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Jóvenes, culturas y poderes
La cultura del incumplimiento de reglas
BIBLIOTECA UNIVERSITARIA
Ciencias Sociales y Humanidades
Serie Latinoamericana de Niñez y Juventud
Director Académico
Carlos Eduardo Vasco Uribe
Editores Académicos
Eloísa Vasco Montoya (†)
Héctor Fabio Ospina Serna
Jóvenes, culturas y poderes
La cultura del incumplimiento de reglas
Germán Muñoz González
Editor académico
Traducción de
Ángela Calvo de Saavedra
Siglo del Hombre Editores
Jóvenes, culturas y poderes / Carmen Leccardi … [et ál.]. – Editor académico
Germán Muñoz González. – Bogotá: Siglo del Hombre Editores; Universidad de
Manizales; Cinde, 2011.
256 p.; 21 cm.
1. Sociología 2. Sociología de la educación - Investigaciones 3. Participación
juvenil 4. Juventud y sociedad 5. Organizaciones juveniles I. Leccardi, Carmen
II. Muñoz González, Germán, ed. 370.19 cd 21 ed.
A1302800
A1181594.
CEP-Banco de la República-Biblioteca Luis Ángel Arango
La presente edición, 2011
© Siglo del Hombre Editores
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Diseño de carátula
Alejandro Ospina
Diseño de la colección y armada electrónica
Precolombi, David Reyes
ISBN: 978-958-665-195-0
Impresión
Panamericana Formas e Impresos S.A.
Calle 65 Nº 95-28, Bogotá D.C.
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forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por
fotocopia o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito de la editorial.
Índice
Presentación. La trayectoria del Grupo
de investigación “JÓvenes, culturas
y poderes”.......................................................................... 9
Germán Muñoz González
Capítulo I. El concepto de generación
en las teorías sobre la juventud...................... 17
Carmen Leccardi y Carles Feixa
Capítulo II. La relación de los Jóvenes
y las Jóvenes con la cultura y el poder....... 43
Germán Muñoz González
Capítulo III. LO PÚBLICO COMO ESPACIO
DE LO COMÚN AMPLIADO: SIGNIFICADOS
Y PRÁCTICAS DE ORGANIZACIONES Y REDES
JUVENILES EN COLOMBIA ............................................. Victoria Eugenia Pinilla S. y Nelvia Victoria Lugo A.
65
Capítulo IV. La configuración de las
prácticas políticas en estudiantes
universitarios ............................................................... 101
José Rubén Castillo García
Capítulo V. Imaginarios de juventud y ciudad
en maestras y maestros de la ciudad
de Popayán........................................................................ 125
Deibar René Hurtado Herrera y
María Andrea Simmonds Tabbert
Capítulo VI. ADSCRIPCIONES IDENTITARIAS DE JÓVENES
COMO HORIZONTE DE SENTIDO DE DINÁMICAS
CONFLICTIVAS JUVENILES............................................. 145
Diego Alejandro Muñoz Gaviria y Luis Alfredo García
Capítulo VII. La condición juvenil: opciones
metodológicas para la construcción
de un objeto de conocimiento........................... 161
Juan Manuel Castellanos Obregón
Capítulo VIII. SUBJETIVIDAD, POLÍTICA Y MULTITUD:
TRES REFERENTES PARA ABORDAR
LA JUVENTUD...................................................................... 189
Jorge Eliécer Martínez P.
Capítulo IX. FORMAS ASOCIATIVAS JUVENILES:
APUNTES PARA UN TRABAJO ETNOGRÁFICO.......... 221
René Unda L.
AUTORES...................................................................................... 249
Presentación
La trayectoria del Grupo
de investigación “JÓvenes, culturas
y poderes”
Germán Muñoz González
En su diseño curricular inicial (2000), el doctorado en Ciencias
Sociales, Niñez y Juventud de la Universidad de Manizales, en
alianza con el Cinde, propone la línea de investigación Políticas
y Programas en Juventud y Desarrollo Social, orientada a promover la articulación entre el saber científico y las políticas públicas
de juventud mediante la investigación, la reflexión y el debate
público, el análisis de experiencias y sistemas de información,
el monitoreo y evaluación para el seguimiento de la situación de
los jóvenes y las jóvenes en la región sede del doctorado —el Eje
Cafetero— y en Colombia, así como de las políticas orientadas a
ellos y a ellas y el impacto de programas concebidos en su beneficio. Escogió como estrategia específica para lograrlo auspiciar
la creación de un Observatorio de Juventud y brindar apoyo a
la Red de Juventud del departamento de Caldas (cuya capital es
Manizales), que cuenta con el aporte de 27 municipios. Este Ob9
• Germán Muñoz González
servatorio se ha construido con jóvenes que lo han gestado y lo
mantienen vivo, al servicio de sus proyectos e intereses.
En ese momento se entendió que de esta forma se hacía frente a los diagnósticos regionales y nacionales que constatan problemas críticos de pobreza, exclusión y fuerte afectación por el
conflicto armado y sus secuelas. Se puede decir que no existían
propiamente políticas de juventud, más allá de formulaciones
parciales, como es el caso de la Ley del Joven y planes de desarrollo municipales, que se quedaban en el papel. Además existían
grandes vacíos de fundamentación teórica, muchas experiencias
atomizadas y poca claridad respecto a los mundos juveniles y a
la forma como los mismos jóvenes entienden y solucionan sus
asuntos prioritarios. El enfoque predominante en la atención
a los jóvenes y a las jóvenes ha sido de corte desarrollista, considerando que basta asignar recursos para prevenir los riesgos
a los que están sometidos estos actores sociales (drogadicción,
pandillismo, embarazo temprano, deserción escolar, VIH…) y
regular normativamente su inserción en los marcos institucionales (educativos, laborales, familiares). Lentamente se entendió su
papel protagónico y estratégico en la construcción de proyectos
democráticos y participativos de nación, aunque siguen siendo
en la práctica pre-ciudadanos que no obtienen la plena garantía
de sus derechos y de justicia efectiva en el contexto de un mundo
globalizado, donde son escasas las oportunidades y crecientes los
escenarios de crisis.
Dada la escasa incidencia real de la comunidad académica
en políticas públicas concertadas con el Estado y, por otra parte, los objetos de estudio predominantes de los estudiantes y las
estudiantes del doctorado, así como los temas de debate en los
seminarios internacionales organizados por la línea de investigación Políticas y Programas en Juventud y Desarrollo Social, se
gesta un cambio curricular en 2003 que se evidencia en la nueva
denominación de la misma: Jóvenes, Culturas y Poderes. Surgen
una serie de preguntas acerca del sujeto “joven” que se está cons-
•
10
Presentación. La trayectoria del grupo de investigación “Jóvenes, culturas y poderes” •
tituyendo en las últimas décadas y la forma como es abordado por
parte de los estudiosos y estudiosas. Las prácticas cotidianas de
los jóvenes y las jóvenes testimonian procesos de subjetivación
a través de los cuales se convierten en agentes socio-culturales
que enfrentan el poder desde nuevas formas de acción política
y desde la dimensión estética. Sin duda, los interrogantes que
asume la línea encauzan la reflexión en otro sentido, y trazan los
grandes temas de debate que deben ser objeto de reflexión para
el doctorado en su conjunto:
• ¿De qué sujeto estamos hablando?
• ¿Cómo se entiende el ser joven hoy, específicamente en
Colombia?
• ¿Qué pertinencia estratégica tienen hoy modelos como el
de “desarrollo”, o el enfoque de derechos, o la perspectiva generacional, o los discursos de la sociología de la juventud, para dar
cuenta de fenómenos emergentes: jóvenes que se toman las calles
en París y Santiago de Chile; o que les apuestan a las propuestas
espirituales del Dalai Lama, o a las de la izquierda democrática?
• ¿Cuáles son sus desafíos y prioridades en relación con la
vida política en el contexto de conflicto y polarización que vive
el país?
• ¿Cómo entender el campo comunicación-cultura y el impacto de las tecnologías y mercados en la vida de los jóvenes y las
jóvenes?
• ¿Cómo superar el modelo Estado-céntrico en el diseño de
políticas públicas?
• ¿Cómo incorporar las nuevas sensibilidades y sus formas
de construir conocimiento en los espacios de lo público?
Los vértices problemáticos de la propuesta se inscriben en un
campo temático donde es central la relación cultura-poder, y se
especifican en la conexión culturas-subjetividades juveniles y en
algunos temas centrales, a saber:
11 •
• Germán Muñoz González
a) Ser joven en Colombia y en América Latina hoy;
b) Discursos e imaginarios acerca de la juventud y la condición juvenil;
c) Las culturas juveniles en el siglo XXI;
d) Mundos de vida juveniles en ámbitos como las ciberculturas, atravesados por modelos de decolonialidad/subalternidad.
De la línea Jóvenes, Culturas y Poderes nace el grupo de investigación que lleva su mismo nombre, hoy reconocido y clasificado como grupo B por Colciencias: ha logrado acumular un
valioso saber que le permite dialogar con la comunidad científica
y aportar al proyecto de empoderar a los jóvenes y a las jóvenes
de Colombia, vistos como agentes y actores sociales, capaces de
producir en sus prácticas cotidianas nuevas formas de ciudadanía y de acción social. Es visible la producción que se presenta
en algunas de sus reflexiones y debates, planteadas en este libro:
• Siete tesis doctorales concluidas y dos más en proceso de
evaluación;
• Tres proyectos de investigación regionales y uno nacional
producidos por el Observatorio de Juventud, con el auspicio de
y en colaboración con entidades del Estado, la cooperación internacional y la sociedad civil;
• Varios proyectos de investigación realizados con otras líneas de investigación (Jóvenes Constructores de Paz) y grupos
de otras instituciones nacionales e internacionales: Universidad
Distrital y el Idep de la Secretaría de Educación de Bogotá; el grupo de trabajo de Clacso: Juventud y Nuevas Prácticas Políticas;
• Seis seminarios internacionales, entre los cuales es importante destacar los realizados en 2003 y 2005 sobre el tema “Producción de información y conocimiento para la formulación e
implementación de políticas de juventud”, en asocio con Colombia Joven, GTZ, OIJ y Unicef, con una docena de expertos
y expertas de nueve países, y cuyas conclusiones se recogen en el
libro Construcción de políticas de juventud: análisis y perspectivas;
•
12
Presentación. La trayectoria del grupo de investigación “Jóvenes, culturas y poderes” •
y el dedicado a Políticas locales en el contexto global, con la participación de cerca de 600 invitados e invitadas de todo el país;
• Coordinación de los seminarios del doctorado: “Juventud
como objeto de conocimiento”, con presencia de invitados e invitadas como Carles Feixa y Rossana Reguillo;
• Participación en redes de investigadores e investigadoras,
tales como ISA (Internacional Sociological Association, RC34:
Sociología de la Juventud, Alas, Clacso y Revistas Iberoamericanas de Juventud);
• Participación en los grupos internacionales de trabajo de
Clacso: “Consumo cultural: prácticas, mercados y política”, y
“Juventud y nuevas prácticas políticas en América Latina”;
• Edición y publicación de dos números monográficos de
la Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud
(vol. 6/2 noviembre de 2008; vol. 7/1, mayo de 2009); y artículos
publicados en otras revistas indexadas (ras, 11 de noviembre
de 2008; cendes, 2009…).
En el conjunto de la producción nos interesa comprender los
procesos de construcción de hegemonías y las contradicciones
propias de los procesos de producción y reproducción cultural,
en una sociedad estratificada y segmentada como la nuestra, y en
un orden socioeconómico que pugna entre la máxima producción
de plusvalía, a partir de una lógica de producción seriada y masificada, y una estrategia de focalización y segmentación mercantil
que integra las diferencias. Nos interesa asimismo entender los
procesos de producción y reproducción cultural en un campo de
fuerzas interno y externo (aunque el límite entre uno y otro sea de
difícil identificación) en el cual se mueven y se encuentran diferentes instancias e instituciones (la familia y los medios, la escuela y
el mercado, los partidos políticos y el arte, la religión y el trabajo).
También es importante aproximarnos a la relación cada vez
más evidente y, en ese sentido, más crítica, entre cultura y subjetividad. Específicamente a la producción de subjetividades juveniles, sus procesos de creación cultural en marcos de relaciones de
13 •
• Germán Muñoz González
poder concretos (locales y globales) y en contextos de horizontes
de valor cada vez más diversificados, autónomos y transitorios.
Pasamos de una dinámica conceptual que comprendía los procesos culturales como “eventos de larga duración” (generación tras
generación), a una perspectiva que mira lo que pasa con modelos
de la mutación, de la innovación y de la crítica, centrados en la
práctica del cambio como modelo de producción.
Es importante salir de los modelos de producción académica
sobre jóvenes; producción que en los últimos 20 años sufre de
aplicación de estereotipos, etiquetas y presupuestos disciplinares
para la comprensión de contextos espacio-temporales, en los cuales están circunscritos los procesos culturales de sujetos situados.
Se intenta formular un variado conjunto de nudos problemáticos a desatar, develando las condiciones históricas que permiten
la recreación de la generalidad y de la particularidad, de la identidad y la subjetividad, o de la convencionalidad y la divergencia.
Los más de cien millones de jóvenes que hoy habitan el continente latinoamericano, y los cerca de diez que habitan Colombia,
son el eje central de los principales problemas de la región —la
pobreza, el desempleo y la violencia—; y, por si fuera poco, son
también un factor de gran relevancia en otro gran problema de
la región: la fragilidad democrática (este fue el tema central programado para la XVIII Cumbre Iberoamericana, en El Salvador,
octubre 2008). Sin embargo, son también, a la vez, el eje central de
las nuevas estrategias de desarrollo, basadas en una clara apuesta
a la inversión en capital humano como clave para ganar competitividad y recuperar el crecimiento económico estable que se
requiere para poder contar con sociedades más prósperas, en un
mundo globalizado y transformado radicalmente en las últimas
tres décadas.
E. Rodríguez afirma que
[…] estas son, seguramente, dos caras de una misma moneda, que
muestran la ambivalencia con que las sociedades latinoamericanas
miran a sus jóvenes, vistos en casi todos nuestros países como una
•
14
Presentación. La trayectoria del grupo de investigación “Jóvenes, culturas y poderes” •
“esperanza bajo sospecha”. Se espera mucho de ellos, pero a la vez
se desconfía significativamente de los posibles y temidos “desbordes” juveniles. La mejor muestra al respecto, seguramente, es la
discriminación que sufren a todos los niveles, sin que ello sea percibido como un problema. Dicho en pocas palabras, los jóvenes viven
en medio de una gran exclusión social aceptada. Si alguna prueba
hace falta al respecto, baste con destacar que en momentos en que
se reúnen consensos significativos sobre la necesidad de construir
sociedades más equitativas, nada se dice de las inequidades intergeneracionales. (Rodríguez, 2000, p. 27)
Las políticas públicas dirigidas a la juventud, a su vez, no han
podido romper con este tipo de lógicas perversas, y han quedado
entrampadas históricamente en los laberintos de la sectorialidad
y la universalidad, tomando a los jóvenes y a las jóvenes como
simples beneficiarios de servicios públicos, sin aprovechar su
rico potencial.
Este complejo y contradictorio mosaico de temas y problemas
nos está planteando claramente un gran desafío: tomar conciencia
de la relevancia de los jóvenes y de las jóvenes para la construcción
de sociedades equitativas, y encarar decididamente una sustancial
transformación de las políticas públicas a ellos y a ellas dirigidas.
Buscamos examinar los desarrollos conceptuales contemporáneos acerca de los jóvenes y las jóvenes, tomando como referencia
básica el análisis de trabajos investigativos que exploran transdisciplinariamente objetos-problema de resonancia significativa
en su vida, tomando como enfoque de análisis el planteamiento
de agentes socio-culturales. En esta forma contribuiremos a la generación de conocimiento pertinente para la interacción pública
de los jóvenes y de las jóvenes con su entorno social.
Referencias bibliográficas
Rodríguez, E. (2000). “Juventud y desarrollo en América Latina:
desafíos y prioridades en el comienzo de un nuevo siglo”. En
15 •
• Germán Muñoz González
E. Pieck (Ed.). Los jóvenes y el trabajo: la educación frente a
la exclusión social. Memorias del Simposio Latinoamericano
coordinado por Enrique Pieck en la Universidad Iberoamericana, 7-9 de junio de 2000 (pp. 27-58). México: Universidad
Iberoamericana-Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación. Disponible en http://www.uia.mx/
campus/publicaciones/jovenes/indice.html
•
16
Capítulo I
El concepto de generación
en las teorías sobre la juventud1
Carmen Leccardi y Carles Feixa
Introducción
Igual que los conceptos de “nación” o de “clase”, el término
“generación” es performativo (expresiones que crean una
entidad con solo nombrarla): una llamada o un grito de
guerra para llamar a filas a una comunidad imaginada o
más precisamente convocada.
Bauman, 2007
1
Este capítulo se basa en la ponencia presentada en el Primer Forum de Sociología de la ISA “Investigación Sociológica y Debates Públicos” (Barcelona, 5-8 de
septiembre de 2008), RC34: “Crecer en un mundo líquido: juventud y debates
públicos”, organizado por los autores.
17
• Carmen Leccardi y Carles Feixa
En el pensamiento social contemporáneo, la noción de generación
se desarrolló en tres momentos históricos que se corresponden
con tres marcos sociopolíticos precisos: en los años veinte, el período entreguerras, se formularon las bases filosóficas en torno a
la noción de “relevo generacional” (sucesión y coexistencia generacional); en esto hay acuerdo general (Ortega y Gasset, 1923;
Mannheim, 1928); durante los años sesenta, la era de la protesta,
se fundó una teoría en torno a la noción de “brecha generacional” (y conflicto generacional) que pretendía superar la teoría del
conflicto (Feuer, 1968; Mendel, 1969); a partir de la mitad de los
años noventa, con la aparición de la sociedad en red, aparece una
nueva teoría que revoluciona la noción de “lapso generacional”.
Esta última fase se corresponde con una situación en la que los
jóvenes son más expertos que la generación anterior en una innovación clave para la sociedad: la tecnología digital (Tapscott,
1998; Chisholm, 2005).
En una conferencia pronunciada en Barcelona en 2007, Zygmunt Bauman evocaba los escritos sobre generaciones de José
Ortega y Gasset. El sociólogo polaco recordaba que la mayor
contribución del filósofo español no era la idea de la “sucesión”
entre generaciones (una idea muy presente en el pensamiento y
en el sentido común de esa época y, de hecho, de todas las épocas), sino la idea de “coincidencia” y “superposición”, es decir,
de coexistencia parcial entre generaciones:
Los límites que separan las generaciones no están claramente delimitados, no pueden dejar de ser ambiguos y traspasados y, desde
luego, no pueden ser ignorados. (Bauman, 2007, p. 373)
En el mismo congreso, el sociólogo francés Michel Maffesoli abordó el tema de la convivencia entre generaciones desde la
noción de “hospitalidad”. Evocando la metáfora de la “tribu”
que lo hizo famoso, recordó que la convivencia entre anfitriones
e invitados (adultos y jóvenes) es más fecunda cuanto más se base
en el placer por la competición o por el juego:
•
18
Capítulo I. El concepto de generación en las teorías sobre la juventud •
Las generaciones jóvenes experimentan estos valores hedonistas
de una forma paroxística. Sin embargo, a través de un proceso de
contaminación, el corpus social acaba siendo influenciado. (Maffesoli, 2007, p. 378)
Puesto que tendremos la ocasión de escuchar un diálogo entre
estos dos prestigiosos sociólogos más adelante, repasaremos antes
la función del concepto de generación en la historia de las teorías
de la juventud. Empezaremos revisando las raíces del pensamiento sociológico relativo al concepto de generación, revisando el rol
que le atribuyen algunos pensadores clásicos. Después recordaremos el debate social e intelectual alrededor de las generaciones,
desde un punto de vista político y académico, en dos países en
donde el concepto ha tenido una gran relevancia: Italia y España.
El concepto de generación en el pensamiento
sociológico
Puede decirse que los jóvenes que experimentan los mismos
problemas históricos concretos forman parte de la misma
generación.
Mannheim, 1928
En términos sociológicos el concepto de generación puede enmarcarse2 haciendo referencia a Comte y a Dilthey, dos autores
que en el siglo XIX, y a pesar de las diferencias entre sus respectivos enfoques teóricos, sentaron las bases para reflexiones posteriores. Seguidamente, repasaremos el concepto de generación
2
Como es sabido, el término “generación” se utiliza de distintas formas en distintas
disciplinas (por ejemplo, aparte de la sociología, en la etnología y la demografía).
Sobre la pluralidad de significados del término, ver especialmente Kertzer (1983)
y Attias-Donfut (1991). En sociología, el concepto de generación —aparte de
los diferentes significados que le atribuyen autores individuales— se relaciona
con el de “duración común”.
19 •
• Carmen Leccardi y Carles Feixa
a la luz de cuatro referentes obligados para el análisis de la relación entre sociología e historia. Empezando por el pensamiento
de Mannheim (1928) —considerado el fundador del enfoque
moderno del tema de las generaciones que se basó tanto en el
positivismo de Comte como en la teoría histórico-romántica de
Dilthey—, comentaremos brevemente las contribuciones de Ortega y Gasset y de Gramsci, y nos centraremos finalmente en la
teoría planteada por Abrams (1982) en los años ochenta.3
La visión positivista de August Comte
En los principios de la sociología, Comte (1830-1842/1998) planteó una concepción mecánica y exteriorizada del tiempo de las
generaciones. Esta teoría pertenecía completamente al positivismo, y respondía al empeño de Comte por identificar un espacio de
tiempo cuantitativo y objetivamente mensurable como referente
para la linealidad del progreso. Sobre la base del vínculo postulado entre el progreso y la sucesión de las generaciones, Comte
sostenía que el ritmo de estas últimas se podía calcular simplemente midiendo el tiempo medio necesario para la substitución
en la vida pública de una generación por otra (treinta años, según
Comte).4 Además, el progreso es el resultado del equilibrio entre
los cambios producidos por las nuevas generaciones y la estabilidad mantenida por las anteriores generaciones.
El término clave en la búsqueda de Comte de la objetividad
histórica es la continuidad. En este marco analítico —y contrario al de la Ilustración— el progreso, que se identifica con las
nuevas generaciones, no comporta la devaluación del pasado,
que coincide con las anteriores generaciones. El tiempo social
se “biologiza”. Igual que el organismo humano, el organismo
•
3
Los autores presentados aquí intentaban mostrar la conexión entre tiempos individuales y tiempos sociales —una relación crucial en el enfoque generacional.
4
Este lapso de tiempo correspondía a la duración media de la vida productiva de
un individuo.
20
Capítulo I. El concepto de generación en las teorías sobre la juventud •
social también está sujeto a deterioro. Pero en este último, las
“piezas” se pueden remplazar fácilmente: las nuevas generaciones remplazarán a las anteriores. Un conflicto entre generaciones
solamente puede surgir si la duración de la vida humana se alarga
excesivamente, impidiéndoles a las nuevas generaciones y a su
“instinto de innovación” encontrar su espacio de expresión (si
la vida fuese excesivamente breve, el predominio de ese instinto
crearía un desequilibrio social que inevitablemente distorsionaría el ritmo del progreso). A través de esta reflexión sobre las generaciones, Comte propuso una ley general sobre el ritmo de la
historia. Las leyes biológicas en relación con la duración media
de la vida y la sucesión de las generaciones marcan la “objetividad” de este ritmo.
La aproximación historicista de Dilthey
La visión matemática y cuantitativa del tiempo generacional que
marca la teoría de Comte fue cuestionada radicalmente por el
enfoque histórico-romántico. Este último enfatizaba la estrecha
relación que se obtiene, en términos cualitativos, entre los ritmos
de la historia y los ritmos de las generaciones. En este sentido, lo
que más importa es la calidad de los vínculos que unen a los componentes de una generación. Dilthey (1883/1989) argumentó que
la cuestión de las generaciones requería el análisis de un tiempo
de experiencia mensurable solamente en términos cualitativos.
Para Dilthey, a diferencia de Comte, la sucesión de las generaciones no tiene importancia. Él mantenía que las generaciones
eran definibles en términos de relaciones de contemporaneidad
y consistían en grupos de personas sujetas a influencias históricas
(intelectuales, sociales, políticas) comunes durante sus años de
mayor maleabilidad. En otras palabras, que estaban integradas
por personas que compartían el mismo conjunto de experiencias,
la misma “calidad de tiempo”. La formación de las generaciones
se basaba, por tanto, en una temporalidad concreta compuesta
por acontecimientos y experiencias compartidos.
21 •
• Carmen Leccardi y Carles Feixa
En términos más generales, para Dilthey, las experiencias entendidas históricamente determinan la pertenencia a una generación, ya que constituyen la esencia de la existencia humana. Para
comprender esta perspectiva es preciso tener en cuenta una interpretación más amplia que la de Comte sobre la temporalidad.
Dilthey contrastó el tiempo humano, concreto y continuo, con el
tiempo abstracto y discontinuo de la naturaleza. La continuidad
del primero deriva de la capacidad de la mente humana —que,
a diferencia de la naturaleza, posee conciencia temporal— para
trascender el tiempo que pasa y para acumular acontecimientos
individuales en un todo homogéneo y coherente. Para Dilthey,
además, la vida humana es temporalidad (una noción más tarde
retomada por Heidegger). La conexión entre el tiempo humano
y el tiempo histórico surge principalmente de la capacidad que
tiene el ser humano de unificar el tiempo personal e interpretarlo
como un todo con significado; sin embargo, esta relación también está íntimamente asociada con la historicidad, puesto que
de hecho es la historia la que permite a la mente humana emanciparse tanto de la tradición como de la naturaleza. De acuerdo
con Dilthey, el tiempo de esta última, a diferencia del tiempo humano, es una serie de momentos discontinuos de igual valor sin
una estructura basada en la continuidad entre pasado, presente y
futuro. La naturaleza no tiene historia y, por tanto, no tiene sentido desde un punto de vista teórico.
La formulación sociológica de Mannheim
El análisis de las generaciones de Mannheim (1928/1952) fue,
como es bien conocido, un punto de inflexión en la historia sociológica del concepto. Cuando Mannheim desarrolló su teoría
de las generaciones —lo hizo, inter alia, en comparación con los
amplios movimientos colectivos del inicio del siglo veinte—5
tuvo un doble objetivo: distanciarse tanto del positivismo y sus
5
•
22
Cuando Karl Mannheim escribió su ensayo sobre las generaciones, los movi-
Capítulo I. El concepto de generación en las teorías sobre la juventud •
enfoques biológicos de las generaciones como de la línea romántico-historicista. Además, su preocupación general era incluir a
las generaciones en su investigación sobre las bases sociales y
existenciales del conocimiento en relación con los procesos del
cambio histórico-social.
En este contexto, Mannheim consideraba que las generaciones eran dimensiones analíticas útiles para el estudio tanto de las
dinámicas del cambio social (sin recurrir al concepto de clase ni
al concepto marxista de interés económico) como de los “estilos
de pensamiento” y de la actitud de la época. Según Mannheim,
esos eran los productos específicos —capaces de producir cambio social— de la colisión entre el tiempo biográfico y el tiempo
histórico. Al mismo tiempo, las generaciones podían entenderse
como el resultado de las discontinuidades históricas y, por tanto,
del cambio. En otras palabras, lo que configura a una generación
no es compartir la fecha de nacimiento —la “situación de la generación”, que es algo “solamente potencial” (Mannheim, 1952)—
sino esa parte del proceso histórico que comparten los jóvenes
de igual edad y clase (la generación en sí). Hay dos componentes
fundamentales en ese compartir, de los cuales surge el “vínculo
generacional”: por una parte, que ocurran acontecimientos que
rompan la continuidad histórica y marquen un “antes” y un “después” en la vida colectiva; por otra, que estas discontinuidades
sean experimentadas por miembros de un grupo de edad en un
punto formativo en el que el proceso de socialización no haya
concluido, por lo menos en sus fases más cruciales, y los esquemas
utilizados para interpretar la realidad todavía no sean rígidos por
completo. O —tal como dice Mannheim— cuando esas experiencias históricas sean “primeras impresiones” o “experiencias
juveniles”. A su vez, las “unidades generacionales” elaboran ese
vínculo de formas distintas, de acuerdo con los grupos concretos
a los que pertenecen sus miembros. En el fondo, la formulación
mientos juveniles en Alemania tenían decenas de miles de miembros y habían
asumido un papel preponderante en la vida nacional del país.
23 •
• Carmen Leccardi y Carles Feixa
de Mannheim sigue firmemente anclada en una perspectiva historicista. A través del concepto de generación, los largos tiempos
de la historia se sitúan en relación con los tiempos de la existencia
humana y se entretejen con el cambio social.
El análisis de Abrams: generaciones, tiempo histórico
e identidad
El sociólogo inglés Philip Abrams (1982) desarrolló la perspectiva iniciada por Mannheim en varios aspectos. Cincuenta años
después de la teoría original de Mannheim, Abrams profundizó y
expandió la noción histórico-social de generación, relacionándola
con la noción de identidad. Su intención era dilucidar la estrecha
relación entre el tiempo individual y el tiempo social, enfatizando
su afiliación conjunta al registro de la historia.
El punto de partida de Abrams era su convicción de que la
individualidad y la sociedad se construyen socialmente. Por tanto, es necesario analizar sus interconexiones y, simultáneamente,
sus intercambios a lo largo del tiempo. La identidad —considerada el vínculo entre las dos dimensiones, la del individuo y la de
la sociedad— debe estudiarse dentro de un marco de referencia
histórico-social. Después de rechazar una definición de identidad
encorsetada en términos psicológicos y sociolingüísticos, es decir,
mecánicamente unida a las funciones de rol, Abrams la definió
como la conciencia del entretejido de la historia de vida individual
con la historia social. La relación entre esas dos dimensiones de
la historia surge claramente si se hace referencia al tiempo social.
Es en este último, de hecho, en el que la sociedad y la identidad
se generan la una a la otra recíprocamente. Pero, ¿qué forma toma esta conexión entre identidad y generación? Para Abrams,
una generación en el sentido sociológico es el período de tiempo
durante el cual una identidad se construye sobre la base de los
recursos y significados que socialmente e históricamente se encuentran disponibles. De la misma forma, las nuevas generacio-
•
24
Capítulo I. El concepto de generación en las teorías sobre la juventud •
nes crean nuevas identidades y nuevas posibilidades de acción.
Por tanto, las generaciones sociológicas no se siguen las unas a
las otras sobre la base de una cadencia temporal reconocible, establecida por una sucesión de generaciones biológicas.
En otras palabras, no existe un tiempo normalizado con el cual
medir o predecir su ritmo. Por tanto, desde un punto de vista sociológico, una generación puede durar diez años o, tal como pasó
en las sociedades premodernas, varios siglos. Puede comprender
una pluralidad de generaciones biográficas, al igual que la historia
de muchas sociedades tradicionales puede incluir una sola generación sociológica. Concluye cuando grandes acontecimientos
históricos o, más frecuentemente, procesos lentos no catastróficos
de naturaleza económica, política y cultural, vacían de sentido el
sistema previo y las experiencias sociales que se le asocian.
Para Abrams como para Mannheim, por tanto, el principio de
una nueva generación está marcado por importantes discontinuidades del mundo histórico e institucional dominante del momento. De nuevo, es el tiempo histórico-social con sus ritmos el que
se encuentra en el núcleo de la definición de nuevas generaciones
e identidades sociales. Más concretamente, son los procesos de
cambio los que producen a ambas. En esta línea, las generaciones son el medio a través del cual dos calendarios distintos, el del
curso de la vida y el de la experiencia histórica, se sincronizan. El
tiempo biográfico y el histórico se funden y se transforman mutuamente, creando una generación social.
El debate sobre las generaciones en Italia
De hecho los mayores “dirigen” la vida, pero pretenden no
hacerlo, dejando la dirección a los jóvenes; también en estas
cosas es importante la “ficción”…
Gramsci, 1930
25 •
• Carmen Leccardi y Carles Feixa
La conciencia generacional
Recientemente se ha impuesto en Italia una concepción genealógica de generación, es decir, definida en términos de descendencia. En este contexto, el concepto de conciencia generacional ha
asumido una gran importancia principalmente por dos razones:
por una parte, porque permite interrelacionar el tiempo biográfico, histórico y social y, por otra, porque permite introducir la
dimensión de reflexividad en el análisis de la dinámica generacional y los procesos de cambio social. Por ejemplo, la referencia
a la conciencia generacional puede mostrar cómo la continuidad
y la discontinuidad histórico-sociales son procesadas por los individuos y se convierten en las bases para la construcción de los
vínculos sociales entre distintas generaciones. Durante los años
noventa, este aspecto atrajo especialmente la atención en el Mezzogiorno italiano, una región marcada económica y socialmente
por intensos procesos de cambio, pero culturalmente por formas
de continuidad. Dentro de este marco se analizaron, por ejemplo,
los cambios biográficos femeninos y las formas como las jóvenes
del sur —mucho más educadas y conscientes de sus recursos que
las generaciones previas de mujeres— han desarrollado vínculos
intergeneracionales en términos de genealogías femeninas (Bell,
1999; Siebert, 1991).
Desde este punto de vista, el concepto de conciencia generacional tiene dos componentes principales:6 primero, la historicidad; y, segundo, un vínculo estrecho con la dimensión de la
experiencia. El primer aspecto atañe a la habilidad de situarse
uno mismo dentro del marco histórico con base en la conciencia
de que hay un pasado y un futuro que se extienden más allá de
los límites de la propia existencia, y de relacionar la propia vida
con la de las generaciones previas y con la de las generaciones
venideras. Mientras que las generaciones por sí solas ayudan a
estructurar el tiempo social (diferentes generaciones acogen el
6
•
26
Para una discusión detallada, ver Attius-Donfut (1988, parte tres, cap. 11).
Capítulo I. El concepto de generación en las teorías sobre la juventud •
pasado, presente y futuro colectivos), la conciencia generacional
permite que ese vínculo se elabore de forma subjetiva. Situarse
uno mismo en el fluir de las generaciones no significa solamente
relacionarse con el tiempo social, sino inscribir la propia vida,
la propia historia en una historia más amplia que la comprende.
El segundo aspecto subraya la capacidad de la conciencia
generacional para promover un contacto profundo con el tiempo-vida, una dimensión crucial que configura la base del procesamiento de la experiencia (de acuerdo con la etimología del
término: ex-per-ire, ‘pasar por’).7 Este proceso de interpretación
del tiempo biográfico estimulado por la conciencia generacional
permite el crecimiento propio como entidad única y separada.
Esta unicidad se mide en contraste con el tiempo histórico y sus
cambios tal como se han incorporado en generaciones previas: a
través de las diferencias/similitudes; por ejemplo, respecto a cómo se enfoca el futuro y cómo se construye la identidad. En otras
palabras, la conciencia generacional —una dimensión que, por su
naturaleza, enfatiza un enfoque reflexivo— conlleva conciencia
de la propia proximidad-a/distancia-de otras generaciones familiares vivas. En donde está presente esta conciencia,8 las relaciones intergeneracionales se convierten en dominio de elaboración
subjetiva. Ser conscientes del propio tiempo de vida significa,
pues, ser conscientes de sus relaciones en un espacio más amplio
de tiempo, lo cual, al atraversarlo, le otorga sentido. Debido a la
mediación afectiva de las relaciones familiares, esta relación con la
temporalidad histórica y social adquiere resonancias personales.
Adquiere el registro de lo “experimentado”, y habla el lenguaje
7
En Italia, Paul Jedlowski es el autor que más ha trabajado, en términos sociológicos, en el tema de la experiencia. Ver especialmente Jedlowski (1994).
8
Hoy día, dos factores, uno favorable y otro contrario, se consideran simultáneamente en lo que respecta a la conciencia generacional: por una parte, se favorece
la conciencia generacional por la existencia de una sociedad multigeneracional
en la que coexisten distintas generaciones (hasta cierto punto sin precedentes
en la historia de la humanidad); por otra, se ve obstaculizada por la aceleración
del cambio, que evita que se desarrolle el sentido de continuidad temporal.
27 •
• Carmen Leccardi y Carles Feixa
de las emociones. La historia se convierte en memoria colectiva
(Halbwachs, 1925/1975; 1950), y la memoria colectiva sostiene
y potencia la memoria personal.
Se ha mencionado el vínculo entre generación y reflexividad.
Esta conexión se puede clarificar considerando la naturaleza
inconsciente y no intencionada de una parte substancial de la
transmisión intergeneracional —un aspecto que también atrajo
la atención de Karl Mannheim (1928/1952). Es por esa inconciencia e involuntariedad por lo que los contenidos transmitidos
adquieren fuerza e influencia, y tienden a estabilizarse en tanto
que concepción “natural” del mundo en aquellos que los reciben.
En este aspecto, Isabelle Bertaux-Wiame (1988), en sus estudios
sobre memorias de familia, muestra la existencia de una “memoria distante”, de la cual los miembros de la familia son portadores
no intencionados. Es una memoria formada no solo de recuerdos
personales, sino también de los que se han transmitido por generaciones previas y que se han convertido en parte integral de
los itinerarios del pensamiento de aquellos que los asimilan de
forma más o menos consciente. La influencia de esta “memoria
distante” se hace incluso más persistente por la naturaleza afectiva del recuerdo familiar, que constituye su elemento más íntimo
(Namer, 1988). Su acción consolida los vínculos sociales entre los
miembros del grupo familiar, cuya cohesión resulta reforzada.
Gracias a ello, el recuerdo familiar tiene continuidad entre generaciones, evita la exacerbación de las diferencias y salvaguarda
la unidad del grupo. Además, a través de la afectividad, sostiene
el carácter normativo de la transmisión y sostiene las “imágenes
del mundo” que conlleva.
La conciencia generacional permite el examen crítico de esta
memoria, el cambio de esos contenidos de la oscuridad a la luz.
Así, puede someterse a reflexión; se puede problematizar o quizás rechazar. Ello se puede hacer con conciencia de los criterios
de selección en cuya base el recuerdo en cuestión se ha construido y después transmitido (Cavalli, 1991). Si el recuerdo familiar
colectivo tiende a transmitir una visión desproblematizada del
•
28
Capítulo I. El concepto de generación en las teorías sobre la juventud •
pasado, esa visión puede cuestionarse de forma crítica a través
del ejercicio reflexivo, cuando se acompaña de la conciencia generacional. En virtud de esa relación crítica con el recuerdo, la
conciencia generacional también favorece el crecimiento de la
propia conciencia, en tanto que persona única y aislada. Pero
esta unicidad —insistimos— se mide en relación con el tiempo
histórico y sus cambios tal como se han incorporado por parte de
las diferentes generaciones de la familia. Así, la conciencia generacional conlleva una asunción deliberada de las continuidades
y discontinuidades intergeneracionales y la posibilidad de convertirlas en la base sobre la cual procesar el tiempo biográfico.
En otras palabras, la conciencia generacional es una herramienta
potente para convertir las diferencias entre generaciones en la
base del propio reconocimiento.9
De la conciencia generacional a la genealogía
Aunque la conciencia generacional conlleva la comparación con
las generaciones previas, ello no significa que se construya contra
esas generaciones. Especialmente para las generaciones familiares
femeninas, la idea de genealogía —entendida como continuidad
cambiante— más bien gana importancia. Las generaciones de
abuelas y madres incorporan una edad que las hijas no han vivido;
estas últimas exploran los límites de su identidad comparando su
propio tiempo biográfico con el de otras generaciones femeninas.
Además, la memoria familiar que las abuelas y madres custodian
permite a sus hijas evaluar el camino recorrido por las generaciones de mujeres inmediatamente anteriores a ellas, y calibrar
la distancia que les queda. Las vidas vividas por otras generaciones de mujeres, y transmitidas a mujeres más jóvenes a través de
historias, recuerdos y experiencias que las hijas han vivido, las
conectan al tiempo histórico y social. Miden la proximidad y la
distancia, las similitudes y las diferencias en las formas como se
9
Este tema se analizó, con referencia al Mezzogiorno de Italia, en Leccardi (2006).
29 •
• Carmen Leccardi y Carles Feixa
produce el sentido y se construye la subjetividad; se convierten
en herramientas para descubrir la unicidad de sus vidas mientras
son conscientes de que pertenecen a un mundo compartido: el
de la familia. Así, mientras generación y genealogía se construyen
a través de la referencia al tiempo, solamente la segunda es una
dimensión que puede llamarse “incorporada”, por la conexión
física debida a la descendencia. La relación corporal evita que la
forma de la genealogía “se pierda” en un circuito temporal abstracto, de pérdida de conexión con las vidas de las mujeres “de
carne y hueso” que han experimentado la diferencia de visibilidad
y poder entre mujeres y hombres en la vida pública.
Pero el aspecto “corporal” de la genealogía actúa también
a otro nivel: el de las diferentes relaciones que las generaciones
de mujeres han mantenido con sus cuerpos y con sus códigos
simbólicos. En el Mezzogiorno italiano, por ejemplo, las autorepresentaciones de las mujeres jóvenes llevan la huella de los
cuerpos silenciados de sus abuelas, de los cuerpos “negociados”
de sus madres. Desde luego, pueden reducir el peso de los embarazos, pero todavía no son sujetos plenamente capaces en las
esferas pública y privada (Siebert, 1991). Liberadas del “silencio”
impuesto a los cuerpos femeninos por las generaciones de mujeres previas, no es raro que las mujeres más jóvenes en el sur de
Italia tengan sentimientos ambivalentes acerca de su sexualidad,
sentimientos que se pueden interpretar como el resultado de su
relación con las experiencias de las generaciones previas; en otras
palabras, de la genealogía femenina en la que se encuentran. La
dimensión genealógica constituye el marco de referencia en el
cual sus identidades se construyen y toma forma su subjetividad.
En suma, “dando cuerpo” al tiempo, la genealogía materializa
la pertenencia generacional. A través de la genealogía, “ser una
mujer” en el tiempo y en el espacio presentes ocurre bajo la luz de
la conciencia de que las experiencias de las generaciones previas
de mujeres deben situarse y comprenderse dentro de un marco
histórico. Reconocerse a una misma en una genealogía femenina
significa, por tanto, mirar la dimensión generacional desde más
•
30
Capítulo I. El concepto de generación en las teorías sobre la juventud •
allá del punto de partida de Mannheim, con su identificación de
los acontecimientos cruciales en el orden histórico-político capaces de marcar una discontinuidad en la sociedad y en las biografías
individuales. En lugar de eso, la dimensión genealógica implica
la conciencia de los cambios biográficos dentro de una pertenencia compartida determinada por la descendencia. Al mismo
tiempo, conlleva la necesidad de elaborar de forma subjetiva las
diferencias que ocurren (Bell, 1999). En el enfoque genealógico,
la dimensión temporal que forma generaciones en el vértice entre
aspectos colectivos e individuales del tiempo comprende discontinuidades dentro de una visión que no busca los “orígenes”, sino
que busca el movimiento, las interconexiones, las contingencias
y las diferencias,10 dentro de un marco de referencia que enfatiza
el aspecto “incorporado” del tiempo.
El debate sobre las generaciones en España
Puede decirse que la noción de “generación” es una de las escasas
contribuciones de España al pensamiento sociológico universal,
hasta el punto de que la entrada “Generación” de la Enciclopedia
Internacional de las Ciencias Sociales la escribió el filósofo Julián
Marías (1968), discípulo de José Ortega y Gasset, y padre de
Javier Marías, el novelista español más reconocido en la actualidad. Esto se puede deber a tres razones: a la importancia de la
generación literaria del 98 (1898 fue el año de la guerra con los
Estados Unidos, cuando España perdió a Cuba, su última colonia
en América, lo que dio lugar a una profunda reflexión sobre la
“crisis”); al impacto nacional e internacional del trabajo de Ortega
y Gasset (el filósofo español más importante del siglo XX); y a la
profunda “brecha generacional” provocada por la Guerra Civil
10
Como en la aproximación genealógica desarrollada por Foucault. Ver, por ejemplo, el ensayo “Nietzsche, Genealogy, History”, de Foucault (1971). Ver también
Michon (2002).
31 •
• Carmen Leccardi y Carles Feixa
Española, de la cual surgió una dictadura que remplazó la lucha
de clases por la sucesión generacional como motor de la historia.
Ortega y Gasset: las generaciones como el concepto
clave en la historia
En 1923, Ortega y Gasset publicó “La idea de las generaciones”,
en donde defendía que las personas nacidas en la misma época
comparten una misma “sensibilidad vital”, opuesta a la de la generación previa y a la de la posterior, lo cual define su “misión
histórica”. Ortega y Gasset se formó como pensador liberal en
la escuela alemana y tuvo un gran impacto en América Latina;
defendió la democracia de la Segunda República, aunque luego
se apartó de sus excesos. Fue el intelectual español más importante de la primera mitad del siglo XX, formando diversas generaciones de pensadores e interviniendo en los debates públicos
con la prensa.11 En el texto mencionado, la idea de generación
se consideraba “el concepto más importante de la historia”. El
autor luchaba contra la influencia de la revolución soviética y del
fascismo, pero al mismo tiempo se convirtió en paradigma de la
fuerza regeneradora de los jóvenes. La juventud remplazaba al
11
•
32
La concepción de Ortega y Gasset es contemporánea de la de Mannheim, aunque los dos autores no se pueden considerar contemporáneos, entre otras cosas,
porque su concepción fue formulada de una forma totalmente independiente. La
teoría de Ortega de las generaciones no se expone en un único texto, como la de
Mannheim, sino que se desarrolla como un hilo conductor a través de su trabajo filosófico: dio unas conferencias inicialmente en 1914, desarrolló su primera
formulación en la universidad en el año 1920-1921, se publicó en 1923 como
texto introductorio de su libro Meditaciones de nuestro tiempo, bajo el título “La
idea de las generaciones” (Ortega y Gasset, 1966). Su formulación se recapturó
en algunas conferencias importantes que dio en Buenos Aires (Argentina) en
1928, y fue publicada póstumamente bajo el título “Juventud, cuerpo” (Ortega
y Gasset, 1996). En 1933 se desarrollaron análisis como ensayos centrales de su
libro En torno a Galileo, bajo el título “El método histórico de las generaciones”
(Ortega y Gasset, 1970). Aunque este libro fue publicado después del artículo
de Mannheim, no parece que Ortega conociera el texto del autor alemán (igual
que el autor alemán no parece conocer el trabajo de Ortega y Gasset). Ver Sánchez de la Yncera, 1993.
Capítulo I. El concepto de generación en las teorías sobre la juventud •
proletariado como sujeto emergente y la sucesión generacional
remplazaba la lucha de clases como motor de cambio. Más tarde,
el filósofo desarrolló un “método histórico de las generaciones”,
que permitiría entender el curso de la historia partiendo de la idea
del relevo generacional que tenía lugar cada quince años. Sin embargo, como Bauman (2007) observó, la idea central de Ortega y
Gasset no es la de sucesión sino la de superposición: no todos los
contemporáneos se pueden considerar contemporáneos. Por esta
razón, hay tiempos de edad adulta (“acumulativos”) y tiempos
de juventud (“eliminativos” o “polémicos”). De acuerdo con la
visión elitista del autor, la clave es la relación establecida entre
minorías y masas: cuando algunos individuos que viven tiempos
de crisis consiguen entender la nueva “sensibilidad vital” y “por
primera vez tienen pensamientos con total claridad”, se convierten en la generación decisiva, con acólitos, porque pueden conectar con los cambios anhelados. Pero Ortega no abordó cómo los
grupos de edad desarrollan una conciencia común y empiezan a
actuar como una fuerza histórica coherente.12
Marías y Aranguren: el método histórico
de las generaciones
En España, la teoría de Ortega fue desarrollada por sus discípulos
durante el régimen de Franco, aunque su aplicación tuvo lugar en
el mundo de la creación artística y literaria. El historiador Pedro
Laín Entralgo publicó en 1945 Las generaciones en la historia,
12
El trabajo de Ortega y Gasset tuvo un gran impacto en el pensamiento social
antes de la guerra en todo el mundo, especialmente en la Europa Mediterránea,
Alemania y Latinoamérica. Algunos autores lo recuperaron en los años sesenta
y setenta para analizar el tiempo de las revueltas juveniles, e incluso mereció un
artículo de crítica en un volumen sobre sucesión generacional promovido por
el Partido Comunista de la Unión Soviética (Moskvichov, 1977) y un desarrollo
teórico sistemático por parte de un sociólogo sudafricano (Jansen, 1977). Sin
embargo, en las últimas tres décadas ha desaparecido del pensamiento sociológico internacional, probablemente por la falta de nuevas traducciones al inglés,
ya que no se menciona en el pensamiento actual (Edmunds y Turner, 2002).
33 •
• Carmen Leccardi y Carles Feixa
aplicando la concepción de Ortega a los novelistas de 1898. En
1949, el filósofo Julián Marías publicó El método histórico de las
generaciones, en donde comparaba la contribución de Ortega con
la de otros pensadores previos (Compte, Mill, Ferrari, Dilthey,
Ranke) y contemporáneos (Mentré, Pinder, Petersen, Mannheim,
Croce y Huizinga, entre otros). Es significativo que ambos libros
aparecieran en medio de la posguerra, en los tiempos más difíciles
del régimen de Franco: era una forma velada de evitar la discusión del conflicto social, pero al mismo tiempo permitía abrir el
debate al pensamiento sociológico internacional.13 En 1960, el
filósofo José Luis López Aranguren publicó un ensayo titulado
“La juventud europea”. Aunque aludiera a la juventud de los años
sesenta, de hecho se refería a la juventud de la posguerra española,
la generación que llegó a la madurez entre 1945 y 1960. El texto
está en la línea de pensamiento de Ortega (a quien Aranguren
conoció como estudiante). Pero a diferencia de Laín y Marías,
el autor no se quedó en la reflexión filosófica abstracta sino que
pasó al área de la realidad social e histórica, con información
empírica, fruto de los primeros estudios sobre juventud basados
en encuestas de opinión, y también en su conocimiento directo
como profesor cristiano y universitario disidente (lo que ahora
denominaríamos su “trabajo de campo”). Eso le llevó a postular
el cierre de la brecha entre la minoría y la masa y a criticar los 15
años como tempo generacional, haciendo un uso heterodoxo de
la noción de generación, que iría desapareciendo en favor de una
visión más compleja de la diversidad de la cosa juvenil.14
•
13
En una nueva edición de 1960, Marías añadió un apéndice con una reflexión
sobre la teoría de las generaciones del pensador árabe del siglo XIV, Ibn Khaldoun, el único autor no europeo incluido en su viaje. Su libro se tradujo más
tarde al inglés (1967) y al italiano (1988). En 1968, el autor escribió el acápite
“Generation”, de la Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales.
14
El modelo, aquí, no es Ortega y Gasset sino el sociólogo alemán Helmut Schelsky,
quien publicó en 1957 Die skeptische Generation (La generación escéptica), en
donde recogía resultados de diferentes estudios sobre los valores de los jóvenes
alemanes de la década previa.
