Director y Redactor en jefe HÉCTOR P. VÁRELA

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Número 1 1 .
París.. — Junio 2 — 1 8 7 3 .
AÑO SEGUNDO
EL AMERICANO
Director y R e d a c t o r en jefe
PERIÓDICO
ESPAÑOL T
ANUNCIOS
VÁRELA.
P R E C I O DE LA S U S C R I C I O N
D o c e r e a l e s fuertes por mes en toda la América, inclusas las M o d a s .
EL A M E R I C A N O
F R A N G E S : SALE CUATRO VECES AL MES.
No se admiten susoriciones por menos de tres meses. — Al que se suscriba por un año,
diez por ciento de rebaja.
H É C T O R P.
En España, "Veinte r e a l e s v e l l ó n .
En los demás Estados de Europa, 5 fr. — En Francia, 4 fr. 5 0 c. - Bn Paris 4 fr
U n franco la linea. — R E G L A M O S : P r e c i o s c o n v e n c i o n a l e s
A D M I N I S T R A C I Ó N Y R E D A C C I Ó N , R U É D ' A U M A L E , 17 - P A R Í S
E l greneral P a u n e r o .
La hermosa cabeza que se destaca hoy del centro de
esta página, representa la del noble soldado, general don
Wenceslao Paunero, una de las figuras mas notables en
la carrera militar.
Oriental de nacimiento, hacia muchisimoa años que so
hallaba al s e m c i o de la República Argentina, en cuyos
ejércitos llegó á ocupar los prime' ros puestos, no por protección ni
favoritismo, sino en premio de
grandes cualidades.
Afiliado á la escuela de los capitanes que no han beclio do la
carrera militar un negocio, y mucho menos un medio indigno para
llegar al poder por medio del hochinche, l'aunoro era, por el contrario, mi soldado de vastísima
instrucción, de inmensos conocimientos, y para quien la milicia
era un verdadero sacerdocio.
Organizador como pocos, amigo
del orden y do ]a disciplina, ya
como simple comandante, ya como jefe de estado mayor, ya como
general en jefe, donde quiera que
pudo mostrar sus facultades, dejó
*—iimelias brillantes de su paso y de
su conducta.
Amante de la libertad y do la
democracia desdo los primeros
años de su vida, el noble y simpático Paiinero ha sido uno do_ los
hombros que, con su espada, con
su pluma, cou su patriotismo y su
fé inquebrantable, mas han contribuido en el Hio de la Plata á
la caída de la inicua tiranía de
Rosas, y al triunfo de las grandes
ideas que hacen la gloria de aquellos pueblos.
pueden verlo nuestros lectores, dá una idea mas exacta
que todo cuanto pudiéramos decir nosotros de lo que fué
aquella fiesta patriótica, de las mas bellas que se hayan
verificado en Chile en los últimos años.
La fotografía que nos ha servido de modelo fué tomada en los momentos en que dirigía la palabra al pueblo reunido al pié de la estatua del héroe, el brillante tribuno é inspirado poeta chileno Guillermo Matta, que
Durante los últimos cuarenta
años donde quiera que se ba dado
una batalla ó so ha librado im combate contraía tiranía ó la reacción,
allí ha estado Paunero, jugando
noble y generosamente su vida en
aras do su credo y de su idea.
En la última y desastrosa gucrl a del Paraguay — la mas grande
que ha presenciado la América, y
en la que se dieron batallas tan
importantes como las de jSIugcnta
y Solferino — Paunero fué una de
las primeras figuras, por el talento militar que supo revelar en
rnomentos solemnes, y por el prestigio que se conquistó en los ejércitos aliados.
Concluida esa guerra, fué nombrado plenipotenciario argentino
en la corto del Brasil donde murió no hace mucho, rodeado del
respeto y de la veneración de
cuantos pudieron apreciar las cualidades do aquel hombre que, á
su vasta inteligencia y sólida instrucción, reunía uno
de los caracteres mas nobles, mas francos y elevados.
_ Su retrato, aunque de una completa semejanza, tiene
sin embargo cierta dureza en la mirada que jamás tenían
sus ojos dulces y tranquilos.
Dos P o e t a s Anact'icaiios.
EL GENERAL l'AONEUO (argentino;.
nuestros lectores conocen también. La noble figura del
orador alcanza á distinguirse al pié del pedestal do la
estatua.
El conjunto del grabado representa la plaza de la
Aduana, lugar e n q u e ha sido elevado el monumento, con
todos los accesorios que sirvieron para la fiesta de l-a
inauguración y que se distinguen en él detalladamente.
Inan^nracion de l a e s t a t u a de l o r d
Cocli r a i m e e n V a l p a r a í s o .
Uno de nuestros grabados de hoy representa, tomada
do una fotografía que tuvo la bondad de remitirnos do
Valparaíso nuestro querido amigo Domingo Sarratoa, la
inauguración de la estatua de lord Cochranne, verificada
en aquel puerto el 12 do febrero del presente año y de
que ya hemos hablado en uno de los números anteriores.
La vista sola del grabado, perfectamente hecho, como
No puede serlo ciertamente en aquellos países, donde la
vida intelectual corre parejas con la exhuberanoia de la
vida material.
Si nos apresuramos pues, á anunciar la aparición de
El Artesano de Lima y á enviar á sus fundadores palabras de aplauso y aliento, es porque hay para ello circunstancias especiales.
El Artesano no es, en efecto, un periódico como otro
cualquiera. Fundado por obreros,
redactado por obreros, llamado á
sostener los intereses de los obroros, es de osas instituciones especiales, dignas de llamar la atención y que encontrarán siempre,
en todos los amigos del progreso
moral, aplausos entusiastas.
Hemos visto los dos primeros
números de ese periódico, y los encontramos dignos de la elevada
idea que nos habíamos formado de
los trabajadores peruanos.
En la parto material; muy bien
impresos, son también una buena
• muestra del adelanto á que ha llegado en el Perú el arte tipográfico.
La aparición do un periódico de
esa naturaleza era necesaria en la
capital dul Perú, mucho mas cuando otros países de Sud-América,
como la República Argentina y
Chile, tenían ya órganos particulannente destinados á representar
los intoji-oses de las clases trabajadoras y á ser el reílejo de sus adelantos morales é intelectuales.
A El Artesano de Lima nuestro
aplauso; á sus conductores nuestros deseos ardientes de que su
empresa dé los resultados que do
ella deben esperarse.
El Artesauo.
Tal es el título de un nuevo periódico que ha empezado
á ver la luz en la capital del Perú, bajo la dirección del
Sr. D. Ignacio Manco y xlyllon, uno de los tipógrafos de
la excelente imprenta de El Comercio do Lima.
La fundación de un periódico no es en nuestros países
de América un aconteciraioiito tan extraordinario que necesitemos llamar sobre él la atención de nuestros lectoces.
Tienen hoy cabida en nuestra
galería de retratos, Ramón Valle,
mejicano, y J u a n Cañas, salvadoreño. Ambos han contribuido muy
eficazmente á ilustrar con sus trab a j o s l a literatura americana, y
especialmente la de sus países respectivos.
Ili.ypublicamosunabonita composición de Valle, que bastará por
cierto para dar á nuestros lectores
idea de la naturaleza de su talento
y de sus facultades poéticas.
Valle , joven de ti cinta y dos
años, es considerado en Méjico como uno de los primeros y mas inspirados poetas del país.
En lo sucesivo tendremos ocasión de publicar algunas de Cañas
y do darlo á conocer mas exactamente á nuestros lectores.
E l g e n e r a l iMac-lfahon.
En el próximo número daremos el]retrato del nuevo presidente de la República francesa mariscal de Mac-Mahon.
Tan conocido es en el mundo entero el nombre de esto
valiente y honrado militar, uno de los primeros, el primero tal vez, militarmente hablando, que t e n g a hoy la
Francia, que creemos escusado acompañar nuestro grabado con una larga biografía.
Mac-Mahon nació en un pueblo de la Bretaña en 1808.
Tiene hoy, en consecuencia, 65 años do edad. Educado
en la escuela de Saint-Cyr, ha pasado sucesivamente, y
distüiguiéndose siempre por su valor y pericia militar,
por todos los grados del ejército francés, hasta el de mariscal, que, como se sabe, es el término de la carrera de
las armas en este pais.
162
EL AME R ICA N O
EL
AMERICANO
LA C A Í D A DE T H I E R S
El lieclio trascendental qno acaba de conmover á la
Francia y á la Europa entera, no habrá sorprendido, por
cierto, á los lectores de EL AMERICANO, que le liaj'an honrado prestando fé á sus pronósticos.
Hace sois meses decíamos aquí mismo : « L a ma3-oría
« monárquica de la Asamblea de Yersalles no tiene otra
« aspiración, por el momento, que dar en tierra con el
n presidente Tliiers. Desgraciadamente opinamos que lo
(( conseguirá, no tanto por la fuerza de sus propios elo'
«: mentos, sino ayudada por la división criminal que rei« na en el campo de los republicanns. i>
La previsión de entonces acaba de convertirse en dolorosa realidad, y el hombro ilustre que había contenido
la ambición prusiana después de la victoria, que había
vencido sin miedo la Commmie que incendió á París, que
había levantado el crédito de la Francia, ligando su nombre á la mas grande operación financiera de todos los
tiempos, y que había conseguido, por fin, la evacuación
4el territorio i'or el arrogante vencedor, acaba de ser arrojado de su puesto de la manera mas injusta.
Natural es que los que signen de cerca los movimientos de la política europea, y los que, examinando la índole
de los acontecimientos que en Francia se producen después de terminada la desastrosa guerra, han estudiado
á su vez la política del presidente Thiers, se pregunten
sorprendidos :
¿ Y por qué le han arrojado del poder ?
Los autores de la revolución parlamentaria del 25 de
mayo tienen, cuando menos, el mérito de la franqueza,
porque no lo han ocultado.
Thiers ha sido arrojado de la presidencia, porque creía
honradamente que debía cesar el estado provisorio.
Porque opinaba, en vista de las constantes y repetidas
manifestaciones de la opinión, que la Eepública debia
ser franca y úefmitwamenie proclamada.
Esta es la verdad pura y neta, «-erdad comprendida
hoy por toda la Francia, como esperamos que también
lo sea por el honorable colega francés que nos creyó ^oco
al corriente de la política de sn patria, cuando anunciamos « (pie, antes de seis meses, la presidencia de Thiers
« caería en manos del mariscal Mac-Mahon !»
Es, ni mas ni menos, lo que acaba de suceder.
E l golpe había sido preparado con tino y audacia;
pero, como otras veces, habría fracasado completamente,
sin la insensatez del partido republicano, que, en vez de
luchar compacto contra el enemigo comnn — los monárquicos— malgasta su tiempo , su nervio, sus fuerzas y
su prestigio en miserables cuestiones personales, indignas do un partido que pretendo haber recogido la herencia do los patricios de 89.
• # '
La conducta de los republicanos les estaba impuesta
por una lógica y un deber, á los que no ^jodian faltar sin
suicidarse.
Thiers había declarado, franca y solemnemente, que
hoy no creia posible otra forma de gobierno en Franela,
y que por tanto pedía quo la República fuese proclamada
definitivamente.
La declaración y la palabra del presidente en esta
cuestión puede decirse que, dados los antecedentes del
hombre y el inmenso prestigio que había sabido conquistarse en su patria, importaba una victoria segura para
los republicanos, á condición de que los republicanos ayudasen á quien, después del ensayo leal que habia promelido hacer en Burdeos, confesaba hoy con todo el peso
de su autoridad, que la Francia no podía ni quería ser
otra cosa que rejpublicana.
Entre tanto, ¿cuál era la conducta de los republicanos ?
Divididos completamente en la prensa y en la Asamb l e a — es decir,-en el cuerpo llamado á pronunciarse sobro la forma de gobierno — componían tres grupos distintos :
Izquierda,
...
Extrema izquierda.
Centro izquierdo.
En estos grupos todos se llamaban republicanos.; pero
por cierto que no procedían como t a l e s ; porque, para un
VjpnbUcariO conservador del Centro izquierdo, no habia
cosa mas terrible que u n republicano radical de la Extrema izquierda.
En una época completamente ahorma!, cuando la RcIHÍblíca fuese la forma definitiva de gobierno decretada por
la Asamblea y aceptada per la Francia ; cuando no se
hallase en discusión, y mucho menos en peligro, el frac-
cionamiento en distintos grupos y la división en opuestas tendencias de los republicanos que se hallan en el
parlamento de la antigua morada do Luis XIV, podían
veise sin temores ni desconfianzas.
Pero en presencia de la situación ; teniendo frente por
frente al partido monárquico, que, aun cuando fraccionado también en cuanto al candidato, se halla perfectamente compacto }• disciplinado para combatir á losi-epublícanos, la división de éstos ha sido una falta cuyas
funestas consecuencias hoy comprenden y lamentan.
Esa división se ahondó en las últimas elecciones.
Los conservadores, con el presidente á la cabeza, sostenían la candidatura del señor Romusat.
Los radicales trabajaban por el señor Barodet.
¿Qué mayor triunfo para los monárqnicoss?
Impotentes por sí solos hacia ya dos años para vencer
á los republicanos, comprendieron al momento que la
nueva división producida en sus filas facilitaría sus pía"
nes para derribar al presidente Thiers.
Con tal esperanza abrieron la campaña apenas se reu- .
nió la Asamblea en Vorsalles.
Ha sido corta, pero tremenda y decisiva.
Batida en brecha la política republicana por el duque
de Broglie, representante de los monárquicos, el presidente subió á la tribuna á defenderla, asumiendo personalmente la responsabilidad de cuanto habia hecho el
gobierno.
Admirable fué su discurso ; pero no tan hábil, á nuestro modo de ver, porque necesitando mas que nunca del
apoyo compacto de los tres grupos republicanos en el
momento en que la monarquía le libraba batalla, no tenia para qué herir á uno de ellos como lo hizo el grande
y prestigioso orador.
Ciertos republicanos tibios ó del momento, y no son
pocos los que ha}', aprovecharon la irritación del presidente y dieron su voto álos monárquicos 1!
Esta defección les dio una mayoría, aunque insignificante, para votar la orden del dia en que se censuraba la
política del gobierno.
Batido asi, Thiers hizo lo que habia prometido : presentó su renuncia, que en medio de la mas tempestuosa
de las sesiones y de una confusión extraordinaria, le fué
aceptada p o r u ñ a mayoría de catorce votos !!
J a m á s se habia cometido una ingratitud mas grande.
La Francia ha tenido s'empre la debilidad de ligar su
suerte}' sus destinos á un hombre, sea. que se llame
primei cónsul, emperador, rey ó presidente ; pero hoj', en
presencia de la categoría de los servicios que Thiers le
habia prestado, la Asamblea tenia el sagrado deber de
sostenerlo en la presidencia cuando menos cinco.semanas mas, hasta que el último soldado prusiano hubiese
evacuado el territorio.
No ha sido así, y en pocas horas se le aceptó la renuncia y so le dio un sucesor, nombrando para reemplazarle
al general Mac-Mahon.
Como lo decimos antes, hace seis meses que anunciábamos esta elección, de manera que no es á nosotros á
quienes ha podido sorprender.
Lo que nos ha sorprendido mucho, y muy agradablemente por cierto, es que eso cand)io repentino, rápido y
fundamental de gobierno se haya hecho en medio de una
calma, de un silencio y de una moderación que podrían
interpretarse por la indiferencia que se acerca á las
fronteías del temor.
La prensa mas exaltada acepta ya con gusto al mariscal Mao-Mahon, en cuya honradez tiene una confianza
completa y Uicrecida.
Entre tanto, ¿ Cuál es la suerte de la República en presencia de la caída de Tbicrs ?
Para nosotros no es dudosa : consideramos perdida la
República francesa.
En un próximo artículo diremos las razones que tenemos para abrigar tan triste presentimiento.
Ajenie
«le
emisrí'acíon.
