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Entrevistas y sugestiones indirectas

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ENTREVISTA Y SUGESTIONES
INDIRECTAS:
ENTRENAMIENTO COMUNICATIVO
PARA JÓVENES PSICOTERAPEUTAS
Begoña Rojí y Raúl Cabestrero
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INDICE
INDICE
INTRODUCCIÓN: La comunicación y el cambio de actitudes en psicoterapia
Primera Parte: La entrevista psicoterapéutica
1. Conceptos básicos
1.1.1. Una teoría clínica de la comunicación humana
1.1.2. La entrevista en psicoterapia
1.1.3. Escala de evaluación de intervención de los entrevistadores
2. Lo no verbal
2.1. Inventario de comunicación no verbal durante la entrevista terapéutica
2.2. Ejercicios:
A) De papel y lápiz
B) Ensayos conductuales
2.3. Soluciones
3. Lo verbal
3.1. Saber escuchar
3.1.1. Ejercicios: De papel y lápiz
3.1.2. Soluciones
3.2. Saber preguntar
3.2.1. Ejercicios: De papel y lápiz
3.2.3. Soluciones
3.3. El enfoque
3.3.1. Ejercicios: De papel y lápiz
3.3.2. Soluciones
4. Las técnicas verbales
4.1. Técnicas no directivas
4.1.1. Clarificación
4.1.2. Paráfrasis
4.1.3. Reflejo
4.1.4. Resumen
4.1.5. Autorrevelación
4.1.6. Inmediatez
4.1.7. Ejercicios
A) De papel y lápiz
B) Ensayos conductuales
4.1.8. Soluciones
4.2. Técnicas directivas
4.1.1. Sondeo
4.1.2. Afirmación de la capacidad
2
4.1.3.
4.1.4.
4.1.5.
4.1.6.
4.1.7.
4.1.8.
Confrontación
Interpretación
Instrucciones
Encuadre
Información
Ejercicios
A) De papel y lápiz
B) Ensayos conductuales
4.1.9. Soluciones
5.
La interacción
5.1. Percepción interpersonal
5.1.1. Autoimagen
5.1.2. Expectativas
5.1.3. Valores
5.1.4. El sexo y la raza
5.2. Dimensiones de la interacción
5 .2.1. La dimensión afectiva
5.2.1.1. Calidez o aceptación incondicional
5.2.1.2. Empatía
5.2.1.3. Autenticidad
5.2.2. La dimensión jerárquica
5.3. Profundidad de la interacción terapéutica
5.4. Ejercicios
A) De papel y lápiz
B) Ensayos conductuales
5.5. Soluciones
6. El proceso
6.1. Control y evitación del control de una relación
6.1.1. Control del contenido de la comunicación verbal
6.1.2. Instrucciones
6.1.3. Modelado
6.1.4. Condicionamiento verbal
6.2. Concepto de estructura
6.2.1. Directividad/No directividad
6.2.2. Nivel de actividad
6.2.3. Especificidad/Ambigüedad
6.3. Desarrollo de la comunicación terapéutica
6.3.1. Autorrevelación y resistencia
6.3.2. Comunicación de emociones
6.3.3. Comunicación de emociones penosas
6.3.4. Comunicación de emociones gratas
6.4. Ejercicios
A) De papel y lápiz
B) Ensayos conductuales
6.5. Soluciones
3
7. Las etapas
7.1.Primera etapa o etapa inicial
7.2.Segunda etapa o fase intermedia
7.3.Tercera etapa o fase final
7.4.Ejercicios: Ensayos conductuales
Segunda Parte: Sugestiones indirectas
8. ¿Qué son las sugestiones indirectas?
9. Patrones lingüísticos de las sugestiones indirectas.
9.1. Implicaciones-Presuposiciones
91.1. El prerrequisito implicado
9.2. Salpicadura
9.3. Lenguaje Metafórico: Cuentos, Parábolas, Chistes, Acertijos, Analogía Y
Metáforas
9.3.1. Los cuentos y las parábolas
9.3.2. Los chistes
9.3.3. Acertijos
9.3.4. Analogías y metáforas
9.4. Reencuadre- Redefinición-Desencuadre
9.5. Truismos
9.6. Emplear el Sistema Representacional del Paciente
9.7. Acompasamiento-Amplificación y Refuerzo
9. 8. Anclajes.
9.9. Elección ilusoria
9.10. Non-sequitur
9.11. Sugestiones abiertas
9.12. Preguntas
9.13. Aposición de opuestos
9.14. Sugestiones negativas
9.15. Conectores lingüísticos
10. Ejercicios.
11. Soluciones.
BIBLIOGRAFÍA
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INTRODUCCIÓN:
La comunicación y el cambio de actitudes en psicoterapia
El estudio de la comunicación humana depende del desarrollo del conocimiento en
áreas tan distintas como la lingüística, la semiótica, la psicología del lenguaje, la
psicología cognitiva y la psicología social. Y esta circunstancia explica por sí misma el
hecho de que la investigación en este campo se esté desarrollando bajo el signo de la
asistematicidad y la falta de coordinación.
Ahora bien, cuando el campo de estudio se circunscribe a la comunicación terapéutica,
a esa situación general hay que añadir otros factores de dispersión. Porque los
primeros estudios sobre la comunicación terapéutica comenzaron a aparecer en los
años treinta del pasado siglo, cuando los trabajos de Lasswell (1935) y Fairbanks y
Pronovost (1939) relacionaron las pautas paralingüísticas de las verbalizaciones del
paciente con el valor pragmático de sus emisiones (Marín, 2000) Sin embargo, hasta
una década más tarde no aparecieron los primeros sistemas de clasificación de las
intervenciones verbales del terapeuta en función de su valor como estrategias al
servicio de una intención (Porter, 1943; Snyder, 1945)
Posteriormente, tales sistemas de clasificación comenzaron a proliferar, en buena
medida gracias a las polémicas afirmaciones publicadas por Rogers en 1951 sobre el
valor terapéutico de las terapias no directivas. Así, la mayor parte de los datos
disponibles procedentes de investigaciones previas a la década de los 80 del pasado
siglo, vieron la luz por razones que poco o nada tenían que ver con un interés real por
el esclarecimiento del tema. Por el contrario, respondían a la necesidad experimentada
por ciertos profesionales de encontrar argumentos en pro o en contra de la eficacia de
modelos de intervención tan dispares como el psicodinámico, el conductual o la terapia
centrada en el cliente. Por ejemplo, el impulso recibido por la cualificación
comunicativa de los terapeutas a partir de las aportaciones de autores como Carkhuff y
Pierce (1975), quienes estaban fuertemente influenciados por Rogers, generó serias
discrepancias, parcialmente irresueltas aún hoy, con los terapeutas conductuales.
Porque si los primeros concibieron los recursos comunicativos del terapeuta como
destrezas o talentos no adquiribles mediante el simple entrenamiento, los segundos
defendían y defienden que tales recursos no son sino habilidades fácilmente
adquiribles cuando se observan las adecuadas pautas de aprendizaje.
Posteriormente, diversos autores (Russell y Stiles, 1979; Elliot, 1984) propusieron
abordar el proceso terapéutico en cuatro planos distintos. El primero recoge el
contenido de la interacción; es decir, lo que en ella se dice. El segundo se refiere a la
acción y, por tanto, a lo que se hace en el curso del tratamiento. El tercero tendría que
ver con el estilo; esto es, con la forma en que se hace o dice algo durante el proceso. Y,
por último, el cuarto, con la cualidad o grado de destreza con que se conduce el
proceso.
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La mayor parte de los datos empíricos de que disponemos hoy sobre la comunicación
terapéutica se centran en los contenidos y en los modos de intervención verbal del
terapeuta. Pero aunque han sido muchas las clasificaciones que se han propuesto para
tipificar dichos modos, la investigación exhaustiva de su valor predictor respecto a la
eficacia del proceso todavía está por realizar.
Por otra parte, asimismo durante las dos últimas décadas del pasado siglo, la
emergencia de innovadoras metodologías de investigación del proceso terapéutico
enriqueció las metodologías de la comunicación terapéutica (Russell, 1987) y, de forma
progresiva, emergieron también las siguientes premisas hoy asumidas de forma
mayoritaria:
1) la competencia comunicativa del terapeuta es, como la de cualquier
comunicante, una competencia pragmática en el sentido lingüístico del término
(Recaneti, 1981; Reyes, 1990; Escandell, 1999)
2) Existen diferencias individuales en las capacidades para desarrollar esa
competencia
3) Ciertos profesionales hiperdesarrollan su competencia comunicativa
(abogados, periodistas, psicólogos, vendedores), sin que eso signifique que
renuncien a su perfil estilístico como comunicantes (cálidos-fríos, directosambiguos, etc.) Sin embargo, los escasos trabajos comparativos existentes
indican que estos profesionales se parecen entre sí más en que evitan hacer, que
en lo que hacen (Rojí y San Juan, 2000)
4) Esa competencia es de naturaleza retórica y, por tanto, vincula la
comunicación terapéutica con el cambio de actitudes, esto es, con la persuasión.
Dicho de otra manera, vincula la comunicación terapéutica con los llamados
factores comunes de la psicoterapia (Frank, 1982)
En efecto, tal como propuso Glasser (1980) la comunicación terapéutica es un
fenómeno retórico, puesto que su función última consiste en producir un cambio o
inducción a la acción. Y como tal es analizable en función de los cuatro mecanismos
descritos por la retórica clásica retomados por esta autora: ethos, logos, mecanismos de
tensión/relajación y dispositivos estilísticos.
El término ethos se refiere a aquellas características del hablante que actúan como
vehículo de persuasión. La cualificación profesional percibida, la capacidad para
generar confianza y el atractivo social del comunicante son elementos que convierten al
terapeuta en un interlocutor cuyas aserciones tienden a ser fácilmente aceptadas por el
apaciente, puesto que esos factores le definen como fuente de información digna de
crédito. En cambio, la noción logos se refiere al peso que los contenidos del discurso
adquieren como argumentos. En este caso se resalta el valor persuasivo que poseen los
ejemplos, estadísticas, citas o analogías con las que el terapeuta arropa sus propuestas
de cambio. Por su parte, los mecanismos de tensión/relajación hacen referencia a la
dinámica que, a través de las palabras, se establece cuando el terapeuta primero
recopila o incluso vivifica las características del problema del paciente, para ofrecerle
luego una vía de solución. Por último, en la concepción clásica de la retórica los
dispositivos estilísticos se asimilaban con las figuras del discurso, esto es, con tropos
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como la metáfora, las imágenes y comparaciones, las inversiones o el paralelismo. Estos
dispositivos tienen en común su valor como recursos para dirigir la atención del oyente
sobre algún aspecto concreto del mensaje.
La persuasión o cambio de actitudes en psicoterapia fue definido por Golfried (1980)
como un heurístico clínico que guía implícitamente los esfuerzos del terapeuta. Este
heurístico se situaría en un nivel intermedio entre la teoría y la técnica y está
directamente relacionado en lo conceptual con los procesos de persuasión. Sin
embargo, la relación terapéutica reúne una serie de características que la diferencian
claramente de otras situaciones interactivas. Porque, en primer lugar, la psicoterapia
implica una relación que se establece entre un profesional debidamente cualificado,
por una parte, y alguien que solicita ayuda con objeto de resolver sus problemas
personales, por otra. En segundo lugar, la ayuda terapéutica se desarrolla a lo largo de
un tiempo y mediante encuentros periódicos; y, por último, la conversación es la
modalidad comunicativa que sirve de soporte a la interacción. La concurrencia de estas
circunstancias hace que la relación terapéutica sea una relación fuertemente asimétrica
en la que, si bien la persuasión puede ser bidireccional, en principio, el terapeuta
dispone de una capacidad notablemente superior para influir sobre el paciente,
haciendo uso, entre otras, de sus habilidades retóricas.
Pese al rechazo que suele provocar entre los profesionales de la psicoterapia la idea de
que sus logros deben mucho a la persuasión -rechazo posiblemente relacionado con el
temor a ser socialmente considerados como charlatanes de feria o como amenazantes
para la libertad de sus clientes-, lo cierto es que el vínculo entre psicoterapia,
comunicación y persuasión facilita el abordaje científico de lo que acontece durante un
proceso terapéutico, pues el cambio de actitudes es un fenómeno bien conocido y
tradicionalmente atendido por disciplinas como la psicología social.
Porque, en efecto, la relación entre comunicación interpersonal, recursos persuasivos y
cambio de actitudes constituye un entramado (Cohen, Morgan & Pollack, 1990; Daly
&Wiemann, 1994) que, en cuanto objeto de estudio, recibe atención periódica por parte
de los psicólogos sociales de orientación cognitiva. Más concretamente, en 19986, Petty
y Cacioppo propusieron un modelo que da cuenta de los pormenores que ligan
comunicación y persuasión -o, lo que es lo mismo, lenguaje con cambio de actitudesy, en los dieciocho años transcurridos hasta el momento de escribir estas líneas, esa
propuesta ha dado sustanciales rendimientos heurísticos (Briñol, de la Corte y Becerra,
2001; Mercer, N. 2001; Bohner & Wänke, 2002)
Se trata del E. L. M. -Elaboration Likelihood Model ó Modelo de Probabilidad de
Elaboración-, un paraguas conceptual (Petty, Cacioppo y Kasner, 1998) basado en la
presuposición de que las personas modifican sus actitudes como resultado de las
comunicaciones a que se ven expuestas, ya que tales modificaciones constituyen una
forma fundamental de adaptación al medio. Sin embargo, el verdadero atractivo de
este paraguas conceptual consiste en que permite integrar los resultados empíricos
obtenidos al estudiar la persuasión comunicativa en contextos sociales muy diversos
(entre ellos la psicoterapia), ya que considera el cambio de actitudes a la luz de
7
variables intervinientes tales como la fuente, el mensaje, el receptor, el canal y el
contexto.
El E. L. M. distingue dos rutas o procesos distintos mediante los cuales puede
producirse el cambio de actitudes: una central y otra periférica. Se dice que la
persuasión sigue la ruta central cuando la información relativa a un determinado
asunto es considerada de manera explícita, cuidadosa y razonada. Es decir, cuando se
produce un cambio de actitudes por la ruta central el persuadido habría realizado una
consideración muy detallada y atenta de la información de que disponía sobre el objeto
de su actitud. Para que la información sea elaborada mediante este proceso dos son los
requisitos básicos propuestos por Petty y Cacioppo: una alta motivación del
persuadido respecto al objeto de su actitud y una alta habilidad del persuadido para
procesar la información que le ofrece el persuasor. Y si la motivación estaría vinculada
con variables del tipo relevancia personal, necesidad de control cognitivo,
responsabilidad personal, etc.; la habilidad de procesamiento estaría ligada a variables
del tipo grado de atención prestada, repetición del mensaje y comprensibilidad del
mismo, conocimiento previo, etc.
En cambio, se dice que la persuasión sigue una ruta periférica cuando la motivación
y/o la habilidad del persuadido es/son baja/s; de forma que en este supuesto el cambio
de actitudes se debería al procesamiento de indicios relacionados con el mensaje
emitido por el persuasor, pero no con la argumentación de éste propiamente dicha.
Asimismo, en este supuesto las variables implicadas serían del tipo atractivo y
credibilidad de la fuente, número de argumentos empleados, cualidad de los
sentimientos que despierta la argumentación, etc.
En resumen, el E.L.M. propone que, cuando la probabilidad de elaboración de la
información ofrecida por el persuasor es alta, el cambio de actitudes vendrá dado por
la relevancia de los argumentos empleados y la persuasión tendrá lugar por la ruta
central. En cambio, cuando la probabilidad de elaboración ofrecida por el persuasor es
baja, el cambio de actitudes tendrá lugar a través de la ruta periférica y, en
consecuencia, el procesamiento de indicios presentes en la interacción se vería primado
respecto al escrutinio de argumentos.
Tras su presentación a la comunidad científica, el interés que despertó el E.L.M. en los
psicólogos clínicos no se hizo esperar. Y así, por ejemplo, Stoltenberg y McNeil (1987)
destacaron que el verdadero mérito del E.M.L. en relación con la psicoterapia consiste
en aportar una base conceptual capaz de clarificar los mecanismos subyacentes a las
intervenciones terapéuticas sin necesidad de proponer otros nuevos. Ahora bien, ya
entonces se hizo evidente que recurrir al E.M.L. para dar cuenta de la comunicación
terapéutica subrayaba la importancia de que las investigaciones de proceso en
psicoterapia tuvieran en cuenta las interrelaciones que se generan entre:
 las variables debidas al terapeuta –su credibilidad como profesional, su atractivo
social, su congruencia cultural con la cultura del paciente,… las debidas a la individualidad del paciente –su nivel intelectual, su motivación
para el cambio, su estilo cognitivo,…-
8

y las variables relacionadas con los mensajes del terapeuta –si son pro actitudinales
o contraactitudinales respecto a las actitudes del paciente, si desencadena o no
afectos y en caso afirmativo de que tipo,…-
pues en base a estas interrelaciones se pueden llegar a explicar, tanto la profundidad y
la amplitud del cambio, como las resistencias al mismo.
Pero este reto no fue debidamente recogido por los investigadores y, por ello, existe un
importante vacío de datos empíricos a la hora de afrontar una cuestión de suma
importancia práctica. Pues, de acuerdo con la propuesta de Petty y Cacioppo, la
persistencia del cambio tiende a ser más estable cuando las actitudes se han modificado
procesando la información por la ruta central, ya que este tipo de actividad cognitiva
favorece la integración de las nuevas actitudes con los esquemas cognoscitivos previos;
mientras que, cuando la persuasión se produce por la ruta periférica, dicha integración
no tiene lugar o es más endeble y, por esta razón, el cambio de actitudes suele tener
repercusiones menos sólidas sobre la conducta del persuadido. Es decir, de acuerdo
con Petty y Cacioppo, en principio, las intervenciones comunicativas más
estructuradas y directas (véase epígrafe 4.2.) deberían tener una eficacia clínica
superior a las menos estructuradas y más indirectas (véanse epígrafes 4.1., 8 y 9). Sin
embargo, como bien saben los terapeutas experimentados, sea cual sea su marco
teórico de referencia, esta hipótesis no se corresponde con las observaciones clínicas. Es
más, cualquiera que sea dicho marco los intentos sistemáticos y directos del terapeuta
por persuadir al paciente tienden a desencadenar más resistencias y abandonos que las
estrategias indirectas o relativamente desestructuradas.
¿Por qué? Actualmente no existe una respuesta empíricamente fundada a esta
pregunta, aunque todos los datos disponibles indican, por una parte, que los
mecanismos implicados por el cambio actitudinal promovido en y desde la
comunicación paciente-terapeuta no son sustancialmente distintos de los implicados en
cualquier otra situación persuasiva y, por otra, que la complejidad del contexto
interactivo está en la base de esta aparente paradoja. Así, ya desde los primeros años
de andadura del E.M.L., diversos autores fueron señalando la relevancia en el cambio
actitudinal terapéutico de variables intervinientes tales como los afectos implicados en
la situación comunicativa (Petty, Cacioppo y Kasner,1988; Bargh, 1988) y la relación
entre la reiteración de los mensajes, su grado de estructuración y sus peculiaridades
estilísticas (Rojí 1989a, 1989b), mientras que, paralelamente, desde otras áreas de
conocimiento afines se iban desvelando los vínculos existentes entre los aspectos más
analógicos del lenguaje natural y las arquitecturas cognitiva (Lakoff y Jonhson, 1980) y
comunicativa (Tuson, 2000)
Con todo, hasta la fecha las investigaciones de proceso no han considerado la
complejidad de la comunicación terapéutica con la extensión y profundidad que este
objeto de estudio requiere. Por eso, de lo que en verdad disponemos hoy en esta
materia es de un conocimiento de facto, de un saber hacer comunicativo e interactivo
fundamentado en la experiencia, que profesionales tan cualificados como Bandler, R. y
Grinder, J. 1975; Gunnison, H. 1990; Hammond, D.C. 1990; Cormier, W. H. y Cormier,
L. S. 1994; Miller, W.R. y Rollnick, S. 1999; Memon A. y Bull, R. 2000; Chaika, E. 2000;
9
Wiger, D. E. y Huntley, D. K. 2002; Fernández Liria, A. y Rodríguez Vega, B. 2003 ó
Greenspan, S.I. & Thorndike Greenspan, N., 2003, se han esforzado en transmitir a los
jóvenes terapeutas.
En consecuencia, conscientes a un tiempo de las carencias de verificación empírica que
inevitablemente afectan a cualquier procedimiento diseñado para entrenar la
comunicación terapéutica, y de la necesidad de adquirir formación de quienes dan sus
primeros pasos hacia la práctica clínica, en esta ocasión, hemos optado por primar la
claridad expositiva, los ejemplos y los ejercicios prácticos. Y bajo este criterio hemos
elaborado las páginas que siguen.
PRIMERA PARTE
ENTREVISTA
10
1.
CONCEPTOS BÁSICOS
La relación terapéutica puede definirse como un tipo particular de interacción, cuyo
acontecer se fragua y desarrolla en y a través de la comunicación que se establece
entre un paciente y un terapeuta.
La comunicación capaz de producir un efecto terapéutico no difiere básicamente de la
que se establece en la vida cotidiana, porque la influencia mutua entre los
comunicantes y la transmisión de información son fenómenos comunes a todo
intercambio comunicativo. Por esta razón, la comunicación con efectos terapéuticos se
caracteriza por la motivación que guía al entrevistador: influir sobre su interlocutor
con objeto de ayudarle a resolver sus dificultades de índole psicológica, sin abusar en
ningún momento del propio poder ni obtener más ventajas personales que las debidas
a los honorarios.
Ahora bien, de la misma manera que la motivación del entrevistador introduce un
factor esencial en el intercambio comunicativo de la entrevista terapéutica los modelos
teóricos que guían la interacción pautan de manera decisiva la estructura de esos
mismos intercambios. Concretamente, se pueden distinguir tres formas prototípicas
de comunicación terapéutica. La primera de ellas se origina en la práctica psiquiátrica
clásica. Adoptada después por los entrevistadores de orientación conductual, este
modelo comunicativo define la interacción a partir de la búsqueda de objetividad por
parte del entrevistador. Así, éste se sienta frente al cliente y con frecuencia introduce
entre ambos la presencia de algún objeto de registro, como un cuaderno de notas, una
cinta magnetofónica o una simple mesa de despacho, que alude a su cualificación
como experto. Por tanto, el esquema que dirige la comunicación es del tipo « Yo
experto te pregunto a ti, paciente/Yo experto te propongo como solución, a ti paciente....». La
segunda forma prototípica de interacción terapéutica es la propuesta por el
psicoanálisis. En ella la interacción se desarrolla de tal manera que todo el contexto
tiende a favorecer la libre asociación. Es por esto que el paciente se tumba en un diván
y el terapeuta se sitúa a su espalda, ya que ambas circunstancias favorecen la
emergencia de la fantasía. Igualmente, el analista tiende a emplear con profusión la
primera persona del plural para referirse a las circunstancias relatadas por el paciente,
pues este modo de enunciación refuerza la alianza terapéutica establecida entre
ambos. En consecuencia, toda la interacción queda enmarcada por el sutil imperativo
que se desprende de la regla fundamental: «Diga todo cuanto le venga a la mente».
Por último, la tercera forma prototípica de comunicación terapéutica es la
representada por las entrevistas de orientación fenomenológica y existencial. En ellas
la comunicación se apoya ampliamente en recursos retóricos facilitadores de la
empatía, ya que una de las metas fundamentales de la comunicación consiste en que el
entrevistador llegue a ver el mundo con los ojos de su paciente. Esta actitud se traduce
enunciativamente en el predominio de la tercera persona del singular con función de
impersonal, como forma habitual de referirse a la experiencia del cliente («Es terrible»,
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«Eso es gozoso ¿no?»). Es decir, en esta clase de entrevista la distancia psicológica que
se pretende establecer entre los comunicantes es la mínima.
Sin embargo, al margen de todas las restricciones impuestas a la comunicación
terapéutica por sus fines específicos y por los modelos teóricos, esta clase de
comunicación, como cualquier otra forma de relación interprofesional, puede ser
considerada, tanto un instrumento de la interacción, como una de sus consecuencias,
ya que también lo más peculiar de una entrevista terapéutica se basa en el fenómeno
que une ineludiblemente comunicación e interacción: dos personas pueden hablar
entre sí sin que ninguna de ellas transmita una información relevante sobre la realidad
que les circunda, pero no es posible que hablen sin que estén afirmando algo sobre la
clase de relación que mantienen en esta situación.
1.1. Una teoría clínica de la comunicación humana
Los fenómenos interactivos y comunicativos en el contexto clínico fueron estudiados
con especial atención por un grupo de profesionales de la psicoterapia, encabezados
por Jackson, Haley y Weakland, quienes en los años cincuenta se agruparon en torno
al eminente antropólogo Gregory Bateson, para formar el grupo de Palo Alto.
Las actividades de este grupo de investigadores estuvieron dirigidas al estudio
sistemático de la comunicación humana, a partir de algunos principios elementales de
la cibernética y la Teoría General de Sistemas. Basándose en un análisis exhaustivo de
los esquizofrénicos y abordando la comunicación como forma más que como
contenido, Watzlawick, Beavin y Jackson (1971, 49-71), llegaron a establecer los
siguientes axiomas básicos de la comunicación:
1. No es posible no comunicarse.
2. Toda comunicación tiene un aspecto de contenido y un aspecto relacional.
3. La naturaleza de la relación depende de las secuencias de puntuación de las
comunicaciones establecidas por los comunicantes.
4. Los seres humanos se comunican tanto digital como analógicamente. El
lenguaje digital cuenta con una sintaxis lógica sumamente compleja y
poderosa, pero carece de una semántica adecuada para la definición
inequívoca de las relaciones.
5. Todos los intercambios comunicativos son simétricos o complementarios,
según estén basados en la igualdad o la diferencia.
Los conceptos digital y analógico provienen de la Cibernética e inicialmente hacen
referencia a dos tipos de computadoras. Las computadoras digitales reciben este
nombre porque trabajan con dígitos, utilizando el principio de «todo o nada» con que
funcionan sus transistores. Esto es, tanto las instrucciones como los datos son
procesados bajo la forma de números, de manera que, la correspondencia entre la
12
información y su expresión digital es arbitraria. En contraposición, las computadoras
analógicas manejan cantidades discretas, siempre positivas; es decir, los caracteres que
procesan guardan cierta relación con la naturaleza de los datos.
La diferencia entre estas dos formas de computación reside en la arbitrariedad
subyacente a la codificación digital. De manera paralela, en el lenguaje natural la
relación entre expresión y contenido, exceptuando algunos casos de onomatopeya, es
arbitraria y por eso se denomina digital. En cambio, en las formas de comunicación no
verbales, hay algo similar a la cosa que se trata de comunicar, por lo que recibe el
nombre de analógica. En otras palabras, el prototipo de codificación digital lo
constituyen las lenguas naturales, mientras que la codificación analógica abarca todo
aquello que se considera comunicación no verbal: posturas, gestos, expresiones
faciales, inflexiones de la voz, secuencia, ritmo, cadencia de las palabras y, en general,
cualquier otra manifestación no verbal que sea emitida en un contexto interactivo.
El grupo de Palo Alto, a través de sus estudios sobre la esquizofrenia, demostró que
los aspectos de contenido de una comunicación, o sea, la información relativa al
mundo, se transmiten de manera digital, mientras que los aspectos relacionales de la
comunicación, es decir, la información que concierne al tipo de relación que
mantienen dos interlocutores, son transmitidos predominantemente por cauces
analógicos. Igualmente, estos autores evidenciaron que los niveles analógicos de una
comunicación carecen de una estructura lógica capaz de explicitar relaciones del tipo
«si.. luego», «o ... o», «no» y las distinciones temporales presente, pasado, futuro.
De esta última apreciación se derivan dos consecuencias:
a) Existe una gran dificultad para traducir un mensaje analógico a un código
digital y viceversa, de manera que por tratarse de vías de comunicación cuyas
estructuras internas se oponen, una traducción supone siempre una
considerable pérdida de información.
b) En el contexto interactivo, los niveles analógicos y digitales de un mensaje
mantienen entre sí, necesariamente, una relación que se conoce con el nombre
de puntuación. La puntuación de un nivel de la comunicación respecto al otro
es congruente, cuando las informaciones que transmiten uno y otro no entran
en conflicto, e incongruente, cuando la información transmitida en un nivel de
la comunicación entra en conflicto con la transmitida por el otro. La
puntuación incongruente se denomina descalificación. Un ejemplo de
comunicación congruente consiste en la emisión de la palabra «si» moviendo
ligeramente la cabeza de arriba hacia abajo, mientras que una comunicación
incongruente o descalificación sería emitir el mensaje «estoy muy enfadado
contigo» acompañándolo de una sonrisa franca.
Cuando dos personas entran en contacto van definiendo progresivamente su relación,
a través del tipo de conducta comunicativo que se establece entre ambos. De entre
todos los mensajes posibles seleccionan aquellos tipos que ambos interlocutores están
de acuerdo en que son esos y no otros los que deben emitirse. Así, cada mensaje
intercambiado es, o un refuerzo del tipo de relación que se ha establecido, o una
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propuesta para modificar esa relación. Por ejemplo, si dos vecinos se encuentran en el
ascensor y uno de ellos realiza un comentario sobre el tiempo, éste está indicando que
esta es la clase de cosas sobre la que pueden entablar una conversación. Si su
interlocutor continúa con el tema estará aceptando el tipo de relación propuesta por el
primero, pero si le pregunta por su nuevo empleo estará proponiendo un tipo de
relación más personal. A su vez, esta propuesta puede ser aceptada por el primer
comunicante, hecho que se manifestará si contesta a la pregunta, o rechazada, lo que
se hará evidente en caso de que desvíe el tema de conversación hacia la climatología.
El acuerdo sobre la relación al que llegan los comunicantes nunca se establece de
manera definitiva, sino que se desarrolla paulatinamente, de acuerdo con las preguntas
que realizan los interlocutores, con la forma en que reaccionan ante ellas y con las
variaciones del medio ambiente, que influyen sobre su conducta.
La comunicación que se establece entre dos personas incluye el contexto en que tiene
lugar, los mensajes verbales, las pautas paralingüísticas y los movimientos del cuerpo.
De esta forma, la relación que entablan dos personas se define tanto por la cualidad de
la información que se transmite por los canales ya citados, como por la presencia o
ausencia de información procedente de ellos. Nadie puede dejar de puntuar un
mensaje, ya que las palabras son emitidas de una manera determinada y el silencio
adquiere siempre una significación, de acuerdo con la postura que adopta el que calla
y con el contexto en que tiene lugar.
Si las puntuaciones que se establecen entre los niveles analógico y digital de un
mensaje fueran siempre congruentes, las relaciones entre las personas serían claras y
simples, hasta el punto de que las dificultades interpersonales surgen allí donde la
comunicación se torna incongruente, a través de mensajes que se descalifican unos a
otros. Como afirma Haley (1977, 188) «la gente tiende a juzgar la conducta de otros
como falsa o sincera, seria o bromista, etc., observando si realmente confirman lo que
dicen por medio de calificaciones congruentes. Y cuando una persona responde a otra
dando su propia definición de la relación entre ambas, dicha respuesta comprende
todos los niveles del mensaje».
En resumen, volviendo al tema de la entrevista terapéutica, para profundizar en el
manejo de este tipo de interacción es preciso conocer antes las características y
funciones de los niveles analógicos y digitales de la comunicación, así como las
relaciones que se establecen entre ello en la situación terapéutica.
1.2. La entrevista en psicoterapia
La entrevista terapéutica es un procedimiento empleado en psicoterapia, cuyo objetivo
consiste en observar y analizar la conducta de un paciente, para después integrar la
información obtenida de cara al tratamiento de sus dificultades psicológicas.
Este tipo de entrevista conlleva el establecimiento de un tipo especial de relación
interpersonal caracterizada por el hecho de que el terapeuta está socialmente
14
reconocido como un experto en relaciones interpersonales, mientras que el paciente
tiene expectativas de obtener en ese encuentro algún provecho para sus necesidades».
Las características más destacadas de cualquier entrevista de naturaleza terapéutica se
definen en los siguientes planos: comunicación, interacción, estructura y técnicas
específicas de intervención. Todas ellas convergen en el objetivo general de provocar
cambios más o menos estables en la conducta del entrevistado. Pero la consecución de
los objetivos terapéuticos de la entrevista requiere, con frecuencia, la elaboración de
un detallado historial clínico del paciente. Bajo estas circunstancias, la entrevista
terapéutica se acerca al modelo médico tradicional y, en consecuencia, su función
terapéutica tiende a solaparse con actividades de tipo diagnóstico. Dicho de otra
manera, aunque la entrevista terapéutica es un género claramente diferenciable de
otras variedades de entrevista psicológica, en determinados momentos de su
desarrollo integra facetas que, como en el caso del diagnóstico, constituyen toda una
especialidad de la práctica profesional del psicólogo clínico.
Por otra parte, la entrevista terapéutica adopta objetivos específicos, de acuerdo con el
contexto en que tiene lugar y con el tipo de población a que se aplica. En este sentido,
se pueden diferenciar diversas clases de entrevista terapéutica, entre las que destacan
por su frecuencia las llamadas entrevistas iniciales. En ellas, el entrevistador puede
tener alguna o ninguna información previa acerca del cliente, pero siempre sus
objetivos específicos son, por una parte, la identificación global de la clase de
problemas que han motivado la consulta y, por otra, esclarecer si puede prestarle
ayuda terapéutica o si debe remitir el caso a otro profesional o institución.
Otra categoría de entrevistas terapéuticas está formada por aquellas en las que el
objetivo específico consiste exclusivamente en la identificación pormenorizada de las
dificultades del paciente. Este tipo de entrevistas suelen concluir, bien con un juicio
diagnóstico, bien con una descripción pormenorizada de la conducta del paciente y
del entorno ambiental en que tiene lugar. La mayoría de las veces las descripciones de
esta clase constituyen la exploración clínica que precede al tratamiento; por eso,
mediante ellas se pretende identificar los puntos fuertes y débiles del entrevistado, así
como la configuración de las situaciones conflictivas más destacadas en su historia y
su presente.
Se denominan entrevistas de orientación aquellas entrevistas terapéuticas cuyo
objetivo específico consiste en ayudar al paciente a tomar algún tipo de decisión. Es
característico de estas situaciones el hecho de que el paciente experimente algún tipo
de bloqueo en su capacidad de elección, lo que a su vez suele comprometer alguna
dimensión importante de su futuro.
Muy relacionadas con la orientación, las entrevistas de terminación se caracterizan
porque durante ellas el terapeuta informa sobre las conclusiones a que ha llegado, en
relación con la naturaleza de los problemas del paciente o, si ha habido tratamiento,
respecto a sus previsiones del tipo de dificultades que éste encontrará en el futuro y el
grado de éxito con que podrá abordarlas.
15
En cambio, las entrevistas en situación de crisis pretenden atajar, de manera eficiente y
rápida las posibles consecuencias de un momento de desesperación, que puede acabar
en suicidio, o la sintomatología más florida de una ruptura brusca del contacto con la
realidad. En estos casos, el entrevistador se enfrenta, en pocos minutos, a
circunstancias que generalmente se distribuyen a lo largo de varias sesiones, como,
por ejemplo, aumento rápido de la ansiedad, inminencia de una toma de decisiones,
etc. Durante la entrevista en situación de crisis es conveniente que el terapeuta apoye
emocionalmente al paciente y que, al mismo tiempo, busque informaciones concretas
que le faciliten el desarrollo de un plan de ayuda. Esta clase de objetivos suelen
alcanzarse intensificando la propia serenidad, la atención y la aceptación del paciente.
A su vez, los objetivos específicos de cada una de las categorías de entrevista
terapéutica mencionadas cobran matices peculiares en función de factores tales como
si el paciente es un niño o un adulto, si el régimen es ambulatorio o institucionalizado,
si el paciente acude individualmente o como miembro de un grupo familiar, formando
parte de un grupo con el que no tiene vínculos naturales, etc.
Por último, otro factor que incide directamente en la configuración de la entrevista
terapéutica, tanto a través de la determinación de sus objetivos específicos, como de
las técnicas de intervención o el grado de estructuración, consiste en la influencia que
ejercen los modelos teóricos a que se adscriben los distintos entrevistadores.
En resumen, la entrevista terapéutica es un procedimiento cuyo objetivo general
consiste en facilitar la resolución de las dificultades psicológicas mediante un cierto
tipo de interacción personal: la establecida entre un profesional cualificado y una
persona que necesita ayuda. Las peculiaridades que adopta este procedimiento
difieren considerablemente en función de las situaciones en que se desarrolla, de las
condiciones demográficas e institucionales que concurren y del marco teórico que
sirve de guía al entrevistador. La incidencia de todos estos factores hace que algunas
entrevistas terapéuticas se diferencien mucho de otras, pese a lo cual todas mantienen
algunas características en común.
Aprender a realizar una entrevista terapéutica es una tarea para la que no existen ni
reglas fijas, ni consejos capaces de sustituir a la experiencia clínica propiamente dicha.
Sin embargo, el psicólogo que haya llevado a cabo un buen entrenamiento y que
cuente con un grado suficientemente elevado de habilidad en el manejo de las
distintas técnicas de intervención verbal, podrá afrontar su primera entrevista
terapéutica con tranquilidad y una alta probabilidad de éxito.
El entrenamiento de nuevos entrevistadores posee diversas facetas, algunas de las
cuales han sido objeto de estudios más o menos exhaustivos, cuyas conclusiones
recomiendan que la formación de un entrevistador-terapeuta siga la siguiente
secuencia:
1.
Adquisición de las habilidades necesarias para el correcto manejo de las
diversas estrategias y técnicas de intervención terapéutica.
16
2.
Integración de dichas habilidades en un estilo personal flexible y
espontáneo, que permita al entrevistador novato saber abordar con soltura la
comunicación y la interacción, frente a una amplia gama de pacientes.
3.
Actuación clínica supervisada por un profesional con más experiencia,
capaz de proporcionar una retroalimentación exhaustiva de la ejecución del
joven entrevistador.
4.
Autosupervisión o autocontrol de las entrevistas. Esta tarea se puede
ejecutar fácilmente mediante el análisis de las características de las
intervenciones propias (tipo de intervención, pautas enunciativas
predominantes, estabilidad/variación del enfoque, adecuación de la
intervención al momento en que se produce, etc.) y de los efectos de tales
intervenciones sobre la comunicación y la interacción con el paciente. En el
desarrollo de esta forma de control es aconsejable la grabación, en cinta
magnetofónica o vídeo, de las entrevistas realizadas. En este caso, es requisito
indispensable que el paciente conceda explícitamente su permiso para efectuar
la grabación. En caso de que el cliente manifestara reticencias se le puede
recordar que el contenido de las entrevistas está sujeto al secreto profesional,
pero en ningún caso se le presionará para que acepte la propuesta de registro
mecánico, ya que esta clase de conductas por parte del entrevistador afectan
negativamente al nivel de cooperación que desarrollará el paciente.
De cara a la facilitación de las etapas 1ª y 2ª del proceso arriba descrito, en los
capítulos que siguen se han incluido dos clases de tareas: ejercicios de papel y lápiz y
ejercicios de ensayo conductual o role-playing. Los ejercicios de papel y lápiz están
pensados para ser realizados individualmente, en cambio, los ensayos conductuales se
caracterizan porque necesitan de una ejecución en grupo, bajo el control de un
experto. Pese a que en este tipo de tareas no hay aciertos y errores, su inclusión en un
programa de aprendizaje es obligado por dos razones. En primer lugar, el ensayo
conductual de una entrevista terapéutica ofrece, a quien desarrolla el papel de
entrevistador, la oportunidad de integrar en una ejecución activa las distintas técnicas
y habilidades que ha aprendido aisladamente, y a quien desempeña el papel de
cliente, la posibilidad de identificar aquellas conductas que deben ser evitadas por un
terapeuta, en base a su efecto contraproducente cuando son considerados bajo la
óptica del cliente. En segundo lugar, el resto de los participantes que desempeñan el
papel de audiencia adquieren una mayor habilidad perceptiva y crítica de los
fenómenos de la comunicación y la interacción terapéuticas, ya que su tarea, junto con
la del experto que planifica la sesión, consiste en hacer una evaluación detallada de la
ejecución de quienes hacen de entrevistador y entrevistado. Cuando la audiencia es
numerosa suele resultar útil encargar a cada participante de la evaluación de un
aspecto concreto del desarrollo de la entrevista, como por ejemplo, la expresión facial,
los titubeos, la empatía, etc.
La retroalimentación se incrementa notablemente, en amplitud y precisión, cuando las
sesiones de ensayo conductual son grabadas en vídeo o cinta magnetofónica, para que
dichas grabaciones sirvan de soporte a los comentarios del entrenador y de los
17
observadores. Igualmente, la escala de evaluación de la intervención de
entrevistadores publicada por Cormier y Cormier en 1979 incluida a continuación,
suele ser de gran utilidad, tanto para la facilitación de una observación detallada,
como en la valoración de la ejecución propiamente dicha.
18
1.3. Escala de evaluación de las intervenciones del entrevistador
1. Hasta que punto el entrevistador se sentía cómodo y no ansioso en relación con el
cliente y con los temas tratados:
1. NADA.
2. POCO.
3. ALGO.
4. BASTANTE.
5. MUCHO.
2. Hasta que punto el entrevistador evitaba persuadir al cliente para que aceptase sus
valores y expectativas:
1. NADA.
2. POCO.
3. ALGO.
4. BASTANTE.
5. MUCHO.
3. Hasta que punto el terapeuta evitó que sus necesidades personales en la elección
del tema y del control de la entrevista dominaran o interfirieran con la sesión:
1. NADA.
2. POCO.
3. ALGO.
4. BASTANTE.
5. MUCHO.
4. Hasta que punto el terapeuta evitó comunicar verbal o no verbalmente
desaprobación o enjuiciamiento al cliente:
1. NADA.
2. POCO.
3. ALGO.
4. BASTANTE.
5. MUCHO.
5. Hasta que punto el entrevistador se preocupó del cliente y no de las habilidades que
tenía que desarrollar:
1. NADA.
2. POCO.
3. ALGO.
4. BASTANTE.
5. MUCHO.
6. Hasta que punto el entrevistador transmitió una habilidad espontánea y no
mecánica:
1. NADA.
2. POCO.
3. ALGO.
4. BASTANTE.
5. MUCHO.
7. Hasta que punto parecía que el cliente volvería a ver a este terapeuta:
1. NADA.
2. POCO.
3. ALGO.
4. BASTANTE.
5. MUCHO.
19
2. LO NO VERBAL
La comunicación no verbal puede definirse como aquella clase de eventos
comunicativos que transcienden la palabra hablada o escrita. La importancia de la
clase de conductas que llamamos no verbales tiene dos dimensiones: una se relaciona
con el tipo o cualidad de la información que transmiten y la otra, con la cantidad de
información que pueden cursar. Esta última puede llegar a constituir el 65 por 100 del
total de la información transmitida durante una conversación cotidiana. Por ello, el
terapeuta tiene que estar especialmente sensibilizado respecto al tipo de conductas
que, tanto en su paciente como en él mismo, configuran la comunicación no verbal.
Tradicionalmente, las conductas comunicativas no verbales han sido clasificadas en
tres categorías: kinésica, paralingüística y proxémica. Se consideran conductas
kinésicas todo tipo de movimientos corporales, como son los gestos, las expresiones
faciales, el contacto ocular y la postura. Igualmente, en esta categoría se suelen
agrupar otros elementos de naturaleza más estable, como son el aspecto físico, la
altura, el peso o el aspecto general del comunicante, ya que todos estos rasgos
contribuyen a crear expectativas en un interlocutor sobre la clase de persona que es
aquél.
La paralingüística aglutina todas aquellas conductas relacionadas con los aspectos
vocales no lingüísticos de un mensaje, como son la calidad de voz, las vocalizaciones,
los silencios, la fluidez de la pronunciación o los errores del habla.
Por último, se consideran conductas proxémicas todas las ligadas al uso del espacio
personal y social, como, por ejemplo, la distancia interpersonal, la manera de sentarse
o la forma de disponer una habitación.
Durante la comunicación, la conducta no verbal puede relacionarse con la conducta
verbal de seis maneras diferentes:
Repetición: El mensaje verbal y no verbal transmiten idéntica información,
como en el caso en que un ligero movimiento de cabeza de arriba hacia abajo
acompaña a la palabra «sí».
Contradicción: El mensaje no verbal se opone al verbal. En estos casos, la
mayoría de los comunicantes tienden a tomar como válido el mensaje no
verbal. Un ejemplo lo tenemos en la forma en que las personas suelen entender
las palabras de bienvenida cuando las acompaña un gesto adusto.
Sustitución: En este caso una conducta no verbal ocupa el lugar de un mensaje
lingüístico. Así sucede, por ejemplo, cuando alguien sonríe para indicar
conformidad.
Complementación: Una conducta no verbal complementa una conducta verbal
cuando la modifica, termina o elabora de algún modo. Es el caso de un
comunicante que dice haber abandonado un determinado proyecto y, al mismo
tiempo, se encoge de hombros.
20
Acentuación: Habitualmente los mensajes verbales se enfatizan mediante el
uso de los registros no verbales. Generalmente las emociones que acompañan a
las palabras suelen expresarse a través de la cara, mientras que el resto del
cuerpo tiende a expresar la intensidad de dicha emoción.
Regulación: La conducta no verbal contribuye de manera definitiva a la
regulación del flujo de la conversación. Así, por ejemplo, el turno de
intervención suele expresarse mediante un movimiento que compromete las
cejas y la barbilla.
Durante la entrevista terapéutica la conducta no verbal del paciente se constituye en
una importante fuente de información acerca de sus sentimientos, emociones y
preocupaciones, pues la conducta no verbal de un paciente forma parte de la
expresión de sí mismo. Este aspecto cobra un interés especial cuando, como sucede
con mucha frecuencia, el paciente no tiene conciencia de su conducta no verbal. Es
más, puesto que la comunicación no verbal es más espontánea y mucho más difícil de
controlar conscientemente que las palabras, aquélla puede facilitar al terapeuta la
identificación de un conflicto, tanto como éstas pueden distorsionar su percepción. Al
respecto, diversos autores se han mostrado de acuerdo en que un elevado número de
incongruencias entre los mensajes verbales y no verbales, o sea, las descalificaciones
frecuentes, constituyen un claro indicio de conflicto o falta de integración de la
personalidad.
Las posibles reacciones, explícitas o implícitas, del terapeuta ante la conducta no
verbal del paciente pueden clasificarse en cinco categorías:
1. Averiguar la validez o congruencia entre la conducta verbal y no verbal del
paciente.
2. Registrar y responder a las incongruencias o descalificaciones que se establezcan
entre los niveles verbales y los no verbales. Este tipo de reacción puede ser
elaborado de tres maneras distintas. La primera, a través de un registro encubierto
que no se notifica al paciente; la segunda, a través de la descripción verbal de la
discrepancia observada mediante una confrontación y, por último, preguntando
directamente al paciente qué significa esa incongruencia.
3. Responder a, o anotar la conducta no verbal que acompaña a los silencios del
paciente. También en este caso el terapeuta tiene tres opciones: registrar
mentalmente la conducta no verbal de su paciente, describir el silencio del cliente a
partir de la conducta no verbal que lo acompaña y preguntar al paciente sobre el
significado del silencio en cuestión.
4. Distraer o interrumpir al cliente dirigiendo la atención y el tema de conversación
hacia la conducta no verbal. Esta clase de intervención suele ser especialmente útil
cuando el cliente tiende a perderse en una digresión o evita sistemáticamente
ciertos temas. Pero este tipo de intervención terapéutica sólo da buenos resultados
cuando se refiere al «aquí-ahora» de la conducta no verbal del paciente; en cambio,
sus efectos suelen resultar contraproducentes cuando se interrumpe el flujo de la
21
interacción, para examinar una conducta no verbal que fue significativa en un
momento ya pasado.
5. Tener en cuenta los cambios que se producen en la conducta no verbal del
paciente a lo largo de una entrevista o serie de ellas. En el primero de los casos las
modificaciones suelen indicar un cambio de actitud, en el segundo, cuando la
tónica general se inclina hacia la relajación y la asertividad es un indicio de mejoría,
bien de la relación terapéutica, bien de la problemática del paciente.
En cualquier caso, la manera concreta en que el terapeuta responderá a la conducta no
verbal del paciente está en función de factores tales como el tipo de cliente y su
problemática específica, la calidad de la relación terapéutica que ha llegado a
establecer con él, el tema que se debate o la forma en que anteriormente el terapeuta
ha manejado la información procedente de los canales no verbales de comunicación.
Sin embargo, en la relación terapéutica no sólo la conducta no verbal del paciente
resulta de interés, sino que el entrevistador debe estar igualmente atento a los
mensajes no verbales que él mismo envía a su paciente, porque de estos va a depender
en buena medida el grado de colaboración que obtenga. Así, por ejemplo, diversas
investigaciones han puesto de relieve la influencia de la conducta no verbal del
terapeuta, sobre aspectos tales como el grado en que los clientes le perciben como
alguien socialmente atractivo y profesionalmente experto, el grado y tipo de
informaciones relevantes que proporcionan los pacientes y el resultado final del
proceso terapéutico.
Concretamente, las incongruencias y descalificaciones en los mensajes que el
entrevistador dirige a su cliente suelen producir en éste confusión y rechazo, o
pérdida de confianza en la efectividad del tratamiento. Las conductas no verbales del
terapeuta que tienen mayor influjo sobre la buena marcha de la entrevista
comprometen los ojos y la cara en general, la orientación del cuerpo, la postura, la
distancia interpersonal y algunos registros de la voz. Entre las conductas no verbales
del terapeuta que pueden producir un efecto más pernicioso en la interacción
terapéutica destacan: contacto ocular infrecuente, posición del cuerpo en ángulo de 45º
en relación con el cliente, mantener echado el cuerpo hacia atrás, cruzar las piernas en
dirección opuesta al paciente y cruzar los brazos sobre el pecho.
Sin embargo, aunque resulta indiscutible la gran incidencia de la comunicación no
verbal en aspectos tan centrales para el desarrollo de la entrevista terapéutica, como
son la manifestación de la propia intimidad, la regulación de la interacción y el manejo
del control social, tampoco se puede olvidar que, con mucha frecuencia, el significado
de las conductas no verbales ha sido generalizado y considerado de manera aislada.
Este hecho constituye una fuente de errores de considerable importancia en la práctica
clínica y, por esta razón, antes de interpretar una conducta no verbal, conviene tener
en cuenta las siguientes restricciones:

