lujo de las ciudades hispanas. Fueron frecuentes las calles ortogonales: Ampurias, Itálica. Sobre todo esta estructura urbana se realizaba en la ciudad de fundación romana y en las que fueron obligados a abandonar los
elevados cerros para construir sus viviendas en el llano: Arce, Briviesca.
133
Desde los tiempos de César y Augusto, empieza a ser frecuente en Hispania el
saneamiento de las ciudades mediante cloacas y abastecimientos de agua por acueductos: Segovia, Mérida, Lugo, Barcelona. Además se impone la costumbre de embellecerlas con suntuosos edificios públicos. Los ingresos, para este embellecimiento solían salir de las donaciones de las autoridades romanas a las que dan el título de
honorífico de patrono, o de un adinerado que recibe el título de cives local y, mediante
una donación, era aceptado como tal cives, abriéndole con ello el acceso al cursus
honorum.
Las grandes ciudades del Sur a mediados del siglo I a. C. tiene foros, plazas porticadas (Hispalis), teatro y circo (Gades y Malaca). En tiempos de Augusto se incrementan el embellecimiento de las ciudades hispanas. También la enrome riqueza
económica fruto de las explotaciones mineras, comerciales, pesqueras, etc. repercutió
en el embellecimiento de otras muchas ciudades, no solo costeras, sino también del
interior.
134
TEMA 12. LA ECONOMÍA. ÉPOCA REPUBLICANA.
34. economía en época republicana
Hispania es el mejor distrito minero del Mediterráneo. Contaba también con buena agricultura, numerosas pescaderías y con posibilidades de alistar contingentes importantes de tropas mercenarias. Por ello Roma tras expulsar a los cartagineses (206
a. C.) hizo de las minas un monopolio estatal, que explotaba directamente o mediante
arrendamientos parciales.
35. LA MINERÍA Y LOS MÉTODOS DE EXPLOTACIÓN DEL SUBSUELO.
Hispania durante la República fue el distrito minero más rico del Imperio y el primero que fue explotado con gran intensidad. Otros fueron Macedonia y Tracia.
Cuando los romanos arrojaron a los cartagineses, las minas de Sierra Morena y
las de Carthago Nova, habían sido explotadas por los cartagineses, y antes por los íberos. Plinio menciona que la mina de Baebelo, cerca de Cástulo, rentaba a Aníbal 300
libras diarias de plata. También menciona otras de plata cerca de Jaén. Así la marcha a
Carthago Nova (209 a. C.) y a Cástulo en los momentos de las conquista, tiene fácil
explicación, se trataba de conquistar las minas que financiaban los ejércitos de los cartagineses.
Las minas conquistadas y el territorio tomado al enemigo pasaban a ser propiedad del Estado romano.
Plutarco afirma que los metales costeaban los gastos de la guerra. Los generales romanos pedían a los indígenas tributos de talentos a cambio de la Pax.
Estrabón recoge datos sobre las explotaciones mineras hispanas y el procedimiento de laboreo. Habla de la cantidad y calidad de oro, plata, cobre y hierro de Hispania, que no lo superan en otro lugar de la tierra. Cuenta cómo se extrae el oro; fundamentalmente de minas y de las arenas auríferas de ríos.
En los ríos el oro se extrae y se lava allí cerca en pilas o en pozos a los que se
lleva la arena para su lavado. En los lugares secos el oro no se advierte y, por ello se
irriga para verlo relucir. Después se lava la arena. Por ello son más numerosos los lavaderos que las minas.
Estrabón cuenta cómo se somete el oro a una cocción y purificación. De ésta se
obtiene con una tierra aluminosa un residuo que es el "elektron". Si éste lleva oro y plata se cuece de nuevo; la plata entonces se quema y queda el oro.
Comenta también de como los hornos de la plata se hacen altos para facilitar
que los gases densos se volatilicen.
Posidonio exagera sobre la cantidad y calidad de los metales. Y dice que los turdetanos trabajan con ahínco abriendo profundas galerías, reduciendo las corrientes por
medio de los tornillos egipcios.
Habla de que la cuarta parte del mineral recogido por los mineros del cobre es
cobre puro. Que los propietarios de minas de plata en tres días recogen un "talento"
eubolico. Que el estaño se extrae excavando, de la zona de Gallaecia de donde se
transporta a Massalia.
De la abundancia de oro, plata, oro blanco en el N. de Hispania y en el S.O. de
Lusitania. Donde las mujeres amasan la arena arrastrada por los ríos y la lavan en ta-
135
mices en forma de cestas.
Diodoro cuenta de los íberos extraían cobre excavando la tierra, y obteniendo
una cuarta parte de este metal sin ganga. Los que extraían plata, sin ser profesionales,
podían obtener 1 talento en tres días de Eubea (región argentífera).
Luego los romanos, itálicos la mayoría, comprando esclavos al mando de capataces excavando la tierra en profundidad, muchos estadios, y trabajando en galerías
trazadas al sesgo y formando recodos, hacen aflorar a la superficie la mena.
Se en lo profundo se topan con ríos subterráneos rompen su corriente con galerías transversales. Y hacen sus drenajes con los llamados "caracoles egipcios" que inventó Arquímides de Siracusa. A través de éstos hacen pasar el agua, hasta la boca de
la mina. Así aflora la corriente del río subterráneo a la superficie con facilidad y desecan el emplazamiento y lo acondicionan para la explotación minera.
El texto de Diodoro es muy importante por varios aspectos. Señala en primer lugar la extraordinaria riqueza de toda Hispania en metales. (muy diferentes a las minas
de Ática que eran pobres).
La Península Ibérica estuvo sometida a una gigantesca colonización itálica. La
presencia de los itálicos fue un factor importantísimo en la romanización y civilización
de Hispania antigua.
Las explotaciones mineras contribuían en gran medida al desarrollo del capitalismo romano. Esta fabulosa riqueza estaba basada en la explotación del hombre, masas de esclavos, que debido al intenso trabajo perdían la vida pronto. Las condiciones
de trabajo eran durísimas, ya que no había horas de trabajo fijas, y la vida del minero
era insalubre. Hispania proporcionaba masas de esclavos y las minas.
Los procedimientos de explotación estaban muy adelantados: galerías, sistemas
de desagüe, bombas de agua, tornillos de Arquímides, etc. Todas las minas habían
sido ya explotadas por los cartagineses.
En la Geografía de Estrabón se recogen otros datos sobre la existencia de minas. En la comarca de Ilipa y de Sisapo eran zonas de plata. Cerca de Kotinai había
cobre y oro. Entre el Guadiana y Tajo había montes de metales. En Bastetania y Oretania abundaba el oro y otros metales. Cerca de Cástulo estaba la Sierra de la Plata.
En el Noreste había minas de hierro, plata y de sal. en Hemeroscopeión de hierro. En
la Bética sal fósil para conservas de pescado.
Las más famosas eran la de Carthago Nova y las de Cástulo (las que financiaron
la segunda guerra púnica). De las de Carthago Nova, obtuvieron los romanos plata,
despreciando el plomo. De ellas dice Polibio, que eran muy grandes y que en ella trabajaban unos 40.000 obreros.
La arqueología ha proporcionado datos importantes sobre el trabajo en las minas. Se trabajaban los filones primeros en superficie pero luego se iba profundizando.
Se perforaban pozos de extracción que llegaba hasta los filones, de unos 6 m. de diámetro y 300 m. de profundidad. Las galerías eran poco espaciosas. Para construir los
pozos y galerías se perforaban las rocas blandas y con maderas de pino sostenían las
paredes. (Algunas maderas no procedían del país). Las rocas duras se golpeaban con
mallei (picos de hierro), auxiliados por cuñas y pequeñas piquetas.
Teas, antorchas y candiles iluminaban las galerías. La extracción de agua se
realizaba por medio de cubas que la transportaban a galerías de desagüe, facilitada
esta tarea a veces por canales suspendidos en lo alto por medio de aros de madera de
una sola pieza. Los cubos eran izados por medio de poleas. Extraído el mineral se sa-
136
caba al exterior en grandes espuertas de esparto que tenían una soga alrededor que
servía de protección y de asidero, y un tirante que el obrero se pasaba por el hombro.
No lejos de la boca de la mina el mineral se sometía a trituración a mano o en
molinos de piedra, y luego lavado mediante una corriente de agua que arrastraba las
partes más ligeras. Y no muy lejos se fundía el mineral en lingotes (sobre los 35 kg.).
35.1. MINAS DE HISPANIA
Carthago Nova
La cifra del rendimiento de estas minas se ha interpretado de diferente modo.
Creemos que Estrabón nos quiere indicar que el Estado romano obtenía de ellas un
beneficio de 25.000 dracmas diarios. Se explotaban desde el tiempo de los Bárquidas
hasta finales del siglo II. (emperadores flavios).
La importancia de estas explotaciones lo sugieren las escorias de la mina -las
Herrerías- de Cartagena, que están calculadas en 276.000 Tm.
Los lingotes hallados en el litoral de Carthago Nova permiten conocer bien algunos datos sobre su explotación. Llevan los nombres de los negotiatores que pertenecen
a tres momentos distintos: época republicana, comienzos del imperio, y de época augustea.
La procedencia de estos negotiatores es Campania e Italia meridional, que llegaron después de la guerra Celtibérica. El dinero obtenido revería sobre Italia.
Algunas minas debió ser propiedad de la ciudad de Carthago, otras eran de particulares. Cinco familias, explotaban las minas y alcanzaron altos cargos municipales, lo
que prueba que las minas desempeñaron un papel importante en la vida política,
económica y social de la ciudad.
El derecho romano no reconocía la propiedad del subsuelo. El Estado mantuvo
siempre la propiedad sobre las minas. Al principio de la conquista, los gobernadores
dirigían las explotaciones y el dinero se depositaba en el erario de Roma. Al disminuir
los ingresos, hacia el 197 a. C. las explotaciones pasaron de los censores a compañías
de publicanos, lo que originó la emigración itálica. (Compañías de este tipo son también
las de Sisapo y Monte Ilurco). Ya no estaban explotadas directamente por el Estado, y
pagaban a éste la cantidad estipulada anualmente, quedándose con el resto de los beneficios. Pero a fines de la República las sociedades de publicanos fueron sustituidas
por los particulares y sociedades privadas (alquiler de minas a particulares). Los negotiatores podrán formar compañías privadas como la del monte de plata, Ilucro, Mazarrón.
Cástulo
Después de las minas de Carthago Nova, las más importantes eran las de
Cástulo, capital minera de Oretania. Y junto con éstas las de Diógenes (Ciudad Real),
el Centenillo (Jaén), y Astigi (Ecija). De las que se obtenían prioritariamente plata y
plomo.
En Almadén (Ciudad Real) iniciaron la explotación de mercurio. Las de Huelva
(Tharsis, Sotiel, Coronada) y las de Vipasca destacaron por la producción en cobre,
estaño, oro y plata.
137
En Sierra Morena la producción era muy variada.
Noroeste
El Noroeste se extendía por Tras-os-Montes (Portugal), Lugo, Orense, León, Asturias. La explotación más importante era la de oro, después minio, etc.
En Cáceres, Lusitania y Galicia (y las islas Casitérides), el estaño. En Cantabria,
el País Vasco y Hemeroscopeión (Denia) el Hierro.
También se obtuvo oro de la criba de las arenas de los ríos (Miño, Duero y Tajo).
El minio más conocido es el de la región de Sisapo en la Bética. Hispania fue la
mayor productora de minio.
Las explotaciones de las minas no mantuvo un ritmo regular. A fines de la República, se abandonan pozos de las minas sudeste y sudoeste (la Bética). Los motivos
se han supuesto que eran políticos, enfrentamiento entre cesarianos y pompeyanos. Y
también, porque se invertía más en las producciones agropecuarias. Se constata a comienzos del Imperio un auge en esta producción en el valle del Guadalquivir.
36. AGRICULTURA, GANADERÍA, CAZA Y PESCA
36.1. AGRICULTURA
La agricultura fue durante la antigüedad el eje de la economía. El trigo más plantado era el candeal. En las zonas altas el llamado grano vestido de donde se obtiene
cerveza de trigo.
Las regiones del N. y S. se diferencian en las técnicas de cultivo, almacenaje y
molturación.
En el N. seguían utilizando instrumentos no itálicos. Arados y hoces de tipo galo,
trillos cartagineses, silos subterráneos y graneros sobre pivotes. En el S. se introdujeron pronto los útiles de tipo itálico.
El rendimiento, condicionado por el regadío y la técnica, era de 5 Qm. por Ha. en
secano y de 10 Qm. en regadío. El valle del Guadalquivir fue la mayor zona triguera
que permitió exportarlo. La situación cambio en el siglo I a.C., cuando de los olivares se
obtenían mayores beneficios y se generalizó su cultivo.
Las zonas levantinas y lusitanas producían para su consumo. El resto de la
Península, excepto el valle del Duero, producía poco. Lo cual indica que Hispania generalmente no era un país exportador de trigo a Roma, como lo fue Sicilia, Egipto o el
África proconsular.
Los cartagineses generalizaron en algunas zonas un sistema de cultivos típicos
de su país, que explica la gran cantidad de trigo y cebada almacenada en Carthago
Nova, cuando ésta fue tomada por Escipión el Africano. También introdujeron el trillo,
que ha llegado hasta nuestros días. Y construyeron canales de regadío en la Bética
(los célebres canales tartésicos que no sólo se encontraron en Turdetania, sino en el
Ebro). En el año 87 a.C. las comunidades de regantes próximas a Caesaraugusta, sí
tenían problemas de regadío acudían al arbitrio de Roma. Ello produjo una gran producción cerealista que permitió a Hispania en el 203 a.C., recién expulsados los cartagineses, exportar trigo a África y a Roma, lo que produjo una fuerte caída del precio.
Las guerras lusitanas y celtibéricas fueron motivadas por saquear las tierras del
sur. Porque la riqueza agrícola y ganadera recaía en pocas manos y obligaba a la ma-
138
sa de la población a dedicarse al bandidaje o a alistarse a sueldo en los ejércitos de los
cartagineses o romanos.
Las guerras cántabras fueron motivadas por las razzias de éstos a las tierras de
los vacceos, turmodigos y autrigones ricas en trigo.
La administración romana conocedora de esta desastrosa situación económica y
social, hizo grandes reparticiones de tierras. Como la de los Graco.
El territorio de los vacceos era triguero. La provincia Citerior recogía por ello
buenas cosechas que guardaban en silos (la arqueología los ha descubierto). Durante
la guerra civil socorrieron con él a César.
Pero la región cerealista por excelencia era la Bética. Estrabón compara sus tierras con las más ricas del mundo conocido. Durante la guerra sertoriana socorren con
víveres a Pompeyo. Y durante la guerra civil Varrón almacena trigo para enviar a Marsella imponiendo tributos a los indígenas.
Varrón nos da datos sobre le cultivo de la vid. Las cepas se cultivaban sueltas.
El vino se llamaba bacca. La fermentación hacía estallar los toneles.
Estrabón alaba el aceite bético. Además de la Bética, los olivos se cultivaban en
Lusitania y en el centro de Hispania.
Las fincas de la Bética eran mixtas, el cultivo del olivo, de la vid y de los cereales
se entremezclaba con la ganadería.
De los asentamientos romanos en Bética se deduce que la población estaba
dispersa en le campo y la propiedad muy estaba muy repartida (pequeños propietarios).
Durante la guerra civil, las gentes que explotaban las minas, dejaron de trabajar
en ellas e invirtieron su dinero en las explotaciones agrícolas. Por ello prosperó la Bética a finales de la República y a comienzos del Imperio.
La arboricultura floreció mucho. Famosos fueron los higos de Sagunto. Según
Estrabón, las raíces tintóreas, la vid, los olivos, la higuera abundan en las costas mediterráneas.
De las costas septentrionales se dice que carecían de todas ellas por el frío y por
falta de dedicación de los hombres.
El bandolerismo de Sierra Morena afectó a la Lusitania. César sobre el 60 a.C. la
limpió de bandidos. Ello favoreció la agricultura a comienzos del siglo I a.C.
Los bosques en Hispania eran abundantes. Se escribe que entorpecían la marcha del ejército romano. (Grandes encinares ocupaban las tierras del norte. De las bellotas se alimentaban las 3/4 partes del año).
36.2. GANADERÍA Y CAZA
La carne era la base de la alimentación en toda Hispania. Los lusitanos y celtíberos eran fundamentalmente pastores. La existencia de las esculturas de toros y de verracos probaría la abundancia de ganado bovino y porcino en las provincias de Ávila,
Cáceres, Orense, Pontevedra, Salamanca, Segovia, Zamora. Tuvieron fama los jamones cántabros y cerretanos. En los pueblos del N. se usaba la manteca.
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En la Bética, según Estrabón, abundaban los ganados de toda especie.
En Hispania abundaba también los caballos salvajes. (En el N. se sacrificaban
junto con machos cabríos a dios equiparado a Ares). El caballo tuvo mucha importancia
en las guerras durante la conquista. La costumbre de los cántabros y celtíberos de lavarse los dientes con orina, presupone pueblos de grandes jinetes, representados en
estelas, diademas y cerámicas. Se criaban razas de caballos veloces como en Olisipo
(Lisboa) y en Sierra de Cintia.
El conejo era un animal típico de Hispania. Se criaba en las Islas Baleares y en
Celtiberia. Se utilizó el hurón para su captura.
La caza era abundante. Aves de variadas especies, castores, conejos, ciervos.
Algunas veces el ejército romano tuvo que alimentarse sólo de caza. Las cacerías también se representan en cerámicas (Liria). Pero la caza no tuvo importancia a nivel
económico sólo como deporte.
36.3. PESCA Y SALAZONES
La riqueza pesquera de algunas costas hispanas era enorme y chocaba con la
relativa pobreza de las costas del resto del Mediterráneo. Estrabón escribe sobre las
riquezas de las costas de Turdetania: ostras, conchas, ballenas, orcas, congrios, atunes, que destacan por su cantidad y dimensiones.
Los pescadores gaditanos, además de los grandes navíos de los comerciantes,
usaban otros más pequeños que llamaban "caballos". Con ellos pescaban a lo largo de
las costas de Mauritania.
Estrabón escribe también sobre la riqueza del Tajo en peces y ostras. Plinio
cuenta una leyenda que comenta el gran tamaño de los pulpos, sepias y calamares.
También mencionan los clásicos la existencia de viveros en Carteia, fábricas de
salazón en Baelo, Estrecho de Gibraltar, Málaga, Sexi y Carthago Nova.
Las fábricas de salazón de Cádiz datan del siglo VI y V a.C., lo que indican que
estas industrias contaban con gran tradición en el Sur.
Las fábricas asentadas en la costa meridional, entre Cádiz y Carthago Nova,
comenzaron a trabajar a mediados del siglo I a.C. y el siguiente. El asentamiento romano en Baelo estaba en función de la industria de salazón, que llevaba otras aparejadas, como la construcción naval, la fabricación de redes, la explotación de la sal, y la
comercialización de las conservas. Todo esto requería mucha mano de obra.
Las ciudades con esta industria debían vivir, en su mayoría, de ella. El hecho de
que atunes se representen en monedas señala la importancia que tenía para la economía en estas ciudades del sur.
En Baelo la capacidad de los depósitos de salazón alcanza los 4.500 m3.
Los marineros pescaban el atún tanto en la costa ibérica como en Mauritania
Tingitana. No se descubren casas cerca de las fábricas, sino un pequeño templo, unas
termas y una necrópolis, en relación con el plan urbanístico de la ciudad. La prosperidad de sus edificios públicos indican los fabulosos ingresos de esta fuente de riqueza.
Una fábrica de Baelo tenía una fachada de 15 m. de longitud y varios pisos. El
primero de 4,30 m. de altura, con un puerta y 4 ventanas. Las salas para salar el pescado estaban aireadas. Las cubas se protegían del sol y de la lluvia. (Otras fábricas del
Estrecho de Gibraltar siguen el mismo esquema).
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Las fábricas no disponían de puertos propios. Se abastecían de pescado desde
las almadrabas. Los atunes eran sacados a la arena, o llevados a un depósito. Se les
limpiaba de agua y sangre. Finalmente se troceaban y almacenaban en cubas mezclados con sal.
37. COMERCIO, TRIBUTACIÓN Y MONEDA.
37.1. COMERCIO
Al final de la República romana, y a comienzos del Imperio, se desarrolló mucho
el libre intercambio de mercancías, sobre todo de artículos de primera necesidad. El
comercio fue uno de los principales factores de asimilación de la cultura romana por los
indígenas. Desde el primer momento de la conquista figuran comerciantes que acompañaban a los ejércitos. Eran los encargados de compra el botín a los soldados y a los
prisioneros que pasaban a ser esclavos.
Desde la antigüedad los comerciantes de Cádiz negociaban con las islas Cassitérides y les intercambiaban cerámica, sal, utensilios de bronce, por metales y pieles.
En época helenística la exportación de salazones hispanos a Oriente era frecuente. Y de Turdetania se exportaban muchos de sus géneros. Se han encontrado
ánforas ibéricas que denotan un comercio de miel durante esta época (s. III a.C.). Durante el dominio cartaginés se continuó este comercio, y el de salazones.
Estrabón ha dado una lista de los mercados hispanos a finales de la República,
en las ciudades junto a ríos, o al mar. Carteia, Baelo, Córdoba y sobre todo Cádiz. (De
ésta salían naves hacia el Mediterráneo y hacia el Atlántico. Ciudad pues de ricos comerciantes).Otras ciudades como Nabrissa, Ilipa, Astigi, Obulco, Munda, Tucci, Malaca,
etc.
Otros puertos fueron el de Carthago Nova, principal puerto de las mercancías
procedentes del interior, que se cambiaban por las que llegaban de fuera. Se exportaba
los metales y salazones del Sureste.
Por el puerto de Ampurias se exportaba el esparto para hacer cuerdas, principalmente a Itálica. (En el siglo II a.C. destacó como puerto de intercambio).
En el Noroeste el puerto más importante en la desembocadura del Miño, era el
de Ártabros.
Hispania durante la conquista importó obras de arte que llegaron como regalo:
cerámicas de tipo helenístico. De Mauritania se importaban aves y fieras. De Italia vinos, como lo indican las ánforas del siglo I a.C. El tráfico con Italia era intenso, como lo
demuestra el cargamento de la nave hundida en aguas de la colonia de Sant Jordi con
cerámicas campanienses.
Las ánforas de vinos campanos han aparecido preferentemente en las costas levantinas y catalanas. Los cargos administrativos y militares, los explotadores de las
minas y los colonos itálicos continuaron bebiendo los caldos itálicos. Las llamadas
ánforas greco-itálicas que se supone que proceden de Sicilia, han aparecido más en el
Sur y en Ampurias.
También llegaron de oriente objetos de lujo, como tapices, que se empleaban en
las fiestas. La costa catalana e Ibiza importaban también salazones. Probablemente se
exportaba resina de los Montes Pirineos. Hispania también importaba lucernas italianas.
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El comercio estaba favorecido por la industria de construcción naval. Las velas
se fabricaban con esparto procedente de Ampurias y de Carthago Nova. Los navíos los
construían en la Bética, en los arsenales de Cádiz y Carteia.
Otros productos de exportación eran los textiles. Turdetania exportaba lanas de
gran belleza. Los saltietas fabricaban tejidos ligeros de gran calidad. Famoso era el lino
de Ampurias. En Játiva fabricaban pañuelos. Pero al final de la República la industria
textil pasó por una crisis.
Las fábricas de armas se favorecieron con las guerras de la conquista. Carthago
Nova contaba con fundiciones famosas.
La orfebrería de Córdoba fue importante, como ejemplares se pueden citar: patenas, vasos de plata de modelo helenístico. Esculturas también se fabricaron en Jaén,
Sevilla, Cádiz, Tarragona, siguiendo modelos romanos.
Destacamos como prototipo de comerciantes hispanos ricos los gaditanos Balbos.
La navegación de los principales ríos hispanos favoreció el comercio. El Betis
era navegable hasta Corduba e Hispalis (a 100 km. de la desembocadura) subiendo
barcos de gran calado. Hasta Ilipa, sólo los pequeños. Más allá de Cástulo el Betis deja
de ser navegable pero en el Guadalimar afluente del Guadalquivir hay restos de un
muelle fluvial.
El Guadiana era navegable por barcos de menor calado pero no hasta Emérita.
El Duero era navegable hasta unos 150 Km. Y el Miño igual. En el Ebro se ascendía
hasta Logroño.
La construcción de calzadas favoreció también el comercio. La vía Hercúlea que
costeaba el Mediterráneo iba desde las columnas de Hércules hasta Roma.
El dictador prolongó la vía Hercúlea desde Saetabis hasta Cástulo, y desde aquí
por Corduba, Astigi e Hispalis hasta Gades.
37.2. TRIBUTOS
Livio ha recogido las cifras que en los primeros decenios de la conquista ingresaron los gobernadores en el erario romano.
Entre los años 206-169 a. C. se ingresó 96.400.000 denarios (botín de oro, plata,
tasas, minas), lo que hace unos 695.000 denarios por año.
Para mantener los ejércitos los gobernadores se excedían en la recaudación de
tributos (guerras sertorianas y la guerra civil).
Antes del año 197 a. C. es posible que Roma no tuviera una política administrativa fija.
Hispania era una colonia de explotación, como lo prueba el hecho de que César
con lo obtenido en la Península pagó sus deudas de Roma.
El territorio conquistado al enemigo se convirtió en ager publicus. Las minas pasaron a ser propiedad del Estado romano. Los generales fueron los que obtuvieron mayores ganancias. Pertenecían a la clase senatorial, al igual que los administradores,
que amasaban en poco tiempo grandes riquezas.
142
37.3. MONEDA
Los Bárquidas generalizaron la economía monetal. Acuñaron grandes cantidades de monedas para pagar a las tropas. Roma terminó con las acuñaciones de base
cartaginesa y griega. Acuñó moneda de plata y bronce, con caracteres ibéricos y meteorología itálica. Esta acuñación fue la primera fuera de Italia.
Se acuñó moneda en el Noreste, por el año 132 a.C. La serie del jinete es la
más numerosa. Después del 132 a.C. los romanos permitieron la acuñación en Cataluña, Valencia y la cuenca del Ebro. En el Sur la ceca más importante es la de Obulco
con 20 o 25 emisiones. Primero fueron de bronce y en el paso del siglo II d.C. en bronce, ases y sus divisiones, y en plata, denarios y quinarios.
Las primeras monedas de Lusitania llegaron de la Bética a finales del siglo II
a.C. El uso del denario republicano se generalizó en el Tajo y Duero a partir del 87 a.C.
Y en el Noroeste no se utilizó hasta finales de la República.
143
TEMA 13.- ÉPOCAS JULIO - CLAUDIA Y FLAVIA.
38. ASPECTOS RELEVANTES PARA HISPANIA DEL REINADO DE LOS JULIO-CLAUDIOS.
38.1. TIBERIO (14 - 37 d.C.)
La paz y prosperidad económica fue característica general de Hispania bajo el
gobierno de Tiberio, pues hubo una gran continuidad en las grandes líneas de actuación marcadas por Augusto.
En la actuación política de la corte con respecto a Hispania aparecen dos puntos
de especial interés emanados por parte de la administración central, muy cuidados ambos por Tiberio: represión de los abusos a que dieran lugar algunos gobernadores provinciales y especial atención a los problemas de la Tarraconense. Conocemos en primer lugar la voluntad del Emperador en reprimir los abusos cometidos contra los nativos por los gobernadores provinciales, a los que se incoó procesos de concusión para
lograr una mayor pureza administrativa, incluso en las provincias denominadas senatoriales. Este interés para conseguir una mayor limpieza administrativa no puedo eliminar
la corrupción.
Tiberio mostró cierta predilección por la Tarraconense en la que había estado
con Augusto durante las guerras cántabras. En ella llevó a cabo una política de reclutamiento de unidades de auxilia extraídas sobre todo del cuadrante noroeste. Según
Tácito, el número e combatientes hispanos en los auxiliae era semejante al de los legionarios.
Bajo Tiberio se acusa una parquedad de fundaciones coloniales y de otros
núcleos que gozaban de estatuto de privilegio; política que contrasta en gran manera
con la desarrollada por sus predecesores César y Augusto. Entre ellas cabe citar la
ciudad de Clunia (Peñalba de Castro), que fue elevada a la categoría de municipio,
según acusan los magistrados de las emisiones numismáticas.
La epigrafía nos presenta a Tiberio como persona que fomentó la política de
construcción de vías. A sus años de reinado pertenecen las siguientes: remata la vía
Augusta completando el tramo entre Gades, Corduba y Cartago Nova, según certifican
los miliarios (piedras que señalaban las millas en las vías). La vía Caesaraugusta - Toletum - Emerita, que unía diagonalmente los valles de los ríos Ebro, Tajo y Guadiana. Y
remató la vía de La Plata que unía Emerita y Asturica, así como la de Bracara y Asturica. Todas ellas con miliarios datados en el 33/34 d.C. Es probable que estas vías buscaran el modo de aprovisionar a las tropas y trabajadores de los centros mineros del
NE, así como la salida por mar, hacia el Mediterráneo, de los minerales extraídos.
Tiberio estructuró de manera definitiva el culto al Emperador, sabemos que en el
15 d.C., un año después de la muerte de Augusto, dio consentimiento para que se edificara en Tarraco un templo y se le rindiera culto como a un dios. Hacia el 25 d.C. declinó la solicitud de la Bética que pretendía erigirle un templo en vida.
Diversas ciudades rindieron culto al Emperador entre ellas Olisipo, Carmo, Clunia y Saetabis y en algunas acuñaciones aparece la leyenda Deo Augusto. A su vez se
crean los flamines y augustales como sacerdotes para este culto, de los cuales un
ejemplo es el Pontifex Augusti citado en una inscripción de Italica. La divinización del
Emperador y de su familia después de muertos es, pues, ya una realidad generalizada
en toda Hispania. El documento del año 19 d.C., la Rogatio Ilicitana, establece los
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honores divinos debidos al difunto Germánico.
Los seis últimos años del reinado de Tiberio (31-37) se caracterizaron por su tiranía. El gran arma del poder, la lex de Maiestate, del periodo republicano, fue utilizada
con normalidad para actuar contra todos aquellos de los que podía sospecharse que
atentaban con acciones o palabras contra la seguridad del Estado o sus representantes. Los fiscales habituales fueron los delatores que podían beneficiarse de la persecución y condena de los supuestos implicados con una recompensa pecuniaria. Se multiplicaron los destierros y las confiscaciones.
38.2. “CAIUS” CALÍGULA (37 - 41 d.C.)
Pese a la brevedad de su reinado, la obra de Calígula en Hispania es importante. En primer lugar, llevó a cabo un desmantelamiento militar de Hispania que ya no era
un país de guerra. Así la apaciguada Hispania veía reducida a una sola legión, la VI
Victrix, y a varias unidades auxiliares la defensa del orden interno.
Bajo se reinado se contabilizan ocho cecas, todas ellas pertenecientes a la Tarraconense. Siguiendo acuñando monedas algunas ciudades que lo hicieron bajo Augusto y Tiberio (Bilbilis, Caesaraugusta, Carthago Nova y Osca). Vemos así que se
tiende a una disminución de las emisiones locales. Esta reducción se debió a la iniciación de un proceso que finalizaría con la imposición de un tipo de moneda única romana, que se consolidaría bajo el reinado de Claudio.
Bajo el mando de Calígula también es importante destacar la continuación del
desarrollo de la red viaria, sobre todo en el NW y en la Lusitania.
38.3. CLAUDIO (41 - 54 d.C.)
La rápida desaparición de Calígula motivó el que no dejara un heredero. El Senado romano quiso aprovechar esta coyuntura para restablecer el ansiado régimen republicano, pues no quería entender que los tiempos habían cambiado y que ahora la
fuerza residía en el ejercito. Claudio fue proclamado emperador por los pretorianos; era
un hombre inteligente, bien aconsejado por sus libertos e individuos pertenecientes al
ordo ecuestre. Tuvo una visión universalista y generosa del imperio y de la ciudadanía
romana: lo que le enfrentó al Senado. Sobresale su política económica en busca de
nuevos centros mineros, la conquista de Britania y la promoción de Mauritania a provincia. El impulso dado a la Hispania atlántica era parte de este programa.
La política hispana de Claudio ha merecido opiniones totalmente contrapuestas.
Así,. Mientras Charlesworth dice que no dejó huellas importantes, los estudios de D.
Nony prueban que mostró un gran interés, sobre todo por la Hispania Atlántica. Claudio
ordenó a los gobernadores provinciales que atendiesen as quejas de los nativos, formuladas en las asambleas provinciales, que consolidaban las funciones de los Conventos Jurídicos. Tenia buenas razones para vigilar la administración porque las provincias
de Hispania debía aprovisionar a las legiones que actuaban en Mauritania para intentar
sofocar las revueltas de indígenas.
Claudio se mostró generoso con las concesiones del derecho de ciudadanía a
los provinciales, a la vez que aceleró la romanización mediante numerosas fundaciones
coloniales. Según Séneca, Claudio había prometido otorgar la ciudadanía romana a
todos los griegos, galos, hispanos y bretones. Pero a juzgar por los datos de la arqueología y de las fuentes escritas, sólo dos ciudades se beneficiaron de su favor: Baelo
Claudia (Bolonia, Cádiz), promovida al estatuto de ciudadanía, y Claudionerium (Mere-
145
jo, Ría de Camariñas), de la que se ignora si fue una fundación nueva o si obtuvo el
derecho de ciudadanía. A su vez, Iulia Traducta (Tarifa) adquirió el rango de colonia,
pero no el título, al recibir veteranos de la guerra mauritana de Tingis (Tánger).
Algunos autores se han preguntado si bajo el reinado de Claudio existió un clan
hispano. Entre los hombres mas destacados de su reinado son seguros de Hispania
Umbronious Silius y C. Appius Iunious Silanus. A su vez inician su carrera ecuestre o
senatorial los tres hermanos Séneca. El Emperador prosiguió en la política dinástica de
promover económicamente todas las regiones hispanas, en particular la provincia de
Lusitania y la mitad occidental de la Tarraconense. Su impulso de la Hispania atlántica
encaja bien en el marco de política pro-occidental. De ello se benefició Bracara cuyo
comercio fue muy importante este comercio irradiaría hacia el Mediterráneo y el Atlántico Norte. Respecto a las cecas hispanas conviene señalar su práctica desaparición,
pues tan sólo contabilizamos la de Ebusus, que también cesará bajo su reinado. Su
preocupación por el desarrollo de la red viaria queda manifiesta en la cuantía de miliarios que se conservan de este emperador, hasta 21 en las vías de Bracara-Asturica,
Bracara-Olisipo y en la vía de La Plata, que quedó prácticamente completada.
La arqueología y la epigrafía acusan el recuerdo de algunas de sus obras. Se
aproximan a la docena las inscripciones dedicadas a Claudio: Nebrissa (Nebrija), Castulo, Cabeza de Griego (Sodales Claudiani). A su vez se conservan seis retratos de
Claudio y Agripina. Todos estos hallazgos se detectan en ciudades que gozaron de
estatuto de privilegio. Según Mac Elderry son deudoras de algún tipo de favor a Claudio
las ciudades de Clunia, Lucus Augustus, Pompaelo, Segobriga, etc.
38.4. NERÓN (54 - 68 d.C.)
A la muerte de Claudio fue designado heredero Nerón. Bajo este Emperador se
va a producir un cambio en la política, pues los libertos, que tan importante papel habían desempeñado en el reinado anterior, serán alejados de los altos organismos ministeriales. Nerón volverá a iniciar una política de colaboración con el senado a merced de
la influencia que sobre el ejercían el hispano Séneca y Burro, prefecto del pretorio, dirigentes del nuevo régimen. Durante los primeros años de su reinado se inspiró en la
política de Augusto; luego degenerará en una etapa despótica entre los años 62 y 68
d.C. para llegar a un trágico final de su mandato.
Merced a esta inspiración sabemos de una posible revuelta de los astures durante el reinado de Nerón, y que fue sofocada. La supuesta rebelión debió tener lugar entre los años 53 y 60 d.C.; la importancia del combate no debió ser grande y simplemente se limitaría a una acción de policía. Es decir, no debió participar toda la legión, sino
tan solo una primera cohorte. También se produjeron durante su reinado algunas revueltas en las Islas Baleares que obligaron a la creación de una administración especial
de la que se encargó un prefecto dependiente del gobernador de la Citerior.
Se suele decir que en tiempos de Nerón se produjo un movimiento de cristianización de Hispania. La epístola dirigida por San Pablo a los romanos, redactada en
Corinto (aprox. Entre el 53-58 d.C.), donde les promete venir a Roma e Hispania. Apresado en Jerusalén, fue conducido a Roma en el 61 en donde debió permanecer hasta
el 63. Según s. Clemente, S. Pablo vino a Hispania, pero en honor a la verdad faltan
hasta el momento testimonios que avalen la existencia de comunidades cristianas en
estos momentos.
Entre los años 37 y 68 se produjo un debilitamiento del culto al emperador. En
cambio, durante el reinado de Nerón prosiguió la política de fomento de la red viaria; se
hicieron reparaciones en la vía Augusta, y que certifican el interés del Emperador por
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las comunicaciones de la zona norte de la Península.
39. VESPASIANO Y EL EDICTO DE LATINIDAD
39.1. VESPASIANO Y SU PROGRAMA DE GOBIERNO (69- 79 d.C.)
Vespasiano, natural de Reate, consiguió, merced a sus buenos y leales servicios, alcanzar altos puestos en el Estado. Su política tenia dos objetivos inmediatos, el
restablecimiento de la autoridad imperial y la restauración del Imperio. Para extirpar el
peligro militar llevará a cabo una política de inteligencia con el Senado. Pero efectuó
una depuración de este organismo, apoyándose en la magistratura de la censura y los
poderes que esta le confería.
Vespasiano heredó un herario público totalmente arruinado por los enormes gastos de las guerras civiles y las prodigalidades de los últimos julio-claudios. Para sanear
las arcas estatales, procedió a la revisión del catastro y creó nuevos impuestos, vectigalia. Así pues, ejercito y economía serán dos objetivos primordiales de su reforma
política y en esta línea de acción Hispania le prestará la máxima ayuda.
El cuarto de siglo de gobierno de los Flavios transforman a Hispania en un
núcleo básico de la consistencia del Imperio en el orden social, político y militar al lado
de Roma e Italia. Y con tal idea de promocionar Hispania sobrepasó sus cálculos al
convertirla en factor preponderante; con múltiples de sus hombres escalando vertiginosamente los más altos puestos del cursus honorum, capaces de competir en virtudes
cívicas con los hombres de la Roma tradicional.
39.2. EL PROBLEMA DE “IUS LATII” HISPANO
El punto de partida y síntesis de la decisiva transformación de Hispania es el reordenamiento jurídico de las gentes establecido por el Edicto de Latinidad del que nos
da cuenta Plinio “Vespasiano Emperador Augusto, lanzado a las procelosas luchas de
la República, otorgó la latinidad a toda Hispania”.
Desde el año 89 a.C. en que Roma otorgara el derecho de romanidad a toda Italia no se había producido un hecho de tanta importancia social en el mundo romano y
por supuesto en Hispania.
Se ha debatido mucho sobre el alcance real del Edicto de Latinidad; discusiones
que podemos sintetizar en tres interrogantes:
¿Afectó a las personas o a estatuto de ciudades?
¿Tuvo efectos inmediatos o debían aplicarse progresivamente y mediante leyes
concretas para cada ciudad?
* ¿Comprende a toda Hispania o es una simple opción para los más romanizados?
*
*
Para A. D’Ors se trata de Ius Latii Maius que incluyó a todos los hispanos, salvo
los esclavos, y otorgó efectivamente los plenos derechos de latinidad. H. Braunert afirma que el Ius Latii es un derecho individual de las personas, al margen del estatuto
jurídico de las ciudades a las que pertenecen. Galsterer piensa que Plinio exagera al
hacer extensivo el privilegio de latinidad a toda Hispania y que no fue un hecho de aplicación general, sino una simple opción y la creación de condiciones favorables al desarrollo de la vida municipal; afirma que el Edicto apenas fue aplicado en el NW, poco
147
civilizado, y solamente se hizo efectivo en la Bética y en la Tarraconense en sus partes
oriental y meridional.
Estudios recientes permiten observar que no fue tan escasa en la parte NW,
pues llegó a ser importante el convento Bracaraugustano, el Bierzo y toda la región del
Duero. La reorganización de Hispania por Vespasiano, es un eslabón del engranaje de
su plan político a nivel del Imperio. El Edicto de Latinidad sería el cauce legal para obtener dinero, hombres y crear unas condiciones previas a su papel de eje o centro y
protagonista del Imperio. La razón del Edicto sería una promesa a Hispania en los días
difíciles de Vespasiano. Las reforma económicas y sociales en Hispania, su promoción,
serian una muestra de agradecimiento y confianza.
El censo fue parte integrante de las respectivas reformas administrativas. Ello le
permitía un adecuado trato a la población a efectos fiscales, jurídicos y militares. Mediante el censo de personas y su situación en la escala social podrían proceder a la
creación de nuevos municipios o ciudades con estatuto jurídico. En el 73 Vespasiano
asumió el título extraordinario de censor juntamente con su hijo Tito, según parece para
llevar a cabo la reorganización del Senado y la eliminación de elementos no gratos y
para sustituirlos por homines novi del mundo occidental, sobre todo de Hispania. Así,
en el citado año dictará cartas de municipalidad para ciertas ciudades hispanas, preferentemente de la Bética (Carbula, Munigua, Anticaria, Iluro, Igabrum). Tales testimonios
inducen a pensar que la censura fue acompañada de una serie de reformas administrativas beneficiosas para buena parte de la ciudades hispanas: las de la Bética, por más
romanizadas, serían las primeras y las que mayoritariamente obtendrían con la municipalidad una ley especialmente dedicada.
39.3. MUNICIPIOS Y CIUDADES CON ORGANIZACIÓN ROMANA
los biógrafos de Vespasiano insisten en que una de las primordiales metas que
se propuso fue el desarrollo sistemático de las ciudades en todo el Occidente. Hispania
es un buen testimonio de ello. aunque son contados los casos que, como Flaviobriga,
recibieron deducción de veteranos y el título de colonia; en cambio son muy abundantes las ciudades que en tiempos Flavios recibieron la municipalidad latina o romana y
muchas también en el norte las que sin estatuto jurídico reconocido por los textos llevan el cognomen de Flavias y que en consecuencia tenían alguna razón especial para
honrar a los Flavios; unas en reconocimiento de su promoción al derecho latino; otras
por recibir organización romana, como paso previo para el ejercicio de la latinidad por
los individuos que allí habitaban.
Es difícil precisar el número de nuevos municipios surgidos como consecuencia
de la política de Vespasiano. Según Mac Elderry no menos de 350 ciudades hispanas
tuvieron carta de municipalidad bajo los Flavios. A esta cifra se llega teniendo en cuenta los datos concretos de las inscripciones con la expresa denominación de Municipium
Flavium.
Las leyes municipales de los Flavios tenían como uno de sus fines primordiales
permitir que en estas ciudades de privilegio los ciudadanos, ya latinos por el Edicto de
Vespasiano, alcanzaran la plena ciudadanía romana por el ejercicio de magistraturas
municipales.
A su vez, nos interesa constatar el impacto urbanizador efectuado tras el Edicto
de Vespasiano que se acusa en el NW. Indicios epigráficos nos llevan a ver la transición de muchos pueblos de su antigua organización gentilicia hacia la urbanización exigida por roma como elemento fundamental, junto a la pax, en su ordenación jurídica del
Imperio. A este respecto son bien significativos la aparición de los topónimos Forum,
148
Respublica, Civitas; donde, en testimonios anteriores, había populi o gente. El forum
era un mercado y capital comercial, creado o al menos favorecido por la administración
romana.
Por otra parte, la amplísima difusión del onomástico Flavius, que se constata en
las inscripciones, es buena prueba de la promoción a ciudadanos llevada a cabo por
Vespasiano; además es más abundante esta onomástica precisamente en la Tarraconense occidental, es decir en la Hispania menos romanizada y a la que en consecuencia afectó más este Edicto de Latinidad.
40. PROMOCIÓN SOCIAL Y ECONÓMICA EN LA HISPANIA DE VESPASIANO
40.1. LA POLÍTICA MILITAR
En el orden militar la política de Vespasiano tenía dos metas. Por una parte la retirada de tropas que hasta entonces permanecían de guarnición en la Península y la
utilización de nuestro suelo como base de reclutamiento, tanto para las unidades auxiliares como para las legiones, pues estas fueron abiertas a los ciudadanos de provincias evolucionadas, entre ellas las de Hispania.
La zona norte de Hispania, en vías de romanización y con excedente demográfico era propicia para este reclutamiento. Según J.M. Roldán los militares de la legio VII,
creada por Galba, desde Vespasiano son todos hispanos, predominando los del NW.
Tampoco faltaron legionarios hispanos en las legiones que servían fuera de Hispania,
pero en menor número. La epigrafía demuestra que esta unidades salidas de Hispania
hacia Centroeuropa contaban con muchos reclutas hispanos procedentes de los centros más romanizados: Bética, Tarraconense oriental, Emerita. Pero a su vez entendió
que la zona NW estaba suficientemente pacificada y romanizada como para poder retirar todas las legiones: en el 70 no quedó ninguna en nuestro suelo, y sólo quedaron de
guarnición permanente dos alas y cinco cohortes. Cuando el agobio cesó en el Imperio,
en el 74, trajo a Hispania la legio VII Gemina, destinada a perpetuarse en nuestro suelo
hasta el fin del Imperio romano.
40.2. REORGANIZACIÓN FINANCIERA Y ECONÓMICA
Las finanzas del Imperio venían siendo precarias con cargo a tres grandes capítulos de gastos: la corte, el ejercito y las obras públicas; se habían deteriorado con las
locuras de Nerón y la guerra Civil, a la que acompañó la deficiente recaudación de impuestos, usurpaciones y fraudes de los particulares sobre los bienes públicos. Vespasiano trató de sanear el déficit restituyendo los bienes públicos y aumentando los ingresos.
La riqueza de la minería hispana debió seguir polarizando la atención de los romanos e itálicos en los primeros siglos del Imperio, y si bien no hubo afluencia de colonizadores agrícolas, si fue importante la afluencia de comerciantes.
En el último cuarto del siglo I estaban en explotación casi todas las minas hispanas, llegándose al máximo aprovechamiento con los Flavios y los Antoninos: las de
Diógenes y Cartago Nova ricas en plata, las del sur de Portugal ricas en oro, plata,
plomo, hierro y estaño y las de Somorrostro en hierro. Es posible que la fundación colonial de Flaviobriga (Castro Urdiales) se hiciera en función de las explotaciones mineras de Somorrostro como puerto de salido del mineral.
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Se explica pues la necesidad de Vespasiano de regular con leyes los modos de
vida y explotación de estos distritos mineros, así como el envío de numerosos procuratores matallorum que se preocupaban del ordenamiento de las gentes, comercio, impuestos, tasas de arriendo y demás problemas inherentes a esta amplísima riqueza.
Tanto más que era oro lo que mayormente producían; y es bien conocida la penuria
que de este metal padecía el erario imperial de Vespasiano.
La Lex Metalli Vipascensis supone el deseo de la corte imperial por asumir un
perfecto control de los recursos mineros.
En lo que respecta a la economía agrícola son escasos los datos alusivos a las
regiones del Duero y Cantabria, aunque son abundantes para todo el resto de Hispania. Las alabanzas de Plinio prodiga son suficientemente elocuentes para el Sur y el
Levante; las noticias abundan sobre la cantidad y calidad de diversos productos agrícolas.
Desde mediados del siglo I toma un incremento notable la sigillata hispana en
detrimento de la sudgálica, según demuestran los alfares riojanos.
40.3. FOMENTO DE CONSTRUCCIONES
En tiempos de los Flavios se constata la construcción de templos, foros y costosas obras en Emerita, Corduba, Astigi, etc. Clunia levanta el foro y otros edificios municipales. La actividad constructora de vías fue importante en el NW peninsular. Cuatro
rutas unían Bracara y Asturica Augusta atravesando diversos centros mineros. Se suele atribuir a Vespasiano el mayor número de puentes romanos conservados en Hispania; entre otros el de Villa del Ríos (Córdoba), San Pedro de Alcántara (Málaga). La
mayor parte de los teatros y anfiteatros son de época flavia; en particular el de Itálica.
40.4. POLÍTICA FISCAL
El régimen tributario plantea problemas, sobre todo en relación con la posible
inmunidad de las ciudades con ius italicum. En Hispania eran inmunes las colonias y
municipios anteriores a Augusto, pero la concesión de latinidad no supuso una general
exención de impuestos, pues no podía Vespasiano, frente a las necesidades suprimir
unas fuentes de ingresos como las de las provincias Hispania. Algunos de sus primeros
actos fueron anulaciones de semejantes exenciones otorgadas por Nerón a Grecia o
por Galba a las Galias. Su política financiera tendió a restituir y aún a duplicar los ingresos de ciertos sitios y ciudades. Vespasiano aumentó sus ingresos hispanos procedentes de campos y minas con su minuciosa labor de censo y regulación de arriendos.
40.5. LA PROMOCIÓN DE LA SOCIEDAD HISPANA
Vespasiano quiere llevar nueva savia a los ya desgastados cuadros de mando
de Roma y de Italia. Con él aparece por primera vez en Roma un provinciano itálico,
exento de prejuicios de clase. Consecuente con su origen y sus ideas cuajadas de realismo político, no dudará en aceptar hombres de las provincias más romanizadas de
Hispania para elevarlos a los cuadros de mando del ejercito, la administración, el orden
ecuestre y el Senado. Los vacíos dejados por la vieja aristocracia los llenó don homines
novi salidos de las provincias occidentales. La concesión del derecho de latinidad a
toda Hispania fue sólo el inicio de la transformación social de Hispania. Hay noticias
150
epigráficas de hispanos que fueron promocionados por Vespasiano e introducidos en el
cursus honorum de rango senatorial. Son conocidos los casos de M. Ulpius Traianus,
padre del futuro emperador Trajano, Q. Licinius Silvanus Granianus y C. Licinius Marianus Voconius, hispanos que llegaron a altos cargos de la administración romana en
tiempos de Vespasiano.
La importancia cualitativa y cuantitativa de los hispanos que alcanzaron las altas
magistraturas del Imperio y llegaron a figurar en las filas del Senado bajo los Flavios y
los Antoninos es verdaderamente sorprendente. Durante el reinado de Vespasiano, de
178 senadores de origen conocido, 14 eran occidentales, muchos de ellos hispanos.
En la política de Vespasiano hacia Hispania no se olvidó la promoción entre los
más bajos de la escala social. Suetonio afirma que ascendió a ciertos libertos al orden
ecuestre.
41. CONTINUIDAD DE LA POLÍTICA MUNICIPALIZADORA CON TITO Y DO-
MICIANO
41.1. TITO (79-81 d.C.)
Asociado al trono por su padre Vespasiano, Tito siguió sus mismas directrices
políticas. Concedió a los soldados el derecho de testar, privilegio que no tenía precedente alguno.
Existen amplias referencias de su empeño constructor, tanto en Roma como en
las provincias. En Hispania se le recuerda en los miliarios de la vía Bracara - Asturica.
La Lex Salpensiana afirma que el Edicto de Latinidad de Vespasiano fue refrendado y desarrollado en tiempos de Tito. La documentación acusa que durante su reinado hubo muchas ciudades con dificultades financieras en la administración de sus presupuestos; así vemos que en una careta de septiembre del 79, dirigida por Tito a los
quattuoviri y decuriones de Munigua (Mulva), les anunciaba la condonación de una multa que no pueden pagar.
41.2. DOMICIANO (81-96 d.C.)
Durante su mandato reinó en las provincias un relativo orden. Domiciano se
mostró generoso con a concesión del derecho a la ciudadanía y a las comunidades
hispanas se les facilitó la organización municipal. Tres ordenanzas municipales, de las
ciudades de Irni, Malaca y Salpensa han llegado hasta nosotros. Domiciano practicó un
severo control sobre las provincias. Según Suetonio, puso en ello tanto celo que jamás
en otros tiempos los gobernadores resultaron más honestos y más justos.
Numerosos provincianos recorrieron su cursus honorum y entraron en el Senado. También se preocupó Domiciano del fomento de la red viaria, pues en Otañes, cerca de Castro Urdiales, aparece un miliario del año 85 en el que se hace referencia a la
reparación de las vías y puentes destrozados por el paso del tiempo.
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TEMA 14. LOS ANTONINOS, LOS SEVEROS Y LA CRISIS DEL
SIGLO III.
42. antoninos y severos
El siglo de máximo esplendor corresponde a los años que van de Nerva a
Cómodo (96-192 d. C.). En esta época un poderoso clan senatorial hispano ocuparan
las máximas autoridades imperiales. Trajano, Adriano, Marco Aurelio, hispanos, ocuparan el mando imperial en el período de máximo esplendor político de Roma; no igualado antes ni después, salvo por el gobierno de Augusto. Ellos serán el colofón a un proceso que se inició con la promoción de hispanos por César, Augusto y sus sucesores.
Balbo, los Séneca, Marcial o Quintiliano destacaran en diferentes campos de la cultura,
la política, la administración y el ejército.
Con Nerva, Trajano, Adriano, Antonio Pío y Marco Aurelio el poder central conoció el momento de mayor estabilidad; por eso los contemporáneos le definieron como el
"siglo de oro". La explotación de las provincias adquirió un carácter más organizado y
racional. Este desarrollo se plasma en diferentes aspectos: fomento de la actividad urbanística, consolidación de una excelente red viaria y la implantación de una moneda
imperial única. Las ciudades tuvieron mayor autonomía y, a consecuencia de un mayor
desarrollo local de la economía, la cultura, la urbanización, etc.
Con los últimos Antoninos, Marco Aurelio y Cómodo, se aprecia cierto descenso
de la capacidad económica del Estado. Hay una fuerte devaluación de la moneda,
acompañada de una subida de precios generalizada. Sin, duda, el incremento de los
gastos del ejército, sin una compensación económica por guerras de conquistas, redujo
el volumen de los metales preciosos en el erario público. Si se le añade el déficit comercial con la India y China, ruta comercial abierta desde Trajano, produjo una gran
escasez de metales preciosos que llevaron a devaluaciones sucesivas de las emisiones monetarias. Lo cual implica una subida de los impuestos para paliar el creciente
déficit. Aunque la crisis económica fue más de la corte que de los ciudadanos del Imperio, pues ningún síntoma de decadencia económica se aprecia en la Hispania del siglo
II d. C.
Pero, con los último Severos, se inicia una crisis de autoridad que desemboca en
la llamada Anarquía Militar y los emperadores ilirios (235-284) en el siglo III d.C.
Hispania, durante el siglo III, padecerá los cambios políticos y sociales generalizados en el Imperio, aunque no sufrió fuertes crisis económicas; al menos en lo que se
refiere al sector agrícola y ganadero. El alejamiento de Hispania de las fronteras, donde
durante el siglo III hubo permanentes conflictos y problemas militares de usurpaciones,
contribuyó al mantenimiento de la estabilidad en la Península Ibérica.
43. TRAJANO E HISPANIA. (98-117 d. C.)
Nerva, siguiendo el consejo del influyente español Licinio Sura, escogió como
sucesor a un prestigioso general hispano, que mandaba las legiones de Germania Superior desde su puesto de gobernador de la provincia.
Nerva, acaba con los escrúpulos familiares y los de la vieja aristocracia romana,
para elevar al poder máximo a un provinciano, cediendo ante la fuerza de ciertos grupos de presión y las posibilidades que ofrece su candidato.
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Este grupo de presión está formado por 14 senadores hispanos, de los 165 senadores, como Ulpino Trajano, padre, Licino Sura, Anni Vero. Añádese la presencia de
ricos hombres de negocio o prestigiosos literatos, como Marcial y Quintiliano; pero sobre todo el peso de ciertos mandos militares hispanos, como su sobrino Adriano que
entonces ostentaba alto puesto de mando militar en Panonia y Severiano, cuñado de
Adriano, con mando militar en la Germania Superior.
Trajano pertenecía a esa aristocracia hispana a la que los Flavios habían promocionado. Nombró nuevos senadores procedentes de las provincias. Así, de los 231
en su tiempo contabilizados, 27 eran hispanos. Exigió a los nuevos senadores invertir
en Italia un tercio de su capital en tierras, para reactivar la economía italiana y de paso
que se identificaran con la propia Roma y las normas de vida tradicional.
Cuidó particularmente de la buena administración y no dudó en castigar a los
gobernadores de provincias avaros y exactores que abusaban del poder que les confería su cargo.
Reclutó para las guerras contra los dacios (101-106) múltiples unidades auxiliares de hispanos. Esta política le causó problemas, pues los hispanos protestaron y, si
parece que no tuvo dificultades de reclutamiento entre las gentes del norte, si las tuvo
en algunos sectores más romanizados con derecho de cives romani.
Las campañas de Dacia y contra los partos le permitirían disponer de gran cantidad de oro, que le posibilitaría desarrollar una política benefactora e impulsar las obras
públicas. El botín de guerra distribuidos entre los soldados, comerciantes e inversión en
obras públicas, fue un detonante de la reactivación económica, en la que la Península
(con su aporte de hombres) se vio beneficiada.
De todas formas la riqueza del comercio bético sería suficiente. Itálica tuvo un
magnífico puerto exportador de aceite, cereales y materias primas cuyos ingresos elevarían el nivel de vida de las ciudades béticas. Así nos podemos explicar el que se produjera durante este período una renovación total de la estructura urbana de muchas
ciudades, entre otras Corduba, Mugnia, Astigi.
Trajano redujo los gastos inútiles y equilibro el presupuesto sin necesidad de
aumentar los impuestos. Los superávits obtenidos le permitieron hacer frente a los elevados gastos de guerra y obras públicas. Su labor de fomento de la red viaria fue muy
importante; se repararon las vías de Lusitania, el tramo Castulo-Corduba. Algunas
construcciones de esta época son los puentes de Alcántara, los arcos honoríficos de
Bará, Caparra y Mérida; el faro de La Coruña, el anfiteatro de Itálica, etc.
Trajano dio ámbito universal al culto de Hércules y Minerva gaditanos. En esta
época se divinizan los emperadores e hijos en vida. El culto pierde así su carácter privado para hacerse más oficial y público.
44. LA HISPANIA DE ADRIANO (117-138 d. C.)
Adriano, natural de Itálica, pertenecía a la familia bética de los Aelii. A los 15
años fue a Itálica para hacer sus estudios en un colegio de jóvenes. Su preparación en
griego, latín y arte nos ponen de manifiesto el alto nivel alcanzado por las escuelas hispanas de Gades, Hispalis y Corduba entre otras. Su madre y su esposa eran gaditanas. Sus servicios en las duras campañas de Dacia y Oriente le dieron una gran popularidad entre los militares; por eso fue proclamado Emperador por las tropas de Antioquía.
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Su principal objetivo era la paz, para ello utilizó la diplomacia, reforzó el ejército y
el sistema defensivo. Su reinado supuso la evolución del Principado hacia un gobierno
de corte monárquico-burocrático en le que la mayoría de los puestos administrativos se
les confió a individuos del orden ecuestre y en particular a personas que habían servido
en el ejército o en cargo civil, con preferencia a quienes tuvieran conocimientos jurídicos. La carrera en la burocracia acarreó una jerarquización de cargos y de los títulos
honoríficos. Adriano era partícipe de que, para que hubiera un buen gobierno, el Emperador tenía que estar presente en todas las provincias, por eso de los 21 años de su
reinado pasó 13 fuera de Roma.
En su visita a Hispania, impartió justicia y administró en Tarraco. Pidió soldados
para la defensa del limes, pero los hispanos se mostraron remisos; no se sabe si por
causa del elevado número de reclutas. De todas formas, la participación hispana en el
programa militar de Adriano es evidente.
Durante el reinado de Adriano se produjo el renacer de la vida provincial recibiendo muchas de las ciudades los derechos de colonia y municipio. Itálica fue construida de nueva planta. La ciudad alcanzó una superficie de unas 30 hectáreas y cubrió
en el siglo II d. C. su más gloriosa época urbanística.
Según diversos historiadores, la política de Adriano, favorable a la utilización de
hispanos para desempeñar altos cargos de gobierno en sus primeros años, fue disminuyendo progresivamente, de los 199 senadores de los que se conocen su procedencia 23 son hispanos. El número ha disminuido respecto a Trajano. De ellos la mayoría
han nacido en la Bética. y en la Tarraconense. Adriano entregó la administración imperial a los caballeros en detrimento de los senadores, lo que motivó su animadversión;
así el Senado intentará anular sus medidas y hubo negativa a divinizarle al morir.
Para paliar la crisis económica, Adriano se interesó especialmente por la administración de la explotación del aceite y de las minas, elementos básicos para la economía y abastecimiento de Roma. El momento culminante de las explotaciones se corresponde con los años 140-160 d. C.
El fisco imperial trató de resolver sus problemas económicos y las provincias de
Hispania tuvieron que presenciar el reordenamiento económico. En Lusitana aparece
los advocati fisci, nuevo cargo al servicio de los procuradores de distritos mineros.
Se regula la percepción de la vicessima hereditatum (5% sobre las herencias).
De tiempos de Adriano es la redacción de la Lex Metalli Vispascensis que refunde las
leyes anteriores. Bajo la tutela del procurador metallorum de cada distrito se organiza la
explotación de las minas y a la población que allí trabaja y vive. La Lex Adriana trató de
arreglar los problemas del campo regulando la ocupación de campos improductivos,
dando tierras a las gentes más necesitadas y ordenando su situación bajo las normas
de los procuratores Augusti.
Adriano fue un gran promotor de obras públicas. De esta época son parte de las
murallas de Lucus, Barcino, Asturica, Legio y Caesaraugusta. Su preocupación por la
red viaria es evidente, especialmente en las vías mineras como Bracara-Asturica, Bracara-Olisipo, Vía Augusta y Emerita-Caesaraugusta. Adriano siguió apoyando las instituciones de carácter benéfico para la atención de los niños pobres, alimenta.
El culto de Isis comenzó a tener una cierta aceptación durante este reinado en
toda la Península. Poseemos algunas representaciones de esta deidad en Regina, Valladolid y Clunia. Al igual que Trajano, Adriano dio ámbito universal al culto de Hércules
y Minerva gaditanos. Por otra parte si dio fenómenos de sincretismo religioso entre cultos indígenas y romanos. Es posible que Adriano mandase reparar el santuario de Melqart gaditano, como indican las monedas.
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45. LA ÉPOCA DE MARCO AURELIO Y CÓMODO
45.1. ANTONINO PÍO. (138-161 d .C.)
El reinado de Antonino Pío evidencia que el protagonismo hispano sufre un fuerte descenso. Hay hispanos importantes en la administración romana; pero ya son los
descendientes de aquellos hispanos llegados a Roma con toda la fuerza de su nueva
savia y poder de iniciativa. Siguen aquellas viejas familias dando senadores a Roma.
Pero ya no asistimos a la llegada masiva a Roma de homines novi hispanos.
Siguen las unidades auxiliares hispanas prestando sus servicios en Mauritania,
en Oriente, o en el limes danubiano. Pero tampoco parece que se recluten unidades de
nueva formación procedentes de Hispania; y, quizá, estas unidades de origen hispano
cubran sus bajas con reclutas de las localidades en que prestan sus servicios.
Se acusa un claro descenso de interés en las prácticas del culto imperial. Al
igual que la labor de reparación de vías.
45.2. MARCO AURELIO. (161-180 d. C.)
Era nieto del hispano M. Annio Vero, senador con Nerva, Trajano y Adriano. De
profunda formación estoica, Marco Aurelio, cuidó especialmente de la justicia y buena
administración de las provincias, a través de los curatores, cuyo número y poder desde
entonces fue en aumento.
Durante su reinado, la Bética y Lusitania sufrió razzias de gentes mauritanas entre los años 171 y 176 d. C. La peligrosidad de la invasión mora obligó a transformar la
provincia senatorial Bética en provincia imperial con un ejército a las órdenes de un
legatus del emperador. A cambio, compensó al Senado con la provincia de Cerdeña.
Desde mediados del reinado de Marco Aurelio se produce un descenso económico en la Península, que se ha calificado como crisis. Desde los años 160 y 200 d. C.
la exportación de aceite bético ha descendido. Se han aducido, por los historiadores,
diferentes causas: caída de su precio ante una superproducción y competencia por parte del aceite africano que ocupó el primer puesto en el mercado; los reclutamientos militares; la fuga de capitales y hombres. Desde Trajano se obligó a los senadores hispanos a invertir 1/3 de sus capitales en tierras de Italia para paliar la aguda crisis de la
economía itálica. Con esta medida, además de proteger al campesino itálico que vendía sus tierras a precios elevados, se evitaba el absentismo de los senadores hispanos;
y esto implica que los senadores hispanos trasladasen a Roma los beneficios de su
capital hispano.
Otros datos aportados por Blázques y Sánchez de León hablan de decadencia y
aun crisis en Huelva y en todo el Mediodía: la ausencia de sarcófagos procedentes de
Roma que venían como carga de retorno de las exportaciones de vino, aceite, trigo; la
disminución de esclavos y de circulación monetaria, la no reparación de los acueductos
de Mérida, etc.
Ahora bien, más que crisis económica parece que sólo se constata el decaimiento de ciertas ciudades. La aparición de ciertos mosaico de excelente factura en las zonas rurales parece indicar que las ciudades habían entrado en un período crítico y que
eran abandonas por las gentes ricas. La decadencia de las ciudades arrastraría la del
artesanado y el comercio.
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Por otra parte en la zona del norte de la Península la producción minera seguía
siendo buena.
45.3. CÓMODO (182-192 d. C.)
Lo más destacable del reinado de Cómodo fue la amenaza de Materno en el año
187 d. C. Al frente de unas bandas de esclavos y soldados desertores saqueó la Galia
y el norte de la Península Ibérica, hasta el Ebro.
Es probable que en esta época aparezcan las primeras comunidades cristianas
en Hispania. La legión VII Germania estuvo acampada en la región de Túnez, muy cristianizada desde hacía tiempo y, no resulta extraño que con la llegada de la legión, que
acabó con la amenaza de Materno, vinieran de Túnez algunos cristianos, o bien que
algunos soldados se hubiesen convertido. A parte del elemento militar, el cristianismo
se difundió debido al grupo de mercaderes cristianos africanos que arribaron a nuestra
Península a través del frecuentísimo comercio que unía ambas costas.
46. LA HISPANIA DE LOS SEVEROS
46.1. SEPTIMIO SEVERO (193-211 d. C.)
La rápida desaparición de la escena política de Cómodo no le permitió designar
a su heredero. Los ejércitos del Imperio, casi al unísono, proclamaron emperadores a
Clodio Albino en Britania, a Pescenio Niger en Siria y a Septimio Severo en Iliria y Panonia. Septimio Severo estaba más próximo a Roma. Domino rápidamente la situación
en Roma. Para ganar tiempo cedió a Clodio Albino el título de César y el alto mando de
Hispania, Britania y Galia; de esta manera se enfrentó con tranquilidad a Pescenio, al
que eliminó. En el 196 d. C. se enfrentó a Clodio Albino. Éste contó con la ayuda de
tropas galas e hispanas. El legado de la Hispania Citerior se puso al lado de Albino con
un fuerte grupo de senadores y algunos notables hispanos. Septimio Severo derrotó a
Clodio Albino y a sus seguidores. Nombró heredero único del Imperio a su hijo de ocho
años, M. Aurelio Antonino "Caracalla".
Tras la derrota de Clonio Albino, Severo llevó a cabo grandes confiscaciones en
Galia e Hispania a costa de los partidarios de Albino. Dato que se corrobora con la gran
cantidad de aceite bético que llegó a roma durante su reinado.
Septimio Severo, que había estado en el año 171 al frente de la Tarraconense y
conocía bien los problemas de Hispania, tomó una serie de medidas que se perfilan en
una clara orientación de Hispania hacia África. En el sentido de un mayor comercio hispano-africano. La apertura de mercados nuevos en África podía compensar la evasión
de capitales que Hispania había padecido debido a la inversión de tierras en Italia y que
había descapitalizado Hispania.
Si bien es cierto que no pocos hispanos de la aristocracia fueron víctimas de la
represión por su adhesión a Albino, parece claro que el propio Septimio Severo trató de
reemplazarlos con otros influyentes hispanos. El más destacado fue, Cornelio Anullino,
que fue su brazo derecho y brillante vencedor del aspirante al Imperio, Pescinio Niger.
Del gobierno de S. Severo en Hispania cabe destacar los arreglos administrativos, como fue la consolidación de un mando único, el legatus iuridicus, para Asturia et
Gallaecia; y la responsabilidad de los magistrados municipales frente a los impuestos
con sus propios bienes.
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Se siguieron explotando las minas del Noroeste. El reclutamiento de hispanos
parece que descendió masivamente. Ya que en el 193 abolió el priorativo reclutamiento
de soldados que se hacía en Hispania e Italia.
46.2. CARACALLA (212-217 d. C.)
De Caracalla hay dos aspectos que definen su espíritu universal. El primero, el
"Itinerario Antoniano" o descripción de las vías de comunicación de todo el Imperio con
los nombres y distancias entre cada ciudad y el total de cada vía. El segundo, el Edicto
de año 212 que concedía la ciudadanía romana a todos los súbditos del Imperio. En
Hispania quizá no tuvo mucho impacto, ya que todos eran cives latini desde Vespasiano y muchos habían accedido a cives romani mediante el desempeño de cargos municipales.
En el año 214, seguramente, se produjo una nueva reorganización de las provincias de Hispania. Se crea una nueva Hispania Citerior Antoniniana. Para A. D´Ors estaría formada por la Gallaecia et Asturia, el territorio de la Legio VII Germania (única
unidad legionaria de guarnición de la Península) y el Conventus Cluniensis.
Para ciertos autores esta división debió ser efímera, pues apenas debió sobrevivir a Caracalla. Para otros fue duradera, pues este fenómeno se produce en otras zonas del Imperio, y hay una inscripción mutilada del siglo IV d. C. a la que hace referencia.
El gobierno de Caracalla prestó gran atención al fomento y cuidado de la red viaria. En Hispania, se centró en las vías del Noroeste, donde estaban las minas. Ésta
política estaba en relación con el saneamiento monetario que llevó a cabo, tras las devaluaciones de S. Severo; ya que necesitaba un elevado rendimiento de estas minas
de metales nobles.
Durante este reinado se produce el auge de las villae en la Tarraconense y Lusitania, aunque ya habían comenzado a mediados del siglo II d. C. Gran parte de la población urbana se había retirado a estas villas, agobiada por la pesada carga de la magistraturas municipales. Estos terratenientes se transformaron en la cabeza de un capitalismo explotador, cuya base fue el colonato de hombres libres.
En el reinado de Caracalla se constata la abundancia de comerciantes sirios,
judíos y fenicios. Con el control del comercio por Oriente y la descapitalización de Occidente se iniciará el descenso económico hispano de fines del s. III.
46.3. MACRINO, HELIOGÁBALO Y ALEJANDRO SEVERO (217-235 d. C.)
Durante el reinado de estos tres emperadores en Hispania habían arraigado
gentes judías y sirias dedicadas preferentemente al comercio o al ejercicio de profesiones liberales.
La preocupación por el estado de la red viaria del Noroeste continua. Macrino
convirtió a Baal de Emesa en el dios supremo del panteón romano. Heliogábalo impuso
el culto sirio.
Alejando Severo (223-235 d. C.) llegó al poder siendo muy joven, por lo que su
madre se encargó de los asuntos del Estado. Los militares intentarán oponerse a la
instauración de un régimen civil. Con Alejandro continuará la preocupación por las
obras públicas, en especial la red viaria. Durante este reinado continuó la afluencia de
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cultos orientales.
47. LA ANARQUÍA MILITAR Y LOS EMPERADORES ILIRIOS. (235-284 d. C.)
La crisis del siglo III, que se va perfilando a través de una serie de acontecimientos políticos y sociales, va a afectar profundamente al Imperio romano en el campo
político, social y económico; y con menor intensidad en Hispania.
En este tema se van a tratar los aspectos políticos, cuyo desarrollo es la base y
fundamento principal de la crisis del Imperio. Tres momentos definen la inestabilidad
política:
*
*
*
La llamada Anarquía Militar (235-268)
La ruptura del límes del Rin por los bárbaros con la invasión de la Galia e Hispania.
El restablecimiento de la autoridad de Roma en las fronteras bajo los "Emperadores
Ilirios" (268-284 d. C.)
Hispania no sufrirá la inestabilidad política por dos circunstancias: El alejamiento
de las fronteras conflictivas y del centro de las luchas civiles. En lo económico superara
la crisis gracias a su excelente producción agrícola y minera. La holgada situación
económica del siglo II permitió afrontar la crisis del siglo III, que repercute con más
fuerza en el resto del Imperio que en la Península. De todas formas se aprecia, como
en el resto del Imperio, una evolución del capitalismo esclavista hacia un latifundismo
que se apoya en el colonato y el arrendatario libre, ante el crecimiento de la presión
fiscal, la escasez y devaluación de la moneda, la progresiva desaparición de las clases
medias y artesanas en la ciudad, el abandono de la ciudad, la propensión de los poderosos a la tesaurización y acaparación de las monedas y objetos de metales preciosos
etc. Todo ello dificulta, cada vez más, las funciones administrativas del Estado y debilita
el prestigio imperial y el número y poder de sus ejércitos fronterizos.
Aspecto importante es que los emperadores tiene breve reinado y casi todos durante este siglo desaparecen de forma violenta. Otros síntoma de la crisis política se
detecta en el abandono de los deberes cívicos: rehusión de los pagos al fisco, avance
de las religiones transcendentes, como el cristianismo y cultos orientales, el servicio en
las legiones se hace cada vez más profesional (mercenarios, bárbaros, etc.). Avance
de captación de poderes por parte de los señores de las villae frente al Estado; a los
cuáles les compete la defensa de las vidas y el ejercicio de la justicia sobre los colonos
y los trabajadores libres de sus tierras.
47.1. LA ANARQUÍA MILITAR
A partir del 235 el ejército se convierte en el instrumento desestabilizador en los
nombramientos y deposiciones de los emperadores. Se suceden, hasta el 268 siete
emperadores de breves años de reinado y que, salvo Valeriano que cae prisionero de
los persas, perecen todos de muerte violenta.
En Hispania prosigue la política iniciada por Alejandro Severo sobre la red viaria.
Durante esta época se constatan los primeros mártires cristianos. La carta sinodal
constata la existencia de comunidades cristianas en las provincias de León-Astorga,
Mérida, Zaragoza, Cartago Nova, Tarragona, Valencia. Es lógico que los puertos mediterráneos y las sedes de las tropas fuesen los más cristianizados, como resultado del
contacto militar y comercial con África en donde se encuentra la cuna de nuestro cristianismo.
158
Hacia el 252 todas las provincias del Imperio sufrieron la peste, que duro quince
años, y que causo grandes estragos entre la población. Lo más seguro, es que en Hispania llegase bastante atenuada, sobre todo al interior, pues la peste venía de Oriente
y penetraba en el mundo romano a través de los puertos mediterráneos.
