Subido por Mariela Silva

Cartas

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Cartas, crónicas y relaciones del descubrimiento y la conquista
WALTER MIGNOW
¿Qué es, pues, el texto? un acto verbal conservado en la memoria colectiva y de al/a
significación en la organización de una cultura. De esta definición podemos derivar dos
corolarios de uso inmediato: el primero es que el texto, definido como acto verbal, es
inseparable de la lengua; el segundo nos permite distinguir, aunque de manera intuitiva, el
texto del documento.
1. CARTAS RELATORIAS
El objetivo principal de hombres como Cristóbal Colón y Hernán Cortés no es el de
escribir, sino el de descubrir y el de conquistar. Escribir es secundario y, en cierto sentido,
una obligación. Colón manifiesta esta obligación muy claramente en la carta del tercer
viaje.
El «Diario de navegación», informe de Colón sobre su primer viaje, es el texto inaugural de
la familia. Los textos del descubrimiento se diferencian, de este modo, de los de la
conquista no sólo por su tema, sino por la dimensión que tal tema adquiere: en el caso del
descubrimiento la carta (información verbal en la que se describe la posición de las nuevas
tierras) es complemento de la carta (el mapa, información gráfica donde se diseña la
posición de las nuevas tierras).
He ahí una de las dimensiones textuales que tienen tanto la carta como el mapa. En la
transformación de las nociones cosmográficas. «Diario de navegación » o «Libro de
navegación» es ambas cosas. a la vez, dado que su realización evidencia estructuras de los
tipos discursivos diario y carta. se manifiestan los rasgos distintivos de la carta y del
diario. Por una parte, la apelación directa a su destinatario identifica el «escrito» como
carta; por la otra, la expresión «de día en día» lo identifica como diario.
No una dimensión literaria, sino una dimensión cognitivo-expresiva: la cognición de un
objeto o acontecimiento, tal como se manifiesta en el discurso, que expresa tal acto
cognitivo. Sabemos al respecto, que la cognición de un objeto o de un acontecimiento. No
resulta únicamente de las informaciones que se «extraen» de tal objeto sino también (y
quizás fundamentalmente), resultan de lo que sabemos antes de enfrentamos con el objeto.
Lo cual quiere decir, expresarlo mediante el lenguaje con el que expresamos y nos
referimos a los objetos conocidos. La descripción del paisaje en las cartas de Colón. De
ninguna manera evidencia un aspecto «literario». Sino más bien cognitivo: isla tras isla, la
descripción se resuelve en pocos renglones.
Cotón de ninguna manera marca (j. e .da instrucciones a su destinatario) una intención
escritural que conecte su acto de lenguaje con la tradición poética de la cual,
presumiblemente, extrae sus modelos. En la trayectoria que podemos trazar desde el
«Diario de navegación» y la primera carta 24 a las del tercer y cuarto viaje, vemos que las
descripciones del paisaje y de la gente, se alternan con otras preocupaciones: la
cosmografía y las obsesiones personales.
Las obsesiones personales se manifiestan en d os direcciones: por un lado en la imaginería,
paralela a la comprobación empírica. Que le lleva a pensar en las puertas del paraíso; por
otro, en la manifestación de la quiebra del sujeto, notable en su cuarta carta. La fuerte
convicción de estar ante las puertas del paraíso, está ligada a sus especulaciones
cosmográfic3s. En primer lugar. Colón comienza por repetir la posición del paraíso
terrenal en la versión de la «Sacra Escritura»: en segundo lugar, y al igual que en su
argumentación sobre la forma de la tierra, continúa con la revisión de las autoridades
clásicas.
En tercer lugar, sitúa el Paraíso según sus conclusiones cosmográficas sobre la forma de la
tierra
La quiebra del sujeto, lo enfrenta al dilema entre la fama terrena y la salvación divina. La
quiebra del sujeto no puede sino manifestarse en los términos que su cultura le ofrece: la
salvaci6n divina como alternativa del fracaso humano.
Las cartas y los diarios colombinos son los textos originales que definen el referente
(Indias) de la familia discursiva en su posición geográfica; además, inician el discurso sobre
lo «natural» y lo «moral que se continuara en las historias posteriores: Por otra parte, sus
cartas y diarios son los informes de una empresa política y comercial y el testimonio de la
imaginería y las obsesiones del sujeto a cargo de tal empresa.
El descubrimiento es, para Colón, descubrimiento de lo no visto pero sabido y de ninguna
manera descubrimiento de lo conocido, puesto que se sabía de antemano lo que eran: «el fi
n del Orienten H. Este es el momento de la historia cultural en que la nominalización del
referente (Indias; American) entra en litigio y cuando las cartas de A. Vespucio adquieren
su lugar y cumplen su fu nci6n textual en los escritos del descubrimiento. Son estas cartas
las que comienzan a alterar el concepto.
Los dos primeros viajes se realiza ron bajo bandera española, en tanto que los dos últimos
bajo bandera portuguesa.
