4(1932)

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15 DE ABRIL DE 1932
Orgapo äe sa Veperable
Oräer) Cercen y (ofraäías
Dirección y Administración:
Silva, 39,-Madrid (12),-Teléf. 12803
S II M
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NÚM. 4
A 1 l, 10
=
por Fr. Ricardo Delgado.— LOS VIAJES DE NUESTRO
por Fr. Serafín Solaegui.—¡,Qué, ERAN LOS FARISEOS?, por Fr. JOSé
MigUaeZ.--CONTEMPLACIÓN DE LA BEATA MARIANA DE JESÚS, por Fr. J. Gilabert.--EL ILUSTRÍSIMO FR. ALONSO ENRÍQUEZ, por Fr. Guillermo Vázquez.—LAS INJUSTICIAS SOCIALES,
por García.—PROPAGAD LA BUENA PRENSA, por Fr. Emilio Silva.—MUNDO CATÓLICO, por
Fr. Fernando Vázquez.—NOTAS RÁPIDAS. — LA BUENA ALEGRÍA, por Sergio M. DUrll.—
PROVIDENCIA, por Julia G. Herreros.—OBERTURA, por Fr. José S. Crespo.—MUERTE DE
ELENA, por Fr. Gurnersindo Placer. —NOTICIAS.—NECROLOGÍA.—BIBLIOGRAFÍA.
JESUCRISTO ES VERDADERO DIOS,
SEÑOR JESUCRISTO,
JESUCRISTO ES VERDADERO DIOS
En los anales del mundo hay un
hecho de inmortal memoria que, después de veinte siglos, al celebrar su
conmemoración, tiene aún el poder
de llenar de inmensa alegría el corazón y de arrancar a los ojos lágrimas
de gratitud y de amor. Es el misterio
de la Resurrección de Jesucristo, Salvador del mundo.
Veinte siglos han transcurrido, y
lejos de amortiguarse el recuerdo de
la escena de infinita bondad que hizo
conmover a la Naturaleza y al mundo
entero, perdura y perdurará eternamente en las conciencias y en las
almas. ¿Por qué? ¡Ah! Es que aquella dulce y sublime escena dominguera en que el Cristo, aquel Jesús que,
tres días antes había subido voluntariamente a la Cruz para derramar su
sangre y dar su vida por la salvación
del género humano, ha resucitado
de entre los muertos, es verdadero
Dios.
¿Y quién es Jesucristo?
Sus enemigos lo califican de muy
diversas maneras; para unos es un
hombre extraordinario, el más grande
de los hombres; otros—dicen—, es
un ser ideal, imaginario, sin personalidad histórica. Voltaire le llama infame; Renán, un hábil impostor;
Estrauss, proclama a todos los vientos que es un mito, y la época contemporánea, un gran revolucionario.
Pero la humanidad de todos los
tiempos, iluminada por la fe, confiesa
y proclama en alta voz que Jesucristo
es verdaderamente Dios.
— 122 —
Jesucristo vino al mundo a fundar
un nuevo reino, que llamó «reino
de Dios», y era necesario dictase
una ley moral que fuese aceptada por
todos los que quisieran pertenecer a
este reino. Por consiguiente, era preciso que declarase quién era y maninifestase a los hombres los títulos
que tenia para llamar a todos a formar parte de ese reino.
Jesucristo dió cumplida respuesta a
las preguntas, todas las que sobre su
divinidad pudieran hacerle los hombres.
La primera interrogante que los
hombres hacen a Jesús, es aquella que
enviaron a Juan los sacerdotes de
Jerusalén: «¿Quién eres tú, y qué dices
de ti mismo?» ¿Y qué dijo de sí
mismo?
Un día interrogó Jesús a sus discípulos diciéndoles: «¿Qué dicen de mí
los hombres? Y ellos le respondieron: Unos dicen que eres Juan Bautista, otros que Jeremías, otros que
Elías o alguno de los Profetas. ¿Y
vosotros, replica Jesús, ¿quién creéis
que soy? Y Simón Pedro, adelantándose a los demás discípulos, le dijo;
Tú eres el Cristo, Hijo de Dios».
Jesucristo acepta y confirma esta rotunda afirmación, diciendo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan,
porque ni la carne ni la sangre te lo
han revelado, sino mi Padre que está
en el cielo». Y premia al apóstol San
Pedro por esta declaración de fe,
cuando le dice: «Y yo te digo a mi vez
que tú eres Pedro, y sobre esta piedra
edificaré mi Iglesia».
Estaba Jesús rodeado de sus discípulos aleccionándoles en la ciencia
del «reino de Dios», y uno de ellos,
Felipe, le dice: «Señor, haznos ver al
Padre, y esto nos basta». Entonces
Jesús, un tanto condolido de la súplica
de su apóstol, le contesta: «Tanto
tiempo que estoy con vosotros y aún
no me conocéis. Felipe, el que me ve
a mí, ve también a mi Padre... ¿No
creéis que yo estoy en mi Padre y
mi Padre está en mi?»
Jesucristo confiesa delante del pueblo que es Dios y ese mismo pueblo
dice que lo condena porque se hace
hijo de Dios. «¿Hasta cuándo—le dijeron un día—nos tenéis indecisos? Si
sois el Cristo. decídnoslo francamente». Y Jesús les responde: «Os hablo
y no me creéis; sin embargo, las
obras que yo he ejecutado en nombre
de mi Padre dan testimonio de mí—
Mi Padre y yo somos uno». Ante esta
afirmación del Divino Maestro, los
judíos cogieron piedras para lapidario; pero Jesús, sereno, pleno de majestad y de grandeza, les dice: «Os
he mostrado muchas obras de mi
Padre, ¿por cuál de ellas me apedreáis?» Entonces ellos dan la razón
de su modo de obrar, haciendo un
acto de reconocimiento de la divinidad de Jesucristo, cuando le contestan: «Por ninguna de vuestras obras
buenas, sino por la blasfemia, pues
siendo hombre, os haceis Dios».
¡Bella y sublime declaración!
Jesucristo y el apóstol incrédulo
En los días que siguieron a la Resurrección del Salvador y a las apariciones a Magdalena y a los discípulos
de Emmaús, llegó al Cenáculo el
— 125 —
apóstol incrédulo Tomas. Pedro y los
demás discípulos de Jesús narran las
apariciones del Señor y todo cuanto
el Divino Resucitado les había dicho
Tomás protesta de todo ello y declara
que no creerá hasta que no nieta los
dedos en las llagas de sus manos y
pies y la mano en la herida de su costado. En la tarde del octavo día de la
Resurrección, Jesús, rodeado de luz,
se le aparece. Tomas se conmueve,
teme, quiere huir..., pero el Señor se
le acerca, le enseña las llagas de sus
pies y manos y la herida de su costado, lo reprende amorosamente, y entonces Tomas cae de rodillas, exclamando: ¡Señor mío y Dios mío! jesús
no rechaza este sublime homenaje de
adoración; no rehusa esta bella confesión de su divinidad; antes bien,
declara bienaventurados a los que,
menos desconfiados que el apóstol,
creen y adoran sin haber visto.
Felices, Vos dijisteis, quienes sin ver han creído.
Y yo, yo que la profunda palabra sabía,
-Al oiros en aquellos días, en la parábola
Un pasaje obscuro y breve, yo podía
Dudar que Vos sólo mi fuerza guardaba fuera
Y exclamar como en la tarde trágica de Judea
Vuestro apóstol Tomás: Yo quiero ver... Y ¡he visto!
Benévolo lector: Mezcla tu voz con
la voz del humilde y dulce poeta, abaja tu frente que tal vez se obstina aún,
y luego cayendo de rodillas a los pies
de Jesucristo, aclámale en un bello
arranque de fe, de esperanza y de
amor, diciendo: «¡Señor mío y Dios
mío!»
Jesucristo es juzgado como Dios
por los altos Tribunales
«Si la vida y muerte de Sócrates son
las de un hombre, la vida y muerte de
Jesucristo son las de un Dios». Esta
declaración la ha hecho uno de los
impíos más grande de estos últimos
tiempos, impulsado, sin duda, por la
verdad clara y evidente de los hechos,
por J. J. Rousseau.
El proceso y la muerte de Jesús de
Nazareth son algo único en los anales de la humanidad. Después de recordar las tristes y trágicas escenas
del Jardín de las Olivas, en las que
Jesucristo luchando con las supremas
agonías en aquella noche del amor y
del dolor por excelencia, se nos revela como el hombre más extraordinario. Pero vedle maniatado, sin dejar
por eso los esplendores de su grandeza ante un Tribunal, encargado
especialmente de velar por el dogma
lundamental de la unidad de Dios.
Jesucristo, sin temores, sin reticencias, declara ante la faz del mundo
quién es y por quién se tiene. Conducido ante ese supremo Tribunal, el
Sumo Sacerdote, Cans e le dirige
esta solemne interrogación: «Te conjuro por el Dios vivo que me digas si
eres tú el Cristo, Hijo de Dios ' . Y
Jesús, conocedor de quién era El
mismo y también del momento solemne que se le ofrecía para afirmar
una vez mas su divinidad, responde;
EGO SUM. «Tú lo has dicho». Y queriendo todavía dar una prueba más
su divinidad, añade: .Y un día veréis al Hijo del Hombre sentado a la
diestra del poder de Dios, viniendo
a la tierra sobre las nubes del cielo».
No se le ocultaba a Jesús que su
respuesta había de escandalizar a los
judíos, y, sin embargo, dice la verdad; y como no puede ocultarla, esco-
-
— 124 —
ge morir en una cruz, para desde allí es Hijo de Dios. Una sola palabra de
volver a proclamar a la faz de todo el retractación habría podido salvarlo;
mundo su divinidad. pero El, firme en su declaración, camina silencioso hacia el Calvario,
Jesucristo muere como Dios
todo ensangrentado, se abraza a la
Jesucristo no murió como mueren cruz y muere en ella, confesando que
los demás hombres. Murió «porque es Dios. A la muerte del Salvador del
quiso morir, cuando quiso y como
mundo, el velo del templo se rasga,
quiso»—dice San Agustín—. La muer- los muertos resucitan, la tierra tiemte de Jesús de Nazareth es una muer- bla, el sol se eclipsa, en lontananza
te más serena que la del justo, más se oye el retumbar del trueno, a la luz
noble que la del héroe y más sublime estridente del relámpago se ve al Dique la del mártir, porque es la muerte vino Ajusticiado luchando con las su
de un Dios.
premas agonías de su supremo dolor,
Jesucristo sabía perfectamente que las tinieblas envuelven la montaña
al proclamar su divinidad, los judios del Gólgata. En esa hora suprema,
levantarían hasta el cielo el grito de Jesús pronuncia estas palabras, que
su indignación; sabía que, creyendosólo podían pronunciar los labios de
sele blasfemo, le aplicarían todo el un Dios: Todo está consumado».
Ya no me extraño que San Pablo
rigor de la ley; sabía que le condenapredique a Cristo crucificado, viendo
rían a muerte. Y, sin embargo. proen él la manifestación del poder y de
clama su divinidad, no en secreto,
sino públicamente, ante la sociedad, la sabiduría de Dios. Ya se explica
ante los Tribunales y en las confiden- perfectamente que las muchedumbres
que habían presenciado la muerte de
cias intimas con sus discípulos; no
tímidamente, sino con toda la ente- Jesús se volviesen a Jerusalén golreza de un convencido. Y Jesucristo peándose el pecho, y que el centurión
es condenado a muerte por los supre- exclamase: «¡En verdad que este hommos Tribunales de la nación como
bre era Dios!» Y que Dionisio el Areopagita pronunciase aquellas célebres
blasfemo, y el populacho amotinado
pide su muerte ante el tribunal políti- palabras en el Areopago de Atenas:
«O el autor de la naturaleza padece, o
co, exclamando: «Tenemos una ley, y
según esa ley debe morir, porque se la máquina del mundo se descompoha hecho hijo de Dios». Jesucristo ve ne». Y que Napoleón, confinado en la
delante de sí la muchedumbre de sus roca solitaria de Santa Elena, desatormentadores; en torno suyo no oye pués de contemplar la colosal figura
de Jesucristo, escribiese: «No hay
más que los rugidos del odio y rencor
Dios en el cielo, si un hombre ha popopular; la muerte se levanta delante
de El; siente los dolores de los azo- dido concebir y ejecutar con éxito tan
tes; ve su cabeza traspasada con las completo el designio gigantesco de
espinas de la corona; y Jesucristo arrebatarle el culto supremo, usurpersevera en su declaración de que pando el nombre de Dios».
125 -
Jesucristo es Dios; toma todos los
títulos que sólo corresponden a Dios;
reclama todos los homenajes que convienen a Dios, y ejerce todos los poderes propios de Dios; habla como
Dios, perdona y juzga como Dios.
P. DELGADO CAPEANS
Los viajes de Nuestro
Señor
(CONTINUACIÓN)
Al volver de Jerusalén después de
celebrar la tercera Pascua de su vida
pública, Jesús se retira a Cafarnaún,
de donde salió también pronto para
hacer uno de los viajes más largos
de que nos dan cuenta los Evangelistas, a saber, a Tiro y Sidón Así,
pues, saliendo de Cafarnaún se dirigió hacia el noroeste por el camino
que conducía al mar, tocando primero
en Tiro, distante 60 kilómetros de
Tiberíades, pasando por Sarepta, llegó a Sidön, límite extremo del viaje
que se había propuesto. No sabemos
el tiempo que se detuvo en esta región, que de todos modos debió ser
bastante breve. Después por el sur
del Líbano, atravesando el alto Jordán
sin penetrar en la Galilea, se refugia
en la región de la Decápolis, a la par
te sudoriental del lago de Genesaret.
Durante este viaje, cuyos motivos nos
son completamente desconocidos y
que no debió de bajar de 200 kilómetros de recorrido, curó el Señor a la
hija de ia mujer cananea, que era
atormentada del demonio.
Al llegar a la Decápolis se ve Jesús
rodeado de una inmensa multitud, en
gran parte paganos. Viendo, pues,
entre ellos al gran taumaturgo, llevaron a sus pies a toda clase de enfermos y él los curaba, y decían todas
las gentes: Bien hizo todas las cosas.
¡Magnífica canonización popular! A
todo esto hacía tres días que le seguían las turbas a lugares despoblados, no lejos del mar de Tiberíades.
Allí, mirando a los que olvidándose
de sí mismos y hasta de su sustento,
se apiñaban para escuchar su doctrina, se mueven a compasión las entrañas del Salvador y verifica la segunda
multipli'cación de los panes, saciando
a cuatro mil hombres sin contar las
mujeres y niños, con siete panes.
Después de haber despachado a la
gente, Jesús y los discípulos subieron
a una barca y se trasladaron a Magedán, probablemente Magdala, en la
ribera occidental del lago. Luego que
hubo desembarcado, se encontró con
un grupo de fariseos que empezaron
a disputar con él y pedirle una señal
extraordinaria. La envidia y pésima
voluntad de esos hombres, arrancó
del pecho del Señor un suspiro profundo, y dijo: «Esta generación pide
señales y no se les dará más señal
que la del Profeta Jonás», y dejándolos volvió a embarcar, y atravesando
el lago fueron a Betsaida, cerca del
lugar de las dos multiplicaciones de
los panes, curando allí a un ciego.
