te llevaste mis palabras - Equipo de Estudios Comunitarios y Acción

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Te llevaste mis palabras
Efectos psicosociales
de la violencia política en
comunidades del pueblo q’eqchi’
Carlos A. Paredes
4
C OLECCIÓN
P SICOLOGÍA S OCIAL
ECAP
Carlos A. Paredes
TE LLEVASTE
MIS PALABRAS
EFECTOS PSICOSOCIALES
DE LA VIOLENCIA POLÍTICA
EN COMUNIDADES
DEL PUEBLO Q ’EQCHI ’
TOMO I
Te llevaste mis palabras
Efectos psicosociales de la violencia política en
comunidades del pueblo q’eqchi’
Tomo I
Carlos A. Paredes
2006
© Carlos A. Paredes
Impreso en Guatemala
Foto de portada: ???????
Equipo de Estudios Comunitarios y Acción Psicosocial
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Esta investigación y su publicación se realizaron con apoyo
financiero de la Unión Europea en el marco del Proyecto
“Programa Comunitario de Rehabilitación Psicosocial y
Atención Integral a Víctimas de Violencia y Tortura en los
Departamentos de Alta y Baja Verapaz”, coejecutado por el
Equipo de Estudios Comunitarios y Acción Psicosocial (ECAP),
y la organización no gubernamental Movimondo.
Los puntos de vista expresados en esta publicación reflejan la
opinión del autor.
ISBN
ISBN
ISBN
ISBN
Colección: 99922-823-0-4 (ISBN13: 978-99922-823-0-4)
No. 4: 99922-823-7-1 (ISBN13: 978-99922-823-7-3)
tomo I: 99922-823-8-X (ISBN13: 978-99922-823-8-0)
tomo II: 99922-823-9-8 (ISBN13: 978-99922-823-9-7)
Derechos reservados por el autor, prohibida su reproducción
parcial o total por cualquier medio, sin autorización por
escrito del editor.
Guatemala, octubre de 2006
A Pedro Tut
C ONTENIDO
P RESENTACIÓN
XIII
P RÓLOGO
L ECTURA OBLIGATORIA
XVII
I NTRODUCCIÓN
XXI
El Valle del Polochic
y la Sierra de las Minas / xxix
La metodología / xxvi
C APÍTULO I
L OS CAMINOS DE LA HISTORIA
1
El escenario / 1
El origen del conflicto / 2
Y se oscurece el tiempo / 13
– ix –
Te llevaste mis palabras, Tomo I
x
Los cambios en el contexto:
el pasado y el presente / 26
Despojo de la condición humana / 33
La tortura / 41
La tortura sexual y formas
de violencia dirigidas a las mujeres / 49
Brutalidad de la muerte / 60
Súplica, desesperación y humillación / 64
Daños a la identidad personal / 66
Humillación y desvalorización / 72
Estigmatización / 79
Daños al nombre / 85
Huellas del dolor en el cuerpo / 88
Enfermos de dolor / 94
C APÍTULO II
A LTERACIÓN DE LA CONVIVENCIA
99
Vida cotidiana trastocada / 110
Control Social / 114
Debilitamiento
de los lazos comunitarios / 117
La desconfianza / 121
Delación / 125
La estigmatización comunitaria / 131
La cultura: objetivo militar / 133
C APÍTULO III
P ÉRDIDAS , VACÍO E INCERTIDUMBRE
145
Te llevaste mis palabras, Tomo I
Fragmentación familiar y comunitaria / 150
Orfandad / 155
Viudez / 160
La ausencia del cuerpo / 164
Soledad en el dolor / 167
C APÍTULO IV
E L MIEDO
171
La persistencia del miedo / 176
Las formas del miedo / 180
Miedo extremo, vigilancia permanente / 184
El susto / 186
C APÍTULO V
P ROYECTO DE VIDA Y SUEÑOS ROTOS
193
Indignación y desesperanza
ante la impunidad / 201
Presencia del ausente / 208
Ya no somos los mismos / 213
B IBLIOGRAFIA
219
xi
P RESENTACIÓN
¿Cuál debe ser la intencionalidad de un libro?, ¿a
quiénes debe estar dirigido?, son algunas de las
interrogantes con las que nos encontramos al
momento de entregar nuestras publicaciones al
lector.
Una publicación con las características de este
libro que hoy ponemos en sus manos, requiere
desde nuestra óptica, un cuidado muy grande,
puesto que es la sistematización de los sentimientos
de personas que con sus testimonios de sufrimiento
y resistencia comparten una realidad para visibilizar que la historia no es como se ha contado.
Conlleva los sentimientos de quien escribe, quien
para poder plasmar la experiencia de las personas
involucradas ha recorrido con ellos diversas
vivencias, desesperanzas, sueños, anhelos...
Te llevaste mis palabras es fruto del proyecto
“Promoción de una Cultura de Paz y Reconciliación
Social en Comunidades Afectadas por el Conflicto
Civil en Tres Municipios del Departamento de
Alta Verapaz, Guatemala, Centro América” que
se llevó a cabo con fondos de la Unión Europea en
consorcio con el Equipo de Estudios Comunitarios
y Acción Psicosocial ( ECAP ) y Cooperazione
Internazionale ( COOPI ), organización no gubernamental italiana.
– xiii –
xiv
Te llevaste mis palabras, Tomo I
El estudio está dividido en dos partes: El
tomo I hace un análisis de los efectos psicosociales
de la violencia política en comunidades del pueblo
q’eqchi’ basado en la vivencia cotidiana por tres
años en comunidades que se ubican en la región
de la Sierra de las Minas, es una población 90%
q’eqchi’.
Panzós es una de las comunidades que se
encuentra en esta región. El 29 de mayo de 1978
esta población sufrió la primera masacre del conflicto armado reciente de Guatemala. La Comisión
para el Esclarecimiento Histórico, propone un
modelo diferente de periodicidad del conflicto
con una serie de sucesos que de acuerdo a la
comisión marcaron rumbos diferentes de la guerra.
Uno de los períodos que señalan importante de
identificar es el que va de 1978 a 1984 ( CEH , Tomo
I), indica el informe, que es en este período, donde
la violencia se vuelve especialmente cruel; con la
masacre de Panzós en Alta Verapaz en 1978,
dando inicio a una forma diferente de llevar el
terror a las comunidades.
Es en este contexto que se enmarca el estudio,
tomando como referente la memoria de los
sobrevivientes de la masacre de Panzós. Éste es el
contenido del tomo II , testimonios que se han
querido publicar, como una necesidad de los
sobrevivientes de difundir la verdad y dignificar
la muerte injusta de sus familiares por el Ejército
de Guatemala.
Este tipo de hechos han marcado en la historia
de Guatemala un período más de oscuridad, donde
la verdad ha sido ocultada y la estigmatización
del pueblo indígena como enemigo interno dentro
Te llevaste mis palabras, Tomo I
xv
de la política contrainsurgente se quiso mantener.
Como dijo Payeras:
“Se sabe que el objetivo más profundo, de
los métodos de exterminio masivo, es romper
las bases mismas de la estructura comunal y de
la unidad étnica, destruyendo los factores de
reproducción de la cultura y afectando los valores
en que descansan (en la organización social
indígena) la dignidad de la persona y su
perspectiva vital. La posibilidad concreta de
reproducción de la cultura”. 1
El acompañamiento psicosocial a las víctimas
del conflicto armado interno en Guatemala ha
sido siempre una prioridad para nuestro trabajo,
descubriendo cuan importante es que se realice y
se mantenga, puesto que salud mental y derechos
humanos debe caminar de la mano, en la medida
que se acompaña uno, se podrá ir resolviendo el
otro.
Te llevaste mis palabras es un estudio que quiere
sumarse a los esfuerzos por recuperar la memoria
histórica de Guatemala, recordar que en La Sierra
de Las Minas hay comunidades que fueron
afectadas por el conflicto armado, y actualmente,
siguen siendo afectadas por el problema de la
tenencia de tierras. Su lucha sigue y muchas de
las problemáticas ocasionadas por la guerra están
latentes en la salud mental de las personas.
El autor analiza la tortura como despojo de la
condición humana; fue uno de los métodos del
gobierno para doblegar a la población y como un
1. Mario Payeras, Los fusiles de octubre, México, D.F.:
Juan Pablos Editor, 1a. edición.
mecanismo para “obtener información de los
movimientos, estructura, organización y responsables de los grupos opositores”, convirtiéndose
“en un instrumento de carácter político”.
El estudio revela la tortura sexual y formas de
violencia dirigidas a las mujeres, la brutalidad
del terror producido por la muerte y la humillación
por la que fue sometida la población ligada a su
condición de ser pobre, indígena y campesina.
Esta situación, sin lugar a duda, produjo un fuerte
daño a la población en su identidad, sus costumbres
y su religiosidad. Por esa desvalorización que de
su vida se ha hecho, el acompañamiento psicosocial
se ha convertido en un elemento importante para
su dignificación y para desestigmatizarle de una
historia impuesta y de una identidad tergiversada.
Los testimonios de los sobrevivientes de la
masacre de Panzós son un elemento fundante
para este estudio, la crueldad de la deshumanización de las políticas implementadas contra estos
sectores de la sociedad hacen de ellos un llamado
a que escuchemos la historia ocultada, produciendo
con el dolor de sus vidas, de sus historias, de sus
cuerpos un llamado para que nos humanicemos,
para que luchemos por preservar con dignidad a
eso a lo que todos y todas tenemos derecho, a la
vida.
Esperamos y deseamos que este estudio sea
un aporte para investigaciones futuras o como
libro de texto en la academia como instrumento
de sensibilización al tema y como método al
abordamiento del trabajo psicosocial.
ECAP
Guatemala, octubre 2006.
P RÓLOGO
L ECTURA OBLIGATORIA
“Bueno, yo que creo que ya vamos a cumplir
un año de estar participando en estas reuniones o
ya lo cumplimos no lo sé, pero hablando sobre el
tema del miedo, es que algunas personas que
tienen esta enfermedad se pueden curar y otros
no. Hay algunos sustos que hemos tenido aquí,
pero son menores, pero también hay algunos que
son muy delicados y complicados de curar y esto
lo trajeron los ladinos”.
“Tengo entendido y porque me lo han contado
mis abuelos que anteriormente existían unos
animales grandes que se comían a las personas,
nuestros abuelos tuvieron que defenderse a través
del mayejak 1 utilizando las candelas y el pom.
Estas personas tuvieron que rogarles a todos los
cerros y valles, ellos rogaron para que todo eso se
acabara y lo lograron. Esos animales que se comían
a las personas desaparecieron, pero luego aparecieron otros, los llamados “Duendes”, hijos de las
1. Mayejak es una palabra q’eqchi’ que hace referencia
a la práctica de la ceremonia maya.
– xvii –
xviii
Te llevaste mis palabras, Tomo I
vacas y de los caballos, aparecieron ellos y otra
vez nos entró el miedo, les entró nuevamente el
miedo a nuestros padres y abuelos, pero ellos
tampoco se dieron por vencidos y empezaron
otra vez a luchar contra ellos. Dijeron que le iban
a rogar nuevamente a los cerros y valles, y
empezaron a hacer su mayejak. Ellos realizaron su
mayejak con toda fe y lo lograron y desaparecieron
esos animales, se murieron. Luego comentaron
que aparecieron algunas personas que despedazaban a otras personas y que cortaban cualquier
parte del cuerpo de una persona y que los iban a
vender a otro lado, y otra vez los ancianos volvieron
a actuar, porque dijeron que podían combatirlo
nuevamente. Lo que ellos se proponían hacer lo
lograban”.
“Luego vinieron los alemanes, a los que llaman
grandes hombres, ellos traspasaron nuestras fronteras y mataron a nuestro rey, empezaron a
adueñarse de todas las tierras, empezaron a trazar
su mojones a como ellos les parecía. Nuestros
finados padres sufrieron de miedo, ya que les
dijeron que ellos ya no tenían tierras, entonces
ellos se preocuparon porque dijeron que en dónde
más iban a sacar de donde comer. Y empezaron
nuevamente a hacer el mayejak, porque dijeron
que nunca iban a dejar de practicar esa actividad,
y empezaron a rogarle a todo lo que existe en esta
tierra; a los cerros y valles, a los todos árboles, le
rogaron al agua, a la noche, a las estrellas, a la
luna, al sol y a toda la cosmovisión”.
“Nuestros abuelos lo lograron ya que los
alemanes regresaron a sus tierras, pero qué más
nos faltaba, pues los mismos ladinos mandaron a
los soldados a matarnos, nos arrasaron a todos,
Te llevaste mis palabras, Tomo I
xix
allanaron todas nuestras casas, y ahí nos asustamos
aún más. Ellos decían que lo que nosotros hacíamos
era brujería, y nos ordenaron a ya no hacer nada,
nos impusieron la Biblia, nos dijeron que ya no
practicáramos nuestras costumbres porque todo
eso era dirigido al diablo, que todo eso no tenía
vida que solamente eran puras mentiras, reunieron
a todas las personas en un cursillo. Llamaron a
todos los pastores y a los catequistas y ahí nos
impusieron todo eso, para que nosotros nos olvidáramos de lo nuestro y para que se muriera definitivamente. Ellos nos quitaron todo eso para que ya
no pudiéramos defendernos, ellos sabían que nos
iban a matar, de esa manera fue fácil para ellos
dispararnos. Ya sólo se hablaba de la Biblia, y ya
sólo era rezar, rezar y rezar; ¿Ustedes creen que
hoy día las iglesias han pensado en realizar algún
mayejak? ¡No, ellos ya no piensan en eso! Ya sólo
piensan en Dios, pero la verdad es que nuestros
ancianos también son escuchados por nuestros
cerros y valles, por la luna, por las estrellas y por
el sol, ellos al realizar sus oraciones invocan todo
lo que existe en la tierra”.
“Ahora nuevamente nos están asustando, están
diciendo que van a aprobar una ley del libre
comercio que está ligada al país de Panamá, con
esa noticia nos están asustando otra vez. Eso
quiere decir que nos van a matar por medio de la
riqueza, y a eso, creo que no le vamos a conseguir
remedio”.
Intervención de Don Pedro
Reunión con el Consejo de Ancianos
Chichipate, El Estor, Izabal,
Agosto del 2004
I NTRODUCCIÓN
“... Un agujero en dos cañas marca el sitio exacto
donde las balas penetraron a la vivienda, la
estructura hecha de caña brava ha sido cambiada
varias veces en estos veinte años, excepto esas
dos. La mujer luce demasiado entera mientras
cuenta con lujo de detalles el asesinato de su
esposo frente a ella y sus hijos y se niega a
compartir los mismos espacios con los
victimarios, demasiado conocidos en la aldea. Es
inútil preguntarse si la memoria resiste más que
las casas, o si estas casas tienen más historias que
contar, más marcas que enseñar. La mujer no luce
sus marcas por fuera, después de un rato me
despido ¡Ya te conté en tu idioma la historia de
mi familia, ya te llevaste mis palabras!...” (Diario
de campo. Cahaboncito, Panzós A.V., octubre,
2003).
Durante la historia de la humanidad se han
suscitado infinidad de guerras, cada una con sus
propias causas y objetivos. Es un hecho que las
– xxi –
xxii
Te llevaste mis palabras, Tomo I
guerras constituyen un despliegue de violencia
física y psicológica para hacerse con el dominio
de un territorio. Ortega y Gasset, movido por el
afán de conceptuar no la guerra en sí, sino la
esencia de la guerra: afirma que “la guerra es
para la ética un caso particular del derecho a
matar” (Ortega y Gasset, 1998). Desde el punto
de vista ético como del de la perspectiva psicosocial,
la guerra constituye un hecho trascendente por
su fuerza y contenido.
Como modelo de guerra se reconoce la guerra
noble; la que hace un pueblo para defender estrictamente su espacio o sus alimentos para subsistir.
Una guerra defensiva y vital.
Antiguamente las luchas entre los pueblos
poco evolucionados solían desarrollarse como
una especie de noble competición deportiva que
finalizaba con la primera victoria o la primera
baja de un modo casi incruento. A medida que la
sociedad adquiere mayor complejidad, y la tecnología diseña aparatos de matar más complejos, los
métodos bélicos han ido tomando la forma de
campañas de exterminio indiscriminado. La declaración de muchas guerras medievales y modernas ha sido el pretexto para abrir las compuertas
a la violencia destructora y terrorífica.
Otra forma de lucha colectiva que a menudo
se plantea es la guerra de liberación o guerra
civil. La lucha de liberación se nutre de la insurrección popular para liberar el territorio nacional de
la dominación violenta gubernamental o internacional (Fernández, 1994).
Los pueblos de América Latina por su historia
de opresión, marginación, pobreza, exclusión y
dominación, han protagonizado varias guerras
Te llevaste mis palabras, Tomo I
xxiii
internas, muchas de ellas con el mismo objetivo;
“La toma del poder a través de las armas para la
instauración de un gobierno revolucionario,
democrático y popular” ( FAR , sf).
La historia reciente de Guatemala, se encuentra
matizada por el enfrentamiento de las clases
sociales. Según Ricardo Falla, se puede intentar
clasificar esta historia en cuatro grandes períodos:
el primero es el que se inicia con la revolución de
1944 y termina con la contrarrevolución de 1954,
periodo que se caracteriza por una apertura democrática que aspiraba a la implantación de un capitalismo moderno y una democracia plena, que
terminó por la intervención de Estados Unidos a
través de la Central Intelligence Agency ( CIA ), la
oligarquía y los sectores reaccionarios del país lo
que llevó a la polarización de la sociedad guatemalteca.
El segundo período es el que transcurre de
1954 a 1966, en el que nacen las fuerzas guerrilleras
de las mismas filas del ejército. Específicamente
el 13 de noviembre de 1960, Luis Turcios Lima y
Marco Antonio Yon Sosa, fundan el llamado MR
–13 (Movimiento Revolucionario 13 de noviembre),
que junto a un grupo del partido Guatemalteco
del Trabajo ( PGT ) se unificó en las fuerzas Armadas
Rebeldes ( FAR ) que actúan en la capital y el oriente
del país. Se empieza a generar cierta participación
del movimiento social, aún incipiente, aunque
también aumenta el grado de represión originado
por la política contrainsurgente que empezó a
asumir el Estado y que se volvería su característica
principal.
El tercer período es el que transcurre de 1966
a 1982. Este período inicia con una ofensiva militar
xxiv
Te llevaste mis palabras, Tomo I
que diezmó a la guerrilla a finales de los años
sesenta. Posteriormente, se dio un resurgimiento
de la guerrilla y se inicia una sublevación indígena
masiva a partir de la década de los setenta. En
esta década, surgen dos nuevas organizaciones
guerrilleras, el Ejército Guerrillero de los Pobres
( EGP ) 1975, y la Organización del Pueblo en Armas
( ORPA ) en 1979. Esto en buena parte se dio por la
situación económica del país que se vio afectada
por la situación internacional. El movimiento social
aumentó. La represión, conforme a la Doctrina de
Seguridad Nacional asumida en ese periodo, se
vuelve indiscriminada, debido al aumento del
movimiento guerrillero y del movimiento social
“Como reacción, la violencia del Estado contra la
población indígena alcanzó proporciones genocidas, lo cual no era un fenómeno nuevo, sino su
expresión más brutal” (Jonas, 1994). La población
se vuelve el enemigo a vencer, se acuña el término
de “enemigo interno” ( ODHAG , 1998: Tomo II). En
1982, la represión se vuelve especialmente cruel
con el gobierno de facto del general Efraín Ríos
Montt, quien crea la política de “Tierra Arrasada”
y ordena exterminar más de 400 aldeas, donde
murieron aproximadamente entre 50,000 a 57,000
personas.
Por último, el cuarto período lo ubica desde
el año 1982 hasta 1996. Al inicio de este periodo
se da un repliegue guerrillero y una militarización
acentuada de la sociedad con la creación de las
Patrullas de Autodefensa Civil ( PAC ) y de otras
medidas de control social, como las Aldeas Modelo.
En 1985, empieza a existir un cambio político en
Guatemala con la llegada a la presidencia de un
civil: Marco Vinicio Cerezo Arévalo. En su gobier-
Te llevaste mis palabras, Tomo I
xxv
no, y debido a los acuerdos de Esquipulas I y II,
que comprometen a los gobiernos centroamericanos a buscar la paz en la región, se inicia un
proceso de acercamiento entre la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG ) y el gobierno. Cerezo sufrió tres intentos de golpe de Estado
y el ejército intentó eliminar al movimiento guerrillero con ofensivas sanguinarias en los últimos
años de la década de los ochenta. Al llegar Jorge
Serrano Elías al poder, y con la imposibilidad del
ejército de asestar el golpe de gracia al movimiento
guerrillero, aunando a esto, las presiones internacionales, se inicia en abril de 1991 un diálogo que
permite a finales de 1996 la firma de la paz que
pone fin a una guerra de 36 años, que ocasionó
más de 200,000 muertos, heridos, torturados, ejecutados y detenidos-desaparecidos, además de miles
de refugiados, desplazados y enormes sufrimientos
a la población guatemalteca ( CEH , 1998: Tomo II).
La Comisión para el Esclarecimiento Histórico,
sin embargo, propone una modelo diferente de
periodicidad del conflicto con una serie de sucesos
que de acuerdo a la comisión marcaron rumbos
diferentes de la guerra. Uno de los periodos que
señalan importante de identificar es el que va de
1978 a 1984 ( CEH , 1998: Tomo I), indica el informe,
que es en este período, donde la violencia se
vuelve especialmente cruel; con la masacre de
Panzós en Alta Verapaz en 1978, dando inicio a
una forma diferente de llevar el terror a las comunidades. Otro período importante según el informe
de la Comisión es el que va de 1985 a 1996, con la
elección del primer gobierno civil, el proceso de
Esquipulas I y II, la negociación de la paz entre
las partes involucradas en el conflicto, y finalmente
xxvi
Te llevaste mis palabras, Tomo I
la firma de la paz firme y duradera entre la
Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca y
el Gobierno de la República.
Como producto de la firma de la paz y derivado
de uno 2 de los acuerdos sustantivos, 3 se crea la
Comisión para el Esclarecimiento Histórico,
quienes presentan en el año 1998, el informe “Guatemala, Memorias del Silencio”. Dentro de las
conclusiones y recomendaciones, hacen hincapié
en la creación del programa nacional del resarcimiento 4 para las víctimas del conflicto armado
interno.
2. Acuerdo sobre el Establecimiento de la Comisión
para el Esclarecimiento Histórico de las Violaciones a los
Derechos Humanos y los Hechos de Violencia que han
causado Sufrimiento a la Población Guatemalteca. Firmado
en Oslo, Noruega el 23 de junio de 1994.
3. Durante el proceso de negociación de la paz, se
llamó acuerdos sustantivos a todos aquellos que tenían
relación con el desarrollo, económico, social y político
del país, al otro tipo de acuerdos firmados se les llamo
“operativos” y se referían básicamente al cese al fuego
entre la URNG y el Ejército, a la desmovilización de las
fuerzas de URNG y su incorporación a la vida civil.
4. La CEH considera que la verdad, la justicia, la
reparación y el perdón son los pilares de la consolidación
de la paz y la reconciliación nacional. Es, por tanto,
responsabilidad del Estado guatemalteco elaborar y promover una política de reparación a las víctimas y sus
familiares, cuyos objetivos prioritarios han de ser la
dignificación de las víctimas, la garantía de no repetición
de las violaciones de derechos humanos y hechos de
violencia vinculados con el enfrentamiento armado y el
respeto de las normas nacionales e internacionales de
derechos humanos. Sobre esa base, la CEH recomienda:
A) Que el Estado de Guatemala, mediante las correspon-
Te llevaste mis palabras, Tomo I
xxvii
Dentro de las medidas del programa nacional
de reparación como lo llama la CEH aparece un
énfasis importante en el tema de la salud mental
comunitaria, sin embargo, este tema en la agenda
del Estado continua siendo una materia pendiente,
a pesar de que en los Acuerdos de Paz el Estado
de Guatemala se compromete, a impulsar un Programa Nacional de Resarcimiento, donde está
incluida entre otras cosas, la Atención Psicosocial
a las víctimas del conflicto armado interno. 5 En
este tema el Estado ha mostrado poco interés no
solo en términos políticos sino sociales y económicos. Sin embargo, a través de la presión ejercida
dientes acciones del Gobierno y del Congreso de la
República, cree y ponga en marcha con carácter de urgencia
un Programa Nacional de Reparación a las víctimas de
las violaciones de derechos humanos y hechos de violencia
vinculados con el enfrentamiento armado y sus familiares.
B) Que, con esa finalidad, el Gobierno presente al Congreso
de la República con la mayor urgencia un proyecto legislativo sobre reparación a las víctimas del enfrentamiento
armado que impulse el Programa Nacional de Reparación.
Dicho proyecto deberá contener los principios generales
y medidas de reparación, la estructura del programa, las
categorías de beneficiarios, los procedimientos para la
identificación de beneficiarios y el mecanismo de
financiación.
5. Acuerdo Global sobre Derechos Humanos; Suscrito
en México, DF el 29 de marzo de 1994. Numeral VIII;
Reasentamiento y/o asistencia a la víctimas de violaciones
a los derechos Humanos; las partes reconocen que es un
deber humanitario resarcir y/o asistir a las víctimas de violaciones a los Derechos Humanos. Dicho resarcimiento y/o
asistencia se harán efectivos a través de medidas y programas
gubernamentales, de carácter civil y socioeconómico, dirigidos
en forma prioritaria a quienes más lo requieran, dada su
condición económica y social.
xxviii
Te llevaste mis palabras, Tomo I
por las organizaciones de víctimas por medio de
la Instancia Multi-Institucional por la Paz y la
Concordia, lograron que el ex-presidente Alfonso
Portillo, firmara un Acuerdo Gubernativo que
creó la Comisión Nacional para el Resarcimiento.
No obstante, el programa diseñado y propuesto
por las organizaciones de víctimas carece de certeza
jurídica, pues el acuerdo gubernativo que crea la
Comisión Nacional de Resarcimiento ( CNR ) queda
sujeto a la voluntad política del presidente de
cumplir con los señalado en el Programa Nacional
de Resarcimiento ( PNR ).
Ante esa realidad el acompañamiento psicosocial a las víctimas de la violencia política en
Guatemala es fundamental, dadas las dimensiones
de los daños producidos. Éste se desarrolla desde
las organizaciones no gubernamentales, pero es
una intervención que depende fundamentalmente
de la cooperación internacional y de la disponibilidad de recursos para este tema. A pesar de los
esfuerzos que se han hecho para abarcar la mayor
parte de la población, aún existen poblaciones,
donde este tipo de acompañamiento no ha llegado.
Es en este contexto donde está investigación
adquiere toda su importancia porque se desarrolla
en el marco de uno de los hechos que la Comisión
para el Esclarecimiento Histórico denominó paradigmático, y que marca el inicio de lo que después
se convirtió en una práctica estratégica en la
lucha contrainsurgente dirigida por el Estado de
Guatemala: la masacre de Panzós.
Si bien el análisis parte de ese importante
hecho, no se centra exclusivamente en él, ¿la
razón?, la gravedad de las violaciones a los derechos humanos que ocurrieron antes y después de
Te llevaste mis palabras, Tomo I
xxix
la masacre, la dimensión que estas adquirieron
ameritan una profundización en sus efectos pero
principalmente en los mecanismos que los sobrevivientes desarrollaron para afrontar el daño.
E L V ALLE DEL P OLOCHIC
Y LA S IERRA DE LAS M INAS
Se le denomina Valle del Polochic al área que
recorre uno de los ríos más importantes del Departamento de Alta Verapaz que se ubica al norte
del país: el Río Polochic. La Sierra de las Minas es
la cordillera más grande de montañas en Guatemala, y acompaña también el recorrido del Río
Polochic.
Ésta es una región habitada por población
q’eqchi’: monolingüe en un 90%. Uno de los pueblos
que se encuentran en esta ruta es Panzós, que en
mayo de 1978 es identificado a nivel nacional e
internacional como el pueblo donde en el marco
del conflicto armado interno se cometió la primera
masacre de población indígena ( CEH , 1998).
En el año 1997 la Comisión para el Esclarecimiento Histórico requirió a la Fundación de Antropología Forense de Guatemala ( FAFG ) la exhumación de cuatro casos que la CEH denominó paradigmáticos y que sirvieron para documentar la dimensión del daño y la política de genocidio desarrollada
por el ejército de Guatemala. Uno de estos casos
fue el de la masacre de Panzós. La exhumación se
realizó 19 años después de ocurrido el hecho, el
resultado fue que se exhumaron 35 osamentas de
hombres y mujeres. El proceso se realizó con la
evidente falta de acompañamiento psicosocial a
xxx
Te llevaste mis palabras, Tomo I
los familiares de las víctimas, quienes afrontaron
esta situación con profundo sufrimiento que surgió
a partir del recuerdo doloroso de los hechos ocurridos. Es de ahí de donde nace esta investigación
que se desarrolló en el contexto de un proceso de
intervención psicosocial con víctimas de la violencia política en el área, que duró tres años, de
marzo de 2002 a febrero del 2005
L A METODOLOGÍA
La metodología está sustentada en la experiencia
acumulada que el Equipo de Estudios Comunitarios
y Acción Psicosocial ( ECAP ) ha desarrollado en el
acompañamiento psicosocial a víctimas de la
violencia política en varias regiones del país en
los últimos 10 años. Principalmente en lo que se
domina procesos de intervención psicosocial comunitaria o salud mental permanente.
Para cumplir con los objetivos planteados en
el trabajo de salud mental comunitaria el ECAP se
fundamenta en cinco componentes principales:
a) Investigación, b) Acción-formación-capacitación, c) Acción Psicosocial y d) Promoción y divulgación.
La investigación normalmente es un proceso
que surge a partir de la acción psicosocial que se
desarrolla con énfasis en el trabajo colectivo o
grupal –grupos de autoayuda– utilizando como
principal herramienta la palabra, que acompañada
de técnicas de intervención psicosocial dan forma
al proceso.
La metodología no es rígida, se adapta a cada
contexto, es por eso que se parte de un diagnóstico
Te llevaste mis palabras, Tomo I
xxxi
comunitario que tiene como objetivo evaluar el
daño producido, y a partir de los hallazgos se
diseña el plan de intervención y en los casos en
que se necesite, se eligen contenidos para capacitar
a personal local para que la intervención sea
acorde a las necesidades psicosociales del grupo
con que se trabaja.
Partimos del criterio de que el trabajo en
salud mental comunitaria facilita la posibilidad
de hablar de la historia de la violencia en la
comunidad, posibilidad que probablemente estaba
negada por el legado del terror que dejó la guerra
en Guatemala: el miedo.
Vencer el miedo y aceptar compartir sin
presiones la historia personal de la violencia frente
a otros que comparten la misma condición, es
parte fundamental del trabajo psicosocial, darse
la posibilidad de reconstruir la historia comunitariamente permite mejores posibilidades de aclarar
la situación actual, para resignificarla, y luchar
por la construcción de un futuro distinto. En
otras palabras: memoria colectiva.
La reconstrucción simbólica de la violencia
permite a la comunidad compartir esta historia
con los jóvenes y los niños, para decirlo de otra
forma, verdad; elemento también importante en el
trabajo psicosocial.
Esta publicación es un acercamiento al impacto
que tuvo el conflicto armado interno en comunidades de Panzós en Alta Verapaz y de El Estor en
Izabal. Para facilitar su lectura, está dividida en
dos tomos: el primero, que es este, incluye el
análisis de los efectos psicosociales que la guerra
provocó en la región, partiendo de la historia y
fundamentado en los testimonios recabados en el
xxxii
Te llevaste mis palabras, Tomo I
área, y el segundo, es una selección de testimonios
completos que documentan la historia de vida de
varios sobrevivientes y documentan las violaciones
a derechos humanos en el marco del conflicto
armado interno.
Para nadie está oculto que la masacre de Panzós
ocurrida el 29 de mayo de 1978 tiene su origen en
la lucha por el acceso a la tenencia de la tierra que
ha mantenido y mantiene el pueblo Q’eqchi’. Por
esa razón se inicia el libro con un análisis de la
evolución histórica del problema agrario en
Guatemala hasta llegar a profundizar en las
consecuencias locales que esa problemática ha
provocado en las comunidades donde se centra la
investigación.
Más adelante se abordan los efectos psicosociales de la violencia política en varios capítulos: a)
El escenario, b) Alteración de la convivencia, d)
Pérdidas, vacío e incertidumbre, e) Miedo y f)
Proyecto de vida y sueños rotos. En cada capítulo
se valoran los efectos desde lo individual y colectivo.
Un dato importante de este material se centra
en la cantidad, calidad y la riqueza de testimonios
que fueron analizados, esta información fue originalmente recibida como producto de las reuniones
con los grupos de autoayuda con sobrevivientes
de la violencia política que se organizaron en
cada comunidad, también a través de entrevistas
y testimonios que fueron recogidos a lo largo de
la investigación. En suma se recibieron 3,800 páginas, que se encuentran grabadas en video casetes
y audio casetes. La información original fue
brindada en idioma q’eqchi’, luego fue traducida
al idioma castellano y sometida a una revisión
Te llevaste mis palabras, Tomo I
xxxiii
rigurosa para comparar la fidelidad de lo dicho
con lo traducido. Posteriormente la información
se codifico en categorías psicosociales que permitieron elaborar inicialmente el mapa de la investigación y posteriormente su estructura.
Este libro también tiene una cantidad importante de testimonios que reflejan el sentir, pensar
y actuar de todas las personas que participaron
en los grupos de autoayuda. Es una historia desconocida que se abre camino por los senderos de
la verdad, la memoria colectiva y la expectativa
de la justicia. Para leerlo es importante detenerse
y reflexionar en cada testimonio, porque es el
reflejo del sufrimiento, el dolor pero también de
la lucha y la historia de sobrevivencia del pueblo
Q’eqchi’.
Hay una frase que fue construida por las
víctimas y sobrevivientes de la violencia política
en la Sierra de las Minas y el Valle del Polochic,
organizados en la Asociación de Víctimas, Viudas
Huérfanos y Desarraigados de la Sierra de las
Minas y el Valle del Polochic ( AVIHDESMI ), y que
los acompañó en todas las movilizaciones y reivindicaciones que hicieron para denunciar los hechos
ocurridos durante el enfrentamiento armado
interno y las violaciones a los derechos humanos
de que aún son objeto y que queremos hacer
presente en este libro porque refleja en gran medida
la razón principal de su lucha: Xb’aan naq xraqe’ li
q’oq yiin, Anaqwank tiklaak chaq re li xsaqenil li yaal
ut li tuqtuqkilal (Porque la noche se acabó, ahora
empieza la luz de la justicia y la verdad).
Guatemala, 2005
Capítulo I
L OS CAMINOS DE LA HISTORIA
E L ESCENARIO
“... Sufrimos todo esto por causa de las
tierras, nos dijeron que ya habían venido
las escrituras y que fuéramos a traerlas a
Panzós. Todos dijimos que estaba bien y
nos fuimos, ¿Pero qué fue lo que pasó? El
alcalde no nos dijo nada, simplemente les
enseñó tres veces la mano a los militares y
ellos empezaron a disparar. Pero todo esto
por causa de nuestra comida y porque
queríamos que nuestros hijos no les faltara
nada y que pudiéramos vestirlos bien.
Sabemos muy bien que por las tierras es
que comemos y de allí sale todo lo que
tenemos. Pasamos por muchos malos momentos, después de eso empezaron las
persecuciones en nuestras casas y empezamos a buscar a dónde ir a dormir, eran las
tres, cuatro o cinco de la tarde y ya íbamos
a buscar un lugar donde dormir y a tratar
de sobrevivir un día más, es más, por eso
es que lo hacíamos para que pudiéramos
–1–
2
Te llevaste mis palabras, Tomo I
vivir un día más, tal vez si no nos hubiéramos escondido todos estuviéramos muertos sin embargo, hemos llegado hasta
aquí...” (Testigo CHBT 020. Cahaboncito).
E L ORIGEN DEL CONFLICTO
Cuando nos planteamos analizar el origen del
conflicto armado interno en el área del Polochic y
sus efectos en todos los ámbitos de la vida comunitaria, necesariamente debemos referirnos al tema
que, para Guatemala, sigue siendo la causa esencial
de la mayoría de la problemática socioeconómica
y política: la mala distribución de su riqueza
primaria: la tierra, por lo que se considera prudente
hacer un análisis de la evolución histórica del
problema agrario en el área para comprender
desde la visión de los sobrevivientes de la violencia
política las causas que dieron origen a la violencia
destructora y terrorífica.
La explicación de la situación actual de la
sociedad guatemalteca en su conjunto pero principalmente en el ámbito rural, incuestionablemente
se encuentra en su pasado histórico de carácter
colonial, cuando originalmente se ve sometida a
un proceso de conquista, que en nuestro caso, a
diferencia de otras regiones de América, significó
la apropiación violenta a la que fue sometida la
principal riqueza encontrada por los conquistadores, es decir: la fuerza de trabajo de la población
originaria. Al mismo tiempo se produce un vasto
proceso de expropiación y acumulación de tierras
que provoca, en primera instancia, la parcial desvinculación de aquéllos de su principal medio de
Los caminos de la historia
3
producción, claramente la tierra (Figueroa Ibarra,
1980). 1
En Guatemala, la Corona española ejerció plenamente el “derecho de conquista” tal y como
extensamente queda esclarecido en varias ordenanzas de la época. 2 Figueroa Ibarra afirma que la
apropiación de la tierra fue reglamentada mediante
el repartimiento de tierras, mientras que la apropiación de la fuerza de trabajo a través de la coerción
extraeconómica que se manifestó en la forma de
encomienda, donde la entrega de los indígenas
para su cristianización resultó ser un pretexto
para repartirse la fuerza de trabajo y mantenerla
forzadamente dentro del proceso productivo
1. Figueroa Ibarra: señala que “El desarrollo histórico
de las relaciones de producción en Guatemala se inicia
con la apropiación de la fuerza de trabajo por parte del
conquistador en la forma de esclavitud. La lucha entre
explotadores por la fuerza de trabajo, que va a ser característica de toda la historia colonial y gran parte de la época
independiente, se manifiesta en el momento de la conquista
en un acaparamiento de la fuerza de trabajo y la sujeción
de la misma. Al proletario o individuo en proceso de
proletarización en la época colonial de que nos hablan
algunos autores en realidad le corresponde la condición
de indio esclavizado ya sea de manera disimulada o bien
de manera legalizada. En esa época el desarrollo de las
fuerzas productivas no eran suficientes, por lo tanto la
forma de procurarse la verdadera fuente del valor, es
decir, la fuerza de trabajo fue el reparto del botín de
guerra; nativos y tierra”. Ver también Severo Martínez
Peláez, La patria del criollo.
2. Don Fernando V. el 18 de junio de 1513. El emperador
Don Carlos, el 27 de octubre, Ley X. Don Felipe II, el 20 de
noviembre de 1578, Ley XIII y Don Felipe II, Ley IX,
citados por Severo Martínez Peláez en La Patria del Criollo.
4
Te llevaste mis palabras, Tomo I
colonial, de ese modo la esclavitud se escondía
tras el régimen de repartimiento y encomienda
pues no estaba totalmente autorizada. 3
También existió un tipo de esclavitud legalizada mediante la autorización de esclavizar a
todo indígena que presentara resistencia armada
a la subyugación. Este tipo de esclavitud surgió a
pesar de las constantes recomendaciones de los
reyes de España de tratar a los indígenas con
“cristiana benevolencia”. Sin embargo, no existía
ninguna autoridad superior que vigilara el carácter
con que se estaban implementando tanto el repartimiento como la encomienda.
En esa época la sociedad colonial mostró una
contradicción adicional a la estructura nativoconquistador, que consistió en la lucha que por la
fuerza de trabajo mantuvo la Corona española
como propietaria contra el explotador; a estas
alturas convertido en propietario latifundista gracias al reparto que se había hecho de la tierra y la
fuerza de trabajo.
Sin embargo, este tipo de relación explotadoexplotador dio origen a lo que se llamó Leyes
Nuevas en 1542 que, a pesar de no ser cumplidas
a cabalidad, modificaron la primera etapa de
explotación a la que fue sometida la población
originaria. Con estas leyes la Corona buscaba
liberar a la fuerza de trabajo para disponer libremente del tributo de la población.
3. Martínez Peláez (1994). Como ya se habrá notado,
el repartimiento y la encomienda al estar entrelazados
daban por resultado la esclavitud virtual. El explotador
tenía la posesión efectiva de la fuerza de trabajo y de los
medios de producción.
Los caminos de la historia
5
Las Leyes Nuevas contemplaban en distintas
formas la necesidad de compensar a los conquistadores y colonos por sus servicios en la implementación del imperio Español. Una de dichas formas,
llamada encomienda en el propio texto de las
leyes, consistía en cederle a un particular los
tributos de uno o varios pueblos indígenas, los
conquistadores empezaron inmediatamente a solicitar ese “regalo” y quedó instaurada la nueva
institución, en este contexto y con las Leyes Nuevas
la definición de la encomienda cambió radicalmente, pues en este caso ya no se encomendaban los
indígenas a los conquistadores para su cristianización sino que fue el derecho concedido por el rey
a un particular en premio por los servicios suyos
o de sus antepasados en Indias, consistentes en
recibir los tributos de uno o más pueblos indígenas.
Con este sistema, como señala Martínez Peláez,
quedó excluida la figura de la esclavitud virtual
de los habitantes originarios (Martínez Peláez,
1994), esta situación motivó a los conquistadores
a la importación de esclavos africanos, y desde
aquel momento solo ellos fueron esclavos en el
reino de Guatemala (Escobar y Gonzáles, 2000).
Éste fue solo el inicio del sometimiento de
que fueron objeto las poblaciones originarias de
América, y es en esa época donde se fundamentan
los mecanismos que dieron origen a la gigantesca
concentración de la tierra, que ya era problema al
final del período de la colonia y que, posteriormente
se crean nuevas leyes que regulan la tenencia de
la tierra en Guatemala.
Severo Martínez Peláez identifica cinco formas
de distribución de la tierra: a) El Principio del
Señorío: este principio era la expresión legal del
6
Te llevaste mis palabras, Tomo I
despojo de la tierra del pueblo conquistado por el
pueblo conquistador, la tierra pasaba a manos de
la corona quien era la única con facultad de quitarla
o cederla, este principio frenaba la intención del
conquistador de la concentración desmesurada
pero también al conquistado de poseerla; b) El
principio de la tierra como aliciente: la Corona por la
pobreza en que se encontraba su reino, no podía
costear las expediciones y se vio obligada a ofrecer
como estímulo a todos los expedicionarios, la
cesión de tierras en los lugares conquistados,
estas tierra fueron los primeros latifundios de la
sociedad colonial que era susceptible de ser ampliado en el transcurso del tiempo; c) La tierra como
fuente de ingresos para las Cajas Reales: este mecanismo se manifestó mediante la llamada “composición
de tierras”. La Corona ideó una forma de agenciarse
de fondos; todo aquel terrateniente que no tuviera
en orden sus títulos, sería expropiado de sus
tierras, a menos que mediante la composición
arreglara legalmente la situación en que se
encontraban las tierras usurpadas; d) La defensa
de la tierra de indios: este principio buscó proteger
la tierra que se encontraba en propiedad de los
pueblos indígenas, la Corona señalaba que los
pueblos debían tener tierras comunes o ejidos
para sus siembras y pastoreo, argumentaba también
el trato preferencial que debía darse a los indígenas
que tenían la intención de adquirir tierras, y exigía
a los conquistadores no usurpar la tierra en propiedad de los pueblos. Este tipo de “privilegios” se
hacían con la intención de que los indígenas tuvieran tierras que pudieran trabajar para sustentarse, para tributar y estar en condiciones de ir a
Los caminos de la historia
7
trabajar de forma casi gratuita a las haciendas de
los grupos dominantes; e) El bloqueo agrario de los
mestizos: a pesar de que este principio no estuvo
inscrito en las leyes se practicó de una manera
bastante alarmante. Los mestizos estuvieron privados del derecho de tener tierras, este mecanismo
favorecía la concentración de tierras en tanto que
era obstáculo para el aumento de los propietarios
de tierras, pues ello llevaría al surgimiento de
nuevos latifundistas. La política de negar tierras
a los mestizos pobres fue un factor que estimulo
el crecimiento latifundista porque esta población
se vio obligada a desplazarse a las haciendas y a
vivir y trabajar en ellas a cambio de tierra en
usufructo, se volvieron necesariamente arrendatarios y esto también justificaba la implantación de latifundios.
Al producirse el fenómeno de independencia
de España obviamente las tierras Realengas pasaron a ser propiedad del Estado, pero casi de
inmediato se inició el proceso de reducción de la
propiedad Estatal a propiedad privada, este
“cambio” en el tipo de propiedad fue aclarado
jurídicamente el 2 de noviembre de 1837 a través
del Decreto Gubernativo promulgado por el Dr.
Mariano Gálvez según el cual: “Son terrenos
baldíos los que antes se llamaban Realengos, y no
están enajenados a personas particulares, pueblos
o corporaciones y su dominio y propiedad pertenecen al Estado (Méndez Montenegro, 1960).
Más adelante, durante los gobiernos liberales
de mediados del siglo XIX se realizaron varias
reformas a la tenencia de la tierra. Éstas estaban
8
Te llevaste mis palabras, Tomo I
encaminadas a definir una política liberal de exportación agrícola y a la expansión de la población
ladina por todo el altiplano. En esta época se
dieron las mayores ocupaciones de tierra por
parte de la población no indígena y de extranjeros,
principalmente en la franja transversal de norte y
Alta Verapaz.