El gobierno do la República Argentina ha nombrado
agente de emigración en Francia, á D. Héctor F. Várela, con el cargo especial do promover la emigración
para aquel país, en las provincias de la Alsacia y la Lorena.
Habiendo aceptado la comisión, ha empezado ya á desempeñarla
•
.4taf|ne y
rieí'cMsa.
Uno de nuestros colegas do la prensa francesa. El Orden, nos consagra estas palabras :
ce El redactor en jefe de E L AMERICANO ha publicado
« últimamente un folleto' destinado á popularizar cu Eu« ropa al presidente de Venezuela, lo que no dudamos
« conseguido en vista de la profusión con que se ha re-
(( partido la brochure y de los distintos artículos quo órga« noSi caracterizados de nuestra prensaban consagrado al
ce general Guzman Blanco. Sin omtiargo, ahora reciliimos
íc La América, de Bogotá, y en el número del 2 de abril
(C encontramos un violentísimo ataque contra el gobercc n . n t e de Venezuela, á quien se llama tirano y se le
ce acusa de los crímenes mas espantosos que se puedan
ce imputar á un funciemario público.
(c ¿Qué dice á esto KL AMERICANO, que no cesa de ponce derarnos todos los encantos y lindezas de la América ? »
No debe parecer una novedad á El Orden lo que tenga
que decir E L AMERICANO.
Ante todo, le diremos que no hemos visto el número
de L'i América á quo se refio^re. Suponemos que existe,
y esto nos basta para contestar la indirecta del órgano
bon.ipartista.
Para juzgar los hombres y las cosas de nuestra patria
— la América — nos colocamos siempre en un terreno
ageno á las pasiones políticas y á los odios de partido.
De aquí la severa imparcialidad de nuestros juicios.
En Venezuela se han producido acontecimientos quo
hemos seguido de cerca, y juzgándolos según las noticias
que de allí nos venían, hemos emitido los juicios á que
El Orden se refiere, y que diarios acreditados han confirmado con sus autorizadas apreciaciones.
Guzman Blanco ha sido jefe e una revolución.
Después de una lucha tenaz y constante, ha vencido
completamente, enarbolando en la capital misma la bandera de la victoria.
Dueño de la situación, ha convocado el país á elecciones para nombrar al candidato que mayores simpatías
tuviese.
Esas elecciones se han practicado sin que en parte alguna hayamos visto quejas ni protestas contraía manera
como se han hecho.
Su resultado ha sido una votación imánime, en favor
del general Guzman Blanco.
¿Qué significa esto V
Si tal no fuese la voluntad de Venezuela, ¿ estaría tan
degradada la p¡itria de Bolívar, para dejarse imponer por
un tirano, como dice /:.'/ Orden que La América le llama?
ReuHÍeio el Congreso, le ha presentado el ¡Mensage que
publicamos en folleto, y que varios diarios europeos, incluso uno de Londres, calificaron de notable documento.
Para nosotros, ese documento hace altísimo honor á su
autor, tanto por la franqueza con que habla de los actos
de su dictadura, cuanto por los vastos horizontes que descubre para el porvenir del país, con la j^érie de reformas
y mejoras que se han emprendido ya y piensan emprenderse luego.
Por eso le hemos dado tal importancia, y por eso también hemos hecho cuanto de nosotros ha dependido para
hacer conocer en Europa la nueva épocx que parece querer
sonreír á Venezuela.
ElOrdaí, lejos de imitar el ejemplo do otros colegas —
que comprenden la importancia de ensanchar las relaciones comerciales de ambos continentes — ha preferido renovar la táctica de otros tiempos, regocijándose ante una
noticia desfavorable, dada por un periódico americano,
sobre un gobernante y un pueblo americanos también.
No importa.
Este ataque no hará perder al presidente de Venezuela
el prestigio que hoy so ha conquistado en Europa, y que
conservará mientras cumpla cuanto ha prometido á sus
compatriotas, sedientos (le paz y tranquilidad, después
de los días de amargura que han pasado sobro la frente
de aquella hermosa nación.
REVISTA SUR-AMERICANA
CoIomStia.
Administración.
— Instrucción popular.—
Crédito público.
ARTÍCULO
PRIMERO.
Hacienda.-
-
-te
Hemos leído con grande interés las memorias que loa
señores Gil Colunje, secretario de lo Intermr y Relaciones Kxteriores, Aquíles Parra, secretario de Hacienda y
Fomento, Felipe Pérez, secretario riel Tesoro y Crédito
nacional, y Eustaquio Selgas, secretario de Guerra y ¡Marina, han presentado al Sr. Morillo, presidente de Colombia, y en que se da cuenta del estado de los diversos ramos quo están á su cargo, por lo correspondiente al año
de 1872.
Tandiien hemos leido ed informe que dirige al presidente de la Union el Sr. Santiago Pérez, director general
de instrucción pública, y vamos á exponer nuestra opinión sobre tan importantes documentos, extractando lo
que sirva para dar una idea exacta de la situación actual
(ie Colombia,
I
Empozaremos por la memoria del ministro del Interior, obra do un espíritu fecundo é ilustrado.
Llámanos desde luego la atención el punto de vista
netamente liberal en que se coloca el Sr. Colunje para
examinar los asuntos que á su secretaría conciernen, y la
exposición sencilla y lisonjera que hace del estado actual
de nuestra patria.
La paz se ha conservado inalterable en Colombia desde que se inauguró la admínistraciim Murillo el 1." de
abril de 1872, y el gobierno se ha ocupado exclusivamente de fomentar obras públicas, propagar la instrucción profesional y primaria, y preparar reformas y mejoras muy importantes en la legislación nacional.
Los gobiernos de los nueve Estados colombianos tienen ya códigos especiales en loa diversos ramos de la
administración pública, empezando por el civil, calcado
sobre el Código napoleónico expedido en Francia al principio de este siglo; pero so necesitaba compilar metódi- ,
EL
Camento las innchas leyes que se han expeiliilo dfsdeqne
Se constituyó la Repiililica de Nueva Granada, boy Colomliia. Axí niisuio, se necesitaba redaí tai códisjos couipletos en materias ci riles, penales, fie organización judicial y militar, para someterlos al examen del Cuerpo Legislativo.
Kncargáronse do eso trabajo dos jiirisconsultos de gran
mérito, D. Juan Manuel l'e'-ez y D. Agiistin Nufiez. Esta
inmensa obra será terminada mu}' pronto y servirá de
base para las que el Congreso adopto, sin duda haciendo
ánt(8 im estudio profundo y nombrando las comisiones
necesarias, durante un año al menos, para que la examinen y completen.
La formación de códigos tan importantes no puede encargarse á un solo individuo, por nuis competente que
sea, sobre /odo cuando k s materias son distintas, como
sucede en este caso. Los proyectos del Sr. Núñez demuestran que su laboriosidad está al nivel de su inteligencia ; pero nos asombra que redacte á la vez un código
civil y otro militar.
Cada uno de estos ramos exige estudios y conocimientos espeoialísiinos, y no se puede ser á un tiempo un
Troplong, un. Portalis y un Turena. Simios, pues, de concepto que el Congreso nombro comisiones pe'manentes
encargadas de estudiar y mejorar cada proyecto para
que se dia.;utan y adopten, si posible fuese, en _ los años
de 1874 á 187G. 'No se tomó Zamora en una hora. No se
pueden hacer obras serias á la vapor, so pena de verlas
desprestigiadas inmediatamente.
Colombia está en paz con todas las naciones. H a y ligeras desavenencias con Venezuela por la cuestión de
iímites relativa al territorio de San Faustino, pero confiamos en que se terminen, gracias á la próxima entrevista de los presidentes de ambas Repúblicas. Se trabaja
igualmente en el arrtglo de límites con Ccsta-Ilica, y se
han celebrado tratados muy amistosos y muy convenientes con el Perú y Chile.
Parece que están del todo concluidas las reclamaciones que hacia el gobierno de los Estados Unidos por motivo de desórdenes ouurrirlos en el istmo de Panamá en
1806, y por la cuestión del vapor Montijo.
Hanse arreglado también todos los asuntos pendientes
con la Gran Bretaña, y so arreglarán pronto las reclamaciones de algunos subditos de los I'aises Bajos, que son
de competencia del poder judicial de la Union, que se
gun el nuevo código, conocerá en última instancia de
toda reclamación contra el gobierno de Colombia, para
resolver á cual sean aplicables las estipulaciones de los
tratados públicos ó las prescripciones del derecho de
gentes.
Pero hay tros asuntos que preocupan cspeoialmente al
gobierno y al pueblo colombianos.
La construcción de un gran ferrocarril que comunicará
la capital de la República con el rio. Magdalena, atravesando los Estados de Cundinainarca, Santander y Boyacá; obra indispensable paní el desarrollo comercial.del
país j ' s i n . l a cual no hay esperanzas de progreso en mucho tiempo. Las exploraciones están concluidas y el resultado es sati.-factorio Una compañía de ingenieros ingleses ha declarado practicable el camino, ijue tendrá de
200 á 225 millas inglesas por el territorio del Curare en
el Estado de Santander. Se bajará, pues, de los Andes
basta la costa del Atlántico en alas del vapor, como hoy
se atraviesa las montañas Rocallosas, ó se va de Valparaíso á Santiago y do Veracruz á Jiléjioo.
Otro ferrocarril comunicará el valle del Cauca, paraíso
de la Améi-iea, con el puerto de Buenaventura, en la
costa del Pacífico. El telégrafo submarino irá de ahí á
Panamá, de ahí á Jamaica y al resto del mundo. En 48
lloras, en menos tal vez, los hijos de los Andes sabrán lo
(¡no ocurre á un tiempo en Paris y en el Asia, en el palacio del Vafieano y en las oiillas del Nilo. Colombia
enviará sus frutos por los dos océanos y recibirá en cambio los arlícidos do Europa y América. Su posición es
admirable y su porvenir espléndido.
Aun no so tiene noticia del resultado que hayan dado,
ó estén daniJo, las últimas exiiloraoiones mandadas ejecutar por el gobiei'no de los Estados Unidos de América
en los istmos de Panamá y del Darien, colombianos, y en
el de Nicaragua,' con el objeto de descubrir cuál es Ja
vía que presenta menos dificultades para la apertura del
canal interoceánico que se proyecta, una de las mas
grandes empresas del siglo XIX.
Según ciertas versiones, no se esperaba que la expedición exploradora hallase en Nicaragua una ruta practicable para el canal ; pero «el gobierno de los Estados
Unidos, dice el Sr. Colunje, estaba deseosísimo de hacer
constar, por exploraciones esmeradas, la practicabilidad ó
impracticabilidad de diferentes vías, y apenas parecía
haber duda de que el consejo de ingenieros de la nación,
autorizado por el .secretario de Marina para examinar las
exploraciones, decidiría en favor de la vía colomb ana de
Napipi, declarada practicable por el comandante Selfridge
en 1871.»
Espérenlos quo se realice esta esperanza, y so hará en
el territorio colombiano, repelimos, la obra mas importante del siglo, superior al canal de Suez y al túnel de
Mont-Cenis ; porque el porvenir eomei'cial del mundo
está en América, y las flotas de ambos continentes irían
entóneos velozmente del Atlántico al Pacífico y viceversa, con economía de tiempo y de capitales, como sucede hoy entre el comercio europeo y el asiático, gracias
á la fácil travesía del istmo de Suez.
La empresa del canal colombiano es, por tanto,' de interés universal, y el gobierno del Perú ha inosirado últimamente gran perspicacia al enviar ingenieros para ipio
Se reúnan con los norte aiuericanos que dirigen las exploraciones, y al manifestar que tomará una parte en las
acciones de esta obra. ¡ Espereiuos!
El Banco fundado hace poco tiempo en Bogotá, y que
ha hecho grandes beneficios con la rebaja del interés del
ff)3
AMERICANO
dinero al 6 %, es una empresa lucrativa de primer orden. íLi dado á sus accionistas dividendos anuales de
40 o/o ! Las acciones han subido en la mi^ma proporción,
ó mejor dicho, i}0 secon>iguen á precio alguno.
Este maguílico resultado ha hecho también que so establezcan sucursales del Banco, con capitales de alguna
importancia, en Santander, Antioquía y Bolívar. Pronto
habrá en k s demás Estados.
Fúndase al mismo tiempo en Bogotá un Banco hipotecario con un capital de 5 millones de francos, dividido
en 1,000 acciones, cada una de 5,000 francos, ó en 2,000
de 2,5!)0 francos cada una, de acuerdo con la ley expedida por la Asamblea del Estado de Cnndidainarca el 14 de
enero último. El Banco hipotecario, por cuya fundación
trabaja hace muchos años el eminente estadista Sr Camaclio Roldan, prestará grandes servicios á los agricultores colombianos, y será, á la vez, una buena empresa
para los accionistas, como la de su hermano mayor ol
Banco de Bogotá.
Veso, pues, que tanto el gobierno como el pueblo de Colombia, á la somba de una paz ootaviana, se consagran á
empresas materiales : ferrocarriles, telégrafos, bancos, el
canal interoceánico, etc. Pero no sob de pan vive el hombro. Necesita alimentos para su espíritu, y la ignorancia,
con el militarismo, son las dos llagas de las liepúblicas
Sur-Americanas, y por supuesto de Colomuia. El milita
rísmo ha muerto allí. Se lucha hoy para exiirpar la ignorancia. Veamos el estado de la instrucción pública.
II
El informe del Sr. Pcroz nos suministra datos suficientes para conocer la marcha y la situación del ramo (¡ue
él dirige con su reconocida competencia. Examinámoslo
detenidamente.
Por el pacto político de Colombia el gobierno general
está encargado áe fomentar la instrucción pública. ¿ Cómo
ha C'implido este encargo constitucional ?
Estableciendo en la capital de la República una grande
Universidad, de la cual han sido directores en varias épocas don Manuel Ancízar y don Antonio Vargas Vega,
dos hombres eminentes por su carácter, ilustración é inteligencia.
La Universidad se compone de seis escuelas llamadas
de juri-'^2^ri!dencia. medicina, ciencias naturales, ingeniería,
literatura y filosofía y artes y oficios. El .31 de diciembre último eoncnrrian á ellas 50G alumnos de todos los Estados, lo que nos parece insignificante si se considera los
tres millones de almas que tiene Colombia.
Las rentas de la Universidad en el año fiscal de 1871 á
1872 fueron de cerca de 250,000 francos, esto es, 48,593
pesos colombianos. Los gas(os de 39,712 pesos.
No hay otro establecimiento universitario en ol país,
pero sí muchísimos otros colegios públicos y privados que
dan una euseñanza superior y profesional, especialmente
en los Estados de Candiuaniarca, Santandei y Antioquía.
El colegio del Rosarioes célebre ; los de Medellin, Sanjil,
P o p a / a n y Tunja excelentes. Además, como la enseñanza
es libre, hay centenares de coletiiosprivado», que la dan
con buen éxito y en la marcha de los cuales para nada
interviene el gobierno.
Con el tiempo la Universidad central será r.n establecimiento de primer orden. El país está interesado en conservarla y en darle nuevos recursos. La juventud que allí
se educa es intejigente y amante del traliajo. Ingenieros,
médicos, naturalistas, jurisc<insultos eminentes serán, no
inuj' tarde, el orgullo de Colombia. Ya muchos jóvenes
que han hecho sus estudios están explorando y estudiando el país en todos sentidos. La semilla de los Caldas,
Lozanos, Céspedes y Trianas no está agotada.
Sin embargo de que la instrucción primaria es de competencia de 1<JS estu-.lios, el gobierno nacional ha promovido con ios gobiernos locales arregles conducentes á
reducir á un sistema uniformo la instrucción pública en
todo el país.
Comenzó á llevarse á cabo esta reforma á fines de 1870,
y fué aceptada por todos los Estados, con excepción del
de Antioquía. Los resultados son excelentes. No se crea
que se centraliza la instrucción : no : los Estados son libres para oi-ganizarla del modo que a bien tengan, pero
la experiencia prueba (]ue los esfuerzos aislados no producen todo el bien necesario y que un sistema uniforme,
sencillo, es indispensable en esos pueblos donde la iniciativa individual es nula y donde hay en todo y para
todo una completa inercia.