Durante este último año de la vida
de Nuestro Señor, los viajes fuera de
la Galilea son frecuentes: pero lo que
puede extrañar aún más, es que no
habiendo venido, como él dijo, a predicar el Reino de Dios más que a los
— 126 —
de la casa de Israel, se retire a países
habitados por paganos y fuera de los
límites de la Tierra Santa. Despiiés
de la curación del ciego de Betsaida,
reune a los doce y emprende la marcha al norte, siguiendo el curso del
Jordán hasta cerca de sus fuentes en
los confines de la Palestina, a Cesárea de Filipo, llamada así para distinguirla de la otra Cesarea, situada a
las orillas del Mediterráneo, entre
Joppe y San Juan de Acre. Aquélla se
hallaba emplazada al pie del gran
Hermón, a 60 kilómetros del Tiberíades. ¿Cuáles fueron ¡os motivos de
este retiro del Señor? Desde luego se
ve de parte de Jesús un empeño estudiado de evitar todo encuentro con
los fariseos; muchos de éstos le habían seguido desde Jerusalén, sin más
objeto que el de espiar sus pasos y
poderlo acusar ante los tribunales de
ellos, quitándolo así de enmedio.
Jesús, marchándose a donde sabía no
le seguirían, quería desbaratar esas
perversas intenciones. Por otra parte,
veía que el pueblo le buscaba y le
seguía a donde quiera que fuese por
oir su palabra divina y gozar de los
muchos beneficios. Permitiendo alrededor de sí este entusiasmo popular,
no quería dar más motivos de animosidad a los fariseos, porque no se
precipitasen los acontecimientos. Por
todo ello, a fines de julio del año 30,
o sea el tercero de su vida pública, se
encuentra solo con los discípulos en
las cercanías de la dicha ciudad de
Cesarea de Filipo, donde tuvo lugar
la magnífica confesión de su divinidad
hecha por San Pedro: «Tú eres Cristo, Hijo de Dios vivo», y la sublime
promesa de Jesús al mismo apóstol:
«Tú eres Pedro, y sobre esta piedra
edificaré mi Iglesia».
Jesús presiente ya cercano el tiempo de su inmolación y encarga a los
apóstoles no digan que es el Mesías,
porque conviene que padezca y muera. No se puede precisar el tiempo
que pasó en aquellos contornos; lo
que sabemos es que a los seis días de
la confesión de Pedro tuvo lugar la
Transfiguración en un monte. ¿ Q ué
monte era éste? Existen opiniones
para todos los gustos. La tradición
cristiana lo ha identificado con el
Tabor, donde actualmente tienen los
Padres Franciscanos un maravilloso
Santuario en recuerdo de aquella
escena. No obstante, no deja de tener sus dificultades esta creencia,
y la principal es que en menos de
seis días, Jesús y los suyos tendrían
que recorrer arriba de 100 kilómetros,
que aunque no sea imposible ni mucho menos, habría que suponer que
hicieron el viaje en jornadas poco
menos que forzadas. Otra dificultad
consiste en que San Marcos dice que
después de la Transfiguración «atravesando Galilea llegaron a Cafarnaún». Estando el Tabor en esa provincia, ¿cómo la podrían atravesar?
Hay que confesar, sin embargo, que
no son suficientes estas dificultades
para quitar al Tabor la gloria de haber sido el lugar escogido por el Señor para manifestar toda la hermosura
que le era debida. Estaba situado ese
monte al sudeste de Nazaret, a poco
más de 10 kilómetros, teniendo una
elevación de 562 metros sobre el Meditei ráneo; existía una aldea sobre la
— 127 —
cumbre. Allí, ante los tres discípulos
más amados: Pedro, Juan y Santiago,
muestra Jesús toda su gloria.
Al día siguiente, al bajar del monte,
vieron una gran turba rodeando a los
nueve restantes apóstoles y a los
fariseos disputando con ellos. Ante
la multitud asombrada, curó Jesús a
un joven endemoniado a petición de
su padre.
Saliendo de allí emprendieron el
viaje hacia el norte, a Cafarnaün,
donde durante una brevísima estancia, pronuncia las parábolas de la
oveja y dracma perdidas, la del hijo
pródigo. Instruye a los apóstoles en
la verdadera humildad, el escándalo,
la corrección fraterna, el perdón de
las injurias, etc.
Se acercaba ya la fiesta de los Tabernáculos, fines de septiembre del
30, y los paisanos de Jesús le invitaron a acompañarles a subir a Jerusalén, más por vanidad que por otra
cosa; el Señor se, excusó de ir con
ellos, aunque después los siguió
ocultamente. Pero antes de dejar por
última vez los ciudades donde tanto
había trabajado, quiere darles el último adiós con una terrible amenaza;
«Ay de tí, Corozain. Ay de tí, Betsaida..., y tú, Cafarnaún, ya que te has
ensoberbecido, serás humillada hasta
el infierno».
La fiesta de los Tabernáculos o de
las Tiendas, duraba ocho días; Jesús
llegó a Jerusalén cuando habían pasado cuatro o cinco días de la octava.
Como se había atrasado mucho, para
evitar el rodeo que suponía el hacer
el viaje por la Perea, y por ganar
tiempo, decidió hacerlo atravesando la
Samaria, en una de cuyas ciudades
no le quisieron conceder el hospedaje,
«porque conocieron que se dirigía a
Jerusalén». Los apóstoles, indignados por aquel desacato, piden que
baje fuego del cielo y abrase a sus
habitantes. El Salvador, apaciguando
los ánimos, les instruye en el nuevo
espíritu de que deben revestirse. Durante el camino se encuentra con tres
casos de vocación al apostolado: dos
que espontáneamente le piden ser admitidos en su compañía y son rechazados por el Señor, y otro que es
llamado y se excusa. Así llegó a
Jerusalén y halló que los maestros de
la ley enseñaban al pueblo como era
costumbre durante las fiestas, y él
también se puso a enseñar. Pronto
los Príncipes de los sacerdotes y los
fariseos comenzaron a alborotarse y
buscaban la manera de matarlo, mas
no se atrevían por temor al pueblo,
pues éste le quería.
El último día de la octava, que era
el más solemne, tornando como base
de su peroración la rogativa que acababan de celebrar pidiendo la abundante agua para fecundizar los campos (no hay que olvidar que era otoño
y solían estar muy secas las tierras),
se levantó, y poniéndose en pie en
medio del templo, gritaba: «Si alguno
tiene sed venga a mí y beba... y del
seno del que cree en mí manarán ríos
de agua viva». Al atardecer salió de
la ciudad y se dirigió al monte de los
olivos, a poca distancia fuera de las
murallas, del que hablaremos más tarde. A la mañana siguiente muy temprano, vuelve al templo y se puso a
enseñar al pueblo que había acudido
-- 128 —
a escucharle. Después de una violenta
disputa suscitada por los fariseos, se
ve obligado a salir del templo y esconderse porque querían apedrearlo.
Los ánimos se hallaban excitadísimos; Jesús habla más clara y terminantemente de su divina misión. Los
fariseos, no pudiendo sufrir sus certeros ataques, y viéndose descubiertos ante el pueblo, se dedican a excitar sospechas y odios contra él. Por
fin, el milagro de la curación del ciego de nacimiento, obrado a las mis
mas puertas de la ciudad, acaba por
exasperarlos de tal modo, que Jesús
tiene que ausentarse de allí.
- 129 —
A los pocos días lo encontramos
en Bethania en casa de Marta y María,
a cuatro kilómetros de Jerusalén. Los
dos meses y medio siguientes a la
fiesta de los Tabernáculos, los empleó
en la instrucción de los apóstoles
principalmente, sin salirse de las cer •
canías de la Ciudad Santa. En el camino que baja de esta ciudad a Jericó,
pronuncia las parábolas del buen samaritano, del rico avariento, de la higuera estéril, etc.
FR. SERAFÍN SOLAEGLII
Monasterio de San Juan de Poyo.
(Concluirá.)
¿Qué eran los fariseos?
Eran los fariseos, que tantas veces aparecen nombrados en el Santo
Evangelio, un partido político-religioso del pueblo de Israel, una clase de
hombres llenos de orgullo y muy pagados de si mismos, pasión vergonzosa que los tenía habitualmente ciegos para que no vieran los extremos
terriblemente ridículos y crueles a que
todos los días llegaban.
El nombre con que se los distinguía
es lo mismo que separatista, nombre
que, como que lleva en sí un concepto
odioso, no se lo habían dado ellos
mismos, sino que se lo aplicó el pueblo, de manera semejante a lo que
acaeció a los protestantes, quienes
tuvieron que aceptar, aunque de mal
grado, este nombre que ellos pugnaban por hacer desaparecer. Ellos entre sí solían llamarse hasebin, esto
es, asociados, compañeros.
Sin embargo el nombre les cuadraba admirablemente, por cuanto procuraban vivir separados de los demás a
fin de no mancharse con el trato de
los demás mortales.
¡Pobres fatuos!
Su origen parece haber tenido lugar
en el primer tercio del siglo II antes
de Jesucristo, cuando Antíoco Epífanes se propuso exterminar el conocimiento y el culto del Dios de Israel.
No faltaron hombres, pertenecientes
al sacerdocio, que, siendo por una
parte influyentes, y teniendo por otra
parte sus corazones completamente
corrompidos por la envidia y la ambición, se prestaron de buen talante a
secundar los planes del griego, esperando así ver colmados sus propios
deseos, aunque ello redundara en
gravísimo perjuicio para la religión
santa que debían defender. Esto, junto
con varios decretos del perseguidor,
dió margen a que en el pueblo de
Dios se organizara un partido para
oponer decidida resistencia a la helenización cultural y religiosa intentada
por Antioco, partido que se puso fer-
vorosamente del lado de los Maca
beos cuando éstos se decidieron a al
zarse en contra del tirano. Asideos
eran llamados (acaso ellos mismos
se hubieran dado tal denominación,
que equivale a hombres piadosos) los
miembros de aquel partido. De ese
partido es, según hoy es cosa admitida, de donde procedieron esta raza
de hombres perversos.
Los saduceos, a quienes odiaban
de muerte los fariseos, y que de los
mismos eran correspondidos de idéntica forma, eran materialistas, a la
manera de nuestros racionalistas contemporáneos, negando por tanto la
inmortalidad del alma y la existencia
de los ángeles y espíritus, cosas am
bas que admitían los fariseos.
Toda vez que para los saduceos el
alma no era inmortal, lógico es el
suponer que negaban también la resurrección que los fariseos defendían y
enseñaban, aunque limitándola a los
justos y sin perjuicio de los castigos
eternos para los impíos.
Estos respetaban la tradición oral,
que en ocasiones interpretaba, en
otras completaba la Ley escrita, mientras los saduceos, precursores de los
p rotestantes, rechazaban toda tradición, contentos únicamente con la
letra de la Ley.
Para los fariseos, celosos guardadores de la religión, por lo menos en
su parte exterior, a ella debía subordinarse todo lo demás.
En relación con la dominación extraniera hubo siempre entre ellos una
corriente que la aceptaba como castigo de Dios, disponiéndose a sopor
tara hasta que la Providencia quisiera
hacerla cesar, y la segunda, que, aun
contra el parecer de los prudentes,
aprovechaba toda ocasión para sub levarse en busca de la independencia
Perdida, grupo que, como se puede
suponer, contaba con todos los espíritus exaltados.
Ganosos de conservar la populari-
dad e influencia de que venían gozando, pronto se exacerbaban sus ánimos
en contra de quien quiera que comenzaba a insinuarse en el ánimo del
pueblo. Por eso, en cuanto Jesús de
Nazaret comenzó a llamar sobre sí la
atención de las gentes, y particularmente cuando el Bautista dió a su
favor aquel testimonio tan elevado,
ha debido causarles una impresión
harto desagradable, por lo que desde
luego se dispusieron a espiar los dichos y hechos de quien desde aquel
entonces consideraron enemigo peligroso.
Tampoco el Divino Maestro les regateó las más terribles censuras que
salieron de su boca, ya condenando
su falta absoluta de virtud interior, ya
desenmascarando su sobrada hipocresía, unas veces llamándoles raza
de víboras, sepulcros blanqueados
otras veces, en forma tal que ya no
podían dudar respecto de la disposición del ánimo del Nazareno para con
ellos.
En muchas ocasiones se acercaron
al Maestro celestial proponiéndole
cuestiones que ellos juzgaban comprometedoras y pensando que, cualquiera que fuese la solución que aquella Sabiduría del Padre les diese, tendrían manera de enredarle en los lazos
que su propia perfidia e ignorancia le
tendían. ¡Vanas ilusiones! Han tenido
que llegar a convencerse de que sus
mañas nada podían contra el Señor, y
así se decidieron a ocultarse, no atreviéndose ya más a tentarle personalmente, hasta el punto de que los evangelistas vuelvan apenas a nombrarles;
pero prueban fortuna haciéndolo mediante los escribas, sus representantes en el seno del sanhedrín, y últimamente lanzando a los príncipes de
los sacerdotes y a los ancianos de la
respetable asamblea. Pero.., non est
consiliurn contra Dom/mini; el fracaso de éstos es tan manifiesto como el
de los primeros.
— 130 —
• Hemos dicho que entre saduceos y
fariseos existía un odio feroz; pero
éste desapareció para que pudieran
constituir el frente único contra el común adversario.
También Herodes y Pilatos, siendo
contrarios, «se han hecho amigos
desde aquel día».
Parece que con la muerte de Jesús
se apaciguaron ya los fariseos. No
así los saduceos, que emprendieron
una campaña violentísima contra los
- 131 —
apóstoles, siendo un fariseo, por
nombre Gamaliel, quien hace públicamente uso de la palabra en defensa
de ellos.
Según leemos en los Hechos de los
Apóstoles, a esa secta pertenecían entonces los príncipes de los sacerdotes.
Malos eran, muy malos, los fariseos; pero todavía les sobrepujaban
en malicia los saduceos.
FR. JOSe MIGUeLEZ
Mercedario.
La fiesta de la Beata Mariana de Jesús,
17 de marzo de 1932
Su contemplación
Como ofrenda de mi devoción dedico a mis lectores estos recuerdos
de la contemplación de la Beata Mariana de Jesús, alguno de ellos tomados del resumen del proceso que nunca se han publicado.
Doy a la contemplación sentido amplísimo que comprende todo conocimiento amoroso de Dios, desde el
elemental que puede tener un niño,
pasando por el de las profundas meditaciones, hasta el de la contemplación mística.
La contemplación es el más alto
ejercicio de la vida espiritual. Es el
acto de la facultad del alma más noble, la inteligencia, y versa sobre
Dios, el más excelente de los seres.
