Subido por jesus.carmena

Lección 4 La tragedia griega

Anuncio
Lección 4. La tragedia griega
4.1. Introducción
Dionisos
Detalle de la procesión de las Diomisias
En el siglo V a. C. el foco de la cultura griega se había desplazado desde las ciudades-estado cercanas a Asia
Menor hasta Atenas. Es el siglo en que Grecia, y concretamente la ciudad de Atenas, creó la tragedia. Este
nuevo género literario nació del culto a los dioses y muy relacionado con los mitos y héroes de la epopeya
homérica y hesiódica por un lado y con la lírica coral del siglo anterior por otro. De la epopeya prehomérica y homérica el teatro saca sus personajes y su temática. La lírica coral, y en particular una de sus
modalidades, el ditirambo, parece que proporciona a la tragedia su forma y, en particular, la función del
coro, elemento fundamental de las representaciones.1
Las obras maestras del teatro griego se escribieron y se representaron desde 472 hasta el año 406 a.C;
prácticamente esos años son los del predominio político de Atenas. La primera tragedia conocida y
conservada la escribió Esquilo, y se tituló Los persas; estaba muy reciente la guerra contra ellos y la batalla
de Salamina. En el año 406 Eurípides murió poco después de representar su última trilogía: Alcmeón en
Corinto, Las Bacantes e Ifigenia en Áulide.
La mayor parte de las tragedias han desaparecido: de Esquilo (que, al parecer, escribió noventa) quedan
siete; De Sófocles quedan otras siete de unas ciento treinta, y de Eurípides, que escribió noventa y dos,
quedan diez y ocho. Posiblemente se han conservado las obras que se emplearon en la educación y en el
aprendizaje de los griegos posteriores. En realidad, tenemos muchos más textos conservados que de la
poesía lírica, pues las tragedias gozaron de un carácter oficial, al representarse en el contexto de las más
importantes fiestas de Atenas, las grandes Dionisias, celebradas en marzo en honor del Dios nacido dos
veces. En estas fiestas solemnes y cívicas una imagen de Dionisos recorría la ciudad en procesión y se
organizaban concursos teatrales.
1
Los viejos ritos de danza, procesiones, cantos y recitaciones del culto a Dionisos, que resucitaba en primavera, cuya concreción
literaria se conserva en los ditirambos Fueron asumidos oficialmente por las autoridades de la ciudad. Parece ser que fue el
tirano Pisístrato quien le dio ese carácter solemne. Posteriormente se debilitó la conexión original con Dionisos.
Aproximadamente un siglo después, Aristóteles (384 a. C-322) se ocupó en su Poética de la tragedia y la
describió así:
Una tragedia, en consecuencia, es la imitación de una acción elevada y también, por tener magnitud, completa en sí misma;
enriquecida en el lenguaje, con adornos artísticos adecuados para las diversas partes de la obra, presentada en forma dramática,
no como narración, sino con incidentes que excitan piedad y temor, mediante los cuales realizan la catarsis de tales emociones.
Aquí, por “lenguaje enriquecido con adornos artísticos" quiero decir con ritmo, armonía y música sobreagregados, y por
“adecuados a las diversas partes" significo que algunos de ellos se producen, sólo por medio del verso, y otros a su vez con
ayuda de las canciones.
La tragedia, efectivamente, muestra una acción grandiosa en cuanto conmueve a los espectadores con un episodio y
el destino de unos personajes míticos, dioses o semidioses. Estos personajes y acciones los conocía el público griego
como elementos lejanos pero reales e históricos, raíces de la vida de la ciudad y de toda la Hélade. El concepto de
catarsis de Aristóteles procede de la medicina y significa curación o alivio. La contemplación de la acción dramática
contribuye a un nuevo estado anímico por el cambio promovido con los valores éticos y estéticos representados.2
4.2. Relación con la epopeya homérica.
Tanto los ditirambos como las tragedias se alimentaron del llamado festín de Homero, es decir, de las
anteriores obras épicas, incluyendo, por supuesto, las obras de Hesíodo. Las poetas trágicas no inventan
sus argumentos y personajes, sino que extraen un episodio y unos personajes conocidos y les dan un
enfoque determinado.
Máscaras de teatro 1
Edipo y la esfinge 1
Sin embargo, aunque el teatro se alimente de las historias homéricas, los géneros son muy distintos: una
cosa es que un aedo o un rapsoda cante una larga narración, ante un grupo reducido de oyentes, y otra un
espectáculo para miles de espectadores donde se representa el peso de un destino que afecta a personajes
míticos, pero también a las emociones del público, con unos valores éticos que ya no son los de la
aristocracia homérica y con una alta poesía lírica. Porque la originalidad del poeta trágico no consistía en el
argumento, sino en el enfoque ético, lírico y cívico de episodios conocidos. Por ejemplo, en Agamenón, de
Esquilo, se refleja fielmente el origen y fin de la guerra de Troya, pero con una emoción diferente y con
2
Wilamowitz define” Una tragedia ática es en sí misma una pieza completa de la leyenda heroica, elaborada en un estilo
elevado para la representación por medio de un coro ático de ciudadanos y por dos o tres actores y destinada, como parte del
servicio religioso público a ser representada en el santuario de Dionisos
unas reticencias y críticas sociales por el sacrificio que el rey impone a los ciudadanos al emprender por su
privado honor y provecho la sangrienta expedición.
4.3. Relación con el ditirambo
El ditirambo era una modalidad pre-teatral de la lírica coral. Consistía en un himno compuesto en honor a
Dionisos, que era cantado por unos cincuenta coreutas que danzaban cubiertos con pieles de macho cabrío
(tragoi) y acompañados por la flauta para evocar a los compañeros del dios. Solía componerse por encargo
de las autoridades de una ciudad para celebrar una fiesta oficial, sobre todo las grandes Dionisias. Los
autores más famosos de ditirambos en el siglo V a.C. fueron Píndaro y Baquílides, especialistas en toda
clase de himnos con coro3. El coro se conservó en el teatro griego como elemento esencial, aunque con
menos elementos -unos quince coreutas- y en un espacio circular propio bajo las graderías del público
(koilon) y separado del escenario de los actores (skene, escena), llamado orquesta (orchestra). El coro
constituía la parte lírica de la tragedia y era un elemento esencial del espectáculo. En la orquesta se
conservaba un altar en honor a Dionisos y se reservaban asientos especiales entre los espectadores al
sacerdote del Dios.
Sitial de honor 1
Los fragmentos de ditirambos conservados presentan tres partes: un proemio (autoalabanza del poeta,
alabanza a la ciudad), una parte central en la que se canta un mito relacionado con la polis, y un canto de
alabanza a Dionisos en alguna de sus múltiples peripecias4.
Como ejemplo, veamos fragmentos de un ditirambo de Baquílides encargado por la polis de Atenas. En la
primera parte (Estrofa) el poeta se presenta a la ciudad y destaca su arte (las Musas y las Gracias le han
honrado): en la segunda parte (Antistrofa) se canta la historia de Ío, sacerdotisa de Hera y amante de Zeus
trasformada por Hera en ternera bajo la vigilancia de Argo, y en la tercera parte (Épodo) se enlaza la
historia de Ío con el objetivo del ditirambo, la alabanza a Dionisos.
19. IO, PARA LOS ATENIENSES
Estrofa
3
4
Los himnos más frecuentes de estos poetas fueron los epinicios, cantos de alabanza a los atletas triunfadores en los juegos.
Hay abiertos innumerables caminos de inmortales cantos para aquél que de las Musas de Pieria haya recibido dones, y las
muchachas de violáceos párpados, las Gracias portadoras de coronas, hayan revestido de honores sus himnos. Teje ahora en la
muy amable ciudad algo nuevo, en la dichosa Atenas, celebérrimo ingenio de Ceos. Conviene que tú andes el mejor camino, pues
de Calíope has recibido sobresaliente distinción.
¿Qué ocurrió4 cuando, tras abandonar Argos rica en caballos, andaba huida la áurea ternera, por los consejos del poderosísimo
Zeus de amplia fuerza, la muchacha de dedos de rosa hija de Ínaco?
Argo vigilando a Ío por orden de Hera
Hermes duerme a Argo para liberar a Ío
Antistrofa
Cuando a Argo5 , que con ojos infatigables miraba de todas partes, la grandísima soberana, Hera de áureo peplo, ordenó que sin
descanso, sin sueño vigilase a la novilla de hermosos cuernos, y no pudo el hijo de Maya 6 pasarle inadvertido ni durante los bien
luminosos días ni las noches puras (…)
Épodo
…Cuando junto al florido Nilo llegó picada por un tábano Ío (…) en Tebas, la de las siete puertas engendró a Sémele7, la cual al
dios que incita a las Bacantes dio a luz, a Dionisos (…)
Moscóforo del Partenón
5
Vigilante de múltiples ojos a las órdenes de Hera.
