Subido por Yesus Melas Caceres

acuarela

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La Acuarela
“Acuarela”, etimológicamente, deriva del latín "aqua" y el diccionario nos la define como "pintura
realizada con colores diluidos en agua y que emplea como blanco el color del papel" o "cada uno
de los colores con los que se realiza esta pintura".
Básicamente, las acuarelas consisten en la dispersión de un
pigmento en una solución de goma arábiga (sustancia
natural que se extrae de la resina de árboles subsaharianos,
como la acacia de Senegal) o de tragacanto (de otros
árboles). A esta mezcla pueden añadirse otras sustancias
como glicerina, miel o hiel de vaca (para darle viscosidad y
unir el colorante a la superficie a pintar), y agentes
conservadores o fungicidas como el fenol.
Toda acuarela palidece si se expone al sol, los colores
permanecen cuanta más calidad tienen los pigmentos.
Podemos encontrar los colores en tubos o pastillas. En la
práctica, los colores ya preparados se disuelven en agua, o
mejor en agua destilada, y se aplican al papel por medio de
un pincel, en forma de aguadas.
La característica principal de los trabajos en acuarela es la
transparencia que producen estos pigmentos diluidos, lo que
hace también difícil la tarea de corregir o disimular algún error que se produzca en el periodo de
ejecución. El agua es la protagonista de la acuarela y la causante de la excepcional transparencia
y luminosidad que la caracterizan, imposibles de conseguir casi con ningún otro medio. En su
utilización interviene el agua junto a una pequeña cantidad de pigmento que, una vez evaporada
el agua, queda depositado en una capa tan diáfana que permite que el color blanco del papel
quede a la vista a través de la pintura.
Así pues, una aguada clara no puede “tapar” otra oscura. El sistema de trabajo típico de la
acuarela consiste en aplicar los lavados ordenadamente, o sea, partir de los tonos más claros
para superponer capas sucesivas y dejar los tonos intensos y oscuros para el final.
La transformación que experimentan las obras ejecutadas con esta técnica es la de presentar un
aspecto muy vivo cuando están húmedas, y más tenues o claras una vez que la obra seca.
Esta transformación, que evidentemente cambia el aspecto de la obra final, puede llegar a un
50%, dependiendo de la cantidad de color con la que se haya cargado el pincel al ejecutar las
aguadas. Hay que tener en cuenta este proceso a fin de conseguir el aspecto final buscado.
La acuarela, en principio, ofrece una engañosa facilidad. Es una técnica “seductora”, y la mayoría
empezamos a pintar sin conocer la técnica, y terminamos con una gran decepción ante los pobres
resultados. Las acuarelas requieren bastante estudio de la técnica y constancia en su práctica
para resolver con ciertas garantías cualquier obra. Por otra parte, la técnica debe ser utilizada en
beneficio de la obra y por lo tanto, nunca deberá ser más importante que lo que se pinta. A pesar
de que algunos puristas defienden que existe una forma correcta de pintar con acuarela, sin
salirse de las normas establecidas en el pasado, en la actualidad cada vez son más los artistas
que, persiguiendo un resultado final, utilizan y mezclan técnicas en la misma obra.
Historia
Tiene como antecesores a los egipcios, que aplicaron sobre papiro pinturas a base de
tintas planas y, posteriormente, tintas “desvanecidas” consiguiendo los primeros claroscuros. En el
siglo VIII, los chinos utilizaron la acuarela para decorar la seda de las vestimentas más caras, y
para pintar sobre papel de arroz. En Europa, durante la Edad Media, se utilizó para la decoración
de códices manuscritos, para lo que se empleaban pigmentos solubles en agua, a veces
aglutinados con algo de huevo (en este caso ya hablaríamos de temple). Los frescos medievales
se fabricaban con una base de pintura blanca a la que se le añadían distintos pigmentos diluidos
en agua. Así apareció el gouache: también tiene al agua como elemento diluyente, pero es una
pintura opaca, no transparente.
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A finales del siglo XV destaca el uso de la acuarela que
hicieron Durero (en paisajes y sobre todo, en estudios
detallados de plantas y animales) y sus seguidores. Los
artistas de los siglos XVI y XVII empleaban la acuarela de
forma ocasional y acostumbraban a hacerlo en monocromo.
Utilizaban para ello un pigmento marrón obtenido del hollín,
llamado "bistre", u otro extraído del calamar, de un tono sepia.
