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Cumandá por Juan León Mera

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Cumandá por Juan León Mera
CAPÍTULO I: Las selvas del oriente
El majestuoso Tungurahua levanta su cumbre sobre las estribaciones de los Andes, se encuentra
cerca de una pequeña ciudad denominada Baños de Agua Santa de dónde se encuentran
algunos ríos para empezar el Pastaza, el mismo que se abre camino formando grandes peñascos
y abismos que los pobladores cruzan por improvisados puentes de caña guadua, que poco
tiempo después desaparecen entre las aguas del río. Hay que tener cierta habilidad para poder
cruzarlos. Continuando con el trayecto del Pastaza empieza la Amazonía, se parecía una
interminable desierto verde, del cual sólo se aprecia el horizonte al cruzarse con el azul del cielo.
El Pastaza entrega su tributo al río Napo, que junto a otros ríos incrementan su caudal, haciendo
del río Napo apto para la navegación. Río por el cual D. Pedro Vicente Maldonado y Sotomayor
había navegado tiempo atrás. El Río empezaba a tener aguas mansas donde se empezaban a
formar pequeñas islas en sus estribaciones. La naturaleza envidiable que era inspiradora para
cualquier poeta.
CAPÍTULO 2.- Las tribus jívaras y záparas
En la región amazónica existen muchas tribus de nativos que viven en la zona, algunas de ellas
no son muy amigables, en los tiempo de la colonia la corona española enviaba a párrocos para
evangelizarlos y civilizarlos, pero no resultaba más que sangrientas muertes de los que iban a
esos lugares. Finalmente los reyes desistieron en enviar emisarios a esas regiones. Luego
empezaron a ir los jesuitas con el mismo objetivo pero igual que sus predecesores fracasaron en
el intento. Las tribus de las amazonas entre ellos los jívaros y záparos son pueblos que al sentirse
amenazados actúan instintivamente, llevando muchas veces a la destrucción de sus aldeas a la
muerte de su gente. Una población nómada del sur muy poderosas no quería involucrarse en
ese conflicto y su curaca Yahuarmaqui decidió migrar de esa región y buscar otra, quemaron sus
viviendas y tomaron rumbo del río Palora, los pueblos aborígenes siempre se llamaban igual a
la región donde habitaban, por tanto ellos se llamaron los Palora, todos los pueblos aledaños se
enteraron de su llegada, y por su poderío, los pueblos enviaron emisarios y ofrendas para
ofrecerles amistad y alianza. Un emisario de los záparos, el hijo del feje Tongana le ofreció
amistad, ambas tribus hicieron el pacto.
CAPÍTULO 3: La familia Tongana
La tribu zápara estaba ubicado en el ángulo que forman la unión del río Palora y el Pastaza, la
pequeña tribu, más bien una familia, la familia Tongana esta formada por el jefe Tongana, su
esposa Pona, sus dos hijos con esposas y dos niños pequeños que eran la alegría de la casa.
Finalmente estaba su hija menor Cumandá, que era una joven muy hermosa, y a pesar de ello
continuaba soltera, ella era algo diferente a sus hermanos. La tribu era muy celosa de su
privacidad, odiaban a los extranjeros de tez blanca. En eso se había escuchado de la llegada de
un nuevo misionera a la localidad. La familia Tongana estuvo muy alerta. Cumandá desde muy
niña empezó a criarse con las costumbres de los Tongaba y hacía muchas cosas en la tribu, un
día ella cruzó nadando el Palora con una gran habilidad, por esto sus padres la llamaron
Cumandá. Ella hacía las mismas cosas que sus hermanos, competía con ellos y en muchas
ocasiones les ganaba las competencias. Cumandá tenía la costumbre de internarse en la selva
para caminar por largas horas durante el día, ella demarraba alegría y felicidad, por todos los
lados dónde iba, pero un día su actitud empezó a cambiar, empezó a sentirse taciturna, nadie
sabía lo que le estaba pasando, o lo disimulaba muy bien, pero ella estaba enamorada.
