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2017 John Dewey - la democracia como forma de vida (Diego Pineda)

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John Dewey
Anábasis, colección de libros de la Facultad de Filosofía de
la Pontificia Universidad Javeriana, publica diferentes tipos
de trabajos filosóficos en sus dos líneas editoriales. Investigación, la primera línea, alberga estudios originales y novedosos de autores actuales; la segunda, Traducción y Crítica,
está compuesta por traducciones y ediciones críticas de obras
de la tradición filosófica. Con sus diversos títulos, Anábasis
busca contribuir al desarrollo de la filosofía.
Aunque escritos en momentos de crisis profunda, en medio del auge
de los totalitarismos fascista y comunista y de las dos guerras mundiales, todos los textos revelan una concepción de la democracia en
la que prima la fe en el hombre común y en que este, con su capacidad
crítica y creativa, será capaz de enfrentar los desafíos que le ofrecen
los desarrollos cada vez más complejos de la vida contemporánea. En
definitiva, la lectura de Dewey es un estímulo para revivir la fe en la
democracia en nuestros días.
9 789587 811582
La democracia
como forma
de vida
La democracia como forma de vida • John Dewey
Traducción y Crítica
La democracia como forma de vida es una selección de quince textos
escritos por John Dewey en distintas épocas (el primero de 1888, el
último posterior a la Segunda Guerra Mundial), en los que el conocido filósofo pragmatista norteamericano reflexiona sobre la democracia desde distintas perspectivas y en múltiples formatos (discursos,
conferencias, artículos de prensa, colaboraciones en obras colectivas, etc.). Incluye reflexiones sobre las relaciones de la filosofía con la
democracia, y de esta con la educación, sobre la situación peculiar de la
sociedad norteamericana de su tiempo y sobre los desafíos fundamentales que plantea la consolidación de la democracia en el mundo.
Traducción, introducción
y selección de textos de
Diego Antonio Pineda Rivera
John Dewey (1859-1952). Filósofo y educador norteamericano. Considerado, junto a Charles Peirce y
William James, como uno de los padres del pragmatismo norteamericano. Además de ser conocido por sus
múltiples obras filosóficas y pedagógicas (entre las que
se destacan Experiencia y naturaleza, El arte como experiencia, Naturaleza humana y conducta, Democracia
y educación, Cómo pensamos), es considerado el filósofo de la democracia, tanto por su interés en la reflexión
sobre las implicaciones teóricas y prácticas de la vida
democrática como por su activa contribución en diversas causas sociales a favor de los derechos ciudadanos.
Su larga y muy activa vida como intelectual público lo
llevó a participar en la formación de diversos sindicatos
y asociaciones. En 1937 fue nombrado presidente de la
subcomisión que examinó las acusaciones contra León
Trotsky hechas por el régimen estalinista y escuchó los
descargos que al respecto hizo el líder de la Revolución
Bolchevique en la conocida Casa Azul de Diego Rivera
y Frida Kahlo, en Coyoacán (México).
Traducción y Crítica
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La democracia como forma de vida
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John Dewey
La democracia como
forma de vida
Traducción, introducción
y selección de textos de
Diego Antonio Pineda Rivera
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Facultad de Filosofía
Reservados todos los derechos
Copyright © 2017, by the Board of Trustees,
Southern Illinois University, reproduced by
permission of the publisher.
© Pontificia Universidad Javeriana
© De la traducción, introducción y selección, Diego Antonio Pineda Rivera
Primera edición: diciembre de 2017
Bogotá, D. C.
isbn: 978-958-781-158-2
Número de ejemplares: 400
Impreso y hecho en Colombia
Printed and made in Colombia
Corrección de estilo
Jineth Ardila
Diagramación
Isabel Sandoval
Diseño de cubierta
Marcela Godoy
Impresión
Javegraf
Pontificia Universidad Javeriana | Vigilada
Mineducación. Reconocimiento como
Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de
1964. Reconocimiento de personería jurídica:
Resolución 73 del 12 de diciembre de 1933 del
Ministerio de Gobierno.
Editorial Pontificia Universidad Javeriana
Carrera 7.a, n.º 37-25, oficina 1301
Edificio Lutaima
Teléfono: 320 8320 ext. 4752
www.javeriana.edu.co/editorial
Bogotá, D. C.
Dewey, John, 1859-1952, autor
La democracia como forma de vida / John Dewey ; traducción, introducción y selección, Diego
Antonio Pineda Rivera. -- Primera edición. -- Bogotá : Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2017.
(Anábasis Colección)
218 páginas ; 21,5 cm
Incluye referencias bibliográficas.
ISBN : 978-958-781-158-2
1. FILOSOFÍA ESTADOUNIDENSE – SIGLO XX. 2. FILOSOFÍA DE LA DEMOCRACIA.
3. FILOSOFÍA DE LA EDUCACIÓN. 4. AUTONOMÍA EN LA EDUCACIÓN. 5. LIBERTAD
ACADÉMICA. I. Pineda Rivera, Diego Antonio, traductor. II. Pontificia Universidad Javeriana. Facultad
de Ciencias sociales.
CDD 191 edición 21
Catalogación en la publicación - Pontificia Universidad Javeriana. Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S.J.
inp.22/09/2017
Prohibida la reproducción total o parcial de este material sin autorización por escrito de la
Pontificia Universidad Javeriana.
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Contenido
Introducción. La democr acia como forma de vida:
algunas coordenadas par a su comprensión
9
La ética de la democr acia (1888)
25
Cristianismo y democr acia (1893)
53
Libertad académica (1902)
63
Emerson: el filósofo de la democr acia (1903)
81
La democr acia en la educación (1903)
91
Filosofía y democr acia (1918)
105
Mediocridad e individualidad (1922)
123
Individualidad, igualdad y superioridad (1922)
131
Una crítica de la civilización norteamericana (1928)
139
Por qué no soy comunista (1934)
155
El desafío de la democr acia a la educación (1937)
161
La democr acia es r adical (1937)
175
Democr acia y educación en el mundo de hoy (1938)
181
Democr acia creativa: la tarea que tenemos
por delante (1939)
195
¿Qué es la democr acia? (¿1946?)
203
Bibliogr afía básica sobre John Dewey
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Cuando pienso en las condiciones bajo las cuales
viven hoy tantos hombres y mujeres en muchos países
extranjeros, bajo el terror del espionaje y corriendo un
peligro latente por reunirse con sus amigos para tener una
conversación amigable y por tener reuniones en privado,
me siento inclinado a creer que el corazón y la garantía
última de la democracia está en las reuniones libres entre
vecinos en las esquinas de las calles para discutir y volver a
examinar las noticias de cada día leídas en publicaciones
sin censura y en las reuniones de amigos en las salas de sus
casas y apartamentos para conversar libremente entre sí.