Al final de este período se producen incursiones en las fronteras del Rin y del
Danubio, y con ellas las usurpaciones. El emperador Galieno había confiado la defensa
del limes renano a Póstuco. Éste fue aclamado emperador en 259 por las tropas acuarteladas en la Galia. La rebelión se extendió por Britania, la Galia e Hispania. Se crea el
Imperium Galliarum. La Galia se convirtió en la cabeza de un Estado independiente,
que duró diez años (258-268), cuya capital fue Augusta Trevirorum (Treveris). Postumo, en su capital, organizó el nuevo Estado: creó un Senado galo, instituyó cargos civiles y militares, y asumió los títulos habituales de los emperadores romanos. Su ejército
estaba formado básicamente por galos pero también contaba con francos y alamanos.
Toda Hispania reconoció a Póstumo.
47.2. IRRUPCIÓN BÁRBARA EN EL 260 d. C.
Las fuentes literarias hablan de una invasión bárbara (francos) en el 258 que penetró en la Galia, continuó por Hispania y llegó a Mauritania. Pero esta afirmación es
hoy insostenible en lo que respecta a Hispania. La hipótesis más aceptada, fecha en el
260, a la muerte de Póstumo, la penetración bárbara en la Tarraconense oriental para
cometer actos esporádicos de rapiña que no tuvieron porque afectar a otras regiones
de Hispania. Lo que si es cierto es que no hubo invasiones sistemáticas, aunque también hay que mencionar que al finalizar el siglo III se produjeron destrucciones y ocultaciones de tesoros ante posibles amenazas, los que no justifica invasiones sistemáticas
y temporales, si no más bien es producto de actos de piratería y de asaltos circunstanciales.
Por otra parte, la penetración que en la Península Ibérica pudieron alcanzar las
bandas de pueblos bárbaros resulta difícil de precisar mientras no tengamos datos y
estudios más precisos sobre murallas, ocultación de tesorillos, etc. Lo que se ha podido
estudiar parece indicar que las correrías no pasaron apenas del Ebro y que se limitaron
a una estrecha franja de la costa catalana.
En conclusión, ni las reconstrucciones de las murallas, ni la ocultación de tesorillos, ni la decadencia de muchos núcleos de población importantes son una prueba evidente del paso de unos invasores. Lo que sí es evidente es la devastación de las costas catalanas hasta el Ebro y que alcanzó a Tarragona en fecha no inferior al 259.
47.3. LOS EMPERADORES ILIRIOS (268-284 d. C.)
Los emperadores ilirios reciben este nombre por proceder de las tierras del sur
del Danubio. Tres circunstancias marcan su gobierno:
*
*
*
Aparición frecuente de usurpadores.
La brevedad de su gobierno.
La tenaz lucha que sostuvieron en las fronteras para contener a los bárbaros, y que
fue culminada felizmente con Diocleciano.
159
De esta última circunstancia se deduce que la obra de los emperadores ilirios en
Hispania fuese más bien escasa y poco notoria.
Claudio (268-270) ejerció sus poderes en la zona más septentrional de la Galia,
próxima al Rin. En la parte meridional, otro general de Galineo, Victorino, fue reconocido por su ejército aunque no pudo ejercer el control de Hispania y la Narbonese que se
pasaron a Claudio. Este emperador es recordado en algunas inscripciones en Hispania.
Aureliano (270-275) quiso reforzar su autoridad imperial haciéndose titular Dominus et Deus. Algunas inscripciones aparecen en la zona noroeste. Su explicación
puede ser la promoción de los puertos del litoral del norte para favorecer las relaciones
comerciales de estas regiones con Britania y la Galia atlántica.
Tácito (275-276) siguió la línea política de Galieno y Aureliano. Intentó restaurar
el poder civil. De este Emperador se conservan cinco miliarios en la zona meridional de
Lusitania que ponen de manifiesto su interés por la red viaria de esta región.
Asesinado Tácito, parte del ejército aclamó emperador a su hermano Annio Floriano, reconocido en Italia por el Senado. Parece que mantuvo su poder, por algún
tiempo en Hispania y las Galias. Pero será Probo (276-282) quien obtenga el título de
Emperador. Probo permitió a las provincias cultivar libremente el viñedo, aboliendo el
edicto de Domiciano; aunque no se sabe como afectó a Hispania. Puede ser que con
esta medida intentase atraerse a las provincias en su lucha por el poder, pues tuvo que
hacer frente a varios usurpadores.
Caro (282-283) nombró "Césares" a sus hijos Carino y Numeriano y les hizo más
tarde "Augustos". No sabemos si estos emperadores tuvieron una gran preocupación
por el buen estado de la red viaria peninsular, aunque de ellos se conservan algunos
miliarios en las vías de Bracara-Asturica, Lusitania, etc.
En el año 284 empieza el gobierno de Diocleciano. Él dará solución a la mayor
parte de los graves problemas que tenía planteado el Imperio: fronteras, crisis de autoridad y depresión económica. Restaura el valor de la moneda y la recaudación de tributos e intenta dar cohesión religiosa, tratando en vano de acabar con la influencia cristiana y de unir a los pueblos en torno a la tradicional religiosidad pagana.
Su obra dará al Imperio fuerzas para prolongar su existencia gloriosa otro siglo;
aunque no conseguirá detener el proceso de desintegración del mundo tradicional
clásico romano que se orienta hacia una nueva estructura social, económica y administrativa.
160
TEMA 15. LA ADMINISTRACIÓN EN EL ALTO IMPERIO.
48. PROVINCIAS, DIÓCESIS Y CONVENTOS JURÍDICOS
48.1. LAS PROVINCIAS
Las dos provincias hispanas nacidas el año 197 a.C., la Citerior (Tarraconense)
y la Ulterior (la Bética), fueron aumentando en extensión al ritmo de la conquista.
Entre el 197 y 19 a.C. en que Augusto sometió la totalidad de Hispania incorporando la franja cantábrica, cada una de las provincias fue delimitándose sobre una línea
imaginaria que iba desde el sur de Carthago Nova a Cástulo y Almadén para llegar al
Duero a la altura de Zamora. La Citerior incluía a los celtíberos y a toda la Meseta y la
Ulterior a los lusitanos. Estos límites respondían más a necesidades de estrategia, procurando no fraccionar a los populi o gentilidades (vascones, oretanos.) y aceptar a los
poblados más significativos de cada populi como unidades básicas de administración
romana.
Entre el 27 y el 14 a.C. Augusto reorganiza el Imperio y divide las provincias en
senatoriales e imperiales. Todas aquellas de más reciente conquista y no terminadas
de pacificar quedaron bajo la administración del Emperador y ocupadas por tropas legionarias; las pacificadas no precisaban la presencia de las legiones y eran administradas directamente por el Senado.
Esta diferencia entre provincias imperiales y senatoriales tubo consecuencias de
orden político-administrativo. El senado elegía anualmente al gobernador con el título
de procónsul. Este gobernador senatorial tenía todos los poderes civiles: justicia y orden, y cobraban un impuesto para la caja imperial el erario senatorial (aerarium).
En las provincias imperiales el Emperador elegía al gobernador, legati Augusti,
para permanecer en su cargo sin límite, y a un pretor para las finanzas de la caja imperial, el fisco (fiscus). Los gobernadores además de los poderes civiles tenían los militares, y eran ayudados por otros administrativos con poderes limitados a una parte del
territorio provincial, como :
*
*
*
Los legati iuridici (administraban justicia)
Los procuratores (administraban las finanzas).
Los legati legionis al frente del ejército provincial.
La posición privilegiada del Emperador permitió a éste intervenir también en los
asuntos de las provincias senatoriales de varios modos:
Aceptando las quejas de los habitantes ante los abusos de los gobernadores.
Presionando en el senado para que la elección del gobernador recayera en uno
de sus partidarios.
Haciendo intervenir a las legiones ante cualquier peligro (pues al no poseer legiones no podían hacer frente al peligro).
Augusto aplicó a Hispania nuevos criterios de reestructuración de las provincias.
Las dos antiguas provincias, la Ulterior y la Citerior, pasaron a convertirse en tres. (Reparto entre el 27 y 16 a.C.)
161
La Ulterior se divide en dos: la Bética, hasta el río Guadiana y, la Lusitania, el resto de la Ulterior más los territorios recientemente conquistados a galaicos y astures.
La Citerior se amplia con la incorporación del territorio conquistado a los cántabros (25 y 24 a.C.)
La Lusitania y la Tarraconense serán imperiales, puesto que allí mantienen 7 legiones en el período de la conquista y tres después de la pacificación.
Pero entre los años 16-13 a.C. por el segundo viaje a Hispania de Augusto se
reestructura de nuevo las provincias.
La Bética perdió los distritos mineros de Cástulo (Linares, Jaén), Sisapo (Almadén) y los ganó la provincia imperial Citerior con el pretexto de la existencia de bandoleros. (De esta forma pierde poder y peso dicha provincia senatorial)
La Lusitania toma el Duero como frontera. Pierde los territorios galaicos y astures en favor también de la Citerior. Esta provincia se configura con las tierras portuguesas entre el Duero y el Guadiana, y las provincias actuales de Cáceres y Salamanca.
La Citerior fue pues la provincia más extensa del Imperio y la más heterogénea.
Contaba con grandes centros mineros y tres legiones.
Esta reestructuración marcó el poder de los gobernadores de la provincia Tarraconense, por ello los gobernadores las vigilarán con celo. (Tiberio mandó asesinar al
gobernador porque temía una rebelión).
48.2. LAS DIÓCESIS
En base a un texto de Estrabón, algunos historiadores modernos han hablado de
la existencia de "diócesis" como subdivisión de la provincia Citerior. Pero preferimos
referirlos a distritos militares.
Estos preconizaron una administración por separado ya desde Augusto. Así vemos como Gallaeica et Asturia se perfila como una unidad específica por sus rasgos
geográficos, económicos y étnicos. Potenciada su individualización por la gran extensión de la provincia Tarraconense y por la lejanía de este territorio y por la unidad militar que albergaba.
Para Colmenero la Citerior estaba subdividida en 4 distritos, a saber:
*
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*
*
Gallaecia-Asturica.
El área cántabra.
El interior.
El área costera del Este.
48.3. CONVENTOS JURÍDICOS
Los conventos fueron unidades administrativas con fines prioritariamente jurídicos en los que se dividieron las provincias de Hispania. Con el fin de:
Delimitar la zona de recaudación y reclutamiento.
Centralizan los cultos al Emperador.
Facilitar en ciudades bien comunicadas el ejercicio de la justicia por un legatus,
allí donde el gobernador de la provincia encuentra dificultades de desplazamiento.
162
Las reuniones que se celebraban con motivo de los actos de culto al Emperador
convirtieron a las capitales conventuales en centros económicos donde se ejecutaban
transacciones. Y en el lugar de reclamaciones ante el gobernador provincial y el propio
Emperador.
Estos conventos empezaron a configurarse desde antiguo, cuando César en la
Bética actuó como cuestor, administrando justicia en Córdoba.
En la Tarraconense se localizaron:
En el Noroeste (en el distrito de Gallaecia-Astúrica) tres conventos con capital en
Bracara, Lucus y Asturica.
En la parte Occidental, tres conventos, con capital en Tarraco, Carthago Nova y
Caesaraugusta.
En el interior la Cluniense.
En la Bética, los conventos de Gades, Astigi (Ecija), Corduba e Hispalis.
En la Lusitania, los conventos de Pax Julia (Beja Portugal), Scollabis (Santarem)
y Emérita Augusta (Mérida).
Las capitales de provincia y de conventos jurídicos, elegidos por sus buenas
comunicaciones crecían y se embellecían por su condición de sedes administrativas
judiciales. Se concentrará también la actividad económica regional. Se construirán
templos, edificios públicos y de culto imperial, etc.
49. LOS CONCILIA Y LA BUROCRACIA PROVINCIAL
49.1. LOS CONCILIA
Las capitales de conventos jurídicos, las de provincia y, más tarde, las de la diócesis cobraron especial interés como centros de culto al Emperador.
Hispania tomó la iniciativa del culto al Emperador. En esas reuniones inicialmente de carácter religioso se fue involucrando aspectos de la vida social, económica y
administrativa: sufragaba actos de culto imperial, celebraban festejos, espectáculos,
realizan transacciones comerciales, presentan problemas para que por medio del gobernador accedan al Emperador.
Tras la creación del Diócesis Hispaniarum por Diocleciano, los concilios que reúnen a los delegados de toda Hispania llegan a adquirir carácter de órgano público de
gobierno peninsular. En ellos pudieron fijarse los tributos de cada provincia. A estas
sesiones conciliares asistían los más altos magistrados provinciales. La falta de asistencia se gravaba con una multa.
El poder político de las asambleas provinciales o diocesanas creció en los siglos
IV y V, y continuó bajo el poder visigodo. Fueron elementos unificadores nacionales y
reforzaron la conciencia de comunidad ciudadana, de convento, provincia y diócesis.
Cobran en ellos prestigio los sacerdotes y flamines, elegidos entre hombres ricos. El flaminado sirvió a muchos hispanos para el inicio del cursus honorum. Servían
de portavoces de los problemas y gestiones de sus pueblos de origen para plantearlos
o resolverlos en esas asambleas con motivo de los actos de culto que anualmente les
reunía. Allí también acudían magistrados delegados del Emperador, que les interesaba
reforzar ese culto, que vinculaba a los súbditos con el Emperador.
163
49.2. LA BUROCRACIA PROVINCIAL
Durante la república la administración de las provincias, careció de una burocracia preparada y por ello era nula la rendición de cuentas, y los altos cargos explotaban
los territorios ocupados.
A partir de la reorganización imperial de Augusto, la administración de las provincias cambió. Cesa la depredación y así se recupera económicamente el Imperio.
Para ello el emperador Augusto estructuró los instrumentos de control. Creó órganos
de administración provincial mediante una burocracia jerarquizada y responsable ante
el Emperador:
Gobernador general con el título de procónsul.
Pretor para las finanzas en las provincias senatoriales.
Un legatus augusti propaetore, como gobernador general en las provincias imperiales.
* Legati, procuratores y praefecti como auxiliares.
*
*
*
(En la Tarraconense y Lusitania dos gobernadores debían tener experiencia militar. Aunque las tropas estacionadas desde Augusto no intervinieron en acciones militares, pues apenas se alteró la paz. Más bien participaron en la construcción de puentes,
etc.)
Así según, Estrabón, dos legiones vigilan el noroeste bajo el mando de un legatus. Otra legión se sitúa frente a los cántabros bajo el mando de otro legatus. Y otro
legatus sin tropas está en la Tarraconense orienta, en las regiones ya pacificadas y
romanizadas. Todos ellos están supeditados al gobernador. Para otras misiones financieras cuenta con el procurator que tenía que realizan periódicamente censos, sobre
los cuales el gobernador repartía los tributos. Excepcionalmente se podía nombrar un
censor.
La magnitud de la provincia Tarraconense hace que desde el 138 d. C. haya un
legatus iuridicus especialmente para Asturia et Gallaecia. Para las explotaciones mineras hispanas un praefecti metallorum para vigilar el orden de los esclavos y realizar la
administración. También por el importante comercio con Roma se nombró un praefectus maritimae Tarracone que vigila los mares entre la costa levantina y Baleares.
Estos y otros funcionarios son profesionales con alto poder ejecutivo. Fueron por
ello odiados por los magistrados republicanos cuyas competencias controlaron y limitaron en beneficio del centralismo imperial. Además porque los altos cargos lo constituían
esclavos, libertos y hombres del orden ecuestre.
Bajo Claudio esta amplia burocracia se estructura jerárquicamente. Para asesorar o ejecutar las disposiciones imperiales esta el Consilium Principis: amigo del Emperador, pariente, etc. jurista o profesional conocedor de la provincia a cuya administración se integra.
Y durante el Bajo Imperio continuará aumentando esta burocracia, con las reformas de Diocleciano y Constantino.
50. COLONIAS, MUNICIPIOS, POPULUS Y CIVITAS
Al igual que en la República, durante el Imperio van a coexistir en la Península
ciudades de organización romana e indígenas. Pero desde Augusto el proceso de
164
transformación en ciudades romanizadas va a ser rápido.
50.1. COLONIAS Y MUNICIPIOS
Se conocen 34 colonias hispanas, 22 son de César y Augusto. Después dejaron
de fundarse porque se prefirieron las tierras del Rin y Danubio. Además porque el servicio militar de 20-30 años hacía que los soldados se enraizaran donde servían: en el
limes. Por otro lado en el Duero, Noroeste y franja Cantábrica no se romanizó tanto
como el Sur y Levante. Así desde la muerte de Augusto (14 d.C.) y el 74 (d.C.) cuando
Vespasiano otorga el título de latinidad a toda Hispania pocas ciudades acceden al título de colonia.
A este número de colonias con ciudadanos romanos o itálicos hay que añadir los
municipios o ciudades indígenas, 86 según Plinio, que tenían estatuto de privilegio en
tiempo de Augusto.
50.2. DEL "POPULUS" A LA "CIVITAS"
Plinio nos refiere que, además de las ciudades, existen 114 populi en la Tarraconense, 45 en Lusitania.
Plinio confunde a veces populus = civitas. Pero populus, carece de núcleo importante de población.
Unidades fraccionadas de la vitas o populus (según la epigrafía) fueron la gentilitates, cognationes y castellae.
En el Noroeste se va desintegrando la estructura social gentilicia y se afianza la
romana en los populi. Lo vemos en los datos de las Tesseras de Hospitalidad, donde
se da una libre adscripción de los individuos de una gentilidad a una ciudad y se ve que
son libres de su persona y de sus bienes. Esta libertad no era posible en la estructura
social gentilicia.
La antroponimia del Noroeste y Lusitania pervive como alusión toponímica, antigua gentilidad en que vivían "Valerio filius Celtigum" ya no delata una supeditación de
la persona a sus gentilitas porque ya no está vigente la organización social indígena.
50.3. MUNICIPALIZACIÓN DEL NORTE, ENTRE AUGUSTO Y VESPASIANO
Fueron muchos los núcleos indígenas del N. asentados en ciudades de nueva
creación. Augusto mandó destruir sus poblados de la montaña y trasladarse al llano.
Afianzó la paz otorgando la ciudadanía a algunos indígenas. Las ciudades donde se
asentaron estos indígenas premiados llevan el nombre Iulia, como Segisama Iulia.
La promoción municipal de estos centros de población indígena, junto con la
creación por Augusto de los grandes centros administrativos en Bracara Augusta, Lucus Augustus, Asturica Augusta, son claro ejemplo de que de Augusto a Vespasiano
hubo clara intención en Roma de rematar en el Noroeste la política romanizadora ya
avanzada en el resto de la Península.
Para apoyar el impulso de creación de centros urbanos donde realizar tareas fiscales, judiciales, de reclutamiento, etc. donde no había ciudad, Roma tomó el populus
como unidad administrativa, en el de mayor población o mejor comunicado. Con el
tiempo y con la aparición del artesanado, comercio, etc., este centro se erige en una
ciudad representativa del populus o de la gentilidad, como Vadinia.
165
En este procese de urbanización la epigrafía acredita en el Noroeste dos tipos
de poblado: castellum y forum; son poblados en transición a civitates, aunque no logran
pasar de simples aldeas.
El forum es originariamente un mercado situado en el centro de comunicaciones.
Castellum acompaña a topónimos indígenas significando un vicus fortificado. Se aplicó
a antiguos castros: Castellum tyde.
De todos los anteriores grupos de población vemos claros ejemplos de la evolución urbana apoyada por Roma. Así muchos centros urbanos ostentan antes de los
Flavios la municipalidad, o un tipo de organización romana que el Edicto de Latinidad
de Vespasiano vendría a reconocer y ampliar. De estas ciudades saldrían astures, vettones. para integrar en las unidades auxiliares, alae y cohortes, para defender las fronteras de Roma.
50.4. EL EDICTO DE LATINIDAD DE VESPASIANO
Con Vespasiano Hispania avanza hacia la total romanización. El decreto de latinidad en el 70 d.C., es el punto de arranque. (Momento en que es proclamado emperador y ha de luchar para librarse de los otros aspirantes). porque el peso de Hispania le
importaba para solucionar los problemas.
Además Vespasiano pensó que los hombres de Hispania, promovidos a la ciudadanía, procurarían a Roma nueva savia para los ejércitos y para los mandos políticos. (Momento de agotamiento por las guerras civiles del 69-69).
Un censo de ciudades, bienes y personas del (73-74) permitirá el incremento de
la tributación y de la incorporación a las unidades auxiliares y legiones.
Vespasiano promocionará a los hispanos para la administración, el mando de los
ejércitos y cargos senatoriales. (Algunos fueron tres veces cónsules. Sura competiría
con Trajano por el Imperio).
La ciudadanía que obtuvieron los hispanos a través de los Flavios fue tan numerosa que en las inscripciones hispanas un 10% de la onomástica, especialmente en el
Noroeste, lleva el nombre de Flavius, pese a que esta dinastía duró del 69-96 d.C., en
comparación con los siete siglos de dominio de Roma
A partir de Vespasiano todos los hispanos libres pasaron de su situación de peregrini a gozar de "ius latium minus" (ciudadanía latina). El ejercicio de cargos municipales, permitiría el acceso a los plenos derechos romanos. De tal modo que cuando se
produzca el Edicto de Caracalla otorgando la plena ciudadanía romana a todos los
hombres libres del Imperio a Hispania no le afectará.
Así se implanta la organización municipal romana de modo generalizado. Y si se
mantiene la alusión a la gentilidad no es como pervivencia de la organización indígena,
sino como valor de identificación local.
Unas 350 ciudades obtuvieron el estatuto de municipalidad bajo los Flavios. Así
la vieja organización de las ciudades indígenas desapareció para generalizarse la organización romana.
La promoción de Hispania por los Flavios se hizo en todos los órdenes: político,
militar y económico.
166
51. LAS LEYES MUNICIPALES DE LOS FLAVIOS
Los Flavios completaron la labor administrativa otorgando una serie de leyes
municipales, que aparte de regular la vida del municipio conforme a las instituciones
romanas, constituye una especie de privilegio y reconocimiento a sus méritos.
El más antiguo de estos documentos es la ley de Urso (ciudad). En él se alude a
las disposiciones que afectan a los órganos de gobierno: oficiales, subalternos, magistrados. Sueldo de 300 a 800 sestercios, calendario de fiestas, sobre la hacienda municipal que procede del arriendo de sus tierras y multas; sobre el edil, responsable de
que se cumplan las disposiciones, con multas a los infractores, etc.
La Lex Salpensana (Utrera), completa aspectos que no aparecen en la de Urso.
Así trata del acceso a la ciudadanía a aquellos que ejercieron alguna magistratura.
La Lex Malacitana (Málaga). Aparece en ella otra novedad. La regulación de las
elecciones municipales.
52. DECADENCIA DE LA VIDA MUNICIPAL EN EL SIGLO III d. C.
Al desarrollo que la vida municipal adquiere en Hispania en los siglos I y II d. C.,
van a seguir unos siglos de crisis política, económica y social; especialmente intensa a
mediados del siglo III d. C., y que va a llevar a la decadencia de la estructura administrativa del Imperio. Las ciudades se vieron particularmente afectadas, algunas llegan a
extremos de despoblación y abandono.
El concepto de cives se restringe a los cada vez más reducidos habitantes del la
ciudad. Ellos terminaran por integrarse como partícipes únicos de la curia (curiales).
Mientras, los terratenientes, cada vez más enriquecidos, se retiran a sus propiedades
(sus villae) para sustraerse a las cargas económicas que el fisco centralizó en la ciudad. Esta aristocracia lleva vida autárquica, arrebatando a la ciudad competencias tributarias, judiciales y de defensa, arrastrando al campo a muchos trabajadores.
En la ciudad sólo unos poco hacen frente a los gastos municipales y a los tributos que Roma impone; y a los que se añadían últimamente las costosas construcciones
de murallas por el bandidaje interior o la piratería costera.
La urbs perdió, además de su autonomía, la libertad ciudadana a partir del siglo
III, pues, en lugar de la libre elección de curiales y magistrados por ciudadanos, la curia, integrada por exmagistrados municipales, designaba a los nuevos magistrados. Se
escogían a los ricos para que pagaran los gastos edilicios y suntuarios. Estos cargos
no se hacían pues deseables porque los arruinaba. Ello fue causa de su decadencia.
Parece ser que fue Caracalla el introductor de la reforma (lo arriba dicho), al
mismo tiempo que extendía la ciudadanía a todos los habitantes del Imperio. Fue entonces cuando los ricos terratenientes empezaron a rehuir los cargos, reiterándose a
sus villae.
Por otra parte, los possessores al tiempo que huyen del control estatal de la ciudad se hacen fuertes en su propiedad, donde explotan sus haciendas y eluden impuestos. Fortifican sus villae y arman milicias entre sus servidores. Allí ricos y pobres aseguran su subsistencia y la defensa personal mejor que en la ciudad, donde existe toda
clase de opresiones fiscales, la dejación en la justicia, y la inseguridad ciudadana llega
a sus límites. Porque las magistraturas se hicieron hereditarias y se produjeron muchos
abusos porque se olvidó la ley. Provocando un caos en los siglos IV y V d. C.
167
Las villae se organizaron con autarquía económica y administrativa, pues los latifundios debieron contar con todos los servicios: albañiles, herreros, etc.
El Estado terminó por exigir a los magistrados de la ciudad los impuestos globales, incluso haciéndoles depositar como fianza por anticipado a su nombramiento; y las
cargas del municipio y los impuestos, que no siempre conseguían recobrar de los ciudadanos, pues los latifundios se resistían a estos pagos.
Así tuvo que crecer la intervención de los gobernadores provinciales sobre las
ciudades, así lo acusan las leyes de esa época y las reformas de Diocleciano. Aparecieron los curatores y luego el defensor civitatis, cuya misión es defender a los habitantes de las civitas y a los campesinos de los abusos de los curiales y señores de las villae.
Las ciudades pasaron a ser gobernadas por índices y por comités civitates,
según el Codex Theodosianus. Eran oficiales de la corte imperial que tomaban el mando de las ciudades por razones de precariedad de su defensa. Ellos acapararon todos
los poderes de la curia y de los magistrados civiles. El estado de peligro permanente o
asedio aconsejó esta sustitución. (Los godos prefirieron heredar este tipo de organización del municipio romano y lo establecieron en ciudades incluso sin necesidad de defensa).
Los comités e iudices no gobernaron conjuntamente la urbs y su jurisdicción territorial: es decir, la capital del antiguo municipium y su territorio. Pues, mientras en los
comienzos del Imperio estaban ambos, campo y ciudad, poblados por habitantes con
los mismos derechos de cives y bajo los mismos magistrados, ahora hay más bien administración separada.
52.1. COLONOS Y CURIALES EN LA NUEVA ESTRUCTURA ADMINISTRATIVA MUNICIPAL
La presión fiscal y la inseguridad ciudadana hizo que pequeños terratenientes
renunciaran a sus tierras y se constituyeran en colonos.
Es difícil saber la situación jurídica del colono y ver si ya desde el Bajo Imperio
se encuentra en una situación medieval de "siervo de la gleba".
La categoría de cives quedará sólo en los hombres libres que se mantienen en la
ciudad, los que integran la curia.
Los colonos pierden esa condición de curiales y sus situación se aproxima a la
condición de siervos a las órdenes de los grandes possessores. Pero muchos curiales
prefirieron el colonato, ante la tiranía de los gobernadores provinciales, y porque el
possessor al menos cubría sus necesidades de alimento y defensa que no siempre los
garantizaba la ciudad.
A fines del siglo IV todos los bienes de familiares de miembros de la curia serían
garantía de las obligadas donaciones al municipio. Esto hizo que se despoblaran las
curias y que a principios del siglo V no hubiera magistrados curiales en ninguna ciudad
prácticamente. Les reemplazaron en la administración los curatores civitatum.
52.2. LAS FUNCIONES DEL "CURATOR" Y DEL "DEFENSOR CIVITATIS"
Desde finales del siglo III y durante el siglo IV, los duunviros, ediles y decuriones
ya no existían, o carecían de autoridad ante los nuevos cargos como los iudices, curator civitatis, defensor civitatis.
168
El cargo de curator apareció en el siglo I con la misión de inspeccionar temporalmente la recaudación de tributos del municipio. Entonces era delegado imperial designado por el gobernador provincial de entre los decuriones municipales. Con el tiempo el curator adquiere carácter permanente y creció la importancia de su cargo. A
través del control de la administración municipal se convierten en los verdaderos rectores de la ciudad por encima de los magistrados; esto se constata en Hispania desde
Diocleciano y Constantino; el curator civitatis confecciona el registro de propiedad y
establece la relación de contribuyentes ciudadanos.
Al final del Bajo Imperio las necesidades militares primaron. Así los defensores
civitatum reemplazaron a los curatores y también a los antiguos patronos senatoriales
que buscaba cada ciudad para que protegieran sus derechos ante Roma y los gobernadores provinciales.
Con la desaparición de los curatores, los rectores provinciales actuaban pues al
margen de la curia y lo hacían sólo por medio del defensor civitatis.
También el cargo de defensor civitatis tenía sus antecedentes en el Imperio, con
Valentiano. Los nombraba el prefecto del pretorio y debían proteger a los humildes contra los abusos de la administración. El defensor civitatis fue aumentando sus funciones
pudiendo intervenir contra los recaudadores de tributos y proceder en la tasación de
bienes y tierras.
53. ORGANIZACIÓN MILITAR
Con la pacificación de Hispania tras la conquista de Cantabria (19 a. C.) quedaron en la península tres legiones y algunas unidades auxiliares: la legio IV en Santander, y la VI y X en tierras astures. Vigilaban las explotaciones auríferas astures, donde
se concentraban un importante comercio y un gran contingente de mano de obra. Parece que se asentaron en torno a la calzada que va de Astorga a Bracara, por donde
debía discurrir la exportación minera y la importación de abastecimiento.
Pronto se reducirán estas tropas: en el 39 d.C. sale la legio IV y en el 63 d. C. la
X. Quedan pues, tan solo la VI y algunas unidades auxiliares.
Luego durante el turbulento año 69 d. C. se refuerza la X con otras dos la VII y la
I. Cuando fue derrotado Vitelio las tres legiones hispanas apoyaron la candidatura de
Vespasiano y este se afianzó como Emperador. En este momento salieron las legiones
a defender las fronteras del Rin. Y desde el 74 volvería a estar defendida Hispania por
una sola legión, la VII, formada por reclutas hispanos y ubicada en León, a cuya ciudad
campamental deberá su nombre. Siendo ayudada en sus tareas por el ala II Flavia Hispanorum y las cohortes en Celtiberia, Galia y Lucentium.
Tarea de estas tropas sería colaborar en obres de ingeniería; como construcción
de vías, puentes, acueductos, explotación de minas. También loas vemos reprimiendo
el bandolerismo y algún movimiento popular.
Desde Augusto existen pequeñas flotas marítimas que aseguran el mar contra
los piratas, mandadas por un praefectus orae maritimae, con centro en Tarraco.
A partir de Diocleciano el ejército acusa fuertes innovaciones en su organización.
Su obra es completada por Constantino y comprende dos aspectos:
Separación de los mandos civiles de los militares.
Estructuración del ejército en dos grupos: tropas fronterizas o limitanei, y comitatensis o cuerpo de reserva móviles que desde el interior se desplazaban a los lugares
169
conflictivos.
El fronterizo es mandado por duces o comités. El de reserva acompaña al Emperador, quien los dirige junto con un recién creado officium de los magistri militum. Ambos cuerpos pueden dividirse en dos grupos, los magistri peditum (infantería) y los magistri equitum (caballería).
La defensa de Hispania entre finales del s. IV y principios del s. V nos ha sido
dada a conocer a través de la Notitia Dignitatum. Según esta existen tropas de reserva
(11 auxilia palatina y 5 legiones comitatenses); pero son sólo unidades teóricas que no
llegaron a crearse, ni hubieran podido ser financiadas por el erario imperial. En todo
caso no llegaron a estacionarse en la Península, pues hubieran intervenido en las invasiones, Y sólo son las tropas residentes en Hispania clasificadas como limitanei.
Además no hay testimonio escrito ni arqueológico que hablen de las revueltas de
cántabros y astures en el s. IV ni del limes hispano.
Sobre estas unidades tradicionales cuya combatividad resulta muy discutible,
pues apenas ejercen funciones de orden, existían unidades menores en las ciudades
para su defensa. A fines del Imperio, Honorio y sus parientes las utilizaron para defender las fronteras hispanas contra suevos, vándalos y alanos (409) en los Pirineos.
53.1. LAS UNIDADES AUXILIARES
Los hispanos participaron ampliamente en los ejércitos romanos que fueron conquistando la Península. Durante el siglo I a. C. fueron cada vez más numerosos los
hispanos alistados en los ejércitos regulares de Roma para luchar en Italia (guerra de
los Aliados) o en otros lugares del Imperio.
Esta participación hispana se incrementa con Augusto, pues, creándose unidades (de infantería, cohortes, ya caballería, alae) profesionales, de servicio permanente,
e integradas por grupos étnicos uniformes. Y de Hispania extrae el mayor número de
estas unidades; y saldrán casi exclusivamente de las regiones más tardíamente conquistadas: Lusitania, región del Duero, Cantabria y Vasconia.
Creando así un medio de vida a los excedentes de población en regiones
económicamente poco desarrolladas aún. Y un vehículo de romanización y de transformación de las estructuras sociales y económicas de cuadrante Noroeste. En razón a
que muchos de los varios miles de alistados cada año volvían enriquecidos y latinizados a sus lugares de origen y con gran prestigio entre sus paisanos.
Estos hispanos servían en todas las fronteras del Imperio: África, Britania, Rin,
Danubio, Oriente, Egipto. Ellos llevaron también por doquier modos de ser típicos hispanos.
También sirvieron en las cohortes pretorianas de la corte imperial a partir de Augusto. Al principio del Imperio es evidente pues la primacía de Hispania como fuente de
reclutamiento para la escogida guardia pretoriana. Así como en las unidades auxiliares:
alae y cohortes. Sobre unas 80 unidades hispanas.
La leva para estas unidades se hace por distritos, conventos jurídicos o tribus
como especifican las referencias epigráficas.
Parece que en un principio estas unidades debían servir en las regiones propias,
pues se dice que hubo revueltas por haber sido trasladados a otro lugar.
Dado el escaso número de ciudades y gentes con estatuto jurídico romano, los
reclutas eran de condición peregrini, para obtener la ciudadanía romana en el licencia-
170
miento, tras 25 años de servicio. Sólo después de Vespasiano se adscribirán con derecho latino o romano.
Se calcula según García Bellido un número de hispanos en servicio en activo
permanente de 45.000 (en cohortes de 500 soldados). Tal cifra de reclutamiento parece
correcta en proporción al número de habitantes. En Plinio es de 1.400.000 hab./limes.
El número de alistados equivaldría a un 4% de militares. Ello supondría un recluta
anual de 7000 hab. para cubrir las bajas, licenciamiento y nuevas creaciones de unidades durante el I siglo del Imperio.
53.2. HISPANIA RESERVA MILITAR A PARTIR DE VESPASIANO
Uno de los objetivos de Vespasiano con su edicto de latinidad para Hispania fue
facilitar el reclutamiento. Hispania podía ofrecer legionarios y suplir la ausencia de italianos. El número de ciudadanos romanos debió superar el millón, pues, en Hispania.
Legalmente sólo podían servir a las legiones cives romani; por tanto sólo estas
ciudades podían dar legionarios. Pero desde el siglo I, se exige menos esta condición y
se les admite con el ius latii. Así, tras la concesión del ius latii a toda Hispania, el Noroeste proporciona legionarios de dentro o fuera de la Península y también para las cohortes pretorianas. De esta forma el Noroeste desde la reforma de Vespasiano constituye la reserva de hombres para el ejército.
Así con Vespasiano nacen numerosas unidades auxiliares, las cohortes. Muchas
se cubrirán de gloria en el Rin, Mauritania, etc.
171
TEMA 16.- LA SOCIEDAD HISPANA ALTOIMPERIAL.
54. POBLACIÓN Y MOVIMIENTOS MIGRATORIOS
54.1. LA POBLACIÓN: ASPECTOS BÁSICOS DE SU EVOLUCIÓN
Por los textos literarios y las inscripciones conocemos pocos aspectos cuantitativos de la población hispana durante el Imperio y aún menos sus fluctuaciones por pestes y emigración. La Historia Augusta nos refiere la terrible peste que en tiempos de
Marco Aurelio padeció el Imperio y también Hispania; pero sin que tengamos noticias
del alcance real.
En el siglo I d.C. la Península estaba relativamente poblada. El promedio de vida
debía oscilar entre los cuarenta y cincuenta años, y el crecimiento a lo largo de cuatro
siglos de paz no siguió la línea de aumento natural por causas diversas: guerras, pestes, reclutamiento militar. Así, hubo un primer aumento fuerte de la población tras las
Guerras Cántabras, la definitiva pacificación, la afluencia de comerciantes y administrativos de Roma al cuadrante Noroeste, la creación de nuevas industrias, ampliación de
tierras de cultivo y centros comerciales. En tiempos de Trajano y Adriano, a comienzos
del siglo II d.C., la población hispana pudo alcanzar muy bien de 8 a 10 millones de
habitantes. Pero Hispania al final del Imperio no parece que sobrepasara los 5 millones.
El ritmo decreciente parece que se inicia desde mediados del siglo II de nuestra
era, parece que hubo levas de soldados excesivamente fuertes desde Vespasiano, que
salían de Hispania en un número aproximado de 7.000 jóvenes cada año, de los cuales
volvían más bien poco al ser licenciados, pues se quedaban en la frontera donde se
habían casado y tenían sus hijos, y donde los emperadores les procuraban tierras.
Luego se registran terribles pestes a finales del siglo II y a mediados del siglo III.
La peste bajo Marco Aurelio (161-180 d.C.) asoló a todo el Imperio, aunque quizá menos a Hispania. Finalmente la crisis económica del siglo III con las pestes, las luchas
contra los bárbaros en la frontera y la radical disminución de la producción por falta de
mano obra esclava, parece que condujo también con gran rapidez a una merma acentuada de la natalidad y de la población., pues la vida urbana había crecido pero no así
la prevención sanitaria contra el hacinamiento.
El desarrollo de las ciudades también puede darnos idea de la evolución de la
población. Hubo ciudades desde Augusto que ensancharon su recinto y aumentaron su
población. Seguramente Gades estuvo sobre los 100.000 habitantes, Carthago Nova y
Clunia al rededor de los 50.000, Corduba, Emerita, Tarraco y Caesaraugusta, también
sobrepasaron en algún momento los 40.000 habitantes. Asturica Augusta, y Bracara
crecieron en importancia, mientras al final del Imperio Gades y Tarraco decayeron, seguramente porque su comercio perdió la prioridad de que gozó en tiempos de la República y primeros siglos de nuestra Era.
Una serie de rasgos fundamentales definen a la población hispana altoimperial.
Ante todo la libre circulación de bienes y de personas libres permitió movimientos de
emigración y de contratación en los oficios, en la agricultura, minas, comercio o el servicio militar. Por otra parte, se camina a la total urbanización de la población y a la desaparición de las estructuras indígenas gentilicias.
Con la libre circulación de bienes y de personas, hubo también libertad para la
creación de empresas o desarrollo de oficios que generaron en los siglos del Imperio
romano un amplio cosmopolitismo. Las tierras hispanas, sus costas y vías de circula-
172
ción no fueron ajenas a este tráfico de mercancías y de gentes. Nuestro suelo, rico en
explotaciones mineras de todo tipo, acogió a numerosos emigrantes semitas, judíos,
africanos, griegos e italos. En estos movimientos de población vemos acudir a Hispania
gentes de Oriente y de los países centroeuropeos, y a los veteranos licenciados del
ejercito, que se asientan en Hispania.
Con todo, el elemento básico de la población siguió siendo eminentemente indígena y no desprendido de cierto costumbrismo local, pese a la indudable e intensa penetración de la romanización y sus modos de vida.
54.2. MOVIMIENTOS MIGRATORIOS
Emigración hispana hacia las tierras del Imperio.
El crecimiento de las ciudades fue en buena parte vegetativo, en parte resultado
de la emigración por el atractivo que ejercieron algunos núcleos urbanos al ser centros
mineros, de comercio o administración.
Tres razones fundamentales determinaran los movimientos migratorios desde y
hacia Hispania: servicio militar, actividades comerciales, busca de trabajo. Emigrantes
fueron los senadores, que lo hicieron hacia Italia, llevándose sus capitales. También
hombres de negocio, intelectuales y algunos aventureros buscando su suerte en Roma.
Allí veremos prosperar a muchos intelectuales desde que los Balbos hicieron acto de
presencia en la política; así vemos a los Columela, Séneca, Marcial y Trajano, todos
ellos son hispanos que acaparan los más altos cargos senatoriales, como Trajano, padre del Emperador. Bajo Trajano las campañas de Dacia registraran la presencia extraordinaria de hispanos, no solo en la serie de unidades auxiliares hispanas que allí lucharon, sino también en los altos mandos militares, como Licinio Saura y el futuro emperador Adriano.
También los comerciantes hispanos frecuentan la Galia, Roma, Germania y África.
Emigración Interna (examen)
La Meseta produce alto número de emigrantes: destacan dos núcleos de emigración: Clunia y Uxama, que tienen como destino otras ciudades, principalmente Tarraco y Emerita. La pobreza de la región de Clunia impulsaba a sus gentes a buscar
mejor fortuna, ya que, además, parece registrarse cierto crecimiento demográfico, al
ser las familias de dos o tres hijos como promedio.
Tarraco era destino natural de no pocos cargos locales que temporal o definitivamente emigraban a la capital de la provincia. La atracción de Emerita se explica por
ser un gran centro agrícola, donde los latifundios, amplios y ricos, precisaban mano de
obra. Otras ciudades como Legio VII y Asturica, como centro militar, mercantil y minero
fue de gran importancia. También ciertos núcleos urbanos del Noroeste: Vicus, Cangas
de Narcea y los centros mineros de Orense, Lugo y el norte de Portugal.
Así, pues, la emigración generalizada de gentes de la Meseta busca una mejora
de sus vidas en los centros mineros, de pesca, comercio o agricultura. Era una emigración de tipo familiar, y sin duda, se atraían unas a otras.
Emigrantes extranjeros (examen)
La afluencia de gentes hacia Hispania se redujo lógicamente a las capitales provinciales, las mas pobladas y donde el comercio y la actividad económica con el resto
del Imperio era importantes: Corduba, Tarraco, Asturica Augusta. Vinieron a Hispania
173
gentes de países del confín mediterráneo. Pero ya no se dan aquellas emigraciones
masivas itálicas procedentes de los asentamientos o de la presencia de comerciantes,
industriales y explotaciones agrícolas, que afluyeron durante la República. En consecuencia, el cuadrante Noroeste hispano apenas si recibió gentes itálicas, salvo algunos
asentamientos en tiempo de Augusto para Asturica y quizá Lucus. Con todo, pervive
alguna afluencia de romanos e itálicos hacia la Península, principalmente negociantes,
durante el Imperio. Así García Bellido señala negotiatores en Bracara y libertos romanos en Asturica. Pero es sobre todo en el Norte donde se asientan los libertos, veteranos o gentes libres, como en Lucus y León; vienen como técnicos o administradores
del Emperador a estas minas de las mas ricas del Imperio y, por tanto, siempre muy
vigiladas y controladas por agentes directos del emperador.
De la Galia llegan emigrantes al confín actual vasco-cantábrico; la inscripciones
detectan galos en Barcino, Tarraco, Ampurias y Sagunto, y que son posiblemente estos
galos los que trasplantan a Tricio las técnicas alfareras de la terra sigilata sudgálica a
comienzos del siglo I d.C.
La aportación de gentes germanas a Hispania procede especialmente de soldados veteranos aquí asentados. De África y Oriente llegan, sobre todo, comerciantes,
muchos de ellos con la condición de libertos.
Son también algunos de estos emigrantes aceiteros, mineros o de salazón. Sobre todo se asentaban en la costa y en las capitales importantes.
55. ESTRATIFICACIÓN SOCIAL
Rasgo importante en el análisis de la estructura social hispanorromana durante
el Imperio es la tendencia a incorporar a toda la población indígena hispana dentro de
la condición ciudadana, cives romani. Van desapareciendo, pues, aquellos viejos grupos indígenas de peregrini libres y su clasificación en nobles, plebeyos y clientes. La
masiva concesión de ciudadanía romana desde César y Augusto, completada por el
Edicto de Latinidad a toda Hispania por Vespasiano cierra esta incorporación global de
la población libre hispana a la ciudadanía romana, y por tanto sólo se puede hablar
desde entonces de la estructura social romana, basada en la riqueza y en la pertenencia por ascendencia a un grupo familiar.
Las cuatro clases sociales ciudadanas hispanorromanas:
Aristocracia senatorial (ordo senatorialis) de altos magistrados, los más ricos en tierras y dinero.
* Aristocracia ecuestre (ordo equester) o de adinerados, que detentan otros cargos
menores.
* Aristocracia local (ordo decurionalis) o ricos que ocupan los cargos de la administración local.
* Plebe (plebs) de hombres libres y artesanos o pequeños poseedores de tierra.
*
Sin duda la clase dominante en la Hispania romana del Imperio no fue la senatorial, pronto asentada en Roma en torno a la alta política, sino las gentes del orden
ecuestre y orden decurional. Estos son los que ocuparon, con la riqueza en tierras y
dinero los poderes e influencias locales.
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55.1. LA ARISTOCRACIA SENATORIAL
El orden senatorial constituye la aristocracia romana por excelencia. su reducido
número en todo el Imperio, y consiguientemente más reducido en cuanto al número de
los originarios de Hispania, presta mayor realce a su privilegiada situación. quizá no
sobrepasó de 200 el número de los que accedieron a este alto rango social. Esta nobleza era luego heredada en la línea familiar. Son los más ricos en tierras y en dinero
sobrepasando el límite mínimo del millón de sestercios.
La procedencia de los hispanos que llegaron al orden senatorial fue doble. Por
una parte la nobleza aborigen hispana enriquecida, caso de los Balbos de Gades, los
Séneca de Corduba y los Trajano de Italica. Pero la mayoría son emigrantes itálicos,
también enriquecidos en Hispania tras varios siglos de estancia, caso de los Ulpios
(Adriano). El comercio, la minería, el arrendamiento de tierras del ager publicus o de
servicios de tributación permitió crear grandes fortunas y latifundios.
Durante los primeros siglos de la República la aristocracia hispana aborigen o de
ascendencia itálica no sobrepasó el desempeñó de los cargos de la administración municipal y otros secundarios de la administración pública romana en Hispania. Pero desde los tiempos de César y Augusto no pocos hispanos fueron promovidos al ejercicio
de los más altos cargos públicos (consulado, pretura) que permitían el acceso al ordo
senatorialis; y no faltaron tampoco los que entraron en este orden por expresa designación de los dictadores o emperadores.
A partir de Augusto empezó la promoción de hispanos al consulado y a otros
primerísimos cargos centrales; promoción que tendría sus altibajos, pero no cesaría
hasta el final de Imperio.
Cuando esta aristocracia hispana del dinero alcanzó los honores senatoriales se
vio obligada a invertir un tercio de su fortuna en la adquisición de tierras en Italia y estas familias terminaron afincadas, casi sin excepción, en Roma. Esto tuvo una incidencia realmente negativa en la Península, especialmente en la Bética y costa catalana y
levantina, de donde salieron la mayoría de los senadores durante los siglos I y II d.C.
Se descapitalizó fuertemente Hispania y se perdieron muchos de los benefactores que
habitualmente sostenían con sus liberalidades las obras y gastos públicos. Algunos de
estos senadores trasladados a Roma actuaron de patronos de las ciudades en las que
habían nacido, hicieron grandes donaciones y costearon edificios públicos.
55.2. EL ORDEN ECUESTRE
Siguió en importancia a la minoritaria clase senatorial hispana el ordo equester.
Son más ricos en dinero que en tierras; pero también, como la alta nobleza senatorial,
procura añadir a la posesión de grandes sumas de dinero, que les proporcionan los
negocios y la administración, grandes posesiones territoriales. Acaparan la administración, donde les vemos dirigiendo las minas o posesiones imperiales en la condición de
procuratores, censores. La clase ecuestre hispana con frecuencia pasa desde el flaminado provincial del culto al Emperador o desde la carrera militar a la alta burocracia de
la cancillería imperial de Roma, donde su influencia es decisiva.
Se diferencian del grupo senatorial hispano en que normalmente los del orden
ecuestre conservaron sus bienes raíces en Hispania y mantuvieron en ella su residencia habitual y la de sus familiares.
175
En la ostentación de cargos decurionales prevalecieron desde el momento en
que añadían a su estatuto jurídico superior grandes fortunas con la posibilidad de patrocinar beneficiosos servicios u obras en favor de la ciudad. El cursus honorum de muchos de estos nobles hispanos se ha podido reconstruir gracias a que dejaron gran
número de inscripciones propias o erigidas en su honor y como expresión de agradecimiento a sus servicios y donativos.
55.3. OLIGARQUÍA MUNICIPAL U “ORDO DECURIONUM”
Especial importancia tuvo el relativamente también numerosos grupo de los que
detentaron la administración de las ciudades. La mayoría de ellos, discretos terratenientes y holgados comerciantes, que como más directas apetencias de mando y honores ostentaron los cargos municipales: duunviros, ediles, cuestores. Se integraban después de ejercer los cargos en el senado de la ciudad: ordo decurionum.
Salieron los cuadros de mando de una clase media, bien acomodada, integrada
por gentes de mediana fortuna, pero entre los que n faltaron cargos militares licenciados, intelectuales y aun adinerados o terratenientes importantes. Renunciaron a cargos
mayores reservados al orden ecuestre a los que podían aspirar y se contentaron con
los honores inherentes a las magistraturas locales. Esta oligarquía también odia optar
al sacerdocio y flaminado del culto al Emperador.
La promoción social y acceso a los cargos municipales se concentró durante el
Imperio en ciertos grupos privilegiados procedentes, ya de la aristocracia indígena, ya
de los emigrantes itálicos y con fortuna en cada ciudad, constituyendo una auténtica
casta. El rango se entiende no solo como servicio a la comunidad, a través de donaciones para obras y actos públicos durante el ejercicio del cargo, sino también como indicio del rango social y económico. Con frecuencia las donaciones son previas a los
honores y cargos municipales.
Sin embargo, acceden no sólo familiar tradicionales sino nuevas de comerciantes y libertos con grandes fortunas. Así adquieren los ornamentos decurionales por sus
liberalidades con la ciudad. El desempeño del sevirato Augustal (culto al Emperador)
fue también vehículo de promoción social.
La crisis del siglo III, conllevó en gran parte la ruina del orden decurional ya que
los más grandes propietarios huyeron al campo, a sus latifundios, y la administración
central obligó a los mayores propietarios urbanos a detentar los cargos edilicios y a
responsabilizarse con sus propios bienes de los tributos centrales y de los gastos locales. Sólo se salvó aquella parte de la aristocracia local que consiguió convertirse en
latifundista y huir a sus propiedades rústicas.
55.4. LA PLEBE
La plebe siguió siendo mucho más numerosa que las clases privilegiadas y medias; acrecentando con frecuencia su número con pequeños terratenientes que desde
el siglo III hubieron de convertirse en colonos. Fueron pocos los que con su solo trabajo
y reducida propiedad consiguieron lograr una mediana fortuna. El ingreso en el servicio
militar es de las profesiones que más permitió escalar a la plebe hacia una clase media
digna.
El grupo social de la plebe tuvo al principio del Imperio dos categorías: los que
tenían estatuto jurídico de cives romano o cives local de un municipio indígena; y los
simples hombres libres, normalmente residentes campesinos. Desde Vespasiano el
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goce del derecho de ciudadanía lleva consigo la pertenencia a una determinada ciudad
con los derechos y deberes consiguientes: participar en las asambleas populares, desempeñar los cargos y honores, acatar las leyes y mandatos de los magistrados y soportar los munera o cargas municipales. Entre estos munera están la prestación de servicios públicos, aportaciones personales, contribuciones en dinero; hay ciudadanos exentos de estas cargas, bien por decreto del gobernador, por la edad (menores de 25 año
y mayores de 60), por el número de hijos, por ser veteranos del ejercito; también hay
exención de cargas para algunos oficios (marineros, auxiliares del ejercito, médicos,
retóricos, etc.).
56. ESCLAVOS Y LIBERTOS
56.1. ESCLAVOS
La España antigua conoció la esclavitud. Pero con el gran desarrollo augusteo,
ésta, como factor de producción y en cuanto constituye numéricamente una parte de la
población, merece una especial atención dentro de la sociedad hispanorromana. Para
los romanos sirvió de mano de obra en la burocracia, el comercio, la industria minera,
la agricultura y el servicio doméstico. No es mano de obra única, pues en Hispania el
libre, ciudadano o no, también participa ampliamente en el trabajo. Pero aspiración de
todo romano fue contar con trabajadores esclavos y, por ello, baratos, que aumentan
sus rentas, su productividad y le permiten entregarse al ocio (otium).
Bajo el doble punto de vista jurídico y económico se ha de valorar la esclavitud
como institución básica del sistema capitalista-esclavista del mundo romano. Si bien
jurídicamente los esclavos no tienen más que una única condición, cual es la negación
de toda personalidad ante la ley, en la práctica están diferenciados por el puesto de
trabajo que ocupan; mientras los esclavos de la agricultura o de la minería se hallan en
ínfimas condiciones de vida, trato y alimentación, otros, como pueden ser los esclavos
que administran las villae, los que dirigen importantes negocios de comercio, ciertos
esclavos de servicios domésticos, los esclavos del Estado o municipios y tanto más lo
que sirven a la burocracia del emperador, gozan de amplia libertad bienes y aun poder.
Jurídicamente el esclavo carece de derechos o ius, no puede tener propiedad ni
familia. Puede tener un peculio particular con el cual un día quizá pueda adquirir su libertad. Carece de esposa legítima y sus hijos también serán esclavos. Tampoco puede
reclamar protección legal contra los malos tratos de su dueño.
Abundan en Hispania esclavos de Oriente con nombre griego porque en general
constituían mano de obra especializada. El número más importante de esclavistas proviene de Italia. El capital de italianos sigue viniendo largo tiempo a España y se suceden a los largo del Imperio al frente de importantes villas y explotaciones agrícolas, ganaderas o industriales. Ellos solos poseen quizá la mitad de los esclavos y figuran correlativamente como patronos manumisores de libertos. Le siguen en importancia gentes de Oriente, con nombre griego, comúnmente comerciantes orientales, que con sus
esclavos han montado abundantes negocios de exportación en la Península. Pero hay
buena parte de dueños de esclavos y patronos de libertos oriundos de Hispania, donde
también hay muchos enriquecidos terratenientes y hombres de empresa.
Con frecuencia los dueños de los esclavos dan a estos un trato exquisito y aprecian sus servicios, aunque también los hay que dueños descontentos de su esclavo,
con razón o sin ella, podían libremente castigarle; las penas oscilaban desde la muerte
hasta la simple privación de una parte de la dieta; sólo el interés por el valor material
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del esclavo podía contener parte de la ira del amo. La Lex Metalli Vipascensis determina algunos de los castigos que debería sufrir el esclavo ladrón: sería azotado y vendido, habiendo de permanecer atado el resto de su vida, permitiéndosele sólo trabajar en
las minas o en territorio minero. Esto indica que el trabajo minero debía ser interesante,
bien por la remuneración, bien por que gracias a este empleo se accediera más fácilmente a la libertad. Muchos de los esclavos que actuaban como gladiadores eran condenados a esta profesión minera por algún delito grave; lo que significa que el trabajo
en las minas era duro en cualquier caso.
En los latifundios del comienzo del Imperio romano prevalece la esclavitud como
base de explotación.
En la ley de Vipasca se mencionan diversos oficios atendidos por esclavos;
médicos, pedagogos, zapateros, barberos, albañiles, tintoreros, fundidores, músicos,
notarios, domésticos. Esclavos caros por su calidad son los gladiadores.
Poseen esclavos públicos tanto las ciudades, municipios o colonias como los organismo estatales. Proceden directamente de la guerra o por compra, y gozan de consideración social superior a los esclavos privados.
56.2. LIBERTOS
El esclavo puede comprar o recibir generosamente de su dueño la libertad. El
que tal libertad recibe por primera vez en la familia pasa a ser liberto. El cato jurídico
que regula esta concesión de libertad a un esclavo se llama manumisión. Muchos esclavos públicos del Emperador o cargos del culto al Emperador recibían la libertad por
tales servicios públicos. Hubo muchos de los libertos que contaban con fortuna.
Los libertos públicos gozan de una situación de privilegio con respecto a los libertos privados, y además se enriquecían mucho. Algunos de ellos en Hispania desempeñaron cargos como el de procurator, o mandatarios gerentes de las minas de Riotinto. Entre los cargos más buscados por los libertos públicos o del Emperador figura el
de Servi Augustales o servidores en las ceremonias solemnes del culto al Emperador.
57. LA VIDA PRIVADA EN LA HISPANIA ROMANA
57.1. LA VIVIENDA Y LOS EDIFICIOS PÚBLICOS
La estructura urbana de las ciudades hispanorromanas sufrió una profunda evolución. Surgieron nuevos edificios públicos y privados; las viejas poblaciones construidas con fines defensivos resultaron destruidas por la acción conquistadora romana;
otras veces Roma exigía, para evitar la resistencia indígena, que estas ciudades u oppida fueran abandonadas para trasladar su población al llano; en ocasiones las propias
ciudades decidieron este traslado al llano porque su crecimiento en la montaña y sobre
las laderas resultaba difícil e incómodo; finalmente la administración romana fue creando nuevas ciudades, las colonias. Estas ajustaron sus calles y plazas al sistema
hipodámico, incluso las viejas ciudades fueron perdiendo con el curso de los siglos su
vieja estructura desordenada para organizar su vida ciudadana en torno a una plaza o
foro y sobre grandes vías diagonales que hicieron fácil la circulación de vehículos.
Las calles, al menos en las grandes urbes fueron pavimentadas, con perfil
cóncavo, para permitir el vaciado de las aguas de lluvia y darlas acceso a las cloacas.
Conocemos la estructura del sistema de alcantarillado en alguna ciudad como Italica,
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Tarraco, Emerita, Barcino, etc.
El suministro de agua para las viviendas y fuentes o estanques públicos en ciudades grandes o algo alejadas de ríos o manantiales salubres se hizo por medio de
acueductos. Son conocidos los de Segovia, Tarraco y Emerita.
Conocemos también otras instalaciones urbanas de interés público: mercado de
Tarraco, termas en Gijón, Emerita y Barcino; teatro en Emerita, Málaga, Clunia y Sagunto; circo en Italica y Emerita; palestra en Italica y Ampurias. Todos ellos son bellas
muestras de grandes obras arquitectónicas que compiten en grandiosidad y tamaño
con las mejores de todo el mundo romano.
Por todo el Imperio se generalizó el tipo de casa mediterránea, también utilizada
en Roma. El acceso al interior se hace por medio de un patio porticado, a cielo abierto,
para recoger las aguas de lluvia. Alrededor del patio de Columnas se adosan las habitaciones familiares. Los dormitorios son sencillos y la habitación más noble es el comedor. En torno a la mesa están los triclinios sobre los que se recostaban para las comidas solemnes; ofrecían grandes comodidades y, a veces, lujo exquisito. En las casas
se busca el adorno de columnas, estatuas y diversos objetos y utensilios artísticos.
Cerámicas y vasos diversos revisten, a su vez, un gusto depurado. En enlosado se
hace con preciosos mosaicos. Todo el mayor lujo corresponde a las familias de alto
nivel económico.
Sólo algunas ciudades de gran población y escasa disponibilidad de solares,
como el caso de Gades, se levantaron casas de varios pisos. Fue normal la casa de
una planta baja a la que quizá se añadía un solo piso.
La iluminación de noche se logra con lámparas de aceite y sebo; hay lucernas
con varios puntos de luz. Las letrinas se sitúan en la inmediación de la cocina. Las casas mas lujosas tienen paredes de piedra y algunas, sobre todo en las villas de los latifundistas, añaden hermosos jardines. El mobiliario era escaso y de la mayor sencillez,
aunque los alfares produjeron hermosas vajillas, vasos y jarros (terra sigilata).
Muchas casas y villas excavadas ofrece complicadas construcciones para hacer
cómodos baños públicos y privados Las más acabadas de estas construcciones (termas) tienen lugares específicos para desnudarse, piscina fría, piscina caliente, salas de
exudación y gimnasio. Las gentes más ricas resolvían sus asuntos en estos lugares
públicos. Normalmente estos baños eran costeados con cargo al erario municipal o sufragados por gentes ricas del municipio que hacían legados a cambio de honores o
cargos locales.
57.2. ESPECTÁCULOS Y DIVERSIONES
Los acomodados ciudadanos vivían en las ciudades más importantes; donde
había edificios públicos: baños, termas, circo, teatro, foro, templos y aras de culto religioso. Su vida discurría mayormente en estos lugares durante gran parte de la mañana
y la tarde. Todo hombre acomodado, desde muy temprano cuida del arreglo de la barba y pelo por uno de sus esclavos o bien en las tabernae donde hay expertos profesionales. El foro o los negocios propios o domésticos ocupan la mañana. La tarde se dedica a la vida social, preferentemente en baños y termas, cuando no hay espectáculos
extraordinarios de circo, teatro, carreras o se preparan jornadas de caza, pesca y deporte.
Teatros, circos y anfiteatros daban ocasión de solaz extraordinario, no solo a los
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vecinos de la ciudad en que se ubicaban, sino también a los viajeros ocasionales y a
las poblaciones circundantes. El costo elevado de estas representaciones fue motivo
de regulación por la administración. Sabemos que hay un cargo de Procurator de los
ludi para el mundo romano occidental.
Lo más espectacular de las actividades circenses correspondía a los gladiadores
y conductores de carros. Se conoce muchos aspectos de estos deportes y juegos circenses, el público hispano se apasionaba con aquellas competiciones y espectáculos a
los que asistían varios miles de ciudadanos . La práctica de estos juegos en circos y
anfiteatros se hizo especialmente por profesionales; casi todos de procedencia eslava.
57.3. RITOS SEPULCRALES
A cerca de las costumbres funerarias se conserva información muy abundante.
Ésta proviene de las múltiples inscripciones dedicatorias y también de sepulturas que
han sido excavadas. Entre los hispanorromanos se hizo costumbre erigir, en honor de
los difuntos de familias acomodadas, ricas sepulturas. Han llegado hasta nosotros bellos ejemplares de sarcófagos. Tenemos testimonios de la grandiosidad de los monumentos funerarios con una serie de inscripciones a través de las cuales podemos informarnos de las costumbres a este respecto. Sabemos que junto al sepulcro dedicaban en su alrededor un terreno, y que acostumbraban a poner útiles cotidianos en la
tumba; que acudían regularmente a visitar el lugar donde yacían los seres queridos
desaparecidos.
Lo mas frecuente es que los cementerios se ubicasen en las proximidades de la
ciudad, al lado de las vías de comunicación. Emerita y Carmona han proporcionado los
más ilustrativos conjuntos sepulcrales.
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TEMA 17. LA ECONOMÍA HISPANA ALTOIMPERIAL.
58. LA MINERÍA
58.1. TÉCNICAS Y MÉTODOS
Plinio distingue tres técnicas mineras en uso en su tiempo: El lavado de las arenas de los ríos, la explotación de los filones mediante pozos y galerías, y la ruina montium o arrugia para la que se utiliza la fuerza del agua en un terreno previamente horadado.
En Tres Minas (Portugal) y en Asturias se han hallado una gran cantidad de morteros de granito porfírico muy resistentes en los cuales con un pilón aún más duro se
trituraban los fragmentos de cuarzo aurífero. En la Mina dos Mouros (Portugal) y en
Brandomil (La Coruña) se utilizaron para la extracción del mineral pozos, galerías y tajos; pero este procedimiento fue raro, pues se aplicaba cuando la concentración de oro
era grande y se justificaba un trabajo tan duro y prolongado. Para el hundimiento de la
roca se empleaba el fuego y picos de hierro.
El oro en estado libre se podía obtener mediante trituración, lavado y quizá
amalgamación. El oro asociado a sulfuros, se obtenía por un tratamiento más complejo
de tostado, fusión y copelación. Como en Jales (Portugal). Más usada fue la técnica de
arrugia o ruina montium. Se aplicaba a los depósitos de aluviones. Pepitas de oro se
hallaban diseminadas, irregularmente por la arcilla roja. La operación consistía en cavar
pozos y galerías destinados a provocar el hundimiento del monte. Esta operación se
llamaba ruina montium; grandes depósitos de agua se colocaban en los puntos elevados de la explotación, alimentados mediante una red de acueductos; se precipitaban
grandes torrentes de agua sobre los montones de tierra que, en estado de lodo , fluían
hacia los canales de decantación donde se recogían las pepitas de oro.
La característica de la arrugia estribaba en el hecho de obtenerse una enorme
masa aurífera, explotación simultánea de gran cantidad de mineral y una gran economía de mano de obra, y, por tanto, la explotación de los aluviones en plan industrial.
58.2. INGENIOS
El método más sencillo de desagüe, cuando era posible, consistía en un canal
que con una suave inclinación vertía al exterior el agua. Otras veces aprovechaban los
ríos subterráneos. Cuando les era imposible sacar el agua se empleaban mecanismo
de elevación, de los que en las minas hispanas se utilizaron tres, a saber:
La noria. Consistían de una rueda o conjunto de ruedas que elevaban el agua.
Muy usada en las minas del Suroeste: Tharsis y Riotinto, en Huelva, y Santo Domingo,
en Portugal. En Riotinto se encontró un conjunto de catorce ruedas, colocadas de manera sucesiva, que elevaban el agua a veinte metros de altura.
La polea con cangilones.- Es una variante de la maquina anterior; a la misma
rueda se acoplaba una doble cadena de hierro, de la que colgaba cangilones de cobre,
con una capacidad de 3.5 litros, que vertía el agua en la parte más alta sobre un canal
o depósito a ese nivel. La ventaja de este ingenio es que extraía el agua de lugares
más profundos. Aunque no fue tan usada como la noria.
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El tornillo hidráulico. Cuya invención se atribuye desde la Antigüedad a Arquímedes. Los tornillos se accionaban por medio de aletas aplicadas en la parte exterior,
movidas con los pies por hombres apoyados en una barra. Los tornillos se colocaban
en hilera y desaguaban en una caja en la que se alimenta el tornillo inmediatamente
superior.
Parece ser que su usaba también la bomba de Ctesibio. Un ejemplar, procedente de la mina Sotiel-Coronada, se conserva en el Museo Arqueológico. Elevaba el agua
a gran altura. Estaba sujeto al suelo por una obra de mampostería. Consta de dos recipientes gemelos de bronce unidos por un tubo en forma de horquilla, al que se ajusta
un conducto vertical, la bomba. Los recipientes y los tubos llevan un juegos de válvulas
que abren o cierran el paso del agua. En los recipientes cilíndricos hay sendos pistones, que se accionan por medio de barras y palancas que impelen el agua a través del
tubo central.
58.3. OTROS MINERALES
Gracias a los datos de Plinio es posible conocer otros minerales extraídos en
Hispania. Así Cantabria producía piedra imán y hierro. En Lusitania y Galicia se encontraba el plomo blanco, que muchas veces estaba a flor de tierra. El rubí se explotaba en
pozos profundos en las proximidades de Olissipo.
Parece ser que los ríos hispanos arrastraban pepitas de oro y su producción era
elevada. El poeta de época flavia, Silio Itálico menciona los río Tajo, Duero y Limia con
arenas auríferas.
Las fuentes literarias mencionan diversos productos hispanos como el soro, del
que se fabricaba una pomada para los ojos; una arena del tipo lapislázuli, que se utilizaba en medicina para hacer crecer el pelo; la obsidiana, el topacio, el azur, y la espuma de plata, muy estimada.
La Península tenía buenas canteras de mármol. Las más conocidas son las de
Macael (Almería), Estremoz (Portugal), Almadén de la Plata (Sevilla), y Alconera (Zafra,
Badajoz).
La explotación de la cantera de Macael, la más estudiada, es a cielo abierto, en
paredes verticales. Los bloques de mármol se separaban de la pared rocosa clavando
con mallei unas cuñas de madera seca, que después se mojaban. Al secarse, las cuñas de madera, se expandían y provocaban grietas, en el sentido preferido (al hilo, a la
hebra, al través). Las cuñas se colocaban a una distancia de 30 cm. Se martilleaba en
cada agujero con cuñas mayores y se sujetaba con cuerdas el bloque, que se dejaba
caer con cuidado. Los trabajadores vivían en las mismas canteras; estos eran esclavos,
condenados o libres pagados.
Las piezas marmóreas, pocas en número, comparativamente, de Galicia, están
fabricadas en piedras locales de la cantera de Incio en la sierra del Caurel (Lugo).
Las canteras de Medol, en Tarragona, abastecieron de caliza blanca a Tarraco y
Barcino.
De todas formas Hispania importó mármoles: africanos, frigios, carios, tesalios,
etc.
A. Canto sostiene que el gran número de personas de nombre griego que aparece en Hispania obedece a una importación expresa de obreros para trabajar el mármol,
en lo que la Península no tenía ninguna tradición.
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Canteras de otros tipos de piedra se explotaban en época romana en Hispania:
las canteras de caliza blanca de Antequera (Málaga), que está considerada la mejor
caliza española.
Entre los granitos se daban dos variedades, una fina, al Norte, y otra tosca , al
Sur. Las canteras más explotadas eran las de Gilena y Gerena (Sevilla), que proporcionaban granitos duros y resistentes. En Galicia se utilizaba el granito fino de Porrió
(Pontevedra).
58.4. SIGLO I (d. C.)
El Sur
La serranía de Córdoba producía un cobre, que se hizo muy famoso y se llamaba Mariano, del nombre del dueño de las minas. En época de Plinio era el más apreciado. Mario era un absentista, que vivía en Roma. Su riqueza fue se perdición, ya que
fue acusado de incesto con su bella hija por Tiberio, para que sus bienes pasaran a ser
propiedad del Emperador.
Minas de plomo a juzgar por los hallazgos, se explotaban en Alcazarejos
(Córdoba).
Prototipo de una explotación de época imperial cabe reseñar la mina El Centenillo (Jaén), que ha sido bien explorada arqueológicamente.
La mina El Centenillo tenía dos series de filones: el filón sur y sus satélites, situados a un kilómetro. Ambos grupos fueron explotados en la Antigüedad. Se extraía
galena o sulfuro de plomo. La galena lleva frecuentemente plata, en cantidad variable.
La de Centenillo es rica en plata y en las zonas superficiales la oxidación y cimentación
ha producido fuerte concentración de plata nativa; explotada por los romanos hasta
llegar a los sulfuros, de donde obtenían a un tiempo plata y plomo. La explotación comenzaba abriendo en su afloramiento pozos o rajas por donde penetraban los mineros,
y extraían el mineral. Al profundizar en la explotación se planteaban problemas para la
extracción del mineral, de desagüe y de acceso. Se desaguaban los pozos mediante
tornillos de Arquímedes. En los alrededores de los filones había tres grandes fundiciones para el tratamiento del mineral.
Sin duda, una empresa fuerte, de la que se conoce su nombre, Societas Castulonensis, explotaba la mina El Centenillo desde la primera mitad del siglo I a. C. hasta
mediados del siguiente, por lo menos.
Los mineros son pobres; no emplean vasijas de lujo, sino vasos y platos de fabricación local; para otros usos utilizaban el plomo. Vivían aislados, encadenados a su
trabajo.
El mineral se transportaba por barco, Guadalquivir abajo, hacia los puertos de
embarque, Hispalis y Gades, como se deduce de la aparición en el puerto de Cádiz de
lingotes de plomo. Este mineral procedía de la parte central de Sierra Morena, o sea,
de las actuales provincias de Badajoz, Sevilla, Córdoba y Jaén. De las minas de Huelva
no se extraía plomo. A partir del siglo I a. C. y a lo largo del todo el Imperio, una de las
actividades importantes del valle del Betis era el transporte de minerales procedentes
de Sierra Morena.
Un gran nivel técnico de explotación alcanzan, no sólo las minas del Suroeste,
como Riotinto, Tharsis, Sotiel Coronada, sino las del Cerro Muriano, Posadas y El Centenillo.
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El Noroeste
El método más empleado para la extracción del mineral (oro) era la arrugia. Este
procedimiento de extraer el oro era indígena y se empleó también en el Mediodía. La
zona de pizarras auríferas que los romanos trabajaron por este procedimiento comprende las actuales provincias de Asturias, Lugo, León, Orense y Zamora, terminando
en Trás-os-Montes en Portugal.
Todos los yacimientos auríferos del Noroeste fueron explotados en la Antigüedad según diferentes procedimientos, ya descritos.
El interés de Roma por estas minas queda bien patente en la creación de la procuratela de Asturias y Galicia. Las minas de oro y plata eran propiedad del Emperador
y dependían del fisco; eran controladas por el procurador de la provincia o por un procurador especial. La procuratela ducenaria de Asturias y Galicia fue creada en tiempos
de Vespasiano o, mejor de Nerva.
Recientemente Sánchez-Palencia ha localizado un total de 606 explotaciones
auríferas romanas en todo el Noroeste de la Península Ibérica.
El protagonismo estatal en la explotación minera del Noroeste no se debió a las
complejidades técnicas, sino a una serie de circunstancias históricas y económicas en
que se produjo: el mencionado atraso socioeconómico de los pueblos sometidos. Ello
implicaba una ocupación militar prolongada, acentuación de la presencia administrativa
y financiera del fisco imperial. Y el valor estratégico del oro en relación también con el
nuevo sistema monetario creado por Augusto.
El protagonismo romano produjo una serie de consecuencias sociales y demográficas en las formas de ocupación del territorio. Los castros se utilizaron como
poblados mineros, lo que explica su elevado número en las zonas mineras, generalmente situadas en lugares inhóspitos y con pocos recursos agropecuarios, a diferencia
de la época prerromana. Carácter estacional de los mismos. Etc.
58.5. SIGLO II (d. C.)
El Sur
Las minas de Huelva se trabajaron intensamente desde finales del siglo I y durante los Antoninos. Su producción a juzgar por las monedas y la cerámica recogida,
descendió considerablemente a finales del siglo II.
Los datos sobre las minas del Sudoeste arrojan unas cifras muy voluminosas,
que indican que estas minas eran las más importantes del Sur en el siglo II. Riotinto,
Tarsis, y Lusitania. Las tumbas de los mineros con sus vasos de terra sigillata y vidrios
suelen ser mejores que las de otras comunidades de trabajadores. Hay también cierta
abundancia de lápidas funerarias. La condición de los esclavos mejoró sensiblemente
en las minas del Sudoeste en el siglo II.
