¿Dios fue al colegio? Acerca de la elaboración de los

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Fepal - XXVI Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis
"El legado de Freud a 150 años de su nacimiento"
Lima, Perú - Octubre 2006
¿Dios fue al colegio?
Acerca de la elaboración de los duelos en la infancia
Lic. Judith Kononovich de Kancyper
Introducción
Cuando Freud descubre la sexualidad infantil y la complejidad de la vida emocional
desde la más tierna infancia, queda desmantelado el mito de la inocencia o paraíso infantil.
Un golpe más al narcisismo humano que encontraba en el niño su último bastión
proyectivo: “El sí que no le teme a la muerte y a su sexualidad porque no las conoce
concientemente”.
Siendo el niño sexuado, no es un niño “supuesto”. El niño supuesto es el alienado en el
deseo de los padres, el sometido al poder de los mismos, es el niño de la inmortalidad. En
cambio, el niño sexuado de Freud, tiene el malestar singular de la sexualidad y las
consecuentes angustias y conflictos, malestar por el lugar que ocupa en la trama libidinal de
los padres y sus padres a su vez tienen malestar por la sexualidad de sus hijos. Este niño
demanda, desea, sufre, pide poder decir “puedo”.
Es a ese malestar de la cultura que responden los síntomas de los niños.
El psicoanálisis sirve para responder a una demanda que parte de un sufrimiento, siendo
ésta una cuestión de palabra, es posible tanto para el adulto como para el niño, ambos
inmersos en el mundo de la palabra.
Lacan no concibe el corte entre el niño y el adulto, más aún él dice “no hay personas
mayores”, tirando por la borda el tema de la segregación y mitificación del niño.
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El corte entre el niño y el adulto, retorna bajo apariencias técnicas y de especialidad
(analistas de niños, analistas de adolescentes).
Es imposible ahorrar la desdicha y el sufrimiento al ser humano, niño o adulto.
“En el comienzo mismo de la vida es la violencia”, instaurándose sus marcas, dando
lugar a las distintas estructuras clínicas: neurosis, perversión, psicosis. Lo que diferencia al
niño del adulto no es la edad, ni el desarrollo, ni el deseo, sólo que el adulto tiene mayor
responsabilidad ética respecto de su síntoma.
Se trata de que el niño, función padre mediante, no se convierta en mero objeto de su
madre, que no sea la justificación de la existencia de ella, ni que su cuerpo quede
hipotecado en su fantasma.
Un niño siempre es deseado, sólo que no siempre para ser amado, puede serlo para un
cierto lugar, o a veces deseado para ser rechazado o para entregárselo a alguien. Es el
síntoma somático el que le da al niño la mayor garantía de existencia frente a la falta de
reconocimiento del otro.
En lo que se refiere al duelo, tampoco éste es patrimonio exclusivo de la adultez como
se llegó a pensar, por la incapacidad atribuida al niño para tolerar el dolor, por el
predominio de la renegación y su mayor labilidad yoica.
Todo sujeto está expuesto a la asunción de inevitables duelos y estos acontecimientos
demandarán al psiquismo un trabajo extra.
Freud dice del duelo que es un trabajo arduo, lento, “pieza por pieza”, proceso
enigmático y doloroso.
Según él, el duelo es un fenómeno ligado a la pérdida de alguien amado. Según Lacan la
identificación al objeto perdido es insuficiente para dar cuenta de un duelo. El invierte la
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cuestión y abre la pregunta ¿qué he sido yo para el muerto?, aludiendo a la relación que el
sujeto tuvo y sigue teniendo con él.
Lo que se juega en el duelo no es sólo lo que ha ocurrido, sino lo que no ha ocurrido en
la relación con el objeto perdido. De lo que se trata es de saber no sólo a quién se ha
perdido, sino “lo” qué se ha perdido con él.
Cuando alguien muere se pierde la construcción imaginaria que sostenía la ambivalente
relación de amor/odio que permitía estar enlazado a él mientras vivía. El dolor es el que se
renueva cada vez que se evoca a esa persona que ya no está.
También el niño está atravesado por el complicado proceso del duelar, claro que
depende de quienes lo rodean y de la capacidad de sostén de los mismos para elaborar
dicho duelo.
La pérdida de un objeto puede devenir en una melancolía, un triunfo maníaco, una
depresión, una psicosomática o también un punto de partida de un cambio psíquico
profundo y creativo.
Las consecuencias de un duelo pueden: desde no ser patógenas para el niño hasta
catastróficas, si el cambio fue demasiado abrupto o falló el sostén, en ese caso puede
predisponer a una depresión o a una psicosomática.
“¿Dios fue al colegio? El duelo y sus preguntas.
Jazmín es una niña de seis años recién cumplidos. Padece de broncoespasmos desde los
dos años que desembocaron últimamente en dos internaciones. Presenta fuertes deseos de
comer, sobre todo dulces, muy inquieta, desbordada, tiene problemas de aprendizaje, no
quiere ir a la escuela.
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Jazmín es la hija del medio y no colmó los deseos estético-narcisísticos de su madre.
Luego de varias entrevistas y de haber conocido a la niña, los padres comentan que
Jazmín extrañaba mucho a su tío abuelo que había fallecido hacía poco más de un año, de
un infarto, que era soltero, asmático, obeso, divertido y “bochinchero”. La mamá de Jazmín
utilizaba el tiempo presente al referirse a ese tío, denotando ella dificultades para
metabolizar la muerte de ese tío que cumplía funciones de abuelo.