El significado de una determinada conducta no verbal varía de una
persona a otra.
22

El significado de una determinada conducta no verbal varía de una
cultura a otra, existiendo amplias diferencias en lo que concierne al contacto
ocular, contacto físico y distancia interpersonal.
2.1. Inventario de comunicación no verbal durante la entrevista terapéutica
Conductas
Relación PacienteTerapeuta
Significados Posibles
Contacto ocular directo
El cliente acaba de
hablar al terapeuta.
Este responde. El
cliente mantiene la
mirada.
Deseo de
comunicación o
relación. Atención.
Falta de contacto ocular
continuo
Cada vez que se
propone el tema de su
familia, el cliente aparta
la mirada.
Renuncia al tema de
conversación,
disconformidad,
embarazo o
preocupación.
Mirada ceñuda. Aparta la
mirada
El paciente habla sobre
su situación laboral. Se
para y mira hacia abajo:
resume lo dicho y mira
a los ojos del terapeuta.
Preocupación
Perder o fijar la mirada en
una persona o cosa.
El terapeuta pide al
cliente que reconsidere
las consecuencias de
una decisión. El cliente
calla y mira un cuadro
en la pared.
Preocupación. Posible
rigidez o tensión.
Mover rápidamente los
ojos. Parpadear. Fruncir
las cejas.
El cliente expresa el
deseo de hablar de un
tema, aunque todavía
duda. Mueve los ojos
rápidamente alrededor
de la habitación.
Excitación o ansiedad.
Usa lentillas.
Mirar de soslayo o
arquear las cejas
El cliente pide consejo.
El terapeuta le explica
su rol y el cliente mira
de soslayo y arquea las
cejas.
Estar pensativo o
perplejo. O evitar una
persona o un tema.
El terapeuta sugiere
que explore las
dificultades con los
padres. El cliente calla y
arquea las cejas.
Evitar un tema o al
interlocutor.
23
Humedecimiento de los
ojos.
El cliente acaba de
contar la reciente
muerte de su padre.
Aparecen lágrimas en
sus ojos.
Tristeza. Frustración.
Felicidad.
El cliente cuenta un
progreso importante en
la comunicación con su
pareja. Se le humedecen
en los ojos.
Mover los ojos.
El terapeuta le pide
que recuerde hechos
significativos. El cliente
calla y desvía la
mirada, luego responde
y mira de nuevo.
Procesamiento o
rememoración del
material; o gran
interés o satisfacción.
Dilatación de pupilas.
El cliente habla del
repentino desinterés de
su esposa y las pupilas
se le dilatan.
Alarma o gran interés.
El cliente se inclina
hacia el terapeuta;
mientras éste habla sus
pupilas se dilatan.
Sonrisas.
El terapeuta pide que le
cuente sucesos
agradables. El cliente
sonríe y cuenta
algunos.
El cliente responde con
una sonrisa al saludo
del terapeuta.
Apretar los labios
frunciéndolos.
Gran interés o
satisfacción.
Ideas positivas,
sentimientos o actos
relacionados con la
conversación.
Saludo.
El cliente describe su
Estrés. Determinación.
esfuerzo por superar un
Cólera. Hostilidad.
problema. Calla y
frunce los labios.
El cliente se irrita ante
el retraso del terapeuta.
Se sienta con los labios
apretados, mientras el
terapeuta explica sus
razones.
Cólera o agresividad.
24
Bajar la comisura de la
boca o morderse los
labios
La cliente describe su
reciente violación.
Bajan las comisuras de
la boca y
ocasionalmente se
muerde los labios.
El cliente cuenta la
pérdida de apoyo de
sus padres después del
divorcio. Se muerde los
labios.
Abrir la boca sin hablar.
El terapeuta señala un
obstáculo en el proceso.
El cliente abre la boca y
luego dice que no era
consciente de ello.
La sesión ha sido larga.
El terapeuta habla y la
boca del paciente se
mueve un poco.
Ansiedad o tristeza.
Tristeza.
Sorpresa o supresión
de un bostezo. Fatiga.
Supresión de un
bostezo. Fatiga.
Contacto ocular con
sonrisa.
El cliente habla de
forma fluida. A veces
sonríe y mantiene el
contacto ocular la
mayor parte del
tiempo.
Felicidad o sentirse
cómodo.
Mirar de soslayo,
frunciendo las cejas y
apretando la boca.
El cliente cuenta una
situación tirante con su
hijo, aprieta los labios y
frunce el ceño.
Cólera, preocupación
o tristeza.
Inmovilidad de los ojos,
boca inanimada.
El cliente dice que no
tiene nada que contar.
No hay expresión
definida en su cara.
Preocupación,
ansiedad o miedo.
Sacudir la cabeza de
arriba abajo.
El cliente está
preocupado por su
estatus o su salud. El
terapeuta refleja sus
sentimientos. El cliente
mueve la cabeza y dice
“Sí”.
Confirmación
asentimiento, escucha
o atención.
Escucha. Atención.
El cliente sacude la
cabeza mientras habla
el terapeuta.
Sacudir la cabeza de
izquierda a derecha.
El terapeuta dice que
los continuos retrasos
del paciente deben ser
analizados. El cliente
dice “No” y sacude la
Desacuerdo o
desaprobación.
25
cabeza.
La cabeza cuelga hacia
abajo con la mandíbula
hacia el pecho
El terapeuta habla del
final del tratamiento. El
cliente inclina la cabeza
hacia le pecho y dice
que no quiere dejar las
sesiones.
Tristeza.
Preocupación
Encogerse de hombros.
El cliente cuenta que su
esposa ha salido sin dar
explicaciones. Se encoje
de hombros mientras lo
dice.
Incertidumbre.
Ambivalencia.
Inclinarse hacia delante.
El cliente estaba
recostado en la silla. El
terapeuta cuenta algo
de sí mismo, el cliente
se inclina hacia delante
y hace una pregunta.
Apremio. Atención.
Apertura a la
comunicación.
Repanchingarse.
Detenerse, rodear o
apartarse de una persona.
El cliente se siente mal
por sus bajas
calificaciones. Se
repanchinga. Cuenta
sus dificultades para
hablar. El terapeuta
indaga, el cliente se
repanchinga y aleja los
hombros.
Tristeza o
ambivalencia. Falta de
receptividad para la
relación interpersonal.
Brazos cruzados sobre el
pecho.
El terapeuta inicia la
conversación. El cliente
no responde. Se echa
hacia atrás en la silla y
cruza los brazos sobre
el pecho.
Evitación de la
relación interpersonal.
Disgusto.
Temblequeo y
retorcimiento de manos.
El cliente expresa su
miedo al suicidio; le
tiemblan las manos.
Ansiedad o cólera.
En voz baja el paciente
expresa su
resentimiento; sacude
las manos al decirlo.
Cólera.
26
Aferrarse a un objeto o
cogerse las manos con
fuerza.
Durante la primera
entrevista, el paciente
dice sentirse incómodo;
tiene cogidas las manos
de manera tirante.
Ansiedad o cólera.
El cliente expresa
hostilidad hacia su jefe;
aprieta las manos con
fuerza.
Cólera.
El terapeuta pregunta y
el cliente gesticula sin
responder.
Acentuar o enfatizar
un aspecto. Apertura
a la relación.
El terapeuta toca un
tema nuevo. El cliente
responde rápidamente,
con los brazos
relajados.
Apertura a la
interacción.
Durante la primera
sesión, el cliente
responde brevemente.
Los brazos están caídos
a los lados.
Tensión o cólera.
El paciente, con los
brazos caídos a los
costados, expresa su
irritación por haber
sido enviado al
psicólogo.
Cólera.
Piernas y pies en una
postura relajada y
cómoda.
El cliente tiene las
piernas y los pies
relajados mientras
habla libremente de sus
problemas. Los mueve
poco.
Apertura a la relación.
Relajación.
Cruzar y descruzar las
piernas repetidamente.
El cliente cuenta sus
problemas; cruza y
descruza las piernas
repetidamente.
Ansiedad. Depresión.
Taconeo.
El cliente taconea
durante un largo
resumen del terapeuta;
lo interrumpe para
hacer una precisión.
Ansiedad.
Impaciencia. Querer
hacer una precisión.
Piernas y pies tensos y
controlados.
El cliente habla
relajadamente de su
trabajo. Cuando el
terapeuta toca el tema
de su matrimonio sus
piernas se ponen
rígidas.
Tensión o ansiedad.
Estar cerrado a una
interacción amplia.
Brazos extendidos.
Brazos y manos
gesticulan.
Gestos escasos, los brazos
rígidos.
27
El cuerpo completamente
de frente o inclinado
hacia delante.
El cliente cuenta un
problema y mira
directamente al
terapeuta mientras
habla. Continúa igual
cuando el terapeuta le
responde.
Apertura a la relación.
Cambiar la orientación
del cuerpo en ángulo, no
mirando de frente o
repanchingándose en el
asiento.
Dificultades para entrar
en conversación. El
terapeuta pregunta por
las razones. El paciente
gira el cuerpo.
Cierto reparo en la
relación.
Mecerse o revolverse en
el asiento.
El cliente cuenta sus
miedos relacionados
con una situación
conflictiva. Se mece al
hablar.
Dificultades.
Preocupación.
Ansiedad.
Estar tieso. Sentarse
derecho y rígido en el
borde del asiento.
El cliente dice que no
sabe en qué consistirá
la entrevista. Está
sentado muy tieso y
derecho.
Tensión. Ansiedad.
Preocupación.
Hablar en un susurro
inaudible.
El cliente estaba en
silencio. El terapeuta le
pregunta y él responde
en un susurro
inaudible.
Dificultad para hacer
revelaciones.
Cambios en el tono de
voz.
El paciente habla de su
trabajo en un tono
moderado. Al hablar de
su jefe su tono de voz
sube
significativamente.
Los temas de
conversación tienen
diferente significado
emocional.
Tartamudeos, dudas
errores en la
pronunciación.
El cliente habla
rápidamente de sus
sentimientos sobre una
relación. Tartamudea y
comete errores de
pronunciación.
Tema impactante.
Ansiedad o
desagrado.
Habla rápida, lenta o
espamósdicamente.
El cliente comienza la
entrevista despacio,
contando un mal fin de
semana. Al hablar de
los sentimientos sobre
sí mismo habla más
rápido.
Tema impactante o
asuntos con diferente
valor emocional.
28
Silencio
El cliente entra y el
terapeuta le invita a
hablar. El cliente calla.
El terapeuta hace una
pregunta. El cliente se
para pensar la
respuesta.
Manos húmedas,
respiración superficial,
sudoración, dilatación de
pupilas, rubor, cuello
congestionado.
El cliente habla de la
interesante perspectiva
de dos puestos de
trabajo. Su respiración
se hace más rápida y
sus pupilas se dilatan.
Reticencia a hablar o
preocupación.
Preocupación o deseo
de seguir hablando
después de una pausa.
Excitación positiva
(interés) o negativa
(ansiedad o
embarazo)
El cliente cuenta sus
dificultades sexuales.
La respiraciones hace
poco profunda y su
cuello enrojece.
Ansiedad. Embarazo.
Alejarse.
El terapeuta hace una
confrontación. El
cliente se mueve hacia
atrás antes de
responder verbalmente.
Invasión del espacio
interpersonal.
Incrementote la
excitación. Rechazo.
Acercarse.
A media sesión el
cliente se aproxima al
terapeuta.
Búsqueda de una
interacción más
íntima.
Sentarse detrás o cerca de
un objeto (mesa o
escritorio)
Un cliente nuevo entra
y se sienta en una silla
alejada del terapeuta.
Búsqueda de
protección o de más
espacio.
Sentarse detrás o cerca
del terapeuta sin ningún
objeto en medio.
Un cliente habitual se
sienta cerca del
terapeuta.
Nivel de comodidad
adecuado.
2.2. Ejercicios
A) De papel y lápiz
Describe brevemente el posible efecto o significado asociado a cada una de las
siguientes conductas no verbales del cliente, teniendo siempre muy en cuenta la
situación descrita.
1.
Conducta: Contacto visual directo.
Situación: El cliente le ha contado un problema al terapeuta y ha mantenido el
contacto visual mientras lo hacía.
29
2.
C: Mirar fijamente a una persona u objeto.
S: El terapeuta le ha pedido al paciente que piense en posibles opciones. El
cliente calla y mira fijamente al suelo.
3.
C: Apretar los labios frunciéndolos.
S: El paciente ha expresado preocupación o irritación por haber sido
injustamente evaluado en clase. Frunce los labios mientras lo cuenta.
4.
C: Mover la cabeza de izquierda a derecha.
S: El terapeuta acaba de interpretar las razones por las que el paciente se siente
fracasado. El paciente responde sacudiendo la cabeza de izquierda a derecha.
5.
C: Repanchigarse en el asiento. Alejarse del terapeuta.
S: El cliente acaba de contar sus continuos intentos de encontrar a un hijo que
ha huido de casa. Estos han sido infructuosos. Mientras lo dice se repanchinga y aleja
su cuerpo del terapeuta.
6.
C: Temblequeo y movimiento nervioso de las manos.
S: El cliente expresa miedo a perder su puesto de trabajo, sus manos tiemblan
mientras lo dice.
7.
C: Taconeo.
S: Durante una extensa respuesta del terapeuta, el cliente taco- nea
continuamente. Luego de forma abrupta toma parte en la conversación.
8.
C: Susurrar, cuchichear.
S: El cliente comienza a hablar de un tema delicado, su voz acaba por
convertirse en un susurro.
9.
C: Silencio.
S: El terapeuta acaba de hacer un comentario. El cliente calla durante un rato;
luego responde verbalmente.
10.
C: Respiración más rápida, enrojecimiento del cuello.
S: El cliente anuncia que próximamente va a tener un hijo. Su ritmo respiratorio
aumenta y se le enrojece el cuello.
B) Ensayos conductuales

Ejecutar un ensayo conductual de una entrevista terapéutica en la que el cliente
desarrolle cinco clases de conductas no verbales claramente diferenciables. A saber:
1. Congruencia entre mensajes verbales y no verbales.
2. Mensajes incongruentes con descalificaciones de diversa naturaleza.
3. Silencio.
4. Información abundante y enmarañada.
5. Variación fuerte entre la clase de conducta no verbal del principio y la del
final de la entrevista.
La duración de este ensayo no debe sobrepasar los veinte minutos, aunque el
cliente debe dar al entrevistador la oportunidad de responder a cada uno de
sus cambios en su conducta comunicativa.