Laley nacional dispone que el gobierno no intervenga
en la instrucción religiosa, dejándose libertad para
que los padres ó ministros de cada cullo la den en las
iglesias y en las habitaciones privadas. La enseñanza es,
p o r t a n t e , completamente laica. El clero ha bechogrande
oposición á esa medida, que sin embargo consulta ios intereses de todos los ciudadanos y la libertad de cultos.
Pretendía que se enseñara el catolicismo en las escuelas,
exclusivamente, con prescíndencia de las ooctiinas do
otra religión cualquiera ; pero el gobierno, como era de
su debei", no consiniió en ello, pues habría violado el artículo 15 do la Constitución nacional que garantiza la
absiduta libertad relii;iosa, y ésta no podría ex.stir con la
obligacicm de o.^udiar en las escuelas el credo de un determinado culto, ponpie, como dice el Sr. Pérez, « equivaldría á excluir de ellas á todos los que no lo aceptaran
ó no quisieran practicar el mismo culto.»
El clero ha manifestado la misma tenaeidad que manifiesta el de Francia rechazando las refoiinas universitarias y la inslruccion gratuita y obligatoria ; pero el gobieino tiene de su paite la razón, la constitución y la
jiisiieia. «Con una sola generación que se eduq'ie en los
ljrincip¡.()s.jlS_la tolei-ancia, dice tamliíc-n el Sr. Pérez, se
obtendrá como resultado, no que la religión de la mayoría de Colombia, resultado que no es el que la (Jonstituciíin
ni el gobierno anhelan, ñiao que esa religión ni otia al,guna sea impuesta, ó mantenida por la fuerza ó por el
fraude, y que ni esa religión ni otra alguna sea pro-
sentada como obstáculo á la instrucción general, base
de la República y de las luiros instituciones»
Aplaudimos tan sabias palabras.
La estadística de la instrucción primaria en Colombia,
que contiene el informe que analizamos, es muy incompleta, á canea de que no todos los listados se cuidan de
formarla. lié aquí algunos datos :
En el Estado de Antioquía, que contiene 305,9t;5 habitantes, hay 280 escuelas con 16,987 alumnos, esto es, una
por cada 130 habitantes.
En los demás hay las siguietes :
Estado.
Población. Número de escuelas
Bolívar,
Boyacá,
Cauca,
Cundinamaroaa,
Magdalena,
Panamá,
Santandei',
Tollina.
326,317
082,874
435,078
409,602
85,255
220,542
425,427
2.30,821
119
128
175
196
30
41
304
46
Totales,
2,981,880
•
1,319
Mil trescientas diez y nueve escuelas con 51,964 alumnos, en una población de tres millones, no es gran cosa;
pero el comienzo da esperanzas, y los resultados del nuevo sistema serán fructuosos si hay en Colombia imitadores de Franckliniy do Horacio Mann, y si ellos no se desvian de estos puntos que nos perniitinios recomendar á
los directores do instrucción pública en todas las Repúblicas Sur-Americanas.
instrucción gratuita y obligatoria.
II
Sistema de inspección constante sobro los establee
mientos públicos.
ni
Fundación de escuelas normales con osouolas modelos
primarias anexas.
IV
Rentas especiales, sagradas, inviolables, para el ramo
de la instrucción.
V
Envío de un suficiente número do jóvenes á Europa y
á los Estados-Unidos para estudiar en las escuelas normales los métodos de enseñanza y fundar escuelas luego
en cada Estado.
Construcción de edificios aparentes y con las necesarias condiciones higiénicas en todas las localidades, de
acuerdo con los mejores modelos de esta ?lase de edificios
que hay en Europa y en los Estados-Umidos.
Vil
Fundación do bibliotecas circulantes y do bibliotecas
circulares.
VIII
Formación de ligas de enseñanza, sociedades especiales, semejantes a l a s quo existen cu Francia, Inglaterra y
Bélgica, y que han hecho tantos bienes.
Una legislación enérgica, una inapeocion continua :
recursos suficientes y celo patriótico. Hé aquí lo que necesitan Colombia y sus hermanas de la América del Spir,
para difundir la enseñanza en las masas ignorantes y
formar generaciones inteligentes, viriles y libres.
Ciibü l i b r e y l!:Ntta«ia Btci»úlilica.
Méjico, abril, 16 do 1873.
Sr. D. Héctor F. Várela.
Mi inolvidable amigo :
Estoy asombrado, oxtraordinailamente asombrado át
la conducta vacilante y raquítica de los republicanos españoles, (pie ni siquiera han tenido un débil rasgo que
de lejos se parezca á lo que supieron concebir y ejecutar
las gigantescas figuras del 93.
Todo se lo encontraron hecho, por decirlo así, los discípulos de Figueras. D. Amadeo de Sabo3'a,que sin duda
demostró mas cobardía y negligencia que criterio en su
abdicación, por que en dia snlemno prometió no abandonar á líspafia sino muerto, convirtió en poder legal á ¡a
República, y á su disposición puso los ejércitos y las arcas de la nación. El gran partido radical, ileclaró de grado ó por fuerza que aceptaba el gorro frigio. Los goner,')les conservadores de mas prestigio ofrecieron sus espadas
a l a nueva entiílad. La nación entera, cansada, hastiada,
casi exánime por tantas y tan tremendas desgracias,
volvió sus ojos á Castelar, á Siilmoron, á Orense y á las
demás eminencias del partido ; creyó que á la voz do la
República brotaría de donde qui(!rala felicidad, como (1(^
la tierra salieron soldados para Cadmo, y sonrió con una
grata y universal esperanza ; do ser, por fin, re> petada y
amada, y de vivir la vida de los pueblos prósperos y libres.
Lo que ha sucedido, usted lo sabe. Los republicanos
están en España en el poder, y no hay República en la
tierra donde nacieron Mina y el Empecinado. Los mcsíis
lian trascurrido, y la horrible mancha de la esclavitud
continúa en Puerto Rico y en la parte de Cuba que los
esiiañol_es poseen. Y ¡ oh mengua ¡mientras que el destronado Amadeo proponía que los esclavos de Puerto Rico,
después de manumitido's, solo quedasen durante cuatro
meses en poder de sus antiguos dueños, el gobierno republicano convierte estos cuatro meses de absurda retension en TKES AÑOS de mortal angustia para los libertos
05
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GEAN COifCIEBTO DADO POE LAS MÚSICAS MILITARES DURASTE EL VIAJE DEL SHAH DE PEESIA EN SAN PETEESBUEGO.
165
EL AMERICANO
¿ Puede usted explicarse quo Castelar que pedia la abolición instantánea, sin condioiciones, de la esclavitud, haya permanecido en el gabinete que ba querido eso ? ¿ A''alía
la pena do que el ministro americano hubiese gastado diez mil pesos en trasmitir por el telégrafo el
discurso de un tribuno, que pocas
semanas después, habia do apostatar do su programa ?
Pero el cuadro es mas negro t o davía. Salmerón, que en plenas cortes habia flajelado ciceronianamente á los voluntarios de la Habana,
es decir, á los que fusilaron sin
previo juicio á ocho niños estudiantes de medicina, asciende á
ministro de Ultramar, y lo primero
que hace es poner un despacho ú
esos mismos voluntarios, saludándoles como á los bravos defensores
de la integridad nacional.
Y Orense, el sexagenario jefe do
los republicanos, ¿qué hace? Ofrecer sus servicios como mero parlinilar, y esquivar los peligros de la
situación, ó lo que es lo mismo,
negarse á sooori'er á la República
en los dias de prueba.
Oh ! querido amigo, usted tuvo
rm momento de no común perspicacia y de gran valor democrático,
cuando, á pesar de la amistad estrecha quo á Castelar le une, dijo
que el discurso tan celebrado del
entusiasta orador, estaba destinado
á no causar sensación en América,
donde la líepública se entiende de
una manera muy diversa de como
se comprende en ¡Europa.
Cuando yo veo que hay República en España, y que sin enibar
go continúa en Cuba el régimen
militar con los patíbulos cubiertos
y empapados en sangre ; cuando
veo que en Cuba española sigue la
esclavitud de blancos y negros, y
que en Cuba libre son ciudadanos
enteramente iguales y dueños do
sus destinos los negros y los blancos ; cuando comparo á Cuba española sin libertad de imprenta, sin
libertad de asociación y sin dero
chos políticos, con la parte do Cuba independiente donde en medio
:-.
de los combates, de la persec ucion
•:
' "'
y de los martirios, se practican los
dogmas mas avanzados de la democracia moderna; cuando, en fin, veo cubrirse do gloria á los campeones del
Yara, y hundirse en el ridículo á los caudillos del republicanismo español, que han querido tratar como á bandidos á sus hermanos en doctrina y en fé, do este lado
del Atlántico, bendigo á la bandera do la estrella solitaria, miro con 'estupor al cstandarteque empuñaron Pelayo y Hernán Cortés, y me lamento de quo la salvadora
rir, ultrajados y despreciados por
sus hermanos los republicanos del
Escorial. Dice así la carta, escrita
con letra clara y firme, quo reproduzco no sin emoción, por tratarse
de un autógrafo solemne y venerable de un mártir de la libertad, que
sin poder evocar el patriotismo,
que es el amor del pensamiento,
liabla de la familia, que es el amor
mas puro y mas dulce del corazón :
ce Puerto Príncipe, marzo 5 de
73, á las siete de la mañana.
« Mi Tomasita idolatrada :
« El dialT do febrero, fui lieoho
prisionero en un rancho, donde estaba curándonio una ulcera : fui
juzgado y condenado á ser pasado
por las armas.
« Hoy, á las siete de la noche, he
entrado en capilla, y mañana á las
seis habré dejado de existir.
(( Mi último momento en tuyo.
Tú sabes cuánto te amé.
(í Ricardo y Rafael (tus hijos)
murieron.
((Te cuplieo quo vivas siempre
con mis hermanas.
« Mi comadre Pepilla se h a conducido como una hermana : te
entregará el Oriente y el Camaguey
(dos periódicos), y un guedejo de
mis cabellos. Ésa os toda la herencí» que puedo legarte, y un
nombre honrado.
«Recibe un beso de tu Pancho,
que te amará hasta la tumba...»
¿ Qué novelista que so hubiera
propuesto escribir una carta semejante, la hubiera redactado con
mas calma, con mas impasibilidad ?
Los héroes mueren asi : sin quejarse, sin maldecir, con la sonrisa
en los labios, la paz en el alma, la
satisfacción en la conciencia y la
mirada en el cielo.
¡ Caiga la sangre inmaculada de
Rubalcaba sobre los que, sabiendo quo la muerte por delitos políticos es un crimen nefando, lo
han tolerado cuando pudieron haberlo impedido.
EL PnlNCIPK DE ASTUEIAS.
enseña de la República pueda cobijar todavía con su sagrada sombra á falsos profetas, á egoístas apóstoles de
sus principios.
¡Con qué placer tan intenso vimos nacer la República
española, que nos pareció nueva gruta de Calipso, donde
habia de haber una eterna primavera !
¡ Y con cuánta tristeza supimos después los primeros
pasos de la llamada democracia de España !...
Supimos que Castelar, en una circular jactanciosa y
desaliñada, ofrocia que la República ibérica no seria agresiva con las potencias do Europa, como si las grandes
potencias pudieran inquietarse de una débil nación que
tenia en su seno el cáncer de los carlistas, y que no habia logrado en cinco años vencer á los cubanos.
Supimos que el gabinete republicano del Manzanares
dirigía notas humillantes al anciano mantenedor del ^)ac¿o
de Burdeofi, y quo declaraba tener en BU poder COMO KEIIENES, para satisfacer á Francia, a la madre y á las hermanas de un jefe carlista, de cuyos actos so quejaba
M. Thiers.
Supimos quo los republicanos españoles multaban diariamente á las familias que tenían á sus hijos en las fibns
carlirtas, como si todavía fuese sostenible latrasmisibilidad de las penas.
Supimos, que con cscepcion de Suiza y Grecia, ningún
país europeo habia reconocido la legalidad de la República española.
Supimos que los carlistas, impotentes al principio, recobraban brío y obtenían repetidos triunfos, por que los
republicanos so mostraban frios, indecisos, y sobre todo
pusilánimes.
Yo no sé si todo esto que ha dicho el telégrafo será
verdad ; si fuese falso, quedarán recogidas mJs palabras,
que como pn,cedentes do un liberal sincero, no deben ser
calumniosas ; si por el conti'ario, fuese cierto, ahí están
estos incorrectos renglones para perpetua men.oria de los
hombres de todos los partidos : no los escribí para borrarlos.
Mi primo y cuñado Antonio
Zambrana, autor de la Constitución quo rije en Cuba, y presidente del Congreso cubano,
acaba de llegar á Nueva York, con una trascendental comisión del presidente Céspedes. Zambrana salió de Cuba
secretamente en un boto, burlándose de los buques de
guerra españoles que vigilan incesantemente las costas
de la isla, y dice quo la revolución está potente. Pronto
espero poder oomunicpr noticias de mucho interés.
Por telegrama do Washington, del 11, so ha sabido que
**
JUAíí CANAS (poeta salvadoreño).
Hace pocos dias que un bravo general cubano ( R u balcaba), so habia retirado, como el héroe griego, á curarse en medio do un bosque las heridos cpe habia recibido en defensa d é l a patria. Allí le sorprendiéronlos
españoles, y no es preciso decir lo demás, lo fusilaron, en
nombre de las leyes de la liepáhhca española.
Tengo en mi poder la carta original que Eubaloaba
escribió á su esposa con lápiz, en la prisión. En ella no
habló de Cuba, porque sus verdugos no lo habrían tolerado, pero copio en seguida sus palabras, para que vea
usted la serenidad, sin afectación, con que los jóvenes
soldados de la República cubana, saben sacrificarse y mo-
RAMÓN VAi.LE ( poeta mejicano.)
16tí
EL
el Kobiemo americano ha mandado armar apresuradamente oflio m o n i í c e s y doce cañoneras do BU marina de
guerra. Supongo que esos buques irán á la Habana, donde últimamente se originaron serias cuestiones por el
alto precio de varios artículos de primera necesidad, conio resultado del excesivo aumento de las contribuciones.
**
Y voy á terminar, dándolo la palabra al inteligente
amigo mió Gustavo Baz, mejicano de mucho porvenir,
que en la fiesta cívica del 11 del actual, en que se conmemoraba el asesinato de varios jóvenes liberales por
fuerzas del general reaccionario Márquez, cuyo hecho se
conoce con el nondne de laa iñptimrm de Tacubaya, porque en esta población fueron aquellos inmolados, dijo
con robusto acento, entre otras cosas, lo siguiente :
«Pero no en vano he pronunciado el nombre de Cuba.
Allí, señores, so ha repetido una de esas fiestas de chacales, semejante á la que deploramos en este sitio ; allí ocho
estudiantes de medicina, ocho niños, han sido llevados al
matadero por un crimen imaginario, y sus ayes de agonía han sido salud/idos por sus verdugos con vivas y dian a s ; allí hay hombres, los únicos que han acogido al asesino de las víctimas que duermen en este sitio, que victorean 4 España siempre que inmolan á un mártir, siempre
que violan á una mujer, siempre que incendian ó saquean
un hogar.
« Oh! Méjico, tú que has sentido esos dolores, tú que
has sufrido esos pesares, tú que has visto espirar en los
cadalsos á tus poetas, á tus médicos, á tus heridos, á tus
prisioneros, acuérdate de los pueblos que sufren lo que
tú has sufrido, que lloran como tú has llorado ; acuérdate
de esa Cuba que cifra la esperanza de su triunfo en los
sacrificios de sus hijos, en la historia de sus tormentos,
en la sangre inocente de niños y de mujeres, derramada
por sus tiraros ; envíale tu saludo fraternal, dile recordándole tu historia, que los pueblos que sufren v combaten, triunfan ; que los pueblos que, como tú, nunca transijen con el pasado, conquistan un porvenir glorioso, y
que el martirio es el sendero del progreso y de la libertad. »
P o usted como siempre, afectísimo amigo
ANDRÉS CLEMENTE VÁZQUEZ.