Estas políticas trajeron consigo varias consecuencias: por un lado, procuraban reforzar la
propiedad de las tierras comunales que poseían
las comunidades indígenas, pero por el otro, varias
comunidades tuvieron que renunciar a los reclamos
de tierra por lo engorroso de los procedimientos
para adquirirla y evitar con esto conflictos profundos, por lo que eligieron quedarse con propiedades
mucho más pequeñas pero con certeza jurídica
sobre ellas, esto porque las leyes establecían que,
a menos que estuviese titulada cualquier proporción de tierra podía ser reclamada por cualquier
persona. En este punto lo que es preciso señalar
es que la mayor parte de las tierras comunales no
estaban tituladas y en el mejor de los casos tenían
algún documento colonial pero eran imprecisos
en varios aspectos y generaban conflictos. A finales
del siglo XIX se introdujo el cultivo del café a gran
escala lo que provocó que algunas comunidades
perdieran los terrenos comunales que les correspondían (McCrery, 1994).
Uno de los legados de la época liberal que
consideramos importante resaltar es el de la recurrente incursión de los ladinos y extranjeros en
tierras indígenas, obviamente con el apoyo gubernamental. En el caso de Alta Verapaz, que es el
departamento que nos ocupa, esta situación tuvo
Los caminos de la historia
9
un particular significado pues las medidas legislativas que adoptó Justo Rufino Barrios tenían como
telón de fondo que la llegada de emigrantes europeos (principalmente alemanes) aceleraría el
desarrollo económico de Guatemala (Escobar y
Gonzáles, 2000). Barrios por su visión liberal del
desarrollo tenía un prejuicio profundo contra la
tradición colonial de favorecer a la Iglesia católica
y al mismo tiempo en contra de algunas instituciones legales de dicha época como las tierras ejidales
que poseían las comunidades indígenas, por ello
las abolió.
Las leyes de esa época habían declarado que
todas las tierras sin título eran terrenos baldíos y
como resultado hubo una movilización enorme
de personas a Alta Verapaz, ya que a pesar de que
había indígenas que conservaban sus títulos de
tierra tradicionales, la mayoría eran consideradas
tierras baldías (Sapper, Seler y Termer, 1998). 4 En
1880 se dio la mayor anulación de títulos indígenas
de tierras, lo que permitió que vastas áreas fueran
4. “La explicación de la cantidad de tierras baldías en
Alta Verapaz probablemente se deba a la intervención de
Fray Bartolomé de las Casas frente al Emperador Carlos
V, en 1540 donde se disponía que ningún español podía
entrar al territorio misionero Dominicano de Tezulutlan
durante cinco años y como resultado de esta prohibición,
que parece haberse prolongado repetidamente, el territorio
se salvó por mucho tiempo de los conflictos e incursiones
que habitualmente causaban los invasores Españoles en
otras áreas. Aún más importante era el hecho de que de
este modo se evitó la mezcla de sangre que ocurrió bajo
otras circunstancias por todo el imperio colonial hispanoamericano... Esta exclusión duró hasta el fin del dominio
español en 1821.” (Sapper, et al., 1998).
10
Te llevaste mis palabras, Tomo I
libres y estuvieran en disposición para el cultivo
del café y para el trabajo de la población indígena.
En 1879 se creó la Ley de inmigración, que fue
un intento serio de regular y estimular la llegada
espontánea de individuos, como también de definir
los derechos de los inmigrantes en Guatemala; la
ley permitía un número de concesiones a extranjeros asentándose en Guatemala, por ejemplo: a
cada inmigrante se le permitía desembarcar sin
costo y traer al país sin el pago de impuestos toda
propiedad personal, animales domésticos e implementos agrícolas. El extranjero recibiría además
un título gratis de tierras baldías o podía comprar
a precios bajos tierras que todavía estuviesen en
propiedad privada, además todo aquel inmigrante
que se asentara en terrenos baldíos quedaba exento
del pago de impuestos personales o directos, excepto el de la contribución obligatoria por 10
años para el arreglo de caminos (Terga Cintrón,
1991).
Además, el gobierno de Guatemala también
promulgó una legislación para asegurar una fuente
“adecuada de trabajadores para el desarrollo de
la agricultura” (Terga Cintrón, 1991). Estas leyes
determinaban que la población indígena tenía
que proveer la fuerza laboral necesaria para estos
empresarios y se concedió a los dueños de las
fincas medios legales para conseguir trabajadores
permanentes y temporales. La ley les autorizó a
los grandes propietarios que los indígenas trabajaran y vivieran en propiedades hasta un período
de cuatro años, a estos trabajadores residentes se
les llamó colonos. Además, dentro de la misma
ley se establecía un sistema de endeudamiento
que amarraba a los trabajadores a la tierra y así
Los caminos de la historia
11
evitar el problema de buscar nuevos trabajadores
cada cuatro años. 5
Es así como se va perfilando un cuadro en
que, al disponer en manos privadas enormes cantidades de tierra, también se les permitió a los
dueños asumir el control de los indígenas viviendo
en sus tierras. Las leyes de terrenos baldíos abrieron
el camino para el desarrollo del sistema latifundista
en Alta Verapaz (Castellanos Cambranes, 1977). 6
En la década de 1944 a 1954 se dan en Guatemala profundos cambios sociales. En el tema de
la tenencia de la tierra se crea el Decreto 900 que
5. Karl Sapper explica el sentimiento del pueblo
Q’eqchi’ sobre este sistema de endeudamiento así: “Como
los q’eqchi’es imaginan que el Dios cristiano es una
persona blanca, sospechan que es dueño de una finca en
el más allá, parecida a las que los europeos tienen en Alta
Verapaz. Por esta razón creen que van a tener que hacer
el mismo tipo de trabajo en el mundo venidero como
sobre la tierra (Cortando árboles, trabajando la milpa
etc.) hasta que hayan pagado su endeudamiento. En contraste a las fincas terrestres, donde nunca verán el día en
que hayan pagado todos los anticipos, esperan mejor
tratamiento en la vida venidera donde tarde o temprano
se verán libres de sus deudas...”
6. Castellanos Cambranes identifica una lista de grandes propietarios alemanes a finales del siglo XIX , quienes
según él llegaron a Guatemala “con una mano adelante y
otra detrás” y gracias a la toma de posesión de la tierra y
al trabajo productivo de la población indígena se convirtieron rápidamente en prominentes miembros de la clase
dominante guatemalteca. Entre los que invadieron las
tierras en el Valle del Polochic y otras zonas de Alta
Verapaz está la familia Gerlach quienes tenían a fines del
siglo XIX 800 caballerías, la familia Dieseldorff 425,
Hockmeyer, Sanders y Co. 360 caballerías, Sapper 200,
Fickert Foros 80, Turkheim 130, Nostitz 125, Knapp 115,
Hesse 100, Hartmann 100, Moller 90, Euler 80, Eyssen 74,
12
Te llevaste mis palabras, Tomo I
M APA DE PROPIEDADES ALEMANAS EN A LTA
V ERAPAZ EN 1897 SEGÚN K ARL S APPER (1900)
Las áreas en negro indican las propiedades de alemanes.
Fuente: Regina Wagner, Los alemanes en Guatemala , 1991.
también se conoció como el Ley de Reforma Agraria, que tenía como objetivo “Liquidar la propiedad
feudal en el campo y las relaciones de producción
que la originan para desarrollar la forma de
explotación y métodos capitalistas de producción
en la agricultura y preparar el camino para la
industrialización de Guatemala” (Artículo 1 de
la Ley de Reforma Agraria, 1952). Este Decreto
fue emitido en los primeros años de la Guerra
Herrenschmidt 70, Leipprand 60, Adrián Roesch el finquero
que aconsejaba la adquisición de tierras con “una población
de indios” 60 caballerías, Rosen 50, Stervel 40, Spiegeler
30. en total más de 100 grandes propietarios cuyas posesiones colindaban entre si, en un terreno de más de 1500
Kms. Cuadrados, equivalentes a más de un tercio del
territorio de Alta Verapaz; con 3,465 caballerías en total.
Los caminos de la historia
13
Fría y el esfuerzo por ampliar el sistema capitalista
e incorporar a él a los pequeños productores
agrarios de Guatemala entró en conflicto con los
intereses de Estados Unidos; esto condujo a la
desintegración del gobierno de Arbenz y, en consecuencia al fin de la reforma agraria (Adams y
Bastos, 2003).
En este sentido Adams y Bastos señalan que:
“El esfuerzo de Arbenz estaba destinado,
en su concepción original, a resolver la demanda
de tierra de los pequeños agricultores. La creciente
demanda de la población rural (...) no era
solamente un problema económico que debía
resolverse (...) significaba también una amenaza
política importante. El riesgo de un levantamiento
masivo de los indígenas seguía vivo en la
imaginación de los ladinos de las clases medias
y altas. Todos los gobiernos posteriores contemplarían únicamente ese aspecto de amenaza
política. Como consecuencia, durante las siguientes cuatro décadas los esfuerzos agrarios del
Estado se encaminarían a neutralizar la amenaza,
y no a reconstruir seriamente una estructura
económica que sufría los efectos de la esclerosis
del sistema de propiedad”. (Adams y Bastos,
2003).
Y SE OSCURECE EL TIEMPO
La apreciación generalizada en el área que abarca
Panzós tanto en el Valle del Polochic como en la
Sierra de las Minas es que el origen de la violencia
política está en la lucha que han desarrollado por
la propiedad de la tierra. Esta, inició por los
14
Te llevaste mis palabras, Tomo I
pobladores de Panzós con la reforma agraria decretada en 1952. En ésa época se crearon los comités
agrícolas locales y se adjudicaron 2,300 hectáreas
a las comunidades indígenas. Con la contrarreforma en 1954 la mayoría de las tierras fueron devueltas a sus antiguos propietarios.
El primer alcalde de Panzós en ese período
fue Flavio Monzón miembro del Movimiento de
Liberación Nacional, quien controló el poder municipal hasta la década de los setenta y utilizó esa
posición para engañar y mediatizar a la población
indígena y convertirse en uno de los grandes
terratenientes del área:
“... Don Flavio Monzón era dueño de fincas
en Cahabón cuando llegó a Panzós, los mismos
finqueros, fueron los que lo nombraron como
alcalde. Cuando ya era alcalde comenzó a aprovecharse de las tierras que no tenían papeles registrados aunque la gente ya trabajaba en ese lugar.
Mis padres nacieron aquí en Panzós, cuando
esto aún no era finca, eso, antes de que yo
naciera, hasta que llegó Don Flavio Monzón, él
comenzó a decirle a la gente que iba a venir un
grupo de personas que querían quitarles la tierra,
¡No vamos a dejar que esto suceda, firmen este
papel para que nadie venga a quitar esta tierra!
Así les dijo y así convenció a los alguaciles y a
los trabajadores de la municipalidad, la gente
acepto firmar, la gente no sabia leer ni escribir,
firmaron con sus huellas digitales, pues estaban
convencidos por las palabras de don Flavio,
pensaron que esas firmas eran para firmar como
testigos de que esa tierra estaba abandonada,
que nadie trabajaba en ella, pero en realidad lo
que firmaron era que estaban de acuerdo con
Los caminos de la historia
15
que él tomara como su propiedad toda la tierra.
Con esas firmas él llegó al INTA para que le
permitieran registrar a su nombre la cantidad
de tierra que decía el documento firmado por
los supuestos testigos, arregló los planos, los
registró a su nombre y pagó el título. Las personas
que estaban viviendo en el terreno se quedaron
como mozos colonos, tenían que trabajar para
la finca del dueño, así la llamó él; finca. Entonces
obligaba a trabajar a las personas sin sueldo...”
(Testigo PZ207. Panzós).
Sin embargo los campesinos continuaron
exigiendo al Instituto Nacional de Transformación
Agraria ( INTA ) 7 la regularización de la tierra en
beneficio de ellos. Los representantes de los comités
de tierra eran los responsables de viajar a Guatemala para continuar con los trámites, para eso contaban con la asesoría legal de la Federación Autónoma
Sindical de Guatemala ( FASGUA ):
“... vino un señor y reunió a toda la gente en
el campo de fut bol y les dijo, ¡Levántense, la
tierra está para ustedes, no es para los finqueros,
ellos solo las tomaron y ustedes se quedaron
debajo de los zapatos de ellos, ya es tiempo de
que se levanten y recuperen lo que les han
quitado, ellos tienen que devolver lo que antiguamente les perteneció a los abuelos, organícense por grupos para comprar las tierras y
que se las den a un precio justo! Entonces la
gente comenzó a organizarse, y le dijeron a mi
papá, él comenzó a pensar en organizarse y
7. El Instituto Nacional de Transformación Agraria
fue creado en 1962.
16
Te llevaste mis palabras, Tomo I
formó un grupo de personas sin tierra, se
reunieron, y mi papa se fue a Guatemala, cuando
regresó reunió a toda la gente que estaba
interesada en la tierra y les dijo que formaran
un comité que se encargaría de hacer las gestiones
que se necesitaban hacer, el grupo que se formó
comenzó a ir a Guatemala, al INTA . Todo iba
bien, cuando escucharon los finqueros que un
grupo de personas estaban luchando para
comprar la tierra que ellos decían que era de su
propiedad así lo hicieron, todo iba bien, ya
habían hecho varios viajes a Guatemala...”
(Testigo PZ207. Panzós).
Como resultado de esas gestiones ningún campesino recibió títulos de propiedad, algunos obtuvieron títulos provisionales y otros únicamente
permiso para sembrar ( CEH : 1998, Tomo VI ).
Hacia 1978 los frecuentes viajes de los dirigentes de los comités de tierra a las oficinas del INTA
en la capital de Guatemala, puso en alerta a los
finqueros del área quienes empezaron a amenazar
a los representantes de los comités legalizados y
a decir con todos los medios a su alcance que la
guerrilla estaba motivando la solicitud de tierra
de los campesinos y que los estaban entrenando
militarmente en los alrededores de Panzós. Esto
surtió el efecto esperado y el Ejército instaló un
destacamento militar en la finca Quinich, a pocos
kilómetros de Panzós y comenzaron a patrullar la
zona: 8
8. Ver diario El Gráfico, 2 de junio de 1978 “No se dio
orden de abrir fuego”: El coronel Valerio Cienfuegos,
Jefe de operaciones del área, de la Base Militar José de
Los caminos de la historia
17
“... Entonces se enteraron los finqueros de
la noticia y comenzaron a organizarse con la
estrategia de decir que los comités formados
por la tierra eran guerrilleros o comunistas, los
terratenientes comenzaron a amenazar a los representantes legalizados. El presidente del comité
al escuchar estas amenazas le dio miedo y huyó
hacia otro lugar, entonces se quedó mi papá
como presidente del comité y siguió luchando
contra los finqueros, pero siguieron las amenazas
a los miembros del comité, el INTA compró la
tierra para el grupo de personas, pero Flavio
Monzón decía que esa tierra era propiedad de
él, por esa misma razón comenzó a acusar a la
gente con más coraje diciendo que solo le estábamos invadiendo la tierra. Entonces mandó un
escrito a una sede del ejército, diciendo que
éramos guerrilleros, cubanos, subversivos, que
teníamos armas en la casa y que entrenábamos
con los cubanos, nosotros no sabíamos quienes
eran los cubanos. En el INTA nos habían autorizado a trabajar la tierra que habíamos solicitado,
de esa manera se fueron a trabajar la tierra como
60 personas en trabajo comunal. Entonces
mandaron a llamar a los soldados, diciendo que
Irisarri, con sede en Cobán, asegura que la tropa fue
movilizada a Panzós ante denuncias de que había gente
armada en la región–. Ver también diario La Tarde, 2 de
junio de 1978, “Testigo imparcial relata 24 horas de sangre
y terror”: El médico infieri Carlos Roberto Pazos (...)
relata lo sucedido el día antes de la “masacre” (sic) y en
los días procedentes. “Nos habían dicho que en el campo
de Panzós se reunían los campesinos, para recibir
instrucción militar. Los adiestraban con palos y machetes...”
18
Te llevaste mis palabras, Tomo I
en ese lugar estaban entrenando los subversivos
con armas, los soldados cruzaron los ríos para
llegar hasta donde estaban trabajando los señores,
cuando se dieron cuenta ya estaban rodeados
por los soldados, ya no pudieron huir, fueron
reunidos e interrogados, les preguntaron que
donde estaban las armas y los encargados de
entrenar. Los soldados les dijeron que habían
recibido una nota diciendo esas palabras, que
este día entrenaban los guerrilleros...” (Testigo
PZ207. Panzós).
A partir de ese hecho, el control ejercido por
el ejército en el área fue extremo, comenzando a
limitar la libertad de trabajar, exigiendo a los
campesinos que contaban con autorización del
INTA para sembrar en algunos terrenos que se
reportaran todos los días a la municipalidad antes
de salir al trabajo:
“... Los soldados dijeron que a ellos les
avisaron que teníamos armas, y ellos nos dijeron
¡Ahora ya no van a trabajar sin que se presenten
a la municipalidad para pedir permiso, pero
antes pasan dejando a sus casas sus machetes y
palos, no van a llevar nada, todos tienen que
presentarse! En el trabajadero apuntaron todos
los nombres de las personas para que se presentaran a la municipalidad, y se trajeron a toda la
gente, vino una mitad de soldados adelante y la
otra mitad detrás, en fila se vinieron hasta la
comunidad, todos pasaron a dejar lo que llevaban
a sus casas y se fueron a la municipalidad a
presentarse. Fueron obligados a presentarse
durante seis meses a la misma hora todos los
Los caminos de la historia
19
días. Estuvieron enjuiciados durante seis meses
a la misma hora, interrogándolos con las mismas
preguntas, preguntaban para ver si no iban a
cambiar las respuestas durante ese tiempo,
¡Ustedes se están preparando para matar a la
gente!, les dijeron, los señores contestaron que
nosotros no queríamos matar a nadie, sólo queremos nuestro pedazo de tierra, y así pasaron
las veces de interrogatorio, hasta que se aburrieron los soldados y ya no los llamaron...” (Testigo
PZ207. Panzós).
Ante la movilización y el desarrollo de la
organización de los campesinos en comités de
tierra en mayo de 1978 los finqueros acudieron a
la gobernación departamental de Alta Verapaz y
solicitaron al Gobernador la movilización del
destacamento ubicado en Quinich hacia la cabecera
municipal de Panzós argumentando que las reuniones de los campesinos estaban provocando alarma
entre la “población pacífica” de la zona ( CEH ,
1998: Tomo VI ). Tres días antes de la masacre de
Panzós, un grupo de soldados se movilizó para el
pueblo e instalaron su campamento en el Salón
Municipal, a un costado de la Municipalidad.
Walter Overdick, alcalde de entonces, argumentó a la prensa nacional que desconocía la
razón de la presencia de los militares en Panzós y
que tampoco tenía idea de quiénes habían solicitado
la presencia del destacamento en el pueblo (Diario
El Gráfico, 2 junio 1978).
Sobre la masacre de Panzós ocurrida el 29 de
mayo de 1978 existen varias versiones: a) que la
masacre ocurrió por la apatía del INTA en darle
20
Te llevaste mis palabras, Tomo I
una solución al problema agrario del área (Overdick, Cienfuegos, de la Cruz); 9 b) la versión oficial
del Gobierno de la República a cargo del general
Eugenio Laugerud García en relación a los acontecimientos de Panzós señalaba que:
“... La guarnición militar fue efectivamente
agredida por una multitud de campesinos movilizados por elementos subversivos, quienes
han venido estimulando desde hace tiempo la
ocupación ilegal de tierras en la región (...) los
miembros de la guarnición militar actuaron en
legítima defensa ante la agresión (...) la responsabilidad de estos hechos corresponde a los dirigentes de organizaciones de extrema izquierda que
pretenden utilizar a los campesinos sin tierra
como instrumentos de su política (...)”; 10
c) la responsabilidad fue de los terratenientes del
área con el apoyo incondicional del ejército:
“... La masacre de Panzós, no fue una manifestación aislada de la represión, es la respuesta
que los explotadores del campo dan al pueblo
que se organiza y lucha para salir de la miseria
(...) Quién ejecutó la masacre fue el Ejército
Nacional, que se ha destacado por ser el fiel
guardián de los intereses del imperialismo y de
los explotadores nacionales (...) pues en la región
Nororiente del país muchos generales y funcionarios del gobierno son propietarios de grandes
9. Ver artículos de prensa de la época: Diario El
Gráfico, El Imparcial, La Tarde, Diario de Centro América
entre el 1 de junio y el 22 de octubre de 1978.
10. Comunicado de prensa emitido por la Secretaría
de Relaciones Publicas de la Presidencia de la República
el 30 de mayo de 1978.
Los caminos de la historia
21
extensiones de tierra (...) Si los explotadores
hacen uso de la represión, es por el terror que en
ellos despierta la lucha, la unidad, la organización
y la combatividad de las masas trabajadoras...” 11
Sin embargo hay algunos elementos que escaparon a esas versiones y que fueron identificados
por los sobrevivientes de la masacre:
“Tal vez nosotros también estuviéramos
muertos ya que nos mandaron a Panzós cuando
fue la masacre en ese lugar, nos dijeron que
teníamos que ir, que iba a ver una fiesta, éramos
mucha gente no sabíamos cuántos ir, pero nos
fuimos todos, pero cuando íbamos en el camino
nos dispararon en Se’pom, siete de nuestros
compañeros murieron, los responsables fueron
los Ponce. Esto sucedió un día antes de que
hubiera la masacre en Panzós, pues nos dijeron
que los hombres teníamos que irnos el 28 por la
noche y que las mujeres llegarían el 29. Como a
las siete de la noche salimos porque nuestra
aldea queda lejos, después de eso nos regresamos
todos y ya no fuimos, si hubiéramos ido estuviéramos muertos” (Testigo CHPT078. Chichipate):
“... Todos estábamos tirados en el suelo.
Pero cuando empezaron los disparos no solo los
soldados dispararon, también había unos del
pueblo. Hasta el finado Manuel Cucul. Cuando
me dispararon, me costó caminar, me fui directo
11. “A un año de la Masacre de Panzós” Comunicado
de la Central Nacional de Trabajadores ( CNT ), mayo de
1979.
22
Te llevaste mis palabras, Tomo I
para el Centro de Salud. No teníamos absolutamente nada, pero cuando ellos informaron dijeron
que nosotros teníamos armas y nos amontonaron
ahí, pero todo era mentira. Gracias a Dios que
estamos vivos...” (Testigo CHBT001. Cahaboncito):
“... Todo esto surgió por las tierras, nos
convocaron a una reunión y nos dijeron que ya
habían venido las escrituras de las tierras y que
el alcalde había mandado a traernos y cuando
llegamos a averiguar ya no fue eso, sino más
bien el alzó sus manos para mandar a los militares
a matarnos, tal vez todo esto no hubiera sucedido
si el alcalde hubiera leído el documento ante
todos nosotros, pero todo esto lo hicimos porque
teníamos hambre”. (Testigo CHBT021. Cahaboncito):
“... ese día le dijimos al señor alcalde que
solo íbamos a pedirle un favor y un mandado,
pero él se encerró y no se quiso enseñar, pero ya
se habían puesto de acuerdo con los militares y
estos ya habían sido pagados por él. 25 mil fue
la paga que recibieron los del ejército que vinieron
desde Zacapa, eran 300 soldados y todos se
encontraban regados en el pueblo de Panzós.
Cuando mis padres iban a solicitar las tierras,
mandaron un documento desde Guatemala, nunca me imagine que era lo que nos iba a pasar,
pero los dueños de las haciendas ya se habían
puesto de acuerdo para hacernos lo que nos
hicieron, cuando llegamos al pueblo todas las
tiendas estaban cerradas y rodeadas por los del
ejército...”. (Testigo CHPT046. Chichipate).
Los caminos de la historia
23
Lo que se percibe con estos testimonios es una
estrategia montada por los finqueros que inició
desde la visita que realizaron al gobernador de
Alta Verapaz solicitando la presencia del ejército
en el pueblo.
Tres días antes de la masacre llegaron los
militares a ocupar el salón municipal. Los finqueros
por su lado hacieron circular dos rumores: a) Que
el 28 de mayo habría una fiesta en el parque de
Panzós y ordenaron que todos los hombres que se
trasladaran de noche para estar a tiempo en la
“celebración” y que las mujeres llegarían al día
siguiente; b) También circuló el rumor en comunidades más cercanas de que el alcalde tenía en
su despacho los resultados de las gestiones de los
comités de tierra ante el INTA , los campesinos
llegaron con la idea de recoger los títulos de
propiedad y con una nota de la FASGUA donde se
solicitaba al alcalde apoyar las gestiones que hacían
los grupos de campesinos.
En este sentido la CEH además de señalar la
autoría del ejército en la masacre y señalar la
responsabilidad del Estado en esta grave violación
a los derechos humanos concluye que:
“... este caso es ilustrativo de la influencia
que ejerció el sector de propietarios agrícolas en
la utilización del aparato del Estado, para que
resolviera en su beneficio conflictos sobre tenencia
de la tierra, aplicando la violencia armada contra
campesinos pobres e involucrando al Ejército
en la problemática agrícola. Esta consideración
se basa en indicios varios y concordantes sobre
la actuación de propietarios agrícolas de la zona,
quienes no sólo pidieron la presencia del Ejército
sino, además, favorecieron la creación de un
24
Te llevaste mis palabras, Tomo I
ambiente hostil hacia la población campesina”
además señala que “Los hechos revelan, además,
hasta qué punto la persistencia de conflictos
generados por la tenencia y la propiedad de la
tierra y la incapacidad o la carencia de voluntad
estatal para resolverlos, generan un ambiente
de inestabilidad social que, en este caso, se
resolvió recurriendo a un auténtico mecanismo
de terror sobre la población, cuyos efectos persistieron durante casi dos décadas” ( CEH , 1998:
Tomo IV).
Como resultado de este trágico acontecimiento,
el ejército dio inicio en el Valle del Polochic y la
Sierra de las Minas a una represión selectiva
contra los dirigentes de comités de tierra y
autoridades tradicionales. Se dio una marcada
militarización de la vida cotidiana que mantuvo
bajo el terror a toda la población de las comunidades. A partir de estos hechos se introdujeron
varios destacamentos militares en el área:
“... Luego empezaron a venir los judiciales
al servicio de los hacendados. Ellos iban a los
lugares, no les caímos muy bien, tenían armas,
en cambio nosotros no teníamos. Empezaron a
perseguir a las personas en diferentes lugares;
empezaron los asesinatos, los acorralamientos,
los secuestros, la gente empezó a buscar refugio
para esconderse, algunos se murieron, y algunos
pudieron salvarse. Los hacendados empezaron
a inventar más mentiras sobre nosotros, así fue
como empezó poco a poco nuestra tragedia. Se
tuvo conocimiento que los hacendados no estaban
tratando bien a sus trabajadores, no les daban
permiso para hacer nada, simplemente los estaban
Los caminos de la historia
25
explotando con los trabajos, entonces de esa
manera el pobre empezó a reaccionar; así fue
como empezó todo eso. Si se dan cuenta, el
origen del conflicto armado fue principalmente
las tierras, ya que hubo personas que se organizaron y decidieron solicitar tierras. Sabemos que
durante esos días esos señores estaban posesionando las tierras y no se sabía si realmente eran
los verdaderos dueños o no. Ellos tenían armas,
M APA DE DESTACAMENTOS MILITARES EN EL
MUNICIPIO DE P ANZÓS , A LTA V ERAPAZ
Los destacamentos militares estuvieron ubicados en: 1 Panzós, 2)
Telemán, 3) Finca Tinajas, 4) Finca Sa’quiha’, 5) Sepur Zarco, 6)
Finca Panacté, 7) Finca Pataxte y 8) El Estor.
26
Te llevaste mis palabras, Tomo I
ellos decidían si pagaban o no, y si alguien
llegaba a insistir algún pago, ahí mismo le decían
que dejara de molestar o simplemente lo desaparecían de la faz de la tierra. ¿Por qué sucedía
esto?, porque tenían armas y porque tenían mucho
dinero...” (Testigo SMCH291. Semococh).
L OS CAMBIOS EN EL CONTEXTO :
EL PASADO Y EL PRESENTE
Analizar los cambios que ha sufrido un contexto
social determinado, donde el acceso a satisfactores
sociales como educación, salud, trabajo, vivienda
y tierra, nunca han sido satisfechos, más la
presencia de un conflicto armado con sus mecanismos de represión, nos lleva inevitablemente a
hacer una revisión de las condiciones por las que
ese contexto social se ha caracterizado. Sin embargo, para no extender el análisis abordaremos únicamente lo acontecido durante el conflicto armado
en Guatemala.
Por un lado, nos encontramos con una región
rica en recursos naturales y forestales, con tierra
apta para varios cultivos y ganadería, pero, en
manos de pocas personas quienes tienen acceso a
todas las ventajas que la posesión de la tierra y la
fuerza de trabajo les permite, y que, además,
históricamente mantuvieron el poder político y
económico en la región, con el apoyo del ejército.
Por el otro, una población que se ha visto
sometida a una sistemática violación de sus derechos y en el contexto de este trabajo dividida en
dos grupos claramente identificados; víctimas y
victimarios, estos últimos representados en las
Los caminos de la historia
27
figuras de los expatrulleros de autodefensa civil,
los excomisionados militares, soldados y oficiales
del ejército.
Esta división puede parecer a simple vista
reduccionista, pero no lo es, estamos ante una
población a la que se ha despojado, cuando no de
la vida, de la libertad, de la integridad corporal,
de la identidad, de la dignidad, de la seguridad,
de los vínculos familiares, del proyecto vital y
social y no pueden sufrir esta situación sin efectos
más o menos severos de su subjetividad.
En este escenario caben ambos grupos: las
víctimas y los victimarios. ¿Pero dónde caben los
finqueros?, pues en la reciprocidad incondicional
que mantuvieron con el ejército y la forma como
ambos establecieron su relación con la población
vendría a colocarlos en un plano más cercano a
victimarios que a víctimas. A esto debe agregarse
la discriminación y el racismo prevalente en la
zona como en el resto del país. Un dato importante
es que todos los destacamentos militares estuvieron
ubicados en las fincas, con la autorización y apoyo
de los propietarios y en defensa de sus propios
intereses y privilegios:
“... La comunidad antes de la violencia estaba
sin ningún mal pensamiento, todos trabajaban
tranquilos, se podía caminar de noche, y de día
sin ninguna pena, se podía viajar por donde uno
quería. ¿Cuando empezó la violencia? fue cuando
vinieron los de la hacienda, los ricos o millonarios,
ahí empezó la violencia nos quedamos sin tierra
para nosotros y nuestros hijos...” (Testigo
CHBT038. Cahaboncito).
“... Hace aproximadamente 30, 35, o 40 años
nosotros trabajábamos muy bien, no teníamos
28
Te llevaste mis palabras, Tomo I
ningún problema; cada día que pasaba, cada
noche y cada amanecer, todo era tranquilo. Pero
llegó el día en que surgió el problema sobre
nosotros y todo por los ricos. Cuando empezaron
los problemas ya no trabajábamos bien, ya no
vivíamos bien, nos estaban obligando a cosas
que nosotros no queríamos. Muchas veces comíamos y otras no, por causa de los hacendados.
A los ricos no les caímos muy bien que digamos,
por ellos fue que surgió el conflicto, ya que a
ellos no les gustó que nosotros empezáramos a
poseer las tierras. No les gustó que el campesinado
tuviera tierras y por eso empezaron a traer a los
militares para matar a la gente pobre. Lo que
ellos querían era que sus hijos tuvieran tierras y
que nosotros no tuviéramos nada. Querían ser
los únicos en alimentarse con sus hijos y esposas,
por eso es que levantaron las armas sobre nosotros...” (Testigo RNH163. El Rancho).
La constante presencia de las unidades militares en las comunidades y la creación de las
Patrullas de Autodefensa Civil generaron una
división profunda en el tejido social, división que
también tuvo sus efectos en el acceso a los satisfactores sociales pero fundamentalmente en las
luchas sociales desarrolladas por la población.
Algunos eligieron por voluntad propia o fueron
forzados a servir de intermediarios e informantes
basados en la relación que mantuvo el ejército
con la población y aplicaron también la política
de represión conforme a la época:
“... Antes la paga era baratísima, habían dos
hombres que vivían cerca del camino, se fueron
para Guatemala a tratar de arreglar unos papeles
Los caminos de la historia
29
y el patrón los recibió y los reconoció; Luego se
fueron para Puerto Barrios y otra vez el patrón
los encontró y les dijo que ellos lo querían babosear con sus tierras y los amenazó de muerte.
Pero esas tierras se quedaron con ese señor
después de que los pobres hombres gestionaron
todo para que aumentaran un poco más la paga.
Eso fue lo que hicieron. Se dieron cuenta que
nadie los apoyó, se quedaron completamente
solos, después de eso nos organizamos y empezamos a solicitar tierras en donde vivir y trabajar,
esa fue la razón por la que murieron mis dos
hijos, ya que ellos empezaron a gestionar las
tierras pero terminó en una desgracia para ellos,
ya que hubo gente que se quejó de ellos y los
mandaron a matar. Ellos se molestaron demasiado
cuando se enteraron de la noticia que nosotros
estábamos solicitando tierras, no nos querían
dar, no lo aceptaron fácilmente. A partir de eso
surgió el problema y la gente empezó a temer a
todas las cosas que estaban sucediendo y lo que
nos venía encima, empezamos a pensar que
íbamos a hacer...” (Testigo CHPT065. Chichipate).
Con la creación de las Patrullas de Autodefensa
Civil y con la figura del Comisionado Militar el
ejército delegó en miembros de las comunidades
la responsabilidad del control de la población.
Las funciones comunitarias de ambos: PAC y Comisionado iban encaminadas a la delación, persecución, secuestro, tortura y ejecución de todos los
dirigentes de comités de tierra, sacerdotes mayas
y de todas aquellas personas que manifestaran
ideas opuestas a las establecidas; en palabras de
ellos “sospechosos de pertenecer a la guerrilla”.
30
Te llevaste mis palabras, Tomo I
Aquí se acuña el término “enemigo interno”
( ODHAG , 1998). 12
El poder que se entregó a estos grupos se fue
consolidando bajo el mecanismo del terror impuesto por la política de represión y, en el desarrollo
del conflicto armado terminó abarcando también
la toma de todos los espacios de representación
comunitaria que representaban poder: la alcaldía
auxiliar, el Comité Pro-mejoramiento, Comités
de Salud, de Carretera, de Tierra y todas aquellas
instancias comunitarias de debate para el desarrollo, garantizándose con esto el control de la
población a través de limitar el acceso a satisfactores sociales, y por lo tanto relegando a las víctimas
y sobrevivientes a condiciones de sobrevivencia,
quienes no tuvieron más opción que escapar a las
montañas dejando sus pertenencias y la comunidad
en manos de los representantes de ejército:
“... el origen del conflicto armado interno
nació por la solicitud que nosotros estábamos
haciendo por las tierras, no sabíamos que nos
estaban vigilando por lo que estábamos haciendo
en Guatemala. Uno de mis hijos murió cuando
estaba haciendo las gestiones en Guatemala,
eso es lo que más me duele. Todo lo que pasó
12. Para la CEH el término enemigo interno surgió
bajo el espíritu de la Doctrina de Seguridad Nacional
como una nueva amenaza en la lucha contra el comunismo
internacional, y el ejército identifico la presencia en la
propia sociedad de un “enemigo interno” Este nuevo
adversario estaba representado por cualquier persona,
grupo social, reivindicación o idea susceptible de desempeñarse, en el presente o en el futuro, como “punta de
lanza”, aliado o apoyo eventual del “comunismo internacional y de los grupos guerrilleros en Guatemala”.
Los caminos de la historia
31
durante el conflicto armado interno, lo vivimos
en carne propia, si yo no hubiera salido de mi
casa también me hubieran matado. Le doy gracias
a Dios que volví sano y salvo a pesar de que nos
buscaron. Mucha gente comenta que nosotros
nos quisimos ir debajo de las montañas, pero
esa no es la verdad, nosotros somos los únicos
que sabemos como fue que nos salvamos. Tres
años estuvimos escondiéndonos y defendiendo
nuestras vidas. No sabíamos que les estaba pasando a los demás compañeros por estar solicitando tierras, eso es lo que más nos duele porque
vimos como sufrieron nuestros compañeros y
nosotros mismos...” (Testigo CHPT074. Chichipate):
“... fueron muchos los delitos que cometieron
los comisionados, por ejemplo, cuando un muchacho quería a una muchacha para esposa pero el
papá o la muchacha misma no quería al muchacho, este de inmediato se dirigía al comisionado
y al comité de autodefensa, ellos iban a amenazar
al papá de la muchacha, diciéndole que si no
daba a su hija pues en ese mismo instante iba a
salir muerto de su casa. Así como manifestaba
el muchacho Otto, que su mamá no quería volver
a juntarse con otro hombre, ella quería ver crecer
a sus hijos, pero llegaron a amenazarla y le
dijeron que si no se juntaba con el señor que la
estaba pidiendo como esposa, es porque era
cierto que su marido iba a regresar nuevamente
y que ella les estaba pasando comida a los de la
guerrilla, así fue como la obligaron a juntarse
con otro hombre. Eso fue una de las cosas más
dolorosas que hicieron, lo hicieron aquí en la
comunidad...” (Testigo CHBT035. Cahaboncito).
32
Te llevaste mis palabras, Tomo I
En el presente esta situación no ha cambiado,
son los excomisionados militares y los jefes patrulleros quienes continúan con el control del poder
político y social en las comunidades y son ellos
quienes toman las decisiones sobre los beneficiarios
de los proyectos de desarrollo que se gestionan:
“... en estos días los que tienen el poder
siguen siendo los que tuvieron el poder durante
el conflicto, no encontramos la forma de que
nosotros tengamos voz y voto, si nos damos
cuenta que en la casa que repararon para las
reuniones no decidió la gente sino que decidieron
las dos personas, yo les digo que la gente no
tiene culpa, ellos tienen la culpa, queremos que
se hagan responsables de todos sus hechos...”.
(Testigo PZ228. Panzós).
Hay que hacer notar que los comisionados y
patrulleros a pesar de favorecer con sus acciones
a los finqueros a través del apoyo al ejército,
continúan con una situación económica y social
que, en relación a la de las víctimas cambió poco,
porque tampoco tienen tierra y siguen trabajando
en las fincas con salarios sumamente bajos. Lo
que ha llevado a movilizaciones recientes documentadas por la prensa, exigiendo que el Estado
los indemnice por los “servicios prestados a la
patria”.
La frase de George Orwell escrita en su novela
1984 “Quien controla el pasado, controla el futuro,
quien controla el presente, controla también el
pasado” describe a cabalidad la situación actual
de los sobrevivientes de la violencia política en el
Valle del Polochic y la Sierra de las Minas, quienes
fueron sometidos a controles profundos de su
Los caminos de la historia
33
vida cotidiana que alteró también las manifestaciones culturales y que se refleja en las actitudes de
miedo, terror y desconfianza que prevalecen en
las comunidades.
Si bien, la gente identifica el origen del conflicto
armado interno en su lucha por la tierra, también
reconoce el “costo elevado” en vidas humanas
que tuvieron que pagar como consecuencia de la
lucha, cuyos resultados fueron frustrantes porque
persisten aún las mismas condiciones que en el
pasado y lo que es grave sin tierra:
“... Nosotros teníamos bananos, malangas,
teníamos suficiente lugar para sembrar, pero
ahora no tenemos nada, somos unas personas
sin producto, que no cosechamos absolutamente
nada. Yo no tengo tierras y por lo mismo sufrí
mucho por ella, por estar solicitando que me
dieran un pedazo. Los compañeros nos dijeron
que teníamos que ir con el alcalde y que teníamos
que llevar nuestros documentos para demostrárselos, pero ¿cuál fue el resultado?, únicamente
que nos mataran. Se me atravesó una bala en el
estómago sólo por solicitar nuestras tierras, no
nos escucharon en ningún lado...” (Testigo
CHBT031. Cahaboncito).
D ESPOJO DE LA CONDICIÓN HUMANA
Uno de los objetivos de la política contrainsurgente
fue atentar contra la condición humana a través
de la tortura, la persecución, el sufrimiento extremo, la violencia sexual, el dolor provocado, la
brutalidad de la muerte, la desesperación y la
humillación, intentando convertir a las personas
34
Te llevaste mis palabras, Tomo I
y comunidades en seres despojados de su dignidad
y de todo aquello que hacía referencia a su humanidad.
La barbarie de las acciones perpetradas por el
ejército, comisionados militares y patrullas de
autodefensa civil, se convirtieron en una práctica
sistemática de la política contrainsurgente, donde
la población civil fue la más afectada. Esta crueldad
hizo que los hechos fuesen difíciles de creer o de
asumir como reales y algunos ahora dudan de la
veracidad de los testimonios. En algunos casos se
considera que son historias que caben dentro de
la categoría del realismo mágico, pero son los
sobrevivientes de la violencia política con su experiencia de vida quienes levantan la bandera de la
verdad.
Lo importante aquí es señalar que la deshumanización no es resultado accidental de la guerra,
sino un recurso que ha ocupado un lugar central
en la estrategia contrainsurgente. Más allá del
“derecho de matar” propio de esta estrategia hay
formas más sutiles de deshumanizar como por
ejemplo la pérdida total del aprecio a la verdad y
su expresión más brutal el desprecio por la vida:
“... nosotros los pobres no significábamos
nada para ellos. Los soldados venían a vernos,
pero no sólo venían así nada más sino querían
algo más, venían a recoger a algunos compañeros.
A un compañero lo fueron a agarrar a su casa y
de una vez se lo llevaban para morir, pero lo
que nosotros hicimos, para evitarlo fue que contribuimos entre todos para comprar un cerdo. Cambiamos a nuestro compañero por un cerdo, solo
así lo dejaron libre. Fuimos a dejar el cerdo y
después chompipes, pero para ellos no bastaba
Los caminos de la historia
35
sólo eso, venían nuevamente y después mandábamos pollos e iba uno a dejarlos, pero ¿Por qué
hacíamos todo esto?, pues para que no se muriera
ningún compañero...” (Testigo MGT179. Manguito I).
Un fenómeno importante que se genera en
este proceso de deshumanización es un estado de
miedo, que aunque hasta cierto punto sea una
vivencia subjetiva y privada, cuando lo viven
miles de personas adquiere una relevancia colectiva
e importante en un contexto social determinado.
En este sentido Elizabeth Lira identifica cuatro
características psicológicas que este tipo de miedo
deshumanizante desencadena: a) La sensación
de vulnerabilidad; b) Un estado exacerbado de
alerta; c) El sentimiento de impotencia o pérdida
de control sobre la propia vida; y d) Una alteración
del sentido de realidad.
La “sensación de vulnerabilidad” se expresa
en muchos casos de manera simbólica y se manifiesta a través de una representación gráfica que
hacen las víctimas en su relación con la naturaleza,
evocando la fragilidad de ciertos animales frente
a su depredador. Puede verse que esta sensación
de vulnerabilidad se manifestó tanto a nivel individual como comunitario:
“... Es como si fuéramos un grupo de pollitos
que se llevaron a su madre. Todos nos quedamos
amontonados llorando, eso fue lo que nos sucedió.
Me ponía a pensar a dónde me iba a ir, donde
iba a vivir. Todo era llanto. Todo eso jamás se
me va a olvidar, en que lugares tuve que pasar,
donde tuve que pasar las noches, ya no pensábamos en comer ni beber, todo era miedo ya que
36
Te llevaste mis palabras, Tomo I
nos estaban persiguiendo los militares para matarnos...” (Testigo CHPT046. Chichipate):
“... eso es lo que le pasaba a uno, sólo esperaba
a que lo llegaran a matar. Así fue el conflicto, a
algunos les mataron a sus padres y a sus parientes.
Es mentira que debajo de las montañas fueron
asesinadas muchas personas, sino que fueron
asesinadas en sus propias casas. Además si estas
personas hubieran tenido armas al igual que
ellos, estoy seguro que no los hubieran tocado,
porque se hubieran dado igual. En cambio ellos
sabían que no teníamos con que defendernos,
parecíamos unos pollos a los cuales querían
comérselos, porque sabían que no podíamos
huir a ningún lado. Eso fue realmente lo que nos
hicieron...” (Testigo RNH169. El Rancho).
El “estado exacerbado de alerta” se tradujo
en un tipo de miedo que disparó estados de vigilancia permanente a nivel individual, familiar y comunitario y que alteró incluso la naturaleza del
llanto y los juegos de los niños, quienes a pesar de
no tener conciencia real de lo que ocurría fueron
obligados por sus padres a guardar silencio para
evitar ser encontrados y ejecutados por las patrullas
y militares. Esta situación también alteró la relación
familiar y sus modos de comunicación:
“... Es muy doloroso lo nos hizo esa gente,
no fue algo satisfactorio, nos asustamos mucho,
dormimos debajo del monte, ¡Aquí vienen! Decían. Comíamos temprano, ¡Tápenle la boca a
sus hijos, que ya no hablen porque aquí vienen!,
nos decían, escuchábamos eso, y ya no hablábamos y comíamos temprano, es muy doloroso lo
que hizo esa gente, nos venían a sacar de nuestras
Los caminos de la historia
37
casas. ¡Van a venir a sacarlos de sus casas si los
escuchan hablar! nos decían. Ya no hacíamos
bulla en nuestras casas, lo mejor era salir de
nuestras casas, buscábamos un lugar algo escondido y allí nos íbamos a dormir pero pasábamos
toda la noche esperando, pero antes de eso ya se
habían llevado a mi hermano menor y todos
nuestros animales domésticos ya sólo vivíamos
con miedo, es cierto lo que dicen los demás,
ojalá que nos recompensen un poco de todo lo
que nos hicieron esas personas, no sabemos si
aún están vivos o muertos los que hicieron todo
eso, sólo Dios lo sabe...” (Testigo PZ210. Panzós).