La intolerancia, el abuso y las listas negras en las que
se registra a todos aquellos que tienen diferencias de
opinión en cuestiones religiosas, políticas o económicas
—o también a los que difieren por cuestiones de raza,
color, riqueza o grado de cultura— son una traición al
modo de vida democrático. Es así como todas aquellas
cosas que ponen obstáculos a la libertad y al libre flujo de
la comunicación levantan barreras que dividen a los seres
humanos en grupos y camarillas, en sectas y facciones
antagónicas, y, por tanto, van socavando poco a poco
el modo de vida democrático. Las garantías meramente
legales de las libertades civiles (de la libertad de creencias,
de expresión y reunión) son un pobre aval si en la vida
cotidiana la libertad de comunicación y el intercambio
de ideas, hechos y experiencias se ven trabados por la
sospecha mutua, el abuso, el miedo y el odio. Estas
cosas destruyen la condición esencial del modo de vida
democrático, incluso más efectivamente que la coerción
abierta, la cual —como lo prueba el ejemplo de los
Estados totalitarios— es efectiva solamente cuando tiene
éxito en alimentar el odio, la sospecha y la intolerancia
en las mentes de los seres humanos individuales.
john dewey, Democracia creativa:
la tarea que tenemos por delante
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Introducción
La democracia como forma de vida:
algunas coordenadas para su comprensión
Decir que la democracia es únicamente una forma de
gobierno es como decir que una casa es más o menos
lo mismo que una disposición geométrica de ladrillos
y cemento, que la iglesia es un edificio en donde hay
bancas, púlpito y torres con campanas. Esto es verdad:
tales cosas ciertamente son eso. Pero también es falso:
son infinitamente más. La democracia, como cualquier
otro sistema de gobierno, ha sido finamente modelada
a partir de la memoria de un pasado histórico, la conciencia de un presente viviente y el ideal de un futuro
por venir. La democracia, en una palabra, es algo social,
es decir, es una concepción ética, y sobre su significado
ético se apoya su significado como forma de gobierno.
La democracia es una forma de gobierno únicamente
porque es una forma de asociación moral y espiritual.
john dewey, La ética de la democracia
John Dewey ha sido considerado por muchos como “el filósofo de
la democracia”. Esta afirmación, como todas aquellas que, por genéricas, resultan inexactas, adolece de una profunda ambigüedad,
al menos hasta que podamos entender de una forma aproximada lo
que ella pueda significar. Para empezar, Dewey no es —ni nunca
pretendió serlo— el inventor de la noción de democracia; muy por
el contrario, para él se trata de algo que aprendió de su propio ambiente; algo que, como bien lo indica en muchos de sus textos, formaba parte del sustrato moral en el que se formó: la Norteamérica
9
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La democracia como forma de vida
de la segunda mitad del siglo xix, la de los años posteriores a la
guerra de Secesión (que estalló cuando él no tenía aún dos años
de edad), y muy particularmente el estado de Vermont, en la zona de
Nueva Inglaterra, donde, como lo expresó en una famosa conferencia sobre la filosofía en Norteamérica, el espíritu democrático estaba
arraigado desde el comienzo en la experiencia vital de sus ciudadanos. Dice allí Dewey:
Si se me permitiera hacer una alusión a asuntos personales, diría que
nunca dejaré de estar agradecido por haber nacido en una época y un
lugar en donde el primitivo ideal de libertad y de una comunidad de
ciudadanos que se autogobierna todavía prevalecía de forma suficiente
como para que yo me empapara inconscientemente de su significado.
En Vermont, quizás más que en cualquier otra parte, estaba arraigada en el espíritu de la gente la convicción de que los gobiernos eran
como las casas en donde vivían, pues estaban hechos para contribuir
al bienestar humano; y quienes vivían en ellas eran completamente
libres para modificarlas y ampliarlas, tanto a estas como a aquellos,
cuando el desarrollo de las necesidades de la familia humana exigiera
tales alteraciones y modificaciones. Estaba tan arraigada esta convicción en los habitantes de Vermont que, todavía hoy, creo yo que uno es
más lealmente patriota con respecto al ideal de Norteamérica cuando
sostiene este punto de vista que cuando concibe el patriotismo como
una adhesión estrecha a una forma de Estado que supuestamente está
fijada para siempre; y cuando reconoce que las exigencias de una común sociedad humana son superiores a aquellas que puedan provenir
de cualquier forma política particular.1
Tal vez sea un poco más exacto afirmar, como lo hace Sidney
Hook, que Dewey fue “el filósofo de la democracia estadounidense”.2
Tal afirmación, sin embargo, hace despertar nuevas sospechas en la
1
John Dewey, “James Marsh and American Philosophy”, The Later Works of John
Dewey 1925-1953, ed. Jo Ann Boydston, 17 vols. (Carbondale: Southern Illinois University
Press, 1981-1990), 5: 194 (citado en adelante LW).
2
Sidney Hook, John Dewey: una semblanza intelectual (Barcelona: Paidós, 2000), 159
y ss.
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Introducción
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medida en que se tiende a identificar su filosofía con una defensa a
ultranza del American way of life, y hasta se llega a afirmar, como lo
hiciera en su momento un autor marxista como Harry Wells, que el
pragmatismo es “la filosofía del imperialismo”.3 No menos absurda
que esta pretensión dogmática de descalificar una filosofía a través
de un término peyorativo y de sesgo político resulta la de Bertrand
Russell de considerar el pragmatismo, tanto el de Dewey como el
de James, como “la expresión del comercialismo americano”. A ella
responde Dewey, no sin un dejo de ironía, diciendo que eso sería
como decir que “el neorrealismo inglés es un reflejo del esnobismo
aristocrático de los ingleses; la tendencia de los franceses a pensar
en términos dualistas, una expresión de la supuesta disposición de
estos a tener una amante, además de su esposa; y el idealismo de los
alemanes, una manifestación de su habilidad para elevar la cerveza y
las salchichas hasta fundirla en una síntesis superior con los valores
espirituales representados por Beethoven y Wagner”.4
Dewey no negó nunca los estrechos vínculos que existían entre
su filosofía pragmatista (o experimentalista, como él prefería llamarla) y la historia y cultura norteamericanas. Se negó, eso sí, a identificar la una con la otra, pues toda filosofía es a la vez la expresión de
una época y la crítica más severa de aquella época en la que se formó.
Quien lea con cuidado los distintos textos escritos por Dewey podrá
percibir fácilmente cómo, a la vez que se sabe norteamericano y admira los grandes personajes y logros de su cultura, es un severo crítico de sus instituciones políticas, religiosas y educativas, así como de
sus prácticas artísticas y tecnológicas. Así lo deja en claro en su ensayo sobre el desarrollo del pragmatismo en su país:
Esta teoría [se refiere, desde luego, al pragmatismo] fue norteamericana en su origen en cuanto insistió en la necesidad de la conducta
humana y de la realización de algún objetivo en orden a clarificar el
pensamiento. Sin embargo, al mismo tiempo, desaprueba aquellos aspectos de la vida norteamericana que hacen de la acción un fin en sí
3
Harry Wells, El pragmatismo, la filosofía del imperialismo (Buenos Aires: Platina,
1964).