Con la invención de la pintura al óleo por los maestros
flamencos disminuyó un poco el interés por el resto de
técnicas, incluido el fresco, y la acuarela fue relegada como el
vehículo para hacer bocetos preliminares o como una
herramienta para estudios.
El verdadero avance se produjo en Inglaterra en el
siglo XVIII, con las obras de paisajistas como John Constable,
Van Dyck, Thomas Gainsborough o Paul Sandby. Con la Inglaterra imperialista se mejoró la
producción y la calidad del papel y los pigmentos que llegaban a los puertos británicos,
procedentes de todas las partes del mundo.
En la Inglaterra del XIX, los artistas llevaron la acuarela a una categoría tan elevada como
el óleo, siendo uno de sus mejores representantes William Turner (1775-1851), paisajista
romántico, considerado comúnmente como "el pintor de la luz", cuyo trabajo es considerado como
un prefacio romántico al Impresionismo. Desde este momento, la acuarela se convirtió en la
técnica preferida por muchos artistas, no solamente ingleses, sino europeos y americanos, dando
a los paisajistas una herramienta ideal para trasmitir sus percepciones (luminosidad, movimiento,
reflejo, transparencia,…).
Los franceses, eternos competidores y en la mayor parte de ocasiones enemigos de los
ingleses, también desarrollaron muchas obras pictóricas utilizando esta técnica. Entre estos
artistas hay que citar a Jean Honoré Fragonard. Durante la Guerra Civil en Estados Unidos,
existían “reporteros-artistas” cuyos dibujos a la acuarela de las escenas de la guerra se utilizaron
como ilustraciones en los periódicos y revistas.
En 1866 se fundó la "American Society of Painters in Watercolours" y por primera vez
fueron exhibidas en galerías de arte obras de acuarela junto a pinturas al óleo. Los americanos
John Singer Sargent o Whistler dieron a la acuarela auténtico prestigio y rango de expresión.
Desde finales del siglo XIX la pintura a la acuarela ha gozado de gran popularidad, y a la
vez esta popularidad es la causante de cierto desprestigio, ya que el término “pintar a la acuarela”
se asociaba, automáticamente, a ciertos estratos de la sociedad que gozaban de una posición
económica desahogada y que convertían su afición por la pintura en un pasatiempo ameno,
ejecutando una y otra vez paisajes bucólicos y delicados, usando y abusando de los tonos pastel.
A pesar de todo, los artistas han
seguido utilizando la acuarela de forma
creativa y aplicándola a los temas más
diversos. Por su novedoso uso de esta
técnica y la expresividad de sus
imágenes llenas de color, hay que citar
la obra en acuarela de los pintores
expresionistas Egon Schiele y Emil
Nolde, ya a principios del siglo XX.
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El papel
El soporte natural de la acuarela es el papel, que se fabrica en diversos grosores, directamente
relacionados con su “gramaje” (peso en gramos de un metro cuadrado de ese papel). Oscila
entre los 12 gramos del papel japonés de morera hasta los 600 de algunos cartones. Cuanto
mayor sea el tamaño de la obra que pretendamos pintar, mayor ha de ser su grosor. También
varían el color y las texturas .Para acuarela lo ideal es un fondo blanco o muy ligeramente tintado,
ya que las luces en nuestra obra serán justamente los blancos del papel, las zonas sin pintura.
El papel de mejor calidad está compuesto de trapos de algodón y/o lino, ya que requiere poca
sustancia blanqueante. Los papeles de baja calidad, elaborados a partir de pasta de madera con
ph ácido, amarillean y se destruyen con el tiempo.
En cuanto a la calidad de la superficie, recordad que hay 3 tipos principales: prensado en
caliente (HP), o de superficie lisa, ideal para dibujos detallados; prensado en frío (NO), de
textura semirrugosa, más versátil; y papel áspero, de textura muy rugosa, marcada con
“recovecos”, y por lo tanto menos adecuado para detalles.
Conviene humedecer el papel antes de empezar a pintar (con un espray, o con una brocha suave
o esponja empapadas), para que se expanda y lo podamos tensar. Es casi obligatorio cuando
trabajemos con tamaños grandes y vayamos a efectuar aguadas: de no hacerlo, el papel se
ondulará y arrugará por zonas mientras pintamos. En general, a mayor grano, mayor absorbencia
o capacidad de retener agua, y por tanto mayor tiempo de secado.