El “sentimiento de impotencia o pérdida de
control sobre la propia vida” frente a los responsables de la represión se expresó de diferentes formas,
en algunos casos en la imposibilidad de salvar la
vida de los familiares o la propia y en otros con
sentimientos de culpabilidad por lo que estaba
pasado y no encontrar mecanismos para enfrentar
la situación:
“... nosotros no éramos unos animales para
que nos hubieran tratado de esa manera, a mí
también me tocó vivir ese momento desagradable
en Panzós, me dispararon y me fracturé una
pierna, mi padre se quedó muerto ahí con el
cráneo destrozado, uno de sus compadres me
comentó después que el cerebro de mi padre
había quedado todo despozolado y que él los
recogió y los metió en una bolsa, me dolió mucho
cuando me lo comentó. Mi padre ya no regresó
y yo tampoco regresé a mi casa, me llevaron al
Hospital, pero ya no sabía que hacer y tampoco
sabía que le estaba sucediendo a mi madre,
38
Te llevaste mis palabras, Tomo I
como a media noche me sacaron del Hospital de
la Tinta y me llevaron a El Estor para luego
llevarme al Hospital Militar en Guatemala para
ser tratado, tal vez estuve tres meses en ese
lugar, luego regresé pero no vine directamente
a trabajar sino que me vine a reposar tal vez
otros tres meses más ya que aún me dolía la
pierna...” (Testigo CHBT021 Cahaboncito).
“... hacían todo lo que querían con nosotros,
parecíamos unos animales, unos perros, ya no
nos teníamos respeto, nos les importábamos en
nada, es como si mataran a un animal sin importancia, si querían lo enterraban o lo tiraban en el
monte, eso fue lo que les hicieron a las personas...”
(Testigo MGT202. Manguito I).
“... a mí me duele mucho todo este problema
que sufrimos y lo recuerdo en mi casa con mis
hijos realmente fue muy duro lo que nos pasó.
Nos pasó algo inhumano, porque parecíamos
animales ya que dormíamos en el monte, corríamos. Me recuerdo muy bien que yo corrí sin
zapatos, sin ropa y dormí así una noche en el
monte. Ya no me daba cuenta si había espinas o
alambrado en el camino, ya no importaba, lo
que quería era salvar mi vida. Jamás se me va a
olvidar. Tal vez se me va a olvidar cuando me
muera y vaya al cementerio por una enfermedad,
pero no porque me corten la vida. Me pongo a
pensar de lo que nos sucedió y pienso que tal
vez nosotros hemos sido los culpables de ello...”
(Testigo MGT194. Manguito I).
La “alteración del sentido de la realidad” fue
un hecho que afectó principalmente a las personas
que estuvieron viviendo en las montañas por
Los caminos de la historia
39
muchos años, el nomadismo y las alteraciones de
la vida comunitaria cambiaron la percepción de
la relación espacio-temporal provocando que la
gente perdiera la noción del tiempo que estuvo
en la montaña, en algunos casos este refugioevasión nómada duró hasta 11 años:
“Nos entregamos en manos de la muerte,
fue muy doloroso lo que nos hicieron los soldados,
los ricos nos mataron a todos. Huimos, nos
fuimos, pero nos persiguieron, andaban detrás
de nosotros. Debajo de la lluvia dormíamos,
debajo de los árboles, cuando venían los aguaceros caían sobre nosotros, no teníamos casa, no
teníamos nada con que protegernos ahí, fue
muy doloroso lo que vivimos. No teníamos comida, cada día que pasaba no teníamos nada que
comer. Ya no sentíamos hambre, ya no sabíamos
como era saciar el hambre, no se sabe cuántos
años realmente aguantamos todo eso, tal vez
sólo Dios nos ayudó a sobrevivir todo eso, ya
sólo él nos ayudaba. Me entristece mucho recordar
todo eso, a veces pienso que por todo lo que
sufrimos ya no nos alcanza nada, quizás si no
nos hubiera pasado todo eso tal vez tendría mis
cosas en mi hogar, pero ya no me alcanza nada.
Murieron muchos compañeros, como si murieran
unos perros, se quedaban todos tirados en el
suelo cuando huíamos, ya que estaban apunto
de morir, estaban muy enfermos y lo que nosotros
hacíamos era ir y defender nuestras vidas. Nos
jalábamos para irnos, ya que todavía aguantábamos caminar un poco, teníamos a muchos
compañeros que se quedaban tirados y muertos,
los quemaban ahí, es muy doloroso sentir y ver
quemar la vida de una persona. Ojalá que ya no
40
Te llevaste mis palabras, Tomo I
volvamos a vivir todo esto, crié a tres niños en
la pura pobreza, a veces se los digo, pero no sé
si me creen, pero a veces pienso que sí, porque
se los explicó todo. No teníamos nada que meterles en la boca...” (Testigo SMR249. San Marcos
I).
La causa principal de la alteración de la realidad
se debió a las condiciones que tuvieron que vivir
las personas que fueron obligadas a escapar hacia
las montañas por temporadas largas, donde las
vivencias cotidianas incluían la persecución, la
cacería humana, el hambre, la movilización permanente, la hipervigilancia, las enfermedades, el
miedo y la angustia:
“... Quemaron nuestras casas, tal vez si
hubiéramos estado adentro también nos hubiéramos quemado, en cambio nos encontrábamos
en otra comunidad. Nos hubiéramos muerto si
nos hubieran encontrado. Cuando llegamos aún
encontramos las cenizas del fuego, pero ya no
quedaba nada de nuestras casas, todo había
desaparecido. Eso fue lo que nos entristeció ya
no sabíamos a dónde ir, lo que hicimos fue
refugiarnos debajo de las montañas, buscamos
un lugar donde acampar. Pero a pesar de eso
sentíamos mucho miedo, porque sentíamos que
nos estaban vigilando. Nosotros quedamos desprotegidos como unos animales. Cuando vivíamos debajo de las montañas no teníamos agua
ni comida, lo único que podíamos comer era
pacaya, sólo de esa manera pudimos sobrevivir
un poco. Contrajimos muchas enfermedades en
nuestro cuerpo por el frío que tuvimos que
soportar, mis hijos murieron y mi esposa se
Los caminos de la historia
41
enfermó. En esos días no se podía prender fuego,
cada día que pasaba todo era miedo, uno pensaba
que ya no iba a vivir. Ya sólo era tristeza cuando
vivíamos debajo de las montañas, ya que uno ya
no podía ir a buscar medios para sobrevivir a
las comunidades, porque si se hacía ya no se
regresaba, lo mataban o lo detenían. Si éramos
capturados teníamos que decir que teníamos
compañeros, y los soldados de inmediato los
iban a buscar. Nos refugiamos debajo de las
montañas, los días fueron pasando y ahí fue
donde contrajimos nuestras enfermedades estomacales. Quizás si no hubiéramos vivido el conflicto estuviéramos bien en nuestras casas. Mucha
gente decía, ¡Agarramos a los guerrilleros!, pero
la verdad no somos unos guerrilleros, sino que
somos gente que nos refugiamos en las montañas
para sobrevivir, sólo de esa manera sobrevivimos.
Parecíamos unos tepezcuintles a quienes querían
cazar y cuando lo hacían ahí mismo los dejaban
tirados sin vida. Fue muy doloroso lo que
vivimos...” (Testigo SMCH295. Semococh).
L A TORTURA
En el contexto de la política contrainsurgente la
tortura es un medio que fue utilizado por el
Estado a través de sus agentes para la obtención
de información de los movimientos, estructura,
organización y responsables de los grupos opositores. Para ello se valió de técnicas sofisticadas
de interrogatorio que incluyeron la laceración de
la condición humana. Eso les permitió en muchos
casos a los encargados de aplicarla, la consecución
42
Te llevaste mis palabras, Tomo I
de sus objetivos: información y desestructurar a
la víctima, a la familia y al grupo social al que se
pertenecía.
La tortura se convirtió así en un instrumento
de carácter político que utilizaron los grupos de
poder con el consentimiento del Estado para mantener el control de la población. En el ámbito de la
violencia política, la tortura es uno de los métodos
más inhumanos que existen por el grado de agresión que padecen quienes la sufren. Se atenta
contra la vida, la seguridad individual, familiar y
comunitaria. Sus efectos son a largo plazo e
integrales y alcanzan el nivel privado y social.
Generalmente, la tortura es parte de un hecho
planificado (Paz, 2004).
Para explicar las formas de tortura que fueron
aplicadas en el Valle del Polochic y la Sierra de
las Minas por miembros del ejército, nos apoyamos
en la clasificación que elaboran Jacobsen y SmidtNielsen, quienes identifican varios métodos y los
ordenan en físicos y psíquicos. Según ellos, la
tortura inicia desde el momento de la captura de
la víctima, a lo que ellos llaman “la detención y la
primera fase de quebrantamiento”. Sobre los
efectos de la tortura en esta fase señalan que
además de los fuertes dolores físicos y el agotamiento que produce la tortura física lo que buscan
es el “extremo sufrimiento mental”, que consiste
en “la amenaza de destruir la integridad de la
víctima de quebrantar su cuerpo y alma” y esto
sumado a la amenaza de muerte, “son probablemente las formas de tortura que producen el
máximo terror y espanto, siendo por tanto las
formas más traumáticas” (Jacobsen y SmidtNielsen, 1997). Sin embargo la distinción entre
Los caminos de la historia
43
métodos de tortura físicos y psicológicos es
superficial, pues la tortura cualquiera que sea,
genera en las víctimas además de los golpes físicos
procesos que afectan profundamente la salud
mental ( ONU , 2001).
Sobre la detención y la primera fase de
quebrantamiento Jacobsen y Smidt-Nielsen señalan que la detención normalmente es precedida
por un período prolongado en el que la persona
es sometida a golpes brutales por varias horas, se
le priva de alimentación, no se le permite que
duerma y se le amenaza constantemente con la
seguridad propia y del grupo familiar. Este hecho
resulta caótico y produce un grado elevado de
angustia y desamparo en el individuo, que se
refuerza en muchos casos por encontrarse solo.
En esta fase se aplica el método llamado “boxeo”
donde la víctima es rodeada por varios torturadores
que le aplican golpes, puntapiés y puñetazos desde
todos lados. Si se desmaya la despiertan con agua
fría, continúan los golpes y se le obliga a permanecer de pie por varias horas o días. Generalmente
la víctima se encuentra con las manos atadas y en
algunos casos con el rostro cubierto. Normalmente
las detenciones se realizaran en el seno del grupo
familiar o el grupo social al que se pertenece. El
fin de esta fase es el agotamiento absoluto de la
víctima y con ello obtener la información requerida
(Jacobsen y Smidt-Nielsen, 1997).
“... después de que me capturaron esas
personas ya no me trataron con amabilidad
inmediatamente me amarraron las manos, me
empezaron a patear en el pecho (...) me amarraron
a un palo (...) Llamaron a seis soldados y les
dijeron que me tenían que golpear, pero yo me
44
Te llevaste mis palabras, Tomo I
encontraba amarrado en el palo. Para los soldados
era un placer golpearme, me agarraron como a
un animal, me golpeaban en el estómago, me
estiraban las manos, no me podía defender ya
que las tenía amarradas con lo que ellos llaman
chachas, cuando las estiraban como dolía (...)
de tanto que me estaban golpeando me debilité,
ya no aguanté más y me tiré al suelo, ya solo
estaba esperando morirme pero ya estaba oscuro.
Al otro día me fueron a tirar donde el guarda
costa, en Playa Pataxte, donde estaba el otro
destacamento militar, ahí me estuvieron golpeando toda la noche, me llevaron a este lugar donde
estaba peor la situación...” (Testigo MGT174.
Manguito I).
“... El 19 de julio del año 82, cuando empezaron a venir los militares, agarraron a mi tío en el
puente Polochic y se lo llevaron al destacamento
de Tinajas, después de que cumplió tres días los
fui a ver, lo tenían amarrado al tronco de un
árbol con un lazo, lo habían golpeado mucho.
Cuando tenía sed no le daban agua sino la orina
de los militares, se la echaban en la boca, cuando
quería comer traían popó y se lo tiraban en la
boca. Como me dolía verlo así, yo me agarraba
el estómago. Los militares me dijeron ¡Ahora no
tienes nada que ver aquí ándate esta persona ya
no va a volver, porque aquí se va a quedar de
una vez, si seguís viniendo también te vamos a
amarrar!, me dijeron. Y con todo esto le vine a
avisar a mi tía, y cuando ella supo que mi tío
estaba amarrado ella se entristeció mucho y ya
no comía, después de eso le calló una enfermedad
a mi tía y pensé que tal vez era por su tristeza,
por que ya no comía, ya no comía. Estuvo tirada
Los caminos de la historia
45
en su cama tres semanas...” (Testigo TML360.
Telemán).
En muchos casos las capturas fueron colectivas
y buscaron afectar las estructuras de organización
comunitaria:
“... fue en el segundo o tercer día, creo yo,
nos sacaron y nos reunieron, éramos dieciocho,
nos llevaron en el tractor al destacamento de la
finca Saqiha’, ahí había un lugar para matar
dentro del destacamento, a todos juntos nos
mandaron, es todo esto lo que hemos sufrido
sobre el conflicto interno...” (Testigo RNH152.
El Rancho).
Aun cuando la tortura es ejercida por un
funcionario del Estado o con su consentimiento
( ONU , 1975) existieron otros actores que facilitaron
su aplicación y generaron condiciones para
ejercerla:
“... Los finqueros pagaban a los soldados y
éstos vinieron a secuestrar a varios de los compañeros. Cuando nosotros íbamos a preguntar
por ellos no nos daban ninguna razón. A nuestros
compañeros los amarraron y se los llevaron
para Guatemala, cuando regresaron ya venían
torturados, los vinieron a tirar al campo, yo me
acuerdo muy bien, ellos venían en un helicóptero.
Tal vez si no hubiéramos preguntado dónde
estaban nuestros compañeros no los hubieran
venido a tirar en helicóptero, sólo los vinieron a
tirar al campo y se fueron. Nuestros compañeros
venían torturados, venían vomitando sangre
los pobres. Fue muy duro lo que vivimos y por
46
Te llevaste mis palabras, Tomo I
esa razón es que estamos como estamos actualmente...” (Testigo CHBT028. Cahaboncito).
Posterior a la captura y ejecución de algunas
personas, los miembros del ejército continuaron
hostigando a las familias, ejerciendo presiones
de todo tipo, tratando de confundirlos sobre el
paradero de los desaparecidos y ejerciendo la
tortura en los miembros cercanos de las familias
de las víctimas. Consiguieron con ello no solo la
desintegración de los grupos familiares sino que
también afectaron psicológicamente a los sobrevivientes:
“... Dos de mis hermanos fueron asesinados
en un puente de Cahabón, pero nuevamente los
fueron a buscar a la casa, mi mamá estaba preparando café cuando ellos llegaron, entraron a
la casa, mi mamá les dijo: «¡Qué más quieren, a
quiénes buscan si ustedes saben muy bien que
ya se han ido, ustedes se los llevaron!» Cuando
ellos escucharon que mi madre les dijo eso, la
golpearon con la culata de las armas y la patearon
en el pecho y la dejaron tirada. Mi finado hermano
había dejado también a sus hijos, tres de sus
hijos se murieron por el hambre ya sólo pudieron
sobrevivir dos ya que no conseguían comida
por ningún lado. En la casa mataron a mi pobre
madre, en el puente de Cahabón mataron a mis
hermanos y los tiraron en el río, ahí terminaron
mis hermanos...” (Testigo CHPT052. Chichipate).
La condición de “privación” en la que se encontraban los detenidos provocaba que perdieran
contacto con el mundo exterior, no podían comunicarse con sus familiares y no tenían idea de lo que
Los caminos de la historia
47
les estaba sucediendo en ese momento, esto suponía
una enorme presión mental causándoles una
sensación de desamparo al no poder tener control
de la situación. También eran privados del sueño
y alimentación, sufrían de angustia e inseguridad
y llegaron al punto de estar convencidos de que
no saldrían con vida de los destacamentos militares
pues los torturadores frecuentemente los amenazaban con ejecutarlos, reduciéndoles con eso cualquier esperanza de sobrevivir a su detención.
Hubo casos en los que la víctima suplicaba a sus
captores que la mataran para acabar con el sufrimiento. También había un momento de “espera”
en el que los torturadores les anticipaban los
hechos a los detenidos. Esto lograba que las
víctimas se mantuvieran en un estado de terror
permanente sobre lo que venía. Provocándoles
una sensación de vulnerabilidad frente a la
situación:
“... me golpean, yo ya no sentía si eran
patadas o culatazos de fusil, me colgaban de
una viga y luego ponían un lazo en mi cuello,
un soldado jalaba para un lado y otro para el
otro lado, diciéndome: «¡Vas a hablar o no!”. Yo
les decía: «Para qué me están lastimando, mejor
mátenme.» Cuando ya me tenían bien golpeado
me decían: «¡Mañana viene un helicóptero, si
no dices la verdad, mañana te van a llevar y te
van a tirar al Lago de Izabal con las manos y
pies amarrados!...” (Testigo RNH151. El Rancho).
En muchos casos las víctimas fueron obligadas
a participar en la tortura de otros detenidos que
generalmente no eran conocidos:
48
Te llevaste mis palabras, Tomo I
“... Un hoyo estaba hecho en un rancho, ahí
estuve dos días y dos noches; el otro estaba
afuera, en él estuve dos noches y tres días.
Cuando ya estaba por salir, un día sábado llegó
un señor que yo no conocía, lo tiraron al hoyo y
lo obligaron a que me pegara, el cumplió, ellos
me decían que me defendiera, el espacio era
muy pequeño no podíamos movernos, yo estaba
muy golpeado y no había comido durante todo
ese tiempo, ya no tenía fuerza, entonces dejé
que me pegara, yo no le seguí contestando, nos
sacaron a los dos juntos, pero cuando ya estaban
por sacarme me pasaron al otro hoyo que no
tenía techo...” (Testigo RNH151. El Rancho).
Se ha venido diciendo que uno de los objetivos
de la tortura era la búsqueda de información de
los grupos opositores al Estado, esto provocó en
las víctimas una especie de “elección imposible”.
El torturador instaba a la víctima a facilitar la
información requerida, invitándole a “colaborar”
y amenazándolo con la seguridad de su familia,
haciéndole creer que se encontraba frente a una
elección. Siendo una situación creada en el contexto
de la tortura se trataba por lo tanto de una “no
elección”, pues al facilitar información, fuera esta
real o no, el siguiente paso, era el de la capturatortura y ejecución de los denunciados, es decir,
cualquiera que fuera la “elección” de la víctima
el resultado era parecido pues significaba la detención o tortura de los compañeros-amigos o la
familia, generando en la víctima enormes sentimientos de culpabilidad.
El trauma psicosocial de esa “elección” se
elaboró con el tiempo, donde el nivel de afectación
Los caminos de la historia
49
dependió por un lado de la fortaleza personal del
individuo, la experiencia previa al trauma, la
biografía, el proyecto político y social con el grupo
al que se pertenecía y la forma en la que la persona
se reinsertó y fue recibido por su comunidad. Las
secuelas físicas y psíquicas de la tortura son permanentes, pero la capacidad de la persona de sobreponerse depende de los factores antes mencionados.
Sin embargo, el problema de la tortura es ese,
el del límite del poder. La tortura es eficaz, no
tanto como instrumento cruel para llegar a la
“verdad”, sino sobre todo como mecanismo
intimidatorio.
“... Me recuperé a los tres meses, toda la piel
del cuerpo me cambió, al llegar me fui a presentar
con el comisionado militar de Panzós, después
comencé a hacer patrulla durante dos años más.
Cuando se anotaron los patrulleros para recibir
dinero yo no me anoté, porque fui obligado...”
(Testigo RNH151. El Rancho).
L A TORTURA SEXUAL Y FORMAS
DE VIOLENCIA DIRIGIDAS A LAS MUJERES
Las mujeres q’eqchies han vivido en condiciones
de opresión similar, pero a la vez diferentes, a las
que han sufrido los hombres. A diferencia de
éstos, las mujeres nunca han sido dueñas de sus
propios cuerpos ya que, como hace notar LéviStrauss, las mujeres son parte de los bienes
comunitarios y como tales son susceptibles de
uso y de cambio:
50
Te llevaste mis palabras, Tomo I
“La relación de intercambio que constituye
el matrimonio no se establece entre un hombre
y una mujer, sino entre dos grupos de hombres,
y la mujer figura solo como uno de los objetos
del intercambio (...) Al aceptar la unión propuesta,
ella precipita o permite que el intercambio se
produzca, pero no puede modificar su naturaleza” (Strauss, 1991).
Por otro lado Gayle Rubin afirma que:
“Las mujeres son objetos de transacción,
como esclavas, siervas y prostitutas, pero también
simplemente como mujeres. Los hombres han
sido sujetos sexuales –intercambiadores– durante
la mayor parte de la historia humana” (Rubin,
1986).
Esta situación, ampliamente estudiada en la teoría
de género, puede ayudar a explicar las condiciones
en las que viven las mujeres en los grupos
comunitarios, como el q’eqchi’.
En cuanto a la función que desempeñan las
mujeres en las comunidades, hay una lógica social
que se construye a partir de las relaciones de
género. En estas relaciones, la asignación de roles
se caracteriza por estar bien delimitada, organizada
y diferenciada. De acuerdo con Emma Chirix,
“las familias mayas son patriarcales y quien asume
comúnmente la autoridad es el padre” (Chirix,
2003). En este sentido la importancia de la mujer
dentro de la familia y sus múltiples papeles como
cuidadora, educadora y servidora, necesariamente
la subordinan al papel que sus compañeros ejerzan.
Más adelante Chirix nos explica la forma en
que las niñas aprenden a ser mujeres mayas, y es
a través de la internalización de las concepciones
idealizadas y conservadoras de lo que es “Ser
Los caminos de la historia
51
mujer maya”, lo cual se ha construido sobre bases
de desigualdad y subordinación. 13
En el ámbito productivo, los hombres de las
comunidades, al no contar con tierras, venden su
fuerza de trabajo bajo el esquema de subsistencia.
En contraste, los finqueros emplean a las mujeres
dentro del servicio doméstico como parte del
“paquete” familiar en el que se inserta el hombre
como mozo-colono y que incluye a esposa e hijos
(aun cuando estos últimos muchas veces no reciben
paga). En cierta forma las condiciones laborales
son “mejores” (no significa que sea así) para las
empleadas domésticas; lo cual significa, normalmente, salir de la vida comunitaria e insertarse
dentro del grupo familiar del “patrón” y obligadas
muchas veces a conceder favores sexuales.
Aparentemente una práctica común en Alta
Verapaz fue la violencia sexual en contra de las
mujeres. Es un secreto a voces que aún hasta
mediados del siglo XX el “derecho de pernada”
era ejercido puntualmente por los dueños de fincas.
El fenotipo de muchos habitantes de la región así
lo atestigua.
Aun cuando la condición de género ha estado
siempre ligada a las inequidades que se viven
entre hombres y mujeres y a la posición dominante
que han ejercido los hombres en esta relación, en
el contexto de la violencia política, la guerra en
toda su dimensión, es un fenómeno social que no
puede abrirse paso sin afectar de alguna manera
13. Aun cuando varios textos hablan sobre la “complementariedad” en las relaciones hombre-mujer maya, Emma
Chirix considera que: “En la vida cotidiana ésta no se
construye sobre bases de igualdad.”
52
Te llevaste mis palabras, Tomo I
a la población directa o indirectamente involucrada. Frente a esta situación, las desigualdades
que atraviesan la relación de género se comprueban
y modifican la percepción y vivencia de la violencia,
y por lo tanto, afectan los mecanismos que fueron
utilizados para ejercerla y enfrentarla. En este
sentido, las formas específicas de represión que
se utilizaron contra unos y otras influyeron en el
cómo la enfrentaron y la sobrevivieron.
Muchas mujeres se convirtieron en “botín de
guerra”, 14 siendo utilizadas por los miembros de
las patrullas de autodefensa civil o del ejército
como “herramientas útiles” para el control de la
población. El trabajo forzado, la violación sexual
individual o colectiva y el elemento simbólico de
la ocupación del cuerpo de la mujer, que representaba la ocupación de la comunidad completa,
provocó en los hombres sentimientos de impotencia
ante la imposibilidad de defender no solo sus
propiedades físicas sino a “su mujer” que en
cierta forma es también una parte de su patrimonio,
además de la posibilidad de engendrar “hijos del
enemigo” a los cuales se tendría que tratar como
propios:
“... los de la patrulla nos reunieron a todos
como a las siete de la noche en una sola casa, y
nuestras pertenencias se quedaron allí. Después
nos ordenaron en fila y los patrulleros nos lleva-
14. “El hecho de violar mujeres se consideraba, además
como una especie de «premio» o compensación para los
soldados (...) en un contexto en el que la violencia se
concibió también como un medio para adquirir poder y
propiedades, el cuerpo de las mujeres fue considerado
una propiedad más.” ( ODHAG , 1998).
Los caminos de la historia
53
ban, íbamos con la compañía de las señoras y
los niños, todos íbamos. Nos llevaron a una
hacienda, allí nos quedamos. En ese lugar había
una casa y allí fueron encerradas las señoras, ya
no me recuerdo muy bien cuántas eran, fueron
sacadas dos o tres señoras y las violaron, eso fue
lo que nos hicieron en ese momento y nosotros
no pudimos hacer nada. Nos acusaron como
ladrones, como guerrilleros. Eso fue lo que me
pasó, y el dolor que viví...” (Testigo RNH157. El
Rancho).
En el caso de las mujeres la violación representó
un acontecimiento extremadamente traumático
que además de las secuelas físicas, creó la
posibilidad de la estigmatización social, y provocó
sentimientos profundos de culpa, vergüenza y
humillación incluso por miembros de su misma
familia:
“... a mi marido lo capturaron los militares
y se lo llevaron a Cobán, estábamos apoyando a
los del movimiento. Yo me quedé sola con un
hijo de seis años y estaba embarazada de otro,
tenía tres meses. Cuando él se fue, los patrulleros
me llevaron a una finca, éramos vigilados por
ellos, cuando ellos querían nos llevaban a la
oscuridad para hacer todo lo que quisieron con
nosotras, nos obligaban a tener sexo con ellos,
nos agarraban a la fuerza. A las mujeres nos
pasaron a una casa que la finca usaba como
bodega, (...) se embolaban en la garita y se iban
a sacarnos de esa casa (...) y nos violaban, cuando
ellos se dormían por la borrachera nosotras nos
escapábamos, todas las veces cuando lo recuerdo
como me violaron me da tristeza. Yo pensé que
54
Te llevaste mis palabras, Tomo I
mi hijo no iba a nacer bien, vaya que no me pasó
nada...” (Testigo RNH162. El Rancho).
“... cuando me alivié un señor y una señora
aguantaron sus miedos y me cuidaron, inclusive
el tío de mis hijos el hermano de mi esposo nos
llevaba mal, cada vez que pasaba me decía
mujer de los guerrilleros, el mismo tío de mis
hijos traía a los patrulleros a registrar mi casa
(...) durante mucho tiempo nos llevó mal, hasta
en estos días nos habla el hermano menor de mi
esposo, hasta cuando crecieron mis hijos comenzó
a hablarnos, nadie les enseñó a trabajar a mis
hijos, yo me iba a enseñarle el trabajo a mi hijo,
empecé una venta para sostener a mi familia.
Cuando me quedé viuda ya no quise casarme
otra vez. De mis hijos solo el segundo estudió
un poco, el primer hijo no estudió porque él me
ayudaba a buscar dinero para la familia...”
(Testigo RNH162.El Rancho).
Los militares mantuvieron control total sobre
las acciones de las mujeres que estaban siendo
violadas, además de ser obligarlas a preparar la
comida para la tropa y lavarles la ropa eran vigiladas permanentemente:
“... el comisionado tenía patrulleros vigilándonos, cuando nos íbamos a lavar la ropa se iba
un patrullero a vigilarnos al río, cuando regresábamos se venía con nosotros, cada vez que nos
llevaban a la garita o a la bodega de la finca era
para violarnos, nos soltaban hasta que amanecía,
a veces nos escapábamos cuando se dormían
porque estaban bolos cuando lo hacían...” (Testigo
RNH162: El Rancho).
Los caminos de la historia
55
Para los hombres este hecho significó una
manera de sufrir y ver la violencia que ponía de
manifiesto su vulnerabilidad ante la situación, la
penetración psicológica de la violación sexual
hizo mella también en las consideraciones sociales
y culturales que definen la masculinidad, la vida
y la organización comunitaria.
Aun cuando la magnitud de la violencia no
parece hacer diferencias entre hombres y mujeres,
sí fueron diferentes los mecanismos que se utilizaron para ejercerla y por lo tanto las formas de
vivirla:
“... Una persona que venía a trabajar con
nosotros llegó por la mañana, le dije que amarrara
los palos de la casa, al poco tiempo de comenzar
a trabajar llegaron los soldados, salí a la puerta
para ver, cuando me di cuenta iban los soldados
hacia nosotros, entonces le dije al muchacho
que fuera a esconderse, él salió corriendo, cuando
llegaron los soldados preguntaron quién era el
hombre que había salido de la casa, yo les dije
que no vi a ningún hombre y que al hombre de
la casa se lo habían llevado ellos durante la
noche del día anterior, después de eso nos juntaron en la casa, nos amontonaron en una cama,
estaba una muchacha con nosotros que no tenía
padre ni madre, con nosotros creció, estaba ella
y mi hermana que era joven, todos los soldados
trataban la manera de sacarlas de entre nosotros
pero no pudieron, nos dimos cuenta que ellos
querían violarlas...” (Testigo PZ207. Panzós).
Los testimonios de las mujeres en su mayoría,
no refieren la tortura ni el sufrimiento en su
propio cuerpo como algo prioritario, sino que
56
Te llevaste mis palabras, Tomo I
más bien magnifican el sufrimiento de padres,
esposos e hijos y los valoran como superiores al
suyo propio. Esa forma particular de elaborar la
violencia, cuando recurren primero al sufrimiento
del familiar muerto o torturado, luego al de los
hijos que normalmente aparece ligado a las condiciones de pobreza en la que quedaron y la falta
de acceso a satisfactores sociales y finalmente al
suyo propio, provocó que las mujeres se limitaran
a identificar cómo les afectó el sufrimiento de
familiares e hijos relegándose ellas con sus sentimientos y pensamientos a un tercer plano. Esta
forma de pensar se deriva de la manera en que
fueron educadas. En los casos en que las mujeres
se refieren a la desaparición forzada de un familiar,
no externan sus propios sentimientos sobre el
hecho, se lamentan más bien, del sufrimiento de
la persona.
Por otro lado, ante la carencia de propiedades
y la propia desvalorización del cuerpo, el menaje
de casa (que normalmente se circunscribe a las
herramientas de la cocina), así como los animales
domésticos que son considerados propiedad de
la mujer adquieren un valor inusitado. Esta pequeña “riqueza” se construye en base a privaciones
en rubros como la alimentación y el vestuario y se
correlaciona con el estatus social de la familia en
la comunidad:
“... Nadie se encontraba en la casa. Todos
estábamos reunidos con mi papá, éramos cinco
niños y estábamos todos juntos (...) A las nueve
de la noche llegaron a traer a mi papá, y quebraron
toda la casa, ya no quedó nada de ella, tal vez
entraron unos 60 soldados en la casa. Allí amarraron a mi papá al que fuimos a encontrar donde
Los caminos de la historia
57
ahora es el centro de Salud. Eso fue lo que pasó
ese día. Amarraron sus manos y lo traían tres
hombres, no había camión esa noche, se vinieron
a pie...” (Testigo PZ227. Panzós).
“... Éramos nosotros los que estábamos aquí,
nos corretearon y amenazaron en quemar nuestra
casa mientras nosotros estábamos dentro de la
casa. Aquí se quedaron nuestras gallinas, nuestros
cerdos, todas nuestras pertenencias, nuestras
ollas, tazas y ropa, todo, aquí salimos sin llevarnos
nada, nuestros hijos se quedaron pobres, se quedaron sin nada, nos quedamos en la pobreza,
sufrimos muchos problemas, ¿Por qué estamos
así?...”. (Testigo PZ232. Panzós).
“... tenía a mis cinco hijos, mi esposo ya
estaba muerto, él se murió junto con un hermano,
sufrieron mucho, pero yo no podía hacer nada
(...) Luego los soldados fueron a hacernos daño,
le prendieron fuego a mi casa en los cuatro
lados, y mis hijos se quedaron debajo de la
lluvia, ellos aún eran pequeños,(...) le prendieron
fósforo a la paja de mi casa, que más podía
hacer, lo hicieron los soldados, y yo me quedé
sentada frente a mi casa...” (Testigo PZ209. Panzós).
Por otra parte, la valoración de la destrucción
de la propiedad que hacen las mujeres, pasa por
el filtro social de lo necesario para la vida en la
comunidad. Animales y menaje de casa son
pérdidas irreparables en tanto que, al conservarlos,
habrían apoyado su trabajo como cuidadoras y
les habrían hecho más “llevadera” la responsabilidad que asumieron como cabezas de familia al
faltar el compañero.
58
Te llevaste mis palabras, Tomo I
La elección de la huida a la montaña o la
participación en espacios políticos e incluso el
viaje a otros lugares con la finalidad de salvar la
vida, también estuvo mediado por sus “obligaciones” como mujeres, en este sentido quienes
ejercieron su derecho a elegir lo hicieron pero
tuvieron que pagarlo con costos elevados de
perdida de identidad personal, familiar y comunitaria:
“... Aún estaba vivo el esposo de mi abuelita,
él lloraba mucho y decía que regresara ya que
no tenía quien le diera comida y bebida y quien
pudiera lavar su ropa. Mándenme a mi hija,
decía, pero ella ya no iba a regresar porque la
mataron en el parque de Panzós, a él, a mi
abuelito lo encontré en una comunidad que se
llama Asig, allí nos juntamos nuevamente, todos
los que regresamos nos dispersamos, todos los
hijos de mi abuelita se dispersaron (...) Yo tenía
una hermana menor que nunca volví a ver desde
la masacre de Panzós, ella se fue con los del
movimiento revolucionario, unas personas dicen
que la vieron con ellos y que tenía puesto un
pantalón; pero estaba enferma, se miraba pálida,
después ya no supimos más de ella; así pasó con
todos mis primos y primas que no se sabe dónde
terminaron, dicen que algunos tíos viven en
Petén pero no sé si es verdad...” (Testigo
CHPT046. Chichipate).
Algunas mujeres ancianas tuvieron roles comunitarios estratégicos y de liderazgo en los procesos
organizativos de las comunidades, pero no fueron
la mayoría:
Los caminos de la historia
59
“... Llegó Adelina Caal Maquín; la Mamá
Maquín, y preguntó si estaba el señor alcalde,
no está, dijo el sargento que comandaba a los
del ejército, ¡Para que lo quieren! preguntó,
solamente veníamos a hablar con él sobre un
documento que mandó el INTA desde Guatemala,
solo veníamos a averiguar sobre nuestras tierras,
solo veníamos pedirle favor al alcalde, respondió,
¡Vienen a averiguar sobre sus tierras! dijo el
sargento, sí respondió ella, Es por eso que nos
hemos levantado para pronunciarnos, dijo ella,
¡Pero ustedes no tienen tierras, solamente tienen
la que está en el cementerio! dijo el sargento....”
(Testigo CHPT046: Chichipate).
Una de las herramientas de control poblacional
ejercidas por el ejército fue la exigencia de la
utilización de símbolos militares (camisetas, logotipos, gorras, tela camuflada) por parte de los
varones adultos de la comunidad, esto servía
como una evidencia de no estar comprometidos
ni ser colaboradores de la guerrilla. Actualmente
la internalización de estas “exigencias” se demuestra en la popularidad que tiene este tipo de vestimenta entre las madres de niños pequeños. Mujeres
que sufrieron diversas vejaciones y violaciones a
sus derechos por parte del ejército se ven habitualmente en las comunidades con niños vestidos con
ropas militares. Más allá de hablar de una “internalización del opresor” (Grupo de Mujeres Mayas
Kaqla, 2004) estamos hablando de una estrategia
de sobrevivencia; lo que nos demuestra una vez
más una de las funciones primarias asignadas a la
mujer: la protección de la prole. En este sentido la
utilización de los símbolos del “enemigo” en sus
60
Te llevaste mis palabras, Tomo I
hijos, de alguna forma protegería al niño al consi derársele parte del grupo dominante y lo salvarían
de las probables agresiones, aún al costo de transformarlo al crecer, en parte del enemigo:
“... Después de haber vivido tres años debajo
de las montañas me daba mucho miedo regresar,
me daba mucho miedo pasar entre mis propios
compañeros, ellos solo me miraban, e inclusive
ellos hasta se habían cambiado sus sombreritos,
empezaron a ponerse sombreros como los que
usan los militares, les empecé a tener miedo a
mis propios compañeros (...) Hubo un tiempo
cuando estaba en auge el conflicto armado, sacaron a la venta un tipo de gorra (...) uno tenía que
comprar pantalones y playeras como la de los
militares. En la playera traía una figura de una
pistola, si uno no la compraba, se metía en
problemas. Cuando regresé me puse a pensar
qué iba a hacer porque todo mundo había cambiado, en ese momento pensé que todos se habían
convertido en militares. Todos tenían que acoplarse a lo que ellos decían, todo se tenía que comprar,
eso fue lo que vivimos...” (Testigo CHPT071.
Chichipate).
B RUTALIDAD DE LA MUERTE
El sistema de creencias que un grupo social tiene
con respecto a la vida y la muerte está mediado
por su cultura (Suazo, 2002). Para una persona
puede resultar demoledor ver que ese sistema en
que se sustenta su visión de la vida y la muerte
deja de cumplir su cometido, porque está intervenido por una realidad social ajena, en este caso la
Los caminos de la historia
61
violencia política y todo su significado. Ernest
Becker afirma que el miedo a la muerte tiende a
socavar los significados humanos más viables, y
esto amenaza los fundamentos sobre los cuales el
hombre ha construido su autoestima (Becker, 1987).
Existe una enorme diferencia entre el impacto
que provoca en el ser humano la muerte “natural
o accidental” y la muerte provocada, y por lo
tanto, en la forma como se percibe, se “vive” y se
enfrenta. Esta diferencia se marca a partir de los
sistemas de creencias que se tienen en relación
con ella:
“... mi hermano había desaparecido, mis
finados padres le pedían mucha ayuda a nuestro
Dios, porque estaban sucediendo tantas cosas,
ellos hicieron una ceremonia, (...) suplicaron
que las personas que estaban causando mucho
daño dejaran de hacerlo, fue muy grande la
actividad que hicieron, rogaron y lloraron por
los problemas que estábamos pasando por mi
finado hermano, ya que él se había ido, no
porque había robado algo, sino por ayudar a los
compañeros para obtener las tierras, por eso es
que les caía mal a los militares y a los comisionados, se inventaron muchas cosas de él. Nadie
sabe exactamente en dónde murió...” (Testigo
CAT134. Consejo de Ancianos).
La violencia ejercida por los miembros del
ejército y las patrullas de autodefensa civil provocó
un estado de terror permanente en las comunidades. La forma en la que aparecían los cadáveres
en los caminos demostraba la brutalidad de que
eran capaces:
62
Te llevaste mis palabras, Tomo I
“... tres fueron agarrados aquí, y cuatro
desaparecieron por este problema, a Pedro Ché
lo mataron en la Colonia Militar, allí le quitaron
la cabeza y los zopilotes se la comieron. Así
mismo al señor Avelino Ical a quien también lo
mataron allí. Él sólo estaba vendiendo ropa
para poder mantener a sus hijos cuando le
cortaron la cabeza, fueron dos compañeros que
se murieron en ese lugar...” (Testigo MGT197.
Manguito I).
El terror a la muerte siempre ha jugado un
papel importante en la experiencia interna del
ser humano: en cada acción está presente. La
ansiedad de la muerte es un tema que ha recibido
mucha atención en la literatura psicológica,
especialmente en aquellos que han sido influidos
por el existencialismo. Erich Fromm subraya que
“el problema del manejo de la muerte puede dar
cabida a una serie de comportamientos destructivos
y crueles, incluyendo el sadismo y la necrofilia”
(Fromm, 1973). Esta tendencia del manejo de la
muerte la demostraron los militares de muchas
formas, una de ellas fue el asesinato de niños
frente a sus madres, con el fin de buscar información
sobre el paradero de los líderes de la comunidad
o del padre de los niños:
“... Yo sólo vi cuando le cortaron la cabeza
a mi niño y lo colocaron sobre un palo, y me
estaban preguntando dónde se había ido el hombre y yo no les decía nada. ¡Enséñanos dónde
está el arma! me decían, yo no les puedo dar
nada porque no hay nada les decía a los hombres.
A mi niño lo colocaron detrás del palo y allí fue
Los caminos de la historia
63
donde me asusté mucho...” (Testigo MGT181.
Manguito I).
En algunos casos para proteger a los líderes
de las comunidades y evitarles una muerte violenta
se establecieron mecanismos para negociar la vida
de los dirigentes. Esta negociación llegó al extremo
de comparar la vida de una persona con la de los
animales domésticos:
“... Venían los oficiales por las noches a
recoger nuestras gallinas, no sabíamos si las
vendían en algún lugar o se las comían, realmente
nos robaron, se llevaban los chompipes entre
sus brazos y se iban, una vez le iban a cortar la
cabeza al hermano Juan, y para que no le hicieran
nada tuvimos que comprar un cerdo para dárselo
a los militares, también le pedían chompipes a
él, y nosotros tuvimos que pedir fiado y se lo
llevábamos al pobre para que él los entregara,
realmente fue muy duro lo que vivimos en este
lugar ...” (Testigo MGT182. Manguito I).
El miedo a la muerte fue uno de los efectos
inmediatos de tal represión y manifestado de
diferentes maneras. En dicho contexto, el miedo a
la muerte física sin el cual la opresión no puede
ser impuesta, se cristalizó inevitablemente como
un conflicto entre el deseo individual de la sobrevivencia física y la sobrevivencia sociohistórica
de la comunidad. Algunos líderes comunitarios
se vieron obligados a tomar “decisiones” donde
priorizaron el sentido de comunidad al bienestar
individual:
“... el compañero que era alcalde antes que
entrara el hermano Manuel, se llamaba Santiago.
64
Te llevaste mis palabras, Tomo I
El hermano Santiago vio que empezaron los
problemas y se mató, nos dijo que tal vez no
podía soportar todo lo que estaba pasando y
que tal vez sus acciones harían que mataran a
toda la comunidad, mejor así lo voy a hacer dijo
ese señor y se mató. Dejó muchos hijos...” (Testigo
MGT197. Manguito I).
S ÚPLICA , DESESPERACIÓN
Y HUMILLACIÓN
Las poblaciones afectadas por la violencia política
vivieron en la desprotección. Sus historias revelan
cómo en ocasiones al encontrarse a merced de sus
victimarios, sin capacidad de defenderse e imposibilitados de establecer cualquier diálogo o de
apelar a la razón, debieron recurrir a la súplica.
Se trató de una respuesta desesperada, sentida en
ocasiones como la única manera de escapar de
una muerte segura o de librarse de una detención
cuyo desenlace, según se sabía, sería igualmente
fatal.
Esta situación afectó intensamente al grupo
familiar, principalmente a las mujeres, quienes
después del secuestro y ejecución del esposo o
del padre, tuvieron que asumir en condiciones
difíciles la responsabilidad total de la familia. La
necesidad de convertirse también en proveedoras
del hogar, encontrándose ellas con la estigma
social del esposo o padre secuestrado y acusado
de guerrillero, monolingües y con bajo o ningún
grado de escolaridad, significó en ellas y en la
familia sobreviviente, niveles profundos de
frustración a tal grado que la percepción que se
Los caminos de la historia
65
tenía del peligro logró inmovilizarlas como
producto del miedo al secuestro de ellas o de otro
familiar, y por lo tanto al miedo de la muerte
física, poniendo en riesgo así la misma sobrevivencia de la familia:
“... ¡Denos café mamá, denos comida!, ¿Y
mi papá?, me decían mis hijos, pero yo no tenía
nada que darles, entonces les decía que ya iban
a venir los hombres que se lo llevaron, pero me
seguían preguntando a qué hora iba a llegar.
Adormecía a todos mis hijos, pero la gente me
insistía que iba a llegar, ¡hoy regresa don Alonso!,
me decían las personas y el alcalde, pero a qué
horas le decía yo. Quisiera ir a preguntar al
juzgado les decía a ellos, ¡No! Me decían, ¡Ya
que si te vas ya no vas a regresar! Después de
mucho tiempo dejé de preguntar por él, porque
me decían que si seguía preguntando por él, la
siguiente en ir era yo, es por eso que ya no
pregunte más por él, todo lo dejé así. Ya solo lo
pensaba entre mí misma, y lo esperaba durante
todas las noches, nunca supe dónde lo pusieron
y dónde lo mataron...” (Testigo CHPT045. Chichipate).
Pero la súplica, la desesperación y la humillación no solo se expresaron durante el desarrollo
de la violencia política, se manifiestan ahora en
condiciones aparentemente favorables, cuando
las personas, sobre todo las mujeres, establecen
una negociación entre el dolor sufrido a cambio
de un poco de apoyo y aceptación de lo narrado:
se negocia dolor a cambio de proyectos de
desarrollo:
66
Te llevaste mis palabras, Tomo I
“... no hemos encontrado ayuda. Es por eso
pues, que nosotras seguimos llorando y narrando
todas nuestras desgracias y lo que hemos vivido
con nuestros hijos. Ya que nos quedamos sin
nada, con una casa toda vieja, no tenemos dinero,
no tenemos maíz, nos quedamos absolutamente
en la calle con mis hijos pequeños, mis varones
estaban estudiando en la escuela, es por eso que
ya no podía hacer nada, se nubló completamente
mi mente al ver a mis hijos todos amontonados
hacia mí y mi embarazo de dos meses...” (Testigo
TLM369. Telemán).
“... nos acordamos de todos los problemas
que vivimos y eso es lo que aún nos duele
demasiado y todo eso no lo vamos a olvidar
nunca, pedimos que también nos puedan brindar
algún tipo de ayuda ya que nos hemos quedado
muy pobres. Además a mí se me murieron dos
de mis hijos y quedaron huérfanos mis nietos,
eso es lo que aún no se me olvida y quizás se me
va a olvidar hasta el día en que me muera. Es
por eso que nosotros tenemos alguna esperanza
y esperamos que nos puedan ayudar de alguna
manera, eso es lo que nosotros queremos, eso es
mi manera de pensar...” (Testigo CHPT082. Chichipate).