Dos aspectos nos interesa retener del epistolario vespuciano en relaci6n al tema de las
cartas del descubrimiento:
a) Sus cartas no son informes obligatorios y están dirigidas no a los reyes de España o de
Portugal, sino a amigos italianos que son, en su mayoría. «hombres doctos» y no hombres
de empresa. Este hecho pone de relieve el aspecto pragmático de la producción epistolar y
destaca el rol social de quien escribe. En las cartas de Vespucio nos encontramos con un
sujeto textual observador que no ocupa el primer plano en su correlación con el agente de la
acción como se da, de nuevo, en los casos de Colón y de Cortés. Es, repitamos, un sujeto
textual observador pero no un sujeto textual que debe asumir, con todas sus consecuencias,
la responsabilidad de una empresa; ni su derrota ni su triunfo en ella.
b) El segundo aspecto, semántico-referencial, se relaciona con el contenido de la epístola
«Mundus Novus». En ella se desencadena la noción de la existencia de la «cuarta parte del
mundo»; y se la ilustra, además, con la posición de las estrellas desde tales tierras (o mares)
que se encuentran en las antípodas del «viejo mundo».
El del descubrimiento -o de las letras- , las cartas de Colón y de Vespucio, el de la
conquista (Cortés, Valdivia) y finalmente, el de la colonización (relaciones y «crónicas»).
Se ha destacado, así, que uno de los aspectos de las cartas son los latinismos léxicos,
además de ciertas reminiscencias de la sintaxis latina. Las reminiscencias de la sintaxis
latina se encuentran, precisamente, en la salutatio: lo cual indica que Cortés, al menos en
este preciso aspecto, era muy consciente de las exigencias retóricas impuestas a la epístola.
Encontramos unos principios (literarios)) en las epístolas de Cortes: lo que encontramos es
oficio: o. si se quiere, arle en el sentido que la palabra tenía en el siglo XVI.
Se esforzaba por no dejar «cabos sueltos», ni en los párrafos ni en la totalidad de las cartas:
del párrafo a la carta, y de una carta a las anteriores, siempre encontramos las indicaciones
necesarias para no perdernos en la organización de lo narrado: la materia (podríamos
arriesgar haciendo uso de la terminología retórica) es cuidadosamente controlada por la res;
y a ello sirven los diversos niveles de la dispositio SI. En el párrafo, para ilustrar
brevemente. Cortés abunda en morfemas conectivos y en elementos anafóricos que
retoman, a cada instante, lo dicho anteriormente. En la totalidad de la carta, emplea el
apelativo epistolar (<<En los capítulos pasados, muy poderosos Señor... »); los indicadores
temporales y espaciales, sus «relaciones muestran una clara conciencia en el manejo de la
materia verbal.
2. RELACIONES
Relaciones de la conquista y de la colonización, se caracteriza tanto por sus rasgos
pragmáticos como organizativos. El principio organizativo determinado por el cuestionario.
Este grupo de textos, debido a las crecientes exigencias prácticas, es el que menos
conexiones traza con la cultura <letrada» y el que más se ajusta, derechamente, a la
información que trasmite y organiza.
El sentido que tiene el vocablo, en el siglo xv, es el de «la narración o informe que se hace
de alguna cosa que sucedió» (Diccionario de Autoridades): y es el vocablo castellano
correspondiente a los latinos relatio y narratio.
En uno de sus sentidos correspondería al actual vocablo, relato. Pero, en el contexto del
grupo de textos que denominamos relaciones de la conquista y de la colonización, tiene el
sentido más específico de «relato/informe solicitado por la Corona».
Tres momentos históricos que caracterizan el tipo discursivo relación: 1) el periodo no
oficia, que se extiende desde 1505 hasta 1514; 2) el periodo oficial posterior a 1574, y 3)
los libros que se modelan, en parte, bajo el mismo principio organizativo de las relaciones
cuya base es el cuestionario.
El primer periodo del pedido de informes. Aunque no oficializado, comienza aparentemente- con la carta que los reyes le envían a Colón, desde Barcelona con fecha 5
de septiembre de 1493.
Es un pedido de la corona; y da la pauta de lo que en gran parte aparece en las cartas de
Colón y de lo que el escritor «verá» en las Indias; parcialmente su ver estará condicionado
por lo que los reyes quieren saber (cotéjese, por ejemplo, la última parte de la primera carta
de relación de Cortés, con la carta de Diego Velásquez). En fin, aparece aquí una de las
primeras características de las relaciones y es que ellas no transcriben la observación
«libre» de quien escribe, de lo que ve quien escribe, sino que responden, de alguna manera,
a los pedidos oficiales.
Las relaciones oficializadas a partir de 157402, En esta primera etapa, la cuestión parece
ser, siguiendo el estudio de Jiménez de la Espada, que no es seguro que se estableciera
obligatoriamente, ni que se diera sin alteraciones a lodos los navegantes y descubridores.
Por otra parte, las instrucciones no son tampoco homogéneas.
En esta trayectoria, parece de importancia la cédula de 1533, fechada en Zaragoza el 8 de
marzo y firmada por ((La Reina y Sámano, secretario». Este documento (que se
confecciona para asegurar los frutos económicos durante el reinado de Carlos Y, y dirigido
a ((VOS el nuestro gobernador y oficiales de la provincia del Perú)) consta de siete asientos
y es una de la primeras manifestaciones de una regulación sistemática de las preguntas.