Ejecutar un ensayo conductual de una duración máxima de veinte minutos con
objeto de que el terapeuta, apoyándose en la conducta no verbal del paciente realice
los siguientes ejercicios:
30
1. Validación de la congruencia o incongruencia entre la conducta verbal y la no
verbal.
2. Identificación de los mensajes incongruentes o descalificaciones.
3. Selección de una conducta no verbal significativa durante los silencios.
4. Interrupción de la conducta verbal del paciente para centrar la atención en la
no verbal.
5. Identificación de los cambios en la clase de conducta no verbal exhibida por
el paciente.
6. Identificar al menos seis conductas no verbales del cliente de cada una de
estas tres clases: kinésica (movimiento del cuerpo), paralingüística (cualidades
de la voz) y proxémica (manejo del espacio).
7. Describir los posibles significados de las conductas no verbales que han sido
identificadas.
2.3. Soluciones
1. Deseo de comunicación.
2. Preocupación.
3. Agresividad.
4. Desacuerdo.
5. Desazón.
6. Ansiedad.
7. Impaciencia.
8. Reparo a la autorrevelación.
9. Reconsideración.
10. Ansiedad.
31
3. LO VERBAL
Durante una entrevista, lo que el terapeuta hace o dice influye en la conducta
comunicativa del paciente, es decir, existe una relación funcional entre la conducta de
ambos. Así, la relación terapéutica puede considerarse como una cadena en la que
cada eslabón está formado por un mensaje del terapeuta que es seguido por un
mensaje del paciente. De esta manera, cada expresión elicita una respuesta del
interlocutor, de forma que la influencia de una conducta verbal se extiende, tanto
hacia la expresión precedente, que es reconsiderada bajo la nueva información, como
hacia la que sigue.
En estas circunstancias, cada conducta verbal ejerce alguna de estas tres clases de
influencia: refuerzo, castigo o discriminación. La intervención del terapeuta tiene un
efecto reforzante cuando mantiene o incrementa ciertas conductas comunicativas del
paciente; en cambio, el efecto de una intervención es equivalente a un castigo si ciertas
conductas comunicativas del cliente decrecen en su tasa o incluso desaparecen. El
efecto discriminante de una intervención terapéutica sobre una conducta
comunicativa se produce cuando su aparición permite predecir el tipo de respuesta
que elicitará en el paciente.
Aunque estas clases de influencias se estudian habitualmente partiendo de la
conducta verbal del entrevistador y de cara a la influencia sobre la conducta del
paciente, de hecho, la relación que se establece entre los eslabones de la cadena es
biunívoca. Esto es, con excepción del primer y último enunciados de una entrevista,
cada una de las intervenciones del terapeuta y del paciente constituyen un refuerzo,
un castigo o un estímulo discriminativo, con incidencia sobre la conducta que le sigue.
Por otra parte, la comunicación verbal que se desarrolla durante la entrevista
terapéutica difiere notablemente de las pautas habituales en una conversación
cotidiana, especialmente en lo que se refiere a la conducta verbal de terapeuta. Es más,
el grado de experiencia profesional de un -entrevistador puede ser identificado
atendiendo exclusivamente a su tendencia a responder a sus clientes, de manera
similar a como lo hace con sus familiares y amigos, de forma que a mayor similitud
existe una menor experiencia.
Diversos estudios empíricos han demostrado el entrevistador novato a menudo pasa
por alto los posibles efectos que tienen, sobre la interacción terapéutica, sus pautas
habituales de comunicación verbal y, con no menos frecuencia, desconoce otras
formas de comunicación distintas a las de la conversación espontánea. Por esta razón,
un paso elemental en la formación de un entrevistador clínico consiste en identificar
aquellas formas de comunicación verbal que resulten contraproducentes, durante una
entrevista terapéutica. Nueve son los tipos de intervenciones verbales, que deben ser
evitadas por un entrevistador. A saber:
1. Cháchara. Teniendo en cuenta que el cliente llega a la entrevista por un
motivo concreto, deben evitarse los temas de conversación intranscendente,
tales como el tiempo, la política o los deportes.
32
2. Manifestaciones que impliquen juicios, acusaciones, críticas o insultos.
3. Sermoneo. Conviene evitar al máximo las expresiones que conllevan
consejos del tipo «Usted debería... », «Lo que usted tiene que hacer es... ».
4. Expresiones de compadreo y manifestaciones de simpatía del tipo «Estoy
seguro de que ahora vamos a vernos en días fijos comenzarás a sentirte mejor» o «Me
apena muchísimo eso que dices».
5. Presionar, amenazar o discutir. Deben evitarse las expresiones del tipo « ¿No
te lo dije yo?», «Si no lo haces te arrepentirás» o «Usted está completamente
equivocado porque... ».
6. Expresiones de intolerancia y rigidez del tipo «La única manera de solucionar
su problema es... », «Si continúas así tus dificultades aumentarán».
7. Hiperanálisis, hiperinterpretación o intelectualización. No son aconsejables
las expresiones del tipo «En mi opinión sus actuales dificultades provienen de que
usted nunca se preocupó por su desarrollo personal».
8. Bombardear al paciente con varias preguntas seguidas: « ¿Qué siente en
relación con ello? ¿-Le pone triste? ¿Cuando sucede, qué hace al respecto? ¿Podría
hablarme un poco más de eso?».
9. Autorevelaciones extensas. Están especialmente contraindicadas las relativas
a las dificultades del terapeuta: «Lo que usted me dice me hace pensar en mi propia
situación. Yo también siento lo mismo cuando... ».
Cada una de estas nueve formas de intervención verbal están contraindicadas durante
la entrevista terapéutica porque tienden a inhibir al paciente, respecto a la
comunicación de sus propias dificultades ante otra persona que, en definitiva, no es
más que un extraño.
3.1. Saber escuchar
Saber escuchar y atender es un prerrequisito de cualquier intervención terapéutica,
puesto, que, si el entrevistador no sabe escuchar, los resultados más frecuentes son el
abandono de la autoexploración, el descenso de la motivación y los fallos de atención
por parte del cliente mientras que el terapeuta corre un alto riesgo de comprender
erróneamente las dificultades de su interlocutor y de seleccionar una estrategia de
intervención inadecuada.
Junto con las técnicas no directivas especificadas en el Capítulo IV, son respuestas que
denotan atención y escucha los ligeros movimientos de cabeza, los refuerzos del tipo
uhm uhm, las exclamaciones ya, ya, comprendo, si, etc.
33
La utilidad de esta clase de indicios que revelan el interés del entrevistador hacia lo
que cuenta el cliente puede categorizarse en tres puntos:
1.
Actúan como un poderoso refuerzo que incide en el deseo del paciente
de hablar de sí mismo y de sus problemas, hasta el punto de que la ausencia de
esta clase de refuerzos puede provocar una actitud negativista en el paciente.
2.
Favorecen la adecuada formulación de los problemas del paciente,
potenciando la identificación del núcleo de los mismos.
3.
Animan al paciente a asumir la responsabilidad de seleccionar el tema y
el tono que desea imprimir a la entrevista.
Cuando el terapeuta no sabe escuchar y seguir el hilo de lo que le dice el paciente, se
ve obligado a pedir información sobre algo que ya le fue indicado, o al menos
apuntado, o incluso a paliar sus diferencias comportándose como un experto, siendo
esta actitud la menos adecuada para el establecimiento de una buena relación
terapéutica.
Entre los obstáculos que tiene que superar un entrevistador para mantener su atención
y desarrollar su capacidad de escuchar al paciente destacan:
a)
Tendencia a juzgar y evaluar los mensajes del cliente.
b)
Tendencia a distraerse por factores como el ruido, las presiones del
horario o el tema de la entrevista.
c)
Tentación de responder a las piezas de información ausente haciendo
preguntas precipitadas.
d)
Tentación de proponerse a uno mismo como fuente de solución de
problemas.
e)
Preocupación por lo bien o mal que uno mismo se desenvuelve como
profesional.
3.1.1. Ejercicios
De papel y Lápiz
Elige la respuesta que creas más conveniente en cada caso,
A.1. Paciente: (un estudiante) Mis notas han bajado de sobresaliente a un aprobado
raspado en sólo dos meses y no sé que hacer para recuperarme.
Terapeuta:
a) Cuánto tiempo hace que estás en el colegio?
34
b) Parece que tus notas han bajado mucho y no sabes que hacer
para cambiar esa situación.
c) ¿Te ha sucedido antes de ahora algo así?
A.2.
P.: Mis notas han bajado mucho. Creo que no estudio tanto como solía.
T.: a) ¿Cuántas horas estudias al día por término medio'?
b) ¿Dónde estudias?
c) ¿Puedes decirme en qué sentido han cambiado tus hábitos de estudio?
A. 3.
P.: Aunque paso muchas horas estudiando, no soy capaz de concentrarme.
T.: a) (En voz baja y cálida) Problemas de concentración.
b) (Tornando notas) Problemas de concentración.
c) (Enfatizando al cliente) Problemas de concentración.
A. 4. P.: (Mirando hacia abajo con las manos entre las rodillas). Tengo problemas de
concentración porque me paso el tiempo pensando en los problemas que mis padres
tienen en casa.
T.: a) ¿Puedes hablarme un poco más sobre tu casa?
b) Parece que te resulta difícil hablar de eso.
c) ¿En qué ciudad viven tus padres'?
A. 5. P.: Es difícil decirlo. Mis padres están pensando en separarse, Llevan así varios
años.
T.: a) Eso puede ser 10 que te hace difícil estudiar.
b) ¿Por qué están pensando en separarse?
c) ¿Puedes tú hacer algo al respecto?
A. 6. P.: Cuando me siento a estudiar, aunque esté leyendo estoy pensando en lo que
pasa en casa.
T.: a) (Está sentado y quieto. dejando pensar al cliente. pero prestándole toda
su atención)
b) ¿.Que crees que está pasando en casa'?
c) Deberías ser capaz de olvidarte de eso mientras estudias,
35
3.1.2. Soluciones:
A1.: b
A2.: c
A3.: a
A.4.: b
A5.: a
A6.: a
3.2. Saber Preguntar
La tercera actividad fundamental a desarrollar por el entrevistador durante la etapa
intermedia de la entrevista terapéutica, o durante la serie central de entrevistas de un
tratamiento, consiste en saber preguntar.
Saber preguntar quiere decir no preguntar nada al cliente sin que se pueda justificar
porqué se ha demandado esa información concreta, en ese preciso momento. Pero
además, saber preguntar implica que al formular una pregunta concreta se han tenido
en cuenta las siguientes consideraciones:
1) Las preguntas dirigidas personalmente al sujeto, empleando el vocativo tú, usted
o llamándolo por su nombre, tienden a generar respuestas más fiables que si la
preguntase formula de forma abstracta (Ej.: María, ¿usted vio...? en lugar de ¿se
veía...?)
2) Un efecto semejante tienen las formulaciones en afirmativo respecto a los
enunciados negativos y las frases carentes de artículos definidos respecto a las que
los incluyen. Este fenómeno debe ser especialmente tenido en cuenta, ya que se
relaciona directamente con el efecto de halo o sesgo introducido por el
entrevistador (Ej.: ,Encontró usted ... en lugar de ¿No consideró usted ... ?)
3) El enunciado de una pregunta debe de evitar sugerir la respuesta. Igualmente,
se deben evitar todas aquellas formulaciones que puedan dar lugar a un
condicionamiento semántica (Ej.: ¿Cómo son las relaciones con su esposa? en lugar de
A usted le gusta maltratar a su esposa, ¿verdad?)
4) El enunciado de una pregunta no debe de contener alternativas cerradas de tipo
disyuntivo, ni categorías que conlleven una implicación (Ej.: no es conveniente
preguntar ¿El era... o era...? ni ¿Ella estaba...?)
5) Las preguntas deben anunciarse de tal manera que su respuesta no haya de ser
obligatoriamente prolija. En caso de que la información que busca el entrevistador
sea extensa o compleja es conveniente que formule varias preguntas
escalonadamente, recurriendo a varias interrogaciones independientes entre sí. Es
decir, nunca se debe bombardear al paciente con varias preguntas a la vez.
6) Antes de formular una pregunta es necesario evaluar las posibilidades de que el
sujeto tenga los conocimientos necesarios para responderla. En caso de duda, antes
36
de formular la pregunta es conveniente cerciorarse de que no estamos enfrentando
al paciente con algo que desconoce.
7) El enunciado de una pregunta no debe de ser ni tan específico que pueda dar
lugar a una respuesta irrelevante ni tan general que promueva una respuesta
estereotipado.
8) Conviene prestar especial atención al marco de referencia implicado por el
enunciado de una pregunta, de forma que éste quede explicitado e integrado en
su formulación y no haya de ser inferido por el cliente.
9) Antes de formular una pregunta conviene evaluar hasta que punto ésta
provocará en el paciente una especial tensión, que le lleve a ponerse a la defensiva,
o bien a una distensión tan notoria que le oriente hacia la divagación.
10) El orden de una serie de preguntas resulta más efectivo cuando sigue un
criterio psicológico (motivación. expectativas…) que cuando el criterio
estructurante es de naturaleza lógica (particular. general...).
11) Es aconsejable disponer de enunciados alternativos para cada cuestión y
emplearlos siempre que el paciente dé muestras de no captar el sentido de la
pregunta. En esta situación suele ser efectivo recurrir a ejemplos que ayuden al
paciente a identificar el tipo de información buscada.
12) La estructura sintáctica y la selección léxica del enunciado de una pregunta
deben realizarse buscando preferentemente la sencillez y la claridad, eligiendo por
ejemplo voces activas en lugar de pasivas, y cuidando las ¡aplicaciones
emocionales de los términos elegidos.
Cada una de las recomendaciones arriba detalladas, no son, en modo alguno,
específicas de la parte intermedia de la entrevista terapéutica. Sin embargo, pese a que
conviene tenerlas en cuenta en cualquier momento de su desarrollo, es durante este
período donde su manejo adquiere una importancia vital, de cara a la consecución de
los objetivos terapéuticos.
3.2.1. Ejercicios
De papel y Lápiz
Las preguntas que aparecen a continuación son cerradas. Transfórmalas en preguntas
abiertas, elaborando al menos dos alternativas de cada caso.
B. 1. ¿Te ayudan tus padres?
B. 2. ¿Tú siempre discutes?
B. 3. ¿Quieres ayudar?
37
B. 4. ¿Seguramente usted quiere a su marido?
B. 5. ¿Es verdad que te quieres ir de casa?
B. 6. ¿Disfruta siendo la clase de persona que es?
B. 7. ¿Usted nunca se ha casado'?
B. 8. ¿Ha dejado de pelearse con su mujer?
B. 9. ¿Usted no tiene en cuenta lo que piensan sus familiares?
B.1O. ¿Quiere hacer algo por solucionar sus problemas?
Elige la respuesta que creas más conveniente en cada caso.
B.11. Paciente: (Una chica de 16 años): Me han dicho que tengo que
entrevistarme con usted porque han encontrado una botella de coñac en mi
taquilla.
Terapeuta:
a) Pareces realmente preocupada.
b) ¿Puedes contarme más sobre lo que ha pasado?
c) ¿Por qué tenías esa botella en la taquilla?
B.12. P.: Un amigo mío me pidió que le guardara la botella en mi taquilla. Yo
accedí a hacerlo, pero me hubiera gustado decirle que no.
T.: a) ¿Querías realmente guardarle la botella?
b) ¿Qué te hubiera gustado hacer cuando tu amigo te pidió
que le guardaras la botella?
c) ¿Has hecho algo así antes?
B.13. P.: Yo no quería guardarla, pero si no 10 hubiera hecho, él hubiera
pensado que soy muy gallina.
T.:
a) ¿Quién te pidió que guardaras la botella?
b) ¿Estás muy preocupada por lo que tus amigos puedan
pensar de ti?
c) ¿Qué quieres decir con eso de «gallina»?
B.14. P.: Mis amigos hubieran podido pensar que a mi me daba miedo que me
pillasen.
38
T.:
a) ¿Cómo te sientes ahora que te han pillado'?
b) ¿Tú siempre haces lo que tus amigos quieren que
hagas'?
c) ¿.Qué crees que piensan tus amigos ahora'!
B.15.
P.: Me siento fatal.
T.:
a) Entonces...
b) ¿Quieres ayudarme a entender que quieres decir con
fatal'!
c) ¿Estás enfadado contigo mismo?
B.16. P.: Me siento incómodo porque todo el mundo, incluyendo mis padres,
se van a enterar de lo que he hecho?
T.:
a) ¿Crees que tus padres se van a enfadar contigo?
b) Eso no es tan malo. ¿No crees?
c) ¿Cómo crees que reaccionarán tus padres?
3.2.2. Soluciones:
B. 1. a) ¿Puedes decirme cómo han reaccionado tus padres ante tu problema?
b) ¿Qué clase de apoyo te ofrecen tus padres?
B. 2. a) ¿Puedes explicarme más claramente cómo es tu relación?
b) ¿Cómo respondes a esas situaciones?
B. 3. a) ¿Cómo ayudas?
b) ¿Cuál crees que es tu papel?
B. 4. a) ¿Cuáles son sus sentimientos hacia su marido?
b) ¿Puede hablarme acerca de la relación con su marido?
B. 5. a) ¿Qué sientes en relación con el hecho de marcharte de casa?
b) ¿Podrías decirme cuál es tu posición sobre el hecho de marcharte de casa?
B. 6. a) ¿Qué siente siendo ese tipo de persona?
39
b) ¿Cómo reacciona ante el hecho de ser esa clase de persona?
B. 7. a) ¿Puede ayudarme a entender cuál es su actitud hacia el matrimonio?
b) ¿Cómo se siente con su actual estado civil?
B. 8. a) ¿Puede describirme cuál es la relación habitual entre usted y su mujer?
b) En estos momentos,' ¿cómo se llevan usted y su mujer?
B. 9. a) ¿Hasta qué punto tiene usted en cuenta la opinión de sus familiares?
b) ¿Hasta qué punto es importante para usted la opinión de sus familiares?
B.10. a) ¿Hasta qué punto está interesado en cambiar su conducta?
b) ¿Hasta qué punto está decidido a esforzarse para cambiar su conducta?
B.11.: a
B.12.: b
B.13.: c
B.14.: a
B.15.: b
B.16.: c.
3.3. El enfoque
El enfoque de una verbalización se identifica por el marcador o conjunto de
marcadores lingüísticos que determinan el conjunto temático predominante en la
misma. Los enfoques más significativos en la comunicación psicoterapéutica son:
A) Enfoque en el paciente. Pertenecen a esta categoría todas aquellas
intervenciones del entrevistador que comienzan o incluyen los términos tú o usted.
B) Enfoque en el terapeuta. En este caso sus frases contienen el término yo.
C) Enfoque en terceros. Conforman esta clase de conductas verbales los
enunciados del tipo ello... y los que contienen el nombre propio de terceras,
personas ajenas a la entrevista.
D) Enfoque en las relaciones o el grupo. Los enunciados de esta categoría suelen
contener el término nosotros.
E) Enfoque en un tema. En este caso, el término fundamental del enunciado suele
ser un sustantivo del tipo felicidad, familia síntomas, amigos, ansiedad, etc.
F) Enfoque en el contexto socio-cultural. Pertenecen a esta categoría las
intervenciones verbales en las que destacan términos ligados a los conceptos de
ambiente, medio social, cultura nivel de vida, etc.
40
El enfoque de la conducta verbal que tiene lugar en una entrevista terapéutica también
puede ser estudiado en función de las tres grandes áreas comportamentales:
afectividad, comportamientos y cognición. En este caso el enfoque de una
determinada intervención del entrevistador viene señalado por la naturaleza
semántica del verbo principal del enunciado. Así, las intervenciones que se centran
sobre los sentimientos del paciente se identifican por el empleo de verbos relacionados
con los sentimientos como estar triste, enfadarse, etc. En cambio, las intervenciones que
se centran sobre la conducta explícita del cliente contienen verbos del tipo hacer,
actuar, comportarse, etc. Por último, la conducta verbal del entrevistador tiene un
enfoque cognitivo cuando en sus enunciados se encuentran verbos del tipo pensar,
creer, decirse a sí mismo, etc.
Además, tanto las seis categorías arriba expuestas, como estas tres grandes áreas
comportamentales, sobre las que puede recaer el enfoque se refieren al pasado, al
presente o al futuro. Es decir, la tercera dimensión del enfoque de la conducta verbal
del entrevistador viene expresada por el tiempo verbal que caracteriza a los
enunciados.
El hecho de analizar el enfoque de una entrevista, mediante las tres dimensiones que
acabamos de especificar permite identificar cuál ha sido la tónica dominante durante
la misma, al tiempo que permite su redirección en un momento dado y facilita la
planificación de la siguiente entrevista. Por ejemplo, identificar que el tiempo verbal
predominante, durante una o varias entrevistas, es el pasado o el futuro puede llevar
al terapeuta al descubrimiento de la evitación del presente como asunto a tratar.
Igualmente, el análisis del enfoque de la comunicación verbal puede ayudar a corregir
ciertas deficiencias del desarrollo de la entrevista como la rigidez o la ausencia de
dirección. En concreto, estos rasgos se manifiestan, respectivamente, por el
inmovilismo y la continua oscilación del enfoque de los intercambios comunicativos.
3.3.1. Ejercicios:
De Papel y Lápiz
Identifica las tres dimensiones del punto de vista o enfoque de las intervenciones del
terapeuta.
1.
Parece como si una parte de usted confiara en sí mismo y la otra parte
desconfiara de su capacidad.
2.
¿En qué piensa cuando se siente asustado?
3.
Con frecuencia, abandonar una relación segura es algo que resulta muy
duro para un ser humano.
4.
En algunas ocasiones me he preguntado qué pasaría si me
descontrolase.
5.
Puede ser que lo que hagamos aquí resulte útil.
6.
Parte de las dificultades que usted puede encontrar en la ruptura se
deben a la sociedad, que pone mucho énfasis en la pareja, en el estar juntos.
7.
Parte de lo que has contado parece relacionarse con tus planes para
después del divorcio.
41
8.
De tu silencio deduzco que te resulta difícil hablar de este asunto. Pero
te escucho.
9.
Cuando dices que tienes un conflicto, ¿a qué clase de sentimientos te
refieres?
10. Dices que a veces piensas que deberías quedarte en casa. Quizá un tema
que deberíamos explorar es qué significa para ti ser una buena madre.
3.3.2. Soluciones:
1. Paciente, emoción, presente.
2. Paciente, cognición, presente.
3. Otros (impersonal), conducta, presente.
4. Terapeuta, cognición, futuro.
5. Nosotros, conducta, futuro.
6. Cultura, conducta, presente.
7. Paciente, cognición, futuro.
8. Paciente, emoción, presente.
9. Paciente, emoción, presente.
10. Paciente-nosotros, cognición, presente.
42
4. LAS TÉCNICAS DE INTERVENCIÓN VERBAL
Las técnicas que permiten a un entrevistador intervenir verbalmente durante una
entrevista terapéutica son muy diversas. Sin embargo, es característico de todas ellas
el hecho de que cada una se diferencia de las demás por el objetivo que permite
alcanzar, así como por el tipo de estructura enunciativa que requiere.
Por otra parte, cada una de estas técnicas puede clasificarse de acuerdo con la
categoría directividad/no directividad. Las técnicas no directivas empleadas más
frecuentemente son: Clarificación, Paráfrasis, Reflejo, Resumen, e Inmediatez.
Paralelamente, entre las técnicas directivas destacan las siguientes: Sondeo,
Afirmación de la Capacidad, Confrontación, Interpretación, Instrucciones, Encuadre
e Información.
4.1. Técnicas no directivas
Las técnicas no directivas se caracterizan porque todas ellas denotan que el terapeuta
escucha atentamente el discurso del paciente y que presta la debida atención al
proceso de interacción que mantiene con él. Por esta razón, los enunciados de estas
intervenciones se construyen en función del sistema de referencia del paciente, ya
que esta es la única manera de poder lograr los objetivos generales perseguidos con
su empleo; a saber, el establecimiento del rapport en un clima de confianza mutua, y
la fluidez de la comunicación y la interacción terapéuticas.
,l.
4.1.1. CLARIFICACION
La clarificación consiste en una pregunta que el entrevistador dirige al cliente, con
intención de alcanzar alguno de estos dos objetivos:
a) Promover la elaboración que ha de realizar el paciente sobre los contenidos
de los que estaba hablando inmediatamente antes de la intervención del
terapeuta.
b) Comprobar que se han comprendido correctamente las palabras del cliente.
La forma enunciativa propia de la clarificación consiste en una pregunta del tipo «
¿Quieres decir que...?» o « ¿Estás diciendo que...?» o «Lo que tratas de decirme es que...» o
«Si te he comprendido bien, lo que has hecho es que...», etc.
Puesto que la clarificación trata de hacer completamente explícito el mensaje del
paciente, con objeto de confirmar hasta que punto ha sido adecuadamente
comprendido, su empleo se aconseja siempre que no estemos seguros de haber
captado el sentido del mensaje del paciente y siempre que deseemos evitar el riesgo de
formular hipótesis basadas en presuposiciones o conclusiones erróneas. El uso
43
frecuente de esta técnica se aconseja, en general, durante las primeras entrevistas del
proceso terapéutico y, en particular, siempre que sea necesario identificar un
problema.
EJEMPLO:
Paciente: Estoy hecho un lío. Este año es todo tan distinto. Y luego lo de mi novia: Ya te
dije que lo habíamos dejado ¿no? Lo estoy pasando muy mal. Además no pego ni golpe.
No me he presentado a los parciales y junio está encima. Pero es porque no puedo
estudiar.
Terapeuta: ¿Quieres decir que te preocupa el hecho de que tus dificultades personales
influyan negativamente en tu rendimiento?
4.1.2. PARAFRASIS
Una paráfrasis consiste en un enunciado que repite, con palabras del terapeuta, el
contenido cognitivo del mensaje del paciente. Puesto que con muchísima frecuencia
los mensajes del cliente expresan, al mismo tiempo, ya sea directa o indirectamente,
aspectos cognitivos y emocionales, para construir una paráfrasis el entrevistador debe
deslindar estos aspectos previamente. Los contenidos cognitivos de un mensaje se
identifican con facilidad porque hacen referencia a situaciones, sucesos, personas,
objetos o ideas.
Los objetivos promovidos por la paráfrasis son:
a) Ayudar al paciente a centrar su atención en el contenido conceptual de su
mensaje.
b) Destacar los contenidos cognitivos del mensaje, cuando se considera
prematura o inadecuada la atención directa sobre los sentimientos.
El empleo de esta técnica es aconsejable siempre que el terapeuta desee evitar que el
paciente se vea desbordado por la expresión de sus sentimientos. También es
conveniente su uso cuando el paciente elude problemas específicos recurriendo a un
amplio despliegue emocional. Este es el caso de los pacientes «llorones» que una y
otra vez cuentan lo desgraciados que se sienten, autocompadeciéndose de continuo.
Por último, la paráfrasis suele ser una técnica efectiva cuando el entrevistador desea
ayudar al paciente a pensar con claridad sobre un problema concreto, ya que esta
técnica favorece la ordenación y sistematización del pensamiento.
44
EJEMPLO:
Paciente: Pienso que a estas alturas y habiendo partido de mí la iniciativa de dejarlo, yo
no tendría que sentirme cohibido cuando me la encuentro. Pero la verdad es que me siento
incómodo, como inseguro. A veces no me atrevo ni a mirarla.
Terapeuta: En tu opinión, tus sentimientos no se adecuan a las circunstancias.
4.1.3. REFLEJO
Se denomina reflejo a aquellas intervenciones en las que el terapeuta recoge la parte
afectiva del mensaje del cliente, incluyendo el tono emocional empleado por éste
durante la emisión. Como en el caso de la paráfrasis, para elaborar un reflejo, antes es
necesario deslindar los contenidos cognitivos de los emocionales. En este caso, hay
que tener en cuenta que el paciente suele transmitir sus sentimientos y elaborar el tono
emocional de su mensaje mediante términos específicos, tales como alegría,
desilusión, deseo, etc., así como por las características de la comunicación no verbal.
Las funciones del reflejo son tres:
a) Animar al paciente para que exprese sus sentimientos. Es decir, el reflejo
refuerza la expresión emocional.
b) Intensificar la experiencia del paciente respecto a sus propios sentimientos.
c) Favorecer la toma de conciencia del cliente, en relación con la naturaleza
de los sentimientos que le dominan o son más frecuentes en él.
Cuando se emplea un reflejo, es muy importante elaborar el enunciado seleccionando
términos que aludan a los sentimientos del paciente con la misma amplitud e igual
profundidad que la expresada por él. En otras palabras, el empleo correcto de esta
técnica requiere del entrevistador una especial atención sobre las connotaciones
emocionales de los términos que selecciona. En este sentido suele resultar útil
elaborar una escala semántica de términos con valor afectivo o emocional, en función
de tres grandes categorías: odio, amor y miedo
Términos con connotaciones emocionales de uso frecuente en la entrevista
ALEGRIA: Relajado, contento, de buen humor, optimista, satisfecho, alegre, feliz,
encantado, emocionado, excitado.
TRISTEZA: Desanimado, decepcionado, desesperanzado, desilusionado, pesimista,
consternado, deprimido, solitario, herido, infeliz, desgraciado, desesperado.
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MIEDO: Preocupado, intranquilo, nervioso, tenso, a la defensiva, asustado,
agarrotado, atemorizado, aterrorizado.
INCERTIDUMBRE: Escéptico, dubitativo, confuso, vacilante, desorientado,
preocupado, inseguro, perplejo, indeciso, aturdido, receloso, desconfiado.
COLERA: Molesto, frustrado, enfadado, ofendido, enojado, irritado, peleado,
furioso, ultrajado, resentido, rabioso, trastornado.
En cualquier caso, la mayor dificultad que implica el uso del reflejo, consiste en saber
identificar el momento oportuno para su empleo. El terapeuta debe anticipar este
factor, en relación con lo que él prevea que puede ser el efecto que esta técnica
producirá en el paciente en un momento dado. Dicho de otra manera, antes de
devolver a un paciente su propio estado emocional es conveniente que el
entrevistador se pregunte, si en ese momento concreto, el hecho de que el paciente
profundice en sus sentimientos le resultará beneficioso, o bien agudizará su
problema.
EJEMPLO:
Paciente: Entonces todo me parecía estupendo. Cambiar de ciudad, de casa, de amigos, de tipo
de vida..., en parte me daba miedo, pero también me hacía ilusión.
Terapeuta: Aquel cambio te asustaba y te atraía al mismo tiempo.
4.1.4. RESUMEN
La técnica del resumen consiste en elaborar y transmitir al paciente dos o más
paráfrasis y/o reflejos, en los que se condensen algunos de sus mensajes. Un resumen
puede referirse tanto a lo cognitivo como a lo emocional, y sus contenidos pueden
tener como objeto toda una entrevista, algunos momentos de ella o incluso una serie
de entrevistas. Por otra parte, los contenidos recogidos por un resumen pueden
sintetizar la información transmitida por el paciente a través de los canales verbales y
no verbales.
Un resumen aglutina los temas, las reiteraciones, o las consistencias de la
comunicación del cliente y, además, actúa como un feedback que tiende a estructurar
los mensajes imprecisos o ambiguos. Los objetivos que permite alcanzar esta técnica
son:
a) Enlazar diversos elementos dispersos a lo largo de las comunicaciones del
paciente.
b) Identificar un tema o estructura común a una serie de enunciados.
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c) Interrumpir una divagación excesivamente larga.
Es aconsejable emplear el resumen, siempre que sea necesario cerrar una etapa de la
entrevista o el tratamiento y siempre que deseemos comprobar, que una larga
exposición del paciente ha sido comprendida correctamente.
En este último caso, el resumen cumple una función muy próxima a la de la
clarificación. Sin embargo, el resumen también puede utilizarse, ocasionalmente, para
introducir un tema que, hasta ese momento, sólo se había manifestado de forma latente
o tangencial.
EJEMPLO:
Paciente: De verdad que lo he intentado varias veces. Me esfuerzo por
concentrarme todo lo que puedo, pero nada, no me entero de lo que leo.
Empiezo a removerme en la silla, me levanto, pongo la radio o me voy a
charlar con alguien, y si me quedo delante de los folios es peor. Si me
empeño en estudiar me pongo muy depre, es como un peso y pienso
que no merece la pena que me esfuerce, porque tampoco ahora voy a
aprobar. Entonces lo dejo y me tumbo en la cama completamente harto
de mí mismo.
Terapeuta: O sea, que la inquietud y la falta de confianza en ti mismo
te impiden concentrarte.
4.1.5. AUTORREVELACION
La consiste en un enunciado o grupo de enunciados, a través de los cuales el
terapeuta comunica al paciente, de manera intencional, información sobre sí mismo. El
contenido de una autorrevelación oscila de lo personal, pero no íntimo, a lo más
privado, y de los aspectos más positivos a los más negativos.
Los objetivos que pretende alcanzar una autorrevelación son:
a) Facilitar el establecimiento de un clima de interacción relajado, abierto y
propicio para la colaboración.
b) Favorecer el hecho de que el paciente perciba al terapeuta como un ser
humano, reduciendo de esta forma la distancia que conlleva el rol de experto.
c) Incrementar el nivel de autorrevelación del paciente, empleando la técnica
como un modelado.
d) Influir sobre las posibilidades de cambio conductual del cliente.
Pero la debe emplearse teniendo en cuenta las siguientes restricciones:
47
1. Una tasa moderada de autorrevelaciones producen más efecto que una tasa
alta o baja. Este hecho se explica porque un terapeuta que emplea la
autorrevelación con mucha frecuencia tiende a ser percibido por sus
pacientes como indiscreto, débil o necesitado de tratamiento. Paralelamente
aquellos terapeutas que nunca utilizan la autorrevelación, o que la emplean
muy poco, suelen ser percibidos como personas frías, distantes y escasamente
predispuestos a aceptar la intimidad de sus pacientes.
2. La autorrevelación del entrevistador potencia la autorrevelación del cliente,
siempre que su extensión no resulte ni excesivamente larga ni excesivamente
corta.
3. El grado de intimidad de las autorrevelaciones del entrevistador nunca
debe de exceder, ni en contenido conceptual, ni en carga emocional a los
contenidos o emociones expresados por el paciente. Por esta razón, esta
técnica debe ser empleada siempre de acuerdo con las necesidades del
paciente y nunca como medio de drenaje de la ansiedad del terapeuta.
4. La autorrevelación sólo debe hacerse cuando el terapeuta puede explicar,
de forma precisa, la manera en que esa intervención concreta puede ayudar al
paciente.
Pese a todo, los efectos de la autorrevelación parecen variar con las características
personales del terapeuta y con la situación interactiva específica de los participantes
en la entrevista. Un factor independiente, en los efectos que desencadena esta técnica,
parece consistir en la identificación de la medida con que debe emplearse en cada
caso concreto. Es decir, para emplear correctamente la autorrevelación es preciso
aprender a discriminar la cantidad y el tipo de información a revelar, así como el
momento apropiado para hacerlo.
EJEMPLO:
Paciente: A veces me siento tan mal que creo que nunca voy a poder salir de
este lío. Tengo miedo de equivocar mi camino, de cometer una de esas
tonterías que luego no tienen arreglo.
Terapeuta: Yo también he pasado por situaciones como esa. Durante un
tiempo dudé no sólo de si quedarme a vivir aquí, sino que también me
planteé en qué forma quería ejercer mi profesión y relacionarme con otras
personas.
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4.1.6. INMEDIATEZ
Esta técnica consiste en la descripción de las observaciones y/o sentimientos concretos
que experimenta el terapeuta en relación consigo mismo, en relación con el paciente
y/o con los problemas significativos de la relación entre ambos, tal como se presentan
en el momento de realizar la intervención. Por tanto, la inmediatez recoge el aquíahora de las ideas o sentimientos del terapeuta sobre la comunicación o la interacción
en la situación de entrevista.
Esta técnica puede emplearse cuando se pretende alcanzar alguno de los siguientes
objetivos:
a) Discutir con el paciente, de manera abierta, los sentimientos o
problemas relativos a la interacción, que hasta ese momento
habían permanecido implícitos.
b) Proporcionar al paciente un feedback inmediato sobre un momento
concreto de la entrevista.
La inmediatez, al hacer explícito lo implícito, resulta especialmente útil para
desenmascarar los juegos con los que el paciente suele eludir los conflictos. Esta técnica
también resulta efectiva en la integración de los sentimientos que surgen en la relación
terapéutica; dichos sentimientos resultan peligrosos para el normal desenvolvimiento
de un tratamiento si, como sucede con el rechazo o el resentimiento, inhiben o
amenazan con inhibir la fluidez de la comunicación y la confianza mutua.
ROGERS aconsejaba limitar el uso de la inmediatez a aquellos casos críticos en que, de
no explicitarse un contenido concreto, acabaría por envenenarse la interacción y por
hacerse inefectivo el tratamiento. En general, las recomendaciones para el empleo de
esta técnica son:
1. La inmediatez debe limitarse al aquí-ahora. Mezclar la referencia a lo
inmediato con lo percibido o sentido en otro momento reduce el efecto de
este tipo de intervención.
2. La inmediatez debe formularse como una constatación y en ningún caso
debe convertirse en el origen de una discusión sobre lo que está sucediendo.
3. La enunciación de una expresión de inmediatez debe realizarse en presente
de indicativo y explicitando el sujeto (yo, el terapeuta). De esta forma, el
interlocutor remarca el hecho de que asume la responsabilidad de lo
enunciado, lo que a su vez intensifica la receptividad del paciente ante el
contenido enunciado.
4. Antes de formular una inmediatez es preciso evaluar hasta qué punto el
paciente está capacitado para afrontar el contenido enunciado. En otras
palabras, también en este caso es muy importante elegir el momento
adecuado.
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Ocasionalmente, la inmediatez puede llegar a ser la única forma de explorar los
sentimientos o las dificultades más significativas de un caso. También es conveniente
tener en cuenta que, aunque la inmediatez no debe emplearse con frecuencia, su
evitación puede significar que el terapeuta soslaya los problemas que le resultan
incómodos o que teme no ser capaz de manejar. En estas circunstancias la entrevista o
el tratamiento pueden resultar excesivamente superficiales.
EJEMPLO:
Paciente: (Es la cuarta vez consecutiva que llega tarde y, como en las anteriores
ocasiones, se ha instalado sin explicar la razón de su tardanza.)
Terapeuta: Hoy, de nuevo, has llegado tarde. Me gustaría que habláramos sobre la razón
de tus retrasos.
4.1.7. Ejercicios
A) De papel y lápiz
Identifica si la respuesta del terapeuta es una clarificación, una paráfrasis, un reflejo o
un resumen.
A. 1.
P.: A veces tengo la impresión de que me van a expulsar.
T.:
a) Pareces muy preocupado por eso.
b) ¿Quieres decir que tienes evidencias que te producen esa impresión?
A. 2.
P.: Creo que no podré venir a la próxima sesión.
T.:
a) ¿No piensas venir la próxima semana?
b) ¿Quieres decir que en tu opinión no necesitas venir la próxima semana?
A. 3.
P.: No quiero que nadie más sepa esto.
T.:
a) Te preocupa que alguien más pueda llegar a saberlo.
b) Preferirías guardártelo para ti.
A. 4. P.: Creo que a los hombres, a todos los hombres, lo único que les importa es
dominar.
T.:
a) ¿Estás diciéndome que has tenido algunas experiencias desagradables con los
hombres?
b) Desde tu punto de vista los hombres están hambrientos de poder.
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A. 5. P.: No quiero que mi marido me pida esas cosas. Quiero tomar mis propias
decisiones.
T.:
a) Sientes que no hay razones para que tu marido te lo pida. Te gustaría llegar a
ser más independiente de sus demandas.
b) En lo que respecta a tu marido, preferirías que te dejara tomar tus propias
decisiones.
A. 6. P.: Creo que usted no tiene suficiente experiencia profesional para poder
ayudarme.
T.:
a) Dudas acerca de mi capacidad para ayudarte.
b) Crees que mi falta de experiencia puede ser un obstáculo a la hora de
ayudarte
Para cada una de las situaciones siguientes elabora una respuesta de clarificación
paráfrasis, reflejo y resumen.
A. 7. P.: (Un estudiante de bachillerato de quince años): Mis notas han bajado
mucho. No sé porqué, me siento muy desinteresado por todo.
A. 8. P.: (Una niña de cuarto de EGB): No me da la gana hacer los deberes de
casa. Las matemáticas no me importan. Las niñas no necesitan saber esas
cosas.
A. 9. P.: (Un hombre de mediana edad): Estoy muy desanimado a cuenta de
esta incapacidad física. No puedo hacer nada como antes. No sólo ha afectado
a mi trabajo, también en casa. Siento como si no tuviera nada que ofrecer a los
demás, nada que merezca la pena.
A.10. P.: (Una persona mayor): La empresa está a punto de jubilarme, incluso
aunque yo no quiero. ¿Cómo me las voy a arreglar? Me sorprendo a mí mismo
pensando en los buenos momentos del pasado, no quiero encarar el futuro de
ninguna manera. A veces pensar en la jubilación me pone tan nervioso que no
puedo comer o dormir. Mi familia me ha sugerido que trate este asunto.
A.11. P.: (Un maestro novato): Mi clase es un jaleo. No sé manejarme con esos
chicos tan problemáticos. El director me acucia para que ponga más orden y yo
no estoy seguro de hasta qué punto el orden es importante.
A.12. P.: (Un estudiante de EGB): Este profesor no me gusta. Siempre me
reprende. Es estúpido; me pongo furioso cuando me riñe.
A.13. P.: (Un hombre de cincuenta años): Odio levantarme para ir a trabajar.
Estoy cansado de la misma vieja rutina. Es una farsa. Nada de lo que hago
merece la pena, pero es el negocio de mi suegro y habría una escena familiar si
lo dejo. Él ahora es demasiado mayor para llevar el negocio por sí mismo.
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Para cada una de las siguientes situaciones, elige la opción que en tu opinión refleje
mejor los sentimientos del paciente.
A.14. P.: Después de la forma en que me han tratado en esos grandes almacenes, no
voy a volver ahí ni aunque fuera la única tienda del mundo.
T.:
a) Irritación.
b) Enfado.
c) Humillación.
A.15. P.: ¿Puedes creerlo? Hoy he encontrado un trabajo que realmente me gusta,
pero que nunca pensé conseguir.
T.:
a) Es estupendo que hayas encontrado un trabajo.
b) Debes de estar muy contento por eso.
c) Parece como si estuvieras muy excitado por haber encontrado trabajo.
A.16. P.: Al principio, cuando empecé a hablar contigo sobre mis problemas me
costaba mucho abrir la puerta de tu despacho.
T.:
a) Al principio sentías aprensión a contarme tus cosas.
b) ¿Te asustaba venir a verme?
c) Parece como si te hubieras resignado al hecho de que necesitas venir.
A.17. P.: (Un estudiante con malas notas): ¿Cómo puedo ponerme a la altura de mis
hermanos mayores?
T.:
a) Debes sentirte frustrado.
b) Me parece que te sientes inferior cuando te comparas con tus hermanos.
c) Sus éxitos parecen desanimarte.
A.18. P.: Mi madre siempre se está quejando de que está demasiado enferma para
salir a la calle o hacer algo. Ha visitado a varios médicos pero le han dicho que está
bien. No sé qué hacer para convencerla de que está bien.
T.:
a) Pareces enojado porque tu madre siempre usa la excusa de que está enferma.
b) En otras palabras, tú te enfadas con ella porque no quiere salir de casa.
c) ¿Has hablado con tu padre sobre cómo ayudarla?
A.19. P.: Me ha gustado decirle hasta qué punto estaba enfadado con ella, pero no sé
si la he perdido o no. Yo no quiero perderla.
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T.:
a) Tú le dijiste como te sentías, pero ahora piensas que puede dejarte.
b) Pareces sorprendido de que fueras capaz de decírselo, pero ahora consideras
si te dejará o no.
c) Parece como si te sintieras bien por habérselo dicho, pero ahora tienes miedo
de que el resultado sea perderla.
Para cada una de las situaciones que siguen, selecciona la opción que a tu juicio
exprese la mejor paráfrasis o el resumen más adecuado.
A.20. P.: (Una madre que ha llamado porque tiene problemas con su hijo recién
nacido. El terapeuta trata de iniciar y dar una dirección a la entrevista).
T.:
hoy?
a) El otro día me dijo por teléfono que tiene algunos problemas. ¿Cómo se siente
b) El otro día por teléfono usted mencionó algunos problemas de los que le
gustaría tratar.
c) El otro día por teléfono hablamos brevemente de los problemas que tiene
con su hijo recién nacido y de los cambios que están teniendo lugar en la
relación con su marido.
A.21. P.: Sí, me siento desbordada por mi nueva responsabilidad y por la completa
dependencia de mi niño. Tengo que hacer todo, lavar las ropas, preparar los
biberones, cambiarle los pañales...
T.:
a) Su niño le lleva una gran parte de su tiempo y su energía.
b) Hay un montón de cosas cuando se cuida de un niño recién nacido.
c) Usted está teniendo problemas para organizar su tiempo.
A.22. P.: No consigo encontrar tiempo para mí o mi marido.
T.:
a) ¿Qué le gustaría hacer si se quedara sola o con su marido?
b) Parece que a usted no le queda tiempo después de cuidar de su bebé.
c) Usted no tiene tiempo para usted misma o para su marido.
A.23. P.: y mi marido no comprende cuanto tiempo lleva cuidar a un bebé.
T.:
a) ¿Su marido no aprecia su esfuerzo al cuidar al niño?
b) ¿Él le pide un tiempo y una energía que usted ahora no tiene?
c) El hecho de que su marido no comprenda su actual situación debe de ser muy
frustrante.
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A.24. P.: Cuando yo trabajaba, él solía hacer una parte de trabajo de la casa y de la
comida. Ahora, desde que estoy en casa todo el día, él parece creer que me tengo que
encargar del niño y de todo lo de la casa.
T.:
a) Parece que usted acostumbraba a compartir las labores de casa y ahora le
toca cuidar del niño y también de la casa.
b) Ahora que está en casa le toca cuidar del niño y hacer todas las faenas
domésticas.
c) Antes de que naciera el niño, usted acostumbraba a compartir el trabajo de la
casa con su marido.
A.25. P.: No sé por qué él ha dejado de hacer su parte. Tampoco me ayuda con el
niño. Está preocupado con un nuevo proyecto de trabajo que le lleva mucho tiempo.
T.:
a) Aunque su marido está preocupado por el trabajo, a usted le gustaría que l
la ayudara en la casa.
b) Dice que su marido tiene un nuevo proyecto de trabajo que le lleva mucho
tiempo.
c) ¿Piensa usted que el trabajo de su marido está interfiriendo con su vida
familiar?
En cada uno de los casos siguientes elige la opción que en tu opinión representa la
respuesta no directiva más adecuada.
A.26. P.: Nos divorciamos hace un año y yo he pasado una época terrible.
T.:
a) (Prestando mucha atención al paciente.) Una época terrible.
b) (Silencio, prestando gran atención a la paciente.)
c) (Prestando mucha atención al paciente.) Hace un año que se divorció.
A.27. P.: Apenas puedo afrontar todo lo que se me ha venido encima al divorciarme.
T.:
a) Se hace duro estar divorciada. ¿No?
b) Parece como si usted no se acostumbrara a estar divorciada.
c) ¿Puede darme un ejemplo de lo que quiere decir?
A.28. P.: Por ejemplo, vivir en un apartamento en lugar de en la propia casa.
T.:
a) ¿Es cómodo su apartamento?
b) ¡Uh hum!
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c) ¿Qué otros ejemplos?
A.29. P.: y se me hace duro estar tan sola. Es tan diferente de cuando estaba casada.
Estoy acostumbrada a tener a otra persona en casa.
T.:
a) ¿Cómo se siente cuando está sola?
b) Es agradable que haya otra persona en casa.
c) Usted y su marido, ¿pasaban mucho tiempo juntos?
A.30. P.: No me siento muy bien. La mayoría de mis amigos están casados. Me siento
tan aislada y algunas veces incluso no deseada.
T.:
a) ¿Sus amigos se interesan más por usted, ahora que esta divorciada?
b) Desde que usted se divorció se siente sola y aislada.
c) Se siente aislada y no deseada.
A.31. P.: Sí, me sentí violenta en una fiesta que dieron unos amigos comunes y no he
sido invitada por otros. Además también hay otras situaciones.
T.:
a) ¿Podría decirme qué hizo que se sintiera violenta en la fiesta que ha
mencionado?
b) Parece como si se hubieran olvidado de usted a la hora de hacer las
invitaciones de varias fiestas.
c) ¿Su ex marido fue invitado a esas otras fiestas?
A.32. P.: Me resulta difícil hablar con ellos. Es como si ahora no tuviéramos muchas
cosas en común. Acabo sentándome en un rincón y marchándome.
T.:
a) ¿De qué cosas intenta hablar?
b) ¿Eso también le ocurre en otras situaciones?
c) Debe de ser una situación difícil para usted.
A.33. P.: Sí, ahora he empezado a evitar a mis amigos de antes. Intento hacer nuevas
amistades, pero me resulta difícil encontrar gente nueva.
T.:
a) ¿Eso quiere decir que está intentando buscarse otro ambiente?
b) Está teniendo dificultades para encontrar nuevos amigos.
c) Entonces, usted ve poco a sus viejos amigos, pero está teniendo dificultades
para hacerse con otros nuevos.
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A.34. P.: No hay muchos sitios donde la gente de mi edad pueda buscar nuevos
amigos... al menos no la clase de amigos que yo busco.
T.:
a) Parece una situación difícil.
b) ¿Qué clase de gente le gustaría encontrar?
c) Usted parece apenada por esta situación.
A.35. P.: He intentado grupos sencillos, yendo a sitios yo sola, siendo activa en mi
parroquia, pero no he encontrado gente interesante.
T.:
a) Parece que no ha tenido mucho éxito.
b) ¿Hay otro tipo de cosas que usted pueda hacer para encontrar gente
interesante?
c) ¿Cómo le va cuando encuentra gente nueva?
Elabora una respuesta de autorrevelación para cada una de las siguientes situaciones.
Asegúrate de que el contenido es algo verdaderamente personal y de que el enunciado
incluye la primera persona del singular. Además trata de que tu respuesta sea similar
en contenido y profundidad a los mensajes del cliente y las situaciones propuestas.
A.36. El paciente se siente fracasado porque nada parece irle bien.
A.37. El cliente presenta indicios de querer hablar de su conducta sexual, pero da la
impresión de que no sabe cómo sacar el tema.
A.38. Por primera vez, el paciente comienza a ser consciente de sus sentimientos
agresivos y se pregunta si tales sentimientos son legítimos o no.
A.39. Eres el líder de un grupo de resolución de problemas en un Instituto de
Enseñanza Media. Sus miembros han pasado mucho tiempo hablando de las
discusiones que tienen con sus padres, pero no expresan sus sentimientos. Tú decides
hacer una autorrevelación que les ayude a manifestarlos.
A.40. Tu cliente está a punto de ser expulsado del colegio por malas notas. El dice que
no sabe de nadie que haya sido expulsado por ese motivo y luego haya llegado a ser
alguien en la vida. Como tú has vivido esa situación decides contársela.
Elabora una respuesta de inmediatez para cada una de las siguientes situaciones:
A.41. El cliente está intentando que tú adivines sus sentimientos. Afirma albergar
algunos pero no acaba de explicitar cuáles son. Tú eres consciente de haber entrado en
el juego de querer adivinar sus sentimientos y decides comunicarle los tuyos.
A.42. Estás trabajando con un paciente que pide sugerencias. Le has hecho alguna y él
siempre responde sí, pero... Cuando esta situación se presenta de nuevo decides
hacerle saber lo que estás viendo.
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A.43. El cliente ha llegado tarde por tercera vez y tú crees que debes tratar ese asunto.
A.44. Las lágrimas comienzan a empañar los ojos del cliente, mientras cuenta la
pérdida de un amigo íntimo.
A.45. El cliente deja de hablar cuando tú mencionas el tema de las calificaciones
escolares.
A.46. El cliente te ha hecho varias preguntas referentes a tu cualificación profesional.
Elige la opción que consideres más apropiada para tratar con una intervención de
inmediatez cada una de las situaciones siguientes:
A.47. P.: ¡Menos mal! ¿Se acuerda de todos esos análisis de sangre que tuvieron que
hacerle a mi hijo? Todos han dado negativo. Pobre muchacho, al fin nos hemos
quedado tranquilos.
T.:
a) Estupendo. Me alegro por usted.
b) Me alegra mucho oír eso, yo también me quedo tranquilo.
c) Eso es una noticia agradable. Se debe sentir muy feliz por que las cosas hayan
salido así.
A.48. P.: Cuando me pongo a pensar de qué manera me tratan mis padres me siento
tan furioso que no hago nada por acercarme a ellos. Una vez, incluso, les quité unas
entradas que tenían para una función de teatro y no pudieron ir.
T.:
a) Parece que ahora estás sintiendo buena parte de esa rabia.
b) Entonces, te enfadas tanto con ellos que incluso has hecho cosas de ese tipo.
c) Pareces enfadado con ellos incluso ahora.
A.49. P.: Ya le he contado unas cuantas cosas que me preocupan, pero todavía hay
otras de las que me gustaría hablar. Cosas que me da miedo contarle a alguien. Me da
miedo que piense que estoy loco.
T.:
a) Me has contado muchas cosas sobre ti mismo, pero no sabes como me
tomaría yo esto.
b) Una cosa que puedes hacer es contármelo y ver qué pasa.
c) Hay cosas que te gustaría contarme, pero tienes miedo de que yo no sea
capaz de aceptarte y comprenderte.
A.50. P.: Estuve viviendo con esa amiga durante tres años. Lo pasábamos bien juntas
y creo que mereció la pena. Luego, un fin de semana se cambió de piso y dijo que no
quería saber nada de mí. Yo la quería mucho y no se cómo recuperarla.
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T.:
a) Tengo que admitir que no sé mucho sobre la relación íntima entre lesbianas.
Pienso que le sería útil hablar con otro terapeuta.
b) Me siento incómodo hablando contigo sobre tus relaciones. Te sugiero que
busques un terapeuta de tu ambiente.
c) Creo que yo tendría dificultades para ser objetivo contigo a causa de algunas
de mis opiniones. Te sugiero que hables con otro terapeuta.
A.51. P.: (Mirando hacia abajo y apretándose las manos): Este fin de semana ha sido
el peor de mi vida... nunca me había sentido tan deprimido (empieza a llorar). Por
primera vez en mi vida pensé en el suicidio y eso me alarmó.
T.:
a) Tengo la impresión de que ahora te encuentras tan deprimido como durante
el fin de semana.
b) ¿Puedes contarme que es lo que sientes sobre el suicidio?
c) Verdaderamente ahora estás muy deprimido. ¿Aún sigues pensando que el
suicidio es una forma de salir del paso?
A.52. P.: (La primera entrevista con una terapeuta): Hay algunas cosas que han
estado preocupándome durante algún tiempo... y también me han preocupado
últimamente. Es algo que incluso ha afectado a mi trabajo, pero no sé si puedo hablar
de ello con una mujer.
T.:
a) Parece que te sorprende que una mujer sea terapeuta y que te resulta difícil
contarme tus cosas.
b) Parece que te sientes incómodo hablando conmigo de tus preocupaciones
porque soy una mujer.
c) Tengo la impresión de que esperabas que yo fuera un hombre.
Selecciona la opción que te parezca la autorrevelación más correcta, en cada una de las
siguientes situaciones:
A.53. P.: Con frecuencia tengo problemas para tomar decisiones sobre las cosas más
simples. Creo que soy un imbécil cuando me encuentro con que no puedo apartar de
mi mente cosas sin importancia.
T.:
a) ¿Sabes?, a veces a mí también me ocurre. Y eso hace que me sienta frustrado.
b) ¿En qué clases de situaciones experimenta usted esa indecisión?
c) Esa clase de cosas le suceden a mi marido y yo puedo comprobar cuán
frustrado se siente.
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A.54. P.: Me enfado mucho con mi marido cuando no es puntual. A veces he tenido
que esperarle hasta una hora. Él siempre tiene alguna excusa. Me gustaría saber si otras
personas también se enfadan por esa clase de cosas.
T.:
a) Yo no sé como se siente todo el mundo, pero a veces yo me enfado con mi
marido cuando tengo que esperarle. .
b) Yo también me enfado con mi marido por eso. Cuando me hace esperar más
de la cuenta, me marcho sin él.
c) Mi marido también suele hacerme esas cosas. ¿Cómo reacciona el suyo
cuando usted le cuenta lo enfadada que está?
A.55. P.: Mi mejor amigo acaba de decirme que tiene leucemia y yo no sé como
comportarme con él. No sé si debo hablarle del asunto o esperar a que él saque el
tema. Me gustaría poder demostrarle lo mucho que me preocupo por él.
T.:
a) Me hago idea de lo difícil que le resulta esa situación. Siempre, bajo
cualquier circunstancia, es difícil decirle a alguien lo mucho que nos preocupa.
b) Es una situación penosa. Cuando una prima mía se estaba muriendo de
cáncer, tuve dificultades para expresarle mi preocupación.
c) Es difícil hacerle saber a alguien que nos preocupa. ¿Qué ha pensado hacer
para expresarle su preocupación?
A.56. P.: La gente piensa que es divertido, pero yo no soy capaz de subirme a un
avión.
T.:
a) Yo no tengo problemas con los aviones, pero cuando viajo en barco me pongo
muy nervioso.
b) A mí también me da miedo subir a un avión. Habitualmente viajo en tren o
por carretera.
c) Me hago idea de como se siente. Yo me pongo muy nervioso cuando vuelo
en un aparato pequeño. Lo que siento es casi pánico.
A.57. P.: Estoy muy contento de que mi hijo se haya decidido por una escuela
profesional y no por la universidad. Yo estoy convencido de que la universidad no es
lugar para él.
T.:
a) Yo he comprobado que cuando se deja a los chicos elegir por sí mismos,
generalmente toman decisiones correctas.
b) Mi hijo se encuentra en una situación parecida. Espero que él también sepa
hacer la mejor elección.
c) Me preocupa que mi hijo tenga que tomar una decisión como esa, aunque
todavía le queda mucho.
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A.58. P.: Mi mujer murió hace unos meses..., me siento tan perdido sin ella y lo
mismo les pasa a los chicos. No consigo hacer que nuestras vidas vuelvan a funcionar
de nuevo... Creo que no hay nadie más incapaz que yo.
T.:
a) Si yo estuviera en su situación probablemente también me sentiría solo y
perdido.
b) ¿Quiere decir que usted no está seguro de saber desenvolverse sin su esposa?
c) Usted tiene que afrontar un momento difícil.
B) Ensayos Conductuales