34
Capítulo I. El concepto de generación en las teorías sobre la juventud •
Las generaciones en los estudios contemporáneos
sobre la juventud
En 1989, Marías publicó una nueva edición ampliada de su libro,
bajo el título Generaciones y constelaciones, en la cual, además de
sistematizar el método analítico de las generaciones, reflexiona
sobre el llamado vacío generacional posterior al 68. Para el autor,
la noción debería aplicarse solamente a las “generaciones decisivas”, en términos de Ortega, es decir, a las que marcan un punto
de inflexión, pero no a cualquier diferencia generacional:
Creo que este fenómeno no afecta a las generaciones en rigor, sino
a la edad: podríamos llamarlo vacío de edad. La distancia extraordinaria se refiere a la fase juvenil de cualquier generación, no a la
generación entera, quienes, una vez se ha ido la juventud, no vuelven a ser ni particularmente innovadores ni diferentes. (1989, p. 13)
Desde la mitad de los años sesenta, la teoría de las generaciones se dejó de lado en el pensamiento sociológico por considerarse conservadora y anticuada, y se sustituyó por teorías
neomarxistas que consideraban a la juventud como una “nueva
clase” (Campany, 1968) y se centraban en la “revolución cultural de los jóvenes” (De Miguel, 1972). Sin embargo, a partir de
1985, el concepto de generación ha sido “redescubierto” por las
nuevas generaciones de investigadores españoles que trabajan
sobre juventud, quienes han releído y han reflexionado de nuevo
acerca de las concepciones de los clásicos, desde Aranguren hasta
Ortega y Gasset. Ello no es ajeno al acceso al poder, en 1982, de
una nueva generación política, cuyos miembros se proclamaron
los herederos del 68; esto se utilizó para desplazar a la generación previa, y para bloquearle el paso a la siguiente durante dos
décadas. Lo mismo ocurrió en Latinoamérica, en donde las transiciones hacia la democracia en países como Argentina, Chile y
México se vivieron como un “vacío” generacional que alimentó el
redescubrimiento de los clásicos (que en ese caso habían cantado
35 •
• Carmen Leccardi y Carles Feixa
las “revoluciones” juveniles del principio del siglo XX). La teoría
de las generaciones es hoy en día tan importante como siempre,
aunque todavía no ha “generado” una actualización de sus bases
teóricas y metodológicas.15
Consideraciones finales
Hoy en día, a principios del siglo XXI, puede observarse
la emergencia de una generación global. Esta es la tesis
fundamental de nuestro texto.
Beck y Beck-Gernsheim, 2008
En 2007, Ulrich y Elizabeth Beck publicaron un ensayo corto en
el que proponían la noción de la “generación global” como antídoto contra el “nacionalismo metodológico”. Para los autores,
la noción clásica de generación, cerrada en términos nacionales,
ha quedado obsoleta, y necesita ser remplazada por una nueva
visión basada en un “cosmopolitismo metodológico” (en una
visión universal de los factores que afectan a las generaciones).
Este último debe centrarse en las condiciones interrelacionadas
y en las mutuas influencias de los desarrollos nacionales e internacionales, a nivel local y global (2008, pp. 10-11). Puesto que la
globalización no supone equivalencia, los autores propusieron
remplazar el concepto clásico de generación por el de:
15
•
36
Este campo de investigación puede dividirse en tres: primero, los estudios sobre
la transición de la infancia a la vida adulta, basados en la distinción entre cohorte
generacional y el curso de la vida, renovando los métodos de la sociología empírica; segundo, la recuperación de la memoria histórica de la Segunda República
Española y de la Guerra Civil, en momentos en que los movimientos juveniles
eran protagonistas y el uso de la historia oral se retomó; tercero, la emergencia
de la generación red y las culturas club globales, renovando el uso de los estudios
culturales (Feixa y Porzio, 2005).
Capítulo I. El concepto de generación en las teorías sobre la juventud •
[…] constelaciones generacionales cruzadas, [porque] la experiencia de la “generación global” desde luego se ha globalizado, pero
al mismo tiempo está marcada por profundos contrastes y líneas
divisorias. (2008, pp. 14-15)
A diferencia de la generación del 68, la generación actual se
define por factores cosmopolitas. Esto se ilustra con tres “constelaciones generacionales”: la generación de la migración (marcada por los procesos de migración transnacional), la generación
aprendiz (marcada por el empleo precario) y la generación patchwork (marcada por procesos de hibridación cultural). En estas
tres áreas (demográfica, económica y cultural), la generación más
joven (o cualquiera de sus fracciones) actúa como barómetro de
las nuevas tendencias.
En otro orden, es importante subrayar que la emergencia de
sociedades, como las occidentales en la actualidad, en las que un
número de generaciones adultas conviven en la escena social,
conlleva una serie de problemas nuevos y acuciantes, en particular acerca de la justa distribución de la riqueza y, junto con ello,
la definición de un nuevo contrato social entre las generaciones
mayores y las más jóvenes (Bengston y Achenbaum, 1993). La
caída del índice de natalidad y el alargamiento de la esperanza de
vida media, junto con el envejecimiento de las poblaciones, conlleva nuevas desigualdades respecto a la relación de las personas
con el mundo del trabajo y la división de los recursos públicos
entre generaciones. De hecho, esas desigualdades toman forma
concreta específicamente a lo largo de las líneas generacionales.
En este contexto, tal como apunta Alessandro Cavalli (1994),
los conflictos potenciales se exasperan, por ejemplo, por el funcionamiento del mercado de trabajo, por las características del
sistema de pensiones y por la acumulación de la deuda pública.
Todos estos factores subrayan, en distintas formas, las diversas
oportunidades que las generaciones tienen en el presente —y probablemente tendrán en el futuro— de obtener acceso al poder y
a los recursos materiales y simbólicos.
37 •
• Carmen Leccardi y Carles Feixa
Sin embargo, junto con este lado oscuro de la relación entre
generaciones, también hay una parte positiva que no puede dejar de mencionarse aquí. Esta faceta positiva revela los rasgos de
nuevas formas de solidaridad que emergen hoy en día entre generaciones. Así, por ejemplo, a pesar de la tendencia europea a
que las distintas generaciones convivan menos que en el pasado
(con la conocida excepción de los jóvenes del área Mediterránea),
los lazos afectivos entre las generaciones no parecen aflojarse. Se
establecen nuevas formas de “relación a distancia” (Bengston y
Achenbaum, 1993), acompañadas de prácticas concretas orientadas a reequilibrar las disparidades intergeneracionales mediante
intercambios privados de bienes materiales (herencias, dotes,
pequeñas contribuciones monetarias) o inmateriales (relacionadas, por ejemplo, con el intercambio de tiempo). Este complejo
entretejido de prácticas, caracterizado por un alto grado de reciprocidad, va tanto de las generaciones mayores a las más jóvenes
como en la dirección opuesta (Attias-Donfut y Renaut, 1994).
Una ayuda no poco significativa es la planificación del futuro, un
requisito existencial que, tal como lo demuestra la investigación,
tiene una naturaleza particularmente problemática para los jóvenes de hoy (Leccardi, 2005).
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•
42
Capítulo II
La relación de los Jóvenes y las
Jóvenes con la cultura y el poder1
Germán Muñoz González
Introducción
Una de las fuentes más importantes en la construcción del campo que le da nombre a este grupo de investigación es la Comunicación-Cultura (C-C), campo emergente a su vez. Buscamos
dar cuenta de sus características más importantes, entendiendo
que se ha construido en la articulación con la condición juvenil a
partir de la segunda mitad del siglo XX. Es necesario dar cuenta de su genealogía en el seno de los estudios culturales y de los
escenarios teóricos en los que se constituye; pero también de la
forma como los mismos jóvenes y las mismas jóvenes producen
la comunicación en su cotidianidad.
1
Elementos de reflexión tomados de la tesis doctoral “La comunicación en los
mundos de vida juveniles. Hacia una ciudadanía comunicativa”. Universidad
de Manizales-Cinde, 2006.
43
• Germán Muñoz González
No cabe duda de que la comunicación ocupa un lugar central
en el cambio de época que vivimos, del cual son protagonistas los
jóvenes y las jóvenes. Necesitamos una comprensión adecuada de
lo que llamamos comunicación en el siglo XXI: son ellos y ellas
quienes la están definiendo en la acción, en la reconfiguración de
lo público, en sus prácticas políticas, en la creación de sí mismos.
En consecuencia, tocaré en el capítulo tres grandes asuntos, a
saber: los elementos neurales que caracterizan el campo C-C; la
construcción de conocimiento acerca de la comunicación en su
relación con los jóvenes y las jóvenes; y la producción que hacen
ellos y ellas de la comunicación en sus mundos de vida.
La conformación del campo C-C
La exploración del asunto que constituye el centro mismo de los
mundos de vida juveniles ha pasado prácticamente desapercibido
para los investigadores e investigadoras: la comunicación; entendiendo que la reciente configuración de esta como objeto de conocimiento exige miradas renovadoras que superen las propuestas
empíricas y sean capaces de reconocer las prácticas de los jóvenes
y las jóvenes, sus experiencias y ejercicios de vida pública, sus
escenarios privilegiados, como espacios en los cuales se pueden
dar formas posibles de vida social, de existencia humana plena.
En la historia reciente de la juventud y de la comunicación,
ambos temas aparecen relacionados a partir de 1940 en EE.UU.
(la revista Popular Science usa por primera vez el término teenager
en 1941) y después de 1950 en Europa. En Colombia y América
Latina, dada nuestra cercanía geográfica con EE.UU., el enfoque
de la relación tiene mucho que ver con el modelo norteamericano, es decir, con una comprensión atravesada por el consumo y
específicamente por el mercado. En este sentido, la comunicación
se piensa instrumentalmente, según el modelo informacional,
como “medios masivos de comunicación”, es decir, como desarrollos técnicos que, con base en teorías matemáticas, cibernéti-
•
44
Capítulo II. La relación de los Jóvenes y las Jóvenes con la cultura y el poder •
cas y conductistas, se ponen al servicio de industrias culturales,
inicialmente de carácter bélico.
Aunque en el Centro de Estudios Culturales Contemporáneos
de Birmingham se propone en los años setenta una reflexión que
marca rupturas en relación con los dos temas, la perspectiva de
los estudios culturales llega tardíamente a nuestro medio y solo se
hace visible una lectura de los jóvenes y de las jóvenes y la comunicación después de los años ochenta, a partir de obras seminales
que permiten concebir un nuevo campo de estudios y abren el
debate respecto al sujeto de la comunicación en la cultura.
Las políticas de juventud, de la cultura y de la comunicación,
son igualmente temas que apenas empiezan a ventilarse públicamente en los años ochenta. Sin embargo, implícitamente se
producen políticas en los ámbitos de algunas instituciones (p.
e., la escuela) y de empresas mediáticas y publicitarias. Al revisar
la formulación de políticas de juventud en diferentes países, se
encuentra únicamente la mención de temas como ocio y tiempo
libre, o consumo cultural (en el mejor de los casos). Y cada vez
cobran más importancia las tecnologías de la información.
A mi parecer, la categoría comunicación, aunque tiene fronteras comunes con las categorías anteriores, en particular con la
información, no puede ser confundida con las múltiples mediaciones que la visibilizan ni con los contenidos de las interacciones.
Acercarnos a una adecuada comprensión de la comunicación humana, en particular de aquella que practican hoy los jóvenes y las
jóvenes, requiere una serie de reformulaciones básicas.
Sin duda, aún resulta precaria la caracterización de la condición juvenil; podemos identificar un conjunto de acercamientos conceptuales, construyendo cada quien su propio discurso:
la biología, la pedagogía, la psicología, las ciencias sociales, los
estudios culturales, la política social, etc. Pero aún no tomamos
distancia suficiente de las simplificaciones etarias y de las miradas
desde la perspectiva adulta, básicamente normativas, atravesadas por juicios descalificadores o por temores ante la pérdida de
certezas para su manejo. Una lectura crítica y abierta al “espíritu
45 •
• Germán Muñoz González
del tiempo” requiere asumir otros “mapas de sujeto” y la perspectiva histórica de las transformaciones que están moviendo los
escenarios socio-culturales en los cuales los jóvenes y las jóvenes
son protagonistas.
Para realizar este acercamiento, hace falta superar modelos
que han elaborado su conocimiento con enfoques nomotéticos,
que compartimentan los accesos y que siendo subsidiarios de
lecturas lastradas por algunos paradigmas sociales, terminan elaborando constructos teóricos incapaces de dar cuenta de fenómenos muy dinámicos, como aquellos que hacen parte de la comunicación contemporánea. Considero necesario conjugar con
los anteriores un abordaje trans-disciplinario, en el cual la perspectiva culturológica cobre gran importancia. Hacerlo requiere
una revisión de la re-estructuración que han sufrido las ciencias
sociales, de los replanteamientos que sugieren los estudios culturales —específicamente en América Latina— en nuestro contexto
histórico, y de la apuesta que allí se gesta para pensar la comunicación desde la cultura.
Por otra parte, creo que ninguna disciplina por sí sola es capaz de una mirada comprensiva de la relación (jóvenes-comunicación-política) planteada como objeto de estudio. En consecuencia, arriesgaré una apuesta conceptual, la construcción de
un campo para pensar al sujeto joven en la problemática que a
mi juicio es central en sus vidas: la comunicación-cultura. ¿Cómo
se configura este campo emergente? ¿Qué características particulares definen cada uno de sus escenarios particulares (cuerpo,
mediaciones, ciudad)? Aunque existen antecedentes válidos, las
políticas de juventud no se han ocupado suficientemente de este
tema y las consecuencias de ello son inmensas.
Una lectura crítica de la política social muestra que ha evolucionado mucho en la segunda mitad del siglo XX. Tal vez lo
esencial sea la centralidad que se confiere al sujeto de las políticas,
con base en la forma como hoy se lo entiende: no como un simple
beneficiario sino como un actor protagónico de la vida social. Dos
categorías son centrales: la representación y la articulación. En el
•
46
Capítulo II. La relación de los Jóvenes y las Jóvenes con la cultura y el poder •
caso particular de los jóvenes y las jóvenes, a pesar del incipiente
avance, me atrevería a decir que la claridad que logremos en el
tema que nos ocupa permitirá comprender mejor la naturaleza
de sus procesos de subjetivación en el ámbito de lo público, en
asuntos que les conciernen de fondo y acerca de los cuales aún
no disponemos de suficientes elementos de juicio. ¿Cómo concebir políticas del cuerpo, de la diversidad, del reconocimiento
del otro, de la vida? ¿En qué forma acercarse a políticas de comunicación y de cultura?
A partir de un enfoque que privilegia la acción, pienso que es
coherente proponer una línea de pensamiento donde a los jóvenes y a las jóvenes se les vea como “agentes culturalmente activos”, es decir, como personas que asumen su auto-creación y la
construcción de “prácticas de libertad” y “formas aceptables de
existencia” en el entorno humano más cercano, el de ciudadanías
juveniles que permiten entrever una “ciudadanía comunicativa”.
La relación entre los elementos anteriormente esbozados me lleva
a sugerir algunos criterios que permiten replantear las políticas
de juventud, tomando en consideración las prácticas y los agenciamientos de los jóvenes y las jóvenes.
He podido constatar que las formas de comunicación instauradas por las llamadas sociedades de control, informacional, del
riesgo y del conocimiento, participan en la constitución de determinadas subjetividades individuales y colectivas contemporáneas. Esto sucede mientras amplias minorías y nuevos colectivos
juveniles buscan sobrevivir en un mundo globalizado, gracias a
su capacidad de expresar, fortalecer, legitimar, posicionar, reconstruir y crear discursos y culturas propias que revelan otras
formas de comunidad.
No se trata solamente de ejercer unos derechos determinados
sino de definir nuevas formas de ser y de existir. Es lo que ocurre
en la incesante producción de subjetividad, y en múltiples ejercicios creativos que se hacen visibles en movimientos sociales
de muy diverso signo, donde los jóvenes y las jóvenes actúan en
tanto sujetos de comunicación. Muchos de ellos son reseñados
47 •
• Germán Muñoz González
como prácticas exóticas e intrascendentes que corresponden a
sociedades en crisis o a inadaptaciones propias de la edad. Sin
embargo, aquí hay algo realmente importante: la inter-cesión básica entre mundos de sentido que ocurre en la dimensión estética
(vista como la dimensión de la creación), alterando los órdenes
de realidad en los que acostumbramos movernos.
Cuando hablo de la comunicación en la cultura, tres escenarios son esenciales:
•
El cuerpo (centro de las afectaciones recíprocas: sociales,
afectivas, culturales; básicamente se trata de la dimensión estética).
• Las mediaciones (procesos y estructuras de interacción colectiva y de producción de significación social; predomina aquí
la dimensión ética).
• La ciudad (territorio habitado —referente y contenido a
la vez— donde se construyen ciudadanías; es el ámbito de la dimensión política).
No hablo exclusivamente del cuerpo físico, ni de los medios
masivos y las nuevas tecnologías de la información, ni del espacio geográfico. Estos representan recortes a los escenarios, que
es preciso superar. Concebir la comunicación a partir de los tres
escenarios nombrados mueve sus fronteras del confín que se le ha
trazado. No es un movimiento caprichoso, es un desplazamiento
que se está produciendo y que es imperioso reconocer.
Así, la pregunta por la comunicación desde la cultura es una
pregunta por la afectación de cuerpos (con base en la categoría
affectus, de Spinoza, 2001), entendida como afectar, conmover,
tocar al otro. Hacerle algo a alguien con base en las capacidades
que tiene un cuerpo para entrar en la acción, mediante prácticas o ejercicios constantes de transformación de la expresión, en
tanto esta compone dinámicamente campos de fuerzas, donde se
encuentran acciones, movimientos, diversos cuerpos que actúan
y se entrecruzan afectando a otros con sus acciones, afirmando
•
48
Capítulo II. La relación de los Jóvenes y las Jóvenes con la cultura y el poder •
la vida. En la dimensión estética se produce un permanente impacto sobre la sensibilidad, se afectan mutuamente cuerpos en
un acto creador que renueva el cuerpo social hacia otro estado,
hacia otras formas de sentir y pensar.2
Y, en el contexto post-fordista del trabajo inmaterial, al no
poder oponer trabajo y goce, no me parece que debamos seguir
entendiendo la comunicación en la vida de los jóvenes y las jóvenes desde esa falsa dicotomía que la reduce a tiempos dedicados
a la diversión, al entretenimiento o al ocio. Las nuevas subjetividades que ellos y ellas construyen implican la independencia de
la actividad productiva frente a la organización capitalista de la
producción y el proceso de constitución de autonomía o “prácticas de sí”, en términos foucaultianos.
Dentro del campo C-C se delinea un nuevo mapa de intersecciones y articulaciones donde se destacan: la reconfiguración
de los mecanismos del poder a nivel global, la organización de la
sociedad-red con base en Internet, la constitución de la sociedad
del conocimiento, la irrupción pública de múltiples y diversas
identidades, así como escenarios para la creación de imaginarios
colectivos (Muñoz, 2001). La reorganización productiva (material
y simbólica) genera condiciones materiales en las que se asienta
la contraparte cultural, el ocaso de la racionalidad moderna, la
pretensión de progreso indefinido y proyectos políticos generacionales que se convierten en coordenadas necesarias para una
lectura societal contemporánea, marcada por profundos cambios
de valores (el nuevo “narcisismo” y el “individualismo posmoderno”), el relativismo cultural y el advenimiento de una comunidad
trasnacional (globalizada) de consumidoras y consumidores. En
este nuevo escenario, la comunicación modula, conecta y determina en gran medida los procesos antes mencionados. E influye
en la reelaboración de lo “propio”, “debido al predominio de los
2
Ver en www.imagencristal.com.ar/trabajos.htm el texto de N. Cabra, “La comunicación: transmutación de cuerpos y afectos”, que recoge los principales
elementos.
49 •
• Germán Muñoz González
bienes y mensajes procedentes de una economía y una cultura
globalizadas sobre los generados en la ciudad y la nación a la que
se pertenece”; se redefine el sentido de pertenencia e identidad,
“organizado cada vez menos por lealtades locales o nacionales y
más por la participación en comunidades transnacionales o desterritorializadas de consumidores”, como es el caso de los jóvenes
en torno de la música, MTV, etc. (García Canclini, 1995).
Dos posiciones importantes surgen en la construcción de la
relación C-C: la primera tiene que ver con las implicaciones de
“tomarse en serio la cultura sin caer en el culturalismo que deshistoriza y despolitiza los procesos y las prácticas culturales”. La
segunda, con que “la comunicación [pensada desde la cultura]
sea un lugar estratégico desde el cual pensar la sociedad”. En la
elaboración de ambas se juega la posibilidad de concebir proyectos políticos que pasen por mediaciones culturales, asumiendo
que los resultados no serán inmediatos ni espectaculares, pero
que se instalarán en nuestros modos de pensar y relacionarnos.
Chocamos con arraigados prejuicios que apenas permiten pensar
la comunicación como vehículo masivo mediático que hace difusión mercantil de grandes obras y contenidos culturales dirigidos
a públicos refinados. Lentamente se pasará a
[...] asumir la comunicación como espacio estratégico de creación
y apropiación cultural, de activación de la competencia creativa de
la gente, y de reconocimiento de las diferencias, es decir, de lo que
culturalmente son y hacen los otros, las otras clases, las otras etnias,
los otros pueblos, las otras generaciones. (Martín-Barbero, 2002)
El reto de construir conocimiento sobre jóvenes
y comunicación
Propongo construir el estudio de dos grandes temas, a saber: los
jóvenes y las jóvenes, y la comunicación, mediante el enfoque de
los estudios culturales, sin restringirme a la propuesta anglosajona, y manteniendo la apertura a los debates que se plantean en
•
50
Capítulo II. La relación de los Jóvenes y las Jóvenes con la cultura y el poder •
América Latina. Ambos temas puestos en relación aparecen con
nuevas luces en el campo mencionado y es allí donde adquieren
su relieve: en los “estudios sobre cultura y poder”, cuyo carácter
reflexivo se articula a diversos movimientos sociales (p. e., feminista, indígena, afro-latinoamericano, de derechos humanos, etc.).
Abordo aquí dos asuntos esenciales: la comunicación-cultura
en el campo de los estudios culturales, y sus particularidades en
América Latina. Desde los inicios mismos del “Centre for Contemporary Cultural Studies” (CCCS) en Birmingham, se destaca
en las obras seminales de sus fundadores un objeto-problema relevante: el contenido de los medios masivos de comunicación. Si
se trataba de pensar la “cultura común” (corriente o cotidiana)
desde la cultura popular (la de la clase obrera), los espacios donde
estos grupos sociales son representados, donde se reconocen y
pueden inscribir sus lenguajes y prácticas, e incluso donde cabe
simbolizar sus modelos de sociedad e ideologías contra-hegemónicas, los medios (radio, cine, televisión, prensa popular), son
entendidos como agencias capaces de generar transformaciones
en las mentalidades, en el orden de lo simbólico-imaginario y en
las mismas costumbres de la gente.
Mirando nuestra realidad próxima, podemos aventurar la
hipótesis según la cual “pensar la modernidad desde la comunicación se ha convertido en tarea clave de los estudios culturales
latinoamericanos de la globalización”. Y esto es coherente con sus
opciones originales, dado que “las culturas populares, son la larga
matriz de la actual cultura mass-mediada, esto es, la agenciada
por los medios de comunicación” (Martín Barbero, 2004). Justamente Martín Barbero señala en su comentario a Herlinghaus que
es en la periferia latinoamericana donde se producen rupturas,
apuestas y desplazamientos epistemológicos que se enfrentan al
universalismo formal y especulativo, a sus discursos hegemónicos, mediante una “intermediación” fecunda: “las narraciones
constitutivas de la heterogeneidad cultural”.
En la historia de nuestras subjetividades, tanto las narrativas
como la imaginación han sido fundamentales, por encima de la
51 •
• Germán Muñoz González
discursividad normativa y ordenadora, donde se hacen cómplices
el cristianismo, la ilustración y el pragmatismo de la globalización:
la tensión entre ellas es vital para la comprensión de nuestros conflictos y movimientos sociales. Estamos hablando de narraciones
populares que pasan a través de diversos géneros y que hablan en
lenguajes configurados en términos audiovisuales, audio-orales,
dramatizados, en los cuales afloran permanentemente la emotividad, múltiples formas corporales de comunicar, y sensibilidades elementalmente humanas. Allí se articulan relatos nacionales
con rostros que expresan sus íntimos deseos de felicidad, amor
y justicia. Allí se representan las ciudades latinoamericanas y sus
habitantes, que reconocemos por los mismos protagonistas de
nuestra cotidianidad excluyente y violenta. Todas las narraciones
anteriores presentadas asimétrica y transversalmente, atravesadas
por conflictos que se mueven de la misma forma que las prácticas
interculturales, dislocadas en relación con los ejes que habitualmente muestran los discursos de la racionalidad formal.
Mientras el discurso tiende, según Foucault, a la codificación, especialización e institucionalización, es la narración (popular) la que
habita los márgenes de los sistemas discursivos, la que sabe aprovecharse ágilmente de elementos y espacios tanto propios como
ajenos, [la que produce] frente al post-colonialismo, “estrategias de
descolonización epistemológica, sin por ello despedir la modernidad como horizonte” y yendo más allá: a “un marco de historización
para pasar de un postulado filosófico de identidad a una ‘atención
retórica’ hacia las identidades narrativas que permiten resignificar
la experiencia del ser modernos […]. (Martín Barbero, 2004)
Esta distinción entre lo discursivo y lo narrativo nos parece
sumamente iluminadora y ha sido plenamente asumida en los trabajos producidos por los miembros del grupo de investigación.
Nos interesa pensar en los intersticios de lo discursivo y lo ‘nodiscursivo’, un concepto paradójico de narración que posibilite
•
52
Capítulo II. La relación de los Jóvenes y las Jóvenes con la cultura y el poder •
descubrir en los imaginarios sociales unas lógicas propias de figuración, saberes narrativos ya no meros apéndices del ‘discurso’ y el
registro del ‘macrorrelato’ […]. Saberes otros que se producen en
los niveles de la corporeidad, la recurrencia y la acción mimética,
aquellos saberes que actúan, en palabras de Arendt, como ‘asuntos humanos’ […]. No hay modo de comprender el presente sin
comprender-explicar lo cultural como diversidad de discursos,
narraciones e imaginarios en conflicto. […] Hay una tarea conceptual que el post-estructuralismo de los centros no asumió: pensar
una hermenéutica comunicacional que interprete las nuevas experiencias que se viven desde las diferentes estrategias y tácticas de
participación y reterritorialización simbólica del mundo de hoy.
(Martín Barbero, 2004)
Pensar la comunicación desde la cultura, desde
la cotidianidad de los jóvenes y las jóvenes
Pensar la comunicación desde la cultura y viceversa, implica formular asuntos cruciales: pensarla en América Latina, es decir,
según su especificidad histórica concreta y de acuerdo con las
transformaciones que atraviesan las prácticas y las técnicas de
comunicación; pensarla desde desplazamientos metodológicos
constituidos a la vez por el acercamiento etnográfico y el distanciamiento cultural (Martín-Barbero, 2002).
La reflexión centra la atención en la construcción que hacen
hoy los jóvenes y las jóvenes de espacios, prácticas, lenguajes y
modalidades de comunicación en su cotidianidad. Los más importantes se configuran en la definición del cuerpo como espacio de afectación colectiva, en los procesos de subjetivación que
atraviesan sus experiencias de auto-creación lúdico-emocionales
mediante las cuales hacen resistencia; también en las interacciones
comunicativas, algunas de las cuales están mediadas tecnológicamente, en los usos específicos de formas de expresión significativas y privilegiadas, y en sus particulares formas de habitar la
ciudad creando códigos y territorios de encuentro público.
53 •
• Germán Muñoz González
Ante todo, la comunicación es una estrategia para la supervivencia y la continuidad del género humano, hasta el punto de que
quienes no se comuniquen bien ponen en riesgo su vida, siendo
en consecuencia absolutamente necesaria. La materia prima de
la comunicación es el “contacto”: ya los primates operaban a partir de señales químicas y fueron perfeccionando otros sistemas
de signos. Pero en la base somos animales que nos relacionamos
y manifestamos corpóreamente, también mediante gestos y palabras, predominantemente mediante lenguajes no-verbales, en
los cuales las emociones ocupan un lugar determinante, siendo
capaces de expresar directamente las vivencias. No siempre comunicamos para seducir o para convencer discursivamente, ni
siquiera para contar historias, sino que esencialmente comunicamos en el sentido de estar presentes en el colectivo, como en un
organismo vivo en el que me encuentro conmigo mismo a través
del otro, y donde es posible compartir con quien es diferente. El
semiólogo Sebastián Serrano, entrevistado en un documental de
Llobet, dice que “La naturaleza nos ha dotado con un bagaje,
una suma de habilidades para resolver los problemas comunicativos”, donde paralelamente “el control de los códigos otorga el
poder” (Llobet, 2005).
Las formas de juntarse que practican hoy los jóvenes y las
jóvenes proponen, a mi parecer, modos de reencantamiento del
mundo, de devolverle su magia y misterio, de liberarlo de la racionalización que introdujo la modernidad, auténtica venda que impide comprender sus ricas experiencias, sus rituales y sus nuevas
mitologías, y que nos encierra en la “jaula de hierro” de la razón
instrumental (Weber, 1979), lejos de la socialidad de la vida comunitaria, humanamente sensible. Para hacerlo, para introducir
sentido en sus vidas, el recurso esencial es la música y las interacciones comunicativas mediadas tecnológicamente, las celebraciones colectivas en torno a sus ídolos, sus símbolos aparentemente
triviales pero capaces de conmoverlos, de rescatar las ansias de
una vida plena, de permitir la superación de la soledad y de los
miedos que rondan, así como la afirmación de sus fugaces alegrías.
•
54
Capítulo II. La relación de los Jóvenes y las Jóvenes con la cultura y el poder •
Dos ideas se afirman con fuerza en el conjunto del trabajo: a)
es en las relaciones con sus pares, particularmente con sus colectivos culturales, en donde se establecen los lazos que definen sus
razones profundas de ser; la sociabilidad es su forma de juego,
evidente en la dinámica de sus relaciones, presente en el “arte de
compartir”, en las formas artísticas y mediáticas que disfrutan,
en el ejercicio del “intercambio de sensibilidades”. En este juego
se requiere cierta simetría y cierto equilibrio, una relación entre
iguales que “hace de cuenta” que las diferencias no existen, que
la interacción en el “jugar juntos” es de naturaleza democrática,
que se puede contar con el otro y confiar en él como “verdaderos
amigos” (Simmel, 1983). b) La producción y la reproducción cultural articuladas con la comunicación ocupan un lugar central, en
donde los jóvenes y las jóvenes se plantean como actores sociales
y en donde definen sus subjetividades.
Un amigo se define específicamente como alguien con quien se tiene
una relación producida por todo menos por las recompensas que
ofrece la amistad […] inherentes a la relación misma. (Giddens,
1995)
Se trata de la “relación pura” caracterizada por rasgos como
la intimidad, la confianza y el conocimiento mutuo, la apertura
de uno al otro.
La comunicación se da en la base de la conquista de la intimidad y
la confianza. La amistad, en los términos de una relación pura, es
parte fundamental de la vida social, aún más esencial en el período
de la juventud […]. La compañía de amigos para experimentar,
descubrir y probar las posibilidades propias, realizar programas,
intercambiar ideas, afirmarse frente al adulto, crear un ‘nosotros’
distintivo, construir su identidad fuera de la familia, es fundamental. (Dayrell, 2005)
55 •
• Germán Muñoz González
[...] los amigos nos unimos muchas veces para hablar con alguien,
para contarle lo que nos pasa, lo que sentimos […]. (Alejo, relato
de vida)
Tanto el grupo como el barrio son espacios de interacciones
afectivas y simbólicas, espacios cargados de sentidos (la calle, las
plazas, los escenarios de expresión de las culturas).
La adhesión al grupo parece posibilitar una ampliación de dominio
del espacio urbano además del barrio, creando territorialidades
transitorias, en una ciudad que los excluye y relega a las periferias
[…]. La sociabilidad para los jóvenes parece responder a sus necesidades de comunicación, solidaridad, democracia, autonomía,
intercambios afectivos e identidad. (Dayrell, 2005)
Si buscamos antecedentes válidos en el estudio de la relación
entre comunicación y jóvenes en América Latina, podemos referirnos a los trabajos de elaboración teórica y experimentación
metodológica de Rossana Reguillo (1995), quien, con base en el
estudio de una banda juvenil de Guadalajara y los usos sociales
de la comunicación que hacen sus miembros, y privilegiando el
papel de los sujetos sociales, busca entender las relaciones entre
la identidad y la estructura social; o a sus trabajos que “piensan
la ciudad desde la comunicación”. En ellos define la comunicación como “una práctica que se inscribe en el conjunto de relaciones sociales que se encuentran condicionadas por un marco
espacio-temporal específico, es decir, histórico”. El fundamento
de la comunicación sería
[...] la interacción de sujetos históricamente situados que comparten un capital simbólico social, es decir, convencional, que se
objetiva en discursos —en sentido amplio— sobre la realidad, en
un proceso de producción-recepción-producción de significados,
determinado en primera instancia por el lugar social de los actores
en la estructura. (Reguillo, 1995)
•
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Capítulo II. La relación de los Jóvenes y las Jóvenes con la cultura y el poder •
Este planteamiento la lleva a pensar “la comunicación como
una doble competencia, entendida como la capacidad que tienen
los actores de entender y producir discursos”. En consecuencia,
las prácticas sociales de control deberán replantearse, incorporando “las formas de organización, las estrategias de resistencia y la
apropiación y el consumo por parte de los sectores dominados”,
entendiendo a los actores de la comunicación como
[…] sujetos competentes que intercambian significados en relación
con un referente específico inscrito en un universo significante; este
intercambio supone una producción y un reconocimiento, que se
implican mutuamente. (Reguillo, 1995)
Interesa a la autora la relación que se produce en dicha práctica comunicativa en situación asimétrica, dada la posición de
los actores y las condiciones sociales de su producción. Destaca
además algunas ideas fuerza que construyen el campo; a saber:
las rupturas teóricas y metodológicas que implica asumir el punto
de vista de los jóvenes y de las jóvenes, la ya mencionada centralidad del sujeto, su determinación por características del contexto
social, el abordaje de las narrativas y usos particulares de estas
como objeto de análisis, la necesidad de una aproximación transdisciplinaria, la intención de modificar la realidad estudiada, y
la aproximación concreta a las prácticas comunicativas y a las
representaciones de los actores.
En el trayecto de mi propia exploración, debo mencionar los
estudios ¿Qué significa tener 15 años en Bogotá? (1995) y Culturas
juveniles de Bogotá vistas desde la cultura rock (1997). En ellos se
plantea una reflexión que abre perspectivas en las relaciones de
grupos de jóvenes con la música, es decir, con una mediación que
afecta radicalmente sus cuerpos y que implica la construcción de
territorios propios. El enfoque conceptual con el que se plantea el
análisis del objeto que hoy llamamos comunicación-cultura fue la
dimensión estética, entendida como la dimensión de la creación.
Y esta aflora desde la primera aproximación: la lectura semiótica
57 •
• Germán Muñoz González
de 1.200 carteleras, en las cuales cerca de 10.000 jóvenes de 15
años de Bogotá respondían gráficamente el interrogante que le
da título al trabajo. Las formas sensibles que recogen sus testimonios (dibujos, símbolos, letreros crípticos…) son narrativas
elocuentes acerca de una postura que se resiste al encuadre de
los académicos y académicas, de los educadores y educadoras, y
de las personas adultas.
Dicho enfoque se define como una práctica de autoformación
(self-styling o form giving) que no recurre a reglas universales y
se define como “el ejercicio de uno sobre sí mismo mediante el
cual se intenta elaborar, transformar y acceder a un cierto modo de ser” (Foucault, 1987). Este trabajo sobre uno mismo, esta
práctica-de-sí, este ocuparse de uno mismo, llevados a cabo tan
intensamente por las culturas juveniles, están dirigidos a inventar
modos de ser todavía improbables y, en definitiva, a una práctica reflexiva de la libertad. No se trata, entonces, de un simple
problema de liberación, sino de la “definición de prácticas de
libertad necesarias para que [un pueblo] o sociedad o individuo
puedan definir formas válidas y aceptables de existencia o formas
válidas y aceptables en lo que se refiere a la sociedad política”
(Foucault, 1987).
La estética de la existencia es un tema tratado por Foucault
en Historia de la sexualidad I, La voluntad de saber (1976). Propone ir más allá del arte, ir adonde las prácticas y ejercicios de
sí conduzcan a la creación de nuevos modos de existencia que
obviamente estén en contacto con las configuraciones sociales y
políticas contemporáneas. Pues “la crítica de lo que somos —dirá
Foucault— es al mismo tiempo el análisis histórico de los límites
impuestos sobre nosotros y un experimento con la posibilidad
de ir más allá de ellos”.
La música, los estilos y la producción simbólica de las culturas juveniles fueron considerados muchas veces como juegos
intrascendentes. En el mejor de los casos, como respuestas expresivas a las contradicciones presentes en nuestras sociedades. Sin
embargo, la autoformación, la producción de nuevos modos de
•
58
Capítulo II. La relación de los Jóvenes y las Jóvenes con la cultura y el poder •
existencia y la creación juvenil de las culturas, así como su propia creación artística (que no posee el monopolio de la creación,
aunque lleva al extremo esa capacidad), arrojan luces sobre los
desatendidos dominios de la estética, e impulsan la producción
de nuevas subjetividades, la búsqueda y generación de innovación en los dominios de lo ético, de lo político, de saberes convertidos en praxis.
El paradigma estético planteado por Félix Guattari (1995) nos
ayuda a comprender mejor la importancia de estas cuatro facetas,
pues evidencia el papel que juega la estética, como dimensión de
creación, en los “agenciamientos colectivos de enunciación de
nuestra época”. El despliegue de procesos de creación en todas
esas áreas, ese trabajo sobre “lo ya existente y siempre sobre lo
que podría ser”, se mantiene como foco de resistencia frente a
la homogénesis (universos de referencia unidimensionales) y a
favor de la creación de lo único e irrepetible (procesos de singularización).
Los tres escenarios planteados, a saber, cuerpo, mediaciones
y ciudad, nos acercan a la comprensión de la comunicación en la
cotidianidad de los actores juveniles. La complejidad del campo
exige una lectura transversal, un recorrido que intente hacer la
topología del territorio.
La comunicación-cultura, en tanto campo en construcción, se
define inicialmente por su forma relacional: es un espacio de conexiones entre conceptos; de tensiones, encuentros y desencuentros entre disciplinas; de teorías y prácticas sociales en la sociedad
contemporánea. No puede verse como una nueva disciplina, ni
como un objeto teórico que toma el lugar de la comunicación tradicional. Está claro que el campo comunicación-cultura trasciende ampliamente el problema de los medios masivos o las nuevas
tecnologías de la información, y alberga en su seno la aparición
de nuevas áreas del conocimiento que se desarrollan a partir de
conexiones entre comunicación y política, comunicación y economía, comunicación y educación, comunicación y estética, comunicación y desarrollos tecnológicos, entre otros. Al intentar
59 •
• Germán Muñoz González
elaborar una aproximación a este campo relacional —prácticamente desapercibido hasta ahora en el discurso social— se requiere un ejercicio de priorización, que deja fuera, sin desconocerlos,
algunos otros temas relevantes.
Gran parte del pensamiento que hoy conforma el campo comunicación–cultura proviene de otras disciplinas, o mejor, de
enfoques transdisciplinarios que han puesto en relación aportes
de la filosofía, la economía, las ciencias políticas, las artes, la ética,
los estudios de población y la historia, por nombrar los más relevantes. Nos encontramos ante discursos atravesados por rupturas
epistemológicas, que apenas balbucean la conformación de un
nuevo mundo y responden a los cambios sometiendo a crítica los
presupuestos fundantes, que generan a su vez nuevos sentidos.
Por esta razón, investigadores e investigadoras de las ciencias sociales, gestores y gestoras de políticas públicas y trabajadores y
trabajadoras de la comunicación-cultura, nos encontramos ante
el desafío de rehacer el pensamiento que se produce en las áreas
propias al profundizar en el nuevo campo, teniendo claro que ni
el mundo, ni el país, son lo que eran hace 5 ó 10 años. Lejos están
los discursos sobre la comunicación que podían construirse sobre
conceptos y referencias conocidos, supuestamente escritos con
la claridad y brevedad de un encabezado noticioso. Hoy, buscamos en una zona de extrema turbulencia, densa y compleja. Estamos en un escenario en el que conviene restablecer las alianzas
entre la producción de conocimiento y las prácticas sociales de
la comunicación pues, en el nuevo mapa, las conmociones epistemológicas, los procesos globalizadores y las prácticas locales
están íntimamente relacionados y tienen una gran capacidad de
afectación mutua.
Asistimos a la disolución de los discursos homogeneizantes y totalizantes en la ciencia y la cultura. No existe narración o género del
discurso capaz de dar un trazado único, un horizonte de sentido
unitario de la experiencia de la vida, la cultura, la ciencia o la subjetividad. Hay historias en plural; el mundo se ha vuelto intensa•
60
Capítulo II. La relación de los Jóvenes y las Jóvenes con la cultura y el poder •
mente complejo y las respuestas no son directas ni estables. (Fried
Schnitman, 1998)
Siguiendo el espíritu de la revolución científico-técnica que
conocemos desde los años sesenta, el campo comunicación-cultura incita a la formulación de nuevas preguntas y otras formas de
conocer que son complejas, holísticas y transdisciplinarias. Es un
modo de leer la sociedad contemporánea que permite comprender fenómenos, en sí mismos, relativamente opacos.
Atravesar el campo comunicación-cultura, recorrerlo para
levantar la provisoria topografía que los relatos de vida han facilitado, implica precisar que en décadas anteriores la comunicación y la cultura han sido ya puestas en relación. Sin embargo, en
el último cuarto del siglo XX, probablemente a raíz de acontecimientos que adquieren vigencia en lo que ha llamado Huergo
(1999) “revolturas culturales”, se producen fuertes mutaciones
económico-sociales y se delinea dentro del campo una nueva relación entre comunicación y cultura que implicaría, en términos
de Foucault,
[...] superar la utópica idea de que podría darse una situación de
comunicación tal que los juegos de verdad pudiesen circular en ella
sin obstáculos, sin coacciones y sin efectos coercitivos; sabemos que
el lenguaje no es expresión de sujetos ya establecidos y en condiciones ideales de diálogo. Y ello significa ver que las relaciones de
poder no son en sí mismas algo malo, algo de lo que es necesario
liberarse. El problema no consiste por tanto en tratar de disolverlas en la utopía de una comunicación perfectamente transparente,
sino de procurarse las reglas de derecho, las técnicas de gestión y
también la práctica de construcción libre de sí, que permitirían jugar en estos juegos de poder con el mínimo posible de dominación.
(Foucault, 1997)
Ahora bien, la comunicación juega un importantísimo papel
en las sociedades contemporáneas cuando la percibimos en co61 •
• Germán Muñoz González
nexión con la dimensión cultural. Bajo esta nueva luz, la comunicación se revela como un elemento crucial en la vida pública y
como un fenómeno que desafía al pensamiento construido sobre
la política, la economía, la educación y la subjetividad, exigiendo continuos y veloces replanteamientos. La comunicación es
un elemento transversal a las relaciones de poder, a los procesos
de producción económica y de conocimiento, a las evoluciones
tecnológicas de la información y a la constitución de subjetividades singulares y colectivas en la sociedad contemporánea. La
comunicación emerge, entonces, como un lugar estratégico para
proponer acciones que afecten lo público.
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Capítulo II. La relación de los Jóvenes y las Jóvenes con la cultura y el poder •
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•
64
Capítulo III
LO PÚBLICO COMO ESPACIO DE LO COMÚN
AMPLIADO: SIGNIFICADOS Y PRÁCTICAS
DE ORGANIZACIONES Y REDES JUVENILES
EN COLOMBIA1
Victoria Eugenia Pinilla S.
y Nelvia Victoria Lugo A.
Introducción
Desde el año 2007, la Organización Iberoamericana de Juventud,
en colaboración con la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo y el Consejo de la Juventud de España, ha venido impulsando la realización de estudios regionales en
América Latina que permitan avanzar en el conocimiento de las
formas de organización juvenil de la región y favorecer el diseño
1
Este capítulo surge de la investigación realizada para la Organización Iberoamericana de Juventud (OIJ) sobre el tejido asociativo juvenil, por Victoria Eugenia
Pinilla y Nelvia Victoria Lugo como investigadoras principales. Asistentes de
investigación: Natalia Bernal, Ángela María Londoño, Ángela María Moreno y
Esteban Galvis.
65
• Victoria Eugenia Pinilla S. y Nelvia Victoria Lugo A.
de líneas de acción tendientes a brindarles visibilidad, importancia e incidencia en los asuntos públicos. Es así como en el 2007
se realizaron estudios en Centroamérica (Guatemala, Honduras,
El Salvador, Costa Rica, Nicaragua y Panamá) y en el Cono Sur
(Chile, Argentina y Paraguay).
A comienzos del 2008 se inicia el estudio “Asociacionismo
juvenil en la Región Andina: situación, desafíos y propuestas”,
en los países de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y la República
Bolivariana de Venezuela, cuya intención, como se plantea en el
informe regional, fue
[…] coadyuvar a mejorar y ampliar las competencias de las organizaciones juveniles, mejorar los criterios en el diseño de políticas
públicas a partir de la construcción de ciudadanía, y enriquecer
las herramientas para recrear y ampliar la interacción entre los actores sociales. (Organización Iberoamericana de Juventud, 2009,
p. 19)
El estudio andino reconoce el distanciamiento que los jóvenes
y las jóvenes han mostrado de las formas políticas tradicionales de
participación, y el consecuente surgimiento de nuevas formas de
participación política, las cuales deben enfrentar situaciones de
falta de visibilidad, inexistencia de marcos normativos que formalicen las organizaciones, dificultades para establecer acuerdos
y consensos con las instituciones públicas y deficientes estrategias
para promover la participación real de los sujetos jóvenes en los
asuntos públicos.
Por tanto, un desafío del estudio andino consistió en reconocer las formas de organización que interactúan en el espacio
público, y sus pautas de relación. Se planteó como necesario estudiar las formas de organización juvenil, porque demuestran
una trayectoria, naturaleza y particularidades que escapan a los
análisis teóricos y metodológicos tradicionales.
•
66
Capítulo III. Lo público como espacio de lo común ampliado •
Existen múltiples manifestaciones de organización juvenil que,
desde diversos perfiles, buscan tener injerencia en los asuntos públicos de su comunidad, región o país. Su impronta transita por
temas variados y específicos como derechos humanos, preservación
del medio ambiente, derechos de salud sexual y reproductiva, fomento de la cultura de la paz, derechos de los pueblos indígenas y
afrodescendientes, promoción de la democracia, respeto al voto,
derechos de la mujer, entre otros. (Organización Iberoamericana
de Juventud, 2009, p. 37)
También se reconoce que algunas organizaciones juveniles
pueden ser fugaces, virtuales, informales, o no pretender una
adscripción identitaria, sin que por ello no tengan una incidencia en lo público.
A partir de estos supuestos, el estudio andino se propuso: a)
caracterizar los actores y factores que a nivel del contexto nacional de cada país inciden, favorable o desfavorablemente, en
la situación actual del tejido asociativo juvenil; b) identificar y
caracterizar algunas redes de organización juvenil existentes en
cada país incluido en el estudio, enfatizando en su estructuración,
dinamismo y proyección hacia la sociedad; c) proponer acciones
concretas orientadas al fortalecimiento del tejido asociativo juvenil en los países de la región, tomando en cuenta los diversos
actores y las condiciones particulares de cada país.
En el presente documento pretendemos mostrar los hallazgos de la categoría “Incidencia en lo público”, de la investigación
realizada en Colombia, en el marco del estudio de la Región Andina. Los propósitos y metodologías fueron comunes, aunque
cada país tuvo la libertad de insertar algunas variaciones en el
marco teórico de referencia y en la metodología, de acuerdo con
sus características de contexto, las cuales exponemos brevemente
a continuación.
Los datos suministrados por la Cepal (2004) y Colombia Joven (2004) muestran un panorama complejo para los individuos
67 •
• Victoria Eugenia Pinilla S. y Nelvia Victoria Lugo A.
jóvenes colombianos: exclusión y marginalidad con altas tasas de
desempleo, niveles elevados de deserción escolar, incremento de
la pobreza, aumento de la migración interna y externa, posibilidades deficientes de integración social en detrimento del ejercicio
de derechos ciudadanos, asunción obligada de roles adultos y limitadas opciones de acceso a la educación superior. Los jóvenes
y las jóvenes de Colombia son hijos e hijas de una sociedad que
limita sus oportunidades, su inclusión social y sus posibilidades de
educarse, trabajar, cuidarse y expresarse. El contexto de conflicto y pobreza que sufre Colombia ha restringido las posibilidades
de participación y de movilización social de los sujetos jóvenes.
La población juvenil colombiana vive en un contexto sociopolítico e histórico marcado por las múltiples violencias y específicamente por la presencia del narcotráfico y del conflicto armado
de más larga tradición en América Latina; esto ha traído como
consecuencia, entre otras muchas cosas, el incremento de muertes
de hombres jóvenes, más por efecto de la violencia que por otras
causas. Así mismo, se estima que de cada diez personas vinculadas a los grupos guerrilleros y paramilitares, siete tienen entre 14
y 26 años, dos son niños o niñas y solo uno cuenta con más de 26
años (Humans Rigths Watch, 2003; Cejil, 2007).
A partir de la vinculación de los jóvenes y las jóvenes a los
procesos de violencia en el país, se han creado visiones contradictorias y estereotipadas, entre las que prevalecen las que ven a
los sujetos jóvenes como un peligro social. Esta noción favorece
reacciones autoritarias y coercitivas que intentan someter a los
jóvenes y a las jóvenes al orden social establecido.
A pesar de este contexto social, hay en la actualidad evidencia
de un creciente número de organizaciones juveniles que ponen
en el escenario de lo público a los individuos jóvenes organizados como actores colectivos (Márquez, 2005; Henao, Pinilla y
Ocampo, 2008). Sus acciones dan cuenta de un proceso naciente
de movilización social que se está generando, por un lado, frente
a las condiciones de pobreza, marginación y exclusión social en
las que viven los jóvenes, y por otro, ante un Estado debilitado a
•
68
Capítulo III. Lo público como espacio de lo común ampliado •
causa de la degradación del conflicto armado, de una progresiva
corrupción administrativa y de la pérdida de credibilidad de la
sociedad civil en la política tradicional.
Este fenómeno se explica también a partir del cambio en las
dinámicas de poder social, pues se han generado unas nuevas
relaciones que se expresan a través de los movimientos sociales
y la acción colectiva. La transformación de las relaciones de poder se inicia en acciones de resistencia que responden a luchas
contra formas de poder institucionalizado, en especial el poder
del Estado, que es percibido como ente de acciones aisladas que
ignora las necesidades de la comunidad, y que está matizado por
corrupción y clientelismo (Foucault, 1983).
Las organizaciones juveniles comienzan a abrirse un espacio
de participación, también a partir de las políticas de juventud que
el país ha venido construyendo en los últimos 15 años, gracias al
reconocimiento de los jóvenes y las jóvenes como sujetos de derechos que hizo la nueva Constitución Política de Colombia (1991).
Entre 1992 y 1995, se discutieron y aprobaron diversas Políticas
Nacionales de Juventud, y en 1997 se expidió la Ley 375 o Ley
de la Juventud, que logra avanzar en la inclusión de la juventud
en la agenda de la política social. Los impactos más claros de la
Ley son la creación de los Consejos Municipales de Juventud y
la formulación de políticas, planes y programas de juventud a
nivel regional y local.
Si bien se ha abierto la posibilidad de participación en lo público a través de los Consejos Municipales y Departamentales, los
jóvenes y las jóvenes han cuestionado la capacidad real de acción
de dichos Consejos debido a diversas limitaciones de tipo legal,
presupuestal y de control adulto. Colombia actualmente cuenta
con una Política Nacional de Juventud 2005, un Plan Decenal
de Juventud 2005-2015 y una Ley de Infancia y Adolescencia
1098 (2006), lo que ha incorporado el asunto juvenil a la agenda
pública; y aún los individuos jóvenes conservan la esperanza de
que se materialicen las propuestas en oportunidades reales de
participación y desarrollo.