Nace generalmente de la caridad, la
reina de las virtudes, que inclina a
pensar siempre y ahincadamente en
Dios a quien ama, y acaba en acto o
actos de caridad, tanto más encendidos cuanto la contemplación es más
profunda.
Es necesaria para la vida espiritual,
cuyos grados de perfección se miden
por los de la oración o contemplación. Es metafísicamente imposible el
acto de caridad si la contemplación
por los ojos de la fe no presenta a la
voluntad la amabilidad de Dios, y no
puede ser mayor, en el orden de los
afectos, el amor divino que lo ha sido,
en el orden del conocimiento, la contemplación, porque amamos en tanto
y según conocemos. Y así los estados
afectuosos de nuestra alma para con
Dios suponen los correspondientes
estados de conocimiento, y los anonadamientos y pasmos de la voluntad
en el amor divino proceden de los
anonadamientos y pasmos del entendimiento en el conocimiento de la majestad de Dios.
De aquí que la contemplación con la
caridad, de la cual es disposición necesaria e inmediata, debe ser el ejercicio por excelencia de la vida de piedad. A la adquisición del hábito y de
la perfección de la contemplación se
han de dirigir todos los otros ejercicios de las virtudes morales, que o
quitan estorbos o infunden hábitos,
que hacen posible y fácil el de la contemplación, Y como éste es el fin de
la vida espiritual, ha de ser, por lo
mismo, la regla de las reglas en el
gobierno de las almas; ver las mayores o menores disposiciones para la
contemplación, y según ellas disponer los ejercicios piadosos, llegando
hasla la exclusión o máxima reducción de la oración vocal, con tal que
no esté mandada, en las almas mejor
dispuestas.
La contemplación, conocimiento
cada vez más elevado de lo que será
visión facial en la eternidad, acrecentamiento del amor, que en la eternidad
será intensísimo y sin límites, gozo
que sera en el cielo piélago insondable, es incoación de la gloria y bienaventuranza en la tierra, aunque imperfecta. No hay confesor que no
haya tropezado en, el corto o largo
ejercicio de su ministerio con alguna
de estas almas que pueden llamarse
en cierta manera bienaventuradas.
La Beata Mariana es una de ellas;
lo reflejaba en su semblante. ¡Lástima
que haya sido tan corta en contarnos
sus ejercicios de oración y en describirnos los estados de su alma! Lo
cierto es que la contemplación fué el
principio, el medio y el término de su
gran santidad.
El espíritu de oración se manifestó
en ella con el uso de la razón. A los
seis años le era habitual el ejercicio
de la oración mental. Fué sorprendida
por sus padres inmóvil ante un altar-
cito, que ella misma había levantado,
y los criados la vieron maravillosamente elevada del suelo. El P. Bartolomé de San José, que la confesó
algunas veces y lo hizo cuando estaba
para morir, en su declaración dice:
«Desde niña esta Sierva de Dios fué
muy dada a la oración, y cuando estaba en casa de su padre hacia que
una de sus hermanas le leyese en el
librito de San Pedro de Alcántara, y
luego se retiraba a un desván a digerir en la oración lo que le habían
leído; y así llamaba a la oración manjar del alma, diciendo que sin ella no
puede el alma medrar en la vida espiritual.»
Por otro testigo sabemos que cuando estaba en su casa pidió a su padre
que le señalase un rincón a donde
recogerse, y que allí le enviase su
madrastra la labor y la comida para
darse de todo punto a Dios. No lo
consiguió, y así cualquiera parte en
que se hallaba era solitaria para ella,
y allí se ponía en oración, tropezando
con ella la gente de casa por momentos, y solían decir sus hermanas: Mi
hermana Mariana, donde quiera que
le coge la oración, allí se queda, pasemos o no pasemos, haya ruido o
no le haya; nada la inquieta.
Siendo ya vecina de nuestros religiosos, y seguramente ya con el hábito de la Merced, «asistía, dice una
de los testigos en el proceso, doña
Marta Martínez, a la oración cuando
los frailes la tienen, y en esto era tan
atenta, que no admitía visita alguna,
aunque fuese de señoras, mientras
duraba la hora de la oración». Pero
no se contentaba con este tiempo,
— 132 —
que es el mínimum que a ella puede
dedicarse, y así, según Francisca de
Arellano, «tenía la venerable Madre
costumbre de estar en oración en la
iglesia y en ella gastaba tres horas de
rodillas», en lo que coincide la Marquesa de la Laguna, D. María de
Villena.
Además de este tiempo de oración
intensa «era tan continua, afirma Melchora de los Reyes, que en todo lugar
la tenía, y la hallaba este testigo ordinariamente de rodillas en oración en
la iglesia, en su celda en un rincón y
en el huerto, al pie de la cruz». Por
Casandra de Alba, testigo 123 en el
proceso apostólico, sabemos que
«una persona amiga deseaba hablar
a la Sierva de Dios, y le dijo: ¡Ay!,
amiga, si supiese cuán falta ando de
tiempo, no me ocuparía. Y la mujer
entendió que la falta de tiempo era
para darse a la contemplación y trato
con Dios». Por donde llegó a tal perfección «que aun cuando estaba tratando con la gente estaba en altísima
elevación espiritual» (su director, testigo 108).
Oraba «echado el manto sobre el
rostro» (testigo 49, Francisca de Arellano). «Estaba en ella (en la oración)
tres y cuatro horas de rodillas, sin
pestañear, sin menear pie, mano o
cabeza, y esto todo sin arrobarse,
cosa que notó como grande y admirable» (Marquesa de la Laguna, testigo
180). «La común postura que la santa
usaba para orar era estar de rodillas
y trabados los dedos de las manos
unos con otros, y tenía grandes señales y hoyos de apretar cuando oraba
y rogaba a Dios pidiendo alguna cosa,
o lastimándose de culpas ajenas y
ofensas de Dios» (D.' María de Mena
y Barrionuevo).
«Los días que estaba descubierto
Nuestro Señor en el convento de
Santa Bárbara, estaba tan absorta y
elevada, que no había de hablarle
nadie, y se quedaba con los ojos
abiertos y fijos en el Sacramento Santísimo» (Dña. Elvira Manrique de'
Lara, testigo 44).
«De noche eran muy frecuentes sus
raptos y éxtasis» (Catalina de Cristo,
su criada, testigo 173). También los
tenía de día haciendo por ocultarlos a
los religiosos, pero como no estaba
en su mano, «perdió el empacho que
al principio tenía y no se le daba nada
que la viesen o no» (Francisca de
Castro, testigo 68).
Esta misma testigo afirma que «la
vieron muchas personas en un profundo éxtasis; tenía la boca abierta,
los ojos llorosos, las manos elevadas
y las rodillas en tierra, causando admiración y moviendo a devoción tan
tierno espectáculo. Duró así algún
tiempo».
Con todo, sus raptos, por lo menos en los últimos años de su vida,
que son los más conocidos, tenían
más de gloriosos que de dolorosos.
Su criada, compañera inseparable durante diecinueve años, dice que pocas
veces la vió llorar, y Juana de San
Pablo afirma era «su tranquilidad de
ánimo y paz interior tan maravillosa,
que jamas mudó semblante».
«La continua oración de esta Sierva
de Dios, o casi continua, es una suspensión y quietud interior en Dios,
con grande paz, sin que las potencias
— 133 —
y sentidos la impidan, por estar todo
en gran silencio interior, y como en
un cielo muy sereno y pacífico interior, quedando ordinariamente en
afectos muy íntimos de amor, y algunas veces con una fragancia extraordinaria y una unción en el corazón,
que aun algunas veces redunda en su
virginal cuerpo. Como una vez que
estando acabada de cómulgar en las
gradas del altar, pidiendo a nuestro
Señor afectuosísimamente que, pues
Su Majestad es fuego, que consumiese en ella todo lo que le desagradaba,
y la abrasase toda en su divino amor,
sintióse luego tan sabrosa y recogida
interiormente, que no se podía casi
aparte del altar, y aun juntamente el
cuerpo todo encendido, que se pudo
muy bien decir: Cor meum et caro
mea exultarerunt in Deum vivum.
«En la oración tenía el rostro hermoso y venerable» (Dña. Elvira Manrique de Lara). «En una ocasión salió
de la oración alegre, risueño y encendido el rostro y una cara como un
ángel» (Juan de la Serna). «Experimentó ordinariamente que cuando la
hallaba orando, la preguntaba: ¿Qué
hace?, y ella se estremecía y temblaba volviéndose en sí». (Su último
director Padre San José). El Padre
Tomas de Santa María dice que muchas veces la halló arrobada en la
tribuna, y que llamada una y dos
veces no respondía.
«En los arrobos rebosaba hermosura celestial» (Catalina de Cristo).
« Cuando se suspendía la sierva de
Dios, y era muy frecuente, quedaba
su rostro hermoso y resplandeciente,
como un espejo herido del sol, que
causaba gran consuelo mirarle». (Dña.
Bernarda Ferrari, testigo 18). Un paje
de Da. Elvira halló a la sierva de Dios
puesta en oración, y vió su rostro
muy resplandeciente y hermoso, de
manera que los rayos de luz que de él
salían, alumbraban el aposento donde
estaba, que era bien oscuro, y ordinariamente cerraba la ventana cuando
había de ponerse en oración. Lo mismo vió María del Zureo que atestigua
en el folio 97 (la anterior declaración
está entre los folios 330 y 358, bien
distinta de la que cito ahora), que «estando la santa orando en un aposento
oscuro vió resplandecer su rostro de
manera que alumbraba todo el aposento». «Ha experimentado en estas
ocasiones (las de ponerse en forma
de cruz en una grande que tenía en su
huerto), darle en el rostro una grande
y extraordinaria luz». (Su confesor
Padre Juan Bautista del Santísimo Sacramento, en la adición a la autobiografía de la Beata, incluida también
en el proceso).
Isabel Montero y Francisco Hem,
natural de Flandes, hicieron a mucha
costa un retrato extático de la Santa
Madre, por ser en ella muy frecuentes
los éxtasis y raptos, y afirman que
causó admiración en la Corte y movió
a grandísima devoción a todos.
«¡Oh, exclama la Beata, bendita sea
la bondad y grandeza de este Señor!
¡Y con qué amor tan ternísimo nos
ama! ¡Y que se pierdan los hombres
por no gastar la dulzura de este divino amor! Si la gustasen, ¡cuán diferentes serían sus ejercicios y ocupaciones!»
FR. J. GILABERT
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Mercedarios
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El Ilmo. Fray Alonso Enríquez 1- en 1628
Aunque de ilustre familia sevillana,
el P. Enríquez debió nacer en América, donde su padre, D. Francisco de
Castellanos, desempeñó un papel importante. Tuvo un hermano Mercedario llamado Fray Francisco de Veamonte (Beaumont), y varios otros
seglares que usaban los apellidos de
Castellanos, Orozco, Armendáriz y
Toledo, que en varios documentos
honran también al Mercedario.
Tal vez con el propósito de hacer
carrera universitaria, vinieron a España los dos hermanos y tomaron el
hábito de la Merced en el Convento de
Sevilla, profesando Fray Francisco el
1.° de abril y Fray Alonso el 17 del
mismo mes del año 1566 en manos
del Maestro Peñaranda, Provincial y
Comendador.
No debía pasar Fray Alonso de los
dieciséis años reglamentarios, pues
por la edad que él mismo se atribuye
en múltiples documentos, debió nacer
en 1550. Consta que el P. Veamonte
hizo su carrera en Salamanca, pero
ignoramos dónde estudió Fray Alonso, cuyo talento y cultura tanto brillaron luego.
Pronto regresó a América, pues
según una información de 1579 hecha
en Cali, para esa fecha había desempeñado ya, durante cuatro o cinco
años, una doctrina en Chuquiavo (La
Paz, Bolivia) y otra en Manta (Ecua-
dor), utilizando tal vez el quéchua
aprendido en su infancia.
El Obispo de Quito le nombró Visitador de Porto Viejo, donde fue Comendador y doctrinero y quitó muchos ídolos de los indios. A principios
de 1579, fué nombrado Comendador
de Cali (Colombia), que entonces
pertenecía a la provincia mercedaria
de Lima.
Allí, como en todas partes, desarrolló grande actividad, mejorando
su Convento y las doctrinas o parroquias de los indios, y obtuvo sentencia de la Audiencia de Quito, manteniendo a los Mercedarios en la posesión de que pretendía despojarlos el
nuevo Obispo de Popayán, Fray
Agustín de Coruña. La sentencia
lleva la fecha de 3 de abril de 1580 (1).
Diéronle a continuación la encomienda de Trujillo en el Perú, donde
en febrero de 1585 se disponía a venir
a España como representante de la
Provincia en el Capítulo general. Difirióse éste dos años más, a causa
del pleito que hubo sobre el lugar de
su celebración, pues los catalanes
pretendían que fuera siempre en B arcelona. El P. Enríquez aprovechó el
tiempo en reclutar misioneros que llevaran adelante la conversión de los
indios, cosa que le importaba más.
(1) Monroy (Joel). El Convento de la Merced
de la ciudad de Cali. 57.
que la elección de General. En agosto de 1586 tenía reunidos ya en Sevilla 18 religiosos, entre ellos el venerable P. Juan Bautista González, que
más tarde fundó nuestra Recolección (1).
Después de alguna espera salieron
de Sanlúcar a principios de 1587,
pues el 4 de marzo escribe ya el Padre Enríquez a Felipe II desde Panamá:
«Con próspero viaje fue nuestro
Señor servido traer esta flota, y de
los religiosos que por mandado de
V. M. se trajeron, sólo ha faltado
uno, que llevó a su santa gloria. Los
demás partimos con salud y muy particular deseo de que en estas partes
seamos útiles, en bien universal de los
naturales y vasallos de V. M.»
«Yo, como más obligado, por la
confianza que de mí se ha hecho y de
la estrecha cuenta que me ha de ser
tornada en aquel gran día, con toda la
solicitud y vigilancia posibles, y sin
perdonar trabajos y largos caminos,
cumpliré mi oficio de visita y reformación de estas provincias de nuestra
Orden sagrada de Nuestra Señora de
la Merced, y tengo confianza que a
gloria de Dios y por los buenos Prelados y religiosos, se ha de hacer esto
con suavidad espiritual» (2).
Por donde se ve que el P. Enríquez
llevaba el título de Visitador general
de aquellas provincias expedido por
el Maestro Zumel, Provincial de Castilla, que en la vacante del generalato
(1) Pérez: Religiosos de la Merced que pasaron
a América. 220.
(2) 'bid. 229.
gobernaba casi con entera independencia. Sin embargo, la jurisdicción
de Castilla sobre las provincias americanas había sido abolida en el Capítulo general de 1574 y los peruanos
se negaron a reconocerla.
El P. Francisco de Salazar, elegido
Ilmo. Fr. Alonso Enríquez.
General en mayo de 1587, dió nuevos
poderes al P. Enríquez, y para informarle mejor de su voluntad le ordenó
volver a España, quedando en su lugar su hermano el P. Veamonte.