Según palabras textuales de Jazmín: “Mi tío Carlos nos hacía muchos regalos, él vivía
con la tía y se murió de un ataque al corazón, no era tan viejito, yo lo quería mucho, íbamos
con mi hermano a su casa y siempre hacía cosas con papelitos, también me alzaba, me
hacía caballito y nos reíamos mucho. Era muy bueno conmigo, me enseñaba a hacer cosas
lindas con papelitos, era “bochinchero”, como yo, yo también “soy bochinchera”. Tuvo
“reiteradas crisis y se murió”. Yo me puse muy triste cuando se murió. “También la tía
Lucy se fue en avión y la extraño mucho”. Mamá dice que soy la “hija del corazón”, a
veces ella comenta que le late mucho el corazón cuando se pone muy nerviosa y yo tengo
miedo que ella también se muera”.
Durante los primeros meses dibujaba y recortaba corazones, hacía papirolas y me las
regalaba con su nombre. Recalcaba permanentemente el placer que le daban las cosas
nuevas, marcadores, cuadernos, juguetes nuevos, era evidente que quería escribir una
historia nueva de su vida.
El trabajo con Jazmín fue como una aventura, una sucesión de repeticiones en los que
basculaba entre la identificación con el tío y el poder pensar su relación con él.
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No fue difícil la constitución de la transferencia ya que Jazmín quedó albergada en ella y
ambas la sosteníamos de igual a igual, pudo recordar, pensar, asociar, hablar, reubicar su
dolor.
Un día dibujó al tío Carlos enterrado y ella a su lado, cuidándolo pero siendo árbol:
“Acá soy un árbol y miro como Carlos se murió”.
Jazmín quiere separarse del tío muerto, de los que no tienen aire y al mismo tiempo hace
una papirola - molinete jugando con su aire - vivo. También juega frecuentemente a las
escondidas, estando debajo del diván comenta: “Casi me asfixio debajo de la cama”.
Alegrándose enormemente cuando la encuentro: “Viva”.
Según Pontalis los niños están cargados de preguntas, todas ellas apuntan a lo
desconocido y lo prohibido. Los niños tienen una curiosidad natural a la que el adulto se
resiste. El valor de las preguntas es esencial en el trabajo del duelo.
“¿Qué es la muerte?”. “¿Quién es el muerto?”, son preguntas frecuentes del niño. El
niño quiere saber cómo fue su historia libidinal con el muerto, busca historizar y para eso
se necesita tiempo.
Laplanche dice que el duelo es un verdadero análisis: de lo que se trata es de desanudar,
disolver, desligar, deshacer. Da el ejemplo de Penélope: nuestro trabajo consistiría en
deshacer la tapicería y permitir al sujeto tejer una nueva, si le es posible.
Jazmín es una nena muy curiosa, con una gran pasión por la alteridad. Reboza de
preguntas: “¿Vos sabés por qué los monstruos se me vienen encima de noche cuando no
puedo dormir?”. “¿El tío Carlos, me mira desde una estrella?”. “¿Te gustan los barriletes, te
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hago uno?”. “¿Cuándo te gritan o te pegan es que no te quieren?”. “Decime, ¿la única
solución es pegar o gritar, o es mejor cuando te hablan y te explican?”.
A la vuelta de unas vacaciones de verano, nostalgiosa preguntó: “Decime Judith, ¿Dios
fue al colegio?”. Pregunta ésta de contenido altamente simbólico, Jazmín atribuía a Dios, al
diablo, a magos, indios, fuerzas ajenas la organización del bien y del mal. Las cosas
llegaban del más allá, las crisis asmáticas también eran vividas como eventos de la
naturaleza. Me pedía frecuentemente respuestas y palabras mágicas para conjurar sus
pesares. Tanto su enfermedad como sus problemas en la escuela estaban jugados en la
magia, el demonio, el diablo.
En el juego transferencial, la demanda de Jazmín me nutría y entre ambas lo pulsional se
abría sin cesar a otros sentidos, entendió que los demonios aparecían cuando uno los
convocaba.
Jazmín hacía partícipe al otro de su drama, uno se erigía en analista sin saberlo. Uno de
sus juegos preferidos era llenar una tacita, beber “nada” y jugar a que se caía el contenido
de “nada” de la tacita.
Jazmín quería beber “nada” ante el otro, ella quería beber a la analista. El objeto pasó así
del status de lo real, al de “objeto - nada”, “objeto simbólico”, clara alusión a la condición
profundamente carencial del ser humano, sobre la que se montan posteriores duelos y
traumas.
La muerte del tío, objeto amado y excitante al mismo tiempo, ambivalencia y culpa
mediante, provocaron trastornos que cedieron durante el transcurso del tratamiento.
Disminuyeron notablemente sus angustias y culpas y se redujeron sus dificultades
intelectuales y síntomas psicosomáticos.
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La palabra se erigió en palabra de honor en lugar del cuerpo.
El día que terminó su tratamiento Jazmín me entregó la siguiente poesía:
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"El legado de Freud a 150 años de su nacimiento"
Lima, Perú - Octubre 2006
BIBLIOGRAFIA
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• -----------: O.C. Duelo y Melancolía. 1917 (1915). Vol. XIV.
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• J. Lacan: Nota sobre el niño. Discurso de clausura de las Jornadas sobre Las Psicosis en
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• ----------: Lacan oral: Hamlet un caso clínico.
• E. Laurent: Las personas grandes y el niño en Psicoanálisis con niños, Centro Perueño
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• -------------: El objeto en el Psicoanálisis con niños. En “El analiticón”. Ed. Paradiso.
• R. y R. Lefort: Diálogos sobre la clínica en la infancia. Ed. Paradiso. Barcelona.
• J. D. Nasio: El dolor de la histeria.
• M. L. Pelento: Duelo y trastornos psicosomáticos (La niña de la pregunta sobre los
ovnis).
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• J. B. Pontalis: Entre el sueño y el poder.
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