4
Dewey, “Pragmatic America”, LW 3: 307.
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La democracia como forma de vida
mismo y que conciben fines muy limitados y muy “prácticos”. Al considerar un sistema de filosofía en su relación con factores nacionales
es necesario tener en mente no solo los aspectos de la vida que están
incorporados en el sistema, sino también aquellos aspectos contra los
cuales el sistema es una protesta. Nunca ha existido un filósofo que
mereciera tal nombre por la simple razón de que hubiese glorificado
las tendencias y características de su entorno social, como también es
verdad que nunca ha habido un filósofo que no se hubiera aprovechado
de ciertos aspectos de la vida de su tiempo y los hubiese idealizado.
[…] Está más allá de cualquier duda que el carácter progresivo e inestable de la vida y la civilización norteamericanas ha facilitado el nacimiento de una filosofía que considera el mundo como algo que está
en constante formación, donde hay aún lugar para el indeterminismo, para lo nuevo y para un futuro real. Esta idea, sin embargo, no
es exclusivamente norteamericana, aunque las condiciones de la vida
norteamericana han ayudado para que llegue a ser autoconsciente.
También es verdad que los norteamericanos tienden a subestimar el
valor de la tradición y de la racionalidad considerada como un logro
del pasado. Pero el mundo también ha dado pruebas de irracionalidad en el pasado y esta irracionalidad está incorporada en nuestras
creencias y nuestras instituciones. Hay malas y buenas tradiciones y
siempre es importante distinguir. Nuestro desdén hacia las tradiciones
del pasado, con todo lo que esta negligencia implica en el sentido de
empobrecimiento espiritual de nuestra vida, tiene su compensación en
la idea de que el mundo está siempre comenzando de nuevo y se está
reconstruyendo ante nuestros ojos.5
La verdad es que Dewey no concibió nunca el ejercicio filosófico
como una apologética del orden establecido y, mucho menos, como
una autojustificación del modo de vida y las instituciones políticas
norteamericanas. Más aún, su interés no fue nunca elaborar una teoría completa de la democracia (de hecho, solo una de sus obras importantes, Democracia y educación, dedicada a asuntos pedagógicos
más que políticos, tiene el término “democracia” en su título), y ello
5
Dewey, “The Development of American Pragmatism”, LW 2: 5-6; 19-20.
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aunque en algunas de sus obras de filosofía política —particularmente en El público y sus problemas y en Libertad y cultura— hiciera
importantes aportes para la comprensión de la génesis y fundamentos de la democracia política. Tampoco idealiza la democracia norteamericana (a la que considera como un importante “experimento”,
más que como un logro histórico definitivo) ni se propone justificar
por qué la democracia es “la mejor forma de gobierno”.
La razón de todo lo anterior es muy simple: para él la democracia
no es una propuesta, sino un supuesto. Y yo diría que el supuesto fundamental de todo su pensamiento. Como Dewey mismo lo reconoce
en el texto que hemos citado al comienzo de esta introducción, él
nació y creció en un ambiente democrático y allí adquirió los hábitos
democráticos como si constituyesen una “segunda naturaleza”. En
este sentido, toda su filosofía —incluso cuando se ocupa, como lo
hace muchas veces, de temas abstractos de lógica, metafísica o teoría
del conocimiento— está imbuida del espíritu democrático. Desde
luego, cuando se plantea temas de orden estético, psicológico, ético
o pedagógico, no menos que cuando se ocupa de asuntos políticos,
el supuesto primero desde el que los piensa es el de la educación, la
tecnología, el arte o los hábitos que requiere la formación de un ciudadano democrático.
La democracia no es, para Dewey —y en ello insistirá de muchas formas distintas a lo largo de los textos que aquí estamos presentando y en muchas de sus más importantes obras filosóficas,
pedagógicas y políticas—, una forma de gobierno, sino una forma
de vida. Pero, ¿qué quiere decir esto? Ante todo, que la democracia
no se puede reducir a su maquinaria externa, es decir, a las instituciones y procedimientos (como el Parlamento, el sistema electoral,
la rotación en los cargos de gobierno, la regla de la mayoría, etc.)
a través de los cuales busca garantizar a los ciudadanos el ejercicio
de sus derechos y el cumplimiento de sus deberes, sino que se debe
comprender como la sociedad organizada para la realización de
ideales éticos de primer orden como los expresados en las nociones fundamentales de libertad, igualdad y fraternidad (o, como él
prefiere llamarla, cooperación reflexiva). Tal vez en ninguna parte
haya expresado de forma más completa y elegante esta idea de la
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La democracia como forma de vida
democracia como un modo de vida personal que en el discurso que
escribió para la celebración de sus ochenta años de vida, del que me
permito citar el siguiente pasaje:
La democracia como modo de vida se encuentra regulada por la fe
personal en el trabajo que día a día realizamos junto con otros. La
democracia es la creencia en que, incluso cuando las necesidades y los
fines, o las consecuencias, son diferentes para cada individuo, el hábito
de la cooperación amigable —que, como en los deportes, puede incluir
rivalidad y competencia— es una colaboración en sí misma inestimable para la vida. En tanto sea posible, enfrentar cualquier conflicto que
surja —y estos seguirán surgiendo— en una atmósfera y un medio
libres de la presión de medios como la fuerza y la violencia, y situarlo
en una atmósfera de discusión y de juicio inteligente, es tratar a aquellos con quienes estamos en desacuerdo —incluso cuando discrepamos profundamente— como personas de quienes podemos aprender
y, en esa misma medida, como amigos. Una fe en la paz genuinamente
democrática implica que confiamos en la posibilidad de manejar las
disputas, controversias y conflictos como empresas cooperativas en las
cuales cada una de las partes aprende de la otra al darle la posibilidad
de que se exprese por sí misma, en vez de que una de las partes pretenda vencer a la otra suprimiéndola por la fuerza; dicha supresión, por
otra parte, no es menos violenta cuando tiene lugar a través de medios
psicológicos, como la ridiculización, el abuso o la intimidación, que
cuando se recurre de forma abierta al encarcelamiento o los campos de
concentración. Cooperar para que las diferencias tengan oportunidad
de manifestarse, puesto que creemos que la expresión de las diferencias
no solo es un derecho de las otras personas sino un medio a través del
cual enriquecemos nuestra propia experiencia de la vida, es algo inherente a la democracia concebida como modo de vida personal.6
Existe siempre la tentación de pedirle a un autor que nos ofrezca
una definición explícita de los asuntos de los que trata con el fin de
delimitar de forma clara los conceptos de los que se ocupa. Ello, aunque muchas veces resulte deseable, no es siempre posible. No lo es
6
Dewey, “Creative Democracy – The Task Before Us”, LW 14: 228.