Así que una vez húmedo, puede tensarse con grapas a un bastidor (si es grande), o fijarlo a un
tablero con pinzas o cinta engomada para que no se “encoja” al secar. La siguiente vez que lo
mojemos con las acuarelas ya no se expandirá de nuevo, y así evitaremos que se arrugue.
Los pinceles
Pueden encontrarse fabricados en diversos tipos de pelo, siendo el más caro y apreciado el de
marta kolinsky, un pequeño roedor que vive en Siberia y Mongolia: con los pelos de su cola se
fabrican los mejores pinceles, ya que poseen una gran capacidad de absorción y son muy suaves
y elásticos (no pierden nunca la forma tras su uso). Son también recomendables los de ardilla,
tejón, pony,.. e incluso los actuales de fibra de poliéster, muy mejorados desde los años 70.
Para la acuarela se utilizan principalmente dos tipos de pinceles: redondos y planos, en todos los
tamaños. Los redondos son los más versátiles: sirve tanto para aplicar pinceladas amplias como
para pintar líneas con la punta. Los pinceles cuadrados o planos suelen ser más baratos, y algo
duros. También pueden lograr muchos trazos distintos, según se usen aplicando la punta plana o
“de canto”. Hay pinceles que
proporcionan efectos especiales,
como el pincel en forma de
abanico (ideal para crear efectos
de ramas, plumas o pelo), o el
“rigger”, especialmente concebido
para pintar líneas finas. También
se consiguen resultados originales
con cepillos de dientes, pinceles
de estarcir, etc.
Las pinturas
Los colores en acuarela se obtienen mediante un compuesto de pigmentos secos en polvo
mezclados con goma arábiga y soluble en agua. Los pigmentos básicos son poco numerosos, la
mayoría de tonos se originan al mezclarlos unos con otros, y todos se aclaran al añadirles más o
menos agua (nunca blanco).
No todos los pigmentos tienen el mismo grado de transparencia: algunos anaranjados, violetas,
azules y verdes son muy transparentes, mientras que los derivados del cadmio (rojo y amarillo),
del cromo (amarillos y verdes), y los óxidos de hierro (rojos y ocres) lo son mucho menos. Además
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algunos colores (sobre todo los de grano muy fino) tiñen mucho el papel y son difíciles de eliminar
aunque se insista con lavados. Otros pigmentos, de grano más grueso, pueden producir un efecto
de granulado, o incluso moteado, como en la floculación del azul ultramar debida a su
composición química.
En acuarelas, es conveniente tener un surtido de colores secundarios, incluyendo el naranja de
cadmio (un naranja intenso) y violeta cobalto (ambos tonos difícil de obtener con mezclas).
Deberíamos incluir un color cálido y otro frío de cada uno de los colores primarios (por ejemplo,
el azul monastral - azul frío con tendencia hacia el verde - y el azul ultramarino - azul cálido con
tendencia hacia el morado). Esto permite crear contrastes de temperatura de un color primario
básico y mezclar fácilmente colores complementarios.
El blanco y el negro en acuarela no se usan: para los brillos o luces se utiliza el blanco del papel, y
el negro normalmente ensucia los colores. Para las zonas muy oscuras, es preferible utilizar, por
ejemplo, una mezcla de marrón Van Dyck o sombra tostada con azul ultramar.
En el mercado existen diferentes tipos de acuarelas: básicamente en dos calidades (“para
estudiantes” y “para artistas”, de mayor calidad y precio), y en tres formatos: en pastilla, en tubos o
en líquido. Lo más habitual son las pastillas secas, muy fáciles de transportar y conservar, pero
con el inconveniente que se ensucian y enrarecen rápidamente. Las mejores marcas (como
Windsor and Newton) venden cápsulas individuales como recambio para insertarse en sus cajas.
En los tubos la pintura tiene una consistencia como de gel, y son más fáciles de usar. También
hay lápices acuarelables. Pueden usarse como lápices de colores corrientes, o bien diluir los
trazos con agua y pincel.
Material auxiliar
Las paletas al uso (las más utilizadas para óleo, de madera, oscuras) resultan
inapropiadas para esta técnica. Debemos escoger paletas blancas e
impermeables, normalmente de plástico con varias cavidades para mezclar y
diluir colores. Por supuesto, se puede utilizar como paleta cualquier cosa, desde
un plato hasta una bandeja, con la condición de que sean blancos. Conviene disponer de varios
trapos y recipientes con agua limpia.