D AÑOS A LA IDENTIDAD PERSONAL
En la cultura q’eqchi’ el término “persona” constituye un factor cultural importante, que se representa a partir de su práctica cultural cotidiana, todo
lo cual le brinda significado y motivación a sus
palabras, gestos y actuaciones. El concepto q’eqchi’
Los caminos de la historia
67
de persona está compuesto por tres principios de
vida: a) Cuerpo o Tz’ejwalej que simboliza lo
material y lo palpable, b) Corazón o Ch’oolej: el
individuo y la persona y c) el espíritu, sombra o
Muhel: El principio vital, la agilidad y la fuerza.
Pero la persona no puede entenderse enteramente
si no es en relación con su integración a la institución familiar, siendo ésta uno de los valores
más grandes del mundo q’eqchi’ y en el cual la
persona adquiere su significación en su fusión
solidaria en el contexto de la comunidad.
Esta percepción de la persona y la vida contrasta diametralmente con la experiencia vivida en el
marco del conflicto armado interno, donde lo
cotidiano y “natural” era la desintegración de las
familias a través de la desaparición forzada, la
detención, el secuestro y la ejecución extrajudicial
de todos aquellos “sospechosos” de apoyar a la
guerrilla. Esto provocó la desintegración de la
institución familiar y todo su significado comunitario. En muchos casos la destrucción de la familia
fue total, siendo los niños los únicos sobrevivientes
y testigos de los hechos:
“... el 23 de enero de 1982 mataron a mis
padres, el mes de junio de ese año yo cumpliría
siete años (...) mi abuelo destazaba y esa noche
llamó a mi padre a destazar junto con mi madre
(...) estaban conversando a gusto y estábamos
nosotros junto con mi hermano, habíamos nueve
personas en la casa, como yo era aún pequeño
estaba durmiendo en la cama de mi abuelo,
entonces escucharon que afuera molestaron a
los pollos y mi papá inmediatamente salió a ver
que era. Cuando estaba entrando a la casa lo
empezaron a golpear, ya no lo dejaron entrar y
68
Te llevaste mis palabras, Tomo I
en ese instante los mataron (...) Cuando entraron
empezaron a disparar a todos, algunos se pudieron salvar, no me dispararon a mí y ni a mi
hermanito. No sé si era plan matar a mi papá esa
noche o no, pero lo cierto es que lo mataron a él,
a mi mamá y a mi abuelo, pero nos quedaba una
abuela, la mamá de mi mamá, ella nos recogió y
estuve unos ocho años con ellos, pero no era
bien visto por ellos ya que no era hijo verdadero
de ellos...” (Testigo CHPT054. Chichipate).
En otros casos la represión fue dirigida hacia
los hombres quedando las mujeres a cargo del
cuidado de los hijos y los cultivos, teniendo que
luchar contra el sufrimiento o en el peor de los
casos disimularlo, para privilegiar el bienestar
de la prole, afectando el papel que la sociedad le
había asignado y generando en ellas sentimientos
encontrados entre su nuevo rol y la lucha por la
aparición de sus esposos:
“... Ahora ya están grandes mis hijos, cuando
pasó todo eso estaban bien pequeños, el papá se
murió, los militares lo mataron. Yo lloraba mucho
ya que solo era una simple mujer, teníamos
siembra y yo no podía agarrar mi machete y
demás herramientas para trabajar. Fue muy
doloroso lo que vivimos; no solo son palabras.
A veces me acuerdo y me pongo a llorar y les
digo a mis hijos que ellos no conocieron a su
papá por los problemas que pasamos (...) a mi
esposo lo mandaron a ver ganado y ya no regresó,
ya no volvió allí desapareció, yo me quedé muy
triste (...) tenía tres semanas de haber desaparecido el papá de mis hijos cuando di a luz. Tan solo
tenía una semana de haber tenido a mi hijo
Los caminos de la historia
69
cuando nos dijeron que nos teníamos que ir y
que teníamos que cerrar nuestras casas y yo no
estaba muy bien ¿A dónde me iba a ir? no sabía
si iba a aguantar, ¡Tenés que irte, si no te quedarás
a darles comida a los militares y van a quemar
la casa sobre ti! me dijeron. Ahora mis hijos ya
crecieron en esa época me decían ¡Mamá allá
están los soldados!, ni bien los escuchaba íbamos
corriendo a la montaña, ya no nos acordábamos
de nuestras pertenencias, de nuestros animales
domésticos...” (Testigo RNH145: El Rancho).
La separación de la familia como producto de
la violencia política continúa ahora afectando a
los sobrevivientes, sobre todo a los más jóvenes
(niños en aquel tiempo):
“... Nos mataron, así como manifestó mi
pobre madre, mataron a mi papá y no sabemos
en dónde lo pusieron, dónde lo tienen, dónde lo
tiraron o que hicieron de él, si se lo comieron, no
sabemos. Pero los niños que quedamos crecimos
con grandes dificultades...” (Testigo RNH149.
El Rancho).
Cuando la represión no fue dirigida hacia
algunas familias específicas, de todas formas las
relaciones familiares se vieron afectadas, sobre
todo a partir de cambios de conducta que se
generaban al ser testigos de agresiones o recibir
amenazas como producto de interesarse en la
búsqueda de conocidos que habían desaparecido:
“... Mi papá salió de la misa del miércoles de
ceniza, cuando llegó un señor y le dijo ‘¡Vamos
a ver un cadáver que encontraron, tal vez esté
don Pedro!’ Se fueron a buscarlo y vieron que
70
Te llevaste mis palabras, Tomo I
no era el cadáver del señor y regresaron a la
casa. Cuando llegó estaba triste, no comió. Por
la noche le preguntamos la razón pero no dijo
nada, después nos contó que en el camino le
dijeron que se escondiera porque alguien habían
escuchado que esa noche lo iban a sacar de la
casa (...) tenía un hermanito que se llamaba
Pedro igual a mi papá, él está en la tienda con
mi mamá y comenzó a pedir algo para comer,
mi mamá no le dio nada, entonces comenzó a
llorar, vino mi papá y regañó a mi mamá, le
pegó, nosotros nos quedamos asustados porque
nunca había hecho eso durante toda su vida ...”
(Testigo PZ207. Panzós).
Los hombres que no eran ejecutados, al no
poder satisfacer las necesidades primarias de la
familia por los acontecimientos en la comunidad,
desarrollaron sentimientos de impotencia llegándose a sentir “inútiles” de acuerdo al papel que
les tocaba desempeñar al frente de su familia:
“... ya no teníamos nada que comer y nuestros
hijos cada vez que atardecía lloraban mucho, al
ver esta situación dijimos que nos íbamos a
venir y a buscar un poco de comida para pasar
los días (...) nos dimos cuenta que a nuestros
compañeros se los estaban llevando, y se estaban
yendo, pensamos que tal vez ahí nos íbamos a
salvar (...) por ello nos entristecemos mucho y
también por causa de todo esto perdimos todas
nuestras casas, todas nuestras pertenencias, ya
no tenemos absolutamente nada y nos está costando pasar un día más, pero ya no podíamos
llevar comida a nuestros hijos, no servíamos
para nada...” (Testigo SPZ310. Sepur Zarco).
Los caminos de la historia
71
En muchos casos los daños a la identidad
personal afectaron directamente las prácticas culturales. Los ancianos al verse perseguidos por la
práctica de religiones o ritos ancestrales se vieron
obligados a tomar medidas emergentes para poder
sobrevivir. Esto significó en muchos el cambio de
religión, y de esa manera la identidad comunitaria
fue profundamente trastocada:
“... lo que ellos querían era terminar definitivamente con nosotros, para que ya no existieran
los indígenas, lo que a ellos no les gustaba era el
mayejak y comentaban que lo que hacían los
abuelos era pura brujería en contra de los patrones
de las haciendas. Fue en ese momento en que
nos asustamos y decidimos ya no seguir con las
ceremonias, fue por puro miedo que dejamos de
hacer estas cosas, éramos vigilados, ya no podíamos quemar ni una candela ni celebrar ninguna
reunión en alguna casa porque se quejaban de
nosotros...” (Testigo CAT124. Consejo de Ancianos).
“... los soldados asustaban a nuestros padres
para que dejaran definitivamente de practicar
sus religiones y se incorporaran a la de ellos, les
ofrecieron trabajo a cambio de la religión que
ellos trajeron del otro lado del mar para que
practicaran la religión de ellos, pues así los
soldados iban a estar contentos y de esa manera
se nos iba a olvidar lo que realmente es de
nosotros los guatemaltecos...” (Testigo CAT125.
Consejo de Ancianos).
72
Te llevaste mis palabras, Tomo I
H UMILLACIÓN Y DESVALORIZACIÓN
Otro fenómeno que afectó intensamente a las
personas, sus familias y la relación de éstas con la
comunidad fue la sensación de desvalorización y
a la vez de humillación que sentían las víctimas
de parte de los vecinos y otros miembros de la
comunidad, pero principalmente frente al ejército
ante quienes esa vivencia se mezclaba con el
miedo que sentían por las acciones que sabían
que realizaban los militares.
El sentimiento de humillación surgía desde el
momento en que el ejército impuso que para salir
a cualquier lugar, incluyendo el trabajo, toda la
comunidad y principalmente los hombres, tenían
la obligación de pasar al destacamento militar a
solicitar permiso para realizar lo que se tenía
planificado. En muchos casos el permiso era denegado y la gente no salía del área de influencia
del ejército:
“... Todos tuvimos miedo, los soldados
estuvieron debajo de una Ceiba, donde era el
potrero de un finquero, después se pasaron a la
escuela para controlarnos, cada vez que nosotros
salíamos de la casa o para salir a trabajar o hacer
algún mandado teníamos que pedir permiso a
los soldados, ellos nos daban un papelito, al
regresar nosotros nos reportamos otra vez con
ellos (...) Pero antes de esto ya había sufrido la
muerte de mis dos hijos...” (Testigo CHPT044.
Chichipate).
Además del control que se ejercía sobre las
salidas de la gente, el ejército obligó a los hombres
a llevar alimentos para todos los soldados que se
Los caminos de la historia
73
encontraban en el destacamento militar, viéndose
obligados a conseguir los recursos económicos o
materiales para cumplir con esa tarea aunque en
la casa no tuvieran con que alimentarse. Esto
provocó que varias familias se endeudaran para
alimentar a los soldados. Las mujeres, señalaron
que se sentían indignadas porque estaban obligadas
a preparar los alimentos para las personas que
estaban secuestrando y asesinando a sus esposos.
Para satisfacer esta demanda el ejército organizó
a toda la comunidad para cumplir con sus horarios
de alimentación:
“... Pobre de nuestros esposos se tenían que
ir a enseñar cada vez que tenían que ir a trabajar
y también cuando regresaban, tenían que ir a
las dos de la tarde (...) y nosotras arreglándoles
la comida a toda esa gente, lo peor de todo es
que nosotros les estábamos dando comida y
ellos a la vuelta matando a nuestros esposos,
pero todo esto nadie se ponía a analizarlo, saber
qué fue lo que nos pasó, hicieron todo lo que
quisieron hacer con nosotros. Si alguien no se
presentaba en horas de la tarde, esa persona ya
no regresaba a su casa, pobres de nuestros maridos jalando las bolsas de comida para esas
personas, nos turnábamos para darles de comer,
una persona daba el desayuno, otra el almuerzo
y otra la cena, buscábamos la forma de comer y
conseguir la comida que les dábamos a ellos...”
(Testigo CHPT045. Chichipate).
En algunas comunidades como producto del
control que se ejercía, los habitantes se vieron
obligados a buscar refugio en las montañas para
escapar de las presiones que ejercían los militares
74
Te llevaste mis palabras, Tomo I
y patrulleros de autodefensa civil. En muchos
casos ese refugio significó varios años de resistencia. Algunas personas hicieron referencia a un
sentimiento de indefensión como consecuencia
del miedo:
“... Yo fui uno de los que sufrió el problema
en el año de 1982, allá en San Miguel, los judiciales
empezaron a matarnos en el lugar que se llama
San Miguelito, después de eso cobró auge el
problema y nosotros ya no podíamos salir a
ninguna parte. Los militares entraron por la
parte de Puerto Barrios y Cobán, nos encerraron
y ya no podíamos salir ni para el pueblo, ni a
ningún otro lugar. Yo sentía que no me podía
defender porque en ese tiempo había muchos
militares, y decidí refugiarme en la montaña y
allí me fui a esconder por todos los problemas.
Cinco años estuve viviendo en la montaña, pero
en esos cinco años también sufrí mucho, porque
los militares y los patrulleros nos fueron a atacar,
allí me balearon el hombro, todavía tengo la
cicatriz de la bala...” (Testigo MGT195. Manguito
I).
Es frecuente encontrar relatos en los que las
personas tienen la percepción de que los militares
los miraban como animales, esto refuerza el sentimiento de desvalorización y humillación a que
fueron sometidos. Los soldados, amenazaron con
torturar a comunidades completas buscando información acerca de las poblaciones que se encontraban refugiadas en las montañas de la Sierra de las
Minas. Algunos valoraron ese escarmiento como
“justo” porque “ese era su pecado”; no saber la
respuesta de las preguntas hechas por los militares:
Los caminos de la historia
75
“... Aquí fue donde hicieron todas esas barbaridades los militares, donde ellos terminaron
de agarrar a nuestros compañeros, quizás para
ellos éramos como unos pollos regados, querían
agarrar a grandes y pequeños y todo lo que
había ahí. Hicieron todo eso, ‘¡Ahora están en
nuestras manos! nos decían, ¡Sólo tienen dos
semanas y sólo quieren un escarmiento! ¿Por
qué no quieren decir dónde están sus compañeros?, ¡Ustedes les dieron permiso de irse, les
dieron el paso a todos los que vinieron de la
hondonada y por eso ustedes aquí van a morir!’
Ése era nuestro pecado, nosotros nos mantuvimos
fuertes, porque sabíamos que no teníamos ninguna falta y que no sabíamos nada, porque si
hubiéramos sabido algo, tal vez hubiéramos
tenido miedo, pero todo lo contrario no les teníamos miedo, todo lo que decían lo hacíamos
rápido, no les hablábamos y no bajábamos la
cabeza ante ellos...” (Testigo SMR235. San Marcos I).
Al respecto del maak o pecado en el mundo
q’eqchi’, Cabarrús afirma que “lo significativo en
la concepción del pecado es que siempre los hombres recuerdan a la divinidad (...) Dios en esta
comprensión como que se complacería en marcar
leyes, muchas de ellas, que obligarán, en el que
hacer cotidiano, a tener fresco en la memoria su
existencia” (Cabarrús, 1998). Más adelante Cabarrús identifica dos clases de maak; a) la culpabilidad
en sí y b) la culpabilidad proveniente de la falta
de cumplimiento de requisitos.
Sobre la culpabilidad en sí, afirma que ésta:
“hace referencia a la infracción de eso que podía
76
Te llevaste mis palabras, Tomo I
llamar ley natural (...) pudiéndose hablar de cierta
estructura ética (...) contra la cual el hombre comete
un pecado o una culpa en que la maldad está en
el mismo acto”. Sin embargo en la culpabilidad
por la falta de cumplimiento de requisitos, señala
que ésta conduce a preguntarse sobre el fundamento de esa moralidad y afirma que “para el q’eqchi’
el Tzuultaq’a 15 es el dueño y señor de todas las
cosas. A los hombres no les queda sino pedir
permiso y su licencia para poder trabajar: sea en
la tierra o en la caza” (Cabarrús, 1998) y en otras
actividades comunitarias.
El pecado consiste entonces en actuar como
un poderoso y no pedir permiso a un “Dios que
en realidad es el dueño de todo”. Por lo tanto, la
culpabilidad o pecado para los q’eqchi’es no implica una opción personal o libre de su voluntad,
éste está mediado necesariamente por su relación
con la divinidad o con las propiedades implícitas
en ella.
En otras palabras, el ejército al apropiarse de
las significaciones simbólicas de las divinidades
q’eqchi’es, mediatizó la función del Dios, pues
antes de pedirle permiso al Tzuultaq’a era necesario
pedir permiso al jefe del destacamento militar, y
en el caso del testimonio anterior, el sentimiento
de “pecado” surge al no conocer la respuesta
exigida por el ejército. Es decir, la representación
terrenal de la divinidad q’eqchi’ estaba marcada
por la imposición de la imagen del soldado. Pero
este tema se profundizará más adelante.
15. En la cosmovisión del pueblo Q’eqchi’ el Tzuultaq’a
es la divinidad telúrica más importante, es el cerro-valle.
Los caminos de la historia
77
Sin embargo, los militares no fueron los únicos
que generaron esa sensación de humillación en la
población. El engaño y manipulación del que
fueron objeto las familias q’eqchi’es por parte de
los hacendados tiene que ver actualmente con las
condiciones de pobreza en las que viven.
Los hacendados les decían a los campesinos
que limpiaran grandes extensiones de terreno y
que éste sería para que ellos pudiesen tener sus
cultivos, pero cuando terminaban de limpiar los
echaban. Los hacendados se quedaron con esas
tierras y relegaron a la población a lugares de
difícil acceso y de terrenos poco aptos para el
cultivo. Este hecho provocó sentimientos encontrados en la gente:
“... Solo esperaron que nuestros padres
limpiaran y arreglaran bien este lugar para luego
adueñarse de el, las compañías estaban de
acuerdo con los alcaldes. Ellos estaban buscando
la estrategia para sacar a nuestros padres de sus
tierras. Nuestros padres estaban cortando todos
los árboles al igual que los jóvenes de ese entonces.
Limpiaron todo, pero al terminar se las quitaron,
la gente que se adueñó de esas tierras ya solo
encontró un poco de monte, por nuestros padres
es que esas personas tienen sus haciendas. Por
culpa de ellos es que estamos de esta manera,
nos aglomeraron a todos, mientras a las personas
que trabajaron esas tierras les tocó vivir hasta el
rincón de un cerro. Todas las tierras que trabajamos están muy lejos de donde estamos, y no son
tierras bonitas, son tierras pedregosas, con
muchos barrancos...” (Testigo CHPT063 Chichipate).
78
Te llevaste mis palabras, Tomo I
Otra forma de humillación y desvalorización
estuvo asociada a la práctica de la tortura y los
tratos que se les daba a los detenidos. Algunos
soldados dejaban notar el placer sádico que sentían
por la degradación del ser humano:
“... Los soldados orinaban en botellas de
agua, luego me preguntaban si tenía sed, sí les
decía, ¡Abrí tu boca! me decían, cuando sentía
era orina, no podía hacer nada porque estaba
amarrado, con eso reaccionaba un poco porque
sentía el sabor de orina y no de agua, pero lo que
ellos pretendían era matarme de esa manera,
sólo sentía cuando la orina llegaba a mi estómago.
¡Hay Dios! decía entre mí, me ponía a llorar,
cuando me irán a matar porque ya no aguanto.
Ya no tenía fuerzas en las manos, aunque me
desataran ya no podía hacer nada, esto no me
sucedió ayer, fue hace mucho tiempo y aún
tengo las cicatrices en mis manos, éstas son mis
cicatrices, poco faltó para que mi mano se amputara, luego se empezó a pelar, pero yo seguía
ahí todos los días...” (Testigo MGT174. Manguito I).
El impacto de la tortura provocó que algunas
víctimas se desorientaran en tiempo y espacio.
Esto generó estados de indefensión frente a los
agresores que aún son recordados por las víctimas
como que si hubiesen sido ayer:
“... El capitán me amarró, yo ya no sabía si
era de día o de noche, habían unos soldados que
se compadecían de mí y que tal vez me conocían,
me daban un poco de agua, solo así me mantuve
vivo, ya no podía abrir mis labios, no defecaba,
simplemente me orinaba en mi pantalón, ya no
Los caminos de la historia
79
me recordaba de nada, tal vez ya habían pasado
los seis días, pero yo ya solo era un hueso, me
desataron, y hasta hoy día ya no puedo ver muy
bien. Aparentemente veo muy bien pero no es
así, cuando oscurece ya no puedo ver mi camino.
Llegó el capitán y dio la orden a los soldados de
que me llevaran a bañarme y que no me hicieran
nada. «¡Cuando termine de bañarse va a ir a
comer a la comunidad!», les dijo. Yo ya no podía
caminar, me arrastraron hasta el río, ahí me
bañaron, me sacaron mi pantalón, me estaban
bañando como a un niño...” (Testigo MGT174.
Manguito I).
E STIGMATIZACIÓN
El término estigma o estigmatizado surge en el
contexto religioso y hace referencia a aquellas
personas que poseían una marca o señal en el
cuerpo de origen sobrenatural. En el sentido religioso la estigmatización se concebía como un
don. El siglo XIX también fue conocido como el
siglo de los estigmatizados. Sinónimos del término
son marca, señal, infamia, deshonra, mancha,
injuria.
En el ámbito de la violencia política y como
parte de la lucha contrainsurgente se marcaba,
deshonraba, señalaba, injuriaba o manchaba a
todas aquellas personas que tenían familiares
que habían sido capturados, secuestrados, torturados o ejecutados por el ejército, y que eran señalados de pertenecer a la guerrilla, o que, por
sobrevivir a la represión habían escapado hacia
las montañas y por ese hecho fueron identificados
80
Te llevaste mis palabras, Tomo I
como guerrilleros. Esta “diferenciación” era
señalada por miembros de las comunidades, en
muchos casos vecinos, en menor medida familiares:
“... hubo mentiras, quejas, habían comisionados, judiciales y militares en ese tiempo por eso
se complicó el problema. Fue muy duro el
problema que enfrentamos aquí en Guatemala
por el conflicto, sólo porque buscábamos la paz
nosotros los indígenas, pero quedamos marcados
para toda la vida individualmente...” (Testigo
MGT195. Manguito I).
“... a mi hijo lo enterramos en el cementerio,
después de eso empezaron a investigar, y a
decir que habían más compañeros de él, la gente
me empezó a decir que lo mejor era que me
saliera de ahí, que sino lo hacía me iban a matar,
me ayudaron a salir y me trajeron donde
actualmente me encuentro ahora. Luego empezaron a buscarme nuevamente. Dos veces vinieron
a vigilar mi casa, solo por mi hijo, nos decían
que éramos guerrilleros, esto nos pasó sólo por
el hecho de que estábamos solicitando tierra, mi
hijo era el presidente y mi yerno era el tesorero
del comité, pero todo esto no les gustó a los
ricos y a las compañías, no les gustó que ellos
estuvieran solicitando tierras, todos los Ponce
fueron los que mataron, don Alfonso Ponce,
don Mariano Ponce, don Luis Ponce fueron muchas las personas que participaron en todo esto
ya que les caíamos muy mal, por culpa de ellos
es que estamos de esta manera, somos pobres ya
que los ricos fueron los que nos mataron...”
(Testigo CHPT044. Chichipate).
Los caminos de la historia
81
Hubo jefes patrulleros quienes aprovecharon
la posición de poder que tenían al ser dirigentes
de las cooperativas formadas en las comunidades
o presidentes de comités de desarrollo, y por lo
tanto, los responsables de los proyectos que se
ejecutaban en las comunidades. Exigían por un
lado que no se pagara a alguna persona el producto
de su trabajo y por el otro la expulsión de personas
de la comunidad que tenían algún familiar que
estaba colaborando con la guerrilla:
“... La comunidad tenía secadora, cuando
uno iba a dejar sus bultos allí le decían a uno
que dejara sus bultos y que hasta que los vendieran ellos iban a pagar, pero cuando pagaban
ya no lo hacían cabal. El problema que tuve fue
que ellos ya no podían pagar mi cardamomo, y
se fue acumulando a 50 quintales (...) Empecé a
preguntar y a preguntar, ya que había una persona
para eso y lo que me dijeron fue que yo estaba
molestando mucho igual que mi hermano. Entonces me dijeron que me tenía que retirar de ese
lugar y en ese momento. También estaban haciendo el censo de ese lugar y cuando yo les enseñé
mi colaboración ellos ya no me la recibieron, lo
único que me dijeron fue que me estuviera unos
dos o tres días más allí, pero que más iba a
hacer, opté por irme. La verdad es que ellos se
daban cuenta que nosotros estábamos entregando
mucha cosecha y ellos no cosechaban mucho y
por eso es que les caí mal y por eso es que nos
sacaron de allí. La verdad es que yo no estaba
involucrado en la guerrilla sino que era mi hermano, pero como era mi hermano a los dos nos
sacaron de allí, quemaron la casa de mi hermano
y la mía...” (Testigo CHBT021. Cahaboncito).
82
Te llevaste mis palabras, Tomo I
La vivencia de las familias que quedaron bajo
la responsabilidad de las mujeres era difícil. No
solo habían perdido al esposo y o padre, quien
entre otras cosas era el proveedor familiar, sino
que además, los vecinos para evadir involucrarse
con ellos y evitarse problemas con los militares
les negaron la venta de alimentos.
“... Todo esto lo digo y no me da vergüenza
decirlo ya que fue muy triste todo lo que sufrimos,
la gente que se quejó de nosotros no nos dijo les
voy a ayudar con un poco con maíz, a ellos no
les importaba la situación que estábamos pasando. Una vez mi hijo Tuko me dijo que iba a ir
a pedir tortillas con los vecinos, está bien le dije
y le di dinero, pero no se las vendieron, más
bien empezaron a maltratarlo y le dijeron que
por tonto, que por coche se había ido su padre,
ese mi hijo ya está muerto. Durante todo ese día
no comimos nada de tortilla, ya que nadie nos
quiso vender...” (Testigo CHPT045. Chichipate).
Estas familias tuvieron que aguantar hambre
por varios días hasta que decidían mudarse a
otras comunidades donde no los conocieran o se
iban para las montañas, donde de una u otra
forma encontraban comida recolectando frutos o
raíces de árboles. Hubo situaciones donde los
hijos aún siendo pequeños, ante la precariedad
en la que quedaron sus familias fueron a buscar
trabajo lejos de sus viviendas para poder conseguir
un poco de dinero y comprar comida para alimentar
a sus hermanos pequeños y a sus madres:
“... Yo aún era muy pequeño cuando pasó
todo eso. Para poder ayudar iba a buscar leña y
apenas me pagaban 25 centavos o 15 centavos la
Los caminos de la historia
83
carga y con eso comprábamos algo de tortilla. A
veces no podía ir y nos quedábamos sin comida,
durante la noche mis hermanitos se ponían a
llorar por el hambre, pero no podíamos hacer
nada, detrás de la casa había caña de azúcar y a
veces solo eso comían durante todo el día. No
podíamos ir a pedir tortilla a otra parte porque
ya no éramos bien vistos, decían que mi padre
era un mal hombre y que era guerrillero. Ya no
podíamos hacer nada, hasta que lográbamos
conseguir un poco de dinero comíamos, pero
gracias a Dios que aún estamos vivos, solamente
se murió mi hermana, se hinchó, se puso pálida,
R EVISTA A LTERNATIVA , UNOS DÍAS DESPUÉS DE
OCURRIDA LA MASACRE DE P ANZÓS
Fuente: CIRMA. Revista alternativa
84
Te llevaste mis palabras, Tomo I
le dio mucha fiebre, ya no podía caminar, pero
todo esto le pasó por el susto que se llevó cuando
se llevaron mi padre, nosotros tratamos de curarla, pero ya no pudimos hacer nada. es por eso
que me iba lejos a trabajar para que pudiéramos
comer algo, aunque sea tortillas duras, ya que
cuando estaba mi padre era quien daba todo
para la comida, pero cuando él nos hizo falta ya
no comíamos nada, nos costó sobrevivir con
todo este conflicto, sobrevivimos seis, solamente
se nos murió una...” (Testigo CHPT053. Chichipate).
La estigmatización no discriminó edades ni
relaciones familiares, hubo señalamientos hacia
familias por su participación activa en la lucha
por la tierra. La familia Maquín, descendientes
de Adelina Caal Maquín –la “Mamá Maquín”–,
una de las dirigentes más conocidas y respetadas
en la lucha campesina por la tierra. Participó en
la movilización que se realizó el 29 de mayo del
1978 en Panzós y que término con la masacre. A
partir de ese hecho, los descendientes de ella
sufrieron persecuciones y señalamientos que los
vinculaban a la lucha por los derechos humanos
y el acceso a la tierra y por lo tanto los convertían
en enemigos de los terratenientes. Esta situación
los obligó a esconderse en distintos lugares y por
tiempos indefinidos:
“... Yo estudié en la escuela urbana de Panzós,
un día venía de regreso de la escuela a medio
día y me encontré a don Canche en la calle cerca
del Palmar y me dijo: «¡Yo ya no te quiero ver
aquí, porque eres hija de un Maquín, de un
Los caminos de la historia
85
Che’, 16 en este momento vas a morir!» Y me
puso la pistola en mi pecho. Pero por qué me
vas a matar le dije. «¡Aquí te vas a morir, ya no
queremos ver a ningún hijo de un Maquín!» Me
dijo don Canche Asig, (...) entonces él me agarró
del cuello de mi güipil, (...) aún estaba muy
pequeña cuando me pasó eso, tal vez tenía once
años...” (Testigo PZ215. Panzós).
D AÑOS AL NOMBRE
Nos identificamos por nuestro nombre, es nuestra
seña particular, con él nos reconocemos y somos
reconocidos por otros, pero en muchos casos esa
seña particular resultó ser una amenaza para la
vida propia y de la familia. El nombre propio
marcó destinos, realidades, luchas.
Para algunos significó ocultarse por mucho
tiempo en casas sin poder salir, para otros la
negación de los propios hijos intentando evitar
ser detenido y capturado, con las implicaciones
que representó para esa persona negar a la propia
familia, dañó profundamente la identidad personal. No se podían identificar, vivían ocultos,
hasta que la inteligencia militar los lograba ubicar
e identificar, entonces era necesario emprender
16. Che’ en idioma q’eqchi’ literalmente quiere decir
“Palo”. Hay que recordar que se dijo en diferentes medios
que el día de la masacre de Panzós en mayo de 1978 los
campesinos que participaron en la movilización iban
armados con palos y machetes. A la familia Maquín los
comisionados militares, los jefes patrulleros y los mandos
militares los identificaban como los “paleros” haciendo
referencia a lo anterior.
86
Te llevaste mis palabras, Tomo I
de nuevo la huida, y en el siguiente lugar encontrar
lo mismo; persecución y señalamientos. El nombre
de una persona o de una familia fue objeto de
estigmatización
“... había una persona que se quejó de cinco
compañeros, también amenazó con matarme,
no sé cómo lo supieron, pero yo tenía un hijo
que se había escapado por el miedo y se fue para
las montañas, se escapó porque vio que mataron
a su cuñado y a sus hermanos, él era muy joven.
Faltó poco para que me matara ese hombre:
«¡Ese es el papá del guerrillero que está debajo
de las montañas, ese es el que les pasa comida,
ese es el que los mantiene!» Me decía, todo esto
por mi hijo. Para que no me mataran a mí también
igual que a mis otros hijos, tuve que cambiar mi
nombre, y lo que más me duele, negar a mi
propio hijo. A ese mi hijo ya no lo vi más hasta
después de cinco o seis años, supe que estaba
vivo, esto fue lo que vivimos, no salimos en son
de paz, sufrimos mucho...” (Testigo SMR235.
San Marcos I).
“... tenía tres días de haber llegado ahí cuando
a mi bebé le agarró una fiebre, me voy a ir dije
entre mí, voy a ir a curar a mi hijo, voy a pasar
por Panzós y luego me voy a El Estor a curar a
mi hijo, le pedí permiso al comisionado que
estaba en Pataxte, pero le costó darme permiso.
Buscamos diez rollos de hojas de mosh, las vamos
a vender sólo para nuestra bebida dijimos, tenía
una mi hija que ya estaba grandecita la puse a
cargar y al bebé lo cargué yo, pero estaba muy
enfermo. «¿Qué llevas?» me dijo el comisionado,
sólo un poco de mosh para vender y comprar
agua y comida para mi hijo, porque no tengo
Los caminos de la historia
87
con que comprarles comida le dije. «¡Tal vez te
vas a ir de una vez!» me dijo, no le dije, sólo voy
a ir a que me curen a mi hijo al Centro de Salud,
pasado mañana voy a regresar le dije. Todavía
registró todo lo que traíamos, lo tiró todo en la
orilla del río. «¡Tal vez te vas a ir de una vez
porque tú eres la esposa de los Ché, de los
Maquín!» Sí, es cierto pero no sé dónde se fue, él
está muerto ya, me encuentro sola, soy una
mujer pobre le dije. «¡Pero no queremos que te
vayas!» me dijo. Pasé y me fui, (...) me puse a
trabajar en El Estor, hasta que supieron quién
era yo, me estaban buscando, entonces mis familiares me tuvieron que encerrar por un buen
tiempo, un tiempo no salí, estuve escondida
junto con mis hijos en una casa, no salía afuera
porque si lo hacía me reconocían, por el apellido
de Maquín. «Tú eres la esposa de los palos de
los bastones», me decían, no sé a que se referían
cuando decían la esposa de los palos y de los
bastones, no conocí nada de eso, porque simplemente me pasó lo que me tenía que pasar. Entonces me vine para Panzós y cuál fue mi sorpresa
que también ahí estaba pasando lo mismo. El
comisionado don Edilio, empezó a quejarse,
«¡Allí está la esposa de los palos, de los bastones,
son cómplices de ellos!», me decían nuevamente,
como me correteaba don Edilio y me iba otra
vez, yo ya no me quería ir...” (Testigo PZ211.
Panzós).
88
Te llevaste mis palabras, Tomo I
H UELLAS DEL DOLOR EN EL CUERPO
Como se dijo antes, en la cultura q’eqchi’ el cuerpo
forma parte de los cuatro elementos de vida que
completan la persona. Representa lo material y lo
palpable, es parte fundamental de la identidad
individual, constituye un espacio propio y es el
medio a través del cual se establecen los lazos
afectivos con el grupo familiar. La imagen que se
tiene del cuerpo va cambiando en la medida que
se crece o a partir de las experiencias que se
viven. Durante el desarrollo de la violencia política
muchas personas sufrieron ataques hacia su cuerpo
a través de la tortura y otros vejámenes como
despojarse de la ropa que en ese momento representaba la última protección posible. Esto provocó
dolores físicos que son permanentes y también
molestias emocionales:
“... hubieron muchas mujeres pobres que
fueron desnudadas, como doña Santos. Una vez
hubo una reunión en El Estor con un grupo de
mujeres, pero al venir aquí las habían visto
unos hombres y cuando vinieron ellos dijeron
que salgan esas mujeres, no las queremos aquí
ya que ellas son las que traen los problemas.
Nuestros nombres para ellos eran guerrilleros...”
(Testigo CHPT051. Chichipate).
Quienes fueron víctimas de ataques físicos
llevan en su cuerpo las huellas de la crueldad,
muchas veces visibles. Estos “recuerdos” son marcas que hacen revivir lo vivido, con todo su horror
y sus secuelas. Estos recuerdos mutilan uno de
los elementos de vida de la persona en el mundo
q’eqchi’. En todos los casos se afectó el relaciona-
Los caminos de la historia
89
miento social de los sobrevivientes y la capacidad
de trabajar generando sentimientos de vulnerabilidad y pérdida que afectaron a las víctimas durante
toda su vida. Muchas veces los recuerdos se presentan incluso en los sueños:
“... no voy a explicar lo que nos sucedió a
todos sino lo que a mí me pasó, de eso voy a
hablar, esto no tiene precio alguno. Porque lo
tengo siempre en mi mente, así como cuando
rezo, nunca desaparece. Es como el caso de
nuestros sueños, tal vez me pasó algo en ellos,
pero lo tengo presente, ¡oh! soñé que me caí
decimos muchas veces, siempre lo llevamos presente. Pero esto es igual y de ello estamos
compartiendo en este momento. Pero les digo la
verdad ante todos ustedes, tal vez algunos saben
y vieron lo que a mí me sucedió...” (Testigo
RNH151. El Rancho).
La tortura representa un trauma caracterizado
por la intención del torturador de quebrantar la
personalidad del individuo, de destruir su cuerpo
y alma, y afectar su identidad personal. Somnier
y Genefke después de examinar a varios exiliados
sobrevivientes de tortura señalan que la manifestación de las secuelas psíquicas que deja la
tortura son las “pesadillas frecuentes, síntomas
afectivos (angustia y depresión crónica) y una
sensación subjetiva de identidad alterada” (Somnier y Genefke, 1986). A estos efectos deben
agregarse el sentido de culpabilidad, el cansancio
y la irritabilidad, la imagen propia negativa,
memoria reducida y falta de concentración, tendencia al aislamiento, desconfianza, sensación de
que ha habido cambios en él o ella. Se ha dicho
90
Te llevaste mis palabras, Tomo I
que los efectos psicológicos de la tortura son
permanentes y el momento en que se manifiestan
depende de muchos factores, entre ellos, la personalidad de la víctima, la biografía previa y el compromiso político.
En relación con la afectación física vemos que
las heridas que dejó la tortura en las personas se
grabaron fundamentalmente en sus cuerpos y
por lo tanto también en sus mentes. La evocación
del momento de la tortura es permanente y las
heridas dejadas en el cuerpo hacen que el hecho
se siga perturbando en los sobrevivientes:
“... Todos mis golpes, después de un mes,
después de una semana, todas las marcas de los
zapatos en mi pecho se empezaron a pelar, como
si fuera la piel de una culebra, se borró la marca
del lazo de mis brazos, pero la tuve un buen
tiempo, tal vez un año o dos años. Después de
eso ya no podía alimentarme, ya no (...) pero
hay días como el de hoy en que no nos sentimos
bien, no nos sentimos tranquilos (...) me da
tristeza narrar todo esto, porque lo viví en carne
propia, permanecí allí desde un día miércoles y
me soltaron un lunes, todos los días me interrogaban. Tal vez no investigaron bien lo que yo
supuestamente hacía y me soltaron, no me mataron. Sólo mi muerte esperaba. Mi cuerpo ya no
era mi cuerpo. Ya no sentía lo que me estaban
haciendo. No sé porque tuve que pasar así en
las manos de esas personas...” (Testigo RNH151.
El Rancho).
Los daños físicos provocados se manifiestan
hoy a través de dolencias corporales. Algunos
Los caminos de la historia
91
testigos cuentan que producto de la tortura han
perdido la vista, el oído o la capacidad de trabajar:
“... nunca se nos va a olvidar lo que hemos
vivido, hasta que nos muramos (...) Ahora que
me estoy poniendo viejo, ya no me siento muy
bien, mis manos y mi cuerpo están adoloridos
por todo este problema que sufrí. Ésta es la
tristeza que yo les comparto, ahora ya no puedo
trabajar...” (Testigo MGT176. Manguito I).
“... Me agarraron y desaparecí cuarenta y
cinco días de este lugar. Todos los días eran
oscuros para mí, mis manos estaban amarradas
y lo pueden ver, hay señas no son mentiras, me
acuerdo de ello como si lo estuviera viviendo en
este momento y lo siento en mi cuerpo. Quince
días me amarraron los ojos con una cinta conteniendo alcohol, estaba acostado allí, con mis
pies doblados como si fuera una iguana. Lo que
me molesta ahora es que ya no me siento muy
bien, creo que fue por todos los golpes que me
dieron, me golpearon muy duro, quizás por la
obra de Dios es que me encuentro así ahora, ya
no miro bien y me duelen las rodillas y los
brazos, me cuesta trabajar, algunos días el dolor
es grande y no salgo a trabajar...” (Testigo
MGT174. Manguito I).
“... me pegaban un palazo a mí y otro al
compañero: «¿Dígannos a quiénes les dan comida?, ¡ustedes son unos ladrones! nos decían».
Los palazos nos caían en nuestro estómago,
cuatro semanas oriné, defequé y escupí sólo
sangre, fue muy doloroso lo que me hicieron.
Los soldados destruyeron mi vida, a veces ya no
puedo ver muy bien, me duelen mucho mis
92
Te llevaste mis palabras, Tomo I
huesos no sé que me hicieron, todas mis desgracias se han quedado así, y ahora ya no puedo
trabajar muy bien, porque todos estos problemas,
fue muy doloroso lo que nos pasó...” (Testigo
MGT179. Manguito I).
En los testimonios se resaltan quejas de cuerpos
dolientes, malestares físicos, enfermedades, dolor,
sufrimiento y rabia. El dolor emocional que no
necesariamente está ligado a la tortura en sí, pero
si a la violencia política, se expresa fundamentalmente a través del cuerpo. Así, la depresión es
el dolor de cabeza, los nervios son el miedo al
recuerdo, a las violaciones a los derechos humanos
se les dice “nuestro pecado”:
“... Durante mucho tiempo estuve enferma,
ahora siempre estoy con miedo. Creo que en ese
momento nos invadió el miedo por los disparos
que hacían los militares cuando iban detrás de
nosotros debajo de las montañas. Cuando pasó
el conflicto armado se me vino una serie de
enfermedades como el paludismo y la fiebre.
Tuve que pagar las consecuencias de todo eso,
me enfermé demasiado y me fui a quedar en
una casa ajena. Me dio una semana de fiebre y
de escalofrío, pero todo esto por el miedo que
tuvimos que pasar. Esta enfermedad se encarnó
en nosotros, va a llegar el día en que va a volver
nuevamente, porque sólo fuimos asustados y
esa es nuestra peor enfermedad. Muchas veces
nos da una pequeña enfermedad, pero enseguida
esa vuelva a renacer en nuestro cuerpo, ¿por
qué?, porque ahí está guardada...” (Testigo
CHPT075. Chichipate).
Los caminos de la historia
93
“... Cuando me pongo a pensar me da dolor
de cabeza ya que me pongo a pensar de que si no
hubiera sucedido el conflicto armado tal vez no
me encontraría en la situación en que ahora me
encuentro, me pongo a llorar, todo lo vivido
jamás se me va a olvidar...” (Testigo CHPT077.
Chichipate).
“... Mi forma de sentir es, y lo voy a decir en
dos o tres palabras (...) ya que sentí los golpes y
las torturas con mi propio cuerpo y por eso
mismo siento que todavía vivo con eso y con sus
propias leyes y estatutos...” (Testigo RNH152.
El Rancho).
También es constante la aparición de manifestaciones somáticas generalmente asociadas al recuerdo: dolores de cabeza, desmayos, dolores de estómago, enfermedad del corazón. También una sensación difusa de estar enfermos. A lo largo de los
años, hasta la actualidad, los pensamientos recurrentes con respecto a sus familiares perdidos o a
los sucesos que vivieron, afectan su salud:
“... Nuestro cuerpo siente todo, en aquella
época cuando encontraban a alguien era seguro
que ya no se iba a salvar, pues en ese momento
estaban en pleno apogeo los asesinatos, mataban
a cualquiera que encontraban también mataban
a las mujeres y niños y no digamos a nosotros
los hombres. Mi cuerpo siente muchas emociones,
palpita, siente que es lo que me va a suceder, el
cuerpo empieza a temblar, así le pasó a mi papá,
su cuerpo sentía mucho miedo, empezaba a
temblar y era cierto lo que nos decía, porque
también lo mataron. Muchas personas se enfermaron por asustarse mucho, otros porque ya no
94
Te llevaste mis palabras, Tomo I
comían, muchos compañeros murieron pero fue
por el mismo miedo. Ahora nos da dolor de
cabeza y eso es muy cierto...” (Testigo SPZ335.
Sepur Zarco).
E NFERMOS DE DOLOR
Hay manifestaciones de dolor que no tienen que
ver con lo físico, tienen que ver más bien con lo
emocional, con lo subjetivo, con la historia personal
y familiar, con la comunidad y cómo ésta nos
mira. Este tipo de dolor es producto del recuerdo
de y lo vivido, de la marca que se lleva en el
cuerpo y en el alma. Es pasado, presente, probablemente también futuro. Es cotidianamente evocado
y transita paralelamente entre la soledad y el
desgano frente a la comunidad y el trabajo comunal,
entre el aislamiento y la depresión frente a la
colectividad del grupo social y familiar, entre el
recuerdo permanente del familiar muerto o
torturado o de la experiencia personal frente a la
justicia y la verdad, también entre el desánimo
frente a la lucha cotidiana por la sobrevivencia.
Algunos sobrevivientes hablan frecuentemente
de la sensación de vulnerabilidad, de soledad, y
vacío e incertidumbre, de la pobreza que les quedó
luego de la desaparición de los familiares:
“... Yo ya no me siento bien, mi esposo
murió en esa tragedia. Realmente es cierto todo
lo que hemos vivido, no queremos estar así
como estamos ahora. Es mucho el sufrimiento
que hemos pasado, hay momentos en que lloramos amargamente, nos hemos quedado en la
pobreza, ya nadie puede cuidar de nosotros,
Los caminos de la historia
95
pobres de nuestros hijos, nos está costando mucho
criarlos. Dios sabe muy bien todo lo que hemos
sufrido ya que nos hemos mantenido de esta
manera reuniéndonos nosotras las mujeres pobres, porque se murieron los padres de nuestros
hijos...” (Testigo CHBT003. Cahaboncito).
“... En la pura pobreza los crecí, nadie me
ayudó, nadie me regaló ni un pedazo de leña o
de tortilla, me mantenía solo llorando por las
tardes. Fue muy doloroso y triste lo que realmente
vivimos. Así como digo, lloraba demasiado. Hoy
día todavía llevo ese dolor y tristeza en mi
corazón. Tal vez hasta ahora me siento un poco
tranquila por estas reuniones. Éstas son todas
las desgracias que sufrimos, y yo tuve que ver
crecer a mis hijos sola...” (Testigo RHN145. El
Rancho).
“... Yo personalmente siento mucho todo lo
que me sucedió sobre esta tierra, Pero a veces
siento en mi corazón y en mi alma que ya no
puedo más y que hay momentos en que voy a
desvanecer...” (Testigo RHN154. El Rancho).