6
Hermes. Por orden de Zeus, liberó a Ío, aunque Hera la siguió persiguiendo acosándola con un tábano
7
Hesíodo: "y la cadmea Sémele, igualmente en trato amoroso con él [Zeus], dio a luz un ilustre hijo, el muy risueño Dionisos, un
inmortal siendo ella mortal. Ahora ambos son dioses" (Teogonía)
4.4. Los poetas trágicos. Esquilo
Carro de Tespis Florencia, campanile de Giotto
Pisístrato tirano de Atenas
Según la tradición, apoyada por Aristóteles y otros autores, Tespis, (actor, poeta, cantor) del tiempo del tirano
Pisístrato (607- 527) fue el inventor del teatro al proponer un actor que dialogara con el coro8. Pero de él no se
conserva ninguna obra, ni siquiera algún fragmento. Otra tradición que se refiere al mismo actor –ésta más
popular- es la del carro de Tespis que le presenta como poeta “buhonero” creador de las giras teatrales. Sí parece
cierto que Pisístrato inauguró en Atenas las fiestas dionisíacas y los concursos de teatro
Monumento a la batalla de Salamina. Salamina (Grecia)
8
En la tragedia griega el director del coro o corifeo dialoga con los personajes. Al principio del teatro sólo había un actor, Esquilo
ya introdujo dos; Sófocles, tres…Cada actor podía interpretar varios personajes.
El primer poeta trágico conocido vivió entre 525 y 455 a.C. y fue soldado en las decisivas batallas de
Maratón y Salamina. En su epitafio no se refiere en nada a su obra literaria, sino sólo a esas famosas
batallas, de las que se honra. En su tiempo se consolidó la democracia ateniense, tarea a la que Esquilo
contribuyó directamente con su obra.
En los concursos de las grandes Dionisias los poetas elegidos tenían que representar una trilogía trágica. De
Esquilo conservamos una de ellas, La Orestea, compuesta por Agamenón, Las Coéforas y Las Euménides.
Estas obras centran sus episodios en los atridas, la familia maldita9 de los hijos de Atreo. Los espectadores
conocían perfectamente los detalles que ya habían sido cantados en La Odisea.
El resto de tragedias conservadas de Esquilo son Los Persas, Los siete contra Tebas, Las suplicantes y
Prometeo encadenado. Nos limitaremos a comentar la trilogía citada.
La acción de Agamenón comienza de noche con un prólogo donde un centinela se queja de su trabajo y trasmite
la caída de Troya, señal de alegría, pero, a la vez, expresa también sus reticencias por la situación del palacio. El coroformado por doce ciudadanos viejos- recita o canta en una larga intervención introductoria la alegría por la caída
de Troya a la vez que los malos presentimientos por el sacrificio de Ifigenia, por el odio de Clitemnestra, la sangre
derramada, etc. Se crea una atmósfera en la que un destino amenazador acecha. Cuando Agamenón llega
acompañado de Casandra10, hija de Príamo y sacerdotisa de Apolo, Clitemnestra lo recibe como a un dios pisando
alfombras de púrpura; nuevo acto de soberbia de Agamenón, que se suma a sus malas acciones anteriores y a las
de sus antepasados. Finalmente Clitemnestra, tras matar a su marido y a Casandra, desafía triunfante al coro, para
en los últimos versos confesarse parte de la cadena de crímenes de la familia de Agamenón y aparecer finalmente
como una mujer cansada tanta violencia.
En Las Coéforas11 Apolo ordena a Orestes vengar la muerte de su padre matando a su madre Clitemnestra
y al amante (Egisto). El dilema que se le presenta a Orestes es obedecer a Apolo y no respetar la sangre
9
Tántalo mata a su hijo Pélope y lo sirve como banquete a los dioses. Pélope es resucitado por los dioses, que dan tormento a
Tántalo. Pélope, padre de los gemelos, Atreo y Tiestes, que matan al menor, Crisipo. Tiestes seduce a la mujer de Atreo, que
sirve en un banquete a Tiestes sus cinco hijos, Tiestes viola a su hija y tiene a Egisto. Egisto mata a Atreo y Tiestes se convierte
en rey de Micenas. Agamenón, hijo de Atreo, se hace con el poder y exilia a Egisto; se casa con Clitemnestra, reina de Esparta.
Agamenón sacrifica a su hija Ifigenia. Clitemnestra y Egisto se hacen amantes. Asesinato de Agamenón. Apolo ordena a Orestes
la venganza de su padre.
10
Casandra, hija de Príamo, rey de Troya, había correspondido a Agamenón como botín de guerra
11
Coéforas son el coro de la obra: mujeres esclavas que llevan ofrendas rituales a la tumba de Agamenón
materna, continuando así la tradición familiar de asesinatos, o desoír el mandato del dios. Después de
ejecutar la matanza, Orestes, al igual que Clitemnestra, justifica su acción pero más tarde, acosado y
perseguido por las diosas de la venganza, las Furias o Erinias, y enojado consigo mismo, huye desesperado
buscando la liberación con la ayuda del dios.12
Atenea y Apolo protegiendo a Orestes de las Euménides
En Las Euménides13 Orestes, perseguido por las Erinias, es purificado por Apolo, que le concede su ayuda
en su santuario de Delfos. En esta obra se rompe la unidad de lugar, pues el dios envía al protagonista a
Atenas en compañía de Hermes. Allí en el areópago se celebra un juicio en el que el voto de calidad de
Atenea rompe el empate de votos a favor de Orestes. De esta forma queda rota la cadena familiar de
culpas y castigos. Es un final feliz14 donde el poder de Zeus se manifiesta estableciendo la justicia de Atenas
en el Areópago como ley de la ciudad. Las Erinias pasarán a ser, protectoras de Atenas, se convertirán en
Euménides. La obra está plagada de referencias mitológicas, es más deudora de Hesíodo que de Homero.
El lenguaje es muy cercano al culto, solemne y ritual.
Delfos en la actualidad
Orestes (con Electra) matando a Clitemnestra
12
Podría ser interesante comparar a Clitemnestra (que traiciona a su marido antes de asesinarle) con Penélope, y a Orestes con
Telémaco
13
Las Erinias, diosas vengadoras, eran tan terribles que no se las nombraba. El término Euménides era simplemente un
eufemismo, significa “las benévolas”.
14
Se suele decir y enseñar que la tragedia tiene que tener necesariamente un final triste. No es cierto. Hay tragedias que
terminan, como ésta, en una reconciliación.
Textos de Agamenón
Fragmento 1. Coro
Estrofa 3ª 15
Ares, el dios que cambia por oro cadáveres16, el que, en el combate con armas, mantiene en el fiel la
balanza, manda desde Ilio17 a los deudos de los combatientes, en lugar de hombres, un penoso polvo
incinerado, llenando y llenando calderos con la ceniza bien preparada. Y gimen sin tregua mientras elogian
al guerrero muerto: a éste porque era diestro en el combate; a aquél porque cayó gloriosamente en la
matanza de una guerra ¡por la esposa de otro!18 Todos le gruñen en voz baja, y un dolor rencoroso se va
difundiendo clandestinamente contra los Atridas, los promotores de la venganza. Otros, en fin, allí mismo,
en torno a los muros de la tierra de Ilio, con sus cuerpos intactos, tienen sus tumbas19. Tierra enemiga ha
cubierto a quienes la estaban conquistando.
Antístrofa 3ª
Cosa grave es la voz de unos ciudadanos que sienten rencor. El gobernante paga la deuda cuando la
maldición del pueblo se cumple. Mi angustia espera escuchar algo aún oculto por las tinieblas, que a los
autores de tantas muertes no dejan de verlos los dioses, y con el tiempo las negras Erinias20, al que ha ido
15
La representación comenzaba con un prólogo a cargo de un actor. En Agamenón, un vigía que esperaba la señal de la caída de
Troya. Servía para crear el clima afectivo, el lugar y el tiempo de la acción. A continuación entraba el coro, cantando o recitando
su primera intervención o párodo y situándose en la orquesta (párodo significa camino). Seguidamente, los episodios eran los
diálogos de la acción dramática (los personajes entre sí o con el corifeo) Los estásimos eran los comentarios del coro a los
episodios. En ellos el coro se podía dividir en dos semicoros. Los términos estrofa y antistrofa corresponden a la intervención
alternada de cada semicoros. El éxodo era el desfile de salida del coro.
16
El botín de guerra se consigue con muchas muertes.