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en este caso precisamente porque Dewey se niega sistemáticamente a
hacer de la democracia un concepto exclusivamente político y prefiere concebirla como una experiencia vital y fundamental que ilumina
todo esfuerzo de comprensión y que se abre hacia el horizonte de un
mundo en perpetua reconstrucción. Es muy significativo, desde este
punto de vista, que Dewey hable muchas veces de la democracia, en
un tono jeffersoniano, como “nuestro gran experimento”, esto es,
como algo en permanente elaboración y como un compromiso ético
en el que se embarcaron los norteamericanos desde los tiempos de
lo que ellos mismos llamaron sus Padres Fundadores. Dicho experimento no se redujo a la creación de unos principios constitucionales o unas ciertas instituciones de gobierno, sino que se expresó a
través de la creación de una cultura de libre circulación en donde la
creatividad de los individuos permitió resolver, dentro de un espíritu
falibilista de permanente autocorrección, los grandes desafíos que les
plantearon la naturaleza y la historia. Según Dewey, fue una feliz
combinación —tan bien apreciada por Alexis de Tocqueville en su
Democracia en América— de circunstancias naturales (una frontera
abierta, una mentalidad pionera) y de una gran inventiva política
lo que hizo que dicho experimento tomara una forma propia en el
curso de algo más de un siglo.7
Si no es posible ofrecer una definición precisa de algo que en
sí mismo es una experiencia de amplias dimensiones, más que un
concepto que pueda aceptar una clara delimitación, sí lo es, en cambio, intentar ofrecer algunas coordenadas para su comprensión. Así
como en un viaje a un territorio que desconocemos no podemos pretender alcanzar una comprensión completa de las dimensiones de
dicho territorio previa al viaje mismo, sino que es necesario que lo
recorramos palmo a palmo hasta alcanzar una comprensión propia,
así también, al internarnos en la concepción deweyana de la democracia como forma de vida, no nos resulta posible alcanzar una comprensión propia hasta que no recorramos sus diversos textos. Ello no
quiere decir, sin embargo, que no nos puedan ser de inmensa ayuda
algunas coordenadas básicas que nos permitan recorrer el terreno
7
Ibíd., 14: 224-225.
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La democracia como forma de vida
que apenas empezamos a explorar con algún sentido de orientación.
Si intentamos ahora definir tales coordenadas, yo propondría que
fueran estas: la concepción deweyana de la experiencia, su énfasis en
la individualidad, su noción de una inteligencia social pública y su
idea de la necesaria interdependencia de medios y fines.
No hay un concepto más fundamental en toda la filosofía de
Dewey que el de “experiencia”; de hecho, varias de sus obras filosóficas más reconocidas llevan el término experiencia en su propio título: experiencia y naturaleza, experiencia y educación, el arte como
experiencia, etc. Él mismo prefirió llamar a su sistema de ideas filosóficas, más que pragmatismo (como ordinariamente se le conoce),
experimentalismo, pues pretendía subrayar el carácter experiencial
de todo auténtico pensamiento, ya que este es algo que se va configurando en la medida en que una criatura viva entra en interacción
con su entorno físico y social. Para Dewey, la filosofía, más que la
búsqueda de una Verdad o una Realidad últimas, era un esfuerzo de
crítica y reconstrucción permanente de la experiencia humana.8 Su
noción de experiencia, sin embargo, es muchísimo más compleja que
la desarrollada por la filosofía moderna, particularmente el empirismo, en la cual aquella se concibe como un asunto fundamentalmente cognoscitivo, como la afección que sufre un sujeto cognoscente
por acontecimientos o cualidades del mundo externo; para Dewey,
la experiencia es algo a la vez activo y pasivo, pues se trata de la interacción que se da entre la criatura viviente y el entorno físico y social
en el cual se hace posible su desarrollo.9 La democracia misma no se
puede concebir, entonces, sino como un cierto tipo de experiencia
y de actitud ante la experiencia: como la disposición y capacidad
8
John Dewey, “Philosophy and Democracy”, The Middle Works of John Dewey 18991924, ed. Jo Ann Boydston, 15 vols. (Carbondale: Southern Illinois University Press, 19761983), 11: 41-53 (citado en adelante MW).
9
Para una más completa comprensión tanto de la crítica que hace Dewey de la noción
empirista de experiencia como de la propia noción de experiencia de Dewey, y de las implicaciones que ello tiene para el conjunto de su comprensión filosófica, puede verse su texto
“The Need for a Recovery of Philosophy”, MW 10: 3-48. Una exposición más breve de esta
concepción, bajo la forma de una confesión de fe filosófica, es su texto “What I Believe”, LW
5: 267-278.
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permanente para el diálogo, la autocorrección y la cooperación entre
iguales que hace posible la expansión y el enriquecimiento de la experiencia humana en sociedad.
En tanto la democracia es, como lo dice Dewey con énfasis, una
forma de vida personal, solo adquiere su pleno sentido en cuanto
se encarna en la vida de los individuos, es decir, cuando adquiere
la forma de hábitos que guían el pensamiento, la acción y la sensibilidad de los individuos que, como miembros de una comunidad,
son capaces de cooperar entre sí en la búsqueda de fines comunes.
Insiste nuestro filósofo en que el individuo es “el centro y la consumación de la experiencia”, queriendo subrayar con ello que él es el
punto nuclear y la meta fundamental hacia la cual debe apuntar todo
desarrollo. No quiere decir esto que pretenda defender una forma a
ultranza de individualismo de corte neoliberal (que critica de forma
severa en sus escritos sobre Viejo y nuevo individualismo), sino que el
individuo mismo es el resultado del proceso social en que se halla
inmerso. Este énfasis en la importancia que tiene el pleno desarrollo
de la individualidad para la vida democrática es esencial a la hora de
comprender su pensamiento filosófico y político, pues, ajeno a toda
forma de colectivismo, como el que en su tiempo pretendió desarrollar el comunismo soviético,10 Dewey hace del desarrollo de la individualidad el criterio por excelencia a través del cual se puede juzgar
si un determinado comportamiento, una determinada norma o una
determinada institución merecen o no el calificativo de “democráticos”. Si bien, para él, la comunidad es mucho más que la suma de
los individuos que la conforman, ella solo adquiere su pleno sentido y justificación en la medida en que procura el crecimiento (en
el sentido de experiencia ampliada y enriquecida) de cada uno de sus
miembros. Una auténtica democracia no se basa en la idea de una
fácil medianía, de una mediocridad colectiva, sino que se apoya
en el impulso que le dan las individualidades fuertes que la lanzan
hacia adelante.
Si, por una parte, Dewey “individualiza” la democracia, por la
otra “socializa” la inteligencia. Esta última, lejos de ser una capacidad
10
Véase Dewey, “Why I Am Not a Communist”, LW 9: 91-95.