Técnicas básicas de acuarela
Resumen en esta presentación con imágenes: http://www.slideshare.net/brendana03/acuarela-4631847
Muchísima información (materiales, trucos, videos,…) en:http://pintaracuarela.blogspot.com.es/
Valoración tonal con acuarelas
Como trabajo de iniciación, sería conveniente investigar el
comportamiento de esta pintura variando solo de pincelada y
carga de color -o de agua-, restringiendo la paleta a un solo
color. Aunque parezca fácil o “aburrido”, se pueden obtener
resultados espectaculares pintando con una gama monocroma,
siempre que se controle lo suficiente la variedad tonal para que
el motivo no quede como un amasijo de manchas de color más
o menos uniforme.
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Dibujo directo con pincel
Es todo un arte entre los acuarelistas chinos y los
japoneses, que tanta importancia le dan a la expresividad
del trazo. La condición imprescindible es utilizar un pincel
algo duro, y no muy cargado de agua. Según su punta y la
presión aplicada, podemos hacer desde líneas finas hasta
zonas muy anchas. Dada la posibilidad infinita de los
trazos, se emplea para dotar de personalidad a la obra y
para crear movimiento.
Reservas del papel en blanco
Para conseguir efectos muy luminosos lo mejor es utilizar el propio papel en blanco. Esto implica
planificar bien la acuarela desde un principio, dibujando o acotando las superficies que han de
quedar sin pintar. Recordar que esas zonas han de estar secas antes de realizar aplicaciones
alrededor, para que las zonas adyacentes no las invadan.
En el caso de querer reservar toques de luz muy pequeños o finos (por ejemplo, copos de nieve
“delante” de un paisaje amplio o de un cielo), puede utilizarse el “fluido enmascarador” que
consiste en una solución de látex de caucho, blanquecina y pegajosa. De consistencia parecida al
Tippex, se aplica sobre el papel seco y se deja a secar por completo antes de aplicar la aguada
por encima. Su color amarillento a identificarlo para retirarlo al final, pero esto no es muy fácil. El
uso del enmascarador deberá restringirse al máximo, o usarse de forma creativa. Como la
máscara líquida es permanente al secarse, se recomienda utilizar un pincel recubierto de vaselina
antes de mojarlo en la máscara, porque si no se estropeará.
Con el mismo objetivo, podríamos aplicar pequeños toques blancos con una barrita de cera o
plastidecor: al ser un material graso, repelerá la pintura al agua que apliquemos encima,
conservando el blanco del papel. También podemos optar por algún tipo de cinta adhesiva, que se
pega al papel con la finalidad de proteger del color zonas de bordes rectos o líneas muy
delimitadas y perfiladas.
Extracción de pintura, Apertura de blancos
Recordemos que la acuarela es una técnica fundamentalmente “aditiva”: es conveniente conseguir
la intensidad de cada color de manera progresiva, desde los muy pálidos a los más intensos,
porque cada capa intensifica el tono general, no se puede “tapar” algo oscuro con blanco. Para
corregir errores o retirar en lo posible la carga de
color (y así crear algunos toques de luz o
difuminar contornos), el único método es el
lavado parcial con agua muy limpia. Como
utensilios se puede utilizar una esponja, un
pincel,
un
bastoncillo
de
algodón,
kleenex,…Para realizar líneas rectas se puede
utilizar un papel absorbente doblado en el grosor
deseado. En pintura ya completamente seca
incluso podemos añadir lejía con un pincel
(preferiblemente de mala calidad).
Húmedo sobre húmedo
Una de las técnicas más usadas es la del papel
mojado, también se conoce como acuarela húmeda o técnica de pintar "húmedo sobre húmedo":
Consiste en mojar o humedecer el papel sobre el que vamos a pintar y, a continuación, con el
pincel bien cargado de color, dar pinceladas horizontales, suaves, inclinando el papel para que
corra el color consiguiendo un degradado. También podríamos conseguir un color totalmente
plano, sin ningún degradado, simplemente dejando el papel plano y cargando el pincel, en cada
pasada, con la misma cantidad de tinta o color. A estas capas de pintura se les denomina
"aguadas", "baños" o "capas de lavado", y son obviamente muy utilizados para los cielos en los
paisajes.
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Transición entre colores, degradados
Si queremos pasar de un color a otro de forma gradual, sin que exista
una división clara, después de haber depositado el primer color en el
papel con una cantidad de humedad suficiente, extenderemos la
segunda tinta por el borde inferior de la mancha anterior, de tal manera
que inclinando unos 15 el tablero se vayan mezclando los colores.