CAPÍTULO 4: Junto a las palmeras
Entre el río Palora y el Upiayacu, en las cercanías de este lugar se levantaban dos palmeras que
se encontraban muy cerca, también había dos lianas que tenían flores de diferentes colores, en
una de las palmeras había unos símbolos. Cumandá con el alba salió apresurada hacia ese lugar,
cuando llegó se detuvo junto a las palmeras, acariciaba entrañable las citas allí escritas, Se quedó
mucho tiempo, parecía estar esperando a alguien, cuando de pronto se escucha una voz que se
aproxima cantando, viene por el río en una pequeña canoa. Cumandá al verlo empieza a sonreír
y su corazón se llena de júbilo y ansiedad. Le recrimina que llega tarde, pero él comenta que es
porque el río ha crecido y tubo que remar más que de costumbre, él es Carlos de Orozco, un
extranjero que vino a conocer las tribus y se enamoró de la bella india Cumandá, ella también
estaba enamorado de él. Ella le comentó que próximamente se celebraría la fiesta de las canoas
en un lago llamado Chimano, que ella sería la encarga de llevar las flores y decir unas palabras
en la ceremonia. Esta fiesta se conmemora para en honor a la alianza de los Záparos con los
Palora. Luego de la ceremonia Carlos y Cumandá pensaban casarse pero tenían miedo del padre
de Cumandá, ya que el odiaba a los europeos.
CAPÍTULO 5: Andoas
Es una pequeña tribu ubicado en la desembocadura del río Bobonaza, la tribu está formada por
unas cincuenta familias záparas, las cabañas estaban ubicadas a unos cien metros de la orilla del
río, los que se dedicaban a la pesca se encontraban más cerca a la orilla, esta tribu era diferente
a otras, ya que ellos habían aceptado a un misionero, el mismo que los evangelizó y les enseñó
muchas cosas de la agricultura. Las viviendas eran individuales para cada familia, estaban
separados por parcelas de terreno que ellos cultivaban, eran pequeñas con la excepción de la
vivienda del Misionero que tenía dos pisos, otra edificación muy grande era la iglesia, la misma
que era capaz de albergar a todo el pueblo. La tribu estaba en lugar protegido al norte por un
acantilado profundo, que era de difícil acceso. La iglesia tenía una rudimentaria campana que
siempre les acompañaba en todo momento, los despertada antes del alba día tras días, les
anunciaba el atardecer, así mismo sus cantos líricos acompañaba las almas de los fallecidos en
busca de la eternidad, era una tribu que vivía feliz en sus asentamientos.
CAPÍTULO 6: Años antes
Fray Domingo de Orozco estaba en su casa, se sentía un poco melancólico como de costumbre,
recordaba el tiempo en que él era feliz junto a su familia. El estaba casado con Carmen, ellos
vivían en una hacienda cerca de Riobamba, tenían cinco hijos, el primero de ellos Carlos, la
última era una hermosa niña a la que llamaron Julia. El niño ya había ingresado a la escuela,
estaba en un internado en la ciudad de Riobamba, su padre D. Domingo decidió un día ir a
visitarlo. La familia se quedó en su casa de la hacienda y en eso se produce un levantamiento
indígena, ellos sufrieron maltratos por parte de los hacendados por muchos años, y en sus
mentes no cabía nada más que la venganza, incendiaron todas las casas con sus familias dentro.
Cuándo D. Domingo se enteró regresó a la hacienda lo más pronto posible, al llegar miró su casa
envuelta en llamas, con ayuda de sus sirvientes que sobrevivieron apagaron el fuego y sacaron
los cadáveres de la familia. Luego de esto D. Domingo decidió convertirse en Fraile. Carlos
terminó sus estudios y el Padre Domingo fue designado a la población de Andoas para ser
evangelizados, el Padre Domingo fue con gusto y en poco tiempo se ganó el afecto de aquella
gente.
CAPÍTULO 7:Un poeta
Carlos había cumplido ya sus veinticinco años, parecía haber vivido toda una vida, él como fue
enviado a la selva a evangelizar a los nativos. Él fue gustoso vivía junto al P. Domingo en la tribu
de los záparos. Desde niño demostró habilidades de poeta, parecía tener los rasgos
sentimentales de grandes escritores, al mismo tiempo parecía sombrío y nostálgico, gustaba de
la soledad. Cuando ya se encontraba viviendo en la selva amazónica, Carlos con frecuencia se
internaba en la selva con el propósito de explorar, además le gustaba la solemnidad que estas
tenían junto a la soledad, surcaba diestramente las orillas del Pastaza, el Bobonaza y el Palora.