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La democracia como forma de vida
individual que unos tienen más que otros, es una fuerza social y pública. No se trata de algo encerrado en la cabeza, sino de la fuerza social que ha hecho posible que, en cuanto seres históricos, lleguemos a
ser lo que en efecto somos. Dewey, más que de “la razón” como una
facultad de la que pueden hacer uso los individuos, prefiere hablar de
la inteligencia como una capacidad social y pública; y trata, por ello,
de ver en todos los elementos que forman una cultura (su tecnología,
sus creencias, su conocimiento, sus expresiones artísticas, sus propias
ideas filosóficas) productos de una inteligencia social reflexiva que
se halla en permanente reconstrucción. No puede haber, entonces,
democracia sin el cultivo de esta inteligencia reflexiva que se pone en
acto en todos los ejercicios de examen, investigación y deliberación
pública; y, si la democracia es una forma de vida más apropiada que
otras, es precisamente porque ella promueve de forma mucho más
sistemática las prácticas investigativas y reflexivas de carácter cooperativo que otros regímenes de vida social. Como bien lo ha indicado
Hilary Putnam, al afirmar que Dewey ofrece una “justificación epistemológica de la democracia”, “la democracia no es solo una forma
de vida social entre otras formas factibles de vida social: es la condición previa para la aplicación plena de la inteligencia a la solución de
los problemas sociales”.11
Quienes conciben la democracia solo como una forma política,
o como un simple mecanismo para conseguir unos determinados
fines, bien pueden creer que, como reza el dicho tan común, “el fin
justifica los medios”. Para quien, como Dewey, concibe la democracia como una forma de vida, medios y fines resultan inseparables,
pues es imposible perseguir fines democráticos a través de medios
que sean contrarios a ellos. No es posible, por ejemplo, conseguir
mayor libertad individual, una más completa equidad o una cooperación reflexiva cada vez más amplia a través de medios como la
intimidación, el odio o la simple fuerza bruta. Medios y fines son
interdependientes. No solo los medios se justifican por los fines que
persiguen, sino que los propios fines deben justificarse por los medios
Hilary Putnam, “Una reconsideración de la democracia de Dewey”, Cómo renovar la
filosofía (Madrid: Cátedra, 1994), 247-271.
11
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empleados; en tal sentido, es la propia bondad de los medios utilizados lo que hace legítimos los fines perseguidos. En ello consiste
precisamente lo que el propio Dewey llama “la radicalidad” de la
democracia.12
Son muchas las obras del filósofo de Vermont que fueron traducidas al castellano, y a muchas otras lenguas, desde los comienzos
mismos del siglo XX . Una lista de las principales traducciones de tales
obras a nuestra lengua se encuentra en la bibliografía que ofrecemos
al final del presente libro. Dewey no fue, sin embargo, un pensador
dedicado exclusivamente a escribir libros —algunos de ellos muy
voluminosos— sobre todo tipo de asuntos filosóficos: lógica, epistemología, ética, estética, filosofía política, filosofía de la educación,
etc. Escribió también muchos otros textos: conferencias, artículos en
revistas especializadas de filosofía y ciencias sociales, semblanzas de
grandes personajes, memorias de sus viajes, panfletos, informes y documentos programáticos de carácter político o pedagógico, artículos
de prensa, cartas, poemas, etc. En todos estos textos, mucho más
cortos y de ocasión, desarrolla muchas de sus ideas filosóficas con
una mayor soltura que en sus obras más elaboradas.
Muchos de tales textos, sin embargo, son poco conocidos en
nuestra lengua, pues casi nunca fueron traducidos y solo eran conocidos hasta hace poco tiempo por los estudiosos de su obra. Afortunadamente, en las décadas posteriores a su muerte, sucedida en
1952, se inició una amplia labor de recolección de todos sus escritos,
que dio lugar con el tiempo a la edición de sus obras completas en
inglés, por parte de la Southern Illinois University, en 37 tomos: 5
que recogen sus escritos hasta 1898 (conocidos como Early Works),
15 que recogen lo que escribió entre 1899 y 1924 (sus Middle Works)
y 17 tomos en donde están compilados los textos escritos por él desde
1925 hasta el momento de su muerte (sus escritos de madurez o Later
Works). De esta edición hemos seleccionado aquí quince textos muy
poco conocidos en el mundo de habla hispana (de hecho, la gran
mayoría de ellos nunca habían sido traducidos al castellano), todos
12
Dewey, “Democracy Is Radical”, LW 11: 296-299.
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La democracia como forma de vida
ellos relacionados con su reflexión en torno a la democracia como
forma de vida.
Dicha selección se ha hecho atendiendo a algunos criterios muy
básicos. En primer lugar, el criterio fundamental fue que debía tratarse de textos en donde Dewey ofreciera una reflexión sobre la idea
de la democracia como forma de vida, aunque en directa relación con
problemáticas sociales, políticas, educativas y culturales que, aunque
tuviesen un vínculo estrecho con problemas de su tiempo, fuesen relevantes para las discusiones contemporáneas; así, por ejemplo, su reflexión sobre las nociones de mediocridad e individualidad, suscitada
por las pruebas de capacidad mental, conserva toda su actualidad,
pues plantea el problema central para la discusión de nociones claves en nuestros tiempos, como las de equidad, inteligencia y respeto
de la individualidad; de un modo semejante, su reflexión sobre la
libertad académica conserva su plena vigencia a pesar de haber sido
escrita hace más de cien años. En segundo término, debía tratarse
de textos de diversas etapas del desarrollo de Dewey como filósofo,
precisamente porque lo que se busca poner de presente es que la idea
de democracia fue algo sobre lo que Dewey reflexionó una y otra
vez a lo largo de su dilatada carrera filosófica; esa es la razón por la
cual hay textos, tanto de la primera época de Dewey, en la que era
todavía un profundo admirador de la filosofía hegeliana (como los
dos primeros de esta selección), como de sus últimos años, e incluso
uno, el final, que quedó inédito a su muerte; y esa es también la
razón por la cual, en vez de ofrecer una organización propia de estos textos, preferimos publicarlos siguiendo un orden estrictamente
cronológico. En tercer término, quisimos destacar la variedad de
formatos y estilos que hay en los escritos de Dewey; por ello no
tomamos ningún pasaje de ninguno de sus libros fundamentales,
ni siquiera de sus obras más reconocidas de pensamiento político,
sino que solo elegimos textos cortos: ensayos, discursos dirigidos a
diversos públicos universitarios y a asociaciones profesionales, semblanzas, artículos publicados en revistas de educación y ciencias sociales, colaboraciones en libros colectivos, textos en donde expresa
opiniones personales sobre asuntos de su época, panfletos en donde
hace una síntesis de algunas de sus creencias, discursos en los que
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Introducción
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conmemora acontecimientos de su propia vida y hasta un manuscrito que quedó inédito, y seguramente incompleto, a la hora de su
muerte; con ello hemos querido destacar, además de la variedad de
sus estilos de escritura, el carácter público de toda su filosofía, pues
no se limitó a lo que enseñara en sus cátedras universitarias o escribiera en sus grandes obras filosóficas, sino que participó de forma
comprometida de los grandes acontecimientos de su época. Finalmente, hemos escogido textos que no fueran de difícil lectura (como
lo son algunos pasajes de sus obras filosóficas más conocidas), con
el fin de que los pudiese leer con igual deleite un público amplio,
del que igualmente pudiesen formar parte el simple lector que se
interesa en cuestiones filosóficas, políticas y educativas, el estudioso
que apenas empieza a acercarse a su obra y el investigador que aspira
a alcanzar una más elevada comprensión filosófica.