Desarrollar una sesión de ensayo conductual, de veinte minutos de
duración, en la que el terapeuta ejercite las intervenciones no directivas;
concretamente, clarificación, paráfrasis, reflejo y resumen.
Las intervenciones deben de ser elegidas en función del plan de entrevista que el
terapeuta se haya trazado previamente. Este plan deberá ser comentado y discutido,
junto con su adecuación y la calidad de la ejecución, al finalizar el ensayo.

Desarrollar una sesión de ensayo conductual de diez minutos de duración,
en la que el terapeuta ejercite las intervenciones de autorrevelación e
inmediatez.
En esta sesión se prestará una atención especial a la adecuación de las intervenciones,
en función del material aportado por el paciente.
4.1.8. Soluciones
A.1.: a) Reflejo
A.4.:
a) Clarificación
b) Clarificación
A.2.: a) Paráfrasis
A.5.:
a) Resumen
b) Clarificación
A.3.:
a) Reflejo
A.6.:
b) Paráfrasis
b) Paráfrasis
a) Reflejo
b) Paráfrasis
b) Paráfrasis
A. 7. C: ¿Quieres decir que no sabes con qué relacionar tu falta de motivación?
P: Desconoces el origen de tu desinterés.
R: No hay nada que te interese.
r: Tus calificaciones han bajado y no sabes cual puede ser la causa de tu desinterés.
60
A. 8. C: ¿Crees que las matemáticas no les son de utilidad a las niñas?
P: En tu opinión las matemáticas no les son de utilidad a las niñas.
R: Ante los deberes de matemáticas te sientes completamente desinteresada.
r: Tu negativa a hacer los deberes se basa en el hecho de que crees que las matemáticas
no te van a resultar de ninguna utilidad.
A. 9. C: ¿Quiere decir que las relaciones con su familia han cambiado desde que
experimenta esos impedimentos físicos?
P: En su opinión su incapacidad física afecta no sólo a su trabajo, sino también a su
vida familiar.
R: Su estado físico le desanima hasta el punto de hacerle sentir que no tiene nada
importante que ofrecer a los demás.
r: Su estado físico le desanima porque ha afectado a su vida laboral y familiar y eso le
hace sentir que no tiene nada importante que ofrecer a los demás.
A.10. C: ¿Teme no poder desenvolverse bien una vez que se haya jubilado?
P: Pensar en la jubilación le afecta tanto que a veces no puede comer o dormir.
R: Usted parece muy preocupado ante su inminente jubilación.
r: La forma en que marcha su clase parece provocar las exigencias del director, pero
usted dice no tener claro si debe imponer más orden entre sus alumnos.
A.12. C: ¿Dices que el profesor siempre te reprende?
P: Cuando ese profesor te riñe cambia tu conducta.
R: Te enfadas mucho cuando ese profesor te riñe.
r: Dices que ese profesor te disgusta y que cuando te riñe te enfadas muchísimo con él.
A.13. C: ¿Dice usted que está cansado de hacer la misma clase de cosas?
P: La rutina de su trabajo le hace pensar que lo que usted hace carece de valor.
R: La rutina de su trabajo hace que usted se sienta insatisfecho.
61
r: La rutina de su trabajo le hace sentirse insatisfecho, pero teme dejar el negocio por las
consecuencias que eso pudiera tener sobre su vida familiar.
A.14.: b
A.15.: c
A.16.: a
A.17.: b
A.18.: a
A.19.: c
A.20.: c
A.21.: a
A.22.: b
A.23.: a
A.24.: c
A.25.: a
A.26.: a
A.27.: c
A.28.: c
A.29.: a
A.30.: b
A.31.: a
A.32.: c
A.33.: c
A.34.: a
A.35.: a
A.36.: A veces cuando las cosas me van mal yo también me siento fracasado.
A.37.: Cuando yo tenía su edad me moría de ganas por poder hablar del sexo con
alguien, pero nunca estaba seguro de si tratar un tema como ése sería adecuado a las
circunstancias. Me pregunto si no le está sucediendo a usted algo parecido.
A.38.: Hubo una época en que yo me preguntaba constantemente hasta qué punto tenía
derecho a sentirme enfadado y agresivo, como a veces me siento.
A.39. Cuando yo tenía vuestra edad, para mí el problema no era tanto el motivo por
el que discutía con mis padres, como lo mucho que me trastornaban esas discusiones.
A.40. No estoy completamente de acuerdo contigo. A mi me expulsaron del colegio
porque era un pésimo estudiante, pero cuando descubrí que había cosas que me
importaban y que para hacerlas tenía que estudiar, comencé a aprobar los cursos sin
mayores dificultades. Ahora hace años que ejerzo como psicólogo y no sólo vivo de
mi trabajo, sino que además me siento contento por tener esta profesión.
A.41.: Creo que tus reticencias a hablar de ese tema provienen del hecho de que temes
lo que yo pueda decir al respecto. Por si te sirve de algo, deseo que sepas que yo me
siento a gusto conversando contigo sobre tus dificultades.
A.42.: Hay una cosa que me llama mucho la atención. Tú me has pedido varias veces
que te sugiera posibles soluciones a esa situación y cuando te presento alguna me
contestas sistemáticamente «sí... pero». A todas las alternativas que hemos examinado
les has encontrado pegas y me pregunto hasta qué punto deseas esforzarte para
modificar esa situación.
A.43.: Es la tercera vez consecutiva que llegas tarde, teniendo en cuenta que antes eras
muy puntual, me parece que podría ser interesante que hoy comenzaremos la sesión
tratando este tema.
A.44.: La pérdida de tu amigo te afecta tanto que tus ojos se han llenado de lágrimas.
62
A.45.: Me pregunto si tienes algún interés en evitar que hablemos de tus calificaciones,
porque he observado que cada vez que sale este tema te encierras en un mutismo casi
completo.
A.46.: Creo que ese interés tuyo por mi cualificación profesional no se debe tanto a tu
curiosidad o a tu interés por mi persona, como a tu falta de confianza en la capacidad
que yo pueda tener para ayudarte. ¿Me equivoco?
A.47.: b
A.48.: a
A.49.: c
A.50.: c
A.51.: a
A.52.: b
A.53.: a
A.54.: a
A.55.: b
A.56.: c
A.57.: b
A.58.: a
4.2. Técnicas directivas
Se consideran técnicas directivas todas aquellas intervenciones verbales del
entrevistador en las que el mensaje está organizado en función de su propio sistema
de referencia y no de acuerdo con el sistema de referencia del cliente.
El origen, tanto de los contenidos de esta clase de intervenciones como de la técnica
concreta que se selecciona, descansa sobre las hipótesis que el entrevistador ha
elaborado sobre cuáles son los problemas o dificultades del cliente y sobre sus
percepciones y valoraciones de la conducta de éste.
En términos generales, la utilización de esta clase de técnicas requiere una habilidad
mayor que la exigida por las técnicas no directivas, ya que si el entrevistador no sabe
elegir el momento adecuado para realizar una intervención directiva, la reacción del
paciente puede ser la obstaculización o incluso el abandono del proceso terapéutico.
En otras palabras, el empleo inadecuado de estas técnicas puede fomentar resistencias
más intensas que las provocadas por una utilización deficiente de las técnicas no
directivas.
4.2.1. SONDEO
La técnica del sondeo consiste en una pregunta que se refiere directamente a los
problemas del paciente. Esta pregunta suele contener la partícula qué, cómo, cuándo,
dónde o quién, y además adopta la modalidad abierta; es decir, ofrece al paciente la
posibilidad de responder de acuerdo con sus categorías y valores y no con los
previamente fijados por el entrevistador.
Los objetivos que llevan a un terapeuta a emplear el sondeo son:
a) Comenzar la entrevista.
63
b) Animar al paciente a revelar o elaborar información.
c) Demandar la expresión del los sentimientos u opiniones del paciente.
d) Promover ejemplos concretos sobre la conducta, las ideas o los sentimientos del
paciente, explicitando así las condiciones que inciden sobre el problema.
El sondeo es la técnica privilegiada por el análisis funcional de la conducta, pero su
empleo se recomienda siempre que el objetivo fundamental sea identificar en qué
consiste el problema.
Una restricción importante en el manejo del sondeo consiste en la evitación de la
pregunta ¿Por qué? Este tipo de intervenciones suelen hacer que el paciente se ponga a
la defensiva o que se sienta obligado a dar una explicación o justificación de su
conducta. Por ello, es preferible tratar de obtener la misma información mediante una
pregunta alternativa que incluya la partícula qué.
EJEMPLO:
Paciente: Hay algunos días que no me apetece ni ducharme. Hasta la música me molesta.
Algunas cosas que pasan en casa me sacan de quicio y estallo. Empiezo a no aguantarlo.
Terapeuta: ¿A qué clase de cosas te refieres?
4.2.2. AFIRMACION DE LA CAPACIDAD
Esta técnica de intervención consiste en que el entrevistador pone de manifiesto, a
través de un enunciado verbal, la capacidad habitual del paciente para realizar una
actividad concreta.
La afirmación de la capacidad está dirigida a alcanzar los objetivos siguientes:
a) Animar al paciente a realizar algo en aquellos casos en que carece de
confianza o iniciativa.
b) Ampliar la conciencia del paciente respecto de sus capacidades o
habilidades.
c) Poner en primer plano una acción potencialmente beneficiosa para el
paciente.
En el empleo de esta técnica conviene tener en cuenta las siguientes restricciones:
1. Una intervención de afirmación de la capacidad sólo debe de realizarse
después de que el paciente haya manifestado expresamente su deseo de y su
decisión para pasar a la acción.
64
2. Esta técnica sólo debe emplearse cuando el terapeuta haya observado o
evaluado hechos de los que pueda inferir, sin lugar a dudas, que el paciente
tiene, en efecto, la capacidad que él le atribuye. Dicho de otra manera, esta
técnica debe ser empleada con total sinceridad, sin incurrir nunca en una
mentira piadosa o en un ofrecimiento de falsas esperanzas.
3. Esta clase de intervenciones está contraindicada cuando los pacientes
tienen una imagen de sí mismos, tan negativa, que descuentan el feedback
positivo. En estos casos, la afirmación de una capacidad contribuye a
disminuir la autoestima del cliente, lo cual se suele poner de manifiesto a
través de sus comentarios autodespectivos
EJEMPLO:
Paciente: Había pensado apuntarme a un cursillo de tenis. Tendría que hacerlo ya, porque el
plazo acaba esta semana. Pero cuando me imagino en la pista... no sé...
Terapeuta: Tú siempre has destacado en los deportes. Podrías aprender pronto. Con la fuerza
y agilidad que tienes podrías hacerlo muy bien.
4.2.3. CONFRONTACION
La confrontación es un tipo de intervención verbal mediante la que el terapeuta
describe algunas discrepancias o distorsiones que aparecen en los mensajes y/o
conductas del paciente.
Los objetivos de esta técnica son:
a) Identificar las descalificaciones que emite el paciente de manera habitual.
b) Explorar otras formas en que el paciente puede percibir una situación o
concepción de sí mismo.
La confrontación ante las descalificaciones del paciente se realiza mediante la
descripción de la contradicción o incongruencia en que haya incurrido. Por lo
general, dichas incongruencias se pueden clasificar en alguna de estas cuatro
categorías:

Entre conducta verbal y conducta no verbal.

Entre la conducta y su descripción verbal.

Entre dos mensajes verbales.

Entre dos mensajes no verbales.
La confrontación de las descalificaciones suele adoptar la forma enunciativa Dices
que... pero..., o bien Por una parte..., pero por otra... En cambio, la confrontación de un
65
mensaje o conducta distorsionados se lleva a cabo describiendo el proceso de
distorsión o indicando una o varias alternativas para que el paciente reconsidere la
situación.
Dado que los efectos de una confrontación pueden ser muy poderosos y que con
frecuencia el paciente tiende a vivir la confrontación como un castigo, a la hora de
emplear esta técnica convienen tener presentes las siguientes restricciones:
1. Una confrontación debe describir y no juzgar o evaluar los mensajes o
conductas del paciente.
2. Una confrontación nunca debe ser formulada como una inferencia vaga,
sino que, al contrario, conviene que incluya una conducta concreta.
3. El momento para realizar una confrontación debe ser elegido
cuidadosamente, teniendo en cuenta el nivel de atención, de ansiedad, de
deseo de cambio y de habilidad para escuchar que posee el cliente. También es
necesario tener en cuenta la confianza que demuestra tener en el terapeuta, ya
que cuanto mayor sea ésta más receptivo será el paciente ante el contenido de
la confrontación. Por este motivo la confrontación está contraindicada cuando
no existe un buen rapport.
4. Una vez evaluados los factores detallados en el punto anterior, el momento
adecuado para emitir una confrontación es aquel en el que el paciente
demuestra tener la capacidad necesaria para actuar de forma efectiva, en
relación con los contenidos confrontados.
5. Cuando la confrontación se refiere a hechos muy complejos o supone un
gran esfuerzo para el paciente, debe enunciarse de forma escalonada para
que el paciente no se vea sometido a fuertes demandas de cambio en poco
tiempo.
Algunas de las posibles reacciones de un paciente ante una confrontación son:
Negación o rechazo de la incongruencia a que se le enfrenta. La negación suele
manifestarse de distintas maneras: verbalmente, desacreditando al terapeuta,
persuadiéndolo o intentando persuadirlo de que sus opiniones están
equivocadas, restándole importancia al tema o buscando apoyo en la opinión
de terceros.
Confusión. Si la confusión del paciente es auténtica -si no lo es equivale a una
negación- indica que la confrontación ha sido realizada de manera incorrecta.
En este caso, el error más frecuente consiste en una especificación insuficiente
y, por tanto, el terapeuta habrá de repetir la confrontación enunciándola de
forma concisa y clara.
Falsa aceptación. El paciente afirma verbalmente haber asumido el contenido
de la confrontación con intención de evitar o soslayar el impacto emocional
66
que le ha causado la intervención. Este tipo de reacción revela que el cliente
no estaba suficientemente preparado para afrontar la confrontación.
Aceptación auténtica. Esta reacción se caracteriza porque el paciente responde a la
confrontación con un verdadero deseo de examinar y modificar su conducta.
Tras cada confrontación, especialmente si la respuesta del paciente no ha sido una
aceptación auténtica, es recomendable emplear técnicas no directivas, como la
paráfrasis o el reflejo, con objeto de potenciar la toma de conciencia del cliente
respecto a su reacción.
EJEMPLO:
Paciente: Hemos quedado como amigos, pero me molesta que cuando viene al piso con sus
amigas se comporte como si no hubiera pasado nada. Entonces, los otros sacan una botella de
vino y se ponen a jugar a las cartas o a los dados y a mí no me hacen ni caso, como si su
verdadera amiga fuera ella. Y yo allí, pudriéndome...
Terapeuta: Por una parte dices que habéis quedado como amigos, pero por otra dices que te
molesta que ella se comporte como tal.
4.2.4. INTERPRETACION
La técnica de la interpretación consiste en una emisión verbal en la que el terapeuta
ofrece al cliente una forma distinta de concebir el problema o una explicación de sus
conductas y actitudes. La interpretación de un mismo fenómeno varía según el marco
teórico con que trabaje el terapeuta, pese a ello, cualquier interpretación se diferencia
de otras técnicas a emplear en la entrevista porque recoge los aspectos implícitos de
los mensajes y conductas del paciente, es decir, aquello que no se manifiesta de una
manera directa.
Los objetivos de la interpretación son:
a) Identificar y mostrar las relaciones que existen de manera implícita entre los
mensajes y la conducta.
b) Examinar la conducta del paciente desde un punto de vista distinto, u
ofrecer una explicación alternativa.
c) Ampliar la autocomprensión del paciente cuando ésta es pertinente con la
superación de sus dificultades.
A la hora de ofrecer una interpretación deben tenerse en cuenta las siguientes
consideraciones:
1. El momento en que se ofrece una interpretación tiene una enorme
incidencia sobre el efecto que tendrá en el paciente. Por eso, el
67
entrevistador nunca debe dar una interpretación antes de que el cliente
haya adquirido un cierto grado de conciencia y comprensión sobre el tema
a interpretar. Cuando existan indicios de que la interpretación puede
causar ansiedad, resistencia o dolor, esta técnica está totalmente
contraindicada.
2. Una interpretación resulta más útil cuando se ofrece durante la fase
intermedia de la entrevista, porque así el paciente tiene oportunidad de
reaccionar a la interpretación dentro del marco terapéutico. Además, el
conocimiento de esa reacción resulta muy valioso para el terapeuta, quien
con esa información verá facilitada su tarea de prever la continuación del
tratamiento.
3. La interpretación siempre debe basarse en los mensajes emitidos por el
paciente, y en su formulación se deben evitar cualquier clase de interferencias
provenientes de los valores y actitudes del entrevistador. Además, los datos
en que se apoya una interpretación han de ser suficientes y representativos.
4. El enunciado de una interpretación debe adoptar la forma de una
tentativa o posibilidad del tipo Me pregunto si... Es posible que... Quizá...
Pudiera ser que...
5. Después de una interpretación es aconsejable comprobar qué piensa y
siente el paciente sobre la nueva perspectiva que se le ha ofrecido. Por este
motivo, la clarificación es altamente recomendable en esa circunstancia.
Las posibles reacciones de los clientes ante una interpretación pueden ser muy
variadas, y oscilan desde la aceptación al más violento rechazo. De cara a manejar
la reacción del entrevistado puede ser útil recordar que:

El hecho de que un paciente proteste ante una interpretación no
significa, necesariamente, que la interpretación sea errónea.

En caso de que el cliente proteste por una interpretación es útil
emplear un reflejo y reiterar la interpretación, siempre que el entrevistador
esté seguro de su adecuación. Pero, como norma general, antes de repetir
una interpretación que ha sido rechazada por el cliente, conviene
considerar su formulación y la validez de los hechos sobre los que se
apoya.

En algunas ocasiones la aceptación de la interpretación puede no ser
auténtica. En este caso, el paciente asiente tan sólo para no desagradar al
terapeuta.