Una vez obtenida la mezcla en la zona escogida, situaremos el tablero
nuevamente en posición horizontal y seguiremos depositando el
segundo color. Es conveniente aplicar los movimiento es en el mismo
sentido y no volver a pasar por el mismo sitio. Por este método se
obtienen unas bellas fusiones que resultan útiles y de gran efecto en
cielos, reflejos, paisajes, etc.
Capas graduales, corridos y variegados
Una vez aplicada la primera capa, se pueden superponer distintos baños con el fin de cambiar o
variar el tono o color original en aquellas partes que lo requieran. Si los baños anteriores no se
han secado, los colores se mezclarán, produciendo, la mayoría de las veces, efectos aleatorios,
por ejemplo, formas con aspecto de “coliflor”. Lo interesante de estos errores es que sirven para
crear texturas. Si pintamos una mancha con un color fuerte, y si cuando aún está húmeda,
aplicamos encima un color con más agua, el pigmento se alejará del agua hacia los bordes. La
idea básica es que si producen lo sean por la intención de producirlos.
Puede ser un método efectivo para pintar flores.
El goteado consiste en aprovechar el momento en que una tinta está
aún húmeda para depositar sobre ella una o varias gotas de un pincel
bien cargado -con agua pura, o con la misma tinta en intensidad
diferente, o con otro color-. De esta manera la gota se fundirá de manera
“casual”, aunque podemos guiarla inclinando el papel hacia uno u otro
lado, teniendo en cuenta el grado de humedad que en ese momento
mantenga el papel. Evidentemente no obtendremos los mismos
resultados si el papel está muy cargado de humedad y el pincel con el
que "goteamos" deposita poca cantidad de pigmento, o, si por el
contrario, el papel tiene poca humedad y el pincel lleva una carga
considerable. En el primer caso se diluirá con el color de fondo, en el
segundo se mezclará con él, pero conservando unos bordes radiantes bien definidos.
Un color mezclado con otro por este método (siempre que no se les toque después) determina
una composición desigual, en la que los dos colores, aunque mezclados, se aprecian por
separado. Es excelente para cielos, follaje, carnes, nubes,… haciendo gotear los colores cálidos
en intensidades claras sobre las partes iluminadas, y los fríos y más intensos en las zonas de
sombra. El color goteado puede modificar cualquier baño y dar calidades más ricas y excelentes
efectos de textura. Si se quiere aplicar el goteado sobre un baño ya seco, habrá que humedecer
éste con agua limpia para que “ablande” el color aplicado. Cuando el color esté lo suficientemente
blando, sin que el papel se halle excesivamente saturado de humedad, es el momento de aplicar
las gotas del color.
Superposiciones de color
En el método “húmedo sobre seco”, cada capa debe secar antes de
pintar la siguiente. La superposición, o aplicación de un color sobre
otro ya seco, tiene una gran importancia en la acuarela. Se considera
uno de los procesos necesarios para añadir calidades “abstractas” al
color. El color básico, color general o de fondo, influirá en todos los
colores transparentes que le superpongamos.
Por regla general, en las superposiciones se debe aplicar primero el
color más cálido: por ejemplo, para obtener un color anaranjado,
pondremos primero el color rojo y, una vez seco, superpondremos el amarillo; para el violeta,
primero bañaremos con color rojo y después con el azul. Cuando se actúa al revés, ponemos
primero el color frío y a continuación el cálido, el resultado es totalmente diferente. El color
frío neutraliza al cálido, normalmente ensuciándolo.
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Calado
Consiste en añadir agua limpia a un lavado antes de que seque. El agua “barre” hacia fuera las
partículas de pigmento del color fresco y se crean formas irregulares con bordes muy marcados.
Se trata, cuando es involuntario, de uno de los típicos errores del principiante (que, habiéndose
quedado corto de pintura, cree que añadiendo agua al lavado fresco puede “fabricar” más color
sobre el papel), pero puede emplearse, como operación deliberada, para ciertos motivos (nubes,
follaje), obtener texturas o dar lugar a un efecto “manchado”.
Acuarela seca
Se conoce como acuarela seca a la técnica de aplicar el color en el papel acuarela totalmente
seco, con un pincel casi seco, o sea, con los pigmentos o pinturas casi sin diluir. Los detalles y la
definición se suelen conseguir en húmedo sobre seco.