Síon A l f o n s o d e B o f b o n .
rniNTirH i'E .'\STriiiAs.
{Apunies
de polílica
contemporánea.')
— Le he proparado á usted una sorpresa y un obsequio,
me dijo con una sonrisa entre benévola é irónica el cortés
director de E L AMERICANO.
Y uniendo el gesto á la palabra, me tendió con la diestra
el grabado que va en cabeza de estas lineas, el cual reproduce la fisonomía del principe de Asturias.
— Que me place, rei>liqeé á mi malicioso interlocutor. Quizás usted lia creído embar zarme con su jegalo ; quizás, de
buena fé, es de los que creen que yo soy, en el genuino
sentido de la pal.abra, un alfonsista; quizás, en fin, se ha
propuesto usted darme una discreta broma. Todas estas suposiciones me vienen de molde, porque, al resjionder á ellas,
me va á ser licito poner las cosas en su lugar, precisar la actitud política de mi humilde pero batalLadora personalidad
— qué batalla es la de la prensa y yo la libro seis veces
cada día en seis peiiódicos distintos, de distinta naidonalidad
y diferente lengua—y decir una vez mas y sin ambajes lo
qué p:enso sobre la política española, haciendo al propio
tiempo cierto acto de contrición que cuadra á mi carácter.
No podía usted, pues, dirigirme mas agradable envite y
aunque por carambola, puede usted lisonjearse de haber dado
en el blanco de mis deseos, poniéndome en las manos la efigie del joven don Alfonso de Boiljon y Borbon.
He detofriar las cosas de algo atrás, para que mi explicación sea categórica y corrija por algún pequeño interés histórico lo que tieucn de insulso los pronoijjLirps personales.
Corríael'año 1866 cuando regresaba yó por décima vez de
las Antillas a l a madre patria. Durante lá travesía andaba
mi mente preocupada con una cruel decepción que acababa
de experimentar en la Habana. Habia yo ejercitado allí mi
pluma, persiguiendo un ideal imiiosible como director de un
diario político, titulado /'.'/ lini/jn, la de reconciliar al elemento criollo con el peninsular bajo la egida de la libertad.
Kl qui! era á la sazón espitan general de aquella isla, — don
Domingo Dulce — habiá 6].iprimido mi periódico, repudiando
asi su programa en nombre de la tracción peninsular, y los
descontentos irídigenas habian acogido á su vez con desden
mi propaganda f usionista. demostrando por su parte que no
había ya avenencia posible.
Reflexionando sobre estos signos que presagiaban la próxima insurieccion cubana, llegué yo á Pácliz donde leinaba
grande agitación. Aqiulla ciudad, oouio toijas las demás de
España, era presa oe una intensa fiebre poliiica. El partido
•Mrumesista, fiíirt do que aun pasaba á los ojos de la generaJidad de las gentes por representar las sanas tendencias liberales del puelilo español, sin mezcla de mezquin.a codicia
ó ambición de parte de los que lo dirigían, amenazaba al poder existente con el retraimiento de las luchas parlamentarias, lo cual equivalía á dcclarav la guerra á las institucio• nes vigentes.
El general .Pi'ím y don Salustiano Olózaga eran ¡os Icaders
de esa gravísima evolución politica, que arrastraba tías .si á
dos grupos, por entonces aun no vany numerosos ni organizados, el llamado (U-mócrdla —después bautizado con el nombre de riidifjil-iHOndirjuico—y el republicano—mas tarde denominado fa/ariil.
Meditando sobre el alcance de los agravios de que so quejaban los progresistas y sobre la justicia de sus reivindicaciones y actitud agresiva, me trasladé á Madrid, donde, pocos dias después, ocupé el puesto de prinu-r reda't(U-de la
Refnrnii. lira la lt'-/orwri un liiarui de quien podia decír.se
aquello de sanvilei- i'i. modo f^rtitei- út re. hu redacción tenía
la liiiertad por objetivo; pero la defendía con mesura de lenguaje. Componían su personal elementos ;muy heteroíréneos:
al lado de su director, el Sr. Ruiz, progresista platónico, se
AMERIGAINO
hallaba el Sr. Canalejas, hombre de talento, pero conservadiu' un tanto ideólogo, y junto á raí, que era por acjuol
eniOnces progresista ardiente, so sentaba el Sr. MiTayta,
republicano vergonzante en tal época, y hoy secretario general del departamento que rige mi querido y respetable amigo
el eminente pensador don Emilio Oastelar.
De lo alto de las columnas de .aquel diario, único quizás
que |iodia en la piensa española aplicarse con siiieeriilad el
epíteto de mdependiente, seguia yo las peripecias de tan
agitado y deeisivo periodo político, y, ofuscarlo por las apariencias, llegué á creer á puño cerrado la verdad de aquella
invectiva con que pretendía el S°. 01óz»ga explicar los males diversos que afligian á España : oh^lú^-ul-.s liyidid'iim.es
Me persuadí, en efecto, que corno lo afirmaba este reputado
hombre de Estado que el origen de todas las desgracias de la
patiia V del defectuoso funcionamiento de la máquina monárquica-eonstiiucional procedía de los vicios políticos de la
dinastía reinante.
Al propio tiempo que redactaba la Itefornin mi pluma, entonces entusiasta. coUiboraba también en la Unriii, que era
en aque.l tiempo el órg:ino ofic'al de la revolución en ciernes
bajo la dirección de Sagasta, hombre que era aun estimado
y de quien mas tarde ha hecho justicia la opinión.
Este diario era muy perseguido y una sériC de artículos,
por mí firmados, en que comentando el pensamiento de Cavour examinaba el tema de la .separación de la Iglesia y el
Estado, fueron denunciados y condenado su autor á siete
años de pres dio por haberlos escrito.
Tan atroz y desproporcionada pena, dictada, sea dicho de
p.aso, cu.ando el general O'Donuell y la fracción unionista
que después cooperó á la caída de los Borbones estaban aun
en el peder, me obligó á expatr¡,arrae, coincidiendo mi fuga
con el abortado primer levantamiento de Prim. En el destierro una estrecha y poco común amistad, en la cual simpatías mutuas de carácter y sentimientos tenían tanta ó mayor
parto como las opiniones políticas, me unieron con el malogrado conde de Reus, único hombre, n i temo decirlo, que con
absoluta buena fé y sin personal ambición hizo la levolucion y único que tuvo talla y condiciones para encauzarla,
como lo han probado desgraciadamente los sucesos posteriores al crimen que segó su vida.
Su confianza en miera consirleralile y yo procuré corresponder á ella mientras existió, siendo su desinteresado, respetuoso, adicto y fiel amigo. Cuántas veces de palabra y au.i
por escrito, según consta en cartas que c'Uservo, me habló
.aquel hombre extraordinario de la pequenez de las gentes
que le rodeaban y afligian con sus intrgas. deslealtades y
ambiciones, cuyas fatales consecuencias para la cosa pública
p r veía I Cuan á menudo se expresó en términos respetuosos
y á veces simpáticos, sobre el purven ir de los Borbones — cuyo destronamiento deseó evitar hasta 1SG7 — y en cuántas
ocasiones impidió ataques de mala ley y de mal gusto que
contra la reina Isabel deseaban dirigir algunos de los que
le rodeaban !
Yo fui comisionado, allá á finos de 1867, cuando ya la
caida de Isabel II se consideró como indispensable para proponer, por intervención de D. I-idro de las Cagigas y de
M. Antoiue de Latour, al duque de Montpensier una alianza
que este desdeñó y que le hubiese asegurado la corona cuya
malograda conquista tantas amarguras le ha causado si hubiese sido .aceptada ; yo, por fin, asistí tras de bastidores á
los múltiples episodios que acompañaron la incubación de
la gran tragedia cuyo primer acto se representó en el mes
de setiembre de 1868 en la bahía de Cádiz y de cuyo epílogo es nniy posible sea protagonista el joven cuyas facciones van reproducidas en cidieza de estas líneas.
Llegó por fin el momento en que se consumó la ruina de
la casa de Borbon. Cuantos con sinctra convicción de que
ella constituia el cáncer que emponzoñaba la vida pública
de España habíamos tomado parte en la triunfante revolución, lanzamos un grito de júbilo. Los que habian cooperado al movimiento para medrar se precipitaron, cual jauría
hambrienta, en el séquito de los triunfadores, sobre el desangrado cuerpo del Estado. Unos debutaron por ser gobernadores, otros se sentaron en el sillón ministerial, varios se
distribuyeron las embajadas y legaúones. todos fueron diputados gracias á la servil dooüidad del cuerpo electoral que
en España grita siempre: VÍDH quien mnn'rt!
Yo periodista era y periodista me quedé. Ni aun soñé en
ir á Madrid para asistir á las fiestas de toma'de po?¡osion, y
solo me trasladé allí por quince dias cuando empezaron las
dificultades. Entonces me tocó, gracias á mi intimidad con el
general Prim de la que nadie que conozca mi desprecio por
la lisonja y mi modes ia supondrá hablo por darme una pueril importancia, me tocó, digo, el redactar un documento
que tuvo gran y deplorable influencia sobre los destinos de
España.
El conde de Reus me rogó escribiese, en forma de cartas
dirigidas á Emíle de Girardin y á los directores del Giiuínú,
un manifiesto en que afirmase sus sentimientos monárquicos.
— La opinitm de la Eur.ipa, me dijo el general Prim. me
preocupa sobremane:a. Deseo se sepa en el extranjero que
soy conservador y monárquico, y ueseo precaver con estas
declaraciones el mal efecto que pueden hacer las declam.acioncs dolos partidarios del ré.imen caído presentándome
como un demoledor demagógico. Yo necesil.aria alguien que
fuese mi abogado en la prensa exterior, y que identificado
conmigo y siempre sobre la brecha, defendiese la causa de
esta justa revolución que hemos consumado.
Esta .súplica indirecta no me halló sordo, y sin preguntar
mas, sin parar mientes siquiera en que permane''.er en Madrid ora piirtiripjr al reparto del botín, y regresar á París
hacerse ante los emigrados 5' el público extranjero el Imai:
enn-iiiiiire de una revolución que yo no me imaginaba degera.se desde el día siguiente en carnaval político y en saqueo
del presupuesto, volví inmediatamente á esta capitah y pluma en ristre y sin celada empecé á esgrimirme cou qnijotesco anlor contra cuantos osaban poner en duda la justicia de la revolución española, su eficacia para regenerar
al pais y la pureza y talento de sus corifeos.
*
Desde el día en que de regreso á Paris asumí la ingrata
tarea de representar la revolución española frente á la opinión europea, mi vida fué una continua decepción y un perpetuo sonrojo. Aquella revolución, hecha al grito de «.Es¡)nñfi
con hoiirn,T> pescaba en el cieno gran número de sus funcionarios; mu'lios de sus diputados constituyentes venían de
la taberna ó el arroyo; abogaduelos de provincia, que habian
aprendido la polílica sobre las mugrientas mesas de algún
lóbrego cafetucho, eran improvisados consejeros de listado
ó ministros de lo mismo; contrabandistas ó jefes de patulea
se elevaban de golpe y porrazo al rango de coroneles ó ge-
nerales ; hombres de oreja oradada. antiguos visitadores del
resguardo, se convertían en ministros plenipotenciarios; los
títulos de uobleza se prodigaban á pcríumisias, abaniqueros
y vendedores de géneros ultramarinos, y mayorales (le diligencia ó conductores de correos recibían credenciales de
cónsules generales.
Era un cai-naval asombroso y nauseabundo, un entierro de
la sardina, una ilise-odr ile la
'C'nirli'le.
Administrado por estos personajes el Estado iba á la ruina. Los ingresos disminuían, los gastos aumentaban. El déficit engrosaba, la deuda pública se cuadruplicaba en tres
años; todos los caballeros de industria del mundo financiero extranjero contrataban con el erario peninsul.ar ó tenían poderes del goliierno español para rerdizar empréstitos
y anticipos ; se veían fortunas improvisadas y escandalosas
hechas k expensas del carcomido tesoro de Madrid, y cada
día se tenia noticia en los mer'-ados de Paris y de Londres
de algún nuevo e.scándalo financiero, de un agio, de un peculado), de un protesto de letras, á los que servia de razón
social la firma del ministro de Hacienda csp,añol.
Entre tanto las insurrecciones se sucedían las unas á las
otras. 1)1 catlisiuo, muerto y enterrado hacia veinte años, renacía prepotente ; los federales se sublevaban y batían con
desesperación en Cádiz, en Málaga, en .lerez. La ílspaña era
presa de continuas y pujantes convulsiones.
En Cuba y Puerto'-Ricoestallaban levantamientos separatistas, toque de agonía de la secular dominación española,
fatídicos anuncios de las postrimerías de nuestra gloria y
poderío trasatlánticos.
En Filipinas se lanzaba por primera vez el .grito de indopendencia y de muei-te á los españoles.
La industria se paralizaba, el comercio dceaia, nuestro
crédito andaba por los suelos á impulsos de desaciertos y catástrofes, cuva única sarcástica compensación érala laboriosa
confección de una Constitución, imposible por lo cxcesiv.a,
inaplicable por lo exager.ado de sus preceptos, apenas susceptibles de practicarse sin riesgo en una sociedad llegada
al apogeo de su educación politica y de la civilización social.
Dna vez jurada esta Constitución, el monstruo de la anarquía se cernía solire el caos español.
Proclamado el principio monárquico en esto E,st.atuto fundamental, la nación, un dia tan altiva, veía su decoro arrastrado en cortes europeas por sus representantes oficiales,
quienes, sombrero en mano, iban pidiendo un rey como se
pide una limosna, y poniendo la corona de San Fernando y
Carlos V á los pies de los mas oscuros é insignificantes princípillos. Esta humillante mendicidad, exenta de dignidad y
previsión, encendía un dia por carambola la mas formid.able guerra de nuestra época y atraía sobre la nación primada de nuestra raza una catástrofe sin precedente.
Tras este atroz episodio, nacido de aquella nefasta revolución, la España rujenrm m empnñalia de nuevo el báculo del
pordiosero ó iba á buscar un rey en pais extraño, rey cuya
venida á Esp.aña coincidia con el impune asesinato del desventurado general Prim y cuya rápida abdicación dejaba á
la Península sumida en la anarquía, en la ruina, en el excepticismo interior y en el descrédito exterior, después de haber pasado por un periodo en queel gobierno revolucionario
habia conculcado todos los derechos, cometido todos los abusos y renegado todos los principios.
Entonces, el humilde é iluso representante de la revolución
española ante la prensa francesa, debió, con el corazón preñado de amargura, cantar el ineu culpa en los propios diarios
en que habia ensalzado tan falaz transformación y reconocer que los nlmlnculos tnid-ci'na/ex que impedían la ventura de España, acarreaban su decadencia y hacían imposible la práftica sincera del régimen monárquico-constitucional, no procedi.an de bis vicios de la dinasda borliónica, sino
de las malas costumbres del mundo político españoh y de la
indignidad de los hombres públicos que en casi todas las situaciones se apoderaban del poder.
-x-
* *
,
•
'
Veamos, me dije llegado á este desencantamiento, veamos
si un cambio radical de sistema es capaz de conjurar el hechizo y ensayemos lealmente la Eepúbbca, de quien dicen
sus apóstoles es una panacea.
Y en esta leal espectativa van trascurridos cuatro meses.
Aun no es hora de juzgar definitivamente el resultado de
este supremo ensayo, ni es este diario, cuque la forma republicana tiene erigido altar perpetuo, sitio propieio para residenciar el régimen vigente en la Península desde enero último con independencia de faltar á las mas vulgares conveniencias. Empero es lícito suponer que, como todos los
ensayos humanos, no dé el resultado que sus parciales apetecen y que no logre tampoco asegur.ar la ventura del
pais
.