17
Troya
18
Muertos por intereses ajenos
19
Algunos han sido incinerados, otros no han recibido honores fúnebres
20
Las Furias, divinidades vengadoras. El coro anticipa la persecución que sufrirá Orestes. Se llamaban: Alecto -la que no
descansa- Tisífone -la que venga los homicidios- y Megara -la celosa-.
teniendo fortuna feliz, pero al margen de la justicia, mediante un cambio de la fortuna que arruina su vida,
lo sumen en la oscuridad…
***********************************
El texto está lleno de reticencias ante una guerra muy gloriosa para los héroes, pero
funesta para el pueblo –Esquilo parece que apoyaba las guerras defensivas y patrióticas,
no tanto las otras- El coro también crea un clima de tensión por una angustia indefinida,
pero que tiene relación con el presentimiento de un castigo de los dioses y un
cumplimiento de las maldiciones por las antiguas culpas de los atridas.
Corife
Fragmento 2.
Corifeo
(…)Cuando tú, entonces, a causa de Helena -no voy a ocultártelo-enviaste una expedición, formé de ti una
imagen desagradable: incapaz de gobernar el timón del pensamiento, hiciste morir a muchos hombres para
rescatar una audacia21 voluntaria. Mas, ahora, de lo profundo del corazón y como un verdadero amigo doy
la bienvenida a los que han terminado bien la empresa. Con el tiempo conocerás, si investigas, quién de los
ciudadanos administra la ciudad22 justa o injustamente
Agamenón
(…) Pocos hombres tienen la innata cualidad de honrar sin envidia al amigo afortunado. Un veneno
malévolo invadiendo el corazón dobla el dolor del que posee esta enfermedad: se agobia con sus propias
desgracias y gime al contemplar la dicha ajena23. Por experiencia puedo decir -pues conozco bien el espejo
del trato humano- que aquellos que parecían serme muy adictos resultaron la imagen de una sombra. Sólo
Ulises, que embarcó contra su voluntad, una vez uncido24 fue para mí valeroso caballo de tirante; te lo digo
ya esté muerto, ya vivo. En cuanto a lo demás que atañe a la ciudad y a los dioses, abriendo públicos
debates en la asamblea25, lo trataremos. Hay que buscar la manera de que dure mucho tiempo lo que esté
bien; y si alguno precisa remedios curativos, quemando o cortando prudentemente, intentaremos alejar el
azote de la enfermedad.
21
Elena quiso voluntariamente irse con Paris
22
Alusión velada a Clitemnestra y a Egisto
23
Descripción de la envidia
24
Sometido, convencido
25
Referencia a la democracia de su tiempo
En este texto el Corifeo confirma las anteriores reservas del coro a la guerra de
Troya y a los muertos que causó por el beneficio y gloria de la familia de
Agamenón. También insinúa que el rey no va a encontrar su reino como lo dejó al
partir a Troya en referencia al comportamiento de Clitemnestra y al poder de
Egisto.. Agamenón comprende esas alusiones y manifiesta un cierto desengaño
sobre los seres humanos y una alabanza a Ulises
Fragmento 3
CASANDRA. ¡Apolo, Apolo, dios de los caminos, Apolo mío! ¿Adónde, adónde me has traído? ¿A qué
mansión?
CORIFEO. A la de los Atridas: si tú no lo sabes, yo te lo digo; y tú no podrás decir que es mentira.
CASANDRA. ¡Ah! Casa odiosa a los dioses, testigo de muchos crímenes dentro de la familia, de
desmembramientos26; un matadero de gente, un suelo empapado en sangre. ¡Ah! Creo en estos
testimonios: esos niños que lloran su degüello, esas carnes asadas devoradas por un padre.
26
Se refiere a los niños ofrecidos como banquete en la historia de los atridas.
CASANDRA. ¡Eh, eh, oh, oh! ¿Qué es esto que aparece? ¿Es una red de Hades? No, más bien la red es su
propia esposa, la cómplice del crimen. Que la Discordia, insaciable a la familia, lance un grito de triunfo
sobre sacrificio abominable.
CORO. ¿A qué Erinias exhortas a gritar sobre el palacio? Tus palabras no me alegran. Corre a mi corazón
una gota de tinte amarillo, semejante a la que llega al caído por la lanza con los rayos del ocaso de su vida,
mientras la desgracia rápida se acerca.
CASANDRA. ¡Ah, ah! ¡Ahí, ahí! Aparta el toro de la vaca. Entre vestidos la ha cogido, con un artificio de
cuernos negros la hiere y cae en la bañera llena. Te cuento el suceso de un recipiente de sangrienta traición.
CORIFEO. Conocíamos tu fama de adivina; pero no buscamos profetas.
CASANDRA. ¡Oh dioses! ¿Qué se prepara? ¿Qué es este nuevo y gran dolor? Un gran mal se trama en esta
casa, insoportable para los amigos, incurable, y el socorro está lejos.
CORIFEO. No entiendo estos vaticinios; pero lo demás lo comprendo; toda la ciudad lo proclama
CASANDRA. ¡Oh miserable! ¿Vas a terminar esta acción? Al esposo que comparte tu lecho, después de
haberlo lavado en el baño... ¿cómo diré el final? Pues esto será rápido: extiende mano tras mano deseosa
de alcanzarlo.
Casandra, sacerdotisa de Apolo poseía el don de conocer el futuro a la vez que el castigo de
que nadie hiciera caso a sus profecías. Aquí aparece poseída por el dios de manera que no
puede evitar ver el pasado empapado de sangre de la casa donde está –la de los atridas- y el
futuro inmediato que afectará a Agamenón y a ella misma. El coro no comprende sus vaticinios
(porque se cumple el castigo a Casandra) pero sí puede entender, por ser de dominio público,
lo referente a la historia de sanguinaria delos atridas
4.5. Sófocles
Según parece, fue un ateniense feliz y triunfador. Muy joven fue testigo de la gran victoria de Salamina,
triunfó en concursos de atletismo, triunfó también en los concursos trágicos, obtuvo honores y cargos
públicos y fue considerado como el mejor autor dramático por la crítica posterior. Sófocles es más joven
que Esquilo. Nace en el 496, poco antes de la 1ª Guerra Médica. Por ello, representa ya un mundo
diferente. La producción de Sófocles sucede en la época de Pericles y en el período de la guerra
peloponésica (431). Se conservaron de él siete tragedias: Ayax, Las traquinias, Antígona, Edipo rey, Electra,
Filoctetes y Edipo en Colono. Nos centraremos fundamentalmente en Edipo rey y en Antígona, por su
importante repercusión en la cultura europea contemporánea. (Las referencias a los versos y la traducción
serán las de la edición de la Biblioteca Clásica Gredos.)
El ciclo tebano
Tebas era la capital de Beocia, en la Grecia continental. La fundó Cadmo cumpliendo el oráculo de Delfos.
Después de Cadmo, fueron reyes de Tebas Polidoro, Lábdaco y su hijo Layo. Este Layo hizo algo bastante
feo, que no le gustó nada a los dioses, que fue romper las leyes de la hospitalidad. En efecto, desterrado
de Tebas y acogido en el palacio de Pélope, rey de Olimpia, se apasionó por su hijo Crísipo, le secuestró e
inauguró la pederastia griega. A Pélope eso no le pareció bien y le lanzó una terrible maldición: que no
tuviese descendencia y, en caso de tenerla, que le mataría su hijo. Así empieza el mito de Edipo. Esta
maldición fue confirmada por la Pitia. El ciclo de Edipo continúa con sus hijos varones, Eteocles y Polinice
(Los siete contra Tebas, de Esquilo) y su hija Antígona, protagonista de varias tragedias. Las fenicias, de
Eurípides, que desarrolla Los siete de Esquilo, es la última tragedia del ciclo tebano en la Grecia clásica.
Poco antes de morir, Sófocles escribió la continuación de Edipo rey, Edipo en Colono. En el mundo romano
Séneca escribió una tragedia con el de Antígona y hasta hoy se siguen continuando las adaptaciones tanto
de Edipo como de Antígona.