69 •
• Victoria Eugenia Pinilla S. y Nelvia Victoria Lugo A.
Otro aspecto que se ha observado en Colombia, en los últimos
años, es un creciente interés por el tema de la participación juvenil en escenarios académicos, organizaciones no gubernamentales y organismos de cooperación internacional. Esto se ha hecho
visible en el incremento de trabajos investigativos y experiencias
de apoyo a las formas de organización juvenil, aunque siguen
siendo insuficientes. Aparecen reportadas en la literatura investigaciones relacionadas con las formas de organización y gestión
juvenil, sus manifestaciones en lo público, lo estético, lo político
y lo cultural, la comunicación que se establece en su interior y su
emergencia como referente para la construcción de identidad de
los sujetos jóvenes.
Se ha destacado en algunos estudios realizados en Colombia
que la organización juvenil es un espacio de formación, crecimiento personal, socialización y proyección comunitaria de los jóvenes
y las jóvenes (Corporación Paisajoven et al., 2005). La organización juvenil es un escenario para la socialización de vivencias y
conocimientos en donde circulan diversos sentidos y formas de
pensar, habitar, actuar e interpretar su realidad. Dicha organización les permite a los jóvenes y a las jóvenes posicionarse en el
entramado de las relaciones sociales; les brinda la oportunidad
de compartir sus iniciativas, experiencias personales y vivencias,
traducidas en sus propias narrativas: es un espacio de pertenencia
y referente de identificación.
El vínculo afectivo se destaca como el elemento fundamental
en los procesos de organización y movilización juvenil. La amistad y la lealtad son por excelencia los valores más apreciados para
la conformación y afianzamiento en estos colectivos; generan un
clima de confianza y posibilitan relaciones cargadas de sinceridad,
confiabilidad y confidencialidad entre los miembros que están
asociados (Delgado, 2005, 2007).
Las organizaciones se configuran desde la vinculación y movilización de sus integrantes en torno a objetivos comunes, sean
estos de tipo afectivo, económico o político. Resulta importante
precisar que, si bien los jóvenes y las jóvenes se organizan, no
•
70
Capítulo III. Lo público como espacio de lo común ampliado •
todos los grupos se configuran con el propósito de incidir en
lo público. Desde esta perspectiva se identifican dos tipos de
grupos: el primero, las organizaciones conformadas por individuos que comparten características comunes, tienen conciencia
de su pertenencia al grupo, diferenciación de roles y, por tanto,
estructura específica, lo que permite una regulación interna del
comportamiento; su principal interés es la transformación de las
condiciones sociales o culturales de su contexto. Y el segundo,
las tribus urbanas, configuradas a partir de las condiciones sociales y culturales que potencian colectivos desde el hecho de estar
juntos, sin fines políticos (Maffesoli, 2004).
El presente estudio lo centramos en organizaciones juveniles, definidas como todas aquellas asociaciones integradas por
la voluntad de sus miembros, jóvenes entre 15 y 29 años, que
tienen objetivos y proyectan acciones en relación con asuntos de
interés público —que pueden ser locales, regionales, nacionales
o globales— y se interesan por temas que abarcan desde los derechos humanos hasta el medio ambiente. En este tipo de formas
de organización juvenil, los miembros no necesariamente tienen
afinidades culturales, como en el caso de las tribus urbanas. Su
punto de convergencia es incidir en los asuntos públicos —modificar una situación preexistente— y su interés puede no estar
contenido en propósitos estrictamente políticos.
Los objetivos que tienen algunas organizaciones juveniles
en Colombia —según estudios realizados— son: participar en
espacios de decisión, promover el desarrollo sociocultural de
la comunidad (Corporación Paisajoven et al., 2005) y recrear el
espacio público barrial y comunitario mediante la resolución de
aspectos concretos (Urán Arenas, 2000). Así, las organizaciones
juveniles tienen como uno de sus referentes centrales de acción la
participación comunitaria, desde la perspectiva del desarrollo y
la integración socio-cultural. Hoy, dichas organizaciones asumen
la participación como posibilidad de modificar los contextos locales de los que hacen parte, teniendo como objetivo la solución
de problemas concretos de la realidad local, más que la búsque71 •
• Victoria Eugenia Pinilla S. y Nelvia Victoria Lugo A.
da por alcanzar un cambio social generalizado o el desarrollo de
grandes utopías (Escobar y Mendoza, 2003); tienen una percepción de futuro eminentemente pragmática (Urán Arenas, 2000).
Según algunos investigadores e investigadoras, las organizaciones juveniles en Colombia se caracterizan por ser espontáneas,
voluntarias, autónomas y pluralistas-no excluyentes (Mejía et al.,
1994); se desarrollan en espacios y organizaciones informales,
poco estructurados, más horizontales, como son los grupos de
amigos y amigas, el agrupamiento en torno a iniciativas artísticas,
estéticas, musicales, muchas de ellas con vocación de incidencia
en lo público pero de manera localizada (Márquez, 2005). Se
concluye que las organizaciones juveniles han encontrado en la
cultura un medio para llevar a cabo el ejercicio de la participación,
la acción política, la presentación de iniciativas y las inconformidades (Delgado, 2005, 2007).
Como puede observarse, estas organizaciones son un ejemplo de acción colectiva y de acción política, pues el objetivo de la
conformación del grupo es transformar las dinámicas de poder
institucionalizadas, a través de un proceso de reflexión que se
consolida en acción y discurso.
Para Arendt (1997, p. 45) la política es el “estar juntos y los
unos con los otros de los diversos”; relación que se establece en
un entre y que se configura desde la pluralidad de los seres humanos. La actividad política por excelencia es la acción, y es la que
construye un orden que mantiene unidas a las personas. Acción
y discurso que visibilizan lo plural en lo público y que constituyen sociedades.
Método
El estudio de la Región Andina se definió como un estudio multinacional, cualitativo y con propósitos de aplicación. Fue concebido para llevarse a cabo en las siguientes etapas: integración
del equipo y definición colegiada del objeto y metodología; in-
•
72
Capítulo III. Lo público como espacio de lo común ampliado •
vestigación documental y marco teórico de referencia; trabajo de
campo; sistematización de la información; publicación y difusión
de resultados.
Integración del equipo, diseño metodológico
e investigación documental
Se conformó un equipo de investigadores e investigadoras de
los cinco países, y la primera consigna consistió en llevar a cabo
una lluvia de ideas sobre el objeto de la investigación. Las ideas
expresadas se transformaron en preguntas preliminares que se
discutieron para poder formular la pregunta única de investigación para todos los países: ¿Cuáles son las características de
las formas de organización juvenil que tienen incidencia en los
asuntos públicos?
En una reunión de equipo se discutieron el objeto del estudio
y la metodología, y se acordó que solo abarcaría aquellas formas
de organización juvenil integradas por personas de 15 a 29 años,
formales o no, permanentes o fugaces, relacionadas con modificar
alguna situación de interés público.
Se diseñó la metodología para la investigación de fuentes primarias —los sujetos—, conceptualmente conectada con la pregunta de investigación y sobre tres ejes: a) personalidad, naturaleza y estructura de la organización juvenil; b) incidencia en lo
público; c) otredad-relación con los otros.
Asimismo, se establecieron los criterios para la selección de
los casos en cuatro ciudades principales de cada país (2 casos
por ciudad):2
2
Para el estudio de Colombia se seleccionaron nueve organizaciones, distribuidas
así: Manizales (3), Bogotá (2), Cali (2) y Medellín (2).
73 •
• Victoria Eugenia Pinilla S. y Nelvia Victoria Lugo A.
Cuadro 1. Criterios para seleccionar las formas organizativas juveniles3
N.º
Criterios
Carácter
1
Formas organizativas juveniles que están activas en el
momento del estudio
Obligatorio
2
Formas organizativas juveniles que incidieron (y cuyo impacto
sigue vigente), que inciden actualmente en lo público o que
buscan incidir en la toma de decisiones en asuntos públicos
Obligatorio
3
Formas organizativas juveniles que participan o han
participado en la construcción de lo público
4
Formas organizativas juveniles que promuevan la
gobernabilidad, la inclusión o la competitividad
5
Formas organizativas juveniles que interactúan con entidades
gubernamentales locales, regionales o nacionales
6
Formas organizativas juveniles que interactúan con otras
organizaciones de la sociedad civil local, regional o nacional
7
Formas organizativas juveniles que interactúan con
organizaciones privadas locales, regionales o nacionales
8
Formas organizativas juveniles que interactúan con
entidades de la cooperación internacional
Al menos
uno de los
dos
Al menos
uno de los
cuatro
De manera colectiva se adoptó como técnica la entrevista
semi-estructurada y el modelo multigrama desarrollado por la
Cooperación Técnica Alemana (GTZ)4 para la recolección de
datos de fuentes primarias. Se elaboraron las preguntas de indagación para cada una de las categorías y se diseñó una herramienta
encaminada a validar su pertinencia y comprensión.5
•
3
Tomado de: Organización Iberoamericana de Juventud, 2009, p. 35.
4
El multigrama o visualización es un método de empleo sencillo, que consiste
en utilizar tarjetas de cartulina de diversos colores y tamaños, para escribir en
ellas las ideas de los sujetos participantes. Estas tarjetas se clavan en un tablero
blando que sirve como tribuna pública. Aprovechando este recurso se discuten
y ordenan las ideas, agrupando las tarjetas según los criterios acordados por el
grupo.
5
En el estudio de Colombia, se revisaron y ajustaron las preguntas y se sometieron
74
Capítulo III. Lo público como espacio de lo común ampliado •
Después de la reunión presencial, se identificó, analizó y sintetizó la información documental existente en cada país —investigación de fuentes secundarias—, para determinar las bases
conceptuales que guiarían el estudio, y para sistematizar, en un
primer documento, la problemática del estudio para cada país.
Recolección de datos
En Colombia, a partir de una prueba hecha con la estrategia del
multigrama, se decidió que los jóvenes y las jóvenes realizaran
un producto audiovisual (video) como otra forma de recolección
de información. Se repartieron las preguntas en tres métodos de
recolección de información: multigrama, entrevista semi-estructurada y video.
El equipo de investigación hizo pruebas de entrenamiento
para la utilización de todas las estrategias y se diseñaron los instrumentos necesarios para apoyar el proceso: guía de entrevista,
protocolo multigrama, guía de observación.
La recolección de datos comenzó en la ciudad de Manizales,
donde todo el equipo de investigación estuvo presente en las
jornadas con las tres formas de organización juvenil seleccionadas en esta ciudad. Antes de comenzar el encuentro, se solicitó
la firma del consentimiento informado de todos los individuos
participantes. En la primera sesión se desarrolló el ejercicio de
multigrama y la filmación del video; y en la segunda se hizo la
entrevista semi-estructurada. Esta estructura se repitió en cada
ciudad, a donde se desplazaron una investigadora principal y un
asistente de investigación. El siguiente cuadro muestra el número
de jóvenes que participaron en los encuentros.
a un proceso de validación con nueve jóvenes de las ciudades de Manizales y Cali: 4 representantes de organizaciones juveniles, 2 jóvenes que lideran proyectos
con otros jóvenes y 3 jóvenes estudiantes de un colegio de educación media.
75 •
• Victoria Eugenia Pinilla S. y Nelvia Victoria Lugo A.
Cuadro 2. Participantes en el estudio en Colombia
Ciudad
Organización o red
Corporación El Faro
Manizales Corporación Recreando
Cali
Bogotá
Medellín
Número de participantes
7
6
Red Jóvenes 3D
8
Asociación Colectivo de Medios
Alternativos de Jóvenes del Distrito de
Aguablanca, Mejoda
6
Comité Central de Juventudes, Comuna 18
5
Red Colombiana de Jóvenes, Recojo
12
Red Casa de la Cultura de Arabia
15
Red Ambiental Juvenil de San Cristóbal
29
Red Juvenil Uniendo Sueños
15
Total
103
Al mismo tiempo que se realizaron los encuentros con los
sujetos jóvenes, se reunió la información necesaria para el inventario nacional de formas de organización juvenil. Considerando
que el tiempo para la realización del inventario fue comprendido
dentro del desarrollo del estudio, se proyectó como un producto
paralelo, con la idea de que fuese completado de manera permanente en cada país por los organismos oficiales de juventud o las
plataformas y redes juveniles. Para la realización de esta tarea se
preparó una carta de presentación y una ficha para recabar los
datos (Organización Iberoamericana de Juventud, 2009).
Sistematización de información
En el estudio de Colombia, la sistematización de los datos se hizo a través de matrices de caso, en las cuales se integró toda la
•
76
Capítulo III. Lo público como espacio de lo común ampliado •
información de cada experiencia proveniente del multigrama, la
entrevista, el video, los documentos aportados por algunas organizaciones y la observación realizada. De cada matriz surgieron
tendencias que fueron agrupadas nuevamente en matrices de integración por categorías. Esta información se contrastó con otros
estudios relacionados y con conceptos teóricos.
Es importante tener en cuenta que este es un estudio descriptivo, de casos, que no permite hacer generalizaciones a las formas
organizativas del país; sin embargo, por la diversidad de los casos
incluidos se pueden comprender con amplitud muchos aspectos
del tejido asociativo que están urdiendo estas formas de organización juvenil en el país.
Publicación y difusión de resultados
Durante el Encuentro del Tejido Asociativo Andino —realizado
en Cartagena, Colombia, 2008— se llevó a cabo una mesa redonda con la participación de los investigadores e investigadoras,
con el fin de anunciar que se llevaría a cabo el estudio. En el encuentro Cartajoven 2009 se realizó una presentación del informe
regional, especialmente destinada a las organizaciones juveniles,
como una de las dos audiencias fundamentales de este estudio.
La otra audiencia son los organismos oficiales de juventud y los
funcionarios de las instituciones del Estado que toman decisiones sobre el desarrollo de la juventud, a quienes se informará a
través de una presentación oficial en cada país y la publicación
del informe regional.
Para la OIJ, las acciones de difusión no deben ser aisladas, sino
que tienen que formar parte de una estrategia de sensibilización
de mayor plazo, que logre posicionar las recomendaciones clave
en el discurso, la planificación, el presupuesto y el rol de las instituciones del Estado y los propios colectivos juveniles (Organización Iberoamericana de Juventud, 2009).
77 •
• Victoria Eugenia Pinilla S. y Nelvia Victoria Lugo A.
Descripción de los casos
Las organizaciones participantes en Colombia fueron: Red Jóvenes 3D, Corporación El Faro, Corporación Recreando (Manizales); Red Colombiana de Jóvenes (Recojo), Red Casa de la
Cultura de Arabia (Bogotá); Red Juvenil Uniendo Sueños y Red
Juvenil Ambiental de San Cristóbal (Medellín); Colectivo Mejoda
y Comité Central de Juventudes Comuna 18 (Cali).
La Red Juvenil Jóvenes 3D se creó en el año 2008, con 70
integrantes organizados en 10 agrupaciones juveniles6 que se
encuentran ubicadas en seis municipios del oriente y nororiente
del departamento de Caldas. El trabajo de la red se extiende a las
zonas rurales y urbanas de los municipios de Manzanares, Marquetalia, Marulanda, Victoria, Samaná y Pensilvania. El objetivo
de la red es promover el desarrollo integral de los individuos jóvenes de los diferentes municipios.
El Faro es una corporación de carácter privado, que cuenta
con seis integrantes y trabaja desde hace un año en la ciudad de
Manizales y en el municipio de Villamaría. Sus integrantes son
profesionales universitarios y universitarias, con edades entre los
19 y los 27 años. Sus objetivos son fortalecer los procesos de organización de los jóvenes y las jóvenes, y construir propuestas de
trabajo con los individuos jóvenes de la ciudad y del departamento desde enfoques multidisciplinarios. Actualmente la Corporación está trabajando en la articulación de la red departamental de
organizaciones juveniles, buscando construir un espacio político
para potenciar la participación.
Recreando es una corporación a la que pertenecen 15 jóvenes
que trabajan desde hace doce años en la Comuna Ciudadela del
Norte de la ciudad de Manizales. Los objetivos que se han pro6
•
78
Consejo Municipal de Juventud de Manzanares; Consejo Municipal de Juventud de Marquetalia; Grupo de Jóvenes Líderes Unidos por Caldas; Gipicamm;
Agrupación Musical Sin Referencia; Agrupación Musical La Esquina; Agrupación Sangre Nueva; Agrupación Musical Desdémona; Agrupación Musical
Mesosorte y Recreación J y C.
Capítulo III. Lo público como espacio de lo común ampliado •
puesto son: desarrollar una labor social de carácter comunitario,
fundamentalmente apoyando la capacitación y formación de los
jóvenes y las jóvenes para que puedan construir un proyecto de
vida en lo personal y en lo productivo, y obtener reconocimiento social dentro de la comunidad. Estos propósitos los logran a
través de la oferta de servicios de recreación y la formulación y
ejecución de proyectos de carácter social.
La Red Colombiana de Jóvenes, Recojo, es una corporación
sin ánimo de lucro, que trabaja desde hace tres años, principalmente en la ciudad de Bogotá y en ciudades como Cali, Medellín
y Manizales. Surgió como una iniciativa de jóvenes universitarios
y universitarias de la ciudad de Bogotá. La red cuenta con la participación de aproximadamente 200 individuos jóvenes vinculados a las diferentes organizaciones.7 Se definen como una red de
emprendimientos sociales juveniles, que pretende unir, potenciar
y promover las iniciativas sociales de jóvenes en diversas áreas.
La Red Casa de la Cultura de Arabia es de carácter privado;
cuenta con 10 organizaciones8 (220 integrantes) y trabaja desde
hace trece años en el barrio Arabia, ubicado en la localidad de
Ciudad Bolívar en la ciudad de Bogotá. Esta red se creó para dar
respuesta a las necesidades de los jóvenes y las jóvenes en cuanto
a programas educativos, productivos y de capacitación en diferentes oficios, como panadería, huertos, contabilidad y sistemas.
Los objetivos de la red están relacionados con la búsqueda de alternativas de vida para los individuos habitantes de la localidad
de Ciudad Bolívar y del barrio Arabia, especialmente, mediante
actividades artísticas, recreativas y ambientales que les permitan
7
Las organizaciones que hacen parte de la red son: Colombia Pa’lante; Fundación
COLNUPAS; Fundación entre Libros y Lectores; Abrazos Gratis; La Olla Feliz;
CREESER; Fuerza Viva; Colombia Soy Yo; Solidario; De Nosotros es Colombia
y Un millón de sonrisas a favor de la niñez.
8
Centro Cultural Inés Elvira, la Casa Cultural San Joaquín del Vaticano; Junta de
Acción Comunal Arabia; Kabuqui; Lateral Breack; Saltin Breacking; Fundación
Formato 19K; Casa Cultural Humanarte; Colectivo Guitaca y Corporación Lices.
79 •
• Victoria Eugenia Pinilla S. y Nelvia Victoria Lugo A.
materializar nuevas opciones productivas, de convivencia y de
aprendizaje.
La Red Ambiental Juvenil de San Cristóbal se creó hace
dos años; está compuesta por 15 grupos juveniles9 (201 jóvenes
aproximadamente). San Cristóbal es uno de los cinco corregimientos del municipio de Medellín, fronterizo con la zona urbana
metropolitana. La creación de la red está articulada a los procesos
de desarrollo social generados por la Corporación Ecológica y
Cultural Penca de Sábila, que además trabaja con mujeres y campesinos de la zona. La Red Juvenil Ambiental tiene como objetivo
articular las diferentes agrupaciones juveniles del corregimiento
mediante la formación en equidad de género, pacifismo, ambientalismo y participación juvenil.
La Red Juvenil Uniendo Sueños se creó hace tres años en la
Comuna San Javier de la ciudad de Medellín, con el apoyo de la
Corporación Sal y Luz. Cuenta con un número aproximado de
500 integrantes organizados en 27 grupos.10 La red tiene como
objetivo articular las organizaciones juveniles de la Comuna, fomentar espacios de participación de los jóvenes y las jóvenes en
asuntos locales y comunitarios, y transformar la imagen negativa
que las personas adultas tienen de los sujetos jóvenes y de su participación. Estos objetivos se llevan a cabo mediante cuatro áreas:
gestión, comunicación, cultura-recreación y deportes.
El Colectivo Mejoda es una corporación de carácter privado,
que cuenta con siete integrantes y que trabaja desde hace tres
9Tierra
Fértil; Sin Límite; grupo de teatro De Pura Sepa; grupo de teatro Ayaneiba; grupo ambiental La Cumbre; Asociación Comunitaria de San Cristóbal,
donde se encuentra el grupo Verde Paz; grupo Angelitos Empantanados; Club
Juvenil Progresar, Arrieros Family Nexo; Chirimía Sonar, Experimental Dance;
grupo de danza Music Folclor; Pachamama, Lunáticos en Proyecto; Semillas y
grupo de teatro Atenea.
10
•
80
Algunos son: grupo Rebelión, Urban Group, Arte Urbano, Manos Unidas,
Jeban, grupo Alfa, Sinagoga Cr, Amor y Fantasía, SFDK (Siempre Fuertes de
Konciencia); Alma y vida; Furia latina; La Elite, Creadores de Futuro; Jodka; Los
Arango; DJP; Juventud 21; Espacio Juvenil; La Camada; CEA; Sombata danzateatro; Fénix Trece; Alca; Control Fina; Lirical Escuadra, Chirimía Escarial.
Capítulo III. Lo público como espacio de lo común ampliado •
años en el distrito de Aguablanca (DAB), ubicado en el sector
oriental de la ciudad de Santiago de Cali. Trabaja en dos temáticas
específicas: la producción de medios alternativos y la ejecución
de estrategias de comunicación para el desarrollo. Los objetivos
del colectivo son: posicionar en la ciudad la imagen de los jóvenes y las jóvenes como actores sociales propositivos frente al
desarrollo de las comunidades; contribuir a la disminución de la
rotulación mediática del sujeto joven como un actor social negativo que solo actúa en escenarios de violencia, droga y consumo,
y sensibilizar a los actores juveniles acerca de las problemáticas
de convivencia para mejorar los mecanismos alternativos de resolución de conflictos.
El Comité Central de Juventudes Comuna 18 es un comité de
carácter privado conformado por 12 organizaciones11 desde hace
tres años. La Comuna 18 está ubicada en el sector suroccidental de la ciudad Santiago de Cali. El comité tiene como objetivo
generar un encuentro articulado entre los diferentes individuos
jóvenes, permitiendo visualizar sus prácticas y expresiones de vida, para así aumentar el nivel de participación en los espacios de
toma de decisiones y desarrollo de la Comuna. Las actividades
que realiza están relacionadas con proyección comunitaria, formulación, gestión e incidencia en la ejecución de proyectos, así
como con la realización de talleres de capacitación.
Hallazgos
Nuestro interés en este capítulo es mostrar una aproximación a
la manera como algunas organizaciones y redes juveniles en Colombia inciden o buscan incidir en lo público, a partir de sus acciones colectivas, de las concepciones que tienen de lo público,
11
Asociación Sin Límites; Fundación Telar Estratégico; Corporación El Parche;
Asociación Jóvenes Aptos; JUCEC Juventud Cristiana en Camino; DARE, Grupo Juvenil de la Policía Comunitaria; Unidos Todos (grupo de música Skaimanes); Pre antorcha y Makeko.
81 •
• Victoria Eugenia Pinilla S. y Nelvia Victoria Lugo A.
de las acciones que realizan, y de las oportunidades y restricciones que identifican.
La acción colectiva es entendida como el resultado de un proceso que combina tres aspectos: las motivaciones de los agentes
sociales,12 los medios y recursos que toman del contexto para
lograr sus objetivos y las restricciones que en el campo de las
oportunidades les aparecen a los agentes sociales. Estos aspectos guardan una coherencia y definen el sistema de acción de los
agentes para realizar su acción colectiva, que se construye en la
interacción y negociación entre ellos, para así constituir un nosotros colectivo (Melucci, 2001, 2002).
Lo público es un concepto que se encuentra en crisis en la
actualidad; los discursos formales que le han dado sentido como
espacio de lo común accesible a todos, espacio de deliberación y
toma de decisiones sobre asuntos de interés común, están siendo
cuestionados a partir de lo que las personas viven en su cotidianidad. Lo público muestra su desgaste y su fragmentación, y hace
evidente la re-configuración permanente de la que está siendo
objeto (Perea, 2008a, 2008b). Las condiciones de época y los
procesos de transformación social actuales han contribuido al
agrietamiento de los discursos instituidos sobre lo público y nos
han sumergido en un proceso de deconstrucción-reconstrucción,
en el cual necesariamente hay convergencia de los tres sentidos
tradicionales de lo público que lo instituyen, como los asuntos
de interés general que se refieren a la comunidad, la relación con
el Estado y la toma de decisiones; la contradicción entre lo visible y lo oculto; y lo público como un lugar abierto sin obstáculos
(Rabotnikof, 2003, 2005). En la actualidad se discute la posibilidad de una confluencia de lo común y general con lo manifiesto
y lo visible, que al mismo tiempo es accesible a todos.
12
•
82
En este trabajo los agentes sociales son entendidos como los individuos y colectivos —grupos de personas con objetivos comunes— con capacidad de asignarle
un sentido propio a su acción en lo social, movilizarse en el entramado social y
reconocer el resultado de su acción (Melucci, 2002).
Capítulo III. Lo público como espacio de lo común ampliado •
Este proceso de reconstrucción de lo público requiere ser
comprendido en sus más íntimas manifestaciones, para conocer
cómo se está reconstituyendo en el entramado social.
Lo público para las formas de organización juvenil
Las manifestaciones sobre qué es lo público para los jóvenes y las
jóvenes que hicieron parte de este estudio, si bien recogen algunos de los discursos instituidos sobre esta esfera, también hacen
evidente una visión de lo que se espera sea lo público a partir de
un deber ser que, al entrar en contradicción con las experiencias
cotidianas de los colectivos juveniles, hace irrebatible la crisis del
significado de lo público y muestra la reconstrucción de sentido
en la que se encuentra este ámbito.
Entre las concepciones que emergen, lo público es referido
por todos los colectivos juveniles como un lugar abierto, sin obstáculos, al que cualquiera puede acceder. Se define lo público
por las condiciones de accesibilidad (Rabotnikof, 2003, 2005) y
se prioriza la condición fundamental de lo público de ser un ámbito en el que todas y todos podemos aparecer, ser vistos y oídos
por todas y todos (Arendt, 1993).
Lo anterior se manifiesta en diversas expresiones de los grupos
que refieren lo público como aquello a lo que pueden acceder de
la misma manera como lo hacen las demás personas; lo público
es lo que es de todos y de todas, como una plaza, un parque, la
calle, lugares de diversión o de reunión. Algunas formas de organización juvenil asocian lo público con los espacios físicos de
encuentro e intercambio, con lo que pertenece a la comunidad y
es abierto a ella. Esta apreciación muestra un ideal de lo público
que se refuta y contradice con lo que ocurre en la vida cotidiana
de estos grupos; lo público aparece como algo que es de todas y
todos, pero cuyo acceso es limitado; es lo que les pertenece, pero
toca pagarlo o comprarlo para poder utilizarlo.
Para todas las formas de organización juvenil, lo público también aparece como aquello que se refiere a la comunidad, a los
83 •
• Victoria Eugenia Pinilla S. y Nelvia Victoria Lugo A.
asuntos de interés general, a lo colectivo, a lo común y a las relaciones con el Estado. Lo anterior se hace evidente, en el caso de
la Corporación El Faro, en una visión de lo público como espacio
de interlocución entre el Estado y la sociedad civil. Esta organización asume una actitud crítica y de oposición ante las instituciones
del Estado y sus acciones en lo local, porque consideran que el
Estado impone sus criterios y usa sus mecanismos de poder, anulando las posibilidades de interlocución, deliberación y toma de
decisiones mancomunadas con los representantes de la sociedad
civil. Es así como se desdibuja el concepto de lo público como
ámbito de pluralidad, de divergencia; espacio del encuentro con
los otros, de convergencia de palabra y acciones, espacio de lo
común (Arendt, 1997).
A esto se suma la posición de algunas formas de organización
juvenil que asocian lo público con la política tradicional y con la
manera como funcionan los entes públicos. Desde esta perspectiva, especialmente para la Red Recojo, lo público es valorado
de forma negativa; lo público “huele mal”, hay que cambiarlo,
repensarlo, volver a construirlo porque es ineficiente. Frente a la
política13 hay crítica, desgano y desinterés. Se muestra un distanciamiento de las organizaciones juveniles frente a la política y lo
público vinculado con el Estado, que las pone en conflicto con
lo institucional estatal. Lo anterior es una de las características
del campo de restricciones a partir del cual los grupos de jóvenes construyen su acción colectiva, y en el que le dan prioridad a
lo público no relacionado con el Estado sino con la comunidad,
con los colectivos.
También, para los grupos juveniles, lo público es posibilidad
de incidencia manifiesta en todo aquello que hacen relacionado
con la defensa y exigencia de sus derechos, y con su asunción de
responsabilidades como agentes sociales. Así mismo, lo público
como participación es acción política, potenciada por los víncu13
•
84
Se refiere a la forma tradicional de “hacer política” en Colombia, que se ha caracterizado por el clientelismo, la corrupción y la ineficiencia.
Capítulo III. Lo público como espacio de lo común ampliado •
los de pertenencia con la comunidad, y por la priorización de las
acciones colectivas en búsqueda de un bien igualmente colectivo
—el bien común. Expresado así, para los jóvenes y las jóvenes el
ámbito de lo público es lo público diferenciado del Estado. Un
Estado que no les genera confianza, aparece debilitado y deslegitimado por una corrupción administrativa creciente, por la
pérdida de credibilidad y la incapacidad para dar respuesta a los
problemas de las comunidades. De este modo, la mayoría de los
individuos jóvenes organizados toman distancia de lo público relacionado con el Estado y se congregan alrededor de lo público
no restringido al Estado, que hace alusión al encuentro con los
otros, a la posibilidad de acciones colectivas que suponen articulación y construcción de sistemas de acción.
Si bien las formas de organización juvenil muestran una prioridad en lo público distinto del Estado, también se hace evidente
una interesante tensión con lo público referido al Estado. Priorizar lo público diferente del Estado no lo deja por fuera; los colectivos juveniles tienen importantes relaciones con lo institucional
estatal: estas son interacciones con tensiones y conflictos que,
como lo mencionamos antes, hacen parte de las restricciones y
oportunidades a partir de las cuales las organizaciones juveniles
desarrollan su acción colectiva.
La reconfiguración de lo público, en estos colectivos juveniles,
retoma el sentido de lo común y del acceso abierto, así como los
temas que se refieren a la comunidad, a la relación con el Estado,
a la toma de decisiones, y exigen que lo común se vincule con niveles de acceso amplio y con lo visible. Esto requiere replantear
la identificación que tradicionalmente se ha hecho de lo común
y lo general con el Estado: Institución políticamente organizada con privilegios para los desarrollos económicos, la garantía
jurídica y la promoción e integración social (Rabotnikof, 2008).
Desde esta perspectiva, lo público como lo común y general, se
concentra en el Estado y restringe a la sociedad. En contraste, lo
que parecen estar haciendo los individuos jóvenes organizados
es una reconfiguración del sentido constitutivo de lo público,
85 •
• Victoria Eugenia Pinilla S. y Nelvia Victoria Lugo A.
que implica una construcción de un ámbito ampliado, con una
fuerte presencia tanto de lo colectivo como de la sociedad y de
lo institucional que también incluye al Estado.
Lo anterior, además, a partir de la información que emerge
de los jóvenes y las jóvenes, hace manifiesto el campo de fuerzas
que circulan y se concretan en una relación-tensión permanente
entre las acciones colectivas que los sujetos jóvenes desarrollan
en sus localidades con las comunidades, la relación que tejen con
la sociedad, y las acciones del Estado y sus instituciones públicas,
de las que tradicionalmente se espera que regulen la organización
social, y produzcan normas y roles para que dicha organización
funcione sustentada en la deliberación y la toma de decisiones
(Rabotnikof, 1997, 1998, 2003, 2005). Así, en esta perspectiva
de lo público, los jóvenes y las jóvenes hacen visible la presencia
de centros de poder y la lucha de poderes que le es propia a este
ámbito ampliado en donde, en la actualidad, concurren agentes
sociales y políticos, el Estado, la opinión pública y los medios de
comunicación (Rabotnikof, 2008).
Lo que los colectivos juveniles en Colombia están mostrando,
desde su lectura de lo público, es una urgencia de recuperación
de sus sentidos constitutivos en las acciones de todos los individuos. Esto se confirma al ser lo público, además, asumido por las
organizaciones y redes como un espacio de posicionamiento que
exige ser reconstruido desde la presencia y acción ante los otros
y con los otros. Frente a estos desafíos, algunos de los sujetos jóvenes organizados asumen el compromiso y responsabilidad de
“iluminar la oscuridad actual” que tiene lo público (Corporación
El Faro), para facilitar los procesos de los jóvenes y las jóvenes de
su región, como una forma de fracturar lo público instituido que
no cumple su función, o buscar alternativas para cuidar y proteger lo que es de todas y de todos (Red Recojo, Colectivo Mejoda,
Red Ambiental Juvenil de San Cristóbal).
En esta forma de repensar lo público se muestra la incoherencia que identifican los sujetos jóvenes entre lo que se dice que es
lo público, lo que quisieran que fuera y lo que experimentan en
•
86
Capítulo III. Lo público como espacio de lo común ampliado •
sus vidas cotidianas. Así, los colectivos juveniles coinciden con
lo que Perea (2008a, 2008b) y Rabotnikof (2005, 2008) plantean
que está sucediendo en la actualidad: la deconstrucción evidente
en la fragmentación y adelgazamiento de este espacio, la reconstrucción de las relaciones entre lo público y lo privado, la confluencia de los diversos sentidos de lo público que conforman el
deber ser de esta esfera, y la emergencia de nuevas concepciones
como parte del proceso de reconfiguración de lo público en el
que nos encontramos.
Los individuos jóvenes organizados exigen una reconstrucción de lo público como espacio de lo común, de acceso abierto
a todas y a todos, de encuentro, de reconocimiento del otro que
es visto y escuchado por todas y todos. Se caracteriza lo público como ámbito de tensiones transversalizado por un campo de
fuerzas. Esto confronta la forma como vivimos este ámbito y hace evidente la necesidad de recuperar lo público como espacio
ampliado en donde convergen los colectivos, las instituciones, la
sociedad y el Estado; un espacio en donde se requiere reconocer
las diferencias y construir a partir de ellas, porque
[…] uno de los desafíos que supone repensar lo público parte de
reconocer que en ese espacio concurren formas de organización,
de comunicación, de construcción identitaria que no pueden resolverse con una pura exaltación de las diferencias o con una fácil
celebración del consenso. (Rabotnikof, 2008, p. 47)
Cómo actúan los colectivos juveniles en lo público
Actuar en lo público se refiere al hacer, a las acciones plurales de
los individuos y colectivos, que les permite insertarse donde están
los otros para hacerse reconocibles ante los demás, constituirse
en el quién de la acción (Arendt, 1993) y generar cambios. En
todas las organizaciones juveniles sus actuaciones en lo público
son movidas por la intención de un hacer que deje huella en sus
palabras, “que incida, genere cambio e impacte” su realidad. Para
87 •
• Victoria Eugenia Pinilla S. y Nelvia Victoria Lugo A.
estos colectivos juveniles, actuar en lo público se hace explícito
en participar o intervenir en aquello que es de todas y de todos.
Una participación que algunos llaman propositiva con respecto
a su compromiso con la visibilización y reconocimiento de las
necesidades de los otros.
La actuación en lo público, además, es la posibilidad de generar cambio, de posicionar temas de interés común en la agenda
pública y reivindicar los derechos propios y los de otros, aunque eso implique que sean señalados como “problemáticos” por
aquellos sujetos con quienes no comparten posiciones o tienen
contradicciones. En este mismo sentido, para los jóvenes y las
jóvenes actuar en lo público es incidir en las decisiones que se
tomen sobre los aspectos que afectan a todas y a todos. Buscar
transformar las condiciones inequitativas de sus contextos es lo
que le da sentido a su acción colectiva.
Para los grupos Mejoda, Recreando y Comuna 18, también
es recurrir a sus posibilidades de crear, innovar y producir para
incidir a través de los medios audiovisuales, dando herramientas
a la comunidad para que la repercusión de sus acciones democratice los medios, cuyo acceso y uso es restringido. Es buscar
opciones para promocionar y usar las producciones lúdicas, de
entretenimiento y de formación que realizan.
Así mismo, se actúa en lo público cuando se contribuye a la
comunidad, a través de los proyectos que las organizaciones y las
redes desarrollan. Resalta en sus acciones la confianza que, como
redes, tienen en las potencialidades de los individuos jóvenes y las
oportunidades de participación que les ofrecen las redes. Consideran que también es una acción valiosa su capacidad de incitar
el compromiso y la responsabilidad social de otros jóvenes con
quienes han trabajado. Una de estas redes entiende la responsabilidad social como el compromiso que tiene cada joven desde
su singularidad de hacer algo por una sociedad y un país mejores. Esto se expresa en su slogan: “Por un país en manos de los
jóvenes” (Red Recojo).
•
88
Capítulo III. Lo público como espacio de lo común ampliado •
Se actúa en lo público “cuidando lo público, dándole buen
uso a todo lo que es de todos y es de libre acceso […]” (Red de
Jóvenes Casa Arabia). Se actúa en lo público “haciendo lo público”, generando procesos y proyectos con y para la comunidad,
dando oportunidad a los jóvenes y a las jóvenes de crear cultura
y desarrollar sus potencialidades artísticas. Para los individuos
jóvenes de esta red, su actuación tiene algo transversal: “[…] luchar por dar o construir lo que no hay […]”; para esto parten de
sus fortalezas, de su trabajo en red que apoya sus iniciativas, para
construir entre todas y todos lo que no tienen.
Así, los colectivos juveniles muestran evidencias de su capacidad de acción y movilización colectiva; en ella, los aspectos que
los mueven a actuar, las posiciones que asumen como actores
colectivos, las redes sociales y campos de acción en los que transitan, así como la interacción y confrontación con las oportunidades y restricciones que encuentran, determinan su capacidad
de acción. En la forma como estos colectivos muestran lo que
para ellos son sus acciones en lo público se ve la prioridad que
les dan a intereses que emergen de sus objetivos colectivos, y los
muestran respondiendo a diversos tipos de problemáticas sociales de la población joven y de las comunidades de sus contextos
locales, regionales y algunas veces nacionales. Su actuación en lo
público, que es común y abierto a todas y a todos, es evidencia
de su responsabilidad social y de su capacidad de acción como
agentes sociales colectivos.
Oportunidades y restricciones para la acción
en lo público
Las acciones que los colectivos juveniles realizan en lo público
siempre ocurren en un medio con oportunidades y restricciones
que inciden en sus actuaciones y movilidad colectiva, e involucran
un proceso de negociación permanente con dichas posibilidades
y limitaciones.
89 •
• Victoria Eugenia Pinilla S. y Nelvia Victoria Lugo A.
Con respecto a las oportunidades que los colectivos juveniles
identifican para realizar sus acciones, el establecimiento de alianzas con otras organizaciones del ámbito público es la principal
opción mencionada por todas las organizaciones juveniles y redes. Para algunos colectivos, las alianzas con organizaciones no
gubernamentales, con otras organizaciones juveniles y con organismos de cooperación internacional, son percibidas como una
importante opción para acceder a recursos, tener posibilidades
de desarrollar proyectos o tener acceso a programas de formación
para establecer vínculos con empresas, organizaciones privadas y
públicas a las que puedan apoyar en proyectos o recibir de ellos
algún aporte.
También para algunas de estas formas de organización juvenil se expresa como oportunidad el contexto social y económico
próximo; es decir, los problemas sociales, la falta de equidad, las
necesidades propias y de las comunidades les dan sentido a las
acciones de las organizaciones, las mueven a actuar. Lo anterior
se relaciona con lo hallado en otros estudios, en los cuales aparece
el sentimiento de injusticia social, determinado por la pobreza y
marginalidad, como motor de las acciones colectivas de las organizaciones juveniles (Delgado, 2005).
Los valores sociales están directamente relacionados con la
convivencia, con el encuentro y el compartir con los otros. En
este caso, en las experiencias cotidianas que relatan los jóvenes
y las jóvenes de este estudio, en los objetivos que los unen y en
la razón de ser de sus acciones, hay grupos de valores como la
responsabilidad y el compromiso social, la afectividad y la solidaridad, que se comparten en un nosotros.
Las organizaciones y redes también identifican como oportunidad para actuar en lo público las habilidades de los individuos
jóvenes, la motivación que tienen para organizarse, las capacidades para generar cambio social, la creatividad, y la posibilidad de
ser proactivos. Los sujetos jóvenes se ven a sí mismos como una
oportunidad, por su capacidad de ser agentes sociales que ofrecen
alternativas a las comunidades en general, a los jóvenes y a ellos
•
90
Capítulo III. Lo público como espacio de lo común ampliado •
mismos como jóvenes. Lo anterior es similar a lo encontrado en
el estudio de Márquez (2005) en el cual se mencionan como fortalezas de las organizaciones juveniles en Colombia:
[...] la natural y espontánea capacidad que tienen los jóvenes de
agruparse y participar desde diversidad de grupos; y la valentía,
creatividad y capacidad de sectores de jóvenes en nuestro país para alzar su voz de manera orgánica ante y contra las adversidades
que les toca vivir en el contexto, desde la resistencia civil, pactando
por la no violencia, y demostrando su compromiso y opción por un
cambio social. (Márquez, 2005, p. 61)
También se identifica como oportunidad, la tecnología, estimada por los jóvenes y las jóvenes como medio para mejorar los
procesos de comunicación, aprendizaje, trabajo en red y opción
de visibilización (Mejoda, Comuna 18). Así mismo, hay quienes
consideran que tener un representante de su red en el Consejo
Municipal de Juventud es una buena oportunidad, ya que por
medio de este se pueden hacer visibles las necesidades juveniles.
En contraste, todas las organizaciones juveniles encuentran
que la principal restricción que limita sus acciones en lo público es la escasez de recursos y de presupuesto para los proyectos
que realizan; esto se hace más difícil por la falta de confianza que
tienen los sujetos adultos, líderes comunitarios y representantes
del gobierno en los jóvenes y las jóvenes como agentes colectivos organizados, y en su capacidad de acción. Incluso resaltan
el desprestigio del que ha sido objeto su trabajo con la comunidad por parte de algunos y algunas líderes locales; así como la
subvaloración de la que son objeto al considerar sus acciones
como una buena intención caritativa de jóvenes “ingenuos”.14
Para estos individuos jóvenes es claro que una gran dificultad es
el no reconocimiento de su capacidad de acción y gestión, por
lo que en efecto no son considerados como agentes sociales por
14
En este caso “ser ingenuo” es ser tonto, inocente, no saber mucho de algo.
91 •
• Victoria Eugenia Pinilla S. y Nelvia Victoria Lugo A.
las personas adultas y las instituciones. Si no se cree en ellos, sus
propuestas no se apoyan.
Los recursos se buscan, mientras que la estigmatización marca,
señala, margina. Se hace así visible una realidad que está claramente identificada en nuestra sociedad: los sujetos jóvenes son
valorados como incapaces, inmaduros, peligrosos, violentos y
vulnerables; estos y otros estereotipos fomentan su estigmatización social y los mantiene en el centro del control y en la periferia
de la sociedad. En este y otros estudios, esta fuerte limitación es
considerada una potente amenaza para los jóvenes y las jóvenes y
para las formas de organización juvenil, lo cual incide en el lugar
que ocupan en la sociedad (Márquez, 2005; Hopenhay, 2004).
Relacionadas con estas dos restricciones, las organizaciones juveniles mencionan, además, las características de la clase política
en Colombia y las prácticas políticas. Estas son descritas por los
sujetos jóvenes como corruptas, clientelistas, con la presencia de
una mafia contratista que persigue los presupuestos y proyectos,
y unos empleados del Estado que estimulan liderazgos políticos
autoritarios y centralistas, con el argumento de proteger la institucionalidad.
Por otra parte, también aparecen como limitaciones las condiciones particulares de algunas formas de organización juvenil.
Entre ellas está el desconocimiento de las comunidades sobre
sus redes u organizaciones; esto genera menores posibilidades
de apoyo externo y el fomento de creencias distorsionadas sobre
lo que son y lo que hacen. Si bien no destacan otras dificultades
vividas en el interior de los colectivos, sí resaltan como una gran
limitación el no poder ser autosostenibles como organización ni
como red, lo cual los hace depender de recursos públicos y privados, y no les permite ofrecer opciones laborales a sus integrantes
para que no se vean obligados a retirarse de las organizaciones.
Finalmente, también aparece en algunas redes una limitación
relacionada con la situación sociopolítica del país: la presencia de
grupos armados ilegales ejerce un control social y limita las posibilidades de expresión y desarrollo de las redes. Los colectivos
•
92
Capítulo III. Lo público como espacio de lo común ampliado •
de jóvenes se mueven entre las diferentes fuerzas armadas y no
armadas que configuran el espacio social y político de las localidades. Allí se ven abocados a establecer relaciones y negociaciones,
como también límites para no desaparecer.
Conclusiones
En la actualidad se señala críticamente a los individuos jóvenes
por estar centrados en sus intereses y necesidades particulares,
por su distancia y apatía frente a lo social y colectivo, que los restringe de lo público o los lleva a aparecer en la escena social de
manera confusa e inesperada. Se les reprocha su individualismo
e indiferencia, y se cuestiona su aporte a la sociedad. En contraste, presentamos aquí las acciones que jóvenes, actores sociales
constituidos en diferentes formas de organizaciones y redes en
Colombia, hacen en lo público, y la incidencia que buscan tener
en la transformación social.
Lo público a partir de la acción colectiva y de las experiencias
de las formas de organización juvenil aparece configurándose en
un proceso de recuperación de sus sentidos constitutivos. Para
las organizaciones y redes de jóvenes es urgente recuperar lo público como espacio de lo común ampliado, de convergencia, que
requiere reconocer las diferencias y construir a partir de ellas. Es
hacer realmente de lo público un espacio de la pluralidad, de divergencia, espacio del encuentro con los otros, de confluencia de
palabras y acciones, que en medio de tensiones y contradicciones
construye lo que es de todos y de todas.
En todas las organizaciones juveniles sus actuaciones en lo
público son movidas por un interés por el otro, por lo común en
relación con lo comunitario y con el cambio social. Con sus acciones, los colectivos juveniles nos están mostrando evidencias
de su capacidad y movilización colectiva; aquello que los mueve a
actuar revela un fuerte compromiso con lo social, que favorece a
los otros y a sí mismos, y les da un lugar en sus comunidades. Las
posiciones que asumen como agentes colectivos en defensa de sus
93 •
• Victoria Eugenia Pinilla S. y Nelvia Victoria Lugo A.
acciones, las redes sociales y campos de acción en los que transitan
para poder actuar, así como las oportunidades y restricciones que
les ofrecen los contextos, determinan potentes sistemas de acción
que muestran la fuerza que tiene el trabajo colectivo. Luchar por
hacer aquello que los compromete, que ven común y abierto a
todos y a todas, les da sentido a sus organizaciones juveniles, así
como a su acción colectiva, y fractura lo público restringido a favor de lo público ampliado.
Las organizaciones mencionan como amenaza la forma tradicional de hacer política en Colombia, el privilegio del bien
particular sobre el bien común que caracteriza a la clase política
y genera en los jóvenes y en las jóvenes una distancia cada vez
más amplia de las prácticas políticas tradicionales. Así mismo, se
destacan como amenazas las grandes dificultades que tienen las
formas de organización juvenil en el país para acceder a los recursos del Estado, los problemas de corrupción que deslegitiman lo
público y la política, el clientelismo, la mafia contratista, el miedo
de la dirigencia a perder el poder de instituciones que podrían
ser lideradas por jóvenes, y los liderazgos políticos autoritarios
y centralistas. También aparece como una amenaza, de manera
reiterada, la estigmatización que la sociedad adulta hace de los individuos jóvenes, a partir de estereotipos que los presentan como
apáticos, peligrosos, en riesgo, propensos a generar problemas.
En efecto, es una necesidad urgente trabajar desde diferentes
frentes en superar las perspectivas que estigmatizan a los jóvenes y a las jóvenes y desde las cuales se toman fuertes medidas de
control. En Colombia, los colectivos juveniles se esfuerzan por
ser reconocidos como agentes sociales legítimos, en un proceso
permanente de lucha por la supervivencia social. De ahí que sea
una prioridad trabajar desde el reconocimiento de los jóvenes y las
jóvenes como sujetos de derechos, interlocutores válidos y agentes estratégicos del desarrollo. Esto implica diseñar estrategias de
sensibilización que incidan directamente en la opinión pública,
que muestren a los individuos jóvenes no como problema, sino como agentes sociales desde sus prácticas individuales y colectivas.
•
94
Capítulo III. Lo público como espacio de lo común ampliado •
Es una prioridad realizar acciones que favorezcan el fortalecimiento y consolidación de las formas de organización juvenil
existentes y estimulen la formación de nuevas formas de organización juvenil en el país. Para esto se requiere fortalecer lo público
como espacio abierto de encuentro y de construcción desde la
diferencia, un espacio en el que los unos y los otros sean considerados en las tomas de decisiones y en las acciones.
Así mismo, es prioritario diseñar programas de formación continua, programas sistemáticos que se ofrezcan permanentemente
a los jóvenes y a las jóvenes, dirigidos al desarrollo de capacidades
en diversos temas y niveles, entre los que cabe destacar el ejercicio de la ciudadanía, la defensa de sus derechos, la formulación
y gestión de proyectos, el desarrollo de habilidades y destrezas
para artes y oficios, el uso de tecnologías de la información y la
comunicación, y todas las demás que apoyen su acción individual
y colectiva y permitan la sostenibilidad de las redes u organizaciones —capacidad para movilizar recursos. La formación de los
sujetos jóvenes posibilita procesos de autogestión, de manera que
las organizaciones y las redes pueden actuar de una manera más
autónoma. Estos deben ser programas y proyectos que mejoren
las condiciones de vida de los jóvenes y las jóvenes, que sean una
oferta continua, que admitan el relevo permanente y que respondan a la persistente movilidad de los individuos jóvenes.
La formación debe ir acompañada de la disponibilidad de
oportunidades y de recursos financieros para hacer realidad las
iniciativas juveniles. Estos recursos se pueden movilizar a través
de bancos de proyectos, o de fondos de apoyos a iniciativas juveniles. Se deben encontrar modelos de gestión donde los jóvenes
y las jóvenes obtengan formación, experiencia laboral e ingresos
dentro de las propias organizaciones, que puedan hacerlas autosostenibles y convertirlas en una opción laboral que fortalezca las
formas de organización juvenil y responda al asunto crítico de la
inserción laboral de los sujetos jóvenes en el mercado de trabajo,
una de las problemáticas de la sociedad colombiana.
95 •
• Victoria Eugenia Pinilla S. y Nelvia Victoria Lugo A.
También se hace indispensable revisar lo que ha venido ocurriendo con la política pública de juventud en el país, que no
trasciende su formulación en el papel: ¿qué ocurre con su implementación? ¿Los gobiernos locales tienen planes estratégicos? Si
los hay, ¿cómo se elaboran?, ¿qué ocurre con ellos? Es una prioridad en todos estos procesos y acciones que los miembros de las
organizaciones y redes juveniles sean considerados como sujetos
capaces de juicio y acción para la toma de decisiones —interlocutores válidos— por todos los organismos estatales, privados e
internacionales.