Desde este momento, Ovando comienza a establecer exigencias rígidas a los pedidos de
información para llevar a cabo la compilación de los dalos necesarios para tal libro. Y
comienza. Desde este momento, la confección de los cuestionarios que se envían a
gobernadores y virreyes. Los cuestionarios sufren muchas transformaciones hasta que,
después de la muerte de Ovando (1575 ó 1576), López de Velasco, que había sido
nombrado para el cargo de cosmógrafo y cronista, se ocupa de reducir el cuestionario a
cincuenta preguntas. Las relaciones se presentan como ajustadas a un modelo creado sobre
la marcha y basado sobre las necesidades que brotan de la información que se desea
obtener.
El primero de estos libros es de Juan López de Velasco, Geografía y Descripción Universal
de las Indias. Siendo Velasco parte en la formulación de los cuestionarios. La Geografía
sobrepasa, sin lugar a dudas. Los estrechos límites del cuestionario. Es más, al propio
Velaseo se le reconoce un lugar especial en la geofísica por su trazado de las longitudes, de
la declinación magnética y el trazado de las líneas de los vientos que afectan a la
navegación. Pero cuando López de Velasco llega a la descripción de las tierras de Indias y
de sus ciudades, el cuestionario «aparece».
El segundo ejemplo del que nos ocuparemos es el Compendio y Descripción de las Indias
Occidentales, del padre Antonio Vázquez de Espinosa. Comienza por describir la
navegación desde España y continua, repitiendo afirmaciones sobre la redondez de la tierra,
etc. importante el aspecto etnológico, religioso, histórico y naturalista ocupan éstos un lugar
destacado
Ambos libros se ajustan, más bien, al modelo del informe o recopilación general de noticias
sobre Indias de las cuales el cuestionario, y las relaciones que de él se obtienen, son un
paso intermedio para la composición de los compendios y las descripciones que no
escribirán los gobernadores y los vicerreyes, ni menos (los vecinos)), sino los hombres de
letras. Su rasgo distintivo, en el orden pragmático es, como dijimos, ser obra de hombre de
letras; y en el aspecto sintáctico-semántico, responder a una organización que no se basa en
modelos de la tradición clásica, sino en modelos forjados por las necesidades del caso:
recoger y ordenar la información sobre las nuevas tierras conquistadas.
3. LA CRÓNICA y LA HISTORIA
En primer lugar, historia (que provine del griego) se emplea, en la antigua Grecia en el
sentido de ver o formular preguntas apremiantes a testigos oculares; y significa también el
informe de lo visto o 10 aprendido por medio de las preguntas. El primer hecho que debe
destacarse de este sentido del vocablo es que no contiene, de ninguna manera, el
componente temporal en su definición. Es quizás por esta razón por lo que Tácito denomina
anales al informe de lo pasado; en tanto que llama historia al informe de los tiempos de los
cuales, por su trayectoria vital, es contemporáneo. Tal definición la recoge San Isidoro en
sus Etimologías y se repite, todavía, en los tratadistas dc la historiografia en los siglos XVI
y XVII. La ausencia del componente temporal explica el nombre y el concepto de «historia
natural); y es así como lo encontramos, en los siglos XVI y XVII hispánicos. Crónica, por
el contrario, es el vocablo para denominar el informe del pasado o la anotación de los
acontecimientos del presente, fuertemente estructurados por la secuencia temporal. Más que
relato o descripción la crónica, en su sentido medieval, es una “lista” organizada sobre las
fechas de los acontecimientos que se desean conservar en la memoria.
Ya hacia el siglo xvi los antiguos anales y crónicas habían ido desapareciendo
gradualmente y fueron reemplazados por la historioe (narración del tipo gesta o del tipo
vitae, éste último, que ira conformando la biografía). Es este, al parecer, el sentido en el que
se emplea el vocablo “crónica” en los escritos sobre el descubrimiento y la conquista.
Los aspectos que caracterizan a la historiografía como formación discursiva. Ello quiere
decir que quien escribe historia no lo hace, sólo por la obligación de informar, sino que lo
hace aceptando el fin que la caracteriza y la distingue (i.e.: el fin de la actividad
historiográfica). El fin de la historia (del escribir historia) se caracteriza, por un lado, en un
nivel filosófico y. por otro, público. En cuanto al primero, se ocupa de verdades
particulares. El fin público de las verdades particulares es el de la utilidad comunitaria. Los
propósitos, sin embargo, pueden variar de acuerdo a los fines. Cuando la formación
discursiva existe es ésta la que de alguna manera dicta la forma y los motivos por los cuales
se emprende la actividad de escribir.
Un segundo y fundamental aspecto es el de la «causa eficiente»: el historiador. Como en
toda formación discursiva, ésta regula las condiciones que deben cumplir los agentes de tal
actividad. La historia exige que el historiador cumpla con determinadas condiciones. La
escritura de la historia no puede dejarse en manos de cualquiera, sino de los letrados.
Finalmente, la formación discursiva se caracteriza también por las divisiones internas que
establece.
1) Historia Divina {Historia Natural
Historia Moral
Vrs.