El mito de Edipo
Aparece el personaje por escrito a partir del siglo VIII a. C. en las obras homéricas:
Vino luego la madre de Edipo, la bella Epicasta27,
que una gran impiedad cometió sin saberlo ella misma,
pues casó con Edipo, su hijo. Tomóla él de esposa
tras haber dado muerte a su padre, y los dioses lo hicieron
a las gentes saber. Él en Tebas, rigiendo a los cadmios,
en dolores penó por infaustos designios divinos
y ella se fue a las casas de Hades de sólidos cierres,
pues, rendida de angustia, se ahorcó suspendiendo una cuerda
de la más alta viga. Al morir le dejó nuevos duelos,
cuantos suelen traer a los hombres las furias maternas
(Odisea, canto XI)
La leyenda de Edipo es conocida: Layo y Yocasta, reyes de Tebas, tienen un hijo. Layo acude al oráculo, que
le confirma la maldición de Pélope, que ese hijo le matará. Para que el oráculo no se cumpla, mandan a
uno de sus pastores deshacerse del niño en un lugar retirado e inhóspito. El pastor no lo mata, sino que lo
deja en mano de un colega que apacentaba los rebaños de los reyes de Corinto, Pólibo y Mérope. Los reyes
de Corinto, que no tienen descendencia, lo adoptan y lo crían como a un hijo. De adolescente, oye
alusiones que le hacen dudar de su identidad; para acabar con las dudas acude al oráculo, que le anuncia
que matará a su padre y se casará con su madre. Edipo no vuelve a Corinto para poder sortear el oráculo.
En una discusión termina por matar a Layo, sin saber quién era. Llega a las afueras de Tebas, donde se
encuentra con la terrible Esfinge, que ha causado en la ciudad una espantosa catástrofe. Al derrotar a la
27
Yocasta en la tragedia
esfinge, libera a Tebas del desastre y, como premio, se casa con Yocasta la reina viuda. Con ella tiene dos
hijos, Polinices y Eteocles, y dos hijas, Antígona e Ismene. Ejerce muchos años como rey de Tebas, querido
y respetado por el pueblo.
Edipo rey. Resumen de la obra
La tragedia de Sófocles comienza cuando Edipo ejerce ya como gran rey de Tebas, muy amado y admirado
por el pueblo, y con otra peste que asola la ciudad y que afecta a personas, animales y cosechas. Comienza
una auténtica investigación policial en la que intervienen el oráculo de Delfos, el adivino Tiresias y
mensajeros que traen noticias nuevas. Toda la investigación está ordenada irónicamente por el culpable de
los crímenes, Edipo, que es también quien ejecuta el castigo sobre sí mismo. La obra tiene elementos de la
leyenda épica de Tebas, la de las siete puertas y del folklore popular.
(Versos 1 a 150) Prólogo
Edipo.- ¡Oh hijos, descendencia nueva del antiguo Cadmo28! ¿Por qué estáis en actitud sedente ante mí
coronados con ramos de suplicante?
Un grupo de ciudadanos en audiencia ante el rey sabio que libró a Tebas de la esfinge es tranquilizado por
Edipo: de un momento a otro vendrá Creonte29 con la respuesta del oráculo de Delfos que explicará la causa
de la plaga. Efectivamente, llega Creonte y trae buenas noticias: Apolo profetiza que Tebas puede librarse de
la peste si expulsan de la ciudad a los asesinos del anterior rey, Layo.
Creonte.- Con el destierro, o liberando un antiguo asesinato con otro, puesto que esta sangre es la que está
sacudiendo la ciudad.
Primer interrogatorio de Edipo, ¿Por qué no se investigó antes la muerte del rey? La respuesta estaba
excesivamente centrada en los estragos de la Esfinge y no se pudo indagar como convenía. Edipo promete
encontrar y castigar al asesino.
(Versos 151 al 215) Párodo
28
Fundador de Tebas
29
Hermano de la reina Yocasta
Coro.- ¡Ay de mí! Soporto dolores sin cuento. Todo mi pueblo está enfermo y no existe el arma de la
reflexión con el que uno se pueda defender. Ni crecen los frutos de la noble tierra ni las mujeres tienen que
soportar quejumbrosos esfuerzos en sus partos30…
El coro, además de lamentarse por la situación de la ciudad, expresa el desasosiego y el temor por los
posibles resultados de la investigación:
Mi ánimo está tenso por el miedo, temblando de espanto
Al final de la intervención del coro, los ciudadanos son convocados en asamblea
(Versos 216 al 462) Primer episodio
Edipo se dirige a la asamblea (el coro) exigiendo que se entregue el asesino o que lo delaten:
Pero, como ahora he venido a ser un ciudadano entre ciudadanos31, os diré a todos vosotros, cadmeos lo
siguiente: aquel de vosotros que sepa por obra de quién murió Layo, el hijo de Lábdaco, le ordeno que me
lo revele todo…Y pido solemnemente que, el que a escondidas lo ha hecho, sea en solitario, sea en
compañía de otros, desventurado, consuma su miserable vida de mala manera. E impreco para que, si llega
a estar en mi propio palacio, y yo tengo conocimiento de ello, padezca ya lo que acabo de desear para éstos
El coro sugiere a Edipo que consulte al adivino Tiresias32, que ya viene acompañado de un niño lazarillo
Tiresias no quiere hablar, Edipo le apremia, le amenaza y le insulta. Tiresias tiene que hablar;
Afirmo que tú eres el asesino del hombre acerca del cual están investigando…Afirmo que tú has estado
conviviendo vergonzosamente, sin advertirlo, con los que te son más queridos
Expulsado de la asamblea y acusado por Edipo de estar conspirando con Creonte para arrebatarle el poder,
Tiresias se despide así:
Me iré; pero te digo que ese hombre que hace tiempo buscas… está aquí mismo; se dice que es extranjero,
establecido aquí, pero luego se verá bien claro que es tebano, y no se complacerá de tal suerte. Ciego el que
ahora ve, mendigo en vez de rico, marchará a tierra extranjera tanteando el camino con un bastón.
Descubrirá que es, él mismo, padre y hermano de sus propios hijos, hijo y esposo de la mujer de quien
nació, fecundando a la mujer de su padre, a quien él mató.
(Versos 463 al 511) Primer estásimo
El coro de ancianos sigue confiando en Edipo basándose en la victoria sobre la esfinge, en su
sabiduría y en su bondad. Entre la irracionalidad de la adivinación y la racionalidad del enigma resuelto la
opción del coro se decanta por la razón
30
La peste esteriliza todo, incluso la procreación humana
31
Democracia ateniense
32
Como había sucedido con Casandra, tiene el don profético, pero también el castigo de Apolo: no será creído. Por eso Edipo
interpreta torcidamente la profecía de Tiresias.
Porque un día llegó contra él, visible, la alada doncella33 y quedó claro en la prueba que era sabio y amigo
para la ciudad. Por ello, en mi corazón nunca será culpable de maldad
Están seguros que Edipo es inocente, y afirman al final del canto: Nunca... consentiremos, / en
pensar que él no es bueno.
(Versos 512 al 862) Segundo episodio
Edipo está disputando agriamente con Creonte, del que sospecha que conspira, compinchado con Tiresias,
para arrebatarle el reino. El rey se muestra poco razonable, irritable e injusto con su cuñado hasta el punto de
que Yocasta tiene que intervenir para calmarlo. Edipo revela a Yocasta la acusación de Tiresias y la reina
argumenta contra los oráculos y los adivinos, porque no siempre se cumplen las predicciones. Para apoyar su
escepticismo le revela la profecía “incumplida“de que a Layo le mataría su hijo, cuando su hijo murió. Pero
Edipo, mientras pregunta por algunos detalles a Yocasta, se va planteando la posibilidad de que el hombre al
que hace años mató pudiera ser el rey Layo, aunque todavía no tiene ninguna sospecha de que Layo sea su
padre:
Edipo.-¡Oh Zeus! ¿Cuáles son tus planes para conmigo?
Yocasta.-¿Qué es lo que te desazona, Edipo?
Edipo.-¡Ay de mí, infortunado! Me parece que acabo de precipitarme a mí mismo, sin saberlo, en terribles
maldiciones
(Versos 863 al 910) Segundo estásimo
El coro canta una oda en la que llama la atención sobre la reverencia y la humildad como únicas formas
sensatas de vida, ya que si alguien permite que la prosperidad y el éxito lo hagan excesivamente orgulloso,
los dioses lo castigarán. El canto concluye con una profesión de fe en los oráculos, pues negarlos hace al
hombre totalmente ajeno a la divinidad.
(Versos 911 al 1082) Tercer episodio
Yocasta lleva ramos de flores e incienso al altar y pide a Apolo que purifique a la ciudad y termine
con los temores de sus ciudadanos y los del rey, su esposo.
Un mensajero informa de que ha muerto Pólibo y que los corintios quieren que Su hijo, Edipo, sea el nuevo rey.
Yocasta ve confirmada con los hechos su desconfianza ante los oráculos
¡Dónde estáis ahora, vaticinios divinos! El hombre a quien Edipo evitó todos estos años
Para no darle muerte, ¡ha muerto de muerte natural, Y no por él!
Edipo oye las noticias queda aliviado de su angustia –alivio que le durará muy poco- y reacciona
como Yocasta ante los oráculos
Bien, bien... Así, esposa ¿qué se ha hecho de los oráculos?... Se suponía que yo daría muerte a mi padre
Que ahora yace en su tumba, y heme aquí sin haber tocado nunca un arma...