, ,
1
-n.
Si tal aconteciese, ¿qué recurso quedaría á la pobre España, extenuada, sin prestigio en el exteriqr y sm sosiego en
el interior?
.
.
Uno solo : volver á constituirse bajo la formamonárquicocon,stitucional, que es á los ojos de muchas personas v en especial de la totalidad de las clases conservadm-as, la que represen a el máximum de libertad posible, dado el estado de
ilustración y las costumbres de la Península, y la verdadeía
fórmula bojo que cabe cornbinar las gloriosas tradicciones del
pasado nacional con'jí^s iaplpn^les aspiraciones de progreso
del presente.
Si tal evfntualidad se presentase, si, en efecto, lo que yo
estoy lejos de desear, la República no lograse aclimatarse en
España —lo cual es de temer si se tratan de exagerar sus
conseeiiencias llevando al extremo la idea federal y socialista—un solo candidato posible i.ayenel pais vecino para
el trono.
•
, .
•, «
Este candidato es D. Alfonso de Borbon, príncipe de Asturias.
.
, , J!
Kl solo representa la tradición histórica nacional y la tusiou de la legitimidad incmártpiica con el principio de la soberanía popular que consagró y r.atiiicó el derecho al.trono
de Isabel I I .
.
,.,
Este príncipe realiza, pues, el ideal monártiuico-constituciona'.
,
De sus prendas y cualidades personales, de su precoz aespejo. seriedad de carácter, moderación y modestta, instrucción y sanas inclinaciones, se hacen lenguas los que le rodean.
, . ,
„ . , .
Yo quiero dar ds barato y acojor, bajo beneficio de inventario este panegírico; pero, lo qué si puedo afirmar de vuu
habiendo tenido ocasión de acercarme uwi vez al joven principe, es que su fisonomía es sumamente simpática, su actitiu
digna y afable, su palabra fácil y su raciocinio sup jrior al
que generalmentre se encuentra en jóvenes de su edad.
El principe D. Alfonso se ha educado en la escuela de la
desgracia, sm lisonjas que tuerzan su espíritu y en contacto
con otros adolescentes, sometido á la severa disciplina de un
colegio que tiene fama por su perfecta organización y la pro-
EL
fuiídiflad desfjs estudios. Esta e? una garantía qucpermite sin
ser ni cortesano ni soñador, y sin tener en los futuros destinos
del ji'iveii principo sino un interés platónico, fundar halafrüeiias esperanzas sobre su per.sona, y considerarlo como un recurso precioso para las continD;enciasdel porvenir patrio.
Así se explican mis sentimientos hacía el príncipe cuyo
retrato corona estas líneas, sentimientos condicionales, de
plácida simpatía, que son los de todos los españoles no afiliados en determinada fracción política.
En suma, si la República no se consolida, D. Alfonso será
el rey obligado de España, y es grato con.sidcT'ar que esta
perspectiva no tiene nada de alarmante, y si mucho de lisonjera dadas las prendas que hay motivo para suponer adornarán al cyeptnal Bionai'ca.
Así juzgo yo al menos ; en esas platónicas regiones reside
mi alfónsisrn"o, y quedo muy agradecido al discreto director
de E L AMEEICANO, ])or n'aberme ofrecido oportunidad de
decir claramente j-sin reticencias mi opiuion sobre el particular y las razones en que la fundo.
Ella puede resumirse en pocas líneas : Hay que mirar con
simpatía y deferencia al principe D. Alfonso de Borbon poique, si la experienciapolítica que hoy se está llevando á cabo
en España no cuajase, él solo ofrece una solución práctica,
posible, aceptable y nacional.
En ese caso, Alfonso X I I puede ser y será para los esp.iñoles/a mejor de Im- repúblicas.
ÁNGEL DE JIIRAXÍIA.
Noíf/. — En virtud de la declaración que hicimos en el
número prospecto de este periódico, dejaremos siempre la
mas completa libertad á nuestros colaboradores , especialmente cuando se trate de asuntos europeos. Sin aceptar todas
las ideas emitidas en el anterior artículo ni hacernos solidarios de ellas, lo damos cabida, cediendo á un deber muj' natural de galantería y compañerismo.
EL D 0 § DE MAYO.
El importante diarip italiano La Gaz^etta Livornese,
publicó editorialniente el dia dos de Mayo un extenso
y elocuente artículo sobre el combate del Callao, que ha
sido reproducido, en todo ó en parte, por los diarios mas
acreditados de las principales ciudades de Italia. Con
placer lo traducimos á continuación, por ser altamente
honroso para el Perú, y ppr lo mismo para toda la América, á la vez que para la causa de la democracia, de la
libertad 3' de la justicia.
Hé aquí el artículo:
E l d o s «8c iSSayo C M e l P e r í i .
El dia dos de Mayo es dia do gran fiesta en el Perú,
es dia de júbilo de un pueblo que con su heroismo lia
sabido defender la piOpia libertad: nosotros, que nos
enorgullecemos de las gloriosas é inmortales jornadas de
Milán, de la heroica defensa de Brescia, de Bolonia y de
Venecia, enviamos un saludo á aquella heroica Itepública
que hoy festeja el aniversario déla victoria del Callao.
Una flotilla española se habia apoderado traidoramente
(con tradimeutii) en 18G-1 de Ins Islas de Cliincha, y
cuando el comandante de aquella se vio ouligado á dejar
caer la máscara, por haber llegado á Lima la noticia de
esa invasión, dijo orgullosauíeute a l a República peruana,
que se habia independizado hacia inas de cuarenta años
de la España: ce Entre el Perú y la España no ha habido
mas que iina tregua de cuarenta años; hoy vuelven á comenzar las hostilidades.»
Inútiles fueron las gestiones diplomáticas; ningún resultadí. produjo el mismo Congreso Americano, del que
fué secretario el esclarecido literato Numa P. Liona ; las
humillantes condiciones que la España queria imponer al
Perú, no fueron aceptadas por ese pueblo generoso; la
España rechazó todo equitativo y conciliante arreglo; y
después de haber perpetrado el bombardeo de Valparaíso
que Ganiier Pagés caliticó de «delito internacional»,
se disponía á renovar sus heroicas proezas al frente del
puerto del Callao.
Era bastante poderosa la flota española, compuesta de
siete grandes fragatas, entre las cuales se contaba la Numancia, acorazada y fuerte de 40 cañones de á 68 y del
porte de 7,000 toneladas. A tales fuerzas el Perú no podía oponer sino pocos cañones ; pero supo sacar gran partido del denuedo, del empuje del pueblo y de aquella
virtuosa abnegacicm que es patrimonio de las naciones
que defienden su libertad y que por ella á todo se atreven
y todo lo sacrifican.
Al Presidente Pezet habia sucedido por popular movimiento el coronel Prado ; á éste fué concedida la dictadura, á condición de resistir y defender, hasta la última
gota de sangre, el honor nacional. Y Prado no dejó defraudadas las esperanzas en él cifradas; ayudado por
Gal vez y por Pardo, — el actual presidente de la República,— organizó en breve la defensa de la Patria.
Era el dia 2 de Mayo do 18G6, dia que á los españoles
recordaba su heroica lucha contra el primer Napoleón;
la flota española estaba anclada en frente del Callao, y
había ya anunciado que en ese dia daria principio ál
bombardeo.
En pocas palabras, con pocas anécdotas, daremos una
idea del entusiasmo tiuc inflamó á los peruanos por la
defensa de su Patria.
Algunos militares presos por causas políticas, pidieron
como gracia al Gobierno el que se les permitiera tomar
parte en la batalla, prometiendo, bajo su palabra de ho
iior, que, después de haber cumplido su deber para con la
Patria volveiian á Ru prisión. Y asi sucedió.
El coronel Gálvez, á su esposa, á quien un fatal presentimiento anunciaba la muerte del esposo, respondía
como los (intiguQs héroes de Plrtarco: ce ¿ Y qué temes ?
Si muero, moriré por la Patria.»
Médicos, practicantes, sacerdotes, todos acudieron de
L i m a á prestar su concurso; doscientos jóvenes de las
AMERICi^NO
familias mas distinguidas de la capital se destinaron al
transporte de los heridos. Otros foiinaron numerosas compañías de bomberos para extinguir los incendios que po\ dian ocasionar las l)oml>as. Y entre éstos, dice El Conier' CIO de Lima del 12 de Mayo de 1800 : « los italianos f ue! ron los primeros en dar el ejemplo formanndo una numerosa compañía, y reuniílos bajo la blanca cruz de
Saboya, se distinguieron entre las demás compañías de
nomliFros, tanto que fué necesario contenerlos en la marcha impetuosa que habían ya emprendido hacia las baterías en 11 momento del bombardeo.»
i
ÍMumerosos voluntarios habían acudido á unirse a l a s
. tropas y 1Í>S ayudaron á terminar los trabajos de defensa,
j que consistian en nuevo baterías hechas, parte con sacos
i de tierra, parte con ladrillos, y armadas de 51 cañones;
los españoles tenían cerca de trescientos.
El camino de Lima al Callao erauna continua procesión
de mujeres y de ancianos, ansiosos de saber el éxito de la
suprema batalla.
Una carta (le M. H. Ngism,^ ministro de los Estados
Unidos en Chile, liace una breve y exacta descripcicui del
combate ; tomaremos de ella solamente algunas interesantes observaciones:
C( l^a batalla fué ganada por los peruanos ; los españoi les han siilo batidos completamente. El combate de ayer
marca una é[ioca en la historia del. m u n d o ; sus conse- I
cuencias morales y políticas serán incalculables.
« Y o he presenciado todo el combate, y he seguido con
ansiedad profunda el efecto de cada uno de los tiros.
«Mi punto de observación fué el puente clel buque de
guerra de los Estados Unidos Powhatlan, y no podia desear mejor sitio de observación.
« Ayer, á mediodía en punto, la flota española se puso
en movimiento y se avanzó en forma de una V con la
base dirigida bacía la población.»
Y después de haber ilescrito todas las diversas fases
del combate, prosigne diciendo:
« Los peruanos se han cubierto de gloria, y su heroica
resistencia destruye de un solo golpe los falsos juicios
con respecto á su patriotismo y valor, y los coloca en su
verdadera posición en el mundo.
«Nada parece indicar que la escuadra española quiera
renovar el combate ; los buques extranjeros miran la victoria como decisiva y se preparan á volver á sus fondeaderos cerca del muelle. Pero las baterías peruanas están
prontas á volver á comenzar la lucha, y los soldados y el
pueblo están llenos de entii.siasmo patriótico y comprenden la grandeza de su triunfo.
« Así terminó uno de Ion comhales mas interesantes de Ja
historia, y sus consecuencias se harán sentir en el mundo
entero ; la agresión europea lia sido rechazada, y las Repúblicas americanas han sido vengadas con la boca de
los cañones.»
No se engañó Nelson en sus previsiones ; porque la
flota española que se habia rsíirado cerca de la isla de
San Lorenzo para reparar sus muchas averías, partió para
no volver.
i Hé aquí cuánto puede el valor de un pueblo resuelto
á morir antes que soportar el yugo extranjero: baterías
improvisadas, armadas de pocos cañones, servidas por
tiradores muchos de ellos inexpertos, rechazaron un ataque vigoroso y tenaz de la mas poderosa escuadra que
había surcado jamás el Pacífico!
Mas esta viotnria costó al Perú la vida de un ilustre
hijo suyo, del Coronel Gálvez, Secretario de Guerra y
de Marina. Este noble é inteligente soldado habia figurado en primera línea en todos los últimos acontecimientos del Perú; uno de los mas influ3'entes partidarios
de la guerra, habia trabajado incesantemente por el'a.
Hombre infatigable, para quien no existían obstáculos, allanó cuantos se interponian en su camino. El fué
una délas primeras víctimas d é l a batalla; mientras combatía sobre la torre de la Merced, una bomba prendió
fuego á una cantidad de pólvora que allí se encontraba,
y murió en la explosión con otros muchos valientes soldados. La República honró su memoria decretándole una
estatua.
Se comprende fácilmente el legítimo orgullo que ese
brillante hecho de armas, digna corona de una heroica
resistencia, inspiró á los peruanos. Quisieron ellos consagrar su me.1101 ia ; y con tal fin mandaron á Europa al
distinguido poeta Numa P. Liona, de quien nuestro diario
ya se ha ocupado, encargándole (jue abriera un concurso
artístico. Del monumento mismo hemos hablado en otras
ocasiones: recordaremos solamente ahora que al frente
de él, al pié de la estatua del Perú, yace herido el denodado Gálvez en actitud de hacer á su patria el sacrificio
de su vida.
Estas pocas y sucintas noticias darán una idea del entusiasmo con que los peruanos recordarán y celebrarán
hoy la batalla que les conservó esa libertad que con
tanta sangre se habían conquistado; ¡y que nuestras |ialabras sean, para aquel pueblo valeroso, el saludo de iin
pueblo libre que toma parte en sus regocijos !
{La Gaceta da Livorno.)
I,a Gazetta d'Italia, de Elorencia, publicó también el
artículo editorial siguiente :
« El 2 de mayo es dia de glorioso recuerdo para el
Perú. Siete años atrás, la flota española atacaba vigoro- '
sámente el Callao y era valientemente rechazada. Entro
la España y la República peruana habían surg:ido graves desavenencias á propósitoj^de las islas de Chincha, y
cuando el almirante español, que se habia apoderado de
ellas de un modo poco leal, anunciaba la guerra al gobierno de Lima, lo hacia con estas arrogantes palabras :
« Entreoí Perú y la España solo ha habido una tregua de
40 años ; hoy vuelven á comenzar las hostilidades. »
Las gestiones diplomáticas no tuvieron ningún buen
resultado ; nada consiguió tampoco el Congreso ameri-
167
cano; imposible fué llegar á un justo y conveniente
acuerdo.
El coronel Prado habia sucedido al presidente Pezet ;
á aquel fué concedido el poder con pacto de resistir hasta
e! último extremo. Los peruanos entusiasmados y resueltos prepararon todo para la defensa, y desplegaron el
mas ardiente patriotismo. Para dar de éste una idea, citaremos las palabras que el coronel José Gálvez rcspoud i a á su esposa á quien un fatal presentimiento anunciaba
la muerte de su esposo : « ¿ Y qué temes? Si muero, moriré por la patria.»
Era el 2 de mayo, cuando la flota española, compuesta
de una fragata acorazada y ele seis fragatas mas, atacaba
las baterías peruanas que defendían el Callao. El comodoro americano Rodgers y el ministro délos lOstados Unidos M. H. Nelson hicieron una sucinta, pero exacta descripción del combate.
« L a batalla—dice este último — se ha empeñado y ba
sido ganada; los españoles han sido hatillos completamente. El combate do ayer marca una época en ba historia del mundo. Sus consecuencias morales y políticas serán incalculables.
« l i e presenciado todo el combate, y he seguido con
profunda ansiedad el efecto de cada uno de los tiros.
« Mi punto do observación ha siilo el puente del buquu
de guerra de los Estados Unidos Povdiaft in, y no habia
podido desear un sitio mejor de observación.
« Ayer á mediodía en punto la flota española se puso
en movimiento y se avanzó en forma de una Y con la
baso dirigida liácia el Callao. »
y después de haber descrito todas las diversas fases
del combate, continúa :
« Los peruanos se han cubierto do .gloria, y su heroica
resistencia destruye de un solo golpe todos los falsos juicios sobre su patriotismo y su valor.
« Nada parece indicar que la escuadra española quiera
renovar el combate ; loa buques extranjeros miran la victoria como decisiva, y se preparan á volver á sus fondeaderos, cerca del muelle. Pero las baterías peruanas están
prontas á comenzar de nuevo la lucha; los soldados y el
pueblo están llenos de entusiasmo patriótico y comprenden la grandeza de su triunfo.»