Historia Humana
2) Historia Universal vrs. General y Panicular,
La división 1) se basa sobre el «contenido de la historia. Como se sabe, la historia natural y
moral cubre lo que con posterioridad al siglo XVIII se divide, por un lado, en disciplinas
independientes (botánica, zoología, sociología, psicología, etc.). Por otro lado, la «historia
humana» se produce en un marco epistémico que no marca la división de ciencias naturales
vrs. Ciencia humanas o del espíritu». La segunda división atañe no a la materia sino a los
límites temporales (cronológicos) y geográficos (topográficos) en los que se enmarca la
materia.
Fernández de Oviedo emplea el vocablo «historia» con plena conciencia de la actividad
historiográfica que emprende. Las huellas de estas orientaciones se encuentran a lo largo de
la Historia General y Natural de las Indias.
En primer lugar es la tendencia a valorar la experiencia, sobre todo en relación al momento
cultural y a la significación de las nuevas tierras descubiertas, dejando de lado los
lapidarios y bestiarios medievales. En segundo lugar, el hecho de que esa experiencia le
sugiera «continuar » la obra de Plinio. Tal experiencia esté ligada al modelo que le ofrece
el libro de Plinio. La concepción de la historia natural se manifiesta, entonces. En la
exposición de la materia (la realidad natural de las Indias) organizada sobre el modelo de
un libro. Plinio no sólo inspira, sino que dicta el orden expositivo.
¿Cuál es la concepción de la «historia moral» en Oviedo? Palabras, memorias, historias,
perpetuación del pasado y perpetuación de la jama; base de la concepción de la historia
moral o de la conservación de los hechos humanos mediante «historias escritas». Sobre esta
base, Oviedo conecta sujustil1cación para escribir la gesta cortesiana. Esta concepción de la
historia humana la veremos acentuada en el siglo XVII con el agregado de la importancia
que la elocutio adquiere en la narración.
En Francisco de Gómara encontramos otro ejemplo de la concepción de la historia moral
Hisponia Vitrix y que se compone de dos partes: la primera la Historia General de las
Indias y la segunda, La Conquista de México, «Segunda parte de la Crónica General de las
Indias». En la dedicatoria: Quiso Dios descubrir las Indias en vuestro tiempo y a vuestros
vasallos, para que las convirtiésedes á su santa ley (...). Comenzaron las conquistas de
Indios acabada la de los moros, porque siempre guerreasen españoles contra infieles».
En primer lugar, la Conquista de México se organiza desde el nacimiento hasta la muerte de
Hernán Cortés. La estructura de lo que más tarde se consolidará como un tipo discursivo
historiográfico: la biografía. El «fin» de esta historia es el de narrar los hechos notables de
una persona para rescatar del olvido la memoria de sus hazañas: estableciendo así la fama
de la persona historiada.
Se resumen los problemas de la lengua en que debe ser escrita la historia, la organización
del discurso y, finalmente, los criterios de verdad historiográficos, que Gómara
cuidadosamente distingue entre lo que hay u ocurrió de la manera en que lo habido u
ocurrido se conceptualiza en el discurso: en términos más actuales veríamos en ello el
crucial problema de la referencia y la significación.
En el prólogo se manifiesta aquí bajo dos principios básicos de la preceptiva
historiográfica: la topografía y la cronología. La «historia general» que se complementa
cuando es necesario con la dimensión cronológica sigue. en general, el derrotero norte a sur
donde para «cada costa» Gómara no sólo se ocupa de las guerras de los españoles y de las
conquistas sino también integra la «historia moral» de los habitantes nativos y también
datos de «historia natural».
Destaquemos la advertencia de «hacer alguna mixtura»: ella nos conduce, por un lado, a la
razón por la que denomina también coránica al libro y. por otro lado, nos conducirá a la
Apologética. Las palabras siguientes resumen y sitúan a la Apologética como un libro que
oscila entre los propósitos de la dialéctica y de la retórica: por un lado, la intención
manifiesta de demostrar la verdad nos remite a la primera en tanto que, por otro lado, la
intención latente de forzar una posición ideológica, nos remite a la segunda.
La Apologética está organizada en tres libros. El tercer libro use propone demostrar la
capacidad racional del indio por sus obra s, examinadas de acuerdo al esquema aristotélico
de las tres especies de prudencia: monástica, económica y política». El libro más extenso,
por lo tanto, es el que trata de cuestiones morales en tanto que los otros dos se ocupan más
bien de los aspectos naturales que contribuyen a hacer del indio un ente racional. El
segundo libro «la castidad y otras virtudes», de la “mansedumbre y del excelente ingenio” y
de la «nobleza de las almas» es porque ello se analiza desde el punto de vista de la
«relación que hay entre los climas y las condiciones de los hombres». El primer libro
comienza por una descripción de la isla La Española. En las cuatro vueltas loca los
distintos puntos cardinales de la isla para, luego, detenerse sobre los mantenimientos, los
frutos y los árboles. Los capítulos finales del primer libro los dedica a la demostración,
apelando a las causas para demostrar la salubridad de la isla, y las riquezas naturales que el
clima permite.
La Apologético Historia es una historia en donde una de las estructuras fundamentales, no
necesariamente común para la formación discursiva historiográfica, es la estructura
argumentativa. La descripción y la narración son, como en todo discurso argumentativo, las
pruebas de la demostración. Pero una demostración que, como dijimos al comienzo de este
apartado, oscila entre el argumento dialéctico (filosófico) y el argumento retórico. La
dialéctica conduce a la formación de las reglas de la verdad lógica y entimemática, mientras
que la retórica se ocupa de la verdad pública y de la persuasión.