El oráculo no se ha cumplido y yace, como Pólibo, muerto.
Yocasta anuncia a Freud cuando queda aún una parte del oráculo que podría cumplirse (Edipo casado con su madre)
¿Miedo? ¿Qué tiene que temer un hombre? El destino gobierna nuestras vidas, y el futuro
Nos es desconocido. Lo mejor es vivir en la mejor forma que podamos, día tras día.
33
Es tabú nombrar a la esfinge por su nombre
No te atemorice lo de casarte con tu madre: muchos hombres tienen ese sueño. Tales cosas
deben olvidarse, si quieres disfrutar la vida.
El mensajero añade el dato que faltaba: que Pólibo y Mérope no eras sus verdaderos padres.
Yocasta, entre tanto, deducido perfectamente las consecuencias de los datos nuevos y está aterrorizada
ante la situación. Ruega a Edipo que no siga investigando. Pero Edipo Quiere descubrir la verdad. Yocasta entra en el
palacio gritando
¡Hombre maldito de los dioses!... ¡Estás perdido y condenado! ¡Ay, desdichado!
¡Ésta es mi última y única palabra para ti, Y para siempre!
(Versos 1083 al 1188)Tercer estásimo
Llega el pastor que fue encargado de acabar con el bebé Edipo. Reconocido por el mensajero, no quiere contestar a
las preguntas, de manera parecida a las negativas iniciales de Tiresias.
Mensajero.-¡Ea! Dime. ¿Recuerdas que entonces me diste un niño para que yo lo criara como un retoño mñio?...Este
es, querido amigo, el que entonces era un niño.
Servidor.-¡Así te pierdas! ¿No callarás? (…) ¡No, por los dioses, no me preguntes más, mi señor!
Finalmente, ante las amenaza de Edipo, confiesa la verdad y se llega al clímax de la obra
Edipo.- ¡Ay, ay! Todo se cumple con certeza ¡Oh luz del día que te vea ahora por última vez! Yo que he resultado
nacido de los que no debía, teniendo relaciones con los que no debía y habiendo dado muerte a quienes no tenía que
hacerlo!
Cuarto episodio (versos 1186-1524)
Un servidor sale del palacio y cuenta a los ancianos del coro los terribles acontecimientos que han
ocurrido en él: que Yocasta se ahorcó y Edipo usó los broches de oro del vestido de la reina para sacarse los
ojos y no ver su vergüenza.
El coro canta compasivo al tiempo que el ciego Edipo sale tambaleante del palacio, cubierto por su
propia sangre y sufriendo, evidentemente, un intenso dolor.
Creonte, el nuevo rey, hace venir a las dos hijas, Antígona e Ismene, que corren hacia su padre
Éxodo (versos 1525 al 1531)
La salida de escena de los actores también va acompañada de la retirada del coro (éxodo), cuyos
integrantes cantan:
Habitantes de Tebas, ved: éste fue Edipo, el más poderoso de los hombres; tuvo la clave del más profundo de los
enigmas; fue envidiado por todos sus compatriotas a causa de su dicha y gran prosperidad; ved la ola de infortunio
que ha caído ahora Sobre su cabeza. Aprended entonces que no se debe llamar feliz a ningún mortal antes que llegue
al término de sus días sin sufrir dolor alguno.
Antígona. Breve comentario
La hija de Edipo aparece en la obra de Sófocles al final de Edipo rey, cuando la lleva Creonte, con su
hermana Ismene, a ver a su padre ciego. En ese momento las dos son unas niñas de pocos años. En Edipo
en Colono Antígona aparece como lazarillo y defensor de su padre ciego. La protagonista de la tragedia se
ha convertido, a partir de Sófocles, en un mito universal y ha protagonizado versiones diferentes en todos
los géneros literarios y musicales.
Argumento de la tragedia
En Los siete contra Tebas de Esquilo se representaba el ataque de Polinices 34contra Eteocles (los hijos varones de
Edipo). Sófocles continúa la historia: Ambos hermanos mueren35 y Creonte rige Tebas como tirano. El nuevo
soberano prohíbe dar sepultura al cadáver de Polinices36. Antígona decide honrar a su hermano con los ritos
fúnebres debidos (lo hará sola porque su hermana Ismene no quiere desobedecer a Creonte), pero es detenida y
conducida ante el tirano, que la condena a muerte. Hemón, hijo de Creonte y prometido de Antígona, presiona a su
padre para que no cumpla la sentencia, por injusta. Su padre no accede. Antígona, no espera y, sabiéndose
condenada, se suicida. Se suicidan también Hemón y la reina Eurídice. Cuando Creonte, por fin, escucha al adivino
Tiresias y al coro, rectifica y decide perdonar a Antígona y honrar la sepultura de Polinices, ya es demasiado tarde
.
34
En la Ilíada aparece Polinices atacando a Tebas a pesar de los malos augurios que muestran la contraria voluntad de Zeus.
35
Habían sido maldecidos por su padre, enviado al exilio por ellos.
36
Para los griegos no recibir los ritos mortuorios era gravísimo, porque no podían sobrevivir -aunque fuese como sombras- en el
Hades. Tanto en la Odisea como en la Eneida los héroes deben volver atrás por haber dejado a un compañero muerto sin los
debidos ritos funerarios.
Textos de Antígona
Texto1.
ISMENA: Pero ¿de verdad piensas darle sepultura, a pesar de que se haya prohibido a toda la ciudad?
ANTÍGONA: Una cosa es cierta: es mi hermano y el tuyo, lo quieras o no. Nadie me acusará de traición por
haberlo abandonado.
ISMENA: ¡Desgraciada! ¿A pesar de la prohibición de Creonte?
ANTÍGONA: No tiene ningún derecho a privarme de los míos.
ISMENA: ¡Ah! Piensa, hermana, en nuestro padre, que pereció cargado del odio y del oprobio, después que
por los pecados que en sí mismo descubrió, se reventó los ojos con sus propias manos; piensa también que
su madre y su mujer, pues fue las dos cosas a la vez, puso ella misma fin a su vida con un cordón trenzado,
y mira, como tercera desgracia, cómo nuestros hermanos, en un solo día, los dos se han dado muerte uno
a otro, hiriéndose mutuamente con sus propias manos. ¡Ahora que nos hemos quedado solas tú y yo,
piensa en la muerte aún más desgraciada que nos espera si a pesar de la ley, si con desprecio de ésta,
desafiamos el poder y el edicto del tirano! Piensa además, ante todo, que somos mujeres, y que, como
tales, no podemos luchar contra los hombres; y luego, que estamos sometidas a gentes más poderosas que
nosotras, y por tanto nos es forzoso obedecer sus órdenes aunque fuesen aún más rigurosas. En cuanto a
mí se refiere, rogando a nuestros muertos que están bajo tierra que me perdonen porque cedo contra mi
voluntad a la violencia, obedeceré a los que están en el poder, pues querer emprender lo que sobrepasa
nuestra fuerza no tiene ningún sentido.
ANTÍGONA: No insistiré; pero aunque luego quisieras ayudarme, no me será ya grata tu ayuda. Haz lo que
te parezca. Yo, por mi parte, enterraré a Polinice. Será hermoso para mí morir cumpliendo ese deber. Así
reposaré junto a él, amante hermana con el amado hermano; rebelde y santa por cumplir con todos mis
deberes piadosos; que más cuenta me tiene dar gusto a los que están abajo, que a los que están aquí
arriba, pues para siempre tengo que descansar bajo tierra. Tú, si te parece, desprecia lo que para los dioses
es lo más sagrado
ISMENA37: No desprecio nada; pero no dispongo de recursos para actuar en contra de las leyes de la
ciudad.
ANTÍGONA: Puedes alegar ese pretexto. Yo, por mi parte, iré a levantar el túmulo de mi muy querido
hermano.
ISMENA: ¡Ay, desgraciada!, ¡qué miedo siento por ti!
La conversación entre las dos hermanas cumple las funciones propias del prólogo: los antecedentes (la desgracia de Edipo), la
información de la muerte de los hermanos Eteocles y Polinice, el decreto de Creonte prohibiendo las honras fúnebres, dos
posturas ante la ley (sumisión en Ismena y rebeldía en Antígona) y el conflicto dramático base de la tragedia entre la ley civil y el
deber personal que desafía al poder asumiendo las terribles consecuencias que teme Ismena.
37
Ismena es otro tipo de mujer. Es más realista que su hermana, pero quizá no menos heroica. Cuando ve que su hermana va a
morir, se solidariza con ella y se proclama cómplice del delito para morir con ella.