«Así concluyó uno de ¡os combates mas interesantes déla
historia, y sus consecuencias se harán sentir en el mundo
entero ; la agresión europea ha sido rechazada, y las Repúblicas americanas han sido vengadas con la boca de los
cañones.»
i Y de este modo, un pueblo demostró al mundo que el
patriotismo sabe triunfar siempre de la arrogancia y de
fuerza extranjeras.
Quiso el Perú recordar a l a s generaciones venideras la
memoria de tal liocho por medio de un monumento. Y
con ese objeto envió á Europa al notable poeta Numa P.
Liona, encargándolo de abrir un concurso artístico. En
el frente del monumento, tendido al pié del Perú, yace
herido el valeroso Gálvez, en actitud de hacer á su patria
el sacrificio de su vida.
Razón tienen los peruanos de recordar con orgullo el
2 de mayo; porque es n n día de gloria nacional. Todas
aquellas memorias que recuerdan á un pueblo las luchas
victoriosas contra la invasión extranjera, conviene ijue
sean trasmitidas á las futuras generaciones, para que en
éstas no degenere, antes bien reviva, la virilidad de sus
antepasados!
{Gazzetta d'Italia.')
Este artículo fué reproducido por 11 Diritto, de Roma,
Xrt Reforma, y otros diversos diarios italianos.
PARÍS A VUELO DE PAJARO
La decadencia del teatro es notabilísima de algunos
años á esta parto y principalmente durante la época del
verano. Pocas piezas nuevas se han visto desde el sitio
de París, y en provincia, lo mismo cpie aquí, nos venios
reducidos á desenterrar antiguas piezas ohidadas ó pasadas de moda.
ITiía de las que siempre gustó al público del Barrio latino es La vida de Bohemia, Aa I^lürger, pieza que se está
representando en el segundo teatro francés, el Odeon.
Y áeste propósito hablase mucho del personaje Colline
y del ente real que sirvió de tipo al autor. Cítase al
efecto una carta ya añeja del Dr. Pablo Uiipuy, de Burdeos, en la cual este buen Esculapio reivindicaba en favor de su pariente Carlos de Lourdes la identidad de
CüUine.
Vamos á dar sobre esto noticias exactas é inconcusas.
El CoUlne primitivo no fué un personaje que salió de
una pieza del cerebro de Mürger, como Minerva del cráneo de Júpiter, sioo que el dramaturgo dio á su personaje
mil rasgos característicos copiados acá y allá de varios
originales. El que mas sirvió de modelo á Mürger fué un
pasante de escuela llamado Portal, que murió en el olvido y la miseria.
Mas dos años después de publicada La vida de Bohemia, se consagró en aras del arte parisiense nn nuevo
Ci.ll'ine que ha sobrevivido en la memoria de todos, después de haber destronado en la leyenda á su antecesor.
CoUine l l e r a realmente Cáriosde Lourdes de Laplace,
<u-iundo de una excelente familia del Mediodía de Francia. Nació en Nerac y era hijo de un pastor protestante.
,. .
CoUine II estudi.aba medicina después de la revolución
de felirero, duspuiitando ya por su originalidad. Complacíase en filosofar, en huronear los puestos de libros,
paseándose indolentemente á todas horas, forjando mil
castillos en el aire y devorando el trabajo con isu pensamiento ; ¡lero sin realizar jamás sus magníficos proyectos
y dormitando entre sueños especulativos.
CoUine, á fuerza de disertar se creó una segunda natu-
•-«ÍP**»*""
I—(
O
O
C5
CASA DE JUESO EN* CHKA.
EL AMERICANO
170
raleza: pasábanse los años, pero no los exámenes. Y caní?ados sus padres )e cortaron los víveres para obligarle á
volver al hogar de la familia.
Entonces empieza esa incalcu]íib]j3 gene ele |;VÍ13H1Í}CÍOnes, vicisitudes y fantásticos sufrifflientpa que debían
terminar por la iniseria, la ipucrto.
Collino habitó la fonda del Perigord, la de San Benito
y la de Corneille, en donde le asaltaron sus mas acerbos
dolores. Vivia encaramado en un sesto piso, casi á tejavana, incrustado en un nicho en donde apenas cabia una
cama do niño. Y para poder respirar tenia que dejar entreabierto el ventanillo del tejado, aun durante la estación
mas cruda.
Nada exageramos en esta descripción: allí le vimos y
conocimos. Allí le tratamos alegre siempre ep su crtjel
infortunio : levantábase como podía al rayar el alba y salía á la conquista del pan cotidiano; sin saber la mayor
parte de los días si habia de almorzar, iii si lograría com e r ; lo cual dependía de algún encuentro fortuito y
feliz.
A veces le prodigaba la suerte una sonrisa: por ejepiplo, cuando la Bistori vino á París por primera vez, \]^redó CoUine algunos cuartos: cuatro ó cinco mil fraijcpg.
Todas las noches se regalaba una butaca en los Italianos
y arrojaba á los pies de la trágica un ramillete de cuarenta francos. Jamás supo la célebre artista qué Collíne,
pobre diablo, era quien le prodigaba sus mas lozanas
camelias y exaltaba mas sus triiinfos. ,
*
* »
No era Collíne menos singular e]:! Ifj fjsico que en lo
moral. Parecía un árabe encogido: pJQs negros hundidos
en las órbitas, frente atezada, nariz aplastada, rostro
apergaminado, ya lampiño, ya cubierto de matas de barbas y bigote estrecho , completando epte conjunto un
cuerpo flaco y huesosp comp'el úp. P - Qirjjpte, menos ]a
estatura.
Y en realidad cuántas similitudes de carácter erifre él
y el héroe de la Mancha.
Idéntico entusiasmo indisciplinado, iguales aspiraciones ideales, la misma locura.
Collíne, poco práctico en materia de religión, Í-'C i^iaitia
dominado de un fervor sin Huiitcs; era un hiigdiu.tit fanático; pero de fanatisnio bueno, inofensivo. Sufría en extremo cuando se le acosaba, profundií:andolas oneslioni'S
de fé. Yo le vi, un dia qiie le atormentaban adrede neo-ándele la divinidad de .Jesuc-ísto, yo le vi, repito, derramar lágrimas en medio de la mayor <leaesperac¡ou.
Su pasión dominante, después de la religión, era la
medicina.
Aunque había rennnpiado á tomarlas ínatrípulasnecesarias, no por eso dejaba de practicar. Ppnde quiera que
iba sueeitaba la oonversacipu sobre s(4 tenia favpríto, y
á jioco que se le escuqfiase se off^epia ^ pfifftVps itipiediaraente.
El teatro de sus ope{:acípnes era ya el café de Madrjd,
ya el de Larochefoucauld.
.Tamas olviJaié la sentida pxclariij^pjpfl me arrojó al
ver enferma á la criada de un amigo TUiesti'ó:
•^ — P o r Dios!
dámela!
Cuando habia enganchado algún recluta, lo acostaba
en una mesa y, al osci^ltarle, poníase á desciibir todo.s
sus órganos internos que iba trazando con Un lápiz en
los vestidos. Aqiiel era un preámbulo invariable.
Omitiremos |o depiás.
Por otra parte Oplline poseía medios, de persuaoion
asombrosos. La dulzura, constante y esclusivamente la
dulzura.
Y no se cansaba de repetirlo:
Yo poseo el secreto de disolver á un hombre en un vaso
de agua con azúcar.
mal. El baile prospera
y todas las noches se arma una
camorra
lo cual me recuerda mi juventud!
Sic transcunt imperaiorcs.
*"*
El segundo excéntrico que desde el miércoles yace en
la huesa es, por decirlo así, una celebridad anónim.a. París entero le conocía sin conocerle.
Era un vejete de. barba gris, ancho sombrero, con su
paraguas siempre bajo el brazo. Cuántas veces le habrán
visto ustedes en el jardín de las Tuberías rodeado de sus
caros amiguitoa.
Llamábasele el encnniador elepajarillos.
De ningún modo aludimos álns numerosos imitadores
do tan extraño original, sino del fundador mismo de esta
especialidad. Al poner el pié en Tullerías se suscitaba
uri tumulto entre la gente iie alas, y hasta las palomas le
acpuipañaban hasta el puente Real revoloteando sobre
su cabeza. Y es que durante treinta años, no faltó un
día al jardín de Tullerías desde las dos hasta las cuatro
de la tarde.
Llamábase Ducrot: era primo del general, corrector del
pliarivarí; un verdadero filósofo, apasionado por la soledad, letrado, fantástico.
Con sus 75 años á cuestas, íbase pedestremente á comer todos los días á una taberna de la puerta Maillot, y
volvía á pasar }s, velada en el café de Dinamarca, calle
Saint-Houoré, en donde devoraba todos los periódicos
franceses y extrapjeros, discutiendo y fumando la pipa
que no dejaba desde las seis de la mañana hasta las doce
de la noche. ^
Miento. No fumaba durante el oficio, es decir, en tanto
que los pajaritos saltaban á su alrededor.
Decía que el humo les incomodaba.
Tanto amaba Ducrot á sus tiernos pensionistas que,
cnapfio <íl sitio, le aconteció pasarse cuarenta y ocho horas sitl coipev, por traerles su ración de pan negro.
Ppr la rnisma época, continuaba sus escursíones cxlramitroí!. Una "^'ez le tomaron por espía y le llevaron ante
el grncral Ducrot: como bacía mucho tiempo que los dos
primos no se veían, comieron juntos.
Por otra parte, Ducrot era el oso mas completo que
puede imaginarse; á nadie franqueábala entrada de su
modesta vivienda. Ya dije que era letrado; de lo cual
abusaba entregándose á interminables extravagancias.
Al corregir las pruebas del Charivari, intercalaba mas
de una vez en los artículos las citas que se le pasaban
por las mientes.
¡ Juzgúese cual s e r í a l a estupefacción del redactor al
ver su prosa entrecortada con versos l a t i n o s !
Era además sumamente distraído. A él le sucedió la
aventura atribuida á Ampére.
Almorzaba en un restaurant, y leía su periódico mientras preparaba maquin.nlmente ima tostada para el café.
Al poco r!.ío advirtió que iiabia extendido la manteca
en la manga en vez de hacerlo en el pan.
Y esta otra.
Llovía, y Ducrot, pedestre generalmente, quiere tomar
un coche para guarecerse del chaparrón: grita al cochero:
— Eh!
Pero éste sigue corriendo.
El buen Ducrot se lanza tras él gritando y gesticulando.
Por fin alcanza el deseado vehículo.
Era un carruaje fúnebre.
En 75 años Ducrot no había guardado cama un solo
dia. H a tres semanas le dio un ataque apoplético en la
imprenta del Charivari: se volvióloco, y muríóenel hospicio de la caridad.
¡ Cuánto deben echar de menos los pajarillos la visita
del difunto !
* *
De cuando en cuando cruzaba por su cerebro ima idea
extraña, queriendo emprender alguna industria ó perfeccionar algún invento.
Durante sus últimos años imagino un aparato para
impedir el humo de las chimeneas, y solo soñaba con
válvulas y tubos.
Debí confesar que itias de una voz le oi anunciar grandes descubrimientos con cuya aplicación se han labrado
inmensas fortunas: por ejemplo, la de Liebig.
Y entonces ofrecía á cada amigo un palacio, porque la
bondad constituía el fondo de 5U carácter.
El pobre Collíne tuvo un fin siníestrp. Todas sus privaciones le produjeron una tisis.
De regreso á su país natal se consagró con ardor al
socorro de los pobres ; pero, vencido del mal, falleció cuatro años ha en casa del Dr. Diipuy, en Burdeos.
*
•tf-
*
Dos extrañas celebridades han desaparecido en estos
dias : una es el príncipe Itúrbide, qne tanto dio que decir ; pero cuj'as increíbles excentricidades no se han nientado siquiera.
Itúrbide conservó siempre la pompa real, aun cuando
era dueño de un baile y de un figón de Courbe'voie, exigiendo que sus criadosle tratasen como á nn soberano.
De modo que en la tienda se oían diálogos de este
tenor :
— Príncipe, será pi-eoiso que V. A. eu-(botelle vino
del5. •
Considerándose como una vístíma de la suerte, Itúrbide escribió un día al conde de Chambord una carta que
empezaba: -^
«Querido hermano mío....»
Y concluía pidiéndole 100 francos.
Itúrbide empleaba á veces frases originales.
Preguntándole un especiero, vecino suyo, cómo podía
soportar su infortunio.
— Caray!.... respondía, en suma, no me encuentro tan
La policía correccional TÍOS acaba do revelar una profesión lucrativa.
Con una dentadura postiza se pueden tener 12,000
francos de renta.
' ,
Nada mas sencillo.
El inventor de esta novísima estafa habia alquilado
una habitación, cuya puerta a d o r n á b a l a placa de dentista. Acudían parroquianos. Pero él no sacaba muelas,
sino que se ocupaba de las piezas artificiales, operando
solo á las damas.
Ya veremos la razón.
Empezaba por exigir á la cliente, como garantía, una
cantidad para sufragar los gastos que, según él, acarreaba la operación.
Llegado el momento crítico, tenia á sn disposición tres
o cuatros malos raigones que procuraba ajustar en la
bpca de la compradora, lo cual era imposible congeguir.
Rehusaba ésta aceptar tales muelas, protestaba el den
tista, y en último caso, la coquetería femenil sacrificaba
los 100 francesa un litigio con cuyas indiscreciones nada
ganaba el amor propio de una dama.
De este modo practicaba este dentista desde hacia cinco
ó seis años, hasta que encontró irna parroquiana que puso
ppto á sus desplanes.
PiEERB V K R O S .
COSAS DEL M U N D O
Seamos graves !
La semana no está para bromas.
En ella han pasado cosas muy serias, y el viento que
sopla en ciertas regiones nos impide empuñar el alegre
caramillo de otros dias.
Seamos geaves, á pesar nuestro.
Y no así como (piíera, sino graves como un padre de la
patria marchando al asalto de una cartera de mÍDÍstro.
graves como un gobierno de combate, graves como el
restablecimiento del orden moral.
¿Me preguntan ustedes qué cosa es esB?
Lo ignoro. Solo sé que esa cosa estaba, según parece,
mas tm-bada que una colegiala de quince abriles al entrar
en el mundo por la puerta de un salón de baile.
¿Me preguntan ustedes que forma tiene el orden moral?
Tampoco lo sé, aunque sospecho que debe tenerla forma de una casaca bordada de oro, á menos que no tenga
la de una poltrona.
¡El orden moral!.... de hilo en ovillo, la política va á
tener mas órdenes que la arquitectura.
Yo creía que el orden, liso y llano, lo abrazaba todo.
Error! hay orden material, orden moral, orden intelectual, orden jónico, orden dórico, orden compuesto, y sin
componer y orden corintio.
Y cuando todos los órdenes existentes se restablezcan,
nuestros hombres de Estado inventarán otra serie de
ellos, como, por ejemplo, el orden cuadrangular, el orden
piramidal, el orden cónico y el orden octógono.
Lo esencial es que siempre b.aya sobre el tapete de la
abnegación un orden turbado que restablecer.
¡Pobre Francia!
Pero ¿dónde mil diablos se mete mi plurna? en la mies
de la política?
No poi- Dios!
Si entre todas las cosas del mundo es á veces esa cosa
la mas divertida, el viento que hoy sopla en ciertas regiones la hace terriblemente lúgubre.
Címque salgamos de esatriste mies, que hoy tiene todo
el aspecto de una almáciga de cipreses, y hablemos de
otra cosa.
— Qué les parece á ustedes si echáramos nn párrafo de
filosofía ?
— Sobre qué ?
— Sobre lo que ustedes quieran, sobre la gratitud de
los partidos, que es, por ejemplo una cosa de primera actualidad.
Pei-o no toqucmr.s esa gratitud, porque sacaríamos en
limpio, ó tal vez en sucio, una verdad desconsoladora, y
yo no quiero desconsolarme ni que ustedes se desconsuelen.
No la toquemos, porque tendríamos que concluir por
echarnos á llorar, y aunque estamss eaírfjica y resueltameníe decididos á ser graves como un padre de la patria etc. etc., no queremos ser lacrimosos.