Un día fue en su canoa por las cercanías del río Palora, no se percató que ya era tarde, y las
sombras de la noche lo cubrieron, ató su canoa a la orilla y quedó en hasta el amanecer. Escuchó
una dulce voz, el pensó que estaba soñando y miró a una chica de una rara belleza desaparecer
por entre los matorrales. Desde entonces Carlos empezó a frecuentar ese lugar, las dos
palmeras, la hermosa chica era Cumandá, empezaron a entablar amistad, se miraban fijamente
como si el uno estuviera esperando al otro.
CAPÍTULO 8: Del Pastaza abajo
Carlos le había pedido permiso a padre para ir a la fiesta de las canoas al lago Chimano, el no
estaba de acuerdo ya que consideraba que era muy peligroso, pero Carlos fue muy persuasivo y
lo convención, P. Domingo también dio permiso a otros indígenas para que vayan con Carlos,
esto lo tranquilizaba. Por la mañana del día elegido, Carlos alistaba su canoa junto a los indios
para bajar por el Pastaza hasta el lago Chimano. Mientras transcurría el día, las canoas de los
indios iban poblando las riveras del Pastaza, eran incontables, todas eran similares, excepto por
la de Yamarhuaqui, que era más y grande y tenía un decorado llamativo. Carlos buscaba con la
mirada a Cumandá pero no la encontró por ningún lado. La travesía río abajo inició. Transcurrió
todo el día y el el sol se ocultaba por el horizonte. Decidieron pernotar a orillas del río cerca de
un pueblo llamado los Pinches, ya en la madrugada Cumandá se acercó donde Carlos y le contó
que había venido escondida por orden de su padre, y que las palmeras que simbolizaban habían
sido quemadas, ella tenía malos presagios para su futuro.
CAPÍTULO 9: En el lago Chimano
Al siguiente día continua el descenso hacia el lago Chimano, al anochecer llegaron a una
desembocadura que conecta el río Pastaza con el lago Chimano, sólo es navegable cuando el río
está crecido, pero en la temporada actual es casi imposible hasta para las pequeñas canoas. Los
indígenas tuvieron que remolcar las canoas hacia el lago, lo hicieron hasta altas horas de la
noche. Al siguiente día se hicieron los preparativos para iniciar la fiesta de las canoas que iniciaría
al medio día. Las tribus empezaron a rodear el lago Chimano con sus canoas y en el centro había
una balsa con trono majestuoso para el viejo curaca. La celebración empezará al medio día. El
curaca se encuentra en su trono, el primeo ritual lo hacen los guerreros más hábiles, ofreciendo
regalos y presentes al curaca Yahuarmaqui, luego continúan las vírgenes, la virgen de las frutas,
de los vegetales y otras, y finalmente le toca el turno a la virgen de las flores, Cumandá. Ella
tarda en aparecer para dar su ofrenda, aparece en su pequeña canoa llena de flores y con gran
habilidad surca las olas del lago hasta llegar ´donde se encuentra el viejo curaca, hace su ofrenda
de flores, entre tanto Carlos recibe un golpe en la cabeza con un remo y cae al lago, al darse
cuenta Cumandá se arroja al lago para salvarlo, el padre de Cumandá lo considera indigno de
una virgen y entrega su vida para sacrificarle. El curaca Yamarhuaqui considera que no es
momento de derramar sangre, por lo tanto, continúa la celebración.
CAPÍTULO 10: La noche de la fiesta
La noche hace su aparición, ella es venerada por los nativos, es recibida por el coro y los cánticos
de las doncellas entre ellas Cumandá, es una melodía triste que augura un futuro de infelicidad,
su razón está deprimido por los acontecimientos ocurridos, pensando en su destino. Las
celebraciones continuaban, en las canoas se puso una especie de antorchas, con las cuales
hacían malabares sobre el lago. En la mitad del campamento se levantó una torre de madera
con la cual hicieron una fogata, en ella se depositaban todas las ofrendas recibidas por el curaca,
además se colocaba esencias, que emitían un olor que complacía a los mismos genios buenos
de los ríos. El anciano de la cabeza de nieve quería matar al extranjero, envió a su hijo a
envenenarlo, él se acerco a Carlos entablando conversación y solicitando amistad, él le ofreció
a Carlos una bebida con el veneno, Carlos pensaba que era una buena oportunidad para entablar
amistad con los Tongana, pero todo era falso, en eso llegó Cumandá y lo detuvo, por el alboroto
del momento, todos tuvieron que irse a sus chozas.