El sector capitalista de las explotaciones mineras estaba formado por los coloni,
socii y occupatores. Los obreros metalúrgicos y peones de las minas poseían también
collegia, asociaciones cuyas actividades eran muy variadas: organizar fiestas en honor
de los dioses patronos y banquetes en común en algunas fechas del año; organizar y
administrar los fondos allegados al funeral, al entierro dentro del cementerio común y
cuidar de las tumbas. Las lápidas del Sudoeste tienen la importancia de especificar la
procedencia de los mineros que, como los colonos de las tierras, eran libres en su mayoría en estos años, lo que indica un cambio grande en los sistemas de explotación.
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El Noroeste
La gran actividad de las minas del Noroeste comienza hacia mediados del siglo I
y dura todo el siglo II. Varios argumentos demuestran que las minas del Noroeste se
encontraban en pleno rendimiento en época de los Antoninos.
Entre los años 198 y 209 no funcionó la procuratela de Asturias y de Galicia,
pues esta región volvió a depender de la Hispania Citerior. En el siglo II algunas unidades están estacionadas en los alrededores de Tres Minas (Portugal) y de Gallica (Galicia). El distrito minero esta encabezado por los procuratores metailorum, que por lo general, en esta época, son libertos imperiales (los emperadores utilizan miembros de la
casa imperial). Lo cual indica que las minas eran monopolio del Emperador. La presencia del ejército puede ser debido a la construcción de obras hidráulicas y para hacer la
ruina montium; el ejército podía suministrar el personal técnico especializado para estas obras.
Se ignora la condición de la mano de obra, lo único que se sabe es que era numerosa. La población minera y el elemento militar formarían grandes agrupaciones
humanas.
Las continuas reparaciones de las calzadas del Noroeste en época severiana
constata el funcionamiento de las minas de oro. A finales de la dinastía severiana se
deja de explotar varias minas de esta región, ignorándose las causas, pues el rendimiento seguía siendo aceptable.
Funcionamiento del distrito minero
Las tablas de Aljustrel, Alemtejo (Portugal), es el primer código del Imperio romano sobre minas que se conserva. Estas tablas contienen la reglamentación de un
distrito minero y en las que se halla una información importantísima y única sobre reglamentación fiscal y administración de las minas de cobre y plata.
En el territorio (la región minera de Vipasca) había diversos yacimientos mineros
e incluso canteras de piedra. Todo el distrito minero, incluso la población ordinaria, se
encontraba bajo el gobierno del procurator metalli, representante del fisco imperial, que
podía ser del rango de los equites, pero que durante el siglo II suelen ser libertos imperiales (de la casa del emperador).
De las dos tablas que se conservan, la primera fija los derechos de los diversos
arrendatarios de los servicios de la localidad, del arriendo del impuesto, en las subastas, del pregón, de los baños públicos, de la zapatería, de la barbería, de la tintorería y
del impuesto sobre el mineral extraído, de la inmunidad de los maestros (enseñanza)
de Vipasca y del impuesto sobre la ocupación de los pozos mineros. La segunda tabla
determina el régimen de explotación, desde el punto de vista jurídico y técnico y las
medidas de policía.
59. LA AGRICULTURA Y LA GANADERÍA
59.1. LA AGRICULTURA
Los tres productos básicos de la agricultura hispana era el trigo, el vino y el aceite. Del trigo se obtenía también bebidas, llamadas caelia o cerea. Se utilizaba para
suavizar el cutis femenino.
Al inició del siglo I d. C. se sustituye en la Bética el trigo por el olivo y la vid, de
mayor rendimiento. La colonización itálica en tiempos de César y Augusto aceleró este
185
proceso.
La Bética y África producían una cebada de la que se obtenía la tisana. La mejor
era la producida en abril en Carthago Nova.
El uso de silos, como en África, Tracia y Capadocia, está atestiguado en la
Península Ibérica. Plinio menciona también el hórreo.
En opinión del poeta Marcial el aceite de Córdoba era de calidad superior al de
Venafro en Italia y al de Istria, pero para Plinio el mejor aceite era el de Italia, al que
seguían los de Istria y el bético.
Plinio recoge datos concretos sobre el cultivo de la vid y sobre las explotaciones
agrícolas, sin puntualizar la región hispana. Había dos clases de uvas: una de uva alargada y una segunda redonda. La uva preferida era la dulce; esta última competía con el
vino albano.
Famosos fueron los viñedos lacetanos, los tarraconeneses, los lauronenses,
éstos los fueron por su finura, y los baleáricos, que competían con los mejores de Italia.
A comienzos del Imperio el vino de Jerez (Cádiz) era ya buscado.
Plinio menciona datos interesantes sobre el cultivo de la vid en Hispania, como
que la parra se colgaba de unas cañas, y que las vides si estaban en terreno seco, se
regaban.
Plinio también describe los diferentes árboles frutales cultivados en Hispania. El
ricino, el peral de las cercanías de Numancia, los higos saguntinos. Los de calidad más
fina eran los de Ebusus (Ibiza). La higuera estaba extendida por toda el sur de la
Península.
Las bellotas se consumían como postre. En tiempos de escasez de cereales, se
sacaba de ellas una especie de harina.
Cartagho Nova cultivaba la trufa y alcachofas, al igual que Córdoba. Ebusus la
cebolla albarrana, que también se criaba en el resto de la Península Ibérica. Carpetania
el comino, Gades la lechuga, etc.
Plinio menciona interesantes datos sobre el cultivo de los árboles, como injertos.
En la Bética, según Plinio, se injertó una ciruela en un manzano, también se injertaba
en almendro.
En la obra de Plinio se leen alusiones a la floricultura hispana; Carthago Nova
cultivaba rosas tempranas en invierno. También se buscaba en Hispania hierbas medicinales.
59.2. LA GANADERÍA
La ganadería continuó teniendo la misma importancia que había alcanzado anteriormente entre las poblaciones de la Hispania Antigua.
La Bética tenía buenos pastos. El ganado caballar era numeroso en la Bética y
los asnos se empleaban para arar la tierra. En el Sur también era muy importante el
ganado ovino. Los autores antiguos no se cansan de celebrar las lanas béticas. En las
fuentes se hablan de la alta calidad de las lanas béticas fruto de cruce y de selección
del ganado. Los sementales adquirían precios fabulosos.
En el Norte, galaicos y astures criaban buenas razas de caballos, llamados asturcones y tieldones, que fueron muy populares en Roma.
186
Celtiberia era famosa por el ganado asnal. Algunas crías alcanzaban precios astronómicos.
Plinio conserva los nombres de algunas aves hispanas salvajes comestibles,
como el flamenco, el cormorán de las islas Baleares, el pollo sultán y el buharro.
La caza siguió siendo abundante en época del Imperio. Cacerías de cabras, jabalíes y ciervos era lo más frecuente.
En los alrededores de Ampurias y Carthago Nova se criaban abejas de excelente miel.
La ganadería imprimió su sello en la estructura social y territorial, en la economía
y en el trabajo, e influyó poderosamente en las formas de vida hispana.
Incluso en regiones de agricultura floreciente, como la Bética, la importancia de
la ganadería era enorme.
Pesca y salazones.
La riqueza pesquera en las costas atlánticas y meridionales de Hispania era
grande. El pescado más apreciado en Cádiz era el zeus, llamado también faber y, en
Ebusus la salpa, que para cocerlo había que apalearlo según Plinio. Columela alude a
la murena tartésica. Los escombros se pescaban a lo largo de las costas de Mauritania,
adonde iban los pescadores gaditanos. Los escombros se criaban también en los viveros y se empleaban preferentemente en la fabricación del garum. Ilice era famosa por
sus ostras. En Sexsi se pescaba el pez colín.
En las obras de Estrabón y de Plinio se mencionan 18 clases diferentes de peces y cetáceos, que se pescaban en Hispania: pulpos, sepia, calamares, ballenas, ostras, conchas, cetáceos, orcas, marsopas, congrios, murenas, atunes, etc. La pesca
constituía la base de la alimentación de los pueblos costeros del Norte. En los yacimientos se recoge una gran cantidad de pescado, conchas, mariscos, mejillones, almejas y veneras.
Las fábricas de salazones, en el Sur, continuaron trabajando intensamente hasta
la crisis del siglo III. Toda la costa meridional y parte de la ibérica estaba llena de ellas.
60. EL COMERCIO
El comercio de exportación.
La paz de Augusto trajo consigo un gran desarrollo del comercio interprovincial
imperial, principalmente de objetos de primera necesidad. productos alimenticios, lanas, maderas de construcción, metales y productos manufacturados.
El comercio aceitero.
Hispania durante los dos primeros siglos del Imperio destacó por la comercialización de estos productos. Los excedentes se exportaban a Roma y a Italia.
La difusión de algunas marcas de ánforas que procedían del valle del Guadalquivir, prueban que el aceite hispano en el primer cuarto del siglo I había copado ya los
mercados interprovinciales, pues no aparecen solo en Campania, sino en la Galia, Britania.
El aceite bético estaba organizado como una gran empresa, y llegaba a toda Europa por transportes fluviales y marítimos. Los encargados de este transporte eran los
nauicularii y los diffusores oleari; estos últimos estaban afincados en los lugares de llegada del producto. Ello requería una excelente organización de producción, fabricación
187
de envases, transporte, distribución y relaciones comerciales perfeccionadas.
La producción se centraba en la región entre Hispalis y Córdoba. Algunas marcas estuvieron en alza durante muchos años. El negocio solía transmitirse dentro de la
familia, aceptando otros capitales, y creando filiales, como es el caso de la familia D.
Caecilii.
Organización del comercio aceitero.- La vinculación entre productores de aceite,
de ánforas, comerciantes y transportistas es algo que de momento no se puede esclarecer. La hipótesis más aceptada es que hay una cierta dicotomía general entre ambas
funciones, apoyada por el hecho de que muchos de los navicularios eran extranjeros
radicados en otros lugares.
¿Qué sistema se seguía en los transportes privados? Cabe dos posibilidades, o
el naviculario transportaba productos adquiridos por él en el punto de origen o bien recibía un tanto por ciento por el transporte de los bienes de otro, sistema que parece
debió ser el más usual, pues supone un menor riesgo de inversión para el naviculario.
Las asociaciones entre productores y navicularios fueron frecuentes. Existían
también difusores olearii, es decir, corredores de comercio entre productores y comerciantes que canalizaban la exportación a los lugares de demanda.
El control fiscal del comercio aceitero.- El aceite era una materia estratégica dentro del Imperio, por tanto, la administración debió ejercer un continuo control, que
según avanza en el tiempo, se va haciendo más exclusivo como demuestra las fuentes
tardías al pasar los navicularios a ser considerados como un cuerpo del estado. Se
puede entrever, debido a la falta de documentación, los grandes pasos de este proceso:
El primero y fundamental se debe a Vespasiano, tras la concesión a los oppida
de las orilla del Betis en municipios, lo que implica una mayor intervención de la administración romana en los asuntos municipales.
El segundo paso fue dado, posiblemente, por Cómodo. No se tiene documentación, pero la organización de la armada africana para asegurar el abastecimiento del
trigo en el Imperio, hace pensar en que se extendiera a otros productos básicos como
el aceite.
El tercer gran paso fue dado por Septimio Severo con la creación de un órgano
de control directo: el fiscirationis patrimoni provincia baeticae. A partir de Alejandro Severo vuelven a aparecer sobre las ánforas los nombres de los navicularios, hecho que
significa una liberación del transporte y del comercio.
Según se desprende de diferentes estudios. Desde el siglo I d. C. el sur de Hispania reemplazó a Italia como región exportadora de productos, lo que implica la decadencia de la agricultura y viticultura itálicas; el vacío que en la exportación dejó Italia lo
llenó la Bética.
La annona imperial era el primer consumidor del vino y aceite hispanos, es decir,
la población de Roma y el ejército del limes europeo. Ello pone de manifiesto la gran
importancia que esta provincia obtuvo dentro del Imperio y su inmenso valor estratégico
y político dentro del mundo romano.
Estas exportaciones lleva aparejadas el cultivo del olivo, la fabricación de envases, buenas vías fluviales y marítimas de transporte, gran número de puertos de embarque, gran desarrollo de la industria de construcción naval y una gigantesca mano de
obra: todo ello implica un comercio bien organizado y unas redes de distribución perfeccionadas.
188
El desarrollo de la industria aceitera hace pensar en una agricultura de tipo capitalista, aunque la tendencia al latifundio no era muy acentuada en Hispania.
A juzgar por las inscripciones de las ánforas del monte Testaccio (gran concentración de ánforas en Italia), el auge del comercio aceitero hispano se puede situar entre los años 140 y 165.
Cálculos sobre el volumen de las exportaciones hispanas son muy difíciles de
hacer.
60.1. OTROS PRODUCTOS
Hispania exportaba lanas sin trabajar. Satabis cultivó el lino más famoso de toda
Europa. El lino de Tarragona se caracterizaba por su blancura y finura.
El esparto se enviaba a comienzos del Imperio a todos sus dominios, principalmente a Italia. Había enormes extensiones de esparto cultivado en los alrededores de
Carthago Nova y Ampurias.
En Lusitania crecía el coccus, utilizado para teñir el paludamento de los generales. En la fabricación de los colorantes Hispania aventajaba a Galia.
Hispania continuó exportando en los siglos imperiales grandes cantidades de salazón, tan apreciada como las del Ponto Euxino, que eran las mejores. La salazón de
Carthago Nova, el famoso garum sociorum era la más cara. Atunes figuran como emblemas de muchas ciudades.
El pescado se exportaba en salmuera, troceado, o quizás los peces enteros,
como lo indican las ánforas, de grandes bocas. La exportación del garum superaba en
importancia a la del aceite.
La ruta de exportación desde las factorías de la costa atlántica o meridional de la
Península Ibérica bordeaba la costa hispana, pasando por Gandolfo, Roquetas de Mar,
Escombreras y Alicante, y desde aquí se dirigía el cargamento a las islas Baleares, al
Estrecho de Bonifacio, y llegaban a Ostia, puerto de Roma, que era el principal consumidor. Un tráfico menos importante continuaba por la costa catalana y sur de Galia.
Otra ruta costearía la Península Ibérica por el Oeste y Norte, con destino a la
Galia.
La cerámica ibérica hallada en Italia prueba una exportación de mile hispana,
muy apreciada.
Hispania exportó a Mauritania Tingitana desde la Bética grandes cantidades de
terra sigillata. También exportó caballos para el circo, jamones cántabros y cerretanos,
etc.
Durante el siglo II y III varias comerciantes hispanos y compañías se encuentran
el Roma, en Ostia se conoce una corporación de mercaderes hispanos, que importaban vino, aceite y garum. En Alejandría aparecen muchos sellos de ánforas hispanas
que prueban una exportación de aceite a Egipto.
Por otra parte, parece ser que corporaciones de comerciantes asiáticos y sirios,
que comerciarían con garum y minerales, están afincados en Hispania. Se conoce una
comunidad siria que vivía en Cordoba. En Málaga hay inscripciones que mencionan a
comerciantes asiáticos y sirios.
En resumen, Hispania exportaba productos alimenticios, mineros, textiles y ganado. El principal receptor de los productos hispanos era Roma. Por otra parte, el mer-
189
cado interior de producto fue menos amplio.
Comercio de importación.
Italia exportó a la Península Ibérica, al comienzo del Imperio, terra sigillata, aretina, vidrios y lámparas, no en grandes cantidades. En los primeros decenios del siglo I
d. C. Hispania importó vinos itálicos, cesando a finales del mismo siglo. A mediados del
siglo I los artesanos sudgálicos desplazados a Hispania fabrican la sigillata hispánica,
dejando de importarse la terra sigillata.
El comercio con Oriente es bajo en cantidad. Está representado por algunas
cerámicas, y por piezas escultóricas de los mercados atenienses.
Importados de Alejandría son los vidrios mosaicos de Palencia, Carmona, Ampurias y Cádiz. De Alejandría procede seguramente la hidria tallada de Baelo, y las tazas
de la misma técnica de Iuliobriga y de Itálica, y fechadas en el siglo I.
Ungüentarios de Aquileya se han encontrado en Ampurias, Ibiza, Cádiz y Carmona.
Durante el siglo II y III Hispania importó de África la sigillata clara, cuya distribución fue fundamentalmente costera. La mayoría de las esculturas de Itálica deben proceder de Roma, llegarían como carga de retorno de los buques que llevaban a Ostia el
aceite y el garum.
El comercio a Britania, seguramente de aceite, hizo que un arquitecto indígena
(hispano) construyese la Torre de la Coruña, aún hoy en uso.
Hispania exportaba más que importaba por lo que la balanza de pagos le era favorable. El su de Galia e Italia eran los dos principales abastecedores.
61. TRIBUTOS, DISPOSICIONES FISCALES. ADUANAS
La Península es pobre en documentos fiscales sobre impuestos y recaudación.
Según cálculos Hispania tributaba al fisco anualmente unos 50 millones de sestercios.
Se han localizado ocho puestos de portorium o adunas; todos localizados en la
Bética, menos uno, lo que demuestra la importancia económica de dicha provincia. Ostia contaba con una aduana especial para controlar las mercancías hispanas. La base
era el 2% según la inscripción de Iliberris (aduana hispana, una de las ocho), y del
2.5% según la de Ostia.
La corporación de los negotiatores y navicularii estaban exentas de las cargas
municipales en época de los Severos, al igual que los arrendatarios de los impuestos y
de los dominios públicos.
Con las confiscaciones de los Severos a los partidarios de Albino, el patrimonio
imperial en Hispania debió ser muy importante. Estas confiscaciones aumentaron las
cargas de los municipios, pues el municipio ya no accedía a los impuestos de estos
bienes, que han pasado al patrimonio imperial.
61.1. PATRIMONIO IMPERIAL
Debió ser grande en Hispania, a juzgar por los numerosos libertos y demás personal. Al patrimonio imperial pertenecían los cotos mineros de oro y plata; se vio aumentado continuamente por donaciones testamentarias, embargos de propiedades por
falta de pago en los impuestos y las contribuciones sobre los juegos de gladiadores.
190
Las confiscaciones de propiedades de particulares se hacía a expensas de los
grandes propietarios y no a expensas de los territorios de las ciudades; demostrando el
predominio de los intereses del Estado sobre los de la población.
No esta claro si la Bética pagaba en especie o en dinero a Roma, y de si las
propiedades imperiales, con anterioridad a la época de los Severos, desempeñaban un
papel importante o secundario, es decir, si las mercancías llegadas a Roma eran fruto
de un comercio libre o si se trataba de contribuciones en especie y de los pagos de tierras de la hacienda pública.
El principal monopolio fue en época imperial la minería. A. Balili defiende en la
formación del patrimonio imperial hispano, un proceso lento pero progresivo de injerencia del Estado en el mercado aceitero y, en general, en los productos agrícolas.
62. LA CRISIS ECONÓMICA DE FINALES DEL ALTO IMPERIO.
62.1. CRISIS DE ÉPOCA DE LOS ANTONINOS Y DE LOS SEVEROS
En la segunda mitad del siglo II hay ya síntomas de crisis. En las fuentes escritas, se habla del agotamiento de Hispania que se ha relacionado con el exceso de reclutamiento militar. Posteriores tesis centran dicho agotamiento de la ley de Trajano de
que los senadores hispanos invirtiesen un tercio de su capital en Italia; ello produjo una
importante fuga de capitales y de hombres, siendo especialmente grave para las provincias de la Bética y la Tarraconense, de donde procedían los senadores hispanos.
En época de Marco Aurelio estalló una revuelta en Lusitania, cuya importancia y
efecto sobre la economía se desconocen. Podía estar motivada por la dureza de las
levas, por la recaudación de los tributos, y por la mala situación social y económica.
De esta época se conocen la desastrosa situación económica de algunas ciudades béticas. La aparición de mosaicos en las villas rústicas señala que los ricos iban
abandonando poco a poco las ciudades. Los restos arqueológicos indican una disminución importante de aceite y garum. La disminución de la moneda en circulación es un
síntoma claro de una crisis fuerte en la economía.
La disminución de las explotaciones mineras en Huelva, a juzgar por las monedas, demostraría que la producción era escasa. Después de los Severos prácticamente
se dejó de trabajar en las minas del Noroeste por causas desconocidas.
Las calzadas no se repararon. Las invasiones de moros indican la mala situación
de la Bética.
62.2. CRISIS DEL SIGLO III
La economía hispana desde finales de la dinastía de los Severos hasta la invasión de los francos en época de Galieno se debió mantener en líneas generales uniforme. Esta invasión cambió radicalmente la situación económica.
Varios autores antiguos aludieron a tal invasión. Los restos arqueológicos señalan grandes destrucciones por estos años. En Cataluña, se interrumpe la vida en la
Neapolis de Ampurias, Barcelona y Gerona fueron duramente castigadas. Se destruyeron diversas villas como Tossa del Mar, Sabadell, el castro de San Cugat del Vallés.
Tarragona también fue castigada.
191
Las destrucciones continuaron en la costa levantina, Tossal de Manises entró en
una gran decadencia. A mediados del siglo III Ilici sufrió destrucciones. Castulo fue totalmente arrasada y la ciudad del siglo IV está levantada con material de deshecho.
Destrucciones se documentan en la Meseta, como en las villas de Dueñas (Palencia), de Prado (Valladolid). Clunia fue destruida e incendiada, al igual que Lancia
(León).
En el Sur debió ser saqueada Itálica. Algunas fábricas de salazones o cesaron
en el trabajo o lo aminoraron, como las de Jávea (Alicante), Cerro del Trigo (Huelva),
Mellaria, Carteria, etc. Aunque estas fábricas podían estar afectadas por la acción de
los piratas en tiempos de Probo.
Se ha supuesto dos invasiones francas en el siglo III. La invasión de la época de
Galieno saquearía las ciudades de la costa levantina, de la Bética, y del norte de Mauritania Tingitana. El número de invasores y las destrucciones no se pueden fijar, pero un
dato relevante lo da Osorio, al decir que los invasores vivieron sobre el terreno casi 12
años, lo que explica el gran número de destrucciones, al ser pueblos en movimientos.
La segunda invasión entraría por Navarra, azotaría la Meseta Norte y pasaría a Lusitania.
El norte de Hispania, que seguía con una economía prerromana no fue afectado
ni por la invasión, ni por la crisis del siglo III.
En la segunda mitad del siglo III hubo otros acontecimientos que explicarían las
destrucciones y ocultamientos de tesorillos, como el dominio de Póstumo en Hispania,
o de Próculo y Bonoso, y la extensión del movimiento bagáudico, ya brotado en el sur
de la Galia.
62.3. EFECTOS DE LA INVASIÓN FRANCA
Las invasiones de los francos significaron un corte total en la vida política, social
y económica de la Hispania. Comienza la ruralización en gran escala de la Península
Ibérica. La economía hispana en lo referente a producción y exportación sufrió un impresionante descenso. Por vez primera, regiones ricas, como la Bética y Levante, fueron arrasadas, con villas y ciudades destruidas y la población mermada considerablemente.
La decadencia de municipios, cuyas finanzas ya en el siglo pasado no eran buenas, se acentúan ahora.
Los cementerios de la segunda mitad del siglo III de Ampurias, Valencia, Tarragona, etc. prueban una gran pobreza, generalizada en la población.
La disposición de Probo de permitir plantar vides a los hispanos puede entenderse como una incentivación para salir de la crisis.
Esta crisis agudizará el proceso puesto en marcha de la ruralización de la población y la aparición de los grandes latifundios, el colonato, etc.
Hispania comenzó a recuperarse a finales del siglo III.
62.4. CIRCULACIÓN MONETAL
Entre los años 193 y 260, en toda Hispania, se observa la progresiva desaparición del sestercio, desplazado por la moneda vellón.
192
El antoniniano llegó con cierto retraso, y en escaso número, lo que motivo que
se mantuviera la circulación del bronce. Se impuso la moneda radiada. Es la única que
circuló depreciándose continuamente y aumentando su número. Hasta Constantino
sólo circula el vellón.
A partir del 260 aumentó la tesaurización. La moneda se deprecia continuamente
y aumenta su número en circulación.
La mayoría de las monedas de los últimos años del gobierno de Galieno proceden de talleres romanos. En tiempos de Diocleciano estos talleres perdieron su monopolio. Un número elevado de monedas proceden de cecas orientales, seguidas por las
de talleres romanos de Cartago y de la Galia.
NOTA.- Otras preguntas no contempladas en el temario, pero que aparecen en
el libro.
62.5. ARTESANADO
Los talleres de tradición indígena, como el de Clunia, continuaron trabajando y
exportaba sus productos a Numantia, Termantia, Langa del Duero, llegando hasta Madrid. En Tricio se encontraba un taller de sigillata hispana, que ha dado una gran cantidad de moldes. Exportaba sus productos a Lancia, Asturica Augusta, Emerita, Itálica.
La comercialización de estos productos cerámicos precisaban de redes de distribución, transportes, almacenes, etc. muy abundantes y perfeccionados.
En Hispania también había fábricas de vidrio. Se han hallado en Santa Colomba
de Somoza (León) y en Mataró, pero no parecen anteriores al siglo II.
En el valle del Guadalquivir hay vidrio de calidad, en fecha temprana. Estos talleres dependían de las fábricas sirias de vidrio soplado. Estas fábricas hispanos producían vasos con escenas de circo y anfiteatro.
Famosas fueron las fundiciones de Bilbilis y Turiaso, de las que se conservan
ejemplares muy buenos, como el busto de Tiberio.
Los talleres que labraban la piedra estaban muy activos en época julio-claudia,
principalmente en la Bética, como se deduce de las cabezas de Druso el Mayor, de
Augusto, de Germánico, etc. En la capital de Lusitania trabajó un taller de gran calidad
artística, que produjo excelentes retratos.
Plinio ha recogido las noticias de algunos inventos hispánicos, como el cedazo y
el tamiz de lino.
Artistas griegos trabajaron el mármol en Hispania. Tarragona, Itálica y Emerita
son las ciudades que contaron con mejores talleres de esculturas.
En los dos primeros siglos el mosaico hispano acusa influjo itálico y es en blanco
y negro. A partir de ahora, se generalizan los mosaicos en colores.
62.6. COSTO DE VIDA
En opinión de Marcial el coste de vida era mucho más bajo que en Roma. Debe
referirse principalmente a Bilbilis.
Circulación monetaria.- La circulación monetaria fue intensa en los años de Augusto-Claudio, 21 ciudades hispanas acuñan monedas; disminuye con Nerón y Vitelio,
desapareciendo las acuñaciones hispanas. Una intensa circulación se dio entre los
193
años de Vespasiano a Marco Aurelio. Declinó con Cómodo, y más todavía con Séptimio Severo. En los dos primeros siglo dominaron el sestercio y el vellón.
Grandes terratenientes.- La existencia de grandes capitales queda bien reflejada
en el lujo de algunos de los monumentos funerarios, como en la llamada tumba de Servilia, en la necrópolis de Carmona, o la Torre de los Escipiones en Tarragona.
Se conocen algunos nombres de ricos importantes. Séneca el Retórico alude a
riquísimas familias béticas.
La Península ofrecía grandes contrastes entre la Bética, la costa levantina y el
valle del Ebro por un lado y el norte del río Duero hasta el Cantábrico, que seguía con
una economía prerromana.
Patrimonio Imperial.- Era numeroso, pero no está bien localizado. Monopolio estatal eran las minas de oro. Al patrimonio imperial pasaron las minas confiscadas de S.
Mario. Los juegos de gladiadores fueron una fuente de ingresos importante.
Gasto público.- El gasto público era el pago de la administración, la reparación
de las calzadas y el sostenimiento del ejército. Terminadas las guerras cántabras, sólo
la legio VII Gemina, estuvo acuartelada.
Impuestos.- Los impuestos indirectos eran la quinquagesima sobre la explotación; la vigésima sobre la herencia y la vigésima sobre la venta de esclavos.
Los censos perfeccionaron el sistema de impuestos sobre personas y riquezas.
Se ocuparon de ellos los equites.
Las aduanas se encontraban colocadas en las principales ciudades. Los esclavos controlaban las mercancías en el momento del embarque.
Centros comerciales.- Durante la época imperial y hasta de decadencia de la
ciudad, continuaron los mismos centros comerciales que al final de la República. Roma
favoreció la creación de fora, mercados, que dieron lugar con el tiempo a las ciudades.
Además servían a la administración para recaudar tributos, lugar de reclutamiento. Su
creación , por lo general, debe datarse de finales del siglo I d. C., como el Forum Limicorum, en Guinzo de Limia, Orense, donde comerciaban los límicos; el Forum Biballorum, mercado de los bibalos, etc.
194
TEMA 18. RELIGIÓN Y RELIGIOSIDAD.
63. RELIGIÓN Y RELIGIOSIDAD
Una vez que Roma hubo finalizado la conquista de los países que bordean el
Mediterráneo, surgió la necesidad de crear un equilibrio religioso entre las creencias y
cultos de cada una de las provincias anexionadas y la metrópoli.
Se mostraron respetuosos con los cultos y creencias de los nativos, pues sus
objetivos eran más de carácter material que espiritual. La religión romana fue pues una
más de las que convivían en Hispania. Pero lo que fue inevitable fue la fusión de dioses
que tenían la misma funcionalidad, en uno sólo, produciéndose en múltiples ocasiones
el fenómeno de interpretatio. El proceso llevado a cabo permitió la aproximación de
divinidades distintas por su naturaleza y por sus lugares de culto.
Entre los diferentes medios de difusión de la religión romana durante la época de
dominación destacaron el ejército y el comercio.
64. DIVINIDADES ROMANAS E INDÍGENAS
Para el estudio de las deidades de la Hispania romana debemos considerar dos
grupos, las romano-indígenas y las greco-orientales. Entre las primeras hay tres subgrupos: las oficiales, las de culto privado y otras divinidades.
64.1. CULTO PÚBLICO U OFICIALES
El escalón más elevado de la pirámide divina la ocupaban Iupiter, Iuno y Minerva, a los que se rinde culto en común, constituyendo la Tríada Capitolina o individualmente despojados de su contenido político.
El estado romano fue el promotor de este culto porque era el lazo de unión que
vinculaba Roma a las provincias diferentes del Imperio.
Las escasas dedicatorias a la Tríada (Tarragona, Astorga, etc.) acusan que este
culto oficial no fue muy difundido.
Entre los templos dedicados a la Tríada destacan el de Urso (Osuna) y el de
Hispalis. El mayor número de dedicatorias ofrecidas a Iupiter están la Tarraconense. En
el Noroeste llegó a asimilarse a las deidades indígenas (Iupiter Óptimo Máximo Candiedo). Los fieles a esta divinidad eran indígenas y libertos. En las leyes municipales la
deidad se presenta como aval de los pactos.
A Iuno aportan el mayor número de dedicatorias, las ciudades romanizadas de la
Bética. Y en el área de colonización fenicia la diosa púnica Tanit se asimiló a Iuno.
A Minerva le dedican las inscripciones de ciudades muy romanizadas como Gades, Tarraco y Asturica. Los fieles son decuriones, procuratores y sexuiri.
64.2. CULTO PRIVADO
La domus, templo familiar, tiene un conjunto de divinidades más o menos personificadas, que constituyen la "tríada del Hogar": Vesta "encarnación de la llama", los
Penates y el Lar, que velan por los intereses de la casa.
195
Los Penates aseguran la perpetuidad de la casa y se identifican con los intereses y los momentos de alegría y tristeza de la casa que protegen. El culto a los Pénates subsistió hasta la caída del paganismo. Tertuliano luchó por extirparlo y fue prohibido por el Código de Teodosio (392).
Los Lares abandonaron la intimidad del hogar para hacerse públicos, ubicándose en los cruces de los caminos y calles como divinidades protectoras de vías y viajeros - Lare Viales, Lares Competales-.
El Genius.- Cada humano tiene un genio "ángel de la guarda", que le acompaña
toda su vida. Cuando el individuo muere el genio se cierne sobre la tumba con postura
de espíritu bueno - Manes - o malo - Lemunres y Laruae-.
El Genio es de sexo masculino y Iuno (femenino). El culto de Genius en la
Península se extendió mucho "Genio del pueblo" , de la legio VII, etc. Sus fieles son de
los bajos estratos sociales.
Los Dioses Manes son divinidades funerarias cuyo culto también se arraigó en
los sectores populares. En la época altoimperial se fusionó con las de los indígenas.
Los Dios curos -Castor y Polux- hijos de Zeus, eran deidades protectoras de los
navegantes y de los comerciantes. A partir del siglo II d. C. se les rinde culto como divinidades funerarias. Aparecen en las estelas y sarcófagos como protectores de los
muertos simbolizando la inmortalidad. Son la representación de la unidad cósmica.
Ambos tuvieron culto por separado y sus fieles fueron libertos griegos.
64.3. OTRAS DIVINIDADES
Existía un culto a divinidades celestes. El culto a la luna lo menciona Estrabón
en los celtíberos, etc. Su culto fue prohibido en el II concilio de Braga. El sol representa
la vida y la fuerza. La luna fría y misteriosa se vincula a los muertos. En Hispania el sol
y la luna recibieron culto bien conjuntamente o por separado.
Las aguas marítimas y terrestres se representan como Neptuno, los Nymphae y
Salus. El culto a las aguas medicinas (salutiferas) arraigó en la Península, sobre todo
en el Noroeste y perduraron como lo manifiestan los concilios. Estos cultos se asimilaron a otros indígenas con las mismas atribuciones.
Las Numphae representaban la naturaleza vegetal y animal, utilizaban la humedad del aire, agua y bosques, y ejercían un poder fertilizante. Sus fieles pertenecían a
las clases bajas, libertos y soldados.
También se rindió culto a Fons, Fontans. personificación de las fuentes.
Las protectoras de las artes y del comercio son Apolo y Mercurio. Según los pitagóricos el estudio de las ciencias divinizaba el alma que iba después de la muerte a
reunirse con Apolo y las Musas.
Mercurio protegía a comerciantes y viajeros.
Marte y Hércules, deidades de la guerra y protectoras de las armas. Marte es el
dios de la guerra. Se sintetiza con los indígenas Marso Tilenus, etc. Su culto en la Tarraconense y Lusitania refleja que depende del grado de pacificación de las provincias
y de la presencia militar. Sus fieles son militares. Hércules como divinidad protectora de
las armas era invocado junto a Marte y la Victoria. En Gades se asimiló el templo fenicio de Melqart a Hércules. Su culto se desarrolló en sectores muy romanizados.
La existencia de creencias indígenas en dioses de la fecundidad y fertilidad de la
tierra facilitó la expansión de las deidades romanas de análogas características. Las
196
Duillae (protectoras de la vegetación) y las Matres, que protegían la agricultura, los
bosques y los jardines: Faunus, Pomona, Flora, Silvanus, Priapus y Liber. Este último
es el dios de la Fecundidad cuyo símbolo es el órgano masculino y se veneraba como
protector de la fertilidad agrícola y animal.
Deidades relacionadas con la caza era Diana. En Sagunto existía un rito que se
ofrecía una vaca, una oveja blanca y una cerda (hembras).
El respeto que los romanos sentían hacia el poder divino y su pietas (piedad),
hizo que vieran a Dios en todos aquellos fenómenos que les causaban admiración. Y
no excluyeron tampoco las facultades anímicas de los seres humanos como Mens, Virtus, Pietas. Y las cosas deseables como Paz, Concordia y Salud. Las divinidades Tutela y Fortuna se asimilaron a otras indígenas. Para los romanos Fortuna era el destino
que regía a los hombres y pueblos.
65. DIVINIDADES GRIEGAS Y ORIENTALES
Desde tiempos prehistóricos se produce un contacto entre el Mediterráneo
Oriental y la Península Ibérica, sobre todo con fenicios, púnicos y griegos; cuyos cultos,
en particular los de estos últimos, se extendieron a las colonias por ellos fundadas y a
las regiones vecinas. Más tarde fue Roma la encargada de canalizar el problema de la
supervivencia personal se encontraron en los cultos mistéricos griegos y en las religiones orientales, que prometían el bienestar en este mundo y la felicidad eterna.
65.1. DEIDADES GRIEGAS
El culto a Asklepios, dios de la Salud, asimilado a Esculapio. Se documentan dos
templos dedicados a esta deidad, uno cerca de Cartagena y otro en Ampurias. La expansión de este culto por el occidente peninsular quizá estuvo motivada por su correspondencia con alguna divinidad indígena.
65.2. DEIDADES ORIENTALES
Las religiones orientales se extendieron fácilmente por el contenido misterioso
de sus doctrinas, el proselitismo de sus gentes y la mancomunidad de religión y ciencia
que dejaba a un lado la política. Este ensamblaje de sabiduría y religión colmaba las
ansias de los creyentes, con la promesa de una vida en la eternidad. Los antiguos dioses fueron desbancados por otros que mueren pero que resucitan para no volver a morir y que exigen a sus fieles una actividad constante por disfrutar de la gloria eterna.,
J. Bayet ha establecido una diferenciación entre las religiones de salvación, y las
que se fundan en una visión cósmica del mundo, y adjudican a los ciclos de renovación
de los astros un valor esencial.
Al grupo de las resurrecciones vegetales pertenecen las religiones de Dionisos,
de Cibeles (asiático) y el de Isis (egipcio).
Dionisos está representado frecuentemente en los sarcófagos de los siglos II y III
d.C.
Diversos monumentos hacen referencia a un culto a Cibeles-Magna-Mater y a
Attis. La leyenda relata que Attis después de haber mantenido relaciones con Cibeles,
se castró y falleció. Su actitud fue imitada por el sacerdote de la diosa, el gallus. Los
sacerdotes formaban un colegio integrado por hombres y mujeres presidido por el archigallus. El culto a Cibeles conoce su período más brillante con Domiciano, Trajano,
197
Adriano y Diocleciano.
El culto a Cibeles fue muy popular, se celebraban dos ceremonias: el taurobolium, sacrificio de un toro destinado a realizar un bautismo de sangre, y el criobolium
sacrificio de un carnero. Las aras de taurobolium suelen reproducir la cabeza del toro y
los instrumentos para su sacrificio. Este ritual decae a principios del siglo III d.C. y resurge con Iuliano.
Los devotos de Attis recitan una oración con la que creían conseguir la felicidad
eterna. A veces este culto no está ligado al de Cibeles.
El culto a Cibeles-Magna-Mater se expande en época Imperial, y los exvotos
están diseminados en áreas próximas a la Vía de la Plata.
La época de mayor esplendor de los cultos egipcios correspondió al s. III y principios del IV. El culto a Isis, prohibido por Constantino, fue renovado por Juliano. Sus
devotos pertenecían a los estratos sociales más elevados.
La documentación recoge teónimos correspondientes a divinidades astrales de
origen sirio e iranio. Los romanos, influidos por caldeos y egipcios, creyeron que la observación de los astros les permitía conocer el destino de cada hombre y en general el
futuro. Muchos emperadores se manifestaron partidarios de la astrología y se impulsó
junto con los cultos orientales. Según esta, los hados son los gobernadores del mundo
y todo lo que en él habita está sometido a una ley determinada.
El culto de Mithra llegó a Hispania de Oriente. Según su doctrina dualista hay un
dios principio del bien Ormuzd, y otro del mal, Ahriman, servidos por ejércitos de espíritus celestes o infernales. Mithra es un mediador entre el cielo y la tierra y se identifica
con el sol. El fiel debe ser ayudado por Mithra para conseguir el reino del bien. Su aniversario se celebra después del solsticio de invierno, el 25 de diciembre, cuando el sol
comienza a recobrar su preponderancia en los días.
Sus iniciados debían de ir alcanzando siete grados relacionados con los siete
planetas, hasta conseguir la gloria eterna. Los rituales ceremoniales se desarrollaban
en templos subterráneos presididos por la imagen del Mithra sacrificando al toro.
65.3. DIVINIDADES GRECO-EGIPCIAS, SIRIACAS, FRIGIO-ANATOLIAS Y
FENICIO-PÚNICAS
De las greco-egipcias, Némesis, diosa de la justicia, parece que recibió culto de
los esclavos y libertos. Los esclavos de origen griego pudieron ser el medio de penetración. La religión de Serapis debió penetrar con los soldados procedentes de oriente.
Los cultos sirios tuvieron escaso impacto en la Península. En un ara de Córdoba
se recogen teónimos de divinidades sirias, algunas relacionadas con el sol.
Entre las divinidades frigio-anatolias conviene mencionar a Cibeles, antigua diosa madre y a Ma-Bellona, diosa de la guerra y hermana de Marte, encargada de preparar el carro que debía conducir a este dios al combate. En Trujillo (Cáceres) se rindió
culto a esta deidad.
En el mediodía peninsular los fenicios y púnicos introdujeron a Estimun, se asimiló a Asklepios-Esculapio, lo que nos permite entender la importancia del culto a la
salud en Cartagena. Chrsor se equiparó a Efesto-Vulcano, Aresh a Mercurio, Astarté a
Iuno y Baal-Hammnon a Cronos-Saturno. Las divinidades de origen fenicio que mayor
vigencia tuvieron fueron Tanit-Iuno y Melqart-Hércules (Gaditanus).
198
66. CULTOS Y CREENCIAS
66.1. LUGARES SAGRADOS
Los textos clásicos, la epigrafía y la toponimia hacen referencia a una serie de
lugares sagrados.
Ciertas islas y cabos fueron consagrados por fenicios y griegos: la Noctiluca cerca a Malaca (dedicada a la luna), la del Palmar (Valencia) a Minerva.
Algunos montes estaban consagrados a divinidades, como el Monte Teleno.
También los bosques, Lucus Astrurum.
El conocimiento de la voluntad de los dioses se podía manifestar a través del
sueño o de signos externos. En el templo del dios Endovellicus, los fieles pernoctaban
para que el dios les comunicara mientras dormían.
Mediante el sacrificio el fiel trata de manifestar de forma externa su piedad y veneración a la divinidad. Se realizaban distintos tipos de inmolaciones: ofrendas públicas, se hace por el pueblo en nombre de la ciudad. Privadas cuando se dedican por
una familia o un ciudadano. Los sacrificios eran múltiples y podían ser cruentos, cuando se sacrificaba algún animal, o incruentos en los que se dedicaba frutos, flores o
líquidos (vino, lecho). Fundamentalmente debía ofrecerse un objeto de consumo, como
las primicias de las cosechas.
Entre los ritos de inmolación destacan: la consagración de la víctima a la divinidad, rociando la cabeza del animal con harina y sal. La muerte del animal cuando se le
hiere con el cuchillo se deposita una parte de él en el altar, para examinar su interior y
deducir la paz o cólera del dios.
Con estos ritos se quería manifestar el agradecimiento por los beneficios recibidos por los dioses para que continuaran asistiéndoles.
En las ceremonias rituales de los sacrificios existe un reglamento. Cada deidad
apetecía una víctima concreta. Las femeninas gustaban por lo general de víctimas
hembras, y las deidades preferían también unos colores determinados, las celestiales
víctimas blancas, Vulcano las rojizas y las infernales las negras.
Las libaciones eran normales, así como quemar en las aras en los ceremoniales,
o quemar incienso.
Determinados dioses aceptaban sacrificios humanos, Estrabón dice que los
pueblos del norte inmolaban víctimas humanas a Ares o Marte. Los juegos de gladiadores en sus orígenes tenían la finalidad de proporcionar sangre humana. Estos sacrificios humanos eran exigidos entre otros por Saturno. En ellos la víctima era menos importante que el derramamiento de sangre. Después tendrían como fin el triunfo sobre el
adversario.
Las prácticas adivinatorias permanecerán vigentes durante el Imperio. Los galaicos y los lusitanos presagiaban lo que iba a suceder por el vuelo de las aves, las entrañas de las víctimas y las llamas sagradas. El Concilio XVI de Toledo fue en contra de
ellos.
Las danzas fueron otros medios de comunicación con las divinidades, los juegos
agnósticos y las mascaradas. En Cádiz las bailarinas y prostitutas sagradas vivían en el
templo. La Iglesia cristiana prohibió las mascaradas. Los disfraces de animales tenían
un significado determinado. Así el de toro representaba la virilidad y fecundidad.
199
67. EL CULTO A LOS MUERTOS
Los romanos creían que después de muertos se vivía una vida semejante a la
terrena aunque disminuida. El culto a los muerto es una necesidad, una defensa porque el difunto no complacido puede ser peligroso.
El culto funerario se inicia con una comida en la que se supone que participa el
difunto. Sobre su tumba se depositan ramas de olivo, laurel y hiedra; su verde persistente era símbolo de supervivencia. También se dedicaba fiestas a los difuntos en Febrero y Mayo.
La religión y filosofía griega ejercieron influencias en las creencias romanas:
concepción del infierno, distribución de los muertos según la justicia, la justicia o castigo según haya sido bueno o malo, la creencia en la naturaleza aérea de las almas, que
ascendían al cielo estrellado a través del aire. Así en los bajorrelieves funerarios se
representa al viento, estrellas, luna (simbolismos de una inmortalidad astral).
67.1. LOS "COLLEGIA" Y SUS CULTOS
La organización de los cultos estaba a cargo de una familia, de un collegium, de
una ciudad, de un conventus o de una provincia.
En la familia ejercía como sacerdote el pater familias en el culto tributado a los
lares.
En los conventos y en las provincias desempeñaban esta labor los sacerdotes,
flamines. Ciertas asociaciones de individuos, cofradías o collegio también organizaban
sus cultos y cada uno tenía su propia divinidad:
El collegium de iuvenes: para practicar ejercicios físicos y formarse culturalmente.
Los collegia profesionales: zapateros, pescadores, etc.
Los collegia funeraria: para costear los gastos de las honras fúnebres de sus asociados.
* Los collegia religiosos: para rendir culto a una divinidad.
*
*
Su organización interna reproducía la municipalidad pero a escala menor. Elegían al magister o sacerdote. Para ello debía ser ciudadano, tener fortuna y una hoja de
servicios limpia.
Podrían ser nombrados con carácter vitalicio, disfrutando de privilegios como
presidir en circos y teatros.
Administraban la economía de los templos y la organización de los festejos religiosos corría a su cargo (durante una año).
Solían ser diferentes los sacerdotes de culto imperial de los de culto municipal.
67.2. EL CULTO AL EMPERADOR
Entre los pueblos prerromanos ya existía un culto al jefe, precedente del culto al
Emperador.
Anualmente y en la capital de cada una de las provincias se reunía el concilium
provinciae, integrado por los delegados de todas las ciudades. Era una asamblea políti-
200
ca y religiosa en la que se tomaban decisiones referentes a cada provincia a la vez que
se celebraban solemnes fiestas en honor del culto imperial. De ella salían los nombramientos anuales de los flamines o sacerdotes encargados del culto imperial provincial.
El culto al Emperador en la Península estuvo limitado a los conventus Lucensis,
Bracaraugustanus, Asturicensis, Cluniensis y Carthaginensis.
Todos los testimonios hacen suponer que el culto del conventus se organizó a
partir de los Flavios. Los flamines después de este cargo ocuparon otros importantes
en la administración y el ejército.
Los emperadores pretendieron que su culto se hiciera extensivo a todos los sectores sociales económicamente desahogados. Surgiendo así en los municipios múltiples cofradías religiosas que se ocupaban del culto imperial. (La de los Lares Augustales, Córdoba, etc.)
Los encargados del nombramiento de los Augustales eran los magistrados municipales Exigiéndoles costear con sus bienes una parte de los gastos públicos del municipio.
En Tarraco hay un altar dedicado a Augusto (26 a.C.) Después en Emérita, Bracara(5 a.C.) Esto nos demuestra que este culto surgió en torno a los altares.
Augusto dará a la persona del jefe un valor y aura sagrados. Octavio fusionó las
nociones latinas (genius y numen) creando una mística en torno a su persona, el genius Caesaris, y recibió culto junto a los Lares Compitales. La herencia más importante
que dejó Augusto fue el culto imperial. Este culto motivó un fuerte vínculo de unión entre Roma, Italia y las provincias.
201
TEMA 19. ASPECTOS POLÍTICOS DEL BAJO IMPERIO
68. INTRODUCCIÓN
Con el ascenso de Diocleciano al poder se inicia un período de absolutismo imperial que se sustenta sobre los pilares religioso, político y militar.
La persona del Emperador se rodea de una aureola divina con la titulación dominus et deus; Diocleciano concibió la tetrarquía como un sistema teocrático y colegiado
de gobierno (El emperador comparte con su colega el rango de Augusto). Y cada uno
de ellos, ayudado por un césar en su sede, debería llevar a cabo un mayor control administrativo y unas intervenciones militares más efectivas).
Se creó un nuevo régimen, el Dominado, en el que el monarca adquirió un poder
absoluto. Y la burocratización producto del centralismo administrativo sería la garantía
del absolutismo imperial.
Los objetivos de los tetrarcas eran los mismos que los de los emperadores ilirios:
mantener la unidad imperial y, la estabilidad política.
Por lo que respecta a la sucesión, durante el siglo IV se abandonó el sistema
tetrárquico en beneficio del de la herencia dinástica. Lo ordinario fue que el emperador
reconociera a un César o a un Augusto. Sí una dinastía se extinguía o si no se nombraba a un sucesor, la elección la llevaban a cabo los jefes militares o altos funcionarios civiles.
Los hijos de Constantino se dividieron el Imperio como Augustos, equiparados
en derechos, pero al poco tiempo iniciaron la lucha por el poder. El nombramiento de
antiemperadores hizo la situación más embarazosa. En Occidente fueron frecuentes
las usurpaciones con el apoyo de las legiones. (Los emperadores-soldados, Valentiano
I y Valente).
En este periodo Hispania, que carecía prácticamente de tropas militares, estuvo
ajena a las intrigas y vivió en paz.
Los escasos éxitos de Teodosio contra los godos le facilitaron concentrar las
fuerzas del Imperio en un conjunto unitario y resistente. A su vez impulsó la unidad religiosa del Imperio. Como soberano cristiano, quiso consolidar un Estado teocrático. Su
lucha contra el paganismo fue sin cuartel, logrando cotas de éxito muy elevadas y consiguiendo agrupar al mundo en torno al nuevo ideal religioso, después de que otras
creencias religiosas hubieran fracasado en este esfuerzo unitario.
La Hispania del siglo IV ha sido estimada bajo puntos de vista contrapuestos. La
visión más optimista nos presenta este momento como una época de paz y prosperidad
(pasajes de Pacino y Prudencio). Una visión más pesimista (con Vola y Ausonio) guiada por la inquietud de una sociedad abrumada por las incursiones de gentes fronterizas
extrañas, y el bandidaje.
Pero la Hispania del s. IV carece de hechos políticos relevantes, excepto el apoyo a algún candidato al Imperio, caso de Magno Magencio en el 350 d.C., pero en estas turbulentas luchas por el poder, en la península reinó la paz.
Hispania participó en la definición de un imperio romano-cristiano, con sus grandes pensadores (Juvenco, Prudencio, Osorio). Momento pues de fortalecimiento cultural.
202
También resurge la economía pero se acentúa la decadencia social. Socialmente se debe a la persistencia de la corriente de ruralización iniciada en el siglo II, siendo
los latifundios la base de la propiedad, donde los grandes señores se enfrentan a una
clase urbana arruinada y a un campesinado pobre.
Según algunos autores, la pobreza se acentuaría entre los pueblos cántabros y
vascones (pero no hay testimonios literarios y arqueológicos que lo justifiquen).
En la Meseta Norte se acusa la riqueza de las villas y el poder político de sus
hombres.
La marginación de los hispanos en el poder central cesa en el último tercio del
siglo IV, y esto permitió resurgir a la Meseta con escasas o nulas importaciones y grandes ingresos por venta de ganado.
Iniciado el s. V, la situación creada por Geroncio y su acuerdo con los bárbaros
facilitó el asentamiento de los suevos, vándalos y alanos en la Diócesis Hispaniarum.
Esto pone fin a la Hispania romana; aunque el emperador de Occidente, Honorio, siguiera en el trono hasta el 423. La estructura social y económica romana subsistirá
hasta la presencia árabe en el 711.
69. HISPANIA EN LA ÉPOCA DE DIOCLECIANO (284-305).
En el 284 d.C. las tropas de Nicomedia proclamaron emperador a un oficial
dálmata, Diocleciano.
Ello acarreó un nuevo orden en la estructura política, aunque Diocleciano debe
considerarse más un hombre del s. III que del s. IV. Renunció al gobierno personal y
designó como colega suyo a Máximo a quien le impuso su cognomina.
En el 293 Diocleciano designó a dos generales ilirios como Césares; como ayudante suyo a Galerio y de Maximiano a Constancio. Surgió así la Primera Tetrarquía
(293-305). Este es el esquema de sus campos de actuación.
AGUSTOS
Diocleciano. 248 d.C. (Oriente)
MAXIMIANO 286 d.C. (Italia, África, Hispania)
CESARES
Galerio. 293 d.C.(Iliria).
CONSTANCIO. 293 d.C. (Galia y Britania).
En Hispania apenas existen dedicatorias a Diocleciano. En cambio son frecuentes las que honran a Maximiano, Augusto Emperador de Occidente, y le celebran con el
título de Augustus Invictus. También a Constancio reconociéndole como Nobleissimus
Caesar Noster.
El régimen tetrárquico responde a una necesidad militar. Designó a los tres colaboradores sin consultar al Senado y al ejército. A los Césares se les confiaron las tropas pero no las provincias.
Maximiano y Constancio tuvieron el mando en Occidente. Constancio (César)
actuó sobre las inestables Galia y Britania, y colaboró con Maximiano en la administración de las provincias de Hispania.
Entre el 295 y 298 los Augustos y los Césares llevaron a cabo empresas militares:
203
Diocleciano en Egipto.
Maximiano contra francos en Hispania y África.
Galerio contra los persas.
Constancio en Britania.
Según J. Arce en un relieve de Emérita, que representa a un emperador montado a caballo arrollando a un bárbaro, conmemora este triunfo de Maximiano contra los
francos y en el N. de África contra los mauritanos.
Diocleciano reformó la organización territorial y el ejército (tema siguiente).
Su política religiosa refleja el totalitarismo. Entre el 303 y 304 promulgó una serie
de edictos en los que ordenaba la destrucción de iglesias, la confiscación de libros sagrados, el encarcelamiento del clero y la obligación para todos de sacrificar bajo pena
de muerte o de deportación a las minas. Las persecuciones en la Diócesis Hispaniarum
fueron iniciativa de Maximiano, siguiendo las directrices de Diocleciano. Prudencio nos
da nombres de los que sufrieron martirio, abundando en las ciudades, lo que lleva a
deducir que la cristianización había arraigado en los medios urbanos. De la vitalidad de
las iglesias hispanas en el s. IV d.C. nos habla el concilio de Elvira (Granada) que tuvo
importancia considerable.
70. HISPANIA DESDE LA ABDICACIÓN DE DIOCLECIANO HASTA LA AS-
CENSIÓN DE TEODOSIO.
En el año 305. por acuerdo mutuo, abdicaron simultáneamente los Augustos y
los Césares.
AUGUSTOS.
GALERIO. (Iliria, Menos Panonia Y Asia Me- CONSTANCIO. 306 d.C. (GALIA, BRITAnor.
NIA E HISPANIA).
CESARES
MAXIMINO DAIA. (Resto de Oriente y Egipto). SEVERO. 307 d.C. (África, Italia y dos
Panonia).
En el 306 muere Constancio y los soldados sobornados por Constantino le proclamaron Augusto. Al igual que bajo los Severos el principio dinástico cobraba vigencia
de nuevo y el ejército había decidido en la elección. El enfrentamiento entre Constantino y Galerio era inevitable porque éste había designado a Severo como Augusto según
le correspondía. La muerte de Severo en el 307 facilitaría la herencia de Constantino,
pero surgiría el problema de Majencio.
¿A quién pertenecía pues Hispania en el 306? Hispania había pertenecido a
Maximiano (286) y después la heredó Constancio. Y por el estudio de los miliarios se
deduce que en esta fecha pasó a manos de Constantino.
Majencio hijo de Maximiano, no aceptó la situación, llevó a cabo una revuelta, se
ciño la púrpura y se proclamó princeps. Las fuentes cristianas partidarias de Constantino le trataron de usurpador y tirano.
Maximiano se puso de parte de su hijo Majencio y recuperó el título de Augusto
que abandonó un año antes. Constantino le reconoció como Augusto y dio a su hija
como esposa de Majencio. Así Maximiano y su yerno Majencio formaron una nueva
dinastía herculiana. A partir de este momento la Diócesis Hispaniarum correspondió a
Majencio, aunque pasó definitivamente a Constantino (309-312).
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Estos enfrentamientos destruyeron los propósitos de Diocleciano y crearon la
máxima anarquía en el sistema tetrárquico. De momento había 4 augustos (Galerio,
Maximiano, Majencio y Constantino) y un sólo Cesar, Maximino Daia. Las inevitables
luchas civiles fueron eliminando candidatos al mando único.
En el 313 el Imperio estaba repartido entre dos Augustos, Constantino y Licinio.
Este último fue derrotado en el 324, dejando el Imperio en las manos únicas del instaurador del Imperium .
De todos estos emperadores se conservan miliarios.
70.1. CONSTANTINO (309-324)
Fue el fundador de una monarquía absoluta de derecho divino. Como cristiano,
no podía ser emperador-dios, pero si ser de "filiación divina". Constantino fue emperador "por la gracia de Dios" y representante de él en la tierra. El reino terrestre de Constantino pretende ser la imagen de un reino celeste. El emperador está rodeado de
Césares como Dios de sus ángeles.
Durante este tiempo la Diócesis Hispaniarum permaneció al margen de los problemas políticos más significativos. Hispania conoció una recuperación económica y se
adaptó a las nuevas directrices de la administración. La diócesis se incluye en unidades
administrativas superiores, praefecturae.
Creó nuevos cargos administrativos y remodeló la organización militar dioclecianea (tema siguiente).
En el 312 decretó algunas medidas a favor de la Iglesia, como la de que se restituyeran a las comunidades cristianas los bienes confiscados. Este Emperador consideró el poder de la iglesia como uno de los principales poderes del Estado, de ahí que
luchara por conseguir la unidad religiosa.
Estuvo influido por el obispo Osio de Córdoba. Osio defenderá en Nicea la unidad cristiana, base religiosa sobre la que Constantino fundamentará su nuevo Imperio.
De Constantino se conservan miliarios y varias inscripciones.
70.2. SUCESORES DE CONSTANTINO. (324-363)
Constantino repartió el Imperio entre sus 3 hijos: Constantino, Constancio y
Constante, y sus sobrinos.
Constantino II obtuvo la supremacía sobre Occidente (Britania, Galia e Hispania)
y hasta cierto punto ejerció una tutela sobre Italia, África y Panonia. En el Oriente Constancio II se añadió Tracia. Según, parece, Constante quedó bajo la tutela del primogénito sin tierras y sin poder efectivo.
Por ello se enfrentaron los dos, muriendo Constantino en el 340. Constante recogió sus dominios. Asía Constancio II y Constante reinaran con armonía hasta el 350.
En el 344 tuvo lugar el Concilio de Serdica (Sofía). El Papa Julio envió a Osio de
Córdoba para que lo presidiera. También estuvieron presentes otros hispanos. Los
orientales atacaron con virulencia la primacía del Papa defendida por Atanasio y Osio.
En el 350 el comes Magencio se sublevó y ciñó la púrpura en Autun. El ejército y
el pueblo de las Galias se unieron al usurpador. Constante partió para Hispania, pero
fue asesinado por uno de los partidarios de Magnencio. Según se desprende de las
fuentes literarias algunas provincias hispanas, en especial Gallaecia, se pasaron al
205
bando de Magnencio; otras seguían fieles a Constancio II. El usurpador fue derrotado.
Posteriormente se reforzaron las fronteras hispanas (360) debido a la sublevación de Cesar Juliano en la Galia. Hispania apoyó a Juliano cuando buscó en ella refugio al ser vencido por Constancio.
En esta época la Bética y Lusitania cambiaron de rango de praesidialis a consularis.
70.3. DINASTÍA VALENTINIANA. (364-379)
Los acontecimientos políticos del reinado de Valentiniano tuvieron poca repercusión en Hispania.
Pero se hace presente el clan hispano que va a preponderar en los medios políticos y religiosos de fines del s. IV.
En el 366 se da un forcejeo entre el hispano Dámaso y Ursino por el papado.
Triunfa Dámaso aumentando la influencia del papado en los medios políticos, e imponiéndose la jerarquía de Roma sobre otras sedes episcopales cristianas.
El Papa Dámaso influirá sobre Graciano, hijo de Valentiniano. Graciano controlará Occidente hasta el 383.
La diócesis Hispaniarum tenía en estos momentos 6 provincias. Bética y Lusitania eran consulares, gobernadas por un consular, y el resto eran presidiales con un
praeses.
Graciano elegiría como emperador aunque de manera simbólica a su hijo menor
Valentiniano II, sometido al tutelaje de Teodosio.
71. DE TEODOSIO A LAS INVASIONES
Teodosio se declaró descendiente de Trajano. Nacido en Coca (Segovia) o en
Gallaecia donde sus padres tenían propiedades.
Su ascenso al trono fue resultado de la influencia del clan hispano aliado al clan
galo que dirigía Ausonio. Su padre Honorio Teodosio, hombre de altísimo prestigio, fue
mandado decapitar por Graciano.
Con el ascenso de Teodosio se favoreció también a los amigos y parientes hispanos. Poseyendo éstos grandes propiedades rústicas en Cauca (Segovia), en cuyas
cercanías la arqueología ha detectado lujosas villas de esta época.
La ideología de este grupo senatorial fue la defensa de la moral cristiana frente
al paganismo. El providencialismo de Tito Livio y Virgilio, defendía la eternidad de Roma por destino de los dioses. La interpretación cristiana (Prudencio, Osorio, S. Jerónimo y S. Agustín) defiende también la Roma eterna pero cristiana.
La mayoría de los homines novi del clan hispano procedían del N.O. de la
Península Ibérica. Aristocracia que procede del campo y vive en sus grandes propiedades rústicas.
Renuevan el senado tradicional romano mayoritariamente pagano. Sustituirán el
culto al Emperador por el culto al poder de origen divino, materializado en el disco de
Teodosio.
206
72. Prisciliano y el Priscilianismo
Nacido en Galicia y educado en el gnosticismo. Con un grupo dirigió una doctrina basada en:
*
*
*
*
*
*
La renuncia a las formas externas del poder.
Rigurosa disciplina y ayunos.
Menosprecio del matrimonio y de la estructura jerárquica de la Iglesia.
Gusto del retiro a los montes y desprecio de los bienes del mundo.
Estudio de las S. Escrituras.
Quiso reformar el clero con el celibato y abandono de las riquezas.
Este movimiento priscilianista se originó en Lusitania y lo difundieron los obispos
y presbíteros de Astorga y Braga, y de las iglesias galaicas. Sobre el 379 durante el
reinado del Emperador Graciano.
Este episcopado fue excomulgado. En el Concilio de Caesaragusta el Papa
Dámaso no vio herejía en Prisciliano y se limitó a reprobar ciertas prácticas morales.
72.1. LOS SUCESORES DE TEODOSIO Y LA PENETRACIÓN BÁRBARA EN
HISPANIA. (359-409 d.C.)
A la muerte de Teodosio en el 395 el Imperio romano unificado fue dividido entre
sus dos hijos: Arcadio, recibió como Augusto Oriente, y Honorio, como Augusto Occidente.
Dos unidades administrativas, no radicalmente separadas, se convirtieron en
conjuntos imperiales autónomos.
El reinado de Honorio (395-423) estuvo dominado por la figura de Estilicón, regente durante su minoría de edad.
Entre el 407-411 va a tener lugar la usurpación de Constantino III, controló Britania y la Galia, así se enfrentaban con Honorio. Constantino quería apoderarse también
de Hispania pero Honorio contaba en la Península Ibérica con el apoyo de la aristocracia hispana y de la familia teodosiana, pero estos carecían de mandos militares.
Otro sector de la diócesis Hispaniarum aceptaba a Constantino III y estos contaban con un ejército regular al mando del general Gerontio. El primer enfrentamiento de
Gerontio y los teodosianos tuvo lugar en Lusitania. La victoria del Gerontio trajo consigo
el saqueo, por sus tropas, de Tierra de Campos, donde se cobraron un importante botín
de las numerosas villae que la arqueología ha detectado: Pedrosa de la Vega, Dueñas.
Más tarde Gerontio vio la oportunidad para iniciar su propia rebelión, aliándose
con los bárbaros asentados en Aquitania para hacer frente a los ejércitos de Constantino III. Ello explica la facilidad de paso de los germanos hacia Hispania (409).
Hispania una vez más sería escenario de guerra civil entre los partidarios de Gerontio y los de Constantino III. Pero pronto Gerontio se suicidó. Así la situación en la
Diócesis Hispaniarum facilitó el asentamiento de suevos, vándalos y alanos, con lo que
se ponía fin al último capítulo de la Hispania Romana.
207
TEMA 20. LA ADMINISTRACIÓN DE HISPANIA EN EL BAJO
IMPERIO.
73. ASPECTOS MÁS IMPORTANTES DE LAS REFORMAS DE DIOCLECIANO
Diocleciano abordó los problemas que soportaba el Imperio de un modo más
firme y completo que el adoptado por sus predecesores. Uno de los problemas más
importantes que tenía el Imperio era el de restablecer la tranquilidad política del Imperio
frenando las tendencias centrífugas alimentadas por las desastrosas condiciones
económicas y sociales de las regiones. Diocleciano decidió asociar al poder a otro oficial ilirio de su confianza, Maximiano, para que resolviese los problemas de la parte
occidental del Imperio. Maximiano fue elevado a la dignidad de Augusto, ocupando, en
el aspecto constitucional, una posición similar a la que ocupaba Diocleciano, aunque
Diocleciano marcó las diferencias al tomar el título de Iovus (Júpiter), dios, y Maximiano
el de Herculis (Hércules), héroe divinizado. Lo que implicaba una gradación que era
sentida por las gentes. La elaboración de este sistema de principado colegiado mantenía en su aspecto teórico una graduación que determinaba la subordinación de Maximiano a Diocleciano, aunque los dos llevasen el título de Augustus. En el poder y la
autoridad no había equiparación.
La bipolarización del poder constitucional en dos Augustos para las dos partes
del Imperio se revelaba insuficiente para atajar las presiones exteriores y la situación
interior. En el 293 dos nuevas personas, también de extracción militar, fueron asociadas al poder en calidad de Césares: Constancio para el Occidente y Galerio para el
Oriente.
Se trataba, pues, de un poder compartido de un modo coherente que aseguraba
la unidad de mando, por cuanto que los Césares obedecían a los Augustos y estos legislaban en común, sin que fuese en detrimento de la eficacia que suponía el que cada
miembro de la tetrarquía tuviera su sede en una ciudad idónea para atender los problemas surgidos en las zonas adyacentes. Diocleciano, residía preferentemente en Nicomedia, Galerio en Sirmio, Maximiano en Milán o en Aquilea, y Galerio en Tréveris.
La tetrarquía era también un intento de asegurar con antelación la sucesión al
poder. Para reforzar esta tendencia, los Césares se vieron forzados a repudiar a sus
mujeres, para casarse Galerio con la hija de Diocleciano y Constantino con la hijastra
de Maximiano.
No sólo del ejército procedían los problemas de las usurpaciones sino que también en él residía la defensa del Imperio. Diocleciano reformo el ejército dividiéndolo en
dos partes: los limitanei, o ripenses, que atendían a la defensa en el limes, y los comitatenses, tropas móviles de caballería y de infantería que dependían directamente de los
Augustos y de los Césares. De esta forma se pensaba hacer frente de un modo más
rápido a cualquier ruptura del limes o a cualquier usurpación o levantamiento interior.
Con la tetrarquía y la reforma del ejercito las legiones experimentaron un aumento numérico, pasando de 39 a 60, lo cual no implica que se cuadruplicara, como señala
Lactancio, el número de los efectivos; ya que muchas legiones no llegaban al millar.
La transformación de la estructura económica y social iniciada a partir de la crisis
del siglo III exigía una adecuación de las instituciones romanas. Las tendencias autonomistas, producidas por las tendencias centrífugas, hacían necesaria una reforma
administrativa. La nueva distribución administrativa, que guardaba al mismo tiempo estrecha relación con el nuevo sistema fiscal, evitaba la excesiva concentración en algunos lugares de fuertes poderes económicos, militares y políticos, y facilitaba una mayor
208
eficacia en la administración. Diocleciano procedió a la fragmentación de las actuales
provincias, aumentando su número.
Las fuentes no coinciden sobre el número de provincias surgidas tras la reforma.
98, 113, 120, etc. Como estas fuentes se redactaron en épocas distintas, se deduce
que posteriormente a Diocleciano hubo remodelaciones de las provincias.
Debido a las distintas dependencias y jurisdicciones no había unificación en los
rangos de gobernador. Así, en el Bajo Imperio las provincias estuvieron mandadas por:
Gobernadores procónsules, por ejemplo en África y Asia.
Correctores, funcionarios imperiales que se pasaron a ser regulares y permanetes,
que en la reforma de Diocleciano tenían asignadas las provincias de Italia.
* Consulares, gobernadores senadores, que parecen derivar de los antiguos gobernadores de rango senatorial.
* Praesides, que ocupaban el último rango entre los gobernadores.
*
*
En la reforma de Diocleciano, los gobernadores praesides y algunos de los correctores procedían del orden ecuestre y llevaban el título de perfectissimi.
Para poder hacer frente a sus funciones, los gobernadores contaban con un personal subalterno que les ayudaba y que constituía su oficium.
La ampliación del número de provincias podía dificultar las relaciones con el gobierno central, por lo que Diocleciano reagrupó las provincias en circunscripciones más
amplias, conocidas con el nombre de diócesis, al mando de funcionarios denominados
vicarios, o de viceprefectos del pretorio. Inicialmente estos funcionarios pertenecían al
orden ecuestre, pero con Constantino el cargo pasó a desempeñarlo el orden senatorial. Las diócesis así obtenidas fueron: Italia, once provincias; África, seis; Hispania,
seis; la Viennensis, siete; la de las Galias, nueve; la de Britania, cuatro; la de Pannonia,
siete; la de Moesia, diez; la de Tracia, seis; la de Asia, nueve; la de Ponto, siete; y la de
Oriente, diecisiete.
Posteriormente las diócesis se agruparan en unidades geográficas más amplias
denominadas praefecturae, que no tuvieron un carácter constante en su número ni en
su composición. Inmediatamente a la muerte de Constantino se contaba con las prefecturas de Italia, Oriente, África y Galia. Al mando de las prefecturas estaban los prefectos.
Los prefectos tenían que acompañar a los Augustos y a los Césares en sus continuos desplazamientos. Los prefectos del pretorio eran los funcionarios más importantes (con funciones administrativas, financieras y judiciales), en cuyos territorios debían
mantener el orden y la paz, procurando que los vicarios y los gobernadores cumpliesen
correctamente sus respectivos cometidos.
74. NUEVA DIVISIÓN PROVINCIAL DE HISPANIA
Diocleciano creó la Diócesis Hispaniarum que contenía seis provincias: la Baetica, Lusitania, Carthaginiensis, Gallaecia, Tarraconensis, y Mauritania Tingitana (Norte
de África). Mucho antes de esta reforma, Hispania había sido dividida en Provincia Hispania Citerior, Provincia Hispania Ulterior y Provincia Hispania Lusitania; luego Caracalla había constituido a Gallaecia en provincia, bajo el nombre de Provincia Hispania Citerior Antoniniana.
209
Las razones por las que Diocleciano dividió la provincia de Hispania Citerior en
las provincias de Carthaginenesis, Tarraconensis y Gallaecia, se enmarcan dentro de la
reorganización imperial (parar las usurpaciones, la autonomía,) y posiblemente a razones específicas, debido a la gran cantidad de pueblos étnicos que comprendía la Citerior con diversos grados de desarrollo y romanización. La división de la Citerior parece
haber buscado igualación desde le punto de vista territorial cuantitativo entre las provincias de la diócesis, que resultaban así más homogéneas.
El hecho de que la Mauritania Tingitana fuese incluida dentro de la diócesis de
Hispania probablemente se deba a que, en caso de eventuales dificultades políticas,
resultaba más fácil abastecer esta zona desde la Bética.
La nueva división administrativa hay que datarla entre el 284 y el 288. Con posterioridad a esta división, se constituyó la diócesis y el cargo de vicario como funcionario encargado de su gobierno. La creación de esta circunscripción superior y su vicarios
debieron de tener lugar en el 297.
Las divisiones provinciales y el número de provincias que componían la diócesis
Hispaniarum no permaneció inalterable. En el 365-385 de la Cartaginense se separa el
territorio de las islas Baleares, constituyendo una nueva provincia e integrándose en la
diócesis de Hispania.
Según el tratado de Festo, de las provincias hispanas solo dos, la Baetica y la
Lusitana, eran consulares: las otras eran presidiales. Luego, la Gallaecia pasó a consular, que es la situación que refleja la Notitia Dignitatum. En el 382 la Lusitania pasó
temporalmente a consular.
Cuando se creó la unidad territorial superior de la prefectura de las Galias en el
385, la diócesis de Hispania fue una de las que quedaron integradas en ella.
75. EL GOBIERNO DE HISPANIA.
Cuando en el 297 se creó la diócesis de Hispania, se creó también el cargo de
vicario. Hacia el 313 se puso al lado del vicario un comes Hipaniarum, que pervivió hasta Constantino II o Constante. El comes no tenía un carácter exclusivamente militar,
como ocurrirá más tarde, sino que tenía también otras funciones jurídicas y civiles. Pertenecía al rango senatorial. Del comes Hispaniarum dependían, en el campo militar,
once unidades de auxilia palatina y cinco legiones de limitanei.
Los vicarios debían controlar las actividades administrativas de las provincias para enviar un informe al emperador o al prefecto de la situación de la diócesis.
Muchos de los cometidos de los prefectos eran desempeñados en sus diócesis
por los vicarios; como por ejemplo, la represión de actividades religiosas no aceptadas,
el control de los impuestos de las provincias y las obras públicas.
Los vicarios tenían también funciones judiciales en lo civil y en lo criminal. Los
ciudadanos podían acudir al vicario o prefecto, la sentencia era apelable al emperador.
Desde Constantino la sentencia del prefecto no era apelable al emperador.
Para poder conseguir sus cometidos, el vicario tenía también un officium muy
semejante al de los otros altos funcionarios, con Princeps, Corunicularius, duo Numerarii, Commentariensis, Ab actis, Cura espistolarum, Auditor, Subadiuvae, Exceptores
Singulares et reliquom officium.
Respecto a los gobernadores de las provincias de la diócesis de Hispania, los
210
había según perteneciese a una provincia consular o presidial, y por tanto pertenecían
al orden senatorial o ecuestre, y llevarían el título de clarissimus o perfectissimus, respectivamente. Pero hay que tener en cuenta el status personal elevado, como podría
ser el caso de aquellos gobernadores de provincias praesides que un lugar de ser perfectissimi eran clarissimi, y la ascensión de una provincia de rango, como es el caso de
Gallaecia, que de ser presidial pasó a ser consular.
En la época de Diocleciano, los gobernadores proconsulares, consulares y la
mayoría de los correctores eran del orden senatorial con título de clarissimi, mientras
que los gobernadores praesides y algunos gobernadores correctores eran del orden
ecuestre con el título de perfectissimi. Con el tiempo, todos los gobernadores correctores y algunos praesides serían del orden senatorial y, por tanto, clarissimi.