La aceptación auténtica de una interpretación se reconoce por el hecho
de que el paciente muestra que ha asumido, integrado o aprendido algo sobre
lo interpretado, mediante algún cambio, indicio o elaboración.
68
EJEMPLO:
Paciente: A veces pienso en volver con ella, porque dejarla sólo me ha traído complicaciones.
Si lo hiciera todo volvería a ser como antes, pero no creo que ésa sea la solución.
Terapeuta: Tal vez, al menos parte de tu confusión se deba a que te sientes culpable por haberla
dejado.
4.2.5. INSTRUCCIONES
Esta técnica consiste en uno o más enunciados a través de los cuales el terapeuta
pretende instruir, dirigir o indicar al paciente sobre cómo debe de hacer algo.
Es conveniente enunciar las instrucciones manteniendo la siguiente estructura:
especificación del objetivo a alcanzar, exposición de los pasos que permitirán alcanzar
esos objetivos, especificar lo que se debe hacer y lo que se debe evitar durante la
ejecución.
Los objetivos de las instrucciones son:
a) Influir o ayudar al paciente para que se comporte de una manera
determinada.
b) Proporcionar al paciente la información necesaria para que le sea posible
adquirir, mantener o eliminar una conducta concreta.
Las instrucciones pueden estar dirigidas hacia algo que el paciente puede realizar
durante la entrevista o fuera de ella. Además, el contenido de unas instrucciones
puede referirse a las ideas, los sentimientos o las conductas observables.
Es altamente recomendable comprobar que el paciente ha comprendido las
instrucciones que se le han dado, inmediatamente después de haberlas enunciado.
Este objetivo se puede lograr preguntando al cliente de manera directa o pidiéndole
que las repita.
Antes de enunciar unas instrucciones es aconsejable tener en cuenta que:
1. Los pacientes siguen mejor las instrucciones cuando se hayan asociadas a
consecuencias positivas. Por esta razón, es importante que el terapeuta
refuerce positivamente al cliente, mientras emite el enunciado
correspondiente. Los refuerzos utilizados con más frecuencia, en esta
situación, son un ligero movimiento de cabeza en sentido afirmativo, una
sonrisa, etc.
2. Las instrucciones son más efectivas si se enuncian como una sugerencia y
no como una orden. Así, se recomiendan fórmulas del tipo «Me gustaría
que... », «Pienso que podría ser útil que usted... », etc.
69
3. Los pacientes comprenden mejor y siguen más de cerca las instrucciones
si antes de enunciarlas el entrevistador solicita explícitamente su atención,
con fórmulas del tipo «Ahora voy a decirle algo que me gustaría que hiciera. Por
favor, preste mucha atención... »
EJEMPLO:
Terapeuta: Por favor, preste mucha atención a lo que voy a decir. Me gustaría que usted se
relajara todo cuanto pueda. Esta tarea le será muy fácil si se esfuerza por hacer lo que yo le
vaya indicando. Siéntese cómodamente....
4.2.6. ENCUADRE
La técnica del encuadre consiste en una intervención con la que el entrevistador trata
de predisponer al paciente para que considere una situación o suceso desde una
perspectiva determinada. Pese a esta definición tan general, en la práctica, los
contenidos de esta clase de intervenciones se restringen a la noción de psicoterapia y a
las etapas del proceso terapéutico.
Un encuadre puede describir la base lógica en que se fundamenta el tratamiento o el
valor potencial que éste tendrá para el paciente. Su tono ha de ser moderadamente
optimista, aunque sin faltar a la objetividad, pues se trata de expresar una serie de
creencias positivas respecto al cambio, a las posibilidades concretas que tiene el
paciente de cambiar o la forma en que se puede lograr el cambio.
Los objetivos del encuadre son:
a) Motivar al paciente para que permanezca en la situación de entrevista o
para que se someta a un tratamiento concreto
b) Ayudar al paciente para que comprenda los objetivos generales y
específicos del tratamiento.
La motivación que siente un paciente ante la psicoterapia, su grado de compromiso y
la evitación de los sentimientos negativos que a veces surgen ante la incertidumbre
dependen con frecuencia de lo ajustadas y claras que sean sus expectativas. Por esta
razón, la colaboración del paciente aumenta cuando se especifican las características y
objetivos del tratamiento en forma detallada y deliberada siempre que sea preciso,
pero, sobre todo, durante la fase inicial.
Después de encuadrar la situación terapéutica es aconsejable que el terapeuta
compruebe si el paciente ha comprendido su mensaje. Esta actividad suele realizarse
pidiéndole que describa sus expectativas en función del contenido del encuadre.
70
EJEMPLO:
Terapeuta: Nuestros esfuerzos se centrarán en dos aspectos fundamentales. En primer lugar,
intentaremos aclarar cuáles son los móviles por los que usted solicita un tratamiento, para
después, establecer algunos objetivos concretos en la solución de sus dificultades. Cuando
hayamos logrado estos objetivos nos plantearemos el problema de elegir el tratamiento más
adecuado.
4.2.7. INFORMACION
Dar información durante una entrevista consiste en transmitir al paciente datos
referidos a hechos, experiencias, sucesos, alternativas o personas con objeto de:
a) Identificar alternativas.
b) Evaluar alternativas.
c) Disipar mitos.
La importancia de esta técnica como modalidad terapéutica se incrementa en ciertos
tipos de poblaciones, como son los niños perturbados, los pacientes que han
permanecido hospitalizados durante mucho tiempo, etc. De hecho, muchas de las
deficiencias de estos pacientes en la resolución de sus problemas cotidianos
provienen de su carencia de información.
Al ofrecer información a un paciente es necesario tener en cuenta que:
1. La información en el contexto de entrevista debe ser considerada como
un instrumento terapéutico, no como un fin en sí misma. Es decir, esta
técnica sólo debe emplearse cuando la información se relaciona con los
problemas del naciente o con los objetivos terapéuticos ya establecidos; en
suma, cuando es relevante.
2. La información debe ofrecerse sólo en caso de que el paciente no posea
todos los datos que el entrevistador considere precisos, o cuando haya
demostrado que los datos que maneja son inexactos.
3. La información ha de ser enunciada de manera comprensible, para que
el paciente la pueda asimilar y aplicar sin especiales esfuerzos. Por ello, se
deben evitar tanto las redundancias como la sobrecarga informativa, ya
que la primera aburrirá al cliente, mientras que la segunda tenderá a
abrumarle. Si los datos a transmitir fueran muchos o muy complejos, la
enunciación debe de organizarse en forma de secuencia graduada.
4. Esta técnica sólo se empleará en caso de que el entrevistado sea
receptivo a los contenidos de la información, pues en caso contrario
tenderá a ignorarlos.
71
5. La información debe ofrecerse de manera objetiva, sin ocultar nunca
aquellos aspectos que puedan resultar desagradables o comprometedores.
6. Cuando el terapeuta prevea que la información que ha ofrecido al
paciente le ha supuesto un impacto emocional, conviene que explore sus
sentimientos o actitudes al respecto.
7. El entrevistador nunca debe ofrecer una información de la que no está
completamente seguro. En caso de duda, es preferible que remita al paciente a
una fuente que considere fidedigna, o que compruebe por sí mismo la
veracidad de sus datos.
8. El entrevistador nunca debe dar más información que la estrictamente
necesaria, pues la combinación de una información pertinente con otra que no
lo es puede paralizar a un paciente que ya estaba preparado para la acción.
EJEMPLO:
Terapeuta: Si usted verdaderamente desea ampliar sus conocimientos a través de estudios
universitarios, sin que ello signifique abandonar su puesto de trabajo, puede matricularse en
la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Al final de este mismo paseo se
encuentra el Centro Asociado de nuestra región. Allí, en horas de oficina, pueden ofrecerle
una información más detallada.
4.2.8. Ejercicios
C. Ejercicios de papel y lápiz
Identifica la clase de respuesta ofrecida por el terapeuta.
C. 1.
P.: A veces tengo la impresión de que me van a expulsar.
T.: a) ¿En qué momentos sientes eso?
b) Tienes capacidad suficiente para sacar buenas notas si decides estudiar.
C. 2. P.: Creo que no podré venir a la próxima sesión porque tengo que ir de
compras.
T.: a) ¿Quieres decir que para ti es importante ir de compras la próxima
semana, pero también ves la terapia como algo importante para ti?
b) ¿En qué sentido crees que ir de compras te va a beneficiar más que la
sesión de psicoterapia?
C. 3.
P.: Creo que a los hombres lo único que les interesa es dominar a los demás.
72
T.: a) Da la impresión de que hablas de todos los hombres en base a la
experiencia que has tenido con unos pocos. Me pregunto si de tus experiencias has
sacado la conclusión de que todos los hombres son como los que tú has conocido.
b) ¿Qué ha sucedido para que pienses así?
C. 4. P.: No quiero que mi marido decida por mí. Quiero ser yo quien tome mis
propias decisiones.
T.: a) Tienes capacidad suficiente para tomar tus propias decisiones, tanto si tu
marido te presiona, como si no.
b) Me pregunto si en caso de que tu marido no te presionase te gustaría tanto
ser independiente.
En cada uno de los casos que siguen elabora una respuesta de sondeo, habilidadcapacidad, confrontación e interpretación.
C. 5. (Un estudiante de 15 años.)
P.: Mis notas han bajado mucho. No sé porqué me siento muy desinteresado por todo.
C. 6. (Una niña de cuarto de EGB.)
P.: No me da la gana hacer los deberes en casa. Las matemáticas no me importan. Las
niñas no necesitan saber esas cosas.
C. 7. (Un hombre de mediana edad.)
P.: Estoy muy desanimado por esta incapacidad física. No puedo hacer nada como
antes. No sólo ha afectado a mi trabajo, también en casa. Siento que no tengo nada que
ofrecer a los demás, nada que merezca la pena.
C. 8. (Una persona mayor.)
P.: La empresa está a punto de jubilarme, incluso aunque yo no quiero. ¿Cómo me las
voy a arreglar? Me sorprendo a mí mismo pensando en los buenos tiempos, no quiero
encarar el futuro. A veces pensar en la jubilación me pone tan nervioso que no puedo
ni comer ni dormir. Mi familia ha sugerido que trate este asunto.
C. 9. (Un maestro novato.)
P.: Mi clase es un jaleo. No sé manejarme con esos chicos tan problemáticos. El
director me acucia para que ponga más orden y yo no estoy seguro de hasta qué punto
el orden es importante.
C.10. (Un estudiante de EGC.)
P.: Este profesor no me gusta. Siempre me reprende. Nunca cambiará, es estúpido. Me
pongo furioso cuando me riñe.
73
C.11. (Un hombre de 50 años.)
P.: Odio levantarme para ir a trabajar. Estoy cansado de la misma vieja rutina. Es una
farsa. Nada de lo que hago merece la pena, pero es el negocio de mi suegro y si lo dejo
habría una escena familiar. El es demasiado viejo para llevar el negocio.
Para cada uno de los ejemplos que siguen, elige la opción que consideres la
confrontación más adecuada.
C.12. P.: (Afirma ser capaz de hacer amigos con facilidad entre gentes muy diversas)
Tengo que cambiarme otra vez, es la tercera vez en lo que va de año. Siempre voy a
dar con un compañero de habitación que es un bicho raro.
T.:
a) Antes has dicho que haces amigos con facilidad, pero parece que
tienes dificultades para vivir con alguien durante mucho tiempo.
b) Me extraña mucho que seas capaz de hacer amigos con facilidad y
tengas tantos problemas para vivir con alguien.
c) Antes dijiste que haces amigos con facilidad. Ahora que es la tercera
vez que te tienes que cambiar en un año por problemas con tu compañero de
habitación.
C.13. P.: (Siempre llega tarde a las entrevistas.) Estoy muy interesado en estas
entrevistas con usted, saco mucho provecho de ellas.
T.:
a) Dices que te interesan nuestras entrevistas, pero siempre llegas
tarde. No parece que esto tenga mucho sentido.
b) Me cuesta entender qué quieres decir con sacar provecho de nuestras
entrevistas; siempre llegas tarde.
c) Si nuestras entrevistas te son tan provechosas, me pregunto por qué
siempre llegas tarde.
C.14. P.: (Un chico de 14 años que ha tenido varias peleas con compañeros de clase.)
Yo me llevo bien con esos tíos. Soy bastante acomodaticio. Pero si alguno se mete
conmigo o me dice lo que tengo que hacer, es mejor que tengan cuidado. Nadie me
fastidia a mí.
T.:
a) No me puedo imaginar que te lleves tan bien con ellos si tienen que
estar con tanto cuidado. De hecho, tengo entendido que últimamente has tenido
varias peleas.
b) Dices que te llevas bien con ellos, pero, al mismo tiempo dices que es
mejor que se anden con cuidado contigo.
74
c) Si la gente tiene que andar con tanto cuidado contigo pueden
comenzar las peleas con facilidad. No puedo comprender porqué piensas que
eres acomodaticio.
C.15. P.: (Un hombre joven que ha pospuesto la fecha de su matrimonio dos veces.)
Yo la quiero mucho..., creo qué es la mejor chica del mundo. Tenemos tantos planes
para el futuro. Pero he tenido que retrasar la fecha de la boda.
T.:
a) Has retrasado la boda dos veces pero dices que la quieres. Quizá me
equivoque, pero creo que no estás completamente seguro de querer casarte con ella.
b) Es difícil comprender cómo has podido retrasar la fecha dos veces si la
quieres tanto como dices.
c) Parece como si tuvieras miedo a casarte. Me pregunto hasta qué punto
la quieres.
C.16. P.: (Una persona poco asertiva.) Puedo arreglármelas yo sola en situaciones de
este tipo.
T.:
a) Tú te percibes a ti misma como una persona asertiva, pero yo no he
visto esa asertividad. ¿Podrías ayudarme a comprender esta discrepancia?
b) Si eres una persona asertiva, ¿puedes explicarme cómo es que te
encuentras en esa situación?
c) Puedo equivocarme, pero no me pareces una persona asertiva.
C.17 P.: (Un empleado que está discutiendo con un jefe de personal.) Incluso aunque
esta empresa sólo admita a la flor y nata de cada promoción, no entiendo porqué yo
no tengo opción a un puesto. Durante diez años he trabajado bien. La gente dice que
soy un líder.
T.:
a) Puedes estar orgulloso de tu rendimiento aquí, pero me pregunto si
eso es suficiente para compensar tu falta de formación académica.
b) Has trabajado bien en estos años. Pero me pregunto si es realista por
tu parte tratar de optar a ese puesto.
c) Has trabajado bien, pero me pregunto si tu aspiración es realista
teniendo en cuenta el tipo de preparación que es necesaria en ese puesto.
Identifica la clase de intervenciones terapéuticas que aparecen a continuación.
C.18. Podemos trabajar sobre cuatro aspectos. Primero intentaremos aclarar porqué
acude usted a la psicoterapia. Después intentaremos establecer algunos objetivos
terapéuticos. Esto nos proporcionará algunas directrices y metas a alcanzar. Entonces
75
determinaremos las técnicas a emplear para lograr nuestros objetivos y, por último,
evaluaremos los progresos realizados.
C.19. Me gustaría que durante esta semana, cada noche, emplee esta cinta de
relajación. Colóquese en una posición confortable y utilícela cuando sepa que no va a
ser interrumpido.
C.20. Para empezar puede que sea útil que hablemos de lo que es una psicoterapia y
de qué es lo que le puede ofrecer a usted. Primero intentaremos aclarar lo que a usted
le gustaría que le aportara la psicoterapia, apoyándonos en eso, intentaremos resolver
sus problemas.
C.21. Tu voz es demasiado estridente, todavía resulta un poco agresiva. Inténtalo de
nuevo suavizando el tono de voz.
C.22. El hecho de que estés confinado en una silla de ruedas no significa que no puedas
aprender a realizar muchas de tus tareas habituales. Existen formas de enseñarte a
moverte en tu silla y a hacer cosas sentado en lugar de estando de pie.
C.23. Tener a alguien con quien hablar de manera habitual ayuda a desahogarse. La
psicoterapia también te ayudará a aprender qué quieres hacer o a arreglártelas con
situaciones que hasta ahora te resultan difíciles.
C.24. Tu brazo no está relajado. Relájalo. Deja que la tensión abandone tu cuerpo.
C.25. Quiero que te concentres en imaginar esa situación. Visualiza todos los detalles y
sensaciones de lo que imaginas.
C.26. Las academias de policía no están restringidas a los hombres. Si estás interesada
en esa profesión y tienes buenas notas, puedes solicitar la admisión. El número de
mujeres admitidas aumenta cada día.
C.27. Recuéstate y piensa concretamente en eso. Intenta contarme cuándo te sientes así.
C.28. Las violaciones no siempre se producen de noche, a veces tienen lugar en otros
momentos. En este barrio hubo tres el semestre pasado a plena luz del día.
C.29. Un currículum es un resumen de los estudios que has realizado, de las
actividades o de cualquier trabajo voluntario o experiencia que hayas tenido. Es una
forma de describir tus conocimientos y cualificación que puede ayudarte a encontrar
un tipo concreto de trabajo.
C.30. La psicoterapia no siempre ofrece respuestas concretas. Te ayuda a explorar
algunos factores que pueden contribuir a tus dificultades.
C.31. La psicoterapia puede ayudarte a que te percibas de forma distinta.
C.32. Esta semana vas a hacer una lista con todas las situaciones en que te sientas así.
La próxima semana me la traes.
76
C.33. Has realizado un gran esfuerzo durante los últimos meses. Has adquirido la
capacidad de salir con mujeres. Te decidiste por estudiar ingeniería y has alcanzado
un nivel de acuerdo con tus padres suficiente para poder convivir en paz con ellos.
Quizá tengas problemas que aún no hemos tratado. En ese caso, ¿podríamos
discutirlos ahora?
Selecciona la respuesta de encuadre que te parezca más adecuada en los casos que
siguen:
C.34. P.: (Se le ha pedido que resuma sus problemas.) Bueno, hemos hablado de más
cosas de las que esperaba. Hemos empezado hablando de mis sentimientos de
soledad y depresión. Luego le he contado cómo me desagrada mi trabajo y los
problemas que como padre tengo con mis hijos. Yo no tenía conciencia de que todas
esas cosas me preocuparan hasta que hemos empezado a hablar de ellas.
T.:
a) Hemos identificado algunas clases de problemas. Parece que a usted
le preocupa más su soledad que los problemas con sus hijos. ¿Desea que tratemos
primero este asunto?
b) Hemos detectado tres áreas de problemas que parecen preocuparle.
¿Cuánto interés tiene en cambiar esos aspectos de su vida?
c) Hemos identificado al menos tres áreas problemáticas. ¿Tiene usted
otros motivos de preocupación? Si es así, hablemos de eso ahora
C.35. P.: (Las tres cuestiones problemáticas del ejemplo anterior han sido definidas
en forma concreta.)
T.:
a) Ahora que tenemos sus problemas claramente definidos, necesitamos
definir el orden en que vamos a tratarlos. Por lo que ha contado de su trabajo,
considero que este tema debería ser el primero. ¿Está usted de acuerdo?
b) Ahora que hemos definido claramente sus problemas tenemos que
decidir con qué orden los vamos a tratar. Por lo que ha contado de sus
sentimientos de soledad y depresión sugiero que empecemos por ahí,
ya que pueden ser los asuntos más difíciles de abordar. ¿Está de
acuerdo?
c) Ahora que sus problemas están claramente definidos hemos de
decidir por dónde empezamos. Por lo que usted ha dicho de su trabajo,
puede ser útil que empecemos por ahí. ¿Cómo lo ve?
C.36. P.: (El cliente ha propuesto comenzar a tratar el tema de sus relaciones con los
hijos.)
T.:
a) Ya tenemos en qué consisten sus dificultades con sus hijos. Ahora
necesitamos establecer una meta a alcanzar en esa área. ¿Qué le parece algo
relacionado con sus discusiones con ellos?
77
b) Antes hemos elaborado una definición de sus dificultades. Ahora
necesitamos transformar esa definición en una meta que usted desee
alcanzar. ¿Podría sugerirme alguna?
c) Antes hemos definido sus problemas de relación con sus hijos.
Ahora necesitamos trazamos un objetivo. ¿Puede decirme algo más de
la forma en que sus familiares se relacionan entre sí?
C.37. P.: (Se han establecido una serie de objetivos que el paciente desea alcanzar en
la relación con sus hijos. Uno de ellos consiste en permitir a uno de sus hijos que
realice ciertas tareas de la manera que considere conveniente.)
T.:
a) ¿Por qué no intenta hacer algo diferente de lo que acostumbra la
próxima vez que se presente una de esas situaciones?
b) Una posible situación sería construir con su hijo alguna cosa, un avión
de aeromodelismo, por ejemplo.
c) ¿Cómo formularía usted esas situaciones para alcanzar la meta
propuesta?
C.38. P.: (Ha decidido ayudar a su hijo a levantar la mesa después de la cena.
Permite que lo haga, pero le cuesta aceptar la forma en que el niño lo hace.)
T.:
a) Parece que usted permite que el niño la ayude aunque incluso eso le
cuesta. ¿Qué podría hacer usted la próxima vez para ser más tolerante ante las
alternativas que él propone para hacer las cosas de una manera diferente a como usted
acostumbra?
b) Parece como si a usted le costase mucho ser tolerante con la conducta
de sus hijos.
c) Parece que las cosas están razonablemente bien. ¿Qué problemas
trataremos ahora?
D) Ensayos conductuales

Llevar a cabo una sesión de ensayo conductual, de veinte minutos de
duración máxima, en la que el entrevistador ejercite las intervenciones
directivas; concretamente, sondeo, habilidad capacidad, confrontación e
interpretación.
Las intervenciones deben ser elegidas de acuerdo con el plan trazado por el
entrevistador antes de la sesión. La adecuación de dicho plan y la calidad de la
ejecución serán discutidas al finalizar la misma.
78