CAPÍTULO 11: Fatal arbitrio
El viejo anciano de la cabeza de nieve estalló en cólera, por la decisión de Cumandá de salvar al
extranjero, él no comprendía qué ella estuviera enamorado del hombre blanco, lo odiaba tanto
que era capaz de matar hasta su propia hija, con el tal de arrebatar la vida a Carlos de Orozco.
La celebración continuaba, los indígenas hacían la cena y continuaban bebiendo licor de yuca.
Tongana le recriminaba a Cumandá por sus actos, todos en su familia estaban atemorizados. En
altas horas de la noche el viejo Tongana ya estuvo ebrio, toma a Cumandá y fue a visitar al jefe
de los jefes, el curaca Yahuarmaqui, el también ya estaba ebrio en eso le pide al curaca que haga
justicia con la hija y el extranjero. Yahuarmaqui le dice no es necesario sacrificar nadie, que eso
molestaría a los buenos genios, entonces el viejo Tongana ofrece a su hija Cumandá, para sea la
séptima esposa del viejo curaca, el acepta, luego Yamarhuaqui exilia al extranjero, mientras
Cumandá se encuentra inconsolable con la decisión.
CAPÍTULO 12: La fuga
El curaca mandó a informar a Carlos, que debía abandonar inmediatamente el lago Chimano,
mientras tanto Cumandá estaba en su choza, el viejo de la cabeza de nieve no estaba contento
con la decisión, así que mando a uno de sus hijos a matarlo, mientras lo estaban planificando
Cumandá escuchó todo, cuando su hermano salió a la caza de Carlos, ella abandonó
sigilosamente la cabaña y fue a buscarlo, ella lo encuentra primero, Carlos no sabe que decir,
engañan al hermano de Cumandá con el sombrero de Carlos y una tela blanca que ella tenía.
Ellos deciden fugarse, dejarlo todo atrás. Caminan por la selva con instinto natural para no
perder el sendero, caminan toda la noche y llegan a la desembocadura del Pastaza, allí toman
una canoa, y desatan las demás para que no tengan forma de seguirlos. Siguiendo el sendero
del Pastaza esperaban encontrar una tribu cristiana, para que lo reciban. Carlos estaba
preocupado por su padre ya que no podrá verlo en un buen tiempo.
CAPÍTULO 13: Combate inesperado
Era cerca del amanecer cuando un záparo fue a buscar a Carlos, pero lo encontró, en eso colocó
su oído al piso para escuchar si habían escapado, pero escuchó que cientos de pasos se acercan
sigilosamente por las estribaciones, el záparo va rápidamente a avisar al gran curara
Yahuarmaqui, ellos se preparan para la batalla, con los primeros rayos del sol las flechas
empiezan a descender sobre las tribus alrededor del lago, se incendian las rudimentarias chozas
hechas de madera, una encarnizaba batalla empieza, los guerreros más hábiles baten sus armas
al viento, repeliendo al enemigo. Los invasores resultaron ser los zamoras y logroños liderados
por Mayariaga, ellos habían solicitado alianza al viejo curaca, pero éste al no querer participar
abandonó el lugar, pero el jefe Mayariaga, quedó ofendido y ahora busca venganza, el joven y
corpulento guerrero Mayariaga se enfrenta a su antiguo amigo el viejo guerrero de las manos
sangrientas, la batalla es incesante y el joven guerrero hiere al viejo curaca, pero este levanta su
ánimo y continúa luchando, para finalmente derrotar a Mayariaga, y obtener su cabeza como
trofeo de la gran victoria.