En la resolución de un paisaje, normalmente, se emplea la acuarela húmeda para cubrir y colorear
grandes superficies, segundos planos o últimos términos (cielos, etc.), y ésta segunda para
resaltar los primeros planos y para añadir detalles finales (ramas, hojas, detalles de casas,..) sin
que se mezclen los colores. También es muy útil para desdibujar o enmascarar contornos
demasiado definidos, empleando para ello pinceles viejos y deformados.
Otros recursos técnicos
Estarcido
Por este método podemos crear unas texturas de gran efecto, utilizando un cepillo de dientes o un
pincel corto de pelo duro, cargado de color bastante diluido. Le daremos unos golpecitos bruscos
consiguiendo gotitas o manchas aleatorias, o rascaremos las cerdas del pincel contra una regla o
el borde duro de cualquier material, de manera que obtendremos unas gotas más pequeñas, con
aspecto de un pulverizado con espray. Podemos utilizar este recurso tantas veces como
convenga, con varias capas del mismo color o con varios colores superpuestos, hasta que
obtengamos el resultado perseguido.
Raspado
Cuando tengamos la pintura todavía húmeda, podemos rascar con un pincel de pelo duro (de los
empleados para pintura al óleo) levantando o aclarando los colores o sacando luces. Una vez
seca la pintura, podemos utilizar un instrumento punzante (cuchilla, navaja, escalpelo…) o frotar
suavemente una zona con lija, que eliminará el tono de las partes más sobresalientes del papel,
pero obviamente estropeará algo su superficie. Esto sólo es recomendable en papeles con mucho
grano, para así eliminar el color de las partes más salientes del papel, creando unos efectos de luz
y textura interesantes.
Cristales o efecto de nieve
Si queremos dar un efecto de la cristalización del agua, o de un paisaje nevado, usaremos sal
mientras los colores todavía se mantengan húmedos sobre el papel: cada granito absorberá un
poco de la acuarela que tiene a su alrededor, y una vez seco y eliminado de la superficie,
quedarán pequeños puntitos blancos o más claros. Deberemos calcular el momento que vayamos
a depositar los granos de sal sobre la pintura: que tenga la suficiente humedad pero no
demasiada.
Para conseguir otros efectos similares, haremos unas bolitas de celulosa, y las usaremos de la
misma forma que la sal. Otra variante es utilizar unos hilos cuando todavía los colores estén
húmedos y dejar que sequen: así puede obtenerse un efecto de rayado para hierba, olas, etc.
Aguada sobre aguarrás
Se aplica aguarrás al papel y se deja que empape un poco el papel. Al aplicar pintura encima se
crea un efecto jaspeado.
Soplado
A una aguada abundante y se le aplica un soplido seco y potente, que crea “ríos” de color que se
ramifican más o menos aleatoriamente. Puede emplearse una pajita para controlar algo más su
direccionalidad.
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Estampado con cartulina
Para conseguir líneas rectas, es muy útil usar un trozo de una cartulina gruesa, lo más rígida
posible, de la que impregnaremos en acuarela una de sus aristas. Al estamparla sobre el papel,
podemos hacer fácilmente bordes de tejados, delimitación de casas, cercas, vallas, etc.
La esponja
La esponja en acuarela es tan necesaria o más que el pincel. Con ella se pueden realizan baños
rápidos y completos. Sobre papel seco con un color no muy diluido podemos
realizar texturas interesantes. Si se utiliza la esponja como si fuese un sello sucesivamente con
dos o tres tintas, podemos conseguir unos matorrales de gran efecto pictórico. También podemos
utilizar la esponja sobre el color todavía húmedo para aclarar o restarle saturación.
Pintar con pulverizador
Aunque no es muy frecuente, además de para aplicar agua de forma homogénea a todo el papel,
algunos acuarelistas usan un pulverizador para conseguir algunos efectos en cielos y suelos. Con
una esponja mojada, humedeceremos el área de cielo que queramos pintar, y a continuación
rociaremos algunos de los bordes de dicha área con un pulverizador. Cuando añadas el color,
obtendrás algunos bordes muy interesantes que sólo se pueden conseguir mediante el uso del
pulverizador.
Modificación de un baño por la goma de borrar
Cualquier tinta, después de que haya secado, puede aclararse frotando con una goma de borrar.