Los gobernadores tenían también su officium. Éste se componía de Princeps,
Cornicularis, Tabularii duo, Adiutor, Commentariensis, Ab actis, Subadiuva y Exceptores. La diferencia entre el officium del gobernador consular y del praesides, reside en
que el Princeps en el oficium consular depende del pretorio y el del praesides depende
de su officium.
Con las reformas de Diocleciano, los gobernadores pasan generalmente a desempeñar tareas administrativas y jurisdiccionales; sólo los praesides de rango ecuestre
podían a veces desempeñar cometidos militares.
Los gobernadores provinciales actuaban como jueces ordinarios de primera instancia en asuntos civiles y criminales. Las penas que podían imponer llegan hasta la
condena a muerte y la confiscación de los bienes, con el consentimiento del emperador. De las actividades administrativas, las más importantes se relacionan con la recogida de impuestos, de gran trascendencia para el Imperio. Además eran los responsables del mantenimiento del orden en sus zonas.
Se mantuvo también la división entre aerarium sacrum y aerarium privatum. Con
uno y con otro guardaban relaciones económicas la diócesis de Hispania y las provincias que la integraban. Ambos erarios tenían en Hispania altos funcionarios.
76. LA ORGANIZACIÓN DEL EJÉRCITO HISPANO.
La defensa del Imperio fue uno de los problemas más importantes que tuvo Roma durante toda la época bajoimperial. Con Diocleciano se modificaron los sistemas
defensivos de acuerdo con un plan general en el que se incluyó a Hispania, aunque
con ciertas peculiaridades.
Hispania, por su posición geográfica alejada del limes, se libraba de la presión
de los bárbaros. Hispania no acumulaba en su espacio geográfico el número de legiones que las otras mantenían. Por otra parte, careciendo de contingentes militares importantes y siendo estos en el Bajo Imperio un factor decisivo en la destitución o imposición de emperadores, difícilmente podía Hispania desempeñar un papel importante.
Se encontraba en gran medida dependiente del papel militar de las provincias vecinas
que contaban con grandes contingentes de tropas, sobre todo de las decisiones tomadas en las Galias.
Se ha sobrevalorado, actualmente, la importancia de Hispania en el sistema defensivo romano, debido a su posición intermedia entre la Galia y África. Pero en la Antigüedad, salvo en los momentos de lucha dinástica y usurpaciones, no se intuía el papel
estratégico de Hispania como cerrojo de seguridad de África o como cabeza de puente
de ataque a las Galias por la retaguardia.
Por eso, el exiguo contingente militar estacionado en Hispania no estaba desti-
211
nado a enfrentarse a una acción exterior, sino que estaba enfocada a tareas de vigilancia y represión de las zonas menos romanizadas.
Los destacamentos de la Legio VII Gemina controlaban y vigilaban las vías, sobre todo aquellas de gran importancia comercial. Además de elementos de represión
de las tensiones sociales heredadas de la crisis del siglo III.
La reforma del ejército por Diocleciano, y continuada por Constantino, afectó al
sistema estratégico y a la distribución del ejército en Hispania.
La Notitia Dignitatum occidentalis aporta información sobre el ejército romano en
Hispania. Éste ejército estaba dividido en tropas comitatenses y tropas limitanei. Las
tropas comitantenses estaban al mando de un comes y no estaban asentadas en un
lugar fijo. Las tropas limitanei estaban mandadas por un magister peditum praesentalis
a parte peditum, y estaban asentadas a lo largo del norte de Hispania desde Galicia a
Vascongadas.
77. LA CUESTIÓN DEL LIMES HISPÁNICO.
un limes problemático basa en datos de distinto valor y entidad.
hay limes tropas de limitanei, con un dux al mando, no en Hispania, con acuartelamientos estratégicamente situados en la frontera contra un enemigo real o potencial.
Estos asentamientos mencionados por la Notitia Dignitatun sería Veleia, Lucus, Legio
VII, Paetaonium, que establecerían la frontera desde un punto de vista geográfico y su
función sería proteger a los pueblos peninsulares de los astures, cántabros y vascones,
montañeses de espíritu belicoso y bárbaro. Sin embargo, se olvidan de que estos pueblos estaban ya romanizados, según lo constata la arqueología.
El 2º argumento utilizado se basa precisamente en los datos arqueológicos encontrados en el Valle del Duero de objetos utilizados por tropas de la frontera germánica, llegándose por ello a la conclusión de que eran tropas de limitanei. Se da por supuesto que si las tropas de Germania eran fronterizas, las de Hispania también debían
serlo, y que este limes estaría defendido por jefes y soldados germánicos y no por tropas locales y privadas de los latifundistas. La existencia de castros fortificados o castella junto a las necrópolis excavadas, parece reforzar esta tesis, lo que implicaría la incapacidad de las tropas locales en el cometido de vigilancia.
Según los puntos anteriores, en Hispania existirían dos sistemas fronterizos: uno
en la línea León-Vitoria, basado en la Notitia Dignitatum y otro, basado en los datos
arqueológicos, en el valle del Duero, tan distintos y distantes ambos que han de ser
rechazados.
Además la existencia de los laeti-limitanei en Hispania tiene puntos obscuros:
cronológicamente los materiales de las necrópolis, castros, castella y villae no tienen
una datación segura, se establece por corrientes estilísticas que van desde el II al V o
VI. La cerámica estampada también encontrada es del V, tiene por tanto una datación
muy reducida no ocurriendo lo mismo con el otro caso, que es muy dilatada, lo que no
permite una explicación convincente de la existencia de una frontera, que de haber
existido, sería anterior a la de los materiales.
Los instrumentos bélicos encontrados, broches de cinturón, puñales y cuchillos
semejantes a los utilizados por los laeti y limitanei pueden tener otras causas, por
ejemplo las luchas armadas del V encaminadas a mantener a los suevos en el NO peninsular. Estas tropas estarían formadas por bárbaros o visigodos, con los que se reforzaron las defensas y la vigilancia del importante nudo de comunicaciones del valle
del Duero, lo que explicaría la razón de los materiales encontrados, para el mencionado
212
siglo, pero no lo justificaría para períodos anteriores.
En conclusión, no hay razones que justifiquen en esta época la existencia de un
verdadero limes en la Hispania del IV.
213
TEMA XXI LA ECONOMÍA EN EL BAJO IMPERIO (1): Las
ciudades y el campo
78. LA DECADENCIA DE LAS CIUDADES
Las transformaciones de la estructura económica y social del Imperio romano,
con el deterioro de la clase dirigente de los curiales, la disminución del poder adquisitivo de estos y su entrada en el senado a través de diversas vías, coinciden en parte con
un momento difícil en el cual las ciudades debían emprender la tarea de reconstrucción
de lo destruido a consecuencia de las invasiones.
Desde luego, no todas las ciudades hispánicas sufrieron estas destrucciones ni
afectó a todas por igual la decadencia de la vida urbana. Una determinada situación
geográfica podía fortalecer la condición de una ciudad hasta el punto de hacerle conservar sus riquezas en este tiempo de crisis. En cambio, hubo ciudades que apenas si
se recuperaron como Bilbilis, Ilerda, y Calagurris, según cuenta Paulino de Nola, que
viajó por la Península. Lo mismo parece haber ocurrido con Boetulo e Iluro dejaron de
ser polos de atracción de la zona, en beneficio de la ciudad de Barcelona, que tampoco
conserva, por su parte, la planificación urbana ni la vida ciudadana de épocas anteriores afectadas también al parecer, por las invasiones. Cádiz había perdido igualmente
su importancia.
Hispania al igual que otras provincias del Imperio, experimentó un cambio en la
mentalidad urbana, al que contribuyó poderosamente el cristianismo. Contando con el
apoyo que le prestaba el poder y con una adecuación idónea a los esquemas de la vida
ciudadana, por cuanto muchos de los clérigos se reclutaban en el orden curial, el cristianismo peninsular es un fenómeno casi exclusivamente urbano, y se desarrolló preferentemente en aquellos centros localizados junto a las vías de comunicación.
La Bética y su prolongación noroccidental del sur de la Lusitania han dado siempre un alto porcentaje de concentraciones urbanas, mientras que, por el contrario las
zonas del Norte, Centro y Noroeste de la Península, contando con unas dimensiones
espaciales considerables en proporción a las de la Bética y sur de Lusitania, tenían, sin
embargo un número exiguo de ciudades muy distantes las unas de las otras, como
pueden ser Asrurica Augusta, Bracara Augusta, Conimbriga, Clunia, Legio VII Gemina,
Arcobriga, Segobriga, Toletum etc. La provincia Tarraconense, sobre todo en su parte
noroccidental, seguía teniendo durante la época tardoimperial pocos centros urbanos
importantes. Desde mediados del S. I hasta mediados del S. II había seguido una línea
creadora de centros urbanos, con la consiguiente reducción del número de centros rurales, que pasaron de ciento catorce a veintisiete mientras se creaban ciento cinco
nuevo núcleos urbanos. Muchos de estos pequeños nuevos centros urbanos se concentrarían en la región noroccidental, pues la provincia Tarraconense contaba con zonas en un proceso de urbanización muy avanzado.
Las invasiones de francos y alemanes del S. III afectaron a pocas zonas de Cataluña, del Levante y de la Bética y posiblemente del norte y zona septentrional de la
Meseta. Los tesorillos ocultados en estas épocas que tienen una dispersión muy grande que afecta a toda Hispania, no siempre pueden ser una prueba de invasión, pero si
son indicios de terror e intranquilidad. Desde finales del S. III y comienzos del IV, muchas ciudades hispánicas, y no solo las que podían ofrecer una primera resistencia,
comenzaron a construir o reconstruir recintos amurallados, incluso en un momento en
que atravesaban problemas económicos municipales.
214
Dos razones pudieron contribuir a la reducción del área urbana de algunas ciudades: las necesidades defensivas y la decadencia de la vida urbana. Se trazaron las
murallas buscando en la ciudad los lugares idóneos desde el punto de vista estratégico,
aunque quedasen fuera de un trazado de ricas mansiones, como ocurre en Caninbriga
Las áreas urbanas sufrieron generalmente reducciones de 20 a 10 hectáreas. Las ciudades hispánicas amuralladas durante el Bajo Imperio: Gerona, Ilerda, Cantabria, Lucus Augusti, Castra Legio VII, Emerita Augusta, Illice, etc.
Las ciudades del Imperio variaban muchísimo en proporciones en estructura social y económica. Algunas eran muy populosas; otras eran ciudades industriales; otras,
portuarias; otras ciudades administrativas, capitales de diócesis de provincia o de conventos. Pero la mayoría de las ciudades eran rurales. Sacaban la mayor parte de su
riqueza de la agricultura y sus centros urbanos eran de importancia muy relativa; la ciudad media era el mercado de su territorio.
En tiempos del principado, las finanzas cívicas se obtenían por los siguientes
conductos: a) las rentas de las tierras cívicas; b) el interés de dotaciones dinerarias,
que frecuentemente se invertían en empréstitos hipotecarios; c) las contribuciones de
los consejeros y los magistrados, ya fueran como derecho de inscripción, ya en forma
de munuera patrimonalia (pago por servicios específicos, que estaban encargados de
realizar). Las dotaciones, en tierra o en dinero, estaban frecuentemente destinadas
gastos específicos. Las finanzas de las ciudades, por lo que a entradas se refiere, no
han sido iguales en todas las épocas ni cuantitativa ni cualitativamente, sino que, según
la política seguida por los distintos emperadores, experimentaron alteraciones importantes.
Los intentos de dar solución válida a la decadencia de la ciudad, que corre pareja con el deterioro del orden curial, fallaban porque los ciudadanos más pudientes procuraban introducirse y pertenecer a esos grupos que gozaban de inmunidad respecto
de las cargas curiales o procuraban, por medios legales, eludirlas. Finalmente, estas
caían sobre las personas que ya tenían muy deterioradas sus economías.
Durante el Bajo Imperio se acentuó el contraste entre el campo y la ciudad en
algunos aspectos, ya que la plebe del campo y la de la ciudad no estaban en igual situación. La plebe del campo estaba sometida a la annona y a la capitatio, mientras que
la plebe urbana no lo estaba.
La mayoría de los aristócratas y personajes importantes anteriormente vinculados a las ciudades se establecen en sus villas de campo, al frente unos latifundios que
progresivamente van constituyéndose en unidades políticas, sociales, económicas y,
en cierto modo, incluso religiosas, con la aparición de las iglesias domaniales y la extensión del monaquismo. Como consecuencia de ello las ciudades se reducen . Muy
pocas son las urbes que mantienen unos parámetros aceptables, como es el caso de
Mérida que contaba con disponibilidades agrarias satisfactorias, La pequeña ciudad,
por otra parte, ofrecía pocas oportunidades para una actividad industrial rentable.
79. LA TRANSFORMACIÓN DEL SISTEMA DE PRODUCCIÓN AGRÍCOLA
Durante el Bajo Imperio la agricultura continuaba siendo el sector más importante de la economía romana. Con anterioridad a la época del Bajo Imperio, el sector agrícola había experimentado un cambio no brusco sino gradual, que desembocó en una
transformación de su estructura.
Las noticias que nos han transmitido las fuentes literarias respecto a las actividades ganaderas en Hispania son muy escasas y la ayuda que en este terreno han
215
brindado las excavaciones arqueológicas ha sido hasta ahora insuficiente. Con todo, la
simple recopilación de los datos disponibles pone de manifiesto la importancia que la
ganadería y los productos derivados de ella tienen en el sector exportador hispano de
la época bajo imperial. Al margen de la valoración económica de cara a la exportación
que tienen los productos comerciales de Hispania (los agropecuarios).durante el Bajo
Imperio, las especies bovina, ovina, porcina y equina no parecen haber sufrido modificaciones sensibles. La selección de razas se había realizado en época republicana y
altoimperial, procurando favorecer la adaptación de los animales llegados de otros lugares a nuestras condiciones geográficas y ambientales a través de cruces, como el
que hizo el tío de Columela apareando ovejas de la Bética con carneros procedentes
de África.
Un elemento esencia en la relación entre ganadería y agricultura es la producción de estiércol, lo que los tratadistas agrícolas romanos consideran de gran utilidad
para alcanzar mayores rendimientos en la producción de las plantas. Los teorizadores
agrarios de épocas anteriores a las bajoimperiales resaltaban esta simbiosis agropecuaria, aconsejando no solo el empleo del estiércol sino incluso pormenorizando la especificidad de los diversos tipos de estiércol para cultivos determinados. El ganado
desempeñaba con relación a las tierras y zonas de arbolado otra función, consistente
en la eliminación de las malas hierbas nacidas en los barbechos preparados para la
siembra, las cuales, al ser comidas por el ganado desempeñaba con relación a las tierras y zonas de arbolado otra función, consistente en la eliminación de las malas hierbas nacidas en los barbechos preparados para la siembra, las cuales, al ser comidas
por el ganado, previamente a la difusión aérea de las semillas, ya no estorbaban la
germinación.
La cantidad de ganado que se podía criar en Hispania estaba naturalmente en
función de las praderas y pastizales destinados a él. Al tener la Península zonas geográficas tan diversas se podían emplear las dos formas de crianza usuales en el Imperio para el ganado bovino y ovino, a saber, la trashumancia y la estabulación (siendo el
segundo el mas corriente).
La explotación ganadera tiene una ventaja respecto a la explotación agraria,
consistente en un menor empleo de mano de obra. Cuando el número de esclavos era
elevado, sus precios eran bajos y las posibilidades de adquirirlos amplias, esta factor
carecía de importancia decisiva, pero en la época bajoimperial, con la decadencia de la
esclavitud, la necesidad de asegurarse la fuerza de trabajo por cualquier procedimiento
se manifestaba como una exigencia imperiosa y, entonces, este factor conllevaba una
mayor relevancia. En estas circunstancias, el ganado pudo ir ocupando terrenos de
bosque y de marismas probablemente también en algunas zonas de tierra arable, y los
cultivos de vid y olivo aumentaron a expensas de zonas de pasto.
En otra forma de crianza de ganado se da una mera yuxtaposición de lo ganadero y lo agrícola, sin el empleo directo y racional del estiércol. En los latifundios que contaban con pastizales, el ganado ovino, aunque pastase al aire libre, era recogido por la
noche en cercados y apriscos bajo la vigilancia de los perros para evitar el ataque de
los lobos y de las demás fieras.
Los latifundios hispanos eran complejos que mantenían, con mayor o menor intensidad, era interrelación agropecuaria, puesta de relieve por las cantidades de huesos encontrados en las excavaciones de muchas villae hispanas, como en la zona de
Soria. El ganado bovino, sobre todo los ejemplares machos, se empleaba como fuerza
de laboreo de la tierra y como fuerza de tracción, sin dejar de resaltar su utilización como alimento en proporciones muy semejantes a las que en otras zonas del Imperio
constituían el porcino y ovino. En muchas zonas como en la Bética y en zonas celtibéri-
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cas donde las condiciones del suelo lo permitían, el asno podía sustituir al buey en el
tiro del arado. Las noticias literarias e iconográficas bajoimperiales hispánicas relativas
a los diversos tipos de ganado, si bien no son numerosas, son lo suficientemente relevantes como para valorar la importancia del sector pecuario. A ellas habría que añadir
la gran cantidad de instrumentos de tracción y los restos de carros encontrados. Hasta
esta época se celebraba la fama de los caballos de Asturias, los famosos asturcones,
que tenían gran elegancia y ligereza de paso. Había un tipo de caballos hispanos muy
apreciados, que requería una selección, dadas las características de su utilización para
las carreras de carros en los juegos circenses. Las citas para esta época bajoimperial
son abundantes, como la de Claudio Claudiano, que especifica zonas de procedencia
como la Bética, pero la mayoría les otorga origen hispano sin concretar su procedencia,
al margen del asturcón y de las provincias de la Bética y la Lusitania, de las que se tienen citas concretas como fecundas criadoras de caballos veloces.
La crianza de ovejas debió mantenerse en el Bajo Imperio en unas tasas muy
semejantes de la época republicana y del Alto Imperio.
En el Imperio romano se prestaba gran atención a la producción del forraje, para
lo que se disponía de praderas permanentes naturales y de praderas preparadas para
segar y recolectar el forraje con destino al alimento de invierno en los establos. Presentando diferencias entre la Hispania seca y la Hispania húmeda y aunque los Latifundios
eran grandes complejos que a veces incluían extensiones de pastizales y de bosques
además de los terrenos destinados a cultivo, los de las zonas húmedas de Hispania,
contaban por sus propias características climáticas con verdes pastizales que exigían
pocos cuidados y donde las ovejas asturianas, cuya lana se vio afectada por el edicto
sobre precios de Diocleciano, podían pastar con tranquilidad.
Muchos latifundios de la Bética y quizá de Lusitania contaban con yeguadas que
proporcionaban los tan alabados caballos de carreras, los que por sus propias características y calidad exigían grandes cuidados y alimentación constante. Hispania también había superado la fase primaria de producción del forraje que ofrecían las praderas naturales con producción permanente o en las que se practicaba la siega. Esto
aportaba a la agricultura ventajas considerables, ya que el cultivo de estas plantas, tales como la esparceta (lupinun), la veza (vicia), etc. contribuía a regenerar terrenos con
poca riqueza. La productividad de estos cultivos es muy grande si la comparamos con
las de las praderas naturales, por lo que con extensiones inferiores se alimentaba a un
mayor número de cabezas de ganado. Una plantación de médica (especie de alfalfa)
en un terreno dotado de procedimiento de riego, podía alcanzar hasta seis cosechas.
Pero incluso en terrenos pobres sembrados con estas plantas forrajeras y dedicadas al
pastoreo directo del ganado, la producción del estiércol de este contribuía a aumentar
las producciones del forraje y a mejorar las tierras.
El ganado que se veía obligado a permanecer más o menos tiempo estabulado,
se le podía alimentar con leguminosas como las habas (vicia faba) o la arveja (vicia
sativa). Algunas plantas como una especie de genista de gran capacidad nutritiva, estaban destinadas en la Bética, en época altoimperial , al engorde de ovejas.
En Gallaecia confluyeron dos sistemas de explotación: el sistema de villae, con
una explotación agropecuaria equilibrada y orientada, hacia la producción de granos y
forraje; y el sistema indígena de castros, que tendrían en la ganadería el elemento principal de explotación y consumo.
Los fundi de las zonas cercanas de los Pirineos y otras montañas contarían sin
duda con pastos altos. Las zonas de colinas bajas del espacio intermedio entre los Pirineos y el valle del Ebro tenían viñedos y olivares y trigo en las partes llanas.
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80. LA FORMACIÓN DE LOS GRANDES LATIFUNDIOS
Durante el Alto Imperio se había contemplado en su primera fase el latifundio
basado exclusivamente en el trabajo de una mano de obra servil. Este dio paso a un
latifundio más abierto, confiado a colonos vinculados al dueño de la propiedad (dominus) con vínculos de tipología jurídica diversa. Ciertamente las causas determinantes
de esta transformación son varias y de operatividad gradual y diferente según los casos, pero que modernamente se pone en relación, con mayor o menor éxito, con la
productividad del trabajo. El rendimiento del esclavo era bajo, al no tener un incentivo
en un posible aumento de la productividad, en cuyos beneficios no participaba legalmente. A esto hay que añadir que el propietario, tanto si el esclavo trabajaba como si
no, y rendía como si no, tenía unos gastos constantes de mantenimiento del mismo.
Pero esta situación no afectaba por igual a todos los propietarios de la tierra. Los curiales eran los que tenían sus propiedades explotadas con mano de obra esclava, y que
con esos beneficios tenían que atender a los gastos públicos de su ciudad y a las necesidades de su población para evitar una mayor radicalización de las tensiones sociales que surgía en ellas. Si se añade esto a los inconvenientes propios a una explotación con mano de obra esclava, se puede encontrar, la causa de que se prefiriese un
régimen de explotación agrícola basado en un sistema de arriendos. Las fugas de los
arrendatarios fueron continuas y también las quejas, como ocurrió, por ejemplo, en los
dominios imperiales de África.
En Hispania el proceso de concentración de la propiedad en pocas manos pudo
verse favorecido, por la ruina de algunas familias senatoriales hispánicas bajo Septimio
Severo y, posteriormente la derrota del movimiento bagáudico y el subsiguiente empeoramiento de los campesinos que le apoyaron; aunque estas causas se limitaron a zonas muy concretas y a las familias senatoriales implicadas.
La ampliación de algunas propiedades agrarias y su concentración en pocas
manos fue un proceso en el que confluyeron numerosas causas que estaban interrelacionadas. Las ganancias obtenidas por las diversas actividades económicas se concentraban en manos de unos pocos, entre los que cabe contar a los senadores y altos funcionarios, sobre todo los implicados en el sistema financiero. Estos tenían grandes posibilidades de cometer frecuentes abusos, que las disposiciones legales trataban reiteradamente de atajar, dejando al descubierto la ineficacia de las medidas adoptadas.
Una gran parte de las ganancias así obtenidas, sobre todo las de los senadores, se
invertía en la agricultura. Hasta el 405 en que fue levantada la prohibición, los senadores no podían invertir en actividades usurarias; por eso, las inversiones en la agricultura
constituían un factor muy importante de sus actividades económicas.
El deseo de acumular tierra fue una preocupación constante de las clases adineradas. Aunque esta concentración de tierra en pocas manos se hizo en parte a expensas de los propietarios medianos y pequeños, que se iban arruinando por la excesiva
presión fiscal, lo que se aprecia tanto en la parte oriental como occidental del Imperio.
Durante el reinado de Juliano se intentó reactivar al pequeño propietario, y entre las
medidas que se tomaron están la disminución de privilegios fiscales que tenían los “potentiores” y la reducción de las tasas de impuestos.
El proceso de concentración de la tierra a expensas de la propiedad pequeña y
mediana continuó a lo largo del S.IV y durante el S. V. El pequeño propietario, viéndose
zarandeado por el fisco e indefenso ante él, se veía obligado a renunciar al disfrute de
su propiedad y se colocaba bajo el disfrute de un gran terrateniente. De nada servía
que los emperadores como Valente, considerasen estas renuncias ilegales, por lo que
no pudo evitarse el deterioro del pequeño propietario.
218
Por otra parte las tierras comunales eran apetecidas y usurpadas por los latifundistas potentiores, que además por regla general ocupaban también los altos cargos de
la administración y el ejército. Como les acuciaba la presión fiscal que tenían que pagar
por esas tierras estuvieran o no cultivadas, fueron abandonadas por los campesinos, o
se entregaron a otros campesinos que tenían ya propiedades pequeñas o medianas,
con la intención de que los curiales de la ciudad no tuviesen que pagar colectivamente
los impuestos que gravaban esos agri deserti. También el sistema de los arriendos
había cambiado desde la época Altoimperial a la Bajoimperial, por cuanto en la primera
predominaban los arriendos de corta duración, y en la otra los de larga duración Los
terratenientes eran los que tenían los resortes sociales y materiales suficientes para
sacar provecho de estas oportunidades de arriendo casi perpetuo. Además, parece que
en situaciones apuradas (al menos en Oriente), para hacer frente al ataque de los godos, se vendieron tierras propiedad del Estado a terratenientes a bajo precio.
Pero también contribuyeron otros factores a la formación de los latifundios, y
eran las donaciones que hacían los emperadores a sus favoritos, que desde Constantino eran frecuentes. En consecuencia son distintas las causas que dan lugar a la consolidación y progresión de la gran propiedad a expensas de la pequeña y mediana propiedad de las tierras comunales y en ocasiones tierras estatales.
81. LA DISOLUCIÓN DEL PATRIMONIO FUNDIARIO DE LAS CIUDADES
La crisis del siglo III ha exteriorizado ciertos factores que ya se insinuaban, en
épocas anteriores. Uno de estos factores fue el decaimiento material y humano de la
ciudad que en Hispania guarda relación directa con las invasiones del S.III. Los trabajos de excavación realizados manifiestan que varias ciudades hispánicas sufrieron una
sensible reducción de sus zonas habitadas, o una destrucción parcial o total con posterior utilización de los materiales, o bien una destrucción sin reconstrucción. Si las ciudades y centros urbanos son núcleos económicos importantes, los estudios realizados
sobre esta serie de invasiones manifestaron que también los sectores comerciales e
industriales, como las fábricas de salazones del sur y del levante, se vieron afectados,
y lo mismo cabe suponer de las explotaciones mineras, ya que son más rentables las
explotaciones mineras existentes en Europa como las minas de plomo de Britania que
estaban en pleno rendimiento en ese momento.
Los desórdenes provocados por estas invasiones debieron de ser intensos, aunque muchos de sus aspectos, se nos escapen. Del mismo modo, el sector agrícola se
vio profundamente afectado en sus elementos básicos, como eran las explotaciones
latifundistas a través del sistema de las villae, lo que provocó la ruptura del precario
equilibrio anterior de las relaciones de producción.
El proletario urbano, que sufría una situación calamitosa, a veces se veía forzado a exigir alimentos, a que se hiciesen las obras públicas necesarias y que se organizaran espectáculos al ritmo acostumbrado, cometidos que tenían que atender y satisfacer los curiales, lo que representaba una sangría importante, sobre todo teniendo en
cuenta que los curiales eran en general terrateniente de tipo medio. Por otra parte, las
demandas del gobierno central, necesitado como estaba de recursos para mantener su
aparato burocrático y militar se endurecieron, ya que el cumplimiento exacto de las
obligaciones tributarias se exigía generalmente de un modo imperioso, haciéndose responsable al orden curial de las anomalías en la percepción del tributo. Este progresivo
empeoramiento de la situación de los curiales llevó a muchos de ellos a desprenderse
de esas tierras que eran causantes de sus dificultadas y a desertar por todos los medios a su alcance del orden curial y de sus responsabilidades. La huida del curial posibilitó la consolidación de la gran propiedad, de tal manera que en cierta medida el dete-
219
rioro de los curiales de las ciudades y el afianzamiento de la gran propiedad son fenómenos coincidentes.
Por otra parte, el proceso afectó posiblemente no solo a las propiedades de los
curiales sino también a las tierras comunales de las ciudades.
Las tierras comunales fueron objeto de las apetencias de los grandes propietarios agrícolas e, incluso, de los emperadores. La disposición del 365 y del 384 que
prohibía a los curiales arrendarse a sí mismos o a otras personas que no fuesen del
lugar las tierras comunales, es un indicio del proceso que se estaba desarrollando. Por
cierto que esta prohibición no pudo frenar las apetencias del terrateniente por hacerse
con parte de las tierras comunales y, sin embargo, contribuyó al deterioro de los curiales, que constituían el elemento más débil y ahora no podían resarcirse de sus cargas
municipales arrendándose a sí mismo las tierras comunales. Por algún tiempo y en algunos lugares del Imperio, esta doble apetencia de los emperadores y de los grandes
propietarios de las tierras comunales de las ciudades mantuvo en suspenso el reforzamiento de las nuevas relaciones de producción que se insinuaban. Ya que con anterioridad, los emperadores ilirios trataron de impedir relativamente la consolidación de la
gran propiedad de algunos terratenientes procediendo a una serie de grandes confiscaciones de grandes dominios, que pasaron a engrosar el dominio estatal; Constantino,
por su parte amplió las tierras públicas de las ciudades mediante las confiscaciones, si
bien las tierras de este tipo fueron pronto sustraídas del patrimonio municipal para pasar al estatal. Así, los emperadores no satisfechos con estas confiscaciones, pusieron
también sus ojos en tierras comunales, aunque esto último estuvo siempre supeditado
a las necesidades políticas del momento. Ante la desastrosa situación económica en
que se encontraban inmersos muchos municipios, Juliano tuvo a bien reintegrar el patrimonio de las ciudades aquellas tierras que habían sido acaparadas por el poder estatal; era un intento ambicioso para ayudar a estabilizar las maltrechas economías municipales, pero pronto fue abandonado. En algunos casos se les dejó disfrutar de un tercio de los beneficios de sus tierras comunales.
Pero, en tiempos de Constantino, ante el aumento de los gastos ocasionados
por la maquinaria estatal se hizo imprescindible el cultivar la mayor cantidad de tierras
posible con el fin de evitar que los impuestos alcanzasen cotas materialmente intolerables; por lo que se decidió que tierras que estuvieran cultivadas y que no fueran solicitadas por nadie se otorgaran a los propietarios vecinos, disponiéndose además que,
cuando se vendieran las tierras de buena calidad, se les añadiera una porción de tierra
sin cultivar. Por otra parte, también el Estado concedía en arriendo casi perpetuo aquellas tierras suyas improductivas que se querían poner en cultivo. Los arriendos que antes se hacían a corto plazo se transformaron en contratos de arriendo a largo plazo,
con tal que las fincas se mejorasen. Al principio, las tierras de baja productividad sometidas como estaban a la presión fiscal, eran una carga pesada, pero cuando lograron
evitar esta presión, ya no ocurrió lo mismo. La evasión de impuestos no parece que
fuera difícil, debido a la coincidencia de intereses entre los grandes terratenientes y los
altos funcionarios del fisco. Los contratos de arriendo se convirtieron en contratos
hereditarios durante la época de Teodosio, lo, que en definitiva, beneficiaba a los grandes propietarios, que iban acaparando cada vez más fincas, en perjuicio del pequeño
propietario del patrimonio fundiario de las ciudades
82. LOS DIFERENTES PROPIETARIOS DE TIERRA EN EL BAJO IMPERIO
El Estado era el propietario más importante. Durante el Bajo Imperio, los dominios imperiales contaban con la posibilidad de ampliación territorial o de aumento
numérico a través de las confiscaciones de las tierras abandonadas o sin cultivar, de
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las que se hacía cargo el fisco como señala en Código de Justiniano, o a través de las
donaciones. Pero paralelamente a estas posibilidades de aumento, nos encontramos
con otras de disminución de estos dominios imperiales como son las donaciones a ciertos particulares y a los veteranos, así como las concesiones de tierras a los bárbaros.
Se han hecho clasificaciones de estos dominios en virtud de algún rasgo diferenciador
que no resulta decisivo. De algunas de estas categorías de propiedades imperiales no
tenemos datos en todas las provincias del Imperio. Se habla de res privata, de fundipatrimoniales y de domus divina. Los fundi de la res privata se daban en Hispania como
en otras provincias. Bajo la dependencia del rationalis rei privatae, que en el 340 se
convierte en comes rei privatae, en las provincias de la parte occidental del Imperio se
encuentra nueve rationales rei private con jurisdicción sobre su officium y sobre los
dominios. El Emperador era, el propietario agrícola más importante de las provincias,
con propiedades por supuesto más amplias en unas provincias que en otras. Por debajo del emperador se encontraban forzosamente los grandes terratenientes, la nobleza
senatorial, acostumbrada desde antiguo a invertir cantidades sustanciales de dinero en
tierras, y los altos funcionarios de la administración. Los testimonios de Paulino de Peella, Símaco, Sidonio Apolinar o Ausonio manifiestan nítidamente cómo la aristocracia
constituía una clase de grandes propietarios rurales. Por ejemplo Melania tenía grandes propiedades en Hispania, la documentación epigráfica nos ha reconstruido una
parte de las familias senatoriales hispánicas del Bajo Imperio, algunas de las cuales
habían conseguido sobrevivir a las azarosas convulsiones del S.III, y consolidar incluso
sus posiciones, para adquirir luego mayor preponderancia política en época de Teodosio. Muchas familias senatoriales hispanas del Bajo Imperio no son descendientes de la
antigua aristocracia hispanorromana, sino hombres en cierta manera novi, no proceden
de las zonas hispanas que tradicionalmente ofrecían senadores a Roma La Meseta
proporciona parte de esta nobleza, lo que no deja de ser significativo si tenemos presente que por varios autores se admite un desplazamiento del eje económico de la periferia peninsular hacia la Meseta, produciéndose de este modo la adecuación entre
poder económico y poder político. Los miembros de esta clase social contaban con un
poder económico basado en la agricultura, y sobre todo sus posesiones rurales construyeron ricas mansiones. Los mosaicos hallados en algunas villae ofrecen a veces los
nombres de sus possessores, que ciertamente no pueden identificarse con los de esta
sociedad senatorial latifundista; sin embargo, los propietarios de estas villae debieron
coincidir con los intereses de los latifundistas senatoriales al menos en el plano puramente económico.
83. EL FUNDUS
Durante mucho tiempo se mantuvo un cierto equilibrio entre la ciudad y el campo, pero a comienzos del siglo V este equilibrio se rompe. Los grandes dominios se
configuran cada vez más como entidades autónomas, sólo dependientes del Estado,
pero provistos de su propia ley o status domanial que determina los derechos y deberes de los arrendatarios, los poderes de los intendentes, los ingresos a pagar etc.
Estos dominios o fundi tienen sus propios talleres, sus bandas armadas, a veces
incluso sus propias cárceles y, por supuesto, su propio jefe, encarnado en la persona
del propietario que detenta su patrocinio y ejerce una jurisdicción extra-legal. Estas tierras en las que los ricos pasan grandes temporadas entregados al ocio se denominan
villae y la agrupación de varias villae constituye un fundus, dentro de ellos está la villa
donde viven los propietarios y las casas donde viven los colonos. A veces estas casas
están agrupadas y constituyen los vici (pequeñas aldeas). El dominio en su conjunto
puede estar rodeado de muros
221
Los fundi se fueron configurando a partir de cesiones al ciudadano en plena propiedad de una parte de la tierra conquistada, conceptuada como ager publicus. Esta
asignación de propiedad, que era realizada por el Estado romano, no se hacía a favor
de todos los individuos que componían una colonia, sino tan solo a algunos de ellos. En
este sentido, el trato dado por Roma a las ciudades hispánicas fue muy diferente según
la mayor o menor resistencia que les hubieran ofrecido, y por eso, resulta difícil saber
qué tierras pasaron a ser asignadas a los miembros de una colectividad, cuáles lo fueron individualmente y cuáles siguieron siendo ager publicus, aunque usufructuadas por
las ciudades.
De las tierras asignadas con autonomía económica surgía, como hemos dicho,
el fundus, que tomaba su nombre del gentilicio de la persona a quien se le había asignado. Este nombre, que solía llevar los sufijos de pertenencia anus o ius, seguía designando cada una de las partes resultantes de la división de un fundus con partes de
otros fundi, solía llevar todos los nombres de esas distintas partes. Razones administrativas de control fiscal justifican esta denominación pormenorizada.
La pervivencia de los nombres de los fundi en fincas y dehesas actuales y, sobre
todo, en nombres modernos de ciudades, pueblos y aldeas, se explica porque el fundus
daba nombre a la villa que le pertenecía (incluso los productos de los fundi llevaban sus
nombres) y esta, en muchos casos, a una aldea, pueblo o ciudad.
J.M. Blázquez supone que un gran porcentaje de estos topónimos deriva de antiguos antropónimos de propietarios de tierras. Por ejemplo “El fundus Cornelianus”
pertenecía a Cornelio. Algunos podrían proceder de época republicana, pero la mayoría
pueden ser concretamente del Bajo Imperio. Hay que tener presente que el fundus no
era inmutable, sino que sufría divisiones y anexiones. Las parcelas de un fundus separadas o no, carecen de todas formas de autonomía económica, por lo que en realidad
se trata de loca. Cuando el locus adquiere esa autonomía, se constituye en fundus,
mientras que un fundus anexionado a otro dejaría de tener esa autonomía económica y
pasaría a constituirse en locus. Un fundus concreto podía aglutinar a otro fundus o a
una parte del mismo. Se configuraba así un fundus más complejo, que rebasaba las
propiedades medias. Cuando adquiría una gran unidad y coherencia, aparecía designado con un solo nombre generalmente el del fundus que formaba la cabeza original, el
núcleo complejo. La distribución que presentan estos nombres da pie para suponer una
dispersión muy grande, que reflejaría la existencia de una propiedad de dimensiones
medianas. A pesar de todo, se supone que el proceso no alcanzó en la provincia de la
Bética la intensidad de otras zonas del Imperio, basándose en el hecho de que las excavaciones arqueológicas no han ofrecido todavía villae de características de la Liédena, Arróniz, La Cocosa, o de las del tipo de la Meseta, que, por la extensión de las dependencias construidas y por la calidad de los materiales y del utillaje, hacen suponer
grandes latifundios. De todas formas no faltan villae de importancia, como la del Cortijo
de Fuentedueñas en Écija, o la de Torrox en Málaga, lo que no está en contradicción,
por otra parte, con el proceso general de creación y consolidación de la gran propiedad
territorial. A esta también se llegaba por la concentración en pocas manos de propiedades dispersas, que habiendo pertenecido originariamente a propietarios distintos, acabaron por quedar aglutinadas en la propiedad de una gran terrateniente.
84. LA DISTRIBUCIÓN DE LAS VILLAE
Estudios llevados a cabo por M. Ponsich en la Bética demuestran que varias villae del siglo IV se dedicaron a la explotación agrícola y con una orientación definida
hacia la explotación de productos determinados, que podían ser completados por otros.
Así una prensa de aceite, que se distingue con claridad de la del vino, señala la orien-
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tación económica de la villa. Otro aspecto interesante en su localización. En aquellas
zonas que tuvieron pocas disponibilidades de agua se observan pequeños asentamientos que debieron de estar en relación con otros vecinos, más amplios. Por el contrario,
en Los Alcores se dan grandes superficies agrarias cultivadas, sobre las que existen
instalaciones y construcciones espaciosas cercanas a pozos de agua y, un tanto alejadas aunque relacionadas con ellas, pequeñas aglomeraciones humanas. Las villae rusticae de la Bética cuya tipología no ha sido establecida aún, se asentaban no solo en
torno a las riberas del Guadalquivir sino también hacia el interior de la provincia.
En Coscosa (Badajoz), las excavaciones llevadas a cabo en esta villae, sugieren
la existencia de un gran dominio cuyo dueño debió de tener un fuerte poder adquisitivo,
a juzgar por el número y la amplitud de sus dependencias. Se trata de una explotación
agrícola de grandes proporciones, como lo prueban los almacenes, lagar, prensas, molinos etc., con los que cuenta. El utillaje es también rico, lo mismo que los recipientes
de almacenaje aperos agrícolas, rejas de arado, cuchillos, hoces, hachas, leznas, escoplos, punzones, numerosos fragmentos de toneles, ánforas, molinos. Se trata, pues,
de una villa que se dedicaba al cultivo de cereales, de olivo y de la vid y que no se vio
afectada por las invasiones, prolongando su actividad agraria hasta el S. VII. Lo excavado en La Coscosa es solo una parte de un complejo constructivo que se extiende a lo
largo de muchas hectáreas, pero lo bastante significativo para comprender que se trata
de un gran complejo agrícola. De la provincia de la Lusitania se conocen también otras
villae importantes como de Guareña, Santa Marta de los Barros, Solana de los Barros,
Torres Novas, Malpica del Tajo, Macera de Arriba, Magazos, Almenara y San Julián de
la Valmuza. Falta un trabajo sistemático de todas estas villae en base a la amplitud de
las construcciones, la calidad de los materiales empleados y la cantidad de instrumental encontrado, indicios estos que harían presumir unas diferencias de potencial
económico.
En Alarçao (Portugal), la carencia de excavaciones metódicas no nos permiten
conocer bien la evolución de las villae, pero se intuye que el proceso ha podido ser semejante: los grandes terratenientes abandonaron la ciudad para marchar al campo,
donde construyeron suntuosas mansiones. Las concentraciones de estos latifundios
con sus villae se encuentran sobre todo en el Alemtejo y el Algarve y son muchos menos frecuentes y más pobres en oras zonas. El hallazgo de monedas en estas villae, no
rebasa cronológicamente el reinado de Honorio. La villae mejor excavada en Portugal
en la de Torre de Palma, cuyo lujo y magnificencia en nada pueden envidiar a los de
las grandes villae hispánicas. Contaba con una gran residencia para el propietario y
dependencias para los trabajadores. La residencia de los señores se adornaba con ricos mosaicos, gozaba de las usuales instalaciones térmicas y tenía una basílica, que
se encontraba un poco apartada.
En Gallaecia, los topónimos derivados de nombres de villa son también numerosos. En esta provincia lo mismo que en la Meseta, escasean los topónimos en “en”, en
cambio dominan los derivados de nombres de persona mediante el sufijo “ano, ana”. La
toponimia romana de Asturias manifiesta que se ha producido una romanización muy
intensa muy específicamente relacionada con la explotación de los sectores agropecuario y minero, y correspondiente, por lo tanto, a aspectos materiales.
Gallaecia cuenta con villae situadas al borde de los ríos, de la costa y de las vías
de comunicación. Algunas de ellas guardan relación con las explotaciones mineras de
las cercanías, sin que por eso hayan dejado de tener, al mismo tiempo, carácter agrícola, como el cultivo de trigo y de forraje. Asturias perteneciente a Gallaecia, fue una región productora de raza de caballos, los asturcones.
En Cataluña (Provincia Tarraconense) muchas villae contaban con una gran zo-
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na residencia para los señores, con numerosas habitaciones, muchas de ellas adornadas con ricos mosaicos, la explotación estaba basada en la recolección de cereales y la
producción de vino y aceite entre otras destacan las de Liédena, Ramalete, Sádaba,
Tossa de Mar Fraga etc.
En el Pirineo y montañas, por su propio condicionante geográfico, realizaban cultivos más apropiados al terreno, de tal manera que el llano se utilizaba para el cultivo
del trigo; las colinas soleadas, para la viña y el olivar, y la montaña para pastos. Los
mosaicos de algunas de estas villae nos proporcionan los nombres de algunos de sus
dueños (Fortunatus para Fraga.), hecho que se repite en las villae de otras provincias.
En la provincia de la Cartaginense, contaba con villae en el litoral especializadas
en el comercio y la industria, especializadas las del interior hacia las actividades agrarias, En El Castellar (Puerto de Mazarrón), aparece un centro industrial de gran importancia a juzgar por los materiales hallados (sigillata clara, bronces bajoimperiales, ánforas y una tapadera de vaso sagrado cristiano) se ha sugerido que dada su situación
geográfica era un jalón importante en la ruta hacia África. Algo parecido podría decirse
de otros yacimientos como los de Águilas y la isla del Fraile. En el interior destacan villae en Jumilla, Yecla y Campo de Lorca. Un rasgo característico de las villae del golfo
de Cartagena es su especialidad en el cultivo del esparto, ya que se trataba de un producto que tenía gran demanda, y es uno de los mencionados expresamente en el edicto de Diocleciano sobre precios.
Además con otras noticias esporádicas sobre la actividad agropecuaria de las villae de estas provincias, aun dejando de lado las situadas en los valles del Duero y del
Tajo, que, de acuerdo con la división administrativa bajoimperial quedaban incluidas en
ellas. Así hay en mosaicos alusiones a la crianza de ganado vacuno y se documenta
también el cultivo de los cereales, el olivo y la villa En Santa Cruz de Moya/Cuenca se
ha hallado una presa de aceite.
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TEMA 22.- LA ECONOMÍA EN EL BAJO IMPERIO (2).
Producción, comercio y moneda.
No faltan en las fuentes alusivas al Bajo Imperio las alabanzas de la riqueza de
Hispania en todos los órdenes materiales y culturales. En este contexto había que incluir las afirmaciones de Claudio Claudiano o de la Expositio totius mundi, que celebran
las riquezas agropecuarias, comercial, industrial y cultural de Hispania. Pese a ello
conviene fijarse en aquellos productos que por ser mencionados frecuentemente en
estas fuentes parecen haber constituido la base de la actividad comercial. Por otra parte, algunos de estos productos presuponen hasta cierto punto la existencia de una actividad industrial un tanto diversificada y, en último término, nos pueden sugerir consideraciones de tipo social relativas a la distribución de la mano de obra en las actividades
agropecuarias y artesanales.
85. EL ACEITE Y EL TRIGO
Menciona la Expositio de un modo muy especial el aceite, que se exportaba ya
desde antiguo, constituyendo un producto muy representativo de Hispania, hasta el
punto de que esta aparece en lagunas representaciones gráficas de época anterior
como una matrona con la cabeza coronada de olivo. Pese a que la mencionada fuente
no alude a zonas especiales dedicadas a la producción de aceite, por testimonios anteriores sabemos la importancia en este sentido de la Bética, así como de la Lusitania y
de la Tarraconense; también se producía en zonas que luego constituirían la Cartaginense. La arqueología ha confirmado con hallazgos significativos las alusiones de las
fuentes escritas: así se han hallado restos de prensas de aceite, de almacenes de este
producto y numerosos fragmentos de recipientes en muchas villae hispánicas, y se sabe también que este producto se exportaba no sólo a roma, en cuyo caso su transporte
sería cometido por los naviculari, sino también a otros lugares del Imperio. Ausonio se
refiere al aceite hispánico que le ha enviado su hijo; Paladio, por su parte, menciona en
particular el aceite de la Bética, que parece el más afamado.
Otro tipo de fuentes, las médicas, nos ilustran sobre un aspecto muy interesante
de nuestro aceite, el terapéutico; más de un autor lo recomienda, por ejemplo, para las
dolencias hepáticas.
Desde época altoimperial la Bética pasaba por ser uno de los graneros de Roma, siendo el trigo, junto con el aceite, uno de los productos que se exportaban con
mayor frecuencia. Existen noticias de importantes envíos de trigo hispánico a Roma, en
circunstancias especiales, cual fue el caso de la rebelión de Gildón, a consecuencia de
la cual se vio cortado el suministro a Roma de trigo de África, que era el que normalmente cubría las necesidades de la Urbe en este sentido, las noticias que se tienen de
este hecho no precisan las zonas de procedencia dentro de Hispania, pero sabemos
que la Bética en general tenia una excelente cosecha de cereales y que la mayor parte
de las villae de la Tarraconense obtenían un excedente de grano.
86. EL GARUM Y OTROS PRODUCTOS DE EXPORTACIÓN HISPANA
Entre los productos de exportación, uno de los majares más apreciados de la
mesa romana era el garum. Se trataba de una salsa espesa resultante de un proceso
de fermentación microbiana; la sal y el calor (producido este último por una exposición
al sol o por cocción especial del producto en grandes marmitas) eran los agentes de
225
esta transformación. El pescado que servía como base para la elaboración del garum
era preferentemente la caballa, muy abundante en las costas meridionales hispanas,
aunque se sustituía con frecuencia por el atún, no menos característico del medio marino peninsular. El complicado proceso de preparación del garum dio lugar a una industria hispánica muy especializada que se prolongó durante todo el imperio, aunque a
partir del siglo III experimentó una sensible reducción. Su producción continuó durante
el Bajo Imperio, y el testimonio de Ausonio, que consume en Burdeos un garum procedente de Barcelona, lo cual sugiere, un desplazamiento hacia la costa catalana de la
comercialización de este producto a partir del sureste y del Estrecho, que era donde se
encontraban sus centros tradicionales.
Un producto de exportación no menos famoso, al que alude la Expositio con el
término iumenta, es el caballo. Siempre habían sido famosos los caballos de Callaecia
y Asturica; los de Lusitania, preferentemente los que se criaban en curso final del Tajo;
las burras de Celtiberia y, sobre todo, los caballos de carrera de la Bética, los cuales
eran tan apreciados que en ocasiones se exportaban a zonas muy alejadas del Imperio, tanto de la parte occidental como de la oriental.
El jamón es otro producto de exportación hispano mencionado aparentemente
por la Expositio con el término lardum. No es esta la única alusión bajoimperial al mismo, puesto que el Edictum de pretiis de Diocleciano menciona los jamones cerretanos,
fijando para ellos un precio de 20 denarios por libra. La tribu de los Cerretanos se asentaba en las comarcas de Cerdaña, Andorra y Alto Segre. La situación geográfica de
estos lugares brindaba grandes posibilidades de exportación por vía marítima a través
de los puertos de las costas mediterráneas catalana y del Rosellón.
El esparto es otro de los productos que celebra la Expositio y del que señala
como zonas preferentes para su cultivo las de Cartagena y Tarragona, hay que suponer un aumento del cultivo del esparto, que intervenía de modo fundamental en el utillaje minero; con él se fabricaban los grandes esportones dedicados al transporte del mineral. Había, pues, una industria derivada del empleo de esta materia prima. La calidad
del esparto hispánico se alaba en la referida fuente de información (la Expositio) en
relación con su empleo en la navegación, que era también muy importante.
Otros productos hispánicos de exportación eran la madera, destinada a la construcción de barcos; la lana; el lino; algunos productos medicinales, como la vetónica; la
sal de la Tarraconense y el minio de Sisapo. Hispania, que en épocas anteriores había
tenido una gran producción minera en distintas zonas, no es mencionada en este tiempo como exportadora de minerales. Sólo indirectamente, a través de los testimonios
arqueológicos, se cuenta con ciertos indicios, aunque contradictorios, de una continuidad de explotación en los yacimientos. Por ejemplo hay hallazgos de monedas bajoimperiales en las minas o en sus proximidades, y se observan reparaciones de la red viaria del contorno. En este sentido, se supone que las minas de cobre y plata de la provincia de Huelva se encontraban en explotación en pleno siglo IV, por haberse encontrado en ellas monedas de Constantino y de Honorio.
87. LA MADERA Y LOS PRODUCTOS TEXTILES
La Expositio hace mención a la vestis varia como producto hispánico de exportación: entendiendo el término vestis en su amplio significado de prendas de vestir y otro
tipo de ropas, y el término varía como una alusión no sólo a la diversidad de las materias primas empleadas, hemos de suponer la existencia en nuestro suelo de un importante cultivo de plantas textiles (el lino hispánico es mencionado por Estrabón) y un no
menos importante desarrollo del ganado ovino, cuya lana se menciona en el edicto de
226
los precios de Diocleciano.
La exportación de productos hispánicos se centra en las materias primas, entre
las que sobresalen las de origen agropecuario. Hispania carecía de una estructura industrial capaz de producir objetos de lujo, que, en la mayoría de los casos requieren el
conocimiento de técnicas complejas y muy desarrolladas. En Hispania, al margen de la
industria textil, no se cuenta con una planificación industrial desarrollada que soporte a
un gran comercio de exportación. El sector más adinerado de la sociedad hispánica
seguía la línea general de las patentes del resto del Imperio, consistente en no invertir
capital en la industria, sino en el campo y en objetos de lujo. Por otra parte, los pequeños talleres con que contaban las villae hispanorromanas hacían la competencia a las
instalaciones industriales urbanas, frenándoles cualquier posible despegue. Exportando
grandes cantidades de productos agropecuarios, algunos de los cuales de la consideración de materias primas, e importando productos de lujo, se comprende así que la
balanza fuera desfavorable a Hispania, que difícilmente podía llegar a producir ella
misma esos productos de lujo susceptibles de una exportación exterior.
Además, hay que tener en cuenta que el trabajo de la tierra era considerado con
más noble que el aplicado a otras actividades. El comercio estaba prohibido a los senadores, que se encontraban entre las personas que contaban con mayores riquezas,
obteniendo de la tierra y de la ganadería lo necesario para mantener el alto nivel de
vida de que disfrutaban. Por otro lado, dentro de la clase aristocrática hispana, abundaban los cristianos, y los padres de la iglesia, aún sin llegar a una condena de las actividades comerciales, llevaban sus críticas contra los comerciantes que obtenían excesivas ganancias mediante sus actividades comerciales. La Iglesia mantenía una postura contraria a aquellos que sacaban provecho d algo que habían comprado más barato.
Así en razón de sus creencias cristianas, muchos latifundistas hispanos no senadores,
se abstenían de invertir en el comercio y la industria. Sin embargo, las relaciones comerciales de la Península con el resto del Imperio serian frecuentes, y el edicto sobre
los precios de Diocleciano fijaba los costos de los transportes de Hispania con el Oriente, con África y con Roma.
88. LOS PRODUCTOS DE IMPORTACIÓN
Sobre las importaciones hispánicas, las fuentes de conocimiento de este tema
se centra única y exclusivamente en la arqueología.
Los productos cerámicos de alta calidad constituían un sector muy importante de
las importaciones. Concretamente, África exportó a Hispania grandes cantidades de
cerámica fina y muchas vasijas, que en general procedían de Cartago. El tipo fabricado
allí es el de terra sigillata clara D, una cerámica estampada paleocristiana que, desde
mediados del siglo III hasta finales del IV presenta un área de difusión muy amplia, preferentemente por la zona de la costa mediterránea, a lo largo de las provincias de Lusitania, Tarraconense, Cartaginense y Bética.
Se ha supuesto una procedencia foránea para las teselas marmóreas de Centcelles, aunque no se puede especificar su origen. Otro tipo de cerámicas importadas
podrían ser orientales.
La importación de sarcófagos de lujo, tendente a satisfacer las apetencias del
sector adinerado de Hispania, muestran cuán intensas fueron en este aspecto las relaciones comerciales de la Península con otros lugares del Imperio. Del puesto e Ostia
salían para la Península con un trayecto que no duraba más de siete días de puerto a
puerto. Estos sarcófagos de importación han aparecido en un área dispersa y amplia,
encontrándose ejemplares en Córdoba, Martos, Cádiz. Berja, Hellín, Valencia o Tarra-
227
gona. Se cuenta con más de una treintena de sarcófagos completos y fragmentos que,
por su semejanza con los que abundan en Italia, se supone que tienen un origen romano. Cabe añadir a estos los de procedencia oriental, aunque en la mayoría de los casos
pudieron ser trabajados en la Península por artistas orientales, principalmente sirios.
Los objetos de vidrio, como los hallados en Iruña o Ampurias, eran productos de
importación preferentemente de Italia, aunque quizá el de Ampurias tenga una procedencia oriental. El número exiguo de hallazgos parece sugerir que la importancia global
de este producto como objeto de importación no fue muy grande. No parece excesivo
suponer que, dado el prestigio que tenia Colonia como productora de vidrios de calidad
y las relaciones que tuvo Hispania con la zona del Rin, pudieran llegar productos vítreos de este lugar, y que los vidrios encontrados en las necrópolis del Duero tengan este
origen. Los que los han estudiado encuentran una gran semejanza con los de la zona
del Rin, y han sido considerados como un argumento a favor de la existencia de limitanei en el norte de la Península.
Pequeñas piezas de bronce, pasarriendas, objetos de mármol y otros objetos,
como el gran disco de Teodosio encontrado en Almendralejo, que pesaba 15 kg. De
plata y que parece proceder de Grecia, vienen a sumarse a la lista de productos de importaciones documentados por la arqueología.
Como se ve, los productos que exportaba Hispania no exigían, en general, una
manufactura compleja y especializada, salvo en el caso de las prendas confeccionadas
o los tejidos teñidos con púrpura y en el caso del garum, en que se requerían manipulaciones técnicas especiales. Por lo demás, nuestras exportaciones difícilmente podrían
alcanzar la consideración de productos de lujo. Por el contrario, los productos importados que nos documenta la arqueología, que son los menos perecederos, sí constituyen
en su mayoría bienes de lujo, asequibles sólo a la clase adinerada. Las personas que
se dedicaban a este comercio hispánico, que generalmente eran de origen extranjero,
obtenían con él pingües beneficios.
89. SARCÓFAGOS, ESTELAS Y CERÁMICAS DE PRODUCCIÓN LOCAL
A medida que la apetencia de estos productos importados fue aumentando, empezó su producción en Hispania, copiándose de manera más o menos exacta las técnicas y la temática de los modelos foráneos. Este es el caso de la producción peninsular
de sarcófagos en el taller de Tarragona (394-445), que pudo arrancar incluso de una
producción de sarcófagos paganos. El momento de la producción de estos sarcófagos
se sitúa en los primeros decenios del siglo V. Otro taller de sarcófagos del que se conservan varios ejemplares más rústicos es el de la Bureba (Burgos). Se fecha su producción en el siglo IV, dándose la coexistencia de sarcófagos producidos por los talleres hispánicos con otros importados de fuera. También en la Bética había un taller de
sarcófagos cuya producción se sitúa en el siglo V.
Durante el Bajo Imperio, Hispania no fabricó objetos de cerámica fina que contrarrestaran las importaciones correspondientes, pese a que en épocas anteriores productos hispánicos de calidad llegaban a otros lugares del Imperio. En esta época, los
talleres de cerámica utilitaria mantuvieron su importancia, aunque hay que tener presente que el abandono de la ciudad por parte de los latifundistas hispanos y el desarrollo en las villae de pequeños centros artesanales tendentes a satisfacer las necesidades de los latifundios cada vez más autárquicos, supusieron una disgregación de la
producción y un posible descenso de la calidad. La organización productiva de las villae
podía dar respuesta a estas necesidades de almacenaje con productos de baja calidad
y toscamente elaborados, pero que cumplían su misión. Las apetencias de los latifun-
228
distas y possessores de productos cerámicos de mayor calidad artística podían verse
satisfechos con el tipo más perfeccionado de la sigillata hispana, o bien daban lugar a
la importación de cerámica extranjera. En la Bética parece que contaron con talleres
cerámicos no sólo para la fabricación de los envases de los productos agrarios y de los
recipientes de uso doméstico, sino también de las lucernas y los ladrillos estampados.
La gran cantidad de restos de envases cerámicos de productos agrarios hallados en
diversos y distantes lugares de la provincia, sugiere la existencia de una pluralidad de
hornos locales.
Los numerosos bronces bajoimperiales encontrados en la Península atestiguan
una amplia difusión de los talleres de forja del metal, lo que indirectamente nos testimonia una explotación, aunque sea exigua y para las necesidades interiores, de las
minas de estaño, cobre y hierro hispánicas. Se trata de una producción artesanal, que
no tiene pretensiones de proyectarse hacia la exportación.
Dentro de la producción broncista de filiación hispánica destacan unas pequeñas
piezas muy abundantes por distintos lugares de la Península, que formaban parte del
bocado de los caballos. Se trata de ruedecillas caladas a las que se dio una dimensión
artística al esmerarse los forjadores en su decoración.
90. LAS REFORMAS DE DIOCLECIANO Y LA POLÍTICA MONETARIA DE
CONSTANTINO
El Bajo Imperio heredó del siglo III una crisis que tuvo honda repercusión en la
economía, puesto que las destrucciones, invasiones, usurpaciones y las medidas adoptadas a nivel económico y social afectaron profundamente al capital de producción, originando una grave inflación y depreciación monetarias, que se cebarían sobre todo en
las clases económicamente débiles, ya que la crisis afectó, como es natural, a los cambios y a la circulación monetaria.
Desde la época de Marcho Aurelio se produjeron diversas leyes monetales, pero
estos cambios de la ley dieron lugar a que actuara el principio económico de que “la
mala moneda elimina a la buena”, de modo que para las transacciones o el pago de
deudas se utilizaba la moneda “barata”, reservándose la de ley más alta, que mantenía
un valor más estable. Pero pronto los prestamistas dejaron de aceptar esa moneda,
con lo cual la cara, cada vez más escasa, fue subiendo de valor.
Una medida seria de reforma en este sentido fue la emprendida por Aureliano,
que ha sido interpretada de modo diverso. En la reforma general del Imperio, llevada a
cabo por Diocleciano, se contemplan con la mayor preocupación los aspectos económicos, tanto los tributarios como los monetarios. El aureus de oro tenía 1/60 de libra, y
el argenteus de plata 1/96 de libra, constituyendo la base del sistema monetario; por
otra parte, se intentó dar un elevado apoyo a la moneda divisional, por la que Diocleciano quiso reconciliar lo irreconciliable. La situación a que se había llegado nos la
puede presentar las continuas y elevadas variaciones del precio conocido del trigo: en
el año 149, con cinco denarios se compraba un modio (8,75 kg.) de trigo; en época de
Caracalla, el costo del modio era doble (10 denarios); en época de Diocleciano, con
esta moneda divisional, el denario de 3,8 gr., el modio de trigo costaba 100 denarios.
La conclusión que se puede sacar de esta situación es que el fracaso de las medidas
de refuerzo de la moneda divisional, entre las que se encuentra la promulgación del
Edictum de pretiis, afectaba directa y principalmente a las clases inferiores.
Constantino continuó las medidas monetarias adoptadas por Diocleciano, pero
sacó las consecuencias de que Diocleciano no había podido o no había querido sacar.
Constantino aparece como un verdadero innovador. No intentó apuntalar la moneda
229
divisional con medidas oficiales sobre los precios que mantuvieran un poder adquisitivo
ficticio, sino que la abandonó a su propia suerte. Hasta ese momento el Estado había
defendido la moneda divisional restringiendo las emisiones de moneda de oro o controlando los precios. Abandona ahora a su suerte y con los problemas económicos y sociales que ello causaría a quienes operaban con esta moneda. Constantino fundamentó
su sistema económico en una nueva moneda de oro, el solidus, con un 1/72 de libra. La
consecuencia que se derivará de esta política monetaria de Constantino será una inevitable elevación de los precios pagados en moneda divisional. Si en tiempo de Diocleciano el modio de trigo valía 100 denarios, con Constantino y sus sucesores la cantidad
es mucho mayor, aunque resulta difícil trazar una curva de precios. La reforma de
Constantino, al favorecer esta política monetaria basada en el valor real del oro, que
servía a los intereses de las clases pudientes, estableció un sistema económico que se
mantuvo durante mucho tiempo. Esta reforma no supuso un aumento general de la inflación, por cuanto los precios de los productos y los salarios podían adaptarse con
gran movilidad a los altibajos del valor real de la moneda, pero los alquileres, sometidos
a la duración de los contratos, eran los que podían sufrir más sensiblemente los efectos
de la inflación, la cual repercutiría mucho en las finanzas de la ciudades, que tenían su
patrimonio generalmente en arriendo.
Se produjo una constante sangría de moneda de oro destinada al pago de las
importaciones de bienes suntuarios del Oriente y a las subvenciones que se concedían
a los bárbaros para garantizar la paz en las fronteras, todo lo cual se ha considerado
como causa de la decadencia económica e Roma. El Imperio sufría esta sangría y contaba a la vez con un mercado en el que circulaba con toda libertad y bajo el control oficial la moneda de oro, que estaba en manos de los ricos, senadores y latifundistas, los
cuales hicieron grandes fortunas en oro.
91. LA CIRCULACIÓN MONETARIA EN HISPANIA. LA CUESTIÓN DE LOS
TESORILLOS
Había en Hispania, y en todo el Imperio una circulación libre de oro, garantizada
por el propio Estado, y que existían grupos senatoriales y latifundistas de la parte occidental del Imperio que tenían grandes fortunas en oro. Hispania contaba con un sector
pujante de latifundistas, possessores, senadores, y con una jerarquía eclesiástica numerosa con iglesias de gran lujo y magnificencia, como; sin embargo, la circulación
monetaria que nos indican los tesorillos sacados a la luz por las excavaciones arqueológicas, pese a la falta todavía de una valoración de conjunto, ofrece un panorama
difícil de adecuar a las coordenadas generales del sistema monetario. Dejando de lado
los tesorillos de la época de la Anarquía Militar, cuya ocultación se pudo deber a motivos de seguridad, resulta que los de época bajoimperial nos proporcionan raras muestras de la moneda base del sistema que, era el solidus, y los tesorillos que cuentan con
moneda de oro se localizan en zona minera. De acuerdo con la filosofía monetaria del
sistema implantado por Constantino, esta era la moneda idónea para atesorar, por su
valor intrínseco, debido a la cantidad de oro que tenia; en cambio, la moneda mala, la
empleada generalmente por las gentes humildes en sus transacciones comerciales y la
que más aparece en los tesorillos hispanos, era la que menos convenía tesaurizar y
acaparar por ser tan proclive a las depreciaciones. Por otra parte, muchos tesorillos no
deben de pertenecer a la clase media o baja, ya que se han encontrado en villae. De
todo ello se deduce que muchas de las tesaurizaciones de Hispania no son tales. Los
hallazgos monetales se dan en toda la Península. Callaecia ha proporcionado un gran
número de tesorillos y la casi totalidad de las monedas son de cobre y bronce de diversos emperadores, y que probablemente no obedecen a un deseo de atesorar, sino que
deben ponerse en relación las medidas de seguridad adoptadas en Callaecia ante la
230
invasión de los vándalos asdingios y suebos del año 411. También se han encontrado
otros tesorillos con las mismas características que los de Callecia en Lusitania y la
Bética.
Se suele atribuir este acaparamiento de monedas de tan bajo valor real al temor
de las primeras invasiones (que explicaría la existencia de tesorillos en el siglo III), al
temor de las invasiones del siglo V, o como resultado de la inseguridad, zozobra e inquietud de sus gentes.
92. LA MONEDA EN LOS REINOS BÁRBAROS
Con la entrada de los pueblos bárbaros en la Península no se vino abajo el sistema monetario constantiniano basado en el solidus de 4,54 gr. Se acuñaba también
otro tipo de moneda de oro que venia a ser un tercio del solidus, se conocía con el
nombre de “tremis” o “triente” y que tenia 1,45 gr. de oro; se acuñaba igualmente una
moneda de plata que se denominó siliqua y que tenia un valor equivalente a 1/24 del
solidus, la moneda fraccionaria era de bronce.
Este esquema general es aplicable a los suebos y a los visigodos. Cuando los
suebos se asentaron en Callaecia vieron la conveniencia de proceder a estas emisiones propias. Hicieron acuñaciones transitorias de solidi de peso rebajado, que se pueden cifrar entre 4,24 y 3,60 gr., pero en muchas ocasiones solo acuñaron “trientes” a
nombre de Valentiniano III; su ceca más importante se encontraría en Bracara. La moneda de plata siliqua tuvo una acuñación mucho más reducidas. Se cuenta con hallazgos de monedas suebas que corresponden a diversos reinados de reyes suebos.
Los visigodos también acuñaron monedas semejantes, empezando en Tolosa
con los pesos normales y no con las oscilaciones que el sueldo tiene en el sistema monetal suebo. Alarico II, a comienzos del siglo VI, redujo el peso del sueldo a 3,65, ante
la necesidad de contar con mayores recursos. Cabe suponer que la moneda sueba y
visigoda desempeñarían en sus respectivas economías un papel muy semejante al de
la moneda romana, de la que derivaban con todas las consecuencias sociales negativas que acarreaban. Pero dado que el comercio exterior de estas dos comunidades
bárbaras era mucho más limitado y teniendo en cuenta, además, las dificultades iniciales derivadas de una convivencia difícil con la sociedad hispanorromana, el papel de
estas monedas sería más limitado.
231
TEMA 23.- LA NUEVA ESTRUCTURA SOCIAL
1. INTRODUCCIÓN
Con anterioridad al siglo III se fueron insinuando nuevas relaciones sociales, y la
crisis del siglo III determina esa nueva estructura.
Las usurpaciones, guerras civiles, requisas y constantes luchas contra los bárbaros que tuvieron lugar en los siglos III y V afectaron a la economía de Hispania, se traduce en consecuencias materiales y sociales de las ciudades y villae hispánicas. Algunas desaparecen, otras se recuperan con dificultad, muchas no vuelven a recuperar el
desarrollo industrial y comercial que lograron durante el Alta Imperio.
No se puede determinar de una manera global si la disminución de la actividad
comercial industrial y agraria inmediatamente posterior a las invasiones continuó vigente o por el contrario, hubo una recuperación.
La arqueología parece indicar que en la Península Ibérica se había producido, y
posteriormente consolidado, un desplazamiento del centro económico desde la periferia
hacia el interior. La abundancia de necrópolis y de villae así parece señalarlo, aunque
se trata de una zona que no tiene gran densidad de ciudades.
La decadencia de las ciudades y la reducción del perímetro de muchas de ellas
llevó pareja una contracción de sus actividades industriales, artesanales y comerciales.
Sobre todo en las situaciones de inseguridad que vivió la Península, con tensiones sociales y movimientos baugádicos y priscilianistas.
El sector agrario como consecuencia del descenso de los otros sectores, alcanzó una importancia mayor como fuente de ingresos del Imperio. De aquí la importancia que adquiere la consolidación de la clase de los latifundistas frente a la masa de
desposeídos que dependían de esta.
La multiplicidad de problemas del Imperio, tanto internos como externos, llevó a
exigencias fiscales más rigurosas.
Las dificultades políticas e ideológicas exigían una mayor centralización del aparato burocrático. El mantenimiento de éste se conseguía mediante un sistema fiscal
más completo y progresivo.
Debido a las dificultades económicas y a la forma que iba adoptando la propiedad, se producirá una polarización de la sociedad en dos grupos distantes muy diferenciados.
2. HONESTIORES Y HUMILIORES. POTENTES Y TENUIORES
Pese a que desde la época de Caracalla todos los habitantes del Imperio disfrutaban de ciudadanía romana, no se da una sola clase social jurídicamente homogénea,
sino una sociedad con grados sociales diferentes en el terreno jurídico; ante una misma
infracción de la ley, las penas eran distintas, según se tratase de un grupo o de otro.
Los honestiores son individuos que merecen un honor debido al cargo elevado
que desempeñan o a su pertenencia a un status social elevado.
Los potentiores son personajes poderosos económicamente. Solían abusar de
su poder presionando a los gobernadores, resistiendo a la justicia, etc.
La mayor parte de los potentiores son al mismo tiempo honestiores, pero no to-
232
dos los que participan en el honor son potentes (entre los que se incluyen los decuriones).
El término Humiliores se aplica al pueblo, en tanto que es un sujeto de derecho
común.
Los tenuiores corresponden a esa misma masa en la medida en que necesita
protección legal contra los abusos de los ricos.
No existe correspondencia entre la realidad económica, social y jurídica. Los derechos de los Honestiores se mantuvieron vigentes pese a las diferencias económicas
de unos honestiores a otros. Por ejemplo, a veces los decuriones municipales tenían
una situación económica muy deteriorada, asemejándose a la de los humiliores pero
seguían gozando de esas ventajas legales.
Por lo tanto, la estructura dicotómica no refleja verdaderamente la realidad. Se
dan cuatro grupos según las posiciones económicas y jurídicas.
*
*
*
*
Honestiores potentiores.
Honestiores tenuiores.
Humiliores potentiores.
Humiliores tenuiores. Los grupos 1 y 4 son los más numerosos.
La distinción entre ciudadanos Humiliores y Honestiores tuvo importancia en el
derecho privado. Constantino dictaminó (Ley del 334) que en los procesos legales, el
testimonio de los honestiores fuera preferido al de los humiliores.
En otra del 321 dice que los menores probarán su rectitud de costumbres con el
testimonio de gentes pertenecientes al grupo de los honestiores.
En el derecho penal, de los castigos corporales estaban exentos los caballeros y
los decuriones.
En resumen, tanto en el siglo IV como en el V se designa a los grupos elevados
tomando como punto de partida el honor o la dignitas, pero también la riqueza. Y a los
grupos inferiores según la humildad de procedencia o función y su pobreza.
Por ello, durante el Bajo Imperio se fue simplificando la sociedad en dos grupos:
Honestiores y Humiliores, pero no son dos clases sociales en cuanto que no hay
homogeneidad en los grupos, pues estos tienen diversidad de situación social y
económica.
3. HISPANORROMANOS Y BÁRBAROS. Las relaciones entre los pueblos
La convivencia se inició una vez pasados los primeros años de anarquía y mortandad, que siguieron a la invasión del 409. Los problemas de convivencia durante el
siglo V solamente se plantearon de modo continuado en las tierras de Galicia y Lusitania donde se había producido un asentamiento suevo. De manera discontinua se ofrecieron en otras regiones: unas veces de forma violenta (expediciones) de suevos, visigodos y vándalos, otras veces de forma menos agresiva, ocupando ciudades y lugares
estratégicos de la Bética o la Cartaginense.
Pero la llegada de masas de población visigótica no se produjo hasta la última
década del siglo V, surgiendo en ese momento auténticos problemas de convivencia.
(Asentamiento tardío, después de permanecer un siglo en las Galias conviviendo con
233
población romana).
Fueron suevos y vándalos los pueblos que residieron en Hispania en su época
barbárica. Idacio habla de la difícil coexistencia de bárbaros e hispanorromanos.
Orosio dice que los bárbaros trataban a los romanos como amigos hasta el punto de que había entre ellos quienes preferían vivir, pero libres, entre los invasores, a
habitar en regiones que seguían siendo romanas, abrumados por las cargas fiscales.
Es indudable que la carga fiscal pesaría a menudo en exceso sobre los ciudadanos de Hispania y las Galias, en las provincias que siguieron sujetas a la administración
romana. Pero no parecen abundar los hispanos que prefiriesen asentarse junto a los
suevos, dándose tensiones entre estos y la población galaica.
En las tierras de Galicia y Lusitania (Reino Suevo) la plebs galaica conservaba
en sus manos los castillos más fuertes y constituía un poder autónomo, paralelo al poder suevo. Ambos pueblos se combatían y hacían paces.
Los galaicos o lusitanos, bien romanizados, habitaban mayoritariamente los
núcleos urbanos. Los suevos tuvieron bajo su poder la fortaleza de Oporto, pero en su
mayoría vivían en el campo, donde existía una población indígena, rústica y más retrasada que la urbana.El talante barbárico fue una dificultad para la pacífica convivencia de romanos y
germanos. Así como la desigualdad de civilización, de lengua y de costumbres rudas y
groseras que repugnaban a los hispanorromanos.
Pese a todo ello, en el Reino de Tolosa, la poderosa monarquía visigótica atraía
a la aristocracia romana del siglo V (dignatarios romanos que traicionaban a Roma).