CAPÍTULO 14: El Canje
Luego de la finalización de la batalla, se puede apreciar un campo desolador, lleno de cuerpos
por todos lados, donde un día antes todo era alegría y celebración, ahora sólo es un campo
destruido., muchos guerreros han perdido su vida, entre ellos los hermanos de Cumandá, el viejo
Tongana ha quedado muy mal herido, ellos piensan que Cumandá ha fallecido en uno de los
incendios ya que se hallaron cadáveres de jóvenes mujeres. A poco de eso un mensajero de los
zamoras llega para hablar con el viejo curaca, éste solicita llevarse el cuerpo de su jefe fallecido
para darle sepultura de acuerdo a sus tradiciones, el curaca por su antigua amistad acepta, pero
no le entregará la cabeza, ya que hará de ella un trofeo de la victoria, entonces, el joven
mensajero ofrece un cambio por la cabeza del guerrero caído en batalla. Dos prisioneros, el
curaca supuso que debían ser Cumandá y el extranjero, y efectivamente eran ellos, el curaca
acepta el trato entrega el cuerpo y la cabeza de Mayariaga a cambio de los dos fugitivos. Un
záparo que había participado en la batalla solicitó al curaca que quería quedarse con el
extranjero como premio por su participación en la batalla, el curaca aceptó.
CAPÍTULO 15: A orillas del Palora
Luego de los acontecimientos de la batalla, el curaca ordeno sepultar a los fallecidos, según la
tradición de cada tribu, luego retornaron a su tierra de origen, unos por el río Pastaza, otros por
tierra. Mientras las canoas desfilaban por Andoas, Carlos estaba perplejo miranda el pasar de
cada canoa con el afán de mirar a su amada Cumandá, pasó varias horas pero no pudo verla. el
curaca al llegar a su tribu inició de inmediato los preparativos para el matrimonio con la joven
virgen de las flores. que para ese momento prefería más la muerte que la vida. El día de la
celebración llegó el viejo curaca con mucha dificultad ciñe con el cinturón de culebra verde a
Cumandá, ella no puso ninguna oposición, se sentía tan abatida por estar lejos de Carlos. Luego
de las celebraciones Cumandá y Yahuarmaqui van al lecho, el viejo curaca parece cansado y
agobiado, Cumandá no sabe qué hacer, el curaca se acuesta en el lecho, parece que no se
encuentra bien de salud, la herida recibida en batalla para estar cobrando su tributo, el viejo
curaca ha fallecido. Cumandá escapa por la parte de atrás de choza para no ser vista y va en
busca del extranjero.
CAPÍTULO 16: Sola y fugitiva en la selva
Cumandá emprendió en largo camino hacia Andoas, su madre Pona le recomendó que a ratos
siguiera por el sendero del río, otro rato que se alejara, a veces que los cruzará, el alba hacía su
presencia, Cumandá se sentía cansada por la caminata, pero solo necesita pensar que pronto
estaría con el extranjero para recuperar la fuerza. Cerca del medio día hacía un sol abrazador,
busca agua, ya que tenía mucha sed por la caminata, el agua del río es amarga, y no se puede
beber, encuentra un pequeño charco de agua, Cumandá bebe hasta saciarse, come unas
pequeñas uvas que cayeron de un árbol. descansa unos minutos y continúa su jornada, incluso
continúa caminando por la noche aunque no puede avanzar mucho En se segundo día de escape,
el cielo se torna grisáceo, se presenta una tormenta fortísima, se escuchan los truenos, el río ha
crecido. Cumandá continúala travesía, se encuentra con un pequeño río, ella iba allí cuando vivía
con sus padres, está cerca de esas cabañas que días antes todo era felicidad. Luego de caminar
por varias horas llega al lugar de las palmeras, dónde antes era el sitió de encuentro con su
amante. Mira una canoa y sin pensarlo la desata y desciende por el río, pero no puede
controlarla porque el río ha crecido, queda inconsciente y a la deriva en el río.
CAPÍTULO 17: Angustias y heroísmos.
En una mañana, un záparo se apresuraba allegar a Andoas, los pobladoras inquietos pensaban
que podría ser Carlos que había regresado de su viaje, pero el záparo dijo que había visto a una
chica en una cano cerca a la gran peña don el agua se arremolina, os záparos fueron a rescatar
a la muchacha, cuando la trajeron ellos pensaban que estaba muerta. el P. Domingo la revisó,
constató que e aún estaba con vida, la limpia la cara y quedó admirado por su belleza, y al mismo
tiempo recuerdos de su pasado regresaron a su mente, después de unos minutos despierta y le
preguntan por la canoa, ya que era la canoa de Carlos, ella por su apresurado escape, robó la
canoa de Carlos y lo dejó en la selva. De pronto un mensajero de los jíbaros se presenta, solicita
se le entregue a Cumandá o sacrificarán a Carlos y declararan la guerra contra Andoas. El P.
domingo entró en oración ya que tenía hasta media noche para decidir la suerte de Cumandá y
de su hijo Carlos. Entre tanto un záparo llevó a Cumandá con los jívaros Paloras, ya que ella
insistía en que se nadie más debía ser lastimado, ella pensaba que era lo correcto.