Es indispensable democratizar los espacios de participación,
de modo que los jóvenes y las jóvenes puedan aportar a la toma
de decisiones en asuntos públicos relacionados con ellos y con
los demás sectores de la sociedad. De tal manera que los temas
juveniles sean incluidos en las agendas públicas, en las planeaciones, en la asignación de recursos. Se debe garantizar que la
juventud exija el cumplimiento de sus derechos, reclame rendición de cuentas a las organizaciones del Estado y participe en la
formulación, seguimiento y evaluación de las políticas públicas.
Los individuos jóvenes organizados deben poder participar
en esfuerzos nacionales (proyectos de ley que cursan en el Congreso de la República) alrededor de temas como la objeción de
conciencia, o la ratificación de la Convención Iberoamericana de
los Derechos de los Jóvenes, que no ha sido firmada por Colombia, o la penalización a menores por crímenes de lesa humanidad,
entre muchos otros. Esto plantea el reto de la articulación de las
asociaciones juveniles al escenario político, el cual se caracteriza
por ser un espacio en el que los jóvenes y las jóvenes no tienen voz.
Es urgente lograr que las diferentes formas de organización
juvenil en Colombia sean reconocidas como reales espacios de
socialización, de formación personal y ciudadana, en donde, desde los vínculos afectivos, los intereses e identidades colectivas,
las experiencias organizativas y la permanente interacción con
los otros cercanos —los pares— se construyan jóvenes con un
fuerte sentido de solidaridad y una firme responsabilidad social.
•
96
Capítulo III. Lo público como espacio de lo común ampliado •
Es importante apoyar procesos de investigación que permitan
hacer lecturas de mayor profundidad sobre la acción colectiva y
su incidencia en el tejido asociativo juvenil, comprender sus dinámicas desde las perspectivas de todos los actores involucrados,
no solamente los sujetos jóvenes. Quedan planteadas temáticas
y preocupaciones tan importantes como la historia del tejido
asociativo juvenil en la región; la posibilidad de sistematizar experiencias concretas desde las cuales obtener conocimientos y
aprendizajes que puedan ser replicados; el reconocimiento de las
dimensiones y propuestas desde lo simbólico y lo cultural, así como la ampliación de la indagación sobre la acción colectiva como
construcción social y su relación con la capacidad de incidencia
de la juventud en lo público y las formas de organización juvenil.
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Capítulo III. Lo público como espacio de lo común ampliado •
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99 •
Capítulo IV
La configuración de las prácticas
políticas en estudiantes
universitarios1
José Rubén Castillo García
Introducción
El grupo de ideas que deseo compartir tiene origen en las propuestas del grupo de trabajo adscrito a Clacso, denominado “Ju1
El presente artículo es fruto de una ponencia presentada en el II Encuentro
Regional del Grupo de Trabajo Clacso “Juventud y Nuevas Prácticas Políticas
en América Latina”, en la mesa de trabajo: “Perspectiva histórica de la relación
política-juventud”. Universidad de Manizales, Manizales, Colombia, agosto
de 2008. Las ideas centrales son el resultado del proceso de construcción del
referente teórico de la investigación denominada “Configuración de ciudadanías juveniles en la vida cotidiana de estudiantes universitarios de Manizales”,
presentada por el autor para optar al título de Doctor en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud. Universidad de Manizales-Cinde, 2006. Esta investigación fue
aprobada por el Comité de Rectoría de la Universidad Autónoma de Manizales
mediante comunicación del 28 de julio de 2000. La investigación se desarrolló
entre agosto de 2000 y noviembre de 2006.
101
• José Rubén Castillo García
ventud y Nuevas Prácticas Políticas en América Latina”, desde
el cual asumimos el compromiso de rastrear la relación política y
juventud a partir de los años sesenta del siglo XX, abordando el
asunto con una perspectiva histórica, en nuestro caso específico,
con respecto de los sujetos jóvenes estudiantes universitarios en
Colombia.
La temática se apoya en varios componentes; dos de índole
conceptual, y un tercero a manera de aplicación: 1) las prácticas
políticas pensadas a partir del mundo de la vida cotidiana; 2) los
significados y sentidos que configuran, producen y reproducen
las praxis políticas, teniendo como base los imaginarios colectivos y las representaciones sociales; y 3) la configuración de los
mundos de los jóvenes y las jóvenes, en la perspectiva de los movimientos estudiantiles.
Partimos del supuesto teórico de que la configuración de los
colectivos sociales se produce a partir de los imaginarios colectivos y de las prácticas sociales, y de que ambos tienen relación
directa con las condiciones históricas (políticas, sociales, económicas y culturales) en que viven dichos colectivos. Esta configuración de las sociedades se halla referida a las circunstancias de la
vida cotidiana. En razón de esto, nuestras reflexiones se centran
en visibilizar la configuración de las prácticas políticas, teniendo
como referencia los movimientos estudiantiles universitarios.
Desde ahí pretendo presentar evidencias acerca de la aplicabilidad de nuestra propuesta teórica.
Prácticas sociales y políticas, y la vida cotidiana
Los humanos cuando nacemos nos encontramos con un mundo
ya existente, independiente, que condiciona el desarrollo de cada
persona e incide notablemente en el desenvolvimiento de sus potencialidades, dependiendo de la manera como cada sujeto lleva
a cabo el proceso de vinculación, de apropiación y de creación
del entorno. Berger y Luckmann (1978) indican:
•
102
Capítulo IV. La configuración de las prácticas políticas en estudiantes universitarios •
El individuo no nace siendo miembro de una sociedad: nace con
una predisposición hacia la socialidad, y luego llega a ser miembro
de una sociedad […]. El punto de partida de este proceso lo constituye la internalización: la aprehensión o interpretación inmediata de
un acontecimiento objetivo en cuanto expresa significado. (p. 164)
De lo dicho puedo inferir que la subjetividad y la identidad de
cada individuo se adquieren y establecen a partir de la ubicación
de cada persona en el mundo; un mundo ordenado por conjuntos
de significantes y de significados. Este escenario es moldeado por
la cultura, la cual cumple la misión de darles sentido a las circunstancias que nos presenta el medio social. La socialización se asume como el resultado de los procesos que buscan la adecuación,
preparación, abono y cultivo del ser que va a ser coejecutor de la
vida humana, y se hace a partir de los momentos de internalización y de externalización.
En la internalización, el mundo exterior a los sujetos se hace
presente con todos sus signos, significados y sentidos, y cumple
la función de modelar las estructuras conceptuales de los individuos y tiende a definir los parámetros mediante los cuales estos
construyen sus pautas de pensamiento. Mediante la externalización, los sujetos se manifiestan ante el mundo exterior, se hacen
tangibles y llegan a incidir en el funcionamiento de la sociedad.
Ambos procesos llevan a que el ser humano intervenga en una
doble dirección: 1) recibe los estímulos de la sociedad hacia cada persona, y 2) se proyecta hacia la sociedad. Esto me permite
concluir que la sociedad produce al individuo y el individuo produce a la sociedad.
En este sentido, las relaciones y las realidades que construimos
los seres humanos en las sociedades obedecen a las condiciones
históricas en las cuales estas se llevan a cabo; en ellas está inmersa
la razón y el significado de su existencia. Lo histórico trasciende
las cronologías e incluso las leyes de la evolución social, puesto
que se enmarca en los modos de producción, en las formaciones
103 •
• José Rubén Castillo García
sociales, y en los demás determinantes económicos, políticos,
sociales y culturales.
Además, el escenario donde ejercemos nuestras vivencias,
donde elaboramos experiencias y generamos nuestro quehacer
como seres individuales es la vida cotidiana. Esta se convierte en
un referente importante para visibilizar los procesos de intercambio tanto de significados como de relaciones sociales.
En la vida cotidiana se expresan y se realizan las acciones humanas en doble sentido: 1) se materializan los comportamientos
individuales, sus expresiones, significaciones, habilidades, intereses, motivaciones y valores; y 2) la sociedad nos presenta las
normas, organizaciones, estructuras sociales, formas de ver y de
vivir en el mundo con base en las cuales se hace posible la convivencia.
El ejercicio de la vida cotidiana está respaldado en los imaginarios colectivos y en las representaciones sociales; es decir,
comprende el universo de los significados y de los sentidos de
vida en los cuales está inserta toda acción del ser humano. Es un
espacio donde reina el sentido común y la irreflexión; es decir que
se asumen como ciertos los supuestos culturales. Se caracteriza
por que:
• Da por establecido que el mundo son sus objetos; es decir,
se centra en lo observable, lo perceptible, y lo experimentable.
Asume que las cosas son lo que parecen ser, se dan por sentadas,
se supone que son así.
• Se asume que si las cosas funcionan, merecen credibilidad.
• Los sujetos de esta sociedad se hacen pragmáticos y espontáneos; por tanto hay reticencias hacia los intereses teóricos; de
ahí que los acontecimientos se den por entendidos fácilmente y
poco se cuestionen.
Este es el ámbito donde ocurre y transcurre la vida normal
de los seres humanos. Ello nos invita a penetrar en los asuntos
culturales que sirven de marco y de fundamento a la vida coti•
104
Capítulo IV. La configuración de las prácticas políticas en estudiantes universitarios •
diana y a las prácticas sociales de índole política de los jóvenes
y los estudiantes universitarios en Colombia. En términos de
Rossana Reguillo (2000, p. 1), este asunto debe tener en cuenta que:
El enfoque sociocultural implica, entonces, historicidad, es decir,
miradas de largo plazo y, necesariamente, una problematización que
atienda lo instituyente, lo instituido y el movimiento.
Dado que nuestro grupo se orienta a realizar esfuerzos tendientes a rastrear los asuntos de la juventud y las nuevas prácticas
políticas, se hace necesario hacer una rápida mención de lo que
consideramos que son las prácticas sociales, y a partir de ellas
mirar las prácticas políticas.
Las prácticas sociales en general y las prácticas políticas en particular, se piensan desde varios ángulos, entre los cuales se destacan dos formas básicas de entenderlas. Por un lado, se asumen
como formas de objetivar los sujetos en el mundo de la vida, tanto
en sus relaciones con los demás como en la toma de decisiones.
Desde este punto de vista, se entienden ambos tipos de prácticas
como maneras de hacer y formas de proceder. Por otro lado, se leen
dichas prácticas entendiendo que los sujetos que las realizan son
históricos, están inmersos en culturas de las cuales se nutren, y a
partir de ellas construyen sus criterios y pautas de acción, desde
las cuales configuran la realidad. Desde allí, se ven las prácticas
como el resultado de las reglas y lógicas que ordenan la existencia
y los comportamientos de los sujetos.
Para la lectura de las prácticas se deben contemplar varios
aspectos: 1) cuando los criterios que las orientan derivan del sentido común, ellas expresan lo que acontece en la vida cotidiana;
2) se realizan en condiciones históricas determinadas, dado que
sus raíces son las instancias sociales y culturales; 3) las relaciones
sociales que evidencian se encuentran atravesadas por expresiones de poder; ello nos lleva por el camino que conduce de las
prácticas sociales a las prácticas políticas; 4) se manifiestan me105 •
• José Rubén Castillo García
diante las representaciones sociales de los sujetos y de los grupos
sociales, y cobran sentido por los imaginarios colectivos en que
estas se fundamentan; y 5) se refieren a los diferentes campos de
la realidad social; entre ellos los asuntos de la política.
En un nivel más específico, las formas y los contenidos que
permiten configurar las prácticas tienen que ver con los siguientes aspectos:
• Primero, las prácticas se objetivan; es decir, se expresan
en conjuntos de actos, procedimientos y acciones, que se hacen
tangibles en lo que hacen las personas, tanto a nivel particular
como colectivo. Se evidencian en hechos.
• Segundo, corresponden a las formas, artes, modos o maneras (viene de “mano”) de realizar los actos; es decir, se refieren a
los métodos con los que se realizan dichos actos. Ello incluye los
estilos en que se hacen las cosas.
• Tercero, se repiten; por tanto, llevan a las regularidades
y al uso continuado. Al repetir actos de la misma especie vamos
adquiriendo costumbres y hábitos que se manifiestan en acciones
continuas o discontinuas.
• Cuarto, el escenario donde se ejecutan las prácticas sociales es la vida cotidiana, puesto que allí es donde se configura el
ser humano. Las prácticas organizan lo cotidiano, en tanto que
allí se producen las lógicas, las formas de convivencia, las cuales
enmarcan las relaciones entre los seres humanos y el mundo en
que vivimos, teniendo como base el ámbito de la cultura.
• Quinto, los actores, que son los sujetos que realizan las
prácticas.
• Sexto, el carácter de las prácticas deviene de cómo estas se
manifiestan; es decir, el tipo de lenguaje, los discursos y las narraciones a partir de los cuales se expresan las significaciones y los
sentidos de las acciones.
• Séptimo, la configuración de las prácticas se estructura con
base en reglas, lógicas y ordenamientos. Aparecen como fruto
de esquemas de operaciones que dan coherencia a las acciones.
•
106
Capítulo IV. La configuración de las prácticas políticas en estudiantes universitarios •
Esas estructuras son multiformes, fragmentadas, convergentes y
divergentes; son cambiantes y diversas; obedecen a actos individuales y colectivos; y, además, se hallan referidas a determinadas
situaciones.
• Por último, las prácticas son el resultado de las intencionalidades y de los fines que orientan esos modelos ordenadores
de la realidad. Ellas enmarcan las relaciones entre los individuos
y la comunidad; es el ámbito de las ideologías.
Es dable decir que lo anterior permite evidenciar que los complejos sistemas de significantes y significados son la base para
construir los ordenamientos de las realidades que se viven en lo
cotidiano, y ejercen como modeladores de las prácticas sociales.
Ello hace necesario ver la importancia que juegan los imaginarios
colectivos y las representaciones sociales en la configuración de
las prácticas sociales.
De los imaginarios colectivos
y las representaciones sociales
¿A qué se refieren los imaginarios colectivos y qué son las representaciones sociales?
Estos términos se diferencian en los siguientes aspectos: 1)
los niveles de realidad en que se desenvuelven (virtual, subjetivo y concreto, empírico); 2) la participación en la configuración
del pensamiento de los sujetos (deducción e inducción); 3) las
relaciones en lo concerniente a la fuente de su presencia (antecedente, consecuente); 4) la permanencia en el tiempo (estabilidad y transitoriedad); y 5) la cobertura y alcance (universalidad
y par­ticularidad). A continuación veamos de qué trata cada uno
de ellos.
Los imaginarios colectivos se pueden pensar desde dos posibilidades: 1) si la perspectiva es inductiva, se dice que son el
resultado de agrupar las conciencias individuales, las cuales se
aglutinan formando significados colectivos; y 2) al comprender107 •
• José Rubén Castillo García
los desde una postura deductiva, se asumen como efecto de la
existencia de una cultura previa a los sujetos, que los contextúa,
y que aparece como un universo simbólico que funge como una
matriz en donde están los significados. Desde este punto de vista,
se piensa que esos significados se interiorizan en los individuos
y se configuran como modelos. Estos modelos le sirven a cada
sujeto para que ordene su vida, para que construya su carácter y
su forma de ser.
Esta última mirada me lleva a deducir que los estudios en los
que se indaga por las prácticas políticas en el marco de las culturas de los sujetos que las realizan deben buscar los sentidos y las
significaciones que sirven de ordenamiento a la realidad social.
Este ámbito trasciende lo visible, lo tangible, y centra su atención
en lo significable. En otras palabras, y de acuerdo con Hurtado
(2007, p. 68):
[...] al asumir los imaginarios colectivos como las matrices de sentido desde las cuales los sujetos sociales configuran la(s) realidad
(es) social(es), se hace necesario develar esos sentidos y optar por
metodologías que le apuesten a la comprensión de sentido.
Lo dicho me permite afirmar que los imaginarios colectivos no
corresponden al orden de lo empírico; por el contrario, tal como
lo he indicado, tienen que ver con los mundos subjetivos, de los
cuales hacen parte los mitos y las ideologías, entendidos como
formas de explicar, de comprender y, en general, de significar el
mundo y la vida en la sociedad.
Las representaciones sociales nos permiten dar cuenta del mundo en el cual nos desenvolvemos cotidianamente. Así, nos permiten expresar las significaciones que tenemos acerca del mundo, y
lo hacemos mediante el uso de los símbolos y de los signos organizados en la forma de narraciones u otros discursos utilizados
en la comunicación cotidiana. Así podemos describir, denotar y
connotar la realidad en la cual vivimos.
•
108
Capítulo IV. La configuración de las prácticas políticas en estudiantes universitarios •
Se elaboran para manifestar nuestras formas de pensar; se refieren a los acontecimientos, a los hechos, a los objetos, las personas y demás aspectos que nos acompañan en la existencia, y
con base en ellas mostramos su presencia, las características, los
comportamientos, los procesos en los cuales nos relacionamos
con los demás.
Estas representaciones contribuyen a la conformación del sentido común, en tanto que es un tipo de conocimiento que surge
de las vivencias y experiencias de cada sujeto, y se hace común
en el momento en que es compartido, aceptado y se convierte en
pautas de vida para el colectivo social.
Lo anterior permite evidenciar que el ámbito de las representaciones sociales se manifiesta mediante opiniones, creencias,
ritos, máximas, proverbios y demás formas en que los sujetos manifiestan lo que ven e interpretan de los objetos, acontecimientos
y hechos que se presentan en la sociedad. Así los hacen comunicables; es decir, las representaciones sociales cumplen la función
de hacer visible y accesible todo aquello que los seres humanos
hemos incorporado en nuestros pensamientos a partir de nuestras
vivencias y experiencias individuales y sociales.
A este tipo de conocimiento se le está dando cada vez más
importancia por parte de los investigadores e investigadoras sociales, dado que a partir de él se pueden descubrir los mundos de
significado que subyacen a las prácticas y expresiones que elaboran los individuos, y que llegan a ser importantes cuando se trata
de comprender los sentidos de vida que circulan en la sociedad.
Ello nos ubica en la preocupación acerca de cómo vincular en los
procesos de investigación las indagaciones en torno a los imaginarios colectivos y las representaciones sociales.
109 •
• José Rubén Castillo García
La configuración de los mundos de los jóvenes
y las jóvenes: el caso de los movimientos
estudiantiles colombianos2
En Colombia se define a los sujetos jóvenes por su edad y se les
ubica entre los 14 y los 26 años. Algo similar, pero con diferentes
rangos de edad, ocurre en otros países.
Hoy se les reconoce como jóvenes, pero a lo largo de la historia de las sociedades humanas, cuando las personas han hecho
parte de esos grupos de edades, han sido denominadas de manera diferente.3 Se les reconoce, dado que han logrado impactar
en muchos acontecimientos de distintas fases de la historia de
nuestras sociedades. Han abierto caminos, unas veces al lado y
otras en contraposición a otros grupos sociales.
Aquí presento un esbozo en el cual muestro sucintamente la
aparición, presencia y consolidación del movimiento estudiantil
como un sector social que cada vez logra impactar las decisiones
colectivas de la sociedad. Abordo las prácticas que han permitido
que estos individuos jóvenes ganen presencia en las sociedades en
los asuntos relacionados con la vida pública y la política.
El concepto de configuración lo asumo como una perspectiva
que me permite evidenciar la existencia de una realidad social, teniendo como apoyo las representaciones sociales y los imaginarios
colectivos, a partir de los cuales puedo identificar y comprender
sus componentes, estructuras, denotaciones y connotaciones, significados y sentidos de dicha realidad. En este caso, me refiero a la
manera como adquieren presencia los movimientos estudiantiles
como expresiones de las prácticas políticas de sectores de jóve-
•
2
Ver Castillo (2008). Un desarrollo de este tema está en el documento de trabajo
“La configuración de los mundos juveniles desde sus prácticas políticas”, realizado como parte del grupo de trabajo de Clacso “Juventud y Nuevas Prácticas
Políticas en América Latina” (documento inédito).
3
Feixa (1998) menciona que en diferentes períodos históricos se les ha denominado con conceptos distintos; indica que han sido llamados púberes, efebos,
mozos, adolescentes y jóvenes.
110
Capítulo IV. La configuración de las prácticas políticas en estudiantes universitarios •
nes en Colombia, las connotaciones que han tenido, los ámbitos
en los cuales se han desenvuelto; es decir, expreso las maneras
como adquieren presencia, como se convierten en figura, como
establecen su extensión, sus alcances y sus límites. Ello implica
la emergencia, formalización y construcción de representaciones
sociales e imaginarios colectivos acerca de las prácticas sociales
y políticas de estos sujetos jóvenes, vistas desde una perspectiva
histórica. Esto me permite penetrar en los procesos de institución,
constitución y construcción de los movimientos estudiantiles, a
partir de su emergencia, de su formalización con base en el reconocimiento legal y de sus perspectivas de futuro.
La institución de la juventud: emergencia
En el capitalismo, la escuela se convierte en el escenario propicio
para la aparición de los estudiantes y las estudiantes; institución
asignada en esta sociedad para preparar a las nuevas generaciones
en calidad de fuerza de trabajo. Antes las personas pasaban de la
familia a la actividad productiva. Con este modo de producción,
se hizo necesario que las actividades de preparación de los jóvenes y las jóvenes para el trabajo se hicieran en una institución en
la cual permanecieran un tiempo determinado mientras lograban
adquirir los saberes básicos que requerían para desenvolverse
adecuadamente en el medio laboral.
En las escuelas, los estudiantes y las estudiantes se internaban
en los colleges, alejados de sus familias y dedicados a formarse.
Estas instituciones se ampliaron cada vez más y complejizaron
sus funciones, dando paso a la segregación de edades, géneros
y niveles de preparación. Los sujetos jóvenes que se hicieron
universitarios generaron reflexiones acerca de las funciones que
venían cumpliendo las instituciones donde se formaban, y apenas comenzando el siglo XX entraron a cuestionar la educación
profesionalizante y la dirección vertical y autoritaria con que se
manejaban dichas entidades académicas, dando paso, quizás, a
las primeras expresiones de intereses colectivos que buscaban
111 •
• José Rubén Castillo García
participar de las prácticas políticas, al menos en nuestro medio
latinoamericano; veamos:
La autogestión universitaria y la vinculación
de la universidad al pueblo
En Córdoba (Argentina, 1918), los universitarios y universitarias
se enfrentaron a las formas de conducir las instituciones educativas, tanto por sus estructuras como por el servicio que prestaban.
Ellos y ellas propusieron una reforma que les permitiese tener
ingerencia en la dirección y conducción de las universidades.
Luego, en América Latina se generan diferentes movimientos
estudiantiles que coinciden cuando varios de ellos se proponen
alcanzar la libertad de enseñanza y lograr la participación en el
gobierno de las instituciones universitarias; además, se preocupan
porque los contenidos y métodos de estudio de las universidades
se orienten a buscar la solución de los problemas de las sociedades. Esta propuesta se hace en términos de “vincular la universidad al pueblo”, en principio, como la generación de actividades
de complemento a la preparación profesional de los estudiantes
y las estudiantes.
Ideológicamente se apoyaban en la perspectiva de que “el ser
social determinaba la conciencia social”; además consideraban
que el medio social podría explicar las “disfuncionalidades” que
se presentaban en los individuos y en las poblaciones, las cuales
debían ser “ajustadas” para poder garantizar el “orden social”,
y con base en esto, posibilitar el “progreso social”. También se
indicaba que en esto la academia tenía un papel muy importante
que cumplir.
En Colombia, en 1929, los estudiantes universitarios cuestionaron el gobierno de Miguel Abadía Méndez, por considerarlo
el principal responsable de la masacre de las bananeras. Se hicieron diferentes manifestaciones públicas; en una de ellas murió
Gonzalo Bravo Pérez, quien es considerado como el primer estudiante mártir en nuestro país en el siglo XX; en aquella ocasión,
•
112
Capítulo IV. La configuración de las prácticas políticas en estudiantes universitarios •
los estudiantes confrontaron el funcionamiento tradicional de
la sociedad que venía de 30 años de hegemonía conservadora.
Entre 1930 y 1946 el movimiento estudiantil busca hacer realidad la reforma universitaria propugnada en Córdoba. Esto condujo a que se evidenciaran dos tipos de estudiantes: 1) los comprometidos con el cambio educativo, y 2) los que tildaban a los
primeros de izquierdistas, masones y anticatólicos, interesados
por conservar el statu quo. Además, la Iglesia católica se opuso
a los gobernantes liberales que deseaban que el Estado ejerciera
el control sobre los asuntos de la educación, que estaban en las
manos de los religiosos; por ello, la jerarquía eclesiástica generó
diversas estrategias para impedir el debilitamiento del Estado
teocrático y, por ende, evitar la autonomía estatal en asuntos de
educación.
La educación “aséptica”
Después de la Segunda Guerra Mundial, el Plan Marshall sirvió de modelo para promover el desarrollo de los denominados
“subdesarrollados” de América Latina. Por esto se efectuaron
capacitaciones en Estados Unidos, tendientes a preparar técnicamente a los profesionales y a las profesionales para que pudiesen
implementar programas de atención a las demandas de bienestar
social que requerían las poblaciones de los diferentes países bajo
la órbita de Estados Unidos. Esta capacitación buscaba la preparación de sujetos profesionales “asépticos”, es decir, no comprometidos ideológica ni políticamente, y poseedores de buen
conocimiento técnico y científico, para poder garantizar la eficacia de sus acciones. No sobra recordar que el modelo económico
social que predominaba en el mundo se apoyaba en los Estados
de bienestar, y esta era una de las maneras de implementar dicha
propuesta en nuestro medio.
Esto condujo a que las universidades acomodaran sus procesos de formación, tendientes a preparar individuos profesionales
capacitados para desarrollar programas de asistencia social, te113 •
• José Rubén Castillo García
niendo como respaldo sus competencias en asuntos de promoción
de procesos comunitarios, complementados con los denominados
métodos propiciatorios: investigación, planeación, supervisión y
administración.
Simultáneamente, con motivo de la conmemoración de los
25 años de los acontecimientos derivados de la masacre de las
bananeras, se realizaron algunas manifestaciones; y de nuevo
hubo hechos luctuosos, en los cuales pereció el estudiante Uriel
Gutiérrez, junto con otros 13 compañeros. Desde entonces, el 8
y 9 de junio se convirtieron en los días que conmemoran los estudiantes y las estudiantes de Colombia en honor de los que fueron
sacrificados en esos hechos. Más tarde, estos individuos jóvenes
se hacen protagonistas en el derrocamiento del dictador, General Gustavo Rojas Pinilla, en mayo de 1958. Pasan de “vándalos”
a convertirse en “héroes nacionales”, según los intereses de los
dueños de los medios de comunicación y de los voceros de los
partidos tradicionales.
El compromiso social
En los años sesenta las universidades, y específicamente las profesiones, entran a cuestionar su rol social; plantean acercarse a las
comunidades y contribuir a realizar transformaciones de la sociedad en su conjunto. Algunas de las profesiones, básicamente las
de ciencias humanas, cuestionan las propuestas que promueven
la “conservación del orden existente”, “la adaptación social” y
todo aquello que busque mantener el statu quo. Por ello, muchos
sectores universitarios asumieron compromisos directos con las
necesidades de cambio de las estructuras sociales. Los movimientos estudiantiles y profesorales se enfrentaron a la “dependencia
del imperialismo” y de las “reformas”, y se vincularon conceptualmente a ideologías que proponían la “transformación radical de
la sociedad”. Posiciones marxistas y liberales de corte radical estimularon estos puntos de vista, que se preocuparon por promover
acciones tendientes a buscar las transformaciones sociales macro.
•
114
Capítulo IV. La configuración de las prácticas políticas en estudiantes universitarios •
Grupos importantes de estudiantes universitarios colombianos acogieron la revolución cubana de 1959, se inspiraron políticamente en ella, y en la primera mitad de los años sesenta se
vincularon a grupos revolucionarios armados y a los grupos políticos de izquierda que se promovieron en los años setenta. Así
se canalizaron los deseos de los grupos de jóvenes que querían
aparecer y cambiar radicalmente las estructuras sociales.
Esto es contemporáneo con los acontecimientos que se sucedieron en Europa; desde los años cincuenta se evidenciaron expresiones culturales que los identificaron como grupos de personas que hacían y pensaban en asuntos diferentes a lo establecido
hasta ese momento; es decir, que no reflejaban su “conciencia
de clase”. Estos hechos brindaron la posibilidad de comprender
la existencia de sentidos de vida diferentes de los tradicionales,
y llevaron a la necesidad de estudiarlos y comprenderlos como
formas culturales específicas.
En Francia, en 1968, se hace notoria la presencia de un movimiento estudiantil de carácter radical, fundamentado teórica y
científicamente en una perspectiva política que se asumía como
alternativa de cambio frente a la realidad social imperante. Estos jóvenes y estas jóvenes se preocuparon por romper con las
tradiciones, con el autoritarismo y con las convenciones que los
sojuzgaban, provenientes de los estilos de vida que se implementaban en las familias y en la dirección de las instituciones de la
sociedad. A esa opresión se enfrentaron, entre otros, los universitarios franceses, alemanes y mexicanos.
Aparece un discurso en el cual se manifiesta la importancia
de la imaginación; consignas que se difundieron en ese momento
decían: “la imaginación al poder”; “seamos realistas, pidamos lo
imposible”. Así se conecta la política, pensada como poder, con
la imaginación, expresando un contenido diferente del que se
utilizaba. Antes se vinculaba la imaginación al arte, a la poesía,
mientras que la política se involucraba en asuntos de la sociedad;
los primeros pensados como abstractos e intangibles, y los segundos como más reales. Desde entonces se creó un matrimonio in115 •
• José Rubén Castillo García
teresante entre ambos términos, que llevó a pensar los vínculos
entre la política y la imaginación de manera distinta.
Durante la revolución estudiantil de mayo de 1968 en París, el
imaginario se hizo fuente de nuevos discursos; con este estilo se
invitaba a participar en las movilizaciones y se reflexionaba sobre
las problemáticas sociales, motivando a los jóvenes a enfrentarse a
lo tradicional y a construir otros mundos posibles. Desde entonces se combina dicho término —imaginario— con los adjetivos
“social” y “colectivo”.
Con la emergencia de los imaginarios en la vida pública se establecieron puntos de vista que se enfrentaron a los paradigmas
teóricos vigentes hasta ese momento acerca del manejo de la política. Desde dichos paradigmas, se indicaba que la fuente de los
procesos sociales y políticos estaba dada por las condiciones de
existencia de las personas, de las cuales emergían los pensamientos, creencias, mitos e ideologías, y que estas poco tenían que ver
en la construcción de la historia. Allí se le daba mayor importancia a lo real y científico, y a lo imaginario se lo consideraba como
irreal e ilusorio, casi sinónimo de “quimérico” o de algo que carecía de sentido por lo fatuo.
Los acontecimientos que he mencionado permiten evidenciar
ante la sociedad la existencia de los grupos de estudiantes que
han hecho parte del desarrollo de las sociedades contemporáneas, unas veces vilipendiados y en otras enaltecidos; pero han
estado ahí en el mundo de la vida, exigiendo cada vez más que
sean reconocidos, escuchados y tenidos en cuenta. Ello me lleva
a afirmar que han aparecido en la escena de la vida pública y que
en ese momento se hizo inevitable que la sociedad diera cuenta
de su existencia.
La constitución de lo juvenil: el reconocimiento
legal
El Estado colombiano, en 1968, crea el Instituto Colombiano
de la Juventud y el Deporte (Coldeportes), considerado como la
•
116
Capítulo IV. La configuración de las prácticas políticas en estudiantes universitarios •
primera propuesta del Estado tendiente a encarar los problemas
expresados por los jóvenes y las jóvenes universitarios, de sectores
obreros y campesinos que ingresaron a los grupos armados insurgentes en ese momento. Fue claro el compromiso de los universitarios y universitarias contra la ingerencia externa, sobre todo
de Estados Unidos, en las decisiones internas en educación; allí
se ubicaron las llamadas “luchas contra el Plan Básico” y “contra
el Plan Atcon”.
En ese marco, el Ministerio de Educación Nacional de Colombia expidió el Decreto 80 de 1980, mediante el cual definió
sus criterios para formular la profesionalización de la educación
en la denominada reforma al “Sistema de Educación Postsecundaria”, al parecer como forma de responder a las demandas de
los movimientos sociales de la época. Se hizo énfasis en la función
social que debía cumplir la educación, propiciando la “aplicación
de los conocimientos adquiridos con permanente sentido de solidaridad”. En la citada norma, en su artículo 20, se definió que la
educación superior debía estar orientada a la satisfacción de las
necesidades básicas de la población y a atender las conveniencias
del país y sus regiones.
Al abrir espacios de participación en la vida pública se intenta
frenar el creciente descontento popular, se propicia el desmonte
jurídico del “centralismo”, dado que se le consideraba como el
mayor obstáculo para el desarrollo de las regiones, puesto que se
hacía evidente el gran estado de abandono en que las había sumido el poder central. Se buscaba con ello generar mayor autonomía local. De esta manera se proponía que las provincias lograran
mayor democracia sin pretender la soberanía independentista de
las localidades, ni que fueran en detrimento de la nación. Posteriormente, surgen otros hitos que representan específicamente
los acontecimientos juveniles en este momento histórico.
La aparición de los “jóvenes sicarios” (1984) que asesinaron al
entonces ministro de Justicia de Colombia, Rodrigo Lara Bonilla,
vinculados algunos de ellos al narcotráfico y a otras actividades
delictivas, permitió a los medios mostrar a los jóvenes ante la faz
117 •
• José Rubén Castillo García
de la sociedad como una población generadora de problemas
sociales y, por tanto, susceptible de ser atendida por políticas de
Estado orientadas a la prevención de estos comportamientos.
En este marco de acontecimientos, en 1985 se establece el
“Año Internacional de la Juventud”, el cual sirvió de base para
reconocer la visibilidad de los sujetos jóvenes e identificar sus
problemas, dificultades y aspiraciones. Con base en ello, se propusieron diversos programas sociales al servicio de las juventudes,
y se habló acerca de la necesidad de formular políticas públicas
específicas para estos grupos sociales.
Las propuestas de la “séptima papeleta”4 (1989) y de la Asamblea Nacional Constituyente (1991) llevaron a la formulación del
artículo 45 de la Constitución Política de Colombia, en donde
por vez primera aparecen los jóvenes y las jóvenes como un sector muy importante para la sociedad colombiana, que requiere
ser atendido por el Estado y por la sociedad. Allí se plantea la
necesidad de velar por su progreso y por los derechos que tienen
para que se les garantice la protección, la formación integral y la
participación en diferentes esferas de la vida pública.
Según Muñoz (2003), el Consejo Nacional de Planeación Económica y Social (Conpes) aprobó el primer documento Conpes,
en el cual se estableció la primera Política Nacional de Estado
para la Juventud (1992). A partir de ello, el Conpes promueve
la necesidad de formular políticas públicas de juventud, por lo
cual en ese sentido se realizan múltiples actividades participativas con jóvenes. En agosto de 1994 se crea el Viceministerio de
la Juventud; en 1997 se establece la Ley 375, denominada Ley de
Juventud; en el año 2000, mediante el Decreto 822, se crea el Pro-
4
•
118
Movimiento estudiantil orientado a convocar en 1989 una Asamblea Nacional
Constituyente en Colombia, realizando de hecho un plebiscito que aprovechó
unas elecciones a diversas corporaciones públicas. Este plebiscito no se podía
convocar legalmente por mandato constitucional, pero se realizó de facto y tuvo que ser reconocido por las instancias gubernamentales como Mandato del
Pueblo.
Capítulo IV. La configuración de las prácticas políticas en estudiantes universitarios •
grama Presidencial “Colombia Joven”, adscrito al Departamento
Administrativo de la Presidencia de la República.
Esto da cuenta someramente de algunos acontecimientos que
muestran la presencia de los jóvenes y las jóvenes en procesos de
construcción del país, y ante todo de la formalización y legalización de su existencia como sector social, no solo como estudiantes
sino como colectivos que hacen presencia en la sociedad en diferentes ámbitos. Aquí se evidencian distintos procesos tendientes a
canalizar las posibilidades de los individuos jóvenes para que ejerzan como actores políticos, participando de diversas formas en la
definición de normativas sociales —como la Ley de Juventud—,
y en la formulación de políticas públicas, tanto a nivel nacional
como local. Veamos ahora qué está por construirse.
La construcción de los mundos juveniles:
perspectivas
Rossana Reguillo (2000) afirma que los estudios sobre la condición juvenil en América Latina emergen hacia la década de los
años ochenta. Además, según lo expresado por Herrera y otros
(2005), en un principio estos estudios buscaban identificar las
especificidades de esta nueva categoría social, e indicaban que en
ese momento se caracterizaban por ser descriptivos, y que luego
fueron pasando paulatinamente a lo que hoy se denominan estudios culturales.
Estas investigaciones presentan dos tendencias: algunas son
descripciones y explicaciones de la realidad social; otras buscan
conocer las subjetividades. Actualmente se destacan aquellas que
reivindican la necesidad de estudiar los significados y sentidos derivados de las culturas y de las prácticas sociales, en este caso, de
los jóvenes y las jóvenes y su participación en la política. Además,
se evidencia el interés por trascender los enfoques descriptivos y
ubicar a los sujetos jóvenes en sus sentidos de vida.
En Colombia se han realizado algunos estudios tendientes a
conocer a los jóvenes y a las jóvenes; según Carlos Mario Perea
119 •
• José Rubén Castillo García
(2000), dichos estudios surgen al final del siglo XX. Él sostiene
que el primer trabajo investigativo sistemático en torno a los individuos jóvenes que se realizó en nuestro país se hizo en Bogotá, y
data de 1994; lo cual nos muestra que la indagación de la realidad
en este campo es muy reciente.
Dos aspectos son dignos de mención con respecto a las expectativas que manejan los jóvenes y las jóvenes en relación con
sus asuntos sociales: la participación y el reconocimiento en el
campo de la política; veamos:
Su participación social se respalda en sus deseos de buscar las
posibilidades de tener voz y ser escuchados y escuchadas. Ellos
y ellas, los jóvenes y las jóvenes, han construido sus propios discursos para manifestar sus maneras de entender el mundo y de
vivirlo. Muchas de sus expresiones pasan inadvertidas, dado que
hay quienes realizan sus prácticas sociales cotidianas al margen de
las asociaciones formales, y lo hacen transitoriamente, por lo cual
no figuran como parte de los movimientos colectivos.
Su reconocimiento social y político se basa en los discursos que
han elaborado acerca de ellos mismos, de sus concepciones de
mundo y realidad: en estos plasman sus intereses, motivaciones,
vínculos, relaciones sociales, expectativas, sueños y deseos de
cambio social. Para comprender el sentido de reconocimiento
social que desean los jóvenes y las jóvenes, es preciso acercarse
a sus mundos, penetrar en las subjetividades y comprender las
realidades en que viven. Al respecto se plantea:
Los jóvenes tratan de incidir en la dinámica societal a través de
estrategias muy diversas, ya sea procurando convertirse en actores
sociales y políticos o desplegando diversas formas de expresión e
identidad, que intentan transmitir al conjunto de la sociedad. Sin
embargo, la mayor parte de las formas que este afán de participación
juvenil ha asumido a lo largo de la historia se ha caracterizado por su
transitoriedad, alternando períodos de gran protagonismo y visibilidad pública con otros de fuerte retracción e invisibilidad […] los
jóvenes se movilizan por la paz, la democracia, la defensa de los de•
120
Capítulo IV. La configuración de las prácticas políticas en estudiantes universitarios •
rechos humanos, la ecología, y muchas otras causas eminentemente
justas pero inespecíficas, que solo se vinculan indirectamente con
la propia condición juvenil [...] existe un marcado distanciamiento de los jóvenes respecto de las principales instituciones públicas
(los partidos políticos, el parlamento, la justicia, la policía, y otros).
En verdad, todo parece indicar que la real o supuesta apatía juvenil
se relaciona con el desencanto que estarían produciendo instituciones que funcionan cada vez más en el marco de rutinas bastante
más aburridas que espectaculares en materia de innovaciones [...]
lo que contrasta con la mentalidad predominante en los jóvenes
que quisieran ser testigos de cambios rápidos y de fondo en muy
diversas esferas del funcionamiento societal.
[…] en los últimos tiempos han proliferado notoriamente las denominadas “tribus” juveniles, como espacios donde los jóvenes se
sienten más cómodos y confortables […] las tribus son ante todo
una respuesta social y simbólica, frente a la excesiva racionalidad
de la vida actual, al aislamiento individualista a que nos someten
las grandes ciudades, y a la frialdad de una sociedad extremadamente competitiva. Adolescentes y jóvenes suelen ver en las tribus
la posibilidad de encontrar una nueva vía de expresión, un modo
de alejarse de la normalidad que no les satisface y, ante todo, la ocasión de intensificar sus vivencias personales y encontrar un núcleo
gratificante de afectividad. Se trata, desde muchos puntos de vista, de una especie de cobijo emotivo en oposición a la intemperie
urbana contemporánea, que paradójicamente, les lleva a la calle
[...] en el fondo se trata de la participación juvenil en la sociedad
a la que pertenecen, y seguramente constituye la clave maestra de
la dinámica juvenil y de las políticas públicas vinculadas al sector.
(Cepal, 2003, pp. 11-12)
Se hace real que las formas de participación de los jóvenes han
cambiado, los grupos sociales aparecen fragmentados y heterogéneos, las emociones superan los argumentos racionales, los imaginarios colectivos y las representaciones sociales influyen cada vez
más el mundo de la vida. Las creencias, las opiniones y en general
121 •
• José Rubén Castillo García
los ámbitos de la doxa ganan presencia. Las diferencias entre lo
público y lo privado se diluyen, se integran y se confunden hasta
el punto en que lo privado, en muchas ocasiones, se convierte en
público; situación en la que cumplen un papel fundamental los
medios de comunicación.
En la definición de lo público y de la política hay nuevos escenarios, ágoras diferentes; ya no es la plaza pública tradicional
el lugar en donde se evidencian los asuntos colectivos. El debate
sobre el asunto privilegia la lucha contra la exclusión, contra el
marginamiento y contra el desconocimiento con que usualmente
ha tratado la sociedad a los individuos jóvenes. Por eso, como respuesta a este estado de cosas, han venido construyendo el deseo
y el compromiso de salir del anonimato y lograr reconocimiento
social para hacerse visibles y ser escuchados.
En esta dinámica juegan un papel muy importante los medios
masivos de comunicación, la Internet, los teléfonos celulares y
los grupos sociales en donde pueden actuar sin restricciones y
manifestar con libertad sus puntos de vista. Estos elementos de
la comunicación les permiten trascender los marcos de lo local,
entrar en los mundos de la globalización y de la virtualidad, a tal
punto que se puede decir que las nuevas realidades tienen relaciones directas con el ciberespacio.
En este contexto se ubican las nuevas ciudadanías juveniles,
las cuales han generado diferentes reacciones sobre el futuro de
lo político, la importancia de la construcción de lo social desde
lo público y lo privado, el papel del Estado y de la sociedad civil.
Portillo (2004) plantea al respecto:
Nosotros nos resistimos a aceptar la idea que propone Baudrillard
acerca del fin de lo político y de la emergencia de la mayoría silenciosa, al menos tal como la describe él. En cambio, como hipótesis
de trabajo, queremos pensar que, en todo caso, se están transformando las reglas del juego. Que en esta trama de significaciones en
las que hoy se reflejan y se trasmutan los procesos de la vida política
y social, aún hay luz y no solo opacidad. Nos resistimos a pensar
•
122
Capítulo IV. La configuración de las prácticas políticas en estudiantes universitarios •
de esta manera, ya que si así lo hiciéramos, estaríamos también
claudicando a un proyecto de futuro. Y preferimos adentrarnos
en el ejercicio intelectual de la comprensión de estas nuevas formas en las que la política se está definiendo, aunque aún hoy sean
incipientes. (p. 206)
Según la autora, las nuevas formas de participación y de expresión ciudadana corresponden a ideologías emergentes, que
llevan a proponer lo que Feixa (2002) denomina los novísimos
movimientos sociales. Estos son entendidos como movilizaciones
de colectivos que históricamente viven en la era de la globalización y que hacen uso de las nuevas tecnologías para comunicarse y para luchar por sus intereses. Se caracterizan por ser heterogéneos, por tener estructuras no jerárquicas y desenvolverse
desde lo local pero con perspectivas globales. Estos novísimos
movimientos sociales generan nuevos retos relacionados con los
asuntos políticos.
Pensar el asunto de la condición juvenil invita a penetrar en el
mundo de los símbolos, los significados, los sentidos, para comprender sus existencias y las historias de vida que hay en la base
de lo personal y de lo colectivo. Invita a reconocer su existencia,
a delimitarlos y asumirlos como grupos de población específicos
que se configuran de manera diferente de los demás.
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123 •
• José Rubén Castillo García
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•
124
Capítulo V
Imaginarios de juventud y ciudad en
maestras y maestros de la ciudad de
Popayán
Deibar René Hurtado Herrera
y María Andrea Simmonds Tabbert
Introducción
El siguiente capítulo es fruto del ejercicio investigativo realizado
con maestras y maestros de la ciudad de Popayán sobre la temática específica de jóvenes e imaginarios sociales, en el contexto
del diplomado Cátedra Popayán (2007).1 El supuesto del que
partíamos era que los docentes y las docentes reproducen imaginarios de juventud a partir de la manera en que ellos y ellas se
han vivido como jóvenes en la ciudad. Para el trabajo investigativo acudimos a sus historias de vida, buscando aproximarnos
desde sus experiencias vitales a los imaginarios de juventud y de
1
Diplomado realizado por los grupos “Estudios Culturales en Comunicación” y
“Urdimbre”, de la Universidad del Cauca, en asocio con la Alcaldía de Popayán.
125
• Deibar René Hurtado Herrera y María Andrea Simmonds Tabbert
ciudad que se recreaban en ellas. En tal sentido, vimos cómo al
relato instituido de “ciudad universitaria” y de “ciudad blanca”
le subyacen unos imaginarios de juventud en moratoria social que
privilegian ciertas prácticas, considerando como transgresoras
otro tipo de prácticas que no reproducen el orden social que la
ciudad propone.
Sobre el ejercicio investigativo
Habiéndonos planteado con el grupo que configuró el diplomado
la necesidad de aportar herramientas investigativas a las maestras y maestros que participarían, nos propusimos, para abordar
la temática de jóvenes e imaginarios sociales, la idea de trabajar
una pequeña historia de vida en que reconstruyeran las experiencias de su juventud que eran más significativas para ellos y ellas.
Nuestra intención era aproximarnos a los imaginarios sociales
de juventud y a la relación que desde estas experiencias ellas y
ellos establecían con la ciudad. Una vez realizado el ejercicio de
escritura de sus relatos, procedimos a hacer un proceso de codificación abierta, agrupamientos asociativos en los que realizamos
una codificación axial y, por último, un proceso de codificación
selectiva.2 Esta tarea la hicimos a través de talleres, en donde tomamos como técnica la teoría fundada o fundamentada3 (Strauss
•
2
Por codificación abierta se asume el “proceso por medio del cual se identifican
los conceptos y se descubren en los datos las propiedades y dimensiones”; la
codificación axial es “el proceso de relacionar categorías a sus subcategorías,
denominado ‘axial’ porque la codificación ocurre alrededor del eje de una categoría, y enlaza las categorías en cuanto propiedades y dimensiones”; y por
último, como codificación selectiva se asume “el proceso de integrar y refinar la
teoría” (Strauss y Corbin, 2002, pp. 111-197).
3
Sin embargo, es necesario aclarar que la teoría fundada es considerada como una
de las tradiciones metodológicas más importantes de la investigación cualitativa;
o sea, como: “una teoría derivada de datos recopilados de manera sistemática y
utilizados por medio de un proceso de investigación” (Strauss y Corbin, 2002,
p. 24), que permite ampliar la teoría existente y por lo tanto aumentar la comprensión. En este sentido, la teoría sustantiva denota un conjunto de categorías
bien construidas, elaboradas a partir de la descripción cuidadosa, el ordena-
126
Capítulo V. Imaginarios de juventud y ciudad en maestras y maestros de la ciudad de Popayán •
y Corbin, 2002). La codificación axial fue compartida en pequeños grupos, socializada y agrupada por las maestras y los maestros para después compartirla con todos los sujetos participantes.
Es de aclarar que en el trabajo realizado participaron de manera
activa la mayoría de ellos, y fue a partir de estos insumos que se
llevó a cabo el proceso de categorización.4
A continuación presentamos las categorías emergentes y una
breve descripción de ellas, apoyada solo en uno o dos relatos considerados como significativos, dada la extensión de este capítulo;
luego realizamos una aproximación teórica, buscando comprender los imaginarios de juventud y de ciudad que, a nuestro juicio,
están implícitos en estas categorías.
Las categorías emergentes
Del trabajo, y a partir de la codificación realizada, emergieron las
siguientes categorías: el camino de la vida, entre pizarras y amigos,
ser o no ser, el agridulce del amor y espacios de realización.
El camino de la vida
Definitivamente un capítulo inolvidable de mi vida es mi juventud:
una época mágica, de experiencias fantásticas, una época en la que
creemos coger el cielo con las manos, en la que pensamos que “Todo
es posible”. Donde las risas, la alegría y espontaneidad son el pan
de cada día que impregna nuestras vidas. En esta bella etapa mis
amigas de colegio ocupaban un lugar muy especial, privilegiado e
miento conceptual, los agrupamientos de los datos en categorías y la búsqueda
de relaciones entre categorías.
4
Consideramos importante explicitar que hubo un grupo de profesores y profesoras que fueron renuentes a la realización de la actividad, y que obviamente no
se sintieron convocados; su trabajo en la historia de vida y su posterior sistematización no lo realizaron, lo que implicó tomar la decisión de no contar con sus
aportes aunque estos pudiesen ser valiosos.
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• Deibar René Hurtado Herrera y María Andrea Simmonds Tabbert
inolvidable; lo que vivimos y compartimos dejó marcada positivamente mi vida. (Maestra 1 CP)
Ese “capítulo inolvidable” al cual hace referencia el anterior relato es considerado como una etapa de la vida muy cercana a la
niñez, que también se asocia con la adolescencia, en todos los casos relacionada por los maestros y maestras con ese período “en
donde se aprende a ser grande”, “donde se viven las primeras
experiencias amorosas”. En cuanto a los espacios que se referencian como significativos aparecen los pueblos donde nacieron,
y como escenario de socialización se privilegia la familia, lo que
implica referencias a acontecimientos familiares abundantes y a
huellas formativas, como por ejemplo las religiosas.
En algunos casos, los cambios que implicó ingresar a la universidad o cambiar de lugar de residencia para ir a estudiar, o sus
primeras experiencias laborales como docentes, significaron para
ellas y ellos cambios “drásticos” de vida y sus primeras experiencias en la ciudad de Popayán. Sus nuevas vinculaciones laborales
o académicas descentraron ese lugar preponderante que ocupaba la familia y los colocaron sobre la ruta de nuevos encuentros
sociales. Dentro de estas nuevas relaciones enunciaremos a continuación aquella que fue considerada como muy significativa y
que se refiere al proceso de escolarización.
Entre pizarras y amigos
La etapa que más disfruté fue el estudio y la vida universitaria en
la Universidad del Cauca, donde cursé mi carrera de ciencias sociales; disfruté de las fiestas universitarias, la música romántica, la
tropical (andina), la salsa y el rock de los ochenta; me agradaban las
salidas de campo, porque además de aprender nos integrábamos
en torno a la comida, la música y el baile, generalmente en lugares
del departamento del Valle del Cauca. (Maestra 2 CP)
•
128
Capítulo V. Imaginarios de juventud y ciudad en maestras y maestros de la ciudad de Popayán •
Tal como lo indica el anterior relato, la escolarización fue la
“etapa” en la cual se disfrutó de muchas experiencias juveniles.