Incluso se dio un trato de amistad entre la aristocracia romana y la corte tolosana, colaborando en lo militar. Así oficiales bárbaros tuvieron altos cargos en el ejercito imperial,
y los oficiales romanos también estuvieron al servicio de los reyes visigodos.
4. LA NUEVA ESTRUCTURA SOCIAL
Al final del Imperio la realidad social divide la población libre principalmente en
dos grupos:
*
*
Los honestiores o muy ricos.
Los humiliores o clases inferiores.
La posesión de riquezas ha llevado a extremos máximos las diferencias, los esclavos y libertos subsistieron como clases inferiores.
A partir de Diocleciano (284-305) la crisis del siglo III sólo en parte había sido resuelta; se reestablecen la seguridad en las fronteras y la autoridad del Emperador; se
resuelve la crisis religiosa con el triunfo del cristianismo respaldando a la autoridad imperial, pero la economía sólo en parte se recupera. Pues siguen latentes las causas
que la habían provocado, como la escasez de oro, la dificultad para recaudar los tributos del Estado y la correspondiente presión financiera sobre las autoridades municipales, a las que se responsabiliza personalmente de esta recaudación. Ha disminuido
fuertemente la mano de obra esclava, reduciéndose paralelamente la productividad y
los excedentes de producción que alentaban el comercio y la creación de empresas en
los siglos I y II d.C., la crisis de la ciudad acrecienta estos males.
234
Todo este proceso hizo que el terrateniente huyese al campo buscando mayor
rentabilidad a su tierra. Tierras que se concentraban cada vez en menos manos por
compra o cesión de colonos. Y el aumento de capital acentúa las diferencias sociales, a
la vez que se ha intensificado el número de los pequeños propietarios y mano de obra
campesina sin propiedad rústica. Han de buscar en el régimen de colonato o mercenariado la garantía de un salario y la de su seguridad y defensa personal. Así, pues, tres
aspectos concentraban este cambio social.
*
*
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El latifundismo.
El colonato.
Configuración de los extremos de la estructura social: honestiores y humiliores.
5. EL LATIFUNDISMO
El proceso latifundista del Bajo Imperio corre parejo con el fenómeno de ruralización de la población, antes preferentemente urbana.
En el Bajo Imperio el latifundista vive en el campo y sustituye la mano de obra
esclava por otra que ahora le resulta más rentable: los incolae y sobre todo los coloni.
Varias causas contribuían a concentrar la propiedad de la tierra en ocas manos y
a hacer del latifundismo un sistema de explotación de la tierra más rentable y seguro:
El reparto desigual de la propiedad territorial (dilatados terrenos se concedían a
veteranos licenciados).
Los arriendos de las tierras privadas del Emperador, así como los capitales originados en negocios mercantiles y mineros, permitieron ensanchar los dominios a los
antiguos senadores, a la aristocracia municipal y de orden ecuestre.
La distribución de un latifundio sería de unas 1.500 hectáreas, distribuidas así:
700 has. de monte y 500 de prado, y las plantaciones serian de 200 has. de cereales y
legumbres y 100 de viñedo.
Así el rasgo de este latifundismo fue el autoabastecimiento en todos los órdenes:
alimentación, artesanía, vestido, útiles, incluso la justicia y defensa de los habitantes de
las villae corría a cargo de los possesores.
6. HONESTIORES Y HUMILIORES
Durante el Bajo Imperio hay una generalizada tendencia a simplificar la escala
social hispanorromana. En el grupo inferior, se reduce el número de esclavos campesinos y pervive sobre todo el esclavo cualificado doméstico y urbano.
También se reduce la figura del pequeño propietario y el de los grupos artesanos
urbanos especializados, para dar paso al artesanado de la villa que asume tareas muy
diversas y menos especializadas, pues no trabaja para la venta competitiva de la ciudad. En definitiva, se simplifica la variedad de los grupos sociales menos favorecidos y
de los pequeños propietarios convertidos en colonos. Todos se agrupan como Humiliores.
Por otra parte, también logran subsistir los antiguos grupos privilegiados, senatoriales, orden ecuestre y oligarquía decurional; todos ellos componen en nuevo grupo de
los potentes, los possesores, los honestiores, aún cuando no todos disfrutan de análoga extensión de propiedad territorial.
235
En realidad hay un matiz diferencial en esta denominación bajoimperial. Los potentes o potentiores son los más poderosos económicamente.
Los honestiores son los que ostentan los honores de los cargos. Aunque a veces
los potentiores, poderosos en tierras y dinero, acceden casi siempre al honor de los
cargos públicos. Pero no siempre los honestiores fueron poderosos económicamente,
pues podían sólo gozar de una digna posición económica.
Sin embargo la ley sigue reconociendo la existencia de diversos grupos: senadores, caballeros, libres y esclavos. Y la justicia tiene en cuenta la posición económica.
Los humiliores tienen menor credibilidad y para mostrar su rectitud moral tienen que
manifestarla uno de los honestiores, y no están exentos de castigos corporales (si los
de orden decurional, ecuestre y senatorial).
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TEMA 24. LAS CAPAS ELEVADAS DE LA SOCIEDAD.
7. INTRODUCCIÓN
Con anterioridad al siglo III se fueron perfilando nuevas relaciones sociales que
se aceleraran con la crisis del siglo III. Las usurpaciones, guerras civiles, requisas y
constantes luchas contra los bárbaros durante el siglo III debieron de afectar profundamente a la economía hispana. Ello produjo fuertes convulsiones en muchas ciudades y
villae hispánicas. La decadencia de las ciudades tuvo como consecuencia una disminución de las actividades industriales y comerciales, unido al ambiente de inseguridad
que vivió la Península, con tensiones sociales y movimientos bagáudicos y priscilianistas.
La multiplicidad de los problemas del Imperio, tanto internos como externos,
llevó a exigencias fiscales más rigurosas. Idénticamente, las dificultades políticas e ideológicas estaban exigiendo una mayor centralización del aparato burocrático estatal. El
mantenimiento de este aparato burocrático estatal se conseguía mediante un sistema
fiscal cada vez más completo y más opresivo, que alcanzaba a todo el Imperio y a una
gran masa de la sociedad.
Debido a las dificultades económicas y a la forma que iba adoptando la propiedad, se produciría una polarización de la sociedad en dos grupos distantes y muy diferenciados: el de los honestiores y el de los humiliores. Así, jurídicamente, ante la misma infracción de la ley, las penas eran distintas, según se tratase de un grupo o de
otro.
Según se desprenden de las fuentes parece que hubo cuatro grupos sociales,
estos son: los honestiores, los potentes, los humiliores y los tenuiores. Los honestiores
son individuos que merecen un honor debido al cargo que desempeñan o a su pertenencia a un status social elevado. Los potentes son personajes poderosos que cimientan su status en su potencial económico o en alguna otra situación de hecho. Parece
que estos potentores ejercen real y virtualmente un abuso de poder, denunciado en
muchos casos por las disposiciones legales. La mayor parte de los potentores son al
mismo tiempo honestiores, pero no todos los que participan en el honor (como los decuriones) son potentes.
En el otro extremo, los humiliores que comprenden a la masa del pueblo en tanto
en cuanto esta sujeto al derecho común; y el de tenuiores a esa misma masa en la medida en que necesita protección legal contra los abusos de los ricos.
Hay que tener en cuenta la heterogeneidad de posiciones económicas, de situaciones sociales en las que se encuentran tanto los honestiores como los humiliores en
general y en la realidad concreta de cada una de las distintas partes del Imperio. Así,
en ocasiones la situación económica real de muchos decuriones municipales estará tan
deteriorada que se asemejará mucho a la de los humiliores, aunque seguirán gozando
de esas ventajas legales, que no dependen de su poder económico, pues en regiones
cuya población parece contar con escasos recursos económicos, son inscritos como
curiales personas que cuentan con un patrimonio de 25 yugadas.
En definitiva, la diversidad de situaciones legales, sociales y económicas de la
sociedad romana hace difícil la concepción de un sistema unitario coherente. Más bien,
durante el Bajo Imperio se tiende a la simplificación de la sociedad romana en dos grupos sociales (los honestiores y los humiliores) con numerosos grados sociales y
económicos dentro de cada grupo. Por lo tanto se puede hablar de dos grupos sociales
con diferentes grados pero no de clases sociales.
237
8. LOS SENADORES
Los potentes o potentiores eran todas aquellas personas que por el lugar que
ocupaban en la administración o por las riquezas de que disponían disfrutaban de un
poder real. Estos potentiores vivían en el campo con el máximo lujo. La explotación de
las grandes propiedades llevó a una relativa autarquía económica frente a un estado
inmerso en problemas interiores y exteriores que poca protección podía ofrecer a las
personas más necesitadas. Estas personas necesitadas ante la presión de los ricos se
ponían bajo su protección. No resulta extraño que para mantener el orden en sus posesiones, evitar el pillaje y rechazar incursiones, estos potentiores formasen normalmente, con sus esclavos y arrendatarios, tropas privadas.
La preponderancia que les confería el poder económico les llevaba a enfrentarse
con los funcionarios encargados de exigirles el pago de impuestos. Difícilmente el Estado podía atajar los abusos de los potentes, quienes por razones de amistad, familia,
cargo e identidad de intereses, estaban estrechamente vinculados a los funcionarios
del fisco, quienes los libraban de unos impuestos que luego los hacían recaer sobre los
medianos y pequeños propietarios del campo.
Entre estos potentiores se encuentran los senadores. Apoyados en su prestigio
moral y, sobre todo, en su riqueza territorial, aumentaban su influencia por más que su
poder político hubiese descendido por el aumento de la burocracia estatal, civil y militar,
ocupada por los numerosos caballeros introducidos en ella.
Los miembros de las antiguas familias senatoriales se constituían en senadores
tras el desempeño de una magistratura, generalmente la cuestura. Pero hombres nuevos, de distintas procedencias sociales, especialmente caballeros e incluso curiales,
podían acceder al orden senatorial a través de dos procedimientos:
Indirecto: La inclusión por parte del emperador en el grupo de los clarissimi,
aunque tenía que desempeñar alguna magistratura, que solía ser la pretura, para ser
senador.
Directo: Adscripción por el emperador al senado, mediante la practica del adlectio inter consulares, que era una manera de inscribir nuevos senadores, aunque la persona elegida no hubiese desempeñado el consulado.
De esta forma el senado llegó a tener una composición muy heterogénea en
cuanto a origen, cargos desempeñados, riqueza y procedencia de sus miembros.
La constitución de un segundo senado en Constantinopla (por Constantino) modificó notablemente el carácter del orden senatorial y en su número, al incluir miembros
del orden ecuestre. Se llamó a los miembros más importantes de los municipios y provincias. La inclusión de estos nuevos elementos llegó a superar en número a los antiguos senadores de Roma. Al principio el senado de Constantinopla contaba con trescientos miembros, con Constantino pasaron a dos mil. El senado de Roma, de seiscientos, pasaron con Constantino a dos mil miembros.
La llegada de hombre nuevos produjo cierta distinción dentro del orden senatorial. Las capas más altas del orden senatorial estaban constituidas por los ilustres y los
spectabiles, a los que seguían los senatores y clarissimi.
El prestigio social, que antes emanaba de la pertenencia al orden senatorial,
había descendido bastante, al tiempo que crecía el prestigio emanado del poder y de la
propiedad. Hubo, en definitiva, cambios en la estructura.
La capacidad de influencia ante el emperador (el elemento decisorio), no la tenían los senadores residentes en Roma, al acudir muy poco los emperadores a ella, sino
los consejeros (la mayoría de ellos senadores) que les acompañaban en sus despla-
238
zamientos y vivían con ellos en sus diversos lugares de residencia. Lógicamente un
senado tan numeroso tenía muchísimas dificultades para reunirse tanto en Roma como
el de Constantinopla. Además, el deterioro político de los senados, se plasma en la ley
de Constancio que fijaba el quórum en cincuenta miembros. Los senadores no estaban
obligados a asistir a las sesiones. Incluso, hacia la mitad del siglo V, el derecho de voto
correspondía únicamente a la capa más elevada del senado, como era la de los Ilustres.
De todas formas hay que reseñar la tendencia del orden senatorial, especialmente la vieja nobleza, a constituirse en una especie de clase social cerrada. La dignidad senatorial se transmitía hereditariamente lo que favorecía dicha tendencia. De igual
modo buscaban como medio de reforzar su ideología los matrimonios dentro de sus
familias. Como grupo político consciente de sus privilegios y de su poder económico,
sus miembros aspiraban a cierta independencia del emperador y de la administración
central, cimentada en su inmensa propiedad territorial y en la gran riqueza.
Pese a las diferencias de rango social, religioso (paganos y cristianos), etc. que
tenía el orden senatorial, había una gran identidad de intereses económicos más que la
coherencia de una clase dirigente cuyas funciones y poderes se habían quedado muy
recortados.
En el terreno económico había gran diferencia de riqueza entre los miembros del
senado romano y los de Constantinopla, debido a que muchos de los miembros del
senado romano procedían de aquellas antiguas familias nobles que habían acumulado
grandes propiedades en el transcurso de los años, mientras que el senado de Constantinopla no contaba con estos miembros.
9. SENADORES Y CLASE SENATORIA HISPANA
De igual modo que los miembros del orden senatorial, los senadores hispanos
obtenían sus riquezas de la tierra. Desde los primeros tiempos del Imperio, Hispania
daría una serie de senadores, lo que hace factible la existencia de familias de rancio
abolengo que habrían concentrado propiedades a lo largo de mucho tiempo. Pero la
crisis del siglo III como las diferentes disposiciones de Diocleciano, Constantino, y otros
emperadores, habrían afectado a las diferentes familias senatoriales hispánicas altoimperiales, que seguramente procederían de las provincias senatoriales más romanizadas, por ejemplo, la Bética.
En Hispania habrían homines novi cuya situación social y procedencia desconocemos, lo que hace sospechar que no debían de tener un origen demasiado ilustre. El
siglo III facilitó la movilidad social, y las familias senatoriales de época bajoimperial que
conocemos en la Bética, Tarraconense, Gallaecia y Lusitania dan la sensación de no
proceder de la rancia aristocracia senatorial hispana del Alto Imperio; probablemente
salieron de la aristocracia municipal hispánica.
En el desarrollo de la estructura económica y social de la Península influyeron
tanto los senadores de origen hispánico como los senadores de otras procedencias que
ejercieron sus funciones en Hispania, por su doble vertiente de propietarios y funcionarios.
En función de los cambios político-religiosos, los emperadores llamaron a aristócratas hispanos a ocupar puestos de relieve en lugares fuera de Hispania. Como Acilius Severus, que posiblemente fue praeses de la Tarraconense y que continuó su carrera ascendente siendo vicario de Italia en el 318, cónsul en el 323, y prefecto de Roma en el 325.
239
Con Teodosio se asiste a la ascensión a altos cargos de miembros de su familia
y de la familia de su esposa Flacila, algunos de los cuales ya habían ejercido altos cargos en épocas posteriores. Se puede hablar de un pequeño clan de senadores hispanos. Varios de estos senadores lo acompañaron en la corte de Constantinopla, como
Numio Emiliano Dexter, que en 379 y 387 fue procónsul de Asia, y a la muerte de Teodosio fue nombrado en el 395 prefecto del pretorio de Italia.
Materno Cinegio fue comes sacrarum largitionum, más tarde quaestor sacri palatii, y finalmente perfecto del pretorio de Oriente; se le considera de origen hispano ya
que a su muerte, su esposa trasladó sus restos a Hispania en el 388 donde fue enterrado en la iglesia de los Santos Apóstoles.
Se consideraba también hispano a Nebridio, cuñado de la emperatriz Facila. Fue
comes rerum privatarum en 382-384 y luego, en el 386, prefecto de Constantinopla.
Flavio Timasio, alto cargo militar de Teodosio, era pariente de la emperatriz Flacila, por lo que se le atribuye un origen hispano.
A la muerte de Teodosio y debido a las convulsiones producidas por las invasiones bárbaras, los miembros senatoriales de la casa imperial debieron de disminuir. Con
ocasión del movimiento bagáudico que afectó a la Península, se vuelve a tener noticias
de miembros senatoriales hispanos que desempeñan cargos importantes de carácter
militar. Como Merobaudes, senador de la provincia Bética, con el cargo de magister
utriusque militae, que tiene por misión la represión del movimiento bagáudico.
Por otra parte hay que tener en cuenta a algunos senadores hispanos y algunos
miembros de familias senatoriales hispánicas, que aunque no llegaron a ocupar puestos importantes civiles o militares dentro o fuera de la Península, se destacaron, en
algún aspecto particular. Paciano, perfecto del pretorio, fue nombrado obispo de Barcelona, y desarrollo una gran militancia religiosa, sobre todo en sus escritos contra los
novacianistas. Prisciliano, parece que perteneció a la clase senatorial hispana, y difundió ardientemente en los círculos aristocráticos de Lusitania sus ideas religiosas rigurosas.
La muerte de Teodosio y las invasiones bárbaras, con las convulsiones sociales
subsiguientes, afectaron también a la clase senatorial hispánica. Debido a las invasiones se iba consolidando una aristocracia germánica, aunque según reflejan las fuentes
continuó la aristocracia hispana, como la noble familia de los Cantaber de Coimbra, uno
de cuyos miembros fue capturado por los suebos, o, Lusidio, primer magistrado de la
ciudad de Lisboa, que la entregó en el 468, o, algunos nobles y terratenientes de Calahorra, Cascante, Nájera, etc. que ofrecieron resistencia (inútilmente) a los visigodos
cuando invadieron la Tarraconenese.
10. LOS FUNCIONARIOS DE LA ADMINISTRACIÓN CENTRAL EN HISPANIA
Constantino continuó con la línea de Diocleciano de jerarquizar las funciones
administrativas que componían el cuadro burocrático del Estado romano. Utilizó viejas
denominaciones pero con un nuevo significado. Así el término de comes Augusti, compañero de Augusto, se emplearía para designar funcionarios con cometidos diversos,
tanto en la administración civil como militar. Algunos residían en la corte, pero otros
estaban en las provincias. A partir del 313, Constantino nombró un comes Hispaniarum
con cometidos civiles. En el 420 aparece otra vez el comes Hispaniarum, cargo ocupado por un tal Asterio, pero su función es diferente, pues en esta época tiene cometidos
militares, y es un alto jefe militar.
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Se tiene noticias de varios vicarios de Hispania, pero no se sabe con seguridad
su procedencia. Parece que Mariano es de Galicia. Este hispano, vicario de Hispania
en época de Teodosio, tenía inclinaciones paganas y era defensor de las ideas priscilianistas en la Península.
Había una tendencia a emplear para los importantes cargos a senadores nativos. La información disponible no lo aclara, y se deduce que los senadores hispanos
alternan los cargos con otros senadores de procedencia italiana o hispana.
Respecto a los gobernadores, no conocemos el nombre de ningún gobernador
de la Cartaginense ni de las islas Baleares. De la Bética, conocemos a varios y, probablemente hispanos a Egnacio Faustino, Decimio Germaniano, etc. A partir del 337 se
pasa de gobernadores praesides a clarissimi.
De los ocho gobernadores de la Lusitania conocidos no se conoce el origen hispano de ninguno de ellos. La provincia lusitana pasará de ser regida por un praeses a
ser consular, y los que gobiernan, a clarissimi.
De la provincia Gallaecia se conoce el nombre de dos gobernadores, ambos clarissimi, sin que se pueda concretar su origen.
La Tarraconense mantuvo hasta el siglo V la categoría de gobierno de rango
presidial. De los siete gobernadores que se conocen, parece que sólo Julius Verus sería español.
Hay algún español, como el poeta Prudencio, que fue gobernador, de alguna
provincia hispana cuyo nombre no se conoce.
Resumiendo, hubo españoles que desempeñaron altos cargos imperiales en
otros lugares, y que, a su vez, algunos altos cargos peninsulares, como los de comes,
vicario o gobernador, fueron cubiertos por personas foráneas, estableciéndose relaciones estrechas, incluso de parentesco, entre las diferentes aristocracias. La aristocracia
hispana, sobre todo de la Tarraconense, estuvo muy relacionada con la aristocracia de
la Galia.
11. LA JERARQUÍA ECLESIÁSTICA
A pesar de que en la parte occidental del Imperio el senado romano era depositario de las tradiciones (paganismo) de Roma, las familias senatoriales hispánicas se
caracterizaban, por lo general, por su militancia en la fe cristiana. Aunque también hubo
excepciones como el vicario Flavius Salustius, pagano y amigo personal de Juliano,
que lo utilizó para revitalizar el paganismo en Hispania. De todas formas no hubo un
frente de oposición pagana en Hispania dentro de las clases superiores.
El cristianismo primitivo hispano era eminentemente urbano y el paganismo seguía muy arraigado en las zonas rurales. Pocos paganos se conocen en las altas esferas del poder en la Península y, en cambio se conocen a muchos cristianos en los altos
cargos peninsulares e imperiales, y el predominio de estos en la clase senatorial hispana.
Aunque no hay mucha información, hay indicios de que en Hispania parte de la
aristocracia cristiana procuraba controlar las sedes episcopales. Como Paciano en Barcelona, Osio en Córdoba, o Prisciliano en Ávila.
Los obispos, aunque no sean nobles, se van asimilando rápidamente a la aristocracia senatorial. Gozan de muchos privilegios y de muchas posibilidades para enriquecerse para que los cargos no sean apetecidos.
241
Las donaciones de propiedades agrícolas, edificios, rebaños, etc., que habrían
de servir para atender a las necesidades de los pobres, posibilitaban el lujo de las iglesias y la propensión del clero a enriquecerse, apoyándose en su cargo. Los privilegios y
las grandes posesiones adquiridas colocaban a la jerarquía eclesiástica en un nivel de
opresión social semejante al de los grandes propietarios o altos funcionarios imperiales.
La Iglesia, en este caso la hispánica, perdió toda la carga revolucionaria y desintegradora que había tenido en sus inicios en la sociedad romana.
La concepción de la esclavitud y el trato dado a los esclavos no eran en la Iglesia distintos de los que tenía el paganismo. La existencia de la esclavitud forma parte
del orden establecido.
El patrimonio de la Iglesia sufrió una evolución. Su situación fue difícil cuando la
Iglesia no era reconocida. Pero cuando la Iglesia fue reconocida por los emperadores
su patrimonio además de legalizarse aumentó considerablemente mediante donaciones
de los emperadores, muchas veces a costa del patrimonio imperial, donaciones de tierras de paganos, donaciones privadas, etc. Valentiniano I dirigió una normativa al Papa
Dámaso ordenando que las iglesias de Roma prohibiesen a los clérigos recibir las sucesiones de viudas y huérfanos.
Por otra parte la crisis económica replanteaba de vez en cuando las inmunidades y exenciones de los bienes de la Iglesia, que sufrieron variaciones motivadas muchas veces por las necesidades de los tiempos.
Los obispos y clérigos, dándose cuenta de la importancia que tenía la nueva institución, en el 364, del defensor civitatis como defensor de las gentes humildes contra
los abusos de los poderosos, presionaron para que la elección de ese cargo se realizase por los miembros de la ciudad y no por el prefecto del pretorio. Se consiguió con
Valentiniano II. De esta manera se consiguió una unidad de intereses entre los grandes
terratenientes, los del clero y los curiales, únicos grupos que podían, en época Honorio,
participar en la elección. En el primer concilio de Toledo se consolida la figura preponderante del obispo en los conflictos entre los poderosos y los pobres.
Diferentes concilios criticaron algunas actuaciones del clero. Así en el concilio de
Cartago del 397 se critica abiertamente a los clérigos que se aprovechan de sus funciones eclesiásticas para lucrarse y los exhorta a no recibir más herencias que las familiares.
De todas formas las donaciones por parte del emperador y de los particulares
continuaron y fueron muy frecuentes, y nada prohibía al clero solicitar la generosidad
de los fieles.
Los privilegios legales, sociales y económicos y las grandes posesiones adquiridas, colocaban a la jerarquía cristiana hispánica al mismo nivel de opresión social que
los grandes propietarios o altos funcionarios imperiales. La posesión de esclavos por la
Iglesia cristiana hispánica era frecuente.
La iglesia hispánica optó por el camino de la intransingencia e intolerancia frente
a los credos distintos y frente a las desviaciones de su propio credo. El concilio hispano
de Elvira que tolera a los cristianos desempeñar el cargo sacerdotal pagano del flamianto, ataca a los judíos. Se prohibía a los cristianos comer con los judíos, bendecir
sus frutos y contraer matrimonio con ellos. Estas barreras sociales levantadas contra
los judíos cristalizaron, en la primera mitad del siglo V, en medidas más agresivas, obligando a los judíos de Menorca a aceptar el bautismo, hecho que se conoce por una
carta del obispo Severo.
242
Se discute todavía sobre si el movimiento priscilianista se basaba sólo en cuestiones disciplinarias, o por el contrario, incluía desviaciones dogmáticas, entrando así
en el terreno de la herejía. Hay autores modernos que defienden las desviaciones
dogmáticas apoyándose en las condenas anatémicas del concilio I de Toledo y en la
carta que el obispo Toribio de Astorga le envía al papa León I. Sin embargo, hay que
tener presente que el concilio de Zaragoza del año 380 es reiterativo en la casuística
disciplinar y no en la dogmática, y que subyace en este problema, un enfrentamiento
contra el alto clero fuertemente consolidado. Se ha llamado la atención que los obispos
enemigos de Prisciliano son obispos de Córdoba, Mérida y Ossonoba, es decir, de provincias o de zonas de provincias fuertemente romanizadas y cristianizadas, y cuyo clero contaba con el aparato administrativo suficiente para acaparar privilegios, ventajas,
exenciones, y grandes posesiones.
Pese a la identidad de intereses de la alta jerarquía frente a otros grupos sociales, había latente un enfrentamiento entre los obispados ricos, que brindaba a su clero
la posibilidad de enriquecerse, y los obispados más pobres, que carecían de ello, aunque no hay datos que lo corroboren. Indudablemente, el movimiento priscilianista
arraigó con profundidad en las zonas del noroeste peninsular y en las de Lusitania, que
estaban menos romanizadas y cristianizadas. De todas formas, el particularismo regional no fue suficiente para el arraigo del priscilanismo, influyó mucho la prédica ascética
del clero partidario de una forma de vida más sobria y humilde. El priscilianismo, que
prendió en círculos elevados, se extendió luego a zonas rurales sin tantas posibilidades
económicas, añadiendo elementos nuevos que le confirieron los caracteres de un movimiento social.
12. LOS CURIALES
Los curiales eran los que detentaban la administración de las ciudades. Forman
el ordo decuriorum. Ostentaron los cargos municipales: duunviros, ediles, cuestores,
etc.
Las invasiones y la crisis general del siglo III afectaron a las ciudades hispanorromanas en unos momentos en que económica y socialmente los municipios ya estaban viviendo una crisis. Un rasgo importante de este proceso de deterioro sería la
transformación de los cargos municipales, que de puestos honoríficos muy apetecidos
se transformaron en pesadas cargas que todos quería eludir. Los curiales intentaban
librarse de estas obligaciones impuestas, enfrentándose con el poder central, el cual
intentó fiscalizar y regular toda la vida municipal, acentuando las tendencias centralizadoras de la administración y ahogando los últimos restos de libertad política de los municipios.
La decadencia de la ciudad se iba agrandando a medida que los curiales buscaban la defección de su cargo a través del recurso legal de ejercer en la misma ciudad
una actividad, que como la de profesor de retórica o gramática, estuviera considerada
por el Estado como una actividad pública, o por la huida. Los curiales con poca tierra
preferían abandonarla antes que seguir soportando cargas tan pesadas. Aunque las
leyes tardoimperiales impedían abandonar su ciudad y vender sus bienes, los casos de
abandonos eran muy frecuentes.
Los curiales, pequeños o grandes propietarios, eran los que mantenían en activo
la vida económica y cultural de la ciudad, realizando construcciones públicas y recreativas y proveyendo de víveres a la población.
Con Diocleciano y Constantino, los curiales se convirtieron en una casta hereditaria a la que se haría responsable en sus respectivas ciudades de la recogida del im-
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puesto y del aprovisionamiento de víveres. Ello implicaba enfrentarse con los poderosos para que pagasen los impuestos, y con las clases pobres y desposeídas que los
odiaban.
La condición económica de los curiales no era igual en todas las partes, sin que
variaba de una ciudades a otra. Habían curiales en Antioquía que invertían en obras
públicas y otros que eran muy pobres. Constancio estableció en el 342 que los propietarios de 25 yugadas formarán parte obligatoriamente del orden curial. De todas formas, pese a la diferencias económicas, las disposiciones legales conformaban un orden decurional homogéneo con normas restrictivas a todos, tanto en Hispania como en
el Imperio, tales como la imposibilidad de tomar en arriendo propiedades comunales,
dar en arriendo en las propias o tomar las de otros, etc.
La curia (cargos municipales) era en las ciudades un reflejo del senado romano.
En la época altoimperial, los miembros de la curia se elegían entre los ciudadanos que
habían desempeñado una magistratura ciudadana o que reunían unas características
especiales. En la época tardoimperial se pertenecía a la curia por la nominatio de nuevos curiales y, posteriormente por la hereditariedad a los hijos.
Algunos grupos, como senadores, clero o funcionarios del ejército y de la administración, gozaban de inmunidad para estos cargos municipales. La ciudad perdía un
amplio grupo de posibles curiales. El proceso era irreversible. Los curiales buscaban
legalmente la forma de desprenderse de las servidumbres municipales, y si no podían
optaban por la huida, sobre todo los más pobres. La ciudad se resentía por estos
abandonos y huidas. Por más que el Estado excluyese a los curiales de ciertas actividades, éstos no estaban dispuestos a sobrellevar la pesada carga.
El poder central no llevaba una política armoniosa y coherente con los curiales.
Unas veces los bienes del curial huido eran adjudicados al que lo reemplazaba. Los
bienes del que moría sin dejar descendencia y sin testamento pasaba a la curia, y los
bienes que había vendido un curial con objeto de eludir sus obligaciones también eran
cedidos a la curia.
En definitiva, la propia administración aumentaba las contradicciones dentro del
grupo curial , pues sí a nivel legal están incluidos dentro de los honestiores, con todos
los privilegios legales que esto conlleva, desde el punto de vista económico estaban
sometidos, respecto al Estado y con relación a sus propias ciudades, a unas exigencias
fiscales que muchas veces resultaban insoportables. Teniendo que enfrentarse con los
perjuicios sociales y económicos de los potentes, y presionando a los ciudadanos pobres a cumplir con las exigencias fiscales.
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TEMA 25.- LA PLEBE URBANA.
1. PLEBE URBANA
La evolución económica experimentada durante el Bajo Imperio ya no permite
contemplar la sociedad bajo el prisma de los tres órdenes clásicos de senadores, caballeros y plebeyos, por más que continúe vigente en las fuentes jurídicas. El colonado se
configura como una clase social bien diferenciada de la plebe de las ciudades que se
encuentra, a su vez, claramente diferenciada de la categoría social de los curiales. La
plebe no puede tener, pues la misma estructura que antaño. Las fuentes mencionan
una plebe rústica y una plebe urbana y mientras que la plebe rústica se encuentra fuera
de los muros de la ciudad la plebe urbana no se puede generalizar, ya que estaba integrada por distintos elementos, sectores de gentes desocupadas y sectores de población urbana ocupada, unos de una manera estable y otros esporádicamente en actividades comerciales, industriales y de servicios. Había además, personas que, sin estar
integradas en los órganos administrativos estatales y municipales elevados, se dedicaban a actividades muy lucrativas, sacando grandes ganancias.
El deterioro observado en las ciudades había contribuido a radicalizar todavía
más los contrastes entre ricos y pobres o entre potentiores y humiliores. Había un proletariado urbano de gentes desocupadas, que era fuente potencial de conflictos ante
cualquier alza en los precios de los productos de primera necesidad o ante un eventual
aumento de la desocupación. Se ha visto que el movimiento bagáudico era una contraofensiva natural del proletariado rural ante cualquier empeoramiento en su precario
modo de vida. Inmerso como estaba este proletariado en unas condiciones económicas
de mínima subsistencia, cualquier empeoramiento de ellas (por pequeño que fuese y a
cualquier causa que se debiera), precipitaba a este proletariado en una situación límite,
contra la que se veía forzado a reaccionar. El equilibrio interclasista urbano y rural era
muy precario. Se observa en el Imperio que los síntomas de convulsiones y tensiones
sociales vengan a coincidir con momentos en que las alzas de precios tienen rasgos
inflacionistas. El equilibrio se rompía por cualquier contingencia natural o política, pero
las ciudades, debido a los propios condicionantes de la economía antigua, no contaban
con los resortes económicos necesarios para dar una respuesta inmediata que acallase
la protesta. Las soluciones había que buscarlas fuera y con aumento en los costos, lo
que no podía resultar atrayente para el orden curial, sobre el que recaían estos gastos,
ya no sentidos como un servicio público sino como una opresiva carga probada por la
existencia de este sector empobrecido. El proletariado, que no era una clase progresista, contribuyó a la crisis esclavista y al deterioro de la ciudad.
Las diferencias entre la plebe urbana y la rústica no estaban exclusivamente motivadas por el lugar de residencia sino también por las actividades y las exigencias impositivas y de situación social real. A nivel fáctico, la plebe urbana no tenía una estructura unitaria sino que incluía distintos grupos. Las grandes ciudades contaban con una
población de composición diversa, como los esclavos, que abundaban en el servicio
doméstico y se daban menos en otras actividades anteriormente eventuales por los
cargos inferiores de la administración urbana; el personal libre empleado en las casas
de la aristocracia municipal, y, en fin una masa de artesanos y comerciantes. Con los
esclavos, los estratos más bajos de la población los constituían aquellos trabajadores
eventuales que solo de vez en cuando encontraban trabajo. Esto ocurría preferentemente en la construcción, cuya actividad depende de las contingencias atmosféricas.
Las obras públicas se realizaban con mano de obra obtenida a través de prestaciones
forzadas, pero había otras instituciones privadas y particulares que daban empleo a
esta mano de obra eventual en las construcciones que emprendían. La plebs urbana
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estaba configurada por diversos estratos cuya jerarquía social iba desde artesanos y
comerciantes más acomodados hasta esclavos, los trabajadores eventuales y los obreros ínfimos de las industrias estatales. En ciudades con cierta entidad, la población artesanal y comercial comprendía diversos grupos relacionados con las diversas actividades que desempeñaban.
2. EL SECTOR ARTESANAL
Algunos de estos artesanos y comerciantes estaban organizados generalmente
en collegia. Muchos de los artesanos de la ciudad eran trabajadores independientes
que trabajaban en sus pequeños talleres ayudados por sus familias, por aprendices y,
en el caso de que sus posibilidades económicas se lo permitiesen, por algún esclavo.
Apenas conocemos la estructura de la industria en Hispania; más bien conocemos los
objetos producidos por ella, que poco informan sobre la organización industrial. Los
restos arqueológicos de instalaciones industriales nos dan pie para suponer que existieron industrias con importantes concentraciones de trabajadores libres y de esclavos.
Lo más corriente parece haber sido el taller familiar. En general, las industrias más
grandes eran estatales. Se sabe de la existencia durante el Bajo Imperio, de un taller
estatal de tintorería-bafia en las Islas Baleares. Desde la época púnica se conoce la
dedicación de estas islas a las actividades del preparados de la púrpura. Este taller estatal estaba bajo la jurisdicción de un procurator. Naturalmente, su actividad conlleva a
que otros trabajadores proporcionen la materia prima, como los pescadores y recolectores de púrpura. Una ley de Valentiano I se refiere a los trabajadores de las tintorerías
estatales con la expresión ex familia, como indicando que eran o fueron esclavos de la
familia imperial. Es muy escueta la información que tenemos sobre este taller, pero estamos mejor informados sobre otros talleres imperiales. Sabemos que en ellos trabajaban esclavos, trabajadores libres y condenados. El trabajo en estas fábricas estatales
se organizaba en unidades cerradas, que se administraban de una manera especial y
se veían sujetas a unos reglamentos y disciplina muy semejantes a los del ejército, con
penas también muy parecidas. Los talleres de tintorería tenían un tratamiento legal muy
parecido al de los talleres de hilados y tejidos, que era más duro que el de otras instalaciones estatales en lo que respecta al estipendio y a las oportunidades sociales.
Las dificultades de atender a las necesidades económicas del Imperio, sobre todo del ejército y de la burocracia, llevaron al Estado a poner bajo su poder directo la
producción de los objetos manufacturados de primera necesidad, que pasaría a producirse en las fábricas estatales. Otros productos podían dejarse a la libre iniciativa, pero
en un mundo en el que, como resultado de las nuevas relaciones de producción, la
presión fiscal y la vinculación al oficio pesaban inexorablemente sobre artesanos y comerciantes, que se constituían en unidades impositivas que y proporcionadoras de
prestaciones. Estas metas las alcanzaba el Estado a través de los collegia que servían
para controlar el pago del Impuesto. Muchas de estas prestaciones estaban relacionadas con las exigencias del cursus publicos y con las necesidades de las mansiones.
Las autoridades locales regulaban de esta forma la estabilidad de los precios aún con
el enfrentamiento de los propios collegiati sobre todos el de los panaderos que se enfrentaban frecuentemente con las autoridades.
Con el tiempo el control estatal de los collegia se limitó a exigir que el vínculo
que uniese al trabajador con su collegium tuviese un carácter patrimonial. Así la constitución de Valentiniano I imponía al heredero de un trabajador la continuación en el oficio, so pena de perder la herencia. Pero después se pasó a una vinculación de carácter
personal, imponiéndose la heredabilidad forzosa del oficio, para que se siguieran prestando esos servicios tan necesarios al Imperio. Impidiendo así la fuga de estos collegia-
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ti prohibiéndoles el enrolarse en el ejército, marchar al campo para dedicarse a la agricultura o tomar las órdenes religiosas. Las dificultades estatales en la producción y la
necesidad de buscar unos medios para asegurársela, se traducían en un control más
opresivo y coactivo del artesanado.
En las grandes ciudades el número de artesanos y su diversificación profesional
eran muy grandes. Tejedores, hiladores y tintoreros podían confluir en la elaboración
de productos de alta calidad. Los forjadores del bronce, del cobre, de la plata y del oro,
los trabajadores de la piedra en sus distintas posibilidades, los trabajadores de la madera, del cuero, del vidrio, del barro o de la construcción eran en casi todos artesanos
especializados. Algunos de estos artesanos pudieron trabajar para comerciantes. Pero,
no todos tenían la misma consideración social ni la misma situación económica. Por
ejemplo los orfebres y joyeros estaban muy por encima de los tejedores, bataneros,
ceramistas que trabajaban en tenderetes. Prescindiendo de los artesanos selectos que
en muchos casos vendían su mercancía directamente, los artesanos trabajadores vivían en una situación económica muy deteriorada, viviendo de un modo miserable en
habitaciones destartaladas e insalubres y viéndose forzados a vender a sus hijos como
esclavos.
Un lugar preeminente dentro de los grupos profesionales del comercio lo ocupaban los negotiatores, dedicados a la compraventa de artículos de lujo que suministraban a las clases adineradas provinciales y municipales. Algunos de estos comerciantes
eran de origen oriental y guardaban buenas relaciones con sus lugares de procedencia,
de los importaban muchos productos. Las colonias de mercaderes orientales en Hispania contaban con una gran tradición sobre todo en las costas mediterráneas, sin que
faltasen en el interior de la Península. También fueron numerosas las comunidades
judías dedicadas al comercio en ciudades como Tarragona, Tortosa, Elche, Mérida Toledo Zaragoza y otras.
3. LOS FUNCIONARIOS, LOS PROFESORES, LOS MÉDICOS
Durante el principado. la Administración Central y Provincial descansaba sobre
el sector social de esclavos y manumitidos. Las reformas administrativas realizadas por
Diocleciano con su aumento considerable de los servicios, intentaban entre otras cosas
evitar que se configurara en el algunos sectores de la administración un poder excesivamente importante que llegara a apetecer el mando supremo, pero al mismo tiempo,
perseguían metas de eficacia en la administración y el ejército. Estas reformas, que
produjeron un aumento de las provincias y la creación de nuevos cargos intermedios
entre el poder imperial y las provincias, exigían un aumento considerable de las plantillas del funcionariado, y con ello en un momento en que el número de esclavos empezaba a disminuir. Esta masa de funcionarios ocupaban puestos subalternos, para los
que se exigía solo una preparación general basada en la caligrafía, la estenotipia y
unos conocimientos aritméticos fundamentales, podía reclutarse fácilmente entre los
habitantes de la propia península Ibérica, sin necesidad de traer gente de fuera. Por la
Notitia Dignitatum Occidentalis se aprecia como un gobernador de provincia tiene un
centenar de funcionarios. De acuerdo con estos datos, las provincias de Hispania podían tener más de 2.000 personas empleadas en los servios, aunque se trata en este
caso de un cálculo aproximado sin confirmar. Estos puestos subalternos eran apetecidos por las posibilidades promoción que existían dentro del funcionariado, que eran
semejantes a las del ejército.
Como consecuencia de las nuevas relaciones de producción resultantes de la
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crisis del Siglo III, la sociedad romana se fue configurando en algo parecido a un sistema de castas de carácter hereditario, aun en el caso del funcionariado, con la flexibilidad necesaria para cubrir los puestos más elevados o pos puestos nuevos con funcionarios de los escalones inferiores que destacaban por su preparación , conocimientos y
pericia, o por profesionales de la oratoria. El aparato burocrático montado por Diocleciano debía nutrirse, en efecto, de gente preparada en retórica, personas ilustradas,
Intelectuales como Símaco y Ausonio, ven en la formación literaria el camino idóneo
para alcanzar altos cargos en la administración. Hay muchos ejemplos de profesores
de emperadores y de funcionarios importantes que, en el Bajo Imperio fueron promocionados a altos cargos de la administración. Hispania como el resto del Imperio, contaba con un gran plantel de personas dedicadas a las actividades liberales, de distinto
nivel social y situación económica.
Profesores: Tenía profesionales dedicados a las diversas etapas educativas. La
enseñanza primaria o elemental, comprendía de los siete a los once años , con lectura,
escritura y cuentas, era un reflejo de las realidades socioeconómicas y de la costumbre. Las gentes menos acomodadas enviaban a sus hijos e hijas a escuelas colectivas,
regentadas por gentes humildes de preparación un tanto deficiente, porque los reducidos ingresos y la escasa consideración social que se les concedía no era estímulos
suficientes para que las personas de buena preparación se dedicasen a estas tareas: el
Edicto de Diocleciano sobre precios fija el sueldo de un magister en cuarenta denarios
por alumno y mes. Las familias ricas y aristocráticas elegían para sus hijos una educación privada, con personal generalmente esclavo o liberto, convenientemente preparado para ello. El magister ludi era el encargado de impartir esas enseñanzas.
La segunda etapa educativa se encomendaba a un grammaticus. Este grado de
enseñanza tiene también la opción, de acuerdo con la voluntad y disponibilidades
económicas de los padres, de acudir a una escuela pública o seguir una enseñanza en
casa. El grammaticus tenía mayor consideración social y sueldo que el magister ludi de
la escuela primaria, y podía percibir doscientos denarios por alumno y mes. Este tipo
de enseñanza se daba preferentemente en las ciudades, se impartían enseñanzas de
materias como lengua y literatura latina y griega y generalidades de física, astronomía,
geografía e historia. Muchos de estos profesores, algunos de ellos de procedencia
griega, tenían un origen humilde.
A la enseñanza superior tenían acceso pocos alumnos, su finalidad era preparar
a los aspirantes en la técnica y arte oratorias, tan necesarios para la vida pública y para
los puestos administrativos. En esta enseñanza se insistía preferentemente en los posibles oradores, y las personas que la impartían recibían el nombre de rhetores u oratores, disfrutando de una categoría social superior a la de sus colegas de la enseñanza
primaria y media. Esta distinción se aprecia también en el sueldo que según el edicto
sobre los precios de Diocleciano se cifraba en doscientos cincuenta denarios por alumnos y mes.
Durante el Bajo Imperio se generaliza la enseñanza de una materia de carácter
eminentemente práctico, se trata de los notarii, personajes indispensables de la administración en los servicios centrales imperiales y al lado de los altos cargos. Las posibilidades de promoción de este personaje son muy grandes. Literatos, personas privadas
y padres dela Iglesia contaban con estenógrafos que recogían sus trabajos. Un profesor de estenografía percibía según el edicto 75 denarios, es decir, un sueldo superior al
de los profesores de la enseñanza primaria , aunque inferior al que correspondía a un
profesor de técnica arquitectónica.
En una sociedad caracterizada por su férrea y compleja burocracia, los estudios
248
de derecho abrían el camino para el desempeño de actividades lucrativas. La enseñanza del derecho combinaba desde época republicana de un modo conveniente , el saber
teórico y el estudio de los casos prácticos. El prestigio social del abogado era grande, y
elevado su nivel económico. La preparación de una causa tenía una tasa global de 250
denarios.
Otra de las artes liberales mejor remuneradas era la MEDICINA, los que tenían
recursos económicos se trasladaban para su aprendizaje a escuelas prestigiosas, como las de Pérgamo, Esmirna, Alejandría, Marsella, Lyon etc., pero la mayoría tenía que
conformarse con las enseñanzas de los médicos establecidos en las ciudades. A partir
del Siglo III se produce una relativa intervención del Estado en este sector. Alejandro
Severo establece un salario para los médicos; Antonio Pío concede a un determinado
número de médico, según la importancia de su ciudad, inmunidad frente a las contribuciones. En las ciudades grandes había varios tipos de médicos: oculistas, cirujanos,
dentistas, partera y demás. Muchos de estos médicos tenían un origen humilde y algunos procedían de Grecia.
Desde la época de Cesar y Augusto los profesores gozarían de ciertas inmunidades económicas. Tanto Diocleciano como Constantino, Valentiniano y Teodosio II
continuaron concediéndoselas. Constantino otorgó a estos y a otros oficios, cuya reactivación se consideraba necesaria, exenciones semejantes a las de los profesionales
de artes liberales, como médicos, veterinarios, pintores, escultores o arquitectos. Con
Constantino Y en el 337 se eximió a miembros de 37 profesiones y actividades comerciales de todos los servicios municipales públicos, lo que puede ser indicio de una falta
de personal especializado
4. LAS ACTIVIDADES RELACIONADAS CON LOS ESPECTÁCULOS PÚBLI-
COS
A la sociedad hispanorromana le agradaban muchos los espectáculos que tenían lugar en los circos y anfiteatros como los ludi scaenici, sobre todo las exhibiciones
un tanto desenfadadas que tenían lugar en los Ludi Floralia. Hay numerosos testimonios de las representaciones teatrales en Hispania, y los teatros que existen dan prueba de la importancia de estos espectáculos. Además de los ludi scaenici, se daban
también los ludi conocidos como munera, que tenían lugar en los anfiteatros. Se incluían aquí las conocidas venaciones, que podían ser ejercicios de animales fieros domesticados, con alardes de dominio del animal, saltos o quiebros, que ejecutados hábilmente, resultaban incruentos; o bien verdaderas cacerías de fieras en la arena, que
comportaban el sacrifico de una gran cantidad de animales; había también enfrentamientos de fieras entre sí. La caza, el transporte de estas fieras y la matanza en la arena, llevado a cabo por venatores o bestiarii, implicaban la dedicación profesional de
algunas personas a esta actividad.
Pero, el espectáculo que parece haber ejercido mayor atracción sobre el público
es el de los combates de gladiadores u hoplomaquias. En el caso de las lusiones, la
lucha no era mortal, ya que se ejecutaba con armas forradas, pero el tipo más común
era el munus; se trataba de combates singulares, sucesivos o simultáneos, que, salvo
casos excepcionales de perdón, terminaban con la muerte del vencido. Los gladiadores
eran generalmente prisioneros de guerra o esclavos, pero también personas libres que,
mediante la suscripción de un contrato temporal renovable, pasaban a depender totalmente de un empresario libre o del Estado, sujetos a todo lo que obligaba la condición
de gladiador.
La misma pasión que despertaban estos espectáculos celebrados en los anfitea-
249
tros provocaban los espectáculos circenses, que tenían lugar en construcciones diseñadas especialmente para estos juegos, consistentes en carreras de carros. El mantenimiento de los caballos y todo lo requerido para el espectáculo, como aurigas, entrenadores, encargados de refrescar con agua a los caballos y de enfriar el eje de los carros animadores etc., corría a cargo de los componentes de cuatro factiones o cuadras
(blancos, verdes, azules y rojos), con cuyos colores distintivos iban vestidos los aurigas.
Los espectáculos en el Imperio romano respondían a una necesidad psicológica
de liberación y esparcimiento frente al opresivo del sistema burocrático y social. Los
profesionales de estas actividades gozaban de mala fama a nivel social y moral, aunque dieran dinero y popularidad, llegaron a estar hereditariamente ligados a su profesión. Muchos hispanos se sintieron atraídos por estas actividades, sobre las que se
tienen bastantes datos, y que, a pesar de los inconvenientes de riesgo físico y baja
consideración social que comportaban, se veían compensados con popularidad y beneficios económicos. La actitud del cristiano fue claramente hostil a estas gentes, como
se ven un canon del Concilio de Elvira, que exige la renuncia perpetua al oficio de auriga o de cómico a todo aquel que quiera hacerse cristiano.
250
TEMA 26.- LA PLEBE RÚSTICA.
Dentro del amplio muestrario de gentes que componían la clase de los humiliores, se daban diferencias sociales entre las poblaciones del campo y de la ciudad. La
plebe estaba constituida legalmente por los grupos de población situados fuera de la
ciudad, a los que correspondían tareas en los dominios agrarios, y los cuales estaban
sometidos a obligaciones impositivas.
1. TIPIFICACIÓN DE LOS TRABAJADORES AGRÍCOLAS
Tampoco la plebe rural tenía una composición unitaria, sino que incluía diversos
grupos que, a nivel fáctico, se caracterizaban todos ellos por sufrir una calamitosa situación que en cierto sentido difuminaba las diferencias legales y teóricas entre sus
diversos componentes, uniéndolos en su penosa realidad, que les daba coherencia.
La mayor parte de la población plebeya rural dedicaba su actividad a las tareas
agrícolas. Estos trabajadores del campo tenían condiciones diversas. Unos estaban
sujetos a la tierra con un vínculo de dependencia y constituían el componente más numeroso. Pero había también otros que trabajaban y vivían en los grandes latifundios,
los inquilini, con la posibilidad de abandonar el lugar cuando acabara su contrato. Se
daba también la figura del trabajador asalariado que se apalabraba con un propietario
percibiendo por su trabajo un sueldo. El empleo de estos trabajadores era más o menos eventual, pero podían disfrutar de toda una temporada estacional, como en el norte
de África la figura del circumcellio, un jornalero libre que, formando grupos ambulantes,
se ofrecía a los grandes propietarios, sobre todo cuando por imperativo del trabajo estacional aumentaba la necesidad de mano de obra. Pero, con la autarquía que comenzaría a insinuarse en los grandes dominios, había empleados en ellos trabajadores no
dedicados directamente a las actividades agrarias.
2. ASPECTOS JURÍDICOS DEL COLONADO, Y SITUACIÓN SOCIAL DE LOS
COLONOS
La clase baja de la población tardoimperial tiene un panorama complejo: pequeños propietarios agrupados en aldeas, campesinos con casa y pequeñas parcelas que
tenían que arrendar otras tierras para poder vivir y los colonos, trabajadores agrícolas.
El colonado es el tipo más característico de esta época.
El estado romano distribuyó, en todas las épocas, tierras para que fueran trabajadas bajo diversas formas de explotación y tenerlas cultivadas con una alta productividad que le proporcionase ingresos para mantener los inmensos gastos estatales.
En época republicana el colono primero recibía en propiedad un lote de tierra
pública, en los siglos II y III el arriendo era por tiempo limitado, el colono entregaba parte de la cosecha y realizaba ciertas tareas obligatorias y podía marcharse finalizado el
tiempo del arriendo.
Muchas son las circunstancias que pudieron influir en el surgimiento y posterior
desarrollo del colonado, pero la razón fundamental hay que buscarla en las necesidades del Estado, como primer latifundista, y de los grandes propietarios, de disponer de
mano de obra estable que sustituyera a la esclava, la cual resultaba cada vez más insuficiente. El problema era perentorio en época bajoimperial, ya que siendo como era la
tierra la base económica del Imperio romano, sólo una explotación regular de la misma
podía garantizar la pervivencia de la sociedad y el mantenimiento del aparato burocráti-
251
co.
Los textos legislativos bajoimperiales al hablar del colonado describen rasgos
muy diversos, pero el más significativo es la adscripción a la tierra bajo la dependencia
del amo. En el año 332 aparece por 1ª vez una disposición de Constantino de este tipo,
lo que no quiere decir que no se diera anteriormente, convirtiéndose los arrendamientos de tiempo limitado en perpetuos, bien por prórrogas o de forma directa.
Las condiciones jurídico-legales del colonado evolucionaron, según las fuentes
jurídicas, según épocas y regiones, aunque la dependencia se fue imponiendo en todas
las provincias y desconocemos si la disposición de Constantino del 332 se refería a
todo el imperio o sólo a los ilirios. Valentiniano prohibió en el 371 a los colonos e inquilinii abandonar las tierras y en 386 Teodosio señala que los colonos palestinos quedaban adscritos a la tierra.
Por lo tanto, las situaciones jurídicas y las realidades socioeconómicas de los colonos eran muy diversas: el grupo de los adscritos al censo (adscripti censibus) los formaban los colonos censados con su propia tierra, los censados globalmente en la aldea donde estaban las tierras arrendadas, los que tenían tierras y cultivaban otras ajenas en las que quedaban inscritos y los que no tenían tierra propia censados en la del
dueño. La diversidad de la terminología empleada para designarlos implica diversas
categorías de colonos y diversos modos de vinculación a la tierra. Se trata posiblemente de diferencias en la formación del colonado y en sus efectos legales, que no tienen
un reflejo social nítido, causa por la cual nos resulta muy difícil reconstruirlas.
Según esta diversidad, las condiciones socioeconómicas no son similares a los
colonos adscriticii, ordinarii e inquilinii. Los más dependientes eran los adscripticius,
que estaban registrados en el censo de la tierra y el dueño del mismo, no podían tener
tierra propia ni cultivar la de otros.
Los coloni originales estaban vinculados a la tierra por nacimiento y por el censo,
de su propia denominación resalta el grado de dependencia y la hereditabilidad de su
condición. En las grandes propiedades estaban los denominados inquilinii, de condición
similar a la de los colonos, pero no igual. Se piensa que eran bárbaros asentados en
grandes propiedades como jornaleros y artesanos. Valentiniano dispuso que tanto los
inquilinii como los colonos debían regresar a los lugares donde estuvieran censados,
donde nacieron o en los que habían crecido.
Tal es la variedad de situaciones jurídicas y sociales del colonado que investigadores modernos colocan a este grupo dentro de una categoría jurídica peculiar, entre el
hombre libre y el esclavo, basándose en que muchas veces aparecen unidos coloni y
servi, como si fueran dos formas equiparables, aunque nunca tuvieron la misma equiparación jurídica, ni generalizada a todo el imperio. En algunas ocasiones al colono se
le trata con brutalidad; tanto es así, que hubo que dar disposiciones para regular los
derechos y deberes contra algunas prácticas muy superiores a los de los esclavos, y
son muchos los casos de delitos por castigos practicados por los dueños y sus funcionarios que se reflejan por otro lado en las fuentes.
El desarrollo del colonado tiene razones económicas, la presión fiscal del Estado para disponer de ingresos seguros y suficientes fue la causa de su crecimiento, sobre todo a partir del siglo IV, debido a las guerras, destrucciones y reclutamientos, que
originaron un descenso importante de población, por lo que hubo gran necesidad de
mano de obra para las tareas agrícolas. Si se quería garantizar el cultivo de las tierras
para obtener los ingresos estatales se debía adscribir a los colonos a la tierra, establecer su dependencia y hacer el oficio hereditario.
252
El colono es la piedra angular del Estado romano, el sector social que más contribuye no sólo a la vida confortable de la clase dominante sino también sosteniendo las
múltiples cargas burocráticas y, sobre todo, a la alimentación de la mayor parte de la
población urbana.
253
TEMA 27. OTROS ASPECTOS DE LA SOCIEDAD
BAJOIMPERIAL
1. EL PATROCINIO
El patrocinio era una institución antiquísima, que tenía sus raíces en el antiguo
fenómeno social de la clientela y en las relaciones que durante el expansionismo romano se establecieron entre determinadas provincias o ciudades y un personaje influyente. Estas relaciones no significaban en modo alguno una merma del poder político central.
Durante el Bajo Imperio se transforman estos vínculos o surge un nuevo tipo de
relaciones entre latifundistas o autoridades militares -y más tarde eclesiásticas- e individuos o colectividades.
El motivo por el que se acogían al patrocinio parece ser el deseo de librarse de
los recaudadores de impuestos y desligarse de las obligaciones del consortium vici.
No había disposiciones legales que favorecieran este sistema; antes al contrario,
tendían, aunque infructuosamente, a limitarlo.
El auge del patrocinio es un índice del deterioro de la autoridad imperial (segunda mitad del siglo IV) y de la consolidación de la clase de los potentes. Estos protegían
a sus acogidos no con procedimientos legales sino con su influencia ante los autoridades militares y civiles.
El Estado no contaba con los resortes necesarios para defender a las clases
humildes de las zonas rurales. Sus propios funcionarios, movidos por intereses económicos, se aprovechaban de esa debilidad. Lógicamente, los patronos no movían su
influencia ni actuaban con resistencia violenta ante los recaudadores de un modo altruista, sino a cambio de una compensación en natura, en dinero o en cesiones de tierra.
La razón por la que los trabajadores libres y el pequeño propietario buscaban el
patrocinio era por la búsqueda de ventajas. En efecto, la situación de éstos era que no
tenían que pagar al dueño, como hacían los colonos arrendatarios, una tasa de arriendo, pero al ser pequeños propietarios, debían pagar sus impuestos. Era la clase que
sufría más el peso de la presión fiscal y de las tensiones entre el decurionado y los funcionarios del fisco.
Las cargas fiscales, en teoría, debían afectar igual a los grandes propietarios y a
los pequeños, pero los curiales eran impotentes para imponer una distribución equitativa de las mismas. Los poderosos ofrecían una dura resistencia, así que los curiales
presionaban sobre el sector que ofrecía menos resistencia, que era el más humilde.
En estas circunstancias, pocas seguridades les brindaba su trabajo y la posesión
de una pequeña parcela. La alternativa mejor, era pues, acogerse al patrocinio de un
poderoso, que los librara de esta situación a cambio de una aportación en dinero o natura en una primera fase, o de la propia tierra después. Porque en definitiva, era más
ventajoso para el pequeño propietario renunciar a la propiedad de la tierra que pagar
los impuestos. Con la entrega de la tierra al protector, el pequeño propietario se convertía en simple cultivador de tierra ajena.
El patrocinio se realizaba también con aldeas enteras constituidas por trabajadores agrícolas libres que cultivaban la tierra de diversos propietarios, buscando liberarse
de las tasas del decurionado y del arriendo que pedían sus dueños.
254
Se trata, pues el patrocinio, de la resistencia ofrecida por algunos trabajadores
agrícolas libres a convertirse en colonos adscritos a la tierra de sus propietarios; y por
los pequeños propietarios a una excesiva tributación.
La autoridad imperial dictaminó sanciones tendentes a impedir la practica del patrocinium, que del lado del que lo prestaba, resultaba ser a la larga un medio eficaz para concentrar bajo su propiedad más tierras y contar, además, con la fuerza del trabajo
para explotarlas, mientras que al protegido le reportaba ventajas momentáneas, pero lo
condenaba a engrosar a la larga el número de colonos vinculados a la tierra. Ante esta
situación y el descontento, al campesinado solo le quedaba la alternativa del movimiento bagaúdico.
2. LA BAGAUDIA
Las nuevas relaciones de producción que se fueron imponiendo durante el Bajo
Imperio, afectaron a la población campesina de las provincias Occidentales del Imperio,
Galia e Hispania. dando lugar al movimiento social bagaúdico.
Los autores antiguos, Salviano para las Galias, e Idacio para Hispania, exponen
como motivos del movimiento, la injusticia y el sistema fiscal opresivo, aspectos que no
llegan a totalizar todos los factores.
Los años en torno a la mitad del siglo V (441-454), catorce años, registraron una
serie de episodios de violencia atribuidos a los bagaudas, y tuvieron por escenario las
regiones del interior de la provinica Tarraconense, en especial el alto y medio valle del
Ebro.
Esta delimitación territorial (según Idacio) implica la exclusión de otros fenómenos ocurridos en Gallaecia, que han sido relacionados con la agitación social bagaúdica, sin que exista un fundamento satisfactorio. Como son las supervivencias del priscilianismo y manifestaciones de éste en Galicia. Asía la protesta social estuvo aquí unida
al revisionismo religioso con un trasfondo de tensión entre las ciudades (núcleos de
resistencia) y las zonas rurales controladas por los suevos, donde adquirió fuerza el
priscilianismo.
Así como a las depredaciones y saqueos, obra de salteadores, que tuvieron lugar también en Gallaecia, en el "convento" bracarense, en el 456.
No hay razones suficientes para suponer que el movimiento bagaúdico penetró
en Galicia. El deterioro del campesinado dio orígenes en la Galia a tensiones sociales
importantes y a hechos esporádicos de bandidaje, como los subsiguientes a la toma de
Braga, por el ejército visigodo, pero que no son considerados por Idacio como derivados de la actuación bagáudica sino como obra de latrocinantes.
Aunque las causas de uno y otro fenómeno hayan sido las mismas, pudieron actuar sobre componentes humanos diferentes, dando lugar a reacciones de tipo espontáneo y aislado -bandolerismo- o bien una reacción organizada que constituye todo
un movimiento de marginación y oposición a la sociedad -el bagaudismo- resultante de
una gran homogeneidad.
Bagaudia Tarraconense.- La agitación bagaudica aparece, por tanto circunscrita
a la provincia Tarraconense, en un período de catorce años (441-454). En este tiempo
Idacio reseña cinco episodios:
*
*
En el 441, el duque romano Asturico ocasiona la mantanza de bagaudas.
En el 443, Merobaudes quebranta por la fuerza la insolencia de los bagaudas de
255
Araceli.
* En el 449, Basilio, al mando de una partida de bagaudas, mata al obispo de Tarazona. Después se une con su banda a Rekhiario y juntos devastaron la comarca de
Zaragoza y se apoderaron de Lérida.
* En el 454, el príncipe Federico hizo una matanza de bagaudas actuando ex autoritate romana.
¿Cuál sería la razón de que las actividades bagaudicas se sitúen todas en Tarragona? Se hace hincapié en la existencia de grandes latifundios en esta región, como
acreditan las importantes villas romanas de Tudera, Huesca, etc., que han sido excavadas.
El régimen de gran propiedad predominante en la zona sería así el principal causante de las revueltas. Pero esta explicación parece poco convincente. Existen también
latifundios en la Bética, Cartaginense o Lusitania, y pese a ello, ninguna huella de actividad bagaúdica se descubre en esas provincias. También lujosas villas se descubren
en la área mediterránea de la Tarraconense sin que se diera allí movimientos rústicos
rebeldes.
Estos hechos parecen sugerir la presencia de un específico factor regional en la
agitación bagaudica hispana. Se reconsidera la hipótesis de Sánchez-Albornoz de que
las bandas de bagaudas, que infestaban una parte de la Tarraconense, estuvieran integradas por vascones.
Razones que explican esta opinión son:
*
*
La bagaudia vascona.- De los cinco episodios, tres arrojan algo de luz.
La victoria de Merobaudes en Araceli fue sobre territorio vascón.
Basilio y su asalto a Tarazona (situada junto a la frontera meridional de los vascones, donde asesinaron a los mercenarios "federados", mercenarios bárbaros al servicio del imperio, acreditan la importancia estratégica y de su obispo León).
Después se une al suevo Requiario y devastan Zaragoza y toman por sorpresa
Lérida, e hicieron gran número de cautivos.
El elemento vasco mal romanizado es el que ofrece mayor resistencia. Las fuentes dejan traslucir muy poco las motivaciones ideológicas de este movimiento. Sus objetivos por lo que se desprende de los hechos, son una lucha consecuente contra la
aristocracia latifundista y una resistencia a la presión fiscal. El ataque a la iglesia que
puede suponer el asesinato del obispo de León de Tarazona sería consecuencia más
que del paganismo vascón de la condición de latifundista que tenía el clero.
Es decir, que estas violencias no se atribuyen a los campesinos de las regiones
del Ebro. Las realizaron unas bandas procedentes de otras tierras, en el curso de una
expedición o correría.
Se puede concluir, deduciendo que el movimiento bagaudico que aflora en la Tarraconense a mediados del siglo V no puede considerarse con independencia del problema vascón. Y no fue este un factor circunstancial que se manifestó durante un breve
período de tiempo, sino un problema crónico que durante siglos constituyó una permanente amenaza para las tierras del Alto y medio valle del Ebro.
256
3. LA DISMINUCIÓN DEL NÚMERO DE ESCLAVOS
Durante la República y parte del Imperio, la actividad económica se basaba preferentemente en la mano de obra esclava. Sin embargo, las profundas transformaciones que sufrió después la posesión de la tierra llevaron parejos cambios en el empleo,
disponibilidad y circulación de la mano de obra.
Ya durante el Alto Imperio se registra en la Península un descenso cuantitativo
de la esclavitud, como ocurre, en general, en el resto del Imperio.
Hubo una restricción en algunas fuentes suministradoras de esclavos, como la
guerra y el pillaje. Ya no se conseguían cantidades ingentes de prisioneros, además las
decisiones que se tomaban acera de los enemigos capturados se adecuaban a las
nuevas realidades socioeconómicas, Ahora se entregaban como colonos a los propietarios de tierra.
Tampoco se aprecia en el Bajo Imperio la posibilidad de que la planificación de
los nacimientos de condición servil pudiesen paliar este descenso de la esclavitud.
Alföldi manifiesta que son pocos los esclavos que alcanzan la edad de los 30
años, y, en cambio, son muchos los manumitidos. Ello indica que la gran mayoría eran
manumitidos antes de llegar a esa edad, lo cual reduce la natalidad esclava.
4. LA SITUACIÓN JURÍDICA Y SOCIAL DE LOS ESCLAVOS
El descenso de esclavos debía provocar un alza de su cotización. Pero la elevación del precio no fue proporcional a la reducción de la mano de obra esclava. Quizá la
razón fue, que se buscó otra mano de obra, el colonado o el arriendo a corto o largo
plazo.
Así la mano de obra esclava había dejado de ser la fuerza fundamental de trabajo. La nueva orientación económica y la disminución del número de esclavos son factores que están, pues, interrelacionados.
En este contexto económico es donde hay que situar la decadencia de la esclavitud, incluida la influencia que pudiera ejercer las doctrinas estoicas y cristianas.
La propagación de las ideas estoicas con sus postulados de que solo el cuerpo
del esclavo pertenece al dueño y no el espíritu. Así como la de que todos los seres
humanos descienden de Zeus, y por tanto, esclavos y dueños son iguales; no ayudaron
a los dueños a desprenderse de los esclavos. Es más , si éstos forzaban su libertad les
aplicaban leyes para quitársela, incluso los seguidores de estas doctrinas como lo fue
Marco Aurelio.
Las disposiciones legales de Constantino (317) tendieron a reducir los esclavos
fugitivos. Si uno lo acogía debería entregarlo, o bien con otro o 20 solidi. Así se evitaba
la huida de esclavos.
La iglesia cristiana se movía en dos vertientes distintas. La vertiente teórica de la
igualdad y semejanza de todos los hombres ante Dios, por lo que se alaba la manumisón, y la realidad de una Iglesia institucionalizada y jerarquizada, que se había introducido en las clases de grandes propietarios con los mismos intereses que éstos. Un
ejemplo es el del papa Gregorio el Grande, que alaba la manumisión, mientras que la
Iglesia era propietaria de grandes cantidades de esclavos en sus dominios de Sicilia.
De todas formas la Iglesia influyó en el aumento de las manumisiones. A los tradiconales motivos y procedimientos de manumisión la iglesia añadió la práctica de la manumiso in eclesia, es decir, la posibilidad de que los cristianos pudieran liberar a sus esclavos en la Iglesia.
257
Este posible aumento de las manumisiones no es un hecho que haya llegado a
ser determinante en el descenso de la esclavitud.
El cristianismo influyó más en el trato dado al esclavo, que alcanzó rasgos más
humanitarios, en oposición a las disposiciones legales vigentes. Este es el caso de la
unión entre un esclavo y otro libre que el papa Calixto en el s.III consideró válido, y el
Estado no (considerada como contubernium).
Se daban también barreras en materia de penas. Para un mismo delito eran diferentes las sufridas por un esclavo a la de las personas libres, aunque se suprimió ciertos suplicios como la cruz.
Algunas medidas legales protegían a los esclavos cristianos frente a sus dueños
no cristianos. En el 339 se prohibió a los judíos adquirir esclavos cristianos. Otras disposiciones les permitían refugiarse en las iglesias y castigar a los dueños con la muerte
a aquellos que obliguen a un esclavo cristiano a convertirse a otra creencia.
Otra muestra de suavización en el trato otorgado al esclavo es la que afecta a su
estabilidad sexual y a las relaciones familiares derivadas de ella. Cuando los dominios
imperiales son atribuidos a muchos dueños, una disposición de Constantino, ordena
que en la distribución se tengan presentes los lazos afectivos de los esclavos. Teniendo posibilidad de contar con un peculium de su propiedad, aunque no podía alienarlo
sin el permiso del dueño. Lo adquirido pertenecía al dueño.
Se fue afianzando también en el Bajo Imperio un tipo de arrendamientos de tierras por esclavos que se asemejaba mucho a los arrendamientos por colonos. Esta
nueva realidad económico-social de los esclavos arrendatarios necesitaba de una designación; "servi quasi coloni".
Eran esclavos arrendatarios por un período determinado y el dueño continuaba
teniendo la posibilidad material de venderlos. A partir de Constantino (327) se limitó la
posibilidad de venderlos por separado de sus tierras. Con Valentiniano I no puede venderlo sin desprenderse de la tierra a la que está unido.
Pese a haber experimentado estas mejoras, su situación se continuó considerando como muy onerosa, por lo cual continuaban salir de ella mediante al huida. En
Hispania fueron frecuentes.
No se sabe la situación de esclavos agrícolas en Hispania, pero si que se sabe
que muchos esclavos fueron utilizados por los propietarios como colonos.
Al asentarse los visigodos en la Península y pactar con la población hispanorromana la división de la tierra en base a la norma de hospitaidad de la tercia, obtuvieron
2/3 de la tierra y 1/3 de los esclavos.
En los concilios hispánicos se aprecia la pervivencia de los esclavos propiedad
de la Iglesia y de los cristianos.
Apenas hay noticias sobre el número de esclavos dedicados a actividades industriales y comerciales pero todavía perduran en el Bajo Imperio. En Baleares, en los talleres de tintorería trabajaban muchos esclavos.
En el concilio de Iberrirs se menciona al número elevado de esclavos domésticos. Lo común era que las familias de clase media contaran con más de un esclavo.
Hasta las familias más pobres contaban con un esclavo. Se ocupaban de la cocina,
limpieza. o de atender las puertas (debían ser eunucos estos últimos).
258
El deterioro económico en que cayeron las clases sociales inferiores era tan
grande que muchos se ven forzados a vender a sus hijos como esclavos. Teodosio
procuró dar libertad a aquellos que fueron vendidos por miseria.
Como a nivel teórico la Iglesia predicaba mayor humanismo algunos padres se
desprendían de los hijos a la puertas de las iglesias. Ello permitía al que los recogiese
considerarlos como libres o esclavos.
En esta época hay una mejora en las condiciones jurídicas y sociales de los esclavos y los malos tratos están prohibidos.
259
TEMA 28. LOS CAMBIOS CULTURALES EN EL BAJO
IMPERIO.
1. ASPECTOS GENERALES
El Bajo Imperio se diferencia de la etapa altoimperial no sólo en lo económico y
social, sino también en lo cultural. La transformación socioeconómica, con la distorsión
de la estructura social a que da lugar, produce una revolución espiritual en todos los
órdenes. Pero esta "revolución" no se produce abruptamente sino que hay una larga
etapa de revisión, en la que perviven los valores anteriores, experimentando ciertas
revitalizaciones, generalmente breves; juntamente con un desarrollo de aquellos aspectos y contenidos que habían ocupado los niveles más bajos de la anterior escala de
valores.
El concepto de cultura de élite lo sustituye el de cultura popular, rechazando los
contenidos aportados por Roma, y realzando todo lo indígena o local. Desde esta perspectiva, algunos autores han definido el proceso como una culturalización nueva basada en dos aspectos fundamentales: democratización de la cultura y descolonización
cultural.
En el terreno religioso, pierde fuerza la religión tradicional romana, que habría
que llamar mejor grecorromana, frente a todas aquellas creencias que habían sido perseguidas o minimizadas, y por los cultos locales.
Tal proceso (transformación cultural) que se desarrolla en el Bajo Imperio y que,
en cierto sentido, es paralelo a la transformación de la estructura económica y social,
en todo el Imperio, lo es también en Hispania. En esta transformación cultural en Hispania hay dos elementos a tener en cuenta:
"Descolonización" de algunos elementos culturales en la Península, progresiva
en unos casos y discontinua en otros.
Nuevas concepciones ideológicas que elaboran autores hispanos como Prudencio, Osorio o Hidacio, en un contexto cristiano frente a un mundo pagano en decadencia.
De todas formas hay que tener presente que la descolonización de elementos
romanos no asimilados o asimilados a medias y, que indudablemente conlleva la liberalización y desarrollo de los elementos culturales indígenas no fue tan fuerte como en
otras partes del Imperio. En Hispania, según la documentación existente, se centra más
en aspectos sociales indígenas de grupos deprimidos en lo económico y un tanto marginales, que en un desarrollo coherente de los elementos culturales indígenas.
2. PERVIVENCIA DE LAS LENGUAS HISPÁNICAS
Se aprecian preferentemente en el norte de Hispania reactivaciones de pervivencias indígenas en el mantenimiento de estructuras sociales y de aspectos religiosos
y artístico, y, en menor proporción, en aspectos lingüísticos. Esta menor proporción de
elementos lingüísticos es debido a la intensa colonización de Hispania en fecha muy
temprana. Ahora bien, la escasa proporción de elementos lingüísticos y su difícil valoración no implica la desaparición de las lenguas indígenas, pues la lengua es el mayor
vehículo transmisor de cultura, y la existencia de elementos culturales indígenas es
debido a la lengua.
260
La península Ibérica contó con numerosas lenguas indoeuropeas y no indoeuropeas, por más que desconozcamos muchas de las mismas. Así, la lengua o lenguas
ibéricas contó con sistemas de escritura propios, como el del Algarve portugués, la escritura meridional, la de la zona ibérica, etc. Pero esta lengua o lenguas y estos sistemas fueron sepultados lentamente por los standard de vida romanos y el uso del latín
para las actividades económicas, especialmente el comercio, y para la promoción social de las gentes hispanas. Y esto mismo es aplicable a las demás lenguas hispanas.