Todos los textos traducidos para la presente selección han sido
tomados de la edición más completa de los escritos de Dewey con
la que contamos: la ya referida de la Southern Illinois University en
37 tomos (5 de sus Early Works, 15 de sus Middle Works y 17 de sus
Later Works). Como ya es costumbre entre los estudiosos de su obra,
la citación se hace de la siguiente forma: se indica primero a qué
grupo de obras, de los tres señalados, corresponde el texto citado;
a continuación se señala el volumen citado del grupo de obras en
mención y la página o páginas citadas. Así, por ejemplo, un texto
como “The Ethics of Democracy”, se cita de la siguiente forma: EW
1: 227-249. Con ello se indica el grupo de obras al que pertenece
(Early Works, en el ejemplo), el volumen de dicho grupo de obras (1)
y las páginas del volumen (227-249) en las que se encuentra el texto
al que se hace referencia. Para alcanzar mayor claridad con respecto
al origen de cada uno de los textos seleccionados y traducidos, en
el pie de página de cada uno de ellos indico su nombre original en
inglés, su ubicación en la obra de Dewey y si el texto en mención fue
publicado previamente, y en dónde, antes de aparecer en la edición
de sus obras completas.
Aunque las reflexiones de Dewey sobre la democracia como forma de vida fueron elaboradas en un contexto muy diferente al nuestro —el de los Estados Unidos de Norteamérica de finales del siglo
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La democracia como forma de vida
XIX y la primera mitad del siglo XX—, considero que pueden resultar
iluminadoras para todos aquellos que creemos que la democracia es
mucho más que una forma de gobierno (que ciertamente lo es: aquella forma de gobierno imperfecta por sí misma, como imperfectos
somos los seres humanos) y que es, sobre todo, un ideal ético que
hace posible la creación de una cultura más amplia en extensión,
porque está al alcance de todos, y más elevada en sus pretensiones, porque permite el libre juego de la individualidad y facilita la
creación de una comunidad humana mejor, pues se basa en la fe
en que, aunque seamos contingentes y falibles, tenemos siempre la
posibilidad de construir un mundo que está aún por terminar y
la posibilidad de reconstruir, con la fuerza de una inteligencia abierta
y pública, aquello que nos ha quedado mal diseñado.
Tal vez nunca como hoy la democracia ha sido tan aceptada en
la teoría y tan rechazada en la práctica. En nombre de la democracia,
y sobre todo cuando se la considera como la forma de gobierno que
debe primar sobre las demás más allá de toda condición histórica y de
toda diferencia cultural, se cometen día a día todo tipo de crímenes
y atropellos. No nos resulta extraño que algunas potencias militares,
paradójicamente aquellas en las que el espíritu democrático parecería tener más arraigo, pretendan imponer por la fuerza su modo de
gobierno sobre países y culturas que no han pasado por un proceso
previo de ilustración ciudadana que garantice que los hábitos democráticos tengan un arraigo en el corazón de los ciudadanos. Menos
extraño aún, porque lo hemos vivido recientemente, nos resulta el
hecho de que, en nombre de la democracia, se nos haya pretendido
imponer la dictadura del estado de opinión, como si la democracia
fuera una simple cuestión de número: de votos, de encuestas, de meras opiniones. ¿Acaso para ser democráticos deberíamos retornar a la
caverna que nos describe Platón, en donde unos hombres atados de
pies y manos e incapaces de mover su cabeza en cualquier dirección
se engañan con imágenes ilusorias que otros les proyectan?
La democracia como forma de vida es, nunca deberíamos olvidarlo, algo muy distinto del reino de la mera opinión. Es un ideal de
vida que debe ser construido y reconstruido de forma permanente
en nuestras formas habituales de convivencia con otros: en nuestras
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familias, en nuestras instituciones, en nuestras costumbres. Como
bien nos lo recuerda Dewey, nada es más ajeno al espíritu democrático que la tendencia a convertir la democracia en algo ya fijado, en
un proyecto ya realizado, en algo logrado de una vez y para siempre:
A mi parecer, el más grave error en que podemos incurrir con respecto
a la democracia es el de concebirla como algo fijado: fijado en su idea y
fijado en sus manifestaciones externas.
La idea misma de democracia, el significado de la democracia, debe ser
continuamente explorado y de nuevo examinado; tiene que ser continuamente descubierto y redescubierto, rediseñado y reorganizado. Al
mismo tiempo, las instituciones políticas, económicas y sociales en las
que esta se ha encarnado tienen que ser rediseñadas y reorganizadas
para introducir los cambios que se sigan del desarrollo de nuevas necesidades por parte de los seres humanos y de los nuevos recursos que
existan para satisfacer estas necesidades.
Ninguna forma de vida permanece, o puede permanecer, estática. O
va hacia delante o va hacia atrás; y, si va hacia atrás, su destino es
la muerte. La democracia como forma de vida no puede permanecer
estática. Además, si pretende permanecer viva, debe ir hacia adelante
introduciendo los cambios que se requieren y que se le van exigiendo
en un momento y lugar determinados. Y, si no va hacia adelante, si
intenta permanecer estática, está ya comenzando a marchar hacia atrás
por el camino que la conduce hacia su extinción.13
Debo, finalmente, agradecer a todos los que hicieron posible
que este libro saliera a la luz. En primer lugar a la Pontificia Universidad Javeriana, que ha apoyado por tantos años mi interés en
la obra de Dewey, y que me ofreció las mejores condiciones para
la realización de este trabajo. A todos mis amigos y colegas de la
Facultad de Filosofía, sin cuyo impulso y crítica bondadosa no habría podido desarrollar plenamente mi condición de filósofo y educador. Al Comité de Publicaciones de la Facultad y a la Editorial
13
Dewey, “The Challenge of Democracy to Education”, LW 11: 182.
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La democracia como forma de vida
Pontificia Universidad Javeriana, por la aprobación de este proyecto y por el cuidado que han puesto en el trabajo editorial. A todos
ellos, de nuevo, muchas gracias.
diego antonio pineda rivera
Profesor titular
Facultad de Filosofía
Pontificia Universidad Javeriana
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Bibliografía básica sobre John Dewey
Obras de John Dewey
Obras completas de John Dewey en inglés
The Early Works of John Dewey 1882-1898, 5 volúmenes. Editado por Jo Ann
Boydston. Carbondale: Southern Illinois University Press, 1969-1975.
The Middle Works of John Dewey 1899-1924, 15 volúmenes. Editado por Jo Ann
Boydston. Carbondale: Southern Illinois University Press, 1976-1983.