Bien estudiado el asunto el Reverendísimo Salazar el 5 de junio de 1579
le comete sus veces con facultades
amplísimas en la isla de Santo Domingo y en toda la América del Sur
desde Panamá.
Con estas patentes, firmadas en
Madrid, el Rey le da licencia para em
barcarse en Sevilla el 30 de marzo de
1590, en compañía del P. Juan de
— 136 —
Vega; el P. Veamonte volvió a España para ocupar el cargo de secretario
general.
Los religiosos más notables y las
autoridades de América dieron repetidos testimonios de que el P. Enríquez desempeñó con acierto su misión, fomentando la observancia y los
estudios, muy particularmente el de la
lengua quechua, indispensable para el
trato con los indios. El mismo daba
cuenta a Felipe II de sus pasos en 30
de abril de 1592:
«Yo habrá un año y medio que llegué a estas provincias, en el cual
tiempo he visitado personalmente la
provincia del Cuzco, Charcas y Potosí y parte de esta provincia de los
Reyes, con tanto trabajo de los malos
caminos y diversidad de temples, que,
aunque tengo más de quince años de
experiencia de la tierra, cosa importantísima, y cuarenta y dos de edad
(que no es de menos importancia) me
hallo muy quebrantado, aunque no
desistiré de la obra hasta acabarla.'
«Sólo a Chile no podré ir personalmente por la mucha distancia y por
no dejar acá esto, que es de más importancia para el servicio de V. M.;
enviaré a ello religioso de ciencia,
conciencia y experiencia, de quien se
pueden confiar cosas mayores, de
los cuales hay muchos en estas partes...»
«Llevo muy bien entablada la reformación y para perfeccionarla he mandado juntar los Provinciales de estas
provincias, que son tres, para con
ellos y los definidores dar tal asiento
en todo que después no sea menester
más que saber cómo se cumple lo que
aquí quedará ordenado.., para que
con poco trabajo se puedan gobernar
tan largas provincias, que son desde
lo último de Chile y desde el Paraguay hasta Panamá y hasta Cali en la
gobernación de Popayán (1).
Gran parte de este programa estaba
ya realizado en 1594, en que el Virrey,
Marqués de Cañete, escribía a Felipe II:
«Habiendo Fray Alonso Henríquez
de Armendáriz visitado las casas que
de su religión hay en estas provincias
y administrado su cargo con mucha
aprobación y buen ejemplo, vuelve a
esos reinos a dar cuenta dello, y tengo por cierto será tan buena como se
podía esperar de persona de sus calidades y partes, y que obligará a que
V. M. se sirva de hacerle merced de
uno de los obispados, que al presente
hay vacos en estos reinos, como en
otras ocasiones le he propuesto para
ello, por emplearse tan bien en él
cualquiera gran merced que fuere
V. M. servido hacerle» (2).
Entre tanto, fué elegido Maestro
General en 1593 el P. Zumel, que diez
años antes había depositado ya su
confianza en el P. Enríquez y premió
con elogios su acierto en el Capítulo
general de 1596, celebrado en Valladolid. No faltaron, sin embargo, quejosos, y para contrarrestar sus censuras, doce Padres de los más graves
del Convento de Lima, dieron en 1598
un manifiesto en el que se lee, entre
otras cosas:
«Fué hombre tan recto en su oficio
(1) Pérez: Ob. cit. 232.
(2) Ibid. 234.
—
cuanto calumniado en él, de los que
castigó. Este reformó las doctrinas de
los indios, reedificó los conventos,
dándoles muy grandes limosnas, puso
grandísima claridad en las cosas de la
redención y administró justicia con
todo recogimiento y ejemplo, tan ajeno de intereses, que antes acrecentó
las provincias y ayudó a los conventos con lo que deudos y amigos suyos
le dieron, que no se aprovechase de lo
que en ellos había (1).
Siguiendo la corriente de separar
los conventos de las casas de estudios, el P. Veamonte y su hermano
concibieron la idea de fundar en Sevilla el colegio de San Laureano,
cerca de la Puerta Real, proyecto que
fué aceptado por el Rvmo. Zumel y
por el Capítulo general, dándose el
patronato a Don Juan de Castellanos,
hermano de los fundadores. El colegio prestó buenos servicios a la Orden y su edificio subsiste todavía, no
lejos del convento grande de la Merced.
En los años siguientes permanece
el P. Enríquez en España honrado con
el título de Maestro en su provincia de
Andalucía, de la que fue" Vicario en
1600, por haber sido llamado el Padre
Heredia, que era Provincial, a gobernar la Orden interinamente.
El Arzobispo de Burgos, Don Alonso Manrique, le pidió para auxiliar
suyo, y el Nuncio dió su conformidad
el 15 de junio de 1604. Sin embargo,
por la muerte de Clemente VIII, se
difirió su nombramiento hasta el 27 de
junio de 1605 en que Paulo V lo pre(1) Ibid. 236.
137 —
conizó Obispo de Sidonia, recibiendo
luego la consagración en Burgos de
manos del Arzobispo, a quien ayudó
durante cinco años en el cuidado pastoral con su actividad acostumbrada.
Felipe III le presentó para el Obispado de Cuba, y fue preconizado el 30
de agosto de 1610. Dirigióse allá inmediatamente, y aunque luchando con
la escasez de personal apto, logró
imprimir a aquella diócesis, que entonces comprendía toda la isla y la
Florida, un vigoroso impulso.
Quiso trasladar la Sede a la ciudad
de la Habana, que ya entonces tenía
más vida que Santiago, pero tropezó
con los intereses creados que se amparaban en el incorregible expedienteo de nuestra administración, metropolitana y colonial.
Son muchos los documentos que
atestiguan su celo y energía indomable para el mejoramiento de la vida
cristiana; el P. Pérez ha incluido bastantes cartas suyas en su obra: «Los
Obispos Mercedarios en América».
Escribió también una Relación de lo
temporal y espiritual de la isla" de
Cuba, y una carta al Maestro Remón
en defensa de la Concepción Inmaculada. Sus visitas pastorales eran
verdaderas misiones.
En 1624 fué trasladado a la importante diócesis de Mechoacän, en México. A pesar de su avanzada edad, el
P. Enríquez trabajó allí durante cuatro
años, y trazó la fundación de un colegio en la Universidad de México para
la formación de canonistas de las diócesis de Cuba y Mechoacán, donde
había echado de menos un buen Provisor y otros curiales.
—
138 —
El colegio debía titularse de San
Ramón Nonato y estar bajo la dirección de los Mercedarios que, en efecto, llevaron adelante la obra después
de los días del P. Enríquez, a quien la
Orden debía muchos favores, entre
ellos la fundación en San Luis de
Potosí.
Dios Nuestro Señor le llevó al descanso eterno el 5 de diciembre de 1628
en 'limbo, recibiendo su cadáver honrosa sepultura en la Catedral de Mechoacán.
FR. GUILLERMO VÁZQUEZ
LAS INJUSTICIAS
SOCIALES
A mi amigo don X.
Querido amigo: Le veo a usted
demasiado indignado con las desigualdades sociales y propenso al comunismo como posible reparador de
ellas; un comunismo cristiano, desde
luego, muy diverso del ateo y salvaje
que los anarquistas propagan con
petardos y bombas. No es nueva en
usted esta tendencia, que juzgo sin
embargo peligrosa.
Digo, pues, en primer lugar, que
las injusticias en nuestra sociedad
española son mucho menores de lo
que usted se imagina. No niego en
absoluto que existan, pero en la media
España en que yo he vivido, que es la
del Noroeste, el reparto de los frutos
del trabajo es bastante equitativo.
No existen grandes capitales, y los
pocos vecinos que han llegado al millón siguen trabajando y viviendo con
modestia igual o superior a la clase
media. Yo he observado, muy de cerca, a algunos que pasaban por grandes capitalistas, los más ricos de su
provincia, y puedo asegurar que trabajaban tanto como muchos de sus
empleados, gozando quizá menos que
ellos.
Las fortunas, buenas y rápidas, son
más bien de algunas gentes de la clase media, ciertos médicos y abogados,
por ejemplo, (con frecuencia muy demócratas y aun revolucionarios) cuyo
haber diario se puede cifrar arriba de
500 pesetas. Y no hablo de los enchufes, que se han puesto tan de moda
en el nuevo régimen: ser embajador,
diputado, profesor y alguna cosilla
más, cobrando por todos esos conceptos, no es cosa muy extraordinaria. A bien que el Sr. Azaña ha presentado un proyecto de ley de incompatibilidades que va a cortar de raíz
esos abusos.., si se cumple.
La indignación de usted contra los
propietarios, fabricantes y demás empresarios, me parece tan injustificada
como su deseo mal disimulado de que
fueran atacados los bancos y no los
conventos. Ni unos ni otros deben ser
quemados ni saqueados.
Yo no tengo nada en los bancos y
muy poco en el convento, y puedo
juzgar de unos y otros con bastante
indiferencia: considero a los conventos como focos de cultura y de moralidad, pero juzgo que los bancos son
elementos importantes de civilización.
¿Qué hay en los bancos? El ahorro
— 139 —
de los ciudadanos que trabajan y pro
curan mejorar su suerte, aseguran
do lo necesario para la vejez y e 1
pan de sus hijos, que pueden encontrarse abandonados en cualquier momento.
Esos ahorros son una necesidad de
la civilización, que los utiliza en los
empréstitos para llevar a cabo obras
y mejoras, que de otro modo serían
imposibles. Harto nos lo ha demostrado la experiencia • de estos meses
en que, por no haber crédito, tenemos
que suspender obras, que eran el pan
de muchos miles de familias y la ilusión de toda España.
Los rusos se apoderaron de los
bancos y acabaron alegremente con
los ahorros allí acumulados, pero
ahora andan mendigando empréstitos
en las naciones extranjeras, que no
los facilitan sino a muy caro interés y
con difíciles garantías, como es natural. Ante la imposibilidhd de obtener
créditos, el gobierno comunista se ve
obligado a mal vender los productos
rusos para obtener dinero a cualquier
precio.
Las gentes que se indignan contra
los ahorros de los demás deben examinar seriamente el fondo de su propia conciencia, donde tal vez encuentren la explicación sencilla de su aversión. ¿Será porque ellos no supieron
nunca ahorrar una peseta? ¿Habrán,
quizá, malgastado las que recibieron
de sus padres? La Psicología encuentra a veces en los fenómenos de la
subconsciencia, la explicación de muchas simpatías y odios que nos parecían inexplicables.
No creo, por lo dicho, que la Iglesia, los clérigos y frailes, hayan pecado gravemente, inclinándose a los
ricos en daño de los pobres. Lo que
me parece es que usted padece en
esto una ilusión, que es también frecuente en otros. La Iglesia es democrática; el clero, en su inmensa mayoría, procede de las clases media y
humilde, y sus recursos salen también
de esas clases. Sobre la riqueza y
generosidad de los ricos, se fantasea
sin medida; la verdad es que ni tienen
lo que se dice, ni dan lo que se supone.
¿Por qué, pues, el clero es deferente y obsequioso con ellos? ¿Por qué
no los aborrece como los revolucionarios? Porque no creemos que eso
conduzca a nada bueno. Algunos clérigos despechados, cansados de la
influencia de la aristocracia (y de cobrar mil pesetas al año) dieron sus
votos a la democracia, esperando de
ella más justicia. ¡Bien caras han pagado sus ilusiones!
En resumen, amigo mío, milicia es
la vida del hombre sobre la tierra y
debemos resignarnos a luchar en lo
material como en lo espiritual, procurando el bien de la mejor manera posible, sin desmayos ni grandes ilusiones. De unas y otras nos libre Dios, y
sobre todo de la ilusión comunista,
que a tantos seduce hoy día.
GARCÍA
- 141 -
¡Propagad la buena Prensa!
Muy oportunamente escribió el Cardenal Mercier, al comienzo de su gran
obra pastoral «La vida interior», la
palabra recristianización de la sociedad, como ideal de aspiración en las
obras de apostolado católico.
Este debiera ser el lema y el grito
de todos los católicos españoles hoy
día: ¡La recristianización de España!
Volver a ingerir en nuestra sociedad
los vivificantes principios del Cristianismo que un tiempo lo hicieron grande y que hoy por olvidarlos amenaza
resquebrajarse hasta sus cimientos.
Vamos a ocuparnos ahora de un
medio, quizá el más poderoso y eficaz
junto con la oración, para realizar esa
necesaria recristianización. Nos referimos a la buena Prensa y a la lucha
hasta el exterminio contra la irreligiosa.
Ya lo dijo el poeta latino, mens agitat molem. No lo olvidemos, el mundo será siempre movido por la inteligencia, el imperio de las ideas es
universal, omnímodo y despótico; si
encauzamos rectamente la inteligencia de nuestros semejantes, si en
ella sembramos abundancia de ideas
sanas y cristianas, pronto se hará
sentir intensa la renovación. He aquí,
por qué la prensa es tan eficaz para
el bien y para el mal.
Hoy es tal el predominio de la
prensa que para un considerable número de personas constituye su única
lectura. ¿Y qué sucederá si ésta es
mala?
Toda idea en nuestra mente tiende
a realizar aquello que representa y
significa; sólo la presencia de otra
opuesta puede impedir su realización.
Ahora bien; ¿cuál será el proceder
de aquel en cuya mente se han sembrado casi exclusivamente ideas falsas, sin las buenas que pudieran in-
hibir la acción de las primeras? Cuando a alguno le oigamos decir que a él
no le hace daño el mal periódico, que
en esto no busca formar su ideología
religiosa o social, sino tan sólo la
información política o financiera, no
le creamos jamás, pues esto, es una
defensa de su defección, si es que
ya el periódico le ha dominado, o
cuando menos es un iluso el que tal
cree.
Una niña de pocos arios le dice a
su papá:
—Papá, por Dios, no leas tal perió
dico, que me han dicho que era irreligioso y te va a dañar mucho.
—No, hija mía, no; yo no lo leo
con el fin de estudiar religión, que ya
la sé, yo no presto atención más que
a lo que me interesa, y no a lo de
religión.
—Papá, ¿recuerdas qué comimos
ayer noche?
—Por más que pienso en ello, no
soy capaz de recordarlo.
—Pues mira, papá, aunque no recuerdes qué comiste, el alimento, con
todo, sigue en tu interior nutriéndote,
y así te pasa con el periódico, no
pones atención a lo irreligioso que
lees, pero las ideas que has ingerido,
no dejarán de obrar en tu alma a su
tiempo.
Así es, en efecto; nadie es capaz de
ponerse a cubierto de la influencia de
las ideas que asimila; todo lo más
puede darse un asunto en el que el
lector, siendo muy versado, no ceda
al error, pero al lado de eso existen
en el periódico otros mil asuntos, en
los que por no estar tan versado ni
prevenido, no está inmunizado y admitirá inconsciente y gradualmente
muchos errores que se manifestarán
al tiempo oportuno. Por eso, con mucha verdad, dice un refrán: «Calan-
nia, calumnia, que algo queda». Sí, es
indudable, de toda idea que se aposenta en nosotros algo queda siempre. Por eso, ¡sembremos ideas buenas!, que algo ha de quedar; no nos
cansemos nunca de esto, que es un
apostolado fecundísimo.