Realizar una sesión de ensayo conductual de quince minutos de
duración, en la que el entrevistador ejercite las intervenciones de
encuadre verbal, instrucciones e información.
La ejecución de esta sesión se verá favorecida si es enfocada como la primera o la
última entrevista, o como una sesión en la que se emplean otras técnicas terapéuticas
diferentes a la entrevista propiamente dicha.
4.2.9. Soluciones
C.1. a) Sondeo.
b) Habilidad-Capacidad.
C.2. a) Confrontación.
b) Sondeo.
C.3. a) Inmediatez-Interpretación.
b) Sondeo.
C.4. a) Habilidad-Capacidad.
b) Interpretación.
C.5. S.: ¿Qué significa exactamente que tus notas hayan bajado mucho.
H.: Capacidad intelectual no te falta.
C.: Dices que te sientes muy desinteresado por todo, sin embargo, el
bajonazo de tus calificaciones parece haberte preocupado lo suficiente
como para que 'hayas venido a verme.
I.: Tal vez tus notas hayan bajado porque tus estudios ya no te interesan
como antes.
C.6. S.: ¿Qué te hace pensar que las niñas no necesitan saber matemáticas?
H.: Puede que las matemáticas no te importen, pero tienes inteligencia
suficiente como para sacar buenas notas también en matemáticas.
C.: Dices que no te da la gana hacer los deberes de casa pero, por lo que
cuentas de las matemáticas, más parece que lo que sucede es que no ves
en que te podría beneficiar hacer la tarea.
I.: Probablemente, te esfuerzas en creer que las niñas no necesitan saber
matemáticas para así tener más tiempo para jugar.
C.7. S.: ¿En qué forma concreta afecta su incapacidad física a sus relaciones familiares?
79
H.: A usted aún le quedan muchos recursos físicos e intelectuales para
poder seguir desarrollando un trabajo verdaderamente útil, tanto para
usted mismo como para los demás.
C.: Usted dice que no tiene nada valioso que ofrecer a los demás y, sin
embargo, su rendimiento en el curso de programación hace sospechar que
se va a convertir en un experto en ordenadores.
I.: Quizá ese sentimiento suyo de no tener nada importante que ofrecer a
los demás es tan sólo una manifestación de su desánimo y carezca de base
objetiva.
C.8.
S.: ¿Desde cuándo se encuentra usted en esta situación de desasosiego?
H.: Aunque usted se jubile podría realizar diversas tareas útiles y
satisfactorias. Usted posee conocimientos sobrados para continuar
haciendo cosas importantes en su especialidad.
C.: Dice usted que su familia le ha sugerido que se ponga en tratamiento.
¿Significa eso que usted está aquí sólo por complacerles?
I.: Quizá su rotunda negativa a encarar el futuro contribuye de forma
decisiva en el mantenimiento de la ansiedad que experimenta.
C.9.
S.: ¿Qué significa para el director que usted ponga orden en la clase?
H.: Usted es suficientemente asertivo para imponer el orden en una clase,
siempre que usted quiera.
C.: Dice que no sabe manejarse con chicos tan problemáticos, pero
también que no hace caso al director porque no está seguro de hasta que
punto mantener el orden en su clase es importante para usted.
I.: Probablemente, si aclarara esa cuestión de hasta que punto es
importante para usted que la clase esté en orden, le resultaría más sencillo
manejarse con los chavales y con el director.
C.10.
S.: ¿Cuántas veces te ha reprendido hoy?
H.: Si quisieras podrías llevarte con él tan bien o mejor que con el resto de
tus profesores.
C.: ¿Nunca se te ha ocurrido la posibilidad de que el problema también
podría solucionarse si en lugar de pretender que él cambie contigo, te
comportaras tú de manera diferente con él?
I.: Puede que te enfades tanto con él porque sus regañinas hieren tu amor
propio.
C.11.
S.: ¿Cuánto tiempo hace que usted se siente tan insatisfecho con su trabajo?
80
H.: Usted ha demostrado entereza suficiente en otras ocasiones como para
enfrentarse con su familia si lo cree verdaderamente necesario.
C.: ¿Se da cuenta de que es usted quien durante años ha creado esa farsa
de la que ahora se queja, al haber ocultado a los demás la insatisfacción
que le produce su trabajo?
I.: Tal vez si no existieran esas trabas familiares de las que habla,
experimentase dificultades parecidas para tomar una decisión respecto a
ese puesto de trabajo, que le resulta a la vez tan cómodo y tan frustrante.
C.12.: a
C.13.: b
C.14.: b
C.18.: Encuadre
C.19.: Instrucciones
C.22.: Información
C.23.: Encuadre
C.26.: Información
C.27.: Instrucciones
C.30.: Encuadre
C.3l.: Encuadre
C.34.: b
C.35.: c
C.36.: b
C.15.: a
C.16.: a
C.20.: Encuadre
C.21.:
C.24.: Instrucciones C.25.:
C.28.: Información
C.29.:
C.32.: Instrucciones C.33.:
C.37.: c
C.38.: a
C.17.: c
Instrucciones
Instrucciones
Información
Encuadre
81
5. LA INTERACCIÓN
Cuando dos personas entran en relación el factor más influyente en el tipo de
interacción que habrán de mantener es la manera en que cada uno de ellos percibe al
otro.
5.1. Percepción interpersonal
La percepción interpersonal tiene sus raíces en la formación de aquellos juicios u
opiniones, relativos a las demás personas que, de forma implícita o explícita, inciden
en la evaluación de los otros como animales sociales. Por ello, suele definirse como la
manera en que las personas reaccionan y responden a los otros en el pensamiento, el
sentimiento y la acción.
Como proceso, la percepción interpersonal se organiza a través de la integración de
criterios de diversa índole, si bien, en el contexto terapéutico, los más relevantes son la
autoimagen del terapeuta y las expectativas y valores tanto de éste como de su
paciente o pacientes. Además, considerando aisladamente al entrevistador,
autoimagen, expectactivas y valores constituyen el punto del que surgirá el estilo
interactivo que pondrá en juego como profesional de la psicoterapia.
5.1.1 Autoimagen
Los sentimientos, ideas y expectativas que una persona desarrolla hacia sí misma,
influyen de manera decisiva en su comportamiento, pues con mucha frecuencia, lo
que uno espera de sí mismo se convierte en una profecía autocumplida.
Los aspectos de la conducta del terapeuta que pueden influir más directamente sobre
el transcurso de una entrevista o tratamiento se circunscriben a tres áreas:
competencia, poder e intimidad.
La actitud que mantiene el terapeuta hacia su competencia profesional resulta
perjudicial para su trabajo si cursa con fuertes sentimientos de inadecuación, miedo al
éxito o miedo al fracaso. La actitud respecto al poder es determinante cuando el
terapeuta tiene conflictos relacionados con la impotencia, el control, la pasividad, la
dependencia o la contradependencia. Por último, el área de la intimidad puede
interferir en el ejercicio de la profesión de entrevistador, cuando la aceptación o el
rechazo resultan extraordinariamente penosos.
82
Efectos de la autoimagen sobre la interacción terapéutica
Área problemática: Grado de competencia personal o profesional
Actitud hacia uno mismo
Conductas terapéuticas que evitan el conflicto
Abiertamente positiva
(miedo al fracaso)
1.
Descartar la retroalimentación negativa
2.
Falsificar la retroalimentación
3.
Evitar o suavizar el material terapéutico
difícil
Actitud hacia uno mismo
negativa
Abiertamente
autocrítico (miedo al
éxito)
Conductas terapéuticas que mantienen una autoimagen
1.
Evitar la interacción positiva
2.
Rebajar la retroalimentación positiva
3.
Autoproporcionarse abiertamente
retroalimentación negativa
4.
altas
Proponerse metas y expectativas demasiado
5.
Expresar pública o privadamente
comentarios autodepreciativos
Actitud hacia uno mismo
Conductas del terapeuta que le reaseguran sexualmente
Sentimientos de
inadecuación sexual
(insuficientemente
masculino o femenino)
1.
Sobreidentificación con o rechazo de
pacientes muy masculinos o muy femeninos
2.
Seducir a los clientes de sexo opuesto
3.
Hiperreacción a malinterpretación de las
reacciones positivas o negativas de los pacientes
Actitud hacia uno mismo
Debilidad o
irresolución (miedo al
control)
Conductas del terapeuta que permiten evitar el control
1.
Guardar un silencio persistente o evitar la
participación
2.
Mostrarse abiertamente directivo o divagar
constantemente
3.
Pedir permiso al paciente frecuentemente
para hacer o decir algo
4.
No expresar nunca las propias opiniones,
tomando las del paciente como punto de referencia
5.
Evitar riesgos de todo tipo
83
Actitud hacia uno mismo
Hacer proselitismo del
estilo de vida
Conductas del terapeuta que tienden a persuadir al paciente
1.
Hacer proselitismo ideológico
2.
Provocar una lucha por el poder
3.
Rechazar a clientes con un estilo de vida
diferente del suyo
4.
Sermonear a los pacientes
Área problemática: Poder
Actitud hacia uno mismo
Omnipotencia (miedo a
perder el control)
Conductas que proporcionan o facilitan el control
1.
Persuadir al cliente para que haga lo que
él/ella quiere
2.
Informar de manera sutil de lo buen
terapeuta que es
3.
Continuo control del contenido y
dirección de la entrevista
4.
Preocupación o irritación cuando el
paciente se resiste o hace las cosas de mala gana
Área problemática: Intimidad
Actitud hacia uno mismo
Conductas del terapeuta que promueven la aceptación
Necesidad de afecto y
aceptación
1. Promover sentimientos positivos en el paciente
2. Evitar enfrentarse con u ofender al paciente
3. Ignorar los indicios de rechazo por parte del
cliente
4. Hacer favores a pacientes
Actitud hacia uno mismo
Conductas de distanciamiento y evitación emocional
Necesidad de distancia
(miedo a la proximidad y
al afecto)
1. Ignorar los sentimientos positivos del paciente
2. Mostrarse abiertamente brusco o distante
3. Mantenerse en el rol profesional de “experto”
84
5.1.2. Expectativas
Lo que alguien espera de una relación determinada y la actitud que desarrolla hacia
esa relación está íntimamente ligado a lo que cada miembro de esa relación anticipa
del otro durante los primeros momentos de su encuentro. En el contexto terapéutico,
la actitud de los protagonistas hacia la entrevista o el tratamiento se establece
previamente y depende, en gran medida, de las experiencias que ambos comparten
con otros miembros del grupo social al que pertenecen.
Por esta razón, conviene que el terapeuta identifique cuanto antes cuáles son aquellas
expectativas del paciente hacia la situación de entrevista que dependen de su grupo
social de referencia, porque la congruencia o incongruencia de tales expectativas con
las suyas propias va a influir directamente sobre el pronóstico.
La falta de congruencia entre las expectativas del paciente y las del terapeuta aumenta
la tensión de la entrevista, de manera que, cuando se trata de una psicoterapia, ésta
suele terminar prematuramente. Con frecuencia, los pacientes que abandonan el
tratamiento antes del final suelen esperar del terapeuta consejos concretos para
abordar sus dificultades, así como medicación para su sintomatología. Es decir, este
tipo de pacientes, cuyas expectativas no coinciden con las del entrevistador, tienden a
adoptar una actitud de elaboración pasiva. En cambio, los pacientes cuyas
expectativas son congruentes con las de su interlocutor tienden a concebir la entrevista
como una oportunidad para hablar abiertamente de sí mismos y de sus dificultades, al
tiempo que consideran la interacción terapéutica corno un instrumento para la
resolución de sus conflictos. Estos pacientes, además, aceptan una parte de la
responsabilidad en el éxito del tratamiento.
Con objeto de mitigar las posibles incongruencias entre las expectativas del paciente y
las propias, el terapeuta debe sondear, al principio de la primera entrevista, de qué
forma y a través de qué referencias ha llegado el paciente a su consulta, pues las
referencias previas al encuentro terapéutico juegan siempre un papel favorable o
desfavorable sobre la congruencia de las expectativas. Por ello, el entrevistador deberá
indagar con sutileza la idea que el paciente se haya formado de asuntos tales como
quién debe tomar la iniciativa en la comunicación, con cuanta frecuencia, hasta qué
punto y en relación con que cuestiones el terapeuta debe ser activo o pasivo, si debe o
no aconsejarle o explicarle el origen de sus dificultades, etc.
A partir de la información que obtenga, el entrevistador evaluará hasta qué punto
coinciden las expectativas del paciente con su propia forma de entender la
psicoterapia. Después, en caso de desacuerdo, realizará las intervenciones que
considere oportunas (Ej.: instrucciones, modelado, encuadre, etc.)
En general, el mayor grado de desacuerdo en las expectativas de los participantes en
una entrevista terapéutica se produce cuando el cliente pertenece a la clase social
trabajadora, mientras que la mayor congruencia se produce con clientes de clase
85
media; o sea, con clientes que pertenecen a la misma clase social que su entrevistador.
De hecho, existe evidencia empírica de que la mayoría de los terapeutas sienten una
marcada predilección por pacientes jóvenes, atractivos, que se expresan verbalmente
con facilidad y tienen éxito en la vida.
Pero el pronóstico de un paciente no sólo depende de sus expectativas, sino también de
las del terapeuta en relación con el éxito del tratamiento. En este sentido, existe
asimismo evidencia empírica de que un pronóstico favorable influye sobre el éxito del
tratamiento y sobre el incremento de la productividad verbal del paciente durante el
mismo. Por otra parte, un pronóstico favorable también se relaciona con los
sentimientos positivos del terapeuta hacia su cliente y con su tendencia a rebajar el
grado de perturbación de éste. La trascendencia de estos datos aumenta cuando se
tiene en cuenta que la actitud de un terapeuta hacia su cliente sólo se basa parcialmente
en los datos clínicos, debiéndose en buena medida a la influencia de los estereotipos
del entrevistador.
Los estereotipos son juicios sobre la clase de persona que es y el tipo de conducta que
caracterizará a un individuo, en una situación dada. Los estereotipos se elaboran en
base a la edad, la ocupación, el sexo o la apariencia del individuo en cuestión. Esta
clase de juicios son muy peligrosos en un terapeuta, porque se desencadenan a partir
de las primeras impresiones que obtiene del cliente y, pese a ello, su contenido es
vivido como producto de una percepción nítida. En consecuencia, antes de decidir si
un paciente concreto es una persona cálida o fría, amigable u hostil, el terapeuta debe
revisar cuidadosamente los datos que sustentan su conclusión.
La existencia de los estereotipos y su influencia perturbadora sobre la entrevista
terapéutica no implica que ciertas primeras impresiones no sean adecuadas, aunque
como señala Sullivan (1984), con mucha frecuencia son erróneas.
El mejor antídoto contra la influencia de los estereotipos en la práctica clínica es, según
diversos estudios empíricos, la experiencia profesional, pues, con el paso del tiempo,
el entrevistador va tomando conciencia de los valores y expectativas que aporta a la
situación terapéutica y, de este modo, aprende a neutralizar su efecto contaminante. A
esta tarea contribuyen, igualmente, su nivel de autoconocimiento y las supervisiones
periódicas de los casos que atiende.
Además, al entrevistador con escasa experiencia puede resultarle útil tener en cuenta
que:
 cuando sus expectativas se inclinan hacia una posible ocultación de
datos relevantes por parte del paciente, dicha ocultación tiende a producirse
con más frecuencia que si sus expectativas son neutras o de un alto nivel de
autorrevelación. En otras palabras, las expectativas del terapeuta, respecto a
la posible ocultación de información relevante por parte del paciente,
pueden acabar en una profecía autocumplida.
 tanto los estereotipos como las expectativas en la percepción
interpersonal pueden ser fácilmente manipulados.
86
En resumen, el entrevistador debe desarrollar al máximo la capacidad de identificar si
sus expectativas son congruentes o no con las de su paciente. En caso negativo, debe
aprender a mitigar la influencia de este hecho sobre la entrevista o el tratamiento,
objetivo que puede alcanzar por una doble vía. En primer lugar, dando al paciente la
información necesaria para que su colaboración activa se incremente y, en segundo
lugar, adoptando una actitud crítica ante sus propias impresiones y juicios respecto al
cliente y su pronóstico.
5.1.3. Valores
La congruencia de las expectativas del terapeuta y del paciente se desarrolla en
función de los valores asumidos por cada uno de ellos. Es así como a través de los
valores se establece una vinculación entre clase social y pronóstico de la psicoterapia.
El sistema de valores de un individuo se desarrolla con los procesos de socialización
que tienen lugar en la familia y en el grupo de los pares, durante su infancia y
adolescencia. Es decir, los valores emanan de la cultura y microcultura en que se
integra una persona.
Entre los recursos con que cuenta un terapeuta a la hora de tratar a una persona cuyos
valores son muy distintos de los suyos destacan:
1) Emplear el encuadre de forma temprana. Durante los primeros momentos
de la entrevista el terapeuta explicará a su paciente, en un lenguaje asequible,
de qué forma la comunicación verbal puede convertirse en un medio para
comprender y resolver las dificultades interpersonales. El entrevistador
insistirá en la influencia facilitadora de la comunicación hasta que el paciente
adopte una actitud cooperativa.
2) Estar sensibilizado con el lenguaje y el estilo más apropiados para
relacionarse con sus clientes. Sin embargo, el terapeuta se abstendrá de imitar
las expresiones de su paciente. En otras palabras, el entrevistador deberá
hablar de una manera que resulte asequible a su cliente, sin pretender en
ningún momento hablar como él, ya que este hecho sería considerado como un
gesto protector.
3) Mitigar los aspectos más ambiguos de la entrevista, hablando directamente,
de forma específica, concreta y activa. También es conveniente que modifique
los aspectos más sedentarios de la entrevista, favoreciendo el libre movimiento
físico durante la comunicación.
4) Promocionar la comprensión y adaptación del entrevistado, mediante el
desarrollo de preentrevistas o encuentros previos a la entrevista o el
tratamiento propiamente dichos. La(s) preentrevistas(s) actúan de manera
similar a un largo período de instrucciones, ya que permiten al paciente
entrenarse en la ejecución de nuevas conductas, que luego desarrollará de
87
manera habitual durante la relación terapéutica. Se ha comprobado
empíricamente que el empleo de esta técnica reduce la tensión de la
interacción, eleva la regularidad de la asistencia durante el tratamiento, facilita
la colaboración durante los ejercicios de modificación de conducta, agiliza la
relación paciente-terapeuta y aumenta el grado de mejoría experimentada en el
momento de terminar el tratamiento.
5) Emplear el modelado sobre conductas específicas susceptibles de facilitar la
comunicación y la interacción terapéuticas
Con todo, existen ocasiones en que no es posible reducir la distancia social entre los
interlocutores; al menos, no hasta el punto necesario para que la ayuda terapéutica
resulte eficaz. Esto sucede cuando sus culturas o microculturas de origen son muy
diferentes. En estos casos es aconsejable que el tratamiento lo realicen
paraprofesionales cuyo patrón de socialización y, por tanto sus valores, sean similares
a los asumidos por el paciente. Dichos paraprofesionales deben estar especializados en
tareas muy concretas,
5.1.4. Influencia del sexo y la raza en la percepción interpersonal
Los valores y expectativas de dos personas que entran en relación dependen, además
de la cultura y microcultura a que pertenecen, de otras variables demográficas como
son el sexo y la raza.
Las investigaciones sobre la influencia del sexo en la relación terapéutica se han
centrado, fundamentalmente, en la comparación de entrevistas cuyos protagonistas
coinciden o difieren en el sexo. Por ejemplo, se ha comprobado que las mujeres,
cuando son entrevistadas por un hombre cálido, hablan menos que cuando son
entrevistadas por un hombre frío. Esta pauta de interacción se invierte cuando los
participantes son varones. Una posible explicación a este hecho consiste en que las
mujeres tienden a percibir la calidez de un entrevistador varón como un indicio de
seducción, lo cual produciría un efecto inhibidor sobre su conducta verbal. Este hecho
es particularmente notorio cuando la mujer busca ayuda por haber sido objeto de
agresión sexual. Sin embargo, en términos generales los resultados obtenidos afirman
que la mujer entrevistada habla más acerca de sí misma que el hombre.
Pero los resultados más significativos, en lo que se refiere a la influencia del sexo en la
interacción terapéutica, tienen que ver con los aspectos no verbales de la
comunicación. En términos generales, las mujeres parecen no sentirse cómodas
cuando su interlocutor no está frente a ellas. Si bien la invisibilidad del interlocutor
ejerce siempre un efecto inhibidor sobre la comunicación, esta clase de efecto es más
pronunciado cuando el comunicante es una mujer. Este fenómeno parece deberse al
hecho de que los pacientes de sexo femenino valoran más el feedback visual. A su vez,
semejante criterio interactivo, que también se manifiesta en un mayor contacto ocular
de las mujeres durante la comunicación, con independencia del sexo del interlocutor,
88
podría descansar sobre una mayor búsqueda de afecto y aprobación respecto de los
hombres.
Por otra parte, las mujeres son más sensibles a la comunicación no verbal, de manera
que prestan más atención que los hombres a la expresión facial de las emociones, a los
registros del tono de voz y a los movimientos del cuerpo. Por otra parte, la distancia
interpersonal en la que las mujeres se sienten cómodas es significativamente más corta
que la introducida por los hombres, tanto si su interlocutor es de su mismo sexo o del
sexo contrario.
En resumen, el sexo de los comunicantes introduce diferencias significativas en
algunos registros verbales pero, sobre todo, en algunos registros no verbales de la
comunicación. Y tales diferencias pueden llegar a traducirse en fuentes de tensión
durante la interacción terapéutica.
Por su parte, la raza, junto con la clase social, constituye un factor clave en la
asimilación individual de valores, expectativas y actitudes, pues cada grupo étnico
tiende a crear un ámbito cultural propio. Así, son numerosos los estudios que han
puesto de manifiesto las diferencias interraciales en los patrones interactivos y en el
estilo comunicativo predominantes.
De acuerdo con estos datos, el entrevistador que conversa con un cliente de distinta
raza, deberá estar especialmente atento a aquellas actitudes, prejuicios y estereotipos
contaminantes de la percepción de su interlocutor como individuo aislado. Sobre todo,
el terapeuta deberá evitar reproducir durante la entrevista, a nivel individual, el tipo
de relación característica entre las etnias a que pertenecen él y su paciente. Por
ejemplo, si el entrevistador es blanco y el entrevistado es negro, el primero deberá
estar muy atento a toda conducta suya que tienda a definir la relación entre ambos
como paternalista o de dominancia/sumisión, pues de no corregir el sesgo, la
interacción quedará viciada y sus intervenciones apenas serán de utilidad.
5.2. Dimensiones de la interacción
Una interacción puede ser estudiada agrupando sus atributos en torno a dos
dimensiones o ejes: uno, el eje afectivo, abarca aspectos tales como la calidez, la
empatía y la autenticidad; el otro, que llamaremos eje jerárquico, aglutina en torno a sí
todo lo referido a la influencia del estatus, la competencia profesional, el control, el
dominio o el poder.
La especificidad de una interacción es función de la forma en que se combinan estas
dos dimensiones, por lo que la relación que se establece entre estas variables
determina el nivel de profundidad, que alcanzan o pueden alcanzar la interacción y el
grado de reciprocidad y compatibilidad que vincula a los participantes.
89
5.2.1. La dimensión afectiva
Los atributos de una relación terapéutica que configuran la dimensión afectiva de esa
relación son calidez, empatía y autenticidad. En principio, estas características afectan
a todo tipo de comunicantes, pero en el contexto terapéutico constituyen las pautas del
comportamiento interactivo del entrevistador, que contribuyen más directamente al
éxito del tratamiento.
5.2.1.1. Calidez o aceptación incondicional
La calidez del estilo interactivo es tan difícil de definir como la calidez del estilo
comunicativo, pues la dificultad consiste en delimitar la calidez frente a otros rasgos
facilitadores de la interacción terapéutica. Con todo, la mayoría de los profesionales de
la psicoterapia identifican la calidez interactiva con la aceptación incondicional del
paciente y con la consiguiente actitud de permisividad hacia él.
Por aceptación incondicional se entiende la constancia de los sentimientos del
entrevistador hacia su cliente, en el sentido de aquél considera y refuerza a éste como
persona, con independencia de las actitudes, sentimientos o acciones concretas que el
cliente pueda manifestar en un momento dado. Así, la aceptación incondicional suele
concretarse en cierta clase de sentimientos e ideas que el terapeuta experimenta hacia
su cliente, como por ejemplo, Me siento bien cuando estoy con esta persona, Esta persona
me gusta, Lo que esta persona me cuenta no me aburre ni me incomoda. En contrapartida, lo
que la aceptación incondicional no implica es que un terapeuta deba sentir siempre y
por igual afectos positivos hacia todos sus pacientes. Al contrario, en la situación
terapéutica pueden presentarse situaciones que el entrevistador no desea, sin que ello
cambie su consideración del cliente como persona. Además, el terapeuta, como
cualquier ser humano, prefiere a unas personas respecto a otras y este aspecto es
extensible a su relación con los pacientes, sin que ello perjudique su labor en lo más
mínimo.
Lo que si es importante para un entrevistador es la toma de conciencia y la pronta
identificación de la clase de sentimientos que despierta en él su interlocutor. El
terapeuta debe aprender lo que significan sus sentimientos hacia el paciente, pues con
mucha frecuencia, los sentimientos negativos hacia un cliente se relacionan con los
valores, dificultades o conflictos del propio terapeuta. En tanto en cuanto los
sentimientos negativos del terapeuta pueden bloquear o viciar la interacción, éste
deberá abordarlos en una supervisión o directamente con su cliente, de forma que, si
no llegaran a desaparecer, deberá renunciar a continuar con el caso.
La aceptación incondicional y la actitud de permisividad de un terapeuta se
transmiten a través de la evitación de juicios de valor relativos al contenido de la
comunicación del paciente, a través de una escucha atenta y de un trato
personalizado. Pero sobre todo, la calidez en la interacción se manifiesta a través de la
calidez de la comunicación; es decir, mediante el tono de voz, la postura, la distancia
interpersonal o la emisión de refuerzos verbales del tipo Me agradó conversar con Usted,
Me siento próximo a Usted, etc.
90
Mucho se ha discutido sobre la conveniencia de entrenar a los jóvenes entrevistadores
en técnicas específicas para transmitir la calidez al paciente. De acuerdo con ciertos
profesionales de la psicoterapia, la calidez debe surgir de forma espontánea, ya que
sólo es efectiva cuando se trata de un rasgo característico de la personalidad del
terapeuta. Para estos teóricos, la calidez aprendida sería una impostura que en ningún
caso podría llegar a confundir a la intuición de un paciente. Sin embargo, la calidez en
la comunicación y en la interacción puede ser considerada como una habilidad social,
que los entrevistadores deben aprender a desarrollar, sin que ello presuponga
fingimiento alguno.
La razón de la conveniencia de este tipo de entrenamiento radica en el tipo de
beneficios que un estilo cálido de interacción aporta respecto a un estilo frío: reducción
de la ansiedad y la tensión del entrevistado (medida a través de la respuesta
psicogalvánica y del descenso de los errores de pronunciación), aumento de la
productividad verbal e incremento generalizado del grado de mejoría alcanzado.
5.2.1.2. Empatía
La empatía suele definirse como la capacidad para afrontar la comprensión de las
personas desde el marco de referencia de éstas, y no desde el marco de referencia
propio. Es decir, la empatía consiste en la capacidad de un individuo para
identificarse con otro en todo lo referente a la conducta y los sentimientos, de forma
que la comprensión de las actitudes y comportamientos del otro se ve sustancialmente
incrementada.
Algunos autores han destacado la base cognitiva de esta habilidad, sin embargo, la
clase peculiar de comprensión que conlleva la empatía compromete por igual ciertos
aspectos preceptúales, valorativos y emocionales. Por tanto, durante la entrevista
terapéutica, la empatía del entrevistador se manifiesta por igual en su forma de
escuchar, de sentir, de percibir y de responder al cliente.
Pese a que resulta muy difícil hablar de empatía en términos operativos Carkhuff y
Pierce (1975) construyeron un Inventario de Discriminación de la Empatía, que distingue
cinco niveles o grados de comunicación empática. Asimismo, estos autores
defendieron que, en la situación terapéutica, el grado de empatía de una intervención
clínica nunca debe ser inferior al nivel tres, siendo los niveles cuatro y cinco los grados
de empatía más adecuados para las verbalizaciones del entrevistador.
Los niveles propuestos por Carkhuff y Pierce son:
Nivel 1: Consiste en una pregunta, un comentario tranquilizador, una negación
o una advertencia.
Nivel 2: Las intervenciones de este nivel recogen únicamente el contenido o
parte cognitiva del mensaje del cliente (Paráfrasis). Los sentimientos se ignoran
91
Nivel 3: Consiste en elaborar un reflejo de los sentimientos y de la situación, a
partir del contenido del mensaje del cliente. Se trata de un nivel de
intervención que muestra la comprensión del tema que tiene el terapeuta, pero
implica una intervención no directiva. (Ejemplo: Estás desanimado porque no
encuentras trabajo.)
Nivel 4: En estas intervenciones no sólo se reflejan los sentimientos del
paciente sino también las limitaciones que implican. Estas últimas se enuncian
de manera personalizada, significando con ello que el paciente posee o acepta
la responsabilidad de su déficit. Este nivel manifiesta comprensión, pero es
parcialmente directivo. (Ejemplo: Te sientes desanimado porque no consigues
acercarte a tu padre. Te gustaría que él diera el primer paso.)
Nivel 5: Las intervenciones de este nivel poseen todas las características del
nivel anterior y, además, añaden al menos un paso conductual que se propone
al paciente como medio para superar sus deficiencias y acercarse a la meta
propuesta. Este nivel es claramente directivo. (Ejemplo: Te sientes desanimado
porque no consigues acercarte a tu padre. Te gustaría que él diera el primer paso, pero
puedes hacerlo tú si comienzas por expresarle tus sentimientos.)
Algunas investigaciones demuestran que los pacientes identifican la empatía del
terapeuta con un alto nivel de productividad y expresividad verbal, y la ausencia de
empatía con el silencio, los tiempos de reacción lentos y las interrupciones
innecesarias del discurso. La empatía del entrevistador también se considera asociada
a su capacidad para atender y permanecer concentrado ante los mensajes del paciente.
Sin embargo, los clientes sólo consideran que el entrevistado escucha de forma
empática, si reciben indicios del tipo mm-hmm o intervenciones no directivas como
paráfrasis, clarificaciones o resúmenes. Dicho de otra manera, la atención empática
que se presta a un paciente debe de ser expresada a través de la comunicación, pues
de lo contrario, el paciente tiende a considerar que no se le comprende
suficientemente.
Teniendo en cuenta que la atención que una persona presta a otra constituye un
refuerzo muy efectivo para el establecimiento de una relación, el entrevistador deberá
entrenarse en esta clase de actividad, sin caer nunca en la tentación de utilizar los
indicios no verbales propios de la atención empática, como una pantalla encubridora
de su aburrimiento.
Por último, los beneficios que aporta a la entrevista la conducta empática del terapeuta
son básicamente dos: incremento de la productividad verbal del paciente y descenso
de las latencias previas a sus respuestas. Ambos factores son considerados por los
especialistas como directamente vinculados al éxito del tratamiento.
92
5.2.1.3. Autenticidad
La autenticidad del terapeuta consiste en ser él mismo durante la entrevista. Esto
significa que un terapeuta auténtico se comporta de forma espontánea, no defensiva y
abierta, sin necesidad de ser insincero o de representar un papel. Pero sobre todo, la
autenticidad durante una entrevista obliga al entrevistador a ser congruente, esto es, a
que sus palabras y conductas no verbales coincidan con sus sentimientos.
Sin embargo, el grado de autenticidad necesario durante una entrevista terapéutica
está constreñido por las restricciones propias de la situación, por lo que autenticidad y
apertura significan en este contexto algo muy distinto que en la relación entre dos
amigos. El terapeuta genuino, el entrevistador que no representa ningún papel, en
primer lugar es consciente de sus sentimientos hacia el paciente y, además, los expresa
adecuadamente a través de los registros verbales y no verbales de la comunicación.
Porque ser genuino no significa verbalizar todo lo que se piensa o se siente en relación
con el paciente, sino poseer la capacidad de expresar los sentimientos negativos hacia
él, siempre que éstos sean persistentes o amenacen con interrumpir la comunicación
empática o la aceptación incondicional. Por esta razón, la inmediatez es una técnica de
intervención verbal especialmente adecuada para comunicar la autenticidad.
Diversas investigaciones han vinculado la autenticidad del terapeuta, por una parte,
con la flexibilización de la comunicación del paciente y, por otra, con el incremento de
su mejoría psicológica. Además, la autenticidad del terapeuta incide positivamente en
la autorrevelación del paciente y, sobre todo, en la profundidad de su
autoexploración.
En resumen, estudios de muy distinta procedencia coinciden en poner de manifiesto
que la calidez, la empatía y la autenticidad del terapeuta, cuando concurren
conjuntamente y de manera prolongada, durante una serie de entrevistas, contribuyen
a la mejoría del paciente, gracias a su efecto reductor de la ansiedad.
5.2.2. La dimensión jerárquica
En el contexto terapéutico, el eje jerárquico de la relación concierne al estatus del
terapeuta y abarca dos tipos de atributos. Por una parte, los relativos a su experiencia
o competencia profesional; por otra, todo lo referente a la distancia social y, por
consiguiente, al dominio o poder que ésta engendra en una relación.
Algunos investigaciones han revelado que la experiencia del terapeuta tiene un efecto
facilitador, mientras que el producido por la distancia social tiende a ser inhibitorio.
Pese a todo, aunque la competencia profesional del entrevistador es considerada por
los clientes como un atributo que inspira confianza en su interlocutor, a veces, un
entrevistador con mucha experiencia puede resultar excesivamente dominante y
socialmente remoto.
93
El hecho de que experiencia profesional, poder, control y distancia social sean factores
difíciles de desvincular ha provocado una gran dispersión de los resultados de
investigación y control clínico. Por ejemplo, se ha comprobado que la edad, una
variable vinculada con la distancia social, tiene efectos negativos cuando las
diferencias entre terapeuta y cliente son considerables, y positivas cuando tienden a
disiparse. Sin embargo, un entrevistador de más edad que el entrevistado puede ser
percibido por éste como una persona más madura y, en cualquier caso, como un
profesional que ha tenido oportunidad de alcanzar una alta cualificación profesional.
En estas circunstancias la edad se convierte en un factor que favorece la atracción y la
confianza del paciente.
En definitiva, la influencia del eje jerárquico de una relación terapéutica tiene
consecuencias reforzantes o aversivas, de acuerdo con la forma específica en que se
combinan sus atributos en cada situación concreta. Pero antes de realizar una
predicción conviene tener en cuenta que, la distancia social es una variable que
incrementa su peso cuando el paciente procede de una clase social humilde. Por ello,
es responsabilidad del terapeuta aprender a prever el efecto que los distintos atributos
de su estatus ejercerán sobre un paciente concreto, para luego, modular su influencia
minimizando las diferencias inhibidoras y potenciando las reforzantes.
5.3. Profundidad de la interacción terapéutica
El grado de profundidad que alcanza una relación terapéutica constituye una de las
facetas interactivas más difíciles de definir y operativizar de cara a la investigación, ya
que tiende a confundirse, tanto con sus secuelas vivenciales, como con su influencia
sobre el éxito del tratamiento.
Tradicionalmente y por influjo del psicoanálisis y de la terapia centrada en el cliente,
la profundidad de una relación terapéutica ha estado ligada a las nociones de rapport,
transferencia y contratransferencia. Sin embargo, en los últimos tiempos se han
desarrollado, aunque por el momento de manera insuficiente, algunas investigaciones
basadas en el grado de reciprocidad y complementariedad que alcanza la relación
paciente-terapeuta y en la influencia de las características personales de este último, en
particular de su estilo perceptual.
La noción de rapport se utiliza para designar el proceso de integración de una relación
interpersonal durante los primeros momentos de un encuentro, así como la instalación
y mantenimiento de un vínculo netamente positivo en los momentos posteriores. Por
ello, el rapport tiene una influencia capital en la entrevista terapéutica, puesto que sin él
el paciente se sentirá incómodo y difícilmente facilitará al terapeuta el tipo de
información que necesita. Para facilitar el establecimiento del rapport, cada
entrevistador debe desarrollar sus estrategias particulares, adaptando a su peculiar
estilo de comunicación e interacción a las exigencias de la entrevista en cuanto proceso.
Con todo, la relación terapéutica también puede ser entendida como un tipo de
interacción en el que los participantes interactúan de manera recíproca. De hecho,
94
numerosas investigaciones, en las que la reciprocidad fue definida como la
retroalimentación que un miembro de una relación recibe de otro u otros, han
demostrado que el curso seguido por una relación terapéutica depende de la clase de
covariación que se establece entre las actitudes de los interlocutores. Es decir, la
reciprocidad constituye una de las claves de toda interacción terapéutica que avanza
progresivamente hacia la cooperación, ya que su presencia es vivida como una
confirmación y su ausencia como un indicio de rechazo.
La reciprocidad tiene dos vertientes: complementariedad y similaridad. La
complementariedad facilita a los interlocutores el manejo de la ansiedad generada por
la situación de entrevista, sobre todo en la derivada de la dimensión jerárquica de la
interacción terapéutica. Este aspecto se hace evidente, por ejemplo, en la forma en que
ajustan sus roles un paciente sumiso y un terapeuta dominante o, a la inversa, un
paciente dominante y un terapeuta sumiso.
Por el contrario, la simetría o similaridad de rasgos y actitudes respecto al eje afectivo
de la relación es el otro factor que favorece la progresión de una interacción
terapéutica. Cuando un interlocutor se muestra cálido el otro tiende a comportarse de
idéntica manera; lo mismo sucede cuando el afecto en cuestión es el rechazo o la
hostilidad.
Resumiendo, el grado de profundidad que llega a alcanzar una relación terapéutica
depende de dos factores básicos: uno, el grado en que los interlocutores se
complementan respecto a los atributos del eje jerárquico de la interacción, otro, el
grado en que ambos participantes experimentan y comunican un mismo atributo del
eje afectivo.
5.4. Ejercicios:
A) De papel y lápiz
Utilizando la Clasificación de los niveles de empatía propuesta por CARKUFF y
PIERCE identifica el nivel al que pertenecen los siguientes ejemplos.
1.
P.: Estoy muy quemado por la enseñanza. He pensado en la posibilidad de
cambiar de trabajo, pero como usted sabe ahora es difícil encontrar empleo.
T.: La enseñanza ya no es muy satisfactoria para ti.
2.
P.: Siempre deseé ser medico. Pero ahora estoy desalentado,
T.: ¡Oh! Estoy seguro de que eso es algo que usted puede lograr si
verdaderamente lo desea.
3.
P.: He tenido un semestre muy desigual y no sé cómo salir del atolladero. No
estoy seguro de adónde iré cuando salga de aquí.
95
T.: Usted se siente perturbado por cómo le han ido las cosas en este semestre y
también confuso a causa de ello.
4.
P.: Mi profesor siempre me critica.
T.: ¿Por qué supone usted que lo hace?
5.
P.: Estoy aburrido de mi trabajo. Siempre es la misma historia. Pero, ¿qué otra
cosa puedo hacer?
T.: Usted se siente insatisfecho con su trabajo a causa de la rutina. No puede
encontrar en él nada que le interese. Desea un trabajo más atrayente. Un paso para
obtenerlo podría ser hacer una lista de las necesidades que debe satisfacer un nuevo
trabajo e identificar cómo esas necesidades pueden ser satisfechas por algunas tareas
profesionales.
6.
P.: No entiendo por qué he tenido este accidente. Mi vida siempre ha sido
agradable y ahora esto.
T.: Está resentido porque no puede explicarse cómo le ha podido suceder una
cosa así, tan de repente. Usted necesita encontrar al menos una explicación que lo
haga parecer más justo.
7.
P.: Mis padres están a punto de divorciarse. Yo deseo que no lo hagan.
T.: Estás preocupado porque tus padres están a punto de divorciarse.
8.
P.: Los años pasan sin que seamos capaces de tener un hijo.
T.: Está desanimada porque no acaba de quedar embarazada. Usted desea
mucho tener un hijo.
9.
P.: Estoy atrapada, no soy capaz de mudarme a una casa alquilada a menos
que mi marido me deje. Pero también deseo que él continúe viviendo conmigo. Al
menos parte del tiempo.
T.: Mudarse a una casa de alquiler parece ser un obstáculo para que ustedes
continúen su relación.
10.
P.: Me resulta muy difícil adaptarme desde que me jubilé. Los días parecen tan
vacíos.
T.: Usted se siente inútil porque ahora tiene todo el tiempo en sus manos. No
encuentra la forma de llenar sus días y desea hallar cosas significativas que hacer. Un
paso adelante podría ser continuar con sus intereses laborales, incluso aunque
oficialmente no sea un trabajador.
96
B) Ensayo Conductual
Los siguientes ejercicios de ensayo conductual tienen como objetivo general la
familiarización del entrevistado con la influencia facilitadora o inhibidora sobre el
curso de la entrevista, de las actitudes y valores, así como de los sentimientos
asociados.

La paciente es una mujer joven que tiene problemas económicos. Ella
sola mantiene a tres hijos pequeños con el dinero que obtiene trabajando como
prostituta y traficando drogas. Dice estar muy preocupada por su situación
económica, ya que no logra obtener fondos de la beneficencia, ni un trabajo
cualificado que le permita sacar adelante a su familia.

El cliente es un hombre de unos sesenta años de edad que está a punto
de jubilarse. La mayor parte de su vida la ha pasado trabajando como
vendedor de muebles. Tiene el Bachiller Superior, pero no ha asistido a una
clase desde los dieciocho años. Ahora desea volver a estudiar y obtener un
título universitario.

El entrevistado es un varón acusado de violación y asalto sexual.
Afirma no sentirse culpable en absoluto, porque la víctima era una mujer y «lo
estaba pidiendo».

La cliente es una mujer con un problema de depresión. Está
excesivamente gorda y su condición física es deficiente. Ella se siente muy a
disgusto con su imagen y fuma continuamente durante la entrevista.

La paciente es una mujer de mediana edad que vive de la beneficencia.
Dice haber sido violada y haber quedado embarazada a consecuencia de ese
hecho. Está dudando entre tener el niño o abortar.

El entrevistado es un niño de doce años que recientemente ha perdido
una pierna en un accidente de automóvil. Antes de eso era un gran nadador y
ahora quiere continuar practicando ese deporte. Desea pertenecer al equipo de
competición de su colegio, pero antes de hablar con el entrenador ha querido
conocer la opinión del psicólogo.
Para alcanzar el mencionado objetivo es aconsejable que, tras la ejecución, se discutan
las siguientes cuestiones:
1. Actitudes y creencias del entrevistador que se han manifestado durante la sesión.
2. Identificación de las actitudes y creencias del entrevistador que tenían una base
objetiva en la información aportada por el cliente, y de las que obedecían a sus
prejuicios o a la información que presupuso o infirió durante la entrevista.
3. Inventario de la conducta observable del paciente.
97
4. Valores y actitudes que se desprenden de esas conductas.
5.5. Soluciones:
1.: 2º
6.: 4º
2.: 1º
7.: 3º
3.: 3º
8.: 4º
4.: 1º
9.: 2
5.: 5º
10.:5º
98
6. EL PROCESO
Las personas definimos nuestras relaciones desde los mensajes que transmitimos, si
bien, tanto la presencia como la ausencia de mensajes constituyen definiciones
interactivas que cada interlocutor propone al otro, respecto al tipo de cosas que pueden
hacerse o decirse en esa relación. Estas propuestas, a su vez, son necesariamente
aceptadas o rechazadas por el otro, quien expresa su aceptación o rechazo de la
relación, bien con un mensaje, bien con el silencio.
6.1. Control y evitación del control en una relación
El concepto de control en las relaciones personales no se refiere al poder férreo de una
persona sobre otra, sino a las continuas negociaciones, y en ocasiones lucha, que se
establecen entre dos individuos, con objeto de determinar la clase de conductas que
tendrán lugar entre ellos, siendo tales categorías conductuales las que definen la
relación.
Como afirma Haley (1977, 189)... nadie puede no verse involucrado en la lucha que se
establece por definir la relación que establece con otro ser. Porque cuando alguien transmite
un mensaje, está realizando una maniobra para definir la relación, ya que al margen
de su contenido informativo, en el plano de la relación, dicho mensaje significa éste es
el tipo de relación en el que se dicen cosas como las de este mensaje. Si alguien desea
abstenerse de definir su relación con otro hablando de banalidades, en realidad está
diciendo que la relación entre ambos debe mantenerse neutral y anodina.
En contrapartida, el receptor de un mensaje tiene tres tipos de opciones básicas. La
primera, aceptar la propuesta de relación tal como es presentada por el emisor; la
segunda, contradecir dicha propuesta presentando una alternativa más o menos
similar y, por último, la tercera opción consiste en aceptar la definición de la relación
propuesta por el emisor, a través de un mensaje que indica que permite la maniobra
de control pese a que tiene capacidad para impedirla.
Siempre que una persona propone una definición de una relación está tratando de
controlarla y, por este motivo, la otra parte, que puede aceptar o rechazar la propuesta
en cuestión, se hace depositaria del control. En otras palabras, es imposible que
alguien conceda a otra persona toda la iniciativa en la definición de una relación,
puesto que su inhibición indica que es el otro quien debe determinar la clase de
conductas que regirán esa relación.
En esto consiste la más importante de las paradojas de la relación de dos seres
humanos, paradoja que se hace especialmente evidente cuando el desamparo es
incluso más efectivo que el autoritarismo en el control de una relación. Porque quien
se muestra desamparado no sólo permite que defina la relación quien se hace cargo de
él, sino que, simultáneamente, está definiendo la relación entre ambos como una
99
relación tal que, en ella, alguien se ocupa de protegerle. Por ejemplo, cuando un
paciente dice al terapeuta Estoy tan confuso que no puedo decidir. Dígame usted lo que debo
hacer y yo lo haré, el paciente está ofreciendo al terapeuta el control de la relación, pero
también le está indicando el tipo de conducta que debe adoptar.
En resumen, cuando una persona evita ejercer el control de una relación en un nivel,
en otro nivel está definiendo la relación como una clase de interacción que no controla.
Esto es así porque en base a la articulación digital y analógica de la comunicación
humana, cualquier mensaje se produce en dos niveles: a) Informo de...; b) Obedezca mi
orden en el sentido de...
Pero existe una forma de escapar a la paradoja de la relación con otro ser humano,
evitando con ello la definición de esa relación. Este recurso consiste en definir la
relación a través de un mensaje que se descalifica a sí mismo. Es decir, cuando un
mensaje es incongruente, la definición de la relación propuesta por ese mensaje queda
invalidada.
Formalmente, cualquier mensaje puede descomponerse en los siguientes elementos
(Haley, 1977):
1) Yo
2) digo algo
3) a usted
4) en esta situación.
Mediante la descalificación de cualquiera de estos cuatro elementos o de los cuatro a la
vez, el emisor del mensaje invalida su propia definición de la relación que ha
propuesto, por medio de ese mismo mensaje.
Quien desea descalificar su identidad como emisor puede lograrlo transmitiendo su
mensaje amparado en un seudónimo, explicitando que no habla a título personal, sino
en nombre de una institución o un grupo, indicando que tan sólo es un mensajero (de
Dios o de otra persona), afirmando que su mensaje es emitido bajo el influjo de una
fuerza que escapa a su control (como las drogas o el alcohol), manifestando que el
tono de su mensaje proviene de procesos involuntarios (es el caso de la irritación hacia
alguien camuflada como fatiga), etc.
La descalificación del contenido de un mensaje puede realizarse a través de indicios
de amnesia (No me acuerdo...), afirmando que el mensaje ha sido mal interpretado ya
que, aunque las palabras fueran en un sentido, la intención al pronunciarlas era otra,
emitiendo un mensaje y acto seguido otro que contradice al primero, restando
importancia o seriedad a un enunciado afirmando que es una broma, transmitiendo la
información en un idioma que el interlocutor no comprende, negando el valor
comunicativo de un mensaje al afirmar que las palabras que lo componen no son
elementos significantes sino objetos materiales, etc.
100
En cambio, el emisor puede negar que su mensaje está dirigido a su interlocutor
haciendo patente que habla para sí mismo en un aparte, dirigiéndose al otro en función
de su estatus o poder de representación y no como persona, afirmando que en
realidad su interlocutor tiene otra identidad distinta de la que manifiesta (por ejemplo,
que no se trata de un amigo sino de un policía), etc.
Por último, para negar que la definición de un mensaje se refiera a la situación en que
éste se emite basta con especificar el contexto como no actual en el tiempo o en el
espacio (ejemplo: Tú antes me caías mal y puede que en adelante me caigas mal, llamando
cárcel al consultorio psiquiátrico, etc.).
En resumen, la evitación de la definición de una relación puede lograrse mediante la
descalificación de la identidad del emisor, del contenido del mensaje, de la identidad
del receptor o del espacio y el momento en que se produce la comunicación. La
incongruencia de los mensajes que se descalifican a sí mismos puede tener lugar en el
nivel digital, mediante dos enunciados consecutivos o mediante la dislocación de los
planos digital y analógico de la comunicación.
6.1.1. Control del contenido de la comunicación verbal
Ni los estudios experimentales, ni los seguimientos clínicos, han podido establecer
cuál es el método más efectivo para controlar el contenido de la comunicación verbal
durante una entrevista terapéutica. Sin embargo, existe un amplio acuerdo en que
instrucciones, modelado y condicionamiento verbal constituyen recursos
particularmente idóneos.
6.1.1.1. Instrucciones
Las instrucciones son una técnica de intervención terapéutica de uso frecuente durante
una entrevista inicial o durante una serie de entrevistas terapéuticas (véase epígrafe
4.1.5)
Cuando se emplea al principio de la entrevista, esta técnica se convierte en un
excelente medio de control de la comunicación verbal, ya que permite motivar al
cliente para que hable de ciertos temas con el talante adecuado. Unas instrucciones
efectivas ajustan las expectativas de los interlocutores, reduciendo al mínimo la
desorientación y la incertidumbre del paciente. Más concretamente, las instrucciones
inducen a la adopción por parte del cliente del rol complementario al rol de terapeuta.
Este hecho tiene como consecuencia inmediata una mejora de la fluidez y profundidad
de la comunicación que se establece entre ambos.
101
6.1.1.2. Modelado
La técnica del modelado se halla próxima a las instrucciones y, con frecuencia, se
convierte en uno de sus complementos. El modelado consiste en ofrecer al cliente una
demostración del tipo de cosas que se espera que haga.
En la entrevista terapéutica el modelado puede tener lugar a través de una cinta
magnetofónica en la que se haya grabado una entrevista, ofreciendo al paciente el
guión de una entrevista, favoreciendo la observación o realizando una demostración
mediante un role-playing.
Cuando se utiliza durante los primeros momentos de una entrevista, el modelado
ofrece resultados positivos en el ajuste y la mejora de la comunicación terapéutica, ya
que promueve en el paciente la clase de conductas exhibidas por el modelo.
Especialmente cuando en la secuencia demostrativa se incluye el reforzamiento
vicario, esta estrategia aumenta la autorrevelación del paciente, potencia la libertad
con que este se expresa e inhibe sus resistencias a la hora de abordar temas
conflictivos. Sin embargo, el modelado es un método de control del flujo de la
entrevista terapéutica más disruptivo que las instrucciones.
6.1.1.3. Condicionamiento verbal
El método más conocido, más investigado y más controvertido en el control del
contenido verbal de una entrevista es, sin duda alguna, el condicionamiento verbal.
Esta técnica consiste en la emisión voluntaria o involuntaria, por parte del terapeuta,
de conductas que promueven en el paciente un cierto tipo de respuestas.
Los estudios sobre los efectos del condicionamiento verbal durante la entrevista
terapéutica se iniciaron con investigaciones en principio muy alejadas del ámbito
clínico; trabajos que, progresivamente, fueron extendiéndose al campo de la práctica
psicoterapéutica. Los resultados de estas investigaciones demostraron que entre las
conductas verbales del paciente más susceptibles al condicionamiento se encuentran
las manifestaciones de afecto, las autorreferencias positivas y negativas, las
expresiones de hostilidad y el recuerdo de los acontecimientos de la infancia.
Sin embargo, para la formación de un entrevistador tienen más importancia los
resultados relativos a la clase de conductas que actúan como reforzadores. Dichos
datos pueden agruparse en dos grandes categorías:
a) Indicios lingüísticos y paralingüísticos mínimos, como pueden ser los
términos sí, ya, bien o mm-hmm y conductas no verbales reguladoras de la
interacción, como son la sonrisa o los ligeros movimientos de la cabeza que
indican asentimiento. El tipo de interacción y de resultados que promueve el
empleo de ésta clase de reforzadores es conocido en el campo de la psicoterapia
como efecto Greespoon
102
b) Intervenciones verbales complejas y estructuradas de acuerdo con objetos
específicos. A este grupo pertenecen las intervenciones terapéuticas no
directivas, como son la clarificación, la paráfrasis, el reflejo, el resumen y la
autorrevelación del terapeuta (véase Capítulo 4).
El condicionamiento verbal se hace más efectivo cuando el curso de la entrevista se
desarrolla en la ambigüedad, con abundantes silencios o notoria pasividad por parte
del entrevistador, ya que, bajo éstas condiciones, el impacto de los reforzadores se
hace más intenso. En consecuencia, el éxito en la selección de los reforzadores de uno
y otro tipo está en función del contexto, así como de la conciencia del entrevistador
respecto al hecho de que la conducta que emite es un reforzador, cuyos efectos se
harán sentir, y no una actividad inocua, como en ocasiones han defendido algunos
entrevistadores de orientación no directiva.
En definitiva, el entrevistador ampliará su pericia profesional según vaya siendo
capaz de controlar indirectamente el curso de una entrevista, mediante la selección de
aquellos reforzadores que, siendo especialmente atractivos para el paciente, facilitan el
logro de los objetivos terapéuticos.
Por último, el entrevistador, sobre todo si es novato, debe estar alerta respecto a la
influencia que ejercen en muchas de las respuestas del terapeuta, las sutiles
manipulaciones de cierta clase de pacientes que, bien por el carácter de sus
dificultades (fuerte necesidad de aprobación, sociopatía, etc.) o por su larga
experiencia en entrevistas terapéuticas, han llegado a ser especialistas del
condicionamiento verbal.
6.2. Concepto de estructura en la entrevista terapéutica
La entrevista terapéutica es una situación interactiva en la que los participantes
ajustan sus repertorios conductuales en función de la meta que, implícita o
explícitamente, se han propuesto alcanzar. Por ello, la principal consecuencia de orden
práctico que se deriva del objetivo o finalidad de una entrevista concreta es la
estructura que adopta el proceso.
Así, por ejemplo, una entrevista de orientación probablemente requerirá, por su
misma naturaleza, más estructuración que las entrevistas o fragmentos de una
entrevista dedicada a la identificación del problema. De igual manera, al margen de
otros factores, una entrevista que se realiza en una situación de crisis suele requerir
más estructuración que una entrevista que forma parte del período intermedio de un
largo tratamiento.
Por estructura de una entrevista se entiende el grado en que el entrevistador
determina el contenido y el curso de la comunicación que establece con su
interlocutor. Esto significa que la estructura de una entrevista particular puede variar
a lo largo de su desarrollo temporal, según sus características se aproximen o se alejen
103
de un continuo, que se extiende desde un grado máximo de estructuración o
directividad a un grado mínimo de estructuración o no directividad.
La noción de estructura alcanza a aspectos muy variados de la entrevista, entre los que
destacan las intervenciones del entrevistador, las respuestas ofrecidas por el cliente, la
táctica general o estilo de la entrevista o la recogida y formalización de la información
obtenida. Este hecho ha tenido como consecuencia que las nociones de directividad y
de no directividad hayan adquirido matices muy distintos en las consideraciones
teóricas y en las constataciones empíricas de los diversos autores que han tratado el
tema. Por ello, a la hora de analizar la estructura de una entrevista, junto con su grado
de directividad/no directividad, siempre es necesario tener en cuenta, las otras dos
variables moduladoras de la estructura de la comunicación terapéutica; esto es, el
grado de actividad del terapeuta y el hecho de que sus intervenciones sean más o
menos ambiguas.
6.2.1. Directividad versus no directividad
Cuando el objetivo prioritario de una entrevista consiste en recopilar la mayor
cantidad de información específica, el proceso tiende a organizarse de manera
altamente estructurada, es decir, adquiere un alto grado de directividad. Y ello,
porque el entrevistador obtiene una mayor cantidad de datos fiables y válidos si
mantiene un formato rígido, que se asemeja al de una encuesta, en lugar de permitir
que el paciente se explaye libremente, o se calle, en relación con los temas que se
consideran relevantes en esa situación. Por el contrario, cuando el objetivo
fundamental de una entrevista terapéutica consiste en potenciar la comodidad y
disponibilidad del paciente, el terapeuta se esfuerza por interferir lo menos posible en
la secuencia comunicativa propuesta por su cliente. En estos casos la entrevista
terapéutica es un proceso que, por su carencia relativa de estructuración, se acerca al
extremo no directivo.
El gran peligro de una entrevista terapéutica altamente directiva consiste en que, por
un lado, puede convertirse en una situación que el paciente llega a vivenciar como un
interrogatorio y, por otro, en que el entrevistador puede incurrir en sesgos a la hora de
elegir los temas a tratar o de ofrecer alternativas. En el primero de los casos, el rapport
tiende a disminuir de forma considerable; en el segundo, si la hipótesis que sustenta la
actividad del terapeuta no ha sido suficientemente confirmada en entrevistas
anteriores, el tratamiento entero puede resultar inefectivo por su falta inicial de
relevancia. Contrariamente, el mayor peligro al que se enfrentan las entrevistas
claramente no directivas estriba, por una parte, en que la comunicación puede derivar
en una conversación trivial, sin más objeto que el desahogo de uno de sus
participantes y, por otra, en que los encuentros terapéuticos se tornen inefectivos al
diluirse la información pertinente y la responsabilidad ante el cambio. En estos casos,
el terapeuta corre el riesgo de no poder llegar a establecer ninguna hipótesis sobre cuál
es el problema que acucia al paciente y cómo podría elaborarlo con éxito.
104
Las entrevistas terapéuticas de corte directivo se caracterizan porque en ellas el
entrevistador tiende a llevar buena parte de la conversación, realizando preguntas
específicas sobre temas que con frecuencia son elegidos por él, al tiempo que ofrece
frecuentes informaciones o explicaciones del problema planteado por el cliente. Es
decir, el terapeuta directivo se comporta de manera claramente activa, dando
oportunidad al paciente de expresar sus actitudes hacia asuntos concretos, pero
indicándole aquellos aspectos de las mismas que a su juicio son más relevantes.
Igualmente, intenta favorecer los cambios en la conducta del paciente proponiendo
acciones concretas que éste debería realizar. Para lograr sus objetivos terapéuticos, el
entrevistador directivo recurre tanto a técnicas que explicitan el contenido de las
verbalizaciones del paciente, como a datos de observación o a la influencia que su
prestigio personal pueda ejercer sobre su interlocutor.
En cambio, las entrevistas realizadas por terapeutas que prefieren un estilo netamente
no directivo se caracterizan por el hecho de que las verbalizaciones del paciente son
más extensas y numerosas que las del terapeuta. Este último tiende a intervenir
fundamentalmente cuando desea mostrar a su interlocutor que le acepta como
persona y que comprende sus sentimientos, actitudes y conductas explícitas, al tiempo
que refuerza las verbalizaciones del cliente que tocan estos temas.
Aunque los resultados de investigación son bastante controvertidos, en general
tienden a afirmar que las técnicas no directivas facilitan el insight y la autoexploración
en mayor grado que las técnicas directivas. Sin embargo, los resultados más
importantes son aquellos que demuestran que el grado de directividad/no
directividad adoptado por un terapeuta afecta de manera diferente a diferentes
pacientes. Así, los clientes que antes de la entrevista se mostraron reacios a la misma
aumentan sus resistencias ante un terapeuta directivo, mientras que tienden a
disminuirlas ante un terapeuta no directivo. Igualmente, los clientes con lugar de
control externo responden mejor a un terapeuta directivo, mientras que para los
clientes con lugar de control interno resulta más efectivo un terapeuta no directivo.
En definitiva, la adecuación de las intervenciones terapéuticas directivas y no
directivas depende en gran medida de la capacidad del entrevistador, para adecuarse
a las características personales de sus pacientes. De hecho, algunas investigaciones han
demostrado que, con independencia de sus preferencias teóricas, los entrevistadores
tienden a ser directivos con clientes dependientes, mientras que tienden a ser no
directivos con clientes dominantes.
Con todo, existe cierta evidencia empírica respecto a que las pautas comunicativas
más frecuentemente empleadas por los terapeutas directivos son:
1.
Definir la situación de acuerdo con los métodos de diagnóstico y
tratamiento. (Ej.: No sé qué puede pasarte, pero lo averiguaremos a través de las
pruebas que realices y también por medio de las entrevistas.)
2.
Indicar el tema a tratar pero permitiendo que el paciente lo desarrolle a
su manera. (Ej.: Te importaría contarme más acerca de esas dificultades a la hora de
dormir?)
105
3.
Encauzar el tema elegido con objeto de obtener una confirmación, una
negación o simplemente más información específica. (Ej.: ¿Con cuánta frecuencia
te sucede? o ¿También te sucede cuando estás solo?
4.
Identificar un problema, una fuente de dificultades, una actitud que
sería beneficioso modificar, etc., apoyándose en instrumentos diagnósticos o en
presupuestos teóricos. (Ej.:..Una de tus dificultades radica en que no has tenido
oportunidad de comparar tu habilidad con la de otras personas.)
5.
Interpretar los resultados de diversas pruebas psicológicas, sin afirmar
o negar que existan dificultades concomitantes. (Ej.: Tu perfil, según el
cuestionario 16PF de Cattel, ... )
6.
Expresar acuerdo o desacuerdo, o cualquier otra reacción personal, ante
el discurso o la conducta del paciente. (Ej.: ¡Así se habla!)
7.
Explicar, comentar o dar información sobre el tema que se está
tratando. (Ej.: Bueno, una razón podría ser que tú te sientes demasiado inseguro para
lograrlo.)
8.
Proponer o instruir al paciente para que realice alguna actividad
concreta, que él considera que resultará beneficiosa. (Ej.: La práctica continuada
de la relajación puede ayudarle.)
9.
Tratar de influir en la decisión o conducta que adoptará el cliente. (Ej.:
Me gustaría que lo intentaras otra vez.)
10.
Reforzar explícitamente o infundir confianza al paciente. (Ej.: No quiero
que te desanimes. Sé que si perseveras lo conseguirás.)
Asimismo, existe cierta evidencia empírica respecto a que las pautas comunicativas
más características del estilo no directivo son:
a. Definir la situación terapéutica en términos de responsabilidad del
paciente para dirigir la entrevista, tornar decisiones, etc. (Ej.: A veces,
contar los propios problemas nos ayuda a ver con claridad).
b. Indicar, a través de una intervención verbal, que se ha comprendido la
expresión de un sentimiento o actitud, manifestado en la anterior
verbalización del paciente. (Ej.: Usted se siente muy afectado, claro.)
c. Interpretar o responder a aquellos sentimientos o actitudes del paciente
que hayan sido expresados de manera implícita o muy sutil. (Ej.:
Supongo que hubiera preferido no venir.)
Por otra parte, también se ha comprobado empíricamente que las siguientes pautas son
igualmente frecuentes en entrevistas directivas y no directivas:
106
I.
Preguntar de tal manera que el paciente tenga que elegir o desarrollar un tema.
(Ej.: ¿En qué has estado pensando hoy?)
II.
Indicar que, en efecto, se ha comprendido el discurso del paciente (Ej.: Uhm, te
vas de vacaciones).
III. Indicar al paciente que la decisión la debe de tomar él. (Ej.: Eso depende de ti.)
IV. Expresar acuerdo o desacuerdo con la decisión tomada por el cliente. (Ej.: Me
parece una postura acertada.)
A su vez, para determinar si el grado de estructuración de una entrevista es alto, bajo
o medio, suelen resultar de gran valor heurístico los siguientes criterios:

La entrevista es decididamente directiva cuando las intervenciones del
terapeuta son suficientes, por sí mismas, para mostrar la pauta general que
sigue el proceso.

La entrevista es decididamente no directiva cuando, atendiendo
exclusivamente a las verbalizaciones del paciente, podemos establecer las
pautas que ha seguido el proceso.

La entrevista es semidirectiva cuando, a partir de las verbalizaciones de
uno solo de sus participantes, es imposible establecer una pauta o tónica
general que caracterice el proceso.
En otro orden de cosas, las frecuentes polémicas que han tenido como objeto la
conveniencia de la directividad y la no directividad en cuanto recursos de la
comunicación terapéutica generalmente han estado centradas en torno a un tipo
concreto de intervención: la interpretación. Una interpretación (véase epígrafe 4.1.4)
consiste en una intervención verbal del terapeuta en la que éste relaciona o explica
algunas conductas del paciente. Cognitivamente una interpretación es una inferencia
que realiza el entrevistador, a partir de las informaciones de diversa índole que le ha
proporcionado su cliente; y como tal inferencia, consiste en el establecimiento de una
relación entre dos elementos que hasta entonces permanecían cognitivamente
desvinculados. Es así como una interpretación ofrece al paciente una manera diferente
y nueva de considerar sus dificultades. De hecho, uno de los objetivos de la
interpretación consiste en presentar al paciente aquellos aspectos o implicaciones de su
experiencia que se negaba a reconocer, por causa de la ansiedad que le provocaban.
El grado en que la inferencia del terapeuta difiere de la conciencia que tiene el
paciente respecto al contenido de la interpretación se denomina profundidad de la
interpretación. Una interpretación es tanto más profunda cuanto más alejada se halla
de la forma habitual del paciente de considerar su contenido, o cuanto más
improbable le parezca a éste la explicación que le ofrece su interlocutor. Consecuencia
directa del nivel de profundidad de una interpretación es su grado de aceptabilidad
para el paciente, de forma que las interpretaciones más profundas tienden a ser
rechazadas porque resultan nociones distantes, poco plausibles para los pacientes que
107
las reciben, mientras que las interpretaciones menos profundas suelen ser aceptadas
tras una breve consideración.
El principal argumento en contra de la interpretación consiste en que, tras una
intervención de esta clase, la productividad verbal del paciente tiende a reducirse,
hecho que se considera indicio de resistencia. Y en efecto, esto es lo que se desprende
de los resultados de diversas investigaciones sobre la utilidad de la interpretación
durante la primera entrevista. Sin embargo, otros estudios demuestran que el
contenido de las interpretaciones son las aportaciones del entrevistador que mejor
recuerdan los clientes después de finalizada una entrevista. Por ello, parece
aconsejable que el entrevistador evite las interpretaciones durante su primer
encuentro con el paciente, pero conviene que recurra moderadamente a esta técnica
siempre que la productividad del paciente no sea vital y, en cambio, resulte
indispensable favorecer su autocomprensión.
6.2.2. Nivel de actividad
En la entrevista terapéutica se entiende por nivel de actividad el grado de
productividad lingüística de los participantes o, por decirlo de una manera menos
específica, el nivel de participación en el proceso comunicativo.
De acuerdo con los resultados de diversas investigaciones, la mayoría de los pacientes
prefieren terapeutas activos, es decir, prefieren a aquellos entrevistadores que hablan
con frecuencia. Este fenómeno ha sido considerado como indicio de que la
participación del terapeuta es vivida por el cliente como un refuerzo. Por otra parte,
también existe una cierta evidencia empírica que relaciona un nivel moderado o alto
de actividad, con el hecho de que el terapeuta sea percibido por el cliente como una
persona cálida y empática. Estos datos son contrarios a los criterios defendidos por el
psicoanálisis y la terapia centrada en el cliente, dado que estas escuelas limitan a priori
el nivel de actividad de sus entrevistadores.
Uno de los fenómenos más estudiados en relación con el nivel de actividad del
terapeuta se conoce con el nombre de sincronía. Se dice que se ha establecido una
relación de sincronía entre paciente y terapeuta cuando la duración de las
intervenciones de éste controla la duración de las intervenciones de aquél, de forma
que ambos hablan durante un período de tiempo similar.
Ahora bien, la sincronía es una variable reguladora de la comunicación terapéutica,
más en análogos experimentales, que cuando se estudia la duración de las
intervenciones en una situación de entrevista real. De hecho, durante una serie de
entrevistas terapéuticas, la sincronía tiende a desaparecer para dar lugar a una
relación inversa entre la duración de las intervenciones de los participantes. Es decir,
durante una psicoterapia, cuanto más habla el terapeuta menos habla el paciente y
viceversa, cuando éste es más explícito aquél tiende a guardar silencio.
108
Igualmente, en situación de entrevista el estatus de los interlocutores es una variable
que afecta a la sincronía de las intervenciones. Así, el fenómeno de la sincronía se
presenta cuando los participantes tienen un estatus similar, pero no cuando entre ellos
existen diferencias considerables.
En consecuencia, el entrevistador debe aprender a controlar su nivel de actividad y a
emplearlo de acuerdo con las circunstancias concretas en que se desarrolla la
entrevista. Durante un primer encuentro, el incremento de la productividad verbal del
paciente se logrará mediante la activación de la productividad del entrevistador; en
cambio, esta última debe tender a decrecer según se vaya afianzando la relación
terapéutica. En cualquier caso, si el entrevistador desea animar a su paciente a
expresarse ampliamente, antes es necesario que él adopte esa misma conducta.
6.2.3. Especificidad/ambigüedad
Esta variable hace referencia al grado de concreción de los mensajes verbales,
mediante los que el terapeuta controla el curso de una entrevista. Un comentario o una
pregunta se consideran ambiguos cuando su nivel informativo es bajo, es decir,
cuando se trata de intervenciones que apenas restringen las posibles alternativas, entre
las que el paciente puede elegir su respuesta. Por el contrario, se considera que una
intervención verbal es específica cuando su valor informativo es alto y, por tanto,
impone una clara limitación a las posibles respuestas.
Las investigaciones sobre la influencia de esta variable en el curso de una entrevista
apuntan hacia una relación directa entre ambigüedad de la intervención del terapeuta
y grado de productividad del paciente, de manera que, una pregunta general tiende a
provocar una larga respuesta, mientras que, una pregunta específica tiende a elicitar
respuestas breves y concisas. Por esta razón, existe un acuerdo generalizado respecto a
la conveniencia de comenzar las entrevistas con preguntas ambiguas, como por
ejemplo, ¿Qué te trae por aquí'?, y no con intervenciones específicas del tipo ¿Cuánto
tiempo hace que tienes problemas? El empleo de esta última modalidad al iniciar una
entrevista tiene como consecuencia una pérdida de información, que es evitable con el
uso de comentarios ambiguos.
Igualmente, se sabe que el grado de especificidad de una pregunta tiene efectos
diversos sobre el contenido de la respuesta de los entrevistados. Además, las
intervenciones ambiguas son particularmente efectivas en dos situaciones concretas.
Una, cuando el paciente mantiene de forma espontánea un ritmo de participación
fluido. En este caso, el grado de actividad del paciente se mantendrá con sólo unas
pocas intervenciones ambiguas del terapeuta. Otra, cuando el entrevistador va a dar
comienzo a la sesión o cuando desea empezar a tratar un tema hasta entonces
inexplorado.
En cambio, la ambigüedad de las intervenciones del entrevistador está completamente
contraindicada cuando el nivel de productividad del paciente languidece, cuando el
terapeuta necesita obtener un dato concreto y cuando el paciente permanece en
109
silencio ante preguntas abiertas y de tipo general. En éste último caso, la especificidad
es necesaria para compensar la incertidumbre cognitiva y la ansiedad que, con
frecuencia, caracterizan la situación en que se hallan los pacientes, especialmente los
que no han recibido instrucciones concretas sobre la conducta que se espera
desarrollen.
En resumen, en la situación de entrevista el grado de ambigüedad o especificidad que
debe emplear un terapeuta estará en función, tanto de sus objetivos inmediatos (tipo
de interacción que desea establecer, clase de información que necesita...), como de su
sensibilidad para captar cuándo la ambigüedad de sus intervenciones desencadena un
nivel de ansiedad e incertidumbre perturbadoras para el cliente.
6.3. Desarrollo de la comunicación terapéutica
La entrevista terapéutica se desarrolla con la transmisión de información, a través de
los diversos canales verbales y no verbales. Por esta razón, el entrevistador debe
esforzarse en aprender a escuchar y captar la información que su paciente le dirige de
la manera más efectiva posible. Pero el esfuerzo por objetivar al máximo la situación
de entrevista sólo puede tener éxito mediante la neutralización de los diversos sesgos,
que pueden recaer sobre los procesos de percepción e inferencia de la información
transmitida. En otras palabras, para aprender a escuchar con precisión, el
entrevistador debe desarrollar la capacidad de percibir a su interlocutor lo más
objetivamente posible.
Esta habilidad interpersonal se adquiere atendiendo al máximo a las peculiaridades y
matices de la comunicación, en especial atendiendo al modo en que los diversos
niveles del discurso se puntúan entre sí. Concretamente, las variaciones de la
expresividad y su relación con los cambios del contenido verbal, así como la
identificación de las variaciones del estilo y de las perturbaciones de la pronunciación
cuando el cliente pasa de un tema a otro, suelen proporcionar indicios significativos a
la hora de identificar qué áreas de contenidos requieren una exploración posterior.
Por ejemplo, si algunos temas de conversación cursan con una alta velocidad de
emisión, mientras que otros son desarrollados por el cliente de manera más calmada,
el terapeuta podría elaborar la hipótesis de que tal diferencia en el estilo de emisión se
debe a la ansiedad de los contenidos emitidos a mayor velocidad.
En cualquier caso, siempre resulta de gran utilidad que el terapeuta sea consciente del
nivel de ansiedad evocado por el contenido de sus preguntas, ya que existe evidencia
empírica de que la tendencia a producir una buena impresión en el entrevistador
entra en conflicto con la demanda de sinceridad. Esto es, la tendencia de los
entrevistados a producir una buena impresión en el entrevistador lleva a aquellos a
elaborar soluciones de compromiso que implican la distorsión de la información
contenida en sus respuestas. Asimismo, puede resultar muy útil para el entrevistador
tener en cuenta que, los interlocutores con un nivel de ansiedad crónica intermedia
tienden a distorsionar sus respuestas ante preguntas amenazantes más que los
entrevistados con un grado de ansiedad bajo o alto.
110
La clase de información que interesa a un entrevistador concreto depende, en buena
medida, de sus orientaciones teóricas. Pero al margen de este tipo de sesgo, que
resulta no sólo inevitable sino también necesario, todo terapeuta debe aprender a
captar y a considerar cualquier clase de información que le ofrezca su interlocutor.
Desgraciadamente no existe una fórmula que permita, al entrevistador sin experiencia,
orientarse inequívocamente respecto a la clase de información que es necesaria en un
caso concreto o respecto a los canales por los que el paciente transmitirá esa
información, ya que la variabilidad de los individuos y los grupos definen la
comunicación y la interacción como procesos dependientes del contexto. A pesar de
ello, existe un acuerdo generalizado sobre la importancia de dos fenómenos habituales
en el desarrollo de la comunicación terapéutica: la autorrevelación y la resistencia.
6.3.1. Autorrevelación y resistencia
Los entrevistadores clínicos comparten entre sí una clara preferencia por las
informaciones autorreferidas de sus pacientes. De hecho, la autorrevelación constituye
una de las fuentes de información primordiales con que cuenta un clínico de cara al
diagnóstico, y un medio insustituible para muchos terapeutas en el desarrollo del
tratamiento. No en vano, numerosas investigaciones avalan la opinión, muy extendida
entre los entrevistadores, de que la capacidad para autorrevelarse del paciente y del
terapeuta se relaciona directamente con el éxito de una terapia. Concretamente, estas
investigaciones identifican dos categorías temáticas, como vinculadas al progreso de
una psicoterapia: la exploración interna de la propia experiencia y su comunicación al
interlocutor.
Sin embargo, la autorrevelación del entrevistado es un fenómeno ligado a algunas
características de la relación que mantiene con el entrevistador. Así:

La autorrevelación del paciente se produce con más frecuencia si se
siente personalmente acogido por el entrevistador y cuando éste último se ha
demostrado capaz de hablar libremente de sí mismo.

La autorrevelación del paciente se produce con más frecuencia cuando
el terapeuta ha desarrollado un estilo abierto y personal de dirigirse al cliente.

La autorrevelación del paciente es reforzada por el hecho de que su
participación en la entrevista sea voluntaria y no forzosa.

La autorrevelación es estimulada por la creencia del paciente en la
naturaleza confidencial de la entrevista.

La autorrevelación del terapeuta refuerza la autorrevelación del
paciente. Sin embargo, este principio debe de ser manejado con precaución
(véase epígrafe 4.1.5.); puesto que el objetivo de la entrevista se refiere al
paciente y sus dificultades, el terapeuta nunca debe llegar a acaparar el centro
de la comunicación.
111
Además, existe evidencia empírica respecto a la conveniencia de observar las
siguientes restricciones:

La autorrevelación excesiva del terapeuta puede ser considerada por el
cliente como fuera de lugar; en este caso, el efecto que produce sobre su propia
autorrevelación es de tipo inhibitorio.

La autorrevelación del terapeuta resulta efectiva para evocar en el
paciente informaciones de tipo similar, sólo si éste último considera a su
interlocutor como un amigo y no como un extraño. Es decir, la calidad del
rapport afecta a la información autorreferida.