“... Es muy doloroso todo esto que no tengo
fuerzas para decirlo, estoy muy pobre ahora, mi
mamá se murió por mi hermano, ella se iba a
sentar y a llorar debajo de un árbol, esperando
que apareciera mi hermano. Es muy triste que
mi mamá ya no esté presente, ahora yo no tengo
con quien hablar, si estuviera vivo mi hermano
le hablaría, fuera como mi padre. No se fue por
enfermedad, sino lo mataron, sólo por solicitar
tierras es que los mataron. ¿Pero qué ganamos?
Nada, no nos tocó nada, estamos en la pobreza...”
(Testigo PZ219. Panzós).
96
Te llevaste mis palabras, Tomo I
Para otros, los acontecimientos del conflicto
armado desencadenaron malestares psíquicos
creando luchas internas representadas en los sueños, donde la necesidad de la compañía del esposo
muerto se sobrepone al sufrimiento que significó
la vida en pareja, provocando contradicciones
entre sus miedos y anhelos:
“... ahora va para 25 años de haberme pasado
todo eso. Yo me pongo a pensar mucho en mis
sueños y a veces me regañan: «¿Por qué piensas
en eso?», me dicen, pero yo me pongo a pensar
porque la gente no es animal, me acuerdo de él,
tal vez me pudo haber tratado muy mal y viví
cosas duras con él, pero aún estoy casada con él,
eso es lo que me entristece, no se qué hacer, pero
lo sigo esperando...” (Testigo PZ207. Panzós).
Para los niños fue particularmente difícil, la
muerte de los padres, el sentimiento de abandono
desencadenó en ellos sensaciones de incertidumbre, que todavía permanecen, a pesar de que
ahora son adultos:
“... Nos quedamos en la miseria, en la pobreza, nos quedamos sin vivienda, pero esto no
lo provocamos nosotros, sólo sobrevivimos tres
niños, sin casa, sin ropa, realmente fue muy
doloroso lo que vivimos y no hemos terminado
de sufrir, nos tratan mal. Esa fue la tragedia que
nosotros vivimos. Mataron a nuestros padres y
hermanos, después de eso ya no comíamos, tal
vez hasta las dos semanas probamos comida
por la tristeza, después ya no sabíamos adónde
ir por la pena, ya no sabíamos en donde vivir
seguros, en donde encontrar nuestras pertenencias, en donde encontrar ropa, porque nos ha-
Los caminos de la historia
97
bíamos quedado sin ropa, sin lugar, sin casa, ya
no comíamos. No sabíamos que hacer con todo
lo que nos estaba sucediendo. Gracias a Dios
que estamos viviendo de esta manera, no sabíamos que íbamos a sobrevivir ya que nos atacaron
diferentes enfermedades en nuestro cuerpo por
aguantar tanta hambre...” (Testigo TLM368. Telemán).
Capítulo II
A LTERACIÓN DE LA CONVIVENCIA
“... Nos afectó mucho la violencia porque
nos obligaban a estar encerrados. No daban
permiso para trabajar, no teníamos cosechas, la familia de uno se moría de hambre,
no dormíamos en nuestras casas, nos íbamos para las montañas pero ahí tampoco
se dormía, hubieron muchas personas lastimadas y sin culpa igual que nosotros,
fue muy triste nuestra situación en la comunidad, todo lo hacíamos con miedo. Nuestros propios vecinos eran los que se
quejaban, máxime cuando nombraron a
los comisionados y cuando empezaron los
de la autodefensa civil, ahí fue donde
empezó a tomar auge todo este problema,
Ya nadie tenía encendido su fuego en horas
de la noche, todo se realizaba de día,
comíamos a las cuatro de la tarde...”
(Testigo CHBT0042. Cahaboncito).
Antes del conflicto armado interno las aldeas
tradicionales q’eqchi’es estaban dispersas, la autoridad tradicional era ejercida por los ancianos
– 99 –
100
Te llevaste mis palabras, Tomo I
quienes eran depositarios de la historia: actuaban
como intermediarios entre la aldea y el Tzuultak’a.
La jerarquía comunitaria estaba basada en la edad,
el prestigio y la condición de género. Este tipo de
autoridad tradicional empezó a ser minada con la
llegada de los catequistas de la iglesia católica,
quienes eran electos en asambleas comunitarias.
Posteriormente, la estructura de poder comunitario
fue modificada por el ejército con la introducción
de las patrullas de autodefensa civil y la figura
del comisionado militar.
Tradicionalmente, la vida comunitaria estaba
determinada por la colaboración mutua, el trabajo
comunal y la práctica cultural, sobre todo de la
espiritualidad que estaba ligada a la tierra y se
centraba en la producción del principal cultivo:
el maíz.
La presencia militar y el grado de represión
que se desencadenó posteriormente a la masacre
de Panzós golpeó fuertemente la cohesión y unidad
de las comunidades q’eqchi’es obligando a mucha
gente a ocultarse por tiempo indefinido en las
montañas, afectando la vida cotidiana a través
del control social, debilitando los lazos comunitarios por medio de la desconfianza, el odio, el
resentimiento y la delación. Provocando además
estigmas hacia determinadas comunidades, prohibiendo los ritos comunitarios e identificando
como objetivo militar a las autoridades tradicionales y la práctica de la cultura.
Las personas que huyeron a las montañas lo
hicieron en grupos. Para tomar esa decisión existieron grandes acuerdos comunitarios. A pesar del
miedo que prevalecía, algunos de los que se quedaron en las comunidades abastecían de alimentos
Alteración de la convivencia
101
a los que estaban refugiados en las montañas,
mientras que otros buscaban refugio en los destacamentos militares bajo la creencia de que con
esa actitud no serían reprimidos por el ejército.
En suma, todo esto provocó la ruptura del tejido
social comunitario:
“... Nos íbamos debajo de las grandes montañas, debajo de los montes, nadie podía descansar. Allá, nos cansábamos de tanto caminar,
el monte estaba tan crecido que pasábamos debajo, no se miraba nuestro camino, fue muy
doloroso lo que nos pasó. Dejaba mi casa abierta,
ya no pensaba en mis pertenencias, ya no pensaba
en desgranar mi maíz mucho menos en sacar
nixtamal, ya sólo pensábamos en huir y llorar,
tal vez Dios nos ayudó tanto y por eso no nos
mataron los soldados, ya que ellos entraban a
nuestras casas a buscarnos. Realmente fue muy
doloroso todo esto que vivimos, no estoy
mintiendo, porque eso fue lo que vivimos y
Dios más que nadie lo sabe, todo eso fue lo que
yo vi...” (Testigo CHBT002. Cahaboncito).
La búsqueda de protección y refugio en las
montañas para salvar la vida significó abandonar
todo lo que se tenía en la comunidad, las pertenencias, las casas y las siembras que eran destruidas
por el ejército. Aguantaron hambre por largo
tiempo y al regresar encontraban sus casas saqueadas, sin animales domésticos y sin cultivos, se
encontraban aún más pobres de lo que eran, pero
con vida:
“... Nosotros no habíamos tapiscado la milpa
cuando la dejamos (...) ya estaba lista para ser
tapiscada. Además, acabábamos de sembrar cinco
102
Te llevaste mis palabras, Tomo I
manzanas de arroz cuando nos sucedió ese
problema, entonces ya no pudimos hacer nada,
ya no pudimos recoger nada, ya no pudimos
tapiscar, todo lo dejamos ahí, todo terminó ahí,
por causa de todo el miedo y de la muerte que
estábamos viviendo (...) mi papá se murió en el
parque de Panzós. Después de eso también aquí
nos estaban asustando los militares y los comisionados, fue mucho lo que sufrimos. Éramos vigilados, ya sólo dormíamos debajo de las montañas,
nadie dormía en su casa, cuando daban las tres
de la tarde nos íbamos para el monte, parecíamos
unos animales. Muchas personas encontraron
enfermedades por esta situación, gracias a Dios
que yo estoy bien, pero aquí hay compañeros
que se han traumado un poco y ya no recuerdan
nada o han quedado un poco locos, y muchos se
murieron por el miedo...” (Testigo CHBT004.
Cahaboncito).
“... Durante la violencia las personas de la
comunidad dejaron sus viviendas, abandonaron
sus siembras y emigraron al monte o a otros
pueblos, el trabajo bajo, ya no había, quedaron
viudas, huérfanos, aparecían cadáveres en las
calles o pasaban en los ríos, la comunidad era
como si fuera un animal que recibía el castigo
del hombre, en aquel día, estábamos debajo de
los zapatos de las autoridades, civiles, coroneles,
ejército...” (Testigo CHBT039. Cahaboncito).
La vida en la comunidad antes de la violencia
política transcurría con problemas relacionados
con la tenencia de la tierra y la falta de acceso a
satisfactores sociales y donde las relaciones entre
los finqueros y los campesinos estaban marcadas
Alteración de la convivencia
103
por la discriminación, marginación y explotación,
sin recursos económicos para satisfacer las necesidades más urgentes de la familia. A pesar de eso
las víctimas elaboran recuerdos de esa época relacionados con una vida tranquila, donde se podía
trabajar y salir adonde ellos querían, se podía
también practicar su religión con libertad.
Cuando hablan del recuerdo de la época de la
represión, la dimensión del sufrimiento se exacerba
y surgen recuerdos de la violencia vinculados al
miedo, al secuestro, a la ejecución extrajudicial,
las masacres, torturas, la huida a la montaña, el
allanamiento de casas, la prohibición de los ritos
culturales, la desintegración de la familia y la
desconfianza hacia los vecinos, pero también de
la pobreza y la falta de certeza jurídica sobre la
tierra:
“... antes vivíamos tranquilos. No había nada,
no teníamos pena de nada, pero cuando empezó
el conflicto ya no vivimos bien, ya sólo vivíamos
en problemas, como a esta hora ya pensábamos
en irnos para las montañas a escondernos, ya
sólo había sustos y muertes por las noches. Es
por eso que nos aburrimos y nos fuimos, aguantamos día y noche, nos aburrimos, pero que podíamos hacer, aguantamos todo eso...” (Testigo
SPZ313. Sepur Zarco).
“... Anteriormente nosotros vivíamos tranquilos, pero desde que empezó todo el problema ya
no hemos vivido en paz, ya sólo hemos vivido
en problemas y con miedo, cada vez que atardecía
nos preparábamos para ir a escondernos de los
soldados, ya que todos los días venían a agarrar
a las personas, y nos dábamos cuenta que se
llevaban a las personas amarradas y nosotros
104
Te llevaste mis palabras, Tomo I
mirábamos todo eso, por eso es que nos íbamos
a esconder al monte para poder salvarnos, esto
fue lo que nos sucedió, ya no comíamos...” (Testigo SPZ314. Sepur Zarco).
Los párrafos anteriores nos indican la dimensión de los efectos provocados por el conflicto
armado a nivel de la alteración de la convivencia.
Porque a pesar de que antes de la guerra existían
problemas en la comunidad vinculados a la pobreza, discriminación, explotación, la falta de tierras
y satisfactores sociales, la percepción de las víctimas era de una vida tranquila y en paz. Esos
mismos problemas que existieron antes y durante
el conflicto y que prevalecen en la actualidad son
identificados por los sobrevivientes a partir de la
llegada de los militares al área.
Cuando en idioma q’eqchi’ se habla de un
problema se usa la palabra Ch’aajkilal y cuando se
habla de conflicto armado o violencia política se
usan las palabras Nimla Ch’aajkilal que literalmente
significan “el gran problema”. Es decir, que a
pesar de que antes del conflicto hubiesen existido
problemas el hecho de que los militares alteraran
en varios aspectos la convivencia en la comunidad,
la gente identifica que el gran detonante de los
problemas comunitarios fue la militarización de
la aldea.
Dentro de las acciones militares que en el
ámbito de la convivencia comunitaria son más
referidas se encuentra la persecución en la montaña, el allanamiento a las casas, la prohibición
de la práctica de la espiritualidad, el secuestro, la
tierra arrasada y el asesinato en masa:
Alteración de la convivencia
105
“... Nosotros estábamos en la ermita, cuando
entraron los militares. Pero yo no sé si ellos no
sabían qué estaba pasando allí, ya que se sabe
que es una casa de oración. Pero ellos entraron
y rodearon la casa de oración en un día domingo.
Pero como hemos dicho pasaron muchas cosas
durante esos días, nos dijeron que abandonáramos nuestras casas y que todas nuestras pertenencias se quedaran regadas. Y nos mandaron a la
iglesia nueva...” (Testigo RNH149. El Rancho).
“... En la escuela reunían a las personas.
Fueron siete las personas las que se llevaron la
primera vez. Después los soldados hacían las
reuniones detrás de la iglesia, hasta los animales
estaban asustados por los soldados que estaban
llegando. Mandaban a sacar a la gente de sus
casas para que fueran a reunirse pero no era una
simple reunión, ahí fue donde agarraron a los
compañeros, se los llevaron y nunca más los
vimos. En la capilla también agarraron a mucha
gente (...) los militares daban vuelta por toda la
comunidad y empezaron a prenderle fuego a
nuestras casas, cortaron todas las matas de café,
los racimos de banano y toda clase de siembras,
quemaron todo...” (Testigo SMR235. San Marcos I).
“... Cuando los soldados llegaron a la finca
Pataxte el administrador les dijo que los de
Semococh, éramos ladrones, guerrilleros y
subversivos, entonces comenzaron a asustarnos
y a matarnos, yo estuve en la comunidad de Se
Pacay, donde nadie se reía, todos estábamos
tristes, nadie podía estar solo, todos estábamos
asustados buscando la forma de salvarnos, las
mujeres llorando, los hombres regados en el
106
Te llevaste mis palabras, Tomo I
monte buscando como esconderse, solo le
decíamos a las mujeres que no abrieran la
puerta...” (Testigo SMCH263. Semococh).
“... Mis vecinos no me podían ver quemar
mis candelas porque decían que estaba haciendo
brujería o les estaba haciendo brujería a ellos.
Mientras yo le pedía ayuda a Dios ellos me
estaban vigilando. Cuando empeoró la situación
escapé, me escondía sobre mi casa y dejaba sola
a mi esposa llorando junto con mis hijos porque
si no era así me iban a matar, esto fue lo más
doloroso que vivimos ya que siempre prevaleció
el miedo entre nosotros...” (Testigo CAT113.
Consejo de Autoridades Tradicionales).
Un tema que necesita una atención especial es
el de la percepción que tenían los niños de aquella
época –hoy adultos– acerca de lo que estaba ocurriendo. En algunos se percibe en sus testimonios
que le adjudican a sus padres cierto grado de
responsabilidad por lo que estaba ocurriendo.
Por la forma en que se encuentran en la actualidad,
sostienen que la falta de tierras de la familia se
debe al conformismo que tenían sus padres frente
a lo que estaba ocurriendo y frente a hacendados:
“... La verdad es que nuestros padres tampoco
tuvieron una instrucción, nunca asistieron a
una escuela, desconocían un sin fin de cosas,
ellos pensaban que los hacendados eran todo,
que ellos tenían mejor conocimiento y mayor
potestad sobre todas las cosas. En el momento
en que dijeron que agarráramos las tierras muchos
dijeron que no tenían dinero y que lo mejor era
que la comprara el patrón y que simplemente
íbamos a trabajar después con ellos. No tenían
Alteración de la convivencia
107
ese conocimiento ni la facultad de pensar mejor
las cosas, pero gracias a Dios que ahora nuestros
hijos están estudiando y piensan mejor las cosas.
Según ellos lo mejor era trabajar con los hacendados, con los patrones...” (Testigo CHPT061.
Chichipate).
Los niños de algunas comunidades a pesar de
su corta edad tuvieron que actuar como protectores
de sus profesores frente a la presencia de los
militares y fueron testigos de la violación de sus
maestras:
“... Yo estuve en la escuela y había una
maestra que nos decía que nos durmiéramos
con ella porque sentía miedo. Nosotros íbamos
a dormir a la escuela cuando vimos el grupo de
militares, eran demasiados, la maestra nos decía:
«¡Niños no hagan bulla, no hagan bulla, así no
entran los militares! ¡Si entran, sola yo los voy a
recibir!» nos decía la maestra. Éramos tres niños
los niños que dormíamos allí, la seño solo nos
llamaba porque ella tenía mucho miedo. Yo me
acuerdo que cuando vimos a los militares estaban
amontonados, era luna llena, se miraba bien. La
seño a veces entraba a los militares a la escuela,
donde se dormía ella. Nosotros mirábamos todo
eso. Ya no nos dormíamos por el miedo, igual la
seño ya no se dormía...” (Testigo RNH146. El
Rancho).
Otros niños fueron testigos del secuestro de
sus padres. Los militares entraron con mucha
fuerza a sus casas, destruyéndolo todo e intimidando a toda la familia. Las niñas tuvieron una
108
Te llevaste mis palabras, Tomo I
forma particular de vivir esos hechos porque se
sentían impotentes frente a tal agresión:
“... Nadie se encontraba en la casa; todos
estábamos reunidos con mi papá, éramos cinco
niños y estábamos todos juntos. A las nueve de
la noche llegaron a traer a mi papá, y quebraron
toda la casa, ya no quedó nada de ella, tal vez
entraron unos 60 soldados en la casa. Allí lo
amarraron y se lo llevaron, eso fue lo que pasó
ese día, lo traían tres hombres, no había camión
esa noche se vinieron a pie. A las nueve de la
noche, ni más ni menos y nosotras ¿qué podíamos
hacer?, nada...” (Testigo PZ207. Panzós).
Normalmente las amenazas estaban dirigidas
a los hombres, muchos de ellos tuvieron que
abandonar a la familia para evitar que los mataran,
pero los militares al no encontrar a los hombres
adultos de la familia amenazaban con el secuestro
de los niños. Éstos al ver el riesgo que corrían y
sin importar la edad que tuvieran también escapaban hacia las montañas. Generalmente se iban
con el resto de la familia. La vida en la montaña
para los niños fue particularmente dolorosa, sobre
todo para los que sobrevivieron. A pesar de
encontrarse con más población que estaba escapando en las montañas tuvieron que pasar hambre,
frío, enfermedades y todos los problemas que la
vida en la montaña implican. Pero lo que ahora
resulta ser su mayor sufrimiento es que no tuvieron
la oportunidad de estudiar. Hubo también una
gran cantidad de niños y niñas que no aguantaron
ese tipo de vida y murieron bajo las montañas:
“... yo tenía 10 años cuando nos fuimos para
las montañas, mi papá ya tenía ratos de haberse
Alteración de la convivencia
109
ido de la casa, nos dejó solos a nosotros, a él lo
llegaban a buscar pero no lo encontraban, poco
a poco se fueron agrandando los problemas y
nos llegaron a decir que como no encontraban a
mi papá nosotros teníamos que ir en vez de él.
Mi papá llegaba a vernos por las noches y le
contamos lo que estaba pasando: «¡Está bien! –
nos dijo– ¡Entonces tienen que salir por la noche!».
Y así fue, salimos en horas de la noche porque
de día nos iban a ver las personas que nos
estaban buscando, agarramos la vereda del río
y nos fuimos para la montaña, según yo íbamos
en un buen lugar, pero era todo lo contrario,
íbamos directo al sufrimiento, cuando llegamos
ahí ya no había nada que yo pudiera comer, sólo
los frutos de los árboles, crecí debajo de los
árboles. Ahora no sé nada, no tengo estudios,
no aprendí nada durante los años que duró el
conflicto, cuando vine nuevamente a la comunidad ya estaba más grande (...) allá, andaba con
un solo pantalón, no tenía zapatos, a puro pie
me venía en los caminos, habían muchas espinas,
es triste lo que vivimos, pero fue por culpa de
los soldados ellos nos corretearon para las montañas. Comimos toda clase de plantas, había una
variedad de plantas que le llaman ch’onte, me
alegraba mucho cuando mi mamá me las cocía,
me lo comía insípida, sin sal, sin chile, es muy
doloroso, a veces me entristece mucho todo
esto...” (Testigo SMR151. San Marcos I).
“... Nos fuimos para las montañas por culpa
de los soldados, nos iban disparando, las balas
iban pasando sobre nosotros, fue muy doloroso
lo que nos pasó, fuimos correteados de nuestras
casas, por un pelotón de soldados, por miedo
110
Te llevaste mis palabras, Tomo I
nos fuimos para las montañas. Allá llegaron
nuevamente a corretearnos, todos nos dispersábamos, parecíamos una cría de animales que se
dispersan por cualquier lado, fue muy doloroso
lo que vivimos ahí. Nosotros queremos que
todo esto se sepa, fue muy triste nuestra situación
en esos tiempos, ya no teníamos ropa, parecíamos
espantapájaros. Se nos murieron muchos hijos,
a mí se me murieron muchos hijos ahí. Cada vez
que se moría alguien de nosotros sólo le
colocábamos ramas de los árboles encima,
después nos íbamos a otro lugar, no sé exactamente en que lugar enterré a mis hijos por culpa
de los soldados...” (Testigo SMR250. San Marcos
I).
V IDA COTIDIANA TRASTOCADA
El clima de amenaza permanente debilitó la organización comunitaria, generó un grado elevado de
desconfianza entre sus habitantes que afectó la
cotidianidad y los lazos de solidaridad que eran
característicos de las comunidades q’eqchi’es. Se
alteraron valores y prácticas culturales, se
destruyeron los procesos de consulta y organización comunitaria.
El hostigamiento que mantuvieron los militares, patrullas y finqueros tuvo un efecto
devastador en las relaciones sociales en la
comunidad; éste se expresó en sensaciones de
miedo, inseguridad, desolación, desesperanza,
angustia, frustración, desconfianza, vacío y muerte.
La participación comunitaria antes de la guerra
era un hecho cotidiano en el sistema de consulta
Alteración de la convivencia
111
del pueblo q’eqchi’, pero en el contexto de la
represión, participar en asambleas, servicios
religiosos o manifestaciones culturales se convirtió
casi en una sentencia de muerte. Los militares
aprovechaban esas reuniones para llegar a las
comunidades o los reunían para atemorizarlos y
explicar las normas que se debían seguir. Cuando
terminaban las reuniones eran nombradas varias
personas que eran obligadas acompañar a la tropa:
nunca aparecían. Los mecanismos de toma de
decisiones y de elección de autoridades comunitarias se vieron profundamente afectados por la
imposición de los comisionados militares y las
patrullas de autodefensa civil, quienes como
representantes del ejército asumieron el poder y
control de la comunidad y por lo tanto imponían
sus decisiones:
“... La verdad es que cuando hubo ese problema nos asustamos mucho, más cuando los militares nos juntaron a todos en la escuela. Ahí
estaban todos los militares amontonados, incluyendo a dos de los compañeros que vivían cerca
del camino, en ese momento nos iban a matar a
todos nosotros, principalmente a los hombres.
Estábamos rodeados por ellos, ahí fue donde
nos asustamos, en ese momento golpearon a
dos de los compañeros y se los llevaron, no los
dejaron, en ese momento se asustó toda la gente
de esta comunidad (...) Mi esposa se asustó, ya
no dormía, ya sólo se mantenía sentada toda la
noche, ¿pero por qué?, de esa manera vivimos
ese conflicto, fue algo terrible, nos asustamos
mucho. Mi esposa durante mucho tiempo estuvo
enferma, ya no podía dormir, se hinchó y como
menstruaba se le complicó más, ya no veía, ya
112
Te llevaste mis palabras, Tomo I
no miraba su camino, fue muy doloroso lo que
le sucedió...” (Testigo CAT102. Consejo de Ancianos).
Anteriormente, en las comunidades q’eqchi’es
las casas se encontraban dispersas, generalmente
las viviendas se ubicaban en el centro de la milpa,
pero con el asedio al que fue sometida la población,
disposición de las casas cambió y se procedió por
órdenes militares a una reurbanización, obligando
a la gente a construir sus casas una cerca de la
otra. Los objetivos del ejército eran eliminar por
un lado, que la población controlara las actividades que desarrollaba el vecino y por el otro
mantener a la comunidad concentrada en un solo
lugar, permitiendo con eso que los finqueros se
apropiaran de las tierras que los campesinos
abandonaban:
“... Anteriormente no habíamos escuchado
nada, no teníamos conocimiento de ningún problema, poco a poco fue penetrándose el problema.
Los hacendados empezaron a decir que las tierras
donde sembrábamos eran de ellos y como se
dieron cuenta que no las queríamos abandonar
empezaron a asustarnos. Ahora ya vivimos juntos,
para que los soldados ya no nos terminaran de
matar, pero la verdad es que anteriormente
vivíamos dispersos...” (Testigo MGT194. Manguito I).
No sólo quisimos juntarnos para vivir sino
que fue orden del gobierno, anteriormente cuando
vivíamos durante los años 1970, 1978, 1979 no
teníamos ningún problema, durante ese tiempo
era muy bonito vivir. Ahora nosotros estamos
como estamos por el conflicto armado, porque
Alteración de la convivencia
113
los militares quemaron nuestras casas. Los primeros que fueron buscados por los hacendados
fueron los representantes de las tierras, los empezaron a asustar. Los hacendados al darse cuenta
que no podían matar a los representantes, se
iban a quejar con los militares y eran ellos los
que se encargaban de matar a la gente, los
hacendados trajeron a muchos militares. Anteriormente vivíamos muy bien lo único que teníamos que comprar era un poco de sal y otros
alimentos que no se cosechaban. Todo lo que
cosechábamos en el terreno cerca de nuestras
casas era lo que consumíamos, ya que como se
dijo anteriormente vivíamos muy dispersos,
algunos con una distancia de 20 ó 30 minutos,
cada quien le gustaba vivir donde quería y
sembrar lo que quería detrás de su casa ya que
nadie las podía robar, cada quien consumía lo
suyo...” (Testigo MGT204. Manguito I).
Una situación que causó efectos devastadores
en la gente y sobre todo en la solidaridad y el
trabajo comunal fue la participación de muchas
personas en las acciones que perpetraba el ejército.
En los relatos, los sobrevivientes hacen referencia
a la participación de miembros de la comunidad
en asesinatos, torturas y otras acciones violentas:
“... muchos de los compañeros se integraron
como judiciales y les pagaban 100 quetzales la
noche sólo por matar a una persona, pero si no
los encontraban solo les daban 50 quetzales...”
(Testigo CAT132. Consejo de Ancianos).
En muchos testimonios la gente cuenta que la
vida en comunidad dejó de existir, se acabó, prefe-
114
Te llevaste mis palabras, Tomo I
rían irse a la montaña que quedarse en sus casas
a correr cualquier tipo de peligro.
C ONTROL S OCIAL
Para Martín-Baró la socialización moral es, sin
duda, el proceso socializador por excelencia. Según
él, las normas que definen el bien, el mal y los
hábitos correspondientes constituyen la materialización de un orden social y es mediante la adquisición de esta moral que la persona hace propios
los principales mecanismos de control social de
un determinado sistema (Martín-Baró, 1995).
El control social está referido a un estado de
equilibrio del sistema político en dos niveles:
social e individual. El primero se refiere al
equilibrio entre los valores y las normas sociales
establecidas y el segundo a la motivación de la
persona hacia el conformismo social; en este caso
el individuo busca cumplir las expectativas
normativas del grupo o sistema social al que
pertenece tal como él las percibe.
Los mecanismos del control social actúan en
la regulación de los roles sociales de los individuos,
motivándolos a actuar de acuerdo a esos roles
que el sistema ha definido. Sin embargo en el caso
de sociedades como la nuestra, el control social
no solo supone mantener una “armonía o equilibrio” con el sistema sino que está fundamentado en una relación hegemónica de poder que se
ejerce mediante la propiedad de los grandes medios
de producción y de coerción. En suma, el control
social no necesariamente implica aspectos negativos, pues puede perfectamente ser enfocado a
Alteración de la convivencia
115
la erradicación de situaciones sociales que afectan
a los grupos mayoritarios, por ejemplo el hambre,
la falta de salud, educación y un largo etcétera. El
problema surge cuando este control social está
acompañado por la coerción o el uso desmedido
de la fuerza para imponer un sistema de relaciones
sociales que trastoca la vida en comunidad
fundamentalmente la práctica de la cultura,
afectando profundamente la identidad colectiva.
“... nosotros vivíamos en Cahaboncito que
está debajo del camino y Santa María encima
del camino. Don José Yat había preparado una
ceremonia, pero durante esos días se estaban
realizando los turnos de la patrulla, en esos días
el comisionado era Manuel Winter. Ellos vigilaban la casa de don José. Estaban vigilando la
casa los comisionados y los de las patrullas. A
media noche los señores empezaron a realizar
su actividad, quemaron sus candelas, su pom,
cuando terminaron empezaron a comer, luego
amaneció y cada quien se fue para su casa,
después de algunos días se llevaron a José,
saber dónde lo tiraron. Uno ya no podía hacer la
ceremonia en esos días, se hacía pero en forma
individual, pero esas personas se confiaron mucho y decidieron realizar la actividad en forma
grupal, es por eso que desapareció ese señor él
era muy bueno realizando esas actividades, después nos prohibieron que siguiéramos practicando las ceremonias...” (Testigo CAT130. Consejo
de Ancianos).
Parte de las tareas que tenían que desarrollar
los comisionados militares era la vigilancia de las
actividades comunitarias. Si algo no estaba de
116
Te llevaste mis palabras, Tomo I
acuerdo a lo que el ejército permitía inmediatamente apuntaban en un cuaderno los nombres de
los vecinos que estaban “actuando mal” y se dirigían al destacamento militar con el listado. Después
llegaban los soldados buscando a las personas
que habían sido denunciadas:
“... Cuando ellos nos miraban haciendo una
actividad o una reunión, se iban a quejar inmediatamente porque decían que nosotros nos estábamos organizando para algo más, se iban a
quejar con los hacendados y el ejército, inmediatamente apuntaban nuestros nombres...” (Testigo
CAT133. Consejo de Ancianos).
“... Después de que se llevaron a los compañeros allá a Tinajas, venían cada dos semanas,
hasta que terminaron de llevarse a todos los que
estaban anotados en el listado que ellos traían
...” (Testigo SMR235. San Marcos I).
El ejército obligó a las personas a afiliarse a
iglesias específicas para tener “derecho a vivir”.
Estas iglesias transmitían el discurso “moral” del
ejército. Al mismo tiempo, los soldados obligaban
a los responsables del servicio religioso a levantar
listados de los participantes en todas las actividades
de la iglesia, eso les permitía a ellos saber quiénes
estaban ausentes, y posteriormente los acusaban
de guerrilleros y eran perseguidos, en la mayoría
de casos fueron ejecutados. El ejército trató de
controlar la práctica de la espiritualidad, la que
había sido parte fundamental de la vida comuni taria q’eqchi’. La ceremonia maya o mayejak no
sólo servía como una manera de comunicarse con
dios, sino una forma de mantener los valores
dentro de la comunidad.
Alteración de la convivencia
117
“... Los soldados primero interrogaban al
pastor, le preguntaba si sus siervos le daban
comida a los guerrilleros. Le decían al pastor
que tomara asistencia a sus compañeros ya que
los que no asistían era porque ellos le estaban
dando comida a los guerrilleros, entonces uno
se vería obligado a ir a esa iglesia por que si tu
nombre no aparecía en el listado te mataban...”
(Testigo SMCH270. Semococh).
D EBILITAMIENTO
DE LOS LAZOS COMUNITARIOS
La convivencia comunitaria está matizada por
muchos sentimientos, la mayoría vinculados con
los recuerdos de la violencia, sobre todo de quienes
perdieron a sus familiares o fueron despojados
de bienes materiales como cultivos, utensilios de
la casa, animales domésticos y tierras. Esos recuerdos tienen fresca la participación de personas de
la misma comunidad en los hechos violentos,
dando como resultado que las relaciones actuales
se enmarquen en el contexto de la desconfianza,
el odio, el resentimiento y el estigma comunitario.
Muchos han sido los esfuerzos que se han realizado
por reconstruir las comunidades después de la
guerra, sin embargo lo más difícil de restablecer
son las relaciones de confianza entre las personas
de la comunidad.
Los relatos de los sobrevivientes reflejan profundos conflictos de relación al interior de las
comunidades. Es obvio que antes de la guerra
existían problemas entre vecinos, pero la introduc-
118
Te llevaste mis palabras, Tomo I
ción de la violencia política en la cotidianidad
agravó esas diferencias.
Las personas que asumieron las tareas de
comisionados militares, jefes patrulleros o miembros de las patrullas de autodefensa civil, se aprovecharon de esa coyuntura para resolver viejos
pleitos que tenían con sus vecinos. Amparados en
ese tipo de poder lo utilizaron como un mecanismo de resolución de sus conflictos, denunciando
a sus vecinos y acusándolos frente a los militares
de ser miembros o colaboradores de la guerrilla,
resolviendo los problemas del pasado con la
desaparición o tortura del denunciado:
“... Antes de comenzar la violencia no había
divisionismos, todos se llevaban bien, cuando
había necesidad de algo se resolvía en la
comunidad con el consejo de ancianos, cuando
alguien peleaba en la familia era aconsejado por
el consejo de ancianos, si uno tenía algo que el
otro compañero necesitaba se hacía un cambio,
nadie robaba. Después vinieron las fincas donde
nos obligaron a trabajar por una paga muy baja
y muchos compañeros indígenas por no tener lo
suficiente para satisfacer las necesidades eran
explotados. Lo aguantábamos todo, solo seguíamos las órdenes. Cuando comenzó el conflicto
armado los comisionados se aprovecharon de la
gente, con quienes se llevaban mal los acusaban
de ser miembros de la guerrilla, comenzaron a
vigilarlos en sus casas por las noches. Las personas
que vigilaban eran contratadas por los dueños
de las fincas, luego fueron llamados judiciales.
Los finqueros contrataron a estas personas porque
nosotros estábamos solicitando tierra con el INTA ,
y ellos nos dijeron que dejáramos la tierra porque
Alteración de la convivencia
119
no era nuestra, en cambio ellos querían ocupar
la tierra, por eso no les gustó lo que estamos
haciendo, la idea que ellos tenían era que nosotros
sintiéramos miedo y saliéramos de estos lugares.
Lo que nosotros hicimos fue aguantar los problemas...” (Testigo CAT144. Consejo de Ancianos).
Martín-Baró denomina a este tipo de relación
“polarización social” y la define como el “desplazamiento de los grupos hacia extremos opuestos,
con el consiguiente endurecimiento de sus respectivas posiciones ideológicas” (Martín-Baró, 1990).
En el caso particular de estas comunidades
q’eqchi’es, efectivamente hubo una polarización
social, que se agudizó por el aprovechamiento
del poder que delegó el ejército en los comisionados
militares. En el caso de las víctimas esta polarización fue expresaba de diferentes maneras, algunos
buscaron refugio en montañas o comunidades y
otros se alzaron en armas; ambas fueron estrategias
que les permitieron sobrevivir. Sin embargo, los
sobrevivientes reconocen que efectivamente se
encontraban y se encuentran aún en las comunidades dos grupos, los victimarios-represores y los
sobrevivientes-víctimas:
“... Cuando estábamos sufriendo el conflicto,
no podíamos realizar reuniones. En Panzós y en
Telemán estaban los jefes de los destacamentos.
Creo que ahora estamos como antes, ya que
ahora habemos dos grupos en nuestra comunidad, uno el que no quiere nada, no quiere saber
de nosotros, los que hablan de nosotros. Eso es
precisamente lo que está pasando, eran nuestros
propios compañeros los que nos estaban traicionando. Nuestros propios compañeros pobres
120
Te llevaste mis palabras, Tomo I
decían: ellos son grupos de guerrilleros, se están
reuniendo el grupo de los Satanás. Actualmente
nos está volviendo a pasar lo mismo, muchos de
nuestros compañeros hablan de nosotros; ellos
eran los encargados de quejarse ante los militares...” (Testigo RNH168. El Rancho).
Las relaciones sociales no solo fueron afectadas
al nivel comunitario. Dentro de las familias este
tipo de relación se representó en la falta de apoyo
de los hijos a los padres, los relatos confirman
esta situación. Era más importante salvar la vida
propia que cualquier lazo consanguíneo que
existiera:
“... ya no pensamos en ayudar a nuestro
padre, ya no podíamos estar bien en nuestras
casas, ya no comíamos bien, todos los días había
pánico ya no sabíamos a dónde ir, nos mirábamos
entre las montañas, mirábamos los focos en la
oscuridad, pensábamos que eran los matones:
entre nosotros mismos nos asustábamos. Es por
eso que todo esto fue muy doloroso y ya no
quisiera que se volviera a repetir. Todo esta
tragedia que ya vivimos y que pasamos fue muy
dolorosa, los hombres nos íbamos a dormir a la
parte seca del río que le llamamos Sé’palay, las
pobres mujeres las dejábamos con el riesgo de
morir en las casas, y nosotros nos íbamos y
venían los militares a vigilar, se paraban en
medio del camino y buscaban entre las casas.
Cada vez que llegaba un camión nos daba mucho
miedo, gracias a Dios que no mataron a mi
esposa...” (Testigo CHBT017. Cahaboncito).
Alteración de la convivencia
121
L A DESCONFIANZA
La desconfianza es uno de los efectos psicosociales
más perversos de la política contrainsurgente,
porque es al interior de las comunidades donde
la desconfianza representa actualmente uno de
los efectos más amenazantes. El contexto de la
post-guerra nos muestra una comunidad en la
que la desconfianza, el temor y el miedo dominan
las relaciones interpersonales y frenan o enlentecen considerablemente los procesos de negociación
para el desarrollo. La desconfianza y la extrema
suspicacia se experimentaron como una vivencia
de persecución que tuvo consecuencias debilitadoras en la persona y el grupo, que normalmente
debería ser un espacio de confianza y aceptación:
“... Nuestras reuniones era lo que le más les
molestaba. A esa gente no le gustó que nos
reuniéramos. Después de realizar una reunión,
nos vigilaban. Empezaron a vigilar mi casa.
Estaban pateando mi casa, queriendo entrar
hasta que amaneció y se fueron. Pero luego
vinieron otros y nuevamente empezaron a golpear
mi casa. Seguían golpeando, queriendo derribar
la puerta y quebrar todo. ¿Quiénes fueron los
que participaron en la reunión? Decían. Nosotros
siempre cambiábamos de lugar cuando teníamos
reuniones, nos reuníamos en diferentes casas, a
veces nos reuníamos en la casa de mi hermano,
luego se iban para la mía, pero siempre se enteraban dónde nos reunimos y empezaban a investigar, pero creemos que había alguien entre nosotros mismos que era la que les pasaba la información...” (Testigo CHPT048. Chichipate).
122
Te llevaste mis palabras, Tomo I
La desconfianza en el propio grupo hizo
imposible que se pudiera trabajar sobre los
mecanismos de defensa que se desarrollaron para
que la experiencia represiva no destruyera a la
persona o al grupo. Mantener esa situación
convirtió al grupo en una experiencia muy
debilitante para la persona, cuando en realidad
debiera ser su fuente principal de ayuda:
“... Por causa de estas tierras es que surgió
el conflicto (...) todo lo que hicieron los militares
lo vivimos en carne propia nosotros los pobres,
ellos provocaron que nosotros ya no nos quisiéramos entre nosotros mismos, ya no nos podíamos
hablar con tranquilidad, ya no nos queríamos
ver los unos a los otros, nos decíamos cosas que
no teníamos que decir, pero todo esto lo sembraron los militares, máxime cuando empezaron a
matar desde entonces ya no queríamos hablarle
a nadie más, eso fue lo que vivimos, fue muy
doloroso...” (Testigo CHPT071. Chichipate).
Buena parte de los elementos psicológicos de
la guerra persiguen la desmovilización de la población en el área de conflicto, intentado privar a la
insurgencia de su base social de apoyo. El general
Harold Johnson explica que las características de
las operaciones psicológicas en un ambiente insurreccional consisten “en operaciones militares,
políticas, sociales, económicas y psicológicas, son
llevadas a cabo para modificar o eliminar de raíz
las causas de la insurrección” (Johnson, s.f.). Es
natural por lo tanto que las operaciones militares,
que son conducidas con la intención de cambiar
actitudes, pensamientos, emociones, sentimientos,
opiniones o comportamientos de la población
Alteración de la convivencia
123
sean detenidamente planificadas y dentro de sus
objetivos este el control social, económico y político
de la población. En muchos contextos se habla de
un efecto que dejó profundamente dañada a la
nación; el de la ruptura del tejido social. Aquí
estamos de acuerdo, y es prudente agregar que
esa ruptura tiene diferentes implicaciones que
atraviesan y perturban la convivencia comunitaria.
Una de esas implicaciones y probablemente la
más difícil de elaborar es la desconfianza que fue
generada en la población como parte de la estrategia
contrainsurgente. Otra, la delación. Se buscó con
la división de la gente, la destrucción de cualquier
intento de organización comunitaria y la mediatización de la práctica tradicional de resolución
de los conflictos. Pero sobre todo la desconfianza
en la misma gente que estaba sobreviviendo la
represión:
“... hemos hablado de los comisionados, de
los judiciales y del ejército, pero también hay
que decir que no solo fueron ellos los que hicieron
el daño, sino que también fueron algunos de los
compañeros de nosotros. Fueron nuestros propios
compañeros que trabajaban en las haciendas
quienes pasaban información, pero esto lo hicieron durante el conflicto armado. Esos malos
compañeros empezaron a fastidiar a los demás
compañeros e inventarse cosas para que los
alcaldes y los comisionados se voltearan contra
nosotros...” (Testigo CAT113. Consejo de Ancianos).
La situación de tensión constante y los hechos
de violencia crearon un clima de desconfianza
mutua tanto hacia los vecinos como hacia las
124
Te llevaste mis palabras, Tomo I
otras comunidades. En algunos casos la desconfianza fue un elemento protector sobre todo cuando
los militares simulaban ser tropas de la guerrilla
y llegaban a las comunidades pidiendo comida.
También fue un factor de aislamiento y ruptura
social. Ese sentimiento no fue solo hacia las personas, también para las estructuras del Estado, aparece incluso ante los grupos de derechos humanos
y observadores internacionales, como manifestación extrema de la ruptura de las condiciones de
seguridad en la vida cotidiana. Esa sensación
desarrolló sentimientos de odio y resentimiento
ante los responsables de lo que estaba sucediendo:
“... Las personas que se quejaron de mi
finado hermano viven por allá, creo que ahí
viven cuatro de ellos y uno que se acaba de
morir aquí, escuchamos que se murió uno de
ellos. «Hasta ahora se murió ese hijo de puta» –
dijo un hijo de mi finado hermano– «¡Por culpa
de él no enterré a mi padre, que no piense que se
va ir para el cielo porque no es así, ya que se
quejó injustamente de mi padre, y si quieren
enójense no me importa!» Les decía a sus hijos
de ese señor...” (Testigo CAT132. Consejo de
Ancianos).
“... En el tiempo de la violencia murieron
nuestros abuelos allá en Panzós, había dolor en
nuestros corazones, nuestros hermanos y compañeros desaparecían por los malos gobernantes.
En la comunidad todo era peligro y tristeza, en
ese tiempo no pensábamos en vengarnos porque
teníamos miedo...” (Testigo CHBT040. Cahaboncito).
Alteración de la convivencia
125
D ELACIÓN
La delación constituyó otro factor que facilitó la
ruptura social; igual que la desconfianza fue un
efecto perverso de la política contrainsurgente.
Fueron algunos vecinos de las comunidades
quienes se encargaron de llevar información al
ejército sobre las actividades y movimientos de la
gente. Ellos no necesariamente tenían vínculos
con los militares, lo hicieron fundamentalmente
para resolver viejos conflictos, la mayoría relacionados con deudas y envidias. Con esa acción
esperaban recibir el beneplácito del ejército y en
el mejor de los casos, alguna recompensa. Los
delatores esperaban que con la información que
estaban brindado la represión no fuera dirigida
hacia ellos. Se equivocaron:
“... Mateo Asig siempre andaba cargando
un costal y escribiendo, cuando cayó el jefe de
ellos también cayó él. Vino el jefe de los soldados
a quien le entregaban los listados y de una vez
le dispararon, ahí fue donde murió ese señor ya
nadie preguntó por él después. Empezaron a
ver todos los papeles que llevaba y ahí fue
donde nos dimos cuenta de todos los nombres
que él había apuntado, todo lo que él iba a dejar
a El Estor, lo que iba a dejar con don Flavio y en
Senahú...” (Testigo CAT137. Consejo de Ancianos).
“... Muchos de nuestros compañeros nos
traicionaron, pero no ganaron nada, ya que hoy
día tampoco ellos tienen un lugar en donde
vivir. Los que nos traicionaron fueron nuestros
propios compañeros de la comunidad. La persona
que nos traicionó a nosotros llegaba a comer a
126
Te llevaste mis palabras, Tomo I
nuestra casa, él se encargaba de vigilarnos, era
nuestro propio vecino...” (Testigo SMR153. San
Marcos).
“... cuando me recuerdo de toda esa vivencia
me pongo a llorar, porque lo viví en carne propia
cuando era pequeño. Fue muy doloroso lo que
vivimos y no quisiéramos volverlo a vivir
nuevamente. Fueron algunos compañeros quienes se quejaron de nosotros hacia los ricos, y
estos compañeros aún están entre nosotros. No
ganaron nada al hacer todo esto, aún seguimos
siendo iguales, no les dieron nada a cambio, no
se fueron con ellos. No pensaron bien las cosas,
no se dieron cuenta de lo que estaban haciendo,
pensaron que tal vez les iban a dar algo a cambio
pero no fue así...” (Testigo CHPT079. Chichipate).
A diferencia de otras regiones de Guatemala,
el movimiento cooperativo no se desarrolló fuertemente en Alta Verapaz. Las razones en el contexto
de la guerra fueron muchas. Una de ellas fue que
los militares al prohibir cualquier tipo de reunión
en las comunidades, exigían a los comisionados
militares y a algunos vecinos que informaran de
todas las reuniones que se llevaban a cabo en la
comunidad sin su autorización. Esto incluía las
reuniones de las cooperativas que estaban empezando a desarrollarse. El resultado fue que el
movimiento cooperativo en Alta Verapaz fue desarticulado completamente:
“... Decían que la cooperativa reunía a los
guerrilleros, que ahí nos escondíamos, que ahí
teníamos las armas y los plomos, los que se
quejaron fueron los mismos de la comunidad,
fueron los comisionados. Todo eso por pura
Alteración de la convivencia
127
envidia y porque se dejaron llevar por las influencias de los ricos, así mismo porque a algunos les
pagaron por vigilarnos y algún movimiento falso
que se hacía ya estaban listos para quejarse y
matarnos ¡Fue muy duro verdad! Yo estuve
durmiendo seis meses entre los palos de mango,
de tras de mi casa, daba mucho miedo...” (Testigo
CAT131. Consejo de Ancianos).