Ser joven entonces fue vivir la experiencia formativa de ser bachiller o universitario, en donde la inconformidad se convertía en
una consigna de vida. “Etapa” que implicó dedicación y esfuerzo,
trabajo y lucha por lograr aquellas primeras metas de formación.
Se plantean como muy significativas las relaciones de amistad que se establecieron en esta “etapa”, con amigos y amigas
que compartían los mismos sueños, gustos e inconformidades;
aquellos y aquellas con quienes se salía a bailar y a conocer otros
lugares, muchos de ellos relacionados directamente con las actividades académicas. La vida universitaria se reconoce aquí como esa experiencia de vida que significó, además, poder tomar
distancia del control familiar, conocer otros espacios y vivir cosas nuevas. Ese vivir cosas nuevas se convertiría en un elemento
característico en sus vidas como jóvenes y que se relaciona con
la siguiente categoría.
Ser o no ser
Deseaba ir a fiestas y tener novio. Fue la determinación de explorar
el mundo la que me impulsó a pedirle permiso a mi papá de ir a
fiestas una vez al mes acompañada por uno de mis hermanos. Fue
la puerta de salida para mis demás hermanas. […] En casa, mi papá
no hablaba sobre los amigos, los novios, el sexo o tema alguno; la
exigencia era el estudio, hacer los oficios de la casa, obedecer y dormir. Ni siquiera se hablaba del proyecto de mi vida. (Maestra 3 CP)
Esa “determinación de explorar el mundo” está asociada de manera directa con la juventud como “época para vivir nuevas experiencias”. La relación establecida en los relatos con el goce, la
aventura y lo que denominaron “el des-orden”, da cuenta de una
perspectiva en la cual, tal como se ha denominado esta categoría,
a juicio de ellas y ellos todavía no se “es”; en tal sentido, cuando se
“es” no hay espacio para des-órdenes de ningún tipo. Las fiestas,
129 •
• Deibar René Hurtado Herrera y María Andrea Simmonds Tabbert
los encuentros con amigos y amigas, la interacción con otros diferentes con “nuevas identidades”, aparecen de manera recurrente.
Las historias del barrio, de aquellos momentos denominados
como “inolvidables”, tienen que ver con ese “período” en el cual
por ser jóvenes estudiantes podían disfrutar de ciertos privilegios
relacionados con permisos, espacios y viajes. Ser jóvenes implicaba encontrarse con otras y otros con quienes podían compartir
sueños, expectativas y temas de los que no podían hablar con sus
padres y madres.
En esta categoría, y haciendo referencia a esa “determinación
por explorar el mundo”, hemos integrado la categoría emergente
“el agridulce del amor”; en ella referenciamos esas experiencias
de vida indefinibles e indescriptibles que significaron los encuentros amorosos, esos momentos “inolvidables” que se sienten como “mariposas en el estómago”.
Por supuesto lo más emocionante del paseo era ir con pareja, porque paseo sin novio no era lo mismo. Por algo hay un compositor
colombiano que afirma “el que en Bogotá no ha ido con su novia
a Monserrate, no sabe lo que es panela ni tamal con chocolate”.
(Maestra CP)
Es de anotar el papel tan importante que jugaban el grupo de
amigos y amigas (pares) para posibilitar este tipo de experiencias,
o las complicidades de los hermanos y hermanas para permitir la
asistencia a “fiestas” donde se pudieran posibilitar esos encuentros. El tema “sexual” como tal no fue mencionado, aunque tal
como se puede ver en el relato con el cual se introduce esta categoría, fue planteado como uno de los temas vedados de conversación con los padres y madres.
Espacios de realización
Todos los viernes, luego de finalizar las actividades académicas en
la Universidad del Cauca […], íbamos a la galería del barrio Bo•
130
Capítulo V. Imaginarios de juventud y ciudad en maestras y maestros de la ciudad de Popayán •
lívar, donde semanalmente degustábamos platos como: la sobrebarriga, la lengua, el ternero, la pajarilla, entre otros. Después de
haber quedado satisfechos subíamos al Morro de Tulcán a hacer la
digestión y/o siesta. En muchas ocasiones se paraba para la botella
(de aguardiente) y se seguía disfrutando de una tarde de viernes
con los compañeros. (Maestro CP)
En esta categoría se explicitan los lugares en donde vivieron como
jóvenes, las ciudades y pueblos de origen en donde pudieron, a su
juicio, tener espacios de desarrollo personal y social. Igualmente
las posibilidades que tenían en ellos para el juego, para el entretenimiento, para el encuentro con la naturaleza. Estos espacios,
dentro de los que se enuncia su propio entorno familiar, están relacionados con el barrio, con el pueblo y con la ciudad de origen
principalmente, con sus recorridos por ellos como niños o niñas
y como jóvenes. Es una mirada nostálgica cargada de afectividad
con esos espacios y con esos tiempos, que se recrea en el regreso
(de aquellas y aquellos que no son de Popayán) a sus pueblos y
en los re-encuentros que estos viajes propician.
En el caso específico de las referencias que se hicieron sobre
Popayán, las maestras y maestros ven la ciudad como un espacio
de realización, en tanto la asocian con sus procesos formativos
o con sus desarrollos profesionales o vocacionales. En algunos
casos, y para quienes nacieron en Popayán, se enunciaron los recorridos por la ciudad —por “mi linda ciudad”—, en ocasiones
con los padres y madres; por ejemplo, el paseo dominical al aeropuerto o a la iglesia de Belén, y a sitios en donde se encontraban
con otros jóvenes; por ejemplo: “El Morro”, “la galería del barrio Bolívar”, “el Centro Deportivo Universitario Tulcán”, “Los
Robles”, “Río Blanco”, entre otros.
Nos parece importante mencionar —dado que fue un acontecimiento que transformó la ciudad— las referencias que se
hicieron al terremoto de Popayán (1983) como una época de
dolor y de reflexión, como un acontecimiento que se consideró
determinante para la ciudad y para las maneras como se narra
131 •
• Deibar René Hurtado Herrera y María Andrea Simmonds Tabbert
la ciudad desde ellos; así, pues, la destrucción de sus casas, de
la universidad o, para algunos, de sus escuelas, fue un episodio
traumático y a la vez significativo, al igual que las referencias a
la Semana Santa y al conocimiento que se decía tener de ella en
relación con los pasos y el respeto que sentían cuando se participaba de sus rituales como alumbrante.
Una aproximación teórica a los hallazgos
La juventud como etapa del ciclo vital
Una vez descritas las categorías emergentes es necesario realizar
una aproximación teórica a dicha descripción. Así, pues, cuando en el ejercicio realizado las maestras y maestros propusieron
la categoría del camino de la vida, no pudimos evitar relacionarla con el trabajo realizado por José Fernando Serrano (2004) y
con el mapa vital que él propone y que lleva su mismo nombre.
Para este autor, tal como lo plantearon en nuestros talleres, esta
denominación de la categoría se relacionaba directamente con
la canción del folclor colombiano que narra aquella vida larga
donde uno nace, crece (infancia y juventud), se reproduce (tiene
una pareja) y muere. Esta mirada de la vida implica una sucesión
lineal y progresiva de hechos que se nos presentan a manera de
etapas, momentos o capítulos. Es central aquí la noción de ciclo
vital que se encuentra marcadamente presente en el escenario
escolar y en los discursos de la biología, la psicología y la educación. Dentro de estos ciclos aparecen la niñez, la adolescencia, la
juventud, la adultez y la vejez, como etapas de orden biológico y
como sucesos evolutivos determinados biológicamente. En esta
perspectiva los sujetos sociales tienen poca capacidad de acción;
pasa el tiempo y progresivamente van llegando a la edad que los
pone en cada etapa o momento del ciclo de vida.
Nuestras maestras y maestros reproducen el relato que les fue
contado por sus padres, madres, abuelas y abuelos, haciendo evidente la influencia que esos discursos mencionados tienen en ellas
•
132
Capítulo V. Imaginarios de juventud y ciudad en maestras y maestros de la ciudad de Popayán •
y en ellos, ya que estos atraviesan la escuela y fueron centrales en
su formación como docentes. Este aspecto es un elemento que
debe ser tenido en cuenta para comprender cómo se reproduce una forma de mirar a la juventud. Es por eso que ellos y ellas
resaltan dentro de sus relatos que la juventud es un “capítulo de
la vida” o una “etapa” que está relacionada directamente con la
niñez y la adolescencia y con sus procesos formativos, donde la
familia juega un papel fundamental.
La juventud, como etapa del ciclo vital, hace parte de los imaginarios5 de juventud que se encuentran fuertemente instituidos.
Las narraciones de los maestros y maestras nos muestran la manera como ellos y ellas asumen e instituyen esta perspectiva. La
juventud para ellos y ellas es una etapa de transición hacia la vida
adulta que está asociada con el concepto de adolescencia y con
los cambios biológicos (caracteres sexuales secundarios) propios
de otra etapa denominada pubertad. Desde esta comprensión, la
juventud también es entendida como grupo etario, como grupo homogéneo que tiene en común un rango de edad, aún sin
delimitar exactamente.6 En este sentido, la juventud se asume
5
Los imaginarios se asumen como esas matrices de sentido desde las cuales se
configura la realidad social, pero también como la capacidad que tienen los
individuos y los colectivos de tomar lo que existe para crear formas nuevas,
impredecibles, y producir en un determinado momento una ruptura (Franco,
2003). Sobre imaginarios de juventud, ver Hurtado (2004). Para comprender
esas matrices de sentido es necesario: “dar cuenta de las significaciones y de
forma complementaria de los imaginarios sociales, a partir de los cuales se teje
la urdimbre que conocemos como realidad social o como realidades sociales,
de los procesos de creación que producen desplazamientos de sentido o sobre
aquello que permite configurar sentido, de lo inexistente que emerge desde la
imaginación radical o de algo que ya está instituido” (Hurtado, 2007, p. 14).
6
Plantear que la juventud es una construcción social no implica de ningún modo negar su facticidad en términos de capital temporal, como lo denominaran
Margullis y Urresti (1999), o desde su posicionamiento cronológico, sino que se
quiere mostrar cómo, de acuerdo con los contextos y con las finalidades, estos
rangos de edad son variados, incluyendo o excluyendo aquel rango de edad llamado adolescencia. En tal sentido resaltamos que: “Convencionalmente se ha
utilizado la franja etaria entre los 12 y 18 años para designar la adolescencia; y
para la juventud, aproximadamente entre los 15 y 29 años de edad, dividiéndose
133 •
• Deibar René Hurtado Herrera y María Andrea Simmonds Tabbert
como una “etapa” importante para la integración social, en la
cual la gente joven debe formarse y adquirir todos los valores y
habilidades para insertarse en el mundo adulto. La adultez es el
destino al que todos y todas quieren llegar; implica la mayoría de
edad y la inserción en el mundo de la producción, en el mundo
del trabajo como único camino, como ruta deseable para la cual
se han preparado.
Es necesario, entonces, reconocer que la juventud es una
construcción social (Bourdieu, 1990), una construcción cultural
relativa en el tiempo y en el espacio (Feixa, 1999), y el error de
comprender a los jóvenes y a las jóvenes como un continuo atemporal y ahistórico (Reguillo, 2000). Lo juvenil ha sido cargado de
contenidos particulares, acordes con los contextos en donde se
construye este imaginario; por tal razón, el concepto ha estado
vinculado a lo heroico, a la fuerza, al coraje, a la vitalidad; desde
esta perspectiva la juventud es heroizada e idealizada. Pero también este imaginario ha instituido la noción de joven como “la
reserva” desde la cual se construirá lo social, asignándole un papel
fundamental en la construcción del futuro.7 En ambas versiones:
a su vez en tres substratos: de 15 a 19 años, de 20 a 24 años y de 25 a 29 años.
Incluso para el caso de designar el período juvenil, en determinados contextos
y por usos instrumentales asociados, este se amplía hacia abajo y hacia arriba,
pudiendo extenderse entre un rango máximo desde los 12 a los 35 años, como
se aprecia en algunas formulaciones de políticas públicas dirigidas al sector juvenil. Inclusive y debido a una necesidad de contar con definiciones operacionales
como referentes programáticos en el campo de las políticas de adolescencia y
juventud, en los países iberoamericanos se presenta una gran diferencia en los
rangos de edad utilizados. Por ejemplo, entre los 7 y 18 años en El Salvador;
entre los 12 y 26 en Colombia; entre los 12 y 35 en Costa Rica; entre los 12 y 29
en México; entre los 14 y 30 en Argentina; entre los 15 y 24 en Bolivia, Ecuador, Perú, República Dominicana; entre los 15 y 25 en Guatemala y Portugal;
entre los 15 y 29 en Chile, Cuba, España, Panamá y Paraguay; entre los 18 y 30
en Nicaragua; y en Honduras la población joven corresponde a los menores de
25 años (Cepal y OIJ, 2004, pp. 290-291). En Brasil se utilizaría el tramo entre
los 15 y 24 años de edad (Instituto Ciudadanía, 2004, pp. 8-9; Camarano et al.,
2004, p. 1)” (Dávila, 2004).
7
•
134
A lo que nos referiremos más ampliamente en el apartado de escolarización y
moratoria social.
Capítulo V. Imaginarios de juventud y ciudad en maestras y maestros de la ciudad de Popayán •
[…] la juventud aparece “mitologizada”; sobre este guión de lo juvenil se han construido las representaciones sobre la vida, en tanto ella
habla de un estado por completo opuesto a la muerte. (Feixa, 1999)
Contrariamente a lo que se podría pensar, los jóvenes y las jóvenes, como categoría cultural, no existen en todas las comunidades humanas: “cada sociedad organiza la transición de la infancia
a la vida adulta, aunque las formas y contenidos de esta transición
son enormemente variables” (Feixa, 1999, p. 18); existen sociedades donde los niños y niñas, a partir de un rito de transición,
hacen el paso de la niñez a la adultez.
Para Carles Feixa (1999):
La enorme diversidad de situaciones pueden agruparse en cinco
grandes modelos de juventud, que corresponden a otros tantos tipo
de sociedad: los “púberes” de las sociedades primitivas sin Estado;
los “efebos” de los Estados antiguos; los “mozos” de las sociedades
campesinas preindustriales; los muchachos de la primera industrialización; los jóvenes de las modernas sociedades post-industriales.
No se trata de modelos unívocos, sino más bien de “tipos ideales”
que sirven para ordenar la heterogeneidad de los datos etnográficos e históricos. (p. 18)
Siguiendo a Feixa, la aparición en el escenario público de lo
juvenil se da con los denominados muchachos en la sociedad industrial; el surgimiento de esta categoría se asocia a las transformaciones que sufrieron instituciones sociales como la familia, la
Iglesia, el ejército, la escuela. La segunda revolución industrial
introdujo avances tecnológicos que exigían de niños, niñas y
jóvenes una cierta preparación, lo que los alejó del mundo laboral, expulsándolos a la escuela o a la calle. Mientras que para
los burgueses la juventud representaba un período de moratoria
social marcado por el aprendizaje escolar y el ocio creativo, para
los proletarios representaba a menudo la expulsión del mercado laboral y el ocio forzoso. Por esta razón, la categoría joven se
135 •
• Deibar René Hurtado Herrera y María Andrea Simmonds Tabbert
asume como una construcción social de algo que se llama escolaridad, en aquel que puede acceder a la moratoria, o sea del joven con ciertas condiciones de vida; del joven varón, en primer
lugar, ya que las jóvenes entraron en esta moratoria muy tardíamente.
Escolarización y moratoria social
Pero este imaginario de juventud como transición hacia la vida
adulta no podría ser comprendido al margen del concepto de
moratoria social. No es asunto de relacionarlo de manera arbitraria, sino que tal como lo muestran las categorías emergentes está
presente en la forma de narrar sus experiencias juveniles. “Entre
pizarras y amigos” alude a esa relación que estableció Occidente
entre juventud y escolarización. Así, pues, la juventud emerge
como ese período o tiempo en el cual a las jóvenes y a los jóvenes
se les prepara para luego insertarse en el mundo adulto o mundo del trabajo, en lo que Erikson (1971) denominó “moratoria
social”.
La sociedad de productores, como la denominará Bauman
(2003), se explicaba en ese pacto social con el Estado, que doblegaba a los sujetos a sus órdenes y que postergaba su felicidad,
en una suerte de sacrificio llamado “aplazamiento de la satisfacción”. En este panorama, el trabajo se convertía en el camino a la
felicidad y al progreso; los proyectos de vida se construían a largo
plazo y al trabajo le correspondía una valoración ética positiva;
así, pues, el presente se futurizaba y se convertía en el camino inevitable desde el cual proyectarse.
Ese proyectarse al futuro se asocia al concepto tan frecuentemente usado de “proyecto de vida”, vinculado a la lógica de la
identidad moderna, que Maffesoli planteará como: “Tener sexo,
tener una profesión, tener una ideología, tener una identidad sexual, una identidad profesional” (2004, p. 27); pero también está
en relación con la acepción de la Ilustración, en la cual el proyecto
se asociaba con la domesticación del futuro. La idea, entonces,
•
136
Capítulo V. Imaginarios de juventud y ciudad en maestras y maestros de la ciudad de Popayán •
era formar al sujeto trabajador, y ese lapso de tiempo cada vez
se ha ido ampliando más, debido a las exigencias del mercado
laboral, que obligan a unos períodos de formación mucho más
amplios.
Desde la antropología de la juventud propuesta por Feixa
(1999), la aparición en el escenario público de lo juvenil se da
con los denominados muchachos en la sociedad industrial; el
surgimiento de esta categoría se asocia a las transformaciones
que sufrieron instituciones sociales como la familia, la iglesia,
el ejército, la escuela. Con la primera revolución industrial se
legitima la moratoria social de los muchachos y muchachas, pero “los jóvenes” como categoría sociocultural son ubicados por
Feixa en la sociedad postindustrial, obviamente manteniendo
una estrecha relación con la moratoria como período social de
preparación, pero sobre todo porque es en este período cuando
sufre una importante transformación la imagen social de los jóvenes y las jóvenes.
La categoría joven se asume como una construcción social de
algo que se llama escolaridad, y de esos periodos de escolarización en aquellos que pueden acceder a la moratoria, o sea de las
jóvenes y los jóvenes con ciertas condiciones de vida, aquellos
que se consideran “incluidos” solo por el hecho de poder asistir
a la escuela. La moratoria aparece ligada al reconocimiento social
de lo juvenil en sociedades de clases, lo que define la categoría y
regula la moratoria en lo social. Los individuos jóvenes no se dispensaban del sistema productivo, ya que debían entrar posteriormente en los círculos de producción; se formaban para luego ser
insertados. En el siglo XX se amplían los espacios de moratoria;
no para todos, sino principalmente para los hombres incluidos,
determinando la separación entre los que entraban en el sistema
escolar y los que no. El imperativo era hacer calificaciones para
introducirse en el sistema productivo de su clase.
En este contexto, la escuela se convierte en el escenario del
disciplinamiento y de la formación de ese sujeto trabajador, pero
como lapso de tiempo; y tal como lo hemos venido planteando,
137 •
• Deibar René Hurtado Herrera y María Andrea Simmonds Tabbert
es el espacio en el cual a esos jóvenes escolares se les dispensa de
asumir responsabilidades sociales, económicas y laborales. Es
aquí donde se forma y encarna ese imaginario modélico que se
plantea para los jóvenes y las jóvenes, y que se caracteriza por:
La obediencia, adaptabilidad, capacidad de progreso, pulcritud,
respeto, operatividad, ideas innovadoras, ambiciones, responsabilidad, confianza, visión de futuro, simpatía; es decir, el conjunto de
virtudes contenidas en la imagen publicitaria de un gerente junior
(sea después político, administrador, conductor mediático, profesional liberal, hombre o mujer de empresa). (Margullis y Urresti,
1999, p. 19)
Nuestros maestros y maestras vivieron esa experiencia formativa y, por supuesto, ese modo de vivir la juventud. En tal sentido,
los relatos nos muestran que se reproduce ese imaginario fuertemente instituido acerca de los jóvenes en transición a la vida
adulta, donde la transición significa preparación. De ahí que las
experiencias vitales se narran en relación con el bachillerato y la
universidad. Ser joven implica el encuentro con otros y otras que
disfrutan de esa misma condición.
Para finalizar este apartado nos referiremos a la categoría Ser
o no ser, fuertemente ligada al concepto de moratoria social, en la
medida en que la ambigüedad se relaciona con ese sentimiento de
incompletud, provocado por no haber alcanzado aún la preparación para insertarse en el mundo adulto; completud que se logra
en el tránsito progresivo y lineal por las diversas etapas biológicas,
por los diferentes niveles de desarrollo y por los diversos espacios
de socialización; esa vivencia de a-doles-seres, o sea de aquellos
seres que no han alcanzado la razón en la perspectiva kantiana.
Claro que también esta categoría se refiere a aquellos imaginarios que asumen a los individuos jóvenes como sujetos en riesgo,
des-ordenados, en crisis; donde es legítimo vivir situaciones irregulares o el des-control. Espacio de la vida en donde se permite
vivir emociones, como el amor, la locura, la fiesta, la aventura y la
•
138
Capítulo V. Imaginarios de juventud y ciudad en maestras y maestros de la ciudad de Popayán •
lujuria. Estos imaginarios, que han sido fuertemente instituidos,
han producido la estigmatización de la gente joven como delincuente, desadaptada, irresponsable, necesitada de control y, en
algunos casos, necesitada también de represión. Desde ahí se han
sustentado políticas de readaptación social juvenil, de prevención
de la delincuencia, de legislación y acciones represivas, apoyadas
en la construcción de tipologías fuertemente discriminatorias. Es
claro que las expresiones de “des-control” y “des-orden” manifestadas por nuestros maestros y maestras están dentro de las actividades permitidas por el mundo adulto y legitimadas socialmente
para ser vividas en este período, como son las fiestas, los encuentros amorosos, las reuniones de amigos y amigas. Sin embargo,
no se puede negar que en estas desviaciones siempre fue usada
la sanción normalizadora como medio del buen encauzamiento,
como las denominará Foucault (1984).
Ser joven en Popayán
La necesidad de comprender los imaginarios de juventud y de
ciudad desde las experiencias vitales de las maestras y los maestros en Popayán, hace necesario reconocer su existencia espacial.
O sea, visibilizar y contextualizar la relación entre ciudad y subjetividad, comprendiendo la forma como la ciudad interpela, la
manera como la ciudad se vive, como se vive el espacio, donde el
espacio es existencial y la existencia espacial. Esta existencia espacial se relaciona directamente con el concepto fenomenológico
de espacio vivido, que implica la fijación del sujeto en un medio
contextual, un anclaje posible que se relaciona con las maneras
concretas en que se recorre la ciudad, con las formas en que se
frecuenta, con la relación de diversos puntos de referencia; por
lo tanto, con el sentido o los sentidos que se configuran acerca de
ella (Merleau-Ponty, 2000).
Las maestras y maestros han vivido la ciudad, y el sentido
que ellas y ellos le otorgan a dicha experiencia pone en relación
y en escena elementos estilísticos, históricos, afectivos singula139 •
• Deibar René Hurtado Herrera y María Andrea Simmonds Tabbert
res de una ciudad como Popayán, que desde su relación centroperiferia, como desde su arquitectura, convierte sus espacios en
lugares de enunciación. Así, las estructuras visibles y funcionales
de la ciudad, presentes en la arquitectura colonial y en el color
blanco como marca distintiva, se constituyen en una máquina
de sentido con efectos múltiples, que van desde el aplastamiento
unificador hasta la re-singularización liberadora de la subjetividad
individual y colectiva (Guattari, 1993). La ciudad se convierte en
el espacio que posibilita la apertura o el bloqueo de prácticas de
subjetivación y, por lo tanto, la emergencia de singulares formas
de subjetividad.
Son los espacios que están vinculados con acciones y experiencias de sujetos históricos, en tanto tienen una existencia espacial.
Pero esta existencia espacial puesta en el contexto de nuestro
trabajo implica preguntarse qué significa ser joven en la denominada “ciudad blanca”, o en “la ciudad universitaria”, denominación de Popayán a la cual le subyacen unos imaginarios sociales
de pureza y religiosidad, o de ciudad para jóvenes en moratoria
social.
Así, pues, los relatos nos mostraron cómo las experiencias
juveniles con la ciudad están fuertemente ligadas al concepto
de moratoria social, en tanto se muestran como significativas las
épocas estudiantiles, los compañeros y compañeras de colegio o
universidad y al mismo tiempo las primeras experiencias laborales; todo esto relacionado de manera muy intensa con aquello
que llamamos “el camino de la vida”.
A este imaginario social de juventud en moratoria social se suma el imaginario instituido de Popayán como “ciudad blanca” y el
enorme poder simbólico que esto tiene; es así como, para Gilbert
Durand (2004), en esta misma constelación simbólica convergen
lo brillante, lo luminoso, lo solar, lo dorado, lo puro, lo blanco, lo
azul, lo real, lo vertical. Constelación simbólica que se ubica en
el régimen diurno del imaginario, régimen de la trascendencia,
donde el afán purificador se restablece a través del agua lustral.
Durand muestra cómo el agua lustral por excelencia es la nieve,
•
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Capítulo V. Imaginarios de juventud y ciudad en maestras y maestros de la ciudad de Popayán •
ya que purifica, tanto por la blancura como por el frío. La “ciudad blanca” es una expresión más de la asepsia, pero también
de la divinidad, dominio de la claridad y de esa búsqueda por
la purificación, propia de los imaginarios religiosos que aquí se
recrean, donde la trascendencia y la claridad exigen el esfuerzo
por la distinción, por la separación y la jerarquización; en ella no
hay espacio para la mancha, para la desviación; y si esta, por algún motivo, sucede, es necesario corregirla, acabarla o expulsarla
penal, moral o socialmente.
La ciudad reproduce un orden social, y sus espacios están diseñados para que este orden se mantenga. En tal sentido, la escuela
y otros escenarios educativos de tipo formal, no formal e informal,
son lugares de reproducción de ese orden. De ahí que una de las
experiencias significativas que se encuentra en los relatos pone en
evidencia uno de los dispositivos de reproducción de ese orden,
como lo es la fiesta oficial de la Semana Santa. La fiesta oficial se
caracteriza por su concepción determinada y concreta, y porque
[…] tendía a consagrar la estabilidad, la inmutabilidad y la perennidad de las reglas que regían el mundo: jerarquías, valores, tabúes
religiosos, políticos, morales. La fiesta era el triunfo de la verdad
prefabricada, victoriosa, dominante, que asume la apariencia de
una verdad eterna inmutable y perentoria. (Bajtín, 1987, p. 15)
En el caso de Popayán, la fiesta oficial de mayor tradición es
la Semana Santa (452 años); fiesta religiosa que se caracteriza por
la procesión de imágenes que reproducen la pasión, muerte y
resurrección de Jesucristo por las calles de la ciudad. En las procesiones se reproduce el orden social de la ciudad, e igualmente
es el espacio en donde las jerarquías y las diferencias de clase se
hacen visibles. Es una especie de desfile de autoridades morales,
religiosas, políticas, educativas y militares. Esta fiesta oficial es
determinante en la configuración de los espacios en la ciudad; la
arquitectura del centro histórico se mantiene inmutable y se embellece para esta ocasión; esta es una de las razones por las cua141 •
• Deibar René Hurtado Herrera y María Andrea Simmonds Tabbert
les las prácticas de los jóvenes y las jóvenes han sido expulsadas
del centro histórico de la ciudad o están en él por apropiación
o transgresión. La Semana Santa está en los relatos de los maestros y maestras; pero la pregunta es: ¿cómo participaban ellas y
ellos? Por supuesto, su forma de participación era como asistentes o alumbrantes; o sea, ocupando el lugar que debían ocupar
dentro del orden.
A pesar de que no todos los sujetos docentes son de la ciudad
de Popayán, su relación con la ciudad de alguna manera tiene
que ver con la moratoria social, bien porque fue allí en donde
realizaron sus estudios como maestros o maestras bachilleres
o como universitarios, o bien porque allí tuvieron sus primeras
experiencias laborales como trabajadores y trabajadoras del escenario de la moratoria social, cual es la escuela. Popayán sigue
siendo la arcadia colonial que se enorgullece de ser considerada
“ciudad letrada” o “ciudad universitaria”; pero la arcadia, como
mito de la oligarquía:
No es más que el desaliñado espíritu conservador, monolítico y exclusivista que la retardataria oligarquía latinoamericana ha hecho
subsistir, e impone aún como memoria sobre los centros urbanos en
los que se atrinchera: la Arcadia cobra sentido con su visión hacia
el pasado y con su profunda convicción feudal. (Moreno Durán,
2002, p. 82)
La ciudad letrada no es más que la otra cara de la misma moneda: una forma de creación de una “subsociedad”, de unos “otros”
que también habitan la ciudad y que no son considerados cultos, y
que por lo general son pobres y aborígenes. En las ciudades letradas latinoamericanas, tal como lo afirma Moreno Durán (2002),
lo letrado está asociado directamente con el poder y la idea de lo
culto, y en ese sentido la ciudad es el medio a través del cual se
sedimenta nuestro esquema específico de “civilización europea”.
La ciudad que habitan los maestros y maestras de Popayán
no puede comprenderse como ese lugar físico alejado de lo que
•
142
Capítulo V. Imaginarios de juventud y ciudad en maestras y maestros de la ciudad de Popayán •
ellas y ellos fueron y son, sino como ese territorio existencial en
donde se configuran sus subjetividades, en donde se desarrollan
prácticas de subjetivación (culturales y políticas) que implicaron
el encuentro con otras subjetividades, movilizadas en relación
con las prácticas que la ciudad les proponía, pero también con la
diversión y con los sueños de otras realidades posibles.
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143 •
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•
144
Capítulo VI
ADSCRIPCIONES IDENTITARIAS DE JÓVENES
COMO HORIZONTE DE SENTIDO DE
DINÁMICAS CONFLICTIVAS JUVENILES1
Diego Alejandro Muñoz Gaviria
Luis Alfredo García
Soy anarquista, soy neonazi, soy un esquinjed y soy ecologista,
soy pesimista, soy terrorista, capitalista y también soy pacifista,
soy activista sindicalista, soy agresivo y muy alternativo,
soy deportista, politeísta y también soy buen cristiano
y en las tocadas la meta es el Islam,
pero en mi casa sí le meto al tropical […]
me gusta tirar piedras, me gusta recogerlas,
me gusta ir a pintar bardas y después ir a lavarlas.
Café Tacuba
1
Este texto hace parte de las producciones teóricas de la línea de investigación
Desarrollo Humano y Contextos Educativos del Grupo Interdisciplinario de Estudios Pedagógicos (Gidep) y del grupo de investigación “Jóvenes, Culturas y
Poderes”, del Cinde.
145
• Diego Alejandro Muñoz Gaviria y Luis Alfredo García
Introducción
En el presente escrito pretendemos realizar un acercamiento
comprensivo, desde los referentes conceptuales de la psicología
social (Ibáñez, 2001) y la sociología de la juventud (Feixa, 1999),
al tema de las dinámicas conflictivas en las adscripciones identitarias juveniles. Es un ejercicio de aproximación que dista de
ser una construcción teórica terminada; es más una reflexión en
torno a la temática propuesta. Así, con lo escrito a continuación
solo podemos comprometernos con enunciar algunos supuestos
conceptuales desde los cuales abordamos lo juvenil.2
El estudio de las adscripciones identitarias como horizonte de
sentido, de las dinámicas conflictivas juveniles existentes entre sí
y con el mundo adulto, a partir de las experiencias que viven jóvenes en proceso de moratoria psicosocial, implica una reflexión
teórica desde las esferas de comprensión generalizada de saberes
como la psicología social y la sociología, y de saberes contextuales
propios de los y las jóvenes.3
Las adscripciones identitarias juveniles son entendidas como
los procesos socioculturales y psicosociales mediante los cuales
los jóvenes y las jóvenes se adscriben o vinculan presencial o
•
2
Lo juvenil hace alusión a las formas en que la juventud ha significado energía,
vigor y frescura; así como velocidad, pasión y fortaleza. La formación identitaria
de los jóvenes y de las jóvenes surge en las distintas concepciones, experiencias
y procesos sociales que los hacen partícipes, casi automáticamente. La sociedad
actual, la cultura, los grupos, las distintas formas de la comunicación y la escuela
misma han generado nuevos modos de vida que influyen en los comportamientos, pensamientos y demás factores que, en conjunto, dan origen a las nuevas
identidades juveniles.
3
Acerca de la categoría “joven”, Rossana Reguillo anota: “En relación con los
modos en que la sociedad occidental contemporánea ha construido la categoría
‘joven’ es importante enfatizar que los jóvenes, en tanto sujeto social, constituyen
un universo social cambiante y discontinuo, cuyas características son resultado
de una negociación-tensión entre la categoría socio cultural asignada por la sociedad particular y la actualización subjetiva que sujetos concretos llevan a cabo
a partir de la interiorización diferenciada de los esquemas de cultura vigente”
(Reguillo, 2000, p. 50).
146
Capítulo VI. Adscripciones identitarias de jóvenes como horizonte de sentido… •
simbólicamente a ciertas identidades sociales,4 y asumen unos
discursos, unas estéticas y unas prácticas (Reguillo, 2000, p. 55).
De esta manera, dichas adscripciones se perfilan como marcos
de referencia y actuación de sus adscriptos.
En estas adscripciones se configura el sí mismo, entendido
como una organización psíquica que emerge en el individuo sobre la base de sus experiencias y percepciones. Hace síntesis del
proceso dinámico del yo, la pulsión y la normativa cultural. De
ahí se deriva que el proceso de autocreación de sí mismo lleva implícita una historia y está dispuesto al devenir de las situaciones
vividas por los individuos (por sus vivencias); en otras palabras,
es siempre dinámico y cambiante.
A partir de estos planteamientos iniciales, se deduce que la
identidad personal surge a través de un proceso social. Aunque
la formación de la identidad implica ser uno mismo, la identificación se inicia con el moldeamiento individualizado por parte
de los otros:
La identidad es una representación mental del sí mismo (personal)
como un ser humano único con sus experiencias y biografía propia,
y el autoconcepto abstracto derivado de esta representación, a menudo en la interacción con los otros. (Van Dijk, 2000)
En este caso, la identidad es una búsqueda, un proceso de definición de los modos de vida personales y el aprendizaje de los
estilos de vida sociales.
4
Para el sociólogo inglés Richard Sennett, el centro del proceso identitario —el
darse forma— es la vivencia; no puede existir un sí mismo sin una experiencia
interactiva con el contexto vital; de esta forma las ficciones fronterizas de lo interno y lo externo parecen resquebrajarse y emerger miradas integradoras de
la identidad desde la vivencia. Así, la identidad no se configura a través de un
proceso de influencia unilateral, sino necesariamente dialéctico entre factores
intrasíquicos (disposición, motivación, aspiraciones, entre otros), intersíquicos
(vínculos sociales, interacciones, acciones sociales, etc.) y transíquicos (referentes simbólicos, imaginarios colectivos, representaciones sociales) (Sennett, 2001,
pp. 247-268).
147 •
• Diego Alejandro Muñoz Gaviria y Luis Alfredo García
Ahora bien, esta consideración de las adscripciones identitarias
juveniles conlleva la necesaria tematización de la conflictividad,5
que comporta dos ámbitos de reflexión: el primero, las tensiones
entre el mundo adulto y el mundo de los jóvenes y las jóvenes; y
el segundo, los roces propios que emergen entre las diferentes
propuestas identitarias juveniles. La conflictividad, desde un enfoque psicosocial, es vista como dinámica religante de lo social e
individual; integra tipos de conflictos y maneras de transformación de estos.
Los tipos de conflictos juveniles se objetivan como manifestaciones polimorfas6 de la dinámica conflictiva social, que representan las tensiones existentes entre proyectos juveniles, y entre
lo juvenil y lo propuesto por el mundo adulto. De otro lado,
las maneras de transformación de conflictos expresan la forma
psicosocial en que los sujetos jóvenes, desde las adscripciones
identitarias, hacen frente a los tipos de conflictos vivenciados.
Así, la tensión existente entre la influencia social, la influencia
de las personas adultas y la experiencia concreta de cada joven,
propicia en los jóvenes y las jóvenes empezar a definir su identi-
•
5
En este trabajo, el conflicto es definido como “la forma de aquellas fricciones
cotidianas en las que también pueden estar presentes los intereses y afectos
particulares, pero cuya motivación principal viene dada por valores genéricos y
principalmente morales” (Heller, 1994, p. 395). El conflicto implica, entonces,
cambios en las formas de vida, re-estructuración/re-construcción dentro y fuera
del sistema sociocultural.
6
Las identidades sociales no son mono-causales, sino que obedecen a un entramado de relaciones que configuran de alguna manera dichas identidades. Se trata
de una visión integradora de lo que podría constituir un fenómeno social, y de la
vida. Cada forma, manera o versión de identidad social contiene un correlato de
prácticas socio-culturales referidas a espacio y tiempo, aunque en nuestro mundo
globalizado es posible que el espacio pierda terreno frente a los imaginarios compartidos, con la emergencia de colectividades cibernáuticas del ciberespacio, la
comunidad de Internet que liga, reúne, convoca de alguna manera (virtual pero
real) grupos de personas que tal vez nunca se han visto (posiblemente nunca lo
harán, al menos presencialmente). De tal forma que el concepto de identidad y
el de adscripción, referido como la manera de llegar o la forma de entrada a una
identidad o sistema identitario, se constituyen en los núcleos problemáticos del
presente trabajo.
148
Capítulo VI. Adscripciones identitarias de jóvenes como horizonte de sentido… •
dad personal, que —aunque impregnada de todos aquellos elementos colectivos que ya han experimentado— busca construir
un carácter diferenciado, con lo cual se llega a la fractura en los
componentes de causa-efecto hacia la vida adulta, generando
proyectos de vida diferenciados.
Desde esta perspectiva, comprender las dinámicas conflictivas
en relación con las adscripciones identitarias juveniles requiere
un estudio detallado, desde la psicología social y la sociología, de
las dimensiones discursivas, prácticas y estéticas de los proyectos
identitarios de los jóvenes y las jóvenes.
Es importante exponer que, para esta reflexión, el común
denominador de los contextos de justificación de realidades psicosociales —los ámbitos productores de imaginarios del “deber
ser”— es la pretensión de asumir al sujeto joven como ser en
moratoria; es decir, en espera de llegar a ser un sujeto “útil” socialmente: trabajador-ciudadano.7 Dicha moratoria logra expresarse desde prácticas socioculturales específicas bajo el manto
de la capacitación, de la formación para la vida o para el hogar;
es decir, en el contexto institucional de aquellas estructuras de
acogida que cumplen el cometido de la reproducción cultural o
la generación de capital humano, a saber, la función de la institución educativa por excelencia.
La institución educativa juega un papel preponderante en
la construcción de identidad por parte del sujeto joven, con sus
pretensiones de producir un sujeto funcional (entre otras). Así las
cosas, el joven o la joven requiere de instrucción o capacitación.
Al respecto, Rossana Reguillo escribe:
Los jóvenes deberían ser retenidos durante un período más largo en las instituciones educativas. La ampliación de los rangos de
7
Esta etapa es la que los sociólogos denominan “moratoria social”, que se refiere
al individuo joven como una persona en preparación para asumir los roles de la
gente adulta. “Este tiempo se identifica siendo una etapa de definiciones a nivel
afectivo, sexual, social, intelectual y físico-motor” (Macedo, 1994).
149 •
• Diego Alejandro Muñoz Gaviria y Luis Alfredo García
edad para la instrucción no es nada más una forma “inocente” de
repartir el conocimiento social, sino también, y principalmente, un
mecanismo de control social y un dispositivo de autorregulación
vinculado a otras variables. (Reguillo, 2000, pp. 23-24)
Dado lo anterior, se puede decir que el espacio social propicio
para el estudio de las dinámicas conflictivas en las adscripciones
identitarias es el contexto educativo. En ese espacio, las interacciones entre jóvenes y entre jóvenes y personas adultas visibilizan
con más intensidad la coexistencia del entramado de tensiones
que emergen como producto de las interacciones sociales y las
demandas adulto-céntricas.
Se enuncia entonces la presencialidad de la colectividad como
factor fundamental en la incursión y aprehensión de la cultura en
los jóvenes y las jóvenes; la formación de su identidad en el marco
de lo social niega lo tajante de la individualidad y hace un llamado
a con-vivir. Al respecto, afirma Carlos Yáñez (1998):
Hablar de identidad en el marco de lo social es hablar de autoconocimiento y reconocimiento de la subjetividad en lo sensitivo y lo
práctico que logra su integración solo dentro de un sistema cultural,
es hablar de autonomía relativa.
Con lo cual, se indica que la mismidad implica percatarse de
cómo se está en relación con los demás y con el mundo. Así la
persona joven se empieza a desprender de la coraza de la niñez,
para hacerse partícipe de un sistema social.
Paralela a estas construcciones y a la gran influencia que tiene
la sociedad y la cultura en la formación de identidades juveniles,
toma gran relevancia la función que también cumplen los medios
masivos de comunicación en la construcción de estas identidades
juveniles. El mundo actual evidencia la confabulación de los aspectos señalados, los cuales atraen cada vez más a los jóvenes y a
las jóvenes a hacer parte de la colectividad; hecho que, por cierto,
es inevitable, ya que la pertenencia a un grupo y la motivación
•
150
Capítulo VI. Adscripciones identitarias de jóvenes como horizonte de sentido… •
por girar en la multiculturalidad al mismo tiempo, les permite la
conformación de una mentalidad globalizada y la perfecta estrategia para la inducción a este nuevo paradigma, que no ha podido ser otra que la comunicación de masas. La red se constituye
en un espacio de interacción-socialización para los sujetos, con
lugares de reconocimiento y de encuentros, con ritualizaciones
y prácticas; un mundo nuevo, el mundo virtual.
Con la intención de brindar mayores argumentos sobre este supuesto, trabajamos a continuación los siguientes temas: en
primer lugar, proponemos un acercamiento reflexivo a los discursos juveniles en torno a las maneras como estos mismos son
pensados, asumidos, concienciados. Y, por último, realizamos un
acercamiento comprensivo a sus prácticas, en tanto integración
de existenciarios-vivencias.
Los discursos juveniles: intersubjetividad y
reconocimiento
Los discursos juveniles, en tanto manifestación de proyectos identitarios y dinámicas conflictivas, son portadores de representaciones colectivas8 e imaginarios simbólicos,9 lo que para la sociología
8
Para este trabajo se entienden las representaciones colectivas como “estructuras psicosociales intersubjetivas que representan el acervo de conocimiento
socialmente disponible, y que se despliegan como formaciones discursivas más
o menos autonomizadas (ciencia/tecnología, moral/derecho, arte/literatura) en
el proceso de auto-alteración de significados sociales” (Beriain, 1990, p. 16).
9
Ahora bien, la tematización del concepto de imaginario social parte de la siguiente
definición: “lo imaginario o, más precisamente, un imaginario, es un conjunto
real y complejo de imágenes mentales, independientes de los criterios científicos
de verdad y producidas en una sociedad a partir de herencias, creaciones y transferencias relativamente conscientes; conjunto que funciona de diversas maneras
en una época determinada y que se transforma en una multiplicidad de ritmos.
Conjunto de imágenes mentales que sirve de producciones estéticas, literarias y
morales, pero también políticas, científicas y otras, como de diferentes formas
de memoria colectiva y de prácticas sociales para sobrevivir y ser transmitido”
(Escobar, 2000, p. 113).
151 •
• Diego Alejandro Muñoz Gaviria y Luis Alfredo García
cultural evidencia la existencia de la intersubjetividad;10 permiten
comprender la forma como, desde sus referentes simbólicos, los
jóvenes y las jóvenes ven la juventud en tres perspectivas: como
etapa, como crisis y como cambio.
La juventud entendida como etapa y como cambio se representa desde la metáfora de la metamorfosis, en cuanto paso a la
toma de conciencia sobre lo que uno es y lo que quiere llegar a
ser. Dicha metamorfosis implica la emergencia de estados de formación en el joven o en la joven, que dejan entrever la toma de
postura o formación del gusto, esto es, el alejamiento de lo que
simplemente se padece y que por ende entra a ser vivido-construido (Gadamer, 1985, pp. 77-81).
Por otro lado, la juventud como crisis representa la consideración de lo juvenil como una condición existencial signada
por la crisis, con lo cual no solo se estaría reconociendo desde
los imaginarios y representaciones colectivas la idea del mundo
joven como cambio o etapa, sino además en tanto espacio vital
lleno de confrontaciones, rupturas, contingencias y desasosiegos.
Dado lo anterior, consideramos que los diferentes discursos
juveniles que leen la juventud como cambio, etapa o crisis operan como portadores de la acción social y personal, y permiten
de esta forma la configuración de la identidad.
Los discursos juveniles construyen identidad desde sus formas
de nombrar las diferencias y similitudes, como estrategias cognitivas y simbólicas de configuración de un campo conceptual
propio para la comprensión de la identidad. Dicha configuración
de la identidad juvenil reivindica su condición de cronotopo, es
decir, su capacidad constructora de espacios vitales identitarios.
10
•
152
Dado que la sociología cultural parte en principio del estudio de lo público, entendido como “estructuras globales de la sociedad, las autorrealizaciones de la
colectividad” en tanto un posible diálogo de lo colectivo presente (actuante), lo
colectivo futuro (utópico) y lo colectivo pasado (referente), la intersubjetividad
se comprende como el desenvolvimiento o gestación de las interacciones entre
símbolos, entre protagonistas y símbolos, y su resonancia en la construcción
social de la realidad (Berger y Luckman,1996).
Capítulo VI. Adscripciones identitarias de jóvenes como horizonte de sentido… •
Los jóvenes y las jóvenes, entendidos como cronotopos, comportan las siguientes características: posicionamiento del sujeto,
configuración de espacios sociales y movilización en el tiempo.
El posicionamiento del sujeto alude a la idea de la “instauración de coordenadas espaciotemporales en las biografías de los
sujetos” (Serrano, 2002, p. 20); en otras palabras, la idea de la
configuración de la identidad juvenil como un escenario intersubjetivo en el cual confluyen diferentes significaciones del espacio y
del tiempo, las cuales permiten el dinamismo de la subjetividad
del joven o de la joven.
El posicionamiento es, entonces, la ubicación constructiva
y performante de la condición juvenil, como una constante que
implica la incertidumbre tanto de esta categoría social, como de
su objetivación individual.
Por otro lado, la configuración de espacios sociales implica la
posibilidad de ver la urdimbre o entramado de relaciones sociales
que permean la identidad juvenil como un espacio o escenario
social; con lo cual, el ser joven deja de ser solo un actor, para integrarse al concepto de escenario.
La doble implicación juvenil de actor/espacio le da el matiz de
actor red, miembro de diferentes redes identitarias y en sí mismo
una de ellas. Por ejemplo, el ser joven hace parte de redes como el
consumo de hechos y objetos culturales: la música, la comida, la
ropa, entre otros. De igual forma es en sí mismo una red: integra
aspectos de las empresas culturales, de las tradiciones, de los saberes expertos. Así, la identidad juvenil, en cuanto configuración
de espacios, termina asumiéndose como un mosaico bizantino.
La movilización en el tiempo reivindica la idea desde los discursos juveniles de la identidad, de que el sujeto joven se perfila
como un trashumante e híbrido del tiempo. La trashumancia en
el tiempo implica la movilización del sujeto por diferentes tradiciones y ofertas identitarias; así, su figura mosaica conlleva el paso
por diferentes visiones del mundo. La hibridación en el tiempo
consiste en el sincretismo de posturas temporales, de formas de
153 •
• Diego Alejandro Muñoz Gaviria y Luis Alfredo García
ver el mundo, las cuales entran en diálogo para producir versiones
emergentes, complejas y temporales de la identidad.
Una vez propuesta la idea del cronotopo como manifestación “ideal” de la identidad juvenil, es conveniente recordar la
función reconstructora de los mundos de la vida que contienen
los discursos de la identidad; el reconocimiento de lo que se
es opera como dispositivo comprensivo para cualquier tipo de
agregación social. Para el caso específico de las adscripciones
juveniles, estos discursos permiten reconstruir los mundos de la
vida juveniles y, con ello, la visibilización de las diferentes sendas
identitarias juveniles que podrían llegar a ser itinerarios hacia la
“madurez”.
En el conjunto de estas sendas, el tema de la juvenilización
también es tematizado desde los discursos juveniles, al narrar la
forma como los jóvenes y las jóvenes desde sus prácticas discursivas nombran o nominan diferentes manifestaciones consumistas
de la idea o imaginario de joven. Esta dinámica consumista de lo
juvenil podría entenderse como “videosferas” juveniles; es decir,
como el cruce de la fetichización de lo juvenil (juvenilización) y
el avance de la cultura de la imagen, como condiciones especulares del proceso de modernización. Al respecto algunos autores
plantean que “las videosferas son medioambientes de pantallas
dentro de los que, con ascendente vigor, se escenifica la vida social” (Margulis y Urresti, 1998).
Una de las manifestaciones concretas de las videosferas de juvenilización se encuentra en el caso de la feminidad superficial,
entendida como:
[…] aquella que se encuentra atrapada en las estructuras y en la
dinámica de la sociedad, pues se busca dominar no solo a las mujeres sino también a los hombres. La sociedad se basa en el temor
de no ser aceptado. (Smith, 1987)
De esta forma, el fenómeno del consumo convierte incluso la
lucha identitaria de la mujer en objeto de juvenilización.
•
154
Capítulo VI. Adscripciones identitarias de jóvenes como horizonte de sentido… •
Por otro lado, los discursos juveniles también implican un
imaginario simbólico que significa al sujeto adulto, llámese padre,
madre o persona encargada, como el depositario de la regulación
de la actuación del sujeto joven; entonces allí emerge lo que la sociología de la juventud ha denominado como el adultocentrismo
y el tiempo panóptico (Serrano, 2002, pp. 10-25). El adultocentrismo, considerado como la hegemonía de la interpretación del
mundo desde la postura del sujeto adulto/masculino/occidental,
opera como un dispositivo de control social que establece las
mismas relaciones de dominio centro-periferia, y que permite
la ilusión de un modelo evolutivo en el desarrollo psicológico
de los sujetos, en donde los jóvenes y las jóvenes aparecen como
en tránsito a la adultez y, por lo tanto, como sujetos que “están
siendo” “sin ser”; o una moratoria social11 en la cual el sujeto es
des-responsabilizado y ubicado en el escenario del ocio “privilegiado” o en la condición del “no futuro”.
El tiempo panóptico hace alusión a la intención de las sociedades del control y del autocontrol, de poder vigilar los cursos
vitales de los sujetos, operando para ello desde la particularización de momentos en sus vidas, con miras a su atomización en
relación con el mundo social. Esta representación deja ver la
actuación de controles sociales organizados, como la institución
policial; controles sociales de usos culturales, como las etiquetas;
y controles sociales espontáneos, como las diferentes experiencias vividas en relación con los jóvenes y las jóvenes. Esta gama de
controles sociales configura profecías de autorrealización, en la
medida en que reproducen un círculo vicioso en el cual el juego
11
La moratoria social implica la adopción o uso de un tiempo libre socialmente legitimado, es decir, un escenario o temporalidad lapso, que media entre la
iconografía de la juvenilización y las responsabilidades del mundo adulto. Para
Margulis y Urresti, “la moratoria social alude a que, con la modernidad, grupos crecientes que pertenecen por lo común a sectores sociales medios y altos,
postergan la edad de matrimonio y de procreación, y durante un período cada
vez más prolongado tienen la oportunidad de estudiar y de avanzar en su capacitación en instituciones de enseñanza que, simultáneamente, se expanden en
la sociedad” (Margulis y Urresti, 1998).