Las grandes y pequeñas revoluciones no tienen otro origen. Cuando
una revolución ha estallado con violencia, candidez suma sería el suponer dile tal o cual hecho reciente que
ha sido motivo del estallido, fue también la causa de la revolución; no, la
revolución ha tenido su período de
gestación más o menos largo en el
que se sembraron a granel las ideas
que luego al llegar a la madurez la
produjeron.
No de otro modo ha sido la revolución social que el Cristianismo primitivo, oculto en las catacumbas, ha
efectuado en la sociedad pagana, Y
ésta fué también la trayectoria de gestación de la revolución francesa y de
la última rusa, por no hablar sino de
las mayores. ¡Y tal ha de ser también
el camino que ha de seguir la revolución social cristiana que es preciso
efectuar en la actual sociedad europea,
si queremos eficazmente reeristiani-
zarla!
Pues bien. No olvidemos un momento que la Prensa es el medio más
eficaz e indispensable para hacer la
siembra de ideas que hayan de hacer
el milagro. Y que de dejar el monopolio a la Prensa mala nos vendrían
daños incalculables e irreparables.
¡Triste espectáculo, por cierto, el
que ofrecen los católicos españoles
sosteniendo la Prensa anticatólica,
que sin su cooperación no pudiera
vivir y que sólo debido a ellos puede
sostener su exuberancia y vigor! Esto
es peor que el mismo suicidio, pues
éste nos acabarla la vida temporal,
pero tal situación equivale a retribuir
y aplaudir al que haya de quitarnos
la eterna a nosotros y a nuestros
hijos.
En nombre, pues, de Cristo, agonizando constantemente en su cuerpo
místico por los pecados de sus miembros, declaremos ¡guerra sin cuartel
al periódico irreligioso! Miremos
cuánto vale un alma, y por ahí podemos calcular el valor de nuestra actuación, si logramos retirar de una
sola el veneno que había de arruinar
su vida eterna. Esgrimamos con valentía toda suerte de armas y persuasiones para convencer a tantos inocentes del daña que a sí mismos se
irrogan con tales lecturas y tal cooperación.
No desmayemos nunca en nuestra
actuación, pues sabido es que el éxito
va ordinariamente unido a la continuidad del esfuerzo; seamos constantes y sepamos esperar que lo que no
se logra en un día se logra en un mes
o en un año, y, sobre todo, nosotros
menos que nadie debemos cejar en
nuestro empeño, sabiendo que no
trabajamos solos, que cuanto hagamos será recompensado ya se vea el
fruto o no, y que a nuestras palabras
y a todos nuestros esfuerzos acompaña siempre la gracia de Dios a
quien no tenemos derecho alguno
para señalarle plazo en sus victorias.
Si alguno de mis lectores usa el
periódico anticatólico, ¡por la gloria
de Dios que se lo pido!, ¡por compasión de su propia alma!, renuncie
desde este momento a cogerlo más
en su mano y coja y lea en público el
periódico católico; ¡el no hacerlo así
no será más que una vergonzosa cobardía! Si cada uno de mis lectores
lograse una suscripción al periódico
católico y una menos al que no lo es,
¡ya sería una conquista! No seamos
tan cándidos que con nuestro propio
dinero paguemos al verdugo de nuestras almas.
Fl2. EMILIO SILVA
MUNDO CATÓLICO
ROMA
El Papa da trabajo en la Ciudad
del Vaticano, a pesar de ser tan pequeña, a 8.000 obreros.
Canonizaciones simpáticas. — Lo
son todas. Pero las que aquí ponemos
tendrán, sin duda, simpatías especiales. Como consecuencia de una reunión de la S. Con gr. de Ritos cele
brada en el mes de marzo del corriente
año en el Palacio Vaticano, se da ya
como un hecho que para el año que
viene veamos:
La canonización de la Beata Vernadette, la de Lourdes.
La beatificación de la Venerable
Catalina Labouré, la de la Medalla
Milagrosa; y
La beatificación también de Gemma
Galgani (así se la llama, sin cumplidos).
Jesultas.—Al llegar a Irún varios
grupos de Padres y estudiantes, los
empleados de la Aduana requisaron
cuidadosamente sus destartaladas
maletas, casi todas atadas con cuerdas, pues las cerraduras hacía ya
largo tiempo que no funcionaban, y
también sus cestos en que llevaban
frugales meriendas. Todo tuvieron que
desatarlo los religiosos, hasta el más
miserable paquete. Sin duda creyeron
que se llevaban sus fabulosos millones._ Y después en los andenes,
vuelta a liarlo todo con gran trabajo.
A todo se prestaron sonrientes... Se
ponen en marcha. Un Padre coge
equivocadamente un maletín muy parecido al suyo. Detrás de sí siente una
— 143 —
'77(
bronca de un obrero, muy española
(pobre España!):--Oiga usted, ladrón,
no lleve lo que no es suyo.—Perdón,
replica humildemente el Padre, me
había equivocado.—Nada de equivocaciones, insiste el desgraciado; raterías y sólo raterías. Por, ladrones
los echan de España.
Ya en Francia.—Orden terminante
del jefe de la Aduana de Hendaya:
¡Que nadie les estorbe el paso ni se
requise un solo bulto!... Los sanos y
simpáticos mozos vascofranceses se
desviven por cogerles los bultos de
las manos y evitarles molestias. Les
saludan, les besan la mano. Ya en el
tren los Jesuitas, los empleados agitan alborozados y santamente vengativos sus gorros, al grito de ¡Viva
Cristo Rey!... ¡Viva San Ignacio!... Y
el tren rueda en marcha triunfal por
tierras extranjeras...
¡Hurra, irrompible Vanguardia de
la Madre Iglesia!... ¡Hasta luego!...
Sabio humilde.--¿Es cosa tan rara?
No lo es, por la gracia de Dios. Aunque el caso siguiente no abunda, por
desgracia. A Mr. Eduardo Le Roy,
célebre profesor de la Universidad de
París, acaba de condenarle varios de
sus libros la S. Congregación del
Santo Oficio. El ilustre sabio ha dirigido una carta al Card. Verdier, sometiéndose humildemente a cuanto se
le ordene. ¡Dios se lo premie!
MEJICO
Continúa, a pesar del malsano optimismo de ciertos simplones de la
prensa, la persecución. No se derrama tanta sangre corno en tiempo de
Calles. Cambio de táctica nada más.
Antes se perseguía en caliente; ahora
en frío. Siempre con la sañuda intención de borrar todo lo que sepa a
Cristo, como se ha expresado poco
ha el Santo Padre.
El simpático y heroico Arzobispo
Orozco, el apóstol de Jalisco durante
el sangriento período de Calles, fué
secuestrado por agentes gubernativos
el 24 de enero último, cuando salía de
su residencia de Guadalajara. Llevado
en automóvil custodiado por solda-dos, .a un campo de aviación, fué
deportado en aeroplano a California.
Actualmente se halla en Los Angeles.
¡Segunda edición de nuestro queridísimo Cardenal Segura!.,. A los que lo
llevaban dijo que mejor quería mil
veces la muerte antes que el destierro.
Al preguntar la causa, se le respondió
que se le deportaba por sedición.
¡Qué poca originalidad tienen estas
molleras de anticlericales en todas las
latitudes!...
Durante la persecución de Calles el
intrépido Prelado se mantuvo en su
Diócesis, a pesar de todas las asechanzas puestas a su vida. Abandonó
su palacio y vivió en cavernas por la
sierra, administrando su diócesis con
celo admirable. Es, pues, un cavernícola por partida doble... Una vez
un ejército de 25.000 federales se puso
en marcha con el solo fin de darle
caza. Quedaron con las ganas. Hizo
imposibles por mantener la religión
entre los suyos. Cuando el arreglo
último entre las autoridades de la
Iglesia y del Estado, el clero pudo
volver a oficiar en sus templos; pero
el Gobierno insistió en el destierro del
santo Prelado. Sin embargo, poco
después recibió permiso de ese mismo Gobierno para volver libremente a
su diócesis. Y ahora tuvo lugar esta
felonía o indecencia, muy propia de
nuestros Miguelillos o Rafaelillos. Sin
duda los del mandil y de la escuadra
de Nueva España quisieron quitar de
enmedio el apoyo más firme del pueblo católico mejicano, para hacer más
a gusto todas sus hombradas.
Una lección más, entre otras mil,
para los que creen que estos grandes
males se curan con paños calientes.
FRANCIA
Briand. —Unos datos de sus últimos momentos, de gran fuerza apologética y más consoladores que los de
nuestra prensa a raíz de su muerte.
En su última enfermedad fue visitado varias veces por un Prelado muy
notable, y a éste expresó con toda
libertad y claridad que quería hacer
todo lo necesario para morir bien (en
católico, se entiende). La privación del
sentido y después la muerte le sorprendieron, sin dar tiempo a dicho
Prelado para administrarle y hacer lo
que el finado había deseado. Unido
esto a los esfuerzos por él hechos
para reanudar las relaciones diplomáticas con el Vaticano y la vuelta de
muchas congregaciones religiosas,
etcétera, todo ello logrado, justifican
sobradamente la conducta del venerable Card. Verdier, al acudir al Ministerio de Negocios Extranjeros, con
cruz alzada y varios ayudantes revestidos con hábitos de funciones litúr-
— 144 —
gicas, para bendecir los restos mortales del célebre estadista. Su Santidad Pío XI envió un sentido pésame.
En Cocherel, pueblecillo de Nor
mandía en donde Briand tenía su residencia de descanso, se celebraron
solemnes funerales católicos, al ser
trasladados sus restos desde París.
¡Que Dios lo haya acogido misericordiosamente!
Palabras que consuelan.—Los republicanos de Belfort han proclamado
a Tardieu candidato para las elecciones legislativas. Al mitin de proclamación asistió, representándole, su
amigo el Dr. Péchin. Dijo, interpretando el título de republicanos de
izquierda que ostentan: Somos republicanos que buscamos la solución de
los problemas sociales dentro del orden y de la legalidad. Profesamos
arraigadamente las ideas laicas y respetamos las ideas religiosas, porque
las creernos necesarias. Se nos reprocha que estarnos aliados con hombres que tienen profundas convicciones religiosas. Pero estos hombres
son buenos patriotas, son buenos
franceses y estamos satisfechos de
tenerlos con nosotros. Si la unión
nacional con los radicales no se ha
podido realizar, a nosotros no nos
incumbe la culpa.
Nota.-- Llevan los católicos franceses muchos años de trabajo admirable
por la Iglesia y por la Patria, y han
hecho así la apología mas eficaz que
puede hacerse del catolicismo. Tienen
hoy en su contra los de Herriot, a que
alude Pechin, y también los comunistas, enemigos de todo el género humano. Todos los antiguos anticlericales los admiran y los aman.
Curiosidad.— En Wisques, Pasode-Calais, ha sido elegido por un
voto de calidad (el de su Abad) el
P. Boudoux de Hautefeuille para desempeñar el cargo de concejal. Representará en el Ayuntamiento a los monjes de su abadía.
Monseñor Baudrillart. - Está celebrando este ilustre Prelado su 25.°
aniversario de Rector del Instituto
Católico de París. De todo el mundo
le han llegado felicitaciones, muy merecidas. Fué elegido en tiempos harto
difíciles para el Instituto, seriamente
comprometido por la persecución religiosa, y más aún por el modernismo. De todo ha triunfado con su
virtud, talento y tenacidad. Dejando
aparte sus méritos como sacerdote y
su acendrado catolicismo, baste saber
que el Instituto Católico cuenta al
presente 2.500 estudiantes; hace veinticinco arios tenía 700. El cuadro de
profesores se ha duplicado, y de 57
que contaba al empezar la guerra
europea ha subido a 118. Por esta
última cifra podrán apreciarse algo
las múltiples actividades del Instituto.
Actualmente están terminándose otros
dos departamentos: uno para residencia de estudiantes seminaristas y otro
para señoritas estudiantes. El Instituto
está patrocinado por el Episcopado
francés, que elige al Rector.
Música.—El simpático y amable
Bonnet acaba de celebrar una gran
fiesta religioso-musical, con motivo
de la transformación del órgano de
San Eustaquio. Todo amante del arte
sagrado que pasa por París no deja
de ver a este legítimo heredero de
Frank, y dicen que supera al maestro.
— 145 —
A cualquier hora que tenga que tocar
su órgano, se pone antes de rodillas
a orar, y lo hace de manera tan angelical, que ha ganado ya muchos corazones para Dios. Recuerdo la semblanza que de él hizo nuestro P. Otaño
en su viaje a Londres. Cuando acaba
el Sanctus en la Misa, no toca ya una
nota más y se arrodilla para adorar
con todo fervor la Sagrada Hostia
durante la Elevación. Siempre da
gracias invariablemente después de
tocar, sea a la hora que sea. Se me
olvidaba decir que es un seglar.
Un buen ejemplo.—Los estudiantes
sostenidos con las aportaciones privadas de los católicos estadounidenses en escuelas primarias, liceos
(higher schools), colegios y universidades, ascienden a 2.662.000. Gastan con ellos, sin ayuda alguna del
Estado, 290.000.000 de dólares.
Descansen en paz. —El P. Delattre.
de los Blancos del Card. Lavigerie,
murió el 12 de enero último a la edad
de ochenta y un años. Durante cincuenta arios dirigió las excavaciones
en Cartago, descubriendo un arte que
ya se creía perdido: el romano y el
cristiano. En 1929 dió cuenta del descubrimiento de una basílica cristiana.
Opinaba que era la erigida en el lugar
del martirio de San Ciprianc. Dicha
basílica fue usada para la Misa Pontifical del Congreso Eucarístico allí
celebrado.
—En París, el 21 de febrero del ario
corriente, ha pasado a mejor vida el
P. Adolfo Tanquerey, cuya Sinopsis
dogmática tantos estudiamos y estudian en todo el mundo. Tenía setenta
y ocho arios. Había sido ordenado
sacerdote en 1878. Enseñó en Rodez,
Baltimore y por fin en San Sulpicio
(París). Era muy apreciado por su
santa vida.
— Una de las figuras benedictinas
que hacen época, el Obispo Gerardo
van Caben, acaba de morir en Villa
S. Benoit, en la Costa Azul. El solo
resumen de su obra es algo muy din
cil para estas cortas noticias. Fue uno
de aquellos grandes hombres que la
providencia pu ,io a disposición de
León XIII para sus grandes empresas.
Era belga. Entró de benedictino en
Beuron en 1874. Toda su vida fuefundador. Mareds o u s, St. André,
S. Anselmo (Roma), el movimiento
litúrgico belga, le deben todo o casi
todo. Sus viajes a Rusia y demás
disidentes orientales; la titánica implantación de los benedictinos en el
Brasil; las misiones del Congo belga,
etcétera, etc., son obras todas que le
recordarán siempre. Su cuerpo ha
sido trasladado a Bélgica con todos
los honores.