La gente encontró diferentes formas de enfrentar a los delatores y sobre todo a las consecuencias
que sus acciones provocaban. Muchas personas
al escuchar que el delator de la comunidad se
había dirigido al destacamento o base militar
inmediatamente abandonaban sus casas. El miedo producido por los resultados de la denuncia
se manifiesta aún ahora cuando se elabora el
recuerdo de aquel sufrimiento:
“... nos entró miedo cuando escuchamos en
horas de la tarde que se habían llevado a un
muchacho y que lo habían matado. En ese mismo
momento salimos de nuestra casa, ahí fue donde
nos entró más miedo ya que todos estábamos
solicitando tierras. Algunos compañeros que
eran más listos y estaban trabajando en las compañías empezaron a quejarse de que nosotros estábamos solicitando tierras, entonces ahí fue donde
empezaron a preguntar quiénes eran, y dieron
el nombre de ese muchacho. Nosotros nos pusimos a pensar que si habían dado el nombre de
ese muchacho, entonces eso quería decir que
también habían dado nuestro nombre porque
todos estábamos solicitando tierras, es por eso
que nos salimos inmediatamente de nuestra casa
ese mismo día...” (Testigo CHPT073. Chichipate).
128
Te llevaste mis palabras, Tomo I
Se comprobó que algunas personas fueron
obligadas bajo tortura a denunciar a otras que no
necesariamente conocían, señalándolos de ser
miembros de la guerrilla. Aunque la información
era falsa, el ejército con esos datos se dirigió a las
comunidades y procedió a la detención de los
acusados. En muchos casos estas personas no
sobrevivieron la captura. Los que sí lo hicieron
tienen señales permanentes en el cuerpo y la
mente provocadas por la tortura a la que fueron
sometidos. Otros fueron llevados frente a los
delatores y confrontados con éstos. A los que
lograron demostrar su inocencia los liberaron,
pero fueron obligados a presenciar la ejecución
de los delatores:
“... Un compañero de nosotros de esta comunidad lo agarraron y se lo llevaron a la Zona
Militar luego al destacamento de Sepur Zarco.
Lo golpearon mucho y empezó a dar información,
y él nunca había participado en nuestras reuniones y no sabía lo que nosotros hacíamos. Cuando
él fue agarrado por los militares empezaron los
problemas, dijo que él sabía donde estaban los
guerrilleros y que sabía a quienes venían a visitar,
dijo que también sabía a quienes se les daba de
comida. Él nunca había participado en nuestras
reuniones, no sabía nada. El 10 de noviembre
del año 82 como a eso de las cinco o cuatro de la
tarde me vino una nota para que me entregara
en las manos del comisionado de nuestra comunidad, me llevaron a mí y a otros 18, nos torturaron...” (Testigo RNH151. El Rancho).
“... los soldados nos reunieron en una casa,
nos reunieron a todos y nos pusieron boca abajo.
En ese momento me agarraron y me llevaron a
Alteración de la convivencia
129
otra casa y a los mentirosos se lo llevaron también.
Había un mentiroso de este lado y el otro del
otro lado y los militares detrás de mí pateándome
en mis costados. «¡Hasta aquí has llegado,
despídete de tu esposa, de tus hijos porque aquí
vas a terminar y todo lo vas a ver verde! –me
decían–. ¡Tú eres el que les da comida!» me
decían. Yo no me movía y no decía nada, sólo
los estaba escuchando. «¿Es cierto que él da la
comida?» le preguntaron a uno de los mentirosos
él respondió que sí. «¿Dónde les da la comida?»,
preguntaron. «¡Allí donde está la Ceiba!», respondieron. «¿Cada cuánto les pasa la comida?»
–preguntaron otra vez.– «¡Cada tres meses!»,
dijeron. «¿Es cierto que pasas la comida?», me
preguntaron, y yo les dije: discúlpenme señores
militares, pero yo no sé nada sobre ese asunto,
este señor vive en la hacienda y no lo conozco y
él tampoco a mí. «¿Escucha lo que te están
diciendo, es cierto eso?», le decían y él respondía:
«¡Es cierto que él está dando comida, sí está
dando comida!» «¡Escucha tu falta. Si no nos lo
decís aquí vas a terminar!», me decían. Trajeron
un lazo para amarrar caballos. Se colocó un
soldado de este lado y el otro de este lado y me
lo colocaron en el pescuezo y me lo amarraron.
Uno se fue de este lado y el otro del otro lado
para jalarlo. Me crucificaron. «¡Ahora aquí vas
a terminar!», me decían. Está bien, gracias a
Dios, si me muero en este momento va a ser por
culpa de una persona. «¡Escucha lo que te están
diciendo!», le dijeron al mentiroso, lo agarraron,
lo crucificaron y le agarraron la garganta y sus
ojos se llenaron de agua. «¡Si es cierto que no
tienes ninguna falta entonces trae tu cédula!»,
130
Te llevaste mis palabras, Tomo I
me dijeron. «¿Cómo se llama él si realmente es
tu amigo?», le dijeron: «Él es Pedro Beb respondió». »¡Trae tu cédula!», me dijeron y yo se las
entregué. Y vieron que yo no me llamaba así,
porque mi nombre correcto es (...). «¡Ahora tú
eres el mentiroso, porque te inventas cosas de
las personas!» le dijeron. Lo agarraron y tres
veces lo pusieron boca arriba y sus ojos resaltaban.
»Ahora vas ser liberado, porque lo que estás
diciendo es cierto, me dijeron»...” (Testigo
MGT178. Manguito I).
La delación también provocó profundos sentimientos de división entre la gente, sobre todo
porque los delatores eran de las mismas comunidades. Ahora muchos de ellos están solicitando
resarcimiento como víctimas o como victimarios.
Eso genera un sentimiento difícil de explicar en
los sobrevivientes pero está asociado a la impunidad y prepotencia con que continúan actuando
los victimarios al interior de las comunidades:
“... Las personas que vinieron a enseñar
nuestras casas son los de la otra comunidad que
en estos días quieren recibir el resarcimiento,
ellos fueron los comisionados aunque no lo digan
nosotros los conocemos por que ellos se ponían
ropa de los militares y se amarraban la frente
con un pañuelo para que no los conociéramos.
Un día vinieron los patrulleros de Pencalá junto
con los soldados, nos juntaron a todos y nos
obligaron a que nos pusiéramos todos en la
tierra. Todos los soldados caminaron sobre
nosotros junto con los patrulleros. Un comisionado que venía con ellos cuando miraba que
alguien levantaba la cabeza él le daba una patada
Alteración de la convivencia
131
diciendo que está viendo...” (Testigo MGT206.
Manguito I).
“... Una vez dejamos solo a mi hijo porque
fuimos a la casa de don José. Cuando regresamos
a la casa mi hijo nos contó que por poco lo
mataban, pero él me dijo que había reconocido
a la persona que había llevado a los militares
porque era nuestro vecino. Poco faltó para que
se muriera mi hijo, fueron nuestros propios
vecinos quienes nos traicionaron, no fueron otras
personas, es por eso que abandonamos nuestros
animales domésticos, abandoné vacas, pollos,
cerdos y chuntos, dejé mi casa. Poco faltó que
me muriera por estar pensando en mi casa, ya
sólo me cargaban debajo de las montañas, nunca
pensé estar aquí nuevamente. ¡Ay Dios, fue
muy doloroso lo que sufrí!...” (Testigo SMR254.
San Marcos).
L A ESTIGMATIZACIÓN COMUNITARIA
La psicología social ha desarrollado el concepto
de estigma para referirse a la situación de un
individuo que es descalificado, y parcialmente
aceptado a nivel social, por alguna característica
concreta. El término es usado para referirse a un
atributo que está profundamente desacreditado,
pero que puede ser visto en un contexto social
determinado. En el caso de las comunidades
q’eqchi’es el término no era de uso común, pero sí
su significado, se “identificaba” a todas aquellas
personas o comunidades que tuviesen vínculos
con la guerrilla. Es importante decir que cualquier lucha social o reivindicativa que estuviera
132
Te llevaste mis palabras, Tomo I
opuesta a lo determinado por el ejército, comisionados militares, autoridades municipales o lo
deseado por los dueños de las fincas era asociado
a ser miembro de la guerrilla. Fue así como muchas
personas, familias y comunidades enteras fueron
estigmatizadas por su posición y actividades frente
a problemas comunitarios
“... un día me agarraron los soldados en mi
casa. Esto realmente fue cierto no fue mentira.
Yo no puedo ocultar nada sobre las personas
que no nos querían y que estaban mintiendo.
Nosotros aprovechábamos los viajes e íbamos a
comprar alimentos a todos los compañeros de la
comunidad. Pero llegó un día en que dijeron
que yo compraba cosas para la guerrilla y que la
cooperativa era para los ladrones. Creo que por
eso se quejó de mí toda la comunidad. Toda la
gente rodeó mi casa y me llevaron donde estaba
una tienda, yo acababa de venir de compras de
El Estor, no había llegado a otro lugar más bien
había llegado a comprar al pueblo. Toda la
gente lo sabía...” (Testigo MGT180. Manguito
I).
El estigma de la violencia recayó sobre algunas
comunidades y aunque aquello con lo que se les
asociaba no era real, sí tenía consecuencias en la
percepción que tenían de sí mismos y sobre todo
en su sentimiento de identidad comunitaria:
“... Los militares y los de las haciendas nos
llamaban comunistas. Yo sufrí allá, en Mariscos,
nos llamaban comunistas, pero quienes se quejaban eran los de las haciendas, los patrones.
Ellos nos llamaban comunistas, y no personas,
crecí en Guatemala no he venido de otra parte,
Alteración de la convivencia
133
así me defendí de este problema. «¡Ustedes son
comunistas!», decían los militares. «¡Ustedes se
están robando las tierras, estas tierras son de los
patrones!» Había gente que se reía de nosotros,
otros estaban diciendo que los del Manguito I se
van a morir y van a comer mierda decían...”
(Testigo MGT182. Manguito I).
Algunas familias o grupos de sobrevivientes
aún viven las consecuencias de la estigmatización.
Son rechazados, discriminados y señalados por
tener un familiar desaparecido o ejecutado en las
acciones perpetradas por los militares. El estigma
y la persecución quedaron no sólo en las mentes
y corazones de la gente, sino en la cotidianidad.
L A CULTURA : OBJETIVO MILITAR
George Peter Murdock afirma que la cultura no
descansa en la herencia antigua específica del
hombre sino en su capacidad de formar hábitos
bajo la influencia de su ambiente social (Murdock,
1997). Una característica fundamental de la cultura
es que a pesar de su naturaleza esencialmente
conservadora cambia a través del tiempo y de un
lugar a otro.
La cultura se construye a partir de hábitos
que son compartidos por los miembros de una
sociedad, cada generación enseña a la siguiente,
los hábitos que han encontrado satisfactorios y
adaptativos para ellos. En otros casos algunas
personas o instituciones hacen presión unos sobre
otros a través de medios formales e informales de
control social para que se ajusten a las normas de
134
Te llevaste mis palabras, Tomo I
conducta consideradas correctas y apropiadas.
Sobre esa forma de presión Murdock afirma que:
“Esto sucede particularmente con la conducta
de las relaciones interpersonales, donde el éxito
o fracaso de una acción depende de la respuesta
de otra persona ante esa acción, más que, por
ejemplo, de su adaptabilidad a las cualidades
innatas de los objetos naturales” (Murdock, 1997).
Bruno Bettelheim define este tipo de control
social como los modelos institucionalizados que
regulan e influyen los grupos en cuanto persiguen
valores y fines sociales (Bettelheim y Janowitz,
1981). Por su parte la Coordinación de Organizaciones del Pueblo Maya de Guatemala (Saqb’ichil- COPMAGUA ) establece una clara diferenciación entre regulaciones sociales y control social.
Las primeras comprenden las definiciones explícitas o implícitas que norman las relaciones entre
las personas, la naturaleza y el cosmos. Estas
regulaciones son el resultado del consenso social
en torno a ciertos valores básicos que establecen
los significados de lo que se debe ser, lo que está
bien y el camino que se debe seguir. Por otro lado
el control social lo refieren a los mecanismos
como la presión social de carácter moral en algunas
ocasiones represivo, por medio de los cuales se
inciden, inducen, mantienen, cambian o establecen
pautas de conducta individual y social. El control
social opera de dos formas: a) frente a la transgresión de las normas, que provoca presión social,
rituales de desagravio o reparación, o mecanismos
de coerción social, y b) frente a la definición de lo
correcto, lo que está bien o lo que se debe hacer
Alteración de la convivencia
135
primero, que regula la asignación del prestigio
social ( COPMAGUA , 2000).
Para Murdock los hábitos que una sociedad
comparte en diversas formas y que constituyen
su cultura caen dentro de dos clases principales
que él denomina “hábitos de acción” o costumbres
y “hábitos de pensamiento” o ideas colectivas. Se
puede decir que las costumbres incluyen formas
de conducta fácilmente observables como el ceremonial y las técnicas para manipular los objetos
materiales. Las ideas colectivas no son directamente observables sino que deben inferirse de su
expresión en el lenguaje y en otras conductas
cubiertas, es decir, el conocimiento práctico, las
creencias religiosas y los valores sociales. En otras
palabras, una descripción más completa o informadora de una cultura nunca puede ser sólo un
relato de la conducta social real, sino una
reconstrucción de los hábitos colectivos que la
sustentan.
Cuando la conducta social se desvía persistentemente en cualquier dirección de los hábitos
culturales establecidos, da como resultado modificaciones, primero en las expectativas sociales, y
luego en las costumbres, creencias y reglas. Gradualmente, esta forma de hábitos colectivos se
alteran, y la cultura se adapta mejor a las nuevas
normas de conducta.
El pueblo q’eqchi’ se ha caracterizado por ser
un pueblo culturalmente fuerte. Las identidades
q’eqchi’es surgen de muchas manifestaciones de
la cultura, pero de ninguna tan fuertemente como
de la religión. Richard Wilson con relación a la
religión q’eqchi’ opina que ésta es:
136
Te llevaste mis palabras, Tomo I
“Sincretista, con componentes tanto católicos
como ancestrales, el simbolismo católico y su
estructura institucional están consolidadas en
la vida religiosa de la comunidad. La religión
q’eqchi’ combina estos elementos en un único
sistema de conocimiento integrado” (Wilson,
1995).
Para los q’eqchi’es la tierra es sagrada, muchas
comunidades reciben el nombre de algún aspecto
relacionado con ella, generalmente una montaña
o un cerro. Wilson afirma que los q’eqchi’es se
llaman a sí mismos como “Aj Ralch’och” es decir,
“hijos de la tierra” (Wilson, 1999). Las identidades
q’eqchi’es tienen sus raíces en la relación con el
culto al cerro. Los ritos agrícolas están dirigidos
al Tzuultaq’a, literalmente cerro-valle, la deidad
de la tierra que proporciona la fertilidad humana
y agrícola.
El Tzuultaq’a es una deidad telúrica, significa
cerro-valle, femenino y masculino, según el contexto. Algunos cerros con rasgos suaves tienen
nombres femeninos por lo tanto el Tzuultaq’a que
los habita es femenino, otros cerros con rasgos
puntiagudos y grotescos tienen nombres y tzuultaq’as masculinos.
El Tzuultaq’a es tormento y felicidad, es Dios
siempre presente y siempre fuera de su alcance,
siempre lejos y siempre cerca en el cerro y en el
valle, domina cuanto hay en el universo, es el
señor-señora y dueño-dueña de cuanto hay en la
tierra, de las almas de los hombres y mujeres. Los
q’eqchi’es anhelan únicamente hacer lo que el
Tzuultaq’a quiere que ellos hagan. Si en una
oportunidad sienten que han contravenido inten-
Alteración de la convivencia
137
cionalmente uno de los principios de su ética o
que se sintieran culpables de una falta, aunque
leve, empiezan a sentir un gran remordimiento
que les lleva al temor y nerviosismo. Los vigila
constantemente y cuando fallecen, es quien se
encarga de recoger el alma, es quien dispone su
castigo o su felicidad eterna en el más allá.
Los lugares sagrados de los q’eqchi’es están
relacionados con los cerros y valles, quienes les
brindan guía y protección, son símbolos religiosos
importantes en la construcción de sus identidades.
Los encargados de practicar el rito espiritual
llamado mayejak son los ancianos y ancianas. Existe
la creencia que solo se puede adorar al Tzuultaq’a
del cerro al que se le conoce su nombre y que es
cercano a donde se vive, si no es así no es posible
rendirle culto. Los encargados de practicar el rito
espiritual llamado mayejak son los ancianos y
ancianas.
Como se dijo antes, estas prácticas culturales
fueron afectadas fuertemente con la llegada de
los primeros catequistas a las comunidades. Ellos,
motivados por el Concilio Vaticano II y la nueva
visión de la iglesia sobre el trabajo social, empezaron a criticar y sustituir algunas prácticas religiosas
de los ancianos. Su sola presencia modificó la
forma de organización comunitaria y los mecanismos de representación tradicional (Wilson, 1995).
Posteriormente con la militarización de las comunidades y llegada de las figuras del comisionado
militar y patrullas de autodefensa civil, la configuración del poder comunitario quedó destruida,
siendo el ejército la institución que se apropió de
la decisión de nombrar a los líderes comunitarios,
modificando así, algunos hábitos colectivos
138
Te llevaste mis palabras, Tomo I
relacionados a la práctica tradicional de elección
de las autoridades comunitarias. Michel Foucault,
define el tipo de poder asumido en este caso por
el ejército como “policéntrico”; es decir, que incluye
la facultad de influir en la reconstrucción de las
identidades (Foucault, 2000).
Al respecto Wilson señala que “las reconversiones religiosas, la insurrección armada y la represión
estatal, transformaron modos previos de imaginar
la comunidad (...) crearon nuevas posibilidades
de repensar la comunidad y al grupo étnico”
(Wilson, 1999). Los comisionados militares y las
patrullas de autodefensa civil como representantes
del ejército en las comunidades eran los encargados
de mantener el control de los habitantes. Bajo ese
poder empezó su lucha por modificar algunas
conductas sociales sobre todo las relacionadas
con la colectividad. Porque siendo su expresión
comunitaria más fuerte era la celebración del
majeyak prohibiendo su práctica y persiguó a los
ancianos encargados de realizarla:
“... yo estuve participando con los abuelos
de la comunidad cuando se realizaba el mayejak,
en ese entonces participábamos muchos. Cuando
la gente vio eso empezaron a vigilarnos. ¿Y
quiénes los mandaban?; pues los militares y los
judiciales, eran dos grupos diferentes, porque
los judiciales eran comandados por los ricos y
los asesinos de nuestros abuelos. Preguntaban
quién dirigía la actividad, y mataron a un abuelo.
Empezaron a decir que nosotros estábamos practicando las ideologías de los guerrilleros...”
(Testigo CAT126. Consejo de Ancianos).
Alteración de la convivencia
139
Los comisionados militares y jefes patrulleros
ejercieron el control social en las comunidades
utilizando como mecanismo la coerción social
traducida en este caso en represión política. El
objetivo de esta práctica era evitar bajo cualquier
medio todo tipo de organización en la comunidad
y cualquier intento de fortalecer a la autoridad
tradicional y que estos a su vez apoyara al movimiento guerrillero.
Siendo la práctica de la espiritualidad el eje
ordenador del tejido social comunitario, y constituyéndose éste en un espacio social donde se pedía
fuerza al cerro-valle para la fertilidad de la tierra,
elemento de vida y referente sagrado en el mundo
q’eqchi’, además ser el espacio social en el que se
resolvían las culpas y conflictos comunitarios
derivados de faltas a la ética de la cultura, era
evidente que las fuerzas paramilitares atacaran
esta práctica, persiguieran y asesinaran a los ancianos y ancianas que jugaban el papel de intermediarios entre las comunidades y su Tzuultaq’a:
“... Mi abuelita y otras personas practicaban
la cultura maya. Creo que también por eso fueron
perseguidos. Por el mayejak, por ir a los cerros,
fue que les caían mal, todo esto me duele mucho,
ellos nos enseñaron todas estas buenas costumbres...” (Testigo CHPT046. Chichipate).
“En el año 81 y 82, nuestros antepasados
fueron perseguidos por los soldados. Fueron
perseguidos y asesinados, no podíamos quemar
ni una candela, cuando hacíamos ceremonias lo
hacíamos con mucho miedo, éramos vigilados.
Secuestraron al finado José Yat, con quien quemábamos nuestra ofrenda...” (Testigo CAT122.
Consejo de Ancianos).
140
Te llevaste mis palabras, Tomo I
El papel que jugó el Estado a través del ejército
nacional fue más allá del ataque sistemático a esa
práctica cultural. Promovió la reorganización de
la estructura de poder en la comunidad dejándola
en manos de los comisionados y patrulleros civiles,
quienes eran personajes de las mismas comunidades y contaban con la confianza del ejército en
muchos casos apoyados por los terratenientes.
Además la institución armada estudió profundamente la simbología de la cultura maya y hurtó
todas aquellas propiedades atribuidas a las deidades. Al respecto Wilson señala que el ejército
manipuló hábilmente la cultura q’eqchi’ para lograr
sus propios objetivos. Sobre el sistema de control
social que impusieron afirma que éste no habría
funcionado con tanta efectividad si no hubiese
tenido eco en la propia cultura indígena. El letrero
a la entrada del cuartel del ejército en Cobán dice:
‘Base Militar de Cobán –Hogar del Soldado
Tzuultaq’a–’. “Ambas figuras de poder, el Tzuultaq’a
y el ejército, exigen que se les pida permiso para
realizar las actividades. Cualquier trabajo de
construcción o agrícola requería el consentimiento del Tzuultaq’a, así como la mayoría de las
actividades sociales requerían el permiso del ejército. Su enojo causa un gran temor, y los castigos
por la acción autárquica pueden ser desastrosos.
El Tzuultaq’a destruye las cosechas mientras que
el ejército no solo las cosechas, sino también las
personas y las aldeas enteras. Ambos tiene sus
agentes que ejecutan su voluntad: el Tzuultaq’a
envía a los animales de la selva, y el ejército envía
a las patrullas civiles” (Wilson 1995).
“... La gente nos vigilaba, llegaban a husmear
cerca de nuestras casas cuando quemábamos
Alteración de la convivencia
141
candelas, cuando teníamos que sembrar. Ellos
se llegaban a quejar con los comisionados y es
ahí donde nosotros caímos en sus manos. No
sabíamos que hacer, nos quedábamos callados,
gracias a Dios que en estos momentos nos estamos
recuperando y teniendo nuevos conocimientos.
Antes no salíamos a ninguna parte, aguantamos
el miedo en nuestras propias casas, no había
ningún lugar donde podíamos defendernos es
por eso que decidimos quedarnos en nuestras
casas y que ahí nos pasara lo que nos tenía que
pasar. Le rogábamos mucho a Dios, aguanté
jalar y dormir con mis hijos debajo del monte y
a pesar de que eran muy pequeños; y aguantaron...” (Testigo CAT084. Consejo de Ancianos).
Siguiendo el análisis que hace Wilson años
después dice: “El Programa de entrenamiento
para los nuevos reclutas se llamaba Tzuultaq’a”.
En una entrevista que él realizó al director de la
oficina de información del ejército en 1991, el
coronel Homero García le dijo: “Nos parecemos a
los espíritus de la montaña porque, al igual que
ellos, dominamos el terreno, tenemos mando sobre
todos los que están en nuestro territorio” (Wilson,
1999).
Sin embargo, la guerra no destruyó totalmente
las creencias del pueblo q’eqchi’. Fue particularmente significativa la experiencia de la población
que estuvo refugiada en las montañas, porque a
pesar de que no se podía practicar el mayejak por
todos los preparativos que eran necesarios, y
para hacerlo, se sumaba el desconocimiento que
tenían de los nombres de los lugares donde se
encontraban, significó para los catequistas una
142
Te llevaste mis palabras, Tomo I
oportunidad única de influir en la creencia de la
gente, al oficiar el servicio religioso. Para ellos
era más sencillo hablar de la Biblia en esas condiciones que para los ancianos practicar el mayejak.
Sin embargo los espíritus de la montaña todavía
visitaban a los ancianos para indicarles los refugios
seguros en la montaña, lejos de la presencia de
los militares y cerca de animales salvajes, frutos
y raíces. Los q’eqchi’es identificaron así a los
tzuultaq’as como sus protectores.
Quizá es de esperar que los símbolos colectivos
de la comunidad actúen como protectores de los
habitantes de las aldeas en casos de guerra y caos
social. Pero el papel que jugó el ejército fue manipular los elementos de la cultura local, utilizando
con fuerza las nociones indígenas de pecado (maak)
y culpabilidad frente al Tzuultaq’a. Las ideas
tradicionales sobre la causa de la enfermedad del
pueblo q’eqchi’ apuntan hacia el pecado, el propio
o el de la familia, como el principal causante de
los males. Los “consejeros” del ejército ampliaron
esta noción hasta incluir en ella las dificultades
en general causadas por la guerra.
Concluida la guerra para algunos grupos es
muy difícil retomar la práctica de la espiritualidad
tradicional. Como se dijo antes, el mayejak es el
eje ordenador del tejido social, es una práctica
comunitaria donde debe prevalecer la confianza,
la solidaridad, la felicidad y sobre todo la unidad,
pero esos fueron los valores sociales atacados por
el ejército de Guatemala, demás está decir que
con mucha efectividad. Algunos grupos están
retomando ésta práctica, pero es difícil, porque al
interior de las comunidades prevalece la desconfianza y el miedo impuesto. Además, la mayoría
Alteración de la convivencia
143
de ancianos y ancianas fueron asesinados y la
persecución impidió que muchos conocimientos
fueran trasladados a los más jóvenes, se pude
decir que hubo una ruptura en la transmisión de
los conocimientos ancestrales, es por eso que los
esfuerzos que hacen los ancianos y ancianas en la
actualidad para retomar su práctica de la espiritualidad necesita del apoyo de todos.
Capítulo III
P ÉRDIDAS , VACÍO
E INCERTIDUMBRE
“Tal vez eran las siete de la mañana, mi
papá se había ido al monte, y los soldados
lo llegaron a agarrar a su trabajo. «¡Ahora
se van a ir a la escuela!», nos dijeron y nos
mandaron allí. Dejamos la casa abierta, y
ellos se quedaron desordenándola. Se robaron todas las pertenencias de mi papá,
todas sus herramientas de trabajo. Mi papá
era catequista, también enseñaba a leer y
a escribir en la escuela a los niños. Allí
estaban sus papeles, pero se los robaron.
Todos los cuadernos nuevos, los lápices,
lapiceros, todo se lo llevaron, nos reunieron a todos en la escuela. Amarraron a mi
papá, enfrente de nosotros y lo empezaron
a patear como si fuera un perro. A nosotros
nos reunieron en la cocina de la escuela y
por poco nos prendían fuego, como éramos
muchos los niños empezamos a rezar, sólo
por eso nos salvamos, fue muy doloroso.
Se trajeron a mi papá no sabemos en dónde
terminó, lo traían amarrado debajo de la
lluvia, así lo mataron. Fue muy duro lo
– 145 –
146
Te llevaste mis palabras, Tomo I
que nos hicieron, se robaron todo lo que
teníamos, todas nuestras pertenencias,
nuestros pollos, nuestras siembras se
terminaron allí...” (Testigo TLM359. Telemán).
En el contexto de la violencia política se sufren
múltiples pérdidas, la mayoría de ellas están relacionadas con la vida: la propia o la de un familiar.
Otro tipo de pérdida está asociada con aspectos
materiales y económicos. Aunque parezca que
las pérdidas que no están asociadas con la vida
son superfluas, cuando se piensa en el ámbito de
la violencia política sus efectos son devastadores,
sobre todo cuando la guerra “terminó” y se tiene
que enfrentar la vida en extrema pobreza y a
cargo de una familia. Ese es sobre todo el caso de
las mujeres:
“... al papá de mis hijos lo mataron en el
parque de Panzós, allí derramó su sangre, nosotras estamos viviendo en un ambiente de tristeza.
Yo estoy muy triste, tal vez si no nos hubiera
pasado esa desgracia no estuviéramos aquí, teníamos un montón de cosas en nuestras casas,
teníamos nuestros cerdos, nuestros pollos,
nuestros patos, pero todo eso se acabó sin que
nosotros supiéramos cómo terminaron cuando
huimos para las montañas. Esto es muy triste
recordarlo, allí se murió el padre de mis hijos,
allí quedaron sus huesos, hemos aguantado tanta
pobreza y he criado a mis hijos en la miseria...”
(Testigo CHBT003. Cahaboncito).
Muchos de los testigos relataron con extremo
dolor la pérdida física de sus familiares, más aún
Pérdidas, vacío e incertidumbre
147
cuando ellos fueron testigos presenciales de la
ejecución, afectando así sus vínculos más importantes, sobre todo los relacionados a la seguridad:
emocional y material.
Los sobrevivientes fueron afectados de diferentes formas: las imágenes de horror que presenciaron
se integraron a sus vidas y frecuentemente aparecen
provocando sensaciones de dolor profundo mezclado con sentimientos de impotencia al no poder
hacer nada que hubiese evitado la muerte del
familiar o la destrucción de la vivienda, ni siquiera
la búsqueda de justicia:
“... Nos querían matar, trajeron a los militares,
pero ¿por qué nos querían matar?, pues por
estas tierras, pero nosotros no podíamos ir a
ningún otro lado porque sabíamos que estas
tierras eran nacionales y ellos sólo las querían
retener. Aguantamos a que nos mataran, como
lo dijo el compañero pero porque estamos bien
incorporados a la organización. Analizamos bien,
encaminamos bien las cosas con los compañeros
y no nos quejamos de nadie, a nadie pusimos en
peligro, aguantamos todas las torturas y las
muertes que nos hicieron. Fue muy doloroso lo
que hicieron los de las haciendas a nuestras
milpas, se robaron todas nuestras pertenencias
en nuestras casas, nos corretearon en la montaña.
Pero en ninguna parte vamos a estar bien, porque
son los mismos los que quieren dominarnos
nuevamente, los hacendados quieren hundirnos
totalmente debajo de sus pies, pero por qué,
porque nosotros somos pobres y no podemos
hacer nada, esto quiere decir que tenemos problemas...” (Testigo MGT177. Manguito I).
148
Te llevaste mis palabras, Tomo I
El desarraigo provocó otro tipo de pérdidas
que tienen que ver con la tierra que es la herencia
ancestral de la familia, y que supuso la pérdida
de su medio de subsistencia y su posición social
frente a la comunidad, además de tener un impacto
en su identidad cultural, provocando la separación
de familias y grupos de referencia, atacando la
comunión con la tierra y la unidad comunitaria:
“... mataron a mi papá en Sepacay. Todos
estamos regados, no sé donde se encuentran
mis familiares, sólo por ser pobres. Quemaron
nuestra casa allá en Sepacay y se llevaron todas
nuestras pertenencias, se robaron todas las
piedras de moler, todo esto lo hizo el ejército, se
llevaron cinco cerdos, varios pollos y patos,
después de quemar nuestras casas. Por culpa de
los militares nos pasó eso, teníamos tres manzanas
de cardamomo, dos manzanas de café y dos
manzanas de milpa pero todo lo cortaron. Fue
muy triste lo que nos pasó. Me dio mucha tristeza
ver que los helicópteros se llevaban nuestras
pertenencias, esto fue lo que a mí me pasó. Yo
soy pobre, no tengo mamá ni papá y este problema
lo viví en Sepacay...” (Testigo MGT191. Manguito
I).
Para algunos, la pérdida de sus cosechas o
medios de subsistencia tuvo el mismo impacto
que la muerte física.
“Nosotros trabajamos este lugar, cada uno
tenía treinta y cinco o cuarenta tareas de milpa,
pero vino el tractor y pasó por encima de toda
esa milpa y lo arrastró todo. Y con esto nos
mataron a nosotros porque nos dejaron sin comida...” (Testigo MGT174. Manguito I).
Pérdidas, vacío e incertidumbre
149
El dolor, el vacío, la sensación de desprotección,
la incertidumbre, la imagen permanente del familiar muerto, la orfandad y viudez, la rabia, la
dificultad para hacer las mismas cosas de antes,
la sensación de aislamiento por las condiciones
de pobreza y desprotección en la que quedaron,
la soledad acompañada de dolor, la imposibilidad
de enterrar de acuerdo a las costumbres a los
familiares muertos, el no saber donde quedaron
sus cuerpos y la sensación de tristeza profunda
son consecuencias individuales que la guerra provocó en el pueblo q’eqchi’:
“... ¿Qué pecado estamos pagando?, no sabemos, nos íbamos debajo del monte, debajo de
los árboles, fue muy doloroso todo esto. También
mis padres tenían sus pertenencias, tenían sus
cerdos, sus pollos, sus ocho piedras de moler,
tres casas grandes y nosotros ya vivíamos en
nuestros propios hogares y nos pasó también lo
mismo, ¿pero por qué? Realmente es cierto todo
lo que le estamos diciendo al gobierno, pero de
qué manera va a escucharnos y de qué manera
nos va a recompensar...” (Testigo PZ211. Panzós).
Para muchos las muertes de sus familiares en
las montañas por falta de alimentos significó además de la impotencia un profundo dolor y tristeza
que los acompaña siempre:
“... Nos fuimos a la montaña, salimos de la
casa por el miedo, cuando regresamos ya estaba
quemada la casa de nosotros, solo nos quedamos
con una ropa y nos fuimos a la montaña, allá se
murieron mis hijos porque no podíamos juntar
fuego, solo comíamos fruta de los árboles, no
podíamos venir a buscar algo a una comunidad
150
Te llevaste mis palabras, Tomo I
porque nos capturaban los soldados y nos decían
que teníamos que enseñar a los compañeros que
estaban en la montaña y si no lo hacíamos nos
mataban y si uno enseña también los matan
entonces mucho de los que fueron capturado no
dijeron nada...” (Testigo SMCH296. Semococh).
F RAGMENTACIÓN
FAMILIAR Y COMUNITARIA
Una de las instituciones comunitarias más afectadas por la violencia política fue la familia. La
represión obligó a las personas a dispersarse. La
rapidez y el miedo con el que se hicieron las
movilizaciones hacia otras comunidades o a las
montañas hizo que las familias se separaran. Esto
significó en algunos casos despedidas angustiantes
y dolorosas, en otros la incertidumbre de no saber
donde estaban los demás miembros del grupo
familiar. Esta situación generó angustia y desamparo por desconocer el paradero de los familiares,
sobre todo cuando los que se habían perdido en el
escape fueron los hijos; muchos nunca aparecieron.
En la actualidad esa búsqueda del hijo desaparecido, a pesar del sufrimiento que ello implica,
mantiene a las personas activas en la lucha por la
defensa de los derechos humanos.
“... Mis hijos sufrieron esta tragedia, no se
dónde terminaron o dónde murieron. ¿Qué fue
de ellos? No sé, ahora ya sólo vivimos nosotros
dos ancianos, ya no podemos hacer mayor cosa
fue muy doloroso lo que nos hicieron. Mis hijos
también tenían sus hijos y los dejaron, eran tres,
los jalábamos de sus manos cuando íbamos a
Pérdidas, vacío e incertidumbre
151
escondernos debajo del monte. Sólo por las raíces
y frutos de los árboles es que estamos vivimos y
por la obra de Dios...” (Testigo CHBT002. Cahaboncito).
“... Yo me encuentro en la casa de una de las
compañeras miembros del comité. Sufrí por la
desaparición de mi hijo en la hacienda San Luis,
fui torturada, fui maltratada y sin embargo lo
aguanté al igual que mi finado esposo, fue torturado. Por mi hijo es que me encuentro aquí, no
es porque no tengamos trabajo...” (Testigo PZ222.
Panzós).
La muerte de los hijos como resultado de la
represión, provocó en algunos padres efectos
incapacitantes. El miedo paralizó a algunos hombres y las mujeres tuvieron que hacerle frente a
los desafíos de la sobrevivencia. Pero la sensación
de soledad y desamparo que aún permanece en
ellas les impide desarrollar las actividades
cotidianas:
“... Mi esposo ya no trabaja, se enfermó de
tanto pensar en lo que le pasó a mis hijos, de
tanta tristeza ya no puede hacer nada, ¿qué voy
a hacer ahora?, me he quedado sola, ya que mis
dos hijos no sabemos dónde terminaron porque
fueron correteados, eso es lo más doloroso...”
(Testigo CHBT002. Cahaboncito).
En la lucha por la sobrevivencia, fueron las
decisiones que tuvieron que tomarse en el refugio
fueron difíciles. A veces los miembros del grupo
familiar tenían percepciones distintas sobre lo
que debían hacer para permanecer vivos, los adultos con más experiencia pensaban que lo mejor
152
Te llevaste mis palabras, Tomo I
era permanecer protegidos en las montañas,
mientras que los hijos pensaban que al entregarse
al ejército no les pasaría nada. Esto provocó que
muchas familias se separaran, y el resultado fue
la ejecución de quienes se presentaron al destacamento militar y el dolor de los familiares que los
sobrevivieron.
“Muchos de los compañeros se pusieron
firmes en sus decisiones, decían que iban a
esperar, dos de mis hijos no quisieron huir y
llegaron conmigo cuando estaba debajo de las
montañas, allá en Kaakach, les dije que ya no
regresaran que primeramente Dios nos íbamos
a salvar. Pero ellos se negaron y me dijeron que
se iban a presentar al destacamento militar, que
no les iban a hacer nada. Nosotros escapamos
por el miedo que sentíamos por el conflicto
armado, mis dos hijos no quisieron esconderse
y se murieron, ese fue el problema de ellos, no
pensaron bien las cosas, ahora yo los recuerdo
mucho...” (Testigo SPZ334. Sepur Zarco).
La fragmentación más profunda que se vivió
al interior de las familias fue quizá por causa de
las acciones que perpetraron los jóvenes de algunas
comunidades, quienes apoyados por los finqueros
se presentaron al ejército para prestar su servicio
militar. Después, regresaron a las comunidades
como soldados y reprimieron a sus propios padres,
con la idea de que los finqueros les darían tierras
para que las pudieran trabajar, pero al final no les
dieron nada.
“... Los finqueros convencieron a toda la
comunidad con sus ideales, y dijeron que nosotros
merecíamos que nos mataran porque estábamos
Pérdidas, vacío e incertidumbre
153
usurpando las tierras. Los que nos estaban asustando eran hijos de nuestros propios compañeros,
no importaba si habían salido de entre nosotros
pero llegaban a asustarnos. Estos muchachos se
prepararon en la zona militar para luego venir
a matar a sus padres, ya que las leyes estaban a
su favor. Es ahí donde ellos dicen que ya no
tienen padre y madre. Los hacendados sólo quisieron la ayuda de ellos en esos momentos, la
ayuda de nuestros propios hermanos y compañeros, ya que después ya no les importaron para
nada, o ¿será que se volvieron ricos?, ¿qué piensan
ustedes? Nadie se volvió rico, al final también
ellos quisieron un lugar en donde vivir, pero
tampoco se los dieron...” (Testigo RHN166. El
Rancho).
Los niños vivieron la separación de la familia
de diferentes maneras. Algunos manifestaron
miedo extremo ante el secuestro del padre. Otros,
ante la ausencia temporal del padre como producto
de la captura y posterior tortura dijeron no
reconocer a los padres por el tiempo que los
habían dejado y por la forma en la que regresaron.
También hubo niños que asumieron como su
responsabilidad la protección del los padres que
se encontraban recuperándose de la tortura.
El ejército intentó aprovecharse de la “inocencia” de los niños ofreciendo premios a cambio de
información sobre los movimientos de sus familiares cercanos. Muchos niños tenían conciencia de
las implicaciones de facilitar información a los
militares y se negaron. Las responsabilidades
que algunos niños tuvieron que asumir, hizo que
154
Te llevaste mis palabras, Tomo I
se saltaran etapas en su crecimiento personal y no
vivieran su niñez con “normalidad”.
“Después de que se llevaron a mi papá regresó
a nuestra casa, ya no se conocía que era él,
porque su cara estaba toda hundida, estaba
raspada por las piedras, sus manos por las espinas y con un gran llanto. Nos dio lástima nuestro
padre, nosotros buscábamos lugares para esconderlo, le decíamos que se escondiera bien y que
comiera con nosotros. Yo llegaba a traer comida
para él pero a escondidas quizás como lo hacen
los animales, de forma escondida probaba comida...” (Testigo MGT194. Manguito I).
“Los militares me preguntaban por mis padres, me dieron una bolsa de dulces y me dijeron:
«¡Dinos si tu papá les da la comida!» Yo les
respondía que no sabía nada, que no conocía a
nadie. Ellos me ofrecían muchas cosas para que
yo les dijera que hacía mi papá, pero no les dije
nada, si no lo hubieran matado...” (Testigo
CHPT045. Chichipate).
Una situación que fue recurrente en la zona
que abarca Panzós, fue que tras la muerte de un
dirigente, hombre o mujer, la familia tenía que
asumir el costo de esa participación. Éste es el
caso de la familia Maquín, quienes, tras la muerte
de Adelina Caal Maquín, la Mamá Maquín, el día
de la masacre de Panzós, tuvieron que dispersarse
para salvar sus vidas. Ésta fue una de las familias
más perseguidas en la historia de la violencia
política en el pueblo q’eqchi’. La mayoría de
familiares se alejó de todo tipo de participación
política. Únicamente la nieta, quien acompañaba
a Mamá Maquín el día de la masacre y que a pesar
Pérdidas, vacío e incertidumbre
155
de la persecución que ha sufrido continúa luchando para que la memoria de las víctimas del
29 de mayo de 1978 siga presente en el imaginario
social de las comunidades.
“... a mi abuelito lo encontré en una comunidad que se llama Asig, allí nos juntamos nuevamente, todos los que regresamos nos dispersamos,
todos los hijos de mi abuelita se dispersaron
algunos se encuentran ahora en Petén, en El
Estor, otros en Semox o sea, que todos los hijos
de mi abuelita la Mama Maquín están todos
dispersos, solamente yo me encuentro aquí, aquí
me pude defender ya no me fui en otra parte.
Cuando mataron a mi abuelita todos los hijos y
nietos nos regamos en todos los lugares, ya no
podíamos hacer nada, yo me quedé en este lugar
no me da miedo, he vuelto en Panzós al mismo
lugar donde fue la masacre, no me da miedo
nada. Mis otros familiares se fueron lejos por el
miedo, están regados por todas partes en diferentes comunidades, nosotros todos los años seguimos conmemorando el día de la masacre, llamamos a esos familiares que viven lejos, pero no
quieren venir porque todavía tienen miedo. A
algunos hijos de ella se fueron a esconder en
otros lugares, pero los encontraron y los mataron...” (Testigo CHPT046. Chichipate).
O RFANDAD
Después de 26 años del inicio de la violencia
política en la región, la mayoría de quienes sufrieron estos hechos siendo niños tienen actualmente una edad de 30 años. Es de estos niños-
156
Te llevaste mis palabras, Tomo I
sobrevivientes, ahora adultos, de quienes hablaremos en este apartado.
Después de la masacre de Panzós muchos
hogares quedaron desintegrados: sin padres. Las
familias de los masacrados sufrieron persecución.
Muchos niños de aquella época, hoy adultos, explicaron que tienen recuerdos de la persecución. Es
recurrente la imagen de la madre corriendo entre
las montañas tirando de las manos o la ropa a los
hijos para escapar de los disparos de los soldados.
La vida en las montañas para los niños fue
particularmente difícil. El mayor número de
muertes en las poblaciones que buscaron refugio
en los cerros fue de ancianos enfermos y niños,
estos últimos morían de hambre o de enfermedades. Los que lograron sobrevivir perciben que la
muerte de sus padres los dejó en la pobreza, sin
posibilidades de estudiar y sin medios materiales
para subsistir. Alegan responsabilidad de los
padres asesinados por la situación en la que se
encuentran en la actualidad, pero culpabilizan a
los soldados y finqueros por la destrucción de las
familias.
“... mi padre murió ahí en Panzós en el año
de 1978, yo no vi cuando lo mataron, pero me
comentaron que se murió porque le atravesaron
un tiro en la garganta y fueron los soldados que
estaban en el techo de la municipalidad. Yo
tenía 15 años y 3 meses cuando mis padres se
murieron, pero ¿por qué sucedió todo esto?
simplemente por estar solicitando un pedazo de
tierra para sus hijos, no fue nada positivo haber
solicitado las tierras porque fueron masacrados.
Estamos así ahora, por culpa de los soldados
porque ellos mataron a mi padre y por eso es
Pérdidas, vacío e incertidumbre
157
que estamos en la miseria, ya sólo nuestra madre
pudo criarnos, gracias a Dios que ella se quedó.
Los soldados tocaron la puerta de la casa, inmediatamente nos escapamos, debajo de unos cinco
platanales ahí fue donde nos salvamos. Mi papá
se llamaba Félix Caal Xol...” (Testigo CHBT013.
Cahaboncito).
Muchos niños fueron testigos del secuestro
de sus padres. Generalmente los soldados llegaban
a los hogares y se llevaban a los hombres, en la
mayoría de los casos por la fuerza. Con relación
a esos hechos, los recuerdos evocados refieren
que no recuerdan el momento en que murió el
padre, pero sí de quiénes y cómo lo mataron. La
sensación que les quedó después del secuestro
fue de desamparo, miedo y angustia por encontrarse en la pobreza absoluta. Los actos perversos
que realizó el ejército llegaron al extremo de
obligar a las niñas y niños a prepararles y servirles
alimentos después de haber secuestrado y ejecutado a los padres.