La latinización de la Península como resultado de su romanización ahogó las
manifestaciones culturales que se realizaban a través de estas lenguas. El desarrollo
de la vida urbana, que tanto favoreció roma, como soldados, colonos, comerciantes,
personal de la administración, etc. fueron agentes activos de la latinización de Hispania. Solamente, las poblaciones nativas más pobres, que vivían en zonas relegadas,
donde la romanización no fue tan fuerte son las más reacias a la asimilación cultural
romana.
Se supone que para ésta época, Bajo Imperio, las lenguas hispánicas no pervivían más que en el norte, en algún foco aislado del interior, o en alguna zona relegada.
Pero la transformación económica-social de la época del Bajo Imperio, que conlleva
también una decadencia de las ciudades y un auge del ruralismo, produjo una relajación de la presión de los elementos culturales romanos, sobre todo en las zonas hispanas menos romanizadas, reactivando los elementos culturales indígenas. Pero, junto
con esta transformación económico-social del Imperio, se ha producido su cristianización, el cual influirá en las relaciones culturales indígenas.
Mientras el cristianismo fue minoritario, las prácticas tradicionales indígenas gozaron de gran tolerancia en el contexto religioso politeísta romano. Pero con el monoteísmo cristiano, las prácticas indígenas tenían muy difícil aceptación y asimilación. Y si
la mayoría de las practicas tradicionales indígenas se transmiten por la lengua, se supone que el cristianismo no fomentaría dichas lenguas. Este es el punto de vista de
aquellos historiadores que consideran que las creencias tradicionales y las lenguas nativas están íntimamente relacionadas.
Con todo, en el Bajo Imperio se dieron pervivencias de lenguas vernáculas,
siendo la más destacada la zona lingüística vasca. Independientemente del vasco, en
la obra de similitudine carnis peccati, se habla de la enseñanza cristiana en lengua
vernácula (aunque no se especifica la localización geográfica), lo que no contradice la
decisiva importancia que se concede al cristianismo como instrumento de latinización.
La problemática actual se centra si en la zona vasca, y sí durante el Bajo Imperio, el cristianismo introduciría término antiguos cristianos latinos en la lengua vasca, o
sí los introdujo posteriormente, a partir de la época goda.
Se han aportado numeroso estudios sobre este aspecto basado en escritos de
Prudencio, Terturliano, etc. Sin que se haya esclarecido todavía, se intuye por los testimonios godos y francos que los vascones seguían aferrados a sus formas culturales
propias.
3. PERVIVENCIA DE LA ESTRUCTURA SOCIAL INDÍGENA
Durante la época bajoimperial se da la pervivencia de la estructura social indígena. Se cuenta con una serie de inscripciones latinas tales como las del Pico de Dobra
(339), y las estelas vadinienses de los siglos III, IV y V. Pese a que estén escritas en
latín, lo cual implican cierto grado de romanización, el mantenimiento de las estructuras
indígenas suponen un rechazo de las formas socioeconómicas romanas.
261
Los vadinienses están organizados en gentilidades. Según se desprende de las
estelas algunas instituciones son de carácter matriarcal. Además, parece que el pueblo
de los vadinienses estaba en expansión consecuencia del nomadismo de sus tribus y
clanes. La gran cantidad de gentilidades parece demostrarlo. Por otra parte, esta expansión se sitúa en el siglo III, favorecida por las invasiones de los francos y alemanes
y por la crisis imperial del mismo siglo. Aunque con la reforma de Diocleciano y la tetrarquía habría un mayor control.
De todas formas los datos son escasos y no esta claro que las manifestaciones
sociales y culturales indígenas se deban a meras pervivencias o a una reactivación real
de dichas estructuras durante el Bajo Imperio.
En el campo religioso pasa algo similar. La temprana romanización de la Bética y
de la zona de Levante, y posteriormente la cristianización contribuyeron a la desaparición de las divinidades indígenas. Por el contrario, en el norte y en la zona noroeste,
perviven durante el Bajo Imperio las divinidades y creencias indígenas, aunque se nota
un cierto descenso durante el siglo III d.C., este descenso se explica más por el descenso de las disponibilidades materiales con las que se exterioriza estas creencias que
por una presión directa romana frente a los cultos indígenas en un siglo caótico.
Las religiones y divinidades indígenas habían llegado a una convivencia y asimilación con las romanas, debido al politeísmo de la religión romana. Esta situación cambiará con el cristianismo a partir del edicto de Tesalónica del emperador Teodosio, en
el cual la religión cristiana es la religión del imperio. El poder civil defenderá que la religión cristiana es la única valida. Aun así, en Hispania, como en otros lugares del Imperio, se sigue venerando a divinidades indígenas.
4. RELACIONES RELIGIOSAS INTERCOMUNITARIAS
La religión romana, debido a su carácter politeísta, iba aglutinando a lo largo de
su historia diversas concepciones religiosas, siempre que éstas no ofreciesen grandes
resistencias para dejarse absorber, salvo dos excepciones: el monoteísmo judío y el
monoteísmo cristiano, que ofrecen una tenaz resistencia a su inclusión en el politeísmo
romano.
Durante el Bajo Imperio, tanto las comunidades judías como las cristianas se
afianzaron y consolidaron en Hispania. El marco cultural religioso en Hispania era complejo. A estas comunidades, se añade la reactivación de las culturas de los pueblos
indígenas hispánicos y, la aún activa cultura y religión romana. La interacción fue frecuente, de tal manera que los cristianos hispánicos tomaron muchas aportaciones culturales romanas para ponerlas al servicio de sus propias ideas religiosas, mientras que
las comunidades judías fueron poco proclives a la absorción. Por otra parte, el paganismo romano que detentaba el poder no fue proclive a la intolerancia.
Las relaciones intercomunitarias variaron a partir de 313 d.C. cuando Constantino sugirió una política favorable al cristianismo, que se iría convirtiendo lentamente en
la religión dominante.
Las creencias judías no gozaron bajo los emperadores cristianos de una tolerancia tan amplia como la que les dieron los emperadores paganos. Solo hubo tolerancia
respecto a su ritual y culto.
No hay muchos documentos que aporten información sobre las relaciones entre
comunidades religiosas diferentes, sólo el concilio de Elvira aporta algo de información.
La fecha de este concilio sigue siendo discutida, aunque por lo general los especialistas
lo sitúan entre el 303 y 309. Por lo tanto antes del edicto de tolerancia del año 313
262
(Constantino). La jerarquía eclesiástica reunida en Elvira establece unas pautas de
conducta a seguir, en los aspectos de disciplina y creencia, por los miembros de las
comunidades cristianas y, al mismo tiempo, controlar las relaciones entre las comunidades cristianas, judías y paganas.
De dicho concilio destacan los siguientes puntos:
Diversos cánones denuncian la ósmosis que se va produciendo entre el paganismo y los cristianos. Especialmente en los flamines cristianos que durante el catecumenado vuelven a sacrificar, y para los que el desempeño de un cargo municipal tiene
mayor atractivo que la firmeza de su fe.
Otro canon intenta atajar la posible influencia de los esclavos paganos sobre sus
amos cristianos, recomendando a los amos cristianos que si los esclavos están dispuestos a defender su fe evitar a toda costa la intromisión.
Hay que reseñar la importancia de la acción proselitista de los esclavos domésticos paganos en casas cristianas. Lo mismo pasará con el emperador Juliano el Apostata, en cuya política religiosa contraria al cristianismo, advertirá a los amos paganos de
sus esclavos cristianos, y obligará a los sacerdotes paganos a que conviertan a sus
esclavos cristianos y, si no puede los venda so pena de que sean destituidos de su
cargo de sacerdote.
Hay varias disposiciones que están consideradas como antijudías. Una de ellas
prohibe el matrimonio a las jóvenes cristianas con judíos y herejes no con paganos,
aunque les estaba permitido hacerlo con gentiles.
El concilio de Elvira tuvo lugar cuando aún el cristianismo no era la religión del
estado. De igual formas no se había tomado medidas contra el paganismo o el judaísmo. De todas formas si a nivel teórico las medidas de intolerancia parecen más o menos duras, a nivel práctico se mantiene la convivencia entre las distintas comunidades
hispanas con creencias religiosas diferentes. Lo anteriormente dicho lo reafirma la carta
del obispo Severo de Menorca, fechada sobre el siglo V, cuyo contenido refleja la convivencia pacífica y la tolerancia imperante entre las comunidades cristianas y paganas
de la ciudad de Mahón.
263
TEMA 29: ASPECTOS IDEOLÓGICOS DE LA ETAPA
BAJOIMPERIAL
1. TRADICIÓN CULTURAL Y CRISTIANISMO
La religión romana como religión politeísta era capaz de ir aglutinando progresivamente a lo largo de su historia diversas concepciones religiosas, siempre que no
ofreciesen grandes resistencias para dejarse absorber. De hecho, la capacidad de tolerancia frente a otras ideas se da con más facilidad en los sistemas politeístas que en
los monoteístas. Eso no quiere decir que la religión romana no pusiese obstáculos a
ideas politeístas distintas de las romanas, pero lo normal era que las figuras que penetraban o surgían en el mundo romano fueran de fácil asimilación por el politeísmo de
Roma, con dos excepciones: el monoteísmo judío y el monoteísmo cristiano, que ofrecen una tenaz resistencia a su inclusión en el politeísmo cristiano. En el primer caso, la
razón debe ser que los judíos habían tenido a lo largo de su historia un comportamiento
peculiar, exponente de una enraizada conciencia de pueblo, manifestada no solo en su
actuación política sino también en sus vivencias religiosas. El problema de intolerancia
no radicaba en la sociedad romana, que no combatía las ideas religiosas mientras estas no carcomieran los fundamentos sobre los que se cimentaba el Estado, y en este
caso el judaísmo se situaba en un segundo plano.
En cuanto a los cristianos, pronto tuvieron en sus comunidades miembros que
no procedían del grupo étnico judío y, por lo tanto, ya no se daba en ellos la adecuación entre grupo étnico y status legal de religión que tenían los judíos. Roma no se preocupó mucho de esta realidad y solo intervenía cuando lo pedía el orden público, sin
que se pudiese precisar siquiera cuál era el fundamento jurídico sobre el que se emprendía la persecución contra los cristianos, que no contaban como los judíos con un
status de religión lícita.
Durante el Bajo Imperio, tanto las comunidades judías como las cristianas se
afianzaron y consolidaron en Hispania. Verdaderamente el marco cultural religioso de
Hispania era complejo. Además de estas comunidades cristianas y jurídicas, con sus
respectivas manifestaciones, se daba de hecho una reactivación, entre ellos los religiosos de las culturas de los pueblos indígenas hispánicos, y, por otro lado seguía operando con fuerza la cultura y religión romanas. La interacción fue frecuente, de tal manera que los cristianos hispánicos tomaron muchas aportaciones culturales romanas
para ponerlas al servicio de sus propias ideas religiosas, pero, al mismo tiempo había
fuertes comunidades judaicas que eran poco proclives a la absorción. Las relaciones
entre esta pluralidad social, pese a su diversidad y complejidad, no siempre fueron tensionales. El paganismo romano, en cuyas manos estuvo el poder, no prodigó excesivamente sus manifestaciones de intolerancia, desencadenando persecuciones.
En época de Constantino, a partir de 313 d.C., las relaciones cambiaron ya que
surgió una política favorable al cristianismo, que se iría convirtiendo lentamente en religión dominante. A partir de ese momento el cristianismo mejora sus posiciones. Mientras que las creencias judaicas no gozaron bajo los emperadores cristianos de una tolerancia tan amplia como habían gozado con emperadores paganos. Solo hubo una tolerancia relativa a su ritual y a su culto.
No abundan los documentos sobre las relaciones entre comunidades de creencias tan diversas, pero sin duda alguna el Concilio de Elvira constituye uno de esos documentos. Se desconoce la fecha exacta de su celebración pero se supone que pudo
celebrarse entre el 303 y 309, fecha anterior a la del Edicto de Tolerancia de Constanti-
no (313)
Los obispos ven con preocupación la ósmosis que se va produciendo entre el
paganismo y los cristianos. Son diversos los cánones que muestran su preocupación
por aquellos cristianos que bautizados que vuelven a sacrificar a los ídolos, cayendo de
nuevo en la idolatría, y esto ocurre con flamines convertidos durante el catecumenado y
con otros bautizados que vuelven a sacrificar, y para los que el desempeño de un cargo
municipal tiene mayor atractivo que la firmeza de su fe. Otro de los cánones, marca las
directrices de política religiosa que la jerarquía quiere seguir con los esclavos, lo cual,
aunque estos mantuvieron una estrecha vinculación con el factor religioso, ha sido objeto de preocupación a nivel teórico más que práctico para el paganismo y para el cristianismo. Se intenta atajar la influencia que los esclavos paganos que sirven en casa de
amos cristianos puedan ejercer sobre estos. El canon recomienda a los amos cristianos
que no tenga ídolos en su casas, pero que si temen las iras de sus esclavos, se mantengan al margen. A la vista de esta disposición, cabe concluir que la piedad pagana
estaba muy arraigada en algunos lugares de Hispania y era lo suficientemente fuerte
como para que hubiese esclavos dispuestos a defenderla y a evitar a toda costa intromisiones de sus amos. Esta acción proselitista de los esclavos domésticos paganos en
casas cristianas, que toma en consideración el Concilio de Elvira, más tarde será objeto
de preocupación en la política religiosa de Juliano, quien llama la atención sobre el importante papel de los esclavos cristianos en casas de sacerdotes paganos, cuya firmeza en la fe pagana es requisito indispensable para la reactivación pagana patrocinada
por este emperador, después del auge alcanzado por el cristianos de la mano de los
emperadores cristianos. Y no es que Juliano representa una actitud nueva del mundo
romano, en relación con la esclavitud: dentro de su política religiosa solo le preocupan
los esclavos cristianos, en cuanto que realizan un proselitismo y tienen un poder de
infección a base de una doctrina que desea que no progrese y ante la cual ya no es
recomendable desencadenar una persecución.
Por un lado pide Juliano la destitución de aquellos sacerdotes paganos que permitan que sus esclavos, mujeres y niños prefieran el ateísmo (cristiano) a la religión
romana y, por otro, respecto a los esclavos cristianos en casas de sacerdotes paganos,
el convertirlos y conservarlos o, en caso contrario, echarlos de sus casas y venderlos.
Con todo, la intolerancia de Juliano contrasta con las medidas más suaves que los padres del Concilio hispánico de Elvira han adoptado ante una cuestión semejante.
En el Concilio de Elvira se dan también disposiciones que están consideradas
como antijudías, Una de estas prohibe a las jóvenes cristianas casarse con judíos y
herejes, aunque les estaba permitido hacerlo con gentiles; la prohibición afecta solo a
las hembras y no a los varones que parece que encontraban pareja en su círculo cristiano más fácilmente que las muchachas. Indudablemente, la intención de la jerarquía
hispánica es mantener la integridad de la fe cristiana, pero, en este sentido supone que
esta se ve más amenazada por los herejes y judíos que por los paganos, aunque a
través de otro tipo de cánones hemos visto que los paganos eran considerados también como enemigos potenciales contaminantes. La jerarquía cristiana hispana veía en
el trato de los cristianos con los judíos y paganos y en la participación en sus fiestas un
peligro para sus comunidades cristianas.
El concilio de Elvira tuvo lugar en unos momentos en que todavía el cristianismo
no estaba considerado como la religión oficial del Estado ni contaba con el apoyo del
poder estatal. De la misma manera, no se había pasado a dictar medidas contra el paganismo o cantar el judaísmo. Cabe pensar, además que si bien a nivel teórico las medidas de intolerancia adoptaban un carácter más o menos duro, a nivel práctico se
mantiene la convivencia entre las distintas comunidades hispanas con creencias religiosas diferentes, sin que, por otro lado, dejen de aflorar en algunas ocasiones entre
265
ellas tensiones en algunos lugares concretos. Cualquiera que sea el valor que se quiera dar a la carta del obispo Severo de Menorca, de una fecha que se puede situar quizá
en el siglo V, el hecho es que no deja de reflejarnos una situación anterior que se destaca por la convivencia pacífica y la tolerancia imperante entre las comunidades cristianas y paganas de la ciudad de Mahón, que luego dará paso a la represión
1.1. LA FIGURA DE PRUDENCIO
Aurelio Clemente Prudencio, es el poeta cristiano español más importante, fue
conocido y admirado durante toda la Edad Media. Procedía de una familia noble cesaraugustana o calagurritana y se vio promovido a importantes cargos de la administración civil en la segunda mitad del siglo IV. En cierto momento de su vida abandonó,
según la tradición, la frivolidad y el desenfreno en que había vivido y adoptó los principios de la moralidad cristiana, dedicándose en adelante a componer poesía épica y
lírica de temática cristiana. .La lírica de Prudencio adopta la forma del himnos. Se conocen dos colecciones: El peristéfanon, dedicado a una serie de mártires hispánicos e
itálicos y con contiene muchos datos de valor histórico, y El Catererinón, guía y orientación del cristiano para la distribución de tiempo diario.
Prudencio al igual que Orosio e Hidacio, son los escritores más importantes de
ésta época, los tres proceden de zonas geográficas hispanas donde el paganismo estaba fuertemente arraigado, por más que tales autores, lo mismo que Teodosio, sean
representativos de la clase aristocrática hispanorromana y exponentes, al mismo tiempo, de la cultura refinada romanocristiana que acrisoló sus concepciones con fuertes
dosis de sus propias vivencias, generadas por el contacto con realidades hispanas
concretas. Así Hidacio y Orosio parece que proceden de Callaecia, que junto con Lusitania eran las provincias donde los cultos mistéricos se habían mantenido con mayor
fuerza. Por otra parte, es en esta zona donde el priscilianismo aflora con fuerza, con las
implicaciones religiosas y sociales que este movimiento lleva consigo. Algo parecido
ocurre con Prudencio, que procede de la zona periférica vasca, donde los problemas
de cristianización, de pervivencia del paganismo y de desequilibrios sociales debían de
ser acuciantes, pues no en vano esta zona vasca y el valle del Ebro es el marco geográfico en que se desarrollará posteriormente el movimiento social bagáudico. Los
tres autores, están en sus planteamientos dentro de la línea de los problemas generales del Imperio que Teodosio trató de solucionar, por más que alcancen en ellos un tratamiento especial dentro de la dimensión hispana en la que están inmersos. Además,
en esta zona freática entre el cristianismo y el paganismo incide luego en el hecho de la
invasión bárbara del 409 d. de C. que introduce elementos arrianos.
Así, el desarrollo ideológico de Prudencio, con sus implicaciones religiosas y
políticas, se perfila en gran parte en función de la realidad vecinas de la gentilidad vasca, que se proyecta como contrapunto a su idea de romanidad cristiana de Hispania.
Un elemento importante para la cristianización de la misma lo constituye el culto a los
mártires que derramaron la sangre por sus creencias no olvida, desde luego, a aquellos
que, por las mismas creencias, la derramaron en otros lugares del Imperio, pero el tratamiento que le da es secundario, respecto al que reciben los mártires hispanos. El paganismo de las zonas rurales vascas, aferrado al culto a las piedras, a los árboles y a
las prácticas adivinatorias, era un obstáculo permanente a la consecución de una Hispania cristiana. El desarrollo del culto a los mártires será, pues, el elemento que ablande los obstáculos que se presentan a esa romanidad cristiana que en el pensamiento
de Prudencia, se opone a la barbarie pagana.
266
1.2. LA FIGURA DE OROSIO.
Presbítero lusitano, discípulo de Agustín. Viven las primeras décadas del S. V y
escribe una Historia contra los paganos, inspirada en su maestro. Se trata de una Historia de Roma desde los orígenes hasta el 417 d. de C., aunque solo los últimos años
tienen un interés histórico propiamente dicho, Orosio desarrolló su pensamiento en su
obra ADVERSUS PAGANOS, a instancias de Agustín con quien habría conectado al
llegar a África huyendo de la invasión vándala. El español hizo una obra en la que sobre bases del pensamiento agustiniano expone todo lo acontecido en la Historia Universal, utilizando esquemas paganos sobre la sucesión de los Imperios y utilizando
también crónicas cristianas. Escribe sobre la presión de los bárbaros sobre las fronteras o su presencia dentro de ellas y como consecuencia, los males de toda clase que
se están cebando en Imperio. Como solución a estos problemas dice que consiste en la
cristianización de los Bárbaros, lo que constituye un planteamiento simplista porque
fundamenta la solución de todos los problemas en la adecuación del Imperio al cristianismo. por eso, bajo la perspectiva de la interrelación pecado - castigo, presenta una
evolución histórica optimista, que va de las negras visiones y desgracias de los tempora pagana a la mayor dulzura de la época cristiana. Orosio minimiza los sufrimientos
que acaecieron con la toma de Roma y saca la conclusión de que Dios quiere salvar al
Imperio y de que es la fe cristiana el camino que lleva a su conservación. El saqueo de
Roma es obra de Alarico, que es cristiano, por eso su actuación aunque negativa no
resulta trágica, por lo que especifica que los godos solo estuvieron en Roma tres días y
que respetaron el derecho de asilo. Incluso , en relación con los vándalos que están
asolando Hispania, supone que después de ponerse de acuerdo con Roma trocarían la
lanza por el arado. Desde este punto de vista la gran amenaza para el Imperio que
constituían los bárbaros queda sublimada, al convertirse en instrumento de la empresa
divina de continuidad del Imperio romano en el Imperio cristiano, por lo que no hay que
mirar a los bárbaros como romanos sino como cristianos.
1.3. LA FIGURA DE HIDACIO
La obra de Hidacio es fruto de su experiencia personal y en su calidad e obispo
galaico, manifiesta su gran preocupación por los problemas en que estaba inmersa la
sociedad de su época y sobre los que tenía un gran conocimiento, en especial los problemas políticos y religiosos de Hispania, preferentemente los que guarda relación con
su tierra gallega, que se encontraba muy afectada por las invasiones bárbaras., ya que
desde el momento de la penetración de los bárbaros en el territorio hispano se plantearon problemas de convivencia, aunque también se buscó la paz y la estabilidad en la
zona recabando la intervención del poder imperial ante los suebos. Hidacio participó de
una embajada en solicitud de ayuda del poder imperial contra los suebos. Pese a que
amplios sectores de la población de la provincia de Callaecia continuaban en el paganismo y por lo tanto tenían una actitud hostil contra los cristianos y también contra su
jerarquía, la elección de Hidacio para la embajada ante Ecio y los acuerdos que los
obispos galaicos conseguían en representación de la sociedad galaica ante los suebos
significaba no solo el deterioro de los cargos administrativos provinciales, sino el auge y
preponderancia que la alta jerarquía cristiana ha alcanzado en el terreno religioso y
político. Este auge que llegó a tener la jerarquía eclesiástica en los asuntos terrenales
es algo que iba con la dinámica de los tiempos. Numerosas herejías surgen afectando
de manera especial a Callaecia, tales como el prisciliasmo, el arrianismo y el maniqueísmo, causando más daño que los propios bárbaros.
En medio de un mundo inmerso en tantos problemas, da la sensación de que
Hidacio rezuma en su obra un negro pesimismo, consecuencia del progresivo deterioro
267
de la situación politico-social y religiosa a la que había llevado el cúmulo de tensiones.
2. EL PRISCILIANISMO
Prisciliano había nacido en Galicia, a mediados del Siglo IV, fue educado por
Ägape, mujer noble, y por el retórico Elpidio que le acompañó a lo largo de su vida y le
inició en el gnosticismo. Jerónimo e Idacio dicen que aprendió la magia en las lecturas
de Zoroastro, Mago y Marcos de Menfis. Prisciliano entró en contacto con un pequeño
grupo de laicos atraídos por la perfección. Éstos se dispersaron por Galicia y se propusieron hacerse con la dirección de las diócesis y sustituir a los sacerdotes que fallecían
por simpatizantes suyos. El Prisciliano, estudioso de las Sagradas Escrituras, quería
sacar de ellas aquellos aspectos que encajasen con el ascetismo que practicaba. El
Priscilianismo se trata de una herejía de origen español que nace como una secta vinculada al movimiento gnóstico. Sus miembros se llaman entre si hermanos y profesan
un ascetismo fanático, que incluía la pobreza, la continencia y la abstinencia de carne.
Las fuentes le atribuyen un extraordinario poder de captación, unido a una gran inteligencia y a una elevada formación cultural. por lo que pronto consiguió numerosos
adeptos, entre los que se contaron los obispos Instancio y Salviano, que lo consagraron
como obispo de Ávila. Aunque el movimiento priscilianista se originó en la Lusitania los
principales autores que contribuyeron a su difusión fueron los obispos y presbíteros de
las Iglesias de Astorga y Braga a los que se sumó el clero de las Iglesias galicas. La
fase de incubación del priscilianismo hay que situarla antes del 379 durante el reinado
del Emperador Graciano. Prisciliano predicó su ideal ascético como doctor laico itinerante. El Obispo de Córdoba, Higinio denunció los progresos del movimiento priscilianista al metropolitano de Mérida, que inició sus ataques contra Prisciliano. Aislado de
los Obispos de Lusitania, se vio obligado a utilizar los libros sagrados para defender su
cristianismo y a hacer profesión de fe. El episcopado lusitano que se identificó con
Prisciliano fue excomulgado por Idacio. En Zaragoza se reunió un Concilio para tratar
sobre la secta, que ya tenía seguidores en Aquitania, y el Obispo de Ossonoba se unió
a la causa de Hidacio e Itacio. En la lucha entre Prisciliano y los obispos de Mérida y
Ossonoba estaban planteadas dos concepciones de la Iglesia antagónicas, una ascética y carismática, otra legalista, jerárquica y antiascética. El Concilio, por expresa carta
del Papa Dámaso, no vio herejías en Prisciliano y se limitó a reprobar ciertas prácticas
morales que no encontraba correctas. Posteriormente Magno Máximo ordenó al prefecto de la Galia y al vicario de Hispania que Priciliano y sus compañeros fueran juzgado
en un concilio en Burdeos, que habían sido acusados de maniqueos por el Obispo de
Ossonoba Itacio. Priciliano y sus compañeros fueron condenados, siendo todos venerados en Hispania como mártires.
268
TEMA 30. LA CULTURA MATERIAL.
1. ARQUEOLOGÍA PALEOCRISTIANA
El cristianismo primitivo no creó una estructura arquitectónica peculiar para celebrar sus reuniones. Existían unos precedentes arquitectónicos que utilizó para sus propios fines culturales. Uno de estos precedentes de arquitectura cristiana peninsular lo
constituye la sinagoga.
La sinagoga de Elche, cuyos restos pueden considerarse como correspondientes al siglo IV, prefigura, por su funcionalismo, a la basílica cristiana peninsular. La
planta original, que también ha sido interpretada como la de una basílica comercial romana, sufrió con posterioridad ampliaciones para pasar finalmente a ser utilizada como
iglesia.
Indudablemente las comunidades cristiana hispanas utilizaron como primer lugar
de reunión casas-iglesia, y en este sentido se interpretan las habitaciones con ábside
doble o simple encontradas en villae como la de La de Dehesa de la Cocosa (Badajoz),
la de Fortunatus de Fraga y la de Vila de Frades, entre otras.
El edificio y las ruinas del complejo arquitectónico de Centcelles constituyen uno
de los monumentos arquitectónicos paleocristianos más importantes de la Península. El
conjunto consta de dos salas centrales amplias, comunidades entre sí. Está cubierta
por una cúpula, que es de media esfera. En la base alternan hileras de piedras y de
ladrillos. La sala de la cúpula se encuentra decorada con pinturas y mosaicos que, partiendo de la parte alta del cilindro, alcanzan la cúpula.
De la villa de la Cocosa tenemos también otro tipo de edificios altamente interesantes, algunos de ellos de carácter funerario, que bien pueden ser de una capilla funeraria.
El martyriuym de La Alberca (Murcia) constituye uno de los monumentos cristianos más antiguos de la Península. Este edificio tenía en las proximidades una necrópolis, y parece, además, que formaba parte del complejo urbanístico de una villa. Se trata
de una edificación de planta rectangular, precedida de un vestíbulo, mientras que por el
otro lado se remata por un ábside semicircular adosado al resto del rectángulo por un
muro.
Respecto de las iglesias hispánicas, hay testimonios literarios sobre unas cuantas del siglo IV, como la Iglesia de los Mártires de Zaragoza, la de los Santos Emeterio
y Celedonio y la de Santa Eulalia de Mérida.
Una de las zonas que más testimonios arqueológicos ha dado ha sido la catalana. Cabe destacar entre ellos la existencia en la antigua necrópolis de Ampurias de un
pequeño edificio que puede ser una cella memoriae.
Las excavaciones realizadas en Barcelona han proporcionado restos de una
basílica paleocristiana, que ha dado pie para sugerir la existencia de este templo ya
desde el siglo IV o el V, y cabe suponer que formara parte del conjunto episcopal de
Barcelona.
También en Tarrasa y Tarragona se encuentran estructuras de antiguos templos
o cellas paleocristianas, cuya cronología corresponde a los siglos IV o V.
Correspondiente cronológicamente al siglo VI y testimonio de las posibilidades
económicas que tenían los latifundistas para construir grandes complejos como el de
Torre de la Palma (Portugal), tenemos la basílica de este lugar. Forma un gran conjun-
269
to, que bien puede ser funerario, a poca distancia de la villa. Se trata de un grandísimo
complejo de proporciones alargadas que forma un edificio de tres naves, separadas por
columnas.
En el grupo de basílicas de Baleares es donde mejor se aprecia la tipología y
donde en cierto sentido se puede seguir la evolución histórica. Se trata de edificios que
siguen la estructura basilical, manifestando una influencia siria y africana en sus diversos elementos en su organización, por más que se den ciertas variantes en una y otra.
Este tipo basilical consta de tres naves separadas por pilastras o por columnas. Delante de estas aparecen una especie de vestíbulo o nartex, que era el lugar de los catecúmenos. La nave central acaba en un ábside circular o rectangular flanqueado interiormente por dos espacios, el uno del lado de la Epístola (prothesis) y el otro del lado
del Evangelio (diaconicon), existiendo un muro recto que cierra exteriormente uno y
otro. En ocasiones aparecen también adosados, que son edificios destinados a baptisterios.
Los baptisterios son piezas arquitectónicas muy desarrolladas por el cristianismo. En muchos casos se trataba de elementos integrados en la estructura de la basílica porque se encontraban en una de las dependencias de la misma. No hay reglas fijas
sobre el lugar que debían de ocupar las piscinas bautismales. Pueden encontrarse en
una dependencia y en su parte meridional: tal es el caso del de Son Peretó. En otras
basílicas el baptisterio aparece en la parte de la Epístola, como en Tarragona, o en el
lado del Evangelio, cual ocurre en las piscinas bautismales de Torrelló y Son Bou.
En cuanto a las formas de las piscinas, la más frecuente es la de la cruz, con en
Son Peretó. Otras siguen la forma circular, como en Es Fornás, mientras en otras, como en Son bou, la cava es cuadrilobular. La piscina bautismal de Aljezares es circular,
con dos escaleras de acceso opuestas diametralmente.
2. LOS MOSAICOS
Después de un paréntesis correspondiente a la época de crisis del siglo III, volvemos a tener mosaicos en número considerable, coincidiendo con el fortalecimiento
económico que se registra durante la Tetrarquía. En la provincia Tarraconense destaca
sobre todo lo conservado en la cúpula de Centcelles (Tarragona), perteneciente, quizá,
al mausoleo de un hijo de Constantino y donde se combina el arte del mosaico con el
de la pintura. La decoración se distribuye en frisos que recogen distintos motivos: representaciones de villae y otras construcciones, escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, escenas de caza, alegorías de las estaciones, etc. Destaca por su belleza y perfección el llamado friso de la caza. Estos mosaicos, que se fechan a mediados del siglo
IV, son de fabricación local, aunque entroncados en tradiciones orientales y romanas.
Aparece con frecuencia en los mosaicos hispanos de esta época el tema de Belerofonte montado en el caballo alado Pegaso y dando muerte a la Quimera, como ocurre en uno de Bell-Lloch (Girona).
La leyenda de este personaje, que fue un tema mítico muy explotado por la tradición pagana, alcanzó dentro del cristianismo un simbolismo peculiar. Belerofonte emprende una tarea, una lucha contra el monstruo llamado Quimera, que, aparte de requerir esfuerzo y valor, rebasa las posibilidades de la naturaleza humana, y sólo puede
llevarse a feliz término con la ayuda de los dioses; estos le proporcionan el caballo alado Pegaso, que le permite volar (símbolo perfecto de la experiencia mística que se representa tradicionalmente como un vuelo) por encima del monstruo y atacarlo con sus
flechas desde una posición favorable. La lucha de Belerofonte contra la Quimera representa a todas luces el combate del alma contra las pasiones cuya victoria se concreta
270
en la consecución de la ascensión mística, siguiendo un arquetipo de amplia tradición
en la iconografía posterior. Es frecuente su tratamiento en los pavimentos de mosaicos.
Temas mitológicos presentan también los mosaicos encontrados en Santiesteban del Puerto (Jaén), que recogen al menos tres grandes escenas. Una de ellas ofrece la coronación de Apolo después de su triunfo musical sobre Marsias.
Los temas mitológicos fueron tratados con gran profusión en los mosaicos hispanos. El de Venus y Cupido aparece desarrollado en una de las casas del Anfiteatro
de Mérida, así como el de la Vendimia, que alude al mito y al culto de Baco. Ambos
alcanzaron cierto desarrollo a fines del siglo III y comienzos del IV.
El tema báquico se recoge en muchos mosaicos, entre otros en el de Valdearados (Burgos) y en el conocidísimo emeritense de Anio Ponio, donde se representa a
Baco y Ariadna.
Teniendo presente que la inmensa mayoría de mosaicos aparecen como pavimento de las villae campestres, no debe extrañarnos que el tema de las cuatro estaciones, que tan estrecha referencia guarda con el ciclo vegetativo de la plantas, se encuentre profusamente representado. Una de estas representaciones se encuentra en el
mosaico de las estaciones de Córdoba, que tiene forma rectangular y lleva una guirnalda de hojas que lo recorre.
Varios mosaicos recogen escenas de cacería. De excepcional calidad es un mosaico procedente de la villa de las Tiendas, próxima a Mérida, en el que, enmarcada en
una ancha cenefa de profusa decoración, se encuentra una escena de cacería de jabalí
llena de realismo y con un perfecto acabado de las figuras.
No todos los mosaicos existentes en la Península presentan representaciones
de figuras, sino que la mayoría de ellos desarrolla motivos ornamentales geométricos,
que suelen acompañar por otra parte a los figurativos. Las combinaciones de peltas y
cuadros, hexágonos, scuta, trenzas, cuadros y octógonos abundan como criterio general en los mosaicos españoles del Bajo Imperio.
No resulta extraño que entre la gran cantidad de mosaicos hallados en la Península se encuentren representaciones de escenas de circo y anfiteatro, por cuanto la
sociedad hispanorromana, como el resto de la sociedad romana, era muy aficionada a
los espectáculos (ludi) en su doble vertiente de ludi circenses, que tenían lugar en los
circos y anfiteatros, y de ludi scaenici o representaciones dramáticas realizadas en teatros.
El tema del circo ha sido muy representado en los mosaicos hispanos bajomperiales. El mosaico de Barcelona nos ofrece una escena de circo con representación de
una pista en el momento final de la carrera. El iaculator, en la meta final, vocifera el
nombre del caballo vencedor.
La spina está tratada con una gran profusión de detalles: constituye su parte
central un espacio lleno de agua sobre el que se levanta una serie de estatuas de animales y de atletas, en perfecta armonía temática y estilística con el lugar en que se desarrolla la carrera. Aparece también una persona que va a efectuar la sparsio. Sobre la
grupa de algunos caballos aparece el nombre de sus respectivos propietarios. Los aurigas, que van montados en los carros, llevan túnicas cortas con los colores de sus facciones.
La afición de la alta burguesía por los temas de anfiteatro y circo y la proliferación durante el Bajo Imperio de las villae construidas de nuevo o reconstruidas, como
consecuencia del desplazamiento de la clase elevada de las ciudades hacia el campo,
es la causa de que contemos con varias representaciones d este tipo correspondientes
271
al periodo de referencia. En la torre de Bell-Lloch (Girona) se encontró una serie de
mosaicos, uno de los cuales recoge también un tema circense de carrera de caballos.
3. LOS SARCÓFAGOS
Las invasiones de francos y alemanes y la crisis del siglo III van a tener su influencia en el arte lo mismo que en otros aspectos de la vida. Las manifestaciones
artísticas bajoimperiales se verán afectadas por la decadencia que están padeciendo
las ciudades, entrando a su vez en decadencia algunas de ellas como el retrato. Naturalmente, esta decadencia no fue general y tampoco progresiva en todos los lugares, y
no se puede decir que no se hiciera nada por atajarla. La Tetrarquía supuso una reactivación de los distintos sectores de la vida política, social y económica, y consecuentemente también del arte, lo cual conllevó la construcción de edificios que contaran con
elementos decorativos exponentes del grado de evolución y transformación artística
que se había operado durante el Bajo Imperio. Los historiadores del arte de esta época
consideran que estas nuevas manifestaciones artísticas del Bajo Imperio tenían su procedencia en Oriente.
En el curso del siglo III el arte experimenta una verdadera ruptura con lo anterior,
que no deja de mantener, sin embargo, cierta vigencia en la temática y en algunos aspectos formales. Pero la angustia moral, el dolor, la inseguridad política, la inquietud, la
zozobra que se ha enseñoreado del Imperio a partir de la crisis del siglo III se dejan
traslucir plásticamente.
El arte del relieve manifiesta con claridad el cambio de mentalidad operado en
las clases superiores. La práctica de la inhumación del cadáver, que era muy frecuente
en la parte oriental del Imperio, se fue generalizando también a la parte occidental,
quizá debido a la popularización de la creencia en la vida del hombre más allá de la
muerte, que fueron extendiendo entre las gentes las religiones mistéricas y que fue difundida también por el cristianismo.
Los sectores más elevados de la población generalizaron la costumbre de colocar el cuerpo del difunto en un sarcófago adornado con relieves. Entre los motivos iconográficos que se utilizaban en estos relieves se encuentran las escenas de la vida diaria, pero sobre todo las escenas mitológicas, preferentemente del ciclo dionisiaco, por
la vinculación que tenían con el tema funerario. También hay temas como el del filósofo, en el que este aparece sentado flanqueado por dos mujeres que parecen musas,
mientras tres hombres, también filósofos, se encuentran un poco más alejados. El tono
de pensamiento y de concentración que preside este tipo de escenas, el clima espiritual
en que están inmersas todas ellas, ese mundo que ahora se abre al difunto, encierran
todo el simbolismo funerario que se quería transmitir al espectador.
Los cristianos tomaron inicialmente de los judíos la prohibición de las representaciones figuradas; pero, más tarde, con el desarrollo y consolidación de la liturgia, y
con el culto a los santos y a los mártires, se fue desarrollando un arte cristiano. También ellos depositaron a sus muertos en sarcófagos adornados de relieves, y, pese a
que los cristianos escogerán temas propios, no faltan elementos decorativos tomados
de la tradición artística. Racimos de uva, ramas de olivo, flores o guirnaldas serán temas decorativos comunes a los sarcófagos cristianos.
Además de estos temas de raigambre pagana, el cristianismo desarrolla una
amplia gama de temas que le son propios y que tienen una clara tradición bíblica. En
los sarcófagos cristianos se representan escenas del Antiguo y del Nuevos Testamento
tales como el Bautismo de Jesús, la Resurrección de Lázaro, o la adoración de los magos, y, posteriormente, se va ampliando la temática con gran variedad de motivos, co-
272
mo los milagros operados por Jesús, los misterios de la fe, la salvación, la otra vida,
etc. Entre los temas del Antiguo Testamento predominan algunos motivos como los de
Adán y Eva, el Arca de Noé, Daniel en la cueva de los leones, los jóvenes en el horno,
la fuente e Moisés, el sacrificio de Abraham y otros varios.
La Península Ibérica ha proporcionado, con anterioridad incluso a la época que
estudiamos, varios sarcófagos, algunos de los cuales tienen una procedencia oriental,
como puede ser el encontrado en Tarragona, que representa una batalla entre griegos
y que, por lo que se refiere al modelado anatómico, corresponde a la más pura tradición griega; lo mismo cabe decir del sarcófago de Hipólito encontrado en la desembocadura del Tajo, que procede de mediados del siglo III, representa el tradicional tema
de la vendimia.
Los sarcófagos de importación romana encontrados en Hispania son más numerosos y presentan una mayor variedad temática. Se encuentran escenas pastoriles,
como en el sarcófago de Covarruvias. En Córdoba se halla otro sarcófago con el tema
de las puertas de Hades y del difunto con su compañera. De estos sarcófagos paganos
importados de Roma tenemos más de una treintena, concentrados en su mayoría en la
provincia de la Tarraconense, preferentemente en las zonas costeras. La mayor parte
de los sarcófagos importados se localizan en las zonas próximas a las costas peninsulares y las que se encuentran en el interior se sitúan en zonas no muy alejadas de las
cuencas fluviales del Guadalquivir y del Ebro, lo que puede ser indicio de que en su
transporte hacia el interior se utilizó la vía fluvial.
Cuando, liberados de sus prejuicios iniciales, los cristianos emprenden el camino
de las representaciones figurativas, algunas manifestaciones artísticas experimentaron
una reactivación, como ocurre por ejemplo con los sarcófagos y los mosaicos. La aparición de una iconografía y de una cristianización de las manifestaciones artísticas es
consecuencia de la consolidación de las manifestaciones artísticas es consecuencia de
la consolidación y afirmación de un Imperio cristiano. Es precisamente a través de los
sarcófagos con lo que las clases elevadas de Hispania manifiestan y expresan de forma más elocuente su participación en la nueva creencia. La diversidad geográfica de
los lugares peninsulares en los que se han encontrado estos sarcófagos manifiesta el
grado de cristianización que se ha conseguido en la Península Ibérica y la prosperidad
económica alcanzada por los diversos sectores de la población.
En la primera parte del siglo IV, y más concretamente en la época de Constantino, es cuando las relaciones comerciales peninsulares con Roma, en lo que se refiere
a las importaciones de sarcófagos paleocristianos, parece que han sido más intensas.
Estas importaciones comenzaron a disminuir en la segunda mitad del siglo IV y apenas
existen ya en el siglo V.
Una de las comunidades cristianas con alto poder adquisitivo que nos ha legado
numerosos sarcófagos procedentes de Roma, y correspondiente al siglo IV, es la de
Girona. Entre estos cabe destacar los dos estrigilados, considerados como los más antiguos hispanos de este tipo. El primero de ellos se conoce como el “sarcófago de los
dos pastores y el orante”, el otro de este grupo es el sarcófago “con orantes en el centro”. Otro con “la historia de Susana” cabe situarlo igualmente en la época tetrárquica.
De los sarcófagos constantinianos pertenecientes a una primera época cabe
mencionar los dos de friso continuado pertenecientes al grupo de San Félix de Girona.
Dentro de los sarcófagos importados de Roma pertenecientes a la segunda mitad del siglo IV, tenemos una serie de ejemplares escasos en número. Esto indica con
toda probabilidad, un descenso de este tipo de importaciones procedentes de Roma.
Cabe destacar el sarcófago de Betesda en Tarragona, que, entre otras cosas, desarro-
273
lla la de la curación del paralítico. A esta época también puede pertenecer el fragmento
de sarcófago de la catedral de Tarragona; mientras que el del Museo de Valencia desarrolla la Pasión de Cristo, recibe ahora una fluctuación cronológica que va desde los
últimos decenios del siglo IV a los decenios iniciales del V. El sarcófago de Hellín corresponde a la segunda mitad del siglo IV, presenta una evolución o un cambio en el
tema de las preocupaciones religiosas de las gentes.
Las exportaciones de sarcófagos paleocristianos romanos empiezan a disminuir
en la segunda mitad del siglo IV hasta llegar, en el V, al cierre de los talleres, que propiciará el desarrollo de la producción autóctona. Desde el punto de vista estilístico, estos talleres peninsulares no pueden competir con la refinada producción romana, pero
tienen el gran valor de darnos a conocer las corrientes artísticas hispanas y sus tradiciones.
En Tarragona se encontraba uno de estos talleres provinciales, que en la época
anterior había producido ya sarcófagos paganos en piedra del país. En estos sarcófagos tarraconenses palpitan todavía temas y estilos que se aprecian en piezas de otros
lugares del Imperio, se nota, desde el punto de vista iconográfico, una clara evolución;
mientras que los sarcófagos paleocristianos de épocas anteriores se caracterizaban por
un afán de resaltar la sensación dramática de las escenas.
El contar con un sarcófago esculpido era un privilegio de la alta sociedad y, por
eso, la demanda de los mismos, cuando descendió la producción de otros lugares del
Imperio, en especial de Milán y Roma, propició la implantación de un taller provincial en
Tarragona que, como capital de provincia, era lugar de residencia de los altos funcionarios del Imperio y de otras gentes de elevado rango social. Este hecho se constata en
sarcófagos como el de Leocadio, que lleva incorporados epitafios. Se trata en este caso de un primicerius domesticorum, es decir, una persona perteneciente al alto funcionariado.
El descenso de las importaciones de sarcófagos no solo permitió el lanzamiento
del taller de Tarragona sino también de otros lugares. No resulta extraño que en las
proximidades del valle del Duero (hacia donde se ha trasladado el centro económico
peninsular), en una ruta de comunicación tan importante como era la que unía las Galias por Pamplona hacia Astorga e inmerso en todo ese complejo defensivo constituido
por la línea del Duero, se encontrase en la zona de la Bureba en taller local de fabricación de sarcófagos. Los artistas que trabajaron en este taller no están desvinculados de
la tradición artística de la zona, que ya había proporcionado manifestaciones artísticas
tan importantes como las estelas funerarias de Lara y Salas de los Infantes, y que da a
este taller de la Bureba un sabor personal manifiesto en la tendencia a la estilización, a
la ornamentación con palmeras, viñas, guirnaldas, que es más propia de la zona grecooriental.
El sarcófago de Briviesca es una pieza singular en cuanto que nos ofrece la representación plástica de un episodio de la pasión de las antas africanas Perpetua y
Felicitas, que no pertenecían al santoral hispano. Esto no debe extrañar si se tienen en
cuenta las influencias del cristianismo africano en la introducción y desarrollo del cristianismo hispano.
4. LAS ESTELAS
Se trata de representaciones de pequeños monumentos ecomorfos de planta
rectangular y cubierta a dos vertientes. En la fachada presentan una o varias puertas
semicirculares, rectangulares y triangulares, dando lugar a una composición muy variada. Estas “estelas-casa” fueron consideradas en un principio como obras de tradición
274
céltica en sus aspectos temáticos y estilísticos. Esta tesis se veía reforzada por la presencia de la decoración astral, identificada como característica del ambiente cultural
celta. Sin embargo, otros autores que han estudiado tipos semejantes en las Galias
piensan que no constituyen una pervivencia cultural céltica, es decir, no se pueden
conceptuar como un elementos de aportación totalmente celta. Desee el punto de vista
arquitectónico, las “estelas-casa” tienen orígenes clásicos en las formas de templo votivo o funerario, orígenes que ha contribuido sin duda a la configuración tipo de estas
estelas. En ellos se han acrisolado las influencias clásicas indígenas, según muestran
los motivos diversos con que se adorna la parte anterior. Muchos de estos están sugiriendo un rico contenido simbólico, alimentado en una escatología astral y relacionado
con temas que guardan una relación estrecha con lo funerario. En este sentido habría
que interpretar la representación de algunos animales como la liebre y los pájaros. La
liebre es un animal que aparece en otros ambientes culturales unida al tema funerario.
Los pájaros alcanzan una significación funeraria al simbolizar el alma del difunto. Algo
parecido cabe decir de los adornos de tipo vegetal, como las hojas de hiedra y los pinos, que tienen un simbolismo funerario de carácter escatológico. Por otra parte se representa el Sol bajo la forma de rosa geométrica o de espiral con abundancia de radios. También la luna en forma creciente se encuentra profusamente desarrollada en
estos monumentos.
Merecen mención especial, por la cantidad de elementos indígenas que parecen
recoger, aquellas estelas que contienen representaciones de animales y de personas
integradas en escenas de índole diverso. Algunas de estas son representaciones de la
vida cotidiana, tales como el transporte de bultos, las faenas de la recolección, del pastoreo y del hilado. Otras inciden en el tema del banquete funerario. Muchos de los elementos de la composición, como la jarra, las mesas y las sillas, tienen una raigambre
romana que permite incluso apreciar su evolución cronológica. Se dan con frecuencia
también escenas de combate y de jinetes armados, y en una de ellas, los cadáveres
están siendo devorados por los buitres. De la misma forma abundan las estelas de cacerías con representaciones de jabalíes y ciervos acosados por jinetes y sus ayudantes.
5. CUCHILLOS, ADORNOS DE ARNÉS Y PASARRIENDAS
El deterioro de la autoridad imperial y la intensificación de los ataques bárbaros
contra las provincias romanas durante el Bajo Imperio provocaron un clima de inseguridad que acabó por generalizarse a todo el Imperio. La consolidación en sus latifundios
de la clase elevada conllevó también la creación de dispositivos privados de seguridad
que reforzaban los estatales. En otros temas se habla de la posible existencia de un
limes en el norte de Hispania, con el que puede guardar relación la cantidad de armas
de las necrópolis encontradas en la línea del valle del Duero. No se tienen datos fehacientes que prueben la existencia de talleres de armas (que por otra parte constituían
un monopolio estatal), aunque dada la abundancia de ellas en la Península y su tipología, cabe considerar tal posibilidad.
Se trata de cuchillos aparecidos en diversos lugares y en las necrópolis de Simancas, Villa del Prado, Mucientes, Aldea de San Esteban, entre otros.
Hay cuchillos que en su hoja, por la parte del filo, presentan una curva no muy
pronunciada, mientras que otros presentan escotadura. También respecto a los mangos, los cuchillos presentan diferencias. En unos la hoja se prolonga mediante una espiga para insertarla en un mango de bronce, y en otros llevan cachas de madera.
Antecedentes de cuchillos cortos, al menos iconográficamente, tenemos en la
275
Península en las estelas extremeñas de la Edad del Bronce y que tienen un lado afilado
y presentan, al mismo tiempo, cierta curvatura. También se generaliza en España en
época prerromana un tipo de cuchillo afalcatado que es frecuente en la Meseta, sin que
haya grandes obstáculos para suponer que estos cuchillos hubieran penetrado en la
Península en época anterior.
Los cuchillos son de hoja de hierro y el espigón del mango y de la hoja forman
una sola pieza. El mango está a veces decorado con motivos diversos; la funda suele
ser de cuero o de madera, materiales que se conservan mal a través del tiempo, y la
decoración se logra a base añadidos de cobre o bronce.
Las placas de estas vainas están decoradas, las más ricas son nielados de
bronce o plata. Estas placas de bronce caladas llevan temas típicamente hispanorromanos. Se trata de una ornamentación que se estructura en torno a un elemento circular central en la parte más ancha de la vaina, mientras que sus partes superior e inferior
llevan motivos geométricos.
Dentro de esta ornamentación geométrica se encuentra la vaina adornada de
cuchillo hallada en Aldea de San Pedro. La ornamentación está conseguida con la
técnica del calado y sigue el esquema de un motivo central circular y otro tipo de elementos decorativos.
Estas vainas bajoimperiales adornadas con círculos y la técnica del nielado tienen semejanzas con puñales cortos romanos que aparecen en la zona del Rhin en el
siglo I. Tales paralelos han llevado a los investigadores a suponer que quizá el motivo
ornamental y la tipología de esas armas los llevaron las tropas auxiliares hispanas o la
Legio X Gemina, que fue trasladada de Hispania a dicha zona. Como la presencia de
cohortes hispanas en el limes del Rhin fue muy abundante, no resulta extraño pensar
que esta técnica armamentística hispana se propagase por dicha zona.
En esta necrópolis bajoimperiales y en otros lugares aparecen broches de cinturón altamente interesantes que suelen tener tres piezas.
Algunas de las agujas de estos broches de cinturón tienen formas de animales,
como pájaros con alas desplegadas, delfines, etc. Motivos prerromanos, motivos romanos e influencias foráneas han contribuido a crear el tipo de estos cinturones, que son
muy frecuentes en el siglo IV.
Hay una serie de piezas de adornos de arnés, la mayoría de ellas son ruedas caladas, que acaban en la parte superior en un estribo de forma triangular, rectangular o
trapezoidal. Estas piezas presentan un agujero central que se desplaza hacia la parte
inferior cuando la exigencia de la ornamentación, de temática zoomórfica y vegetal, así
lo requiere. Estas piezas están trabajadas en cobre o bronce. Algunas de ellas han sido
decoradas a troquel o buril, mientras que el resto se ha obtenido fundiendo totalmente
la pieza. Algunas piezas caladas ofrecen el tema del crismón cristiano, representativo
también en este caso de ese sector de la población hispana que había sido captada por
la creencia cristiana.
Otro tipo de ruedas reproducen escenas varias, como la lucha de un hombre con
un león. La escena puede tener un contenido mitológico, simbolizando la lucha del león
de Nemea con Hércules. Otras piezas recogen en su interior figuras de caballos enjaezados, tema frecuente en los pasarriendas.
Los tallares hispanos produjeron en todo el periodo romano, y concretamente
durante el Bajo Imperio, una gran cantidad de piezas de uso cotidiano, como pasarriendas y atalajes de carros que confirman la abundancia de caballos que las fuentes
literarias atribuyen a la Península. Con frecuencia, los pasarriendas revestían un carác-
276
ter decorativo independiente de la misión específica que tenían en el correaje. Se rematan en su parte superior con figuras geométricas zoomórficas o humanas. Su comparación con hallazgos semejantes de otros lugares del Imperio no proporciona los datos necesarios para su ubicación cronológica exacta; con todo, la mayoría de ellos estilísticamente pueden situarse en los siglos III y IV dentro de una producción en serie.
Los poderosos avances en el nivel de vida que durante el Bajo Imperio consiguieron las clases elevadas peninsulares, a las que apenas afectó la inflación que hundió al resto de la población, les permitieron abastecerse de todos estos elementos de la
vida cotidiana. Su afán de confort que se refleja también en las comodidades existentes
en sus residencias, se manifiesta asimismo en estas piezas insignificantes de uso cotidiano. Talleres locales y a veces itinerantes se las proporcionaban en abundancia. La
sencillez en los detalles y la vivacidad en la composición son las características que
alcanzaron estos talleres en la producción de esos objetos de bronce. Las minas de
cobre explotadas en la Península Ibérica desde épocas remotas aportaban la materia
prima adecuada para su producción.
277
TEMA 31. LAS INVASIONES Y EL REINO DE TOLOSA.
1. INTRODUCCIÓN
El problema presentado por las invasiones que se abatieron sobre el Imperio
romano a partir de finales del siglo IV es muy complejo. Su análisis se suele realizar a
dos niveles: uno, el desarrollo militar de las invasiones y, otro, los efectos causados por
las invasiones. (éste es el más significativo).
2. CAUSAS DE LAS INVASIONES
Por una parte hay que tener en cuenta las debilidades del Imperio romano, como
consecuencia del bajo nivel demográfico, mala administración y malestar social principalmente. Debilidades que, sin duda, debieron facilitar las cosas enormemente.
Las invasiones no aparecen súbitamente. En el siglo I a.C. ya se dieron intentos
migratorios de los germanos. La edificación del limes renano y del Danubio los contuvieron durante largo tiempo. De nuevo, a fines del siglo II y en el III se produjo una gran
oleada invasora. Tras un nuevo intervalo, a partir del último tercio del s. IV se produjo el
segundo y definitivo asalto.
¿Cuales eran las causas de estas periódicas invasiones de pueblos germanos?
Se exponen como factores:
*
*
*
*
Climáticos.
Demográficos y sociológicos.
Movimientos de pueblos de las estepas eurasiáticas (hunos.)
Cambios en las agrupaciones sociales del mundo germánico.
Una serie de indicios arqueológicos y literarios, nos muestran que las poblaciones que habitaban la libera Germania sufrieron durante los siglos II y III un proceso
evolutivo de progreso social y económico, explicitado en corrientes tendentes a una
unificación de estructuras sociales y económicas.
Concretándose en la extensión inusitada de un tipo de explotación agrícola
(Haufendörfer), y en el fortalecimiento de una clase dirigente de grandes señores de la
tierra, ligados entre sí por lazos de parentesco y de asistencia mutua. (En este proceso
jugó importancia el contacto con el mundo romano). Así en la época anterior a las
grandes invasiones las instituciones de los pueblos germánicos tenían ya un fuerte
carácter aristocrático. La aristocracia era la que determinaba la suerte de cada agrupación tribal.
Esta aristocracia llegó a concentrar en manos de unos pocos un domino territorial (Hausherrer) sobre el que ejercían una plena soberanía sobre todos los que habitaban y trabajaban en dicha unidad: esclavos y semilibres (lites). De estos Hausherren
dependían clientelas, como las Gefolge, séquito alemán, por la que numerosos hombres libres se unían con un lazo de fidelidad y mutua ayuda a su señor.
Por todo ello no resulta difícil comprender que con las invasiones, uno de los
grandes vencedores fuera la institución monárquica.
Hay que destacar también la organización y estructura de los germanos, que explica el carácter de las invasiones y el mecanismo de formación de grandes unidades
278
populares (nacionales). Contaban para ello como aglutinante a una realeza dinástica
portador del nombre y de las tradiciones. Si ésta resiste la agrupación popular se salvará y servirá para aglutinar a otras constituyendo una gran masa invasora. Ello explica, a su vez, la exigüidad de las patrias o lugares de origen.
3. EL TRASFONDO HISTÓRICO DE LAS INVASIONES
La primera oleada invasora sobre el Imperio se centra en torno a dos hitos: la
batalla de Adrianópolis (378) y el paso del Rhin a finales del 406. Estas agrupaciones
populares intervinieron en un plazo corto en nuestra Península. Así para el análisis de
las causas inmediatas de esta gran invasión recurrimos a la observación de lo que estaba ocurriendo en el trasfondo del mundo germánico de las estepas centroeuropeas y
eurasiáticas.
Tras una larga emigración desde el Báltico, los pueblos góticos se encontraron
hacia el 230 asentados en el N. del Mar Negro, donde influenciados por nómadas iranios (alanos), habían adoptado ciertas tradiciones de éstos, al tiempo que fundaban los
poderosos reinos. Allí, a lo largo del siglo IV sufrieron la influencia de Roma, de donde
les llegó el cristianismo, en su credo arriano, lo que les dio mayor cohesión y personalidad cultural. Pero todo ello se desmoronó cuando el principal de estos reino (el de los
ostrogodos) fue derrotado por unos recién llegados del Asía Central: los hunos.
Tras la derrota y muerte del rey ostrogodo Ermanerico, el pánico se apoderó de
la sociedad goda. Mientras que una porción importante, compuesta esencialmente de
visigodos pidió del gobierno imperial ser acogida en Tracia, otros se asentaron de momento en los Cárpatos y Moldavia bajo el protectorado de los hunos.
Ante el peligro de los godos de Tracia, en continua rebelión por la explotación de
los funcionarios imperiales, el emperador Valente intentó aniquilarlos, pero murió en la
batalla de Adrianópolis (378).
Teodosio el Grande consiguió apaciguarlos, convertidos en foederati del Imperio
y establecerlos en Mesia.
Mas nuevas dificultades obligaron a Alarico a lanzarse al saqueo de la Península
Balcánica. Y en el 401 se dirigió hacia Occidente en busca de botín y provisiones para
su pueblo. En Italia tras enfrentamientos con Estilicón y Honorio en busca de subsidios
se vio obligado al saqueo de Roma en el 410.
Tras los frustrados intentos de Ataulfo por entroncar con la familia imperial, y tras
merodear con su pueblo por la región catalana y Provenza, su segundo sucesor Valia
(415) al no conseguir pasar a África a través del estrecho de Gibraltar, llegó a un
acuerdo con el nuevo dueño del gobierno imperial, el patricio Constancio. En virtud del
nuevo foedus, el rey se comprometía a luchar contra vándalos y alanos que saqueaban
Hispania a cambio de la entrega de subsidios alimenticios y la promesa de tierras donde poder asentarse.
Los acontecimientos que desencadenaron la gran desbandada gótica del 375
debieron, en una u otra medida, forzar la tradicional presión germana sobre el limes del
Rin. Esta línea fronteriza se encontraba, además, muy debilitada a principios del s. V
por las continuas agitaciones internas del Imperio. Todo ello unido permitió su definitiva
ruptura en la Navidad del 406. Tal hecho determinó la inundación de la Galia y, después, de la Península Ibérica a partir del 409, por un vasto y heterogéneo conglomerado de pueblos. Entre los que destacaban los vándalos (con sus dos ramas de asdingos
y silingos), suebos y alanos. De esta forma, a partir del 409, la Península Ibérica se vio
sometida a un profundo saqueo y destrucción.
279
4. LA SITUACIÓN DE HISPANIA EN EL MOMENTO DE PRODUCIRSE LAS
INVASIONES Y SU ACTITUD FRENTE A LAS MISMAS
La situación en ese momento en la mitad superior debía ser bastante crítica.
Hidacio, afirma que el país se encontraba ya muy empobrecido y agitado debido a las
brutales exacciones del fisco (uno de los males endémicos del Bajo Imperio, que se
vería ahora acrecentado por la anarquía de estos primeros años del siglo V y el aumento de las necesidades militares) y, a los desmanes de las tropas imperiales en él estacionadas, con preferencia en la zona galaica y al sur de la cordillera cantábrica y depresión vasca.
En segundo lugar la zona de la Meseta superior se había visto sometida en ese
mismo año 409 a los desmanes cometidos por las tropas de germanos federados venidos con el césar usurpador Constante. La acción devastadora de estos últimos debió
de ser particularmente intensa en la actual Tierra de Campos, zona donde existían villae muy lujosas y ricas, en su mayoría de parientes de Honorio. Es más, Orosio dice
que habían sido estos mismos federados bárbaros (germanos) los que, colocados para
vigilar los pasos occidentales del Pirineo, habían facilitado la entrada de las dispersas
bandas de suebos, vándalos y alanos.
La situación que se produjo en ese momento en la Península debió ser confusa.
La falta de fuerzas militares romanas organizadas, a consecuencia de las usurpaciones
de Constantino y Constante primero, y de Geroncio y Máximo, después, debió facilitar
enormemente los saqueos de estos grupos invasores. No se descarta incluso que pudiesen ser en cierto modo utilizados por alguno de los usurpadores en provecho propio.
Hidacio nos informa de que dos años después de la entrada de los vándalos,
suebos y alanos en la Península, llegaron al acuerdo de forma conjunta, de cesar en
sus correrías y asentarse en ciertas zonas, sorteándolas. A los vándalos asdingios les
correspondió Callaecia interior (de Lugo y Astorga), a los suebos la exterior. La Lusitania y Cartaginense a los alanos, y la Bética a los vándalos silingos.
Cuestión debatida y de importancia para evaluar los efectos de las invasiones,
ha sido la del número de invasores en el 409. Se supone en unas 200.000 personas,
contando mujeres y niños. Lo que da unos 56.000 combatientes. Supuso un total de un
5% de la población de la Península de 5 o 6 millones.
Se asentaron en grupos de mediano tamaño en lugares de importancia estratégica y de riqueza natural. Ocupando fincas abandonadas por sus antiguos propietarios
(miembros de la aristocracia senatorial) que habían huido o perecido en las luchas en
los años de Constante.
Dichos asentamientos se realizaron en zonas próximas a centros urbanos bien
provistos de defensas, en los que podían establecer guarniciones para dominar el territorio circundante y prevenir ataques de la población local o de restos de las tropas del
Imperio.
Como consecuencia de dicho asentamiento, se produjo en la Península una cierta tranquilidad. Se esperaba que convertidos en campesinos asimilarán la mayoría de
hispanorromanos. Así se da la conversión de vándalos en aquel momento al cristianismo en su variante arriana. Pero este periodo de relativa paz terminó con la reacción del
gobierno imperial que decidió restablecer su dominio socioeconómico en la Península.
Tal reacción por parte del gobierno imperial de Occidente se relaciona con el fortalecimiento de Honorio como emperador y la eliminación de los usurpadores galos y el
restablecimiento político y militar del Imperio en la mayor parte de la Galia.
Con el asesinato de Ataúlfo eliminaban el principal obstáculo para llegar de nue-
280
vo a un acuerdo entre el Imperio y los visigodos, para su utilización como foederati. El
nuevo rey Walia y el general romano Constancio firmaron un acuerdo, por el que el
primero irrumpió bajo las águilas imperiales en la Península. Se dirigió contra los grupos bárbaros que habían ocupado las provincias más ricas y romanizadas, por los intereses económicos de los linajes senatoriales en esas zonas y el valor estratégico de
las costas.
En las rápidas campañas de los años 416 y 417 llegaron hasta Gibraltar matando o haciendo prisioneros a los líderes-militares de los silingos y alanos. Así según el
sistema stammesbildung, el resto popular se integraría con los vándalos asdingos.
Con esta intervención, los visigodos iniciaron un largo proceso de colaboración
con el Imperio, en concreto, con la aristocracia del sur de la Galia y de Hispania. Así
tras estas campañas en la Península fue renovado el antiguo foedus entre el gobierno
imperial y los visigodos. Permitiendo su asentamiento en la zona del S.O. galo, en virtud del principio romano de la hospitalitas. Asentándose como plenos propietarios en
una serie de fincas de las que les corresponderían los 2/3 de las tierras de cultivo,
compartiendo el uso de los bosques con los romanos. Así en zonas vecinas a Tolosa
se repartieron latifundios, quedando libres las pequeñas y medianas fincas.
Vemos, pues, como la aristocracia senatorial de esta parte de la Galia accede al
quebranto de su potencial socioeconómico repartiéndolo con los visigodos por la defensa que estos les proporcionaban contra otros grupos bárbaros y de las revueltas
campesinas de tipo bagáudico que amenazaban su privilegiada situación.
Ello también lo favoreció el hecho de que esta aristocracia tardorromana contara
con un patrimonio muy disperso, incluso por diversas provincias del Imperio.
Con los repartos de tierras se benefició la aristocracia visigoda que entró en contacto con las formas de vida de la aristocracia romana. Y con este asentamiento se reconocía por primera vez de forma oficial la existencia de un organismo político autónomo en el interior de sus fronteras. Quedando fundado el reino visigodo de Tolosa que
tendría una importancia y significación decisiva posterior en la Península Ibérica, a partir del 418.
5. EL ASENTAMIENTO DE LOS INVASORES
En la penetración e implantación del poder visigodo de Tolosa en la Península
Ibérica, y la concomitante ruina del aparato administrativo del Imperio, hay que distinguir dos épocas: La primera llegaría hasta poco antes de la anulación del poder imperial en Occidente. Durante el reinado de Eurico (466) y, la segunda hasta la desaparición del reino de Tolosa (507).
La primera etapa se caracteriza por la intervención de los visigodos como tropas
foederati. contra grupos bárbaros que habían penetrado en el 409. Ahora ya reducidos
a dos grandes agrupaciones populares: suebos y vándalos asdingos, y contra los movimientos bagáudicos. Actuaban, pues, como defensores de los intereses de la clase
dirigente hispanorromana.
Con la intervención de Walia se restablece la autoridad imperial, en buena parte
de la Península, y durante cierto tiempo no hay noticias de importancia bélica.
En el 419 se produce un conflicto entre los suebos y los asdingos por la pobreza
de la zona que a los asdingos les había tocado en el 411. Los vándalos asdingos cercaron a una porción de suebos. El extermino de éstos se evitó con la intervención del
ejército imperial. Los vándalos con su rey Gunderico, abandonaron el cerco, tras dar
muerte en Braga a muchos suebos y se retiraron definitivamente al S. peninsular.
281
El gobierno imperial quería impedir una supremacía de la agrupación popular
más numerosa, los asdingos, y favorece al mismo tiempo el conflicto permanente entre
las diversas agrupaciones bárbaras.
En el 412-422 el gobierno imperial manda una expedición comandada por el general Castino contra los vándalos que saqueaban la rica Bética. Pero ante la defección
de los auxiliares visigodos este ejército sufrió una derrota. Esta derrota y los trastornos
del poder imperial en occidente. tras la muerte de Honorio (423), marcarían un paso
más en la ruina de la dominación romana en la Península. Toda la mitad S. de España
sería víctima de las continuas depredaciones de los vándalos hasta su paso al N. de
África (429). Siendo las áreas rurales las más castigadas. Y en algunos momentos las
ciudades amuralladas de Cartagena, Sevilla, Mérida. La devastación y saqueo a que
sometieron los vándalos a las zonas de la Bética, Cartaginense y Lusitania debió de
influir para el abandono de estas provincias e invadir otras provincias aún intactas. La
oportunidad de penetrar en la rica África romana (el gran granero imperial) por las disensiones y disminución del poder en esa zona, fue aprovechada.
Los años sucesivos vieron en la Península como fuerza bélica de cierta entidad
a los suebos sin que se pusiera a éstos más resistencia que la de los provinciales hispanorromanos. Hasta la década de los 40, el gobierno imperial de Occidente se encontraba con grandes problemas (intentos de extensión del área visigoda en la costa provenzal, rebelión bagáudica en al Armónica, sublevación de los foederati burgundios del
Rin, avance de los vándalos en el N. de África, falta de ayuda de foederati visigoda de
Tolosa).
Así en la década de los 30 los suebos saquean otras provincias fuera de Galacia, más ricas y urbanas. Pero fueron incapaces de establecer un dominio territorial
amplio y estable. Sólo se alcanzó en el S.O. de Callaecia, principalmente en la zona
marítima en torno a Braga y en otros núcleos urbanos importantes. Incluso en esta zona de dominio suebo siempre subsistieron islotes y amplias zonas dominadas por la
aristocracia local hipanorromana. Esta fragilidad del dominio suebo tiene su principal
razón en la relación numérica con respecto a la población indígena. 20.000 suebos
frente a 700.000 hispanorromanos. Representando sólo el 3%. Y también la escabrosidad del terreno facilitaba la defensa local de la población y la descentralización de varios grupos suebos. Descentralización facilitada también por la heterogeneidad étnica
del componente popular suebo.
Hidacio señala las continuas escaramuzas entre suebos e hispanorromanos: relación de saqueos y acuerdos de paz que se rompían con facilidad. La aristocracia local
era la que encabezaba la defensa.
Después los conflictos entre suebos y galaicos residían en el intento de los primeros por extender su dominio por la zona de Orense. La confirmación del status quo
entre la aristocracia galaica y los suebos (obligó a éstos) a extender sus campañas de
pillaje a la Lusitania, Bética y Cartaginense. Asía a principios de los 40, tan sólo la Tarraconense se mantenía bajo el control imperial, con la ayuda de tropas, posiblemente
de foederati visigodos.
Cuando el reino suebo parecía encontrarse en plena extensión y consolidación
tuvo lugar la decisiva inflexión.
En el 439 se lograba en el Imperio la estabilización del S. de la Galia con la firma
de paz y cooperación con el visigodo Teodorico I. Nuevos asentamientos de federados
entre el 440-443 estabilizaron la situación del Centro y Este de la Galia, permitiendo
poner en solución a las revueltas bagáudicas. Parecía, pues, el momento oportuno para restaurar el predominio del Imperio en Hispania.
282
Y ahora en la Tarraconense, en la zona vasconavarra y en el valle medio del
Ebro, la situación parecía tornarse peligrosa por la revuelta de tipo bagáudico.
A las profundas causas estructurales, origen del malestar de los campesinos durante la Antigüedad Tardía: La disminución de los pequeños propietarios y su conversión en gentes en un estado de dependencia personal, trabajando en parcelas autónomas en el seno de una gran propiedad; la mayor presión fiscal para atender a las necesidades bélicas tras las invasiones; la disminución de la autoridad del Estado y la confusión coyuntural provocada por las invasiones y, las acciones de saqueo. Hizo que
muchos campesinos intentasen escapar a esta presión fiscal y a su dependencia de los
grandes propietarios, abandonando los cultivos y dedicándose a su vez al pillaje y saqueo, como una forma de lucha contra aquel desorden socioeconómico tardorromano.
Este el origen del movimiento conocido como bagáudia, que se da en el s. V en la Galia
y en zonas de Hispania. En el 441 se habla de la primera bagáudia hispana, que coincide con la segunda de la Galia. Esta irrumpe en Araceli (Huarte-Araquil) y Tarazona.
Esta localización geográfica ha hecho pensar en una conexión con las poblaciones
vasconas.
El Gobierno imperial una vez tuvo las manos libres en la Galia, trató de destruir
los movimientos bagáudicos, porque ponían en peligro las bases socioeconómicas de
las aristocracia, frenando de momento estos brotes.
También intentó el gobierno recuperar el predominio en la Bética y la Cartaginense frente a los suebos en el 446 pero fueron derrotados.
Desde ese momento hasta la intervención del visigodo Teodorico II en el 458, los
suebos debieron de ejercer su supremacía en tales zonas. El rey Rechiario intentó con
su conversión al catolicismo un entente con la aristocracia hispanorromana, y la expansión del área de influencia de su reino casándose con una princesa visigoda. De vuelta
a Hispania Rechiario se unió con un nuevo rebrote de la bagáudia en el valles del Ebro.
En el 449 lograron entrar en Tarazona y dieron muerte a los visigodos federados y al
obispo de la ciudad, León. Saqueando también Zaragoza y Lérida.
En el 451 de nuevo el gobierno imperial con la ayuda de los federados visigodos
vencen a Atila en la Batalla de los Campo Cataláunicos, intentando de nuevo restablecer su dominio en la Península. Así una embajada de paz romana enviada a los suebos
impiden a éstos futuras penetraciones e la Tarraconense, provincia cuya conservación
parecía interesar al Imperio. Aplastado en el 454 de esta forma a la bagáudia tarraconense definitivamente.
Pero cuando todo parecía indicar un reforzamiento de la situación del Imperio
(Galia e Hispania) todo iba a girar. Cuando se extingue la casa de Teodosio hasta la
extinción del poder imperial en Occidente, se suceden una serie muy numerosa de emperadores efímeros cuyos reinados comenzaban y terminaban con motines. En estos
veintitantos años se producirá la definitiva ruina de la administración imperial en Hispania y la penetración del poder de los reyes visigodos en Tolosa, que acabaron convirtiéndose en la principal fuerza política y militar de la Península. Bajo esta perspectiva
adquiere importancia la campaña de Teodorico II (456) y las acciones de los ejércitos
de Eurico a partir de 468.
La elección como emperador del galo Avito con el apoyo del rey visigodo Teodorico II de Tolosa, permitió a éste intervenir en la Península con la finalidad de apoyar,
obteniendo botín, a Avito. A su vez Rechiario (suebo) había roto los acuerdos de paz
iniciando saqueos por la Cartaginense y la Tarraconense. Así Teodorico II penetró en la
Meseta llegando a Astorga, y combatiendo a la orilla del Orbigo, derrotando a los suebos. Así el ejército visigodo se apoderó de la capital sueba de Braga y Oporto, donde
283
murió Rechiario. Más tarde saquearon Astorga, Palencia y Valencia de D. Juan.