El padre José de Acosta en su Historia Natural y Moral de las Indias, emplea libro o
relación para lo que, en otras oportunidades, llamará también historia (i.e. una relación de
hechos verdaderos, un libro que cuenta hechos verdaderos); en segundo lugar, que llama la
atención sobre la falta de libros que indaguen en las causas de ,tales novedades y
extrañezas», En tercer lugar emplea también el vocablo argumento no para la estructura
verbal demostrativa sino más bien en el sentido de «assunto o materia de que habla algún
libro» (Diccionario de Autoridades). La terminología es pertinente por cuanto el discurso
sobre las causas afecta fundamentalmente la «historia natural» en tanto que es notable la
caída hacia lo meramente descriptivo en las «obras del libre albedrío». Esta primera parte
está consagrada «al cielo y a la habitación de las Indias en general» (pág. 88). En la
segunda trata de los tres elementos (aire, agua y tierra) y de los compuestos (metales,
plantas y animales). La tercera está dedicada a las «obras del libre albedrío». El
«repertorio» de Acosta proviene de la lógica, de la física y de la astronomía. La concepción
de la naturaleza que Acosta retoma de Aristóteles.
Al pasar a los mixtos o compuestos, la exposición comienza a ser fundamentalmente
descriptiva más que argumentiva. Esta parte de la historia natural se mantiene sobre la
estructura descriptiva dominada por los verbos «ser», «estar», «tener» y «hacer» (o
equivalentes), cuando se trata de describir el uso que se hace de un metal , un vegetal o un
animal. A estas descripciones se intercalan no solo las referencias clásicas pertinentes, sino
también las experiencias personales del propio Acosta que comienzan a aparecer con más
asiduidad .para Acosta, la razón es primera a la experiencia.
Mientras que el conocimiento de la naturaleza le conduce a la admiración del Creador, el de
la historia moral «no es sólo dar noticia de lo que en Indias pasa, sino enderezar esa noticia
al fruto que se puede sacar del conocimiento de tales cosas, que es ayudar aquellas gentes
para su salvación, y glorificar al Creador y Redentor que los sacó de las tinieblas
oscurísimas de su infidelidad». Los capítulos I al IX, del libro VI, están dedicados a
demostrar que ((es falsa la opinión de los que tienen a los Indios por hombres faltos de
entendimiento» y a considerar, en este libro, el problema del entendimiento en relación a su
((falta de letras)). Letras, en este capítulo, se emplea en sentido restringido y es sinónimo
no de «conocimiento o sabiduría)), sino dc escritura: «las letras se inventaron para referir y
significar inmediatamente las palabras que pronunciamos, así corno las mismas palabras y
vocablos» (cap. VI). Acosta liga estas ideas sobre las «letras» a la concepción del
«discurso». Ni tienen alfabeto, ni escriben letras, ni es la diferencia de caracteres, sino en
que principalmente su escribir es pintar o cifrar, y sus letras no significan partes de
dicciones como las nuestras, sino son figuras de cosas, como de sol, de fuego, de hombre,
de mar y así de lo demás (cap. V).
Escritos que se refieren «al descubrimiento y a la conquista, centramos la atención sobre las
historias particulares. Las razones por las cuales estas tienden a reemplazar las historias
generales, naturales y morales pueden ser varias. Primero: El interés creciente por el
conocimiento de regiones específicas más que la generalidad de Indias; por otro lado. la
propia tendencia historiográfica que va concentrando la concepción del re lato histórico, los
medios : la idea de una narración coherente se hace más perentoria.
La conquista de México en la versión de Sahagún
I. Historia General de las cosas de Nueva España
Presenta un panorama general y a la vez pormenorizado de la cultura del México
prehispánico; en su elaboración intervinieron, además del fraile, indígenas; está escrita en
castellano, náhuatl y contiene también algunos fragmentos en latín; incluye ilustraciones y,
en su última parte, narra la conquista de México desde la óptica de los indígenas.
El fraile comenzó a prepararla hacia 1555 en Tepepulco, elaboró un cuestionario para que
respondiera un grupo de ancianos indígenas principales. Contó con la ayuda de cuatro
alumnos indios y que constituye el primer esbozo de su empresa, llamado más tarde
Primeros Memoriales.
Hacia 1561 Sahagún se desempeñó como profesor en el colegio Santa Cruz de Tlatelolco,
donde volvió a repetir la experiencia: nuevamente le presentó el cuestionario a un grupo de
señores indígenas, comparar con los datos previamente registrados. El resultado de esta
segunda etapa fue otra versión, conocida como Segundos Memoriales. Paralelamente, el
fraile con la colaboración de sus alumnos redactó otros borradores denominados
Memoriales en tres columnas y Memoriales con Escolios.