¿Hemos dicho enérgica y resueltamente? ¡Oh poder del
contagio!
Ahí tienen ustedes un doble adversario que en cuatro
días se ha piiesto mas de moda (pie la artista Judie.
Esa celebridad fnlminnnti^ la ha alcanzado, no porque
la resolución y la energía sean cosa nueva en el mundo,
sino porque ese doble advervio es hoy el flamante apéndice, como sí dijéramos, la nueva nariz postiza de la República.
Infeliz! antes ostentaba á manera de cola nn hernioso
adjetivo que á diez kilómetros olía á fábrica de productos
alimenticios.
Ahora tiene un adjetivo y dos adverbios!
Qué le falta v a ?
Pero no volvamos á las andadas!
Como diría el cantor Zorrilla,
Dejemos ó. los muertos en reposo
Y ([ue duerman en ]jaz, si es su destino.
Harto haremos en mar tan borrascoso
Como es la vida el encontrar camino.
**
A propósito de muertos y de caminos: ¿quieren ustedes que tomemos el del cenienteiío del Pci'e Lachaise?
— Hombre, no! grave, pero no tanto.
— Es que allí tendríamos nn campo magnífico para
filosofar sobre la instabilidad de la carne, sobre las tentaciones que á las asambleas inspira el demonio de la ambición, sobre los desengaños de este picaro mundo, y sobre otros enemigos del alma no menos dignos de profunda meditación. Pero ya que ustedes no quieren acompañarme, cambiemos de rumbo.
¿Hacia dómle iremos que no oigamos hablar del entíei'ro de la pobre señora?
Sí fuéramos al Jardín de Aclimatación?
Si echáramos el dia á perros para distraer nuestras
preocupaciones y olvidar otras perradas de mayor trascendencia?
Que diablo! vamos allá. Lo mas que podrá suceder es
qne tengamos que dejar, colgada de la verga para recojerlaá la salida,la gravedad de padre d é l a patria etc. etc.
de que pensábamos revertimos.
Henos en el Jardín.
I;a exposición de canes es numerosa, como ustedes
ven.
Los hay de todas las razas, desde el terranova, serio
como un hombre de Estado que medita en el fondo de
su gabinete la salvación del orden y de la familia, hasta
el juguetón }' alegre falderillo.
Siq)ongo que á ustedes no les importará un rábano la
clasificación de razas, ni mucho menos la parte útil de
este original concurso.
Tampoco les importará sabor que esos dos soberbios
mastines de los Pirineos, grandes como un becerro de nn
año y capaces de hacer frente á medía docena de lobos,
valen en el mercado de París mucho menos que el bicho
de 1-1 señorita"*
Además, un visita minuciosa nos llevaría demasiado
tiempo.
Dejemos, pues, á un lado los individuos de la plebe
útil y fijémonos en la aristocracia canina, en los perros
de lujo, en esos adorados animalitos que se desayunan
EL
con cliiiletas saignantes y meriendan pechuga de jíerdiz
y pastel de salmón.
Ven ustedes esa fila de cajas en forma de quinta
suiza?
Son los cubiles (perdo") quise decir los microscópicos
palacios de Jos habaneros, de los galgitos, de los rugieses á lonfjpoli etc. etc. etc. (El rosario seria demasiado
largo.)
Muchos de esos palacios están forrados interiormente
de terciopelo azul ó grana y tienen encima de la puerta,
á guisa de escudo, las iniciales d é l a propietaria bordadas
en letras de ora.
En alguno que otro hay cojines de seda rellenos de
mullida pluma, como nunca los soñó ninguno de esos
pobres peleles que se rompen la crisma durante doce horas diarias para ganar el pan de sus hijos.
¿Ven ustedes esa inmensa hilera de blasonados carruajes que estacionan á lo largo de la calle Charles Laffitte ?
Pues atención, que es la hora en que las aristocráticas
propietarias de los interesantes auimalites vienen en persona á entregarlos en manos de los guardas.
Pobres guardas !
No só como tienen corazón para presenciar tan patéticas escenas.
Cojamos algunos diálogos al vuelo.
* #
— Anda, chiquirritita mía, anda, hasta la tarde que
venga por t í ! Otro beso á tu aniita!.... J u a n !
— Señoi'a.
— Tome usted á Bichette y que no me le pierda usted
de vista.
— Descuide usted, señora.
— Ya sabe usted su régimen ¿ n o e s verdad?
— Sí, señora.
— A las doce, una tacita de caldo con dos bizcochos....
pero nada mas que dos, porque tiene el estámago muy
delicado y el menor exceso le ocasiona luia indigestión.
— Pues -cu faltaba mas ! Vaya iisted tranquila, no tendrá indigestión mientras yo la cuide.
— Adiós, Bichette! otro beso á su araita!.... ¡ah!....
Juan !
— Señora.
— Que no olvide usted ni encr.rgo !
— Me ha hecho usted tantos.
— Que no permita usted que se le acerque ningún
perro.
— Pierda usted cuidano.
— Porque mi pobre Bichette •'.% todavía muy joven
— Entendido, señora, entendido! No permitiré ni siquiera que la huelan.
La propietaria déla púdica Bichette se aleja, volviendo
la cara y tirándole besos á su ídolo, y el guarda murmura
para su colelo:
Pues no teme la buena señora que se subleve el pudor
de su perra!.... Esta buena jente se figura que la sociedad de asiimatacion tiene un guarda para cada uno do
estos engendros. ¡Caldo y bizcochos!.... como no coma
mas que los que yo le dé!....
Avancemos algunos pasos.
— Azor! Azor!
— Guauuu!
que á la noche vuelvo por ti.
— Calla, hijo niio, ca^
Tojna una pa.stilla.
— Gnauuu !
— Si te digo que á le noche vuelvo por ti, corazoncito
mió !
— Guauuu !
— Y en cuanto se acabe la exposición, no vuelves á separarte de tu amita... Si no fuera p(>rque vas á g a n a r el
primer premio, no te dejaba yo aquí solo y aburrido todo
el dia. Antonio! (á otro guarda).
— Mande usted, señora.
— Qué tal se porto ayer Azor?
— Muj- bien.
— Filé juicioso?
'
'
— Como un dogo.
— Se aburrió mucho el pobretin ?... Si viera usted cómo
bostezaba anoche!
— Pues no sé por qué ; aquí estuvo inuy contento. Todo el dia se llevó meneando la cola.
— Entonces seria falta do sueño... No dormiría la
siesta...
—. Vaya si la durmió ! como un f anónigo !
__ Tome usted el cordón. Adios,)no?z petit hijou. ¿Qméres otra pastilla?
—.Guauuu!
Ve usted como llora !
__ (Elgnarda medio enternecido) Animalito !
— Cuidado, Antonio, que si el sol pasa 4 través de
las ramas, no me le deje usted fuera de su casita.
— Qué habia de dejar !
Porque la menor insolación..,
— Es claro, le haría daño
_
Y que si por casualidad hiciere fresco...
— Nada tiene usted que decirme ; y a se que he do ponerle su carranolan.
, -, ,
La señora le da a Azor un apretado abrazo y »na últin-a pastilla y to»'* el camino de la verja, sacando del
bolsillo del traje el pertnmado pañuelo de batista.
•Es para neutralizar el íetido olor que exbala esta inmensa pei-rera, ó para enjugar una lágrima arrancada á
su sensible corazón por los plañideros ladridos de su adorado ?
Quién sabe!
171
AMERICANO
Cuando desaparece en un recodo del camino, Antonio
coge Azor con la misma delicadeza que si fuera un saco
de patatas, y al depositarlo junto á su lujoso cubil, le
arrima un bofetón de cuello vuelto murmurando entre
dientes :
— Anda á tu agujero, canijo !... ¿ P o r quiénes nos toman esas condesas ? Las malditas creen que un perro vale
cien veces mas que un cristiano !
Conque, sí alguno de nuestros lectores viene á dar una
vuelta por estos boulevares, no será malo qua se provea
de uija coraza metálica.
Terminaremos estas líneas diciendo que la cosa no trae
malicia, y que á este paso la vida es un soplo y el orden
moral una bendición de Dios y un escabel del tercer imperio,
ORION.
*
— Le digo á usted, Pedro, que lo que hizo usted ayer
con mi Loulou es una infamia.
— Pues qué hice yo, señ(u-a? yo no hice mas que lo
que hago siempre : cuidarle como á las niñas de mis
ojos.
— No digo que usted no le cuide bien ; pero ayer cometió usted sin duda la torpeza de cogerlo por la cola.
— Señora, le juro á usted que le cogí por el cordón.
— Pues si usied no fué, alguno se acercó á su casita.
— Nadie, señora.
— Por fuerza! Loulou tenia anoche la cola toda enmarañada, él, que ^iempre la tiene corno una madeja de
seda.
— Se la mordería para rascarse alguna pulga.
— Pulgas mi Loulou?... Este hombre delira! ¿Cree
usted quelni Loulou es un perro de poco mas ó menos?
— Señora, yo soy incapaz de inferirle á Loulou ningun a injuria; pero ya ve usted que una pulga puede pillarla
aunque sea el perro de San Roque.
— Pues yo le digo á usted (jue el mío no tiene ninguna.
¡ Un perro que se baña todos los días y que se peina por
tarde y mañana !...
— Pues entonces, señora, no se á que atribuir el enmarañamiento de que usted habla.
— Me asegura usted que nadie le tiró de la cola ?
— Se lo juro, nadie toca á Loulou mas cjue yo 1
— Pues miie usted, Pedro, eso seria que se acostaría
sobre ella.
—• Justo, eso debió ser.
— Pues si hoy se vuelve á acostar en la misma postura...
— ¿Qué quiere usted que le haga? yo no puedo estar
siempre á la mira para sacarle el rabo de entre las pa^ag
y el liocico.
— No, pero puede usted peinársele después con este
batidor que le dejoá prevención.
Y la señora entrega á Pedro un lujoso batidor de concha.
El guarda se queda con la boca abierta.
Y mientras la señora acaricia á su alhaja, se aleja santiguándose y diciendo á ineilia voz :
— Decididamente no todos }os locos están en Cliarenton.
Por estas nequeñas muestras vendrán ustedes en conocimiento de los graciosos diálogos que todas las mañanas
tienen lugar en el Jardín de Aclimatación.
Estas escenas se repiten, con algunas ligeras variaciones, á la caída de la tarde, cuando las carrozas de las susodichas damas vuelven en busca de los interesante-í aníijialitos.
Pero entonces,¡ qué infinidad de apretados abrazos!
¡ Qué lluvia de ardientes besos I
¡ Qué in.nenso coro de tiernos epitetos y de azucaradas
frases!
y ¡ qué largos se habían de poner algunos dientes masculinos sí presenciaran aquel escandaloso desbordamiento
de caricias!
No sé quién ha dicho que París es el infierno de los
caballos y el paraíso de las niujeres.
Lo primero es una verdad como un p u ñ o ; pero á la segunda parte de la proposición le falta un complemento.
París Oi también el paraíso de los canes.
El riilículo espectácrlo que desde hace cuatro días presencian los que visitan el .Jardín de Aclimatación da lugar á bien tristes reflexiones.
Mientras esos ídolos caninos, inundados de raudales
de ternura y medio comidos á besos por labios de carniin, tienen casitas forrailas de terciopelo,
Y cojines de seda y pluma,
Y capotes de finísimo paño bordados de oro,
Y tacitas de caldo con biscocbos,
Y batidores de carey para peinarles el rabo,
Y un médico especial (¡ sí, señores, un médico especial !) que les torne la pata y el pulso á razón de veinte
francos por visita ;
Bajo el mismo cielo, respirando la misma atmósfera
que ellos respiran, admirando tal vez con profunda amargura el sacrilego lujo de que se rod a á esos animalítos,
hay, según la reciente estadística, cincuenta mil infelices
cristianos, cincuenta mil ilotas sin hogar, sin pan, sin
vestido, sin recu sos de ninguna especie, que se levantan
todas las mañanas del santísimo suelo donde se acuestan,
sin saber dónde ni cómo halirán de desayunarse !
La cosa no necesita comentarios.
Pero está pidiendo á voz en grito u n a pregunta :
¿Forma esa cosa parte integrante del famoso orden
moral cuyo restablecimiento anda por aquí tan á la urden
del día ?
Lo ignoro completamente.
Pero si la forma, trabajo les mando á los restablecodores que pretenden estirpar de nuestras sociedades ese y
otros lobanillos de aberración !
¥
* *
A propósito de orden moral : los rewolvers han subido
de precio. •
Con el restablecimiento de ese manoseado caballero ha
vuelto á honrarnos con su serenísima presencia el príncipe Pedro líonaparte.
Al Sr. D. ¡Sebastian I j c r d o «le T e j a d a ,
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA.
EPÍSTOLA.
Por fin cansada de agitar su tea, •
La Discordia tenaz huyó vencida
Y ha bajado la Paz. ¡Bendita sea!
Largo el martirio fué. Guerra homicida
Reinaba por do quier; no se cansaba
Con cien lustros de guerra fratricida.
Sangre los campos por do quier regaba
Y á enturbiar iba el agua de ios rios.
Que el fuego del incendio reflejaba.
Unos coptra otros los hermanos míos
Se arrojaban, feroces combatientes,
Tu seno, oh Patria! desgarrando impíos.
Do quier graves peligros inminentes.
Do quier ruinas y estragos se veían
"i' do quier familias indigentes.
Los ancianos y a trémulos, gemían.
Las jóvenes temblaban espantadas
Y las madres, de serlo se dolían.
Las campiñas se hallaban desoladas.
El campo erial sin el trabajo humano,
Y estériles, comarcas dilatadas,
piadoso el cielo las regaba en vano.
Que las lluvias bajaban á la tierra
Y el sol inútil, sin hallar el grano.
El grito solamente d é l a guerra
El eco en todas partes repetia
Así en el llano, como en la alta sierra.
La riqueza, medrosa se escondía,
La Industria estaba y el Trabajo, inerte
Y sola la Discordia sonreía.
Todo desolación! Y en mal tan fuerte,
De sangre ebria, á los campos de batalla
Sedi nta de matar, iba la Muerte.
¿Qué hacer cuando de Diosla bondad calla,
Y se escucha la cólera divina
En el rudo sílvar de la metralla ?
¿Qué hacer si la matanza se avecina
Y del fusil y del cañón el fuego
Las calles y los campos ilumina?
¿ Orar ? ¿ Mas cómo, si interrumpe el ruego
La bala ardiente que en el aire ^umba
O el rudo proyectil que estalla luego?
¿Cómo orar cuando el templo se derrumba?
¿Cómo, si ya las madres solo saben
Las tristes oraciones de la t u m b a ?
¿Cuándo ¡oh Patria! será que al fin acaben
Tus males y tus hijos en tu seno
El puaal acerado j ' a n o claven?
¿Aun no se aplaca Dios? Dios que e s t á n bueno
¿Aun no te muestra su sonrisa hermosa
Que apaga el rayo y que enmudece al trueno?
Al mirar tu pasión tan dolorosa
¿Por qué no envaina su terrible espada
Y el ángel de su ira no reposa?
De sufrir, de llorar estás cansada
Y la guerra civil y la extranjera
Han escrito tu gloria ensangrentada.
Ay, yo mismo. Señor, yo mismo viera
En mi impotente afán, á extrañas gentes
Venir á escarnecer nuestra bandera.
Los vi en nuestras ciudades, insolentes
Y vi cebarse su furor guerrero
En mujeres, y en hombres inocentes.
Del dolor en el lecho y prisionero
Yo vi, Señor, que el pueblo mejicano
Se hallaba en sus i ogares extranjero.
Quiso luchar, pero luchar fué en vano.
Se hizo señor el extranjero odioso
Y el invasor tornóse soberano.
Vos, Señor, no lo visteis ¡Venturoso!
Marchasteis á una tierra nunca esclava,
Con nuestro Pabellón allí glorioso.