CAPÍTULO 18: Última entrevista n la tierra
Cumandá fue con el mensajero, ella estaba dispuesta a sacrificarse por su amado Carlos, el
mismo que era prisionero de los jívaros, los dos en una pequeña canoa se dirigieron al
campamento cercano que habían levantado, Cumandá por ser la esposa más querida del curaca
Yahuarmaqui debía cumplir con la tradición de los jívaros de ser sepultada junto con su esposo
fallecido, para cumplir con esto ella tiene derecho a un deseo que debe ser cumplido, el curaca
sucesor Sinchirigra ofrece cumplir el deseo de Cumandá, como ordena la tradición de la esposa
sacrificada. El deseo de Cumandá era ver por última vez al extranjero, el curaca sucesor estaba
molesto por tal petición, pero al haber dado su palabra la cumplió, fueron donde Carlos, él se
encontraba atado de espaldas a un árbol, conversaron por última vez, ella le entregó el presente
que su madre Pona le había entregado, lo puso en cuello. Luego miró a su alrededor, su padre
Tongana y su madre Pona, también fueron atados a unos árboles. Cumandá y los jívaros
emprendieron el regreso a la tribu para terminar la ceremonia fúnebre del gran curaca fallecido.
CAPÍTULO 19: La bolsita de piel de ardilla
Era como media noche cuando el P. Domingo fue a buscar a Cumandá para ir a hablar con los
jívaros, pero se entera de que había partido para ser sacrificada, en ese momento el misionero
no puso que hacer, dijo a los záparos que prepararan una canoa para ir en su búsqueda, pero
ellos no eran hábiles en la navegación nocturna y tenían miedo, pero tampoco querían
desobedecer las ordenes del padre Domingo, ellos iniciaron la preparación de la canoa, pero se
tardaban demasiado, el padre domingo pensaba en la suerte de su hijo y de la pobre muchacha,
entre tanto el alba se hacía presente los záparos iniciaron la travesía, cuando llegaron al lugar
dónde se encontraba Carlos, lo miraron, él seguía con vida, lo desataron, así como al viejo
Tongana y Pona. Carlos quiere ir a buscar a Cumandá pero el P. Domingo no lo consiente. Pona
se da cuenta que Carlos tiene la bolsita que le había dado a Cumandá, entonces Carlos la abre y
mira un relicario con una foro, era la esposa de P. Domingo, entonces Pona les cuenta la verdad,
Cumandá, era la hija de P. Domingo, Julia. Pona la había salvado del incendio y la crio como su
hija. Tongana que se encontraba mal herido ha fallecido. Ellos deciden ir a salvar a Cumandá con
la ayuda de los záparos.
CAPÍTULO 20: Diligencias inútiles
Los záparos empiezan a seguir las huellas de los jívaros, ellos llevaban gran ventaja respecto a
Carlos y al P. Domingo. Pero se apresuraron a encontrar el rastro para seguirlos, ellos tomaron
dos caminos unos tomaron la ruta del río Palora, mientras que los demás siguieron por tierra.
Carlos y los demás siguieron al grupo de tierra, un záparo tuvo la idea de cortar camino para
alcanzarlos, pero debido al mal tiempo el río estaba crecido y la caminata por tierra era
dificultosa, el pero el ánimo de encontrarse con su hija le daba fuerzas al padre Domingo y a
Carlos. Pero sufrieron un contratiempo terrible, el camino que habían tomado no fue el más
adecuado, ya que perdieron muchos días para cruzarlo, luego de esto llegan a la tribu de los
jivaros, pero es demasiado tarde, la celebración se ha terminado, encuentra el cuerpo sin vida
de la bella joven. Toman el cadaver y retornan a Andoas para sepultarla, tardan cerca de un día
en regresar. Carlos estaba entristecido por la muerte de Cumandá. Pocos meses después Carlos
segue a Cumandá en el sendero eterno de la muerte. Pona siguió el mismo camino. El padre
domingo retornó a Quito para continuar con su penitencia.
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