The Later Works of John Dewey 1925-1953, 17 volúmenes. Editado por Jo Ann
Boydston. Carbondale: Southern Illinois University Press, 1981-1990.
Compilaciones de textos de John Dewey (en inglés y español)
Characters and Events. Popular Essays in Social and Political Philosophy, by John
Dewey, 2 volúmenes. Editado por Joseph Ratner. Nueva York: Henry
Holt and Company, 1929.
Intelligence in the Modern World: John Dewey’s Philosophy. Editado por Joseph
Ratner. Nueva York: Modern Library Giants, 1939.
The Philosophy of John Dewey. Dos volúmenes en uno: The Structure of Experience y The Lived Experience. Introducción, comentarios y edición de John
Mc Dermott. Chicago y Londres: The University of Chicago Press, 1981.
John Dewey: The Political Writings. Editado por Debra Morris e Ian Shapiro.
Indianapolis: Hackett, 1993.
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La democracia como forma de vida
Pedagogía y filosofía. Seleccionada y compilada por Joseph Ratner. Traducido
del inglés por J. Méndez Herrera. Madrid: Francisco Beltrán, 1930.
El hombre y sus problemas. Traducido por Eduardo Prieto. Buenos Aires: Paidós,
1967.
La miseria de la epistemología. Ensayos de pragmatismo. Edición, traducción y
notas de Ángel Manuel Faerna. Madrid: Biblioteca Nueva, 2000.
John Dewey: selección de textos. Introducción, traducción y selección de textos
de Diego Antonio Pineda R. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia, 2011.
Versiones de las obras de John Dewey en español *
1
La ciencia de la educación. Traducido por Lorenzo Luzuriaga. Buenos Aires:
Losada, 1941.
El pensamiento vivo de Thomas Jefferson, presentado por John Dewey. Traducido
por Luis Echávarri. Buenos Aires: Losada, 1944.
La experiencia y la naturaleza. Prólogo y traducción de José Gaos. México:
Fondo de Cultura Económica, 1948.
El arte como experiencia. Prólogo y traducción de Samuel Ramos. México:
Fondo de Cultura Económica, 1949.
Lógica: teoría de la investigación. Prólogo y traducción de Eugenio Imaz. México:
Fondo de Cultura Económica, 1950.
La busca de la certeza. Un estudio sobre la relación entre el conocimiento y la
acción. Prólogo y traducción de Eugenio Imaz. México: Fondo de Cultura
Económica, 1952.
Una fe común. Traducido por Josefina Martínez Alinari. Buenos Aires: Losada,
1964.
Libertad y cultura. Traducido por Rafael Castillo Dibildox. México: Uteha,
1965.
Teoría de la vida moral. Traducido por Rafael Castillo Dibildox. México:
Herrero Hermanos, 1965.
* Se presentan aquí las versiones de las obras de John Dewey que se encuentran más
fácilmente disponibles para el lector. Un listado más completo de sus obras, en el orden de su
traducción y publicación en español, puede consultarse en http://www.unav.es/gep/Dewey/
DeweyEspanol.html.
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Bibliografía básica sobre John Dewey
211
El niño y el programa escolar. Mi credo pedagógico. Traducción y estudio preliminar de Lorenzo Luzuriaga. Sexta Edición. Buenos Aires: Losada, 1967.
La reconstrucción de la filosofía. Traducido por Amando Lázaro Ros. Prólogo de
Luis Rodríguez Aranda. Buenos Aires: Aguilar, 1970.
Naturaleza humana y conducta. Introducción a la psicología social. Traducido por
Rafael Castillo Dibildox. México: Fondo de Cultura Económica, 1982.
Cómo pensamos. Nueva exposición de las relaciones entre pensamiento reflexivo
y proceso educativo. Traducido por Marco Aurelio Galmarini. Barcelona:
Paidós, 1989.
Liberalismo y acción social y otros ensayos. Traducido por J. Miguel Esteban
Cloquell. Valencia: Alfons El Magnànim, 1996.
Democracia y educación. Una introducción a la filosofía de la educación. Traducido por Lorenzo Luzuriaga. Madrid: Morata, 2001.
Viejo y nuevo individualismo. Traducido por Isabel García Adánez. Introducción de Ramón del Castillo. Barcelona: Paidós, 2003.
Experiencia y educación. Traducido por Lorenzo Luzuriaga. Estudio introductorio de Javier Sáenz. Madrid: Biblioteca Nueva, 2004.
La opinión pública y sus problemas. Traducido por Roc Filella. Estudio preliminar y revisión de Ramón del Castillo. Madrid: Morata, 2004.
Teoría de la valoración. Traducido por María Luisa Balseiro. Madrid, Siruela,
2008.
El arte como experiencia. Traducción y prólogo de Jordi Claramonte. Barcelona:
Paidós, 2008.
Estudios y comentarios sobre la obra de John Dewey
en inglés (y otras lenguas)
Compilaciones de textos con comentarios
sobre la obra de John Dewey
The Philosophy of John Dewey. Editado por Paul Arthur Schilpp y Lewis Edwin
Hahn. Tercera Edición. Carbondale: Southern Illinois University Press,
1989.
John Dewey. Critical Assessments, 4 volúmenes. Editado por J. Tiles. Londres:
Routledge, 1992.
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212
La democracia como forma de vida
Reading Dewey. Interpretations for a Postmodern Generation. Editado por
Larry A. Hickman. Bloomington and Indianapolis: Indiana University
Press, 1998.
A Companion to Pragmatism. Editado por John R. Shook y Joseph Margolis.
Victoria (Australia): Blackwell Publishing, 2006.
Obras de conjunto sobre la filosofía de John Dewey
Campbell, James. Understanding John Dewey. Nature and Cooperative Intelligence. Chicago y La Salle (Illinois): Open Curt Publishing Company, 1995.
Rockefeller, Steven C. John Dewey: Religious Faith and Democratic Humanism.
Nueva York: Columbia University Press, 1991.
Ryan, Alan. John Dewey and the High Tide of American Liberalism. Nueva York
y Londres: W. W. Norton & Company, 1995.
Westbrook, Robert B. John Dewey and American Democracy. Ithaca y Londres:
Cornell University Press, 1991.
Estudios y comentarios sobre la obra de
John Dewey en español
Libros sobre John Dewey en español
Bernstein, Richard. Filosofía y democracia: John Dewey. Barcelona: Herder, 2010.
Esteban C., José Miguel. La crítica pragmatista de la cultura. Ensayos sobre el
pensamiento de John Dewey. Heredia (Costa Rica): Departamento de Filosofía de la Universidad Nacional de Costa Rica, 2001.
Geneyro, Juan Carlos. La democracia inquieta: E. Durkheim y J. Dewey. Barcelona: Anthropos, 1991.
Guichot Reina, Virginia. Democracia, ciudadanía y educación. Madrid: Biblioteca Nueva, 2003.
Hook, Sydney. John Dewey: una semblanza intelectual. Barcelona: Paidós, 2000.