Texto2
CREONTE (Dirigiéndose a ANTÍGONA.): ¿Conocías prohibición que yo había promulgado? Contesta
claramente.
ANTÍGONA (Levanta la cabeza y mira a CREONTE.): La conocía. ¿Podía ignorarla? Fue públicamente
proclamada.
CREONTE: ¿Y has osado, a pesar de ello, desobedecer mis órdenes?
ANTÍGONA: Sí, porque no es Zeus quien ha promulgado para mí esta prohibición, ni tampoco la Justicia38,
compañera de los dioses subterráneos, la que ha promulgado semejantes leyes a los hombres; no he
creído que tus decretos, como mortal que eres, puedan tener primacía sobre las leyes no escritas,
inmutables de los dioses. No son de hoy ni ayer esas leyes; existen desde siempre y nadie sabe a qué
tiempos se remontan. No tenía, pues, por qué yo, que no temo la voluntad de ningún hombre, temer que
los dioses me castigasen por haber infringido tus órdenes. Sabía muy bien, aun antes de tu decreto, que
tenía que morir, y ¿cómo ignorarlo? Pero si debo morir antes de tiempo, declaro que a mis ojos esto tiene
una ventaja. ¿Quién es el que, teniendo que vivir como yo en medio de innumerables angustias, no
considera más ventajoso morir? Por tanto, la suerte que me espera y tú me reservas no me causa ningún
pesar. En cambio, hubiera sido inmenso mi pesar si hubiese tolerado que el cuerpo del hijo de mi madre,
después de su muerte, quedase sin sepultura. Lo demás me es indiferente. Si, a pesar de todo, te parece
que he obrado como una insensata, bueno será que sepas que es quizás un loco quien me trata de loca.
CORIFEO: En esta naturaleza inflexible se reconoce a la hija del indomable Edipo: no ha aprendido a ceder
ante la desgracia.
CREONTE (Dirigiéndose al CORO.): Pero has de saber que esos espíritus demasiado inflexibles son entre
todos los más fáciles de abatir, y que el hierro, que es tan duro, cuando la llama ha aumentado su dureza,
es el metal que con más facilidad se puede quebrar y hacerse pedazos. Sé que los caballos indómitos se
vuelven dóciles con un pequeño freno (…)
38
Themis, la Justicia, diosa de la primera generación, la de los titanes. Representaba la ley natural.
ANTÍGONA: Ya me has cogido. ¿Quieres algo más que matarme?
CREONTE: Nada más; teniendo tu vida, tengo todo lo que quiero.
ANTÍGONA: Pues, entonces, ¿a qué aguardas? Tus palabras me disgustan y ojalá me disgusten siempre, ya
que a ti mis actos te son odiosos. ¿Qué hazaña hubiera podido realizar yo más gloriosa que la de dar
sepultura a mi hermano? (Con un gesto designando el CORO.) Todos los que me están escuchando me
colmarían de elogios si el miedo no encadenase sus lenguas. Pero los tiranos cuentan entre sus ventajas la
de poder hacer y decir lo que quieren.
CREONTE: Tú eres la única entre los cadmeos que ve las cosas así.
ANTÍGONA: Ellos las ven como yo; pero cierran la boca ante ti.
Antígona se muestra en este diálogo segura de actuar según su criterio y su conciencia, apoyada en la justicia de la ley
no escrita. Además aparece desafiante ante el coro de ancianos temerosos del poder, y también ante el poder mismo
representado por su tío Creonte. Es, quizá, el momento en que la dignidad y la valentía de la protagonista se
manifiestan en toda su gloria: mientras el coro y los ciudadanos en general callan ante la tiranía, ella proclama su
libertad a riesgo de su muerte.
Texto 3
(Sale Ismene entre dos esclavos.)
CORIFEO. — He aquí a Ismene, ante la puerta, derramando fraternas lágrimas. Una nube sobre sus cejas
afea su enrojecido rostro, empapando sus hermosas mejillas.
CREONTE. — Tú, la que te deslizaste en mi casa como una víbora, y me bebías la sangre sin yo advertirlo.
No sabía que alimentaba dos plagas que iban a derrumbar mi trono. Ea, dime, ¿vas a afirmar haber
participado también tú en este enterramiento, o negarás con un juramento que lo sabes?
ISMENE. — He cometido la acción, si ésta consiente; tomo parte en la acusación y la afronto.
ANTÍGONA. — Pero no te lo permitirá la justicia, ya que ni tú quisiste ni yo me asocié contigo.
ISMENE. — En esta desgracia tuya, no me avergüenzo de hacer yo misma contigo la travesía de esta
prueba.
ANTÍGONA. — De quién es la acción, Hades y los dioses de abajo son testigos. Yo no amo a uno de los míos,
si sólo de palabra ama.
ISMENE. — ¡Hermana, no me prives del derecho a morir contigo y de honrar debidamente al muerto!
ANTÍGONA. — No quieras morir conmigo, ni hagas cosa tuya aquello en lo que no has participado. Será
suficiente con que yo muera.
ISMENE. — ¿Y qué vida me va a ser grata, si me veo privada de ti?
ANTÍGONA. — Pregunta a Creonte, ya que te eriges en defensora suya.
ISMENE. — ¿Por qué me mortificas así, cuando en nada te aprovecha?
ANTÍGONA. — Con dolor me río de ti, si es que lo hago.
ISMENE. — Pero, ¿en qué puedo aún serte útil ahora?
ANTÍGONA. — Sálvate tú. No veo con malos ojos que te libres.
ISMENE. — ¡Ay de mí, desgraciada! ¿Y no alcanzaré tu destino?
ANTÍGONA. — Tú has elegido vivir y yo morir.
ISMENE. — Pero no sin que yo te diera mis consejos.
ANTÍGONA. — A unos les pareces tú sensata, yo a otros
ISMENE. — Las dos, en verdad, tenemos igual falta.
ANTÍGONA. — Tranquilízate: tú vives, mientras que mi alma hace rato que ha muerto por prestar ayuda a
los muertos.
CREONTE. — Afirmo que estas dos muchachas han perdido el juicio, la una acaba de manifestarlo, la otra
desde que nació.
Las dos hermanas – que en el primer texto representaban dos posturas éticas diferentes- se equiparan aquí en
grandeza. A pesar de las reticencias afectivas de Antígona, que no termina de olvidar la anterior negativa de Ismene,
ésta se muestra solidaria hasta disponerse a morir con Antígona acusándose a sí misma de un delito que no ha
cometido. Antígona no acepta esa solidaridad y quiere que su hermana viva.
Texto 4
(El Coro interviene después de un tenso diálogo entre Creonte y su hijo Hemón sobre la injusta condena a
Antígona)
CORO. Estrofa. Eros, invencible en batallas, Eros que te abalanzas sobre nuestros animales 40, que estás
apostado en las delicadas mejillas de las doncellas. Frecuentas los caminos del mar y habitas en las
agrestes moradas, y nadie, ni entre los inmortales ni entre los perecederos hombres, es capaz de rehuirte,
y el que te posee está fuera de sí.
(…)
(Entra Antígona conducida por esclavos.) También yo ahora me veo impelido a alejarme ya de las leyes al
ver esto, y ya no puedo retener los torrentes de lágrimas cuando veo que aquí llega Antígona para dirigirse
al lecho, que debía ser nupcial39, donde todos duermen.
ANTÍGONA. — Vedme, ¡oh ciudadanos de la tierra patria!, recorrer el postrer camino y dirigir la última
mirada a la claridad del sol40. Nunca habrá otra vez. Pues Hades, el que a todos acoge, me lleva viva a la
orilla del Aqueronte sin participar del himeneo y sin que ningún himno me haya sido cantado41 delante de
la cámara nupcial, sino que con Aqueronte42 celebraré mis nupcias.
Corifeo. — Famosa, en verdad, y con alabanza te diriges hacia el antro de los muertos, no por estar
afectada de mortal enfermedad, ni por haber obtenido el salario de las espadas43, sino que tú, sola entre
los mortales, desciendes al Hades viva y por tu propia voluntad.
ANTÍGONA. — ¡Ay de mí! (…) ¡Oh ciudad! ¡Oh varones opulentos de la ciudad! ¡Ah fuentes Dirceas44 y
bosque sagrado de Tebas, la de los bellos carros! A vosotros os tomo por testigos de cómo, sin lamentos de
los míos y por qué clase de leyes, me dirijo hacia un encierro que es un túmulo excavado de una imprevista
tumba. ¡Ay de mí, desdichada, que no pertenezco a los mortales ni soy una más entre los difuntos, que ni
estoy con los vivos ni con los muertos!
39
La juventud de Antígona y el compromiso con Hemón deberían llevarla al matrimonio en vez de a la muerte.