“... Dejamos nuestra casa, a las nueve de la
mañana se llevaron a nuestro padre para siempre.
Cuando se lo llevaron, estaba amarrado como si
se tratara de un animal. Primero lo amarraron y
luego lo empezaron a golpear, lo pateaban y le
pegaban con la culata de sus armas. Nuestro
padre ya no aguantaba caminar y lo que hicieron
fue despedazarle su pobre ropa, me deba mucha
tristeza verlo. Nosotros no nos trajimos nada de
nuestra casa, todo lo dejamos, sólo nos dijeron
que nos metiéramos en la escuela y lo hicimos
rápido. Así como dijo mi hermana, nos reunieron
y nos amontonaron en la cocina de la escuela ya
158
Te llevaste mis palabras, Tomo I
nos habían encerrado y nos iban a prender fuego.
Ahora aquí van a terminar nos dijeron. Esto fue
todo lo que nosotros tuvimos que pasar, los
problemas que tuvimos que vivir. Ya no nos
manteníamos en nuestra casa, ya sólo en el
monte, aunque había lluvia y frío, gritábamos
entre las espinas, en las grandes piedras donde
nos íbamos a esconder por miedo...” (Testigo
TLM361. Telemán).
“... a mi pobre papá lo fueron a traer de la
aldea y lo llevaron a la finca Tinajas, allí se
quedaban. No importa de dónde los venían a
agarrar, pero se los llevaban para allá. Mi papá
llegó el cuatro de agosto un día miércoles, él no
iba solo, los soldados iban jalando con lazos a
varias personas. Los iban jalando, los pasaron
en el río, y el río estaba hondo pasaron por allí
y se fueron hasta la finca. Mataron a nuestro
padre, nosotras lo vimos, después de eso los
soldados nos dijeron que teníamos que darles
comida y se las dimos. Todos los días les dábamos
comida, mañana, tarde y noche. Les seguíamos
dando comida mientras ellos estaban haciendo
algo malo hacia nosotros, mataron a nuestros
padres...” (Testigo TLM362. Telemán).
Algunos de los sobrevivientes reconocen que
la ausencia del padre se debió a la lucha por la
tierra que estaban librando la mayoría de los
hombres de esta región y están agradecidos por
eso, sin embargo igual que los padres, tampoco
tienen tierra para trabajar.
Hubo niños, los más grandes que debido a la
precariedad en la que se quedó la familia luego
del secuestro del padre que entre otras cosas era
Pérdidas, vacío e incertidumbre
159
el único proveedor, asumieron a pesar de su corta
edad la responsabilidad de proveedores de la
familia. Para eso tenían que salir largas horas de
la casa para buscar alimentos para sus hermanos
y madre, pero el pago que recibían por su trabajo
era insuficiente para las necesidades de la familia.
Eso los hacía sentirse culpables porque el sufrimiento y la falta de alimentos seguía a pesar del
esfuerzo que estaban realizando.
“... me acuerdo un poco de este conflicto ya
que estaba muy patojo, mi papá se murió por
culpa de los militares, un día como a eso de las
seis de la tarde fueron a traer a mi padre. Mi
mamá apenas tenía tres días de haber dado a
luz. Vi cuando entraron, y se lo llevaron para la
escuela donde estaba el destacamento. A mi
padre y a otras personas no los mataron ahí,
sólo los amarraron, los tiraron en un camión y
se los llevaron, nunca volvimos a saber de ellos.
En ese momento nos quedamos en la pobreza ya
no podíamos hacer nada ya que mi madre se
quedó con seis hijos, yo la ayude a mantener a
mis hermanos ya que era el más grande de
todos, pero me costó bastante. Pude ayudar a
mis seis hermanitos, a veces teníamos que comer
y a veces no. Se me murió una hermanita por la
falta de alimentación porque no alcanzaba lo
que yo llevaba. Ella tenía diez años cuando se
murió, mi mamá todavía luchó por salvarla
pero ya no se pudo hacer nada...” (Testigo
CHPT053. Chichipate).
En un intento para conocer el paradero de los
esposos las mujeres visitaron todas las instituciones
del Estado que se encontraban en el área incluyendo
160
Te llevaste mis palabras, Tomo I
los destacamentos militares, cárceles y demás,
teniendo que alejarse de sus hijos a veces por
varios días. A los ojos de los niños esas actividades
de las madres las hizo descuidarlos, no les daban
alimentos, ni cariño, tampoco protección.
En muchos niños y niñas existe aún el recuerdo
del último momento que estuvieron con sus padres,
la última plática, lo que iban a hacer ese día. Ese
recuerdo los lleva a pensar en el lugar donde
fueron enterrados lo que en su mayoría desconocen.
Esa ausencia de la figura paterna es dolorosa
sobre todo en el momento actual, porque dentro
de la cultura q’eqchi’ los roles que se le adjudican
a los adultos o padres de familia son vitales para
la vida en comunidad; guiar, dar consejo y enseñar
a trabajar. La magnitud de la pérdida se evidencia,
cuando ahora la mayoría de los niños de ese
entonces ya son a su vez padres y logran visualizar lo que hubiera significado la permanencia de
sus propios padres. Es una sensación de pérdida
de algo que no conocieron. Extrañan las enseñanzas
que hubieran podido recibir.
V IUDEZ
Las viudas son las que sobrevivieron en mayor
número la violencia política, la mayoría de los
capturados fueron hombres, de ellos, pocos sobrevivieron. Después del secuestro del esposo las
mujeres y los niños sufrieron persecución; ellas
pasaron a ser el objetivo de los militares. A partir
de ese momento asumieron el rol de padre y
madre a la vez el de proveedoras de la familia.
Las que no buscaron refugio en las montañas
Pérdidas, vacío e incertidumbre
161
fueron obligadas a llegar a los destacamentos
militares para preparar los alimentos de la tropa.
Algunos de los victimarios de los esposos
vivían en las mismas comunidades que las viudas,
ellas los veían continuamente. La sensación de
impotencia frente a ellos era constante, pero a
pesar de la presencia de estos en la comunidad
las mujeres continuaban buscando a sus esposos.
En ese proceso de búsqueda tuvieron que enfrentar
a las autoridades del sistema de justicia de la
época, algunas 5 ó 6 años después de la desaparición
del marido se dieron por vencidas debido a la
actuación de los jueces. A partir de ese momento,
el llanto, la soledad, la tristeza, el vació y la
desesperanza se convirtieron en sus acompañantes
permanentes.
“... . Es muy doloroso lo que hicieron, nunca
supimos dónde quedó el papá, ojalá que lo hubiéramos visto y tenido noticias sobre él, pero
no. Me preguntaron en el juzgado, qué color era
su pantalón, cómo eran sus zapatos. Hice muchas
gestiones para encontrarlo, tal vez pasaron cinco
años, llegué hasta el Juzgado de Cobán, solita,
sin probar agua, sin probar comida, llegué hasta
allí. Dejé de buscarlo. ¡Ay! Dios yo me ponía a
llorar, es muy doloroso lo que vivimos, que más
podía hacer, me puse a trabajar en la hacienda,
durante tres años, treinta mozos atendía. En la
mañana, al medio día, y en la noche, me pasaba
moliendo maíz, es por eso que ahora estoy enferma, ya no aguanto la espalda, la siento rajada,
pero lo hacía por mis hijos, me levantaba de
noche a moler, porque eran demasiados hombres.
Tapaba bien las tortillas cuando me iba al monte,
para que ellos ya sólo las vinieran a recoger en
162
Te llevaste mis palabras, Tomo I
la tarde. Sólo de esa manera se salvaron mis
hijos, también me iba a lavar por días, para mí
ya era mucho los Q 2.50 que me pagaban. Fue
muy doloroso lo que vivimos, todos lo saben,
que bueno hubiera sido si hubiésemos enterrado
al papá de mis hijos, pero nadie lo vio, nadie lo
recogió, sólo Dios sabe quienes lo secuestraron...”
(Testigo PZ212. Panzós).
Las viudas responsabilizan al ejército de la
muerte de los esposos, pero también lo hacen con
la muerte de sus hijos que ocurrieron después,
cuando estaban refugiadas en las montañas. Afirman que el ejército es directamente responsable
de esas muertes porque con la desaparición de
los esposos quedaron en la pobreza, algunos niños
murieron de hambre, otros se enfermaron de susto
y también murieron.
“... ahora solo estoy criando a niños ajenos
que me han regalado porque los hijos que yo
tuve con mi esposo que fueron tres, también se
murieron por el problema, por el miedo, porque
eran pequeños y ya se daban cuenta de lo que
estaba pasando. Se asustaron por la forma en la
que ingresaron los soldados a sacar a mi marido...” (Testigo PZ207. Panzós).
Con todo ese sufrimiento tuvieron que hacer
frente solas a la sobrevivencia familiar, sus prioridades fueron la búsqueda de un lugar seguro
para los que quedaban con vida, el alimento y los
recursos necesarios para el bienestar de sus hijos,
ante todo. Anteponían el sufrimiento del resto de
su familia: El suyo propio pasaba a segundo orden.
Sin embargo el vacío, el dolor y la incertidumbre
Pérdidas, vacío e incertidumbre
163
del futuro aún se hacen presentes cada vez que el
recuerdo del esposo muerto aparece. La sensación
de desamparo se hace insoportable. Cuentan sentirse en parte culpables por haber abandonado sus
pertenencias pero reafirman su condición de madres al reconocer que con esos sacrificios lograron
mantener con vida a los hijos.
Frente a la ausencia traumática del esposo,
las mujeres reconocen lo que hicieron para sobrevivir de dos maneras. Por un lado están aquellas
que afirman que con la muerte de sus parejas se
quedaron sin nada y dan la impresión de que no
valoran los esfuerzos que tuvieron que realizar
para sacar adelante a los hijos. Tuvieron que
comenzar de nuevo, sin nada y no lo reconocen.
Tienden a menospreciar sus capacidades, aún
cuando pueden constatar el fruto del esfuerzo.
Por el otro lado están aquellas que si reconocen el
esfuerzo que hicieron para mantener con vida a
la familia, pero se lamentan de que sus hijos no
hubiesen conocido a sus padres. Percibir cómo
afecta esa ausencia a los hijos las llena de tristeza
porque no tienen la capacidad de evitar ese sufrimiento, que también es suyo.
Al mismo tiempo, es importante subrayar que
a pesar de estos sentimientos y vivencias dolorosas,
han hecho frente a las difíciles condiciones en
que han quedado. Han iniciado denuncias y trámites legales para continuar la búsqueda de los
esposos desaparecidos y han desplegando su
capacidad de lucha cotidiana a través de su
participación en organizaciones sociales que
centran su trabajo en la justicia y el resarcimiento
para las víctimas de la guerra.
164
Te llevaste mis palabras, Tomo I
L A AUSENCIA DEL CUERPO
Dentro del marco de la violencia política la detención, secuestro, tortura y ejecución fueron una
estrategia impulsada por las fuerzas armadas
con el objetivo de evitar que la población se aliara
con la guerrilla. Desde esta lectura, y sin temor a
equivocarse, se puede decir que esto obedecía a
acciones ideológicas impulsadas por el Estadoejército dentro del contexto de la política contrainsurgente. Sin embargo la mayoría de personas
detenidas-desaparecidas no tenían militancia
alguna con organizaciones guerrilleras. Eran más
bien miembros de comités que se organizaban
para luchar por el acceso a la tierra: su único
medio de subsistencia.
En muchas de esas acciones participaban los
finqueros a través de los comisionados militares.
Normalmente el objetivo era eliminar a los miembros de los comités de tierra para que el resto de
la comunidad desistiera de sus peticiones. Esta
diferencia, si se le puede llamar así, de lucha
contrainsurgente y persecución de líderes campesinos confirma la tesis de que el ejército contó con
el apoyo incondicional de los finqueros con el
objeto de mantener el control de la población, y
mantener así la posesión práctica de la usurpación de tierras. Aquí hay que recordar que los
destacamentos militares estaban ubicados en fincas
con el permiso del dueño.
Estas prácticas provocaron un saldo impresionante de desaparecidos. La mayoría eran hombres, adultos y jóvenes, en algunos casos ancianos
sobre todo guías espirituales. Para los familiares
sobrevivientes estas pérdidas suponen muchas
Pérdidas, vacío e incertidumbre
165
preguntas sin respuestas: ¿por qué se lo llevaron?,
¿qué hizo?, ¿seguirá con vida?, ¿dónde estará?, o
¿dónde lo enterraron?
Poder dimensionar el impacto psicosocial de
estas pérdidas es difícil, porque no solo es el
familiar que ya no está, sino el rol que éste jugaba
en la familia. A esto debe sumarse la situación
que afrontaron los sobrevivientes tanto los que
buscaron refugio en las montañas como los que se
desplazaron a otras comunidades viéndose obligados a abandonar todas sus pertenencias en sus
lugares de origen.
“... no sabemos en dónde lo tiraron, si en el
río o en el pantano, no lo sabemos, lo sacaron de
la casa, lo fue a sacar don Canche y don Santiago
Ich (...) Desde entonces él se fue, yo lo estaba
esperando, al medio día, en la tarde, por la
noche, al otro día, pero ya no regresó, no sé
dónde lo pusieron, dicen que lo mataron en el
Puente Nuevo. No sé si es cierto, ya había pasado
un año cuando me lo dijeron, traté de averiguar
pero la gente no quería hablar. traté de buscarlo
pero lo único que me dijeron es que me conformara, que no iban a hablar porque tenían miedo
(...) Yo sé muy bien que mi esposo era un hombre
trabajador, sé muy bien que esto no se lo hicieron
porque él haya robado algo, hasta hoy día no sé
nada de él, tengo cinco hijos, ellos no han estudiado, no saben nada, me costó criarlos, pero gracias
a Dios ahora ellos están viviendo en sus propias
casas, los crié en la pobreza ...” (Testigo PZ222.
Panzós).
A pesar de que la poca información que recibían los familiares de los desaparecidos era
166
Te llevaste mis palabras, Tomo I
desalentadora ellos continuaron con la búsqueda.
Aún hoy, la gente mantiene la esperanza de que
aparezcan con vida.
La desaparición despertó profundos estados
de tristeza, algunas madres se entristecieron tanto
que se dejaron morir, dejaron de comer y de
cuidarse hasta que fallecieron. En otros casos la
tristeza ha sido permanente principalmente por
el desconocimiento del paradero del familiar, en
el caso de los hijos la percepción que tuvieron y
aún mantienen es de abandono:
“... Mi finada madre se murió por la tristeza
y el dolor de no haber visto a su hijo, ya que no
lo encontramos y ya no lo enterramos. Lo tiraron
como si hubiera sido un perro pero sabemos
muy bien quién que la persona que dio información se encuentra entre nosotros mismos (...)
Todo lo que hemos vivido y seguimos viviendo
es pura tristeza, ya solo quedamos dos miembros
de la familia mi padre y yo, ahora mi padre ya
es un anciano...” (Testigo CHPT051. Chichipate).
En el contexto de la violencia política cuando
una persona desaparecía, era detenida o secuestrada y después de muchos años sigue sin aparecer,
es de suponer que esa persona murió. El problema
que esta situación genera y que actualmente enfrentan los familiares es de tipo legal, porque no
existe ninguna figura en la legislación nacional
que reconozca la condición de detenido-desaparecido. A pesar de ello muchos sobrevivientes
continúan la búsqueda de sus seres queridos,
denunciando ante el Ministerio Público, la ubicación de cementerios clandestinos con la intención
de abrir una investigación y como producto de
Pérdidas, vacío e incertidumbre
167
ésta se ordene una exhumación con la esperanza
de por fin encontrar los restos de sus familiares.
El objetivo de la búsqueda tiene tres intenciones: a) para enterrar a los seres queridos de acuerdo
a sus costumbres y en un lugar en donde los
puedan frecuentar; b) tener la certeza de que su
familiar ha muerto, aceptar así la pérdida y
reestablecer los vínculos con el difunto; y c) Exigir
al Estado guatemalteco el resarcimiento por los
daños sufridos durante el conflicto armado interno:
“... en el año de 1982, los militares se llevaron
a tres personas (...) Ellos fueron secuestrados a
las nueve de la noche, a esa hora entraron a la
casa, tal vez entraron unos 60 soldados, quebraron
la puerta y destrozaron la casa, de que manera
nos va a recompensar el gobierno por lo que le
pasó a mi papá, a mi esposo y a mi tío, porque
no sabemos dónde están, los hemos buscado en
cementerios clandestinos, pero sólo a uno pudimos encontrar, y los otros no, es por eso que
todo esto me duele, si mi papá estuviera vivo,
yo no estuviera en estas reuniones, no tendría
tiempo para venir aquí, pero por esta organización
es que venimos y pedimos que investiguen y
localicen a nuestros familiares...” (Testigo PZ207.
Panzós).
S OLEDAD EN EL DOLOR
No existe sensación más abrumadora ante el sufrimiento que la soledad. La sensación de no estar
acompañados en el dolor, y el aislamiento social,
matizado sobre todo por el estigma de tener un
familiar desaparecido, provocó desesperanza en
168
Te llevaste mis palabras, Tomo I
los sobrevivientes, al punto de quedarse en sus
casas esperando la llegada de los represores sin
intentar defenderse ni proteger a los hijos.
El trauma provocado por el allanamiento
violento a la casa hizo que las reacciones inmediatas
al secuestro fueran la paralización, la sensación
de soledad profunda y el desvanecimiento de
todo tipo de esperanza de sobrevivir:
“... tenía tres días de haber dado a luz, él
estaba ahí en la casa cuando llegaron, se lo
llevaron, toda la casa estaba rodeada, yo solo
los miraba de lejos en el rincón de la casa. Se fue,
desde entonces ya no regresó, pero yo lo seguía
esperando. Me quedé sola en la casa y pasé sola
toda la noche sentada pensando en que ya iban
a llegar por mi, ya no había nadie, toda la gente
se había ido estaba completamente sola. No
paraba de rezar y pedirle a Dios que me ayudara,
ya solo estaba mi hija conmigo y me decía que
me acostara un rato, pero le decía que no porque
podría ser que en cualquier momento iban a
entrar los hombres. Hasta que amaneció me
acosté un poco, pero toda mi espalda estaba
muy cansada. Me dejó siete hijos, todos pequeños...” (Testigo CHPT045. Chichipate).
La pérdida de los familiares tuvieron que
enfrentarla únicamente los miembros cercanos
de la familia. Las acciones que perpetraba el ejército
y los comisionados militares hacían imposible
realizar ritos funerarios colectivos, esto, cuando
se tenía la certeza de que la persona había fallecido
o cuando se encontraba el cadáver en algún camino.
Pérdidas, vacío e incertidumbre
169
La violencia dañó especialmente a la familia.
Fue la institución más afectada. Le arrebató uno
o más de sus miembros,llevó tristeza y desolación,
la sumió en la mayor pobreza, produciendo en
quienes sobrevivieron sentimientos de desprotección, indefensión y soledad en el dolor.
Capítulo IV
E L MIEDO
“... Qué bonito es vivir sin pensar en
nada, sin tenerle miedo a nada, pero cuando
hay problemas uno está pendiente de todo,
piensa que se va a morir, uno está pendiente
de su propia vida, cada día que pasa hay
temor a morir...” (Testigo SPZ330. Sepur
Zarco).
En el ámbito de la guerra contrainsurgente,
las operaciones psicológicas son parte de una
política nacional y coherente con el resto de las
acciones del Estado. Deben estar en concordancia
con las otras instituciones que ejercen el poder
nacional. La implementación de este tipo de guerra
se hace a través de medios encubiertos y abiertos.
El objetivo es lograr cambios en las aptitudes,
emociones, opiniones y comportamiento de las
poblaciones objetivo. El general del ejército
estadounidense Harold Johnson explica que las
operaciones psicológicas pueden: “Producir un
efecto depresivo acumulativo sobre la moral de
las unidades y población civil enemiga, mediante
– 171 –
172
Te llevaste mis palabras, Tomo I
la puntualización del injusto trato de grupos
étnicos” (Jhonson. s.f.).
Una parte importante de los elementos psicológicos de la guerra persigue la desmovilización de la población, intentado así privar a la
insurgencia de su base social de apoyo. Para esto
dentro del ámbito de la política contrainsurgente
se elaboran planes de seguridad y desarrollo,
para que existan programas nacionales de mejoramiento del medio ambiente conjuntamente con
medidas para el control de la población, los recursos
y las operaciones contrainsurgentes. En este sentido
Jhonson opina que:
“ningún programa táctico de contrainsurgencia puede ser efectivo por mucho tiempo sin
programas de obras nacionales de importancia
(...) no solamente deben ser llevadas a cabo
acciones gubernamentales apropiadas y sinceras
para eliminar los focos de descontento, sino que
deben ejercerse campañas psicológicas apropiadas para negar a los insurrectos su base de
apoyo, para darle a la nación un sentido de
unidad y propósito, y para justificar las medidas
de control restrictivo y represivos adoptados
durante las operaciones antiguerrilleras” (Jhonson. s.f.).
Para lograr esos objetivos el Estado a través
del ejército destina a un contingente importante
de elementos de tropa por un lado para desplegar
acciones para el desarrollo de las comunidades, y
por el otro para ejercer la represión a través de
exhibiciones de horror, la difusión de rumores, la
desconfianza y el miedo.
El miedo
173
Este último es uno de los mecanismos de
control social más eficiente porque afecta a la
persona, pero también a la familia, al grupo y a la
comunidad. Provoca la división social sobre la
base de la desconfianza y se finca al interior de
las personas. El miedo internalizado logra dimensiones ilimitadas. La realidad y la fantasía dejan
de ser espacios distintos, diferenciados únicamente
por la experiencia. El miedo tiene efectos que son
a largo plazo, y permanecen aún cuando la guerra
ha terminado. Peter Watson opina que “una cicatriz
mental es preferible a una cicatriz física porque
tarda en hacerse aparente” (Watson, 1982).
“... nosotros nos asustamos cuando nos iban
a matar, ahora ya no podemos escuchar algo
porque de inmediato nos asustamos. Todo ese
conflicto nos acarreó mucho miedo y por eso fue
que tuvimos que huir. Con el hecho de que
escuchábamos que nos iban a matar inmediatamente nos moríamos de miedo...” (Testigo
SPZ329. Sepur Zarco).
Para la gente el miedo se convirtió en una
experiencia que se generalizó a todas las actividades cotidianas. El temor constante motivado por
la militarización de la comunidad hizo que las
personas a nivel individual o familiar invirtieran
mucho tiempo y energía en el diseño de estrategias
para sobrevivir, generándose así profundos estados
de angustia ante la posibilidad real o no de la
muerte. Esa angustia es caracterizada sobre todo
por una innegable relación de espera.
La amenaza constante a la vida provocó que
la gente abandonara todo intento de organización
en la comunidad. Terminaban aislándose, eva-
174
Te llevaste mis palabras, Tomo I
diendo todo tipo de contacto con los vecinos para
evitar en lo posible todo gesto que pudiera parecer
sospechoso a los ojos de los comisionados militares,
ocultando de esta manera los pensamientos y
emociones de lo que estaba pasando. Este cambio
de actitud en la comunidad condujo a la apatía, y
al retraimiento social, produciéndose de manera
subjetiva un estado de terror profundo que se
cristalizaba con las acciones ejemplificantes
perpetradas por el ejército.
“... Se murió mucha gente en esta comunidad,
los soldados fueron detrás de las personas que
huyeron a las montañas por miedo, ellos iban
directamente a matarlos. Mataron a mucha gente
en las montañas, ya que los soldados rodearon
toda la montaña. Eso fue lo que pasó ese día,
nos gritaban ese mismo día ¡Quieren más, dentro
de dos semanas venimos a exterminar a toda la
comunidad! Cuando bajaron del helicóptero,
agarraron a los chuntos, a los pollos, a los patos,
se llevaron las grabadoras, las radios, todo se lo
llevaron en el helicóptero. Esto sucedió cuando
fue el conflicto armado, iban a matar a todas las
personas, nos reunían en la casa donde está el
pino ahora, se llevaron todas nuestras cosas,
nuestras ollas y todo lo que teníamos en nuestro
hogar, todo quedó regado. Las vacas, los caballos,
los perros y los patos, se estaban quejando ante
su gran Ajaw, pero no sabían en dónde se habían
ido, hubo mucha lágrima y mucho miedo en
esos días, en cualquier momento esperábamos
la muerte...” (Testigo SMR235. San Marcos).
El clima de terror e inseguridad obligó a la
población a desarrollar mecanismos para defen-
El miedo
175
derse de la violencia. Uno de estos fue la búsqueda
de refugio en las montañas. Hubo poblaciones
que estuvieron en esta situación alrededor de
ocho años. Esto produjo cambios significativos
en su identidad cultural, especialmente los
relacionados con la práctica de la espiritualidad.
Se tuvieron que adaptar a religiones nuevas que
no involucraban preparativos complicados y que
la vida en la montaña hacía imposibles de cumplir.
Se modificó también la estructura organizativa
de las comunidad y por lo tanto sus formas de
relacionamiento social. Se desarrolló un sentimiento profundo de desesperanza, vulnerabilidad y desprotección. Algunos sobrevivientes
identifican la figura de los responsables de esta
situación en el ejército y los finqueros:
“... Los hacendados, los patrones, los Ponce,
ellos se pusieron de acuerdo para ver que nos
podían hacer. Durante mucho tiempo nos estuvimos defendiendo y escondiendo. La verdad es
que ya no nos reuníamos, todo era miedo, todo
el tiempo nos vigilaban, de hecho las personas
que nos vigilaban eran compañeros nuestros
que trabajaban en las haciendas, así fue como
surgió todo, eso fue lo que vivimos. El rico fue
quien se adueñó de todas esas tierras, pero que
bueno hubiera sido si solo nos hubieran llevado
mal, ¿pero qué fue lo que hicieron? Pagaron a
personas para que nos mataran, nos mandaron
a matar para que ya no pudiéramos hacer nada,
para que ya no solicitáramos nada...” (Testigo
CHPT067. Chichipate).
El resultado más desastroso en términos
psicosociales que dejó la guerra fue la destrucción
176
Te llevaste mis palabras, Tomo I
de la red de relacionamiento social en las comunidades como producto del miedo y la desconfianza,
que aún persisten.
L A PERSISTENCIA DEL MIEDO
Como se ha dicho, el miedo es un fenómeno que
se aloja en el interior de las personas. Es un
proceso de construcción subjetiva que puede
provocar conductas específicas adaptativas frente
a un estímulo; en este caso, la amenaza contra la
vida, la propia o de los familiares cercanos. Cuando
ese estímulo es asociado a eventos pasados relacionados a un hecho traumático, la experiencia acompañada de emociones, recuerdos y percepciones
resurge con fuerza incontenible, y hace disparar
todos los mecanismos de alerta que se usaron
para sobrevivir.
El riesgo aquí es que el miedo puede transformarse en permanente. Elizabeth Lira llama a este
proceso “miedo crónico” y lo explica diciendo
que:
“La existencia de una amenaza política permanente produce una respuesta de miedo crónico
(...) El miedo crónico deja de ser una reacción
específica a situaciones concretas y se transforma
prácticamente en un estado permanente en la
vida cotidiana, no solo de los afectados directamente por la represión sino de cualquiera que
pueda percibirse amenazado” (Lira y Castillo,
1991).
Lo determinante aquí es la biografía del sujeto y
sus conflictos previos al trauma no resueltos que
pueden determinar el impacto subjetivo del miedo
El miedo
177
y su cronicidad. Es aquí donde los límites entre la
realidad y la fantasía puntualizan las relaciones
que se establecen en la familia, el grupo, la comunidad y la percepción de amenaza vital real o
subjetiva.
Ahora, 27 años después de la masacre de
Panzós, cuando se realizan jornadas de dignificación en homenaje a la memoria de las víctimas de la masacre de Panzós, la gente revive la
sensación de amenaza y los rumores continúan
impactando como en el pasado. La experiencia de
lo vivido se conjuga con la percepción actual de
peligro ante la evidencia de la presencia personas
que en el pasado apoyaron a los militares:
“... Este 29 de mayo tuvimos una caminata
para tener una concentración en el lugar de la
masacre, pero hubo una persona que decía:
«¡Estas personas comenzaron otra vez, si quiere
vamos a anotar los nombres y los dejamos en la
zona para terminar con los que se quedaron de
la masacre, o los llevamos con los judiciales, así
van a dejar de molestar!» Esto lo escuchó una
persona que vive aquí, y yo estaba parada ahí.
Dijo esa persona: «¡Lo que ellos quieren es que
les suceda lo mismo, para que andan reuniéndose!» Pero ¿Porqué nos van a decir todo esto?,
ya que es lo que más me duele. Si nosotros nos
reunimos no es porque nos guste ni por satisfacción, sino que es por necesidad, y por todo lo
que nos pasó. Hay mucha gente que aun vive en
Panzós que se le retuerza el estómago por pensar
mal de nosotros. No estábamos haciendo nada
malo ese día simplemente estamos realizando
un majeyak, para pedir que ya no nos suceda
178
Te llevaste mis palabras, Tomo I
nada y que ya no nos maten...” (Testigo CHPT046.
Chichipate).
“«¿Sabes qué es lo que quieren esas personas?
Ahora saber qué ayuda están solicitando», –dijo
así–. «Si –respondió la otra persona– ¡Lo que
ellos quieren es que les suceda lo que les hicieron
en Panzós! ¿Los conoces?, ¡Sí! –dijo–. ¿Conoces
sus nombres?, ¡Sí! –dijo nuevamente–. ¡Hay que
tomarles el nombre como por ejemplo el de
doña Rosario! –dijo la otra persona–. ¡No, ella
no, ya que lo que está haciendo está bien! ¿Seguro?
¡Sí! –dijo–. ¿Tómales el nombre pero no vayas a
decir nada? ¡Está bien! –dijo esa persona–». La
verdad lo que ellos pretendían decir es que nos
volvieran a soltar fuego sobre nosotros cuando
fuimos a la manifestación. Entonces el viejito
tomó los nombres y se los dio a esa persona,
para que luego él las entregara a los militares y
que nuevamente ellos vinieran a buscar a estas
personas, eso fue lo que oí, yo quería que alguien
estuviera cerca de mí y que conociera a esas
personas, ya que yo no los conocí, son de Panzós,
ahí viven...” (Testigo CHPT047. Chichipate).
La violencia política dejó su huella en las
personas. El miedo como su expresión más natural
provocó paralización e incapacidad para desempañar las tareas cotidianas, la falta de respuesta
colectiva a la amenaza sustentada en la desconfianza generada y la interiorización del miedo hicieron
que en la actualidad algunas personas perdieran
su capacidad de trabajar:
“... Para curar el susto no existe ninguna
medicina, no hay monte, no hay pastillas, no
hay ninguna inyección, lamentablemente tene-
El miedo
179
mos enraizados el miedo en nuestro cuerpo...”
(Testigo CAT092. Consejo de Ancianos).
“... Realmente es cierto, mi esposo vino pero
ya sólo vivía con miedo ya no podía trabajar
bien, ya no pensaba en su casa ni en sus hijos,
sufrimos mucho por el miedo, por la huída. Es
por eso que en este momento estamos reunidos
aquí, tal vez si estuviéramos bien no nos quejaríamos, en cambio es por causa de todos los
problemas, por causa del miedo, de las persecuciones dejamos nuestras casas. Muchas veces
quisimos escondernos pero no nos recibían las
demás personas durante ese tiempo...” (Testigo
CHBT018. Cahaboncito).
“... Pienso que esas personas también se
quedaron por miedo, porque si no se hubiera
sentido miedo no hubiera decidido quedarse en
su hogar. Por ejemplo cuando alguien tiene
alguna pena duerme tranquilamente, pero si
alguien tiene miedo está pendiente de todo,
espera a que horas van a pasar, no se duerme,
como don pedro el por tanto miedo, ahora no
puede trabajar...” (Testigo SPZ333. Sepur Zarco).
La gente reconoce que están afectados por el
miedo y explican que no sólo fallecieron sus
familiares, sino que también a los que sobrevivieron
se les murió el alma. El mayor temor hoy es que se
repita lo vivido, que nuevamente surjan los
enfrentamientos que empujaron a las comunidades
al sufrimiento:
“... Hay mucho miedo, sobre todo esto hay
mucho que decir, sólo que en este momento
estamos muertos, se nos murió el alma. Sería
bueno que despertáramos todos. Hay muchos
180
Te llevaste mis palabras, Tomo I
problemas que enfrentamos en estos tiempos
que no desaparecen, hay problemas de hace
mucho tiempo que aún persisten y que no se
han aliviado, Pero sería bueno decirlo y saber
de que manera quedaran...” (Testigo MGT195.
Manguito).
L AS FORMAS DEL MIEDO
Las manifestaciones y contenidos del miedo son
diversos y en diferentes niveles, algunos sobrevivientes fueron más afectados que otros. Se alteró
la vida cotidiana, las personas se hicieron vulnerables y la posibilidad de experimentar dolor y
sufrimiento unido a la pérdida de familiares,
objetos materiales y desarraigo hizo que el miedo
cobrara matices y significados distintos.
Probablemente el más significativo fue el miedo
a la muerte física, la propia o la de los familiares.
La sensación de vulnerabilidad, a estar desprotegido, a preocuparse en extremo por la seguridad
familiar, indujo contradictoriamente a las personas
a descuidar a los hijos, a no pensar en trabajar, a
abandonar las pertenencias, aislarse del resto de
la comunidad y a modificar todos los hábitos
cotidianos. El sentimiento de indefensión frente
a los represores, que es posiblemente lo que más
daño ocasionó:
“... Además uno ya no podía salir a ninguna
parte, ya no pensábamos en nuestros trabajos,
ya solo vivíamos nerviosos por el miedo, tal vez
nos parecíamos a los pollos que no saben a que
horas se los va a comer su dueño y en que
momento se lo van a agarrar, así estábamos
El miedo
181
nosotros esperando siempre que nos agarraran
y que nos mataran día y noche...” (Testigo
CHBT004. Cahaboncito).
Otra forma en que se manifestó el miedo fue
en el sentimiento de impotencia individual. La
sensación de que no se podía hacer nada sobre lo
que estaba sucediendo, que no dependía de la
persona y sobre todo que no se podía tener un
control de los acontecimientos, originó desplazamiento masivo a las montañas y a otras comunidades. La sensación de impotencia e inferiorización
de la condición humana,llevó a comparar el valor
de su vida con la de los animales:
“... Ibamos a dormir al monte por puro miedo
y algunos iban a dormir a otras comunidades
porque nos estaban persiguiendo y porque nos
estaban secuestrando de nuestras casas. Nos
asustaron realmente por todo lo que nos hicieron.
Amenazaban con tirarnos al río; a ellos nada les
costaba matarnos en ese momento y tirarnos al
río. Para ellos éramos como un montón de cerdos
que iban golpeando con las armas, eso parecíamos...” (Testigo CHBT030. Cahaboncito).
Se desarrolló también un estado de alerta,
que obligó a la gente a estar siempre en vigilia
permanente frente a la amenaza, esta actitud provocó la desorganización de la conducta del grupo.
El miedo los llevó a tener reacciones impulsivas,
generando pánico en la gente, a hacer las cosas
sin pensar, a reaccionar espontánea y desorganizadamente:
“... Aparecimos debajo de los montes junto
con nuestros hijos, salimos de ahí pero con mucho
182
Te llevaste mis palabras, Tomo I
miedo, cargando a nuestros hijos. Fue muy duro
lo que tuvimos que pasar. Una vez nos asustamos
entre nosotros mismos, ya que uno de nuestros
compañeros dijo, ¡Aquí vienen! y todos salimos
corriendo, pero la verdad eran compañeros de
nosotros. Solo nos asustábamos entre nosotros
mismos algunos nos caímos, y todo por la bendita
tierra...” (Testigo CHPT049. Chichipate).
“... Estaba con mis compañeros en el campamento, cuando llegaron los militares a corretearnos, encontraron el lugar donde estábamos, en
ese momento se quedaron dos señoras tiradas
en el suelo porque estaban enfermas, ya que en
el monte no hay nada, no hay comida y no hay
medicina, pero en el momento en que uno escapa
por el miedo ya no puede recoger a nadie, todos
sabemos que cuando ellos llegan, llegan a matar,
no más te miran te disparan, por eso es que en
ese momento se quedaron las señoras, ya no la
pudieron sacar, allí la mataron, y quemaron la
casa. Escapamos, quemaron el campamento, después nos regamos todos en diferentes lugares,
hasta después de dos o tres días nos encontramos
nuevamente o hasta la semana...” (Testigo
SMR244. San Marcos).
También hubo manifestaciones corporales del
miedo, que podría decirse que son “normales” en
situaciones de terror:
“... yo estaba asustada, como ustedes saben
nosotras somos mujeres y tenemos el espíritu
más débil. El curandero me dijo que estaba muy
asustada y que me podía curar pero que se
necesitaba muchas cosas más para hacerlo. Yo
ya no dormía, pero no sé porque y por eso se los
El miedo
183
cuento o a veces me siento un ratito y me quedo
ahí durmiendo ya sin sentir nada...” (Testigo
CAT119. Consejo de Ancianos).
“... Se siente el miedo cuando nuestro cuerpo
empieza a temblar, todos estábamos asustados,
ya no comíamos del puro miedo, ya que pensábamos que nos iban a matar en cualquier momento.
El miedo nos produjo tristeza, lágrimas y otras
cosas, pero así como decíamos media vez nos
agarraban ya no podíamos hacer nada...” (Testigo
SMR259. San Marcos).
En algunas ocasiones el miedo se convirtió en
una madeja de hilo que envolvió a todos, que se
enredó cada vez más, que se hizo más grande. Un
anciano explicó este fenómeno diciendo que el
miedo provocó más miedo:
“El miedo tiene algo que nos causa más
miedo y eso es lo que llevamos en nuestra sangre,
sentimos un miedo como si hubiéramos hecho
algo malo, nuestro cuerpo empieza a palpitar, a
moverse, sentimos que se nos cae el pelo, no nos
sentimos muy bien, nos da dolor de cabeza, nos
empezamos a enfermar, de esa manera sentimos
lo que nos causa el miedo. Por ejemplo a mi me
ha pasado muchas veces, me da dolor de cabeza,
mi cuerpo empieza a palpitar, tengo sensaciones
muy raras, e inmediatamente me pongo a pensar
que me puede suceder algo y digo, tal vez me
voy a morir, esa es la sensación del miedo que
he sentido...” (Testigo CAT095. Consejo de Ancianos).
El miedo no necesariamente es negativo, es
un sentimiento que ayuda a tomar precauciones
184
Te llevaste mis palabras, Tomo I
en situaciones de amenaza, esa sensación de miedo
hizo movilizar a muchas personas a buscar refugio
en las montañas, hecho que los salvo de ser masacrados:
“... cada vez que salíamos tronaban las balas,
pero no las mirábamos porque disparaban desde
lejos. Cuando ellos llegaban a nuestras casas ya
no estábamos allí por el miedo, nos íbamos
porque queríamos vivir. Nos íbamos y dejábamos
nuestras pertenencias. Nuestras casas se quedaron y se terminaron allí así mismo todas nuestras
pertenencias. Ya no podíamos recoger nada por
el miedo, ya no regresamos es por eso que estamos
aquí en el pueblo...” (Testigo TLM355. Telemán).
M IEDO EXTREMO ,
VIGILANCIA PERMANENTE
Cuando se ha soportado con mucha intensidad y
de manera sostenida la represión política, el miedo
reaparece ante cualquier estímulo que se asocie
al hecho traumático que inicialmente lo provocó.
El peligro se percibe amenazador aunque sea
impreciso. Los sentimientos de desesperanza,
desamparo, indefensión y profunda inseguridad
asociados a esta situación, hacen que los sobrevivientes “vivan” en un estado de miedo extremo
y vigilancia permanente.
Este escenario, mediado por la represión y los
conflictos comunitarios derivados de la violencia
política, modificó la conducta de las personas y
su percepción de la realidad. Las actividades
cotidianas se vieron afectadas en todos los ámbitos de la vida. El temor a ser objetivo de la
El miedo
185
represión mantuvo a las personas en una vigilancia
permanente, a estar pendientes día y noche de las
incursiones de los militares. Para mucha gente la
noche fue particularmente significativa. Todos
los miedos interiorizados por las experiencias
previas se disparaban y la vigilancia por la sobrevivencia era tremendamente agotadora:
“... muchas veces uno estaba durmiendo de
un lado cuando ellos llegaban. Inmediatamente
uno salía por la otra puerta que tenía atrás. De
esa manera se desvelaba uno, había que estar
pendiente de todo como si uno hubiera hecho
algo malo y está listo para que lo maten. Es por
eso que no dormíamos tranquilamente en esos
días, (...) casi amaneciendo uno se dormía un
poco pero durante toda la noche no se dormía
nada, muchas veces pasábamos toda la noche
sentados en la cama hasta escuchar nuevamente
el canto del gallo....” (Testigo CAT114. Consejo
de Ancianos).
“... Muchas veces amanezco con mucho sueño
ya que me quedé con ese miedo de que tarde o
temprano van a aparecer nuevamente. Estoy
despierta cuando dan las dos, las tres de la
madrugada, ya amaneciendo se me baja un poco
el sueño, no sé si es puro miedo o nerviosismo,
pero esa es la enfermedad que tengo, cuando
me desvelo tengo la boca bien seca...” (Testigo
CAT114. Consejo de Ancianos).
El estado de alerta permanente generó estados de ansiedad y angustia en las víctimas por
estar todo el tiempo pendientes de lo que podría
pasarles si descuidaban la atención de la seguridad
familiar. La amenaza a la vida desencadenó un
186
Te llevaste mis palabras, Tomo I
malestar generalizado que no podían atribuirle a
una situación específica, principalmente porque
ellos no tenían ningún control sobre los acontecimientos. Esto estimuló el aparecimiento de
manifestaciones corporales de la ansiedad porque
no eran capaces de manejar o no contaban con el
espacio apropiado para exteriorizar la tensión:
“... nosotras vivimos ese problema, yo personalmente lo viví. No dormía durante las noches,
amanecíamos sentado, sentía que ya llegaban a
traerme. Mi esposo se acostaba un rato y yo me
quedaba sentada, luego yo me acostaba y él se
sentaba, sólo nos vigilábamos...” (Testigo PZ208.
Panzós).
“... Cuando comenzó la violencia sacaron a
mi papá, vinieron a llamarlo y se lo llevaron (...)
Desde ese entonces nos comenzó un gran miedo,
no podíamos dormir en la casa, pasábamos toda
la noche dando vueltas en la cama sin dormir
porque pensábamos que en cualquier momento
nos llegaban a matar o a sacarnos, cuando escuchábamos algún ruido pensamos que eran los
que llegaron a sacar a mi papá, cuando escuchamos ladrar los perros siempre pensábamos que
ya venían a búscanos y ya nadie hacia bulla...”
(Testigo PZ227. Panzós).
E L SUSTO
En el mundo q’eqchi’ igual que en otros pueblos
indígenas de América Latina existe una entidad
cultural parecida al miedo que se manifiesta a
partir del momento en que la persona se expone
El miedo
187
a una experiencia perturbadora y aterradora: el
susto. 1
Como se dijo en el primer capítulo, una parte
importante de la concepción del término “persona”
en el pueblo q’eqchi’ es el xmuhel o espíritu, que
simboliza el principio vital, la agilidad y la fuerza.
El xmuhel es el espíritu que anima a las personas,
que pervive después de la muerte, como anun o
“fantasma”, o que habita en la naturaleza como li
xmuhel li tzuul o “el espíritu del cerro-valle”. A la
pérdida temporal del xmuhel es a lo que se le
llama susto.
Sobre los síntomas iniciales del susto Estrada
Monroy identifica varios:
“La diarrea y el sueño con sobresaltos y
pesadillas, llegando a casos extremos en los que
se reseca la piel, el cuerpo se debilita y sobreviene
una crisis con ataques muy parecidos a los que
causa la epilepsia que al unirse a la deshidratación
puede causar la muerte” (Estrada Monroy, 1990).
Por su parte Cabarrús identifica otros síntomas,
tales como: “(...) palidez, falta de apetito y debilidad” (Cabarrús, 1998).
Los síntomas se manifiestan como malestares
corporales, su duración depende de muchos
factores. Uno de ellos es que la persona conozca
el lugar donde se asustó y haga el ritual correspondiente para curarse. El otro es que la persona
debe tener conciencia de que posee la enfermedad
y debe tener deseos de curarse.
1. Para mayor referencia ver: Rubel, O’Nell y Collado,
1989.
188
Te llevaste mis palabras, Tomo I
Para una mejor comprensión del significado,
síntomas, implicaciones y curación del susto se
transcribe la intervención de un miembro del
Consejo de Ancianos en una de tantas reuniones
que se realizaron para abordar este y otros temas:
“... cuando uno se asusta nuestra sangre se
paraliza. Nuestro corazón y todo nuestro organismo está funcionando muy bien cuando estamos
trabajando, pero en el momento en que nos
asustamos, se para todo; es como si un camión
ya no pudiera funcionar, así le pasa a nuestra
sangre y al aire que respiramos. Cuando uno
quiere volver a respirar automáticamente ya
estamos respirando algo malo. Pero cuando uno
se asusta mucho es la sangre la que se paraliza
y es ahí donde se contrae esa enfermedad. El
cuerpo y la sangre de uno se paralizan un instante,
como por ejemplo si a un reloj de agujas se le
quita la batería, las agujas se paralizan al instante.
Ese momento de paralización solo es de unos
dos o tres segundos, es como si en esos momentos
estuvieran unos cables de luz y se desconectaran,
en un instante se paga todo. Pero en ese instante
que se paraliza todo, lo que perdemos es nuestro
espíritu o nuestra alma. Eso quiere decir que a
tu cuerpo se le fue el espíritu y se quedó ahí en
el lugar donde fue el susto, y eso lo que a uno le
está afectando, que ya no se tiene el espíritu.
Por eso es que hay que ir a traerlo nuevamente.