— El celebérrimo historiador de Lutero, Hartmann Grisar, ha muerto a
los ochenta y siete años de edad. Estaba en la Compañía de Jesús desde
1868. Publicó su celebérrimo libro
Lutero en 1911, seguido de algunas
monografías documentadas, acabando en 1926 con Vida y Obras de Martín Latero. El daño hecho al luteranismo ha sido inmenso, pues con una
documentación inédita y asombrosa
va siguiendo paso a paso la vida del
heresiarca, cínica en alto grado en
todos los Mandamientos.
FR. FERNANDO VÁZQUEZ
00 .0000000000000OP oo.000 000000000 0000000000000000 000
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O
— 147 —
NOTAS RÁPIDAS
cuya verificación, aun no queriéndolo,
colaboran sus mismos enemigos.
ISIDRO, OBISPO DE TARAZONA
El Crucifijo
Otros años, estos días benditos
(los de la Semana Santa), el Crucifijo, en apoteosis triunfal del arte español, de la piedad y del culto españoles, que no tienen rival en el mundo,
era gloriosamente paseado y levantado sobre ingentes multitudes como
jamás se hizo con ningún Rey: VexiIla Pegis.., Era una explosión del
alma española, que en estos días
santos manifestaba clamorosamente
su fe perenne en Cristo Crucificado,
y recordaba ario tras año las lecciones de la Cruz.
Ahora, no. Decretada oficialmente
la eliminación de la Cruz y del Cristo
bendito que de ella pende, en el culto
público, en escuelas y cementerios, y
abolida de nuestra Constitución la
religión del Crucificado, se ha suprimido, en derecho, el polo que ha
orientado durante siglos toda la actividad de este gran pueblo; se ha pretendido cortar el hilo de nuestra historia, que es el hilo de nuestra vida;
se ha arriado la bandera de nuestros
combates por la conquista de todo
progreso; y, cuanto está del legislador, se ha arrancado del alma popular
algo consustanciado con ella, causándola profunda herida.
Esperemos con serenidad. San Pablo lloraba emocionado al ver entre
los de Filipos que había quienes obraban en enemigos de la Cruz de Cristo:
(Su fin, añadía, es la perdición; tie-
nen por Dios a su vientre, y por gloria
lo que es su vergüenza; sus pensamientos terrenales.»
Esperemos y sigamos con ardor
nuestra historia de amor al Crucificado. Los símbolos tienen gran fuerza, pero no son la fuerza del alma.
Mientras el alma española se vacíe
por los labios de millares de españoles y en forma de besos ardientes que
rozan y desgastan los pies del Cristo
de Medinaceli, en Madrid; y en Barcelona se cobijen otros millares bajo
las bóvedas de su catedral para glorificar al Cristo de Lepanto; y mientras
éste, mi pueblo de Tarragona, indemnice al Crucificado del agravio que
por la ley se le ha inferido, lanzándole
de sus escuelas, colgando más de mil
crucifijos en otros tantos pechos creyentes; y mientras en otro pueblo de
mi jurisdicción obliguen las mujeres
al alcalde a besar y reponer el Crucifijo quitado de las Escuelas y paguen,
gaudentes, las seis mil pesetas de
multa en que por tal acción incurrieron; y mientras se alce en toda España este clamor, como de pueblo lastimado en sus entrañas, que hemos
oído estos días, podemos confiar en
los futuros triunfos del Crucifijo en la
vida pública, y que seguirá siendo
entre nosotros lo que es en el sistema
y en la historia del Cristianismo: un
hecho colosal, que no se anula con
una ley; una síntesis de nuestras
creencias, que no desarraigarán los
odios sectarios; y una profesión a
El Gobierno de la República francesa ha rendido un magnífico homenaje a nuestros misioneros
En la inauguración del Pabellón de
las Misiones católicas, Mr. Paul Reynaud, Ministro de las Colonias, en
representación del Gobierno, ha hecho un magnífico elogio de los Misioneros.
«¡Maravillosa historia la de las Misiones! Costas de Berbería, donde
San Vicente de Paul y los Padres de
la Merced acuden conmovidos por el
dolor de los cautivos cristianos.
»¡Canadá, de donde parte el Padre
Marquette al descubrimiento del Mi
sisipí y de Lousiana!
»¡Brasil, donde un Franciscano es
el primer operario de la Francia equi-
nocial!
»¡China, donde enfrente a una civilización milenaria, los Jesuitas se imponen por su ciencia, reciben los honores del mandarinato, y en tiempos
de Luis XIV obtienen de Rusia que
haga la paz con la China haciéndole
ver las ventajas económicas de abrir
el mercado chino!
»¡Indo-China, en donde el Obispo
de Adrán, Pigneau de Béhaine, merece
que el inglés Macortney diga de él:
«No faltó nada para que fundase en
Asia un imperio superior al nuestro»,
y de quien hablaban con las lágrimas
en los ojos los indígenas quince años
después de su muerte!
»¡En medio del Islan, Lavigierie y
sus Padres Blancos; Foucauld, cuyo
sepulcro al lado del de Laperrine, es
uno de los lugares santos del patriotismo francés!...
›¡Y las mujeres!...
»¡Cuando, allá abajo, lejos, bajo el
sol implacable del Ecuador, un joven
francés está para morir, ve frecuentemente a su lado una Hermana de la
Caridad (une cornette blanche) y oye
la melodía familiar de una voz de los
suyos!
»¡Hermanita lejana, que con vuestro
humilde equipaje, os habéis llevado
de Francia lo que tenemos de más
puro, el Gobierno de la República os
rinde el homenaje de su reconocimiento y de su respeto!...
»¡Qué de historias no nos cuentan
estos mur os!... ¡Descubridores, colonizadores, educadores, geógrafos,
lingüistas, astrónomos, diplomáticos,
los Misioneros son todo esto a través
de tantos siglos y de todos los paí-
ses!...»
Esto es España
Los oficios de Semana Santa, más
solemnes que nunca; las iglesias, incapaces para contener a los fieles; las
comuniones del Jueves Santo, interminables; la visita de los monumentos, más fervorosa y concurrida; las
procesiones, donde las sacaron, imponentes manifestaciones de fe, y
donde gente desalmada quiso impedirlas, no lo lograron y tuvieron que
huir como alma que lleva el diablo
con las manos en la cabeza y buscar
seguridad para sus vidas en las cárceles, sus propios hogares.
1
— 148 — En fin, España es lo que era, y
ahora más que antes: ni era católica
porque lo fuesen sus instituciones, ni
deja de serio porque su Estado se
antodeclare laico.
UJÁN
¡Es todo un símbolo!
Acabo de ver en un periódico la
información gráfica de un fausto suceso; la solución de un pleito viejo.
En Oviedo, el Instituto de Segunda
Enseñanza ocupaba el antiguo convento de Santo Domingo, arrebatado
a sus dueños, que con inmenso esfuerzo lo habían levantado hace 300 años.
Es una mole imponente, pero ya
ruinosa y destartalada. Era preciso
construir un edificio nuevo, pero no
había dinero; ¡son tan caras las obras
del Estado!
Pero se ha encontrado una solución
feliz: El Instituto se trasladará al Colegio de los Jesuitas, del que han sido
arrojados ahora sus dueños. Es magnífico, nuevo, con todos los adelantos
de la arquitectura y de la pedagogía.
¡Estamos de enhorabuena!
Lo que hace falta es que los nuevos
ocupantes no se contenten con el edificio, sino que se apropien también
los métodos y la abnegación de los
fundadores del colegio; de lo contrario, éste dará pronto la impresión de
ruina inevitable.
Pronto se verán los vidrios rotos,
las goteras por todas partes y los
muros agrietados.
A bien que no faltará otra Orden
religiosa que levante un nuevo colegio al que pueda trasladarse el Insti-
— 149 —
tuto dentro de cincuenta años, o antes, pues el mundo camina cada día
más a prisa y las cosas envejecen
más pronto.
Así el Estado irá viviendo de las
iniciativas y de los edificios que los
frailes construyeron echando las entrañas para ello. ¡Y todavía hablarán
mal de ellos! ¡Ingratos!
Sepan al menos que esos edificios,
de que tan alegremente se apoderan,
han costado terribles esfuerzos a
quienes los construyeron. Muchos
frailes envejecieron antes de tiempo
en las obras, otros perdieron tal vez
la vida. Tengo de ello ejemplos muy
recientes.
GUILLERMO
La mayor necesidad de España
Se puso bien de manifiesto al principio de la revolución: la cobardía en
todos los órdenes de la sociedad fue
nuestro pecado capital. Mucho hemos
adelantado en estos meses, pero queda todavía algo y aun mucho que corregir.
Los frailes y los sacerdotes, despegados del mundo, somos los más
obligados a dar el ejemplo. No dejamos atrás quien nos llore y debemos
despreciar los peligros. Nuestra cobardía es de pésimo efecto para el
pueblo cristiano. Si nosotros no nos
corregimos, la generación que ahora
se forma sería aún más encogida que
la presente. Los enemigos de la civilización la arruinarían fácilmente, como los bárbaros destruyeron el Imperio Romano.
Virtud se dijo de vir (varón); la
virtud es siempre varonil. Hasta la
mujer para ser virtuosa ha de ser
fuerte. Por eso sin duda, porque son
virtuosas muchas mujeres, son más
varoniles que los hombres.
Lo diré claramente, aunque nos duela: los confesores, predicadores y
educadores cobardes hacen un mal
servicio a la Iglesia y a la sociedad.
No eran de ese temple los que formaron las generaciones de mártires en
los primeros siglos.
GUILLERMO
La fuerza de la costumbre
Era en la sesión nocturna de las
Constituyentes el 16 de marzo último.
Se discuten los enchufes y mientras
habla el leader católico señor Gil Robles, los socialistas interrumpen furiosamente. El Sr. Alonso y otros
diputados desafían al orador y le
invitan a salir a la calle. El presidente
de la Cámara acoge estas manifestaciones con sonrisa.
¿Por qué sonríe el señor Besteiro?
Probablemente recordando escenas
clásicas de taberna. Pero al fin tiene
que ponerse enérgico y a duras penas
logra convencer a los valientes de
que están en el Parlamento.
GUILLERMO
•n1111M.P.
LA BUENA ALEGRIA
A los pocos meses de nacida nuestra República, todos los españoles
sintieron el vacío de algo mejor, y
dieron en la flor de amoscarse y sentirse tediosos. No había derecho a
eso, y necesariamente debía rectificarse el perfil agrio que iban tomando
las cosas. Entonces surgió uno de
esos pavos reales Narcisos enamo•
rados de su hermosura, y capaces de
ofrecer la panacea de todo lo humano
y divino en una fórmula intranscendente.
Se quiso organizar la alegría de la
República y... ¡ca, hombre! ¿para qué
queríamos más alegría de la que nos
da Gracia y fascia en cada una de sus
dósis semanales? ¡ahí es, nada, dieciséis páginas de chiste por arrobas
y con más sal que el Atlántico! ¿Quién
ha dicho que la República necesita alegría..., más alegría..., mücha alegría?
Sin embargo me väis a permitir
que dude un poco. Son tantas las veces que oigo decir a toda clase de
gentes, que andamos mal, son tantas
las opiniones pesimistas esparcidas
en el ambiente, que lo confieso, me
dan escalofríos y temo.
Pero me acuerdo de un paisano mío
del siglo IV, llamado Paulo Orosio, y
me tonifico y respiro a pulmón abierto. ¿Sabéis lo que pasaba entonces
dentro de las fronteras españolas? El
poder del emperador se vió usurpado
por gentes desconocidas que salían
de la selva; pueblos bárbaros enardecidos por un afan de pillaje y de revancha, se apoderaban de cuanto topaban a su paso. Nadie osaba resistirles de frente, porque había (como
hay hoy), crisis de virilidad; los pudientes, causantes de tal invasión,
huyeron como conejos asustadizos,
— 150 —
y fué ancho el campo para las hazañas de los invasores. Mientas tanto la
moral, la propiedad, el orden y la religión cristiana, recibían los ataques
directos de aquellos hombres empeñados en subvertir todo lo estable y
eterno. Dominó en España la más
completa anarquía.
Pues bien, entre tanta catástrofe levantó su voz Paulo Orosio y dijo que
aquello era nada, comparado con lo
sucedido en épocas anteriores. Desvirtuó, cuanto pudo y supo, los males
contemporáneos, y organizó debida y
cristianamente la alegría del imperio.
Ayudábale en esta empresa un pobre
obispo africano, San Agustín. Al principio nadie le creía. ¡Pensar que aquello era obra de la mano de Dios, sólo
podía ocurrírsele a Paulo Orosio!
¡No! Tales desgracias y castigos,
tantas invasiones y muertes, no eran
causadas por los pecados de los
hombres, ni por haberse desviado del
camino de la verdad, ni por dormirse
beatíficamente en una vida regalona,
afeminada y descreída. Aquello era
obra del genio del mal, enemigo del
mundo.
Y Paulo Orosio decía: «Haced penitencia y recibiréis el don del Espíritu Santo», y la alegría verdadera os
será añadida. Ese era el resumen de
todas sus predicaciones. Dios es
quien castiga, Dios es quien devuelve
la salud. El es quien envía la muerte y
El mismo puede traer la resurrección.
¿Quién lo duda? aposentad a Dios en
vuestras almas y en vuestras conciencias y os le daré conservando vuestro
cuerpo, vuestra vida, vuestra hacienda y tranquilidad y alegría y todo.
Preguntemos ahora: ¿será esto lo
que al presente necesitarnos? Yo, siguiendo la opinión de mi paisano, os
digo que sí. Trabajemos en pro del
cristianismo, de la fe y de las buenas
costumbres. No podemos dejar la organización de la alegría de la República en manos de quien no sabe lo
que trae entre ellas.
Glosando una página de Von Keppler, les diría yo a todos esos masones, liberales utópicos y energúmenos de nuevo cuño: Luchar contra
nosotros los verdaderos cristianos
católicos, es una insensatez que destruye las alegrías. No os empeñéis en
luchar contra Dios, en derribar lo que
es eterno. Si vosotros no halláis ya
gusto en los deleites del alma, en las
delicias de la religión, y no podéis
levantar las fuerzas del espíritu y de
la voluntad para volver a la fe y a la
vida cristiana, por lo menos dejad
todo esto al pueblo, no le quitéis sus
alegrías. No emponzoñéis su cuet po
con vuestro vino artificial y venenoso, causa de engañadores gozos;
porque ese narcótico trastorna al pueblo la cabeza y el corazón y le hace
más infortunado que antes era.
Guardad para vosotros ese tóxico
letal, pero dejad al pueblo sus alegrías y dejadnos a nosotros que se
las procuremos... nosotros podemos
hacerlo, vosotros no.
;Católicos, a trabajar por Cristo!
Devolvamos a Dios las ovejas que se
han descarriado. ¡Alerta!
SERGIO M. DUN
Poyo-11-111-1932.