Tras la muerte de Avito se nombra a un nuevo emperador romano, Mayoriano.
Teodorico envió nuevas expediciones militares a la Bética, donde encontró el apoyo de
la aristocracia local de Sevilla, hostil al predominio suebo.
La casi destrucción del reino suebo permitió un rebrote de la agitacióin social
campesina, con una inusitada actividad de bandolerismo en el territorio de Braga. Se
trataba de encontronazos menores entre suebos y la aristocracia, fuerte aún, de Lusitania y Callaecia contra los visigodos. (Tras la batalla del Orbigo).
Los caudillos suebos se autotitulaban, unos buscaban el apoyo de los visigodos
y por tanto del Imperio. Otros buscaban el apoyo de hispanorromanos contrarios a la
intervención visigoda e imperial y, de raíz priscilianista.
Pero la intervención visigoda cada vez era mayor, aunque todavía en nombre del
Imperio.
El asesinato de Mayoriano en el 461 fue decisivo para el destino del Imperio en
Occidente. En las provincias los reinos germánicos extendían y consolidaban sus áreas
de influencia y la aristocracia senatorial perdía la esperanza de restablecer su hegemonía con intervenciones del Imperio, y, de esta forma, se muestra dispuesta a colaborar con los nuevos poderes en busca de una participación en la cúspide de dichos Estados.
El desinterés del nuevo emperador Ricimen por los asuntos extraitálicos, fue decisivo para la extensión del dominio visigodo a la Narbonense. Así el reino de Tolosa
tenía acceso al mar y cortaba la comunicación terrestre entre el gobierno imperial y los
dominios en la zona N.E. de Hispania.
Más tarde con el nuevo rey visigodo Eurico (466-484) desaparece toda la autoridad imperial en Occidente, y el estado visigodo de Tolosa extiende su esfera de influencia a grandes zonas de Hispania. Se independiza el reino de Tolosa del Imperio
como una evolución normal del proceso sin que hubiese un acto deliberado de independencia.
Se produce un cambio de actitud de la antigua aristocracia de Lusitania y Callaecia con respecto a los suebos con los que ahora pacta (el reino suebo, ahora, debilitado y transformado tras la batalla del Orbigo) para conservar sus privilegios socioeconómicos.
El peligro que el renio suebo presentaba para las apetencias hegemónicas de
los visigodos fue vislumbrado por Eurico. Se asentó en Mérida llevando a término una
política de entendimiento con la poderosa aristocracia senatorial allí asentada y estableciendo una guarnición visigoda.
En la zona Este un ejército visigodo pasaba los Pirineos, por Navarra, y se apoderaba de los núcleos urbanos entre Pamplona y Zaragoza. Otro ejército por la vía
Hercúlea tras apoderarse de Tarragona ocupo los centros urbanos del litoral.
Más tarde Eurico renueva el foedus entre la monarquía Tolosana y el Imperio
con Nepote. Se reconocía el domino visigodo sobre la Tarraconense.
6. LOS ASENTAMIENTOS VISIGODOS EN HISPANIA
Los años que van de la muerte de Eurico (484) a la derrota de los visigodos ante
los francos de Clodoveo en Vouillé (507), señalan la ocupación y estabilización del poder del reino visigodo de Tolosa sobre una buena parte de la Península Ibérica.
284
Salvo el área del N.O. y en una línea que partiendo de Lisboa correría por el actual límite entre Galicia y León (reino suebo), las áreas cantábricas y vasconas independientes, Pamplona y los pasos pirenaicos de Navarra, el resto de Hispania debió de
estar bajo dominio o influencia del reino visigodo de Tolosa. Tal influencia debió ser
tenue en Andalucía.
Cronológicamente el período abarca el reinado del hijo de Eurico, Alarico II. La
derrota de Vouillé (507) significaría la ruina del imperio visigodo en la Galia, que a partir
de ese momentos, y hasta la invasión musulmana de principios del s. VIII, quedaría
reducido a una estrecha franja costera que iba desde Cataluña hasta algo más al este
que Nimes.
Hasta ese momento el centro del reino visigodo había estado constituido por sus
territorios de la Galia. Las posesiones hispánicas eran, pues, un apéndice, cuya plena
ocupación fue un hecho tardío y como consecuencia del desmoronamiento del poder
imperial tras la muerte de Mayoriano.
Los visigodos intensificaron sus actividades en la Península, para dominar más
la Tarraconense, última zona ocupada en la Península por los reyes de Tolosa. Es posible que ese mayor interés por los asuntos peninsulares se debiese a la mayor presión
ejercida por los francos, lo cual parecía poner en peligro la zona de dominio visigodo en
la Galia.
La Chronica Caesaraugustana testimonia una inmigración popular gótica de cierta consideración (similar al efectuado por Eurico en Mérida). Abadal creyó que tales
asentamientos del 497 se habrían realizado en la Meseta superior (Tierra de Campos).
Posteriormente expone la posibilidad de que este asentamiento fuese en la región de
Zaragoza, en el valle del Ebro. Se trató de un asentamiento de grupos de godos con la
finalidad ante todo militar (como el de Astorga de 468 y el de Mérida de 483).
7. LA INCIDENCIA DE LAS INVASIONES DEL SIGLO V SOBRE LA PENÍN-
SULA
Convendrá alejar la idea de catástrofe y destrucción. Es evidente que hubo acciones de saqueo y rapiña intensas (en la zona galaica de los suebos). Estas acciones
debieron ser intensas en un primer momento, para ceder tras el asentamiento. Por otro
lado, la lucha contra el invasor también obligó al poder imperial a enviar contingentes
de tropas que con frecuencia realizaron actos de saqueos.
Tales acciones depredatorias se ejecutarían con preferencia sobre los núcleos
urbanos, donde el botín era mayor. Fueron saqueadas Sevilla, Astorga, Palencia, Ilici,
Braga, Cartagena y Conimbriga. Esta última saqueada por los suebos en el 464, la ciudad perdería su importancia en le siglo siguiente, desapareciendo incluso su obispado.
La vida rural también debió sufrir los efectos de la invasión (no se sabe hasta
que punto se produjo el abandono de áreas de cultivo). Antes bien, parece que los
asentamientos visigodos en la zona de Mérida y en la Meseta superior pudieron aumentar la extensión de tierra cultivada. Por otro lado, más peligroso para la explotación
agraria de grandes patrimonios debieron ser las revueltas bagáudicas, que los visigodos ayudaron a terminar con este peligro. Y la clase aristocrática bajoimperial tampoco
salió demasiado malparada de las invasiones del siglo V.
Perduraron un gran número de miembros de la aristocracia senatorial. Por ejemplo en la zona occidental de la Tarraconense donde se manifestó la bagáudia (a mediados del s. V), pasada la tormenta, la aristocracia siguió teniendo poder e independencia. Son por otro lado pocas las villae que presentan señales de destrucción cuando
285
las invasiones.
La aristocracia senatorial hispánica aglutinada ideológicamente por la jerarquía
episcopal católica podría conservar lo más fundamental de su poder e importancia. Con
unos patrimonios fundiarios más pequeños, tal vez, pero también menos dispersos. La
mayoría de los miembros lograría alcanzar un papel protagonista de las nuevas formas
estatales, con la sola contrapartida de ceder una porción de su anterior exclusivismo
socioeconómico y político a los miembros de la nobleza germánica.
A cambio, el menor poder central de las nuevas formaciones estatales, y su menor ámbito geográfico, ofrecía a los miembros de dicha aristocracia una mayor posibilidad de influir directamente en el poder político y de ampliar su presión económica sobre los campesinos de sus dominios.
En el código de Eurico (texto legal de aplicación en el reino visigodo de Tolosa
en la segunda mitad del s. V.) se permite y fortalece la institución de los buccellarii,
personas que a cambio de manutención se comprometen a servir de ayuda, principalmente militar, a un poderoso.)
El camino hacia una protofeudalización del Estado, y con ello, del protagonismo
político de la aristocracia fundiaria estaba en marcha. Será, pues, en el reforzamiento
de la antigua aristocracia bajoimperial en la que habrá que buscar el continuismo socioeconómico de la Edad Media. Así como en lo ideológico será el cristianismo católico,
representado por esa misma aristocracia.
286
TEMA 32. DEL REINO DE TOLOSA AL REINO DE TOLEDO.
Este tema va a tratar de la evolución histórica de la península Ibérica entre la
catástrofe de Vouillé en el 507, que supuso la casi desaparición del reino visigodo de
Tolosa, hasta la asociación al trono visigodo de Liuva I de su hermano Leovigildo hacia
el 569.
Este período histórico de la Península es particularmente confuso y oscuro fundamentalmente por lo escaso y fragmentario de las fuentes históricas, así como por la
falta de unidad política en la Península como por la intervención de fuerzas políticas
(como los ostrogodos de Italia o los bizantinos) ajenas a ella.
1. EL REINADO DE TEODORICO Y SUS SUCESORES (507-549)
1.1. Teodorico (508- 526)
Tras el desastre de Vouillé y ante la amenaza de derrumbe total del Estado visigodo, Teodorico en el 508 se decidió a intervenir. Teodorico mandó a su general Ibbas
al mando de un ejército, el cuál recobró Narbona a los burgundios y liberó del asedio
que sufrían las ciudades de Arles y Carcasona. Mientras tanto Gesaleico, hijo natural
pero no legítimo de Alarico II, que había sido nombrado (por algunos notables visigodos) rey de los visigodos, ante la corta edad del hijo legítimo de Alarico II, Amalarico, se
había retirado a Barcelona al estar en desacuerdo con la intervención ostrogoda de
Teodorico. Allí llevó una política contra los visigodos partidarios de la intervención de
Teodorico, posiblemente ante el temor de verse desplazado, a un plazo más o menos
corto, por su hermanastro Amalarico.
Teodorico ante esta situación se decidió por la intervención directa. En el 511 su
general Ibbas, en nombre de los derechos de Amalarico, pasaba con un ejército a la
Península Ibérica obligando a huir a Gesaleico que abandonó España y se refugió en el
Reino vándalo de África. Regresó al año siguiente, pero fue derrotado de nuevo por
Ibbas cerca de Barcelona. Fugitivo otra vez se ocultó durante un año en Aquitania y
finalmente fue capturado y muerto por los ostrogodos en la frontera con el país burgundio. De esta manera comenzará de forma definitiva la regencia que, en nombre de su
nieto Amalarico, iba a ejercer Teodorico sobre el reino visigodo hasta su muerte en el
526.
El reino visigodo sobre el que gobernó Teodorico se componía de la baja Provenza hasta el río Durance y la Narbonense, en tierras galas (lo único que se había
podido salvar de la invasión franca), la Tarraconense, la Meseta central hasta el límite
con el reino suevo por el este y el Tajo por el mediodía, la zona de Mérida en Lusitania
y poco más; quedando gran parte de la Cartaginense y Lusitania, junto con toda la
Bética, como áreas de futura expansión.
Hay que reseñar la posible afluencia de gentes visigodas de la Galia a la Península tras el desastre de Vouillé. Al igual que la llegada de ejércitos ostrogodos a la
Península para restablecer la situación y defender el gobierno de Teodorico se produjo
también cierta emigración a la Península de ostrogodos.
Teodorico encamino sus esfuerzos a la tarea de restauración interior de sus dominios hispánicos y de fortalecimiento en ellos del poder central de la monarquía.
287
La política interna de Teodorico se basaba en la estructura imperial. El reino ostrogodo de Italia prácticamente conservó todo el aparato administrativo de los últimos
tiempos del Imperio en Occidente. Por otra parte, separó la administración de sus
súbditos romanos de las de sus godos. Para la administración romana mantuvo los
órganos propios de la administración local y provincial, como central. Para la administración ostrogoda, consideró a al población ostrogoda como un ejército en cierta manera extraño al resto de la población romana. Los ostrogodos se encuentran bajo la autoridad de los comités Gothorum civitatis, que al tiempo que son comandantes del ejército
tienen jurisdicción entre godos, o entre un godo y un provincial, además de atribuciones
de tipo fiscal y policial.
Teodorico intentará trasladar este esquema administrativo dualista al reino visigodo. Teodorico delegó el gobierno del reino visigodo a dos autoridades con un ámbito
de competencia bien delimitado. A la cabeza del aparato provincial heredado del Imperio (compuesto por gobernadores provinciales con sus officia, el defensor civitatis, etc.)
situó a un prefecto del pretorio de las Españas con su oficium. Las funciones eran amplias: recaudación de impuestos, persecución de los delitos de derecho penal, vigilancia sobre las autoridades de tipo romano inferiores, etc. Como par del prefecto de las
Españas, situó a una persona de origen germano al mando del ejército godo allí estacionado, y probablemente como supervisor de la administración de las fincas existentes
en el reino visigodo que en otro tiempo habían sido patrimonio imperial y luego real visigodo, y que ahora dependían del soberano ostrogodo. De todas formas parece que
existió el cargo de comes civitatis, lo que habría flexibilizado el sistema de dualidad de
administración, para germanos y provinciales, pues la jurisdicción de dichos comités
(con claras atribuciones militares) se extendía tanto a la población visigoda como a la
romana.
Teodorico se preocupó enormemente de restablecer y ordenar la administración
fiscal. Ordenó una minuciosa inspección de todas las personas y bienes imponibles, así
como prohibió con severas penas el abuso tributario sobre los provinciales, el uso de
pesas y medidas mayores que las reglamentarias, la doble exigencia, en especie y
aderado, de la annona, requisiciones arbitrarias de caballos para el cursus publicus,
apropiación de los funcionarios de tributos, etc. También impidió a los administradores
de las fincas del patrimonio real exigir rentas desmesuradas a los cultivadores, e intentó cortar los vínculos de dependencia personal entre los cultivadores y los administradores, ya que socavaba la autoridad real, el poder central. De igual manera, reforzó
la vigilancia, por parte del Estado, sobre las autoridades judiciales, con el fin de evitar
penas capitales arbitrarias.
Teodorico con el fin de reforzar su situación en Italia, ordenó la reanudación de
los envíos de trigo hispánico a Roma, tal como se había hecho en tiempos del Imperio.
Con esta medida, indirectamente, reforzaba el poder central.
Se desconoce si estas medidas alcanzaron los objetivos perseguidos por Teodorico. En parte parece que sí, pues será sucedido sin problemas por su nieto Amalarico
y, posteriormente por su lugarteniente Teudis. Pero lo que si parece claro es que las
medidas tendentes al reforzamiento del poder central, sobre todo en su vertiente fiscal,
ocasionarían cierto descontento entre los grupos dirigentes visigóticos e hispanorromanos, que además verían con desagrado la ocupación de los altos cargos administrativos hispanos por parte de los ostrogodos.
288
1.2. Amalarico II (526-531)
Con la muerte de Teodorico el Amalo, el 30 de agosto del 526, que supuso el fin
del gobierno directo ostrogodo sobre el reino visigodo, le sucederá su nieto Amalarico
II. Amalarico II llegó a un acuerdo pacífico con el nuevo gobierno ostrogodo de Atalarico y su madre Amalasunta para liquidar los asuntos pendientes entre ambos reinos
(ostrogodo, Italia, y visigodo). En virtud de dicho acuerdo, se devolvía a la monarquía
visigoda la parte mas importante del tesoro real visigodo, se liberaba de la obligación
de seguir enviando contingentes anuales de trigo hispánico a Roma, así como la repatriación del ejército ostrogodo, permitiéndose permanecer a aquellos que hubiesen contraído matrimonio con esposas del reino visigodo. Como es el caso de Teudis, último
comandante supremo del ejército enviado a la Península por Teodorico, que se unió
con una riquísima dama hispanorramana de estirpe senatorial, y que lograría alcanzar
una posición de práctica independencia respecto a Teodorico y, después de Amalarico.
Se conoce poco de la política interna de Amalarico II. Todo hace suponer que
seguiría con el esquema administrativo de Teodorico, al que lo adaptaría a la nueva
situación de total independencia del reino. Se conoce el nombramiento en el 529 de un
tal Esteban para el cargo de praefectus Hipaniarum.
Su política exterior es más conocida. Su objetivo era reforzar los dominios que
poseía el reino visigodo en la Galia y si era posible extenderlos, en detrimento de la
política de su abuelo (Teodorico) de ser Hispania el centro de su reino. Amalarico II
situó su corte en Narbona. Este hecho no es fácil de explicar, puede ser que temiese el
poder de Teudis o al casarse con una princesa franca, Clotilde, hija de Clodoveo, intentase reforzar su posición, y al mismo tiempo debilitar la de su rival Teudis, el cual parece que se apoyaba en los merovinigos para preservar su autonomía.
Pero el merovingio Childeberto conquistará la Septimania visigoda, derrotando a
Amalarico II cerca de Narbona. Tras esta derrota, Amalarico II huyó a Barcelona, y será
detenido y muerto por un franco con el beneplácito de Childeberto y del ejército visigodo (posiblemente controlado por Teudis). Las fuentes relativas a estos acontecimientos
son confusas y contradictorias.
1.3. Teudis (531-548)
A la muerte de Amalarico II siguió la ocupación inmediata del trono por el ostrogodo Teudis. Este hecho supone la ruptura de la tendencia hereditaria en la sucesión
real que había prevalecido durante un siglo, y la pujanza de los seniores Gothorum en
las nuevas sedes territoriales y de su mezcla con la aristocracia fundiaria hispana de
estirpe senatorial romana; es decir, del surgimiento de una poderosa aristocracia unida
(que no impedirá sentirse a nivel ideológico como heredera de las tradiciones godas
independiente de su origen), cuya base de poder está en la posesión de grandes patrimonios fundiarios trabajados por campesinos dependiente.
La política de Teudis se encamina al reforzamiento de la posición de la realeza y
del poder central, en detrimento del poder de la nueva aristocracia fundiaria, tanto en el
plano de la política interior como en la exterior.(Aparente paradoja, que se va a convertir en objetivo primordial del reino visigodo hasta su desaparición.)
En política interior, como se ha reseñado anteriormente, siguió la pauto marcada
por Teodorico. En el 531, el praefectus Hispaniarum Esteban fue depuesto en una reunión (posiblemente de notables provinciales y altos cargos de la administración y el
ejército) tenida en Gerona. Esta destitución se puede interpretar por la adhesión de Esteban al desaparecido Amalarico, que acababa de ser suprimido; en este sentido, el
289
acto de Gerona cabría interpretarlo como un fortalecimiento de la posición de Teudis.
Pero por otra parte, no se volverá a tener noticias de ningún nombramiento en este
cargo. Las consecuencias son importantes ya que desaparece el mayor símbolo de una
administración dualista (hispanorromanos-godos), máxime si se tiene en cuenta que
Teudis es representante de esa aristocracia unitaria (senatorial-visigoda); y por otra
parte se consigue un sistema administrativo unitario, que conlleva el fortalecimiento del
poder central de la realeza al eliminar un poder intermediario entre la población hispanorromana y el gobierno real.
Esta política unitaria y de fortalecimiento se refleja también en la llamada ley de
Teudis, que estaba destinada a los gobernadores y demás autoridades judiciales con
poder judicial sobre toda la población, tanto goda como romana. Esta ley intentaba frenar en lo posible el soborno de los jueces para obtener un veredicto favorable; para ello
puso un límite a los pagos que los litigantes podían dar a los jueces en concepto de
costes judiciales. Ahora bien, el alto límite a los pagos favorecía a los grupos dirigentes
de la sociedad, del cual él (Teudis) había surgido.
Su política exterior se aplicó en dos frentes diferentes: en el norte, frente a los
francos, y en el sur, frente a la independiente aristocracia bética y frente a los bizantinos del norte de África.
Con la victoria de Childeberto frente a Amalarico II, la amenaza sobre el dominio
visigodo de la Septimania debía de ser seria. Aunque Childeberto debió retirase con
prontitud de Cataluña y la Narbonense ante la hostilidad de la población, mantuvo en
su poder algunas plazas en la Narbonense, que posteriormente recuperaría Teudis. La
política de actuación de Teudis en el Sur de Hispania animó a los reyes francos Childiberto y Clotario a nuevas correrías por la Tarraconense. Tras atravesar los Pirineos por
Navarra, marcharon de Pamplona en dirección a Zaragoza, ciudad que fue sitiada,
mientras se saqueaba la región zaragozana. Los francos se retiraron ante el temor de
verse bloqueado por un ejército visigodo al mando del general Teudiselo que se dirigía
a los Pirineos. En su retirada, los francos perdieron muchas vidas y botín.
Más importante fue su política en el Sur de Hispania. Por vez primera se vislumbra la intención de dominar la totalidad del espacio geográfico peninsular. Teudis olvida
el síndrome "reino de Tolosa" y, continua la obra de Teodorico de ser Hispania el centro del reino visigodo, quedando las posesiones galas como mero apéndice. Teudis
abandona Narbona como asiento de su corte, para establecerse en el Península, fundamentalmente en Barcelona e incluso Toledo (ciudad secundaria, pero cuya red de
calzadas romanas la convertía en ideal para el control de Hispania).
Anteriormente las zonas comprendidas en las actuales regiones de Murcia y Andalucía, además de la provincia de Badajoz, el sur de Portugal y parte de la zona levantina, habían vivido en una independencia de facto frente a cualquier poder extraño. El
poder político debió ser ejercido por los descendientes de la antigua aristocracia senatorial del Bajo Imperio, pues estas regiones apenas habían sufrido los efectos devastadores de las primeras invasiones germánicas.
Los intentos de penetración de Teudis en el rico valle del Guadalquivir debieron
de comenzar muy pronto. Allí entraría en contacto con los embajadores vándalos que
buscaban ayuda ante la amenaza del general bizantino Belisario. La amenaza de Bizancio sobre el mediterráneo occidental, empujó a Teudis a afianzar su dominio en la
zona. Con esta intención y la de para el avance bizantino ocupó Ceuta. Aunque posteriormente será conquistada por los bizantinos, y Teudis fracasará en su reconquista en
el 548.
Poco después de su fracasó en la reconquista de Ceuta, Teudis es asesinado
290
víctima de una venganza personal.
1.4. Teudiselo (548-549)
Parece ser que Teudiselo sucedió a Teudis sin grandes dificultades. Teudiselo
intento continuar las grandes líneas políticas trazadas por Teudis, es decir: afianzamiento del poder visigodo en el valle del Guadalquivir, y fortalecimiento de la monarquía.
Pero en el 549 Teudiselo cae víctima, en su palacio de Sevilla, de una conjura
en que se supone debieron participar los miembros de la misma coalición aristocrática
que le había alzado al trono. El motivo de su asesinato podría ser que intentó llevar una
política dura y contraria a los intereses de la poderosa y naciente aristocracia, pero no
se sabe con certeza.
2. LOS REYES OSTROGODOS Y LA JERARQUÍA ECLESIÁSTICA
Un rasgo común en la política de los reyes visigodos en el "periodo de supremacía ostrogoda" (anterior pregunta) fue su actitud con respecto a la jerarquía católica.
La Iglesia católica de la Península gozará de una gran libertad de actuación. Esta libertad y autonomía se refleja en la cantidad de concilios provinciales que se realizaron;
Tarragona (516), Gerona (531), Toledo (540). Los concilios se realizaron en las provincias de la Tarraconense y Cartaginense, lo que coincide con el límite territorial del reino
visigodo de esta época.
Este período de libertad de libertad y autonomía de la Iglesia católica peninsular
se va a plasmar en una activa labor de reorganización interna y, en los inicios de verdaderas escuelas episcopales para la formación del clero. En la obra las "Vidas de los
Padres de Mérida" se habla de una escuela existente en la ciudad (Mérida), donde los
niños vivían bajo la disciplina de un venerable praepositus cellae, y de otra escuela,
cera del monasterio de Cauliana, donde otros muchachos aprendían también las letras
sagradas. La Iglesia española se preocupaba por mejorar la calidad del clero, regulando la formación de los jóvenes candidatos. Éstos, tras ser ofrecidos por sus padres,
habían de ser educados por un "prepósito", hasta alcanzar la edad de dieciocho años,
en que elegirían libremente entre abrazar de modo definitivo el estado clerical o contraer matrimonio.
La extracción de los obispos hispanos se realizaba de la aristocracia fundiaria
hispanorromana, aunque también hubo alguna excepción como el obispo Paulo de
Mérida que era un famoso médico de origen oriental.
Fruto de la situación de la iglesia católica fue la elaboración de obras de carácter
teológico exegético, algunas de las cuales tendrán amplia difusión en tiempos posteriores y cuyos autores florecieron en la época de Teudis como los obispos: Justiniano de
Valencia, Justo de Urgel, etc. Son también años de fortalecimiento de la disciplina y
jerarquía eclesiástica en beneficio de los obispos.
El clima de autonomía y libertad no se plasmó en la creación de una iglesia nacional católica en íntima colaboración con el Estado visigodo. Por contra, en este período los contactos de la Iglesia hispánica del reino visigodo y la jerarquía romana fueron más intensos.
Por otra parte, los datos referentes a conflictos entre el poder político visigodo
arriano y la religión católica fueron escasos y de raíz principalmente política, como el
caso de Marracino desterrado en Toledo por causa de fe, aunque el destierro de su
291
obispado de Septimania se debería, posiblemente, a su conspiración contra Amalarico
en favor de Clotilde, y posiblemente de los francos.
Un aspecto importante a reseñar es el florecimiento en esta época de la vida
monástica como se desprende de los textos de los concilios. Juan, obispo de Tarragona en las primeras décadas del siglo VI, había sido un gran propulsor de la vida monástica. Otros obispos, como Sergio (sucesor de Juan) o el obispo Juliano de Valencia,
fomentaron la vida monástica. Posteriormente, en la segunda mitad del siglo VI, las
aportaciones africanas reforzaron el monacato español. La llegada a las costas levantinas del abad Donato con 70 monjes y su biblioteca, dio lugar a la fundación del monasterio Servitano en Cuenca, y poco después, otro africano, el abad Nancto, se estableció
cerca de Mérida.
Otra manifestación de la vitalidad de la Iglesia hispana en este tiempo, fue la
construcción o renovación de determinadas iglesias: el obispo Sergio de Tarragona
como el obispo Justiniano de Valencia, restauraron, respectivamente, una iglesia en
estado ruinoso, etc.
Un último aspecto de la vida de la iglesia en el siglo VI, es la acción misionera
sobre los visigodos asentados en suelo español. Fruto de esta acción de la Iglesia será
la pre-conversión de varios visigodos, que serán ilustres figuras de la jerarquía católica
española posteriormente.
2.1. LA LUCHA ENTRE AGILA Y ATANAGILDO
Tras el asesinato de Teudiselo, los propios nobles conspiradores eligieron como
sucesor a Agila. Inmediatamente, Agila que se encontraría en Sevilla, tuvo que hacer
frente a graves problemas. A los pocos meses puso sito a Córdoba. La nobleza hispanorromana de esta ciudad, acostumbrada a ser la única dueña de sus destinos políticos, que en época de Teudis había aceptado la soberanía de los reyes visigodos, se
puso en rebeldía tras el asesinato de Teudiselo, con la esperanza de recuperar su autonomía. En uno de los ataques a la ciudad, Agila fue derrotado, perdiendo una buena
parte de sus tropas, a su propio hijo, y lo más importante, el tesoro real. Agila tuvo que
retirarse a Mérida. Fue entonces cuando las disensiones en el seno del grupo dirigente
del reino visigodo (que ya debían de haber aparecido antes) cristalizaron: una persona
de noble origen, Atanagildo, con el apoyo de una parte de la nobleza, se alzó en rebeldía proclamándose rey. (No hay pruebas de que la aristocracia rebelde de Córdoba
apoyase a Atanagildo, pues a final de su reinado intentará infructuosamente tomar
Córdoba).
Atanagildo, encerrado en el valle del Guadalquivir, en Sevilla, en medio de
núcleos hostiles a todo poder visigodo, y consciente de su inferioridad, vio una salida a
su situación solicitando la ayuda del emperador bizantino Justiniano. Éste volvía a tener
la oportunidad de intervenir, por un asunto dinástico, en el último reino germánico independiente del Mediterráneo, tal como había hecho antes con el reino vándalo, y con el
reino ostrogodo de Italia. Es posible que se pactará, en este momento, entre Atanagildo
y el gobierno imperial, la ayuda militar bizantina a Atanagildo a cambio de la entrega de
una franja costera que se extendería desde Valencia a Cádiz.
En la primavera del 522 una pequeña fuerza expedicionaria al mando del anciano Liberio, desembarcó en la Península Ibérica. En el verano de ese mismo año, el
ejército imperial derrotó a un ejército que Agila había mandado contra Sevilla, cuartel
general de Atanagildo. En los años siguientes debieron de suceder pequeñas escaramuzas entre Agila y Atanagildo, sin que el pequeño ejército bizantino interviniera, consciente de su debilidad, y a la espera de que la guerra civil mermara las bases del Esta-
292
do visigodo en su propio beneficio.
Pero a finales del 554 la situación en Italia había girado a favor del imperio de
Bizancio en su lucha con los ostrogodos. Bizancio podría enviar tropas a la península
en un número suficiente como para intentar conquistar Hispania. En ese año, es posible que nuevas tropas bizantinas desembarcaran en Cartagena.
Ante la amenaza bizantina, el grupo dirigente del reino visigodo debió de considerar que, de continuar la guerra civil, la catástrofe podría ser irreversible. Isidoro de
Sevilla nos informa que los partidarios de Agila, faltando a sus juramentos de fidelidad,
asesinaron en marzo del 555 a su rey y se pasaron en bloque a Atanagildo, que fue
reconocido como rey único.
La política de Atanagildo seguramente se encaminó a reforzar el poder central
del Estado, enormemente deteriorado tras la guerra civil, y a recuperar el dominio sobre
las zonas que de una forma u otra se habían zafado de la administración visigoda. ¿En
qué medida logró sus objetivos? Los datos existentes parecen indicar que no logró demasiado.
Primeramente tuvo que hacer frente al peligro bizantino. Intentó que Bizancio no
extendiese su influencia en la Bética y en la Cartaginense. Isidoro de Sevilla informa de
las continuas luchas sostenidas por Atanagildo contra los imperiales, que si bien no
dieron ningún éxito claro al rey visigodo, sí detuvo el avance bizantino estableciendo
una frontera fija, que de inmediato los bizantinos la fortificaron a base de una primera y
segunda línea de campamentos, y ciudades fortificadas en la retaguardia que sirvieran
de apoyo logístico. Es posible que se llegara a una especie de acuerdo entre las dos
parte, pues Atanagildo dirigió sus esfuerzos a recuperar el dominio del estratégico y
rico valle del Guadalquivir. En esta área la situación se había vuelto inestable para el
reino visigodo, a la rebeldía de Córdoba se sumó Sevilla (con posterioridad al 555), que
hasta entonces, y desde la época de Teudis, había constituido la principal base de penetración y dominio visigodo en la zona. Atanagildo sólo pudo recuperar Sevilla poco
antes de su muerte, fracasando varias veces en Córdoba.
Las consecuencias de las guerras del Sur de Atanagildo fueron graves para la
monarquía visigoda. Los estudios actuales sobre las acuñaciones monetarias de la
época aseguran la bancarrota de la hacienda real, que además estaría empobrecida
por la pérdida del tesoro real visigodo en la derrota de Agila ante Córdoba en el 550.
Otra consecuencia de estas guerras del sur sería el surgimiento en áreas marginales
del reino visigodo de movimientos independentista, como en las zonas limítrofes con el
reino suevo, en el Alto Ebro y la Rioja. Según las fuentes, en la Rioja, en los primeros
decenios del siglo VII, vivían grandes propietarios que se consideraban descendientes
de la aristocracia senatorial bajoimperial y eran llamados senatores. Por contra, en el
área contigua al reino franco, la Septimania, no hubo conflictividad debido a la crisis
interna merovingia. Es más, parece que hubo alianzas entre Atanagildo y los merovingios ante futuros intentos de avance de Bizancio por la Península o por la Provenza y el
Nórico.
La herencia mas duradera dejada por Atanagildo a la historia del reino visigodo,
es la de fijar su residencia en Toledo en función de los dominios controlados por el reino visigodo, y sus buenas comunicaciones con la Lusitania (Mérida) y con la Tarraconense, y desde ésta con la Septimania.
A mediados del 567 (fecha discutible), Atanagildo moría de muerte natural en
Toledo. Según Isidoro de Sevilla, el reino, durante cinco meses, careció de rey. Se
desconocen las causas pero estas podrían ser las desavenencias entre el grupo dirigente visigodo. Finalmente será elegido en Narbona, Liuva como rey de los visigodos.
293
Su elección en Narbona, y no en Toledo, plantea problemas. Se ha sugerido la falta de
clientela y adeptos, o la amenaza merovingia sobre la Septimania. En el 569 se registra
movimientos de tropas francas cerca de la frontera con la Septimania, esto provocaría
que con tan sólo un año y medio de reinado, asociara al trono a su hermano Leovigildo,
el cual tuvo que casarse con la viuda de Atanagildo. Dicho enlace parece concebirse
como consecuencia de un acuerdo entre los dos grupos políticos, facciones nobiliarias,
dominantes por entonces en el reino visigodo; hipótesis que se refuerza en función de
la libertad de movimientos y prepotencia con que gozó la viuda de Atanagildo.
2.2. LA RENOVACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DEL REINO SUEVO
La brusca interrupción de la crónica del obispo Hidacio en el 469 deja en la más
absoluta falta de noticias sobre la posterior evolución del reino suevo. A partir aproximadamente del 550 contamos con datos transmitidos por Gregorio de Tours y Juan de
Biclara (de donde los suele tomar Isidoro de Sevilla), siempre que estén en relación con
acontecimientos de la Galia merovingia o del reino visigodo.
La falta de fuentes, de noticias, para el reino suevo durante más de 80 años a
partir del 469 es muy importante, ya que durante este espacio de tiempo debió consolidarse el reino suevo, que ocuparía la zona noroeste de la Península (con límite meridional en el Tajo oriental, hacia el Esla), y la integración de la población germánica con
la galaicorromana. La falta de noticias durante estos 80 años ha hecho pensar a los
historiadores modernos de una época pacífica para el reino suevo. Esta hipótesis se
fundamenta en dos aspectos:
En las crónicas de los años inmediatos al 469 se observa por parte de la aristocracia romana cierto interés de lograr un entendimientos y coexistencia pacífica con los
germanos (reino suevo).
El único documento sobre el reino suevo anterior al 550, la carta enviada en el
538 por el papa Vigilio al obispo de Praga, permite observar la completa libertad y autonomía de que por entonces gozaba la Iglesia católica en el seno de un reino suevo
confesionalmente arriano. La jerarquía católica podía comunicarse libremente con el
exterior, edificar iglesias, y hacer proselitismo de este credo.
Esta tendencia de integración entre las aristocracias hispanorromanas y germanas, y por consiguiente de la población en general, pudo desarrollarse en un clima de
paz exterior. El relativo aislamiento geográfico y su relativa pobreza, unido a los difíciles
momentos de la monarquía visigoda, parece indicar que durante los sesenta y pico
primeros años del siglo VI, la real y efectiva independencia del reino suevo con respecto a los visigodos se consolidó por entero.
En este clima pacífico interior y exterior, de casi aislamiento con el mundo circundante, se produjo el acontecimiento definitivo de dicho procese de integración entre
el elemento dirigente suevo e hispanorromano: la conversión al catolicismo de la familia
real y su corte. Este acontecimiento es descrito en dos tradiciones historiográficas distintas. Según Gregorio de Tours, la conversión se produjo con el rey Chariarico, en torno al 550. Pero para Isidoro de Sevilla fue 20 años después y por el rey Teodomiro.
Además el problema se complica cuando se intenta establecer una secuencia cronológica de estos dos soberanos y otros dos más: Ariamiro y Mirón.
El problema parece resuelto por Schäferdiek, tras realizar un análisis de las
fuentes de información. Según él, con Chariarico (550-558/559) se produciría la conversión al catolicismo bajo el influjo franco y la actividad misionera de Martín de Braga.
Entre el 558-559 y el primer concilio de Braga (561) se situaría el reinado de Ariamiro.
294
Entre el 561 y el 570 habría ocupado el trono suevo Teodomiro, a quien le sucedería a
partir de ese año Mirón.
Independientemente de la problemática anteriormente descrita, lo que si esta
claro es la influencia de Martín de Braga en la conversión católica de la realeza sueva.
Esta conversión hay que situarla en un contexto en la que convergen varias tendencias:
integración entre ambos elementos de la población del reino (referida arriba), e influencias que se ejercieron a mediados del siglo VI por parte de los merovingios (vía marítima) e incluso de los bizantinos, que verían en el reino suevo un punto de apoyo en sus
disputas con los visigodos. Hay que tener presente, la segura estancia de Martín de
Braga en el Oriente bizantino con anterioridad a su llegada a Galicia y, la coincidencia
temporal de esta llegada a Galicia con el desembarco bizantino en la Península.La actividad de Martín de Braga, desarrollada con el apoyo real, estaría dirigida a una cristianización profunda de toda la población y a la reorganización de la estructura de la
Iglesia del reino suevo para adaptarla a la nueva situación política, con la creación de
una auténtica Iglesia nacional. Para cumplir estos objetivos fueron importantes los dos
concilios celebrados en Braga, presididos por él, y su actuación como obispo de Braga.
El concilio de mayo del 561 versó sobre la cuestión priscilianista y sobre problemas internos de la Iglesia. En el concilio de junio del 572, ya obispo de Braga, procedió
a dotar a la Iglesia sueva de un consistente corpus canónico y disciplinar, en base a
una selección de cánones tomados de los principales concilios de la Iglesia griega.
Entre el primero y segundo concilio, Martín fue nombrado obispo de Braga, y
conjuntamente con Teodomiro, llevó a cabo una verdadera reorganización territorial de
la Iglesia del reino entre 13 sedes episcopales, alguna de las cuales sería de verdadera
creación. Estas trece sedes se agrupaban en dos grandes distritos o provincias: una
meridional, teniendo como centro a Braga, y otra septentrional, con centro en la nueva
sede metropolitana de Lugo. La creación de esta última (Lugo) se ajustaba a la realidad
territorial y política del reino suevo, pues el norte se diferenciaba del sur por un evidente arcaísmo en sus estructuras socioeconómicas: casi inexistencia de núcleos urbanos,
distritos con restos de estructuras de tipo tribal y cuya organización eclesiástica se estructuraba en torno a monasterios episcopales de tradición céltica, etc.
En definitiva, la labor de Martín de Braga culminó con la creación de una verdadera Iglesia nacional del reino suevo.
295
TEMA 33.- EL REINO DE TOLEDO (1):
La dinastía de Leovigildo
1. CARACTERIZACIÓN DEL REINO DE TOLEDO
El Reino de Toledo se desarrolla entre las fechas límites del 569 y 714. Ambas
fechas vienen establecidas, respectivamente, por la fecha del comienzo de la actuación
de la política del rey Leovigildo y por la ocupación islámica de los últimos reductos de
importancia del reino visigodo tras la derrota del Guadalete. El período en cuestión
ofrece el final de todo un proceso que vimos iniciarse con el comienzo de las penetraciones germánicas sobre la Península Ibérica, en el 409, en el se observará la completa dominación de las tierras peninsulares (salvo ciertas áreas marginales que escaparán de facto a una verdadera dominación visigoda) por el reino visigodo con capital
en Toledo. Será entonces cuando el proceso iniciado en el 409 tenga su culminación
natural al ser sustituido por completo el antiguo Estado Imperial en la Península por el
visigodo de Toledo.
El Reino Visigodo de Toledo alcanzará un grado máximo de homogeneidad étnica, cultural y político-administrativa, así como geográfica, bajo el ropaje ideológico del
dominio de la gens Gothorum como medio de sustentar la total independencia y autonomía política de iure del Imperio romano, representado ahora por Bizancio. En este
casi siglo y medio de vida del Reino de Toledo se pueden señalar dos momentos que
destacan en este período: el primero estaría representado por los reinados de Leovigildo y su hijo Recaredo (569? -601) y Finalmente la incontenible evolución sociopolítica
del reino visigodo en la segunda mitad del Siglo VII hacia una protofeudalización profunda (semejante en muchos aspectos a la que experimentaría el Estado Franco con
los carolingios), que se verá bruscamente cortada por la invasión islámica. Con ella se
puede dar por finalizada la llamada Antigüedad Tardía de la Península iniciada en el
409.
2. EL REINADO DE LEOVIGILDO Y LAS CAMPAÑAS MILITARES
Este período es sin duda uno de los más brillantes y esenciales para comprender la posterior evolución del Reino, se corresponde a tres reinados sucesivos de
miembros de la misma familia, abuelo, hijo y nieto Leovigildo (569-586); Recaredo
(586-601) y Liuva II (601-603). Los reinados de los dos primeros, que con muchos son
los más importes, señalan la plena consolidación del Estado visigodo en la península
Ibérica, consiguiendo al mismo tiempo la plena integración política y cultural de los
elementos dirigentes de etnia germana e hispanorromana. A partir de Leovigildo se
podrá seguir el desarrollo histórico de una forma prácticamente unitaria. Las causas
hay que buscarlas, de forma inmediata en la actividad del nuevo monarca en política
exterior y, sobre todo, en su gran labor de reorganización interna del reino visigodo de
Toledo. Nos han llegado muchos documentos que se refieren a esta época escritos por
Isidoro de Sevilla, Gregorio de Tours, Juan de Víclara e incluso anónimos.
El reinado de Leovigildo se puede dividir en dos períodos: el primero, abarcaría
desde su asociación al trono por su hermano Liuva hasta el comienzo de la gran sublevación dirigida por su hijo Hermenegildo en el 579, el segundo iría desde ésta última
fecha hasta su muerto en los primeros meses del 586.
Las primeras medidas que tomó el rey Leovigildo a su llegada al poder, fueron
de orden militar, debido a la descomposición territorial en que se encontraba el reino y
estaban destinadas a devolver al dominio del Estado, toda una serie de territorios que
296
en años anteriores habían conseguido de hecho autonomía e independencia. Una incansable actividad bélica y muchas victorias, permitieron a Leovigildo devolver el territorio provincial de los godos hasta sus primitivas fronteras durante los años 570 a 577.
Las primeras acciones reconquistadoras se producirían en el Mediodía Peninsular, zona que por sus recursos naturales se había convertido desde Teudis en objetivo principal de los monarcas visigodos y sobre todo ahora por el peligro que suponía el establecimiento en ella de los bizantinos. De esta forma, tras realizar una expedición a las zonas de Baza y Málaga ocupadas por los imperiales en el 570, con fines ante todo de
tanteo de fuerzas y posiciones, al año siguiente realizaría ya un ataque directo sobre la
zona mas occidental de dominio bizantino en la Península, que además de amenazar
directamente el valle del Guadalquivir permitía a Bizancio el control del Estrecho de
Gibraltar. De esta forma en el 571 Leovigildo lograría apoderarse por traición de estratégica de la ciudad de Medina Sidonia, y después de prevenir cualquier ataque por la
espalda de los bizantinos, Leovigildo pudo dedicarse ya por completo a solventar el
endémico problema planteado por buena parte de la aristocracia fundiaria del Guadalquivir, que se apoyaba en la plaza fuerte de Córdoba junto con otras ciudades menores
y villae fortificadas. En el 572 el soberano visigodo logra apoderarse de Córdoba, junto
con otras ciudades y villae fortificadas de la nobleza todas en la zona del Guadalquivir,
nobleza que había armado a sus campesinos dependientes. La muerte de su hermano
Luiva a principios de 573, concentra en manos de Leovigildo todo el poder del reino
visigodo.
Después de solucionar el grave problema de la Bética, Leovigildo pudo dirigir
sus esfuerzos en recuperar el dominio del Noroeste, en zonas limítrofes con el reino
suebo. Su conquista se vio dificultada no solo por su orografía, sino también por las
aspiraciones expansivas del consolidado reino suebo. En el 573 Leovigildo atacó la
región denominada Sabaria, logrando la sumisión de los sappos, a los cuales se les
suele situar en torno al río Sabor, afluente por la derecha del Duero, al oeste de la Provincia de Zamora. Al año siguiente lograría la sumisión del área del alto Ebro, norte de
la provincia de Burgos y gran parte de la actual Rioja (zona conocida por Cantabria),
que en los años anteriores había gozado de una completa independencia bajo el control de una poderosa aristocracia fundiaria de origen tardorromano. En el 575 el monarca somete la región de los montes Aregenses, dominada por un rico propietario de
nombre Aspidio, situada según parece entre las actuales provincias de León y Orense.
Esta última anexión deja ya expedito el comino hacia el reino suebo. Un año más tarde
Leovigildo acepta las propuestas de paz del rey subo Mirón. En el 577 el escenario
bélico se traslada de nuevo al Guadalquivir, ocupando núcleos urbanos y las villae fortificadas en Orospeda, poco después que tuviese que reprimir una sublevación de campesinos, lo que nos indica el régimen aristocrático y latifundista que había imperado
hasta entonces, y que en la época de Atanagildo debía de haber conseguido una independencia real, apoyándose, entre otras cosas en la fragosidad de la orografía de la
zona y en la proximidad con las posesiones bizantinas. Los campesinos dependientes
de dicha aristocracia fundiaria podrían haber aprovechado la ocasión presentada por
las luchas entre Leovigildo y la aristocracia local para rebelarse.
Leovigildo en tan solo ocho años había conseguido fortalecer la posición del reino visigodo en la Península, que de nuevo se presentaba como hegemónica. Había
logrado recuperar el control sobre amplias zonas, control perdido a partir de la terrible
guerra civil que enfrentó a Agila y Atanagildo. Por primera vez desde el reinado de Eurico, el reino suebo había sido amenazado directamente por el poder visigodo y se le
había obligado a aceptar su diktatum, su plena anexión parecía incluso entrar en sus
planes futuros. Tan solo los bizantinos del sur y de Levante habían presentado una resistencia muy seria a sus avances. Pero paralelamente a estas acciones bélicas, Leo-
297
vigildo (posiblemente ya desde finales del 573, y con mayor intensidad según iba obteniendo sus objetivos militares) comenzó a desarrollar un profundo plan de reorganización interior de su reino, corrigió un gran número de leyes existentes en tiempo de Eurico, habría añadido otras y eliminado aquellas consideradas superfluas, lo que se conoce en la historiografía como Codex Revisus de Leovigildo, no se ha conservado aunque
existe la sospecha de a él habrían pertenecido un gran número de las 319 leyes calificas como el Código de Recesvinto. Pero, siempre encaminado a conseguir un Estado
fuertemente centralizado y unitario con una monarquía poderosa capaz de refrenar
cualquier veleidad independentista de la aristocracia fundiaria de cualquier origen étnico. Para su propósito, Leovigildo tenía como único e influyente modelo a seguir el Estado del Bajo Imperio, y más concretamente el Bizancio de Justiniano.
Para conseguir sus objetivos Leovigildo dirigirá su acción interior en las siguientes direcciones:
*
*
*
*
Acentuación esencial de las diferencias entre el rey y el resto de la población
Conversión de la monarquía hereditaria en su dinastía
Aumento y reforzamiento de las palancas del poder real, y
Unidad del Estado con la eliminación de las diferencias étnicas y religiosas, siendo
el vínculo general de súbdito el que deberá mantener el contacto entre los gobernadores y el rey
Leovigildo para conseguir sus fines a la muerte de su hermano Liuva, asoció al
trono a sus dos hijos Hermenegildo y Recaredo, habidos de su anterior matrimonio con
el fin de asegurar el trono en su familia y evitar las dificultades en la sucesión, pero ésta
asociación se hace a imitación del Bizancio actual, por lo tanto nada tiene que ver con
la idea típicamente germánica de la monarquía patrimonial. Esta imitación del mundo
mediterráneo también se ve reflejada, según Isidoro de Sevilla, en la utilización del trono (Leovigildo es el primero de los visigodos que lo utiliza), vestiduras y adornos reales,
cosas en las que sus antecesores no se habían distinguido del resto de sus nobles.
Tales atuendos reales serían indudablemente las calzas y manto de púrpura, la corona
y la diadema también imperial. Entre el 575 y el 577 datan los primeros trientes acuñados por Leovigildo a su propio nombre, desarrollados a partir de imitaciones anteriores
de prototipos de Justino y Justiniano, aunque aparece con características propias más
marcadas, busto del soberano ataviado con típicos atributos imperiales, como la diadema o el paludamentum. Con estos actos Leovigildo trata de ensalzar la realeza por
encima de los miembros de la aristocracia del reino, señalando también su posición de
compela soberanía e independencia frente a Bizancio. Otro signo importante de tradición imperial es la fijación definitiva de la sede regia en la Ciudad de Toledo, cuya topografía irá tomando cierta semejanza con Constantinopla.
Leovigildo también tomo medidas de carácter administrativo, mientras otras lo
eran políticas, la publicación de un remozado corpus legal, el enriquecimiento del tesoro y del patrimonio fundiario de la monarquía, y una enérgica política contra la nobleza.
Numerosos datos de la época de Recaredo hacen suponer también que Leovigildo levó
a cabo una reorganización de la estructura administrativa, tanto a nivel central como
territorial, en la que su modelo fue Bizancio contemporáneo, siendo otro acontecimiento
la total anexión del reino suebo, así como la labor legislativa que parece que data de
los tiempos de la Rebelión de Hermenegildo o incluso de época posterior. Probablemente su política antinobiliaria, relacionada al mismo tiempo con el reforzamiento del
poder real, es donde podría estar el origen profundo y estructural de lo que constituyó
la principal crisis de su reinado: La rebelión de su propio hijo Hermengildo.
298
3. INTERPRETACIONES MODERNAS DE LA REBELIÓN DE HERMENEGIL-
DO
Tras su larga serie de campañas, Leovigildo realizó en el 579 el matrimonio de
su hijo mayor, Hermenegildo, con una princesa merovingia de nombre Ingunda, hija de
Sigiberto de Austrasia. Con ello intentaba reanudar una alianza y colaboración con la
corte de Austrasia, donde la situación era especialmente favorable para los intereses
de la dinastía de Leovigildo a consecuencia de la reina Brunequilda. Pero esta operación iba a atener unas consecuencias muy distintas a las planeadas por Leovigildo.
En efecto, ya antes incluso de consumarse el matrimonio se iniciaron al parecer
los problemas. Al paso de la princesa merovingia por Agde, el obispo de esta Ciudad,
Fronimio, la indujo a no abdicar a las presumibles presiones que se le iban a hacer para su conversión a la fe arriana. Llegada ya a Toledo, los conflictos con la reina Gosvinta, que era a su vez su abuela, a consecuencia de su negativa a bautizarse arriana fueron in crescendo. Gosvinta arriana convencida y fanática, estaba dolida en su amor
propio por la conversión, en parte forzada de su hija Brunequilda al catolicismo y el triste destino de su otra hija, Galsvinta en la corte Neutrasia. La situación llegó a ser tan
insostenible que Leovigildo, que no quería ver peligrar su alianza franca, decidió alejar
a Hermenegildo y a su joven esposa de la corte y le confiaron el Gobierno de la Bética
(zona de gran interés militar por las rebeliones de su aristocracia y la vecindad con los
bizantinos asentados en la Península), fijando su residencia en Sevilla. Pero, el alejamiento de Toledo en vez de calmar los ánimos iba a desembocar en una rebelión de
Hermenegildo contra su padre. Allí la acción de Ingunda y, sobre todo, las predicaciones del metropolitano Leandro, terminaron por conseguir la conversión de Hermenegildo a la fe católica.
Lo que sucedió después de dicha conversión ha sido objeto de muchas discusiones. Al respecto cabe señalar una clara diferencia entre las noticias transmitidas por
autores contemporáneos hispanovisigodos o extranjeros. De esta forma mientras Gregorio de Tours o Gregorio Magno señalan como causa de la rebelión la intolerable violencia y persecución que Leovigildo ha desencadenado sobre su hijo como consecuencia de su conversión al catolicismo, los hispanovisigodos ocultan este factor religioso y
reducen la actitud de Hermenegildo a la típica rebelión contra el poder real legalmente
constituido, tachando en este sentido a Hermenegildo de tyrannus.
La moderna historiografía, desgraciadamente, ha terminado muchas veces de
oscurecer los hechos al partir de caros presupuestos apriorísticos en su interpretación
de la actitud de Hermenegildo En este sentido ha sido el menor obstáculo el querer
descargar de toda la responsabilidad sobre la rebelión a Hermenegildo y Leandro de
Sevilla, ambos considerados santos para la tradición católica posterior. No obstante las
modernas aportaciones de Stroheker, Schäferdiek y Vázquez de Parga, han subrayado
el esencia carácter y origen político de la rebelión de Hermenegildo. Los puntos de vista de ambos Gregorios tendrían su base en parte, en la posterior política religiosa de
Leovigildo, en la propaganda de ambos rebeldes (fundamentalmente de Leandro de
Sevilla, amigo personal del papa Gregorio Magno), o en las claras intenciones antivisigodas de la obra histórica del Turonenese.
Del relato de Juan de Bíclara (persona poco afín a Leovigildo) parece deducirse
que, tras la conversión al catolicismo de Hermenegildo de Sevilla, la reina Gosvinta debió trabajar activamente para aislar al príncipe políticamente. Ante este hecho Hermenegildo no encontró otra salida que la rebelión contra el poder central. Pero, para comprender correctamente esta rebelión hay que analizar cuales pudieron ser la base político social del rebelde y su cobertura ideológico-propagandista. Con respecto al primero
es importantísimo señalar que Hermenegildo, al dar un paso tan decisivo, contó con la
299
poderosa aristocracia fundiaria, que en alguna manera se había visto perjudicada por la
política de afianzamiento del poder central llevada a cabo por Leovigildo, ya que desde
los primeros momentos Hermenegildo debió ver extendida su soberanía además de por
Sevilla, donde residía, en prácticamente el resto del Valle del Guadalquivir, incluyendo
la plaza de Córdoba, y posiblemente gran parte de la Lusitania incluida su capital Mérida. Difícil de responder es el problema planteado por la actitud de la jerarquía episcopal
ante la rebelión de Hermenegildo. Dicha dificultad tiene su origen principalmente en el
deliberado silencio que el episcopado católico hispanovisigodo mantuvo sobre todo lo
relacionado con Recaredo y del indudable pacto a que entonces se llegó con el heredero directo de Leovigildo. No obstante, aunque el metropolitano de Sevilla, Leandro fue
un incondicional de Hermenegildo, la neutralidad mantenida en el conflicto por Massona metropolitano de Mérida a pesar de estar en la zona de soberanía de Hermenegildo,
impide pensar en una actitud generalizada del episcopado católico en favor de Hermenegildo. Por otro lado, no se tienen noticias que en los primeros momentos de la rebelión algún obispo de las zonas que no se sumaron a ella estuviesen de parte de Hermenegildo. Así pues, queda claro que la diferencia religiosa no es el origen de la rebelión, sino más bien que Hermenegildo utilizó la cuestión religiosa como medio propagandístico y bandera ideológica de la sublevación, se comprueba al examinar las curiosas leyendas de sus primeras acuñaciones de trintes, o la famosa inscripción oficial
encontrada en Alcalá de Guadaira (Sevilla) datada en 580-581, en la que Leovigildo es
tachado como “perseguidor” de su hijo rey. Hermenegildo buscó anexiones con el exterior para fortalecer su posición ante la guerra civil que veía inevitable, alianzas que se
buscaron en reinos que querían el debilitamiento del poder visigodo. El rey suebo
Mirón, el Emperador Tiberio II, y los soberanos merovingios Childeberto de Austrasia y
Guntram de Borgoña. La alianza de estos últimos se vería neutralizada por Leovigildo.
Leovigildo ante la rebelión de su hijo actuó con prudencia y tan solo emprendería
la guerra abierta contra él dos años después de haber estallado la rebelión, mientras
tanto buscó el respaldo a su política en el exterior, buscó la unidad entre sus filas y
planteado el conflicto en términos religiosos, era claro que debía de tomar medidas al
respecto. En el mismo 580 se reunió en Toledo un sínodo de obispos arrianos, en dicho
concilio se tomó la medida de facilitar la conversión de los católicos al arrianismo. Stroheker ha pensado, que incluso se adoptaron posturas prácticamente macedonistas,
que podían servir de puente de unión entre la doctrina arriana y católica en lo referente
a la Trinidad. Por otro lado, la adopción por el rebelde Hermenegildo de la fe católica
como factor diferenciador obligaba a Leovigildo a forzar en torno a él la unidad de los
arrianos como punto de partida.
A partir de este concilio arriano en Toledo, Leovigildo va a realizar un política
tendente a conseguir la unidad religiosa bajo la fe arriana que se autodenomina católica, dando a esta última simplemente de romana, para llevar a buen término esta unidad
religiosa, se utilizarán medios muy diversos, como el intento de apropiarse para la nueva Iglesia estatal de las más venerables tradiciones culturales y martiriológicas de la
Península, entre las que destacan la de Santa Eulalia de Mérida. Por otro lado Leovigildo trató de atraerse a la jerarquía episcopal católica, para lo que utilizó medios pacíficos, aunque en una segundo fase se pudo llegar a medidas más enérgicas, como el
destierro.
Guerra Civil: Leovigildo después de la reestructuración interior del Estado con
vistas a conseguir la mayor unidad e integración posible de todos sus miembros, estuvo
ya en disposición de enfrentarse directamente con la rebelión de Hermenegildo. Tras
realizar previamente, en el 581 una expedición de castigo contra los vascones (con el
fin de prevenir un ataque por la espalda), Leovigildo se dirigirá hacia el sur al año siguiente. Iba a ser entonces cuando toda la intensa actividad diplomática desarrollada
300
por el usurpador se mostraría por completo ineficaz, ya que tan solo el suebo Mirón
acudió con un ejército a liberar Sevilla del asedio del 583. Pero allí será totalmente derrotado por Leovigildo, que le obligaría a retirarse a Galicia tras reconocer la supremacía del visigodo. Abandonado a su suerte, Hermenegildo intentó refugiarse entre los bizantinos, permitiendo de esta forma la entrada triunfal de Leovigildo en Sevilla en el
584. Ese mismo año Leovigildo logra apoderarse de la misma persona del rebelde en
Córdoba, tras haber llegado a un pacto con el general bizantino.(que confiado a sus
propias fuerzas y sin poder recibir refuerzos de Italia o África, debía considerar inútil
continuar con su apoyo a Hermenegildo), por el que se retiraba de la contienda a cambio de una indemnización de 30.000 sueldos de oro. Mientras Ingunda y su hijo Atanagildo, tomados como rehenes, marchaban a la corte imperial, donde el joven príncipe
sería durante algún tiempo utilizado por la diplomacia, como medio de presión sobre la
corte de Austrasia, Hermenegildo destituido de todas sus prerrogativas, era conducido
preso a Valencia y, posteriormente a Tarragona. En esta última ciudad sería en el 585,
asesinado por un tal Sisbetio, sin que conste una directa intervención u orden del propio Leovigildo.
Muerte de Leovigildo: En los casi dos años que van de la rendición de Hermenegildo a la muerte de Leovigildo en abril del 586, iban a contemplar la continuación de la
política de integración y unidad, ya emprendida con anterioridad, y hacer frente a las
secuelas de la recién vencida rebelión. La intervención de Borgoña y Austrasia en favor
de Hermengildo se vio truncada por las dificultades internas de los reinos merovingios.
Tras la derrota de Hermenegildo, Austrasia continuó ocupada por la alianza con Bizancio que la obligó a enviar una tropa a Italia contra los lombardos. Mientras tanto Guntram de Borgoña vio la oportunidad de anexionarse la Septimania, sobre todo ahora
que Leovigildo estaba ocupado en la conquista del reino suebo. Así mientras manda
refuerzos por el Cantábrico al amenazado reino suebo, pero esta flota fue derrotada por
los visigodos y un ejército visigodo mandado por Recaredo logra derrotarle e incluso
ocupar posiciones estratégicas en las bocas del Ródano y cerca de Carcasona.
Pero, el mayor éxito militar del reinado de Leovigildo es la conquista y anexión
del reino suebo, hecho que se vio precipitado por los sucesos de la rebelión de Hermenegildo. Mirón murió poco después de su derrota en Sevilla, sucediéndole su hijo Eborico. Pero, la derrota y posición de subordinación aceptada por Eborico, iba a crear malestar entre los suebos, por lo que en el 584, su cuñado Audeca se rebelaba, relegando
a un convento a Eborico y tomando por esposa a la viuda de Mirón, lo que facilitó de
inmediato la intervención de Hermenegildo y la conquista de este reino. Vencido Audeca fue recluido en un monasterio mientras Hermengildo se apoderaba del tesoro real,
anexionando sin más el territorio del antiguo reino suebo a su reino. En el poco espacio
anterior a su muerte fueron establecidos obispos arrianos en las diócesis gallegas, sin
que Leovigildo llevase a cabo ninguna acción violenta contra la Iglesia católica de antiguo reino suebo los obispos católicos continuaron en sus sedes, incluso allí donde se
establecieron los arrianos.
4. EL REINADO DE RECAREDO Y SU CONVERSIÓN AL CRISTIANISMO
A la muerte de Leovigildo, le sucedió en el trono su hijo Recaredo, asociado a la
corona desde años antes. El reinado de Recaredo se nos presenta en cierta medida
como una gran paradoja. A primera vista. Su conversión al catolicismo, su pacto con la
Iglesia católica y su política de concordia con la nobleza laica, aparecen como contrarios a la actividad política llevada a cabo por su padre Leovigildo. Pero sin embargo, los
objetivos políticos llevados a cabo por Recaredo fueron en esencia los mismos de Leovigildo: la unidad e integración de todos los sectores dirigentes que componían el Esta-
301
do, y fortalecimiento del poder de la realeza, y en concreto de su dinastía.
El reinado de Recaredo se puede dividir en dos períodos separados entre sí por
el acontecimiento más importante y transcendente de él: el tercer Concilio de Toledo,
celebrado en mayo del 589. Los hechos de mayor relevancia de su reinado pueden
incluirse en su totalidad en el primer período.
Recaredo heredaba al ascender al trono, dos problemas sin resolver del reinado
de su padre uno de política exterior: la disputa con Gruntram de Borgoña, que de momento se había saldado con ventaja para los visigodos, pero acontecimientos posteriores demostrarían que el merovingio no había renunciado a anexionarse la Galicia gótica y otro de orden interno: trataba de los conflictos originados por la política religiosa de
Leovigildo. Que como veremos su resución se entrelaza en el tiempo.
Política interna: Existe una tradición (representada por Gregorio de Tours y el
Turonense) en la que se afirma la conversión al catolicismo de Leovigildo poco antes
de su muerte. Aunque es probable que este dato sea incierto, existen indicios que abogan por cambio en la política religiosa de Leovigildo poco antes de su muerte. Tales
serían, el final de los destierros de Massona y Leandro de Sevilla y lo que parece claro
macedonismo, e incluso tendencia procatólica en la propia religiosidad de Leovigildo.
Lo cierto es que uno de los primeros actos realizados por el nuevo rey Recaredo fue su
conversión personal al catolicismo. Dicha conversión se realizó a los diez meses de su
coronación. Las razones concretas permanecen ocultas, aunque es posible pensar que
junto a la conciencia el fracaso de la política primitiva de su padre para conseguir la
unidad de religión, pudiesen pesar también motivos personas de convencimiento. Conocedor de la oposición que podría encontrar en ciertos sectores muy influyentes del
Estado, procuraría afianzarse en el poder mediante alianzas con los merovingios incluso con pactos con su madrastra Gosvinta, jefe de filas de una poderosa facción nobiliaria y ferviente arriana, pero sobre todo intentaría ganarse para su causa al mayor
número posible de obispos de la Iglesia arriana, a juzgar por las actas del Concilio III de
Toledo, lograría un éxito bastante notable.
A pesar de todo, no pudo evitar que estallaran conflictos inmediatamente después de su conversión, en todos los cuales la cuestión religiosa estaba presente. Puntos comunes a todos estos intentos serían:
La dispersión territorial e incluso cronológica, que hace pensar en una falta absoluta
de coordinacón de esfuerzo y por tanto, en la carencia de un frente unido anticatólico y anti-Recaredo;
* La participación en ella de obispos arrianos que participarían como cabezas visibles
de las sublevaciones y como creadores de un sustento ideológico de ellas, que legitimaría la rebelión y el destronamiento de Recaredo(la legalidad de su reinado se
había quebrado con su conversión a una fe errónea)
* La participación en todos los intentos de importantes miembros de la nobleza visigoda, muchos de ellos ocupaban importantes cargos en la administración, con independencia de la religión que practicara.
*
El primero de estos intentos de revbelión en estallar fue el que tuvo por foco la
Lusitania y más concretamente la ciudad de Mérida. Aquí un grupo de nobles visigodos
(comités civitatis de Lusitania), intentarían el 587 hacerlo mediante un golpe de mano,
con el control de Mérida, con el asesinato del dux de Lusitania Claudio y del Metropolitano Massona, dos de los principales instrumentos de la política realizada por Recaredo, para deponer a Recaredo y nombrar rey a Segga. El intento fracasó, por falta de
302
apoyo popular y sobre todo porque Witerico (perteneciente a la aristocracia, y que posteriormente sería rey), y uno de los principales conspiradores se volviese atrás. Las
medidas tomadas por Recaredo después de la sublevación muestran una extraordinaria prudencia, tratando de atraerse a gran parte de los conspiradores e imponiendo castigos selectivos a otros. El segundo de estos intentos parte del propio palacio, durane el
tercer año del reinado de Recaredo. La poderosa reina Gosvinta y el obispo arriano de
Toledo Uldila, tras demostrar estar de acuerdo con la nueva política intentarían la conjura. La conjura no sale del propio y palacio y se neutraliza coincidiendo con la muerte
de la Reina Gosvinta. El tercer intento tiene lugar durante el año 588 y principios del
589 y que con el tiempo se presentaría bastante más peligroso al contar con el interesado apoyo del Guntram de Borgoña; la rebelión estaría encabezada por dos ricos comités civitatis de Septimania, Granista y Wildigerno, y tendría como ideólogo al obispo
arriano de Narbona (ciudad centro de la rebelión) Athaloco. Para cortar dicha rebelión
se mando a Septimania al dux de la Lusitania, Claudio; este último, y contando con el
apoyo de Childeberto y Brunequilda de Austrasi, obtendría una decisiva y cruenta victoria sobre las tropas expedicionarias borgoñonas mandadas por el franco Bosson. Sería
entonces cuando el Rey Recaredo con el aplastamiento de las rebeliones, decidiría dar
un paso decisivo a su política unitaria. con la convocatoria del Concilio de Toledo, con
el fin de ratificar la abjuración oficial de la herejía arriana y realizar la pertinente reorganización de la nueva Iglesia unitaria y nacional.
El concilio convocado por el rey que ocupó al mismo tiempo la presidencia de
sus sesiones, al mismo tiempo que señala ya, de una forma clara las atribuciones de
protector y vigilante que se atribuía en la nueva Iglesia. Con este hecho, Recaredo reforzaba y profundizaba en el proceso de imperialización de la realeza visigoda, ya iniciada por Leovigildo. En las actas conciliares el poder real es conceptuado como maiestas e imperium a semejanza de los emperadores bizantinos, Recaredo es aclamado
por los padres conciliares como orthodoxus rex y se le atribuyen funciones apostólicas.
Según las actas que nos han sido transmitidas del III Concilio de Toledo, este
constó de dos partes muy bien diferenciadas. La primera, estuvo dedicada a manifestar
y dar pública y oficial constancia de la conversión a la fe católica del rey, un número
importante de obispos y clero arriano y determinados nobles visigodos, apareciendo
Recaredo como promotor de la unidad e la Iglesia y de su paz .La segunda, estuvo dedicada a la aprobación de una serie de cánones por los que se intentaba regular la estructura y funcionamiento de la nueva Iglesia del estado y, sobre soto, se traba de delimitar sus funciones de tipo gubernativo no estrictamente eclesiásticas en el Estado Visigodo. También se procedió a regular los pasos a seguir a la fe católica del clero e
Iglesias arrianas, por decisión real se decretaba el mantenimiento por estos de sus antiguos grados, al tiempo que se situaban los bienes de la desaparecida Iglesia arriana
bajo la jurisdicción de los obispos católicos.
Política exterior: Recaredo se propuso dar una sólida solución al otro problema
heredado de su padre, que eran las hostiles relaciones con algunas cortes merovingias.
Dichos conflictos se centraban en torno a Brunequilda de Austrasia y Guntram de Borgoña. Por medio de Gosvinta, Recaredo pudo llegar a un acuerdo con la corte de Austrasia, lo que venía a unirse a las tradicionales buenas relaciones con Chilperico de
Neustria. Sin embargo, con Guntram las relaciones fueron muy distintas, las ambiciones de este de anexionarse la Septimania, no habían desaparecido, e intentó su conquista aprovechando las rebeliones nobiliarias y arrianas en el año 589. La derrota sufrida por sus tropas acabó para siempre con cualquier intento de penetración en la Septimania visigoda.
303
Después del Concilio de Toledo, pocas noticias se tienen del reinado de Recaredo, solo algunas menciones que hace Isidoro de Sevilla de operaciones militares contra
vascones y bizantinos. Los vascos a pesar de la derrota sufrida por Leovigildo, continuaban sus acciones de independencia frente al poder visigodo. Mientras que los bizantinos debieron de ganar territorio en la Península, posiblemente en el sur. De todas
formas Recaredo a finales de la década de los noventa, habría querido llegar a un
arreglo pacífico en virtud del cual se garantizase el status quo fronterizo, para lo cual
habría intentado servirse de los buenos oficios como intermediario ante la corte de
Constantinopla del papa Gregorio Magno.
Cuando Recaredo murió de muerte natural en Toledo en diciembre del 601, pudo ser sucedido, a lo que parece sin mayores contratiempos por su hijo Liuva II. El
nuevo rey poseía, no obstante faltas graves para poder mantenerse en el trono. Hijo
bastardo de Recaredo, carecía de sangre noble por parte de madre., lo que le restaba
el apoyo nobiliario. Lo cierto es que en el verano del 603 un golpe de Estado, al parecer
incruento, dirigido por Witerico (otro tiempo rebelde y traidor), le destronó y después le
hizo asesinar.
5. LA DOMINACIÓN DE BIZANCIO EN LA PENÍNSULA
La política de expansión y reconquista del antiguo Imperio romano en occidente
llevada a cabo por Justiniano, dio lugar a la ocupación por parte de Bizancio de parte
de la Bética y de la Cartaginense (desde Cádiz hasta Denia), durante aproximadamente unos setenta años a partir del 552. Pero un aspecto muy importante en la dominación bizantina fueron las bases socioeconómicas a aparte de las políticas, que posibilitaron la reconquista de Justiniano y el mantenimiento de la dominación bizantina en el
sur y levante durante al menos sesenta años. En 2º lugar hay que incidir en la organización administrativa de dichas posesiones en esta época.
Es de destacar las posibles fuerzas e intereses sociales y económicos en que se
basó la ocupación bizantina, ya que la diferencia de credo religioso existente en un
primer momento (visigodos arrianos, bizantinos e hispanorromanos católicos) no jugó
un papel esencial en la confrontación entre ambos. A este respecto, la diferencia ya
reseñada entre los éxitos logrados frente a los bizantinos por Leovigildo y el relativo
fracaso de Recaredo parece elocuente. El que la poderosa familia de Leandro de Sevilla abandonase sus posesiones en Cartagena y se trasladase a Sevilla y el que ciudades como Córdoba y Sevilla no pidiesen ayuda bizantina frente al visigodo, es debido a
que la dura y centralizada administración fiscal y militar del Imperio no podía ser el mejor aliciente para una aristocracia demasiado acostumbrada a su autogobierno desde
finales del V. Por el contrario, es posible que los grupos comerciales de las ciudades
podrían encontrar ciertas ventajas económicas en el gobierno imperial, al contar con
mayores perspectivas para su tráfico comercial. Este hecho, junto a la misma geopolítica de la ocupación bizantina (interés por dominar el Estrecho y el aferrarse hasta el
final al dominio de la costa), el declarado interés de Justiniano por asegurar rutas comerciales y el ejemplo de la conquista del África vándala, explica el sostén de la conquista y ocupación bizantina en la península Ibérica, pues, no puede olvidarse la presencia en toda la zona de activas colonias de comerciantes orientales.
Para el estudio de la organización administrativa de las posesiones bizantinas en
la Península Ibérica, hay material epigráfico, epistolar, con las suscripciones de los
concilios visigodos y la fundamental Descriptio Orbis Romani de Jorge de Chipre o
descripción general de la estructura administrativa del Imperio en lo que se refiere a las
provincias occidentales se fecha a finales del siglo VI o principios del VII. De acuerdo
con ello se puede afirmar que la extensión de las posesiones imperiales en la Penínsu-
304
la hacia el 600, se limitaba a una estrecha franja costera que abarcaría desde aproximadamente el río Guadalete por el oeste, hasta más o menos Denia por el Noreste
(después de las anexiones de Leovigildo). En cuanto a su penetración interior, dicha
franja costera debería abarcar, entorno al 600, la actual provincia de Málaga, la parte
más meridional de la de Granada (sur S. Nevada, dejando fuera a Granada y Guadix),
parte de la de Almería con la excepción de la comarca de los Vélez y las zonas más
orientales de las provincias de Murcia y Alicante. Estas posiciones peninsulares, junto
con las islas Baleares, formaban hacia el 600 una sola provincia denominada Spania.
Dada su posición extrema y rodeada por territorios externos al Impero por todas partes,
la administración de esta provincia mostraba características militares especiales. En
ella se había establecido un sistema fronterizo semejante al existente en las provincias
más amenazadas de los exarcados de África e Italia. La defensa de la franja costera
estaba confiada a una serie de campamentos o pequeños núcleos urbanos fortificados
en 1ª línea, y por lo general una posición más retirada, un nº menor de ciudades fortificadas, por lo general utilizando como gran línea estratégica la importante vía Augusta.
Para defensa de todas estas plazas existían tropas limitáneas o de frontera; fuerzas de
no demasiada calidad bélica a las cuales se les confiaba la defensa de un determinado
sector del limes, a cambio de lo cual se les concedía la explotación en beneficio propio
y heredable de tierras situadas en las cercanías de los acuartelamientos. Junto a estas
se encontraban estacionados en la provincia varios numeri de tropas regulares o comitatenses, posiblemente de procedencia oriental. Al frente de esta organización militar
se encontraba un dux el cual con frecuencia tenía en la jerarquía militar del Imperio el
grado de magister militum y el título, de patricio. Sin embargo en zonas muy amenazadas como en Spania este alto comandante militar había acabado por asumir una completa jurisdicción y mando en la administración civil, de esta forma, en las posesiones
bizantinas de la Península, a finales del S. VI, se había producido una total militarización de la administración tal como ocurría a lo largo del s VII en todo el Imperio y también en el reino visigodo con Chidasvinto.
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TEMA 34.- EL REINO DE TOLEDO (2).
De Witerico a Tulga.
1. CARACTERIZACIÓN DE LA ÉPOCA
Se trata de una de las épocas más turbulentas, y en parte peor conocidas del reino Visigodo de Toledo. En el transcurso de los desiguales reinados de al menos ocho
monarcas: Witerico (603-610), Gundenaro (610-612), Sisebuto (612-621), Recaredo II
(621), Suintila (621-632), Sisenando (632-636), Chintila (636-639) y Tulga (639-642).