En sus pliegues la patria se salvaba!
Así al llevarse de su patria. Eneas
Los dioses, á su patria se llevaba.
¡Ultimo asilo, que bendito seas!
Allí como en su altar, santas ardían
De libertad y patria las ideas.
Desde allí, cual la luz, se difundían,
Y el patriotismo y la virtud severa
Inmortales allí se sostenían.
Para buscar la nacional bandera
Se dirijia allí nuestra mirada.
Pues aili nada mas Méjico era.
Y solo aquella insignia inmaculada
Era quien animaba á los guerreros
Que aun luchaban por su patria amada.
Mas que lucha. Señor! Los extrangeroa
Ávidos de exterininio y de matanza
Como hienas ó tigres carniceros.
Asuelan ¡ ay ! cuanto su brazo alcanza
Y mas que ellos, reinaban fieramente
La miseria, y el hambre, y la venganza.
¿Qué aun no se cansa el brazo omnipotente?
¿No se sacia la cólera divina?
¿Durará nuestro mal eternamente?
172
EL AMERICANO
Í4
•<
a
¿Estará decretada nuestra ruina,
O á vivir condenados al quebranto
El enojado cielo nos destina?
Qué! ¿será eterno nuestro amargo llanto,
Será eterno é inútil nuestro anhelo ?
Siempre llorar
hemos llorado t a n t o !
Hoy mismo lleno de pesar y duelo
Por un terrible golpe inesperado
Se encuentra nuevamente nuestro suelo.
U n a tumba hay que apenas se ha cerrado;
Enlutados están los corazones
Y el Pabellón de Méjico enlutado.
Aquel de quien Europa las naciones
Admiraron, su genio contemplando,
Y América llenó do bendiciones;
El hombre grande que vivió triunfando,
Juárez, murió. ¡Palabras bien crueles!
Por eso se halla Méjico llorando.
Mas llanto no ¡ coronas y laureles!
Hoy comienza á vivir en nuestra historia
Y en el sagrario de los pechos fieles.
Lo corona magnífica la gloria
Como un sol do sus rayos coronado!!
¿Dónde está, Muerte, donde, t u victoria?
El vive y vivirá, Dios lo ha ordenado,
Y al desaparecer e! gran patricio,
Como herencia la paz nos ha dejado.
Comienza el cielo á sernos ya propicio;
Basta de tantas víctimas preciosas.
Él la última fué del sacrificio.
Nuestra patria, sus horas dolorosas
Olvidará, tranquila sonriendo
Coronada do do espigas y de rosas.
Ella, en lugar del belicoso estruendo,
Del trabajo los ruidos familiares
Escuchará, su suerte bendiciendo
Reclinada tranquila en sus dos mares.
Verá como mil naves, á HUS puertos
Lo traen las riquezas á millores.
Siempre al comercio do la paz abiertos
Multiplicarse mirará á sus lujes
A poblar sus montañas y desiertos.
Sus ojos siempre en el trabajo fijos
Tendrán, interrumpiendo sus labores
Del trabajo los santos regocijos.
Bendecirá la Patria á los mejores;
Guerreros no serán sus f avcritop,
Sina mas bien modestos labradores.
En tanto, por caminos infinitos
Veloz derramará su propia vida
El comercio, en ciudades y distritos.
La industria, por el cielo bendecida.
Abrirá nuevas fuentes de grandeza
Recibiendo la gloria merecida.
EL AMERICANO
ESTATÚA
¡ Lo quiere Dios, y el porvenir empieza!
Veréis que por Oriente y Occidente
Vienen de Europa y Asia la riqueza,
Y al comercio y la industria juntamente
Veréis, quo los productos mejicanos
Envian á uno y otro continente,
A Panamá, y en tiempos bien cercanos.
Que une, los brazos con amor abriendo,
En abrazo oonum, dos océanos.
Uno y otro su beso recibiendo, ^
Un himno formarán, cuya armonía
El Universo escuchará aonriendo.
Tiempo 1 apresura tan hermoso dial
Envidiarán entonces las naciones
Tu paz y bienestar, oh Patria nua!
En lugar del rodar de los cañones,
Del vapor el pacífico silbido
Vendrá á regocijar los corazones.
173
DEL GÍÍINEKAL CÜLLEONE EN VENECIA.
Y cuando no, se alegrará el oido
Al rodar de los granos en las eras,
O del telar con el eterno ruido.
Deberemos mil horas placenteras
De la paz á las dádivas divinas,
Olvidando las máquinas guerreras ¡
Y pues ellas causaron tantas ruinas,
Su fierro, solo se empleará en arados
Y en rieles, y la pólvora en las minas.
Y pues vos sois, Señor, el destinado
A ser en aquella época dichosa
Do mi patria el supremo magistrado;
Pues ella cu vos y en vuestra £é reposa,
Dadle, Señor, lo que de vos espera,
llacedla respetada y venturosa.
Méjico á vos acércase sincera
Y su Constitución dá á vuestra mano
Mientras os ciñe al pecho su bandera.
Venerad ese pacto soberano.
Pues en él nada mas, está fundada
La esperanza del pueblo mejicano.
Siempre en la ley fijad vuestra mira f^a.
Para vos, desque sois el presidente,
Ya fuera de ley, no existe nada.
Fuisteis hasta hoy su defensor ardiente
En el supremo altar déla justicia,
Sed ahora su custodio diligente. _
Méjico la esperanza hoy acaricia
De un porvenir mejor ; hoy ser podemos
Lo que debemos ser, la hora os propicia.
Y aliora ó nunca. Señor. ¿ No temeremos
A esas palabras que venir parecen
De los arcanos de Jehová, supremos ?
Por eso el miedo y la esperanza hoy croo iu
Haced, Señor, que aumente esa esperanza
Y haced que la inquietud y el miedo cesen.
JEL A M E R I C A N O
174
Lo liareis. Justicia y pa?; en sania alianza
Un ósculo se clan y muy en breve
L a Era nos traerán de bienan danzad
Nuestro pueblo será lo que ser debe
Digno así de su misión de soberano,
Digno también del siglo diez y nueve.
Su porvenir se encuentra en nuestra mano ;
Haced que sea, por la vez primera.
Un pueblo solo el pueblo mejicano.
Lo haréis, Señor, la patria en vos espera.
Sea vuestra divisa eternamente
La Justicia y la Union vuestra bandera.
Union ! que á cada mejicano aliente,
y en quien fué su enemigo en la pelea
Un hermano contemple solamente.
Y en un abrazo solo, en una idea,
La Patria, vencedores y vencidos
En su seno común unidos vea.
Y así en el seno de la patria unidos
Olvidando la guerra desastrosa,
Olvidaremos odios y partidos.
A la paz llamaremos, poderosa,
Y á darnos su poder, su poder mismo,
Entre nosotros bajará la diosa.
La Discordia feroz huirá al abismo.
No habrá mas que un partido : Independencia.
Y una sola bandera : Patriotismo.
Ricos y fuertes nos hará la ciencia,
Gloriosos de las artos las labores
Y buenos y felices la conciencia.
Y olvidando por fin nuestros dolores,
Veremos que se cubre nuestro suelo
De maizales, de trigos y de flores,
Y que Dios nos bendice desde el cielo.
Guanajuato, agosto de 1872.
No está por demás llamar la atención de usted á la circunstancia de que el expresado Sr. Hortiz hasiilo en este
ramo desde un principio nuestro agente general, y que
debido en gran parte á cooperación, nuestra fábrica ha
podido alcanzar el crédito y la gran fama que hoy tiene.
Esto hará comprender á usted que la empresa no sufre
en lo mas mínimo alteración alguna.
Somos de usted atentos servidores.
MANNSBACH, DEITELZWEIQ Y C."
EAMON VALLÉ.
GRAN
FÁBRICA DE CI&AÉEOS
DE
MANNSBACH ,
DEITELZWEIG
Y C^
EN AMBALEMA
Sucesor, I O N A G I O A. O R T I Z .
Esta antigua y acreditada fábrica continúa su marcha
sin la menor alteración, antes bien se redoblan los esfuerzos para conservar la gran fama que h a alcanzado tan
justamente.
Condiciones. — Los pedidos pueden hacerse directamente á la fábrica de Ambalema, ó á esta capital, dirigidos á Ignacio A. Hortiz, y el valor de ellos debe colocarse en cualquiera de los puntos indicados, en moneda
de plata de talla mayor, entendiéndose que los despachos
se narán por cuenta y riesgo de los interesados. Se ofrece
que estos serán ejecutados con todo el esmero y puntualidad acostumbrados.
La fábrica está en disposición de atender las órdenes
que se deseen de cigarros empacados en cajitasde cedro
enteramente al estilo habano. Se llama la atención á la
circular que sigue.
Depósito en Bogotá y venta permanente por mayor y al
detall. Plaza Bolívar, almacén números 58 y 59.
Bogotá, 13 de febrero de 1883.
Señor:
Avisamos á usted que en lo sucesivo debe dirigir sus
pedidos de cigarros al Sr. Ignacio A. Hortiz, á quien hemos vendido nuestro acreditado establecimiento de cigarrería y es nuestro sucesor desde 1.» de enero próximo
pasado.
Al acoi'carse el verano, nos encontramos en aptitud de
g u i a r á nuestras lectoras en la opción de bellos y frescos
trajes.
Todo se lleva, pero mas especialmente con buen gusto
los graciosos vestidos en batista de Irlanda.
Una sola casa en Paris ha tenido la feliz idea de crear
una especialidad para vestidos de seda en hilo puro de
mano.
La Compañía irlandesa, 36, calle Tronchet, realiza maravillas y maravillas ; las batistas crudas unidas, las batistas crudas con rayas abrochadas son admirables ; la
batista cruda con un ancho punto bordado en seda blanca
viste muy bien y es muy distinguido.
El verdadero traje de campo y de baños de mar en
tela y batista azul, ya sea unida, y a sea con un cuadro
blanco ó con un ancho punto blanco. Pero lo mas adorable es el vestido de tela Glascow, con cnadritos azules y
blancos, marrón y blanco, crudo y blanco ; el GIJSCOW
es de la misma familia del Oxford, con esta diferenciado
que el Glascow es puro hilo y que el Oxford es puro algodón, lo que es,muy vulgar.
En la Compañía irlandesa no escojo sino entre lo bello. Nótase especialmente el lindo traje de batista linón
con pequeños estrellas ó de pequeños medallones cuadrados de colores diversos ; el vestido de linón con fondo
blanco es muy rico. Eso está fuera de duda y nada lo
iguala como carácter y como elegancia.
Las rayas sobre tela batista son deliciosas, azul y blanco con un filete colorado, ancha raya azul y blanco, marron y blanco, etc., etc.
Sobre batista puro hilo de mano admiranse las rayas
abrochadas. Nada es mas de señora ni mas fresco para
la estación que esos graciosos trajes de batista o de seda.
L a Compañía irlandesa despacha franco su colección de
muestras.
Todo cambia en el imperio de la moda, desde el monor
adorno hasta el traje entero que de un año á otro difiere
completamente. Ei cinturon regente es indispensable si
la túnica Pompadour, ahora en boga, ha de conservar su
elegancia y ondulantes pliegues. P a r a t e n e r u n buen cinturon, solo es necesario enviar las medidas á mesdames
des Vertus hermanas, 27, rué de la Ohaussée-d'Antin.
Dichas medid"as SÍ'H las siguientes : anchura del talle,
del busto, de las caderas, y la altura del talle al nacimiento del brazo. Tal es la perfección del cinturon regente que ha sido recomendado por la Academia de medicina, siendo su uso casi general.
El precio varia Kegun la bolk-za del corsé, digo mal,
porque sus dimensiones no permiten darle su nombre,
aun cuando ha destronado al antiguo corsé tan nocivo á
la salud.
El cinturon regente, de moiré con encajes, cuesta cien
francos : de cutí, adornado de valenoiennes, cincuenta.
No existe ninguna sucursal en Francia, ni en el extron
jero.
Deber nuestro es tenei á nuestras lectoras al corriente
de las novedades del dia. Nótase cierta variación en el
adorno de los trajes : llévanse sombreros muy altos recargados de flores ; pero lo que está muy en boga son los
grandes abanicos de Viole!, rotonde du Grand Hotel,
boulcvard des Capucines.
Nada mas lindo que aquellas flores pintadas en tafetán
negro, blanco ó tafetán de moda : el barillaje, de él)ano ó
de madera de violetas, es cincelado, imitando un primoroso encaje.
Las elegantes parisienses encuentran en casa de Violet
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un magnífico surtido de abanicos, y a sean de encaje y
concha de todas clases, con iniciales de oro, ya sean de
tafetán color crudo, forrado de seda verde con gran inicial : este abanico debe ser del mismo color que e! vestido.
La casa Violet se encarga de componer abanicos'
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glicerina, flor de lis de cachemira, sin rival para la diafanidad d é l a piel -velouíinc crema Pompadour y crema fría
espumosa para las personas que temen el empleo dA jabón : los mara?illos<iS jabones veloutine y royal de Thridace constituyen una especialidad de la casa.
Para los pnñualos, nada puede rivalizar con el aroma
de violetas j el ambiente de Mayo, como no sea el opopónaco, que es el perfumo en boga.
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de sus procedimientos, les ha invitado á pronunciar su
fallo sobre la perfumería Oriza, que unánimemente han
reconocido saludable é higiénica.
Entre los productos especiales de esta perfumería extraordinaria, recomendam<iS el jabón Oriza, de base de
flores de la Carolina, combinada con materias de pi-imera
calidad, fabricado con esmero : es excelente para lavarse
las manos y la cara. El Oriza creara espumoso es una
pasta suave propia para baños y para afeitarse. En cuanto á surtido de perfumes y esencias, la perfumería Oriza
no compite con nadie, porque la concurrencia es imposible con la variedad que aquella ofre'C : Oriza-lis, Orizasuave, Oriza-Legrand, Oriza de la Carolina, de la Florida ; ramillete de rosas del rey, de rosas de té, de rosas
de mayo, cuero de Rusia, muselina, generala, perfume
del Jockey-Club y de las Estrellas. Todos estos productos merecen el aprecio del mundo elegante.
Encuéntrase en la perfumciía Oriza de M. Legrand,
rué SrtintHonoré,207, cuanto puede embellecer y prolongar la juventud.
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Favart, es siempre de las mas brillantes.
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profesor de primera clase y caballero de la Legión de
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se nieguen & purgarse por temor de deb'litarse ó so prete.^to de mal
gusto, porque, al contrario de los antiguos purgantes, las P Í L DORAS
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e a l i l u . Para purgarse con estas pildoras, cada cual escoje la hora y
la comida que mas lo convienen, según sus fuerzas, KU apetito ó sus
ocupaciones. Gomo un alimento sustancioso neutraliza el cansancio
producido por la purga, se decide uno fácilmente á volver á comenzar cuantas veces lo
exige el restablecimiento de la salud, ó su conservación. Se encuentran en AMÉRICA,
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agradable que pueda hacerse á un francés que habita en Espafi'a, en la América y en las colonias, es u n a suscricion al Correo de Eiirnpn. Este periódico, fundado en 1840, es el mas bien
hecho, el mas completo, el m a s bien redactado de los periódicos semanales franceses. Además de las noticias políticas de la semana, cada número contiene trozos de literatura escojida
de los mejores escritoies franceses. Los despachos de este periódico están situados en LONDRES, 12, Tavistnk .itreet,Coueiii Garden;íie encuentran ademas corresponsales del Correo de
Jiuro/ju en las cuatro partes del mundo. Los corresponsales de E b A M E R I C A N O están autorizados para recibir suscriciones á este periódico. E l precio de suscricion por un año es el siguiente : América Central y Méjico, 19 chelines; Brasil y Montevideo, 21 chelines; Peni y
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las arrugas del ñ o r a s : tonifica, e m b l a n q u e c e e l c u t i s ,
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la belleza hasta la edad d e s t r u y e l o s g r a n o s d e l r o s t r o y l a s p e cas l l a m a d a s e f é l i d e .
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