Es muy feo estar enfermo de susto, porque el
cuerpo de uno se vuelve muy pesado. Esa enfermedad hace que uno ya no pueda hacer nada,
porque se le pone muy pesado el cuerpo, se
hincha, ya no se puede levantar uno mismo.
Como sabemos que es nuestro espíritu el que ya
El miedo
189
no lo tenemos es por eso que lo empezamos a
llamar, ya que si no lo tenemos es cuando nos
empieza la fiebre, el decaimiento o a palpitar
nuestro corazón. Eso quiere decir que hay algo
que agarró a tu espíritu, digámosle el dueño del
camino, del agua, de la tierra, de los cerros. Por
ejemplo cuando te agarran los policías, es lo
mismo; ya que todas las cosas que hay en la
tierra, los cerros, las montañas, las siembras, el
agua, los animales tienen un dueño o un vigilante,
porque si uno da un mal paso o no pidió permiso
por donde está pasando con cualquier cosa que
uno haga malo, pierdes tu espíritu. Así como
cuando nosotros vamos al pueblo si no llevamos
nuestra cédula de vecindad y nos agarran dicen
que somos ladrones y ahí nos quedamos con
ellos, es lo mismo que nos pasa con todo lo que
nos rodea. Quizás nuestra cédula es lo mismo
que nuestro espíritu. El susto se cura cuando
vamos a llamar a nuestro espíritu. Quiere decir
que tu espíritu ya no está contigo ya sólo tu
cuerpo es el que está caminando. Pero hay que
llevar el reemplazo de ese espíritu, en ese momento sueltan a nuestro espíritu, así como decían
nuestros antepasados que todo lo que hay en la
tierra de una u otra forma nos atrae, eso quiere
decir que la tierra u otra cosa se ha apoderado
de nuestro espíritu y no lo quiere soltar, pero si
uno arregla su propio muñeco lo va a dejar al
lugar donde se asustó y dice las oraciones,
entonces se cura, muchas personas arreglan sus
muñecos con tierra colorada, le colocan pelo
para ir a dejarlo al lugar donde se asustaron y lo
hacen tres veces para que dejen salir su espíritu.
Pero todo eso no se hace solo, sino que hay que
190
Te llevaste mis palabras, Tomo I
quemar candelas, pom y decir el nombre del río,
el cerro, el bosque o del lugar donde se asustó.
Y el reemplazo de la persona es un muñeco que
tiene que tener ropa, manos, cabezas o sea como
una persona completa. Hay que llevarlo envuelto,
quemar el pom, decir el nombre de la persona
asustada y decir que dejen libre el espíritu.
Cuando uno regresa del lugar hay que pasarle a
la persona enferma el pom con que se llegó a
traer el espíritu y decir: aquí está tu espíritu y
que entre nuevamente en el cuerpo...” (Testigo
CAT141. Consejo de Ancianos).
Algunos autores han dicho que la causa más
frecuente de la pérdida de espíritu de una persona
es la caída junto a un río o en el bosque, porque
ambos son lugares donde los tzuultaq’as son fuertes.
Al respecto Richard Wilson opina que:
“Los accidentes de la naturaleza tales como
las cordilleras, cuevas, nacimientos de agua y
ríos son todos manifestaciones de los Tzuultaq’as
y, por lo tanto, zonas de peligro (...) la pérdida
del espíritu rara vez ocurre en la casa de uno o
en el entorno de la aldea (...) no pedir permiso a
los Tzuultaq’as también puede acarrear la pérdida
del espíritu en uno mismo o en un miembro de
la familia” (Wilson, 1999).
En el contexto de la violencia política, esta
enfermedad como la llaman los ancianos se agudizó, y estuvo asociada a la exposición de las
personas a hechos perturbadores, aterradores y
traumáticos como producto de las a acciones represivas y permanentes que perpetraba el ejército. A
simple vista puede percibirse que existe una
El miedo
191
contradicción en el hecho de que la enfermedad
según algunos autores está vinculada a la relación
que establecen los q’eqchi’es con sus deidades y
la naturaleza, y la protección que los tzuultaq’as
brindan a sus dominios asumiendo la figura de
guardianes de todo lo que existe en la tierra. Y no
a situaciones estresantes causadas por el hombre.
Sin embargo, una explicación probable es que el
ejército se adueñó de toda la simbología y signifi cado que el Tzuultaq’a representaba para los
q’eqchi’es, incluyendo los castigos cuando las
normas eran transgredidas. Este hecho fue el detonante para que la mayoría de las personas durante
el tiempo del conflicto armado interno mostrara
la sintomatología del susto. Sobre la cronicidad
del susto hay poco que decir, porque según los
ancianos quienes no se curaron en aquel tiempo
de esta enfermedad murieron.
En otros casos la muerte se debió a la dificultad
que encontraban los sobrevivientes de realizar el
ritual. Sobre todo de quienes permanecían en las
montañas bajo la persecución constante del ejército
y patrullas de autodefensa civil:
“... Teníamos siembra en este lado y por este
lado, toda mi siembra se quedó y ahí se terminó,
deje mi casa e inclusive deje mi esposa, Pero la
pobre también la corretearon de ahí. Don Félix
y don Carlos le dijeron que mirar a donde se
tenía que ir, pero que se tenía que salir de ese
lugar, la pobre mujer se asustó mucho y estuvo
enferma durante tres años y a causa de eso se
murió...” (Testigo CHPT071. Chichipate).
“... Los soldados quemaron nuestra casa y
todas nuestras pertenencias, a nuestros cerdos,
nuestros pollos y todo lo que teníamos. Nos
192
Te llevaste mis palabras, Tomo I
quedamos sin nada. Nos trataron como unos
animales, Quemaron todas nuestras prendas,
nuestras herramientas de trabajo, nuestra piedra
de moler, todo lo que teníamos, se llevaron
nuestros cerdos, nuestros chuntos. Se me murió
uno de mis hijos y ahí también se me murió mi
esposa, todo esto es lo que más me duele porque
sufrimos mucho, le dábamos la vuelta a los
cerros escondiéndonos. Mi esposa se enfermó
por culpa de los soldados porque una vez nos
dispararon y ahí se asustó ella, cada vez que
cambiábamos de lugar ya solo la cargaba, durante
mucho tiempo lo hice, porque quería que se
salvara, pero hasta que se murió debajo de las
montañas. Solo dos de mis hijos se salvaron, eso
es lo que más me duele, aunque ellos estuvieron
apunto de morir también...” (Testigo SMCH276.
Semococh).
Por otro lado, la muerte violenta resultado de
la tortura, el secuestro o la desaparición forzada
–en la cual los cuerpos de las víctimas nunca
aparecieron– provocó conflictos “culturales” al
interior de los grupos q’eqchi’es debido a la
importancia de los ritos de entierro. Desde la
cosmovisión del pueblo q’eqchi’ el xmuhel o espíritu
pervive después de la muerte y según Cabarrús,
“para el q’eqchi’ los difuntos continúan regresando a la tierra, principalmente el día de los
santos, pero también en otras ocasiones si no se
hicieron los ritos como se debe a la hora de
enterrarlos” (Cabarrús, 1998).
Capítulo V
P ROYECTO DE VIDA
Y SUEÑOS ROTOS
“Ahora lo que pensamos es fortalecer
nuestra organización, estar en armonía y
buscar proyectos de desarrollo comunitario
para garantizar el futuro de nuestros hijos,
pensamos en trabajar duro, rozar, sembrar
en unión. Eso es lo que pensamos, eso es
lo que queremos”. (Testigo CHBT043. Cahaboncito).
En la guerra se destruyen vidas, comunidades,
sistemas de apoyo social, sueños y proyectos vitales. Un proyecto de vida es una ruta que se traza.
Allí se ponen las esperanzas, los sueños, los anhelos.
Necesidades como la felicidad, la armonía, el
amor y la libertad son inherentes a la naturaleza
humana, son también factores dinámicos del proceso histórico de los pueblos, que si se frustran
tienden a producir reacciones en todos los niveles,
especialmente en el plano psicosocial.
Castilla del Pino define que el proyecto vital
como la “praxis original de una vida, concretada
en el personal trabajo hecho en ella”, pero esa
praxis necesita de un sistema que le dé sustento,
– 193 –
194
Te llevaste mis palabras, Tomo I
de una estructura, Castilla del Pino continua diciendo que “Así como el proyecto define lo que una
persona pretende ser mediante su hacer posible,
lo hecho ya como sistema, define lo que el hombre
es” (Castilla del Pino, 1991). La estructura del
proyecto de vida se construye a partir de la identificación de un punto fijo, una meta, que sirve para
organizar las acciones que se hacen para alcanzarla,
ese punto fijo debe ser entendido como una cosmovisión o una creencia, se trata de un marco ideológico que según Erich Fromm: “Nunca está completamente equivocado, ni tampoco completamente
acertado, siempre es una aproximación suficiente
a la explicación de los fenómenos que sirven para
el fin de vivir” (Fromm, 1957). El punto fijo o
punto focal que Fromm llama “objeto de devoción”,
precisa los caminos que se trazan para alcanzarlo,
su función es coordinar las energías humanas en
una dirección, en una expectativa y por lo tanto
en una esperanza.
El proyecto se construye sobre la base de la
realidad presente, no sobre lo que se imagina o se
desearía que hubiese. Esto provoca dicotomías
que surgen cuando la armonía entre la razón y la
imaginación: lo real y lo imaginario, respectivamente, se ha roto.
La ruptura del proyecto vital provoca incertidumbre que degenera en frustración, principalmente porque es necesario reelaborar el proyecto
a partir de las condicionantes externas, de las que
la persona no tiene ningún control. Castilla del
Pino opina que “la frustración del proyecto no
conlleva necesariamente el no hacer, sino a ‘otro’
hacer, un hacer que el sujeto no considera propio,
si tiene conciencia de frustración, o que los demás
Proyecto de vida y sueños rotos
195
consideran no propio de él” (Castilla del Pino,
1991). La pérdida del proyecto de vida obliga a
las personas a replantearse su situación presente
y, para poder seguir viviendo se desarrolla la
necesidad intrínseca de la elaboración de un nuevo
proyecto, contextuado a los acontecimientos que
provocaron la ruptura del anterior:
“... Yo estuve encerrado cuatro meses y quince
días en Puerto Barrios, todas mis cosechas, mis
milpas, mi arroz todo se acabó, hasta una vaca
que tenía se la comieron, yo me encontraba allá
sufriendo y mis hijos también estaban sufriendo
aquí, nos quedamos en la completa pobreza,
todo eso fue muy doloroso y todo por ese conflicto
que vivimos, tuvimos que escapar y comenzar
otra vez, solo que con miedo...” (Testigo
SMCH265. Semococh).
En la expectativa del proyecto original, la
ruptura y la reelaboración de un nuevo proyecto,
es la incertidumbre la sensación más complicada
y difícil de asimilar porque el “no saber que va a
ocurrir” provoca en las personas un conflicto
existencial que deviene en crisis.
Eduardo Nicol afirma:
“Cuando la facultad de proyectar, está agotada por las dificultades del presente, o por la
oscuridad del porvenir, y exclamamos veremos
lo que pasa, dejando que el futuro venga a
nosotros, entonces sabemos que algo va a ocurrir,
que inexorablemente va a ocurrir alguna situación
en la cual nos sentiremos inmersos, o de la cual
seremos constituyentes, pero no sabemos cual
va a ser ella. Esperamos a ver cuál sea, para
atenernos a lo que resulte. La incertidumbre es
196
Te llevaste mis palabras, Tomo I
constitutiva del presente, por lo mismo que éste
contiene el futuro como necesidad indeterminada.
(...) la indeterminación del futuro es indeterminación en principio porque es condición del presente
proyectar sobre él las determinaciones que provienen de la previsión y el propósito. No existe la
expectativa de futuro en la que nada va a ocurrir”
(Nicol, 1996).
“... Los soldados empezaron a tener más
fuerza y empezaron a matar a muchas personas,
nosotros nos asustamos y por eso huimos y
optamos por ir hacia las montañas, ahí estuvimos
mucho tiempo, nos fuimos junto con mis hijos,
pero no fue nada fácil estar ahí, ya que aguantamos hambre ya no aprobábamos comida, a veces
aprobábamos algo, pero ya sólo eran los frutos
de los árboles, fue muy duro lo que tuvimos que
vivir por culpa de los soldados ya que todo esto
es verdad que lo vivimos. Huimos por el miedo,
porque si no lo hubiéramos hecho, no estuviéramos vivos ahora, nos buscaron por mucho tiempo.
Pero gracias a Dios que regresamos nuevamente
y venimos a ver otra vez nuestro lugar junto con
los compañeros y a comenzar de nuevo, ya que
dejamos todas nuestras casas y las quemaron,
nos quedamos sin nada, nos quedamos en la
calle, es por eso que ya no tenemos nada ahora.
Nos quedamos debajo de la lluvia ya que nos
quedamos sin casa, eso es lo que más nos duele,
no sabíamos que hacer...” (Testigo SPZ314. Sepur
Zarco).
Esta incertidumbre acerca del futuro es lo
que provoca el conflicto, que se caracteriza princi-
Proyecto de vida y sueños rotos
197
palmente por el hecho de que se producen ciertas
necesidades psicosociales que tienen que ser
satisfechas para que la persona no se des-estructure
y entre en crisis. Necesidades como la seguridad
física y emocional a nivel personal o familiar, de
las pertenencias familiares y la seguridad de lo
que se estaría haciendo en el futuro si el hecho
que modifica el proyecto no existiera y la seguridad
de tener una expectativa o meta hacia donde
encaminar los esfuerzos, son solo algunas necesidades que tienen que ser satisfechas. Sobre ese conflicto existencial Fromm dice que:
“El conflicto existencial del hombre produce
ciertas necesidades psíquicas comunes a todos
los hombres (...) su satisfacción es necesaria
para que el hombre se mantenga sano, del mismo
modo que es necesaria la satisfacción de las
pulsiones orgánicas para que se mantenga vivo”
(Fromm. 1975).
El desconcierto a lo nuevo representa una
crisis de existencia en la que la persona se encuentra
privada de futuro, al alterarse las condiciones
reales que hasta entonces hicieron posible su proyecto original. Es decir, cuando se rompe el proyecto original también se rompe el futuro, no hay
proyecto sin futuro, simplemente nos convertimos
en espectadores de nuestro propio destino, mientras que con el proyecto somos actores de nuestra
vida.
Se puede decir que la pérdida del proyecto es
como una pequeña muerte, porque el sentirse
desconcertado es no saber cómo armonizarse con
las cosas. La sorpresa y el sentimiento que esa
sensación provoca y, el no saber qué hacer, derivan
198
Te llevaste mis palabras, Tomo I
de un comportamiento del contexto inesperado
por nosotros, o lo que es más grave, en un comportamiento extraño, imprevisible. Nicol afirma
que:
“En un cataclismo físico, a parte del miedo
a la muerte, descubrimos en el hombre la expresión del desconcierto que proviene de la novedad
de la situación, la cual, como una pequeña muerte,
nos deja transitoriamente sin futuro, es decir,
sin proyecto, sin saber qué hacer. Nuestra capacidad de previsión disminuye ante lo nuevo y
desaparece ante el cataclismo.” (Nicol, 1996).
“... Nosotros vivimos todos esos problemas
y pensamos que nos iban a matar a todos y
optamos por ir hacia las montañas, cuatro años
con seis meses estuvimos viviendo debajo de las
sagradas montañas. Pero no aprobábamos nada,
sólo comíamos la punta de una clase de pacaya
que tenía el tamaño de un chile verde. Lo pelábamos, lo pelábamos, y el tamaño era tan pequeño
y con eso pasábamos el día entero, no había ni
un poco de sal, ni jabón, ni chile, ni maíz, ni
café, ni azúcar, fue muy doloroso lo que sufrimos.
Pues los soldados quemaron nuestras casas y
ahí se terminó nuestra ropa, nuestra piedra de
moler, nuestras ollas, nuestras tazas, a nuestras
gallinas las dejamos amontonadas afuera por el
miedo cuando huimos para las montañas. Pero
hoy día no hemos visto nada, no hemos visto
ninguna ayuda, de lo que nos dijeron. ¡Aguanten,
aguantemos, vamos a ver el fruto de todo esto,
si bien es cierto que exterminaron todo lo que
teníamos, pero vamos a gozarlo algún día!, nos
decían, pero hasta hoy día no hemos visto nada,
pero ni un poquito de ayuda, ni un pedazo de
Proyecto de vida y sueños rotos
199
lámina, ni una tabla, ni una ni otra cosa y esto es
lo que más nos duele a todos nosotros ya que
somos pobres. Soy pobre, y es pobre toda la
comunidad, no hay riqueza, y por eso es que
nos duele...” (Testigo SPZ321. Sepur Zarco).
El problema fundamental es que no hay
respuesta preparada para la desaparición simultánea de todos los referentes de la vida. La experiencia
de la guerra es traumática porque su incorporación
exige la reescritura no sólo del proyecto de vida
futura, sino del pasado, de la propia biografía de
la identidad misma de quien la sufre y de su
mundo:
“... Esa es nuestra realidad y eso es lo que
más me duele, no tenemos tierras en donde
sembrar y de dónde comer. Todo esto porque
nuestros padres estaban luchando por las tierras,
y lo más triste es que se murieron y ni siquiera
tienen tierras sus hijos, deseamos sembrar y no
lo podemos hacer porque no tenemos donde.
Todo esto me duele mucho. Ya que nuestros
padres sufrieron por todo esto, creo que las
personas ancianas lo saben muy bien además
todo lo que está sucediendo hoy día ya estaba
prescrito, mi papá nos lo contaba. Si bien es
cierto mi padre estuvo en una organización,
pero esto era algo que iba a ser para todos,
estuvo en el EGP para que todas las personas
pobres o indígenas tuvieran los mismos derechos,
para que todos tuviéramos un poco más de
conocimiento, para que nosotros los indígenas
ya no siguiéramos debajo de los zapatos de los
ricos, eso es lo que mi padre decía, ahí fue
donde mi padre estuvo participando, pero lo
200
Te llevaste mis palabras, Tomo I
mataron y nos dejó sin nada, en la pobreza.
Nosotros no sabíamos que nos iba a pasar...”
(Testigo CHPT081. Chichipate).
Cuando se comprende que lo amenazado de
destrucción es este principio vital, se puede aprehender cómo el ataque a una persona es amenaza
a toda la comunidad. Comunidad implica un universo compartido de códigos, memorias, ideales
y expectativas, cuyo abanico de conflictos y tensiones teje la trama social. Es ahí donde se sostiene
el psiquismo colectivo. La ruptura de los códigos,
de las prácticas democráticas y el ejercicio del
poder a través del desplante y la violencia conllevan
efectos de larga duración. Al respecto Marcelo
Viñar dice que “la experiencia de la inquisición,
del holocausto de la Segunda Guerra, de los genocidios que atraviesan la historia del planeta, muestran que los efectos del terror no cesan porque la
causa haya cesado” (Viñar, 1993). En Guatemala,
esa afirmación se nos aparece en la vida cotidiana
y lo que importa hoy es discernir sus formas de
expresión y sus figuras privilegiadas, a veces
distantes y aparentemente desconectadas de su
causa y origen:
“... Es cierto que se vivieron todos estos
problemas, no son inventos, sí se vivieron. Lo
viví en mi infancia, allí está mi pobre madre,
nos quedamos solos con ella, a mi papá lo mataron
los militares. Hoy en día aún no ha terminado,
pero no sabemos porque, no se sabe exactamente
porque. Está la firma de la Paz, pero no se está
cumpliendo, no ha llegado a cabalidad. Es cierto,
ahora tal vez ya no hay muchos asesinatos, pero
solo se ha cesado un poco. Pero el problema que
Proyecto de vida y sueños rotos
201
estamos viviendo ahora es con relación a nuestras
tierras, con lo cual nos alimentamos. Nuestros
padres fueron los verdaderos precursores de
estas tierras, yo aquí crecí y ahora tengo 34
años, y hoy en día no existen papeles de estas
tierras, aún no se han arreglado, no hay escrituras,
aún no se ha registrado a nombre de la comunidad
y de sus habitantes, entonces ese es uno de los
grandes problemas que estamos pasando por
estas tierras. Es por eso que es cierto que el rico
puede hacer lo que quiera, pero nosotros qué
podemos agarrar. Si lo que ellos utilizan para
hacer todo es el dinero y ¿nosotros qué? Esa es
la verdadera realidad que estamos viviendo. El
día de mañana que ya no estemos nosotros, así
como yo, se quedan nuestros hijos y el mismo
problema van sufrir ellos, no van a tener tierras...”
(Testigo RNH161. El Rancho).
I NDIGNACIÓN Y DESESPERANZA
ANTE LA IMPUNIDAD
Impunidad es el hecho de quedar sin castigo algo
que lo merece, es decir un no castigo. Se implanta
donde existe un sistema apropiado que justifique
cometer un delito (sanción penal) o violentar un
código cultural de comportamiento (sanción moral). Por lo tanto, tiene repercusiones políticas,
sociales, económicas culturales y psicológicas.
Supone el convencimiento de que nada ni nadie
podrá cambiar los acontecimientos planteados
por el poder, y por lo tanto nadie pedirá cuentas
por los delitos y violaciones que se cometan.
202
Te llevaste mis palabras, Tomo I
En un entorno de guerra interna y violencia
política es fundamental crear un clima de impunidad que les permita a los agentes del Estado
desarrollar sus acciones represivas sin la “incomodidad” de preocuparse por sus prácticas, pues
estas, no son sujeto de castigo. En este sistema
están incluidas todas las instituciones que deben
brindar justicia y seguridad a la población, ese
contexto hizo creer a la gente que el Estado a
través de ejército tenía el control total de todos
los acontecimientos (de hecho era así) y que no
quedaba otra cosa que adaptarse y colaborar:
“... la verdad es que hay compañeros que
piensan que con cortarle la cabeza a otro los
demás se quedarán tranquilos, ahí es donde
surge nuevamente el miedo. No sé si el gobierno
estipuló la ley, a favor del coronel, a favor de la
zona, a favor de los comisionados. Los principales
traidores y quienes nos vendieron y asesinaron
fueron los comisionados militares. Ellos fueron
los principales asesinos, cómo no los vamos a
reconocer, ¿díganme quiénes no conocieron a
los comisionados? Fueron los comisionados los
que nos hicieron mucho daño, no fueron otras
personas...” (Testigo CHBT034. Cahaboncito).
La participación de los trabajadores de las
instituciones gubernamentales al negar información del paradero de los familiares confirmó la
percepción del control que se ejercía sobre la
población:
“... Después de que nos mataron, tres días
después escondieron a mi hijo. Fui a buscarlo a
la municipalidad y pregunte si no habían metido
a alguna persona a la prisión, no me dijo el
Proyecto de vida y sueños rotos
203
alcalde, anda a preguntar a la estación de la
policía me dijeron, pero también ahí me dijeron
que no sabían nada...” (Testigo CHPT044.
Chichipate).
En este ambiente se imponen silencios, principalmente alrededor de los hechos traumáticos,
porque que la ausencia de explicación de las
muertes, las desapariciones, las separaciones forzadas, las torturas, etc. deja a las personas en el
aturdimiento. Los sentimientos de rabia por la
injusticia y la impunidad son intensos y no siempre
tienen un espacio donde ser expresados. A veces
se desplazan a la convivencia cotidiana, y cuando
no son apropiadamente abordados se recurre a la
evasión de los hechos, a las medias mentiras que
se genera por el agotamiento de dar explicaciones
de lo ocurrido y no poder encontrar soluciones.
Las preguntas que hacen los hijos resultan incómodas y se recurre a evadirlas o a dar medias respuestas. Sin embargo ellos perciben el ánimo, el clima
familiar y esperan una palabra esclarecedora. La
cadena de desinformación que confunde y desorienta se extiende así hasta los hijos grandes o
pequeños.
Por aparte, la negación oficial de los hechos y
la resistencia del Estado a asumir la responsabilidad de lo ocurrido frente a la impunidad con la
que actuaron los victimarios y la imposibilidad
de acceder a la justicia, son situaciones que no
hicieron más que reforzar el reconocimiento de
las víctimas como tales. Al negar los hechos se les
negó además el reconocimiento a vivir y expresar
su dolor:
204
Te llevaste mis palabras, Tomo I
“... Mi marido comenzó a acompañar a las
personas que nos estaban visitando. Cuando él
se escapó yo me quedé sola con un hijo de seis
años y estaba embarazada de otro, tenía tres
meses cuando él se fue. Los patrulleros me llevaron a la finca. Ahí nos vigilaban. Los patrulleros,
cuando querían nos llevaban a la oscuridad
para hacer todo lo que ellos querían con nosotras,
nos obligaban a tener sexo con ellos, nos agarraban a la fuerza. Nos pasaron a una casa que la
finca usaba como bodega, se embolaban en la
garita y se iban a sacarnos de esa casa, despertaban al alcalde diciéndole que habían llegado los
soldados y que querían ver a esas persona guerrilleras, el alcalde abría la puerta, el comisionado
y otros patrulleros nos llevaban a la garita y nos
violaban. Cuando ellos se dormían por la borrachera nosotras nos escapábamos. Todas las veces
cuando lo recuerdo cómo me violaron me da
tristeza (...) Yo pensé que mi hijo no iba a nacer
bien, vaya que no le pasó nada. Agradezco a
Dios por dar a luz sin ninguna dificultad a mi
hijo. A esas personas que me violaron las conozco,
pero no se dónde están viviendo en estos días,
en los tiempos pasados cuando los miraba sentía
un gran rencor quería hacerles algo, pero no
podía hacer nada, no aguantaba verles la cara.
Quiero que estas personas paguen ante la ley lo
que me hicieron, cuando ya no tenía marido
apenas pasábamos los tiempos, nadie me visitaba,
el tío de mis hijos mandaba a los patrulleros a
vigilar la casa de nosotros, para ver si alguien
me visitaba...” (Testigo RNH162. El Rancho).
“... Fue mucho el sufrimiento que vivimos
por ellos, ya no comíamos, ya no bebíamos por
Proyecto de vida y sueños rotos
205
ellos, lo que ellos querían era que nosotros les
diéramos comida todos los días, todos los días.
Todos los días dábamos comida, pero por qué,
porque ellos nos decían, ustedes le dan comida
a los que están debajo de la montaña, como para
que no nos den a nosotros, que los estamos
defendiendo. Estos hombres no nos estaban
defendiendo, más bien nos estaban matando, en
cualquier momento que uno comete algún error
de una vez te cortaban la cabeza, o te colgaban
con un lazo en un pino, estaban haciendo muchas
cosas, sufrimos mucho por ellos...” (Testigo
SMR243. San Marcos).
El odio del que nos hablan y nos transmiten
con la fuerza de sus palabras los sobrevivientes,
es un odio reactivo, es más cercano al resentimiento
pero no por ello menos intenso. El odio en situaciones como ésas es también un modo de protestar,
los defiende de la pasividad, de la derrota.
Frente a la indolencia de muchos, el odio, la
rabia y sobre todo la indignación de las víctimas
puede ser una forma de no rendirse. Sin embargo,
si este odio no tiene objeto al cual dirigirse porque
la impunidad lo esconde, puede hacerse sentimiento difuso y orientarse hacia otros inocentes,
o hacia sí mismos. Sobre esto Pau Pérez Sales,
Cecilia Santiago y Rafael Álvarez opinan que: “El
no enjuiciamiento de los autores de los asesinatos
y/o masacres es un factor susceptible de crear,
bien un clima de desesperanza y desmovilización
social, bien un clima de crispación e indignación
que aumenta la espiral de la violencia”. (Pérez,
Santiago y Álvarez, s.f.) Entonces, la injusticia y
la impunidad devienen en experiencias que
206
Te llevaste mis palabras, Tomo I
vuelven a golpear, que actualizan nuevamente el
trauma, produciendo a veces más dolor, pues el
rechazo, la humillación, el desconocimiento o la
banalización de su tristeza y de su reclamo de
justicia, los aplasta:
“... Pues lo que queremos de ellos es que se
les haga justicia, que vayan a la cárcel. Todos
los que torturaron están libres, están tranquilos
ante la ley. Así mismo hay algunos de aquí que
fueron los responsables, al igual que las personas
que penetraron a las casas y se robaron todas
nuestras pertenencias. Lo que pido es que se les
haga justicia a estas personas, el gobierno sabe
muy bien que todas las cosas no se consiguen
fácilmente. Ellos deben investigar todo lo sucedido, porque hasta el momento no hemos visto
nada productivo. Que hagan justicia por todo lo
que hicieron en los años 81 y 82, yo era muy
pequeño pero sí me acuerdo de toda la tortura
que nos hicieron, me obligaron a formar parte
de la patrulla de autodefensa civil y luego me
mandaron para la zona para ser militar. Me
costó mucho criar a mis hermanitos. Lo único
que solicito es que se les caiga el peso de la ley
sobre estas personas que nos hicieron daño...”
(Testigo PZ233. Panzós).
“... Una señora que ayudó a matar a los
niños durante la masacre de Panzós y que todavía
se encuentra con vida, nos comenzó a amenazar,
diciendo que habría otra matanza: «¡Les vamos
a enseñar a sus minuguas, junto con ellos los
vamos a matar y tirar al río para que sean
comidos por los pescados!» nos dijo. Comenzaron
a amenazarnos, entonces nos fuimos al Ministerio
Publico a denunciar todo lo que nos estaba
Proyecto de vida y sueños rotos
207
diciendo, cuando llegamos al MP nos recibió el
conserje, preguntándonos que nos había pasado,
le contamos de las acusaciones que la señora
nos estaba haciendo, él nos dijo si ustedes traen
una seña o una herida, tienen que venir al MP
ahora que le van a enseñar al fiscal. Nosotros ya
no hablamos y regresamos, mis compañeras ya
no querían continuar, pero yo les dije que fuéramos con el licenciado de MINUGUA, y nos fuimos,
al llegar le explicamos lo sucedido, él nos
acompañó al MP, habló con el fiscal, llamaron al
conserje y lo regañaron, en ese momento nos
atendieron y enviaron una cita a la señora, cuando
llegó a presentarse le dijeron, si algo nos pasaba,
ella tomaba la responsabilidad. Durante mucho
tiempo estuvo enojada con nosotros no nos hablaba hasta en estos días, que medio nos habla...”
(Testigo PZ207. Panzós).
Pérez, Santiago y Álvarez afirman que existe
un círculo de violencia-impunidad al que le sigue
el olvido colectivo, fomentado por la actitud de
las instituciones encargadas de la administración
de justicia y agregan que en esta parte los medios
de comunicación han jugado un papel importante.
Ese círculo promueve el no reconocimiento de la
verdad, que implica una ofensa más para las
víctimas, la descalificación de su sufrimiento,
que traspasa un peso histórico a la identidad
colectiva, generando un conflicto no resuelto a
nivel social.
Es por eso que afirmamos que la memoria, la
verdad y la justicia son una triada con profundos
elementos terapéuticos y reparadores en todos
los niveles, porque de acuerdo con Diana Kordon
208
Te llevaste mis palabras, Tomo I
y Lucila Edelman: “La no sanción del crimen
impide que la justicia y la ley cumplan las funciones
de reparación simbólica, normatividad y cohesión
social” (Kordon y Edelman, 1995).
P RESENCIA DEL AUSENTE
El proyecto vital se elabora a partir del contexto
que nos rodea y de las personas que son significativas para nuestras vidas: los hijos, la pareja y los
familiares cercanos. La ausencia de uno de ellos
nos hace replantear nuestras expectativas de futuro
que probablemente giraban alrededor o tomaban
en cuenta a esa persona o al contexto que ya no
está o no es el mismo.
Uno de los impactos que desencadenó respuestas impredecibles en las víctimas como efecto
inmediato y directo de la violencia política fue la
muerte de familiares. Ese carácter sorpresivo supuso la imposibilidad de los sobrevivientes de
prevenirlas y prepararse psicológicamente para
enfrentar el hecho traumático, Martín Beristain
afirma que:
“Los rasgos de carácter súbito, incierto y
múltiple caracterizan la experiencia de muchas
de las personas afectadas por la violencia política
y la guerra en Guatemala (...) en particular de
los que vivieron masacres colectivas” (Beristain,
s.f.).
Estos acontecimientos desencadenaron procesos de duelo entre los sobrevivientes como una
respuesta normal que cualquier persona enfrenta
ante el suceso doloroso de la pérdida de un ser
Proyecto de vida y sueños rotos
209
querido. De acuerdo con David Becker ese proceso
describe esencialmente la “secuencia de estados
subjetivos que siguen a la pérdida y que tienden
a la aceptación de esta y a una readaptación del
individuo a una realidad que ya no incluye al ser
amado” (Becker, Castillo, Gómez y Salamovich,
1987).
El proceso de duelo supone no olvidar lo
perdido, implica más bien integrarlo a la experiencia y otorgarle un lugar en la memoria. Un lugar
en el cual recordar lo perdido no impida seguir
adelante con la propia vida ni movilice sentimientos
de la misma intensidad que los experimentados
al momento de producida la pérdida:
“... mi finada mamá lucho bastante tiempo,
nos llevó a las reuniones, es por eso que ahora
seguimos en las reuniones no las hemos dejado
de hacer, me lo pidió cuando se murió. ¡Sigan
ustedes, no dejen de asistir a las reuniones,
nosotros sufrimos mucho!, me dijo. ¡Es muy
doloroso lo que vivimos, mataron a mi esposo y
me quedé sola en la casa! me dijo, es por eso que
yo sigo aquí, y estaré siempre...” (Testigo PZ226.
Panzós).
Un elemento que obstaculiza la elaboración
de la pérdida en algunas personas es el sentimiento
de culpa que se expresa en la sensación de sentirse
parcialmente responsables de los hechos o en la
creencia de que no fueron capaces de evitar la
muerte o desaparición de su familiar:
“... Ojalá que ya no vivamos nuevamente
ese conflicto porque a raíz de eso perdí a mi
hijo, abandonamos nuestras casas, los soldados
210
Te llevaste mis palabras, Tomo I
la ocuparon porque ahí pusieron un destacamento. Fue muy doloroso lo que nos hicieron
porque dejamos todas nuestras pertenencias,
fue muy doloroso lo que tuvimos que vivir
debajo de las montañas. Por los frutos de los
árboles es que sobrevivimos algunos, pero a mi
pobre hijo le tronaba y le dolía mucho el estómago,
y yo no podía hacer nada, no había comida,
aguantando hambre, y miedo. Se murieron muchos de nuestros hijos debajo de la montaña,
sólo estábamos para morir, nosotras no pudimos
hacer nada, eso me hace sentir mal...” (Testigo
SPZ239. Sepur Zarco).
En la teorización psicológica existen dos “modalidades” del duelo. Por un lado está el “duelo
normal” que es el que sufre una persona que
enfrenta la pérdida de un ser querido, que Fernández y Rodríguez definen como “una experiencia
normal que cualquier sujeto sufre ante el acontecimiento doloroso de la pérdida de un ser querido”
(Fernández y Rodríguez, 2000). Y por el otro está
el duelo alterado, larvado, congelado o patológico,
que recoge su definición a partir de la no aceptación
de la pérdida y que se profundiza a través del
tiempo. Este tipo de duelo adquiere mayor
significación en el contexto de la guerra, donde
las personas están expuestas no solo a la pérdida
de seres queridos de forma súbita y masiva, sino
a todos los bienes materiales, al desplazamiento,
la pérdida del rol y estatus social y la pérdida de
la confianza en los vecinos.
En ese contexto las instituciones comunitarias
y culturales dejan de jugar su papel de instancias
protectoras de la identidad, porque en esas condi-
Proyecto de vida y sueños rotos
211
ciones no es posible elaborar los ritos tradicionales
de la muerte y que según Fernando Suazo contribuyen fuertemente a la elaboración del duelo y a
evitar así la profundización del daño. De acuerdo
con Fernández y Rodríguez este tipo de duelo
“no sólo describe mejor la experiencia de la víctima
de la guerra, sino que permite, a la vez, dar
cuenta de sus dificultades para afrontarla” (Fernández y Rodríguez, 2000). Los mecanismos individuales y comunitarios que intervienen en los
procesos normales de duelo están destruidos o
alterados por la misma situación de guerra. Sobre
esto, Suazo opina que “el duelo no es el daño, el
daño es la herida, y el duelo es la reacción a la
respuesta desencadenada desde la emotividad
del herido” (Suazo, 2002). Más adelante dice que
en el caso de las víctimas de la guerra en Guatemala este estado “alterado” de duelo se reafirma
con la presencia permanente de los victimarios
en las comunidades.
Vicente Ibáñez Rojo afirma que:
“La superación de la pérdida requiere de su
aceptación ayudado por ceremonias y ritos de
despedida, donde se puedan expresar emociones
sobre la persona perdida y una progresiva adaptación a la nueva realidad cambiando los roles,
dando un sentido nuevo al mundo modificando
el vínculo con los muertos” (Ibáñez Rojo, sf).
En el contexto de la guerra la elaboración del
duelo se dificulta por lo inesperado de la pérdida
pero generalmente por la imposibilidad de contar
en muchos casos con el cuerpo del ser querido y
no poder despedirse ni realizar los rituales de
acuerdo a cada cultura.
212
Te llevaste mis palabras, Tomo I
Para algunas personas, los sueños son una
manera de comunicarse con sus muertos, de estar
cerca de ellos y de sentir su protección. En los
sueños recrean y transforman la realidad que
vivieron. En algunos casos la vida de las personas,
que atraviesan por procesos de duelo alterado,
está fuertemente marcada por la presencia del
familiar perdido. Su imagen o las escenas de
violencia que provocaron su muerte se hacen más
presentes que nunca en los pensamientos, los
recuerdos y los sueños de sus familiares. Los
sentimientos de angustia, tristeza y desesperanza se mantienen vigentes y son especialmente
intensos. Sin embargo, de alguna manera la presencia permanente del ausente, el sentirse comprometido con él o ella, ha permitido continuar
con procesos históricos de lucha, que en el caso
del pueblo Q’eqchi’ que habita el Valle del Polochic y la Sierra de las Minas están representados
en su lucha por la tierra, el respeto a su cultura y
a sus derechos humanos:
“... Si mis familiares volvieran nuevamente
me pondría a llorar y le preguntaría si realmente
es él, sería algo grandioso que mi madre, mi
padre mi tío o algún hermano regresará y me
viniera a ver. Pero realmente eso ya no es posible
ya que ya solo nos recordamos de la fecha, del
día y del mes en que desaparecieron. Pero cuando
llega esa fecha para mí es algo muy triste ya
siento que ahí los vuelvo a ver. La experiencia
más triste de mi vida la viví en Panzós. Por eso
cada 29 de mayo conmemoramos la memoria de
nuestros familiares, y nos comprometemos con
ellos para seguir luchando...” (Testigo CHPT046.
Chichipate).
Proyecto de vida y sueños rotos
213
Y A NO SOMOS LOS MISMOS
La sensación compartida por quienes sufrieron
los efectos de la violencia política es que su vida
fue trastocada, que ya no son los mismos. La
vivencia de continuidad y el sentimiento de ser
uno mismo a través de los cambios vitales son
referentes importantes para la identidad personal
y comunitaria.
El conflicto armado interno sacudió esos referentes, provocó sensaciones de profundo desconcierto y despojó de sentido la vida de muchas
personas. Los sentimientos de impotencia experimentados fueron enormes. Las voluntades fueron
dominadas por el miedo. La política contrainsurgente dirigida desde el Estado procuro que las
personas perdieran las capacidades de decisión,
de juicio crítico y de autoprotección, pero la lucha
por sobrevivir y la esperanza de un futuro mejor
hizo que la gente le encontrara sentido a su sufrimiento como una respuesta existencial al intenso
daño que provocó la violencia política.
Esa respuesta existencial se sustentó en la
necesidad de construir referentes nuevos en
contextos nuevos. El paso siguiente, entonces,
fue asumir que ya no se era el mismo y que el
contexto tampoco lo era. Entonces, el camino a
seguir fue el de la búsqueda del sentido de la vida
a partir de la reelaboración –de acuerdo a las
nuevas condiciones– del proyecto vital, social y
político, que se tradujo en la lucha por la verdad,
la justicia y el resarcimiento.
Sobre el cumplimiento del sentido de vida
Viktor Frankl sostiene que:
214
Te llevaste mis palabras, Tomo I
“Al cumplir un sentido de vida, el hombre
se realiza a sí mismo. Si cumplimos el sentido
del sufrimiento realizamos lo más humano del
ser humano, maduramos, crecemos más allá de
nosotros mismos. Incluso cuando nos encontramos sin remedio y sin esperanza, enfrentados a
situaciones que no podemos modificar, incluso
entonces estamos llamados y se nos pide que
cambiemos nosotros mismos (...) el sufrimiento
tiene sentido si tú mismo te cambias en otro”.
(Frankl, 1990).
Ahora, aunque las condiciones políticas,
económicas y sociales que dieron origen a la guerra
en Guatemala continúan siendo las mimas, los
sobrevivientes se plantean procesos organizativos
de lucha sustentados en el respeto a sus derechos
humanos y su derecho al resarcimiento:
“... Yo era muy joven cuando vivimos esos
problemas, viví debajo de las montañas y no me
da miedo decirlo. En México firmaron un acuerdo
donde plasmaron que el gobierno debe de
reconstruir nuestras viviendas quemadas, ya
que fueron ellos los que las destruyeron. El
acuerdo que fue suscrito entre el gobierno y la
guerrilla decía que tenían la obligación de
proporcionarnos un lugar donde vivir, no sé si
ustedes han recibido alguna porción de tierras,
pero yo no he recibido nada. No han dado absolutamente nada, tampoco han reconstruido las
viviendas que quemaron en esta comunidad.
Todo esto no lo podemos lograr si no estamos
unidos, esto no requiere sólo el esfuerzo de un
año, ya pasamos 36 años luchando por este
conflicto y porque no tratar de luchar durante
Proyecto de vida y sueños rotos
215
10 años más. Esto quiere decir que no descasamos
nada, seguimos luchando y hay que seguir
haciéndolo. Lo que quiero es que el gobierno
cumpla y reconstruya todas las viviendas
quemadas. Además los que estuvimos viviendo
debajo de las montañas, está escrito en una ley
que nos deberían de proporcionar medicinas,
pero ¿dónde están? Aún no está equipado el
puesto de salud, como debería de ser, pero ellos
informan que están cumpliendo el acuerdo que
firmaron. Nosotros vivimos en carne y hueso
todo los problemas del conflicto, ahora soy padre
de familia, tengo hijos y no quisiera que sufrieran
todo lo que yo sufrí. A todas las personas que
murieron en los grandes cerros hay que venerarlas, pero no saquemos provecho de ellos, no
vamos a recibir dinero por la vida de ellos, sino
que el gobierno está obligado a reconstruir nuestras viviendas que quemaron, así como los vinieron a quemar, a desbaratar, pues así mismo lo
tienen que venir a arreglar. ¿Dónde está la carretera que ofrecieron?, ¿dónde está nuestra casa?,
¿dónde está nuestra agua potable?, nuestra escuela, ¿dónde está nuestro centro de salud y nuestra
casa comunal?, no hay absolutamente nada...”
(Testigo SMR245. San Marcos).
Para Viktor Frankl el hombre no sólo busca
un sentido de vida, sino que también lo descubre,
y ello por tres caminos:
“Descubre un sentido, en primer término,
en lo que hace o crea. Ve, además, un sentido en
vivir algo o amar a alguien. Y también a veces
descubre un sentido incluso en situaciones desesperadas, con las que se enfrenta desvalidamente”.
216
Te llevaste mis palabras, Tomo I
Más adelante afirma que para la búsqueda de
sentido: “Lo que importa es la actitud y el talante
con que una persona sale al encuentro de un
destino inevitable e inmutable. Sólo la actitud y
el talante le permiten dar testimonio de algo de
lo que sólo el hombre es capaz: de transformar
y remodelar el sufrimiento a nivel humano para
convertirlo en un servicio” (Frankl, 1990).
“... Solo atardecía y los perros empezaban a
ladrar e inmediatamente eran los soldados que
empezaban a pasar entre las casas, todo eso me
daba mucho miedo. Los hombres eran sacados
en forma individual, los militares dijeron que
iba a ver una fiesta aquí en la comunidad como
despedida de ellos, pero era mentira fue cuando
se llevaron a los otros tres hombres. Fue cuando
se llevaron el esposo de doña Juana Coc, fue
cuando se llevaron a los hijos de doña Rosa, a
todos ellos se los llevaron una tarde. Nosotras
quedamos nuevamente con miedo, se quedaron
muchos niños huérfanos. Fue el segundo sufrimiento que viví aquí, el primero fue en Panzós
el 29 de mayo. Es por eso que me fortalecí para
organizar a los que sobrevivimos, ya que conozco
muy bien quienes fueron los que se quedaron
sin esposos, sin hijos, sin padres. Llevo mucho
tiempo participando en estas clases de reuniones,
desde mucho antes que hubiera las masacres, y
más bien creo que por eso me estuvieron buscando
por mucho tiempo, pero gracias a Dios que no
me encontraron y me pude esconder debajo de
las piedras como una comadreja tal vez por eso
no me encontraron. Sentí el dolor de todo ese
sufrimiento es por eso que me anímo a juntar a
mis compañeros, por que si no fuera así es como
Proyecto de vida y sueños rotos
217
que no me importara nada de esto...” (Testigo
CHPT046. Chichipate).
Esa actitud de servicio puede ser traducida
en muchos casos como el continuar con la lucha
iniciada por los que los antecedieron, el compromiso político con las víctimas y principalmente
con la organización que las representa, pero fundamentalmente con la consecución de los objetivos
comunitarios de desarrollo y bienestar:
“... Nosotros los que sufrimos, debemos de
fortalecernos los unos a los otros dando nuestros
pasos hacia los días venideros, nos estamos
dando cuenta de todo lo que se está diciendo.
Nosotros tenemos derecho a pelear sobre lo que
queremos y sobre nuestra participación, ya hay
una ley que respalda nuestros derechos y esto
es lo que pretendemos todos...” (Testigo MGT195.
Manguito).
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