Por último, en 1565, Sahagún se estableció en el convento de San Francisco de México,
donde pasó años ordenando y revisando los papeles. Allí es donde organizó la obra y, con
el auxilio de los cuatro indios trilingües corrigió, amplió determinados aspectos y ensambló
los testimonios dentro del plan general de la HGCNE, que concluyó hacia 1577. El
manuscrito, llevado a España en 1580. Existe otra versión realizada tiempo después por el
fraile: Códice de Tolosa.
La elaboración de la HGCNE insumió más de veinte años. La versión definitiva de la obra
consta de doce libros: de lo superior a lo inferior, de lo divino al mundo natural, con el
hombre y sus instituciones en el centro.
La obra definitiva tiene una configuración especial: cada página está escrita en dos
columnas paralelas, la izquierda, en castellano y la derecha, en náhuatl. También, en
algunos momentos, el fraile cita textos bíblicos y redacta fragmentos en latín. Pero lo más
singular es que en la HGCNE se incluyeron numerosas ilustraciones intercaladas referidas a
los temas que se desarrollan en el texto lingüístico, mayoritariamente, en la columna escrita
en castellano, más breve que la otra.
Consideramos la decisión de brindar una triple versión del mundo representado como un
gesto mediante el cual Sahagún coloca en paridad el náhuatl –a través de su escritura con
caracteres latinos– con el castellano, lo que implica un reconocimiento y una legitimación
de la lengua mexicana, a la vez que, de este modo, se rescatan los modos expresivos de
enunciación propios de este idioma. El hecho de incluir ilustraciones al modo del sistema
tradicional de registro de los pueblos mesoamericanos, también reviste un sentido
reivindicativo de su forma de expresión cultural. Cabe preguntarse quiénes serían los
destinatarios de los textos. Es razonable inferir que la parte castellana estaba dirigida al rey
y a los españoles en general, a religiosos de la propia orden y a los indios ya aculturados; en
tanto que la versión náhuatl es posible que tuviese como lectores ideales a la élite indígena
formada en los colegios franciscanos, lo que está conectado con el proyecto seráfico de
formar una dirigencia autóctona.
II. Sahagún autor y editor: sus intervenciones en la obra
Es quien recolecta la información, selecciona, recorta y organiza los materiales, lo que se
advierte en la toma de ciertas decisiones editoriales, como cambiar la ubicación dentro del
plan general, no traducir al castellano algunos tramos del texto náhuatl, no realizar una
traslación literal, sino un resumen y una glosa, e incluir ilustraciones iluminadas
interpolándolas en el texto, al modo de las biblias medievales.
Sus intervenciones se hacen explícitas en los prólogos y epílogos que redacta para enmarcar
cada libro. Finalmente distribuye la documentación dándole coherencia y cohesión dentro
de un modelo discursivo.
La HGCNE surgió dentro de un contexto de enunciación colonial, caracterizado por
complejas relaciones de subalternidad entre colonizadores y colonizados y disputas de
poder entre los mismos sujetos españoles. Toda la preparación de la obra se desarrolló en
un marco regulado por principios y valores religiosos, cuya misión evangelizadora tenía
como fin la conversión de los jóvenes indígenas. En consecuencia, las respuestas dadas por
los informantes estaban condicionadas por la situación descripta.
III. La conquista de México
El primer documento que da cuenta de la llegada de los españoles a México, del contacto
con los diversos pueblos del área y con Moctezuma, y de la conquista de Tenochtitlan es la
Segunda Carta de Cortés. La mirada del jefe de la expedición condiciona la versión que
ofrece acerca de los personajes involucrados, los hechos y las circunstancias, ya que se
dirige al rey Carlos V para explicar y justificar lo acaecido, brindar información y formular
propuestas. Por la magnitud de la empresa se convirtió en modelo de futuros proyectos,
como la conquista de Perú.
La obra de Bernal Díaz, entre 1555 y 1580, se erige como la voz reivindicadora de un
sujeto individual que asume la representación de los soldados y ofrece un testimonio
pormenorizado y elocuente de lo que considera una epopeya. Bernal acentúa el carácter
excepcional de la conquista, siempre ponderativamente, como la circunstancia de que un
grupo reducido de españoles pudieran someter a miles de indígenas aguerridos y tenaces.
También destaca los peligros extremos que acechaban en todo momento y el terror a ser
sacrificados a los ídolos o a ser comidos por los indígenas.
En 1528 en un relato hecho por indígenas aculturados que ya manejaban el castellano. Los
Anales históricos de la nación mexicana exhiben la mirada crítica, y dramática acerca de la
pérdida de la cultura propia y la destrucción de su pueblo dentro del molde de los anales.
Hacia 1555, el libro XII de la HGCNE constituye una visión de los vencidos. consta de 41
capítulos breves diseñados como el resto de la obra, en dos columnas paralelas y con la
inclusión de dibujos. Existen dos versiones del texto en castellano; una redactada hacia
1555 y la otra, corregida por el fraile alrededor de 1585. Ambas cuentan con palabras de
Sahagún Al lector y, en la segunda versión, agrega un prólogo.
En las palabras Al lector escritas en 1555, el fraile no dice que se propone presentar la
versión indígena de los hechos, la motivación explícita que esgrime es de carácter
lingüístico.
La condición de actores o testigos directos que revestían los informantes garantizaba, la
veracidad de la narración.