PPOVIDENCIA
Gonzalo de Alvear, con los codos
apoyados en su mesa de trabajo y la
frente entre las manos, parecía muy
abismado en la lectura de un pleito
del que esperaba alcanzar gran nombradía; sin embargo, de vez en cuan
do, levantaba la cabeza y su mirada
iba a fijarse en el grácil perfil de la
mecanógrafa que resaltaba sobre el
fondo luminoso del balcón como una
silueta de virgencita bizantina.
Poco tiempo antes, el joven abogado, que ya había adquirido algún renombre, gracias a su rectitud y relevantes dotes oratorios, pensó que le
sería muy útil una mecanógrafa, además de los pasantes que en su estudio
tenía y, en consecuencia, puso un
anuncio en «A 13 C».
El mismo día que esto se publicó,
.acudieron un centenar de muchachas
a la puerta del bufete.
Gonzalo se vió un poco perplejo
ante aquel desfile de lindas personillas
la mayoría, más o menos pintadas, y
bajo cuyo airecito modernista se descubría en muchas la triste huella de la
miseria; rechazó con disgusto a algunas que le dirigieron miradas y
sonrisas provocativas y hasta alguna
frasecilla de doble sentido, y estaba
ya cansado, y sin saber a cuál elegir,
cuando entró en el despacho una
completamente distinta de las demás.
Vestía un trajecito de luto muy limpio y cepillado, pero que revelaba
llevar bastante tiempo de uso, un
sombrero de crespón con una ancha
caída del mismo género que rodeaba
graciosamente su cuello esbelto como
el de las estatuas clásicas; aquel ne-gro marco hacía resaltar la palidez
de su rostro sin el menor color, y sus
labios exangües, pero de finísimo di-
bujo, y que temblaban ligeramente a
impulsos de una emoción contenida.
Sus ojos no necesitaban del lápiz
para ser rasgados, de admirable forma y mirada luminosa, que templaba
el largo velo de sus pestañas naturalmente rizadas.
En vez de empezar a hablar como
sus predecesoras, enumerando sus
méritos, guardó silencio acobardada,
esperando que Gonzalo la interrogara, y sin atreverse a alzar hasta el el
largo velo de sus pestañas.
Gonzalo, algo admirado ante aquella silueta triste y hermosa, la señaló
el sillón colocado al otro lado de la
mesa, y entre ellos se entabló el diálogo siguiente:
—¿Es usted mecanógrafa, señorita?.
— Sí, señor; taqui-meca.
- ¿Tendrá usted referencias de los
sitios en que haya practicado?
La joven movió tristemente la cabeza, y un ligero rubor la embelleció
aún más.
—No, señor; no he practicado en
parte ninguna.
—Pero está usted bien impuesta...
—Creo que sí, señor; escribo con
bastante rapidez y...
—Al menos, tendrá usted el certificado de la Academia...
Nuevo movimiento negativo.
—No he ido a ninguna academia;
me enseñó una amiga, por caridad...,
cuando murió mi madre.
Y la joven enjugó furtivamente dos
lágrimas que se desprendieron de sus
ojos.
Gonzalo sintió también que los suyos se humedecían.
— No se aflija, señorita, dijo dulcemente—. Va usted a demostrarme lo
que sabe. Y levantándose, descubrió
la máquina que estaba colocada junto
al balcón.
— 152 —
La joven le siguió, y quitándose sus
guantes raídos por la punta de los
dedos, se sentó ante la máquina, que
preparó con destreza, empezando a
escribir con gran rapidez.
—Basta—dijo Gonzalo, que la contemplaba dominado de una singular
emoción.
La mecanógrafa quitó el papel de la
máquina y se lo alargó tímidamente.
Gonzalo le leyó de una ojeada y
pudo advertir que la joven había escogido palabras de difícil ortografía
para demostrar su instrucción.
—Muy bien, señorita - dijo sonriendo—. Veo que no sólo domina
usted la máquina, sino también la
gramática. Ahora sólo falta que fije
usted sus honorarios.
Esta vez la joven se puso roja como
una cereza.
—Lo que usted diga—murmuró.
-Pero yo no voy a poner precio a
su trabajo...
—Señor; ya lo he dicho que no he
trabajado en parte alguna... usted verá
mi trabajo y...
—Bien; pondremos por el pronto
ciento cincuenta pesetas... luego, según aumente el trabajo, aumentará el
sueldo; ¿le parece?
La joven juntó sus manos blancas y
diáfanas como el marfil y no pudo
contener el llanto que corrió libremente por sus pálidas mejillas,
—¡Qué bueno es usted, señor ! —
murmuró—. ¡Y qué bueno es Dios! Me
decían que no viniera sin referencias,
pues no me admitirían. ¡Usted me ha
admitido sin dificultad! ¡Dios se lo pague!
—Dios es el bueno; señorita... ¿Cuál
es su nombre?
—Providencia, María de la Providencia.
--A ver si es la Providencia quien
hasta aquí la ha encaminado; empezaremos mañana; a las diez en punto;
saldrá usted a la una para irse a comer y volverá a las cinco, la hora de
— 153 —
salida por la tarde, dependerá dell
trabajo, pero nunca será muy avanzada.
Y Gonzalo acompañó hasta la puerta a la joven, diciendo al criado:
—Despida a las demás; queda admitida esta señorita.
Pero cuando Providencia salió y el
joven se encontró solo, quedó un momento confuso y como disgustado.
—He sido bien poco cauto en admitir a esa muchacha que no sé quién
es—se dijo—mi tía me reñirá con razón; parezco un colegial impresionable, que se deja cautivar por la primera mujer a quien ve llorar.
No obstante, Providencia acudió
puntualmente a la hora convenida y la
primera mirada del joven abogado al
entrar en su bufete todas las mañanas,
era para el hueco del balcón en que se
destacaba sobre el fondo luminoso la
grácil silueta semejante al perfil de
una Virgencita bizantina.
II
Hemos oído hablar a Gonzalo de su.
tía; ésta era una excelente señora joven aún, aunque sus cabellos fueran
blancos como la nieve, y que debía
haber sido admirablemente bella.
Gonzalo vivía anteriormente con su:
padre; hombre de carácter raro y extremadamente rico al parecer, aun
cuando su hijo jamás le oyera hablar
de la cuantía de su fortuna.
Tres arios antes de los sucesos que
narramos, cuando el joven terminara,
su carrera, fué su padre atacado de
una congestión que le incapacitó para
seguir ocupándose de sus asuntos,
teniendo que recluirle en una casa de
salud.
Gonzalo a fuer de buen hijo y hombre ordenado, se hizo cargo de los
papeles de su padre, encontrando entre sus apuntaciones una que acusaba
la pensión de una parienta que denominaba, mi cuñada María, en el manicomio de Leganés.
Gonzalo nunca había oído hablar
de aquello. Era hombre de conciencia
y de hermosos sentimientos y decidió
conocer a la desgraciada tía María,
que suponía sería hermana de su madre.
Se dirigió al manicomio, quedando sorprendido ante el aspecto de la
reclusa.
Era una señora que no revelaba, en
manera alguna, la triste dolencia que
la condujera a aquel sitio; lo recibió
amablemente, y al saber que era su
sobrino, lo abrazó conmovido.
—¡Qué bueno has sido al venir a
verme!—dijo tristemente —. Es la primera visita que recibo hace tres
años.
—¿Pero mi padre?...
—Tu padre tendría mucho que ha cer...
--¿Y hace tres años que está usted
aquí?
—Sí; hace más, desde que murió
mi marido; le perdí en un accidente de
automóvil y estuve loca.
Y los ojos de la enferma se llenaron
de lágrimas.
—Pero ahora está usted bien—dijo
el joven cuya alma ,se estremecía ante
la sospecha de una horrible iniquidad.
Tía María sonrió con amargura.
—Todos los locos dicen que están
cuerdos—respondió . . Yo creo estarlo realmente.
—Yo veré al médico dijo Gonzalo—. Y si él lo permite, se vendrá usted conmigo.
En efecto; fué a ver al director del
manicomio, que le dijo:
—Esa señora está curada. Se lo he
manifestado repetidas veces al señor
que paga su pensión; pero siempre
dice que la retuviéramos algún tiempo
más; que teme una recaída.
usted, doctor, no la teme?
—En manera alguna; su locura ha
sido muy violenta, pero de corta duración.
En vista de aquellos informes,
Gonzalo no volvió solo a su casa; tía
María le acompañaba. Desde aquel
momento, Gonzalo tuvo una madre.
Madre amante y solícita que se esforzaba en adivinar los menores deseos del joven a quien consideraba
corno su salvador.
Este tenía para ella el alma trasparente. ¡Era tan semejante a su madre
a quien vagamente recordaba!
En cambio, en el corazón de tía
María parecía haber un secreto que
varias veces estaba a punto de escapársele... Cuando esto sucedía, la
pobre señora cogía entre las suyas
las manos del joven, le miraba fija mente a los ojos, pareciendo próxima
a hablar.
Pero las palabras expiraban en sus
labios y soltando las manos de su
sobrino con un ademán de desaliento,
se reclinaba en su sillón, cerrando los
ojos.
En cambio, seguía como en un libro
abierto todas las emociones del joven
abogado en su mirada franca y leal; y
no tardó en advertir que una preocupación dolorosa turbaba la limpidez
de aquella mirada y la franca jovialidad de su sonrisa.
J. G. HEIMEROS
(Continuará.)
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ESTUDIOS
GALLEGOS
ROMANCES
OBERTURA(1)
Solían en Atenas las doncellas
tejer un peplo del más rico paño
que luego todo el año
Minerva viera en sus espaldas bellas.
Con arte primorosa
bordaban en el peplo alguna escena
del mito de la diosa:
tal vez se viera a la marc ial Ateas
con lanza, escudo y yelmo centellantes
atiendo belicosa
la raza nunca fiel de los gigantes.
(También las musas mías,
graciosas zurcidoras
de artísticos engaños,
llegados estos días,
se tejen con amor todos los años
el peplo de sus odas más sonoras,
bordando en él con arte peregrino
las glorias de Tomás, el sol de Aquino).
Allí venido el día del festejo,
sin número el gentío
lanzábase a la Acrópolis sagrada;
formábase un espléndido cortejo,
y al frente, con la forma de un navío,
marchaba una carroza engalanada:
Atando en ella como vela airosa
podía verse el peplo de la diosa.
Seguía un pelotón de caballeros
montados en solípedos corceles,
seguían sacerdotes y agoreros
llevando de las manos
corderos que lozanos
sonaban los alegres cascabeles.
(1) Con esta composición se abrió la velada
con que los Coristas de Poyo solemnizaron el día
de Santo Tomás, del ario pasado.
0°°--°°`g
n
9,
"00°°°-.........-°--e-000.o.....
Aquellos afamados generales
que en Salamina, Maratón, Platea
cubKéranse de lauros inmortales
luciendo van sus clámides marciales
en esta procesión panatenea.
Y aquellos campeones
que dieran de valor pública muestra
venciendo en la carrera y la regata,
colmaron sus mayores ambiciones
llevando en tan lucida cabalgata,
patente de la diestra,
la copa bien ganada en la palestra...
Se ven ya los relieves
de frisos y frontones cincelados
en mármoles pentélicos:
envueltos en plegados mantos leves
allí se ven los dioses congregados,
allí los héroes con sus gestos bélicos...
Ya sube los sagrados propileos,
ya va la cabalgata
pisando la marmórea escalinata
del templo de Minerva y de Hereeteos.
(También en esta fiesta aniversaria,
también en este alarde
de pompa musical y literaria,
vereis cómo desfilan esta tarde
con aire de aguerridos vencedores
en lides de la pluma,
valientes seguidores
del santo y sabio que forjó la Suma.
Pero así como el peplo de la diosa,
flotando al viento como vela airosa,
solía ir siempre al frente del cortejo,
yo suelo abrir también este festejo,
yo suelo caminar también delante
lanzando al viento mi canción constante).
FR. 1. SANTIAGO CRESPO
o
o.
-0.- -00000.0°00°
„„......,
to. 2 0 .
00.
.0. fc)'00
5.—Muerte de Elena
—Anda carniceiro,
que do meu pescozo
fixcche un pandeiro.
( Versión de Moniferrol - Coruña )
Estando una niña
bordando en corbata,
vino un caballero
pedindo pousada.
--Si papá Iba dera
a min mc gustaba.
Puxdronlle mesa
no medio da sala,
con cochino d'ouro
cubierto y cuchara.
Fixéronlle a cama
n'un cuarto da Si la,
con cortinas verdes,
sábana d'Holanda.
De las tres hermanas
a mí me escogió,
montó en el caballo
y conmigo marchó.
Lh-gando a la sierra
allí preguntara:
—¡,caórne le llamaste,
niña namorada?
—En mi casa Pena,
aquí desgraciada.
Cogiera el cochillo
y alií la mató,
con tierra por riba,
allí la dejó.
Al cabo de siete años
por allí volvió
pastorcitos nuevos
ya los encontró.
—¿,Qué face3 pastores,
qué hice ahí?
—Coidando de llena,
que mataches lf.
—Levante, llena,
y vente conmigo.
Este romance, como otros similares portugueses y castellanos, está
en versos de seis sílabas. Por razón
de su origen portugués no se halla
muy difundido en el resto de la península. Sólo conozco dos versiones
castellanas y otra gallega: ésta que la
publicó Murguia y aquéllas recogidas,
una en Curueria (León) y la otra en
Montevideo.
Las lecciones corrientes en Portugal y sus islas complementan la que
yo doy aquí, y la que Menéndez Pidal
recogió en Montevideo tiene un sorprendente parecido con ella, y hace
pensar si acaso emigrantes gallegos
fueron los que lo llevaron a aquellas
tierras.
Murguía (1) titula este romance:
Romance de Santa Irene. Y, en efecto, se trata de una leyenda hagiográfica, cuya fuente puede verse leyendo
el tomo XIV de la España Sagrada (2).
llena es Santa Irene, patrona de San-
tarem.
El metro es de romancillo, y muda
el asonante de a-a en -ó, e -í, al final,
donde se hallan los tres últimos versos que un mal avisado juglar zurció,
desfigurando además el ritmo con iló(1) Historia de Galicia. T. I, pág. 579, de la primera edición.
(2) Edición de Antonio Martín, páginas 389-391
(Madrid 1758).
- 156 -
gico asonante. Los conservo así para
ser fiel en la trascripción.
Lleno como está de un suave infantilismo, este romance pertenece al
grupo de los que no vacilo en llamar
precursores del tipo legendario del
Tenorio; aquel personaje sin moral,
que profana el derecho de hospitalidad, embauca a sus víctimas y luego
se deshace de ellas por un método
expeditivo cualquiera.
Son muchas las palabras gallegas
- 157 -
conservadas en esta versión y algunas de ellas en la forma contracta,
como el facés de los últimos versos,
que debe entenderse facea'es.
Por fin debo consignar que esta
versión la hallé entre los manuscritos
del poeta D. Francisco María de la
Iglesia.
FR. GLIMERSINDO PLACER
Mercedario.
Poyo-Febrero-1932.