155 •
• Diego Alejandro Muñoz Gaviria y Luis Alfredo García
de representaciones sobre los jóvenes y las jóvenes solo parece
permitir una vía de actuación: la drogadicción y la delincuencia
(población vulnerable).
Los jóvenes y las jóvenes como portadores
de acción social
De lo dicho anteriormente acerca de los discursos juveniles deviene la consideración de estos como portadores de la acción
social juvenil, en tanto representaciones, prácticas y estéticas,
que convergen en un común denominador simbólico que podría
leerse como la significación de la juventud en tanto discontinuidad con herencias sociales y culturales precedentes, y con procesos de desarrollo físico y mental de cada sujeto. La juventud,
entendida como discontinuidad, no niega el diálogo, no niega la
recontextualización y la reconstrucción de las influencias devenidas del “mundo adulto”; más bien las problematiza con base
en la idea de juventud que intentan asumir desde sus prácticas
discursivas y sociales.
En la configuración de las adscripciones identitarias juveniles se encuentran igualmente las prácticas juveniles, referidas a
las formas de actuación social e individual que manifiestan los
jóvenes y las jóvenes sobre el acontecer juvenil. En esta línea, las
prácticas juveniles acogen el conjunto de formas de actuación en
las cuales se objetivan o concretan las representaciones colectivas
de los discursos juveniles.
Es importante anotar a este respecto la estrecha relación existente entre dichas prácticas juveniles y lo que podría unificarlas
como un aparente conjunto cohesionado: la generación. De esta manera, en la interpretación de lo juvenil suele caracterizarse
homogéneamente al joven o a la joven, y sus prácticas, a la luz
del concepto de generación. La generación opera entonces como
una medida estándar de un determinado grupo poblacional que
coincide en términos de la cronología objetiva (tiempo de vida
expresado en años), y que aparentemente comparten una crono•
156
Capítulo VI. Adscripciones identitarias de jóvenes como horizonte de sentido… •
logía subjetiva (formas de interpretar y actuar en el mundo). Al
respecto, algunos sociólogos como Mannheim (1999) y Bourdieu
(2003), expresan su desacuerdo relativizando la posibilidad de
reducir al cronotopo juvenil a la tendencia generacional.
Desde estos aportes se puede plantear que la generación como categoría de apoyo para la comprensión de lo juvenil remite
a la edad, pero como una producción cultural, social e histórica.
Así, la adscripción suscitada por una determinada generación
(unidad, conjunto y situación) se perfila como un horizonte continuo que persevera en su intento de intensificar la identificación
juvenil desde las prácticas compartidas y, con ello, la emergencia
colateral de diferentes conflictividades grupales, tanto en sí misma
como con otras “generaciones”. Estas prácticas juveniles giran en
torno al género, las culturas juveniles y la juvenilización. Tanto
las prácticas juveniles en torno al género como las relacionadas
con la juvenilización se refieren a la forma como los jóvenes y las
jóvenes narran sus dinámicas psicosociales, desde el lente de la
juvenilización.
Las prácticas juveniles en torno a las culturas juveniles permiten identificar las formas discursivas como se nombran los agrupamientos juveniles y las estéticas desde las cuales se “uniforman”.
Al respecto, en el trabajo de indagación realizado12 identificamos
los siguientes proyectos identitarios: los y las intelectuales, los y
las crossover, los alternos y las alternas, los raperos y las raperas,
los faranduleros y las faranduleras, las grillas, los y las autistas.
Esta dinámica estética se asume como un catalizador de conflictos, en tanto su función de significar cercanías y lejanías en relación con un determinado grupo de referencia. Si mi iconografía
es significada por “x” grupo como una amenaza, lo que se desencadena es una suma de conflictos que pueden implicar lógicas de
12
Producto de un trabajo de investigación sobre adscripciones identitarias juveniles en la ciudad de Medellín, Colombia, entre el año 2002 y 2004, realizado
por los autores del presente texto, con participación de jóvenes entre los 15 y
los 20 años, ubicados entre los últimos años de bachillerato y los primeros de
universidad.
157 •
• Diego Alejandro Muñoz Gaviria y Luis Alfredo García
segregación y gueto; pero si, al contrario, mi estética es significada
como afín o emparentada, entonces otro tipo de conflictos, como
la disputa de ideas, puede ser subsumido por la identificación.
Las adscripciones identitarias juveniles, tematizadas a la luz
de la red conceptual configurada, permiten la comprensión de los
contextos vitales o mundos de la vida desde los cuales el acontecer
juvenil deviene, tanto para su propia lectura como para la mirada
del mundo adulto, como diferentes formas de relacionarse e interactuar, entre ellas, desde la perspectiva de la dinámica conflictiva.
Conclusiones
El tema de la identidad y el conflicto, categorías centrales de saberes modernos clásicos como la sociología, la antropología y la
psicología, ha caído en desuso dada la complejización de la realidad. De allí que, desde orientaciones comprensivas-heurísticas,
se hagan cada vez más necesarios ejercicios de reconstrucción
teórica que permitan, como en el caso específico de estas categorías, resignificar los contenidos y decolonizar sus lugares de
enunciación.
La anterior afirmación se hace más pertinente cuando lo problematizado es la condición psicosocial y cultural juvenil, donde
los grandes relatos han perdido vigencia y eficacia simbólica, y
donde lo único cierto parece ser la recuperación de la vida vivida,
de los mundos de la vida juveniles. La vuelta a la vivencia, como
categoría fenomenológica central, permite la recontextualización
de la identidad y el conflicto, en los entramados existenciales,
discursivos y prácticos juveniles.
En conclusión, podemos afirmar que el estudio de la condición y de la situación juvenil expresada en términos de adscripción identitaria, dinámica conflictiva, moratoria psicosocial, entre
otros, determina un campo de estudio en extremo complejo que
termina por desafiar grandes relatos de las ciencias humanas y
sociales, y que por ende incita a la realización de ejercicios investigativos contextuales, enraizados en la vida cotidiana de sujetos
•
158
Capítulo VI. Adscripciones identitarias de jóvenes como horizonte de sentido… •
concretos; para este caso, jóvenes históricamente producidos y
productores de realidades psicosociales.
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•
160
Capítulo VII
La condición juvenil: opciones
metodológicas para la construcción
de un objeto de conocimiento
Juan Manuel Castellanos Obregón
Esta discusión hace parte de un proceso de diálogo desarrollado
en el grupo de investigación “Jóvenes, Culturas y Poderes”, alrededor de la participación de algunos de sus miembros en la organización del Seminario La juventud como objeto de conocimiento.
Este seminario contó con la colaboración de las cohortes V y VII
del doctorado en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, durante
el seminario de noviembre de 2006. En este texto recojo algunos
de los elementos expuestos, con el propósito de ir depurando
una discusión colectiva sobre los abordajes y las opciones que
estos implican para la construcción de la juventud como objeto
de estudio en ciencias sociales. Con todo, estas líneas deben ser
tenidas en cuenta como apuntes para una discusión.
En este capítulo propongo una vía analítica para comprender
la juventud como una condición desigual y diferencial, articulada por la combinación de productores de diversidad social y
161
• Juan Manuel Castellanos Obregón
cultural, como el género, la etnicidad y la clase social. Desde una
perspectiva que niega la distinción formal teoría-método, sugiero
que la manera como se relacionan estos marcadores de distinción
genera un engranaje dinámico de posiciones y posesiones que
producen y diferencian la categoría social joven, en el interior
de cada agregado sociohistórico. Para el desarrollo de esta propuesta analítica de la condición juvenil, expongo dos partes. En
la primera reviso de manera breve el acumulado de prenociones
acerca de la juventud como objeto de conocimiento y como categoría fenoménica. En la segunda desarrollo la idea de la condición
juvenil como opción metodológica que permite hacerle el quite
a la sinécdoque implícita en los discursos comunes y académicos
acerca de la juventud y los sujetos jóvenes, que simplifican la diversidad y la desigualdad intrínsecas al ser social, cuando toman
reiteradamente la parte por el todo.
Opciones metodológicas
Entiendo como “opción metodológica” la estrategia, el método de construcción y de abordaje total del proceso de investigación. Desde este punto de vista, separar un momento teórico
que corresponde a una teoría de la juventud, de un momento
metodológico enmarcado en una metodología, para abordar la
juventud como objeto de conocimiento, no es una vía acertada.
Si asumimos la posición expresada por Bourdieu, Passeron y
Chamboredon (2003) en el sentido de que “una técnica no es una
simple herramienta neutral de recolección de datos, sino teoría
en acto: todo artefacto tecnológico supone unos presupuestos
teóricos de base”, se comprende que las perspectivas de discernimiento son inseparables de las maneras prácticas de abordar y
construir los datum acerca del objeto estudiado. Es por esto que
no haré referencia a la “metodología” en la acepción tradicional,
como momento práctico de abordaje instrumental de la investigación.
•
162
Capítulo VII. La condición juvenil: opciones metodológicas para la construcción… •
Un primer elemento —casi una premisa de la discusión— es
que la juventud, como grupo social o como problema de investigación, es el resultado de la conjunción, del surgimiento y de
la visibilidad de sectores sociales en algunas sociedades, y de la
construcción teórica y metodológica que las ciencias sociales
han realizado, de manera sistemática, desde mediados del siglo
XIX. Fue así como la juventud como categoría social adquirió
la materialidad que tiene hoy (Valenzuela, 2005). Pocos dudan
de su existencia. Se puede asumir que es resultado del trabajo
común, no coordinado ni necesariamente consciente, de actores
sociales e investigadores que se han alimentado mutuamente,
especialmente a lo largo del siglo XX, en las sociedades occidentales. Una incitación a la discusión la propone Martín Criado en
Producir la juventud: “¿Y si este actor no existiera? ¿Y si los discursos sobre la juventud no fueran más que proyecciones de los
que los enuncian?
¿Y si nos encontráramos ante uno de los ejemplos más apabullantes
de formación de categorías ‘científicas’ a partir de prenociones de
sentido común? (Criado, 1998, p. 15)
Plantea Criado (1998) a continuación la siguiente hipótesis,
que es un buen punto de partida para este escrito y la opción
que propone:
La ‘juventud’ no forma un grupo social. Bajo la identidad del nombre ‘juventud’ —bajo la presunta identidad social de todos los incluidos en un arco de edades— se agrupan sujetos y situaciones
que solo tienen en común la edad… ¿En virtud de qué ‘formidable
abuso del lenguaje’ se puede pasar de una identidad de edad biológica a una identidad y conformación de ‘opiniones’, ‘actitudes’,
‘situaciones’, ‘de sujetos’? ( p. 15)
Criado hace eco de una discusión propuesta por Bourdieu
(2000), cuando planteara una célebre frase repetida como una
163 •
• Juan Manuel Castellanos Obregón
letanía: la “juventud no es más que una palabra”. Para el autor
francés, este como otros objetos de investigación (la niñez, la vejez, la pobreza, etc.) no son más que ejemplos de la imposición
de categorías sociales convertidas en categorías académicas, en
“problemas sociales” devenidos en problemas de investigación,
en los cuales se peca por una suerte de “sociología ingenua” que
desecha el trabajo de construcción sistemática de sus problemas
de investigación (Bourdieu, Passeron y Chamboredon, 2003).
Una de las principales dificultades de las ciencias sociales está
en que se refieren a objetos que son sujetos, “objetos parlantes”,
es decir, que tienen, y muchas veces imponen, sus propias categorías del mundo social y de los sujetos al sujeto observador. Por
ello, esta fue reconocida como una dificultad originaria, que ha
sido enunciada de muchas maneras. Puedo echar mano de una
más o menos conocida, la propuesta por Durkheim en Las reglas
del método sociológico a finales del siglo XIX (1975). Como todos y todas sabemos, este fue un intento de definir una ciencia
social positiva, en sentido comteano,1 enunciando un catecismo
metódico, con algunas reglas:
1. La primera y fundamental: considerar los hechos sociales como
cosas.
2. Es necesario desechar sistemáticamente todas las prenociones.
3. No tomar jamás como objeto de las investigaciones sino un
grupo de fenómenos definidos previamente por ciertos caracteres
exteriores que le son comunes, e incluir en la misma investigación
a todos los que responden a esta definición. (Durkheim, 1975,
p. 63)
La primera regla tendrá una consecuencia fatal para la delimitación de objetos de las ciencias sociales bien entrado el siglo XX,
1
•
164
Lo positivo para Comte designa al mismo tiempo: lo real, lo útil, lo certero o
la certeza, lo preciso y lo contrario de lo negativo, lo organizado. Tendencia a
sustituir lo relativo por lo absoluto (A. Comte, 1798-1857 [1980], pp. 57-61).
Capítulo VII. La condición juvenil: opciones metodológicas para la construcción… •
y será el carácter sustancialista con que en lo sucesivo se tratará de
delimitar lo real aprehensible por el pensamiento. Las palabras
designan cosas que son en sí y que se presentan como tal para el
pensamiento; tal va a ser el trasfondo gnoseológico que se esconde. Esto es, en parte, lo que ha sucedido con la legitimación social
del objeto juventud, como resultado de su propia visibilidad, a
la que han contribuido las ciencias sociales, los medios de comunicación y las industrias culturales. Volvamos a Martín Criado,
quien expresó esta idea de la siguiente manera:
Las investigaciones que parten de la existencia de la ‘juventud’ como
premisa de base sucumben a la ilusión sustancialista que quiere que
tras la identidad del nombre exista la identidad de una propiedad
[…] La ‘juventud’ es una prenoción. Producida como categoría
de sentido común de percepción de la sociedad a partir de unas
dinámicas socio-históricas, solo el ‘olvido’ de la estructuración de
la sociedad en clases sociales puede permitir constituir un abanico
de edades como ‘grupo social’, como actuante de un relato sobre la
sociedad que ignoraría las distintas condiciones materiales y sociales
de existencia asociadas a las diferentes posiciones en la estructura
social, en las relaciones de producción y en la distribución de las
diferentes estructuras de capital. (1998, pp. 15-16)
Voy a explorar someramente dos opciones de salida:
a. Reconstruir la génesis y el campo semántico de la noción
y relocalizar los “problemas” en un sistema lógico de relaciones.
Ello implica, por ejemplo, hacer explícitas las imposiciones o
preconstrucciones de sentido común, la doxa que se cuela en la
“construcción de la juventud como objeto de conocimiento”.
b. Incorporar el “objeto de conocimiento juventud” en el sistema de relaciones sociales (actuales e históricas) en las cuales la
noción y los actores que quiere cobijar adquieren sentido. El conjunto de relaciones de sentido, poder, fuerza o estructuración que
dota a los agentes sociales —en este caso, jóvenes o juveniles— de
165 •
• Juan Manuel Castellanos Obregón
características específicas, localizables espacio-temporalmente
y que impiden hablar de la juventud en general. Para ello, voy
a hacer una exposición rápida de un concepto operatorio que
considero permite salvar algunas de las dificultades expuestas:
pensar la juventud como una condición.
Estas opciones de salida parten del presupuesto de que lejos
de “abandonar” las prenociones, como planteara Durkheim, a
partir de ellas se puede emprender el trabajo, pues no habría otra
fuente posible para acercarse al objeto: se parte de lo conocido, de
lo nombrado, para acercarse a lo desconocido e innombrado. Un
trabajo juicioso sobre las prenociones y a partir de ellas, y sobre
las nociones de la doxa, hará posible construir el objeto como un
sistema lógico y articulado de categorías de conocimiento, que no
solamente nombre lo dado sino que se articule como herramienta
para dar cuenta de lo oculto y lo desconocido.
Un campo signado por las entradas disciplinares
El sentido común que constituye a los jóvenes y a las jóvenes como
actores y a la juventud como categoría social, se articula con el sentido común profesional que, en algunas tradiciones y perspectivas
disciplinares, tiende a abordar su estudio con énfasis en posiciones específicas. Los abordajes disciplinares —con la diversidad
interna que la riqueza de tradiciones y perspectivas cobija, bajo
esta frontera naturalizada y arbitraria del conocimiento de lo social— se inclinan a privilegiar ciertas cualidades, ciertas maneras
de tomar y construir a la juventud como objeto.
En el gráfico propuesto a continuación he tratado de establecer la relación simplificada entre abordajes disciplinares y las
representaciones de la juventud que emergen —y se suman en
gran parte— de las construcciones sobre la juventud en los procesos de investigación social. Cada una de las disciplinas pone el
acento en alguna expresión de la “condición juvenil”:
•
166
Capítulo VII. La condición juvenil: opciones metodológicas para la construcción… •
• El carácter de diferenciación generacional o contraste entre cohortes y grupos de edad, por parte de la historia o de la etnología (Ariès, 1987; Manheim, 1990 [1928]; Marías, 1989).
• La condición de madurez biológica y sexual por parte de
la psicología asociada con la noción de adolescencia (Hall, 1904;
Mead, 1984 [1928]; Coleman, 1961; Musgrove, 1964; Kaplan,
1986).
• El carácter gradualizado del sujeto aprendiz por parte de la
pedagogía, con una tradición de etapas evolutivas de pensamiento, razonamiento cognitivo y moral originario, y de la psicología
piagetiana, especialmente (Piaget, 1977).
• La irrupción de un sujeto innovador, consumidor especializado, a veces contracultural y rebelde, espectacular y cambiante,
mutante, en el ámbito de la antropología, de la sociología y de la
comunicación. Y sus imbricaciones mutuas (Parsons, 1942; Keniston, 1982).
• La noción de sujeto en moratoria social, dependiente económica, política y moralmente de marcos de relación externos.
Sujetos en tránsito hacia la emancipación como adulto, productor y reproductor consumado (consumido) en los estudios de la
sociología (Parsons, 1942; Coleman, 1961; Berger, 2008).
• Ciudadano en formación, sujeto moral heterónomo, que
adolece de “minoría de edad” kantiana, construido por la economía, la ciencia política o la filosofía (Rousseau, 1973).
Como esta, hay sinnúmero de recapitulaciones que se han
realizado sobre los estudios de juventud. Algo que le falta al gráfico, y que dejo por fuera para efectos de facilidad en la lectura,
es la comunicación entre las disciplinas, lo que resume, construye
nuevas categorías, elimina u opone nuevos abordajes problemáticos a los anteriores. Esos son, considerado el caso, los procesos
de construcción que se han hecho en el interior de las líneas de
investigación o de los procesos de investigación expuestos por
los estados del arte de la investigación sobre jóvenes (Escobar y
otros, 2004; Feixa, 1999; Muñoz, 2006; Pérez Islas, 2006).
167 •
•
168
como
Maleables
vistos como
Peligrosos
como
Consumidores
Rebeldes
como
son
dependientes no
autónomos
problemas
culturas
juveniles
clases de edad
categorías sociales
REPRESENTACIÓN como:
OBJETO DE CONOCIMIENTO
posicionado
Real de lo sexual
Representación
biologizante:
hormonas en movimiento
Adolescente
por edades y
cursos
DISCIPLINAR
Gans
Bandas
Ejemplo
Recipiente
Desviado
organizados
Alumno
Punks
Ejemplo
Tribus
Identidades
CIENCIA
POLÍTICA
son
Construcción social
Demanda
impone
Abordajes
FILOSOFÍA
como
MENORES
DE EDAD
son
Heterónomos
PRE-CIUDADANOS
PSICOLOGÍA PEDAGOGÍA SOCIOLOGÍA COMUNICACIÓN ANTROPOLOGÍA ECONOMÍA
son
Fuente: Juan Manuel Castellanos, octubre de 2006
Construcción
Vulnerables
Adolescentes
PSICOANÁLISIS
Continuidad y
cambio
como
HISTORIA
como
Generación
Rebelión contra el padre
como
es
Promesa de futuro
como
Promesa de desarrollo
JUVENTUD
Gráfico 1. Ejemplos de construcción disciplinaria de la juventud y sus representaciones sociales
• Juan Manuel Castellanos Obregón
Capítulo VII. La condición juvenil: opciones metodológicas para la construcción… •
Con este primer sustrato se constituye un denso limo que se
cristaliza en un conjunto de líneas de fuerza o cualidades comunes, a manera de sustratos geológicos, con que tiende a construirse explícita o implícitamente la juventud y a dotar de cualidades
o carencias a sus actores: los jóvenes y las jóvenes.
Un análisis intuitivo de la construcción teórica y metodológica
de la juventud en la actualidad, la coloca, necesariamente, como
una etapa de un proceso de desarrollo entre la niñez y la adultez,
o entre la inmadurez y la madurez, entre otras oposiciones del
campo semántico en que se construye su significación.
La representación dominante de la juventud hace énfasis en
su carácter transicional, momento de paso y consolidación de un
algo estable y duradero representado por la adultez (Keniston,
1982). Un proceso de mediación hacia la adquisición plena de
la condición social, biológico-sexual, legal y cultural; es decir, en
pos de la autonomía y la emancipación. Un momento, como tal
experimentado como vacío, quiebre, ruptura, distanciamiento
con el otro (la cultura, la sociedad), para la construcción de un
lugar, de una identidad o de una posición social.
La construcción y la representación social de la juventud, que
emergen en los procesos de investigación y en las representaciones
sociales y académicas, suelen estar coloreadas por la manera como se comprende su posición en el conjunto de las clases de edad
y de las categorías etarias en cada sociedad y en cada segmento o
clase social (Beneditc, 2008; Feixa, 1999). Ello representa la imposibilidad, ya anunciada por Bourdieu (2000), explicitada por
Martín Criado (1998) y por los realizadores del estado del arte en
Colombia (Escobar, 2003), de incorporar la diversidad, la variedad y la particularidad cuando se aborda la juventud como objeto
de estudio. Hablar de jóvenes y juventudes puede aparecer como
una solución inicial e intermedia, pero insuficiente para salir de
ese marco preconstruido.
169 •
• Juan Manuel Castellanos Obregón
La comprensión de la juventud y las políticas
Hay una estrecha relación en la concepción dominante entre
niñez y juventud, planteada algunas veces —por ejemplo en la
Convención de los Derechos del Niño (Naciones Unidas, 1989)—
como una misma condición diferenciada internamente por ciclos
(primera infancia, adolescencia y juventud), y definida por marcos
etarios más o menos compartidos (0 a 8 años, 9 a 14 y 14 a 18, 24
ó 30 años), de acuerdo con los referentes normativos nacionales.
La irrupción en la normatividad internacional, que poco a poco
se impone como marco de referencia obligado para las normativas y las políticas nacionales, asume al niño o niña como sujeto
de derechos específicos, propuestos con carácter prioritario y
superior sobre los derechos de los demás. De esta normatividad
se desprende un conjunto importante de derechos específicos (a
una familia, a la seguridad, a la educación, a la protección, a la
identidad, etc.).
Gráfico 2. Marco de análisis de la concepción sobre niñez y las políticas
Sujeto de derechos humanos específicos
Interés superior de niño
Categoría social o clase
etaria o generacional
Edad. Ciclo etareo
NIÑEZ
Preparación para la vida
Escolarizado,escolarizable, educable
Necesitado, incapacitado, inhabilitado
Sujeto de control y protección
Condición legal:
Menor 1-18 años
Infancia, primera infancia
Actor estratégico del futuro
Etapa de inmadurez
Sujeto de socialización
¿Niños, niñas, niñez o niñeces?
Categoría universal o particular
¿…? Integridad
Transversalidad
•
170
Sujeto maleable vs. Culturas infantiles
Subjetividades
infantiles
Etapa de la vida
Segmento emergente de mercado
Consumidor pasivo
Capítulo VII. La condición juvenil: opciones metodológicas para la construcción… •
Prima en las políticas sobre la infancia una variada mezcla de
concepciones sobre esta última, la cual es entendida a veces como
etapa de preparación, y los infantes e infantas son vistos como
sujetos de necesidad, control y protección, de patria potestad y
de socialización; pero a la vez es entendida como clave de futuro
y como etapa que debe ser vivida con pleno derecho y no solo
como transición o preparación para la constitución de la ciudadanía plena. Veamos ahora cómo se aterriza esta percepción en
relación con la juventud.
Gráfico 3. Marco de análisis de la concepción sobre juventud y las políticas
Sujeto de derechos específicos
Ciudadanía especial
Categoría social o clase
etaria o generacional
JOVEN
El tiempo de la moratoria
Preparación para la emancupación
La imposible emancipación
Desviado, peligroso
Edad. Ciclo etareo
Condición legal:
Mayor de 18 años
Niño adolescente,
adulto y adulto mayor
Etapa de transición entre la inmadurez y
la madurez. Limbo que se amplía
y amerita reconocimiento
¿Joven o jóvenes?
Categoría universal o particular
¿…?
Complementación
Actor estratégico del desarrollo.
De mano de obra barata a sujeto
emprendedor
Sujeto autopoietico, mutante, creativo.
El estilo, la subcultura, la identidad
Subjetividades
juveniles
Etapa plena y autónoma de la vida
Segmento emergente de mercado
Consumidor activo
El marco de comprensión de las políticas de infancia se extiende, con algunas variaciones, cuando se piensa en el sujeto
joven. El énfasis se pone en la juventud como objeto de control
e integración o, recientemente, como sujeto de un conjunto de
derechos específicos. En esta última concepción se incorpora la
171 •
• Juan Manuel Castellanos Obregón
discusión sobre la constitución latente de una ciudadanía diferenciada, para un conjunto de sujetos en proceso de integración
social con derecho a la educación, a la participación y al trabajo,
pero también expuestos a peligros y, por tanto, objetos de control.
La juventud suele ser construida en las políticas públicas para
el desarrollo de la integración y de la emancipación: preparación
para la salida del hogar, finalización de los estudios básicos e integración al mundo laboral, acompañamiento de la transición del
mundo del estudio al mundo del trabajo, asunción de la sexualidad y la reproducción, y reconocimiento y expresión de las subjetividades específicas. La manera como estas diversas concepciones del sujeto joven se expresan histórica y geográficamente
en las políticas públicas de juventud ha sido objeto de debate, en
el cual existen numerosas fuentes.2
La producción de la juventud como objeto de conocimiento ha implicado la producción de algunos sujetos categorizados
como juveniles, mediante dispositivos de clasificación biológica,
psicológica, demográfica y política. Esta no produce jóvenes, sino
sujetos en condición juvenil.
La producción de la condición juvenil puede ser entendida
como el doble proceso de construir discursivamente la juventud,
y socialmente, históricamente, los sujetos a los que se refieren los
discursos y las categorías de pensamiento. Esfuerzo que ha pasado
por la naturalización de la condición juvenil, asociando —como
lo plantea Fernando Quintero— edad biológica con edad social,
representaciones y prácticas consideradas inherentes a la condición juvenil y adaptación de procesos institucionales-políticos
(trabajo, escuela, familia) a las demandas del sistema productivo
(2005, p. 96).
2
•
172
Para un ejemplo se puede consultar: “Seminario internacional sobre producción
de información y conocimiento de las políticas públicas en niñez y juventud”,
Manizales, 2003, disponible en http://athenea.umanizales.edu.co/cnj/ y Libardo
Sarmiento Anzola, disponible en http://www.colombiajoven.gov.co/documentos/politica/logros_dificultades_perspectiva_pj.pdf.
Problemas sociales en
problemas teóricos
Tiende a
convertir
Privilegia un
enfoque
Disciplinares
Problemas
sociales
casi
siempre
Inter
multi
trans
Abordajes
son
Interés
TEORÍAS
Dados
son
Construidos
son
OBJETOS
Relación
Práctico
Interés
MÉTODOS
OPCIONES METODOLÓGICAS PARA LA CONSTRUCCIÓN
DE LA JUVENTUD COMO OBJETO DE CONOCIMIENTOS
Gráfico 4. Opciones metodológicas
comprensivo
Enfoque
Propios de la
disciplina
son
crítico
Exigencia
Propios de la
ciencia
Construidos para el
problema
Capítulo VII. La condición juvenil: opciones metodológicas para la construcción… •
173 •
• Juan Manuel Castellanos Obregón
Esta íntima relación entre política, teoría, objeto y método,
en la construcción de cualquier discurso sistemático acerca de la
sociedad, permite mantener la vigilancia constante sobre el proceso de producción de conocimiento.
Ello implica, por ejemplo, exponer qué y cómo se cuelan las
disposiciones disciplinares y políticas en la construcción y en la
evolución de un objeto-sujeto de conocimiento como el analizado.
Es, además, un ejercicio necesario para el control de las imposiciones de sentido común (de la doxa), sentido común profesional
o savant, del tipo efecto de teoría, que suele estar en el subsuelo
de las preconstrucciones conceptuales de objetos heredados como la juventud.
Pensar la juventud como una condición
Como una salida “operatoria” a la encrucijada analítica y discursiva bosquejada anteriormente, algunos autores y autoras han
propuesto pensar la juventud como una condición, es decir, comprenderla como el resultado de relaciones y posiciones históricamente situadas y diferenciales (Bourdieu, 2000; Margullis y
Urrestri, 1998; Rossi, 2006; Ghiardo y Dávila de León, 2005).
En pocas líneas, intentaré exponer brevemente de qué se trata,
no sin advertir que es esta una formulación inicial, una propuesta
de discusión, más que una reflexión decantada.
Pensar la juventud como condición, y no como esencia, sustancia o cualidad sustancial de algunos, implica, como ya lo hemos
planteado arriba, una suerte de teoría antropológica que piensa
al ser humano inserto en tramas de significación (Geertz, 1988) y,
sobre todo, imbuido y determinado por una red extensa y múltiple de relaciones de poder. Relaciones evidentes algunas, oscuras
otras, que escapan al cálculo racional del sujeto y a su control, y
que casi siempre desconocen y disimulan, para hacer soportable
la existencia (relaciones de poder inmersas en la construcción
genérica, en la situación de clase, en la posición etaria, en la condición étnica, entre muchas).
•
174
Capítulo VII. La condición juvenil: opciones metodológicas para la construcción… •
Es necesario hacer una precisión: cuando planteo la noción de
condición quiero hacer referencia a un estado en el que se halla
una persona, y también, como consecuencia de este, a la calidad
que tiene, asociada a una aptitud o a una disposición. No me refiero a una situación particular por la que esté pasando el sujeto;
es una condición social, estructural, así sea vivida como transitoria. No es, pues, circunstancial.
Algunos autores y autoras hablan de condición y no de situación, para señalar que la juventud habría dejado de ser una etapa
transitoria para pasar a ser una etapa plena de la vida.
Este hecho es el que cambia la condición de los jóvenes. Hablamos
de ‘condición’ y no de ‘situación’, en este sentido, de acuerdo con
Daniel Fernández (1999), “la primera consiste en lo que uno es; la
segunda en cómo le va”. Se puede estar descontento con la situación, y no de la condición a la cual se adhiere plenamente. (Bernales
Sastre, 2002, p. 4)
La condición juvenil es el entrecruzamiento entre direccionamientos y posiciones, que a modo de vectores de fuerza orientan
y localizan al sujeto en un universo de oposiciones que ordenan
el mundo social y los submundos, a modo de subcampos, en los
que el sujeto actúa, es y deriva sus cualidades sociales.
Como se esquematiza en el gráfico 5, la condición juvenil es el
resultado del entrecruzamiento de los lugares-valores3 que ocupa,
tiene y posee el sujeto en varios campos de manera simultánea.
Esos lugares son tantos como planos o dimensiones que del espacio social ocupe y del cual derive su condición social, su ser social.
Para efectos del análisis, estos pueden ser descompuestos como
vectores de fuerza que orientan y también localizan al sujeto.
3
Las coordenadas {x, y, z, a} que describen la posición de un punto en un espacio
de a dimensiones, no son solamente el lugar ocupado en cada uno de los planos
que se forman en su entrecruzamiento, sino que son también un valor específico
con respecto a un punto cero referencial. Por eso, cada sujeto ocupa un lugar y
un lugar-valor con respecto a la posición de otros.
175 •
•
176
Poseído
Futuro
Jóvenes
Combina
Condición
juvenil de X
Débil
Inexperto
Novato
Experto
Pasado
Adultos
Poseedor
Poderoso
Define
+
Formas de hacerse
adultos
Define
de
de
La naturaleza del paso, de qué a qué de las
estructuras de transición
Transición + trayectoria = a diferentes sujetos juveniles
de
de
Posición estructural y disposiciones que
producen cambios en la condición
Posibles
Estructuras
Lo juvenil
Formas típicas
de
es
Transiciones
de
es
Condición temporal
Trayectorias
Trayectorias
Delimita
Transiciones
Remite a:
Construcción de
género
Contrucción simbólica, representación
Relación social
Duración y secuencia de etapas
CAMPO DE POSICIONES
Y OPOSICIONES
Femenino
Género
Edad
Clase
Tiempo
Masculino
Gráfico 5. Condición juvenil
LA CONDICIÓN JUVENIL
Situación
Posición
Disposición
Análisis
de
Condición
juvenil
Relación
Secuencia de
posiciones
Proceso inevitable
• Juan Manuel Castellanos Obregón
Capítulo VII. La condición juvenil: opciones metodológicas para la construcción… •
Es una economía del tiempo-espacio social (antes, ahora, después), que puede ser descrita como un sistema de oposiciones estructurales que ordenan el mundo social y tienden a la homología
(Bourdieu, 1988, 1991).
La condición juvenil incorpora, entonces, un lugar-valor, que
puede ser descrito como una posición geométrica, resultado de
componer o descomponer los planos de su trayectoria (toda trayectoria tiene un pasado, un presente y un futuro). Cada sujeto
incorpora así, en su propia “historia personal”, una suerte de
economía del tiempo descriptible y aprehensible. Algunos de los
planos, entendidos como subcampos de fuerza en los cuales se
mueve el sujeto, son, sin orden o jerarquía específica: el género,
la clase social, la edad, la etnia, el trabajo, la escolaridad, entre
otros.
El sujeto joven, como todo agente social, es multiposicional.
Está a la vez localizado y juega en varios campos que trata de comunicar, conectar y aprovechar (Boltansky, 1973). Voy a referir
rápidamente algunos de estos planos de referenciación.
La edad ha sido utilizada como dispositivo principal para
ubicar a los jóvenes y a las jóvenes en relación con las clases de
edad. La invención de la juventud viene al lado, pero no al mismo tiempo, de la invención de la infancia (Ariès, 1987) y de la
invención de la “tercera edad” (Lenoir, 1979). La manera como
se establezcan las transiciones y el tipo de categorías etarias, así
como las prescripciones o estimaciones de comportamiento, acción y representación de cada una, tenderá a localizar, mediante
la imposición de una categoría social, a cada sujeto social. Ello
permite medir y anticipar la manera de ser, las expectativas y las
líneas de tránsito vital o trayectorias posibles y deseables de vida, de proyecto de vida. La recurrencia demográfica a la escolaridad, al primer trabajo, al hecho de salir a vivir fuera de la casa, a
tener pareja, a la reproducción de la familia, a la independencia
económica, a la acumulación de un patrimonio, son expresiones
de esta sincronía social que señala un conjunto de expectativas.
177 •
• Juan Manuel Castellanos Obregón
La recurrencia, la normalidad y la preconstrucción histórica
de estas transiciones interpondrán ciertas regularidades en la marcha de la vida, en el paso de un estado a otro. Algunas sociedades
marcan de manera precisa este tránsito categorial; en otras, casi
todas sometidas a fuertes procesos de modernización, los límites
se difuminan, se extienden, ya no se concentran (Feixa y Recio,
2006). ¿Marcan acaso los 15 años la entrada de una mujer en sociedad, el paso de niña a mujer? ¿Es el final de los estudios de
primaria, para algunas poblaciones rurales, o del bachillerato, o
la universidad para otros? ¿O es el servicio militar el paso de los
hombres de la niñez-juventud a la adultez? Los famosos ritos de
paso que hicieran relevantes Van Gennep (1986) y Victor Turner
(1988) ya no son más o son otros, y hay que volverlos a localizar
y a describir nuevamente, constantemente, en sociedades que se
renuevan, se intercomunican, se parecen y se diferencian interna
y externamente.
Sin asumir lo masculino y lo femenino como dos estados o
cualidades delimitadas o exentas, sino, por el contrario, comprensibles en una continuidad sin límites precisos, y con idas y venidas, la construcción local o histórica de las masculinidades o las
femineidades cruza de manera determinante la condición juvenil
(Bourdieu, 2000; Sepúlveda López, 2002). La condición juvenil
femenina es distinta de la condición juvenil masculina, y estas
diferencias permiten establecer discrepancias en las orientaciones, que deben ser analizadas en relación con el dominio del que
dispongan, con la posesión o la desposesión que las articula y las
diferencia en los distintos espacios y momentos de la vida social.
El campo de posesiones y posiciones que articulan la diversidad de condiciones juveniles probables en cualquier espacio
social, define las estructuras de transición entre las categorías
sociales establecidas y, a partir de estas, las trayectorias posibles,
potenciales y deseables de los sujetos, de acuerdo con su lugar
de partida, sus haberes y sus estrategias de movilidad (Bourdieu,
1991; Ghiardo y Dávila, 2005).
•
178
Capítulo VII. La condición juvenil: opciones metodológicas para la construcción… •
Las formas posibles de hacerse adulto están mediadas, en las
sociedades capitalistas industriales, postindustriales o en vías de
desarrollo, por las demandas técnicas del sistema de producción
capitalista y por la tecnificación y racionalización de los procesos
sociales; lo que ha permitido darle una preponderancia particular a la escolaridad como mecanismo y proceso que marca los
pasos y las diferencias. La duración y la secuencia de las etapas
define distintas formas de transición; y las trayectorias relatan los
cambios en la condición, la naturaleza del paso de una situación
a otra.
La clase social y la condición étnica hacen referencia a la situación desigual y diferencial de los sujetos en el marco de la estructura social vigente; estructura que es influida por las relaciones
de fuerza y de poder que comprenden y ordenan las poblaciones
y sus categorías en conjuntos sociales que experimentan condiciones de existencia similares. Esta estructura se manifiesta en
experiencias históricas, políticas y morales cercanas. Son experiencias histórico-sociales compartidas que permiten prever cierta
correspondencia entre las experiencias y las prácticas, entre los
esquemas de percepción y de acción.
Como lo trato de esquematizar en los gráficos 6 y 7, la condición juvenil suele tener un lugar de menor valía y posesión en
relación con los sujetos adultos establecidos de su campo o clase
social, por lo que suele ser experimentada como dependencia,
inexperiencia, desposesión, momento de poco prestigio, de poco
poder y de debilidad.
En el espacio social total, lo que es común en los individuos
“jóvenes” es la homología entre sus posiciones, pues entre unos
sujetos jóvenes y otros, como entre unas personas adultas y otras,
hay diferencias marcadas, por no decir radicales, en cuanto a posesiones y posiciones económicas, simbólicas, que se marcan con
las prácticas de distinción (Bourdieu, 1988).
Este es el marco que permite comprender las similitudes aparentes, y también las diferencias entre unos jóvenes y otros, así
179 •
• Juan Manuel Castellanos Obregón
como la producción de situaciones en las cuales se producen y
reproducen las diferencias sociales, y que el uso de la categoría
social joven, aplicada a un conjunto disímil de sujetos, tiende a
ocultar. Sobre todo, y como ya lo hemos expuesto, cuando se
da la tendencia al ocultamiento metonímico en gran parte de la
producción académica.
Gráfico 6. Campo de condición juvenil
+ Posición
ADULTOS
+ Posesiones
– Posesiones
JÓVENES
niños
Maypres
– Posición
Tener en cuenta la condición juvenil de los sujetos, como categoría analítica, es necesario para articular la adjetivación joven
a un cierto conjunto de sujetos como el resultado de una posición
doblemente subordinada de la cual son expresión. La condición
juvenil en el conjunto de la estructura de clases suele modular
dos miserias: la de posición y la de condición (Bourdieu y otros,
1999, p. 10).
Los sujetos en condición juvenil tienden a ocupar posiciones o
lugares de menores recursos sociales, simbólicos y económicos en
•
180
Capítulo VII. La condición juvenil: opciones metodológicas para la construcción… •
los grupos y en el espacio social, produciendo una cierta miseria
de condición. Por otro lado, su condición de sujetos representados
como infantilizados algunos, incompletos otros, entre el conjunto
de principios de división y clasificación en que son incorporados
en el “orden social” y familiar, suele ubicarlos en posiciones de
poco valor, sin prestigio: como aspirantes, recién llegados, novatos o reclutas. Estas ubicaciones relegadas, minúsculas, permiten
producir una miseria de posición compartida.
Las diferencias entre las posiciones y las condiciones pueden
hacer comprensibles las vías de integración social de los diferentes individuos jóvenes; permiten comprender la razonabilidad
de sus decisiones como alternativas tácticas y estratégicas para
superar su doble miseria. Las miserias de posición y de condición
articulan conjuntos diversificados de lugares sociales, simbólicos
y económicos que no pueden ser descritos simplemente como pobres o de menores recursos. Por el contrario, es necesario tener
en cuenta la diversificación relacional y circunstancial —no materialista— de esta situación-posición en un modelo de producción
que produce, articula y se reproduce a partir de la diferencia, de
la distinción como principio.
Las prácticas simbólicas y las orientaciones ocupacionales,
morales, políticas o estéticas, pueden ser comprendidas como
disposiciones, capacidad y propensión, aptitud y actitud, con un
origen histórico-social concreto, inscritas en la historia personal.
La biografía expresa la conjunción de posición y de condición
social con el devenir concreto en la estructura de las transiciones
y las trayectorias reales, azarosas y circunstanciales que muestra
cada vida.
Como la excepción hace la regla, puedo presentar algunos
ejemplos de sujetos (Hanna Montana, Shakira y otros ídolos actuales del espectáculo) que, calificados como jóvenes, no experimentan esta doble posición subordinada.
181 •
•
182
–
–
Jóvenes –
Niños
- Posesiones
+
– Posesiones
– Posesiones
– Posición
JÓVENES
ADULTOS
+ Posición
– Posición
JÓVENES
ADULTOS
+ Posición
– Posesiones
– Posesiones
– Posición
+ Posesiones
+ Posesiones
+ Posición
Disposición =
– Posición
JÓVENES
+ Posesiones
+ Posesiones
Transición * Trayectoria
Posición + Condición
ADULTOS
+ Posición
– Posición
JÓVENES
ADULTOS
+ Posición
Gráfico 7. Subcampos de diversidad, condiciones juveniles en el espacio social
+
–
+ Posesiones
+ Adultos
+
• Juan Manuel Castellanos Obregón
Capítulo VII. La condición juvenil: opciones metodológicas para la construcción… •
Abundan los ejemplos de las estrellas del espectáculo, con
grandes caudales económicos y gran prestigio, que no parecen
entrar en el esquema propuesto, pues ocupan posiciones de alto valor y acumulan muchas más posesiones que sus pares o sus
padres y madres.
En el marco analítico expuesto, estos individuos jóvenes hacen parte y derivan su particularidad de un subcampo de poder
económico y simbólico, en el interior del cual ocupan una posición homóloga a los sujetos jóvenes de otros conjuntos sociales,
aunque los principios particulares de articulación del “campo del
espectáculo”, por su propia magia, parecieran subvertir el orden
social y sus principios de producción. La idea de completa libertad y autonomía es una forma ilusoria de querer escapar a las líneas de fuerza y control que están establecidas en el espacio social.
Conclusión
La condición social de los jóvenes y las jóvenes debe ser analizada en el interior de las relaciones sociales en que se produce su
particularidad como categoría sociohistórica reconstruida. La
propuesta realizada en este escrito, que parte de una síntesis dialéctica de la teoría y del método para la construcción del objeto de
investigación, en la noción-opción metodológica, sugiere, grosso
modo, que es necesario tener en cuenta los principios productores
de la diversidad social y cultural —clase, etnia y género— en la
producción de la diversidad etaria articulada a la producción de
categorías de edad como niño o niña, joven, vieja o viejo.
El proceso particular que articula una trayectoria biográfica
puede ser comprendido, o desintegrado para el análisis, como una
sucesión y una lucha entre posiciones y posesiones. Algunas de
ellas previamente creadas, heredadas o adquiridas en recorridos
institucionalizados o no, otras en proceso de génesis en la propia
interacción creativa entre agentes sociales en el interior de los
distintos subcampos de la acción social: la familia, el trabajo, la
183 •
• Juan Manuel Castellanos Obregón
amistad, el partido, la iglesia, la escuela, la comunidad, el barrio,
entre otros muchos escenarios de la vida cotidiana.
La idea de agente social dotado de capacidad de acción y reacción, de agencia, como potencia y disposición, necesariamente
tiene que transformarse en una vía analítica que permita poner en
relación la particularidad de los trayectos biográficos con la cierta
sincronía y comunicación de lo joven y de la juventud. La aparente
simultaneidad y similitud, así como la novedad y vitalidad de las
“culturas juveniles” y de sus movidas, no puede oscurecer su amplísima divergencia y disparidad. En las expresiones de lo juvenil
están expuestos la condición social y los principios articuladores
de las cualidades del ser social, propios de cada momento histórico y de cada estructura social. Lo que separa a un sujeto joven de
otro es tanto como lo que separa a una persona adulta de otra, en
tanto poseedores o desposeídos de los capitales eficientes en los
distintos campos sociales; en tanto partícipes o sumisos agentes
de las dinámicas simbólicas, económicas o sociales dominantes.
Propongo, entonces, la condición juvenil como una vía metodológica para tener en cuenta los principios diferenciadores de su
producción y comprensión.
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Capítulo VIII
SUBJETIVIDAD, POLÍTICA Y MULTITUD:
TRES REFERENTES PARA ABORDAR
LA JUVENTUD1
Jorge Eliécer Martínez P.
Multitud […]. Con este término designamos a un sujeto
social activo, que actúa partiendo de lo común, de lo
compartido por esas singularidades. La multitud es un
sujeto social internamente diferente y múltiple, cuya
constitución y cuya acción no se fundan en la identidad ni
en la unidad (ni mucho menos en la indiferenciación) sino
en lo que hay en común.
Hardt y Negri
1
Este escrito es fruto de las investigaciones doctorales: “La producción biopolítica
de la subjetividad”, de la Universidad de Barcelona, y “Análisis de los discursos
gubernamentales sobre educación superior como lugar de producción biopolítica de la subjetividad en Colombia, 1991-2005”, del Cinde y la Universidad de
Manizales. Ambas investigaciones fueron financiadas por la Universidad de La
Salle de Bogotá.
189
• Jorge Eliécer Martínez P.
La subjetividad es un tema sobre el cual existen múltiples miradas teóricas. Con el presente trabajo pretendo asumir las posiciones teóricas que sobre este tema tienen autores como Foucault,
Deleuze, Negri y Hardt, para desde allí aproximarme al tema de
la juventud como una posibilidad de entender estas subjetividades en el marco de la globalizacion.
De ahí que con este escrito, busco relacionar tres categorías a
saber: subjetividad, política y multitud, referentes para abordar
las juventudes en sus múltiples posibilidades.
El primer apartado del escrito es una reflexión sobre el sentido de la subjetividad, y una relación con la juventud como categoría de análisis; en el segundo, asumo la categoría de lo político
referenciada en autores como Michael Foucault, quien aborda
la reflexión de lo político en la subjetividad desde la anatomopolítica-biopolítica, y las ideas presentadas por Gilles Deleuze
entre lo molecular y lo molar. Por último, en este trabajo presento un acercamiento al concepto de multitud, desde Antonio
Negri y Michael Hardt, para reflexionar sobre los “movimientos
juveniles”.
La línea que une las temáticas juveniles y la referida a la subjetividad es imperceptible en algunos momentos; por eso, al hablar de un tema se puede pasar a otro sin mayores discusiones
académicas, dando por hecho que las categorías, conceptos o
enunciados de subjetividad están presentes en los temas referidos a la juventud.
En este escrito pretendo establecer cuál es el punto de inflexión o conexión entre estos dos, para desde ahí pensar los
movimientos juveniles y la juventud con categorías que, si bien
no han estado en el centro de los debates contemporáneos en
los círculos que se refieren al tema de la juventud y de lo juvenil,
pueden ser útiles para explicar sus dinámicas y sus movimientos
en los tiempos actuales.
•
190
Capítulo VIII. Subjetividad, política y multitud: tres referentes para abordar la juventud •
Primer referente: la subjetividad2
En la academia, actualmente escuchamos reflexiones que asumen
lo humano, lo social, las luchas por el género, la raza o la diversidad, entre otros temas que tienen que ver con el sujeto y, por
ende, con la subjetividad. Por otra parte, en el mundo de la vida,
en el día a día, percibimos los movimientos sociales, obreros, las
luchas de los desplazados y desplazadas, los gritos de angustia de
las víctimas de la violencia, los reclamos por la seguridad social,
los movimientos por la liberación de los secuestrados y secuestradas y de las víctimas de la guerra. Temas que no son solo teorías
sobre el sujeto o la subjetividad sino formas reales de ser en el
mundo.
En este mismo sentido, las reflexiones contemporáneas sobre
la educación y las ciencias sociales insisten en plantear la cuestión de la subjetividad como núcleo articulador de las problematizaciones que se pronuncian alrededor de aspectos como la
ciudadanía, la identidad sexual, la ampliación de los límites de
la libertad, la formación para la producción, el consumismo, etc.
Esta situación llega a ser de tal talante que, en sentido estricto,
no existe una reflexión actual sobre la educación y lo social que
deje por fuera la cuestión del sujeto y la subjetividad. Dado este
acontecimiento, cabe un interrogante inicial: ¿cómo asumir la
pregunta por la subjetividad en los discursos sobre juventud?
Para encontrar la respuesta, será necesario ilustrar, brevemente,
el estado de estos debates en relación con la subjetividad.
El término subjetividad, como se reconoce, tiene dos significados: dependiendo de su utilización, puede referirse al conocimiento o al sujeto. En la teoría del conocimiento, la subjetividad
es la propiedad de las percepciones, argumentos y lenguaje basados en el punto de vista del sujeto y, por tanto, influidos por los
intereses y deseos particulares del sujeto. La propiedad opuesta
2
Este apartado retoma los argumentos señalados en el artículo “Cátedra lasallista:
miradas sobre la subjetividad”, el cual realicé junto con Fabio Neira (2009).
191 •
• Jorge Eliécer Martínez P.
es la objetividad, que se basa en un punto de vista no prejuiciado,
distante y separado, de modo que los conceptos en cuestión sean
tratados como objetos.
Desde el otro punto de vista la subjetividad se refiere al campo
de acción y representación de los sujetos, establecidos siempre
bajo unas condiciones históricas, políticas, culturales, religiosas,
entre otras. La subjetividad se concibe como la capacidad de interacción, la intencionalidad, la negociación; pero también como la
facultad para constituirse a sí mismo como individuo, que estará
dada por la experiencia, entendida como el cúmulo de hechos
vividos que nos constituyen y acompañan durante toda la vida
como individuos; de ahí que podemos decir que la subjetividad
es un producto, un momento en las coordenadas históricas que
permiten hablar desde la experiencia que se realiza en lo subjetivo, lo individual, lo propio y lo diferente del otro. Una misma experiencia vivida por personas diferentes adquiere valores únicos
en cada uno. La carga emocional adjudicada es dada por quien
la vive y solo es comprendida por él.
Por lo tanto, el interés por la subjetividad, y en ella la juventud
como una de las múltiples posibilidades de darse —ya que esta,
en sí misma, es una forma de asumir la subjetividad—, no está
dada por el sujeto cogito ni trascendental, que como manifiesta
Slavoj Zizek, “es un espectro que ronda la academia occidental…
el espectro del sujeto cartesiano” (2005, p. 9), sino que nuestro
interés se centra en el sujeto de la experiencia, entendiéndolo como la apertura del propio sujeto. Experiencia que permite una
alteración, modificando la relación que se ha establecido con
nosotros y la transformación de lo que se nos ha determinado en
nuestros modos de ser. La subjetividad, entonces, será la forma
como específicamente nos han determinado “en nuestro modo
de estar y de ser en el mundo”, para utilizar el estribillo final de
Susana Bercovich (2004) en su artículo “Nuevas formas de subjetivación”, pero será también la posibilidad de constituirnos a
nosotros mismos como sujetos de nuestras acciones.