El cambio más significativo que se observa en el texto de 1585, el propósito en este caso es
correctivo. Estas correcciones al texto de 1555 es el prólogo. En él, la conquista está
considerada como parte de un plan providencial divino, mediante el cual los naturales.
El proceso de conquista está presentado como un encadenamiento de milagros que
acompañaron a los hombres de Cortés y que culminaron con la implantación del
cristianismo gracias a la tarea de los predicadores. Asimismo, la glorificación de la
conquista aparece potenciada por la imagen enaltecida, muy encomiástica que construye de
Cortés.
Esta posición celebratoria de la conquista y laudatoria de Cortés contrasta con la historia
que se narra en el libro XII que recoge el punto de vista de los indígenas, específicamente
de los oriundos de Tenochtitlan y Tlatelolco.
En el texto primitivo se cuenta con detalle el saqueo del tesoro de Moctezuma por parte de
los españoles. En la versión corregida esto no se cuenta detalladamente, sino que el
episodio aparece en el marco de una disculpa referida a la conducta de los españoles que
muchas veces incurren en algunos daños menores para evitar otros mayores.
Con respecto a la muerte de Moctezuma, en el relato de 1555 no se aclara quién lo mató ni
en qué circunstancia murió; en cambio, en la versión corregida Sahagún dice claramente
que lo castigaron y mataron los españoles.
La historia de la conquista empieza con la referencia, en el capítulo I, a los presagios
funestos que años antes anunciaron a los nativos la futura llegada de los españoles. De
manera que el arribo de los extraños al Golfo de México y la siguiente conquista se
presenta como acontecimientos previstos en la concepción mítico-circular que tenían los
indígenas del tiempo y de la historia. la aparición de cometas y otros fenómenos naturales
realmente ocurrieron, pero luego fueron resemantizados conforme a su propio imaginario a
la luz de los hechos históricos posteriores.
Llama la atención que el documento más antiguo acerca de la conquista elaborado por los
indígenas no incluyan los presagios.
La comprensión por parte de los nativos de lo que ocurrió con la llegada de los españoles
atravesó diversas fases. Se asoció a Cortés y sus hombres con el retorno de Quetzalcóatl.
Los americanos carecían de la experiencia de encontrarse con sujetos de culturas
radicalmente diferentes; en consecuencia no tenían marcos conceptuales comparativos para
explicarse la alteridad. Es por esto que para entender la irrupción de los europeos acudieron
a sus propios relatos míticos. Un conjunto de factores facilitó esta operación: hombres
barbados llegados del este en grandes embarcaciones, en una fecha que coincidía con la del
prometido retorno de Quetzalcóatl, que se desplazaban montados a caballos nunca antes
vistos y con atuendos recubiertos de relucientes corazas de metal. Los estruendos, el olor de
la pólvora y el efecto destructivo de las armas de fuego que disparaban los españoles para
intimidar a los primeros mensajeros indígenas completaban un cuadro de extrañamiento y
otredad. A partir de la matanza del Templo Mayor organizada por Pedro de Alvarado
aparece la convicción de que los extraños no tenían nada que ver con el regreso de
Quetzalcóatl.
La conquista durante los primeros años haya sido percibida como un acontecimiento
conmocionante que quebró el orden cósmico, social y cultural autóctono, y años más tarde
recibiera una interpretación afín a la propia cosmovisión. Se integró al pensamiento
tradicional. Se diseña, así, una estrategia de la continuidad mediante la cual la aniquilación
que significó la conquista fue entendida como uno de los momentos del incesante proceso
de creación / destrucción inherente a la concepción del tiempo mesoamericano.
Los siguientes cuarenta capítulos del libro XII narran el proceso de conquista, desde la
aparición de españoles en la costa del Golfo de México hasta el triunfo final sobre
Tenochtitlan y ciudades aliadas. Cada capítulo conforma una instancia en la secuencia de
hechos, los que son presentados con un encadenamiento lógico. Las situaciones
fundamentales son: las entrevistas de Cortés con los mensajeros de Moctezuma, la alianza
del jefe español con los Tlaxcaltecas, las matanzas injustificadas que llevan a cabo los
intrusos en algunas poblaciones indígenas, las cavilaciones del jefe mexicano, el avance de
los españoles, el encuentro de Cortés con Moctezuma, la toma del tesoro real y la prisión
del jefe azteca, la matanza del Templo Mayor, la reacción de los guerreros mexicanos, la
muerte de Moctezuma y de Itzcohuatzin, gobernador de Tlatelolco, la retirada de los
españoles durante la noche triste, los preparativos de los combates finales, la guerra entre
mexicanos y españoles, la rendición de Cuautemoc, y la caída de Tenochtitlan en poder de
los españoles.
IV. El tratamiento literario
La utilización de diversos recursos literarios en la composición del libro XII. Con criterio
artístico, dentro de una trama narrativa, lo que se advierte en la elección de situaciones, la
eliminación o reducción de acciones.
La narración de la conquista presenta un diseño circular: empieza con la referencia a una
serie de portentos anunciadores de algo funesto que implica destrucción y finaliza con la
caída de México y el triunfo de los españoles, es decir con el cumplimiento de los presagios
del capítulo 1.