40
Aunque al principio Creonte dijo que iba a ser lapidada, cambia de criterio y decide encerrarla en una tumba excavada en la
roca.
41
En los desposorios se cantaba el epitalamio, himno de boda
42
Uno de los ríos del inframundo
43
El riesgo de la muerte en combate
44
Dircea, mujer de Lico, rey de Tebas, fue convertida en fuente por los dioses.
CORO. — Llegando a las últimas consecuencias de tu arrojo, has chocado con fuerza contra el elevado altar
de la Justicia, oh hija. Estás vengando alguna prueba paterna.
(…)
ANTÍGONA. — Sin lamentos, sin amigos, sin cantos de himeneo soy conducida, desventurada, por la senda
dispuesta. Ya no me será permitido, desdichada, con templar la visión del sagrado resplandor, y ninguno de
los míos deplora mi destino, un destino no llorado. (Creonte sale del palacio.)
CREONTE. — ¿Es que no sabéis que, si fuera menester, nadie cesaría de cantar o de gemir ante la muerte?
Llevadla cuanto antes y, tras encerrarla en el abovedado túmulo —como yo tengo ordenado—, dejadía
sola, bien para que muera, bien para que quede enterrada viva en semejante morada.
El fragmento tiene una primera parte en la que el coro se refiere, en tono lírico, al amor existente entre Hemón y su
padre Creonte en el que el muchacho no logra convencer al tirano para que perdone a Antígona. Ésta alude a la boda
prevista con Hemón (referencias al himeneo en el texto). Lo más destacado de la información de la intervención de
Antígona es su humanidad: la heroína que había mostrado hasta ahora su faceta más dura y heroica, aparece en este
texto como una mujer más cercana, con miedo, y expresando el natural dolor por dejar todo lo bello de la vida. No se
arrepiente de lo que ha hecho, pero se muestra mucho más cercana al espectador.
4.6. Eurípides
Eurípides (484-406) era unos quince años más joven que Sófocles con el que compitió varias veces en los
concursos de tragedias. Pero Atenas estaba cambiando: la euforia que vivió Sófocles con la gran victoria de
Salamina (480) había dado paso a una crisis notable y a un fracaso en su competición por el liderazgo
helénico con Esparta, que se concretó en derrota (guerra del Peloponeso (431-404).)
Eurípides se diferenciaba de Sófocles en otras cosas, por ejemplo, fue mucho menos popular, menos
sociable, menos religioso y más intelectual. Tuvo una de las mejores bibliotecas de su tiempo, y,
culturalmente, estuvo en la órbita de los sofistas (Anaxágoras, Gorgias) y de Sócrates. Eso significaba
innovación y crítica a la tradición, y se reflejó en sus tragedias. En ellas el marco externo era el tradicional,
la mitología y la epopeya, pero el tratamiento de la divinidad era bastante menos piadoso que en los
trágicos precedentes. También le diferenciaba de ellos el tratamiento de los personajes, menos grandiosos
y más cercanos a lo normal, y con bastante más incidencia en lo psicológico. Por su alejamiento de lo
convencional y un cierto escepticismo, el público ateniense tradicional no se reconocía en sus obras, y fue
objeto de críticas acerbas, por ejemplo, por parte de Aristófanes en Las avispas, contraponiéndole con
dramaturgos más populares. No aguantó toda su vida en Atenas: Hacia el año 408 se retiró a Macedonia, a
la corte del rey Arquelao, donde murió. Tras su muerte se convirtió en el dramaturgo más celebrado,
valorado y estudiado. Para Aristóteles fue el más trágico de los trágicos.
De Eurípides se conservan dieciocho obras. Nos centraremos en su tragedia más trascendental: Medea.
El mito de Medea y la tragedia
Medea era una princesa de la Cólquide, nieta de Helios (el Sol) y sobrina de Circe, quien la había instruido
en la magia. Su padre, el rey Eetes, había recibido a Jasón y los argonautas y les había permitido conseguir
el vellocino de oro, el objetivo del viaje mítico, si eran capaces de superar una serie de pruebas
prácticamente imposibles. Medea se enamora apasionadamente de Jasón y, con su magia, le ayuda a
superar las pruebas; para ello es capaz de todo, por ejemplo, de matar y descuartizar a su hermano y de
traicionar a su padre. Cuando llegan a Yolcos, donde reina el tío de Jasón, Pelías, Medea se deshace de él
con sus artes mágicas. Jasón y Medea son expulsados de Yolcos, y se refugian en Corinto.
Esquilo y Sófocles escribieron sobre Medea, pero sólo se conserva la tragedia de Eurípides. Séneca y Ovidio
trataron también el tema de Medea en la literatura latina. Posteriormente ha sido uno de los temas
preferidos en todas las épocas y ha llegado a nuestros días en todos los géneros artísticos (teatro, novela,
ensayo, ópera y cine (véase Medea de Pasolini).
Jasón y el vellocino de oro 1
La tragedia de Eurípides es fiel al mito y lo presenta cuando Jasón y Medea ya están en Corinto y Jasón ha
abandonado a Medea para casarse con Creusa, la hija del rey de Corinto. Introduce algunos personajes
nuevos, como la nodriza de Medea y el educador de sus niños. Medea resuelve su pasión amorosa por
Jasón en una pasión de venganza. Utiliza con astucia y frialdad sus artes mágicas con las que mata a
Creusa y al rey de Corinto, Creonte. Se asegura el futuro con la promesa de asilo y la protección de Egeo,
rey de Atenas, y matan a los hijos para dejar a Jasón sin nada. Al final, Medea se marcha en un carro tirado
por dragones alados, regalo de su abuelo, Helios, y profetiza la muerte de Jasón.
El regalo mortal de Medea a Creusa
Medea
Textos de Medea
Texto 1
Prólogo
Nodriza.- ¡Ojalá la nave Argo no hubiera volado sobre las sombrías Simplégades45 hacia la tierra de
Cólquide, ni en los valles del Pelión46 hubiera caído el pino cortado por el hacha, ni hubiera provisto de
remos las manos de los valerosos hombres que fueron a buscar para Pelías el vellocino de oro! Mi señora
Medea no hubiera zarpado hacia las torres de la tierra de Yolco, herida en su corazón por el amor a Jasón,
ni, habiendo persuadido a las hijas de Pelías a matar a su padre47, habitaría esta tierra corintia con su
esposo y sus hijos, tratando de agradar a los ciudadanos de la tierra a la que llegó como fugitiva y viviendo
en completa armonía con Jasón: la mejor salvaguarda radica en que una mujer no discrepe de su marido.
Ahora, por el contrario, todo le es hostil y se duele de lo más querido, pues Jasón, habiendo traicionado a
sus hijos y a mi señora, yace en lecho real, después de haber tomado como esposa a la hija de Creonte, que
reina sobre esta tierra. Y Medea, la desdichada, objeto de ultraje, llama a gritos a los juramentos, invoca a
Rocas Simplégades
Valles del Pelión en Tesalia
la diestra dada, la mayor prueba de fidelidad48, y pone a los dioses por testigo del pago que recibe de
Jasón. Ella yace sin comer, abandonando su cuerpo a los dolores, consumiéndose día tras día entre
lágrimas, desde que se ha dado cuenta del ultraje que ha recibido de su esposo, sin levantar la vista ni
volver el rostro del suelo y, cual piedra u ola marina, oye los consuelos de sus amigos. Y si alguna vez
vuelve su blanquísimo cuello, ella misma llora en sí misma a su padre querido, a su tierra y a su casa, a los
que traicionó para seguir a un hombre que ahora la tiene en menosprecio. La infortunada aprende, bajo su
desgracia, el valor de no estar lejos de la tierra patria. Ella odia a sus hijos y no se alegra al verlos, y temo
que vaya a tramar algo inesperado, [pues su alma es violenta y no soportará el ultraje. Yo la conozco bien y
me horroriza pensar que vaya a clavarse un afilado puñal a través del hígado, entrando en silencio en la
45
Dos míticas rocas peligrosas.
46
El Pelión, zona de Tesalia, famosa por sus bosques de pinos
47
Para vengar la muerte del padre de Jasón a manos de Pelias, Medea convenció a sus hijas de que descuartizaran a su padre y
lo pusieran a cocer, asegurándoles que de este modo recobraría la juventud, pero Pelias no volvió a recobrar la vida.
48
Alusión a los juramentos dados por Jasón a Medea respecto a su fidelidad, en los momentos de peligro de su viaje a la
Cólquide
habitación donde está extendido su lecho, o que vaya a matar al rey y a su esposa y después se le venga
encima una desgracia mayor], pues ella es de temer. No será fácil a quien haya incurrido en su odio que se
lleve la corona de la victoria. Pero he aquí a los hijos que vienen de ejercitarse en la carrera, sin
preocuparse en absoluto de las desgracias de su madre, pues a una mente joven no le gusta sufrir.