Las diferencias extremas en las edades de los interlocutores debilitan el
efecto facilitador de la autorrevelación del terapeuta sobre la autorrevelación
del cliente. Por eso, cuando el entrevistador es considerablemente más viejo o
más joven que el entrevistado, la autorrevelación, como respuesta
comunicativa, tiende a bloquearse.
Si la autorrevelación es un fenómeno vinculado al buen desarrollo de una entrevista y
al éxito del tratamiento, la resistencia es un fenómeno que dificulta la consecución de
los objetivos clínicos. Por ello, saber detectarla es una habilidad indispensable en un
buen entrevistador.
En general, se admite que la resistencia es una manifestación de la ansiedad
experimentada por el entrevistado, ante la posibilidad de revelar a otra persona ciertos
aspectos de su intimidad. La resistencia tiende a manifestarse en la comunicación
verbal mediante alguna de estas tres formas:
- El entrevistado permanece bloqueado y guarda un silencio completo.
- El entrevistado habla de manera fluida, pero sus temas de conversación se
reducen a aspectos banales sin implicaciones psicológicas.
- El entrevistado descalifica su discurso, o algunos aspectos del mismo, a través
de la emisión de mensajes incongruentes. Este tipo de resistencia suele
expresarse, verbalmente, con las rectificaciones y lapsus y, no verbalmente, en
el empleo de la expresividad facial y los movimientos de los pies. De entre los
canales no verbales la expresividad facial resulta el más ilustrativo. Por esta
razón, con frecuencia suele convertirse en el medio encargado de puntuar
incongruentemente una secuencia verbal, tras la que laten sentimientos o ideas
conflictivas.
De los tres tipos de resistencia reseñados, el último es el menos estable porque, si bien
denota una ansiedad más intensa que en los casos anteriores, ésta se halla más
localizada y, por tanto, la situación a que da lugar resulta más fácil de tratar que las
respuestas de evitación generalizada.
En cualquier caso, los indicios mencionados no siempre están vinculados a una
resistencia, sino que su valor específico viene determinado por la situación en que se
112
presentan. Por ejemplo, muchos de los silencios que se producen durante una
entrevista terapéutica pueden resultar más expresivos y útiles para la comunicación,
que las palabras.
6.3.2. Comunicación de las emociones
El concepto de estilo hace referencia al carácter expresivo que adquiere un mensaje en
función de la forma en que es construido y emitido. A su vez, en la comunicación
terapéutica, la configuración estilística nos remite a la descarga de ciertas emociones
del hablante, con influencia efectiva sobre la comunicación y la interacción que éste
mantiene con su interlocutor.
Los marcadores de estilo más frecuentes son la selección léxica, el tipo de construcción
gramatical, la velocidad y duración de las emisiones, los errores de pronunciación más
o menos sistemáticos, la expresividad facial, la postura, la orientación del cuerpo, los
gestos y la motilidad general del cuerpo. En definitiva, pueden ser marcadores de
estilo todas aquellas conductas verbales o no verbales que califican emocionalmente la
individualidad de un mensaje.
La expresión de las emociones tiene una incidencia directa sobre la interacción que se
establece entre dos interlocutores. Durante la entrevista, la expresión de las emociones
constituye un fenómeno fácilmente identificable, pero que, sin embargo, resulta difícil
de definir. En términos generales, la expresividad emocional suele vincularse a
nociones tan imprecisas como colorido de las intervenciones, poder para atraer o
mantener la atención del interlocutor o valor como reforzador generalizado. En
cambio, resulta mucho más fácil identificar la comunicación de emociones concretas
como la ansiedad, el disgusto o la ternura, ya que su función de descarga y sus efectos
sobre la interacción se hacen ostensibles.
Las emociones concretas y el tono emocional general de una intervención pueden
transmitirse a través de cualquier canal comunicativo, si bien los más aptos, o
simplemente los utilizados con más frecuencia, son los paralingüísticos y kinésicos.
Los resultados de algunos estudios empíricos han vinculado positivamente la
expresividad general del terapeuta, con el grado de significación o relevancia de las
informaciones que ofrece el paciente. A su vez, algunas de estas investigaciones han
abordado la identificación de las cualidades de la expresividad emocional del
terapeuta que inciden directamente sobre la fluidez de la comunicación y el éxito del
tratamiento. Así, por ejemplo, se ha comprobado que durante las horas más
productivas de una psicoterapia las intervenciones del terapeuta tienden a poseer, de
manera significativamente mayor o más frecuente, inflexiones cadenciosas, buena
vocalización, escasos titubeos y repeticiones, que las intervenciones que se producen
durante los momentos menos productivos. Dicho de otra manera, una voz que
transmite seriedad, calidez y relajación está asociada a la buena marcha de la
entrevista terapéutica.
113
Igualmente, existen evidencias empíricas que asocian el éxito de la psicoterapia con un
lenguaje terapéutico fresco, rico en connotaciones y centrado en la exploración de la
experiencia interna. En cambio, el estilo del paciente asociado empíricamente con el
éxito del tratamiento es enérgico, abierto y directo. Además, un incremento
intencional de la expresividad emocional del lenguaje del terapeuta suele ser
suficiente para provocar el incremento de la expresividad emocional del paciente,
cuando el discurso de este último se hace apagado. En suma, el estilo expresivo
abierto y relajado de los participantes en una entrevista sirve como indicio para
establecer un pronóstico favorable.
En cuanto a la comunicación de emociones específicas, las investigaciones más
relevantes pueden dividirse en dos grandes grupos; por una parte, los concernientes a
la comunicación de emociones penosas, como la ansiedad y la depresión, y por otra,
las que han estudiado la comunicación de emociones gratas, entre las que destacan la
cercanía emocional, el aprecio, la aprobación y la calidez.
6.3.2.1. Comunicación de emociones penosas
En el contexto terapéutico, los estudios sobre la comunicación de emociones
desagradables se han centrado más sobre el paciente que sobre el entrevistador, de
forma que los resultados se le ofrecen a este último como un medio para facilitar la
discriminación de los estados emocionales de su interlocutor.
La ansiedad es una de las emociones más relevantes en el estudio de la personalidad y
la comunicación. Su manifestación puede abarcar canales tan distintos como el
contenido lingüístico, el tono y la tasa de las emisiones o los gestos. Así:
- El examen del contenido léxico en busca de indicios de ansiedad relaciona
esta emoción con las referencias frecuentes a la muerte, a los defectos
corporales, a la mutilación, a la inseguridad asociada a la separación de
familiares, a la culpa, a la anticipación del castigo y a la vivencia de una
ansiedad difusa y no específica.
- El examen de las pautas paralingüísticas que denotan ansiedad vincula esta
emoción con incremento de la actividad lingüística al tratar ciertos temas,
incremento en la velocidad de las verbalizaciones, reducción del tiempo de
reacción, habla entrecortado y errores de pronunciación.
- El examen de la conducta kinésica como canal de la ansiedad, destaca el
incremento súbito de la movilidad general del cuerpo, gestos faciales de
desagrado y ciertas posturas rígidas, como los brazos caídos y apretados a lo
largo del cuerpo, piernas cerradas y rígidas, y cuerpo muy estirado.
En contraste con las manifestaciones de ansiedad, la depresión suele comunicarse por
un descenso en la tasa del habla y un aumento en la tasa y duración de los silencios.
Además, el bajo nivel de activación a que están asociadas las conductas que indican
114
depresión se evidencia en la sensación de pesada carga que transmiten el habla lenta,
la monotonía del contenido y la uniformidad del tono del paciente. Igualmente, con
frecuencia, la depresión tiende a expresarse a través de un tono de voz bajo y una
pronunciación poco clara y prolongada, así como a través de ciertas posturas y gestos
del tipo ojos bajos, cabeza y brazos caídos u hombros hundidos.
En conclusión, para poder identificar la emoción dominante en el paciente durante un
momento dado de la entrevista, el terapeuta debe atender a los diferentes canales de la
comunicación, especialmente a los no verbales, infiriendo en base a la información que
obtiene, si su hipótesis sobre el estado emocional del paciente es o no acertada.
6.3.2.2. Comunicación de emociones gratas
En contraste con la comunicación de emociones penosas, el estudio de la
comunicación de las emociones gratas durante la entrevista terapéutica ha tenido
como protagonista principal al terapeuta y no al paciente. Una posible explicación de
este curioso fenómeno podría ser que entrevistador, en cuanto terapeuta, tiende a
hacer de soporte del paciente, y para ello recurre a la expresión de sentimientos
agradables, especialmente la calidez personal.
Al margen de este sesgo de las investigaciones, los canales por los que se transmiten
las emociones gratas son similares a los habituales en la comunicación de las
emociones penosas. La cara, las pautas paralingüísticas y el contenido verbal
constituyen los registros más relevantes.
El aprecio de un interlocutor hacia otro, su cercanía emocional, se manifiesta con
frecuencia a través de las expresiones verbales directas, el contacto ocular, la cercanía
física o psicológica y la dirección que adopta la inclinación del cuerpo. Pero el aprecio
y la aprobación no sólo son emociones que un interlocutor transmite a otro, sino que
también son emociones que una persona puede provocar en otra, mediante un hábil
manejo de ciertos recursos comunicativos.
Así, por ejemplo, cuando en un contexto comunicativo una persona desea obtener la
aprobación de otra tiende a sonreír más que a permanecer seria, a mover
afirmativamente la cabeza más que negativamente, y a hablar libremente más que a
ser parco.
Este estilo comunicativo se opone casi por completo al promovido por ciertas escuelas
de psicoterapia, especialmente las de orientación psicoanalítica. Asimismo, las
prescripciones de esta orientación se oponen a otros resultados de investigación que
indican que, con independencia de la escuela teórica a que pertenezca un terapeuta, el
paciente responde más libremente cuanto más libremente se expresa aquél.
Paralelamente, por influjo de la terapia centrada en el cliente se suele considerar que la
calidez contribuye a afianzar la relación terapéutica, y que siempre incide de manera
positiva sobre el nivel de productividad del paciente, así como sobre su grado de
115
autorrevelación. Sin embargo, existe evidencia empírica respecto a que diferentes
grupos de sujetos (ej: internados, pacientes externos con o sin diagnóstico previo), en
diferentes contextos (ej: institucionales, consulta pública, consulta privada) responden
de manera diferente ante la calidez de un mismo entrevistador. En otras palabras, al
igual que otras muchas variables intervinientes en la entrevista terapéutica, los efectos
de la calidez del entrevistador son de un tipo o de otro en función de las características
del interlocutor y del contexto en que tiene lugar la relación. Por tanto, parece
aconsejable que el terapeuta, antes de manifestarse cálido o frío de manera inequívoca,
realice una evaluación, lo más exacta posible, de la clase de persona que es su cliente,
así como de la situación en que se encuentran.
6.4. Ejercicios:
A) De papel y lápiz
Califica como adecuada o inadecuada cada una de las respuestas del terapeuta que se
citan a continuación. En cada caso, discute con tu grupo de trabajo las razones en que
te basas.
1.
P.: No consigo encontrar el tiempo necesario para estudiar.
T.: Deberías aprender a manejar tu tiempo de una forma más provechosa.
2.
P. (Silencio.)
T.: ¿Qué te parece esta nevada?
3.
P.: Me gustaría no haberme comprometido con ella.
T.: Ahora mismo pareces estar muy preocupado.
4.
P.: La escuela es una lata.
T.: En cualquier sitio que estés tienes la misma actitud.
5.
P.: Estoy embarazada.
T.: ¿Cómo piensas tomártelo? Quiero decir, ¿qué crees que puedes hacer? ¿Qué
harás?
6.
P.: He tenido problemas con mi compañera de habitación.
T.: ¿Puedes decirme algo más sobre ese asunto?
7.
P.: Es responsabilidad de mi mujer encontrar un método para controlar la
natalidad. Eso no es asunto mío.
T.: Según usted esa es la actitud que debe adoptar un hombre.
116
8.
P.: El tema de los hombres me produce mucha ansiedad.
T.: Probablemente esa ansiedad se debe a un conflicto edípico no resuelto.
9.
P. (Silencio.)
T.: Me parece que ahora te resulta difícil hablar de ese tema.
10.
P.: Puede parecer una tontería, pero me aterra morir durante un viaje en avión.
T. Yo también tuve ese problema durante varios años. Lo que me pasaba era...
Elige la opción que te parezca más adecuada.
11.
P.: Durante toda la vida he deseado ser médico. Ahora no puedo entrar en la
facultad por su maldito “Numerus clausus”
T.: a) Verdaderamente es una lástima.
b) Puedes tratar de desafiar esa política.
c) Estás muy afectado por haber sido excluido de algo que siempre has
deseado hacer.
12.
P.: Puedes apostar a que estoy harto de estar en este hospital. No soy yo quien
está loco, sino toda mi familia. Ellos si que están para que los encierren.
T.:
a) Bueno, no es asunto mío juzgar eso.
b) Usted piensa que no es equitativo que sea el único en estar aquí.
c) Pero estar aquí puede ser bueno para usted.
13.
P.: Estoy completamente deprimido. Nada de lo que hago está bien.
T.:
a) ¿No sabes de nada que al hacerlo te permita sentirte bien?
b) No puedo creer que absolutamente todo te vaya tan mal.
c) ¿Puedes citarme algunos ejemplos de cosas que haces mal?
14.
P.: ¿Por qué los chavales no quieren jugar conmigo? Siempre estoy solo. No les
caigo bien.
T.:
a) Bueno, puede ser que no te hayas acercado a ellos tanto como
es necesario.
b) Hablemos de eso, puede que te sientas mejor.
117
c) A ti te gusta mucho relacionarte con otros chicos.
15.
P.: Odio estar aquí. Es la peor prisión que he visto en mi vida. Es una guarida
de ratas, sitio asqueroso y fétido. Nadie merece estar aquí, sea lo que fuere lo que
haya hecho.
T.:
a) Sientes que ni tú ni nadie debería tolerar las condiciones de esta
cárcel.
b) ¿Qué esperabas? Quiero decir. ¿Dónde has estado antes? ¿Hasta qué
punto allí las condiciones eran distintas?
c) ¡Uh Umm! ¿No sería maravilloso estar fuera de aquí?
16.
P: He estado a punto de ser violada varias veces. De eso he sacado algunas
conclusiones. Ahora me resulta muy difícil no sospechar de la mayoría de los
hombres.
T.:
a) Comprendo perfectamente lo que quieres decir. Comparto tus
sentimientos. Me resulta difícil estar cerca de un hombre. Concretamente la semana
pasada...
b) Fundamentalmente los hombres son seres ávidos de poder.
c) Tus conclusiones acerca de la violación hacen que te resulte difícil
confiar en los hombres.
17.
P.: (En un susurro, mirando hacia el suelo): Bueno, creo que esta es nuestra
última sesión.
T.:
a) Sí, es nuestra última sesión. Yo me siento satisfecho de como han ido
las cosas. Me pregunto qué sientes tú.
b) Si, es nuestra última sesión. ¿Cuáles son tus sentimientos de cara al
futuro?
c) Si, así es, y me estoy preguntando si tú sientes algo respecto al hecho
de que esta sea nuestra última sesión.
18.
P.: Me gustaría matar al viejo por la forma en que ha tratado a mi madre en los
últimos años.
T.:
a) Pareces muy furioso con tu padre.
b) Te perturba que tu padre haya tratado mal a tu madre durante años.
c) Has ido acumulando mucha rabia contra tu padre durante los
últimos años.
19.
P.: Me siento solo pero he logrado situarme.
118
T.:
situarte?
a) ¿Puedes decirme algo más sobre cómo te sientes por haber logrado
b) Uh hmm.
c) ¿Cuánto tiempo hace que lo has logrado?
20.
P.: Mi mujer y yo hemos decidido tener familia. Pensamos que puede ser
bonito ser padres y ver cómo los chicos crecen y se desarrollan. Pero cuando pienso
en la cantidad de cosas que van a cambiar para nosotros, no estoy seguro.
T.:
a) Parece que no estás muy seguro de si deseas tener hijos. Tener hijos
tiene sus ventajas:'pero también implica cambios drásticos.
b) Hablas de algunos aspectos positivos de tener familia, pero
también prevés cambios en tu vida con los que no te sientes cómodo.
Tus sentimientos sobre tener hijos parecen ambivalentes.
c) ¿Has hablado con tu mujer sobre esas preocupaciones?
21.
P.: (El cliente está teniendo dificultades para llevar a cabo una acción de cara a
un objetivo concreto).
T.:
a) Parece que existen discrepancias entre tu deseo de ser más asertivo
y tu logro de esa meta. ¿Puedes ayudarme a comprender esa discrepancia?
b) ¿Te sientes incómodo siendo asertivo en las situaciones que
acordamos?
c) A veces es difícil tener éxito en una meta concreta. Sin embargo
parece interesante que sigas intentándolo ¿estás de acuerdo?
22.
P.: Nunca tuve problemas hasta ahora. Mis padres no saben que fumo.
T.:
a) ¿Qué piensas que dirán tus padres?
b) ¿Tus padres fuman?
c) ¿Cómo vas a contarles lo que ha pasado?
23.
P.: Me siento tan solo. No hay nadie a quien le preocupe si estoy vivo o muerto.
Todo el mundo tiene alguien que se preocupe por él, pero yo soy cuanto tengo en el
mundo.
T.:
a) Yo también he estado deprimido a veces, pero nunca he llegado a
sentir que no le importaba a nadie. Eso tiene que resultar doloroso.
b) Cuando siento que nadie se preocupa por mí yo también me siento
muy solo. Es un sentimiento muy duro. Creo que sé como se siente.
119
c) Cuando siento que nadie se preocupa por mí yo también me siento
muy solo. ¿Qué hace usted cuando se siente tan deprimido?
24.
P.: (Un padre que trata de la evaluación psicológica de su hijo): Mi hijo no
necesita que le hagan un test. Lo que necesita son profesores competentes que le
comprendan. No es tonto ni está loco.
T.:
a) Usted siente que yo pienso que su hijo es tonto o está loco.
b) Está completamente convencido de que su hijo no necesita ningún
test.
c) Parece como si usted creyera que los profesores no comprenden a su
hijo.
25.
P.: Ahora que he vuelto a la universidad, mi marido está empezando a quejarse
porque no tengo tiempo libre para estar con él y con los chicos. Ambos decidimos que
sería bueno para mí volver a la universidad, pero ahora no estoy segura de que esto no
acabe en una pelea.
T.:
a) No hace mucho yo estaba en la facultad y afrontando en casa esa
clase de problemas. Era muy frustrante para nosotros hasta que llegamos a un
acuerdo.
b) Mi marido y yo tenemos el mismo problema. El está en la facultad
y pasa mucho tiempo estudiando, y yo siento que los niños y yo no
pasamos con él suficiente tiempo.
c) Se ha encontrado con que al volver a la universidad, aparecen un
montón de problemas imprevistos. ¿Qué ha intentado hacer para
resolverlos?
26.
P.: Ellos se van a enfadar y a sentirse dolidos por lo que he hecho.
T.:
a) ¿Saben que bebes?
b) ¿Por qué piensas que se van a sentir dolidos?
c) Uh... Huh. Sigamos.
27.
P.: (Una viuda de edad avanzada): Me las arreglo bien. (Con la mirada perdida
y sin inflexión en la voz.) Cuido de la casa y del perro, y salgo con algunos amigos.
(Las manos caídas y el cuerpo muy quieto.) En general me las arreglo muy bien.
T.:
a) Me alegra oír que usted se apaña bien. Pero ahora mismo parece
ansiosa. ¿Ha ocurrido, algo recientemente?
b) Dice que se las arregla bien, pero su voz y sus gestos sugieren que
las cosas no parecen irle tan bien. ¿Puede ser que todavía se siente
triste o deprimida?
120
c) Es difícil creer que las cosas le van bien oyéndoselo decir en ese
tono apagado y con la mirada perdida. Me pregunto si a usted le
preocupa algo de lo que hablamos sobre la sesión de hoy.
28.
P.: (Tiene problemas para definir una meta terapéutica asequible).
T.:
a) A veces es difícil definir un objetivo concreto. ¿.Podría indicarme
algunos ejemplos de cómo le gustaría comportarse en esa situación'?
b) Encuentra difícil identificar una meta concreta. Quizá necesitemos
volver hacia atrás y empezar de nuevo. ¿Le parece bien?
c) A veces es difícil identificar una meta concreta. Primero yo le
propongo que consideremos la forma en que se relaciona con su
esposa.
29.
P.: Hemos seguido su consejo y hemos empleado parte de nuestro tiempo en
hablar sobre nosotros. Al principio fue difícil, pero ahora es mucho más fácil.
T.:
a) Parece que están más a gusto.
b) Sospecho que les costó volver a empezar a hablar de nuevo.
c) Debe ser agradable comprobar que pueden volver a hablar de
ustedes mismos.
30.
P.: Si yo todavía viviera con ellos quizá pudiera convencerles para que
continúen juntos.
T.:
a) ¿Has pensado en dejar la universidad para poder estar allí?
b) Sientes que si estuvieras en casa serías capaz de cambiar las cosas.
c) ¿.Por qué tu presencia cambiaría las cosas?
31.
P.: Estoy muy frustrado. Mi madre se siente dolida si yo no hago lo que ella
quiere. ¿.Es que o-se da cuenta de que tengo mi propia vida?
T.:
a) Debe de ser muy engorroso. Mi madre también me hace esas cosas.
b) Mi madre también se porta así. No estoy seguro de ser capaz de
olvidarlo.
c) Debes sentirte furioso por eso. Recuerdo cómo me sentía yo
cuando mi madre no me dejaba tomar mis propias decisiones.
32.
P.: No sé si he progresado algo desde que empezamos. Llevo trabajando
mucho tiempo para solucionar mis problemas, pero nada parece haber cambiado..., a
pesar del tiempo y el dinero invertidos.
121
T.:
a) Pese a que te sientas como dices has realizado algunos progresos.
Yo veo algunos. Vamos a examinarlos.
b) Pareces enfadado conmigo porque piensas que no has progresado.
c) Pareces frustrado. Quizá estás considerando si debes continuar
viéndome.
33.
P.: (Mirando por la ventana, hablando sin inflexiones de voz): Mi marido ha
ascendido en su trabajo. Nos cambiamos de casa el mes que viene. Eso me hace muy
feliz.
T.:
a) Parece que usted se alegra de su ascenso, pero que no le agrada
cambiarse de casa.
b) Debe de estar muy contenta. ¿Dónde se van a vivir?
c) ¿Le desagrada cambiarse de casa?
34.
P.: Quiero entrar en la Facultad de Medicina, pero no tengo la media. No sé qué
voy a hacer.
T.:
a) ¿Cómo es que quieres hacer Medicina, que exige estudiar mucho, si
no estudias ahora?
b) Aunque estudias muy poco dices que quieres hacer Medicina. Me
resulta difícil de comprender.
c) Dices que quieres entrar en la Facultad de Medicina, pero que no
puedes hacerlo porque tu media no es suficientemente alta. ¿Te
sientes verdaderamente capaz de entrar en esa Facultad con tus
hábitos de estudio?
35.
P.: (Una mujer que está hablando sobre su marido): Cuando está en casa no
presta mucha atención a lo que allí ocurre. Siempre está pensando en su trabajo. Me
gustaría verle más interesado por lo que pasa en casa.
T.:
a) Usted es consciente de que su marido ahora está muy metido
en su trabajo, pero cuando está en casa le gustaría que él estuviera realmente
allí.
b) Parece que a usted le molesta que él se preocupe por su trabajo.
c) Le gustaría que él se interesara más por usted cuando está en casa.
36.
P.: (La entrevista ha llegado al inicio de la despedida).
T.:
a) Hemos logrado alcanzar los objetivos que usted se propuso;
me pregunto si no ha llegado el momento de dejar nuestras entrevistas.
122
b) Durante los últimos meses hemos realizado progresos
considerables en relación con las metas propuestas. En este momento me
pregunto si hay algunos otros asuntos que a usted le gustaría explorar.
c) Parece que hemos tenido éxito al alcanzar las metas que
usted se propuso inicialmente. He estado pensando que quizá debiéramos
terminar nuestro contacto después de esta entrevista. ¿Está de acuerdo?
B) Ensayos conductuales

Desarrollar una entrevista de treinta a cuarenta y cinco minutos
de duración con el objetivo de que el terapeuta integre todas las
habilidades y estrategias que ha adquirido.
En este caso es importante que el terapeuta se esfuerce por desarrollar un estilo de
comunicación e interacción acorde con sus preferencias personales, enfatizando el
manejo adecuado de los siguientes recursos:
a)
la conducta verbal y la no verbal
b)
la calidad y el nivel de empatía
c)
el grado de implicación y espontaneidad del entrevistador
d)
la selección de las técnicas de intervención verbal.
e)
El grado de estructura adecuada
5.5. Soluciones:
1.: Inadecuada: sermonea.
2.: Inadecuada: introduce un tema trivial.
3.: Adecuada: refuerza al cliente para que siga hablando.
4.: Inadecuada: es una recriminación.
5.: Inadecuada: es un bombardeo de preguntas.
6.: Adecuada: permite ahondar en el tema sin sesgarlo.
7.: Adecuada: refleja los sentimientos del cliente ante un tema probablemente espinoso
y, en cualquier caso, íntimo.
8.: Inadecuada: es una interpretación mal enunciada.
9.: Adecuada: la inmediatez está formulada correctamente en una situación idónea.
123
10.: Inadecuada: la autorrevelación tiende a ser prolija.
11.: c
12.: b 13.: c
14.: b 15.: a 16.: c
17.: c
18.: a 19.: b 20.: b 21.: a
22.: c
23.: c
25.: c
28.: a
29.: c 30.: b 31.: c
33.: a
24.: c
26.: b 27.: c
32.: c
34.: c 35.: a 36.: b
124
7. LAS ETAPAS
Durante una entrevista terapéutica pueden distinguirse tres etapas o fases y cada una
de ellas posee características específicas derivadas de la función que cumple en el
proceso terapéutico.
7.1. Primera etapa o fase inicial
El objetivo principal de la primera etapa o fase inicial de una entrevista es lograr que
el paciente se sienta cómodo en presencia del terapeuta, así como dispuesto a hablar lo
más libremente posible de inhibiciones de cualquier índole. El establecimiento de esta
clase de relación de trabajo se conoce con el nombre de rapport y puede lograrse por
los medios habituales en otras formas de interacción social. Entre ellas destacan las
expresiones no verbales, como una sonrisa amable, un cálido apretón de manos o una
suave invitación a tomar asiento. También contribuyen a establecer una atmósfera
distendida las características físicas del lugar donde se desarrolla la entrevista. Estas
deben ser tales que favorezcan al máximo la confianza, la sensación del paciente de
estar adecuadamente atendido y de que cuanto él diga será tratado de forma
confidencial.
Distintos trabajos empíricos han puesto de manifiesto que los elementos que, con
independencia del marco teórico del terapeuta, tienden a convertir la entrevista en una
relación interpersonal adecuada para alcanzar objetivos psicoterapéuticos son:

Los comentarios del terapeuta se mantienen en la misma línea de
pensamiento que la desarrollada por el sujeto.

El terapeuta es totalmente apto para comprender los sentimientos del
paciente.

El terapeuta intenta, de hecho, comprender los sentimientos del
paciente.

El tono de voz del terapeuta expresa su capacidad para compartir los
sentimientos del paciente.

El terapeuta considera al paciente como su colaborador en la resolución
de un problema común.

El terapeuta trata a su paciente como a un igual.
Por el contrario, los rasgos considerados más disfuncionales en una interacción
terapéutica son:

El terapeuta se presenta de tal forma que es vivido por el paciente como
un castigo.
125

El terapeuta provoca en su paciente el sentimiento de ser rechazado.

fría.
La relación interpersonal que se establece entre paciente y terapeuta es

El terapeuta pone al paciente en su sitio, con cierta frecuencia. El
terapeuta busca el favor del paciente.

El terapeuta busca impresionar al paciente haciendo alarde de su
capacidad o conocimientos.

El terapeuta trata al paciente como si fuera un niño.
En definitiva, en la medida en que el terapeuta se esfuerza por crear un clima cómodo
y de colaboración, la relación que establece con su paciente tiende a basarse en los
objetivos característicos de las técnicas no directivas. El hecho de que éstas
predominen durante la primera etapa de una entrevista, o durante las primeras
entrevistas de un ciclo terapéutico, no significa, sin embargo, que durante esta etapa, y
en un momento dado no sean aconsejables intervenciones más activas. De hecho, por
lo general la entrevista suele comenzar con un sondeo que suele adoptar la forma ¿En
qué consiste su problema? o ¿Cómo puedo ayudarle?
El clima de franca colaboración que es preciso lograr durante la primera etapa de la
entrevista se ve favorecido por el empleo de otra técnica directiva que consiste en
encuadrar, presentar o definir la situación de entrevista, mediante la especificación de
los objetivos de la interacción terapéutica y de las fases y técnicas generales de que
consta el tratamiento. Concretamente, la incidencia de esta táctica tiene una amplia
repercusión en el desarrollo de la entrevista, pues el encuadre contribuye a disminuir
notablemente la ansiedad del paciente, ya que se le proporcionan una serie de puntos
de referencia respecto de los cuales puede estructurar, tanto sus percepciones, como
sus expectativas. Este hecho suele traducirse en un considerable incremento de la
motivación para permanecer en tratamiento. Además, el encuadre ofrece al terapeuta
la oportunidad de establecer algunas hipótesis elementales en relación con la forma en
que él, y sobre todo sus expresiones y actitudes menos controladas conscientemente
afectan al paciente (inhibiéndole, tranquilizándole, etc.) La técnica de encuadrar la
entrevista o el tratamiento también es importante porque ofrece al terapeuta la
oportunidad de establecer una primera hipótesis sobre la clase de persona que es su
paciente.
La duración de la primera etapa de una entrevista suele oscilar entre diez minutos,
cuando se trata de una primera y única entrevista, hasta alrededor de doce o quince
horas, repartidas en varias sesiones, cuando el factor tiempo no está predeterminado y
es preciso realizar un detallado historial clínico.
El final de la primera etapa de una entrevista terapéutica o de la primera fase de una
serie de entrevistas, tiene lugar, cuando el paciente ha transmitido suficiente
información sobre sus dificultades, como para que su interlocutor haya podido
establecer, una primera hipótesis muy general, sobre la clase de problema que motiva
126
la necesidad de tratamiento. Es aconsejable finalizar esta etapa con un resumen donde
se sinteticen aquellos elementos que sean, a juicio del entrevistador, los más
significativos entre los aportados por el cliente. Porque el resumen facilita una
transición pausada a la siguiente etapa, pero sobre todo tiene como función dar al
paciente la oportunidad de corregir las malas interpretaciones en que hubiera podido
incurrir su interlocutor. Esta la clase de precaución se hace aconsejable no sólo al final
de la primera fase de una entrevista, sino siempre que exista el peligro de viciar el
desarrollo de una etapa posterior.
7.2. Segunda etapa o fase intermedia
La transición entre la primera y la segunda etapa de una entrevista debe realizarse, de
la manera menos brusca posible, Por esta razón, en el inicio de la fase intermedia
conviene que el terapeuta seleccione las intervenciones verbales en función de las
fluctuaciones que experimente el grado de distensión de la comunicación y la
interacción que ha establecido con su cliente.
La fase intermedia de una entrevista o de una serie de ellas, cuando la meta es un
logro terapéutico, puede subdividirse en las siguientes etapas:

Identificación del problema.

Elaboración de hipótesis.

Propuesta de solución.

Ejecución del tratamiento.
Aunque es durante este período del tratamiento, cuando más se hace notar la
influencia del modelo teórico que ha adoptado el terapeuta, es frecuente que su
objetivo general se aborde mediante una combinación de técnicas directivas y no
directivas. Por ejemplo, cuando se trata de identificar un problema, el entrevistador
primero suele revisar un tema concreto de manera no directiva, generalmente
acogiéndose a un tema propuesto por el paciente, para después, profundizar en ese
tema a través de preguntas del tipo qué, cuándo, cómo, dónde, etc.
En otras palabras, durante los primeros momentos de la etapa intermedia de una
entrevista, la tarea fundamental del terapeuta suele combinar, por una parte, el tipo de
preguntas que le permiten tirar de la lengua a su paciente, y por otra, formular
preguntas que le permitan alcanzar el quid de la cuestión.
Para poder elaborar una o varias hipótesis sobre cuáles son las dificultades, problemas
o conflictos de un cliente es necesario, en primer lugar, saber observar lo que sucede
durante la entrevista, en segundo lugar, saber deslindar la información objetiva de
aquellas informaciones que tienden a enmascararla y, por último, saber abordar las
127
fluctuaciones de la comunicación y la interacción tal como se van presentando a lo
largo de la entrevista.
En relación con la observación se recomienda, tanto la autoobservación, como la
observación de los distintos niveles de la conducta del paciente durante la entrevista.
Concretamente, en lo que atañe a su propia conducta, el terapeuta debe vigilar sus
reacciones, esforzándose por no realizar interpretaciones inmediatas de la conducta
que observa en su cliente. Este autocontrol está orientado a alcanzar dos objetivos. En
primer lugar, se trata de desarrollar la actitud psicológica de objetividad que es
necesario mantener a lo largo de la entrevista, puesto que tomar partido, a favor o en
contra, de lo que alguien hace o dice, conlleva la adopción de ciertas conductas o
actitudes que el paciente suele captar con facilidad, especialmente en caso de rechazo
o desaprobación. En segundo lugar, el autocontrol permite al entrevistador mantener
la libertad de espíritu que necesita para evaluar correctamente. Sin embargo, el hecho
de que el entrevistador deba rechazar la interpretación de las primeras impresiones
que obtiene del paciente, no significa que no deba anotarlas cuidadosamente, pues en
su momento esta clase de información puede ser especialmente valiosa.
En relación con la conducta del cliente, se recomienda observar atentamente dos
niveles:
1.
El lenguaje y los conceptos utilizados. Esta categoría conductual suele
ofrecer abundante información sobre el medio social en que se desenvuelve el
cliente, a quien en caso de que se autodefina recurriendo a conceptos como
tímido, nervioso, arisco, etc. se le deberá pedir un ejemplo reciente de su
conducta, que refleje esa característica, porque probablemente estas nociones
tengan para él un sentido distinto al que le otorga el terapeuta.
Por otra parte, las características de la sintaxis empleada por el paciente suelen
manifestar su caudal cultural asimilado, mientras que la elocución y la
pronunciación, así como las distorsiones de la pronunciación o el ritmo, suelen
revelar su sentimientos y actitudes. Por ello, con frecuencia estos aspectos del
discurso del entrevistado suelen estar en franca contradicción con el contenido
semántica.
2.
La comunicación no verbal y la expresividad general. El rostro debe de
constituir un foco de atención para el terapeuta, no porque sus características
revelen peculiaridades de la personalidad del cliente, sino porque vehiculiza la
información relativa a los sentimientos y emociones, constituyendo uno de los
mejores registros para evaluar las fluctuaciones de la interacción.
También es conveniente que el entrevistador preste atención a las manos y a los
desplazamientos corporales. Estos tienden a expresar la intensidad de las emociones y,
junto con el rostro, constituyen un medio importante en la comunicación de la
receptividad y la crispación.
Para aprender a deslindar la información objetiva de otra clase de informaciones que
pueden enmascararla es necesario tener siempre presente que, cualquier persona,
128
cuando tiene que hablar de sí mismo y de sus actuaciones anteriores, lo hace de tal
forma que tiende a minimizar los aspectos desfavorables de tales conductas, para
ofrecer la mejor imagen posible de sí mismo.
Por tanto, para poder objetivar la información que ofrece un cliente es necesario, por
una parte, identificar los efectos de su ansiedad sobre la interacción y la comunicación,
de manera que, su inseguridad respecto a la opinión del entrevistador sobre lo que él
cuenta, afecte lo menos posible a la evaluación de los hechos y, por otra, es necesario
controlar la propia ansiedad, para que ésta no desemboque en interpretaciones
precipitadas o en la autodefensa tras el rol de experto.
La capacidad que ha de desarrollar el terapeuta, para adecuar sus técnicas a las
fluctuaciones de la comunicación y la interacción que mantiene con su cliente, se halla
íntimamente ligada a la identificación de las distorsiones introducidas por la ansiedad
de los participantes en la relación terapéutica.
Así, en la situación de entrevista, los cambios en la actitud del entrevistado deben
entenderse como respuestas a los cambios de actitud del entrevistador. En otras
palabras, cuando un terapeuta observa una clara modificación de la actitud inicial del
cliente debe cuestionarse y objetivar al máximo la clave bajo la cual está funcionando
la percepción interpersonal en esa situación concreta, esto es, debe discriminar entre la
actitud directa del entrevistado hacia él, de aquellas conductas del cliente que se
relacionan con la actitud que el cliente le atribuye.
Cuando la actitud fundamental de los participantes en una entrevista terapéutica
consiste en el autorrespeto y en el respeto hacia el otro, no es previsible que existan
serias fluctuaciones, a excepción de aquellos casos en que las expectativas del cliente
hacia el terapeuta se vean seriamente frustradas.
Pero en cualquier caso, cuando la comunicación y la interacción fluctúan durante una
entrevista, las variaciones pueden seguir dos direcciones, o bien se aprecia una
mejoría o bien la evolución siguen curso deteriorante. El primero de los casos supone
siempre que el paciente, ha experimentado un alivio de la sensación de que causaría una mala
impresión, que delataría algo desastroso o algo por el estilo (Sullivan, 1984) Por el contrario,
en otras ocasiones, la comunicación puede ir deteriorándose progresivamente, de
manera que el paciente comienza a comportarse como si dudara de la valía del
entrevistador. En este caso, el requisito fundamental para hacer posible la
continuación de la relación consiste en que el terapeuta controle su ansiedad,
esforzándose por identificar mediante una versión retrospectiva, cuáles han sido los
factores que han provocado el deterioro.
En esta circunstancia es aconsejable revisar tres categorías de datos:
1) Conjunto de hechos que definen la situación. Se trata de establecer si el proceso
se ha desarrollado de forma insidiosa o si el cambio se ha instalado a partir de un
momento determinado, como por ejemplo, en el caso en que un exceso de
entusiasmo del terapeuta.'sobre un aspecto determinado, haya inducido la
pasividad del cliente, o bien le haya ofendido al decir o hacer algo.
129
2) Factores que hayan podido contribuir al desaliento del paciente respecto a los
resultados de la entrevista, va que en este caso el paciente comienza a preguntarse
qué puede hacer para salir de esa situación, sin faltar a la cortesía.
3) Relación que establece entre la situación actual y la conducta del entrevistador
hacia ese paciente, remontándose a los primeros momentos de la interacción. En
estos casos se aconseja verificar, por ejemplo, hasta qué punto el paciente provocó
desagrado al entrar en la consulta, si ha perdido el interés por los temas de la
consulta o si le ha molestado alguno de sus comentarios.
Son cambios significativos en la actitud del entrevistado los que se expresan en
bruscas manifestaciones de aburrimiento, irritación, enojo o diversión. Para este autor,
la aparición de esta clase de conductas indica que la entrevista comienza a
deteriorarse, tanto en la comunicación, como en la interacción.
Otros factores de deterioro pueden deberse al propio entrevistador. El más pernicioso
de todos ellos consiste en la inseguridad del terapeuta, respecto a su propia valía. Esta
actitud con frecuencia se revela, no mediante una petición de confianza directa, sino
mediante la falta de atención, el menosprecio o una manera humillante de dirigirse al
paciente. En estas circunstancias, la ansiedad inicial del entrevistado se agrava, ya que
sus necesidades no sólo no son resueltas en la interacción que establece, sino que, al
contrario, o adopta una actitud sumisa hacia el entrevistador para así poder
tranquilizarle, o la comunicación se degrada hasta el punto de que la interacción se
rompe. En ninguno de los dos casos se habrán alcanzado los objetivos de la entrevista
y, por tanto, ésta habrá fracasado.
Sin embargo, es posible trabajar en una situación comunicativa deteriorante siempre
que ésta no conlleve la desintegración de la interacción. Esta posibilidad existe
cuando, ante una situación de deterioro, el terapeuta está alerta respecto a su propia
ansiedad, atendiendo de manera especial al más sutil y frecuente de sus disfraces: la
irritación. Tanto si ésta es suave como si es violenta, el entrevistador deberá identificar
su causa o los factores desencadenantes, para después preguntarse de qué manera su
ansiedad se relaciona con sus expectativas de éxito y con las intervenciones concretas
ya realizadas.
Ahora bien, el entrevistador establece sus hipótesis en base a todas sus impresiones y
a la información de que dispone, pero su labor al respecto no debe quedarse ahí, sino
que debe esforzarse por verificarlas. En este punto es frecuente encontrar
entrevistadores que trabajan con estilos muy diferentes. A uno lo llamaremos
intuitivo, al otro explorativo. El terapeuta altamente intuitivo no formula
explícitamente las hipótesis que va elaborando sobre el problema de su paciente, sino
que establece o tiende a establecer, masivamente, inferencias inadvertidas que regulan
sus intervenciones posteriores. Esta forma de abordar la entrevista resulta
excesivamente rica en espontaneidad y, por ello, peligrosa, puesto que la conducción
del proceso se independiza de los datos concretos sobre los que se establecen la toma
de decisiones y la adopción de las actitudes, expectativas, etc., Es decir, un estilo
marcadamente intuitivo convierte la interacción terapéutica en un proceso poco
controlado y menos controlable aún con el transcurso del tiempo. Por el contrario, el
130
terapeuta de estilo explorativo se esfuerza, en primer lugar, por formular
explícitamente las hipótesis que maneja en relación con su cliente, al tiempo que trata
de identificar los pasos que le han llevado a relacionar ciertas apreciaciones con ciertas
hipótesis. En segundo lugar, el terapeuta explorativo se esfuerza por probar las
hipótesis que ha elaborado, mediante intervenciones explorativas que obedecen a un
objetivo bien definido. Esta última clase de entrevistadores también se caracterizan
porque periódicamente dirigen a su cliente preguntas críticas, esto es, preguntas cuya
respuesta confirmará su hipótesis o indicará que ésta debe de ser rechazada y
sustituida por una hipótesis alternativa. Dicho de otra manera, el terapeuta
explorativo aplica en su trabajo el método hipotético deductivo, de manera que sus
intervenciones ofrecen la mayor garantía posible de rigor científico y seriedad, pese a
la complejidad y sutileza implicadas por la situación de entrevista terapéutica.
7.3. Tercera etapa o fase final
La tercera etapa de una entrevista se conoce con el nombre de cierre de la entrevista o
cierre del tratamiento. Tanto en un caso como en otro, su objetivo fundamental
consiste en consolidar los logros alcanzados durante las etapas anteriores del proceso.
Esta fase se inicia con una suave indicación del entrevistador respecto a que se acerca
el final, indicación que debe ser seguida por un resumen de los contenidos tratados.
Con el empleo de esta técnica se potencian dos objetivos. Por una parte se ofrece al
cliente la oportunidad de aclarar aquellos malentendidos en que hubiera podido
incurrir el entrevistador y. por otra, se le brinda la posibilidad de comunicar cualquier
información que hubiera quedado retenida por diversos motivos. De hecho, es
relativamente frecuente que el cliente, en este momento próximo a la despedida,
ofrezca alguna información especialmente relevante. Este fenómeno suele darse en
pacientes que no desean que acabe la entrevista y que, por ello, tratan de prolongarla
sacando un tema de interés, o bien en pacientes que, sabiéndose en el final de la
entrevista, dejan de temer las consecuencias que pudiera tener el hecho de revelar una
información que ellos consideraban perturbadora. Por esta razón, el terapeuta no debe
descuidar su atención y su interés ni siquiera en los últimos momentos de la
entrevista.
El siguiente tipo de intervención del entrevistador en la fase final del proceso se refiere
a las prescripciones, que según los modelos teóricos adoptados pueden consistir en
tareas a realizar por el paciente, en su casa, durante el tiempo que transcurra hasta el
próximo encuentro, en recomendaciones acerca del manejo de futuros problemas, en
reasegurar al paciente respecto a su capacidad para manejarse solo, en potenciar su
motivación en los temas tratados sugiriendo como podría abordarse la sesión próxima
o en especificar como se realizará el seguimiento.
En cualquier caso, la función de esta intervención terapéutica consiste en atar los cabos
que hayan podido quedar sueltos, insistiendo siempre en los aspectos potenciadores
131
de la comprensión del paciente respecto de sus dificultades, y en su esperanza y
autoconfianza frente al futuro.
Por último, esta etapa y con ella el tratamiento o la entrevista culminan con la
despedida formal, que consiste en los rituales sociales habituales en una despedida. Es
recomendable que ésta se desarrolle de forma breve y respetuosa, pero también cálida,
de manera tal que haya un lugar para el reconocimiento del esfuerzo realizado y la
manifestación de sentimientos de gratitud y afecto. Cuando se trata del final de una
serie de entrevistas terapéuticas la transición entre el tratamiento y el postratamiento
debe realizarse de la manera más suave y productiva posible. En este caso es frecuente
que la etapa final abarque varias entrevistas, porque con muchísima frecuencia, la
utilidad de un tratamiento, en cuanto a cimentación de los resultados alcanzados,
depende de la flexibilidad de la comunicación y la interacción durante los últimos
momentos del encuentro terapéutico.
7.4. Ejercicios
Ensayos conductuales
Los ejercicios de ensayo conductual que se proponen a continuación tienen como
objetivo fundamental, familiarizar al entrevistador poco experimentado, con los
momentos más característicos del desarrollo de las entrevistas terapéuticas,
consideradas a lo largo de todo un tratamiento. La consecución de este objetivo se verá
facilitada si tras cada ejercicio se discuten en el equipo de trabajo, tanto el nivel de
adecuación alcanzado en cuanto al grado de directividad, como la tendencia a
estructurar más o menos las entrevistas, en función de las preferencias personales y
del modelo teórico al que se adscribe el entrevistador.

Realizar un ensayo conductual de al menos veinte minutos de duración
para cada una de las situaciones siguientes:
-Primera entrevista con un paciente del que no se conoce ningún dato
personal, excepto el nombre y la edad. La hora de consulta fue reservada
por teléfono.
-Primera entrevista con un paciente que ha sido remitido por algún
profesional de la psicoterapia, la medicina o por alguna institución. El
entrevistador ha tenido oportunidad de consultar antes de su encuentro
con el paciente, un amplio informe sobre su problemática y situación
actual.
-Primera parte de una entrevista en la que se reanuda el tratamiento tras
unas largas vacaciones.
132
-Momentos iniciales de una entrevista de la fase intermedia de un
tratamiento.
Para todos estos casos se recomienda prestar especial atención a los aspectos verbales y
no verbales facilitadores del rapport.

Realizar una sesión de ensayo conductual de al menos treinta minutos
de duración, de una entrevista terapéutica, cuyo objetivo central sea alguna de
las siguientes metas:
-Identificación precisa del problema del paciente.
-Elaboración de una o varias hipótesis respecto a la naturaleza de las
dificultades del paciente.
-Propuesta(s) de metas terapéuticas específicas y de los medios que serán
empleados en orden a su consecución.
-Ejecución del tratamiento acordado.
Se recomienda al entrevistador que en todas estas situaciones se esfuerce por integrar
las conductas relacionadas con la habilidad de saber escuchar y saber preguntar, en
función de las hipótesis que elabore.

Realizar una sesión de ensayo conductual, de al menos un cuarto de
hora de duración, en la que se recoja alguna de las siguientes situaciones:
-Final de una entrevista inicial cuando se prevé que paciente y terapeuta
volverán a trabajar juntos.
-Final de una entrevista inicial que no tendrá continuación.
-Final de una entrevista de la fase intermedia del tratamiento.
-Entrevista final de un tratamiento que contará con un período de
seguimiento.
-Entrevista final de un tratamiento que no tendrá seguimiento.
Se recomienda al entrevistador que planifique, con anterioridad al ensayo conductual,
cómo desea abordar la transición entre la fase intermedia y la final, así como la manera
de encadenar la despedida formal o social con el final del proceso terapéutico
propiamente dicho.
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