El relato se articula sobre dos ejes: uno espacial –los desplazamientos de los españoles y
sus aliados desde la costa este hasta la llegada a la capital del imperio, la retirada durante la
noche triste y el retorno definitivo a Tenochtitlan para su asedio final– y un eje temporal,
sujeto a una presentación cronológica de los hechos, patente también en la referencia
minuciosa al paso del tiempo. Los acontecimientos – presentados con un encadenamiento
lógico y lineal–, se pueden distinguir dos instancias: la primera, comprende desde la
llegada de los españoles al Golfo de México hasta la matanza en el Templo Mayor
(capítulos 1 a 20 inclusive); la segunda, se extiende desde la declaración de guerra de los
mexicanos a los españoles (capítulo 21) hasta el derrumbe final de Tenochtitlan y la
rendición de Cuautemoc (capítulo 41). El núcleo de la primera parte es el encuentro de
Moctezuma y Cortés; el de la segunda, está en la guerra de los Tenochcas y Tlatelolcas con
los españoles y aliados, enfrentamientos narrados en varios capítulos mediante un
tratamiento épico.
Los acontecimientos están narrados desde la perspectiva indígena: el narrador, por su
pertenencia a los vencidos, desconoce los pormenores de lo que ocurre entre los españoles.
En cambio, detalla las actitudes de los indígenas de varias ciudades como las traiciones y
deslealtades (Tlaxcala con Tenochtitlan) y actos viles (por ejemplo, el robo perpetrado por
los de Xochimilco en los peores momentos).
Por otra parte, la focalización Tlatelolca redunda en un acentuado reconocimiento de la
actuación de los guerreros y dirigentes de dicha ciudad, del protagonismo que tuvieron en
la tenaz defensa de Tenochtitlan y en la velada crítica al comportamiento de algunos
Tenochcas.
Hay una focalización interna que en ocasiones enuncia desde la conciencia de algunos
personajes. La perspectiva indígena explica ciertas elipsis significativas,
En los capítulos 16 y 17 se pone en escena el encuentro entre Moctezuma y Cortés.
Previamente, se fue creando una creciente expectativa por los sucesivos contactos
preliminares entre los españoles y los mensajeros nativos.
La expectativa es doble: Moctezuma está convencido de que ha llegado el fin de su
hegemonía y que será desplazado. Termina entregándose al imperativo de un designio
superior que no puede controlar. El relato expresa de manera sobria y conmovedora el
desgarramiento de alguien.
El uso del estilo directo, el punto de vista interno, la narración desde su conciencia,
contribuyen a transmitir el espanto inicial, la confusión, las dudas, vacilaciones y el temor
del jefe mexicano.
La tensión progresiva que se fue generando alcanza su punto más alto cuando los dos
antagonistas están uno frente al otro. Esta escena fue narrada por todos los cronistas e
historiadores de México antiguo. A Sahagún se la relataron los vencidos
Sahagún los narra en contigüidad, subrayando la unidad de la situación y reforzando su
dramatismo. El núcleo, el punto más alto literariamente hablando, es el célebre monólogo
de Moctezuma.
El empleo del estilo directo para los personajes históricos es influencia de la historiografía
romana. El monólogo, de profundo aliento trágico, está elaborado conforme a convenciones
retóricas: estilo elevado acorde a la dignidad del personaje, tono solemne y grave, discurso
densamente cargado de metáforas, construido con sintagmas paralelos y repeticiones
sinonímicas afines al náhuatl literario y a los formulismos protocolares.
En la segunda parte: el de los combates. La retórica del heroísmo se acentúa a través del
desempeño de algunas individualidades indígenas, como Cuautemoc, Ecatzin y Tzilacatzin.
La historia referida diseña una imagen de los españoles muy negativa: groseros, crueles,
soberbios, taimados, movidos por una desmedida ambición de dominio y de obtención de
oro y de mujeres, siempre aparecen en actitudes decididas, arrogantes y demandantes,
propia de conquistadores. El relato no se priva de consignar una referencia grotesca cargada
de desprecio cuando se describe el comportamiento de los españoles frente al oro
moviéndose como monos.
V. Las ilustraciones
Alrededor de 1840 ilustraciones de distinto tamaño, en su mayoría coloreadas, enmarcadas
en la columna izquierda, reviste interés documental, narrativo y plástico. Además de este
registro icónico, la obra exhibe más de 600 diseños plásticos de carácter puramente
ornamental compuesto por arabescos, follajes serpenteantes y figuras estilizadas.
Realizados por los tlacuilos, aunque ya acusan marcada influencia europea, era diferente la
función de los dibujos, pues entre los antiguos mexicanos, la imagen no tenía carácter de
ilustración, sino que era su escritura, pictográfica o ideográfica, según los casos, y
parcialmente fonética.
El libro XII presenta 161 ilustraciones y numerosos motivos ornamentales. Los dibujos
están, en general, sin colorear. Los cinco capítulos finales muestran amplios espacios en
blanco, lo que prueba dos cosas: que primero se redactó el texto y luego se lo ilustró, y que
hubo premura en concluir la obra y entregarla.
Las ilustraciones presentan una articulación narrativa en la que se pueden leer icónicamente
las diversas y sucesivas etapas de la conquista de México. En este sentido, son altamente
referenciales y, en general, autosuficientes
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