Pedagogo.- Antigua esclava de mi señora, ¿por qué estás junto a las puertas tan solitaria, lamentando
contigo misma desgracias? ¿Cómo consiente Medea en estar sola sin ti?
Nodriza.- Anciano compañero de los hijos de Jasón, para los buenos esclavos es una calamidad que rueden
mal las cosas de sus amos, y hace mella en sus corazones. Yo he llegado a un grado tal de sufrimiento, que
el deseo me ha impulsado a venir aquí a confiar a la tierra y al cielo las desgracias de mi señora.
Eurípides pone en boca de la nodriza este prólogo que sirve para recordar a los espectadores los
principales acontecimientos relacionados con el mítico viaje de los Argonautas y la búsqueda del vellocino
de oro. Del pasado de Medea se centra en su amor por Jasón, omitiendo los detalles de sus crímenes y
traiciones a su familia. Del pasado de Jasón insiste en los juramentos de fidelidad solemnes para conseguir
la ayuda de Medea.
Del presente, la nodriza destaca la humillación en la que vive Medea y su sentimiento de extranjería.
Finalmente, se crea desde este prólogo un ambiente de inquietud al destacar la violencia y el orgullo del
carácter de Medea y plantear, tan pronto, una amenaza sobre los hijos
Eurípides pone en boca de la nodriza este prólogo que sirve para recordar a los espectadores los
principales acontecimientos relacionados con el mítico viaje de los Argonautas y la búsqueda del
vellocino de oro. Del pasado de Medea se centra en su amor por Jasón, omitiendo detalles de sus
crímenes y traiciones a su familia. Del pasado de Jasón insiste en los juramentos de fidelidad
solemnes para conseguir la ayuda de Medea.
Del presente, la nodriza destaca la humillación en la que vive Medea y su sentimiento de
extranjería. Finalmente, se crea desde este prólogo un ambiente de inquietud al destacar la
violencia y el orgullo del carácter de Medea y plantear, tan pronto, una amenaza sobre los hijos
Texto 2.
Medea (Aparece en escena y se dirige al coro, que está compuesto por mujeres.).- Mujeres corintias (…)
Todo ha acabado para mí y, habiendo perdido la alegría de vivir, deseo la muerte, amigas, pues el que lo
era todo para mí, no lo sabéis bien, mi esposo, ha resultado ser el más malvado de los hombres. De todo lo
que tiene vida y pensamiento, nosotras, las mujeres, somos los seres más desgraciados. Empezamos por
tener que comprar un esposo con dispendio de riquezas y tomar un amo de nuestro cuerpo, y éste es el
peor de los males. Y la prueba decisiva reside en tomar a uno malo, o a uno bueno. A las mujeres no les da
buena fama la separación del marido y tampoco les es posible repudiarlo49. Y cuando una se encuentra en
medio de costumbres y leyes nuevas, hay que ser adivina, aunque no lo haya aprendido en casa, para
saber cuál es el mejor modo de comportarse con su compañero de lecho. Y si nuestro esfuerzo se ve
coronado por el éxito y nuestro esposo convive con nosotras sin aplicarnos el yugo por la fuerza, nuestra
vida es envidiable, pero si no, mejor es morir. Un hombre, cuando le resulta molesto vivir con los suyos,
sale fuera de casa y calma el disgusto de su corazón. Nosotras, en cambio, tenemos necesariamente que
mirar a un solo ser50. Dicen que vivimos en la casa una vida exenta de peligros, mientras ellos luchan con la
lanza. ¡Necios! Preferiría tres veces estar a pie firme con un escudo, que dar a luz una sola vez. Pero el
49
En tiempos de Eurípides parece que la mujer podía separarse a veces, pero quedaba desacreditada
50
Situación de encierro en el gineceo de la mujer ateniense.
mismo razonamiento no es válido para ti y para mí. Tú tienes aquí una ciudad, una casa paterna, una vida
cómoda y la compañía de tus amigos. Yo, en cambio, sola y sin patria51, recibo los ultrajes de un hombre
que me ha arrebatado como botín de una tierra extranjera, sin madre, sin hermano, sin pariente en que
pueda encontrar otro abrigo a mi desgracia. Una mujer suele estar llena de temor y es cobarde para
contemplar la lucha y el hierro, pero cuando ve lesionados los derechos de su lecho, no hay otra mente
más asesina.
Este texto es una reflexión sobre la condición de la mujer a expensas del hombre en una sociedad
patriarcal, en la que no es valorada ni tenida en cuenta. La crítica sobre la ideología de Eurípides ha
buscado argumentos para justificar una actitud misógina tanto como una feminista. Lo que parece claro es
que no se encuentra amor apasionado en sus personajes masculinos, que parecen perseguir unos
objetivos diferentes al amor, que, en todo caso, es utilizado para conseguir otras cosas. En los personajes
femeninos, sin embargo, el amor es algo natural y un fin en sí mismo. En Medea, como en otras tragedias,
parece que el amor es tan absoluto que el personaje podría morir y podría matar. En el texto parece que
el autor está preparando una cierta justificación de los crímenes de Medea: lo ha dejado todo por Jasón, le
ha dado a él todo lo que tiene, está en tierra extraña, sólo le tiene a él, y la ha traicionado.
Texto 3
Medea.(…)
Tengo muchos caminos de muerte para ellos, pero no sé, amigas52, de cuál echaré mano primero. Prenderé
fuego a la morada nupcial o les atravesaré el hígado con una afilada espada, penetrando en silencio en la
habitación en que está extendido su lecho. Un solo inconveniente me detiene: si soy cogida en el momento
de atravesar el umbral y dar el golpe, mi muerte será el hazmerreír de mis enemigos. Lo mejor es el camino
directo, en el que soy muy hábil por naturaleza: matarlos con mis venenos.
(…)
Tú eres hábil y, además, las mujeres somos por naturaleza incapaces de hacer el bien, pero las más hábiles
artífices de todas las desgracias.
Coro
Estrofa 1. ª
Las corrientes de los ríos sagrados remontan a sus fuentes53 y la justicia y todo está alterado. Entre los
hombres imperan las decisiones engañosas y la fe en los dioses ya no es firme. Pero lo que se dice sobre la
condición de la mujer54 cambiará hasta conseguir buena fama, y el prestigio está a punto de alcanzar al
linaje femenino; una fama injuriosa no pesará ya sobre las mujeres.
Antistrofa 1. ª
Y las musas de los antiguos aedos cesarán de celebrar mi infidelidad55. En nuestra mente Febo, maestro de
los cantos, no infundió el don del canto divino de la lira; en otro caso, hubiera entonado, en respuesta, un
himno contra el linaje de los hombres56. Pero el largo fluir del tiempo tiene que decir mucho sobre nuestro
destino y el de los hombres.
51
A la condición de mujer se une la de extranjera
52
Se está dirigiendo al coro de mujeres
53
Metáfora de la subversión del orden natural de las cosas
54
Toda la cultura misógina de la literatura griega anterior
55
Posiblemente se refiere a la infidelidad de Helena de Troya, cantada por los aedos.
56
Apolo sólo ha inspirado a los hombres, pero si escribieran las mujeres …
Estrofa 2. ª
Tú navegaste desde la morada paterna con el corazón enloquecido57, franqueando las dobles rocas del
mar58 y habitas en una tierra extranjera, privada de tu lecho y de tu esposo, infortunada, y con ignominia
serás desterrada de esta tierra.
Antistrofa 2. ª
Se ha esfumado el encanto de los juramentos. El pudor ya no tiene su asiento en la gran Hélade y ha
volado hasta el cielo. Y tú, infeliz, no tienes una casa paterna como fondeadero de tus desgracias, sino que
otra reina más poderosa que tu lecho domina en la casa.
El texto se sitúa en el momento en que Medea, que ha sido condenada al destierro por el rey, ha conseguido
con astucia un día de tregua para ejecutar su venganza.
En estos fragmentos Medea plantea al coro sus planes completando el apasionamiento que había mostrado
en textos anteriores con la astucia y el cálculo. En el segundo párrafo se anima a sí misma y, como mujer, se
reconoce en el tópico de origen de desgracias (el público de la tragedia ática, tendría en el recuerdo a Helena
de Troya).
A continuación, el coro se divide en dos partes que se reparten las reflexiones con las que acaba su
intervención. De forma muy explícita afirma la crisis de valores de la sociedad de su tiempo y anuncian un
cambio futuro de mentalidad respecto a la mujer.
57
Por el amor a Jasón
58
Nueva alusión a las rocas Simplégades
Descargar