Jackson, Philip W. John Dewey y la tarea del filósofo. Buenos Aires: Amorrortu,
2004.
Lawson, Douglas y Lean, Arthur (compiladores). John Dewey: visión e influencia de un pedagogo. Buenos Aires: Nova, 1971.
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Bibliografía básica sobre John Dewey
213
Nathanson, Jerome. John Dewey: la reconstrucción de la vida democrática.
México: Guaranda, 1956.
Pineda R., Diego. El individualismo democrático de John Dewey. Reflexiones
en torno a la construcción de una cultura democrática. Bogotá: Editorial
Pontificia Universidad Javeriana, 2012.
Wells, Harry. El pragmatismo, la filosofía del imperialismo. Buenos Aires: Platina,
1964.
West, Cornel. La evasión americana de la filosofía. Una genealogía del pragmatismo. Traducido por Daniel y Andrea Blanch. Madrid: Editorial Complutense, 2008.
Artículos importantes sobre John Dewey en español
Axtelle, George E. “John Dewey y el genio de la civilización norteamericana”.
En Lawson, Douglas y Lean, Arthur (compiladores). John Dewey: visión e
influencia de un pedagogo, 59-97. Buenos Aires: Nova, 1971.
Brickman, William W. “Actitudes del Estado soviético hacia John Dewey considerado como educador”. En Lawson, Douglas y Lean, Arthur (compiladores). John Dewey: visión e influencia de un pedagogo, 99-210. Buenos
Aires: Nova, 1971.
Catalán, Miguel. “Una presentación de John Dewey”. Revista de Filosofía 22
(2001): 127-134.
Childs, John. “Las funciones civilizadoras de la filosofía y de la educación”.
En Lawson, Douglas y Lean, Arthur (compiladores). John Dewey: visión e
influencia de un pedagogo, 13-28. Buenos Aires: Nova, 1971.
Del Castillo, Ramón. “El amigo americano”. Introducción en John Dewey.
Viejo y nuevo individualismo, 9-50. Barcelona: Paidós, 2003.
. “Érase una vez en América. John Dewey y la crisis de la democracia”.
Introducción en John Dewey. La opinión pública y sus problemas, 11-55.
Madrid: Morata, 2004.
Esteban Cloquell, José Miguel. “Pragmatismo consecuente. Notas sobre el
pensamiento político de John Dewey”. Introducción en John Dewey. Liberalismo y acción social, 7-46. Valencia: Edicions Alfons El Magnànim,
1996.
. “Pensar en la guerra desde el pragmatismo”. Inventio 1 (2005): 47-54.
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La democracia como forma de vida
Geneyro, Juan Carlos. “Educación y democracia. Aportes de John Dewey”. En
Estudios. Instituto Tecnológico Autónomo de México, 1994.
Honneth, Axel. “La democracia como cooperación reflexiva. John Dewey y
la teoría de la democracia del presente”. Metapolítica 5, 19 (2001): 11-31.
Morán, Juan G. “John Dewey, individualismo y democracia”. Foro Interno 9
(2009): 11-42.
Mougán Rivero, Juan Carlos. “Conciencia democrática y fe religiosa en John
Dewey”. Pensamiento 62, 232 (2006): 71-88.
Nubiola, Jaime y Sierra, Beatriz. “La recepción de Dewey en España y Latinoamérica”. Utopía y praxis latinoamericana, 6, 13 (2001): 107-119.
Putnam, Hilary. “Una reconsideración de la democracia de Dewey”. En Cómo
renovar la filosofía, 247-271. Madrid: Cátedra, 1994.
Redondo, Ignacio. “The Public and Its Problems. Opinión pública y comunicación en la obra de John Dewey”, 2006. Disponible en http://www.unav.
es/gep/Dewey/OpinionPublicaComunicacion.pdf
Westbrook, Robert B. “John Dewey (1859-1952)”. Perspectivas. Revista Trimestral de Educación Comparada xxiii, 1-2 (1993): 289-305.
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La democracia como forma de vida
se terminó de imprimir
en Javegraf durante
el mes de diciembre
del año 2017
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John Dewey
Anábasis, colección de libros de la Facultad de Filosofía de
la Pontificia Universidad Javeriana, publica diferentes tipos
de trabajos filosóficos en sus dos líneas editoriales. Investigación, la primera línea, alberga estudios originales y novedosos de autores actuales; la segunda, Traducción y Crítica,
está compuesta por traducciones y ediciones críticas de obras
de la tradición filosófica. Con sus diversos títulos, Anábasis
busca contribuir al desarrollo de la filosofía.
Aunque escritos en momentos de crisis profunda, en medio del auge
de los totalitarismos fascista y comunista y de las dos guerras mundiales, todos los textos revelan una concepción de la democracia en
la que prima la fe en el hombre común y en que este, con su capacidad
crítica y creativa, será capaz de enfrentar los desafíos que le ofrecen
los desarrollos cada vez más complejos de la vida contemporánea. En
definitiva, la lectura de Dewey es un estímulo para revivir la fe en la
democracia en nuestros días.
9 789587 811582
La democracia
como forma
de vida
La democracia como forma de vida • John Dewey
Traducción y Crítica
La democracia como forma de vida es una selección de quince textos
escritos por John Dewey en distintas épocas (el primero de 1888, el
último posterior a la Segunda Guerra Mundial), en los que el conocido filósofo pragmatista norteamericano reflexiona sobre la democracia desde distintas perspectivas y en múltiples formatos (discursos,
conferencias, artículos de prensa, colaboraciones en obras colectivas, etc.). Incluye reflexiones sobre las relaciones de la filosofía con la
democracia, y de esta con la educación, sobre la situación peculiar de la
sociedad norteamericana de su tiempo y sobre los desafíos fundamentales que plantea la consolidación de la democracia en el mundo.
Traducción, introducción
y selección de textos de
Diego Antonio Pineda Rivera
John Dewey (1859-1952). Filósofo y educador norteamericano. Considerado, junto a Charles Peirce y
William James, como uno de los padres del pragmatismo norteamericano. Además de ser conocido por sus
múltiples obras filosóficas y pedagógicas (entre las que
se destacan Experiencia y naturaleza, El arte como experiencia, Naturaleza humana y conducta, Democracia
y educación, Cómo pensamos), es considerado el filósofo de la democracia, tanto por su interés en la reflexión
sobre las implicaciones teóricas y prácticas de la vida
democrática como por su activa contribución en diversas causas sociales a favor de los derechos ciudadanos.
Su larga y muy activa vida como intelectual público lo
llevó a participar en la formación de diversos sindicatos
y asociaciones. En 1937 fue nombrado presidente de la
subcomisión que examinó las acusaciones contra León
Trotsky hechas por el régimen estalinista y escuchó los
descargos que al respecto hizo el líder de la Revolución
Bolchevique en la conocida Casa Azul de Diego Rivera
y Frida Kahlo, en Coyoacán (México).
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