En esta época vamos a asistir realmente a éxitos resonantes del poder central
del Estado, pero también a fracasos rotundos que señalan una quiebra irreparable e los
ideales de gobierno esbozados en su día por Leovigildo y, en parte, por Recaredo. Bajo
esta última perspectiva, este largo periodo de algo menos de medio siglo puede ser
visto como intermedio entre esas dos grandes cúspides constituyentes del reino visigodo de Toledo marcadas respectivamente por Leovigildo - Recaredo y Chisdasvinto Recesvinto.
Los reinados de Witerico, Gundenaro, Sisebuto y buena parte del de Suintila señalan un buen momento del poder central del Estado visigodo; es el momento en que
este mismo poder central obtiene por otro lado éxitos exteriores de enorme trascendencia, como la recuperación total de las posesiones bizantinas en la Península Ibérica. Por el contrario, los restantes reinados hasta el 642 marcan una profunda crisis del
poder monárquico atacado por la supremacía socioeconómica, cada vez más evidente,
de la aristocracia tanto laica como eclesiástica; y ante la incapacidad de institucionalizar y reglamentar de forma estable en lo político dicha supremacía nobiliaria, surgirán
por doquier rebeliones y golpes de Estado.
2. LOS REINADOS DE WITERICO Y GUNDENARO
En virtud de un golpe de Estado anterior, Liuva II fue sustituido en el trono por
Witerico en el verano del 603. Este noble visigodo, rudo y bien dotado para la guerra,
sería capaz de mantenerse en el trono hasta su asesinato en abril del 610. Los pocos
datos que se tienen de su reinado parecen indicar que intentó realizar una enérgica
política tanto en el interior como en el exterior. Se sabe de sus relaciones con los bizantinos y con el mundo merovingio, las dos únicas potencias limítrofes para el reino visigodo en esta época. Isidoro de Sevilla nos informa de las frecuentes acciones bélicas
contra las posesiones bizantinas realizadas durante su reinado; con ello Witerico volvía
a la política ofensiva de Leovigildo, que se había visto frenada con una cierta recuperación bizantina en tiempos de Recaredo.
La reanudación de la ofensiva visigoda debió de verse facilitada por la terrible
crisis interna y exterior por la que atravesaba entonces Bizancio con los negros años
del gobierno de Focas. La inundación del Oriente bizantino por los persas y la renovación de la ofensiva lombarda en Italia impedirían cualquier envío de refuerzo a la lejana
provincia de Spania.
Los ataques de Witerico debieron centrarse sobre todo en torno al extremo occidental de la provincia bizantina. Aquí Witerico debió restablecer en parte la situación
alcanzada por Leovigildo con la conquista de Medina Sidonia. En efecto, los visigodos
lograron apoderarse en ese momento de la importante plaza fuerte de Saguntia, situada un poco más al norte de Medina Sidonia sobre la misma estratégica calzada que
unía Baesipo con Sevilla. La política llevada a cabo con la Galia merovingia debía obe-
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decer a un doble fin: tanto la conservación del statu quo en las fronteras de la Septimania visigoda como buscar apoyos y seguridades exteriores a su familia y a su política
ofensiva contra el Imperio.
Inciertas y escasas son las noticias que tenemos sobre la política interior del reinado de Witerico. Realizó una enérgica política frente a ciertos sectores de la aristocracia, sobre todo de la establecida en la Narbonense, para lo que se apoyaría en miembros del episcopado.
Esta política enérgica y limitativa para las prerrogativas de la nobleza debió ocasionar hondo malestar, incluso en las propias filas de la aristocracia que le había llevado al poder en el 603. Aunque existen indicios de que al final de su reinado Witerico
intentó llegar a un acuerdo con dichos sectores nobiliarios, lo cierto es que en abril del
610 el rey sería asesinado en el transcurso de un banquete, como consecuencia de un
complot tramado en el seno de su propia facción.
A consecuencia de este nuevo golpe de Estado subió al trono, posiblemente por
elección de los conjurados Gundenaro. Durante los dos años del reinado del nuevo rey
se mantendría una política exterior en todo continuación de la propugnada con anterioridad por Witerico. Tal continuidad debía tener su base en el carácter de complot en el
seno del propio grupo nobiliario dominante con Witerico.
Esta continuidad en la política exterior de Gundenaro la vamos a ver explicada
en los dos frentes y acostumbrados del reino visigodo: el Imperio Bizantino y la Galia
merovingia. Con respecto al Imperio, que se encontraba ahora sumergido en una mayor anarquía si cabe, Isidoro de Sevilla nos habla de una expedición de Gundenaro que
tuvo como fin el asedio, parece ser que sin consecuencias, de una importante plaza
fuerte en poder de los bizantinos. La política antibizantina, destinada ya a terminar con
la presencia del Imperio en suelo hispánico, encontró su reflejo también en una declaración conjunta realizada por Gundenaro y un gran número de obispos de todo el reino
en octubre de 610. En dicha declaración, muy posiblemente redactada por Isidoro de
Sevilla, se afirma la indivisibilidad de la provincia Cartaginense, resaltándose la indiscutible primacía metropolitana en ella de la sede de Toledo. Tales afirmaciones estaban
en abierta oposición con la creación, en tiempos de Recaredo, de la provincia de Carpetania con aquellos territorios de la antigua provincia Cartaginense en poder de los
visigodos, lo que equivalía a reconocer la legitimidad del hecho de la presencia bizantina en la zona.
Por el contrario, la política interna del reinado de Gundenaro sí parece haber corrido por senderos diferentes, y aún opuestos, a la de su predecesor Witerico.
Gundenaro, que debía el trono precisamente al triunfo de la nobleza, debía en
principio cambiar de actitud. En el decreto del rey y los obispos visigodos sobre la provincia Cartaginense, muestra claramente un cambio de actitud por completo favorable a
las pretensiones de la nobleza. En efecto, por debajo de un tono “imperializante”, en la
jerga del decreto se marca claramente una fuerte delimitación de los poderes de la monarquía, así como una crítica velada a las medidas contrarias a la nobleza de Witerico;
tal limitación era nada menos que la renuncia real a nombrar en el futuro obispos para
las sedes vacantes de la Cartaginense en contra de los intereses del metropolitano y
de la Iglesia en general. Esta política de concordia con la poderosa aristocracia fundiaria le permitiría a Gundenaro acabar con su reinado en paz en 612. Gundenaro fallecía
en Toledo de muerte natural.
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3. LA ACTIVIDAD MILITAR DE SISEBUTO
Los grupos nobiliarios en el poder debieron ponerse de acuerdo para elegir como sucesor a Sisebuto. En principio cabría esperar que la política a realizar por el nuevo monarca tampoco iba a desviarse en demasía de las líneas marcadas por el corto
reinado e su predecesor Gundenaro, que debía haber dejado a medio terminar importantes acciones militares frente a los bizantinos del mediodía y levante y contra los
siempre rebeldes y saqueadores pueblos septentrionales de la Península Ibérica.
La política militar de Sisebuto en estos primeros años de reinado estará dirigida
a los dos frentes ya tradicionales de anteriores reinados: las posesiones bizantinas en
la Península y los pueblos prácticamente independientes del norte. Contra los bizantinos dirigió dos campañas, en las que participó el entonces dux Suintila. Aprovechándose de la extremada situación por la que pasaba el Imperio en aquellos años, los visigodos lograrían apoderarse de una gran parte de la provincia bizantina. Los esfuerzos de
Sisebuto se centraron sobre todo en la conquista del sector meridional; en estas campañas cayeron ya definitivamente en poder del reino de Toledo las importantes plazas
fuertes de Medina Sidonia y Málaga, con toda la zona circundante. Las acciones militares debían de estar terminadas en torno al 615; por las razones que sea, lo cierto es
que en ese momento Sisebuto se avino a aceptar las proposiciones de paz presentadas por el gobernador bizantino Cesario, en virtud de las cuales se confirmaban las
ganancias territoriales obtenidas hasta la fecha por los visigodos. A partir de ese momento la provincia de Spania debió quedar reducida, además de a las Islas Baleares, a
una limitada franja de terreno en torno a la importantísima plaza fuerte de Cartagena en
el sureste peninsular. Es de señalar la extremada magnanimidad ejercida por Sisebuto
en sus campañas contra los imperiales para conseguir la lealtad de sus nuevos súbditos: tal fue la compra, incluso a costa del propio tesoro real, de un gran número de prisioneros de guerra convertidos en esclavos.
Las acciones militares de Sisebuto contra las poblaciones norteñas debieron realizarse a principios de su reinado, para estar ya prácticamente finalizadas en el 613,
aun antes de comenzar las campañas contra los bizantinos. Estas acciones debieron
de tener dos frentes principales e ir dirigidas cada una de ellas por un dux provinciae.
Mientras que Richila penetraba por el occidente, consiguiendo con la ayuda de operaciones de desembarco en la costa el sometimiento momentáneo de los rebeldes astures trasmontanos, por su parte el posterior monarca Suintila, avanzaba desde el alta
valle del Ebro en la zona de los montes de Oca y en Álava, para lograr una sumisión
teórica y coyuntural de la población montañosa de los Ruccones.
4. EL REINADO DE SUINTILA
El reinado de este monarca puede dividirse en dos partes muy bien definidas,
tanto por su actitud política y militar como por las fuentes que nos han llegado de cada
una. Durante el primer periodo de su reinado, que abarca unos cinco años, destacan
sobre manera sus actividades militares.
Estas actividades se iban a dirigir a los dos frentes bélicos ya visitados por Sisebuto: el sureste bizantino y las poblaciones septentrionales. En primer lugar, en el 621
Suintila dirigió sus fuerzas hacia el norte. La razón de esta campaña se debía a la peligrosidad que estaban adquiriendo las penetraciones de las poblaciones de autónomos
montañeses de estirpe vascona en el valle del Ebro. El ataque de Suintila debió partir
de la zona de la Rioja para penetrar en la alta Navarra. La victoria conseguida por las
armas visigodas debió ser bastante considerable: los montañeses le prometieron obediencia en el futuro, entregaron rehenes y se obligaron a colaborar en la construcción
308
de importante plaza fuerte, Ologicus, probablemente la actual Olite, donde se estableció una guarnición visigoda. Con ello Suintila procedía a organizar sólidamente una
línea defensiva y de vigilancia sobre las poblaciones vascas orientales.
Más importancia tendrían ciertamente las operaciones militares realizadas entre
el 623 y el 625 contra los restos de la provincia bizantina de Spania. En unos momentos en que la fuerzas bizantinas destacadas en la Península sólamente podían confiar
en sí mismas. Con facilidad, Suintila pudo hacer prisioneros a dos comandantes sucesivos de las fuerzas bizantinas y apoderarse de las ciudades que aun quedaban en poder del Imperio tras las campañas de Sisebuto; en concreto Cartagena, que tras ser
conquistadas sería destruida y abandonada, dejando de existir como tal ciudad y sede
episcopal.
Más difícil resulta conocer las política interna desarrollada por Suintila; problema
que., además, se encuentra íntimamente relacionado con la oscuridad que envuelve los
últimos cinco años de su reinado. Esta oscuridad tan solo se encuentra en parte iluminada por un documento de imparcialidad muy dudosa: la declaración de los obispos y
nobles reunidos en concilio IV de Toledo en el 633, en la que se trata de justificar la
rebelión contra Suintila que llevó al trono a Sisenando.
Isidoro de Sevilla, en la llamada versión larga de su Historia (625) alaba la política interior desarrollada hasta ese momento por Suintila. Isidoro, como representante
que era de los intereses de la alta aristocracia laica y eclesiástica, recuerda como
pruebas de esa óptima política, la generosidad desplegada por el monarca para con la
Iglesia y el resto de la aristocracia, la fidelidad, la prudencia y la consulta previa antes
de tomar cualquier decisión. En el fondo, tal proceder filonobiliario en los primero años
del reinado de Suintila era de esperar si pensamos en cómo se produjo su ascensión al
trono, tras el malestar de la nobleza por la política demasiado “realista” de los últimos
tiempos de Sisebuto.
Pero tal como era el destino de todos los monarcas visigodos, los triunfos militares conseguidos en esos primeros cinco años de reinado debieron inducir a Suintila a
un cambio de política interior, tendente a un reforzamiento de los aspectos “imperiales”
de su gobierno y del poder de su familia. Ya en 625, después de su gran éxito sobre los
bizantinos, Suintila se atrevió a dar un paso siempre muy mal visto por la poderosa
aristocracia: la asociación al trono de su hijo Ricimiro. Los obispos del concilio de Toledo del 633 señalaron como el principal crimen cometido por Suintila, la rapacidad del
rey, que habría procedido a confiscar un gran número de propiedades eclesiásticas.
Todos estos datos, extrañamente coincidentes, señalan claramente el marco de
una política antinobiliaria de Suintila, que a la fuerza se desarrolló en los últimos cinco
años de su reinado; existe incluso algún indicio de ciertas depuraciones realizadas por
el rey en personas que habían ocupado primerísimos lugares durante el reinado de Sisebuto, tal sería el caso del dux Richila.
5. LA ASCENSIÓN AL PODER DE SISENANDO
Ante las circunstancias descritas al final del apartado anterior, no cabe extrañar
que surgiese de inmediato un amplio complot de la nobleza, que se veía atacada en
sus propios intereses y prerrogativas, para derribar a Suintila y elevar al trono a uno de
los suyos dispuesto a reconocer tales derechos. El núcleo del complot nobiliario debió
tener su asiento en la Narbonense a finales del 630. Elemento principal en la conjura
habría de ser una poderosa familia fuertemente asentada en Septimania. El jefe de ella
en aquel momento era Sisenando, muy posiblemente dux de la Narbonense, mientras
que otro miembro de la familia, el padre del famoso asceta y obispo Fructuoso de Bra-
309
ga, ejercía también por las mismas fechas el cargo de dux de Callaecia.
Pese a que los conjurados contaban con importantes fuerzas dentro del mismo
reinado visigodo, decidieron, para asegurar más el éxito de la rebelión, solicitar ayuda
militar del merovingio Dagoberto, en pago de la cual se le entregaría una famosa fuente
de oro de 500 libras de peso, perteneciente al tesoro real visigodo. Ante tal colación de
fuerzas debieron de producirse gran cantidad de defecciones en las filas de Suintila;
traiciones que alcanzarían incluso al propio hermano del rey, Geila. Cuando los rebeldes, en unión del ejercito expedicionario franco que había partido de Tolosa, llegaron a
Zaragoza, Suintila y su familia se entregaron sin combatir, mientras la nobleza visigoda
aclamaba rey al jefe de la rebelión. Sisenando.
La forma tiránica, contra el poder legalmente instituido, en que se había producido la deposición de Suintila y la elevación al trono de Sisenando, incitaría al nuevo rey
a intentar legitimar y fortalecer su posición mediante el refrendo público de los poderes
fácticos del reino: la nobleza laica y eclesiástica. Para conseguirlo el mejor medio era la
convocatoria de un concilio general, hecho que no se había producido desde el 589.
Pero lo cierto es que Sisenando se vio obligado a posponer tan fundamental y esencial
acto hasta finales del 633, después de más de dos años y medio de haberse producido
la deposición, por una gran parte de la nobleza, de Suintila.
6. EL IV CONCILIO DE TOLEDO
Las decisiones tomadas en el magno concilio general reunido en Toledo el 5 de
diciembre del 633, marcan una etapa decisiva en la evolución de las relaciones monarquía / nobleza, que a ciencia cierta constituían ya el eje de toda la vida política del reino
visigodo. El carácter de rebeldía nobiliaria de la ascensión al trono de Sisenando y las
dificultades en que este se encontró en los años inmediatamente anteriores al concilio,
ofrecían a la nobleza una magnífica oportunidad para ver reconocidas sus aspiraciones
políticas. Tales aspiraciones de la nobleza iban a verse realizadas reflejadas en el famoso canon 75 del IV Concilio e Toledo. El propósito que guió a los padres conciliares
dirigidos por Isidoro de Sevilla (y verdaderos portavoces de los intereses de la nobleza). Redactar dicho canon, era nada menos que poner fin a una desastrosa situación
anterior, concretamente en continuas rebeldías y luchas intestinas entre los nobles.
Para ello había una sola solución: reglamentar la sucesión real de forma tal que
surgiesen las menores discordias y divisiones nobiliarias posibles. Fue con tal objetivo
que el concilio propuesto que, a la muerte del rey, su sucesor habría de ser nombrado
de común acuerdo por todos los obispos y la alta nobleza laica. Una vez que se hubiese elegido rey, todos deberían de inmediato prestar juramento tanto por la conservación de la vida de los reyes como por la propiedad y estabilidad del país y de la gens
Gothorum, es decir de la nobleza. Por otro lado, los padres conciliares también decidieron (en estrecha comunión de ideas con la teórica política de Isidoro de Sevilla, que
sostenía una concepción del rey como minister Dei, con unas obligaciones que cumplir,
en una situación no superior a la iglesia, con unas funciones estrictamente definidas),
que a partir de ese momento también los reyes habrían de atenerse de modo estricto al
contenido de la ley, lo que era una clara limitación del poder real en beneficio de los
nobles: a partir de entonces, sin el consentimiento de estos últimos no sería factible
condenar a ningún miembro de la nobleza. Aún más, se decretaba que, en el futuro,
aquellos reyes que se comportasen despóticamente serían apartados de la Iglesia, lo
que equivaldría a su deposición tal como había ocurrido con Suintila, cuyo fin de esta
forma se legitimaba. En lo referido a Suintila y su familia, a cambio de respetarles la
vida, se les condenaba a la confiscación de todos sus bienes y al destierro de por vida:
clara advertencia para los reyes futuros.
310
El concilio también se ocupó de otras cuestiones internas de la Iglesia, muy necesitadas de reglamentación tras los muchos años transcurridos sin concilios generales. Así, se procuró lograr una mayor unidad de la iglesia visigoda uniformando sus
practicas litúrgicas. También se dictaron numerosas decisiones sobre el patrimonio
eclesiástico, intentando reglamentar la espinosa cuestión de los derechos respectivos
de obispos, clero y fundadores y patronos de iglesias, y sobre todo se reforzaron los
lazos de dependencia entre la Iglesia y sus esclavos y libertos, quedando estos últimos
bajo una perpetua e indisoluble relación de patrocinio.
Numerosos cánones también se dedicaron a reforzar la disciplina y costumbres
del clero; al tiempo que se excluía toda prerrogativa real en el nombramiento de obispos, así como se decretaba una verdadera inmunidad de prestaciones personales al
Estado para todo el personal libre de la Iglesia.
Finalmente, unos diez cánones fueron dedicados de nuevo a tratar la cuestión
judía. Los obispos, aún reconociendo lo radical y el fracaso de la conversión general
decretada por Sisebuto, consideraron oportuno reforzar de nuevo las antiguas decisiones discriminatorias tomadas de Recaredo y Sisebuto, que debían haber sido un tanto
incumplidas en tiempos de Suintila. Ahora, además, se decretaba la prohibición para
los judíos e ocupar cualquier cargo público, así como la separación de sus padres de
los niños judíos, que serían educados en instituciones eclesiásticas, prohibiéndose
también las relaciones de cualquier tipo entre judíos conversos con los no cristianos.
311
TEMA 35.- EL REINO DE TOLEDO (3).
De Chisdasvinto a la dominación árabe.
1. LOS REINOS DE CHISDASVINTO Y RECESVINTO
Lo esencial de la documentación existente para reconstruir estos años es de
carácter conciliar (en estos años se celebraron 3 concilios generales y dos provinciales)
y el legal (recopilación legislativa preparada por Chisdasvinto y publicada por Recesvinto).
Esta abundancia de material legal y canónico resulta apropiado para el estudios
de las reformas administrativas introducidas en esta época, así como para conocer la
situación social y política de la Península en estos momentos.
Estos dos reinados, sobre todo el de Chisdasvinto van a señalar un gran esfuerzo para fortalecer la institución monárquica y la idea de Estado centralizado y de índole
pública heredada del Bajo Imperio. Pero, paradójicamente, este intento se va a realizar
a partir de la estructuración sociopolítica del Estado visigodo en base a una aristocracia
fundiaria, unido entre sí por lazos de dependencia, que da como consecuencia la formación de facciones nobiliarias en lucha continua por la hegemonía.
En el fondo la gran reforma administrativa de esta época será el intento de estructurar un Estado Centralizado y poderoso en base a esta realidad socioeconómica y
política. El fracaso a largo plazo estaba garantizado.
Los primero años del reinado de Chisdasvinto están dedicados a poner orden en
la caótica situación del reino, mediante un reforzamiento de su posición como rey y
como miembro de una poderosa familia, como paso previo a la reorganización administrativa. Al subir al trono, Chisdasvinto tenia 79 años. Había participado en conspiraciones nobiliarias y su ascenso al trono era por el pronunciamiento “tiránico” de un sector
de la nobleza visigoda. Sabía bien en que consistía el mal interior que estaba amenazando con desintegrar el reino visigodo, sin necesidad de una amenaza bélica del exterior.
Para conseguir sus fines Chisdasvinto recurrió a:
Una mayor presión y control sobre los intentos de rebeldía de ciertos elementos de
la nobleza mediante “purgas” sangrientas y confiscaciones, así como una intervención en las posibles alianzas entre los nobles y un mayor control sobre los que ocupaban cargos públicos.
* Creación de una “nobleza de servicio” muy adicta, mediante la concesión de notables privilegios y beneficios.
* Fortalecimiento de la base económica personal.
* Aumento de las instancias teocráticas de la institución real.
*
El carácter de rebelión que tuvo su subida al trono, originó en zonas del reino resistencia a su alzamiento (Mérida.). Chisdasvinto realizó por ello una importante purga
(fueron ajusticiados 200 primates Gothorum y 500 mediogres. Otros huyeron al extranjero y otros ingresaron en el estado clerical para salvar su vida. Tanto a los ajusticiados
como a los huidos al exterior se les aplicó la consfiscación de sus bienes. Para ello
promulgó leyes. A todos los rebeldes y expatriados, tanto laicos como eclesiásticos, se
les castigaría con la pena de muerte y la total confiscación.
312
Por otra ley, se prohibían los matrimonios hasta el sexto grado de consanguinidad, para frenar las facciones nobiliarias mediante alianzas matrimoniales.
Para controlar la administración territorial, y refrenar los deseos autonomistas de
los nobles, concedió a los obispos poderes de inspección sobre los jueces laícos. Lo
que, servía también para funcionarializar a estos.
Reforzó la antigua regalía sobre los nombramientos episcopales, interviniendo
en los asuntos internos de la Iglesia. Y restringió el derecho de asilo eclesiástico.
También procuró construir una adicta nobleza de servicio que le apoyara frente a
la antimonárquica. Mediante la concesión e privilegios y prebendas. Concediéndoles
los patrimonios fundiarios confiscados a sus opositores, y haciendo casar a las viudas e
hijas de los ajusticiados con sus fideles. Así al mismo tiempo reestructuraba en su provecho los lazos de parentesco y alianza entre la nobleza.
Legisló también sobre la inajenabilidad de las donaciones reales y reforzó su base económica aumentándoles propiedades fundiarias sirviéndose de las confiscaciones. Este aumento en la hacienda se reflejó en los trientes áureos acuñados por él,
haciendo con ello propaganda de su poder, y procuró al mismo tiempo un mejor control
de la hacienda real evitando las usurpaciones.
Reforzó las instancias teocráticas de su poder. El rey, vicario de Dios en la tierra
es el ejecutor de la voluntad divina. La desobediencia era castigada con penas canónicas (justificando así su intervencionismo eclesiástico). No aumentó sin embargo la tradicional presión sobre los judíos, se contentó con impedir su proselitismo entre estos.
Se preocupó también del siempre presente problema de las incursiones de las
poblaciones septentrionales de la Península. Éstas en los años de anarquía habían
eludido el dominio visigodo. Realizó expediciones de castigo sobre la población del
País Vasco y la Cordillera Cantábrica desde el 642.
En el 646 convocó un concilio general en Toledo donde aprobó las medidas antinobiliarias ya tomadas, y ponía coto a la codicia de algunos obispos gallegos de apoderarse de los bienes de las parroquias rurales.
En el 647 daría el paso decisivo para consolidar el poder de su familia con la
asociación al trono de su hijo Recesvinto (en contradicción con las normas de los concilios IV y V de Toledo). Padre e hijo se mantuvieron en el poder hasta la muerte de
Chisdasvinto en el 653.
En los primeros años del reinado de Recesvinto se pusieron de manifiesto las
debilidades estructurales de este sistema. Los intereses de los grupos nobiliarios privilegiados eran opuestos al aumento económico de los del rey. Añadiéndose dos factores nuevos de desequilibrio:
La gran concentración de poder tras las reformas administrativas en ciertos cargos,
como el de dux provinciae.
* La persistencia de algunos grupos nobiliarios marginados por Chisdasvinto, pero
que aún seguían teniendo fuerza.
*
Estalló por ello una rebelión dirigida por Froja, dux de la Tarraconense. Se aprovechó del descontento de la población vascona por la presión que se ejercía sobre
ellos, y organizó con éstos un ejercito con el que se apoderó de una parte del Ebro y
puso sitio a Zaragoza. Recesvinto logró derrotarle y darle muerte con la colaboración
de parte de la nobleza. Ésta le pasaría factura por su ayuda.
313
Recibió fuertes presiones nobiliarias para que moderase las represalias a tomar
contra los culpables de traición. En el concilio VIII de Toledo estas presiones se vieron
reconocidas. Los obispos y nobles pidieron la amnistía para las damnificados en tiempos de Chisdasvinto.
Criticaron también el enriquecimiento del patrimonio familiar de Chisdasvinto y la
no elección por la nobleza de Recesvinto. Decidiendo unir los bienes que habría adquirido Chisdasvinto al patrimonio de su corona (no eran heredables), debiendo entregarse parte de ellos a la nobleza. El patrominio de Recesvinto se redujo a las propiedades
adquiridas por Chisdasvinto antes del 642.
Recesvinto intentó oponerse dictando una leyu en este concilio que designaba
como patrimonio de la corona todos aquellos bienes adquiridos desde Suintila, y que él
podría disponer de ellos. Tal disparidad de criterios hizo chocar al rey con la nobleza. Al
final claudicaba el rey.
El Concilio VIII también determinó que todo rey debía ser elegido por los obispos
y altos dignatarios palatinos. Así, frente a las aspiraciones teocráticas de Chisdasvinto,
el concilio volvió a conceptuar la realeza como un cargo, al que se exigían una condiciones para desempeñarlo según la teoría política anterior de Isidoro de Sevilla.
El concilio volvió a hacer hincapié también en las decisiones antijudias anteriores
(conversiones presionadas desde el poder), y se ocupó además de algunas cuestiones
referentes a las costumbres y vida del alto clero, degradado por la simonia, incontinencia y ocupación de cargos sin preparación. Condenando asó la política de Chisdasvinto, de fuerte intervencionismo en los nombramientos episcopales.
Recesvinto, escarmentado, no volvió a convocar ningún concilio general para
tratar de cuestiones políticas: los obispos se habían revelado como portavoces de los
intereses de la alta nobleza.
Otro de los acontecimientos durante el reinado de Recesvinto fue la publicación
en el 654 de su nuevo código de caractercaracterística “nacional”. El Liber Iudicum se
constituye en la herencia más clara del antiguo reino visigodo. Recogía leyes antiguas
de Leovigildo, Recaredo y Sisebuto y otras nuevas. Estas 87 leyes indican el giro de su
política con respecto a la de su padre.
Su legislación refleja la estructuración de la sociedad en nobles y simples libres,
además de esclavos y libertos.
Su legislación no es antinobiliaria. Se reconoce desde el punto de vista jurídico
su posición privilegiada. Y se aumentan las funciones y el influjo del episcopado en la
administración pública.
Para finalizar, nos referiremos a la profunda reforma administrativa de esta época, ya iniciada en el reinado conjunto de Chisdasvinto y Recesvinto. Tal reforma consistió en una militarización de la administración. Los funcionarios y mandos militares asumen las funciones encomendadas antes a los funcionarios civiles. De esta forma, los
antiguos dux provinciae de tiempos de Leovigildo, ahora 6 (Galicia, Bética, Lusitania,
Cartaginense, Tarraconense y Narbonense) pasaron a desempañar todas las funciones
atribuidas a los gobernadores provinciales, como jueces supremos y recaudadores de
ciertos tributos.
En el territorium, centrado en torno a un núcleo urbano importante se situaba,
como antes, el comes civitatis, con atribuciones judiciales, fiscales y militares; desapareciendo el antiguo cargo de defensor civitatis de carácter civil relacionado con la curia
municipal que para esta época había dejado de existir.
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Como agentes gubernativos inferiores aparecían ahora el vicario y el thiufadus,
quingentenarius y centenarius, que el periodo precedente no habían tenido más que
funciones militares.
Las causas de tal reorganización hay que buscarlas en el estado de inseguridad,
por el poder central debilitado y por la avanzada feudalización de las estructuras sociales y políticas del reino visigodo a mediados del siglo VII. Era necesario reestructurar la
administración de carácter militar y más simplificada para controlar la nobleza, pero el
futuro demostraría esta equivocación.
2. LA ETAPA FINAL DE LA MONARQUÍA VISIGODA Y LA ASCENSIÓN DE
WAMBA AL PODER. LA REBELIÓN DE PAULO.
Este periodo abarca el reinado de seis reyes:
*
*
*
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*
Wamba (672 - 680).
Ervigio (680 - 687).
Egica (687 - 702).
Witiza (698 - 710).
Rodrigo (710 - 711).
Agila (711 - 714).
Se caracteriza por una desintegración interna del Estado, tendente a su feudalización y a su fragmentación en unidades locales de poder mucho más reducidas. Este
proceso se vería acelerado con la catastrófica invasión islámica del 711.
Cuando muere Recesvinto en el 672 fue elegido por los altos dignatarios palatinos, representantes de la nobleza, Wamba. Recibió la unción real, muestra de la sacralización de la realeza visigoda, pero sobre todo también refleja la intervención del episcopado y la nobleza en la elección real, como cargo delegado de la divinidad (teoría de
Isidoro de Sevilla).
Wamba se tuvo que enfrentar a una grave situación en el interior y en el exterior.
Con el ejército marchó a la actual Rioja para realizar una expedición de castigo contra
los vascones que en años precedentes habían reanudado su presión sobre las fronteras interiores del reino de Toledo. Cuando aún estaba en los comienzos de la expedición tuvo noticias de una rebelión nobiliaria en Septimania, que con ayuda franca había
logrado el control de zonas orientales de la Narbonense. Wamba destacó parte de su
ejercito al mando de Paulo. Pero Paulo concibió la idea de rebelarse también para apoderarse de la corona contando con el apoyo de sectores de la nobleza de Cataluña, de
la zona de las clausuras pirenáicas, de importancia estratégica y de la Narbonense. En
Narbona, fue elegido rey por los nobles conjurados, uniéndosele los anteriores rebeldes
de Nimes.
Pero Paulo y sus compañeros encontraron nulo eco en el resto de las provincias
visigodas. El avanzado proceso de fragmentación territorial que estaba padeciendo el
Estado visigodo unitario era significativo. Todo ello por la presión de grupos nobiliarios
arraigados socioeconómicamente y ahora de forma política al ocupar puestos de gobierno territorial.
Ello inclinó a Paulo a intentar un acuerdo con Wamba, contentándose con la soberanía real en la Narbonense y la Tarraconense. En una segunda etapa, y con el apoyo mercenario de contingentes francos y de vascones, trataría de apoderarse del dominio del resto del reino visigodo, desbancando por completo a Wamba.
315
Pero el rey y los nobles que se encontraban en la expedición contra tierras vasconas, decidieron terminar esta expedición de castigo y salir a reprimir la rebelión. Tras
una incursión al otro lado del sistema fronterizo visigodo en Cantabria, en la que logran
rehenes y tributos de comunidades vasconas, marcharan a Cataluña. Se apoderaron
de las plaza fuertes de Barcelona y Gerona y de los huertos defensivos de las clausuras pirenáicas, significando ello el principio del fin de la rebelión de Paulo.
Logró apoderarse de Narbona, Nimes, etc. en el 673, y consiguió la rendición de
los jefes rebeldes, juzgándolos de traición y aplicando las ordenanzas legales y conciliares. Los condenaron a la pena de la decalvación, a la pena de testificar en los juicios
y a la confiscación de sus bienes.
Tras organizar el gobierno de la Septimania con nobles leales a su causa, Wamba retornó a Toledo triunfante.
Pero Wamba era consciente de la gravedad de la rebelión de Paulo, que mostraba la debilidad del poder central y el deseo creciente de autonomía de las noblezas
locales. Por otro lado, Wamba debió tener dificultad para reclutar al ejército real ante la
reticencia de los nobles. Así, una de las primeras medidas de Wamba fue evitar este
inconveniente. Con su “Ley militar” estipula, en caso de invasión del exterior, como en
caso de rebelión interna, la obligatoriedad de todos los que se encontrasen a no más
de 100 millas de distancia, de acudir con sus fuerzas. En caso de incumplimiento se
pagaría con el destierro, la confiscación de sus bienes y la pérdida de capacidad de
testificar.
Esta ley revela que el ejercito real es esta época estaba protofeudalizado (al
constituirse por contingentes armados de grandes propietarios feudarios) y representaba un esfuerzo de controlar esa estructura protofeudal por parte del Estado.
Con fines también centralizadores Wamba intentó sujetar a los funcionarios de la
administración, nombrando para estos cargos a esclavos y libertos reales.
El control del episcopado y el inmenso patrominio eclesiástico se realiza creando
nuevas sedes episcopales. Dictó leyes para impedir la rapacidad de algunos obispos
que se apropiaban para su provecho personal de los bines de las iglesias y monasterios rurales.
Por otra ley puso freno al aumento de la fuerza del trabajo dependiente de los
fondos eclesiásticos mediante la costumbre de hacer contraer matrimonio a personas
de condición libre con libertos de la iglesia, así los hijos pasaban a estar bajo el patrocinio de la iglesia. Esta política, contraria a la jerarquía de la Iglesia visigoda se refleja
también en la ausencia en su reinado de un concilio general.
La política de Wamba, aunque tendía a fortalecer el poder central estaba basada
en una profunda contradicción: reconocía que las fuerzas vivas del Estado estaban en
los nobles y sus clientelas armadas, y que la seguridad del rey está en la lealtad de sus
fideles, a los que, por tanto, hay que recompensar con bienes y cargos administrativos.
Wamba no pudo pensar en la dinámica política y social del estado visigodo. Su
reinado acabó con un complot palaciego capitaneado por Ervigio. La obligación a toma
hábiles, le obligaron a tomar hábitos y a nombrar un sucesor.
3. LAS TENSIONES SOCIALES Y LA LEGISLACIÓN ANTIJUDÍA
La subida de Ervigio al trono (680) señalaba el fracaso de la política centralista
de Wamba. El nuevo rey buscó la colaboración de la jerarquía episcopal para que le
sirviese de contrapeso a las influencias de la alta nobleza palatina del reinado anterior.
316
Se convoca el concilio XII de Toledo con el objetivo de que se legitimase su subida al
trono y se sancionase la incapacidad de Wamba para reinar. A cambio concedía favores y privilegios al episcopado visigodo.
Intentará oponerse en ciertos aspectos a la nobleza laica, inmiscuyéndose en las
alianzas mediante matrimonios (como Chisdasvinto), redactando también una nueva
ley militar para sustituir la de Wamba. Sustituyó la pena ante el incumplimiento de la
ley, como la de incapacidad de testificar, pero su ley que ordenaba la obligación de
acudir con la décima parte de sus esclavos al ejercito real, reconocía la protofeudalización del Estado en la organización militar.
En el concilio XIII se demostró el poder de los nobles. Solicitó el perdón y la restitución de los bienes confiscados de los participantes en la rebelión de Paulo. Esta petición perjudicaba a una coalición nobiliaria que se había beneficiado con las confiscaciones. El Concilio exigió para aceptar esa petición:
*
*
Ampliar la petición a todos los damnificados desde Chintila.
Devolución de los bienes, tan sólo, que hubiesen sido unidos al fisco, pero no de
aquellos donados a otros nobles.
La petición de Habeas Corpus de los nobles, por la que tan solo podrían ser juzgados por una reunión conjunta de todos sus pares, y antes de ser juzgados no podían
ser encarcelados, maltratados ni se les confiscaría sus bienes.
Trató de cerrar la creación de una adicta “nobleza de servicio”.
A cambio de estas ganancias por parte de la nobleza, ésta le concedió a Ervigio
cierta protección para su familia.
Fuera de esta actividad conciliar Ervigio llevó a cabo una nueva edición del Liber
Iudicum, corrigiendo algunas anteriores o añadiendo otras.
Se reforzaron las medidas antijudías, reafirmando las medidas tomadas por Sisebuto y Recesvinto, prohibiendo a los judíos tener esclavos cristianos y hacer proselitismo, pero además Ervigio impuso el bautismo obligatorio de la comunidad judía (el
infractor recibiría 100 azotes, sufrirá la decalvación y sus propiedades confiscadas en
beneficio del rey). Se repitió la prohibición de que ocupasen puestos de mando y normas que impedían su circulación por el reino para impedir sus actividades.
Del cumplimiento de la legislación se encargaba a los obispos. De la repetición
de estas medidas antijudías se deduce la ineficacia de muchas de ellas. Estas medidas
atacaban a los judíos más poderosos y a éstos les sería más fácil el soborno de las
autoridades.
En este periodo también se radicaliza la tensión social. El problema endémico de
los esclavos fugitivos debió de agravarse exigiendo al Estado nuevas medidas. Se procuraba evitar la ayuda de otros esclavos o campesinos a los fugitivos.
Se daba un estado de insatisfacción y oposición en las capas más bajas de la
sociedad. Las razones eran de orden estructural agravadas por una situación económica grave: malas cosechas, hambruna, etc. por inclemencias climáticas desfavorables.
Ervigio toma las medidas de condonar los tributos directos en especies que antes de su reinado permanecían aún impagados y condena a la nobleza que abusa de
los pequeños campesinos libres ante el pago de sus tributos, para hacerse con sus
haciendas y convertidos en dependientes suyos.
317
En el 687 Ervigio cae enfermo y designa ante la nobleza a su yerno Egica como
sucesor. El reinado de Egica se caracterizaría por sus intentos de fortalecer su posición
personal y familiar, aceptando ya por completo la estructura protofeudal del Estado. Las
confiscaciones de la nobleza es el rasgo esencial de su reinado; en un ambiente de
creciente tensión social y en una situación exterior cambiante por el avance islámico en
África.
Ervigio le había hecho prometer a Egica que defendería a sus familiares, pero
éste al poco de subir al trono convocó un concilio general presentando dos peticiones:
Que se le liberase del juramento que había hecho y que se anulase el juramento general exigido por Ervigio a todos sus súbditos en favor de sus hijos. El concilio se opuso a
ambas peticiones.
Pronto surgieron choques entre el rey y sectores de la alta nobleza. Las tensiones fueron creciendo hasta que se conjuró contra el rey. Egica lo descubrió y comenzó
su represalia. Obtuvo la renovación de las penas canónicas contra aquellos que maquinaran contra el rey, quedando a su voluntad la posibilidad de conceder el perdón.
En el reinado de Egica se asiste a un nuevo incremento de la tensión social. En
el 702 la situación creada por los esclavos fugitivos era tan grave que se vio obligado a
promulgar una nueva ley en la que se endurecen los métodos para impedir la fuga de
esclavos. Impone la responsabilidad colectiva en caso de ocultación de estos esclavos
a todos los habitantes de una aldea o finca señorial. Coincide esto con catástrofes naturales de malas cosechas, hambre y epidemias.
También con más medidas antijudías, comenzadas en el concilio XVI de Toledo,
por las que se prohibía a los judíos no convertidos la realización de negocios con cristianos. Se les imponía un nuevo tributo especial. Se les quitaba cualquier propiedad
fundiaria adquirida de cristianos contra cierta compensación monetaria. Y ante la noticia de que los judíos estaban tramando una sublevación junto con sus hermanos del N.
de África. Egica decretó la confiscación de todos sus bienes de los judíos no conversos, convirtiéndolos en esclavos y dispersándolos por todo el reino, entregándolos a
personas que se comprometían a no dejarlos practicar sus ritos.
Égica asoció a su hijo Witiza al trono. A principios del siglo VIII estalló una rebelión nobiliaria, aprovechando la epidemia de peste y la tensión social. La rebelión fue
sofocada pero cuando Egica muere, Witiza cree oportuno cambiar de política.
Muchos nobles castigados por Egica fueron repuestos en su cargo por Witiza,
así como les eran devueltas sus posesiones confiscadas, favoreciéndolos con nuevas
donaciones a costa de la hacienda real. Así la alta nobleza fue tomando un definitivo
predominio sobre la realeza; y ello en un ambiente social enrarecido: esclavos fugitivos,
judíos esclavizados, mientras que por Gibraltar asomaba el peligro del Islam.
Tras la muerte de Witiza en el 710 un sector de la nobleza eligen como rey a
Rodrigo (dux de la Betica) y otro sector al descendiente de Witiza. Surge la guerra civil
donde Rodrigo vence. Mas cuando Rodrigo se halla realizando una expedición de castigo en las poblaciones rebeldes vasconas, llega una expedición musulmana que saqueaba el valle del Guadalquivir.
En el 711 Rodrigo era destrozado en la batalla del Guadalete por los bereberes
de Tarik, lugarteniente de Musa. Muere Rodrigo y derrotan en Écija a los restos del
ejército visigodo en retirada. Las tropas musulmanas alcanzan la capital del reino, Toledo. Ello impidió la elección de un nuevo rey visigodo, y a partir de entonces la resistencia al invasor estuvo falta de toda coordinación. Este hecho, junto con la mortandad
de las recientes epidemias, las hambrunas y a la guerra civil entre las agrupaciones
nobiliarias explican la rapidez de la conquista islámica.
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TEMA 36. LA SOCIEDAD Y LA ECONOMÍA EN LA PENÍNSULA
IBÉRICA DURANTE LA ANTIGÜEDAD TARDÍA.
1. EL HÁBITAT RURAL
El hábitat rural variaba bastante de unas zonas a otras. Junto a la permanencia
de la gran propiedad agraria, la villa típica del Bajo Imperio, tan abundante y lujosa en
el valle del Duero, se detectan pequeños núcleos de habitados de carácter rural.
Respecto a las villae señoriales, establecimiento agrícola aislado, de esta época
se observan una serie de diferencias con las del siglo IV. El carácter lujoso de las villas
tardoimperiales desaparece en las villas hispánicas de los siglos V al VII. El carácter
rural, de explotación agraria, desplaza al aspecto de aire señorial de antes. Por otro
lado, la evolución arquitectónica de las villas hispánicas es evidente, se hacen más pequeñas y con un marcado carácter y finalidad militar-defensiva (pasando a denominarse con frecuencia castellum), de aspecto menos lujosas en el interior. Además surgen
nuevas edificaciones que suelen yuxtaponerse a las antiguas residencias señoriales del
siglo IV, o incluso aprovechar algunos de los amplios espacios absidales, de las antiguas villas, ahora faltos de función. Estas nuevas edificaciones van a concentrar el lujo
y, van a tener un marcado carácter religioso: son capillas o iglesias rurales, u oratorios
de carácter martirial. De igual modo es frecuente que estos establecimientos religiosos
yuxtapuestos a las antiguas villae se transformasen en monasterio. Este proceso esta
unido a la cristianización de la aristocracia fundiaria, la cuál al edificar en sus dominios
iglesias y monasterios dará lugar al origen en época visigoda de la iglesia o monasterio
propio, de patronato. El patronato aseguraba a sus fundadores ciertas rentas, mayor
sujeción de los campesinos a sus dominios y las inmunidades propias de la propiedad
eclesiástica. Y en el noroeste peninsular en la segunda mitad del siglo VIII, dará lugar a
los monasterios dúplices: que equivale a una transformación de un antiguo dominio
laico a un monasterio, en la que el antiguo dueño del dominio y su familia, ocupaban
los puestos jerárquicos, mientras que sus esclavos y clientes se convertían en monjes
o servidores del monasterio; transformandose las antiguas dependencias personales
en pactos de obediencia a una regla y al abad.
Junto a este hábitat agrícola aislado (villae) se daba también el hábitat rural
agrupado en pueblos o aldeas (vicus); e incluso en ciertas regiones, el de tipo disperso
aunque solían existir en las encrucijadas de los caminos ciertos lugares dedicados a las
reuniones de los lugareños (compitalia). En estas comunidades rurales también aparecieron edificios de carácter religioso, desarrollándose de esta forma una verdadera red
de parroquias rurales en el siglo VII. Por otra parte, algunas prospecciones arqueológicas hacen sospechar de que bastantes de estas aldeas surgieron junto a una antigua
villae señorial tardorromana. Este hecho es debido a la estructura de la gran propiedad
en unidades autónomas de explotación, trabajadas por campesinos asentados.
2. PRINCIPALES CULTIVOS Y TÉCNICAS DE CULTIVO
Según las fuentes literarias los principales cultivos de la época eran los cereales,
viñedos y olivos; productos que constituían las principales especies para el pago de los
tributos.
La organización de las tierras de labor (terrae) eran por lo general abiertas sin
cercas, aunque éstas solían utilizarse en el caso de los viñedos y huertos, así como en
parcelas recientemente ganadas al bosque. Junto a las tierras agrícolas existían espacios de pastos y de monte o bosque. Estos espacios solían permanecer pro indiviso
319
(indivisibles) y ser comunales, tanto en las aldeas de campesinos libres como en las
villas (para los campesinos asentados en ella). No obstante, también se daba espacios
de montes y pastos cercados, por lo general privados y que podían alquilarse mediante
el pago de un canon del orden del 10% de las ganancias (decimae). El uso de estas
tierras (comunales o privadas) era fundamentalmente para la ganadería (que en ciertas
zonas de la península, como en la región del Berzo, era la principal ocupación) y para
la apicultura. Especial importancia tuvo en la Meseta el aprovechamiento de los bosque
de glandiferas para la cría de cerdos en régimen de montería.
Una cuestión difícil de responder es la proporción existente entre superficie cultivada y baldíos. Las fuentes de época visigoda mencionan cierta actividad de roturacion
de anteriores baldíos; pero resulta imposible cuantificarla. Las roturaciones en época
visigoda eran de dos tipos:
Individual y de pequeña extensión. Se trata de pequeños desmontes hechos en
las zonas marginales de las tierras de cultivos. Suelen estar cercadas para defenderse
de los animales y de la vegetación circundante. En muchos casos se trataría de permisos de roturación dados por el dueño del dominio a cambio de establecer relaciones de
dependencia personal.
Institucional y de gran extensión. Se trata de la puesta en cultivo y roturacion de
tierras realizadas por fundaciones monásticas, sobre todo en el siglo VII.
Las técnicas de cultivo empleadas no experimentaron cambios con respecto a
las utilizadas en tiempos imperiales. El arado normal siguió siendo el de tipo mediterráneo, que no permitía un laboreo profundo de las tierras pesadas. La utilización de instrumental de hierro está bastante extendida, aunque su precio sería elevado. Se ha
constatado la fabricación en el medio rural de los principales instrumentos férreos de
utillaje agrícola (e incluso de defensa militar local). En los monasterios también había
autarquía en la fabricación de los instrumentos férreos, e incluso se encomendaba la
custodia a algún monje.
En determinadas zonas de la Península (Levante y valle del Guadalquivir) existían complicados sistemas de irrigación. Las leyes visigodas e Isidoro de Sevilla señalan
la existencia de redes de acequias y canales y la regulación de su aprovechamiento
(mediante pagos de derechos de riego por horas de utilización); también documentan
instrumentos para conseguir la elevación del agua desde el curso de los ríos o desde
pozos: la ciconia o típico shaduf egipcio, la rota (rueda de cangilones o noria).Un hecho
a destacar es el uso, generalizado, de los molinos de agua en la Península.
Los únicos métodos de mejora de la tierra conocidos eran el barbecho y el abono animal, lo que implica unos niveles de rendimientos muy bajos, casi de subsistencia.
Este bajo nivel productivo, sólo aumentable con roturaciones ante cualquier incremento
demográfico, explica la frecuencia de hambrunas; si además se añade, periódicas plagas de langosta, desde la segunda mitad del siglo VI en zonas orientales de la Meseta
inferior, como el azote de la terrible peste bubónica en le 409-550 y siguientes, y fines
del siglo VII y principios del VIII, daría como resultado una drástica reducción no sólo
del potencial demográfico humano sino también de la cabaña ganadera.
3. PROPIEDAD FUNDIARIA Y CULTIVADORES
En la Antigüedad tardía la propiedad agrícola en la península Ibérica fue evolucionando. Paulatinamente la propiedad agrícola se concentra en pocas manos, con la
consiguiente disminución de la pequeña y mediana propiedad libre. Por consiguiente en
la época visigoda se dan dos tipos de propiedad: la pequeña y mediana propiedad, y la
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gran propiedad (heredada del Bajo Imperio) que encerraba una mayor complejidad.
En el marco jurídico de la gran propiedad existía una parte que el propietario se
reservaba y hacía trabajar directamente, en general por medio de esclavos, que con
sus mujeres e hijos figuraban en los documentos de donación o de venta. El resto de la
propiedad se desmembraba en una serie de pequeñas unidades autónomas, denominadas sortes, entregadas para su explotación a gentes de muy diverso status jurídico
(coloni, adscripti, precaristas, servi, casati, etc.), pero todos ellos obligados a donar en
beneficio del propietario una serie de rentas en numerario, o más corrientemente en
especie, y con frecuencia una serie de prestaciones de trabajo personal.
Los poseedores de sortes (de las grandes propiedades) tenían ciertos derechos
comunitarios e interdependientes, además del individual de cultivar autónomamente su
sors o sorte. Tales derechos se referían a la utilización, proporcional a las tierras cultivables de su parcela, de los bosques que permanecían indivisos; también podían utilizar de forma indistinta los terrenos baldíos de las respectivas sortes. La extensión de
estas unidades no era fija y estaba en relación con el número de yuntas con que contase el que iba a cultivar.
Para conocer la estructura social de la época es importante saber quiénes y de
que condición jurídica y socioeconómica eran los ocupantes de las sortes. Bastantes de
ellas estaban ocupadas por esclavos, que poseían su peculium (regulado por las leyes,
lo que les diferencia de los de época clásica), formado por bienes muebles, entre los
que destacaban aperos y animales de labranza. Otros muchos eran libertos que permanecían, tras su manumisión in obsequio, bajo el patrocinio de sus antiguos amos.
(La corriente tendente a la manumisión, en parte favorecida por la doctrina cristiana, de
los esclavos no perjudicaba la estructura de los grandes patrimonios fundiarios, ni alteraba la fuerza de trabajo humana de los mismos). También, las sortes podían ser cultivadas por una serie de gentes de condición libre. De los cuales, la gran parte de los
mismos estaban en situación de encomendación; es decir, a lo largo de estos siglos,
frecuentemente, los pequeños campesinos libres se acogieron a una relación de patrocinio, recibiendo un lote de tierras de su señor para su cultivo. A cambio, tenían que dar
a su señor el 10% de los frutos obtenidos, y a prestaciones de diversa clase. Pero el
hecho más destacado es la desaparición prácticamente total de los colonos. Esta desaparición se debió al hecho de que su situación económica a lo largo del siglo V había
empeorado, llegando a confundirse con los simples esclavos, con los que habrían pasado a formar una única entidad jurídica. En definitiva, se tiende a la homogeneización
jurídica, bajo el status de esclavo, de todos los campesinos dependientes que trabajaban en las grandes propiedades hispanovisigodas.
Un hecho a tener en cuenta y muy importante es que con gran frecuencia los
grandes patrimonios fundiarios se encontraban muy dispersos, no formando en absoluto bloques unitarios. Esto explica que junto a la gran villa aislada proliferen también aldeas donde habitaban campesinos dependientes de varios señores, cuyas tierras se
encuentran entremezcladas en torno a la aldea. Dicha dispersión se explica por la
práctica, en los patrimonios laicos, de las divisiones entre herederos.
Por otra parte, en esta época también siguió existiendo la pequeña propiedad
fundiaria libre. Ahora bien, el rasgo histórico a señalar es la tendencia imparable a la
disminución de la propiedad pequeña en beneficio de la gran propiedad, pasando sus
antiguos propietarios a la situación de campesinos dependientes. El proceso, que había
comenzado en el siglo IV, se aceleró a consecuencia de la alta presión fiscal y de la
inestabilidad política. De esta forma, el campesino al convertirse en encomendado, bajo
el patrocinio de un rico propietario, se aseguraba, en época de hambrunas y calamidades de todo tipo, un trozo de tierra que le permitiese subsistir y, cierta protección frente
321
a la enorme presión fiscal por parte del Estado y ante los avatares políticos.
4. LA PRODUCCIÓN ARTESANAL
La producción artesanal es mal conocida por falta de datos y de estudios especializados de esta época. De todas maneras, parece que la producción artesanal especializada se concentraba en las principales ciudades; especialmente en el sector de la
construcción. Hábiles trabajadores de la piedra ejercieron en Córdoba y Mérida en el
siglo VI, y posteriormente en Toledo, en el VII: adoptando motivos y formas escultóricas
de origen bizantino, principalmente del arte de Rávena y Sicilia. También se documenta
para los siglos V y gran parte del VI una interesante producción de cerámica estampada, de origen norteafricano, en todo el valle del Guadalquivir.
Pero sin duda la rama artesana más apreciada en la Península será la orfebrería. La producción joyera a principios del siglo VI mostró la incorporación de motivos
ornamentales y estilísticos de procedencia germánica. Con posterioridad se impondrán
los modelos de clara procedencia bizantina. La forma de trabajo de los orfebres era por
encargo, se les entregaba la materia prima (oro, plata, pedrería), y ellos entregaban la
obra terminada, quedándose por su trabajo con una porción de la materia prima aportada para su elaboración. Parece que los maestros monederos (monedas) que trabajan
a cuenta del Estado actuaban de igual modo.
Entre las profesiones liberales la más importante era la práctica de la medicina,
centrada en las grandes ciudades. Cobraban fuertes sumas de dinero, sobre todo si
había alguna operación quirúrgica. La medicina se había convertido en una profesión
privada pues el Estado y la corporación municipal habían dejado de sufragarla. Aunque
hay noticias, en la segunda mitad del siglo VI en Mérida, de que la Iglesia construyera
un hospital para enfermos y peregrinos, con médicos propios, donde se atendía gratuitamente. Por contra desaparición de las ciudades los rectores o profesores de gramática, y sólo a partir del II concilio de Toledo la escuela pública será sustituida por la escuela episcopal, donde la enseñanza se centraba en la compresión y exégesis de las
sagradas escrituras y de la patrística.
Se sabe que el trabajo artesanal estaba organizado en grados o cualificaciones,
que incluía por lo menos aprendices y maestros, realizándose la enseñanza del oficio
de forma individual y mediante el pago por el aprendiz de cierta cantidad, a parte de
trabajar gratuitamente en lo que le mandase el maestro, el cual se encargaba de su
enseñanza y manutención.
Es importante considerar que la mayor parte del trabajo artesanal se realizaba
en las áreas rurales por personal no especializado; por lo que la producción artesanal
de las ciudades se limitaba a productos de alto valor y que exigía un alto grado de especialización, siendo el volumen de la producción no muy elevado.
5. COMERCIO EXTERIOR E INTERIOR
El comercio exterior se basaba fundamentalmente en productos de lujo, o en general de alto valor y reducido volumen y peso, que permitiesen su transporte lejano,
costoso y siempre peligroso. Tales eran joyas, pieles de lujo, telas finas, códices, etc., e
incluso, en momentos de extrema carestía, el trigo.
Dicho comercio se efectuaba en su mayor parte por vía marítima, situándose sus
principales centros en las ciudades de las costas o ribereñas de los grandes ríos navegables, como el Guadalquivir, el Guadiana o el Ebro. Es en estos centros donde se documenta hasta el segundo tercio del siglo VII la presencia de activas colonias de co-
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merciantes orientales, muchos de ellos judíos. Esto implica que era esencial la comunicación con los países bizantinos, productores de mercancías de lujo. Se detecta vías
comerciales con los puertos sirios, con Alejandría, Cartago e Italia. Otra vía comercial
era la que unía las costas catalanas con el sur de la Galia, especialmente con Marsella,
desde donde se tenía acceso por el valle del Ródano a las comarcas renanas y del Sena.
Las comunicaciones con las Galias también podían realizarse por vía terrestre (a
través de los pasos pirenáicos) y, sobre todo, a lo largo de la costa cantábrica y golfo
de Vizcaya, donde existía una bien atestiguada ruta marítima de unión entre las costas
gallegas y Burdeos; ruta que podía prolongarse incluso hasta las islas británicas y las
costas de Frisia.
El comercio interior presenta una mayor dificultad de análisis. Aún así, en esta
época se mantuvo en bastante buen estado la red de calzadas heredada del Bajo Imperio, y su nivel de utilización siguió siendo bastante alto. La legislación visigoda regularía en algún código el uso de las calzadas (acampar, pastoreo en las márgenes del
camino de los animales de carga, cortar leña para hacer fuego), así como siguió manteniendo el servicio imperial del cursus publicus. Los particulares siguieron estando
obligados a la entrega de caballerías para este medio de transporte oficial, al tiempo
que el Estado visigodo intentaba evitar, sin conseguirlo, el abuso por parte de los poderosos a que daba lugar el cursus publicus.
De todas formas el costo elevado del transporte terrestre y su lentitud lo hacían
prácticamente inutilizable para el comercio de objetos de uso diario de pesado tamaño
y no demasiado valor, como por ejemplo los alimentos. Además hay que tener en cuenta la existencia de agentes no profesionales en los intercambios, el intercambio de bienes de consumo fuera de los circuitos comerciales, y el papel de la moneda y de la
economía monetaria. Es evidente la existencia en esta época de muchas personas que
se dedicaban al comercio de forma accidental (tales como clérigos, campesinos que se
acercaban a la ciudad a vender en los mercados semanales (nundiane) los productos
de sus huertos. Las pocas citas a los (negotiatores) agentes de comercio están en relación con el comercio exterior. Por otra parte, la dispersión de los patrimonio fundiarios
favorecía la autarquía, y tan sólo los excedentes o la carencia de algún producto eran
puestos en manos de agentes privados para su comercialización. Las instituciones
eclesiásticas realizaban un amplio evergetismo que ponía en circulación un gran número de bienes de consumo directo (alimentos, ropas, etc.) y de utilización general. La
misma forma de trabajar de los orfebres muestra ya la tendencia a prescindir por completo de los agentes de intercambio especializados.
6. LA ECONOMÍA MONETARIA
En esta época prácticamente se acuño moneda de oro (solidi y tremisses) y tan
sólo, en contadas ocasiones, algún otro tipo de moneda. A partir de Leovigildo, cuando
las series monetales pueden analizarse con cierta seguridad, tan solo se acuñaron
trientes.
El sistema monetario visigodo se amoldaba al heredado del Bajo Imperio: 1 libra
de oro = 72 sueldos de oro = 216 trientes de oro = 1278 silicuas de oro, constituyendo
todas menos las trientes, y en parte los sueldos, unidades exclusivamente de cuenta
pero no de curso.
La moneda de bronce no se utilizó en absoluto: la terrible inflación y el abandono
a su suerte por el Estado, debido a la escasísima ganancia que se podía obtener de su
acuñación, a partir de finales del siglo IV, la habían convertido en inutilizable para cual-
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quier transacción comercial.
A partir de Leovigildo se puede detectar una serie de cecas de acuñación de
trientes, muchas de ellas en Galicia, utilizadas para el pago en numerario del ejército
en sus expediciones contra los rebeldes y autónomos pueblos del norte. A partir de
Chindasvinto se observa una radical reducción de cecas, subsistiendo tan solo aquellas
situadas en centros urbanos de importancia y con gran tradición acuñadora en los reinados precedentes. Esta reducción pudo deberse tanto a una finalidad centralizadora
como a cambios muy significativos en la estructura de la hacienda real, tanto de sus
entradas como de sus salidas. En efecto, la principal fuente de aprovisionamiento, por
parte del Estado, de metal noble para realizar sus acuñaciones provenía del pago de
los impuestos por vía de la aderación. La disminución constante de la masa metálica
debido a la tesarurización y la ruina de muchos contribuyentes, produjo que las entradas (ingresos) de la hacienda real se hiciese en especies, mientras que las salidas (pagos) cambiarían y a su principal deudor: el ejército, irá tomando una marcada tonalidad
protofeudal.
Por otra parte, el análisis sobre el préstamo usurario y el crédito muestran la poca intensidad de este, y su frecuente realización en especie, y la rareza del dinero, que
hace que este adquiera un enorme precio.
Todos los aspectos anteriormente mencionados nos llevan a la existencia de una
sociedad en la que la posesión de las monedas de oro es privilegio de una minoría de
la población. Esta última afirmación se constata por el hecho de que en muchas leyes
contenidas el Liber Iudicum, el legislador prevé la posibilidad del no pago por las gentes
humildes de las fuertes multas en numerario, prescribiéndose en su sustitución castigos
físicos. Este último hecho nos pone frente a otra realidad: el fundamental papel político,
y no estrictamente económico, de la moneda. Las monedas áureas son consideradas
ante todo como instrumento de los pagos al Estado y como plasmación de esa "imperialización" de la realeza iniciada por Leovigildo; las monedas servían como poderoso
medio de propaganda política y de símbolo del prestigio y poder de la autoridad central,
real.
Como anteriormente se ha comentado, la cada vez más escasa masa numeraria
debido a la constante tesaurización produjo una situación típicamente deflacionista; que
afectó de manera diversa a los sectores o grupos sociales. Así, dicha inflación era beneficiosa para aquellas personas, miembros de la aristocracia laica y religiosa, que poseían un buen número de piezas áureas. En cambio, era desfavorable para aquellos
individuos con dificultades de obtenerla como los humildes (grupos serviles y pequeños
propietarios o artesanos libres), que por otra parte, al ser el grupo más numeroso influía
decisivamente en la disminución drástica de la capacidad adquisitiva, con lo que la
oferta al ser tan baja producía una contracción del mercado y una atonía de la distribución comercial de objetos de consumo. Máximo si se piensa que el único mercado de
bienes que no podía haber desaparecido, el comercio alimenticio, esta sometido a dos
fuerzas muy poderosas que lo alejan del comercio. Tales fuerzas eran: la existencia de
la estructura señorial en el sector básico de la producción social, la agricultura; y la
concurrencia de circuitos de distribución de bienes de consumo necesario y diario al
margen de los intercambios comerciales, fundamentalmente por medio de la institución
de la limosna.
7. LA CLASE DIRIGENTE: EL PATROCINIUM Y LOS BUCELLARII
La clase dirigente de la sociedad peninsular de la época va a estar constituida
por la aristocracia fundiaria laica y eclesiástica. El origen de esta gran aristocracia de la
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tierra hay que rastrearlos en los epígonos de la antigua aristocracia senatorial tardorromana y en los miembros de la antigua nobleza gentilicia germánica, que tras su
asentamiento se había convertido en gran propietaria al estilo tardorromano. Esta poderosa nobleza hispanogoda se caracterizaría por la asunción de una cierta superestructua ideológica gótica, así como por la perduración de ciertas costumbres germanas,
y por la permanencia de una tradición cultural clásica (Isidoro de Sevilla, Julián de Toledo.) concentrada cada vez más en círculos más estrechos; cultura que tiende a cristianizarse. Cristianización de los potentes, que incluso se refleja (como ya se ha visto)
en la estructura de las edificaciones propias de sus villae.
La verdadera base del poder socioeconómico y político de esta aristocracia era
la institución del patrocinium junto con la propiedad fundiaria. En la estructura de la
propiedad fundiaria se observa las relaciones de producción que en ella se daba, y las
consecuencias que la institución del patrocinium tenía para la conversión de antiguos
campesinos libres en dependientes. El patrocinium había sido una práctica tardorromana, por la cual la gran aristocracia senatorial, recibía bajo su patrocinium a bandas de
soldados privados a quienes mantenían y armaban a cambio de sus servicios de policía
o en luchas privadas; soldados privados encomendados a los que se daba el nombre
de buccellarii. Ahora bien, el El Estado visigodo en vez de impedir estas clientelas armadas, las promovió. Las razones pueden ser diversas: debilidad del poder central,
deseo de atraerse a la aristocracia senatorial, necesidad de contar con el mayor número de combatientes, etc. Además no hay que olvidar la existencia de instituciones entre
los germanos muy parecidas al patronium, como las clientelas cuasiserviles y la Gefolge. A cambio de tales servicios armados y para su mantenimiento, el patronus solía
entregar a estos soldados privados cierta cantidad de tierra a título condicional, pero
heredable en el caso de que sus hijos siguiesen prestando tales servicios de armas.
La importancia del bucelariato es muy grande, pues se constituyó en un poderoso factor de movilidad social, y más concretamente, de ennoblecimiento. En las frecuentes luchas por el trono, rebeliones, etc., los bucelarios eran tanto socios activos en
la lucha como pasivos partícipes en las fortunas o desgracias de sus patronos. Los bucelarios, según H. J. Diesner, "formaron un elemento básico en la edificación del protofeudalismo visigodo". De hecho si se observa la sociedad del siglo VII se puede comprobar que se ha formado una verdadera jerarquía vasallística. En la cima se encuentra
el rey, cuya imagen se ha ido transformando a imitación de los emperadores tardorromanos y recibiendo un fortísimo influjo eclesiástico, lo que se plasma en la ceremonia
de la unción real. Por debajo del soberano se sitúan los potentes, que comprenden a
los altos funcionarios de la administración (duces y comites), dignatarios palatinos de
menor categoría (gardingi), y los grandes propietarios fundiarios. Criterios fundamentales de nobleza eran la riqueza (patrimonio al menos de 10000 sólidos) y el desempeño
de un alto puesto administrativo: aspectos, que tenderían a estar unidos.
En definitiva, era el lugar ocupado dentro de las relaciones de patrocinium el que
determinaba la situación de cada uno y las subsiguientes posibilidades de vida y acción. El rey se convierte, así, en el patronus de sus grandes dignatarios palatinos, y
estos, a su vez, tiene en relación de dependencia a otros nobles de rango inferior, o a
simples bucellarii. Por otra parte, se daba la tendencia a que las prerrogativas y funciones públicas (del Estado) fuesen usadas por los potentes en beneficio propio, con lo
que se conseguía la inmunidad que en las condiciones sociales dadas se encontraban
ya al alcance de la mano.
Por otra parte, estas mismas relaciones de patronato se daban también en el
seno de la Iglesia, estando situado en la cúspide los obispos. Es más, los obispos se
veían favorecidos por la concesión al personal al servicio de la iglesia, de la inmunidad
tributaria y de otras cargas (desde el 663), jurisdicción propia interna, derecho de asilo
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eclesiástico, etc.
Los obispos fueron aumentando paulatinamente, en el transcurso del reino de
Toledo, sus funciones o prerrogativas dentro del aparato administrativo del reino, sustituyendo bastantes veces a funcionarios laicos. En resumen, la jerarquía eclesiástica
formaba, junto con los nobles, un grupo social muy homogéneo, la nobleza, que en su
conjunto representaba la clase dominante del Estado visigodo.
8. LA MASA PRODUCTIVA: DIVERSIFICACIÓN Y CONVERGENCIA DEL
CAMPESINADO
En el otro extremo de la sociedad habría que situar a las personas directamente
implicadas en la producción de bienes, y fundamentalmente en la agricultura. Jurídicamente se distinguía entre hombres libres de los de condición servil o siervos. Pero
económicamente y socialmente, como se ha visto anteriormente, se tendía a la formación de una clase cada vez más homogénea de campesinos dependientes. La formación de esta clase se venía gestando desde la crisis del siglo II, o incluso antes, con la
transformación de la esclavitud de tipo clásico y la descomposición de la sociedad tribal
imperante en los pueblos germánicos.
El grupo de hombres libres estaría formados por los pequeños propietarios agrícolas denominados possesores o privati. Éstos estarían obligados, según una ley de
Khindasvinto, al pago del impuesto territorial y al suministro de caballos para la posta
oficial.
En una agricultura de rendimientos escasos, las malas cosechas, producto de
las inclemencias climáticas o de plagas tales como la de langosta, el hambre y la mortandad debida a estas y a las grandes epidemias, abonaban un campo sobre el que
recaía la presión de los poderosos y todo el duro peso de la fiscalidad del Estado visigodo. Muchos pequeños propietarios libres se sometieron en esta época al patrocinio
de un "potente", capaz de dispensarles la protección de que estaban necesitados. El
precio del "patronato" consistió a veces en ceder al patrono la propiedad de las tierras,
cuya tenencia sin embargo conservaban, y en el abono de un canon. Otros hombres
libres, que carecían de tierras propias, entraban en la encomendación. A finales del
siglo VII, se incrementaron las relaciones de patrocinio y las clientelas de encomendados, factores principales del poder social de los patronos.
Las personas libres serían más numerosas entre los habitantes de las ciudades
y aunque muchas de ellas sólo tenían su residencia y se dedicaban al cultivo de la tierra en los campos de las cercanías, otros vecinos desarrollaban actividades y profesiones típicamente urbanas (pequeño comercio y artesanía libre) y liberales (médico, maestro).
Los siervos o esclavos no constituyeron en la España visigótica una clase uniforme. Se distinguían por su origen (la guerra, el comercio, el matrimonio, la pena, las
deudas), aun cuando la fuente principal era el nacimiento. Hubo diversas categorías de
siervos, destacando entre ellos los del rey y los de la iglesia. Los siervos palatinos (del
rey) poseían sus propios esclavos y su testimonio en un juicio tenían igual valor que el
de un hombre libre. Los siervos del Fisco regio, sin poder equipararse con los palatinos,
gozaban de una posición superior a los siervos comunes y sus rentas constituían, junto
a los tributos de los pequeños propietarios, la principal fuente de recursos de la
Hacienda visigótica.
Los siervos de la Iglesia, también poseían una condición privilegiada dentro de la
clase servil. Fueron muy numerosos y hubo iglesias con un alto número. La gran ma-
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yoría de los servi ecclesiae eran siervos rurales, que trabajaban las tierras de las iglesias. Como la rentabilidad de las tierras dependían de la existencia de brazos que las
cultivasen, de ahí el interés por la posesión de siervos.
Al margen de estos grupos serviles privilegiados, los esclavos en general, se dividían en dos grandes grupos, según su capacidad técnica, los "idóneos" y los "rústicos". Los primeros eran siervos domésticos, convivían con sus dueños a los que se
prestaban servicios personales valiosos y recibían mejor consideración y trato. Los
siervos rurales constituían la gran masa de la población servil y cultivaban la tierra, bajo
la vigilancia del propietario o de sus administradores. En cambio los siervos rústicos,
pese a su peor condición que los "idóneos", avanzaron más rápidamente hacia la
emancipación. La misma lejanía de los dueños facilitaba el acercamiento y hasta la
confusión de aquellos siervos rurales con otros cultivadores de la tierra dependientes
del mismo señor (colonos, libertos sub obsequium, encomendados, etc.). Aunque los
siervos rústicos seguirán existiendo hasta el final de la época visigótica.
Los siervos manumitidos por sus dueños obtenían la condición de "libertos" inferior jurídicamente a la de los nacidos libres. Además, no solían recibir la libertad total.
Lo habitual fue que continuasen en el "obsequio" de su antiguo dueño, muy extendido
en la Iglesia. Los lazos que unían al liberto "bajo obsequio" con el antiguo dueño eran
semejantes a los existentes entre señores y encomendados.
En definitiva, las relaciones económicas y sociales contribuyeron a la creación
de una masa de población campesina (libres, libertos, esclavos, siervos) bastante
homogénea y cuya situación puede definirse como de pre-servidumbre o semi-libertad.
9. FORMAS DE RESISTENCIA FRENTE AL ORDEN SOCIAL ESTABLECIDO
El proceso de constitución de una clase cada vez más homogénea de campesinos dependientes se dio mediante una nivelación por la base, es perfectamente comprensible que surgiese una aguda tensión social. Dicha tensión social se convirtió algunas veces en verdaderas rebeliones armadas contra el Estado.
La forma más habitual de esta oposición era el fenómeno de los esclavos fugitivos, el cual había experimentado un notable auge y generalización en el último tercio
de la historia del reino visigodo, en relación con la formación de una típica estructura
protofeudal por el Estado. En el Liber Iudicum se dedica nada menos que 21 leyes para
intentar resolver este problema. Muchas de estas leyes hacen relación a los humildes
del mundo rural que diesen asilo a esclavos fugitivos.
Otra forma de lucha era el bandolerismo, que se caracteriza por el origen humilde de sus componentes y el apoyo que puede encontrar en los grupos más bajos y populares de la sociedad. El bandolerismo, que había hecho su aparición de forma endémica en la región Bracarense en el siglo V, debió de experimentar un fuerte rebrote en
la segunda mitad del siglo VII: convirtiéndose la figura del ladrón en familiar en los medios rurales más apartados, como, por ejemplo, el Bierzo. Es significativo la existencia
de una ley que castiga, como mínimo con 200 latigazos, a los libres y esclavos que
ocultasen voluntariamente a bandidos.
También puede ser que en esta situación de descontento entre tales sectores de
la sociedad, habría que incluir el enorme éxito alcanzado por el monaquismo en el reino
visigodo, muy acentuado en la segunda mitad del siglo VII. La jerarquía eclesiástica
mantuvo siempre una actitud de recelo, y posteriormente de franca hostilidad, ante las
manifestaciones más extremistas del monaquismo: los eremitas y anacoretas. Tampoco resulta descabellado pensar que muchas pobres gentes acudían a los monasterios
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para escapar de las pesadas cargas fiscales y militares impuestas por el Estado.
Como una forma de oposición de carácter ideológico, habría que reseñar la pervivencia en las masas campesinas de restos de paganismo. Testimonio conciliares aluden a un recrudecimiento de la lucha oficial desencadenada contra el paganismo en el
reino visigodo a finales del siglo VII. Los elementos que aún permanecían aferrados a
cultos indígenas de origen prerromano pertenecían casi exclusivamente al mundo rural,
y a las más ínfimas categorías sociales existentes en los campos: esclavos rurales o
campesinos dependientes que trabajaban las fincas de los poderosos; enfrentándose,
ideológicamente, a la marcada cristianización de los poseedores de las grandes propiedades fundiarias.
También se ha sostenido cierto origen de protesta social para la herejía priscilianista, lo que explicaría la contumaz persistencia de restos de esta herejía entre las masas rurales gallegas en los siglos V y VI.
10. LA VIDA URBANA.
Con frecuencia se ha afirmado que las ciudades, la vida urbana, en la península
Ibérica sufrieron en estos siglos una crisis decisiva. Pero la verdad, es que más que
crisis o decadencia, habría que hablar de mutación de las ciudades y de la vida urbana
en relación con las típicas de época anterior. La mutación de las ciudades se dio en
una doble vertiente: su aspecto físico y su contenido socioeconómico.
Físicamente, el aspecto típico de las ciudades peninsulares de ésta época, ser
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