Sobre papel de grano y pasando la goma sobre la superficie se pueden obtener efectos
granulados y calidades de una especial textura. No se debe borrar cuando el papel esté todavía
húmedo o presionar con exceso pues en este caso seria fácil llegar hasta el blanco del papel y
estropear la superficie de éste.
Sobre un baño húmedo se puede realizar un rayado con una goma afilada y obtenerse así una
serie de líneas dentadas que son muy distintivas para algún efecto especial. Cualquier baño
puede ser modificado, elevándolo o reduciéndolo, antes de que seque; el resultado depende del
grado de humedad del baño en el momento de aplicar el levantado.
Exceso de color en el borde
En algunos planos, cuando hay exceso de agua, el exceso de color se deposita en los bordes
creando unos bordes duros e inconvenientes que podemos corregir cuando el papel todavía
conserve la humedad con un pincel seco o semiseco, retirando o reduciendo tal exceso. También
podemos reducir este exceso de agua con la esponja, con un paño limpio o con papel secante.
Últimas consideraciones y consejos
- El dibujo previo será somero y libre de sombreados, para evitar que el grafito afecte a los
colores.
- Debe evitarse borrar en exceso: la goma engrasa el papel y puede dificultar la adherencia
del color.
- Conviene mezclar suficiente cantidad de pintura, más de la que se crea que va a ser
necesaria. Resulta casi imposible componer un mismo color dos veces
- Aunque los papeles suelen tener una cara “buena” (aquélla cuya marca de agua se lee del
derecho), normalmente puede pintarse sobre ambas.
- Para acelerar el secado de las aguadas puede añadirse al agua un chorrito de alcohol, o
emplear un secador de pelo.
- Por el contrario, el secado de la acuarela se ralentiza si se añade al agua una pequeña
cantidad de glicerina.
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- Humedecer el papel antes de pintar permite que el color gane en “esponjosidad”, porque
de este modo penetra mejor en el interior de la fibra, aunque también, por esa misma razón,
pierde más intensidad que si se trabaja sobre papel seco.
- El pincel debe utilizarse bien cargado de color, y no debe presionarse en exceso sobre el
papel.
- Cuando el color en tubo se ha secado, puede romperse éste y emplearlo como si se tratara
de una pastilla de color seco.
- Combinar la acuarela con los pasteles al óleo o con las ceras puede dar lugar a resultados
interesantes, derivados de la inmiscibilidad entre técnicas grasas y magras.
- Modificando la inclinación del tablero puede hacerse fluir la pintura en varias direcciones.
- La adición de goma arábiga a las mezclas confiere brillo a la pintura, semejante al de un
barniz. Algo similar ocurre cuando se añade azúcar al agua que se emplea para diluir la
pintura.
- El color es relativo en sí mismo, ya que siempre está influenciado por el color que le rodea.
- En las superposiciones se debe aplicar primero el color más cálido.
- La luminosidad se obtiene cuando aplicamos baños bien mezclados, con pocas pinceladas
y de la manera más simple.
- Siempre es recomendable entornar los ojos de vez en cuando para ver sin detalles,
apreciando así todas las partes del cuadro simultáneamente.
- Como regla general, todos los colores, a medida que se alejan, tienden a fundirse en un
gris neutro o azulado. Es de gran importancia tener esto en cuenta si queremos expresar en
un paisaje pintado la impresión atmosférica y luminosa que captan nuestras percepciones
cuando lo vemos directamente.
- Para oscurecer un color, jamás debemos añadir negro al color que queremos oscurecer,
ya que cambiaríamos su tonalidad. Para ello le añadiremos un color de la misma tendencia,
siguiendo el orden del círculo cromático. Así para oscurecen un amarillo claro, le añadiremos
amarillo oscuro o naranja o rojo, pero nunca negro, pues se volvería verde.
- Tengamos siempre presente que cuanto mayor sea la extensión del área pintada, más
neutra habrá de ser su coloración. Los colores puros deben ser evitados en los fondos.
- Hay que conjugar los colores cálidos y fríos con el fin de que se equilibren mutuamente, si
las luces son cálidas las sombras tendrían que ser frías y viceversa.
Para más información, consulta estos enlaces:
Carta de colores acuarela.
El papel acuarela.
El montaje de papel acuarela.
Las mezclas de color.
Los pinceles.
Ejemplos de paisajes y técnicas bastante buenos en:
http://antoniocosano.blogspot.com.es/search/label/acuarelas
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