•
192
Capítulo VIII. Subjetividad, política y multitud: tres referentes para abordar la juventud •
El ser sujeto de la propia experiencia es la capacidad de transformación, la posibilidad de ser de otro modo. Siguiendo estas
pistas de reflexión, podemos distinguir dos sentidos del término
“sujeto”: uno, en tanto control y dependencia del otro, es decir,
en tanto ligado; y otro, como sujeto a la propia identidad (este
concepto asumido en un sentido ontológico, permitiendo en el
individuo una relación de permanencia) por las prácticas y el conocimiento de sí.
La subjetividad oscilará entre dos opciones: por un lado, el
sujeto en su forma se puede modificar a sí mismo o puede ser
modificado desde sus relaciones externas; y, por lo tanto, entra
en interacción con el medio y las circunstancias que lo rodean.
Por ejemplo, la modernidad en su proyecto de Estado tiende a
la pre-producción de una subjetividad unificada en la figura del
ciudadano o ciudadana. Las instituciones disciplinarias generaban dispositivos que obligaban a los sujetos a ejecutar operaciones para permanecer en ellas. Es por eso que la subjetividad se
instituye, deja marca, moldea, reproduciéndose al mismo tiempo
que se reproduce el dispositivo que instituye la subjetividad. En
la circunstancia de desinstitucionalización de las instituciones,
no hay dispositivos que marquen o moldeen la subjetividad. Por
tanto, toda operación actual de constitución de la subjetividad
no es institucional solamente sino, y ante todo, situacional; es
decir, dependerá de los tiempos y de los espacios en los cuales
se desarrolla la subjetividad, pero no solo desde la espacialidadtemporalidad sino desde las condiciones de existencia y desde
las circustancias de la misma. La subjetividad se construye plenamente en situación, puesto que son prácticas de los sujetos, y
según sus circunstancias determinan sus maneras de ser desde
sus territorios existenciales. Son posibilidades económicas desde sus luchas sociales, políticas y de género, desde las defensas
de los grupos étnicos, de los niños, las niñas y los jóvenes en sus
contextos particulares.
La juventud no es un hecho como unidad social ni como grupo constituido, ni posee intereses que convoquen en común a los
193 •
• Jorge Eliécer Martínez P.
jóvenes y a las jóvenes; como nos lo dice Bourdieu (1990), hoy
la juventud es una condicion de la subjetividad, es un modo de
aparecer en el mundo, es la posibilidad de realizar el pliegue de
la existencia. Por eso, pensar la relación juventud–subjetividad
es establecer que la primera, “la juventud”, es una forma de nombrar las múltiples posibilidades de la subjetividad. La juventud es
una categoría socialmente construida, es decir, es una produción
social, es una forma de constituir la subjetividad.
Es así como hoy podemos hablar de la condición juvenil en
relación con lo joven, la juventud y la juvenilización, como modos
de nombrar la subjetividad. Las formas como a lo largo de los
desarrollos académicos se ha nombrado a la juventud son formas
de nombrar la subjetividad y, por ende, de dar las condiciones
para su análisis: es así como desde lo biológico, lo sicológico y lo
jurídico se han dado las condiciones para que se dé un sujeto, un
joven condicionado y determinado por los discursos que desde
ellos proceden.
Estos discursos son elementos del dispositivo que determina
las relaciones de comprensión de modos de vida juveniles. Es
decir, un conjunto de prácticas acompañadas de discursos son
dadas por las instituciones de normalizacion y disciplinamiento
en el marco de una sociedad que nombra como jóvenes y como
juventud aquello que en sí misma pretende regular, generar y
producir. Es decir que la juventud, lo juvenil, es una forma de
constitución de la subjetividad en el marco de unas condiciones
socio-históricas.
Por ser entonces los jóvenes y las jóvenes una forma de comprender la subjetividad, podemos considerar en ellos y en ellas
la posibilidad de su modificación constante, pues esta, la subjetividad, no es algo dado sino una forma que tiene la posibilidad
de modificarse continuamente; es un agenciamiento de sus potencialidades, entendido como el horizonte en el cual se puede
identificar y describir el acoplamiento o el encuentro entre el
deseo y lo social.
•
194
Capítulo VIII. Subjetividad, política y multitud: tres referentes para abordar la juventud •
Segundo referente: la política
La política siempre ha ocupado un lugar fundamental en la reflexión sobre la subjetividad y, por ende, en los estudios sobre
juventud; sin embargo, en este escrito no pretendo presentar la
política desde los parámetros de la política establecida, sino desde una profunda interacción entre una ontología inmanente (no
trascendental) y una política espacio-temporal ubicada (acontecimiento y discontinuidad). Es decir, es la apelación a un nuevo
campo de relaciones de poder de corte micropolítico y macropolítico. Una comprensión de la acción política como relación
de poder no trascendental ni metafísica: poder como ejercicio
(Foucault) y agenciamiento (Deleuze).
El principio de inmanencia ontológica del poder permite estudiarlo desde una preocupación por el presente que indaga
acerca de las condiciones históricas de posibilidad del mismo,
en términos de genealogía en Foucault y de acontecimiento en
Deleuze; Negri usará ambas metodologías; la resistencia y la transformación del sentido de las acciones políticas del presente, como
característica esencial de las relaciones de poder. La genealogía
[…] no aspira a interpretar el pasado, sino a describirlo y a establecer una red de relaciones significativas que permitan a los
enunciados expresar su sentido sin más mediaciones que las que
el propio enunciado produzca, posibilitando que la descripción se
torne explicativa al momento en que esté en condiciones de generar
transformaciones, evitando de esta manera los actos interpretativos
que rayan en la sobreinterpretación del significado sobre el significante, además de romper con la circularidad de las interpretaciones
interminables. (Vanegas, 2002)
La genealogía permitirá proponer un modelo explicativo de
los modos de producción de la subjetividad propios de las prácticas. Por otra parte, sobre los acontecimientos no hay que pre-
195 •
• Jorge Eliécer Martínez P.
guntarse por el sentido de los mismos, pues dice Deleuze (2005)
que el acontecimiento es el propio sentido; es decir:
En todo acontecimiento, en verdad, está el momento presente de la
efectuación, aquel donde el acontecimiento se encarna en un estado
de cosas, un individuo, una persona, aquel que se designa diciendo:
ahí está, ha llegado el momento; y el futuro y el pasado del acontecimiento solo se juzga en función de ese presente definido, desde
el punto de vista de aquel que lo encarna. (p. 177)
Por eso podemos establecer el acontecimiento como novedad
histórica o diferencia, pero también como práctica; por eso es
una ruptura como aquello que surge en una constante histórica.
Por lo anterior, el asumir las reflexiones de los teóricos anteriormente mencionados se posibilita como puertas de entrada a
la reflexión sobre los modos de vida en la actualidad y, por ende,
sobre las subjetividades juveniles en sus agenciamientos, acontecimientos y genealogías.
Para efectos de lo anterior, asumir la primera parte de la investigación crítico–histórica de Foucault se presenta como la posibilidad de visibilizar las posibilidades políticas de la subjetividad;
de ahí que la relación entre saber y poder —por las relaciones
entre enunciados considerados “verdaderos” y las relaciones de
poder que desencadenan— es el primer análisis de la política en
este apartado.
En este sentido pueden ser considerados los trabajos de Foucault sobre la locura y el encierro en la relación antes mencionada. Su gran aporte en estas investigaciones tiene que ver con
la construcción de un conjunto de criterios para el análisis de lo
político, que parten de un principio metodológico: dejar de considerar el poder como marco represivo, para entenderlo como un
haz de relaciones complejas entre tácticas y estrategias en juegos
de verdad y constituciones subjetivas. Ya en su curso de 1973,
Foucault (2005) señala:
•
196
Capítulo VIII. Subjetividad, política y multitud: tres referentes para abordar la juventud •
Por lo tanto, en lugar de hablar de violencia, me gustaría más hablar
de microfísica del poder; en vez de hablar de institución, me gustaría
más tratar de ver cuáles son las tácticas puestas en acción en estas
prácticas que se enfrentan; en lugar de hablar de modelo familiar
o de “aparato de Estado”, querría tratar de ver la estrategia de esas
relaciones de poder y esos enfrentamientos que se despliegan en la
práctica psiquiátrica. (p. 34)
Tales estrategias y tácticas deben ser consideradas en el marco de una microfísica que se ocupa de las prácticas específicas y
de los acontecimientos que las hacen posibles. Lo que significa
que el poder deja de verse como pura represión o violencia, para
ser entendido como marco estratégico de relaciones; relaciones
que pasan por las subjetividades y en este caso por las juveniles.
Siguiendo con su análisis, Foucault encuentra un acontecimiento histórico-político: la constitución de un sujeto y una sociedad
de disciplina en el siglo XVI europeo, como correlación del enfrentamiento histórico entre la soberanía del rey y un conjunto
de técnicas de gobierno soportadas por las rupturas epistemológicas que las ciencias de la época produjeron. En este sentido,
Foucault (2005) señala:
Pero por el momento estamos en la aparición de algo que es el poder
disciplinario, cuya figura específica surge aquí, me parece, con una
singular claridad, en cuanto ese poder disciplinario está, en el caso
presente, enfrentándose a un poder político que llamaré poder de
soberanía. Entonces, si las primeras hipótesis que me orientan ahora
son exactas, no bastaría decir: en la práctica psiquiátrica encontramos desde el origen algo así como un poder político; me parece que
la cosa es más complicada y, por otra parte, lo será cada vez más. Por
ahora querría hacer una especie de esquematización. No se trata
de cualquier poder político, son dos tipos de poder perfectamente
distintos y correspondientes a dos sistemas, dos funcionamientos
diferentes: la macrofísica de la soberanía, tal como funcionaba en
197 •
• Jorge Eliécer Martínez P.
un gobierno posfeudal, preindustrial, y la microfísica del poder
disciplinario, cuyo funcionamiento constatamos en los diferentes
elementos que les menciono aquí, y que aparece, en cierto modo,
apoyada por elementos desconectados, deteriorados, desenmascarados del poder soberano. (p. 34)
Lo anterior lleva a Foucault a insistir en una perspectiva microfísica de las prácticas más que en un punto de partida de carácter universal, según el cual solo puede entenderse por poder
la acción política del rey y la del Estado, soportadas trascendentalmente por una soberanía exterior a las mismas (Dios y pueblo).
Estas precauciones metodológicas le permiten al autor hacer
visible la visibilidad y la enunciatividad del campo estratégico
que inauguran las técnicas disciplinarias; la microfísica se hace
necesaria dada la multiplicidad de detalles tácticos de tales estrategias:
Escrúpulos infinitos de la vigilancia que la arquitectura secunda
por mil dispositivos sin honor. No parecerían irrisorios más que si
se olvida el papel de esta instrumentación, menor pero sin defecto,
en la objetivación progresiva y el reticulado cada vez más fino de
los comportamientos individuales. Las instituciones disciplinarias
han secretado una maquinaria de control que ha funcionado como
un microscopio de la conducta; las divisiones tenues y analíticas
que han realizado, han llegado a formar, en torno de los hombres,
un aparato de observación, de registro y de encauzamiento de la
conducta. En estas máquinas de observar, ¿cómo subdividir las miradas, como establecer entre ellas relevos, comunicaciones? ¿Qué
hacer para que, de su multiplicidad calculada, resulte un poder
homogéneo y continuo? (Foucault, 1999, p. 259)
La sociedad de disciplina y su micropolítica se hacen concretas en su arquitectura y sus prácticas detallistas de vigilancia, en
sus distribuciones jerárquicas, en su estructura analítica y en sus
tácticas divisorias. La constitución de un cuerpo dócil y útil se
•
198
Capítulo VIII. Subjetividad, política y multitud: tres referentes para abordar la juventud •
organiza ahora desde el nivel político del detalle y de las microrelaciones. El campo de visibilidad que se inaugura en las sociedades disciplinarias construye, a su vez, modalidades corporales
que se entrelazan con dispositivos cotidianos y efectivos, sustentados en una modalidad de soberanía que ya no es la del decreto
real sino la del saber-poder propio de tecnologías de poder, de
las artes de dirección y control de la conducta en las instituciones de disciplina. El nivel micro de vigilancias y controles secreta
su propia máquina de control, su pervivencia de todos los días,
su supuesta neutralidad normalizadora. Con Deleuze, Foucault
insistirá en los microfacismos cotidianos, aquellos en los que nos
sumergimos todo el tiempo; campo de visibilidad que es necesario hacer visible a través del análisis del dispositivo:
Las disciplinas ínfimas, los panoptismos de todos los días, pueden
muy bien estar por debajo del nivel de emergencia de los grandes
aparatos y de las grandes luchas políticas. Han sido, en la genealogía de la sociedad moderna con la dominación de clases que la
atraviesa, la contrapartida política de las normas jurídicas según
las cuales se redistribuía el poder. De ahí sin duda la importancia
que se atribuye hace tanto tiempo a los pequeños procedimientos
de la disciplina, a esos ardides de poca monta que ha inventado, o
también a los conocimientos que le dan un aspecto confesable; de
ahí el temor de deshacerse de las disciplinas si no se les encuentra
sustituto; de ahí la afirmación de que se hallan en el fundamento
mismo de la sociedad y de su equilibrio, cuando son una serie de
mecanismos para desequilibrar definitivamente y en todas partes las
relaciones de poder; de ahí el hecho de que se obstinen por hacerlas
pasar por la forma más humilde pero completa de toda moral, cuando son un haz de técnicas físico-políticas. (Foucault, 1999, p. 323)
De ahí la insistencia de Foucault acerca del análisis micropolítico de las estrategias. Esta micropolítica, soportada en esos
juegos de saber y poder, de táctica y técnica, debe —para Foucault— ser distinguida de una apreciación macro según la cual
199 •
• Jorge Eliécer Martínez P.
el poder se instituye en fundamentos metafísicos cuyo origen se
explica por sí mismo. Aunque la modernidad permitirá el paso
de la soberanía real a la del Estado-nación, aún persistirá en este
modelo una visión metafísica de lo político, sustentada en una
justicia posible por las relaciones entre derecho, deber y razón;
lo que haría pensar que para estudiar tal política sería necesario
permanecer en este fundamento metafísico. Pero al concebir lo
político como el campo donde un conjunto de estrategias funciona, el soporte de la acción política no es otra cosa que el conjunto
de prácticas y de relaciones que estas luchas desatan. La política
es, entonces, micropolítica, interacción compleja de dispositivos,
técnicas, tácticas y racionalidades.
Además de considerar la política como micropolítica, a Foucault sus indagaciones lo llevarán, en un segundo momento, a
revisar las relaciones entre el saber y el poder que se organizan
en las tecnologías y artes del gobierno. Acuñó el concepto de
“gubernamentalidad”3para agrupar estas relaciones y el movimiento histórico que hizo posible organizar un conjunto de dispositivos capaces de consolidar prácticas de gobierno e instituciones gubernamentales en el Estado-nación.
En esta organización funcionan epistemes, es decir, cruces
complejos entre regularidades discursivas de diversas ciencias,
así como transformaciones y cambios en términos de acontecimiento. En ese sentido, Foucault (1990) insiste en la posibilidad
de rastrear históricamente estos eventos y su impacto en la racionalidad que se ejerce en esas tecnologías:
Me gustaría solamente proponer algunas indicaciones fragmentarias
sobre algo que se encuentra a mitad de camino entre el Estado, co3
•
200
“Por ‘gubernamentalidad’ entiendo el conjunto constituido por las instituciones,
los procedimientos, análisis y reflexiones, los cálculos y las tácticas que permiten
ejercer esta forma específica, tan compleja, de poder, que tiene como meta principal la población, como forma primordial de saber la economía política, como
instrumento técnico esencial los dispositivos de seguridad” (Foucault, 1999, p.
195).
Capítulo VIII. Subjetividad, política y multitud: tres referentes para abordar la juventud •
mo tipo de organización política y sus mecanismos, a saber, el tipo
de racionalidad implicada en el ejercicio del poder de Estado […].
Después de todo, y por lo menos a ese respecto, las prácticas políticas se parecen a las científicas: no se aplica “la razón en general”,
sino siempre un tipo muy específico de racionalidad. (p. 121)
Este ejercicio analítico de corte histórico-crítico señala que las
prácticas políticas son susceptibles de ser rastreadas y seguidas
desde una grilla de inteligibilidad histórica y práctica. Así, la política es un desenvolvimiento histórico de racionalidades que soportan tales prácticas. Encontrar la forma como estas funcionan,
equivale a su vez a comprender los modos como se constituyen
los sujetos y las individualidades inscritas en ellas, reconocer los
dispositivos y evidenciar su desarrollo histórico:
La racionalidad política se ha desarrollado e impuesto a lo largo
de la historia de las sociedades occidentales. Primero se enraizó
en la idea de un poder pastoral y después en la razón de Estado.
La individualización y la totalización son efectos inevitables. La liberación no puede venir más que del ataque, no a uno o a otro de
estos efectos, sino a las raíces mismas de la racionalidad política.
(Foucault, 1990, p. 140)
Para Foucault, el primer momento de este desarrollo histórico tiene que ver con la inserción y transformación de algunas
prácticas de gobierno eclesiales. Esa asunción histórica es lo que
Foucault llama “poder pastoral”. La característica central de esta
forma de gobierno es un doble movimiento: por una parte, surge
una individualización precisa, una delimitación del sujeto (a cada
quien su lugar, su enfermedad, su encierro, su muerte, su tarea
productiva); por otra, se constituye una totalización, que se hace
concreta en el sujeto “población”. Este doble movimiento (todos
y cada uno: omnes et singulatim) persiste en la gubernamentalidad actual. Lo que significa que el campo político, micropolítico,
muestra en su análisis un desplazamiento no considerado por las
201 •
• Jorge Eliécer Martínez P.
formas tradicionales de análisis: tal campo tiene su delimitación
en la relación entre la individualidad y la totalización, entre la
técnica y su objeto de control: la política también es un conjunto
de relaciones que un sujeto establece consigo mismo.
He intentado elaborar una historia de la organización del saber
respecto a la dominación y al sujeto. Estudié la locura no con los
términos del criterio de las ciencias formales, sino para mostrar cómo, mediante este extraño discurso, era posible un cierto tipo de
control de los individuos. […] Este contacto entre las tecnologías
de dominación de los demás y las referidas a uno mismo es lo que
llamo gobernabilidad. (Foucault, 1990, p. 49)
Esta doble interacción modifica una definición del poder y lo
político en términos de sus límites, para ubicarlo ahora en la interacción sujeto-arte de gobierno. Si en la primera parte se aclaró por qué la política es micropolítica, ahora se establece que la
política es “gobierno”. En ese sentido:
El ejercicio del poder consiste en guiar las posibilidades de conducta y disponerlas con el propósito de obtener posibles resultados.
Básicamente, el poder es menos una confrontación entre dos adversarios, o el vínculo de uno respecto del otro, que una cuestión
de gobierno. Esta palabra debe ser comprendida en el muy amplio
significado que tenía en el siglo XVI. El “gobierno” no se refiere
solo a estructuras políticas o a la dirección de los Estados; más
bien designa la forma en que podría dirigirse la conducta de los
individuos o grupos [...]. Gobernar, en este sentido, es estructurar
un campo posible de acción de los otros. (Foucault, 2001, p. 254)
Así, si el poder es una acción sobre la acción posible, la política
deviene gobierno, en tanto se estructura el campo de interacción
a través de saberes y dispositivos. En términos históricos, Foucault señala que una primera gran forma de gobierno se ocupa
del cuerpo individual, en el marco del poder disciplinario. Y la
•
202
Capítulo VIII. Subjetividad, política y multitud: tres referentes para abordar la juventud •
llamará “anatomopolítica”, pues tal modalidad política construye
un cuerpo productivo, dócil y útil. En el mismo momento en el
que las ciencias comprenden lo corpóreo como un artificio mecánico, la gubernamentalidad adquiere la forma de un conjunto
de dispositivos que capturan la fuerza productiva al tiempo que
garantizan obediencia: sociedad de disciplina, de fábrica, de escuela, de institución.
El momento histórico de la disciplina es el momento en que nace
un arte del cuerpo humano, que no tiende únicamente al aumento
de sus habilidades, ni tampoco a hacer más pesada la sujeción, sino
a la formación de un vínculo que, en el mismo mecanismo, lo hace
tanto más obediente cuanto más útil, y al revés. Fórmase entonces
una política de las coerciones que constituyen un trabajo sobre el
cuerpo, una manipulación calculada de los elementos, de sus gestos,
de sus comportamientos. El cuerpo humano entra en un mecanismo de poder que lo explora, lo desarticula y lo recompone. Una
“anatomía política”, que es igualmente una “mecánica del poder”,
está naciendo; define cómo se puede hacer presa en el cuerpo de los
demás, no simplemente para que ellos hagan lo que se desea, sino
para que operen como se quiere, con las técnicas, según la rapidez
y la eficacia que se determina. (Foucault, 2001, p. 254)
Esta modalidad gubernamental cambia históricamente al ocuparse de un nuevo sujeto: la población. Foucault mostrará cómo
cambian las técnicas y las estrategias para constituir una “especie
humana”, sujeto al que corresponde una “biopolítica”. Influidas
por la biología y la economía, las artes del gobierno se organizarán alrededor del concepto de especie y del sujeto político de la
población:
Luego de la anatomopolítica del cuerpo humano, introducida durante el siglo XVIII, vemos aparecer, a finales de este, algo que ya no
es esa anatomopolítica, sino lo que yo llamaría una biopolítica de la
especie humana. ¿Cuál es el interés central en esa nueva tecnología
203 •
• Jorge Eliécer Martínez P.
de poder, en esa biopolítica, en ese biopoder que está estableciéndose? Hace un momento lo señalaba en dos palabras: se trata de
un conjunto de procesos como la proporción de los nacimientos
y las defunciones, la tasa de reproducción, la fecundidad de una
población, etcétera. (Foucault, 2000, p. 220)
Este nuevo sujeto es el objeto de relaciones de poder en las
que se articulan artes y saberes, así como cálculos y controles. La
distribución espacial, la circulación de la población, los cálculos
estadísticos, las hambrunas y la escasez, promoverán estas técnicas biopolíticas y les permitirán sostener una nueva productividad que surge con los primeros momentos del sistema capitalista.
La política es ahora biopolítica: política de control y gestión de
poblaciones en donde los jóvenes y las jóvenes, como subjetividades, están inmersos.
Por otra parte, el marco totalizante propio del Estado-nación
(macropolítica) puede conjurarse desde la asunción de una perspectiva de microagenciamientos, de micropolíticas que organizan
tal totalidad. A modo de síntesis parcial podría decir que se debe reconocer que la institución estatal (macro) es un entramado
complejo de agenciamientos micropolíticos, agenciamientos que
construyen circuitos de flujo a modo de división, de circulación de
diseño previo, segmentos que dirigen las posibilidades del deseo
y las organizan en modalidades productivas específicas:
Estamos segmentarizados por todas partes y en todas direcciones.
El hombre es un animal segmentario. La segmentariedad es una
característica específica de todos los estratos que nos componen.
Habitar, circular, trabajar, jugar: lo vivido está segmentarizado espacial y socialmente. (Deleuze y Guattari, 2000)
Y tal segmentariedad, que se da en las formas de subjetividad juvenil, está determinada por el marco micropolítico; de ahí
que asumir algunos planteamientos de Deleuze se convierte en
herramienta para la comprensión de las dinámicas juveniles en
•
204
Capítulo VIII. Subjetividad, política y multitud: tres referentes para abordar la juventud •
su dimensión política. En un sentido estricto, las micropolíticas
múltiples son capaces de organizar por segmentación las maneras
como un flujo de deseo —sentido considerado por Spinoza— hace posible cualquier acción.
A pesar del marcado carácter ontológico (inmanente) que
Deleuze asume de Spinoza (1980), la segmentariedad no es una
abstracción o un modelo: es un conjunto de límites, la circunscripción a los mismos, el endurecimiento de los flujos en marcos
constantemente reforzados y obligados a recorrer. Todo el sistema
macropolítico del Estado-nación se constituye en esta segmentariedad: espacial (de distribución, afirmación o negación del deseo) y social (joven, hombre, mujer, niño, obrero, etc.).
El sistema político moderno es un todo global, unificado y unificante, pero precisamente porque implica un conjunto de subsistemas
yuxtapuestos, imbricados, ordenados, de suerte que el análisis de
las decisiones pone de manifiesto todo tipo de compartimentaciones y de procesos parciales que no se continúan entre sí sin que se
produzcan desfases o desviaciones. La tecnocracia procede por división del trabajo segmentario (incluso en la división internacional
del trabajo). La burocracia solo existe gracias a la compartimentación de los despachos, y solo funciona gracias a las “desviaciones
de objetivo” y a los “disfuncionamientos” correspondientes. La
jerarquía no solo es piramidal, el despacho del jefe está tanto al final del pasillo como en lo alto del edificio. En resumen, diríase que
la vida moderna no ha suprimido la segmentariedad, sino que, por
el contrario, la ha especialmente endurecido. (Deleuze y Guattari,
2000, p. 215)
Esta fuerte relación —ontología-política— es la característica
central de las micropolíticas que agencian los flujos, sus codificaciones y circuitos. La espacialidad de las relaciones de poder ya
no es la de arriba-abajo (pirámide); ahora los flujos que corren
en diversas direcciones, y los que supuestamente escapaban, son
otra parte de la segmentación y están incluidos en ellas. Así como
205 •
• Jorge Eliécer Martínez P.
en Foucault, Deleuze señalará la coexistencia de una totalización
y una individuación, pero desde una perspectiva ontológica distinta.
Toda sociedad, pero también todo individuo, están pues atravesados por las dos segmentariedades a la vez: una molar y una molecular. Si se distinguen es porque no tienen los mismos términos, ni
las mismas relaciones, ni la misma naturaleza, ni el mismo tipo de
multiplicidad. Y si son inseparables es porque coexisten, pasan la
una a la otra, según figuras diferentes como entre los primitivos o
entre nosotros, pero siempre, en presuposición la una con la otra.
En resumen, todo es política, pero toda política es a la vez macropolítica y micropolítica. (Deleuze y Guattari, 2000, p. 218)
Usando el lenguaje de la química y la microbiología, así como el de la Teoría de Sistemas, Deleuze insiste en la coexistencia
compleja de estos dos marcos ontológicos en el ejercicio político.
Por una parte, un nivel molar (macro) es la condensación de los
flujos organizados y codificados en el nivel molecular (micro). No
es tan simple distinguir ambos niveles; con frecuencia se entrecruzan y se complejizan. Pero Deleuze quiere aclarar el papel del
supuesto metodológico de lo micro, incluso para analizar desde
él la totalización propia de los regímenes fascistas:
Sin duda, el fascismo ha inventado el concepto de Estado totalitario, pero no hay razón para definir el fascismo por una noción que
él mismo ha inventado: hay Estados totalitarios sin fascismo, del
tipo estalinista o del tipo dictadura militar. El concepto de Estado
totalitario solo tiene valor a escala macropolítica para una segmentariedad dura y para un modo especial de totalización y centralización. Pero el fascismo es inseparable de núcleos moleculares, que
pululan y saltan de un punto a otro, en interacción, antes de resonar
todos juntos en el Estado nacionalsocialista […]. Si el fascismo es
peligroso se debe a su potencia micropolítica o molecular, puesto
•
206
Capítulo VIII. Subjetividad, política y multitud: tres referentes para abordar la juventud •
que es un movimiento de masa: un cuerpo canceroso, más bien
que un organismo totalitario. (Deleuze y Guattari, 2000, p. 219)
Así que es la potencia de lo micro, de lo molecular, lo que
impulsa la condensación en lo macro, incluso en la segmentariedad dura del Estado totalitario fascista. Asumir una perspectiva
analítica de la totalización no permite ver el aspecto molecular
del fascismo. Fascismo cotidiano, microfascismo que garantiza
el funcionamiento de la segmentariedad dura de orden molar.
Pero esas interacciones no acaban allí. Incluso en las sociedades
contemporáneas, supuestamente no-fascistas, el marco molar se
hace posible desde la potencia —Spinoza de nuevo— de lo molecular:
La administración de una gran seguridad molar organizada tiene
como correlato toda una microgestión de pequeños miedos, toda
una inseguridad molecular permanente, hasta el punto que la fórmula para los ministerios del interior podría ser: una macropolítica de la sociedad para y por una micropolítica de la inseguridad.
(Deleuze y Guattari, 2000, p. 220)
Es conocida la paradoja de las sociedades de seguridades
contemporáneas, que asumen la protección de los ciudadanos
y ciudadanas desde los miedos provocados por esa misma protección. Los flujos micropolíticos terminan haciendo posible el
soporte de lo macro. Lo que significa que es lo molecular el lugar
del análisis y de las resistencias. Deleuze señalará que los flujos
de deseo también tienen la potencia de circular por espacios no
capturados; los flujos adquieren entonces complejidades rizomáticas, capaces de desafiar el esquema arborescente y binario
característico de los circuitos segmentados. Algo huye siempre:
Desde el punto de vista de la micropolítica, una sociedad se define
por sus líneas de fuga, que son moleculares. Siempre fluye o huye
207 •
• Jorge Eliécer Martínez P.
algo, que escapa a las organizaciones binarias, al aparato de resonancia, a la máquina de sobrecodificación. (Deleuze y Guattari,
2000, p. 220)
Así que lo molecular y su potencia hacen posible la segmentariedad, pero también las líneas de fuga de la misma. La sobrecodificación opera cuando las segmentariedades construyen
resonancias de la potencia que solo fluyen en circuitos binarios
(mujer-hombre, niño-adulto, analista-analizado). Ahora bien,
así como esa potencia puede mantener ese nivel macro, en la micropolítica habría que ocuparse también de las líneas de fuga, de
lo que escapa, de aquel flujo de deseo circunscrito en un nuevo
espacio (territorio). La política es, entonces, micropolítica que
sostiene, de manera compleja, una macropolítica.
Las líneas de fuga que escapan de la sobrecodificación tienen
su propio agenciamiento. La potencia que les da la fuerza para
fluir por otro territorio puede concebirse, desde el lenguaje de la
física y la relación que trazan Deleuze y Guattari con el psicoanálisis, como “máquina”. Máquina, porque un flujo de fuerza opera el agenciamiento y mueve al deseo en determinada dirección.
Pero el flujo de la línea de fuga no mueve la máquina “macro”;
escapa de ella, inaugurando un agenciamiento de otro orden: el
de la máquina de guerra.
Al nivel de las líneas de fuga, el agenciamiento que las traza es del
tipo máquina de guerra. Las mutaciones remiten a esa máquina,
que no tiene verdaderamente la guerra por objeto, sino la emisión
de cuantos de desterritorialización, el paso de los flujos mutantes
(en ese sentido, toda creación pasa por una máquina de guerra).
Hay muchas razones que muestran que la máquina de guerra tiene
otro origen, que es otro agenciamiento que el aparato de Estado.
De origen nómada, está dirigida contra él. Y uno de los problemas
fundamentales del Estado será apropiarse de esta máquina de guerra que le es extraña, convertirla en una pieza de su aparato, bajo
la forma de una institución militar estable; el Estado siempre en•
208
Capítulo VIII. Subjetividad, política y multitud: tres referentes para abordar la juventud •
contrará grandes dificultades a este respecto. (Deleuze y Guattari,
2000, p. 233)
Deleuze introduce entonces dos nociones centrales de la máquina de guerra: en primer lugar, tal máquina es nómada (transcurre en diversos territorios); y, en segundo lugar, no pertenece
a la constitución macropolítica del Estado. Incluso es una fuerza
que resiste, que se dirige contra esa macropolítica. Su propósito no es el de proponer una guerra, sino el de dirigir los flujos
de las líneas de fuga contra la segmentación sobrecodificadora
y binaria. Máquina inestable y trashumante, desterritorializada y desterritorializadora, su gran riesgo es el de ser capturada
por la macropolítica. Todo ejercicio creativo es posible por esta
clase de agenciamientos y esa es su gran potencia. De tal forma
que ella se enfrenta al Estado, así puede terminar potenciando
agenciamientos de muerte y destrucción (recordar los microfacismos).
Pero precisamente cuando la máquina de guerra ya solo tiene
por objeto la guerra es cuando sustituye la mutación por destrucción, cuando libera la carga más catastrófica. La mutación no era
en modo alguno una transformación de la guerra; al contrario, la
guerra viene a ser el fracaso o las consecuencias de la mutación,
el único objeto que le queda a la máquina de guerra cuando ha
perdido su capacidad de mutar. Como consecuencia, habría que
decir que la guerra es solo el abominable residuo de la máquina de guerra, bien porque esta se deja apropiar por el aparato
de Estado, bien —lo que es peor— porque se ha construido un
aparato de Estado que tan solo sirve para la destrucción. En ese
caso, la máquina de guerra ya no traza líneas de fuga mutantes,
sino una pura y fría línea de abolición (Deleuze y Guattari, 2000,
p. 233).
La mutación de la que habla Deleuze en este apartado es la
capacidad creativa de la potencia de la línea de fuga y de su agenciamiento molecular. La captura de la máquina de guerra deviene guerra, es decir, fracaso de la posibilidad mutante; la línea no
209 •
• Jorge Eliécer Martínez P.
se fuga sino que se incorpora en una máquina de destrucción y
muerte. El nivel macropolítico del Estado se ve desafiado en el
nivel micropolítico por la máquina de guerra y sus agenciamientos desterritorializadores y mutantes. Pero tal ejercicio político
siempre corre el riesgo de su captura. Esta idea puede impactar
muy seriamente el trabajo de Antonio Negri, por ejemplo. Si la
línea de fuga es capturada, entonces deviene máquina asesina,
aparato de destrucción, articulación negativa. Así que una máquina de guerra hace fluir agenciamientos en espacios lisos no
capturados, lo que traduce que su creatividad y su potencia no
necesariamente son del orden del enfrentamiento:
De ahí su segunda observación: definimos la “máquina de guerra”
como una disposición lineal construida sobre líneas de fuga. En este
sentido, la máquina de guerra no tiene por objeto la guerra; su objeto es un espacio muy especial, el espacio liso que compone, ocupa
y propaga. El nomadismo es exactamente esta combinación entre
máquina de guerra y espacio liso. Intentamos mostrar cómo, y en
qué casos, la máquina de guerra toma la guerra como objeto (cuando
los aparatos de Estado se apropian de una máquina de guerra que
no les pertenecía en absoluto). Una máquina de guerra puede ser
mucho más revolucionaria o artística que bélica. (Deleuze, 1995)
Resolviendo algunas inquietudes acerca de la máquina de
guerra en una entrevista, Deleuze insiste en que la política y su
análisis deberían considerarse desde la potencia de lo micro, de
lo molecular, que hace posible lo macro y la resistencia contra
él. Tal resistencia, comprendida como creatividad y articulación
maquínica de flujos desterritorializantes y mutantes, es dada en
las formas de vida juvenil.
Una última noción de política presente en el pensamiento de
Deleuze es la distinción entre lo que podría llamarse “poder” y
el concepto de potencia. Se trata, de nuevo, de la cuestión de las
líneas de fuga y su relación con lo macropolítico. En las sociedades liberales, es decir, en aquellas que fundamentan su acción
•
210
Capítulo VIII. Subjetividad, política y multitud: tres referentes para abordar la juventud •
política en la interacción democracia-capitalismo, la segmentariedad “ciudadano” ejerce un conjunto de relaciones de fuerza
establecidas y determinadas por tal segmentación. Así, daría la
impresión de que lleva a cabo acciones políticas, cuando lo que
realmente ocurre es que su potencia de acción, su libertad en
sentido estricto, está encauzada para el mantenimiento de lo macro. Cuando esto sucede, tal comprensión del “poder” deja de
lado las diversas posibilidades de la potencia de la línea de fuga.
La segmentariedad dura del Estado-nación se sostiene al precio
de la sobrecodificación binaria, caracterizada por su tendencia
universalizante y totalizante. Por esa razón, Deleuze propone a
la potencia como elemento central de una micropolítica de resistencia, en la que se enfrenta tal segmentariedad y totalización
desde el “devenir minoría”:
Lo propio de la minoría es ejercer la potencia de lo no numerable, incluso cuando está constituida por un solo miembro. Esa es
la fórmula de las multiplicidades. Minoría como figura universal,
o devenir todo el mundo. Mujer, todos tenemos que devenirlo, ya
seamos masculinos o femeninos. No-blancos, todos tenemos que
devenirlo, ya seamos blancos, amarillos o negros […]. Por modesta
que sea una reivindicación siempre presenta un punto que la axiomática no puede soportar, cuando las personas reclaman el derecho
de plantear ellas mismas sus propios problemas y de determinar al
menos las condiciones particulares bajo las cuales estos pueden recibir una solución más general (defender lo particular como forma
innovadora). (Deleuze y Guattari, 2000)
La potencia de la línea de fuga configura un devenir minoritario que se enfrenta contra la axiomática de la máquina de captura
propia del Estado-nación (estas son algunas formas de explicación de los movimientos, movidas o movilizaciones juveniles). La
potencia de este devenir minoritario recorre un espacio no capturado (liso), en el que compone —articula (de nuevo Spinoza)—
relaciones otras, modalidades maquínicas (máquina de guerra
211 •
• Jorge Eliécer Martínez P.
no capturada) que se enfrentan a los agenciamientos segmentarizados. Devenir minoría es constituirse en sujeto de resistencia:
La potencia de las minorías no se mide por su capacidad de entrar y
de imponerse en el sistema mayoritario, ni siquiera por su capacidad
de invertir el criterio necesariamente tautológico de la mayoría, sino
por su capacidad de ejercer fuerza en los conjuntos no numerables,
por pequeños que sean, contra la fuerza de los conjuntos numerables, incluso infinitos, incluso invertidos o cambiados, incluso si
implican una nueva axiomática. El problema no es en modo alguno el de la anarquía o la organización, ni siquiera el de la centralización y la descentralización, sino el de un cálculo o concepción
de los problemas relativos a los conjuntos no numerables frente a
una axiomática de los conjuntos numerables. Pues bien, este cálculo puede tener sus composiciones, sus organizaciones, incluso
sus centralizaciones, pero no pasa por la vía de los Estados ni por
el proceso de las axiomáticas, sino por un devenir de las minorías.
(Deleuze y Guattari, 2000)
Lo que traduce que, para Deleuze, toda forma de organización
política que pretenda reivindicar el Estado-nación no hace otra
cosa que sostener unos agenciamientos de máquina de guerra
capturada. La micropolítica que hace posible la resistencia tiene
el riesgo constante de su captura, pero puede proponerse como
línea de fuga cuando deviene minoritaria, y rompe la segmentariedad para constituirse como alternativa ontológica, creadora y
mutante. Pero, ¿qué clase de política puede surgir de tales líneas?
Deleuze contesta:
Si las minorías no constituyen Estados viables cultural, política,
económicamente, es porque ni la forma-Estado, ni la axiomática del
capital, ni la cultura correspondiente les convienen. A menudo se ha
visto cómo el capitalismo mantenía y organizaba Estados no viables,
según sus necesidades, y precisamente para aplastar las minorías.
Al mismo tiempo, el problema de las minorías es más bien acabar
•
212
Capítulo VIII. Subjetividad, política y multitud: tres referentes para abordar la juventud •
con el capitalismo, redefinir el socialismo, constituir una máquina
de guerra capaz de responder a la máquina de guerra mundial, con
otros medios. (Deleuze y Guattari, 2000, p. 475)
Lo que nos lleva a reconocer la dirección de las líneas de fuga: enfrentarse a la axiomática del sistema liberal (capitalista y
demócrata), para diseñar nuevas formas de existencia capaces
de desarticular la axiomática productiva del capital y la totalización segmentaria del Estado-nación. No queda otro remedio que
crear modos, otros ontológicos, desde devenires minoritarios e
imperceptibles; es decir, líneas de fuga no capturables, creativas
y potentes. Estos serían los elementos centrales de la noción de
política que encuentro en Gilles Deleuze para pensar las subjetividades juveniles en esta dimensión de posibilidades, desde las
formas de organización juveniles, tales como los grupos LGBT,
los movimientos ambientales, colectivos, así como con diferentes formas de participación en lo político, lo social, lo cultural, lo
estético, entre otras.
Tercer referente: multitud
En otros trabajos he nombrado la posibilidad de abordar los
movimientos juveniles y el conjunto de sus singularidades en
términos de multitud, concepto asumido por Antonio Negri y
Michael Hardt en sus libros Imperio y Multitud. Esta categoría
es entendida como un conjunto de singularidades que son un sujeto social, cuya diferencia no puede reducirse a uniformidad; es
decir, una multiplicidad que permite la diferencia. La juventud
por su parte es una categoría que también es singular y, como la
multitud, es pluralidad que permite la diferencia.
Antonio Negri define el concepto de multitud en tres sentidos
que se pueden relacionar con los movimientos juveniles, aspecto
que se encuentra argumentado en el trabajo denominado “Juventud y multitud” (Barragán y Martínez, 2008), cuya premisa fundamental es que en la actualidad los movimientos juveniles pueden
213 •
• Jorge Eliécer Martínez P.
ser leídos desde la categoría de multitud; categoría actualizada por
Negri y Hardt, y que hunde sus raíces en el pensamiento político
de Spinoza. Recordemos los tres sentidos propuestos por Negri:
1) El filosófico y positivo:
[…] la multitud es definida como una multiplicidad de sujetos.
Aquí, lo que es puesto en desafío es la reducción a lo uno, es decir,
esta permanente tentación que envenena el pensamiento desde de
la metafísica clásica. (Negri, 2003a, p. 107)
La multitud es, por el contrario, una multiplicidad irreductible, una cantidad indefinida de puntos, un conjunto diferenciado,
absolutamente diferenciado:
¿Piensas realmente que el conjunto de ciudadanos puede ser reducido a la unidad? Es absurdo. La multitud de singularidades no puede
ser devuelta a la idea de pueblo. El pueblo ha representado durante
el período moderno una reducción hipostática de la multitud. La
soberanía ha reconocido en el pueblo su base y ha transferido en
el pueblo su imagen. El engaño de la representación política se ha
tejido a través de estos conceptos de soberanía y de pueblo. ¿Pero
qué ha pasado, por tanto, con el pueblo soberano? Está perdido
en las brumas del Imperio; su composición ha sido anulada por la
corrupción de la multitud. No queda ante nosotros ya más que la
multitud. (Negri, 2003a, p. 108)
La multitud es un conjunto de singularidades.
2) La multitud como concepto de clase: “La clase de las singularidades productivas, la clase de los obreros del trabajo inmaterial” (Negri, 2003a, p. 109). Una clase que no es una, sino
que es el conjunto de la fuerza creativa de trabajo. Multitud es
el nombre de una realidad económica, todavía sujeta a los riesgos de un poder al que le gustaría ignorar la transformación de
la fuerza de trabajo:
•
214
Capítulo VIII. Subjetividad, política y multitud: tres referentes para abordar la juventud •
[…] los patrones dicen, en efecto, que solo la guerra les permite
garantizar y asegurar un horizonte productivo [...]. Pero esta fuerza productiva no es ya una clase, es a pesar de todo una potencia
productiva extremadamente fuerte. (Negri, 2003a, p. 110)
La lucha de la clase obrera no existe ya, pero la multitud se
propone como sujeto de la lucha de clase: para poder devenir en
lucha, debe ser la clase más productiva que haya existido jamás.
De ahí que la multitud siempre es productiva, está siempre en
movimiento. Considerada desde un punto de vista temporal, la
multitud es explotada en la producción; y desde un punto de vista espacial, la multitud es todavía explotada, pues constituye la
sociedad productiva, de cooperación social para la producción.
El concepto de “clase de multitud” debe considerarse de modo
diferente al concepto de “clase obrera”. El concepto de clase
obrera es, en efecto, un concepto limitado, tanto desde el punto
de vista de la producción (incluye esencialmente a los trabajadores y trabajadoras de la industria) como desde el punto de vista
de la cooperación social (envuelve solo una pequeña cantidad
de trabajadores y trabajadoras que operan en el conjunto de la
producción social).
3) La multitud como potencia ontológica: esto significa que la
multitud encarna un dispositivo que busca representar el deseo y
transformar el mundo. Mejor: ella recrea el mundo a su imagen y
semejanza; esto genera un gran horizonte de subjetividades que
se expresan libremente y que constituyen una comunidad de
seres humanos libres. Multitud es el concepto de una potencia.
Solo analizando la cooperación, podemos en efecto descubrir el
conjunto de las singularidades como producto de la otra medida. Esta potencia no quiere simplemente esparcirse; quiere, ante
todo, conquistar un cuerpo: la carne de la multitud quiere transformarse en cuerpo del General Intellect.
Podemos considerar este paso, o, mejor, esta expresión de la potencia, siguiendo tres líneas de fuerza: a) la genealogía de la multitud a
215 •
• Jorge Eliécer Martínez P.
través del paso de lo moderno a lo posmoderno (o, si se quiere, del
fordismo al posfordismo). Esta genealogía está constituida por las
luchas de la clase obrera que han disuelto las formas de disciplina
social de la ‘modernidad’; b) la tendencia hacia el General Intellect.
La tendencia constitutiva de la multitud hacia modos de expresión
productiva siempre más inmateriales e intelectuales, quiere configurarse como re-inscripción absoluta del General Intellect en el
trabajo vivo; c) la libertad y el gozo (pero también la crisis y la pena)
de ese paso innovador, que comprende en su seno continuidad y
discontinuidad, algo así como sístoles y diástoles de la recomposición de las singularidades. (Negri, 2003a, p. 113)
Si entendemos que la multitud es una multiplicidad, un plano
de singularidades, un juego abierto de relaciones, que no es homogéneo o idéntico a sí mismo y sostiene una relación indistinta,
inclusiva, con aquellos que están fuera de ella, como lo afirman
Negri y Hardt, podemos entender que las dinámicas juveniles se
mueven en gran medida en esa lógica, pues, si bien no todos los
movimientos juveniles se pueden explicar bajo estos enunciados,
algunos de sus movimientos sí pueden estar referidos a ellos en la
medida en que la multitud crea un potencial para la resistencia;
es decir, es un poder político que se manifiesta en los diversos
movimientos juveniles que se han dado a lo largo de la historia;
por ejemplo, la reforma universitaria que surgió en Córdoba
(Argentina) en 1918; la revuelta antimundialización que confluyó en Génova (Italia) en 2001, pasando por los sucesos de 1964
(Berkeley), 1973 (Chile) y 1994 (Chiapas); en ellos los jóvenes y
las jóvenes, como multitud, se han hecho presentes.
De ahí que, en los movimientos de resistencia global, los jóvenes y las jóvenes como multitud han internalizado la falta de
lugar y tiempo fijo; por eso son móviles y flexibles, y conciben el
futuro solo como una totalidad de posibilidades que se ramifican
en todas las direcciones (Hardt y Negri, 2000). Los movimientos juveniles, entendidos como multitud, no tienen motivos para
buscar fuera de su propia historia y de su propio poder produc•
216
Capítulo VIII. Subjetividad, política y multitud: tres referentes para abordar la juventud •
tivo actual los medios necesarios para alcanzar su constitución
como sujetos políticos. Por eso, los sucesos en los que los jóvenes
y las jóvenes son protagonistas de los movimientos sociales, son
muestra de esa potencia ontológica entendida como “potencia de
actuar”, a la manera de Baruch de Spinoza; principio constitutivo
de lo que el mismo autor ha denominado multitud.
La multitud son las acciones de la juventud cuando se reapropian del espacio, establecen nuevas formas de resistencia y se
constituyen en sujetos activos y libres. Los jóvenes y las jóvenes
en sus movimientos son esta nueva subjetividad, son multitud,
son el poder singular de una nueva ciudadanía que mediante los
movimientos constituye su pasión como una forma de vida en
una construcción común, es decir, una potencia. Los diversos
movimientos sociales son dinamizados por grupos de subjetividades juveniles, que a lo largo de este apartado he denominado
multitud porque son una multiplicidad de sujetos que se manifiestan en las singularidades en las que actúan en común. También porque son una clase productiva, en la medida en que su
producción son las formas de resistencia a las diversas formas de
opresión o dominación en las cuales están inmersos; y, por último,
son multitud por su potencia ontológica en la creación de nuevos
espacios para resistir.
Hay que asumir los movimientos juveniles como multitud
porque ambos son una producción biopolítica, un paradigma
estratégico del poder, una forma de poder que regula la sociedad
desde su interior, persiguiéndola, interpretándola, absorbiéndola
y organizándola. La juventud es una producción biopolítica en la
medida en que los discursos hacen de ella un objeto de conocimiento y una producción que la asume en sus prácticas y representaciones, y la incorpora a los procesos políticos, económicos y
sociales, especialmente relacionados con las demandas del sistema
productivo del capital, constituyendo a las jóvenes y a los jóvenes
en consumidores y productores del mismo sistema, en el cual su
misma fuerza ontológica, en términos de la multitud, puede hacer
resistencia desde los movimientos que ella misma genera.
217 •
• Jorge Eliécer Martínez P.
Por último, pensar los movimientos juveniles en el marco de la
globalización desde los referentes aquí expuestos, a saber, subjetividad, política y multitud, es asumirlos como caja de herramientas; es decir: a) se trata de construir a partir de ellos no un sistema
sino un instrumento; una lógica propia de las relaciones entre los
tres referentes y las luchas que se comprometen alrededor de ellas
como una posibilidad de visibilización de la juventud y de los movimientos juveniles, desde autores y autoras; conceptos y apuestas
teóricas periféricas a los debates tradicionales en este campo; y
b) esta visibilización no puede hacerse más que poco a poco, a
partir de una reflexión (necesariamente histórica, en alguna de
sus dimensiones) sobre situaciones dadas que podrán ser estudiadas de manera patente en el marco de la praxis investigativa.
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218
Capítulo VIII. Subjetividad, política y multitud: tres referentes para abordar la juventud •
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Zizek, S. (2005). El espinoso sujeto. Buenos Aires: Paidós.
219 •
Capítulo IX
FORMAS ASOCIATIVAS JUVENILES:
APUNTES PARA UN TRABAJO ETNOGRÁFICO
René Unda L.
Introducción
El trabajo está estructurado en tres partes, cada una de las cuales
presenta varios elementos de reflexión respecto del trabajo etnográfico con jóvenes. La primera parte, referida a la mundialización de las relaciones sociales, muestra algunos de los principales
problemas que condicionan la emergencia de nuevas posturas
etnográficas en un contexto de desinstitucionalización creciente de la sociedad. La segunda, que encara una de las principales
cuestiones de debate en el trabajo etnográfico, la referencialidad,
ofrece algunos elementos de discusión en torno de las formas
asociativas juveniles como agregaciones societales que acusan
una marcada hiperreferencialidad grupal, frente a un déficit de
referentes societales como producto de una crisis de simbolización propia de la sociedad de mercado. El trabajo cierra con
221
• René Unda L.
un conjunto de apuntes para comprender las aproximaciones y
registros etnográficos como campos de sentido constituidos por
discursos y prácticas que, a la vez, instituyen nuevas formas de
relación social. De modo previo al desarrollo de cada uno de estos
apartados, la introducción problematiza acerca de ciertos riesgos
que encierran los discursos sobre jóvenes y juventud en los que
se oponen las ideas de jóvenes como sujetos apáticos y desconectados de la realidad, y de jóvenes como infatigables creadores de
realidad. De ahí la necesidad de plantear renovadas posibilidades
de comprensión de las realidades juveniles desde el trabajo etnográfico.