AIIIIIIMIEB1111111n1
NOTICIAS
ROMA
Erección de parroquia y nombramiento de párroco.—En la suntuosa
iglesia argentina, residencia de nuestro
Rvdmo. P. Maestro General, la Santa
Sede acaba de erigir una parroquia para
atender a la cura de almas en uno de los
más poblados barrios de Roma, y el Vicario nombró párroco al muy reverendo
P. Eugenio Marianecci, Provincial de la
Merced de la provincia romana. A la ceremonia de lectura de la bula de erección y
del nombramiento de párroco y a darle
posesión, fué el Excmo. Sr. Obispo de
Palica, Arzobispo de Filipos, Vicegerente.
Pronunció una hermosa plática, y el nuevo párroco, después de tomar posesión
de la Iglesia, celebró la Santa Misa y dirigió la palabra a sus nuevos feligreses que
llenaban la vasta Iglesia. Esta nueva parroquia, hace el número setenta de las de
Roma.
Felicitamos a nuestro Rvdmo. P. Maestro General por el nuevo campo que abre
a la actividad de los Mercedarios en la
Ciudad Eterna y también al nuevo párro-
co, a quien auguramos ápimos frutos en
su nuevo ministerio.
MADRID
Durante la semana cuarta de Cuaresma
y concluyendo el 5 de marzo, hicieron en
esta Iglesia de la Buena Dicha los Santos
Ejercicios, la Orden Tercera de la Merced
y la Congregación de los Jueves Eucarísticos, bajo la dirección de los PP. Fray
Antonio Rodríguez y José lynguélez. La
asistencia fué grande y el fervor también.
Del 11 al 19 del mismo mes, como de
costumbre, se celebró la novena de San
José, con pláticas todos los días sobre las
principales parábolas evangélicas.
El mismo día 19, a las siete de la tarde,
el P. Ricardo Delgado dió una tanda de
ejercicios para caballeros, que concluyeron con una comunión general el Jueves
Santo antes de la de los oficios. En las
pláticas trató el tema del apostolado seglar.
La asistencia a los Oficios, mayor y
más fervorosa que nunca. El M. R. Padre
Provincial, dirigió la Hora Santa el Jueves
Santo.
SARRIA
Conferencias para hombres.—El nlvenario anterior a la solemnidad de San
José, tuvo lugar en esta Iglesia una serie
de conferencias para caballeros dadas por
el P. Comendador Fr. Fernando Díez, que
eligió temas actuales y oportunísimos, con
lo que resultaron de muy vivo interés,
aumentando cada día el número de ios
que venían a escucharle.
Comunión general.—La hubo el día
de San José, a la que, además de la gente
que de costumbre se acerca ese dft que
ya es mucha, juntóse este año la comunión de los caballeros de la villa, resultando por esto a'go extraordinario y emocionante.
En honor de N. P. S. Pedro Nolas.
co.—Desde hace algún tiempo ce!ébrase
en esta Iglesia el último jueves el ejercicio
mensual en honor de N. P. S. Pedro Nolasco, ejercicio que la gente llama de la
buena muerte, implorándola tal del santo
Patriarca.
A pesar de hacerse muy de madrugada,
son bastantes las personas que a é n asisten, comulgando en el mismo.
Semana Santa.—No solamente ftié notable este ario por la mayor concurrencia
de fieles a todos los oficios, sino que además notóse mucho más fervor y recogimiento que en años anteriores. El sermón
de las Siete palabras, el de la Soledad,
como también la Hora Santa celebrada el
Jueves a la noche, predicado todo por el
P. Comendador, fueron todos exponente
de la fe y pi:dad que este pueblo conserva
viva e intacta.—EI corresponsal.
FERROL
El día 7 terminaron en nuestra iglesia
los santos ejercicios dirigidos por los Padres Rector y Fermín. Hubo buena concurrencia, mucho recogimiento y numerosas
comuniones. E! P. Fermín preparó también a los obreros de la Escuela Nocturna
para la comunión pascual en la capilla del
Hospital.
El día 19 tuvimos la comunión general
del Colegio, que, según buenos testigos,
fui la más numerosa hasta hoy conocida,
siendo muchos los niños que por VEZ primera recibieron a Jesús.
Tampoco en Ferrol hubo procesiones
esta Semana Santa, aunque pudo haberlas. En cambio la gente se concentró en
las iglesias, donde laz comuniones fueron
numerosísimas y no pocas inesperadas.
¡Bendito sea Dios! No estará demás que
tomen nota los que afirmaron que España
dejó de ser católica.
En nuestra iglesia se estrenó un monumento nuevo formado por tres pirámides
luminosas. Todo lo nuevo place, pero si
ha de repetirse es preciso que el Sagrario
quede más visible. ¡Queremos ver a Jesús!
Mientras tanto, diremos que eran más hermosos los monumentos de Dolores, San
Juaän y cualquier otro.
POYO
El 14 de febrero de este año 1932, apareció el primer número de «El Amigo del
Feligrés», revista parroquial de San Juan
de Poyo.
Es una publicación quincenal redactada
por nuestros Padres del convento de Poyo.
Con motivo de la festividad de Santo
Tomás de Aquino los coristas obsequiaron a la Rvda. Comunidad con una velada
literario-musical.
Al final de la velada, el Rvdo. P. Comendador agradeció a los coristas el obsequio, en nombre de la Comunidad, felicitándolos por el éxito logrado.
Semana Santa.— La celebramos en
Poyo con la máxima solemnidad. Todos
los oficios litúrgicos, como es costumbre,
se cantaron en gregoriano por la Schola
del convento.
— 158 —
El domingo de Remos predicó el Padre
R Sanjurjo
El jueves Santo hizo la Hora Santa el
P. Gumersindo Placer. Este día los socios
de los Jueves Eucarísticos velaron al Santif5imo en Hora Santa perpetua.
A Tos Oficios del Viernes Santo asistieron, presididos por su director don A. de
las Casas, catedrático del Instituto de
Noya, los jóvenes rcgiona:istas gallegos
«U treyas», a quienes acompañaba don
José F. Filgueira, catedrático del Instituto
de Pontevedra. Devotamente se acercaron
todos a adorar la Cruz.
El 26 llegó de predicar el R. P. Nolasco
Gaita. Lleva fuera de casa dos meses de
trabajo intenso, preparando y confesando
a parroquias enteras. Viene complacido
de la religiosidad y fe cada día más creciente en el pueblo.
El domingo de Pasión predicó el Sermón de Dolores en Ribadurnia, el Revermdo P. Fr. M. Penedo.
El mismo día, en San Bartolome de
Pontevedra, ei Rvdo. P. José S. Crespo.
El Jueves Santo, en la misma iglesia,
predicó el Sermón del Mandato e hizo la
Hora Santa el Rvdo. P. Nolasco Vázquez,
El Rvdo. P. Armengol Fernández salió
en la Dominica de Pasión y predicó en
varios puntos de Galicia.
Me pidió para Cee (Mugia) material para
fundar los Jueves Eucarísticos. ¡30 coros!
Espera aviso para ir pronto a fundarlos
en Finisterre y Vinianzo.—FR. R. SAN-
Ea Bilbao, el mismo día, doña Petra
Fernández de Martínez, después de recibidos los Santos Sacramentos y Bendición
Papal, hermana del R. P. Superior de Junquera de Ambia, a quien damos nuestro
sentido pésame.
En Escoriaza, el 3 de febrero, santamente en el Señor el reverendo P. Capellán de nuestras religiosas, don Gregorio
la, como esperamos, en los brazos de su
amor misericordioso. Su vida fue preparación para este trance. A su apreciada
familia nuestro pésame.
El 6 de marzo falleció en Ferro! don
Jacobo Rodríguez Sanmartín, capitán de
navío retirado, Terciario de la Merced,
hab'endo recibido los Santos Sacramentos con gran fervor y extraordinaria solemnidad.
Muy cristianamente también el día 12,
doña Concepción Merino, viuda de MacMahon, consiliaria de nuestra Orden Tercera.
El día 18 entregó su alma a Dios doña
Vicenta Orjales, madre de nuestro herma
no el P. José Rodríguez O r jales, fervorosísima cristiana. A las familias respectivas y muy particularmente al P. Orjales,
acompañamos en el sentimiento.
En Herencia, la piadosa señora doña
Dominga Mendaiio, recibidos todos los
Sacramentos.
En Herencia, los Terciarios D. Críspula
Palmero, Dolores Manso, Gzrarda Calcerrada, Francisca García Escribano, María
de los Angeles G 'llego, Isabel Mora, !sidora García Hidalgo, Lina Almoguera,
Marta García Calvillo, Cecilia Díaz Flörez,
D. Abelardo Rodríguez Corrales y Patricio
Torres.
JURJO.
NECROLOGIA
En Laza, después de larga y penosa
enfermedad sufrida con cristiana resignación, entregó santamente su alma al Señor el 12 de febrero, confortado con todos
los Santos Sacramentos, el que fue modelo de padres cristianos don Carlos Fernáadez Besteiro.
A su hijo el R. P. Manuel Fernández
Paz, Mercedario, y demás familia, enviamos el Más sentido pésame, suplicando a
los lectores de LA MERCED una oración
por el eterno descanso de su alma.
— 159 —
5. de Zaitegu i . Le aquejó una dolorosísima enfermedad que soportó con res'gnación edificante sin haberse apenas quejado. No soltó de las manos el crucifijo, ni
en los momentos que los fuertes dolores
de cabeza le hacían contestar desacorde.
Su muerte santa edificó a todos. Acudieron a su entierro unos cuarenta sacerdotes y toda la villa, testimonio del aprecio
en que le tenían. Fue muy devoto de Nuestra Santísima Madre y celoso de su culto.
En Herencia, a las once de la noche del
21 de marzo, la fervorosa terciaria de la
MERCED, doña Carmen Cobos Aragonés.
Era una de las personas más adictas y
favorecedoras de la Orden, con haberlas
en aquel pueblo tan buenas, desde los
mismos días de su fundación. Se dió
cuenta que se moría, pero tal vez que sería tan pronto. Dios se la llevó algo por
sorpre: a, como suele hacerlo, recibiéndo-
BIBLIOGRAFIA
Luz DE LA PE «Discursos y Sermones»,
del Ilmo. y Rvdmo. Sr. Dr. Fr. Francisco Pierini, Arzobispo de Sucre, Primado de Bolivia.--sVolumen XVII de 'La
Predicación contemporánea». Madrid,
1932. Bruno del Amo. Editor. Ap3rtado
5.003. Precio, 5 pesetas.
El editor dz esta estimada publicación,
titulada =La Predicación Contemporánea»,
fiel a sus propósitos de dar a conocer
los más renombrados oradores sagrados
de la América española, nos ofrece hoy
en el volumen XVII de la citada colección
el primero de les obras oratorias del ilustrísimo Sr. Arzobispo de Sucre. Catorce
discursos y sermones componen este nuevo volumen, y por la sola enumeración de
SUS iftulos se dará cuenta el lector de que
esta obra no desmerece de las publicadas
anteriormente en la misma serie; estos títulos son:
I. El problema social. II. Santa Teresa
o la misión social de la mujer católica.
III. La concepción cristiana de la vida.
IV. El corazón de la madre de la humanidad. V. Jesucristo y la infancia. VI.
¡Hemos de morir! VII. ¡Somos inmortales! VIII. Religión. IX. Culto externo. X.
La Providencia. XI. Combates y triunfos. XII. La bandera de las conquistas
cristiauas„ XIII. La Pasión del Señor.
XIV. La Aurora.
Un nuevo éxito auguramos a la casa
editora con este volumen, que viene a enriquecer la ya respetable colección de la
«Predicación Contemporánea», única serie de obras en las que no figura ninguna
traducida de idiomas extranjeros.
« EL CARDENAL SEGURA '>, prólogo del excelentísimo Sr. D. Ramiro de Maeztu.
Los productos de la venta se destinan
al sostenimiento del culto, clero y enseñanza religiosa.
En todos los hogares españoles debe
-
160 —
ser éste el libro predilecto, que ha de conservarse como homenaje al insigne Purpurado, como ofrenda a la Iglesia por el
alto destino de sus productos y como recuerdo de tan emotivo episodio de la Historia contemporánea.
Adquiera usted el libro y realizará una
obra meritísima de caridad.
gioe o de vasta cultura y emprendedor de
buenas y grandes empresas de obras de
celo y de apostol i cidad, no dudo que LuMEN conquistará en el campo periodístico
un excelente puesto y que cosechará hermosos lauros para las letras peruanas y
mercedarias.
Felicitamos muy de veras a los Padres
Mercedarios de la provincia mercedaria
Revista mensual de «Ciencia y Cultura » . Padres Mercedarios. Lima (Perú).
LUMEN.
Tal es el título de una nueva Revista con
que los Padres Mercedarios de nuestra
provincia del Perú vienen a enriquecer el
movimiento cultural y religioso de la Orden Mercedaria. Esta publicación de sesenta páginas, en papel de hilo, excelentemente presentad*, con hermosos grabados, lectura variadísima en la que se tratan, por prestigiosas firmas de los Padres
de la expresada provincia y de fuera de
ella, asuntos religiosos, sociales, literarios, de investigación histórica, de sociología contemporánea, de mística, de pedagogía y de moral cristiana, la colocan en
el primer lugar de todas las publicaciones
análogas de aquella República.
LUMEN viene a ser una continuación,
aunque muy mejorada y perfeccionada,
como en la introducción lo indica, de «El
Amigo del Hogar » y «El Bien del Hogar»,
en cuyas páginas han dejado impreso su
saber los Padres Mercedarios del convento de Lima de principios de siglo.
Dada la personalidad de su director, el
P. Juan Costa Cavero, religioso entusiasta por las letras mercedarias, amante de la
juventud y de su amada provincia; rel-
del Perú por tan bella publicación, y hacemos votos a la Soberana Redentora de
Cautivos bendiga, como Ella tan generosamente sabe hacerlo, las páginas de LuMEN, y le conceda largos años de vida
para bien de las almas, gloria de la Iglesia, esplendor de la Orden y brillo de les
letras peruanas.
DEVOCIONARIO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DE
volumen de 8 y medio
por 14 cm., de 268 páginas. Luis Gili,
editor, Barcelona, Córcega, 415.
LA MERCED. Un
Los cofrades, esclavos y terciarios de
la Merced encontrarán en este librito, de
un modo claro y preciso, las instrucciones
y prácticas piadosas con que pueden ganar las numerosas e importantes gracias
que les están concedidas. Aunque a ellos
interesa especialmente, por hallarse reasumidos en la sección de Devociones Mercedarias, los ejercicios tradicionales con
que se acostumbra honrar a la Santísima
Virgen y Santos mercedarios, entre las
Prácticas cotidianas y Devociones varias que los completan hallarán todos, en
forma breve y compendiosa, lo principal
- que el cristiano debe observar para cumplir con sus dE beres religiosos.
CON LAS DEBIDAS LICENCIAS
Editorial Católica Toledana, Juan Labrador, 6, teléfono 211
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