Los interrogantes acerca de la constitución de las formas asociativas1 (Weber, 1984) a través de las cuales los jóvenes y las jóvenes construyen sentidos, identidades y, en definitiva, se hacen presentes en el mundo, están atravesados por las actuales dinámicas y
condicionamientos de una sociedad crecientemente globalizada,
sobre todo en términos económico-financieros e informacionales,
produciendo simultáneamente efectos homogeneizantes y diferenciadores que tienden a visibilizar a los segmentos poblacionales jóvenes como meros agentes de reproducción uniformizante
de y para el consumo, o como infatigables actores en condición
permanente de productores de ideas, prácticas y discursos nuevos o renovadores.2
1Tomo
el término “formas asociativas” de la definición que hace Max Weber
sobre las distintas posibilidades de vinculación que pueden adoptar diversos
grupos humanos y que no necesariamente están asociados bajo formas legales
y funcionando con altos niveles de organicidad. Las formas asociativas pueden
constituirse mediante vínculos fuertes o frágiles y tener una duración diferenciada en el tiempo.
2
•
222
Enfoques emparentados entre sí constituyen vectores dominantes en los análisis
que sobre jóvenes, juventud, juvenilización, culturas juveniles, tribus, neotribus,
se han hecho en el campo de estudios sobre jóvenes. Ver, por ejemplo, desde
los pioneros clásicos ingleses de postguerra, hasta quienes en América Latina
se interesan por abrir perspectivas en el campo de estudios sobre jóvenes. No
todos estos valiosos esfuerzos forman parte de una agenda investigativa en sus
respectivos países y regiones. Cuestión harto importante y significativa para la
Capítulo IX. Formas asociativas juveniles: apuntes para un trabajo etnográfico •
En el presente artículo cuestiono una y otra posición en la
medida en que constituyen abstracciones elaboradas sobre representaciones instaladas en el sentido común, que polarizan las
reales dinámicas constitutivas de las identidades juveniles y de
sus particulares formas asociativas, presentándolas como construcciones en estado puro que orientan la comprensión de lo joven, lo juvenil y la juventud hacia una suerte de dicotomización
no exenta de efectos sociopolíticos y culturales, en la que ciertas
formas asociativas juveniles serían las “correctas”, las esperables/
deseables, y otras no.
Los estudios sobre jóvenes, juvenilización y juventud muestran que, en realidad, el “mundo de los jóvenes y las jóvenes” es
enormemente plural, y va más allá de intentos de clasificaciones
y taxonomías derivados de la lógica de dualidades y oposiciones.3 No obstante, y pese a las constataciones que se obtienen en
el trabajo investigativo con jóvenes, las visiones más extendidas
tienden a mostrarlos bajo una u otra cara de la moneda.
Un acendrado culturalismo, así como el apuntalamiento de
posiciones pseudoacadémicas que presentan a la juventud y a los
jóvenes y las jóvenes como forma de cultura que se cierra sobre
sí misma (cultura sin sociedad), alientan tal tipo de posiciones.
Por lo tanto, considero que uno de los procedimientos que contribuyen a una comprensión más actualizada de la diversidad de
la realidad juvenil, radica en sucesivas aproximaciones etnográficas, desde las que se reconstruye “desde adentro” pero con las
distancias necesarias en el trabajo investigativo, que propician
una comprensión acerca de la condición juvenil basada en sus
prácticas, representaciones y expectativas, superando los tópicos
constitución de nuevos campos de interés científico y académico en América
Latina.
3
Cuando se producen representaciones del joven o la joven como una persona
siempre en oposición a los valores y valoraciones que privilegia el mundo adulto, toma cuerpo tal sistema de oposiciones que induce a reducir la complejidad
del análisis de las relaciones intergeneracionales (Cevallos, 2006, p. 83).
223 •
• René Unda L.
y lugares comunes desde los que, usualmente, parten los análisis
sobre jóvenes (Pérez-Islas y Zermeño, 1989).
Para ello se hace imprescindible, en primer término, adoptar
una mirada que sitúe la condición juvenil, la juventud, los jóvenes y las jóvenes, en el contexto de las complejas y profundas
transformaciones que experimenta la sociedad actual. Pensar
“el mundo de los jóvenes y las jóvenes” como autorreferido, integrado o excluido completamente con respecto de la sociedad
mayor, incuba amplias posibilidades de desarrollos explicativos e interpretativos erróneos acerca de cómo los jóvenes y las
jóvenes construyen su subjetividad, sus vínculos identificatorios y los procesos de constitución identitaria, en un medio que
tiende cada vez más a objetivizarlos y a desocializarlos (Bourdieu, 1990).
A efectos de evitar caer en aquello que se pretende cuestionar,
en este artículo analizo la producción sociocultural de juventud
desde una perspectiva que, situando al método como uno de los
ejes centrales de discusión, conjuga un doble movimiento analítico y teórico/metodológico, a saber: uno que, partiendo de una
ajustada explicación de la mundialización creciente de las relaciones sociales, centra su interés analítico en el sujeto jóvenes y
sus pendulaciones entre un déficit de referencialidad societal y una
hiperreferencialidad (intra) grupal; y otro que, desde un somero
recuento de una serie de investigaciones sobre jóvenes realizadas en el marco del programa de la maestría en políticas sociales
de infancia y adolescencia de la UPS en los últimos cuatro años,
analiza desde la perspectiva de las posibilidades etnográficas la
especificidad de las dinámicas juveniles, su actoría y algunos de
sus efectos en las modificaciones que, en distinto grado, producen en la sociedad, en sus prácticas y estructuras.
Además de proponer elementos para el debate en un problema clásico pero siempre actual de los procedimientos etnográficos —la relación entre observador u observadora y campo de
observación—, se trata de analizar, en tanto aspecto constitutivo
del debate sobre la observación etnográfica, la complementarie•
224
Capítulo IX. Formas asociativas juveniles: apuntes para un trabajo etnográfico •
dad entre la estructura y el actor, no como entidades o construcciones separadas sino operantes y constitutivas de una misma
unidad (Touraine, 1988). Este esquema analítico y metodológico
desecha la posibilidad de situar la estructura y el actor en dos momentos distintos; más bien asume que operan simultáneamente,
generando afectaciones recíprocas. Asumo, por lo tanto, que
aquello que dota de especificidad a una y otra categoría radica
en el enfoque teórico y sus consecuentes desarrollos explicativos
(Giddens, 1998).
Debo decir, además, que el análisis no adopta una lógica explicativa de idas y venidas entre lo macro (estructura) y lo micro
(jóvenes) sino que, más bien, inscribe las múltiples dinámicas
juveniles en el conjunto general de las dinámicas socioculturales
y políticas de la sociedad globalizada. En esta dirección, sostengo que los jóvenes y las jóvenes hacen su historia en el marco de
unas ciertas condiciones dadas, y que solamente a partir de dicho
reconocimiento es posible cualquier aproximación etnográfica.
Tal como los seres humanos hacen su propia historia, pero no en
circunstancias elegidas por ellos mismos sino bajo unas condiciones históricamente determinadas (Marx, 1982).
Dentro de ese determinado conjunto de circunstancias, los
modelos, estructura y composición familiares han experimentado
mayores variabilidades, ya que, entre otras cosas, han sido objeto
de una mayor exposición/visibilización social, debido, sobre todo, al cúmulo de transformaciones derivadas de la precarización
del “mundo del trabajo”, a la supeditación del Estado al mercado
y a la expansión de nuevas racionalidades integrativas de sectores
poblacionales jóvenes, vinculadas a lógicas planas y reduccionistas de objeto y consumo (Beck, 1998; Baudrillard, 1977).
En tal sentido, y como lo he señalado ya, el análisis revisa
someramente dos cuestiones comunes a los procesos de constitución de diversas formas asociativas juveniles en la actualidad,
estrechamente vinculadas entre sí: la relación jóvenes-globalización o jóvenes en la globalización, y la problemática que articula
la crisis de referencialidad societal y jóvenes. La primera de ellas,
225 •
• René Unda L.
entendida como el ubicuo escenario que condiciona la producción de subjetividades juveniles al mismo tiempo que constituye
espacio y objeto de resignificaciones por parte de los jóvenes y las
jóvenes, y la segunda, explorada como un campo de complejidad
en el que se combinan y expresan severos déficit de aprehensiones
simbólicas (baja referencialidad societal) con elementos sedimentados de hiper-referencialidad intragrupal de grupos de jóvenes,
en la constitución identitaria de las diversas formas asociativas
juveniles (Lipovetzky, 1998).4
En ese marco general, revisaré algunos de los elementos y
resultados desde los cuales puede explicarse la constitución de
formas asociativas juveniles en el momento histórico actual, teniendo en consideración algunos de los elementos que caracterizan el debate sobre la observación etnográfica.
Jóvenes y mundialización
A menudo se sostiene que la globalización es un fenómeno que
atañe únicamente a las sociedades económica y tecnológicamente
desarrolladas, creando con ello una visión ideologizada en la que,
supuestamente, la mundialización de las relaciones sociales en la
fase actual del desarrollo capitalista no sería más que una especie de coartada discursiva e ideológica en la que las sociedades
subordinadas económica y políticamente no desempeñan papel
alguno (Hobsbawn, 2001).
Desde otra perspectiva, derivada de la anterior, se sostiene
de un modo bastante simplificado que la globalización produce ganadores y perdedores, ubicando a cada uno de los “combatientes” como sociedades o Estados ganadores y perdedores
(García-Canclini, 2000).
4
•
226
Sobre la idea de que al generalizado desvanecimiento de referencialidad de/en
la sociedad le corresponde un mayor fortalecimiento endogámico de referentes
particulares, en el interior de grupos cuyas vinculaciones identificatorias internas
construyen diferencias tales con el resto de la sociedad que dificultan o impiden
intercambios basados en reciprocidades.
Capítulo IX. Formas asociativas juveniles: apuntes para un trabajo etnográfico •
A mi entender, las dos formas de abordar y explicar la globalización reducen un fenómeno extremadamente complejo a una
suerte de vencedores y vencidos o de exclusores y excluidos. Aunque las evidencias y constataciones empíricas sobre los resultados
de este proceso generen este tipo de perspectiva, y reconociendo que en términos generales existe, p. e., exclusión, creo que la
globalización ni se produce o genera efectos en un solo bloque
de Estados y países, ni tampoco produce, en rigor, Estados y sociedades ganadores o perdedores. Resulta arriesgado, hoy en día,
hablar de Estado y sociedad sin que se precise el alcance conceptual de estos términos en la globalización.
La razón principal estriba, por una parte, en que la concreción
de la mundialización creciente de los diversos órdenes de la vida
social supone inevitablemente la puesta en acto de un conjunto
de relaciones, no solo entre Estados y países sino, sobre todo,
entre segmentos de la sociedad; fuerzas políticas y económicas
en un contexto generalizado de desregulaciones institucionales
que tiene como principal característica la pérdida progresiva de
competencias estatales a manos de un creciente predominio del
mercado y de sus fuerzas privatizadoras en la sociedad. Y esto
mismo supone que, en rigor, no existan como tal Estados o sociedades ganadores o perdedores, puesto que se trata ya no de
Estados o sociedades en abstracto sino de sectores, bloques o
flujos de fuerzas que pueden o no actuar o intervenir a nombre
de un Estado (Castells, 1998).
En tal entramado de relaciones, todos los elementos del sistema entran en juego aunque en condiciones diferenciadas. No
se puede comprender una creciente acumulación de poder en
determinados bloques, centros o sectores, sin su contraparte que
se precariza, se empobrece y se debate en umbrales de exclusión
(Castel, 1998).
Puesto que la globalización supone e implica el descentramiento del Estado (Lechner, 1995), de sus funciones y de sus
competencias de regulación de la dinámica societal, los distintos
grupos y agregaciones colectivas y sociales quedan “liberados”
227 •
• René Unda L.
—sujetos, en realidad— a un nuevo orden de reproducción societal, gobernado por políticas ya no producidas desde “lo político”
sino desde “lo económico” (Foster, 1993).
En tal juego de “nuevas libertades” las fuerzas sociales concurrentes están en una marcada condición de desigualdad, tanto
por las falencias y la desresponsabilización de un Estado que no
alcanzó a procesar las demandas y expectativas diferenciadas de
la sociedad, como porque en su repliegue y desmontaje institucional es el mercado el que establece las condiciones imperantes
de reproducción social.
Cuando se intenta explicar qué pasa con los jóvenes y las jóvenes en un contexto como el que se ha esbozado, las dimensiones
de análisis a considerar, además de aquellas generales que afectan
de forma diferenciada a la sociedad en su conjunto, involucran
una serie de particularidades relacionadas con los procesos de
socialización juvenil, en los que la familia y su experiencia infantil
y adolescente previa, el sistema escolar y los medios de comunicación, juegan un papel decisivo.
Por lo tanto, desarrollar un análisis que articule jóvenes y globalización suele resultar una empresa extremadamente compleja,
puesto que cada una de las dimensiones mencionadas recubre, a
su vez, cambios y transformaciones en su sistema de relaciones.
La estructura y composición familiar, por ejemplo, ha sufrido
importantes cambios y modificaciones que se expresan en una
creciente autonomización de cada uno de sus miembros y en la
variabilidad de roles, entre otros aspectos centrales de dichos
cambios (Rodríguez, 1998).
De igual forma, el sistema escolar, en tanto institución emblemática de la modernidad que define las fronteras etarias del
proceso de socialización y desarrollo de niños, niñas, adolescentes y jóvenes, se transforma, por efecto de una serie de factores
externos a su propia dinámica, así como por el desarrollo de sus
componentes intrínsecos. Las profundas transformaciones del
mercado laboral afectan decisivamente la orientación de la institución escolar y sus prácticas específicas (Rifkin, 1996).
•
228
Capítulo IX. Formas asociativas juveniles: apuntes para un trabajo etnográfico •
Pero quizás lo que más ha incidido en la configuración de los
universos discursivos juveniles es el campo general de los medios
de comunicación y sus correspondientes tecnologías, en particular la televisión y, de forma progresiva, las nuevas tecnologías de
la información y comunicación (tic). Es en este espacio donde
la condición juvenil adquiere mayor nitidez en la fase actual de
reproducción del capital a nivel global (Oriol-Costa, 2000).
A través de la acción de los medios y de las TIC, los jóvenes y
las jóvenes reafirman una visibilidad y presencia social que había
estado, en el mejor de los casos, circunscrita a su incorporación
potencial al mercado de trabajo y confinada al sistema escolar. Y,
cuando no, a una visibilidad social anclada en representaciones
que la caracterizaban como una amenaza contra el orden establecido.
En la globalización, la temática de lo juvenil, la juventud, y
los jóvenes y las jóvenes presuponen una vasta gama de posibilidades de aproximación y comprensión de su complejidad. A la
problematización de la juventud como categoría etaria o clase
de edad contrapuesta al mundo adulto le sucede una serie de
abordajes que, poco a poco, intentan dar cuenta de la enorme
diversidad y heterogeneidad que caracteriza al mundo de los jóvenes y las jóvenes.
Temáticas como la de la participación social y política de los
jóvenes y las jóvenes, o la de las culturas urbanas, por ejemplo,
empiezan a formar parte de agendas investigativas de centros
de estudios e investigación. La constitución del campo de estudio de juventud implica una mirada interdisciplinar, puesto que
jóvenes y juventud son espacios sociales atravesados por una
multiplicidad de categorías del conocimiento de distinta procedencia.
Pero en todo este escenario de creciente complejidad de los
estudios sobre los jóvenes y las jóvenes, la juventud o lo juvenil,
no hay que perder de vista el creciente interés del mundo de la
cooperación internacional para el desarrollo por impulsar toda una agenda de proyectos, más que de programas y políticas
229 •
• René Unda L.
que, por una parte, refuerzan varias de las representaciones dominantes que la sociedad ha construido sobre los jóvenes y las
jóvenes, y, por otra, propician cuestiones relativas a los derechos
específicos de los jóvenes y las jóvenes en un contexto en el que
paradójicamente se piensa más en el “deber ser” de los derechos
que en generar las condiciones sociales para su ejercicio (OnuCepal, 2004).
En la primera línea se pueden mencionar todos aquellos proyectos que sitúan al joven o a la joven como amenaza potencial o
real, o como “sector vulnerable”. Caben, en esta visión, las iniciativas orientadas a impulsar espacios de concurrencia juvenil
en los que los jóvenes y las jóvenes expresen sus “problemáticas
específicas” ante la dificultad que supone hacerlo en espacios de
socialización, tales como la familia y el sistema escolar. El VIH,
el embarazo precoz o el uso de drogas son algunos de los temas
que con mayor recurrencia se plantean desde la agenda de los
organismos internacionales.
En la línea de los derechos de los jóvenes y las jóvenes, la globalización también ha contribuido a difuminar un discurso más
o menos común acerca de lo que debe ser su participación en la
sociedad (OIJ, 2005). Si bien se priorizan las adjetivaciones cuando se alude al tema de la participación (activa, democrática), la
existencia de colectivos juveniles que cuestionan abiertamente
el actual modelo de acumulación de la riqueza lleva a suponer
que segmentos importantes de jóvenes están pensando sobre las
condiciones sociales que posibilitarían un real ejercicio de sus
derechos (Unda, 2010).
Sin embargo, la actual fase de desarrollo de reproducción
social de matriz capitalista se muestra bastante hostil para con la
mayor parte de la población juvenil a nivel planetario y para con
los segmentos poblacionales jóvenes, en general. Si pensamos en
aspectos tales como las posibilidades de inclusión en el mercado
laboral y el mundo del trabajo o en las posibilidades de acceso
a la educación superior, las oportunidades de los jóvenes y las
jóvenes se ven seriamente limitadas (Rodríguez, 1998). O, por
•
230
Capítulo IX. Formas asociativas juveniles: apuntes para un trabajo etnográfico •
ejemplo, cuando se observan los rangos etarios en los cuales las diversas formas de violencia encuentran más numerosas víctimas y
actores, son los jóvenes y las jóvenes quienes encabezan las estadísticas.
En la globalización, el desmontaje institucional por parte de
un poderoso conjunto de fuerzas privatizadoras no solo ocurre
en la esfera general de la economía y la política. En el caso de la
juventud, el “disloque” institucional está muy asociado a una
creciente frustración de expectativas respecto de lo que la modernidad presentaba como símbolos de la integración del joven
o de la joven en la sociedad adulta: la contractualidad laboral y
la contractualidad conyugal.
Las profundas transformaciones producidas en un espacio
central de socialización y organización societal, como es el mundo
del trabajo, condicionan una serie de modificaciones que abarcan desde las dinámicas sociofamiliares y escolares hasta las relativas al individuo, a su espacio privado y a su entorno íntimo
(Giddens, 1995).
En este complejo proceso de reproducción social, sectores
mayoritarios de jóvenes se encuentran en serias condiciones de
desventaja debido a un doble movimiento de exclusión, uno de
orden general, compartido con segmentos etarios distintos, y otro
de orden específico, propio de su condición juvenil: a) los resultados y consecuencias de un nuevo orden global que acelera los procesos de acumulación concentradora del capital en sus distintas
formas y variantes (bienes, servicios, mercancías, conocimiento,
tecnología, prestigio, legitimidad, etc.), y que producen, al mismo tiempo, mayores inequidades, ampliación y profundización
de un permanente estado de precariedad de la mayor parte de
la población a escala global; b) en tal dinámica, competitiva por
excelencia, la mayor parte de jóvenes están en franca condición
de desventaja, tanto por no reunir requisitos suficientes en términos de formación académica y profesional como por falta de
experiencia laboral.
231 •
• René Unda L.
Todo este conjunto de datos, informaciones y conocimientos, desde la perspectiva de la etnometodología y desde lo etnográfico, ha sido escasamente tratado. Predominan, como se
ha indicado en páginas anteriores, las aproximaciones analíticas
basadas en la perspectiva de los estudios de población, por una
parte, y en estudios interpretativos que tematizan los conceptos
jóvenes y juventud como culturas juveniles, (neo) tribus urbanas,
movimientos juveniles, que parten de presupuestos sociológicos,
antropológicos y semióticos, pero cuyas metodologías raramente
desarrollan levantamientos etnográficos; o, si estos se han dado,
tienden a soslayar el relato del “cómo” se produjo el acercamiento y el registro en sí, las proxémicas y gestualidades, el manejo
de lo objetual, etc.; es decir, el conjunto de interacciones, reci­
procidades e intercambio simbólico que permita el recono­
cimiento de la diferencia mediado por la explicación teórica
(Guber, 2006).
Paradójicamente, la misma mundialización —asimétrica—
de las relaciones sociales, ofrece posibilidades mayores que en
épocas precedentes para el desarrollo de experiencias etnográficas en el mundo de los jóvenes y las jóvenes. La constitución de
las llamadas identidades de resistencia e identidades juveniles
transnacionales (Castells, 1998), que tejen sus vínculos de identificación a través de la red en torno de íconos vivientes (personajes antisistema, por lo general) o de espacios de contestación
que involucran expresiones artísticas —música principalmente— o de inconformidad y protesta (ambientalismo, derechos
humanos, etc.) representan actualmente una oportunidad de
comprender el mundo de los jóvenes y las jóvenes desde sus
subjetividades.
No obstante, los dispositivos ideológicos y compensatorios
de la precarización de las condiciones de vida a las que ha conducido la dinámica económica de la actual fase de desarrollo y
decline del capital, proveen también artefactos ideológicos para
el mundo de los jóvenes y las jóvenes. No solo son aquellos referidos al consumo sino también los que funcionan contradicto•
232
Capítulo IX. Formas asociativas juveniles: apuntes para un trabajo etnográfico •
riamente como vehiculizantes de las demandas y expectativas de
los jóvenes y las jóvenes que, al mismo tiempo, los desubjetiviza,
fragmenta e inmobiliza, como es el caso de las convenciones de
derechos, acuerdos y tratados.
Cabalmente, las aplicaciones etnográficas en investigación
con jóvenes llevan a concluir que, por ejemplo, muchas instituciones y organismos de cooperación piensan al joven o a la joven
desde el discurso de los derechos y no desde las subjetividades
de los jóvenes y las jóvenes, a tal punto que resulta alarmante
descubrir que la mayor parte de formas asociativas juveniles, en
el caso de Quito, no han sido consultadas sobre el contenido de
la Convención Iberoamericana de los Derechos de los Jóvenes o
la Ley de la Juventud.5
Con ello, finalmente, no se pretende arremeter contra programas y proyectos basados en el “enfoque de derechos” y, menos
aún, contra los mismos derechos; todo lo contrario, mucho más
en una sociedad que, al menos, requiere de ciertas protecciones
jurídicas que gozan de un alto nivel de aceptación social. Se pretende contribuir a la generación de puentes que permitan abrir
el debate sobre la importancia que reviste partir de las propias
voces de los jóvenes y las jóvenes, de sus subjetividades y no tanto
de “dar voz” a los jóvenes y a las jóvenes desde una percepción y
subjetividad adulta que, en buena medida, endilga un conjunto
de declaraciones en forma de derechos sin que existan las condiciones necesarias para que la juventud los ejerza.
5
En la investigación “Acción, representaciones y expectativas sociales de jóvenes en Quito” (Unda, 2010), realizada entre 2007 y 2008, los grupos de jóvenes
expresaban, de formas diversas, una valoración ambigua frente a dichos documentos. En uno de los talleres, al revisar varios de los artículos de la CIDJ, un
joven preguntaba: “¿pero lo que está escrito aquí, no debería ser así mismo sin
necesidad de convenciones?”. Cuestión que tras una aparente ingenuidad pone
de manifiesto el déficit de reales condiciones de vida digna para los jóvenes, que
tratan de ser suplidas con una sobrejuridización de la sociedad y sus procesos.
233 •
• René Unda L.
Referencialidad
Más allá de las pautas conductuales e, incluso, de las del inconsciente colectivo o cultura profunda, la referencialidad incuba la
problemática del sentido de la existencia (Denzin, 1989) de individuos y colectividades. En el análisis sobre la referencialidad
no solo está presente una noción de búsquedas y futuros a partir
de la condición, prácticas y discursos de los jóvenes y las jóvenes.
El sentido de la existencia aludido debe mirarse en una condición de referencialidad que prefigura y sitúa a un particular tipo
de sujeto y que, al mismo tiempo, recupera para sí misma toda
su especificidad histórica en términos de un relato también particular.
Las búsquedas y construcción de sentido desde las formas
asociativas juveniles activan, simultáneamente, miradas e imágenes de cómo los grupos de jóvenes quieren ser vistos y de cómo
se ven a sí mismos, y de cómo en el desarrollo de este ejercicio
nutren o refuerzan cierto tipo de referentes. Puede decirse que
sus particulares constituciones identitarias y grado de existencia
autónoma están en directa vinculación con los referentes socioculturales concernidos en tales procesos.
Así, por ejemplo, en una pequeña muestra de investigaciones
desarrolladas con una diversa tipología de formas asociativas de
jóvenes y adolescentes en Quito, aquellos grupos que alcanzan
una mayor “nitidez” y definición identitaria tienen, asimismo,
un determinado conjunto de referentes también más definidos y
precisados. Ilustrando lo dicho, existen diferencias bastante significativas entre grupos del universo discursivo rockero —quienes construyen una referencialidad de contornos y contenidos
más definidos para sí mismos y para el resto de la sociedad— y
grupos de jóvenes que se definen exclusivamente como estudiantes, cuyo perfil identitario como estudiantes se muestra diluido,
difuso y débil;6 de forma tal que el sentido de la existencia desde
6
•
234
En el trabajo directo con las diversas formas asociativas juveniles, llevado a cabo
Capítulo IX. Formas asociativas juveniles: apuntes para un trabajo etnográfico •
los jóvenes y las jóvenes desborda su misma condición juvenil y
sus múltiples y diversos universos juveniles.
Jóvenes, juventud, juvenil constituyen campos de sentido
construidos en la experiencia de lo social y, por ello, su existencia se explica tanto por su condición de sujeto sujetado y de
sujeto que resiste,7 como por sus opciones de actoría. Con otras
palabras, el hecho de ser joven o juvenilizarse —que no necesariamente es lo mismo— supone situarse en unas coordenadas
históricas determinadas, las cuales dicha condición juvenil es
capaz de modificar.
Tales aproximaciones remiten al orden de lo colectivo. La
constitución del sujeto joven, a diferencia de su sola juvenilización, es imposible pensarla al margen de una existencia física real
y, al mismo tiempo, de una proyección de realización.8 Por ello,
una de las dimensiones básicas de constitución de formas asociativas juveniles está referida inevitablemente a la dimensión colectiva de su accionar y performancias. Y lo colectivo recubre a su
vez, y entre otros aspectos, formas de asociatividad que adquieren
orientaciones y sentidos precisos en la medida en que la referencialidad del grupo combine sus proposiciones creadoras con sus
mediante grupos de discusión, focus group, entrevistas y conversaciones, llamó la
atención el hecho de que los grupos de estudiantes (colegiales de los dos últimos
años del bachillerato y universitarios de estratos socioeconómicos diferenciados)
tuvieran mayoritariamente, como centro de sus intereses y expectativas, cuestiones distintas del espectro académico y del ámbito de lo estudiantil en general
(Unda, 2010).
7
A Althuser, más que a Foucault, debería atribuirse el desarrollo explicativo de
la condición de sujeto de determinaciones y condicionamientos sociales. Para
un mayor desarrollo de la idea de sujeto que resiste o sujeto en resistencia me
remito a Touraine (2005).
8
En el sentido habermassiano del término. Si bien N. Luhman es quien instituye
—bajo la conceptualización de horizonte programático— una noción proyectiva
del sujeto en tanto sistema, considero que para un análisis como el propuesto
resulta más próxima la perspectiva que J. Habermas desarrolla en términos de
interacción comunicativa; cuestión de primera importancia en el mundo de las
subjetividades juveniles.
235 •
• René Unda L.
referentes valóricos.9 Es únicamente en aquello, en el particular
modo y tipos de referencialidad, en donde las colectividades y
formas asociativas configuran sus identidades.
Lo sustantivo desde la etnometodología y desde los actuales
enfoques etnográficos consiste en captar subjetivamente —como
sujeto que comparte y diferencia los universos discursivos en interacción— las variables capacidades y formas de construir las
autobiografías interpretativas de individuos y colectividades en
tanto sujetos productores de subjetividad y sujetos de “su” cultura.
En esta dirección, el registro etnográfico de las formas asociativas juveniles contemporáneas tiene que adecuarse a las formas
particulares y específicas mediante las cuales se constituyen esas
grupalidades; así, tendencialmente, el registro aparecerá generalmente como una amalgama de discursos y relatos fragmentados,
múltiples, contradictorios y cambiantes en los que será preciso
encontrar ciertas regularidades que permitan capturar el sentido
de lo que enuncian y de lo que hacen las diversas formas asociativas juveniles.
Por lo tanto, más que intentar una búsqueda de conexiones
entre lo teórico y lo metodológico, el registro etnográfico comporta, de entrada, la puesta en acto de unos determinados presupuestos conceptuales en los que, invariablemente, el sujeto es, ante
todo, un sujeto social; un sujeto de su sociedad y de su cultura. Y
es en esta apuesta en la que están concernidas unas determinadas
maneras de realizar el levantamiento etnográfico.
9
•
236
Weber (1984) precisa los términos en los que los distintos grupos humanos construyen vínculos sociales o formas de asociatividad a partir del concepto de motivo/motivación. Las motivaciones, a través de la acción intersubjetiva, pueden
constituir lazos fuertes o débiles, de corta o larga duración. Por ello, el término
“formas asociativas” aparece como uno de los más apropiados para denominar
las muy distintas y diversas formas de agregación o grupalidad juvenil.
Capítulo IX. Formas asociativas juveniles: apuntes para un trabajo etnográfico •
Apuntes etnográficos a propósito de tres
experiencias investigativas
A partir de una serie de tres investigaciones distintas, cuyo interés
común se centró en la indagación sociológica de la experiencia social de jóvenes de diversa condición frente a problemáticas como
el consumo, la migración, las representaciones acerca de la familia, el sistema escolar y los medios de comunicación, la intención
y posibilidades de desarrollar una profundización etnográfica se
planteó siempre como un trabajo a realizar.10
Asumo que las condiciones para emprender un desafío de
tal naturaleza estaban dadas, debido a la concurrencia de tres
factores: 1) el enfoque teórico metodológico planteado para las
investigaciones, que combinó la “objetivación” sociológica y el
intercambio antropológico —sujetos en acto— como una unidad de sentido; 2) la abundante información de primera mano
recopilada según los dos modos generales de aproximación metodológica; 3) los sucesivos acercamientos e interacciones que
habíamos mantenido con una muy variada gama de formas asociativas juveniles. Así, considero que la producción de un trabajo
etnográfico estaba no solo presente de forma más o menos explícita en el desarrollo de esas investigaciones sino que, en buena
medida, las caracterizaba.
Respecto del primero de los tres factores señalados, las investigaciones mantuvieron una línea común, casi a modo de “consigna” investigativa y conceptual, consistente en que los procedimientos de observación presuponían, ante todo, el reconocimiento del campo de observación tanto del sujeto observado como
del sujeto observador; es decir, de la cultura como construcción
y como campo estructurante del sujeto, trascendiendo al ob10
Los estudios desarrollados fueron: 1) consumos adolescentes: nuevas racionalidades (des)integrativas y estrategias de la diferencia desde el mercado; 2) rock y
división sociourbana en Quito; 3) acción, representaciones y expectativas sociales de jóvenes en Quito. Este último financiado por la Universidad Politécnica
Salesiana del Ecuador.
237 •
• René Unda L.
servador u observadora y al observado como particularidades
culturales personificadas (Bourdieu, 1995). Luego, en términos
procedimentales operativos, la combinación de técnicas ancladas
en la sociología (encuestas, registros, p. e.) y otras más vinculadas
con la antropología (prospecciones, conversación y relatos de vida) se utilizaban según los particulares momentos de desarrollo
y carácter de uno u otro objeto de estudio.
No se trataba, sin embargo, de mixturizar tales procedimientos por el mero prurito de “enriquecer” las investigaciones y sus
metodologías o de mantener artificialmente distancias entre el
observador u observadora y lo observado. Era, más bien, todo un
conjunto de condicionamientos que el mismo objeto de estudio
y unidades de análisis imponían desde sus dimensiones teóricas
hasta las procedimentales. En buena medida, era una contundente ratificación de que el objeto de estudio entraña su propia
teoría (Gutiérrez, 2005).
Así, por ejemplo, en el caso de la investigación sobre el rock
y la división sociourbana en Quito, la recurrente observación etnográfica de distintas formas asociativas juveniles —observación
con ellos más que una observación sobre ellos—,11 de conciertos
de una multiplicidad de tendencias y géneros dentro del universo
discursivo del rock en zonas diferenciadas de Quito —que, compartiendo un emic requiere la elaboración de un registro de lo
observado y su particular elaboración teórica, o de adolescentes
en dos centros comerciales de Quito ubicados al norte y sur de la
ciudad— fue, simultáneamente, realimentada con la aplicación
de un cuestionario sobre una muestra aleatoria de ellos y de ellas;
expresan entradas y salidas de una observación antropológica
que implica siempre participación “simétrica” y su tratamiento
explicativo, así como la posibilidad metodológica —combina11
•
238
Aunque aquello supone la presencia física y compartida de espacios entre sujeto
observador y sujeto observado, lo medular consiste en el campo de observación
que se genere: el conjunto de valores y referencias que entran en juego y desde
los cuales se establecen diferencia e identidad (Sánchez Parga, 2005).
Capítulo IX. Formas asociativas juveniles: apuntes para un trabajo etnográfico •
toria— de articulaciones y complementariedades (inter)disciplinares.
En la misma dirección, la información estadística y documental disponible en torno de la problemática del consumo adolescente —objeto de una de la tres investigaciones mencionadas— en
varias de sus dimensiones, ámbitos y objetos, fue un poderoso
factor de contrastación fáctica respecto de, p. e., los resultados
que, obtenidos mediante relatos de vida, sitúan como núcleo de
interés similar entre chicas de estratos socioeconómicos acomodados y chicas de sectores populares, el uso del dinero (muy diferenciado en cuanto a cantidad en uno y otro sector) en compra
de objetos que les permita tener o mantener una determinada
estética corporal.12
De tal modo que, en el caso de la investigación sobre consumos adolescentes, se prefiguraba ya, por estos y por varios resultados más, una especie de tensión adolescente13 entre la condición
de consumidor-objeto para el mercado y su condición de sujeto
en constitución y resistencia; de sujeto a merced de poderosas
fuerzas centrípetas que imponen una aparente integración generacional, teniendo como eje el mercado en su faz más plana
y simplificada, que es la compra y venta; y, al mismo tiempo, de
sujeto que resiste a través de su esperanza de estar presente con
su cuerpo y corporalidad en una sociedad que, de modo aparentemente paradójico, niega su posibilidad de constituirse como
sujeto (Touraine, 2005); cuestión que he esbozado en el acápite
sobre jóvenes y mundialización.
12
Resultados similares se obtienen en la investigación de M. E. Moncayo, Percepciones de sí mismas y patrones de alimentación de adolescentes de dos colegios de
Quito (2006); estudio desarrollado predominantemente desde una perspectiva
psicológica, pero una de cuyas particularidades fue que la investigadora conocía
de varios años atrás a las adolescentes que participaron en la investigación y, de
hecho, en el ejercicio de sus funciones como médica especializada en el trabajo
con adolescentes, había acompañado procesos y eventos de esas adolescentes.
13
No tanto la tensión del adolescente o la adolescente como su vivencia íntima
sino una suerte de tensión que expresa la condición adolescente, sujeta de/entre
dos fuerzas —infancia y adultez.
239 •
• René Unda L.
Respecto del segundo factor mencionado, que alude a la abundante información recogida mediante procedimientos procedentes o emparentados con una y otra perspectiva —antropológica,
sociológica— cabe indicar, únicamente, que no es tanto la amplitud o extensión de datos e informaciones lo que está en juego,
sino aquello que remite directamente al volumen de información;
esto es, la densidad explicativa posible de construirse en el análisis desde los mismos presupuestos teóricos y metodológicos de
los que partió la recolección de información .
Es decir, la información obtenida de la aplicación de cuestionarios, por ejemplo, a la vez que provee un determinado tipo
de resultados —cuantitativos por lo general—, ofrece también
la posibilidad de confrontar dichos resultados con los obtenidos
de una serie de entrevistas y relatos de vida, sin excluir, desde
luego, la posibilidad de que algunos resultados de encuestas sean
objeto de análisis de corte cualitativo. De por medio no sólo está
una cuestión de orden metodológico sino, ante todo, un tema de
frontera (inter)disciplinar (De Certeau, 1998).
No por ello abogo por una suerte de eclecticismo metodológico sin mayor beneficio de inventario y, menos aún, invoco a
nombre de la complejidad supuestos argumentos que, partiendo
más de consideraciones relativas a la caótica configuración actual
del mercado laboral que de consideraciones epistemológicas, suelen llevar el problema del método a banalidades o confusiones
tales, en las que no se sabe ni se puede distinguir, por ejemplo,
qué finalidades tiene el trabajo investigativo del antropólogo y
qué finalidades tiene el del sociólogo.
De forma tal que este segundo factor mencionado —abundante información— supuso ya la activación de aproximaciones
etnográficas respecto de cuestiones tales como la disposición y
ocupación de áreas físicas de varones adolescentes y mujeres
adolescentes en un determinado espacio (escolar, recreativo, social), o de temas tales como la particular disposición y ubicación
del teléfono celular en el aula de clase, según sea varón o mujer.
•
240
Capítulo IX. Formas asociativas juveniles: apuntes para un trabajo etnográfico •
Aunque lo señalado merecería análisis más detallados y específicos, el ciclo de la observación etnográfica, a partir de su
planificación, de las consideraciones teóricas de arranque y del
exhaustivo registro de actores, objetos y situaciones, permite obtener pistas acerca de cómo y a través de qué recursos se construyen los espacios sociales de un determinado segmento o grupo
social; es decir, su particular tejido de relaciones y constitución
identitaria que supone, a la vez, su especificidad y diferencia respecto del otro (cultural).
El tercero de los factores predisponentes no solo a una aproximación etnográfica sino a un levantamiento de información mediante métodos etnográficos (Spradley, 1980), referido a cómo
aquellas investigaciones habían previamente supuesto acercamientos, contactos, conocimientos previos, y habían producido
interacciones con una muy diversa gama de formas asociativas
juveniles, de organizaciones de jóvenes y de adolescentes, y de
jóvenes a nivel individual, constituye quizás el elemento que mayor reflexión requiere no solo por las distancias y proximidades
del investigador o investigadora (de su experiencia cultural y
universo discursivo) con lo que estudia, sino por la marcada variabilidad del particular campo de estudio, en este caso el campo
de juventud.
Aquellas preocupaciones y principios básicos de los métodos etnográficos que exigen mantener la distancia respecto de
lo observado suponen, a la vez, un repertorio de prácticas del
reconocimiento de la diferencia en cuanto conjunto de prácticas
de intercambios y reciprocidades (Sánchez-Parga, 2005). Vivir
intensamente un concierto de rock para quien gusta de este género pero a la vez se encuentra desarrollando un levantamiento
etnográfico sobre los sujetos participantes, las disposiciones de
los elementos objetuales, las proxémicas, los discursos textuales
y sonoros, las intensidades en juego, la posible circulación de
sustancias legales y no legales, la puesta en escena de las bandas,
etc., podría resultar ciertamente problemático al experimentar
241 •
• René Unda L.
simultáneamente la doble disposición de sujeto observador que
se observa a sí mismo y la de sujeto observador que trata de establecer un juego de deslindes entre una y otra posición; reconociendo siempre que es la “observación del observador u observadora”, su horizonte simbólico —sus presupuestos, valoraciones
y referencialidades—, lo que principalmente entra en juego con
el campo observado, y no tanto el observador u observadora como personificación.
Tal tipo de tensiones atraviesan no solo las preocupaciones antropológicas y etnográficas. La sociología o la politología, a menudo, enfrentan problemas similares cuando abordan problemáticas
(análisis político de la acción gubernamental, por ejemplo) en las
que los vínculos identificatorios entre observador u observadora
y campo de observación son tan fuertes que impiden la misma
observación debido a la virtual inexistencia de diferencia (campos
de sentido), o en los que se aprecia una importante trayectoria de
compatibilidades y empatías que no necesariamente tienen que
ver con aproximaciones sociológicas o politológicas.
Pero, sin duda, una de las cuestiones que condiciona un nuevo
ciclo de conocimiento de la etnografía contemporánea reside en
lo que podría denominarse como un capital originario de redes
y contactos, una particular variante de “capital social” (Portes,
1999) referida a la capacidad de concretar aspectos operativos
(entrada e inserción en un espacio físico o virtual, social y simbólico, citas, reuniones, entrevistas, grupos de discusión, talleres,
etc.) con los grupos humanos a trabajar, y a la capacidad de definir
la racionalidad y procedimientos de aproximación (planificación
de registros y diario; esquema provisional de registro según unidades de análisis; organización y disposiciones de actores, objetos; lógicas de división del trabajo y roles; espacios compartidos
y reservados; manejo del tiempo, etc.) y de tránsito (pasar de los
discursos de superficie hacia la captación de unidades significativas de sentido y hacia la configuración de campos de sentido
compartidos).
•
242
Capítulo IX. Formas asociativas juveniles: apuntes para un trabajo etnográfico •
Lo dicho requiere aproximaciones sucesivas, generación acumulativa de empatías mediadas principalmente por la escucha,
por la palabra y por los silencios, desde las cuales pueda inteligibilizarse el vínculo identificatorio que es, también y al mismo
tiempo, una relación de diferencia (Shutz, 2002). A ello hay que
agregar, en el caso de varias de las formas asociativas juveniles,
la incorporación de nuevos o particulares códigos y repertorios
que es necesario descifrar, procesar y compartir en la misma interacción.
Con ello, la angustia sociológica y antropológica por desarrollar una observación participante y por saber hasta qué punto eso
es posible, queda diluida al asumir que la participación va más
allá del puro compartir espacios físicos y temporales entre sujetos
concretos, y que, en lo fundamental, significa compartir sentidos
y reconocer las diferencias en la interacción subjetiva. Es decir,
captar el campo de valores, prácticas y discursos del mundo observado, y su racionalidad en cuanto disposiciones de los sujetos
(Bourdieu, 2000); participar no tanto con/del sujeto personificado sino de sus campos de significación y sentido.
De la misma manera, el clásico cuestionamiento referido a
probables “pérdidas de distancia” del observador u observadora
respecto del campo observado merece precisiones que eviten posibles equívocos que afecten el trabajo sobre el terreno. Volviendo
al ejemplo de los conciertos de rock, que fueron objeto de análisis
en una de las investigaciones mencionadas, por más inadecuada
que pueda parecer la posición del observador u observadora como parte del campo observado, lo que está en riesgo, desde una
perspectiva etnográfica, no es tanto una supuesta pérdida de distancia del investigador-observador respecto del campo observado sino su observación; es decir, su mundo de referencialidades.
Tal universo de referencialidad, constituido por todos aquellos
elementos integrados en su experiencia cultural, es lo que permite en un primer momento construir el sentido de la diferencia y,
factualmente, establecer la distancia intersubjetiva respecto del
243 •
• René Unda L.
campo de observación. Solo a condición de una previa clarificación de su particular universo discursivo y cultural, la experiencia
etnográfica adquiere sentido, pues se han sentado las bases para
identificar las diferencias y entrar en ellas. De tal forma que la
observación va reconociendo al otro —la otredad cultural— en
lo que tiene de común con el observado y en lo que los diferencia
en el transcurso mismo del registro etnográfico.
Por ello, la referencialidad implica también el lugar desde el
cual se observa o, en rigor, la puesta en acto de la observación
del observador u observadora. Y dicho locus de enunciación está
configurado por los principios epistemológicos y presupuestos
teóricos que forman parte, entre muchos otros referentes de distinto tipo, de la experiencia cultural del observador u observadora
(De Certeau, 1998).
En la fase de cierre, una producción etnográfica implica la
visibilización del cúmulo de información producida como condición para que las interacciones de los sujetos participantes generen espirales sucesivas de experiencias culturales de otros sujetos partícipes del hecho cultural, desde sus lecturas e interpretaciones. Algo análogo a lo que Ch. Pierce, en el dominio de la
lingüística, denominó “semiosis infinita”, y que solo es posible
que se dé cuando los individuos comparten subjetivamente campos de sentido. Quizás allí se condensa el propósito principal del
trabajo etnográfico.
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Capítulo IX. Formas asociativas juveniles: apuntes para un trabajo etnográfico •
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247 •
AUTORES
Juan Manuel Castellanos Obregón
Antropólogo, magíster en Comunicación Educativa y doctor en
Ciencias Sociales, Niñez y Juventud de la Universidad de ManizalesCinde. Es profesor asociado del Departamento de Antropología
y Sociología de la Universidad de Caldas, Manizales, Colombia.
José Rubén Castillo García
Magíster en Desarrollo Educativo y Social y doctor en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud de la Universidad de Manizales-Cinde. Es
docente investigador de la Universidad Autónoma de Manizales,
Colombia, miembro del grupo de investigación “Jóvenes, Culturas
y Poderes”, y coordinador de la línea de investigación en Competencias Ciudadanas del grupo de Ética y Política de la Universidad
Autónoma de Manizales.
Carles Feixa
Ph.D. de la Universidad de Barcelona, España. Es profesor de Antropología en la Universidad de Lleida, coeditor de la revista Young
y vicepresidente para Europa (con Carmen Leccardi) del Comité
de Investigación 34 “Sociología de la juventud” de la Asociación
Sociológica Internacional. Ha coeditado (con Pam Nilan) el libro
249
• Jóvenes, culturas y poderes
Global Youth? (London: Routledge, 2005) y es autor del libro De
jóvenes, bandas y tribus (Barcelona: Ariel, 1998).
Luis Alfredo García
Sociólogo y magíster en Psicología. Es miembro del Grupo Interdisciplinario de Estudios Pedagógicos (Gidep) de la Universidad
de San Buenaventura, Medellín, Colombia.
Deibar René Hurtado Herrera
Licenciado de Educación Física y Salud de la Universidad del Valle,
Cali, Colombia, magíster en Educación de la Pontificia Universidad
Javeriana de Cali y doctor en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud
de la Universidad de Manizales-Cinde. Es profesor titular de la
Universidad del Cauca, Popayán, Colombia, y miembro del grupo
de investigación “Urdimbre”. Es coautor de los libros: El sentido
de la formación práctica en Ingeniería. Una mirada etnográfica desde la agroindustria (Popayán: Universidad del Cauca, 2005) y Jóvenes e imaginarios de la Educación Física (Popayán: Universidad
del Cauca, 2005).
Carmen Leccardi
Profesora de Sociología Cultural y coordinadora académica para
temas de género en la Universidad de Milán-Bicocca, Italia. Antigua
coeditora (1999-2009) y ahora editora consultora de la revista de
Sage Publications Time & Society. Es actualmente vicepresidente
para Europa (con Carles Feixa) del Comité de Investigación 34 “Sociología de la juventud” de la Asociación Sociológica Internacional.
Es autora del libro Sociologia del tempo (Roma/Bari: Laterza, 2009)
y coeditora (con Elisabetta Ruspini) del libro A New Youth? Young
People, Generations and Family Life (Aldershot: Ashgate, 2006).
Nelvia Victoria Lugo A.
Psicóloga de la Universidad de Manizales, Colombia, y magíster en
Salud Pública de la Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia.
•
250
Autores •
Es docente-investigadora de la Universidad de Caldas, Manizales,
Colombia, e investigadora del Centro de Investigación y Desarrollo
sobre Conflicto, Violencia y Convivencia (CEDAT) de la misma universidad. Actualmente adelanta el doctorado en Ciencias Sociales en
el Instituto TAOS de la Universidad de Tilburg. Ha adelantado las
investigaciones: “Línea de base del Programa de Educación Media
con énfasis en Educación para el Trabajo (Pemet) zona urbana del
municipio de Manizales”, “Seguimiento y evaluación a la implementación del grado 10° de dos modelos de educación media para el
sector rural en su fase de pilotaje, en los departamentos de Boyacá,
Caldas, Caquetá, Cundinamarca, Huila, Meta, Quindío, Risaralda,
Putumayo” y “Evaluación de resultados de la fase experimental
del Programa de Educación Media con Énfasis para el Trabajo”.
Jorge Eliécer Martínez P.
Licenciado en Filosofía de la Universidad de San Buenaventura,
Bogotá, Colombia; diploma de Estudios Avanzados en Filosofía
(DEA) en el programa de Historia de la Subjetividad de la Universidad de Barcelona, España; magíster en Desarrollo Educativo
y Social de Cinde-Universidad Pedagógica Nacional; doctor en
Ciencias Sociales Niñez y Juventud de la Universidad de Manizales-Cinde; doctor en Filosofía del programa de Historia de la
Subjetividad de la Universidad de Barcelona y post doctorando en
Ciencias Sociales de Cinde-Clacso. Es docente-investigador de la
Universidad de La Salle.
Diego Alejandro Muñoz Gaviria
Sociólogo; especialista en Contextualización Psicosocial del Crimen; magíster en Psicología y candidato a doctor en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud de la Universidad de Manizales-Cinde.
Es director del Grupo Interdisciplinario de Estudios Pedagógicos (Gidep) de la Universidad de San Buenaventura, Medellín, y
miembro del grupo de investigación “Formaph” de la Universidad
de Antioquia.
251 •
• Jóvenes, culturas y poderes
Germán Muñoz González
Doctor en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud del Centro de Estudios Avanzados en Niñez y Juventud de la Universidad de Manizales-Cinde. Fue fundador y coordinador de la línea de estudios
en el tema Jóvenes y Culturas Juveniles, de la Universidad Central,
Bogotá, Colombia. Es profesor de la Universidad Distrital “Francisco José de Caldas”, Bogotá; líder del grupo interinstitucional
“Jóvenes, Culturas y Poderes”, de las universidades Distrital de
Bogotá y de Manizales e investigador del Grupo Clacso “Nuevas
Prácticas Políticas Juveniles en América Latina”.
Victoria Eugenia Pinilla S.
Psicóloga de la Universidad de Manizales, Colombia; magíster en
Ciencias de la Educación Superior de la Universidad de La HabanaUniversidad de Manizales y doctora en Ciencias Sociales, Niñez y
Juventud de la Universidad de Manizales-Cinde. Es docente del
Departamento de Estudios de Familia e investigadora del grupo
de investigación “Colectivo Estudios de Familia” de la Universidad
de Caldas, Manizales, Colombia, y docente-catedrática e investigadora del grupo de investigación “Desarrollo Psicosocial” de la
Universidad de Manizales.
María Andrea Simmonds Tabbert
Psicóloga de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Colombia,
y magíster en Educación y Desarrollo Humano de la Universidad de
Manizales-Cinde. Es docente de la Universidad del Cauca, Popayán, Colombia, y miembro del grupo de investigación “Urdimbre”.
René Unda L.
Sociólogo de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, magíster en Educomunicación de la Universidad Politécnica Salesiana del Ecuador (UPS) y candidato al doctorado en Sociología de
la Universidad Central del Ecuador. Es director de la maestría en
Política Social de Infancia y Adolescencia de la UPS-Ecuador; in-
•
252
Autores •
vestigador del Centro de Investigaciones en Niñez, Adolescencia y
Juventud (CINAJ) de la UPS-Ecuador, participante del doctorado
en Ciencias Sociales, Niñez y Juventud de la Universidad de Manizales-Cinde e investigador del Grupo Clacso “Juventud y Prácticas
Políticas en América Latina”.
253 •
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